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LINGÜÍSTICA Curso académico 2013-2014

TEMA 5

1. Introducción.- 2. Descomposición y c ombinación.- 3. Morfemas.- 4. Morfemas, morfos y alomorfos.- 5. Radicales y afi jos.- 6. Procesos morfológicos.- 7. Matrices morfológicas y matrices semánticas.- 8. Aspectos dinámicos de la morfología.- 9. La palabra.

1. INTRODUCCIÓN

Las palabras 1 son elementos modificables, es decir, capaces de variar su propia forma y significado según el entorno sintagmático en el que aparecen. La palabra grande se transforma en grandes en los niños son grandes, en gran en es un gran hombre; de la misma manera, otras muchas palabras se modifican de acuerdo con el entorno. No todas las palabras tienen, sin embargo, esta propiedad: algunos tipos de palabras son invariables y no se prestan a ningún tipo de modificación, como en español las conjunciones y, pero, o, etc., o en latín ac, sed, atque, etc. Esta pequeña limitación no evita, sin embargo, que la mayoría de las palabras de las lenguas puedan sufrir complejos procesos de modificación. Las modificaciones formales de las palabras pueden ser de numerosos tipos. Pero, por comodidad, se distinguen dos categorías fundamentales, ejemplificadas en el siguiente esquema:

ESPAÑOL hacer rehacer hago hacemos

LATÍN scio scientia Scis Scit

Las modificaciones presentadas en el eje horizontal del esquema tienen la propiedad de dar lugar a nuevas palabras del léxico respecto de la palabra-base (rehacer respecto de hacer; scientia respecto de scio), con la posibilidad de que éstas correspondan a partes del discurso distintas de aquélla a la que pertenece la palabra- base. Las que están en el eje vertical, sin embargo, dan lugar a nuevas formas de la misma palabra (hago respecto de hacer, etc.). Ambos tipos de modificación son ejemplos de un nivel de análisis lingüístico que comúnmente se llama morfología (es decir, «teoría de la forma» de las palabras). Intuitivamente, se puede decir que la morfología se ocupa de las modificaciones de las palabras y de la variedad de formas que asumen como consecuencia.

1 Recurrimos, de momento, a la noción intuitiva de ‘palabra’. Vid. § 9 para obtener más información.

Lingüística. Tema 5.

Los procesos de modificación morfológica se distinguen en dos clases principales: la morfología de la flexión (o flexional), representada por los ejes verticales del esquema anterior, y la morfología de la derivación (o derivativa), representada por los ejes horizontales de ese mismo esquema. Cada una de estas áreas morfológicas presenta una variedad de aspectos que habrá que examinar detalladamente.

Desde el punto de vista de la teoría general de los códigos, la morfología de las lenguas tiene una evidente función económica. Efectivamente, si las lenguas no tuvieran morfología, deberían disponer de un elemento distinto para cada posición sintagmática: dicho de otra manera, de una misma palabra no se podrían sacar formas diferentes ni palabras nuevas, y no sería posible la reutilización de las palabras ya conocidas, con la consecuencia de una fuerte pérdida de economía. Frente a estas eventualidades, la capacidad de modificación morfológica es un sencillo y genial hallazgo para poder volver a usar los mismos elementos de partida en una variedad muy amplia de formas y de configuraciones. Vistos desde este ángulo, los procesos morfológicos desempeñan la función de permitir a la lengua expandirse ilimitadamente sin cargarse de un número de elementos superior a los límites tolerables por el usuario, y le confieren una extraordinaria flexibilidad de uso. Por lo demás, no se conoce ninguna lengua que no tenga algún tipo de fenómeno morfológico: eso demuestra cómo los sistemas lingüísticos explotan todos los recursos posibles para alcanzar el máximo de economía y distintividad. Al igual que otros caracteres de las lenguas verbales, también los procesos morfológicos tienen lugar gracias al carácter articulado de estos códigos.

La morfología es también un sencillo pero importante medio con el que las lenguas aseguran la cohesión, porque ofrece un inmenso repertorio de indicadores de las relaciones existentes entre los distintos componentes de los enunciados. Esto se observa con total claridad en los fenómenos de la concordancia. Por ejemplo, en el enunciado latino optimus civis «ciudadano excelente», el que las dos palabras que forman parte del enunciado tengan ‘algo que ver’ entre sí está indicado exclusivamente por el hecho de que presentan una terminación con el mismo caso (-us e -is, ambos, entre otras cosas, están en nominativo masculino y singular).

2. DESCOMPOSICIÓN Y COMBINACIÓN

Los diversos fenómenos de modificación morfológica tienen lugar gracias a dos condiciones fundamentales relacionadas con la estructura de las palabras. Se trata de las siguientes:

a) Condición de descomponibilidad Algunas palabras se pueden descomponer en partes más pequeñas dotadas de significado: por ejemplo, perro se puede descomponer (con procedimientos adecua- dos) en perr + o, y el primer componente de esta combinación puede aparecer también en otras combinaciones (perr + a, etc.); en latín, lego («leo») se puede descomponer en leg + o, cuyo primer componente aparece también en legis (leg +

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is), legam (leg + am), etc.; de la misma manera, los segundos componentes de estas combinaciones pueden aparecer también en otros contextos.

b) Condición de estrecha combinabilidad Algunas palabras se pueden combinar estrechamente con otros elementos, que pueden no ser a su vez palabras, y forman con ellos palabras nuevas. Por ejemplo, la palabra latina scio se combina estrechamente con ne- en nescio «no sé», y ne- (con e breve) no es una palabra autónoma; la palabra española hacer se combina estrecha- mente con re- para dar rehacer; la palabra inglesa able «capaz» se combina con un- para dar unable «incapaz» (donde un- no es una palabra por sí sola), etc.

Tanto la condición de descomponibilidad como la de estrecha combinabilidad no

son más que una manifestación de que las lenguas son códigos articulados, y eviden- cian la flexibilidad que las lenguas adquieren debido a la posibilidad de articulación. Pero aquí hay que introducir una limitación cuantitativa: no todas las palabras respetan la condición de descomponibilidad. Es el caso, por ejemplo, de y, pero, el inglés but «pero», el alemán hin «fuera de aquí», etc.; igualmente, no todas respetan

la condición de estrecha combinabilidad. Son numerosas también las palabras que no

respetan ni una ni otra condición. Por tanto, con una generalización poco rigurosa (aunque no falsa), podemos decir que la morfología se ha producido gracias a que parte de las palabras respetan tanto la condición de descomponibilidad como la de estrecha combinabilidad, y que gran parte de las palabras respeta una u otra.

3. MORFEMAS

3.1 Segmentación Uno de los terrenos en los que más claramente se puede ver, en la práctica, el par

de condiciones presentadas en el apartado anterior es el del análisis morfemático, es decir, en la descomposición de las palabras en morfemas, las unidades mínimas de la morfología. Normalmente el morfema se define como la unidad lingüística mínima dotada de significado. Las dos especificaciones ‘mínima’ y ‘dotada de significado’ hay que tomarlas conjuntamente, porque existen otras unidades lingüísticas de las que se puede decir que son ‘mínimas’, pero que carecen de significado (como los fonemas);

y al contrario, existen unidades ‘dotadas de significado’ que, sin embargo, no son

‘míni-mas’ en ningún sentido (como los sintagmas). Para aclarar esta definición tomemos las siguientes palabras: español cortés, descortés, cortésmente, descortésmente; inglés stable «estable», unstable «inestable»; alemán höflich «cortés», unhöflich «descortés»; latín aptus «capaz», aptitudo «capacidad». Imaginemos que estas palabras sean todo el corpus disponible (o sea el conjunto de datos para analizar) y probemos a descomponerlas en partes dotadas de significado, mediante una simple comparación por parejas, de la manera siguiente:

ESPAÑOL

INGLÉS

ALEMÁN

LATÍN

cortés des- -cortés cortés- -mente

stable

höflich

apt- -us

un- -stable

un- -höflich

apt- -itudo

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Lingüística. Tema 5.

des-

cortés- -mente

des- cortés- -mente
des- cortés- -mente
des- cortés- -mente

Así obtenemos las siguientes listas de elementos:

ESPAÑOL

INGLÉS

ALEMÁN

LATÍN

cortés

stable

höflich

apt-

des-

un-

un-

-us

-mente

-itudo

Esas unidades son morfemas, esto es, unidades mínimas dotadas al mismo tiempo de una expresión y un contenido. La operación con la que se les identifica evidencia un procedimiento típico de la lingüística, conocido con el nombre de segmentación, porque consiste en descomponer en segmentos sucesivos la cadena sintagmática.

