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miércoles, 3 de agosto de 2011

LA FOTOGRAFIA Y LO URBANO

La mirada urbana entre los siglos XIX y XX. Surgimiento de la Street Photography, como género fotográfico Por María Elena Hechen

LA MODERNIDAD El impacto científico y tecnológico de mediados del siglo XIX propició el nacimiento de una sociedad de comunicación de masas que se vio favorecida por el uso de la electricidad, el motor de explosión (utilizado en automóviles) y el teléfono. Es una época en la que se cree en el futuro, la ciencia y la técnica, se rompe con tradiciones y particularismos en nombre de lo universal, la razón y la revolución. A partir de este siglo el hombre es capaz de reconocer causas históricas y políticas en los males sociales como la miseria, el hambre, el analfabetismo, el atraso, etc. Comienza a gestarse una mentalidad moderna sustentada en la razón, el progreso, el conocimiento científico, el crecimiento tecnológico y el dominio o control de las condiciones sociales. Surgen las grandes utopías sociales, políticas, económicas, culturales, tecnológicas, industriales, etc. Los capitalistas confiaban en alcanzar el bienestar gracias a la racionalización de las estructuras sociales y el incremento de la producción en tanto los marxistas esperaban la emancipación del proletariado por la lucha de clases. Las transformaciones sociales y económicas, el desarrollo de la industria, paralelo a la técnica y el progreso de las ciencias trajeron como consecuencia lo que Gisèle Freund denomina desplazamiento de los estados de conciencia, es decir una transformación de la representación que la gente se hacía de la naturaleza. Esta época encuentra su mejor expresión en la filosofía positiva, la sociedad está exigiendo una mayor exactitud científica, una reproducción fiel de la realidad en la obra de arte. El realismo, movimiento artístico imperante a mediados de siglo proponía pintar sólo lo que se ve, e incluso reproducir las cosas tal como serían aunque uno no existiera. Éste es el contexto en el que se produce el advenimiento y posterior perfeccionamiento de la fotografía – nueva técnica- que evidentemente responde a los criterios del momento.

LA CIUDAD EN LA MODERNIDAD El mundo asiste al nacimiento de la ciudad moderna, con nuevos trazados urbanos y espacios públicos. La construcción del espacio de Paris, en la época de Napoleón III, se convierte en un ejemplo paradigmático de planificación urbana con los nuevos boulevares, puentes, mercados, sistemas de alcantarillados y alumbrados. Los pasajes, verdaderos interiores construidos en el exterior con mercancías para deslumbrar las miradas, al igual que el ferrocarril fueron los lugares del progreso, del acero y del vidrio, pensados como objetivaciones materiales de la utopía, y a la vez también huella de su fracaso, como señala Walter Benjamin. En este contexto aparece la figura del paseante urbano –denominado flâneur por Baudelaire- que recorre sin rumbo las calles y se mimetiza con la multitud, disfrutando de su propio anonimato. El flâneur legitima su paseo ocioso al convertirse en un observador de su entorno, al que la ciudad se le presenta en una secuencia inconexa de diferentes fragmentos ópticos. La vida en las grandes ciudades involucra a las personas en situaciones que implican ver y querer ver cosas. La modernidad se caracterizó por hacer las cosas más próximas a las masas, y por superar lo irrepetible a través de la reproducción; así como por la aparición de la multitud, donde el individuo pasaba a ser irreconocible, más allá de ser integrante de ella.

En realidad, debemos señalar que el hombre de la antiguas ciudades tampoco era un

hombre de interiores, ya estaba en la calle como señala Paul Virilio, excepto a la caída

de

la noche por razones de seguridad. Sin embargo, desde finales del siglo XVII aparece

en

Paris un personaje singular, el inspector de iluminación cuya función es tranquilizar a

los parisinos e incitarlos a salir de noche. Recordemos que Paris fue llamada ciudad luz, porque sus calles estaban iluminadas todo el invierno e incluso con luna llena, a diferencia de Londres.

