Sei sulla pagina 1di 5

RUDOLF SCHNACKENBURG

EL EVANGELIO DE JUAN COMO PROBLEMA HERMENÉUTICO

Das johannesevangelium als hermeneutische Frage, New Testament Studies, 13 (1967)

197-210

La discusión actual de los exegetas amenaza con llevar a una crisis de los métodos y fundamentos de la exégesis como ciencia. Lo positivo de la crisis consiste en sacar al exegeta fuera de los límites estrechos de su especialidad - la interpretación histórico- crítica de la Biblia- y hacer que se pregunte sobre los presupuestos y las consecuencias de su trabajo. No sería teólogo el exegeta que se conformara con la problemática propia de la exégesis, filología, arqueología, historia de las religiones, descripción del tiempo y mundo del Nuevo Testamento; la interpretación de textos filosóficos o religiosos antiguos pide más que la sola utilización de métodos filológicos e histórico-críticos. Naturalmente que es cosa distinta el trabajo exegético y la amplia interpretación teológica de los textos, que pone de relieve el sentido que éstos tienen, para nuestro ser de hombres y cristianos. Pero la distinción no es adecuada: no podemos renunciar a nuestro ser cristiano en el trabajo de la investigación, como tampoco ignorar, por ser creyentes, los resultados de la investigación crítica.

El trabajo exegético persigue dos intereses: reconstrucción de la historia que vivieron los hombres de esa época, e interpretación teológica. Es claro que estos dos intereses son interdependientes. Ahora bien: ¿cuál está al servicio de cuál? ¿Se ha de considerar al Nuevo Testamento como fuente para reconstruir la historia de la comunidad primitiva, o esta reconstrucción debe servir para interpretar el nuevo Testamento, como un mensaje que ha de escucharse también en el presente?

Los teólogos cristianos deben elegir la segunda alternativa. Así obraron los escritores del Nuevo Testamento, especialmente los evangelistas: quisieron explicitar que el hecho que relataban tenía un significado para sus lectores.

Preguntamos más adelante qué relaciones existen entre la reconstrucción crítica y la interpretación teológica. En el evangelio de Juan se da la unión de fe e historia; en él existen no sólo numerosas aporías, sino la única gran aporía: la ciencia histórico-crítica no puede resolver el problema del evangelio de Juan, por lo reducido de las fuentes; por ello lo rechaza como una fuente histórica válida, como invención de la fe. El teólogo, por el contrario, lo considera importantísimo, pues se trata de un documento maduro de la fe de la primitiva Iglesia.

Aclaremos más aún la problemática en la investigación moderna y en la interpretación teológica. Esto nos permitirá responder a las preguntas hermenéuticas que nos plantea el evangelio de Juan.

Dilema de la investigación histórico-critica

W. G. Kümmel, discutiendo los interrogantes acerca del origen del cuarto evangelio, llega a la conclusión de que su autor nos es desconocido; no está probado que sea judío de origen ni que haya pertenecido a un grupo gnóstico. Sabemos de él que estuvo en

RUDOLF SCHNACKENBURG

contacto con un cristiano de Palestina, que presenció la Pasión de Jesús: el discípulo amado; aunque no sepamos si el titulo mismo lo haya recibido de una tradición antigua. Naturalmente que muchos investigadores rechazan el carácter histórico del discípulo amado. Kragernd, por ejemplo, se inclina por una concepción simbólica colectiva:

símbolo del profetismo que se revela tras los escritos juaneos, en oposición a los oficios de la comunidad, que representa Pedro. De este modo, bajo la figura del discípulo amado quedarían representados los profetas ambulantes, que se creen portadores de la revelación y jefes carismáticos de la Iglesia.

Queda así claro el dilema de la exégesis: unos intentan identificar al discípulo amado con alguna personalidad reconocida; otros no se ponen de acuerdo en el modo de interpretar el simbolismo que suponen en este personaje. La figura importante y decisiva para responder a la pregunta acerca del autor y la intención del evangelio se nos escapa; no se puede recurrir con seguridad crítica a la vida de Jesús, ni a la situación de la Iglesia primitiva, ni a la intención del evangelista.

