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SUSTENTABILIDAD AMBIENTAL (PRIMER INTENTO – FORMAL Y APRESURADO- DE AGARRAR AL TORO POR LOS CUERNOS)

SUSTENTABILIDAD

AMBIENTAL

SUSTENTABILIDAD AMBIENTAL (PRIMER INTENTO – FORMAL Y APRESURADO- DE AGARRAR AL TORO POR LOS CUERNOS) Apolo

(PRIMER INTENTO FORMAL Y APRESURADO- DE AGARRAR AL TORO POR LOS CUERNOS)

INTENTO – FORMAL Y APRESURADO- DE AGARRAR AL TORO POR LOS CUERNOS) Apolo Daniel Sánchez Lizárraga.

Apolo Daniel Sánchez Lizárraga. Septiembre, 2013.

INTENTO – FORMAL Y APRESURADO- DE AGARRAR AL TORO POR LOS CUERNOS) Apolo Daniel Sánchez Lizárraga.

SUSTENTABILIDAD AMBIENTAL

(Primer intento formal y apresurado- de agarrar al toro por los cuernos)

PREFACIO

La necesidad formal y apresurada- de agarrar al toro por los cuernos, no me surgió, así nomás, porque se me ocurriera. Surge de dos contextos e intenciones que se encontraron “sin querer queriendo”, como diría el Chavo 1 , y yo creo que primero tengo que explicar esto porque, según algunos pensadores (como tú y yo), las ideas y los problemas no surgen de la nada sino que tienen sus raíces en el acontecer de quien las crea, tienen intenciones y accidentes, tienen su historia y sus lugares de nacimiento. Chucho Galindo 2 dice “hay que explorar el topos (lugar) de las ideas y los actos” para descubrir sus propósitos, su sentido, sus oportunidades y sus debilidades.

El primer contexto del que quiero hablar es mi contexto académico: resulta que este ensayo me fue solicitado por el Dr. Rogelio Zizumbo Villareal, para evaluar qué tanto he aprendido hasta ahora sobre este par de palabras que uno escucha a cada rato en la televisión, en la radio, que se lee en los periódicos y ya hasta en los comentarios en Facebook: la “Sustentabilidad-ambiental”; sí, esa de los políticos, de la Coca cola y de doña Elva; la señora de la tienda de aquí cerca de mi casa, que usa periódico para envolver las verduras de sus clientes “para cuidar el planeta, mijo”-dice.

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“Y, ¿por qué le interesa al doctor Zizumbo saber qué tanto sabes sobre esas palabritas tan famosas?” – se preguntará la lectora o el lector, según. Bueno pues es que, hace mes y medio, empecé a estudiar, junto con otros 13 compañeros, la materia optativa llamada “Instrumentos de gestión ambiental” que imparte el mencionado doctor en la Especialidad en ciencias del ambiente, gestión y sustentabilidad, de la Universidad de Colima.

El doctor Zizumbo (o “Zizumbo”, a secas, como le decimos los estudiantes) necesita calificarnos y de forma individual; tal vez le sorprenda el lector que en pleno 2013, aquí en México, se siga solicitando a los maestros que señalen quién es “competente y competitivo” y quién no, usando un número pero, bueno, usted lector entenderá que cuando uno participa en una comunidad, en un grupo social, tiene que adaptarse más o menos a sus normas y creencias, y creo que eso es lo que estamos haciendo el Dr. Zizumbo y yo con esta tarea: yo hago un ensayo demostrando lo que comprendí de los cinco textos sobre Sustentabilidad ambiental que nos indicó(muy buenos, por cierto. Si al lector le interesa conocerlos, puede encontrar la bibliografía al final de este ensayo) y el doctor se dedicará a revisarlo y evaluar, primero, si leí los textos y, segundo, si se me pegó algo.

