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Osip

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Cuadernos de Voronezh

1 Osip Mandel- stam Cuadernos de Voronezh BIBLIOTECA DIGITAL DE AQUILES JULIÁN Biblioteca Digital Muestrario de

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Osip Mandel- stam Cuadernos de Voronezh BIBLIOTECA DIGITAL DE AQUILES JULIÁN Biblioteca Digital Muestrario de Poesía
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Biblioteca Digital
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Muestrario de Poesía 54

Osip Mandel- stam Cuadernos de Voronezh BIBLIOTECA DIGITAL DE AQUILES JULIÁN Biblioteca Digital Muestrario de Poesía
Osip Mandel- stam Cuadernos de Voronezh BIBLIOTECA DIGITAL DE AQUILES JULIÁN Biblioteca Digital Muestrario de Poesía
Coeditores: Fernando Ruiz Granados México José Acosta New York, EE.UU. Pedro Camilo Santo Domingo, RD

Coeditores:

Fernando Ruiz Granados

México

José Acosta

New York, EE.UU.

Pedro Camilo

Santo Domingo, RD

Aníbal Rosario

New York, EE.UU.

Milagros Hernández Chiliberti

Venezuela

Eduardo Gautreau de Windt

Santo Domingo, RD

Mario Alberto Manuel Vásquez

Salta, Argentina

José Alejandro Peña

Estados Unidos

Radhamés Reyes-Vásquez

Nicaragua / Rep. Dominicana

César Sánchez Beras

Massachusetts, EE.UU.

Félix Villalona

Santo Domingo, RD

Ángela Yanet Ferreira

Félix Villalona Santo Domingo, RD Ángela Yanet Ferreira BIBLIOTECA DIGITAL DE AQUILES JULIÁN 2 Cuadernos de

BIBLIOTECA

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JULIÁN

2
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Cuadernos de Voronezh

Osip Mandelstam, Rusia

JULIÁN 2 Cuadernos de Voronezh Osip Mandelstam, Rusia Edición Digital Gratuita distribuida por Internet

Edición Digital Gratuita distribuida por Internet

Muestrario de Poesía 54

Editor: Aquiles Julián, República Dominicana.

Primera edición: Febrero 2010 Santo Domingo, República Dominicana

Muestrario de Poesía es una colección digital gratuita que se difunde por la Internet y se dedica a promocionar la obra poética de los grandes creadores, difundiéndola y fomentando nuevos lectores para ella. Los derechos de autor de cada libro pertenecen a quienes han escrito los textos publicados o sus herederos, así como a los traductores y quienes calzan con su firma los artículos. Agradecemos la benevolencia de permitirnos reproducir estos textos para promover e interesar a un mayor número de lectores en la riqueza de la obra del autor al que homenajeamos en la edición.

Este e-libro es cortesía de:

homenajeamos en la edición. Este e-libro es cortesía de: Libros de Regalo EDITORA DIGITAL GRATUITA Sol

Libros de Regalo

EDITORA DIGITAL GRATUITA

Sol Poniente interior 144, Apto. 3-B, Altos de Arroyo Hondo III, Santo Domingo, D.N., República Dominicana. Tel. 809-565-3164

Emails: librosderegalo@gmail.com, aquiles.julian@gmail.com

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3 Contenido El poeta y la máquina de matar / Aquiles Julián 6 Recuerdos sobre Mandelstam
3 Contenido El poeta y la máquina de matar / Aquiles Julián 6 Recuerdos sobre Mandelstam

Contenido

El poeta y la máquina de matar / Aquiles Julián

6

Recuerdos sobre Mandelstam / Ana Ajmátova

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Primer cuaderno

22

Vivo en huertos importantes…

23

¡Orejeras, mis orejeras!

23

Déjame marchar, déjame volver, Voronezh…

23

Debo vivir, aunque esté dos veces muertos…

24

¿Qué calle es esta?

24

Tierra negra

24

Privándome del mar, del vuelo y del correr…

25

Sí, estoy en el suelo y mis labios tiemblan…

25

¡Qué turbio fluye el Kama cuando…

26

Estanzas

26

Era un día de cinco cabezas. Yo llevaba ya encogido…

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Hablando de una humeda cinta…

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Todavía estamos llenos de vida…

29

Lingotes constantes y sonantes de las noches romanas…

30

¿Puede alabarse a una mujer muerta?

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En las pestañas muertas se heló San Isaac…

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Tras el pálido Paganini

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Corre la ola junto a la ola, rompiendo la cresta…

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Oficio el ritual del humo…

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No devolveré a la tierra como mariposa blanca…

32

Segundo cuaderno

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Tras las casas y los bosques…

35

Nacimiento de la sonrisa…

35

Me asombra el mundo cada vez más…

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Jilguero mío, inclino la cabeza…

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El día tiene hoy el pico amarillento…

36

Ni tú, ni yo, sino ellos…

36

En las montañas reposa el ídolo…

37

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4

Estoy en el corazón del siglo. El camino es oscuro…

37

Y el maestro del taller de los cañones…

38

La ley de los pinares…

38

Con la fina hoja de Gillette…

38

Noche. Viaje. El primer sueño…

39

Las etapas lejanas del convoy…

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¿Dónde estoy? ¿Qué me ocurre?

40

Con la soga se hundía en el agua oscura…

40

Cuando tiembla y palpita…

41

Como don tardío…

41

Todo va mal…

42

Tu pupila en la corteza celeste…

42

Sonríe, cordero colérico de la tela de Rafael…

43

Cuando el mago…

43

Como halcón cautivo…

44

La

amada levadura del mundo…

44

Un diablillo con el pelo húmedo…

44

Todavía no estás muerto. Todavía no estás sólo…

45

Miro tan solo el rostro del hielo…

45

Este campo abierto, lento y sofocante…

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¿Qué haremos con la mortandad de la llanura…

46

Como plata de mujer arde…

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Ahora estoy en una telaraña de luz…

47

Como piedra caída del cielo que despierta la tierra…

47

Siento el primer hielo, lo siento….

48

¿Dónde encontraré refugio en este mes de enero?

48

Me gusta el aliento helado…

49

Entre el rumor y la prisa del pueblo…

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¿Dónde está el lamento atado y clavado?

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Como Rembrandt, mártir del claroscuro…

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Jirones de redondas bahías, grava y sol…

51

Canto con la garganta mojada y el alma seca…

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Armado con la vista de puntiagudas avispas…

53

Hubo ojos más cortantes que una afilada guadaña…

53

Aún recuerda Tiflis el desgaste de mis botas…

53

El

sueño defiende el Don en mi sueño…

54

Como madera y cobre es el vuelo de Favorski…

55

Estoy hundido en el foso de los leones y en la fortaleza…

55

Tercer cuaderno

56

Versos del soldado desconocido…

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3

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Imploro, como piedad y gracia…

60

Vi

un lago erguido, aplomo…

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En la pizarra bermeja, carmesí…

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Lo

diré llanamente, en un susurro…

61

5
5

Me extravié en el cielo

¿Qué haré?

62

Me extravié en el cielo

¿Qué haré?

63

Quizás es un signo de locura…

63

No compares: lo que vive no es comparable…

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Roma…

64

Para que la piedra arenisca cobijara…

65

Verde Creta, vasta isla azul…

66

Cómo me gustaría…

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La teta y la iota de la flauta griega…

67

Como en las calles de Kiev-Vij…

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Llevo a mis labios este verdor…

69

En viscoso juramento se pegan los brotes…

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Me apuntaban la pera y el cerezo aliso…

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Hacia la tierra vacía, cojeando sin querer…

71

Notas

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La dignidad del poeta / Jesús García Gabaldón

79

El poema nunca escrito / Sergio Bufano

83

Sobre un poema de Osip Mandelstam / José Manuel Prieto

88

Esperanza contra toda esperanza / Joaquín Estefanía

101

Osip Mandelstam / biografía

103

Prieto 88 Esperanza contra toda esperanza / Joaquín Estefanía 101 Osip Mandelstam / biografía 103
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6

El poeta y la máquina de matar.

6 El poeta y la máquina de matar. "De qué te quejas, éste es el único

"De qué te quejas, éste es el único país que respeta la poesía: mata por ella". Osip Mandelstam, a su esposa

Por Aquiles Julián

Vivimos un tiempo prerracional, prehumano. Un tiempo en que el crimen y el abuso o se ocultan, o se justifican y se ensalzan. Millones engañados, cómplices inconscientes de criminales despiadados: Hitler, Lenin, Stalin, Trotsky, Pol Pot, Mao, Harry Truman, George Bush… Vivimos tiempos terribles. Inadvertidas masacres se ejecutan bajo nuestras narices, embobadas por el último desfile de moda, el último escándalo sexual del comediante de turno, el último fenómeno mediático, el último estupefaciente, en una sucesión apabullante de nimiedades dimensionadas para distraernos, para engatusar la percepción y narcotizar la conciencia.

El concepto moral de Lenín era muy directo, patológicamente simple: el exterminio de las “clases superfluas”, el asesinato puro y simple de los que a su juicio eran miembros de “las clases condenadas por la Historia”. Por más que la historiografía soviética se dedicara luego orwellianamente a embellecer, expurgar, disfrazar y transformar una conducta sangrienta en un cuento de hadas (sorprendentemente, unas “biografía” maquillada del feroz asesino Félix Dzerzhinsky, alias “el martillo bolchevique”, a quien Lenín encomendó crear La Checa, se titula “Félix significa feliz”, una muestra de beatificación de la historia y falsificación de la verdad), las órdenes de Lenín de agarrar a 30 personas al azar y fusilarlas da la exacta medida de sus escrúpulos que, por cierto, brillaban por su ausencia.

Esa mentalidad de asesino en masas, escudada en sus disparatosa ideología y sus falaces “leyes históricas” que les sirven de tapadera y justificación, llegó a su culminación con el líder de una banda de atracadores de Tiflis: Iosif Stalin.

Los otros no eran mejores. Los crímenes de Trotsky , compinche de Lenin, no quedan exculpados por haber perdido el tour de force por el naciente imperio bolchevique y luego haber sido mandado a asesinar por su viejo contrincante. El concepto de que había clases superfluas, destinadas a perecer y desaparecer y que convenía darle una manita a la “Historia” (sí, un ente metafísico, una diosa secular inventada por estos ateos “científicos”) fusilando en masa a las personas que tenían la desdicha de calificar dentro de estos grupos sociales al criterio de los nuevos zares, produjo matanzas incalificables. Y cuando no, se provocaban hambrunas espantosas para someter a la gente y desprenderse de un buen número de ellas (el campesinado también fue, después de manipulado y engatusado, sindicado de clase superflua). Las hambrunas provocadas en Ucrania y sus secuelas, que llevaron a humildes campesinos al acto horrendo del canibalismo por el simple afán de supervivencia, es demostración de la sevicia

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patológica de estos “heraldos de los nuevos tiempos”. ¿Qué los diferencia de Hitler y sus crematorios? ¡La tecnología! Los nazis fueron más sofisticados, no menos criminales. La misma mentalidad de asesinato en masa: judíos y opositores, en el caso de los nazis; grupos sociales superfluos a su criterio, en el caso de los bolcheviques.

Dos magníficos libros: En la corte del zar rojo y Llamadme Stalin, del historiador Simon Sebag Montefiore pintan el atroz retrato de Koba, que evoluciónó desde ladronzuelo en Tiflis hasta adueñarse del poder total y crear un vasto imperio mediante un hábil rejuego entre politicastros ambiciosos (todos se detestaban entre sí y aspiraban a la principalía y todos subestimaron al astuto oseta), haciendo alianzas con unos para aplastar a otros, sólo para luego volverse y también aplastar al antiguo aliado.

Al arte, los bolcheviques le asignaron una función: engatusar, adulterar, falsificar, disfrazar, distorsionar, justificar, mentir descaradamente, crear una realidad ficticia para consumo interno y externo, magnificar, endiosar, dimensionar, exagerar, borrar, reescribir… en fin, una función política y militar dentro de la guerra psicológica (ideológica, según la verborrea totalitaria):

reestructurar las percepciones, adaptarse a las políticas momentáneas de los altos jerarcas, explicar que las percepciones reales eran erróneas y decir cómo debían ser interpretadas, justificar lo injustificable, dignificar la infamia y embadurnar de honor al crimen y al criminal, cantar las hazañas del psicópata y dar estatura de héroe al mediocre y al bandido.

Los escrúpulos morales eran cosa de la “burguesía derrotada”. Trotsky, el soberbio y altanero geniecillo bolchevique lo explicó en el panfleto “Su moral y la nuestra”. No hay que temer comprometerse en la peor infamia, siempre tendremos un aparato de escritores, periodistas y propagandistas que dará la versión oficial que exculpa y disfraza, que pinta idílicamente una realidad rosa al gusto de las damas de corazón sensible, con su héroe homérico que afronta los peligros y dificultades con actitud decidida para restaurar el honor y salvar a los desvalidos. Félix significa feliz, no se olvide.

La dictadura zarista, aquel gobierno medieval, obsoleto, con sus terratenientes, sus nobles, sus estratos sociales, sus campesinos-siervos… Aquel anacronismo, aquella supervivencia de un período superado que se resistía a ceder, generó un sano ambiente de rechazo, y sus disparates, como su alianza “santa” en la Primera Guerra Mundial y su atraso militar la llevaron a su bancarrota y a la Revolución de Febrero, única verdadera ocurrida en aquella infortunada nación.

Pero aquel endeble ensayo de democracia iniciado en febrero del 1917, en un país sin tradición democrática, confuso y metido en el atolladero de la guerra, fue asaltado por Lenín y su banda financiada con fondos alemanes, una estrategia interesada del militarismo alemán para debilitar la alianza que acogotaba el expansionismo germano.

Lenín hizo compromisos indignos con los alemanes, que lo escoltaron a Rusia y le proveyeron de fondos para su aventura. Y mediante una hábil estratagema, dio un golpe de Estado (no hizo una revolución), para impedir que la democracia rusa se consolidara. Luego inventarían una historia rosa para pintar

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de héroes a la partida de canallas que se apropiaron de un proceso del cual no eran agentes y llevaran al país por el derricadero del “socialismo real”.

Frente a la perplejidad de las mayorías, los bolcheviques hicieron gala de su “moral” y se adueñaron del país, imponiendo a balazo limpio sus pretensiones (ya saben, “el poder nace del fusil”, lección moral 01, básica). Luego empezarían todos a luchar por la principalía.

Stalin, colocado en la aparentemente inocua posición de secretario de organización de la fracción bolchevique, maniobró para colocar a sus incondicionales y aliados en las posiciones de decisión y aguardó su momento. Todos los ensorbecidos jefecillos bolcheviques lo menospreciaban, y él, a su vez, les devolvía el cumplido. Cuando Lenín representó un obstáculo para su hegemonía, se aseguró de que no lo siguiera siendo y oportunamente Lenín murió. Posteriormente, empezó una ardua labor de desbroce de competidores empleando todos los medios posibles. Los fue excluyendo e incriminando en absurdas conspiraciones, arrancándole confesiones y produciendo sus propios eventos justificatorios a la medida, como

el

conveniente asesinato de Kirov.

E

implantó el Gran Terror.

La admiración por el terror jacobino de los

bolcheviques es proverbial. Para Lenín y Marx el error de los jacobinos fue no profundizar el terror

lo suficiente para asesinar o postrar a la sociedad, a

los discrepantes, a cualquiera que no fueran ellos mismos, sin importar el costo en sangre, en vidas.

ellos mismos, sin importar el costo en sangre, en vidas. Carta de Stalin a Lavrenti Beria

Carta de Stalin a Lavrenti Beria donde el primero ordena, solamente firmando «За» («Pro»), la ejecución de las 346 personas listadas en la carta en enero de 1940.

Tomado de Wikipedia

Y con las manos sueltas para poner en práctica sus teorías, ¿qué podían hacer

sino extasiarse en aplicar en profundidad el terror?

Para lanzar un velo sobre su pasado, el atracador de Tiflis decidió expurgar no sólo a sus compinches del autodenominado Partido Comunista de la Unión Soviética, PCUS, sino a la sociedad misma. Los escritores, científicos, personalidades, incluyendo muchas de las que se prosternaron, incluyendo a quienes fueron sus cómplices en crímenes, fueron arrojados a las ergástulas, deportados a lejanos campos en condiciones infrahumanas, cuando no se les proporcionaba el eficiente pistoletazo en la nuca en los cárceles de la Lubianka.

Brillantes escritores encontraron uno u otro final. Algunos, como Solzenitsin, tuvieron la fortuna de sobrevivir y compartirnos aquella horrenda historia, en medio de la sorna y la calumnia de la matraca canalla de los izquierdistas y sus “compañeros de ruta”, sarta de infames escritorzuelos y parásitos de viajes, ediciones y aplausos comprados.

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La matraca canalla, el aparato de desinformación, propaganda, calumnia y espionaje, ese formidable, siniestro, eficiente y disimulado aparato que coordina y traza líneas de manera directa e indirecta (a través de sus sicarios intelectuales) a decenas de miles de amplificadores que se comprometen a repetir y repetir, a gritar y a vociferar, a susurrar y a reafirmar las calumnias, distorsiones, mentiras y medias verdades que la claque totalitaria considere oportuno difundir, fue establecida por orden de Lenín a comienzos de la década del ´20 del siglo pasado.

