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·Marianne Walters -

Betty Carter

PeggyPapp -

OlgaSilverstein

La red invisible

Pautas vinculadas al género en las relaciones familiares

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PATDOS

Buenos Aires - Barcelona - México

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Título original: The Invisible Web, Gender Patterns in Family Re/ationships

. The Guilford Press, New York, London © 1988 The Guilford Press

-rsBN 0-89862-734-6

Traducción de Gloria Vitale

Cubierta de Gustavo Macri

la. edición, 1991

Impreso en la Argentina - Printed in Argentina Queda hecho el depósito que previene la ley 11.723

© Copyright de todas las ediciones en castellano

Editorial Paidós SAICF Defensa 599, Buenos Aires

Ediciones Paidós Ibérica SA Mariano Cubí 92, Barcelona

Editorial Paidós Mexicana SA Guanajuato 202, México

La reproducción total o parcial de este libro, en cualquier fonna que sea, idéntica o modificada, escrita a máquina, por el sistema "multigraph", mirneógrafo, impreso por fotocopia, fotodupli­ cación, etc., no autorizada por los editores, viola derechos reservados. Cualquier utilización debe ser previamente solicitada.

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INDICE

Prólogo :' Nuestra experiencia, Marianne Walters

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PRIMERA PARTE, ALGUNAS REDEFINICIONES

1

Hacia una perspe~tivafe~inistaen la terapia familiar

29

SEGUNDA PARTE, RELACIONES FAMILIARES

2

Madres e hijas, Marianne Walters Atrapada en la maraña, Marianne Walters

, "No puedo creer que pensaras que el hecho de que yo haya ido a ver al tío

S. significa que no te quiero", Betty

"¡Adelante, mamá!", Peggy Papp La mala madre, Oiga Silverstein

.

,:,

Carter

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, 101

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Padres e hijas, Betty Carter . Tres generaciones de nenas de papá, Betty Carter El Padrino, Peggy Papp La hija "independiente", Oiga Silverstein Las distintas caras de la clausura, Marianne Walters

Silverstein

caras de la clausura, Marianne Walters Silverstein 4 Madres e hijos, Oiga Está bien que ames

4 Madres e hijos, Oiga

Está bien que ames a tu hijo, Oiga Silverstein

"Demasiado

El buen hijo, Betty Carter "Mientras ames a tu madre

matemaje", Peggy Papp

", Marianne Walters

5 Parejas. Cuestionario para terapeutas matrinwniales, Peggy Papp La esposa "frígida", Peggy Papp

El dúo protector, Oiga Silverstein

El que tiene el dinero, establece las reglas, Betty Carter "¿Ser fuerte significa necesariamente ser callado?", Marianne Walters

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263

268

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LA RED INVISIBLE

TERCERA PARTE, TRANSICIONES FAMILIARES

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Divorcio: el de él y el de

ella, Betty Carter

 

279

"Algo que tiene que cambiar", Betty Carter

291

Revisión de "La laguna dorada", Peggy Papp

299

Operación rescate, Oiga Silverstein

305

"Por tu bien", Marianne

Walters

310

7

Hogares deprogenitor único encabezadospormujeres,Marianne Walters

318

Pasar a la parte de adelante del autobús, Marianne Walters

337

"Ellas necesitan un hombre fuerte en sus vidas", Betty Carter

345

El derecho de ser madre, Peggy Papp

352

¿Es culpa mía?, OIga Silverstein

356

8

Familias resultantes de segundas nupcias: la creación de un nuevo pa­

radigma,

Betty Carter

 

· 364

"¡No sé cuál

de estas madres es

peor!", Betty Carter

375

"

Quererla

como una madre",

Peggy Papp

380

La Cenicienta rediviva, Oiga Silverstein

384

¿Lo que necesitas es lo que deseas?, Marianne Walters

391

CUARTA PARTE, MUJERES SOLAS

 

9

Mujeres

solas: los

años

tempranos e intermedios, Peggy Papp

403

"Escalar las cimas

de la

vida",

Peggy Papp

 

411

Ahogarse en un mar de éxitos, Marianne Walters

416

10

Mujeres solas: los años tardíos, OIga Silverstein

422

La flor marchita, OIga Silverstein

429

"Tal vez ya nunca encuentre otro hombre", Betty Carter

434

Epílogo, Marianne Walters

:

441

Referencias bibliográficas

 

:

443

Indice analítico

 

448

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A nuestras madres

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AGRADECIMIENTOS

Como siempre sucede en este tipo de tarea, hay muchísimas personas cuyas vidas, obras y palabras han influido de manera decisiva en las nuestras. Los .­ primeros borradores que hicimos fueron leídos y comentados por Evan Imber­ Black, Halcy Bohen y Rich Simon, cuyas opiniones nos brindaron el aliento necesario para seguir adelante. Estamos en deuda con nuestra correctora, Sheila Friedling, quien no sólo realizó un trabajo de corrección sumamente competente y sensible, sino que también formuló interrogantes que nos impulsaron a llegar a un nivel que no habríamos alcanzado sin ella. Agradecemos en forma especial a Fred Silverstein, que actuó como anfi­ trión, cocinó, investigó y nos atendió durante nuestras interminables reuniones.

Marianne, Betty,

Peggy y OIga

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Famílíares, amigos y colegas

no puedo nombrar más que a unos pocos de

los que importan en el espacio que me ha sido asignado aquí. Queridos amigos con los que he procesado cada uno de los acontecimientos importantes de mi vida, incluyendo éste, durante los últimos cuarenta años: Zirel Sweezy, Gerry Brittain y Nonny Majchrzyk. Mi primera supervisora, Dorothy Hankins, a instancias de la cual me aferré con firmeza a los valores del trabajo de as istencia social. Rae Wiener, quien me hizo conocer la terapia familiar y me ayudó a (1 integrarlaa mi propio marco de referencia. Mi hermana Barbara, cuya conciencia

feminista despertó la mía. Mis colegas del Centro de Práctica de Terapia Familiar: Halcy Bohen, cuya lucidez teórica y criterio clínico me han suminis­

trado una fuente constante de renovación intelectual; Laurie Leitch talentosa y

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sensible terapeuta cuyas ideas a la vez cuestionaron y expandieron mi propio pensamiento; Larry Levner, quien a través de su permanente compromiso con los valores humanos básicos me brindó un sólido apoyo; PhyIlis Jacobson-Kram , que le dio perspectiva a muchos dramas clínicos difíciles. Ed Mumma, Kitty Montie, Rose Tompkins, Otha Wright, Rose McCabe , Fred Brewster, Roz

Beroza, Jon Win ter , Carol Siegel, Rich

RObert Atki ns, Kris Halstead , Carolyn Krol y De bbie Shore, por no mbr ar sólo

Simon, Matthew Sullivan, David Gage,

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LA RED INVISIBLE

algunos de los docentes, estudiantes y colaboradores del Centro cuyas mentes inquisitivas y cuya dedicación al aprendizaje y el descubrimiento me incitaron

a buscar nuevas direcciones en mi propio trabajo. Para todos ellos, mi más profunda gratitud. Y para BlancaFuertes, mi mayor reconocimiento por la ayuda

y el respaldo administrativos que me brindó.

Marianne Walters

Agradezco a los colegas del Instituto para la Familia de Westchester que

leyeron varios capítulos de este libro y aportaron comentarios de suma utilidad:

Monica McGoldrick, Evan Imber-Black, Ron Taffel, Judy Stern Peck y Fredda Herz. Le estoy especialmente reconocida a Lisa Fine, quien con el mejor de los ánimos pasó a máquina y procesó el material una y otra vez. Y le doy las gracias

a mi marido Sam por su disposición a acompañarme en la tarea de poner en práctica estas ideas en nuestro propio matrimonio y nuestra familia.

Betty Carter

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Deseo agradecer a mis colegas del proyecto especial del Instituto Ackerman de Terapia Familiar, con quienes pasé muchas horas explorando los aspectos relativos al género en el tratamiento de familias y parejas: Valerie Clain, Arlene Genatt, Sandra Mann y Susan Shimmerlik. Sus preguntas y comentários cues­ tionadores estimularon mi pensamiento y le dieron forma a mis ideas. Un reconocimiento especial merece Richard Simon por sus certeras opiniones y su valioso aporte a mi capítulo sobre las parejas. Y por último, aunque no por ello menos importante, agradezco el aliento y el apoyo sostenido que me brindó durante las largas horas de trabajo mi compañero, Starrett Kennedy.

PeggyPapp

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Mi especial agradecimiento a los colegas de Ackerman que leyeron mi material y me brindaron una respuesta invalorable: Bob Simon, Virginia Goldner, Peggy Penn y Marcia Sheinberg. Donald Bloch nos brindó la orienta­ ción y la libertad necesarias para experimentar con nuevos modelos clínicos a medida que luchábamos por introducir nuevos paradigmas en nuestro trabajo con las familias. Mi marido Fred escribió interminablemente a máquina, una y otra vez, y respaldó mi esfuerzo tanto con paciencia como con entusiasmo.

Oiga Silverstein

PROLOGO:

NUESTRA EXPERIENCIA

Marianne Walters

EL CONTEXTO

Al principio la cuestión parecía muy clara. Era la primavera de 1977. El . segundo sexo, de De Beauvoir, había estado en circulación durante casi quince años; La místicafemenina, de Friedan, había creado el clima propicio para una nueva toma de conciencia sobre los problemas de la mujer dentro de nuestra sociedad común. Por todo el país, en cada rincón de la vida pública y privada, las mujeres e~tabancuestionando viejas presuposiciones y tratando de modificar su status en la familia, en sus iglesias, en sus trabajos, en sus profesiones. El proceso de concientización había estado en marcha durante diez años. Los periódicos y revistas dedicados a la condición de la mujer se difundían casi tanto como los que se ocupaban en dar consejos acerca de cómo conseguir marido. La enmienda constitucional por la Igualdad de Derechos era un asunto candente y una causa aceptada. Las organizaciones políticas femeninas captaban cada vez más miembros. Las leyes de divorcio y las reglamentaciones referentes a la tenencia y la manutención de los hijos se estaban volviendo más igualitarias. Por [m, el aborto se había legalizado y las mujeres podían ejercer el derecho de opción respecto de sus propias funciones reproductoras. Un número creciente de mujeres ingresaba en el mundo del trabajo, muchas veces eligiendo campos laborales que hasta entonces les habían sido vedados. Estaban cambiando la demografía de la nación por vía de postergar el casamiento y tener hijos a una edad más avanzada, o no tenerlos nunca. Algunas mujeres optaban por ser madres solteras. Otras se estaban dedicando a la política. Las mujeres podían obtener créditos a su nombre, comprar inmuebles o iniciar pequeños negocios. Los libros escritos por mujeres y acerca de mujeres, estaban creando nuevas imágenes y dominios culturales. La teoría feminista había pasado a ser objeto de

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serios estudios e investigaciones. Y el movimiento femenino estaba en la orden del día de la gestión pública. Dentro del campo de la salud mental se estaba comenzando a reconocer, si bien con cierta reticencia, que la teona del desarrollo se había fundado primor­ dialmente en la experiencia de los varones y que las escalas de adaptación y madurez estaban basadas en modelos de conducta masculinos. La constatación de que la mayona de los pacientes eran mujeres y la mayona de los terapeutas eran hombres había empezado a inquietarnos, a algunas de nosotras. Las categonas de diagnóstico y los criterios teóricos estaban siendo sometidos a análisis, para determinar si contenían vicios originados en prejuicios sexuales, por parte de grupos de estudio y equipos de trabajo femeninos dentro de las principales organizaciones profesionales de asistentes sociales, psicólogos y

psiquiatras. La obra Hacia una nueva psicología de la mujer, de Jean Baker

~er -"7s e hab i a convertido en ün lI tiro OeTeXtü co1fie'nre- e'ilms~cursos--ae

psicología universitarios y en lo~departamentos de estu~os femeninos, y.Y.zs mujeres y la locura , de Chesler, haQía suscitado argüñós senos mteITogantes acerca de lamedida eH que la psicoterapia misma era iatrogénica con respecto a las mujeres. En el libro de Chesler se señalaban ciertos modos en que el prejuicio sexual del proceso de tratamiento tendía a patologizar a las mujeres. Mientras que la mayona de los teóricos y docentes en el campo de la salud mental eran hombres, sus colegas mujeres estaban comenzando a plantear serias dudas acerca de si la experiencia de la mujer de crecer en una cultura definida por el varón estaba suficientemente representada tanto en la teona como en la práctica propias del campo. Los temas relativos a la mujer estaban siendo abordados con mayor frecuencia en las juntas profesionales y la terapia feminista se estaba convirtiendo en una disciplina reconocida. y así, al principio nos pareció muy claro que la terapia familiar también debía abordar la problemática de la mujer y comenzar a considerar la pertinencia de incorporar una perspectiva feminista a su teona y su práctica. La cuestión parecía tan clara que cuando me dispuse a organizar el primer seminario en terapia familiar para discutir el rol cambiante de la mujer en la familia , ni siquiera me detuve a considerar la omisión de los conductores de la terapia familiar en cuanto a tomar nota de dichos cambios. Parecía tan claro al principio, que nunca se me ocurrió que no todos los terapeutas familiares aceptarian de buen grado la empresa en la que nos estábamos por embarcar. Ahora, en retrospectiva, parece sumamente paradójico que en un campo dedicado ala familia se hubiera prestado tan poca atención a los roles sexuales en la familia, a las funciones definidas según el género dentro de las familias o a los procesos de socialización, para varones y mujeres , que crean la cultura del matrimonio, de la crianza infantil y de la familia. La familia, como sistema social, está basada en el género. Su misión es estructurar las relaciones y organizar las vidas sociales de los dos sexos que

PROLOGO

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habitan el planeta, de modo de asegurar que se cumplan ordenadamente las funciones de procrear, proteger y criar a los niños y garantizar la continuidad social entre las distintas generaciones. Por supuesto, también tier.e un fundamen­ to económico, el que está basado, asimismo, en el género. Para que los hombres pudieran tener la libertad de explorar, hacer descubrimientos, desarrollar nuevas sociedades o salir a trabajar en oficinas, neceSItaban que alguien manejara los hogares en los que ellos residirian con sus hijos y se ocupara de las necesidades cotidianas. ¿Cómo era posible, entonces, que los terapeutas familiares no tuvieran plena conciencia de la socialización basada en el género? ¿Cómo se

- podria haber pasado por alto, dentro del campo, la tendencia a estereotipar los roles sexuales en la formación de la familia? En retrospectiva, parecena que la propia teona de sistemas -al menos según se la aplicaba a la terapia familiar- distorsionaba la visión de nuestros teóricos. Los principios autocontenidos de la teona de sistemas permitían a sus adherentes proclamar la neutralidad tanto de ellos mismos como de los miembros de la familia, al determinar que las familias se regían únicamente por las leyes existentes dentro del propio sistema familiar. Comprender la conducta, la motivación, la sintomatología, el crecimiento y el desarrollo humanos a través ( \ de los principios organizadores de la teona de sistemas era sin duda un rumbo propicio para los profesionales de la salud mental. Pero al parecer se había

su propio espacio , atrinche­

rada detrás de un muro creado por su propia lógica interna Sin embargo, todos los sistemas humanos habitan un espacio abierto en el que interactúan múltiples

subsistemas, creando un contexto de experiencia amplio. Ningún contexto podria ser más pertinente para comprender todos los sistemas familiares que el del género. No hay ningún contexto "neutral" dentro del cual existan sistemas humanos.

tan claro

que ninguna de nosotras estaba totalmente preparada para las complicaciones, la lucha y los conflictos que se generaron cuando nosotras, en tanto mujeres terapeutas, hicimos pública nuestra decisión de explorar los problemas y las ~! experiencias de las mujeres dentro de la familia, y de estudiar los efectos de una cultura patriarcal sobre la salud mental de las mujeres, así como sobre nuestro

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convertido en una especie de prisión, suspendida en

Por todo esto, al principio nuestro propósito parecía muy claro

1 propio trabajo clínico.

DONDE ESTABAMOS CUANDO EMPEZAMOS

Tras haber vuelto de Londres, donde había pasado un año enseñando en la Clínica Tavistock, me puse a trabajar en la Clínica de Orientación Infantil de Filadelfia, en la que atendía familias, realizaba tareas administrativas y de supervisión, y dictaba clases en diversos programas de capacitación en terapia

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LA RED INVISIBLE

familiar. Aunque me alegraba estar de nuevo en mi "propia casa", el año pasado en Londres me había resultado sumamente estimulante. El debate crítico y el intercambio intelectual entre especialistas del campo de la salud mental eran allí de mayor envergadura y en general más eruditos que en mi país, y me sentía impulsada a continuar profundizando mi propio pensamiento crítico. Al mismo tiempo, el campo de la salud mental en Londres parecía estar irremediablemente sobrecargado de técnicas terapéuticas y formulaciones analíticas tradicionales "; que yo hacía tiempo había desechado. La contradicción era perturbadora. En mi país, algunas de las terapeutas mujeres enfrentaban la contradicción de signo opuesto: técnicas terapéuticas avanzadas que "daban resultado", pero poco '\ estímulo para la discusión crítica de la teoría y los conceptos básicos. Aquí uno debía "hacer", no pensar; allá uno tenía que pensar con más rigor que el que se esperaba que empleara para hacer. Seguramente debía existir algÚn punto intermedio. Estas terapeutas querían asumir un punto de vista crítico respecto de algunos de los presupuestos teóricos de la terapia familiar, en particulardebido a que esos presupuestos influían en sus roles de mujeres que trabajaban con familias. Les preocupaba la existencia de mensajes sexistas implícitos en gran parte de la práctica con las familias y deseaban evaluar su propio trabajo desde una perspectiva feminista. Se me pidió que coordinara IDI grupo de estudio centrado en la condición de las mujeres dentro de la familia y el rol de las mujeres como terapeutas familiares. Esto resultó ser una tarea difícil, que significó un verda­ dero desafío. No había ningún precedente, ningÚn apoyo dentro del organismo y ningún punto de referencia fuera de él, ya que las terapeutas feministas habían rechazado la terapia familiar algunos años antes. Aunque por ese entonces ningún campo de estudio o de práctica serio dentro de la esfera de las humani­ dades dejaba de considerar las implicaciones del feminismo en relación con su propia teoría, toda crítica feminista a la terapia familiar era desestimada como "no sistémica" y sin duda molestaba a la mayoría de los terapeutas familiares. Nuestro grupo de estudio tuvo que funcionar prácticamente en la marginalidad. Cada una traía sus cintas grabadas para que las escucharan las demás y analizábamos críticamente nuestras intervenciones a fin de detectar aspectos relativos a la condición femenina en nosotras mismas, así como en nuestras pacientes. Siendo yo la unica persona del grupo con carácter de "jefe", me preocupaba la posibilidad de que quedáramos aisladas y tenía conciencia de la importancia de establecer unared de contactos con terapeutas familiares mujeres ajenas a la Clínica. Yo había conocido a Peggy Papp algunos años atrás, cuando hizo una presentación de su técnica del esculpido de la familia en Filadelfia. Nos reunimos, nos pusimos a hablar, cenamos juntas, hablamos un poco más, y desde entonces somos amigas y compañeras de trabajo. Poco después le pedimos a Peggy que pasara un día por semana en la Clínica, supervisando un grupo de

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PROLOGO

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capacitación externo. Aunque para la primavera de 1977 Peggy ya no venía a dar clases a Filadelfia, comenzamos a tener reuniones con ella para discutir la posibilidad de formar una red de terapeutas familiares dedicadas a la problemá­ tica de la mujer. Pese a estar sumamente ocupadas, empezamos a reservar un poco de tiempo para compartir algunas de nuestras propias luchas personales y . profesionales como mujeres, en un campo dominado por los hombres. Peggy había estado en el cuerpo de profesionales del Instituto Ackerman desde mediados de la década de 1960. Junto con Virginia Satir, era una de las primeras mujeres que habían llegado a destacarse en el campo de la terapia familiar. Su temprana experiencia como actriz fue parte de una amplia gama de capacidades para la improvisación que utilizaba en su terapia , así como en el desarrollo de técnicas innovadoras. Peggy se había interesado en la terapia familiar al ver uno de los videos de Nathan Ackerman en el departamento de bienestar social de la ciudad de Nueva York; eso la impulsó a volver a la universidad para obtener su licenciatura. Más tarde se incorporó al Instituto y se capacitó inicialmente con el propio Ackerman. En 1970 Peggy se desempeñaba como supervisora de campo de la Escuela de Asistencia Social de la Universidad Hunter cuando fue agraciada con dos de las mejores y más brillantes alumnas que jamás hubieran pasado por ese benemérito establecimiento: OIga Silverstein y Elizabeth (Betty) Carter. En 1973, Peggy Papp y Betty Carter fundaron, junto con Tom Fogarty y Phil Guerin, el Centro para el Aprendizaje de la Familia, en Nueva Rochelle, Estado de Nueva,York. Al año siguiente, Peggy y OIga Silverstein iniciaron el Proyecto de Terapia Breve en el Instituto Ackerman, implementando un programa de tratamiento experimental que habría de servir de prototipo para otros programas similares. En la actualidad Peggy dicta conferencias y organiza seminarios por todo el mundo, pero el Proyecto fue el sitio en el que originalmente elaboró nuevas ideas e innovaciones en materia de métodos y técnicas. Betty Carter fue la primera mujer del país que fundó y dirigió un instituto de entrenamiento en terapia familiar. Eso ocurrió en 1977, tras una escisión en el Centro de Práctica de Terapia Familiar en Washington D. C. Desde entonces, otros dos o tres institutos de capacitación han sido dirigidos por mujeres, ¡entre casi 300 centros de entrenamiento en terapia familiar existentes en el país! más del 70 por ciento de las personas formadas en estos institutos son mujeres. ¿Eso no da qué pensar? Betty Carter y un grupo de colegas fundaron el Instituto para la Familia de Westchester sin el beneficio de la cadena de contactos con los "viejos compañeros" del campo, y ninguna de nosotras estaba segura, por ese entonces, de que una institución dirigida por mujeres pudiera sobrevivir. La actividad de Betty en cuanto a desarrollar un conglomerado de amistad y cooperación, crear alternativas para una conducción eficaz y establecer modelos de rol femeninos sentó un precedente para otras mujeres en similar posición. Hemos pasado muchas horas fructíferas juntas, en tanto directoras de institutos

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LA RED INVISIBLE

de capacitación, resolviendo problemas de todo tipo, como los referentes a las

estructuras organizativas,las relaciones con el personal, los modos de financiación

y la manera de compartir la carga de la tarea. OIga Silverstein y Peggy Papp han estado colaborando una con la otra en sus trabajos clínicos, de supervisión y de capacitación desde mediados de la década de 1970. La propia historia personal de OIga es un reflejo de los cambios que han operado las mujeres en sus vidas durante los últimos veinte años. Hija de inmigrantes, OIga se casó siendo joven y después de treinta años como ama de casa y madre se postuló en la Escuela de Asistencia Social de Columbia para trabajar allí como graduada. Se le negó la admisión con el pretexto de que era "demasiado vieja" como para realizar un verdadero aporte en ese campo de acción. Tenía cincuenta años en ese momento. El rechazo resultó afortunado. En la Escuela para Graduados de Asistencia Social de la Universidad Hunter conoció a Betty Carter y ambas obtuvieron plazas en el Instituto Ackerman para realizar allí su segundo año en trabajo de campo. La experiencia de vida de OIga pronto se tradujo en sabiduría e idoneidad clínicas, y poco después de ingresar en Ackerman ya estaba enseñando, supervisando y orientando a terapeutas más jóvenes. OIga y yo compartimos algunas tradiciones sociales y culturales que han conformado nuestra visión del mundo. Ambas somos hijas de inmigrantes judíos

y fuimos criadas en una atmósfera de conciencia social yprotesta política a la que suscribimos y en la que a menudo participamos en forma activa. Cuando surgió

el movimiento femenino, lo vimos como una extensión natural de los diversos

movimientos en favor del cambio social que habíamos conocido a través de los años. Pero ambas pronto entendimos que, para nosotras, éste era diferente. Implicaba una concientización que afectaba directamente el modo en que conducíamos nuestras vidas, entablábamos relaciones, criábamos a nuestros hijos y nos percibíamos a nosotras mismas como mujeres. Tenía el potencial de transformar, no sólo de reformar, la sustancia y las condiciones de nuestras propias vidas. En el caso de Peggy, estaba el legado de antepasados pioneros que colonizaron el Oeste y de padres que vivieron de acuerdo con tradiciones

forjadas a partir de la experiencia de aquellos que, excluidos de la corriente social mayoritaria, buscaban su propio territorio. El feminismo fue para ella otro canal

a través del cual expresar su lucha personal por la independencia y su búsqueda de nuevos modos de enfocar su propia vida y extraerle el significado. El padre de Betty había construido su vida en tomo a la convicción de que la sociedad necesitaba crear oportunidades para sus miembros en desventaja. Convenció a varios empresarios paraque contrataran a discapacitados ydesarrolló programas de entrenamiento para posibilitar que personas con necesidades especiales ingresaran en el mundo del trabajo. Comprender las necesidades especiales de cualquier grupo de personas privadas de acceder a las oportunidades y los

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PROLOGO

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privilegios de la sociedad era una segunda naturaleza para Betty, y el feminismo

no pareció

Cuando las cuatro nos reunirnos por primera vez en el verano de 1977 para discutir posibles modos de introducir una toma de conciencia sobre la condición de la mujer y el feminismo en la corriente general de la terapia familiar, nos impresionó comprobar en qué medida el movimiento femenino ya había comen­ zado a afectar nuestras vÍdas y nuestro modo de pensar. Seguramente, lo mismo debía estarle sucediendo a muchas de nuestras colegas. La lectura de la obra de Friedan que había hecho Betty tuvo el efecto de sepultar gran parte de las ideas tradicionales que le había dejado su formación católica irlandesa, yPeggy estaba examinando algunas de sus propias decisiones, así como su desarrollo personal, a través del lente de la conciencia femenina. OIga estaba reestructurando ciertos aspectos de su vida familiar, dado que ella y su marido compartían un "despertar" feminista y una revisión de los antiguos roles. Y yo estaba embarcada en el temerario desafío de salir adelante por mi cuenta, con tres hijos, y agradecida al movimiento femenino por haber hecho que ésta fuera una opción posible. Todas nosotras estábamos experimentando una nueva libertad para ocupar un lugar predominante en nuestro campo y para asumir una presencia más "pública", y estábamos también luchando con las implicaciones personales de

nada alejado de las preocup3ciones éticas de su familia .

f tales empresas. Dado que yo había tomado la iniciativa para que nos reuniéramos, sabía que necesitaba tener un plan que nos mantuviera juntas. Aquí estábamos, cuatro mujeres profesionales sumamente atareadas con nuestras funciones de terapeutas, docentes, supervisoras, administradoras y directoras de programas, además de las de criar hijos, atender las tareas domésticas, lidiar con matrimo­ nios y divorcios, cuidar a padres ancianos, mantener amistades, concertar reuniones de familia y organizar transiciones familiares; cuatro mujeres de diferentes procedencias que compartíamos una profesión y, ahora, también una causa común. Era muy estimulante. Propuse que comenzáramos por realizar un seminario juntas, utilizando nuestras propias grabaciones y materiales clínicos para ilustrar algunos de los aspectos y dilemas profesionales críticos. Mi propuesta fue aceptada. Y así se inició nuestro trabajo juntas.

