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En Madrid, marzo de 2012.

Con e l motivo del 15 aniversario de la muerte de Josep Palau, www.semanarioserbio.com ofrece a sus lectores la versión completa de su realmente imprescindible libro "El espejismo yugoslavo". Para ofrecer una visión más amplia de sus a ctividades relacionadas con las guerras de secesión yugoslavas, hemos añadido al libro algunos textos de Palau publicados en el libro "Ex-Yugoslavia: de la guerra a la p az" (editado por la Generalitat Valenciana-1992) que recoge textos de varios ponentes en la Conferencia de ciudadanos para la integración pacífica y democrática de los Balcanes en Europa.

Los textos se publican con el permiso explícito de su hermano, no violando ninguna de las leyes sobre propiedad intelectual. Aprovechamos la ocasión de agradecerle a Jaume Palau su comprensión y colaboración con www.semanarioserbio.com

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www.semanarioserbio.com COLECC ION TE X TOS DEL * BRONCE ] OSEP P ALAU EL ESPE]ISMO

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Hacer lo más difícil. Mediación sin tomar partido en los conflictos etno-nacionales

Josep Palau

Actuando como coordinador internacional del MPDL y miembro del Presidium del HCA, Josep Palau fue el coordinador de la Conferencia de Valencia. El texto siguiente está extraído de su introducción en el curso de la Universidad International "Menéndez y Pelayo": "Guerra en Yugoslavia. Consecuencias para Europa v en la situación internacional", celebrado en el Palacio de la Magdalena (Santander) el 24 de agosto de 1992.

Las ideas que siguen constituyen convicciones personales tras varios años de contacto directo con el drama yugoslavo. En 6 viajes he recorrido todas las republican ex- yugoslavas, he mantenido decenas de reuniones con todos los sectores en litigio. Gobiernos y oposiciones en ambos lados de todos los frentes abiertos. Todo ello integrando misiones de paz como miembro del MPDL español y miembro de la Presidencia de HCA europea.

No me resisto a describir un estado de ánimo personal. Empecé yendo a Yugoslavia lleno de confusión y turbación: entendía poco y me indignaban unos hechos contrarios a mis principios. La confusión ha desaparecido, ya que creo entender algunas cosas pero la turbación se ha convertido en tristeza, abatimiento, precisamente porque ya comprendo lo que ocurre.

1. Entrando en materia, la primera idea es la de reivindicar el espacio yugoslavo como un marco común de convivencia. Se ha dicho con una frivolidad que ahora podemos calificar de escalofriante que la antigua federación yugoslava era imposible. Una ficción, una imposición del comunismo. Esa idea, que se ha repetido con insistencia a veces sospechosa, ignora una distinción tan obvia como la existente entre un régimen y un país.

El sistema político y económico organizado por la Liga Comunista y dirigido autocraticamente por el Mariscal Tito, se hallaba ciertamente agotado a la muerte de este. El hundimiento del Pacto de Varsovia y de los otros regímenes comunistas europeos agudiza la falta de perspectiva y sentencia el fracaso del posttitismo. También es cierto que la Federación Socialista Yugoslava reposaba en un sabio diseño geoestratégico, en el fiel justo de la balanza entre los dos bloques que dividan Europa. De hecho, la política de no alineamiento internacional está pensada también como factor de cohesión interna, como garante de un equilibrio unificador yugoslavo. Lógicamente, esos equilibrios se ven alterados con la desaparición del sistema bipolar en Europa a partir de 1989.

Y sin embargo, Yugoslavia, mejor dicho el espacio común yugoslavo, seguía siendo absolutamente necesario. La complejidad étnica, religiosa, territorial e histórica hacía imposible una fragmentación que no condujera al caos. Se

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me ha dicho en alguna ocasión que los odios actuales convierten en una locura la tesis que estoy defendiendo. Yo no puedo dejar de pensar que si alguna locura se demuestra con los hechos es la de haber roto Yugoslavia.

La gran cuestión que se plantea es ¿Por qué no se democratizo Yugoslavia en lugar de fragmentarla? La pregunta no es un lamento ante algo irreversible. Al contrario, con tiene una idea de futuro: en realidad la paz duradera y la estabilidad en la región no se alcanzaran hasta que se reconstruyan la cooperación política y la convivencia interétnica en eso que sigue siendo espacio común yugoslavo. Hasta entonces, cualquier arreglo será frágil y precario.

2. Los nacionalismos se impusieron a la democracia y a la liberalización en el postcomunismo. ¿Por que? Conviene, ante todo, desmentir otra tesis que se ha difundido a mi juicio equivocadamente; a saber, que la antigua federación yugoslava ejercía la opresión de unas naciones sobre otras, de tal manera que resultaba comprensible la "liberación" nacional en esos casos una vez desaparecido el régimen. Por el contrario, el comunismo titista, opresor y negador de la libertad de sus ciudadanos, era muy cuidadoso en los "equilibrios nacionales"; no es casual que haya sido considerado como modelo sobre cuestiones nacionales y minorías durante décadas y por corrientes políticas incluso ajenas a la izquierda. No es en la falta de reconocimiento de los hechos nacionales donde reside la causa de la explosión posterior, sino en la falta de democracia combinada con un sistema político que hacia demasiadas concesiones al nacionalismo.

Veamos, el poder político en el sistema se distribuía entre las elites comunistas de cada nacionalidad, elites que se constituían al margen de la voluntad popular y que ejercían su poder antidemocraticamente. Los conflictos entre esas elites se dirimían por un árbitro único y personal, Tito, quien frecuentemente resolvía enfrentando a unos con otros y haciendo a todos concesiones parciales. Desaparecido el árbitro, no existen ni mecanismos ni hábitos democráticos para resolver los problemas políticos. Por el contrario, hablan echado solidas raíces las tendencias viciadas al enfrentamiento de poder entre grupos "nacionales".

