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LITERATURA LECTURAS

4° SECUNDARIA 1ER. BIMESTRE

 
 

ÍNDICE

 
 

Literatura 4° Sec I Bim

 
 

Capítulo

 

Página

I.

Mito de los Hermanos Ayar ………………………………………

02

Mito de Wiracocha

………………………………………

03

II.

Ollantay

………………………………………

05

III.

IV.

Epístola de Amarilis a Belardo ……………………………………

10

V.

Antología Poética

 

Bien puede el mundo entero conjurarse …………….

14

¿Por qué a verte volví, Silvia quería …………………

15

No nació la mujer para querida

………………….

17

Todo mi afecto puse en una ingrata ………………….

18

Vuelve, que ya no puedo

………………….

19

La prenda mía

 

………………….

21

Si te fastidia mi amor

………………….

23

Si hay tras de la muerte amor

………………….

24

Fábulas

El cantero y el asno

………………….

25

Los gatos

 

………………….

26

VI.

Un viaje Antología poética

………………….

27

A mi hijo en sus días

………………….

29

El ministro y el aspirante

………………….

30

Ña Catita

 

………………….

31

VII.

Antología

La última frase de Bolívar

………………….

36

Dónde y cómo el diablo perdió el poncho …………

37

Al pie de la letra

………………….

40

¡Al rincón! ¡Quita calzón!

………………….

42

Acuérdate de mi

………………….

43

VIII.

Textos

………………………………………………….

45

Literatura

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4° Secundaria

CAPÍTULO I

MITO DE LOS HERMANOS AYAR

Considerado como mito de Pacaritampu, explica el avance de los pueblos Antis y Chinchas. Según Garcilaso de la Vega representa esta narración el valor genuino de la narrativa incaica. La voz quechua "Ayar" significa en el vocablo quechua muerte. Así, de este modo, se verán representados en los nombres de los cuatro hermanos. Ayar Cachi:

muerte y sal; Ayar Uchu: muerte y ají; Ayar Auca: muerte y oca; Ayar manco: jefe. Los símbolos representados en los cuatro hermanos, el mito de los hermanos Ayar o mito de Pacaritampu, se explicará de este modo:

Ayar Cachi: Simboliza el destructor de montañas (con una honda) y mantenedor de una fuerza sísmica superior. Personaje alegórico a la naturaleza. Ayar Uchu: Significa la virilidad y su figura ha dado el halo dionisiaco a su investidura. Cultor de las grandes fiestas religiosas idealizó el adoratorio de Huanacaure y germinador de la especie humana. Ayar Auca: Es el organizador de la sociedad. Fue idealizado como la sociedad central del Cusco. Simboliza el Valle Cusqueño: El Hacedor del Imperio. Ayar Manco: Conductor del gobierno Se ha dicho que estos cuatro hermanos avanzaron por tierras y lugares de Pacaritampu y Huanacaure. Los historiadores modernos identifican que aquellos fueron los Marcas, Tampus, Maras y Chilcas. Del mismo modo, el cantar va a demostrar la salida de los Hermanos Ayar y sus respectivas mujeres del Cerro Tamputoco. El cronista Betanzos señala la forma de su salida: "Sacaron en sus manos vestidos de una lana fina tejida con oro fino y a los cuellos sacaron unas bolsas asimismo de lana y oro, muy labradas, en las cuales bolsas pusieron una hondas de nervios…. Las mujeres salieron asi mismo vestidas muy ricamente con unas mantas y unas fajas que ellas llamaron chumbis, muy labradas en oro y con los prendedores de oro muy fino". Ayar Cachi, el arrojador de quebradas fue encerrado por sus hermanos en la cueva de Tamputoco, quien además trataba de recuperar los vasos de oro, pero fue olvidado en aquella montaña. Ayar Uchu se convierte en cóndor, y solicita a sus hermanos, en un mensaje conmovedor que lo adoren en la fiesta de la Virilidad. De otro modo, Ayar Auca se convertirá en estatua a la entrada del Cusco, ciudad a la que se denominará Cusco o "Mojón de piedra". Por último Ayar Manco, quien derrota a los primitivos habitantes del valle, funda el imperio incaico, acompañado de Mama Ocllo.

Literatura

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4° Secundaria

MITO DE WIRACOCHA

Adaptación: Lizardo Tavera

El mito de Cuniraya Huiracocha forma parte de los escritos de Francisco de Avila, quien en la primera década del siglo XVII los recolecta en la provincia de Huarochirí. Avila fue encargado como "extirpador de idolatrías". Tenía la misión de destruir las antiguas creencias andinas y reemplazarlas por la religión católica. Para ello recorrió la sierra de Lima (Huarochirí) con ayudantes andinos, los que escribieron en quechua los mitos y leyendas de esa región. La primera traducción al castellano la hizo José María Arguedas, publicando el libro "Dioses y Hombres de Huarochirí" en 1966. Posteriormente, Gerald Taylor hizo una nueva traducción en 1987, que aparece en el libro "Ritos y Tradiciones de Huarochirí del siglo XVII", de donde hemos adaptado el presente relato. Cuentan que en tiempos muy antiguos, Cuniraya Huiracocha se convirtió en un hombre muy pobre, y andaba paseando con su ropa hecha harapos, y sin reconocerlo algunos hombres lo trataban de mendigo piojoso. Pero Cuniraya Huiracocha era el dios del campo. Con solo decirlo preparaba las chacras para el cultivo y reparaba los andenes. Con el solo hecho de arrojar una flor de cañaveral (llamada pupuna) hacía acequias desde sus fuentes. Así, por su gran poder, humillaba a los demás dioses (huacas) de la región. Había una vez una mujer llamada Cahuillaca, quien también era huaca, que por ser tan hermosa todos los demás huacas la pretendían. Pero ella siempre los rechazaba. Sucedió que esta mujer, que nunca se había dejado tocar por un hombre, se encontraba tejiendo debajo de un árbol de Lúcumo. Cuniraya que la observaba de lejos pensaba en una manera astuta de acercarse a la bella Cahuillaca. Entonces se convirtió en un pájaro y voló hasta la copa del Lúcumo, donde encontró una lúcuma madura a la que le introdujo su simiente, luego la hizo caer del árbol justo al costado de donde Cahuillaca se encontraba tejiendo. Al verla se la comió muy gustosa y de esta manera la bella diosa quedó embarazada sin haber tenido relaciones con ningún hombre. A los nueve meses, como era de esperarse, Cahuillaca dio a luz. Durante más de un año crió sola a su hijo, pero siempre se interrogaba sobre quién sería el padre. Llamó a todos los Huacas y Huillcas a una reunión para dar respuesta a su pregunta. Cuando supieron de la reunión todos los huacas se alegraron mucho, asistieron muy finamente vestidos y arreglados, convencidos de ser a los que la bella Cahuillaca elegiría. Esta reunión tuvo lugar en un pueblo llamado Anchicocha. Al llegar se fueron sentando, y la bella huaca les enseñaba a su hijo y les preguntaba si eran los padres. Pero nadie reconoció al niño. Cuniraya Huiracocha también había asistido, pero como estaba vestido como mendigo Cahuillaca no le preguntó a él, pues le parecía imposible que su hijo hubiese sido engendrado por aquel hombre pobre. Ante la negativa de todos los interrogados de reconocer al niño, Cahuillaca ideó posar en el piso al niño, dejando que ande a gatas solo hasta donde se encuentre su padre. Hizo así, y el niño se dirigió muy contento donde se encontraba Cuniraya Huiracocha. Cuando su madre lo vio, muy encolerizada, gritó: "-Ay de mí! ¿Cómo habría podido yo dar a luz el hijo de un hombre tan miserable?". Y con estas palabras cogió a su hijo y corrió hacia el mar. Entonces Cuniraya dijo: "Ahora sí me va a amar!" y se vistió con un traje de oro, y la siguió, llamándola para que lo viera. Pero Cahuillaca no volvió para mirarlo, siguió corriendo con la intención de arrojarse al mar por dar a luz el hijo de un hombre tan "horrible y sarnoso". Al llegar a la orilla, frente a Pachacamac, se arrojó y quedaron convertidos, ella y su hijo, en dos islotes que están muy cerca a la playa. Como Cuniraya pensaba que Cahuillaca voltearía a verlo, la seguía a distancia llamándola y gritándole continuamente. Entonces se encontró con un cóndor y le preguntó: "-Hermano, ¿dónde te encontraste con esa mujer?", "-Aquí cerca está, ya casi la vas alcanzando" le respondió el cóndor. Por darle esa respuesta Cuniraya le dijo al cóndor: "-Siempre vivirás alimentándote con todos los animales de la puna, y cuando mueran tú sólo te los comerás, y si alguien te mata, él también morirá" El huaca siguió en su carrera en pos de Cahuillaca, encontrándose con una zorrina." -Hermana" le preguntó, "En donde te has encontrado con esa mujer?" La zorrina le respondió: "-Ya no la alcanzarás, está muy lejos"-. Por darle esa mala noticia el huaca le dijo: "- Por lo que me has contado, te condeno a que camines sólo de noche, odiada por los hombres y apestando horriblemente". Más abajo en su camino se encontró con un puma. "-Ella todavía anda por aquí; ya te estás acercando" le dijo el puma. Por darle tan buenas noticias Cuniraya le respondió: "-Comerás las llamas del hombre culpable, y si alguien te mata te hará bailar primero en una gran fiesta, y todos los años te sacará sacrificándote una llama" (De este modo Cuniraya le confiere al puma categoría para ser adorado, y manda además que todos los años se celebre una fiesta en su honor, en la que se bailará y se sacrificará una llama en su honor). También se encontró con un zorro. Al preguntarle por Cahuillaca el zorro le dijo que se encontraba ya muy lejos y que no la alcanzaría.

Literatura

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Por esto le dijo al zorro: "-Aunque andes a distancia, los hombres llenos de odio te tratarán de zorro malvado y desgraciado. Y cuando te maten te botarán a ti y a tu piel como algo sin valor". El halcón, con quién también se encontró, le auguró que pronto la alcanzaría. Por ello le contestó el huaca: "-Tendrás mucha suerte, y cuando comas primero almorzarás picaflores. El hombre que te mate llorará tu muerte, y sacrificará una llama en tu honor, y bailará poniéndote sobre su cabeza para que resplandezcas allí". Enseguida se encontró con unos loros, quienes le dijeron que ya no la alcanzaría. Por ello Cuniraya les maldijo así: "-Andareís gritando muy fuerte, y cuando los escuchen, sabiendo que tienen la intención de destruir los cultivos, sin tardar los hombres os ahuyentarán y habrán de vivir sufriendo mucho, odiados por ellos". De este modo, cada vez que se encontraba con alguien que le daba una buena noticia le auguraba un buen porvenir, y si se encontraba con alguien que le daba malas noticias lo maldecía. De este modo llegó hasta el mar donde se encontraban dos hijas de Pachacamac custodiadas por una serpiente. Pero poco antes, la madre de éstas: Urpayhuachac, había entrado al mar a visitar a Cahuillaca. Aprovechando esta ausencia Cuniraya violó a la menor de las hijas. Cuando quiso hacer lo mismo con la otra, ésta se transformó en paloma y voló. Es por esto que a su madre le llaman Urpayhuachac: "La que pare palomas". En ese tiempo no habían peces en el agua. Solo Urpayhuachac los criaba en un estanque que estaba dentro de su casa. Cuniraya, enfadado porque había ido a visitar a Cahuillaca arrojó todos los peces del estanque al mar. Y es por esto que el mar, ahora, se encuentra poblado de peces. Cuando la hija menor de Urpayhuachac le contó lo que Cuniraya le había hecho, se encolerizó y se decidió por matarlo. Para ello tramó un astuto plan. Urpayhuachac llamó a Cuniraya con el pretexto de quitarle las pulgas. Este aceptó. Pero al mismo tiempo hacía crecer una gran peña para que le cayera encima al huaca y lo aplastara. Pero éste, con gran astucia, se dio cuenta de las verdaderas intenciones de Urpayhuachac, y huyó del lugar. Desde entonces Cuniraya Huiracocha anda por el mundo engañando a huacas y hombres.

Literatura

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CAPÍTULO II

1. Personajes de la Obra

Chaski Hanqu Wallu (auqui anciano)

Ima Sumaq (niña) Kusi Quyllur (infanta) Mama Qapa (anciana)

Pachakutiq (transformador del mundo) Piki Chaki (pata de pulga) Pitu Salla (joven) Quya (anciana) Rumi Ñawi (general de Anansuyo) Tupaq Yupanki (rey) Ullanta (General de Antesuyo) Urqu Waranqa (general)

Wilka Uma (sacerdote) Runa

LLapankuna

2. Acto Primero

2.1 Escena Primera (Sale Ollantai con capa dorada, maccana colgada al ombro y champi con Piki Chaki)

ULLANTA

1. Piki Chaki, rikunkichu

2. Kusi Quyllurta wasinpi?

PIKICHAKI

3. Amataq Inti munachunchu

4. chayman churakunaytaqa.