El proyecto femenino en terapiafamiliar

Nos presentamos por primera vez como grupQ en diciembre de 1978. Nuestro seminario, llamado "Las mujeres como terapeutas familiares", tuvo lugar en Filadelfia. Antes nos habíamos reunido varias veces para preparar nuestro material e instaurado informalmente lo que habría de convertirse en la estruct ura de nuestro estilo de colaboración. Cada una de nosotras se hizo cargo de un eje temático con el que nos sentíamos particularmente identificadas, o de un aspecto clínico con el que estábamos más fa miliarizadas. En nuestros

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LA RED INVISIBLE

encuentros, procurábamos detectar los puntos relativos alacondición de la mujer

en nuestros casos y presentaciones, y analizábamos modos de abordarlos. Luego,

cada una de nosotras, por separado, preparaba una presentación desde la perspectiva de nuestro propio estilo y orientación metodológica. Ese primer seminario fue un éxito definitivo para nosotras. Los participantes

no sólo nos brindaron una respuesta entusiasta sino que también insistieron en

que la necesidad de continuar integrando la problemática de la mujer a la terapia familiar era perentoria. Las mujeres presentes hablaron, algunas de ellas por primera vez ante un grupo numeroso, acerca de sus propias inquietudes. Plantearon problemas que iban desde el uso que debían hacer las terapeutas mujeres de su autoridad hasta la manera de reestructurar los sistemas de asignación de servicios en favor de las mujeres. Algunas relataron sus experien­ cias en materia de prejuicios sexuales en los organismos en que realizaban su práctica profesional o en sus programas de capacitación en terapia familiar. Lo más importante es que hubo una coincidencia general en que la voz distintiva de las mujeres en el campo de la salud mental, en los organismos sociales, como

de los sistemas familiares , estaba ausente de

los muchos libretos vigentes de la terapia familiar, y que este seminario era el primero en hacer oír esa voz. Al examinar los problemas de las mujeres como terapeutas familiares durante ese seminario, nos encontramos confrontando diversos temas, desde la política social y los sistemas de servicios de entregas hasta el uso que hacía la terapeuta de sí misma. Comprobamos que nosotras, al igual que nuestro auditorio, proponíamos más interrogantes a cada paso, y que teníamos pocas respuestas. Descubrimos nuestra propia falta de familiaridad con las nuevas teorías del desarrollo femenino, ocon las investigaciones sobre las consecuencias económicas y sociales del rol tradicional de la mujer en la familia. Había mucho que aprender y mucho que hacer. ¿Asumiríamos nosotras esa tarea? ¿Debíamos tomar la investigación de estos temas como ·algo prioritario en nuestras ya sobrecargadas vidas personales y profesionales? ¿Estábamos preparadas para cuestionar algunos de los presupuestos teóricos y de las prácticas de la terapia familiar? ¿Cómo empezaríamos a organizar y estructurar tal proyecto? ¿Y cuál debería ser nuestro rol en él? Después del entusiasmo del desafío, el descubri­ miento y el amplio respaldo que experimentamos en nuestro primer seminario, sobrevino ese período de autoexploración y autocuestionamiento que "pone a - prueba las almas de los hombres (y las mujeres)".

Tomamos cuatro decisiones fundamentales: (1) Continuaríamos colaboran­

do en torno a las cuestiones relativas a la mujer en las familias y en la terapia famil iar. (2) Nos daríamos el nombre de "El Proyecto Femenino en Terapia Familiar". (3) Realizaríamos otro seminario fuera de nuestros centros de trabajo

y patrocinado exclusivamente por el Proyecto Femenino. (4) Nos gustaba

terapeutas, como pacientes, dentro

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PROLOGO

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21 I

trabajar juntas y encontrábamos que nuestra relación como colegas era tanto intelectualmente estimulante como profesionalmente productiva. A efectos de las presentaciones, así como de la conducción de nuestras reuniones, yo pasé 'a ser la coordinadora, y el Centro de Práctica de Terapia Familiar en Washington, la rama administrativa del proyecto. Establecimos la regla de que si alguna d6 nosotras tenía serias objeciones a cualquier actividad, procedimiento o política, o a cualquier idea, teoría o enfoque, todas respetaría­ mos el derecho de veto individual. Concordamos en esforzarnos por llegar a un consenso en cuanto a la teoría atinente a las mujeres en las familias y a los aspectos relativos a la mujer, y a evitar tal esfuerzo en lo referente a nuestras diferencias metodológicas. Apartir de este acuerdo y de la experiencia de nuestro primer seminario, desarrollamos una fórmula clara para nuestra continuada colaboración. Trabajaríamos juntas para elaborar un marco teórico para el análisis de los temas inherentes a la mujer, así como una perspectiva feminista en la terapia familiar, y trabajaríamos por separado para ilustrar o presentar esta perspectiva feminista dentro de riuestras propias técnicas y enfoques individua­ les. Todas estábamos seguras de que no deseábamos formar ninguna especie de cofradía. Queríamos que el proyecto sirviera de vehículo para la introducción de los temas de la mujer y la teoría feminista en la corriente general de la terapia familiar y aspirábamos a hacer participar a la mayor cantidad posible de terapeutas interesados y comprometidos con la propuesta. Con esta finalidad, empezamos a preparar una serie de seminarios. A esta altura, todavía albergábamos la ilusión de que el Proyecto Femenino sería una adición pequeña, aunque importante, a nuestras ya nutridas activida:" des. Pero sin darnos cuenta, nos habíamos embarcado en la travesía más compleja, tormentosa y gratificante de nuestras vidas profesionales. Habíamos tocado una cuerda sensible en las mujeres del campo. En marzo de 1978 presentamos un seminario sobre los temas de la mujer dentro de la terapia familiar en el encuentro anual de la Asociación Ortopsiquiá­ trica Americana. No habíamos esperado la numerosa concurrencia que tuvimos en este encuentro y nos sentimos estimuladas y alentadas por la participación mutuamente respetuosa, activa y bien fundamentada de muchos de los asistentes. En junio de ese año los dos primeros artículos sobre los enfoques feministas en la terapia familiar aparecieron en publicaciones especializadas en terapia fami­ liar: "Un enfoque feminista de la terapia familiar" , de Rachel Hare Mustin, en Famtty Process. y el artículo esento por Rare Mustm con su colega Hines, sobre "Preocupaciones éticas en la terapia familiar". el cual apareció en Journal of Marriage and Family Therapy. Nuestra primera serie de seminarios, en 1979, fue proyectada en torno al artículo "El dilema de las mujeres en las familias". A medida que lidiábamos con este vasto tema al desarrollar nuestras ideas y nuestras presentaciones, nos dimos cuenta de que tendríamos que reducir nuestro foco de atención. Decidimos

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LA RED INVISIBLE

organizar nuestro pensamiento en tomo a los roles y las relaciones de las mujeres dentro de la estructura de la familia, centrándonos en una relación en Particular a fin de explorarla con el mayor detenimiento posible. De este esfuerzo surgió nuestra siguiente presentación pública: "Madres e bijas". Unas quinientas o seiscientas personas asistieron a nuestro primer seminario sobre este tema, el que tuvo lugar en Nueva York, en la prim~verade 1980. Los terapeutas venían acompañados por sus madres o sus hijas y en el auditorio estuvieron represen­ tadas varias generaciones de terapeutas mujeres. Procesos, políticas, experien­ cias personales yclínicas, metodología y teoría, fueron examinados con referen­ cia a la relación entre madres e hijas. El procedimiento de utilizar el contexto más amplio de la socialización basada en el género para examinar las relaciones, en lugar de un sistema familiar exclusivamente interno, nos suministró la herra­ mienta necesaria para experimentar con revisiones y adaptaciones clínicas. Repetimos nuestro seminario sobre "Madres e hijas" en diversas partes del país y en Inglaterra en 1981-82, culminando en un simposio residencial de I mujeres de una semana de duración, realizado en las Berkshires en el verano de 1983. Al año siguiente preparamos Ypresentamos seminarios sobre "Madres e hijos varones, padres e hijas" y publicamos dos monografías que contenían presentaciones representativas procedentes de estos seminarios. Estábamos formando una red de ·contactos Con otras terapeutas familiares del país y del extranjero, prestando nuestro apoyo y cualquier colaboración que podíamos al trabajo de jóvenes mujeres terapeutas que desarrollaban teorías , escribían y hacían investigaciones en el campo del feminismo y la terapia familiar, y orientando a terapeutas talentosas en nuestros programas de capacitación. Nuestra propia amistad y respeto mutuo se iba profundizando, y pese a nuestras personalidades competitivas era evidente que estábamos disfrutando y compar­ tiendo genuinamente nuestros éxitos individuales, así como nuestros esfuerzos colectivos en el campo. Con la sensación de algo inevitable, supimos que tenía que haber una nueva tarea en vista.

Este libro : Nuestro proceso

Y así encontramos , en nuestro trabajo juntas, un libro que escribir, y durante el verano de 1984 comenzamos a planearlo. D~más está decir que desde entonces hemos cambiado de rumbo muchas veces Ynavegado a través de varios mares tormentosos. Cuando no~ .reunimos durante el verano de 1986 para una de nuestras aparentemente interminables sesiones de escritura, hablamos de lo que nos había mantenido en marcha y de cómo fue que la calidad de nuestra colaboración habría aumentado, y aun mejorado, a través de cinco años de

seminarios, re uniones,

presentaciones y

controversias admuli stra tivas, además

. de dos años de

escribir, corregir, volver a escri bir y aun más re unio nes . Sin duda,

r

PROLOGO

23

un factor fundamental era la importancia quetodas nosotras le conferíamos al tema que estábamos explorando, la apremiante motivación a hacer que la

conciencia femenina y la experiencia de las mujeres estuvieran representadas en

la teoría y la práctica de la terapia familiar. Aun cuando hubo ofensas, malenten­

•didos, decepciones y exigencias encontradas respecto de prioridades personales y profesionales -aun cuando sentíamos la tentación de escapar de las incesantes presiones- siempre retomábamos a la tarea que teníamos entre manos porque era un cometido que no podíamos eludir. Por otra parte, el creciente sentimiento de unión y amistad entre nosotras nos

impulsó a seguir adelante y se convirtió en algo que ninguna quería hacer peligrar

y que todas queríamos preservar. Al reflexionar al respecto, llegamos a la conclusión de que no podríamos haber mantenido el vínculo profesional y la amistad personal que se fueron dando durante nuestros años de colaboración si no hubiéramos sido, desde el principio, un grupo de pares, tanto profesional como personalmente. Las cosas podrían no haber marchado bien si hubiera habido una gran disparidad entre nosotras en cuanto a experiencia o autoridad en

el campo, o haber existido diferencias considerables de edad o niveles desiguales

de logro profesional. Como pares y como docentes, nuestra colaboración pasó

a ser uno de los pocos ruedos en los que podíamos ser interminablemente

contradecidas y cuestionadas. Desde el comienzo, el Proyecto Femenino había sido un lugar en el que debatíamos vigorosamente nuestras ideas. Esto resultó ser un buen entrenamiento para los aun más rigurosos debates ideológicos y clínicos que se produjeron mientras escribíamos el libro. Aun cuando polemizábamos, y

pesea algunos serios desacuerdos,nuestro compromiso mutuo continuó crecien­ do.

La estructura y el estilo de colaboración que teníamos cambiaron al escribir

el libro. Cada una de nosotras preparaba un "borrador" que utilizábamos como

base para la discusión, buscando las ideas y temas centrales y descartando otros. Luego cada una escribía un capítulo; después nos encontrábamos, se leía el capítulo en voz alta, y las cuatro analizábamos el trabajo de las demás. Muchas veces, en nuestros encuentros personales surgía un punto que deseábamos incluir en el libro, O se aguzaba alguna idea que había estado rondando mientras trabajábamos con los materiales de los capítUlos. Y a la inversa, a veces nos encontrábamos relacionando el material que teníamos entre manos con ciertas anécdotas o recuerdos personales, e interrumpíamos la lectura de un capítulo para contar historias de familia yreferir experiencias ilustrativas. Gradualmente,

la

experiencia personal se convirtió en parte del trabajo, y el trabajo en parte de

lo

personal, dándonos una sensación de enriquecimiento e integración.

Desde luego, este proceso reflejaba uno de los temas principales de nuestro libro: la integración de la razón y la emoción, de lo personal y lo "político", de

lo relacional y lo instrumental. Una y otra vez nos encontramos fundamentando

nuestro trabajo con elementos de nuestros propios procesos de aprender a

¡.

1

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LA RED INVISIBLE

relacionamos, de nuestras experiencias personales. Y una y otra vez comproba­ mos que nuestra experiencia personal se veía transformada por obra de lo que estábamos pensando. El procedimiento de leer en voz alta nuestros escritos ante
\

las demás y de admitir críticas, cuestionamientos y discrepancias, nos colocó en un contexto de intensa intimidad, la que demandaba a la vez }:onfian~~~

\ El asunto de determinar el orden en que figuraríamos como autoras de este libro constituye un ejemplo del proceso que vivimos. Al principio, tratando de ser "democrática", propuse que nuestros nombres aparecieran por orden alfabé­ tico, cosa que todos aceptamos. (¡Betty Carter estuvo encantada!) Pero luego me empezó a disgustar la idea y lamenté que todas la hubiéramos aprobado con tanta rapidez. (La perspectiva de figurar en las reseñas bibliográficas como Carter, Papp y otras no me resultaba para nada atractiva, por cierto). Me irritaba el hecho de que yo había iniciado el Proyecto Femenino pero terminaría apareciendo como la última autora en este libro. ¿Pero cómo podía transmitirles esto a las demás sin parecer pretenciosa, mezquina y competitiva? En una de nuestras reuniones llegué hasta a sugerir, casi bromeando, que nuestros nombres apare­ cieran en un círculo, sin comienzo ni final. ¡Por suerte nadie me tomó la palabra! Sabía que era necesario que hablara con las demás acerca de esto, pero experimentaba una sorprendente reticencia al respecto. Entonces, en una de las reuniones, OIga y yo, casi en forma simultánea, dijimos que queríamos discutir el asunto de la autoría del libro. Era evidente que a ella también le había estado molestando (dado que nosotras dos éramos las más perjudicadas por el orden alfabético.) Y ambas, por separado, habíamos pensado en la misma solución:

incluir una autoría colectiva, es decir que como autor del libro figurara El Proyecto Femenino. Betty y Peggy aceptaron de inmediato. En esta atmósfera de comprensión pudimos hablar sobre mi conflicto en términos del dilema genera­ 1 lizado de las mujeres de tener que ser a la vez complacientes pero firmes de carácter, sociables pero con criterios propios definidos. Este hecho sirvió para ilustrar el grado en que las mujeres somos socializadas de modo de evitar conductas que parezcan agresivas y de rehuir afirmar la necesidad de que nuestros aportes sean reconocidos por temor a que los demás lo interpreten como una actitud ególatra. Aunque creí estar finalmente conforme por haber dicho lo que quería, me di cuenta de que el conflicto no había concluido para mí, de que

por nuestras diferencias individuales.

\

aún no tenía la sensación de haber logrado lo que merecía: De este modo, los sentimientos individuales respecto de un proceso interpersonal podían ser, y lo fueron, utilizados para instruimos a todas nosotras. Algunos meses más tarde, cuando el libro estaba casi terminado, revimos esta decisión y decidimos que la autoría colectiva era inapropiada. Mis colegas consideraron que, como iniciadora del Proyecto Femenino, yo debía ser la primera autora mencionada y que los nombres de ellas aparecían después, en orden alfabético. Para mí, ese reconocimiento, por parte de estas mujeres en

PROLOGO

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\ I

particular, será siempre una experiencia más perdurable que el propio orden de aparición de nuestros nombres. Creo que una de las cosas que más nos costó al escribir este libro fue abstenemos de abordar la sociología de la problemática de la mujer a medida que se iba profundizando nuestra conciencia y nuestra familiaridad con la teoría feminista y el movimiento femenino. Cuando imciamos nuestro trabajo juntas en el Proyecto Femenino, eso marcó para nosotras el comienzo de una gradual evolución y una creciente conciencia feminista. Y nos sentimos motivadas a compartir, a través de este libro, algo de lo que habíamos aprendido. Tuvimos que recordamos continuamente a nosotras mismas que no somos teóricas sociales escribiendo sobre los temas de la mujer en general, y ni siquiera según se aplican al campo general de la salud mental. El hecho de que somos en primer término clínicas, esencialmente comprometidas ton el enfoque de la terapia familiar en nuestro trabajo clínico y en nuestra labor docente, debía ser la base sobre la cual habríamos de edificar nuestra propuesta para una perspectiva feminista en la terapia familiar. Nuestro libro se centra en las relaciones de las mujeres dentro de la familia. No hemos hecho ningún intento de agotar el tema. Tenemos plena conciencia de que enormes porciones de esa experiencia han quedado fuera. No hemos incluido, por ejemplo, ningún capítulo específicamente dedicado a las hermanas o a las abuelas. Hemos procurado plantear algunos de los aspectos, algunas de las situaciones comunes Y algunas de las consecuencias de la socialización basada en el género sobre las relaciones dentro de la familia. No cabe duda de que las cuestiones relativas al género dentro de la familia suscitan muchos problemas y tienen muchas consecuencias para los hombres; pero ése no es el tema central de este libro y rara vez abordamos esos puntos. Con todo, el lector observará en las descripciones de nuestros casos, las consecuencias positivas que tienen las intervenciones feministas para los varones de las familias. Cada aspecto que comentamos y cada relación que exploramos tiene sus implicacio­ nes, en algún nivel, para nuestros compañeros y nuestros colegas varones. Pero esas implicaciones no son el tema central de nuestro libro. El material de este libro está proyectado como para ser aplicable clínicamen­ te. El ensayo introductorio de cada capítulo, según esperamos, suministrará un . contexto para considerar los problemas de la familia, las interacciones de los pacientes y las intervenciones clínicas desde una perspectiva feminista. Para facilitar este proceso, cada una de nosotras ha aportado un caso ilustrativo a cada capítulo. En ningún momento intentamos llegar a un consenso con respecto a nuestras orientaciones teóricas y estilos clínicos individuales, los cuales, desde el principio ya lo largo de nuestra colaboración, han sido diversos y distintivos:

Betty Carter presenta un modelo transgeneracional de terapia familiar basado en la teoría de sistemas de Bowen ; OIga Silverstein practica un método sistémico intergeneracional evolucionado . con raíces en la escuela de Milán. en Bowen y

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LA RED INVISIBLE

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en Milton Erickson; Peggy Papp aplica un método sistémico/estratégico con origen en el Instituto de Investigaciones Mentales, la escuela de Milán y Milton Erickson, y yo brindo un modelo de terapia que ha evolucionado desde la teoría estructural hasta los conceptos del contexto y la competencia como parámetros del cambio. Ninguna de nosotras.abordaría cualquiera de los casos incluidos del mismo modo que la autora responsable de ese caso particular. Hay muchos casos en este

libro. Cada uno de ellos representa un aspecto relativo a la condición de la mujer

o una intervención feminista. Y cada uno Ílustra l~ metodología

y el estilo

particulares de la terapeuta que lo presenta. Uno de los principios de nuestro trabajo juntas es no permitir que las diferencias entre nosotras Interfieran con nuestro compromiso comÓn de aplicar una perspectiva feminista al repertono de técnicas e intervenciones típicas de las distintas orientaciones clínicas quejas cuatro representamos. Durante los muchos seminarios que precedieron la elaboración de este libro, tuvimos especial cuidado en no dejar que nuestras

 

divergencias teóricas se interpusieran en la tarea de desarrollar una nueva base

para el

consenso y la

unidad de criterios.

. Al leer este libro, el lector encontrará que una u otra de Jas orientaciones teóricas le resulta más familiar y más afín a su propio modo de pensar y trabajar. Le pedimos que procure distinguir entre los argumentos feministas que exponemos, sobre los cuales coincidimos, ylas orientaciones teóricas opropues­ tas metodológicas, en las que diferimos. En otras palabras, le pedimos que trate de no descartar algún planteo feminista por el hecho de que se lo presenta dentro de un marco metodológico con el cual no está familiarizado o con el que no concuerda.

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Primera parte

ALGUNAS REDEFINICIONES

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1. HACIA UNA PERSPECTIVA FEMINISTA EN LA TERAPIA FAMILIAR

Los actuales paradigmas de la terapia familiar están basados en el sistema de valores de la familia norteamericana de los años cuarenta y cincuenta, y se han quedado lamentablementerezagados con respecto aciertos cambios sociales que ya están en plena marcha. En la estructura y el funcionamiento de la familia se han producido importantes cambios que están ahora fmnemente arraigados en nuestra so­ ciedad. Las mujeres, cada vez en mayornúmero, no sólo trabajan fuera de su casa sino que ya no tienen la opción de quedarse en el hogar dado que los dos sueldos por familia se han convertido en una necesidad económica para las familias de clase trabajadora y en una expectativa para la clase media en ascenso. El aumento de divorcios y segundos matrimonios ha dado lugar a una gran cantidad de nuevas formas familiares, con madres que crian solas a sus hijos, parejas casacas en segundas nupcias que luchan por integrar a los hijos de él y los hijos de ella con sus ex cónyuges, y complicadas redes de parentela extensa. Las estadísticas indican un número creciente de relaciones sucesivas fuera del matrimonio,junto con una postergación del casamiento y la maternidad hasta la mediana edad. Las mujeres tienen cada vez más conciencia de su propia sexualidad y de su poder sobre sus propios cuerpos, y se han modificado las expectativas sexuales por parte de ambos sexos. Un punto de fundamental importancia en todos estos cambios es el reconocimiento del derecho de la mujer a controlar lareproducción. En lo referente a estos cambios en la familia y en los roles de las mujeres dentro de la familia, la teoria de la terapia familiar está rezagada con relación a la cultura en su totalidad. Es ahora imperioso que haya nuevos enfex¡ues en la terapia familiar basados en nuevas premisas sobre qué constituye una familia viable. Hubo tres fases en la evolución de nuestra perspectiva feminista en la terapia familiar. La primera fase fue nuestro proceso de definir un marco de referencia feminista en común y al mismo tiempo preservar nuestra diversidad clínica. La

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LA RED INVISIBLE

segunda fase se podría describir como la fase de la exploración y la crítica, en la cual examinamos la teoría de sistemas y la ausencia del género en sus fOITIlUla­ ciones, y al hacerlo tomamos conciencia de ciertos modelos sociales tendenciosos respecto del sexo, de la función de los roles sexuales en las familias y de la existencia de actitudes sexistas en nuestro propio campo. En esta fase, nos centramos clÚlicamente en qué era lo que había que evitar en nuestra práctica. La tercera fase está en vigencia. Es el proceso de desarrollar intervenciones sistémicas no sexistas y feministas, y de revisar y adaptar las intervenciones sistémicas tradicionales de manera de tomar en cuenta el género. Estas interven­ ciones alternativas incorporan la noción de que la experiencia de las mujeres es diferente de la de los hombres.

PRIMERA FASE: DEFINICION DE UN MARCO DE REFERENCIA FEMINISTA

En un primer momento de nuestro trabajo juntas, no hicimos ningún intento de descubrir la teoría y los métodos de la terapia familiar. Sabíamos que había diferencias teóricas y metodológicas entre nosotras y nos preocupaba, al princi­ pio, la posibilidad de que un debate directo sobre nuestros cuatro métodos distintos pudiera dividimos. No disponíamos de ninguna terminología o jerga que fuera mutuamente aceptable, por lo que no podíamos expresar nuestras discusiones en términos de triángulos, ciclos cibernéticos, jerarquías y fronteras, familia de origen, ni ninguno de los demás vocablos usuales del discurso de la terapia familiar.

. Lo que teníamos en común era nuestra amistad, nuestro respeto por el trabajo de las demás y nuestra voluntad de centrar la atención en la experiencia de las mujeres, la que considerábamos había sido desatendida o distorsionada en el campo de la terapia familiar. Sin pensar ni hablar al respecto, automáticamente adoptamos una estructura no jerárquica y un proceso colectivo y tendiente al consenso en nuestras discusiones. y dado que no nos podíamos comunicar satisfactoriamente desde el interior de nuestros diversos métodos, comenzamos a tratar de hablar y pensar más allá de esos métodos. Nuestro análisis se centró entonces en las implicaciones y orígenes sociales, culturales y políticos de distintas conceptualizaciones o intervenciones clínicas. Nos preguntábamos: ¿La aplicación de esta técnica, o esta formulación, se limitaría a reflejar estereotipos de género o serviría para cuestionar o contrarres­ tar tales estereotipos? ¿Cuáles son las raíces sociales o culturales de un concepto particular? ¿Cuál es el metamensaje que transmite determinada intervención a cada género? ¿Cómo varía el metamensaje de una técnica dada según el género del terapeuta? ¿Esta intervención tendrá el efecto de reforzar una situación sexista o brindará una alternativa? En nuestras charlas, por lo tanto, partíamos de una situación clínica, o de

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HACIA UNA PERSPECTIVA FEMINISTA EN TERAPIA FAMILIAR

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nuestras propias situaciones de vida personales, y luego llevábamos el análisis

al nivel del sistema social, salteando el nivel de la teoría y el método de la terapia

familiar con sus limitaciones para nuestro pensamiento. Estábamos defmiendo un punto de vista compartido, un sistema de valores, que sería lo suficientemente fuerte como para permitirnos abrimos paso a través de nuestra adhesión a las diferentes metodologías. Fue en un momento bastante posterior de nuestro proceso cuando comenzamos a valorar nuestras diferencias por el amplio espectro de direcciones y opciones clínicas que ofrecen. Al principio procuramos no abordar directamente esas diferencias mientras sentábamos una base de coincidencia. En la primera fase, por lo tanto, nos pusimos de acuerdo en una definición operativa del "feminismo" y elaboramos dos principios generales para orientar nuestra futura discusión del campo de la terapia familiar. El feminismo, acordamos, es un marco o visión del mundo humanista cuyo objeto son los roles, las reglas

y las funciones que organizan las interacciones hombre-mujer. El feminismo busca incluir la experiencia de las mujeres en todas las formulaciones de la experiencia humana y eliminar el predominio de las premisas masculinas. El feminismo no culpa al hombre como individuo del sistema social patriarcal existente sino que trata de comprender y cambiar el proceso de socialización que determina que hombres y mujeres sigan pensando y actuando dentro de un marco sexista, dominado por el varón. Los principios operativos centrales de nuestras revisiones de la terapia familiar derivan de esta perspectiva feminista. En primer lugar, ninguna formulaCión de sistemas puede ser independiente de la cuestión del género. Las formulaciones que pretenden ser independientes del género, o "neutrales", de hecho son sexistas porque reproducen la ficción social de que existe igualdad entre hombres y mujeres. Las mujeres, enrealidad,estánen desventaja en nuestra sociedad, y el hecho de no reconocerlo significa redoblar esa desventaja En segundo lugar, todas las intervenciones deben tomar en cuenta el género por vía de reconocer los procesos de socialización diferentes de mujeres y hombres, prestando especial atención al modo en que estos procesos ponen en desventaja

a las mujeres. Debemos reconocer que cada género percibe un significado distinto en la misma intervención clínica y que, por consiguiente, se siente o bien culpado o bien respaldado por una idéntica instancia terapéutica.

