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Alianza Editorial &tudios

Guillenno Bonfil Batalla

 

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Pensar nuestra cultura

Ensayos

 

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Alianza Editorial

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Primera edición: 1991

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:~ Primera edición: 1991 ' Portada: Carlos Aguirre Q Guillermo Bonfil Batalla, 1991 Q Editorial Patria,

Portada: Carlos Aguirre

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Guillermo Bonfil Batalla, 1991

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Editorial Patria, S.A. de C .V., bajo el sello de Alianza Editorial, i991 San Lorenzo 160, Col. Cerro de la Estrella 08960 México, D.F. Tels. 689-6000,656-1506 y 656-1446

ISBN 968-39-0481 -5

Impreso en México/Prillted In Mexlco

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ÍNDICE

Introducción

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Primera parte

Aproxinwciones

l . La investigación sobre el

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en América Latina

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pluralismo cultural

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2. Lo propio y lo ajeno. Una aproximación al problema

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del control cultural

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3. Los conceptos de diferencia y subordinación en el estudio

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de las culturas populares

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Segunda parte

Diversidades

4. Las culturas indias como proyecto civilizatorio

5. Civilización y proyecto nacional

6. La alternativa del pluralismo cultural

7. Pluralismo cultural y cullura nacional

Tercera parte

Herencias

8. Nuestro patrimonio cultural : un labe rinto de s ignificados .

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Guillermo Bonfil Batalla

9. La encrucijada latinoamericana: ¿encuentro o desencuentro

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con nuestro patrimonio cultural?

 

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Introducción

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10. La querella por la cultura

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Información sobre los ensayos incluidos en este volumen

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P.·

Decidí reunir en este volumen una serie de textos escritos durante la década de los ochenta, la llamada "década perdida" si at e ndemos a los indicadores socioeconómicos de México y, en generill, de América Latina. No desconozco que algunas preocupaciones recurrentes en estos ensayos tienen su origen precisamente en las vivencias, racionalizadas o no, y en las incertidumbres de este andar como Ao la 'deriva; esa sensación compartida con muchos más de que el caminó es otro, aunque no sepamos todavía marcar la dirección ni trazar el sendero. Hay, pues, recurrencias casi obsesivas a ciertos temas: reincido fre- cuentemente en el intento de explorar desde distintos ángulos un pmiado de problemas, siempre los mismos. Si confío en no fatigar en exceso !ll lector es porque cada texto corresponde a una situación diferente, y se pensó ubicado en un contexto particular y con unu intención precisa. Eso, espero, obliga a diferencias de matiz que enriquecen y complementan una manera de pensar Jos problemas que son el objeto de estos ensayos. También el tono es diferente: algunos son nuis formalmente <~cadémicos, en tanto que otros, tal vez la mayoría, prescinden de cualquier ;mdmuiaje eru- dito y buscan llegar con mayor claridad ;i un público amplio no espe- - cializado. El porqué de estas dos vertientes del mismo discurso es algo que se insimía en varios ensayos y que trato de desarrollar én esta especie de introducción: los problemas de la cultura que m;ís me preocupan requieren, por una parte, un esfuerzo teórico y n1ctodológico rigmoso, que permita avanzar firmemente en su comprensión; por atril parí e·, la naturaleza de estos problemas y su importanci<~ actt!a 1y p<Ha la coustnlc-

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Guillermo Donfil Batallo

ción del futuro, exigen una amplia participación social, y una forma de contribuir a lograrla es poner estos temas en la mesa del debate público

y pugnar porque reciban la atención prioritaria que merecen. El objeto último de reflexión en estos ensayos son los problemas que se derivan de que México, como la mayor parte de los paises latinoamericanos,

sea una sociedad nacional pluriétnica y multicultural. A partir de este hecho

es posible plantear y abordar los temas culturales más diversos, que adquie-

ren un relieve diferente al usual cuando se enfocan desde este punto de vista.

En el mundo contemporáneo las sociedades nacionales, entenqidas aquí como las que poseen un Estado independiente, tienden a ser cada vez más complejas y diversificadas en términos de cultura. La diversidad obedece a factores de distinta naturaleza, desde los contrastes geográficos regionales hasta los desniveles económicos y educativos, además de condiciones como la edad, el sexo, la ocupación y el sitio de residencia. En conjunto, estos factores propician la formación y reproducción de redes de relaciones sociales, mas o menos estables y delimitadas, que desarrollan elementos culturales distintivos a partir de los cuales refuer- zan los vínculos sociales internos y construyen su propia identidad colectiva, contrastante y excluyente respecto a otras identidades del mismo género. Así se diversifican modos de hablar, formas de conducta, valores y símbolos propios, habilidades, creencias y conocimientos que

conforman culturas o, si se prefiere llamarlas así, subculturas distintas en

el seno de las sociedades nacionales, cuyos perfiles se delinean más

nítidamente en tanto más amplios sean los aspectos de la vida social que

se cumplen a través de una misma red de relaciones, es decir, a través de

una misma comunidad o grupo social. Por ejemplo: una comunidad local posee generalmente una cultura común que abarca aspectos muy variados de la vida social (materiales, simbólicos, etc.), en tanto que un gremio profesional sólo comparte los aspectos que se relacionan directamente con la actividad especializada de sus integrantes.

. Esta tendenci~ a la diversificación cultural tiene su contraparte en. el

conjunto de factores que actúan en favor de la unificación o la uniformi- dad cultural. El sistema escolar, los medius masivos de comunicación, la movilidad social, tanto en sentido horizontal como vertical, así como muchas acciones de política gubernamental, empresarial, religiosa o partidaria, tienden en la mayoría de los estados nacionales a eliminar la diversidad cultural con algún propósito declarado o implícito: .crear un mercado. reforzar la unidad nacional, realizar la justicic4 social o divina, alcanzar la democracia, etcétera.

La tensión permanente entre .estas dos tendencias adquiere mayor fuerza y un significado más profundo cuando las sociedades nacionales

lntrodu~:ciún

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no son sólo pluriculturales sino ta111bién multiétnicas. A diferencia de otras agrupaciones sociales con identidades propias y distintivas, las etnias son sistemas sociales permanentes de larga duración histórica. La identidad étnica correspondiente es considerada como una identidad primordial, que acornpai\a y califica a otras identidades colectivas que existen en el interior de cualquier etnia. Aunque puede haber un encen- dido debate académico al respecto, podemos considerar etllia como sinónimo de pueblo y de nación (que se diferencia de sociedad nacional porque no tiene necesariamente un Estado propio). De hecho, en el discurso político relativo a estos temas, los tres términos se usan con frecuencia de manera indistinta y aun se llega a hablar de nacionalidades con el mismo sentido. Más allá de la discusión sobre los términos, lo que importa destacar es que los sistemas sociales de ese tipo poseen características propias que los distinguen de otros. Por ejemplo, su condición de ámbito de pertenen- cia mayor, dentro del cual tienen cabida otras identidades más específicas (sexuales, profesionales, locales, etc.) . De hecho, la etnia contiene dentro de sí un sistema completo de ideutidades que permite orgauizar la vida ,social al interior de la etnia y en la relación con "los otros". Una segunda característica es la larga temporalidad de las etnias en comparación con otros sistemas sociales. En el trascurso de la historia étnica ocurren trasformaciones intemas que dan base a nuevas identida- d .:s colectivas, sin que esos cambios se reflejen en cambios equivalentes en el nivel de identidad étnica: los ingleses eran ingleses antes de la revolución industrial, y lo siguen siendo; los armenios han sufrido pro- fundas trasformaciones al paso de los siglos, pero la comunidad armenia continúa existiendo; los mixes y los mayas persisten como pueblos a pesar de siglos de dominación colonial y sus innegables consecuencias. Larga duración histórica no es sinónimo de etemidad ni de ausencia de cambios:

las etnias surgen y desaparecen; en algunos casos llegan a fuudirsé dos o más etnias para formar una nueva, o bien se dividen y dan nacimiento (madres de la historia) a pueblos nuevos y diferentes. Pero lo que conlleva esa larga permanencia histórica es la posibilidad de que las sucesivas generaciones que la conforman construyan paulatinamente una cultura distintiva que entrelaza y da coherencia a todos los ámbitos de su vida. Se reconoce un pasado y un origen comün, se habla una misma lengua, se comparte una cosmovisión y un sistema de valores profundos, se tiene conciencia de un territorio propio, se participa de un mismo sistema de signos y símbolos. Sólo con ello es posible aspirar también a un futuro cotmín, y en esto descansa la razón para reconocer un "nosotros " y distinguirlo pe "los otros".

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No es que las etnias sean homogéneas ni que sus integrantes participen todo~ de igual manera en los diversos aspectos de su cultura: hay diferencias, desigualdades, complementariedades y contradicciones que, por otra parte, explican en gran medida la dinámica de la cultura. Pero esa diversidad interna se da a partir de que existe la unidad básica de la cultura propia, que es el fundamento de la identidad étnica, de la noción de "nosotros". La historia profunda de los pueblos explica también que se constituy<ut patrimonios culturales reclamados por cada etnia como herencia exclu- siva, aquella sobre la cual tienen el derecho de decidir y de gozarla porque les pertenece como pueblo y sólo a quienes integran ese pueblo. Es ur. acervo cultural, además, con un significado particular porque se percibe y adquiere sentido desde la perspectiva de la cultura propia y única del pueblo que lo considera suyo. De ahí la lucha permanente de las etnias para alcanzar o recuperar gmdos mayores de autonomía que les aseguren el control efectivo de su patrimonio cultural. Ya no es necesario abundar en argumentos para demostrar la impor- tancia de la dimensión étnica corno ii1stancia org11nizadora de la vida coiectiva. Los espectaculares acontecimientos recientes en Europa del Este y en la Unión Soviética obligan a reinterpretar otros anteriores que se quiso entender con esquemas teóricos en los que a la dimensión étnica (y en consecuencia, a la cultura) se le asignaba un papel secundario, "no determinante", de mera "superestructura". Valga recordar el caso de la revolución islámica, tan poco y mal comprendida y tan fácilmente tildada de algo así como "regresión histórica", en gran medida por la incapacidad de aceptar la significación cultural total del Islam. Hoy, repito, hasta los más dogmáticos (de cualquier credo) admiten la necesidad de pensar la cultura de una manera diferente. América Latina no se encuentra al margen de este resurgimiento (en realidad, sólo una nueva visibilidad) de los movimientos étnicos y, más ampliamente, de las luchas en defensa- de la cultura propia. Una región con, aproximadamente, cuarenta millones de habitantes indios que per- tenecen a más de 400 etnias, que presenta marcadas diferencias regionales al interior de cada país y donde persisten y casi siempre se acentúan las desigualdades más brutales y escandalosas, es una región en la cual los problemas culturales deben ser puestos' en el centro mismo del amplio debate indispensable para decidir los caminos que recorreremos hacia un futuro mejor. La historia nos ha legado cinco siglos de dominación colonial. Una de las herencias de las que debemos desembarazamos inexcusablemente y cuanto antes, es la distorsión con que vemos nuestra propia realidad, al

Introducción

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percibirla a través del tamiz de los prejuicios culturales propios de la no interrumpida ideología del colonizador. Esa percepción se finca en la devaluación del "otro", el diferente, el dominado, y afirma la supe- rioridad, la universalidad y la exclusividad de la cultura del dominador, heredero intelectual del-colonizador. Desmontar el andamiaje ideológico sustento de la visión cultural del sector dominante en nuestras sociedades, resulta entonces una tarea prioritaria para sanear el ambiente intelectual (en el sentido amplio, no restringido), construir una visión auténtica de nosotros mismos y conducir el debate sobre nuestro futuro a partir ele concepciones e iclcntific<lcio- nes .más próximas a la realidad. Los ensayos aquí reunidos quieren contribuir a esa tarea:

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Porque el uso de la diferencia cultural por parte del poder ''y' eri~síi · beneficio, ha sido históricamente un obstáculo infranqueable para construir una relación democrática que incluya efectivamente a todos los individuos, grupos y pueblos que constituyen nuestras sociedades nacionales;

porque, en consecuencia, nos ha impedido formular un proyecto nacional inchÍsivo, en el que todos tengamos cabida;

porque nos ha llevado a ignorar, despreciar o anui{Ir las potencialida- des creativas de amplias capas de la poblacltm, las mayorías que fonnan el México profundo; •

porque esta situación debe modificarse radicalmente para entrar al siglo XXI (el tercer milenio segtin la cuenta cristiana) con mayores . posibilidades de elegir nuestras propias opciones y mantener el mar- gen de autonomía indispensable en un mundo que avanza hacia una

vez rn<~yor: ¿lo haremos como individuos aislados,

unas cifras más de productores y consumidores, o como colcct ividades

interrelación cada

integradas, que en esa condición se relacionan con las demás?

Si observarnos el panorama mundial y las princip<~les te ndenci:1s f(UC pnrecen dornin11r en este momento, destacan dos movimientos aparente- mente contradictorios. Por una parle, )¡:¡ reafirrnación de esas unidades históricas f(Ue llam:l - mos pueblos, miembros de estados nacionales cuya rnacroidentidad pretendía negar, o al menos restar importmtcia y significnci ón, a fns identidades de las dive rsas etnias y pueblos que corn]JOIIÍ<llt la soci ednd nacional. En muchos argumentos que hoy suenan tre mendam ente viejos,

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pero que se defenclían con vehemencia hasta hace pocos alios, se afirmaba que un orden económico y político vigente para todos borraría en el corto plazo las diferencias culturales, al avanzar hacia una mayor igualdad social. En el fondo de este discurso yacía la convicción de que había una historia única, lo que equivale a decir una cultura única; si no todos los pueblos la habían alcanzado se debía a retrasos evolutivos que se-subsa- narían de aquí en adelante. El futuro único, con una cultura única, estaba fuera de discusión; más aún, ese debía ser el fundamento ,de la esperanza. Y esa era una visión compartida por ideologías aparentemente opuestas, como las corrientes del marxismo, por una parte, y las del pensamiento liberal capitalista, por la otra. Cada cual la defendía con sus propios argumentos, pero todos participaban de la idea de que la unificación cultural a escala universal era inexorable y además deseable: un valor absoluto que no requiere justificación alguna. Y para acelerar la historia hacia el futuro iiJeluctable ¿quién podría objetar el empleo de medidas autoritarias, por bmtales que ll~gasena ser? Se apostaba del lado bueno, siguiendo el mandato traspa~entede la historia: ese era el único parámetro válido para juzgar los actos. Pero los pueblos y etnias integrados a los estados nacionales o· sometidos a la dominación externa, no parecen encontrar razones suficientes para aceptar la tesis de la uniformidad cultural, ante todo porque el proceso excluye y niega su propia cultura. Y porque la práctica social y la experiencia histórica dan prueba de su existencia real, de su continuidad: si en el pasado tuvieron futuro, ¿por qué renunciar a él en el presente? Futuro común, en tanto pueblos particu-

Refuerzo cada vez más mi convicción: los pueblos son las

unidades sociales a través de las cuales se hace la historia. Las trasfor-

maciones decisivas son las que se incorporan plenamente a la cultura de un pueblo; y también las continuidades y las resistencias. Sólo cuando los acontecimientos cambian re¡¡Jmente la cultura de un pueblo, se convierten en cambios históricos. Es la trasformación interna la que finalmente cuent11, porque cambia a un pueblo y así se cambia la historia. Las relaciones de los pueblos entre sí, directas o indirectas, igualitarias o de dominacion, se vinculan con los cambios internos, favorecen unos y obstaculizan otros; a veces se imponen cambios por la fuerza y la violencia . Pero someterse por la fuerza a la dominación . no significa aceptar pasivamente esos c<~mbios;de hecho, lo que ocurre con mayor frecuencia son trasformaciones internas de signo opuesto a los cambios que se pretende imponer: la cultura propia se repliega, se vuelve clandestina, se enmascara. Y resiste. Cuando el contexto global se altera, los pueblos aparecen de nuevo con su propio rostro: los

lares

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cambios impuestos son desplazados por las trasformaciones internas,

las que obedecen a las fuerzas cultura les

Esto es lo que parecen confinnar los verllgmosos ~contecumento~ recientes en buena parte del nnmdo. Pero es un fenomeno que esta presente aun donde no se mira con tanta claridad : en la pasiva Y per- ·sistente resistencia de todos los pueblos, de la que da prueba su mera y simple existencia. Si aprendimos a ver el 111\llldo a través de los esta- dos nacionales, debemos cambi<lr la ópt ica para mirarlo a través de los

de c~~a pueblo.

