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AleG Lady Simphonia Alexiacullen Lesly Cipriano Auroo_J Clo LoreMejía Maru Belikov Edith 1609. Omakahell
AleG Lady Simphonia Alexiacullen Lesly Cipriano Auroo_J Clo LoreMejía Maru Belikov Edith 1609. Omakahell

AleG

Lady Simphonia

Alexiacullen

Lesly Cipriano

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Clo

LoreMejía

Maru Belikov

Edith 1609.

Omakahell

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Rockwood

K. E. Nightday

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Sprinkling Kazenbrr Sweet Nemesis Krispipe Vettina AleG (SOS) Alexiacullen (SOS) Clo (SOS) K. E. Nightday (SOS)

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4 esde el amargo divorcio de sus padres, McLean y su padre, un consultor de restaurantes,

esde el amargo divorcio de sus padres, McLean y su padre, un consultor de restaurantes, se han mudado a cuatro ciudades distintas en dos años.

Alejada de su madre y su nueva familia, McLean ha seguido a su padre en dejar el desgraciado pasado atrás. Y cada nuevo lugar le da la oportunidad de probar una nueva personalidad: desde animadora hasta diva del drama. Pero ahora, por primera vez, McLean descubre un deseo de permanecer en un lugar y ser simplemente ella misma, quienquiera que sea. Tal vez Dave, el chico de al lado, pueda ayudarla a averiguarlo.

Traducido por Clo (SOS) Corregido por Nikola a mesa estaba pegajosa, había una mancha borrosa
Traducido por Clo (SOS) Corregido por Nikola a mesa estaba pegajosa, había una mancha borrosa

Traducido por Clo (SOS)

Corregido por Nikola

a mesa estaba pegajosa, había una mancha borrosa en mi vaso de agua, y habíamos estado sentados durante diez minutos sin señales de una camarera. Sin embargo, sabía lo que diría mi papá. A estas alturas, era parte de la rutina.

Bueno, tengo que decirte. Veo potencial aquí.

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Estaba mirando a su alrededor mientras lo decía, asimilando la decoración. “Luna‖ Blu”‖ era‖ descrito‖ en‖ el‖ menú‖ como:‖ "Contempor{nea, italiana y tradicional,‖ ¡bien!”,‖ pero‖ por‖ lo‖ que‖ podía‖ decir‖ de‖ los‖ pocos‖ minutos‖ que‖ había‖ estado allí, esta última afirmación era cuestionable. En primer lugar, eran las 12:30 de un día de semana, y éramos una de las dos mesas en el lugar. En segundo lugar, había notado un buen medio milímetro de polvo en la planta de plástico que estaba al lado de nuestra mesa. Pero mi papá tenía que ser optimista. Era su trabajo.

Ahora, lo miré al otro lado de la mesa mientras estudiaba el menú con el ceño fruncido. Él necesitaba gafas, pero había dejado de usarlas después de perder tres pares seguidos, así que ahora solo achicaba mucho los ojos. En cualquier otra persona, esto podría haber parecido extraño, pero en mi papá, solo se agregaba a su encanto.

Tienen calamares y guacamole dijo, levantando la mano para apartarse hacia atrás el cabello de los ojos. Esto no tiene precedentes. Supongo que tenemos que pedir ambos.

Yum dije, mientras pasaba una camarera con deportivas botas de piel de cordero y minifalda, sin ni siquiera darnos un vistazo.

Mi papá la siguió con los ojos, luego desvió la mirada hacia mí. Me di cuenta que se estaba preguntando, como siempre lo hacía cuando realizábamos nuestras diversas escapadas, si estaba molesta con él. No lo estaba. Claro, siempre era desagradable levantarse y dejar todo de nuevo. Pero todo se reducía a cómo lo mirabas. Piensa en algo impactante, en un cambio que te

arruina la vida y estás acabado. Pero ponlo como un nuevo comienzo, como una oportunidad para reinventarte y empezar de nuevo, y todo es bueno.

Estábamos en Lakeview. Era principios de enero. De aquí en adelante podría

ser

cualquier persona.

Se

oyó un golpe, y ambos miramos hacia el bar, donde una chica de cabello

largo y negro con los brazos cubiertos de tatuajes, al parecer acababa de dejar caer una gran caja de cartón al suelo. Ella exhaló, claramente molesta, luego se puso de rodillas, recogiendo vasos de papel, mientras rodaban a su alrededor.

A mitad de su recogida, levantó la vista y nos miró.

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Oh, no dijo. ¿Han estado esperando mucho tiempo?

Mi papá bajó su menú.

No tanto.

Ella le lanzó una mirada que dejaba en claro que lo dudaba, entonces se puso de pie, mirando en torno al restaurante.

¡Tracey! gritó. Luego nos señaló. Tienes una mesa. ¿Podrías por favor, quizás, darles la bienvenida y ofrecerles bebidas?

Oí pisotones y un momento después, la camarera de botas dio vuelta a una

esquina y apareció a la vista. Mientras sacaba su libreta de pedidos parecía

como si estuviera a punto de entregar malas noticias.

Bienvenidos a Luna Blu recitó con voz plana. ¿Puedo tomar su pedido de

bebidas?

¿Cómo está el calamar? preguntó mi papá.

Ella solo lo miró como si esto pudiera ser una pregunta con trampa. Entonces, finalmente, dijo:

Está bien.

Mi papá:

Maravilloso. Pediremos uno de eso, y el guacamole. Ah, y también una pequeña ensalada de la casa.

Solo tenemos vinagreta hoy dijo Tracey.

Perfecto dijo mi papá. Eso es exactamente lo que queremos.

Ella lo miró por encima de la libreta, con expresión escéptica. Luego suspiró, metió la pluma detrás de su oreja y se fue. Yo estaba a punto de llamarla, con la esperanza de una Coca-Cola, cuando de repente, el teléfono de mi papá sonó y dio saltitos sobre la mesa, tintineando contra su tenedor y cuchillo. Él lo recogió, entrecerró los ojos hacia la pantalla y lo bajó de nuevo, ignorando el mensaje, al igual que lo había hecho con todos los otros desde que habíamos dejado Westcott esa mañana. Cuando me miró de nuevo, marqué un punto al sonreír.

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Tengo un buen presentimiento sobre este lugar dije. Potencial en serio.

Me miró por un momento, luego se estiró, apretando mi hombro.

¿Sabes qué? dijo. Eres una chica increíble.

Su teléfono sonó de nuevo, pero esta vez ninguno de los dos lo miró. Y allá en

Westcott, otra increíble chica estaba sentada mandando mensajes de texto o llamando, preguntándose ¿por qué diablos su novio, el que había sido tan encantador pero que no podía comprometerse, no le devolvía sus llamadas o mensajes?, quizás estuviera en la ducha, ¿o se había olvidado otra vez su teléfono? o tal vez él estaba sentado en el restaurante de un pueblo a cientos de kilómetros de distancia con su hija, a punto de comenzar sus vidas de nuevo.

Unos minutos más tarde, Tracey regresó con el guacamole y la ensalada, dejándolos caer pesadamente sobre la mesa en el espacio entre nosotros.

El calamar estará dentro de unos minutos informó. ¿Necesitan otra cosa en este momento?

Mi

papá me miró, y a pesar de mí misma, sentí una punzada de fatiga, al pensar

en

hacer todo esto de nuevo. Pero había tomado mi decisión dos años atrás.

Quedarme o irme, ser una cosa o muchas otras. Di lo que quieras acerca de mi padre, pero la vida con él nunca era aburrida.

No le dijo ahora a Tracey, aunque mantuvo sus ojos en mí. Sin entrecerrarlos ni un poco, grandes y azules, al igual que los míos. Estamos realmente bien.

azules, al igual que los míos — . Estamos realmente bien. Cada vez que mi padre

Cada vez que mi padre y yo nos mudamos a una nueva ciudad, la primera cosa que siempre hacíamos era ir directamente al restaurante donde había sido contratado para hacerse cargo, y pedir una comida. Siempre pedíamos los mismos aperitivos: guacamole si se trataba de un lugar mexicano, calamares

para antros italianos, y una ensalada simple, independientemente. Mi papá creía que estos eran los platos más básicos, lo que en cualquier lugar que valiera la pena debían hacer y hacerlo bien, y así como suministraban su línea de base, era el punto de partida para lo que venía después. Con el tiempo, también se convirtieron en un indicador de cuánto tiempo debía esperar que nos quedáramos en el lugar donde habíamos aterrizado. Con guacamole decente y lechuga poco crujiente, sabía que no debía apegarme demasiado. Calamares súper elásticos, o verduras ribeteadas con negro viscoso, valía la pena salir a buscar un deporte en la escuela, o incluso unirse a un club o dos, dado que nos íbamos a quedar un tiempo.

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Después de comer, pagamos la cuenta, dejando una buena propina, pero nada extravagante, antes de ir a encontrar nuestro lugar de alquiler. Una vez que hubiéramos desenganchado la U-Haul 1 , mi padre volvería al restaurante a presentarse oficialmente, y yo me pondría a trabajar en hacernos sentir en casa.

“EAT‖ INC”,‖ el‖ conglomerado‖ de‖ restaurantes‖ para‖ el‖ que‖ trabajaba‖ mi‖ padre‖ como consultor, siempre nos encontraba casas. En Westcott, la franja de playa de la ciudad de Florida que acabábamos de dejar, nos habían alquilado un lindo bungalow a una manzana del mar, todo decorado en tonos rosas y verdes. Había flamencos de plástico por todas partes: en el césped, en el cuarto de b año, colgados en las diminutas luces a lo largo de la repisa de la chimenea. Cursi, pero de una manera entrañable. Antes de eso, en Petree, un suburbio a las afueras de Atlanta, habíamos tenido un loft reciclado, en un rascacielos habitado principalmente por solteros y hombres de negocios. Todo era de madera y oscuro, el mobiliario moderno con bordes afilados, y siempre estaba tranquilo y muy frío. Tal vez esto había sido tan notorio para mí debido a nuestro primer lugar, en Montford Falls, separado en dos niveles en un callejón habitado en su totalidad por familias. Había bicicletas en todos los céspedes y pequeñas banderas decorativas colgando de la mayoría de los porches: Santas gordos para Navidad, corazones color rubí para San Valentín, gotas de lluvia y arco iris en primavera. Los centros de madres, todas en pantalones de yoga, empujando cochecitos mientras caminaban con energía a encontrarse con el autobús de la escuela por las mañanas y por las tardes, nos examinaban descaradamente desde el momento en que llegamos. Observaron a mi padre ir y venir a sus horas extrañas y me lanzaban miradas de lástima cuando yo traía las compras de comestibles de la tienda y recogía la correspondencia. Yo ya sabía, y muy bien, que ya no era parte de lo que se considerab a una familia tradicional. Pero éstas miradas lo confirmaban, solo por si acaso lo hubiera olvidado.

1 U-Haul: empresa de mudanza.

Todo era tan distinto, aquella primera mudanza, que no sentí que tuviera que ser diferente también. Así que lo único que había cambiado era mi nombre, corrigiendo suave pero firmemente a mi tutor en mi primer día de clases.

Eliza le dije. Él echó un vistazo a su hoja de lista, luego tachó lo que estaba allí y escribió esto.

Era tan fácil. Así de simple, en los momentos de prisa entre anuncios, empacaba, tiraba lejos dieciséis años de mi vida y nacía de nuevo, todo antes de que comenzara el primer período.

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No estaba exactamente segura de lo que mi padre opinaba de esto. La primera vez que alguien llamó preguntando por Eliza, unos días más tarde, él pareció confundido, incluso cuando estiré la mano hacia el teléfono y me lo entregó. Pero nunca dijo nada. Yo sabía que lo entendía, a su manera. Ambos habíamos dejado la misma ciudad bajo las mismas circunstancias. Él tenía que quedarse con quien era, pero no dudaba ni por un segundo que habría cambiado si hubiera tenido la opción.

Como Eliza, no era muy diferente a lo que había sido antes. Había heredado lo que mi madre llamaba "alimentada con maíz": alta, rubia fresa, y de ojos azules, de modo que me parecía a las otras chicas más populares del colegio. Añade el hecho de que no tenía nada que perder, lo que me daba confianza y encajaba fácilmente con los deportistas y animadoras, recolectando amigos rápidamente. Ayudaba que todo el mundo en Montford Falls se hubiera conocido desde siempre: ser sangre nueva, incluso si pareces familiar te hacía exótica, diferente. Me gustó tanto esa sensación que, cuando nos mudamos a Petree, nuestro siguiente lugar, lo llevé más lejos, llamándome Lizbet y juntándome con arma pleitos y bailarines. Usaba pantalones de medias, camisetas y lápiz labial rojo brillante, mi cabello recogido hacia atrás en un lazo lo más apretado posible, mientras trataba de bajar de peso, fumaba cigarrillos, y convertía todo en una producción. Era diferente, de seguro, pero también agotador. Probablemente, razón por la cual, en Westcott, nuestra parada más reciente, había estado más que feliz en ser Beth, secretaria del consejo estudiantil y juntándome con todos alrededor. Escribía para el periódico de la escuela, servía en el anuario, y hacía tutorías a los niños de bajo rendimiento de la escuela intermedia. En mi tiempo libre organizaba lavados de coches y venta de pasteles para recaudar fondos para la revista literaria, el equipo de debate y los niños hondureños para los cuales el club español esperaba construir un centro de recreación. Yo era esa chica,‖ la‖ que‖ “todo‖ el‖ mundo‖ conocía”,‖ con‖ mi‖ rostro‖ por‖ todo‖ el‖ anuario.‖ Lo‖ que lo haría mucho más notorio cuando desapareciera hacia el siguiente lugar.

Lo más extraño de todo esto era que antes, en mi antigua vida, no había sido ninguna de estas cosas: no era una líder estudiantil ni una actriz ni una atleta. Allí era simplemente promedio, normal, sin ser notada. Solo Mclean.

Ese era mi verdadero nombre, mi nombre de nacimiento. También el nombre del entrenador de baloncesto con más victorias de todos los tiempos de la Universidad Defriese, el alma mater de mis padres y el equipo favorito de mi papá de todos los tiempos. Decir que él era un fanático del baloncesto de Defriese era un eufemismo, lo mismo que decir que el sol era simplemente una estrella. Él vivía y respiraba DB, como él y sus compañeros obsesivamente lo llamaban, y lo había sido desde sus días, mientras crecía a solo cinco millas del campus. Iba al campamento de baloncesto de Defriese en el verano, sabía las estadísticas de cada equipo y jugador de memoria, y llevaba una camiseta de Defriese en casi todas las fotos de escuela desde el jardín de infantes hasta el último año. El tiempo real de juego en el equipo, que finalmente consiguió a lo largo de dos años de viajar en el banquillo como suplente, fueron los mejores catorce minutos de su vida, sin lugar a dudas.

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Excepto que, por supuesto, siempre añadía a toda prisa, mi nacimiento. Eso también era genial. Tan genial que no había realmente ninguna duda de que me habían puesto el nombre de Mclean Rich, su entrenador de entonces y el hombre que más admiraba y respetaba. Mi madre, a sabiendas que la resistencia a esta elección era inútil, estuvo de acuerdo solo con la condición de que tuviera un segundo nombre normal, Elizabeth, que me proporcionara una opción alternativa para que yo pudiera decidir. Nunca había esperado realmente que fuera el caso. Pero nunca se puede predecir todo.

Hace tres años, mis papás, novios desde la universidad, estaban felizmente casados y criándome, su única hija. Vivíamos en Tyler, la ciudad universitaria de la que Defriese U era el epicentro, donde teníamos un restaurante, “Mariposa‖ Grill”.‖ Mi‖ pap{‖ era‖ cocinero‖ en‖ jefe,‖ mi‖ mamá manejaba la caja de dinero y el comedor del restaurante, y yo crecí sentada en la pequeña oficina, coloreando facturas o posicionada en la mesa de preparación en la cocina, observando la línea de chicos tirar las cosas en la freidora. Teníamos boletos de temporada de DB en la sección de hemorragias nasales, donde mi papá y yo nos sentábamos sacándonos los pulmones a gritos mientras los jugadores peleaban, como hormigas, mucho más abajo. Sabía las estadísticas del equipo de Defriese como las chicas almacenaban conocimientos de las princesas de Disney: los jugadores del pasado y el presente, el promedio de lanzamientos de los principiantes y de los largueros de segundo lugar, el número de series mundiales que Mclean Rich necesitaba para lograr la victoria de todos los

tiempos. El día que lo consiguió, mi papá y yo nos abrazamos el uno al otro, brindando con cerveza, él, y ginger ale, yo, como una familia orgullosa.

Cuando Mclean Rich se retiró, lloramos, luego nos preocupamos por los candidatos para remplazarlo, estudiando sus carreras y estrategias ofensivas. Estuvimos de acuerdo en que Peter Hamilton, que era joven y entusiasta con un gran record, era la mejor opción, y asistimos a su espectáculo de porristas con las más altas esperanzas. Esperanzas que parecían del todo justificadas, de hecho, el mismo Peter Hamilton se dejó caer en Mariposa una noche y le gustó tanto la comida que quiso usar nuestra sala de fiestas privada para un banquete del equipo. Mi papá estaba en el cielo DB total, con dos de sus má s grandes pasiones, el baloncesto y el restaurante, finalmente alineadas. Fue genial. Luego mi mamá se enamoró de Peter Hamilton, lo que no lo fue.

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Habría sido lo bastante malo si hubiera dejado a mi papá por cualquier otra persona. Pero para mí y para papá, tan fanáticos de DB como éramos, Peter Hamilton era un dios. Pero los ídolos se caen, y a veces aterrizan justo sobre ti y te dejan aplanada. Ellos destruyen tu familia, te avergüenzan ante los ojos de la ciudad que amas, y arruinan el deporte del baloncesto para siempre.

Incluso todo este tiempo después, todavía parecía imposible que ella lo hubiera hecho, el propio acto y el hecho sigue siendo capaz de sacarme el aire inesperadamente en momentos aleatorios. En las primeras raras y movidas semanas, después de que mis papás me sentaran y me dijeran que se iban a separar, seguía repasando el último año, intentando averiguar cómo pudo haber sucedido. Quiero decir, sí, el restaurante estaba luchando, y sabía que había habido tensión entre ellos al respecto. Y podía dar fe del hecho de que mi mamá siempre decía que mi papá no pasaba suficiente tiempo con nosotras, mientras mi papá señalaba que sería mucho más fácil una vez que estuviéramos viviendo en una caja de cartón al lado de la carretera. Pero todas las familias tenían ese tipo de discusiones, ¿no? No quería decir que estaba bien salir huyendo con otro hombre. Especialmente el entrenador de tu marido y del equipo favorito de tu hija.

Sin embargo, la única persona que tenía las respuestas a estas pregunta s, no estaba hablando. Al menos, no tanto como yo quería que lo hiciera. Tal vez debería haber esperado esto, ya que mi madre nunca había sido del tipo sensiblero y súper-confesional. Sin embargo, las pocas veces que intenté abordar la pregunta del millón de dólares: ¿por qué?, en los inestables primeros días después de la separación y los no tan estables que le siguieron, ella no me decía lo que yo quería escuchar. En lugar de eso, su política partidaria era una

frase:‖“Lo que pasa en un matrimonio es entre las dos personas que lo integran. Tanto tu padre como yo te amamos mucho. Eso nunca va a cambiar”. Las primeras veces, esto me fue dicho con tristeza. Luego, tomó un toque de molestia. Cuando su tono se hizo mordaz, dejé de hacer preguntas.