SEGUNDA FASE: UN EXAMEN DE LA TEORIA DE SISTEMAS Y DE COMO SE LA UTILIZA PARA PONER EN DESVENTAJA A LAS MUJERES

Durante esta fase efectuamos un examen de la teoría de sistemas familiares

y exploramos los modos en que se la usa para poner en desventaja a las mujeres. En nuestras discusiones reseñamos los conceptos que constituían presupuestos

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LA RED INVISIBLE

compartidos por las principales escuelas de terapia familiar. Luego tratamos de determinar si un concepto dado era en sí mismo sexista, si se prestaba a una interpretación sexista y/o si era utilizado en forma abusiva y generalizada por los terapeutas familiares para desventaja de las mujeres. A medida que nuestro pensamiento avanzaba en esta dirección y que tomamos conciencia de las ramificaciones sexistas de ciertas intervenciones clínicas, dejamos de utili­ zarlas. Fue en este punto cuando cada una de nosotras comenzó a poner en tela de juiciosus propios presupuestos clínicos ya observar yescuchar con más atención

a las demás. Sería un error presumir que porque somos mujeres podíamos advertir automáticamente las formas en que se perpetúa la posición de la mujer dentro de la estructura social. Nos resultó muy arduo descubrir los modos en que

el sexismo había pasado "naturalmente" a formar parte del campo de la terapia

familiar y de nuestra propia práctica profesional. El hecho de que las cuatro tengamos una posición destacada en este campo y hayamos hecho una buena carrera pese a cualquier desventaja que pudiéramos haber sufrido por ser mujeres, no nos facilitaba la empresa de detectar el prejuicio sexual en nuestro trabajo. Es cierto que no estábamos poniendo en peligro ningún empleo por adoptar una nueva postura. Pero nuestra mayor dificultad se debía a los muchos años de experiencia de vida, y de experiencia profesional, en que habíamos hecho las cosas de determinada manera, sintiéndonos seguras y competentes en lo que hacíamos y renuentes a cuestionar o trastornar en demasía nuestra posición. Es muy posible que si nos hubiéramos dado cuenta desde el principio de la dimensión del cambio -en lo personal yen lo profesional-que estábamos poniendo en marcha para nosotras mismas, jamás habríamos empezado. Cierta­ mente, si hubiéramos previsto la cantidad de reacciones airadas y críticas personales a que seríamos sometidas por nuestros colegas, tal vez lo habríamos pensado dos veces antes de emprender este nuevo rumbo. Pero esas reacciones coléricas fueron posteriores, y con lo que más tuvimos que luchar cuando comenzamos a criticar las premisas de la teoría y la terapia familiar fue con nuestra propia "resistencia" a hacerlo. Estuvimos de acuerdo en que a menos que los presupuestos patriarcales implícitos respecto de la familia sean explícitamente abordados y/o tomados en cuenta en las formulaciones y lás intervenciones de la terapia familiar, los pacientes entenderán que son implícitamente aceptados. Por esta razón, creemos que no hay tal cosa como la "neutralidad respecto del género". La "neutralidad"significa dejar a los presupuestos patriarcales existentes en su sitio implícitos e incuestionados.

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HACIA UNA PERSPECTIVA FEMINISTA EN TERAPIA FAMILIAR

LOS PRESUPUESTOS PATRIARCALES

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El modelo patriarcal predominante de la familia se funda en varios presu­

puestos que durante mucho tiempo hemos dado por sentados. Un concepto esencial para la organización familiar patriarcal es el de la complementariedad

de los rol.c s

el que las tareas instrumentales como las de ganar dmero a través

~jo corresponden a los hombres, y las tareas emocionales, tales como fomentar, crear y mantener las relaciones, y criar a los hijos, corresponden a la mujer. En este modelo, la organización del poder está basada en la jerarquía

pgr

masculina. En contraste con esta organización se encuentra nuestro modelo feminista de la familia , caracterizado por la simetría de los roles. en la cual ambos sexos desempeñan tareas tanto instrumeñtales como expresivas, en lo laboral y en lo afectivo. Este modelo refleja un criterio igualitario del poder entre varón y mujer y un enfoque más democrático y consensual de la crianza de los hijos.

\ Aunque muchas personas reconocen que el modelo feminista de la familia sería más satisfactorio desde el punto de vista humano para ambos sexos, es evidente que los hombres tendrían que resignar poder, el que implica status y a menudo dinero, a cambio de recompensas menos tangibles, y que con suma frecuencia no están dispuestos a hacerlo. También es difícil para algunas mujeres renunciar a la idea de que deberían ser económicamente mantenidas por los hombres y que necesitan un hombre para que sus vidas sean satisfactorias, económica: social y emocionalmente. El punto de vista sistémico sobre las relaciones hombre-mujer e intergene­ racional es que son interdependientes. En este contexto, la madurez debería definirse, idealmente, como autonomía con vinculación. Este ideal contrasta con

la noción patriarcal que divide estos atributos, asignándole "autonomía" (en

realidad, separación) a los hombres, y"vinculación" (en realidad, dependencia)

a las mujeres. De hecho, esa división nos lleva a confundir separación o

desvinculación con autonomía, un signo de madurez valorado, mientras que la "vinculación" se equipara con dependencia, señal de inmadurez y por lo tanto desvalorizada. Un grave error conceptual radica en suponer que rasgos tales como "auto­ nomía" o "dependencia" son inherentes a la persona de los hombres y las mujeres, y no que son adjudicados a éstos por parte de una sociedad patriarcal, sobre la base del género. A los hombres se les asigna "autonomía", coil el poder

y la desvinculación emocional consiguientes, mientras que a las mujeres se les asigna "dependencia", tanto con la vinculación emocional como con la falta de poder que la acompañan. Aunque estar desconectado y ser dependiente son amb?.s situaciones desventajosas, es evidente que la de ser dependiente significa una amenaza mucho más grave a la posibilidad de supervivencia. En la actualidad, estamos atravesando un período de transición social en el

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I

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LA RED INVISIBLE

cual la rigidez de la estructura patriarcal tradicional de la familia ha sido

cuestionada y se han introducido cambios dentro de ese sistema. Pero la mayoría

de esos cambios son conductales y consisten en que las mujeres hayan ingresado

en el mercado de trabajo y se hagan cargo en forma permanente de una parte de

la carga económica de la familia. No se ha producido ningún cambio significa­

tlvo en la posición de los hombres respecto de la vida familiar, ni I)ingún cambio verdadero en las actitudes básicas de la mayoría de los hombres y las mujeres en

tomo a la organización de la familia, si bien hay casos aislados de reparto de roles en mayor número que antes. Las instituciones económicas, sociales y legales en nuestra sociedad no propician los cambios que permitirían a las mujeres trabajar más fuera del hogar, ya los hombres trabajar más dentro de éste, a través de arreglos convenientes p~a el cuidado de los niños y de darle prioridad y status social al trabajo de criar a los hijos. Pese a la desigualdad de oportunidades y de remuneración, y a la falta de respaldo social. las mujeres están trabajando más fuera de su casa. algunas por necesidad y otras por la libertad de opción y la autorrealización que eso les brinda. Cualesquiera sean las razones, ahora las mujeres se han ganado la libertad de trabajar a tiempo completo en dos ocupaciones -su carrera y su familia- y han perdido la expectativa social y legal de que ella y sus hijos serán econó­ micamente mantenidos por un hombre. Lo que se necesita para completar este cambio en un sentido que beneficie a toda la familia es que los hombres compartan la respon sabilidad de la crianza de los hijos , tanto brindando un apoyo económico como a través de su propia participación, y abandonen la idea de que

el objetivo central al que deben dirigir sus energías está en el trabajo fuera del

hogar. Esto sin duda implicaría una pérdida de status, dinero y poder para los hombres.

CONCEPTOS DE LOS SISTEMAS FAMILIARES

Para analizar la forma en que las intervenciones de la terapia familiar

partieron de los presupuestos patriarcales sobre los roles masculino y femenino

y sobre la organización de la familia, debemos considerar el efecto de los

principales conceptos de los sistemas familiares. A continuación haremos una reseña de los principales conceptos del campo y del modo en que se los utiliza

abusivamente para desventaja de las mujeres. Comenzamos con el concepto básico de fusión.

Fusión y distancia son las dos caras de la misma moneda

Nuestro punto de vista feminista del concepto de fusión o "intrincación"

HACIA

UNA PERSPECTIVA FE MINISTA EN TERAPIA FA MI LIAR

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unificación y dista nciamiento reactivo que se da en las parejas

yen las relaciones familiares- consis te en reconocer que los roles tradicional­ mente asignados a los sexos afectan el modo en que las personas de cada sexo manifiesta n su "inmadurez". Así, suele ser la mujer la que muestra los síntomas

de la dependencia: buscar aprobación, evitar los conflictos, conciliar, apoyarse demasiado en otros y actuar con incompetencia. Los varones manifiestan exactamente el mismo grado de inmadurez de una manera diferente: a través del aislamiento emocional, la inaccesibilidad, la aparente indiferencia, el retrai­ miento, la reserva ante los demás y el temor a la vulnerabilidad. Cuando uno de estos conjuntos de síntomas se manifiesta en el sexo opuesto (es decir, síntomas de dependencia en un varón o conducta distante en una mujer), el mismo es doblemente patologizado por los terapeutas.

Hay varios modos en que el concepto de fusión es mal utilizado en la práctica de la terapia familiar. El primero y más frecuente radica en interpretar incorrec­ tamente que la fusión se aplica sólo a las relaciones estrechas dentro de la familia, . las que invariablemente incluyen mujeres, mientras que la función complementaria del varón distante es ignorada o pasada por alto. De hecho, los términos "estrecha" y "demasiado estrecha" se suelen utilizar para desacreditar la genuina intimidad y la vinculación positiva de las madres con sus hijos. Ciertamente, nuestra jerga podría utilizar una palabra mejor que ésas para designar el enmarañamiento emocional o la ligazón negativa.

-el proceso de

Dado el rol central asignado a las mujeres en la preservación del matrimonio y la crianza de los hijos, generalmente son ellas las que plantean los problemas emocionales importantes en la familia. En la terapia, en lugar de considerar válidas las preocupaciones de las mujeres, los terapeutas suelen catalogarlas automáticamente como "preocupación excesiva" o "acoso" emocional, como si el hecho de plantear la existencia del problema, o la manera de plantearlo, fue­ ra el verdadero problema. De este modo, los terapeutas desvalorizan el rol acti­ vo y unificador que cumplen las mujeres en las familias. También tienden a enfocar en primer lugar la parte del problema que incluye a la esposa o la madre debido a que las mujeres toleran ser culpadas o responsabilizadas a este respecto.

Por consiguiente, a menudo hay un enfoque inicial y negativo en las relaciones percibidas como "intrincadas", así como una predisposición a tratar al varón distante de un modo positivo o conciliador que deja la impresión de que la esposa/madre es culpable de toda relación disfuncional, o que ella sola es la responsable de lograr que la situación cambie. Este prejuicio es tratado como un principio neutral de la práctica correcta y se refleja en ciertos lemas de los cursos de capacitación. como los siguientes:

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LA RED INVISIBLE

1. No centrar el tratamiento en el individuo distante.

2. Siempre intervenir primero con el sobrefuncionadoro el hiperresponsable.

3. La relación intrincada debe serresuelta antes de que el individuo distante pueda participar.
4.

Comenzar siempre con el individuo más accesible al cambio.

Estos lemas didácticos pasan por alto o niegan el hecho de que términos tales como "distante", "sobrefuncionador", "intrincada" Y demás, casi siempre se asocian con uno u otro género específico y previsible que cumple tareas socialmente determinadas, Yque no son términos neutrales descriptivos de una posición disfuncional. Esta terminología se vincula con la presuposición clínica de que si tan sólo la esposa/madre "se rectificara" o "aflojara los lazos", entonces el "distante" podría integrarse y participar, lo que en realidad implica que el cónyuge activo está bloqueando al distante, por lo que es culpable de los problemas existentes en la familia. De hecho, el "distante" no se integra automáticamente, sino que requiere atención Yayuda para hacerlo. y el cónyuge estrechamente vinculado (por lo general la mujer) tiene razón en temer que se produzca un vacío "si afloja los lazos" o "se rectifica". Estas técnicas de la práctica también menosprecian a los hombres pues se basan en el supuesto de que éstos son incapaces de prestarse voluntariamente a una participación emocional en la terapia o en la familia y que no se los debe desafiar ni confrontar, no sea cosa que huyan despavoridos o se paralicen por completo. Sobre todo, debe hacerse notar que si bien estas técnicas fueron desarrolladas debido a que "dan resultado", ese "resultado" generalmente equivale a restaurar un sistema desequilibrado devolviéndole su anterior equilibrio patriarcal, con las viejas jerarquías y fronteras en su sitio. Por lo tanto, el problema no lo constituyen estas técnicas en sí mismas, sino el paradigma de familia anacrónico y sexista al que remiten.

Reciprocidad

El concepto de la reciprocidad supone que todas las personas envueltas en un problema cumplen un papel en cuanto a la perpetuación de ese problema por vía de reforzar la conducta del otro. Los ejemplos más comúnmente citados son el de la madre regañona y el hijo indolente, o el del marido apaleador y la esposa apaleada. Sin embargo, este concepto, tal como se lo enseña, omite explicar que "cumplir un papel" no significa "cumplir un papel equivalente". Se podría decir, por ejemplo, que un bebé de dos meses que se pone a llorar "cumple un papel" en el hecho de ser maltratado, puesto que se puede argumentar que el maltrato no ocurriría si el bebé no estuviera presente, o no llorara. Pero es evidente que los papeles que cumplen el bebé y el progenitor que lo maltrata son equivalentes.

HACIA UNA PERSPECTIVA FEMINISTA EN TERAPIA FAMILIAR

37

El bebé no es responsable del maltrato, no tiene igual poder, ni iguales opciones,

ni

igual capacidad para modificar el ciclo. Tampoco los tiene la esposa apaleada,

la

víctima de un incesto, el chico indolente, ni nadie que esté sojuzgado por otro

de mayor tamaño, fuerza , edad o posición

Sin duda, los dos ejemplos citados de conductas recíprocas presentan dos situaciones ubicadas en los extremos opuestos de cualquier espectro de significación. Las madres regañonas y los maridos apaleadores tienen muy poco en común excepto cuando se los considera dentro de un sistema de creencias

cerrado en el que todas las interacciones interpersonales se ven como igualmente recíprocas. Lamentablemente, el propio hecho de poner estas dos situaciones lado a lado como ejemplos del mismo proceso -<:osa que suele suceder en nuestra bibliografía de la terapia familiar- se presta a distorsionar toda evaluación clínica. La reciprocidad es una herramienta conceptual útil, pero también puede conducirnos a la concepción clínica de que todas las conductas no sólo están similarmente construidas sino que también son del mismo orden de importancia. El interrogatorio por parte del terapeuta que pretende ser "neutral" ,"circular"

de influencia.

o

"sistémico" de hecho suele llevar implícita la noción de la responsabilidad o

la

culpa unilaterales , como por ejemplo cuando se pregunta: "¿Qué hace usted

para encolerizar a su marido?" , "¿De qué manera tu madre provoca a tu padre?", "¿Cómo empuja usted a su marido a la bebida?" Un modo de enfocar los factores sistémicos que probablemente contribuyen al mantenimiento del patrón proble­ mático, sin dejar de lado ni la responsabilidad individual por la conducta ni el

contexto social,radicaría en formular preguntas como: "¿Qué hace usted cuando su marido se enfurece?", " ¿Qué haces cuando tus padres se pelean?", o "¿Qué hace usted cuando su marido se embriaga?" Estas preguntas toman en cuenta tanto los aspectos interactivos de todo intercambio familiar como la responsabi­ lidad individual de cada miembro de la familia respecto de su propia conducta.

Complementariedad .

La armonía es un atributo de un sistema que requiere que los diferentes roles, conductas y emociones de los individuos que integran el sistema estén en equilibrio dinámico. Un sistema armónico puede incluir, típicamente, roles polarizados talescomo hijo bueno-hijo malo, distanciante-perseguidor, trabajador externo-cuidador interno. De acuerdo con nuestra perspectiva, sin embargo, la polarización es un modo poco satisfactorio de lograr la armonía, dado que exige la existencia de individuos desequilibrados a efectos de mantener el equilibrio dentro del sistema. Los roles polarizados reflejan la prioridad de la armonía del sistema sobre las necesidades de los individuos que lo componen. Es potencialmente más

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LA RED INVISIBLE

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liberador, en cambio, que cada individuo del sistema alcance una armonía interna de rasgos y funciones complementarios. La complementariedad se relaciona con la índole inductiva de los modelos de interacción, es decir, con la forma en que las conductas de una persona inducen al otro a adoptar conductas que complementen a las suyas, y viceversa. Este concepto, además de los roles y las funciones, remite a características emocio­ nales tales como inquieto y calmo, efusivo y reprimido, voluble y estable, conversador y reservado, generoso y contenido, y así sucesivamente. La necesidad de mantener la complementariedad o la armonía en la familia se esgrime como una razón para asignar roles a las mujeres que complementen los roles elegidos por los hombres. Así, las mujeres realizan aquellas tareas que los hombres prefieren no hacer, como por ejemplo las labores domésticas y el cuidado de los niños, y no compiten en aquellos terrenos que los hombres seleccionan como sus dominios exclusivos, es decir, el logro personal, el trabajo, las finanzas, y demás. La terapia de sistemas es discriminatoria en contra de las mujeres al procurar la armonía y el equilibrio para el sistema familiar como unidad, sin tomar en cuenta el acceso desigual de cada individuo a la opción de su rol. La pretensión de que los hombres y las mujeres son engranajes carentes de género en el sistema nos impide advertir que a las mujeres se las hace más responsables que a los hombres de lograr que las cosas marchen bien, en la familia y en la terapia familiar, y que los roles, tareas y gratificaciones "complementarias" del sistema estable son asignados por género, en forma no equitativa, a sus miembros masculinos y femeninos. Pero el contexto social presta significados e imágenes aesas conductas y roles complementarios. Así, por ejemplo, la mujer conversadora "parlotea", el hombre reservado "profundiza"; la madre ansiosa "revolotea", el padre distante "se preocupa". Y así sucesivamente. Estas imágenes y asociacio­ nes socialmente construidas llevan consigo connotaciones positivas y negativas. Ninguna de nosotras, paciente o terapeuta, puede escapar de ellas. La teoría de la complementariedad incluye tanto respuestas contingentes (en tanto una conducta induce otra) como respuestas derivadas (en tanto una conducta es una reacción y una respuesta a otra). Hay cierta paridad implícita en esa definición, pero con implicaciones diferentes paralos hombres ylas mujeres. Para las mujeres, culturalmente definidas como dependientes de la conducta masculina, esas nociones tienen el efecto de mantenerlas en el mismo lugar psicológico. En el caso de los hombres, que se ven a sí mismos como autodefi­ nidos, el hecho de llamar la atención sobre la incidencia de las relaciones en su conducta servirá para expandir su contexto de modo de incluir nuevas conductas. El concepto de la complementariedad es una elaboración terapéutica útil, un medio práctico de producir el cambio. El problema es que quienes utilizan dicho concepto pueden empezar a creer que el mismo refleja la realidad. Para que la noción de la complementariedad en la interacción humana pudiera ser algo más

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HACIA UNA PERSPECTIVA FEMINISTA EN TERAPIA FAMILIAR

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que una elaboración hipotética, debería reflejar las estructuras sociales, econó­ i micas y políticas dentro de las cuales existe el sistema familiar. No puede haber una verdadera complementariedad en las relaciones humanas si los antecedentes de esas relaciones están mal balanceados en términos del acceso a las oportuni­ dades y el poder en lo social, legal, político y económico. Por consiguiente, para creer en la circularidad y la complementariedad en las relaciones humanas, debemos presuponer alguna base de paridad. Si en los hechos esa base no existe, estaremos ante una abstracción hipotética que no toma en cuenta los orígenes sociales de dichas relaciones. Estaremos respondiendo a un sistema de relacio­ nes en un punto dado del tiempo (cuando "éste" ingresa en la terapia) como si no tuviera ningún precedente en las estructuras sociales más amplias. Esto perjudica al miembro de ese sistema que inició la relación en la posición de menos poder. Debemos reconocer que, si bien se necesitan dos personas para poder bailar un tango, si una de ellas es la que lleva el compás y la otra es la que lo sigue, los pasos de ambas no serán igualmente interdependientes.

Jerarquía

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La jerarquía es un concepto estructural por el que se clasifican el poder y la autoridad relativos de los individuos y subsistemas de la familia y se señalan las fronteras entre ellos. Cuando se lo aplica en forma rígida, o con un criterio sexista, el concepto de jerarquía pone en desventaja a las mujeres y a los niños, que siempre terminarán en los últimos puestos de cualquier clasificación basada . en la autoridad. Tal como se lo enseña y practica en el ámbito de la terapia f. familiar, el concepto de jerarquía muchas veces no da cabida al estilo femenino de tomar decisiones de un modo más consensual y colectivo, o de ejercer la autoridad (con los hijos, por ejemplo) a través de la relación más que del empleo explícito del poder.

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Fronteras

Vinculado con el concepto estructural de jerarquía, el concepto de las fronteras prescribe una apropiada separación entre los miembros individuales de la familia y entre las distintas generaciones. También circunscribe a la familia nuclear como totalidad. Según este concepto, una familia bien organizada tiene fronteras claramente demarcadas que definen una cercanía y una distallcia "apropiadas" en las relaciones. Este concepto suele tergiversarse principalmente a través de aplicaciones clínicas en las que no se reconoce la existencia de un estilo distintivamente

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LA RED INVISIBLE

femenino de comprensión o relación. Por ejemplo, en la sala de terapia, cuando la madre habla en nombre de otros al tratar de explicarle los problemas familiares al terapeuta, su conducta suele definirse como "intrusiva" o "controladora", y es muy posible que el terapeuta la frene de algún modo. La implicación es que el hecho de que la madre hable hace que los demás se callen y constituye una intromisión en el espacio de éstos; por otra parte, la actitud de permanecer en silencio rara vez se define como "controladora" o como creadora de un vacío que la madre trata de llenar.

Triángulos

A diferencia del trío, que puede ser un grupo funcional, "triángulo" es un término utilizado para describir una disfunción, como la desviación del conflicto entre dos partes a través de una tercera. A medida que crece la tensión, los tres miembros se acercan y se alejan entre sí mediante acciones predecibles destinadas a reducir la tensión y evitar que quede expuesto directamente el conflicto básico, el que podría dividir al dúo original. Es frecuente conceptualizar las relaciones emocionales de una familia como un triángulo cuyas interacciones son entonces predecibles. Esta forma abstracta de concebir las relaciones humanas tiene varios riesgos. Los triángulos no suministran ninguna explicación diferencial de las conductas relacionadas con el género, tales como una explicación de por qué las madres suelen ubicarse en el lado así llamado "excesivamente íntimo" o "fusionado" del triángulo y los padres en la posición distante. Por otra parte, describir los problemas emociona­ les primordialmente en términos de triángulos significa definir los problemas como internos al sistema familiar aislado y pasar por alto su directa conexión con el sistema social más amplio. Por ejemplo, la conceptualización de un triángulo en que el marido asume la posición distante mientras su madre y su esposa están en el extremo "excesivamente cercano", requeriría la intervención convencional de hacer que la esposa se acerque a su marido y que éste establezca fronteras con su madre. Si el terapeuta concibe a dicho triángulo como un caso de esposa "controladora" o "sobrerresponsable que lucha con la madre de su marido por la primacía respecto de éste, y/o de madre que no puede "soltar" a su hijo, es muy probable que las intervenciones no se realicen de un modo que tienda a preservar la autoestima de la esposa ni de su suegra. La terapeuta feminista verá a este triángulo como un caso de dos mujeres chocando una con otra en tanto cada una de ellas trata de cumplir con sus responsabilidades familiares a pesar del retrai­ miento del hombre. La intervención se efectuará entonces de un modo que respete explícitamente la visión de las mujeres de sus propios roles y luego desafíe al marido a comprometerse más plenamente en su relación con cada una de ellas.

HACIA UNA PERSPECTIVA FEMINISTA EN TERAPIA FAMILIAR

Función del síntoma

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La teoría de sistemas se centra en cómo funcionan la familias dentro de los sistemas cerrados que han organizado. Dentro de estas unidades familiares autocontenidas, todas las conductas, incluyendo los síntomas, cumplen una función estabilizadora, es decir que mantienen aquellos modelos de interacción personal que establecen el equilibrio. De acuerdo con este punto de vista, el síntoma puede concebirse como un medio necesario de regular el sistema más

t amplio. Esta conceptualización de cómo se organiza la familia pretende estar al margen de cualquier escala de valores, prescindir de los géneros y ser igualitaria. En su objetivo de preservar al sistema global como la suma equilibrada de sus partes, se centra en los modelos necesarios para lograr la estabilidad interna y deja de lado el contexto social y cultural más amplio dentro del cual existe la familia misma. Una perspectiva feminista del rol que cumple el síntoma en cuanto a estabilizar el sistema tomaría en cuenta la influencia del género al formular las intervenciones. La prescripción paradójica del síntoma suele prestarse a la atribución de la culpa a la madre; por ejemplo, "Si Johnny se fuera de su casa, la madre se sentiría sola, ya que el padre trabaja fuera". Aunque el distanciamiento del padre está incluido en esta formulación, la implicación es que el problema primordial radica en que la madre se aferra a su hijo. No se trata de que prescribir un síntoma sea intrínsecamente nocivo, sino de que la manera en que el terapeuta verbaliza la\ prescripción no debería reforzar una visión negativa del rol o la conducta de la madre.

