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Horacio Alva Herrera

EL HUAQUERO Y LA PRINCESA

Extraído de: “Chan Chan en la Poesía”- Alberto Pinillos R. (1994). Digitalizado por: www.enprosayenverso.com

PERSONAJES:

-El huaquero -La princesa Yonán -El Chimú Cápac -El Gran Sacerdote -Sacerdote segundo -Los tres pretendientes -El Hábil Morropón -El cacique Yoc -El Diestro Ucup -4 soldados -6 cortesanos

LA ACCIÓN: En la ficticia ciudad subterránea de Chan-Chán.

ÉPOCA: Actual.

VESTUARIO: De la época del Imperio Chimú.

PRIMER CUADRO

(Sala principal del palacio Chimú-Cápac).

En escena: El gran Chimú o Chim-Cápac, en su trono de oro macizo.- A su lado la princesa Yonán (derecha) y el Gran Sacerdote (izquierda). Los cortesanos. A la puerta, un

soldado.-

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Chimú-Cápac (Ch. C.).- Los he reunido, vasallos demo corte para anunciarles que he decidido que mi hija, la princesa Yonán, contraiga matrimonio.

Gran Sacerdote (G.S.).- La notica que nos das. Chimú-Capac, llena nuestro pecho de satisfacción. Ya era tiempo de que la bella princesa contrajera matrimonio.

Ch. C.- En efecto, me encuentro bastante agobiado por los años y necesitaré muy pronto quien me suceda en el trono del vasto imperio del Gran Chimú.

Mi esposa, que en paz descanse, no me dejó sino esa bella y querida hija. Luego pues,

quien con ella se despose será el futuro emperador de mi imperio subterráneo. Yonán.- Acataré tu voluntad, padre mío. Dispón quien ha de unirse a mí bajo el altar del dios Kon.

Ch. C.- Creo, hija mía, que los que he pensado y dispuesto es lo más conveniente para ti y para el imperio. Bien sabes, dulce Yonán, que cuando los hombres de raza blanca se apoderaron de las dilatadas tierras de nuestros antepasados, el emperador de aquel tiempo ordenó que en secreto se cavara este reino subterráneo. Desde entonces, nuestra raza no ha visto jamás el sol, vivimos de los sembríos del subsuelo y de la pesca nocturna del mar. Nuestros riquísimos tesoros los guardamos celosamente para que no caigan en poder de los hombres de allá arriba. Pero cada vez es más difícil aquí la vida. La rapiña de los malditos huaqueros, que destruyen las ruinas externas de la ciudad de Chan-Chán y que cavan sus viejos paredones, pones en peligro nuestras riquezas. Es pues necesario ocultarlas más severamente.

Yonán.- Bien comprendo todo eso, padre y señor mío; mas no sé qué relación puedan tener esos asuntos con mi matrimonio que hace un instante has anunciado.

Ch. C.- Escucha con paciencia, hija mía. Deseo que te cases con un hombre que se capaz de saber ocultar el tesoro real en la forma más perfecta; que al mismo tiempo ese hombre cuente con el agrado del dios Kon; y además, que tenga la facultad de comunicar a nuestro imperio subterráneo el don de la alegría, para aliviarnos de esta eterna penumbra.

Gran S.- Sabias son tus palabras, señor. Sólo un hombre que reúne esas tres virtudes será digno de casarse con la princesa y gobernar algún día el imperio subterráneo.

Ch. C.- Muchos son tus pretendientes, Yonán; pero entre ellos he escogido a los tres más fuertes e inteligentes.

Yonán,- Quien resulte vencedor ganará mi corazón.

Ch. C.- Haced pasar a los tres pretendientes. (Soldado No. 1 hace una reverencia y sale)

Ch. C.- Veremos, hija mía, si estos mozos que pretenden tu mano, son de tu agrado. (Soldado No. 1 retorna y hace pasar a los tres pretendientes, éstos hacen profunda reverencia ante el Chimú-Cápac y otra ante Yonán, ésta recorre de pies a cabeza con la mirada a los pretendientes y hace un gesto de desagrado).

Yonán (aparte).- La verdad que de estos tres feos no sale uno solo.

Ch. C.- ¿Qué decías, hija mía?

Yonán.- Pensaba, padre y señor. (Dirigiéndose al pretendiente No. 1). - ¿Por qué deseas casarte conmigo?

