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9. «El Libro Verde de Aragón» o el miedo a la mancha ANDR… GALLEGO BARN…S

«EL LIBRO VERDE DE ARAGÓN» O EL MIEDO A LA MANCHA

ANDR… GALLEGO BARN…S *

Université de Toulouse le Mirail

juzgar por el testimonio de Victorio Pina y Ferrer, que a principios del siglo XVII ocupaba el cargo de Oficial del Archivo y de la Biblioteca del Colegio

de Abogados de Zarago- za 1 , no había nada a finales del siglo XVI y principios del XVII que turbase la tranqui- lidad de los aragoneses. Fue en ese mo- mento cuando se difundió un texto que iba a agitar a la sociedad zaragozana.

Se trataba de una obra que contenía una serie de precisiones sobre la genealogía de las familias judías que vivían en Aragón, antes y después de la expulsión decretada por los Reyes Católicos el 31 de marzo de 1492. Esta compilación, que figuraba en el Archivo de la Inquisición aragonesa, ha- bía sido copiada por un tal de la Cantolla Rivera 2 , que fue quien probablemente le dio el nombre de Libro Verde de Aragón, que data del 19 de septiembre de 1508 3 .

Es sabido que este tipo de literatura flore- cería a lo largo de todo el siglo XVI. Se tra-

A
A

ta de los famosos Luceros y Tizones, de los que Víctor Infantes, por su parte, recopiló una cincuentena de ejemplares 4 .

Por lo que sabemos, mucho menos nume- rosas son las copias conocidas de El libro verde, del que tan sólo se han localizado cinco ejemplares.

El primer manuscrito fue encontrado por José Amador de los Ríos, que lo utilizó en su Historia social, política y religiosa de los judíos de España y Portugal 5 y que su hi- jo Rodrigo publicó en la Revista de Espa- ña, a partir de la esmerada transcripción, aunque incompleta, de su tío Demetrio 6 . Fue probablemente a partir de este ma- nuscrito conservado en la Biblioteca Co- lombina de Sevilla del que se hizo la copia consultada por Isidro de las Cajigas, autor de una nueva transcripción de El libro Ver- de, publicada en 1929 7 .

Por otra parte, en la Biblioteca Nacional de Madrid existen dos manuscritos más: el Ms 3090, que Víctor Infantes data del

parte, en la Biblioteca Nacional de Madrid existen dos manuscritos más: el Ms 3090, que Víctor

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Aragón» o el miedo a la mancha ANDR… GALLEGO BARN…S 236 siglo XVII y el Ms

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siglo XVII y el Ms 19167, al que considera más reciente 8 .

Anteriormente, en 1918, Manuel Serrano

y Sanz había consultado en el Archivo

Histórico Nacional de Madrid un manus- crito correspondiente a El libro Verde. Pro- metió su publicación en un apéndice de su libro Orígenes de la dominación espa- ñola en América, pero debido a la exten- sión de los anexos ya previstos, tuvo que

renunciar a ello 9 .

Por último, hay que mencionar una copia

en facsímil que Manuel Alvar consultó en

la Facultad de Filosofía y Letras de Zara-

goza y que, según la descripción que hace, no parece corresponderse con los manus- critos consultados por José Amador de los

Ríos o por Víctor Infantes 10 .

Mientras no se proceda a la comparación minuciosa del texto de Cajigas y del men- cionado por Manuel Alvar con los cuatro manuscritos catalogados, no podremos pronunciarnos con certidumbre sobre el número de copias existente 11 .

Y si nos cuestionamos el número de ma-

nuscritos consultables, no podemos dejar de hacer lo mismo con el autor del docu-

mento, o al menos con quien compuso el texto inicial.

En efecto, José Amador de los Ríos, ba- sándose en las indicaciones contenidas en los primeros párrafos del manuscrito de la Biblioteca Colombina, atribuye su pater- nidad a Juan de Anchías, miembro de la Inquisición aragonesa, que ocupaba en los últimos años del siglo XV el cargo de No- tario del Secreto en Zaragoza, en compañía de un tal Pedro Jordán 12 . Encontramos la misma atribución, con un error evidente de transcripción, en la adición publicada por Isidro de las Cajigas 13 .

También ésta fue la opinión que compar- tió durante un tiempo Manuel Serrano y Sanz, quien, por dos veces, afirmó categó- ricamente que Juan de Anchías era el ver- dadero autor de El Libro Verde 14 . Unos

años más tarde se retractaba y rechazaba, con documentos en la mano, la tesis que antes había defendido. Después de des- cartar la paternidad de Juan de Anchías, al igual que la de Martín de Raga, antise- mita notorio, o la de Martín de Teruel o de Tristán de la Porta, optó por considerar el documento como anónimo 15 .

Victorio Pina y Ferrer, basándose en la opinión de eruditos aragoneses de princi- pios del siglo XVII, entre los que destaca D. Gaspar de Garlazán, conde de Guime- ra –uno de los corresponsales de Vincen- cio Juan de Lastanosa 16 – aduce que la pri- mera redacción de El libro Verde se debe a Micer Manente, Fiscal de la Inquisición aragonesa y jurista de reconocido presti- gio. Afirma que este primer texto habría sido retocado en el siglo XVII por un tal Dr. Anquías o Enchías, sucesor de este Micer Manente, que habría intervenido para calmar las pasiones suscitadas por el libelo. Este Dr. Anquías, siempre según Pi- na y Ferrer, habría retocado el texto inicial suavizándolo, y habría publicado una ver- sión menos desfavorable para la nobleza aragonesa. Por ello apenas habría sido apreciado por las clases populares que preferirían, siempre según nuestro Oficial del Archivo, la primera versión 17 .

Por desgracia, Pina y Ferrer no cita nin- gún documento para sustentar estas afir- maciones, salvo la vaga referencia al con- de de Guimera, que habría sido testigo del escándalo provocado por la obra y del ma- lestar que suscitó en la opinión pública. Así pues, en el estado actual de la investi- gación, nos vemos abocados a admitir la tesis del anonimato.