El segundo contexto es mi contexto personal. Este no nació hace unos meses, ni surgió del juego burocrático. Este nació conmigo pero no se preocupe, lector, no le voy a contar toda mi historia. Nomás quiero contar que desde que decidí meterme a estudiar esto de la “Sustentabilidad”, o sea, desde poquito antes de entrar a la especialidad, he estado escuchando con atención lo que se dice y se hace a mi alrededor con esta palabrita, y nomás me parecía que estaba en la Torre de Babel (cada quien su lengua). Entonces me puse a leer de teoría de sistemas, de economía ambiental y ecológica, y a leer los comerciales en la televisión abierta, leer a mis conocidos y a mis desconocidos, y, así, nomás quedaba más confundido. Por ahí del 15 de Agosto de 2013, describí mi situación/ pensar así:

DE “LA CRISIS AMBIENTAL”. Como en la Edad Media. Un problema tangible, práctico, se ha forrado de un discurso sombrío, confuso y culpabilizante. Las nuevas inquisiciones, Santas Iglesias y sacerdotes de este armatoste ideológico ¿quiénes son, dónde están y qué hay detrás?

Intentaba encontrar una hebra que me permitiera desmenuzar el problema, quería encontrar La Verdad sobre la Sustentabilidad, como si fuera unívoca, homogénea, estática (pero no neutra pues ya vislumbraba algunos de sus conflictos de poder). Fue en esta situación personal que nos llegó la solicitud de Zizumbo de realizar este ensayo.

1 “El Chavo” es un personaje ficticio de la serie de televisión cómica mexicana “El chavo del 8”, creada por Roberto Gómez Bolaños, producida por Televisión Independiente de México (más tarde, Televisa) y emitida por primera vez el 20 de Junio de 1971. 2 Jesús Galindo Cáceres, mexicano. Doctor en Ciencias sociales, maestro en Lingüística y licenciado en comunicación. Autor de 28 libros y más de trescientos artículos académicos publicados en catorce países de América y Europa, compa, activista social y tragón.

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(Primer intento formal y apresurado- de agarrar al toro por los cuernos)

INTRODUCCIÓN (O ¿Qué viene siendo esto?)

Este documento es un ensayo. Según los cuates de la Real Academia Española (RAE), un Ensayo es “un

escrito

en

el cual

un

autor desarrolla

sus ideas sin

necesidad

de mostrar

el aparato

erudito”.

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Sinceramente no entiendo qué es eso del “aparato erudito” pero supongo que quiere decir que quien

escribe

no

tiene

necesidad

de

apantallar

al

lector

con

palabras

y

estructuras

rimbombantes

tecnicismos y “metodologisismos(no entiendo por qué no existía esta palabra. Ya la hice existir, aquí

entre compas).

Entonces, tengo dos retos: primero, exponer cómo entiendo la, ahora muy de moda, “sustentabilidad

ambiental” y, segundo, hacerlo de tal forma que tú, lector, y yo, nos sintamos como si estuviéramos

platicando (sin que por el juego se pierda la seriedad del asunto y sin que la seriedad del asunto nos

distraiga del juego). No es que ande intentando un texto simplón, no, haré todo lo posible por que el

tema nos quede claro y más o menos útil a partir de algunas reflexiones cotidianas que, confío, pueden

tener puntos comunes contigo.

Sin más explicación, vamos entrándole al ruedo.

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CAPITULO 1. AVENTADO AL RUEDO SIN HUARACHES.

El Ser humano se compara, se critica, se diferencia. El ser humano es una parte de la Tierra que se mira y se evalúa a sí misma. El ser humano es Tierra que no se vive tierra. Separado, sin estarlo, teme su desorden, sin estarlo.” (Yo)

No hay desorden sino distintos órdenes”. (Bergson)

Es que es cierto, experto o no, ahorita donde sea uno escucha o dice esas palabritas “sustentabilidad- ambiental”. La dice uno y es como decir “soy consciente, respetuoso y (más o menos) ando salvando el mundo”. La puede uno decir con ceja levantada o con voz mansita, según como se necesite; por ejemplo, para hacer amigos, para hacer puntos en tu entrevista de trabajo, para mostrar sensibilidad en tu primera cita romántica o como un arma más para descalificar a quien te cae gordo (o levantarte el ego frente a los otros si separas tu basura o no usas pantalones de mezclilla-¡aguas con las pedradas!, ¡jeje!-).

