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Trabajo monográfico

DELGADO ONTIVERO, Lionel Sebastián

Estética II

mayo, 2012

El género pornográfico: capitalismo, cumshot y libertades

El siguiente trabajo intentará realizar un recorrido conceptual y analítico por las especificidades del género pornográfico. Nos aventuraremos en un intento de delimitar los rasgos específicos del porno, lo que nos llevará a un análisis de los recursos estilísticos y técnicos de los que se hace uso. Dicho análisis comenzará a presentar rápidamente problemas, los cuales analizaremos, para comprender que el porno que se realiza actualmente sólo es una determinada configuración de las posibilidades y medios de los que se dispone, guiados por una visión concreta del cuerpo y las relaciones de género que marcarán definitivamente la lectura de la sexualidad que se hará. Este contenido político nos llevará a debates que la teoría feminista mantendrá en este ámbito, y concluiremos con una suerte de análisis de las posibilidades alternativas que actualmente se desarrollan en el ámbito de la pornografía.

Un acercamiento adecuado a la pornografía debe dar cuenta de uno de los problemas fundamentales que nos abordan al comenzar el trabajo: la definición del propio género pornográfico. Un debate quizás farragoso e innecesario pero que será perfecto como punto de inmersión en el tema. El juez norteamericano Potter Stewart dijo en algún momento, «no sé definir la pornografía, pero la sé reconocer» y Ogien Ruwen afirma que este juez es uno de los únicos en aceptar la inutilidad del intento de definición 1 , y es que el intento es mucho más complejo de lo que parece:

delimitar el género pornográfico del género meramente erótico, o incluso de los documentos de carácter sexual (pero con un valor puramente antropológico o sociológico) es bastante problemático. Se suele dejar que la jurisprudencia defina el género y considere qué textos serán pornográficos y cuáles no (sobre todo en cuestiones que giran en torno a la censura de determinados documentos), sin embargo, lo difuso del término hace que no haya acuerdo y que las consideraciones fluctúen bastante. Así, se puede dar el caso de un documento que se censura como pornográfico por determinado juez, aunque otro juez no encuentre pruebas suficientes para censurar otro similar. La cantidad de “contenido explícito” que una persona es capaz de soportar antes de escandalizarse (o considerar algo como escandaloso) suele variar bastante. No obstante suele haber una fórmula que es aceptada a menudo, aunque no aclare del todo qué es y qué no es pornografía. La fórmula dice: «toda representación pública (texto, imagen, etc.) de actividad sexual explícita no es pornográfica, pero toda representación pornográfica contiene actividades sexuales explícitas» 2 . Que la representación pública sea sexualmente explícita es una condición necesaria del género pornográfico, pero no es una condición suficiente. Es decir, si bien

1 RUWEN, O.: Pensar la pornografía, Paidós, Barcelona, 2005, p. 48 2 Ibíd. p. 49

todo documento pornográfico tendrá una representación de una actividad sexual explícita, el documento no se acaba en esta representación, existe un resto que tendremos que descubrir. Alcanzamos, pues, un rasgo fijo del género que nos ocupa: la explicitación del acto sexual; sin embargo, el porno esconde algo más que el puro acto sexual, y el problema de la definición reside en reconocer este carácter extra. Para Ruwen, resultará provechoso hacer una lista de lo que los filósofos que han pensado sobre el tema creen que podría ser este rasgo que añadir a la explicitación del acto sexual:

1. La intención del autor de estimular sexualmente al consumidor

2. Reacciones afectivas o cognitivas del consumidor (positivas… o negativas…)

3. Reacciones afectivas o cognitivas del no consumidor (en principio, sólo negativas)

4. Rasgos estilísticos como la representación de actividad sexual no simulada, repetición de escenas de penetración, multiplicación de primeros planos de órganos sexuales, lenguaje directo, etcétera.