La única certidumbre que podríamos com- partir, a no ser que pongamos en duda la veracidad de las declaraciones contenidas en las primeras hojas, es que el núcleo ini- cial de El libro Verde fue compuesto por un Asesor de la Inquisición aragonesa que previamente habría ejercido su cargo en Huesca y Lérida y en las regiones vecinas. Huyendo de la peste que se había declara-

Calle Barrio Verde, recorrida por el cortejo fúnebre hasta el cementerio judío. Tarazona. 237

Calle Barrio Verde, recorrida por el cortejo fúnebre hasta el cementerio judío. Tarazona.

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Aragón» o el miedo a la mancha ANDR… GALLEGO BARN…S 238 do en Zaragoza en 1507,

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do en Zaragoza en 1507, este funcionario

inquisitorial nos indica, en lo que sirve de prólogo al documento, que primero se re- fugió en Peñaflor y después en Belchite, para escapar del contagio:

En el año de la Encarnación del Hijo de la

Virgen, 1507, quando en la muy abundan- te ciudad de Caragoça, sobre todas las de

la Corona de Aragón nobilísima, se señaló

la yra del Señor con la saeta de la pesti-

lencia, la qual es causada por la corrup-

ción de los vientos, es lo más cierto inuia-

da del cielo por açote de nuestras malas

obras, de tal manera que se encarnó, que

para reparo della ni la policía de los curio- sos ciudadanos aprouechaua, aunque era mucha, ni ningún seso humano para el re- medio della valía, y como las condiciones de los moradores, como eran muchas, fuessen diferentes, assí en diuersas mane- ras cada uno procuraua su salud; y pare- ciéndome a mí lo más saludable poner tie- rra en medio, me salí a Peñaflor con toda

mi casa a 17 días del mes de Enero, y no

assegurándome en aquel lugar, por la vi- cindad y comercio que con los de la ciudad tenía, me fuy a Belchite, dende estuue

hasta el 12º día del mes de Julio del mes-

mo año, que voluí a Caragoça

Poco habituado a la ociosidad, como se- gún él mismo nos dice, decidió ocupar sus

horas libres en trazar la genealogía de las familias judías que vivían en Aragón. Todo ello con el objetivo declarado de informar

a los que no deseaban contraer nupcias

con los descendientes de Israel, en defini-

tiva, a los que temían mezclar su sangre con la de una raza contra la que había que estar en guardia. Las funciones que hasta entonces había desempeñado y los nume- rosos contactos que había entablado con algunos sabios judíos y conversos le per- mitían realizar este proyecto mejor que ninguna otra persona.

Declara al respecto:

y como acuitado al trabajo, me diesse pena el ocio que en los tales lugares se

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.

me diesse pena el ocio que en los tales lugares se 18 . Calle Barrio Verde.

Calle Barrio Verde. Caspe.

acostumbra tener, determiné de seruirme del tiempo que hauía gastado en ser Asses- sor de la Inquisición en las ciudades de Huesca, Lérida y en sus disctrictos, que fue desde 11 de Julio hasta el primero de Ene- ro de 1490, en el qual tiempo assí por en- treuenir en muchos actos de la Inquisición como por hallarme en grandíssima muche- dumbre de processos que en aquellos tiem-

pos concurrieron en este Reyno, como por hauer visto la mayor parte de los testamen- tos y capitoles matrimoniales antiguos y modernos destos de quien entiendo es- creuir, y juntamente con esto, hauer prac- ticado con algunos sabios y antiguos judí- os y nuevos convertidos, dellos huue clara noticia de las genealogías de la mayor par- te de los conuersos deste Reyno de Aragón, y assí deliberé de hacer este sumario para dar a luz a los que tuviesen voluntad de no mesclar su limpieza con ellos, que sepan de qué generaciones de judíos descienden los siguientes, por que la expulsión general fe- cha en España en el año 1492, no quite de la memoria los que fuesen sus parientes 19 .

Tal como se nos presenta, en la transcrip- ción publicada en la Revista de España, este Sumario se abre con una lista –que Rodrigo Amador de los Ríos califica de «ni muy abundante, ni muy exacta»– con los

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nombres antiguos que utilizaban los ju- díos antes de su conversión y de los pa- tronímicos que adoptaron a partir de ese momento. Esta lista consta de 18 nom- bres (f. 1). En el fol. 3 encontramos 173 patronímicos bajo el capítulo: Genealogía valde antiqua et bona neophitorum anti- quorum qui conversi fuerunt tempore beati

Vincentii Ferrari Confessoris Ordinis predi- catorum, in Civitate Caesaraugustae et ex- tra in Regno Aragonum, extracta per me Arichiam, Assessorem Sanctae Inquisitio- nis. Posteriormente, del fol. 14 al 16, apa- rece una nueva lista de 125 personas que fueron «quemadas y penitenciadas», bajo

el título: Los que aquí no están nombrados

no están en la tabla y se hallarán entre los quemados y penitenciados.

A partir de ahí se constata una nueva nu-

meración de los folios, en la que los pri- meros corresponden a esta especie de Pro- emio en el que el Asesor Inquisitorial explica las condiciones de composición del Sumario. Sin solución de continuidad en- contramos una serie de genealogías que comienzan por la de Aviatar-Cohen (El Co- neso). A través de ella se puede trazar la historia de esta familia célebre de los des-

cendientes de Aviatar, sus alianzas matri- moniales, y hasta la mención de otros li- najes de conversos, de los que algunos miembros llegaron a ocupar altos puestos en la escala social.

Esta información genealógica continúa hasta el fol. 53, donde comienza el relato de La muerte del bienaventurado Maestre Epila, que termina en el fol. 61. Rodrigo Amador de los Ríos señala que en el Ma- nuscrito de la Biblioteca Colombina, des- de el fol. 62 al 74, hay un texto titulado La conjuración contra Maestre Epila, que transcribe las declaraciones hechas por Sancho de Paternoy ante los inquisidores Alfonso de Alarcón y Maestre Martín, del 29 de enero al 10 de febrero de 1488. Por razones que no especifica, Rodrigo Ama- dor de los Ríos ha dejado de transcribir este documento conscientemente, aunque lo considera curioso 20 .