5. Mantuchu qanqa manchanki

6. Inkaq ususin kasqantapa?

ULLANTA

7. Chaypas kachun, munasaqmt

8. chay llullukusqay urpita.

9. Ñan kay sunquypiqa

10.payllallatan maskhashani.

PIKICHAKI 11.Supaychá raykusqasunki. 12.Icha qanqa musphankipas. 13.Hinantinpi warma sipas

14.Anchatan rikupakunki. 15.Ima p’unchawchá yachanqa 16.Inka yuyaykusqaykita. 17.qhurunqan chay kunkaykita 18.qantaq kanki aycha kanka.

Literatura

OLLANTAY

PERSONAJES

Mensajero Olla Blanda (General inca de Ollanta)

Bella - Niña (hija de Estrella y Ollanta) Estrella Alegre (Amada de Ollanta) Madre Roca (Gobernanta del Akllawasi)

Pachacútec (Primer Inca) Pata - Pulga (gracioso o donaire) Cortesana (tutora de Bella-Niña) Reina (Esposa de Pachacútec) Ojo de Piedra (General de Hanansuyo) Túpac Yupanqui (Segundo Inca) Ollanta (General del Antisuyo) Mil Hombres (General inca de Ollanta)

Jefe Sagrado (Religioso) (Indio)

Coros

Acto Primero

Escena Primera (Sale Ollanta con capa dorada. maza colgada al hombro y champi con Pata - Pulga)

OLLANTA Pata-Pulga, ¿has visto hoy

a Estrella Alegre en palacio?

PATA-PULGA Que el Sol no quiera más, mi amo, que me exponga a ese lugar Mas, ¿cómo siendo hija del Inca no temes que vaya allá?

OLLANTA

Aun así tengo que amar

a mi más tierna paloma. Dentro de mi corazón

la voy buscando a ella sola.

PATA-PULGA El diablo te ha poseído. Tal vez estés delirando. En cualquier parte hay doncellas

¡Echa por ahí un vistazo! El día que sepa el Inca cuáles son tus pensamientos te va a rebanar el cuello:

5 carne serás puesta al fuego.

4° Secundaria

ULLANTA

19. Ama, runa, hark’awaychu!

20. Kaypitaq sipirquykiman.

21. Ama rimapayawaychu.

22. makiypitaq llik’iykiman.

PIKI CHAKI

23. Puriy arí aysarqamuy

24. allqu wañusqa hinata

25. Ichaqa ama nuqata

26. puriy Piki maskharqamuy

27. niwankichu sapa wata,

28. sapa p’unchaw, sapa tuta

ULLANTA

29. Ñan niykiña, Piki Chaki,

30. kikin wañuy ichhunantin

31. hinantin urqu, hinantin

32. sayarinman awaqa waki,

33. chaypachapas sayaymanmi

34. paykunawan churakuspa.

35. I nuqan kawsay wañuspa

36. Quyllurninpi mitk’ashani

PIKI CHAKI

37. Supay lluqsimunman chayri.

ULLANTA

38. Paytapas nuqa t’ustymanmi

PIKICHAKI

39. Mana sinqanta rikuspan

40. kunan qanqa rimashanki

ULLANTA

41. Chaypas, Piki, willallaway

42. ama imata pakaspayki,

43. manachu Quyllur rikusqayki

44. llipiq t’ikan i nillaway?

PIKICHAKI

45. Quyllurllawan musphashanki.

46. Manan nuqa icha pichus

47. Paychá karqan icha pichus

48. qayna p’unchaw rankhi rankhi

49. purun thaskikuna ukhupi

50. lluqsimurqan chay suyupi.

51. Intimanmi rikch’akurqan

52. killamantaq tukupurqan.

ULLANTA

53. Paypunin. Chayqa riqsinkin

54. Ima sumaq, ima kusi

55. Kunallanmi puririnki

56. Kunayniywan, kusi kusi.

Literatura

OLLANTA ¡No seas estorbo, hombre! Aquí mismo te ahogaría. Así no sigas hablando, que te rasgo entre mis manos.

PATA-PULGA ¿Qué haces que no me arrastras

lo mismo que a un perro muerto? Entonces no me dirías:

- Anda, corre, Pata-Pulga

ve a buscarla - . Así cada año, cada noche, cada día.

OLLANTA Ya te he dicho, Pata-Pulga:

Si la muerte con su hoz

y todos los cerros juntos

contra mí se levantaran como enemigos, a ellos, ahora mismo, yo haría frente combatiéndolos con fuerza. Yo, entre la vida y la muerte, caigo a los pies de mi Estrella.

PATA - PULGA ¿Y si el mismo diablo saliera?

OLLANTA También a él la aplastaría.

PATA-PULGA Con que la nariz le vieras muy poco más gritarías.

OLLANTA Pero bien, Pulguita, dime:

no me ocultes la verdad. La Estrella que viste, ¿acaso no es flor de flores, sin más?

6

PATA-PULGA Deliras con tu Estrellita. Claro que no la conozco. Ayer al cerrar el día fue a salir por aquel lado quizá ella, ¿o quién sería? entre inocentes doncellas. Al sol se le parecía hasta que se hizo de luna.

OLLANTA Estoy seguro. Era ella. Ya veo que la conoces. ¡Quién más alegre y más bella! Ponte en camino ahora mismo

con mi mensaje, arañita. 4° Secundaria

PIKICHAKI

PATA-PULGA

57.

Manan nuqaqa riymanchu

No quisiera yo ir allá,

58.

p’unchawqa hatun wasinta

al gran palacio, de día.

59.

Chaypiñataq q’ipintinta:

Atrás llevan sus atados

60.

mana pita riqsiymanchu.

y a nadie conocería.

ULLANTA

OLLANTA

PATA-PULGA

61.

Riqsiniñan ninkitaqmi?

¿Pero tú no me dijiste

PIKICHAKI

que a Estrella ya conocías?

62.

Chaytaqa niqllatan nini

Eso dije por decir.

63.

Tutallan Quyllurqa k’anchan

Si Estrella brilla de noche,

64.

tutallataqmi riqsini.

de noche sólo puedo ir

ULLANTA

OLLANTA

65.

Lluqsiy kaymanta, layqa.

Márchate de aquí, farsante

66.

Chay Quyllur munakusqayqa

que la Estrella a quien yo quiero

67.

Intiq qayllanpi aswanta

cuanto más cerca del sol

68.

k’anchan, chipchin sapanmanta.

está, más brilla. Y no hay lucero que rivalice con ella.

PIKI CHAKI

PATA-PULGA

69.

Chayqa kunan lluqsimusqan

Ahora salía hacia acá

70.

huk machu icha payachu.

no sé si un viejo

o una vieja

72.

Icha kunayniyki apaqchu

Manda con ella el recado

73.

paywan kunay; nuqataqa

que hay que mandar, porque a mí

74.

"kachapuri" nikuwanmanmi

podrá decirme quien sea:

75.

pi maypas huk wakchataqa.

- no eres más que un alcahuete

2.2

Escena Séptima

Escena Séptima

ULLANTA (Se hinca)

OLLANTA(De rodillas)

76. Ñan yachanki, qhapaq Inka,

77. warmamantan yanarqayki,

78. qantan wiñay qhawarqayki.

79. Rurasqayki kay wamink’a

80. qanta qatispan kallpaypas

Ya sabes, poderoso Inca,

que te serví desde joven.

En ti me miré por siempre.

El general que formaste

a ti te sigue y sus fuerzas

81. waranqaman kutipurqan;

ya

multiplicó por mil.

82. hunp’iypas qanpin sururqan,

Mi

sudor por ti corrió,

83. qanraykutaqmi kanipas.

84. Phurur awqan i karqani

85. tukuy q’achaq, tukuy t’aqtaq.

86. Manchayninmi llipi llaqtaq

87. anta chanpin sirk’arqani.

88. Imapin manapas lluqllaqchu

89. awqaykikunaq yawarnin?

90. Pipaqmi mana ch’awwarnin

91. Ullantaypa sutin kaqchu?

92. Nuqan qanpa chakiykiman

93. Hanansuyuta llipintinta

94. churarqani; yunkantinta

95. yanaykipaq wasiykiman

96. chankakunata kanaspa

97. raprankutan kuchurqani,

98. nuqataq kurururqani

99. Wanka Willkata t’aqtaspa.

Literatura

por tu causa soy quien soy. Como catapulta fui que quema y lo aplasta todo. De los pueblos el terror,

degollé, champi de cobre. ¿Cuándo no brotó a raudales

de tu enemigo la sangre?

¿Para quién mi nombre, Ollanta,

no era soga de cabuya

Porque yo el Hanansuyo

en bloque, a tus mismos pies,

puse; hasta a los yungas traje a palacio de esclavos

prendiendo fuego a los chancas

yo mismo corté sus alas;

y como a un gusano envolví

y aplasté a Guanca Huilca

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4° Secundaria

100. Maypin mana sayarirqan

101. Ullantay ñawpaq ñawpaqta?

102. Nuqarayku tukuy llaqta

103. chakiykiman hamurirqan:

104. ñaraq llanp’uta llullaspa,

105. ñarraq phiña qaparispa,

106. ñaraq yawarta hich’asqa,

107. ñaraq wañuyta tarispa

108. Qanmi, yayay, quwarqanki

109. quri chanpita, qantaqmi

110. quri chukuta. Imapaqmi

111. runamanta hurquwarqanki?

112. Qanpan kay quri maqana,

113. qanpaqtaqmi ima kasqaypas.

114. Kallpaypas chaninpi chaypas

115. tukuyta chaypi maskhana.

116. Ñan aputa hurquwanki,

117. Antisuyu wamink’ata,

118. pisqa chunka waranqata

119. runaykita yupawanki.

120. Hinantin Anti qatiwan

121. qanta yanakusqallaypi,

122. nuqatawanmi churayki

123. ullpuykuspa chakiykiman.

124. Asllallatan huqariway,

125. yanayki kani, qhawariy.

126. Qatisqaykin i kunanri

127. quyllurniykita quriway.

128. Chay kánchaywan puririspa

129. qan apuyta yupaychaspa

130. wiñaytaq qanta qhawaspa

131. wañunaypaq tatkirispa

PACHAKUTIQ

132. Ullantay, qan runan kanki,

133. hinallapitaq qhipariy,

134. pin kasqaykita qhawariy,

135. ancha wichaytan qhawanki.

ULLANTA

136. Hukkamallaña sipiway

PACHACUTIQ

137. Nuqan chaytaqa rikunay:

138. manan qanqa akllanaykichu.

139. Niway, yuyayniykipichu

140. karqanki? Usqhay ripullay. (Vase)

Literatura

¿Dónde antes que nadie Ollanta no se había alzado en armas? Por mi causa, todo pueblo vino a arrojarse a tus plantas:

ya obediencia aparentando ya llorando bravamente, ya derramando la sangre, ya descubriendo la muerte. Tú, padre mío, me diste champi de oro, y tú también áureo casco. ¿Para qué

me alzaste sobre otros hombres? Tuya es esta maza de oro

y tuyo cuando he tenido.

Si mi fuerza vale de algo, hay en ella que buscarlo. Tú ya me has hecho un jerarca,

general del Antisuyo,

y son cincuenta mil hombres

los que calculas que tengo. Todos los Antis me siguen al saber que te obedezco. Conmigo mismo los pongo de rodillas a tus pies. Ensálzame un poco más, mira que tu siervo soy. Te seguiré y, por favor, ahora dame a tu hija Estrella. Partiendo con la luz mía honrándote a ti, Señor, fijándome en ti por siempre me encaminaré a la muerte

PACHACÚTEC Ollanta, tú eres un runa quédate ahí en tu lugar, mira sin más lo que has sido, muy alto quieres llegar.

OLLANTA Mátame ya, te lo pido.

PACHACÚTEC Eso yo ya lo veré:

tú no puedes elegirlo. Dime, ¿es que en tu sano juicio estás? ¡Fuera! Vamos, vete.

(Vase)

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4° Secundaria

2.3

Escena Octava

Escena Octava

ULLANTA

141. Ah, Ullanta! Ah, Ullanta!

142. Chaynatachu hurqusunki

143. llipi t’aqtaq kayniykiman,

144. Chay chhika yanasqaykiman

145. Ay, Kusi Quyllur, warmilláy,

146. kunanmi chinkarichiyki;

147. ñan nuqa pisipachiyki;

148. Ay, ñust’a! Ay, urpilláy!

(Cae como muerto. Se le da agua y

Vuelve en si Prosiguiendo hablar)

149. Ay, Qusqu! Ay, sumaq llaqta!

150. Kunanmanta q’ayamanqa

151. awqan kasaq, kasaq anka,

152. chay qhasquykita k’araqta

153. llik’irquspa sunquykita

154. kunturkunaman qunaypaq

155. kanmi kallpay qarqunaypaq

156. chay awqa, chay inkaykita.