Los ejemplos citados aclaran algunos aspectos importantes de la organización morfemática de las lenguas, como son:

a) Los morfemas de una lengua son recurrentes a partir de un determinado punto del análisis: cortés no aparece una sola vez en el léxico español, sino en distintas palabras, de la misma manera que un- aparece en muchas ocasiones en el léxico inglés; etc. Ésta es una de las manifestaciones de la economía de la organización de las lenguas: se reutilizan materiales ya disponibles antes que crear otros nuevos.

b) Los morfemas de una lengua tienden a ser fonológicamente estables, en el sentido de que exhiben un significado constante mediante una (relativa) identidad formal. Podría parecer que esta afirmación no es completamente verdadera, desde el momento en que en algunos casos los morfemas pueden presentar una variabilidad fonológica de diferente grado. Sin embargo, y pese a todo, hay que tener en cuenta que la variabilidad fonológica es relativamente escasa en comparación con la estaba- lidad fonológica.

3.2 Comparación por parejas Estos ejemplos ponen en evidencia también algunos aspectos importantes del método del análisis, en el que vale la pena detenerse un momento. Se trata, en el fondo, de un simple procedimiento de comparación por parejas. Si imaginamos que el corpus de la lengua que estamos estudiando está compuesto solamente por dos palabras, como vencer e invencible, y si las comparamos en busca del material fonológico que tienen en común, tendremos buenas razones para suponer que los morfemas que las componen son los siguientes (en el recuadro aparecen los elementos comunes):

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Primera comparación:

 

CORPUS

LISTA DE LOS MORFEMAS SUPUESTOS

venc

er

in

venc

ible

venc-, in-, -ible, -er

Si añadimos una sola palabra a este corpus, la lista de los supuestos morfemas puede modificarse, y podemos incluso descubrir que algunos elementos que habían sido considerados como morfemas ya delimitados, tienen que ser descompuestos una vez más (o analizados de nuevo). Así, de incluir en el corpus la palabra invencibles, obtendremos la siguiente situación (en cursiva los morfemas nuevos y en negrita los que, aparecidos ya, se han segmentado otra vez):

Segunda comparación:

 

CORPUS

 

LISTA DE LOS MORFEMAS SUPUESTOS

in in
in
in

venc

er

ibl ibl
ibl
ibl

venc

e

venc

es

 

venc-, in-, -ibl-, -er, -e, -es

Si continuamos añadiendo palabras al corpus, la lista de los morfemas crecerá aún más, dando lugar, incluso, a posteriores análisis. Insertando, por ejemplo, imprevisible, tendremos la situación siguiente:

Tercera comparación:

 

CORPUS

 

LISTA DE LOS MORFEMAS SUPUESTOS

in in
in
in

venc

 

er

venc

ibl

e

venc

ibl

es

 

imprevis

ibl

e

venc-, in-, imprevis-, -ibl-, -er, -e, -es

Solamente mediante la introducción de previsible, tendremos la posibilidad de hacer un segundo análisis (imprevis- en im-, y previs-), como vemos a continuación en el esquema:

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Lingüística. Tema 5.

Cuarta comparación:

 

CORPUS

 

LISTA DE LOS MORFEMAS SUPUESTOS

venc

 

er

in

venc

ibl

e

in

venc

ibl

es

im

previs

ibl

e

venc-, in-, im-, previs-, -ibl-, -er, -e, -es

Y así sucesivamente. Llegados a este punto, es evidente que obtener un análisis morfémico completo de una lengua es una empresa más ideal que real. En efecto, para conseguirlo sería necesario comparar por parejas todas las palabras que componen la lengua e identificar una gran cantidad de morfemas. Pero las dificultades que se interponen a la descomposición completa de una lengua no se deben tanto a la imposibilidad material del análisis, como a una serie de complicaciones concernientes a aspectos más profundos de los elementos analizados. Consideremos algunas de estas dificultades.

3.3 Dificultades de la segmentación Ante todo, los elementos que, por definición, integran todo morfema, significante

y significado, no son identificables del mismo modo: en tanto que el significante

generalmente puede ser identificado con suficiente claridad, el significado, en cambio, opone bastante obstáculos a su identificación. Sólo supuestamente podemos atribuir un significado a cada uno de los elementos identificados en los dos breves análisis que hemos realizado antes: en español, in- significará «negación», -ible

significará «que puede ‘ser + participio pasado de un verbo x’», etc. Pero no en todos los casos se consigue determinar fácilmente el significado de las unidades, ni siquiera de manera aproximada. Por desgracia, son muchas las ocasiones en que el morfema

se puede identificar con total seguridad en el plano del significante, pero no en el del significado. Imaginemos un corpus como el siguiente, que da lugar a la lista de morfemas indicada al lado:

CORPUS

LISTA DE LOS MORFEMAS SUPUESTOS

asistencia

 

asistir

consistencia

consistir

desistir

insistencia

insistir

resistencia

resistir

a-, de-, in-, con-, re-, -sist-, -er, -encia

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El morfema -sist-, que se extrae sin ninguna dificultad del análisis, tiene un significado que no se puede describir. Solamente con la ayuda de la etimología conseguimos saber que, en latín (del que todas las palabras indicadas derivan), -sist- significaba más o menos «estar». Pero es fácil comprobar que en español esta descripción del significado no se puede ya aplicar. Como vemos, en estos casos la expresión es perfectamente segmentable; sin embargo, el contenido no se puede definir bien. Dicho de otro modo, las palabras no siempre están rigurosamente determinadas por lo que a la segmentación se refiere. La palabra española mejor, a la que se le atribuye intuitivamente el significado de «más bueno», puede ilustrar este hecho. Si en el análisis de bueno es fácil establecer la correspondencia siguiente entre forma y significado:

EXPRESIÓN

SIGNIFICADO

buen-

«bueno»

-o

«masculino singular»

en el análisis de mejor el resultado no queda determinado de la misma manera:

EXPRESIÓN

SIGNIFICADO

mejor

«más bueno»

En este caso, no se puede localizar una parte del significante de mejor a la que se le pueda atribuir el significado «más», y otra a la que se le pueda atribuir el significado «bueno». No podemos, por ejemplo, sostener que mej- signifique «bueno» y -or «más». El análisis no nos permite establecer una correspondencia biunívoca entre significados y formas, sino que se detiene frente a una condensación de significados bajo la misma unidad formal.

3.4 Superposición y no superposición de los morfemas gramaticales y léxicos Hay que destacar, en relación con lo que venimos tratando, otro aspecto importante: en algunas lenguas los morfemas no van necesariamente seguidos en la misma cadena sintagmática. En todos los ejemplos citados hasta ahora se pueden distinguir intuitivamente dos clases de morfemas: los que expresan un significado ‘pleno’ o léxico, denominados normalmente morfemas léxicos o lexemas (buen-, cortés-, -able; höf-, etc.), y los que expresan un significado ‘gramatical’, generalmente llamados morfemas gramaticales (español -a, -o, in-, etc.; inglés un-, etc.). Que entre las dos clases existe una diferencia profunda se deduce del hecho de que la primera constituye una clase abierta (es decir, que se puede ampliar ilimitadamente) y la segunda, en cambio, una clase cerrada. En las lenguas europeas modernas los morfemas gramaticales y los léxicos generalmente no se superponen en el eje sintagmático: simpáticos, por ejemplo, se descompone en simpátic-, morfema léxico, y en –o- y –s, morfemas gramaticales; el morfema léxico antecede a los gramaticales y no hay superposición entre ellos:

MORFEMA LÉXICO

1

+

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MORFEMA GRAMATICAL

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Las lenguas semíticas (como el árabe y el hebreo), sin embargo, son un ejemplo muy claro del caso opuesto, en el que los morfemas de estas dos clases se combinan no sucesivamente sino ‘mezclándose’ unos con otros. En árabe, por ejemplo, el morfema léxico que significa «preguntar» está constituido por tres consonantes: ţ-1-b, las cuales, en esta forma concreta, no constituyen una palabra verdadera. Para convertirse en una palabra completamente actualizada, estas consonantes tienen que completarse con material vocálico (o, en algunos casos, también consonántico) que se inserta delante, en medio o después de las consonantes, y que constituye el morfema gramatical (una especie de ‘peine’ morfémico). La situación descrita se puede repre- sentar con el esquema siguiente (en el que V = Vocal):

sentar con el esquema siguiente (en el que V = Vocal): En este caso, si queremos

En este caso, si queremos obtener la palabra que significa «el que pregunta», tenemos que insertar en el ‘peine’ morfémico otro peine, el morfema gramatical -a 2 –i 4 - «el que (hace algo)»; las cifras que aparecen debajo indican que -a- tiene que situarse en la posición 2 e -i- en la posición 4). El resultado de esta operación es el siguiente:

4). El resultado de esta operación es el siguiente: Todos los ejemplos que hemos venido discutiendo

Todos los ejemplos que hemos venido discutiendo hasta aquí ilustran las condiciones, anteriormente consideradas, de descomponibilidad y de estrecha combinabilidad: el morfema no concatenante árabe ţ-1-b, por ejemplo, puede ser extraído de una serie de palabras (ţálib, ţalaba, etc.) y no puede aparecer solo, sino siempre combinado con algo.