La tarea se le encomendó a un bon vivant alemán: Willi Münzenberg, quien se las ingenió para comprometer con “el futuro” a importantes intelectuales, neutralizar a otros y desacreditar a quienes se sustrajeron a sus chantajes y melosidades tóxicas. Un par de libros muestran los entretelones de ese montaje, que comprometió en crímenes a Pablo Neruda y a Nicolás Guillén, a Jorge Amado y a Paul Eluard, a Louis Aragon y a miles más. Fueron expertos en pathablar, en la jerga orwelliana, cómplices voluntarios la mayoría, de los más sórdidos y horrendos episodios, sólo comparables a los protagonizados por sus semejantes: los nazis.

El aparato de calumniar, mitificar y desinformar, pese a la desarticulación del “socialismo real” en 1990, sigue en lo esencial indemne y cumpliendo su oscuro trabajo. Una apreciable cantidad de escritores dominicanos y latinoamericanos siguen compartiendo su pasión por el estalinismo y la represión sangrienta; evocan los buenos viejos tiempos de los viajes gratuitos y otras sinecuras; cantan nostálgicos a sus héroes, buscan nuevos césares a los que dedicar sus odas, como el deschavetado Chávez o el comediante en jefe Castro, cuando no a criminales como Tirofijo o el Mono Jojoy; se embelesan idealizando al siniestro Che Guevara, autor de estas líneas melodiosas: “El odio como factor de lucha, el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una eficaz, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así: un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal.” y siguen a la espera de que un cambio de vientos les devuelva el espacio para sus cánticos de alabanza al dictador dadivoso.

Una víctima, una de tantas, del Gran Terror estalinista fue el poeta Osip Emilievich Mandelstam.

En aquel período siniestro, Mandelstam fue capaz de un acto de audacia tremendo: escribir un poema contra el torvo asesino instalado en el Kremlin. Aquel poema fue su condena, más al mismo tiempo le honra y distingue por el valor temerario demostrado.

Stalin, poeta mediocre, era alérgico al talento. De hecho, la idea que prevalecía en él era la de serviles escribanos sometidos a los designios de la NKVD (la KGB posterior y hoy la FSB, como en aquel cuento dominicano sobre nuestras querellas de principios del siglo XX, sólo nos queda comprobar que “son los mesmos”). Alexander Soltzenitsin se propuso desenmascarar a aquella estafa histórica y mostrar cómo un premio Nobel, el concedido al supuesto escritor soviético Mijail Sholojov por su novela El Don apacible, no fue más que el premio a la carátula creada por la NKVD de un proyecto en que se emplearon

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los textos incautados a los mejores escritores rusos para enhebrar una novela y crear algo que Gorski buscaba: el libro colectivo, amorfo, de todos y de ninguno, que reflejara la directriz del Partido y cambiara según los intereses del momento (véase el formidable libro “Ingenieros del alma”, de Frank Westerman si se quieren más detalles).

A Mandelstam lo fueron acorralando hasta que lo hicieron morir. Le forzaron a

escribir una humillante oda al Gran Líder y Padrecito de los Pueblos para salvar

su vida. No sirvió de nada. Mandelstam estaba condenado. Una sobreviviente, la brillante Ana Ajmátova, amiga de Mandelstam y su esposa, nos comparte su imagen de él en aquellos tiempos de desamparo y crueldad.

Esa sociedad malvada y cruel, con patente cinismo, aquellos jueces miserables de un poder corrupto y falso, condenaron en 1934 a Mandelstam por el poema a Stalin al destierro en los montes Urales. El poeta llegó al extremo de intentar suicidarse. Vivió varios años exiliado en la ciudad de Voronezh, cerca de la frontera de Ucrania. A su regreso, fue de nuevo hecho preso y de nuevo condenado a cinco años de trabajos forzados en uno de los campos del GULAG. Murió en "Vtoraya Rechka", un campo de concentración próximo a Vladivostok. Su esposa, Nadiezhda, aprendió de memoria los poemas de Mandelstam para preservarlos en medio de aquellos años inciertos. Risiblemente, en 1956 Mandelstam fue “rehabilitado” por la condena falaz de 1938, y 31 años más tarde, en 1987, por su condena del 1934. ¿Y quién juzgó y condenó a su vez a aquellos “jueces” verdugos?

Los grandes asesinos en masa gozan de la admiración de los incautos y de los serviles. Hay quienes justifican el crimen y lo glorifican. Por ahí andan los versos de Louis Aragon que canta a los energúmenos de la GPU. Y tenemos a Neruda, al cubano Guillén, a tantos que uncieron su poesía y su decoro al mamotrero sangriento del estalinismo, callaron los crímenes cuando no los justificaron con estridencia, sintiéndose “voceros” del porvenir.

Y hoy seguimos adorando a los pichones de tiranos y a los tiranos consumados.

Justificando y glorificando la patada y el garrote. Tras la migaja. Siempre tras la migaja.

Leyendo la historia de los imperios: el asirio, el lidio, el medo, el caldeo, el romano… vemos que aquellos reyes que arrasaban ciudades y pasaban a cuchillo a sus habitantes, aquellas ínfulas engoladas, aquellas pretensiones de perpetuidad terminaron barridas, se hundieron en la noche de los tiempos. Igual pasó al Reich de los 1,000 años de Hitler, con sus sueños de hegemonía, sus mitos arios y su inmenso desprecio por la vida humana. Igual sucederá a los intentos dinásticos de los Castro, al de Kim Jong-il en Corea del Norte y sus émulos. Y la vergüenza eterna enlodará a quienes cantaron serviles a los nuevos césares. Por igual, la admiración eterna acompañará a los que padecieron, a los que resistieron, a los que sucumbieron ante la furia de la barbarie prepotente, a los que hilvanaron aún sea un precario ejemplo de dignidad en tiempos difíciles, como diría el gran poeta cubano Heberto Padilla.

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Recuerdos sobre Mandelstam (1)

Prólogo de Anna Ajmátova

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Mandelstam era un magnífico conversador: no se escuchaba y se respondía a sí mismo, como hacen ahora casi todos. En la conversación se mostraba educado, ingenioso y hablaba de temas infinitamente diversos.

Nunca le oí repetirse o echar mano de temas trillados. Osip Emilievich Mandelstam tenía una capacidad extraordinaria para aprender lenguas. Recitaba de memoria en italiano páginas enteras de la Divina Comedia. Poco antes de su muerte le pidió a Nadia (Nadiezhda Mandelstam) que le enseñara inglés, una lengua que desconocía por completo. Hablaba de poesía de manera espléndida y subjetiva, y a veces se mostraba sorprendentemente injusto, por ejemplo con Blok. De Pasternak decía: "He pensado tanto en él que hasta me he cansado" y "Estoy seguro de que no ha leído ni una sola línea mía". De Marina: "Soy anti- Tsvietáieva".

mía". De Marina: "Soy anti- Tsvietáieva". Con la música se sentía como en su propia casa,

Con la música se sentía como en su propia casa, tenía una relación muy especial con ella. Lo que más temía era quedarse mudo. Llamaba a eso sofoco. Cuando tenía un ataque de asma, sentía verdadero pánico y se ponía a pensar absurdas razones para explicar esa desgracia. La segunda y más frecuente causa de su pesadumbre eran los lectores. Siempre tenía la impresión de que no le

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apreciaban aquellos que él quería, sino otros. Conocía bien y recordaba la poesía ajena, y a menudo se deleitaba recitando de memoria algunos versos que había leído. Por ejemplo:

En el barro que hierve por las pisadas de los caballos Está tirada la ropa blanca del hermano-nieve

Sólo los recuerdo con su voz. ¿De quién son?

Le gustaba hablar de lo que él llamaba "idolatría". A veces, cuando quería entretenerse a mi costa, contaba cualquier cosa sin importancia. Por ejemplo, me contó que en su juventud había traducido el verso de Mallarmé "La jeune mère allaitant son enfant" ("La joven madre alimentaba a su hijo") como "La joven madre se alimentaba de sueño". Nos reímos tanto que caímos en un diván al cual le crujían todos los muelles, en "Tuchka" (La nubecita) y casi nos morimos de risa, como la muchacha del Ulises de Joyce.

Conocí a Osip Mandelstam en "La torre" de Viacheslav Ivánov en la primavera de 1911. Por entonces, era un joven flaco, con un lirio en el ojal, una cabeza grande echada hacia atrás y largas pestañas. Lo vi por segunda vez en casa de los Tolstoi, en Staro-Nevski (la vieja avenida Nevski) ; él no me reconoció, y Alexei Nikolaevich Tolstoi le preguntó quién era la mujer de Gumiliov y él hizo señas con las manos de que era yo la del sombrero grande. Temí que sucediera algo irreparable y me presenté yo misma.

que sucediera algo irreparable y me presenté yo misma. Ese fue mi primer Mandelstam, el autor

Ese fue mi primer Mandelstam, el autor de La Piedra verde (Editorial Acmé) con esta dedicatoria: "A Anna Ajmátova, llamarada de conocimiento en días inmemoriales. Respetuosamente, el autor".

Con su peculiar y adorable autoironía, a Osip le encantaba contar cómo un viejo hebreo, dueño de la tipografía en que se imprimió La piedra, le felicitó por la publicación del libro, estrechándole la mano y diciéndole: "Joven, usted escribirá cada vez mejor".

Le veo como a través de la rara niebla de la isla Vasilievski y en el antiguo restaurante "Kinshi" (en la esquina de la Segunda Línea y el Bolshoi Prospekt; ahora hay allí una peluquería), donde, según la leyenda, Lomonósov solía trabajar y adonde nosotros, Gumiliov y yo, íbamos a desayunar desde "Tuchka" (La nubecita). No hubo ni podía haber ninguna reunión en "Tuchka", que era, sencillamente, la habitación de estudiante de Nikolai Stepanovich Gumiliov, y donde ni siquiera nos podíamos sentar. La descripción de las reuniones "five o'clock" de Georgui Ivánov (en Poetas) es una invención desde la primera hasta la última palabra. N. V. Nedóbrovo no pisó el umbral de "Tuchka".

Ese Mandelstam es el generoso colaborador, si no coautor de la "Antología

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de la estupidez antigua", que los miembros del Taller de los Poetas componían (casi todos, excepto yo) antes de cenar: “Lesbia, dónde estuviste”, “El hijo de

Leonid era avaro" (

)

En los años diez nos encontramos, naturalmente, en todas partes: en las redacciones, en casa de conocidos, en los viernes de "Hiperborrea", esto es, en casa de Lozinski, en "El perro errante" (Brodiachaya sobaka), donde, por cierto, me presentó a Maiakovski. Una vez en "El perro", cuando todos estaban cenando y armando ruido con la vajilla, Maiakovski se puso a recitar poesía. Osip Emilievich Mandelstam se acercó a él y le dijo: "Maiakovski, deje de recitar. Usted no es una orquesta rumana". Eso sucedió ante mis ojos (entre 1912 y 1913). El ingenioso de Maiakovski no supo qué contestar; eso lo contaba

con mucha gracia Jardzhiev. También nos veíamos en la "Academia del verso" (La Sociedad de los defensores de la palabra artística, donde reinaba Viacheslav Ivánov), y en las reuniones hostiles a esa Academia, del Taller de los Poetas, donde Mandelstam pronto se convirtió en el primer violín. Por entonces, escribió un poema misterioso (y no muy logrado) sobre "El ángel negro en la

nieve". Nadia Mandelstam afirma que está dedicado a mí (

)

Gumiliov estimó pronto y bien a Mandelstam. Se conocieron en París. (Véase el final del poema de Osip sobre Gumiliov. Allí se dice que Nikolai Stepánovich iba maquillado y con sombrero de copa:

Pero en Petersburgo el acmeísta está más cerca de mí Que el Pierrot romántico de París.

Los simbolistas nunca les aceptaron.

romántico de París. Los simbolistas nunca les aceptaron. También me visitó Osip Emilievich en Zárskoe Seló.

También me visitó Osip Emilievich en Zárskoe Seló. Cuando estaba enamorado, lo que sucedía con bastante frecuencia, yo era, en algunas ocasiones, su confidente. A la primera que recuerdo es a Anna Mijailovna Zelmanova-Chudovskaya, una bella pintora. Ella le hizo un dibujo con fondo azul oscuro y la cabeza echada hacia atrás (¿en 1914?), en la calle

Alexeevski. Él no escribió versos a Anna Mijailovna, de lo cual se quejaba amargamente ante mí, ya que no era capaz de escribir poemas de amor. La segunda fue Tsvietáieva, a la cual dedicó poesías de Crimea y Moscú; la tercera es Salomé Andronikova (Andreeva, ahora Galpern, a quien Mandelstam inmortalizó en su libro Tristia: "Cuando no duermes, Solominka, en tu

inmenso tálamo

Salomé en la isla Vasillevski).

".

Recuerdo ese tálamo suntuoso de

Desde luego que Mandelstam fue a Varsovia y que le llamó enormemente la atención el ghetto (de eso se acuerda M.A.Z.), pero de su intento de suicidio, del que habla Gueorgui Ivánov, ni siquiera Nadia Mandelstam ha oído hablar, ni de Lipochka, la hija que dicen nació allí.

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Al comienzo de la revolución (1920), cuando yo vivía completamente sola y

ni siquiera le veía, él se enamoró de Olga Arbénina, actriz del teatro Alexandrinski que luego se casaría con Yu, Yúrkina, y le escribió los poemas ("Porque no supe retener tus manos" y otros). Dicen que los manuscritos Se perdieron durante el bloqueo, sin embargo yo los vi hace poco en casa de J.

A todas esas damas de antes de la revolución (temo que entre ellas me encuentro yo), él las llamó al cabo de muchos años “dulces europeas” :

Y de las bellezas de entonces, de esas dulces europeas, ¡Cuánta confusión, desgarro y desgracia recibí!

2

Mandelstam saludó a la revolución como poeta maduro y conocido, al menos en un pequeño círculo. (Su alma estaba llena de todo lo que ocurría). Mandelstam fue uno de los primeros en escribir poesía de tema cívico. Para él la revolución fue un gran acontecimiento, y no es casual que la palabra "pueblo" aparezca en su poesía.

Vi con bastante frecuencia a Mandelstam entre 1917 y 1918, cuando yo vivía

en Vyborg casa de los Sreznevski (en la calle Botkinskaya, 9), no en la casa extraña, sino en el piso del viejo doctor Viacheslav Sreznevski, marido de mi amiga Valeria Serguievna.

Mandelstam venía a visitarme a menudo y recorríamos en un coche de simones los increíbles baches del invierno de la revolución, entre célebres hogueras que ardieron casi hasta mayo, escuchando el tableteo de fusiles, que no sabíamos de dónde procedía.

Así íbamos a las veladas organizadas en la Academia de las Artes a beneficio de los heridos, y en las que intervenimos los dos en algunas ocasiones. Osip Emilievich Mandelstam estuvo conmigo en el concierto de Butomo-Nazvanóva en el Conservatorio, en el que ella cantó a Schubert (véase: "Esa tarde no

resonaba el bosque ojival del órgano: nos cantaban a Schubert

").

De esa época son todos los poemas dedicados a mí: "En los instantes floridos "

(de diciembre de 1917); se refiere a mí la profecía, en parte

no busqué

cumplida:

"Algún día en la loca ciudad, en la fiesta de los escitas, a orillas del Neva, al son de un baile abominable alzarán la toca de tu bella cabeza."

También me está dedicado: "Tu pronunciación asombrosa

"

Además, en diferentes momentos, Mandelstam me dedicó cuatro cuartetos:

1. "Quieres ser un juguete" (1911)

2. "Los rasgos faciales desfigurados

"

(años 10)

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3. "Las abejas se acostumbran al apicultor 4. "

"Nuestra relación está en declive

"

(años 30)

Después de algunas dudas, decido recordar en estas notas que tuve que explicar a Osip que no debíamos vernos tan a menudo, ya que eso podía dar a la gente pie para hacer comentarios perversos sobre nuestra relación. Después de lo cual, más o menos, en marzo, Mandelstam desapareció. Aunque por entonces todo a nuestro alrededor era bastante confuso e informe —alguno desaparecía para siempre, otro por un tiempo, y a todos nos parecía que se habían ido a las

afueras, por supuesto que no en el sentido actual de esa palabra; por decirlo así, no había un centro (la observación es de Lozinski)—, a mí no me sorprendió la

desaparición de Osip Emilievich (

)

Vi de nuevo a Mandelstam, de paso, en Moscú en 1918. En 1920 pasó por mi

casa de la calle Serguiévskaya (en Petersburgo) una o dos veces (

)

El verano de 1924 Osip Mandelstam trajo a mi casa (en Fontanka, 2) a su joven esposa. Nadia era lo que en francés dicen "laide mais charmante". Desde ese día comenzó mi amistad con Nadia, que llega hasta hoy día.