En ese contexto, el recurso a "la causa nacional amenazada" es percibida como un mecanismo de legitimación política por los establecimientos políticos de todas las republicas simultáneamente. No nos hallamos ante la emergencia de nuevas clases o movimientos sociales democráticos, sino de aparatos de estado que se hacen fuertes cada uno al enfrentarse entre sí. El nacionalismo es un heredero más cómodo del totalitarismo comunista, porque ambos hacen estatalismo paternalista y antidemocrático, ambos apelan a grandes causas abstractas para ignorar a los ciudadanos. En otras transiciones post-comunistas el "mercado" (o sea, el cambio económico) jugó el papel de catalizador de las ilusiones colectivas. Yugoslavia había ensayado desde los años 60 diversas reformas económicas con éxito

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relativo; a principios de los 90 la liberalización de la economía no producía ya especiales emociones. También ahí se explica por qué los nacionalismos prendieron con tanta facilidad, sin dar tiempo al desarrollo de una cultura democrática que hubiese podido canalizar las energías colectivas en la constitución je un sistema de libertades, de una sociedad civil laica y de un estado de derecho.

3. La etnicidad. Ha resultado sorprendente la fuerza del factor étnico

como centro de la identidad colectiva. Con independencia de la explosión violenta entre ellas, cabe preguntarse qué hay detrás de esa irresistible

fuerza que empuja a "ser" serbio, croata, musulmán o esloveno de manera tan absolutizante. Los factores históricos son evidentes en una zona frontera de imperios, religiones y geoestratégias durante milenios; la segunda Guerra Mundial aporta recuerdos no tan lejanos de resentimientos

y temores que han rebrotado con facilidad; la religión, diferenciadora

fundamental de unas “etnias" que no se distinguen con facilidad ni por la raza ni por la lengua, aporta ingredientes de trascendencia e irredentismo.

Pero esos factores no son sino contexto o agravamiento del factor esencial:

a saber, la solidaridad de grupo cerrado, casi tribal, que impera en ausencia

del sentido de ciudadanía. La pertenencia al clan otorga la percepción de seguridad de quien no se siente ciudadano con derechos. La cultura política; desarrollada a partir de la revolución francesa, y que fundamenta las democracias occidentales, ha penetrado con extrema debilidad en los Balcanes así como en toda Europa oriental. Hubiera sido mejor que algunos supuestos occidentalizadores yugoslavos se hubieran fijado en esa carencia más que en la relativa a los estados-nación.

Siendo así las cosas, pocos se sentían ciudadanos de las repúblicas de Croacia, de Serbia, de Macedonia, de Eslovenia o de Bosnia, sino simplemente serbios, croatas, macedonios, musulmanes, eslovenos, albaneses o montenegrinos, con absoluta independencia del lugar de residencia. De esa guisa, la desmembración de Yugoslavia iba a conducir necesariamente a estados etnocéntricos que convierten a residentes de otra etnia distinta de la titular en "minorías", eufemismo que esconde la segregación para ciudadanos de segunda categoría (en el mejor de los casos).

La guerra en sus diferentes episodios y escenarios es el resultado de que los nuevos “estados étnicos" se constituyen sobre un territorio cuyo mapa étnico no coincide casi nunca con el mapa administrativo de las repúblicas de la antigua federación. Cada uno pretende imponer unilateralmente su fórmula, y las armas diseñan con sangre lo que no se ha querido negociar con tinta política.

4. Derecho de autodeterminación y la democracia. El derecho de

autodeterminación ha sido el principio invocado para la constitución de

estados etnocéntricos. Algunos responsables políticos y observadores

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occidentales han defendido con vehemencia el carácter sacrosanto del principio para justificar las diferentes operaciones secesionistas. La validez del principio, su nobleza, no va a ser aquí puesto en cuestión. El problema del derecho de autodeterminación consiste en sus límites que, como en el caso del principio de la libertad, terminan donde empieza el derecho de autodeterminación de otros.

En un contexto de interrelaciones nacionales como la que nos ocupa, el derecho de autodeterminación sólo puede ejercerse civilizadamente en forma de concertación. Las acciones unilaterales con menosprecio de los

efectos resultantes no pueden ser consideradas un ejercicio legítimo del derecho de autodeterminación. Por ejemplo, el derecho de autodeterminación para constituir el estado de los croatas no puede hacerse negando el mismo derecho a los serbios en Croacia; los dirigentes serbios no pueden reclama: esto último mientras niegan la autodeterminación de los albaneses en Kosovo; éstos a su vez nunca explican qué harían con los

serbios de Kosovo

y así sucesivamente.

Una de las consecuencias de esta utilización abusiva del derecho a la autodeterminación ha sido la adulteración de reglas democráticas. Así se han convocado referendums sobre base étnica que no han hecho sino

ahondar divisiones, confirmar proporciones conocidas de antemano entre las diversas etnias, y, de hecho, negar una verdadera democratización. Por ejemplo, si el problema en Croacia era la minoría serbia que se resistía a la secesión de esta república, ¿que resuelve un referéndum cuyo resultado no podía ser otro que confirmar que los serbios eran minoría y los croatas mayoría? O a Bosnia-Herzegovina, donde se sabía que los serbios no iban a aceptar su dispersión e varios estados que resultaran de la secesión de esa república, o que los croatas se sentía: más próximos a Zagreb que a

Sarajevo

sino es para disparar el enfrentamiento de las mismas?

¿De qué sirve un referéndum sin previo acuerdo entre las partes

Me atrevo a aventurar que en materias tan delicadas un referéndum no es un principio democrático si no va acompañado de consenso. Téngase en cuenta también que la adulteración democrática no viene sola sino acompañada de otras graves deformaciones: sistema de partidos políticos sobre base étnica; autoritarismo y negación de libertades de expresión en virtud de la supuesta defensa de "causas nacionales"

Algo puede malinterpretarse de los párrafos anteriores. No ignoro la voluntad firme de la mayoría de eslovenos y croatas de constituir su propio estado ni niego el derecho a hacerlo efectivo. Por el contrario sostengo esas causas nacionales. La cuestión estriba en que no son las únicas causas nacionales que se expresan desapareciendo el marco yugoslavo. Está también la causa nacional serbia, que es más complicada. Los serbios siendo prácticamente la mitad de la antigua federación, no se concentran básicamente en la república de Serbia sino en tres repúblicas: Serbia,

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Bosnia y Croacia, lo que convierte la constitución "del estado de los serbios" en algo diabólicamente complicado pero no con menos derechos teóricos que la constitución "del estado de los croatas"

5. Concertación de las causas nacionales. Si se acepta la causa de unos hay que aceptar la causa de otros y buscar la concertación de una fórmula que satisfaga equilibradamente todas las aspiraciones. Y seguramente ninguna podrá ser resuelta de manera idealmente completa.

