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ALIENÍGENA A DIARIO (365´25) A. J. ABERATS Industrias El Ratón 2

ALIENÍGENA A DIARIO

(365´25)

A. J. ABERATS

Industrias El Ratón

PRÓLOGO

Franck J. Gaus (Director del Departamento de Exobiología en la Universidad de Cerro Pinosa, Tennessee. Co-firmante del informe “E-145" y asesor presidencial de la Administración Obama).

No sé cómo lograron introducir el libro, y la propuesta económica, entre mi papeleo urgente. Inaudito. Y no la historia en sí, sino que se me quiera hacer pasar por un auténtico panfleto alienígena. [ Mi tiempo me es demasiado precioso para embarrarme a las canas con un tratado de estupideces. Les ruego que no me molesten más, o será cosa que debatan ustedes con mis abogados y las autoridades pertinentes.

]

F. J. Gaus

Ana Rodrigo Guaguanché Zoco (Dramaturga. Ganadora del premio Pamparroto de poesía. Dos veces finalista del concurso Tronchadrama. Y crítica literaria en la revista digital Sanchitos and Quijotes Revue).

Franca que quiera ser, y cobrado el talón, sólo resta declarar que no vislumbra futuro la obra que me han mandado, al adolecer, sincera, de cualquier valor literario. Ambrose Bierce, Eugenio D´Ors, y el mismo Samaniego, algo parecido hicieron tiempo atrás; y tienen líneas que valen lo que todo su lomo. Puede que ustedes piensen original, u oportuno, aprovechar el tirón del momento y sacar al mercado un libro en tal formato. No hagan. Sigan mi consejo y vendan al peso el papel. Y si es cosa que desgraciadamente esté en molde, centren la campaña promocional en la vertiente histórica y puede que por ahí toquen hueso; fibra, poca. ¡Ah! Y siempre quedará dar de balde vía Internet; eso tampoco lo desdeñen.

Anarró

Otto Hofmann Swarkkoff

Historia Pretérita de Stuttgart. Descubridor y director del yacimiento arqueológico del “Niño de Gulüngú” en el lago Turkana, Kenia).

(Arqueólogo y Filósofo. Subdirector del Museo de

Para trabajar sobre seguro ruego manden el original. stop. O huelga cualquier

mínimo rigor y todo quedará en opinión personal. stop. Si así fuese me gustó pese

a desaciertos flagrantes y bastantes puntualizaciones sobre fechas dadas. stop.

Mejor dicho insinuadas. stop. Obviando esto puedo decir que para entretener un rato y echarse unas risas mal no va el ejemplar. stop. A su disposición quedo en las condiciones pactadas. stop. Atentamente: Otto H. Swarkkoff.

(Director de las revistas “Infininitum”, “Selenitas Tomorrow”

Arkay Kasmaya

y “¿Hay alguien ahí?”. Autor de los best seller “Abducidos sin motivo” y “Al otro

lado de la brana”. Parapsicólogo y médium. Vicepresidente de la asociación

Amigos de la Quinta Dimensión).

Demasiado bonito para creérselo. Señores míos les han colado un gol, o lo intentan, con el mayor descaro. ¿Quién es SHR de M?

Yo mismo podría ser. Atiendo a las iniciales. Yo también soy un Ser Humano Racional de Moratalaz.

O una Sabandija Hipocondriaca y Rastrera de Mucho… cuidado.

Por favor, no nos quieran hacer más tontos de lo que ya somos, o al menos digan de partida que es obra de ficción y así tendrán mucho ganado.

De todas formas, les invito, a que se acerquen por la redacción para charlar un rato en persona, y quién sabe, quizá realizar entrevista que publicar.

Y traíganse al autor.

Arkay Kasmaya

Soraya Al Watan (Embajadora de Buena Voluntad de Naciones Unidas y Observadora del Alto Tribunal de Valores Humanos para el Oriente Próximo. Ex-candidata a la Presidencia de la República de Binalkistán. Comisaria de la Exposición Universal Permanente de la Mujer).

Con sumo placer leímos su libro durante las vacaciones. Lo leí yo y lo leyeron mis dos hijos pequeños. Ellos son los que casi me obligaron a escribir para darles las gracias por su aportación a la lucha contra la desnutrición infantil, y de paso, hacer saber que a ellos les encantó; aunque a mi entender sobra un poco de sangre, y falta algo de tacto, al tratar ciertos pasajes a los que todos somos sensibles; y que no creo necesite explicitar más. Asimismo, les sugeriría que en lo sucesivo se dirigiesen a mi oficina en Washington D. C. para realizar cualquier consulta o donación. Gracias.

Soraya Al Watan y sus hijos Marwan y Jazzmin

Teing Zafayama

queen por la noche en el Tokyo Tai.

(Analista de programas en Oshabuti & Takemura Co. Y drag

¡Ah! Y lector habitual).

Viento del Norte Sin Oriente orientado Pudre toda mies.

Joyû Dansâ (T. Z.)

En algún lugar, En algún momento

-01-00

Ya estoy aquí.

Y aquí no hay nada.

Bueno, polvo estelar hay para aburrir. Y nebulosas. Y galaxias.

El Universo sigue ahí fuera, juguetón.

Incluso un enorme agujero negro llama la atención y entretiene; un buen rato me

tiré viéndolo cebar; imanta toda materia y poco a poco camino de su boca enfilan asteroides y planetas. Ni la estela de un cometa se salvó. Ni las estrellas. Lo devora aparentemente todo. Hasta la luz. No sé si será así de voraz por naturaleza o que el observatorio hace cundir el tiempo circundante. Es mi primer día y aún no entiendo bien la cosa. Se me escapan las funciones. … Esto es… raro, muy raro… nuevo… al menos para mí. Vale, me dijeron que no me preocupase, que de sobra llevo comida y recambios para solventar cualquier problema ¡Y que Bestia es lista! “Un año no es mucho”. ¡Un año no es mucho! No. Un año no es , qué va, es toda una vida.

O varias.

En fin, por lo demás, todo perfecto.

SHR de M

00-00

Con música me han despertado. Desde la mesa de mi cabina bien podría hacer lo mismo que hago en el laboratorio. Nada. Sigo sin entender las lucecitas y números que Bestia canta. ¡Soy un Observador! Nada me dijeron que hiciese y nada pienso hacer. Ya me cuidaré. Lo mío no son los números ni las luces, no. Lo mío es saber, de presenciar, que algo extraordinario va a pasar. Mismamente, el agujero negro debió coger todo la masa que podía, y existía a la redonda, y al momento está muy maduro. Chiquitito, chiquitito y en sazón como no he visto antes. Diría que a punto de reventar …… …… …… …… ¡¡¡E hizo!!! Yo lo he sentído. Y Bestia. Y diría que no quedará rincón dentro de este universo donde no se perciba. Oronda y prietísima que estaba la negrura, implosionó a la bárbara abriendo nueva dimensión. Toda la materia que constreñía salió zumbando en busca de las nuevas coordenadas propias, y nosotros mismos, relativos, estamos cambiando la ubicación. ¡Buffa! Creo haber presenciado el nacimiento de otro brote del Infinito. Bello fractal.

Sin más, hasta mañana.

SHR de M

01-01

Hoy también me despertaron con paliza sonora.

E hice lo mismo. Desayuné despacito viendo estirarse el invento.

Con la marcha que lleva irán enganchándose unos átomos a otros, unas partículas

a otras durante eones.

Y la de electrones que estarán danzando solos. Y neutrones, y protones, y bariones ¡Y taquiones!

¡¡Y sabrá nadie qué cosas más que ni imagino!! Ya dije que mala indicación daría a Bestia y por eso dejo hacer. Embobado me tiene el arremolinarse de las galaxias y el encendido de los soles.

Fascina observar el errático divagar de los meteoritos; tendencia natural tendrán

a chocar y unos contra otros impactan dando grosor a sus cuerpos. Planetesimales,

planetoides, planetas. Bólidos locos recorren el espacio para morir y nacer a nuevas entidades, sistemas solares, que cuajan por doquier. Precisamente uno de estos que refiero está consolidándose ante nosotros. La centena larga de planetas va tomando cuerpo mientras cogen paso, y ritmo, y giran alrededor del sol. Bailan, sí. Danzan definido órbitas. Yo, vuelvo a la cámara; y a ver si puedo dormir; aun cerrados los ojos, las formas y los colores del espacio me iluminan la cabeza por dentro. ¿Seguro que está diseñado el observatorio contra toda contingencia? No me gustaría estar bañándome en caldos y rayos gamma, ni que a Bestia, coitada, se le fuese una soldadura tontamente sin yo saber.

Salvo lo objetado, sin novedad.

SHR de M

02-01

hoy sólo

queda la mitad. Del más grande al más chico se agencian séquito; cuando no una corte entera; hasta algunos con varios anillos ciñéndose el ecuador. Uno de esos mundos exóticos me gustaría a mí, mas Bestia debe manejar otros parámetros biocartográficos y parece que nos aproximamos a uno pequeñajo. Sí. Para mi capricho, además, un tantito cercano al sol. Mucho más no engordará la piltrafilla con la proximidad de la estrella. Poca pieza queda vagando suelta. El planeta elegido por Bestia, por supuesto, también tiene luna; y bien hermosota a la proporción.

Por tener, hasta tiene agua. Exprimida de las piedras, e incluso llegada de fuera, despacito forma película. Van poniéndose al tiempo en su sitio las vísceras del planeta pues ruje y cruje por cualquier llaga. Algo voy cogiendo de los indicadores y por eso entiendo que es puro cianuro la atmósfera. ¡Ja! No le arriendo las ganancias al que pretenda venir a explotar este confín. Por cierto, lo que no tiene es nombre. Nada tiene nombre. ¿Podría ponérselo yo?

Y desde luego, juro, y prometo, registrar todo bautismo que haga en la

Enciclopedia Universal Borgiana. ¡Palabra!

mmm… ¿Podría llamarse por ahora sólo S10 del

De ser así me gustaría llamarlo

Universo Corporación112? Quisiera buscar un nombre redondo y chulo. Algo que suene campanudo e impresione, si no, a la vuelta, me veo el lelo de la promoción al haber perdido un año echando ojo al estéril “Grumesillo A10H del UC112” o “Rondrondín/inh-Doc.//Aapp.2 del UC112". Y no quisiera. ¡Necesitamos un nombre y Bestia no propone! Bueno, lo mismo me levanto mañana con él en los labios.

De la centuria larga de planetas que rondaban ayer… ¡Ayer!

SHR de M

03-01

Rotación y traslación cumplen con un ciclo anual simple: 365´25/24/60. Vamos, eso es ahora según Bestia, pero vaya a saber el intendente a la velocidad a la que zumbará cuando no preste ojo nadie; la dinamo está en marcha. …… Sí. Corriente y moliente. Y de tamaño viene a ser un poco más pequeño que mi propio planeta de origen; no mucho más. No estoy en casa, pero cómo si lo estuviese. … O a la idea debo hacerme.

SHR de M

04-01

No puedo pegarme el moco y jactarme muy trotado. Durante mi periodo formativo me gustó la literatura de aventuras y viajes. La emoción la encontraba entonces en el mismo felpudo de la Academia y hasta no volver a pisar tuve en vela muchas noches a mis compañeros e instructores. ¡Qué historias estaría corriendo! Dónde diantre trajinaría a esas horas. ¡¡Cuánto calabozo iba a chupar!! Aunque al día, si me viesen, en mí no reconocerían al culoinquieto que encontraba convertidos en océano cuatro charcos inconexos; o el que recién acostado se enzarzaba a látigo neurónico con un monstruo imaginario. Atisbaba una epopeya en cada permiso, hoy, ahora, me limito a vigilar un planeta seco desde una silla. Una ristra de mundos yermos. Y no puedo abstraerme tal antaño, soñar despierto, pues el primer día de cursillo se lo pasaron advirtiéndonos contra las expectativas. Lo mal que cuadran y lo mucho que contrarían de no refrendarse. Esto es un coñazo. Esto es más duro de lo que parece. Y parece que me hayan nombrado el Gran Maestre del Muermo. SHR de M

05-01

Mal desayuné; me dejaron. Sopa tuve en el plato. Y sopa en los monitores. Y sopa es el planeta. Hasta mal comparada, mi galleta nutricional acabó siendo la plataforma continental que descolla de las olas, y, rota, a su antojo navegó el denso océano. Muy en su papel está Bestia, y desde que levanté, embarqué, me bombardea con información. Parábolas y trayectorias. Moles. Reacciones y volátiles sueltos. Datos y porcentajes. ¡Basta! Pura Física y Química. Me satura. ¿Se le podría desconectar lo que tardo en comer? No, sé que no. Y supongo que de gran importancia será que hagan cadeneta los aminoácidos traidos de S10. Sí, mas a mí se me incluyó en el programa para observar. Nada más. Ser aséptico en mi parecer y expresarlo con total libertad. Sea cual fuere mi opinión. Y dejar constancia. Y mal desarrollaré mi cometido si termino cogiendo tirria al planetucho este; lo advierto. Yo también necesito mi paz. Y más hasta acabar de almorzar.

SHR de M

06-01

Sospecho que Bestia lee el diario con sus facultades.

Silencioso trabaja cuándo quiere. Tanto es así, que intrigado por su mutismo me planté ante las teclas solicitando información. Cabal, Bestia me largó un compendio multimedia de la química de los elementos.

Gases

De toda la perorata sólo me quedé con un término: “Coacervado”. Es palabra antiquísima que tampoco me venía a decir gran cosa, mas algo tendría para turbar al listo de la expedición, a Bestia, al modo, al punto, que haciendo comprensible su discurso me situó en la antesala de la Vida. Un plantel de tubitos de ensayo me reseñó por prueba. Dentro, la supuesta “protovida” se frota y restriega buscando un nosequé libidinoso. Eso diría yo, pues no tengo por menos que admitir, que patrón parecido gastan compañeros míos los días de fiesta. Pura excitación eran, y son, los corpúsculos. A mí mismo me veo rondando y dando tienta de refrote a la primera oportunidad. Y tal que le pasó a mi mismo engendrador, puede que estos desgraciados acaben teniendo descendencia sin pretender. Se dupliquen. En ese caso, como no se olvida Bestia en recalcar, se pondría en marcha automáticamente el segundo protocolo. No es imposible el paso, mas si llegase Vida a este planeta, lo suyo, lo probable, será que venga de fuera. ¡Vamos, tal que yo! Grande se me plantea la zancada de lo inerte a lo vivo. Y no es extraño que dude del trocarse el grano en roedor mediando una camisa. Aunque bien pensado, el enfoque ahora expuesto puede vestirse por ambas mangas; reversible es. Que sea Bestia, sí, que tiene medios, quien vele la probeta y apadrine al bicho si hubiere, yo, vuelvo al frío de la cámara. Que él dictamine si lo que hay allí es Vida; que utilice los patrones estándar.

Y sin sospecha; cosas peores haría yo

lantánidos

actínidos… ¡Buf!

SHR de M

07-01

Ninguna gracia me ha supuesto levantarme embutido en el traje empático.

Ninguna. Me sentó tan bien, agrió tanto, que fácil que no tenga la prenda fiabilidad conmigo y lo de la probeta me rechace. O se muera del susto en caso de vivir. ¡Joder si supiese lo que hay ahí quién soy yo! De dónde vengo. Lo que represento. Lo que soy. Quién es él. Dónde está. …… Vale, sí, acorazado y estanco, la misma patria le será el tubo de ensayo que su ciénaga natal.

A tamaño monstruoso hizo Bestia desfilar por el holograma un elenco de

bichos, cuya única virtud para no espantar del todo, fue pertenecer al ciclo del

carbono. De haber salido, sin ir más lejos, aborígenes del fósforo, o del silicio, o de cualesquier otro sulfuro, quizá sin dudar aquí echaría la firma, tocaría el botón del pánico, y retornaría a casa.

Y todos tan amigos.

Pero no será el caso, no. Vida hay. E inquieta.

Se me presentó lo que allí había bajo un par de etiquetas. Muy pormenorizado

el informe, bestial, inútiles resmas de cifras y datos que mi “buen” amigo Bestia

supo oportuno tamizar. Perla del cedazo considerará, por engarzar a las pretensiones del armador, supongo, y me identificó como legítimo titular de la plaza a unos seres que llamó

Bacterias; muy tranquilotas ellas, y laboriosas, y también poco exigentes a la hora de prestarse a ser colonizadas. Perfecta para ciertos intereses sospeché la propiedad. Intrigado, le busqué las cosquillas a los datos y algo cambió mi forma de entender

la cosa. Y así lo hice constar en el informe girado.

Por mi parte, aun admitiendo dudas, doy por amos potenciales de la finca a los Virus. La etiqueta que sucintamente quiso obviar Bestia, cobija a unos bichejos de sobrada belicosidad y carácter pendenciero. … ¿Me habré visto en ellos? No… O sí. Bien sé que lo hago para forzar la entrada en vigor del tercer protocolo, y hacer entender, ¡a quién necesite!, lo simbólico que es mi puesto ¡Y lo largo y costoso que se puede hacer un año! ¡Para todos! Malo será que nos tiremos toda la misión, ¡toda!, observando este estúpido litigio

al microscopio por capricho, y bien digo capricho, porque bien levantado, tratado

a modo, hubiese sido algo más receptivo para secundar con mi testimonio la toma de contacto y el establecimiento de relaciones.

Y hala, a cobrar las primas.

Pero a malas, ¡Ay amigo!, yo soy el orgánico y ninguna prisa tengo por volver a

casa. Vengo voluntario. Cosa de mañana queda, el saber del acontecer de la noche que entra.

SHR de M

01-02

Me lo prometía cosa de un día más. A mis pies supuse a Bestia hasta descubrirme vistiendo aún el empático.

Que por mí no quede mencionar el cambio de talante; a cada uno lo suyo ¡Y al

tiempo!

A servilleta calada leí los últimos informes y visioné las muestras más recientes. Unos nuevos litigantes (je, je ¡Lo que le faltaba a Bestia!) aparecen para complicar las cosas un tantito más. Seres unicelulares. Sí, células. Células autónomas con núcleo completo. Autótrofas y Heterótrofas.

Por avenirme yo también algo a la “buena voluntad” de Bestia, tuve a bien admitir

a estos seres unicelulares como descendientes de los sabidos y antiguos

contendientes; aunque intuyo un aporte, nada desdeñable, de parientes alóctonos a esta charca; o cuando menos desconocidos para nosotros hasta el momento.

O

desconocidos para mí, concretando más.

Y

quizá, por mal entendida solidaridad, no me parece tampoco oportuno dar trato

de

propietario a ninguno de los recién llegados.

Teniendo fijo el salario, y sabida segura la paga extra, que se sepa a la redonda que oblicuo seguiré despertando hasta que reciba trato que estime compensación a lo sufrido. Orgánico soy, sí. Y rencoroso. ¡Prisas… ninguna!

SHR de M

02-02

Reconociendo que hoy no fue problema el modo de despertar, admito llano que lo que me atribula son en sí los saltos. ¿Cada cuánto? ¿Cuál es el intervalo que estima adecuado Bestia? Y por qué. Mucho tiene que interesar cerrar el trato, pues de ayer a hoy, el único cambio constatado fue la entrada en liza de minúsculos pluricelulares. Mucha variación y poco mérito. Sin embargo, ningún otro complejo orgánico parece venir a pleitearles los derechos, y raudos y feraces, corren a tomar posesión de la heredad. Aunque bacterias y virus sigan dándose batalla, y dándosela a cualquiera, parece

que la cosa queda clara y entre las líneas sucesorias, autótrofa y heterótrofa, va a quedar lo de proclamar amo. Bestia se decanta por la probeta verde, y puede que debido al propio traje que llevo puesto, a mí también se me haga que fuese la gente idónea para tratar; pese a que contaminen la atmósfera y condenen el paisaje a la oxidación. No me pasa así con la agresiva casta heterótrofa.

Los heterótrofos

Y nunca mejor dicho.

Los menos malos de ellos se dan al canibalismo primitivo y hacen de los primos

autótrofos su fuente de energía. Los más agresivos y dispuestos hasta hacen presa entre congéneres. La ferocidad viral, y la parsimonia bacteriana, van dando la cara en sus descendientes. Corren el mundo jugando a vivir sin tener idea que en mi mano queda el arruinarles la existencia.

A mi albedrío y conciencia está al ser el observador de esta misión. Ése es mi

trabajo. Vigilar la Equidad Universal. Procurar que nadie salga estafado.

¡Menudos animales!

Y

palabra que empiezo a coger gusto a este rollo familiar que se traen en S10. Sí, ésa es otra, también tengo que ponerme a ello y encontrar un nombre guapo

al

planeta.

SHR de M

03-02

Mediante holovalija confidencial me hace llegar Bestia los resultados del primer chequeo semanal. ¡Cuánta tontería!

Varias vidas llevaré echadas en sus entrañas y aún pretende justificar la demora por unos supuestos ajustes de la maquinaria a mi persona. ¡Bonita la desfachatez!

Y los resultados. Je ¡Los resultados!

¿Y la prescripción? ¡Ay, la prescripción! Menos dormir y más pasear a campo abierto.

Y encarecidamente se me aconseja darme a explayar con los amigos.

¡Que sea más social!

……

Varias cosas tengo in mente, mas me reservo y prefiero retranquearme a la zona del laboratorio para rumiar venganza. Que la piense Bestia. Que la tema. Abajo también va complicándose la Vida. Me inquieta el modo de evolucionar de estas simples estructuras, y, con mis bobas preguntas al respecto, mantengo desconcertado a Bestia. Y se nota que le intrigo. Me disecciona los ejemplares y

mil pruebas les realiza sin rechistar. Es el único rato del día que se me hace grata su presencia manifiesta. Deja de ser omnímodo, creerlo, y a ras de igual se maneja. En ese instante, sólo en ése, se me hace compañero y camarada. Hasta cede a mis sugerencias de lego y rocía las muestras de los tubos con ácidos y bases, o distintas longitudes de onda. Así fui testigo del nacimiento de un ojo. Un simple ojo, un ojo simple, una célula fotosensible, me hizo llorar, y al buscar compartir la emoción del descubrimiento

mi compañero de juegos era una computadora de ultimísima

generación.

nada

solo

……

Tengo que escribir unas cartas y correr la cinta.

SHR de M

04-02

Se me instruyó, casi hasta provocar rechazo, que son muy zalameras y bienqueda las estructuras orgánicas, pero en cuanto te descuidas ¡Zaca! Te dan la puñalada trapera sin dudar. Por eso exigen que llevemos el empático, no para que me blinde, que no hace, no, mil virguerías realiza pero ésa no, está diseñado para que no vuelque yo tampoco sobre ellos emoción alguna y se pueda decir todo más objetivo. ¡Ja! Conmigo no funcionará muy bien el traje, porque desde luego, me sé reconocer un puntito de asco al observarlos. Los especímenes que traen las sondas automáticas me recuerdan gusanos blandos de extrañas simetrías, seres neumáticos sin boca ni aparato digestivo definido, glotones totales, que se alimentan absorbiendo moléculas orgánicas o en asociación con simbiontes foto o quimicosintéticos… (Palabrita de Bestia). Un asquito todos fuera del agua.

SHR de M

05-02

¡Aaayy, qué gusto! Se agradece estirar las piernas y no tener confín ante los ojos. Bueno, vale, no es grato el desembarque al carecer de enlace el planeta y bajar a salto de órbita, pero nimios resultan mareo y vahído, si uno consigue sentirse alejado de Bestia durante un rato. El objetivo del paseo era observar estructuras simples de vida en su medio y ver lo que se puede hacer con ellas. Sé que no son palabras de heraldo el querer entender en los habitantes de este lejano peñasco mero relleno de olla. Y sin embargo lo son. Medusas, gusanos y celentéreos son los personajillos que pululan las someras aguas. No me los hago muy listos, y por tierra, que yo vea, tampoco luce vida que no sea geológica. Sí, creo que va para largo encontrar ente del carbono con el cual darle al palique.

SHR de M

06-02

Poco trabajo hago; bajo por bajar. Me siento en una roca, eso sí, y dejo pasar el tiempo observando lo que traen y llevan las corrientes. Bestia me sigue instando a dar voto al traje y botarlo al agua.

Y no. Al agua no me meto.

Me conformo con ver el lecho por vaivenes. Y es mucho lo que se ofrece.

Las distintas estrategias les modelan el cuerpo y parece prioritario el procurarse un chasis en condiciones; el tema del cerebro les será apartado secundario, y entre endoesqueletos y exoesqueletos, y valvas, y… y todo muy cuidado al detalle, se les disipan las energías. El no va más, el amo del océano, es título que pugnan unos peces acorazados, y aunque hidrodinámicamente hablando sean feos y contrahechos, no tiene mejor galán la mar.

……

Y conmigo que siga sin contar.

SHR de M

07-02

¡Insectos!

¡¡Fiiiiuuuuuu!!

A más de uno que conozco le hubiese dado un patatús de estar aquí hoy conmigo.

Pocos universos se salvan de dar a desarrollar tan pertinaces enemigos de toda tranquilidad. Con gran trabajo se les intentó exterminar en algunos mundos que conozco, y descuidando el imposible, incluso a la larga hasta se demostró

perjudicial. Aquí están por todas partes. Bestia no quiere que les meta mano por temor a que pueda subir parásito y sugiere seguir dejando la labor concreta a las sondas automáticas. Aunque fascinantes, a mí también me ponen de mal cuerpo si se me pasan imágenes pormenorizadas mientras me alimento.

Y mejor que no.

Un año es muy largo desde cualquier extremo.

SHR de M

01-03

No son de vida muy terrestre pues a mano del agua los encontré. Pero al fin

di. Sí. Habitantes tiene el planeta que desarrollan parte de su existencia fuera del agua con cierta dignidad; anfibios chiquititos; supongo que descendientes de peces. Algunos exclusivamente se alimentan de lo que trae el agua, otros, de charca en charca, y aprovechando las variopintas exquisiteces que el viento arrastra, ganan tierra para los suyos en la carrera evolutiva. Pero al menos al aire hacen un tracto de vida y a mí me vale. Yo soy quién observa. Y ellos los observados. Sí, en justicia puedo decir que tengo objeto de estudio.

SHR de M

02-03

Hoy, alegría, no me aguardaba el mar al bajar. Sólo tierra. Montañas, cordilleras y una playa infinita, desierto en toda regla, se me pusieron ante los ojos para contemplar. Pero ni rastro de vida. Craso error. Bullía el sitio. El primer indicio me lo ofrecieron, a mucho de ir tostándome bajo el sol, unos

huevos de gruesa y dura corteza, a prueba de sequías. Y abiertos que los encontré.

Y ni rastro de las crías.

Aunque al rato, que en postura inclinada andaba todavía husmeando los vestigios,

una agradable tormenta rociaba de vida el árido llano, y ante mis mismos ojos brotaba una alfombra de flores.

Muchísimo llevaría sin llover y a ello achaco la repentina explosión cromática. Y

el aire cargado de aroma a tierra henchida.

Lástima que deba ser la excepción.

Agreste se ve el planeta pese a que también sea capaz de ofrecer paraísos tal que

el disfrutado.

Espejismo.

SHR de M

03-03

Reptiles por aquí, lagartos por allá. Coge trono en el pago la familia y no hay nicho dónde no quieran estar presentes; crecen, en número y tamaño. Desde un principio, aunque nunca me haya quejado (?), Bestia quiso orientar mi actuación. Huelga negar que él sabe y yo sé. Sé que mi resquemor percibe pues confieso hacerlo notorio de vez en cuando, mas hasta la fecha, y llevamos un tiempecito aquí, Bestia se iba saliendo con la suya, y muy a mi pesar, al recapitular en la antecámara de suspensión, debía admitir, para mí, que razón no le faltaba y siempre entablaba contacto yo con lo tiñoso del lar. Hoy no. No podrá argüir eso. Si alguien se puede decir que manda, estos, sin duda, son los reptiles.

SHR de M

04-03

Majestuosos son los reptiles, sí, pero si se les observa, que es por lo que creo

se

me paga, en el porte también se les descubren las miserias.

Y

ni siquiera del todo se puede decir que sean amos.

Loco acabó un ejemplar gigantesco, porque buscando hojas propias a su

descomunal hambruna, sin pretender azuzó y puso en danza de guerra un alto colmenar.

Y ser lacerado a conciencia.

Otro ejemplo me ofreció un bichejo peludo, nocturno ladronazo, al rodar de un

nido un huevo para comérselo en la espesura. Y repetir. Y tripitir. Y no excederse con un cuarto huevo pues aunque despegada y somnolienta, la dueña de la nidada volvía hecha una energúmena. Sí, imponen, pero sangría también se hace a los lagartos y no creo que esté dicha

la última palabra en el planeta.

SHR de M

05-03

Con mucha premura me mandó Bestia esta mañana al tajo. Apenas datos me transfirió de las sondas automáticas, y coscándome del extraño, en puertas del salto gravítico me comentó que luego se daría a explayar con las causas concretas del apremio.

Y hale, para abajo.

Recelar de Bestia no me es nuevo, así que en cuanto me posicioné busqué razón en el sitio.

Y no percibí nada destacado.

Señorean los reptiles. El Sol calienta. El aire mece la hierba. Palpita la Vida al ritmo que le es propio. No encontraba explicación para tanto atropello, salvo, quizás, si algún lagarto hubiese echado suficiente masa gris a su cráneo. ¿Pudiera ser? Pensé que sí, y a buscar reptiles que diesen el perfil me puse. Aunque ni por asomo. Son de un tonto y avieso singular; o me lo parecen. Incluso se me hacen más ingeniosos los ladronzuelos peludos, que en su minúscula osadía, entienden despensa y protección en los colosos; corretean entre las enormes patas; y hasta juegan; son mucho más sociales. Y no me extraña. En

vez de abandonar la puesta a la buena de la suerte, atan las crías a la madre gracias a los muchos afectos que se prodigan.

Y no sólo para concebir.

Se alimenta a los vástagos mediante glándulas sudoríparas hechas mama; un pezón, que atraque es a la mandíbula del embrión que portan en el marsupio. Se les protege, se les da cariño a lametazos si tienen tamaño, y proteínas crudas de ser menester. En fin, se les ofrece cobertura en el tracto de formarse adultos. Lástima que alumbren al planeta en tiempo de reptiles.