TERCERA FASE: EL DISEÑO DE INTERVENCIONES FEMINISTAS

La tercera fase es la que actualmente estamos llevando a cabo en nuestro trabajo y consiste en corregir y adaptar las intervenciones sistémicas tradiciona­ les de modo de tomar en cuenta el género. Es ésta la fase más difícil y estimulante dado que implica crear pautas para introducir nuestra perspectiva feminista en la práctica clínica. Lo que sigue sólo pretende ser un comienzo y por cierto no cubre todas las posibilidades. El proceso de autoexamen que entraña la empresa de considerar en forma tan crítica el propio trabajo, así como el de colegas muy apreciados, es doloroso y difícil. Resulta más fácil reconocer errores que elaborar técnicas nuevas. Estamos seguras de que al lector se le ocurrirán otros ejemplos e intervenciones. El trabajo correspondiente a esta fase se centra en: (1) articular formu lacio­ nes y técnicas feministas y (2) proponer adaptaciones y correcciones feministas para las intervenciones tradicionales. Por favor, téngase presente que no estamos formulando un nuevo método sino presentando un esquema de lineamientos clínicos basados en la perspectiva feminista , en la cual el género es un principio

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LA RED INVISIBLE

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organizador. La base de una intervención feminista es una conceptualización feminista del problema.

HACIA UNA TERAPIA FAMILIAR FEMINISTA: ALGUNOS LINEAMIENTOS

(1) .

Identificación del mensaje y las construcciones sociales basados en el

género que condicionan la conducta y los roles según el sexo.

Los temas relativos al género no constituyen meramente un "contenido" que puede o no ser problemático en una familia dada. Por el contrario, el género es considerado como una fuente esencial de toda conducta y como uno de los . principales nexos de unión entre una cultura y sus miembros. Demostramos esto en cuatro metodologías diferentes, desligando los aspectos relativos al género de la teoría de sistemas más abstracta que utilizamos como base de nuestro trabajo, identificando exageraciones y omisiones frecuentes en lo referente al género y volviendo luego a incorporar una consideración del género al trabajo, con intervenciones que abordan la cuestión del género, explícita e implícitamente.

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(2) Reconocimiento de las limitaciones reales del acceso femenino a los recursos sociales y económicos.

Las limitadas opciones sociales y económicas y la vergüenza socialmente impuesta que afectan a las mujeres son siempre factores que inciden en su forma de manejar las situaciones. Por ejemplo, una mujer puede permanecer o volver con un marido abusivo debido a que, económicamente, tal vez no tenga otra opción. Una madre puede negar tener conocimiento de un incesto padre-hija, o entre hermanos, debido a las consecuencias vergonzosas que tendría la revelación del hecho para ella misma y para su familia. Una mujer puede guardar en secreto una violación antes que someterse a la humillación que acarrea el hecho de hacerla pública. O una mujer podría continuar con un matrimonio insatisfactorio debido a que sus opciones fuera del matrimonio, emocional y económicamente, son muy limitadas. El terapeuta que comprende la posición de las mujeres que se encuentran en tales situaciones se abstendrá de "culpar a la víctima" por haberlas causado o por tolerarlas, y no incitará a las mujeres a precipitarse a emprender acciones que las dejarían solas y desamparadas. En casos de incesto y otros tipos de violencia, las formulaciones sistémicas que no toman en cuenta estos factores se prestan a "culpar a la víctima" a través de la presunción de neutralidad.

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HACIA UNA PERSPECTIVA FEMINISTA EN TERAPIA FAMILIAR

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Todo terapeuta ético debe preguntarse a sí mismo cómo es posible llevar a cabo la terapia de una mujer que se está divorciando sin enfrentar el hecho de que sus ingresos podrían descender a un nivel de pobreza. Tal vez tenga dificultades para llegar a percibir cualquier pensión que se le asigne para la manutención de los hijos. Seguramente no se le otorgará la mitad de los bienes de la pareja y hasta puede llegar a perder a sus hijos si encoleriza al marido al punto de que éste decida apelar ante los tribunales y solicitar la tenencia de los chicos.

(3) Apercibimiento de un modo de pensar sexista que restringe las opciones de las mujeres de dirigir sus propias vidas.

El modo de pensar sexista, que se filtra fácilmente en las familias y en la terapia familiar, incluye ideas tales como: la creencia de que las mujeres nece­ sitan que los hombres las mantengan, las dirijan y las convaliden; la negación del derecho de las mujeres de ejercer control sobre sus propios cuerpos; la convicción de que las mujeres son ilógicas y extremadamente emocionales y que la conducta competente y autodeterminada es poco atractiva y "poco femenina". Estas son creencias universales que determinan la conciencia y la autodefi­ nición individuales. La conciencia y la identidad de las mujeres, independiente­ mente de la raza, la clase social o las diferencias individuales, está condicionada por tales actitudes y circunstancias. Este marco de referencia les permitirá a los terapeutas conectar las conductas de las mujeres con las experiencias y condicio­ nes exteriores a la familia, en que sus conductas pueden verse como menos patológicas. Las diferencias entre los modos en que han sido socializados los hombres y las mujeres para percibir el peligro en el apego y en la autonomía están gráficamente ilustradas en un estudio de alumnos universitarios realizado por Pollack y Gilligan (1982). Se le pidió a los estudiantes que respondieran a algunas imágenes y relatos violentos que aparecían en un Test de Apercepción Temático. Los varones percibieron el peligro como producto de los vínculos personales estrechos más que de la lucha por el logro y el éxito. Las mujeres, en cambio, percibieron el peligro en las situaciones de logro impersonales, como la competencia en el mundo del trabajo. Los varones describieron el peligro en términos de intimidad, aprisionamiento y traición: quedar atrapados en una relación aplastante o ser humillados por el rechazo y el engaño. Las mujeres vieron el peligro en el aislamiento y la alienación: ser privadas de relaciones personales o marginadas por el éxito. Los autores del estudio llegaron a la conclusión de que los hombres perciben un peligro en el vínculo, y las mujeres en la separación. Esta dicotomía socialmente generada sienta las bases de los muchos problemas complejos que se suscitan en las relaciones varón-mujer.

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LA RED INVISIBLE

(4)

responsabilidad primordial por las relaciones familiares.

Reconocimiento de que las mujeres han sido socializadas para asumir la

Por lo general, se espera que una mujer se encargue de allanar las relaciones existentes en una familia. La expectativa, de hecho la exigencia, de que lo haga puede ser encubierta. Y el hecho de que la cumpla en la medida en que lo hace se ve, entonces, como una necesidad patológica de la mujer de servir, o controlar,

o de ocupar un lugar central. No es sorprendente, por lo tanto, que cuando las cosas no andan bien, la mujer se esfuerce aun más por lograr que mejoren, y que asuma la culpa por cualquier cosa que marche mal.

(5)

nuestra sociedad.

Reconocimiento de los dilemas y conflictos de tener y criar hijos en

El hecho de convertirse en madre, automáticamente le crea a la mujer un conflicto entre las responsabilidades de la crianza de su hijo, sobre la cual se le ha asignado la principal responsabilidad, y cualquier otra actividad que pueda haber elegido o que necesite realizar, como seguir una carrera, trabajar, viajar, participar en acontecimientos sociales o cultivar una vocación creativa. Los terapeutas deben tomar en cuenta este inevitable conflicto de roles y esta sobrecarga al evaluar el funcion.amiento de una madre con sus hijos.

Apercibimiento de ciertos patrones que dividen a las mujeres en las

familias en tanto buscan adquirir poder a través de sus relaciones con los

(6)

hombres.

En una sociedad dominada por el varón, el poder de una mujer es derivativo

y ella debe asociarse con algún hombre a efectos de adquirirlo. Los patrones comunes que surgen en las familias en tanto las mujeres buscan alcanzar este objetivo incluyen los siguientes: (1) Las mujeres desvían los conflictos, apartándolos de los hombres, ya sea porque es demasiado peligroso confrontarlos directamente o con el fin de proteger a los varones. (2) Las mujeres de la familia compiten una con otra por el "mejor" modo de preservar el bienestar emocional de la familia, ya que éste es el campo de acción que les ha sido asignado como primordial para ellas. (3) Dado que las mujeres son aculturadas para encarar los problemas emocionales y no para eludirlos, el legendario conflicto entre madre

e hija y madrastra e hijastra, entre esposa y suegra e incluso mucha de la tensión entre hermanas, pueden entenderse en este sentido.

HACIA UNA PERSPECTIVA FEMINISTA EN TERAPIA FAMILIAR

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(7) Afirmación de los valores y conductas característicos de las mujeres. como la vinculación. la afectuosidad y la emotividad.

Si bien en nuestra sociedad la intimidad y el apego se consideran aspectos positivos de las relaciones personales, al mismo tiempo nuestra cultura nos bombardea con otros mensajes que contradicen esta visión, y los terapeutas muchas veces caracterizan la manifestación de estos rasgos de apego como "intrusiva", "controladora", "excesivamente pendiente" o "histérica".

(8)

Reconocimiento y aprobación de las posibilidades para las mujeres

fuera del matrimonio y lafamilia

Algunos terapeutas creen que una mujer tiene algún serio problema si no ha podido formar una relación satisfactoria con un hombre, y proceden a analizar su "temor a comprometerse", a examinar sus "expectativas poco realistas", a explorar los orígenes de su "hostilidad hacia los hombres" o a investigar su "problema para entablar relaciones íntimas". Esto le transmite a la mujer el mensaje de que una vez que supere su "problema neurótico" encontrará al hombre adecuado y vivirá felizmente para siempre, y que ésa debe ser su principal meta.

. Las mujeres necesitan mantener una red de relaciones en la que se sientan útiles y apreciadas. Que la forma que asuma esa red sea convencional o experimental tiene poca importancia. La capacidad de una mujer para entablar relaciones puede concretarse en su lugar de trabajo, en la familia, o en cualquier tipo de relación amistosa o romántica.

(9) Reconocimiento del principio básico de que ninguna intervención es prescindente del género y que toda intervención tendrá un significado diferente y especial para cada sexo.

Se debe acatar el principio de que la terapia es un acto político y no se la puede separar de los aspectos sociales en que está inserta la familia.

CONCLUSION

La esencia del trabajo clínico feminista radica en las actitudes del terapeuta hacia el género y en su sensibilidad a la repercusión diferencial de todas las intervenciones. Los cambios operados en nuestro trabajo a partir de "considerar el género" han sido profundos. Este es el principio que se abre paso a través de

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LA RED INVISIBLE

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todas las metodologías y escuelas y se lo puede adaptar dentro de un amplio espectro de marcos teóricos y clínicos. Desde luego, el enfoque feminista no implica sermonear, atribuir culpas, arengar ni hacer proselitismo. El buen trabajo clínico debe incluirelreconocirniento del factor fundamental que es la socialización basada en el género del paciente. Seguramente, al leer nuestros casos clínicos el lector detectará intervenciones feministas que olvida­ mos enumerar aquí, o intervenciones sexistas que nos pasaron inadvertidas. Esperamos que nuestros criterios le resulten útiles al poner su propio trabajo clínico bajo examen y al comenzar a formular sus propios lineamientos.

Marianne Walters, Betty Carter Peggy Papp, Oiga Silverstein

Segunda parte

RELACIONES FAMILIARES

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1

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2. MADRES E HilAS

Marianne Walters

A mis hijas, Lisa, Pamela y Suzanna, con las que compartí mi vida cuando estaban creciendo y quienes, ahora que han alcanzado espléndidamente su propia condición de adultas, comparten tan genero­ samente sus vidas conmigo.

(/

Estamosjuntas mi hija yyo,hermanas en realidad, contra lo que sea "

ALTeE WALKER

que nos niegue todo lo que somos

Las sendas de la vida de una mujer se reflejan en la relación madre-hija. Unidas en los procesos de dar a luz, criar a los hijos, brindar cariño y protección a la familia y cuidar de los ancianos, madres e hijas son "compañeras íntimas" dentro de los confines de su vida privada compartida. El conocimiento que tiene una madre en cuanto a ser progenitora de su hija es profundamente personal y descansa en una percepción de lo que es necesario para ambas a fin de ser capaces de cuidar a otros y de ser cuidadas. Es un conocimiento que viene de adentro, basado no tanto en lo explícito como en lo tácito, en aquello que se experimenta yen un aprendizaje que es inductivo e intuitivo.

LOS LAZOS DE INTIMIDAD Y FAMILIARIDAD

Madres e hijas comparten el mundo de lo cotidiano y lo familiar. Y están unidas en la función de producir y criar a la generación siguiente. Se espera que ellas proporcionen una continuidad entre las familias dentro de las que viven, que tiendan un puente entre la formación de la nueva familia y las familias de origen de las que ésta emergió. De las hijas se espera que encuentren un compañero y

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LA RED INVISIBLE

luego realicen funciones y servicios familiares tal como antes lo hicieron sus madres, ligando así a la nueva familia con la anterior. Se supone que las madres han de cuidar de los niños y las hijas de los ancianos, y que ambas deben esperar eso una de la otra. Las madres pueden adorar a sus hijos varones, pero dependen de sus hijas para satisfacer necesidades personales y familiares. Los parámetros familiares de la relación madre-hija la toman esencial para la continuidad generacional y para la transmisión de los valores, la moral y las costumbres de la cultura predominante de una generación a la siguiente. Si la madre es la piedra angular de la vida familiar, la relación madre-hija es el ladrillo y la argamasa que la mantienen firme . Los aspectos " cotidianos" de la vida familiar -sus rutinas y rituales, las tareas domésticas y el manejo del presupuesto del hogar, las compras y la cocina, las visitas al médico y el cuidado de la salud, las vacaciones y las actividades sociales, la ropa y las apariencias­ rodean la relación entre las madres y sus hijas. Mientras que a los varones se les asignan tareas dentro del hogar, las madres incluyen a sus hijas en las actividades y labores domésticas y esperan que ellas vayan sabiendo qué es lo que hay que hacer en la casa. De este modo, cuando los hijos dejan sus ropas desparramadas por toda la casa, la madre podrá irritarse, y hasta enfurecerse, pero al fin y al cabo "los varones son asf'. Cuando las hijas dejan sus ropas desparramadas, esto también es irritante y enfurecedor, pero se le atribuye más significado, como a un acto entre la hija y su madre. Cuando un varón no puede aprender a hacer un huevo frito, la madre se tranquilizará pensando que a su debido momento él se conseguirá una esposa que le haga la comida. Cuando una chica no puede aprender a hacer un huevo frito , la madre temerá que su hija carezca de las aptitudes que necesita tener para conseguir marido y atenderlo como correspon­ de.

Los lazos de la responsabilidad compartida respecto de la vida familiar son sin duda fuertes. Crean un tipo especial de vínculo cimentado en la intimidad de aquello que es privado y personal. El parto y la crianza de los hijos son acontecimientos fundamentales en las vidas de madres e hijas y las llevan a unirse en tomo a experiencias que son difíciles de transmitir y que se perciben de un modo altamente subjetivo. A través de los siglos, las más diversas culturas han mitificado la experiencia del parto y del amor maternal de manera que las madres han compartido estas experiencias con sus hijas en un mundo de tinieblas

y media luz, oscurecido por el mito. Aunque algunos teóricos sociales contem­ poráneos han intentado desmitificar las experiencias del nacimiento y la mater­

nidad, Erich Fromm, quien escribió a fines de la década de 1950 y principios de

la de 1960, e influyó a una generación de madres cuyas hijas aún están teniendo

familia, expresó lo siguiente: "El amor de la madre es una bendición, es la paz,

no necesita ser adquirido, no necesita ser merecido que venirnos, es la naturaleza, la tierra, el océano

afirmación incondicional de la

La madre es el hogar del

El amor maternal

es la

El amor de

vida del hijo y de sus necesidades

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MADRES E HIJAS

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hace que el hijo sienta que es bueno haber nacido; le infunde al hijo

el amor a la vida . y no sólo el deseo de seguir con vida

vivo" (Fromm, 1956, págs. 33-41). ¡Qué legado para que las madres le dejen a sus hijas! Dado que la sociedad espera que una madre críe a su hija para que ésta, a su vez, se convierta en esposa y madre, la relación entre ambas se define en gran

medida dentro de los confines y del espacio vital de lo intrafamiliar. Criar a un hijo varón, en cambio, no supone primordialmente formar a un padre, ni siquiera

a un esposo, aunque esto puede ser parte de la expectativa parental. Significa, más bien, formar a un hombre, un trabajador, una persona con aspiraciones

públicas y logros personales, un individuo autónomo. Criar a una hija se vincula sobre todo con las relaciones, el cuidado de otros, las tareas domésticas, los apegos y las adhesiones, los logros privados e interpersonales. Las madres son las guardianas de la familia, responsables del bienestar emocional de la familia

y encargadas de proteger a sus miembros de los peligros psíquicos del mundo

exterior. Los padres son responsables del bienestar económico de la familia y de protegerla de los peligros físicos del mundo exterior. De modo que la tarea de la madre es conectar a sus hijas con la vida intrafamiliar y conectar a sus hijos

varones con la extrafamiliar. Por consiguiente, la relación entre madres e hijas a menudo se conceptualiza dentro de un contexto que es distintivo y está separado del mundo exterior a la familia, y que incluso es considerado no funcional dentro de ese mundo más amplio. Además, dado que las actividades de la vida familiar y privada están

artificialmente segregadas de la vida pública o extrafamiliar, se las suele tratar

y definir como triviales y subordinadas, y no como una parte integral de las

actividades dominantes y más "significativas" de la sociedad en su conjunto. Desde esta perspectiva, la relación madre-hija se puede entender como un vínculo construido en contradicción. Es una relación poderosa por ser intensamente personal, pero vulnerable justamente porque carece de definición fuera de lo inmediatamente personal y familiar. Se encuadra en actividades que están subordinadas a las actividades de los hombres y a su más amplio dominio social

y económico. Lo que la hace tan poderosa y rica también la toma vulnerable a

las vicisitudes de un sistema de valores patriarcal. Carroll Smith-Rosenberg, una historiadora, estudió los diarios y cartas de mujeres procedentes de 35 familias , incluyendo madres e hijas, escritos entre la década de 1760 y 1880. Encontró, en estas cartas entre mujeres, un "mundo

femenino" separado del mundo de los intereses masculinos, un mundo en el que

las mujeres eran de primordial importancia, unas en las vidas de otras. Smith­

Rosenberg describe la presencia de " una relación madre-hija íntima

en el

centro de este mundo" y un " claro sistema de aprendizaje" dentro de la familia

por el que las hijas aprendían de sus madres las labores domésticas y las prácticas

de crianza infantil. "Las hijas nacían a un mundo femenino

la felicidad de estar

la madre

En tanto el rol

52

LA RED INVISIBLE

doméstico de la madre permaneciera relativamente estable

aceptar el mundo de sus madres y a volcarse automáticamente a otras mujeres en

busca de comprensión e intimidad". La autora destaca "la ausencia de esa

hostilidad entre madre e hija que hoy en día se considera un componente casi inevitable de la lucha de la adolescente por su autonomía" y sugiere que "es

posible que los tabúes contra la agresión femenina

comoparareprimir inclusoesahostilidadentre las madres ysus hijas adolescentes. Sin embargo, estas cartas parecen tan vitales, y el interés de las hijas en los as untos de sus madres tan activo y genuino, que resulta difícil interpretar la estrecha relación entre ellas como producto exclusivo de la represión y las interdicciones" (1975, págs. 1-29).

La confluencia de la creciente desaparición de este mundo femenino a partir de principios de siglo y de los primeros esfuerzos de las mujeres por liberarse

durante la década del veinte y comienzo de la del treinta condujo a un debilita­ miento del anterior vínculo madre-hija. Con el advenimiento de Freud y la consecuente tendencia psicologizante, la vinculación estrecha entre mujeres, según Adrienne Rich (1977), sólo podía " ser tolerada entre colegialas, como un ' metejón ', pero se la consideraba regresiva y neurótica si persistía hasta una edad más avanzada" (pág. 237). Esto traía consigo, desde luego, una particular "verdad" para madres e hijas. Como expresa Rich: "Antes de la noción de hermandad, existía el conocimiento -transitorio, fragmentado, quizás, pero original y crucial- de la noción de madre-hija. Esta catexia entre madre e hija

Allí

-esencial, distorsionada, mal empleada- es la gran historia no escrita

está la materia prima para la más profunda reciprocidad y la más dolorosa de las separaciones" (pág. 226).

las hijas tendían a

fueran lo bastante fuertes

LAS VICISITUDES PE LA INTIMIDAD Y LA FAMIUARIDAD

Las relaciones madre-hija son puestas en peligro en el mundo exterior a la familia por la misma familiaridad e intimidad que las caracteriza dentro de la familia. Esta es una inquietante contradicción. Si bien en nuestra sociedad la intimidad, la familiaridad y el apego se consideran aspectos positivos de las relaciones personales, nuestra cultura nos bombardea simultáneamente con otros mensajes distintos acerca de estas características interpersonales. Se nos dice que " la familiaridad engendra desprecio", que el status social se funda no en valores humanos sino en el logro económico, que el poder se basa en la jerarquía más que en la mutua correspondencia, que la intimidad se asocia con la sexualidad y no necesariamente con el apego, y que la autonomía equivale a separarse de la familia, particularmente de la madre. Estar "pegado a las faldas de la madre" significa ser aniñado e incapaz de funcionar independientemente

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MADRES E HIJAS

53

en el mundo exterior. y sin embargo, una hija algún día tendrá que ponerse esas "faldas". A medida que estos mensajes Y sistemas de valores contradictorios son intemalizados por madres e hijas, inevitablemente generan conflictos dentro y entre ellas. Las personas son moldeadas y enmarcadas por los mensajes que encuentran en el contexto cultural y social en que viven. En nuestra cultura, se tiende a considerar ya aludir a las mujeres en términos de su relación con algún hombre, y no con otra mujer. Desde "señora" o "señorita" hasta "la hija del zapatero" o "la esposa del doctor" , las mujeres son identificadas con el hombre

presente (o no presente) en sus vidas. La palabra "solterona" tiene un matiz muy distinto al de "solterón"; no evoca imágenes de un estilo de vida "licencioso y

divertido" , y

rechazo y de una vida mezquina. Cuando una hija se casa, es su padre quien la acompaña "hasta el altar" y "entrega su mano" a otro hombre que promete cuidarla. y durante esta importante ceremonia de transición , la madre se queda (literalmente) a un costado. Normalmente, la hija tomará el nombre de su marido (aunque el movimiento femenino ha hecho posible que las mujeres opten por conservar su apellido de solteras o por combinarlo con el de su cónyuge). Pero el apelativo de la hija cambiará de "señorita" a "señora", dos términos que identifican su conexión con un hombre; el varón sigue siendo llamado " señor" , esté o no legalmente vinculado auna mujer. Tales estructuras sociales, expectativas institucionalizadas Ymensajes, multiplicados al infinito, condicionan con igual profundidad el modo en que las madres y las hijas se perciben unas a otras, sus

ni siquiera de una opción personal , sino que suscita imágenes de

características psíquicas y ciertas circunstancias de su vida personal. De hecho, el concepto mismo del yo individual aplicado a las mujeres es una elaboración reciente y aún está en desarrollo. A quienes se identifica como líderes, autoridades, provisores, héroes e incluso ejecutores se les adjudican principalmente características masculinas. Las relaciones, los roles sociales y la conducta individual se definen según el género, asignándose primordial importancia a lo extrafamiliar, al dominio laboral y a la esfera pública de actividades y funciones asociadas con los hombres. Las mujeres son considera­ das importantes básicamente en términos de sus roles de esposa y madre dentro del mundo privado, interior y secundario de la familia. Si bien las normas sociales y psicológicas determinan que la familia es decisiva y fundamental para el bienestar emocional y la realización individual de sus miembros, al mismo tiempo esas normas sugieren que la familia tiene el potencial destructivo de reducir la eficacia personal de aquellos miembros que se mantienen demasiado ligados a ella. Esto origina una situación problemática para las madres, que deben preparar a sus hijas para el funcionamiento familiar, y para las hijas, que deben soltar amarras a fin de adquirir un yo fuera de la familia. A la vez que ingresan, cada vez en mayor número, en el mundo del trabajo y la actividad pública, las mujeres continúan buscando definiciones e imágenes

I

I

I

le I

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LA RED INVISIBLE

del yo individual j autónomo que incluyan la intimidad y la familiaridad, la solicitud y la familia. Lamentablemente, aun dentro del movimiento femenino esta búsqueda de una identidad que sea tanto expresiva como instrumental ha generado a veces una mayor tensión entre las generaciones y un rechazo hacia las mujeres/madres identificadas con la familia por parte de sus hijas. Esto no es sorprendente en una sociedad en la que la relación entre madres e hijas simplemente no rinde ningún dividendo. La autonomía y la ocupación laboral son los pilares de la vida adulta y a ellas se accede a través del padre. Los padres habilitan; las madres atan. Si las hijas se identifican demasiado con sus madres, corren el riesgo de que las cataloguen como indiferenciadas y dependientes. En tanto el poder reside en el padre, a cierto nivel las hijas se resentirán con sus madres por no poseerlo. Y a su vez, las madres que se perciben como carentes de poder en sus propias vidas se sentirán amenazadas por los intentos de sus hijas de adquirir ese poder. Pocas hijas se atreverían a proclamarse personas indivi­ dualizadas y Con autodeterminación sin haberpasado por el ritual de liberarse de la sujeción de su madre. Y muy pocas hijas que han logrado éxito o poder fuera de la familia se lo adjudicarían a sus madres. El movimiento feminista y la literatura feminista han modificado un poco esta situación. Un número mayor de mujeres contemporáneas, conscientes de la problemática de la mujer y de la necesidad de contar con imágenes femeninas más positivas, están tratando de identificarse con sus madres de un modo más mutuamente afirmativo y de explorar las vidas de sus madres con el propósito de encontrar allí un significado positivo para sus propias vidas. Pero todavía no tenemos, para la relación madre-hija, ninguna noción equivalente a las de "de tal palo, tal astilla", y "seguir los pasos del padre", con el significado que transmiten estas metáforas del valor y el potencial personal de ser identificado con el progenitor del mismo sexo. Los padres y sus hijos varones se vinculan en el mundo exterior igualmente bien que dentro de la familia. Las imágenes popula­ res del padre y el hijo trabajando juntos en su granja, del padre que le deja su negocio al hijo, o del hijo que lleva adelante los ideales políticos del padre ante el ataque de los enemigos, todos corroboran y fomentan dicha identificación. El vínculo madre-hija, todavía arraigado primordialmente en el ámbito intrafami­ liar y enturbiado por contradicciones sociales y mensajes dicotómicos, se vuelve superfluo en el mundo del poder y el privilegio exterior a la familia. No es de extrañar. por consiguiente, que la propia familiaridad, la intimidad y el conocimiento especial que tiene una madre respecto de su hija a menudo estén teñidos de remordimientos y de la sensación de ser "menos que" . La psicóloga Caroll Gilligan (1982). de Harvard, se ha referido a la significación del apego y la intimidad en el ciclo vital humano:

MADRES E HIJAS

55

El evasivo misterio del desarrollo de la mujer radica en su reconocimiento de la permanente importancia que tiene el apego en el ciclo vital humano. El puesto de la mujer en el ciclo vital del hombre consiste en proteger este reconocimiento mientras la letanía del desarrollo entonacánticos de celebración a la autonomía. laseparación, laindividuación

y los derechos naturales

El ciclo vital mismo surge de una alternancia entre el mundo

de las mujeres y el de los hombres. Sólo cuando los teóricos del ciclo vital dividan su

atención y comiencen a vivir con las mujeres como han vivido con los hombres, su visión abarcará la experiencia de ambos sexos y sus teorías se volverán consecuentemente más

fértiles

pasa de ser un vínculo de continua dependencia a ser una dinámica de interdependencia

continuada (pág. 23).