Alguien respondería que hace dos años o uno y medio hubo propuestas, por ejemplo, de eslovenos y croatas para formar una confederación y que no fueron aceptadas por el régimen serbio. Es cierto y nada dice en favor del equipo dirigente encabezado por el Sr. Milosevic. Pero no me parece suficiente despachar la ruptura de Yugoslavia con ese argumento dando por buena la secesión inmediata: quizás Milosevic sea entonces sólo una buena coartada para otros. ¿No era posible una estrategia democrática para derrotar políticamente a Milosevic y a otros antidemócratas, basada en la cooperacion de los demócratas de toda Yugoslavia? ¿No era necesario articular una paciente neutralización del resistencialismo conservador en instituciones federales como el ejército, pero también en cada poder republicano? ¿La constitución de diferentes estados con vocación de reconocimiento internacional, no podría ser el punto final de un proceso de cambios cuya prioridad fuera la maduración democrática de la sociedad civil?

En lugar de todo ello se prefirió la precipitación. Me temo que a ello no son ajenos ciertos factores internacionales.

6. El papel de Europa. Entre 1989 y 1990, Ante Markovic, el último jefe

del gobierno federal yugoslavo (por cierto, croata) insistía ante las

cancillerías europeas en concertar una fórmula que facilitara a Yugoslavia al menos una sólida perspectiva de inserción comunitaria. Advertía Markovic que sin tal perspectiva Yugoslavia podía abocarse hacia una catástrofe. El transcurrir de los meses fue desvaneciendo su empeño confirmando el mal presagio. ¿Por qué no reaccionaron a tiempo los responsables comunitarios,

si estaban avisados? Pronto cayó el Muro de Berlín y la atención del mundo

se centró en la URSS y en los antiguos miembros del Pacto de Varsovia. La

CE empieza a percibir la multiplicación de pretendientes y elabora pronto una tesis gradual: no hay recursos para todos y deben seleccionarse

aquellos países mejor situados, para una primera fase de asociación en la comunidad que abarcaría hasta la primera década del siglo próximo. Frente

a la tesis de Markovic, los responsables comunitarios emplean a oír la

música que les invita a distinguir entre una Yugoslavia avanzada, capaz,

católica, susceptible de integrarse fácilmente en Europa, una Yugoslavia "aprovechable", y otra Yugoslavia atrasada, balcánica, incapaz económicamente, ortodoxa y musulmana, una Yugoslavia "demasiado

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lejana de la Europa desarrollada". Quienes así argumentaban añadían que las advertencias de Markovic eran alarmismo infundado (!).

Si la inacción ante los avisos en tiempo debido colocan a la CE en una especie de pecado original" en la gestación de la catástrofe yugoslava, el reconocimiento unilateral de Croacia es el "pecado mortal". En ausencia de consenso sobre las fronteras internacionales que debían resultar de la desmembración de Yugoslavia, sin previa garantía a las minorías que no serían extranjeros en su tierra, sin clarificar los efectos y desequilibrios en otras repúblicas, sin establecer mecanismos de cooperación regional que aseguren la estabilidad, sin requisitos democráticos suficientes, sin imperar el respeto a los derechos humanos (según el propio informe Badinter encargado por la CE), los reconocimientos de Eslovenia, en mayor medida el de Croacia, y luego el de Bosnia, supusieron tomar partido y dieron rienda suelta a la locura de la proliferación de los estados étnicos.

7. Tomar partido o propiciar la negociación. A partir de los

reconocimientos, la comunidad internacional (básicamente las potencias de la CE más los EEU) han propulsado la línea de "identificar al culpable" y endosarle las responsabilidades. Así se formula el bloqueo internacional de Serbia y Montenegro, las medidas de embargo, y se especula con medidas militares para "frenar al agresor serbio". Todo ello ha tenido efectos perversos. Ha hecho creer a unos que los apoyos internacionales bastaban y podrían permitirse rechazar la negociación (croatas y bosnio-musulmanes); y ha empujado a los serbios a desconfiar de todos, al resentimiento con la comunidad internacional y a refugiarse en el único instrumento que les ha parecido leal y fiable: la fuerza militar. En mi opinión, la discriminación internacional ha disparado las arrogancias; política de los unos y militar de los otros. Y ahora, destapados todos los demonios, y a la luz de los horrores, barbarie, crimen y caos en Bosnia, se revela una cruel contradicción. De una parte, llevar a sus últimas consecuencias la política de tomar partido conduciría a una intervención militar internacional imposible. Por otra parte, propiciar una solución política significa de algún modo desdecirse del camino andado y reconocer razones en todos y no excluir responsabilidades en ninguna de las partes. Lo trágico es que ahora hay que negociar a partir de hechos militares consumados (y con quienes se han ensangrentado las manos y el alma) lo mismo que hace ocho meses no quiso negociarse: la cantonización de Bosnia.

Hay que tener en cuenta que las guerras yugoslavas (como en el Cáucaso) no son sólo un conflicto entre organizaciones estatales o paraestatales con sus ejércitos. Es peor que eso. Es una guerra caótica, con ejércitos privados, guerras paralelas, guerrillas incontroladas, venganzas respecto de la II Guerra Mundial. Es la desintegración del Estado y de la mínima legitimidad social del mismo, la evaporación desordenada del principio del

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monopolio de la violencia. Cualquier solución no puede perder de vista la perspectiva de restauración de la legitimidad y consenso sociales.