Pret. 1.- Porque eres bella como una guanábana.

Yonán.- ¡Qué galantería tan vulgar! (Dirigiéndose al pretendiente 2). Y tú, ¿Por qué deseas casarte conmigo?

Pret. 2.- Porque eres dulce como una sandía.

Yonán.- (Con un gesto de fastidio). Qué galante- más tonto. (Dirigiéndose al pretendiente 3). Y tú ¿por qué razón deseas casarte conmigo?

Pret. 3.- Porque eres airosa como una guaba.

Yonán.- (Volviéndose a su padre).- Señor, ¿deseas mi opinión respecto a los tres pretendientes?

Ch. C.- Por Supuesto, Yonán.

Yonán.- Pues escúchala: son tres pazguatos caídos del ciruelo (El Rey hace un gesto de cólera). No te encolerices, padre y señor mío. Debes estar seguro que si uno de ellos vence en las tres pruebas, me casaré con él, aunque resulte más vacío que una calabaza.

Ch. C.- (A los tres pretendientes).- Bien, puedan ustedes retirarse. Mañana comenzará la gran prueba. (Los 3 pretendientes hacen otra reverencia, y en ordenada fila se retiran por la misma puerta por donde entraron a escena).

(Soldado 2 entra por la misma puerta a la carrera, jadeante).-

Soldado 2.- Señor, Señor. Un inmundo huaquero ha caído en nuestras manos.

Ch. C.- (Poniéndose de pie).- ¡Un huaquero! (movimiento general de sorpresa) Qué han cogido vivo a un huaquero…

Soldado.- Sí, señor, vivito y coleando.

Gran Sacerdote.- ¿Y cómo ha sido el suceso?

Soldado.- Estaba yo de centinela en la puerta a mayor del imperio subterráneo, cuando escuché golpes de pala. Investigué, y vi a un inmundo huaquero del mundo de allá que, alumbrándose con una potente luz, y entre extrañas canciones, dábase a la tarea de cavar un agujero bajo de un muro, exactamente sobre nuestra puerta.

Ch. C.- ¡Atrevido huaquero! Le costará la vida.

Soldado.- Salí con mi patrulla y le capturamos, en momentos en que si misteriosa pala metálica tocaba ya nuestra puerta de algarrobo. Si gustas, gran Señor, le haré pasar. Viene muy resguardado, y trae consigo extraños objetos.

Ch. C.- Sí, sí, hazle entrar. Le costará la vida.

Yonán.- ¡Por fin verán mis ojos a un hombre de allá arriba! (Soldado sale)-

(El soldado vuelve al instante conduciendo al huaquero, y le obliga a postrarse de rodillas ante el Chimú-Cápac).

Ch. C.- Al fin mis hombres pudieron capturarte, dañino huaquero que destruyes las terrazas de mi pueblo subterráneo y robas los tesoros de mis templos y palacios.

Huaq.- Gran Jefe Chimú, los hombres de allá arriba ignoramos la existencia de este mundo subterráneo. Suponiendo que las ruinas visibles son despojos de una ciudad muerta me atreví a hurgar en ellas. De saber la verdad, jamás habríame atrevido a menoscabar tus dominios.

Ch. C.- Tu ignorancia no te exime de culpa. Mucho daño has causado a mi propiedad para que yo te perdone. (A los cortesanos) ¿Qué opinan ustedes, nobles caballeros?

Cortesanos (a coro).- ¡Que muera el huaquero!

Yonán (en voz baja),- ¡Pobrecillo! ¡Tan joven y buenmozo!

Gran S.- Chimú-Cápac, Chicamá, propongo que este huaquero sea sacrificado al dios Kon el día de la boda de la princesita Yonán.

Ch. C.- Bien que así sea.

Yonán (Adelantándose hacia su padre).- ¡Oh!, magnánimo padre Chicamá. Has dispuesto matrimonio con aquel de tus vasallos que venza en las tres pruebas. Pronto tu amada hija

Yonán se unirá al vencedor, y no deseo que el día de mi boda cruel sacrificio imponga sangre, duelo y tristeza. Por amor a esta tu hija, respetable Chicamá, te ruego perdones la vida del huaquero y le permitas participar en las tres pruebas. De salir triunfante, será mi esposo, pues me gusta su porte varonil; de resultar perdedor morirá en el templo dos días después de mis nupcias.