¡HAMILTON ROMPEHOGARES!, gritaban los blogs deportivos. ME LLEVARÉ A TU ESPOSA, POR FAVOR. Es curioso cómo los titulares podían ser tan lindos, cuando la verdad era francamente fea. Y qué extraño, para mí, que esto, que siempre había sido parte de mi vida, de donde procedía mi propio nombre, era ahora, literalmente, parte de mi vida. Era como amar una película, saber cada parte, y entonces, repentinamente, encontrarte justo dentro de ella. Pero ya no era una romántica ni una comedia, era simplemente tu maldita peor pesadilla.

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Por supuesto que todo el mundo estaba hablando. Los vecinos, los cronistas deportivos, los chicos de mi escuela. Probablemente aún seguían hablando, tres años y dos pequeños gemelos Hamilton después, pero por suerte, yo no estaba allí para escucharlo. Los había dejado allí, con Mclean, cuando mi papá y yo enganchamos un remolque U-Haul a nuestro viejo Land Rover y nos dirigimos a Montford Falls. Y Petree. Y Westcott. Y ahora, aquí.

a Montford Falls. Y Petree. Y Westcott. Y ahora, aquí. Fue lo primero que vi cuando

Fue lo primero que vi cuando nos detuvimos en la entrada de nuest ra nueva casa rentada. No la fresca pintura blanca, o el alegre verde bien cortado, o el amplio porche de bienvenida. Ni siquiera noté, inicialmente, las casas a ambos lados, similares en tamaño y estilo, una con un césped cuidadosamente mantenido, el camino de acceso lleno de arbustos ordenados, y la otra con coches aparcados en el patio y rojas tazas vacías de plástico esparcidas a su alrededor. En cambio, solo estaba esto, apoyado al final del camino de entrada, esperando para darnos la bienvenida personalmente.

Aparcamos justo adelante, sin decir nada ninguno de los dos. Entonces mi papá apagó el motor, y ambos nos inclinamos hacia adelante, mirando por el parabrisas, mientras se alzaba por encima de nosotros.

Una canasta de baloncesto. Por supuesto. A veces la vida es tan graciosa.

Por un momento, los dos simplemente nos quedamos mirando fijamente. Luego mi papá dejó caer la mano del arranque.

Desempaquemos dijo, y abrió su puerta.

Hice lo mismo, siguiéndolo otra vez hasta la U -Haul. Pero juro que era como si pudiera sentirla observándome mientras yo sacaba mi maleta y la subía por los escalones.

La casa era bonita, pequeña pero realmente acogedora, y era obvio que había sido renovada recientemente. Los electrodomésticos de la cocina parecían nuevos, y no había marcas de tachuelas o clavos en las paredes. Mi papá se dirigió otra vez al exterior, todavía descargando, mientras yo me daba un pequeño tour, consiguiendo orientarme. Cable ya instalado, e inalámbrico: eso era bueno. Yo tenía mi propio cuarto de baño: incluso mejor. Y por cómo se veía, estábamos a una corta distancia a pie del centro de la ciudad, lo que significaba menos problemas de transporte que el último lugar. En realidad me estaba sintiendo bien acerca de las cosas, dejando de lado los rec ordatorios de baloncesto, al menos hasta que salí al porche trasero y encontré a alguien tendido allí en una pila de cojines de jardín.

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Literalmente pegué un alarido, en un tono tan alto y tan de chica que

probablemente me habría sentido avergonzada si no hubiera estado tan anonadada. Sin embargo, la persona en los cojines estaba tan sorprendido como yo, al menos a juzgar por la forma en que saltó, girándose a mirarme mientras yo regresaba por la puerta abierta a mis espaldas, agarrando el picaporte para poder cerrarla entre nosotros. Mientras giraba el cerrojo, con mi corazón todavía galopando, fui capaz de darme cuenta que era un chico de cabello largo

y jeans, usando una descolorida camiseta de franela, y destartaladas Adidas en

los pies. Él había estado leyendo un libro, algo grueso, cuando yo lo interrumpí.

Ahora, mientras observaba, él se sentó, poniéndolo a su lado. Se echó el cabello para atrás, sucio, negro y un poco rizado, luego levantó una chaqueta que había tenido ovillada debajo de la cabeza, sacudiéndola. Era de cordero y gastado, con algún tipo de insignia en la parte delantera, y yo me quedé observando mientras se la ponía, tranquilo como le venía en ganas, antes de ponerse de pie

y recoger lo que fuera que había estado leyendo, que yo ahora veía que era un

libro de texto de algún tipo. Luego se echó el pelo hacia atrás con una mano y se giró, mirándome directamente a través de la puerta de vidrio entre nosotros.

Lo siento articuló. Lo siento.

Mclean gritó mi papá desde el vestíbulo, su voz resonando por el pasillo vacío. Tengo tu portátil. ¿Quieres que la ponga en tu dormitorio?

Yo simplemente me quedé allí parada, mirando fijo al chico. Sus ojos eran de color azul brillante, su rostro pálido invierno, pero de mejillas coloradas.

Todavía estaba tratando de decidir si debía gritar pidiendo ayuda cuando me sonrió y me dio un saludo un poco raro, tocándose la sien con los dedos. Luego se giró y empujó la puerta de tela metálica hacia el patio. Deambuló por la cubierta, debajo de la canasta de baloncesto, y sobre la valla de la casa de al lado, la cual saltó con lo que, para mí, fue una cantidad sorprendente de gracia. Mientras él caminaba por los escalones laterales, se abrió la puerta de la cocina. Lo último que vi fue a él cuadrando los homb ros, como si se estuviera preparando para algo, antes de desaparecer en el interior.

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¿Mclean? llamó de nuevo mi papá. Ahora se estaba acercando, sus pasos resonando. Cuando me vio, levantó mi computadora portátil. ¿Sabes dónde quieres esto?

Volví a mirar la casa de al lado en la que acababa de entrar el chico, preguntándome cuál era su historia. Tú no pasabas el rato en una casa que piensas que está vacía cuando vives justo en la casa de al lado, a menos que no te sientas como en casa. Y era su hogar, eso estaba claro. Tú podías decir cuando una persona pertenecía a un lugar. Eso es algo que no se puede fingir, no importa cuánto te esfuerces.

Gracias le dije a papá, volviéndome a enfrentarlo. Solo ponla en cualquier lugar.

Traducido por Alexiacullen y K. E. Nightday (SOS) Corregido por Nikola uando tu padre es

Traducido por Alexiacullen y K. E. Nightday (SOS)

Corregido por Nikola

por Alexiacullen y K. E. Nightday (SOS) Corregido por Nikola uando tu padre es cocinero la

uando tu padre es cocinero la gente siempre asume que en casa él hace todo en la cocina. Ese no era el caso en nuestra familia. De hecho,

después de pasar horas en la cocina de un restaurante cualquiera, preparando comida o supervisando a otros como lo hicieron, la última cosa que

mi papá quiso hacer cuando finalmente consiguió salir del trabajo era encender

el fogón.

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Debido a esto mi mamá siempre estuvo dejada a sus propios recursos, los cuales no eran decididamente gourmet. Si mi padre podía hacer una salsa

perfecta y blanca, mi madre predicaba el evangelio de crema de: crema de sopa

de pollo sobre pechugas de pollo, crema de sopa de brócoli con patatas al

horno, crema de champiñones, bueno, de nada. S i ella se sentía realmente extravagante, habría espolvoreado algunas patatas fritas arrugadas en la parte

superior de todo lo que había tirado junto y lo llamaba un adorno. Comíamos hortalizas en conserva, queso parmesano en una coctelera y pechugas de pollo congelado, descongelado en el microondas. Y estaba bien. En las raras noches

en que mi padre estaba en casa y podía ser obligada a cocinar, era siempre a la parrilla. Allí había volteado filetes de salmón o de chuletas TBone entre bandejas en nuestra maltratada mesa hecha de la canasta de baloncesto, de los cuales el tablero estaba empapelado con pegatinas de DeFriese tan completamente que apenas podrías ver algo blanco en todo ello. En el interior,

mi madre abriría una ensalada embolsada, tiraría algunos trocitos de picatostes,

y por si fuera poco con el aderezo embotellado. El contraste podría haber

parecido raro. Pero de alguna manera, funcionaba.

Cuando el primer matrimonio de mis padres explotó, yo estuve en un estado total de shock. Tal vez era ingenua, pero siempre había pensado que tenían la “Gran‖ historia‖ de‖ amor‖ americana”.‖ Ella‖ era‖ de‖ una‖ familia‖ rica‖ del‖ sur‖ que‖ criaban a reinas de belleza; él tardío, el único hijo de un operario del sector automovilístico y de una maestra de tercer grado. No podían haber sido más diferentes. Mi madre era una debutante que literalmente fue a la escuela de señoritas donde se les enseña a comportarse en sociedad, mi padre se limpiaba

la boca con su manga y no era dueño de su traje. Funcionó hasta que mi madre decidió que no quería eso más. Y solo por esto, todo cambió.

Cuando dejó a mi padre por Peter, honestamente, no podía creer que estuviera sucediendo, incluso cuando fui testigo de los escombros; risas por lo bajo en los pasillos de la escuela, sus escapadas, la fatiga repentina y fuertes en las facciones de papá, a mi alrededor. Estaba en tal aturdimiento que nunca pensaba en oponerme cuando se decidió por mí que pasaría los días de la semana con mi madre en la Casa Hamilton y los fines de semana en nuestra antigua casa con mi padre. Acabé sonámbula con eso, como todo lo demás.

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Peter‖ Hamilton‖ vivía‖ en‖ “La‖ Cordillera”,‖ una‖ comunidad‖ privada‖ y‖ exclusiva‖ junto a un lago. Tenías que pasar por una caseta de vigilancia para entrar, y había una entrada separada por los paisajistas y reparadores, por lo que los residentes podrían ser protegidos de la vista de las clases bajas. Todas las casas eran enormes. El vestíbulo del lugar de Peter era tan grande que todo lo que tú decías allí te levantaba hacia arriba, arriba, arriba hacia la sobrecarga del alto techo dejándote sin palabras. Había una sala de juegos con una máquina de pinball de DeFriese, un regalo de bienvenida del equipo de refuerzo, y una piscina con la insignia de DeFriese pintada en la parte inferior del fondo, piropos del contratista, un gran fan de DB. Siempre me llamó la atención, sin fallar, que la única persona que verdaderamente habría apreciado esas cosas era la única persona que nunca vendría: mi padre. No podía incluso hablar sobre ellos, hacer eso parecería un insulto. En cuanto a la cocina, Peter no lo hacía. Tampoco mi madre. En cambio, tenían un ama de llaves, Miss Jane, que era mucho más práctica siempre para preparar lo que querías e incluso si no lo querías. Había una merienda abundante y saludable, esperándome cada día después‖ de‖ la‖ escuela,‖ una‖ cena‖ equilibrada:‖ almidón‖ vegetal,‖ carne,‖ pan…‖ sobre la mesa sin demora en los seis días sin juegos. Echaba de menos las Cremas‖ de…‖ y‖las‖ patatas‖ fritas,‖ de‖la‖misma‖manera‖ que‖echaba‖de‖menos‖todo‖ de mi antigua vida. Solo lo quería de vuelta. No fue hasta que mi madre me dijo que estaba embarazada de los gemelos, sin embargo, que entendí que esto nunca iba a suceder. Como un cubo de agua sobre la cabeza la noticia de su inminente llegada me sacó de mi estupor.

Mi madre no me dijo eso cuando se separó de mi padre, pero si hiciera los

cálculos, y oh, cómo odiaba tener que hacer los cálculos, se puso de manifiesto

que solo lo sabía ella, pero fue la razón por la que finalmente llegó inocente. Todo lo que sabía era que había tantas noticas viniendo hacia mí en un golpe

tan rápido, como por ejemplo: nos estamos separando, te cambiarás a otra casa

la mitad de la semana, o el cierre del restaurante, que no creía que nada más

pudiera sorprenderme. Yo estaba mal. De repente, no tenía tan solo un nuevo padrastro, y una nueva casa, pero una nueva familia también. No era suficiente para acabar con lo que yo quería: ella lo estaba remplazando, también.

Mis padres se habían separado en abril. Ese verano, cuando supe que tenía hermanastros en camino, mi padre decidió que vendería Mariposa y tomaría un trabajo de consultor. El propietario de la EAT INC, un viejo compañero suyo de la universidad había estado siempre tratando de contratarlo y ahora lo que estaban ofreciéndole parecía justo lo que necesitaba. Un cambio de dirección, un cambio de lugar. El periodo del cambio. Así que dijo que sí, planeó empezar en otoño, y me prometió que volvería cada vez que pudiera a visitarme y volar conmigo durante los veranos y las vacaciones. No se le ocurrió pensar por un segundo que me habría gustado acompañarlo al igual que no se le ocurrió a mi madre que no me mudaría a tiempo completo con ella y Peter. Pero estaba cansada de que ellos ellatomara las decisiones por mí. Podría tener su nueva, brillante y reluciente vida con un nuevo marido y nuevos niños, pero ella no conseguiría tenerme, también. Decidí que me iba con mi padre.

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No fue sin drama. Se llamaron abogados y se celebraron reuniones. La partida de mi padre fue demorada durante semanas, luego meses y yo pasaba las horas sentada en una mesa de reuniones en una oficina o en otra mientras mi madre, con los ojos rojos y embarazada, me disparaba miradas de traición que eran tan irónicas que eran casi divertidas. Casi. Mi padre estaba tranquilo, cuando su abogado y él me hicieron declarar de nuevo que esa era mi elección, no su insistencia. La secretaria del tribunal, se sonrojó, y actuó como si no se pasara todo el rato mirando a Peter Hamilton, que se sentó cerca de mi madre, sosteniendo su mano, y con una expresión grave que reconocí de los tiempos dobles extras con solo unos segundos por jugar y sin tiempos de espera. Después de unos cuatro meses de discusiones, se decidió que ¡sorpresa!, verdaderamente podía tomar esa decisión por mí misma. Mi madre estaba furiosa, porque por supuesto no sabía nada acerca de hacer lo que quería y solo quería que los sentimientos de las otras personas fueran condenados.

Nuestra relación desde que me fui había sido tibia en el mejor de los casos. E n el marco del acuerdo de la custodia, estaba obligada a visitarla en verano y vacaciones, lo que hacía con el mismo entusiasmo que cualquiera haría con algo que el estado ordenó. Cada vez, lo mismo se hacía evidente: mi madre solo quería una salida limpia y fresca. No tenía ningún interés en discutir nuestras vidas anteriores o la parte que pudiera o no pudiera haber jugado con el hecho de que ellos no existían más. No, se suponía que solo me acoplara a la

perfección con su nueva vida y nunca mirara hacia atrás. Una cosa era reinventarme por elección. Cuando me forzaban, sin embargo, me resistía.

En

los dos años más o menos que habíamos estado viajando, eché de menos a

mi

madre. Cuando estaba muy nostálgica en los primeros días de mi soledad,

con días llenos de baches en un nuevo lugar, no me sentía sola por mi antigua

casa o amigos, o cualquier otra cosa específica, sino simplemente por la comodidad que representaban. Eran las pequeñas cosas, como su olor, la manera en la que siempre me abrazada demasiado fuerte, como miraba lo suficiente como para hacerme sentir segura con solo una mirada. Luego, sin embargo, me gustaba recordar que no era ella, que realmente estaba anhelando

un espejismo de lo que yo pensaba que ella era. La persona que se preocupaba

lo suficiente acerca de nuestra familia que nunca nos querría dividir a todos en

pedazos. A quien le encantaba la playa tanto que no pensaba nada sobre

empacar para un viaje del momento por carretera hacia el este, sin importar el clima, la temporada o si realmente podría incluso darse el lujo de permanecer

en el Poseidón, el rechoncho motel con vistas al mar que preferíamos. Que se

sentaba al final de la barra de Mariposa, con las gafas apoyadas en su nariz, resumiendo los recibos en las horas perezosas entre el almuerzo y la cena, que cosía cuadros de tela juntos en frente del fuego, utilizando todos los pedazos de nuestras ropas viejas para hacer colchas en las que nos gustaba dormir bajo los recuerdos. No era solo yo quien se iba. Ella también lo hacía.

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Cuando más pensaba en mi madre, sin embargo, no era el primer día en una nueva escuela, o cuando en vacaciones no estábamos juntas, o incluso cuando alcancé a verla efímeramente cuando las cámaras de televisión brillaron hacia ella en un juego de Defriese antes de que pudiera cambiar el canal. En cambio, extrañamente, era cuando me hacía la cena. De pie en una cocina extraña, dorando carne en una sartén. Añadiendo un pimiento verde picado a un tarro

de salsa comprada. Abriendo una lata de sopa, algunos pollos y una bolsa de

patatas fritas al atardecer, con la esperanza de hacer algo de nada.

fritas al atardecer, con la esperanza de hacer algo de nada. Cuando mi padre llegaba a

Cuando mi padre llegaba a asumir un nuevo restaurante, siempre había una persona que personificaba mucho más la resistencia. Alguien que tomaba cada crítica personal, luchaba con todos los cambios, y podía contar con él para llevar a la brigada de puta y quejido. En el Luna Blue esa persona era Opal.

Era la actual agente, la chica alta con tatuajes que finalmente nos había dado una camarera. Cuando al día siguiente llegué de una cena temprana, estaba vestida como una chica de estilo pin-up: cabello oscuro hacia arriba y atrás,

barra de labios color rojo brillante, vaqueros y un suéter color rosa suave con botones de perla. Fue más agradable cuando me consiguió una Cola, sonriente y amable cuando puso mi pedido. Una vez que estuve servida con mi comida se sentaron a hablar, sin embargo, estaba claro que mi padre tenía su trabajo por delante.

Es una mala idea estaba diciéndole ella ahora desde el otro extremo de la barra. La gente se revelará. Esperan los rollos de romero.

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Los clientes habituales los esperan replicó mi padre. Pero no tienes muchos asiduos. Y el hecho de la cuestión es que no son una cosa rentable o práctica para ofrecer a la gente como un aperitivo de cortesía. Lo que quieres es más gente pidiendo más bebidas y comidas, no unos pocos llenándose de cosas gratis.

Pero sirven un propósito dijo Opal con su voz ligeramente fuerte. Un vez que las personas tienen el sabor de los panecillos, les hace más hambrientos, y piden más de lo que lo harían.

Por lo tanto aquellas personas que vi sentadas aquí la otra noche, bebiendo cerveza rebajada y comiendo panecillos y nada más replicó mi padre, ellos son la excepción.

¡Había solo como dos personas en el bar anoche!

Mi padre la señaló.

Exactamente.

Opal se limitó a mirarle, mientras su cara se sonrojaba. La verdad era, nadie miraba con agrado que sus jefes les enviaran un asesino a sueldo para decirles que lo que estaban haciendo no estaba funcionando. No importaba si el lugar estaba perdiendo dinero, tenía la peor reputación/comida/baños de la ciudad o que alguna o todas las mejoras solo les beneficiaría. La gente siempre se quejaba al principio y normalmente los miembros del personal de alto nivel lo hacían más fuerte, lo cual era el por qué EAT INC a menudo les despedía antes de que incluso se presentaran. Por alguna razón, esto era diferente y por lo tanto difícil.