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4. MORFEMAS, MORFOS Y ALOMORFOS

En las lenguas hay numerosas palabras que, aun expresando un significado complejo, no se prestan a ningún tipo de segmentación. La palabra española es, por ejemplo, corresponde a la «tercera persona singular del presente de indicativo de ser», pero no se puede atribuir ninguna de estas especificaciones de significado a alguna parte de es. Casos de este tipo, que son muy numerosos, hacen aconsejable volver a tratar la noción de morfema: no habrá que seguir considerándolo como una entidad lineal resultante de la última segmentación de una palabra 2 , sino como algo más abstracto. Para explicar este punto, es conveniente representar la relación entre es y ser con los términos de una proporción, estableciendo una igualdad entre estos términos y los constituidos por la relación entre dos palabras más claramente emparentadas desde el punto de vista morfológico, como, por ejemplo, levantar y levanta (tercera persona singular del presente de indicativo). Tenemos entonces, el siguiente esquema:

levantar

:

levanta

=

ser

:

es

«levantar»

«levantar»

«ser»

«ser»

«inf.»

«3ª pers.»

«inf.»

«3ª pers.»

«sing.»

«sing.»

«pres.»

«pres.»

«ind.»

«ind.»

Algunos lingüistas representan estas relaciones intuitivas mediante una ecuación como la siguiente:

ax : bx = ay : by

Es decir, toda palabra (aunque no se pueda segmentar en morfemas) se descompone en dos factores, indicados respectivamente por una de las primeras y una de las últimas letras del alfabeto; x e y representan el morfema léxico de las respectivas palabras (x = {levantar}, y = {ser}), mientras a y b representan los morfemas gramaticales correspondientes (a = {INFINITIVO}, b = {PRESENTE DE INDICATIVO + 3ª PERSONA + SINGULAR}). De esta manera, la igualdad de relaciones entre las dos parejas de palabras resulta evidente: levanta y es, a pesar de la diferencia de capacidad de análisis, ‘contienen’ los mismos morfemas. Comprobamos, así, que los morfemas pueden no ser distinguibles en el eje de la linealidad, y que se identifican sólo mediante una descomposición en factores. Podemos decir, por tanto, más concretamente que una palabra no se descompone en morfemas, porque los morfemas no son siempre elementos posicionales sino facto- riales de las palabras. Es, pues, necesario introducir otra noción: las palabras, conside-radas en su secuencia fonológica, se descomponen en entidades lineales que se llaman morfos. La palabra es, por consiguiente, está constituida, desde este punto de vista, por un solo morfo que, manifestado fonológicamente por /es/, en realidad

2 Hasta aquí lo hemos considerado así, como una primera aproximación y por razones de exposición.

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representa a varios morfemas: {ser} + {PRESENTE DE INDICATIVO} + {TERCERA PERSONA} + {SINGULAR}, según el esquema que sigue:

MORFEMA 1 MORFEMA 2 MORFEMA 3 MORFEMA 4 {ser} {PRESENTE IND.} {3ª PERSONA} {SINGULAR}
MORFEMA 1
MORFEMA 2
MORFEMA 3
MORFEMA 4
{ser}
{PRESENTE IND.}
{3ª PERSONA}
{SINGULAR}

MORFO

/es/

Por otro lado, un mismo morfema –entendido ya como elemento factorial de las palabras- puede no estar siempre representado por el mismo morfo, sino por morfos distintos en entornos sintagmáticos diferentes. Por ejemplo, el conjunto de morfemas {PLURAL} + {MASCULINO}, relativo a nombres, que en italiano se representa en la mayoría de los casos con el morfo /i/ (-i: cani «perros», poeti «poetas», tavoli «me- sas», etc.), se manifiesta con el morfo /-ini/ solamente en el entorno uom- (uom-ini «hombres»). Aunque -ini aparezca exclusivamente en combinación con uom-, e -i tenga fuerte índice de aparición, hay que reconocer que el conjunto de morfemas {PLURAL + MASCULINO} se manifiesta en italiano en, al menos, dos formas distin-tas. Los distintos morfos que representan un mismo morfema se llaman alomorfos de ese morfema. Podemos decir entonces que los morfemas {PLURAL + MASCULINO} tienen en italiano dos alomorfos distintos: -i e -ini. De la misma manera, el plural de los nombres turcos se expresa en dos morfos diferentes, respectivamente -lar y -ler, que se seleccionan según sea la vocal final del morfo de la raíz: ev-ler {casa} + {PLURAL}, pero adam-lar {hombre} + {PLURAL}.

Establezcamos, por consiguiente, la convención terminológica según la cual las palabras pueden tener un conjunto morfémico, esto es, contener un conjunto de morfe-mas a los que corresponden uno o más morfos. La distinción entre morfemas (entida-des abstractas, elementos factoriales de las palabras, representados fonológicamente por morfos) y morfos (entidades fonológicas que manifiestan morfemas o conjuntos de morfemas) resuelve en gran parte las dificultades de análisis que hemos subrayado, y que son concretamente:

a) el hecho de que una palabra, desde el punto de vista de su linealidad, no pueda descomponerse de ninguna manera en segmentos aunque, al insertarla en una proporción, resulte claramente constituida por varios factores;

b) el hecho de que dos palabras, que tienen entre sí una evidente relación en cuanto a su significado (como ser respecto de es), puedan no tener ninguna (o casi ninguna) semejanza fonológica (este último fenómeno se presenta también en la relación entre bueno, mejor y óptimo, relacionados desde el punto de vista del significado, pero completamente carentes de relaciones fonológicas).

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5. RADICALES Y AFIJOS

Es conveniente ahora introducir algunas clasificaciones elementales de los morfemas, y lo haremos, por un lado, según su libertad de combinación, y, por otro, según su propia naturaleza.

a) Desde el punto de vista de su combinabilidad, los morfemas se clasifican en libres y ligados. Un morfema libre puede aparecer en forma absoluta, esto es, carente de cualquier otra atadura, y por tanto constituir por sí solo una palabra. Un morfema ligado, en cambio, puede aparecer solamente en combinación con al menos otro morfema, ya sea libre o ligado. En español ayer, por o pero son ejemplos típicos de morfos que corresponden a morfemas libres: todos ellos pueden aparecer sin tenerse que combinar estrictamente con nada y, por tanto, cada uno constituye una palabra distinta. El morfo italiano –ini, el inglés -s o el español –s corresponden, en cambio, a morfemas ligados, pues pueden aparecer solamente si se combinan estrechamente con otros morfos: el primero en uom-ini «hombres», el segundo en dog-s «perros» y el tercero en torre- s, etc.

c) Desde el punto de vista de su naturaleza, los morfemas tradicionalmente se clasifican en radicales (o raíces) y afijos. Así, en el griego dotor «donante», do- es el morfo raíz, es decir, el morfo que expresa el morfema léxico «dar»; -tor es un morfo afijal que se sitúa a la derecha del morfo radical y manifiesta la idea de «agente». Ambos son morfos ligados, de manera que no pueden aparecer separadamente. En la forma del genitivo, dotoros, a los dos morfos ya mencionados se añade un tercero, -os, que expresa el conjunto de morfemas {GENITIVO + SINGULAR + MASCULINO / FEMENINO / NEUTRO}. Tanto -tor como -os son morfos afijales, pues se unen estrechamente a un morfo radical sin ser a su vez morfos radicales. Los elementos radicales aportan contenido léxico de carácter específico, pertenecen a una categoría léxica (sustantivo, adjetivo, verbo, adverbio) y constituyen la base conceptual a la que remiten los otros elementos de la palabra. Los afijos tienen carácter dependiente o relacional, pues se interpretan en relación al radical o a la base a la que se añaden. Los afijos se caracterizan por un significado menos específico o más abstracto que puede tener carácter léxico-derivativo (suave-mente, trans-port-e, co-hered-er-o) o flexivo-gramatical (toc-aba-n, co-hered-er-o, niñ-a-s, etc.). La dependencia conceptual de los afijos se suele traducir en dependencia fonológica, pues son casi siempre morfemas ligados. Los radicales pueden ser libres o ligados. Los afijos, por otro lado, pueden aparecer en distintas posiciones respecto de la raíz: los que están a la izquierda de ella se llaman prefijos; los que la interrumpen para insertarse de algún modo en ella se llaman infijos, y los que están a la derecha son los sufijos (como en el ejemplo griego de arriba). Existe una clara disparidad en lo que concierne al empleo de técnicas de afijación en las lenguas. Algunas usan tanto prefijos como infíjos y sufijos; otras, en cambio, manifiestan una fuerte preferencia por algunas de estas técnicas y no por otras. El español representa el caso de una lengua que se vale de todos los tipos de afijos, aunque da prioridad a prefijos y sufijos. En sobrealimentación hay un morfo radical aliment-, a la que se une a la izquierda el morfo sobre- (que aparece también corno morfo libre: sobre) y a la derecha el morfo sufijal -ación.

