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2001
2001

Revista de Aficionados a

3

Fantasía

la Ciencia Ficción y a la

Año 1 Número 3

Septiembre / Octubre

Chus Álvarez César de Andrés David Brin Graciela Inés Lorenzo Iván de la Torre Santiago Eximeno Jack Williamson Javier Álvarez Mesa Victor Conde Sebastián Font

In memoriam

EDITORIAL

Por Juan Carlos Valero

L a noticia me sobresaltó: debo de confesarlo. Poul Anderson, aquel autor maravilloso del cual no sabíamos como pro- nunciar su nombre ( Poul, paul, pol, pul ? ), fallecía el pasado día 31 de Junio de un cáncer de próstata. No hacía

ni un mes que cruzaba con él unos mensajes en los que le solici- taba una colaboración para PULSAR. Él, amablemente, me indicó que nos iba a costar mas los temas de pagos internacionales que el propio coste de un cuento suyo. Ahora ya no habrá otra oportuni- dad: nos ha dejado una rutilante estrella. Yo era un jovenzuelo, que reun í a el poco dinero que pod í a con- seguir para comprar los libros de la colección SuperFicción de Martinez Roca. En aquellas páginas lo descubrí, y su pluma me embriagó. Desde entonces ( hace mas de quince años ) hasta las dos últimas lecturas que hice de sus obras ( Tau Cero y Las Estre- llas son de Fuego ) disfruté palabra a palabra de su prosa. Lamen- taré saber que de ahora en adelante solo habrán reediciones, no más obras inéditas. Fred Hoyle nos dejó también el pasado día 20 de Agosto. Solo leí una obra suya, Inerno, que me agradó sobremanera. Tampoco tendremos nada mas de su pluma. Han sido unos meses aciagos. Tan solo leer lo que nos envía Jack Williamson para su publicación puede elevarnos algo la moral. Espero lo disfrutéis tanto con yo. Y, en último lugar, esperar conoceros a muchos de vosotros. El staffde PULSAR y algunos de los escritores/as habituales esta- remos rondando por la próxima HISPACON. ¡ Os esperamos !

INDICE

1

Portada

Ludo Bermejo

Soledad

3

Chus Álvarez

El Giro

4

sar de Andres

2001: una odisea en el

6

David Brin

Ónice

10

Graciela Inés Lorenzo

Theodore Sturgeon: en busca

26

Iván de la Torre

Visita guiada a la ciudad sumergida

34

Santiago Eximeno Hernampérez

Manteniéndome vivo

40

Jack Williamson

La Hazaña de Campoardiente

43

Javier Álvarez Mesa

Las Noticias de BEM

51

Staff BEM Magazine

El Anticrítico

54

Victor Conde

Libros, libros

56

Sebastián Font

¿ Cuanto se lee PULSAR ?

61

Redacción

N O T A

L E G A L

I M P O R T A N TE

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Soledad

Por Chus Álvarez Comentario de la autora

Soledadnació de un ejercicio de taller sobre personajes, símbolos y emblemas. La historia que la envuelve toca los tres temas que más me preocupaban en ese momento: Efectivamente la soledad; el miedo a reconocernos tal como somos y nuestra habilidad para querer a quien no nos corresponde.

S oledad se sienta siempre en la última mesa del café, contra el espejo picoteado y bajo la lámpara de pantalla verde. Durante años el mismo café, la misma mesa, la misma pulcra coleta, las mismas gafas de pasta negra. Sólo las hojas desperdigadas, extendidas bajo la bombilla, cambian de año en año:

primero fueron apuntes universitarios, después libros de oposiciones, desde hace tres años ejercicios

torpes de manos infantiles. Soledad no habla con nadie, no mira más allá de sus hojas y su bolígrafo. Nadie mira dos veces a Soledad. Solo su reejo, brumoso y dorado, le observa radiante, ruborizada. Su reejo está enamorada.

¿Puedes ver allí en el fondo cómo se agita, cómo suspira? ¿Ves cómo recorre a Soledad con ojos ilumi- nados? Si apartamos la vista y no le miramos de frente, si disimulamos solo un rato, la verás tocar suavemente el cristal que las separa y acercarse hasta que el vaho de su aliento lo empañe. A veces sus ojos recorren el bar con la mirada húmeda y vivaz, pero sus ojos siempre vuelven, una y otra vez, a la gura encorvada de Soledad. Si un cabello se suelta por accidente de la coleta, los dedos de su reejo se extenderán un momento para intentar retirarlo. Si Soledad detiene su tarea y se frota los ojos cansados, de inmediato la otra desplegará una sonrisa de bienvenida, por si esta vez, al n, Soledad acierta a mirarla. Si Soledad reposa la frente en los dedos manchados de tinta, su imagen de cristal se vuelve soñadora, se ilumina por dentro, su boca se entreabre

y vemos cómo desea que esos dedos sean los suyos, cómo desde el otro lado el reejo de Soledad sueña con

tocarla. Una noche Soledad se durmi ó con la cabeza reposada contra la el cristal. Yo vi como la otra besaba su frente: besos encendidos, labios como brasas de mujer enamorada. Fue esa noche cuando el reejo se quitó las gafas de concha y soltó su negra melena al aire. La vi llorar, la boca presa contra la sien de su imposible amada. ¿A que es hermosa? Nadie puede despegar los ojos de ella una vez que la mira. He visto a más de uno acercarse e intentar hablar con Soledad, impresionado por la belleza extática de su reejo. Le dirige un

saludo, Soledad alza su rostro inexpresivo y el intruso, confundido, balbucea. Ojos sin brillo, boca blanda, piel marchita; Soledad muestra su cara mientras en el espejo, temblando de celos, su otro yo gira la espalda para no ver. El intruso se retira, murmurando excusas, creyéndose engañado por un efecto de luz. Y en la pared la otra Soledad, la amante eterna, sublime, se vuelve de nuevo, más enamorada, más radiante y más bella que nunca. Algunos, cuando Soledad ya se ha marchado, examinan de cerca el espejo hablando de efectos de luz

y distorsiones. Algunos se dan cuenta, como nosotros, y vuelven noche tras noche al café. Un día Soledad levantará la vista, quizás por accidente, y se encontrará con ella. Y se enamorará ¿Cómo no va a enamorarse? Soltará su pelo negro, se quitará las gafas y abandonará los papeles sobre la mesa. Y mirará con la vida en el rostro y los ojos llameantes. Y tendremos, ante nosotros, a la mujer lejana, dichosa, inalcanzable, que amamos desde el otro lado del espejo.

Para realizar esta introducción, decidí documentarme: Consulté a mis amigos íntimos para que me nombraran los dos rasgos más acusados de mi carácter. Como resultado, puedo decir que los dos rasgos más acusados del carácter de mis amigos íntimos son una enorme sinceridad y una gigantesca falta de tacto.

El giro Por C é sar de Andr é s Comentario de Juan Carlos Valero

El giro

Por César de Andrés Comentario de Juan Carlos Valero

Os incluimos aquí esta obra, parte de una mayor que puede adquirirse como libro ( http://www.librosenred.com/elgiroyotrosrelatosfantasticos.asp ) tras haberla leído en internet. Agradecemos desde aquí a su autor el permiso que nos ha concedido para su publicación.

La habitual oscuridad se había

hecho ahora más impenetrable. La Profecía parecía haberse cumplido. Froth buscó a su alrededor algo que le diese un indicio de donde se encontraba, una referencia, por pequeña que ésta fuera. Lo que acababa de ocurrir parecía estar fuera de su alcance. Tras unos minutos de mudo pánico,

aumentado por el grito de mil gargantas a su alrededor, su mente comenzó la composición del rompecabezas con las escasas piezas de que disponía.

vinieron a su mente las antiguas leyendas contadas una y otra vez con vibrante

emoción por los más ancianos. La Profecía había formado parte de sus sueños y pesadillas desde la infancia:

entonces las

coordenadas cambiarán para siempre

y comenzará La Bús-

queda. Un nuevo líder y la posibilidad un nuevo mundo. Estos retazos de míticos relatos guardados en su mente desde siempre comenzaban a asemejarse demasiado a lo que acababa de ocurrir. Minutos antes de que el mundo pareciera venirse abajo, Froth se encargaba con la misma rutina de todos los días de su trabajo de Recolector Jefe en el Nivel bajo su mando. Su cargo como responsable de Decimotercer Almacén le posibilitaba el conocimiento de todos los sinuosos caminos de ese importante nivel del Complejo e incluso de algunos de los niveles superiores; sólo él tenía ese privilegio en su área.

De poco parecían servir ahora sus prerrogativas y conocimientos, las cosas -de pronto, en un infernal

instante- dejaron de ser como antes, aunque de alguna manera todo seguía pareciendo tétricamente familiar

todo parecía pero no era

que se ltraba por algunas grietas al atravesar el abundante polvo en suspensión, pero aun cuando consiguió distinguir a duras penas los diferentes señalamientos del Complejo entre las polvorientas brumas, éstos ya no estaban como siempre adosados a las paredes sino que ahora se distribuían sin aparente orden por suelo y techo. Una frase de la leyenda El arriba no será más le golpeó machaconamente la cabeza como queriéndole forzar a comprender algo de la situación.