Cuando la autoafirmación ya no parece peligrosa, el concepto de las relaciones

CULPAR A LA MADRE

~

La psicología de la relación madre-hija es enmarcada, descripta y explicada en los términos en boga en las teorías analítica, psicosocial o sistémica de identificación masculina, en las que "castigar a la madre" ha sido un deporte practicado durante años. Sólo difieren las palabras claves utilizadas dentro de cada uno de estos marcos teóricos: histérica, excesivamentependiente, intrincada, intrusiva, aprisionan te , aferrada, dependiente, necesitada, aplastante, abnegada. egoísta, solapada, sobreemocional, irracional, y asísucesivamente. Mientras que la madre es reificada. mitificada e idealizada. al mismo tiempo se la culpa de cualquier problema emocional que pueda afectar a sus hijos. Lo que hace por sus hijos nunca es bastante. y siempre está en peligro de hacer demasiado. El mito de la madre perfecta y el mito de la madre diabólica están en perpetua competencia. La madre puede ser colocada en un pedestal, pero tendrá pies de barro. El amor materno, si es excesivo puede conducir a una simbiosis; si es insuficiente,a una carencia. De hecho. la madre idealizada y la madre diabolizada son las dos caras de la misma moneda. Ambos conceptos mitifican la materni­ dad: ambos son deshumanizantes y por lo tanto sirven para dificultar que las madres se hagan cargo de su propia maternidad. Ni los ídolos ni los diablos son reales. o accesibles. o capaces de poseer y construir su propia realidad. Estas imágenes no tienen una dimensión real; arrojan sombras a las que ninguna forma humana se puede adaptar. Tanto la idealización como la diabolización de las madres las mantiene en un lugar en el que el fracaso está asegurado. En un estudio realizado en 1985, los investigadores Caplan y Hall­ McCorquodale observaron que "los autores de los 125 artículos que leímos para efectuar este estudio le atribuían a las madres un total de 27 clases de psicopa­ tologías distintas" (págs. 345-353). La inculpación de la madre puede ser muy explícita o puede asumir una variedad de formas tácitas, las que se convierten en parte de la cultura de nuestra profesión. Puede aparecer "inocentemente" en nuestro discurso, en nuestro humor, en lo que elegimos subrayar o considerar

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LA RED INVISIBLE

significativo, en lo que valoramos, en nuestras actitudes, en el modo en que describimos las cosas, en nuestras metáforas y mensajes, en nuestra conducta con los pacientes o en a quién elegimos para impulsar al cambio. Además, culpar

a la madre puede pasar, inconscientemente, a formar parte de nuestra tradición

conceptual e intelectual. A menos que luchemos en forma consciente por identificar y rechazar las ideas y actitudes tendientes a culpar a la madre, éstas

quedarán internalizadas como parte de nuestro repertorio de convicciones y

conductas profesionales, con la misma seguridad con que son internalizadas por

la hija de toda madre.

y allí reside el dilema. Si las madres son culpadas por los "expertos" de los problemas emocionales y psicológicos de sus hijos, ¿pueden no culparlas las hijas? ¿Cómo es posible que las hijas dejen de culpar a sus madres por cualquier problema que tengan si tal criterio está corroborado por imágenes culturales muy difundidas y ha sido codificado por teóricos de la sociología y la psicología? Privadas de un sistema que fomente la identificación positiva con el progenitor de su mismo sexo, las hijas se verán inscriptas en una cadena socialmente construida de lucha y conflicto generacional con sus madres. Esto no parece muy auspicioso para la salud mental ni de las madres ni de las hijas. Posiblemente en ningún libro, desde The Generations ofVipers (1955), la inculpación de la madre haya sido tan elegantemente expresada ni tan persuasivamente fundamentada en términos pseudopsicológicos como en la obra de Nancy Friday, My Mother, Myself (1977). En este libro ampliamente vendido (más de tres millones de ejemplares en prensa), la culpabilidad de la madres es tratada como una verdad psicológica. Los análisis, las descripciones

y los relatos de Nancy Friday se caracterizan por incluir aseveraciones como: "A menos que nos hayamos separado de nuestra madre mucho antes de casarnos, es casi imposible establecer una relación saludable con un hombre" (pág. 69); "El modo en que reaccione el padre ante la adolescencia de su hija puede determinar

el rumbo que tomemos: avanzar hacia los hombres y nuestra propia identidad,

o

retroceder a la madre y el vínculo simbiótico" (el subrayado es mío) (pág. 169);

o

(citando al doctor Shaefer) "El deseo de la mujer de subordinarse al hombre es

el

modelo de dependencia aprendido de la madre" (el subrayado es mío) (pág.

345); o "Las madres educan a sus hijas como tontas porque creen en la divinidad de la inocencia. En materia sexual, todas las madres son católicas. Ruegan por la inocencia de sus hijas mientras que al mismo tiempo ruegan por un hombre para sus hijas ignorantes e inmaculadas" (pág. 286). (¡No es de extrañar que a las madres judías no les haya entusiasmado demasiado este libro!); o "No hay otras dos personas que tengan mejor oportunidad de apoyarse e identificarse entre ellas, y sin embargo ninguna relación humana es tan mutuamente limitante" (pág. 40). Esta obra, incongruentemente dedicada por Nancy Friday a su madre, está imbuida de un sistema de creencias por el que se presume que las madres ejercen un efecto peligrosamente incapacitante sobre sus hijas: sexualmente

MADRES E HIJAS

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infantilizador a la vez que encubiertamente competitivo, restnctlVo y sobreprotector, negador del yo y coartador de la conducta autónoma. La dependencia, la disfunción sexual, la ambivalencia respecto de los hombres, el miedo al éxito, la envidia, el rencor y cualquier otro tormento concebible que pueda sobrevenirle a una mujer dimana de madre a hija. (Sólo las últimas cuatro páginas del libro ofrecen un atisbo de algunas imágenes positivas de la madre). Para poder escapar del efecto debilitante de la ligazón "simbiótica", sostiene Friday, las hijas deben empeñarse en "separarse" de sus madres (al tiempo que buscan un hombre, por supuesto). Como muchos anteriormente y desde entonces, Friday critica severamente

a las madres por comportarse en las formas, y desempeñar las tareas, que la sociedad les ha asignado. Friday analiza la relación madre-hija en términos patriarcales; su sistema de valores está identificado con el varón. Como

consecuencia, la autora exagera groseramente las cosas: anhela la madre perfecta

y al constatar sus defectos, termina por convertirla en un demonio (algo no muy distinto de lo que hiciera su predecesor, Philip Wylie). Comete el error común de aquellos teóricos de la sociología y la psicología que hacen un traslado

conceptual desde la madre como principal fuente de toda gratificación infantil hasta la madre como principal fuente de todo trauma del desarrollo; desde la noción de vínculo infantil hasta la de sujeción adulta; de la idea del apego a la de pérdida de la autonomía. Estos son los términos de un sistema de creencias y de una epistemología que perpetúan un legado de lucha y conflicto para madres

e hijas. Me preocupa que el libro de Friday se considere un texto "femenino", leído con avidez durante la última década por jóvenes mujeres que buscaban un nuevo sentido de identidad. Qué paradoja para la humanidad que estas hijas necesiten negar a sus madres a fin de afirmarse ellas mismas. O tal vez no sea tan paradójico; quizá se trate de otro ejemplo más de la penetrante influencia del modo de pensar patriarcal en todos nosotros. Desde luego, es sumamente difícil no identificarse con la fuente del poder, con los valores y temas sociales dominantes, aunque a cierto nivel éstos puedan ser opresivos. Hemos presencia­ do ejemplos de esto a lo largo de la historia

DOBLES VíNCULOS

La terapia familiar y la teoría de sistemas no se han escapado del influjo de estos paradigmas. Aunque en la teoría de sistemas la familia no es considerada como un compuesto de individuos aislados sino como un conjunto de relaciones enraizadas en modelos y circuitos realimentadores de expectativas mutuas, en la práctica es imposible no adjudicarles nombres aesos individuos separados cuyo conjunto de relaciones forma modelos y circuitos de realimentación. Yesos

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LA RED INVISIBLE

nombres llevan consigo una serie de expectativas , roles, valores y actitudes relacionados con el género: esposa, madre, padre, marido, hermana, hermano, suegra, suegro, abuelo, abuela, y demás. Así, por ejemplo, cuando Bateson (1972) elaboró el modelo de familia (doble vínculo) dentro del cual es más probable que aparezca la esquizofrenia, distinguió tres rasgos del sistema familiar esquizofrénico de la siguiente manera (pág. 212, el subrayado es mío):

1. Un niño cuya madre se pone ansiosa y se aparta si el chico le responde como a una madre cariñosa.

2. Una madre que no puede aceptar sus propios sentimientos de ansiedad y hostilidad hacia su hijo y que los niega por vía de demostrar cariño para inducir al chico a responderle como a una madre cariñosa y apartarse de él si no lo hace.

3. La ausencia de alguna persona (padre, hermano) en la familia, como un padre firme y comprensivo, que pueda intervenir entre la madre y el hijo en la relación.

¿Es posible leer esta descripción del modelo del doble vínculo y continuar pensando en forma neutral y libre de prejuicios acerca de los modelos de familia o de "un conjunto de relaciones"? Si bien es mucho lo que se ha dicho sobre el doble vínculo en que las madres comprometen a sus hijos , se ha prestado poca atención a los dobles vínculos de los que pocas madres pueden escapar al relacionarse con sus hijas y criarlas. Las madres deben jurarle fidelidad o bien al dogma de la abnegación o al del egoísmo, a la ideología de la complacencia y la subordinación o a la ambivalencia de la autoafirmación y la autodefinición. El conocimiento que tiene una madre acerca de lo que se espera de las mujeres, de lo que es socialmente aceptable y de las reglas tácitas que rigen la vida de las mujeres en un mundo centrado en el hombre no puede menos que distorsionar muchos de los mensajes que le imparte a su hija. ¿Cómo puede una madre fomentar la autonomía de su hija cuando tal conducta podría porier en peligro su postrera seguridad? ¿Cómo pueden las madres aconsejar a sus hijas que se muestren "seguras" de sí mismas cuando a ellas se les ha advertido que "nunca dejes que él sepa que tú lo puedes hacer mejor"? El axioma de Dorothy Parker de que "los hombres no les dicen piropos a las chicas que usan anteojos" le habló a una generación de mujeres del dilema de la condición femenina: las mujeres que piensan no atraen a los hombres. Un artículo reciente de la revista Newsweek se refería al poder de la esposa de un presidente como "el abrazo cálido, la mirada fría o el ceño fruncido" con el que ella puede "afectar el pensamiento o el estado de ánimo de su marido". ¿Y dónde se supone que ella había dejádosu propio pensamiento? Así es que las madres educan a sus hijas dentro de una serie de dobles

MADRES E HIJAS

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vínculos socialmente construidos. Una madre quiere que su hija sea capaz de definir sus propias necesidades como un ser adulto e independiente, pero la acosan las dudas porque sabe que no es prudente que la hija se vuelva demasiado

autónoma, sino que debe aprender formas de dependencia. Una madre quiere que su hija sea franca , abierta y sincera , pero sabe que tiene que aprender a practicar artimañas y engaños leves, y a mostrarse esquiva. Quiere que la hija sea capaz de arreglárselas por sí misma , pero no con demasiada eficienéia; que tenga una

trabajo , pero que no se destaque demasiado; que sea dueña de sí misma,

carrera o

pero que se permita tener otro dueño. Quiere fomentar la confianza de la hija en sí misma, pero también quiere que la hija esté consciente de la necesidad de atraer; quiere que tenga sus propias ideas, pero que no las exprese con excesiva vehemencia; que se ocupe de ella misma, pero que primero se ocupe de otros; que brinde cariño, pero con abnegación. La hija debería tener una autoimagen positiva , pero tendrá que aprender a utilizarla para reflejar a otras personas. La madre quiere que su hija tenga un carácter firme, pero que sepa cómo esconder su firmeza. Tal vez admire el desarrollo mental de su hija, pero quiere estar segura de que la inteligencia de ella no atemorizará a sus posibles festejantes . La hija debe ser una buena alumna, pero no la mejor. Puede practicar deportes, pero no ser demasiado competitiva. Debe ser privada y discreta, pero tener muchos amigos y admiradores. Debe vestirse con corrección, pero quedar seductora. Debe aprender a cuidar de su aspecto, pero nunca aparecer excesivamente arreglada. Y debe aprender a conquistar subrepticiamente al hombre por el que

desea ser conquistada.

MADRE/MUJER

Quizás el penúltimo doble vínculo que rodea la relación madre-hija sea la proverbial dicotomía entre "mujer" Y"madre". Cuando Nancy Friday escribió lo de "actuar como una mujer y no como una madre", se estaba haciendo eco, en una sola frase, de todas las actitudes, estereotipos Yprejuicios que presuponen una división, y una distinción , entre la persona de la madre y la persona de la mujer. La madre no es una mujer, es MADRE. Las imágenes de la madre son universales. Las mujeres, en cambio, vienen en una variedad de formas y tamaños individuales, no necesariamente determinados por su funcionamiento intrafamiliar. Una es la imagen del ser que brinda alimentos y cuidados; la otra es la de la persona sexual y autodeterminada. La dicotomía madre-mujer es más explícita y notoria, así como particular­ mente nociva para las mujeres, en el terreno de su sexualidad. Desde el ideal de la inmaculada concepción y la madre virgen, por un lado, hasta la mujer sexual como buscona Y vampiresa (derivada de la palabra "vampiro", es decir, que chupa la sangre), por el otro lado , las imágenes de la mujer sexual siempre han

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LA RED INVISIBLE

estado divorciadas de las de la madre. Pocas veces nos encontramos en la literatura, el cine o los medios de difusión, con madres cuya sexualidad sea explorada y tratada como parte de la femineidad que incluye su condición de madres. Y cuando las madres se presentan como seres sexuales ante sus hijas , normalmente es para aconsejarles cómo cuidarse, más que cómo tomar sus propias decisiones y lograr satisfacción en su vida sexual. Dentro de este contexto, se puede considerar que las madres niegan su propia sexualidad, y restringen la de sus hijas a fin de prepararlas apropiadamente para la maternidad. Las madres temen que capacitar sexual mente a sus hijas podría poner en peligro la maternidad de éstas.

No hay ninguna manera clara en la que una madre puede aparecer como una persona plenamente sexual ante su hija. Una madre puede enseñarle a la hija que el sexo es algo bueno y placentero, una extensión natural del amor y la relación. Puede hablarle de disfrutar las relaciones sexuales, de la alegría de compartir y de la pasión que se experimentan al realizarse sexualmente. Pero esto siempre debe tener un matiz de precaución yprohibición. No prevenir a la hija constituiría una grave negligencia de su parte. Debe alertar a su hija sobre las aterradoras consecuencias que podría tener un embarazo fuera del matrimonio. Debe recomendarle qué hacer si un hombre la aborda por la calle. Necesita encontrar el modo de hacerle saber que muchas mujeres son violadas, y si le resulta demasiado difícil hablar de esto con la hija, se sentirá ansiosa por no habérselo explicado. Debe aconsejarle sobre cómo proceder si se encuentra con un exhibicionista en la calle, si un hombre trata de "levantarla" o si los hombres hacen comentarios obscenos acerca de ella cuando va caminando hacia el colegio. Si su hija es corpulenta, o muy linda, tendrá que enseñarle como conducirse ante los "silbidos" admirativos y las insinuaciones eróticas de los muchachos reunidos frente a la puerta del bar o de los albañiles que trabajan en el nuevo edificio en construcción del barrio. Todas éstas son experiencias compartidas por madres e hijas como mujeres sexuales. No es de extrañar que los mensajes que le transmite una madre a su hija acerca del sexo sean heterogéneos. Capacitar sexualmente a la hija puede resultar peligroso; prevenirla puede tener un efecto inhibitorio. La actitud represora será vista como represiva; la permisividad, como irresponsable. Para la hija, hacerse cargo de su propia sexualidad es demasiado agresivo; ser precavida y sumisa implica demasiada sumisión. Una madre puede recurrir a enseñarle a la hija cómo utilizar el sexo para manipular y lograr poder. Puede prohibirle toda conducta abiertamente sexual a la vez que la alienta solapadamente a ser seductora. Puede advertirla contra la promiscuidad yal mismo tiempo admirarla -y hasta envidiarla- en secreto por su capacidad de atraer a los hombres. Cualquiera sea el rumbo que tome, el mensaje será inevitablemente heterogéneo. La habilidad estará en lograr la combinación justa.

r

MADRES E HIJAS

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En contraste con lo anterior, los padres pueden reconocer su sexualidad y fomentar abiertamente la de sus hijos varones. Los padres pueden hablar libremente de sus hazañas sexuales (bien que premaritales) y aun aconsejarle al hijo que "se divierta lo más posible" antes de caer en el yugo del matrimonio. La madre, en cambio, no puede confesar sus hazañas prematrimoniales, ya que se supone que era virgen antes de aceptar los votos nupciales. Y es difícil que fomente la sexualidad de su hija ya que tiene miedo de que ésta pueda quedar embarazada sin haberse casado. Es algo muy distinto prevenir a un hijo varón de que no deje embarazada a una chica que advertir a una hija que se cuide de no quedar embarazada. Esto último introduce una nota precautoria, protectora y vulnerable a todo discurso sexual entre madres e hijas. Me llama la atención que la cautela, el conflicto y la ambivalencia de la madre ante la formación sexual de su hija se hayan interpretado casi exclusivamente como un "problema" de la madre: como la expresión de su propia negación y

represión sexuales, de la "carencia" sexual propia que le inflige a la hija. Porque la madre no sólo está atrapada en la dicotomía cultural de mujer/madre y en la contingencia biológica del embarazo indeseado, sino que también es testigo de los peligros reales que enfrentan todas las mujeres en un mundo en el que la violencia sexual continúa siendo una realidad. Una madre no necesita haber sido violada ni molestada sexualmente para saber que ésas son realidades que amenazan la seguridad de su hija. Estas realidades pasan a estar en la conciencia de las madres en el proceso de criar a sus hijas. No experimentar ninguna ansiedad respecto de la sexualidad de la hija sería indicio de una inadecuada evaluación de la realidad por parte de la madre. Y si se pone ansiosa, protectora

y restrictiva de la sexualidad de su hija, esto seguramente tendrá repercusiones sobre su propia sensación de viabilidad y poder sexuales. Así es como se construye el ciclo disfuncional de lucha y conflictos entre

madre e hija: la madre debe refrenar y prevenir a la hija respecto de su sexualidad

y al hacerlo ella misma se sentirá reprimida en cuanto a presentar su yo sexual. La hija se enojará por las restricciones que le impone SU madre y adoptará una

actitud crítica frente a ella. La madre se sentirá menos segura, con menos control,

y por lo tanto más ansiosa; el "mensaje" de la madre a su hija se tomará más "heterogéneo". La hija comenzará a culpar a su madre de cualquier problema sexual que experimente. La madre tendrá sentimientos de culpa y se pondrá a la defensiva. Ahora la hija verá que la única vía libre para su propia sexualidad consiste en rechazar la "inadecuación" y las "inhibiciones" sexuales de su madre. La madre será inculpada de reprimir la sexualidad de su hija. Y todo esto se ve reforzado por una cultura que es ambivalente acerca de la sexualidad femenina

y dentro de la cual madre y mujer aún no se perciben como una totalidad

integrada

62

LA RED INVISIBLE

EMOCIONES RAZONABLES

Tales dicotomías y contradicciones empañan la relación entre madre e hija tan seguramente como el funcionamiento familiar compartido de ambas contri­ buye a configurarla. En la tradición intelectual occidental, la división entre razón y emoción, la polarización de las formas de pensamiento intuitiva y analítica, es aun otro factor que afecta a las mujeres ya sus mutuas relaciones. En nuestra sociedad, por ejemplo, al saber que surge del compromiso afectivo, de la familiaridad de la experiencia compartida, de la intimidad y de la sensación intuitiva de las vinculaciones, no se le asigna ninguna significación como instrumento útil para el desarrollo intelectual o la experiencia cognitiva. Por el contrario, se le atribuye el rango inferior de "pensamiento emocional", lo que traducido quiere decir un pensamiento enturbiado por nuestros sentimientos, por la inducción, por una excesiva proximidad con nuestro sujeto. El pensamiento

emocional o intuitiva se considera la antítesis del objetivo, científico y racional. También se lo ve como "menos que" éste. El primero es prejuicioso, ambiguo,

no estructurado, amorfo

y asociado con lo masculino. En este

contexto, toda la esfera de conocimientos que derivan de la experiencia subje­ tiva, incluida la sensibilidad maternal, es desvalorizada. Ese saber queda desacreditado cuando se lo mide según los requisitos severos y pragmáticos del "mundo real", del "mercado" de la gestión económica, intelectual o pública. Esta polarización crea un entorno conflictivo y ambivalente para las madres que deberán negar su (desvalorizada) intuición a fin de confirmar su (valorizada) racionalidad. La intuición y el análisis, la razón y la emoción, se entremezclan en la mayoría de las interacciones interpersonales. Si definimos estas modalidades como cosas separadas y distintas, como mejor y peor, como más y menos significativa, como primordial y subalterna, terminamos formándonos una conciencia que niega lo emocional y afIrma lo analítico. Y cuando estas polaridades son luego asignadas a cada género -la mujer es emocional y el hombre es racional- la perspectiva de que podamos lograr un punto de vista libre de prejuicios acerca de nuestros pacientes se ve ciertamente reducida. Creo que debemos ser cautelosos en cuanto a la "objetificación" de nuestros "sujetos" por parte de toda interpretación, intervención, estrategia o técnica sistémica que, por más sutilmente que lo haga, insinúa este prejuicio. Baste decir que en el mundo de la terapia lo emocional es objeto de un tratamiento; lo racional es objeto de consideración. Jerome Bruner, en El proceso de la educación (1960), dice lo siguiente acerca del pensamiento intuitivo en comparación con el analítico:

y asociado con lo femenino. El segundo es neutral,

disciplinado, estructurado, sustanciaL

MADRES E HIJAS

63

La intuición implica el acto de captar el significado, la importancia o la estructura de un problema o una situación sin apoyarse explícitamente en el aparato analítico del que

, encuentra

uno dispone

por

sí misma, produce un ordenamiento tentativo de un cuerpo de conocimientos (que) nos ayuda principalmente por vía de damos una base para seguir avanzando en nuestra

verificación de la realidad

A diferencia del pensamiento analítico, el intuitivo no

combinaciones de ideas antes de que se conozca

La modalidad

produce hipótesis de manera rápida

la validez de éstas

La intuición.

progresa mediante pasos cuidadosos y bien definidos

basado

apoya en la familiaridad con el dominio de conocimiento en cuestión y con su estructura

La índole complementaria del pensamiento intuitivo y el pensamiento analítico debe

ser reconocida. A través del pensamiento intuitivo, el individuo a menudo puede llegar a una solución de los problemas a la que no llegaría en absoluto, o en el mejor de los casos

El formalismo del Podría ser de capital

importancia establecer una comprensión intuitiva de los materiales de estudio antes de

sino que tiende a (estar)

El pensamiento intuitivo se

.

.

en una percepción implícita del problema globaL

lo haría con mayor lentitud, a través del pensamiento analítico aprendizaje escolar ha desvalorizado en cierta medida la intuición

someter (a los niños) a modalidades más tradicionales Yformales. (págs. 58-60)

Bruner no establece una dicotomía entre la emoción y la razón, entre lo intuitivo y lo analítico, sino que los contrasta a fin de llegar a una síntesis cognitiva. Plantea que la eficacia del pensamiento intuitivo radica en la familia­ ridad con el sujeto, en el sentido de la conexión de las cosas y en el desarrollo de la autoconfianza necesaria para dar un salto conceptual a partir de una serie limitada de datos. Esta me parece una noción de suma importancia para la terapia familiar. A fin de evitar desvalorizar implícitamente a las mujeres, debemos valorizar explícitamente el pensamiento intuitivo y la razón emocional. incorpo­ rando estos procesos cognitivos a nuestro trabajo y a nuestras tradiciones intelectuales. y sin embargo, la terapia familiar parece estar moviéndose más en el sentido del formalismo de las fórmulas, la construcción de oposiciones, lo mediato más que lo inmediato, la tarea más que el proceso, lo directivo más que lo interactivo. Sin duda, debemos entender que la razón y la emoción, la intuición y el pensamiento analítico , el salto creativo y la progresión lógica, no son modos dicotómicos de percibir y explorar nuestro mundo. No puede haber razón sin emoción, ni emoción sin razón. Cada una fundamenta a la otra. La intuición ace­ lera el análisis y el análisis acrecienta lo intuitivo. El salto creativo fomenta la búsqueda de lo lógico y la lógica crea un contexto dentro del cual puede produ­ cirse el salto creativo. Dicotomizar estos modos de ser y entender, asignarle significación primordial y secundaria a cada modalidad como opuesta a la otra, en nuestra sociedad definida sobre la base del género, dará lugar a un marco de referencia en el que se desvalorice a las mujeres Y a las relaciones entre ellas.