Los otros dos títulos que aparecen poste- riormente, en los fols. 75-77 tratan de La expulsión de los Judíos de España, y del curioso intercambio de correspondencia entre los judíos de España y los de Cons- tantinopla tras el edicto de expulsión de 1492: Carta de los Judíos de España à los Judíos de Constantinopla y Respuesta de los Judíos de Constantinopla a la carta de los de España. El contenido y el tono de estas dos misivas nos inducen a compartir las dudas de Rodrigo Amador de los Ríos sobre la paternidad de estos textos, que sin duda parecen haber sido añadidos, ya que son impropios de la seriedad de un Asesor del Santo Oficio, si bien se inscri- ben en la más pura tradición antisemita 21 .

Igualmente se puede considerar como una adición al núcleo inicial del documento la Memoria de los que han sido quemados hasta el año de 1574 en la Inquisición de los habitadores desta ciudad de Caragoça, fols. 78-92, aunque sólo fuese a causa de la fecha límite de 1574 señalada en el tí- tulo. Lo mismo ocurre con el Sumario de los confessos condenados a fuego desde el año 1482 hasta el año 1499, pero que de hecho abarca hasta el 15 de marzo de 1502, fols 92-95, igual que para el último título del manuscrito de la Biblioteca Co- lombina, que es: Los conversos penitencia- dos desde el año de 1486 hasta el de 1504 en Caragoça, fols. 95-99. A tenor de esta lista se encuentra la precisión aportada por de la Cantolla Rivera, así como la re- ferencia al Decreto Real de Felipe IV, con fecha del 17 de noviembre de 1623, felici- tando al inquisidor Pacheco por su dili- gencia en la persecución de la obra.

Fue este texto, cuyo núcleo inicial parece haber sido compuesto en torno a 1507 22 por un Asesor del Santo Oficio con el obje- tivo declarado de utilidad pública y no bajo el impulso de ningún tipo de despecho –co- mo sabemos que ocurrió con el Tizón de la nobleza 23 – el que se prohibió en noviembre de 1623, después de haber sido objeto de una condena oficial por parte de la Inquisi- ción y del poder real.

de 1623, después de haber sido objeto de una condena oficial por parte de la Inquisi-

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Aragón» o el miedo a la mancha ANDR… GALLEGO BARN…S 240 Placa de la calle Barrio
Aragón» o el miedo a la mancha ANDR… GALLEGO BARN…S 240 Placa de la calle Barrio

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Placa de la calle Barrio Verde de Biel.

¿Por qué razón era temible? ¿Qué esta- mento social podía temer su difusión? ¿En qué podía amenazar la paz social? Dema- siadas preguntas como para poder eludir- las y a las que sólo puede encontrarse un atisbo de respuesta en el recuerdo del es- cándalo que suscitó y en la atmósfera que reinaba en la península en este inicio del siglo XVII.

Por desgracia no disponemos de fuentes para precisar a partir de qué época los aragoneses comenzaron a reaccionar ante el texto del Asesor del Santo Oficio, ni qué tipo de impacto tuvo al principio de su di- fusión. Al no haber sido publicado ni en el siglo XVI ni el XVII, circuló en forma de copias, con todos los riesgos que conlleva- ba este tipo de difusión: mala transcrip- ción, errores de lectura, sin contar con las modificaciones más o menos bien inten- cionadas que ora suprimían, ora añadían elementos nuevos en función del interés de tal o cual familia para incorporar textos inspirados en la más pura tradición anti- semita.

Según Pina y Ferrer, que no proporciona ninguna indicación sobre el origen exacto de sus informaciones, el texto se difundió

muy rápidamente por Zaragoza y por todo Aragón a finales del siglo XVI y principios del XVII, y no tardó en incomodar a una parte de la aristocracia aragonesa que ve- ía cómo salían a la luz sus orígenes judíos. En efecto, la actualización de los vínculos que tejieron los descendientes de Aviatar Cohen, por poner un ejemplo, no podía dejar de irritar a los representantes con- temporáneos de su familia. De este modo, nos enteramos que la hija de Aviatar, Es- tenga, había sido la querida del hijo bas- tardo del rey don Joan, el Maestre de Ca- latrava, de ahí el sobrenombre de Maestresa; en cuanto a los hijos que tuvo con el bastardo real, uno llegó a ser conde de Ribagorza, otro obispo de San Juan. En cuanto a las hijas, la mayor se desposó con el conde de Albayda, y la menor con el príncipe de Esquilache. Lo mismo ocurrió con la descendencia de Asach Avendino, que tomó el nombre de Sánchez, o con la de La Cavallería, Santángel, Santafé, San- tamaría, Barrachina, Vacas, Zorrilla, Za- porta o muchas otras.

También el mundo de los negocios se vio afectado. Gran cantidad de comerciantes, banqueros, tratantes, artesanos de dife- rentes gremios –sastres, orfebres, tejedo- res, boneteros, molineros, zapateros, car- niceros– fueron recogidos en ese censo y sus descendientes sufrieron por ello un perjuicio cierto, viendo cómo se recordaba su origen judío o converso. Dentro del mismo saco se metió también a médicos, cirujanos, boticarios, notarios e incluso a algún miembro del clero.

Este tipo de mención en el Sumario era aún más infamante porque no sólo se in- dicaba la ascendencia judía de alguien si- no que también se recordaba el calvario que habían tenido que pasar los miembros de su familia después de su conversión. De este modo nos enteramos que algunos pasaron varias veces por las mazmorras inquisitoriales, que otros habían llevado el sambenito –quizás expuesto también en los muros de alguna iglesia parroquial– o que otros habían sido entregados al brazo

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secular y quemados en persona o en efi- gie. Todos estos comentarios hacían tener bajo sospecha a todos los conversos e hi-

jos de conversos y contribuían a alimentar

el rumor de que detrás de las conversiones

oficiales tan sólo se escondía hipocresía y astucia. La sospecha de criptojudaismo tendió a generalizarse, y es obligado cons- tatar que en numerosos casos no le falta- ba fundamento.

Igual de inoportuna pudo parecer a los conversos la relación detallada de la famo- sa conjura contra el inquisidor Pedro de Arbués, más conocido por el nombre de Maestre Épila, un complot en el que se vieron implicados nada menos que dos te- soreros del rey Fernando –Gabriel y Jeró- nimo Sánchez– junto con el Baile de Ara- gón, Luis Sánchez de Santángel, así como Jaime Montesa y Francisco de Santafé, asesores del Gobernador.