Pasados los primeros instantes, en los que su entrecortada respiración sonó ronca y agitada, Froth se obligó con tozuda voluntad a reconstruir los acontecimientos desde un principio, era su única opción si quería tener alguna oportunidad de orientarse y buscar una salida rápida a la situación:

, fue una rápida vibración con unas oscilaciones tan altas que parecieran querer romperle todas las partes del cuerpo, de inmediato se le revolvió el estómago y apenas pudo contener las arcadas. La onda oscilatoria vino seguida de un ruido ensordecedor. A continuación un acre e intenso olor a hidrocarburo y a madera quemada llegó hasta su experto olfato. Todos los que se hallaban junto a él comenzaron a correr alocadamente a su alrededor sin una dirección ja, gritando con un incontenible histerismo a la vez que movían sus extremidades con bruscos y desmañados aspavientos, soltando así sus cargas y pertrechos. Sin aviso cesaron las vibraciones y sólo permanecieron otando en el ambiente los olores extraños que habían acompañado a éstas. La situación pareció normalizarse y el silencio inundó los corredores y plataformas del Complejo. Durante unos instantes el tiempo se detuvo y nadie parecía querer respirar, como temiendo que una sola exhalación rompiera el mágico momento de recuperación de la normalidad. Fue entonces cuando pareció cumplirse plenamente La Profecía tal como la recordaba. Gradualmente un

lo primero que se sintió

al principio pensó que tal distorsión sería el efecto causado por la extraña luz

Y El Giro parará por siempre

El mundo girará vertiginosamente

E ntonces, de pronto y sin aviso previo, todo fue absoluta confusión

¿Cómo pudo suceder?

crujidos ensordecedores y profundos se oirán por doquier

el arriba ya no será más

la oscuridad se hará densa e impenetrable

entonces una antinatural e intensa luz amarilla cegará

Estaba camino a su ocina seguido de su siempre servil cohorte de ayudantes

lastimero aullido retumbó ecoando en su mundo. Un viento huracanado, jamás visto con anterioridad, recorrió los conductos empujándolo todo con una fuerza irresistible. Todo se revolvía en la colonia, las pesadas cargas que con anterioridad laboriosos peones dirigían ordenadamente al almacén de su nivel, volaban convertidas en mortíferas asesinas que aplastaban contra las paredes sin piedad posible a los inocentes trabajadores que se confundían con ellas en su vuelo incontrolado. Paulatinamente el viento cesó, siendo sustituido por una lenta pero inexorable y creciente inclinación del complejo. Froth, que había conseguido milagrosamente salir casi indemne del chorro de aire plagado de proyectiles, comenzaba a incorporarse cuando, perdido de nuevo el equilibrio, se vio obligado a lanzarse contra la pared más próxima en busca de un apoyo que su cabeza parecía no ubicar correctamente. Nuevos crujidos intermitentes y de desgarrador lamento llenaron el aire de la cavidad. La inclinación aumentó y su velocidad se incrementó en una progresión inimaginable, lo que hizo que Froth sólo pudiese lanzar un incontrolado grito, mientras se aplastaba de tal modo contra la pared que parecía poder fundirse con ella. El primer impacto fue brutal y vino seguido de estruendosos gemidos. Fue tal la magnitud del choque

que Froth rebotó sin piedad de pared en pared, sin parar de rodar durante lo que le pareció una eternidad. Acto seguido, una desconocida fuerza le volvió a elevar bruscamente hacia un lado, para inmediatamente caer como

ahora si que

resorte a su posición anterior, basculando violentamente. Este proceso se repitió varias veces

no pudo evitar golpearse una y otra vez en cada una de las ocasiones en que su mundo osciló con bruscos

lamentos de bra rota.

comenzó su camino, ahora inexorable. Froth resbalaba alrededor de pared, suelo y techo al

unísono con el rápido giro de su mundo. Aunque el movimiento sólo duró unos segundos, a él le volvieron a parecer angustiosas décadas. ¿¡Qué pasaba!? Se preguntaba Froth, una y otra vez mientras observaba entre punzantes dolores, ahora por su único ojo sano, las múltiples heridas abiertas en su cuerpo. En la negritud se escuchaban los miles de lamentos que le llegaban desde todas las galerías próximas, aunque no le cabía duda que la hecatombe había afectado a su mundo por entero y calculaba que la situación de los niveles más lejanos no sería mucho mejor que la suya. Todo era muy confuso, y parecía envuelto en un caos profundamente antinatural para la ordenada socie-

dad en que se desenvolvían. Tras unos largos instantes en los que pareció perderse en sí mismo buscando explicaciones que no tenía, Froth comenzó a avanzar como un autómata, retirando con rabia los escombros que le entorpecían el paso. Los sobrevivientes que se encontraban a su paso levantaban la cabeza y los que aún podían caminar, reconociendo tácitamente su rango superior, empezaron a seguirle en absoluto silencio. Nadie preguntaba nada, nadie se lamentaba por los compañeros caídos. Froth también callaba. Sus pensamientos no

de no encontrarse con nadie

estorbaban sus intentos por orientarse en el caos. No sabía porqué, pero lo sabía

de mayor autoridad, tendría que ser él quién dirigiese a los supervivientes. No podía llorar. La rabia que sintió

en un inicio se iba diluyendo en la necesidad de cumplir una tarea por nadie asignada, o tal vez sí. La destrucción lo cubría absolutamente todo, y Froth se dirigió sin un asomo de duda, impulsado por esa

desconocida fuerza que le había llevado a ser seguido por los demás, hacia una apertura por la que penetraba

un chorro de cegadora luz

todos salieron al exterior sin protestar a pesar de lo insoportable que resultaba esa

luminosidad. Lentamente, pero sin pausa, comenzó El Éxodo fuera de un mundo muerto, que hasta entonces

había sido su universo, el único existente

El Giro

La Búsqueda comenzaba.

En lo alto, un musculoso hombre con una motosierra aún caliente en su mano derecha, se secaba

el sudor que perlaba su frente, mientras observaba con indiferencia a una columna de blancas termitas emerger

del árbol recién derribado

en lenta procesión.

2001: Una odisea en el espacio

Una brillante luz sobre cuán lejos hemos llegado

Por David Brin Traducción de Graciela Inés Lorenzo y Sebastian Font Comentario de Juan Carlos Valero Publicado con el permiso del autor

David Brin, en una amable respuesta a nuestra solicitud de un trabajo suyo para PULSAR, nos ha remitido el texto de una de sus conferencias. Espero que lo disfrutéis tanto como noso- tros.

E l milenio aún me tiene pensando. ¿Dónde están todos esos automóviles voladores, los cinturones antigravedad, las píldoras para la inmortalidad y las líneas aéreas espaciales para veranear en Venus que nos prometieron? ¿Dónde se encuentran las píldoras que proporcionan más fuerza? ¿Y esos robots actuando como mayordomos? ¿La teletransportación? Se supone que el futuro ya ha llegado,

y lo más parecido a la ciencia-cción que he visto a mi alrededor, las elecciones presidenciales de Estados Unidos, parecen el último espasmo de locura del siglo XX, algo digno de Los Años Locosde Robert A. Heinlein.

Oh, hay muchos aspectos de este hito sobre los que todavía podemos hablar. Pero permítanme dirigir mi

atención a uno en particular

a escribirlo en nuestros cheques (sí, Virginia, todavía tenemos cheques en el siglo XXI. ¿Qué te creías?) Pero,

¿qué signica 2001 para nosotros? Porque es solo una película. Aunque, a pesar de su edad, todavía es capaz de lanzar algunos sorprenden- tes destellos en su perspectiva hacia nuestro tiempo. Me gustaría usar esos aspectos en este momento con el propósito de señalar alguna de las cosas prodigiosas del mundo en que vivimos. Un mundo que es aun más maravilloso de lo que Arthur C. Clarke imaginó.

S í , s í . Por supuesto que el libro y la pel í cula me han in uenciado. ¿ C ó mo podr í a ser de otra manera? Yo solo tenía dieciséis años. Viaje a las Estrellas (Star Trek) ya había terminado y Norman Mailer se quejaba de que los ingenieros de la NASA habían logrado lo imposible: hacer aburrido el proyecto Apolo. Todo eso ocurrió un año, más o menos, antes de que el programa espacial desarrollara su producto más importante -y no me reero al descenso del hombre en la Luna, sino la mayor obra de arte de la historia-: la imagen de la Tierra otando como un oasis azul en el desierto espacial. Ese regalo no llegaría hasta nales de

a la gura del número ya mencionado: 2001. Antes de que nos acostumbremos

1968.

Mientras tanto, las únicas imágenes que se asemejaban a todo aquello, como un mito de Prometeo, eran las de 2001: Una odisea en el espacio. Aquí podría continuar yo hablando sobre sus distintos mensajes entremezclados: la relación de amor

/odio a la tecnología que plantea la película, por ejemplo. O la ambivalencia que plantea la historia hacia la inteligencia articial. O la curiosa combinación de optimismo y pesimismo que hemos visto repetidamente una y otra vez en los trabajos de Arthur C. Clarke y de Isaac Asimov -ambos líderes visionarios en sus áreas-,

y preocupados porque la humanidad podría quedar atrapada, sin capacidad de liberarse a sí misma, en las

pegajosas bras de su herencia neolítica. Extrañamente, para alguien bien reconocido conocido como idealista, Clarke parecía estar diciendo en 2001 (y en otros trabajos suyos, como "El Fin de la Infancia") que, solamente por nuestros propios medios, nosotros mismos no tenemos ninguna esperanza de echar a volar de entre el fango del pasado. La trascen- dencia para alcanzar ese objetivo no nos incluiría, sino que debería ser alcanzada mediante alguna clase de intervención externa a nosotros. Algunos se sintieron de esa manera durante toda la época de los turbulentos años 60: la era en la que la civilización occidental parecía poder autodestruírse fácilmente mediante todas esas nuevas y brillantes "herramientas" conseguidas. Si esa intervención no venía de la religión de los viejos tiempos, era de esperar que la llevaran a cabo gentiles criaturas del espacio.

Sí, debería hablar sobre ese concepto, que con los años se convirtió en un cliché deprimente y repeti- tivo (“¡Oh, salvadnos de nosotros mismos, gentiles extraterrestres!). En cambio, lo que voy a hacer aquí es conmutar mis niveles de pensamiento y describir cuán excitante era para un adolescente como yo la película 2001: una odisea en el espacio. Especialmente para un adolescente que parecía tener su cerebro más en sintonía con historias e imágenes que con los torrentes de esa música llena de estática que embriagaba la cultura contemporánea durante todos esos años: la era de Los Beatles, Doors y los Rolling Stones. Éramos millones, ¿saben? Sin embargo, tratamos de esconder nuestra propia conducta desviada y provo- cativa. Claro, nos gustaba la buena música. Pero los tipos como yo nos sentíamos un poco extrañados por todo es frenético ardor con que nuestros similares adoraban el rock and roll. Todas esas canciones eran simplemente sonidos, después de todo. Y, ¡qué era el sonido comparado con la luz!

Estábamos hambrientos de ser alimentados a través de los ojos, de estimular incesantemente nuestros ya deslumbrados lóbulos frontales. Queríamos ser enloquecidos por las imágenes en movimiento: ágiles, cam- biantes y cálidas, al estilo de como lo hacía MacLuhan; jamás descansando como si estuviesen muertas, atra- padas en un tapiz. Hoy en día existe toda una verdadera esta de color maníaco: ¡una orgía de todo el espectro! Pero en los años 60 no teníamos más allá de un Warhol sardónico, de alguna que otra caricatura psicodélica y a la ciencia-cción.