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La estructura lineal de una palabra se puede representar mediante un diagrama arbóreo. Así, para vendedor tenemos (Af: afijo; S: sustantivo; Adj.: adjetivo, etc.):

S

V Af
V
Af

vender

-or

El diagrama arbóreo representa en sus detalles la organización interna de la linealidad de la palabra. Cuando estos detalles no son necesarios, suele usarse una representación más simple en la que sólo se expresan los límites de los morfos: a- moral; re-mov-er; lej-ísim-os, etc. Conviene distinguir la noción de radical (o raíz) de la de base. Una base está constituida por la forma a la que se añade un afijo. En libros el elemento afijal –s se añade a la raíz libro. En este caso la raíz y la base son la misma forma. Pero en antimilitarista tenemos, primero, la raíz (y base) militar, a la que se añade el afijo -ista para producir el adjetivo militarista; después, la base militarista (en este caso no es una raíz simple, sino una raíz compleja resultante de añadir a una simple un morfo derivativo) recibe el afijo anti para formar el adjetivo que comentamos (este adjetivo podría constituir la base para nuevas creaciones mediante afijación: proanti- militarista). En diagrama arbóreo:

Adj.

Adj.
Adj.

Af

anti-

Adj.
Adj.

militar

Af.

-ista

Adj. Af anti- Adj. militar Af. -ista base para antimilitarista raíz y base para militarista Si

base para antimilitarista

raíz y base para militarista

Si consideramos detenidamente la estructura de ciertas palabras, como antimilita- rizacionistas, renacimiento, utilizaban o encolerizadas, observaremos varios aspec- tos relevantes. Por un lado, podemos reconocer que la posibilidad de obtener unas palabras a partir de otras mediante la aplicación de morfemas derivativos es recursiva. La derivación se aplica a sus propios productos en la elaboración de estructuras cada vez más complejas:

Militar > militarizar > militarización > antimilitarización > antimilitarizacionista nacer > nacimiento > renacimiento cólera > encolerizar > encolerizada útil > utilizar

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Por otro lado, debemos señalar una diferencia importante en el comportamiento de unos morfemas derivativos frente a otros. Así, –miento, -izar (y la variante en- -izar), -ción, -ista, o -ad- imponen, al combinarse con una raíz o base, una determinada categoría al resultado de esa combinación: -izar crea un verbo a partir de un sustantivo; -miento y -ción derivan un sustantivo de un verbo; -ista deriva un sustantivo de otro sustantivo; -ad- deriva un adjetivo participial de un verbo. Sin embargo, re- y anti- (al igual que otros como a-, des-, pre-, re-, super- trans-, -it-, etc.) no ejercen esa imposición al resultado de la combinación, pues la categoría a la que ésta se asigna sigue siendo la de la raíz o base. Por ejemplo, re- se combina con bases como hacer o nacimiento, verbo y sustantivo respectivamente, y las combinaciones derivadas, rehacer y renacimiento, mantienen la categoría de tales bases. Por último, si tenemos en cuenta los morfemas flexivos de tiempo, modo, número, persona y género (utiliza-ba-n, encolerizad-a-s), comprobaremos que nunca se insertan más que al final de la estructura, después de la aplicación de todos los morfemas derivativos. Además, a diferencia de la derivación, no se aplican recursivamente:

[(…(((M. raíz) M. deriv.) M. deriv.)…) M.flex.]

6. PROCESOS MORFOLÓGICOS

Con el término procesos morfológicos indicamos los tipos de modificaciones que las palabras pueden sufrir, desde el punto de vista de su linealidad, cuando son sometidas a derivación y flexión. A primera vista las lenguas presentan una amplia gama de estos procedimientos, pero en general pueden reducirse a algunas categorías fundamentales. Conviene tener en cuenta, sin embargo, que el comportamiento de las lenguas es normalmente muy complejo y elaborado, y que una misma lengua puede usar muchas técnicas diferentes.

6.1 Adición y reduplicación Los procesos de adición consisten en añadir material morfológico al de la raíz. Un ejemplo de este tipo es la flexión del nombre inglés: flies /'flaiz/ muestra la añadidura de una /z/ a /'flai/ (fly «mosca»), sin alterar por lo demás la raíz; ángeles /'anxεles/, en español, le añade /es/ al singular /'anxεl/; el francés blanche /blã∫/ le añade una /∫/ al masculino blanc /blã/ «blanco»; etc. Los procesos de adición están muy difundidos y se diferencian en varias formas secundarias. Un proceso típico de adición es la reduplicación (o geminación), es decir, la repetición completa o parcial de la unidad que hay que modificar. En su manifestación más simple, dicho proceso se presenta simplemente como una copia de la palabra. En muchas lenguas se procura, de esa manera, intensificar con fines expresivos el significado de la palabra en cuestión: así, en italiano passeggiavo calmo calmo «paseaba despacio despacio», parliamo piano piano «hablamos bajo bajo», sono nato a Roma Roma «nací concretamente en Roma», ne sei sicuro sicuro? «¿estás completamente seguro de ello?», etc.; o en latín stulte stulte (Plauto). En swahili (y en general en las lenguas bantúes) la reduplicación por copia o casi copia tiene un papel de gran importancia en distintos ámbitos y en diferentes tipos de

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unidades lingüísticas. Entre las funciones expresadas con formas reduplicadas están la intensificación (vipande «se rompió», vipande vipande «se rompió en mil pedazos»), la distribución (mitatu mitatu «de tres en tres»), la pequeña dimensión, el énfasis (especialmente en los pronombres personales), la acción compuesta de actos repetidos, etc. Desde el punto de vista específicamente morfológico, la reduplicación puede afectar tanto a la parte inicial como a una central o final de una palabra. Además, la reduplicación actúa tanto en el campo de la derivación como en el de la flexión, y siempre con una función gramatical precisa (por ejemplo, para expresar repetición, aumento, continuidad, duración, etc.). Una manifestación enormemente productiva de reduplicación la encontramos en turco en los llamados ‘dobletes en m-. En estos casos, una palabra va seguida de una copia suya en la que, sin embargo, una m- sustituye a la consonante inicial o precede a la vocal inicial. El significado de estos dobletes es, generalmente, «cosa parecida, etc.»: dergi mergi okumuyor «no lee periódicos [= dergi] ni nada parecido [mergi = m- + -ergi, kitap mitap «libros [kitab] y cosas de ésas [mitap]», etc. Otra función típica de la reduplicación consiste en expresar atenuación o disminución: en tagalo (hablado en Filipinas), por ejemplo, mahiya «vergonzoso» y mahiyahiya (con redupli-cación parcial al final) «ser un poco vergonzoso». La reduplicación de la primera sílaba es, sin embargo, característica de las lenguas indoeuropeas, concretamente en griego. En griego clásico (pero no en el moderno), el perfecto se forma anteponiendo a la raíz una sílaba compuesta por la consonante inicial de la misma raíz y la vocal e: leipō «dejo» > le-loipa «he dejado»,

lyō «desato» > le-1yka «he desatado» (según la fórmula C 1 e + C 1 ,

griego este proceso es sistemático, en latín existe un equivalente marginal, en cuanto

Mientras en

).

que afecta solamente al perfecto de algunos verbos: curro «corro» > cu-curri «he corrido», tango «toco» > te-tigi «he tocado», etc. El turco ofrece un procedimiento reduplicativo similar para intensificar el significado de los adjetivos y, en menor medida, de los adverbios: del adjetivo açik «abierto» se deriva apaçik «manifiesto»; de bosh «vacío» se deriva bombosh «comple-tamente vacío»; de tamam «completo» tenemos tastamam «absolutamente com-pleto». 3

6.2 Alternancia Los procesos de alternancia vocálica o consonántica no añaden ni quitan nada a la cadena de partida, sino que comportan determinadas modificaciones sobre una parte del material vocálico o consonántico del que está compuesta. El inglés y el alemán ofrecen muchos ejemplos de este fenómeno en la conjugación de sus verbos

fuertes: sing, sang, sung «canto, canté, cantado» se diferencian entre sí porque en el

ng se inserta una vocal distinta en cada caso. En un verbo

fuerte alemán como singen «cantar», el pretérito se forma con la modificación de la primera vocal: /i/ /a/; la segunda persona singular es, por tanto, (du) sang-st «(tú) cantaste», y en participio pasado modifica esa /i/ en /u/: ge-sung-en «cantado».

entorno consonántico s

3 Señalemos de pasada que el prefijo con el que se intensifica el adjetivo turco está compuesto por a) la repetición de los dos primeros fonemas del adjetivo (TAmam TAStamam), y b) la intrusión de una consonante, elegida entre p, m, r y s.