En lo que parece ser una adición poste- rior, se proponía igualmente una explica- ción por lo menos sorprendente de la de- cisión tomada por los monarcas de expulsar a los judíos del reino, explicación que se inspira en la más pura tradición antisemita o antijudáica y que se basa, co- mo suele ocurrir en estos casos, en el ru- mor. He aquí el testimonio:

E oydo decir que lo que mouió a este Rey

don Fernando a desterrar los judíos fue lo siguiente: Este Rey don Fernando tuuo un hijo, que se llamaua don Joan; y el Rey te- nía en su casa un judío por físico, el qual llevaua al cuello una veta con un pomo de oro muy grande y el príncipe, como era mochacho y se enamorase del pomo, pi- dióselo muchas vezes al judío, el qual reu- saba de dárselo y a la postre se lo dio; y el mochacho, cuando lo tuvo en su poder, luego murió por ver lo que estaua dentro; y así, lo abrió: el qual abierto, hallóle en él un pergamino y en él pintado mi Señor Je- su Cristo en un crucifixo; y el perro del ju- dío físico encima, y como que mi señor Je- su Cristo lo estuuiese besando en el culo.

que mi señor Je- su Cristo lo estuuiese besando en el culo. Detalle de la puerta

Detalle de la puerta de entrada a una vivienda en la judería de El Frago.

Fue tanto el sentimiento que el príncipe reçibió, aunque mochacho, que se yba consumiendo; y como el Rey don Fernan- do no tuuiese más hijo, y lo quisiese como padre, andábale pregúntandole como pa- dre lo que tenía y dixéndole muchos rega- los y haciéndole muchas fiestas 24 .

El manuscrito cuenta cómo el padre se en- teró de la verdad de boca de su hijo y ac- cedió a su deseo de ver castigar al médico sacrílego. En su cólera el rey habría deci- dido que lo quemasen vivo y expulsasen de su reino a todos los de su comunidad.

Este relato trágico va seguido curiosamen- te, tal como hemos señalado, por la trans- cripción de una correspondencia entre ju- díos de España y de Constantinopla, que se inscribiría primero en el registro de la chanza, y que podría ser considerada co- mo anodina, si no fuera porque completa- ría la pretendida explicación de la expul- sión.

Se trata de una consulta hecha por un tal Chamorro, que se titula Príncipe de los ju- díos de España 25 , a la comunidad judía de Constantinopla, a la que se le pregunta qué tipo de conducta conviene adoptar

2 5 , a la comunidad judía de Constantinopla, a la que se le pregunta qué

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Aragón» o el miedo a la mancha ANDR… GALLEGO BARN…S 242 frente a las medidas tomadas

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frente a las medidas tomadas por el rey de España.

En su respuesta, los judíos de Constanti- nopla, después de haber deliberado, acon- sejaron a sus congéneres en la desgracia

que se convirtiesen al cristianismo, ya que no podían hacer otra cosa. La continua- ción de las recomendaciones no es tan

anodina:

Y a lo que decís que hos haze quitar las haziendas, hazed vuestros hijos mercade- res para que les quiten las suyas; a lo que decís que hos quitan las vidas, hazed vuestros hijos médicos y voticarios para que quiten las suyas; a lo que dezís que hos destruye vuestras sinagogas, hazed vosotros hijos clérigos, para que destru- yan sus templos; y a lo que dezid que hos haze otras auexaciones, procurad que vuestros hijos entren en officios para que

sugetándoles os podáys vengar dellos

Haciendo alusión a los oficios que ejercían preferentemente los judíos espa- ñoles, esto equivalía a tacharlos de ladro- nes, asesinos o envenenadores, heréticos

o prevaricadores.

Se comprende que tales burlas, asociadas

a rumores malintencionados y al recorda-

torio de los vínculos familiares considera- dos como infamantes, no fueran del gusto de las familias ilustres de origen converso ni de las de los artesanos, comerciantes o funcionarios reales cuyos antepasados habían llevado los nombres de Asach Avendino, Alazar Usuf, Aloab Estaucn y otros Rabbi Jehosuah.

Por el contrario, y al igual que se producía en el resto de la península, la nobleza te- rrateniente de rancio abolengo y los cam- pesinos que se jactaban de la pureza de su sangre leyeron o escucharon con deleite este texto que mancillaba la ascendencia de esos nobles y arrogantes ciudadanos o de esos comerciantes y artesanos tan ata- reados, recién convertidos y que, en las épocas de penuria e inflación, podían ser perfectamente responsabilizados tanto de

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la muerte de un infante como de las difi- cultades que los cristianos rancios encon- traban en su vida cotidiana. Muy probable fue en este medio en el que el Libro Verde tuvo su mejor acogida y en el que las co- pias se multiplicaron. El boca a boca am- plificó aún más las revelaciones y, a juzgar por Pina y Ferrer, todos los habitantes de Zaragoza, de Aragón en general y de otras provincias tuvieron conocimiento de él 27 .

Así pues, la difusión de este documento no hizo más que envenenar las relaciones, ya de por sí tensas, entre los dos grupos opuestos.

Que a los hijos y nietos de los conversos les costara aceptar que se les recordara sus orígenes no tiene nada de sorpren- dente, pero que su influencia bastase por sí misma para provocar las reacciones ofi- ciales que empezaron a producirse, siem-

pre según Pina y Ferrer, a principios del siglo XVII, es algo menos seguro y nos in- duce a pensar que además de los peligros de tensiones sociales graves e incluso de revueltas que podía crear este texto, lo que en verdad hizo fue incomodar hasta a los que en un principio hubiesen podido felicitarse por su difusión. Todo ello debi- do al uso que podía hacerse de él en las pruebas de pureza de sangre.

Eso es precisamente lo que aparece en las primeras intervenciones de las autorida- des aragonesas. En efecto, como nos indi- ca Pina y Ferrer, las pasiones levantadas por la difusión de El libro Verde fueron tan fuertes que en 1601 fue objeto de discu- siones y diligencias por parte de los miem- bros de la Diputación aragonesa.