Y en esos días, para los adictos visuales como yo, 2001fue como el maná en el desierto. Fui a verla

una y otra vez, absorto en la voluptuosa imaginería moderna de Kubrick, en todos esos grises y azules, y conteniendo todos esos toques de mugre realista. Claro, puedo ser intensamente entusiasta en lo referente a cómo la película me afectó e inspiró; posible- mente incluso ella también fue uno de los motivos que me impulsó en mi carrera en ciencias. Pero, ¿cuántos tributos sobre ella de este estilo han leído ya?

Entonces, permítanme un destello nal de esta obra de arte propia de una época bien concreta, para diri-

girme en una dirección diferente. Todavía hay otra perspectiva más mientras veía 2001: una odisea en el Espaciopor cuadragésima vez. Consideren estos dos antiguos clichés:

“¿Es una vergüenza que la decencia y la justicia humanas no hayan mantenido la misma velocidad del progreso tecnológico?

una que visualicé hace algunos meses,

Y

Ninguna era pasada exhibió tanta crueldad y miseria como ésta

A pesar de la moda actual, ambos enunciados -muy reiterados hoy en día- son claramente falsos. ¡Es tan

increíblemente fácil probarlo!

Más de la mitad de los que hoy viven sobre la Tierra nunca han visto una guerra, el hambre o alguna guerra civil importante con sus propios ojos. La mayoría de ellos no ha pasado más de un día sin comer. Solamente una pequeña parte de la humanidad ha visto arder una ciudad, ha escuchado las fuertes pisadas de los conquistadores o han visto a un tirano tratar brutalmente a la gente indefensa. ¡Pues todo eso era rutinario para nuestros ancestros!

Por supuesto que miles de millones de personas han experimentado tales cosas, y muchos de esos terro- res continúan aún, a niveles inaceptables, a lo largo de todo el mundo. Nuestras conciencias, espoleadas por el implacable poder de la televisión, no cesarán de demandar compasión y acciones vigorosas contra todo eso. No obstante, las cosas han cambiado bastante desde que la humanidad se arrastró por la desesperanza y por el horror, durante la mitad del siglo XX. Miren todos esos lugares donde la humanidad se dolía entonces:

desde Tokio y Kuala Lumpur hasta Varsovia y Estambul; desde Alabama a Sudáfrica. El porcentaje de perso- nas que ahora viven sus vidas confortablemente -o al menos mejor de lo que lo hacían sus padres-, a salvo y modestamente, nunca había sido antes tan grande.

Y en cuanto al contraste entre el progreso tecnológico y la moral, ¡no puede haber controversia! ¡Los avances técnicos han sido ínmos en comparación! Por ejemplo, aunque yo adoro la verdadera Internet, sus efectos en la vida real han sido extremadamente exagerados. Los teléfonos y la radio tuvieron secuelas mucho más grandes e inmediatas cuando entraron en nuestras casas. Oh, sí, tenemos automóviles más elegantes, y

aviones más lujusos. Pero la gente aún mete a los chicos en el coche y se pelea contra el tránsito para recibir

como pasaba tiempo atrás, cuando tenían siete años y ellos

eran los chicos. El ritmo de la vida se ha acelerado, pero los patrones básicos dieren muy poco de los que

había en 1958. Son nuestras actitudes las que han experimentado una transformación como nunca antes había existido en la historia: las suposiciones que solíamos sostener injusticadamente -desde los estereotipos raciales, sexuales y clasistas hasta las simplicaciones ideológicas exageradas- han sido echadas a la basura (donde merecen estar desde hace ya tiempo) a cambio de una noción, cada vez más generalizada de tolerancia, prag- matismo y excentricidad, que parece aumentar cada año que pasa.

a la abuela que llega por avión desde Chicago

¿Dónde cabe 2001: una odisea en el espacio, en todo esto? Cuando la famosa película de Stanley Kubrick apareció a mediados de los 60, dos monumentales pro-

yectos transguraron a la población de los Estados Unidos: la conquista del espacio exterior y los primeros pasos en la superación de su muy arraigada injusticia social. Esta yuxtaposición aparece muy claramente en

y en su continuación, 2010. Ambas películas muestran el poder científico y manipulador de la

humanidad, superando nuestra propia sabiduría. Pero, ¿es eso, de hecho lo que sucedió? Tengan en consideración todos aquellos maravillosos juguetesque aparecían en la película: las estaciones espaciales anulares, girando al compás de los valses de Strauss. O esas maravillosas ciudades lunares. O la mente vibrante y argumentativa de Hal 9000. Pues no tenemos nada de eso. ¡Qué pena!

Ahora, lo que podemos es recordar el orden social humano descrito en "2001: una odisea en el espacio":

la película

jerarquías rígidamente piramidales, ocialistas, proteccionistas, e, inexorablemente, compuestas únicamente de hombres blancos. ¿Recuerdan ahora la premisa básica del esquema en la película? Cada una de las tragedias ocurridas estaba originada por una condencialidad obsesiva, como ese esquivo burócrata llamado Heywood Floyd que permanecía oculto del público -e incluso de los propios astronautas- debido al temor de que sus aborregadas mentes pudiesen sufrir una desorientación social.

¿De qué horrible información estaban protegiendo a la gente? ¿De una excavación arqueológica en la luna? ¡Ooooh! No quiero que me malinterpreten ahora: ¡Ese escenario era totalmente plausible entonces! Las predic- ciones -técnicas y sociales- aparentaban estar en el punto de mira. Pero, realmente, no lo estaban. Y es por eso por lo que todo se pone tan interesante. ¿Quién podría haber imaginado que la colonización del espacio iría tan lenta? -y ahora todavía más, ya que en el 2001 real tendremos que refutar algunos fanatismos que han vuelto a renacer, y que ya habían sido superados incluso en 1967-. Todavía no tenemos (otra vez: ¡qué pena!) las fantásticas estaciones espaciales de 2001: una odisea en el espacio , aunque hoy en d í a nuestros astronautas son de cualquier sexo y color. As í , los chicos que los ven por televisión y desean ser astronautas se sienten menos sujetos a presuntas limitacio- nes. Ahora cada cual puede elegir soñar en el espacio o no, sin escuchar aquel implacable tú no puedesque existía antes. En este 2001 real, un pedante ocialista como Heywood Floyd sería perseguido por gente que le abu- chearía y silbaría. Y un miembro de la Discovery, al ser femenino, podría escuchar realmente al pobre Hal, en lugar de intimidar a la pobre y conictiva máquina, que en este último caso terminaría (como terminó) por sentirse emocionalmente arrinconada y castigada. ¡No, esto no es una crítica a "2001: una odisea en el espacio! La película fue un gran trabajo, teniendo en cuenta el contexto existente en su tiempo, y aun ahora sigue siendo una obra de arte. Ya se sabe, el arte no tiene como tarea -ni la ciencia-cción tampoco- la predicción real de las cosas.

Y me rearmo en este punto haciendo especial hincapié en la ciencia-cción. Porque el arte es aun mejor cuando ayuda a poner algunas cosas en perspectiva, que es lo que hace esta venerable colaboración entre

Kubrick y Clarke hace aun hoy en día, incluso sabiendo que todas sus predicciones resultaron erróneas. "2001:

una odisea en el espacio" puede hacerles añorar los juguetesfantásticos que nos prometieron, y que todavía no tenemos a pesar de que el milenio ya ha llegado. O alegrarse de la desaparición de una sociedad que Clarke

temía que iba a permanecer indenidamente

(¿Puede esta sensación de cauteloso optimismo aplicarse más allá de los límites de Estados Unidos y de Europa? ¿Quién podría decirlo? En cierta medida, todo eso puede depender de como la cultura de la ciencia-cciónse ha desperdigado por todo el mundo. Solo es necesario mirar un mapa mundial, y calcular el porcentaje de historias y de novelas de ciencia-cción que han sido incorporadas en las diferentes sociedades existentes. No es una exageración asegurar que la popularidad de la ciencia-cción se correlaciona casi per- fectamente con culturas donde la igualdad, la tolerancia, la apertura, las facilidades de la tecnología y el recelo hacia una férrea autoridad han arraigado, o donde esos valores están en rebeldía contra las viejas represiones, como sucedía en la extinta URSS. Ciertamente, ¿podría ser la ciencia-cción la mejor manera de realizar un sano proselitismo de algunos de los valores más añorados en aquellos países donde aun no estaban arraigados? ¿Podrían ser "2001" y sus "primas" nuestras armas secretas en la vieja batalla de la humanidad contra la into- lerancia?) Creo que esto es lo más importante que debemos resaltar, mientras avanzamos desde el pasado y mira- mos hacia el futuro: la ruta que nos queda por delante es larga, dura y tenebrosa; nuestras hazañas se verán apagadas frecuentemente, y más si las comparamos con las todas imperfecciones que hemos dejado sin resol- ver en algún momento. Pero a esta velocidad a la que marchamos, ¿quién no apostaría a que una mujer, o una persona de color, no podría llegar a ser presidente (de los Estados Unidos) mucho antes de que el hombre ponga su pie en Marte? El progreso no siempre va en la dirección que esperamos. Algunas veces es más inteligente que nosotros.

pero que, afortunadamente, no lo hizo.

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ÓNICE

Por Graciela Inés Lorenzo Tillard llustraciones de la autora

Ónice es un relato que puede ser clasificado como ciencia ficción soft. Soy una dama, por tanto es pertinente. Espero que al leerlo lo disfruten tanto como yo al escribirlo.

PRINCIPIO Y FINAL DE PROLL

D esde hace rato estoy recostado sobre el césped apenas húmedo y levemente fresco de la ladera de la montaña mirando un águila que vuela allá arriba en el cielo diáfano. No puedo relajarme. He sido traído hasta aquí; me han ordenado la observación del animal, volando libre y alto. Esperan que esa visión traiga alivio a las tensiones que están destrozándome. Pero no ha sido así. Al principio me

sentí hipnotizado, la vista ja en ese alado punto negro girando sobre mi cabeza; después sentí temor. ¿Podría acaso lanzarse sobre mí y sacarme los ojos?