157. Huñu huñu waranqata

158. antikunata llullaspa

159. suyuykunata tuqllaspa

160. pusamusaq p’ullqanqata.

161. Saqsawamanpin rikunki

162. runayta phuyuta hina.

163. Chaypin sayarinqa nina,

164. yawarpin chaypi puñumki.

165. Chakiypin kanqa Inkayki

OLLANTA ¡Ay, Ollanta! ¡Ay, Ollanta! ¿De esa manera te ha echado

a ti que devastas pueblos

a ti que le serviste tanto

¡Ay, Estrella, esposa mía, ahora sí que te he extraviado; yo te he echado mucho en falta ¡Ay, princesa! ¡Ay, palomita! (Cae sin sentido. Al poco tiempo vuelve en sí. Continúa) ¡Ay, mi Cusco! ¡Ay, tierra mía! Yo desde ahora en adelante rival seré, seré un águila que herirá tu mismo pecho.

Te arrancaré el corazón:

y lo arrojaré a los cóndores Derrocaré con mi fuerza

a ese enemigo, a ese Inca.

Cien millares de guerreros tras persuadir a los Antis,

tras emboscar a los suyos, traeré para la batalla. Verás en Sacsaihuamán

a mis hombres como nubes.

Allí comenzará el fuego,

de sangre tendrás el lecho. Tu Inca a mis pies caerá

166. chaypachas paypas rikunqa

y

en ese instante verá

167. pisichus nuqapaq yunka,

si

es poco para mí el yunga,

168. puchunqachus chay kunkayki.

si

se salvará tu cuello.

169. "Manapunin quykimanchu"

-

Por nada te la daría

170. niwanraq chay ususinta

-

así me dijo, a su hija.

171. Paskarinraq chay siminta:

Y

aún desató su boca:

172. "manan qanpaqqa kanmanchu"

-

para ti no puede ser -

173. nispa, utikuy phiñasqa

174. qunqur sayaspa mañaqtiy!

175. Inkan paypas nuqa kaqtiy,

176. tukuymi chayqa yachasqa.

177. Kunanqa kayllaña kachun

Literatura

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me dijo, pásmate, airado

estando él de pie derecho

y estando yo arrodillado.

Él es Inca por mis obras Como todo el mundo sabe.

Quede esto así por ahora

4° Secundaria

CAPÍTULO IV

EPÍSTOLA DE AMARILIS A BELARDO

Tanto como la vista la noticia De grandes cosas suele las más veces Al alma tiernamente aficionarla,

   

Probó primero el lazo en que me enlace, Durando para siempre las memorias De los sucesos tristes Que en su vergüenza cuentas las historias.

Que no hace el amor siempre justicia,

5

Ni los ojos a veces son jueces

 

Del valor de la cosa para amarla, Mas suele en los oídos retratarla Con tal virtud y adorno,

   

55

Oí tu voz, Belardo, mas que digo,

No Belardo, Milagro han de llamarte,

Este es tu nombre, el cielo te lo ha dado,

Haciendo en los sentidos un soborno,

Y

amor que nunca tuvo paz conmigo

10

(Aunque distinto tengan el sujeto,

Te me representó parte por parte

Que en todo y en sus partes es perfeto) Que los inflama todos

 

60

Mostróse en esta empresa más osado, Por ser el artificio

En ti más que en tus fuerzas confiado,

Y

busca luego artificiosos modos

Con que puede entenderse

 

Peregrino en la traza y el oficio,

15

El corazón que piensa entretenerse

Otras puertas del alma quebrantando

Con dulce imaginar para alentarse,

 

65

No por los ojos míos que velando

Sin mirar que no puede Amor sin esperanza sustentarse.

Están en gran pureza, Mas por oídos, cuya fortaleza Ha sido y es tan fuerte,

El

sustentarse amor sin esperanza,

Que por ellos no entró sombra de muerte,

20

Es fineza tan rara que quisiera

70

Que tales son palabras desmandadas

Saber si en algún pecho se ha hallado,

 

Si

vírgenes las oyen,

Que las más veces la desconfianza Amortigua la llama que pudiera Obligar con amar lo deseado,

Que a Dios han sido y son sacrificadas.

Con gran razón a tu valor inmenso

25

Mas nunca tuve por dichoso estado

Consagran mil deidades sus labores

Amar bienes posibles,

 

75

Cuando manijan perlas en sus faldas,

Sino aquellos que son más imposibles,

Todo ese mundo allá te paga censo,

A

éstos ha de amar un alma osada,

Y

este de acá mediante tus favores

Pues para más alteza fue criada,

 

Crece en riqueza de oro y esmeraldas,

30

Que la que el mundo enseña,

Potosí que sustenta en sus espaldas,

Y

así quiero hacer una reseña

80

Entre el invierno crudo

De amor dificultoso, Que sin pensar desvela mi reposo,

 

Aquel peso que Atlante ya no pudo,

Confiesa que su fama te la debe,

Amando a quien no veo y me lastima,

Y

quien del claro Lima el agua bebe

35

Ved que estraños contrarios

Sus primicias te ofrece

Venidos de otro mundo y de otro clima.

 

85

Después que con tus dones se engrandece,

Al

fin en éste donde el Sur me esconde

Acrecentando ofrendas

Oí, Belardo, tus conceptos bellos, Tu dulzura y estilo milagroso

 

A

tus excelsas y admirables prendas.

Yo que aquestas grandezas voy mirando,

40

Vi con cuanto favor te corresponde

Y

entretenida en ellas

El

que vio de su Dafne los cabellos

90

Las voy en mis entrañas celebrando.

Trocados en su daño en lauro umbroso.

   

Y

admirando tu ingenio portentoso

 

En tu patria Belardo (mas no es tuya) No sientas mucho verte peregrino, (Plegue a Dios no se enoje Manzanares) Por más que haga de tu fama suya,

No puedo reportarme

 

45

De descubrirme a ti y a mí dañarme,

Mas que daño podrá nadie hacerme

 

Que tu valor no pueda defenderme.

95

Que otro origen tuviste más divino,

Y

tendré gran disculpa

Y

otra gloria mayor si la buscares,

Si

el amarte sin verte fuere culpa,

Oh, cuánto acertarás si imaginares Que es patria tuya el cielo,

50

Que el mismo que lo hace

 

10

 

Literatura

4° Secundaria

Y

que eres peregrino acá en el suelo,

   

150

Fama inmortal ganaron a su gente,

100

Porque no hallo en él quien igualarte

Donde Neptuno engasta su Tridente

Pueda, no sólo en todo más ni en parte, Que eres único y solo En cuanto miran uno y otro polo:

 

En nácar y oro fino, Quando Pizarro con su flota vino, Fundó ciudades y dexó memorias

Pues, peregrino mío,

155

Que eternas quedarán en las historias,

 

A

quien un valle ameno

105

Vuelve a tu natural pongante brío

De tantos bienes y delicias lleno, Que siempre es Primavera Merced del dueño de la cuarta esfera,

No las murallas que ha hecho tu canto En Tebas engañosas,

 

Mas las eternas que te importan tanto.

160

La ciudad de León fue edificada,

110

Allá deseo en santo amor gozarte,

Y

con hado dichoso

Pues acá es imposible poder verte,

 

Quedó de Héroes fortísimos poblada.

 

Y temo tus peligros y mis faltas,

 

Tabla tiene el naufragio y escaparte Puedes en ella de la eterna muerte,

   

Es frontera de bárbaros y ha sido Terror de los tiranos que intentaron

165

Contra su Rey enarbolar bandera Al que en Xauxa por ellos fue

Si

del bien frágil al divino faltas

 

115

Las singulares gracias con que

 

rendido,

esmaltas

Su atrevido estandarte le arrastraron

Tus soberanas obras Con que fama inmortal contino cobras, Empléalas de oy más con versos lindos En soberanos y divinos Pindos:

 

Y

volvieron el Reyno a cuyo era.

Bien pudiera (Belardo) si quisiera

170

Dezir hazañas de mis dos abuelos Que aqueste nuevo mundo conquistaron

En gracia de los cielos

120

Tus divinos concetos

Allí serán más dulces y perfetos,

 

Y

esta ciudad también edificaron

Que el mundo a quien le sigue En vez de premio al bienhechor persigue

Do vasallos tuvieron

175

Y por su Rey su vida y sangre dieron,

Y

contra la virtud apresta el arco

Mas el discurso largo Que la fama ha tomado ya a su cargo

125

Con ponçoñosas flechas

De la maligna aljava de Aristarco.

 

Si

acaso la desgracia desta tierra

 

Que corre en este tiempo

Quiero pues començar a darte cuenta De mis padres y patria y de mi estado, Porque sepas quien te ama y quién te escribe,

 

180

Tantos ilustres méritos no entierra.

e

padres nobles dos hermanas fuimos

Que nos dexaron con temprana muerte,

130

Bien que ya la memoria me atormenta

Aún no desnudos de pueriles paños,

Renovando el dolor, que aunque llorado Está presente y en el alma vive, No quiera Dios que en presunción estrive

Lo que aquí te dixere,

 

El

cielo y una tía que tuvimos

185

Suplió la soledad de nuestra suerte

Con el amparo suyo algunos años, Huymos siempre de sabrosos daños

135

Ni que fábula alguna compusiere,

Y así nos inclinamos

Que suelen causas propias engañarnos

 

A virtudes heroycas que heredamos

Y

en referir grandezas alargarnos,

190

De la beldad que el cielo acá reparte

Que la Filaucia engaña

Nos cupo (según dizen) mucha parte

Mas que no la verdad nos desengaña

Con otras muchas prendas, No son poco bastantes las haziendas Al continuo sustento

140

Vamos en honras vanas estribando Destas pudiera bien dezirte muchas, Mas quédense en silencio Pues atento contemplo que me escuchas.

Especialmente quando

195

Y estamos juntas con tan gran

contento

que un alma a entrambas rige y nos govierna, Sin que aya tuyo y mío,

145

En este imperio oculto que el Sur baña

Más de Baco pisado que de Alcides Entre un Trópico frío y otro ardiente. Adonde fuerças ínclitas de España Con varios casos y continuas lides

 

Sino paz amorosa dulce y tierna.

Ha sido mi Belisa celebrada,

200

Que éste es su nombre y Amarilis mío,

 

11

 

Literatura

4° Secundaria

Entrambas de afición favorecidas,

   

Una alma pura a tu valor rendida,

Yo

he sido a dulces Musas inclinada,

255

Acepta el don que puedes estimarlo,

Mi

hermana aunque menor tiene más brío

Y

dándome por fe lo que merezco

Y

partes por quien es muy conocidas,

Quedará mi intención favorecida, De la qual hablo poco y mucho callo,

205

Al fin todas han sido mereçidas

Con alegre Himeneo

 

Y

para darte más, no sé si hallo;

De

un joven venturoso que en trofeo

260

Déte el cielo favores,

A

su fortuna y vencedora palma

Las dos Arabias bálsamo y olores, Cambaya sus diamantes, Tíbar oro, Marfil Cephala, Persia su tesoro,

Alegre la rindió prendas del alma,

 

210

Yo siguiendo otro trato

Contenta vivo en limpio celibato Con virginal estado

 

Perlas los Orientales,

265

El Rojo mar finísimos corales,

A

Dios con gran afecto consagrado,

Balaxes los Zeylanes,

Y

espero en su bondad y su grandeza

Aloe precioso Sarnaos y Campanes, Rubíes Pegugamba y Nubia algalia, Amatistas Rarsinga

215

Me tendrá de su mano

Guardando inmaculada mi pureza.

 
 

270

Y prósperos sucesos Accidalia.

De mis cosas te he dicho en breve suma Todo quanto quisieras preguntarme,

 

Esto mi voluntad te da y ofrece,

Y

de las tuyas muchas he leydo,

Y

ojalá yo pudiera con mis obras

220

Temerosa y cobarde está my pluma

hazerte ofrendas de mayor estima, Mas donde tanto junto se merece

Si

en alabanças tuyas emplearme.