64

LA RED INVISIBLE

UNA REFORMULACION FEMINISTA

Mi tesis a lo largo de este planteo ha sido, sin duda, que al dicotomizar, y luego priorizar, los valores asignados a lo intra y lo extrafamiliar, a la razón y la emoción, a la madre y la mujer, al apego y la autonomía, a lo público y lo privado, al trabajo y la familia, la epistemología del patriarcado ha impedido la concreción de la potencia y la energía creativas del vínculo íntimo, personal y familiar entre madres e hijas. El conflicto que pueden experimentar la madre y la hija por vivir en una sociedad dominada por el varón ha sido volcado hacia adentro, trabándo­ las en lucha una con la otra, llevándolas a culparse entre sí por cualquier problema que aparezca en sus vidas. Esta lucha se ha convertido en parte de su legado, en una profecía vigente a ser cumplida. Desde luego, no creo que esto sea accidental. Si las mujeres pudieran realizarse y ser poderosas a través de las relaciones entre ellas mismas en lugar de necesitar asociarse con hombres que las habiliten, el fundamento mismo del sistema patriarcal quedaría cuestionado. Si las mujeres se sintieran validadas a través de identificarse con aquello que todas tienen en común, su autoestima personal sería menos contingente. Y si las mujeres tomaran mayor conciencia de su experiencia colectiva, serían menos vulnerables a los mensajes que las mantienen subordinadas. El conflicto madre-hija del que con tanta frecuencia somos testigos en nuestros consultorios es parte de ese proceso de dividir a las mujeres a fin de unirlas más satisfactoriamente con los hombres. Este conflicto es, de hecho, el prototipo de esta clase de división. Muchas de las teorías psicosexuales de nuestra profesión, desde Edipo y Electra hasta las de la actitud sobreprotectora y aplastante, han tenido el efecto de perpetuar el conflicto entre madres e hijas. Por consiguiente, me parece particularmente importante que revisemos nuestra conceptualización de la relación madre-hija a fm de incluir el contexto social, así como el familiar, que la estructura y que predice la inevitabilidad de la lucha y el conflicto. Es necesario despatologizar el conflicto, reencuadrar la lucha y convalidar la relación misma. Cuando resulte apropiado, se podrá hacer referencia a los mensajes basados en el género que transmite el terapeuta a efectos de validar, interpretar y/o reencuadrar detenninadas conductas. Así, yo podría conectar una interacción de una madre y su hija con el modo en que se nos enseña que deben ser las cosas:

"Las mujeres aprenden muy temprano que su misión dentro de la familia es suavizar las cosas, de modo que su tendencia a hablar por su hija tal vez sea un modo de tratar de evitar que ella y el padre se pele)'ll".O podría referinne a ciertas imágenes, mitos o caracterizaciones en boga acerca de las madres (esposas, hijas, mujeres): "¿No es cierto que todas las madrastras son malvadas?; ¿Acaso no se supone que las chicas son excesivamente emocionales?"; "¿Alguna vez vio una telenovela en la que una mujer fuerte e inteligente fuera realmente feliz?" O puedo hablar de las experiencias de otras madres e hijas, incluyendo las mías:

MADRES E HIJAS

65

"Cuando mi segunda hija tenía 14 años tuvo una reacción similar, y pensé que

me iba a volver loca; ahora tiene 22 años y ve las cosas de un modo muy distinto".

a veces hago universal lo particular: "¿Qué madre no se ha preocupado cuando

su hija empieza a salir con muchachos?"; "¿Qué hija ha dejado de sentir, en ocasiones, que la madre no le tiene confianza?" Además, a menudo explico mis comentarios refIriéndome explícitamente al condicionamiento social: "Nuestra sociedad espera que las madres se preocupen y después, lamentablemente, suele castigarlas por hacerlo"; "A ias hijas se les dice que no podrán convertirse en seres adultos a menos que corten el lazo que las ata a las faldas de la madre, y lamentablemente ellas creen que eso también signifIca cortar con la persona que lleva esas faldas". y así sucesivamente. Las referencias de este tipo son importantes porque ponen de relieve condiciones Yexperiencias que han sido englobadas bajo la generalización, orientada y definida en ténninos predomi­ nantemente masculinos, de la "experiencia humana". Como resultado, las experiencias SOCiales y psicológicas de las mujeres, de las madres y de las hijas, han sido pasadas por alto como objeto de investigación, han pennanecido invisibles, o bien se las ha interpretado dentro de un marco de referencia

y

masculino. Desde luego, proponer generalizaciones sobre la experiencia de las mujeres,

o hablar de una conciencia colectiva, entraña el peligro de dar lugar a estereotipos

despectivos (como en los chistes raciales), por lo que debemos cuidarnos de no incurrir en eso. Y, por supuesto, los casos específicos de dicha experiencia son tan variados y tan diferentes como diferencias Yvariaciones existen entre las personas y dentro de los grupos raciales, étnicos y de clase social. Con todo, hay condiciones universales que confonnan la conciencia y la autodefmición indi­ viduales. Desde el mensaje implícito de la maestra que espera un mayor rendimiento intelectual de los varones que de las niñas en su clase, hasta el mensaje explícito contenido en el hecho de que las mujeres con fonnación universitaria, en su promedio, ganan menos dinero que los hombres que no han completado sus estudios secundarios, la conciencia y la identidad de las mujeres, más allá de la raza, la clase social o las diferencias individuales, están condicio­ nadas por esas actitudes y circunstancias. Esta realidad en común es un marco de referencia que puede vincular a madres e hijas no sólo entre ellas y con otras mujeres, sino también con las condiciones y experiencias exteriores a la familia que, paradójicamente, harán que sus problemas Y conflictos intrafamiliares resulten menos amenazadores. Esto se cumple particularmente en el caso de una

relación que, como la de madre e hija, se moldea en gran medida dentro de los confInes de la familia. Las madres y las hijas aprenden muy temprano en su trayectorlajuntas que deben prever conflictos interpersonales y situaciones dolorosas ocasionados por el deber de estar unidas desde el momento del nacimiento y de "separarse" cuando la hija llegue a la edad adulta. La relación entre las madres y sus hijas de

66

LA RED INVISIBLE

corta edad se ve menos complicada por los mensajes heterogéneos basados en el género o por la necesidad de preparar a las hijas para que cumplan roles y funciones femeninos. Pero cuando la hija entra en la adolescencia, las metas y los mensajes conflictivos que necesita transmitirle su madre comienzan de hecho

a socavar la autoestima de ésta en un punto crucial de su propia vida. Cuando su

hija entra en la adolescencia, la madre normalmente está llegando a la mitad de su vida, un momento de evaluación y renovación, de arrepentimientos y posibilidades. Autoafirmarse, para la madre, puede significar arriesgarse a sufrir una pérdida, emocional, conyugal o socialmente. Y es justamente en este

momento cuando más firmeza personal debe tener frente a su hija. Debe proporcionar protección y guía en un momento en que está cuestionando su propio rumbo y en que menos protegida se siente. Debe ayudar a la hija, y

ayudarse a sí misma, a sopesar el precio de la firmeza personal frente al costo de

la dependencia.

Así es que en el preciso momento en que una madre debe aparentar la mayor fortaleza posible, más vulnerable se encuentra ante las presiones manifiestas de su hija para desligarse de ella, así como ante los mensajes implícitos de que persevere en su papel y la proteja. El decrecimiento de las posibilidades de ejercer su autoridad que experimentan todos los padres a medida que sus hijos se van convirtiendo en adultos incluye los factores citados, en el caso de las madres y sus hijas, en cuanto las madres comienzan a sentir que tienen menor . ascendiente. La vinculación estrecha con su hija le provoca a la ya sobrecargada madre el temor de incurrir en una dependencia excesiva. Lo que es más, su éxito

o su fracaso en la función materna está siendo puesto a prueba por la misma

persona que a su vez debe prepararse para asumir dicha función. La búsqueda de autonomía por parte de la hija se percibe, y a menudo se califica, como una actitud de oposición y crítica, y así se inicia un ciclo de conflictos. Es difícil para una madre interpretar la conducta de su hija adolescente o joven adulta como una experimentación ambivalente con el poder, el juicio y la libertad de opción

personales. La perspectiva de una terapeuta feminista podría proponer un marco de referencia que posibilitara a las madres percibir los actos de sus hijas, a medida que maduran, no tanto como una lucha por liberaI$e de los lazos matemos que las traban, sino como un avance hacia una posición autodeterminada, firme y autónoma que les sea propia. De este modo, el conflicto se podría ver como el producto de las actitudes de dos personas que buscan distintos modos posibles de vincularse en diferentes etapas de su vida. Colocando el panorama dentro de este marco. llegamos a implicaciones, percepciones y "verdades" psicológicas diferentes. La hija, joven adulta, está experimentando una sensación nueva y atemorizan te de su propio poder, una confianza incipiente en su propio juicio y su capacidad de hacer elección; no está meramente mostrándose resentida y díscola. La madre, de edad mediana, está buscando un nuevo terreno. un modo

MADRES E HIJAS

67

de mantenerse vinculada con la hija sin el temor de que la relación estrecha entre ellas se convierta en una carga para ninguna de las dos. Ambas están en proceso de reestructurar una relación, no de "salirse" de ella; y para reestructurar su mutua relación deberán encontrar la forma de reconocer lo que tienen de igual a fin de aceptar lo que las diferencia. La hija deberá saber más acerca del contexto y el contenido de la vida de su madre, y no menos; la madre deberá explorar sus propias fuentes para conocer y comprender los aspectos propios del desarrollo de su hija. La hija busca afirmación en el reflejo de su madre, una imagen que confirmará la suya. Desafía a la madre para tener firmeza · de carácter y autodeterminación. La madre busca la convalidación de su éxito como madre especialmente por parte de la hija, quien compartirá su experiencia de vida. Si los terapeutas logran liberarse de la mitología de la separación como autonomía y de su enamoramiento con la ley y el orden en la familia, podrán volcar su atención a la empresa de suministrarles a madres e hijas otras formas posibles de vincularse. Las madres y sus hijas adolescentes necesitan sentirse funcionales una en relación con la otra, no sólo en cuanto a establecer y acatar reglas familiares, o a liberarse e irse del hogar, sino por vía de participar en el proceso continuo de explorar nuevos medios a través de los cuales puedan expandir y mejorar la calidad de vida de ambas. Dos escritoras han expresado, en frases muy breves, las dos caras de la condición de ser madre de hijas mujeres: la intensidad de las experiencias compartidas empañada por la convicción culpable de ser la causante de todo lo que le suceda a su hija.

¿Qué les ha acontecido a nuestras hijas que ya no les gusta el perfume de la violeta? Colette

No sé qué es lo que hice. pero sé que lo hice.

Marsha Nonnan, 'Nighl Mother

MADRES E HIJAS EN TERAPIA

En todos los ejemplos clínicos siguientes de nuestro trabajo con madres e hijas se encuentra la convicción de que la calidad de esta relación es fundamental para el desarrollo de la mujer, por lo que necesita, de diversos modos, ser convalidada y afirmada. Nuestro objetivo clínico común consiste en suscitar e incrementar el potencial positivo de la relación, como contrapartida del punto de vista dominante que presenta a las hijas como seres atrapados en una lucha interminable para escaparse de una madre posesiva y patologizadora. Con todo, ninguna de nosotras es ingenua y todas tenemos plena conciencia de que algunas madres pueden ser destructivas, otras atormentadoras, y aun otras

¡

68

LA RED INVISIBLE

tristemente dependientes de sus hijas. OIga analiza la tarea de reconstruir una

relación madre-hija que se había vuelto tan opresiva y debilitante para la hija que

la había llevado a efectuar un corte total y a someterse a una terapia de

"separación". Su análisis ilustra la forma en que el sistema de creencias más

amplio de la terapeuta se interrelaciona con su metodología y su elección de intervenciones. Peggy, describe su trabajo con una madre y una hija cuya relación se ve afectada por problemas conyugales no resueltos. Sus intervencio­

nes iniciales se dirigen a habilitar a la madre -como mujer y esposa, además de

como madre-, con lo que logra ampliar el terreno dentro del cual la madre y la hija pueden negociar su interacción y profundizar su mutua comprensión. Se incluyen ejemplos de intervenciones por las que se posibilita que la hija pase a

formar parte del proceso de habilitar a su madre. Y el caso de Betty se refiere a la historia de una hija que describe los triángulos generacionales, y las luchas triangulares, que han organizado su propia relación con la madre, en un libreto que nos remite a temas e imágenes conocidos. Los intentos de la hija de romper

los ciclos disfuncionales que le han impedido a ella y a la madre concretar el

potencial positivo de su relación son orquestados en una terapia claramente

dirigida a liberar ese potencial.

Mi caso es ilustrativo de las particulares crisis de la adolescencia que se

manifiestan en el curso de la relación entre madres e hijas. Esta crisis está cargada

de mensajes heterogéneos, tanto para la madre como para la hija, pero al igual

que todas las crisis brinda una oportunidad única para lograr el cambio. El análisis abarca todo el curso de la terapia, unos siete u ocho meses, y se incluyen

extractos de algunas sesiones familiares seleccionadas.

El marco de referencia que orienta mi trabajo con esta familia es el

presentado en mi exposición sobre una "reformulación feminista". A lo largo de

mi trabajo con la familia, mis intervenciones estuvieron dirigidas a reestructurar

la relación entre la madre y sus dos hijas por vía de centrar la atención en aquellos terrenos en que se podría lograr una vinculación y una comunicación positiva. Me empeñé especialmente en subrayar las conductas competentes que tenían lugar dentro de las sesiones de terapia, convirtiéndolas en experiencias de

competencia que pudieran ser compartidas por la madre y sus hijas. Las transcripciones ilustran mi estilo preferido: el uso del proceso durante las sesiones de manera que brinden una proximidad, muevan a la reflexión y fomenten un sentido de lo familiar. Esta familia se definía a sí misma como vulnerable y caótica. Y en efecto, los síntomas que presentaba la hija menor eran graves, habiendo determinado que fuera internada justo antes de comenzar la terapia conmigo. La madre se mostraba ineficiente, confundida y desesperanzada, y la ira, los insultos y el franco rechazo experimentados por la madre y la hija aparecían como un obstáculo casi insalvable para los intentos de lograr un reencuadre positivo. Lo que me resultó particularmente útil para trabajar con la familia fue el contexto

r

MADRES E HIJAS

69

más amplio basado en el género que pude utilizar para interpretar y despatolo­ gizar sus conductas. Esto les ofreció a todos un marco de referencia fuera de su familia: un marco con el cual se podían vincular y luego volver a las lides familiares con una autoestima reforzada.

Casos

Atrapada en la maraña

Marianne Walters

EL PROBLEMA PRESENTADO

Una mujer divorciada de cerca de cuarenta años vino a verme con sus dos hijas adolescentes. Sally, la madre, es enfermera y ama su trabajo, aunque sus horarios irregulares le dificultan la organización y el manejo de las actividades domésticas. Joan, su hija de catorce años, acababa de regresar al hogar tras haber estado internada-durante tres meses en un centro de tratamiento. La otra hija, Betty, tiene diecisiete años y está cursando el último año de la escuela secundaria. Sally ha estado en terapia individual; ella y su marido habían estado en terapia de parejaS antes de divorciarse; las chicas y ella han tenido sesiones de terapia familiar antes y durante la internación de Joan. Antes de ingresar en el centro de tratamiento, Joan había tenido una conducta difícil, cargada de tensión, que resultó traumática para toda la familia; la expulsaron del colegio por consumir drogas, sacar malas notas y faltar a clase; se negaba a acatar reglas y límites en el hogar; disputaba constantemente con la madre, la hermana y el padre; mantenía relaciones sexuales, y solía insultar a su familia y a las autoridades escolares. "Fuera de control, iracunda, con poca autoestima pero muy inteligente", dictaminaron los terapeutas del Nuestro primer encuentro duró un par de horas. Sally era una mujer apocada, que hablaba con mucha suavidad. Parecía encogerse ante el ataque verbal de sus dos hijas. Betty, una chica atractiva y emocional, que se expresaba con claridad, se sentó entre la madre y Joan, intercediendo por cada una de ellas y tratando de orquestar sus actos. Joan, regordeta y de aspecto desagradable, manifestaba abiertamente su desaprobación ante todo lo que sucedía y fustigaba a todo el mundo (incluyéndome), musitando una letanía de blasfemias. Sally, la madre, presentó el problema ubicándolo en ella misma, evaluación con la que concordaban toda la familia y varios terapeutas previos. Mi esfuerzo

70

LA RED INVISIBLE

inicial se dirigió a poner en tela de juicio esta perspectiva y ofrecer otra nueva. Eso probó ser una tarea difícil, dado el grado en que todos (incluida Sally) estaban organizados en torno a las fallas de la madre.

LA ENTREVISTA INICIAL

Sal/y: (Hablando con suavidad y lentitud. y midiendo sus palabras) Greg,

mi marido, siempre se encargó de la disciplina: Supongo que yo actuaba como

salvadora. en el medio. y me costaba ejercer mucha autoridad sobre las chicas. Nunca lo hacía bien. así que vacilaba muchísimo. Estuvimos casados durante diecisiete años. Pero incluso después del divorcio yo seguí en la misma posición, siempre tironeada en distintas direcciones. Cuando las cosas van bien en casa,

me puedo distender un poco. Pero cuando tenemos diferencias, se arma un lío

nos damos

infernal

cornadas unas a otras. (Las chicas se empiezan a reír ya burlarse de la expresión "darse cornadas" que empleó la madre.)

Terapeuta : Ya veo, Sally. que una cosa que hacen sus hijas es hacerla sentirse incómoda por lo que usted dice, y por el modo en que lo dice. como si

lo que es

quizá sea que no

natural; pero reaccionan burlándose de usted. Me pregunto

fuera una tontería. De hecho, creo que ellas están molestas aquí

nos ponemos frenéticas y las cosas se salen de

entienden su metáfora. Joan. ¿qué crees que quiso decir tu madre con lo de "nos damos cornadas"? (Durante toda la sesión. digo deliberadamente "sus hijas" para subrayar la vinculación entre las chicas y la madre .) loan : ¿Cómo mierda quiere que lo sepa?

los carneros. o sea los ovinos machos. luchan

tienen

cuernos en la cabeza, así que se dan cornadas y a veces quedan con los cuernos

enganchados y ninguno de los dos se puede mover. Ahora que lo pienso. es una excelente analogía para describir las cosas entre ustedes, Sally. ¿Lo comprendes mejor ahora. Joan?

Terapeuta: Bueno, veamos

golpeándose las cabezas uno contra otro

es muy impresionante

loan : (gruñe . refunfuña.

se retuerce)

Terapeuta : Bueno, Sally. en muchos sentidos su familia ha estado sufriendo cambios y trastornos por los que todos tuvieron que hacer muchos ajustes: el divorcio. su trabajo, la internación de Joan. Joan. cuando empezamos a hablar hoy dijiste que estabas contenta de haber salido del "loquero" pero no de estar

en tu casa. ¿Qué te parece que habría que hacer para que te sintieras mejor en tu casa?

de todos modos no

se puede cambiar a la gente

a Joan le resulta tan difícil creer que lo que ella haga

puede servir de algo

y se

loan : (furiosa)

Nada. nada. nada

no hay nada

Terapeuta : Ay . Sally

que se alborota. y anda rezongando y maldiciendo

MADRES E HIJAS

71

podría decir que se comporta en fonna bastante aniñada para una chica con tanta perspicacia. Bueno, Joan, si no puedes cambiar a los demás, ¿crees que las personas se pueden cambiar a sí mismas?

loan: Sí,

Terapeuta: Lo creo

y yo ya cambié mucho.

y parece que tu mamá está de acuerdo contigo.

son

una de las cosas que deben resolverse? loan : (Gruñe. refunfuña y se retuerce. pero me mira de frente por primera

vez)

Betty :(Interrumpiendo. con mucha vehemencia) No se lo tiene que preguntar

a ella

es lo que debe cambiar. Terapeuta : Esa es una recomendación interesante. Joan, ¿tu hennana te ayuda mucho de este modo?

es a mamá a la que debería preguntarle. Ella nos tendría que decir qué

Ahora

en relación con tu familia

supongo que sí.

¿dirías que las peleas

las cornadas

loan: Sí, hablamos

. ella sabe cómo son las cosas con mamá.

Betty : Yo sé como tratarla, ya le conozco la vuelta. Quiero decir, las dos

estamos más en el mismo nivel. Terapeuta : Cuando dijiste:

"Mamá nos tendría que decir", Betty, no me

quedó claro a quién estabas defendiendo. ¿A tu madre o a Joan? Betty : (Se pone más nerviosa) A las dos, porque a veces se nos dice que debemos asumirmás responsabilidades y después resulta que no tenemos ningún

derecho en la casa; así que no podemos decir qué es lo que debe o no suceder. De modo que usted no puede empezar a darle autoridad a ella (Joan) y luego

esperar que mi mamá

inició la terapia

y Terapeuta: Qué bien, Betty, lo has descripto a la perfección. Así que te pareció que yo le estaba transfiriendo la autoridad a Joan al consultar su opinión. ¿No es un fastidio, Sally, cómo llegan a confundirse totalmente en una familia, la autoridad, la responsabilidad y quién opina qué cosa? Así, Betty, tú irrumpiste para apoyar a tu madre, y sospecho que también para sacar a Joan del aprieto. Creo que fue una actitud muy bondadosa de tu parte, y que tratabas de que las cosas fueran justas para los otros dos miembros de tu familia. Qué chica

sospecho,

atrapada en el medio

de lo que sucede en la

¿así que

decisiones

hemos estado discutiendo sobre eso desde que Joan

sobre quién tiene la autoridad en la familia, quién toma las

está todo revuelto

tan responsable ha fonnado , Sally. Es fonnidable. Pero me pregunto

Betty, que te sientes tironeada en distintas direcciones

familia

igual que tu mamá. Bueno, Sally

usted cree, y quizá por eso que Betty cree, que el principal problema es que las

chicas no saben quién está al mando? Sal/y : (Abatida) Sí, al menos en parte. Tantas veces me siento tan insegura

al estar al mando

cuándo

cómo

dónde

loan: El problema es que ella no demuestra estar al mando.

Betty :

nos ha dado autoridad a todas.

~

I

I

72

LA RED INVISIBLE

cómo las chicas

intervienen de inmediato? Están defendiendo, están acusando, quieren estar al mando, quieren que usted esté al mando. Es muy confuso, pero demuestra el

interés que tienen

y quedan prendidas, sin poder moverse. Así que terminan hablándole cada una a la otra, y no con la otra.

eso es lo que pasa. Y la última novedad es que les ha dado por

comportarse como tontas, de un modo bochornoso y bastante grosero, cuando el

hombre con el que estoy saliendo viene por casa, y me está costando mucho frenarlas.

que se dan cornadas

Terapeuta : ¿No es extraordinario lo que sucede, Saliy

Ya veo cómo ocurre lo que usted dijo

Sal/y:

loan : (Refunfuña) No lo

haríamos si él no fuera un pavo tan grande

Betty: (A loan) Cállate. Terapeuta: Otra vez hizo lo mismo: salir en auxilio. ¿Se da cuenta de lo que

quiero decir, Sally? Por alguna razón, Betty siente que debe auxiliarla a usted y

salvar a la hermana

yo la

protegía (a Joan), mamá me protegía a mí, y papá protegía a mamá. Ahora Bob (el amigo de la madre) la protege a ella. Y si yo no me ocupara de protegerla (a Joan) quién sabe si no hubiera sucedido algo peor.

Terapeuta : Creo que tal vez ésa sea una carga demasiado grande para ti, Betty. Además, no creo que tu madre necesite que la ayudes tanto como crees.

no es una carga. Quiero tener la resPonsabilidad de

proteger y cuidar a alguien. ¿Está diciendo que está mal, encargarse de proteger

a otros? Terapeuta : No, no estoy diciendo eso

de hecho, creo que es una actitud

admirable. (Volviéndose a Sally) Y es evidente que sus hijas son protectoras y cariñosas, al mismo tiempo que le dan tanto trabajo. Es estupendo que Betty quiera ser útil, cuidar de otras personas, tal como lo hace usted. Me doy cuenta

de que usted aprecia ese rasgo de Betty y quiere fomentarlo. Quizá por eso es que

ayudándola

a usted a tomar decisiones, protegiendo a la hermana, decidiendo cómo deben

marchar las cosas en la familia. Resulta confuso: por un lado, usted quiere alentar

la actitud protectora de Betty

de

modo que vuelve a

Betty: (Se pone más enérgica) Sí, resulta muy cómodo, pero después se sale

de controL

inapropiada y que interfiere con la necesidad de que usted esté al mando

Betty: (Se pone realmente molesta) Así es como han sido las cosas

Betty: (Inflexible) No

le cuesta hacerle saber que está asumiendo demasiado para su edad

por otro lado, sabe que a menudo esa actitud es

quedar atrapada en la maraña

y al

final, todo me hace sentir como que no lo puedo hacer bien

loan: Yo no creo que esté mal

lo que hace Betty.

Betty: (Muy alterada) Usted podrá decinne que está mal, pero es algo que no va a cambiar. No es una carga; es mi elección. Lamento si dije algo que a usted

no le gusta

quizá no esté bien. De todos modos, Joan puede llevanne la

·1

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MADRES E HIJAS

73

contraria, y mamá puede llevanne la contraria, pero no me parece que una persona de afuera pueda decinne lo que está mal. Sal/y: Creo que te estás alterando demasiado y que deberías tranquilizarte. Betty: Nosotras no queríamos venir aquí, por empezar. Después lo vamos a hablar en casa y, probablemente, decidamos no volver. Esto no es lo que yo me

nosotras no podemos

expresar lo que sentimos

había imaginado. Usted le habla solamente a mamá

es muy probable que no vengamos más.

Terapeuta: Saliy, usted puede ver cuánto se esfuerza Betty

con qué '

empeño trata de cuidar de todos, exactamente del mismo modo que usted, cuando se interpone entre ellas, o con otras personas fuera de la familia. Se parece muchísimo a usted. Y se siente tironeada. Hasta cree que la terapia que elijan tendrá que ser una decisión conjunta, que ella tiene que ayudarla a usted a decidir esto.

que se

puede hablar como lo estamos haciendo aquí. En casa hay una batalla constante y lo que yo quiero es no tener que pelear. Quiero que todo sea agradable y feliz. Estoy segura de que las chicas no están más contentas que yo con el modo en que van las cosas.

Sal/y: Es tan reconfortante ver que las cosas pueden ser diferentes

loan: (Al borde de las lágrimas) Pero mamá, es como que habías

renunciado a ser madre

volver a casa a la hora que se me antojara: no me dijiste que eso estuviera mal, y entonces, de pronto, me dices: "Vas a ir de pupila a la escuela, te guste o no;

véte, sube al auto y márchate"

repente, cuando a ti se te antoja, nos dices: "alto". Bueno, esa no es la idea que tengo de una familia feliz.

Terapeuta: Saliy, usted tiene dos críticas muy severas. Sal/y: El problema es que estoy de acuerdo con ellas, en este preciso momento.

que usted está

de acuerdo con las críticas, que se olvida de lo que ha hecho, y lo que hace, bien. Así es como usted bloquea su propia eficacia. Y usted y sus hijas han adoptado una forma de estar juntas: la danza de los cuernos trabados. Cada vez que usted empieza a ver las cosas con mayor claridad, ellas le hacen recordar lo que no hizo bien, y usted las escucha y vuelve al molde.

Nos dejas hacer todo lo que se nos ocurra y de

no querías tener ninguna responsabilidad. Yo podía

Terapeuta: Tiene razón, exactamente

ése es el problema

Sal/y: Sí, eso es justamente lo que sucede, es lo que siento. Es cierto cuanto las cosas parecen mejorar, algo sucede y volvemos a quedar atrapadas en una vía muerta. Terapeuta: Entonces, Sally, eso no es nada nuevo. Como todas las madres,

en

y sus

hijas le siguen la corriente. Ellas se forman sus opiniones a partir de las suyas.

Posiblemente la escuchan mucho más de lo que usted cree. Tal vez sólo deba tener más en claro qué es lo que realmente les está transmitiendo.

usted se culpa a sí misma por cualquier cosa que ande mal en la familia

es lo que realmente les está transmitiendo. usted se culpa a sí misma por cualquier cosa

74

LA RED INVISIBLE

En este intercambio, centrado en la posición de Betty en la familia, asumo

la

postura de que la actitud protectora de la chica es congruente con los modelos

de

roles para las mujeres en las familias, y no es el resultado de los fracasos de

la

madre en cumplir la función parental ni de alguna triangulación con el padre.