5. Rasgos narrativos como la «degradación», la «objetificación», la «reificación», la «deshumanización» de los personajes. 3

Los primeros tres criterios son considerados como subjetivos y rápidamente presentan problemas a la hora de considerarse como criterios suficientes para la definición del género. No podemos confiar ni en la intención del autor (grabados del siglo XVIII con intención estimulante han perdido esa fuerza; asimismo, las primeras películas sexuales de principios del siglo XX son concebidos casi únicamente como documentos histórico-sociales en lugar de un documento estimulante), ni en las reacciones del espectador (si la capacidad de estimular al espectador se reduce con el tiempo al cambiar el deseo del propio espectador, ¿el documento deja de ser “porno”? Para evitar este problema se suele hacer hincapié en lo que debería sentir un espectador tipo universal, lo cual no carece de problemas: ¿Qué características tiene ese consumidor ideal? ¿Es joven, adulto o anciano? ¿Heterosexual? ¿Religioso? ¿Conservador? ¿Por qué?); ni siquiera podemos basarnos en las reacciones del no consumidor (aquel que no desea consumir y que en una consumición involuntaria resulta agredido y ofendido). ¿Cómo acercarnos a un concepto que parece que se nos escapa de las manos? Pues Ruwen intentará centrarse en la lista de cosas que pueden ser “porno”, pensando que quizás allí esté la clave. Sin embargo, dicha lista no es sencilla de realizar ni resolverá el problema, ya que no sólo debemos enfrentarnos a representaciones escritas o audiovisuales (dibujos, fotografías, películas, vídeos, imágenes digitales, libros, revistas, canciones, programas radiofónicos, mensajes a través de móvil, telefónicos, por correo electrónico, etc.), sino también a representaciones mentales internas (¿puede ser pornográfica una creencia, un sueño o un recuerdo?), objetos físicos (¿es porno la lencería, los dildos, etc.), objetos abstractos (¿se puede considerar pornográfica una sociedad o una cultura?) e incluso actuaciones (¿es el striptease porno?). No hay un consenso respecto a esto. Lo que es pornográfico parece huir de una conceptualización clara, sin embargo, como el juez Stewart dijo, sabemos reconocer lo que es porno. La cuestión merece una consideración más profunda.

3 Ibíd. p. 50

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Lo siguiente que nos queda por hacer para pensar qué es el porno es valorar si se trata de una práctica o un tipo de documento con una larga historia detrás o si, por el contrario, se trata de una invención moderna como defendería, siguiendo la estela de Foucault, autores como Steven Marcus, Walter Kendrik, o Lynn Hunt. Esta última línea de pensamiento considerará que, si bien había representaciones sexuales explícitas en culturas anteriores, éstas contenían fundamentalmente un contenido político y religioso. Político en el sentido de, mediante la ironía y la sátira, atacaban los estamentos privilegiados (imágenes de escenas sexuales con personajes eclesiásticos, o situaciones sexualmente “embarazosas” con personajes públicos varios); y religioso en el sentido de exaltación de la fecundidad. En la Modernidad, sin embargo, las representaciones sexuales se desprenden de estos sentidos y se quedan con la función social reconocida de estimular sexualmente, mediante la representación de actividad sexual explícita, a los consumidores-espectadores de dichas representaciones (al principio en forma de grabados, luego en forma de fotografías, películas, etc.). Ruwen no termina de ser convencido por esta línea de pensamiento, cree que casos como las representaciones de escenas sexuales explícitas en monumentos y templos hindúes son etiquetados con un valor religioso que posiblemente no sea tal sino la simple intención de estimular; asimismo llama la atención en que hoy en día la pornografía también tiene un contenido político innegable. Sin embargo, estas críticas no terminan de derribar la hipótesis de lo que legítimamente se considera pornografía es algo más propio de nuestra época y si ha existido en otros momentos históricos, nunca ha llegado a ser un componente tan importante de la sociedad como ocurre en la cultura occidental capitalista del siglo XXI. Caer en la cuenta de este hecho (que la pornografía nunca ha tenido tanta presencia social, artística y mediática como en nuestra cultura) nos lleva a fijarnos en que una gran parte de los autores que hablan sobre el tema suelen caer en esto: la pornografía es un fenómeno fuertemente capitalista. Christian Ferrer por ejemplo, cree que el desarrollo capitalista trajo un desarrollo social y una ampliación de las libertades de elección, lo que dio lugar a un libertinaje cada vez más extendido. La pornografía surge en este momento porque no podía surgir en otro: «como hace décadas que las costumbres se han vuelto obscenas, entonces se hace necesario un género específico que las represente. Ese género es la pornografía» 4 . La pornografía surge en una sociedad del deseo y goce inmediato, y aparece precisamente como una promesa de lo mismo:

según crece la demanda de placer, «tanto más se hacen imprescindibles las ortopedias y amortiguaciones garantizadoras de placer». En resumidas cuentas, con el surgimiento de una nueva sociedad, muy exigente con el placer y el goce (siempre desde una base capitalista), comienzan a darse nuevas experiencias y expectativas sensoriales y se exigen representaciones y prácticas mediáticas que den cuenta de estas expectativas: el porno no es sino una dosis de placer inmediato para una población deseante.