Con singular contento he pretendido,

 

275

De nadie no recibes sino cobras

Si

quanto quiero das por recibido,

Lo que te debe el mundo en prosa y rima, He querido pues viéndote en la cima

O

que dello me debes,

225

Y porque esta verdad ausente prueves

De alcáçar de Apolo,

Corresponde en reçíproco cuydado Al amor que en mí está depositado,

 

Como su propio dueño único y solo

280

Pedirte un don que te agradezca el

Celia no me desdeñe, Porque ver que en esto mi valor se empeñe,

cielo,

Para bien de tu alma y mi consuelo:

No te alborotes, tente,

230

Que ofendido en sus quiebras

 

Su

nombre todavía al fin celebras,

 

Que te assiguro bien que te contente Quando vieres mi intento,

Y

aunque milagros su firmeza haga

Te

son muy bien devidos,

285

Y sé que lo harás con gran contento,

Y

aún no sé si con esto tu fe paga.

Que al liberal no importa para asille

235

No seremos por esto dos rivales,

Significar pobrezas, Pues con que más se agrada es con pedille.

Que Trópicos y Zonas nos dividen

 

Sin dexarnos asir de los cabellos,

 

Ni

a sus méritos pueden ser iguales

 

Yo y mi hermana una santa celebramos,

Quantos al mundo el cetro y honor piden,

 

290

Cuya vida de nadie ha sido escrita,

240

De trenças de oro, cejas y ojos bellos

Como empresa que muchos han tenido,

Quando enredado te hallaste en ellos, Bien supiste estimallos

 

El

verla de tu mano deseamos,

Tu dulce Musa alienta y resucita

Y

en ese mundo y éste celebrallos,

Y

ponla con estilo tan subido

Y

en persona de Angélica pintaste

295

Que sea donde quiera conocido

245

Quanto de su lindeza contemplaste,

Y

agradecido sea

Mas estoyme riendo

 

De nuestra santa Virgen Dorotea:

De

ver que creo aquello que no entiendo

O

que sugeto, mi Belardo, tienes

Por ser dificultosos

 

Con que de lauro coronar tus sienes

Para mí los sucesos amorosos,

300

Podrás, si no emperezas,

250

Y tener puesto el gusto y el consuelo

Contando desta virgen mil grandezas

No

en trajes semejantes,

Que reconoce el cielo

Sino en dulces coloquios con el cielo.

 

Y

respeta y adora todo el suelo

 

Desta divina y admirable santa,

Finalmente, Belardo, yo te ofrezco

 

Su santidad refiere

12

Literatura

4° Secundaria

Y

dulcemente su martirio canta.

No que me sufras, mas que estés oyendo Con singular paciencia mis simplezas, Ocupado contino En tantas excelencias y grandezas.

Ya veo que tendrás por cosa nueva, No que te ofrezca censo un mundo nuevo, Que a ti cien mil que hubiera te le dieran,

 

310

Mas que mi Musa rústica se atreva

325

¿Versos cansados qué furor os lleva

A

emprender el asunto a que me

A

ser sugeto de simpleza Indiana,

atrevo, Hazaña que cien Tasos no emprendieran, Ellos al fin son hombres y temieran,

Y

a poneros en manos de Belardo?

Al fin aunque amargueis por fruta nueva Os vendrán a probar, aunque sin gana,

Mas la muger que es fuerte

330

Y verán vuestro gusto bronco y tardo:

 

315

No teme alguna vez la misma muerte:

El ingenio gallardo En cuya mesa avéis de ser honrados, Hará vuestros intentos disculpados,

Pero si he parecídote atrevida,

A

lo menos parézcate rendida

Que fines desiguales Amor los haze con su fuerza iguales,

Navegad, buen viaje, hazed la vela,

335

Guiad un alma que sin alas buela.

 

320

Y quédote deviendo

 

Literatura

13

4° Secundaria

CAPÍTULO V

ANTOLOGÍA POÉTICA

BIEN PUEDE EL MUNDO ENTERO CONJURARSE

1

Bien puede el mundo entero conjurarse

Contra mi dulce amor y mi ternura,

Y el odio infame y tiranía dura

De todo su rigor contra mí armarse;

5

Bien puede el tiempo rápido cebarse

En la gracia y primor de su hermosura,

Para que cual si fuese llama impura

Pueda el fuego de amor en mí acabarse;

Bien puede en fin la suerte vacilante,

10

Que eleva, abate, ensalza y atropella,

Alzarme o abatirme en un instante;

Que al mundo, al tiempo y a mi varía estrella,

Más fino cada vez y más constante, Les diré: "Silvia es mía y yo soy de ella"

Literatura

14

4° Secundaria

¿POR QUÉ A VERTE VOLVÍ, SILVIA QUERIDA?

¿Por qué a verte volví, Silvia querida? ¡Ay triste! ¿para qué? ¡Para trocarse

mi dolor en más triste despedida!

Quiere en mi mal mi suerte deleitarse;

me presenta más dulce el bien que pierdo:

¡Ay! ¡Bien que va tan pronto a disiparte! ¡Oh, memoria infeliz! ¡Triste recuerdo!

Te

vi

¡qué

gloria! pero ¡dura pena!

Ya

sufro el daño de que no hice acuerdo.

Mi

amor ansioso, mi fatal cadena,

a ti me trajo con influjo fuerte.

Dije: "Ya soy feliz, mi dicha es plena".

Pero ¡ay! de ti me arranca cruda suerte; este es mi gran dolor, este es mi duelo;

en verte busqué vida y hallo muerte.

Mejor hubiera sido que este cielo

no volviera a mirar y sólo el llanto

fuese en mi ausencia todo mi consuelo.

Cerca del ancho mar, ya mi quebranto

en

lágrimas deshizo el triste pecho;

ya

pené, ya gemí, ya lloré tanto

¿Para qué, pues, por verme satisfecho vine a hacer más agudos mis dolores

y a herir de nuevo el corazón deshecho?

De mi ciego deseo los ardores

volcánicos crecieron, de manera que víctima soy ya de sus furores. Encumbradas montañas? ¿Quién me diera la dicha de que el lado de mi dueño, cual vosotros inmóvil, subsistiera? ¡Triste de mí! torrentes, con mal ceño romped todos los pasos de la tierra, ¡Piadosos acabad mi ansioso empeño!

Acaba, bravo mar, tu fuerte guerra; Isla sin puerto vuelve las ciudades;

y en una sola a mí con Silvia encierra.

¡Favor tinieblas, vientos, tempestades! pero vil globo, profanado suelo, ¿Es imposible que de mí te apiades?

¡Silvia! Silvia, tú dime ¿a quién apelo? pongamos nuestras quejas en el cielo. El solo queda en tan horrible día,

Único asilo nuestro en tal tormento, el solo nos miró sin tiranía.

si es necesario que el fatal momento

Literatura

15

4° Secundaria

llegue

Benigno mitigad mi sentimiento.

Lloro

déjame que en torrentes de amargura saque del pecho mío el alma herida.

El negro luto de la noche oscura

¡Piadoso cielo! en mi partida

no puedo más

Silvia querida,

Sea en mi llanto el solo compañero,

ya que no resta más a mi ternura.

Tú, Cielo Santo, que mi amor sincero

Miras y mi dolor, dame esperanza de que veré otra vez el bien que quiero.

En

sola tu piedad tiene confianza

Mi

perseguido amor

Silvia amorosa,

el cielo nuestras dichas afianza. Lloro, sí, pero mi alma así llorosa,

Unida a ti con plácida cadena,

en la dulce esperanza se reposa,

y ya presiente el fin de nuestra pena.

Literatura

16

4° Secundaria

NO NACIÓ LA MUJER PARA QUERIDA

No nació la mujer para querida

por esquiva, por falsa y por mudable;

y porque es bella débil, miserable, no nació para ser aborrecida.

No nació para verse sometida, porque tiene carácter indomable;

y pues prudencia en ella nunca es dable,

no nació para ser obedecida. Porque es flaca no puede ser soltera, porque es infiel no puede ser casada, por mudable no es fácil que bien quiera.

Si no es, pues, para amar o ser amada, sola o casada, súbdita o primera, la mujer no ha nacido para nada.

Literatura

17

4° Secundaria

TODO MI AFECTO PUSE EN UNA INGRATA

1

Todo mi afecto puse en una ingrata,

Y

ella inconstante me llegó a olvidar.

Si

así, si así se trata

Un efecto sincero,

5

Amor, amor, no quiero,

No quiero más amar. Juramos ser yo suyo y ella mía:

Yo

cumplí, y ella no se acordó más.

Mayor, mayor falsía

10

Jamás, hallar espero, Amor, amor, no quiero. No quiero más amar.

Mi gloria fue otro tiempo su firmeza,

y hoy su inconstancia vil me hace penar.

Fuera, fuera bajeza que durará mi esmero,

amor, amor, no quiero,

no quiero más amar.

Literatura

18

4° Secundaria

Vuelve, que ya no puedo vivir sin tus cariños:

vuelve mi palomita, vuelve a tu dulce nido.

Mira que hay cazadores que con intento inicuo

te pondrán en sus redes

mortales atractivos;

y cuando te hagan presa

te darán cruel martirio:

no sea que te cacen,

huye tanto peligro, vuelve mi palomita, vuelve a tu dulce nido.

Ninguno ha de quererte como yo te he querid o, te engañas si pretendes hallar amor más fino. Habrá otros nidos de oro, pero no como el mío:

por quien vertió tu pecho sus primeros gemidos. Vuelve mi palomita, vuelve a tu dulce nido.

Bien sabes que yo, siempre

en tu amor embebido,

jamás toqué tus plumas, ni ajé tu albor divino;

si

otro puede tocarlas

y

disipar su brillo,

salva tu mejor prenda, ven al seguro asilo. Vuelve mi palomita, vuelve a tu dulce nido.

¿Por qué, díme, te alejas? ¿Por qué con odio impío dejas un dueño amante por buscar precipios? ¿Así abandonar quieres

tu asiento tan antiguo?

¿Con que así ha de quedarse

mi corazón vacío?

Vuelve mi palomita, vuelve a tu dulce nido.

No pienses que haya entrado

aquí otro pajarillo:

no, palomita mía, nadie toca este sitio. Tuyo es mi pecho entero,

tuyo es este albedrío;

Literatura

VUELVE, QUE YA NO PUEDO

19

4° Secundaria

y por tí sola clamo

con amantes suspiros. Vuelve mi palomita, vuelve a tu dulce nido.

Yo solo reconozco tus bellos coloridos, yo solo sabré darles su aprecio merecido, yo solo así merezco gozar de tu cariño;

y tú sólo en mí puedes

gozar días tranquilos. Vuelve mi palomita, vuelve a tu dulce nido.

No seas, pues, tirana:

Haz las paces conmigo:

ya de llorar cansado me tiene tu capricho. No vuelvas más, no sigas tus desviados giros; tus alitas doradas vuelvan, que ya expiro. Vuelve, que ya no puedo vivir sin tus cariños,

75 vuelve mi palomita, vuelve a tu dulce nido.

Literatura

20

4° Secundaria

1

La

prenda mía

en

quien tenía

puesto mi gusto, hoy me persigue

5

con odio injusto.

Ya

yo en sus ojos

sólo hallo enojos; cuando antes era

su

vista sola

10

mi

dicha entera.

Ya

su voz suave

llenar no sabe

mi

triste oído;

sus dulces ecos

15

ya

se han perdido

Murió el acento

en

que el contento

tuve cifrado;

ya

no me dice:

20

"Tú eres mi amado"

Si me escuchara

yo

le clamara:

"¡Siempre eres mía!",

y

quizá entonces

25

se

apiadaría

Pero enojada

mi

prenda amada,

no

oírme quiere;

ya

mi esperanza

30

del todo muere,

Prenda querida, por quien la vida me quita el llanto:

¿Por qué me tratas

35

Con rigor tanto?

Daré contento

mi

último aliento

si

esto has querido;

pero no pienses

40

que infiel he sido.

Déme la muerte

tu mano fuerte

con dardo impío,

Literatura

LA PRENDA MÍA

21

4° Secundaria

como al matarme 45 digas: "¡Es mío¡"

Y por divisa de mi ceniza pongas delante "Bajo esta losa

50 Yace mi amante".

Literatura

22

4° Secundaria

1

Si te fastidia mi amor, ya en breve descansarás:

ya no te seré molesto, ya no me verás jamás.

5

Iré como desterrado, huyendo de tu rigor, donde no me puedas ver si te fastidia mi amor.

En oyendo que me he muerto

10

muy gustosa quedarás; de mis continuas molestias ya en breve descansarás.

Yo no te puedo olvidar; no sé, mi bien, lo que es esto:

15

pondré tierra por el medio; ya no te seré molesto.

Si algún tiempo me quisiste, no te acuerdas de mí más. hay de cuenta que ya he muerto;

20 ya no me verás jamás.