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Los quisquillosos dicen “¡Ah! pero es que así se expresa el vulgo (“el común de la gente popular”, otra vez, según la RAE)”, como diciendo que una cosa fuera el pueblo y otra cosa fueran los especialistas.

igual les he escuchado a los presidentes de distintos países, a las grandes empresas en sus

comerciales, a los políticos y a los académicos que, por más chingones que se crean, no se escapan de su chapuzón en su nombrada “vulgaridad”.

Pero, ¡ah!

Me parece que hacemos como si habláramos de lo mismo pero, en realidad, hablamos de cosas bien diferentes. Por eso el subtítulo de este texto es primer intento-formal y apresurado- de agarrar al toro por los cuernos. No tiene nada que ver con aquellas tradiciones que someten y violentan animales, la tauromaquia, con la que estoy en desacuerdo porque me duele mirar y escuchar el dolor de estos animales en esas “presentaciones artísticas”. No, lector, en realidad solo retomo esta expresión popular, con la que quiero decir que ando queriendo poner un poco de orden en este concepto que se comporta como un toro bravo cuando sale al ruedo (claro, sepa usted, lector, que salen así al ruedo después de que les golpean, les pican y les dan fuertes descargas eléctricas), que no se deja agarrar (claro, ¿a quién le gustará que lo lacen, lo azoten, lo acribillen con banderillas o espada?).

La crisis ambiental.

Se dice que el toro de la “sustentabilidad ambiental” nació para resolver un problema: la crisis ambiental. Que esta comprobadísimo que en el último siglo(a partir del surgimiento de la era industrial), ha habido un aumento progresivo de la temperatura en el planeta, que hicimos hoyos en la capa de ozono por usar el carro y aerosoles, que estamos derritiendo el hielo de los polos de la tierra, que somos unos malvados porque hemos provocado la extinción de miles de especies de animales e insectos, que nos estamos acabando el agua, que nos estamos acabando los bosques, y así, a cada rato se le suma una nueva fregadera para convencer de que todos tenemos que estar alarmados y dispuestos a obedecer a los mandatos de los que sí saben y así contribuir a la solución del problema.

(Quiero señalar que la exposición que viene en seguida intenta describir qué ha escuchado el autor sobre el problema ambiental, por lo tanto, el lector debe tener presente que será una imagen pseudo estática. Lo cierto es que el problema ambiental ha ido cambiando conforme pasa el tiempo; por nuevos participantes, nuevos conocimientos, nuevos intereses, por nuevos problemas, etc. Se sugiere al lector explorar la dimensión histórico- epistemológica de esta crisis).

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Lo interesante aquí es que en el discurso cotidiano se habla de un “nosotros”, pero no es un “nosotros” dicho por un grupo refiriéndose a sí mismo, no, es un nosotros donde supuestamente le entramos yo, tú, él, ella, eso, nosotros, ustedes, ellos; “toda la humanidad”. ¡Órale! Es una de las cualidades de nuestra sociedad actual mejor distribuidas; el desarrollo social, la justicia, ahí van, poco a poco (pa’ delante o pa’ tras, según), pero eso sí, en chinga quieren repartir esa culpa sobre el problema ambiental.