Ch. C.- Nada puedo negarte, hija mía, porque tú eres la luz de mis ojos y el consuelo de mi ancianidad. Sea lo que has solicitado. ¡Eh! Tú, sacerdote, indica al huaquero en qué consisten las tres pruebas.

Gran S.- (acercándose al huaquero).- Para alcanzar la mano de Yonán tienes que vencer tres difíciles pruebas. La primera consiste en cavar durante tres días y tres noches una cueva para guardar el tesoro real de la voracidad de los huaqueros que pululan en la superficie de esta ciudad; así probará el pretendiente capacidad para salvaguardar las riquezas del imperio. La segunda prueba consiste en alcanzar la gracia del dios Kon: aquel que logre una palabra o un gesto del dios de dioses, probará que este manifiesta conformidad con su unión a la princesa. Y la tercera reside en bailar la danza más original y alegre, porque el futuro emperador debe brindar a la princesita Yonán y a su pueblo, el supremo don de la dicha.

Ch. C.- Conducid al huaquero a su celda. Mañana al amanecer empieza la primera prueba. Si vences, hombre de allá arriba, tendrás la felicidad de casarte con Yonán y heredar mi corona. Si pierdes te costará la vida.

Huaq. (Mirando con admiración y afecto a Yonán).- Gracias, oh bella princesa. Tienes el corazón tan cargado de bondad, como el rostro pleno de encanto.

Yonán.- ¡Qué el dios Kon te ayude, apuesto huaquero! (El soldado conduce al huaquero, y ambos salen por la misma puerta por donde entraron. El huaquero no desampara su lampa, que la carga al hombro, su linterna de kerosene y su radio portátil).-

TELÓN.

SEGUNDO CUADRO

(Sala grande en el templo. A la derecha, sobre una pequeña plataforma, la imagen del dios Kon, de cuerpo entero y tamaño natural).-

(Bajo el altar, un sacerdote de rodillas ora en silencio. El Chimú Capac conversa con el Gran Sacerdote)

Ch.C.- Es asombroso cuanto me cuentas, sacerdote. Jamás pensé que ese hombre de allá arriba fuese capaz de vencer a los nuestros.

G.S.- En realidad, señor, parece que el huaquero tiene mucha práctica en el manejo e esa herramienta metálica que él llama palana. Como buen agricultor y huaquero que es, no se

ha dejado aventajar por los demás pretendientes. Estos por otra parte, cavaban día y noche

con sus rudimentarias palas de madera y se alumbraban con hachones de luz indecisa, en tanto que el hombre de allá arriba utilizaba su lampa metálica y la buena luz de esa que él llama linterna. Así pudo ganar la primera prueba.

Ch.C.- ¿Dices que la bóveda que él ha construido es perfecta?

G.S.- Difícil construir algo mejor. Vamos, señor, para que con tus propios ojos veas y rubriques el fallo que hemos dado, favorable al huaquero.

Ch.C.- Bien, vamos.

G.S.- (Al sacerdote que arrodillado, ora).- Quindén , dentro de unos instantes se iniciará en este templo la segunda prueba. Todo debe estar expedito para entonces. (El sacerdote se incorpora, hace una reverencia y calla. Chimú-Cápac y el Gran Sacerdote se retiran por la puerta lateral derecho.- Pausa.- Luego, Yonán aparece por lateral izquierdo).-

Yonán.- Veo que el templo luce hermoso y alegre para la gran prueba.

Sacerdote.- Sí, tierna princesa, como luce radiante de alegría tu rostro.

Yonán.- No puede ser de otra manera, ¡oh, sacerdote! Por vez primera se ha encendido en

mi pecho la dulce llama del amor.

Sacerdote.- ¿A quién de tus pretendientes amas, bella Yonán?

Yonán.- Al hombre de allá arriba…

Sac.- (Con sorpresa).- ¿Es posible? ¡El huaqueo es dueño de tu pensamiento! ¡Oh!, no, princesa. Ese hombre debe morir…

Yonán.- No digas eso, sacerdote. El apuesto huaquero acaba de ganar la primera prueba y

mi pecho reboza felicidad. Vengo a implorar al dios Kon piedad para el huaquero.

Sacerdote.- Hágase la voluntad de Kon. El decidirá esta mañana.

(Yonán se postra ante el ídolo, en actitud de orar).- (El sacerdote, en silencio, sacude la cabeza en actitud de lamentarse, y arregla algunos objetos del templo).