SHR de M

06-03

Vivito y coleando que está el Universo, un cometa se dignó visitarnos sorpresivamente; de ahí las prisas de ayer y el secretismo. Apenas causó estrago, y causará en adelante, al tragárselo el Sol. Sin embargo, de la estela de su cola se desprendió tal pedrea que no quedó cuerpo en este sistema solar que no atesore tarjeta de la visita. El mismo S10, que ha quedado S3, padeció un par de pedrolos de dimensiones considerables; uno en concreto, pese a ir desmenuzándose en la atmósfera, pegó tal zumbido que abrió un cráter de doscientos kilómetros de diámetro lo menos. Y poco más sabemos. Desde entonces una densa capota de gases y polvo recubre el planeta oscureciéndolo. Y las sondas ni usarlas porque descuajeringan con las tormentas electromagnéticas solares. Con gran profesionalidad por mi parte, creo, me sobrepuse a cuanta objeción declaró Bestia y me presenté voluntario para bajar al aire; sin apoyo técnico; bueno, salvo el empático. Puede que esté tintando yo muy negra la tesitura, en descargo de su conciencia, y salvaguarda, Bestia me informó que no era el primer impacto que sufre el planeta, ni el último, y segurísimo que tampoco sería peor que otros que me omitió, y que ahora me descubre mataron además a casi todo bicho viviente; rondando el 95%. A pie de campo no fui capaz, confieso, de cuantificar el cataclismo. Hiede y se ve el lugar asolado. Sin embargo, hay vida. ¡Quién lo iba a decir! Los granujillas que intuyese elementos, los mamones, cogieron la ocasión a la carrera y se extienden por la faz. Más adaptativos, ¡al llevar la estufa incorporada!, desbancan a los lagartos y se aprestan a mi juicio a enterrarlos; ni el recuerdo de los saurios dejarán en sus propios huesos al evolucionarles los oídos y sacar zarpas de cinco dedos. Estos se pintan solos otro mundo; que clase tienen los muy mamones.

SHR de M

07-03

Acabados no están los lagartos, no. Pero el ocaso lo tienen cerca. Roto el equilibrio ecológico, se extendieron cual plaga los marsupiales y dan batalla en todo nicho. Los hay carniceros y vegetarianos. Y omnívoros. Y dominan todos los ecosistemas salvo uno. El aire. Allí hicieron fortín los hijos emplumados de los antiguos señores; en el éter, o en el medio acuático, por ahora nada tienen que hacer los mamones. Eso sí, que tampoco intente ningún linaje antiguo recobrar bríos en tierra; que no se permitirá; intuyo.

SHR de M

01-04

Los mamones exhíben trazas de venir para quedarse, pero conociendo algo de la dinámica del planeta, imagino que al cabo de diversificar empezarán con los problemas. Sufrirán una ola de calor o se les descompondrán las extremidades por el continuo rotar de las escápulas. ¡Bah! No sé cuál será el detonante, si que unas hembras amamanten a sus embriones antes de estar formados, u otras, placentarias, que por esperar al parto para empezar a amamantar, se sientan diferentes. Vamos, que los ojos de las otras lo hagan sentir. Se mastica la tragedia. ¡Y aquí se tiran a degüello!

SHR de M

02-04

Soñar es signo de inteligencia y nadie me lo puede negar. Basta verles temblar, o beber, o gemir si lo que trae la noche es una buena pesadilla, para reconocer un cerebro capaz de almacenar recuerdos y dar lugar a una existencia. Yo traigo conmigo soportes modernos para mantener fresco quién soy y de dónde vengo. Ahora, para adónde apuntan, ni yo, ni ellos mismos saben, y eso que apenas están espigando en familias.

SHR de M

03-04

Me gustan los árboles. Rebosan calma y tardan en susurrar; e impelidos normalmente por un céfiro es cuando hacen. De por sí son bastante discretos y silenciosos. Ésa es la razón que me empuja a pasear entre ellos, y por hacer, el ánimo también tiendo entretanto a escrutar. Un grupito de mamones arborícolas me tuvo por objetivo de su frugífera

artillería. Están en época de alumbramiento, y placentarios resentidos, entienden el momento delicado y supongo que intentaron ahuyentarme a frutazos; pese a vestir el empático. No son enemigos a temer. De la ergonomía de sus extremidades les pende la vida

y no crecen mucho. Viviendo en los árboles apenas hicieron gasto evolutivo,

siendo el grueso de su despilfarro vital, probablemente, el ensanchar el cerebro en detrimento de las tripas. Paren ideas malévolas con la misma facilidad que una camada de dos retoños; uno por pezón. ¡Digo! Cebo ofrecían de su propia persona y me invitaban a seguir la tomatina por

la cúpula arbórea. Me buscaban la caída desde las ramas más altas y frágiles.

…… ¡Menudos elementos!

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04-04

El metabolismo basal, el pelo, los hábitos, hablan del antiguo pasado subterráneo de estos golfos; o al menos de su buena adaptación a la noche y sus rigores.

Y sin amos aparentemente la mañana, igual de bien se dan a escrutar y vigilar los

contornos.

Y no hay peligro pequeño.

En el propio árbol familiar asentaba el malasangre que agarró a una cría de poco rango, y a fuerza de maltratos, partió el cuello al animalito.

Y ni protestar la madre, porque desde muy alto arrojaron el cadáver al suelo.

SHR de M

05-04

Dónde hubiese densa jungla hoy queda paisaje de sabana. Se hundió el suelo, y al cambiar la orografía, también tuvieron que estar al quite los seres que habitan estos ecosistemas. Algunos se extinguieron, e incluso gran variedad de especies nuevas vino a ocupar el hueco. Sin embargo, los que yo ando observando se adaptaron sin pena ni gloria. El clareo del espacio les obligó a bajar a tierra y desplazarse a la carrera para minimizar el peligro. De un ronchón de verde a otro existe trecho y adoptaron la bipedestación para otear sobre las hierbas. Se les agudizó la vista e inventaron el pie, mas siguen siendo gente poco solvente y al primer rugido circundante migran al dosel arbóreo.

SHR de M

06-04

Aunque Bestia me insta a decantarme, yo sigo a lo mío. No me juzga ahora tan a las claras, se contenta con repetir en alto, y hasta me atrevería a insinuar que entonando, los datos y opiniones del cuestionario de campo que firmo al regreso. Es lo primero que hace. Y lo último. Todo lo visiona y relee, y todo diría que lo duda.

Pero es verdad. Está visto que esto lleva su tiempo y cuándo sea de salir saldrá. Antes no. Puede decir lo que quiera Bestia, mas estos zurriagos de los que vengo haciendo objeto de estudio, son los únicos que algo de seso pongan al asunto.

Y me lo duda.

Anodino fue el día, la mayor parte del tiempo confieso haberlo pasado admirando los juegos de luz sobre un lago. Y ocasión tuve para fijarme en unas

cuantas líneas evolutivas, que digo yo, sea por la alimentación, la edad, sea por las fechas del año, por puro vicio, sea por lo que fuere, al fornique y refocile se aplicaban con empeño; pura exuberancia sexual era el momento. Irresistible. … Pues no, no señor. También encontré algunas hembras, que pese a lucir en sazón sus atributos, en absoluto estaban receptivas. Listas están para negar lo evidente y al macho rechazan la cópula. Da igual cómo se ponga. Ni a las bravas ni con lisonjas. Ni con

el más tierno de los bocados que uno pueda encontrar.

No, es no. ¡Si eso no es inteligencia, que me manden otra vez a observar amebas!

SHR de M

07-04

Un par de horas pasé en la misma postura por si hacía gala de inteligencia el

bicho que observaba y me dedicaba una señal; ojos muy bonitos; y porte atlético;

y

el runrún de su jadear embauca. Pero nada. La misma cena le escapaba del plato

y

rama abajo, despacito, huyó una de las piezas ya cazadas; un mono paticorto.

Quizá por saciado consentiría la huída, el otro iba a dejarse morir, ahorrando el trabajo, al pie de una frondosa higuera. Aunque fue más lejos, y ora cojeando de una pata ¡al rato de la otra! fingió empeoramiento de su estado, y entre espasmo

y voltereta llegó al arroyo, e hizo el vado. Y zurrado ganó unas cañas, unas

planicies y otro árbol. Y a él se encaramó clamando estado. Estaba muerta la cría del todo cuando apareció la madre. Chilló y chilló, aunque lo único que consiguió fue que en lo alto del dosel se estirase el cazador. Desperezaba. Siguió llamando la madre en la retirada, desesperada citaría al hijo

y

haciendo riel a sus lamentos los pasos me llevaron al final de la espesura. Bajita

y

liviana, de metro veinte y veinte kilos, corría y trotaba grácil en el reseco paisaje.

Y

abrió brecha. Me costó volver a coger las huellas, pero hice. A toda trocha se

había hecho y escalando una fractura se puso a salvo echando tierra a la cría; que nunca miró atrás. Y detrás iba yo. Así me llevó hasta su familia. Debía ser. Sangre le entroncaría con todo el grupo, pero a su llamada sólo hicieron caso otras dos hembras adultas, y una cría lactante, que salieron a su encuentro. En total serían la treintena al mando de un macho dominante y su camarilla de adláteres. Batían la cañada arramblando con todos los recursos al alcance. Buscando sitio cómodo me recoste contra un árbol frondoso. Desde luego que saltaba a la cara que no eran las inteligencias que necesitamos. Toscos, huraños, olvidadizos, hasta el ejemplar que viniese siguiendo se unió al trabajo y comenzó

a espulgar el campo. Semillas, flores, frutos. Raíces. Y polillas. Y cualquier bichejo o bestezuela que entendiesen comestible. Ésa era su vida. La vida que hacían.

En éstas apareció el señor sabido con el que compartiese atalaya yo, y que viniese buscando, o fuese destino, dejó desfamiliada a mi guía al matar en el sitio a las hembras. Y la cría llevar entre los dientes. Pese a ello, por la pronta defensa que hizo el resto del grupo, y que a mi misma

se me hace injusto no dar

vera vino a postrarse y llorar la otra

oportunidad a esta gente, pues aún por el mal aval del número, pero cierto que

hicieron huir a la fiera y al momento festejaron la victoria.

También se saben amos. Ella no. Ella sólo lloraba porque le pedía el cuerpo. Lágrimas que son diamantes

y me hacen postergar un día más la rúbrica. La sentencia del planeta.

¡Llorar!

SHR de M

01-05

Propenso al cambio es S3. Y sus habitantes. No así mi buen Bestia, fiable a no dudar, que nuevamente me dejó en sitio inapropiado.

Pensé en un principio acertado el lugar al escuchar risas. Risotadas inteligentes y burlonas. Tan profundas y maliciosas que entendía acabada la misión, o en vías de finalizar al no poder negar por más tiempo lo evidente. Mas, sorpresa, despreciable ironía evolutiva, los jocosos animales de poco podrían ufanarse al ser ellos mismos manifiesta aberración; cuadrúpedos; culibajos y tranquicortos. De dentellada recia y rencorosa, eso también. Tenían acorralado en un islote del regato un mono paticorto. Cortada la huida por un cantil y un lodazal, defendía la criatura la vida lanzando proyectiles con un grosero estilo que nada bueno auguraba para su futuro. Cena sería pues tarde o temprano alguien daría con el vado adecuado.

Y ahí estuvo defendiéndose.

Piedras, palos aventó al aire zarandeando el poco verde que agarraba en el arenal.

Y no disuadió, no. Le entraron al fortín por dónde sabía tenía agujero, y antes que

defenderse cuerpo a cuerpo, que no tendría sentido, se agarró al cantil vivo como bien tuviesen a entender sus extremidades y trepó. Se pegó a la roca y fue haciendo vía hasta ganar parte segura en la rivera. Y corrió. Desapareció de la vista y las hienas dejaron de reír. Mirándome agoreras, que calaban el traje, no hice siquiera ademán de acercarme y partí en pos del escapista. Recorrí la sabana buscando. Y nada. Iba a dar el día por acabado, finalizada la persecución, cuando en la orilla del lago al que me acercaba descubrí varias docenas de paticortos; sin duda hermanos o primos; algunos un poco más altos y cabezones; otros más endebles y nerviosos. Varias líneas y familias compartían orilla. Animado, patee playa hasta dar, por fin, con el paticorto ansiado. Macho, explorador, y mal articulado su pensamiento, poblado el discurso de poses y ruidos guturales, una infinidad tardaría en dar reporte y al llegar yo disolvían. A gruñido y pensamiento propio se refugiaron sin prisas. Fueron subiéndose a un árbol hermosote cuyas ramas ofrecían seguros encames entre las rocas. Ahí tendrían intención de pasar la noche. Recogiéndose por grupos, entendí al explorador cabeza de uno y en una cornisa organizaba asamblea familiar a la que asistir. Dos machos adultos más, cinco hembras, cuatro inmaduros y dos lactantes; y dos en camino. Toda la célula reunida para tomar una determinación. Corría el repecho final el día y mi explorador, cansado, observaba con desgana los dos horizontes a los que daba el balcón. Bien definidos.

El lugar, imposible. La banda de paticortos lo sabía, aunque sólo esta familia que cito parecía ser consciente de la realidad. Agotado el campo, no hay plato pequeño al que hacer ascos y hasta la carroña tiene novios; y peleones. El explorador sopesaba el horizonte mientras la familia se deshacía en arrumacos y carantoñas.

SHR de M

02-05

Hoy tocaría acierto y Bestia cumplió. Junto a una banda de paticortos robustos

me dejó. Sin duda deben pertenecer a las mismas castas que seguí estos días atrás.

Mocetones. El orgullo de su casa, aunque con el revés consabido que de tarde en cuando deja caer el clima, ahora lastra el corpachón. Rumian raíces y tallos secos buscando la savia, y no hay carcasa o resto, por descarnado que esté, que dejen pasar sin antes haber lamido. Hambre. Malos tiempos se viven.

No

corren mucho. Mal trepan y peor nadan. Sólo hacen buena carnaza.

No

parecen enhebrar a derechas y sin embargo medran.

Los paticortos son feraces y sin parar dan variantes. Sabiendo que gustan montar reunión a la raya del agua busqué fuente. No me

costó mucho dar, verde correoso el envoltorio, y a lengua blanca el lecho, el cauce cuasi seco del arroyo susurraba todavía su frescor; y mal caño era el hilo de agua al arrastrar consigo podredumbres y miasmas que riachuelo arriba serían pura cadaverina. Había río, mas poco agua y se disputaba. Únicamente dos puntos potables encontré. Dos pozos. Dos pocillos. Ambos perforados por elefantes y re-excavados por paticortos astutos. Aprendieron a mantener los pozos limpios y así garantizarse el suministro de agua; uno cuidaban con mimo, el otro, aun sintiéndolo propio, lo cedieron temporalmente a una manada de leones oportunistas a los que no convenía descuidar. Para defenderse de ellos, tanto el pozo, como el acurrucadero, rodearon con un mallazo de espino imposible de burlar. Ni por mí; listos son; manipulan el medio.

Me tuve que conformar con verlos pasar a la carrera si rondaba alguna fiera, de no,

que ratos largos también cayeron, salían sin rubor a prospectar las inmediaciones o simplemente tomar el sol. Van perdiendo el respeto a sus depredadores, y hasta en grupo, cuando salen, agallas les nacen para achuchar ellos a los melenudos. Sí, creo que por fin encontré.

Mi

buen Bestia, puedes ir preparando los formularios.

En

este salto no, pero al siguiente, o después, o rondando, daré con alguien digno

para tratar.

¿Me seguirán viviendo las plantas?

SHR de M

03-05

Delicada imaginé la tesitura al descubrir los restos de un rinoceronte. Temí la vuelta de los grandes saurios al observar en detalle el destrozo. Astillas, agujas eran los huesos. Se aprovechó al máximo el ejemplar y hasta las cañas dieron su tuétano. Estaba a punto de seguir ruta cuando me gritó una piedra que tenía dos filos. Brillaba, y al cogerla, terriblemente fría, me invadió una ola de calor. Aquellos bordes eran intencionados. ¡Y tanto! ¡Y tantos! Al pie tenía el utillaje que hizo piezas al animal. Cubertería lítica. Tampoco gran cosa, seamos mesurados. Aunque utensilios, y cortantes, con todas las consecuencias. Sí, sí, sí. Sí.

Y que no sería todo malo, ni en unas ramplonas piedras entender milagro, a nada

de separarme del sitio encontré rastro de grandes zancadas; patilargos. Teniendo

el firme textura de papel, leí la ida y vuelta que hicieron por el sendero que llevaba.

Liviano el ir hacia allá, a los despojos, en el retorno se hundían mucho los talones de las huellas. Unos meses haría. Ahora, apogeo canicular, la zona de anegamiento estaba desecada y un único rumor indicaba agua. Y lo seguí. Lo busqué. Prendida en el aire la frescura acabé dando con una catarata. Y con los patilargos. Algo distante me situé para no alterar, pues al acercar yo, en trance de duda ellos, hicieron correr la alarma y también me observaron nerviosos. Tumbados al quicio de caída, bisbiseos se traían indicando que al pie del salto de agua algo era digno de atención o estudio; más que yo.

Y miré. Miel había abajo. Simple y sabrosa miel, que a medida de cada quien

revolvió el lugar. Locos y molestos zumbaban los insectos. Destrozadas las colmenas contra unas rocas, se esparcía sin pudor el embriagador aroma de los

azúcares. Pájaros, ratoncillos. A la llamada acudieron hasta unos familiares bastante lejanos de los patilargos, primos, mal avenidos, que les disputan el lugar. Para ellos era el festín, la trampa, y en cuanto pusieron las zarpas sobre la tarta arrojaron los otros un aguacero de cascotes. Lapidaron a conciencia. Enterrado en toda regla.

……

¡¡Bufffa!!

Mal que me pese ahora, ésa es la inteligencia que vengo a preservar. A defender

de todo engaño. Y no es que tengan sangre de dueños, no, en los ojos se aprecia que escrutan amos.

SHR de M

04-05

Me asombra su comportamiento. Lo listos que pueden llegar a ser. Unos paticortos acogieron, más bien consentir vivir en su territorio, a un espécimen maltrecho y extraviado de otro grupo patilargo. Supongo que cayó hace bastante pues todos los miembros, salvo uno, le daban trato amistoso. El macho dominante no. Él, e imagino lo simbólico del gesto, no comía fruta machacada, abrasada contra las rocas, al tener rango y pelaje para

consumir en sazón. Aunque el resto, ideal brillan los ojos, le tomó gusto a la compota, y desdentado

el

nuevo, cantada tengo la impronta.

Y

le debía escocer al jefe al entender menoscabo; de mala gana aceptaba que crías

y viejos se beneficiasen de pulpas otrora inaccesibles para ellos.

A raya de más innovaciones mantuvo con el simple mirar torvo. Y tarascada de acercar el otro. No se aproximaba al grupo mediando el macho.

Y así sería siempre que no se demandase algo del proscrito. Pero debió ser el caso,

porque antes de apretar el sol en firme el propio baranda fue al encuentro; le atacaría algún dolor recurrente que tenga por cruento y que sepa que el otro le puede sanar. Un par de raíces. Unas hojas. Lo que sea que conozca para el malestar.

Y

aunque diga yo de corrido, les llevó su tiempo entenderse ellos y enterarme yo.

Y

rato no muy largo que se encontrase remedio que se suponga.

¡O no! Testigo de cargo no puedo ser, no, pero juraría que antes de empezar a padecer los espasmos y la hipoxia, segurísimo que antes de cascarla… vamos, que el nuevo miembro enfiló camino de coger familia, y condominio del antiguo señor, antes de sentir o manifestar aquél síntoma alguno. Un asesinato con toda premeditación. Un envenenamiento… ¿Académico?

SHR de M

05-05

Sabía que llovía, y mucho, mas como siempre Bestia me llevaba a contextos secos y cálidos, acordes al buen gusto, consideraba improbable el emplazarme en tamaño aprieto. Llueve. A mares. No se puede hacer otra cosa que guarecerse. Viendo posible chambado en un distante abrigo hacia él cogí paso. Lógico, quizá, ocupaba el emplazamiento un grupo de patilargos. Tardaron en verme, además de las emociones, enmascara el empático el aspecto y me acerqué para pillarlos en plan doméstico. Machos y hembras impartían lección a los infantes del grupo, que en el trajín de los adultos, entienden juego y ejemplo. Pacífica comunidad. Mucha cría suelta incordiando a los padres, aprendiendo también a fuerza de palos a vivir en comunidad. Cualquier estructura familiar de mi pueblo, una tarde pareja, se entregaría a los mismos vicios. Sí. Sentado entre ellos les escuché “hablar”. Tosco y corto es su escuálido repertorio de sonidos, y encorsetado por limitaciones fonadoras, mucho más duchos son imitando ruidos faunísticos, que articulando un lenguaje reglado. Apenas se prodigan de palabra, aun cuando en sus ojos acaudalan una miríada de preguntas que ni forma de concretar tienen. Escrutan el paisaje sabiendo que es más complicado de entender de lo que parece. Y peligroso. Bastó que rugiese alguna fiera, no muy lejos, para que las crías parasen los juegos, mas, tranquila, la fratria de adultos sonrió a media tinta. Nada más turbó la tarde hasta que cruzaron el cielo dos buhos enormes, entonces uno de ellos, muy anciano, meneó los dedos en el aire y dijo “Uhuuhu”. Una sílaba corta pues aún tienen un mundo por nombrar y no es cosa de empezar dilapidando. Abstracciones las justas, lo grueso de su vocabulario son sonidos onomatopéyicos. Mismamente el “Uhuuhu”… ”Uhuuhu”… bien fuese lechuza, bien la noche que traían esas alas, bien fuese toque de retreta, tras la llamada, y un par de bostezos, se entoldaron bajo techo pétreo, y todos juntos, excepto un par que quedó al tanto, se prepararon para hacer noche y darse calor. … Coitados.

SHR de M

06-05

La tuve con Bestia. Y gorda. Bien primado estará, seguro que le garantizaron una conexión cordal directa al Supernodo Central, sea lo que sea lo que prometiesen, parece empeñado en que dé a estos patilargos por amos.

Sí, vale, no son simples patilargos; desde que lapidasen a los papiones supuse que

acabarían jefes. Pero desde entonces hasta ahora

Con los saltos dados echaba cuentas de poder dar con gente interesante. Pero no. Al litro les llegará la mollera y nada la exprimen. Un único avance constaté. El conocimiento del medio. Ponen sonidos a las cosas

y muy despacito las ordenan en sus cabezas. Pero lentos, muy lentos e inocentones, porque con tan profuso avance sólo mejoran en lo que al trabajo de la piedra se refiere. Son capaces de ir sacando lascas a un meño hasta dejar impreso, en el núcleo, un facetado juego de cortantes brillos; tumban horas; capaces de convertir las morrenas en gravilla sólo por porfiarse el afilar rocas. ¡Y baladí es la viruta que la hacen herramientas! Con ellas interactúan. Cortan hierbas, sierran palos, dan tajo y hacen cachos las carnes que se presten. A mí no, porque llevo el empático, aunque estos a los que me estoy refiriendo, y no sé tampoco si era de su bando o un enemigo, u que lo encontrasen tirado, lo importante es que desmembraron a un congénere que no ha mucho la espicharía. Saña, o costumbre, en cuanto movieron el muerto, y meter el filo, y agitarse los efluvios, consideré momento de volver junto a Bestia y pedir cuentas. Mas… Nada. No atendió Bestia mis requerimientos y sigue considerando albedrío suyo el tiempo y el lugar. ¡Incluso el momento de regresar a la nave!

Bien, si quieres jugar

nada. Poco “revolucionan”.

jugaremos.

SHR de M

07-05

Temperatura estupenda y el lugar de elegir. Bosque abierto, agua abundante y un buen surtido de pacíficos herbívoros a los cuales sacar la energía. De bucólico el paisaje, me temí en uno de esos raros sueños que provoca la suspensión. Por el olfato me dejé guiar hasta una gruta hallando chasca. Fuego había, y al mando de un palo un viejales se dedicaba a mantener viva la llama. La de la lumbre y la de los recuerdos. De caza los adultos, adiestraba a los jóvenes y hablaba del fuego. De su devastador poder y de su indulgente amistad. Amigo era bien llevado, mas no sería difícil que escapase o muriera; así que mantenían cautivo. El abuelo sabría sin duda lo mucho que cuesta encontrar un árbol hendido por el rayo, o dar con zarza pirófila chisporroteando. O clan que cambie. Generaciones habrá que no se goza y prueba son las crías que absortas hundían la vista en el baile de las lenguas. La próxima vez que admirasen, o pudiesen calentar, lo mismo serían viejos. ¡Si volvían a ver! Yo pensaba que llegaría el día en que uno de estos descendientes de monos se levantaría de entre sus iguales y a pleno pecho reivindicaría la propiedad a la redonda. Sí. Imaginé que de ser yo, él, me subiría a una piedra que hiciese ecos y pondría a todo quisqui en su sitio. Gritaría a los cuatro vientos quién soy yo y quienes son mis descendientes. Al menos dejaría los pulmones en el intento. Mas ellos, conocedores de su nicho, lo gritarían a quién olfatease. En cuanto regresó la partida de caza, pusieron al fuego un par de liebres y sentaron a esperar el punto, sin importarles, quizá, que se expandiese el olor. ¿De qué vale ser amo si no se puede hacer ostentación? Montaron tal fuego en la boca de la cueva que disuadiría a cualquiera. Bien alta dejaron la hoguera. Todo poder eran las llamas. Allí guarecía clan fuerte.

Esto, y es otro tema, puede que sea cosa mía, o no, pero uno de ellos me llamó. No esbozó palabra ni ruido, no, me miró y reseñó a ojo el hueco que quedaba a su lado. Era una hembra. Adulta. Un par de crías le rieron la maternidad y tres o cuatro hermanas y primas ofrecieron trato deferencial. Debe ser gran cazadora.

SHR de M

01-06

De punta a punta del planeta sigue mandándome Bestia. Ésta vez una isla; pero poco me agobia el espacio al realizar la instrucción quinquenal en una; eso sí, cáustico era aquel lago. El océano enderredor debe ser otro tanto parecido para mis coitados potenciales y mala cara ponen si les sube el agua las rodillas, aún así, y haciendo de la desesperación razón, parecen querer iniciarse en las artes náuticas y osan patronear troncos y balsas de follaje. Así llegarían aquí desde la costa. Deben ir agotando los recursos allá dónde encuentren. A punto nos presentamos pues un tronco hueco, relleno de voluntarios, a media quilla flotaba en la playa. De locos enrolarse, así que dejé que zarpasen y quedé con la población local. Desde un alto seguimos la singladura. Buen momento eligieron, la mar estaba plana y el viento adolecía de identidad. Pese a ello, la isla que enfilaban antoja distante para sus medios. Rayano lo imposible. Exiguo gobierno para una embarcación resultan manos y cortezas, y a no tardar, que quedará en duda, cualquier corriente arrastrará la almadía al inmenso océano. Se me fue la tarde, y la vista, observando desde un cantil el cabeceo. Triste percibí el ambiente pese a que mucho futuro existía en la partida. Aliviada la presión sobre el sitio, los pocos recursos restantes cundirán para criar otra hornada.

Y otro día más, Bestia.

SHR de M

02-06

¡¡Buffa!! qué frío. bueno, lo intentan. Azuzan el campo a grito y palo, pero poca carne

Cazan

queda a tiro; y carroña a mano. Hojas, bayas y raíces desaparecieron; quedaron inaccesibles. La nieve lo cubre todo. Los patilargos pretenderían quitarse los fríos persiguiendo ciervos, aunque al requiebro de un farallón rocoso con cuatro saltos que pegaron se pusieron a salvo los bichos; por el risco fueron trotando hasta una explanadita, y allí detener el rumbo para rumiar unos musgos. Ahí estaban cuándo se levantaron de la nieve cuatro rufianes blandiendo astifinas lanzas. Vestían un genuino empático de liebre ártica y no destacaban del entorno. ¡Qué astucia! ¡Qué diseño! Demodé entendí a los paisanos míos y corrí con los otros. Planté, sí. Estos norteños mucho más adaptados al sitio se manifiestan. E inteligentes. Desde luego el melón lo tienen más gordo; a los dos litros casi se irán, por contra, aunque muy musculados, más chaparro y correoso echaron el cuerpo. Y algo más plano el rostro, sí. Intenté llevar el paso, pero la cellisca me pudo y preferí refugiarme al abrigo de un voladizo. Sé dónde quedan. O que cuando menos existen.

Vete preparando la botella, Bestia, porque con estos tengo pálpito de acertar de lleno.

SHR de M

03-06

Bravo salta el salmón. Rasga las cortinas que encuentra sin importarle el alzado del telón. Lo lleva en la sangre. Saltar y saltar. Y correr los vados. Aun sacados del agua comban el espinazo. Y sólo desisten del empeño porque mis

inteligentes chaparretes norteños les aplastan la cabeza. Suben tantos por el río, que bastan dos crías, para hacer el trabajo de cuatro adultos. Generoso es el momento. Eclosiva Natura, al lío de enamorados tonteaba una parejita. Disimulaban ante

el grupo su convergencia aunque todos estarían al tanto y reían la inocencia de los

gestos.

Magnífico rodó el día, así fue hasta que se dejó caer por el punto otro grupo de chaparros. Bastantes. Y bien pertrechados. Y haciendo gala de conocer en detalle

el lugar.

Simples gestos bastaron para hacer comprender su mensaje. Devolvieron al río los peces, incluso los muertos, y sin apegos ni atender a lloros, extinguieron todo fuego salvo el reservorio que ardía en una calota de reno.

Y hasta ese sacrosanto fuego se avisó que iría al agua. El bruto de la panda, quizá, sea el que buscamos pues pidió arancel. Cómo amo

dispuso y suspendiendo sobre la corriente la llama de Vida que entendía, exigió,

al no plantear trato, que si querían quedar en el sitio y conservar el fuego, deberían

entregar carne fresca que les renueve el acervo de los genes. Así lo entendí, y, veleta sabido que me sé, estuve a punto de cambiar de compañeros.

Y no hice, no, porque el tributo pedido era la hembra enamorada. Y atravesado

miró el pretendiente. Crispó la mano al venablo y amenazó con irse para ellos, mas no pudo hacer porque el jefe de su grupo, adelantándose a la catástrofe, se negó rotundo a la pretensión. Prefririó perder la Luz y abocar a la extinción. Y pudiera ser, porque tomando también del campamento un par de pieles, y algunos frutos, desaparecieron los otros tan sigilosos como llegaron aunque con aviso de volver a pasar. Lo más triste del mundo quedó el campamento mientras se recogía. Losa de muerte planeaba sobre todos. Se me encogió el pecho, verse trocar de sopapo el ánimo me hizo dudar. Y así nos cogió la Luna.

Precipitados por la visita, temiéndola, mientras los demás empacaban mi pareja de enamorados se escurrió hasta una cueva, y al poco, para alegría de todos, ¡y más para mí!, el fulgor de una nueva llama se adivinaba dentro.

El jefe no, él, con sus dichosas formas, prefirió buscar un altillo oportuno desde

dónde otear, mientras su pueblo, ponía al fuego parte de lo pescado y se daban el

atracón padre. Y reír la cara de los que encuentren los restos del banquete. Cuida la familia del futuro de sus miembros y no cambian con cualquiera. Amansaron sus sentimientos. Domeñaron su apariencia. Y ahora domestican el fuego. No tienen barrera. Por cierto, al debe sigo teniendo lo del nombre del planeta.