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También el griego clásico posee una rica fenomenología de este tipo: la raíz del presente trep h - «alimentar» alterna con la del perfecto trop h -. En español, la alternancia vocálica actúa en la flexión de algunos verbos: vuelo, pero volamos; ruego, pero roga-mos, con una alternancia sistemática /we//o/. El latín usaba la alternancia vocálica en algunas derivaciones: facio «hacer», pero inter-ficio «matar», de-ficio «faltar» (alter-nancia /a//i/); también el italiano tiene algunos ejemplos de este tipo: buono «bueno» pero bontá «bondad» (/wo//o/), suono «sonido» pero sonoro «sonoro», etc. Podemos también encontrar simultáneamente una alternancia vocálica y otra con- sonántica, como en el inglés (I) live ['liv] «vivo», frente a life ['laif] «vida»: /i//ai/ junto a /v//f/. O bien, puede haber una simple alternancia consonántica: en griego, t h rik-s «cabello» transfiere la aspiración de la primera consonante /t h / a la que precede inmediatamente a la terminación: trik h òs «del cabello». En turco, lengua extremada- mente rica en fenómenos de alternancia consonántica, la /k/ final posvocálica, en los nombres de más de una sílaba, se convierte en /g/ si va seguida de una vocal: renk «color» da en el acusativo rengi /rengi/. Un caso extremo de alternancia está representado por la denominada supleción, que aparece cuando (históricamente, a causa de la pérdida de la forma apropiada) a un morfo va ligado, en la flexión, otro morfo que no tiene nada que ver con el primero desde el punto de vista fonológico. Un ejemplo italiano usual es essere, que tiene como participio pasado stato (de stare), o bien el español ir, que tiene como formas supletivas voy, vas, etc. La supleción tiene la característica especial de hacer absoluta-mente imposible la previsión de una forma a partir de otras.

6.3 Modulación Se trata de la modificación de elementos suprasegmentales (como por ejemplo el acento y el tono) sobre la misma base segmental. Entre los ejemplos más accesibles, bastará recordar el cambio de acento que distingue en español término, termino y terminó; en italiano cápito «llego», capito «entendido» y capitò «ocurrió», o también cápitano «ocurren», capitáno «capitán» y capitanò «capitaneó»; en inglés export «exportación» y export «exportar».

6.4 Sandhi

Todos los procesos que hemos visto hasta aquí se pueden complicar con la intervención de otro proceso, que se llama (con un nombre indio que significa «fusión», «conexión») sandhi, y que produce una erosión (más o menos marcada) de los límites entre los morfos. Es un sandhi el fenómeno por el que, si se encuentran los dos morfos griegos aig - «cabra» y -s {NOMINATIVO + SINGULAR}, el primero cambia su consonante final, que es originariamente sonora (/g/), por la sorda correspondiente /k/, dando como resultado aik-s. Es un sandhi también el fenómeno que en francés hace que, en determinadas condiciones, la /s/ final de palabra, que normalmente no se pronuncia, se pronuncie en una variante sonora /z/ cuando la palabra siguiente comienza por vocal: les bonnes /lε bon:/ «las asistentas», pero les amis /lezami/ «los amigos». Tradicionalmente, el primer fenómeno, que tiene lugar en el entorno de una misma palabra, se llama sandhi interno, y el segundo, que se crea en el límite entre una palabra y otra, sandhi externo. Las lenguas son más o menos ricas en fenómenos de sandhi.

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6.5 Composición La composición es un proceso morfológico muy común: consiste en crear una palabra a partir de la combinación de unidades léxicas (sustantivos, adjetivos, verbos, adverbios): bocacalle, rojiblanco, aguardiente, etc.; en inglés: greenhouse «inverna- dero», blackboard «encerado», airplane «aeroplano», etc; en alemán: Gasthof (Gast «invitado», Hof «lugar de acogida») «hotel»; Wortbedeutungslehre (Wort «palabra», Bedeutung «significado», Lehre «teoría») «semántica», etc. Como en otros casos, la ortografía no es coherente en la representación de las palabras compuestas. Podemos encontrar, junto a bocacalle, greenhouse (elementos escritos sin separación), pura sangre, sangre azul, camión cisterna, fuera borda, wet suit «traje de buzo», bath tub «bañera», etc. (elementos escritos con separación). Un tipo especial de composición lo constituye la incorporación, que consiste en la combinación de una palabra (frecuentemente, pero no siempre, de un nombre) con un verbo para formar un compuesto verbal. En chukchi (lengua del noreste de Siberia) tenemos:

sin incorporación Te pelarken qora?e yo dejo reno «Dejo el reno»

con incorporación Te-qora-pelarken yo-reno-dejar «Estoy en el proceso de dejar el reno»

7. MATRICES MORFOLÓGICAS Y MATRICES SEMÁNTICAS

7.1 De la forma al significado Hasta ahora hemos considerado los mecanismos morfológicos solamente desde el

punto de vista de la linealidad de las palabras, es decir, de los morfos de éstas. Sin embargo, dado que la morfología procede aislando morfemas, que son unidades dotadas de expresión y contenido, también habrá que analizar cuáles son las relaciones que, asociados a tales mecanismos, se mantienen entre ambos planos. Supongamos que tenemos la raíz levant- «levantar». Uniendo a ella el sufijo -amiento obtenemos levantamiento, que conserva el significado general de la raíz, pero que al mismo tiempo lo elabora. Levantamiento, en efecto, significa aproximada-mente «acto de + levantar», una fórmula intuitiva que podemos redefinir también así: «ACTO DE (levantar)». En otras palabras, -amiento, unido a una raíz verbal, le añade normalmente el significado de «ACTO DE», o, mejor dicho, inserta el significado de esa raíz en una estructura que podemos describir como «ACTO DE

)», en la que el hueco en blanco es ocupado por el significado de la raíz en cuestión. Podemos expresar toda esta situación con la notación siguiente:

(

a) levant- + -amiento = levantamiento

b) «levantar» + «ACTO DE (

)» = «ACTO DE (levantar)»

Llamamos a la notación a) matriz morfológica de la palabra examinada, y a la notación b) matriz semántica de ésta. La primera describe los procesos puramente formales; la segunda, el correlato de tales procesos en el plano del significado. Por tanto, la estructura de una palabra y los procesos morfológicos que la conforman

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están descritos no sólo por la matriz morfológica, sino también por su matriz semántica de tal palabra. El análisis en matrices semánticas pone en evidencia un aspecto característico del comportamiento lingüístico, que consiste en explicar (ayudándose con paráfrasis u otras técnicas) el significado de las palabras. A quien nos pregunte “¿qué quiere decir ‘levantamiento’?”, podemos responderle (entre otras cosas) “es cuando se levanta algo” (como hacen los niños), o bien (como hacen comúnmente las definiciones de los diccionarios) “es el acto de levantar” u otras respuestas por el estilo. Eso quiere decir que el hablante almacena el léxico de su lengua asociando a cada voz una descripción de su significado, que puede ponerse en forma de matriz semántica, y a la que se puede recurrir cuando se desee.

7.2 Previsibilidad e imprevisibilidad Aunque sea posible (al menos teóricamente) describir las matrices semánticas de todas las palabras de una lengua, lo cierto es que la relación entre la matriz morfo- lógica y la semántica no se muestra transparente en bastantes ocasiones, pues no siem-pre se registra una perfecta correspondencia entre ellas. Así, por un lado, dada una matriz morfológica aceptable en una lengua, no se puede decir que exista una única matriz semántica que le corresponda; y, por otro, igualmente, dada una matriz semántica, no se puede decir que exista una matriz morfológica correspondiente. Si llamamos imprevisibilidad a esta propiedad, podemos decir que las lenguas son morfológicamente imprevisibles. La imprevisibilidad morfológica se presenta bajo dos formas estrictamente relacionadas:

a) Imprevisibilidad morfológica horizontal, que se puede verificar en la rela- ción entre una forma y otra: la tenemos en los casos en los que, aun no existiendo supleción en sentido propio, es imposible generar una forma a partir de otra. En griego, por ejemplo, nada permite establecer relaciones morfológicas entre pask h o «sufro», peísomai «sufriré», épathon «sufrí» y pépont h a «he sufrido», aunque históricamente existe una relación entre una forma y otra. En español, nada nos hace prever que exista una relación entre calor y térmico, o entre viento y eólico, aunque estén emparentadas desde el punto de vista del significado.

b) Imprevisibilidad vertical, referida a la relación existente entre la matriz morfológica y la semántica. Pueden darse dos casos: a) a una matriz morfológica puede que no corresponda una única matriz semántica, sino más de una; en español, por ejemplo, no se puede prever que todas las palabras obtenidas de una raíz verbal y de un sufijo como -amiento (/RAÍZ VERBAL + -amiento/) tengan una matriz semántica del tipo «ACTO DE

como ocurre en levantamiento. Baste pensar en regimiento,

pensamiento, etc. b) Tampoco se puede afirmar que todas las matrices semánticas tienen su correlato morfológico: por ejemplo, la matriz «ACTO

DE (llevar)» no posee una forma que la exprese del tipo *llevamiento, *llevación, etc.