Literatura

SI TE FASTIDIA MI AMOR

23

4° Secundaria

SI HAY TRAS DE LA MUERTE AMOR

1

Si hay tras de la muerte amor, después de muerto he de amarte,

aunque esté en polvo disuelto seré polvo y polvo amante.

y

5

Cuando en el sepulcro frío esté, después que no viva, con fuerza allí más activa revivirá el amor mío:

allí amaré tu desvío,

10

Allí amaré tu rigor, allí con mayor ardor, te he amar entre los muertos, aunque esté cadáver yerto,

si

hay tras de la muerte amor.

15

Cuando en escombros deshecho no le quede a mi existencia más que una muerta apariencia, tú estarás viva en mi pecho.

y

en el cadavérico lecho

20

Donde sólo se ve el arte de destrucción y desastre de los héroes que han vivido, allí, entre ellos reunido, después de muerto he de amarte.

25

Cuando todos los amores del mundo hayan acabado,

y

cuando no haya quedado

sombra de los amadores, revivirán los ardores

30

De un triste cadáver yerto, que aunque esté en la nada envuelto,

si

por suerte oye nombrarte,

se levantará a buscarte aunque esté en polvo disuelto.

35

Ya no tengo qué temer, ya no tengo qué sentir; tampoco temo el morir, pues siempre tuyo he de ser. También puede suceder

40

Que en los precisos instantes venga la segur cortante; pero ésta, impía, ¿qué hará? en polvo me volverá, polvo seré, polvo amante.

Literatura

24

4° Secundaria

1

Nos dicen ciertas gentes Que es incapaz el indio; Yo voy a contestarles Con este cuentecito.

5

Bajaba una mañana un cantero rollizo, repartiendo y lanzando latigazos y gritos sobre su infeliz tropa

10

de cargados borricos.

"¡Qué demonio de brutos!

¡Qué pachorra!

me indigno!

Los caballos son otros, tienen viveza y brío;

15

pero a estos no los mueve ni el rigor más activo".

Así clamaba el hombre; mas volviendo el hocico el más martagón de ellos

20

en buena paz le dijo:

"¡Tras cuernos palos! ¡Vaya! Nos tienes mal comidos, siempre bajo la carga, ¿Y exiges así el brío?

25

¿Y con azote y palo pretendes conducirnos? ¿Y aun nos culpas de lerdos estando en ti el motivo? Con comida y sin carga,

30

Como se ve si del rocino, aprendiéramos luego sus corbetas y brincos; pero mientras subsista nuestro infeliz destino,

35

¡Bestia el que se alentará!

Llueven azotes: lindo; sorna y cachaza y vamos, para esto hemos nacido. Un indio, si pudiera

40

¿No dijera lo mismo?

Literatura

FÁBULAS

EL CANTERO Y EL ASNO

25

4° Secundaria

LOS GATOS

Una gata parió varios gatitos,

uno blanco, uno negro, otro manchado; luego que ellos quedaron huerfanitos los perseguía un perro endemoniado;

5

y

para dar el golpe a su enemigo

no había más remedio que juntarse,

y

que la dulce unión fuese su abrigo.

Van pues a reunirse, y al tratarse sobre quién de ellos deba ser cabeza,

10

maullando el blanco dijo: "A mí me toca por mi blancura, indicio de nobleza".

El negro contestó: "calla la boca; el más diestro y valiente mandar debe". Malo, dijo el manchado, "si esto dura

15

temo que todo el diablo se lo lleve". Unión, "y mande el digno"; "Eso es locura", gritó el blanco; y el negro le replica.

Se dividen por fin en dos partidos; la ira y la turbación se multiplican

20

se arañan, gritan, y a sus alaridos acude mi buen perro y los destroza.

Si a los gatos al fin nos parecemos, paisanos, ¿esperamos otra cosa? ¿Tendremos libertad? Ya lo veremos

Literatura

26

4° Secundaria

CAPÍTULO VI

Un Viaje

Mi partida es forzosa que bien sabes que si pudiera yo no me partiera.

- Lope de Vega -

El niño Goyito está de viaje. El niño Goyito va a cumplir cincuenta y dos años; pero cuando salió del vientre de su

madre le llamaron niño Goyito; y niño Goyito le llaman hoy, y niño Goyito le llamarán treinta años mas, porque hay muchas gentes que van al panteón como salieron del vientre de su madre. Este niño Goyito, que en cualquiera otra parte sería un don Gregorión de buen tamaño, ha estado recibiendo por tres años enteros cartas de Chile en que le avisan que es forzoso que se transporte a aquel país a arreglar ciertos negocios interesantísimos de familia que han quedado embrollados con la muerte súbita de un deudo . Los tres años los consumió la discreción gregoriana en considerar cómo se contestarían estas cartas y cómo se efectuaría este viaje. El buen hombre no podía decidirse ni a uno ni a otro. Pero el corresponsal menudeaba sus instancias; y ya fue preciso cunsultarse con el profesor, y con el médico, con los amigos. Pues, señor, asunto concluido: el niño Goyito se va a Chile. La noticia corrió por toda la parentela, dio conversación y quehaceres a todos los criados, afanes y devociones a todos los conventos; y convirtió la casa en una Liorna. Busca costureras por aquí, sastre por allá, fondista por acullá. Un hacendado de Cañete mandó tejer en Chincha cigarreras. La madre Transverberación del Espíritu Santo se encargó en un convento de una parte de los dulces; Sor María en Gracia, fabricó en otro su buena porción de ellos; la madre Salomé tomó a su cargo en el suyo las pastillas; una monjita recoleta mandó de regalo un escapulario ; otras, dos estampitas; el Padre Florencio de San Pedro corrió con los sorbetes, y se encargaron a distintos manufactores y comisionados sustancias de gallina , botiquín, vinagre de los cuatro ladrones para el mareo, camisas a centenares, capingo (don Gregorio llamaba capingo a lo que llamamos capote), chaqueta y pantalón para los días templados, chaquetas y pantalones para los días calurosos. En suma, la expedición de Bonaparte a Egipto no tuvo más preparativos. Seis meses se consumieron en ellos, gracias a la actividad de las niñas (hablo de las hermanitas de Gregorio, la menor de las cuales era su madrina de bautismo), quienes sin embargo del dolor de que se hallaban atravesadas con este viaje, tomaron en un santiamén todas las providencias del caso. Vamos al buque. Y ¿quién verá si este buque es bueno o malo? ¡Válgame Dios! ¡Qué conflicto! ¿Se recurrirá al inglés don Jorge, que vive en los altos?, Ni pensarlo; las hermanitas dicen que es un bárbaro, capaz de embarcarse en un zapato. Un catalán pulpero, que ha navegado de condestable en la Esmeralda, es, por fin, el perito. Le costean caballo, va al Callao, practica su reconocimiento y vuelve diciendo que el barco es bueno; y que don Goyito irá tan seguro como en un navío de la Real Armada. Con esta noticia calma la inquietud. Despedidas. La calesa trajina por toda Lima. ¿Con qué se nos va usted?¿Con qué se decide usted a

valorazo! Don Gregorio se ofrece a la disposición de todos: se le bañan los ojos en lágrimas a

embarcarse?

cada abrazo. Encarga que le encomienden a Dios. A él le encargan jamones, dulces, lenguas y cobranzas. Y ni a él le encomienda nadie a Dios, ni él se vuelve a acordar de los jamones, de los dulces de las lenguas ni de las cobranzas. Llega el día de la partida. ¡Qué bulla! ¡Qué jarana! ¡Qué Babilonia! Baúles en el patio, cajones en el dormitorio, colchones en el zaguán, diluvios de canastos por todas partes. Todo sale, por fin, y todo se embarca, aunque con bastantes trabajos. Marcha don Gregorio, acompañado de una numerosa caterva, a la que pertenecen también, con pendones y cordón de San Francisco de Paula , las amantes hermanitas, que sólo por el buen hermano pudieron hacer el horrendo sacrificio de ir por primera vez al Callao. Las infelices no se quitan el pañuelo de los ojos, y lo mismo le sucede al viajero. Se acerca la hora del embarque, y se agrada los soponcios. ¿Si nos volveremos a ver? Por fin, es forzoso partir; el bote aguarda. Va la comitiva al muelle: abrazos generales, sollozos, los amigos separan a los hermanos -"¡Adiós hermanitas mías!"- "¡Adiós, Goyito de mi corazón! La alma de mi mamá Chombita te lleve con bien"

¡Buen

Este viaje ha sido un acontecimiento notable de la familia; ha fijado una época de eterna recordación; ha constituido una era, con la cristiana, con la de Hégira, como la de la fundación de Roma, como el diluvio universal, como la era de Nabonasar. Se pregunta en la tertulia: ¿Cuánto tiempo lleva fulana de casada?

- Aguarde usted. Fulana se casó estando Goyito para ir a Chile.

Literatura

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4° Secundaria

- ¿Cuánto tiempo hace que murió el guardián de tal convento?

- Yo le diré a usted; al padre guardián le estaban tocando las agonías el otro día del embarque de Goyito. Me acuerdo todavía que se las recé, estando enferma en cama de resultas del viaje al Callao

- ¿Qué edad tiene aquel jovencito?

Mire usted, este cálculo es más seguro, son habas contadas: Cuando

recibimos la primera carta de Goyito estaba mudando de dientes. Conque, saque usted la cuenta Así viajan nuestros abuelos; así viajarían si se determinasen a viajar, muchos de la generación que acaba, y muchos de la generación actual, que conservan el tipo de los tiempos del virrey Avilés, y ni aún así viajarían otros, por no viajar de ningún modo. Pero las revoluciones, hacen del hombre, a fuerza de sacudirlo y pelotearlo, el mueble más liviano y portátil; y los infelices genes de la infancia las han tenido por atmósfera, han sacado de ellas, el medio de mil males, el corto beneficio siquiera de una gran facilidad locomotiva. La salud, o los negocios, o cualesquiera otras circunstancias aconsejan un viaje. A ver los periódicos. Buques para Chile -Señor consignatario, ¿hay camarote? -Bien -¿Es velero, es bergantín? -Magnífico. -¿Pasaje? -Tanto más cuanto. -Estamos convencidos -Chica, acomódame una docena de camisas y un almofrez. Esta ligera apuntación al abogado, esta otra al procurador. Cuenta, no te descuides con la lavandera, por que el sábado me voy. Cuatro letras por la imprenta, diciendo adiós a los amigos. Eh: llegó el sábado. Un abrazo a la mujer, un par de besos a los chicos y agur. Dentro de un par de meses estoy de vuelta. Así me han enseñado a viajar, mal de mi grado, y así me ausento, lectores míos, dentro de muy pocos días.

- Déjeme usted recordar. Nació en el año de

Este, y no otro es el motivo de daros mi segundo número antes que paguen sueldos.

No quisiera emprender este viaje; Pero es forzoso. No sabéis bien cuánto me cuesta el suspender con esta ausencia mis dulces coloquios con el público. Quizá no sucederá otro tanto a la mayor parte de vosotros, que corresponderéis a mi amistosa despedida exclamando: ¡Mal rayo te parta, y nunca más vuelvas a incomodarnos la paciencia! En fin, sea lo que fuere, los enemigos y enemigas descansad de mi insoportable tarabía; preparad vuestros viajes con toda la calma que queráis; hablad de la ópera, como os acomode; idos a Amancaes como y cuando os parezca; bailad zamacueca a taco tendido, a roso y velloso, a troche y moche, a banderas desplegadas; haced cuanta tontería os venga a la mente: En suma, aprovechad estos dos meses. Los amigos y amigas tened el presente artículo por visita o tarjeta de despedida, y rogad a Dios me de viento fresco, capitán amable, buena mesa y pronto regreso.

Literatura

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4° Secundaria

Literatura

ANTOLOGÍA POÉTICA

A MI HIJO EN SUS DÍAS

Dichoso hijo mío, tu, que veintiún años cumpliste:

dichoso que ya te hiciste ciudadano del Perú.

Este día suspirado celebra de buena gana,

y vuelve orondo mañana

a la hacienda y esponjado.

Viendo que ya eres igual según lo mandan las leyes, al negro que unce tus bueyes

y al que te riega el maizal.

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4° Secundaria

Literatura

EL MINISTRO Y EL ASPIRANTE

"No es posible estar mejor:

el amor al orden cunde,

la Hacienda va de primor, Gobierno tan bienhechor, forzoso será que funde

la gloria de este hemisferio."

Éste ocupa un Ministerio.

"Esto se lo lleva el diablo:

el desorden que se nota,

no lo ataja ni San Pablo:

La Hacienda está en bancarrota.

Y, o no sé yo lo que hablo,

o hace este Gobierno idiota

del país un cementerio. Éste quiere un Ministerio.

"¡Cuánto complace el que sean premiadas hoy las virtudes! ¡cuánto ver que sólo emplean

a hombres de honor y aptitudes! ¡Cuánto que su fin ya vena nuestras largas inquietudes de la ley bajo el imperio!"