SHR de M

04-06

Un chaparrete joven, de apenas un metro de alzada, escondía su poca chicha en una grieta de la montaña, pensé, por resguardarse de una fiera, mas resultó que la cautela era porque vigilaba de tapadillo a un hermano mayor, que pese a excelente ejemplo, tenía tara; alguna minusvalía o golpe. O nacer tal alimaña. Muy discreto fue su espiar, y al encontrar casualmente al padre haciendo acopio de leña intentó dar breve reporte, aunque la garganta, áspera y seca, no le permitió emitir palabra. Ni sonido. Un compendio de dudas le tomaron los ojos, y comprendiendo el adulto, le dio un par de palmadas en el hombro antes de meter riñones en la brazada, e instar al mocoso, a que descuidase del hermano coitado y siguiese a lo suyo. Que buscase piñas para avivar rescoldos.

SHR de M

05-06

Mal no van las cosas. Aunque haga un frío de muerte, los chaparros dan talla de genio al aprovechar las inclemencias. Le sacan la parte buena a la nieve y empiezan a conservar. Fuera de la cueva guardan ocultas piezas duras tal rocas, pero a nada que las acercan al fuego, y añaden una hierba, y mueven un poco para que dore, a mano queda el hilo de la Ciencia Gastronómica; en torno a la lumbre toman tajada y respiro del perpetuo invierno. Me sigue llamando la atención la fuerte cohesión grupal. Ata prieto la familia, y el clima, y no hay nada que aprendan, o descubran los adultos, que no intenten transmitir rápidamente a los hijos: una nueva forma de atacar la piedra, un lazo que hacer con fibras, o el aspecto del último bicho que esquivasen.

Al momento sería juego, pero incluso sin soplones, a la primera yo mismo entendí que referencia se hacía a un tigre dientes de sable.

El rugido. El hacer de los índices dos recios colmillos. El proyectar contra la pared

un auténtico horror. Al vuelo lo cogieron también los críos y a una gritaron el nombre del felino. Muy gutural sigue pareciendo su lenguaje, pese a ello, y pese a que sé que el empático me permita hablar con acento de un trillón de galaxias que le pida, me arranqué en un saludo mudo haciéndome notar. Ya sabían que estaba, mas siguiendo yo pautas que creía discretas, no levantó revuelo mi presencia hasta el momento. Así que saludé. Universal, escrito en los astros, ofrecí las palmas vacías al grupo enunciando un timorato “Bienhallados”. … Y sólo un segundo me dedicaron atención. De vuelta al juego, y la risa que llama a la risa, toda la tribu que compartía

covacho acabó rota y a pataleta por los suelos al no lograr acertar la charada. Uno de ellos se esforzaba por hacerse entender sin romper las reglas del juego. No hablaba, no. Un gurruño de pieles acopló a una cornamenta de reno, y plasmado

el monstruo en la pared, todos ajenos al autor del eclipse, tan pronto se sentaba la

grotesca silueta, como saltaba y se hacía más grande contra las rocas. Recorría las paredes, tal se diría que pretendiese deslizarse cueva adentro.

Y no acertaban, no. No acertaron.

Cansado el sujeto, e incomprendido, en medio del jolgorio general fui sacado a la

palestra y dado a mostrar como objeto del misterio. Y de la juerga.

Y fue el despiporre.

……

¡Maldita sea su estampa y las sombras que hagan!

SHR de M

06-06

No se desligan de su habitat cavernario, pero capaces se manifiestan de vivir en cualquier parte. Cogieron ripio al arte de hacer nudos y con cuatro ramas, y unas cuantas brazadas de hierba, levantan chamizo al que poder designar cobijo. No se darán los refugios naturales en estos pagos y el ingenio obliga. Pretenden cruzar las montañas antes que ataque más el frío. No tiene senda abierta el monte y suponía errático nuestro vagar, aunque al alcanzar la cota de nieve, y tras unos minutos de búsqueda, se acertó con las huellas de algunos que irían abriendo ruta. Se hizo un breve alto en el camino y de paso cargaron algo de leña pensando en su futuro uso. Por puro bien llevarnos, al hombro me eché un haz, e intrigado por saber dónde recalábamos tampoco despilfarré en palabras. Día quedaba para coronar, aunque seña se entendió en un palo hincado en el manto blanco, y al quedo, descargaron el equipo y comenzaron a acumular en el punto un cerrillo de nieve. Poco sol se pudo disfrutar, sin embargo bastó para que soldase el tipo de nieve arrejuntada, y horadando un poco, y ensanchando la cavidad, prueba me dieron de no necesitar pájaro alguno que enseñe a trenzar nudo que construya hogar. Me imagino que argucias tendrán para levantar en cualquier coyuntura iglú, y por ende, habitar hasta el clima más hostil.

SHR de M

07-06

Hondo, bajo la nieve, hozan los alces. Desde lo alto de un risco presencié la riada migratoria; tampoco creo que sea el empático inmune a estampidas; prefiero curar en salud.

Palas y palas, y astas y astas, y cuernas y cuernas, que en batiburrillo migran las bestias, cruzaron durante el primer tramo de mañana, y a mediodía, aparecía el grupo de chaparros pertinente. Van tras los pacíficos herbívoros que no dan mucha batalla ni les compiten por los recursos. Y cuando dan con alguien de cuidado, tal fue el caso en el que les encontré, dejan la cueva al oso que se ruge propietario y buscan otro agujero dónde hacer noche o las que hubiese menester si se detiene la manada; que hizo. Delante nuestro debía ir otro grupo que no vi, y orientados por la luz de la hoguera llegaron hasta nosotros. A resultas de la expedición de caza, también traían un colega muerto atado a un palo. Al vaivén que se acercaron, y embozado

el momento por la noche, no se supo de quién se trataba hasta llegar al pie. Y sería

conocido. Una hembra preñada que rompería familia y así se lloró.

Apenas quedan hembras en las partidas de caza y éste será uno de los motivos. Otro, que cuelgan las crías del cuello, y maman, hasta tener edad de correr con propiedad; profilaxis básica. En la gruta se orquestó sepelio ordinario, y quien más, quien menos, todos quedaron cabizbajos. Pero sobre todo uno, que sería el compañero estable ¡Qué atan de por vida algunos! y que se aventó, él, muy solo y bizarro, a buscar revancha y muerte en la cueva del oso.

Y se le dio; la antorcha siguió consumiendo aun habiendo cesado el griterio y los

rugidos.

Y las lágrimas.

Ya se le lloraba antes de tirarse a la bestia. Y podría tener que acabar llorándose a alguien más pues tea en mano arrancaron los del duelo y fueron a cerrar cuentas con el animal. De lo que pasase en la osera no quise recabar nuevas porque imagino la casquería. Si ejemplo a lo hecho después en el cubil del oso, es lo que se hizo con

la hembra, se espolvoreó a ésta un poco de ocre por encima y luego fue dejada en

un rincón durmiendo plácida, o en su defecto, todo lo relajado que pueda estar

alguien muerto y congelado. ¡Y venga a reír el recuerdo, y llorarlo, las hermanas de estro!

El fervor del romance no lo pudrirá ni el deshielo, muy al contrario, se encargarán

los carroñeros de emparejar los huesos. SHR de M

01-07

Siguiendo un curso de agua encontré unos chaparros que se embadurnaban con pinturas. Viejos y jóvenes juntaban, pero sólo “infantes” reunieron en un cotarro para conjurarse hermanos y entonar bramido. Primero estudiaron los jóvenes a ojo propio la cuestión, concretaron la ubicación de un grupo de caballos y luego volvimos al cuartel del voladizo. Hablaron, se organizaron, y en nada unos iban a buscar palos que sirviesen de lanzas y venablos, mientras otro par, se dedicaba a buscar la materia prima para manufacturar puntas y filos. Y otros a vigilar la manada, e incluso algunos a saber de las huellas de tigre nival que también husmea a los équidos. Se disolvieron a sus encomiendas. Por ir con alguien fui con los de las piedras. Aunque ellos son tiernos, el monte es viejo y sólo granito aflora en pequeños desconchones del follaje. Sabían difícil el dar con roca que no fuese amarga de trabajar. Revolvieron el monte sin hallar canto que les pareciese adecuado, ni en el cauce alto, entre los saltos, dieron con piedra oportuna. Sin pudor asomó el Sol, y apenas a dos dedos de altura, decidió el resoluto del binomio que no había cantera adecuada y, para mi sorpresa, retornaron al campamento dónde les descubriese embetunándose. Pero sigilosos. Mucho. Dieron un pequeño rodeo y se acercaron sin ser vistos; nada difícil por otro lado, pues los adultos entre gran camaradería, y risas, se estaban a su vez acicalando. Y robamos de un zurrón un par de piezas de sílex; auténtica mantequilla para ser trabajada. Tea en mano, y a alarido en cuello, comenzaron a desencamar la fauna que dormitaba la siesta. Se movió el humo, se gritó dando a entender incendio y las bestias de la floresta rompieron a correr. Azuzados, y seleccionando los caballos, lo más sencillo del trabajo fue matarlos al despeñar solos. Cayeron al callejón de un precipicio. Con las magras más sabrosas retornamos, bien alta la Luna, al campamento primigenio Mas el lugar estaba vacío. Seguía viva la hoguera y nada sugería que se hubiese podido abandonar la posición al trote; recibir visita inesperada. Sentaron junto al fuego, por un instante no supieron qué hacer. Manifestada la duda, salió de las sombras la cofradía restante con sus pinturas preceptivas en plan fantasma. Ululaban y gesticulaban diríase tal espíritus enojados. Irreales para los muchachos, que con miedo evidente, dejaban hacer a los otros sin objeción; comían lo que traían las ánimas del bosque sin hacer ascos a hongos y setas; ni rehusar libar brebaje ácido. La base química de lo que ingirieron sé que está restringida en mogollón de sistemas solares, mas a ellos poco les importarán los daños y consumen.

Je ¡Siguen ganando puntos!

SHR de M

02-07

Les sienta bien la dieta de mar y aligeran un poco los rasgos. Y estiran una miaja.

Y también siguen inalterables los lazos de filiación. Tanta carantoña por aquí, y

sobe por allá, que descuidando de amantusarlos, no dejan lugar al error y convierten a estos chaparros en gentes… fiables; se me siguen antojando, sí. Aunque también creo, y me turba, el seguir intuyéndoles verdes para tratar con miembros de la Corporación. ¡Sería la extinción para ellos! Hoy despiezaban una ballena bastante tonta que vino a morirse varando en la

playa. No les importó la causa de la muerte, sobre las mismas rocas en que falleció

el bicho practicaron el despiece; cortaban a lonchas y parecía que se propusiesen

derrochar en festín. Al menos los que junto al fuego acercaban filetones así lo sugerían a resoplidos. Miraban a hurtadillas por encima del hombro del senedrín de ancianos, quien, a su vez, miraba más allá, miran por el grupo, y aguardando estaban todos la respuesta a las invitaciones cursadas días atrás. De regreso desde luego estaban los mensajeros. Familia tenemos todos a la vuelta de la mata, y así, al goteo, y por partidas, las dos centurias largas juntaron en torno a los restos. Parientes eran porque no se

podía negar, mas puesto a ser pejillero, varias sangres mezclarían y algo alejados del arquetipo chaparro primigenio, he supuesto a algunos.

Y ya digo que el modo de vida, su cultura material, y sobre todo, sobre todo,

insisto, su agudo sentido del humor y la francachela, me reafirmaron en la adscripción al linaje. ¡Menudos bastardetes!

No quiero recordar ni referir lo que me hicieron, baste pensar que la reunión, aun sin plantearlo, era mercado. Se aprendía y se enseñaba. Se intercambiaba. Era momento y lugar, y quien no me intentó colocar lo malo de su género, me quiso para acallar a un hijo soltero de puro feo y contrahecho. Ja. Si hubiese querido replicarme me hubiera quedado en mi planeta. Tenía y tengo tarjeta para engendrar. ¿Tendré ahora?

……

Lo que tengo, seguro, es que revisar los niveles del regulador electro-osmótico. Me afloran y acosan… sensaciones, recuerdos… que nada casan con las tesituras en las que me desenvuelvo. Por qué, Bestia. ¿No tendrás tú nada que ver?

SHR de M

03-07

No reían por no ser momento, se despedían de un anciano y muy solemnes arrojaron unas flores sobre el cuerpo, colocaron un muflón reviejo para que fuese almohada y compañero de ultratumba y… Y medio metro de tierra y cascotes encima para que no les roben los restos. Y un par de lágrimas. Mal andan las cosas. Balanza de la Vida que se quisiera tomar, para la vacante

reciente tres no-natos lucharían por copar plaza. De parto se pusieron tres hembras

a la vez, se pondrían, y antes que alumbrasen subieron los que pudieron al sepelio del abuelo; que querría descansar en un lugar con vistas. Con la maldición presta para escupir encontré a las hembras. Bufando en cuclillas no componían sombra que incomodar, y por no molestar salieron estos míos a la intemperie. Bueno, y para no ser blanco de las quejas. Yo no, yo quedé. Con el empático puesto, y cuidando la distancia aséptica, no me ponen reparos al curioseo.

Me duele más a mí que a ellas

Aunque indefensas, las crías al nacer son todo cabeza y de muy mala extracción

siendo intrauterinos; nada ayudan. Acuclilladas aúllan las madres desesperadas y eso que tampoco son los bastardos lo cabezones que gritaron sus abuelas. ¡Y la que puede! Una, tras mucho debatirse y gemir, y sangrar copiosamente, cesó de todo intento

y agotada se dejó ir. Cerró los ojos y murió para consternación del grupo.

No quedaron ajenas las compañeras de parto al suceso, y quizá por eso, rogaron,

y chillaron, más atención y cuidados; al tiempo desgarraron sus sacos los hijos e

hicieron amago de salir al exterior. Y a uno se le pudo auxiliar, se le ayudó a nacer mientras que por el otro, y la madre, nada se pudo hacer. Y ni siquiera la hembra que alumbró con éxito quedaría indemne de toda tasa, al avisar, la hemorragia, que se apagaba también. ¡Vaya cuadro! 6 a 1 en el parcial del día. Muy mala cara cuajó a las que en distinto punto de sazón lucían la preñez. Palabra que espero, y deseo, que hoy no sea ejemplo de nada.

es un decir.

SHR de M

04-07

Cuando era cadete decían mis instructores que apuntaba para químico, físico o matemático. Hacía bien las mayúsculas y pequeñitos los números, de tal modo que casaban monos y quedaba la abreviatura aparente. Mas fue fiasco gordo. Luego, al ver lo bien que discurría la arena de playa entre mis dedos, les dio por airear que maneras tenía de ingeniero o arquitecto. No sé por qué recuerdo aquello. Bueno, sí lo sé. De todas esas Ciencias que me doctorasen a ojo de buen cubero, me gustaría ahora disponer. De la más pobretona de ellas tomaría lo que buenamente se me ofreciese pues con mi obtuso y honrado cavilar no encuentro solución a varias incógnitas con respecto a los chaparros.

Por qué, sí ¿Por qué si apuntaban maneras de ir aligerando y estilizando su chasis oseo, aquí, en el lugar, parecen haberme retrocedido tropecientos años? Los genes recesivos de varias generaciones atrás vuelven a dominar. Y es raro que

se desdiga Natura. Y cuándo hace, suele tener sus consecuencias. Ya se verán.

Y no me extrañaría que lo rieran.

Tienen su punto los chaparros, seamos sinceros. Muy leales e ingeniosos, familiares en exceso, y a ello atribuyo que no quieran

estirar más los lazos para salir del continente que les acoge. Razón no puede ser

el frío que es frontera, pues la linde de cualquier vida les es territorio ideal que

explotar.

Y el mar tampoco sería obstáculo si quisiesen; pequeñas travesías, eso sí. Saltar

un estrecho, cabotar una península o vadear cualquier río por caudaloso que venga, no será obstáculo si desesperan. Mas, por qué. Por qué permanecen y no dan el salto ¿No quieren medrar? ¿No les

es instinto?

Al otro lado del estrecho ven un continente que ansioso podría estar de recibirles, mas no hacen nada. Quizá estén cansados de intentarlo. Quizá lo hayan hecho y Bestia me niega los parámetros. Quizá les sea imposible imaginar otra vida lejos de su tierra. Incluso, quizá, les quiera ver yo de capa caída para tener excusa y delaxar lo inevitable. … Quizá. Mira, sí. Ahora sí creo que encontré. Nombre, al menos. Tierra. La tierra que adoran buen nombre dará al planeta.

Sí. Tierra. “Tierra”

¿Qué tal te suena, Bestia?

SHR de M

05-07

Al no poder coger los rayos de sol, a un chaparrete pequeño, una cría de pocos añitos, mantenían bien abrigada junto a la lumbre. Confían en la sabiduría intrínseca del organismo y el poder balsámico de las lenguas ardientes. Y no se

toca. No deja el jefe, o quien aparenta ser el más entendido en fuerzas curativas, que nadie se acerque al niño y pueda contagiarse de su enfermedad. Y expandirla. Muy corto se ha de ser para entender epidemia en una fractura de cráneo. Juraría que lo es; la inflamación le cogía de la nuca hasta el ojo.

La madre le velaba el estado. Esperó la señora a que clarease el habitáculo, y pese

a la protesta de comadres, cogió al niño en brazos y se lo llevó con gran misterio. Caminó mucho. Bordeamos la costa al ir dándonos la mar su azul en los altos, mas no imaginaba lo que nos esperaba, y así, al ganar la cabecera de una vaguada,

se paró en lo que desde abajo sería el techo del valle.

Allí tendió al hijo en el suelo y ella se sentó. En mí no reparaba, clavaba la vista en una gruta que exhalaba al aire humo de parentela. Y no tardaron en dar respuesta. Ya la tenían preparada de hecho, pues a nada que percibí un par de crujidos a mi espalda, me supe rodeado.

bueno, no lo son. A alguien que no los haya tratado

tanto le podrían pasar por hermanos o primos de estos míos, mas parecen retruécano de sí mismos; enclenques y larguiruchos lucen. Y el cabezón más pequeño; que no llegarán ahora al litro y medio. Y la cara más plana y los rasgos más finos. Ahora, eso también, en la mirada llevan porte de amos al igual que los chaparros. “Humanos” tildé a estos nuevos sujetos. Y al confiarse a ellos la dama, yo también hice y me dejé tocar. Sí, sigue dándome cobertura el empático y no percibí hostilidad hacia mí. Pero recelan mucho los nuevos y tampoco parecía que

Eran también chaparros

les hiciese gracia que junto con el crío fuese a su guarida. La madre ni pretendió y en el sitio lloró a moco suelto. Con ella senté toda la tarde, y solo de a en punto me quedé cuando sin darme aviso, ni razón, regresó al caminillo matutino. Y tomó. Pero volvió. Antes de fijar la noche los contornos estaba de vuelta con un tesoro

de gratitud. Consigo traía un collar de conchas ¡Un imperio para quién entienda!

depositando en una ara de roca que nos dio asiento en el trasunto de la espera.

Y volvió a partir. Desaparecer. Yo me quedé con los pobres matasanos.

Por probar, y que no quede, a la terapia acústica de choque se aplicaron; hasta que pude constatar estuvieron dando friegas a salmo vivo. Cantando. Acunando al chico que tendría las horas dichas.

O con las ganas de saber lo que allí pasó me voy a quedar, porque mientras

esperaba la llamada de Bestia, salió un grupito de la cueva y acercó al muchacho a lo más alto del valle. Y dejar. Rápidos para retornar a su fuego, quedaba claro que de su parte pusieron cuánta ayuda pudiesen prestar. Ni más, ni menos.

SHR de M

06-07

Se me hurta información. Y temo que se calcule factible el seguir haciéndolo. Sí, Bestia ¿Quién si no? Hasta el momento me tuvo ajeno a la génesis de los Hombres. “Ayer” topé con ellos y creo que por casualidad. No le hizo ni pizca de gracia que en el informe oficial los mencionase. Al punto, que mucho me rebatió que siquiera se pudiese considerar casta entroncada con los chaparros. Arguye los datos y análisis que le vomitan los circuitos y se cierra a toda elucubración. Sabe gravosa la demora e intenta a toda costa convencerme de lo acertado de esta gente. Pero, de cuál. Va pasando la llave de la Tierra de inquilino a inquilino sin que ninguno de ellos

esboce maneras de fijar residencia en el sitio. Se especula sin tapujos. Y yo el que más. Bestia también lo hace. Y sin disimulos. Tomé consciencia junto a un grupo de chaparros, aunque con certeza sabía que no muy lejos andarían los otros. Vamos, que juraría haber vuelto al sitio de ayer.

Y busqué, mas la única prueba de su presencia son distintos restos que encontré

en cuevas a la redonda; piedras y otras mierdas. Pregunté por ellos pero los

chaparros declararon sinceros desconocer. De tarde en cuando topan a lo lejos con seres extraños, pero por dedicarse a recursos distintos, o a los mismos, y ser la tierra ancha, siguen a lo suyo y se dejan vivir. Cierto, aunque no del todo. Esporádicos contactos tendrán, y de aquí, y allá, sacaron unos jóvenes para enseñarme cuentas, plumas, cosas raras a sus ojos, y que con otras mozas y mozos trocan en lugar acordado sin necesidad de encontrarse. No sería yo de no hacer y pregunté por el lugar, y me llevaron, y hora de intercambio sería pues unos juncos trenzaban pulsera deslumbrante.

Y quien me trajo, llevó, yo quedé aguardando pues alguien vendría a buscar su

parte del trato. Y así fue. Viéndome junto a las joyas dudaron, aunque vencida la resistencia con el trabajo del empático, cogieron del sitio un cachito de obsidiana y dos carcasas de erizo, y dejar, para nuevo cambio, un alfiler de hueso y una concha marina con cuatro sugerentes zarpazos.

Tampoco son estos los Hombres de ayer, ni los de mañana para los suyos pues aún

se ven pimpollos. Antes de acudir a la cueva que les era residencia, nos acercamos

a una sima y en la misma entrada hicieron ofrenda dejando al quicio la concha. Respetuoso quise entender el gesto y entré halógeno en mano para saber, confieso, por pura curiosidad, lo que allí pudiera venerarse. Y había, ¡vamos si había!, que cuando no un estrato, cuando no una estalactita, toda la arquitectura geológica era de alabar, mas, concretando caso o cosa interesante a la mentalidad de estos

lampiños, descubrí los restos oseos de alguien. Uno de ellos. Importante sería porque en derredor del cuello, y en desorden, le reposaban las cuentas de un collar junto a las vértebras. Y no un collar cualquiera. Sí, en el mismo sitio que intuyese estaba. Subí a la cabecera sabida y senté ora mirando al mar ora centrándome en la cueva. Salvo yo mismo allí nada había cambiado y seguía siendo el mismo enclave que pisase hace diez mil años. O cien mil. O ayer. Hora es del séptimo sello, mi buen Bestia. Hora, sin duda, de dar con líder que a la firma entre y cada cual a sus cosillas.

SHR de M

07-07

Mal sin duda le sentó a Bestia mi informe previo y me mandó a lejano confín.

Si hay humanos, sin duda serán recién llegados. De isla a isla habrán ido saltando

hasta llegar a ésta.

Y no está mal. Nueva a todas luces se les hará.

Sí, claro que están ¿Qué haría yo allí si no? ¿Despotricar contra Bestia y la Corporación? Obvio que también. Están, es seguro. Sus mañas de paso expresa el lugar. Arrasado. Son ellos. Depredadores contumaces, aprovechan el pago hasta esquilmar. Por

apartado y a la deriva se librarían estas islas hasta la fecha de la visita, y llegados, mejor le hubiese salido al pago, a su flora y fauna autóctona, seguir permaneciendo al margen de la evolución humana. Son los señores de armas tomar, y con ella en mano, que poderosos aliado es el fuego, entran a saco con los recursos. No llevan cuidado de sus actos y el humo medra por doquier. Ellos también medran ¡pero a qué precio! Sin hacienda dejarán a los nietos. O tataranietos, porque selva y bosque son densos y algo recuperarán de los quebrantos. Aunque ¿Por cuánto tiempo? La sangre de los virus les corre las venas cuando sé que no, ¿o sí? Dudo. Pese a complexión más endeble que los chaparros, y potencialmente más estúpidos si aceptase por baremo el volumen del cráneo, de largo dan fe también de ser más puñeteros.

Y lo son.

¡Menudos son! Creciendo y viajando por Ley de Presión, poco apego se gastan a

tierras y familias. Comer, comer o ser comido, y entretanto uno pueda, ir llenando

el mundo de hijos.

Ésa es su Filosofía.

SHR de M

01-08

Hizo tanto frío que se congeló el océano dejando puente gélido otra vez. Por

él tomaron estas gentes pues escasea la caza y sobran cazadores. Son especie

explosiva, y con unas cuantas fechas de bonanza, se explayaron sobre la faz de la

Tierra. De tocar continente, que muy lejotes se ofrecía, pero factible, sólo les quedarán los polos por conquistar para darse a corroborar propietarios del planeta. ¡Vamos, de no serlo ya del todo! Incluso a la fauna salvaje doblegan para servir a sus intereses ¡Enemigos intuía Bestia! Con ellos llevan lobos “mansurrones” que corren la voz y buena ayuda son para cualquier brega. Lo mismo persiguen a un cervato hasta derrengar, como ventean una perdiz ártica en el inmaculado paisaje. Y generosos, que no les

importará dejar la vida dando la cara al oso, ni ser abiertos en canal por el propio amo de no encontrar mejor pitanza. Cazan, vigilan, rastrean, mueren si se tercia, y son despensa de carne ambulante que no se lleva a cuestas. ¡¿Alguien imagina mejor amigo?! No, ni ellos. El contrahecho del grupo, un malogradito, los cuida y bajo su responsabilidad la verdad que están lustrosos de admirar. Flacos, que no sobran las carnes, mas de un atlético y alzada que mucho se cuidarán las manadas salvajes de buscarles el gruñido. Al muchacho me acerqué, y viendo lo bien que los “perros” le obedecían, inquirí por la habilidad. Y Don me dijo que no. Lo suyo es cuasi sanguíneo pues su padre,

y el respectivo, también tuvieron la gracia.

Cualquiera podría tenerla si se hacía con una camada recien destetada.

Se explicaba bien. Tullido, que no bobo, con diferencia era el hombre más fuerte del grupo.

Y lo sabía. Pensé si sería oportuno desvelar mi doble juego y ofrecerle a la firma el

contrato. Y al quid estaba, dudando, cuando se abrió una grieta a nuestros pies en

el hielo y por poco me traga a mí y a todos los chuchos. Brecha que ensanchó para

horror de los animales que no cayeron del lado bueno, y del chaval, que quedó de

aquél y los llamaba. Ordenó que saltasen e intentaron.

Algunos pasaron tras debatirse en el abismo, pero otros, la mayoría, o se mataron

o

quedaron cimarrones para dar servicio a quién sepa ganarse la lealtad.

Y

yo con ellos.

Señor que pide imposibles nunca será amo, a lo sumo déspota asesino.

SHR de M

02-08

Salvo Bestia y yo, y quien dentro de mucho se interese por la colonización

de este perdido universo, nadie leerá este diario so pena que me pase alguna desgracia gorda, y la Corporación, y los jueces, quieran saber en detalle de la expedición. Espero no llegar a eso y mido las distancias. Prefiero ser cauto. Innegable que son listos como el hambre. Pese a guarecidos en una cueva, se resguardaban con un chambado de palos y pieles. Reprotegerse, aislarse en una palabra del medio, y ahorrar, es conducta a valorar y de ahí el acercarme. Antes de poder gozar con la proximidad de su fuego me dio el alto uno que lanza

al hombro vino a insinuarse custodio de los sueños, y no considerando horas pese

a vestir el empático, me invitó, ¡y sin acritud!, a compartir un peñasco al que

ofrecía vistas el resto del mundo. Así parecería a ojos del otro por mi belfo declinado. Amanecía. De la bruma del mar salía el Sol mientras mi compañero daba por supuesto que bufaría el agua su candor. Las piedras lo hacen. ¡Sfisssssh, sfissssh! Siseó tras escupir en la lumbre y darme prueba. Saludando a lo que sería el día, también cantó, lo que me pareció entonces, un

pajarillo. Al trino oído se respondió en la misma jerga desde dentro del chamizo,

y casi al acto, vomitaron las pieles de mamut dos individuos de talla calzados con

pinturas. Y un tercero y un cuarto. Dejaron que el centinela entrase a cama sudada para enhebrar silenciosos ellos el riachuelo helado. No iban tampoco muy lejos, trescientos o cuatrocientos metros más abajo de dónde apareciese yo, estaban los restos de un enorme león cavernario sobre el cual colgaban las enseñas que la gente circundante aportaba a la reunión. Pieles, colmillos, caracolas y plumas. Y mucha lanza y venablo. Y propulsores. De las últimas era mi comitiva y junto al cráneo dejaron el bastón de mando que

representaría linaje; sentando discretos. Tras ellos dejó tarjeta otro grupo, y un último, que debía ser anfitrión, con gran júbilo de todos paseó una esculturilla pequeña, esteatopigia ella, que quizá englobase y diese recuerdos de clan; se

necesitaría

Un par de horas después entendí la reunión al aparecer un grupito que todas las trazas lucía de venir de lejos. Llegaban a estas tierras gentes nuevas buscando dónde asentarse. Eran del norte, y cansados de seguir las migraciones, buscaban rincón conveniente en este basto mundo. No fueron sus palabras ni el timbre, pero queriéndose llevar a buenas con estos fieros cazadores, reseñaron estos míos el camino a una tierra franca. Un poco más al sur. Siempre les reseñarían el Sur, pero ya no había más sur. Poco. Les mandaron un par de valles más allá dónde dijeron sólo vivían unos semibestias infrahumanos

relativamente pacíficos. Y partieron los nuevos para cotejar. Idos del sendero, y disuelta la asamblea, quedó rezagado en el sitio, envolviendo la estatuilla de barro, un hombre bastante mayor. El que hablase. Casi anciano. Buscando excusa para conversación le pregunté por la familia de primitivos a la cual condenaba, y aunque es cierto que le amargaba la jugada hecha, también era consciente del “abismo” evolutivo que les distanciaba; no entendía familia para llorar. Eran chaparros. Quizá los últimos al no quedar en la Tierra cacho tranquilo donde juntar familia.