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. El segundo gran movimiento es la llamada global!zac1on. Globallza- ción de las comunicaciones, de los mercados, de los capitales, de la tecnología. Tmi1hién aquí la importancia de los estados uacionales se presenta disminuida : las deci s ion es qu e c.uentan se toman en otra .esfera, en la que pesan más los intereses trasuac10nales. Los estados nacwnilles tienden a formar bloques, nuevas alianzas para ocupar una parcela en la economía global. El mundo se achica, dicen : la comunicación es instan- tánea y no respeta fronteras . La informática, la biotecnología Y otras tecnologías de punta son los nuevos dioses de la razón a quienes hay que . aferrarse para seguir creyendo que d futuro esl~ escrito y es un~solo. Qué tranquilidad es encontrar una nueva cerlld~mbre Pero solo es posible a costa de olvidar la historia y cerrar los OJOS ante todo aquello que pudiera poner un punto de duda, la más pequelia inseguridad.

pueblos reales, en los que se hace la historia.

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Estos dos grandes movimientos culturales son a prim era vista o¡m~s.t~s

y mutuamente excluyentes: uno afirma la. particularidad, 1~ co~1~hcwn

única de cada cultura, en tanto que e l otro 1mpulsa la globallzac1on Y la

int e gración universal. No se trata ahora, como en otros n.wmentos. ~e

nuestra historia, de optar entre cultura nacional o cultura umvcrsal ~vieJa polémica, siempre apasionante y sielllpre inútil). Se trata, en camb1~,de reconocer la existencia de una multitud de culturas concretas, forjadas por historias particulares, que presentan una gran diversidad entre sí (comG entre los pueblos que las portan) y que reclaman su .leg itimid<Jd Y su derecho a un futuro propio (un reclamo al que no es pos1hle cerrar los oídos); y de reconocer, al mi s mo tiempo, la existencia de una trama mundial de intereses y fuerzas que entran en contacto con todos. los pueblos y vinculan sus culturas. No es cuestión de optar entre una reahdad -

o la otra : ambas son y están actuando. Para avanzar en la reflexión de este tema es necesario hacer referencia

a otro problema básico: cómo se crea la cultura . La pregunta es derna~iado ambiciosa y no pretendo abordarla más que desde uno de los postbl.es ángulos: la relación entre el acto de creación cultural y la cultura previa.

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Guillermo Bonfil Batalla

Ninguna creación humana ocurre en el vacío, ni a partir de ce~o . Todo ~o que hacemos, individual o colectivamente, d~ manera consc1e~1te o st.n conciencia, lo hacernos a partir de lo que previamente te~emos. conoci- mientos hábitos recursos diversos, juicios de valor, relaciones humanas, creenci;s, ilusi;nes y fantasías (f-reud nos enseñó que ni en sueiios podemos desprendemos de nuestra experiencia, ~t~ es, de nuestra cul- tura). El impulso creador, el otro componente md1spensable del acto creativo lo tomo como un dato algo que debe estar presente pero cuya plena c;mprensión no es reque;ida para el planteamiento de la cuestión que aquí interesa. Los elementos de que echamos mano para realiz;u un a~to creativo de cualquier tipo, desde una expresión estética hasta la sohtc1ón de Utl pro - blema doméstico son, por tanto, elementos que forman parte de nuestra cultura. Cuando se trata de :~ccioncs colectivas, todos los que intervienen deben compartir esos el e mentos, ¡mrticipar de la mis~T.ta cultura, al menos en el ámbito al que se refiere el acto de creac1on colectivo. La creatividad, la capacidad de im<~ginar y llevar a cabo

iniciativas culturales, sólo es posible en el ámbito de una

cultur:~concreta .

La cultura es un fenómeno soci:~l: sólo existe por la relación organizada entre los miembros de una sociedad. Cada individuo tiene su cultura, que puede diferir en ciertos aspectos de la cultura corntín de su sociedad, pe~o

nunca it grado de llegar a ser una cultura diferet~te.'porque entonc~sdeJa de e xistir la posibilidad de inter;¡ctuar y conviVIr con los demas. Por

ejemplo:

acceso a otras literaturas; su cultura mdtvtdual, en este aspecto, ser~

a la de la mayoría de los int egrantes de su sociedad . Pero .st

diferente

llegara a olvidar su propio idioma dejaría de tener contacto con los ~lemas,

dejaría de ser miembro de su sociedad original. Este es Ut~ eJemplo

extremo de alejami ento entre la cultura individual.y la col:ct1va. Et~ la realidad actu<tl, las distancias cultmales sontmís suttles y rrms cornplej~s. Muchas de est:Js situaciones de distanci<~tnientoconducen a una paulat!na pero creciente pérdida de identific:1ciún con l.a sociedad original. Pode- mos tornar como c:-je-mplo la fonmt en qu e ct c rlos sectores de nucstr~s

una óptica aj e na para interpret<1r su proptit

sociedades van adoptando

realidad y J¡¡ de la sociec1:Jd a b qu e todavía pertenecen. Me refiero a esas capas urban;1s, ~le estr<~tos medios y altos, que adoptan poco a poco los valores de una soci edad diferente (hoy por hoy,

los de la sociedad estadunklcnse ). La e xposición permanente ante otros

estilos de vida y otros rmxl r los cultmalcs (;1quí

entra ~a glob<1lizA1ción) a

través de imágenes de todo tipo que OClJpan un cspilcto cada vez 11l<Jyor en su vida cotidiarm, va desplazando pnubtinanwJttc la "cuJtm;¡ de lo

una personil puede aprend er. ot~o~ idiorn:~s y con ellos tene~

Introducción

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n;al", la que se sustenta en las circunstancias de la sociedad en la que se Ylve,r a la que~pe~enece,por una "cultura itnaginaria" que se construye a partir d~ la .asp1rac1ón de cambiar de realidad, que es muy diferente

a 1~ asp1rac1ón de cambiar la realidad: el objeto del cambio no es la

sociedad y su cultura cormin, sino el individuo y las personas más cer~anas a él. La sociedad propia se percibe desde dos perspectivas básl.cas:. ~.un o.bslll.culo inicial que hay que vencer para alcanzar la reahzac1on nnagmana (superar la desgracia de haber nacido en Nacoti-

. tl~n)Y es también -y aqu! no hay nada imaginario- el illStrumemo disponible .con el que .individuahnente se puede cambiar la realidad.

Concebir a la soc1edad como un instrumento de servicio personal exc.luye, evidentemente, cualquier sentimiento o vocación de solidaridad soc1al. La identidad cultural original se erosiona y se diluye inevitable:: ,

mente. Un r;curs~ rundarnental en este

cultura propra (orrgmal) con una óptica diferente, ajena, que permita c.ompararla desfa~orablementey punto por punto con la cultura imagina- cacrón. na ? la que se asptra y con la que se busca una nueva diferente identifi-

proceso es aprender a ver la

En socied~des nacionales corno l<~snuestras, de origen colonial, el

proceso mencionado se refuerza y k)ma un cauce establecido

"nonnal"

por la persist;ncia de una mentalidad colonial (al mismo tiem~coloniza:

dora Y colomzada) que se ha mantenido en nuestras capas dirigentes pese a más de siglo y medio de vida política nacionai"fonnalmente inde- pendiente. He tratado de profundizar sobre este problema en algunos de los ensayos inc!uid~en este volumen y en otros textos, por lo cual aquí no me ~etendrémas. Sr.n et~bar.go,debo insistir en la importancia fundamental que ttene ~lacol?n1zac1ón mtelectual, por una parte, en la fonnación de una

d;t;!"nmada Imagen de nuestra realidad nacional, incluyendo en ella la VtSIOII del pasado, la percepción del presente y la imaginación del futuro·

y, por

coherentes con esa Vlston de la realtdad, esto es, en la acción política en su·

sentido más amplio.

otra parte, en .l~ .definición ~e un esquema de decisiones que seat;

.

En el momento actual, entre quienes perdura la menl<llid<~dcolonizada Ytienen acce~oa diversas esferas de poder, la idea de que la globalización es la tendencia más poderosa y la tinica que define el futuro de nuestro país (corno el del resto del mundo), parece ser la idea predominante. A fin de cuent:~s,es una convicción consecuente con los anhelos profundos de la mentalidad colonial: la globalización significaría finalmente la superación ~efinitivade los problemns que plantea esa p;rte profund; de nuestra reahdad nacional que nos ha impedido ser verdaderamente mo- demos, esto es, ·plen111nente occidentales, sin llevar n cuestns el lnstrc

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Ouillenno BonfiiBatolla

cultural. de lo ~ndio. ~1 futuro imaginado desde esta perspectiva es el de una s~1edadsm ~erftlcultural propio, dado que las identidades culturales h?bran desaparecido. Mucho menos seria la nuestra una sociedad pluriét-

de sentido ante el

avance mcontenible de la globalización. Es fácil prever·las consecuencias politicas de esa convicción de los

grupos ~uetienen ~oderde ~ecisi.ón.A partir de tal perspectiva se definen

camman en el sentido de la historia" y la

ayudan a ava~~ar~T_~á~de ~ri~a.'con la ce.rteza de que "no hay más ruta

QU!zas, al1mc1o del cammo, sólo un contingente mino-

ntano de mex1canos pueda modernizarse por la vía de la globalización· el resto qu~daráal ma.rgen y habrá que encontrar fórmulas para que es~ no se convierta en un obstáculo. Mejor aún, si es posible, hacer que los

q~~no al~anzaronbolet'! para este tren aporten algo para que los demás •

Que es~a.~anerade. e~?tender las cosas existe y pretende imponerse como la v1s1on hegemomca para definir nuestro proyecto nacional, es algo .que se comprueba día tras día. El debate actual sobre el ingreso de Méx1co a un me~cadocomún con los Estados Unidos y Canadá ha dado lugar a d~clarac10nes.y !omas de posición que no dejan lugar a dudas ~o.b~e~ual~ la conv1cc1ón de la que parten influyentes sectores de la m~c1at1vapr~vada y también del gobierno. Aunque en el ámbito econó- mico ~e ventila de manera más explicita la discusión sobre nuestro futuro colectivo, e.l proyecto abarca necesariamente todos los demás aspectos de nuestra VIda. Se argumenta sobre todo en términos de economía, pero de

lo que s? trat.a en verdad ,es de un proyecto cultural, civiliza torio. Lo

que esta en Juego no es solamente tal o cual tasa de crecimiento

de producto !n.t~rno.'si?~qué modelo de sociedad aspiramos a construir.

Y ~sa defimc10n s1gmf1ca que damos prioridad a ciertos valores por

encima de otr~~·para imaginar el futuro de acuP.rdo con los primeros y tomar las de~1s1onesconsecuentes. Decisiones que deben ser obligada- ~entecolechvas, porque el asunto nos incumbe y nos afecta a todos: de

nmgu.n~ mane~a ~s Un problema técnico sobre

y dectdlr los tecntcos reales o supuestos.

, Entramos de lleno en la. dimensión cultural. Seremos a partir de lo que

s~mo~.En nuestr~ser soc1al, hoy como en todos los periodos de nuestra h1st~na.• la plural1dad cultural es una realidad evidente. El otro gran movnmento cultural, el de la afirn1ación de lo específico, constituye un factor.que pesa y va a pesar en nuestro proceso histórico. Seria irrespon- sable Ignorarlo.

mca Y ~ultlcultural, porque esta expectativa carece

estrategias de acc1ón que

~ue!a nuestra

VIaJen meJor.

el que sólo pueden opinar

Los próximos aiios le plantean a nuestra sociedad nacional. desafíos

Introducción

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enonnes. El primero de ellos tiene que ver con la sobrevivencia misma del Estado, lo que equivale a decir: la existencia de la propia sociedad nacional. Si en los grandes paises ricos e industrializados, los del Primer Mundo, el Estado está perdiendo capacidades de gestión y ámbitos de decisión, ¿cuáles son las expectativas para países "en desarrollo" y, en particular, para uno que tiene casi tres mil kilómetros de frontera con el país más rico y poderoso de la historia? ¿Cuál es la viabilidad, o enlodo · caso, la significación real de un Estado nacional inmerso en un mundo que se rige por los intereses de grandes bloques trasnacionales? El aislacionismo es imposible y seria suicida. L::. for111aciór. de un bkq~•c de los pobres, capaz de competir contra la Europa fortaleza, la Cuenca del Pacifico y el eje Canadá -Estados Uuidos, suena ilusoria y plagada de di - ficultades de todo orden, casi insuperables. La integración con los vecinos del norte, hacia la. que nos dirigirnos, ¿qué papel le asigna al Estado mexicano? Lo anterior es en el frente externo, en el horizonte de la globalización. Sea cual fuere el curso que siga la historia, lo cierto es que nuestra sociedad nacional estará en condiciones menos desfavorables en la me- dida en que cuente con un Estado fuerte. Fuerte, no autoritario. Con auténtica representatividad y consecuente capacidad de convocatoria y movilización. Para ello, nuestra organización estatal debe desembarazar- se de lastres de irrealidad que se forjaron en sus orígenes mismos, en el empeño reiterado de imitar colonialmente formas y soluciones inadecua- das para la realidad concreta de esta sociedad. Un ejemplo claro es la arbitraria división polftica del territorio, que no se funda en el espacio que ocupan las comunidades reales, históricas, y que con frecuencia divide y fragmenta violentamente los territorios en que habitan. Como resultado, las comunidades históricas, unidas por una cultura común (étnica o regional), no son reconocidas como unidades políticas constitutivas del Estado. El liberalismo tonió en cuenta individuos, ciudadanos, pero no aceptó que las comunidades culturalmente diferellciadastuvieran dere- chos pvlíticos específicos -por lo contrario, atacó a la propiedad comu- nal por considerarla corporativa y, en consecuencia, contraria al progreso. - Un Estado nacional para el siglo xx1, en México, no podrá persistir en tales inconsistencias. Si somos un país pluricultural y creamos a partir de nuestra cultura, el Estado y la sociedad deberán organizarse de tal manera que la diversidad tenga cauces legítimos para expresarse y florecer . Para alcanzar esta meta será necesario trasformar nuestras actuales normas de convivencia y, por lo tanto, nuestros valores y la fonna en que hemos aprendido a ver e interpretar la realidad. Los cambios económicos y políticos son urgentes e indispensables, pero no suficientes. Requerimos

L.