Este marco conceptual me permite la libertad de convalidar las conductas "parentales" de Betty y al mismo tiempo señalar el modo en que dichas conduc­ tas interfieren en la familia. También me permite subrayar la "igualdad" y la

vinculación en la familia, cuestionando a la vez la falta de credibilidad respecto

de la capacidad de la madre para estar al mando. Sally necesitaba que la ayudaran

a comprender sus propias opciones a fin de sentirse eficaz para asumir el mando.

A tal efecto, primero debía ayudar a Betty a salirse del medio.

Por lo tanto, el objetivo era ahora desafiar y respaldar a la madre para que entablara un verdadero diálogo con Betty; para que definiera en qué esferas le

parecían convenientes las conductas protectoras de la chica, y en cuáles no. Esta fue una tarea ardua, ya que Sally nunca se había planteado el problema en estos términos. Hubo varias contramarchas, actitudes defensivas y discusiones. El libreto debió ser encuadrado y reencuadrado much,!s veces. Cuando Betty se enojaba, Sally quería darse por vencida. Yo no la dejaba. Joan lloró y protestó varias veces: "¿Porqué se está ocupando de ella (Betty)? ¿Qué pasa conmigo?"

Al poder hablarle a Betty con mayor claridad, Sally fue cobrando nuevos bríos

y empezó a buscar, a partir de su conocimiento de la hija, otros modos en los que

Betty pudiera dar un buen uso, fuera de la familia, a sus tendencias protectoras. Más tarde les pedí a las chicas que esperaran afuera y conversé con Sally.

exhausta. Fue como una maratón. A veces

me parece ver una batalla constante desarrollándose delante de mí. Me acuerdo cómo era antes, con Greg, muy eficaz pero un tirano. Castigos, reprimendas, gritos. Y me resultaba difícil concebir un punto intermedio. Es tan bueno resol ver algunas cosas de este modo, pero a veces todo me resulta abrumador.

Terapeuta: Sí, es difícil; pero no es necesario que viva para siempre en plena batalla campal. Usted tendrá la paz que tanto ansía. A veces hay que luchar por conseguirla de manera que parecen ajenas a uno. Sus hijas son astutas; saben que usted está cansada de batallar y que tiene miedo de actuar en forma tiránica. Sally : Es cierto, lo detesto. No va con mi modo de ser. Pero creo que es lo

que les hace falta. Simplemente

Terapeuta : No es la forma preferida para muchas mujeres, para muchas madres. Pienso que las mujeres tienden más a examinar las cosas, lo que sucede entre las personas. Escuchan con atención, sopesan las distintas posiciones, los problemas. Pero no creo que usted quiera la paz a cualquier precio. .Sally : No, no, por cierto que no lo quiero. El precio se está haciendo temible. Lo que hicimos hoy fue muy bueno. Pero no estoy segura de poder mantenerlo.

Sal/y: Vaya, me siento trémula

no sé cómo

no puedo dárselo.

~

{

MADRES E HIJAS

75

Terapeuta: Bueno, Sally, podría empezar por no escuchar tanto a sus hijas durante algunas semanas. Sus hijas saben que usted cree que debe escucharlas y que los chicos necesitan ser escuchados. Pero si las escucha demasiado, sus propios pensamientos se confunden. A mí me sucede eso. Así que tal vez deba escucharlas menos para que sus pensamientos sean más claros, y entonces su

creo que

propia voz podrá hacerse más fuerte. Le diré lo que puede hacer, Sally

puede sentar las bases haciéndoles saber a sus hijas que usted es consciente de que mucho de lo que ocurrió en el pasado ha sido un desastre, y que se ha perdonado a usted misma y está lista para: seguir adelante.

- ¡

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En esta entrevista, el propósito terapéutico es habilitar a la madre, suminis­ f trando un contexto en el que perciba que está facultada para hacer opciones en lo relativo a su vida con las hijas. Para lograrlo, los "fracasos" pasados deben ser interpretados de un modo diferente. Así, no es que mamá no pueda tomar el mando, sino que le tiene aversión a las peleas y en consecuencia opta por allanar las cosas antes que por reprimir. Las opciones pasadas de la madre deben ser validadas para que pueda producirse un cambio, basado en la autoestima y la autodeterminación. Las

r

presunciones terapéuticas en este caso son que la madre ha renunciado al poder I

a cambio de la paz, que su incertidumbre tiene valores positivos yque aun las más disfuncionales de las interacciones de los miembros de esta familia incluyen intimidad y cariño. Los temas desarrollados en la primera entrevista continuaron durante toda

la terapia: la rebeldía de Joan se encuadra como una actitud infantil, y más tarde como un conflicto ante el crecimiento, y no como una forma de oposición. La tendencia protectora de Betty se encuadra como cariñosa pero mal dirigida, más

que como el problema de

de la madre para asumir el control se encuadra como el resultado de ciertas limitaciones personales y opciones conflictivas, y no como falta de capacidad para cumplir funciones parentales. La proposición que trae la familia a la terapia

-que Joan está fuera de control, que la madre no puede tomar el mando y que Betty está actuando como progenitor- es contraatacada con la proposición de que todas ellas están: muy atentas unas a otras y que la madre escucha tan bien que tiene dificultades para encontrar su propia voz. Pero todo este "saber" no produce un cambio inmediato. Si bien Sally se mostró mucho más enérgica en la segunda sesión, y comenzó hablando de lo agradable que había sido una visita de su hermana durante la cual todas se habían llevado muy bien, Joan pronto tuvo una "rabieta".

una chica que actúa como progenitor. Y la dificultad

l.

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I

1

76

LA RED INVISIBLE

SEGUNDA SESION

Joan: ¡Pues para mí no fue nada agradable! Seguimos siendo castigadas por

el modo en que nos criaste. ¿Por qué nos tiran tanta mierda por ser como somos,

cuando es culpa tuya

así que ¿porqué nos culpan de eso yporquées problema nuestro? Es tu problema,

tú fuiste laque lo hizo, no nosotras. Nosotras no te pedimos que fueras tan blanda;

como me dijo Don (su anterior

terapeuta). Pero ahora parece que ella (señalándome) nos echa toda la culpa a nosotras dos. Como cuando tú y Betty estuvieron hablando aquí la semana

pasada. Sally : No fue así, Joan

manifestara lo que siente, como lo estás haciendo tú ahora.

yo sólo quería que Betty se desahogara, que

nos aprovechamos , pero tú nos dejaste

por transigir con nosotras y dejar que te arrastremos

Terapeuta: Sally, usted quiere que las chicas expresen lo que las preocupa;

¿ya ha oído algo

eso es evidente, y está muy bien. Pero

de esto antes? Sally : Creo que sí. Sí, ella ya ha dicho esas cosas antes.

déjeme preguntarle

Terapeuta: ¿Cuántas veces?

Sally: No sé.

Terapeuta: Yo creo que sí lo sabe. ¿Una vez, dos, tres veces? Sally: Más bien unas veinte veces. Terapeuta : ¿Le parece que es importante que Joan diga la misma cosa una

y otra vez? Sally : No lo sé. No estoy segura.

Joan : (A la terapeuta) ¡Usted me interrumpió

eso me da mucha rabia!

Terapeuta: Lamento haberte interrumpido, Joan, pero esto es algo impor­ tante que tenemos que aclarar tu mamá y yo. (A Sally) Creo que ésta es una decisión difícil,pero fundamental ,que debe tomar. ¿Cuántas veces cree queJoan

tiene que decir la misma cosa a fin de expresar sus sentimientos? Usted siempre

la escucha, y Joan persiste en hacerle preguntas que no tienen respuesta. Pero tal

vez usted podría ayudar a Joan con otras preguntas para las que sí tiene

respuestas

por ejemplo, cómo andar mejor en el colegio, cómo llevarse bien

en casa, cómo adaptarse a las reglas. Realmente, debe poner fin a estas preguntas

retóricas

¡pongan fin a la pregunta de por

qué me siento tan desdichada! Sally : Lo que usted dice es muy sensato

cuando sucede, y me dejo arrastrar, ya veces es realmente doloroso. Y no quiero

supongo que no me doy cuenta

y encontrar su propia voz.

claro

Joan: Muy bien

sigan, nomás

ser una dictadora.

MADRES E HIJAS

77

Terapeuta : ¿Qué le parece ser mientras arregla las cosas?

Sally : No es mala dirigir.

una directora? Al menos por ahora,

por cierto que tengo un elenco talentoso para

Más adelante, Betty hace un último esfuerzo por "interponerse" y mantener el statu quo en la familia.

Betty: Contéstame una sola cosa, mamá; sí o no. ¿Quieres que te preste

alguna ayuda con las decisiones y las responsabilidades? Si no es así de hacerlo por completo. Está bien. Lo haré. Nunca más

dejaré

Joan: Esto m~

parece

Sally : No creo

que tenga que ser todo o nada.

 

Betty : No puede ser de otro modo

mi

forma de ser me impide

Sally : Betty, estamos aquí para encontrar un terreno intermedio para

para ti ,

-Betty: (Con lágrimas en los ojos) Yo no puedo ser una persona intermedia

he tratado toda mi vida

Sally: (Con firmeza) Yo creo que puedes, querida.

y creo que usted puede ayudarla a lograrlo

:;

f Terapeuta: Estoy de acuerdo

aunque no sea el estilo de ella. Joan: (Furiosa conmigo) j Sólo porque sea el estilo de usted no significa que esté bien, sabe!

yo puedo decirlo

de un buen modo. Ella lo dijo como con rabia

todo lo que quiero saber es si

obré mal este verano, cuando estalló todo. Trabajé cinco noches por semana rara vez me veías. ¿Estuve mal en ayudar? Siento que me condenan si lo hago,

y si no lo hago también me condenan.

Sally: Lo que pasó este verano fue como un cataclismo que nos afectó a

. yeso es lo que estamos

estoy

Betty:'Mamá, lo siento

Joan lo dijo de mala manera

todas

tratando de resolver ahora

harta de eso. Joan: Yo estoy harta de ti. Betty: Oh, cállate. Yo estoy cansada de ti, también. Joan: Y a mí también me tienes harta. No me puedes hacer callar mi madre.

no había nada firme, ninguna estructura

para que nunca volvamos a caer en eso

. tú no eres

Betty : Ya sé que no lo soy

sólo quiero que te calles desde mi propio punto

.

~~

Sally: Bueno, esto está mejor. Sé que estás furiosa, Joan. Y que tú quieres

ayudar,

escuchar y saber que es entre Joan y yo; y no meterte. Yo vaya tratar de ayudarte

a saber cuándo quedarte al margen.

pero está sucediendo, y lo puedes

o

que no quieres ni oírlo

1,

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78

LA RED INVISIBLE

Este intercambio brindó una oportunidad de poner de relieve y afirmar la posibilidad de que Sally tomara el mando en la familia sin perder el control ni actuar como una dictadora. Le pedí a Betty que viniera a sentarse a mi lado. Cuando vaciló, Sally apoyó mi pedido y Betty lo acató con renuencia. Mientras Sally hablaba con Joan, dejando en claro que la terapia continuaría y diciéndole cómo esperaba que se comportara en las sesiones familiares, traté de dialogar con Betty. Fue en vano; no quería saber nada conmigo. Tenía la atención fija en su madre y Joan. Cuando las cosas se pusieron más acaloradas entre Sally y Joan, Betty empezó a llorar. Sally inmediatamente se apartó de Joan y se acercó a Betty para consolarla. La interrumpí y le hice notar la secuencia de sus interacciones, lo que tuvo un visible efecto sobre Sally. Pareció quedar aturdida por un momento. Luego "lo captó", no sólo en cuanto a ella misma, sino con un verdadero sentido del significado que tenía esta experiencia para toda la familia Volvió a dirigirse a Joan, al tiempo que le daba un pañuelo a Betty. Betty se quedó pensativa, aparentemente ensimismada en sus propios pensamientos. Seguía negándose a hablar conmigo. Joan se tranquilizó, aunque se limitó a mostrarse enfurruñada mientras Sally le hablaba. También esta vez, al final de la sesión Sally y yo conversamos a solas, con la finalidad de recabar más información y de poner de manifiesto la autoridad de Sally en la familia y nuestra interacción como adultas, aparte de las chicas. Por supuesto, lo que tendió a hacer Sally en esta situación fue explorar, en forma casi obsesiva, por qué no había advertido antes estos patrones de interacción familiares, cómo ca­ da uno de ellos provocaba otro y cómo ella siempre se veía arrastrada. Le sugerí que ya tendría tiempo para "hacer introspección" una vez que se estabilizaran las cosas con sus hijas y le prometí que la acompañaría en ese proceso durante todo el tiempo .que quisiera después que hubiera actuado sobre la base de lo que en este momento comprendía. Luego quedaríamos en libertad para profundizar acerca de por qué no lo había comprendido todo antes.

TERCERA SESION

En la semana previa a esta sesión hubo una crisis. Joan pasó toda una noche fuera de su casa y la madre llamó a la policía; la chica volvió a última hora de la mañana siguiente, por su propia voluntad. Betty durmió dutante toda la noche; se preocupó junto con la madre a la mañana siguiente, pero vino a la sesión ignorando lo que había sucedido entre SalIy yJoan con motivo de esta transgresión. Sentía curiosidad, pero se mantuvo al margen, y hasta aceptó algunas burlas acerca de su curiosidad.

, r '" ! MADRES E HIJAS 79 Sally: Joan y yo parecemos estar en
,
r
'"
!
MADRES E HIJAS
79
Sally: Joan y yo parecemos estar en continua lucha. Me siento como una
carcelera Le pedí que no saliera la otra noche. Entonces me preguntó si podía
caminar sólo hasta la esquina con algunos amigos, y desapareció
durante toda
la noche. Ella sabe cuáles son las consecuencias de que haga esas cosas
ya pasó
antes
pero las sigue haciendo y entonces yo tengo que actuar como una
guardiana de la cárcel. Me puse furiosa con ella por no obedecerme.
Terapeuta: ¡Eso es magnífico!
Sally : (Desconcertada) ¿Qué cosa es magnífica?
Terapeuta: Que se sintiera furiosa, en lugar de entristecida o desalentada por
la conducta de Joan
parece estar más fuerte, más segura. Anteriormente, usted
hablaba de Joan como si ella no fuera capaz de entender las cosas. Ahora habla
~
como si pensara que ella sabe lo que tiene que hacer
pero no quiere hacerlo.
Es un poco como la diferencia entre estar enfermo y ser desobediente. Cuando
usted pensaba que tal vez Joan fuera incapaz de hacer las cosas bien, que no
pudiera obrar de otro modo, se aterraba, a ella la internaban, usted se desespe­
raba, y ambas sentían que habían fracasado. Ahora usted la ve más como a una
desobediente,
una rebelde
¡yeso la enfurece!
Sally (Con aire desafiante) Sabe usted
le voy a decir una cosa, Marianne.
El hecho es que Joan tiene un buen hogar. Creo que soy
bueno, básicamente,
soy una buena madre. Sé que hay problemas. Ha habido mucho caos y muchos
~
cambios. Eso lo entiendo. Ni siquiera sé qué está sintiendo Joan ahora
no me
lo quiere decir. Y está bien, tiene derecho. Pero sea lo que sea, no justifica este
tipo de conducta Yo no me lo merezco. No tiene que ser así.
loan: Claro que no tiene que ser así
tú no tienes que ser tan
Terapeuta: (1nterrumpi endo) Estoy totalmente de acuerdo con usted, Sally.
Supongo que en algún momento a usted se le inculcó que poner las cosas en claro
mostrarse firme equivalía a ser una dictadora, y ciertamente no era propio de
una mujer o de una madre, y que establecer reglas -impartir disciplina- era
o
actuar como una carcelera. Esas actitudes chocaban con su sentido de la justicia
y
la equidad
tal vez incluso con su imagen de cómo ser cariñosa. Usted quería
una coexistencia pacífica
pero por supuesto que no a cualquier precio. Creo
que tendrá mucho menos dificultad en estar al mando cuando eso ya no la haga
~
sentirse ruin; cuando pueda verlo, incluso al conflicto que acarrea, como una
actitud protectora y competente. Podría concebirlo como una especie de régimen

de cuidados que establecería para ayudar a uno de sus padres que tuviera dolor de espalda. loan: ¡Así que ahora yo soy un dolor de espalda!

Sal/y: ¡Tú, querida, eres más bien como un puntapié en el ponen a reír.)

! (Ambas se

Gran parte de esta tercera sesión se dedicó, a un prolongado y difícil intercambio entre la madre y Joan en tomo a una serie bastante compleja de

80

LA RED INVISIBLE

consecuencias. Sally se había propuesto abordar el acto de Joan de pasar la noche fuera de su casa. Betty pidió penniso para esperar en la planta baja un rato y hacer sus tareas eswlares. Cuando regresó a la sala al final de la hora para hablar sobre algunos planes familiares generales -horarios, tareas, y demás-, Sally le hizo saber cuánto la complacía que se hubiera ausentado tan oportunamente.

SESIONES SIGUIENTES

La siguientes sesiones se dedicaron principalmente a tratar los aspectos de la organización de la familia y de la conducta deJoan en el colegio. Se produjeron las habituales maniobras para sacar ventaja y se plantearon esos interrogantes monumentales que enfrentatodafamilia norteamericana nonnal conadolescentes. ¿Quién tendrá que lavar los platos los jueves por la noche? ¿Por qué hay que lavar la ropa todas las semanas? ¿Por qué no se pueden poner las toallas en el piso del cuarto de baño? ¿Por qué hay que sacar el polvo a "tu" manera? ¿Cuánto tiempo corresponde que hables por teléfono con la amiga con la que acabas de venir caminando de la escuela? ¿Hay alguna ley que diga que se tienen que tender las camas todos los días? ¿Por qué no puede una persona mirar televisión y escribir una monografía al mismo tiempo, a menos que sea estúpida? Fue bastante dificultoso. Se decidió anotar los horarios en la puerta del refrigerador. Se instalaron relojes despertadores en cada dormitorio y se colocó una anotación de las tareas domésticas semanales junto al teléfono del corredor. La conducta de Joan en el colegio fue un problema aun más dificultoso. Estaba allí "aprueba" y violó las reglas correspondientes. La madre fue a interceder por ella, ayudándola a renegociar su situación con el colegio y al mismo tiempo estableciendo con las autoridades escolares un sistema riguroso de controles y evaluaciones. Cuando las chicas dejaban de cumplir las tareas que se les habían asignado y se quejaban de que todo estaba demasiado pautado y no había suficiente flexibilidad, sus quejas se encuadraban como una frustración necesaria en el proceso de reparar una ruptura de la confianza existente entre ellas. Pocas semanas antes de la Navidad, las dos chicas se aliaron en contra de Sally, protestando por la inclusión del amigo de ésta en sus proyectos para las vacaciones. Se desacataron del todo y volvieron a invocar el espectro de los fracasos pasados. loan: Tú te divorciaste de tu marido, nosotras no nos divorciamos de la familia.

Betty: Ya no es una familia

es una familia y un intruso.

loan: ¿Por qué tenemos que sufrir sólo porque y papá no pudieron seguir juntos?

r

MADRES E HIJAS

81

Betty: Y ahora se nos obliga a estar con alguien que ni siquiera nos gusta, tan sólo porque quieres que esté con nosotras. loan: Va a ser una Navidad horrenda.

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La madre estuvo a punto de ceder a este ataque, pero con la ayuda de algunas sugerencias e indicaciones, se las arregló para mantenerse firme y no pennitir que la obligaran a ponerse a la defensiva por los errores pasados. Hizo que su amigo compartiera las vacaciones de la familia y todo anduvo bien. Más tarde,

vi a Sally a solas durante varias sesiones para hablar de algunos problemas de su

vida personal y profesional y para revisar los temas principales y la dirección general de nuestras entrevistas. Es posible que el verdadero punto de crisis se haya producido cuando Sally estaba planeando hacer un viaje para esquiar con su amigo y quiso que su ex marido se encargara de cuidar a las hijas durante su ausencia. Esto provocó una tremenda pelea entre ellos. El padre planteó que le parecía que Joan estaba empeorando, en vez de mejorar, y comenzó a insistir en que se la volviera a internar. Se negó a hacerse responsable de las chicas mientras Sally estaba de viaje a menos que se le diera más intervención en cuanto a detenninar las

( necesidades de atención psiquiátrica de Joan. Sally se desesperó.

Vi a los dos padres juntos. Greg era un hombre agradable pero se mostró inflexible en sus exigencias. Le parecía que Joan estaba muy mal y que la vida que llevaba ro era sana. Pensaba que quizá tuviera que entablar un juicio para solicitar su tenencia y que sin duda necesitaban una evaluación psiquiátrica. Alenté a Greg a tomar, por su cuenta, cualquier medida que considerara apropiada para su hija, afirmando que no sólo tenía el derecho sino también la responsabilidad de hacerlo, dado lo preocupado que estaba por el bienestar de la chica. También le recomendé enérgicamente a Sally que hiciera los arreglos necesarios para que las hijas estuvieran bien atendidas durante su ausencia sin solicitar ni depender de la colaboración del padre. Durante esta sesión con ambos padres, me negué a llevar adelante ninguna negociación con ellos, declarando que me parecía que habían tenido motivos muy fundado~ para divorciarse y que tratar de conciliar sus diferencias sólo serviría para hacerlos sentirse más enojados, presionados y a la defensiva. Les dije que creía que lo mejor para Joan sería que cada uno de sus padres se mantuviera fiel a sus propias convicciones y que no tratara de convencer al otro

de que transigiera o concordara. Les aseguré que los chicos pueden sobrevivir

" muy bien a la existencia de fuertes discrepancias entre sus padres. El padre de Joan no tomó ninguna de las medidas que había dicho considerar esenciales para el bienestar de su hija. Me llamó por teléfono algunas semanas más tarde para decirme que había decidido esperar y ver cómo marchaban las

I

82

LA RED INVISIBLE

cosas, pero que quería hacenne saber cuánto apreciaba el apoyo que yo le había brindado. Sally consiguió, a través de sus amigos y compañeros de trabajo, que sus hijas quedaran atendidas mientras estaba de viaje. La semana en que Sally estuvo ausente se desarrolló muy bien. Todas se sintieron muy contentas por ello, yen nuestra siguiente sesión las chicas hicieron bromas y hasta se jactaron de cómo se las habían arreglado solas , y cómo se habían entendido entre ellas, mientras su madre no estaba. Por supuesto, tuvieron que intercalar algunas estocadas contra Sally -cómo habían podido hacer esto y aquello mucho mejor sin que ella interftriera- pero Sally, en líneas generales, no entró en el juego. Joan hizo un intento de iniciar una pelea con su madre diciendo que las cosas en realidad se habían deteriorado desde el regreso de Sally. Pero ésta se limitó a contestarle que no estaba de acuerdo, si bien esto no quería decir que no estuviera realmente satisfecha de que las chicas se hubieran manejado tan bien durante su ausencia. El cambio más importante fue el relativo a la capacidad de Sally para salir del ciclo de autoinculpación respecto de los problemas con sus hijas , en especial con Joan , que la llevaba a persistir en compararse con el padre de las chicas y a sentir que no se las podía arreglar sin la intervención y el apoyo de él. Me dijo que en cierto sentido le había resultado más gratiftcante haber hecho sus propios arreglos para el viaje que el viaje mismo. Lo más importante es que estaba empezando a disfrutar la compañía de sus hijas nuevamente.

CONCLUSION

Durante el resto del año escolar, vi a distintos miembros de la familia "según fuera necesario", y rara vez a toda la familia junta. Betty estaba ocupada en los ensayos de una representación teatral que se haría en su colegio yen preparar su ingreso a la universidad. Vino un par de veces a hablar acerca de si iba a continuar viviendo en su casa durante su primer año en la universidad o si se alojaría en el campus de ésta, y de la carrera que elegiría ¡Pensaba que le gustaría ser asistente social! Joan vino para comentar sus problemas en el colegio, con los profesores

y con el estudio. Sally vino para resolver algunas diftcultades que tenía cuando se veía envuelta en situaciones tensas con Joan. También utilizó las sesiones pa­

ra analizar algunas decisiones personales que debía tomar, en especial referentes

a la relación con su amigo.

Las vi a las tres juntas por última vez ¡joco antes de la graduación de Betty Estaban radiantes. Betty había decidido ir a vivir en el campus y las dos chicas confesaron que posiblemente se iban aextrañar mucho una a la otra. Joan observó que tal vez ahora tendría la oportunidad de ser ella "la hija buena". Betty comentó que recurría a un "refuerzo positivo" por vía de alejarse físicamente

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MADRES E HIJAS

83

cada vez que la madre y Joan se peleaban. Joan sugirió que su madre había sido "demasiado blanda" anterionnente porque estaba "asustada",y todas se pusieron a reír cuando agregó que tal vez debería volver a estar un poco más asustada en estos días. Al año siguiente, Sally me llamó algunas veces, sobre todo para hablar de los problemas escolares de Joan. En el segundo semestre, nos ocupamos juntas de encontrar un colegio más adecuado para Joan y de inscribirla en un programa de apoyo para compensar el atraso que había sufrido cuando faltaba a las clases. A ftnes de la primavera, Sally vino a venne. Le habían ofrecido un empleo que implicaba un importante ascenso y había resuelto mudarse al Oeste. Había roto la relación con su amigo. Quería estar segura de que el cambio no sería perjudicial para Joan y que yo la ayudara a acordar con Greg los arreglos necesarios respecto de su Sally y Joan se mudaron en el verano y Betty pasó con ellas sus vacaciones. Recibí una carta de Sally alrededor de un mes y medio después del comienzo del siguiente año escolar. A Joan le estaba yendo mucho mejor en sus estudios y parecía haber aprovechado el traslado para "empezar de cero": nada de drogas, ni de escapadas, ni de faltar a clase. En el hogar, todavía se peleaban mucho y seguían discrepando acerca de "casi todo". Pero cuando "se reconciliaban", era fantástico. Recibí una postal de Joan justo después de la Navidad. Estaba esquiando con algunos amigos en Utah. Lo estaba pasando muy bien. Tenninaba diciéndome:

"Hace un frío como para congelarle las tetas a un jabalí hembra. Sería lindo que usted estuviera aqm"'. Me pregunto qué habrá querido decir con eso.

''No puedo creer que pensaras que el hecho de que yo haya ido a ver al lío S. significa que no te quiero"

Betty Carter

Escogí este caso particularmente porque el mismo muestra con claridad un dilema común en el que se ven atrapadas las mujeres en el triángulo parental , de un modo tal que idealizan a sus padres y desvalorizan a sus madres, y por consiguiente se desvalorizan ellas mismas.