SHR de M

03-08

Ayer me embargaban las emociones y no se me hizo principal la cosa artística. Pero hoy, nada más establecer contacto con el grupo, inquirí por la cuestión. Precisamente de Arte hablaban, de joyas, de abalorios que pensaban lucir en la gran fiesta a la cual nos encaminábamos. Se llevaba a destetar niños a una cueva no muy lejana que santuario común será para varios grupos, y usos, al estar ubicada en una cabecera que a varios valles hace risco. Acampamos, y al desempaque de los fardos, pude observar las galas a las que hicieron referencia en el trayecto. Había de todo un poco. Las sempiternas cuentas y rodetes, el ocre que haría maquillaje, colgantes de piedras trabajadas al calor, translúcidas, que ofrecen un mundo de colores. Y huesos con grabados

naturalistas de reno, o tan esquemáticos, que no se sabía si lo allí trazado a buril era un ciervo descansando o la estela de otro a la carrera. Uno de estos “simplistas” trabajos cayó en mis manos ¡Buffa! Era hueso. De la caña de la pata de algún pájaro o conejo; pequeño el bicho. Grosero sería mi intelecto si no supiese ponderar la belleza en lo exiguo. La intervención artística consistió en horadar dos muescas, dos ojos, y tintar pupila negra. La epífisis del trozo le era la cabeza a la representación ¡¡Y fidedigna!! Pues hasta nosotros llegó un hombre a la guisa tocado, chamán que me enteré después, e invitó a los adultos a un ágape de bienvenida; mientras, los hasta entonces tenidos por críos, acababan de poner en orden los trastos del día siguiente ¡El gran día! Obvio que junto a los progenitores asistí a la reunión previa a la fiesta. Se conocían todos por ser del clan. Tardaban en verse, pero sabían que con la última Luna llena del frío, se encendía lumbre en la cueva y reunían las distintas ramas de la familia para intercambiar nuevas, noticias del mundo, y propiciar con el contacto el seguir manteniendo lazos sanguíneos. Nunca les he visto hacer mucho uso del interior de las cuevas, la vida la hacen en la boca y sólo entran para jugar o refugiarse si ven peligro grande, mas la camarilla que reunía, y por grupitos, entraba usando antorchas y al rato salían rejuvenecidos. Frescura tomaban del interior y curioso entré a saber de la fuente que otorga tamaña expresión satisfecha.

Y bebí. Y embebí. Y no sacié.

Guía de lujo, el alcahuete del gorro alto, ayudado de una lucerna de piedra, me descubrió el lugar. Mucho símbolo raro había pintado. Puntos, rayas, cuadrículas

Corrían uros y bisontes la pradera que les era una pared, mientras al techo se iban a saltar ciervos y caballos, y un oso se erguía sobre sus manos en una estalagmita.

Y un glotón a pie de piso olfateando liebres. Y peces esperando despegarse de la

piedra y caer al remansillo de agua que les era océano. Y, patrona del lugar, vino

a colgárseme la expresión sabida cuando a solas me dejaron con la luz y la “Diosa”.

Diosa, sí. Por tal podría haberla tomado, por deidad soberana, de no reconocer lo mundano del modelo.

La sublimación del buen vivir era el alto grabado de la mujer; casi exenta. Todo

voluptuosidad y pequeña la cabeza, muy pequeña para tan hermoso cuerpo.

Y al salir, y preguntar la causa del dispar criterio volumétrico, porque el

dinamismo y la proporción de las bestias era pasmosa, se me enseñó la pieza de dónde sacaron ejemplo. Una cabecita de marfil truncada por el cuello, pero de tal calidad, que amén de ojos, nariz, boca y barbilla, el peinado era réplica del que luciesen al momento algunas mujeres; y otras, precisamente, estuviesen trenzando; que dejé.

SHR de M

04-08

Aquel que no haya probado este trabajo pensará la parranda perpetua si empezase el día diciendo que también iba de fiesta. Y no es que fuese a ir

¡Estaban!

En lo hondo de una cueva encontré montado un tinglado que bien pudiera ser la continuación del de ayer; aunque, pinturas y gentes circundantes, fuesen distintas.

Guiaba un viejo a los jóvenes novicios por las entrañas de la tierra. Sarao de varios días tenían hecho los muchachos y en el punto óptimo se encontraban, proclives

a interiorizar cuanta directriz o palabra pusiese el chamán en sus ojos. Y así hizo. En el aire colgó imágenes rítmicas, consiguió que la geometría de las paredes, que las grietas, humedades, que toda forma grotesca del entorno cobrase vida. Por mucho que se frotó los ojos la muchachada, no se les descabalgó de las pupilas la impresión. Y cayeron en el trance. Ganados a la voluntad ajena, incitó

a que entrasen en un estrecho camarín y tumbasen en el suelo. Muy juntitos, muy

grupales. Y allí estuvieron sin moverse hasta casi agotar el aire. Desde el quicio del habitáculo descubrió el anciano a llama viva el dibujo de un caballo; un tarpán con pelaje invernal y preñez, muy preñado, pues pese a ser el

volumen trazado referencia sobrada, el relleno del animal eran manchas de pelaje

y unas cuantas huellas pareadas raras; algo difícil de explicar, pero eran ellos. Iban

a nacer para el grupo, y en fila siguieron al abuelo a la siguiente parada. Renegamos de unos pocos pasos hechos bajando a una galería que entre boca

y boca de túnel ofrecía un fondo de saco perfecto y sonoro. Allí ya había gente cargada de pinturas en la oscuridad. Y al cabo de entrar nosotros, se pusieron en pie y nos encerraron dentro de un círculo agarrándose por los hombros. Y entonaron runrún de letanía mientras los chicos seguían el hilo del viejo y bebían sin parar de unas calabazas salvajes para mitigar la sed. Entonces el anciano nos descubrió en la pared otro dibujo ¿geométrico?. Mapa me pareció del sitio en cuanto volvieron a levantar los que a ratos hacían el círculo y otra vez nos englobaban en el abrazo. Así estaba dibujado en la pared. Un “redil” con crías.

Así me lo expliqué al coincidir los trazos de estas

con los de la yegua preñada, aunque me haría falta entrar en la cabeza de estos Hombres, o poder permanecer con el mismo grupo unos días, y no unas horas, para entender bien. Y puede que ni aún así. No quiere Bestia darme el gustazo y me mantiene desarraigado. Por eso no seguí explorando la vía y busqué salida al exterior. Varias cabañas en un altillo del río formaban campamento. Mas lo que me dejó clavado al sitio fue escuchar de buenas a primeras música. Y música que no fuese

¿”tortugas geométricas”?

dar tres alaridos y golpear un litófono; que había presenciado hace nada. También elaboran instrumentos finos. Ya hicieron con su cuerpo bajando la laringe, pero ahora, bailan labios y dedos sobre flautas de hueso y caña. Hasta quien hizo de un tronco hueco bastidor que golpear en plan tambor. Y batir semillas huecas con ritmo. Serán la charanga para la celebración. De todo lo celebrable.

SHR de M

05-08

Muy al norte están las nieves. Algo les debe pasar para con tan excelente climatología mostrarse mustios. Apenas hablan. Buscan caza que echar a la boca

o fiera que rehuir, o pozo al que tumbar los morros, y de tanto en tanto vuelven a enlazar con el grupo principal y dan reporte. Nada dijeron que hay. Nada. Se extiende un mar de hierba sin fin ante sus ojos, suculento verde, y no se presta giba de manso que rompa el horizonte. Rumian los hombres malos momentos, mientras, las mujeres, ahítas de faenas, no ven menguar sus trabajos pese a desaparecer las grandes presas. Muy al contrario tienen más. Las hay recolectando bayas y frutos, buscando raíces dulces y al paso dando garrote a cualquier alimaña. O recogiendo del suelo una nidada de huevos.

Y

acarrear leña y mantener el fuego despierto.

Y

a la lumbre todo para ver qué se puede hacer con ello.

Gobiernan los humos tres mujeres. Una canta la receta, otra baila los ingredientes

y la tercera, aprendiza, de sobra tiene con llevar el ritmo y aprender las

cancioncillas. También “parece” cosa de mujeres el mantener las vejigas de agua llenas, y no

sabiéndose fuente por delante, se desdicen de los pasos hechos y al último pozo conocido regresan. Pero no van solas, con ellas enredan los críos que aparte tienen su tajo. Las mismas mujeres que cosen pieles las habrán curtido, y fácil que sean las autoras de las herramientas que utilizan; lógico. ¡¡Y tratar con los que ni puedan acarrear agua!! Un suplicio. y los hombres siguen tristes.

¡Je!

Revuelta palaciega comienza a gestar el planeta. Son ellos, sin duda. No parece evolucionar más especie que les tosa los caprichos. Innegable. Pero, ¡Ay, suerte la de los universos asexuados!, su enemigo son ellos mismos. al tiempo.

SHR de M

06-08

Siempre que puedo hurgo en las cuevas que me caen a mano por si encuentro rastro fresco de chaparros. En la distancia, y comparando, ahora los hecho en falta. Desde que escuchase de palabra la última referencia no he vuelto a saber de ellos. Hoy sí, de forma indirecta. Llovía con ganas y la escorrentía del techo atacaba sin denuedo el piso de la gruta. Y abrió torrentera. Lava el agua los

sedimentos y a ojo se puede leer la historia del uso al lugar. Y hasta quienes fueron sus ocupantes. El grupo actual, trabaja con esmero la piedra y al momento el piso está lleno de microlitos. Muy abajo, muy muertos imagino, la última pista de chaparros asomaba tímidamente en el estrato. Aunque rían también los humanos, no ríen igual. Ni llorar. Contentos están por lo bien que encajan las piezas en los mangos. Sí, ése es su invento, el manido enmangue. El mangoneo. Condenados están a la extinción, pues aunque ufanos de su ingenio, a mí lo que me parece es que se rebañan los restos. Se apura la caza y los recursos, al extremo, que detallada y especial debe ser su industria para tener éxito. En cuanto amainó un tantito echaron unas flechas al carcaj, y lanza fina en mano, nos presentamos en una cueva cuyos ocupantes mal vigilaban sus viandas,

y así pudieron los míos trincar algo de carne y otras cosillas, y pese a ser vistos,

no se dio la alarma, pues quien va a robar va a matar, y seco se dejó de un saetazo

al vigía. Y huir. Yo no. Apenas tuve tiempo para pensar en lo que hacía al ser descubierto el

muerto y darse la alarma. Confiado al empático, vi congregarse en torno a mí las dos docenas. Muy furiosos y enojados. Muy extrañados por mi neutra presencia

y

sus contradictorios sentimientos hacia mí. Sí, me temblaron las piernas. Contra casi toda agresión garantizan el empático,

y

con las bestias irracionales, por muy grandes y enceladas que estuviesen, sí he

testeado. Pero eran bestias racionales con las que me encontraba al momento debatiendo los sentimientos y no entendí ocasión de esbozar mera sonrisa. Intenté relajarme cuánto pude y el traje obró. Aún así, un par hubo, hermanos del fiambre,

que me cogieron entreojo, y pese a puesto a la capa del jefe, no me perdían. De ellos rehuí y creo que hice bien al acabar estos trincando el arco para salir a buscar culpables, o incautos que paguen la prenda. Pretendiendo poner distancia con aquellos, y conservar la del mandamás, rogué a éste que me enseñase el lugar, su condominio, e hizo el hombre sin dudar

y orgulloso.

Miserias y mugre tal esperase, aunque colofón a la visita, vino a desembocar el

paseo en unos silos excavados en el suelo y que están a rebosar. Seleccionan las semillas más útiles a su gastronomía y pharmacopea. Y plantando y usando van consiguiendo domesticar. Nuevo avance, sí, nuevo logro. Y nuevo enemigo también. Gran revuelo se organizó, y no por contrincante pendenciero o de talla, no. Menudos, inquietos, un par de ratones tenían en danza a las mujeres. Escobón en mano se protegían de este adversario contumaz. No. Hay días, desde luego, que en el aire me queda que no son herederos. No son amos. No. No es de recibo bailar la escoba asqueado y furibundo sobre los tatarancestros.

SHR de M

07-08

Es curioso cómo pasa el tiempo… Rápido… Lento. Poco rato estático. Siempre relativo. Desde que llevó observando al Ser Humano, escaso interés había visto por ganarse la amistad de la Flora. Olvidaron que en un tiempo sólo se alimentaron de verde, hasta su cuerpo casi lo olvida en aras de organizarles un tracto digestivo que absorba las ricas proteínas cárnicas. Sigue pujando fuerte la casta heterótrofa. Aunque, y ahí reside la grandeza de esta gente, de dónde menos se espera le sale un aliado a la floresta. Sí, ellos mismos también porque son pura contradicción. Selecciona que te selecciona, consiguen que el campo les apañe lo crudo del invierno, mientras, el resto del año, se encomiendan a la vida de siempre; pero en torno al lugar.

Lo malo que tiene vivir del suelo es que te ata a él. Y no es agricultura porque aran

a palo y recolectan con dos; que no siegan, van quebrando el cuello de los tallos para no perder espiga, y por no perder los granos inventaron la cerámica. Y por variar el sabor la gastronomía vegetariana. Y tomé receta:

Receta vegetariana para carnívoros (de un año para otro)

- Consígase un terrenito feraz y límpiese cuánto se estime y crea oportuno; y apetezca; lo más fácil es pegarle fuego.

Plántese lo mejorcito que haya dejado uno para simiente y mímese a la buena de

la Luna hasta que dé su fruto maduro. Y recoléctese. Y consérvese. Y consuma.

Pasos: Tritúrese la semilla en un molino de piedra; no hay que ser a este respecto

muy exigente porque dos piedras cualesquiera valen al darles el uso la forma. Bien trituradito hasta que quede talo y pueda ser requerido para el consumo; tal que ya. Se pone harina a mansalva en un cacharro, previamente cocido, y a él se vierte el zumo de un cuévano de acebuches pasados también por la piedra. Ha de quedar una masa asquerosa al tacto, mas una vez hecha obleas, y puestas sobre la piedra

refractaria pertinente, el fuego se encarga en sublimar unas deliciosas tortitas de escanda o aspirilla.

Y a gusto se devoran.

Es bien sencillo ¿no? Pues algo habré anotado mal. Intenté repetir en el laboratorio con algunas muestras que subió Bestia. Pero me es imposible. No paso del estado graso y grosero de la materia. Y si aplico el fuego todavía es peor.

Ni dejando las cosas en manos de Bestia fue factible. Tienen toque los condenados, sí. Figón les nace en las manos con dos chuminadas y gracias a ese Arte van cociendo Ciencia.

SHR de M

01-09

A falta de mejor reconstituyente o tentempié, los que explotan el valle se aprietan a media mañana un par de frutos fermentados, y aunque apenas mitigue el frío, les da para que rumie el estómago y de paso entibar el ánimo con los alcoholes naturales. Y como alguna vez habrán probado también, de las tierras altas bajan gentes rudas que cambian carne de monte por el suculento y alegre manjar. Hoy mismo, que costumbre y vicio les cogen las manos, se presentaron unos fulanos, que siguen llevando vida montaraz, sin nada para trocar. Por las buenas entendían que se les debía dar negocio, y de no haber hecho, no hubiese sido raro que no regresasen los del llano a su choza. Si mañana pagasen con recargo esto quedaría mercado, de no, atraco en toda regla.

SHR de M

02-09

No ha mucho, y referencia bajaba de Bestia, tembló la tierra tal sólo ella sabe prodigarse y cambió totalmente la orografía del lar. Cuenca había hecha dónde antaño hubo suelos altos, y al romper un terremoto el dique que hacía frontera, entró el mar con furia a ocupar el espacio que considere propio. Y se convirtió en río, un enorme río salado que fluía del mar a la tierra con la sana creencia de poder anegarlo todo; cosa que sin duda hará. Atendiendo a la prueba evidente que es el agua cogiendo cota, se hacen los petates y huyen con paso lento. Remansa tranquila. Ras del nivel que puedan alcanzar las aguas se supone indicará la brecha, y buscándola, se echan a los caminos preparando historieta que entretenga el éxodo forzoso con los nietos. Urden fábula de diluvio.

SHR de M

03-09

Entre las directrices de Bestia figura que debo ser lanzado en punto de potencial contacto. Desconozco el criterio ponderativo exacto, y siempre que busco explicación al descuadre, se me arguye que también hay un segundo epígrafe que exige que sea zona tranquila. Y un tercero, cuarto o quinto, o el que surja, que siempre deja a Bestia con razón. Hoy, sin embargo, a mi regreso, no concibió explicación y quedó sumido en la paradoja. Me explico.

Tiempo ha se clarearía un cachito de valle y sobre él se asentaría una familia. Una. Una familia nuclear. Padre, madre e hijos. Y quizás algún abuelo. Al que podría haber ejercido por tal lo encontré sentado junto a una acacia viendo como corría

el humo el lugar. Frío él, abstraído, aunque bajo tierra tuviese toda la familia.

Me invitó a sentarme a la vera y exprimió su conciencia. Y me contó; igualmente hubiese confesado al aire sus lamentos de no estar yo, mas estando, tomé asiento orillado y escuché la narración. Fueron una familia fuerte y próspera, aunque ahora sólo pavesas volasen el horizonte, sin embargo hubo un tiempo de bonanza en el que buscaron hueco propio en el mundo y creyeron haberlo hallado. Y durante algún tiempo lo fue. Levantaron un par de chozas al no hallar cueva oportuna, y les marchó bien la cosa de trabajar la tierra, pues aun de rastrojos y hierbas furtivas, también pudieron alimentar ovicápridos y así garantizarse el capricho de la carne ¡El lujazo! Todo fue estupendo hasta que los dos hijos mayores tomaron determinación de

buscar tierra propia, lejos de la familia, en vez de ensanchar la que ya trabajaban. Lo intentaron.

Si a mí me convenció el viejo de lo desafortunado de la idea, supongo que de igual

modo hizo con ellos y continuaron conviviendo juntos mientras la frustración engendraba recelos. ¡Pero el padre estaba gozoso teniendo los hijos bajo el mismo techo! Y, ¡ay!, viéndose vencido por la edad el hombre, dejó en manos de un vástago el

decidir sobre el aprovechamiento de la tierra, y en el otro hermano gobernar sobre las bestias.

Y le pareció entonces ser la más sabia de las decisiones posibles. Y fue. Roturaron

más campo las manos que aportaron los nietos e hicieron rebaño trayendo ganado de las cumbres. Los últimos días de su vida se sintió el ser más importante del mundo viendo trabajar junta a la familia. Y prosperar. Todo ficticio. Mal viven juntas plantas y ganado si no son del mismo amo. Y aún siendo, era tan difícil el equilibrio, que en cuanto una estúpida cabritilla entró a un campo de mijo

y

leguminosas organizando estropicio, se aventaron los que se sintieron ultrajados

y

se dieron muerte tontamente unos a otros. A todos dio tierra el anciano tirando

a

una sima. Y también repartió fuego a la explotación sin mayor dolor que saberse

solo. Y no solo del todo porque estaba yo. Entonces reparé en el cuchillo de sílex que llevaba en una mano, y sin poder evitar, se abrió la garganta desangrándose con el ocaso. Y ni quejar. El Hombre más rico y poderoso que hasta el momento haya encontrado en la Tierra, murió en la más absoluta miseria. Y no material. ¿Les merecerá la pena el esfuerzo? Sí, Bestia también se bloqueó. La nanotecnología cuántica estará echando humos intentando computar.

SHR de M

04-09

Clima seco. Hará que no llueve la tira y donde me depositó Bestia sólo agarran cardos y cactus; dura se debe tener la encía, y áspero el paladar, para ir tirando en estas tierras. Las cabras sí viven bien. En lo hondo de una cárcava bebían cuarenta o cincuenta ovejas mientras desde lo alto del voladizo se las custodiaba. Bastaba un muchachillo para preservarlas de cabrones ladrones y de humanos similares, el

resto de la gente que compondría la cuadrilla hacía extras buscando ejemplares salvajes en las cercanas estribaciones. Incluso si hallaban del ya estabulado, no les costaría apacentar con el propio. Dispuestos estaban. Siguen siendo gente brava y así me los pintó el pastorcillo. Él no, él no pintó en sí nada porque todo el friso del abrigo estaba decorado con dibujos antiguos; aunque tantos estilos había allí como manos se hubiesen aplicado. Y técnicas. Mucho asaeteamiento de ciervos era el tema, mucho humano de paseo o bailando,

o laborando en las alturas para hacerse con panales de abeja. O nidos de pájaro. Hasta figuras zoomorfas. Y guerras. Abiertamente se pintan dándose muerte unos a otros en una declaración de intenciones, tan clara, que no tengo por menos que admirar la franqueza. No se concibe mayor desgracia y ellos se jactan dejando para la posteridad. Y esto, de paso, me da para enlazar con otro tema que creo de crucial importancia.

El por qué. Sí. El por qué persiste Bestia en buscar en la Tierra negocio si tiene todo un sistema solar para explotar; una infinitud a un salto. Leo los registros de otras estrellas confirmando que están totalmente inhabitadas

y por lo tanto a disposición de quien las quiera.

Él enterca aunque yo haya puesto los peros del lucero, él está en cerrar negocio

con la Tierra ponga la objeción que ponga o cuánto juego le proponga.

¿Qué será lo que quieren realmente de aquí?

SHR de M

05-09

Vuelve a llover a espuertas.

Y ése no es el mayor problema. Hasta ahora se me mandó a observar individuos

aislados o estructuras familiares. O pequeños grupos. O bandas. Hasta clanes. Les he visto vivir al límite de sus posibilidades llegando a compadecerme, ¡y compartir rigores!, pero he aquí que hoy, buscando refugio a la chaparrada, entré a la carrera en lo que tomé por covacho. Tres pedrolos enormes hincados en el suelo eran cimientos a otra laja pétrea puesta por techo. Aunque simple, esa estructura no la levantaron cuatro monos. A lo poco habrán sido cuatrocientos o el millar. De lejos se trajeron los bloques. Aquí se puso en danza mucha gente. Aquí tienen una estructura social a tener en cuenta. Así se lo hice saber a Bestia y rogué por el intercomunicador que reelaborase los cálculos y procediese a redepositarme en el punto más próximo al hogar de los responsables que erigiesen la mesa pétrea. Pero ni contestó ni dio señales de haber recibido. Abandonado, como siempre, a mi Suerte. ¡Y que no me falle! Busqué señal y la hallé en formato choza. Adaptada a su entorno, aprovechan una gran roca para ahorrarse muros. El techo brezo y paja, y por puertas y ventanas sólo un agujero. Y otro para dar salida al humo. Habitada estaba porque el dintel enmarcaba dos o tres curiosos. Risueños ante el mal ajeno, me invitaron a su humilde hogar. Están relativamente acostumbrados a las visitas y me solicitaron noticias de cualquier tierra que hubiese visitado, o gentes que conociese y pudiese interesar tener tratos. ¿Habrán cogido el hilo del Universo en el que viven? Conscientes son por lo menos de su existencia en el planeta al hacer saber a los demás quiénes son ellos. Sí, el baranda de la cabaña dio a entender que ellos y sus vecinos son los autores del aviso, los constructores del dolmen que da fe de ser los dueños de la tierra, “usuarios” a mi entender, y que quien venga con cualquier intención debe considerar el poder que tienen cuándo aúnan interés. Aunque será esto muy de tarde en cuando.

Realmente hablan de sí tal que si fuesen los parias dentro del grupo, asegura el viejo sólo tener un tatarabuelo enterrado bajo laja y algo proclives a la protesta los entiendo. Quejan estar demasiado alejados del actual circuito de dadivas que suelen traer consigo los que buscan negocio. Yo no. Yo observo.

El de los tratos es Bestia.

Me miraban sin comprender. Y seguían esperando de mí algún presente. O, en su

defecto, que esbozase interés por cualquier cosa del término. …… ¡Ja! Las corruptelas serán también cosa de la Corporación.

SHR de M

06-09

Juegan. Les vi evolucionar del simple tirarse piedras con intención de descalabrarse, o flagelarse a rama, a intrincadas reproducciones de la vida de sus mayores con sus muchas reglas y condiciones.

Tienen juegos muy elaborados, y hoy fui testigo de uno con un intríngulis especial.

El juego en sí es absurdo al igual que otros tantos que disfrutan, consiste en arrojar

por una buena ladera, que acaba en acantilado, una rodaja de árbol cortado. Una loncha de madera que corre la pendiente, y quien logra tumbarla, es designado campeón del festorro y se le dispensa trato singular. No creo siquiera que sea un uso extendido, debe ser endémico de estos

andurriales y digo yo que por eso disfrutarán. Pero, y de ahí lo excepcional, hoy

se suplantó la rodaja natural del árbol por una confeccionada con tres piezas; una rectangular y dos redondeadas que formaban círculo cuasi perfecto. Una rueda, sí. La concurrencia protestó oliendo que desmigase antes del cuarto giro, aunque quien importó el invento es uno con renombre de trotamundos y se le dejó finalmente hacer.

Y al soltar, y enfilar su sino la rueda, por rodar más lejos y más rápido de lo que

hasta el día tengan celebrado, que ni se pudo rozar, rompieron en risas y aplausos y rogaron al aventurero que les contase más sobre los carros; y de cuanta cosa curiosa haya visto en su largo viaje río abajo.

SHR de M

07-09

Tengo el alma rota, llena de niebla y mala luz me orienta. Escucho el rumor de Bestia trajinando incansable. No puedo sobreponerme al pesar y me embarga la desazón. Nada se me hace bueno. Son cosas propias que a santo no viene contar, mas honesto quiero ser y reconozco no ser buen observador; estar a la altura. Lo siento. Se me dejó en una cañada y por ella anduve hasta dar con redil. Allí, tres o cuatro hombres intentaban coger una bestia, a la cual, se marcó con propósito de espetar. Un suido de tercera generación, que por ascendientes silvestres, aún no

entendía la disciplina del cercado y se obstinaba en salvarlo de un salto. Y huir. Corrió el tío tanto que quiso sentirse seguro en una madriguera de zorro abandonada. Hasta el fondo entró y tras él mandaron un muchachillo muy escurrido con una cuerda y la orden de atársela al guarro. E hizo al quedar tenso

el cabo y correr el túnel la voz. Y voz también dieron ellos instando al muchacho

a que saliese, cosa que estaría haciendo cuando se derrumbó la madriguera

exhalando la boca una nube de polvo. Se pusieron al acto a quitar piedras cavando con las propias manos, mientras, uno cogió breada urgente partiendo a pedir ayuda. Con él marché para saber quién

poseería excedentes de fuerza, o conocimientos, para sacar al muchacho del brete.

Y no nos hizo falta llegar al par de cabañas que había en pie, a fuerza de gritos

estaban sobre aviso los que venían y apenas hicimos la mitad del trayecto. Una anciana, que posiblemente tuviese sangre común a todos los allí reunidos,

tomó el mando del cotarro y ordenó seguir trabajando el derrubio, al tiempo que con palos finos mandaba pinchar la hierba del piso a la redonda por si se podía calar hasta la madriguera.

Y esperanzas hubo mientras el sedal respondió a los tirones que se daban desde los

extremos, pero al cesar de un lado acabaron todos por desesperarse, y salvo la abuela, dieron por muerto al muchacho. Y detuvieron toda actividad con la caída del Sol. Yo no.

Yo, miserable, esperé a que se fuesen para introducir en la grieta una carga ultrasónica y hacer arenilla las piedras y cascotes que cegaban el paso. Y conseguí. Y poco esfuerzo me llevó toparme con el chico y el corato. Y ningún trabajo extraerlos estando ambos muertos, o eso pensé, al no dar problemas para dejarse arrastrar al exterior. Una vez fuera me di cuenta que el chaval sólo estaba saturado de su propio aliento y no me costó despertarlo. Al cerdo sí. Imposible. Aún así, me sentí tan contento que puse el bicho en brazos del muchacho y le animé para que corriese a su cabaña

y le diese la sorpresa del año a la abuela. E hizo. Ora trotando con el cochino a

cuestas, ora arrastrándolo, volvió a su choza entre grandes gritos. Los suyos, y los de los que creyéndole muerto viviente le exigían que detuviese el paso y tornase

al agujero; al día siguiente le darían sepultura y no tendría necesidad de vagar ni

ulularle a la Luna.

Y no hizo.

¡Y le mataron sin dolor pues lo sabían muerto! ¿Qué he hecho mal? ¿Qué he hecho bien? ¡¡Qué hice!!

SHR de M

01-10

Le dije a Bestia que hoy no tenía cuerpo para observar nada y que me iba a quedar trabajando en el laboratorio. Algo quejó aunque no hice caso y me senté a comer. Despacito. Son copiosas nuestras comidas en comparación con las humanas, mas yo sólo trasiego una vez al día el engrudo mientras ellos estarían dispuestos las veinticuatro horas si se diese. Me sacia ponerme en el caso, al punto, que aprovechó Bestia el coscorrón post-ingesta que pegué en el sillón del laboratorio, para mandarme a la Tierra. Supongo que por mi renegrido semblante afinaría. En medio de un cerrillo de túmulos me dejó, y supe que eran túmulos funerarios, y no ondulaciones del paisaje, porque una mujer oraba con sus hijos ante uno abierto. Algún tipo de rezo o conjuro sería a los muertos. Bebían por turnos y por orden también quebraban la vajilla. Y ahí estuvieron largándole al aire sus salmos hasta que trajeron los despojos descarnados del, supongo, marido. Y túmulo dentro procedieron a dejarlos. Y pasó algo extraño. La mujer, al verme, se asustó. Y no sólo ella, de los presentes me transmitió las sensaciones el empático y estaban aterrorizados. Quise disipar sus temores mostrándome amistoso. Alboroté el cabello de un chaval queriendo transmitir algo de empatía, aunque casi mato al chico pues aun en los pelos percibí el redoble del corazón saliéndosele de la caja. Y paré. Se marcharon a tiritona discreta sin perderme la cara. Siguieron caminillo adelante hasta unas pocas chozas de mampostería pobre y cal muerta. No creo que fallase el empático, no. El lugar crisparía al más pintado. Ya no los túmulos en sí, la Cultura que levantase el complejo sin duda sería la interesante a nuestros negocios, mas al momento, o trotan con los trastos a otra parte o… o simplemente se extinguieron, sí. Allí sólo quedan cadáveres. Desde luego de lo que es prueba inequívoca el sitio es de la disparidad tecnológica que manifiestan los habitantes de la Tierra. Sus Culturas. Supongo que incluso pudiera ser que yo estuviese buscando amo del mundo entre gente ágrafa inapropiada, mientras en alguna parte del planeta se haya descubierto el motor atómico, o el gravitacional, y yo sin saber. Me da de lo factible si sigo dejándome llevar adónde quieran. Me tumbé a esperar la llamada de Bestia dentro del túmulo al no saber de dónde saldría tanta gente, pero pusieron cerco al hipogeo. Y muy nerviosos todos. Aunque ninguno tanto como para querer ser el primero, mas detonada la situación por cualquier tonto azar, quizá ni el empático me librase de la arremetida. No hicieron, no. Estuve esperando algo así como una justicia poética y que en el último momento, antes de transferírseme al enlace, se me viniese abajo la falsa bóveda por cuestión de Equidad Universal.

Y ya digo que no pasó que por algo he escrito hasta aquí. Y aquí lo dejo. Bien comprendí hace mucho que mi puesto es relleno que demanda el formulario. Ahora mismo aprieto el botón y vuelvo a casa. Esto está acabado.

SHR de M

02-10

Sí. Ayer pensaba hacer e hice. Toqué el botón. Me acosté convencido, pensando que al despertar estaría a un arrechucho gravítico de mi hogar. Es de imaginar, levanté con ganas para ver mis estrellas, mas allí sólo estaba la Tierra. Azul y viva cómo pocos planetas en esta galaxia. Un sueño si pudiese compartir. Bestia estaría esperando retahíla de reproches y aguardaba sin perder un píxel. Lo más seguro que tuviese preparada justificación y mil cláusulas y notas legales a las que me comprometería cogiendo puesto. Seguro que sea así. Por eso no protesté, y simplemente, tras almorzar, eso sí, me dirigí a la unidad central de Bestia y, saltándome todas las normas y cerraduras, accedí a la memoria sensible.