Un acuerdo sobre la cantonalización será una fórmula frágil y precaria, no exenta de tensiones y episodios de conflictos de baja intensidad. Pero hasta que no se reconstituya la cooperación en el conjunto del espacio yugoslavo, es la única forma posible para detener la carnicería actual y establecer un principio de pacificación en Bosnia. El auténtico cese el fuego sólo será resultado del acuerdo entre las partes, proporcionando Londres y Ginebra el marco posible para tal acuerdo. El largo camino que va entre el cese el fuego y la pacificación debe ser garantizado internacionalmente. Por eso, se ha formulado desde la HCA la propuesta de establecer un protectorado de las NNUU en Bosnia (extensible a las zonas disputadas de Croacia). El protectorado no sólo proporcionaría fuerzas de interposición, sino que debería administrar el desarme de todas las fuerzas irregulares, la desmilitarización de la zona y aportar las garantías para el retorno de los refugiados, las no-venganzas. En suma, sentar las bases mínimas para la recuperación de la convivencia interétnica.

Hay que invertir el clima hacia fórmulas de diálogo en otras "zonas calientes" susceptibles de conflicto bélico. Concretamente, la restitución en Kosovo de los derechos autonómicos ilegalmente conculcados, así como también el arreglo en la actual federación de Serbia y Montenegro de las diversas cuestiones de "minorías" sobre bases democráticas. Idénticamente, la apertura de negociaciones entre Zagreb y los serbios de Krajina y Eslavonia occidental.

La cuestión macedonia debería ser objeto de negociaciones abiertas entre la propia república macedonia, Grecia, Serbia, Bulgaria y Albania. Al fin y al cabo todos los países pequeños existen establemente por su voluntad, pero también por el consenso de sus vecinos. No puede ocurrir que, según reglas balcánicas, los responsables de algunas de esas capitales no se hablen si no es por conducto de emisarios de las potencias. La voluntad de independencia de Skopje debe ser compatible con garantías que disipen en Atenas y Belgrado los temores a la recíproca intercomunicación: Macedonia se interpone entre Grecia y Serbia, quienes se consideran mutuamente aliados y amigos.

Esa sucesión de arreglos políticos no será fácil ni pronta. Será más bien un largo proceso que en conjunto puede llevar décadas. El final del proceso, si ha de ser estable y sólidamente pacífico, deberá necesariamente consistir en fórmulas concertadas, globales y basadas en el respeto a los derechos humanos y a la cooperación en toda el área ex-yugoslava y balcánica. No importa cuántos Estados haya, a condición de que estén unidos (no separados) por fronteras abiertas, con libre comunicación de personas y bienes, con garantías recíprocas sobre las minorías nacionales. En suma, una especie de confederación balcánica democrática.

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8. Intervención internacional. La Sra. Ogato, secretaria del ACNUR (Alto

Comisariado de las NNUU para los Refugiados) llamó recientemente en Ginebra a la organización de una contraofensiva humanitaria "en los territorios de la antigua Yugoslavia". Ciertamente, la expresión es adecuada para definir el alcance de las medidas que la comunidad internacional debería adoptar para paliar los efectos humanos más catastróficos de la guerra. Hay ya millones de desplazados; cientos de miles de refugiados sin hogar; el problema especial de los refugiados musulmanes, que podrían

convertirse en los "palestinos de Europa". Pero también los suministros alimenticios y médicos básicos a los centenares de las aldeas y decenas de ciudades aisladas. Ese es el primer ámbito de intervención internacional imprescindible, multiplicando programas de ayuda y de acogida a refugiados. El segundo es la presión política, equilibrada para que sea eficaz, y ejerciéndose sobre todas las partes para que no sea contraproducente.

Algunos elementos militares me parecen necesarios para garantizar protección a los convoyes de ayuda y para actuar como fuerzas de interposición provisional entre los cantones bosnios, al estilo de lo realizado en las zonas mixtas en Croacia. No veo la razón porque esos instrumentos militares no puedan consistir en la ampliación de los cascos azules. Si los centenares de soldados que ahora se están reclutando no visten las insignias de la ONU, deberán al menos actuar bajo bandera y mando de la organización universal.

Confundida con la ayuda humanitaria se está hablando de un tipo de intervención militar que de hecho es otra cosa. El envío de un cuerpo expedicionario que ponga orden en Bosnia. ¡Loable objetivo! Pero, ¿qué orden? ¿Quién definirá qué objetivos políticos y qué estrategias militares? Se sostiene que se trata de detener la depuración étnica y las masacres. Pero, desgraciadamente, el reparto está prácticamente hecho y las depuraciones consumadas. Creo que la verdadera discusión sobre la intervención militar se hizo entre los poderes mundiales hace varios meses, cuando se inició el asedio a Sarajevo. Ya entonces se desestimó por la evidencia de "vietnamización" resultante. ("Coreización" sería más preciso, ya que la guerra de Corea fue por mandato de la ONU, identificándose a una de las partes como agresora y encomendándose a las fuerzas internacionales encabezadas por los Estados Unidos la misión de derrotarle.)

Mientras tanto, bosnio-musulmanes y croatas habían apostado a agudizar el conflicto confiando en una generalización que les sería favorable, y los serbios se habían apretado al resistencialismo salvaje. Ahora todos tienen dificultades para salir del enredo.

Es de temer que los actuales pronunciamientos sobre la intervención militar sean juegos de artificio, quizás animados por alguna campaña electoral y

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más basadas en mantener una cierta coherencia, que en una real operación.

9. La seguridad común. Al intentar establecer algunas conclusiones

generales, la más clara necesidad es la regulación del problema de las minorías. Toda Europa Central y Oriental, desde Lituania a Turquía, pasando por Rumania, Hungría, Checoslovaquia, Rusia y las otras repúblicas ex- soviéticas está atravesado de agudos conflictos de minorías nacionales, que amenazan la estabilidad mínima y la democracia en el post comunismo. Sin olvidar que esa cuestión tiene manifestaciones a medio resolver o mal

resueltas en la propia Europa Occidental. Pero el Oriente Medio está cruzado

de minorías nacionales o étnicas

África

manifestaciones concretas, es un problema general. En realidad, es el efecto que se deriva de la constitución de Estados Nacionales, que ha ocupado las energías políticas esenciales en la historia contemporánea.

