Sei sulla pagina 1di 5

28 DE DICIEMBRE/DOMINGO Sagrada familia de Jesús

Testigos y testimonios de allá y de aquí

+ 28 de diciembre de 1925: La columna Prestes ataca Teresina, PI, Brasil.

+ 28 de diciembre de 1977: Masacre de campesinos, Huacataz, Perú.

+ 28 de diciembre de 2001: Edwin Ortega, campesino chocoano, líder

juvenil, asesinado por las FARC en una asamblea de jóvenes en el río Jiguamiandó, Chocó, Colombia.

+ 28 de diciembre de 2010: Gobierno y Universidad acuerdan continuar

excavaciones para encontrar restos de desaparecidos en la dictadura, Montevideo.

.

Antífona (Lc 2,16) Los pastores fueron corriendo y encontraron a María y a José y y al niño recostado en un pesebre.

Oración colecta Oh Dios, que te dignaste mostrarnos los preclaros ejemplos de la Sagrada familia:

concédenos saber imitar sus virtudes domésticas y su amor reciproco, para que podamos disfrutar las alegrías eternas de tu casa. P.N.S.J

Día litúrgico: Fiesta de la Sagrada Familia.

Primera lectura Del libro Eclesiástico 3,2-6.12-14 El Señor quiere que los hijos honren a su padre y reconozcan la autoridad de la madre. El que respeta a su padre borra sus pecados, y honrar a la madre es guardar un tesoro. El que respeta a su padre vivirá feliz con sus hijos, y cuando haga oración, Dios lo escuchará. Tendrá vida el que honra a su padre, y el que respeta a su madre será premiado por Dios. Hijo mío, sé constante en honrar a tu padre, no lo desampares mientras dure tu vida. Aunque pierda su lucidez, sé comprensivo con él, no le faltes al respeto mientras viva. Socorrer al padre es cosa que no se olvidará, te servirá de reparación por tus pecados.

Palabra de Dios. R/Te alabamos Señor.

Responsorial: 128

R/ ¡Dichosos los que viven en tu casa, Señor!

+ ¡Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos! Comerás del fruto de tu

trabajo, serás dichoso, te irá bien. R/

+ Tu mujer como una vid fecunda, en medio de tu casa; tus hijos como

renuevos de olivo, alrededor de tu mesa. R/

+ Esta es la bendición del hombre que teme al Señor. Que te bendiga desde

Sión, que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida. R/

Segunda Lectura De la Carta del apóstol San Pablo a los Colosenses 3,12-21 Hermanos: Como elegidos de Dios, santificados y amados por él, revístanse de sentimientos de compasión, de benevolencia, de humildad, de mansedumbre y de paciencia. Sopórtense unos a otros, y perdónense siempre que alguien tenga motivo de queja contra otro. Como el Señor los perdonó, hagan ustedes lo mismo con los demás. Y por encima de todo esto, revístanse del amor, que crea la unidad perfecta. Que la paz de Cristo reine en su corazón: a ella los llamó Dios como miembros de un solo cuerpo. Y no se olviden de dar gracias a Dios. Que la palabra de Cristo habite en ustedes con toda su riqueza, instruyéndose unos a otros en toda sabiduría y aconsejándose mutuamente. Ya que viven en la gracia de Dios, cántenle con todo el corazón salmos, himnos y cantos espirituales. Y todo lo que digan o hagan, háganlo siempre en nombre del Señor Jesús, dando gracias por él a Dios Padre. Las mujeres deben ser dóciles a sus maridos, pues el Señor así lo quiere. Los maridos deben amar a sus mujeres y no tratarlas con dureza. Los hijos deben obedecer a sus padres en todo, porque es cosa agradable al Señor. Los padres no deben tratar mal a los hijos, para que no se vuelvan apocados.

Palabra de Dios Te alabamos Señor

Aclamación antes del Evangelio:

Que la paz de Cristo reine en su corazón; que la palabra de Cristo habite en ustedes con toda su riqueza.

Día litúrgico: 28 de la octava de Navidad, Ciclo B.