Situación histórica de la obra

Los exegetas están de acuerdo en situar la obra a fines del siglo primero. En cuanto al lugar -Asia menor, Siria, Egipto-, no hay unidad de pareceres. Tampoco en cuanto a sus influjos culturales: ¿círculo heterodoxo del judaísmo, judaísmo helénico, gnosis? ¿Procede de un círculo esotérico de la Iglesia primitiva o simplemente expresa un modo de ver de la gran Iglesia? Las preguntas se hacen en conjunto, pero el juicio particular sobre cada uno de los puntos influye irremisiblemente en la visión de conjunto.

Algunos opinan que es posible hacer la exégesis de Juan sin tomar en cuenta estas preguntas introductorias: podemos entender lo que quiere decir, sin que sepamos las circunstancias del origen del evangelio, ya que está escrito en un lenguaje inteligible, sin la carga de imágenes y mitologías de otros escritos gnósticos y, además, porque una mentalidad occidental puede captar sus ideas.

Estamos sin duda en un círculo vicioso hermenéutico cua ndo tratamos de reconstruir históricamente el texto. Muchas afirmaciones las entenderíamos mejor si conociéramos la situación histórica y el trasfondo ideológico. Y estos datos hemos de obtenerlos por el análisis del texto

Un ejemplo: Seria mucho más fácil determinar el sentido de las frases en primera

si conociéramos la génesis del evangelio y la patria espiritual

del autor. Como no sabemos esto, tenemos que relacionarlas con textos de la tradición judía, helenística y gnóstica, para poder concluir algo sobre el origen y fin del evangelio. Y el resultado de la investigación no es totalmente claro. Otro tanto dígase del concepto "Logos" , del uso del título "Hijo del Hombre", del "ascenso" y "descenso". Apenas nos es permitido utilizar otros métodos para llegar a resultados más seguros, pues la elección y aplicación de los métodos es cuestionable y no puede utilizarse la estadística -como en las ciencias naturales-, sino muy restringidamente, para llegar a una probabilidad. Al enfrentarnos con un texto traemos ya nuestras hipótesis de trabajo, que se mantienen, modifican o son rechazadas. Apenas podemos negar nuestra posición, determinada por tradición y confesionalidad. Esto vale también para la comparación del evangelio con otros textos, desde el punto de vista de la historia de las religiones.

persona (Yo he venido

),

RUDOLF SCHNACKENBURG

En una exégesis de reconstrucción histórica se. pueden sin duda evitar juicios erróneos, pero difícilmente se llega a iluminar y aclarar los textos: la significación del evangelio para la Iglesia de su tiempo y para la fe cristiana de hoy se escapa. Con frecuencia traspone los límites que ella misma se fija.

La opinión de que Juan es predicador e intérprete, que las palabras de Jesús pasan insensiblemente a ser palabras sobre Jesús, que lo histórico es para Juan medio literario para presentar a Jesús, requiere todavía una prueba histórico-crítica. Es difícil determinar la posición del evangelista ante la historia, si realmente sólo le interesa lo sucedido y transmitido históricamente como material de predicación, que podía utilizar como le parecía. La investigación de la historia de la redacción ha vuelto a hacer cuestionables estos puntos de vista. Hay trabajos que intentan probar la tradición histórica en Juan. Con todo, aunque se probara que Juan tenía gran interés por lo histórico, queda, sin embargo, todavía en pie una pregunta: qué quería decir a sus lectores de antaño y a los de hoy con su exposición que une fe e historia. ¿Cuál es su

postura con respecto a la cristología entonces existente? ¿Cuál su escatología, su postura escatológica? Preguntas éstas inevitables en una exégesis que quiere interpretar

teológicamente,

y

que

fuerzan

a

la

búsqueda de un nuevo punto de partida

hermenéutico.

