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Wímb Lu, Rev. electrónica de estudiantes de psicología, Univ. de Costa Rica, n. 1, 2008 / ISSN 1659-2107

La represión: Aproximaciones desde el psicoanálisis y las neurociencias *

Luis Diego Conejo Bolaños **

Resumen: Recientemente, se ha dado un acercamiento entre algunos psicoanalistas y neurocientíficos. La rivalidad, el reduccionismo y la pretensión de explicaciones sólo atendiendo a variables biológicas, han ido cediendo espacio a la integración epistémica. Con este panorama, se presentan algunos de los puntos de integración entre psicoanálisis y neurociencias con respecto al tema de la represión, y se discuten algunas implicaciones que pueden tener en la compresión del complejo funcionamiento mental del ser humano.

Palabras claves: represión, psicoanálisis y neurociencias.

Introducción

En oposición al reduccionismo biologicista que revelan algunas disciplinas teóricas en el abordaje de la vida afectiva y de las emociones, las neurociencias desde algunos de sus campos, conservando su rigurosidad metodológica, han tenido en tiempos recientes una mayor amplitud epistémica, que les ha permitido aproximarse e incluso tratar de integrar explicaciones y conceptos en principio, psicoanalíticos. Este movimiento parece haber sido fecundo, al permitir una ampliación y profundización del estudio de los enigmáticos afectos. Por supuesto ambas posturas, la psicoanalítica y la de las neurociencias, tienen cuerpos teóricos distintos y metodologías distintas; sin embargo, estas diferencias no deben traducirse en una imposibilidad de trazar enlaces y de que ambas perspectivas se toquen; sino más bien, desde ambas posturas permitir la continua integración del conocimiento que por separado se ha obtenido hasta hoy, siempre teniendo claro al ser humano como sujeto biopsicosocial. Este trabajo, versa sobre recursos que son básicos en la vida afectiva de las personas, y que han demostrado jugar un papel muy importante en la regulación de

* Ensayo elaborado en el marco del curso Sistemas de psicoterapia II. Recepción: 3/3/08 Aceptación: 7/8/08 ** Asistente de investigación, Programa de Investigación en Neurociencias, Instituto de Investigaciones Psicológicas. Asistente del curso Fundamentos fisioquímicos de la conducta, Escuela de psicología, Universidad Universidad de Costa Rica.

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algunos elementos selectivos de nuestra experiencia que, o permanecen conscientes, o serán apartados de ésta; me refiero entonces, no a otra cosa que a los mecanismos de la represión propuestos por Freud. Dichos procesos, a la vez, como se analizará posteriormente, son distintos a los que subyacen al olvido ordinario, ese que experimentamos sobre algunos contenidos mnemónicos. Para lograr ese cometido, es necesario mostrar en primera instancia, un apartado sobre las emociones, los principales puntos freudianos de la represión, y posteriormente algunos hallazgos recientes en las neurociencias, y luego la discusión pertinente a esta convergencia, sin duda alguna, de gran interés para ambas posturas.

Emociones: psicoanálisis y neurociencias

Freud propuso que el psicoanálisis, se ocupa de la vida afectiva de las personas, (Freud, 1915-1916). Esta esfera emocional, que tiene que ver con el sentir, el pensar, el querer, así como el pensar y querer inconscientes, es tomada muy en cuenta desde el psicoanálisis, comúnmente al hablar de una representación de la experiencia del sujeto sobrecargada de afecto relacionada con la represión, así como también con la posterior irrupción de este material reprimido en la conciencia. Desde la perspectiva psicoanalítica, se dirá también que todo este proceso tiene sus consecuencias negativas en la salud mental del individuo. Por supuesto se toma en cuenta en el dispositivo analítico la historia específica del sujeto, y se busca así un cometido importante del psicoanálisis, es decir, lograr el fortalecimiento del Yo (Freud, 1937), para que se pueda defender de las exigencias del Ello, y de las restricciones del Superyó. Las neurociencias igualmente se han introducido en el estudio sistemático y empírico de las emociones, por la importancia que han demostrado tener en la salud general de las personas, así como en su funcionamiento general. Le han otorgado un gran protagonismo, y más allá, una importancia específica en los pensamientos, decisiones, actitudes y enfermedades físicas, entre otros. Desde esta postura, se han hecho invaluables aportes para la compresión de las emociones, y sus mecanismos subyacentes, como por ejemplo los hallazgos sobre el doble procesamiento emocional y cognitivo, el primero de ellos a nivel subcortical, (amígdala y núcleos del lóbulo límbico) es inconsciente y “automático”, y el segundo, a