En una primera instancia, tan sólo pudie- ron constatar el extraordinario éxito del texto en cuestión. Después, debido al es- cándalo que seguía provocando, conside- raron indispensable tomar medidas para frenar su difusión. La Diputación no pro- puso una condena inmediata de forma ca- tegórica, sino que intentó una maniobra más hábil que consistía en proponer una

especie de cuestionario de tres puntos di- rigido a las personas consideradas compe- tentes en la materia.

En primer lugar preguntaba si los posee- dores del libro podían en conciencia con- servarlo y mostrarlo a los demás, máxime cuando era tan pernicioso y trataba de un tema tan grave. Se recababa la opinión de los sabios para saber también si, en las

pruebas de pureza de sangre, se podía tes- tificar basándose en las afirmaciones con- tenidas en el documento. Por último, se planteaba la siguiente pregunta: ¿acaso los testigos no cometían pecado mortal declarando públicamente, sin otra prueba que esa obra de origen tan dudoso? 28 .

Estas tres preguntas planteadas por la Diputación se incluyeron en el orden del

Vivienda de la familia conversa de los Casanate en la calle Rúa Alta, muy cerca
Vivienda de la familia conversa de los Casanate en la calle Rúa Alta, muy cerca de la antigua sinagoga. Tarazona.
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9. «El Libro Verde de Aragón» o el miedo a la mancha ANDR… GALLEGO BARN…S

Aragón» o el miedo a la mancha ANDR… GALLEGO BARN…S 244 día de numerosas asambleas, en

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día de numerosas asambleas, en las que teólogos y hombres de leyes debatían con gran alarde sobre textos jurídicos y docu- mentos pontificales.

Las conclusiones unánimes que se obtu- vieron –no hacía falta ser ninguna emi- nencia para constatarlo– concordaban con los deseos que podían adivinarse en la for- mulación de la consulta: que el libro no era más que un libelo; que su autor mere- cería la muerte si estuviera todavía vivo; que los que lo tenían en su poder y no lo destruían cometían una grave falta moral y que los testigos que lo utilizasen en las pruebas de limpieza de sangre también serían considerados culpables.

La Diputación aragonesa podía darse por satisfecha, tanto más cuanto que las res- puestas concordantes le llegaban de todos los puntos de la península y procedían de las más altas y diferentes autoridades reli- giosas y morales. En primer lugar de Ara- gón, donde dominicos, franciscanos, jesui- tas, carmelitas, mínimos, trinitarios y agustinos junto con doctores en derecho, priores, confesores reales, predicadores y altos dignatarios de la Iglesia estimaron que era urgente reaccionar contra la obra incri- minada.

Las reacciones registradas fuera de Aragón no fueron menos vigorosas. En Valladolid se pronunciaron tanto jesuitas como Her- nando de la Cerda, Juan de Salas, Luis de la Puente y Juan de Funes, como doctores en derecho como Coronel y Sobrino, o los miembros del Claustro José de Luján, An- tonio Pérez, Juan Negrón, Gregorio Roez, Cristóbal de Fonseca y Juan de Castro. Lo mismo ocurría en Salamanca, donde tam- bién varios miembros eminentes de la Compañía de Jesús y algunos religiosos habían preconizado la misma actitud con El Libro verde. La Universidad de Alcalá tampoco quería quedarse atrás: jesuitas, doctores en derecho y miembros de las ór- denes religiosas habían juzgado igualmen- te oportunas las medidas sugeridas en las preguntas de la Diputación aragonesa.

Para que se sintiese la necesidad de recu- rrir a todos los teólogos, juristas y erudi- tos del reino y de las tres grandes univer- sidades del país, hacía falta que la situación en Aragón fuese juzgada de muy seria y que se considerase al borde de una grave crisis social, incluso de revueltas populares, como las que se habían conoci- do en el pasado 29 .

Los resultados de esta movilización contra El libro Verde no se correspondieron con las expectativas de los medios interesados en su desaparición. Estas censuras, que procedían de muy diferentes ámbitos, no hicieron más que excitar la curiosidad de los que todavía no conocían el contenido exacto del texto, pero que confiaban en descubrir en él algún elemento que com- prometiese a los conversos de su entorno. Como suele ocurrir en estos casos, estas medidas prohibitorias constituyeron una extraordinaria promoción publicitaria, so- bre todo para los que no se sentían aludi- dos: vieja nobleza terrateniente y cristia- nos viejos, que encontraron material para mofarse de las pretensiones de esta nueva nobleza o de estos comerciantes y artesa- nos industriosos cuyos antepasados se las tuvieron que ver con el Santo Oficio 30 .

Hay que destacar que, como afirma Pina y Ferrer, este descrédito, que golpeó a una nobleza de cierto lustre y a una clase me- dia de ciudadanos activos y relativamente prósperos, nunca degeneró en enfrenta- mientos abiertos ni originó ningún tipo de «pogrom», pero el ambiente se hacía cada día más irrespirable. Tanto fue así que por segunda vez, catorce años después de la primera ofensiva en regla contra el Libro Verde, la Diputación consideró necesario emprender una segunda batalla convo- cando a los miembros más eminentes de la Iglesia y de la Universidad. Las perso- nalidades que se reunieron en 1620 llega- ron a las mismas conclusiones que du- rante la primera consulta: pidieron que se destruyese el libro, estipulando graves pe- nas contra los infractores.

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Aragón» o el miedo a la mancha ANDR… GALLEGO BARN…S Signo y rúbrica notarial de un

Signo y rúbrica notarial de un préstamo judío. Archivo Municipal de Ejea de los Caballeros.

Las respuestas concordantes procedentes de tantos hombres preclaros podían tener su origen en sentimientos de caridad cris- tiana y en la conciencia de una injusticia cometida con los conversos. Por otra parte, no está de más suponer que algunas de las personalidades consultadas podían sentirse afectadas por las revelaciones del documen- to en cuestión. Y tampoco sería descabella- do suponer que esos hombres reaccionaran como juristas íntegros, preocupados real- mente por el buen funcionamiento de las pruebas de limpieza de sangre en las que se requerían sus servicios.