4 FERRER, C.: La curva pornográfica. El sufrimiento sin sentido y la tecnología, versión online, http://www.revista-artefacto.com.ar/pdf_notas/9.pdf (última visita, mayo 2012), p. 8

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Asimismo, Beatriz Preciado, habla de cómo la pornografía no es sino «la sexualidad transformada en espectáculo» 5 . La pornografía está incuestionablemente ligada al capitalismo en tanto que consiste en una representación “pública” de lo que antes era privado, donde “pública” implica directa o indirectamente “ser comercializable”. El porno es una mercancía donde el valor de uso será mayor cuanto mayor sea el valor masturbatorio del documento. No se distingue de otros espectáculos sino en su estatuto underground, por lo demás, tiene virtuosismo, posibilidad de reproducción técnica, etc. Preciado llega a afirmar que «la industria pornográfica es a la industria cultural y del espectáculo lo que la industria del tráfico de drogas ilegales es a la industria farmacéutica. Hablamos aquí simplemente de los motores ocultos del capitalismo del siglo veintiuno» 6 . Gubern también insiste en este carácter profundamente moderno de la pornografía entendida como tal. Si bien «la representación icónica del falo en erección y de las prácticas sexuales existía ya en la Grecia y la Roma paganas (por no evocar a las más exótica cultura hindú)la reproductibilidad icónica masiva e hiperrealista de la fotografía y luego del cine… otorgaría un nuevo estatuto sociocultural a las representaciones eróticas» 7 . Asimismo, Daniel Sauvaget reconoce dentro de la dinámica del porno la presencia de la lógica capitalista: La película de porno duro recupera «una economía del relato conforme a la ultraespecialización en que se funda y… una especie de taylorización de todas las prácticas:

producción, plazos de rodaje, performances requeridas a los actores, etcétera» 8 . No hace falta explicar ahora algunas de las cosas que este comentario presenta ya que lo haremos más tarde. De todas formas, vemos cómo la pornografía sí parece deberle algo al capitalismo avanzado, cómo el capitalismo puede adaptarse mucho mejor a la sociedad espectacular debordiana que a las sociedades anteriores. No obstante, nos estamos entreteniendo en cuestiones meta- representacionales y no hemos analizado aún las especificidades del propio género pornográfico, lo cual puede alumbrar bastante sobre las características que hemos estado viendo hasta ahora, además de abrir una puerta hacia problemas de bastante calado que después trataremos. No será hasta los años setenta cuando las cintas de porno hard 9 comenzaron a introducirse en el mundo de las salas de exhibición más importantes. Antes de eso la historia del porno es una historia de censuras y de un paso continuado del porno soft al porno hard. Es interesante cómo la historia del cine pornográfico está profundamente marcada por la censura, ya que este género buscará a lo largo de su desarrollo soslayar los límites de aquello que se prohíbe representar. Una vez se escapa el cine pornográfico de la censura, el éxito de este género será enorme, tanto en Estados Unidos, como en partes de Europa: en pocos años la industria creció hasta un quinientos por ciento 10 . La diversificación icónica también se expandió rápidamente: si bien en los años de censura y despenalización las escenas sexuales eran más “tradicionales”, en la década de los

5 PRECIADO, B.: Testo Yonqui, Espasa Calpe, Madrid, 2008, p. 179

6 Ibíd. p. 181

7 GUBERN, R.: La imagen pornográfica y otras perversiones ópticas, Anagrama, Madrid, 2005, p. 9

8 SAUVAGET, D.: Dissolution du réciten CInéma érotique, Edilig, Paris, 1982, p. 54

9 El hardcore se distinguiría de un softcore, de actos sexuales simulados, en la explicitación del acto sexual como centro del interés escénico. 10 Según Gubern en sólo tres años se alcanzó ese desarrollo; GUBERN, R.: Óp. Cit. p. 14