De los dieciséis estados conocidos de la materia, de no ser más a la fecha, tres de ellos me son sencillos de entender por cotidianos. Del par siguiente sé de su existencia por referencias y algunas afamadas aplicaciones en transportes y telecomunicaciones.

Y del resto huelga siquiera intentar recordar el nombre al ni siquiera comprender.

Pues bien, el corazón de Bestia resulta que es una extraña aleación subcuántica

que a la vez se presenta en todos esos estados; muy sensible e inestable. Y con la barra que antes me allané el camino, le plantee a Bestia un cambio de estado a la tremenda.

Y se avino. Bueno, prometió abordar los temas que quiera aunque después del

salto que tenía preparado, y que aseguró, me serviría para entender. No me dejé convencer tan fácil, eh. No. Se lo tuvo que currar el inorgánico y por lo pronto le saqué un enriquecimiento de los neurotransmisores del suero y ¡licencia para celebrar mi onomástica! Amén de palabra más que firme de explicarse al regreso. Bajé pensando en mis cosas y mucha atención no presté. Sí, interesante era el momento pues una joven leía la lista de la compra. Punteaba en una tablilla de barro simbolillos cuneiformes y dí por hecho el invento de la escritura. Vamos, supongo que primero descubrirían las cantidades poniendo símbolo para no

olvidar, y por imitación darían grafía a sus palabras. Sí, otro paso de gigante, pero ¿qué carajo tenía que ver esto conmigo o con lo que

yo le pudiese demandar a Bestia?

Sí, vale, si mi trabajo consiste en dar con humano que pase por amo del mundo, éste bien lo podría ser, porque, pese a muchachilla, era la única que entendía de números, y sin rechistar, a su voz, otros más fuertes y ricos obedecían sin levantar los ojos del suelo; que del fisco parecía nota. Cuando comprobó que estaba punteado todo, ordenó que cargasen y arreasen sin demora, al filo del día les iría llegar a la siguiente aldea que auditar.

Poca magra vi aplicable a mi caso, y escaldado, a mí regreso tiré de barra y me acerqué de nuevo a la unidad central. Mas la selló. Trabajaron a destajo chapistas y soldadores robóticos y ni ruido saco a la puerta aunque atize con toda mi mala baba. Se ha blindado. ¿Por qué? ¿Qué teme? Aquí si alguien teme algo soy yo. Por mucho que pulse, no sé dónde daré a despertar. Si despierto.

SHR de M

03-10

Hemos tenido la charla que pendía. Apenas me aclaró nada Bestia, aunque al menos recalca que la prioridad absoluta es mi integridad; por eso puedo estar tranquilo.

Lo que algo inquieta, es que lo siguiente en importancia, de la misión, sea cerrar

el trato con el sesgo menos gravoso para la Corporación. Y cuanto antes. Sin

tapujos, al ser legal, me explicó que el programa director selecciona unas cuantas variables posibles atendiendo a los datos recabados con las sondas automáticas.

Y Bestia, a su vez, y ponderando mi seguridad, y los beneficios del negocio, y

otras tontunas al uso, acaba decidiendo cuál es el lugar idóneo. Y cuándo. Me gustaría tener voz en eso y así lo dije. Y diría que rió si no supiese de lo imposible.

Millones de cálculos son necesarios, al extremo, que una vez detallados los pasos

lo entendí puro azar.

Pero no debe ser. Tardé un poco en entrar por el aro e intenté mis propios números. En la primera emborronada las coordenadas me dieron muy próximas al Sol ¡fuera del planeta! La segunda, me mandaría al medio de un gélido océano, y la tercera, pronosticaba encuentro venturoso en el seno de un volcán activo. De dementes confiarse a los cálculos propios. Quizá queriendo dar ejemplo de maestría, me depositó Bestia muy suave sobre un lecho de hierba. Siendo primavera el lugar no reaccioné hasta que el Sol me tocó, y fue para arrebujarme en la manta de sus rayos y seguir dormitando. Aunque no pude. Alguien andaba gastando yunque.

Cerca, ni a un tiro de piedra, un viejo, una joven y una niñita se enfangaban en los golpazos y en cebar el fuego. En un horno rudimentario cocían cacharros de barro mientras el abuelo daba forma a unas planchas de cobre. Cada tres puntas de flecha manufacturadas, una quedaba para él y las otras dos cedía a las mujeres. De todo lo que tenía iba haciendo reparto. Preparaba ajuar funerario propio y dote para la hija huérfana y la nieta “desabuelada”; sí, porque a la vera también tenían

la yaya tiesa.

Allí no había futuro y testigo fui de la buena voluntad del anciano, al sugerir a la joven, que de morir antes de acabarse de cocer la vajilla, le pusiese al costado la que tenían acordada y que luego arramblasen con lo que pudiesen cargar. Dicho esto el hombre arrastró el cuerpo de la esposa a un silo cercano y él mismo cogió postura acurrucándose junto al cadaver. Mas no murió. Levantó a mediodía ¡que por comer levantan de la tumba! y sentó a degustar un escurrido hervido de hierbas con tortugo de tierra. Olía bien. Y mejor sabría pues sorbieron de las escudillas sin recato y con placer. Tras el último sorbo, se levantó el viejo y fue a tomar acomodo para la

siesta eterna; que le será. Ya no levantará, no. La hija lo entendió tras un respingo hondo, y después de comprobar el deceso, les echó el ajuar y dos palmos de tierra. La niñita se llama Lambda y la joven Eidibei, van camino de un posible futuro junto a una tía lejana. Lejana en el tiempo, y en el espacio, a la cual, encontrarán, encontrando quien haga cerámica cómo la suya. Lleva prueba, y mientras yo acunaba a la niña ella me enseñaba. Sabe que el uso del vaso campaniforme es muy común, mas su sangre siempre gustó decorar con un dibujo inciso característico y no parece amilanarle la empresa. Diría que le enardece no saber si la familia que le queda la tiene a diez kilómetros o a diez mil millones de parsec. Le será lo mismo. Y así supongo que deba ser.

SHR de M

04-10

Iosto vaga por las sierras con su hijo. Otra hija y la mujer le hicieron familia pero se las comieron los mosquitos y unas fiebres; desde entonces nada le parece adecuado y busca terruño junto al pequeño Dagba; y éste contento y faltriquero.

El muchachillo sabe de mares, puertos y barcos sin tener olida la sal. Y aldeas y pueblos no le tienen secretos aunque el covacho que nos acogiese se le hiciese fortín.

¡Ja!

Y

el mundo, y sus gentes, tampoco le arredran pues con él va el padre y nada teme.

Y

con razón.

Duerme sin preocupaciones el chico mientras el progenitor se orienta. Busca tierras que nadie quiera y que den asiento para instalarse con la familia. Si, loco, lo que busca es la muerte, a mi entender, al alejarse a posta de todo vestigio de civilización mientras arrastra consigo al hijo. Bueno, y el saco de huesos que dejó el pantano.

SHR de M

05-10

Desde que usé aquella puñetera carga ultrasónica, no quiero portar arma o cuchillo multiuso, ni tirita llevo encima, al confiarme al empático; raciones

energéticas para unos días siempre bajo por si acaso, y alguna luz de emergencia. Nada más.

Y creo que obro bien, pues de llevar hoy encima la cacharra, a más de uno hubiese

desintegrado. Sin dudar. Desperté en una cabaña llena de humo. No ardía todavía, pero haría al acercarse con paso decidido un gachó con muchos brillos y una antorcha en la mano. De las catorce cabañas que eran aldea, trece bailaban fuego crudo, y antes que la mía

danzase, salí al encuentro del hombre de la tea en ristre. Y temer. Era jefe de horda guerrera haciendo razia en tierra propia. Dijo. Y creí. Por lo menos era el dueño del momento, los supuestos lugareños, los que aún vivían, aguardaban de rodillas y con soga al cuello que el hombre de la antorcha les dictase la suerte; ellos eran gutis, y los que enarbolaban el mango de la espada acadios. Enemigos. Bueno, los acadios no entienden contrincantes a estos “desvergonzados” gutis que sin permiso levantan campamentos, en tierras, que tanto costó unificar a reyes como Sargón o Naram-Sin. Estos dijeron obedecer en concreto la majestad de un tal Sharkalisharri, que tenía dictada sentencia de muerte para aquellos que fuesen cogidos asentándose en su basto reino sin permiso. Y obedeciendo al edicto, en el mismo sitio procedieron a decapitarlos. Mientras tumbaban la hilera el jefe me contempló no sabiendo si endosarme origen guti u otro más abyecto. Acadio no me vieron, no. Afortunadamente, en cuanto estuvo lo suficientemente cerca para que el empático tomase onda ya se despreocupó el fulano de mí. Y me pude marchar. Esto es una guerra étnica, táctica, prueba irrefutable que gente tal la que esperamos, y andamos buscando, aún está por llegar.

O puede que sea testimonio de su activo concurso.

Quizá tuviésemos que preguntar a esos salvajes dónde para su jefe supremo. Y concertar entrevista.

Y puede que todavía ruegue a Bestia, si me hace el favor, y concreta sobre ellos el

cañón de neutrones o el de partículas; me es lo mismo.

SHR de M

06-10

Una recua de asnos cargaba dátiles confitados y lana de oveja hecha varas. Era un pequeño agasajo que mandaba el oasis de Tqrat al poderoso señor que les deja vivir. Amnurabi. Antes debían pleitesía y lealtad a un sátrapa local que les permitió coger un apéndice insalubre del Eúfrates y drenarlo. Y desecar. Y por cómo se ven los productos y quienes los ingieren, y las bestias de carga que también tienen su

pelaje lustroso, diesen a trabajar con tal mimo y esmero que difícil no será que se extienda la fama de sus productos allende los confines, y el tiempo, si de ellos gusta el mismo Rey de Babilonia; que ése es el título del señor que buscan. Hicimos a paso lento la orilla del río, quedaba todavía trecho para llegar a la siguiente aldea, y no pudiendo esperar a tener mayor intimidad, me preguntó un arriero por mi origen. Nunca había visto un atuendo semejante el mío. Y tampoco nadie cómo yo. Obvio. No le dije nada pues nada me venía a la boca excepto la verdad, y no queriendo embrollar más, al no ser el único en sentirme un puntito de extrañeza, me eché a los hombros un capote circunstancial que traía un burro colgando, y al acto, desapareció el posible recelo; no viendo, no temen. Pese a complicarse la existencia, siguen siendo de un simple que da pena…

¡Mamíferos!

En el poblado enlazamos con otra expedición a la capital que contaba con escolta armada. Se desconfía de los propios vecinos de los poblados que se atraviesan. Está concentrado el poder en Babilonia y mucho se cuidarán los príncipes locales de tocar ningún bien que vaya para el rey. Ahora no hay ladrones

sabidos, no, ahora cualquiera se da a la felonía, con tal frecuencia, que el propio Amnurabi mandó escribir en soporte imperecedero, y al alcance de los ojos, las leyes a las que habrán de atenerse todos sus súbditos.

Y aunque los castigos se me describieron severos, nadie hará mucho caso, porque

sin ir más lejos, la guardia que nos custodiaba se revolvió y les dejó en cueros.

Y al que se resistió o puso algún pero le aviaron.

La mayoría huyo corriendo y no creo que denuncie, pues ¿en quién encontrarían

justicia?

Yo no sufrí oprobio, el empático se basta para mantenerme a buen recaudo si por

mis medios no hago yo.

SHR de M

07-10

¿La típica imagen del paradisiaco rinconcito? … “Cnosos”. Clima de ensueño y a tiro de escupitajo un mar cristalino muy tranquilo. Una islita preciosa. Sin embargo, inconveniente al sitio es el alojamiento al presentarse humeante y ruinoso. Debió ser alegre y concurrido, lucen chillones los colores que todavía quedan legibles en sus muros; mucha mar; mucha onda, delfín y calamar; y mucho joven dando volatinas y jugándose la vida en los mismos morrillos del toro. Es un auténtico palacio; lo fue; el primero que veo por estos pagos, y aunque en ruinas y habitado por andrajosos y canalla, disfruté de lo lindo husmeando. Amplio complejo. Ya imaginaba cosas parecidas al insinuárseme ayer unos jardines colgantes a orillas del mismo río. Hoy, recorrí sin que ninguna autoridad competente me detenga. Cnosos está franco. No puedo objetar nada a las coordenadas espaciales de Bestia. Hala, ahora, en lo que respecta a la temporalidad, tenemos una clara tendencia al yerro. No damos una. O hace aposta Bestia; que tampoco me extrañaría. Los actuales habitantes no echan de menos los tiempos de esplendor. Son amos en ausencia de señor mas fiero, y conscientes del poder, ¡y por hacer algo!, me ofrecieron trocar mi mono de trabajo por un esportón de brillos pobres. Le llamaba la atención al que comandaba la hoguera que cambiase de color. Fijación deben tener al no saber lo que les atrae de él, y demostrando lo buen recurso que es, hábito que he decidido tomar, echándome encima un trapo a la guisa de ellos se desvaneció el tema de atención, y proponiendo cambio de tercio, y adelantándome, les solicité información sobre los vecinos más fuertes que tengan. A quienes supongan habrán de temer el día de mañana si descuidan. Y larga es la lista, pues con otros paisanos de la misma isla, tienen tratos amargos en caso de cruzarse. También miran al mar para cuidarse de cualquiera gustoso de enmangar filos echando leches. Aunque si de señorío buscaba reseña, al momento todo el mundo sabía, aseguraron, que “los egipcios son los putos amos”. Literal expresión que trasladé a Bestia a mi regreso. ¡Y vaya si sabe! No habrá fuego que se encienda en la Tierra del que rápido no tenga noticia, con más razón estos que refieren los de la isla, y que pese a vivir al otro lado del mar, tan alto concepto se tiene de ellos. Si aceptas peticiones, Bestia, por favor, mañana, a ver si puedo tratar con gente

que al menos no intente timarme a mí.

SHR de M

01-11

Por lo que aprieta la vida estaba el santuario lleno, así que a nada de una mala racha climatológica, y un par de guerras, no caben más exvotos en el recinto e intramuros no se pueden enterrar siendo pura roca el suelo.

Y arrojan al agua.

De vez en cuando se limpia y hace sitio. Al pie el mar es hondo, aunque hay quién espera la ocasión y aprovecha.

Sí. Un fulano recuperaba las figuritas dedicadas a las deidades y llevaba a revender a poblaciones un tanto apartadas. De allí le venía al autor del apaño la fama de artista del bronce, y en el otro lado, por no verle entregarse nunca a ninguna labor de provecho, se le tenía por el felón que era.

Y he aquí que le pillaron.

Yo llegué en el momento que la turba le precipitaba por el acantilado. Y entendí, que a su manera, él era exvoto de toda una Cultura. Ofrenda a la Ley y el Orden; y al control de materia prima.

SHR de M

02-11

Hoy seguí a un grupo numeroso. No son el primer contingente que atraviesa el cordón de cumbres buscando valles y planicies de loes; fértiles para explotar un tiempo. Para lo que llevo visto, estos van bastante zurrados aunque parezcan andarse por territorio propio. Lo es o lo será pues la compaña llevaba en una cara dos semblantes. Tristes están porque arrastraban en parihuela a uno de sus más notables miembros muerto en accidente de caza, y contentos también lucian al ir a casar la viuda con el jefecillo local dando patria al resto de la tribu. Los hombres reían un negocio y las mujeres otro. Y creo saber la razón. Reían las comadres en la marcha pese a que se sabe al futuro compañero un redomado feo, y bastante zafio, en comparación con el difunto. Muy brutote el que espera, aunque la viuda, novia, ríe la que más al llevar en las entrañas hijo hecho. Ella posiblemente nunca llegue a conocer la feracidad del sur, y sin hacer, tampoco mala vida llevará siendo la consorte del jefazo. Sí, su hijo será el que salga ganando y podrá tomar lo mejor de ambos mundos o correr a buscar el propio todavía más al sur. Al Sur. Sus pensamientos eran ojos anhelando el calor. Antes de presentarse en el nuevo hogar tendrían previsto despedirse del malogrado prócer del grupo y a llama viva le lloraron. Les dejé incinerando porque mal olor hace la carne humana para mi gusto; y más si socarra. No será la primera vez que hacen ni la última, precisos fueron para calcular por el peso la cantidad de combustible necesario, y por si se marrase, y siendo principal, las pocas cenizas y restos que no aventen irán a una urna. Y ésta, o la dejan bajo tierra o en alguna grieta honda de la montaña. Y el muerto al olvido y ellos a correr vereda. Bien veo que van mal. Estos le cogen rápido el gustillo al sitio y se acoplan por sobrados. Intenciones no faltan al reír sinceros.

SHR de M

03-11

Un joven contaba pasos desde una roca notoria. Veinte, y después, tres hacia

el orto del Sol otoñal.

Aunque exacto, a la segunda cala dio con el tesoro que buscase, y tras excavar un poco, extraía una orza bastante pesada. Y con él llevó junto a un fueguecito. Rato se tiró mirando la olla sin querer destaparla. Leyenda casi era al confesar

el padre en el lecho de muerte. Y dentro, tal se le susurró y acabó comprobando,

quince hachas de bronce, intactas, nuevas de no usar al pervivir la rebaba del molde. Una fortuna, sí. Bueno, él me aseguró que es vacuidad al no servir las piezas para tala alguna. Son mero convertible de excedentes y no han dado servicio hasta hoy, y hoy sólo necesitaba un par para cambiar a un hombre por una hija. Una chica que le tiene sorbido el ánimo y que con sumo placer sustraería de la tiranía paterna por la

fuerza; pero al cabo ella de los suspiros, con él urdió plan para quedar bien por lo menos con el suegro, y luego ya, si te he visto no me acuerdo. En medio del lago era la cita. A ella acudió el hombre con la hija; y otro hijo que perchaba. No les gustó verme, llevaban doble juego y temieron vérsela entre iguales. Aunque al constatar que no, y que el empático me daba cobertura de familiar del novio, se olvidaron resquemores empezando la negociación. Dos hachas era lo estipulado y cerrado, mas al ver que en la orza se le escapaba la docena, dio un golpe de mano el viejo proclamando otro pretendiente intempestivo a la moza. Tontería la media tinta, así que se igualó la nueva oferta, ¡y subir el resto!, para alegría sincera y buena de la familia política.

Y transbordada la novia, entregó el yerno el monto bruto desfondando la nave del

suegro.

Y reír la muchacha al padre que marque en el agua dónde queda el tesoro.

SHR de M

04-11

Digo yo, que por poner guinda, no tuvo mejor ocurrencia Bestia que dejarme, a media ladera, en un desconchón del enlucido de una pirámide. Sí, por fin Egipto. Cerca del río que discurría más allá distinguí un vergel habitado, oasis, aunque

poco seguro estoy debido a la calima, y no niego que pudiera ser espejismo, al dar por sentado, pues mera reseña eran otras pirámides circundantes menores, que colosales mentes se hubiesen asentado en el orbe.

Y bien digo que pudiera ser ilusión al no consultarlo con el empático, y que por lo

menos, con los humanos que topé, son gente de moral comprometida y propensos

al embuste.

¿Los atraeré? Conocí a una familia de honorables ladrones que se dedica a expoliar a los muertos. Y me parece estupendo. Y a ellos, claro. Camarada me hicieron y nada

más pisar tierra me ofrecieron agua y alabaron el peligroso descenso; de tardar un poco más, me hubiese cogido el Sol, y entonces dudaban, por mis trazas, que hubiese podido contarlo.

A un tal Path, que es deidad, reían que hubiese dado el bis. Ríen mucho. Me recuerdan a los chaparros aunque ni por asomo se parezcan.

Cualquier pregunta la envuelven convirtiendo en ocurrencia que celebrar. Beben

y consumen con garbo de amos, aunque de serlo, serían reyes de bandidos y no

faraones. Eso no. Los faraones debieron despegarse demasiado del suelo, vivir sus fantasías ultraterrenas antes de tiempo, dilapidando los recursos del Imperio. Sí, Imperio.

A día de hoy, me refirieron que cualquiera de sus vecinos estaría en condiciones

de darles tunda de aupa si lo supieran. Bueno, a los pueblos del otro lado del mar sí creían que mantendrían a raya porque tampoco estarán los otros para grandes empresas. Pero a los hititas… Ay, los hititas.

Qué miedo no se les tendrá en estas tierras, pese a bien lejos de fronteras, para al burlón griterío que organizaron mis compadres, por darme fe, al momento, digo, levantó tanto revuelo, que las pocas personas que por allí pululasen tomaron camino del espejismo sin cuidar de nada; pues nada tienen los que viven rondando cementerios.

Y a grito puro se propagó la falsa alarma.

¡¡Hititas a la puertas!!

SHR de M

05-11

No soy tan tonto, no. Los cálculos que eché el otro día tampoco estaban tan desencaminados, y hoy me plantaron en las coordenadas obtenidas por mis cuentas; kilómetro más, kilómetro menos, milenio arriba o abajo, justito en el volcán. Eso también, de bajar cuándo yo dije, lo más seguro que el empático, y mi menda, no estuviésemos de una pieza. Se produjo una terrible erupción. El campo lo insinúa. La mar lo dice. Y la costa lo pregona. Mal amarre no ofrece sin embargo lo que queda en pie, y con grandes trabajos, intenta la gente rehacerse; rigores se arrastran del cataclismo y no sólo orográficos. El colapso de las Culturas que tuviesen sito en las inmediaciones no se hizo

esperar, y en el vacío de poder, habituados al rigor, los que llevan al día las cuentas de la existencia salieron ganando. Los desarrapados. Los Pueblos del Mar. De ellos se habla en bajo, y siempre, tras mentar, escupen al suelo. Así lo hacen los pescadores que encontré. Incluso yo hice, y aún haciendo a favor del viento, vamos, que no funciona el bobo sortilegio, se dejó ver en la línea del horizonte una escuadra. Tres barcos. Mentados, y sabiéndose temidos, alidaron a nuestra cala para pánico de la cofradía. Se dio la alarma y quien creyó conveniente puso a salvo su mísera vida y exiguas pertenencias. Quien no pudo, o confió en milagro, retranqueó a lo más profundo de las cuevas que horadan los cantiles. Y los que no se conformaban con perder, parecieron dispuestos a dar batalla tomando posiciones en cornisas altas desde las que defenderse. Yo me senté en un peñasco neutral y tranquilo. Saltó a tierra gente fiera de veras, y aunque se arrojaban proyectiles de tamaño surtido, corrieron la playa visitando el asentamiento a filo alegre. Mucho alarido se dejó sentir.

A

la carrera todo, en nada volvían al barco los que saltaron propagando llamas.

Y

lo tomado a cuestas, previsible.

Y

después de embarcar e irse, y verles doblar el cabo, por la columna de humo que

levantó, nos hicimos a la idea de la suerte que correría la siguiente bahía.

Y antes de hundirse el Sol, toda la isla era un reguero de hilos que exhalaban al

cielo. Malo desde luego será el momento si se vive cotidiana la calamidad.

SHR de M

06-11

Selbert vive cerca de la dársena, en una casa de tres alturas, que no trasluce el despilfarro interior. Y tampoco es dilapidar a mi entender gastar en comodidades; jardín; sauna; cuadras y embarcadero. Y mucho servicio para atender todo. Hasta anexo a las dependencias privadas tiene acuario propio. Atunes de media tonelada

le dan reflejos por la ventana y el goza los brillos.

Me pareció un abuelete extravagante hasta que orillando su silla a la mía, y

distendido, tal que no quiere la cosa, me preguntó qué es lo que había, y quién habitaba, más allá del mar.

Y lo dijo sin darme referencia alguna.

Me buscaba la lengua y divertido entré al juego. Le di seña de lo que estaba seguro que ya sabría. No le descubrí a los egipcios porque son vecinos, ni a semitas y cicládicos que quedaron chatarreros. Él buscaba información de los confines y me rogó que le acompañase a la bodega para darme a entender lo que quería. Al sótano nos condujo una mísera escalera

de caracol que acababa en una puerta de tres cerrojos; y cada uno siete vueltas. Nada meritorio tenía la sala, sin contar la humedad, mugre y telarañas, y un par de cajones mohosos, no encontré explicación. Y ni cuando apartó unas arpilleras y abrió una compuerta secreta entendí, mas al ver con la llama que adelantaba el interior, empecé a vislumbrar. Repartido en arcones y anaqueles estaba el tesoro más grande que haya visto yo en la Tierra hasta el momento. Pieles, marfil. Armaduras, escudos y un carro desmontado. Piedras preciosas. Oro en abundancia, y plata. Y sacas y bahúles con maravillas que esbozó. Admitió ser uno de los tres hombres más ricos de Tiro; por no el que más. Sin embargo, el empático sugería que no es hombre codicioso. Así lo dije y rió, y tras percatarse que no lo decía en broma, levantó del butacón de contemplar, y sin poder negarme, me regaló un abrazo que ni mi superintendente cuando fue a despedirme al astropuerto. Confesó sólo tener una obsesión, querer quedar en la memoria de sus conciudadanos como el mayor husmeador de fortunas. El comerciante y aventurero por excelencia. La Gloria anhela. Es un visionario. Quiere ir a las mismas fuentes del negocio, al lejano occidente, que es dónde se rumorea aún quedan atontados cambiando a pelo, oro y plata, ¡y lo que tercie!, por buen vino y aceite.

A los simples del extremo del mundo pretende meter en la Historia.

De no llevar el empático, estoy seguro que hasta la capa raída le hubiese vendido, o trocado, por cualquier fruslería.

Es bueno, muy bueno, y tampoco erraría la Corporación mandando ojeadores si pretende renovar el staff técnico.

SHR de M

07-11

Un barco. Sí ¡En su panza! Amarraba en una islita pequeña hecha fortín. No pagó Selbert la infraestructura portuaria ni las fortificaciones; que al preguntar por

él nadie cayó. Un viejo, y dudando si sería Selbert o Sarret, o Simbarlet, recordó

que en tiempos de juventud de su abuelo, hubo otro que arriesgó fortuna en una

flota que intentó abrir ruta hasta estos confines, aunque, a última hora, lo que abrió fue cementerio de barcos al hundírsele las naves en algún punto del trayecto; ni llegar a Leptis. Selbert no era en persona, pero sí gente de su pueblo. No deben ser estúpidos del todo los aborígenes, y al poco de empezar los tratos no se conformaron con vino y aceite ¡No! Olivos y vides pidieron y obtuvieron.

Y no fue el fin del negocio ¡qué va! muy al contrario, empezaron a demandar

cosas caras y se incrementaron los beneficios. Al punto, que empezó a ser también más rentable traerse a los orfebres y alfareros; y sus familias; se asentaron fundando colonias. Sí, vale, no será tampoco raro que los nativos, tarde o temprano, se revuelvan contra los comerciantes y los corran a flechazos. Por suerte nosotros debíamos caer en la esfera de poder de algún reyezuelo local cultivado desde antiguo. Gadir es muy vieja. A ella debe rendir cuentas tanto lo que salga al océano cómo lo que de él entre al mar. Es punto casi obligado de recalada y de ahí que amarrasen seis embarcaciones a nuestra vera. Un par venía de cabotar más allá de Mogador, y otra montaba aparejos para costear las aguas frías del Norte. No me pudieron precisar los marineros los puntos dónde pensarán echar las redes pues sólo los patrones saben. Y estos, andaban de cuchipanda limpiándose la sal

de la garganta con vino autóctono; que enraizó dulce.

La gente de mar es nacida en mil puertos, así unos dijeron que se buscará ámbar y otros que metales preciosos. Incluso a lo que salga; de fijo nada saben. No se puede negar un aire explorador, observador, a esta gente; aunque el motor que les impulse funcione con codicia; potente carburante, eso ni dudarlo, porque nosotros también gastamos parecido octanaje.

SHR de M

01-12

Ahora no me acuerdo del nombre, aunque su silueta saliendo de la niebla, y el andar pausado, nunca se me olvidarán. Reincorporé demasiado rápido en un caminillo escarpado, y perdida la cabeza, detrás se me fueron cuello, tronco y pies. Todo el exoesqueleto postizo. Yo entero. ¡Casi me mato!

De dar contra la roca que me quedó a palmo, la capucha del empático sólo hubiese sido bolsa para recogerme los sesos. Por suerte no. Y ahí irrumpió la mujer que digo, en mi vida, al darme agua, consuelo y primeros auxilios.

Y hasta un beso.

Deidad, palabra.

Y con toda certeza no sé si me dio el ósculo o en el ánimo quedé de recibirlo.

Sé que era fenicia porque lo dijo. Y pitiusa. Y la gracia del nombre me ronda pero no aflora. Ya recordaré de no ser todo producto de la conmoción.

¿Aura?

¿Taúla?

ya me vendrá.

SHR de M

02-12

A la vista del escáner la trompada de ayer fue un rasguño. El peor parado fue el empático al necesitar nuevo termosellado, y por comprobar, aunque me

garantizaba Bestia solventado el descosido, me dejó en la playa de Marsalia; a unos cien metros de la costa. ¡Menudo cabrón! Llevado por la corriente me agarré a un bote. Desde él un viejo escrutaba, cristalino el mar, los fondos rocosos. Almejas, gambas, pulpos. El pez que descuidase acababa en el arpón de los nietos.

Y así faenaron hasta cambiar de caladero. Y toda la mañana al mismo tema. En el puerto pretendían vender por lotes, aunque en atacada única se llevó el

género un panadero que celebraba la circuncisión del hijo. Quinta de cuchilla era

la muchachada de una calle y cortaron ésta para celebrar. Y buena cara puso la

gente al justificar el desvío con un vino y una sonrisa. Carros y carretas movieron

el eje de buen grado, mas un acemilero encontró injustificado el desvío siendo

ateo a toda costumbre y festejo. Y de sangre revieja en el pago. Un agrio de raigambre. Se le dejó pasar, lo impuso al clavar el calcañal al borrico y azuzar el trote. Y aunque arruinó el convite, no estropeo la fiesta, pues si tan bravo es el sujeto, por fuerza hará la misma senda de vuelta. Y con, o sin bestias, a ver si tiene bigotes para montar escandalera sin que estén presentes las mujeres y los críos pequeños. ¡Ojito con lo que hace uno en Marsalia!

SHR de M

03-12

Los bosques, las montañas, las mesetas abiertas a inclemencias, los ríos de

caudal rápido, y los pantanosos, son rozamiento a todo avance. Camino de algún sitio iríamos mas poco se hablaba en la marcha al ser las tierras cruzadas de sujetos un tanto veletas, y lo mismo, insistieron, nos recibirían con abrazos como con cuatro palmos de hierro; debe ser el no va más de la modernidad y raudos ponen

a prueba el metal. Y no se pretende. Iba con tres comerciantes, un padre y dos hijos, que contrataron en Abdera

recua de porteadores y escolta de mercenarios, para intentar abrir ruta a los yacimientos interiores. ¡Planean saltarse la autoridad tartesa!