Yonán.- ¡Oh!, magnánimo dios Kon, señor del mar, del cielo y de la tierra, ayuda al hombre

de allá arriba que lucha no sólo por mi corazón, sino también por su preciosa vida.

(Entra el Chimú-Cápac, seguido de Gran Sacerdote y otros personajes de la Corte).

Ch. C.- Ya está aquí mi amada hija mía. ¡Ah! Hoy es día de gran fiesta y alegría.

Yonán.- (Incorporándose) (Besa el manto de su padre).- Sí, señor y padre mío. Y si he de ser sincera debo decirte que me siento dichosa por el triunfo del Huaquero.

Ch. C.- No mando en tu corazón, Yonán. El dios Kon decidirá la suerte de tu vida y la de ese hombre, hija mía. He de reconocer, sí, que es hábil y fuerte. Ha vencida a los demás y la cueva que ha construido es impecable.

G. S.- Señor, avanza la mañana y el sol sube ya el firmamento. ¿No crees conveniente que

empiece la ceremonia?

Ch. C.- Sí, que empiece. Cada cual ocupe su lugar en el templo. Que pasan los pretendientes y también el hombre de allá arriba; más que sea resguardado y con pies y manos muy atados, no sea que intente una diablura.

(Los cortesanos ocupan sus lugares, de rodillas sobre el piso del templo; el Chimú Cápac siéntase en su trono de oro. A su derecha el Gran Sacerdote; a su izquierda, Yonpan).

G.S.- Los pretendientes deben entrar al templo del dios Kon.

(Por lateral derecho entran los tres pretendientes; después hace lo mismo el huaquero, atado de pies manos, conduciendo en al derecha el maletín que contiene la radio portátil. Un soldado le resguarda).-

G.S.- (Dirigiéndose al ídolo).- ¡Oh!, Kon, dios de dioses. Aquí estamos en tu templo, por voluntad del Gran Chimú, para que ante ti comparezcan los pretendientes de la bella princesa Yonán. Aquel que sea de tu agrado sea ungido por ti. Señala al feliz mortal que deberá casarse con Yonán y heredar el imperio subterráneo del dios Kon.

Ch. C.- Hágase la voluntad del dios Kon.

G.S.- Pretendiente Morropón, puedes comparecer ante nuestro dios.

(El pretendiente se adelanta hacia el ídolo y se postra ante él; ora en silencio, clama con amos brazo abiertos en cruz, El ídolo impasible).

G. Chimú.- La gracia no es contigo, Morropón. El dios Kon no habla ni mueve un solo

dedo.

(El pretendiente hace una reverencia a Kon otra al Chimú Cápac, y se retira a si sitio).

(El segundo pretendiente avanza hacia el ídolo, y repite la operación que había ejecutado el Pretendiente primero)

Ch. C.- Tampoco desciende la gracia sobre ti, desafortunado Ucupe. El dios Kon ni siquiera

pestañea.

(El segundo pretendiente se retira, en igual forma que el anterior.- El pretendiente III se adelanta hacia Kon, y repite las acciones de los predecesores).-

Ch.C.- ¡Oh!, poderoso Kon, tampoco eres afecto al valiente cacique Yoc. Ni siquiera mueves una oreja.

(El pretendiente se retira en igual forma que los anteriores).-

G.S.- Ahora toca el turno al hombre de allá arriba. (Expectativa general.- Yonán muestra gran agitación).-

Yonán.- Ha llegado el gran momento.

Huaq.- Si este bendito ídolo no habla, no mueve una oreja ni pestañea, estoy perdiendo (con la mano hace señal de degüello).-

Ch. C.- Te juegas la vida, huaquerillo.

Yonán.- Ayúdele poderoso Kon. Mil ofrendas te prometo si te pronuncias a favor del

huaquero.

Huaq.- Calculo que debe faltar muy poco minutos para las 8 de la mañana. ¡Es tan difícil calcular la hora n este mundo subterráneo! Si mi reloj metal no está equivocado, creo que haré hablar al dios Kon. (Todo, para sí).

Ch. C.- ¿Qué espera el huaquero que no comparece ante el dios Kon?

G. S.- Adelántese el hombre de allá arriba hacia el altar, e implore la gracia al dios Kon.

Yonán.- (Para sí).- Ayúdale, ayúdale, poderoso Kon.

