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El quehacer etnográfico en retoques. Variaciones para

responder a cuestiones del mundo globalizado.

Alejandra Lizardi-Gómez Profesora Asociada Centro Universitario del Norte. Universidad de Guadalajara. Colotlán, Jalisco, México.

Introducción

Los fenómenos sociales que atraviesan fronteras, las desvanecen y recrean no son causa

reciente de la globalización. Sin embargo, la velocidad e intensidad con que eso sucede

se han incrementado cuantiosamente.El intercambio de bienes, de ideas, las acciones

políticas,

el

entretenimiento,

la

explotación

de

recursos,

entre

otros

fenómenos,

difícilmente

son

vistos

como

procesos

meramente

locales.

En

ellos

afloran

frecuentemente elementos de

poderes debilitados, fronteras frágiles,

convergencia de

discursos, intentos de homogeneización, resistencia.

El interés del presente trabajo, no es explorar la existencia de procesos globales,

multisituados o transnacionales, si no intentar conocer qué hacen y cómo hacen aquellos

que plantean preguntas de investigación que los obligan a indagar sobre sus respuestas

en más de un lugar. Particularmente, cuando la mejor forma de obtener respuestas se

considera ser el trabajo etnográfico.

Algunas estrategias para crear espacios inquisitivos que fluyen por el planeta, han dado

lugar a interesantes formas de etnografías, como la etnografía en línea donde el espacio

virtual ocasiona que no haya necesidad alguna de abandonar un escritorio. Sin dejar de

reconocer la utilidad y necesidad de tal forma novedosa del quehacer etnográfico, en las

líneas

siguientes

expongo

algunas

otras

estrategias

de quienes

en

sus

pesquisas

combinan esos aspectos tradicionales de conocer al otro, de entender su modo de vida,

de observar sus prácticas y entender sus acciones en los lugares donde viven y actúan,

con

la

innegable

presencia

de

otros

lugares

en

un

mismo

espacio.

No

pueden

permanecer situados físicamente en un solo punto por largo tiempo, requieren “seguir” a

su objeto de estudio.

La idea central del presente documento surgió como una necesidad de plantear el

trabajo etnográfico de mi pregunta de investigación, diseñada en un contexto de

migración transnacional y enfocada a describir prácticas de atención a padecimientos

crónicos entre dos sistemas de salud, el del lugar de origen y el del lugar de destino.

Aún cuando existen estudios que describen prácticas transnacionales en salud, entre

México y Estados Unidos, producto de investigaciones etnográficas; son pocos los

autores de esos trabajos los que describen con detalle las características de una

etnografía multisituada o que discuten teóricamente las implicaciones de un diseño

metodológico de ese tipo.

Existe literatura

que

provee

información

sobre

el

planteamiento

y ejecución

de

etnografías en más de un sitio. Así aparecen las obras sugerentes de Marcus (1995)

sobre etnografía multisituada, y la de Burawoy et al (2000) sobre etnografía global por

mencionar algunos. Estos trabajos resultan iluminadores, sin embargo, como suele

suceder al profundizar en algunos temas, se termina con mas dudas. Una de ellas la

planteo así ¿debe entenderse que la etnografía global, por ser multisituada permite

acercarse a la descripción de fenómenos trasnacionales?.

Una forma de responder al

cuestionamiento

anterior, la he encontrado

conociendo esas

estrategias

señaladas

párrafos arriba. Las de quienes combinan conocimiento y habilidades para no sólo

encontrar lo que buscan

de un sitio a otro, sino proponer asimismo una forma de

nombrar a esa pesquisa itinerante.

La reconfiguración de lugar y sus implicaciones en la etnografía

La comprensión de fenómenos sociales en el mundo globalizado ha impuesto retos a la

forma de buscar respuestas. El planteamiento de un objeto de estudio en el que el lugar

no puede concebirse mas como implicación de estabilidad, requiere el reconocimiento

de la influencia de factores externos a este. Esto resulta en la oportunidad de legitimar

proyectos

que no estén basados en un solo sitio, sino cartografiados conceptualmente

para seguir las relaciones, y entender su base global más amplia como lo sugiere Clarke

(2004).