Osip quería con locura a Nadia. Cuando la operaron de apendicitis en Kiev, él no salió del hospital y vivió en una habitación del portero del hospital. No abandonó por un momento a Nadia, no le dejó que trabajara, era muy celoso y le pedía consejo sobre cada palabra de su poesía. En general, no he visto nada parecido en mi vida. La correspondencia de Mandelstam a su esposa confirma plenamente mi impresión.

En 1925 viví con los Mandelstam en un pasillo de la pensión de Zaitsev en

Zárskoe Seló. (

Liceo Imperial, a causa de la salud de Nadia. (

allí. Detestaba con todas sus fuerzas los llamados "ceceos imperiales" de Gollerbraj y Rozhdestvenski y la especulación en nombre de Pushkin.

)

Los Mandelstam pasaron un invierno en Zárskoe Seló, en el

)

A Mandelstam no le gustó vivir

en Zárskoe Seló, en el ) A Mandelstam no le gustó vivir Mandelstam tenía una relación

Mandelstam tenía una relación muy singular, casi terrible con Pushkin. Me parece ver en ella una especie de aureola de pudor sobrehumano. Estaba en contra de cualquier "pushkinismo". Respecto al verso de Pushkin,

"El sol de ayer llevan en negras parihuelas

ni yo lo conocíamos y sólo ha salido a la luz ahora, de los borradores (en los años cincuenta). Mandelstam recogió de mi mesa, mi "Último cuento", esto es, mi artículo sobre "El gallo de oro" de Pushkin, lo leyó y

dijo: "Vamos a jugar una partida de ajedrez". (

escritores contemporáneos, Mandelstam tenía en gran estima a Bábel y a Zóschenko. Mijail Míjailovich Zóschenko lo sabía y se sentía muy orgulloso de ello. A quien más detestaba Mandelstam por algún motivo era

a Leónov.(

", ni Nadia

)

De los

)

En otoño de 1933 Mandelstam obtuvo por fin (lo celebro) un piso (dos habitaciones, quinto piso, sin ascensor, gas ni baño) en la travesía Naschokinski

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("El piso es silencioso, como el papel

esa casa llevó libros por primera vez. En su mayoría, se trataba de viejas

ediciones de poetas italianos (Dante, Petrarca).

"),

y la vida errante pareció acabarse. A

Pero nada había acabado, todo el tiempo hacía falta llamar a algún sitio, esperar algo, confiar en algo. y nada de todo eso resultaba bien. Osip Emilievich era enemigo de las traducciones de poesía. Una vez, en el piso de Naschokinski, le dijo a Pasternak en presencia mía:

piso de Naschokinski, le dijo a Pasternak en presencia mía: "Sus obras completas consistirán en doce

"Sus obras completas consistirán en doce tomos de traducciones y sólo uno de sus propias poesías".

Mandelstam sabía que en las traducciones se escapa la energía creadora y, conseguir de él que tradujera, era algo casi imposible. A su alrededor había mucha gente, a menudo bastante turbia y casi siempre inútil.

Sin tener en cuenta que aquellos tiempos eran relativamente "vegetarianos", una sombra de infelicidad y condena habitaba esa casa. Íbamos por Prechistenka (en febrero del 34) y no recuerdo de qué hablábamos. Giramos al bulevar Gogolievski (Bulevar de Gógol) y Osip dijo: "Estoy preparado para la muerte". De eso hace ya 28 años y siempre que paso por ese sitio me acuerdo de ese instante.

Durante bastante tiempo no vi a Osip ni a Nadia. En 1933 los Mandelstam vinieron a Leningrado con alguna invitación. Se alojaron en el "Hotel de Europa". Osip tenía dos veladas poéticas. Acaba de aprender italiano y estaba tan apasionado por Dante que recitaba de memoria páginas enteras de la Divina Comedia. Nos pusimos a hablar del "Purgatorio" y yo recité un pasaje del canto XXX (la aparición de Beatriz). Cito de memoria:

Sopra candido vel cinta d’oliva Donna m'apparve, sotto verde manto, Vestita di color di fiamma viva. ……………. ……………. …………………… "Men che dramma Di sangue m' e rimaso non tremi:

Conosco i segni dell'antica fiamma"

Osip se echó a llorar. Me asusté: "¿Qué pasa?". "No, no es nada, sólo son esas palabras y su voz". No me corresponde a mí recordar eso. Si Nadia quiere, que se acuerde.

Osip me recitó de memoria fragmentos del poema de N. Kliuev: "Los difamadores del arte", que fue la causa de la muerte del infeliz Nikolai Alekseevich Kliuev.

Una vez, cuando yo reproché algo a Esenin, Osip me respondió que se podía perdonar a Esenin sólo por el verso: "No fusilé a los infelices en los calabozos

"

En general, era difícil sobrevivir: sólo conseguíamos algunas traducciones,

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algunas reseñas y algunas promesas. El dinero apenas llegaba para pagar el piso y comprar la comida. En esa época, el aspecto de Mandelstam cambió mucho:

más cargado de hombros, con más canas, y con asma, daba la impresión de ser

un anciano y sólo tenía cuarenta años. Sólo sus ojos brillaban como antes. y su

poesía era cada vez mejor, y su prosa también. (

)

Recuerdo muy bien una de nuestras conversaciones de entonces sobre poesía. Osip Emilievich, quien sufría agudamente lo que hoy se llama "culto a la personalidad", me dijo: "Ahora la poesía debe ser cívica" y me recitó su poema "

sobre Stalin: "Vivimos sin sentir el país a nuestros pies

"teoría del conocimiento de las palabras". Mucho más tarde afirmó que la poesía, festiva o trágica, se escribe sólo como resultado de una aguda conmoción. Del poema en que alababa a Stalin: "Quiero decir no Stalin, sino Yugashvili" (1937), me dijo: "Comprendo ahora que se trataba de una enfermedad".

De esa época es su

Cuando le recité a Osip mi poema "Te llevaron al alba

",

el poema inicial de

Requiem (1935), sobre el arresto en 1935 de N. N. Punin, (marido de Ajmátova), me dijo: "Se lo agradezco".

A su vez, Mandelstam me recitó justo el último verso de su poema "Un poco

de geografía" ("No una ciudad") europea

:

Él, celebrado como primer poeta, Pecador nuestro, y tuyo.

El 13 de mayo de 1934 le arrestaron. Ese mismo día, tras varios telegramas y llamadas de teléfono, llegué a casa de los Mandelstam desde Leningrado, donde había tenido lugar poco antes su incidente con Alexei Tolstoi. Éramos todos tan pobres por entonces que para comprar el billete de ida y vuelta tuve que empeñar la medalla de la condecoración, la última concedida por Remizov en 1921 (me la entregaron ya después de la huida de Remizov en 1921) y el busto que me había hecho Danko en 1924 (lo compró S. Tolstaya para el museo de la Unión de Escritores).

La orden de arresto había sido firmada por el mismo Yágoda. El registro duró toda la noche. Buscaban poemas y estuvieron buscando entre los manuscritos que había tirado a un baúl. Nosotros estuvimos sentados en una

habitación. Todo estaba en silencio. Tras la pared, en casa de Kirsánov, sonaba una guitarra hawaiana. Vi cómo el inspector encontró "El lobo" ("Por el valor

ruidoso de los siglos venideros

silencio. Al despedirme, me besó. Se lo llevaron a las siete de la mañana. Había mucha luz. Nadia fue a casa del hermano, y yo a casa de Chulkov, en el bulevar de Smolensk, 8, y acordamos juntarnos en alguna parte. Al regresar a casa juntas, arreglamos el piso, y nos sentamos a desayunar.

")

y se lo mostró a Osip Emilievich. Él asintió en

De nuevo golpearon en la puerta, de nuevo eran ellos, de nuevo un registro. Yevgueni Yakovlevich Jazin dijo: "Si vienen otra vez, le llevarán a usted con ellos". Pasternak, en cuya casa estuve ese mismo día, fue a interceder por Mandelstam a "Izvestia", ante Bujarin, y yo, fui al Kremlin a ver a Enukidze. Por entonces acceder al Kremlin era casi un milagro. Ello fue posible gracias a la

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gestión del actor Ruslanov (del Teatro Vajtangov), a través del secretario de Enukidze. Enukidze estuvo bastante amable, pero enseguida preguntó: "¿es posible que haya algún poema?" Con esas gestiones se aceleró y, seguramente, se suavizó el desenlace. La condena fue de tres años en Cherdin, donde Osip se tiró por la ventana del hospital porque le pareció que iban a por él. (Véase la tercera estrofa de las "Estanzas") y se rompió el brazo. Nadia envió un telegrama al Comité Central. Stalin ordenó revisar el caso y autorizó la elección de otro lugar para cumplir la condena. Después llamó a Pasternak. Lo demás es demasiado conocido.

Fui con Pasternak a casa de Usievich, donde nos encontrarnos con los jefes de la Unión Soviética y con muchos jóvenes marxistas. Estuve también en casa de Pilniak, donde vi a Baltrushaitis, Spet y S. Prokofiev.

En ese tiempo el antiguo síndico del Taller de los Poetas, Serguei Gorodetski, al participar en algún acto, pronunció la siguiente frase inmortal: "Esos versículos de una tal Ajmátova, que se pasó a la contrarrevolución" ; incluso en la Revista Literaria "Literaturnaya Gazeta" que publicó un informe de esa reunión, se suavizaron esas palabras auténticas (Véase la "Literaturnaya Gazeta" de mayo de 1934).

Bujarin, al final de su carta a Stalin escribió: "Y Pasternak también está preocupado". Stalin informó que había dado la orden de que todo estuviera en orden con Mandelstam. Le preguntó a Pasternak por qué no había intercedido. "Si mi amigo poeta cayera en desgracia, haría todo lo posible para salvarle". Pasternak le respondió que si él no hubiera intercedido, Stalin no conocería ese caso. "¿Por qué no se dirigió a mí o a las organizaciones de escritores?" - "Las organizaciones de escritores no tratan esos asuntos desde el año 1927" - "Pero, ¿acaso es su amigo?" Pasternak se quedó callado y Stalin, tras una breve pausa, continuó la pregunta: "¿Es acaso un maestro, un maestro?" Pasternak respondió: "Eso no importa".

Boris Leonídovich Pasternak pensó que Stalin le estaba poniendo aprueba para saber si conocía o no el poema y por eso se mostró inseguro.

"¿Porqué siempre hablamos de Mandelstam y de Mandelstam? Hace tiempo que quería hablar con usted" - "¿De qué?" "De la vida y la muerte". Stalin colgó.

Nadia nunca fue a casa de Boris Leonídovich y no le pidió nada, como escribe Robert Pane.

De los hombres, fue a visitar a Nadia un tal Perets Markish. Muchas mujeres acudieron a su casa ese mismo día. Recuerdo que eran guapas y muy bien vestidas, con vestidos ligeros y primaverales: Sima Narbut, quien todavía no había sido atacada por la desgracia; la mujer de Senkevich, a quien llamábamos "la cautiva turca"; Nina Olshevskaya, de ojos claros, esbelta y extraordinariamente tranquila. Nadia y yo estábamos sentadas con prendas arrugadas, pálidas y entumecidas. Con nosotros estaba Emma Guerstein y el hermano de Nadia.

Al cabo de quince días, temprano por la mañana llamaron por teléfono a

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Nadia y le dijeron que si quería acompañar a su marido debería estar en la estación de Kazán por la tarde. Todo había terminado. Nina Olshevskaya y yo fuimos a conseguir dinero para el viaje. Dieron mucho. Elena Serguievna Bulgákova lloró y me puso en la mano todo el dinero que tenía en su bolso.

Nadia y yo fuimos juntas a la estación. Antes, fuimos a la Lubianka por los documentos. Hacía un día claro y soleado. Desde cada ventana nos miraban los bigotes de cucaracha del "culpable del festejo". Tardaron mucho en traer a Osip. Estaba en tan mal estado que ni siquiera podían sentarle en el furgón policial.

Mi tren, que salía de la estación de Leningrado, se marchaba y no podía esperar.

Los hermanos, esto es, Yevgueni Yakovlevich Jazin y Alexander Emilievich Mandelstam me condujeron allí y luego regresaron a la estación de Kazán y sólo

entonces llevaron a Osip, con quien ya estaba prohibido hablar. Siento mucho que no pudiera esperarle y que él no me viera, porque por eso empezó a pensar

en

Cherdin que me habían matado. Fueron leyendo a Pushkin bajo la escolta "de

los

bravos muchachos de la férrea puerta del GPU".

En ese tiempo tuvieron lugar los actos preparatorios del primer congreso de escritores (año 1934) y también a mí me enviaron una encuesta para que la

rellenara. El arresto de Osip me causó tanta impresión que ni podía levantar la mano para rellenarla. En ese congreso Bujarin nombró a Pasternak primer poeta, para espanto de Demián Bedni, me criticó duramente y, probablemente,

no dijo ni una sola palabra sobre Osip.

En febrero de 1936 estuve en casa de los Mandelstam en Voronezh y conocí todos los pormenores de su "caso". Me contó cómo, en un ataque de locura, echó a correr por Cherdin y se le apareció la imagen de mi cuerpo fusilado, de lo cual habló en voz alta a quien se encontró por la calle, y que los arcos en honor de Cheliushkin los consideraba erigidos en su honor.

Pasternak y yo fuimos a ver al magistrado de turno del Tribunal Supremo para interceder por Mandelstam, pero en aquel tiempo ya había comenzado el

terror y todo fue inútil.

grandeza y el aliento profundo surgieran en la poesía de Mandelstam precisamente en Voronezh, cuando carecía de libertad.

Resulta sorprendente que la libertad plena, la

Al regresar de casa de los Mandelstam, escribí el poema "Voronezh", que termina así:

Pero en el cuarto del poeta caído en desgracia Miedo y musa se turnan en la guardia. Y viene una noche Que no conoce el alba.

El paso del tiempo, 1965

De sí mismo en Voronezh, Osip dijo: "Por naturaleza soy alguien que espera, por eso mismo, estar aquí me es aún más difícil".

Al comienzo de los años 20 (en 1923), Mandelstam por dos veces criticó duramente mi poesía en las revistas ("El arte ruso", no 1, 2-3). Nunca hablamos

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de eso y tampoco me habló de sus elogios a mis versos. Sólo ahora los he leído (la reseña en el "Almanaque de las Musas" (1916) y la "Carta sobre la poesía rusa" (1922, Jarkov)).

Allí, en Voronezh, le obligaron, con no muy buenas intenciones, a dar una

conferencia sobre el acmeísmo. No debe olvidarse lo que él dijo en 1937: "No reniego ni de los vivos ni de los muertos". A la pregunta qué era el acmeísmo,

contestó: "La nostalgia de la cultura universal" (

Por poner un ejemplo, echó a la calle a un joven poeta que había ido para quejarse de que no le publicaban. El joven, turbado, bajaba las escaleras y Osip le gritó desde el descansillo del piso de arriba: “¿Publicaron a André Chénier? ¿Publicaron a Safo? ¿Publicaron a Jesús?"

)

¿Raro? ¡Claro que era raro!

S. Lipkin y A. Tarkovski cuentan con gusto hasta hoy cómo Mandelstam les regañó por sus versos de juventud. Artur Sergueievich Lurje, quien conoció bien a Mandelstam y escribió con mucha dignidad sobre la relación de Osip Mandelstam con la música, me contó (en los años diez) que una vez iba con Mandelstam por la avenida Nevski y vieron a una señora muy imponente. Osip propuso ingeniosamente a su compañero: "Quitémosle todo eso y se lo damos a Anna Andreevna” Ajmátova. Todavía Lurje puede verificar la exactitud de esa frase.

Le disgustaban las mujeres a las que les gustaba El rosario (2) . Cuentan que una vez fue a casa de los Kataiev y conversó amablemente con la bella dueña de la casa. Al final, quiso probar el gusto de la dama y le preguntó: "¿Le gusta Ajmátova?" y ella contestó con naturalidad: "No lo he leído", tras lo cual el invitado montó en cólera, dijo groserías y se marchó furioso. Él no me lo contó.

En el invierno de 1933-34, cuando me alojé en casa de los Mandelstam en Naschokinski, en febrero de 1934 me invitaron a una velada los Bulgákov. Osip se preocupó: "¿Quieren traerla a la literatura de Moscú?" Para tranquilizarle, le dije sin acierto: "No, Bulgákov es un marginado. Seguramente habrá allí alguien del Teatro del Arte”. Osip se enojó. Se puso a andar por la habitación y gritó:

"¿Cómo alejar a Ajmátova del Teatro del Arte?"

Un día Nadia llevó a Osip a esperarme a la estación. Él se levantó temprano, helado y de mal talante. Cuando bajé del vagón me dijo: "Ha venido usted a la

velocidad de Anna Karénina". (

)

¿Raro?

No es ése el asunto. ¿Porqué los escritores de memorias, del tipo

de Shatski-Strajovski, E. Mindlin, S. Makovski, G. Ivánov, B. Livshin, reúnen y guardan con tanta precaución y cariño cualquier cotilleo o estupidez como imagen principal y estrecho punto de vida del poeta, y no inclinan la cabeza ante

ese inmenso y sin igual acontecimiento que es la aparición de un poeta cuyos primeros versos asombran por su perfección y no vienen de ninguna parte?