“Cuando el río suena es porque agua lleva”, dijo la sabia abuelita de Albert Einstein (figúrese usted). Quiero decir que si en el cotidiano uno escucha un discurso culpabilizante no es porque la gente ande equivocada, o ande chueca, no. Los sociólogos, psicólogos, antropólogos, encuentran lo que una sociedad cree a partir de escucharla y mirarla. Después de encontrar lo que la gente piensa, lo ponen en un libro, le ponen su marca (así como los perros cuando le echan orines a los postes) y dicen que ellos lo descubrieron: nosotros lo leemos y decimos: ¡oh! ¡Es cierto y él(o ella) lo descubrió!

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El discurso cotidiano en el planteamiento del “problema ambiental” lleva una fuerte carga emocional culpabilizante, suele ser catastrófico, mezclado con algún o algunos datos sobre cambios ambientales poco comunes en la historia de la humanidad y suele apelar a cierta “pérdida del equilibrio planetario”. Tratemos punto por punto lo que, a mi parecer, es el trasfondo de esto. Quiero aclarar que en los subtítulos haré analogías con el discurso de la tradición judeo- cristiana con el fin de recordar el uso que se le dio para imponer cierta ideología y orden social.

“La culpa es del humano”. (O “nacimos con el pecado). Esta forma de abordar el tema facilita que los participantes se centren más en la emoción y menos en la solución. Este discurso, al no ofrecer explicaciones racionales sólidas y, en cambio, ofrecer “cargas” emocionales, lo que facilita son respuestas impulsivas de los participantes para aminorar su ansiedad. Además, como no hay un problema claro y, por lo tanto, tampoco hay claridad en las soluciones (pero eso sí, todos andamos en esto) facilita que los participantes obedezcan indicaciones de otros que supuestamente sí saben o que caigan en un estado de desesperanza. En el mejor de los casos, la persona no se la cree y responde dándoles el avión o armando una contrarevolución. También hay los que, como nosotros, andan perdiendo su tiempo intentando saber por qué se anda diciendo todo esto, en lugar de ponerse a resolver los problemas de allá afuera de la pantalla (¡ja ja!, ¡de vez en cuando hay que reírse de uno mismo!).

Atender el equilibrio del planeta y la vida”. (O “hacer lo que Dios manda”). Esta afirmación en realidad es muy difícil de llevar a cabo por el simple hecho de que desconocemos el tal “equilibrio del planeta”…quiero corregir: el “equilibrio planetario” puede definirse como aquello que el ser humano llama “equilibrio planetario”, basado en su forma de entender la realidad (pensamiento hipotético deductivo, por ejemplo) y en sus límites como humano (su espacio-temporalidad).

Desconocemos la “vida del planeta”, desconocemos “el planeta”. Valdría la pena reconocer que tenemos muchos datos recopilados con nuestros sentidos y nuestros aparatos pero las asociaciones entre esos datos las inventamos nosotros y mientras más “lejanos” estén, más tenemos que hacer inferencias y deducciones. Con esto no quiero descalificar a la ciencia ni a los demás cuentos que nos contamos, no, esa es una forma que nosotros como humanos tenemos de entender y crear, pero sí creo que nos hace falta mucha humildad, reconocer los límites de nuestros cuentos y anunciarlos, celebrar la diversidad y saber reírnos de nosotros mismos. En fin, en este punto de la crítica me obligo a decir, como Terencio, “nada de lo humano me es ajeno”; celebrar la diversidad, reírme con ellos, y también

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estar dispuestos a luchar contra ellos (o contra mí mismo) cuando el juego sobrepase los límites de lo que entiendo por dignidad.

A mi parecer, el problema surge cuando se quiere imponer un cuento, cuando este cuento se hegemoniza a tal grado que permita que individuos, grupos e instituciones ataquen o devalúen de facto al que piensa diferente. Ya sé, estimada lectora, que hegemonizar ciertas cualidades de una sociedad es condición necesaria para mantener esa sociedad, pero no dejo de sentir digna rabia cuando lo descubro (y no dejo de reírme cuando me descubro haciendo lo mismo). La cuestión entonces es mantenernos atentas y atentos para saber el punto en el que esa hegemonía sobrepasa los límites del bien común.