EVANGELIO Lectura del santo Evangelio según San Lucas 2,22-40

Los padres de Jesús, cuando se cumplieron los días de la purificación después del parto, de acuerdo con la Ley de Moisés, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, según está mandado en la Ley del Señor: “Todo primogénito varón será consagrado al Señor”. Y también para ofrecer el sacrificio que está igualmente prescrito: “Un par de tórtolas o dos pichones de palomas.” Vivía en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre recto y piadoso, que esperaba que Dios trajera el consuelo a Israel. El Espíritu Santo lo inspiraba y le había anunciado que antes de morir vería al Ungido del Señor. Movido, pues, por el Espíritu había ido al templo. Cuando los padres de Jesús entraron al templo con el niño, para cumplir con la costumbre señalada en la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios diciendo:

“Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto la salvación, que tienes preparada para todos los pueblos, luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.” El padre y la madre del niño estaban admirados de lo que decían de él. Simeón también los bendijo a ellos; y a la María, su madre, le dijo:

“Mira: este niño está destinado a hacer que en Israel unos caigan y otros se levanten. Será signo de contradicción, y una espada atravesará también tu propia alma. Así quedará manifiesto lo que hay en el corazón de tantos hombres.”

También había una profetisa, Ana hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Ya era de edad avanzada. De joven había vivido con su marido siete años, y ya viuda había llegado hasta los ochenta y cuatro. No se apartaba del templo; día y noche servía a Dios con ayunos y oraciones. Precisamente a esa hora se presentó allí y empezó a alabar a Dios y hablar acerca del niño a todos los que esperaban la liberación de Jerusalén. Cuando cumplieron todo lo que estaba mandado en la Ley del Señor, regresaron a Galilea, a su pueblo, Nazaret. El niño iba creciendo y fortaleciéndose, se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

Palabra del Señor. R/Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión ¿Puede la familia de Nazareth ser ejemplo para las familias de hoy? Cuando, desconociendo el evangelio, vemos la familia de Nazareth a través de las gafas prestadas por las escuelas filosóficas con visiones sesgadas del ser humano, dudo mucho que sea un ejemplo para nuestras familias. Digo esto porque durante los primeros siglos del cristianismo, y ante las críticas displicentes por parte del mundo intelectual, algunos cristianos: Clemente de Alejandría, Gregorio Nacianceno, Dionisio Areopagita, Orígenes, más tarde San Agustín, etc., se dieron a la tarea de buscar un fundamento filosófico a la fe; para esto se echó mano de la filosofía griega. Con el peso filosófico mucha gente reticente abrazó la fe, pues se presentó al cristianismo como una religión que prometía tomarse el mundo occidental y por lo tanto valía la pena unirse a ella. Los misterios órficos, así como la filosofía de Plotino, Platón, Maniqueo, Aristóteles y otros pensadores griegos, se acomodaron de tal manera a la ya constituida religión cristiana, que el evangelio pasó a un segundo plano, siempre leído e interpretado a través de los códigos filosóficos a los cuales tenían acceso los clérigos, casta que surgió cubierta de un aureola de santidad para darle más solemnidad a la religión. A estos padres de la Iglesia no hay duda que debemos una gran admiración y respeto, pues entregaron su vida por Cristo con toda diligencia. Pero también la Iglesia, como un organismo vivo, debe renovarse teniendo en cuenta los signos de los tiempos y a la luz del evangelio. Según la filosofía griega cristianizada, lo fundamental en el ser humano era el alma; el cuerpo, una cárcel de la que era preciso liberarse. La materia y todo lo terreno eran vistos como algo negativo que perturbaba la mente y condenaba el alma. El trabajo del hombre era mantener el alma pura, incontaminada de la materia, buscando siempre volver al jardín de los dioses, Zeus para los griegos, el Paraíso del cual estaba desterrado a causa del pecado de Adán, según la interpretación cristiana. Partiendo de esta ideología se le acomodó a la familia de Nazareth un halo de beatitudes celestiales, que la alejaban del mundo: José su padre, adoptivo por supuesto, fue además célibe o, a lo sumo, un viejito que ya no tenía alientos para “hacer pecar” a María. María su madre tenía que ser inmaculada, es decir, sin ninguna clase de pecado y por supuesto, virgen antes, durante y después del parto. ¡Claro! Porque se trataba del niño Dios y Él no podía vivir en una familia cualquiera, contaminada con las cosas mundanas.

No sé si una familia tan desencarnada y con tantas cosas superficiales que no pertenecen al núcleo de la fe, pueda ser un testimonio para hoy. Pero cuando nos acercamos más al evangelio y descubrimos la vida sencilla de estos personajes normales, creo que podemos contemplar con gozo la grandeza del Dios que nos salva, manifestado en la familia de Nazareth. En el evangelio de hoy se nos presenta a la familia de Jesús viviendo la cotidianidad de cualquier familia judía de su tiempo. Lucas 2,22s la muestra cumpliendo con la purificación exigida en la ley de Moisés (Lev 12,1s). Se trata de una familia pobre. El evangelista no le puso grandes y pomposas celebraciones, con sacrificios de novillos cebados al mejor estilo de los acomodados de la época. Si se trataba de la Sagrada Familia, podría decir una dama distinguida de aquel entonces:

“¡Por favor! Si es el hijo de Dios, el salvador del mundo, qué cursi se ven esas dos tórtolas y los dos pichones”. Pues eso fue lo que ofrecieron; lo permitido por la ley para las familias más sencillas (según Lev 12,8). Visto desde un romanticismo bucólico, podríamos expresar ante esta escena:

“¡Qué linda la familia de Nazareth llevando dos tortolitas y dos pichoncitos ante el altar de Dios! Imagínense la santidad con la que esta familia iría al templo, ¡qué hermoso!” Pero, si analizamos el contexto, no parece muy sencillo, pues eso significa que hacían parte de la gran masa de pobres que vivía en Israel. Pasaron trabajos, llevaron una vida austera, pero eso no significa que en el interior de la familia existiera violencia, maltratos, injusticias, abandono, infidelidad y todo ese tipo de conflictos que viven muchas de nuestras familias. En esta familia, no obstante las limitaciones de las que habla el evangelio, se cumplía la Ley, y por lo tanto, vivían la alianza con Dios; participaban en el culto y solucionaban cariñosamente sus impases. Cuando, infortunadamente, vemos cómo muchas familias por exceso o por defecto, son el semillero de corruptos, delincuentes, antisociales “de ruana o de corbata”, que destruyen la humanidad, se nos muestra hoy el testimonio de la sencilla familia donde Jesús “fue creciendo, robusteciéndose y llenándose de sabiduría y la gracia de Dios lo acompañaba” (Lc 2,40). La familia de Nazareth fue el espacio propicio para que Jesús se formara integralmente. Su familia le ofreció la posibilidad de crecer, robustecerse y llenarse de la sabiduría de Dios. Nuestras familias ¿nos ofrecen esto? ¿Estamos formando hijos capaces de amar y servir generosamente, alegres y con fe en la vida? ¿Somos felices en nuestra familia, aunque a veces no haya sino un par de tórtolas y dos pichones para ofrecerle a Dios? En medio de nuestras limitaciones económicas, ¿estamos dispuestos a dar algo? Recordemos que nadie es tan pobre que no pueda dar, ni tan rico, que no necesite recibir. Con nuestro testimonio como padres y como hijos de familia, ¿despertamos la esperanza de liberación en nuestros pueblos, tal como la despertó la familia de Jesús ante Simeón y Ana? ¿Cómo familias somos levadura en la gran masa, generadores de una nueva humanidad y los constructores de vida?

Oración Oh Dios, Padre y Madre, te bendecimos por el hermoso testimonio de la familia de Nazaret. Gracias porque en la humildad de su vida y de su fe profunda, manifestaron la auténtica grandeza humana e inspiraron a su alrededor sentimientos

de esperanza en la liberación del pueblo. Gracias porque hoy siguen brillando como antorcha, siempre dispuesta a iluminar nuestro camino familiar. Hoy te presentamos nuestras familias, con sus luces y sus sombras. Te pedimos perdón porque a veces nuestros hogares no son el espacio donde se genera vida, alegría y amor. Te pedimos perdón porque a veces convertimos nuestras casas en lugares fríos o en campos de batalla, de competencia, de malicia y de mezquindad. Ayúdanos a purificar nuestro interior para construir familias llenas de vida.

Danos la capacidad para superar obstáculos, conflictos, resentimientos y todo tipo de realidades que amenazan nuestra estabilidad familiar. Ayúdanos a vivir la experiencia del perdón, la reconciliación y la paz. Te pedimos que nuestras casas sean auténticos hogares, donde se experimente la calidez, la fraternidad, la solidaridad y la vida abundante que tú inspiras en nuestros corazones. Que en nuestras familias todos crezcamos en sabiduría y amor; que experimentemos cómo tu gracia nos conduce, nos protege, nos fortalece, nos llena de fuerzas para luchar y de ganas de vivir a plenitud. Que seamos un vivo testimonio de vida, de júbilo, de caridad, de fe, de esperanza y cantemos con gozo la alegría de la salvación. Amén.

Oración sobre las ofrendas:

Te ofrecemos, Señor, este sacrificio de reconciliación; y por la intercesión de la Virgen Madre de Dios, y de San José, te pedimos humildemente que consolides a nuestras familias en tu paz y en tu gracia. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración después de comunión Padre Clementísimo, que nos renuevas con estos sacramentos celestiales, Concédenos imitar fielmente los ejemplos de la Sagrada Familia para que después de las pruebas de esta vida, podamos disfrutar de su compañía en la eternidad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.