De acuerdo dijo ella ahora con su tono de voz controlado, así que supongo que acabamos con los panecillos, entonces. ¿Qué ofreceremos a la gente en su lugar? ¿Galletitas saladas? ¿Cacahuetes? ¿Quizás puedan lanzar las cáscaras al suelo para añadir más de ese ambiente que tú estás seguro que nos está faltando?

No sonrió mi padre, estoy pensando en pepinillos, realmente.

Opal se limitó a mirarlo.

Pepinillos replicó.

Vi

como recogía el menú de delante de él. Era el mismo que había encontrado

en

nuestra mesa de la cocina esta mañana, cubierto de notas y cruces con

rotulador negro, parecía tan devastado como uno de mis trabajos de cuando había tomado clases de inglés avanzado con el Señor Reid-Barbour, el profesor más difícil de mi última escuela. Basada en una balanza justa, las cosas no parecían prometedoras para la mayoría de los platos y de todos los postres. Ahora, él se deslizó entre ellos en la barra, y los ojos de Opal se ampliaron. Se veía tan consternada que ni siquiera podía mirar, en lugar de volver luchando con el rompecabezas del Sudoku en el papel que alguien había dejado detrás de la barra.

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Oh, Dios mío dijo en voz baja, ¿vas a cambiar todo, no?

No dijo mi padre.

¡Has eliminado todos nuestros platos de carne! Un grito de asombro. ¡Y

los aperitivos! ¡No hay casi nada permitido!

¡Ah! Pero lo hay dijo mi padre con voz calmada. Hay pepinillos.

Opal se acercó, entornando los ojos hacia el menú.

Nadie pide los pepinillos.

Lo que es lamentable dijo mi padre, porque son muy buenos. Únicos. E increíblemente, muy rentables. El perfecto obsequio para empezar.

¿Quieres dar a la gente los pepinillos fritos cuando pasen por la puerta? exigió Opal. ¡Esto es un restaurante italiano!

Lo que me lleva a la siguiente pregunta dijo mi padre, tirando del menú de encima. Si verdaderamente es el caso, ¿por qué estás sirviendo guacamole, tacos y fajitas? ¿O pepinillos? Para el caso es lo mismo.

Ella entrecerró sus ojos hacia él.

Estoy segura de que sabes que los anteriores dueños de este lugar tuvieron un restaurante mejicano muy exitoso. Cuando la nueva administración llegó y

cambió el menú, simplemente tenía sentido mantener algunos de los platos más populares.

Eso ya lo sé dijo mi padre, pero el promedio de los PDLC no.

¿PDLC?

Personas de la calle. Tu cliente genérico, la persona caminando, buscando un lugar para intentar cenar aclaró su garganta. Mi punto es, que este restaurante se encuentra en una crisis de identidad. Sabes que lo está, y mi trabajo es ayudarte a resolverlo.

Opal tan solo le miró.

Cambiando todo dijo.

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No todo respondió mi padre, girando el menú. Recuerda: pepinillos.

No era bastante. De hecho, Opal y mi padre finalmente llegaron a divertirme, parecía agotado, y no era como si fuera su primera vez haciendo esto. En cuanto a Opal, desapareció dentro de la cocina, dejando el golpe fuerte de la puerta detrás de ella. Un momento después, algo resonó con fuerza contra el suelo, seguido de una palabrota.

Por lo tanto dijo mi padre, sacando el taburete de la barra junto al mío y deslizándose sobre él. Esto fue muy bien.

Sonreí, luego empujé mi plato más cerca de él para que pudiera ayudarme con las patatas fritas y la salsa que no había comido.

Le gustan los panecillos, supongo.

No es verdaderamente por los panecillos.

Cogió una patata frita, la olió y luego la volvió a poner abajo.

Solo está administrando un desorden.

Alcé mis cejas, sorprendida. Desde todo lo de Peter Hamilton, el amor de mi padre por el baloncesto de Defriese, había disminuido a casi nada, lo cual era comprensible. Pero había sido un fan durante tanto tiempo, la leyenda y la jerga del equipo era una parte importante de su vida, esos ciertos hábitos eran imposibles de romper. Como invocando el movimiento de ofensiva más famoso de Mclean Rich, que consistía en distraer al equipo con un pase o jugar así, ellos no se darían cuenta de que algo más grande estaba sucediendo al mismo

tiempo, cuando pensaba que alguien estaba intentando trabajar con él. No se dio cuenta u optó por no reconocer este desliz, sin embargo, lo dejé pasar sin comentar en lo posible.

Recapacitará de un momento a otro dije en su lugar, sabes que la primera reunión es siempre la más difícil.

Es verdad.

Le miré pasar su mano por el pelo, dejándolo caer pesadamente sobre su frente. Siempre lo había llevado largo y algo desgreñado, lo que le hacía parecer más joven de lo que era, aunque el divorcio le había añadido unas cuantas líneas alrededor de sus ojos. Sin embargo tenía el aspecto de buen destartalado que le tenía mucho más garantizado una nueva novia, sin aspirar a madrastra, en cualquier lugar que hubiera aterrizado hasta el momento.

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Por lo tanto dije, ¿listo para la última actualización?

Se echó atrás tomando un respiro. Luego palmeó sus manos y las agitó, su versión de un descanso, antes de decir:

Absolutamente.

Saqué mi lista del bolsillo, desplegándola en la barra entre nosotros.

De acuerdo empecé, todas las utilidades están en marcha y funcionando, excepto el cable que todavía no recibe la mitad de los canales, pero debe ser fijado por la mañana. El reciclaje es el jueves, la basura los martes. Puedo matricularme en el colegio el lunes por la mañana, solo necesito que traigas mi expediente y llegues temprano.

¿Y dónde está eso?

A unos nueve kilómetros y medio. Pero es una ciudad con parada de autobús a una manzana de nosotros.

Genial dijo. ¿Qué hay de las provisiones?

Encontré un Park Mark y nos abastecí esta mañana. La tostadora de la cocina está quemada así que compré una nueva. ¡Oh! Y tengo hecha una llave extra.

¿Te encontraste con algún vecino?

Pensé en el chico que me había encontrado en el porche mientras tomaba mi Coca-Cola y daba un sorbo. Era exactamente un encuentro, aunque, agité mi cabeza en negación.

Pero me imagino que los de la derecha son una familia, profesores. En la izquierda estudiantes. Pude oír el contrabajo sonando toda la noche.

Yo también dijo, frotando su cara de nuevo, no es que estuviera durmiendo de todos modos.

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Eché un vistazo al menú marcado, el cual estaba en el otro lado.

Así que ¿pepinillos? ¿mmm?

Los comiste ayer dijo. Estaban buenos, ¿verdad?

Mejor que estos tacos. Se quebraron todos al momento en que los recogí.

Él se estiró, tomando mi tenedor y sirviéndose un bocado de mi plato. Masticaba, con su rostro impasible, antes de remplazarlo y decir:

La carne no está demasiado escurrida. Esto es la mitad de la b atalla de un buen taco. Además, hay demasiado cilantro en la salsa.

Pero todavía tiene un público fiel recordé.

Agitó su cabeza.

Bueno supongo que se unirán con la gente del pan.

¡Vive la révolutión 2 ! dije, solo para hacerle reír. Funcionó, más o menos.

Hubo otra explosión en la cocina, ésta seguida de una serie de traqueteos. Suspiró, sonó detrás de la barra.

Hora de encontrarme con mi personal de la cocina dijo sonando menos entusiasmado. ¿Estarás bien tú sola esta noche?

Oh, sí dije. Tengo un montón de desembalaje por hacer.

Bueno, llama o regresa si te sientes sola. Intentaré salir de aquí a una hora decente.

2 En francés en el original: ¡Viva la Revolución!

Asentí, cerrando mis ojos cuando besó mis mejillas, luego rozó mi cabello mientras pasaba detrás de mí. Mirándole ir, observando su lento andar y cuán rígidos parecían sus hombros. Sentí el mismo sonido desprotegido que se había convertido en una segunda naturaleza desde el divorcio. Había, probablemente un término para esto, alguna marca de codependencia, una hija actuando demasiado como una esposa, una vez que dicha esposa se iba. Pero, ¿qué se supone que debía hacer? Nos teníamos el uno al otro. Eso era todo.

Mi padre podía cuidar de sí mismo. Sabía que, de la misma forma que sabía que

había algunas cosas sobre su vida que yo no podía arreglar, no importa lo mucho que lo intentara. Probablemente era por eso que trabajaba tan duro para

manejar las cosas que hacía. Conseguirnos acomodarnos, teniendo cuidado de los detalles, manteniendo el caos que habíamos elegido, estuviera tan limpio como fuera posible. No podía reparar su corazón roto o devolverle el amor de

su equipo. Sin embargo, conseguir una tostadora nueva, asegurarme de que

teníamos suficiente jabón y papel higiénico, y ¿ponernos de acuerdo con los

pepinillos? Eso, lo podía manejar.

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Eso era especialmente cierto ahora que no sabía si me gustaría tener la oportunidad de hacerlo de nuevo. Estaba en el segundo semestre de mi último año, mis solicitudes para la universidad, las cuales habían sido cambiadas por decir al menos mi retazo de expediente, ya las había presentado. En el otoño, al igual que los dos últimos sabía que probablemente estaría en otro lugar, y otra vez, no sabía dónde. Lo que era seguro, sin embargo, era que iba a actuar por

mi propia cuenta. El pensamiento me hizo entristecer lo suficiente para querer

hacer todo lo posible ahora por mi padre, como si pudiera depositarlo fuera de

mí por mi ausencia eventual.

Pagué mi comida, eso era otra de las reglas de mi padre, nada de regalos, luego me levanté y me dirigí hacia el exterior para el paseo de vuelta a casa. Era un día fresco, a principios de Enero, con ese tipo de rápida disminución de la tarde, que siempre te hace sentir la oscuridad sorprendiéndote. Había cortado camino por el callejón a la izquierda del Luna Blue, lo que estaba bastante segura de que era un atajo hasta nuestra calle, cuando me encontré con Opal. Estaba sentada en una caja de leche en la puerta lateral del restaurante, de espaldas a mí, hablando con un chico en vaqueros y un delantal, que estaba fumando un cigarro.

Quiero decir, que se toma un serio coraje venir aquí y llamarte experto sobre cualquiera y todas las cosas estaba diciendo ella. ¡Oh! Y se puede decir que está acostumbrado a que las mujeres caigan todas sobre él y aceptando todo lo

que él dice, incluso cuando es estúpido rayando la ofensiva. El hombre está claramente enamorado de sí mismo, quiero decir ¿viste ese pelo? ¿Qué tipo de adulto no puede obtener un simple corte de pelo adecuado a su edad?

El chico con el cigarro que era alto y flacucho con una seria protuberancia en la nuez, soltó una carcajada, asintiendo con la cabeza hacia mí mientras me acercaba. Opal se giró, riendo también. Luego sus ojos se abrieron y se puso de pie.

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Hola dijo demasiado deprisa. Mmmm. No me di cuenta. ¿Cómo fue tu comida? ¿Buena?

Asentí, en silencio, luego deslicé mis manos lejos de mis bolsillos mientras caminaba entre ellos. Alrededor de dos latidos después, escuché pasos detrás de mí, corriendo para alcanzarme.

Espera gritó Opal luego. ¿Por favor?

Me paré y me volví para encararla. De cerca, me di cuenta de que era más vieja de lo que me di cuenta por primera vez, probablemente en sus treinta y pocos años más que veinte. Sus mejillas estaban sonrojadas, ya fuera del frío o de vergüenza, cuando dijo:

Mira. Estaba desahogándome ¿de acuerdo? No es personal.

Está bien dije, no tiene nada que ver conmigo.

Me miró durante un momento, luego, cruzó los brazos sobre su pecho.

Es solo…‖ —dijo, luego se detuvo, tomando un respiro, es una especie de sacudida, de repente, ser un objeto de escrutinio como éste. Sé que no es una excusa,‖ pero‖ te‖agradecería‖ si‖ tu‖no…‖ ya‖sabes.

No lo haría dije.

Opal asintió lentamente con la cabeza.

Gracias.

Me di la vuelta y comencé a caminar de nuevo, resguardando mi cabeza contra el frío. Solo había dado un par de pasos cuando le oí decir:

Hey, no pillé tu nombre antes. ¿Me puedes decir cuál era otra vez?

Nunca elegí el momento. Siempre me elegía a mí. Solo sabía, de alguna manera, que funcionaría en el momento exacto en que lo necesitaba.

Soy Liz dije, girándome hacia ella.

Me gustó el sonido de eso. Sencillo, tres letras.

Liz repitió, sellando el acuerdo, encantada de conocerte.

repitió, sellando el acuerdo — , encantada de conocerte. De regreso en casa, deshice mi maleta,

De regreso en casa, deshice mi maleta, terminando de ubicar los comestibles y

trasladando nuestros sofás cuatro veces en el salón antes de decidir que se veía mejor en el mejor punto que mi padre y yo nos habíamos dejado caer sin miramientos en el día anterior cuando los trajimos de UHaul. Solo para estar segura, sin embargo, me dejé caer sobre él con un vaso de leche y agarré mi portátil.

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Mi página de inicio se fijó en la última dirección de Ume.com la única para Beth

Sweet. La parte superior era una foto mía, tomada en la playa, nuestro bungaló era una mancha rosa y verde turquesa detrás de mí. Estaba mi lista de actividades: anuario, voluntariado, consejo estudiantil; e intereses: viajes, lecturas, salidas con mis amigos. Dije que los amigos estaban justo por debajo, todos los ciento cuarenta y dos de ellos, enfrentados después a una diminuta cara que no sonreía, probablemente, nunca los vería otra vez. Desplacé hacia abajo mi sección de comentarios, examinando un puñado de nuevos análisis:

Chica ¡ya te extrañamos! La última reunión de la junta fue jodida sin ti.

Beth, he oído por Mysti que te mudaste. Es horrible, espero que estés bien. ¡Llámame!

¿Qué pasó con el adiós?

Me incliné un poco más cerca de la pantalla, leyendo esas cinco palabras de nuevo, y una vez más. Luego, en contra de mi mejor juicio, tecleé en la cara al lado de ellas, abriendo la página inicial de Michel.

Ahí estaba él, sentado en el rompeolas, en su traje de neopreno, su pelo mojado hasta la espalda. Estaba mirando a la derecha, al océano, no a la cámara, y viéndole sentí que un pequeño nervio jaló de mi estómago. Nos habíamos conocido hacía solo unos meses, desde el encuentro en la playa una mañana cuando estaba paseando y él estaba surfeando sus primeras olas. Pasé de 6:45 a 7:15‖con‖él‖ durante‖ semanas,‖ hasta‖lograr…‖bueno,‖ nada,‖como‖ resultó.

Pero él tenía razón. No había dicho adiós. Había sido fácil, como siempre, solo desaparecer, evitándome a mí misma los detalles sucios de una despedida. Ahora mis dedos se cernían sobre la almohadilla táctil, moviendo el cursor

hacia abajo a su sección de comentarios antes de que me detuviera. ¿Cuál era el punto? Cualquier cosa que dijera, sería una idea de último momento.

En verdad, desde la separación de mis padres, no había tenido mucha fe en las relaciones y menos aún una tendencia a empezar cualquier relación por mí misma. En casa, había tenido varios amigos que había conocido desde la escuela primaria, chicas que habían jugado en el Rainbow Soccer y nos habíamos vuelto cercanas en la escuela secundaria. Había tenido un par de novios, y consiguieron romperme el corazón más de una vez. Era una chica normal, en un pueblo normal, hasta que el divorcio sucedió.

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Entonces, de repente, no solo era una más del grupo, nadie tenía un entrenador como padrastro, un escándalo en casa y nuevos hermanos en camino como repercusiones. Era todo tan público y terrible, y mientras mis amigos intentaron estar ahí para mí, era demasiado difícil explicar lo que estaba pasando. Así que me retiré de todo y todos los que había conocido. No había sido hasta que nos trasladamos a Petree que me di cuenta de que yo había cambiado incluso antes de que empezáramos a trasladarnos, que mi reinvención comenzó cuando estaba aún en el más familiar de los lugares. Una vez que el ajuste fue totalmente nuevo, sin embargo, finalmente podía estar así, bien.

Desde que nos habíamos trasladado, me había vuelto inteligente sobre el trato con las personas. Sabía que no me quedaría para siempre, por lo que conservaba mis sentimientos en la fase temporal también. Lo que significaba hacer amigos con facilidad pero nunca tomar partido, y elegir a los chicos que sabía que no durarían por un largo plazo, o ningún plazo para el caso. Mis mejores relaciones, de hecho, normalmente empezaban cuando sabía que estábamos a punto de cambiarnos a un nuevo lugar. Entonces, yo podría ir a por todas y relajarme por completo, sabiendo que cualquier cosa pasaría, y podría cortar y correr. Fue por eso que empecé a salir con Michael, un chico que era mayor, de fuera de la escuela, y con quien yo nunca podría haber tenido algún tipo de futuro. De esta manera, cuando no lo hice, no fue una sorpresa.

Tecleé debajo de la página de Beth Sweet, luego me registré. ¡Sé la U en UME! Leí la siguiente página. ¡REGISTRATE PARA TU NUEVA CUENTA AHORA! Estaba escribiendo mi dirección de correo electrónico y Liz Sweet cuando mi ordenador hizo un pitido alegre y mi webcam se activó.

Mierda, pensé, rápidamente dejando mi ordenador portátil en la mesa de café y lanzándome a la cocina. ¡HOLA! La aplicación de vídeo-chat, se había cargado previamente en mi computadora, y sin importar lo que yo hiciera no era capaz de desactivarlo. Lo cual no debería haber sido un problema, en realidad, ya que

ninguno de mis amigos lo usa de todos modos. Por desgracia, alguien más lo usaba.

¿Mclean? Una pausa, algo de estática. ¿Cariño? ¿Estás ahí?

Me apoyé en la nevera, cerrando los ojos mientras la voz de mi madre, suplicando, se deslizaba a través de nuestra casa vacía. Este era su último recurso, después de que ignorara sus mensajes y correos electrónicos, la única forma en que ella aún, de alguna manera, siempre era capaz de localizarme.

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Bueno dijo, y yo sabía que si miraba a la pantalla, la vería allí, estirando el cuello, buscando alrededor mi cara en otra habitación que ella no reconocía. Supongo que no estás en casa. Acabo de tener un momento libre, quería saludarte. Te echo de menos, cariño. Y estaba pensando en las solicitudes, si habías oído algo sobre ellas, y como si entrarías aquí en Defriese, quizás podríamos…

Este pensamiento fue interrumpido por un grito repentino, seguido por otro. Entonces, balbuceos y lo que sonaba como un truggle antes de que ella volviera a hablar.