Propongo entonces que, cuando se quiera hablar de este problema ambiental, no le llamemos nomás “crisis ambiental” sino “crisis ambiental humana”. Me parece un término más preciso y certero. Ahora bien, respecto a lo demás aquí señalado, yo me quedo con esta afirmación y pregunta:

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Toda dinámica social, todo orden, sirve a alguien y perjudica a otros. ¿A quién y para qué servirá esto?

Cuando uno quiere, solito, agarrar al toro por las patas y donde sea que se le atraviese, se pone difícil porque el toro no se deja. Voy viendo entonces que hay que buscar un lugar adecuado para intentar agarrarlo y con ayuda de otros. Tal vez así podamos lograr nuestro acometido y contarnos nuestro propio cuento para responder a la pregunta de acá arriba.

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CAPÍTULO 2. AGARRANDO AL TORO, EN BOLA Y POR TODOS LADOS.

Como ya sabemos, para estudiar algo, a los occidentales nos gusta desbaratarlo ¿por qué? No sé, tal vez porque queremos entender las cosas como máquinas; piezas interligadas con funciones lineales que nos permitan predecir efectos o inferir causas precisas en pro de la eficiencia. Tal vez.

Sin contradecir este modo de aproximación a las cosas- no porque no quiera sino porque así también yo estoy educado. Como lo anuncia casi todo seccionador, “esta explicación es simplificada con fines didácticos”.

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Para un cuento, otro cuento. (Historia económica, política y simbólica del concepto de sustentabilidad ambiental).

Cuentan los viejos trompudos y barbones que desde que se nació el ser humano, ha estado separado de la tierra. Dicen los místicos que la vida nos avienta como cuando la mujer nos pare, que no podemos quedarnos siendo uno con el todo, que estamos condenados a estar separados. Algunos dicen que somos un punto en el que la vida se rompió y puede mirarse a sí misma, extrañarse, sorprenderse. Que, somos como un doblez de una misma cosa que se descubre.

Un viejo trompudo, amorosamente encabronado, que viaja en el tiempo, nos contó que hace muchos años, los humanos construimos a Dios Capital para seguir creciendo, para liberarnos del yugo de Dios Rey y Dios Iglesia. (El viejo me enseñó a reírme encabronado, como él). Dice que nos la pasamos inventando dioses, queriendo completarnos; siempre nos falta algo y está bien, esta tierra que somos así crece.

Pero nuestros dioses siempre terminan siendo una persona, un rey, una empresa ¿Te has fijado? -Me preguntó el viejo trompudo. No sé si nos gusta que así se haga o sean las personas a las que les gusta convertirse en dioses, o las dos cosas juntas.

-Levantamos a Dios Capital dándole de comer Tierra, pero, ya ves, tontos, ¡somos Tierra! El Dios Capital, invento de nosotros (cada vez menos de nosotros y más de unos cuantos) es también Tierra: Dios Capital come tierra; la mastica, le saca un cabello, una uña, para convertirla en dinero y el resto la tira (y la tira toda junta para poder ver en dónde hay tierra nueva). Come tierra y la tira, y cada vez que va creciendo, come más y tira más.

Dios Capital dejó de ser Dios capital para nosotros porque nos dimos cuenta de que come Tierra y nosotros somos Tierra, pero hay otros que todavía no lo han mirado, y hay otros que ni siquiera se enteraron que se inventó a Dios Capital, pero Capital anda en sus tierras y se las roba, las chupa y las deja muertas.

Ahora sólo es Dios para unos cuantos, para los que se le trepan y juegan con él. Capital ya no obedece a los humanos que lo crearon, ahora nomás obedece a poquitos, que los pueda contar con los dedos de sus manos, nomás. A los que tienen mucha Tierra, Capital los deja jugar con él y de repente ¡Zas! los tumba, les quita una montaña, un bosque y los tira.