EL PROYECTO BAMBA

Cuando me citaron para participar en el Proyecto Bamba estaba fascinado. Los detalles enunciados por un grupo de renombrados arqueólogos, hacían prever una buena cuota de emociones y riesgo, pero fundamen- talmente reconocimiento público. Interiormente me sentía algo intranquilo. Yo, Evan Proll, un especialista en mineralogía, ¿qué podía aportar? Pero el jefe del proyecto, Lanzeri, me tranquilizó. No solamente nos interesa tu caudal de conocimientos, dijo. También tu capacidad de observa- ción, y la energía que tu juventud aportará al proyecto. Puedo decir sin equivocarme que todos somos mucho mayores que tú, agregó. Me reí. Era un grupo importante; la or y nata de la arqueología se había puesto de acuerdo en que este Proyecto tenía prioridad y la presión de todos juntos no pudo ser resistida durante mucho tiempo por el Consejo de Ciencias y Técnicas (CCT). Como era previsible se asignaron los recursos solicitados.

ESCENARIO INICIAL

El lugar donde se llevan a cabo las reuniones preliminares es una antigua construcción, bellísima en sus proporciones y en medio de un bosque de nogales. Edicada sobre una suave loma, en la pendiente sur se pueden ver los restos de lo que fuera un pequeño teatro al aire libre, de forma semicircular y gradas, ahora un tanto deterioradas. No soy un hombre sociable. Me gusta trabajar en soledad; la mineralogía, sobre todo la tarea de labo- ratorio, no exige el contacto con multitudes. Afortunadamente no está dentro del contrato con el CCT la obli- gación del dictado de clases; de otra manera creo que no hubiera convenido con ellos. Tal vez estaría libre ahora. Alguna relación con el sexo opuesto ha habido en mi historia, pero sin que ello modicara mi manera de vivir. Resumiendo, soy un solitario.

MOTIVOS

Hemos tenido seis reuniones de intensas discusiones en los veinte días que permanecimos en la casa. La posibilidad de salir a dar largas caminatas por el bosque lindero me ha facilitado la dura prueba de convivir con los arqueólogos (más un par de químicos y tres geólogos que se agregaron al grupo antes de llegar a la casa) Fue durante esos paseos cuando tuve la oportunidad de escuchar una conversación privada entre Lanzeri y Rúdenkof.

Caminaba detrás del anteatro, oculto por los muros que hacen de fondo de escena, cuando llegó a mis oídos un murmullo entrecortado. Alguien estaba en las gradas y hablaba. Me acerqué, sabiendo que si era descubierto allí poco tendría que decir en mi defensa; mi actitud era reprochable. La voz más gruesa, que resultó ser la de Rúdenkof, casi sollozaba, mientras decía:

a mí no me aclaraste este punto, y creo que nadie lo sabe.

estúpido, que si lo llegan a saber por ti, yo

Rúdenkof debe haberse levantado acercándose al escenario porque de pronto escuché claramente su

voz.

Me pides demasiado. ¿Cómo callar? Estaremos en serio peligro si no puedes controlarlo. Y no veo que estés preparado para hacerlo. —¡Claro que lo estoy! Reconocí entonces la voz de Lanzeri. Llevo siete años en ello. Y no vas a arruinarlo tú, viejo fracasado. No puedes hablarme así. Tenemos los mismos títulos y nada te da el derecho a decidir por todos.

Piensas llevarnos hasta el mismísimo n del mundo en pos de una ambición del todo personal. Y deleznable,

si lo preguntas.

No te lo he preguntado. Si llegaste a ese conocimiento ha sido porque te metiste entre mis papeles. Nunca fuiste capaz de la menor discreción. Ahora pones en juego Mi Proyecto. Todavía puedo conseguir otro cualquiera que te reemplace. Se hizo un largo silencio, creí que se habían retirado cuando la voz de Lanzeri dijo: —¿Estás conmigo

o en mi contra? Lo decides ahora. Debo hacer las previsiones del caso. La repuesta fue solamente un resoplido y los pasos alejándose. Me quedé quieto un tiempo antes de moverme. Los escuché hablando lejos, sin entender sus palabras. Entonces continué mi caminata.

EL GRUPO

El grupo del Proyecto Bamba está constituido por especialistas. Lanzeri, la cabeza del Proyecto, es arqueólogo. Carismático y egocéntrico, reservado y selectivo, dis- fruta cuando le rodea una cortedispuesta a cumplir sus deseos y órdenes. Rúdenkof, arqueólogo especialista en lingüística, tiene en su haber un par de premios muy importantes por interpretación de jeroglíficos. Su carácter es naturalmente jovial y alegre, aunque por momentos aoran algunas actitudes decididamente inseguras, dependientes del decir de la mayoría; espontáneo en sus expresio- nes de placer o disgusto, provoca la irritabilidad de Lanzeri, quien preere el hermetismo y la discreción. Pardeil es un lingüista también, con experiencia en criptografía; comentan que sus aportes a cierto ser- vicio especial fueron importantes durante la guerra fría y queda mucho de aquella época en su carácter; no habla si no nos dirigimos a él en forma directa y parece gozar de la plena conanza de Lanzeri. Mantrong se ha especializado en el área de la espeleología: sus ojos grandes son tan claros que casi no tienen color; detesta el tabaco y otros vicios, al tiempo que se impacienta ante elucubraciones prolongadas; preere la acción a la reexión. Los químicos Barnes y Pottery, casi tan jóvenes como yo, escuchan serios y silenciosos las exposicio- nes y los debates; nalmente hacen su propio aporte, turnándose para hablar, en párrafos que van deshilando armoniosamente como si entre los dos compartieran un solo cerebro. Terminado el discurso se levantan al mismo tiempo y se retiran luego de saludar respetuosamente. También están los tres geólogos, Estrada, Rafaeli y Queen, jóvenes, inquietos y curiosos quienes inte- rrumpen las exposiciones con preguntas permanentes y molestan a los mayores quienes, por serlo, son menos tolerantes. El resto de los quince, otros cinco arqueólogos, suma su opinión a la de Lanzeri en forma incondicional; el popetiene su poder establecido y también su séquito.

EN CAMINO

Se presentó el Proyecto denitivo, se completaron los trámites burocráticos, se transrieron los fondos,

y brindamos. Partimos una mañana de otoño rumbo al Trópico de Capricornio. Tres días de viaje. La comunicación

entre nosotros es uida; por momentos se puede decir que la conversación es bastante entretenida. Llegamos

a un aeropuerto que si no fuese por el cartel y por la presencia de nuestro avión no lo parecería. La comisión de autoridades locales que nos espera lleva a cabo las consabidas inclinaciones y sacudidas de manos, hace entrega de los cinco vehículos convenidos con la CCT, y nos deja solos en medio del páramo, ya que el avión, ni bien descendimos, carreteó y levantó vuelo. Nos acomodamos en las todo terreno. La economía de recursos nos obligaba a conducir nosotros mismos, por lo que, durante el viaje aéreo, nos hemos puesto de acuerdo para rotar frente al volante. Antes de partir vericamos el funcionamiento de los equipos de comunicaciones. Tenemos dos: uno de uso exclusivo de Lanzeri, el otro para el resto del grupo. Salimos. Rumbo al norte. El objetivo: la caverna de Bamba.

FUNDAMENTO

Durante las sesiones en la casa de los nogales nos enteramos de los detalles que motivaron esta expedi- ción tan especial. Según algunos relatos inigoni, pueblo aborigen de esa zona, existió un dios al que llamaron

Bamba. Sus atributos esenciales estaban descritos de tal manera que ahora les llamaríamos levitación, telepatía

y precognición. Según dicha leyenda, referida en la publicación El Dios Bamba. Tradiciones y supersticiones

del pueblo Inigoni, de los antropólogos Streinhach y Adelnger - y nunca rebatida por el grupo de auditores de la CCT - este dios, al sentir aproximarse el tiempo de su muerte, dedicó los últimos años a grabar sobre los muros de piedra de una determinada caverna todos los conocimientos que poseía.

Streinhach y Adelnger no pudieron encontrarla para fotograar dichos grabados, en parte porque su expedición no gozaba del sostenimiento económico externo (dependían de fondos propios), y también porque los aborígenes no se mostraron propensos a colaborar con los dos sabios, quienes viajaron acompañados sola- mente por un par de ayudantes. Pero la publicación del libro trajo como consecuencia una apertura hacia la ciencia (a cambio de ciertos benecios económicos) por parte de los habitantes de la región en que supuestamente estaría localizada. Las expediciones exploratorias que dichos gobernantes y la CCT realizaron en forma compartida dieron como resultado un mapa, no demasiado claro, de la posición de dos lugares posibles que cumplirían con las condi- ciones descriptas en el libro de Streinhach y Adelnger. Parte del trabajo realizado en la casa de los nogales fue comparar la descripción que acompañaba a dicho mapa con la publicación de los antropólogos y decidir hacia cuál dirigirnos, ya que los recursos y los tiempos no alcanzaban para investigar las dos posiciones. Y nos dirigíamos hacia la número uno.

ORGANIZÁNDONOS

Las actividades del primer día están dedicadas a satisfacer las necesidades básicas: construir una protec- ción para los alimentos y el agua, levantar las tiendas, observar el clima, distribuir los horarios de comidas y organizar los turnos de las guardias nocturnas. Aparece un problema. Nuestros relojes funcionan anárquicamente. Deberemos guiarnos por la posición del sol, que tiene un color desusadamente amarillo, producido tal vez por la presencia de polvo en suspen- sión.

La boca de la caverna es amplia. Su borde superior se adelanta de modo tal que aparenta ser más grande de lo que realmente es, por la sombra arrojada. Esa entrada pasó inadvertida durante las exploraciones por aire, probablemente por este saliente. Lanzeri debe retenernos porque queremos entrar ya mismo. Mantrong no hace nada más que mirar la boca. Parece un perro observando jamente un hueso, allá lejos. Los geólogos se burlan y Rúdenkof le recri- mina su falta de colaboración en el montaje del campamento. Nos sentamos a descansar y tomar un breve refrigerio, mientras nos organizamos. El calor no es tan intenso como esperábamos que fuese en esa latitud. Nos ponemos de acuerdo en explorar durante la noche y dejar las horas de buena luz solar para las tareas adicionales que sean necesarias. Se produce un roce entre Estrada y Lanzeri. El jefe de la expedición ha dispuesto que los cinco arqueó- logos no participen y el joven geólogo le ha reclamado con malos modales. Al no contar con Lanzeri, ni con

los otros debemos repartir todas las tareas entre nueve, incluyendo las guardias. Acordamos que los compro- metidos en actividades nocturnas descansen durante el día. Eso deja solamente siete personas en condiciones. Para explorar un sitio desconocido, por cuestiones de seguridad y mutuo respaldo en ascensos y descensos, no deberíamos formar grupos de menos de cinco. Lanzeri nos ha tildado de afeminados. Creo que está un poco fuera de sí. Estrada le enfrenta nuevamente, pidiéndole razones para excusar a los otros cinco. Se dirige a él en forma bastante insolente y Lanzeri le retribuye con epítetos increíbles en boca de un científico de su renombre. Al n y al cabo, se le están viendo los pies de barro.