Está bien, puedes sentarte en mi regazo, pero ten cuidado de la computadora. ¡Connor! ¿Qué acabo de decir? Más ruidos apagados. Madison, cariño, mira la cámara. ¡Mira allí! ¿Ves? ¿Puedes saludar a Mclean? Di, ¡hola, Mclean! Hola, hermana ma…‖ ¡Connor!‖ Dame‖ ese‖ l{piz.‖ Sinceramente,‖ ustedes‖ dos,‖ solo

Me empujó lejos de la nevera, a continuación, hacia la puerta de la cocina a la terraza. Afuera, el aire era frío, el cielo claro, y me quedé allí, mirando a esa canasta de baloncesto, con la voz al fin ahogada detrás de mí.

Desde donde yo estaba, tenía una visión parcial del comedor de la casa de al lado, donde una mujer con el pelo corto, rizado, vestido con un suéter a cuadros y gafas, estaba sentada a la cabecera de la mesa. Había un plato vacío frente a ella, el tenedor y el cuchillo atravesó limpiamente a través de su centro. A su izquierda había un hombre que supuse era su marido, alto y delgado, ta mbién con gafas, bebiendo un vaso de leche. Sus rostros eran serios, ambos se centraron en quien quiera que estaba sentado en el otro extremo. Todo lo que pude ver, sin embargo, era una sombra.

Volví a entrar, haciendo una pausa en la cocina para escuchar. Solo había silencio y la nevera chirriando, pero aun así me acerqué a mi computadora portátil con cautela, arrastrándome hacia el frente y mirando más para

asegurarme de que solo estaba el protector de pantalla a la vista antes de que me sentara de nuevo. Como esperaba, había un mensaje en globo de ¡HOLA ALLÍ!, saltando alegremente de un lado a otro, esperando por mí.

Quería decir: Hola, ¡lamento que no nos hayas visto! Vamos a estar en casa toda la noche, llama y cuéntanos acerca de tu nuevo lugar. Te quiero. Mamá.

Mi madre era como teflón, lo juro por Dios. Podría decirle un millón de veces

que no quería hablar con ella en este momento y que necesitaba un poco de espacio, pero no había ninguna diferencia con ella en absoluto. Por lo que ella se

refiere, yo no estaba furiosa, ni evitándola. Estaba ocupada.

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Cerré mi portátil, después de haber perdido el impulso de crear una nueva cuenta de Ume.com. Luego me eché hacia atrás, mirando al techo. Un golpe después, un bajo, comenzó a sonar de nuevo desde el otro lado de la casa.

Me puse de pie y caminé por el pasillo dentro de mi habitación. Desde mi cama,

tenía una vista perfecta sobre el seto de la pequeña casa, blanca, a nuestra derecha. Todavía había varios coches aparcados en el patio, y ahora veía como

un SUV entraba al lado de ellos, golpeando sobre la acera y casi rozando un

lado del buzón. Un momento después, la puerta trasera se abrió y un hombre

en un chaquetón que lo hacía musculoso saltó desde detrás del volante. Él

silbaba a través de los dedos, una habilidad que siempre había admirado, y se

fue a la parte trasera del coche, tirando de algo mientras otro par de chicos se

lanzaban desde la puerta delantera de la casa para unirse a él. Un momento después, estaban cargando un barril por los escalones de la entrada. Cuando entraron por la puerta, alguien aplaudió desde el interior. Una vez que la puerta se cerró detrás de ellos, el bajo se hizo aún más fuerte.

Miré hacia arriba de la calle en la dirección de Luna Blu, preguntándome si debía aceptar la oferta de mi padre e ir pasar el rato allí. Pero hacía frío, y yo estaba cansada, y no era como si realmente conociera a nadie ahí. Así que en su lugar, me fui a la cocina.

En la casa de los otros vecinos, la pareja se había movido de la mesa a la cocina,

donde la mujer en cuadros ahora estaba de pie junto al fregadero, mientras que su marido abría el grifo de agua y apilaba un par de platos. Mientras hablaba,

ella no dejaba de mirar a la puerta de atrás, sacudiendo la cabeza, y después de

un momento él la alcanzó con su mano que goteaba, apretando su hombro. Ella

se inclinó hacia él, con la cabeza contra su pecho, y allí se quedaron juntos,

mientras él seguía fregando.

Era un estudio de contrastes, para estar segura. Al igual que una elección que puedes hacer, una historia u otra: los niños de la universidad, su noche acaba de comenzar; o la pareja de mediana edad cuya noche se acercaba a su fin. Fui de nuevo al sofá, donde me tiré, esta vez asegurándome de poner mi ordenador portátil lejos de mí primero. Me quedé mirando al techo por un rato, sintiendo ese bajo vibrando por debajo de mí. Thump. Thump. Goteo. Goteo. Era una especie de calmante, estos sonidos de vidas siendo vividas a mi alrededor, para bien o para mal. Y ahí estaba yo, en medio de todos ellos, recién renacida y todavía estaba esperando por la mía para empezar.

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y todavía estaba esperando por la mía para empezar. 30 Me desperté con un sobresalto al

Me desperté con un sobresalto al oír el sonido de un choque.

Me senté, parpadeando, sin saber donde estaba al principio. Esto era común en los primeros días en las casas nuevas, así que no me espanté tanto como las primeras veces. Sin embargo, me tomó un minuto para orientarme y calmar mi corazón que latía con fuerza antes de que me sintiera preparada para levantarme del sofá e ir a investigar.

No pasó mucho tiempo para encontrar la fuente del ruido. En el borde de nuestro porche delantero, una maceta se rompió en pedazos, la suciedad se derramaba en todas las direcciones. La causa más probable, un homb re corpulento con una camiseta de cuello en U y con algunas cuentas de Mardi Gras, estaba dando tumbos en dirección a la fiesta de al lado, mientras que un grupo de personas en el porche aplaudía, riendo.

¡Uh-oh! gritó un chico flaco con un abrigo hacia él, señalando en mi dirección. Cuidado, Jardín. ¡Estás siendo vigilado!

El gran hombre se volvió descuidadamente, y me miró.

¡Lo siento! gritó con alegría. Eres cool, sin embargo, ¿no?

Yo no estaba segura exactamente de lo que esto significaba, aparte de que probablemente iba a necesitar una escoba y una bolsa de basura. Antes de que pudiera responder, sin embargo, una chica pelirroja en una chaqueta hinchada salió al patio lateral entre nuestras dos casas, agarrando una cerveza. Le quitó la tapa, y luego se la entregó a él y le susurró algo al oído. Un momento después, estaba viniendo hacia mí, sosteniendo la cerveza como una ofrenda de paz.

Para ti dijo, haciendo una extraña reverencia y casi, casi cayendo en el proceso. Alguien tocó la bocina detrás de él. Mi señora.

Más risas. Extendí la mano, tomando la lata, pero sin responder.

¿Ves? dijo, señalándome con el dedo. Yo lo sabía. Cool.

Así que yo era cool . Al parecer. Le vi hacer su camino de regreso a sus amigos, abriéndose paso entre los amontonados y entrando de nuevo. Estaba a punto de verter la cerveza en los arbustos e ir a buscar esa bolsa de basura cuando pensé en la casa del otro lado, con la pareja triste, más viejos, y reconsiderados. Mis nombres siempre me eligen a mí, y lo que seguía fueron siempre los detalles de la chica que habita ese nombre, quien quiera que fuese. Beth o Lizbet o Eliza nunca habría considerado unirse a una fiesta de un grupo de desconocidos. Pero Liz Sweet, podría ser justo ese tipo de chica. Así que me metí a mi casa, agarré la chaqueta, y fui a averiguarlo.

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a mi casa, agarré la chaqueta, y fui a averiguarlo. 31 — ¿Secundaria Jackson? — La

¿Secundaria Jackson? La rubia en el barril rodó los ojos, suspirando de forma espectacular. Pobrecita. Lo vas a odiar.

Es una prisión agregó su novio, quien tenía una playera negra y un abrigo apretado, luciendo un aro colgando de ambas fosas nasales. Al igual que el Gulag, pero con las campanas.

En serio dije, tomando un pequeño sorbo de mi cerveza.

Totalmente. La niña, que era pequeña y curvilínea, vestía el meteorológicamente incongruente traje de vestido deslizable, botas de piel de oveja, y un abrigo pesado, ajustado a su amplio escote. La única manera de sobrevivir es con un profundo sentido de la ironía y buenos amigos. Sin ninguno de ellos, estás jodido.

Asentí con la cabeza, sin decir nada. Estábamos en la cocina de la casa blanca, donde había terminado después de caminar a través de las multitudes llenas en el porche y en la sala de estar. A juzgar por las pegatinas de U Basketball, la decoración que cubre la nevera, los letreros robados de las calles en las paredes; los residentes eran estudiantes universitarios, aunque muchos en la multitud reunida eran de mi edad. En la cocina, no había mucho, excepto el barril, que tenía vasos arrugados a su alrededor, y una mesa destartalada y sillas. La única otra decoración era una hilera de bolsas de papel, llena de cajas de cerveza y cajas de pizza, y una figura de cartón de un físico culturista sosteniendo una bebida energética. Alguien había dibujado una barba en su rostro, grandes pezones en el pecho, y algo que yo no quería ni mirar muy de cerca en sus regiones inferiores.

Lindo.

Si yo fuera tú aconsejó la rubia mientras otro grupo de personas entraba por la puerta lateral, trayendo una ráfaga de aire frío y ruido con ellos, le rogaría a mis padres que me matriculara en la Escuela Fountain.

¿La Escuela Fountain? dije.

Es, como, esta escuela totalmente alternativa explicó el tipo del abrigo ceñido. Puedes tomar meditación de la gimnasia. Y todos los profesores son viejos hippies. No hay campanas, hombre. Ellos tocan una flauta para recomendar cambiar las clases.

Yo no sabía qué decir a esto.

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Me encantaba la Escuela Fountain suspiró la rubia, tomando un trago de su cerveza.

¿Fuiste allí? pregunté.

Nos conocimos ahí dijo el hombre, deslizando su brazo por la cintura de ella. Ella se acurrucó en él, tirando de su chaqueta más cerca alrededor de su

vestido

mayor”‖que‖le‖ revisó‖ su‖bolsa‖ y‖fue‖ expulsada.

sexy—.‖ Pero‖ entonces‖ estaba‖ este,‖ como,‖ total‖ estilo‖ de‖ “hermano‖

Toda esa plática sobre respetar a los demás y sus decisiones dijo la chica, y tienen el descaro de buscar en mi bolso drogas. Quiero decir, ¿qué es eso?

Las repartiste en el Círculo de Confianza señaló el chico.

El Círculo de Confianza dijo. ¿Dónde está la confianza en eso?

Miré a mi alrededor, pensando que podría ser el momento de buscar opciones de conversación. Las únicas otras personas en la cocina, sin embargo, eran dos chicos que tomaban tragos de tequila y una chica borracha apoyada en la nevera en una conversación por su teléfono celular con ganas de llorar. A menos que yo quisiera salir a la calle, me había quedado atrapada.

La puerta se abrió de golpe tras de mí, y sentí otra ráfaga de aire frío. Un momento después, la chica de la chaqueta hinchada que había sido responsable de conseguir mi cerveza se puso a mi lado, tirando una botella de agua de su bolsillo, y quitándole la parte superior.

Oye, Riley dijo la niña con el vestido deslizable. Arqueó un dedo hacia mí. Ella es nueva. Empieza en Jackson el lunes.

Riley era delgada, de ojos azules, su pelo recogido en una cola de caballo en la base de su cuello, y tenía anillos de plata en casi todos los dedos. Me sonrió con simpatía y dijo:

No es tan malo como dicen, te lo prometo.

No la escuches a ella, es una optimista incorregible dijo el chico. Para ella, agregó. Oye, ¿no has visto a Dave todavía?

Ella sacudió la cabeza. Tenía una gran detención esta noche con sus padres. Creo que no lo dejarán salir después.

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¿Otra detención? dijo la rubia. Esas personas pueden encontrarse, ¿verdad?

Riley se encogió de hombros, tomando un sorbo de agua. Su lápiz de labios, un color rosa brillante, dejó una perfecta media luna en el cuello de la botella.

Creo que él tenía la esperanza de que habían decidido aflojarse un poco dijo. Quiero decir, ya han pasado dos meses. Aunque, el hecho de que él no esté aquí, no presagia nada bueno.

Sus padres son muy sobreprotectores explicó la rubia para mí. Es una locura.

Al igual que el Gulag añadió su novio. Pero en casa.

En serio. El chico está en el buen camino durante toda su vida, y luego una noche, solo tiene la mala suerte de ser encontrado con una cerveza en una fiesta. La rubia hizo una combinación de acomodarse y rodar los ojos, un movimiento que claramente había perfeccionado. ¡Era una cerveza! Incluso el tribunal solo le dio servicio a la comunidad. Pero para sus ojos, él bien podría haber matado a la abuela de alguien o algo así.

Hard-core coincidió con su novio.

Vi como Riley tomaba otro sorbo, luego consultaba su reloj. Mientras lo hacía, me di cuenta de que tenía un tatuaje en su muñeca izquierda interior, un simple bosquejo de un círculo negro del tamaño de una moneda de diez centavos.

Está bien dijo. Son las nueve cuarenta. Salimos de aquí a las 10:30, para llegar a tiempo al toque de queda. Sin excepciones, sin desaparecer. ¿Capisce?

Eres una mamá se quejó la rubia. Riley se limitó a mirarla. Capisce dijo finalmente.

Las diez y media dijo el chico, a continuación, la saludó. Lo tengo.

Riley me dio una sonrisa, y luego regresó a la sala, abriéndose paso hacia el sofá. Allí, un hombre de pelo oscuro en una chaqueta del ejército estaba gesticulando, contando una historia a un par de chicas que sostenían unas tazas de plástico, que parecían estar pendientes de cada palabra. Yo la miraba mientras ella se sentaba en su otro lado, metiendo un mechón de pelo tras la oreja, y escuchó también.

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Cuando me di la vuelta al chico Gulag y la Problemas de Confianza, los encontré de repente, y besándose apasionadamente, deslizando sus manos bajo

la chaqueta. Miré a la chica de la nevera, sin dejar de llorar, y decidí ir fuera por

un poco de aire.

En el porche lateral, la gente estaba fumando y cambiando de un lado a otro en un esfuerzo para mantener el calor. Era una noche fría, fresca, las estrellas tan brillantes que parecían lo suficientemente cerca como para tocarlas. Sin siquiera pensar en ello, empecé a buscar. Uno de ellos, pensé que me pareció Casiopea. Dos, era Orión. Tres, la Osa Mayor. Algunas personas pasaban por encima de las grietas, tocaban madera, o tiraban sal sobre sus hombros. Yo nunca me dejaba mirar hacia el cielo de la noche sin encontrar por lo menos tres constelaciones. Me hacía sentir más segura, más centrado. Como si no importara dónde estuviera, podría encontrar algo que reconociera.

Fue mi mamá quien me había enseñado acerca de las estrellas. De hecho, había sido una iniciada en astronomía en la universidad, una de las muchas sorpresas acerca de ella, mi papá le había comprado un telescopio para su aniversario de bodas de cinco años. Ella lo mantenía en el pequeño taburete afuera de su

dormitorio, y en las noches despejadas nos amontonábamos a su alrededor en conjunto, buscando las constelaciones‖ y‖ señal{ndolas‖ para‖ mí.‖ “Uno”‖ decía ella, y apuntan a la Osa Menor. "Dos", yo diría, y encontraría uno de los míos. Luego las dos miraríamos mucho, tanto como pudiéramos, por otra. La que la encontrara y nombrara en primer lugar, era la ganadora. Debido a esto, cada vez que veía el cielo nocturno, no importa donde yo estuviera, me acordaba de

mi mamá. Me preguntaba a veces si al levantar la vista, pensaba en mí, también.

Vaya, pensé mientras sentía un nudo en la garganta. ¿De dónde viene eso? Yo solo

tenía alrededor de cuatro sorbos de cerveza, pero está claro, eso fue suficiente para amenazar con traer demasiada nostalgia para mí. Estaba poniendo mi lata

de cerveza abajo cuando vi las luces azules.

¡POLICIAS! gritó una voz detrás de mí, y de repente, todas las personas menores de veintiún años estaba en movimiento. La gente del interior irrumpió por la puerta, los que estaban en la cubierta bajaron golpeado por las escaleras, quitándose a través del césped en la oscuridad. Vi a un par personas cruzar como dardos a través de mi porche y por el otro lado de la calzada, mientras que otros tomaron la calle, sus bolsos y chaquetas ondeando detrás de ellos. Una chica flaca con trenzas, vistiendo orejeras, no tuvo tanta suerte, fue alcanzada y acorralada por un oficial que venía por el camino. Vi como se la llevó del brazo a su coche, depositándola en el asiento trasero. Allí, se apoyó contra la ventana de al lado, poniendo su cabeza en sus manos.

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¡Tú! brilló una luz a través de mí, y luego se deslizó a la derecha directo a mis ojos, lo que hizo todo más allá de ella, invisible. ¡Quédate ahí!

Mi corazón empezó a palpitar, mi cara se enrojeció repentinamente a pesar del frío. A medida que la luz se hizo más brillante, más cerca, moviéndose un poco con cada paso que el policía daba hacia mí, tuve que tomar una decisión. Mclean, Eliza, Lizbet, y Beth todas ella hubieran permanecido inmóviles, siguiendo órdenes. Pero no Liz Sweet. Ella echó a correr.

Sin siquiera pensarlo, corrí por las escaleras de la terraza, golpeé la hierba, y empecé a cruzar el patio embarrado, helado. La luz y el policía me siguieron, atrapando un brazo aquí, un pie allí. Cuando llegué a la fila de arbustos gruesos que marcaban el inicio de mi propio jardín, me gritó para pararme o algo más. En su lugar, me lancé de cabeza a través de ellos, chocando por el otro lado.

Caí sobre la hierba, y luego me puse inmediatamente sobre mis pies para seguir corriendo.

¡Hey! gritó el policía, mientras los arbustos comenzaban a crujir, la linterna bailaba por encima de ellos. Si sabes lo que es bueno para ti, te quedarás donde estás. ¡Ahora!

Sabía que tenía que hacer precisamente eso: él estaba cerca de mí, y nunca llegaría a mi casa antes de que la luz me golpeara de nuevo. Pero en mi pánico, me escabullí hacia adelante de todos modos, aun cuando lo escuché viniendo tras de mí. Di un paso a la carrera, y otro, y de repente sentí una mano c errarse alrededor de mi brazo izquierdo y tirarme de lado. Antes de que yo ni siquiera supiera lo que estaba sucediendo, tropecé con un muro bajo a mi izquierda y caí de nuevo. Esta vez, sin embargo, no aterricé en algo, sino en alguien.

Umph. Quienquiera que lo haya dicho, mientras juntos, derrumbamos lo que parecía ser un tramo de escaleras, a pesar de que de repente estaba

demasiado oscuro como para decirlo con seguridad. Un segundo después, oí pasos, luchando, y luego hubo dos explosiones, al igual que las puertas cerrándose. Dondequiera que había aterrizado, el fondo era plano y todo lo que olía era tierra. Además de que estaba a oscuras. Muy oscuro.

—¿Qué‖ dem…?‖ —dije, pero eso era todo lo que logré decir antes de que me hiciera callar.

Un segundo dijo una voz. Solo deja que se aleje.