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setenta apareció la sodomización, el sexo anal y la triple penetración de la actriz (boca, vagina y ano) como prácticas habituales (sobre todo en la segunda mitad de la década). ¿Cómo es el porno hoy? Gubern lo caracteriza como «la ética del despilfarro sexual improductivo, pues en este género cinematográfico incluso las eyaculaciones se desvían de su canal vaginal para poder ser admiradas por el mirón» 11 . La pornografía dispone todo un entramado espectacular, muchas veces exagerado (que recuerda a una actuación teatral sobreactuada), destinado a un espectador pasivo (o activo volcado sobre sí mismo) o voyeur a quien se le bloquea la imaginación para mostrarle escenas visuales (no imaginadas) altamente centradas en el interés icónico de la imagen presentadas: al espectador se le presentan íconos muy determinados, y todo el montaje y el encuadre de la película dirige la atención del espectador hacia estas zonas de significación concentradas tan propias del cine pornográfico. Además del carácter icónico de la representación, la actuación de los actores constituye una performance sexual donde rige la lógica de la visibilidad máxima (aunque, como bien afirma Gubern, eso implique que los actores copulen en posiciones «afuncionales para ellos, en las que sus cuerpos no están en contacto y tan sólo lo están los genitales» 12 ). Preciado también hace hincapié en el sentido performático del acto sexual representado: «en la pornografía el sexo es performance, es decir, representación pública y proceso de repetición social y políticamente regulados» 13 , sin embargo, este ser performance tiene un sentido distinto para Preciado: la representación del acto sexual se centra, como he dicho, en unos nudos de significados convertidos en íconos de lo que es la imagen pornográfica; estos íconos tienen primordialmente un sentido normativo y modélico de regularización de las prácticas sexuales legítimas. Más adelante veremos con más detenimiento esto. La performance pornográfica tiende a reducir el sexo a pura abstracción,

El coito se mecaniza como un movimiento de émbolo y las orgías se convierten en máquinas carnales de un juego múltiple coordinado y sincronizadoDe acuerdo con lo expuesto, el cine

porno duro se basaría en abstracciones, en relaciones sexuales abstractas 14

Sin embargo, Gubern cree que esta abstracción del acto sexual se representa con un hiperrealismo fisiológico, lo cual es para él lo más característico del cine pornográfico. Defiende que el cine porno es una forma particular de cinema-verité centrado en la representación fisiológica de los cuerpos y el acto sexual. Su argumento se centra en el hecho de que una erección o una eyaculación son antes una vivencia que una actuación, «Son, en realidad, una apariencia/vivencia indisoluble, en cuyo dipolo el primer término tiene la función de gratificar al espectador y el segundo, al actor» 15 . No es muy rara esta creencia, considerar al porno como una suerte de “grado cero” de la representación. Preciado llama la atención sobre esto y defiende que esta idea se basa en un principio «sexotrascendental» que ella denomina “platonicismo