La interpretación existencial de R. Bultmann

La bosqueja ya en 1941 en "Nuevo Testamento y Mitología": Las mitologías valen no por su presentación objetivizante, sino por su relación al modo de entender la existencia, que la interpretación existencial pone de relieve. El Nuevo Testamento trae al hombre un nuevo modo de entenderse a sí mismo, que le obliga a decidirse en favor o en contra de la revelación que Dios le hace. Bajo esta luz comenta el evangelio de Juan. Lo decisivo en su hermenéutica es explicar amitológicamente las afirmaciones mitológicas, abrir y traducir el sentido que los textos tienen para el modo en que el hombre actual entiende su existencia.

Bultmann no se conforma con utilizar todas las posibilidades de la exégesis histórico- crítica; pretende llegar al Kerigma de Juan, que pone a los hombres ante la necesidad de una decisión: cómo quiero entender mi propia existencia y comportarme ante este Kerigma.

Cristo es para Juan el revelador de Dios y su Revelación consiste precisamente en esto. Por ello es capaz de hablar directamente al oyente (1,14). La revelación, siendo un suceso del más allá, sólo puede ser captado por los hombres, en la esfera humana. El hombre sabe de la revelación, porque sabe lo que significa luz o puede hablar de pan y agua de vida. El preconocimiento humano de la revelación consiste en que el hombre

situación, pero sin poseer la revelación; ésta es un suceso

inconceptualizable.

pregunta

sobre

su

Bultmann se acerca a los textos con determinados presupuestos, los escucha, llega a su auténtico sentido (si la intención del evangelista se esconde tras su expresión mitológica). Este método no es reprobable. Pero queda todavía por preguntar si con él se llega a captar la intención del autor. Sólo el texto puede responder a esta pregunta. La persuasión de que sólo el modo de entender la existencia nos une y da acceso a los

RUDOLF SCHNACKENBURG

autores antiguos es cuestionable; desde luego, por la dificultad de determinar el concepto mismo de modo de entender (inteligencia de) la existencia. Bultmann en "El Problema de la Hermenéutica" lo entiende como el interés humano de ocuparse de los pensamientos y expresiones de otros hombres. En el Comentario al evangelio de Juan elabora una inteligencia de la existencia, traída por la revelación escatológica acaecida en Cristo. Del hecho que Juan desmitologice el Kerigma, deduce Bultmann la importancia especial de este evangelio.

Haenchen critica atinadamente que no parece probable que el Evangelista haya utilizado el lenguaje de la gnosis para transmitir un mensaje desmitologizado.

Otros exegetas que pretenden interpretar existencialmente introducen subrepticiamente nuestro modo de entender la existencia y rechazan todo concepto (Dios, mundo, hombre) que parezca inaceptable a la mentalidad actual. Este modo de proceder puede conducir a una crisis de la exégesis, pues si abandonamos determinados principios ya no podremos seguir dialogando científicamente.

Llegamos así al proceso hermenéutico positivo que exige el evangelio de Juan.

La visión del evangelista, punto de partida del trabajo exegético.

La exégesis histórica tradicional del evangelio de Juan afirma que las palabras de Jesús pasan insensiblemente a palabras sobre Jesús. Sin embargo, sólo en el capítulo tercero, hay duda de si las palabras son dichas por Jesús (3,13-21). Indudablemente se siente uno inclinado a la solución que propone la crítica literaria, pero no es válido generalizar este caso a todo el evangelio. El evangelista deja hablar a Jesús aquí en la tierra. Lo característico de las palabras de Jesús, que suponen la conciencia de su divinidad o glorificación, debe explicarse de otro modo.

Otro ejemplo: milagros y signos de Jesús. Es claro que tienen un sentido simbólico, pero esto no quita que la intención de Juan sea testimoniar también sobre su facticidad. De otro modo no se entiende por qué en la curación del ciego insiste en la identidad de la persona y en el hecho de la curación; en la resurrección; y que "estos signos han sido escritos para que creáis que Jesús, el Mesías, es Hijo de Dios" (20,31; 5,36; 10,25,38; 14,11; 14,24).