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Un latido más tarde, lo escuché: un ruido toc-toc-toc, poco a poco cada vez más fuerte, desde arriba. A medida que se acercaba, apareció una luz amarilla. Cuando levanté la vista, yo podía ver, derramándose a través de las grietas entre lo que eran, de hecho, dos puertas cerradas por encima de nosotros.

Maldita sea oí a alguien decir, un poco más lejos que un sopla y resopla. De repente, las puertas se sacudieron, se levantaron poco a poco, antes de caer hacia abajo con un ruido sordo. Entonces la luz se retiró, de vuelta por donde vino.

En el silencio que siguió, me quedé allí sentada, tratando de ponerme al día con todo lo que acababa de suceder. El sueño, la maceta estrellándose, sorbos de cerveza, el Gulag, las luces‖ azules,‖ y‖ ahora…‖ ¿qué?‖ Se‖ me‖ ocurrió‖ que‖ probablemente debería estar nerviosa, no solo estaba bajo tierra, sino tampoco estaba sola. Y, sin embargo, por alguna razón, había una extraña calma a mi alrededor, una especie de familiaridad, incluso en medio de toda esta extrañeza. Era una sensación rarísima. Nunca había experimentado algo así.

Voy a encender una luz dijo la voz. No te asustes.

De todas las cosas que le puedes decir a alguien que acabas de derribar dentro de algún lugar oscuro contigo, esto es probablemente lo peor. Y, sin embargo, un segundo más tarde, cuando se produjo un suave clic y una linterna apareció, yo no estaba en absoluto sorprendida de ver a mi vecino, el rompe porche, sentado a mi lado en pantalones vaqueros y una camisa a cuadros, un gorro de lana apretado sobre su pelo largo. Estábamos en la parte inferior de un corto tramo de escaleras que conducía, hasta una serie de puertas, enganchadas con un cierre de gancho y ojo.

Hola dijo, todo casual, como si estuviéramos reunidos bajo la más normal de las circunstancias. Yo soy Dave.

En los últimos años, mientras había estado viajando con mi papá, yo había tenido mi

En los últimos años, mientras había estado viajando con mi papá, yo había tenido mi parte de nuevas experiencias. Diversas escuelas, varios tipos de culturas, todos los nuevos amigos. Sin embargo, dentro de los cinco minutos siguientes, se hizo evidente que nunca en mi vida había conocido a alguien como Dave Wade.

Lo siento si te sorprendí dijo mientras me sentaba ahí, con la boca abierta, mirándolo. Pero pensé que es mejor ser sorprendida que capturada.

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Yo no podía responder al principio, demasiado distraída por mi entorno. Estábamos en lo que parecía ser un sótano, un pequeño espacio con paredes de tablones de madera y piso de tierra. Una sola silla, césped desgastado ocupaba la mayor parte de los metros cuadrados: una pila de libros estaba a su lado, otra linterna apoyada en la parte superior.

¿Qué es este lugar? dije.

Un sótano para tormenta respondió, como si fuera, por supuesto, la primera pregunta que le preguntarías a alguien después de tirarlo a la tierra. Para los tornados y cosas así.

¿Esto es tuyo?

Él negó con la cabeza, llegando a poner la linterna en el suelo entre nosotros. Mientras lo hacía, una polilla pasó revoloteando, proyectando sombras extrañas.

Es parte de la casa detrás de la mía. Nadie ha vivido aquí durante años.

¿Cómo sabes eso?

Lo encontré cuando era más joven. Ya sabes, explorando.

Explorando repetí.

Se encogió de hombros.

Era un chico raro.

Esto, lo creí. Y, sin embargo, de nuevo, me llamó la atención el hecho de que ni una sola vez durante todo este incidente hubiera tenido miedo. Al menos, no por él, incluso antes de saber quién era.

Así que ¿solo estabas pasando el tiempo aquí?

A veces. Él se movió, sacudiéndose, y se sentándose en la silla, que crujió. Cuando no estoy rompiendo en el porche de atrás.

dije, mientras se sentaba y cruzaba las piernas. ¿Qué, no te gusta estar en casa o algo así?

Me miró por un segundo, como si sopesara su respuesta.

Algo así dijo.

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Asentí con la cabeza. La excavación y entrar bajo tierra podría haber sido un poco extraño. Pero esto, lo entendí.

Mira dijo, no quise asustarte. Yo estaba saliendo y vi las luces, y luego te oí venir. En realidad, el jalarte fue como un movimiento impulsivo.

Miré a las puertas de nuevo.

Tienes buenos instintos.

Supongo. ¿Sabes lo que es raro, sin embargo? Acabo de poner el gancho de ojo la semana pasada. Qué justo. Lo miró y luego se volvió hacia mí.

La conclusión es que, no quieres ser arrestada por beber siendo menor de edad. No es divertido. Lo sé por experiencia.

¿Cómo sabes que no lo he estado ya? pregunté.

Me estudió, con toda seriedad.

No te ves de ese tipo.

Ni tú tampoco señalé.

Eso es cierto pensó por un momento. Yo me rescindí de mi falta anterior. Tú podrías muy bien ser una delincuente, al igual que yo.

Miré debajo de mí una vez más, recogiendo el pequeño espacio, ordenado.

Esto en realidad no parece una guarida para los delincuentes.

¿No? Negué con la cabeza. ¿Qué estabas pensando? ¿En la Liga Junior?

Hice una mueca, y luego asentí con la cabeza hacia la pila de libros: en la luz arrojada, apenas podía distinguir una de las esquinas, que decía algo acerca de la geometría abstracta y la física.

Eso es material de lectura muy pesado.

No te guíes por eso dijo. Solo necesitaba algo para acomodar la linterna.

Desde encima de nosotros, escuché una explosión repentina de la música. Los policías, al parecer, se habían ido, y el partido empezaba de nuevo con los legales que quedaron rezagados. Dave se levantó, subiendo las escaleras, y desganchó el gancho, luego lentamente abrió una de las puertas que estaba sobre nosotros y sacó la cabeza. Mirando desde abajo, se me ocurrió que parecía más joven de alguna manera: yo podría imaginarlo como un niño de ocho o nueve años de edad, excavando túneles en ese mismo patio.

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No hay moros en la costa informó, dejando caer la puerta totalmente abierta, golpeando el suelo con un ruido sordo. Debes ser capaz de llegar a casa ahora.

Espero que sí dije. Puesto que son solamente,‖ como…

Cuatro metros, siete punto cinco centímetros, a tu terraza posterior terminó para mí. Levanté las cejas, y suspiró. Te lo dije. Chico raro.

¿Solo chico?

Ahora, él sonrió.

Mira por donde caminas.

Subió las escaleras hacia fuera sobre la hierba, y luego volvió la luz sobre mí, mientras yo lo seguía, ofreciendo su mano mientras me acercaba a la cima. Lo tomé, una vez más no la sentí extraña en absoluto, con sus dedos cerrándose alrededor de la mía, apoyándome cuando me acercaba al mundo de nuevo.

Tus amigos estaban en la fiesta dije. Ellos te estaban buscando.

Sí. Pero ya ha sido, como, una larga noche, sin embargo.

No es broma deslicé las manos en mis bolsillos—.‖ Bueno…‖ gracias‖ por‖ el‖ rescate.

No fue nada respondió.

De alguna manera me salvaste el trasero señalé.

Solo estaba siendo un buen vecino.

Me sonrió, luego se volvió para cruzar los catorce metros, siete punto cinco centímetros de regreso a mi casa. Yo solo había tomado un par de pasos cuando dijo:

Oye. Si te he salvado el trasero, deberías decirme tu nombre.

Yo había estado en este lugar muchas veces en los últimos dos años, por no hablar de una vez ya en la actualidad. El nombre que había escogido, la chica que había decidido estar aquí, la tenía en la punta de la lengua . Pero en ese lugar, en ese momento, algo sucedió. Al igual que ese viaje rápido debajo de la superficie de la tierra, había cambiado no solo la trayectoria de mi vida aquí, sino a mí también.

Mclean le dije.

Él asintió con la cabeza.

Encantado de conocerte.

Encantada de conocerte también.

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Podía escuchar la música de la fiesta, los graves de la misma, mientras cruzaba a la terraza. A medida que abría la puerta de mi lado, miré hacia atrás, justo a tiempo para verlo subir por las escaleras, el brillo de la linterna levantándose en torno a él.

Me fui a mi casa, quitándome de golpe los zapatos y me dirigí por el pasillo hacia el baño. Cuando encendí la luz, el brillo me sorprendió, al igual que la débil capa de suciedad que cubría mi rostro. Como yo, también, había estado en un túnel, excavando, y hasta ahora había salido a tomar aire.

Traducido por Krispipe y Vettina Corregido por Nikola ackson High no era el Gulag. Tampoco

Traducido por Krispipe

y Vettina

Corregido por Nikola

Traducido por Krispipe y Vettina Corregido por Nikola ackson High no era el Gulag. Tampoco era

ackson High no era el Gulag. Tampoco era Fontain School. En cambio, era más o menos igual que todas las otras escuelas secundarias públicas a las que había asistido: grande, anónima y con olor a antiséptico. Después de rellenar la típica montaña de papeleo y tener una apresurada reunión con un orientador claramente sobrecargado de trabajo, me dieron un horario y señalaron hacia mi aula.

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Está bien, gente, calma. El maestro, un tipo muy alto en sus veinte años que usaba zapatos de cuero y una camisa de vestir, estaba diciendo mientras me acercaba a la puerta. Por lo general tenemos que hacer cosas que llevarían veinte minutos en cinco. Así que ayúdenme, ¿de acuerdo?

Nadie parecía estar escuchando, aunque hubo una reducción apenas perceptible en el volumen mientras la gente hacía su camino a un medio círculo de mesas y pupitres, algunos tirando de las sillas, otros saltando sobre las mesas o dejándose caer en el suelo. Un teléfono móvil estaba sonando, alguien en la parte trasera tenía tos seca. Junto a la puerta, había una televisión mostrando dos estudiantes, una chica rubia y un chico con rastas cortas, sentados en una improvisada mesa de redacción, con un cartel detrás de ellos que decía ¡JACKSON FLASH! El profesor seguía hablando.

Hoy es el último día para entregar las órdenes de su anuario estaba diciendo, leyendo varios trozos de papel que estaban en la mesa frente a él como unas cuantas personas desordenadas. Habrá una mesa en el patio durante las tres comidas. Además, las puertas se abrirán a principios del partido de baloncesto de esta noche, así que cuanto antes lleguen, mejor asiento conseguirán. Y ¿dónde está Mclean?

Di un salto, oyendo esto, luego levanté la mano.

Aquí dije, a pesar de que sonó completamente demasiado parecido a una pregunta.

Bienvenida a Jackson High dijo él, mientras todo el mundo se volvió hacia mí. En la pantalla de televisión la imagen se volvió negra. Cualquier

pregunta, no dudes en preguntarme a mí o a cualquiera aquí. ¡Somos un grupo amable!

En realidad dije, reflexivamente corrigiéndolo—,‖ esto…

Siguiendo adelante continuó sin escucharme, me han pedido que les vuelva a decir que no toquen la pintura fresca fuera de la cafetería. La mayoría de la gente sabe esto sin que se lo diga, pero al parecer, algunos de ustedes no son como la mayoría de la gente. Por lo tanto: mantengan sus sucios guantes fuera de la pintura húmeda. Gracias.

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La campana sonó, ahogando las diversas respuestas a este mensaje. El maestro suspiró, mirando los papeles que, obviamente, no tenía que haber, luego los mezcló en una pila mientras todo el mundo se levantaba de nuevo.

¡Qué tengan un buen día! gritó, con poco entusiasmo, mientras la gente se empezaba a derramar en el pasillo. Me quedé atrás, de pie al lado de su escritorio hasta que alzó la vista y me vio. ¿Sí? ¿Qué puedo hacer por ti?

Yo solo comencé, mientras una manada de niñas con uniformes de animadoras se presentaban, charlando—,‖ quería‖ decirle‖ que‖mi‖nombre‖ no‖ es…

¡Wendy! gritó de repente. Sus ojos se estrecharon. ¿No acabamos de tener una conversación sobre vestirse adecuadamente para la escuela?

Sr. Roberts se quejó una chica detrás de mí, deje mi caso, ¿de acuerdo? Estoy teniendo un mal día.

Probablemente porque es enero y estás medio desnuda. Ve a cambiarte respondió. Me devolvió la mirada, pero justo un segundo antes su atención fue desviada de nuevo por un accidente en el fondo de la sala. ¡Hey! dijo. Rodrigo,‖ ¡te‖dije‖ que‖no‖te‖apoyaras‖ en‖ese‖ estante!‖ Honestamente…

Estaba claro que era inútil hacer esto ahora, así que salí al pasillo, mirando hacia abajo a mi agenda mientras Wendy, una chica mayor en lo que tuve que admitir que era una falda muy corta para cualquier época del año, resopló a mis espaldas. Volví sobre mis pasos a la oficina de orientación, pensando que intentaría hacer frente al resto del edificio a partir de ahí. Una vez que la encontré, fui derecha a lo que esperaba que fuera el ala B, pasando por un grupo de personas que estaban reunidas frente a la oficina principal.

—…Seguro‖ que‖ entiendes‖ nuestra‖ posición‖ —estaba diciendo un hombre mayor con el pelo rizado, vestido con una camisa de vestir y una chaqueta, de espaldas a mí. La educación de nuestro hijo ha sido una prioridad desde que nos

dimos cuenta de su potencial cuando era un niño pequeño. Por eso lo teníamos en Kiffney-Brown.‖ Las‖oportunidades‖ allí…

—…‖ Eran‖ excepcionales‖ —terminó una mujer bajita y delgada por él. Y, como usted está enterado, fue cuando se trasladó aquí que todos estos problemas comenzaron.

Por supuesto respondió la mujer frente a ellos, tenía un traje de pantalón y

un corte de pelo sensible que gritaba administrador, incluso sin la identificación

laminada colgando alrededor de su cuello. Pero creemos que él puede conseguir todo lo que necesita, tanto académica como socialmente, aquí mismo, en Jackson. Creo que trabajando juntos, todos nosotros, podemos ayudarle a hacer precisamente eso.

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El hombre asintió con la cabeza. Su mujer, agarrando su bolso con una

expresión de cansancio y pareciendo menos convencida, me miró al pasar. Me resultaba familiar, pero no pude colocarla, al menos no al principio. Así que

seguí caminando, girando a la izquierda y consultando mi horario de nuevo.

Estaba escaneando las puertas y los números de aula cuando vi a Riley. Estaba sentada en un banco, ligeramente inclinada hacia delante y estirando el cuello para buscar en el pasillo, una mochila estaba estacionada a su lado. La reconocí de inmediato, por los anillos en los dedos y la misma chaqueta, ahora atada alrededor de su cintura. No me miró al pasar, también intentando ver al grupo en el pasillo.

Mi clase de matemáticas era supuestamente en el aula 215, pero todo lo que

pude encontrar fueron 214, 216 y el baño, que estaba fuera de servicio. Finalmente, me imaginé que lo que necesitaba estaba en el siguiente pasillo hacia abajo, así que giré de vuelta. Me estaba acercando a Riley otra vez cuando

ella se puso de pie, tomó su mochila, y se precipitó hacia el pasillo principal delante de mí. El grupo estaba más abajo ahora, por las escaleras. La única persona en el pasillo era un tipo con el pelo corto que llevaba un Oxford blanco abotonado y pantalones color caqui.

¿Qué dijeron? dijo Riley mientras corría hacia él.

Él echó una mirada al grupo, luego de nuevo a ella.

Están de acuerdo en que me dejarán quedarme si mantengo el ritmo de mis cursos de Universidad. Y cerca de un centenar de otras condiciones.

Pero puedes quedarte dijo ella, aclarando.

Eso parece, sí.

Ella lo alcanzó, echándole los brazos alrededor de su cuello y dándole un abrazo. Él le sonrió, y luego echó un vistazo al grupo de la oficina.

Oye, ¿no deberías estar en clase?

Está bien dijo Riley, moviendo de un tirón su mano. No tengo problema,

ni siquiera se darán cuenta de me he ido.

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No gastes una ausencia en esto dijo él. No vale la pena.

Solo quería asegurarme de que no te van a sacar. Me estaba volviendo loca.

Todo está bien dijo él. No tengas miedo.

No tengas miedo. Fue solo cuando escuché esto que me di cuenta. Miré al chico otra vez: pelo corto, corte limpio. Su genérico Chico de Escuela Secundaria. Excepto que no lo era. Era Dave Wade, vecino y morador del refugio de tormentas. La ropa podía haber sido diferente, el pelo corto, pero conocía su cara. Era la única cosa que sin importar qué, nunca podías cambiar.

Riley dio un paso detrás de él.

Está bien. Pero te veré en el almuerzo, ¿no?

¿Dave? Su madre estaba junto a la puerta de la oficina, sosteniendo un abrigo. Un poco más allá, pude ver a su padre y al administrador desaparecer por un pasillo. Estamos listos para irnos ahora.

Dave asintió con la cabeza hacia ella, luego miró a Riley.

El deber me llama dijo, y le dio una sonrisa triste antes de marcharse. Ella lo vio alejarse, mordiéndose el labio, antes de darse la vuelta y empezar a bajar la escalera. Un momento después, la puerta golpeó y la vi correr por el sendero que conducía al edificio adyacente, su mochila rebotando contra su espalda.

Miré mi horario una vez más, tomé aliento, y luego me acerqué al otro corredor

y examiné las puertas hasta que encontré la 215. No estaba exactamente deseosa

de interrumpir justo mientras el profesor ponía las cosas en marcha, y mucho menos tener que tomar un asiento con todos esos ojos sobre mí. Pero era mejor que un montón de otras opciones, sobre todo de las que Dave me había librado la otra noche. Tenía suerte de estar allí. Así que alcancé el pomo, tomé aire y entré.

Dos períodos más tarde, desafié a la cafetería, corriendo el riesgo de un burrito de

Dos períodos más tarde, desafié a la cafetería, corriendo el riesgo de un burrito

de

pollo que no parecía del todo imposible de comer. Lo llevé fuera, junto con

un

fajo de servilletas y una botella de agua, después me establecí en el muro

que bordeaba el edificio principal. Más abajo, un grupo de chicos con portátiles

jugaban conjuntamente; en mi otro lado, un chico muy alto de hombros anchos

y una chica rubia estaban compartiendo un iPod y un par de auriculares, discutiendo, aunque afablemente, sobre lo que estaba sonando.

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Saqué mi teléfono, lo encendí, y luego hice clic para abrir un nuevo mensaje de texto y escribí el número de mi papá. ESTOY ALMORZANDO, escribí. ¿TÚ?

Pulsé enviar, escaneé el patio delante de mí, recogiendo en el despliegue los típicos grupos y camarillas. Los fumetas debatían en torno a un Hacky Sack 3 , las chicas de teatro hablaban en voz muy alta, y los que se preocupaban por el mundo se sentaban en varias mesas a lo largo del paseo, recogiendo dinero y vendiendo productos de panadería por causas diversas. Yo estaba desenrollando el papel de aluminio de mi burrito, preguntándome dónde pertenecía exactamente entre ellos Liz Sweet, cuando vi a la chica rubia y tetona que había conocido en la fiesta de la noche del viernes. Ella estaba a travesando

el césped, unos vaqueros ajustados, botas altas, y una recortada chaqueta de

cuero rojo, que era claramente más para show que para abrigarse. Se veía irritada mientras pasaba en dirección a un grupo de mesas de picnic en el borde

del

estacionamiento. Después de tomar asiento en una cruzó las piernas, sacó

un

teléfono móvil, y miró hacia el cielo mientras lo ponía en su oreja.