Y los conflictos de Estados Unidos

Y

Y América Latina

Con mayor o menor virulencia en las

Está claro que no hay solución desde el uniteralismo, ni en el sentido secesionista ni en la imposición del uniformismo negador de la diversidad. Parece estar clara también la vía de la integración democrática basada en las garantías de un Estado de derecho y en el concepto de la igualdad no- discriminatoria de los ciudadanos nacidos en un espa¬cio dado.

Si bien el criterio democrático es necesario, no es suficiente sin regulación de garantías internacionales recíprocas. Al respecto, me parece que deberían recuperarse las doctrinas de la seguridad común o seguridad colectiva, que se elaboraron para el desarme entre los bloques en Europa. Doctrinas basadas en la cooperación y la consiguiente confianza, y no en la fuerza como mejor seguridad. En otras palabras, convirtiendo al posible adversario en socio. Todo un sistema de garantías recíprocas sobre las minorías podía establecerse para Europa, combinando el principio del reconocimiento de sus derechos con el del respeto a las fronteras, así como la permeabilidad de éstas.

10. Las fronteras. A propósito de doctrinas elaboradas en el período de la guerra fría, una ha sido especialmente desbordada: la que establecía la "intangibilidad de las fronteras". La CSCE consagró ese principio para Europa asociándole al de la universalidad de los derechos humanos y la democracia, mientras las NNUU lo hacían para otros continentes. En un caso, las fronteras surgidas de la II GM; en el otro caso, las fronteras del orden colonial.

El hundimiento estrepitoso del comunismo ha producido un proceso desordenado y vertiginoso de cambio de fronteras. En un año (1990-1991) se deshacen décadas de doctrina internacional: Alemania, URSS, Yugoslavia, ¿Checoslovaquia? La unificación alemana podría considerarse dentro del ámbito del principio de intangibilidad, al producirse por consenso

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de las partes y consenso internacional (este último con algún chirrido). Si bien hoy empieza a discutirse si aquello fue un acto precipitado, podríamos convenir que la situación sería distinta si se hubiera claramente establecido que se trataba de una excepción al concurrir circunstancias especiales.

¿Dónde está el momento a partir del cual se desencadenan negativamente dinámicas incontroladas? En mi opinión, con el golpe anti-Gorbachov en agosto de 1991. Recuérdese que se produce en la víspera de la firma del "Tratado de la Unión", proyecto que se convierte en la víctima política del golpe. El golpe destruye el difícil equilibrio globalizador y reformista que Gorbachov encabezaba. La confusión cambio de régimen- cambio de país se generaliza en una especie de fiebre desmanteladora enloquecida.

Un proceso más gradual, menos traumático sin poner como prioridad el cambio de fronteras, sino su relativización, quizás era muy difícil (hay quien dice que imposible), pero hubiera traído efectos mejores para la expansión de la democracia y desde luego para la paz. Creo que la historia no será benevolente con la alteración en 1990-1991 del principio de intangibilidad de fronteras que no puede sino restablecerse, una vez pasado el vendaval.

11. Nacionalismos y democracia. Se ha dicho que la proliferación de tendencias nacionalistas, al Este y al Oeste, es una consecuencia en la crisis de los Estados nacionales. Ciertamente, éstos experimentan el fenómeno de la internacionalización y ya no son los marcos absolutos y totalizadores de las relaciones políticas y sociales. Los Estados son demasiado pequeños

para unas cosas

transnacionalidad se combina con una nueva "autosuficiencia local". Pero los Estados (hablamos de los que surgen de la Ilustración y la Revolución Francesa) son también los marcos en '.os que se ha engendrado el concepto democrático y se han desarrollado los derechos civiles y la noción de ciudadano soberano. En cualquier caso la respuesta a la crisis actual de los Estados clásicos no está en el nacionalismo que se limita a proponer

¡nuevos Estados! No es en la proliferación sino en la superación de las monedas, los ejércitos y las fronteras nacionales donde se halla la solución democrática a la crisis de los Estados.

y demasiado grandes para otras, porque la

El rebrote del nacionalismo parece en contradicción con un mundo que se transnacionaliza aceleradamente. Creo que hay una explicación a esa paradoja. La internacionalización de procesos productivos, tecnología,

comunicación, cultura

política. De hecho, la crisis del Estado-nación resulta de la evidencia de que el marco a organizar políticamente es ¡el planeta! Aparecen entonces con mayor crudeza los desequilibrios y desigualdades que no se tolerarían

dentro "de la propia nación". Bien, la coincidencia de nacionalismo, el racismo, la xenofobia, en una palabra la proliferación del etnocentrismo es la resistencia a aceptar la internacionalización de la democracia, expresa el reflejo de mantener privilegios, a no compartir lo que se posee.

determina también la internacionalización de la

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La internacionalización de la humanidad empuja a un cierto "mestizaje universal" la resistencia a lo cual es también etnocéntrico. Pero si no hay "mestizaje" ¡no habrá democracia!, habrá un mundo transnacional con una organización política salvaje y violenta, llena de segregaciones, de apartheid. Aunque el nacionalismo históricamente haya estado asociado a la irrupción de la democracia, hoy el nacionalismo se contrapone a la expansión de la cultura democrática que sólo puede ser universalista.

Europa, origen de la democracia y los derechos civiles, tiene hoy la responsabilidad de expandirlos. Si alguna lección final extraer de Yugoslavia es ésta: menos geostrategia, menos reparto de zonas de influencias, y más promoción de la cultura democrática.