Y no es de extrañar que busquen solapar sus pretensiones a la compañía aunque al

empático no se lo puedan negar; en mano llevaban los presentes. Paramos a hacer noche en una cueva que ofrecía descanso. Se teme de verdad,

y guardia y ojeadores desplegaron, y ni aún así se fiaría el capitán de la milicia y

estableció seña y contraseña para poder entrar o salir del refugio una vez escapado

el Sol.

Me pareció exagerada la medida, hasta que con la Luna, también aparecieron un par de lugareños que volvían de caza. Tenso el momento, pasaron por delante nuestro corzo al hombro. Ellos son de tez y pelo más claro, y altos, llegaron al lugar desde la fachada oceánica hace relativamente nada pero sienten la tierra propia. Tienen aldeón cerca. Quince o veinte chozas que dan cobijo a algo menos de doscientas personas. Y un horno para trabajar el hierro sufragado entre todos; una vez al año, más o menos tal que ya ¡Casualidad! llega al lugar un buhonero

ambulante que se dedica a poner lañas y fundir piezas a capricho; se le cede la casa anexa a la fragua y mientras está en el sitio se le mantiene a cuerpo. Pese a muy esperado apenas confraternizan.Vivo lo imaginaba, astuto para vivir

a expensas de la buena voluntad de otros, mas resultó ser un profesional. Un

auténtico herrero ambulante que apaña roturas. Dice ser de los primeros que llegó

a la zona. Verdad tendrá la afirmación pues no me negó el empático, y una vez

presentado, viendo que los cartagineses preferían la intimidad para tratar, quedé con él. En los arrabales está la morada y entretanto dura su visita no deja de escupir la chimenea, ni arrastrar el arroyo, el rojo de la letanía que se trae el hombre para trabajar. No se malea igual el bronce que el hierro, y con gran misterio, y a cántico aprendido, martilletea las piezas buscándoles la forma. Y consigue; cuida de toda corriente que influya en la obra; bien estilística, bien térmica. Es muy bueno, y más ganaría montando taller propio que yendo al servicio de aldea en aldea. Pero nadie le quiere por vecino.

Los humos, los golpazos, y el marcar los tiempos con cancioncitas, le granjéan una vitola de sulfuroso que no le deja atar a la tierra. Ni pretende. Gusta patear los caminos y conocer individuos peculiares. Se sabe el amo del mundo, y como a tal, que en cierta forma creí, le pregunté por gente que él crea solvente. Y rió. Con gran hilaridad sugirió que fuese a tierras de griegos, pues ellos, poseen hasta Moral y Filosofía. Y oro a esportones.

SHR de M

04-12

Zumban los insectos y a la hora de la siesta lo que menos apetece es sudar. Pero hay quien hace. Vine a parar a una ciudad que vive para el deporte. Olimpia. Sagrados son los juegos que organizan, y mientras duran, está prohibido cruzar las armas. Y me encanta. Bulle la ciudad y no hay camino que desemboque en ésta que no acarree curiosos o personas que van al mercado. Hasta gustosos del deporte. En un par de días empezarán los Juegos y al momento era todo expectación. No hacía falta que se compitiera, el mismo paso de unos muchachos ejercitando la

carrera, daba de sí a los ociosos para aventurar, sólo por el tranco, que aquél era remolón en el esprint final, y el de acullá, un seguro perdedor al desbridar desde el arranque. El entrenador, que es el padre, gritaba que no prestasen oídos y levantasen las rodillas estirando la zancada. Otro hermano, renegado en glorias pasadas, aconsejó por contra que dejasen de correr y se acercasen a refrescar. Él lo hacía. Tumbado entre unas piedras vomitaba su frustración. Decía que el deporte es hediondo. Nada de valores sublimados ni sandeces, puro espectáculo y especulación el negocio. Y reía y bebía la lesión. Mas no creo que mintiese. Con él hice migas y fuímos a un figón extramuros que suele frecuentar lo mejorcito de los gimnasios. Comen, beben y fornican sin cuidado de programa o preparadores físicos. Allí tiene mesa reservada y cuenta. Es un dios. Así se lo hicieron creer y al reclamo de su mano trajo el restaurador dos copas de vino y una estatuilla de bronce; que se me aseguró se le hizo a mi compañero por campeón. Daban fe todos, y antes de catar nueva ronda, nos ofrecían el trago. Sí, muy conocido por sus logros deportivos y su mala vida. La persona ideal para acercarse a ciertos círculos, mas siendo muñeco roto del espectáculo, su lista de amigos verdaderos empezaba y acababa en la V del vino.

¡buff!, larga y comprometida será al presentarse la docena de

Y la de enemigos

uniformados en el lugar preguntando por el susodicho ex-atleta, y sabiendo a lo que iban, y a lo que se arriesgaban los que inquirían, se nos dio cobertura de escape mientras se enzarzaban a sopapos. No quiso ir a su casa al imaginarla vigilada, así que fuímos a lo que también llamó gimnasio, aunque a mí me pareciese otro lupanar. Y era. Pero ¡Ay, estos humanos! ya metidos en faena, los que por allí folgaban se tenían hermanados, y conociendo mi interés, me presentó a uno que dijo ser nietísimo de un tal Homero. ¡”Homero”! brindó todo quisqui el nombre. Y aunque se describió al momento juez, y uno de los hombres más importantes de los Juegos, no me costó adivinar que era otro pobre desgraciado al que el apellido

quedaba grande; y ni era propio. Muy bonito esto del Movimiento Olímpico, y la cultura que lo abandera, sí, si no tuviese tantas miserias por dentro.

SHR de M

05-12

No lo querría decir tan claro, pero hoy, Bestia casi hace pleno. Me dejó cerca de dos hombres que discutían entre risas sobre la Perfección. Para ambos el referente de salida era el hermoso templo en construcción ante el cual estábamos. Amanecía, mas para ellos sería la coletilla de la noche anterior, y discutían, se porfiaban, si las esculturas que corrían los frisos serían las más acertadas para la categoría del edificio. Pericles así lo afirmaba aunque el contertulio, el maestro Fideas, el mismo escultor, lo dudase. En su propia escuela había gente que le podría hacer sombra al momento, y cosa de poco tiempo que le relegasen u olvidaran en las basas. No creo. Circunstancial mi presencia, se sintieron en la necesidad de romper la discordia con opinión neutral, y preguntado, tuve que admitir la simple belleza. Pericles se congratuló con el parecer y me invitó a hacer noche con ellos, día, mas si de algo estoy cansado es de dormir, así que me quedé con los obreros que parejos a las primeras luces comparecían para abrir tajo. Mucho respeto y genuflexión dedicaron a los zurriagos trasnochados, aunque idos de la explanada, hicieron sonoras pedorretas y sentaron a almorzar sin dar tiento al andamio de la obra. Hasta el capataz. Muy consensuados toman las decisiones, y si uno decide que es momento de descanso, el resto le secunda. Y si al rato, otro, propone poner en facha los riñones y echar un clavo, sí, entre todos, se convence al sandio del despropósito. Filón es la política y sus usos, rápido hacen apaño, con tal escuela, que no encontré niño que no porfiase al maestro la lógica de un juego. O mujer que andase al hilo de blanquear la ropa y no discutiese con la vecina algún pormenor del soleado. U esclavo que se abstenga de corregir al amo unos versos. Todo el mundo endereza opinión en cuanto en el regazo cruza las manos. Pudiera pensarse que mi timbre es de reproche. Y nada más lejos. Lo que me transmitieron fue de muy loable opinión. Muy palizas, muy pesados, también, pues a última hora tenía unas ganas locas de volver con Bestia. ¡Fíjese nadie!

SHR de M

06-12

Hoy cambié de táctica y no fui en pos de encuentro alguno, senté en el borde del camino, junto a un borracho, y esperé otro contacto al azar. Y no el primero, que así acerté con gente interesante alguna vez que otra. Ni al segundo, ni al tercero. Ni al cuarto fulano que se me cruzó ofrecí palabra.

Y al quinto me decidí pues veía que el día moría y no iba a pasar nadie más; el

borracho; de ahí lo de agarrar al quinto. Quiso el Azar que el sujeto que me cayese diese a llamar Demócrito. Hombre que afirma tener corridos Oriente y Occidente, y que no tuvo problema, ni mostró extrañeza, por abordarle con preguntas y metafísicas estúpidas; de darse la situación contraria, que nadie dude que yo no arrugaría la frente; o salir corriendo.

Pero él no, él, “casualidades”, él es filósofo y a diario se pregunta por el Universo o el Alma. O por cosas más raras. Demasiado listo, sí. Tanto, que me acabé cerrando a sus palabras y puse el piloto automático. Asentí varias veces, e incluso me sorprendí dando alguna réplica. Y

en cuanto pude, me despedí tomando dirección contraria. Mas me siguió.

Contumaz, y a la carrera, me persiguió campo traviesa preguntándome quién era yo que poseía tal conocimiento del Universo para comprender a la primera sus postulados.

Y no sólo los suyos, porque en mi ignorante y vacua charla tocaría sin saber los

principios de un tal Tales y un cual Pitágoras. Tan pesado le vi, que en un descuido que tuvo, me calé la capucha del empático. Si la media que camina por la Tierra es este sujeto, no cabe decir otra cosa salvo que la visita está hecha. Aunque con tamaño calibre humano, no sé si le interesará a la Corporación intentar el trato. Mañana veremos.

SHR de M

07-12

Estoy en un jardín. Estuve. A veces empiezo en la Tierra mi hojita diaria y otras

la

hago entera aquí; así que no es de extrañar, si le añadimos el desfase horario, y

el

tiempo extradinámico, no es raro, insisto, que confunda pasados y presentes. El

jet slag me trae loco, sí.

Y sí, también, a lo concerniente al día en frondoso jardín. En torno a una fuente sentaba un grupo de jóvenes con un abuelo batallitas que

entretenía la siesta. Atención prestaban sólo para poder comentar a la salida la cara que ponía el profe ante las continuas injerencias de uno de ellos. Un pilluelo de pelo ensortijado y que, atendiendo al exorcismo de Aristóteles, buscaba las vueltas al maestro con los brillos de la fuente. Hablaba el hombre de realidades y apariencias, de sombras a la inteligencia, y no se daba cuenta que el reflejo que le cegaba de continuo no era un destello del agua ni un requiebro de carpa inquieta, era la daga de Aristóteles molestando por molestar. Traía el docente en la boca todo el día a un tal Sócrates y estaba frita la muchachada, al punto, que en un descuido el zagal saltó la tapia y corrió a la zona portuaria; dónde conocía unas cuantas fondas. Es asiduo al sitio, y yendo con él, me trataron por aprendiz de filósofo; y holgado siento el título. Buena escuela orilla al muelle, y prueba, examen a ojos de la parroquia, nos puso el señor tasquero, y es que antes de poder tocar los refrigerios servidos nos exigió que le pagásemos, a lo cual, el diablo que acompañaba, respondió planteando retahíla de supuestos. Ejemplo del concepto Causa y Efecto, que puliendo, llevó al común asenso que lo suyo es pagar tras consumar la comunión. Ante lo cual, también se aplicó el gerente del negocio a la Oratoria encontrando por su parte el punto de arranque en el pago previo.

Y no hubo acuerdo porque se defendía el restaurador y entretanto no abonásemos

no nos dejaría levantar las copas del mostrador; ni para estudiarlas. Sin embargo, aunque a esas dos en concreto no se nos permitiese dar tiento, bien merecía la conversación no secarse, y por cuenta de la casa, se abrió un ánfora de vino sirio y peleón. Y ruló entre los que compartíamos pupitre. Con nosotros sentaba un tal Astróbalo que no podía negar su dedicación al pastoreo caprino. También estaban Endruko el pescador, Krático el albañil y Anaxilomandro que es desertor de cualquier ejército que pretenda entrar en guerra. Faltaban gentes meritorias y de ellas me dieron breve reseña de palabra: Frisco el actor y Sípatra hijo, el hijo de Sípatra, padre, que cuando se deja caer con los dineros del “viejo” marca en rojo el día el local. Tremenda fiesta. Fiestón en toda regla en el que se degustan hasta frutos eleusinos escamoteados al templo. Y que era costumbre supe pues a la mención ¡tasca de apuntador! se dejó caer en el umbral el añorado

Sípatra y un grito de alegría avivó la juerga ya existente. Traía. Le birla al padre jugo del santuario y comparte con los compadres. Golfos todos. El estudio y aprendizaje será cosa que considerará Aristóteles dinámico, y tras él fuímos recalando en cuanta puerta anunciase franca la juerga. Que se cuide el Hombre de sí mismo. Que se cuide de descuidarse de hijos y hermanos.

SHR de M

01-13

Hombres y niños nadaban en un regato tranquilo que se protege del Sol con densa flora. Un par me llamó la atención por lo dispar de la actitud, medio discutían en perfecta armonía lo acertado de tal o cual compromiso: bañarse o estudiar. Tampoco sería tan curioso de no ser porque defendía el estudio puro el alumno, abogando por el relajo el maestro. Viendo la controversia servida me acerqué a

ellos, y cuál no sería mi sorpresa, al reconocer al bueno de Aristóteles convertido

en todo un señor docente. Sí, el mismo; con unos años más.

Me costó hacerle recordar quien era yo, nuestro encuentro, aunque por echadas varias tormentas y corridas mil juergas, juraría que acabó dándome la razón como a los locos. Y visto que no me iba, que amagaba quedarme, volvió a tumbar dónde estuviese y reanudó la charla con el discípulo. El muchacho es hijo del rey de Macedonia y acostumbrado está a sentir el peso de la voz; es orden en su país aunque al momento no tenga relevancia alguna; ni quiere imponer su criterio por cuestión de cuna. Es de buena pasta el muchacho y arguía que él pretende aprender con uno de los grandes lo que nadie de su reino le puede trasladar; los secretos de la Filosofía de los Números y la Naturaleza; incluso la Humana. No le agrada al joven perder el tiempo, ni el dinero de su padre, y exigía al maestro ser fiel al programa y reemprender camino y lección.

Pero Aristóteles, inventor del método peripatético que le recuerda el chico, insistía sin cambiar de postura que en el baño encontraría tema de estudio para una o dos vidas, y dicho esto, se acercaron a la charca y en silencio observaron un rato a los bañistas; luego, dimos la vuelta y echamos a andar por un camino de fresnos y chopos. Era cuestión entre ellos, y nada más llegar a un tranquilo meandro, volvimos a parar. Por indicaciones del maestro se metió el muchacho al agua y nadó la poza sin gran misterio. Compendio de virtudes, dio muestra de condición atlética bajando hasta el fondo para recoger una piedra que se le pidió. Una vez afuera, mientras secaba al Sol, el maestro inquirió por la razón que le permitía a él flotar y a las piedras no. Rió el chaval la simpleza, y mientras limpiaba el cacharro de la fuente para beber, respondió que ésa es su Naturaleza. La misma de la espada, que tiene querencia innata a hundirse en aguas o carnes. Aprovechamos la parada, y mientras rumiábamos la moraleja, se abrió el hatillo que traía el chico colgando al hombro con merienda. Pretendería Alejandro, que llama, pensar un poco más sobre el tema y comentó que se iba a dar otro chapuzón para recobrar un guijarro y plantearle algunas preguntas.

Y acertadísimo le pareció el propósito a Aristóteles, mas rotundo prohibió al

muchacho que se metiese en ese instante al agua. Buen ratón es la curiosidad, dijo, mas gato arisco mora las tripas durante la

digestión, y no es cosa de revolverlos y desdeñar. Aunque no sé si se quedaría con la copla el chico, al callar mirando con ganas la charca.

SHR de M

02-13

Aparecí en un bajío del Nilo y de allí me sacó una embarcación que remontaba con pabellón de luto. Muy sería iba la marinería y muy circunspecta la mujer que bajo toldo portaba tristes nuevas. Sin embargo en el muelle al que amuramos se estibaba con ritmo y no hubo nadie parado, ni ocioso, que vocease la noticia de nuestra arribada. Desembarcó la mujer sin despedirse siquiera al llevar el papel de alma en pena.

Incólume tendió el paso sin ser molestada; ni al pie de la escalinata de un palacio en construcción se detuvo. Vestía a la griega y salvoconducto suficiente fue para que pudiese llegar la anciana hasta el jefe. Ni más ni menos que Alejandro. Sí. El chico, que hecho un hombrecito, anda expandiendo los dominios que heredase del padre. Sigue siendo el mismo muchacho de flequillo leonino y mirada chispeante,

y cuando nos vio llegar nos reconoció. A mí como al tipo curioso que conoció un

verano, y a la señora por estar al servicio de su gran amigo Gailo. Y vernos entrar juntos, y emparejar nuestros distinto sinos, y sin leer la misiva adivinó la muerte del camarada eleusino. Había fallecido ni hacía el año y ahora llegaba la noticia. Despidió a todo el mundo y sentó en una banqueta que dejaba a tiro de ojo el desierto y el Nilo. Sumido en los recuerdos del pasado dejó de pensar por un momento en el futuro. Más tórrido, más erial, se le hizo el desértico horizonte. Se perdió en el vacío y por seco de cualquier expresión marché a saber de la mujer que trajo la esquela. Había cambiado de ropa, y en la cocina, a dos carrillos, daba cuenta de una oca con berros y un muslito de lechón bañado en cerveza. Y bien regado todo con vino

ático. Quizá por esto, por olerle el origen mientras se escanciaba, le hizo el tuteo al ánfora y acabó rodando por los suelos. Antes, se despachó tan agustito que prefiero transcribir a referir:

“ … Y mandada que vengo por el viejo tutor ¡De no, de qué!

¿Aristóteles?

Aristóteles… menudo elemento también.

Mucho darle al pico con lo bueno e ideal, ¡y persecución a todo lo malo!, cuando

a él no hay mano que le saque del lecho, ni de la taberna, cuando coge posición. Ja.

Lo recto, lo decoroso

servidora. Ni un mal zurcido se echa a las sandalias porque ahí me dejo la vista y

los dedos. Y de provecho nada bueno al no seguir ni sus propias consignas. Y un vago. Y flojo. Muy flojo, porque tampoco ayunta en condiciones.

Y pésimo actor; pues aunque comediante y teatrero, representa de pena su propia

vida para quienes sabemos. No es que le quiera echar por tierra la figura del susodicho, de verdad ¡Es que es un problema!

Y un gorrón empedernido, porque cuando no le dejan aviada la comida del día,

¿Y quién cree usted que le lava la ropa? Pues entre otros

raro, en vez de hacer o mandar hacer, prefiere salir a buscar a quién endosar la cuchara.

Y todo esto fue empeorando, claro, con la edad. En los últimos años le rehuyen

por paliza y sólo los muy allegados, o ex-alumnos como el difunto amo Gailo, se acercan para saber de él. Ja. Para lo más que habrá servido será para enseñarles a vivir de la ganzúa a los pupilos. Sólo éste -sobreentendí Alejandro- este cuitado no necesitará marquesita para

abrir las puertas de Oriente pues Egipto es la cerradura y él tintinea las llaves amo. ¡Que la ciudad lleva su nombre!

Y menos mal que le encontré aquí, sí, de no, tras él hubiese debido ir, que se dice,

a los confines. Sí, menos mal que cumplí y puedo volver a casa”. Yo también sé que próximo tengo el retorno, sí.

SHR de M

03-13

Bajaba predispuesto a la sorpresa. Cualquier Cultura de esta parte del mundo, tan “cercana” a la recién visitada, podría haber heredado el empujón de aquella y ofrecer al Universo un ser ejemplar. Un buen representante. Lo pensé posible, vamos, lo di por hecho.

Y reí lo desencaminado de mi idea, al encontrarme con mi joven, pero ya viejo,

amigo Alejandro. Era él. Sí. Muy currado, muy abstraído. Muy sentidos los poquitos años pasados y la distancia hecha abriendo camino. Y lo vivido entre medias. Los guías dicen que no queda lejos un nuevo océano y Alejandro lo intuye bajo

un banco de nubes. O un poco más allá. Huele el aire y los hombres dan por cierto; aunque él no está tan convencido y medita el siguiente paso. Si con esto zanjase sus pasiones juveniles, definitivamente creo que podría ser nuestro hombre. ¡Que sabe cómo viejo! y es venerado. Incluso pese a revolcados por la vida que llevan hecha, no hay quien se lo dude a

su

ejército. Beben de él. Esperan.

Y

él, dubitativo, sigue rezando para que un céfiro le corra las dudas.

Sí, aunque seguro esté de poder decidirme ahora, quiero esperar a mañana para ver en qué queda la aventura del colega. Sí, vale, y que también, yo, egoísta, quisiera disfrutar de un último momento de paz y tranquilidad en la Tierra. Ya tendrá tiempo la Corporación para comerle los colores al planeta.

Bestia, busca papel y pluma, y pon a enfriar el brindis.

SHR de M

04-13

Desperté en una duna lamido por Ra. Así lo farfullaron los camelleros que trasegaban bajo jaima mistura de hierbas aromáticas. Muy contento estaba al pensarlo último día, y avivando mi ilusión, me indicaron que seguramente Alejandro descansase en un oasis cercano; todo recto.

Despreocupado eché a andar el desierto queriendo memorizar las ondas que el aire,

o una culebra, imprimen en la arena; de ella imagino que también subiré muestra.

Feliz y tranquilo aunque a poco me coge el aire que encrespó hasta encortinarse el polvo. Me pude refugiar a tiempo gracias a dos jóvenes que chistaron el paradero y de mil amores les acompañé, tras asegurar la estaca dónde ataban unos jacos, a la endeble seguridad de su tienda. Temí haber perdido toda noción al ser la gente que ocupaba el pabellón celtas del otro lado del mar, del otro continente, y rara explicación tendría el hecho al reafirmarme lo primero ellos mismos que sí, que desde luego que estábamos en el oasis de Siwa, junto a los supuestos restos de Alejandro Magno ¡Que llamaron! Bastante hacía que había muerto ¡al cabo de nuestro anterior contacto! y profesándole ellos un extraño afecto, y aunque de excursión se diría, buscaban el catafalco; igual que se susurraba que estaban sus restos aquí, se bisbiseaba lo mismo de otros enclaves por ser baila reliquias un tal Tolomeo. Lo que siempre coincidía era la suntuosidad de la mortaja. Mientras los adultos me explicaban sin rubor, y sin complejos, que suelen invernar lejos de su tierra cuando junta banda que les busque, los muchachos al cuidado de abrillantar los filos y mantener el guiso hirviendo andaban enfangados.

No distraían por ello lo que allí se aireaba y reían comedidos el historial delictivo de abuelos, padres y hermanos. Reían comedidos pues ellos pensaban superar. Me lo susurró el empático, y confirmaron los progenitores, calculando capaces a Namur y Genzrio, que llaman, de hacer correr las aguas del Nilo contranatura. De hecho tenían acordada trastada, y al intuirla, tras ellos fui. Cogiendo un descuido oportuno se llevaron las sacas meritorias del poco equipaje que les trota el mundo. Alguna joya u arma cuidada. Algo de ropa y ungüentos finos. Y un par de jarras de vino rojizo que será sin duda lo más celebrado cuando a la mañana siguiente procedan a excavar el túmulo; dónde se supone descansa “El Soma”.

E hicieron. Fueron y volvieron sin notarse la ausencia. … Son pellejo de soga, sí.

SHR de M

05-13

Fieros son los vetones.

Antes y después de cada hito celebran. Saludan y despiden las efemérides con rigor; un hijo que nazca; una primavera que llega a su hora; una trashumancia sin bajas ni extravíos. Es cuestión de vivir el momento con alegría. No sabía en concreto lo que festejaban, aunque redondo habría de ser lo que fuera

al estar jugando los hombres a pugnar una pelleja desde los caballos.

Bueno, vejiga hinchada supuse, mas al fijar, me epató que el esférico en disputa fuese una cabeza humana. El melón de un enemigo. ¡Así celebran los muy salvajes! Hasta la chiquillada disfrutaba a patada limpia del mismo entretenimiento.

Y reír, y aplaudir, y cantar, y juntar para comer los aldeanos, porque estos, los

dueños de las mochas y demás colgajos, no apacentarán más ganado en los pastos sin permiso. ¡Ni ellos, ni nadie!

Y para que no se repita, entre todos los presentes levantaron un verraco granítico

que pregona la propiedad.

SHR de M

06-13

Pese a ser la tierra ancha, un pequeño castro tuvo la desgracia de sufrir asalto por parte de unos vecinos del alfoz con los que disputan los derechos a dos escurridos arroyos. Cosa de familia, y peor al visceralizar, empezaban a revolotear los buitres sobre los muertos hechos, y ya se armaban los lugareños para dar respuesta al ataque. De aquel más alto que una espada se hizo leva, y todos juntitos, y enojados, enhebraron para dar la réplica. Quedaron los niños y ancianos. Y las mujeres; aunque durante el ataque no tuviesen reparo para utilizar las armas, ahora se afanaban en aplacar el dolor de los heridos y entregar a las llamas los demás despojos. Mucho miedo tuvo que flotar porque todavía olía. Eché a correr tras los hombres a sabiendas que iban a la guerra. Yo también. Desde un alto presencié como sin táctica alguna, al no dejar de ser hermanos, conminaban los recién llegados a los de intramuros para que saliesen a dar la cara a la explanada. Y no siendo pocos los casos dónde cruzaban sangres, se dejó un ratito para cambiar o reafirmar la filiación; unos pocos. Yo esperaba, tras esto, que se tirasen unos contra otros a degüello, mas clavándose parejas las huestes, y sabiendo que era cosa de dos familias concretas el tener abiertos pleitos, se les exigió de una vez por todas suturar y enterrar la cuestión. Cabezas de sus respectivas casas, tomaron la campa dos viejos entrados en años pero de muy buen ver. Manejaban espadones de antenas y defendían la contra con oblongos escudos de madera y cuero; sólo diferían en el dibujo. Gemelos, palabra. Los hombres se batieron bravos, y aunque uno fue declaro vencedor, al caer el otro por afilado carpazo en el cuello, las heridas contraídas le llevarán también a éste a la tumba sin tardar mucho; a la pira. La cosa sigue abierta.

SHR de M

07-13

Los hombres que comparten sauna se jactan de tener el mundo en sus manos.

Y lo ríen y lo beben, aunque, íntimos, no hizo falta que hurgase mucho para que

todos identificasen en el lejano y viejo Egipto el súmmum de cualquier esplendor. Siempre los del Norte anhelan el Sur. Lo sueñan.

Y viceversa.

Se atraen y repelen. Invierten el trabajo de una temporada, o de varias, por hacerse con algún objeto exótico que quizá dimane en sus cerebros la virtud onírica.

O el mismo efecto tendrá si sus mujeres lo sugieren.

Estos en concreto van en busca de los calores meridionales, llevan idea de dejar en simple razia, mas si encuentran rincón oportuno, a más de uno no le importaría quedar; viajan preñados de sueños. Los viejos no lo ven todo tan sencillo, aunque hermanado el continente, según se va uno acercando al mar, saben más agarrada la gente a la tierra y la fraternidad queda a un lado. Se lucha el palmo. Sin embargo, cerrado está que van.

SHR de M

01-14

Hoy, sí, no puedo reprimirme el hacer retrato. Conocí individuo que en la pose bien cuadraría a la mitología de cualquier Civilización. Viejo de peinar nieves, sabio y muy corrido. Lleno de sietes y amputaciones. Y un solo ojo. Y la mano que le queda siempre reposando en el pomo antenado de su espada. Sienta en un rústico trono de roble que a otro cualquiera le quedaría banqueta, pero él, joya, ennoblece cuanto toca y engarza el pego. Llama Instrucco y no espera de la vida nada al haber tomado de ella lo que ha querido ya. Aunque alejado de mejores oropeles, al momento, eligió regresar a este confín para disfrutar en paz de sus últimos años. Mas me temo que no pueda, pues en derredor, o bien yo, o bien la juventud de las

aldeas lindantes, le hace corro y ofrece cerveza para que narre sus vivencias. Y de mil amores hace. Pirata, mercenario, soldado. Intérprete y explorador. Devoto amante o despechado pretendiente.

Y

bardo.

Y

druida.

Y

vate.

Un gozo escuchar la voz hasta bien entrada la noche.

E instructivo.

SHR de M

02-14

Pateando un tranquilo bosque, me trajo el aire el hilillo de una alegre canción. Se loaba, no sin cierta picardía en el tono, lo exuberante del fruto de zarzal

atemperado con su correcto verano. Se recolectaba a voz y no pude resistir el saber de la mezzosoprano. Cogía moras. Guardaba en una cesta de mimbre y comía con ecuánime paridad. Recogió con otro estribillo el último puñado, y rodete a la cabeza, y cesta a lo alto, volvió al caminillo. Cantaba alegre y lozana. Vestía faldón ancho de estar cocinando y salir a buscar los últimos ingredientes. Sé porque me lo cantó. Exultante y contagiosa, amasaba

la harina de bellota mientras asaba un par de capones. Le dije que yo sólo bebo,

pero aún así, trajinó en la cocina como para regimiento. Esperaba visita, sí. Juntan todas las hermanas y amigas pues en nada se desposa la moza y hoy le daban la fiesta. No ha de saber, pero ninguna cómo ella cocina y por narices hornearía su propio pastel. Y le encargaron de riñones, mas al desagradarle una miaja desde que cogió empacho, prefirió hacer de manzana verde y bayas. De manzana ácida pondria para aliviar el vientre de unas cuantas constreñidas, y de moras, con miel, también dejará aliñado para las más lameruzas y golosas. Cosa de las que viniesen sería la bebida y el traer mozo, ¡hombre!, que diese lección y capricho antes de comprometerse de por vida. Y le trajeron, importado, un celta de ribera, íbero declarado, que por nombre artístico luce Batamor de Sexi, aunque en la intimidad, gusta ser tratado por Marluxo o el Nano; le es lo mismo.

Todo desparpajo es el galán y con ellas se hizo por ser ése su oficio, aunque él, que ninguna se dejaba llamar a engaño aun con sus almibaradas carantoñas, era gente del camino. Un artista. Un embaucador, un falso de palabra y obra que supo alabar

el

gusto, y a cambio, mas derrengado para días, partió con recaudación de turné.

Y

con él fui porque huelga negarme la vena acróbata. Tenía carromato y compañía aguardándole. No había lugareños por los

alrededores al estar el resto de parentela de visita para no importunar en la despedida de soltera. Sin embargo temen. No es la primera vez que osan

adentrarse en estas tierras de gira, cierto que tampoco es el ogro tan fiero cómo lo pintan, y pagan bien, pero novios y maridos celosos se dan en todos los pagos y no

es raro encontrarse por sorpresa con una tormenta de garrotazos.

No parecía que fuese a ser el caso, y en cuanto montó el hombre, arrearon las

bestias.

Es una truppe corta. Viaja con la mujer propia, que cubrió el festorro masculino, con dos enanos ladrones y equilibristas, y un viejo que ofrece sus augures a quien tenga la desgracia de caerle al aliento.

O sea, yo.