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Oulllenno Bonfil Datnlla

una profunda trasfonnación cultural (usaría el ténnino revolución cultu - ral si no hubiera el riesgo de que se interpretara a partir de experiencias ajenas, que tuvieron un contenido completamente distinto al que aquí esbozo). Una trasfonnación cultural no sólo es un cambio más amplio , que afecta las diversas dimensiones de la vida social, sino que significa cambiar el marco de referencia, el plano ordenador que confiere sentido a todos los demás cambios . Es la creación de un nuevo proyecto civiliza- torio, la fonnuhición de objetivos históricos y trascendentes que rien coherencia y propósitos a todas nuestras acciones. La diversidad de nuestras culturas vivas y la presencia de dos matrices civilizatorias (la mesoamericana y la occidental) constituyen los recursos fundamentales con que contamos para crear ese nuevo proyecto, nuestro proyecto . El primer paso es construir la cultura de la pluralidad: un espacio en la cultural nacional (la que nos es común en tanto mexicanos) que nos pennita admitir y valornr lrts diferencias. Es más que tiJUI cultura de la tolerancia : es la verdadera cultura de la democracia. Y no se compra, no se importa con divisas : se va forj:mdo aquí, día tras día, con la crítica y la superación de nuestra herencia colonial, en rl aprendizaje pennanen- te de ver la realidad tal como es . En este punto connuyen, en mi opinión, los argumentos que se desarrollan en estos ensayos . En tomo a esta problemática es posible · integrar el debate sobre el patrimonio cultural con el de la cultura populnr y con la discusión de las interpretaciones académicas sobre la noción de cultura . Todo se encauza, a fin de cuentas, a estimular un debate inapla- zable, que no es sobre las minucias de la Kultura sino sobre nuestro destino colectivo, con todas sus dimensiones integradas en ese conjunto organizado que es la cultura . Nuestra cultura. Nuestras culturas .

Ciudad de México, mayo de 1990

Primera parte

APROXIMACIONES

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Capítulo 1

LA INVESTIGACIÓN SOBRE EL PLURALISMO CULTURAL EN AMÉRICA LATINA

Dada la amplitud y diversidad de los contenidos que pueden uicluirse en

el ámbito de "lo cultural", al intentar un primer acercamiento a la cuestión

resulta conveniente seleccionar un conjunto reducido de temas relevantes relacionados estrechamente entre sí y que constituyen un punto de partida

sólido para obtener una visión articulada de las tendencias predominantes

y de los requerimientos en materia de investigación sobre los problemas

culturales en la región . En esa perspectiva se ubica el presente ensayo que toma como centro de interés el pluralismo cultural en América Latina, las relaciones entre los pueblos y grupos que participan de culturas diferentes, la dominación y la resistencia culturales, y la reflexión teórica y polltica que se ha hecho (y la que deberá hacerse) en torno a estas

cuestiones.

Significado y tendencias del pluralismo cultural en América Latina

América Latina es una región altamente diferenciada desde el punto de vista cultural. Tanto si se comparan entre si los países que la integran, como si se analiza internamente cada una de las naciones latinoamerica- nas,la diversidad se manifiesta de manera rotunda. Conviene, pues, pasar revista (as! sea a vuelo de pájaro) a los principales factores causales de esa diversidad, a los grupos culturales de mayor significación, y revisar

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Guillermo Bonfll Entalla

de rmmera sumnri11 l11 forma en que se ha estudiado y analizado el pluralismo cultural de la región.

La diversidad cult11ra/ a escala nacional

Los estados latinoamericanos surgen de la independencia de antiguas colonias europeas; son resultado, inicialmente, de historias y procesos pélrticulélres de colonización,a los que se llliaden los efectos de conflictos intemacion11les ll lo largo del siglo xtx y h11sta bien entrado el siglo xx. Son l11s condiciones concret11s de J¡¡ dominación colonial, las que deben tomarse como punto de partida para explicar las diferencias culturales que present11n los paises latinollrnericli!Jos. Un primer f11ctor consiste en la propordón v¡¡ri¡¡ble en que intervienen los componentes origin11les b<isicos de la poblnción latinollrnericllllll en Clldn pnfs: el indol!mcricnno, elnfric11no y el europeo (dejando de Indo, en este nivel de análisis, el componente asiático, que será mencion11do

más adel:mte) . La importAncia rel11tiva de cada uno de

los tres troncos

originales dependió, por un11 pnrte, de la mngnitud de In población india en las distint11s regiones del territorio hoy latino11mericano antes de la invasión europea; por otra parte, de la lmlllera en que se des11rrolhuon los distintos modelos de explotación coloninl, que exigieron mayor o menor cantidnd de mnno ele obra esclava llfmnc11da de Áfric11. Las pol!ticas de los est11dos indepe11dientes, en la segundn mitad del siglo p11sado y durante l11s primer11s décndns del presente, incrementaron en ¡¡Jgunos casos la 11111gnitud de la población de origen europeo mediante el estimulo a una

inrnigmción masiv11 . Los procesos de rniscigenación han ocurrido con intensidad variable entre los tres grupos primigenios, pero el surgimiento de diversos tipos de pobl11ción mestiza no necesariamente ha dado lugar, en todos los casos, a la aparición de nuev;¡s unidades sociales cultural- mente diferenciadas.

inm e nsn

mnyoría de la población latinoameric<Jn a actualr1o presentan caracterfs-

region es

de alta civilización (Mesoamérica y los Andes Centr11les), con estados, ciudades, agricultura intensiva, alta den s icl<td de mográfic<t y un conside- rable des<trrollo cientffico, técnico e ideológico; en l<t periferi11 de estas regiones de alta civilización y de acuerdo a las condiéiones y posibilida-

ticas cultural es uniformes . En el mund o precoloni11l existfan dos

Los tres conting ~ nt es b;isi c os qu e co nflu ye n p:1ra formar la

?es. d.elmedio natural, había puebl os agrícol<1s sedentarios, agricultores mcrprentes, o bandas recolectoras y c;¡zad or;¡s nóm11das; en sitios rn:ís

aislados, en las se)v¡¡s, las isl11s, los d es ie: rt o s y los extremos australes

vivían

también pueblos nómad¡¡s d e dicad o s a )¡¡ caza, la pesca y 1;

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El plurnlisrno culturAl en Arnéricn Lntiun

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recolecciÓn de productos silvestres . Cada ¡~ueblop~scfasu p:opia len~~ra

y cultura, su identidad propia y sus lhrutes soclélles pllrllcuJ¡¡re.s: el

indio", como categoría genérica e indiferenciada que 11barca y des1gna a

del orden

colonial que identifica globalmente 11 los colonrzados. :

El contingente de origen11fricnno tampoco presentó urmlad cultural de

origen . Los escl11vos provenlnn de

distintas y participnban de cultums disimiles . El s1stemn col01nal se lu.zo

c 11 rgo, con mucha eficienci11, de impedir ~istenníti:a~nente cualqt~l~r posibilidad de continuidad de J¡¡s culturas afncanas onguulles en Amen-

ca : hubo una polftica explfcitll pnm evitr~rque esclavos procedentes de .un

pueblos difere~1tes, lwbl11b~n lengt.ras

ese Abigarrado universo de pueblos diferentes, ~s una categoría

'~m!'·II"'Í"t"·

mismo grupo conviviemn culturales ¡¡friclln<Js, b11jo

en una nlism<J pl<~ntación o min~. Las herenc1~s

el régimen de esclnvitud, perch e. ron su especl-

ficidnd y han tendido él conforrnnr unn culttrra ~~·m 1 rica <tfr~-<lllle.rrcana con similitudes en el nivel regional, pero tarnb1en con pnrtlcUIMldades

segúnl11s tr11diciones origin<1les que alcan7.aronmayor represent<1ción en 111 nueva cultum negra locnl. L<1 pobl<lción africana, ~1 igunl que In arnerindi11, quedó conceptmllrnente englobmla en t~nn m1sma c~tegorfa,

la de "negro", el segundo grnn contingente del urnverso colomz<~do en

América k11tin11 Los colonizadores europeos tnmpoco confornwb:m un todo cultuml- mente uniforme . Es cierto que en su inmensa mnyprfn pertencdnn 11 In vertiente ibéric11 de In civiliz;¡ch)n occidental (c5lmriolcs y portugueses); pero 11un entre ellos h11bla difercncins, como fo muestra J¡¡ modnlidnd de coloniz11ción del Umsil en relación con los pnlsrs ocupados por los esparioles. Por otr11 pnrte, en elrnundo de los coloniz<Jclores había cript~­ judíos , cristianos nuevos y cristiélllOS viejos y g.ente de·. procedencia europea no ibérica que tuvo,en ciertos c<1sos, gmn 111.nuen~1~ en <~lgunos círculos de poder coloni<~l, sobre todo en el mecho rellg1?so . I~ubo, 11dernás, la presencia de francese :;, holandeses e ingleses qu e lllctrrstona- ron con vari:~dn fortuna en l11s colonias ibéricas y logrnron establecer algunos dominios en el Caribe . La segunda ol eada europ e<1, en el siglo xrx y principios del xx, tiene características diferentes : f~rmalr~1ente, ya no son colonizadores sino inmigrantes, 1lliiHJlle la pers1stenc1ll de las estructuras coloniales en las nuevrts nn c ioncs indcpenclicntcs los ubica en una posición soci11l que los idcntificll, en rnuchos <tspcct os, con los antiguos metropolitanos ¡~eninsulnrcs.Son espniiolrs y port.u.guescs~ pero t11rnbién itali11nos, alem11ncs y fmnccscs, cuya concentr<t c1on en crcrtas wn:~s acentú:J 1:~ presencia de hl culturi1 europei1 cr1 algun os p<~iscs de la

. dJversidad ll<ICIOUill en

región. Uno de los <tnálisis ru:ís suge rent es sobre l<t

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Ouillenno Bonfil Batalla

El pluralismo cultural en América Latina

l. La diversidad étnica

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América Latina es el que efectuó Darcy Ribeiro.• Él encuentra tres tipos de sociedades nacionales en la región: los pueblos testimonio (México, Centroamérica y los países andinos), donde la presencia de una alta civilización precolonial, reforzada por el peso demográfico de la pobla- ción amerindia, ha provocado "un proceso secular de aculturación y de reconstitución étnica que todavía no se ha clausurado"; los pueblos nuevos (los brasileños, los grancolombianos, los antillanos y los chile- nos), que se forjan por la miscigenación de poblaciones de origen étnico muy diverso bajo condiciones de dominio colonial despótico; y los pueblos trasplantados (los angloamericanos y los rioplatenses), que , surgen del arribo masivo de contingentes europeos a regiones escasamen- te pobladas en las cuales desplazan, por la violencia, a los habitantes previos. Para caracterizar a las sociedades latinoamericanas en términos de su diversidad cultural, es preciso tomar en cuenta factores de otra índole, aparte de la composición,ttnÍca original. La diversidad obedece también al tamaño diferente de la población total y del territorio nacional; a los recursos y contrastes de este último; al desarrollo histórico y conforma- ción actual de las estructuras económicas y políticas imperantes y, en fin, a las diferentes políticas que confonnan los proyectos nacionales de cada país. Pero la base étnica original de la población actúa como un trasfondo general sin el cual no es posible comprender la diversidad cultural entre las naciones latinoamericanas.

El pluralismo al imerior de las sociedades latinoamericanas

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La diversidad cultural de América Latina, si comparamos entre sí los países que la conforman, revela ya la complejidad y trascendencia de las di- ferencias. Pero el significado y las implicaciones de la pluralidad se manifiestan de manera aún más clara si se pasa revista a la diversidad cultural interna de cada sociedad, pues, en su mayoría, los países latinoa- mericanos presentan situaciones que los apartan, en mayor o menor grado, de los "tipos" a los que se recurre para establecer cualquier clasificación a escala nacional. No intentaremos trazar un .panorama particularizado del pluralismo cultural en cada país, tarea que rebasa por mucho la intención y los límites de este ensayo; únicamente se abordan de manera sumaria los principales factores que inciden en esa diversifi- cación cultural y se pasa revista a las principales corrientes del pensa- miento que se han ocupado de ella.

1 Darcy Ribeiro, lAs Amiricas y la clv/1/zac/dn . México, Extemporáne01, Colección Latinoamericana, !977.

El orden colonial implica la diferenciación cultural en~e colo~zados Y colonizadores. La matriz colonial de las sociedades latmoamencanas es una de las causas {W1damentales de la persistencia de p~eb~oscon c~ltura e identidad distintivas que integraron el mW1do amermd10 col~ruzado. Hoy son los grupos indígenas, o los pueblos indios, según la temuno~o~ía que se prefiera emplear. Su presencta actual n~ obedece ~ólo ~ la esc1s1ón indispensable de las sociedades coloniales, ru a la dommactón a la ~ue han estado sujetos durante casi cinco siglos; es resultado en ~~or medtda aún, de su volw1tad de resistencia y sobre vi vencía para segutr sten~o ellos mismos: sistemas sociales permanentes, creadores de cultura y forJadores

. Uno de los recuentos más confiables de la poblactón mdta latmoame- ricana identifica 409 grupos o pueblos y estima en. alrededor de 30 millones de habitantes su población total. 2 El pueblo más gr~n~e e;> el quechua, con más de 16 tnillones de habitantes de ~a lengua dtstrtbutdos en cuatro paises; otros grupos (náhuatl, aymara, qutch~ y maya) rebasan 1a cifra de W1 millón o se acercan mucho a ella; el n~mero de puebl~s awnenta conforme se desciende en la escala demográftca . Los dat?s, ~m embargo, son insuficientes y pueden.res~~ engañosos. Los c~tenos estadísticos para cuantificar la poblactón mdta en los censos nactonales son poco confiables, varían de país ~ p.aís y a veces de W1 censo al siguiente, y en ningún caso captan los mdtcad.ores q~e realmente revelan la pertenencia a W1 pueblo culturalmente dtferenctado; en general, el

de su propia historia.

.

.

.

.

único dato pertinente que se registra es el idioma ~uese ~.bla,que. P?r s.~ mismo resulta insuficiente. Se llega a hablar de • e~10~1dt? estadts~co

e~ las ctfras

censales. Hay aquí, sin duda, wm tarea. de la .mayor ~g_encta par~ la investigación sobre demografía en Aménca Latma: el dtseno Yla aphca- ción de instrwnentos estadísticos adecuados para dar cuenta real de la ·composición étnica de cada pa1s. Más allá de la precisión estadística pueden establecerse algunos he- chos centrales en relación con la población india latinoame~~· .La diversidad interna es irmegable, no sólo en ténninos demograftcos smo en ténninos de su cultura y de la manera en que se relaciona cada pueblo con la sociedad nacional y el Estado del que forma parte. Ha~ pueblos agrícolas de tradición milenaria, que hoy, desde el pW1to de vtsta de la

2 CADAL, "Población indlgena en América Lalina", en OuiUenno Bonfil Batalla, Utopla

y revolucldn, El pmsamltllto polltlco cotlttmpordtUo ck los Indios tll An:lrlca Latina.

para señalar la reducción o desaparición de la poblactón mdta

México, Nueva Imagen, 1981. ·

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Guillenno BonfiiBatalla

organización económica nacional, integran parte del sector campesino; pero h:~y también pueblos nórn:~d11s cuy:~ subsistencia depende de la

algun:~ forma de agricultura

incipiente . Casi todos han incorporado a su cultura rasgos de procedencia occidental y, en menor proporción, africana, en tanto que algunos, los

más aislados, conservan una cultura que expresa en mayor medida ~~ desarrollo autónomo de culturas que existhm :~ntesde la invasión europeR. En los Andes y en Mesoarnéric:~ se destruyeron l:~sestructuras superiores de la organización social y los pueblos fueron reducidos al nivel de comunid:~des locales, con los consecuentes efectos atornizantes en la

cultura y en 1:~ identid:~d colectiv:~.