)», (

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7.3 Restricciones en las combinaciones de morfos El juego de las combinaciones morfológicas opera sobre la base de un complejo sistema de restricciones. En efecto, para que se pueda añadir un determinado morfo, el elemento de partida de la modificación morfológica tiene que respetar algunas condiciones particulares. Un caso muy estudiado es el siguiente: en inglés, el sufijo -ity se combina solamente con radicales que sean a) adjetivales y b) de origen latino. Por lo tanto, podemos tener prosper-ity «prosperidad», en cuanto que prosper- es una base adjetival de procedencia latina, pero no podemos tener *soft-ity de soft «suave», que es, sin embargo, una palabra anglosajona. Al contrario, el sufijo nominal -ness se une a bases de todo tipo (latinas: arbitrariness «arbitrariedad», o inglesas: fuzzi-ness «opacidad»), mientras –hood se une solamente a bases estrictamente inglesas, o a bases de origen latino con la condición de que se hayan, más o menos, adaptado al inglés (priest-hood «sacerdocio» de priest < lat. prevostus).

7.4 Lagunas En el sistema morfológico de una lengua se puedan encontrar lagunas morfológicas, a saber, palabras teóricamente posibles (porque respetan todas las

restricciones combinatorias típicas de esa lengua), pero de hecho inexistentes En español, por ejemplo, *aislación y *determinamiento son teóricamente posibles, pero no existen; la matriz semántica «EL QUE (ir)» no tiene una matriz morfológica que la exprese (no son posibles palabras como *idor o *yente), mientras en inglés se expresa con goer (go «ir» + -er), de donde se forman palabras compuestas como movie-goer «persona que va (a menudo) al cine» o theater-goer «persona que va (a menudo) al teatro». La asimetría de las lenguas desde este punto de vista (que se manifiesta en el hecho de que existen diferencias profundas entre ellas en lo que se refiere a las corres-pondencias entre matriz semántica y matriz morfológica) es una de las circunstancias que producen más dificultades en el ámbito de la traducción. Se dan, incluso, moda-lidades distintas que las lenguas utilizan para remediar la escasez de recursos morfo-lógicos. El italiano dispone del llamado infinitivo sustantivado, que le permite suplir la falta de nomina actionis aptos para expresar determinadas matrices semánticas: (il) torreggiare «sobresalir» ocupa el lugar del inexistente (pero no imposible) *torreggia-mento, (il) bere «beber» ocupa el puesto del inexistente *bevimento, etc. Un meca-nismo parecido es muy frecuente en español, donde el empleo de esta forma (infinitivo nominal) es todavía más flexible: los dares y

tomares, los andares, etc. El inglés, en cambio, suple la matriz «HECHO DE (

)» con la muy fre-cuente matriz morfológica /Verbo + -ing/, que

tiene auténtico comportamiento nomi-nal: (the) showing «(el) mostrar», (the)

counting «(el) contar», etc. Estas formas tienen total vitalidad sintáctica: after my

showing you my books

o «ACTO DE (

lit. «después de mi mostrar (a) ti mis libros

».

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8. ASPECTOS DINÁMICOS DE LA MORFOLOGÍA

En los apartados anteriores hemos puesto de relieve en distintas ocasiones una característica importante de los mecanismos morfológicos: éstos se unen a menudo a materiales fónicos de extrema exigüidad y precariedad, operando con inserciones o modificaciones de consonantes o vocales, juntura o traslación de sílabas y de acentos, intrusión de elementos vocálicos, consonánticos y silábicos, etc. En general, la mor- fología de las lenguas manipula ‘trozos’ generalmente muy pequeños. Esto se puede formular diciendo que los mecanismos morfológicos suelen asociarse a entidades de reducida carga fónica (o incluso de reducido cuerpo fónico). Dada la enorme impor- tancia que el conjunto de los mecanismos morfológicos tiene en el funcionamiento de una lengua, se puede sin más observar que existe una clara desproporción entre el papel que la morfología tiene en las lenguas y la exigüidad del material fónico del que se sirve.

8.1 ‘Dinamismo’ en morfología Es difícil explicar cómo es que las partes de la cadena lingüística implicadas en las modificaciones morfológicas son de dimensiones tan exiguas. Lo que parece cierto, sin embargo, es que no existe lengua en la que la morfología se asocie a entidades fónica-mente ‘masivas’. Esta circunstancia tiene una consecuencia importante: los sistemas morfológicos, al estar constituidos principalmente por entidades de extensión reducida y, por tanto, de limitada perceptibilidad, están expuestos, en el uso, a procesos diná-micos especialmente intensos, esto es, a modificaciones y alteraciones más o menos profundas debidas a la acción de los hablantes. Y es que el sistema morfológico de las lenguas resulta de difícil manejabilidad por parte de los usuarios, al menos por las razones siguientes:

a) su exiguo relieve fónico, al que ya nos hemos referido, que hace difícil la percepción y la discriminación;

b) el alto grado de arbitrariedad que lo caracteriza, que hace precaria la cap- tación y el control de dicho sistema morfológico y determina su frecuente imprevisibilidad;

c) el alto grado de articulación que presenta, para el que el control del sistema morfológico implica siempre, en el usuario, una cierta capacidad, intuitiva o ingenua, de segmentar la cadena fónica en sus elementos constituyentes.

En Lingüística, cuando se habla de procesos ‘dinámicos’ se alude normalmente a los cambios diacrónicos. Pero aquí, con el término dinámico se alude más bien a la acción de la presión del usuario en el sistema lingüístico, a sus errores, a sus segmen- taciones erróneas, es decir, a la cantidad de alteraciones provisionales que los hablan- tes provocan en el uso que hacen del sistema –las cuales a veces acaban produciendo cambios estables-. Atendiendo al problema desde este punto de vista, se comprueba fácilmente que la morfología es uno de los más claros terrenos de presión del usuario sobre el sistema lingüístico.

La forma más conocida en que esta presión se pone de manifiesto está constituida por los comportamientos analógicos típicos del lenguaje infantil, registrados en

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numerosas lenguas y considerados hoy día como uno de los lugares comunes del estu- dio del lenguaje. Todos hemos oído a un niño decir no cabo (por no quepo), de la misma forma que es una experiencia normal la de oír a los niños formar palabras inexistentes en su lengua cuando se esfuerzan en extender la productividad de modelos conocidos y que han funcionado en otros casos: arreglamientas para decir herra-mientas, peloso en el sentido de peludo, hasta llegar a formaciones más refinadas y peregrinas como sabo en lugar de sé. En efecto, cuando acuña sus formaciones analógicas, el niño no hace más que oponerse a una lengua que es distinta de como él espera que sea, y, consecuentemente, intenta, aunque sólo sea por un momento, que se parezca más a sus expectativas. El niño, en fin, lleva a cabo una operación de reducción de la arbitrariedad morfológica, pues ello puede, sobre todo, asegurarle a) que a una determinada matriz morfológica le corresponda una sola matriz semántica y viceversa, y b) que la matriz morfológica en sí sea fácilmente deducible a partir de una cierta matriz semántica. Naturalmente, este esfuerzo por reducir la arbitrariedad no llega nunca a una absoluta supresión de ésta, sino que tiende simplemente a hacer que las palabras hagan visible (o ‘legible’) su estructura. Este iniciativa, descriptible como necesidad de regularidad, la podemos encontrar en muchos fenómenos que no son ni exclusivamente infantiles ni ocasiona-les, sino que se han estabilizado dando lugar a auténticas transformaciones lingüísticas.

El alto grado de arbitrariedad del sistema morfológico de las lenguas se aprecia también en la elección de las terminaciones. Por ejemplo, entre las lenguas romances existen grandes diferencias con respecto al tipo de sufijo que cada una de ellas privi- legia: el español tiene concentración y concentramiento donde el francés tiene sola- mente concentration; el español tiene saludo donde el francés tiene salutation y el italiano saluto; el español tiene orientación donde el italiano tiene orientamento, etc. En otras palabras, cada lengua, aun siendo de la misma familia, elige procedimientos morfológicos propios y a menudo distintos de los de las lenguas hermanas. También desde esta perspectiva la morfología es terreno de evidentes procesos dinámicos.