Pardeil interviene. La luz solar de intensidad suciente parece durar muy poco, lo que reduce el tiempo útil para los trabajos de laboratorio a sólo tres o cuatro horas diarias. Entonces se resuelve entrar dos veces por jornada. Si durante una exploración se encuentra algo, Laneri y sus cinco entrarían a mirar inmediatamente después. Todo es sencillo y por lo tanto se puede resolver día a día. Mantrong formará parte del primer grupo y sorteamos entre los demás; estoy incluido.

Rúdenkof.

Al quedar fuera del primer contingente intenta negociar con alguno de nosotros, pero no logra nada. Todos queremos entrar primero.

Mis compañeros son Pardeil, Queen, y Barnes. Quedan para la guardia de la noche Pottery y

EN LA CAVERNA

El túnel que comienza en la boca se estrecha a medida que baja en suave pendiente. Mi tarea es portar sogas, herramientas varias y lámparas; Queen y Barnes deben anotar lo necesario para confeccionar un plano; Mantrong y Pardeil irán al frente, avisando los cambios de dirección, altura, desniveles en el piso, y cualquier otro accidente físico que se presente. Encontramos un morral tirado contra la pared, apenas entrar. Pardeil se apropia del hallazgo para revol- ver dentro. Mantrong le recrimina la falta de disciplina científica, ya que al meter las manos de esa manera está alterando lo que puede ser la muestra de una civilización antiquísima. Pardeil se burla de él diciendo que lo más antiguo que está viendo es el propio Mantrong. Queen observa detenidamente la pared. Parece mármol, sin vetas y de un extraño color ocre, bellí- simo, dice, y nos advierte sobre la posible presencia de estalactitas y estalagmitas, o de agua. Caminamos uno tras el otro y levemente inclinados; enseguida se hace necesario encender la lámpara, para evitar accidentes. El túnel gira a la izquierda y a la derecha, varias veces. Hacemos un descubrimiento otro más. La brújula tampoco funciona. Al principio, y cada vez que cambiábamos de dirección, Queen dic- taba el ángulo a Mantrong quien también anotaba los pasos desde el giro anterior. Hasta que en un giro Pardeil canta a la derecha y Queen replica a la izquierda. —Ésta es mi derecha, dice Pardeil, pero la brújula dice que hemos girado a la izquierda. Nos reunimos alrededor de Queen, mirando la brújula; callados, sin saber qué hacer, hasta que Mantrong dice: Te has equivocado, Queen. Y apenas comienza a hablar la aguja gira hacia él. Y digo: —¡Mira!, sólo para ver que ahora apunta hacia mí. ¿Qué hacer? La pregunta está en todos los rostros. Regresemos, así no es seguro seguir, dice Barnes. —¿Estás loco? Vamos, muchachos, que no hemos llegado hasta aquí para dar la vuelta y correr con el rabo entre las piernas ante la primera manifestación de algún fenómeno magnético localizado, que ya investi- garemos adecuadamente, le tranquiliza Mantrong. Sus ojos claros brillan ante la lámpara. De pronto me encuentro delante de la maestra de tercer grado, con su mirada clavada en mí, diciendo: Proll, deletrea desmalezar” —y yo comenzando a deletrear, sin poder resistirme. De acuerdo, responde Queen, marquemos el camino. Y tomando una azuela de la alforja da un golpe en la pared. Es relativamente blanda. Un par de golpes y listo. Pero deberíamos elegir un código sencillo. Dentro de unos días estos túneles tendrán tantas marcas que podrían ser confusas. En esas condiciones seguimos adelante y abajo, hasta que Pardeil avisa que el piso del túnel comienza a subir. La altura no nos permite caminar erectos y el aire enrarecido diculta respirar normalmente. Ahora en subida. Mantrong, el más grueso (y también el más viejo) resopla. El mapa es un enredo de números y echas que solamente él entenderá.

Una bocanada de aire fresco nos llena los pulmones y escuchamos a Barnes silbar: —¡Fiu! ¡Una sala! Entonces, ¡la encontramos! dice Pardeil, y se apresura a llegar.

Mantrong, último en la la, le grita: Detente, inconsciente, que no sabes dónde pisas. Pardeil se planta en el centro, gira con los brazos abiertos, y riendo, dice: Pasen y vean, señores y digan si no es para festejar con un buen cigarro. Un amplio, fresco, luminoso espacio, de piso plano y seco, como una semiesfera enorme de la que cuelgan algunos lagrimones blancos. Queen está maravillado. Busca la forma de llegar hasta la estalactita más cercana. Hace pie sobre mis espaldas y las de Barnes, la golpea y le saca un buen trozo. Con ojos emocionados la coloca casi golosamente en la bolsa que cuelga de su cinturón. Recorremos el perímetro buscando chime- neas que justiquen la frescura del aire, pero no vemos ninguna. Sin darme cuenta apago la lámpara. Mantrong me observa hacerlo: —¿Traes fósforos? me pregunta. Asiento en silencio; pero nos miramos, sabiendo que ambos estamos buscando desesperadamente una explicación a la luminosidad que hay dentro de la sala.

Al salir nos esperen los demás, con rostros preocupados: ha amanecido; perdimos la

noción del tiempo que pasaba. Eufóricos, relatamos lo ocurrido, sin orden al comienzo, pero luego paso a paso. Inquieta a todos la falla de la brújula, y se resuelve fabricar alguna clase de reloj para medir el tiempo que permanecemos dentro.

Regresamos.

ANALIZANDO

Ahora los que entran a la cueva son Lanzeri y los cinco. Los geólogos les han apodado los acólitosen una actitud francamente irreverente. Al poco tiempo están fuera, sofocados y sucios de polvo. Lanzeri dice que no es la que buscamos, que las paredes están lisas, sin un solo rastro de grabados. El resto del día se dedica al problema del reloj. Conseguimos construir una especie de clepsidra cargada con aceite. Lo ponemos a prueba y funciona apropiadamente. Ya vendr á el momento de iniciar una nueva exploración y constatar si adentro ocurre lo mismo. Evitamos hablar sobre lo sucedido, por lo menos por ahora. Esta noche me corresponde hacer guardia, por lo tanto no formaré parte del grupo explorador. Mientras tanto, puedo ayudar a Rafaeli con el análisis del trozo de estalactita. Hemos montado un precario laboratorio, y lo cuidamos entre los seis. Los elementos más importantes son una caja que contiene diferentes reactivos y un detector de emisiones electromagnéticas. Aparentemente, el trabajo no revestiría complicaciones. El plan consiste en separar el trozo en varias porciones para someterlas a diferentes pruebas. A pesar de lo señalado por Queen dentro de la caverna es

extremadamente dura, se resiste a ser partido. No es caliza

conseguir maquinaria apropiada para realizar los cortes. Responde que el análisis del material no lo justica.

Descanso el resto de la tarde para poder estar alerta durante la noche. Me despierta Pardeil, soñoliento, para que tome su lugar. Me levanto con la sensación de haber soñado algo inquietante, pero no recuerdo qué. El aire de la noche está muy claro. No se escucha ni el silencio. Hemos comentado durante la comida esta falta de ruidos. Aparentemente no hay seres vivos en los alrededores; el viento parece andar en puntas de pie.

En este momento están dentro Pardeil, Queen, Mantrong, Rúdenkof y Barnes. Creo ver algo que se mueve en la boca de la caverna. Supongo que ya están de regreso y camino hasta allá. No se escucha nada. Cuando vuelvo a mi lugar tengo la sensación de que hay un par de ojos clavados en mi nuca. Me río; la adrenalina hace su tarea. Durante la mañana he dormido, y me han despertado para tomar algo de alimento. No hay agua en demasía, y el aseo personal ha pasado a ser un lujo prohibitivo. Pardeil ha traído nuevos trozos de estalactita, de modo que ahora tenemos cantidad suciente para analizar, sin necesidad de cortar. Rafaeli se nos une; está levemente aburrido. Al terminar redactamos el informe y se lo llevamos a Lanzeri. Lee rápidamente. —¿Ónice? Imposible. Llevamos ya varios recorridos y las marcas en las paredes están allí, y no pueden ser de ónice. Este informe no sirve de nada. Rafaeli enrojece y le responde que lo que está escrito es lo que hemos hallado. Lanzeri replica: Pues, habéis tomado precisamente algunas formaciones de ónice; el resto es de piedra mucho más blanda. Y dando por terminada la conversación nos da la espalda y se dirige hacia la tienda de los cinco.

Informamos a Lanzeri sobre la necesidad de

Nos miramos, sin comentarios. La próxima vez entraremos a la caverna los tres, con Pottery y Estrada. Sacaremos material de los muros. La guardia estará a cargo de Barnes y de Mantrong.

LA TERCERA

La excursión de hoy ha sido mucho más fructífera. Hemos localizados dos salas nuevas, a continua- ción de la primera. También hemos tomado muestras de los muros de los túneles, de la primera sala y de las nuevas.

los otros bajan a revisar. Tratamos de pasar el rato sin aburrirnos; hasta que ellos salgan no

habrá otra exploración. Sin decir una palabra, con un simple intercambio de miradas, nos metemos al laboratorio y trabajamos afanosamente, los seis, en los diferentes trozos recogidos. Al rato obtenemos resultados. Nos sentamos; lo que hallamos no tiene mucho sentido. Los papeles pasan de mano en mano. Todo es ónice a excepción de lo que recogimos en la primera sala: caliza, pero sin llegar a constituir un mármol. Óxido de calcio demasiado puro, para ser natural. Rafaeli recoge los informes, los dobla cuidadosamente, y los mete dentro de su zapato. Ninguno dice

nada.

Lanzeri y

SEPARATA 1

Mantrong: Oye, te necesito. Pardeil: ¿Y quién no? Mantrong: No bromees. Lo digo en serio.

Pardeil: ¿Qué te traes? Mantrong: Quiero que descifres unos signos.