11 Ibíd. p. 15 y 16

12 Ibíd. p. 19

13 PRECIADO, B.: Óp. Cit. p. 181

14 GUBERN, R.: Op. Cit. p. 26 y 28

15 Ibíd. p. 27

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espermático” 16 por el cual la eyaculación es la única verdad, la garantía de la veracidad del acto sexual, «el principio de la pornografía dominante es producir la ilusión visual de la irrupción en lo real puro» 17 . Esta “irrupción en lo real” se produce, por un lado, por el ya aludido principio de la visibilidad perfecta, donde el acto sexual se dispone visualmente hacia un espectador, incluso si en esa disposición el propio acto sexual sale perjudicado; por otro lado, la mirada pornográfica se dirige directamente a parcelas anatómicas determinadas donde el primer plano genital (medical shot) en una búsqueda de la garantía de que el acto sexual es realista y, por lo tanto, auténtico. El cine porno más hardcore se centra exclusivamente en esta penetración protagonista. Los genitales en contacto aparecen muchas veces como anónimos, podrían ser los de cualquier persona, o los de ninguno, poco importa. Gubern explica esta centralidad del acto explícito en el deber del género de satisfacer la «necesidad compulsiva del espectador de ver cada vez más, o de maximizar el poder de su visión» 18 . Esta visibilidad total se vuelca en cada ícono pornográfico, pero donde es más clara es en el caso de la felación: un primer plano de la cara de la actriz (expresiva) y un primer plano de un pene erecto con el que la actriz interactúa para una cámara omnividente. La felación es la fórmula icónica más utilizada y la más rentable, y la culminación de la significación pornográfica se alcanza con el cum shot, la eyaculación masculina sobre el rostro de la actriz, credencial performativa de la autenticidad del acto. Como dice Fabián Giménez Gatto, «la representación de la eyaculación masculina es, sin duda, el signo distintivo de la discursividad pornográfica actual» 19 , se trata de un nudo de significado crucial en el porno tradicional. El caso más llamativo lo encontramos en la eyaculación tan conocida de Behind the Green Door (Mitchell, 1970) en la que la ralentización del acto se suma a varias repeticiones y solarización psicodélica de la imagen. No obstante, con el caso de los cum shots nos encontramos con el ejemplo perfecto de abstracción del acto sexual: sólo hace falta observar las numerosísimas recopilaciones de eyaculaciones masculinas que encontramos, tanto en el mercado como en internet. Se trata del caso extremo de iconomanía y de estereotipación del género, y es que suele recriminarse al género pornográfico la redundancia en la que cae debido básicamente a lo monotemático que es y a la ultraespecialización que desarrolla. Hemos observado cómo los medios técnicos y estilísticos son volcados hacia la representación de la performance escenificada pero realista que es el acto sexual, un acto sexual auténtico que se garantiza mediante la visibilidad máxima y la eyaculación final. Sin embargo, habíamos visto que no es incuestionable este supuesto realismo del género pornográfico. Preciado recuerda las palabras de Annie Sprinkle, famosa actriz y activista que defiende precisamente que la supuesta verdad que presenta el cine pornográfico no es tal, respecto a las ideas de Sprinkle, Preciado escribe:

La verdad de la sexualidad que la pornografía pretende capturar no es sino el efecto de un dispositivo de representación, de un conjunto de coreografía corporales reguladas por códigos de

16 PRECIADO, B.: Óp. Cit. p. 182

17 Ibídem

18 GUBERN, R.: Op. Cit. p. 56

19 GIMÉNEZ GATTO, F.: “ Posporno” en Estudios visuales, nº 5, 24/7: políticas de la visualidad en un mundo 2.0, CENDEAC, Murcia, 2008, p. 96

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representación bien precisos, semejantes a los que dominan la danza, la acción en la cinematografía clásica o el teatro. De ahí que para Sprinkle la pornografía carezca de un valor realista o documental más allá del que emerge de su voluntad de representación. 20

La intención realista del cine porno fracasa en el momento en el que la representación y su destino (el consumo) terminan convirtiendo el acto sexual en íconos significantes que se suceden en una sucesión esquemática y estereotipada. La representación del acto sexual es el resultado de un determinado dispositivo y todo un determinado régimen escópico que subyace a la creación de la representación. La representación se realiza desde un determinado marco y eso condiciona fatalmente el tipo de cine porno que se produce.

Desde aquí podemos tratar otro de los nudos fundamentales que el cine porno nos presenta a hora de pensarlo: los problemas que suscita. Este debate, histórico y social, tuvo una gran importancia en su momento (básicamente las décadas de los sesenta y setenta, sobre todo en Estados Unidos) y giraba (y gira, puesto que las críticas se realizan prácticamente en los mismo términos que entonces) en torno a dos críticas que se le hacía al cine porno: por un lado el hecho de que degradase a la mujer y a su situación en sociedad, y por otro lado que fuese un atentado contra la juventud. Según Katherine MacKinnon, «la sexualidad es un constructo social de poder masculino, definido por hombres, impuesto a las mujeres y constituyente de “significado de género”» 21 . La pornografía sería un medio donde se expresa, representa y perpetúa la dominación masculina. Por otro lado, la crítica de la pornografía en defensa de una juventud universal que no debe ser mancillada será la bandera de todo un sector conservador (sobre todo europeo), mientras que la crítica a la pornografía por someter a la mujer será lanzada por sectores más progresistas. Frente a estas críticas hay quien defiende la pornografía como un medio liberador y creador de una sexualidad sana y liberadora. Ruwen no termina de decantarse por alguna de las dos opciones y cree, al contrario, que ambas posturas olvidan que hay términos medios:

Habría, simplemente, mala pornografía (repetitiva, «normativa», misógina, groseramente heterosexual, etc.), y buena (creativa, no «normativa», atenta al deseo de las mujeres, abierta a todo tipo de «prácticas minoritarias», etc.). La primera contribuiría a la perpetuación de un determinado «orden sexual» especialmente degradante para las mujeres (y las minorías sexuales); la segunda, a cierta forma de liberación o emancipación con respecto a ese orden 22

Hablar de la pornografía en términos morales puede traer problemas complicados y farragosos. El libro de Ruwen se encarga de tratar adecuadamente todos estos problemas morales. La dificultad reside sobre todo en lo difuso de la cuestión, ¿dónde está el límite entre lo aceptable y lo criticable, en una vulva, un clítoris, un pene erecto?