LA MAQUINA DE VER Y REGISTRAR LA MODERNIDAD La modernidad está intimamente vinculada a la fotografía por la posibilidad que ésta ofrece de reproducir técnicamente al infinito las imágenes. La aparición de la fotografía a mediados del siglo XIX, se da coincidentemente con un mundo que se ha vuelto urbano. Y teniendo en cuenta que las tecnologías responden a las necesidades de la época podemos decir que esta máquina de ver y registrar se adapta perfectamente al paisaje urbano, sobre todo con el formato 35 mm horizontal. En Paris, ciudad de la modernidad por excelencia, el sujeto puede esconderse sin ser visto y pasear su mirada siendo un paseante atento y observar. El lugar preferido eran

los pasajes, antes de que Hausmann, intendente de Paris, inaugurara los boulevares. Así en la teoría benjaminiana de la ciudad moderna y del flâneur como personaje surgido en

el Paris moderno que se dedica a recorrerlo, encaja perfectamente el fotógrafo. Un

personaje libre, viajante, cuyo trabajo depende de las condiciones de luz. Si bien la vida moderna se vio representada por la pintura del impresionismo, fue la fotografía quien realmente logró registrar de manera muy adecuada la vida urbana, llegando incluso a crear un género exclusivamente fotográfico. Street Photography lo denominaron los norteamericanos o Fotografía Urbana o callejera y desarrollado ampliamente en el siglo XX, logrando influenciar a ciertos pintores tales como el norteamericano Edward Hopper, uno de los más populares en representar la vida en la modernidad.

LOS PRECURSORES Y LA FOTOGRAFIA URBANA Desde los comienzos el paisaje urbano fue un tema elegido por los pioneros de la

fotografía. La primera imagen que se conoce como fotografía, obtenida por Niepce “Punto de vista desde la ventana de Gras” en

por Niepce “Punto de vista desde la ventana de Gras” en 1826. En el caso de

1826.

En el caso de Daguerre se trata de una panorámica de la ciudad de Paris tomada desde lo alto de una esquina de una gran avenida de 1836. En ella aparece una figura humana solitaria, es la primera persona fotografiada que, gracias a su estatismo, logra burlar las limitaciones técnicas del momento que exigían largos tiempos de exposición y hacían que no se registrara el tránsito y las personas que circulaban.

Y en el caso de Talbot en 1843 registra una imagen de un boulevard de Paris desde lo

alto. No es casual que en los tres casos se trate de fotografías tomadas desde cierta

altura, podemos pensar que los precursores están probando materiales y las tomas son realizadas desde los lugares donde se encuentran realizando sus experiencias e investigaciones. Con el correr del tiempo, los avances técnicos permitieron que el diabólico arte francés como denomina Benjamin a la fotografía, resultara muy

adecuado para fijar los fugaces espejismos urbanos; así hay quienes se interesan por captar las líneas, formas, y elementos propios de la arquitectura. Al ir trasformándose los equipos en dispositivos más maniobrables, al tener más sensibilidad las placas se logran registrar sitios de más difícil acceso; y al poder moverse con mayor comodidad el fotógrafo logra captar no sólo la forma, la arquitectura, y la situación, sino también la gente y sobre todo la fugacidad del momento; convirtiéndose esto último en la especificidad fotográfica. El gran mérito de la fotografía radica en su capacidad de sobrevivir a todo, en este caso a la ciudad misma y a su arquitectura, es capaz de representa y perpetuarla muchas veces con ventaja sobre la realidad

y perpetuarla muchas veces con ventaja sobre la realidad El CASO ATGET [El fotógrafo del Paris