Mandelstam no tiene maestro. Sobre eso vale la pena pensar. No conozco en la poesía universal un hecho semejante. Conocemos las fuentes de Pushkin y de Blok, pero quién dirá de dónde llegó hasta nosotros esa nueva armonía divina, a la que llamamos la poesía de Osip Mandelstam.

Voronezh

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II

Toda la ciudad está helada. Vidriosos árboles, muros, nieve.

Cruzo con temor entre cristales. La carrera incierta de los trineos floreados.

y sobre el Voronezh de Pedro, están los cuervos, los álamos y una bóveda verdosa, erosionada, turbia, de polvo solar

y en la batalla de Kulikovski soplan las laderas de la tierra poderosa, vencedora

y los álamos, como cálices móviles

resuenan con más fuerza sobre nosotros como si mil invitados bebieran

a nuestra salud en el banquete de bodas.

Pero en el cuarto del poeta caído en desgracia

Miedo y Musa se turnan en la guardia.

Y viene una noche

que no conoce el alba.

1936

Anna Ajmátova

(1) Texto extractado de Páginas de mi diario, de Anna Ajmátova (2) Libro de poemas de Ajmátova. (n. del T.)

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Primer cuaderno

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Vivo en huertos importantes

Vivo en huertos importantes. Vanka, el casero, podría pasear por aquí. El viento trabaja en vano en las fábricas,

y los troncos de la ciénaga conducen lejos.

La noche arada y negra, de las orlas de las estepas, Se heló en los pequeños adornos de las luces. Tras el muro, el dueño, ofendido, Va y viene con sus botas rusas.

Y suntuosa cruje la lápida

De este cobertizo. Duermo mal en casas ajenas.

Y cerca de la banca sólo está la muerte.

Abril de 1935

¡Orejeras, mis orejeras!

¡Orejeras, mis orejeras! Recuerdo las noches de Voronezh:

La voz no bebida del Ay.

y los silbatos de la Plaza Roja a medianoche

Bueno, ¿cómo va el metro?

No preguntes cómo germinan los brotes

y tú, reloj de las luchas del Kremlin,

Lengua del espacio en un punto oprimido

Calla, no contestes.

Abril de 1935

Déjame marchar, déjame volver, Voronezh

Déjame marchar, déjame volver, Voronezh:

Suéltame o déjame escapar, caer o regresar. Voronezh, capricho; Voronezh, cuervo, cuchillo

Abril de 1935

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24

Debo vivir, aunque esté dos veces muerto

Debo vivir, aunque esté dos veces muerto,

y la ciudad enloquezca por el agua:

¡Qué bueno es! ¡Qué alegre! ¡Qué pómulos tiene! ¡Cómo agrada el arado a la capa de grasa y

la estepa yace en el barrizal de abril,

y el cielo, el cielo es tu Buonarotti

!

 

Abril de 1935

¿Qué calle es ésta?

¿Qué calle es ésta? La calle de Mandelstam. ¡Qué endiablado apellido! No consigues olvidarlo. Suena retorcido, extraño.

Fue poco recto

y

nada delicado,

y

por eso esta calle

O, para ser más precisos, esta zanja,

 

Lleva el nombre De ese tal Mandelstam

Abril de 1935

Tierra negra

Respetada, ennegrecida, cuidada, fértil, toda de aire y cuidados, desmigajada, coral— húmedos terrones de mi tierra y libertad

En los días de los primeros arados, negra hasta azularse la labor desarmada en ella arraiga, arado rumor de miles de colinas:

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algo ilimitado se ve en estas lindes.

Y sin embargo, la tierra es yerro y hoja afilada, no reces por ella, no la pisotees,

como flauta carcomida abre bien las orejas, como clarinete matutino hiela el oído

¡Cómo agrada el arado a la capa de grasa y la estepa yace en el barrizal de abril! Te saludo, tierra negra: ten coraje, ojos

y en la labor un silencio elocuente y negro.

Abril de 1935

Privándome del mar, del vuelo y del correr

Privándome del mar, del vuelo y del correr,

y dando al pie el apoyo de una tierra herida, ¿Qué habéis logrado? Excelente cálculo:

No podréis arrancar mis labios trémulos.

Mayo de 1935

Sí, estoy en el suelo y mis labios tiemblan

Sí, estoy en el suelo y mis labios tiemblan, pero lo que digo, en la escuela lo aprenderán:

En la Plaza Roja la tierra es redonda

y su pendiente endurece a gusto.

En la Plaza Roja la tierra es redonda

y

su pendiente es inesperadamente inmensa,

y

asciende hasta los campos de arroz,

mientras haya un esclavo en la tierra.

Mayo de 1935

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26

¡Qué turbio fluye el Kama cuando

1

¡Qué turbio fluye el Kama cuando las ciudades se asientan sobre rodillas de encina!

Vistiéndose de telarañas, barba a barba,

el ardiente abeto se desliza, rejuveneciendo en el agua

en ciento cuatro remos se apoyaba el agua, arriba y abajo llevaba a Kazán y a Cherdin.

Allí navegaba yo por el río con cortinas en la ventana con cortinas en la ventana y fuego en la cabeza.

Y conmigo, mi mujer, cinco noches sin dormir,

cinco noches sin dormir y tres escoltas.

2

Yo contemplaba, alejándome, el oriente de las coníferas,

el

caudaloso Kama llevaba a una boya.

Y

quería limpiar de plantas las montañas,

pero apenas lograba llenar el bosque de sal.

Y quería instalarme allí, compréndelo,

en los seculares Urales, poblados de gente.

Y

quería proteger a esta loca llanura

y

guardarla en un largo capote.

Estanzas

1

Abril - Mayo de 1935

No quiero cambiar el último céntimo del alma con los jóvenes de la sierra, pero, al igual que el campesino libre acude al koljós entro yo en el mundo y la gente es buena.

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27

Me gusta el capote del ejército rojo,

largo hasta los talones, liso y sencillo de mangas,

y el corte similar de la nube del Volga,

que para reventar, en la espalda y el pecho, se mantuvo en la reserva.

y

cayó en el verano.

2

Una maldita costura, un ridículo antojo nos separó. y ahora, entiende:

¡Debo vivir, respirando y "bolchevizando", mejorando ante la muerte, durar un poco más y jugar con la gente.

3

Piensas cómo en mi amada Cherdin,

donde huele el Os y el Tobol se ensancha,

me

agitaba en treinta centímetros de barullo

no

miré la pelea de los machos cabríos difamadores,

como un gallo en la transparente penumbra del verano.

¡Come, escupe, sí, algo hizo, sí, es enemigo! Arranqué de cuajo el pico del soplón.

 

Un

salto y ya estoy cuerdo.

4

Y

tú, Moscú, hermana mía, ligera,

cuando encuentras en el avión al hermano, antes de que suene el primer timbre del tranvía:

Más suave que el mar, más confusa que una ensalada

de

madera, vidrio y leche

5

Mi

país hablaba conmigo,

me

consentía, me regañaba, sin leerme,

pero me fortalecía, como a un testigo,

me

veía y de pronto, como una lente,

me

inflamó con el rayo del Almirantazgo.

6

Debo vivir, respirando y "bolchevizando", trabajar el habla, sin escuchar, amigo de mí mismo. Oigo en el Ártico el golpeteo de las máquinas

soviéticas.

Recuerdo todo: el cuello de los hermanos alemanes,

y al jardinero y verdugo que mataba el tiempo con el peine lila de Lorelei.

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No

he sido expoliado ni doblegado,

sólo me he agigantado

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Como en el Cantar de Ígor, mi cuerda está tensa, y en mi voz, después del asma, resuena la tierra —la última arma—, la seca humedad de las hectáreas de tierra negra.

Mayo - Julio de 1935

Era un día de cinco cabezas. Yo llevaba ya encogido

Era un día de cinco cabezas. Yo llevaba ya encogido cinco días enteros. Iba orgulloso del espacio que crecía ante mis ojos, el sueño era más grande que el ruido, el ruido era más viejo que el sueño, fundido, sutil, detrás nuestro volaban las carreteras con las riendas de los cocheros. Era un día de cinco cabezas y, apestado por la danza iba yo a caballo y a pie iba la masa de las cumbres negras:

El ojo se convertía en carne de coníferas en las noches blancas, no, en las armas blancas, con la dilatación del poder de la aorta.

El mar azul apenas me cubría dos dedos, el ojo de una aguja, lo justo para que la lancha del turno de escolta navegara a toda vela. ¡Ah, seco cuento ruso, cuchara de palo! ¿Dónde estáis, los tres bravos muchachos de la férrea puerta del GPU?

Para que la mercancía milagrosa de Pushkin no caiga en manos de los parásitos, se forma una generación de pushkinistas de capote y revólver, jóvenes amantes de los versos de diente blanco.

El tren iba a los Urales. En nuestras bocas cerradas galopaba Chapaiev hablando en una película sonora. Tras las traviesas, en una cinta, se ahogaba y saltaba sobre su caballo.

Abril - 1 de junio de 1935

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Hablando de una húmeda cinta

Hablando de una húmeda cinta —han hallado una reserva de sonidos a los peces— se abalanzaba la película sonora sobre mí, sobre todos y sobre vosotros

Llenos de desdén hacia los falsos caídos, con un cigarrillo mortal entre los dientes, iban los oficiales de la última hornada hacia la ingle entreabierta de la llanura

Se oía el zumbido bajo de los aviones reducidos a cenizas,

y la hoja de afeitar inglesa, la del caballo, rasuraba las mejillas del almirante.

Mídeme, país, vuelve a tallarme, ¡Oh milagroso ardor de la tierra registrada! Se encasquilló el fusil de Chapaiev:

¡Ayúdame, desátame, divídeme!

Junio de 1935

Todavía estamos llenos de vida

Todavía estamos llenos de vida, todavía se pasea en las ciudades de la Unión con vestidos y blusas de telas chinas con mariposas y hojas.

Todavía la maquina número uno corta cáusticamente los panales de los castaños,

y caen en la limpia servilleta densos y sabios mechones.

Todavía hay bastantes vencejos y golondrinas, todavía el cometa no nos enloqueció,

y la tinta lila y sensata

escribe formas de estrellas y de colas.

25 de mayo de 1935

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Lingotes contantes y sonantes de las noches romanas

Lingotes contantes y sonantes de las noches romanas, seno que alienta el joven Goethe. Acaso estoy en la respuesta, pero no en la pérdida:

Existe una vida plena fuera de la ley.

Junio de 1935

¿Puede alabarse a una mujer muerta?

¿Puede alabarse a una mujer muerta?

Ella está lejos y sola. El poder de su amor extraño la llevó

a una tumba violenta y ardiente.

Pesadas golondrinas de cejas redondas volaron desde la tumba hasta mí para decirme que se reponían en su frío lecho de Estocolmo.

Tu familia estaba orgullosa del violín del bisabuelo, su cuello la hacía más bella

y

tú abrías la boca sonrosada

y

sonreías en italiano, en ruso

Guardo tu triste recuerdo, fruto silvestre, osito, Mignon,

pero las ruedas de molino pasan el invierno en la nieve

y se hiela la cuerna del cartero.

3 de junio de 1935

En las pestañas muertas se heló San Isaac

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En las pestañas muertas se heló San Isaac, las calles señoriales se han vuelto azules— La muerte del organista, el pelo de oso,

y en el camino cepas ajenas

Ya apaga el fuego el perrero— Una bandada de coches enormes

recorre la tierra —globo amueblado—

y el espejo deforma al sabelotodo.

En las escaleras de las plazas hay niebla y desacuerdo, aliento, aliento y canto. Se heló el talismán de Schubert en la pelliza— Movimiento, movimiento, movimiento

3 de junio de 1935

Tras el pálido Paganini

Tras el pálido Paganini baila y canta un grupo de cíngaros,

uno, una danza checa, otro una polka,

y otro un baile húngaro.

Altiva y esbelta muchacha, con tu canto, amplio como el Enisei, me arrastras hacia tu música. En tu cabeza, polaca, está la colina rizada de Marina Mniszek. Es sospechoso tu arco, violinista.

Cálmame con el cano Chopin, el serio Brahms —no, mejor,

con París, furiosamente salvaje, con un carnaval sudoroso y enharinado,

o con cerveza de la joven Viena,

que flota, en un frac de director de orquesta, en los fuegos artificiales del Danubio, en las carreras de caballos,

y el vals, que desde la tumba se vierte en la cuna, como la ebriedad.

¡Toca, haz estallar la aorta, con una cabeza de gato en la boca! ¡Eran tres diablos y tú eres el cuarto, el último y espléndido diablo en flor!

5 de abril - 18 de junio de 1935

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Corre la ola junto a la ola, rompiendo la cresta

Corre la ola junto a la ola, rompiendo la cresta de la ola, abalanzándose sobre la luna con el ansia de un esclavo.

Y el joven abismo marino de los jenízaros,

la ciudad de las olas sin sueño, se agita, se retuerce y excava un foso en la arena.

Y por el aire, sombrío y mullido, aparecen

las almenas de un muro sin empezar

y de las escalas de espuma caen los soldados

de los sultanes sospechosos —pulverizados, desunidos— mientras fríos eunucos reparten el veneno.

27 de junio de 1935

Oficio el ritual del humo

Oficio el ritual del humo:

Caídas en desgracia ante mí

yacen las fresas del verano marino, las cornalinas dos veces limpias

y el ágata, hermano de la hormiga.

Pero prefiero al simple soldado del fondo del mar —gris, salvaje, de quien nadie está contento.

Julio de 1935

No devolveré a la tierra como mariposa blanca

No devolveré a la tierra como mariposa blanca de harina la ceniza prestada. Deseo que el cuerpo que piensa

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se convierta en calle, en país:

El cuerpo vertebrado, carbonizado, consciente de su extensión.

Apoyándose en caballetes de muerte,

exclamaciones de verdeoscuras coníferas

y coronas profundas como pozos

dilatan la vida y el tiempo amado. ¡Oh, cercos de coníferas con la bandera roja,

grandes coronas de letras!

Los camaradas de la última leva iban al trabajo en los duros cielos, la infantería llevaba en silencio las exclamaciones, fusiles al hombro.

Y millares de piezas de la artillería antiaérea—

de pupilas marrones o azules— caminaban en desorden —gente, gente, gente— ¿Quién seguirá tras ellos?

21 de julio de 1935 - 30 de mayo de 1936

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Segundo cuaderno

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Tras las casas y los bosques

Tras las casas y los bosques, durante más tiempo que los trenes de mercancías, silba, Sadkó de las fábricas y de los jardines, por el poder de los trabajos nocturnos.

Silba, viejo, respira dulcemente, como Sadkó, el huésped de Novgorod, en el fondo del mar azul, silba monótonamente en la profundidad de los siglos, sirena de las ciudades soviéticas.

6 - 9 de diciembre de 1936

Nacimiento de la sonrisa

Cuando un niño comienza a sonreír, con una pequeña bifurcación de amargor y dulzura, las orillas de su sonrisa desembocan sin burlas en la anarquía del océano.

Se siente mejor que nadie:

Juega a la gloria con los ángulos de la boca

y ya cose la sutura irisada

al conocimiento infinito de la realidad.

Sobre las palmas del agua se alzó el continente— La boca del caracol, suspendida, próxima—

Y en los ojos sopla el instante de Atlante

bajo la leve afectación de la alabanza y el asombro. 8 de diciembre de 1936 - 17 de enero de 1937

Me asombra el mundo cada vez más

Me asombra el mundo cada vez más,

y los niños y la nieve me asombran;

Pero la sonrisa es verdadera, como el camino,

ni dócil, ni servil.

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36

Diciembre de 1936 - 1938

Jilguero mío, inclino la cabeza

Jilguero mío, inclino la cabeza— Miremos juntos al mundo:

Este día de invierno, punzante como el salvado, ¿es tan duro en tu pupila?

La punta de la quilla, las plumas negroamarillas, inyectan el color bajo el pico. ¿Sabes hasta cuándo serás jilguero, hasta cuándo trinarás?

¡Qué porte tiene en la testa, negro y rojo, amarillo y blanco!

A los dos, con ojo avizor, mira de ambos lados,

pero ya no mirará más, ¡echó a volar!

 

9

- 27 de diciembre de 1936

El día tiene hoy el pico amarillento

 

El día tiene hoy el pico amarillento:

No puedo comprenderlo, y entre la bruma y las áncoras me miran las puertas del mar

Navegan en silencio, en silencio

los barcos de guerra por el agua desteñida.

Y

los estrechos plumieres de los canales

son más negros aún bajo el hielo

 

9

- 28 de diciembre de 1936

Ni tú, ni yo, sino ellos

Ni tú, ni yo, sino ellos, tienen la fuerza de las desinencias:

Su caña porosa canta con el aire,

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y agradecidos, los caracoles de los labios humanos arrastran hacia sí su peso que respira.

No tienen nombre. Entra en su cartílago

y

serás el heredero de sus principados:

Y

en los vivos corazones de la gente,

errante por sus bifurcaciones y meandros,

representarás sus placeres y tormentos en sus flujos y reflujos.