Por ahí del siglo XIX, Capital y sus cabezas vieron que la tierra, tal como le gusta tragar, no le iba a alcanzar por mucho tiempo y que llegaría un momento en que tendría que cambiar, y a Capital no le gusta cambiar; le gusta cambiar lo de afuera pero a él no le gusta cambiar, le da miedo porque es un invento.

Capital y sus cabezas vieron que nosotros, como él, también comemos tierra, y también el Estado come tierra. Como eran tiempos donde reinaba también la Ciencia (como hasta ahora), les pagó a un montón

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de científicos para que platicaran cómo se va acabando la Tierra. ¿Por qué le pagó al montón de científicos? Primero, porque Capital es pendejo, nomás sabe contar y tragar tierra, no sabe inventar cuentos diferentes. Segundo, porque los científicos son los que ahorita dicen qué es verdad y qué no es verdad, y también porque son los científicos los que inventan artilugios que, entre otras cosas, facilitan que Capital trague más a gusto (le hacen cuchillotes y tenedorzotes o nos inventan juguetes brillosos para que nos entretengamos mientras Capital nos chupa la tierra que somos o que tenemos).

La preocupación por cómo andaba la gran máquina traga tierra y sus grandes y rápidos efectos en todas las esferas de la vida, debió ser común a toda la población (tanto sectores populares como empresariales). En realidad, supongo, nadie sabía a ciencia cierta hacia dónde les llevaría la gran máquina, podrían estar estupefactos ante sus grandes efectos y con un gran desconcierto respecto a qué decisión tomar. Pero, al mismo tiempo, algo sí estaba claro: los grandes beneficios, avances, que se estaban logrando en la vida. El dominio cada vez mayor de la naturaleza. Tal vez les parecía que bastaría con que cualquier día decidieran reprogramar la gran máquina capitalista para que fuera respetuosa del ambiente y ser humano. Tal vez no estaba tan claro el carácter “adictivo” del capitalismo y, ¿qué puedo yo decir de esto? si, aún ahora, hemos hecho muy poco para resolver el problema.

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Nos estamos acabando el mundo-dijo Capital, y lo demostró con lo que dijeron los científicos, y los científicos le mandaron decir a sus admiradores, los académicos, que difundieran en las calles y en las escuelas la Verdad (porque los científicos casi no andan en la calle).

-Tenemos que cambiar de forma de vivir sin dejar de creer en mí, yo soy bueno y quiero cuidar la tierra porque tierra somos. Así lo dijo Capital y así lo dice, pero nos cuenta así para que creamos en él.

Muchos le creyeron a Capital y se incluyeron en el “nosotros” que Capital decía. Se pusieron a pelear con sus iguales porque Capital les dijo que eran diferentes. Capital inventó la idea de la sustentabilidad, que quiere decir intentar mantener la tierra, como una foto. Pero a Capital no le interesa toda la Tierra, solo le interesaba saber de la Tierra a la que le puede sacar una uña o un pelo para convertirlo en dinero y crecer.

Nótese entonces que se trata de conservación de lo útil, no de la vida. Lo útil es lo que satisface nuestras necesidades y mejora nuestra calidad de vida en el presente. Se habla también del futuro, pero la única referencia que tenemos para el futuro es lo mismo, el presente.

Respecto a “nuestras necesidades” habría que ver quiénes están incluidos en esa expresión. Lo evidente es que predominan los intereses de los grupos dominantes. De cualquier forma, ¿acaso “nuestras necesidades” son homogéneas? Seguro que no, pero para quienes detentan el poder sí son homogeneizables.

Entonces, ¿quién determina qué es lo útil, cuáles son “nuestras necesidades básicas” y con qué criterios definiremos qué es calidad de vida?

Ese es el cuento de cómo el Capitalismo nos inventó el cuento de la sustentabilidad. Definitivamente, lector, lectora, cuando uno escucha un cuento siempre hay cosas con las que uno está de acuerdo y otras con las que no, unas cosas nos parecen verdad y otras parecen mentira.