Sin embargo, no es nuestra una discusión moral sobre la pornografía. Mas es innegable que la pornografía se encuentra en constante diálogo con otros discursos, como son los discursos

20 PRECIADO, B.: Óp. Cit. p. 182

21 RIVAS SAN MARTÍN, F.: Otro porno es posible. Feminismo y postpornografía, edición virtual en http://es.scribd.com/doc/75627333/Otro-Porno-Es-Posible-Feminismo-y-postpornografia (última visita en mayo, 2012)

22 RUWEN, O.: Op. Cit. p. 24

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feministas (lo que obliga a pensar la pornografía de acuerdo a sus consecuencias en política de género). Nos centraremos sobre todo en ese diálogo, al ser el más rico y problemático. A partir de ahí desgranaremos las posibilidades que la pornografía presenta fuera de las estructuras tradicionales.

La crítica feminista hacia la pornografía se centra en la función que la pornografía ha tenido en la sociedad capitalista y heternormativa contemporánea, se trata, pues, de una crítica dirigida hacia una determinada pornografía y no hacia todo tipo (posible) de pornografía. La pornografía da cuenta de un determinado pensamiento acerca del sexo y del género, y sus discursos tienen especial importancia al haberse convertido en una de las industrias centrales de la producción y normalización de imágenes sobre el cuerpo: la pornografía establece los usos normales que se hacen del cuerpo, así como los modelos correctos de sexualidad y los desarrollos adecuados de esa sexualidad (cómo se tienen buenas relaciones sexuales). Rivas San Martín hace hincapié en que la pornografía es otro discurso (como la psiquiatría o la medicina) que crea verdades sobre el sexo que aparentemente describe (con su acercamiento y obsesión por lo real). Para explicarlo mejor remite al concepto de citabilidad que desarrollan tanto Derrida como Butler, basados ambos en los análisis de Austin: la pornografía apela a una “cita” del orden heterosexual, a la vez que produce este orden, lo reproduce, normaliza y establece indefinidamente. La clave está en si la pornografía puede desarrollar un tipo concreto de representación que sirvan para subvertir el orden heteronormativo que se ve reafirmado constantemente por la pornografía tradicional. Preciado lo tiene muy claro: «Se trata… de inventar otras formas públicas, compartidas, colectivas y copyleft de sexualidad que superan el estrecho marco de la representación pornográfica dominante y el consumo sexual normalizado» 23 . Aquí es donde comienzan a proliferar prácticas y representaciones alternativas diferentes (o contrarias) al prono tradicional que se critica tan duramente. Así, propuestas como la de Preciado, que aboga por una contra-sexualidad, que se alza como «un análisis crítico de la diferencia de género y de sexo, producto del contrato social heterocentrado cuyas peformatividades normativas han sido inscritas en los cuerpos como verdades biológicas… [y su objetivo es] el fin de la Naturaleza como orden que legitima la sujeción de unos cuerpos a otros» 24 .

Otra iniciativa sería la que comienza a denominarse post-porno y que se da a conocer con la ya nombrada Annie Sprinkle, actriz porno que en la década de los sesenta trabajó en más de cincuenta películas, pero que poco a poco se inclina hacia la investigación del lenguaje del cine porno y el rol de las mujeres dentro de él, además de desenmascarar estipulaciones prestablecidas del género. Al consolidarse lo que sería el posporno, autores comienzan a hablar sobre sus posibilidades y, así,

Lo pospornográfico producirá una mutación en este régimen de visibilidad amplificada, operará una torsión al interior de los códigos de la representación pornográfica, retomará la panoplia de