9 - 27 de diciembre de 1936

En las montañas reposa el ídolo

En las montañas reposa el ídolo, en solícito, ilimitado y grato ocio.

Y por su cuello gotea la grasa del collar

que protege los flujos y reflujos del sueño.

Cuando fue niño y con él jugaba el pavo, le alimentaban con el arco iris indio, le daban leche de arcilla rosada

y no se conmovían por él los milpiés.

Es de hueso aletargado, hecho un nudo, rodillas, manos, hombros humanizados sonríe con su boca silenciosa, piensa con el hueso, siente con la frente

y se esfuerza en recordar su aspecto humano

10 - 26 de diciembre de 1936

Estoy en el corazón del siglo. El camino es oscuro

Estoy en el corazón del siglo. El camino es oscuro. Pero el tiempo aleja el fin:

El fatigado fresno de un bastón

y el miserable musgo del cobre.

14 de diciembre de 1936

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38

Y el maestro del taller de los cañones

Y

el maestro del taller de los cañones,

el

artesano de los monumentos de la fragua,

me dice: no es nada, padre,

ya te haremos uno así

Diciembre de 1936

La ley de los pinares

La ley de los pinares:

El familiar sonido de la viola y el arpa, los troncos están desnudos y torcidos,

y sin embargo, son arpas y violas.

Crecen como si Eolo comenzara a curvar cada tronco en el arpa

y lo arrojase, compadeciéndose de las raíces, ahorrando el tronco, ahorrando fuerza,

y despertara a la viola y al arpa

para que suenen en la corteza con reproche. 16 - 18 de diciembre de 1936

Con la fina hoja de Gillette

Con la fina hoja de Gillette se corta fácilmente la cerda del letargo:

Recordemos juntos el verano semiucraniano.

Vosotras, cumbres famosas, plantas de nombre agreste, gloria de los cuadros de Ruisdael,

y para empezar sólo un arbusto

en el ámbar y la carne de las rojas arcillas.

La tierra se mueve en las alturas. Da gusto mirar las capas puras

y ser dueño de la inmensa simplicidad de media sala de hospital.

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39

Sus colinas volaban en cúmulos ligeros

hacia una meta lejana. Su camino de bulevar estepario parecía una cadena de tiendas en el calor umbrío.

Y

se arrojó el sauce al fuego,

y

el álamo se alzó presuntuoso

Sobre el campo amarillo reinaba una vía de humo helado.

Y el Don, como sangre,

argenteaba torpemente, sin profundidad.

Y el agua recogida con la mitad del cazo

se perdía, como mi alma.

Cuando se tendía en duras camas el peso de las veladas,

y, al salir de la ribera,

rumoreaban ebrios los árboles

15 - 27 de diciembre de 1936

Noche. Viaje. El primer sueño

Noche. Viaje. El primer sueño, tentador y nuevo ¿Qué sueño?, ¿sueño con Tambov

y los brazos calientes de la nieve?

¿O con el río Tsni, cubierto por un velo blanco, blanco?

O

sueño conmigo en los campos del campesino del koljós—

el

aire en la boca, la vida con una boina

y

el sol del girasol de los malvados

que mira fijamente a los ojos.

No tengo sueños de pan o de hogar, sino de algo profundo:

El Consejo del Koljós se levanta adormilado

y se convierte en el Don azul

Anna, Rossosh y Gremiache:

Sus nombres florecen.

La blancura de la nieve cruje desde la ventana del vagón

23 - 27 de diciembre de 1936

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Las etapas lejanas del convoy

Las etapas lejanas del convoy

a través del cristal de la villa.

Debido al calor y al hielo el río parece cercano. ¿Este bosque, es de abedules? No, de abetos no, sino de lilas. ¿y éste qué abedul es? No estoy seguro. Sólo ennegreció la prosa, ilegible y leve del aire.

26 de diciembre de 1936

¿Dónde estoy? ¿Qué me ocurre?

¿Dónde estoy? ¿Qué me ocurre?

La estepa sin invierno está desnuda

Es

Bromeas: ¡el jilguero de la patria!

Sólo una mirada a la ciudad muda en la helada. Sólo la tetera nocturna que habla consigo misma. El saludo de los trenes

en medio del aire de la estepa

y el acento ucraniano

de sus dilatados silbidos.

la madrastra de Koltsov

23 - 25 de diciembre de 1936

Con la soga se hundió en el agua oscura

Con la soga se hundió en el agua oscura el cubo de las grandes tormentas, desde la hacienda noble hasta el núcleo del océano.

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41

Se hundió la estaca,

cuidadosa y amenazante, se hundió ¿Ves?: el cielo está más alto, una nueva construcción, casa y tejado,

y en la calle brilla el sol.

26 de diciembre de 1936

Cuando tiembla y palpita

Cuando tiembla y palpita

el jilguero en el nido del aire,

el rencor sazona la toga

y hace relucir el birrete.

Calumnian la percha y la tablilla, calumnia la jaula de cien barrotes

y

todo en el mundo está al revés

y

hay una frondosa Salamanca

p

ara los pájaros sabios y desobedientes.

Como don tardío

Como don tardío siento el invierno:

Me gusta su balanceo incierto desde el principio.

Produce terror,

como el comienzo de las cosas terribles. Para todos es el círculo sin bosque

e incluso el cuervo siente miedo.

Pero lo más duro de todo

es el azul celeste y convexo:

Y en la sien, el hielo

de los riachuelos que murmuran sin sueño

Diciembre de 1936

29 - 30 de diciembre de 1936

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42

Todo va mal

Todo va mal porque ante mí veo el ojo del gato usurero, nieto del estancado verde

y mercader del agua del mar.

Allí donde con letras encendidas se ofrece Kashchej piedras que hablan

y espera feliz a los huéspedes,

toca las piedras con las tenazas

y presiona el oro de los clavos.

En sus somnolientas estancias vive el gato, no para el juego:

En sus pupilas ardientes guarda

el tesoro de la montaña entornada

y en las pupilas suplicantes, gélidas, implorantes, hay festines de chispas esféricas

29 - 30 de diciembre de 1936

Tu pupila en la corteza celeste

Tu pupila en la corteza celeste, gira a lo lejos y a ras de suelo, la defienden los lapsus de las débiles, previsoras pestañas.

Será beatificada

y vivirá mucho tiempo en su tierra natal. Arroja a mis espaldas el remolino asombrado del ojo.

Contempla ya de buen grado

los siglos fugaces, luminosa, iridiscente, incorpórea

y aún suplicante.

2 de enero de 1937

43
43

Sonríe, cordero colérico de la tela de Rafael

Sonríe, cordero colérico de la tela de Rafael, en la tela de los labios del orbe, pero ya no es la misma

En el leve aire del caramillo se diluye el dolor de las perlas— En el color añil de la felpilla ha entrado la sal del océano

Color de los bandidos del aire y de la espesura de la caverna, pliegues de agitado reposo derramados sobre las rodillas

en el peñasco más duro que el pan seco está el joven cañaveral

y navega por los confines del cielo el poder encantador.

 

9

de enero de 1937

Cuando el mago

Cuando el mago

 

a

las ramas caídas lleve

el bisbiseo de los pelajes

 

castaños o bayos,

y

no quiera cantar el descolorido

y

perezoso bogatyr

el pequeño y poderoso Pinzón hiberne,

y

 

bajo el precipicio del cielo, bajo el arco de sus cejas, en el trineo lila pronto me sentaré.

9

de enero de 1937

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44

Como halcón cautivo

Como halcón cautivo, estoy al lado de Koltsov. No tengo mensajero

y mi casa carece de porche.

Un pinar azul me sujeta la pierna

y como un periódico sin decretos, abre el horizonte.

En la estepa los desniveles andan como nómadas, andan y andan sin parar los nidos nocturnos, las noches, las nochecitas— Como si a ciegos guiaran

9 de enero de 1937

La amada levadura del mundo

La amada levadura del mundo:

Sonidos, lágrimas y trabajos, los acentos lluviosos de la desgracia en plena ebullición. ¿De qué vena la podemos extraer?

En la miseria de la memoria reconoces por primera vez a los ciegos, llenos de agua cobriza, por sus magulladuras

y sigues sus huellas,

tú, desconocido y desamado por ti,

ciego y lazarillo al tiempo

12 - 18 de enero de 1937

Un diablillo con el pelo húmedo

Un diablillo con el pelo húmedo se ha colado —¿Adónde va, adónde? En los huecos de los cascos, en las huellas apresuradas:

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45

Kopek a kopek recoge

el aire racionado de la villa.

El camino espejea y salpica:

Las huellas fatigadas permanecen aún un poco más sin velo, sin mica Cruje la rueda en la cuesta:

Se ladea, ¡nada!

Me aburro: Mi caso habla y habla, de sesgo. Tras él pasó otro, sonrió y se rompió el eje

12 - 18 de enero de 1937

Todavía no estás muerto. Todavía no estás solo

Todavía no estás muerto. Todavía no estás solo. Con tu amiga la mendiga gozas de la grandeza de las llanuras, de la niebla, del frío y de la nevada.

Vive tranquilo y consolado en la pobreza opulenta, en la miseria poderosa. Son benditos los días y las noches

y es inocente la fatiga dulce y sonora.

Infeliz aquel que, como su sombra, teme el ladrido y maldice al viento.

Y miserable aquel que, medio muerto, pide limosna a su propia sombra.

15 - 16 de enero de 1937

Miro tan solo el rostro del hielo

Miro tan solo el rostro del hielo:

No va a ninguna parte y yo de ningún sitio vengo. Y, siempre liso, sin arrugas se pliega

el milagro del llano que respira.

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46

Con un guiño de calma y consuelo

el sol saluda a la almidonada miseria.

Los bosques son inmensos, casi como aquellos

Y la nieve cruje en los ojos, inocente como el pan desnudo.

16 de enero de 1937

Este campo abierto, lento y sofocante

Este campo abierto, lento y sofocante

me sacia hasta el hastío.

Y se abre de par en par el horizonte, recompuesto

como si una venda tapara sus ojos.

Aguantaría mejor el aspecto estratificado de la arena en las almenadas orillas del Kama:

Soportaría su tímido brazo, sus meandros, bordes y fosos.

Trabajaría bien con él, un siglo, un instante sólo— envidioso de las costras que rápidas se cierran, escucharía la marcha fibrosa de los anillos bajo la corteza de los troncos que la corriente arrastra

16 de enero de 1937

¿Qué haremos con la mortandad de la llanura

¿Qué haremos con la mortandad de la llanura, con la prolongada hambruna de su Milagro? Porque lo que pensamos apertura en ellos

lo

vemos derramarse cuando miramos.

Y

sigue creciendo la pregunta: ¿Adónde van, de dónde

vienen? , ¿acaso en ellos no se arrastra lentamente

aquel a quien gritamos en sueños:

El Judas de los espacios increados?

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16 de enero de 1937

Como plata de mujer arde

Como plata de mujer arde lo que luchó contra el óxido y la fusión.

Y

el silencioso trabajo hace brillar

el

arado de hierro y la voz del poeta.

Enero de 1937

Ahora estoy en una telaraña de luz

Ahora estoy en una telaraña de luz— Cabellos negros, rubio claro— El pueblo necesita la luz y el aire azul, el pan y la nieve del Elbrus.

Nadie puede aconsejarme,

y yo solo no sé si lo encontraré:

Esas piedras transparentes, quejosas, no existen en Crimea ni en los Urales.

El pueblo necesita un verso secreto y suyo para despertarse siempre con él

y lavarse con su sonido:

Una ola de pelo castaño, con rizos de lino

19 de enero de 1937

Como piedra caída del cielo que despierta la tierra

Como piedra caída del cielo que despierta la tierra en cualquier parte, cayó en desgracia un verso, que no conoce al padre:

Lo inexorable es un hallazgo para el creador, no puede ser de otro modo, nadie le juzga.

20 de enero de 1937

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Siento el primer hielo, lo siento

Siento el primer hielo, lo siento crujir bajo los puentes. Recuerdo qué luminosa flota

la ebriedad sobre las cabezas.

Desde las duras escalas, desde las plazas

y

los palacios angulosos,

el

círculo de su Florencia

cantaba con más fuerza Alighieri

con los labios cansados.

Así mi sombra roe con los ojos

el granuloso granito

y de noche ve una hilera de troncos que de día parecían casas.

O

la sombra holgazanea

y

bosteza con vosotros,

o

hace ruido entre la gente,

calentándose con su vino y su cielo,

y alimenta con pan amargo

a los molestos cisnes.

22 de enero de 1937

¿Dónde encontraré refugio en este mes de enero?

¿Dónde encontraré refugio en este mes de enero? La ciudad abierta es una extraña cadena ¿Acaso estoy borracho de tanta puerta cerrada? Quiero gritar por todas las cerraduras y cerrojos

Medias de seda de ululantes pasajes

y desvanes de calles segadas—

se esconden de prisa en los rincones

y echan a correr en cada esquina

En el foso, en la tiniebla verrugosa

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resbalo hasta una bomba de agua escarchada. Tropiezo, respiro el aire muerto

y

echan a volar frenéticos los grajos.

Y

tras ellos, gimo y grito

a

una caja de madera helada:

¡Un lector!, ¡un consejero!, ¡un médico! ¡En una escala de espinas, hablar al menos!

1 de febrero de 1937

Me gusta el aliento helado

Me gusta el aliento helado

y el vaho del habla en invierno:

Yo soy yo; la realidad es la realidad

Un niño, rojo como un tomate, dueño y señor de su trineo, se lanza pendiente abajo.

Y yo, en desacuerdo con el mundo, con la libertad,

acepto el contagio del trineo de estriados brazos de plata.

Y el siglo podría caer más ligero que una ardilla,

más ligero que una ardilla en un blando arroyo, con medio cielo en las botas de fieltro, en los pies

24 de enero de 1937

Entre el rumor y la prisa del pueblo

Entre el rumor y la prisa del pueblo, en las estaciones y muelles mira el párpado la poderosa señal

y las cejas comienzan a moverse.

Yo sabía, él sabía, tú sabías,

y luego arrástrame adonde quieras:

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A la locuaz espesura de la estación,

a la espera junto al caudaloso río.

Lejos están ahora esa parada

y ese jarro de agua hirviendo

en la hilera de botes de hojalata

y la tiniebla que velaba los ojos.

Pasaba la fuerza del habla de Perm

y

la lucha de los pasajeros

y

me acariciaban y me clavaban

a

la pared los ojos llenos de reproche.

Muchas cosas se ocultan en nuestros pilotos y segadores,

y

en los camaradas ríos y espesuras

y

en las camaradas ciudades

No debo recordar lo que sucedió:

Los labios ardientes, las duras palabras— se movían las cortinas blancas

y resonaba el hierro del follaje.

En realidad, todo estaba tranquilo, sólo un barco cruzaba el río

y

tras el cedro crecía el alforfón

y

el pez iba en el rumor del río.

Y

en su casa —en su meollo—

entré en el Kremlin sin permiso, desgarrando el lienzo de la distancia con el peso de la cabeza culpable

Enero de 1937

¿Dónde está el lamento atado y clavado?

¿Dónde está el lamento atado y clavado? ¿Dónde Prometeo, subsidio y sostén de la escala? ¿Y dónde el milano y sus ojos amarillos y alertas, sus garras y su volar escorado?

No se puede hacer volver la tragedia, pero estos ofensivos labios,

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estos labios llevan directamente a la esencia de Esquilo, el cargador, y de Sófocles, el leñador.

Él es el eco y el saludo, él es el jalón, no: el arado Se irguió el teatro de piedra y aire

de los tiempos que maduran en que todos quieren ver a todos:

A los nacidos, a los caídos en desgracia y a

los inmortales.

10 de enero - 4 de febrero de 1937

Como Rembrandt, mártir del claroscuro

Como Rembrandt, mártir del claroscuro,

yo me sumergí en un tiempo que hace enmudecer.

A mi áspera costilla encendida

no la protegen ni estos guardianes ni este soldado dormido bajo la tempestad.

¿Me perdonarás, hermano espléndido, maestro y padre de la oscuridad verdinegra?

Pero el ojo de la pluma del halcón y los ardientes joyeros de medianoche en el harén agitan no para bien, agitan sin bien

a una conmovida generación de pieles de penumbra.

4 de febrero de 1937

Jirones de redondas bahías, grava y azul

Jirones de redondas bahías, grava y azul, y una lenta vela que se prolonga en una nube— Cuando comenzaba a apreciaros me han separado de vosotros:

Más larga que la fuga de un órgano es la amarga hierba de los mares —los falsos cabellos— y huele a mentira

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una férrea ternura embriaga la cabeza

y la herrumbre corroe la suave pendiente de la

orilla ¿Por qué habéis puesto bajo mi cabeza otra arena? Vosotros, guturales Urales, regiones del Volga de anchos hombros,

o

este territorio uniforme, todos vosotros sois mis derechos.

Y

aún debo inspirarlos con mi pecho.