El CASO ATGET [El fotógrafo del Paris fantasmal] Resulta interesante mencionar el caso de Eugene Atget, (1857/1927), quien fuera actor y que según Benjamin, decide un día quitarse la máscara y desmaquillar la realidad. Si bien trabajó para organismos oficiales fotografiando viejos edificios, detalles de arquitectura y vendedores ambulantes, se alejó del convencionalismo de la época. Se dedicó a buscar lo cotidiano y los paisajes en extinción, sin interesarse en las grandes vistas. Fue uno de los primeros en desarrollar un estilo caracterizado por la escasa iluminación. Sus fotos de Paris son precursoras de la fotografía surrealista, si bien en algún momento se vinculó con ellos se diferenciaba por sus convicciones políticas y morales. Fue un gran hombre que vivió siempre en la sombra, nunca se sintió artista ni consideró que sus imágenes fueran otra cosa que documentos. Vivió en Paris pobre e ignorado y murió dejando una obra de 4000 fotos, que recién fue reconocida cuando la adquiriera Berenice Abbott en los años treinta. Lo más valioso de su obra es que constituye un registro sistemático del Paris finisecular, con calidad artística y perfección compositiva. En las imágenes siguientes vemos dos patios parisinos de similar estructura compositiva.

dos patios parisinos de similar estructura compositiva. En sus fotos las calles de Paris se asemejan

En sus fotos las calles de Paris se asemejan a la escena del crimen que recuerdan a las descriptas por Edgar Allan Poe en “El hombre en la muchedumbre”, sin presencias

del crimen que recuerdan a las descriptas por Edgar Allan Poe en “El hombre en la

humanas, por la vacuidad que las caracteriza y el halo que revelan a causa de los indicios.

Fue el primero que se atrevió a atisbar en el corte espacio-temporal que significa la fotografía, animándose a mostrar sólo fantasmagorías ya que el estado de la técnica del momento no permitía detener el movimiento de una persona frente al objetivo. Justamente cuando los fotógrafos no se permiten fotografiar personas sin utilizar lo que Marie-Loup Sougez denomina artilugios inquisitoriales, ésto es toda una aparatología para que los modelos no se movieran durante la pose. Pensemos que ésta fue una de las causas por las cuales las primeras imágenes realizadas que requerían largas exposiciones se realizaban al aire libre. En el caso de Atget podemos observar varios casos de retratos en la calle, en las que se observa un registro de personas en sus lugares de trabajo. Así como también retratos de prostitutas que posaban en la calle, para lo cual se servía de puntos de vista a nivel o un poco más elevado que el retratado, al que hacía colocar apoyado en la pared; gran angular y la permanente utilización de las líneas oblicuas acentuando la textura del adoquinado parisino.

oblic uas acentuando la textura del adoquinado parisino. También realizó un retrato muy interesante de una
oblic uas acentuando la textura del adoquinado parisino. También realizó un retrato muy interesante de una

También realizó un retrato muy interesante de una pareja de músicos ambulantes al finalizar su actuación, en la que se observa al organillero en la parte central de la imagen mirando a cámara y a su compañera saludando al públi co con una mirada emocionada, en la que si bien no es tan cuidada la composición evidentemente ha privilegiado la fugacidad de ese momento, algo verdaderamente avanzado para la época.

la composición evidentemente ha privilegiado la fugacidad de ese momento, algo verdaderamente avanzado para la época.

Atget constituye un caso paradigmático en la historia de la fotografía, se trata de un lírico, alguien que sin tener pretensiones artísticas exhibe una evidente poética natural para mirar y registrar aquel Paris que iba desapareciendo. Consideraba que la fotografía era sólo un documento, respetaba su especificidad y además no le temía a lo que la imagen fotográfica pudiera llegar a mostrar aunque se alejase de los convencionalismos de la época, que trataban de asimilarla a la pintura. En este sentido lo consideramos un Precursor de la Fotografía Urbana.

lo consideramos un Precursor de la Fotografía Urbana. Hemos seleccionado tres imágenes que dan cuenta de