Mi

teléfono sonó y lo cogí, explorando la pantalla.

A DURAS PENAS, había respondido mi padre. LOS NATIVOS ESTÁN MUY INQUIETOS.

Mi padre esperaba encontrar resistencia cuando llegaba por primera vez a un

restaurante, pero al parecer el Luna Blu era un caso extremo. Había varios “defensores‖ de‖ la‖ vida”,‖ como‖ él‖ los‖ llamaba,‖ personas‖ que‖ habían‖ trabajado‖ allí‖

durante años para los dueños originales, una pareja anciana que se había mudado a Florida el año anterior. Habían pensado que podían manejar las

cosas a larga distancia, pero su balance general rápidamente les había mostrado

lo contrario, y decidieron vender a EAT INC con el fin de disfrutar de sus años

dorados. De acuerdo con lo que mi padre me había dicho el día anterior en el

desayuno, Luna Blu había estado funcionando durante el último año o así de

3 Hacky Sack: Es una pelota pequeña rellena de arena o arroz.

poco más que la buena voluntad de sus clientes habituales antiguos, e incluso le habían enseñado el camino que solían. No tenía sentido tratar de decirles a los nativos-empleados, sin embargo. Al igual que a muchos antes que a ellos, no les importaba que mi padre fuera solo el mensajero. Todavía querían pegarle un tiro.

Di un tentativo mordisco a mi burrito. En el momento en que abrí mi agua,

tomé un sorbo, y enfrenté un sabor diferente, vi a Riley acercarse a la rubia de la

mesa. Vi como dejaba su mochila en el suelo, luego se deslizó en el banco a su lado, apoyando su cabeza contra el hombro de la rubia. Después de un momento, su amiga levantó el brazo, dándole palmaditas en la espalda.

¡Hola!

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Di un salto, derramando un poco de frijoles en mi camisa, y luego miré hacia

arriba. Una chica en un suéter de color verde brillante, pantalón caqui y zapatillas blancas, una diadema color verde a juego en el pelo, estaba sonriendo

hacia mí.

Hola dije, bastante menos entusiasmada.

Eres nueva, ¿verdad? preguntó.

Um dije, mirando hacia atrás a Riley y su amiga. Sí. Supongo que lo soy.

¡Genial! extendió su mano. Soy Deb. ¿Con el comité de hospitalidad de estudiantes? Es mi trabajo darte la bienvenida a Jackson y asegurarme de que estás encontrando tu camino bien.

¿Comité de hospitalidad? Esta era la primera.

Wow dije. Gracias.

¡Sin problema! Deb se agachó, rozando la pared a mi lado con una mano,

luego se sentó a mi lado, colocando su bolso, uno amplio, bastante acolchado, también de color verde, a su lado. Yo fui nueva el año pasado explicó. Y esta es una escuela tan grande y tan difícil de navegar, sentí la necesidad de algún tipo de programa para ayudar a la gente a encontrarse a gusto aquí. Así que empecé Embajadores de Jackson. Oh, espera, ¡olvidé tu regalo de

bienvenida!

Oh dije—,‖ no‖tienes‖ que…

Pero ella estaba ya descomprimiendo el bolso verde y sacando un papel pequeño, atado con cinta azul y amarilla, desde el interior. Había una pegatina

en el frente que decía ¡ESPÍRITU DEL TIGRE DE JACKSON! También en azul y amarillo. Y brillante. Ella me lo entregó, claramente orgullosa, y yo sentí que no tenía más remedio que tomarlo.

Ahí dijo, encontrarás un lápiz, una pluma, y los horarios para todos los deportes de invierno. Ah, y una lista de números que puedes necesitar, como orientación y la oficina principal y la biblioteca.

Wow dije de nuevo. Al otro lado del patio, Riley y su amiga estaban compartiendo una bolsa de galletas saladas, pasándola de una a otra.

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Además continuó Deb, algunos regalos de grandes comerciantes locales. Hay un cupón para una bebida gratis en Frazier Bakery, y si compras cualquier panecillo en Jump Java, ¡puedes conseguir otro por la mitad!

Sentada allí, me di cuenta de una de las dos cosas que podían suceder aquí. U odiaba a Deb, o seríamos mejores amigas y Liz Sweet acabaría como ella.

Eso es muy bueno dije mientras me miraba, claramente orgullosa. Te lo agradezco.

Oh, no hay problema dijo. Solo estoy tratando de hacer que la gente se sienta un poco más en casa que yo.

¿Tuviste un momento difícil?

Por un momento, y solo un momento, su sonrisa se convirtió en un poco menos alegre.

Supongo que sí dijo. Luego se iluminó. Pero las cosas son geniales ahora, en serio. Realmente me gusta estar aquí.

Bueno dije, he viajado mucho. Por lo tanto esperemos que no sea tan malo.

Oh, estoy segura de que no lo será dijo. Pero si tienes cualquier problema, mi tarjeta está ahí también. No dudes en llamarme o enviarme un correo electrónico, quiero decir, ¿todo bien?

Asentí con la cabeza.

Gracias, Deb.

¡Gracias! sonrió, después puso una mano en la boca. Ah, bueno, ¡soy tan maleducada!‖ Ni‖siquiera‖ sé‖tu‖nombre.‖O‖acaso…

¡Mclean!

Parpadeé, segura de que no había oído bien. Pero luego vino otra vez. Sí, alguien me estaba llamando. Por mi verdadero nombre.

Volví la cabeza. Allí estaba, en la mesa de picnic, era la chica rubia, ahora de pie, con las manos ahuecadas sobre su boca. Gritando. A mí.

¡Mclean! dijo, y luego saludó. ¡Hey! ¡Estamos aquí!

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Oh dijo Deb, mirándola a ella, luego a mí. Bueno. Parece que ya has hecho algunos amigos.

Miré de nuevo a la mesa, donde Riley me miraba también, la bolsa de galletitas en una mano.

Supongo que sí dije.

Bueno dijo Deb. Tal vez no necesites el paquete en absoluto. Pero yo solo pensaba…

No dije, de repente sintiéndome mal por alguna razón. Estoy contenta de tenerlo. En serio.

Ella me sonrió.

Bueno. Es un placer conocerte, Mclean.

Igualmente.

Se puso de pie, luego giró una impertinente zapatilla de deporte y comenzó a bajar el paseo, ajustando su diadema mientras caminaba. Eché un vistazo a la rubia. Vamos, articuló, saludándome otra vez. Así que este era mi momento, pensé, recogiéndome otra vez, aunque no exactamente de la forma en que había esperado. Sin embargo, me puse de pie, sacudiendo mi burrito en un cubo de basura cercano, y me dirigí a través del patio para ver qué iba a pasar. Yo estaba casi allí cuando miré hacia atrás en la dirección en la que Deb se había ido, buscándola un momento más tarde por el estacionamiento de autobuses. Ella estaba sentada bajo un árbol, con su bolso verde a su lado, bebiendo un refresco. Sola.

con su bolso verde a su lado, bebiendo un refresco. Sola. El nombre de la rubia

El nombre de la rubia era Heather. Cómo era que ella sabía el mío no estaba claro.

Tuve que salvarte explicó mientras me acercaba a su mesa. Esa chica Deb es una friki tarada. Consideré un acto de caridad llamarte para aquí.

Volví a mirar a Deb, sentada bajo el árbol.

No parecía tan mala.

¿Estás bromeando? dijo Heather, incrédula. Se sentó a mi lado en biología el año pasado. Pasó todo el semestre tratando de reclutarme para sus varios grupos, en los cuales ella es el único miembro de culto.

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¿Qué hay en la bolsa? preguntó Riley, señalando con la cabeza hacia el paquete de bienvenida, que aún sostenía.

Un regalo de hospitalidad dije. De los embajadores de estudiantes.

La embajadora corrigió Heather, ajustando su amplio escote. ¿Hola? ¡Ella es la única!

No estaba segura de qué estaba haciendo aquí, ahora que me había salvado de Deb. Antes de enterarme, sin embargo, había un problema más que aclarar.

¿Cómo sabes mi nombre? pregunté a Heather.

Ella estaba chequeando su teléfono, y ahora me miró, entrecerrando los ojos bajo el sol.

Tú me lo dijiste en esa fiesta, antes de que se estropeara.

No dije. No lo hice.

Ella y Riley intercambiaron una mirada. Ahora yo estaba actuando como un miembro de culto. Heather dijo:

Entonces creo que Dave debe haberlo hecho.

¿Dave?

¿Dave Wade? ¿Tu vecino? Te encontraste con él el sábado, ¿no? preguntó. Él no es exactamente fácil de olvidar.

No es tan raro como parece dijo Riley.

Es raro añadió Heather.

Cuando Riley le dirigió una mirada, dijo:

¿Qué? El chico pasa el tiempo en el sótano de una casa abandonada. Eso no es normal.

Es un refugio para tormentas. No es como si él lo construyera, o algo así.

¿Por lo menos escuchas lo que estás diciendo? suspiró Heather en voz alta. Mira, sabes que me encanta Dave. Pero es como una especie de bicho raro.

¿No lo es todo el mundo? dijo Riley, escogiendo otra galleta.

No.

Heather

ajustó

su

seno

de

nuevo.

Yo,

por

ejemplo.

Soy

completamente normal en todos los sentidos.

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Riley resopló, comiéndose otra galleta, y ambas estuvieron en silencio por un momento. Ahora, pensé. Ahora es cuando me presento como Liz Sweet, borrando todo este asunto. Después tendría que hacer esto otra vez de nuevo en el aula mañana y me gustaría tener todo listo, justo donde tenía que ser para que todo esto funcione de la manera que yo quería. Pero por alguna razón, allí de pie, no podía. Porque a pesar de mis esfuerzos de lo contrario, Mclean ya tenía una historia aquí. Era la chica que había descubierto a Dave en el porche trasero, después se refugió en su escondite. La chica de la fiesta, la chica a la que dio la bienvenida Deb en su estilo friki tarado. No era la misma Mclean que había sido durante los primeros catorce años de mi vida. Pero era Mclean. Y ni siquiera un nuevo nombre podría cambiar eso, ahora.

Heather miró a Riley.

Así que, hablando de Eggberte, ¿cuál es la historia? ¿Lo llevaron sus padres de aquí para siempre, o qué?

Riley negó con la cabeza.

Lo vi después del salón. Dijo que estaban dejando que se quedara, pero que tenía un montón de aros a través de los que saltar. Han estado reunidos sobre ello con Sra. Moriarity toda la mañana.

Dios, eso suena mal se quejó Heather. Para mí, añadió. La Sra. Moriarity es la directora. Ella me odia.

No dijo Riley.

—Realmente‖ lo‖ hace.‖ Desde‖ todo‖ ese,‖ ya‖ sabes…‖ incidente‖ en‖ que‖ me‖ empotré‖ en el cuartel. ¿Te acuerdas?

Riley pensó por un segundo.

Ah, claro, eso fue malo dijo. Entonces me miró y agregó, es una conductora horrible. Nunca mira cuando se incorpora.

¿Por qué siempre tengo que tener cuidado? preguntó Heather. ¿Por qué no puede la gente tener cuidado conmigo?

El cuartel es un objeto. Está indefenso.

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Qué se lo digan a mi parachoques. Todavía estoy pagando el dinero que le debo a mi padre por el maldito taller.

Riley rodó los ojos.

Pensé que estábamos hablando de Dave.

De acuerdo, Dave. Heather se volvió hacia mí. Mi punto es, él es, como, un sueño húmedo de administrador. Un chico genio que se fuga, como, todos los de secundaria, y estaba tomando cursos para la universidad, y luego vino a este infierno por elección. Lo que es algo que nunca voy a entender.

Él quería ser normal dijo Riley tranquilamente, escogiendo otra galleta. Luego, mirándome, explicó. Dave nunca había estado en una escuela pública. Iba en realidad a ir a la universidad pronto porque es muy inteligente y nos mudamos demasiado. Pero luego decidió que quería, ya sabes, vivir como un adolescente normal. Así que consiguió este trabajo después de la escuela haciendo batidos en el Frazier Bakery, donde mi novio estaba trabajando en ese momento.

Nicolas dijo Heather. Suspiró. Hombre, ese chico podía integrarse. Deberías haber visto sus bíceps.

Riley hizo caso omiso, continuando.

Dave y yo nos conocimos realmente cuando éramos niños, pero habíamos perdido el contacto. Una vez que estuvo trabajando con Nic, sin embargo, nos devolvió de nuevo a dónde lo habíamos dejado y empezamos a pasar tiempo juntos.

En ese momento él se enamoró totalmente de ella dijo Heather. Riley negó con la cabeza.

¿Qué? Es la verdad. Quiero decir, él está supuestamente más allá de eso ahora,‖pero‖ hubo‖un‖tiempo…

Es como un hermano para mí dijo Riley. Nunca podría pensar en él de esa manera.

Además, ella solo sale con estafadores dijo Heather.

Riley lanzó un suspiro.

Es cierto. Es una enfermedad.

Heather le dio una mirada comprensiva antes de estirarse, acariciando su espalda de la misma manera que la vi antes a distancia. Entonces me miró.

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Así que, ¿te vas a sentar o qué? Me estás poniendo nerviosa, ahí de pie.

Miré a Deb, sola debajo de su árbol, y luego los grupos al azar, como intrínsecamente divididos como géneros del reino animal, extendiéndose entre nosotras.

Claro dije, metiendo la bolsa de bienvenida en la mochila. Por qué no.

la bolsa de bienvenida en la mochila — . Por qué no. Después de la escuela,

Después de la escuela, tomé un autobús al Luna Blu, luego corté por el callejón a la entrada de la cocina. Encontré a mi padre en la oficina, una estrecha despensa reconvertida, por las miradas, sentado en un escritorio. Había papeles esparcidos a su alrededor, y tenía su teléfono en su oído.

Hey, Chuckles. Es Gus estaba diciendo. Así que, mira, no es tan malo como temías. Dicho esto, sin embargo, está lejos de ser bueno.

Charles Dover era el dueño de EAT INC. Un antiguo BD y jugador de la NBA, estaba sobre seis-siete y construía como un camión Mack, la última persona que alguien quisiera llamar un nombre como Chuckles. Mi padre, sin embargo, había sido uno de sus mejores amigos desde sus propios días de gloria viajando su banco Defriese. Ahora Chuckles era un comentarista de televisión y un multimillonario. Viajaba por todo el país un montón para la red, y amaba comer, es la forma en que terminó siendo el dueño de una empresa que compraba y rehabilitada restaurantes antes de venderlos a nuevos propietarios.

Mariposa había sido su restaurante favorito cuando estaba en la ciudad para los juegos de Defriese, y ahora que había atraído a mi padre fuera de allí, lo hacía trabajar duro. Pero también pagaba bien y cuidaba muy bien de nosotros.

Dejé mi mochila en el suelo de la oficina, no queriendo molestarle, y luego me dirigí hasta el propio restaurante. Estaba vacío, excepto por Opal, que estaba de

pie junto a la puerta principal rodeada de una pila de cajas de cartón. El hombre de UPS 4 , que estaba estacionado fuera, estaba en el proceso de rodar aún más.

¿Estás seguro de que no ha habido algún tipo de error? preguntó ella mientras él ponía una más en el stand de la anfitriona. Esto es mucho más de lo que me esperaba.

Echó un vistazo a un portapapeles que estaba equilibrado en la caja superior.

Treinta de treinta cajas de cartón dijo, y luego se lo entregó a ella. Todas aquí y contadas.

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Opal firmó la hoja y se la dio a él. Ella llevaba una camiseta de algodón de manga larga estampada con vaqueros y caballos, una minifalda negra, y brillantes botas rojas que le llagaban más allá de las rodillas. Yo no había resuelto todavía si su look era punk o retro. Tal vez Petro.

Ya sabes dijo al tipo de UPS , es patético lo que una persona tiene que llegar a hacer para conseguir un aparcamiento amplio en esta ciudad. Patético.

No se puede luchar contra el gobierno respondió él, arrancando una hoja y entregándosela a ella. Oye, ¿no tienes más de esos pepinillos fritos por ahí? Aquellos que conseguí aquí el otro día estaban muy buenos.

Opal suspiró.

Et

tu 5 ,

rollitos!

¿Jonathan?

dijo con tristeza. ¡Pensé que te gustaban nuestros

Él se encogió de hombros.

Eran buenos, seguro. Sin embargo, ¿los pepinillos? Crujientes y crocantes, y, ya sabes, ¿estupendos? ¡Maldita sea! Son increíbles.

Increíbles repitió Opal, su voz plana. Está bien. Vuelve y pide a Leo unos pocos para ti.

Gracias, muñeca.

Pasó junto a mí, cabeceando y asintiendo. Opal puso las manos en las caderas, inspeccionando las cajas, y luego agregó por encima del hombro:

4 UPS: Es una empresa de mensajería. 5 ¿Y tú, Jonathan? En francés en el original

Y dile que envíe a alguien aquí para ayudarme a llevar esto arriba, ¿vale?

Lo haré dijo el repartidor, empujando a la cocina la puerta de vaivén, después de nuevo detrás de él. Vi como Opal se inclinaba sobre una de las cajas de cartón, examinando, a continuación, la empujó de nuevo a sus pies, frotándose la espalda.

Yo te ayudaré, si quieres dije.

Se dio la vuelta, sorprendida, su rostro se relajó, un poco, cuando me vio.

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Oh, gracias. Lo último que necesitamos es hacer a Gus venir aquí y que empiece a hacer un montón de preguntas. Ya me la tiene jurada tal como está la cosa.

Esperé un segundo, para que se diera cuenta de lo que acababa de decir. Uno. Dos.‖ Entonces…

Oh, Dios. Su cara se ruborizo. No quise decirlo como sonó. Solo

Está bien dije, caminando y recogiendo los cartones más pequeños. Tus cajas de secretos están a salvo conmigo.

Desearía que fueran cajas de secretos dijo con un suspiro. Eso sería infinitamente menos humillante.

¿Qué son?

Tomo un respiro, entonces dijo:

Edificios plásticos, arboles e infraestructura.

Miré hacia abajo a la caja. EMPRESAS COMUNIDAD MODELO, al leer la dirección de retorno.

Es una larga historia continuó Opal, levantando una caja en su cadera. La seguí hasta el comedor de al lado. Pero la versión resumida es que vendí mi alma a la cabeza del consejo de la ciudad.

De verdad.

No estoy orgullosa. Ella se fue por un pequeño pasillo, más allá de los baños, y luego golpeo para abrir una puerta con la cadera, revelando un estrecho conjunto de escaleras. Cuando empezamos a subirlos, dijo. Ellos estaban a punto de cerrar el estacionamiento al lado de nosotros, lo que habría sido totalmente devastador, en lo que a negocios se refiere. Sabía q ue ellos

estaban buscando a alguien para asumir el proyecto de montaje de este modelo de la ciudad para el centenario este verano, y que nadie quería hacerlo. Así que me ofrecí. Con una condición.

