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COMO

DECÍAMOS

AYER

1 COMO DECÍAMOS AYER Somos la familia de Dios Miren con cuánto amor nos ama nuestro

Somos la familia de Dios

1 COMO DECÍAMOS AYER Somos la familia de Dios Miren con cuánto amor nos ama nuestro

Miren con cuánto amor nos ama nuestro Padre que nos llama sus hijos, ¡y eso es lo que somos! Pero la gente de este mundo no reconoce que somos hijos de Dios, porque no lo conocen a él.

Iniciemos con oración

1 Juan 3:1 (NTV)

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Introducción. Recordando nuestra segunda semana

Hemos completado nuestra segunda semana de recorrido de 40 Días con Propósito. En estos siete días que pasaron nos enfocamos en el primer gran propósito: fuimos creados para agradar a Dios. Nuestra existencia toda debe ser un acto de adoración, y debemos vivir para agradar a Dios; no parcialmente, no un 50%, 70% o 99%, sino el 100%. Nuestra vida debe hacer sonreír a Dios. La dolorosa pregunta es: ¿Es tu vida agradable a Dios? ¿Haces sonreír a tu Padre Celestial?

Suena un objetivo particularmente difícil, pero la verdad es que nuestro diseño fue pensado en esa dirección, y es el derrotero que debe tomar. No hay otra opción: agradar a Dios completamente.

El mayor de todos los abolengos

y es el derrotero que debe tomar. No hay otra opción: agradar a Dios completamente. El
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Por lo tanto, ustedes ya no son extraños ni extranjeros, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios,

Efesios 2:19

Uno de los motivos de mayor orgullo para algunas personas es su genealogía. Muchas familias guardan el registro pormenorizado de las generaciones precedentes, y pueden datar sus ancestros muchos siglos atrás. Si resulta que estos predecesores fueron miembros de la nobleza o ciudadanos ilustres o destacados, estos constituyen una razón para levantar la frente y sentirse especiales. Ser miembros de una familia así les hace sentir que tienen de un abolengo especial y es motivo de satisfacción para ellos.

Si los seres humanos se sienten orgullosos por tener una genealogía así, aunque esto sea de lo más superficial, cuanto más habremos de sentirnos orgullosos (por decirlo de alguna manera) por ser parte de la familia de Dios. Nuestro abolengo es en verdad especial y debemos ser muy conscientes de ello.

Un precio muy alto fue pagado

Vivimos en medio de una cultura que fomenta muchas mentiras que le permitan de alguna manera validarse y generar una sensación de paz que termina siendo engañosa. Una de estas tremendas mentiras de nuestra cultura occidental es que “todos somos hijos de Dios”. Sin embargo esto no es verdad; todos somos creaturas de Dios, pero no todos somos hijos. Ser hijo de Dios es un privilegio no concedido por merecimiento, o por el simple hecho de pertenecer a la raza humana. El precio que se tuvo que pagar para que seamos hijos del Padre Eterno fue muy alto y de ninguna manera lo hubiéramos podido pagar nosotros mismos.

Volvamos por un momento al huerto de Getsemaní mientras Jesús oraba al Padre la noche anterior a su sacrificio en la cruz. Estando allí, oraba y su agonía era tremenda. Cada vez que volvía donde estaban sus discípulos los encontraba durmiendo; en esos momentos de angustia no encontró quién lo acompañara. Sólo y de rodillas repetía vez tras vez su oración al Padre:

«Padre mío, si es posible, haz que pase de mí esta copa. Pero que no sea como yo lo quiero, sino como lo quieres tú.»

Mateo 26:39 (RVC)

Lo que causaba tan tremenda agonía no era el miedo a la muerte en la cruz, ni el conocimiento de ser traicionado por su amigo, o la negación y abandono por

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parte de sus discípulos. ¿Qué causaba tan grande angustia que le hacía decir:

Es tal la angustia que me invade, que me siento morir(Mateo 26: 38)?

que me invade, que me siento morir ” ( Mateo 26: 38 )? Durante su crucifixión,

Durante su crucifixión, y desde el mediodía hasta su fallecimiento, el cielo se oscureció totalmente mientras todo el juicio de Dios por el pecado del hombre caía sobre su Hijo Jesús. Todo ese enorme peso fue cargado sobre Cristo. La carta a los Romanos dice que… la paga del pecado es muerte, mientras que la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor (Romanos 6:23). Él tomó el lugar el lugar que nos correspondía. Si nadie pagaba por nuestro pecado no hubiéramos tenido esperanza, y nadie más podía pagar el precio sino Él.