(El huaquero avanza lentamente hacia el ídolo, por cuanto sus amarras le impiden andar con desenfado; siempre en la mano diestra lleva el maletín).-

G.S.- (Con curiosidad),- ¿Se puede saber qué es aquello que conduces al altar?

Huaq.- Nada que valga la pena, señor. Es un simple maletín con mi ropa que nunca desamparo, por que los centinelas de la cárcel acostumbran hurgar lo que me pertenece.

(El Sacerdote se encoge de hombros y dice:)

G. S. Bien, implora al poderoso Kon, que el tiempo apremia.

Huaqe.- (en voz baja para sí),- Sí, sí. Y creo que ya son las 8 de la mañana.

G. S.- ¿Qué murmuras, huaquero?

Huaq.- Una oración al poderoso Kon.

(El huaqueo se postra ante el ídolo, abre el estuche saca la radio portátil, sintoniza una onda y, en actitud de orar, espera)

La voz de la radio. “Con ustedes el Repórtes Esso el primero con las últimas.

(Movimiento general de sorpresa, El Chimú Cápac se pone de pie)

Ch. C.- ¿De dónde sale esa voz?

G.S.- (temeroso).-Silencio el dios Kon habla.

La voz de la radio.-“El Repórter Esso… El Repórtes Esso… El Repóres Esso”…

(El huaqueo apaga la radio. Dos los demás caen de rodillas, llenos de terror.- El Gran Sacerdote hace grande reverencias).-

G.S.- El dios Kon ha hablado. El dios Kon ha hablado.

Yonán.- Gracias, señor.

Huaq.- (Se pone de pie, y extendiendo sus brazos atando con cuerdas, dice solamente:).- Sí señores el dios Kon ha hablado: que le corten eso, que le corten eso…

G.S.- Sí, eso ha dicho: que le corten eso.

Ch. C.- (Se pone de pie y dice con imperio).- Hágase la voluntad del dios Kon.

Soldados, cortad las ligaduras del hombre de allá arriba. Ponedle en libertad…

(Los soldados corren y cortan las ligaduras del huaquero. Este, altivo, mira a Yonán. Ella sonríe).

Yonán.- Gracias. Gracias, poderos Kon…

TERCER CUADRO

(TELÓN)

(La misma sala del primer cuadro.- El Chimú-Cápac en su trono. Siempre a su derecha el G. Sacerdote y a su izquierda Yonán.- Cortesanos, músicos)…

Ch. C.- ¿Ha sido de tu agrado el festín de esta noche, hija mía?

Yonán.- Jamás goce tanto, como hoy. El festín ha sido magnífico.

G.S.- Radiante luce el rostro de la princesa.

Ch. C.- Sí, radiante. Parece que te hace muy feliz que el dios Kon haya hecho descender su gracia sobre el hombre de allá arriba.

Yonán.- Confieso que sí, padre mío. Además, debemos sentirnos dichosos con la suprema voluntad del dios de dioses.

Ch. C.- Bien, pero aún falta esta tercera y definitiva prueba. Los pretendientes deben rivalizar hoy en bailar las danzas más alegres y originales.

G. S.- ¿No crees, señor que es tiempo de hacer pasar a los pretendientes para que se inicie la prueba?

Ch. C.- (Tocando palmadas en señal de atención).- Cortesanos, va a comenzar el certamen. Haced pasar a los pretendientes.

(Un soldado sale, y vuelve a entrar seguido de los pretendientes y del Huaquero, sin ataduras. Cada cual tomó su lugar en la sala).-

Ch. C.- Toca su turno al hábil Morropón.

(El pretendiente hace una reverencia al Chimú Cápac, otra a Yonán, que ella contesta desganada, hace una señal a los músicos y tomando el centro de la sala, dice:)

Pretendiente I.- La danza de Morropón.

(Los músicos dejan oír un son monótono; el Pretendiente I ejecuta una danza también monótona. La princesa Yonán bosteza dos veces, y mira con aire de cansancio).-

G.S.- Altiva y diplomática danza la que ejecuta el hábil Morropón.

Ch.C.- Digna de su categoría. ¿Qué te parece, hija mía?

Yonán.- Desabrida, padre, como una chirimoya verde. (Pretendiente I termina su danza, hace una gran reverencia y toma su lugar en la sala).

Ch. C.- Te ha llegado el turno, diestro Ucupe. Esperamos que dances con más alegría que el hábil Morroópón.