¿ ¡Maldito tramposo! Hace días que nos arrastramos por esos túneles

inmundos sin encontrar nada. Y me vienes con que has encontrado algo. ¿Lo sabe Lanzeri? Mantrong: No seas idiota. No te necesitaría si fuese así. Pardeil: ¿Dónde están? Mantrong: Aquí te los he traído, en este papel. ¿Qué me dices? Pardeil: ¿Cómo crees que puedo descifrar algo con cinco dibujitos? Bien, alcánzame de mi tienda el diccionario dibujito-español, que tengo pereza en ir a buscarlo. Mantrong: Oye, no hagas el bobo.

Pardeil: Tú no sabes nada. Hacen falta muchos de estos dibujitos para descifrarlos. Mantrong se queda pensativo durante unos minutos. No confía en Pardeil; está muy cerca de Lanzeri. Y lo que ha encontrado es algo más que un muro de piedra lleno de grabados. Pardeil: ¿Te decides? Mantrong: Necesito que hagas un juramento. Pardeil: No hagas el tonto. Mantrong: No. No a mí. A Bamba.

Pardeil: ¿De dónde demonios

Pardeil: ¿Qué

?

Mantrong: Piénsalo. Si alguna vez juraste lealtad a un país, lo que deberás hacer ahora es mucho más

serio. Si te sales, bien

Probaré con Rúdenkof. No le he ofrecido a él porque es demasiado inestable. Pero si me dices que no, lo haré.

Pardeil: ¡Epa! ¡Epa! ¡Epa! Esto suena como si tuvieses algo que ofrecer. Y yo entiendo que en realidad tú me necesitas. Mantrong: No. Necesito que alguien me ayude con los signos. Porque Bamba va muy lento. Cuestión de idioma. Habla el inigoni a la perfección; yo no lo hablo; él no habla español. La mitad del tiempo vamos con gestos. Pero ahora ha empezado con los dibujitos. Pardeil: Estás completamente chiado, ¿sabes? Ese Bamba murió hace más de dos siglos. Y tú dices que

Bamba se hará cargo de ti. Si no quieres entrar, me prometes no decir nada a Lanzeri.

est á s de charla con é l. ¿ Me est á s tomando el pelo? Ya no me queda. Vete a dormir que buena falta te hace. Mañana hablaré con Lanzeri. No sobre Bamba, por supuesto, sino sobre tu estado de salud mental. Este viaje ha sido demasiado para ti. Mantrong: Mira. Pardeil: ¿Qué haces? Mantrong: ¿Querías tu diccionario? No lo he encontrado; en cambio te traigo tu apestoso tabaco. Pardeil se levanta de un salto. Un objeto de cuero, no más grande que un zapato y que evidentemente es

su bolsa de tabaco, ota a un metro de altura sobre el terreno acercándose velozmente. Choca contra su cuerpo

con un ruido fofo y cae al piso. Pardeil: ¿Qué demonios ? Mantrong: Disculpa el golpe. Todavía estoy aprendiendo. Pardeil le mira. Durante casi toda la conversación previa estuvo mirando allá lejos, en el páramo, una suave línea vertical de algo que se menea bajo la luz amarilla del sol. Pero ahora sí mira a Mantrong; y ve que los ojos clarísimos del espeleólogo están casi blancos, que si no fuese pleno día estaría viendo luz salir por ellos.

PROLL 1

Escucho voces. Dentro de mi cabeza dos personas hablan. No estoy dormido. No entiendo qué dicen.

A una la conozco, es Mantrong. La otra

El sol ha entristecido. No hay nubes pero ilumina menos; parece como si se hubiera sumergido en un mar amarillo. Las voces se convierten en música. Qué agradable sonido. Me siento otar. Quiero cantar.

UNA SEMANA

Los días se suceden uno tras otro, sin diferencias. Hoy una sala, mañana son dos, al día siguiente otra vez una, y al otro hay tres nuevas. Las mediciones dicen que son todas iguales. Algo extraño. Tal como ha dicho Queen, parece un rosario. Cuando tenemos oportunidad tomamos muestras de las paredes, de las blandas. Realizamos las pruebas; siempre da ónice; y cada vez que le llevamos el papel a Lanzeri nos saca con cajas destempladas. Para evitar errores personales rotamos entre los seis, de modo que no somos siempre los mismos al rmar los resultados. Ha llegado a acusarnos de querer malograr el proyecto. Me parece que los tres geólogos se están guardando los informes; deben saber que no pueden hacer uso del material; pero en la tienda que hace las veces de laboratorio no encuentro ninguno. Algo me pasa. Ya no tengo deseos de anotar cada uno de los eventos; a veces no sé qu é dí a es hoy. Rafaeli y Barnes llevan un calendario, una especie de bitácora donde anotan los hallazgos, en forma ordenada. Hace unos días, no sé bien cuántos, amanecimos con la mala noticia de que el laboratorio había sido destruido, que no quedaba nada útil con qué trabajar. Rafaeli y Pottery, con el consentimiento (sacado a la fuerza) de Lanzeri, parten hacia la población más cercana, a medio día de viaje, en busca de algún material que permitiese realizar los análisis necesarios. Regre- san al día siguiente contentos por haber hallado un bioquímico quien les facilitaría el lugar y los materiales, pero a condición de que trabajen allá. Afortunadamente no tengo que recordar cuándo debo entrar a la caverna ni cuándo me toca una guardia. Rafaeli está siempre alerta. Pero ahora que sale del campamento frecuentemente y Pardeil lo hace por él.

SEPARATA 2

Lanzeri: Disculpen la hora de esta reunión pero quería conversar con vosotros sin interrupciones. Arqueólogo 1: Adelante. Lanzeri: Existen motivos fundados para pensar que los grabados que estamos buscando serán encontra- dos, pero que no valdrán un comino. Arqueólogo 2: Es demasiado pronto para decirlo. Una vez hallado el muro, con ayuda de los especialis-

tas veremos qué contiene. Lanzeri: Pero a ninguno de vosotros se le debe haber pasado por alto que, además de ese morral encon- trado a la entrada y que creo que fue olvidado por algún caminante, no hay un solo elemento de fabricación humana en todo el sitio. Arqueólogo 1: Es razonable. No estamos buscando huellas de un asentamiento de hombres, sino la caverna de un dios. Lanzeri: (riendo a carcajadas) ¡No me digas que te has creído el rollo ése! Este Bamba era tan sólo un tipo inteligente quien mantuvo un grupo de indígenas trabajando para él mientras les mostraba un truco de vez en cuando. Arqueólogo 1: (irritado) Entonces, ¿qué hacemos en este desierto?

Lanzeri: De alguna manera Bamba, quienquiera que fuese, tenía conocimientos que estaban fuera del cuerpo de la ciencia de la época y del lugar. Piensa un poco. Los relatos aborígenes deben analizarse cuidado- samente ya que resultan siempre mitad verdad y mitad superstición. Arqueólogo 2: Pero eso de la levitación Lanzeri: (mordazmente) Explícanos, entonces. Tú has leído, por indicación expresa de mi parte, el libro de Streinhach y Adelnger. Ahora dinos cuál de todas esas historietas habla de levitación.

y Bamba recibió la noticia de los enemigos aproximándose y para verlos

mejor y contar su número y ver qué armas traían, subió en el aire. Y vio

Arqueólogo 2: (recitando)

Lanzeri: Da lo mismo que fuese el aire o una loma.

y se le podían ver las plantas de los pies, que eran

blancas y no oscuras como las nuestras. Lanzeri: De modo que tú crees que es cierto Arqueólogo 2: Dime de qué otra manera se le ven los pies a un hombre parado. Claro que puede haber tenido una plataforma de vidrio, lo cual no me importaría encontrar tampoco. Una plancha de vidrio capaz de sostener un hombre en el aire Lanzeri: Bien. Acepto. Algo había. Pero el objetivo fundamental es el muro con los grabados. El hallazgo nos podría llevar a la cima de la antropología. Arqueólogo 1: ¿Qué esperas de nosotros? Estamos prácticamente sin hacer nada; sólo te acompañamos a revisar cuando se descubre una sala nueva. No nos permites siquiera cumplir guardias, y los demás nos han aislado. No quieren compartir nada, ni una comida con nosotros. Es una situación francamente molesta. Lanzeri: Necesito que estéis alertas y descansados. Cuando el muro sea hallado no voy a necesitar al resto del grupo y nos quedaremos solos en el lugar. Pensaba contar con Mantrong pero está un poco raro. Le he perdido la conanza.

Arqueólogo 2: Disculpa, pero la historia

NADA NUEVO

SEPARATA 3

Han pasado tres semanas desde que armamos el campamento y no hemos encontrado los grabados de Bamba. El grupo tiene los nervios alterados y disputan frecuentemente. Pardeil se aísla todo el tiempo que puede; Mantrong va y viene permanentemente, pero de buenas a primeras no se lo ve más; Rúdenkof nos imputa a todos y a cada uno haber escondido evidencias de hallazgos extraordinarios, la destrucción del laboratorio y la desaparición de dos de los vehículos; acusa a Lanzeri de haber ocultado el otro equipo de radio; Barnes y Pottery son unos tipos muy raros; los mejores son Queen, Rafaeli y Estrada; claro, son geólogos y podemos hablar en el mismo idioma. Además son desvergonzados y divertidos. Me gustan.

Estrada: ¿Qué estamos buscando? Rafaeli: La sala donde el Bamba ése escribió sus memorias. Estrada: Hemos husmeado ocho ya. Parece un rosario: una sala, un túnel, una sala, un túnel. Pero me inquieta el hecho de que sean tan iguales. Rafaeli: Es interesante.

Queen: ¡Interesante! A Mantrong le gusta. Todo ónice. Jamás habíamos estado en un emplazamiento donde el material que fuese todo, todo ónice. ¿Puedes explicarme cómo hizo el susodicho Bamba para escribir allí?

Estrada: Se supone que lo que buscan, buscamos, son esos grabados, y que fueron realizados en los muros. Tal vez en aquellas épocas todas las salas estaban revestidas con material calcáreo como la primera. Ahora ha desaparecido, al mismo tiempo que la dichosa herencia del tipo. ¿Qué pasa si están en la primera cueva, pero tapados con la caliza? Queen: El primer análisis que realizamos fue de un trozo de estalactita de la primera cueva. Rafaeli: No dio nada. Es decir, ónice. Hace más de ochocientos años que por allí no hay una mota de calcio. Pero yo me reero a que estén debajode la caliza. Estrada: (riendo) Y me lo imagino pasándole escayola, una capa tras otra, por gusto nomás Queen: Esas formaciones fueron de ónice desde el comienzo del mundo. Lo único diferente es que en las últimas salas aparecen charcos de agua, y de pronto también los hay en las primeras. Estrada: ¿No te parece extraño eso? ¿Que de pronto, mientras se realiza una exploración como

y

Bamba, ¿porqué habrá elegido esta caverna en parti- cular?