23 PRECIADO, B.: Óp. Cit. p. 185 24 PRECIADO, B.: Manifiesto contrasexual, Opera Prima, Barcelona, 2002, p 18-21

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signos del sexo… y las hará evidentes de otro modo, trazando nuevas líneas de visibilidad al

interior del dispositivo pornográfico. 25

El postporno no puede entenderse ya en los términos en los que se expresaba el debate con las feministas pro-censura, puesto que ya no nos encontramos con una producción unidireccional de pornografía heternormada y tradicional. El postporno pretende subvertir el orden del deseo y alterar la dinámica de sumisión/dominación, todo ello para que se difundan el placer y el intercambio de roles como actividades lúdicas que las personas practiquen sin miedo. De esta manera comienzan a proliferar iniciativas personales o colectivas de empoderamiento de los colectivos que tradicionalmente eran excluidos de la pornografía y que ahora se ven en la posibilidad de ser los agentes de sus propias representaciones, se ven de nuevo con el poder de generar auto-representaciones que cuestionen los códigos de visibilidad de los cuerpos y las prácticas sexuales. Así, cabría nombrar a Cindy Sherman y a Del LaGrace Volcano en la fotografía; Bruce LaBruce, director de cine, famoso por su cine queercore político; Post-op, una plataforma de investigación sobre el género y la postpornografía; los catalanes Generatech; la escandalosa Diana Pornoterrorista con sus performance lúdicas donde la sexualidad se vive transgresoramente; etc. Por sólo nombrar artistas del Estado español.

Aparte de este post-porno, nos encontraríamos también con una suerte de porno feminista, quizás no tan experimental y formalmente rompedor como el postporno, pero que merece también nuestra atención en tanto que rompe con dinámica hegemónica de una pornografía hecha por hombres y para hombres. Así, el nombre estrella dentro de este grupo es el de Erika Lust, que defiende un «potencial del porno para ayudar a las mujeres a seguir desarrollando… [su] revolución sexual, que es una batalla que debe estar siempre viva» 26 . Un porno para mujeres hecho por mujeres desde el cual lanzar una crítica a todo un sistema ideológico que domina la producción cinematográfica de películas pornográficas. Como dice la directora, «Queremos que el cine para adultas nos muestre mujeres reales y nos hable de su sexualidad, y nos queremos que nos retraten como objetos pasivos o víctimas, sino como sujetos activos, dando placer y recibiéndolo. Queremos ver a otras mujeres disfrutando» 27 .

En resumidas cuentas, el ejercicio de comprensión del cine pornográfico nos ha llevado, desde un intento de definición, a un análisis de las especificidades del género que han dejado patente que el porno que se realiza es un tipo de porno, quizás bastante problemático y excluyente, que plantea la necesidad de unas prácticas alternativas de representación de la sexualidad, prácticas que poco a poco van proliferando en distintos frentes, que van desde una reivindicación de un porno realizado desde la visión femenina, hasta prácticas queer de desmantelamiento de los géneros y prácticas hegemónicas de sexualidad y relación con el cuerpo. La riqueza de planteamientos es muy grande, sin embargo, la industria del porno sigue siendo recalcitrante y demasiado poderosa. El diálogo comienza a ser cada vez más sonoro, sin embargo, aún queda mucho por hablar.

25 GIMÉNEZ GATTO, Op. Cit. p. 99

26 LUST, E.: Porno para mujeres, Melusina, Barcelona, 2008, p. 36

27 Ibídem, p. 40

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Bibliografía

- RUWEN, O.: Pensar la pornografía, Paidós, Barcelona, 2005

- FERRER, C.: La curva pornográfica. El sufrimiento sin sentido y la tecnología, versión online, http://www.revista-artefacto.com.ar/pdf_notas/9.pdf (última visita, mayo 2012).

- PRECIADO, B.: Testo Yonqui, Espasa Calpe, Madrid, 2008

: Manifiesto contrasexual, Opera Prima, Barcelona, 2002

- GUBERN, R.: La imagen pornográfica y otras perversiones ópticas, Anagrama, Madrid

- GIMÉNEZ GATTO, F.: “ Posporno” en Estudios visuales, nº 5, 24/7: políticas de la visualidad en un mundo 2.0, CENDEAC, Murcia, 2008

- RIVAS SAN MARTÍN, F.: Otro porno es posible. Feminismo y postpornografía, edición virtual en

(última visita en mayo, 2012)

- LUST, E.: Porno para mujeres, Melusina, Barcelona, 2008

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