¿Estacionamiento?

Lo tienes.

Llegamos a la cima de las escaleras, entrando en una habitación grande llena de ventanales, vidrios manchados. Había unas cuantas mesas apiladas junto a una pared, algunos botes de basura vacíos, e, inexplicablemente, dos sillas de jardín justo en el centro, una caja de leche puesta de pie entre ellas. En ella había un paquete de cigarrillos, una botella de cerveza vacía y un extintor de incendios.

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Wow dije, poniendo abajo mi caja. ¿Qué es este lugar?

Almacenamiento mayormente ahora respondió ella. Pero como puedes ver, se ha sabido que el personal lo utiliza de vez en cuando.

¿Para comenzar incendios?

Lo ideal sería que no caminó, levantando el extintor de incendios y examinándolo. ¡Dios! He estado buscando por todas partes por esto. Los chicos de la cocina son tan ineptos, lo juro.

Me acerqué a una de las grandes ventanas, mirando hacia fuera. Había un balcón estrecho, de hierro forjado, sobre el cual tenía una vista perfecta de la calle de abajo.

Esto es bueno dije. Lástima que no puedas sentar personas aquí.

Solíamos dijo ella, recogiendo la botella de cerveza y la arrojó en un cubo de basura cercano, seguido por los cigarrillos. Hace mucho tiempo.

De verdad dije. ¿Cuánto tiempo has estado aquí?

Empecé en la escuela secundaria. Fue mi primer trabajo de verdad. Tomó la caja de leche, moviéndola a la pared de enfrente, luego doblo las sillas, una por una. Eventualmente, me fui a la universidad, pero incluso entonces volví y atendía mesas en los veranos. Una vez que me gradué, planeaba conseguir un trabajo a tiempo completo con mi doble titulación en danza e historia del arte, pero no funciono exactamente. Ella me miró, y luego puso los ojos en blanco. Lo sé, lo sé. Quién lo hubiera adivinado, ¿no?

Sonrío, mirando de nuevo por la ventana.

Por lo menos hiciste lo que te gustó.

Eso siempre ha sido mi defensa, aun cuando estaba en la ruina dijo, limpiando la caja de leche con una mano. De todos modos, yo estaba aquí y desempleada cuando los Melmans decidieron que necesitaban a alguien para hacerse cargo del día a día para ellos. Así que estuve de acuerdo, pero solo de forma temporal. Y de alguna manera, todavía estoy aquí.

Es un negocio difícil de salir. A veces, imposible contestó. Ella me miró. Eso es lo que dice mi papá, de todos modos.

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Por un momento, ella estaba en silencio, en lugar de solo tomar las sillas plegadas y apilarlas contra la pared.

Sabes dijo finalmente, entiendo que él está aquí solo para hacer un trabajo, y que necesitábamos hacer algunos cambios. Estoy segura de que es un

buen tipo, pero solo se siente Ocupados.

como si estuviéramos siendo invadidos.

Lo dices como si fuera una guerra.

Eso es algo de cómo se siente respondió ella. Se sentó en la caja de leche, apoyando su cabeza en sus manos. Quiero decir, con la mitad del menú fuera, y que cortaron el brunch. Creo que tal vez debería haber ido con los rollos. Fuera lo viejo, dentro con lo nuevo, y todo eso.

Se veía cansada de repente, sentada allí diciendo esto, y sentí que debía decir algo de apoyo, a pesar de que casi no nos conocíamos.

Antes de que pudiera, sin embargo, hubo un golpe en las escaleras, y el cocinero flaco que reconocí del callejón, unos días antes apareció en el rellano, llevando una caja. Mi padre, también con una en sus brazos, estaba detrás de él.

Hey, Opal, ¿dónde quieres que pongamos esto? preguntó el cocinero.

Opal se puso en pie.

Leo dijo, rápidamente acercándose a tomar la caja de los brazos de mi padre, no puedo creer que le pidieras a Gus hacer esto.

¡Dijiste que consiguiera a alguien que me ayudara!

Alguien murmuró, en voz baja. No el jefe, por amor de Dios.

Está bien dijo mi papá con facilidad. Para mí, añadió: ¡Mclean! Yo ni siquiera sabía que estabas aquí. ¿Cómo fue el resto del día?

Opal se giró y me miró, confusa, y de repente me acordé de que le había dicho que mi nombre era Liz. Tragué, y luego dije:

Bien, supongo.

solo me llevará un

segundo conseguir el resto de las cajas aquí, te lo prometo. Ella disparó a Leo

una mirada oscura, pero él estaba allí de pie, jugueteando con las cuerdas de su delantal.

Gus, en serio dijo Opal a él. Lo siento mucho

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¿Qué? dijo mientras ella continuaba mirándolo. Oh. ¿Te refieres a mí?

respondió ella, sonando más cansada que nunca. Me refiero a ti.

Se encogió de hombros, golpeando al bajar las escaleras. Opal todavía se veía

mortificada, pero mi papá casi no parecía darse cuenta mientras él se acercó a

mi lado en la ventana, mirando hacia la calle.

Este es un gran espacio dijo, mirando a su alrededor. ¿Solía ser un comedor?

Hace unos diez años respondió Opal.

¿Por qué dejaron de usarlo?

El señor Melman sentía que la gente eran demasiado lenta para subir y bajar las escaleras. Toda la comida estaba fría, una vez que llegaban aquí, porque la cocina estaba tan lejos.

Huh. Mi papá dijo, acercándose a una de las paredes y golpeando en ella.

En un edificio antiguo, me sorprende que no hubiera un montacargas.

No sé dijo Opal. Pero nunca funcionó bien. Ponías tu comida ahí y nunca la volvías a ver.

¿Dónde estaba?

Se acercó a la pared por las escaleras, dejando a un lado una de las mesas.

se podía ver la huella de algo cuadrado, que

Detrás

sobresalía ligeramente.

de

ella,

en

la

pared,

Lo teníamos pegado dijo Opal. Debido a que la gente seguía montando

en el después del cierre. Seria responsabilidad.

No es broma. Mi papá camino otra vez, echándole un vistazo. Mientras lo hacía, Opal me miró de nuevo, y me pregunté qué estaba pensando.

Así que dijo mi papá, volviendo a la sala correcta. ¿Qué pasa con las cajas? No me di cuenta que teníamos un gran pedido llegando hoy.

Um dijo Opal, mientras Leo volvió a aparecer, llevando tres cajas apiladas

precariamente, una encima de otra. No lo hicimos. Esto es

Mi papá la miró.

¿Algo más?

otra cosa.

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—Le‖ estaba‖ diciendo‖ a‖ Liz…‖ —Me miró, y sentí a mi padre hacer lo mismo, aunque yo no lo miraba, que es este modelo para el consejo de la ciudad. Ellos necesitaban a alguien para ejecutar el proyecto y un lugar para hacerlo. Y estaban a punto de cerrar el estacionamiento, por lo que me ofrecí.

Se calló, examinando las diversas cajas de cartón con desánimo al sumarlas Leo

a la colección. Mi papá dijo:

¿De qué es el modelo?

La ciudad. Es para el centenario de este verano respondió ella. Sacó un pedazo de papel de su bolsillo de atrás, leyendo en voz alta. Proporcionar tanto un proyecto comunitario y arte público, este mapa le permitirá a sus ciudadanos ver a su pueblo en una forma totalmente nueva.

Parece que puede que tome un poco de espacio dijo mi papá.

Lo sé. Ella empujó el papel en su bolsillo posterior. No me di cuenta de lo grande que era.

Encontrare otro lugar para él, y pronto. Solo tengo que hacer algunas llamadas.

¡Hey, Opal! gritó una voz por las escaleras. El tipo de la ropa blanca está aquí y nuestro pedido de toallas es corto. Y esa mujer aún está en espera por ti.

¿Qué señora?

De la que Leo te dijo respondió la voz.

Opal se volvió a Leo, que estaba en la ventana.

Oh dijo. Tu, eh, tienes una llamada telefónica.

Ella no dijo nada, solo le dio un vistazo antes de bajar por las escaleras sin hacer

ningún comentario. Mi padre miró a Leo y luego dijo:

Una vez que todas las cajas estén arriba, tienes pimientos que cortar. Y asegúrese de que esa entrada este limpia para la apertura. Ni un grano de arena, y usa limpiador en la puerta.

Seguro, hombre jefe dijo Leo menos que entusiasmado.

Mi padre miró, su expresión indescifrable, mientras Leo deambulaba por la

habitación y bajo las escaleras. Una vez que la puerta en la parte inferior se cerró de golpe, dijo:

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No puedo decir si esto es un restaurante o una fundación de caridad. Quiero decir, ese tipo ni siquiera puede trabajar una botella de spray.

Sí parece un poco inútil estuve de acuerdo.

Es epidémico aquí. Él caminó hacia la ventana otra vez, mirando hacia afuera. Por desgracia, no puedo despedir a todo el mundo. Por lo menos no de inmediato.

Me quedé con él, mirando la calle. Era un lugar bonito, enmarcado por grandes

árboles a cada lado, inclinándose hacia nosotros.

Opal parece agradable.

No necesito que ella sea agradable dijo. Necesito que ella tome el control de su personal y aplicar los cambios que yo le diga. En cambio, sostiene cada punto, desperdiciando grandes cantidades interminables de tiempo.

Nos quedamos en silencio durante un momento. Entonces dije:

¿Sabías que ha trabajado aquí desde que estaba en la escuela secundaria?

¿Sí? No sonaba exactamente interesado.

Asentí con la cabeza.

Fue su primer trabajo. Ella realmente ama este lugar.

Eso está bien dijo. Pero todo el amor en el mundo no va a salvar un barco

que se hunde. Tienes que rescatarlo o saltar por la borda.

Pensé en Opal, sentada en esa caja de leche, luciendo tan cansada. Tal vez ella estaba lista para encontrar una isla en algún lugar que necesite de una bailarina

o una historiadora del arte, y mi papá estaba haciéndole un favor dándole una tabla para caminar. Quería creer eso. Era parte del trabajo, también.

Mira, lo siento por la explosión. Estoy en un estado de ánimo basura en estos momentos dijo él, deslizando una mano sobre mi hombro. Oye, ¿quieres venir a la comida del personal? Es la primera prueba del menú completamente nuevo. Podría utilizar a alguien allí a quien realmente le gusto.

Yo soy tu chica dije.

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Él me sonrió, y lo seguí hasta la escalera. Estábamos a la mitad cuando se detuvo, mirándome a mí.

Ella te llamó Liz dijo.

No era una pregunta, exactamente. Pero sabía lo que estaba preguntando.

Un malentendido dije. Lo voy a arreglar.

Él asintió con la cabeza, y me llevó el resto del camino hasta el bar y el comedor principal. Allí, los empleados se reunieron en torno a la reunión obligatoria de todas las noches y la comida del personal que puso en práctica en todos los restaurantes. Busqué a Opal, encontrándola al final del bar, tomando los platos alineados todo el camino, un plato diferente en cada uno, con una mirada cautelosa en su rostro.

Muy bien todos. ¿Puedo tener su atención, por favor? dijo mi padre.

El grupo disminuyo el sonido, luego silencio. Lo vi cuadrar los hombros y tomar un respiro.

Esta noche comenzó, su voz fuerte y segura, iniciamos la primera fase de la reencarnación de Luna Blu. Nuestro menú es más pequeño, nuestros platos menos complicados, nuestros ingredientes más frescos y más locales. Reconocerán algunos elementos. Otros son nuevos. Ahora bien, si solo pudieran elegir un menú y leer junto a mí, vamos a empezar en la parte superior.

Opal pasó los menús de una página, laminados apilados en un taburete de bar cercano. A medida que el grupo los miró por encima, hubo algunos gruñidos.

Algunos gemidos. Un abucheo, aunque no pude decir de dónde venía. No iba a ser fácil, este momento, o esta noche. Pero mi padre había visto cosas mucho peores. Y mientras seguía, me deslicé en una cabina justo detrás de él, para que supiera que estaba allí.

— Desastre. Esta fue la respuesta de una sola palabra que recibí la mañana siguiente

Desastre.

Esta fue la respuesta de una sola palabra que recibí la mañana siguiente cuando encontré que mi padre ya estaba despierto, revolviendo huevos en la cocina, y le pregunte cómo habían ido la noche anterior. Había tratado de mantenerme levantada y esperar por él, pero me había quedado dormida alrededor de la medianoche cuando aún no estaba en casa.

Ahora sabía por qué.

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La primera ejecución del nuevo menú es siempre difícil recordé, tomando dos platos fuera del gabinete.

Esto no fue difícil respondió él, moviendo los huevos con un movimiento de su muñeca. Era ridículo. Estábamos en las malas hierbas en la primera hora y nunca nos recuperamos, con solo la mitad de las mesas sentadas. Nunca había visto una desorganización tan rampante. ¡Y la actitud! Es alucinante.

Puse los platos en nuestra pequeña mesa de la cocina, luego busque algunos tenedores y servilletas y me senté.

Esto apesta.

Lo que apesta dijo, todavía en una buena racha, es que ahora tengo que volver allí y encontrar la manera de arreglarlo todo antes del servicio de esta noche.

Me quedé tranquila cuando se volvió, deslizando una generosa porción de amarillos, suaves huevos en el plato delante de mí. Pero lo que había dicho era cierto: la primera noche de un nuevo menú siempre era terrible, con los miembros del personal ya sea impresionando o explosionando, los clientes se iban infelices o molestos, y mi papá decidió que todo el esfuerzo estaba condenado. Esta secuencia era casi requerida, parte del proceso. Nunca parecía recordar esto de lugar a lugar, sin embargo, recordándole que era inútil.

La cosa es continuó, arrojando algunos huevos en el otro plato antes de sentarse frente a mí, un restaurante es tan fuerte como su chef. Y este lugar no tiene chef.

¿Qué pasa con Leo?

Él es el jefe de cocina, aunque solo Dios sabe quien pensó que estaba calificado para esa posición. El chef renuncio hace una semana, después de que

Chuckles comenzara a hacer preguntas acerca de algunas cosas raras que sus muchachos financieros encentra ron en los libros. Al parecer, él no tenía ganas de dar una explicación.

¿Así que necesitas contratar a alguien?

Lo haría dijo, pero ningún chef que se precie podría hacer el trabajo con el estado del lugar en estos momentos. Necesito implementar el nuevo menú, racionalizar las operaciones, y limpiar la casa, tanto literal como figurativamente, incluso antes de pensar en traer a alguien.

Eso suena fácil dije.

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Cerrar la puerta y cortar nuestras pérdidas sería más fácil respondió. Estoy pensando que podría ser el camino a seguir.

¿En serio?

Síp. Él suspiró, luego miró por la ventana de la cocina, tomando otro bocado. Para alguien que se ganaba la vida de su amor por la comida, mi padre era un comedor rápido y desordenado. Nunca se detuvo o saborea r, en su lugar solo devorando lo que había en su plato como si alguien le diera tiempo. Él había casi terminado cuando me levanté para servirme un vaso de leche, unos pocos bocados de mi propia comida tomada.

Bueno dije con cuidado, supongo que estaba destinado a suceder en algún momento.

Mi padre tragó saliva, luego me miro.

¿Qué fue?

No hay potencial contesté. Cuando él levantó sus cejas, dije: Tú sabes. Un lugar que realmente no se puede arreglar, incluso por ti. Una situación sin esperanza.

Supongo que sí respondió, limpiándose la boca con una servilleta. Algunas cosas no pueden ser salvadas.

Este era un hecho que ambos conocíamos bien. Y tal vez eso no sería algo tan malo, pensé mientras abría la nevera, dejando que este buque se hunda. Seguro, esto significaría otra mudanza, otro cambio, otra escuela. Pero al menos llegaría a empezar bien, no como había hecho aquí, donde estaba atascada con Mclean, a pesar‖ de‖mi‖mejor…

La cosa es dijo de repente, interrumpiendo este pensamiento de tren rápido de bola de nieve, hay un buen talento en la cocina.

Si hubiera estado prestando más atención, probablemente hubiera escuchado, el sonido de la parte inferior de ser golpeado. Seguido por el principio de este pequeño aumento.

No Leo, obviamente continuó, mirándome. Pero, un par de los chicos de la línea, y uno de los cocineros de preparación. Y hay posibilidades en el suelo, si pudiera simplemente eliminar a las perdidas pesimistas.

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Me deslicé en mi asiento, poniendo mi vaso delante de mí.

¿Cómo les gusto a los clientes el nuevo menú?

Los pocos que tuvimos, que en realidad tuvieron sus comidas calientes y completas dijo con un suspiro, estaban encantados.

¿Y los pepinillos?

Fuimos más grande. Opal se puso furiosa. Él sonrió, sacudiendo la cabeza. Pero el nuevo menú, es bueno. Simple, sabroso, juega con todas nuestras fuerzas. Los pocos que tuvimos de todos modos.

Ahora estaba segura de que iba a permanecer adentro. Esto, cuando él fue de usar "ellos" al "nosotros", un extraño a uno dentro, fue otro signo.

Su teléfono, estacionado al lado del fregadero, de repente dio un salto y zumbo. Alargó el brazo, agarrándolo y abriéndolo.

Gus Sweet. Ah, cierto. Quería hablar contigo

Mientras una voz crepitaba en la otra línea, mire por encima a la casa de nuestros vecinos, justo a tiempo para ver a la mamá de David Wade saliendo de la puerta de su lado. Iba vestida con pantalones vaqueros, un suéter blanco, el cable de punto y zapatos cómodos, un bolso de mano sobre un hombro, llevando una bandeja cubierta con papel de aluminio en sus manos. Mientras caminaba por las escaleras, ella se movió con cuidado, mirando hacia abajo para no tropezar.

Sí, eso es exactamente lo que dije. Mi papá decía mientras ella cruzaba el camino de entrada y se puso en marcha en nuestros escalones, también con cautela. ¿Por qué? Porque no me gusta el aspecto de la orden que recibió ayer.

La señora Wade estaba casi en nuestra puerta lateral. Me levanté a su encuentro, justo cuando ella se inclinó hacia la pantalla, cubriendo sus ojos con

la mano libre. Cuando me vio, saltó hacia atrás, asustada.

Hola dijo mientras empujaba la puerta abierta. Soy Anne Dobson-Wade. ¿Vivo al lado? Yo quería darles la bienvenida al vecindario, así que hice algunos brownies.

Oh dije. Tendió el plato hacia mí, y lo tomé. Gracias.

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Son libres de nueces, libre de gluten y sin azúcar, hecho con ingredientes orgánicos dijo. No sabía si tenían algún tipo de alergia.

Nosotros no contesté. Pero, eh, gracias por la consideración.

¡Por supuesto! Ella me sonrió, un poco de frizz soplando en el viento que

venía detrás de ella. Bueno, como dije, estamos justo al lado. Si necesitan algo

o tienen preguntas sobre el vecindario, espero que nos lo hagan saber. Hemos estado aquí desde siempre.

Asentí con la cabeza en respuesta a esto, justo cuando Dave salió de su puerta, vestido con una camiseta verde y pantalones vaqueros, y comenzó a arrastrar el bote de basura en la acera. Su madre se volvió a decirle algo, pero él no la escuchó sobre las ruedas raspando el pavimento, y siguió caminando.