TRlANGULOS PARENTALES Y RUPTURA

La paciente, Anne, estudiante de-doctorado de 30 años de edad es la mayor de tres hijas. Durante toda su vida había estado en pennanente conflicto con la

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. LA RED INVISIBLE

madre, la que a su vez había roto relaciones con su propia madre (la abuela de Anne), de manera que el patrón se remontaba al pasado. Todas estas mujeres, incluyendo a la paciente, habían mantenido una relación cálida e idealizada con sus padres. Las relaciones madre-hija, en consecuencia, se conceptualizan en este modelo como insertas en un intenso triángulo, en el que la hija está aliada con el padre contra la madre, exoactuando su negatividad hacia la madre y recibiendo el embate de la cólera, emocionalmente marginada, de la madre. Este triángulo madre-hija-padre se enlaza con el triángulo compuesto por la abuela,

la madre y la hija, en el que la abuela y la hija pronto descubren la camaradería

de tener un "enemigo" común, lo que deja a la madre como el "tercero excluido" en ambos triángulos.

En esta familia, el proceso de triangulación se había intensificado a través de las distintas generaciones hasta el punto en que cada vez se recurría más a la ruptura total como medio de controlar la angustia provocada por este patrón de relaciones. Cuando Anne vino a verme por primera vez, me informó que la madre había roto con su propia madre, con su hermano (el tío de Anne) y con un incógnito ex esposo. El padre de Anne estaba muy distanciado de sus progenitores

y "fuera de contacto" con su hermano. La propia Anne había dejado de comu­

nicarse con su ex marido y estaba a punto de perder todo contacto con la madre. Yo no creo que dejar de estar en contacto con la madre pueda considerarse como parte de la "individuación", o la "diferenciación", o la "autonomía". Por el contrario, la incapacidad de mantenerse conectado con los miembros de la familia, en especial con la madre, es señal de una imposibilidad de reconocer la interdependencia básica de la condición humana. La terapia que propicia tal

ruptura básica, o que trata de "soslayarla", pasa por alto el rasgo esencial de la madurez: la autonomía en el contexto del apego. Suele suceder que la intensidad que lleva a romper relaciones familiares significativas parece bloquear el flujo de ideas de la persona en cuanto a cómo reconectarse sin necesidad de atribuir culpas o ponerse a la defensiva. En este punto, cabe esperar, es donde interviene

el terapeuta.

COMO RECONECTARSE

Dado que se requieren dos personas para mantener una ruptura de relacio­ nes, Anne fue orientada a manejar su parte de la relación en otro sentido. A fin de interrumpir el ciclo de rupturas, se le indicó que no tomara los datos de la madre en forma tan personal, sino que los viera en el contexto del proceso emocional transgeneracional de la familia Esto es mucho más fácil de decir que de hacer, en especial con respecto a las madres. A efectos de no tomar los actos de la madre en forma demasiado personal, es necesario verla como un ser humano, más que como una "madre". Los seres humanos tienen sus propias

MADRES E HIJAS

85

necesidades y sus propias vidas; las "madres", en nuestra mitología, viven solamente para los demás. Un aspecto crucial para mejorar las relaciones de la paciente con su madre consistía en cambiar su "alianza" con el padre, convirtién­ dola en una relación personal separada con él. En ésta y otras situaciones similares, la tarea del terapeuta es evitar unirse al paciente en su reacción contra la conducta fría y rechazante de la madre, y continuar interpretando esa conducta como una concomitancia de las fuerzas que operan en los sistemas familiares más amplios en los que está inserta. He constatado, tanto entre pacientes como entre terapeutas, que a la vez que se pueden aceptar como "parte de la vida" ciertas conductas ultrajantes por parte de la mayoría de los miembros de la familia, nuestra mitología de la maternidad proclama que ninguna madre en su sano juicio jamás rechaza a su hijo, y tendemos a reaccionar en forma punitiva cuando se produce tal rechazo. A continuación se presenta el informe que escribió la paciente cuando le solicité autorización para incluir su historia en este libro.

INFORME DE LA PACIENTE SOBRE SU TERAPIA

Provengo de un linaje de hijas con problemas para entenderse con las madres, que se remonta por lo menos a tres generaciones atrás . Sé que mi abuela materna se llevaba muy mal con su madre, por lo que me ha contado la mía, y que eran frecuentes los estallidos y las peleas entre ambas. Yo no tuve más contacto con mi abuela materna (la llamaré Abuela S.) desde mi infancia, pues mi madre dejó de verla cuando yo tenía unos ocho años y ella falleció hace diez años. Elrecuerdo que guardo de la abuela S. es muy distinto y mucho más positivo que el que tiene mi madre. La abuela S. pasaba a veces algunos meses en casa, cuando yo era pequeña, y recuerdo que le gustaba mimarme, que se ponía de mi lado cuando me peleaba con mamá (cosa que ocurría con mucha frecuencia) y que me gustaba hacer cosas con ella. Esto contrariaba bastante a mi madre, estoy segura, pero por otra parte, el triángulo entre nosotras tres era sólo un aspecto más de una larga historia de problemas entre ellas. Así como la abuela S. le resultaba detestable a mi madre, el abuelo S. le parecía un ser maravilloso. Para ella, era un hombre bueno, generoso y paciente, un verdadero santo, y él y mi madre se llevaban muy bien. Con el correr de los años, yo llegué a formarme un concepto de mi padre muy similar al que mi madre tenía del suyo; lo veía como un hombre al que la vida había castigado injustamen­ te haciéndole tener una esposa tan Tras haber peleado muchísimo con mi madre de niña, llegué a la adolescencia, lo que agravó las cosas. Yo era más bien tímida fuera de mi casa en esa época, pero no tenía ninguna timidez para provocar problemas dentro de casa. La culpa

86

LA RED INVISIBLE

de todo esto. desde luego. se la atribuía a mi madre, y durante la mayor parte del tiempo en que asistí al colegio secundario, literalmente conté los días que me faltaban para poder irme de mi casa.

El gran día llegó, por fin. y me alejé de casa para ir a la universidad. Allí no

fui tan tímida y me las arreglé para intervenir en casi todos los actos de rebeldía que estaban protagonizando los jóvenes a fines de la década del 60 y principios

de la del 70. Las relaciones con mis padres durante esos años estuvieron llenas

de agrias discusiones, rupturas de mi parte y luego grandes reconciliaciones emocionales. las que tarde o temprano eran seguidas por la siguiente discusión. Todo esto no me dejó particularmente bien preparada, al aproximarme a la culminación de mis estudios, como para bastarme a mí misma. Las manifesta­ ciones de rebeldía me habían ocupado más que la necesidad de prepararme para una carrera. Por consiguiente. decidí casarme y me ennovié con Fred, que se había recibido un año antes que yo y mostraba buenas perspectivas de progresar en la vida. Teníamos muchas cosas en común. pero nos peleábamos por cualquier cosa y desde los primeros tiempos de nuestra relación . Ambos teníamos sentimientos bastante ambivalentes respecto de la posibilidad de comprometemos, pero terminamos casándonos pese a nuestras dudas. Mis padres odiaban a Fred. quien se mostraba muy arrogante con ellos. Varios meses después del casamiento me enojé mucho con mi familia y rompí del todo con ellos , siguiendo asílos pasos de mi madre.

Mi matrimonio con Fred fue tormentoso y bastante breve. Aproximadamen­

te al año de habemos casado. le propuse que nos separáramos, sin pensar que eso pudiera ser permanente. Fred y yo no volvimos a vivir juntos, aunque nos

seguimos viendo, peleándonos y volviéndonos a reconciliar, durante dos años más. Cuando me di cuenta de que mi matrimonio se había deshecho . me sentí muy deprimida. Una vieja amiga se puso entonces en contacto con mis padres

y les habló de mi situación. Mis padres me llamaron y me ofrecieron que volviera

a vivir con ellos. La perspectiva no me resultó muy atrayente, de modo que conseguí un empleo, encontré un departamento para compartir con otra chica y comencé la terapia. Por sugerencia de mi primer terapeuta , me volví a vincular con mi familia

y empecé a reunir información sobre mis parientes. Eso me llevó a ponerme en

contacto con el hermano ,de mi madre, con el que ella se había peleado hacía veinte años ; pero me sentí incapaz de contárselo a mi madre . La angustia que me provocaba este secreto me hacía casi imposible estar con mis padres. Tras una visita tremendamente conflictiva a mi hogar, el terapeuta me sugirió que me atendiera con algún profesional especializado en problemas con la familia de origen, y así fue'que llegué a Betty Cartero

MADRES E HIJAS

Comentario de la terapeuta

87

La historiafamiliar de rupturas, más el tormentoso envolvimiento de la propia paciente en el patrón de ruptura y reconciliación con sus padres y su marido, revela un sistema de relaciones de gran intensidad y volatilidad. Las rupturas constituyen un intento de adquirir libertad o autonomía en una rélación en la que no hay mecanismos apropiados para manejar las divergencias o los conflictos.En realidad,la necesidad de romper con lafamilia afin de seguir el propio camino indica una gran dependencia, en lugar de autonomía , pero las rupturas reducen temporariamente la ansiedad y se las experimenta como una resolución. La verdad, sin embargo , es que las rupturas intensifican las reacciones emocionales y desencad enan accesos recurrentes de justificación toda vez que se toma conciencia de ellas . Por consiguiente, la acción de la paciente de ponerse en contacto con el tío al que su madre no le había hablado desde hacía veinte años contrariaba totalmente las reglas más profundas del sistema y debería haber sido precedida por otros pasos más modestos , tendientes al apego y la diferenciación, antes de ser tomada . Ahora que ese contacto había sido iniciado , si bien prematuramente , era necesario enfrentarlo, ya que mantenerlo en secreto resultaba intolerable. Con todo, me parecía evidente que su revelación provocaría una gran crisis familiar.

Es más fácil modificar la estructura emocional de un sistema familiar cuando el sistema enfrenta algún cambio, como por ejemplo en tiempos de crisis o de acontecimientos fundamentales del ciclo vital. Mi contacto con el pobre tío S., que había creado un secreto que me impedía mantenerme en contacto con mi familia, podía ser utilizado para proporcionar el impulso necesario para movi­ lizar las cosas en mi sistema familiar y particularmente en mi relación con mi madre. Una crisis semejante me daría la oportunidad de comportarme de manera diferente con mamá y, al hacerlo, de establecer un tipo de relación distinto y mejor con ella y con el resto de la familia. El plan que elaboramos con Betty Carter fue el siguiente: sin atacar a mamá ni ponerme a la defensiva, le diría con tranquilidad que había ido a ver a su hermano. (Desde ya que manejar conflictos interpersonales sin ataques ni posturas defensivas seríaalgo totalmente nuevo paramí.) Hice esto mediante una carta breve. en la que también usé un tono mucho más amistoso que el que había empleado últimamente. Durante más de una semana no tuve ninguna noticia y no supe que mi padre me había escrito una carta furibunda, llena de indignación. Por sugerencia de

ii

Ir.

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LA RED INVISIBLE

Betty, lo llamé y obtuve su reacción por teléfono: cualquier otra cosa que yo hubiera hecho en el pasado era insignificante comparada con esto. El tío S. era su enemigo mortal y yo había hecho que mamá sufriera un grave ataque de una de sus enfermedades. Mi reacción instintiva fue encolerizarme. Pero como en el plan elaborado en la terapia estaba prevista esta reacción familiar como una posible respuesta, pude hacer otra cosa. Tal como habíamos planeado, me mostré sumamente desolada y afligida por mi madre y por su salud, repitiendo en tono dramático lo terrible que era todo esto, que mis peores temores se habían vuelto

realidad, y cosas por el estilo. En respuesta a todo lo que me decía mi padre, yo exageraba mi desasosiego por la "horrible situación". Cuando terminé de hablar por teléfono, me dieron ganas de reírme; este modo de reaccionar era algo muy novedoso y extraño para mí. Pero era un alivio no sentirme abrumada por la ira

o la depresión. Cuando recibí la carta de mi padre, le contesté a mamá, con la ayuda de Betty, expresándole mi profunda preocupación por ella y por esta terrible

situación, "lo último que hubiera querido que sucediera". También le decía que

al parecer yo nunca podía entender bien las reglas de la familia, por más que lo

intentara. El propósito de esta carta era indicarles que ellos no podrían controlarme, pero al mismo tiempo que me importaban y que me sentía preocupada.

Mi madre no respondió la carta. De hecho, después de ésta, me envió de vuelta todas las cartas que le envié, sin haberlas abierto. En mis cartas, le reiteraba alguna variación de mi postura básica, subrayando cuánto me inquietaba por ella y lo consternada que estaba por la terrible situación que se había creado entre nosotras dos. Ese año le envié un regalo de Navidad; lo hizo devolver al "remitente". Siguió enfermándose intermitentemente.

Comentario de la terapeuta

El hecho de que la madre de la paciente le devolviera sus cartas sin abrirlas indicaba cuán ofendida se sentía y ponía de manifiesto su decisión de aferrarse al patrón de la ruptura . Le advertí a Anne que su madre estaba dispuesta a ofrecer una prolongada resistencia y que nosotras debíamos hacer lo mismo.Dado que la interacción se efectuaba por carta y por teléfono, a intervalos espaciados, acordamos en encontrarnos mensualmente o según fuera necesario. En nuestros encuentros, continué dirigiendo la atención de la paciente hacia la comprensión de los patronesfamiliares establecidos desde hacía mucho tiempo, y no hacia las reacciones personales emocionales.

MADRES E HIJAS

89

Durante el año siguiente, continué viendo a Betty todos los meses. De

acuerdo con lo que planeamos, les escribí a mis hermanas, hablé por teléfono con

mi padre y le envié a mi madre cartas que nunca contestó. Siempre expresaba mi

gran preocupación por mamá cuando hablaba con mi padre, y el enojo de él se fue aplacando un poco. Mi madre, en cambio, se había empecinado y parecía inconmovible. (Recuérdese que ella tenía mucha práctica en materia de rupturas

familiares con sus otros parientes.) Continué profundizando mi relación con papá. En lugar de centrarme en mis problemas con mi madre cuando conversaba con él, comencé a interesarme en

él mismo y en su trabajo, y a contarle más detalles acerca de mi vida y mis

estudios. Esta política produjo un resultado muy satisfactorio al cabo de aproximadamente un año, pues dio lugar a una relación más personal entre mi padre y yo. Durante este tiempo aprendí a reconocer lo extre)lladamente protector que era papá con mi madre; la resguardaba (y se resguardaba él mismo, por supuesto) contra cualquier emoción fuerte, con el pretexto de que tal expe­ riencia podría afectar su salud. En medio de esta fase, mi hermana de 27 años de edad se fue a vivir sola por primera vez. Este hecho fue el primer signo positivo que tuve de que el sistema familiar podría estarse abriendo un poco por obra de mis esfuerzos.

Comentario de la terapeuta

Le. paciente siempre había albergado sentimientos afectuosos hacia su padre. Hasta ahora, sin embargo, no se había dado cuenta de que la relación entre ambos había tendido a ser una especie de alianza tácita que giraba en torno a la cuestión de cómo tratar a la madre, más que un intercambio personal entre ellos dos. Durante este año, la paciente se dedicó a cambiar su relación con el padre. Mientras continuaba manteniendo un vínculo amistoso con todos los miembros de la familia pese al enojo y la desaprobación de la mqdre, sus hermanas menores comenzaron a emprender sus propias vidas. La relación de la paciente con sus dos hermanas había estado determinada principalmente por el triángulo padre-madre-hijas, en el que las mujeres luchaban entre ellas y el padre se mantenía en una posición distante. La paciente era a la vez la rebelde de lafamilia y la "nena de papá" ,y desde esa posición luchaba contra su madre y sus dos hermanas menores. Cuanto más conflictos había entre la paciente y su madre, más protectoras se volvían las hermanas menores hacia la madre, y más se indignaban con la hermana mayor por"causarle tanto dolor a mamá" .Así, la relación entre las hermanas estaba enteramente

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determinada por cuestiones de lealtad respecto de sus progenitores. Cuanto más se mantenía el padre en la posición distante, tanto más la batalla parental se libraba entre la madre y las hijas. A medida que la paciente empezó a entender la dinámica de este triángulo familiar, pudo dejar de tomarse la hostilidad de sus hermanas de un modo tan personal y comenzar a tratar de desarrollar con cada una de ellas, por carta y por teléfono, una relación de persona-a-persona que no se basara en atacar o defender a sus padres. Además, en tanto la nueva actitud positiva de la paciente hacia la madre fue percibida por las hermanas menores, éstas se sintieron liberadas de su rol protector respecto de la madre y, en consecuencia, capaces de responderle en forma más positiva a su hermana y de introducir una mayorflexi bilidad en su propia relación con ambos padres. La revinculación de la hermana les brindó suficiente espacio y libertad para que pudieran centrarse más en sus propias vidas.

Continué escribiéndole a mi madre. No respondió mis cartas hasta que, finalmente. después de casi dos años, me envió una breve esquela agradecién­ dome las flores que le había mandado para el Día de la Madre. Tuve esperanzas de que ahora quizá se empezara a producir el deshielo, pero no contestó ninguna de mis siguientes cartas. Por sugerencia de Betty, comencé a enviarle postales, en lugar de cartas, en la esperanza de que no pudiera resistir la tentación de leerlas. Pero aún así, no obtuve respuesta. Varios meses mas tarde, mi madre sufrió una intervención quirúrgica. Después de unos cuantos meses en que no hubo ningún nuevo cambio. Betty

planeó que una visita mía podría movilizar las cosas en una dirección positiva,

y comenzamos a proyectar mi viaje a casa. En este período, tuve sesiones de terapia algo más frecuentes. El plan constaba de dos etapas principales. Primero, tenía que entrar en la

casa y, de algún modo, empezar a hablar con mi madre. Segundo, debía abordar

el tema que l~ había llevado a romper conmigo: mi contravención a su regla que

prohibía todo contacto con el tío S.

Comentario de la terapeuta

El contenido del conflicto final que lleva a la ruptura invariable­ mente queda congelado en ese punto y volverá a aflorar con más vigor que nunca ante cualquier intento de revinculación. Por lo tanto, es importante preparar al paciente para que aborde el contenido especí­ fico del conflicto original de un modo que no conduzca a una división

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más profunda sino que propicie el objetivo de la diferenciación del paciente. En este caso, el contenido del conflicto residía en el hecho de que la paciente hubiera tomado contacto con el tío S., con quien su madre había roto relaciones.

Aun viéndolo en re~ospectiva, el plan que elaboramos parece bastante audaz, y en aquel momento me sentí aterrada. pero también divertida yestimu­ lada, naturalmente, con una buena dosis de ansiedad en el fondo. Planeaba alojarme en un hotel, pretextando que había ido a la ciudad pornegocios. Cuando llegara, compraría una planta, o un ramo de flores, que dejaría en la puerta de casa con una nota dirigida a mi "Querida familia". En la nota les diría que estaba en la ciudad por razones de trabajo y que no quería molestarlos. ya que sabía que era persona non grata en casa. Pero que no había resistido el deseo de pasar por allí. estando tan cerca, pues pensaba que tal vez pudiera alcanzar a ver a alguno de ellos entrar o salir de la casa. En ese momento, podían suceder dos cosas: que nadie me viera o que alguien

abriera la puerta en el instante en que yo estaba allí. Si ocurría esto último (lo que parecía menos probable), yo preguntaría en voz muy baja, casi susurrando, si podía entrar y echarle un vistazo a mamá sólo por un segundo. Entonces pasaría

a la Etapa 2 del plan. Si no me veía nadie, volvería al hotel y esperaría a ver cómo reaccionaban .

Betty y yo pensamos en tres respuestas posibles a la nota y la planta. La primera:

nada. En ese caso, yo debía interpretar que esa respuesta era ambivalente y volver

a la casa al día siguiente para tratar de iniciar la Etapa 2. La segunda: mi padre podría llamarme por teléfono (yo dejaría mi número en la nota) y decirme. de mala gana, que podía ir a casa si era imprescindible. La tercera: mi padre podría llamar, indignado. para acusarme de tratar de matar a mi madre. Si sucedía esto último, yo no debía tratar de volver a la casa en esta oportunidad, ya que estaría claro el mensaje de que ellos no podían tolerar ningún intento de cambio. Con todo, debía reaccionar ante mi padre mostrándome apenada, sorprendida y áesconcertada por el hecho de que se enojaran tan sólo porque les había dejado una plantita.

Comentario de la terapeuta

Toda acción importante que se realice con respecto a una familia

el estilo familiar-<.le modo que no llamen a la

policía- pero también lo suficientemente impredecible como para ser reconocida como una nueva información . En estafamilia, el drama de los silencios prolongados y las cartas devueltas , así como la tendencia

debe ser coherente con

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LA RED INVISIBLE

general al "mucho ruido y pocas nueces" , son tomados en cuenta e

incorporados al plan de

ejecución de una acción que no es hostil, ni ofensiva, ni defensiva ,pone a la paciente a cargo de sus propios actos en medio de la reacción

emocional predecible

revinculación . El planeamiento detallado y la

de la familia ; de manera que pueda salir del

trance siendo unpoco más autónoma, en lugar de sentirse otra vez como

una víctima.

Tal como sucedieron las cosas, nadie me vio cuando dejé la planta y la nota.

Me sentí aliviada; había tenido que reunir mucho coraje sólo para ir hasta la casa

y prefería asumir las tareas una por una, de ser posible. Volví al hotel y esperé. A la mañana siguiente no me llamó nadie, de modo que puse en práctica la

siguiente parte del plan. Volví a la casa y toqué el timbre. Mi hermana menor abrió la puerta y (en un excelente susurro teatral) le pregunté si podía ver a mamá, tan sólo por un par de minutos. No quería afligirla, pero estaba tan cerca que quería aprovechar esta posibilidad de que tal vez me dejara verla por un instante.

A mi hermana esto no le causó ninguna alegría, evidentemente, pero me dijo que

iría a avisarle a mamá que estaba yo. Mi madre vino a la puerta luciendo pálida

y mucho más delgada que la úl tima vez que la había visto. Me hizo pasar a la casa. ¡Ya estaba adentro! Era el momento de iniciar la Etapa 2, que también habíamos planeado en detalle con Betty. Tomamos asiento, y mi hermana Sue

se quedó cerca, casi como actuando de guardaespaldas de mi madre. No tuve necesidad de mencionar al tío S. (cosa que hubiera hecho de no hacerlo mamá); ella se puso a hablar de mi visita al tío casi de inmediato, como

si no hubieran pasado varios años desde esa ocasión, y preguntó por qué lo había

hecho. Me di cuenta de que sería inútil argumentar acerca de mis motivos con ella

y me propuse, en cambio, centrar la conversación en la relación entre nosotras. Yo había preparado por escrito una lista de muchas respuestas no hostiles para sus preguntas , que Betty y yo habíamos previsto, y había dedicado bastante tiempo a memorizar la lista a fin de que la ansiedad no me paralizara el cerebro

ni la lengua. Algunas de mis respuestas expresaban lo que imaginaba qué eran

las interpretaciones de ella de lo que yo había hecho (por ejemplo, "Sé que crees

que tuve la intención de ofenderte", "Sé que no te cayó bien"). Otras planteaban

el hecho de que lamentaba que ella se hubiera sentido tan dolida (pero nunca que

lamentaba haber hecho lo que había hecho). Y otras expresaban lo que yo sentía por ella (por ejemplo, "Es terrible que nunca haya podido convencerte de que te quiero", "No puedo creer que pensaras que el hecho de que yo haya ido a ver

esta última respuesta es laque más le reiteré

y la que más adecuada resultó) . En esta conversación, también me mostré

al tío S. significa que no te quiero"

arrepentida por lo mal que me había portado de niña y adolescente.

 

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Comentario de la terapeuta

La respuesta que resultó más adecuada ponía en descubierto el patrón intergeneracional: la madre, que se encontraba en una posición de bloqueo y aislamiento, aplacada por el marido, desafiada por la hija mayor y criticada por su propia madre, sentía que la familia no la quería. No era de extrañar que a veces se mostrara fría , a menudo colérica, y que estuviera crónicamente enferma. Como suele suceder, cuando se utiliza la llave adecuada se pone en descubierto todo el patrón de las relaciones, y los que están envueltos en ellas se encuentran hablando de algo más que del incidente conflictivo específico. Obsér­ vese que la respuesta crucial abordaba abiertamente el punto álgido, sin culpar a la madre ni defender a la hija, y estaba referida al problema básico de la relación : el hecho de que madre e hija estaban inseguras, cada una, del amor de la otra.

Mi madre estuvo bastante emocional durante todo esto, al igual que yo, aunque para variar, ninguna de las dos gritó ni lloró. Pero Sue, que nos escuchaba, advirtió que yo no había contestado directamente ninguna de las preguntas de mi madre acerca del motivo por el que había ido a ver a mi tío. Por último, me preguntó: "¿Pero por qué fuiste a ver al tío S.?" Le respondí con otra de mis respuestas previamente preparadas, y desistió de insistir. Tras unos cuarenta y cinco minutos, me pareció que ya no teníamos mucho más que decir acerca de las mismas cosas y la discusión se fue aplacando. Le dije a mi madre que no quería trastornarla para que no fuera a enfermarse, así que tal

vez

debiera irme. Me invitó a que me quedara a almorzar. Sue dijo que tenía cosas

que hacer y abandonó su puesto de guardaespaldas. Pasé el resto del día en la casa. Mi hermana Pam llamó por teléfono justo después del almuerzo y se mostró muy sorprendida al escuchar mi voz y al enterarse de que yo había ido a casa sin desencadenar la Tercera Guerra Mundial.

Mi

padre llamó durante la tarde para averiguar cómo estaba mamá, preocupado

de

que pudiera sentirse trastornada o enferma por las flores y mi nota del día

anterior. El también pareció sorprenderse mucho de que yo hubiera estado en la

casa durante varias horas sin que se produjera ninguna catástrofe. Me advirtió, con preocupación, que hiciera lo que hiciera, no fuera a mencionar al tío S. Me divirtió poder decirle, como al pasar, "Ah, ya hemos hablado de eso". Le pregunté a mi madre dónde estaban las flores que le había regalado y puso cara

de

culpa. Sue me dijo que estaban en el tacho de basura del garage, pero que las

había puesto allí con mucho cuidado. Las rescatamos y las coloqué en un lindo

florero. Llegó mi padre, y luego pasó mi hermana Pam, y todos cenamos juntos.

Mi

plan había tenido éxito.

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LA RED INVISIBLE

Los visité un par de veces más durante ese viaje. Mantuve el pretexto de que también tenía trabajo que hacer. Luego volví a mi hogar en Nueva York, muy complacida por lo que había ocurrido. Desde entonces, he visitado a mi familia tres veces, a intervalos de aproxi­

madamente seis meses, y me mantengo en contacto en forma regular, por teléfono y por correspondencia. En general, estoy menos ansiosa últimamente y

en muchos sentidos siento mucha más confianza en mí misma. Estoy muy

contenta con mi carrera, que se está desarrollando de manera muy satisfactoria (a diferencia de lo que sucedía anteriormente, cuando tenía muchas dudas y conflictos en torno a mi trabajo). Rompí una relación bastante seria con un hombre hace varios meses, porque no deseaba casarme con él. Me parece que tengo estándares más altos para iní misma en todos los aspectos y menor

tendencia a atribuirme la culpa de todo lo que anda mal a mi alrededor. Mi vida