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El punto de partida de cade una es una ouelta a las fuentes primetas de la vide psi- aitica, Pero, aunque originindose en las mismas manifestaciones, fada tno lo hace de diferznte manera, De esie modo se ponen iejor 2n evidencia tanto e! materiat comin dei que proceden las diferentes realizaciones de la vida psiquica estudiades aqui co- ‘mo las delimitaciones, las diferenciaciones mis preococes que tuseitan, Era dificil encortrar otra manera dz mostrarlo mejor que estudis gPero cual es la utilided de esta reedicién’ En primes lugar, varios nimeros de la Reoue de cours et cinférences, donde faparecieron los articulos que corresponden a la Primera Parte de esta obra, estén agotados. Ademas, mucha: de las ideas pre- ssentadas en estos articulos, 0 anteriormente in Lienfant turbu- lent, como la distincién entre Ia emocién y el auttomatismo, la gran eptitad de las emotisnes para crear asoziaciones condicio- nadas, las relaciones entre el. miedo y el:equilibrio* fueron re- tomadas posteriormente, unas « oftas, por algunos autores, y me pareciS oportuno recordar, en su conjunto, los hechos y las ‘Concepeiones que me llevaron a estas interpretaciones y que creo constiyen siempre su mejor demostracién. Por altimo, la re- unién de estos tres estudics, aparecidos separsdamente, constitu- ye en si misma un nuevo conjunto, Ellos se vomplementan mu- fuamente, y no sélo porque cada uno se refier: @ uno de Ios tres igrandes espectos que toran las realizacione: psiquicas del ni- fio durante sus tres ptime:os‘afios, sino también por los encade- namiertos y concordancias que sefalan entre ellos. ‘Se podré comprobar con frecuencia en esta obra la ten- dencia a.no estudiar fos hechos en serie cerraia, sino a enfocar- Tos en varios de los diferentes conjuntos en. Ics que pueden par- ticipar. Por ejemplo, este conjanto cronolégizo de los tres pri- eros afios, que provee de contenido a este volumen, es estudia~ do, por otra parte, en sus relaciones con los origenes det cardc- ter, Aun més, fue delimitado en funcién de este totalidad mas pasta, Pero, a fa vez, otros conjtintos intervendrén también en sto timo: las relacienes del miedo con el egullbrio fueron des- arrollacas en el mismo aio, 1525, por mi en Lienfant turbulent y por J. B. ‘Watson, Ped, Sem, 2000, pp. 328-48 y 349-371 el desarrollo de estos capitulos: el del comportamiento hist6rico dde le especie humana, el del comportamisnto animal, el de la igénesis y las regresiones funcionales, ef de fos ciclos psicofisiols- ‘gicos, efcétera. ‘Sin embargo, pareceria que.el dominio propio de la psico logia del nitfo fuera lo suficientemente vasto para satisfacer @ los mas ambiciosos. En este momento nadie podria recorrerlo en ‘su totalidad, y sus investigadores no dejarén de extender sis limites, Pero querer encerrarse en él condaciria a hacer sélo in- ventarios, enumeraciones cronolégicas, sirples desctipciones. Sin duda, aquél es un limite jamés alcanzado. La recolec- cién de hechos no puede ser puramente mecénica; tiene siem- pre iuna significacién més 0 menos explicita, No hay hecho tn Sinn hecho es siempre més o menos conformado por quien 10 camprueba, Pero puede responder més a esquemas, @ rutinas, (que @ la individualizasién aclaradora de rasgos provistos por la cxperiencie, Ast, colecciones indefinides de hechos pueden no baler Io que un heche inico, pero significative. En realidad, un frecho sélo tiene interés en’ la medida en que esté determinado, 'y no puede estarlo sino por sus relaciones con algo que 10 supe- 74, e decir, con rina totalidad a' la cual pueda ser incorporado dz alguna manera, Pero él mismo es una fotalided que tiene su Fsonomia, su definicién y que se refiere, por los rasgos que To ‘componen, @ otros conjuntos més elementales. De esto resulta (ue confrontar un hezho con todos los sisterias con.los que pue- de estar relacionado es tratarlo no sdlo segin su naturaleze, sino qite el mejor observador es aquel que puede utilizar la ma- yor cantidad de sistemas, alternativamente, peca individualizac- Io y explicarlo. La psicologia es, por ciecto, uno de los dominios en que la Emitacién excesiva de los hechos estudiados ocasiona mayores inconvenientes. En efecto, en la medida en que su objeto se ‘leva por encima de ias condiciones més tlementales, cominmen- te llamadas materiales, para entrar en conjuntos de calificasién és particular, la ignorancia en que su estudio deja corriexte- ente a estos iltimos los priva de condiciones que son deter- ninantes. Tal sev, por ejemplo, el desconocimiento de la uni- indisoluble que forman el nifio y el adulto, el hombre’ y la sociedad. Sin embargo, la especie slo puede encontrar su ra-