A lo largo de los últimos cinco siglos, cientos de pueblos des:~parecieron de la histori:~, y todos los que sobre viven han visto modificada su fonna de v ida, con intensidad y resultados variables, :~ causa del colonialismo. Algunos entraron en contacto con los invasores desde fines del siglo xv; otros, sólo en las últim:~s décadas se h:~n visto obligados a mantener un:~ relación constante con los emisarios del mundo modemo. La migración h:~cia las ciudades y a las zonas de agroindustria se h:~:~centuado a pMtir de la Segunda Guerra Mundial. La extensión del sistema escolar, las comuni - caciones, los servicios médicos, los medios y los nuevos frentes de expan-

sión y explotación económica, h:~n enfrentado a los pueblos indios con situaciones novedos-1s que los oblig:~n:~desarrollar cstr:~tegiasdistintas para

sobrevivir como unidades soci:~les cultur:~lmente diferenciadas. Estos

recolección, 1:~ pesca, la caz:~ y, si acaso, de

pro- cesos han alterado las culturas de los pueblos indios, pero eso no significa que tales culturas hayan dej:~dode ser entidades diferenciadas dentro de las sociedades latinoamericanas, porque siguen organizadas a partir de un

esquema básico (una matriz cultural) que no es occidental sino que tiene su origen en las civilizaciones amerindias precoloniales, y porque tales cultu- ras siguen siendo el sustento de identidades colectivas diferenciadas (un "nosotros" que contrasta con "los otros"). El panorama étnico se enriquece con la presencia de minorías de

sociales a

partir de esa condición. Japoneses, chinos, alemanes, italianos, franceses,

menonitas y otras rninoríéls ocupan, en varios países latinoamericanos, nichos geográficos y socia les bien definid os en los que adaptan y perpe- túan su cultura de origen y manti enen su identidad étnica diferenciada frente al resto de la población nacional. ·La población de origen africano, por su parte, marca profundamente con su presencia a varios países de la región y a ampliéis zonas, tanto rur:~les como urbanas, en much os otros. Como se indicó, l:~s etnias origin11lrs no tuvieron continuid;-~d bajo el régimen colonial en tierras

origen extranjero que mantienen rasg os culturales y lealtades

El pluralismo cultural en América Latina

29

latinoamericanas. Existen sin embMgo, las culturas afroam?r~~anas~on rasgos distintivos, lo que remite a un proceso de recompost~ton étm~a. Las fonnas abiertas 0 solapadas del racismo de origen colol~ta!,habnan jugado un papel importante en este proceso, al segregar, por dtstmtas vías,

. Queda, por último, mencionar a la población restante, que no participa de ninguno de Jos grupos mencionados. En algunos paíse~(los pueblos "trasplantados" de que habla Darcy Ribeiro) es población. cnolla de origen predominantemente europeo cuya cultura y forma de vHifl pueden describirse como una adaptación de diversas culturas europeas a un patrón previo, también europeo pero en su vari.m.tte ibéricél . En .o~ros países se trata de población mestiza en la que son VIsibles rélsgos gencttcos de procedencia amerindia; sin embargo, la cultma de estos grupos es también de matriz europea, ya que proviene de la cultur~ heredada P.or criollos y mestizos de las capas dominantes a raíz de la mdep~ndenc1a. A esta cultura dominante suele designársela como cultura nacional Yse propone como el modelo que debe generalizarse en el resto. de la poblfl- ción . Las historias particulares de cada país han pro~uc1do n.toclclos diferentes de culturas nacionales; en algunos casos (Méxtco, por eJemplo) se han incorporado en ellos rasgos y símbolos que procec~cndel sus~rato indio precolonial; en otros, por el contrario, se enfat~za el carac~er occidental de )a cultura nacional y se ignora'- o s~ mega, cu¡¡lquter componente cultural de otra procedencia . L~ ~xprestones de·l·a cultum nacional de raíz europea se encuentran 'en dt;ersa pr?porc1on Y con modalidades variables en los distintos países latmoamencanos . E1.1 al~u­ nos son la cultura de la mayoría; en otros, sólo es la cultura de mmonas

a la población negra.

.

dominantes que habit11n principalmente en las

. ¿CómO ha sido estudiadél y entendida .1:~pl.1~rahda~etmca en Amenea

.

Latina? Una primera vertiente

criptiva: estudios etnográficos y/o sociológicos, generalment~refendos a comunld 11 des locales y, en pocos casos, a pcquefla~ reglones. Léls primeras monografías modernas se hicieron a fines del s1glo pélsado Yel número de estudios se ha incrementado incesantemente, s?bre todo.en lns últimas décadas. El v:~stoterritorio latinoamericnno hn stdo ~temh.doen las investignciones de manera muy desigual : lwy zonrts ~t.udi~dasn.tt.en - sivamente y otras sobre las cuales casi no ~xisteinfo~t~actonstste~nattca. En su inmensa mayoría, las monograf1as etnograf1cas _se. ref1e~en a comunidades indígenas; es comparativamente esc~sa la btbhografia. so- bre comunidades negms, minoríéls de origen extrai~Jeroy grupos m~~t¡zos

0 criollos de cultura "nacional" . También e s des1gual 1~ produce'?'~ de cstudios·de ese tipo en los div e rsos p11íses latin onme n cnnos: Mex 1co,

ele invest1gac1on ha stdo puramente ? es-

30

Ouillenno Bonfil Batalla

Brasil y Perú cuentan con una tradición local más rica en investigación etnográfica, en tanto que algunos paises centroamericanos y otros como Uruguay, Paraguay, Bolivia y Ecuador, presentan un nivel de desarrollo incipiente. Es importante señalar que muchos estudios de este tipo son realizados por investigadores extranjeros y que con harta frecuencia los resultados no se publican en español o portugués y permanecen ignorados por los investigadores nacionales interesados. En los estudios descriptivos han predominado dos orientaciones fun- damentales. Una de ellas enfatiza el carácter tradicional, "auténtico", de la cultura bajo estudio; la otra corriente se preocupa más por la dinámica cultural y presta atención preferente a los procesos de cambio que ocurren en las comunidades investigadas. En otro nivel de .análisis, la interpretación del pluralismo étnico en América Latina ha descansado en marcos teóricos diversos y a veces contradictorios, más allá de la mera descripción de culturas diferentes. Aquí mencionaremos sólo las pripcipales tendencias contemporáneas, dejando de lado los esquemas interpretativos del siglo pasado, que giraban funda- mentalmente en tomo a la oposiCión entre "barbarie y civilización". Un primer modelo de análisis moderno fue el esquema funcionalista elaborado por la escuela anglonorteamericana, que dio lug¡u a una cuantiosa serie de investigaciones cuyo fin era conocer los efectos y la mecánica del "contacto cultural", a partir de la concepción de que las culturas en contacto reaccionaban en función de la particular articulación interna de sus propios elementos culturales. De ahí surgieron esquemas como el _"continum folk-urbano", elaborado por Robert Redfield a partir de sus estudios en la península de Yucatán, que tuvo larga influencia en la orientación de muchas investigaciones en América Latina.l Un segundo modelo importante fue el de las sociedades duales.4 Habría en muchas sociedades latinoamericanas, según este esquema, una escisión entre el sector moderno de la sociedad y el sector-tradicional, sin ninguna conexión estructural entre ellos. Esta visión dualista se trasformó sustancialmente con la introducción del concepto de colonialismo inter- no, que permite entender las relaciones entre el sector dominante y ciertos sectores dominados de la sociedad, en algunas formaciones regionales, a partir de la persistencia de una "situación colonial", según la formulación original de Georges Balandier.'

3 Robert Redfield, Yucatdn. UM cultura de translcidn. México, FCE, 1944.

4 Jaques Lambert, Os dols Brasls. Rfo de Janeiro, Centro Brasileiro de Pesquisas

, 5 Oeorges Baiandier,I.A soclologlt actutlle dt I'Ajrtqut no/rt. Parfs, PUP, 1963; Rodolfo

Educacionals, 1959.

Stavenhagen,I.As clasts sociales en las socltdadts agrarias. México, Siglo XXI.

El pluralismo cultural en América Latina

31

Un planteamiento que ha teni?o amplia ac~~Jta~ió~len ~méricaLatina, especialmente diseiiado para onentar la acc1on md1gentsla, es el de las "regiones de r~fugio" formulado por Gonzalo Agui:~e Deltrán. 6 ~on ·él se busca entendér la vin c ulación entre una constelac1011 de conHnudades indígenas y su centro rector, una ciudad no india, "ladina", que ejerce el dominio económico, político, social, ~eligioso e ideológico sobre su hinterland.

El pensamiento marxista ha tenido una influencia notable en el estudio de la diversidad cultural latinoamericana, principalmente a partir de la obra de José Carlos Mariátegui.' El problema de la tierra s.e planteó entonces como el aspecto crucial en la relación de las connlnl- dades indígenas con la sociedad nacional y particulanllente con sus clases dominantes. Muchos estudios de corte marxista lran intentado comprender la situación de los pueblos indios er~un esquema en el que la dimensión fundamental está dada por las relaciOnes de clase, en tanto que la diferencias culturales, o se conciben como expresiones supraes- tructurales, o se ven como particularidades históricas que matizan Ya veces encubren las relaciones de clase. Los grupos selváticos presentan una problemática particular que.l_Ja llevado a desarrollos teóricos específicos para comprender su relac1on con el resto de la sociedad. Los aportes más significativos han sido hechos por Darcy Riberio y Roberto Carcloso de Oliveira, este último a trav~sde un planteamiento sobre los "frentes de expansi~n"de la so~iedad.naclonal que dio lugar a una serie de estudios comparativos en vanas reglones del I3rOtsil. 8 Puede sc1ialarse que la mayor parte de los modelos teóricos empleados para estudiar las relaciones entre grupos con culturas diferentes Y_st~s correspondientes sociedades nacionales comparten alg111.ws caractc~IStl­ cas con 1 unes. En primer lugar, han sido elaborados a parttr del estudio de tos pueblos indios; en los casos donde se estudian otras minorías cultu- rales, se aplica alguno de aquellos modelos porque no se han elab~rado otros en función de sociedades no indias (salvo los estudios de "relaciones raciales" efectuados hace algunas déc¡¡das en Brasil) . Un segundo ra sgo importante es la tendencia a enfatizar el papel dinámico de la sociedad

6 Gonzalo Aguirre Beltrán, Rcgionnlcs de refugio. México, Instituto Indigenista h•tera -

. iJosé Carlos Mariálegui , Siete ensayos de inrcrprrra ción de la realidad peruana. Luna,

Amauta, 1975.

K Da rey Ribeiro, Fronrcras indigcnas d( la cil"i/izació~l. Méx~co, Siglo X~l, 1971; Roberto Cardoso de Oliveira, "Estudio de áreas de fn~ao tnter~ltllca no l3rastl . Rio de Janeiro, Amr'rica Latina, v. 3, 1962 .

mericano, 1967.

33

32

Guillermo BonfiiBntnlla

dominante y a considerar a los grupos indios como sistemas sociales pasivos, que sólo reaccionan culturalmente n los estímulos que les llegan por la relación que mantienen con el resto de la sociedad nacional. Un intento reciente de equilibrar esta visión es la teoría del control cultural propuesta por el autor de este ensflyo. 9

2. · La diversidad regional

Casi todos los paises latinoamericanos presentnn llJMcaclos conlrnstes entre sus regiones interiores. La diversidad geogrrifica, las formas histó- ricas de poblamiento y colonización, los recursos natumles, la densidad y composición de la poblnción, y rl desigunl grnclo ele desnrrollo econó - mico, son los factores que determinan la formación de regiones particu- larizadas que con frecuencia se expresan en la consolidación de culturas regionales, con rasgos distintivos en muchos órdenes de la vida social. La costa, la sierra y la selva, en el Perú; el nordeste, la costa, el sur y la Amazonia, en Brasil; la Costa Atlántica frente al resto de Nicaragua; el altiplano, el norte, los litorales y la Península de Yucatán, en México; el nordeste argentino y la pampa, son sólo algunos ejemplos de regiones características que se distinguen claramente, sean cuales sean los indica- dores que se empleen, en el interior de los paises latinoamericanos. La diversificación regional ha sido empleada para explicar, no sólo las condiciones actuales de la economía y la sociedad nacionales, sino también y fundamentalmente muchos aspectos del desarrollo histórico en América Latina. Andrés Mol in~ EmíqueziO otorgaba una importancia central a la "zona fundamental de los cereales" en la historia de México; Euclides da Cunha 11 prestó especial atención al papel de los sertones en

Brasil; varios autores peruanos han recalcado la importancia de las diferencia entre costa, sierra y selva en la historia de su país. Los estudios regionales han proliferado en las últimas décadas, aunque se han enfnti- zado más la región geogrMicn y la regi ó n económica que la prnpi~mcnlc cultural. Uno de los enfoques más usuales en el' análisis regional se orienta, precisamente, a mostrar que las diferenci:ls regionales obedecen ante todo

como los latinoamerica -

nos, periféricos y dependientes. La teoría de la dependencia, formulada

al desarrollo desigual del capil<~lismo en países

9 Ouillenno Bonfil B~talla, "La f~Nia d~l control cultural rn el estudio de proces os

étnicos". México, Fn¡lf'lt.r dt In Cnsn Cl"'tn, mirn . 3, 1987.

10 Andrés Malina Enriquez, Los grandes problttnns nncionn/cs. México, Problen>Os

Agrfcol~s e lnclustrinlrs de

11

M¿xico, 1953 .

Euclides da Cunhai, Os serrón Rio de Janeir o , Livmri~ Fran c isco Al ves,

1968 .

El pluralismo cultural en América

Latina

por un grupo de economistas y sociólogos latinoamericanos en el ámbito institucional de la CEPAL, fue durante algún tiempo el ma~coconceptual privilegiado para tratar de explicar las desigualdades regiOnales en mu- chos paises de América Latina. Sin embargo, debe reconocerse que los aspectos culturales de la cuestión apenas fueron tomados en.cuen~a el~ ~a teoría de la dependencia. De hecho, los _in~entos d~ rcgiOnahzacl_on cultural apenas han rebasado el nivel descnptJvo propto de los estud1os etnográficos tradicionales, sin que se presente todavía, de 1~a~eraclara, 1111 esfuerzo de articuhlción c.ntrr la din;ímica socioccouolnlca ck. lns sociedades latinoamericanas y las expresiones culturales que caractenzan

a sus regiones internas.