4 de febrero de 1937

Canto con la garganta mojada y el alma seca

Canto con la garganta mojada y el alma seca, la mirada húmeda, limpia la conciencia. ¿Es bueno este vino? ¿ Están bien estos odres? ¿Es buena la agitación en la sangre de Cólquida? El pecho, sin lengua, calladamente es oprimido, yo no canto, canta mi aliento. El oído enfundado en un verdugo y la cabeza sorda, el canto desinteresado es su propio elogio

Consuelo para los amigos y brea para los enemigos:

El canto de un solo ojo, ensombrecido por el musgo.

El don de la voz de un cazador que a caballo por las cumbres, con libre y abierto aliento, canta,

Preocupado sólo por llevar al altar

a

las doncellas, con honradez

y

enojo, sin pecado.

8 de febrero de 1937

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Armado con la vista de puntiagudas avispas

Armado con la vista de puntiagudas avispas que succionan el eje terrestre, el eje terrestre, huelo todo lo que me es dado ver

y hago memoria en vano

No dibujo, no canto

y no llevo el arco de una voz negra:

Sólo absorbo la vida y me gusta envidiar a las avispas, fuertes, astutas.

O, si evitando el sueño y la muerte, el aguijón del aire y el calor del verano, pudieran obligarme asentir el eje terrestre, el eje terrestre

8 de febrero de 1937

Hubo ojos más cortantes que una afilada guadaña

Hubo ojos más cortantes que una afilada guadaña en un reloj de cuco y en una gota de rocío.

Y apenas enseñaron a distinguir en su tamaño la multitud solitaria de las estrellas.

9 de febrero de 1937

Aún recuerda Tiflis el desgaste de mis botas

Aún recuerda Tiflis el desgaste de mis botas, el gastado esplendor de las suelas.

Y yo recuerdo la algarabía de las voces y

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los cabellos negros, cerca del monte David.

Callejuelas color pistacho frescas de tiza o nieve:

Balcón —cuesta—herradura—caballo—balcón, robles, plátanos, lentos olmos

Y la serie femenina de las letras floridas

embriaga la vista en la membrana de la luz:

Y la ciudad, tan hábil, se extiende hacia la fortaleza mientras el joven verano envejece.

7 - 11 de febrero de 1937

El sueño defiende el Don en mi sueño

El sueño defiende el Don en mi sueño,

y comienzan las maniobras de las tortugas,

de su agitada y presta coraza,

y los curiosos tapices del habla de las gentes

.

En la batalla me guían palabras comprensibles— en defensa de la vida, en defensa de la tierra patria, donde la muerte dormirá de día como la El cristal de Moscú brilla entre sus angulosas costillas.

Las irresistibles palabras del Kremlin— En su defensa de la defensa,

y de la coraza de la guerra —y la ceja y la cabeza reunidas amistosamente junto a los ojos.

La tierra escucha —otros países— la batalla, su caja coral que cae:

—El esclavo no debe ser esclavo, ni la esclava esclava—

Y canta el coro, en duelo con el reloj.

3 - 11 de febrero de 1937

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Como madera y cobre es el vuelo de Favorski

Como madera y cobre es el vuelo de Favorski.

En las astillas del aire somos vecinos del tiempo,

y una flota de tablones hacia

cerrados robles y arces de cobre nos lleva.

Y

en las rondas el alquitrán todavía se molesta

y

rezuma. ¿Acaso el corazón es sólo un trozo de carne asustada?

Soy culpable en mi corazón que se dilata hasta el infinito.

Oh, tiempo que impregna a innumerables amigos, tiempo de plazas terribles y ojos felices. Paseo mis ojos alrededor de toda la plaza,

de toda esta plaza con su bosque de banderas.

11 de febrero de 1937

Estoy hundido en el foso de los leones y en la fortaleza

Estoy hundido en el foso de los leones y en la fortaleza

y hacia abajo voy, hacia abajo, hacia abajo,

bajo el fermento de lluvia de estos sonidos, más fuertes que el león, más potentes que el Pentateuco.

¡Cuánto se aproxima tu llamada

al mandato de la especie y de lo nuevo! Collar de perlas de Oceanía

y dulces cestos de las tahitianas

¡Oh, continente de un canto que castiga, próximo a la profundidad de una densa voz!

El rostro salvaje y dulce de las muchachas ricas

de

ti no es digno, alma mater.

Mi

tiempo aún no tiene límites:

Yo

acompañé el éxtasis del mundo,

como la música en sordina del órgano acompaña una voz de mujer.

12 de febrero de 1937

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Tercer cuaderno

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Versos del soldado desconocido

Que este aire sea testigo de su corazón de largo alcance,

y en las trincheras, un omnívoro y activo océano sin ventana es la materia

¿De qué sirven estas estrellas delatoras? Todo deben contemplar ¿Para qué? En la reprobación del juez y del testigo, en un océano sin ventana, está la materia.

Recuerda la lluvia, rudo sembrador— Su anónimo maná—, cómo bosques de crucecitas señalaban al océano o cuña militar.

Habrá gente débil y fría

que matará, sentirá hambre y frío

y en una célebre tumba

yacerá el soldado desconocido.

Enséñame, débil golondrina que has des aprendido a volar, cómo dominar esta tumba aérea sin timón y sin alas.

Y de Lérmontov, Mijail

te entregaré un severo informe de cómo la bóveda enseña a la tumba

y

una fosa de aire imanta.

2

Con temblorosos racimos de uva

nos amenazan estos mundos,

y de ciudades furtivas,

dorados lapsus, delaciones, bayas de hielo tóxico, penden las elásticas tiendas de campaña de las constelaciones, los dorados sebos de las constelaciones.

3

Mezcla arábiga, picadillo, luz pulverizada por la velocidad del rayo.

Con sus suelas oblicuas permanece el rayo en mi retina.

Millones de muertos de saldo abrieron una senda en el vacío:

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¡Buenas noches! Le desean lo mejor las enterradas fortalezas.

Incorruptible cielo atrincherado, cielo de multitud de muertes al por mayor, por ti, lejos de ti, íntegro, llevo mis labios a las tinieblas.

Por maltrechos cráteres, terraplenes, desprendimientos, demoraba y abrumaba:

El sombrío, virulento y humillado genio de las tumbas.

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Muere bien la infantería

y canta bien el coro nocturno

sobre la aplastada sonrisa de Svejk, sobre la lanza de pájaro de Don Quijote,

y

sobre el metatarso de pájaro del caballero.

Y

el inválido se hace amigo del hombre—

A ambos les aguarda el trabajo—

Y en la valla del siglo, con muletas

de madera llama la familia. ¡Eh, la camaradería, el globo terrestre!

5

¿Para qué debe crecer el cráneo por toda la frente —de sien a sien—? ¿Para que en sus queridas órbitas puedan penetrar las tropas? En vida crece el cráneo por toda la frente —de sien a sien—, Se atormenta por la nitidez de sus suturas, se aclara con la cúpula del entendimiento, espumea con el pensamiento, se sueña. Cáliz de cálices y patria de patrias, cofia recamada de pespuntes de estrellas, gorrito de la felicidad —padre de Shakespeare

6

Claridad del fresno, sutileza del sicomoro, apenas enrojecido regresa a casa,

como si de desmayos los dos cielos con su pálido fuego cubriera.

Sólo el exceso nos une. Delante no hay un abismo, sino un error en el cálculo.

Y luchar por el aire necesario

es la gloria a otro no reservada.

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Y saturando mi conciencia

con una vida agitada, ¿beberé acaso este brebaje no escogido? ¿comeré mi propia cabeza bajo el fuego?

¿Para eso se preparó la tara del hechizo en el espacio vacío? ¿Para que las estrellas blancas apenas enrojecidas regresaran a casa?

¿Escuchas, madrastra del campamento estelar, la noche que caerá ahora y luego?

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Vierten sangre las aortas,

y en las filas, un susurro resuena:

Yo nací en el noventa y cuatro, yo nací en el noventa y dos

Y apretando en el puño el triturado

año de nacimiento, en tropel, con la manada,

cubierta la boca de sangre, susurro:

—Yo nací en la noche del dos al tres de enero del noventa y uno, año sin esperanza, y los siglos me rodean con el fuego.

3 *

2 de marzo de 1937 - 1938

Por el éter, en décimas medido, luz pulverizada por la velocidad del rayo, comienza la cifra, transparente por el luminoso dolor y el átomo último de los ceros.

Campo tras campo, por un nuevo terreno vuela en triángulo la grulla, vuela la noticia como luminosa ropa nueva y ajada,

y la batalla de ayer ilumina.

Vuela la noticia como luminosa ropa nueva y ajada:

No soy Leipzig, ni Waterloo, ni la Batalla de las Naciones, soy nueva. Conmigo se iluminará el orbe.

* Versos de "El soldado desconocido" no incluidos en la versión final

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Imploro, como piedad y gracia

Imploro, como piedad y gracia, Francia, tu tierra y tu madreselva.

La

verdad de tus tórtolas y las mentiras

de

tus pequeños viticultores al fijar las lindes.

En el ligero diciembre tu aire cortado

se cubre de escarcha —rico y molesto.

Una violeta en la cárcel: ¡para volverse loco en la inmensidad! Silba una canción indolente y burlona.

En la que se agitaba, arrastrando al rey,

la alborotada calle de julio

Y ahora, en París, en Chartres y en Arlés, reina el buen Charlie Chaplin.

Con el bombín en la cabeza y la extraviada precisión

de un autómata, corteja a la florista.

Allí donde la rosa en el pecho, en el sudor de las dos torres,

el velo de la tela de araña se petrifica.

Lástima que el carrusel del aire gire agradecido, respirando la ciudad.

Dobla tu cuello, atea

de dorados ojos de cabra.

Y con retorcidas tijeras que se entrechocan

corta los mezquinos ramos de rosas.

3 de marzo de 1937

Vi un lago erguido, aplomo

Vi un lago erguido, aplomo.

Erigida ya su morada de agua dulce los peces jugaban con la rosa aplastada por la rueda.

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El zorro y el león luchaban en la barca.

Embelesados, miraban al interior de los tres portales del mal —enemigos de otros arcos ocultos. La gacela cruzó veloz la luz violeta

y desde las torres la roca lanzó un suspiro.

Llena de humedad se alzó la noble piedra arenisca,

y entre la ciudad-grillo de los artesanos

el océano-niño surge del arroyo insípido

y arroja tazas de agua a las nubes.

4 de marzo de 1937

En la pizarra bermeja, carmesí

En la pizarra bermeja, carmesí, ante el desafío de la montaña escarpada,

hundida entre tres caminos de nieve se alza, soñolienta, media ciudad como un trineo, enganchado a los arneses de carbón rojo, protegida con masilla

y fundida en azúcar de caramelo.

No busques en ella el paraíso de las grasas invernales, ni la inclinación holandesa de las pistas de hielo.

Aquí no chilla la alegre turba de enanos con gorras de orejeras,

y sin que me preocupe la comparación,

arranca mi dibujo, enamorado de la tierra firme, como rama seca, pero viva de arce que el humo arrastra, corriendo sobre zancos

6 de marzo de 1937

Lo diré llanamente, en un susurro

Lo diré llanamente, en un susurro, porque aún no es hora de partir:

Con sudor y experiencia se alcanza el juego del cielo inconsciente

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Y bajo el fugaz cielo del purgatorio

a menudo olvidamos

que el dichoso almacén del cielo es una casa extensa y duradera.

9 de marzo de 1937

El cielo de la última cena se apegó al muro

El cielo de la última cena se apegó al muro. Resquebrajado por la luz de los tallos se desplomó en ella, se iluminó,

y se transformó en trece cabezas.

Éste es mi cielo nocturno. Ante él estoy de pie como un niño:

La espalda se congela, los ojos escuecen, atrapo el entramado celeste.

y a cada golpe del puntal

caen sin cabeza las estrellas:

Nuevas heridas del mismo fresco, tinieblas de una eternidad inconclusa

9 de marzo de 1937

Me extravié en el cielo. ¿Qué haré?

Me extravié en el cielo. ¿Qué haré? El que está a su lado, que responda. Más fácil os sería, novenas de Dante, hacer girar los discos atléticos.

No me separéis de la vida: ella sueña ahora con matar y halagar para que en los oídos, en los ojos y en las órbitas golpee la nostalgia florentina.

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No me coronéis, no me coronéis con un afilado y halagüeño laurel; mejor: ¡desgarrad mi corazón con el reclamo añil de una esquirla!

Y cuando muera, exhausto,

que el amigo viviente de todos los vivos

amplíe y dilate en mi pecho el eco del cielo.

9 de marzo de 1937

Me extravié en el cielo. ¿Qué haré?

Me extravié en el cielo. ¿Qué haré? El que está a su lado, que responda. Más fácil os sería, novenas de Dante hacer girar los discos atléticos, jadear, volverlos negros, azul celeste

Si no soy pasado, si no existo en vano— Tú que estás por encima de mí,

si eres el escanciador y el bodeguero,

dame fuerzas para beber sin espuma inútil

a la salud de la torre giratoria, de la loca contienda del azur

Palomas, negrura, nido de estorninos, muestras de las sombras más añiles, hielo de primavera, primer hielo, hielo supremo, nubes —combatientes del encanto—, guardad silencio: llevan a una nube presa.

9 - 19 de marzo de 1937

Quizás es un signo de locura

Quizás es un signo de locura, quizás es tu conciencia

el nudo de la vida, en el cual nos reconocen

y lanzan a la existencia

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Así la discreta araña de luz

deshace las aristas de las catedrales de vidrieras del más allá

y de nuevo las junta en un único haz.

Complacidos haces de líneas puras dirigidos por un rayo silencioso se reúnen y un día se encontrarán como huéspedes de altiva cabeza—

Aquí sólo, en la tierra y no en el cielo, como en una casa llena de música— Pero no los asustemos, ni les hagamos daño— Sería bello vivir para verlo

Perdonad lo que os digo

y leedlo en silencio, en silencio

15 de marzo de 1937

No compares: lo que vive no es comparable

No compares: lo que vive no es comparable. Con suave temor acepté la igualdad de las llanuras

y el círculo del sol me hirió.

Me dirigí al aire que sirve. Esperaba de él favores o noticias

y me preparé para partir y floté en el arco de los viajes que no empiezan

Estoy dispuesto a errar en busca de más cielo, pero una clara nostalgia me impide partir desde las colinas todavía jóvenes de Voronezh hacia las claras y universales de Toscana.

Roma

Donde las ranas de las fuentes, con sus chorros y golpes de agua, ya no duermen, se desvelan y gimen y, con toda la fuerza de sus faringes y valvas

16 de marzo de 1937

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rocían de agua anfibia la ciudad que gusta decir sí a los fuertes.

Antigüedad ligera, estival, insolente, de mirada ávida y llanos escalones, como el inviolado puente del Ángel de planta horizontal sobre el agua amarilla—

Ciudad azul, informe, cenital, en el tímpano de las casas, cúpula de golondrina

Modelada de callejuelas y corrientes— La habéis convertido en un vivero de asesinos, vosotros, mercenarios de sangre morena, ítalos de negras camisas, feroces cachorros de césares muertos

Todos son huérfanos tuyos, Miguel Ángel, cubiertos de piedra y oprobio:

La noche, húmeda de lágrimas; David, el inocente joven de pies ligeros; y el cesto donde inmóvil Moisés yace en la cascada—. La fuerza liberada y la medida del león callan en la esclavitud y el sueño hipnótico.

Escaleras de desiguales peldaños

en la plaza de los ríos de escaleras deslizantes alzó Roma, lenta criatura, para que los pasos se sientan como actos

y no para podridos placeres

como muelles esponjas de mar.

De nuevo excavaron la fosa del foro

y abrieron las puertas a Herodes

y sobre Roma gravita el pesado mentón del dictador degenerado.

16 de marzo de 1937

Para que la piedra arenisca cobijara

Para que la piedra arenisca cobijara al amigo, al viento y al deshielo dibujaron muchas garzas y botellas en las botellas del zar.

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La vergüenza del gobierno egipcio se adornó con piel de perro escogida

y repartió la herencia de los muertos

erigiendo una pirámide de baratijas.

Diferente es mi hermano de sangre, cantor del pecado y del consuelo. Aún se oye el rechinar de tus dientes, querellándose desde la indolente ceniza.

Ovillo de poca fortuna, desenredado en dos testamentos, mundo restituido en la despedida, en el grito, profundo como una calavera.

Junto al gótico vivió con escándalo

y escupió de frente a la araña

el ángel ladrón y bachiller indolente, el incomparable François Villon.

Él es el bandido del clero celestial, no deshonra sentarse a su lado—

Y antes del fin del mundo

cantarán las alondras

18 de marzo de 1937

Verde Creta, vasta isla azul

Verde Creta, vasta isla azul de alfareros. Tus dones se cuecen en el rumor de la tierra. ¿Oyes el estridente batir de las aletas subterráneas?

Este mar apareció como caído del cielo

en la afortunada arcilla de la cocción.

Y la vasija del poder gélido

se hendió en el mar y en el ojo.

Devuélveme lo que es mío, isla azul,

voladora Creta, devuélveme mi trabajo

y con tus rebosantes pezones de diosa amamanta la vasija recién cocida

Existió y cantó, volviéndose azul, mucho antes que la Odisea, hasta que, como alimento y bebida, lo llamaron “mío” y “mía”.