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nivel cortical, es consciente y que por supuesto incluye la movilización de recursos más sofisticados en el procesamiento y regulación, (LeDoux, 2007). Así mismo, se ha logrado avanzar bastante en la comprensión de los aportes diferenciales del hipocampo y la amígdala en, por ejemplo, el miedo condicionado, demostrándose el papel de la amígdala en las respuestas condicionadas de miedo en situaciones o estímulos simples, complejos y poli-modales, mientras que el hipocampo sólo participa en respuestas condicionadas a estímulos o eventos complejos, poli-modales, (Phillips y LeDoux,

1992).

Estos resultados han fundamentado la hipótesis de que existen respuestas del individuo motivadas por asociaciones inconscientes, y de las que indudablemente el sujeto se extraña, al no estar en posición de su intelección; en este sentido, se puede señalar que estos aportes se parecen mucho a lo propuesto por Freud, acerca de las motivaciones que las personas parecían tener, y que sin embargo nada sabían de ellas. En esta misma línea, Freud propuso que existían actos psíquicos cuya explicación presupone otros de los que la consciencia no nos ofrece testimonio alguno, (Freud, 1915a), lo cual es complementado con la postulación descrita más arriba del doble procesamiento cognitivo y emocional.

La Represión

Freud, en su artículo “La Represión”, (1915b) expone que ésta no representa en realidad un mecanismo de defensa originariamente dado, sino más bien, que no puede surgir hasta después de haberse establecido una precisa separación entre la actividad anímica consciente y la inconsciente. Así, su particularidad radica exclusivamente en rechazar y mantener alejados de lo consciente a determinados elementos. La satisfacción del instinto reprimido sería posible y placiente en sí, pero inconciliable con otros principios y aspiraciones del individuo. Dicha satisfacción, pondría en marcha el placer así como también el displacer. Por lo tanto, para que la represión tenga lugar, será indispensable que el motivo de displacer adquiera un efecto mayor al del placer producido por la satisfacción. Es decir, el individuo constreñido por razones sociales, familiares o personales, se topa con el problema que al satisfacer dicha pulsión, experimentará desagradables resultados.

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Ya a esta altura, la representación psíquica de la pulsión queda negada a la conciencia, como una primera fase de la represión; se produce entonces una fijación, o lo que es lo mismo, que la pulsión quede ligada a su representación, (Freud, 1915b). Es así como conocemos, la segunda etapa de la represión. En este punto, ocurre la represión propiamente dicha, las derivaciones de la representación psíquica, o ideas que han llegado a tejer una relación con dicha representación, son reprimidas. Entonces, la represión como la conocemos, ocurre como estado secundario, se da hasta después de que se ha apartado de la conciencia la representación de la pulsión. Freud apunta que la representación de la pulsión, contrario a lo que se pensaría, una vez que ha sido sustraída de la consciencia, tiene un gran potencial para construir ramificaciones y expresarse de distintas formas, y que la fantasía tiene un importante papel en esta riqueza de expresividad. Dentro de esta descripción de la represión, salta a la vista una característica del proceso sumamente importante para su comprensión. La represión no impide que la representación de la pulsión se desarrolle. La represión no consigue mantener el material bajo un efecto inmovilizador por completo, mucho menos sin efectos. Crece, por el contrario, más libre que si fuese consciente, ya que el individuo no tiene los recursos valiosos de su “habilidad emocional” para dirigir dicha representación. Es decir, existe un desarrollo subrepticio, que termina por manifestarse incluso en la consciencia. Tenemos entonces, una representación que no ha sido borrada, no ha sido desaparecida, ésta por el contrario sigue hablando, sigue haciéndose presente, y por supuesto que sigue estando, pero ahora ese “estando” es inconsciente. Sin embargo ya antes de este tratado sobre la represión, Freud, (1895) en “Proyecto de una psicología para neurólogos” presenta una concepción de la represión, en términos que incluían mecanismos neurales, preguntándose incluso por el estado en el que se encontraba la neurona de la idea hiperintensa, y el estado de la neurona reprimida. Estas aproximaciones, resultan muy relevantes para el tema que ocupa a este trabajo, por lo cual se repasan a continuación. Señala Freud en esta oportunidad, que las vivencias dolorosas primarias fueron resueltas y terminadas por una defensa refleja. La emergencia de otro objeto, en lugar del hostil, actuó entonces como señal de que la vivencia dolorosa había terminado; ahora el sistema aprendiendo por su experiencia biológica, trata de reproducir el estado en que indicó otrora el cese del dolor.