3. El colllrnste rurnf/rtrlmno

Otra línea divisoria que acentúa la diversid¡¡cl cultural en t;l interior de los países de la región es la que rn¡¡rca el c_ontraste entre el nnmdo rural):: ' urbano. Cuando se iniciaron los rstud10s modernos sobre es~acuest1on

por parte de Jos

aplicar mecánicamente Jos modr\os generados t'n )os paíse~desnrrollad0S de occidente. Muy pronto se vio, sin embargo, que las rcahdadc.s urhnnns y mrales ele muchos ele nuestros ¡míses se apart~hansc.nsibkmente de l.n~ tipologías establecidns pnra otros contextos nnc1om~les;en conse~ucnc1a. tampoco las relaciones c.ntre lo rural y lo ur~ati'tJse podían expllc;¡r con

. El estudio de las ciudades latinoamerican<~s ha comdo " cnrgo de ¡?.eógrafos, sociólogos, urbnnistas y economistns. Los nnlr~pologoslinn

vez con m<~yor frecuencia.' aunque su

trab<~joha sido calificado 1nás conto antropolog.ía l'll l<~s~ltlcl<~desque como antropología de las ciudndes, con lo cunl s~ mienta sen~ lar rl.hrcho de que el objeto ele c_studio raram e nte e~ l;t c.ltl~lad com~- lll.' s~~tent.:

sociocultmal, y m;is hi<~n se ocupan del estudio tk peq~lt.nos scclol< ·

científicos sociales latinoamericanos , hubo Intentos de

los mismos marcos teóricos.

incursionado en este campo c;¡cla

urbanos según la perspectiva tradicion~lde b nntrop~I~Jgta.

· Algo pocas veces reconocido cxp_lí~Jinmcnl~y cast ~tetnpresosl.tyado

en los mnrcos conccptua les de aná 1ts1s ele b cl1cnto1111a rur . " 1/111 ~m no.' es el hech o de que bs ciudades bt inoamericanns son Y hnn stdo hlston~a­ ltwnle el <~siento y el espacio ele! colnniwdor. S<'Jio r.n <tlgun<1s le?nas sobre bs relaciones inlcrl;lnicns, como la d e lns regionrs de .rrfugllJ ya

.

nwncionnda, se tolll<1 en cuenta dt•. 111<1nera rckvnnle la eondtcJon C<'lom - z.aclora de );¡ ciud<1d. En el resto d<~ los cstndios casi siempre s<: hac.e nhslracción de csl<~hecho y, por consiguienl<~,nos<: f~x¡doralllas llllpll -

cacmnes culturnlrs ' que t1r.ne ' en ) a con f <'nnncton . , . < t

.

1' I'IS tlrlll'S Yf'l (';11111'0.

'.

·

34

Guillermo Bonfil Batalla

El mundo campesino recibió una atención privilegiada en la década de los setenta por parte de sociólogos, antropólogos y economistas. La "cuestión campesina" se debatió acaloradamente en el ámbito académico y político latinoamericano. Se discutieron problemas tales como la exis- tencia o no de un modo de producción campesino, la inevitabilidad o no de la proletarización de los campesinos y las vinculaciones entre la economía campesina y el capitalismo desarrollado. También aquí la teo- ría de la dependencia jugó un papel destacado. El énfasis, una vez más, se puso en las relaciones económicas, y la dimensión cultural no ocupó un lugar importante en la discusión, salvo cuando los temas de investiga- ción eran tales como la economía doméstica, los sistemas de autoconsu- mo o el gasto suntuario llamado con frecuencia economía de preStigio. El incremento acelerado de la migración del campo a la ciudad en las últimas décadas estimuló el desarrollo de una importante linea de estudios especializados sobre ese fenóll'\Pno, en los que han participado demógra- fos, sociólogos y anlropólo!JOS, principalmente. Para el tema de este en- sayo resulta pertinente mencionar que hay buenos ejemplos de investigacio- nes sobre el proceso 'migratorio y los efectos de la emigración, en los que las características culturales de la población migrante, así como las de la comunidad de origen y el sitio de destiño, se incorporan como infonna- ción indispensable y relevante para entender el fenómeno. Vale la pena mencionar en este apartado (aunque incide también en otras formas de pluralismo cultural) el tema de los medios de comunica- ción masiva, generados principal y casi exclusivamente desde el mundo urbano. En realidad, la mayoría de las investigaciones sobre los medios, realizadas principalmente por comunicólogos y sociólogos, se centra en el estudio de los mensajes y de la organización de la "industria cultural" y sus relaciones con intereses trasnacionales. Son muy escasas todavía las investigaciones que tengan por objeto conocer el efecto que producen los medios en los distintos grupos culturales que componen a las sociedades .latinoamericanas. Un hecho sigue en pie: la existencia de ciudades establece un contraste global con el mundo campesino y añade una línea divisoria que se refleja en la diversidad cultural de los países latinoamericanos. Sin embargo, no parece que la cuestión haya sido analizada a fondo y sistemáticamente en términos de la dinámica cultural; el fenómeno ha sido visto, principal- mente, en sus dimensiones económicas, demográficas y sociales, más que en sus implicaciones culturales.

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35

El plurali siiiO cultural en Alllérica Latina .

4 .

La estratificación cultural

en una y en el

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Las co llllllllt · l '" l es · IIH

··· t·s en los ,

C01110 S1Sit:III<IS SOCi o\ (

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Hi e

111

.

. ¡ 1 ses se reflejan en todas las

s diversos ~ectoresen la

La estratificación socra~~ la ~l~v 1 s 101 ~<~ea

sociedades,

producción

obs e rva e n los países

conJunto como e 1 1 e l int e ri o r d e

crat l a que

se presen a u11.1

mris compl e ja la div e r s idad cultl · ll · a

ell otras modalidades de l plurallls nlo , e ctl 'ltl a' la div e rs idad é:l ni ca .

part1C1pacl~lllde~:~\\'~lst~~1:~1rales.Este fenóm eno se

consum o t l;

05 .

1

·edad en su

latinoanl¡enc.l;~uoss, >sta:•1t::,>~~ c~n sc~~:ura dif e r e n -

on e n

os t 1ve r

1

t

1 . 1

tl "' • ade s s im¡Jic s e n la s c¡ne no

s· ¡lvo e n aS C0 111111

l' ~s ·t· ,¡s

divisiones · vérticales hacen

anifi esta ho rizontalm e nt e queo~l~t:':~s culturas r e gionales, e l

1

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lo vi s ta s

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c. rahn e nt c ,

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no st· pn-sc.uta, o ,.· 1 · · 1 · s · cultmalt:s en

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1

1' lS y C'lllll ll' Slll<I S 1:tll S t

,: la · t•.s tratt ·. . tc. r tc tl· 1on,

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1

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1

t , p·w• • , . pro , t voca

car e c e d e importaii C Ja s. u rct e~1 ·\

e l int e ri o r d e la ~ o mur.lld a d.

han h e cho es tudi O S on e nt a d o s a 'ct cc~a , 1 ·~y una pr e ocupa c i ó n central en esas comunidades, aunque pocas Vt::.Ct.:S 1 ' f .

d e clas t>s so ci a les

m e nte y d e man e ra a i s lada se

o o lr·e~ l~ nrcla >r cse llcia

enomeno .

•1

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r

iones cultural es del

'

1

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1

a

e

por conocer as 1111p lcac

E n

el

·xiste ncia de la es tratificación

'

m e dio urballo, en c a 111 H O ,

· 1.

t

. all tal magnitud '

y tos contrastes a canz

1

.

,

social e s un hecho tan e vH e n ~f'

qu e el estudio de sectores estratl. tcat o.s

r es ulta in e vitabl e . A p e sar d e e llo,

1 an tenid o po r obj e to

una v e z más, no son muchas . las IIIV~stlgacltrto1r'~~~;:l'~e'~esult a n el e la e stra-

conocer y tifi c ación

compre ·nd . e r hs , thfe . r e n c 1as c u

social y m e no s a un ~s qu e s~ e~ ·, ámica d e la e str a tificación

focan • · a dilucid a r el papel qu e

1

-.

a

1 ¡,

J'

·

.

; juegan las dife re ncias cultura es e rl

1

1

.

1

t

. 1d e h s IIIOn o gra- il; thtk s Ih ce

fías e tnogníficas, e e a Vlt ate- 1 . 1, ll

al?unos lustros e~lliVO de ~¡ot a ~~~i:; ~on:o un a modalid a d cultural

socia l. AlguiiOS estudios dall clH'IIta, a la llló111Cra. tra e! tcton.ll

1 sectores marglllac os ell as e

• le

h

1 scar

.

"cultura de la pobre za"

:

ca ract e - ret a de cada

(t e rrnrno mtroducrdo por

re sultad o ele la s car e llcia s <e e so s s ec or

es y tJue te nhn por e llo,

.

- --

-

--

ríst icas coiiHIIIe~, inclependi enlt~m elrl•t~-:',~ ': ~:~~~~~~::t~i~~cprovenientcs

12

caso .

1

Más rec

.