ANEXOS

Artículos de Josep Palau redactados con posterioridad a la conferencia de Valencia

YUGOSLAVIA Y LA ONU (Octubre de 1992)

El respeto a la decisión de la Asamblea General de la ONU debe ser absoluto dado su valor como institución mundial suprema. La Asamblea General no podía hacer otra cosa que tomar nota de la extinción sin herederos directos de la antigua RSF de Yugoslavia, salvo que se contradijera a sí misma y a la comunidad internacional habida cuen ta de decisiones anteriores tales como los reconocimientos previos, lo que hubiera dañado la credibilidad de la ONU.

Otra cosa es considerar los efectos concretos sobre el escenario de la guerra en Bos¬nia y de la crisis Balcánica en general. A corto plazo las consecuencias no van a ser positivas. La Conferencia de Londres estableció unas bases precarias y frágiles pero inéditas para la pacificación. Su esencia es el reconocimiento simultáneo por todas las partes de Bosnia-Herzegovina como entidad independiente y a la vez constituida por tres partes cuyos interlocutores deben negociar. La Conferencia facilitó la iniciativa de los partidarios del diálogo y la solución negociada en todas las partes y aisló a los partidarios de la continuación de la guerra en los tres lados. Estos han venido realizando en las últimas semanas provocaciones de las que las fuerzas de la ONU no han sido exentas y cuyo objeto era frustrar la perspectiva abierta en Londres. Bien, estos belicistas extremos encuentran ahora oxígeno; los extremistas serbios ven confirmada frente a Panic su tesis de que la comunidad internacional jamás escuchará los serbios; y las fuerzas bosníaco-musulmanas se sienten apoyadas en su estrategia de provocar la intervención internacional negándose sistemáticamente a la negociación. Pero en estas semanas no sólo ha habido provocaciones de los belicistas, sino también avances de los acuerdos de Londres (control de la

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artillería, de los centros de detención, etc.), y sus promotores pueden sentirse ahora debilitados.

¿Cómo conciliar la inevitable decisión de la ONU por razones generales y el necesario apoyo a Panic y a todos los partidarios de la negociación directa? En mi opinión, procediendo inmediatamente al reconocimiento como nueva entidad de la federación serbio- montenegrina. La prolongación del vacío y ambigüedad que resulta de la no representación internacional de un país contra su voluntad no puede ayudar de ninguna manera a la búsqueda de soluciones razonables. Hay que buscar simultáneamente una fórmula para el reconocimiento de Macedonia, sobre la base del consenso directo entre Atenas y Skoplje.

El largo tramo que irá desde un efectivo alto el fuego en Bosnia (que sólo puede ser resultado del acuerdo de las partes) y la paz duradera y estable debe ser garantizado internacionalmente, como en las zonas étnicamente mixtas de Croacia, pero con mayor intensidad y dimensión. Por eso la Conferencia Internacional no gubernamental sobre la paz en los Balcanes (Valencia 4-6 de septiembre pasado) propuso la fórmula de un protectorado de las Naciones Unidas para Bosnia y las zonas disputadas en Croacia. El protectorado aseguraría no sólo la interposición, sino también la desmilitarización progresiva, así como la administración básica garantizando los derechos humanos, el retorno de los refugiados, las no represalias y la convivencia interétnica.

A propósito de convivencia interétnica corresponde revelar que hace dos años en Tallin, capital de Estonia, tuve ocasión de sostener un fuerte debate con una dirigente ex-comunista convertida al nacionalismo actualmente Ministro de Gobierno de esa República; interrogada sobre la carencia de coordinación de estrategias entre el nacionalismo estonio y el reformismo soviético representado entonces por Gorbachov, la respuesta fue: "Lo que le ocurre a Gorbachov es un problema de los rusos, a nosotros sólo nos importa la autodeterminación de los estonios. Además, negociar con Gorbachov significa darle garantías sobre los rusos que viven en Estonia y que amenazan la pureza de nuestra nación". Se comprenderá que no me haya sorprendido la noticia estos días de la discriminación del 40% de ciudadanos de Estonia en las elecciones de ese país. La referencia viene a cuento de Yugoslavia porque los estados "étnicos" de raíz discriminatoria son las que se han impuesto como resultado de la ruptura de la ex- Yugoslavia. Y mas allá de las crisis abiertas militarmente, no hay estabilidad en toda la Europa tal y Sur-Oriental sin un sistema de seguridad colectiva que dé garantías reciprocas al problema general de las minorías. En otras palabras, la expansión genuina del sistema y los valores democráticos.

DE GINEBRA A LA PAZ (Diciembre de 1992)

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Por primera vez los tres bandos se enfrentan en todas las combinaciones posibles de ínea. Croatas y musulmanes en Bosnia Central; serbios y musulmanes en Bosnia Central y Sarajevo; serbios y croatas en Krajina. Parecería fácil deducir que las conversaciones de Ginebra han fracasado definitivamente ante semejante surtido bélico. Por el contrario, me propongo demostrar que tras esa revuelta superficie se esconden tendencias profundas al pacto, y que Ginebra volverá a la actualidad.

El ataque del ejército croata a las regiones serbias de la Krajina no tiene por objeto destruir las conversaciones de paz de Ginebra, aunque pueda complicarlo con efectos incontrolados. Por el contrario, hay que entenderlo como un reequilibrio interno croata precisamente porque se pacta con los serbios de Bosnia. Las autoridades de Zagreb están emplazadas a unas elecciones locales en las que desde la oposición se agita una supuesta debilidad en lo que llaman "territorios ocupados", y que se acompaña de agresividad hacia las fuerzas de interposición de NNUU. Convenía demostrar que la adopción de compromisos en Bosnia y Herzegovina no está reñida con la firmeza frente a los rebeldes serbios de la propia Croacia.

Por otra parte, los enfrentamientos en Bosnia-Herzegovina se producen de manera localizada y en función de los detalles más controvertidos del mapa propuesto por Vance y Owen. Son conflictos en la aplicación del plan no contra el plan. Fuerzas musulmanas en ciudades como Travnik se resisten a su ubicación en el sector croata, mientras croatas quieren imponer su autoridad como si el plan ya funcionara. Parecida dinámica enfrenta en Bosnia Oriental a serbios y musulmanes en lugares donde estos según el plan deben gobernar aunque hoy lo ocupen aquéllos.