Negarse a observar la vida social enraizada pero como parte de circuitos globales,

dificultaría no

solo

advertirla sino

imposible

de explicarla según

Smart

(1999).

Especialmente en la actualidad, cuando la ilusión promete que las respuestas aflorarán

sin necesidad de moverse, pero la realidad demanda transitar de un lugar a otro,

deambular dentro de un espacio producido históricamente, sin continuidad geográfica,

producido por conexiones locales simultáneas y complejas. De manera que hoy se

hablaría de lugar para identificar tipos de conexiones (Guevarra 2006).

La globalización desafía la conceptualización tradicional del sentido de pertenencia

entre

las

personas

y

los

lugares;

¿cómo

entender

la

relación

entre

actores

contemporáneos y lugares en una época en que las personas, las ideas, la información, el

capital

y las tecnologías fluyen alrededor del mundo?. Una forma que facilita esa

comprensión es utilizando la etnografía. Así, en la preocupación de la etnografía por las

experiencias de vida concretas se puede afinar la abstracción de las teorías de la

globalización con herramientas conceptuales más precisas y significativas según Gowan

y Riain (2000).

El

lugar sigue siendo central en la etnografía que no busca dejar al margen lo global,

aunque el lugar se entendería de una forma reconceptualizada. Una propuesta en ese

sentido es la de Massey (1994) para considerar lo siguiente: a) los lugares no son

estáticos, b) los lugares no tiene el tipo de límites o fronteras que garantizan una simple

contraposición con lo exterior, c) la identidad de un lugar no es homogénea. d) los

lugares son únicos y su especificidad radica en la mezcla de relaciones sociales locales y

amplias.

Cómo,

entonces,

identificar

esos

lugares

necesarios

para

construir

proyectos

etnográficos y cómo estar en ellos. Algunas propuestas para estar ahí, según Gille y

O’Riain (2002) son reemplazar los sitios con base en un solo lugar de los que

tradicionalmente se ocupa la etnografía-, por otros dentro de redes y flujos, o bien por

las fronteras de los lugares donde se producen diferencias. De esta y otras ideas para

“estar ahí,

y

ahí

y ahí”

como expresa Wilding (2007:336) tratan los párrafos

posteriores.

Etnografía multisituada. Qué es

Podría decirse que los tipos de etnografías, -o proyectos etnográficos-que se construyen

pensando en un espacio con más de un lugar dentro de él, derivan de la idea de Marcus

(1995) al reconocer la necesidad de transformar el modo de entender una etnografía que

parecería estática ignorando los cambios producto de la globalización. Su propuesta es

la realización de etnografías multisituadas. A partir de esta idea se han ido adecuando

otros adjetivos que responderían al fenómeno de estudio. Hoy es posible identificar

adjetivos como global y transnacional. Se ha planteado incluso, no llamarle a este tipo

de etnografía, global, ni transnacional, ni siquiera etnografía, sino globografía (Hendry

2003).

Los cambios que habrían de hacerse al dejar de pensar en una etnografía clásica y

visualizar una multisituada según Marcus, comienzan con presumir que la etnografía no

debe enfocarse a descripciones de interacciones cara a cara de pequeños grupos en un

lugar, sino ampliar su enfoque a interacciones situadas en un contexto global emergente

en el las prácticas sociales y culturales se producen y ubican en diferentes lugares.