ie nt e me nte se

a

1.111

e par t e . u t

qu e

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la •

1

111 c 11 a 1

pre te ns ió n de un a cu tura

tle tect a r las • cs t ra te gias de

~~~~~~~:er~~a ~u¡~oer~tpÍcan l o s grupos m a rginados a llt e situaci o nes con-

1

l e aque

.

a

1

1

11

l

.

me. '

1

pe ro e z a

b

que no s . 111o

ere~: ~~!~~~~~!~:~~~spierta cr c ci c llt c illt e r é s entre lo s ci e lltifi co s so c iale s

12

Osear Lewts, Antrop o 1 og 1

.

.

·a de la v obrn a Cin co f amilias . lvt á ico,

·

I U ' , 1961.

36

--. --iiii~ w·~.~iiliiililii- ·-·-·· ·•- •~ •~ -.-

· Guillermo Bonfil Bnlalla

1111<1 acumul<~ción de datos y

~eflex1~nes so bre e l movnm e nt o ob rero, J¡¡s coudiciones de l trnbnjo mdustnal Y 1<~ organi~<1ción sindi d l. El te mn d e J;¡ cultura obrern, sin embargo,_ ~pen~s.COilllen.z;¡ a <~bordarse,sin que se tenga todavía ;¡Jguna fonnulac1 on teo n cn consistente qu e pcnnit;~¡¡cknlr<Jrsc sistcm~tic¡¡ 111 ente e u la problem á ti ca de l<!s c ull11r;-t 5 de cb se e n A111éricil Latiua .

latino~meric<~nos. Il<~y ya _un_n tr<~dición y

En aiios rccie ut es ha cobr<~do impul so f¡¡ iuv est igación sobrr las

cultur¡¡s p o puhu es.

L¡¡ concrptuali 7: <Jción ¡¡f

re~ prcto to claví;~ es tá t: n

proc e so Y se lw d c riv¡¡do, p o r una parte, d e los es tudios tr<~dici o unl cs dd

folclor qu e ~e oricut<~bnn sq~1·111 1:-t s csc u e lns e ur o p e ns clá s icas y por la

ot~_il, dr cornru~rs tr ó ri cns rn ;ís r cc it · lltt· s •·utn · la s qur

IIIICilto gr:lllrsCJallo . dc~anollado c11 lt;tfia . l .a flor 11 :íti ca de la cultura p o pul ;u, e 11 sus vcrsrours 111:i s nvanz;~cf;¡s, ;-thn · la s pncrt;-ts pam conocer ~~ Clil.trrr;¡ de S l' C tPrl' S suhaftnnPS lfiH' J~:tfrí :111 r 'SL ' :lf' :H fll a) illfl ' lt' s dc fas cw~~cras so.c 1nles latino;lllwri c:ll! :ls. "( 'ultura popnlar" y "cultura dt~ 111 ;~ _ sas • sor~ tcnn1nos qut • dcs ig1t:111 UIH'\'os c Hnpos de ir11t'n's cuyo es tudio trcnde a IIICI'!'IIII'IItar se !'11 fp -; prt .•Xi lllll S :IIIOS.

•kstaca cJ 1 pcl!s;~­

l .<~s r s trato s llwdio s y la s <' lit es latilloallwri ca llas han r ec ibido 1111 a

;~t c n c ron menor que

los

grupos ~n halterrll'S, e~pce ialrn e nt e e n término s

d1• Sll c 11lt11m. 11:! h ;~h.ido I' S tudin s s ignificativo s so hn· gnrpos elllJHe s aria -

ks Y SP int· capas d111gentr· s •·n¡ ·f :in1hito poiiti co, pno los cnfoqw·s rara

vez dc s lacau lns :~s¡wctos

de b s c:1pas do nnrr :n.ltt· s. ltna s itlla c it i n s irnilar se pre se nta en re laci ó n

co 11 l os c s tr ;¡ t os _ m c d.'c: s, dt· p o r s i difi ci lt ·s d e dc.limitilr

r c l c v;111trs p ;~ r;-t rd c ntrfr cilr ¡:: riiJ '<' S rpw p ost· an una

cnmp~l pcrrna~w ce C;-t S i virg;n para l;-~ in ves tiga c ión sistem;íticil y l;-ts r c. flrxrnncs 111a s <1g 11das pro, · rr rwll dt· escr itore s y Cll s ayistas.

según c rit e ri os c ultura di s ti11tiva. E s te.

Cllllill:tlt- s : S I' s:thl' 11111)' pnc o so hrc. fa c ultura

5. Ef s i g lliji cnrfo dr'f f l /urnfi S /11 0 C llffll ro{ r' ll ; l/1/r ;ri r o /_a f i liO

La lllultifa c l' ti ca di v1·rs idad c ldlllr;¡f de la -; s o c icdad 1 ·s f<~tino; 11111 .ri c anas obc deer , corno se ha sd 1;d;ul o, a la s in c irll'n c ia s de di s tintos fact or es .

Al g un os Y cnmJ:o

Cl.crla nw ~lrda, f;¡ drf c.r:' n c i:Ki ó n regional, ti c. 11 c n s 11 nrigrn

C ll 1~ cs trudm ;-t '. c~H H l llli C il dt ~ la s s ouc d:ulr- s n a c i o nale s , en s u d es ilrrollo

desrg11;~l )' r11lil tnJII S til di s trih11 ci n n d 1· l ;~ riqn r7a y d e la s o port 1111 idadcs;

~S c.f~ ~1-lf'OI:C'rSC ICJIIII.~tlvo.ndllc~rr;-t 111uc hn s dr·s 1g nald ac lr- s c llltllral <·s y tc11dcría n crc;¡r

g 111 tns ;¡n:di s t: 1 s y pensadores latinna -

)'

de e ll os , co r11o 1~es tratifi cac ión soc i:d, el co ntra s te c 11 tr e c iud ;~ d

Y~ r11

en CO IIS eC IIr ' II .C i:t, rpll'

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o n 111a s h o nln gé 1w ;~ _ Al

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nrdt·n snc i;¡f

III:Í s jll s to

llllil .s ltn;¡cr

y afin 11 ; 111 rpw

tod.1 s l.1s lll ot LdHbd t·s dclplm :dr s nlr l r 11ltm:d pf,, ·,fctT n exclrr s iva 11 w 11 tc

llle~lc;¡~los ¡¡, . , ·a."

rslt' r :1Zn n a r11i c nt" a s 11 p1111t n cx tr c 111 "

~----jiiilii·--¡¡·

El plumlismo cultural en Am ér ica Latina

a la desigualclnd económka y social que es consustancinl al sistema

político y el orden económico imperante, por lo que la problemátic<~d~l pluralismo no requiere ser trat<1da como una cuestión que tenga determi- nantes propias, sino como una situación que se resolverá casi autotmíti-

cam en te cuando se trasforme In estructura económicil d e las socied<1des latinoamericanas. Y se resolver~.n¡¡tumlrnentc, en el sentido ele la homo-

geneizilción cultural, que sólo habría sido obstaculizada por

dnd socioeconómica. Si bien es innegable que la desigualdad juegn un pape l det ennin;¡nte

erll<~diversificación cultural, resulta una simplificación errónea suponer que el pluralismo cultuml de los pníses latinoamericilnos es consecuencia ünicnrn c nt e del orcle11 social cstrntific:.clo.l .n divt~rsiclacl(·tni c a y algun:.s formas de diferenciación region<~lson res ultado d e proces os históricos el e largil duración que h<1n gr.rwmdo sisli'llli!S socii!lrs pnrti!clnrrs y cre;¡dorrs de -culturns propi;-ts y disti11livas. Aquí resulta imlispertsable estab!l-cc.r

b desigual -

u11a chu:i distinción concc

avauz<l~.:11 la comprensión del problema sin dc.j<1r de lado ningtmn de sus dimensiones sustanciilles. ll;¡y dcsigualclncl, cuaudo l<ts rel<tciones e11tre los grupos sociales culturahnent e diferencindos son asirnétricils, de do- mif1¡¡ción f subordinación. Hay diferrncin, cui!mlo tnles grupos se orga- nizmt corno universos sociales delimiti!dos que se asuriwu clepositnri os exclusivos de un piltrimonio cultural (en el sentido más nmplio del término) que les ha sido hered;-tclo por lils genepcioncs precedentes Yen

torno <1l cu<1l forjan un<~iclentidncl colectiva diferenci<lda y excluyente (un

ptu<tl

entre drsigualdnd y difr>rrncia, ;-t fin ele

"nosotros" frente a

pero también la cliferenci<~.Esta última se expresn con mayor claridad e u

J;¡ pluralidad étnica, porque los grupos étnicos (y en particul<l~los ru e bl os

indios) se definen precisilmente por poseer una

ele la dominante y de la ele otros grupos étnicos. El hec ho de qve e n estos

c<1sos existn In difere ncia en condiciones de dcsigu<~ldild,esto es, qu e los pu e - blos indios posean 11n<1 c11ltura pro pia y estén en situ<Jcióu de snbordinn -

ción, ha confundido y

pluralismo cultural en Latinoarnéricit,. Sería necesario, por lo tanto, estimular la investig<~ción y J;¡ refl ex ión

sistemática sobre el pluralismo c111tural a partir de 11na distinción precisa

entre dos clases de

culturas diferentes en el seno de las sociedilcles nacionales; y 1<1 que resulta de la desigualdad inherente a los sisle tnils sociales y económicos imperan-

situación

p<H<l lil e lilboración ele políticas cultumlcs y, m;ís ampli;uncnt e , pam f;¡ definici ó n el e los proyectos nnci o nnl ~s qu e los p;~íst·.s lat illt•ilrncricnuos cst;íu

tes . Estil distinción resulta c<~pit<~lpor las

diversidad cultural : lil que expresa la existencia de

dificultado el an~lisis teórico y político sobre el

"los otros"). En Amé rica Lati11a existe

b desigu<~ld;-td,

cultura pro pia, drfe re ut e

implicaci ones de cada

lllllllllllllllllllllllllllllllíllllll:·.~,l-;l.r-l-~lrí.~l l'l: 4 ~~i:l,'lj l''l:·~~:·í·:.·: .¡¡.

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39

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38

Guillermo Bonfil Batalla

fblígados a .refonnular a partir de la quiebra generalizada de los modelos a os roy que t aspiraban hasta principios de la presente década E

n os nuevos

arco

P

ec os naciOna es, o cultural no podrá ser un capítulo más· será el m

general que defma y justifique las metas y los caminos a seg~ir.

1

·

·

1

1

Las estructuras de la dominación cultural

~~ cuc:~tiónlcultural, entendida aquí en ténnincis de las existencias de una SI uacion p ural, ha sido percibida y enfrentada desde el poder se ún ¡r~yectos~uemuestran un alto grado de uniformidad en Jos pafses atmoamer~canos. Tales proyectos, que se traducen en políticas es ecífi- ~ en acci~nesconcretas y en contenidos ideológicos del discu~odel er, constituyen un campo de investigación que debe ser atendido Jara ~can~runa comprensión cal;Jal de la problemática cultural en la reiión onviene, pues, repasa! b~~evementeel panorama alrededor de este tema:

Los proyectos naciom:lles como modelos culturales dominantes

nacionales im eran-

tes, para dese~Jtranarsus. unplicaciones en el ámbito de la problei~ática

cultural, consiste en analizar los marcos constitucionales

expres

~; c:ase~ soci~les que lograron incorporar sus intereses y co~icci~nes

or enamiento legal de la nación. Muy poca investigación se ha

hecho en tomo ~1 modelo cultural implícito en la legislación. El cam

~:~nosdes~tendidoser~ael de la~leyes indigenistas, recopiladas a ni te~ no?m~rtc~no y ana!Izadas c~íttcamenteen varios países. E~ mdtgemsmo ha std~ ~a tena de un amplio debate desde principios de

en

1 os an~ seten~. La de~mc10n de las políticas indigenistas se generalizó

1 a regton a partir del Pnm~r Congreso hJdigenista·Intetamericimo celebra-

de

YJUCI . 'd' tcos que

Una manera form~l de ap~oximarse a los proyectos

1

a 1 as I.n enciOnes y las aspiracioiles de los grupos de

1

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t ·

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e

do en ~940;entor_Jc~surgteron las iniciativas para crear agencias ~ubema­ m~nt~e.s. e~pe~tahzada~ en el llamado "problema indígena" cuya

con r~os En

:nctab:a ~~~~Jeamdigem~talatinoam.ericana persigue la inte:ració~de

onen . cton a .s.Ido.de~mi~y afinada en los subsecuentes

os m IOS a_ las soct.edades naciOnales. Si bien hay declaraciones

g mam~n~.tes e mtem?~tonales en las que se afirma la intención de

ut!ue

pr~_rvar. os.

va!ores postltvos" de las culturas indias, lo cierto es

ue

r:~~ttca~.~nd~~en~s~spretenden borrar la diferencia cultural étnica m~di~~~

la culstuus I uct?n ra nactona

el dos ~ontenidos propios de las culturas indias por los de ommante.

El pluralismo cultural en América Latina

La critica al proyecto integracionista del indigenismo .ha producido cambios en algunos países, aunque más en el discurso que en la práctica .

Hoy se habtá oficialmente de un "indigenismo participativo" en el que la opinión 'de Jos propios indios sería tQmada en cuenl:l; también se ha generalizado el uso del concepto de ewodesarrollo, promovido .por la uNESco,l3 que apuntaría hacia modelos de desarrollo que parten de la cultura propia de las comunidades indígenas, definen sus metas a partir de ellas y hacen uso prioritario de los recursos culturales de cada pueblo. Sin er'Ílbargo, estas nuevas orientaciones no se han plasmado en una trasfonnación real de la acción indigenista, salvo contadas experiencias, generalmente reali- zadas fuera de los organismos oficiales especializados. El derecho de los pueblos diferentes a ejercer, disfrutar y recrear su propia cultura, no ha sido reconocido jurídicamente en América Latina, como no sea en casos aislados que surgieron en condiciones históricas muy particulares, como sucede con los lama o tule de la Costa Atlántica de Panamá. En general, las lenguas amerindias no son reconocidas como lenguas oficiale5; las excepaiones serían, además del kuna, el guaraní en - Paraguay y el quechua en Perú, bajo el gobierno del general Alvarado. En otros países se ha impulsado en años recientes la educación bilingüe, aunque sólo en la ensef1anza elemental y más para facilitar la alfabetiza- ción y la posterior enseflanza de la lengua nacional, que con el propósito de estimular el desarrollo de los idiomas nativos. Merece una mención especial el proyecto del gobierno nicaragüense para otorgar autonomía a los pueblos y grupos étnicos de la Costa Atlántica. Esta medida constituye una rectificación de la política seguida durante los primeros aflos de la revolución sandinista y significa por sí misma una nueva visión del pluralismo cultural que seguramente influirá en el pensamiento latinoamericano sobre el tema . Si se tratara de trazar un grueso panorama de lo que significan Jos

1 proyectos nacionales para el pluralismo cultural en Latinoamérica, a

·1

i partir de las políticas indigenistas, se llegaría inevitablemente a conclu-

si,mes como las siguientes:

La idea de que un Estado es la expresión de una sociedad homogénea que posee una misma lengua, una misma historia y una cultura única, asimilada por los grupos dirigentes de Jos países del área durante el siglo XIX, continúa vigente en los proyectos nacionales. La diversidad y la diferencia se conceptualizan como obstáculos para la consolidación nacional, que implican riesgos para la seguridad y dificultan el desarrollo deseado.

l. 13 Varios autores , Ernocidio y ewodesarro/lo en América Latina. San José de Costa Rica ,

I'LACSO/UNESCO, S. f.

J

_

40

Guillenno Bonfil Bnlnlla

El modelo cultur<~l en tom o ;¡J cu<~l deb en unific<~rsc las sociedades latinoamerican~s es un modelo occidental, ad<~ptado a las condiciones loc~l.es pero deriv11do sin solución· de continuidad de l<~s in1;igenes de n<~cton,yrogreso, bienestar y civili7.aci ón que han orientado a los países d~ .occtdente y que se han perpetuado en la región porque las cap;¡s dmgentes hilll aceptado su herencia coloni11l sin someterla a una crítica histórica que permitiera incorporar el pluralismo cultural como un ele . mento detennin;¡nte en el proyecto nacional.

No hay, en consecuenciil, inclin~ción;¡(gun;¡ por reconocer, valor;¡r y desnrro!l:u J;¡s potencialidildes culturnles propias de los diferentes grupos; J;¡s ilCctoncs y los proyectos del podrr se encatnitwn ;¡ sustituir esas realidades culturales diferentes p;n;¡ uniformar a la sociedad a p;utir de J;¡ ctllt~trildominMJte.Unil revisión mínimnmentc atenta de J;¡s políticas educattv<~s, de desnrrollo económico, de salubridnd y bi e ncstar social, de comun~caciót_ly de cualquier otro cnmpo de actividnd que se seleccione, revela llll~ledtat~men~e.el propósito sustitutivo: en ningtin caso se parte de la realidad dtverslftcadil, para desnrrolhlfla, actualizarla y construir sobre esa base plural el proyecto nacional; siempre se busca eliminar esa diversidad, negándola y sustituyrndol<~ por otr;¡ que unificaría a la socie- dad en tomo del proyecto culturnl domin<~pte. El estudio y el análisis de los proyectos nacion<~les como mod e los culturnles impuestos rilfil vez van m;is allá de J;¡ discusión sobre las ca-

racterísticas del modelo unificador : se pl;~ntea n ;¡(tem;¡tivas y se

critica

el modelo hegemónico, pero en general no se cues tion;¡ J¡¡ necesidad mis1m de un proyecto uniformador . Sólo rec ient emente se h<~n ilbicrto espncios pam J;¡ discusi ó n de a lt erna tivas que nfirmen In plumlidad culturnl como una de las met<~s del proyecto nilcional (al respecto hubo debntes previos entre grupos tn<~rxistils,pero se ;~b¡¡ndonMonen los <~iios treinta Y tlllllca lllcllnz:.ron presencia scilid<1 en el escen<1rio nilcion<~l). Est<~snuevas inquietudes recl<~m<~nla p<~rticipaciónde l:1s cienci<~ssoci<~­ les, tanto pllra c;¡mcteriz<~rcon precisiónlil situación actn;~ly el drsnrrollo histórico de los grupos cnlturahnrntr diferrnci<~dos , como pnril fnnd;¡ - mrntnr l<ts pos ibles condiciones del drs:Jrroll o en una sociedad plum!.