Así pasó con la gente primera, que escuchó el cuento de la Sustentabilidad. Por ejemplo, los que viven en países llamados de tercer mundo; los que, con su tierra, mantienen gordito a Capital; esos, estos, este, dijeron- el cuento que me cuentas es muy tramposo. ¡Quieres que yo deje de comer tierra y que deje de darle de comer a mis hijos para que tú sigas tragando, pinchi gordo! Se me hace que nosotros los de tercer mundo, como tú nos llamas, vamos a aprovechar que tocas el tema de la tragazón para que la gente que no sabe de tus mañas y los que sí sabemos, nos unamos en una sola lucha para que todos podamos comer sin dejar sin comer a otros.

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El movimiento ambientalista permeó a los países “en desarrollo” pero estos no lo asimilaron acríticamente sino que lo reconstruyeron desde su perspectiva social crítica, combinando el discurso de los “abusos ambientales” con el de los “abusos sociales” del capitalismo. Así, podemos encontrar diferentes perspectivas de la sustentabilidad ambiental: desde el conservacionismo y el ambientalismo moderado, como las posturas más afines a los intereses del Capitalismo, pasando por el Ecodesarrollohasta llegar al Modelo mundial latinoamericano, de Bariloche, con una fuerte crítica del orden actual en pro del bien común.

Claro, el modelo que se intenta imponer y que nos llega por todos los medios es el del ambientalismo moderado.

CONCLUSIONES.

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CONCLUSIONES AL CONTEXTO DEL TEXTO: Como se dará cuenta, lectora, lector, pero, sobre todo, Dr. Zizumbo, el segundo capítulo fue escrito a las prisas para alcanzar a entregar este trabajo. En la actualidad (hablando de sustentabilidad Capitalista), dicen que más vale cumplir con desmadre que armonía no valorada. Intenté cumplir con armonía y juego pero se me acabó el tiempo. Le cuento una anécdota que va con esto:

Un día, apurado apresurando a los niños de la casa hogar para que se bañaran para ir a la escuela, noté que Samuel, un niño de 8 años, caminaba con lentitud hacia las regaderas. -¡Apúrate, Samuel! ¡Se te está acabando el tiempo! ¡No seas mentiroso, el tiempo no se acaba!, exclamó. Me quedé callado unos segundos pero, bien dentro de mí, me reí de mí mismo. Le sonreí y le dije: tienes razón, apresúrate porque en unos minutos nos vamos.

Platico

sustentabilidad?

esto

porque

tiene

mucho

que

ver

CONCLUSIÓN DEL TEMA/PROBLEMA.

¿qué

me

contestaría

este

niño

al

cuento

de

la

Tal me parece que todo este desbarajuste conceptual que se presenta en nuestro cotidiano tiene muchas causas: aquí se realizó una explicación mocha, unicausal, enfocándome en analizar la comunicación entre Capital y otros actores, pero más específicamente, la comunicación de arriba hacia abajo (del primero hacia los segundos). Pero, los actores no somos solo sujetos pasivos receptivos; somos sujetos activos, transformadores de nuestra realidad. Falta entonces conocer el cuento nuestro, el de abajo.

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Textos revisados recomendados para la lectora o el lector. Los textos que revisé, organizados por orden de lectura, fueron:

“La crisis ambiental contemporánea”, de Huberto Tommasino, Guillermo Foladori y Javier Taks. Capítulo

1

en

del

libro

disponible

“Historia del concepto de desarrollo sustentable”, de Naína Pierri. Capítulo 2 del libro disponible en

“Los límites del crecimiento: informe al Club de Roma sobre el predicamento de la humanidad”, reseña realizada por Maite Zapiain Aizpuru. Disponible en

“Cambio

cultural,

desarrollo

y

sustentabilidad”,

de

la

Comisión

Económica

para

América

Latina.

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