Tontunas lo que me dijo. Tontunas. Que lo mío iba para largo y que cuidase en un viaje que pronto se me propondría. Y me pidió un cobre. Una moneda. ¡Flipa tú, cómo se parecen todos los mundos! ¡¡Las Civilizaciones!!

SHR de M

03-14

La mítica Eirin es verde tal no se cansa el bardo en cantar. Suena virtuosa la gaita dando combate a ranas y sapos, y el breve momento estival

es para recordar a los nietos.

Así me lo aconsejaron dos viejos, que sentados en un pequeño cercado, discutían

la exactitud del tiempo. Uno no recordaba tamaña bonanza climática en lo que él

llevaba echado al mundo, el otro, por el contrario, recordaba, o quería recordar,

que no ha ni cuatro lustros, allá cuando le naciese la primera nieta, hubo un verano tan tórrido que las vacas de motu propio se metieron a pastar en las algas de la bajamar. Sea como fuere, de ellos poca exactitud podría esperar, porque puestos conflictivos, hasta quisieron explicar el origen de unos cercanos túmulos, con patrañas de un legendario reino fundado alrededor de una mesa redonda. Y en torno a ella los hombres más notables de la era. Y el que más, presidiéndola. No es la primera vez que escucho aunque yo al rumor le asigné patria en la isla que se sabe al otro lado de la niebla. Al menos para negar todo mérito a dicha isla sí se pusieron de acuerdo rápido los ancianos. No se llevan tan bien como cabría con los primos. Tienen rencillas en la unidad los celtas, rendijas en su estructura que ni las téseras serán lañas.

Y no es cosa sólo de estos dos carcamales, en el poblado cercano que entré, me

bastó escupir en la dirección recomendada, para que se me recibiese con más

gaitas y charangas. ¡Qué socorrido es un buen gargajo!

¿Podría ser que Bestia haya perdido el viento del asunto? ¿Sigue siendo objetivo encontrar representante u amo del planeta?

SHR de M

04-14

En una tranquila bahía reunen, para disfrutar del estío, clanes de varias esquinas del continente, y pese a ser primos carnales, y hablar lenguas de un mismo tronco, no alcanzan forma de entenderse. No se ponen de acuerdo.

A la capa de un sotobosque levantaron tienda de viaje lo menos la media docena

de familias distintas. Y juntan por gusto propio, para poder pedirse orégano por el día y devolverse los cacharros por la noche. Tal cual digo, sí. Por el día fueron de un cordial ejemplar, rayano en el pasteleo, con el continuo ir y venir de los saludos. Ahora, caer el sol, y pimplarse unos cuantos canecos de cerveza brava, para que de un fuego a otro comenzasen a vocearse lindezas y menosprecios. Muy duro e in crescendo.

Y antes de llegar a las manos, que se llegó de todas formas, los padres, los jefes de

las respectivas casas, litigaron a voces y mamporro perdido la cuestión, y luego, a solas con los respectivos vástagos, también se tiró de cincha para purgar las culpas propias.

Gritos y lloros entretuvieron la noche, y eso sí, aseguraron, en cuanto amanezca,

y se hayan lavado las caras, muy fresquitos le entrarán a la mañana con un “Buenos días”. Son muy raros los humanos, sí. Son raritos de exhibir.

SHR de M

05-14

Celtas de interior, y primos de rivera, recalan en un punto franco que cubra

el intercambio seguro. Trocan noticias y productos, tienden lazos sanguíneos y así

van y vienen las nuevas a familias y territorios. Hoy por hoy hay una relativa paz, pero a los de tierra adentro se les informa que altanean por la costa gentes que se creen más civilizadas que nadie, y amenazan, en breve, remontar ríos y veredas para meter a todos en cintura.

Traerán tarde o temprano una nueva forma de entender la vida y hacer la guerra. No es fresca del día, desde luego. Va creciendo el rumor, y hasta yo mismo, tengo ganas de conocer a esos fulanos.

Y ellos, por lo pronto, se van haciendo idea del enemigo.

SHR de M

06-14

Parece que se hacen a todo. Pero es falso. Algunos no pueden. Muchos. Por esto o aquello quedan presos de alguna tara. Física o psíquica. No hay individuo que no chochee, y el que no cojea… renquea. Todos si al microscopio pongo la muestra.

Hoy pasé el día con un etrusco que afirmaba idolatrar a la mujer, y tras dar vida de purgatorio y puntilla de infierno, pretendía llevarla al cielo construyendo un monumento funerario.

……

Malhombre, sí.

De buen grado cogí el cabo de la historia por ser afín a la idiosincrasia del beodo, mas según devanaba, llegué a la rápida conclusión de hallarme ante un ser realmente abyecto. Ovillo también de hombre, y supuestamente afectado, pensaría Bestia que era sujeto adecuado al cual proponer negocio.

Y

no. No lo es. Desde luego que no. Ningún negocio a esta gentuza.

Y

con él permanecí sólo porque la justicia de un movimiento telúrico nos confinó

en la cueva dónde mandó excavar el santuario.

A

mí a lo sumo unas horas me retendría, a él, ja, para la eternidad.

Y

suerte tiene el cabrón pues no lo tiene mal dispuesto al ser el lugar réplica de su

propia casa. Él era mercader de vinos, lo fue, y aunque muy tranquilo estuve en el empático, también soy consciente de lo cerca que rondé el no contarla.

Y por ello sobrellevé mejor el sustazo, el encierro y la compañía.

Bebí con él, mas no brindé aunque copa me ofreció; vino, muy bueno, por cierto; muy digestivo. Sí, Bestia, sí. Soy el observador. Dame si quieres miserias a escrutar, dame lodo, dame germen de ciénaga que sé que son y poco espero. Fíjate si esperaré poco, que hasta pienso aguardar al fin de la misión para dar dictamen. ¡Ah!, y de ti detallado informe. No lo dudes.

SHR de M

07-14

Hoy acerté con uno que aseguró ser sabino y un gran mago. Falso. También insinuó ser de un oscuro linaje que le entroncaba con Delfos y Alejandría.

Y, que fue lo que me ganó, que tenía tanto hambre, que si no ponía pega con sumo agrado compartiría mis barritas energéticas.

……

Obvio que no. No quise entender la sugerencia y desvié la conversación pese a que demostró ser de arraigada casta de pedigüeños. Construyó el personaje con lo tomando de otras gentes del camino, en el vive, y trasegando tierras ajenas, se viste de mil oficios

y afina el ingenio ¡al punto! que sólo con ver el envase, y el logotipo de la etiqueta de mis galletas, adivinó lo que en las manos tenía en el momento de encontrarnos. Todo un zorro. Juró que sabía lo que era, dio fe a baba. Quiero creer que lo adivinó por puro instinto. Él insistía, tal buen gorrón, que algún familiar o paisano mío, padrino que nos tercie, le regaló alguna vez muestra.

Y no creí, ¡no!, hasta que señalando la bocamanga del empático me la reseñó por

prenda común con mi supuesto compadre el generoso… ¡Con la salvedad, que el atuendo de nuestro común pariente cambiaba los brillos! Sí, prefiero pensar en nueva coincidencia.

Tanto observa uno, tanto observa, que a poco que se descuida pasa a sentirse observado.

Y puede que lo sea. La nave es grande y mi laboratorio minúsculo. Y mucho

acceso restringido me canta Bestia.

SHR de M

01-15

Desfile. Carthago no admite sombra ni reproche, y más que para ella, para Roma son los festejos. En hila, y de rabo a trompa asidos, lo menos los veinte ejemplares de elefante pasaron camino del circo para hacer sus monerías. Jirafas, leones, panteras, papiones. Aguilas de tal envergadura que guarecerían de la lluvia. Y enormes

hipopótamos de intimidantes colmillos. Y osos, y cocodrilos… ¡hasta hienas! No faltaron culebras siseantes que engalanasen a las bailarinas; que sí, las hubo.

Y bailarines, saltimbanquis y comefuegos. Y arqueros de diestro brazo que

calientan cuerdas ensartando al vuelo las frutas y objetos que se prestan. E ingentes cantidades de soldados. Todo un derroche la exhibición pues bien lejotes se pretende que llegue. No sé las gentes ni comparsas que quedaban detrás de nosotros, y de las que

por delante iban abriendo expectación perdí la cuenta. Bastante tuve con ocupar

un carro y esperar a pleno sol que nos llegase el turno de arrear. Mi función era

sencilla; de otro modo no hubiese aceptado el compromiso de última hora. Les faltaba quien sujetase las victorias de un jefazo y a mí me valía la armadura y no puse pegas para subirme al carro. Siempre tuve curiosidad por desfilar ante multitud enardecida. Era ocasión única para infiltrarse entre la masa sin peligro. Y, sin dudar, me lancé. Quien haya gozado por méritos propios mejor podrá hablar que yo. A mí no me abandonó nunca la sensación de saberme de rondón, y aún así, palabra, subyuga y encoje la entraña el sentirse jaleado aunque uno no sepa el motivo. Embriaga el aliento de la multitud, y uno raudo recuerda porqué, y se entiende justo reconocido por derecho propio. Tal es el poder que atribuye el gentío, que hasta el de más nimio oficio se siente un prohombre, y mismamente, recoge la caca de un rinoceronte tras ejecutar mortal y medio. Jóvenes y viejos colmaban de belleza las aceras, los niños reían, los casaderos tanteaban, y nadie dirá tras los fastos que Roma no queda a las puertas.

¡Que se cuiden!

SHR de M

02-15

Bestia aseguró que prometían, que los romanos salían en los pronósticos, pero al presentarnos en el sitio todo lo contrario era patente. Los galos sitiaban Roma y nadie quedaba para defenderla; ochenta viejos; ochenta túnicas blancas en ochenta sillas curules. Ochenta estatuas. ¡Hasta a mí me lo parecieron! Ochenta viejos decrépitos y orgullosos era la fuerza que oponía Roma a la toma bárbara. Ochenta muertos. Muy dignos, muy mayestáticos, ni una ceja movieron cuando hasta ellos llegó la barahúnda de alaridos y la presencia misma de los bárbaros; muy fieros, llenos de pieles y ocres frente al hieratismo de los ancianos. Ochenta espectros, sí. Igual que me pasó a mí, que los tomé por esculturas palpitantes, hasta ellos llegaron los galos aguantando la respiración al no saber si adscribirlos al reino de lo real o no, y al zarandear uno de estos la dignidad de un abuelo para comprobar, y responder éste a bastón la ofensa, se tiraron a destripar; tomando de la ciudad cuánto quisieron; y pudieron encontrar. Roma arde. Por mucho que diga Bestia, no creo que esta gente sea simiente para un amo.

SHR de M

03-15

Me creí otra vez en Roma pero estaba en Veyes. En una sala oscura y llena de humo intrigaba lo mejorcito del patriciado romano. La hija del restaurador que preparaba el ágape fue quien me puso al corriente mientras apartaba cacharros y fregaba platos. Es buena chica. Y muy lista. Ella

está en que Pirro no es imbécil y no le va a pedir la Luna a Roma. Quiere Tarento. Le parece tan patente que así lo manifestó ante los próceres al paso de servir la tajada, y aunque cierto, el padre, y hostelero, le mandó a la cocina, y en cuanto acabase de fregar, a casa.

Y no quejó.

Con ella marché, y de camino, paró para recoger arcilla fina en una ladera; el barro era para la madre que es artista; modela y cuece dioses al gusto local. Bueno, toda la familia se me hizo excepcional. También tiene hermano que pinta, unos mellizos que son músicos, y cuatro aún púberes que están pendientes de

definir a los númenes. Y el abuelo, que se demostró rapsoda. A su voz atendieron todos y escuchamos durante la tarde unos versos del asedio a Illión.

Y

se quedó en lo más interesante del relato pues justo entró al tiempo el padre en

la

casa; con tres intrigantes. Entonces, los recién llegados, tomando la oratoria

instaron al viejo poeta para que acuda al foro. Rogaban que vuelva a la luz pública y anime al pueblo romano a retomar las riendas de su destino. Toda la familia escuchaba al no tener secretos. El viejo Appio Claudio pidió tiempo para pensárselo, y tras abandonar con gran respeto la casa, y el yerno unirse al corro, se prosiguió con Homero.

No te puedo negar, Bestia, que alguna virtud tengan. Pero Siempre están en las últimas.

SHR de M

¿los romanos?

04-15

Una banda de sinvergüenzas acecha una guarnición romana fronteriza; mientras no junten suficientes, se conforman con observar y tomar nota de lo que hagan los romanos invasores. Mal lo tendrá la Loba si reunen elementos suficientes, aunque sopesando la catadura y vibraciones que vía empático me transmiten estos míos, tampoco me extrañaría nada que se llevasen un capazo de hostias bien dadas.

O

incluso que les deserte la juventud al sentirse engañados. Se les prometió vivir

la

experiencia de batirse con la muerte y pasar a filo todo romano que respire, mas

hasta el momento sólo sirvieron de mandaderos a los veteranos.

Catacaldos y Melkaro son muchachos comedidos, Fanzabrio no, ¡Ay Fanzabrio!,

él es el temperamental del grupo y en el fregar de los cacharros hasta entiende

cachondeo. Queja, sí, y aún así, al igual que los otros dos, está dispuesto a pagar las novatadas que sean con tal de correr fama junto a tan notorios vejestorios. Y, obvio, servir a la causa celta que pregonan.

SHR de M

05-15

Pese a lo que digan los números a mí me siguen sin parecer. Roma creció, sí, debo admitir. Dónde no llegan sus voces llegan sus legiones y a día de hoy las encontré bien lejos. En Numancia. La sitian. Por lo visto los dos últimos años dirigió sin acierto el cerco un tal Lenate. A éste le sucedió una mediocritud mayor que atendía por Mancilio, al cual, sorprendiendo, le corrieron los indígenas hasta encajonar en las defensas que dejasen hechas los propios romanos dieciséis años atrás. Sin embargo, no todos los numantinos celebran la victoria al ser muchos los

conscientes del somero alivio. Brante así lo entiende y no le descuadraba el pesar en la cara. A la vista tenía la ciudad y sus defensas. Y los baluartes que abandonaron los romanos. Pero su mirar era torvo. Hay quien confía en la mediación de un tal Graco al que se supone de palabra. Pero son pocos. Brante cree en el Hombre mas no cree en Roma. Me preguntó, al entenderme dispuesto a la charla profunda, si habría algo en la Vida que no pudiese morir. Lo decía por Roma, aunque tan amplias eran las palabras que resquicio dejaban para la conversación sincera.

E

inquirió en alto al viento por el futuro.

Y

poco responde éste. Bestia podrá propugnar lo que quiera, y el hombre este llorarlo, mas no

entiendo yo cabeza de Humanidad a los romanos. Vamos, ni cabeza de su casa.

SHR de M

06-15

Roma, otra vez… Y ésta, pura anarquía. Me tuve que calzar la capucha del empático porque sin Sol no parece conveniente pasear las calles; a garrote desnudo corren las sombras. Por suerte una litera llevaba escolta armada. Transportaban a un gordo comadreja que atendía al requerimiento del amo; otro cañalla mayor que se daba a recibir las visitas, fustigando por puro placer, a una esclava nubia. Varios personajes congregaban en el sitio. Debieron hacer noche y uno de ellos desde el quicio se despedía, alegaba una fuerte migraña para no quedar más. Y pese a decirme el empático que era cierto, no menos verídico que abandonaba la reunión por el mal halo del tabernáculo. La rancia corruptela era palpable.

Ido aquél, el cabecilla, que llama Catilina, llevó al triclinium al nuevo invitado y siguió desarrollando el plan previo. Piensa, fabulaba con los presentes, matar a los cónsules electos y así hacerse en el vacío de poder con las riendas de la República. Es momento.

Y reían los adláteres el golpe de mano.

En la pose les dejé y fui a saber de la mujer que viese recibiendo tunda. Postrada en un camastro aliviaba las heridas el marido. Al pie del jergón una niña, que de no tener ojos sería carboncillo, rechinaba los dientes. Era un moco de cría,

una escuálida niñita que por arma blandiría la lengua en su venganza. ¡Habla latín! Comparte arena de juegos con otra hija de esclava vecina que atiende a un joven patricio. Pulcro, de nombre y aspecto, se encargaría, sin duda, de sacar provecho

a la información cruzada por las niñas. El tal Pulcro poquito tardó en redactar reporte de lo que llegaba vía su infantil

espía y despachó correo con la lista de comensales. Con el mensajero acerté paso,

y pese a que iba armado, en las arcadas de un esquinazo le echaron mano al cuello

metiéndolo para la oscuridad del callejón. Sea el contraespionaje, fuese un burdo robo, el caso que le silenciaron para darme

más hilo. En el suelo las huellas de bandido guiaban hasta el transtiber, mas allí morían en un charco grasiento.

Y me cogió el Sol intentando encontrar ovillo.

Se echó al camino la gente con sus cestos, y asuntos, borrando del piso cualquier posible impronta. Y yo, perdido, me di a visitar Roma.

Y no está mal.

Sus barrios buenos, sus barrios malos. Sus ciudadanos pululando entre el paso

largo y el trote. Y mucha ruina. Bulle la urbe a previo y se percibe la tensión.

SHR de M

07-15

No va desencaminada Bestia, no. Ni yo. Roma, todopoderosa a estas alturas que parece, se presenta al ocaso en pleno

esplendor. Su más glorioso hijo, su más querido general, llevó la sandalia romana hasta el Oriente y ahora se revuelve contra la patria. Por amor, suspiran los soldados con los que compartí hoguera, por amor, respingaban, a la propia patria y a Cleopatra. Roma está perdida, sí. Muy fácil les resultaría volver a casa aprovechando la revuelta que vive el agro, mas siendo guerreros sestean el invierno en Patras. Muy convencidos están del paseo al contar con la simpatía del populacho y el apoyo económico de los reinos

de

Oriente ¡Doscientas galeras arma la reina del Nilo!

Y

en frente, equivocados al criterio de los míos, las huestes de Octaviano se

empecinan en plantear trabas; que no son. Al igual que la soldadesca opinan sus centuriones y generales. En una tienda

bien dispuesta confeccionaban lista de los enemigos de Roma a los cuales habrá que pasar por el filo del pilum. Y no estando presente el máximo responsable, el loado Marco Antonio, llevaban a su encono privado los sospechosos de traición.

Y son muchos.

Parecen dispuestos a vaciar el Senado y reemplazar con camarilla de crátera.

Beben a la griega por orientalizados, y por las mismas, se piensa hacer justicia con estilo y propusieron asar una vaca y su ternero; y al granjero que los crió y escondió al ejército. A los gritos del hombre que socarraba por fin compareció el jefe supremo de la hueste vistiendo liviana túnica, y comprobando que los suyos eran los artífices de

la macabra ocurrencia, retornó al lecho junto a su reina. Y con lágrimas en los

ojos. ¡Roma no sabe la que le espera! Marco Antonio, sí.

SHR de M

01-16

Fuerte le da a Bestia y me volvió a dejar en Roma capital. Está algo cambiada,

aunque con su constante sello decrépito. Sí, venció Octaviano contra pronóstico mío. Y del embate salió crecida la Loba. Se me contó que a la muerte se jactaba Augusto de dejar a los hijos una Roma marmórea habiéndola encontrado de adobe.

Y lo que realmente legó fue una mierda envuelta en toga, un sucesor déspota,

Tiberio, que también se encargó de chafar al favorito de la plebe; un tal Germánico. Ahora ocupa el trono otra bestia de peor calaña y mayor poder, ambición y locura.

Calígula, crecido entre las legiones, llegó a ser tan querido, o más, que el propio Germánico, mas tras unas fiebres que le tuvieron a un paso del sarcófago recuperó con bríos estrafalarios. Yo mismo le vi desafiar a su caballo a una carrera ¡Y jugarse otro consulado!

Y

lo peor, no cumplir con lo apostado y negarle título completo al equino. Nadie en palacio quiere ver la demencia del cesar. Y peor son los locos que a

la

vera se le acercan y hacen corte. No debe haber día que alguno no caiga en

desgracia, y así también presencié como otro, por jalear disimuladamente al caballo, fue atado por las extremidades a cuatro carros y desmembrado al chasqueo de la lengua; y ni disfrutarlo el baranda, pues una vez dadas las instrucciones se enfangó con otro asunto. Conmigo. Sí. De pronto cayó en mi presencia y mandó prenderme sin dar más explicaciones. Yo bajo con el traje reglamentario de explorador, mas desconociendo la controversia que generará en el sujeto, preferí apretar el paso y no darme por aludido. Y acabé corriendo. En el primer esquinazo me desprendí de la toga que me había agenciado y me calé la capucha del empático. Una vez despistados, deshice los pasos volviendo a la sala regia. Calígula había despachado a todos y consigo mismo parloteaba en un balcón. Estuve tentado, sólo por gustar la sensación, de sentarme en el trono del Imperio.

Y menos mal que no hice, pues, picado de tabardillo, Calígula saltó contra el sitial, y a puñal limpio, hizo sajía entre los cojines y fantasmas que le pugnan el puesto. ¡Está el hombre de lobotomizar!

Y no hay quién le diga. Bestia, yo sí te voy a decir: no das una, majo. Ni una.

¡Mira que te digo que están locos los romanos!

SHR de M

02-16

Pese a que abrigase a la bárbara, el romano que encontré maldecía la

blancura de la nieve, aunque, al momento, se retractaba de lo dicho y mentaba en alto la pelambre de su general rogando mil venturas al color. Un sabio el emperador, un Dios para este hombre pues de él recibió un despacho secreto para

el Senado.

Por celoso de su empeño saltó varias postas reventando el caballo. En el bosque finalizaba su misión. Aún así, seguro que la nueva llegaría al no ser el único

mensajero lanzado. Bueno, y ni era el mensaje tan confidencial porque en él se confirmaba la victoria de las legiones y la puesta al día de la Pax Romana. Marco Aurelio lo consiguió con sus sienes nevadas y de ahí que se desdijese de improperios y maldiciones. Bendita nieve. Y ni encontrando huellas de hueste bárbara volvió a jurar, prefirió no dilapidar en vahos y corrió a ocultarse en el bosque. Rehuyó de un par de humos que pregonaban hogar, continuó caminando hasta que consciente de la inminente retirada del Sol prefirió asaltar una cabaña apartada a congelarse. Violentó la puerta y tomó sin esfuerzo la vivienda. Un único muerto hizo, y fue, según quiso justificarse, por no quedarle más remedio. Y no debió pensar lo mismo la mujer a la cual dejaba huérfana de padre para

el hijo que preñaba. Intentó tranquilizar a la viuda diciendo que quedaríamos lo

imprescindible, y dando muestra de no pretender hacer más daño, tomó algo de pan de la mesa y prosiguió con la parrafada que dejase inconclusa por las huellas. ¡Marco Aurelio! sí.

Pocas eran las estatuas a la boca. No sólo las merecía por sus victorias y obras. Y por su gobierno. Razón sobrada le parecían al sujeto unos cuantos pergaminos enrollados. “Meditaciones”. No dijo cómo llegaron a su mano los legajos, pero juraba ser primeras copias de los mismos originales del emperador. Serían algo así como un compendio de vacuidades, pues pese a referírseme apéndices de sabiduría a seguir, él no atendía ninguno. Mató a la mujer, sí. Acabó matándola antes de proseguir camino, y buscando desorientar, pegó fuego a la choza no sin antes disimular nuestro paso. En mí no podrá borrar la estancia, mal cuerpo me quedó tras presenciar el degollar traidor.

Y

no continué con él.

Y

suerte tuvo que mientras esperase la llamada de Bestia no se presentase ningún

lugareño en el sitio; porque hubiese delatado al romano al instante y sin comezón. Dicen, dicen, dicen… pero no cambian.

SHR de M

03-16

Primavera. Doce de abril si al cómputo romano me atuviese. Corría el aire y las legiones vestían de largo lo fresquita que levantaba la mañana; y por portar bajo las capas coles y lombardas pochas. Se sentía fuerte la soldadesca y pretendían sabotear la presentación del nuevo mandamás. Eso me comentó el vinatero que desde temprano andaba entibiando el ánimo de los presentes. Y vacías las tinajas y hecho el jornal, tiró de botella privada para celebrar antes de ir a casa. Rondando quedaría de todas formas para ver si se llenaba la tarima de oradores al efecto. Se decía que no. Y también que sí.

Y salió que sí.

Se presentó el nuevo jefe del Imperio como Marco Clodio Tácito, y tras

pitorrearse de él todo lo que quisieron, se le lapido con el arreglo podrido de una olla de verduras gigante. Lo menos la tonelada le llovió encima, y feneció, digamos, a la hortelana.

Y no río, que no tiene gracia.

Parece Bestia emperrada en conseguir trato con los romanos pese a lo que diga yo; que al respecto, tengo la firma.

Y no.

Ni de coña. Ya puedes ir pensando, Bestia, en otros fulanos.

SHR de M

04-16

Se veía venir. Vale, lo llevo diciendo una semana, pero el ocaso de Roma estaba cantado.

La capital del Imperio basculó al extremo oriental del Mediterráneo. Sobre el Bósforo. Allí levantó muros Nueva Roma aunque todo el mundo llama al enclave Constantinopla.

Y cimientos de metrópoli gasta.

Buenas leyes, y tolerancia, cubrieron aguas acogiendo la ciudad a toda contingencia humana y religión. Da gusto pasear sus calles. Andando, andando,

que todo camino lleva a palacio, acabé en la puerta del mismo; e invitado a entrar

y presentarme al jefe.

Abierta tiene la casa Constantino a cualquier embajada y por eso se me condujo a una sala de espera bastante concurrida. De las tres esquinas del mundo le llegan emisarios al emperador para atender cuestiones transcendentes.

Yo, al no tener asunto que plantear, les debí parecer de un interesante sospechoso

y me recondujeron a otra estancia más exclusiva. Allí aguardé dos horas y media hasta que fui conducido a una habitación

mucho más sobria. Se me ofertó todo un ropero por si quería cuadrarme el aspecto,

y

rehusando, sin más, me pasaron a la antecámara del trono.

Y

no. No compareció Constantino; pero oía las voces al otro lado de una puerta;

los gritos iban para un embajador de Mogador por algo relacionado con el escaqueo de unos tributos; lejano el pleito, y los ecos, y no pude concretar más. Justo cuando me disponía a pegar la oreja a la puerta, entró un ayudante del emperador para entrevistarme. Una mujer. Terriblemente neutra.

Desquiciantemente

No obró sobre ella el empático facilitándome sensación alguna que pudiese

orientarme en la conversación. Balbuciente, dudando la fuerza de mis palabras, me declaré peregrino de un nuevo culto. Me presenté anacoreta en tránsito embelasado por su ciudad.

Y rió. Ratón.

Rió mucho y dulce, trayéndome recuerdos bien gratos que me atraparon el parpadeo.

Y aquí desperté. Junto a Bestia.

familiar.

A veces

Sí. Puede que sean paranoias mías.

no sé

SHR de M

05-16

Mueven los bárbaros. Constantinopla bastante tiene con consolidarse y a la buena del gallo se abandona el primitivo Imperium. Toda Europa Occidental tirita. De las lindes de Germanía se desprenden jutos, suevos, francos, alanos, godos y visigodos; y algunos más. Todos pueblos muy dinámicos que raudo tomaron la ocasión y se expanden sin traba por el continente. En Worms, un remoto enclave en el corazón “bárbaro”, de momento los representantes de los pueblos antes citados reunen para ultimar los tratos de la próxima hornada que parta. No quieren darse batalla lejos de casa y en un burdo mapa planteaban las pretensiones; repartirse lo que conocen del mundo. Muy reñido será el asunto pues todos buscan el Sur, y barruntando que al final harán de su viaje antojo, desistí de perder más tiempo al reconocerlos mera asamblea consultiva. Cerca, hay un arrabal donde juntan también las lacras de estas castas y pueblos.

Lo peorcito. Como algo de sol entraba entre el follaje, y tenían a una bruja leyendo los fondos de un puchero, y me conozco, tendí la oreja para cazar cualquier noticia o buenaventura. La gente consulta mucho. Parten todos a la vez y quieren saber lo que aguarda en

la otra punta del camino.

Para algunos sí sabe la bruja lo que hay y refiere cuanto ve, bien sea que se abre fosa de entierro al viajero, bien que encuentra tierra feraz y olvidada de señor.

A algunos no ve futuro y recomienda no viajar.

A otros, por serle incluso a ella velado el destino del sueño, prefiere callar y

devolver el dinero.

Hasta yo me presté al juego consultando varias cosas en lo hondo del caldero.

Y no. No es que crea en mancia alguna. Ni patrón o advocación, o deidad en toda

regla, me tiene en el panteón de devotos. Soy de cosmogonía pobre. Yo observo. En mi planeta también se recurre a personajes bastante equiparables que dan

explicación a las dudas. Yo crecí entre gente de fe y aprendí a respetar. Y saber que cuándo inquieren, cuándo se agitan y rebuscan, cuándo elevan los ojos a instancias superiores, es síntoma inequívoco de ser el momento trance. De estar pasándolas putas.

……

¡Vaya cuadrilla fina me va a suceder a los romanos!

SHR de M

06-16

Diluida la Lex Romana por inoperante en el antiguo Occidente, rebrota el sustrato aborigen. Un potentado, de la vieja sociedad patricia de Emérita Augusta, va a contraer nuevas nupcias, y de su cuenta corrió el lavado de cara que se le pegó al circo. Se apañó la arena para recibir nueva pelea de gladiadores ¡Después de lo llovido! Las gradas rebosaban, y también se buscaría beneficio dando tiempo a que abran los estómagos y demanden estos gasto. No es tonto, no, pero su punto romántico reivindica el empresario al traer para festejar los esponsales lo más curtido y selecto del mundo conocido. Treinta y dos energúmenos de aviesa mirada pretendían la bolsa del premio. Por los dispares acentos situé sus palestras en los extremos de esta misma península. No tienen que ser de mucho más lejos al enterarse poniendo oído del torneo que se organizaba por cuenta de Primo Calaetio. Y de considerar sería la bolsa al no intentar entre ellos siquiera trabar gruñido. Se miraban enseñando los dientes. Entendían competencia. Desgraciadamente, el empático es de un refinado que nada puede hacer contra un primitivo filo bien esmerilado, o una simple punta engarzada a un palo. A salvo se me dice que estoy de extremos térmicos, impactos balísticos ultrasónicos y cualquier tipo de radiación de las que almacena Bestia datos. Y mil prodigios más. Pero un buen hachazo, o un chuzazo a mano llena, que no dude nadie del descalabro que sería creerse invulnerable. Tanta tecnología para nada. Algunos de ellos llevaban lo que entenderían coraza, aunque si la cuestión es matar, por lo que les llevo estudiado, la cosa es de ir ligerito y arrear el primero. Ah, y cuidado porque mueren matando. Yo, cuándo percibí que me entendían trigésimo tercero, me desligué de la creencia saliendo del vestuario y yéndome a tomar sitio. Ja. Senté casi en barrera, y fue ver el primer mandoblazo, y el brotar la sangre a presión, y unos reír, y otros aullar, y aplaudir, para ponérseme los estómagos de parto y alumbrar la última cena que hice previa al embarque. Todo. Y encima, que es a lo que iba, uno al que le quedaban media docena de pasos de vida, no más, los gastó cogiendo carrerilla y lanzando al público el venablo. ¿Por qué? …… No sé. Son raros. Son tiempos extraños.