Queen: (mostrando una amplia sonrisa) Por

(ponién-

dose serio) Si vamos a mencionar cosas extrañas, al

extraer la última muestra parecía de manteca y apa- rentaba tener mucho más humedad que las anterio-

ónice. En cambio,

recuerda las que sacamos de la otra, camino del

pueblo Estrada: Cállate. No lo digas en voz alta jamás. Lo prometimos. El aire de este lugar es demasiado claro, y se escuchan hasta los sueños de Rúdenkof. Queen: ¡Sí! (riendo) Anoche estaba en plena batalla contra El señor de los ojos de luz, decía. Creo que se refería a Mantrong, pero el tipo estaba dentro de la caverna. Está muy loco (poniéndose serio) No sé cuánto tiempo más lo aguantará Lanzeri. Debería enviarlo con un médico, aunque no sé dónde; el que había en la población desapareció junto con el bioquímico. Estrada: No pasemos por alto los recitados de Proll; cada vez que se duerme, una letanía. Ese tipo está más loco que Rúdenkof. Y no lo parecía. Me cae bien. A decir verdad era el único con quien me gustaba conversar. No sé si estamos seguros cuando le toca hacer guardia nocturna, está chiado. Queen: Ayer le pregunté como al pasar si estaba descansando bien. Primero me miró, después me pre- guntó por qué se lo preguntaba y al nal se dio la vuelta sin esperar la respuesta. Loco, loco. Una lástima. Rafaeli: Convengamos que las expediciones en que participamos anteriormente no fueron tan amenas. Ésta no tiene igual. Hay muchas emociones sueltas por ahí, buscando quien las excite.

Estrada: Y lo que vamos descubriendo hasta el momento es menos que cero. Si queremos utilizarlo para un libro, no sirve. Fuera de las batallas de Rúdenkof, las conversaciones de los químicos, las letanías de Proll, los ojos de Mantrong y las confabulaciones de Lanzeri con los otros cinco, no tenemos nada.

de Lanzeri con los otros cinco, no tenemos nada. é sta, el agua reaparezca? Adem á

ésta, el agua reaparezca? Además, todo ónice

menor fatiga, por ser inusualmente blanda

res. Pero al llegar al laboratorio

Queen: ¡Guau! Entonces

¡Esto será nuestro best-seller, de humor!

Estrada: (a carcajadas) Mejor recuerda que el contrato con la CCT dice que los derechos sobre los docu- mentos elaborados durante la vigencia de este Proyecto son de su propiedad. El mejor best-seller de la CCT:

Bamba, un tipo ocurrenteRafaeli: Muchachos, hablemos seriamente. No creo que nos sirva de mucho habernos apropiado del informe de cada análisis realizado. Aunque ese contrato tiene sus fugas. Se podría hacer en ciertas condicio- nes.

Queen: ¿Por ejemplo? Rafaeli: Si la CCT nos despide o anula ese contrato. Estrada: ¿Alguien sabe qué pasó con los otros dos vehículos? Nos queda solamente uno

PROLL 2

Lanzeri me dice que esta noche estaré de guardia. Que duerma un rato antes para aguantar. Que es sólo medio turno; y que Queen me reemplazará luego. Me gustan estas guardias. Puedo estar solo, meditar, recordar sin interrupciones. Vuelo. ¿O nado? La sensación es exquisita. La música me mueve por ¿el aire? Y mis sentidos están a pleno. Veo muy lejos, detrás del horizonte, la casa de mi infancia tal cual estaba entonces. Mi madre barre la galería y sacude el polvo de los sillones de mimbre. Me llama y le respondo. Gira hacia mí espantada. Comprendo que sus ojos no pueden verme ya que buscan de un lado al otro. No quiero asustarle y regreso al campamento. Queen me sacude. ¿Te has dormido? Me pregunta, pero no le entiendo. No he dormido nada. Le paso la guardia y me voy a mi tienda. Intento volver con mi madre, pero ya no puedo. Espero un rato, cantando, repitiendo la música, pero no, la magia se ha esfumado.

SEPARATA 4

Rúdenkof: Pardeil, vamos, convídame un poco de ese tabaco. Pardeil: Puedes tomar lo que quieras, está en la tienda, en mi rincón. En una bolsa de cuero. Rúdenkof: Vamos, que sabes muy bien que yo no fumo. Era solamente una excusa para conversar con- tigo por un rato. Pardeil: No hace falta tanta ceremonia para eso. Estamos encerrados en este campamento hace ya tres semanas. No sé qué espera Lanzeri para dar la orden de regresar. Aquí no hay nada que ver. Nos hemos equi- vocado de caverna. Rúdenkof: Precisamente sobre eso quería hablarte. ¿Qué tienes con Mantrong? Pardeil: ¿A qué te reeres? Rúdenkof: ¡Vamos! No seas idiota que yo no lo soy. Me ha tocado guardia ya siete veces y tú te vas a fumar, eso dices, y Mantrong sale más silencioso que un gato y os metéis los dos en la caverna. Pardeil: Pamplinas. Rúdenkof: Pamplinas mi abuela. La segunda vez os he seguido, pero después de la segunda sala les he perdido. ¿Dónde os metéis? ¿Qué hacéis? ¿Es cosa de Lanzeri? ¿O es por cuenta propia? Pardeil mira un largo rato el rostro desencajado de Rúdenkof. Si le pide silencio será aceptar que lo que hacen es secreto. Si le dice que Lanzeri está en el asunto allá irá a pedir su parte. ¿Qué responder? Pardeil: ¿Prometes no decir nada? Rúdenkof: Lo prometo. Pardeil: Pero has respondido muy pronto, piénsalo mejor. Rúdenkof: Lo prometo, lo prometo. Pardeil: Sabes que las guardias se cumplen sobre el campamento. Rúdenkof: Sí, pero ¿qué tiene que ver? Pardeil: Precisamente, nadie queda en la caverna. Rúdenkof: Vamos. Qué interés puede haber en llevarse nada de un lugar que no tiene nada más que

nada.

Pardeil: ¿Y si alguien entra y sí descubre algo, pero que no quiere compartir? Y mientras tanto nosotros aquí, como tontos, buscando lo que algún otro ya encontró.

Rúdenkof: Tienes razón. No lo había pensado. ¿Es idea de Lanzeri? Pardeil: (burlón) ¿Y de quién crees que desconamos? Rúdenkof: ¿Y qué supones que ha hecho con su equipo de radio? dice que desapareció

PROLL 3

Lanzeri habla conmigo sobre mis noches. Está diciéndome que canto, que recito, que debo descansar. Me releva de las guardias. No comprendo nada. En realidad desde hace algunos días me cuesta recordar cosas. Por ejemplo: no he bajado a las cuevas, ¿o sí? Sin embargo tengo la ropa sucia de polvo.

SEPARATA 5

Pardeil: Tenemos que hablar. Te espero en media hora en el túnel. Mantrong: ¿Qué te traes? Pardeil: Acá no; luego.

Pardeil: Demoraste demasiado. Mantrong: Oye, ¿desde cuándo pones condiciones? Pardeil: No hagas el tonto, que tenemos un problema. Mantrong: ¿Se te acabó el tabaco, so bobo? Pardeil: Proll. Mantrong: Proll. Lo he notado. Está volado. Debe estar metiéndose alguna porquería, más fuerte que tabaco, claro. Pardeil: No seas tonto. Es Bamba. Lo afecta. ¿Acaso no escuchas los comentarios de los demás? Mantrong: ¿Quién te lo ha contado? ¿Cómo lo sabes, si estás conmigo ahí dentro? Pardeil: Estrada y compañía se burlan del tipo y remedan las canciones. Parece que cuando duerme o mientras estamos en la cueva, Proll canta, recita y hace cosas raras. Y según lo que escuché, la melodía es la de Bamba. Hace un rato Lanzeri le interrogaba. Que si la salud, que si el cansancio. En denitiva le han relevado de futu- ras guardias. Mantrong: ¿Porqué crees que es problema nuestro? Pardeil: Mira, si quieres no darte cuenta allá tú, pero me tienes cansado. ¿No piensas en nada, nunca? Mantrong: Termina con ese tono. Pardeil: Entonces escucha, tonto, súper tonto. Lanzeri no hace guardia nocturna y tampoco los cinco acólitos. Estrada y compañía salen cada tres días para los análisis y no se puede contar con ellos. Ahora tampoco con Proll. ¿Quiénes quedamos? Tú y yo, los químicos y Rúdenkof. Cinco personas, que a razón de dos por vez signica que casi turno de por medio debemos cumplir con una guardia. Mantrong: Es un problema.

signi fi ca que casi turno de por medio debemos cumplir con una guardia. Mantrong: Es

PROLL 4

Salimos a caminar por los alrededores, Estrada, Rafaeli y yo mismo. Son alegres, expansivos. Encuen- tran motivo para risas en cualquier cosa, una roca, una marca en la arena, un grupo de ramas secas. Y me contagio. Tienen un gracioso juego de palabras: el material de la caverna es puro ónice. Y para ellos signica Objeto No Identicado Crece Extrañamente. Me gusta, y los imito. Operador Nuevo Intenta Comunicar Experiencia” ¡Bravo! Ondas Neutrónicas Incrementan Capacidad Eléctrica” ¡Hermoso! Oye Niño, Imítame Cuando Escuches” ¡Otro! Observo Naturaleza Iniciar Camino Estrafalario” ¡Muy bueno! “¡Oh! Navegante, Indícame Cómo Elevarme” ¡Fabuloso! Oscurece, Nuestra Identidad Clama Esperanza” ¡Genial! Olvida Nuestra Inocencia, Caerá Exterminada” ¡Lo disfruto tanto! Estrada y Rafaeli me están mirando raro. Pero si es el juego que ellos comenzaron

SEPARATA 6

Rúdenkof: ¿A quién le toca la primera guardia esta noche?