Es import<111te seii<~lar,en fin, J;¡ urg c nci;¡ de ex plorar l<1 cl<~boración de proyectos nacion¡¡Jrs r¡ue, sin drscilns;¡ r enl<~sperspectivas civiliz<ttoriils de Occidente, incorporen las dimen sio nes de civiliznción que se han

generado en el

rencuentro con tal proyecto ilpür1ilría bs b<1ses par;¡ IJ;¡ce r frente ;¡ lo que

p<~receser el reto más profundo pua L1tino<~méric<1 en el futuro inminente:

esta~lecers.u ~rspectiv¡¡y su proyección históric¡¡ desde un punto de vist<J prop1o, autenttco, desde el cu;¡l(a ciYiliz<~ción occidentnl ap<~recerí<J como

territorio americ<tno a tr¡¡vés de un proceso milenilrio . El

El pluralismo cultural en América Latina

41

un conjunto de recursos por ;~provecharde acuerdo con l<ts necesidildes. de los proyectos tmcion<~les,y no como una camisa de fuerza, como un c;¡mmo impuesto de donde no hay ¡xJsibilidncl de llpn.r1ilrse por t~;isque ~10corres- ponda a las realidades profundas d~ las soctedades .l~tmonn~encanas. Es decir, se trata de aprender a ver Occtdente desde Amenca ~tma en vez de seguir siendo América Latina con la óptica cultural de Occidente.

La cesión de espacios de decisión a intereses ajenos

Si bien es cierto qne han sido los gobiernos y l;~s cl<tses dominan~l'S btino;~mericiltlilS quicnrAc; impulsilll y h:111 impulsado los proyectos nacio - nales, no es menos verd<~deroque los intereses económicos, polític?~ Y estriltégicos extrilrregion;¡Jes presion<~ncrecientemente sobre l<~sdcctslo- nes intertlilS e intentan por distintas VÍilS imponer su hcgelnonlil . De manera clara los intereses norteameric<~nosen todos los órdenes se hacen sentir como factores de presión que inciden poderos<~menteet! lns deci - siones y, en general, en todos los ámbitos de lil vid;¡ latinoamencilnll, aun en los casos de países que luchan por elimin<~rsu dependencill frente a la

nación más poderosa de la histori<~.

. La import;¡nci<~de intereses extemos y l<ts modnlid:lclcs de sutnsercton en la vida l<~tinoamericana han sido estucliild<~s de nwncra const<Jnte Yse

le otorga al tema una relevancia de primer orden dadas ~u implicaci~t~es

en la vida económica, política, social y culturaLde--los pil1Ses de la reg10n.

II;¡y una vasta bibliografí<~ sobre el comportamient~ de los c<~pi~;¡Jes

externos en bs economí<~s naciotwles y sobre las relactones com crct:llcs

y financiems con economías fucm de

externa, por supuesto, hil recibido atención preferente eli los ult11nos an?s. P;~m ellem:~ de este cns:1yo, c:.bría scti:1lnr J;¡ insufi c it~ 11cia de los estud1ns

que se proponen relilCÍOililr los fenómenos nwcroeconótnicos int ern.<Jcio- nales con los procesos intemos que moclific:m el sistema de relnc1onrs

entre los diversos

conveniente ;¡brir

tendieril puentes de comprensión y estímulo intelectual entre qu1c11es trab;¡j;¡nJ;¡ economl¡¡ en sus aspectos tmis ;~mpliosy quien es observan los

. La "penetración cultuml" es un término qu.e hil ganado ;¡ccptac10.n en el debate ideológico y político latinoamertc:Jno, pero que todav1a no p<~rece estar debidamente conceptuillizado en el discurso de las ?ien - ciils sociales. Los medios de conHmicilción masiva reciben creciente atención pero, como se anotó previamente, hlly pocas investigaciones que den cueHta de los efectos diferenciales ele los mensajes en grupos cultu-

procesos cultumles de(¡¡ región .

grupos culturales de. cada socied;¡d . Aquí rcsultr11·i;¡ esp<~cios pnril un<~ discusión int erdisciplinnria. qu e

la r eg ión; e l probiem~ d~ la dc~tdil

.

esp<~cios pnril un<~ discusión int erdisciplinnria. qu e la r eg ión; e l probiem~ d~

42

Guillenno Bonfil Batalla

ralmente particubrizados. La penetración cultural se acepta como un hecho ene! terreno ideológico, pero sabemos poco de su mecánica precisa

y de los efectos reales que está produciendo en los distintos grupos de la población latinoamericana y menos aún de las respuestas que cada grupo da a la extensión cada día mayor de los medios de comunicación masiva. Otros factores que intervienen en los procesos de cambio cultural en

la región, aunque actúan con intensidad diferente en los diversos países,

son el turismo y la emigración masiva. Los efectos culturales del turismo se resienten, obviamente, en los grandes polos de atracción intemacional, así como en el caso particular de la frontera norte de México. Los problemas sociales y ecológicos, la folclorización de alguna~ manifesta- ciones culturales locales (fiestas, artesanías, etc.) y el surgimiento de actitudes y fonnas de conducta que encuentran su razón de ser en una dependencia exclusiva y frecuentemente degradante de la actividad tu- rística, son fenómenos que no han recibido suficiente atención en las investigaciones sobre la cueslitSn cultural en América Latina, aunque se cuente con algunos estudio~de gran valor y originalidad. La emigración hacia los Estados Unidos tiene enonne importancia en México y en los países de América Central. El problema se ha reflexio- nado y debatido en términos de política intemacional, economía, demo- grafía y derechos humanos; pero, una vez más, los efectos culturales de la emigración y el retorno de los trabajadores, han sido objeto de escasa atención. En esta temática, una región que presenta problemas linicos en Latinoamérica es la faja fronteriza del norte de México: 3 mil kilómetros de encuentro y confrontación permanente entre dos civilizaciones, que se daJ) mediante la interacción constante de millones de individuos a ambos !~dosde la línea divisoria. Por su carácter exc~pcional,esta zona merecería una atención prioritaria que reforzaría las iniciativas de inves- tigación que se han emprendido en México y en los Estados Unidos. No puede concluirse este apartado sin hacer una breve mención a la cantidad y diversidad de proyectos de desarrollo de toda índole que se llevan

a cabo en América Latina, pero fonnulados y casi siempre instrumentados

por agencias oficiales o privadas ajenas a la región. Pueden ser programas de mejoramiento agrícola, sanitarios, educativos, de desarrollo de la comu- nidad, de evangelización, o de promoción económica en cualquier campo; pueden implantarse en el medio rural o en el urbano y dirigirse a un sector específico o a la población en general; pero, en cualquier caso, actúan como

instrumentos que pretenden inducir cambios en la cultura local en función de intereses que fueron definidos en un ámbito extemo. La investiga- ción que se ha llevado a cabo se encamina casi exclusivamente a la evaluación de los proyectos en términos de sus propios objetivos y metas,

1

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d.

1

·

El pluralismo cultural en América L:ltina

43

pero rara vez se centra la atención en· los efectos colaterales que hayan producido las acciones de promoción en el conjunto de _la cultura local.-~ ausencia casi total de esta perspectiva revela la insufic1ei1te preocupac1on de Jos círculos intelectuales, políticos y académicos latinoamericanos por ·Ja cesión de iniciativas y decisiones, que deberían ser propias, a intereses ajenos, en una gama de actividades que seguramente está afectando de muchas fonnas a las culturas de la región .

Las políticas culturales

Al hablar de las políticas culturales dcbc tenerse presente que no sólo las agencias gubernamentales formulan y ponen en práctica

lal~s política~; _ también lo hacen otros sectores, entre los que destacan por su unportanc1a las iglesias y:las sectores c•npresr~rialesorganizados. La investigación ha atendido preferentemente ciertos aspectos de la política cultural guber- namental, algunas acciones de la iglesia católica y de las prol~stantes Y muy poco de lo que hacen en esta materia los grupos empresanales. En general, los gobiernos definen como política cullural una gama restringida de programas orientados a la difusión y promoción de ."~cti­ vidades culturales" entendidas estas preferentemente como las acllvtda- des artísticas, a las que ahora se aiiade la proteccióu del patnmot~to histórico y cultural (sitios, monumentos, colecciones, etc.). ~osorgams- mos del Estado dedicados a la~ tareas culturales, son precisamente los que se encargan de ese tipo de actividades, con frecuencia como parte de los ministerios de educación. Esta visión restringida de lo cultural hace que el debate sobre las políl icas cullurales quede limitado a los círculos intelectuales y artísticos, y que para la opinión pública los "asuntos culturales" se presenten como algo prescindible, lejano, patrimonio ex- clusivo de grupos selectos, educados, "cultos" . Sería desenble, como un primer paso en el análisis sistem<ilico de las política~~ullurales,e_stable- cer el campo semántico del término en el 'discurso oflc1al y en el d1scurso y la percepción de diversos sectores sociales. Algunos otros campos de la política cultural, entendida en s~ s~ntido amplio, han recibido atención permanente de parle de los espec1ahstas Y han logrado interesar a un público más amplio. Uno de e~osterrenos. es la política indigenista, ya mencionada, y un aspecto espec1al de la mtsma:

,

.

.

la política lingüística . También, en aiios recient~s, Jos prob_lemas .de las culturas populares han sido analizados y debaltdos en vanos pa1ses, Y nlgunos gobiernos han comenzado a formular e instrumentar prog.ra.mas con la intención de revalorar y difundir los productos de la creal!V!dad

44

Uuillcrmo I3onfill3ntalla

popular más allá del folclor y las nrtesaní::~s. Sin emb;ugo, es a todas luces insuficiente la investigación que se ha hecho al respecto. . En un ámbito rn;ís general, las políticas sólo por excepción se estudian ·corno hechos culturales que tengan efectos culturales: la investigncióuno rebasa los límites de la propia actividad que se annliza y esta no queda

ubicada en el contexto mayor de los procesos culturales . Los

económicos se estudian para conocer sus efectos económicos; los progra- mas de educación o de salud, p::~raconocer sus resultados en la instrucck>n de los alumnos o en la salubridad ~k la población; los programas de oienóa y tecnología se annliz::~nexclusivamente dentro de los panírnr-lros <le desarrollo cirnlífico y trcnoh",gico. 1.a \·i1~eul<tción rntre esos progra - mas sectoriales y las prácticas cultm<llcs de los diversos grupos difc- renci;ulos de 1::~ pobl::~ción, ha d::~do lugar::~ una producción crPcicntc de estudios de caso, pero todavía no logra trasfortmnse .en un campo

programas

de reflexión que relacione tcxL1s !?$<tS politic<ts y programas como ¡mrtes de un;\ ncción grnrral drl Est<1do qnr <tfrct;¡ ck much;¡s 111<tncras" l<ts culturas nacionales y descans::~ en supuestos precisos que definen el proyec- to n~cional como un proyecto de civiliz<tción que requiere un ::~nálisis profundo. Lns iglesias jneg<~n un p<~pel import::~nte en América L<tti11<1. La pre- ponderancia absolut<t que tuvo históricamente la iglesia católica se ha visto cueslion<Jda scri<tmente en l;¡s últinws décad<ts por);¡ exp<1nsión de

de denomin<tciones protestantes que actúan tanto en );¡s

vari::~s docenns

· ciiiCI<tdes como

en el c::~mpo. En rnuch;~s comtmid<tdes indígen<~s y cam-

pcsin<ts tr<tdicionales, la penetr;-~cicin prolesi<Jnte h;-~ provocado divisiot1cs intem;~s que lleg<tn a desemboc<tr en );¡ violenci;~ o en el ab<tndono de l<t

localicbd por el sectorreligioso minoril :uio . Los v:1lores y las formas de conducta que buscan imbuir algunas iglesias fund<tmentalistas son con- trarios e incornp<ttibles con 1<~ org<~niz:1ción tr:Jdicional de las comunida- des y provocan crisis culturales que escinden a );¡ sociedad local. Este fenómeno está recibiendo atenci ón crecient e, pero todavía insuficiente, por p<trte de los invest ig<~dores soci;-~les. Los debates más apasionados hnn gir;~elo en tomo al Instituto Lingiiistico el e Verano, de amplia y contro-

vertid<"~ :1cción en Lntinoaméric<~.

Por otr::~ pnrte, );¡s diversas orient;~cionrs ele ;-~lgunos grupos del clero católico requerirían t1n estudio mucho m;ís profundo que el realizado hasta la fecha. Hay corrientes eclesi~slic;-~s que apoyan decidiuamente el desarrollo de las diversas culturas. t;-~nto en el plano religioso como en sus p<~rticulares proyectos económic os, soci;~les y políticos. Frente a es<1s tenclenci;-~s, prcdornin:1 todaví:1 In <tctitnd mision e ra que pr e tende h<1cer t:1bla r;¡s;¡ ele l<t cultura y );¡s cow:ic c h'IH'S dt·la pohl;~ción en la que lr:Jb;-tj;-~

 

El

pluralismo cultural en América Llltina

45

y

lograr una conversión total a ultr::~nza. Los efectos de e~las a~cior.1~s

c::~tólicas divergentes son todaví<1 nmtcria en espera de ¡nvcstlg<Jclon sistemática. En cuanto a las políticas culturales ele los grupos emprcs<triales org::~­

1

nizados, sólo cabe seii;-~l<lraquí la ausencia c<tsi total ele i1lvestig<1ción al

respecto. Salvo los escasos estudios sobre algunos medios de ~omunica­ ción, es poco lo que se s<tbe ele los proyectos cultuml es que 11111.>11lsa la

1

iniciativa privada. Algunos ensayistas han :1hordado d k111a en los cnsos de diversos países, pero prncticmnente no existen proyectos ele documen - tación e investigación qw~signn sislt'm:ilicanJcnte· esas accio1ws .

1

 

Vak

la pena sef1alar, por último, la ne ~ccsiclacl ele C)lll'. se realicen

c·studios

sobre la Iom;-~ ele decisiones

t•n rnateri;~ de poli! ica cultura len los

diversos círculos de poder. Rcsult;-~ inclispcns:Jble cónocer los mecnnis-

rnos concretos que entran en juego en cada c;-~so, los inlcres:s que intcrvierwn y la fornw en que lo hacen, y los argumento s del discurso

justificador de~ bs dn.:isiones, para estar

c11 condiciones de

Cl.liiiJH"t ' ndn

muchos ;~spcctosrelev¡¡ntes ele bs politic::~scultur::~lesen Amenea 1,;-~tJn<~.

l'ropuestns y experiencias nltenwtivns

 

Ln lcm;ilica

cultuml );-~tinoanwricnn:J,dt·sclc l{ll;~rspectiva de b plumli -

dad cul!tlr<~l,exige tom;¡r en cuent;¡, ndem~s de los niveles de· plm;-~lismo

y

las car<~c.lerísticas de lns políticas culturales, 1::~ re;-~cció1.1 y las in.ici~tivas

d<~ los grupos subordinados. A partir de. 1970 )¡;¡n e1nerg~elo mov1m1entos

soci<tles que pugnan por la defensa del pluralismo y por el consecuent e dnecho de cad;~ pueblo y grupo diferenciado;-~ tnanlcncr y dt·sarroll:tr su propi<~ cultura. Por desgracia, tod;-~vía es escasa );-~ bibliogr;~fia de inves-

tigación;¡) rrspt~c!o. Uno de los fenóm enos

. rnás notables es l<t nueva presl'IICia de los

pu eblos indios en l<ts sociedndes

l<tlino<Jrneric<tn;-~s. L;¡ r~ovecladco~1siste

rn d surgimiento de orgnnizncio1ws políticas qn e Sf' dcfm e n a s1 nusmas

 

c11

el

como represcnt;-~ntcs clr, lo s pueblos indios y qu e bu s can ;-~ctu :1r rscenario nacional de acuerdo con );-~s regl;-~s de particip;-~ción qu e

ri¡:!e n

forrn;~lmcntc al sistema político impemnte. Est<Js 1111ev;¡s org:~niz::~cioncs se hnn cn-;~do, en gran medida, gmci¡¡s ¡¡ );-~ consolid¡¡ción d e núcleos clr

- po bbciún indígena con cxpericnci:~ urb;-~na y ecluc;-~ción rscolnr m:ís

