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LA RESURRECCIÓN DE JESÚS

1.- Iluminación.

Introducción

Hay que comenzar diciendo que la resurrección no es un acontecimiento histórico. Pero esta afirmación requiere ser precisada. No es un acontecimiento histórico, porque no es posible reconstruirlo a partir de las fuentes que tenemos. El historiador no puede llegar hasta el acontecimiento mismo de la resurrección, sino hasta sus efectos, y el más importante de todos, desde el punto de vista histórico, no son ni la tumba vacía, ni las apariciones, sino el cambio que se produjo en los discípulos de Jesús después de su muerte.

El punto de partida del historiador son dos acontecimientos, que pueden ser documentados a partir de un estudio crítico de las fuentes. El primero es que los discípulos de Jesús le abandonaron y huyeron después de que fuera arrestado. Y el segundo, que unos días, semanas o meses después, esos mismos discípulos predicaron abiertamente, y sin miedo a ser arrestados y castigados, que había resucitado. Su tarea consiste en dar cuenta de este cambio tan llamativo.

La pregunta clave es ¿qué es lo que pasó después de la muerte de Jesús? A esta pregunta sólo se puede responder desde conjeturas, y no han sido pocos los que lo han hecho a lo largo de la historia. Algunos han sugerido que los discípulos experimentaron un proceso psicológico de duelo teñido e un sentimiento de culpa por haber negado, abandonado o perseguido a Jesús, y que esto explicaría su anuncio de la resurrección. Sin embargo, no eso lo que dicen de forma unánime y contundente los protagonistas de la historia. Lo que ellos dicen puede resumirse en dos frases que aparecen constantemente en los testimonios que han llegado hasta nosotros: "Jesús ha resucitado"; "Hemos visto al Señor".

Ambas frases contienen afirmaciones de fe, no evidencias históricas. Es la respuesta que los creyentes dan al enigma histórico que plantea el hecho de que los seguidores de un mesías fracasado y cruelmente asesinado, hayan creado un movimiento religioso que reivindica su memoria. Es una respuesta atendible, que invita a la reflexión.

Quienes tienen fe y poseen la convicción de que aquel Jesús que pasó haciendo el bien por los caminos de Galilea es el Hijo de Dios, pueden volver al comienzo de esta historia para ver qué es lo que hay detrás de todos aquellos acontecimientos y enseñanzas. Para ellos Jesús no es sólo un hombre, sino la manifestación definitiva de Dios, y por tanto el único camino seguro para conocer cómo es Dios. Es lo que dice San Juan al comienzo de su evangelio: "A Dios nadie lo ha visto jamás; el Hijo único, que es Dios y que está en el seno del Padre, es quien nos lo ha dado a conocer" (Jn 1,18).

La resurrección de Jesús es la piedra angular de la fe cristiana. Si Cristo no ha resucitado vana es nuestra fe (1Cor 15,17). Este acontecimiento experimentado por los apóstoles, transforma radicalmente su vida. Por eso, como ya vimos, todos los escritos del Nuevo Testamento están hechos a la luz de la fe que nace de la Pascua. ¡Jesús sigue vivo! Dios lo ha resucitado y lo ha constituido Señor. Jesús es el Cristo, el Mesías, el Hijo de Dios, nuestro Salvador.

Con la luz de la fe en el Resucitado se relee toda la vida de Jesús, sus palabras y sus hechos, para ser anunciados como la Buena Noticia de la Salvación, que es llamada a la conversión y a la adhesión personal a Jesús (la fe), para vivir en su seguimiento.

Por eso también nosotros empezamos por la resurrección de Jesús, antes de ver su vida y mensaje en la Palabra de Dios.

Los acontecimientos

Después del tremendo y doloroso acontecimiento de la muerte de Jesús en la cruz, los apóstoles viven

la asombrosa experiencia del encuentro con Jesús ¡que vive! ¡Cristo ha resucitado! Pero su resurrección

no es la reanimación de un cadáver; Jesús vive una existencia nueva junto a Dios.

La resurrección de Jesús fue un acontecimiento real, pero no fue un acontecimiento puramente histórico, sino "meta-histórico" porque supera y transciende las leyes comunes de lo histórico. Los evangelistas nos presentan este acontecimiento a través de dos realidades o signos que se complementan mutuamente.

En primer lugar nos hablan del sepulcro vacío, como un signo "negativo": Jesús no está en el sepulcro (Mt 28,1-8.11-15; Mc 16,1-8; Lc 24,1-12; Jn 20,1-10). Y en segundo lugar, la experiencia "positiva" de las apariciones de Jesús a distintas personas: a María Magdalena (Jn 20,11-18); a las mujeres (Mt 28,9- 10); a los dos caminantes de Emaús (Lc 24,13-35); a los "once" (Lc 24,36-43; Jn 20,19-20.24-29). Nosotros podríamos añadir, además, la transformación que se produce en la vida de estas personas cuando son invadidos por la fuerza del Resucitado, como otro signo positivo de la resurrección de Jesús.

Después los evangelistas nos muestran, de diversas formas, las ascensión de Jesús y la donación del Espíritu Santo (Mc 16,119-20; Lc 24,50-53; Hch 1,4-12; 2,1-13; Jn 20,21-23), para anunciarnos la plena glorificación de Cristo, su no presencia visible entre nosotros y la nueva presencia en el Espíritu.

El significado de estos acontecimientos

Estos acontecimientos nos hacen ver que la muerte de Jesús no ha sido un fracaso, sino un paso a la VIDA. La Nueva y Verdadera Pascua: el paso de la muerte a la Vida (Lc 24,18-27). Son la glorificación plena que el Padre da a su Hijo (Jn 17,5.24; Flp 2,6-11). Son el SI de Dios al estilo de vida de Jesús, a su opción fundamental.