Habría que modificar también la manera de realizar el trabajo de campo, reduciendo el

tiempo de permanencia en el sitio de la cultura estudiada. Para evitar permanecer años

en una cultura o sociedad multisituada, Marcus sugiere priorizar los intereses de cada

lugar, permaneciendo así mayor tiempo en el sitio que se considere central, y restringir

la permanencia en los lugares que le sigan. La selección de lugares dependerá de las

preguntas de investigación. Un tercer cambio sería lo que llamaría Marcus “la perdida

de lo subalterno”, orientando el interés de la etnografía multisituada a nueva direcciones

y no sólo en sujetos situados dentro de redes complejas de estructuras sociales que le

subordinen, dado que en la actualidad presuntamente, ningún sujeto podría verse como

subalterno. La etnografía multisituada

presupone un plano fracturado, discontinuo de

movimientos y busca posicionar la lógica de relaciones y asociaciones entre diferentes

lugares. Se construye un objeto de estudio móvil y múltiple.

Así, se diseña una

etnografía alrededor de conjunciones, yuxtaposiciones, cadenas, filamentos, trayectorias

de lugares en los que el etnógrafo

establece una forma de presencia física con una

lógica explicita de asociación o conexión entre los ellos.

Un acercamiento etnográfico a la globalización, requiere comprensión de las formas en

que las personas entienden el lugar cultural y socialmente en un esquema global de las

acciones ejecutadas para moldear tal lugar (Gille y O’Riain 2002).

Las múltiples

dimensiones explicarían la forma en que lo local y lo translocal se construyen uno a

otro, produciendo al mismo tiempo diferencia y semejanza, coyuntura y desarticulación

(Comaroff y Comaroff 2003).

“Estar ahí, y ahí y ahí”. Por qué y cómo

Las transformaciones globales requieren ser analizadas en niveles espaciales múltiples.

Al hacer uso de etnografías mutisituadas para resolver los desafíos de estudiar la vida

social en la globalización, Gille y O’Riain (2002) aseguran que se está haciendo uso de

la bondad de la etnografía por sí misma, al no depender de unidades de análisis fijas y

comparables, y al ser una metodología que explora estructuras sociales constituidas a lo

largo de múltiples escalas. Por otro lado, Freidberg (2001) enfatiza el

impulso de ese

tipo de etnografía para desmitificar y “aterrizar” la globalización, insertarla en el

análisis de los fenómenos de estudio para posibilitar la identificación de procesos

y

actores a lo largo del espacio en que el fenómeno se expresa. Poder responder a qué

procesos o actores estarían presentes de forma continua u ocasional, cómo son las

interacciones, qué formas tienen las relaciones entre lugares.

De esta manera, identificar las fuerzas globales y las conexiones locales que se adaptan,

se resisten o que provocan cambios. Hage (2005) utiliza para nombrar a esta habilidad

de identificar en un espacio las fuerzas globales y las conexiones locales, el término de

etnografía reflexiva, en la que se requiere una doble mirada capaz de capturar

descriptivamente las culturas con sus sutilezas y analíticamente

estructura.

lo global que las

En realidad, la razón para hacer uso de etnografías multisitudas surge al momento de

decidir conocer las conexiones de

las personas en su espacio y su tiempo. Escribe

Burawoy (2000) que quien entra a las vidas de los otros

que estudia, se ajusta a los

horizontes y ritmos

de la existencia de esos sujetos.

Un acuerdo entre quienes creen

necesario responder a fenómenos actuales de globalización con etnografía multisituada

es que no es posible llevarla a cabo como tradicionalmente se ha hecho la etnografía. La

teoría puede ser rica y profunda, pero hasta poner en practica el quehacer etnográfico y

estar sensible frente al contexto, no podrá lograrse resolver los retos metodológicos. La

idea que predomina en

este tipo de trabajo es la de “seguir” algo, como se señaló

anteriormente.

Marcus

(1995)

escribió

que

habrían

de

metáforas, historias, biografías, conflictos.

seguirse

personas,

cosas,

Quizá seguir a las personas o las cosas objeto de estudio resulte menos complicado,

pero pareciera que predomina un interés en la investigación de asuntos entre conexiones

por seguir metáforas o conflictos, dificultando aún más situarlos. A menudo, los

conflictos surgen en el mismo quehacer de estar entre personas, de un sitio a otro,

convirtiéndose en parte del equipaje del etnógrafo e incidiendo en el análisis de las

situaciones vividas. Para iniciar con la descripción de estrategias teórico metodológicas

utilizadas por aventurados pesquisidores, habrá que decir que ninguna resulta sencilla.