No se pierda de vista el hecho esencial: las tres partes han adoptado ya los diez principios constitucionales para Bosnia-Herzegovina (BH) que pueden resumirse en tres: 1) BH es un estado reconocido internacionalmente como único; 2) BH es un Estado especial organizado en base al consenso permanente entre las tres comunidades étnico-religiosas que lo constituyen y que se distribuyen la administración del territorio, y 3) Los tres grupos constituyentes aceptan a un cuarto en discordia, sometiéndose BH a un cierto protectorado de las NNUU, que garantizará las vías de comunicación, el control de las zonas desmilitarizadas. Los principios significan la renuncia tanto a las anexiones parciales a Croacia o Serbia-Montenegro como a las pretensiones de que BH fuera un estado centralizado en el que el grupo étnico dominante en la capital pudiera imponerse estratégicamente sin consenso interétnico. Así, ni Karadzic ni Izetbegovic pueden presentarse como triunfadores. Quizás las cuentas salgan más redondas les salen a los croatas de Boban que obtienen casi todo sin ceder nada (esa "bula", expresión no necesariamente retórica en este caso, podría también explicar las actuales alegrías ofensivas croatas en todos los frentes).

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Lo importante es que existe un proyecto de orden político consensuado para Bosnia por primera vez desde la desintegración de Yugoslavia. Además, tanto los principios como lo esencial del mapa no tienen alternativa. Se

pueden prolongar las pugnas por enclaves y detalles, y con ello proseguir el sufrimiento; pueden incluso romperse formalmente las conversaciones; pudiera incluso agravarse todo de tal manera que se replanteara (para gozo de algunos) la internacionalización de la guerra; hasta producir¬se

, única paz posible sería tozudamente una y otra vez la misma que hoy se propone en Ginebra. No en balde las propuestas de Vanee y Owen son muy parecidas a las que en su momento hiciera el negociador de la CE Cutilleiro ¡antes de la guerra! Nadie tomó entonces en serio al ministro portugués, ni el gobierno de Sarajevo que se levantó de la mesa negociadora, ni la mayoría de gobiernos de la CE que no condicionaron el reconocimiento de Bosnia a que prosiguieran las negociaciones, ni los serbios de Bosnia les faltó tiempo para empezar a disparar (¡y de qué manera!), ni la opinión occidental que no parecía predispuesta a conceder al ibérico especiales habilidades. Y sin embargo, el señor Cutilleiro fue el único que acertó en aquel momento captando las tremendas fuerzas centrífugas que o se canalizaban o se expresarían caóticamente. Como así ha sido.

elementos concretos de intervención militar extranjera

y tras todo ello, la

No es el plan de paz sino la guerra lo que perjudica a los musulmanes. Estos obtienen tres veces más territorio que el que hoy controlan militarmente. No es creíble que puedan alcanzar más por medio de las contraofensivas bélicas que resulten de levantar el embargo de armas

, salvo que hubiera una implicación alta y abierta de países islámicos pero entonces Rusia intervendría a su vez, reequilibrándose todo de nuevo. Por otra parte, no es el plan de paz, sino la continuación de la guerra quien legitima las atrocidades y la limpieza étnica, las cuales cesan con la proclamación del armisticio e inmediato control internacional.

La interrelación entre la cuestión de las Krajinas y Bosnia nos recuerda que en realidad hay una guerra con varios capítulos, y no dos guerras distintas. Los serbios de Bosnia y Croacia son identitariamente compactos, siendo la Krajina croata y la Krajina bosníaca una unidad natural en la que cualquier frontera es puro artificio. La cantonalización de Bosnia es sólo una expresión amortiguada de la partición de lo esencial de ex-Yugoslavia entre serbios y croatas. Esa lógica ha producido ya un inmenso flujo recíproco de refugiados. Va a producir, a trompicones bélicos, un pacto en el que los serbios harán concesiones en la Krajina croata (especialmente en las zonas vitales para las comunicaciones entre Zagreb y la costa dálmata) a cambio de contrapartidas croatas en los corredores serbios en Bosnia (especialmente en el norte, vital para la comunicación con Belgrado y que corresponde a una provincia croata según el plan de Ginebra». De hecho, los nuevos brotes de guerra que veremos aún estarán asociados

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generalmente a las vías de comunicación, y se resolverán con el pacto básico descrito.

La partición serbo-croata, al final del proceso, habrá producido entre dos y tres millones de desplazados en un gran cambio demográfico. Lamentable consecuencia de la aplicación del etnocéntrico "derecho de autodeterminación" en un espacio multiétnico como el yugoslavo. No es casual que los argumentos de Karadzic en Bosnia ahora. ("sólo la imposición de los imperios o la dictadura comunista nos ha mantenido unidos") sean idénticos a los aducidos en 1991 para romper Yugoslavia. Por lo mismo. - es extraño que entre los que vieron la autodeterminación croata y eslovena como acto de "afirmación de la libertad frente al comunismo", abunden ahora los que dicen entender cada vez menos en Bosnia.

La guerra sólo cesará con el acuerdo negociado de todos los bandos étnicos. La pre¬sión internacional debe dirigirse equilibrada y proporcionalmente a forzar las negocia¬ciones. Pero la verdadera paz, profunda y duradera, tardará muchos años, décadas o generaciones, requerirá de otras mentalidades y otros dirigentes políticos: la verdadera paz será la reconstrucción de la convivencia laica e interétnica en todo el espacio yugoslavo y balcánico. Cuando la tolerancia, el sentido de globalidad y la seguridad común se sobrepondrán a los egoísmos y unilateralismos que hoy destruyen esa región.

MEDIACION, EN LOS BALCANES Y MAS ALLA (Enero de 1993)

La labor que Cyrus Vance y David Owen han desarrollado en Ginebra (como

antes, Cutilleiro, Carrington, Mc.Enzie

esencia de toda solución al conflicto bosníaco: la búsqueda de un arreglo político que concierte a las partes en conflicto a base de aproximar hasta conciliar las respectivas voluntades.