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Hazte fuerte, brilla, estrella del cielo de ojos bovinos, azar, pez volador, agua afirmativa.

Cómo me gustaría

Cómo me gustaría, sin que nadie se entere, volar tras el rayo adonde yo no existo.

Y tú, irradia el círculo

—no hay otra felicidad—

y

aprende de las estrellas

el

significado de la luz.

Quiero decirte que susurro, que con un susurro, niña, al rayo te doy.

Marzo de 1937

27 de marzo de 1937

Nereidas, mis Nereidas

Nereidas, mis Nereidas, para vosotras sollozos son comer y beber.

A vosotras, hijas del agravio mediterráneo,

os ofende mi piedad.

Marzo de 1937

La teta y la iota de la flauta griega

La teta y la iota de la flauta griega— Como si no les bastase la fama— sin modelar, sin un atestado maduraban, sufrían, atravesaban fosos.

Abandonarla, imposible,

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no

se calma apretando los dientes,

no

se anima a hablar con la lengua

ni se ablanda con los labios

Pero el flautista no conoce el descanso:

Le parece que está solo,

que hubo un tiempo en que modeló el mar natal con arcilla color lila

Con un ambicioso sonido susurrante, con un musitar de labios que recuerdan, se apresura a ahorrar, toma los sonidos —pulcro y avaro.

No lo repetiremos siguiéndole,

bolas de arcilla en las palmas marinas,

y cuando de mar me llené

mi

medida se hizo peste

No

amo mis labios—

En

su raíz está el crimen

y sin quererlo, menguando, menguando, cruzo el meridiano de la flauta.

7 de abril de 1937

Como en las calles de Kiev-Vij

Como en las calles de Kiev-Vij una mujer busca a su marido

y en sus mejillas de cera

no cae ni una lágrima.

Las cíngaras no leen el futuro de las mujeres bellas,

no

suenan los violines en el parque Kupechevski,

en

la avenida Kreschatik se caen los caballos

y los señores del barrio de Lipki huelen a muerte.

Salíamos con el último tranvía

de la ciudad del ejército rojo

y un húmedo capote gritó:

"¡Sabedlo, volveremos!"

Abril de 1937

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Llevo a mis labios este verdor

Llevo a mis labios este verdor— este viscoso juramento de hojas, esta tierra perjurada:

madre de campanillas, arces y robles.

Mira cómo me hago fuerte y me quedo ciego obedeciendo a las raíces humildes, ¿acaso no es excesivo el esplendor del parque y sus ruidos?

Y las ranas, como bolitas de mercurio

se juntan en una esfera con las voces

y

las ramas son ramos

y

el vapor, invención láctea.

30 de abril de 1937

En viscoso juramento se pegan los brotes

En viscoso juramento se pegan los brotes,

cayó una estrella:

Es una madre que dijo a su hija

que no se diera prisa.

Espera, murmuró con voz clara la mitad del cielo,

y el murmullo prolongado respondió:

Sólo podría tener un hijo

Alcanzaré la gloria

de otra vida.

El pie ligero mecerá

mi cuna.

Será un marido sincero y salvaje, dócil y manso. Sin él, como en un libro negro dará miedo el sofocante mundo

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Con un guiño el relámpago trabó la lengua.

El hermano mayor frunció el ceño

y la hermana se lamenta.

El viento suave, alado, sopla también en el caramillo:

Que sea un niño de frente ancha

y que se parezca a los dos.

Pregunta el trueno a sus conocidos:

Vosotros, truenos, ¿ habéis visto que el tilo contraiga matrimonio con el cerezo aliso?

Y de las frescas soledades

del bosque, gritos de aves. Las casamenteras aves silban aduladoras en honor de Natacha.

Y a los labios se pegan

tales juramentos que en verdad los ojos galopan juntos para perderse en las pisadas de los caballos.

Y todos le apremian:

Clara Natacha,

¡Cásate para que seamos felices

y tengamos salud!

2 de mayo de 1937

Me apuntaban la pera y el cerezo aliso

Me apuntaban la pera y el cerezo aliso— sin fallar me golpearon con una fuerza disgregadora.

Racimos y estrellas, estrellas y racimos:

¿Qué dualidad de poder es ésa? ¿En qué flor está la verdad?

Con flores o a la fuerza golpea el aire muerto de los garrotes blancos.

Y la dulzura de la doble fragancia es huraña:

Lucha y se extiende —mezclada, intermitente.

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Hacia la tierra vacía, cojeando sin querer

I

Hacia la tierra vacía, cojeando sin querer, con desigual y dulce paso

ella camina, adelantándose apenas

a su rápida amiga y al joven que le lleva un año. La arrastra la libertad oprimida del defecto que la anima.

Y parece que una clara sospecha

no quiere detenerse a su paso. Esta temprana primavera es para nosotros madre de un cuerpo muerto.

Y

todo va a comenzar eternamente.

II

Hay mujeres que nacieron en una húmeda tierra.

Cada uno de sus pasos es un sollozo sonoro,

y su vocación, acompañar a los muertos

y ser las primeras en saludar a los que resucitan. Pedirles caricias es un crimen

y separarse de ellas, imposible.

Hoy ángel y mañana gusano en una tumba

y pasado mañana sólo un contorno difuso.

Lo que fue un paso se hace inaccesible. Las flores son inmortales. El cielo, denso.

Y el futuro, sólo una promesa.

4 de mayo de 1937

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Notas

Primer cuaderno

Vivo en huertos importantes: Evoca la casa, situada en las afueras de Voronezh, del agrónomo E. P. Vdovin, al cual los Mandelstam alquilaron una habitación en abril de 1935. El poema alude al personaje de las canciones populares rusas "Vanka, el casero", amante de una princesa a quien el príncipe ordenó matar. También incluye el retrato del "dueño, ofendido”, según Nadiezhda Mandelstam, porque nadie iba a visitar al poeta.

¡Orejeras, mis orejeras!: El poeta escucha las noticias de Radio Moscú. Tras ellas, suenan las campanadas del reloj de la torre Spaskaya del Kremlin, que marcaba el uso horario oficial en la Unión Soviética. Además, en el programa de radio se oyen grabaciones de sonidos del tráfico de Moscú, junto a la plaza Roja. El Ay es un vino francés. El poema alude también a la inauguración de 1a. primera línea del metro de Moscú. Calla, no contestes: Rememoración de un famoso verso del poema de Tiutchev "Silentium".

Déjame marchar, déjame marchar, déjame volver Voronezh: Mandelstam elabora este poema "futurista" sobre la base de dos juegos paronomásicos que surgen al descomponer la palabra Voronezh (VORON "cuervo" y NOZH "cuchillo") y recrearla en los verbos proVORONit' ("escapar"), vyRONit' ("huir") y uRONit' ("salvar"). Se trata, en cierta manera, de un homenaje a Velimir Jlébnikov y a su poema "Conjuro de la risa" , que le sirve a Mandelstam para conjurar su destierro en Voronezh.

Tierra negra: Homenaje a la tierra negra ucraniana y a su lucha por la libertad. Mandelstam consideraba la tierra como materia poética por excelencia, y a la poesía como el arado que hace surgir de ella frutos. Alude también al movimiento revolucionario populista

"Tierra y libertad", que surgió en Rusia en 1870 y celebró su primer congreso en Voronezh en

1879.

Privándome del mar, del vuelo y del correr: Alusión a Tristia, de Ovidio (111,7 , vv. 45- 48) y a su poemario del mismo nombre, publicado en 1916.

Sí, estoy en el suelo y mis labios tiemblan: Reescritura del último poema escrito por Pushkin, "Monumento". Campos de arroz: Metonimia para nombrar a China y la idea de la revolución universal.

¡Qué turbio fluye el Kama: El K ama es un río que nace en los Urales y baña Kazán y Cherdin, ciudad a la que inicialmente fue desterrado Mandelstam. Aquí el poeta recuerda el viaje en tren y en barco desde Moscú a Cherdin, que duró cinco noches y en el que iba acompañado por su mujer y escoltado por tres soldados. Según Nadiezhda Mandelstam el poeta, que iba esposado y con quien estaba prohibido hablar, pasó todo el tiempo mirando por la ventana. En principio, Mandelstam había titulado este poema, el siguiente y otro más, "Kama", iniciando con ellos una serie de poemas sucesivos en los Cuadernos de Voronezh.

Estanzas: Me gusta el capote del ejército rojo: Alude también al famoso relato de Gógol titulado "El capote". Nadiezhda Mandelstam llamaba en la intimidad a su marido: "Mi Gógol". Bolchevizando: neologismo, creado a partir de "bol’shevik" ("bolchevique"). Os y Tobol: Ríos que pasan por la ciudad de Cherdin. Treinta centímetros: En ruso, "semivershkovaja", que significa "de siete vershok". El vershok era una antigua unidad de medida rusa equivalente a 4,4 cms. Un salto y ya estoy cuerdo: Alusión a su intento de suicidio en el hospital de Cherdin, donde se arrojó por la ventana. Con el rayo del Almirantazgo: El Almirantazgo es el edificio histórico más alto de San Petersburgo y termina en una aguja dorada. Como en El Cantar de Igor, mi cuerda está tensa: Mandelstam no sólo rinde homenaje al Cantar de Igor, sino que, además, responde a un poema de un tal Dligach, publicado en la revista Novy Mir en 1935, en el que aseguraba que se podía reconocer al enemigo de clase por el sonido de su lira ("En el canto reconozco al enemigo:/ su última cuerda aún está tensa").

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Era un día de cinco cabezas: Mandelstam evoca de nuevo en este poema su viaje de destierro desde Moscú a Cherdin, acompañado de su mujer y escoltado por tres jóvenes soldados que leían a Pushkin. Además, alude a la película sonora de los hermanos Vasiliev titulada "Chapaiev" (1934), que cuenta la historia del comandante rojo Chapaiev, el cual murió ahogado mientras luchaba contra la guardia blanca. Mandelstam evoca la escena de "guerra psicológica" en la que los oficiales blancos avanzan sin preocuparse de las pérdidas humanas, para desconcertar al enemigo". GPU: Acrónimo de Gosudarstvennoe Politicheskoe Upravlenie ("Dirección Política Estatal"), sigla de la policía política soviética, que más tarde pasaría a denominarse KGB. Versos de diente blanco: Metonimia para aludir a Pushkin, cuyos "gloriosos dientes blancos son la joya de la poesía rusa", según escribió Mandelstam en su "Coloquio sobre Dante".

Hablando de una húmeda cinta: Continúa aquí la evocación de la película sobre el comandante Chapaiev y la guerra psicológica.

Todavía estamos llenos de vida: La Unión: La Unión Soviética. La tinta lila: Así era el color de la tinta soviética de la época.

Lingotes contantes y sonantes de las noches romanas: El joven Goethe: Alude al guión radiofónico del mismo título que Mandelstam comenzó a preparar en Voronezh para conseguir algo de dinero.

¿Puede alabarse a una mujer muerta?: Dedicado a Olga Vaksel (1903-1932), de quien estuvo enamorado Mandelstam en el invierno de 1924-1925. Olga Vaksel se casó con un diplomático noruego y al cabo de poco tiempo se suicidó en Oslo. Sin embargo, a Mandelstam le contaron que había muerto en la estación de Estocolmo. Dicha noticia sorprendió al poeta cuando trabajaba en El joven Goethe. Mignon: Protagonista femenina del Wilhelm Meister de Goethe, la cual fue raptada en Italia por los cíngaros. La cuerna del cartero: Eco del Winterreise de Schubert, el músico preferido de Mandelstam.

En las pestañas muertas se heló San Isaac: Dedicado a Olga Vaksel. Reconstruye un encuentro del poeta con ella en el hotel de Inglaterra, que se hallaba frente a la catedral de San Isaac en San Petersburgo. Alude también al lied de Schubert "En camino", a la música de órgano y a su pelliza (shube, en ruso, crea un juego paronomásico con Schubert), como símbolo de la poesía, que aparece también en La cuarta prosa.

Tras el pálido Paganini: Dedicado a Marina Tsvietáieva. El título inicial del poema era:

"La violinista". Se refiere, según Nadiezhda Mandelstam, a un concierto de la violinista Galina Barinova que se parecía mucho a Marina Tsvietáieva. El Enisei es un río de Siberia. Marina Mniszek (1588-1614), fue la mujer del pseudo-Dmitri, quien luchó contra Boris Godunov por el trono ruso, Hay, además, un eco del poema de Tristia "En trineo, tendidos en un lecho de paja", dedicado también a Tsvietáieva.

Corre la ola junto a la ola: En apariencia, el poema recrea el ambiente del Estambul otomano y el famoso cuerpo militar de los jenízaros, antigua guardia militar creada por Murat I e integrada exclusivamente por jóvenes cristianos de las tierras conquistadas y convertidos al islam. Según Nadiezhda Mandelstam, se refiere a la represión desatada tras el asesinato del dirigente comunista Kirov (1886-1934).

Oficio el ritual del humo: El poema evoca el ambiente de Koktebel, junto al mar Negro, donde los Mandelstam estuvieron en junio de 1933, y donde, años atrás, solían reunirse intelectuales y artistas en casa del poeta Maksimilian Voloshin (1878-1932). La escena aparece también en Coloquio sobre Dante.

No devolveré a la tierra como mariposa blanca: Se refiere al funeral por los aviadores del "Maxim Gorki", que murieron en una catástrofe aérea a mediados de mayo de 1935. Según Rudakov, las figuras de Lenin y Stalin son identificadas con los aviadores. La imagen de la catástrofe aérea, vista en un noticiero documental de la época, reaparece en los Versos del soldado desconocido.

de la catástrofe aérea, vista en un noticiero documental de la época, reaparece en los Versos
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Segundo cuaderno

Tras las casas y los bosques: Sadkó: Héroe de las bylinas rusas del ciclo de Novgorod. Es un músico, comerciante y navegante que hace un trato con el rey del mar para hacerse rico a cambio de casarse con una de sus hijas. Finalmente, con la ayuda de San Nicolás logra huir y regresa a Novgorod.

El día tiene hoy el pico amarillento: El poeta recuerda San Petersburgo y evoca un verso de Alexander Blok ("el agua verde dormía") sobre la llegada de barcos de guerra británicos a su puerto, durante la primera guerra mundial. También recrea su poema de Tristia "Se unieron las Helenas para la guerra".

En las montañas reposa el ídolo: Forma parte de una serie de poemas sobre Stalin, el cual aparece aquí caracterizado como deidad, (ídolo de piedra de la montaña, según la mitología del Cáucaso) y, además, como la estatua del tiempo del Infierno de Dante (XIV, 103), dios hindú, Buda y feto, en una especie de anagnórisis 0 recorrido mítico a los orígenes de la representación simbólica de lo sagrado, esto es, de la divinidad, en la historia de las civilizaciones.

Estoy en el corazón del siglo: Junto con Y el maestro del taller de los cañones, forma una serie de dos monumentos de cobre: el primero, de sí mismo, apoyándose en un bastón y el otro, de una figura militar (probablemente Stalin).

La ley de los pinares: Evoca el paisaje de la naturaleza en la región de Zadonsk, donde pasó el verano de 1936, convaleciente de asma. En el pinar que veía desde la casa de campo que alquiló gracias a los 500 rublos que Pasternak le hizo llegar a través de Ajmátova, ve aparecer a Eolo tocando el arpa y la viola con los troncos.

Con la fina hoja de Gillette: El título inicial de este poema era "Zadonsk", donde pasó el verano de 1936. Mandelstam evoca aquí el paisaje del camino que recorría desde su casa de campo a los baños, y lo compara con los cuadros paisajísticos del pintor holandés Ruisdael. La hoja de Gillette, como símbolo de la cultura moderna, aparece también en La cuarta prosa.

Noche. Viaje. El primer sueño: Este poema y los siguientes evocan, en clave bucólica y onírica, la estancia de Mandelstam en un sanatorio de Tambov, entre diciembre de 1935 y junio de 1936, situado en una colina, junto al río Tsni. Asimismo este poema alude a un viaje en tren a un sovjos cercano, pasando por las aldeas llamadas Anna, Rossosh y Gremiache, en cuyos nombres Mandelstam quiere recordar a Anna Ajmátova, Marina Tsvietáieva, y a su esposa Nadiezhda. También aprovecha Mandelstam para evocar la colectivización de la tierra y la vida de los campesinos en los koljoses y sovjoses, en las imágenes crípticas de la segunda y de la tercera estrofa.

¿Dónde estoy? ¿Qué me ocurre?: Mandelstam une, en una serie paronomástica, koljos y sovjos, dando como resultado Koltsov. Alude a Alexei Koltsov (1809-1843), poeta nacido en Voronezh, cantor de la "húmeda madre-tierra" —a la que Mandelstam, siguiendo a Lérmontov, convierte en madrastra—, evocando no sólo su destierro, sino también el destino trágico de los poetas rusos, simbolizados aquí en el fusilamiento de Nikolai Gumiliov (1883-1921), cuyo poema "El horror de la estrella " es recordado en el verso inicial " ¿Dónde estoy? ¿Qué me ocurre?