… O puede que hasta se haya hecho costumbre.

SHR de M

07-16

Cuesta poco cambiar la advocación de un altar, si el ara se halla en enclave privilegiado. Vestigios romanos, griegos, fenicios, y más antiguos, encontré. Y del culto a la cruz ni mencionar pues abundan por doquier; es la religión del momento.

Aún así, la pareja de abuelos que arrodillaba en el acantilado no rezaba a ninguna entelequia superior, invocaban a la Ley Natural para que un justo rayo les dejase

a los dos muertecitos en el sitio sin tardar.

A la anciana le quedaba poco fuelle al haber alumbrado diéz veces y estar el cabo

de su vela muy gastado. El vejete, por contra, tuvo buena vida con tanta progenie,

y

mecha le quedaba para disfrutar unos cuantos años más.

Y

en la plegaria dejé inmersos.

No muy lejos un par de cabañas echaban humo. Una estaba vacía aunque dispuesta para acoger a los ancianos de no acudir hoy tampoco las nubes. Y en la

otra, la esclava que los atendía y un rapaz medio silvestre que apacenta el ganado

y

mantiene alejados con la honda a los lobos.

Y

tiene muchos pretendientes la granja. La misma legión de hijos y nietos babea

la

parcela.

Aunque por el momento para ninguno será al retornar al fuego el abuelo frotándose las manos, y murmurando, que el trabajo estaba hecho. Con la joven, y el muchacho que es hijo natural de ambos, va a dilapidar el capital ahorrado junto a la pía esposa.

SHR de M

01-17

Mucho bueno habrá hecho Roma que no se puede negar. Bueno y malo. Y regular. Ahora, lo que sí parece costumbre, es que tras cada momento de gloria que haya tenido, en la caída, en la debilidad, le lloviesen con saña los palos. E, invariablemente, allí también estaba yo para ser testigo y cantar el ocaso. Hoy no será así. Bueno, sí lo fue. Roma arde por los cuatro costados y a la puerta tiene banda de godos aporreando. Pero, cuasi dignos, algunos ciudadanos no rehuyeron la defensa y apelan al buen criterio y al Valor. Enarbolan todo lo digno que haya podido alumbrar Roma para hacer la guerra a la sombra que remontó el Tíber. Y pocos oyen. Se escabulle la gente a las catacumbas y se confía en los laberintos. Pese a ser los humanos de costumbres diurnas, desarrollaron los romanos una asombrosa facilidad para desenvolverse entre antorchas o en la más absoluta tiniebla. Tontamente casi voy de cabeza a una cloaca, cosa que no sucedió gracias a la intervención de una anciana que parece ama de llaves del inframundo. Virgiliana anda despacio y no altera el polvo de los osarios, se santigua a cada paso y con el dedo seco invita a imitar y proseguir. No habla. Susurra. Así fui tras ella sin pedir explicación, me llevó a una pequeña cámara y sugirió que tomase acomodo y algún caldo. Y tomé, aunque un caldo del tiempo con el que por desgracia se tenía intención de oficiar una misa. Inapropiado lo mio, sí. Intenté disculparme por la torpeza, pero no hizo falta, un adelantado de la confesión que me cobijaba, Cristianos, consideró mayor honor el haber paliado mi sed, y mejor le supo eso, aseguró, que el cerrar la Comunión con su Dios al uso habitual. Virgiliana murmuró la ocurrencia y desapareció persignándose la herejía. El hombre llama Dimas y está orgulloso. Antes de hacerse cristiano llevaba el nombre de Seisdedos; todo un tahúr se describió sin reparos. Le apeó de todo descarrío una joven romana bautizada Susana. Él era de sangre sajona y de ahí que tampoco tuviese mucho miedo por lo que aguarda a las puertas de Roma. Conserva el guardarropa de sus tiempos mozos, y sin esfuerzo era capaz de jurar tal lombardo o burguindio. Mas eligió el buen camino y esperaba que escampase la revuelta. Precisamente de este sujeto, renegado de su pueblo, renegado de credo, renegado de sí mismo, fue de cuyos únicos labios escuché palabra sincera de buen amor a Roma. Y a sus gentes. También las llora.

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02-17

Al ojo de un huracán doméstico me lanzó Bestia; en Nistal; una pequeña aldea cercana a Augustóbriga. Tomé consciencia en medio de una batalla campal… pequeña contienda. Miembros de tres familias distintas se trataban a mamporros por algo que no llegué a dilucidar. Dos de las familias venían coaligadas perteneciendo a un lejano sustrato común, frente a la tercera, por decirlo de alguna forma, la autóctona, que era de neto origen hispanorromano y por lo tanto desligada de las otras dos. El asunto era cosa de chiquillos y los padres no querían entrar al trapo. Pero entrarán si se descuidan. Es la convivencia delicada y tampoco entre suevos y vándalos hacen buen matrimonio. Todo esto sonsaqué a un viejo que vigilaba la limpieza de la trifulca sin necesidad de requerirle información. El hombre es de sangre de jueces y por ello a él se recurre, para no enturbiar más las razones que originaron la disputa. Dura es la tierra y bastantes impertinencias plantea la climatología. Cuándo la mocedad se desfogó, y se consiguió que las bravas aguas remansasen, acabó dictando sentencia. Justo debió ser y nadie tosió la decisión, se disolvió la parranda y el hombre pudo volver a tomar lecho junto al fuego. Casualidad fue que diésemos con él, va camino de Braga para intervenir en un pleito serio que le reclama jurisconsulto. Esto, eran menudencias. Para mitigarle los rigores del viaje lleva ayuda, dos novicios de la jurisprudencia que por gusto propio, y a sueldo de buenos consejos, le mullen la cama o acarrean leña y preparan las viandas. Doran en espetones de encina la abundante tripa curada que les dejaron, dando gracias, por haber mediado para bien en el pleito reciente. Huele el campo a porcina confianza pese a transitar tierras abigarradas. No temen que se les ataque pues la gente está deseosa de justicia y bien se les acoge por dispensadores. Y, sí, por no llevar un cobre al costal. El viejo llama Cornelius y los pasantes Eferico y Justino Nono.

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03-17

Haciendo su rey ¿Por qué no habrían de hacer ellos? La reina Clotilde sufrió un marido canalla. Excusa generó para que el resto de

gañanes que hacen Corte dispensen trato parejo a sus respectivas esposas; entre otras humillaciones, palizas sin ton ni son, son de uso corriente.

Y de quedar en casa todo aunque los gritos atraviesen las paredes.

Una vergüenza lo encontrado. ¡Cómo no serán las tundas! que una pobre mujer ocultaba la cara entre las manos, y quebrada a puro hipo, lloriqueaba que algo habría hecho para que el marido la pusiese así. Pero no recordaba. ¡No recordaba! coitada. Le pitaban los oídos y media cara tumefacta le obligaba a arrastrar la mayoría de las sílabas. Y babearlas. Me encorajino sólo al recordar. Según iba entretelando cosas noté crecer en mí la ira. Y ya cuando contó lo de patearle escaleras abajo desde la torre, y embarazada de siete meses, me subieron bilis saboreando la hiel. … ¿Es normal llevando el empático? Sinceramente, no sé a lo que iba dispuesto, porque aun furibundo, reconozco las limitaciones que tengo por contrato.

Eso sí, un par de sopapos no se los quitaba nadie al gachó. Y así fue, y algo más, pues por si acaso tuviese también intención el esposo de atar de manos y pies, y arrojar a las alimañas del bosque, los hermanos y unos amigos de la dama se adelantaron al movimiento, de él y mío, y le dieron tal paliza al desgraciado que

ni fuerzas para arrastrarse le quedaban.

Hecho guiñapo sanguinolento fue arrojado por la baranda del campanario. Dónde

quedó colgando del cuello para aviso a maltratadores.

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04-17

Esplendor y ocaso se juntan en un filo. Y que es punta se deduce observando ciertos parámetros de cuestionable valor; adelanto, sí. Hoy asistí a un festorro de crápulas. Junta cerca de Touluse una camarilla que en tiempos no muy pretéritos bogó en embarcación pirata; aunque al corriente reposan cuadernas y botas; y hasta se dieron a la progenie y cultivar el huerto. Pero, cada equis tiempo, acuden a la demanda de una nota y se desmadran una semana. Son ricos y respetados. Cabales a la palabra. Y cada vez quedan menos. Y no por morir. Van mezclando con el sustrato local. Y en peor momento imposible.

Vamos, en mejor. Corre el lujo a raudales y vuelven a estar a su alcance los bienes más exóticos. Seda y opio quedan a mano de unos pocos, y por suerte, ellos, ríen

la exclusividad; y los contactos que siguen teniendo en la vieja Marsella.

Martín, el Bocacerrojo, organizador del contubernio, me presentó uno a uno a los muchachos por el nombre de guerra, y a mí, a ellos, me introdujo hijo de un compinche intimísimo ¡que dijo sonarle mi cara! Inexistentes los aranceles prohibitivos de otros tiempos, vinos de la cercana Hispania, lotos del inmemorial Egipto, ámbar del Báltico se transformaba en humo, se gastaba a modo y sin preocupar en una juerga tal pocas tenga vistas. De cualquier parte del mundo se consumía hasta el hartón.

Y no van teniendo años.

Se arropan de viejas glorias a la espera de algo nuevo. De algo que está por

suceder y que rumian desconcertante en la ebriedad.

Ah, y quisiera plantear a este respecto una pregunta de la cual espero pronta respuesta. Por qué, sí, por qué hace una eternidad que no visitamos el “lejano Oriente”. ¿Por qué? ¿Acaso allí no puede haber gente solvente que nos resuelva la papeleta? pregunto.

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05-17

Volvía el barco de tierra de hunos, y, a la vista del embudo que es Bizancio, parecía la dotación dulcificar el semblante y abrir ceño. Y musitar. Lo pasaron tan mal que ni querían recordar. Sólo pensaban en dar amura a tierra y saltar la borda; eso la marinería. Los tres pasajeros que fletaron el cascarón discutían, a ojo del estrecho, lo más conveniente para la empresa montada; a gasto común realizaron el viaje, aunque apartado privado llevaron los tres, y así, uno, tratante de maderas, no dejó de escrutar los beneficios forestales. Otro, estando especializado en pieles, fijó su atención en todo bicho que a la carrera, o curtido, les cruzase la senda. Y el tercero, afamado platero, siempre barre para casa. Pues bien, no encontraban acuerdo, no. Un grumete de un cejazo me describió la situación como típica de señoritingos bizantinos; muestra inequívoca del próximo punto de atraque. Al rogar se diese a explayar, destripó el ejemplo comentando que el tratante de maderas consideraba baldío el sitio visitado, erial, pues las mismas masas brutas que constató, o las piezas trabajadas caídas al uso, nada de especial tenían al crecer igualmente cerca de casa. El peletero, gran cazador, por el contrario entendía la zona visitada granja salvaje y proponía hacer breve aguada y volver a explorar sin dudarlo más. Y el que quedaba, y no en discordia al tampoco plantearse concordia alguna, afirmaba desganado que no era momento ni existía razón. Los tres, se me dijo, hacían un buen tríptico de lo que me esperaba en Bizancio. Y antes que aguantar conversación de besugos, salté a unas chalupas que nos rozaron la borda y que todo el aparejo aireaban de ir a coger atunes. Al menos la gente cantaba lo buena y tranquila que estaba la mar si el negocio que perfila es el bonito. E iban. Me acordé de Silbert. Cuando tras mucho cantar y sudar, y reír y beber, subió la almadraba, y los atunes, aún tranquilos, corrían las someras aguas, me descubrí a mí mismo riendo tal crío la experiencia. Y recordando la que tuviera con el fenicio. Si aquellos ejemplares se me hicieron gigantes por viejos y cebados, estos, dos en concreto, quizá por vivir de ordinario libres en el Mediterráneo, o más allá, darían en la romana la tonelada holgada. Seis hombres, y conmigo siete, aunamos fuerzas para tirar del pincho e izar a la nave. ¡Y ojo al coletazo! Los pescadores y los aparejos, los barcos, la mar, tiñó del rojo de los atunes. Eso no le gustaría al viejo tiriota, y en la duda, me encontré en puerto y amarrado junto a los mercaderes, que, eso también, todavía seguían a lo suyo.

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06-17

Bien hozado no está tan mal Bizancio; ni sus gentes. Rascando debajo, a piel de entraña, juntan y gastan en vicios sin reparar en precios o palabras. Basta que una mujer baile los siete velos, o un joven haga equilibrios sobre un

alfanje, para que rían y redistribuyan a manos llenas lo que acuñan en sus tierras de origen.

Y así también se les hace sentir de aquí. Y ser.

De Oriente y Occidente se conocen las depravaciones y no hay quien no encuentre su Infierno particular.

Y yo el mío, pues obvio que de tarde en tarde lo busco.

Aunque no diré palabra hasta recuperar la información del empático y quizá recordar lo que fue.

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07-17

El desierto es tan basto que basta un hombre para llenarlo. Y si lleva camello

se presenta multitud.

Kaeél es un hombre azul, un beduino, y antes de romper a hablar me escrutó desde lo hondo de su turbante. Debía sopesar si era espejismo, y convencido de mi materialidad, tras un breve saludo, siguió caminando por la sombra del camello. Parco de gestos, pues apretaba el Sol, cuándo creyó oportuno, salió del sendero que iba abriendo y levantó el toldo; entonces sí mostró la legendaria hospitalidad tratándome a cuerpo de rey. Parece increíble que en tan agreste paraje sepa a gloria una mera infusión. Arte

lleva el preparado, desde luego. Se escancia de la tetera al vaso y desde la altura del hombro. Y para comer dátiles extradulces de las palmeras de su oasis. Y queso de cabra. Y un poco de cecina de vaca que se le antoja capricho, y habiendo vendido a buen precio los camellos en el zoco, compró.

Y me ofrecía el tesoro.

Si soy sincero, debo admitir que no tomé bocado por no tener en conciencia que ofrecer mis provisiones energéticas. No se ofendió al ser abierto y no extrañar las rarezas. Mismamente él y su familia no comen cerdo ni beben alcohol. La mujer y los niños porque se adscribieron a una corriente filosófica-religiosa que promulga la abstinencia a tales pecados, y él, libre que es para creer y dejar creer, porque mal soportan estos calores los cerdos y sus derivados; y con el alcohol sucede otrotanto, que no es aconsejable andar borracho a 50 grados. Son gente errante y ancho es el desierto. La población más cercana dista tres días en camello y allí juntan y cambian nuevas, por lo tanto, me preguntó a ojo con un silencio, de dónde era yo y a dónde iba. Quién era. …… No quise mentir y callé tal calla el desierto a la hora del sopor.

SHR de M

01-18

Awisari es una población costera quisquillosa con sus libertades. Pocas tienen

al ceñir desierto y mar sus fronteras; el enclave es acantilado de nidos más que

colgadero de casas. Sin embargo, existe desde tiempos remotos y otro tanto tienen in mente sus habitantes que perdure.

Resisten desde hace meses en un angosto farallón que mejor defensa que la natural no pudieron echar. Inexpugnable salvo que salte desde dentro.

Y todo puede pasar, pues quien reconvenía a la rendición era considerado hombre

de honor por no pocos de los residentes. La cuestión es que Awisari no puede vivir al margen del Islam que le rodea, y de no abjurar del libertinaje y despiporre que se le sabe por puerto franco, tendrán, tal que están, que entregarse a la autarquía. ¡Y nueva frontera les imponían al pie! Mucho se lleva debatiendo, y supongo, que mientras provisiones tengan, mucho se rebatirá. Los awiseños puros nunca debieron existir al ser compendio de mil tierras y diez mil cruces de piel. Llevan siglos reculando de toda adscripción confesional, y visto está, es momento de filiarse. El mundo lo lleva haciendo desde que lo observo, y tonto y nimio, y absolutamente asumible, entiendo el cambio imperativo. Pero no debe ser. No le puse mucha atención a la idiosincrasia religiosa por disoluta en lo común

y en el subconsciente colectivo. Ya me puso sobre alerta la virulencia cristiana, aunque por revestirse con piel de cordero no niego que casi me la pegan. ¡Y esta otra no digo que sea muy distinta! No, no me parece inteligente calibrar la Vida con plantilla Ultraterrena.

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02-18

Alí Ibn Alibai trabajaba el mimbre como nadie en Bagdad, hasta que un caballo, del capitán de la guardia de palacio, le propinó una coz que le saltó la tapa de los sesos. Bobo de lengua colgandera deshoja los días en una silla de sus tiempos mozos. Le cuida su único hijo, Mohamed, quien, por tener mala mano para domar juncos, malvendió el puesto en el zoco y tuvo que sacar adelante la situación dándose al robo discreto, mas cogido en bolsillo ajeno, perdió la extremidad ducha

y pasó a sestear junto al padre.

A ambos mantiene el nieto Asbag; joven despierto que saca negocio de dónde no hay. Muy ambicioso, y no obstante, juega sobre seguro, y al hijo, bisnieto, quiere que le salgan los dientes en otra parte.

Estuvo, toda la mañana, regateando el precio de cinco pasajes para la vieja Malaka,

y volvía sin ellos pero con palabra de reservar hasta el alba un puesto entre el cabotaje. Uno. Su intención es dejar al hijo con los yayos y enrolarse.

La oportunidad está en Occidente. Su hermano, Al-Haki, refunfuña pues quisiera ir con él, mas ya tiene tamaño y arte para tomar por un tiempo la carga familiar. Y así será. Tampoco le sabe mal a éste quedarse de jefe de la casa. Se ve hombre y le miran las mujeres. Y nada mejor para extasiar en la pose que echarse el ahijado a los brazos.

Y hace. A contraluz, en la ventana, su sombra despedía a quien buscaba el futuro

demasiado lejos. El niño, sin voluntad, agitaba ayudado la mano mientras hacía pompas con la nariz.

SHR de M

03-18

En Wadi Lakka se sobaron los morros cristianos y musulmanes desde el amanecer. Pese a querer alejarme de tan ingrato panorama, no quedó más remedio que

juntarse con unos bereber que celebraban con panderetas y flautas el seguir en pie.

O eso, o hacer de sepulturero con el trabajo pendiente.

Al menos no tuve la indecencia de unirme a los jefes. La chusma, el picadillo de

cimitarra, apenas inquiere si uno agria el rostro. No preguntan el motivo. Saben a

lo

que vinieron y comprenden el regusto.

Si

por ellos fuese tampoco estarían; aunque les tienen dicho que no son nadie para

opinar.

Son meros bereber. Lanceta de carga contra Europa esgrimida desde África por un tal Ibn Nusayr.

Y úlcera abre el sujeto.

SHR de M

04-18

Hoy creí estar en cueva volcánica por la sonoridad envolvente, mas a nada que aportaron luz, y voz, se me cubicó en la catedral de Santa Sofía; testigo en un enlace matrimonial secreto.

Se casaba, por amor, la hija de un comerciante de especias de Damasco, con el hijo

godo y patricio de una antigua estirpe de Constantinopla; opuesta al matrimonio por pueriles cuestiones de abolengo.

Parecido debieron sentir los parientes de la chica por sus propias cosas, y los unos por una puerta, y los otros por otra, estuvieron a punto de frustrar la unión. Y así hubiese sido de no aparecer yo y dar el quórum de testigos. Amantes sinceros que son, tenían religiosos de ambas confesiones y a una oficiaron rito sagrado a los ojos de cualquier Dios.

Y siendo inusual su amor, y excepcionales sus familias, a nada que juntaron en

una cercana explanada, y sin ser banquete, se despacharon con ensalada de tortas y pinchos de entresijo. Bien hicieron a mi entender los chicos, y saltando por encima de los cadáveres familiares, partieron en bote. Subieron a un barco apalabrado y antes de salir el Sol en nuestra persecución no se veía ni la costa. La mujer olía a corteza de limón rallado; sus flores llevaba en el pelo.

SHR de M

05-18

No parecía tener Al-Andalus límite y aquí vinieron a encontrar frontera de Europa. Y aun siendo francos, no estaba franca la entrada. Portón son los Pirineos y varios cerrojos corren la bisagra. Y Poitiers uno de ellos. Imperativo de guerra adujeron las huestes de Carlos Martel para convertir una casa de labranza en hospital de campaña; y mejor sería decir capilla, pues la

mayoría no recibía mejor auxilio que una plegaria. Y eso los cristianos vencedores, a los paganos perdedores, se les daba fuego en pira o quedaban al raso de la Luna; que les dicen hijos. Entre gritos y alaridos danzaba una mujer enjugando rostros, sabedora de lo poco que podía hacer. Aunque alguien sí recibía calmante para sus dolores e inútil sutura para las heridas. Médico tenía en la cabecera de la cama Federico de Tours, pese a que el galeno también tuviese en el dispensario a miembros de la familia Omeya.

El noble no tenía remiendo y apagaba. A los pies el escudero lloraba al buen señor.

Gimoteaba el muchacho que moría el amo por dar batalla a destiempo. Se aliviaba las fosas nasales sin temor a ladridos, refería lo tarde que se batallaba al moro. Inconsolable lloró el zagal cuando el hombre roncó fin de ciclo, y escandalosos

sus lamentos, fue mandado a casa con el resto del día libre, y siendo joven, marchó antes a buscar a un hermano para gastar en vicios por la memoria del señor. Juró que dieron para misas y putas, y con su parte, haría el homenaje debido. Las casas buenas, y las mujeres malas de Poitiers, no le son un misterio siendo nativo, mas los padres eran oriundos de Sevilla y los abuelos de Medina. Tan bien

se daba a entender en un campo y en el otro, que propuso al hermano, dando un último servicio, retirarse con renta decente a la renaciente Roma.

A los muchachos les llama la sangre a viajar, pero mientras piensan empresa,

cruzaron las líneas de combate y al mismo campamento de las tropas musulmanas fueron a tributar el adiós al piadoso señor cristiano. En memoria de Federico les dejé fumando una chicha de kiffi en dirección a La Meca.

SHR de M

06-18

Me gustaría muchas veces que alguien viajase conmigo para poder soltar el archimanido: “¡Ves, te lo dije!”. Ya les vi yo venir de mala gana, y tras el revés de Poitiers, se amotinaron. Los bereber se saben utilizados y ocasión entienden en las tierras huérfanas para asentarse. Quieren, e intentan, pues quien hace con ganas cuaja, entre el poco sustrato local que queda. Les acusan por lo tanto de desertar del yugo y de ser los causantes directos de la pérdida del empaque musulmán; de confraternizar. Y pudiera ser, no voy a decir yo que no, sabiendo su presencia tan deseada en vanguardia. Sean los responsables, sean otros, para atraerlos a la disciplina califal llegaron hasta el lugar diez mil sirios. A muchos la simple noticia reconvino, y a los que no, allí están para encontrarlos.

SHR de M

07-18

O mucho me equivoco, o la compra de la catedral de Córdoba levantará ampollas. Abd al-Rahman adquirió el edificio con intención de derribarlo y construir en el solar una buena mezquita. Fue una de tantas operaciones

especulativas, pero basta que estén por medio los amos del mundo, el pueblo llano observa con recelo el negocio. No hay otro tema de charla, y sabiéndose, quizá, el último redoble del campanero, se aplicó éste a las cuerdas y badajos dando serenata a la ciudad. Hasta musulmanes, judíos y ateos pararon en sus faenas y se dejaron seducir.

A

las campanas catedralicias se unieron los pequeños piques y repiques de ermitas

y

parroquias. Se encapotó Córdoba de tañidos. Palomas y estorninos zumbaron

revolanderos. Sonaba a despedida. Al desaparecer el Sol del cielo comenzó a morir el concierto hasta sólo alcanzarse a distinguir el lento volteo de la campana generala.

Mucho más allá voló su tañido al bisbisearse con las sombras la noticia de la muerte del campanero. Todo el monólogo del bronce, todo ese tiempo, hizo de contrapeso el cuerpo sin vida del sujeto. Se le encontró ahorcado.

¿Suicidio?

No sé. Se dice que sí, aunque también se comentaba que los arquitectos del Emir empezaron a desmontar desde el tejado.

E

incluso, se rumorea, que fue un ajuste de cuentas entre campaneros.

Y

los menos, musitan, que por buena la serenata intervinieron ebilis y diablos.

SHR de M

01-19

En Lutos acantona ejército que pretende gesta; resistir la marea de los hijos de Abd al-Rahman. Se duda. Se teme. Se ora.

A la espalda se podría decir que sólo les queda la mar. Varias generaciones coinciden en los baluartes para dar batalla única, y

mientras no se concrete más, se juran y persignan a cualquier voto. Y se toman unos a otros.

Y tardando en presentarse el contingente musulmán, no será raro que cambien sus

voluntades y hagan nuevas confesiones. A ello se entregaban dos jóvenes hermanos cuando por sorpresa de un lindero de hayas salió un tercero. Y les conminó a ir con él porque en el codo del camino aparecerían de un momento a otro los de la Media Luna. Y cabreados. Les dio guerrilla durante la trocha de

subida, mas siendo tantos, aunque lo menos mató a la docena, de nada se le hacía.

Y llamaba a abandonar.

Pero allí también estaban el padre y el abuelo. Y los tíos con los primos. Y el hijo mayor de su hermano pequeño. Comprometida mucha sangre para huir, pero hizo. Antes de desaparecer volvió a llenar el carcaj y cambió un filo embotado. Y tampoco aparecieron al momento los adelantados de la Media Luna. Se les escuchó, eso sí, pero se hicieron esperar. Previo, reasomó por dónde usaba el hermano escurridizo, y tras pedir nuevo juego de flechas, informó a todos del imposible escape. Por lo menos él, que cerca estuvo como para que se quedasen con su cara y la exigiera el jefe. Muy tranquilo y sonriente se dejó a mano una bota de vino, para, de darse el caso, no morir sobrio en presencia de abstemios.

SHR de M

02-19

Vaga en pena Malasombra al saber aciago cualquier camino que tome. Hace mucho, casi niño, fue impelido por sus conciudadanos de Bordeaux a salir corriendo del pueblo o le hubiesen lapidado por gafe; vino al mundo montado en

el mismo rayo que partió la torre de la iglesia; amén de hacer malparir a la madre.

Y con otra tormenta que cumplía los tres lustros de sequías, e inundaciones

alternativas, fue expulsado extramuros e invitado a no volver nunca. Jamás. Desde el portalón le tildaron bastardo del infortunio. Malasombra malvivió del camino y lo silvestre hasta que dio a unir, y ser aceptado, en una unidad de abastos del entonces recién nombrado rey de los francos. Carlomagno. Pasó al principio desapercibida su mala estrella al ir el ejército de conflicto en conflicto y no notar anomalía. Sí, tardó un tiempo en hacer notar su peculiaridad, pero acabó haciendo, y a lo grande, pues de garganta en garganta corrió Roncesvalles la desgracia. Él, sin embargo, fue hecho prisionero por vascones y llevado a vivir, servir, a un perdido caserío del Urkiola; casi cueva. Duros son estos “cavernícolas” por lo arisca de su relación con el medio, así que tampoco quejaron mucho porque Malasombra atrajese pedriscos y nieve desde finales de agosto a principios de julio. Y el veranillo muy ventoso.

Eso no hizo recelar, no, pero sí que tornase vinagre el mosto y pudriesen las alubias, gran calamidad, que le llevó a ser devuelto a la intemperie. No sin antes, eso sí, haberse vuelto cimarrón al entendimiento humano. Cómo fiera vivía en los bosques y en uno de ellos fue atrapado a red para albedrío y divertimiento de las huestes del gran Hisam. Osca les acogía, aunque al día siguiente partirían para empresa en Narbona. Algo iban captando del fario que dimanaba y le hacían dormir amarrado a una estaca y alejado de tiendas y caballos. Ni fuego a mano se le dejaba para calentar. Dudé la historia hasta presenciar que, sin querer, el hombre mandó de un manotazo al bicho que le rondaba justo contra el hocico de un gato. Brincó y maulló el animalito poseso al sentir la daga del insecto en el morrillo. Rompió a correr en círculos por lo que le dolía y acabó encabritando las monturas. Éstas saltaron la cerca e hicieron tal estropicio que ardía todo el campamento y amenazaban las llamas tomar la villa. Por lo pronto la sitiaron. Malasombra fue liberado de todo yugo e invitado a abandonar estas tierras, y no

se le dio muerte en el sitio al temer que quedase para siempre maldito el verdugo, y entorno, que contaminen su sangre y huesos.

SHR de M

03-19

Sonakay luce la dentadura más deslumbrante de todo el occidente europeo. Es abanderado de una raza que remonta su linaje hasta tiempos del insigne Alejandro; con él se dice que vinieron del Indo. Moreno, ensortijado de cabello y manos rápidas para dar palmas o tirar los dados, se desenvuelve con garbo en la zona de nadie que abrieron musulmanes y cristianos.

No hay amo estable en los campos, y él y su familia, vagan por ellos haciendo vida. Van en carromato, y por única guardia visible, seis o siete perros, con más hambre que dignidad, les siguen los flancos.

Y ríen la marcha y la francachela.

A los gitanos me uní por decirse dueños del mundo y al menos hacer el antojo como tales. Tenía capricho el hijo mayor de aprender toque de cuerdas con un maestro andalusí de renombre, y a una hizo causa común la familia y en Córdoba entrábamos poco más allá del mediodía. Estaba la ciudad silenciosa. Bien conozco el sesgo de ese tipo de calmas, y aconsejé dar la vuelta a las sandalias y desdecirse del camino dicho. Mas no se me hizo caso y a la puerta del maestro Morente se tocó la aldaba. Y con ritmo. Se aporreó la puerta con soniquete entretenido. Calculé yo, al asomarse una cabeza, y la demora, que no se nos abriría la puerta, mas tras mucho rato de espera, y ganarse la apertura dando recital desde la calle,

vino una hija del maestro a franquearnos el paso y ofrecer refrigerio. Apenas se demoró el anfitrión, llegando con varios tipos de guitarra bajo el brazo

se incorporó al jolgorio reinante sin necesidad de declararse señor de la casa; ni los otros reseñarse invitados. Música y cante. Fiesta todo el día. He aprendido más del carácter humano observando el semblante del maestro al laud, que en tres meses de vagar por campos y ciudades buscando gente interesante a nuestros negocios. El día resultó a pedir de boca salvo por la tardía presencia de la guardia de Al-Hakam trayendo de la oreja a uno de los pequeñajos de Sonakay. Se enamoró

el chico de los frutos de un huerto y le cogieron haciéndole la corte a un peral. Y

por polígamo libertino, que anteriormente también descorazonó un manzano tempranillo, un melocotonero, un ciruelo y una higuera, en presencia del padre se

le

arreó un capón, mal gesto, mediando los hijos, pues fuera de sí reventó Sonakay

la