),

es difícil y delicada, pero es la

La mediación política es tan vieja como el empeño mismo de encontrar alternativas a la guerra. No es casual que los primeros movimientos pacifistas, datando del siglo pasado, se llamaban "sociedades de paz y arbitrio". Las grandes organizaciones mundiales, Sociedad de Naciones y ONU, nacen luego con ese propósito ya más institucionalizado.

No es ocioso recordar todo ésto ante la inclinación, demasiado abundante para ser ignorada, de tanto cronista y observador a despreciar la Conferencia de Ginebra. De "soporífera" la califica un reportero que a continuación se extiende en relatar las hazañas de su bando preferido (y desde luego que las metralletas ayudan más al insomnio que las conversaciones, salvo cuando conducen al sueño eterno.)

La mediación requiere esfuerzo mental y paciencia, tolerancia intelectual y vocación de aprender. Consiste en comprender las razones últimas de todos, ponerse en la piel de cada uno, analizar todos los factores en juego;

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sopesar, medir, explorar como actitudes permanentes. Y todo eso es demasiado complicado para ignorantes llenos de complejos de superioridad que prefieren aproximarse superficialmente a los conflictos y buscar rápidamente al culpable ("¿Quién es aquí el malo, que lo condeno?"). Debemos reconocer que el maniqueísmo ofrece explicaciones más sencillas, y la simplicidad casa mejor con las demandas informativas del gran público mundial.

Los que insisten en la intervención militar (con mayúsculas) contrapuesta a la mediación nunca explican qué orden resultaría en Bosnia de la acción bélica internacional ¿Intervención para imponer qué autoridad? Y es que la respuesta sólo puede ser ofrecida por la negociación entre las partes. Pero, más allá de Bosnia, nada fuera de la mediación puede ayudar en Kosovo; la mayoría albanesa y la minoría serbia se ignoran: desde políticos a ciudadanos de a pie, literalmente no se hablan ¿no es más útil aunque más ingrato tratar de superar esa incomunicación terrible que limitarnos a escoger simpatía? Singular razonamiento cabe hacer ante el conflicto entre eslavo-macedonios y griegos.

La presente reflexión cobra especial valor echando una ojeada al mundo y la variedad y alcance de los conflictos étnico-nacionales. ¿Vamos a buscar al culpable en cada uno de ellos, de naturaleza similar a los balcánicos? En Nagorno Karabakh ¿son culpables los armenios o los azeries? Luego, ¿osetios o georgianos? ¿georgianos o abjazos? ¿moldavos o rusófonos? ¿chechenos o rusos? ¿kirguses o tachikos? ¿tártaros o rusos?., ¿uzbekos o

mestetos? ¿turcos o kurdos? ¿hindúes o musulmanes? larga lista de los conflictos no bélicos aún pero casi.

Por no entrar en la

Parece más razonable que, si alguna doctrina y experiencia pretendemos acumular en este inseguro mundo post-bloques, sea en la construcción de arreglos globales en base a la negociación y a la mediación. En nada ayuda la obsesión culpabilizadora más propia de detectives que de constructores de la seguridad democrática internacional. Otra cosa muy distinta es la identificación personalizada de responsabilidades criminales que no deben quedar impunes. Porque, además, si nos empeñamos en la vía política del "chivo expiatorio", ¡los malos podrían llegar a ser más que nosotros!

CUATRO INEXACTITUDES DE EE.UU. (Febrero de 1993)

El anuncio urbi et orbe de un supuesto plan alternativo norteamericano levantó grandes expectativas en las últimas dos semanas, El peor efecto ha sido el recrudecimiento de la guerra real, casi detenida con las reuniones de Ginebra y reanudada en todos los frentes a partir de los rumores de desautorización americana a Vanee y Owen.

Finalmente, la iniciativa de Estados Unidos tiene mucho de retórica y persigue un saludable papel mayor de Washington en la aplicación del plan

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y, en absoluto, contra el mismo. Pero en el camino han quedado las descalificaciones vertidas que han deteriorado la imagen del plan, y consiguientemente, su fuerza pacificadora. Concretamente, Washington ha propagado cuatro inexactitudes que conviene rebatir.

Primero, que el "plan premia a los serbios y a su limpieza étnica al legitimar conquistas militares de éstos". Sin embargo, la distribución de las provincias se hace de acuerdo con las mayorías étnicas anteriores a la guerra. Así, de aplicarse el plan, los serbios administrarían sólo aquellos territorios de mayoría serbia y entregarían los territorios donde han impuesto su poder militar siendo de predominancia croata o musulmana.

Segundo, que "el plan perjudica a los musulmanes, quienes merecen el levantamien¬to del embargo de armas para que se haga justicia". Pero es impensable que una contra¬ofensiva militar musulmana que resultara de levantar el embargo pudiera obtener mejo¬res logros territoriales que los que el plan les concede. Esa hipótesis, completo giro bélico en el que los musulmanes ocuparían zonas de mayoría serbia, sólo es posible con la alta implicación de países islámicos emergentes, lo que aparecería como intervención extranjera. Rusia no podría quedarse al margen y la guerra de Bosnia se convertiría en la quinta guerra ruso-turca de la era contemporánea.

Tercero, que "el plan legitima las limpiezas étnicas y otras atrocidades". Pero es precisamente la continuación de la guerra lo único que permite las atrocidades. Es la guerra y no el plan de paz la que legitima el caos y las consiguientes bestialidades.

Cuarto, que "la opinión pública de los países árabo-islámicos amigos debe ser satisfecha". Loable propósito que encontraría mejores resultados si Washington presionara de verdad alguna vez a Israel para negociar con los palestinos (OLP incluida) una solución definitiva y profunda al conflicto de Oriente Medio.

Otro caso de limpieza étnica que ya dura cuarenta años y que es la verdadera llaga de las insatisfacciones árabo-islámicas con Occidente.