Cuando tiembla y palpita: Poema de tema español; alude a la Guerra Civil española y, en concreto, al incidente entre Unamuno y el General Millán Astray en Salamanca, que fue reproducido en la prensa soviética. Según Natalia Stempel, a Mandelstam le conmovió este suceso hasta tal punto que se puso a estudiar español.

Todo va mal: El título inicial de este poema era “Kashchej”, nombre del gato de Natalia Stempel, amiga de los Mandelstam en Voronezh. Kashchej simboliza, en el folclore ruso, la imagen del diablo representado en la figura de un esqueleto. En la poesía rusa aparece en Ruslán y Ludmila, de Pushkin y en el Skazka o zare Berendee, de Zhukovski; poemas éstos que resuenan en los versos de Mandelstam, quien ve en el diabólico gato la reencarnación del mal en el ojo de Stalin, representado en este poema, de nuevo, como ídolo de piedra que guarda un

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tesoro en la montaña. Piedras que hablan: símbolo que identifica la poesía de Mandelstam, continuador, como declara en “La mañana del acmeísmo”, de la piedra de Tiutchev.

Tu pupila en la corteza terrestre: Dedicado a su mujer, Nadiezhda.

Sonríe, cordero colérico de la tela de Rafael: Según Nadiezhda Mandelstam, este poema no se refiere a un cuadro de Rafael, sino a la “Madonna Litta” de Leonardo. Se trataría, en su opinión de un lapsus o “de la nostalgia por el Hermitage”.

Cuando el mago: Poema de tema fúnebre, compuesto con reminiscencias de Derzhavin, como si el poeta presenciara su propio e inminente entierro, en un trineo de lila. El bogatyr es el héroe por excelencia de la poesía épica rusa. Para la composición utiliza una serie paronomástica derivada de una misma raíz; en este caso, “sneg” (“nieve”), símbolo de la muerte.

A ella contrapone la figura de pinzón (en ruso, snegir), que simboliza al poeta.

Como halcón cautivo: Se trata aquí de una nueva serie paronomástica circular en los dos primeros versos (OKOLO KOL’COVa/KAK aOKOL ZAKOL’COVA), originada a partir del nombre d Koltsov (en ruso, Koltsov incluye “koltso”, “anillo”). De la misma manera, en la segunda estrofa, aparece “krugozor” (“horizonte”), que contiene “krug” (“círculo”). En su conjunto, en el poema prosigue el itinerario “dantesco” —infernal— de Mandelstam, que entra, caracterizado como poeta ciego, en otro nuevo círculo.

La amada levadura del mundo: Este primer verso parece una nueva imagen de la creación poética. Sonidos, lágrimas y trabajos. Reminiscencias de un trabajo teórico de Yakubinski sobre “Los sonidos del lenguaje poético”; el poema “Ángel” de Lérmontov, su guión sobre El joven Goethe, donde describe las lágrimas de Goethe al componer el Wilhelm Meister;

y, finalmente, a la obra de Hesíodo, Los trabajos y los días, recordado en su ensayo sobre A.

Blok.

Un diablillo con el pelo húmedo: El poema evoca un viaje después de la lluvia. El poeta contempla las huellas y los charcos y piensa sobre su “caso”, imaginando la aparición del diablo en una rueda. En realidad, es una reescritura del poema de Pushkin “Camino de invierno”, al que Mandelstam superpone el “aire racionado” del poema de Tiutchev (“No hables: él me mide

el aire”), y del destierro del Ovidio en el Ponto Euxino (Ex Ponto, IV), considerado como “eje”

del “carro” del mundo.

Todavía no estás muerto: El título inicial de este poema era “La mendiga”. Se refiere a su mujer y está escrito en una situación de miseria absoluta. El poeta recuerda las palabras de Karamzin sobre la tormenta de nieve. Teme el ladrido y maldice el viento: proverbio árabe, que alude al final de La Cuarta Prosa: “El viento sopla, el perro ladra”.

¿Qué haremos con la mortandad de la llanura?: Poema sobre Stalin, considerado aquí como “Judas de los espacios increados”. Hay una alusión directa al “milagro” de la colectivización de la tierra y a la gran hambruna de los años treinta.

Ahora estoy en una telaraña de luz: Según Nadiezhda Mandelstam, este poema y el siguiente (Como piedra caída del cielo) son una defensa y apología de la poesía como reacción a su “Oda” sobre Stalin. El Elbrus es el más alto del Cáucaso. Mide 5269 metros y está en Georgia.

Siento el primer hielo, lo siento: El poeta siente nostalgia de Petersburgo —ciudad de

granito— al comienzo del invierno y recuerda “las duras escalas” de Dante (paraíso XVII, 58- 60), citando su Coloquio sobre Dante y considerándose a sí mismo —como en una carta escrita

al crítico Kornei Chukovski— “una sombra”.

¿Dónde encontraré refugio en este mes de enero?: La ciudad abierta es una extraña cadena: En la antigua Unión Soviética había ciudades abiertas en las que los condenados podían cumplir su destierro, y ciudades cerradas en las que tenían prohibido vivir. El poema, según el testimonio de Natalia Stempel, da cuenta de la búsqueda desesperada de Mandelstam para encontrar a alguien a quien leer sus poemas. En una escala de espinas: Alusión a Dante.

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Me gusta el aliento helado: Poema construido sobre dos pares paronomásicos: ja (“yo”) / jav (“la realidad”) y vek (“siglo”) / veksha (“ardilla”). Alude también a su poema “El siglo”, incluido en Tristia.

Entre el rumor y la prisa: Prosigue la paronomasia del poema anterior: vek (“siglo”) / veko (“párpado”). Según A. Mets, Mandelstam ofrece en este poema un nuevo retrato de Stalin. El poema evoca también el destierro en Cherdin y, más bien, parece un vuelo imaginario que lleva de vuelta al poeta desde su destierro hasta el Kremlin, invirtiendo —con el lienzo de la distancia— la “cabeza culpable”.

¿Dónde está el lamento atado y clavado?: Mediante la alusión a Esquilo y a Prometeo, Mandelstam lleva la esencia de la tragedia a su propia condena, considerada como martirio. El arado constituye aquí, en opinión de Omry Ronen, una metáfora de la poesía en su función histórica. Resuenan en el poema ecos de versos de Viacheslav Ivánov y de Innokenti Annenski sobre la tragedia en el arte ruso moderno.

Como Rembrandt, mártir del claroscuro: De la tragedia, Mandelstam pasa al tema del martirio de la mano de Rembrandt y el cuadro “Camino del Calvario”, atribuido a él en esa época y pintado en realidad por J. W. De Wet el viejo, el cual se hallaba en el museo de Bellas Artes de Voronezh. Es un poema sobre Stalin, “espléndido hermano”, “maestro y padre de la oscuridad verdinegra”. Los ardientes joyeros de medianoche en el harén: Se refiere a los joyeros que pusieron rubíes en las estrellas que coronan las torres de Kremlin, y que se iluminaban de noche.

Canto con la garganta mojada y el alma seca: El título inicial de este poema era “Cancioncilla abjasa” y alude a su Viaje a Armenia. Cólquida es el nombre de la antigua región de Asia, al este del Ponto Euxino y al sur del Cáucaso. Según la leyenda, los argonautas fueron a ella para la conquista del vellocino de oro.

Armado con la vista de puntiagudas avispas: El título inicial del poema era “Las avispas”. Mandelstam hace un juego paronómico entre su propio nombre de pila, Osip, el sustantivo osa (“avispa”) y os (“eje terrestre”).

Aún recuerda Tiflis el desgaste de mis botas: El título inicial del poema era “Tiflis” (Tbilisi), la capital georgiana donde nació Stalin y donde Mandelstam comenzó de nuevo a escribir poesía en 1930, tras un silencio de cinco años. El poema evoca también otro sobre Tiflis (“Sueño con la encorvada Tiflis”) incluido en Tristia: Balcón —cuesta-herradura-caballo- balcón: Enumeración paronomásica circular: baLKON-naKLON-podKova-KON-baLKON.

El sueño defiende el Don en mi sueño: Poema sobre Stalin. Mandelstam entabla, en sueños, una batalla imaginaria contra la política belicista del Kremlin y proclama solemnemente la defensa de la vida, la libertad y la igualdad de las personas y de los pueblos. Las maniobras de tortugas: Alusión a los desfiles de tanques en las paradas militares de Moscú. El sustantivo “defensa” (OBORONA) sirve en esta ocasión como base para la serie paronomásica:

OBORONjaet (“defiende”), BRON (“coraza”), BROv (“ceja”), sOBRANy (“reunidas”), kOROBA (“caja”). Otra serie paronomásica se encuentra en el sustantivo RAB (“esclavo”), en el penúltimo verso: raBU ne BYt’ raBOm, raBe ne BYt’ raBOJ, a la que Mandelstam añade la reminiscencia sonora de BOJ (“batalla”). Y canta el coro, en el duelo con el reloj: Kyril Taranovski señala que, en los años treinta, las campanadas de media noche del reloj de Kremlin iban seguidas del canto de la Internacional.

Como madera y cobre es el vuelo de Favorski: En este poema, Mandelstam alude al “Requiem” que escribió en 1934 tras la muerte de Andrei Biely, y que fue ilustrado por V. A. Favorski (1886-1964), pintor, ilustrador y teórico del arte, quien, por otra parte, también sufrió el destierro a mediados de los años 30. De ese hecho deriva el segundo verso: “En las astillas del aire somos vecinos del tiempo”.

Estoy hundido en el foso de los leones y en la fortaleza: En este poema Mandelstam funde el recuerdo de la cantante americana Marian Anderson, de quien escuchó por la radio un concierto de “spirituals”, traducidos al ruso por otra cantante de Voronezh amiga suya, cuyo marido, el flautista Karl Schwab, fue arrestado por segunda vez.

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Tercer cuaderno

Versos del soldado desconocido: (1) Corazón de largo alcance: Alusión a la artillería de largo alcance, que hizo su aparición en la Primera Guerra Mundial. El océano son ventana es la materia: Alusión a las mónadas de Leibnitz. Cuña militar: estrategia bélica inventada por los romanos. El soldado desconocido: Según el testimonio de Nadiezhda, se trata del propio Mandelstam. Lérmontov: Alude al poema de Lérmontov titulado “El demonio”. Con temblorosos racimos de uva: Alude al gas tóxico empleado en la Primera Guerra Mundial. Los dorados sebos: Alusión al hambre mediante el uso del “sebo” de las cartillas de racionamiento. Svejk: personaje principal de la novela de Jaroslav Hasek, El buen soldado Svejk, sobre la Primera Guerra Mundial.

Imploro como piedad y gracia: El poema alude a Maya Kudasheva, esposa de Romain Rolland, quien en su visita a Moscú en 1937 podía interceder por el poeta ante Stalin. “Esa era la esperanza de Mandelstam”, declara su mujer. Por eso Francia —representada en la persona de Maya Kudasheva— es la “atea de dorados ojos de cabra”. La alborotada calle de julio: Alusión a la revolución francesa de 1797. Corteja a la florista: Alusión a una escena de Entre candilejas, película de Chaplin. La rosa en el pecho, en el sudor de las dos torres: Alusión a la catedral de Notre Dame, a través de la novela homónima de Balzac.

Vi un lago erguido, a plomo: Titulado inicialmente “Reims-Laon”. Rememora un viaje de

Mandelstam por Francia en 1909, para visitar las catedrales góticas de Reims y de Laon. A plomo: Alusión a la plomada como principio ético y estético, así como al Taller de los poetas, que reunía a los acmeístas y que se organizaba como un grupo masónico. Del mal —enemigos de otros arcos ocultos: Verso paronomástico: NEDUGI-NEDRUGI DRUGlkh Nevskrytykh Dukh.

En la pizarra bermeja, carmesí: Dedicado a Natalia Stempel. Evoca un paseo juntos al atardecer por Voronezh nevada, hasta la casa de Natalia Stempel, situada en una colina, desde donde se divisa la ciudad.

El cielo de la última cena se apegó al muro: Titulado inicialmente “La última cena”.

Caen sin cabeza las estrellas: En la poesía de Mandelstam, las estrellas simbolizan el régimen

soviético. Además, hay aquí un eco del poema de Tiutchev “Tarde de verano”.

Me extravié en el cielo. ¿Qué haré?: Poemas sucesivos, compuestos por Mandelstam a modo de variantes y dedicados a Natalia Stempel. Hace alusión también al “cielo de la última cena” del poema anterior. Novenas del Dante: Alude al tipo de estrofas que forman la Divina Comedia del Dante. Los discos atléticos: Omry Ronen cree que se trata de una alusión a la estatua del Barón Klodt en Petersburgo. La nostalgia florentina: Alude a la nostalgia que sentía Dante por Florencia en su destierro, y a la del propio Mandelstam por Petersburgo.

Roma: Evoca un paseo histórico y cultural por Roma, de la mano de la poesía de Miguel Ángel “Grato m’e il sono” —que había sido traducida al ruso por Tiutchev— y de sus estatuas de David y Moisés. El paseo llega hasta la época contemporánea y concluye con una condena del régimen fascista de Mussolini, el “dictador-degenerado”.

Culpable deudor de dilatada sed: Describe el motivo de una vasija helénica del museo de bellas Artes de Voronezh, al que se superpone una meditación sobre la desgracia del poeta.

Cómo me gustaría: Titulado inicialmente “Estrellita” y dedicado a Nadiezhda Mandelstam.

La theta y la iota de la flauta griega: Trata del segundo arresto de Karl Schwab, flautista

de la orquesta de Voronezh, en el cual ve Mandelstam un presagio de su próxima muerte. La theta y la iota: Letras del alfabeto griego presentes en la palabra rusa flejta (“flautista”).

Como en las calles de Kiev-Vij: Inicialmente, este poema era el último de los Cuadernos

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de Voronezh y se lo había ocultado Mandelstam a su mujer. Vij: personaje del folclore ucraniano que es el jefe de los gnomos y cuyos párpados son tan largos que le llegan hasta el suelo. A través de él Mandelstam alude al relato homónimo de Gógol. Kreschatik es el nombre de la avenida principal de Kiev y Lipki es el barrio en el que en los años treinta estaba la sede le la Cheka en Kiev.

Llevo a mis labios este verdor: Dedicado a Natalia Stempel. Evoca un paseo por el parque en abril.

En viscoso juramento se pegan los brotes: Dedicado a Natalia Stempel. Fue escrito cuando ella les anunció a los Mandelstam que iba a casarse.

Me apuntaban la pera y el cerezo aliso: Dedicado a Nadiezhda Mandelstam y a Natalia Stempel.

Hacia la tierra vacía, cojeando sin querer: Dedicado a Natalia Stempel.

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La dignidad del poeta

por Jesús García Gabaldón

Osip Mandelstam fue arrestado en Moscú en la madrugada del 17 de mayo de 1934, en presencia de su mujer, Nadiezhda Mandelstam y de Anna Ajmátova. Le acusaron de actividades antisoviéticas y contrarrevolucionarias por haber escrito este poema sobre Stalin:

Vivimos sin sentir el país bajo nuestros pies, nuestras voces a diez pasos no se oyen.

Y cuando osamos hablar a medias,

al montañés del Kremlin siempre evocamos.

Sus gordos dedos son sebosos gusanos

y sus seguras palabras, pesadas pesas.

De su mostacho se burlan las cucarachas,

y relucen las cañas de sus botas.

Una taifa de pescozudos jefes le rodea, con los hombrecillos juega a los favores:

uno silba, otro maúlla, un tercero gime.

y sólo él parlotea y a todos, a golpes,

un decreto tras otro, como herraduras, clava:

en la ingle, en la frente, en la ceja, en el ojo.

y cada ejecución es una dicha

para el recio pecho del oseta.

Tras pasar quince días sometido a interrogatorios, sin apenas comer ni dormir, y tras un primer intento de suicidio cortándose las venas, fue condenado por la policía política soviética (entonces GPU) a tres años de destierro. Era, en realidad, una condena extremadamente suave, quizás la menor posible en aquella época, a la que Ajmátova denominaba "vegetariana", en contraste con los siguientes años de terror.

En otras circunstancias, Mandelstam habría sido fusilado (como ya sucedió en 1921 con el poeta acmeísta Nikolai Gumiliov, primer marido de Ajmátova, o como entre 1938 y 1941 sucedería con Meyerhold, Platónov, Bábel, Pilniak y tantos otros escritores) o condenado a trabajos forzados. Por aquel entonces, Mandelstam era ya una persona enferma (de asma, del corazón, del sistema nervioso) y envejecida (tenía cuarenta y ocho años y aparentaba más de setenta).

Todavía gozaba de la protección de Nikolai Bujarin, director de Izvestia, quien sería fusilado a finales de marzo de 1938, y quien intercedió por él ante Stalin, al igual que lo hicieron otros escritores, como Ajmátova, Pasternak y Sklovski. El propio Stalin se encargó personalmente de llamar a Pasternak para preguntarle si Mandelstam era un maestro; aseguró a la mujer del poeta que "con Mandelstam todo iría bien" y dio la orden de "aislar, pero preservar" , que se tradujo en una condena de tres años de destierro en Cherdin, en los Urales.

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