Estos acontecimientos son la señal de que Jesús está vivo, pero ya no es visible en el mundo. Se ha ido

a

la derecha del Padre y desde allí nos ha enviado al Espíritu para que empiece el tiempo de la Iglesia,

el

tiempo del testimonio hasta que El vuelva de nuevo al final de los tiempos (Ap 22,20; 1Cor 16,22).

Este acontecimiento transforma la vida de los discípulos, e invadidos por la presencia y acción del Espíritu se convierten en hombres nuevos: en su manera de ser y de pensar, en sus actitudes, en sus valores y horizontes. Se sienten perdonados y convertidos y aceptan los valores del Reino predicado

por Jesús, comprometiéndose a quitar de su existencia todo lo que sonara a muerte (egoísmo, envidia,

celos, avaricia, violencia

(entrega, generosidad, servicio, ayuda, amor

y a desarrollar sólo los valores que fluyen de la vida y que engendran vida

)

En la resurrección de Jesús tenemos ante nuestros ojos, hecho realidad, el acontecimiento del fin. En el Resucitado contemplamos el término hacia el que caminamos, todo el sentido de nuestra existencia. Por su resurrección Jesús es constituido Señor sobre el mundo entero. Mediante su Espíritu, el Señor prolonga en el presente de la Iglesia el hecho histórico del pasado, su muerte-resurrección, reviviendo constantemente su eficacia salvadora.

2.- Textos para la reflexión.

Creer en el Resucitado (J.A. Pagola)

Vivir la experiencia pascual ha de ser para nosotros acoger el Espíritu vivificador del Resucitado, escuchar sus palabras, que son "espíritu y vida" (Jn 6,63), y experimentar en nosotros la fuerza que Cristo posee de "resucitar lo muerto".

Entramos en la dinámica de la resurrección cuando, enraizados en Cristo, vamos liberando en nosotros las fuerzas de la vida, luchando contra todo lo que nos deshumaniza, nos bloquea y nos mata como hombres y como creyentes.

Vivir la dinámica de la resurrección es vivir creciendo. Acrecentando nuestra capacidad creativa, intensificando nuestro amor, generando vida, estimulando todas nuestras posibilidades, abriéndonos con confianza al futuro, orientando nuestra existencia por los caminos de la entrega generosa, el amor fecundo, la solidaridad generadora de justicia.

Se trata de entender y vivir la existencia cristiana como un "proceso de resurrección", superando cobardías, perezas, desgastes y cansancios que nos podrían encerrar en la muerte, instalándonos en un egoísmo estéril y decadente, una utilización parasitaria de los otros o una indiferencia y apatía total ante la vida.

Glorificación de Cristo: Mc 16.

El Misterio Pascual en nosotros: Rom 6,1-11 3.- Confrontar la vida.

¿Cómo nos es transmitido el acontecimiento de la resurrección? ¿Cuál es su significado? ¿Qué significó para los apóstoles? Y ¿qué significa para nosotros la resurrección de Jesús?

MARCOS 16

1

Pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago y Salomé compraron aromas para ir a embalsamarle.

2

Y muy de madrugada, el primer día de la semana, a la salida del sol, van al sepulcro.

3

Se decían unas otras: «¿Quién nos retirará la piedra de la puerta del sepulcro?»

4

Y

levantando los ojos ven que la piedra estaba ya retirada; y eso que era muy grande.

5

Y entrando en el sepulcro vieron a un joven sentado en el lado derecho, vestido con una túnica blanca, y se asustaron.

6

Pero él les dice: «No os asustéis. Buscáis a Jesús de Nazaret, el Crucificado; ha resucitado, no está aquí. Ved el lugar donde le pusieron.

7

Pero id a decir a sus discípulos y a Pedro que irá delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo.»

8

Ellas salieron huyendo del sepulcro, pues un gran temblor y espanto se había apoderado de ellas, y no dijeron nada a nadie porque tenían miedo

9

Jesús resucitó en la madrugada, el primer día de la semana, y se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios.

10

Ella fue a comunicar la noticia a los que habían vivido con él, que estaban tristes y llorosos.

11

Ellos, al oír que vivía y que había sido visto por ella, no creyeron.

12

Después de esto, se apareció, bajo otra figura, a dos de ellos cuando iban de camino a una aldea.

13

Ellos volvieron a comunicárselo a los demás; pero tampoco creyeron a éstos.

14

Por último, estando a la mesa los once discípulos, se les apareció y les echó en cara su incredulidad y su dureza de

corazón, por no haber creído a quienes le habían visto resucitado.

15

Y

les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación.

16

El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará.

17

Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas

 

nuevas,

18

agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos

y

se pondrán bien.»

19

Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios.

20

Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban.

Romanos 6,1-11

1 ¿Qué diremos, pues? ¿Que debemos permanecer en el pecado para que la gracia se multiplique? ¡De ningún modo!

2 Los que hemos muerto al pecado ¿cómo seguir viviendo en él?

3 ¿O es que ignoráis que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte?

4 Fuimos, pues, con él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva.

5 Porque si hemos hecho una misma cosa con él por una muerte semejante a la suya, también lo seremos por una resurrección semejante;

6 sabiendo que nuestro hombre viejo fue crucificado con él, a fin de que fuera destruido este cuerpo de pecado y cesáramos de ser esclavos del pecado.

7 Pues el que está muerto, queda librado del pecado.

8 Y si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él,

9 sabiendo que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más, y que la muerte no tiene ya señorío sobre él.

10 Su muerte fue un morir al pecado, de una vez para siempre; mas su vida, es un vivir para Dios.

11 Así también vosotros, consideraos como muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.