Siguiendo discursos

El discurso es un elemento que se sigue con frecuencia en estudios etnográficos sobre

globalización. Para ello Comarofff y Comaroff (2003) sugieren realizar tres operaciones

metodológicas: 1) cartografiar la esencia del paisaje del fenómeno; 2) seguir los trazos

del flujo discursivo, y 3) delinear el pasaje del discurso a través del tiempo. Para lograr

lo primero habría que reconocer dónde se sostiene el flujo discursivo, dónde se localiza

y reconocer las influencias globales que se interpolan en él. En cuanto a lo segundo,

habría que seguir los signos e imágenes, su migración y localizar su destino. A

esos

lugares donde pueden llevar. Lo tercero se refieres a establecer lo que es nuevo y lo que

no es, identificar cuáles son las proporciones relativas de ruptura y continuidad de los

que se dice. Qué es único y qué es sólo una manifestación local de un fenómeno global,

para lo que se requiere una especie de genealogía cultural local y compararla con otros

signos y prácticas localizados en otros sitios.

La estrategia llevada a cabo por Tsing (2005) al estudiar la deforestación de bosques en

Indonesia para la producción de caucho, radicó justamente en seguir el discurso y

enfatizó la segunda recomendación de Comaroff y Comaroff, seguir los trazos del flujo

discursivo. En esa tarea se detuvo especialmente en los puntos donde el discurso

provocaba fricción. 1 Es decir, en aquellas zonas donde las palabras significan algo

diferente

en encuentros e interacciones. Esta fricción fortalece la influencia de la

interacción al definir el movimiento, la forma cultural y la agencia. En lugar de frenar

los procesos, genera el movimiento de las diferencias e insurrecciones que son posibles

de relatar etnográficamente para dar cuenta de las interconexiones globales. Es Tsing la

que habla de una etnografía en retoques para lograr tal abstracción. Se necesita echar

mano del conocimiento y las habilidades previas. Ella por ejemplo, habiendo sido

reportera y archivista, fungió predominantemente como tales en numerosas ocasiones

antes que como etnógrafa. Especialmente para persistir en las respuestas de líderes

comunitarios, comerciantes y activistas.

Siguiendo historias

Dos temas muestran la forma de seguir historias. Uno de ellos es sobre la construcción y

proliferación de parque de entretenimiento temáticos en Japón, por Hendry (2003) y el

segundo es el recorrido de las prácticas religiosas Vodoo desde Africa Oriental a

América, estudiado por Clarke (2004).

Hendry a partir de su experiencia partiendo de Japón a ocho países más; 2 propone

desarrollar una metodología globalizadora;

y como

parte de

ella un

proceso de

1 Su libro de 320 páginas producto de su investigación lleva por titulo ese elemento que le permitió el análisis: Fricción.

2 En Japón ha residido por cerca de 25 años investigando prácticas culturales. Los países visitados fueron: China, Indonesia, Nepal, Tailandia, Estados Unidos, Inglaterra, Malasia y Canadá.

comparación de lo encontrado locamente en un escala global. En un nivel local habría

que identificar los sitios donde se manifiesta el fenómeno. Ubicarlos más adelante en un

contexto global para lo que habría que recurrir a la literatura, crear una especie de

estado de la cuestión donde se detallen los lugares donde el fenómeno se ha estudiado.

Seguidamente a esto,

buscar la interpretación de académicos expertos en la vida local

para establecer un marco histórico de desarrollo del fenómeno que permita identificar

la influencia externa y la local. Hendry, no sólo buscó la interpretación de académicos

expertos para contextualizar su fenómeno de estudio. Recurrió además a diversos

contactos locales para enmendar el recorte en el tiempo que debía invertir entre las

personas y lugares elegidos. Recomienda que los contactos locales sean de diferentes

tipos, ya que cada uno contribuye a esclarecer preguntas o a detallar el contexto desde

donde ellos lo experimentan.