Hemos seleccionado tres imágenes que dan cuenta de la gran mayoría de sus fotos, en las que se repite la elección del encuadre vertical, el ángulo de toma, la luz suave generalmente del amanecer, lo cual es explicado muchas veces aduciendo que en sus trabajos oficiales se le solicitaba que no hubiera gente. El tema elegido suelen ser patios internos, pequeños callejones con adoquinado, los famosos pasajes tan mencionados por Benjamin, tejados, vidrieras, en síntesis, lugares pertenecientes al Paris finisecular pronto a desaparecer. Podríamos decir que no aparece casi ninguna presencia humana, excepto ciertas figuras fantasmales en no pocas fotografías, como es el caso de la imagen de la derecha, en la que se puede vislumbrar claramente la rueda de un carro detenida y el conductor del mismo con un saco negro, que aparece registrado dos veces por haberse desplazado. La singularidad de Atget es que en épocas de gran preocupación por el retrato y por lograr el estatismo de la representación humana, logra mantenerse completamente al margen de este interés y fotografía los lugares y personas que le interesan permitiendo que los efluvios humanos dejen su sutil huella en la emulsión, cosa inusual para el momento histórico.

en la emulsión, cosa inusual para el momento histórico. La fotografía de la vidriera con corsets,
en la emulsión, cosa inusual para el momento histórico. La fotografía de la vidriera con corsets,

La fotografía de la vidriera con corsets, a primera vista puede parecer una imagen simple que no merece el mayor comentario, tan sólo una vidriera con un objeto propio de la época. En una segunda lectura podemos decir que nunca como en esos años el cuerpo estuvo tan oculto, y que el corset era un objeto que se resistía a desaparecer, enfrentando a las violentas ofensivas del discurso médico. Atget con esa simple imagen de la cotidianeidad, y gracias a su sutil mirada nos deja una verdadera metáfora de la época, que ya sus contemporáneos surrealistas supieron valorar al solicitársela como tapa de su revista el Minotauro, ante lo cual él insistió en que se trataba sólo de un documento.

La fotografía Eclipse nos habla de un ojo atento en la calle, capaz de mirar no sólo aquello que todos ven sino además capaz de girar y encuadrar con la cámara lo que sólo algunos ven, esto es a los parisinos mirando el eclipse. Lo que nos permite tomar en cuenta ciertos datos de época, a partir de un análisis de la vestimenta, la actitud con que observan, la arquitectura que los rodea, y finalmente notar cierta fina ironía al elegir ese ángulo de toma que muestra tan concentrados a los observadores del fenómeno astral.

tan concentrados a los observadores del fenómeno astral. COROLARIO Si bien es cierto que el uso

COROLARIO Si bien es cierto que el uso más extendido de la fotografía en los comienzos tuvo que ver con

el retrato, y por lo tanto con el valor de culto al recuerdo de los seres queridos, hubo quienes como Atget intuitivamente comprendieron la versatilidad de esta tecnología que, aún en sus etapas iniciales y de manera embrionaria, permitía priorizar

el valor exhibitivo.

Aunque recién avanzado el siglo XX la fotografía llega a ser el modo dominante y más natural de remitirse a las apariencias, sobre todo tratándose de apariencias urbanas, sostenemos que desde los albores de la fotografía el interés por lo urbano se encontró plenamente justificado por

tratarse de un procedimiento que permitía de manera eficaz obtener registros de la calle,

y de lo que allí ocurría, con el que resultaba relativamente fácil desplazarse y que se volvía realmente práctico en una época en que la vida circulaba en los escenarios públicos.

en que la vida circulaba en los escenarios públicos. Bibliografía ampliatoria : ARIES, Philippe: Historia de

Bibliografía ampliatoria:

ARIES, Philippe: Historia de la vida Privada. Ed. Taurus. Bs.As. 1990 BENJAMÍN, Walter: Discursos Interrumpidos. Ed. Taurus. Bs.As. 1989 FREUND, Gisele: La fotografía como documento social. Ed. G.Gilli. Barcelona.1993 LIPOVETSKY, Gilles: La era del vacío. Ed. Anagrama. Barcelona. 2003 SOUGEZ, Marie-Loup: Pequeña Historia de la Fotografía. Ed. Cátedra. Madrid. 1989 VIRILIO, Paul: La máquina de visión. Ed. Cátedra. Madrid. 1989