Sea como fuere, su intervención tuvo poco efecto. Las copias del texto siguieron circu- lando a escondidas y su número era cada vez mayor. La Inquisición no se decidió a intervenir directamente hasta que la Di- putación llevó a cabo una tercera ofensiva. Andrés Pacheco, obispo de Cuenca e In- quisidor General, había ordenado que se requisaran todos los ejemplares que po- dían encontrarse en Aragón para quemar- los en un auto de fe que debía celebrarse el 30 de noviembre de 1623 31 .

Esta intervención del Gran Inquisidor constituía una prolongación de las medi-

das tomadas por Felipe IV en una Prag- mática del 10 de febrero de ese mismo año, con el fin de, en palabras de Sicroff, «aflojar la presión de los estatutos que es- trangulaban a la sociedad española» 32 . Así que no debe extrañarnos ver al monarca felicitar al Inquisidor por la diligencia y el celo utilizados con el Libro Verde 33 .

La condena del libelo y la advertencia con- tra este tipo de literatura se inscriben así en un movimiento que había comenzado en el siglo XVI y que se prolongaría durante el reinado de Felipe IV, movimiento que ponía en cuestión, si no la legitimidad de las

pruebas sobre la pureza de sangre, al me- nos las exigencias abusivas de ciertos mé- todos 34 . La proliferación de estas investiga- ciones se convirtió en un auténtico problema. En una época en la que en Es- paña se generalizaron estas prácticas para el acceso a los diferentes puestos y privile- gios, para la admisión en las órdenes mili- tares, los cabildos de las catedrales, los co- legios de cierto prestigio, las cofradías e incluso para ciertas corporaciones de arte- sanos, en una época en que la competencia era cada vez mayor debido a la crisis eco- nómica, se entiende que las autoridades aragonesas, al igual que el poder real, se vieran obligadas a poner fin al escándalo y

a hacer más respirable el clima social. Cli-

ma que llegó a ser tan irrespirable que mu-

chos cristianos viejos llegaron a dudar de los efectos perversos de estos árboles ge- nealógicos siempre tan expuestos a ser mo-

dificados gracias a su difusión clandestina

y a su carácter manuscrito, y que podían

ser muy perjudiciales si se recurría a ellos en las investigaciones.

Por otra parte, la proliferación de estas in- vestigaciones, que en cualquier momento podían sacar a la luz el origen judío de una persona, aunque hubiese sido olvidado ha- cía mucho tiempo, podía extender el descré- dito a toda su parentela. De ahí el bloqueo que se producía en algunas instituciones. Sicroff cita el testimonio de un Inquisidor que, en tiempos de Felipe V, refiere cómo la atribución de 5.000 uniformes militares

el testimonio de un Inquisidor que, en tiempos de Felipe V, refiere cómo la atribución de

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9. «El Libro Verde de Aragón» o el miedo a la mancha ANDR… GALLEGO BARN…S

Aragón» o el miedo a la mancha ANDR… GALLEGO BARN…S 246 quedaba en suspenso y que

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quedaba en suspenso y que el Consejo de la Orden se había visto obligado a rechazar a 6.000 aspirantes a cargos inquisitoriales 35 .

Así se explica que se fuera perfilando un movimiento, al principio tímidamente pero después con más firmeza, en pro de una re- visión de este método y del rechazo a testi- monios fundados en memoriales anónimos.

Destinado en su origen a prevenir a los cristianos viejos que temían contaminar a su descendencia con casamientos con hijos de conversos, el Libro Verde, después de haber reavivado las tensiones entre cristia- nos viejos e hijos de convertidos de origen judío, suscitó el temor no solamente entre éstos últimos, sino también entre aquellos que, aun considerándose «puros», empeza- ron a temer que su reputación se viera em- pañada por las repercusiones de una prue- ba de limpieza de sangre solicitada por ellos o para uno de sus allegados, en el curso de la cual podría echarse mano de datos infamantes recogidos en uno de esos memoriales.

Ni la Pragmática de 1623 ni el auto de fe celebrado en Zaragoza lograron solucionar

ni el auto de fe celebrado en Zaragoza lograron solucionar La estrella de David constituye un

La estrella de David constituye un elemento decorativo muy extendido en la cerámica turolense. Museo Provincial de Teruel.

el problema de fondo y hacer olvidar a los españoles su obsesión por la limpieza de sangre, factor que seguirá siendo una de las peculiaridades de la mentalidad de la España del Siglo de Oro, y que puede ver- se también en la pluma de los grandes es- critores de la época 36 .

9. «El Libro Verde de Aragón» o el miedo a la mancha ANDR… GALLEGO BARN…S

NOTAS

* Traducción del artículo publicado en Francia: «El libro verde de Aragón. La Peur de la tache», en L’individu face à la société: quelques aspects des peurs sociales dans l’Es- pagne du Siècle d’Or, Toulouse, PUM, 1994, pp. 27-37.

1.

Ver PINA Y FERRER, Victorio, El libro verde de Aragón,

s.

I. (Zaragoza), Imprenta de C. Ariño, Coso 100, s.d. (55 p.),

ver p. 3.

2. Es la indicación que figura en la página 592 de la Re-

vista de España, 424, octubre de 1885.

3. En la edición de Isidro de las Cajigas, El libro verde de

Aragón. Documentos aragoneses publicados por

Compañía Ibero-Americana de Publicaciones, S. A., s. d. (1929), 160 p. la fecha indicada es: «14 de Septiembre de 1708». Se trata manifiestamente de un error.

, Madrid,

4. Ver INFANTES, Víctor, «Luceros y tizones: biografía nobi-

liaria y venganza política en el Siglo de Oro», Crotalón, Anuario de Filología Española, 1, 1984, pp. 115-127.

5. Ver AMADOR DE LOS RÍOS, Rodrigo, «El libro verde de

Aragón», Revista de España, 420, agosto de 1885, p. 549.

6. Idem, ibidem, p. 556, nota 2.

7. Esta publicación fue recogida por NAVARRO TOMÁS, T.,

en la Revista de Filología Española, XVII 1930, pp. 291-

292. Señala con razón las lagunas de esta edición y la- menta la ausencia de aparato crítico.

pp. 120-

8. Ver INFANTES, Víctor, «Luceros y tizones

»,

121, nota 14.