¿Cuál es la intención del autor manifestada en la obra en conjunto? ¿No quiere el autor presentar, en la fe y para la fe, las palabras, hechos, Pasión y Resurrección de Jesús? A veces se salta demasiado rápidamente el problema de la determinación de la intención literario-teológica del autor para juzgar sólo críticamente la obra; pero sólo si se atiende al contenido teológico de la obra, confrontándolo desde luego con la crítica histórica, tiene su lugar el significado permanente y actual del evangelio.

Nosotros debemos conceder a la exégesis existencial que con la revelación de Cristo se presenta al hombre una nueva inteligencia de su existencia, pero ¿es esto lo que el autor quiere decir? ¿No es más bien que Cristo, en su persona y obra, crea el fundamento de la salva ción, sobre el cual se levanta la nueva inteligencia de la existencia humana?

RUDOLF SCHNACKENBURG

La encarnación es, según Bultmann, la expresión del escándalo para el hombre, que busca llenar sus aspiraciones y se ve obligado a abandonar la exigencia de su propia glorificación. Pero, con esto, no se pone todavía de relieve lo exclusivo de la Encarnación: el Logos encarnado es también el redentor en un sentido histórico único. Carne dada para vida del mundo (6,51), obra consumada en la Cruz (19,30; 17,4), Jesús es el cordero de Dios, que quita los pecados del mundo (1,29,36). Para Bultmann el perdón de los pecados es efecto no de su muerte, sino de su Palabra (7,31s). No puede sostenerse esto si se piensa que en la crucifixión se hace alusión al cordero pascual (19,36) y en el significado de la sangre y agua (19,34; 17,6). Ideas semejantes aparecen en la primera carta de Juan (2,2; 4,10; 1,7; 3,5).

Es verdad, como dice Bultmann, que la fe no es una buena obra cuyo premio es la vida eterna, ni una actitud anímica, pero con ello no está dicho que no sea Jesús por su muerte salvadora el que comunica esta vida a los creyentes. El es el dador de espíritu y vida (5,21; 6,13), mediante su elevación y glorificación (7,39; 17,2).

La exégesis existencial acorta la intención de las afirmaciones del evangelista. La función salvadora de Jesús queda reducida a la Revelación, que consiste sólo en que Cristo es el revelador. Con esto se le ha quitado al mensaje juaneo su aspecto universal, cósmico, pues la revelación es sólo un diálogo de Dios con el hombre. A pesar de su escatología actualizada, afirma el evangelista la venida histórica de Cristo como un corte en la historia de la humanidad. La perspectiva histórica de la salvación no ha desaparecido.

Respuestas a las preguntas hermenéuticas del evangelio de Juan.

a) Debemos comprobar la intención del evangelista. Esta investigación no debe estar

libre de los presupuestos, hipótesis de trabajo, pero éstos han de ser probados críticamente en los mismos textos. En diálogo con el texto, oír sus afirmaciones y dejarse determinar por él en el juicio exegético.

b) No interrumpir este diálogo antes de tiempo con una crítica histórica o interpretación

existencial. El investigador histórico-crítico corre el riesgo de no ponderar suficientemente la intención del evangelista, la exigencia existencial y la intención Kerigmática; el exegeta existencial, el de introducir intenciones modernas en el texto. El influjo que ejercen en nosotros la formación, confesionalidad, la visión del mundo nos impone cautela en la exégesis de las perícopas y la interpretación general.

c) Los puntos de vista hermenéuticos histórico y existencial son útiles, si se mantienen

en diálogo. El filólogo histórico-crítico indicará el sentido comprobado de las afirmaciones particulares y la intención que en ellas tuvo el autor. El exegeta existencial

hará caer en la cuenta al primero del sentido profundo de los textos en la teología general juanea y de los rasgos característicos del Kerigma juaneo. Para este trabajo es el evangelio de Juan el material más difícil, pero también el más productivo.

Tradujo y extractó: GUILLERMO HIRATA