"¡Da horror ver en su apogeo

a

viciosos disolutos

y

que no se da un empleo

sino a pícaros y a brutos! La nación es el recreo de estos dueños absolutos ¿quién sufre tal cautiverio?" Éste quiere un Ministerio.

"El mandarín más adusto ve en el pueblo a sus iguales,

y gobiernos franco y justo

con afectos paternales. ¿Y habrá censor tan injusto que procedimientos tales, juzgue dignos de improperio?"

Éste ocupa un Ministerio.

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4° Secundaria

ÑA CATITA

ESCENA XIV

Don Jesús, don Alejo, don Manuel, doña Rufina, doña Juliana, don Juan, Mercedes

JUAN

-Señor don Jesús

¿Cuándo ha sido la llegada?

JESÚS

-¡Oh, amigo!

JUAN

¿Tanto bueno por acá?

- En este mismo momento.

ALEJO

-(¿No es este don Juan Sarmiento?)

JUAN

- Y he querido antes de nada

JESÚS

entregar a usted esta carta que, al pasar por Ayacucho, me lo encargó, pero mucho, nuestro amigo don Luis Marta. -¡Don Luis! Traiga usted.

RUFINA

- (¿Qué harán?)

JESÚS

- ¡Qué veo! ¡Gracias a Dios!

ALEJO

-¿Qué tratarán ahí los dos?

RUFINA

- No sé

JESÚS

- Pase usted, don Juan.

JUAN

- Mis señoras

RUFINA Y JULIANA

- Caballero.

JESÚS

- (Al fin y al cabo don Luis se acordó

 

que era mortal)

JUAN

- Señores

¡Oh, qué feliz casualidad

!

ALEJO

¡Don Alejo! Mi amigo - (¿Qué irá a decir?)

JUAN

- Me ha ahorrado usted el trabajo de buscarlo.

TODOS

Tengo aquí una carta de su esposa - ¡De su esposa!

JUAN

- Que con mil

 

RUFINA

encargos me la entregó, cuando del Cusco salí. ¿Sabe usted que se ha casado la Petuca con don Gil? - ¡Cómo! ¿El señor no es soltero?

JUAN

- No, señora.

ALEJO

- (C'est finí!)

JESÚS

- Pues no podía usted traernos una nueva más

RUFINA

feliz. - ¿Es posible, don Alejo? ¿Habrá usted sido tan ruín para tratar de engañarnos ?

ALEJO

-¿Y usted lo cree

?

Fue un desliz

ese que tuve en el Cusco

 

una contracción

en fin,

JUAN

un trato ilícito, un - ¡Don Alejo!

ALEJO

- Sí, un ardid

RUFINA

- Pero el señor

ALEJO

- Cubiletes

JUAN

¿Qué hombre en la edad juvenil se vé libre? - ¡Don Alejo!

Literatura

31

4° Secundaria

MERCEDES (¡Bribonazo!)

JUAN

-¿Cómo así?

¿Puedes usted en mi presencia con tal descaro

mentir?

JESÚS

¿Y por qué no? El señor es de conciencia matriz

JUAN

- ¿Dón Jesús; pero qué ocurre?

JESÚS

- ¡No es cosa! ¿qué ha de ocurrir?

JUAN

¡Nada! sino que el señor tenía ya dado el sí para contraer nuevas nupcias, y la presunta del quid es nada menos que mi hija, que es esa que ve usted allí, y mi mujer la madrina. -¿Qué dice usted?

JESÚS

-Pero el fin era muy santo, don Juan, muy

JUAN

piadoso -¡Eso es muy vil!

JESÚS

¡Disparate! ¿Quién dijo eso?

RUFINA

-(¡Qué mujer tan infeliz!)

JESÚS

-Quien frecuenta sacramentos se va al cielo

RUFINA

sin sentir. ¡Cómo está en gracia de Dios! - (¡Tan sonsa que lo creí!)

JESÚS

- Ya usted ve: ¡no tiene una alma más cándida

ALEJO

un sefarín! - ¡Basta de pullas!

JUAN

(¡Canalla!)

JESÚS

- ¡Y basta de hablarme a mí!

ALEJO

Si no sale usted al punto le hago ñiscas un cuadril - Espero que usté en el campo se sepa también

JESÚS

batir no digo más: hasta luego - Vamos, lárguese de aquí.

ALEJO

- Madamas

JESÚS

- ¡Largo!

JUAN

- (¡Tunante!)

ALEJO

- Nos veremos vis a vis.

ESCENA XV

Don Jesús, don Manuel, don Juan, doña Rufina, doña Juliana y Mercedes

JUAN

- Tanta maldad no creyera si yo no lo hubiera visto.

JESÚS

- Mucho peor, amigo, fuera si con el tiempo no ando listo.

JUAN

- Ese hombre es un calavera.

JESÚS

- No tiene él la culpa, no, si no esta imbécil mujer que lo atrajo y lo aduló, porque creyó que iba a ser qué sé yo lo que creyó!

y una vieja endemoniada, que, con capa de

virtud, nos ha hecho aquí una ensalada de la casa y la salud.

MERCEDES - (Se le acabó la mamada)

JESÚS

- De esas, don Juan, que hay en Lima, no a cientos, sino a millares, que fingiendo honra

y estima se tragaran los pilares de la casa de

más cima; y que, haciendo una oración o rezando una novena, le quitan sin son ni ton a la

familia más buena el reposo y la opinión.

Literatura

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4° Secundaria

RUFINA

Hirientes como un venablo, que haciendo el mal van y vienen; y para abreviar lo que hablo, de estas, mi amigo, que tienen los siete pelos del diablo. - (¡Ella no más me ha perdido. No sé como

la

creí!)

JESÚS

- ¡Infortunado el marido a quien pasa lo que

a

mí!

RUFINA

- No sé qué me ha sucedido.

ESCENA XVI

Don Jesús, don Juan, don Manuel, doña Rufina, doña Juliana, Mercedes y Ña Catita

CATITA

- Pues

¡

Ya perdí el Jubileo, por estarme aquí

JESÚS

metida. - Ahí la tiene usted, don Juan. Esa es la santita, la hidra.

CATITA

- Adiós, pues, hija Hasta mañana.

Ya es tarde.

JULIANA - ¡Maldita!

JESÚS

- Escuche usted, mi señora

CATITA

- ¡Mi señora! ¡Habrá manía!

JESÚS

¿Del Carmen o del Rosario? - Cuidado como en su vida vuelva usted, ni por

CATITA

candela, por aquestas cercanías; pues si por su mala estrella así no lo verifica se expone usté a que le mande dar una buena paliza! ¡Vaya usté a enredar al diablo! - Usted será el enredista.

JESÚS

- ¡Salga usted de aquí!

CATITA

- ¡Gua! ¡Gua!

JESÚS

¡Habráse visto estantigua! ¡Esto es lo que me faltaba! - ¡Silencio! ¡Ande usted de prisa!

CATITA

- ¡Váyase el muy indecente a donde no cause

JUAN

grima! ¿Yo para qué necesito ni de usted ni su familia? ¡Judío! ¡Descomulgado! - Váyase usted, mi querida.

CATITA

- ¿Y a usted quién le ha dado vela en este

entierro

?

¡Cochinas!

JUAN

Por eso está Lima así ¡Ya se vé, Dios la castiga! ¡Por cuenta de ellas no más derrepente hay una ruina, o con más violencia que antes vuelve la fiebre amarilla! ¡Escandalosas ! - Señora basta de majaderías.

CATITA

- ¡Quite que me da calor!

JUAN

- No se exponga usted.

MERCEDES - (¡Qué lisa!)

CATITA

- Mejores habían de ser, no tan sucias, tan mezquinas.

JESÚS

- ¡Vamos !

Literatura

33

4° Secundaria

CATITA

- ¡Vaya usté a la porra! ¡Espantajo! ¡Sin camisa! ¡Muñecón! ¡Matusalén!

ESCENA XVII

Don Jesús, don Juan, don Manuel, doña Rufina, doña Juliana y Mercedes

JUAN

- ¡Qué mujer! ¡Si es una arpía!

JESÚS

- Cuánto fuera mi rubor

JUAN

si otro que usted, buen amigo, presenciara mi dolor. - No hay etiquetas conmigo.

MANUEL - Permítame usted, señor

JESÚS

- ¡A un lado! Señora mía

- Mucho he sufrido, don Juan;

RUFINA

tome usted esa libranza que don Luis Marta me envía; cóbrese usted lo que alcanza, y largo de aquí en el día. Si usted pretende vivir por su cuenta, yo también. - (¡Dios mío! ¿qué he de decir?)

JUAN

- Reflexiónelo usted bien,

JESÚS

no tenga más que sentir.

JUAN

pero desde hoy ¡voto a aquel! he de adoptar otro plan. Si un hombre se hace de miel ya usted conoce el refrán. - Como el dolor es creciente y la herida no está

JESÚS

sana, que usted padezca es corriente; mas diga usted, ¿qué se gana con no mostrarse prudente? - Que haya prudencia y reposo en un marido es

JUAN

muy santo, y además muy provechoso, pero tampoco no tanto, que todo extremo es vicioso. - Es probable que jamás vuelva por aquí ese vándalo a molestarlo a usted más; así es peor cualquier escándalo, e inoficioso además.

JULIANA - Padre mío

JESÚS

- Que se aleje,

JUAN

puesto que así lo desea. Que se vaya, que me deje, que no hay miedo que la vea por más que después se queje. - Nada, mi amigo, a otra cosa;

RUFINA

todo eso es inútil ya mire usté a su pobre esposa cuan acongojada está. - ¡Virgen de Chinquiquirá!,

JUAN

a este infeliz compadece! - Don Jesús, yo me intereso.

JESÚS

Si algo mi amistad merece no pensemos más en eso. - (Como soy que me enternece)

RUFINA

- (¡Ay Señor! ¿A dónde iré que no ande de

JUAN

arriba abajo?) - Mi amigo, ¿en qué piensa usté?

JESÚS

No hay atajo sin trabajo. - Es cierto, don Juan, lo sé.

Literatura

34

4° Secundaria

JUAN

- Vaya: lléguese, señora:

(A DOÑA RUFINA QUE LLORA)

RUFINA

JESÚS

restablézcase la paz. - Si no lloro soy capaz de reventar.

- En buena hora llegó usted, don Juan, aquí

a desbaratar patrañas.

JULIANA - Mamita, yo sola fui

RUFINA

- ¡Ay hija de mis entrañas!

(ABRAZÁNDOLA)

- ¿Qué hubiera sido de tí?

- Se acabó Acercarse

!

JUAN

Todo es concluido.

MANUEL - ¡Señor JULIANA - ¡Padre!

JESUS

- Bien: todo lo echo al olvido. Den un abrazo a su madre.

 

(A DOÑA RUFINA, CON LOS BRAZOS ABIERTOS DESPUÉS DE QUE ELLA ABRAZA A SUS HIJOS)

 

La mayor satisfacción es esta, amada Rufina, pues nace del corazón:

toda otra cosa es pamplina, un absurdo, una ilusión. Desconfía, en adelante, del que ostenta beatitud,

y

de todo hombre pedante,

que nunca fue la virtud

ficciosa ni petulante.

RUFINA

- Siempre sumisa a tu lado haré que todos

JUAN

me vean. - No hablar más de lo pasado.

MERCEDES - (Dios quiera que estas no sean promesas

Literatura

de enamorado)

35

4° Secundaria

CAPÍTULO VII

ANTOLOGÍA

LA ÚLTIMA FRASE DE BOLÍVAR

La escena pasa en la hacienda San Pedro Alejandrino, y en una tarde de diciembre del año 1830. En el espacioso corredor de la casa, y sentado en un sillón de baqueta, veíase a un hombre demacrado, a quien una tos cavernosa y tenaz convulsionaba de hora en hora. El médico, un sabio europeo, le propinaba una poción calmante, y dos viejos militares, que silenciosos y tristes paseaban en el salón, acudían solícitos al corredor. Más que de un enfermo se trataba ya de un moribundo, pero de un moribundo de inmortal renombre. Pasado un fuerte acceso, el enfermo se sumergió en profunda meditación, y al cabo de algunos minutos dijo con voz muy débil:

- ¿Sabe usted, doctor, lo que me atormenta al sentirme ya próximo a la tumba?

- No, mi general.

- La idea de que tal vez haya edificado sobre arena movediza y arado en el mar.

- Y un suspiro brotó de lo más íntimo de su alma y volvió a hundirse en su meditación.

Transcurrido gran rato, una sonrisa tristísima se dibujó en su rostro y dijo pausadamente:

- ¿No sospecha usted, doctor, quiénes han sido los tres más insignes majaderos del mundo?

- Ciertamente que no, mi general.

- Acérquese usted, doctor, se lo diré al oído. Los tres grandísimos majaderos hemos sido Jesucristo, Don Quijote y

yo.