Para que nosotros pudiéramos ser miembros de la familia de Dios Él pagó un precio indecible. Nunca olvidemos lo que costó y estemos agradecidos.

Ese costo pagado fue el precio del amor, pues el verdadero amor cuesta, aunque en nuestro mundo el amor sea barato. A Dios el amor le costó una cruz en el corazón.

La consecuencia de este hecho fundamental

Decimos entonces que no somos parte de la familia de Dios por creación sino por redención. Si pensáramos más en esto caeríamos de rodillas delante de

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Dios en agradecimiento, pero para que esto sea una realidad en nuestras vidas es necesario nacer de nuevo. El Hijo de Dios tenía que ser levantado (crucificado) para que todo aquel que crea en Élpuede ser hecho miembro de la familia de Dios. El Padre no mandó a su Hijo para condenar al mundo, porque éste ya estaba condenado.

En otro tiempo ustedes estaban muertos en sus transgresiones y pecados, en los cuales andaban conforme a los poderes de este mundo. Se conducían según el que gobierna las tinieblas, según el espíritu que ahora ejerce su poder en los que viven en la desobediencia. En ese tiempo también todos nosotros vivíamos como ellos, impulsados por nuestros deseos pecaminosos, siguiendo nuestra propia voluntad y nuestros propósitos. Como los demás, éramos por naturaleza objeto de la ira de Dios. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. ¡Por gracia ustedes han sido salvados!

Efesios 2:1-5

Él vino a salvar a los condenados. Es por esto que se hace necesario que anunciemos este mensaje, y seamos todos misioneros de Dios. Esta no es una opción sino una obligación.

La razón de que permanezcamos en la tierra

¿Alguna vez te has preguntado por qué, una vez Dios nos salva no nos lleva ipso facto al Cielo? Si ese es nuestro único destino final posible, ¿por qué no irnos de una vez en cambio de tener que seguir en este mundo lleno de dificultad y dolor?

La respuesta tiene que ver con lo que Cristo espera de nosotros.

Este mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros. Así como yo los he amado, también ustedes deben amarse los unos a los otros. De este modo todos sabrán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros. Juan 13:34-35

El pecado de Adán desdibujó la imagen de Dios en nosotros. Él es amor, y Jesús murió para recobrar la imagen de Dios en nosotros. Si Dios es amor, entonces yo debo ser amor. Me creó para amar; no para odiar o aborrecer, o para ser orgulloso. De tal manera, todos los años que Dios me da en la tierra los debo invertir en amar, y aprender en la tierra la manera como he de vivir en el Cielo. ¿Cómo va a ser esto posible?

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6 En la antigüedad y en la edad media, muchos hombres que buscaban sinceramente a Dios,

En la antigüedad y en la edad media, muchos hombres que buscaban sinceramente a Dios, entendieron que la manera de llegar a la perfecta relación con el Padre era aislándose del mundo para buscar en la meditación ascética la manera ideal de vivencia cristiana.

La verdad es que Dios nos dejó en la tierra y creó la iglesia para que sea un modelo del amor. La finalidad de la relación estrecha entre los hermanos es desarrollar la práctica del amor, pues éste no se puede aprender en el aislamiento. Necesitamos ser rodeados de personas insoportables, imperfectas, molestas, para que aprendamos a amar.

Han oído la ley que dice: “Ama a tu prójimo” y odia a tu enemigo. Pero yo digo: ¡ama a tus enemigos! ¡Ora por los que te persiguen! De esa manera, estarás actuando como verdadero hijo de tu Padre que está en el cielo. Pues él da la luz de su sol tanto a los malos como a los buenos y envía la lluvia sobre

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los justos y los injustos por igual. Si sólo amas a quienes te aman, ¿qué recompensa hay por eso? Hasta los corruptos cobradores de impuestos hacen lo mismo. Si eres amable sólo con tus amigos, ¿en qué te diferencias de cualquier otro? Hasta los paganos hacen lo mismo. Pero tú debes ser perfecto, así como tu Padre en el cielo es perfecto.