9. Ver Manuel SERRANO Y SANZ, Orígenes de la dominación

española en América. Estudios históricos. Madrid, Casa Editorial Bailly y Baillière, 1918, Nueva Biblioteca de Autores Españoles: ver pp. LXXII y CCCCXCIV.

10. Ver ALVAR, Manuel, «Noticia lingüística del Libro Verde

de Aragón», Archivo de Filología Aragonesa, II, 1947, pp. 61-97, especialmente las pp. 63-64.

11. Hoy tenemos la suerte de poder consultar la magnífica

edición que realizó Monique COMBESCURE THIRY: Véase: El libro verde de Aragón. Introducción y transcripción de Moni- que Combescure Thiry. Presentación y estudio preliminar de Miguel Ángel Motis Dolader. Zaragoza, Libros Certeza, Co- lección Documentos. Serie: «Volver por sus fueros», n.º 2.

12. Ver AMADOR DE LOS RÍOS, Rodrigo, El libro verde,

p. 551.

13. Ver DE LAS CAJIGAS, Isidro, El libro verde, p. 157: «todo

esto ha sido sacado del Libro verde de Aragón que está en

la Inquisición de Zaragoza y escrivió Gonzalo de Guias Mi-

nistro y Asesor de la Inquisición el año 1507

14. Ver SERRANO Y SANZ, Manuel, «Capitulaciones matri-

moniales» (1526), Boletín de la Real Academia Española, II,

p. 92. En él declara: «Micer Anchías, hijo de Juan de An-

chías, autor del afamado Libro verde de Aragón». Esto ya lo había afirmado en el núm. 1 del mismo Boletín, p. 470, en la nota 5: «Tengo por cierto que el Libro verde fue es- crito por el notario Juan de Anchías, aunque hay adicio- nes posteriores; hechos que procuraré aclarar en una edi- ción crítica que preparo de dicha obra, para lo que hay

».

materiales riquísimos en el Archivo de Protocolos de Zara- goza». Pero cuando se disponía a hacer un estudio más de- tallado, fue inducido a negar dicha atribución. Ver Oríge- nes, pp. LXIX-LXXI.

15. Ver SERRANO Y SANZ, Manuel, Orígenes, p. LXX.

16. Ver DE ARCO Y GARAY, Ricardo, La erudición aragonesa

en el siglo XVII en torno a Lastanosa, Madrid, 1943, p. 111.

17. Ver PINA Y FERRER, Victorio, El libro verde, p. 14 : «En

este estado las cosas, otro jurisconsulto aragonés, conoci- do por el Dr. Anquías según unos escritores, y Enquías, de

conformidad con el parecer de otros, sucesor de Micer Ma-

nente en la fiscalía de la Inquisición, hombre de bello ca- rácter, impulsado a la vez por motivos religiosos y socia- les, descendió al ardoroso palenque donde batallaban unas clases con otras, ansioso de tranquilizar los ánimos

y devolver la paz a su reino, profundamente perturbado».

18. Utilizamos la transcripción de la Revista de España;

ver p. 557.

19. Revista de España, pp. 557-558.

20. Revista de España, p. 555: «A partir del 62, y con el

título La conjuración contra Maestre Epila, síguese copia de las declaraciones que en el proceso prestaron, por medio

del tormento, Sancho DE PATERNOY y otros conversos, do- cumento curioso: pero que hemos omitido, y que llega al folio 74

21. Ver más adelante, nota 23. A propósito de estas car-

tas, ver Sicroff, op. Cit., pp. 116-117, nota 81. Ver igua-

mente DE CASTRO Y ROSSI, Adolfo, Historia de los judíos de España, Cádiz, 1847, pp. 137-142 e LOEB, Isidore, «La co- rrespondance des Juifs d’Espagne avec ceux de Constan- tinople», Revue des Études juives, t. XV, París, 1888.

22. El estudio lingüístico realizado por Manuel Alvar con-

firma la verosimilitud de esta datación. Sus conclusiones

merecen ser citadas. Ver Archivo de Filología Aragonesa, II, 1947, pp. 83-84: «La lengua del Libro verde de Aragón apa- rece sin apenas diferenciarse del castellano del siglo XVI. Sin embargo subsisten formas que imprimen, a veces, ca-

rácter arcaico en la obra

sos documentos y actas del siglo XV –segunda mitad so-

bre todo– se llega a la conclusión de que el habla escrita por Anchías no es peculiarmente la de los Judíos zarago- zanos, como apunta Navarro Tomás, sino la generalizada

a las gentes aragonesas de la Zaragoza del XV. Casi todos

los datos que alega el Libro verde pueden compulsarse con otros testimonios coetáneos».

23. El motivo que incitó a Francisco de Mendoza y Boba-

dilla, a componer el Tizón de la nobleza de España es re- cordado en el incipit: «Por haberle negado dos hábitos a dos sobrinos suyos, hijos del marqués de Cañete su hermano, por decirse que no eran limpios por uno de sus abdorios, y quiso significar a S. M. que los linages más ilustres tenían cosas semejantes, y no les impedían para hábitos milita- res, ni otras dignidades mayores que S. M. pudiera darles».

Ver Víctor Infantes: «Luceros y tizones», p. 123.

24. Revista de España, pp. 567-568. Se leerá con interés

el estudio de Josette Randière de la Roche: «Du discours

Después de consultar numero-

Se leerá con interés el estudio de Josette Randière de la Roche: «Du discours Después de

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9. «El Libro Verde de Aragón» o el miedo a la mancha ANDR… GALLEGO BARN…S

Aragón» o el miedo a la mancha ANDR… GALLEGO BARN…S 248 d’exclusion des Juifs: antijudaïsme ou

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d’exclusion des Juifs: antijudaïsme ou antisémitisme?», en Les problèmes de l’exclusion en Espagne (XVI e -XVII e siè- cles). Études réunies et présentées par Augustin Redondo, París, Publications de la Sorbonne, 1983, pp. 51-75.