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Se puede presuntamente asumir sin duda alguna que es ese afecto displacentero el que impone la represión, pues existe una defensa primaria, que consistiría en la inversión de la corriente cogitativa apenas tropieza con una neurona cuya catexis desencadene displacer. Freud, manteniendo este afán de una psicología científica, al comentar sobre la represión en la histeria, apunta que es posible conocer de forma más puntual el papel desempeñado por los efectos defensivos. Lo anterior, lo amplia con un ejemplo. Antes del análisis, A es una idea hiperintensa que irrumpe demasiado frecuentemente a la consciencia y que, cada vez que lo hace, provoca el llanto. El sujeto no sabe por qué A le hace llorar, considera que es absurdo, pero no puede impedirlo. Después del análisis, se ha descubierto que existe una idea B, que con toda razón es motivo de llanto y que con toda razón se repite a menudo, mientras el sujeto no haya realizado contra ella cierta labor psíquica harto complicada. El efecto de B no es absurdo, le resulta comprensible al sujeto y aún puede ser combatido por él. En este sentido, B guarda cierta relación particular con A, pues en la historia del sujeto, en algún momento, hubo una vivencia que consistía en B+A. En ella, A era sólo una circunstancia accesoria, mientras que B era perfectamente apta para causar dicho efecto permanente. La reproducción de este suceso en el recuerdo se lleva a cabo ahora como si A hubiese ocupado el lugar de B. A se ha convertido en un sustituto, en un símbolo de B. De ahí la incongruencia: A es acompañada de consecuencias que no parece merecer, que no se le adecuan, y entonces el sujeto piensa esta idea (A) como un sinsentido. Estos resultados son sorprendentes, pues bien podríamos haber supuesto que B realmente estaría olvidada y que no habría quedado el menor rastro mnemónico de la misma. Pues bien, eso no ocurre así, sucede que B es una imagen mnemónica como otra cualquiera; no está extinguida; pero si como sucede habitualmente, B es un complejo de catexis, entonces se eleva una resistencia extraordinariamente poderosa y difícil de eliminar contra toda elaboración cogitativa de B. Es absolutamente permitido interpretar esta resistencia contra B como la medida de la compulsión ejercida por A, y también es lícito concluir que la fuerza que antes reprimió B vuelve a actuar ahora en la resistencia. Así mismo, se presenta algo más. Hasta ahora, sólo sabíamos que B no podía tornarse consciente, pero no teníamos información sobre la conducta de B frente a la catexis cogitativa. Se comprueba así que la resistencia se dirige contra toda elaboración