Entonces mi papá empezó a gritar.

No me importa si los han estado abasteciendo durante cien años. No ejecute una confusión en mí. Puedo decir una orden ligera cuando la veo hizo una pausa, permitiendo que la otra persona, que ahora hablaba de forma más rápida, por decir algo. Mira. Esto no es tema de debate, ¿de acuerdo?

La señora Dobson-Wade miraba a mi papá, alarmada por el tono. Es una llamada de trabajo expliqué, mientras detrás de ella, Dave volvió por el camino. Cuando me vio hablando con su mamá, redujo sus pasos y se detuvo por completo.

¿Quién soy yo? Mi padre estaba diciendo mientras Dave Wade y yo, extraños pero no, solo mirándonos el uno al otro sobre el pequeño, hombro huesudo de su madre. Soy el nuevo jefe en Luna Blu. Y tú eres mi proveedor de productos anterior. Adiós.

Colgó, y luego cerró su teléfono golpeándolo para énfasis sobre la mesa, el sonido haciéndome saltar. Solo entonces miró hacia arriba y me vio a mí y a la mamá de Dave en la puerta.

Esta es la señora Dobson-Wade dije, manteniendo calmada mi propia voz, como si quisiera demostrar que no éramos los dos maníacos totales. Nos hizo algunos brownies.

Oh frotó sus manos juntas, luego se acercó. Eso es gracias.

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¡De nada! Hubo un golpe torpe, sin hablar, antes de que ella dijera, le estaba diciendo a su hija que hemos vivido aquí por más de veinte años, así que si usted necesita cualquier información sobre el vecindario, o las escuelas, solo háganoslo saber.

Lo haré dijo mi papá. Aunque ésta ya se instaló muy bien, de lo que puedo decir.

¿Estás en Jackson? La señora Dobson-Wade me preguntó. Asentí con la cabeza. Es una escuela pública buena. Pero hay otras opciones si quieres explorar, en el sector privado. Ejemplares, en realidad.

No me digas respondió mi padre.

Nuestro hijo estaba en una de ellas, Kiffney-Brown, hasta el año pasado. Decidió transferirse, no es que estuviéramos muy contentos al respecto. Ella suspiró, sacudiendo la cabeza. Conoces a los adolescentes. Tan difícil cuando deciden que tienen una mente propia.

Sentí a mi padre mirarme, pero esta vez mantuve mi mirada hacia delante. No estaba a punto de desplegar esta.

Bueno dijo finalmente. Supongo eso es cierto, a veces.

La señora Dobson-Wade sonrió, como si hubiera ofrecido más acuerdo del que

tenía.

¿He oído decir que usted es el nuevo chef en Luna Blu?

Más bien como interino dijo mi papá.

Oh, nos encanta Luna Blu dijo ella. ¡Los rollos son increíbles!

Mi

padre sonrió. Bueno dijo, la próxima vez que usted venga, pregunte

por

mí. Me aseguraré de que sea atendida. Soy Gus.

Anne dijo. Ella miró hacia atrás, viendo a Dave, que estaba allí de pie sin dejar de mirarme, al no haber llegado más cerca. Mi esposo, Brian, estará de acuerdo en un momento,‖ y‖ese‖ es‖mi‖hijo,‖David.‖ David,‖ este‖ es‖Gus‖ y…

Todo el mundo me miro.

Mclean dije.

David levantó una mano en una ola, amable, pero aun así mantuvo su distancia. Pensé en lo que Heather y Riley me habían dicho: Chico genio, fabricante de batido, habitante del sótano. En este momento, pensé, no se parecía a ninguna de las personas a las que habían descrito, era inquietante en una forma que era demasiado familiar.

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La puerta lateral golpeó de nuevo, y el Sr. Wade, finalmente salió. Era alto y lleno de canas, con una barba y llevaba una bolsa de mensajero, atada a través

de él mientras bajaba las escaleras. En la otra mano estaba un casco de bicicleta

cubierta de pegatinas reflectantes.

¡Brian! llamó la señora Wade. Saluda a nuestros nuevos vecinos.

El Sr. Wade se acercó con alegría, una sonrisa en su rostro, y se unió a nuestra

pequeña confabulación en la cubierta. De pie juntos, él y Anne lucían como un par de arrugados académicos en sus gruesos lentes, él con su casco, ella con su bolso de mano de NPR sobre un hombro.

Gracias dijo mi papá.

Gus es el chef interino en Luna Blu. le informé Anne.

Oh, ¡nos encanta Luna Blu! dijo Brian. ¡Esos rollos! Son la perfecta cena

en una noche fría.

Me mordí el labio, haciendo un punto de no ver a mi papá mientras todos nosotros nos quedamos allí, sonriendo el uno al otro. Mientras tanto, detrás de

ellos, Dave me dio una mirada que era difícil de leer, casi de disculpa, y regresó

a su casa. El sonido de la puerta cuando se cerró detrás de él estaba

balanceándose como un silbido que salgan para poner fin a un corrillo. Con él, todo se rompió.

Tengo que correr al laboratorio dijo la mamá de Dave, dando un paso atrás de la puerta. Brian sonrió, siguiéndola hasta que él se puso sus cascos. Por favor, háganos saber si podemos ser de alguna ayuda en su llegada.

Vamos a hacer eso dijo mi papá. Gracias de nuevo por los brownies.

Se despidieron, nos despedimos. Luego nos quedamos allí, en silencio, viendo cómo iban bajando las escaleras de la cubierta, de vuelta a su camino de

entrada. Bajo la canasta de baloncesto, se detuvieron, y Brian se inclinó para que Anne pudiera darle un beso en la mejilla. Luego ella fue a su coche, y él a su moto, que estaba encadenada a su cubierta delantera. Las ruedas por el camino

de entrada, ella se retiró, y en el camino, él fue a la izquierda, ella a la derecha.

Bueno. dijo mi papá después de un momento. ¿Seguro que le gustan esos rollos, eh?

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No es broma. Levanté la bandeja que me había dado, tomo una bocanada

vacilante. ¿Pueden realmente ser los brownies sin azúcar, sin gluten, y libre

de nueces y aun así ser buenos?

Averigüémoslo dijo, levantando el Saran Wrap cubriéndolo. Metió la mano, tomó uno y se metió toda la cosa en la boca, devorándolo. Después de masticar durante lo que pareció mucho tiempo, finalmente se tragó. No.

Buen punto. Puse la sartén abajo.

¿Todo bien en la parte frontal del producto? Sonaba algo intensa.

Ese tipo es un idiota. Se quejó mi padre, levantándose para deslizar el plato del desayuno en el fregadero. Y ni hablar de un ladrón. Tal vez ahora pueda conseguir algunos vegetales decentes. Demonios, eso me recuerda, organicé una reunión en el mercado de los agricultores en diez minutos. ¿Vas a estar a estar bien aquí?

dije. Absolutamente.

A medida que tomó su teléfono y salió de la habitación, miré hacia atrás a la

casa de Dave. Sus padres parecían lo suficientemente buenos, casi no los estrictos tipos Gulag que Heather había descrito. Pero, de nuevo, como Riley había dicho, nadie era realmente normal, y no podrías decir una cosa desde el exterior de todos modos. Una cosa, de todos modos, era clara: no había escape con Mclean ahora. Estaba aquí, yo estaba aquí, y parecía que íbamos a quedarnos alrededor. Nada más que hacer que levantarse e irse.

Traducido por Sweet Nemesis y Clo Hola? — Soy yo — dijo mi madre —

Traducido por Sweet Nemesis y Clo

Traducido por Sweet Nemesis y Clo Hola? — Soy yo — dijo mi madre — .

Hola?

Soy yo dijo mi madre. No cuelgues.

Corregido por Kachii Andree

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Sabía que había sido una mala idea contestar sin mirar el identificador de llamadas. Generalmente yo era cuidadosa con esas cosas, pero con el acoplamiento del pasillo principal había bajado la guardia.

Mamá, no puedo hablar ahora dije mientras alguien con una enorme mochila me empujaba por detrás.

Siempre dices eso, no importa a qué hora llame respondió. De seguro puedes gastar un minuto o dos.

Estoy en la escuela mamá dije. Mi próxima clase es en cinco minutos.

Entonces dame cuatro. Giré mis ojos enojada, y como si pudiera verme agregó : Por favor Mclean. Te extraño.

Y ahí estaba ese pequeño cosquilleo, como el cosquilleo en tu garganta justo antes de que aparezcan las lágrimas. Era increíble como ella siempre podía encontrar mi punto sensible, ese que yo nunca era capaz de encontrar en mi misma. Era como si lo hubiera construido en mi interior de alguna forma, de la misma manera en que los científicos de las películas de ciencia ficción siempre dejaban un botón para desactivar a un robot solo por si este se volvía loco y los atacaba. Solo porque nunca se sabe.

Mamá dije, saliéndome del pasillo principal y haciéndome hacia un costado en un hueco lateral, donde estaba bastante segura se suponía que debería estar mi casillero, te lo dije. Solo necesito un poco de tiempo.

¡Han sido dos semanas! protestó. ¿Cuánto tiempo planeas estar enojada conmigo?

No planeo nada. Yo solo… —Suspiré, cansada de intentar explicar por qué necesitaba algo de espacio de ella. Era estar bajo una constante negociación, ella

intentando

nosotros, seguía sintiendo como si estuviera debajo de sus pies.

acercarse

a

mí,

y

yo alejándome. Y

aun a mil kilómetros entre

Necesito un respiro.

De mí dijo aclarando.

—De‖todo‖ esto.‖ Estoy‖en‖un‖nuevo‖ sitio,‖ y‖en‖una‖nueva‖ escuela…

Solo porque tú quieres estarlo me recordó. Si dependiera de mí, aún seguirías aquí, disfrutando de los beneficios de estar en el último año con los amigos que conoces de toda la vida.

dije, pero no depende de ti.

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Exhaló ruidosamente, se escuchaba como una ola quebrándose en mi oído. Esto era la línea final, el asunto principal, la cosa a la que siempre terminábamos volviendo, sin importar cuantas vueltas le hubiésemos dado antes o después.

Mi madre quería tener el control sobre mí, y yo no se lo iba a dar. Eso la volvía

loca, así que en retribución ella me volvía loca a mí.

Eso me recordaba cuando era pequeña, y mis abuelos tenían un gato llamado Louis Armstrong. Mis padres estaban muy ocupados con el restaurante como para lidiar con gatos, y como resultado yo me volvía loca por cualquier animal que pudiera llegar a mis manos. Sin embargo, Louis era viejo, malvado y no tenía absolutamente ningún interés en los niños, metiéndose bajo el sofá en el minuto en que me escuchaba acercarme. Sin inmutarme, me sentaba en la alfombra bajo la mesita e intentaba hacer que saliera: llamándolo por su nombre, ofreciéndole recompensas, una vez incluso metí la mano debajo e intenté tirar de él, solo para recibir un montón de rasguños en mis brazos.

Después de eso, me rendí, eligiendo pasar el tiempo con mis abuelos viendo la televisión en su viejo televisor, el cual solo tenía tres canales. Entonces, la cosa más rara pasó. Estaba sentada ahí viendo una vieja película en blanco y negro mientras los adultos hablaban en el cuarto de al lado, cuando sentí algo rozar contra mi pierna. Al mirar hacia abajo me sorprendí al ver a Louis Armstrong,

ya no evitándome, pasando junto a mí, dándome un pequeño movimiento de su

cola.

Claro, no era toda la adoración que yo había estado esperando. Pero era algo. Y nunca lo hubiera conseguido (ni a la lenta aparición de casi afecto que siguió al siguiente par de meses) si no lo hubiera dejado tranquilo.

Había intentado explicarle esto a mi madre. E incluso había hecho alusión al gato. Pero no lo entendía, o elegía no hacerlo. Olvídate de los gatos y de los sofás, yo era su hija, le pertenecía. Se suponía que yo debía cooperar.

Este último manifiesto, de tan solo un par de semanas atrás, tenía un ímpetu familiar. Ella había llamado un día o dos antes de que dejáramos Westcott, mientras yo estaba ocupada empacando las cosas.

Cometí el error de decirle esto, y ella se puso completamente furiosa.

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¿Otra vez? preguntó. ¿En que está pensando tu padre? ¿Cómo puede siquiera pensar que esto es algo bueno para ti?

Mamá, es un trabajo de consultoría le dije por enésima vez. El trabajo no viene a ti. Tú vas al trabajo.

El trabajo respondió. Tú deberías estar aquí, en la misma escuela hasta graduarte. Es ridículo que te permitamos hacerlo de otra manera.

Es mi elección dije repitiendo lo que consideraba mi mantra.

Eres una adolescente dijo. Lo siento Mclean, pero por definición, no sabes cómo tomar las decisiones correctas.

Pero si me quedo contigo dije intentando mantener la voz clamada, ¿esa sería la elección correcta?

Entonces dándose cuenta de mi punto, exhaló enojada. Cariño, cualquiera te dirá que vivir en un hogar estable, con dos padres responsables, y un‖sistema‖ bien‖ establecido‖ es‖infinitamente‖ mejor‖ que…

Mamá dije. Ella siguió hablando, así que repetí más alto. Mamá.

Finalmente silencio. Entonces dijo:

Es solo que no entiendo por qué quieres lastimarme así.

No es sobre ti, pensé, entonces estaba llorando, lo que me quitaba todas las ganas de discutir.

Si tan solo lo hubiéramos dejado así, probablemente habría sido olvidado.

No obstante, ella había regresado a su abogado, quien había llamado a mi papá , haciendo‖ todo‖ tipo‖ de‖ amenazas‖ sutiles‖ sobre‖ “llenar‖ papeleo”‖ o‖ de‖ “revisar‖ el‖ acuerdo‖ actual‖ ante‖ la‖ luz‖ de‖ los‖ acontecimientos‖ recientes”.‖ Al‖ final‖ nada‖ sucedió, pero toda la cosa me había hecho decidirme a alejarme de ella hasta

que me sintiera lo suficientemente calmada como para hablar. Y aún no lo hacía.

Todo este asunto, nuestro asunto, se había agravado en los últimos meses por mis solicitudes de universidades.

Cuando yo acababa de empezar mi primer año, ella había estado en Petree vía FedEx 6 conteniendo un montón de libros con capítulos con títulos como Tinta caliente: como escribir un ensayo poderoso: El factor sorpresivo; Llegando a las Oficinas de admisiones; Aprovecha tus puntos fuertes; Preséntate de las formas más clara que puedas.

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No fue hasta que llamé para agradecerle (en esos momentos estábamos en términos decentes) que comencé de pronto a comprender su apasionado interés en mi futuro universitario:

Bueno, me imaginé que podrías usarlo dijo. Pude oír a uno de los gemelos quejándose cerca del teléfono. Las admisiones tempranas para Defriese deben hacerse pronto.

¿Admisión temprana? dije.

He estado leyendo, y realmente creo que esta es la manera de continuar. Continuó. De esa manera, tu solicitud, estará en su poder la mayor cantidad de tiempo posible, aun si no entras en el primer grupo aceptado.

Uhm dije, cerrando lentamente el libro, de hecho aún no he decidido realmente adonde quiero aplicar todavía.

Oh, sé que aún no has tomado ninguna decisión final. Pero definitivamente Defriese estará en tu lista. Ella cambió al bebé que cargaba, disminuyendo el llanto. Incluso podrías vivir en casa, y no tener que lidiar con los dormitorios de la facultad.

Me

inoxidable.

congelé,

ahí

en

mi

cocina

de

Peetre, mirando al refrigerador de acero

Mamá dije lentamente. No creo que yo quiera hacer eso.

Bueno, ¿cómo puedes saberlo? preguntó, su voz levantándose, es solo el comienzo de tu primer año.

Entonces ¿por qué me enviaste esos libros?

6 FedEx: Es una compañía aérea de transp orte de paquetes y logística de origen estadounidense.

Porque quiero ayudarte soltó. Y no veo por qué no quieres regresar y vivir conmigo, con Peter y con los niños.

No elegiré la universidad a la que iré basándome en lo que tú quieras, mamá dije lentamente.

¡Por supuesto que no! dijo, ahora lloraba. ¿Cuándo te ha importado a ti lo que yo quiero?

Al final, había dejado los libros debajo de mi cama, e intenté olvidar por completo todo el asunto. Cuando realmente llegó el momento de pensar en la escuela, sin embargo, los volví a sacar, y revisé algunos puntos, los cuales fueron bastante útiles. Al fina l, había aplicado para Defriese, aunque no como una admisión temprana, y solo como una ofrenda de paz.

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No tenía intensión de ir, a menos que no entrara en ningún otro lado. Ese era el último recurso, de los últimos recursos.

Mamá dije ahora asomándome a la hilera de casilleros cercanos, finalmente localizando el número 1889. Realmente necesito prepararme para el primer periodo.

Pero han sido solo dos minutos.

No dije nada. ¿Qué le podía decir a eso?

A lo que me refiero dijo rápidamente recomponiéndose, es que no he tenido la oportunidad de hablarte sobre la playa. Esa es la razón por la que te llamé. Tengo noticias emocionantes.

¿Qué?

Suspiró. De nuevo yo no decía mis líneas, con suficiente ánimo.

Bueno comenzó, ignorando mi falta de entusiasmo, acabamos de enterarnos, que la remodelación ha pasado todas las inspecciones. El decorador, tiene a los pintores trabajando mientras hablamos. Y tú sabes lo que eso significa.

Esperé.

Finalmente puedes venir con nosotros. Claramente, este era el Gran Final. Quiero decir, sé cuanto amas la playa y tenemos unos recuerdos increíbles de cuando íbamos juntos. No puedo creer que Peter y yo hayamos tenido esta casa desde hace dos años, y tú ni siquiera la hayas visto nunca.

Tenemos planeado ir a verla la semana que viene, y luego mudarnos tan pronto como sea posible. Ahora,‖ viendo‖ tu‖calendario‖ escolar,‖ he‖notado…

Mamá dije cortándola a mitad de la oración. De verdad tengo que ir a clases.

Entonces todo era silencio:

De acuerdo. ¿Pero me prometes que llamarás luego? De verdad quiero hablar sobre esto.

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No, pensé. Y en voz alta dije: Haré lo que pueda. Me tengo que ir ahora.

Te quiero dijo, luchando para decir esas tres últimas palabras mientras podía—.‖ ¡Ser{‖fabuloso!‖ Justo‖ como…

Click.

Extendí la mano, agarrando la manija de mi casillero demasiado fuerte y tiré de ella. Se abrió con una mancha rosa, apenas no cayéndose sobre mi rostro.

Cuando agarré la puerta, vi que aún había un espejo encajado dentro, coloreado con una frambuesa vibrante, y decorado con plumas rosas. La palabra SEXY, estaba escrita en la parte inferior del marco. Estaba observando mi rostro en él, sin palabras, cuando Riley apareció detrás de mí.

¿Ya decorando? dijo mirando las plumas.

Esto no es mío dije sin de energía después de la conversación con mamá, como para dar más explicaciones.

De seguro que no. Sonrió, su rostro era amistoso mientras abría mi mochila, y metía un par de libros de texto en uno de los estantes vacíos. Oye tengo algo que preguntarte.