Mateo 5:43-48 (NTV)

No seamos como los paganos que solo aman a aquellos que les caen bien.

Este mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros. Así como yo los he amado, también ustedes deben amarse los unos a los otros. De este modo todos sabrán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros. Juan 13:34-35

No es fácil amar. El Señor espera que nosotros nos amemos los unos a los otros como Él nos ama. Así es como debemos hacerlos; entre más difíciles seamos más hemos de amarnos, aunque nos cause escozor. Es de esta manera que el mundo sabrá que somos discípulos de Cristo, si mostramos este tipo de amor.

nos cause escozor. Es de esta manera que el mundo sabrá que somos discípulos de Cristo,
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Una vida con sentido es una vida de amor

Por tanto, imiten a Dios, como hijos muy amados, y lleven una vida de amor, así como Cristo nos amó y se entregó por nosotros como ofrenda y sacrificio fragante para Dios.

Efesios 5:1-2

El Señor quiere que llevemos una vida de amor y a Él le agrada que yo actúe de esa manera. Por esto, cuando decido amar a pesar desoy ofrenda de olor fragante a Dios.

El tiempo que estemos en la tierra invirtámoslo en amar, pues una vida sin amor no tiene sentido, y los días que Dios me deja habitar en la tierra son para aprender a amar. Mi prioridad para vivir de esta manera deben ser los hermanos en la fe, aunque sean insoportables. Y no es cuestión de escoger a quién servir, sino simplemente servir.

Por lo tanto, siempre que tengamos la oportunidad, hagamos bien a todos, y en especial a los de la familia de la fe.

Gálatas 6:10

El conocimiento de Dios

Queridos hermanos, amémonos los unos a los otros, porque el amor viene de Dios, y todo el que ama ha nacido de él y lo conoce. El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor. Así manifestó Dios su amor entre nosotros: en que envió a su Hijo unigénito al mundo para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y envió a su Hijo para que fuera ofrecido como sacrificio por el perdón de nuestros pecados. Queridos hermanos, ya que Dios nos ha amado así, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros. Nadie ha visto jamás a Dios, pero si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece entre nosotros, y entre nosotros su amor se ha manifestado plenamente. 1 Juan 4:7-12

Dios no quiere que lo conozcamos de una manera puramente intelectual, al estilo greco-romano, sino que quiere que lo hagamos a la manera judeo- cristiana, es decir debemos pasar del entendimiento intelectual a la práctica. Sabemos que Dios escogió amarnos a nosotros primero, y desea que nuestra expresión fundamental sea el amor. El que no ama no conoce a Dios, y a

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través de nuestra expresión de amor experimentamos su permanencia entre nosotros y lo veremos manifestarse.

Conclusión: Amándonos sinceramente

Al obedecer la verdad, ustedes quedaron limpios de sus pecados, por eso ahora tienen que amarse unos a otros como hermanos, con amor sincero. Ámense profundamente de todo corazón.

1 Pedro 1:22 (NTV)

Amar no es una opción sino un imperativo, pero debo amar sinceramente, de todo corazón.

Si yo tuviera el don de hablar en lenguas extrañas, si pudiera hablar en cualquier idioma celestial o terrenal, y no sintiera amor hacia los demás, lo único que haría sería ruido.

Si tuviera el don de profecía y supiera lo que va a suceder en el futuro, si supiera absolutamente de todo, y no sintiera amor hacia los demás, ¿de qué me serviría? Y si tuviera una fe tan grande que al pronunciar una palabra los montes cambiaran de lugar, de nada serviría sin amor.

Si entregara a los pobres hasta el último bien terrenal que poseyera, si me quemaran vivo por predicar el evangelio y no tuviera amor, de nada me serviría.

1 Corintios 13:1-3 (LBD)

Si no tengo amor, soy un fracaso. Si no tengo amor, estoy en bancarrota. El que ama, lo expresa cueste lo que cueste, confía en la persona amada y la defiende con firmeza. En ese mismo sentir, debemos ser llenos del Espíritu Santo, llenos de Cristo, llenos de amor. El fruto del Espíritu Santo comienza con amor. Así como hemos dicho que cada hogar debe ser una sinfonía de paz, que la iglesia sea una sinfonía de amor.

Terminemos con oración

SDG