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cogitativa de B, aun cuando ésta haya llegado a ser parcialmente consciente. Así, en lugar de esta exclusión de la consciencia, pasamos a una exclusión del proceso cogitativo, es decir, la idea B, está fuera de los alcances del acto de pensar conscientemente. Ha quedado entonces, esta impresión fuera del control que el sujeto podría ejercer por medio de sus pensamientos y recursos emocionales. Es así como el psicoanálisis, con su revolución del inconsciente, y con su exposición inicial de la represión, sienta un precedente en la historia, y en adelante estos dos conceptos, no se separarán jamás de su investigación y producción. Casi 90 años después, un grupo de investigación en neurociencias, dirigido por el psicólogo Michael Anderson, hace público su trabajo experimental, que constituye un acercamiento a la validación desde el punto de vista neurocientífico, de los tempranos planteamientos freudianos sobre la represión. Anderson et al, (2004) utilizaron la resonancia magnética funcional para identificar los sistemas neuronales implicados en las operaciones para mantener los recuerdos no deseados fuera de la conciencia. El equipo reporta que, el controlar recuerdos no deseados fue asociado con un incremento en la activación prefrontal- dorsolateral, con un descenso en la activación del hipocampo, y con una retención disminuida de esos recuerdos. Igualmente apuntan los investigadores, que tanto la activación prefrontal cortical, como la activación hipocampal derecha, predijeron la magnitud del olvido. Anderson et al, adaptaron el paradigma “Pensar/No-Pensar” (Think/No-Think”, TNT) desarrollado para estudiar la represión de recuerdos no deseados. Los sujetos del estudio aprendían pares de palabras (sufrimiento-cucaracha) y luego realizaban una tarea TNT mientras eran escaneados. En cada prueba, se les presentó una de las palabras (sufrimiento) y se les pidió recordar y pensar en la respuesta asociada (cucaracha), esta era la condición de respuesta; o también se les pidió ante la presentación del estímulo, prevenir la entrada a la consciencia de la palabra asociada (condición de supresión) durante los 4 segundos que duraba la presentación del estímulo. Para identificar las redes neuronales involucradas en la represión, ellos compararon la activación de las dos fases (de respuesta, y de supresión). Las redes de las regiones cerebrales que estuvieron más activas durante la represión que en la recuperación, incluyen gran número de regiones prefrontales (corteza prefrontal bilateral dorsolateral, corteza prefrontal ventrolateral, corteza cingulada anterior, y la contigua área motora presuplementaria, entre otras). Dichas regiones más activas en la

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supresión que en la recuperación memorística, soporta la idea de que la represión es un proceso activo, reclutando zonas cerebrales conocidas en el control de funciones ejecutivas, como por ejemplo la evitación de una respuesta motora. Anderson et al, (2004) también señalan que la supresión redujo la activación bilateral del hipocampo, corteza polar frontal bilateral, ínsula posterior, la corteza parietal izquierda y el cuneus bilateral. Estos datos demuestran, que los sujetos en la supresión, realmente detienen o reducen la recolección de recuerdos no deseados durante el escaneo, con lo que se prueba experimentalmente que la represión, no es un simple olvido. Esto porque, la represión correlaciona con una disminución en la actividad bilateral del hipocampo, el cual juega un papel importante en la recuperación de información. Es decir, la información no ha desaparecido (no se ha olvidado), la información permanece ahí, sólo que se evita su recuperación, (esto es, se ha reprimido). En fin, aunque el hecho de si la represión puede producir un completo olvido del recuerdo indeseado permanece desconocido, queda demostrada la existencia de un proceso activo por el cual las personas protegemos a nuestra conciencia de experiencias pasadas no queridas, y específica los sistemas neuronales que subyacen a dicho proceso.

Conclusiones

Al interpretar los datos de la investigación de Anderson y colaboradores (2004), se debe tener muy en cuenta que en su estudio, por cuestiones metodológicas sólo abarcan la represión como proceso inhibitorio que además, es de inicio voluntario. Debido a ello, en ningún sentido estos resultados del equipo neurocientífico, pueden ofrecer en forma cabal las bases neurológicas, de lo que Freud expone como el mecanismo para apartar de la conciencia algunos contenidos, y que guarda más relación con lo expuesto por Schatzman, (1979) quien propone algunos pasos fundamentales de la represión, a saber: (I) definir ciertos contenidos como malos, (II) condenarlos, (III) eliminar de la conciencia dichos contenidos y hacerlos permanecer fuera de ella, y (IV) eliminar y mantener fuera de la conciencia a (I), (II) y (III). Por supuesto, debido a la complejidad de tal procedimiento, es muy difícil, sino imposible, someterlo a una condición experimental, para ser medido y analizado. En este estudio, el método que se utiliza, es más bien una adaptación de los paradigmas “go/no-go” utilizados para evaluar el control inhibitorio en las funciones ejecutivas en estudios neuropsicológicos.