Literatura

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4° Secundaria

DÓNDE Y CÓMO EL DIABLO PERDIÓ EL PONCHO

Cuento disparatado

- Y sépase usted, querido, que perdí la chaveta, y anduve en mula chúcara y con estribos largos por una

muchacha nacida en la tierra donde al diablo le quitaron el poncho. Así terminaba la narración de una de las aventuras de su mocedad mi amigo don Adeodato de la Mentirola, anciano que militó al lado del coronel realista Sanjuanena y que, hoy mismo, prefiere a todas las repúblicas teóricas y prácticas, habidas y por haber, el paternal gobierno de Fernando VII. Quitándole esta debilidad o manía, es mi amigo don Adeodato una alhaja de gran precio. Nadie mejor informado que él en los trapicheos de Bolívar con las limeñas, ni

nadie como él sabe al dedillo la antigua crónica escandalosa de esta ciudad de los Reyes. Cuenta las cosas con cierta llaneza de lenguaje que pasma; y sino de los que están pudriendo tierra y criando malvas con el cogote, ando pegado a él como botón a la camisa, y le doy cuerda, y el señor de la Mentirola afloja lengua.

- ¿Y dónde y cómo fue que el diablo perdió el poncho? -le interrogué.

- ¡Cómo! ¿Y usted que hace décimas, y que la echa de cronista o de historietista, y que escribe en los papeles

públicos, y que ha sido diputado a Congreso, ignora lo que en mi tiempo sabían hasta los chicos de la amiga? Así son

las reputaciones literarias desde que entró la Patria. ¡Hojarasca y soplillo! ¡Oropel, puro oropel!

- ¡Qué quiere usted, don Adeodato! Confieso mi ignorancia y ruégole que me iluste; que enseñar al que no sabe,

precepto es de la doctrina cristiana. Parece que el contemporáneo de Pezuela y La Serna se sintió halagado con mi humildad; porque, tras encender un cigarrillo, se arrellanó cómodamente en el sillón, y soltó la sin hueso con el relato que va en seguida. Por supuesto que, como ustedes saben, ni Cristo ni sus discípulos soñaron en trasmontar los Andes (aunque doctísimos historiadores afirman que el apóstol Tomás o Tomé predicó el Evangelio en América), ni en estos tiempos se conocían el telégrafo, el vapor y la imprenta. Pero hágase ustedes los de la vista miope con esos y otros anacronismos, y ahí va

ad pedem litterae la conseja.

I

Pues, señor, cuando Nuestro Señor Jesucristo peregrinaba por el mundo, caballero en mansísima borrica, dando vista a los ciegos y devolviendo a los tullidos el uso y abuso de sus miembros, llegó a una región donde la arena formaba horizonte. De trecho en trecho alzábase enhiesta y gárrula una palmera, bajo cuya sombra solían detenerse el Divino Maestro y sus discípulos escogidos, los que, como quien no quiere la cosa, llenaban de dátiles las alforjas.

Aquel arenal parecía ser eterno; algo así como Dios, sin principio ni fin. Caía la tarde y los viajeros tenían ya entre pecho y espalda el temor de dormir sirviéndoles de toldo la bóveda estrellada, cuando con el último rayo del sol dibujóse en lontananza la silueta de un campanario.

El Señor se puso la mano sobre los ojos, formando visera para mejor concentrar la visual, y dijo:

- Allí hay población. Pedro, tú que entiendes de náutica y geografía, ¿me sabrás decir qué ciudad es ésta? San Pedro se relamió con el piropo y contesto:

-

Maestro, esa ciudad es Ica.

-

¡Pues pica, hombre, pica!

Y

todos los apóstoles hincaron con un huesecito el anca de los rucios, y a galope pollinesco se encaminó la

comitiva al poblado. Cerca ya de la ciudad se apearon todos para hacer una mano de toilette. Se perfumaron las barbas con bálsamo de Judea, se ajustaron las sandalias, dieron un brochazo a la túnica y al manto, y siguieron la marcha, no sin prevenir antes el buen Jesús a su apóstol favorito:

- Cuidado, Pedro, con tener malas pulgas y cortar orejas. Tus genialidades nos ponen siempre en compromisos.

El apóstol se sonrojo hasta el blanco de los ojos; y nadie habría dicho, al ver su aire bonachón y compungido, que

había sido un cortacaras. Los iqueños recibieron en palmas, como se dice, a los ilustres huéspedes, y aunque a ellos les corriera prisa continuar su viaje, tan buenas trazas se dieron los habitantes para detenerlos, y fueron tales los agasajos y festejos, que se pasaron ocho días como un suspiro. Los vinos de Elías, Boza y Falconi anduvieron a boca qué quieres. En aquellos ocho días fue Ica un remedo de la gloria. Los médicos no pelechaban, ni los boticarios vendían drogas: no hubo siquiera un dolor de muelas o un sarampioncito vergonzante.

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Literatura

4° Secundaria

A los escribanos les crió moho la pluma, por no tener ni un mal testimonio de que dar fe. No ocurrió la menor

pelotera en los matrimonios de que dar fe. No ocurrió la menor pelotera en los matrimonios y, lo que es verdaderamente milagroso, se les endulzó la ponzoña a las serpientes de cascabel que un naturalista llama suegras y cuñadas. Bien se conocía que en la ciudad moraba el Sumo Bien. En Ica se respiraban paz, alegría y dicha.

La amabilidad, gracia y belleza de las iqueñas inspiraron a San Juan un soneto con estrambote, que se publicó a la vez en el Comercio, Nacional y Patria. Los iqueños, entre copa y copa, comprometieron al apóstol poeta para que escribiese el Apocalipsis.

PINDÁRICO POEMA, INMORTAL OBRA, DONDE FALTA RAZÓN; MAS GENIO SOBRA,

como dijo un poeta amigo mío.

En esta y las otras, terminaba el octavo día, cuando el Señor recibió un parte telegráfico en que lo llamaban con urgencia a Jerusalén, para impedir que la Samaritana le arrancase el moño a la Magdalena; y recelando que el cariño popular pusiera obstáculos al viaje, llamó al jefe de los apóstoles, se encerró con él, y le dijo:

- Pedro, componte como puedas; pero es preciso que con el alba tomemos el tole, sin que nos sienta alma

viviente. Circunstancias hay en que tiene uno que despedirse a la francesa. San Pedro redactó el artículo del caso en la orden general, lo puso en conocimiento de sus subalternos, y los huéspedes anochecieron y no amanecieron bajo techo. La Municipalidad tenía dispuesto un albazo para aquella madrugada; pero se quedó con los crespos hechos. Los

viajeros habían atravesado ya la laguna de Huacachina adquirieron la virtud de curar todas las dolencias, exceptuando las mordeduras de los monos bravos. Cuando habían ya puesto algunas millas de por medio, el Señor volvió el rostro a la ciudad, y dijo:

-

¿Con que dices, Pedro que esta tierra se llama Ica?

-

Sí, señor, Ica.

Y

alzando la mano derecha, la bendijo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

II

Como los corresponsales de los periódicos hubieran escrito a Lima describiendo larga, menuda y pomposamente los jolgorios y comilonas, recibió el Diablo, por el primer vapor de la mala de Europa, la noticia y pormenores transmitidos por todos nuestros órganos de publicidad. Diz que Cachano se mordió de envidia el hocico, ¡pícaro trompudo!, y que exclamó:

-

¡Caracoles! ¡Pues yo no he de ser menos que Él! No faltaba más

A mí nadie me echa la pata encima.

Y

Convocando incontinenti a doce de sus cortesanos, los disfrazó con las caras de los apóstoles. Porque eso sí,

Cucufo sabe más que un cómico y que una coqueta en esto de adobar el rostro y remedar fisonomías. Pero como los corresponsales hubieran olvidado describir el traje de Cristo y el de sus discípulos, se imaginó el Maldito que, para salir del atrenzo, bastaríale consultar las estampas de cualquier álbum de viajes. Y sin más ni menos, él y sus camaradas se calzaron botas granaderas, y echáronse sobre los hombros capa de cuatro puntas, es decir, poncho. Los iqueños, al divisar la comitiva, creyeron que era el Señor que regresaba con sus escogidos, y salieron a recibirlo, resueltos a echar esta vez la casa por la ventana, para que no tuviese el Hombre de Dios motivo de aburrimiento y se decidiese a sentar para siempre sus reales en la ciudad. Los iqueños eran hasta entonces felices, muy felices, archifelices. No se ocupaban de política, pagaban sin chistar la contribución, y les importaba un pepino que gobernase el preste Juan o el moro Muza. No había entre ellos chismes ni quisquillas de barrio a barrio y de casa a casa. No pensaban sino en cultivar los viñedos y hacerse todo el bien posible los unos a los otros. Rebosaban, en fin, tanta ventura y bienandanza, que daban dentera a las comarcas vecinas. Pero Carrampempe, que no puede mirar la dicha ajena sin que le castañeteen de rabia las mandíbulas, se propuso desde el primer instante meter la cola y llevarlo todo al barrisco. Llegó el Cornudo a tiempo que se celebraba en Ica el matrimonio de un mozo como un carnero con una moza

como una oveja. La pareja era como mandada hacer de encargo, por la igualdad de condición y de caracteres de los novios, y prometía vivir siempre en paz y en gracia de Dios.

- Ni llamado con campanilla podría haber venido yo en mejor oportunidad -pensó el Demonio-. ¡Por vida de Santa Tecla, abogada de los pianos roncos!

38

Literatura

4° Secundaria

Pero desgraciadamente para él, los novios habían confesado y comulgado aquella mañana; por ente, no tenían vigor sobre ellos las asechazas y tentaciones del Patudo.

A las primeras copas bebidas en obsequio de la dichosa pareja, todas las cabezas se trastornaron, no con aquella

alegría del espíritu noble, expansiva y sin malicia que reinó en los banquetes que honrara el Señor con su presencia, sino con el delirio sensual e inmundo de la materia. Un mozalbete, especie de don Juan Tenorio en agraz, principió a dirigir palabras subversivas a la novia; y una jamona, jubilada en el servicio, lanza al novio miradas de codicia. La vieja aquella era petróleo purito, y buscaba en el joven una chispa de fosfórica correspondencia para producir un incendio que no bastasen a apagar la bomba. Garibaldi ni todas las compañías de bomberos. No paró aquí la cosa. Los abogados y escribanos se concertaron para embrollar pleitos los médicos y boticarios celebraron acuerdo para

subir el precio del aqua fontis; las suegras se propusieron sacarles los ojos a los yernos; las mujeres se tornaron pedigüeñas y antojadizas de joyas y trajes de terciopelo; los hombres serios hablaron de club y de bochinche; y, para decirlo de una vez, hasta los municipales vociferaron sobre la necesidad de imponer al prójimo contribución de diez centavos por cada estornudo. Aquello era la anarquía con todos sus horrores. Bien se ve que el Rabudo andaba metido en la danza.

Y corrían las horas, y ya no se bebía por copas, sino por botellas, y los que antaño se arreglaban pacíficas monas,

se arrimaron esa noche una mona tan brava

La pobre novia que, como hemos dicho, estaba en gracia de Dios, se afligía e iba de un lado para otro, rogando a

todos que pusiesen paz entre dos guapos que, armados de sendas estacas, se estaban suavizando el cordobán a garrotazos.

- El diablo se les ha metido en el cuerpo: no puede ser por menos -pensaba para sí la infeliz, que no iba descaminada en la presunción, y acercándose al Uñas largas lo tomó del poncho, diciéndole:

tan brava

que rayaba en hidrofóbica.

- Pero, señor, vea usted que se matan

- ¿Y a mí qué me cuentas? -contestó con gran flema el Tiñoso-.

Yo no soy de esta parroquia

¡Qué se maten enhorabuena! Mejor para el cura y para mí, que le serviré de

sacristán.

La muchacha, que no podría por cierto calcular todo el alcance de una frase vulgar, le contestó:

-

¡Jesús! ¡Y qué malas entrañas había su merced tenido! La cruz le hago.

Y

unió la acción a la palabra.

No bien vió el Maligno los dedos de la chica formando las aspas de una cruz, cuando quiso escaparse como perro a quien ponen maza; pero, teniéndolo ella sujeto del poncho, no le quedó al Tunante más recurso que sacar la cabeza por la abertura, dejando la capa de cuatro puntas en manos de la doncella. El Patón y sus acólitos se evaporaron, pero es fama que desde entonces viene, de vez en cuando, Su Majestad Infernal a la ciudad de Ica en busca de su poncho. Cuando tal sucede, hay larga francachela entre los monos bravos

y

Literatura

Pin, pin, San Agustín, que aquí el cuento tiene fin.