rl c v;-~cl;¡ . Su s reivindica c iones ;¡h;-~rcan un mnplio rspe c lro ele la prnhlf' ln:ílica de los ptwhlns indios : la tierra, la di sc rimina c ii>ll, la s fnrrna s variadas de "la explotncitin econl·llnica, );-~ marginación y el empohrcc1-

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46

Guillermo Bonfil Batalla

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miento generalizado. Pero la demanda distintiva, la que les confiere a ¡ estas organizaciones un carácter particular, descansa en la convicción de que Jos pueblos indios deben ser unidades políticas constitutivas del j Estado, porque sólo en esa fomta estarán en condiciones de llevar adelante sus propios proyectos culturales, que son su razón de ser. En otras palabras, son estos movimientos y organizaciones de base étnica la

expresión actual más evidente de

lismo cultural. Por eso deben ser estudiados con un detalle y amplitud

mucho mayores que hasta la fecha . De hecho, la

los últimos tres lustros requerirá un avance conceptual muy sólido, a fin de que se establezcan paulatinamente marcos teóricos adecuados para dar cuenta de un fenómeno que permanecía inédito en la región. Hasta el momento se han estudiado más los documentos producidos por las organizaciones indias, que las organizaciones mismas; se sabe poco de la forma en que surgen, del paflel que juegan en ellas las nuevas capas indias que tienen experienci~urbana y educación superior, de la relación entre los nuevos dirigentes y las autoridades tradicionales de las conllt· nidades indias y, en fin, del efecto de esta movilización en el interior de las comunidades . Esos temas y otros relacionados demandan un amplio esfuerzo de investigación innovadora. En la misma línea que la movilización política india, aunque con menos visibilidad en este momento, hay algunos intenlos de organización en sectores de la población afroamericana . La ideología de la ncgritud ha tenido eco en varios países del Caribe y en otros continentales, como Brasil. Quizá en este caso resulte útil analizar ese fenómeno a partir de la hipótesis de que se trata de un proceso de etnogénesis, esto es, que la población negra, trasformada por la colonización en una masa indife ren- ciada a la cual se le impidió trasplantar y mantener sus culturas africanas originales, estaría consolidándose como una nueva etnia que buscaría reformular una cultura propia distintiva, fundamentada en la recupe ra- ción de ·su historia pero, a la vez, actualizada en función de las exigencias del presente; se trataría por eso de un proceso de etnogénesis. En algunos países se insinúan corrientes regionalistas que han rec ibido escasa o nula at e nción como mat e ria de investigación, salvo ctwndo, como en la Costa Atlántica de Nicaragua, han dese mbocado en connictos abiertos. Es claro'que muchos rcgionnlismos encuentran su base en la estructura altmnent_e centralizada de la mayoría de los países latinoame- ricanos, así como en divisiones político-administrativns arbitrarins que dificultan una participación orgánica de las sociedades regionales reales en la vida pública. En algunos casos interviene la condición fronteriza de las regiones, en la que influyen los intereses y los modelos culturales

la lucha la tinoamericana por

el plura-

movilización india de

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El pluralismo cultural en América Latina

47

de un país diferente, como parece ser la situación entre algunas capas sociales del norte de México. · En una temática de otro orden, debe seiialarse el crecimiento constante del número de experiencins locnlcs encaminadas a la nutogestión culturnl. Hay ejemplos bien consolidndos, conto el trabajo de l:t fed e ración Shuar en Ecuador, o la lucha de aiíos del Co nsejo Rcg io nnl Indíge na del Cauc:t, en Colombia . Pero cierti11ncnte exi sten centenares de experiencias en ruenor esca la y s in ninguna difu s ión , medinut e las cuales lns conHmidndes indigcnns, campesinns y urbana s, int e nt a n recuperar espacios parn el d es nrroll o d e su c ultmn propia en los 1n;ís variados <Íinhitos d e la vida . - Ilay, d esd e llh·go, n1u c hos proyectos d e nutoge s ti ó necc>nÓinica; algun os de ellos se orientan a la recupnación de tecnología s y/o fonnns de producciún qu e habían s ido abandonadas p o r In pr cs i<.lll ck la s iniciativa s moderuizadoras; otros busca n la tra s forrnación cco nó ntica nwdiante la adopción de "tecnologías apropiadas" que generentlllntnrgcnmínimo de dependencia. En 1111 caso y en el otro, el propósito ültin1o es consolidar una hn se económica propia, nrr;¡igad:t e n la cultura loen!, que sirva d e sustento a un desa rrollo con m;¡yor es m ;ír ge nes de a ulonomin fr e nt e a la sociedad e nvol vente. En ocasiones, estos tnovitnientos de recuperación cconótuica parecen ser espont;íneos y no orgnni1.a dos en lo m o a 1111 proyecto exp lícito. Tnl sería la situnción de algunns conHillicbdr.s e n Guatcmnla y e n el sur de

M éx ico, donde la población loca l ha ido desplazando paulatinantent e a

los fu e re ftos que dominabnn el cotu e rcio, los se rvicios, el crédito usure ro

y el ejercicio de ci e rtns profesion es. Al parecer, e n Jnuchos cnsos esta recupcrnci ó n d e espncios d e nc tividnd eco nó tni c n vn acompnf1adn de unn ideología de nfirmación étnicn impulsadn por los cstrntos locales que

desplazan a las anll'riorcs di les fuer eii as ; esto ha dado lugar a que algunos

nulores habl e n d e l surgimiento

.co nnmiclad es indias, que eslnría en competencia con s u homóloga e n In sociednd nacionnl. El aslltlto, et1 cualquier cnso, requin e una atención

qtH .: el lllllll<lo ncndémico no Fu e ra d e los proy ectos ele

rmna de cxf>criencias e n otros c;Jnlpns de actividad. Son IIIU)' v;uiados los esfu e rzos por desn rrollar la literatura e n la lc.ngua pr o pia, por rc scn tnr y difundir la ntt'l s ica y la danz ;t, por cr,·ar Ull 1\'atro li ga do c o11 la rcalidnd local o regional y por JTcupnar la lradi c ión en fie s ta s , arl<·s anias y

comida. Existen ej e1nplos de C111iso ras locales de radio

periódicas d e div e rsos tipos qu e til~ncn po r o bj e tivo la rcv alc>ración d e la cultura propia . Crece el n1'unno d e ngrupacioncs que. compart e n cst~ propós ito, fnnto en );~scon!Ullicladcs co1no e ntre los 111Ígrantcs del1ni s mo

d e una

burgu es ía e n el

interior de l;~s

lt~ ha pr es tad o ha s ta ahora . autoges tión ecouómica, ha y un vas to pano -

y de publicaciones

·IX

(iuillnrno Bo nlil Bat~lh

origen que residen en lns ciuclitd es. T od o ese i1bn11ico de ex pc rien c i<ts es tá e11 espera ele i11H~stig<1doresinleres<t dos en conoce r c u;íl es so11los resortes

quf'

se lll!te,·en pi1rill;t re s ist f' nciil

cul!m:~l y hajo qn é condiciones fnncio -

11 <111

co n111ejor es n· s 11l!ado s . Serí;¡

tlr¡! l' IJi c cs tilllnlarel colltileto hori zo lltnl

e11tr e l os pro111 o tor rs d r esos · prn yrc to s p;¡ra rnrirpwccr s 11 a c tividad

nwdiantc el illlt'rc;rlnhio dt · exlwrit'llcias; es ta f<nca, orgatli7.:rd;r s is tcllt<Í - ti e<t lllf'llt e l:tnt n t'n clniiTIIIacion;~l C(l tllo t' ll el illtcrn:tcional, flt' rnriliri ;,

:d tni s tno tietnpo rc 1111ir c un tllt'IH 1S sobre lo s pro yec tos 111~ s relev<~nt es y

se tíal:~r qllt' l : t p cn n:JII< ' tlt'i : r dt · la di vers idad cttltnral

1111 rc s po 11de SPIP a 1111a d ec isi ó n ;¡ c 1i1 :1 <'11 f:11 ·or dt' cHI;r c rtlt11ra. sino

lt' ll c i:r qrw dc s dr · frwra sr' pn c il lt'

(1 C!l i! SI' 1 \ ;¡d 1! ti SIIIP 1ri 11ido IIIII C!Ja s l'll -

dircn·tJtc a la rh•lllill:llll<' \' s•· 11:!l:rdo co nln ·l' lli'lll'i:J olras palabras :

Ct >tnP p :1s i \ · ;¡. J'f frad ÍC Íoll:tl iSill(l

llllllli.f ;H lr •s de cllllma

etHII!l ohsl;icrtlo p;n ·:r el dt· s: trrollo y l:r IIH 1tf <' lllil. <l(' it>ll (<'11

l:nnhit; ll y t'll gran 111cdida a 1111a rcs

la infonnacit:llt di s pcr s n

dili c rtll:td

h c ilil : nia s r1 an;ílisis co ntp:trativo.

is

P o r t ' iltilllo, ca l •r

para la g cncr;tli7iJCiún dl'i pruyccto c llllllr:tl dtJIIIÍII :IItt c). didl) t;nnbiL;ll desde In pcrspec li\ ·a Ct' lilr:tri:J : cnnto una

de lo s

se l>u sc a

I'IT scn·: n cs p:tei<'s de cultura prn¡•i;1 :nii Hfll' ' t'St' pn•pós ito no se cxprc se :r 11Í1cl C!ltJscit·nl<'. :\qtri h:J!,ri:J 1111 c:llllf'll ca,¡ · ir~r ·· ditn p:rr:1 l:r ÍIIVt' s li ,E :r

CÍOII St1hn· lt1S J'rtll'I' SOS Clllltll ;i\¡ ·s. <flll' lt ' SIII!:rri :l tft' \'('!' fo s llli SiliOS

l:r crtlt11ra rt· s is tr · n

c i;r cultnr:d l'I'IIIPtlll IIH' C: IIti s lll" p :rr :1 :r s qc llt :n l:r l'(llltinnidad del )!.IIIJH1

\ S il Clll! lila .

t't' llt.lllll'tH' s CPillllla úptic:1 !t't i ri c: J dirncttl· ·· t'll l ' t 'l. dt · plallt•·:rr

lt• c; Ji c ••tno nh s t ;i c nlo al c :rnthio. s t• ' ' "

grupos stlktl!crnos <lltte l <t imp os i c i ri n cn llllr :ll , co n la c

ptwdt· s n ctJtt' ll

n· s

pur· s ta

r1al

'-'c:r ri:t explicar la

Capítulo 2

LO PROPIO Y LO AJENO:

UNA APROXIMACIÓN AL PROBLEJ\IA DEL CONTROL CULTURAL

1. El probll'lll;t consist e e n definir una re lación signific<ttivil cntn~ snc ir· ·

d<td y cultmn q11c sirva corno hcrramil'nt~ lwmisti c:1 par<t cnlcnclcr tm·j o l los procesos cultilra!r.s que OL'IIIITil cuando dos wupos co1t cttltru:r diferente e identidades contraslantes cst:ín vincnhdos por wl:tcir,tws <tsimdri c <ts (de dominaeión/subordinacic1n) . Fn ~1 ;cntido s t· t·xph,r ; Jn las posibi 1ida eles qu e ofr e ce el empleo de la nocion d e cont rql c ul! 11 r;¡l. , \ lo largo del planteamiento se pon e el énfasis en los proc rsns qrw octiiTl'll en el grupo sub:~ltcrno; rcspt·cto :!l grupo <kmlillalllr, sólo S< ' h:~ct·ll :~1 -

gunos se1ialamicntos prdimiiiMCS.

2. Por control culrurnl se

f'nti e ndr· l;~ c<~pacidad

de d cc i s i ó tt so hr~ lo~

elcnwntos cultural es. Como

di1d ele d e cisión que defin e ni control cultmnl es t<nnhi é n llll il Cilpacid:HI

socinl, lo que impli ca que, aunque las clecision rs la s tonwtt individtt <Js, t'i cnnjunto soci;~l dispon e, i1 su vez, de fnrmns de control sohn· l'll;~s.

soci<~l. la C<ll';tci -

la cultura es un fe nó m e no

1.a c:tp;~cidad de de c isión es, rk s de otro <Ínguh, 1111 ktH .\III t' llO

oilrllrol.

r·ntanto las ckci s ionc s (t·l ejercicio ckl control) 110 se tn tn:nt ,. ,,

l'l \acto.

si11 contexto, ni ¡·n tlll conÍt·xto tl<'lltrn, sino en el se no dt · tlll ~islt'rna cultur;~l que incluye valores, cnnn c inricnlo s , cxpcricn c ia s. l!:d , ilid :rdt ·~ ;•

cap:tcid;~des prexist e ntcs. El Ctllllrol c ultmal, por e so.

abstra c to , sino hi s tórico . Auti!IIIC cxist e 11 divn sos ~·t:Hios y ttÍ\t·l, ·s P" ' : i\,j, . , · · 11 \;r < : tp :w id :"l .¡ ,.

d ec is ió n, el cüntrol cultural no s<• lo impli ca la capacidad soc i:tl d e 11'"' ' 1111

·19

no e <; :r\l~"l"'" ni

~w_iBJ.

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50

Guillenno Bonfil Batalla

determinado elemento cultural, sino -lo que es aún más importante- la de producirlo y reproducirlo.

3. Por elemenros culturales se entienden los recursos de una cultura

que resulta necesario poner en juego para formular y realizar un propósito

social. Pueden distinguirse, al menos, las siguientes clases de elementos culturales:

a)

materiales, tanto los naturales como los que han sido trasformados por el trabajo humano;

b)

de organización, que son las relaciones sociales sistematizadas a través de las cuales se realiza la participación; se incluyen la magnitud y las condiciones demográficas;

e)

de conociiÍiiemo, es decir, las experiencias asimiladas y sistemati- zadas y las capacidades creativas;

d)

simbólicos: códigos de (;Otnunicación y representación, signos y símbolos;

'!-

e)

emotivos: sentimientos, valores y motivaciones compartidos; la

subjetividad como recurso. Todo proyecto social reqtiiere la puesta en acción de elementos culturales. No sólo para realizarlo: también para formularlo, para imagi-

narlo. Los elementos culturales hacen posible al proyecto; también fijan sus limites, lo acotan, lo condicionan históricamente. Porque los elemen- tos culturales son fenómeno~ históricos, que 9ambian a lo largo del tiempo: un producto natural, por ejemplo, puede convertirse en elemento cultural si la sociedad encuentra cualquier forma de emplearlo para el logro de un propósito social. No hay elementos culturales en abstracto.

4. La relación que buscamos es la que se establece entre el grupo social

que decide y los elementos culturales sobre los cuales decide.

En una

como sigue:

primera aproximación, las posibilidades se esquematizan

Elementos

Decisiones

culfllrales

Propias

Ajenas

Propios

Cultura AUTÓNOMA

Cultura ENAJENADA

Ajenos

Cultura APROPIADA

Cultura IMJ'UESTA

En situaciones de dominación colonial, es decir, cuando la relación entre grupos con culturas diferentes es una relación asimétrica, de domi-

El problcllla del coutrol cultural

51

nación/subordinación, ser;i po sib le di s tinguir, en In cultura del grupo suba !t e mo, 1<~presencia de elementos culturales que corresponden a cada .

uno de los cuatro ámbitos o .cat c¡!orías de cultura .

En

términos etnognificos,

. <kscript ivos, la cultura es nna s~la'. abtga -

rrada, contradictorill, ltibrida si se quiere . Al analizarla en terttHnos de control cultural aparece su cot11posició11 L'll los cuatro sectores: Pero sol.o

entonces, porque los contenidos concrdos de cada uno no estan predl'lt- nidos (y sí Jo est;in, en catnbio, cuando se usan categonas tale~ ~ont~

"estructura" y "supcrestntctura", "cultura m~tcrial.":"cult,u~·aesptr~tu<.1l

y "organización social") . Al

control: poder) se define un nivel difer.c nt·e· de relactones et.1tre socte'~~~l

y cultura, se trasciende la 1ne~·a descnpctot.1_)', por ~t~a p.nte, se e.\11:1 convertir el an;ilisis en una sttuple operac1011 mecantca que constste. esencialmente, en rellenar con datos de la realidad un cuadro de catego - rías prestaulecidas cuyas relaciones también se asumen cotno. pre.st.able- cidas . El análisis se conviert e en algo más que un puro eJ.erclcto de corroboración: permite des cubrir y no sólo recoger el eco rettcrado del

introducir una duHensJ~npoli/lea (dec~stott,

propio discurso.

. Como el proulcma está definido en términos ele relac10nes cnt~~gru¡:o~

sociales, la dialéctica del control cultural no se eslable~eent~e lo .nuo

y ."lo tuyo", sino entre

connotación social, no individuaL Culwra autó 110111 a: el grupo social pos ee el poder de decisión sobre

sus propios elementos culturales: es

reproducirlos. La agricultura !~adicionalde mtl.pa puede ser un CJen:plo,

porque !liS sociedades c<ll1tpc s tnas

todos Jos elementos culturaks qu e son n e cesanos par~ su futH.:l?n~nu t:n ­ to : tierra, semillas, tecnología , orgauización dcltrauaJo, conoctn11~11toY

prácticas simbólicas. (Los

se pueden entender, desde esta perspectiva, precisa~nenteen ternunos de pérdida de control cultural en relación con cualqmera de los elementos

meltcionados.) Cultura impuesta : ni las d ec i s ion es ni l os e ~c m c ntos culturales pu est~s en juego son del grupo social; lo s re s ultad os , s n1 etnbargo, e ntran :1 fo nu.tr parte de la cultura total de l propio grupo. P?dría.scr el cas.o. de ltalH~osde consumo impuestos por el sistema mercanlll: la