Mantrong: Termina ya de gritar que sabes muy bien que me toca a mí

Rúdenkof: Vamos, yo digo

¿A quién, que no se vaya a paseo, le toca la primera guardia?

Lanzeri: Deja ya. Rúdenkof: Entonces ¿la haces tú? Lanzeri: Barnes y Pottery se turnarán por esta noche. Pero no entiendo por qué te has puesto tan molesto. Nunca ha pasado nada. En los alrededores no hay un solo ser vivo. Si necesitáramos cazar para comer arregla- dos estamos. Rúdenkof: Precisamente. Precisamente. Por ALGO no hay seres vivos, todo es ónice. Mantrong: Cállate y déjanos descansar, ya. Rúdenkof: ¿Estás esperando que nos vayamos a dormir para salir de paseo? Lanzeri: Basta, Rúdenkof. Rúdenkof: ¿Lo apañas? Sí, lo apañas. Entonces sí sabes a qué sale. ¿Dónde va? ¿Qué os traéis entre manos?

Lanzeri: No sé de qué me hablas. Mejor te acuestas que mañana te sentirás mejor. Hoy ha sido un día arduo. Rúdenkof: Si estoy aquí mañana todavía

SEPARATA 7

Lanzeri: Buenos días. Barnes: Buenos días. Pottery: Buenos días. Lan: ¿Alguna novedad?

Barnes: Ninguna

es decir, nada fuera de lo normal, si a eso te reeres.

Quiero un detalle de todo, absolutamente todo lo ocurrido desde que

comenzasteis la guardia nocturna. Dicho sea de paso, ya ha terminado y apenas terminéis de informar podéis

ir a dormir. No bajaremos a la sala principal hasta pasado el medio día. Barnes: De acuerdo Pottery: De acuerdo. Se miran, como decidiendo quién comenzará a hablar.

Lanzeri: ¿Normal? Me reero

Barnes: Durante la primera hora no ocurrió nada, como hasta la medianoche

Pottery:

la

medianoche. Es difícil de saber ya que anoche la luna salió muy tarde. Y ya sabes, los

relojes

Barnes:

los

relojes funcionan al revés la mitad del tiempo. Pardeil salió del campamento a fumar como

de costumbre Lanzeri: (interrumpe) ¿De dónde salió ese tabaco?

das?

Pottery: Creemos que lo tomó del morral que encontramos a la entrada del túnel, antes de

Barnes:

antes de descubrir la primera cueva. Fue durante el primer día de exploración. ¿Lo recuer-

Lanzeri: Sí, sí, sí, disculpen. Continúen con el informe. Se miran.

a fumar como de costumbre. Apenas un par de minutos más tarde, y también como de cos-

tumbre, Mantrong salió a dar su paseo Lanzeri: (furioso) ¡Esto es inaceptable! Parece que todo el mundo sale a caminar de noche y fuera del campamento. Recién ahora me estoy enterando. Y soy la cabeza de esta expedición. Continúen por favor.

su paseo. Escuché a Pardeil y Mantrong conversar a la entrada de la caverna. A pesar de que

hablaban en voz baja, la limpidez del aire

la limpidez del aire nocturno me permitió escuchar claramente. Mantrong le exigía a Pardeil

que terminara de una buena vez con los dibujos, que no lo aguantaba

no lo aguantaba más, que para lo que estaba haciendo hasta un niño sería suciente, a lo que

Pardeil le respondió que se fuese al demonio. Mantrong comenzó a reír

a reír de una manera que parecía un loco. Pardeil le pidió que se calmara. Y le dijo que para

qué te metes, si no te lo aguantas. Fúmate uno y se te pasará’. Mantrong respondió algo

respondió algo así como y porqué me lo dices, cabrón cobardepero debe haberse acercado

mucho a Pardeil y no puedo asegurarlo. Más tarde

Pottery:

Barnes:

Pottery:

Barnes:

Pottery:

Barnes:

Lanzeri: ¿Cómo? ¿Hay más?

Pottery: Sí. Más tarde los tres geólogos y usted tuvieron un altercado en la tienda mayor. La discusión

se refería a los resultados del análisis de las muestras de las últimas salas Lanzeri: Está bien, no necesito ese informe. Continúen, si hay algo más que decir. Se miran. Barnes: Continúo el informe de los sucesos de anoche. Rúdenkof Lanzeri: ¿Me dices que Rúdenkof sale también de paseo?

Rúdenkof inició su sesión de sollozos como una hora más tarde, después de que te metieras

en tu tienda. Esta vez decía que las manos

decía que las manos le pesaban demasiado, y que se le ponían rígidas y no podía mover los

dedos. Lloraba suavemente, pidiendo que todo terminara

que todo terminara, que se daba por vencido y que no lucharía más. Que aceptaba todo y que

le dejaran en paz

que le dejaran en paz. Luego comenzó el vuelo de Proll, cantando como habitualmente lo

hace. Afortunadamente le has relevado de la responsabilidad de las guardias. Había comenzado a salir

a salir la luna cuando Mantrong regresó al campamento. Como es habitual su cuerpo brillaba

y lo pude ver desde que apareció en la boca de la caverna. Pardeil no ha regresado todavía Lanzeri: ¿Desde cuándo brilla el cuerpo de Mantrong? Mirada. Pottery: Desde la primera vez que me tocó la guardia. Te informé que algo extraño había ocurrido. No me pediste detalles. Lanzeri mira a los jóvenes. Alterna de los ojos de uno a los del otro. Están en su equipo desde dos meses

Barnes:

Pottery:

Barnes:

Pottery:

Barnes:

antes de partir y no puede asegurar que sería capaz de distinguir sus voces en la oscuridad. Sus rasgos tan semejantes les hace parecer hermanos, pero uno tiene una cicatriz sobre la ceja y el otro no; y distinto color de cabello. Pero cuál es cuál Lanzeri: ¿Algo más? Digo, ¿de estas actividades supuestamente normales? Barnes: Pardeil no ha regresado aún Lanzeri: ¡Maldito cochino! Avisad a todos. Reunión general obligatoria en la tienda principal, en dos

horas.

Pottery: Pardeil no ha regresado aún

¿cómo le avisaré?

Lanzeri: Si a la hora de la reunión no está le daremos por desaparecido y organizaremos patrullas de búsqueda. Pero esto no debe seguir así. Barnes: Los geólogos salieron en el vehículo después del amanecer; no han regresado todavía. Lanzeri: No importa. Yo les he comisionado hasta la poblaci ó n a conseguir repuestos para el equipo de comunicaciones. ¿Salieron los tres? Pottery: Sí. Llevaban sus morrales. Y dos contenedores de agua.

PROLL 6

Vuelo. Vuelo y canto. Y veo todo y escucho todo. Las gaviotas que pasan rozando el agua para elevarse con un pez en el pico. El piar de los pichones cuando se acerca la comida. El fragor de las olas rompiéndose contra el acantilado. El murmullo de las ramas de los arbustos mecidos por el viento. Las espumosas crestas de las olas deshaciéndose sobre la arena de la playa. Y las palabras que trae el mar, desde la costa opuesta, en lejanos idiomas, musicales.

SEPARATA 8

Arqueólogo 1: ¿Sabe alguno el motivo de esta reunión general? Barnes no me adelantó nada, solamente dijo que Lanzeri nos quería a todos en la tienda mayor, a esta hora. Arqueólogo 2: Hay muchos motivos posibles. Arqueólogo 1 ¿Cuáles? Arqueólogo 3: ¿Dónde has estado? ¿Has llegado recién? No me digas que no te enteras de nada. Arqueólogo 1: No te burles de mí. Me siento hastiado. Ya sé que han pasado algunas cosas, pero lo que más me molesta es que no haya pasado nada con los grabados de Bamba. Arqueólogo 3: Mejor te olvidas. Creo que esta reunión es el aviso de regreso a casa. Arqueólogo 1: ¿Dejando todo así, a medio hacer?

Arqueólogo 2: Creo que es lo más prudente. La salud de algunos de nuestros compañeros de campa- mento deja mucho que desear. Arqueólogo 1: ¿Salud? ¿A quién te reeres? Arque ó logo 3: Ya me cansas, idiota. ¿ Qu é dices de Proll? No oye, no habla, no come, adelgaza, canta de noche y también de día; ayer estuve observándolo jamente y durante más de diez minutos no le he visto parpadear. Creo que no duerme. Arqueólogo 4: ¿Y qué me dices de Rúdenkof? Anoche se me paraban los pelos de la nuca mientras escuchaba cómo gemía y lloraba. Más tarde le vi salir de su tienda; caminaba como si estuviese borracho. Arqueólogo 2: No olvides a Mantrong. Arqueólogo 1: ¿Mantrong? ¿Qué tiene de enfermo? Le he visto muy bien.

iluminado, diría yo. ¿Acaso te parece sana una persona que brilla en la noche? ¿Y

que durante el día no le puedes ver a los ojos porque te encandila? Arqueólogo 1: Los que necesitan médico sois vosotros. Alucináis. Falta que me digáis que Pardeil, Barnes y Pottery están enfermos también, y con eso ¡plato lleno! Arqueólogo 5: Creo que lo más peligroso es el asunto de las desapariciones. Porque, al n y al cabo, la salud perdida puede ser consecuencia de las condiciones del lugar, alguna bacteria desconocida o vaya uno a

saber qué. Pero cómo se destruyó el laboratorio y un equipo de radio, y peor, qué pasó con el otro y los cuatro

vehículos

Arqueólogo 2: Bien

bien, me gustaría escuchar opiniones.

SEPARATA 9

Barnes: Todo está a punto de culminar. Pottery: Efectivamente. Barnes: ¿Intervendremos? Pottery: Mejor no.

LA REUNIÓN FINAL

Están los ocho dentro de la tienda mayor. Lanzeri, sentado en una banqueta, tabletea nervioso sobre la mesa. Miradas de soslayo van y vienen entre los demás, algunas sentados, otros de pie.

- Ya es hora de que se hubiesen presentado. Barnes, Pottery, os indiqué avisar a todos, ¿lo habé is hecho?

- pregunta Lanzeri. Responden que no han podido encontrar a Pardeil, que él ya lo sabía, que no regresó de la

caverna, y tampoco a los demás, excepto a Proll que pareció no entender. - Si lo deseas lo traemos, pero será inútil ya no está conciente.-

Lanzeri se levanta, arrojando la butaca hacia atrás. - ¿Me dices que Rúdenkof no está en su tienda? ¿Qué tampoco Mantrong está