Numerosos ejemplos de los efectos que este dinamismo pueden tener sobre una lengua nos los ofrece el denominado latín vulgar. Esta lengua se formó mediante una serie de presiones ejercidas sobre el latín clásico y que tendían, entre otras cosas, a modificar su organización morfológica. Son muy conocidos los fenómenos de simpli- ficación del sistema de los géneros, que en latín vulgar llevaron a la desaparición del neutro originario y a la distribución de las terminaciones en las dos únicas clases del masculino y del femenino, con la desaparición del neutro: balneum «baño» pasa al masculino dando balneus, fatum «hado» pasa a fatus, etc., mientras, por otro lado, nombres masculinos como fundus «fondo», que se confundían con los neutros en -us (como corpus), dan lugar a plurales en -ora (como fundora), modelados sobre los neutros, que posteriormente son interpretados como nombres femeninos en -a. Es conocido también el proceso mediante el cual muchas palabras de insuficiente cuerpo fónico tienden a ser sustituidas por palabras de mayor volumen: i «ve (tú) (de ire)» es sustituido por vade, en el ámbito de una reestructuración general del paradigma de ire «ir» (mediante la introducción de formas de vadere: iens «andante» → vadens), mien- tras sobreviven solamente las formas de mayor cuerpo fónico (euntis, euntem, etc.).

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Por otro lado, los sufijos átonos son sustituidos frecuentemente por otros tónicos:

án-ulus an-éllus «anillo», vítulus vitéllus «ternera», etc. Es evidente que estos procesos de ‘regularización’, de ‘simplificación’ y de ‘remotivación’ no siempre, y de modo estable, desembocan en estructuras realmente regulares; generalmente, en cambio, dan lugar a estructuras regulares provisionales que acaban produciendo nuevas irregularidades y favorecen, por tanto, la acción de nuevas presiones dinámicas.

8.2 ‘Naturalidad’ en morfología La acción del hablante en el ámbito morfológico hace pensar en la posibilidad de que ciertas estructuras morfológicas sean más manejables que otras, o -para decir lo mismo con otras palabras- que algunas estructuras morfológicas son más ‘naturales’ que otras. La noción de ‘naturalidad’ permite establecer una suerte de escala que mida el grado de naturalidad que muestren los diferentes fenómenos morfológicos. En general, se puede asumir que son más naturales las estructuras morfológicas que posean estas dos características:

a) la máxima capacidad de derivación de la matriz morfológica a partir de la matriz de partida (ello permite derivar la matriz en cuestión de otra, y no almacenarla en la memoria por separado);

b) la máxima previsibilidad de la matriz semántica a partir de la morfológica, y viceversa.

Al contrario, las estructuras morfológicas que carecen de ambas características serán menos ‘naturales’: éstas requieren que el hablante las aprenda por separado y que asigne a cada una un significado completamente no motivado. Naturalmente, no podemos esperar que una lengua posea un mecanismo morfológico totalmente pro- ductivo y previsible. Existen siempre ‘primitivos’ morfológicos de los que las demás palabras derivan. Por ejemplo, en el proceso de aprendizaje de la lengua propia, todo hablante inglés deberá en un determinado momento almacenar la palabra (completa- mente no motivada) sing y tendrá que asignarle el significado (no motivado) «cantar»; pero, sucesivamente, a este ‘primitivo’ morfológico podrá asociarle otras palabras como singer, que no será ya ni ‘primitiva’ (porque ha sido obtenida de sing mediante una derivación) ni semánticamente imprevisible (porque respeta la matriz semántica «QUE HACE (

Por todo ello, una escala de naturalidad para los procesos morfológicos, ordenada en orden de naturalidad decreciente, puede ser la siguiente:

a) palabras que presentan una total capacidad de derivación asociada a una total previsibilidad: caz-ador, griego dia-blépō «mirar a través», inglés bak-er «panadero», italiano sald-atore «soldador», etc.;

b) palabras obtenidas mediante reglas morfofonológicas que no destruyan los límites de los morfos: it. capigliatura «pelo, cabellera» (de /kapel-/ → /kapi-/); en esta categoría podemos incluir las modificaciones vocálicas (Hof → höflich), y las que alteran el límite de morfo hasta volverlo irreco- nocible;

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c)

la supleción, que elimina completamente las relaciones fonológicas entre palabras semánticamente relacionadas.

Naturalmente, esta escala debe tomarse en cuenta de acuerdo con otras exigen- cias. Por ejemplo, las lenguas semíticas usan intensivamente la infijación, aunque esta modalidad morfológica puede ser considerada poco o nada natural. Este hecho, apa- rentemente en oposición con la escala de naturalidad, se puede explicar quizás pensando en la gran especialización que los morfos vocálicos presentan respecto de los consonánticos en estas lenguas.

9. LA PALABRA

9.1 Dificultad para definirla En los apartados anteriores hemos usado el término palabra en sentido intuitivo, dando por descontado que designa algo concreto. En realidad, las cosas son de otra manera. La noción de ‘palabra’ es difícil de definir, y está muy ligada a la lengua con-creta a la que nos estemos refiriendo, de tal manera que, aunque la Lingüística moder-na se ha venido esforzando muchísimo en hacer que sea rigurosa, no se puede decir, ni siquiera hoy día, que la discusión esté verdaderamente zanjada, y muchos lingüistas siguen considerando que la noción en sí es prácticamente inútil. Para presentar el pro-blema en sus verdaderos términos, convendrá citar algunos hechos que muestran hasta qué punto resulta vaga la categoría de palabra. La cultura occidental, indudablemente influida por su práctica de la escritura, acostumbra a emplear una noción puramente ‘gráfica’ de palabra, esto es, a considerar como una ‘palabra’ aquella parte de escritura que está entre dos espacios en blanco. Sin embargo, intuimos inmediatamente que desde un punto de vista más riguroso, esta concepción no es suficiente. Ante todo, en algunas lenguas antiguas la grafía misma no registraba las palabras como entidades separadas, ya que la cadena sintagmática se escribía sin ningún intervalo. Ello ocurría, por ejemplo, en latín, donde la escritura de las palabras separadas es relativamente tardía y no siempre fija. Pero existen también otros problemas de difícil solución. Por ejemplo, las locu- ciones italianas per lo più «comúnmente» y per lo meno «por lo menos» se escriben en tres ‘palabras’ gráficas. Es más, se acepta que las locuciones indicadas se escriban sin espacio alguno entre sus componentes: perlopiù y perlomeno. Por otra parte, existen en diversas lenguas numerosas palabras gráficas que pueden aparecer solamente en algunos contextos determinados: las expresiones for the sake of «por amor de» u on behalf of «en nombre de» en inglés contienen respectivamente las ‘palabras’ sake y behalf, que sólo pueden aparecer en estos contextos; de la misma manera que la locución española por mor de contiene la ‘palabra’ mor, que aparece exclusivamente (al menos en el español actual) en ese contexto, o la locución italiana a repentaglio «en peligro, en riesgo», que contiene repentaglio, una ‘palabra’ que se encuentra solamente en ese contexto. Las ‘palabras’ que se ven obligadas a aparecer exclusivamente en un determinado entorno sintagmático y que no se pueden usar en otros no se deberían denominar, ni siquiera genéricamente, palabras. Hay otros casos que muestran también la indeterminación de la categoría ‘pala- bra’. Existen construcciones formadas por más de una ‘palabra’ que sin embargo operan sintácticamente casi como una sola palabra. En español, por ejemplo, poner

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en marcha, darse cuenta, pasarse de listo, y otras de este tipo, son construcciones compuestas por palabras que pueden usarse también en otros entornos sintagmáticos, pero que, cuando aparecen en esos contextos específicos, se comportan como una unidad indisoluble. El mismo fenómeno lo encontramos en otras lenguas: así el inglés put in action «poner en acción», put to an end (to) «poner fin (a)», el francés mettre sur pied «plantear, iniciar», mettre en oeuvre «poner en práctica», etc. En todos estos casos estamos ante ‘palabras’ constituidas de varias palabras, que podemos llamar palabras complejas. Algunas de estas palabras complejas están, por así decirlo, ‘legitimadas’ en el plano gráfico, esto es, escritas sin intervalos, aun reconociendo a una de ellas la libertad de poder tener flexión: la fusión gráfica la encontramos por ejemplo en el inglés altogether «completamente», de all + together; la fusión con libertad flexiva de una de las componentes la vemos en el alemán kennenlernen «conocer», lit. «conocer-aprender», fallenlassen «abandonar», lit. «caer-dejar». Fenómenos similares se encuentran en latín en algunas palabras complejas no segmentables, que a veces se funden incluso en la grafía: res publica «estado» (también respublica), pater familias «padre de familia» (también paterfamilias), aes alienum «deuda», lit. «bronce ajeno». Una propiedad de las palabras complejas parece ser que reconocen a algunas de las palabras componentes la libertad de variación, al menos desde el punto de vista de la flexión. Las palabras complejas están, por tanto, compuestas de palabras autónomas morfológica pero no sintácticamente: por ejemplo, el verbo poner de poner en marcha se flexiona cuando la palabra compleja se inserta en un entorno sintagmático que lo requiere (yo pongo en marcha, él ha puesto en marcha, etc.), y sólo puede limitadamente separarse de las palabras que forman con él la palabra compleja. Estas palabras complejas tienen, pues, el carácter de ser, en ciertos casos, palabras discontinuas y elásticas.