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4° Secundaria

AL PIE DE LA LETRA

El capitán Paiva era un indio cuzqueño de casi gigantesca estatura. Distinguíase por lo hercúleo de su fuerza, por

su bravura en el campo de batalla, por su disciplina cuartelera y, sobre todo, por la pobreza de su meollo. Para con él

las metáforas estuvieron siempre de más, y todo lo entendía ad pedem literae. Era gran amigote de mi padre, y éste me contó que cuando yo estaba en la edad del destete, el capitán Paiva desempeñó conmigo en ocasiones el cargo de niñera. El robusto militar tenía pasión por acariciar mamones. Era

hombre muy bueno. Tener fama de tal, suele ser una desdicha. Cuando se dice de un hombre: Fulano es muy bueno, todos traducen que ese Fulano es un posma, que no sirve para maldita de Dios la cosa, y que no inventó la pólvora. Ni el gatillo para sacar muelas, ni el cri-cri. Mi abuela decía: La oración del Padre nuestro es muy buena, no puede ser mejor; pero no sirve para la consagración en la misa.

A varios de sus compañeros de armas he oído referir que el capitán Paiva, lanza en ristre, era un verdadero

centauro. Valía él solo por un escuadrón. En Junín ascendió a capitán; pero aunque concurrió después a otras muchas acciones de guerra, realizando en ellas proezas, el ascenso a la inmediata clase no llegaba. Sin embargo, de quererlo y estimarlo en mucho, sus generales se resistían a elevarlo a la categoría de jefe.

Cadetes de su regimiento llegaron a coroneles. Paiva era el capitán eterno. Para él no habían más allá de los tres galoncitos.

¡Y tan resignado y contento y cumplidor de su deber y lanceador y pródigo de su sangre!

¿Por qué no ascendía Paiva? Por bruto, y porque de serlo se había conquistado reputación piramidal. Vamos a comprobarlo refiriendo, entre muchas historietas que de él se cuentan, lo poco que en la memoria conservamos.

***

Era, en 1835, el general Salaverry jefe supremo de la nación peruana y entusiasta admirador de la bizarría de Paiva. Cuando Salaverry ascendío a teniente era ya Paiva capitán. Hablábanse tú por tú, y elevado aquél al mando de la República no consintió en que el lancero le diese ceremonioso tratamiento. Paiva era su hombre de confianza para toda comisión de peligro. Salaverry estaba convencido de que su camarada se dejaría matar mil veces antes que hacerse reo de una deslealtad o de una cobardía.

Una tarde llamó Salaverry a Paiva, y le dijo:

- Mira, en tal parte es casi seguro que encontrarás a don Fulano y me lo traes preso; pero si por casualidad no lo encuentras allí, allana su casa. Tres horas más tarde regresó el capitán y dijo al jefe supremo:

- La orden queda cumplida en toda regla. No encontré a ese sujeto donde me dijiste; pero su casa la dejo tan llana como la palma de mi mano y se puede sembrar sal sobre el terreno. No hay pared en pie.

Al lancero se le había ordenado allanar la casa, y como él no entendía de dibujos ni de floreos lingüísticos, cumplió

al pie de la letra. Salaverry, para esconder la risa que le retozaba, volvió la espalda, murmurando:

- ¡Pedazo de bruto!

***

Tenía Salaverry por asistente un soldado conocido por el apodo de Cuculí, regular repista a cuya navaja fiaba su barba el general. Cuculí era un mozo limeño, nacido en el mismo barrio y en el mismo año que don Felipe Santiago. Juntos habían mataperreado en la infancia y el presidente abrigaba por él casi fraternal cariño. Cuculí era un tuno completo. No sabía leer, pero sabía hacer hablar a las cuerdas de una guitarra, bailar zamacueca, empinar el codo, acarretar los dados,y darse de puñaladas con cualquierita que le disputase los favores de una pelandusca. Abusando del afecto de Salaverry, cometía barrabasada y media. Llegaban las quejas al

presidente, y éste unas veces enviaba a su barberillo arrastrado a un cuartel, o lo plantaba en cepo de ballesteros, o le arrimaba un pie de paliza.

- Mira, canalla -le dijo un día don Felipe-, de repente se me acaba la paciencia, se me calienta la chicha y te fusilo sin misericordia.

El asistente levantaba los hombros, como quien dice: ¿Y a mí qué me cuenta usted? Sufría el castigo, y rebelde a

toda enmienda volvía a las andadas.

Literatura

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4° Secundaria

Gorda, muy gorda debió de ser la queja que contra Cuculí le dieron una noche a Salaverry, porque dirigiéndose a Paiva, dijo:

- Llévate ahora mismo a este bribón al cuartel de Granaderos, y fusílalo entre dos luces. Media hora después regresaba el capitán, y decía a su general:

- Ya está cumplida la orden.

- ¡Bien! -contestó lacónicamente el jefe supremo.

- ¡Pobre muchacho! -continuó Paiva-. Lo fusilé en medio de dos faroles.

Para Salaverry, como para mis lectores, entre dos luces singnificaba al rayar el alba. Metáfora usual y corriente.

Pero

Salaverry, que no se había propuesto sino aterrorizar a su asistente y enviar la orden de indulto una hora antes de

que rayase la aurora, volvió la espalda para disimular una lágrima, murmurando otra vez:

¿venirle con metaforitas a Paiva?

- ¡Pedazo de bruto!

***

Desde este día quedó escarmentado Salaverry para no dar a Paiva encargo o comisión alguna. El hombre no entendía de acepción figurada en la frase. Había que ponerle los puntos sobre las íes. Pocos días antes de la batalla de Socabaya, hallábase un batallón del ejército de Salaverry acantonado en Chacllapampa. Una compañía boliviana, desplegada en guerrilla, se presentó sobre una pequeña eminencia, y aunque sin ocasionar daño con sus disparos de fusil, provocaba a los salaverrinos. El general llegó con su escolta a Chacllapampa, descubrió con auxilio del anteojo una división enemiga a diez cuadras de los guerrilleros, y como las balas de éstos no alcanzaban ni con mucho al campamento, resolvió dejar que siguiesen gastando pólvora, dictando medidas para el caso en que el enemigo, acortando distancia, se resolviera a formalizar combate.

-

Dame unos cuantos lanceros -dijo el capitán Paiva- y te ofrezco traerte un boliviano a la grupa de mi caballo.

-

No es preciso -le contestó don Felipe.

-

Pues, hombre, van a creer esos cangrejos que nos han metido el resuelto y que les tenemos miedo.

Y

sobre este tema siguió Paiva majadereando, y majadereó tanto, que, fastidiado Salaverry, le dijo:

-

Déjame en paz. Haz lo que quieras. Anda y hazte matar.

Paiva escogió diez lanceros de la escolta, cargó reciamente sobre la guerrilla, que contestó con nutrido fuego de fusilería; la desconcertó y dispersó por completo, e inclinándose el capitán sobre su costado derecho cogió del cuello a un oficial enemigo, lo desarmó y lo puso a la grupa de su caballo. Entonces emprendió el regreso al campamento; tres lanceros habían muerto en esa heroica embestida y varios de los restantes volvieron heridos. Al avistarse con Salaverry gritó Paiva:

-

Manda tocar diana. ¡Viva el Perú!

Y

cayó del caballo para no levantarse jamás. Tenía dos balazos en el pecho y uno en el vientre.

Salaverry le había dicho: -Anda, hazte matar-. Y decir esto a quien todo lo entendía al pie de la letra, era condenarlo a muerte. Yo no lo afirmo; pero sospecho que Salaverry, al separarse del cadáver, murmuró conmovido:

-¡Valiente bruto!

Literatura

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4° Secundaria

¡AL RINCÓN! ¡QUITA CALZÓN!

El liberal obispo de Arequipa Chávez de la Rosa, a quien debe esa ciudad, entre otros beneficios, la fundación de la Casa de expósitos, tomó gran empeño en el progreso del seminario, dándole un vasto y bien meditado plan de

estudios, que aprobó el Rey, prohibiendo sólo que se enseñasen Derecho natural y de gentes. Rara era la semana, por los años de 1796, en que su señorío ilustrísima no hiciera por lo menos una visita al colegio, cuidando de que los catedráticos cumpliesen con su deber, de la moralidad de los escolares y de los arreglos económicos. Una mañana encontróse con que el maestro de latinidad no se había presentado en su aula, y por consiguiente los muchachos, en plena holganza, andaban haciendo de las suyas.

El señor obispo se propuso remediar la falta, reemplazando por ese día al profesor titular.

Los alumnos habían descuidado por completo aprender la lección. Nebrija y el epítome habían sido olvidados. Empezó el nuevo catedrático por hacer declinar a uno musa, musa.

El muchacho se equivocó en el acusativo del plural, y el señor Chávez le dijo:

- ¡Al rincón! ¡Quita calzón!

En esos tiempos regía por doctrina aquello de que la letra con sangre entra, y todos los colegios tenían un

empleado o bedel, cuya tarea se reducía a aplicar tres, seis y hasta doce azotes sobre las posaderas del estudiante condenado a ir al rincón. Pasó a otro. En el nominativo de quis vel quid ensartó un despopósito, y el maestro profirió la tremenda frase:

-

¡Al rincón! ¡Quita calzón!

Y

ya había más de una docena arrinconados, cuando le llegó su turno al más chiquitín y travieso de la clase, uno

de esos tipos que llamamos revejidos porque a lo sumo representaba tener ocho años, cuando en realidad doblaba el número. Quid est oratio? -le interrogó el obispo.

El niño o conato de hombre alzó los ojos al techo (acción que involuntariamente practicamos para recordar algo, como si las vigas del techo fueran un tónico para la memoria) y dejó pasar cinco segundos sin responder. El obispo atribuyó el silencio a ignorancia y lanzó el inapelable fallo:

-

¡Al rincón! ¡Quita calzón!

El

chicuelo obedeció, pero rezongando entre dientes algo que hubo de incomodar a su ilustrísima.

- Ven acá, trastuelo. Ahora me vas a decir qué es lo que murmuras.

- Yo, nada, señor

Tomó a capricho el obispo saber lo que el escolar murmuraba, y tanto le hurgó que, al fin, le dijo el niño:

- Lo que hablo entre dientes es que, si su señoría ilustrísima me permitiera, yo tambiénle haría una preguntita, y

nada -y seguía el muchacho gimoteando y pronunciando a la vez palabras entrecortadas.

había de verse modo para contestármela de corrido. Picóle la curiosidad al buen obispo, y, sonriéndose ligeramente, respondió:

- A ver, hijo, pregunta.

- Pues con venia de su señoría, y si no es atrevimiento, yo quisiera que me dijese cuántos Dominus vobiscum tiene la misa.

El señor Chavez de la Rosa, sin darse cuenta de la acción, levantó los ojos.

- ¡Ah! -murmuró el niño, pero no tan bajo que no lo oyese el obispo-. También él mira al techo.

La verdad es que a su señoría ilustrísima no se le había ocurrido hasta ese instante averiguar cuántos Dominus vobíscum tine la misa Encantólo, y esto era natural, la agudeza de aquel arrapiezo, que desde ese día le cortó, como se dice, el ombligo. Por supuesto que hubo amnistía general para los arrinconados. El obispo se constituyó en padre y protector del niño, que era de una familia pobrísima de bienes, si bien rica en virtudes, y le confirió una de las becas del seminario. Cuando el señor Chávez de la Rosa, no queriendo transigir con abusos y fastidiado de luchar sin fruto con su Cabildo y hasta con las monjas, renunción en 1804 el obispado, llevó entre los familiares que le acompañaron a España al cleriguito del Dominus vobiscum, como cariñosamente llamaba a su protegido. Andando los tiempos, aquel niño fue uno de los prohombres de la Independencia, uno de los más prestigiosos oradores en nuestras asambleas, escritor galano y robusto, habilísimo político y orgullo del clero peruano. ¿Su nombre? ¡Qué! ¿No lo han adivinado ustedes? En la bóveda de la Catedral hay una tumba que guarda los restos del que fué Francisco Javier de Luna - Pizarro, vigésimo arzobispo de Lima, nacido en Arequipa en diciembre de 1780 y muerto el 9 de febrero de 1855.

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Literatura

4° Secundaria

ACUÉRDATE DE MÍ

¡Oh! ¡Cuánto tiempo silenciosa el alma mira en redor su soledad que aumenta:

como un péndulo inmóvil, ya no cuenta las horas que se van! Ni siente los minutos cadenciosos al golpe igual del corazón que adora aspirando la magia embriagadora de tu amoroso afán!

Ya no late, ni siente, ni aun respira petrificada el alma allá en lo interno:

tu cifra en mármol con buril eterno quedó grabada en mí! Ni hay queja al labio ni a los ojos llanto; muerto para el amor y la ventura, está en su corazón mi sepultura

y el cadá