25. Contrariamente a lo que podría creerse, no puede tra-

tarse del Juez Chamorro, personaje por otra parte impor- tante entre los judíos de Zaragoza. Serrano y Sanz ha de-

mostrado que no ocupaba ningún cargo de ese tipo. Argumento suplementario a favor de la tesis del impostor o del bromista malintencionado. Ver SERRANO Y SANZ, Ma- nuel, Orígenes, p. LXII, nota 1.

26. Revista de España, pp. 569-570.

27. Ver PINA Y FERRER, Victorio, El libro verde, p. 6.

28. Idem, ibidem, p. 7.

29. En el pasado se habían producido levantamientos

contra los judíos. A veces incluso el populacho furioso no

había respetado a los representantes de la autoridad real, como durante la revuelta fomentada por Jimeno Godo y Pablo de Jassa en 1453. El episodio es relatado por Zuri- ta en sus Anales de la Corona de Aragón, libro XVI, cap. XXV, y retomado a la vez por Amador que cometió una confusión, y por Serrano y Sanz (ver Orígenes, pp. LXXVII- LXXVIII).

30. Ver a este respecto CARO BAROJA, Julio, Los judíos en

la España moderna y contemporánea, Madrid, Arion, 1960; ver p. 261.

31. Ver PÉREZ PASTOR, Cristóbal, Bibliografía madrileña,

Madrid, Tip. de la Revista de Archivos, Bibliotecas y Mu- seos, 1907, ver tomo III, p. 442: «Por el Sr. D. Andrés Pa- checo, Patriarcha, Inquisidor General y por el Consejo en 22 de noviembre de 1623 se mandaron recoger los libros verdes y para esto en 25 del dicho mes y año se escribió en particular a los Inquisidores de Zaragoza que después de recogidos los quemasen públicamente y que se hiciese con acompañamiento de familiares y asistencia del Algua- zil y Notario del secreto, lo que se executó día de Sant An- drés del dicho año».

32. Ver A. SICROFF, Albert, Les controvreses des statuts de

«pureté de sang» en Espagne du XV e au XVII e siècle, París,

Didier, 1960; ver p. 216.

33. Ver Revista de España, p. 592: «En el tomo 4.º de De-

cretos Reales y Consultas originales, al folio 330, hay un decreto original del Sr. Rey don Phelipe 4.º, en que da gra- cias al Illmo Sor. Don Andrés Pacheco, Obispo de Cuenca, Inquisidor General, por haber recogido el Libro verde de Aragón que parece ser el presente. El Real Decreto dice así: «Por el Consejo de Aragón se me ha representado la di- ligencia y cuidado que habéis hecho poner en recoger el Libro que llaman Verde en aquel Reyno. Agradézcoos lo que havéis dispuesto en esto, y por ser cosa de la calidad

que es, y convenir que no quede ni aun rastro del dicho Libro, os encargo que hagáis continuar las diligencias tan apretadamente como conviene, y lo espero de vuestro mu- cho celo. Señalado de su Magestad en Madrid a 17 de no- viembre de 1623. Al Inquisidor General».

A propósito del título dado al Sumario del Asesor inquisi-

torial, se han propuesto al menos dos explicaciones. Por su parte, SERRANO Y SANZ, Orígenes, p. LXV, nota 1, de-

clara: «Aludía este título, que según hemos dicho, no fue

el primitivo, a las velas de color verde que llevaban los pe-

nitenciados en los autos de fe». Marcel Bataillon sostiene que este título debía ponerse en relación con el hábito de color verde que llevaban los penitentes condenados por la Inquisición. Ver «Les nouveaux chrétiens de Ségovie», Bu-

lletin Hispanique, LVIII, 1956, p. 211. Esto lo confirma Pi- lar Sánchez Moya que cita un documento del Archivo His- tórico Nacional, sección Inquisición, Leg. 535, p. 1, Proceso del Santo Oficio contra Pero Amigo; ver Sefarad. Año XVIII. 1958, Fasc. 2, pp. 327-352. Por su parte, AR- CO Y GARAY, Ricardo, La erudición aragonesa, p. 334, pro- ponía como explicación del título Libro verde el color de la cubierta de la obra. Esto a propósito de un manuscrito ti- tulado El libro verde de Montearagón, que sería anterior a

1543.

34. Ver A. SICROFF, Alber, Les controverses, cap. V, Vers

une réforme des statuts de pureté du sang, pp. 182-220.

35. Idem, ibidem, p. 215.

36. Es una referencia al Libro verde de Aragón la que per-

mitió hacer inteligible una frase de Baltasar Gracián. Ver en

este sentido el artículo de LÁZARO, Fernando, «Libro verde, en El Criticón de B. Gracián», Revista de Filología Española, XXVII, 1953. Ver pp. 216-227. El autor de El Criticón rinde buena cuenta de la atmósfera irrespirable que caracterizaba

la época en la «Crisi XI, Segunda Parte, El tejado de vidro y

Momo tirando piedras», edición de M. ROMERA NAVARRO, Phi- ladelphia, University of Pennsylvania Press, 1939, pp. 319-

341. Entre las alusiones más explícitas a este ambiente y a

la mancha, por antonomasia, ver pp. 322-323: «assí, que to-

dos tropezaban en su pero; raro era el que se escapava, y único el que passava sin mojarse. Topava uno con un pero de un antepassado, y aunque tan passado (nunca maduro) (destacamos esto por oposición evidente a verde), jamás se pudo digerir»; p. 328: Assí, que no quedava texado sano, ni honra segura, ni vida inculpable: todo era malas vozes, ha- blillas, famas echadizas, y los duendes de los chismes no cessaban»; p. 329: «¿No véis, dezía uno, qué mancha tan fea

tiene fulano en su linage?»; p. 331: «Pues, por quatro reales que tiene ¿anda tan deslavado, no siendo su hidalguía tanto

al uso quanto al aspa?». Y Romera Navarro precisa: «desla-

vado: con equívoco de lavado de su mancha y a la ligera; as- pa: jugando con el sentido de instrumento para aspar hilo, y

el de cruz colorada que se ponía en el capotillo amarillo de

los penitenciados por la Inquisición».

Altos dignatarios, detalle. Museo de la Colegiata de Daroca.

Altos dignatarios, detalle. Museo de la Colegiata de Daroca.