Para el caso de Clarke en el que se interesó por identificar la institucionalización de

prácticas vodoo ancestrales del imperio de Yoruba en la comunidad transnacional de

Òyöntújí en Carolina del Sur, Estados Unidos; tuvo que delinear el camino recorrido

durante cerca de doscientos años para dicha institucionalización.

Su estrategia fue

analizar el desarrollo del espacio transnacional desterritorializadas y su dinámica.

Clarke trabajó en una etnografía de ocho años entre Nigeria, Cuba, Brasil y Estados

Unidos. La causa de recorrido tan largo fue que aún siendo de raza negra, Clarke no fue

reconocida como tal por los practicantes del Vodoo. 3 Tenía que demostrar entonces

conocimiento suficiente sobre el origen y la transformación de esa práctica religiosa. Su

quehacer etnográfico en los lugares previos a insertarse al grupo de Òyöntújí, radicó

esencialmente en la búsqueda en archivos y entrevistas.

Una vez aceptada por los

3 Su ascendencia había transitado décadas atrás de África al Caribe y de ahí a Canadá, su país de origen.

Yoruba en Carolina del Norte, viajó con ellos por dos años más y pudo comprobar el

supuesto de que las afiliaciones históricas moldean una forma de ver significados y

conexiones aún cuando existan lazos invisibles.

Siguiendo personas

Para seguir personas, Guevarra (2006) advierte que debe estarse dispuesto a desarrollar

una conciencia

semejante a quienes se pretende conocer o estudiar.

Los participantes

no

serán

pasivos,

sino

agentes

activos

que

redefinirán

el

investigación.

Lo había previsto Marcus (1995) cuando señaló

planteamiento

de

la

que no sólo se sería

etnógrafo en un contexto multisituado, también se sería activista al intentar resolver los

conflictos generados por compromisos personales ambivalentes y contradictorios, y

renegociar las identidades en diferentes sitios.

Eso parece haberle sucedido a Hage (2005), quien al permanecer desde una semana a un

mes con familias de origen libanés en diversos puntos del globo intentando describir su

diáspora, se encontraba por momentos entrometido en la dinámica familiar pretendiendo

resolver diferencias o asumiendo preocupaciones que debían serle ajenas.

La principal

preocupación de Hage,

sin embargo, no fue

esa manera de

desgaste social

y

psicológico, sino la verdadera utilidad de invertir cuatro años de un punto a otro en la

migración de los informantes, cuando pasaba la mayor parte del tiempo viajando que

conociéndolos. 4 Hage invirtió un año en Líbano comprendiendo la composición socio-

económica y cultural así como sus patrones globales de migración y la forma en que los

4 Los puntos que recorrió fueron tres comunidades libanesas -de las que se reserva el nombre-, al norte, centro y sur de Líbano, de las que habían emigrado personas a Caracas y Barquisimeto en Venezuela; a Boston, Filadelfia, Vermont y Texas en Estados Unidos; a Sydney y Melbourne en Australia; a São Paulo en Brasil, al Golfo Arábico, a Paris y Londres, y a Gatineau en Canadá.

migrantes se percibían a sí mismos.

De esas conversaciones pudo definir los puntos a

los que partiría en su periplo etnográfico.

Sobre la discusión de su experiencia, Hage

reflexiona sobre la escasez de evidencia empírica de esas comunidades imaginadas tan

discutidas en la teoría de lo multisituado. Para este autor, es más productivo dejar de

pensar en fenómenos disperso en múltiples sitios, y pensar en un fenómeno que crea un

solo sitio geográficamente discontinuo. Este es quizá un ejemplo claro de lo que

subrayó Marcus (1995) como la priorización de los lugares de trabajo, identificando un

lugar central y algunos más secundarios.