(Pretendiente II reverencia al Chimú Cápac y a Yonán, toma el medio de la sala y ordena a los músicos):

Pretendiente II.- La danza de Ucupe.

(Los músicos dejan escuchar otra música monótona, a cuyo compás baila animadamente el pretendiente.- Yonán bosteza nuevamente)

G.S.- Mucho más alegre y novedosa es esta danza, ¿verdad, señor?

Ch. C.- Sí, mucho más. Sin embargo, ese movimiento de brazos me parece exagerado. En mis tiempos el baile era natural. ¿Qué opinas, hija mía?

Yonán.- Que esa danza es más agria que un mamey sin madurar.

(Pretendiente II acaba su baile, hace profunda reverencia y se retira).-

Ch. C.- Y ahora, a bailar con denuedo, valiente cacique Yoc.

(Pretendiente III reverencia ceremoniosamente al emperador y a la princesa, toma la mitad de la sala, y dice a los músicos:)

Pretendiente III.- Los alegres ritmos de la danza de Yoc.

(Expectativa general. Yonán observa con curiosidad). (Los músicos interpretan una música un poco más alegre, y Yoc baila con cierta alegría; pero no hay concordancia entre la música y sus exagerados movimientos).-

G.S.- Señor, esta música es muy alegre y la danza modernísima y novedosa; ¿pero no te parece que el cacique Yoc no sigue el compás?

G. Ch.- ¡Por Kon! ¡Jamás vi danza más alegre! Lástima que nuestro cacique no tenga

buenas orejas para oír el compás.

(El pretendiente II termina. Aplausos generales. Sólo Yonán y el huaquero no aplauden. El huaquero mira a Yonán y hace un gesto burlón refiriéndose al Pretendiente III. Yonán

sonríe).-

G. Ch.- Creo que el vencedor de esta noche será Yoc… ¿No te parece, hija mía?

Yonán.- (Despectivamente).- No lo creo, padre.

G. S.- ¿Acaso no te ha gustado el alegre baile del cacique, a la princesa?

Yonán.- Insípido, como una guaba verde.

G. S.- Descontenta eres, Yonán. Quizá esperas que el huaquero sea capaz de mover el

cuerpo con más gracia que el valiente Yoc.

Yonán.- Quizá, quizá, señor mío.

G.

Ch.- Este hombre es capaz de cualquier cosa.

G.

S.- Pero desconoce nuestra música, nuestras danzas. Jamás ha ensayado con os nuestros.

No imagino cómo salga hoy del aprieto.

(Entre tanto, el huaquero ha tomado el centro de la sala. Expectativa general. A Yonán le faltan ojos. El huaquero saca la radio del maletín, sintoniza una onda, y deja el aparato a corta distancia de él).-

Jefe de los Músicos.- ¿Qué músicos debemos ejecutar, señor?

Huaq.- Ninguna.

(Sorpresa general)

Ch. C.- ¿Ninguna piensa acaso el huaquero bailar a la sordina?

Huaq.- No, Señor. El dios Kon me ha concedido el milagro completo (señalando la radio).- De aquel objeto que allí veis, saldrá una música misteriosa.

(En ese instante se oye el son de alegre mambo.- Sorpresa general)

G. S.- ¡Milagro! ¡Maravilla!

Yonán.- ¡Oh! Gracias infinitas, divino Kon.

(El huaquero arranca a bailar alegre y espectacular mambo; los cortesanos tararean el mambo y con leves movimientos del cuerpo siguen el compás. El Chimú Cápac se incorpora, se pone de pie, y también sigue el compás. Por último el huaquero invita a Yonán, la coge de la mano, ambos toman el centro de la sala, y juntos bailan el mambo hasta que la música cesa).

Ch. C.- ¡Bravo! ¡Bravo!

El huaquero de allá arriba ha ganado la tercera prueba.

(Estalla una prolongada salva de aplausos. Sólo los pretendientes permanecen tristes y

cabizbajos).-

Ch. C.- El huaquero es el vencedor de las tres pruebas, y ha probado destreza, sabiduría, misticismo y alegría. Mi hija Yonán será mañana su esposa y algún día heredará mi

imperio.

(Nuevos aplausos.- Yonán se lanza en brazos del huaquero)

TODOS.- (A coro).- ¡Qué viva el huaquero! ¡Qué viva el hombre de allá arriba

(TELÓN).