Estos fenómenos, vistos en su totalidad, desaconsejan tomar la ‘palabra’ como una entidad intuitivamente clara: por un lado tenemos ‘palabras’ sin duda ‘falsas’ que se escriben separadamente (como las verdaderas), y por otro lado ‘palabras verda- deras’ que pueden combinarse entre sí para formar esa especie de superpalabra que estamos llamando palabra compleja. Los diccionarios (que los occidentales escolari- zados suelen considerar como una autoridad indiscutible en cuestión de palabras) recogen muy de pasada esta tortuosa situación: sus lemas están constituidos general- mente por ‘palabras’ simples, y dejan que todos los demás tipos de ‘palabra’ sean tra- tados dentro de las distintas voces, perdiendo, por lo tanto, toda relevancia.

9.2 Una definición formal de palabra Todo lo visto pudiera llevarnos a creer que la ‘palabra’ es en realidad indefinible y que hay que abandonarla en tanto que unidad de análisis. Algunos investigadores se han decidido por esto último. Sin embargo, pese a todo, existen buenas razones de carácter empírico que demuestran no sólo que la palabra es una unidad efectiva de las lenguas verbales, sino también que el hablante (y no sólo el que está plenamente alfabetizado) la percibe como tal. En efecto, existen condiciones generales cuya aplicación conjunta resulta muy aceptable para definir la noción de palabra. 4

4 Todos los intentos basados en un criterio único se han mostrado, a decir verdad, insuficientes. De entre ellos, el más famoso, y sin duda el más acertado, es el de Bloomfield, según el cual la palabra es

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Consideraremos palabra prototípica, por tanto, aquel elemento que respete la totalidad de las condiciones siguientes:

a) es posible, al menos virtualmente, una pausa antes y/o después de él, pero

nunca en su interior (condición de no pausabilidad); b) dados dos elementos susceptibles de ser palabra, otro elemento puede

interponerse entre ellos, pero no insertarse en uno de ellos (condición de no interrum- pibilidad);

c) dados varios elementos, su orden puede ser modificado en la cadena sintag-

mática (condición de movilidad);

d) los elementos pueden aparecer también solos, esto es, constituir de por sí un

enunciado (condición de aislabilidad).

Estos criterios son, evidentemente, de tipo formal, y no dicen nada sobre el significado de las palabras (a diferencia de algunas definiciones tradicionales que pretendían utilizar también requisitos semánticos). Los requisitos en cuestión, que usados conjuntamente deberían permitir identificar palabras en la más amplia extensión del término, responden a dos de factores fundamentales: la estabilidad interna del cuerpo fónico de la palabra y su movilidad posicional. Este conjunto de criterios parece suficientemente fiable porque da cuenta de una variedad de tipos de ‘palabra’ en diversas lenguas. El único fenómeno que se le escapa es el de las palabras complejas: éstas, en efecto, aun constituyendo desde un determinado punto de vista una ‘unidad’, a) pueden sufrir la introducción de pausas internas (Pusieron en marcha el coche), b) pueden aceptar la inserción de otras ‘palabras’ (he puesto INMEDIATAMENTE en marcha el coche), c) no toleran la inversión de los elementos que las componen (no se puede decir en marcha poner ni en poner marcha). El único criterio que las palabras complejas parecen respetar es el d) citado anteriormente, esto es, la condición de aislabilidad. Por ello conviene proponer otro criterio que permita captar también la naturaleza de estas importantes unidades léxicas. Un criterio eficiente parece ser el que sigue:

d) en ciertos casos, aun no aplicándose los criterios anteriores, vale una condición de no sustituibilidad del todo por la parte, por lo que entidades compuestas de más de una ‘palabra’ identificada según a)-d) no pueden ser sustituidas por una sola de las palabras componentes. Por ejemplo, poner en marcha, entidad compuesta de tres ‘pa-labras’ (identificadas según los criterios a)-d)), no puede ser sustituida por una sola de ellas, sino sólo por el conjunto de todas ellas; mettre sur pied «poner en marcha, plantear», entidad compuesta también por tres ‘palabras’, no puede ser sustituida por una sola de ellas, sino sólo por sí misma, etc.

9.3 Una definición funcional de palabra

‘la forma libre mínima’. Una forma, en la teoría de Bloomfield, es ‘libre’ si puede aparecer sola; aparentemente, una definición como ésta no se aplica a palabras como el o por, que pueden aparecer solas únicamente en enunciados metalingüísticos (como: [A] ¿Has dicho con el hijo o por el hijo?; [B] ‘Por’). Aparte de esto, la definición de Bloomfield no cuenta de ninguna manera con las palabras complejas, ya examinadas.

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Podemos considerar, por otra parte, la posibilidad de una definición de palabra de carácter semántico o funcional y que, como en el caso del acercamiento formal, también tendría carácter flexible: en el sentido de que, en relación con varios criterios, las expresiones podrían considerarse palabras prototípicas en la medida en que cumplieran con la mayor parte de dichos criterios. Entre esos criterios están los siguientes:

a) Posibilidad de constituir por sí sola un enunciado en contextos no metalingüísticos (ver nota 4).

b) Capacidad de desempeñar por sí sola una función oracional: i) la del

predicado verbal de una oración, como en el caso de los verbos finitos:

ganamos, lloverá, ven, mira, etc. ii) Cualquiera de las funciones vinculadas directamente al predicado verbal, como las de sujeto, complemento directo, atributo, etc.: en bebed agua, “agua” por sí sola desempeña la función de complemento directo; en vienen soldados, “soldados” desempeña por sí sola

la función de sujeto; en está dulce, “dulce” desempeña por sí sola la función

de atributo. iii) Cualquiera de las funciones externas al conjunto del predicado

y sus argumentos, como en el caso de los adverbios en las funciones de

complementos circunstanciales, complementos modales oracionales, etc.: en viven allí, “allí” desempeña por sí sola la función de complemento circunstancial de lugar; en Evidentemente, tiene hambre, “evidentemente” desempeña por sí sola la función de modalizador proposicional epistémico del resto de la oración.

c) Capacidad para ser unidad mínima correferente con una forma pronominal. Así, en la oración Le dieron agua, pero no la bebió el elemento “agua” es una palabra, pues es correferente de “la”. Sin embargo, en Los antidarwinistas no estaban de acuerdo con él el elemento “-darwin-” de “antidarwinistas” no es correferente de “él”; si mantuviéramos esta correferencia, la oración resultaría anómala. De ello se deduce que "-darwin-" no es una palabra.

d) Capacidad para ser unidad mínima de operaciones sintácticas como la interrogación, la relativización, la elipsis o la focalización. Así, el componente “lava” de lavafrutas no puede ser elidido en la siguiente oración:*Compré un lavaplatos y varios frutas.

e) Capacidad para recibir las funciones de determinación como la voz, el aspecto, el tiempo, el modo, la persona, el número, el género, etc. Así, no es posible encontrar compuestos con determinación interna de algunos de sus componentes léxicos: He comprado un mata(*esas)moscas; Compré un mata(*ba)moscas.

Las expresiones que de forma prototípica cumplen con todos estos requisitos son las palabras con contenido lexemático que conforman las principales categorías verbales: sustantivos, adjetivos, verbos y adverbios. En relación con esos criterios funcionales serían descartadas como palabras plenas no sólo los morfemas

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derivativos y flexivos, sino también preposiciones, conjunciones, artículos y clíticos. Como se ve, este punto de vista funcional define la palabra considerándola no sólo como punto de llegada de las operaciones morfológicas, sino también, y fundamentalmente, como punto de partida de las operaciones sintácticas; es decir, como unidad mínima del nivel sintáctico en el que se configuran las oraciones. Por ello mismo, aunque lo mencionamos aquí, retomaremos con más detalle la cuestión del alcance y los límites de las operaciones sintácticas al abordar la sintaxis en el tema 7.

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