Gille

y O’Riain

(2002) para efecto

de reducir

el

agotamiento

y

la

frustración,

recomiendan revisitar esos sitios de los que ya se han elaborado etnografías y utilizar

estas como datos históricos que permitan analizar cambios. Lo anterior requiere

abandonar la creencia de ser innovador si se va a muchos sitios, un estímulo que

determina con frecuencia el realizar una trabajo de tal envergadura.

Siguiendo conflictos

Con el propósito de conocer el uso del agua en dos regiones fronterizas, la de México

con Estados Unidos

y

la

de Brasil

y Paraguay 5 , Pérez(2007) analiza espacios

geográficos distantes pero semejantes en sus procesos de configuración, lo que requiere

no únicamente una consideración de eventos históricos que les han dado origen sino

también una comparación con los patrones contemporáneos que ponen al descubierto su

relevancia en

distintas

partes

del

globo.

Para ello

da forma

a

su

acercamiento

5 El primer caso se trata de la región Tijuana-San Diego y la gestión de recursos hídricos en el valle de Mexicali y el Valle Imperial. El segundo al manejo de la presa hidroeléctrica Itaipú binacional entre Foz do Iguazú y Ciudad del Este.

etnográfico basado en la metodología de vínculos, que articula distintos niveles de

interacciones.

Describe el autor los pasos practicados como sigue. El primero, se

enfocó a un solo sitio inicialmente. El segundo, estudió

múltiples sitios, instituciones,

agencias y actores dentro de la misma región. Posteriormente, tomó en cuenta los roles

de las organizaciones gubernamentales y no gubernamentales en la toma de decisiones,

así como los cambios en las dinámicas de las economías políticas regionales e

internacionales.

De esta manera la investigación de vínculos, argumenta Pérez,

se

extiende a los niveles en los cuales los procesos políticos acontecen. Propone un estudio

situacional; de observación participante; de comparación sistémica intercomunitaria de

poblaciones de una misma región, de diferentes regiones, y de diferentes países; de

revisión de

archivos y registros oficiales, material histórico; de realización

y

programación de entrevistas con los actores clave de las instituciones y organizaciones

implicadas. Los objetivos de la metodología de vínculos son interpretar el cambio

sociocultural

y

la

adaptación

cultural

que

ocurre

organización y producir no una etnografía descriptiva,

en las interrelaciones y conflictos específicos.

en

los

diferentes

niveles

de

sino un estudio que se enfoque

Etnografías globales, multisituadas y trasnacionales.

La reconfiguración de lugar necesaria al pensar en numerosos fenómenos sociales

actuales no resta importancia alguna a la etnografía, tradicionalmente pensada como la

forma ideal para

estudiar culturas o sociedades contenidas entre límites geográficos

fijos. No obstante, la manera de penetrar en un objeto de estudio entre y sobre lugares,

requiere delimitar el quehacer indagatorio a algunas de sus partes. Si bien no es

imposible aprehender la totalidad de ellas, si se dificulta la tarea prolongando el tiempo

y la fuerza de un investigador en solitario. Ir tras de personas, historias o conflictos

requiere un acercamiento metodológico diferente y particular. Enfocarse a conexiones,

imaginarios o fuerzas como lo sugieren Burawoy et al (2000) permitiría situar discursos

y acciones

de forma localizada dentro de un contexto global. Y optimizar no sólo el

tiempo y la fuerza, sino la objetividad analítica. De esta forma se responde a la pregunta

inicial sobre si la multiplicidad de sitios en un contexto global permite realizar una

etnografía que se llamaría transnacional. Es posible, siempre y cuando se determinen

correctamente las unidades de análisis, de referencia y de medida y se esté dispuesto a

combinar habilidades y recursos que optimicen el trabajo. Las recomendaciones que

resultan de conocer la experiencia de otros en el quehacer de estar “ahí y ahí a y ahi”

son

principalmente,

fomentar

el

trabajo

colaborativo,

estimular

la creatividad,

y

practicar la sencillez y candor en la presentación de hallazgos.

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