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Sin embargo, el estudio señala que los sujetos fueron capaces de controlar en la condición de supresión, cuáles palabras asociaban y cuáles no, y esto tuvo un efecto negativo en una medición posterior de la memoria para los pares de palabras. Esto, es indicio de que evidentemente nosotros podemos aplicar ciertas reglas a nuestra memoria, y dejar ciertos contenidos de lado, lo cual tendrá con el tiempo un efecto, que si bien no borra por completo el material (olvido ordinario), si nos dificulta su recuperación. Sin embargo, más allá de los resultados experimentales, llama la atención el acercamiento y el esfuerzo que desde algunos campos de investigación se están llevando a cabo para integrar el conocimiento y aportar evidencia que permita, construir nuevos modelos más comprensivos de nuestro funcionamiento mental. Freud fracasó en su intento por establecer una psicología como ciencia exacta, en su texto: “Proyecto de una psicología para neurólogos”, al igual que al pretender dar cuenta de los procesos y estructuras anatómicas que modulan el mecanismo de defensa de la represión, esto debido a que, en su inmadurez las ciencias del cerebro de aquel entonces, no podían explicar los fenómenos psicológicos (incluso hoy no es una tarea terminada, si bien ya iniciada). Este integrar los procesos psicológicos y los fisiológicos, constituyó probablemente “el ideal de su yo”, (Barés, 2006). Ahora, nos ha tocado vivir en una época, que es testigo del máximo progreso en el conocimiento del cerebro, y por tanto, tenemos la oportunidad de integrar estos conocimientos en nuestro quehacer psicológico, lo que indudablemente Freud, por su formación como neurólogo, hubiese deseado alcanzar. Con todo, Freud se apartó de este camino explicito de su obra en 1895, y dio lugar a una de las concepciones más influyentes del funcionamiento mental. Es decir, una de las principales limitaciones en la labor de Freud es también lo contrario, un reconocimiento a la gran capacidad explicativa de su obra, para forjar los presupuestos psicoanalíticos que hoy día, están aun en pie y que además, están llamando la atención de científicos de otras áreas. En este sentido, es de esperar que con el paso del tiempo, las bases del psicoanálisis sigan sufriendo transformaciones, que algunas de sus tesis se descarten y otras se apoyen, mejorando así su aplicación. Es importante destacar sobre todo la diferencia irreductible: el psicoanálisis nació como un estudio complejo del funcionamiento del ser humano en sociedad, y de cómo los requerimientos de la convivencia social afectan el desarrollo psicológico; así, el psicoanálisis no se puede reducir a variables biológicas, y en todo caso, no interesa hacerlo.

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El muy escaso conocimiento del cerebro, que llevó a Freud a un intento fallido al tratar de describir los correlatos biológicos de la represión, que ahora parece ir disminuyendo; las nuevas herramientas con las que contamos para investigar el cerebro en funcionamiento de manera no invasiva, y una reciente aproximación entre psicoanalistas y profesionales de la neurociencia, podrían ser indicadores de que algún día, lleguemos a tener explicaciones, que sin perder la dimensión simbólica, ambiental y subjetiva, logren presentar a nivel biológico (sin reduccionismos) los procesos subyacentes de las funciones más elevadas de nuestro cerebro, aproximándonos así, sin necesidad de rivalidades, a esa concepción que se planteaba al inicio de este trabajo, del ser humano como sujeto bio-psico-social, sin que eso signifique que alguna de estas dimensiones, (la biológica, la psicológica, o la social) desaparezca a la otra, le resten importancia, o lo que es peor, la traten de reducir en sus términos.

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Referencias

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592-594.

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