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Conferencia magistral “La memoria de Shakespeare” y los otros últimos relatos de Jorge Luis Borges Efraín Kristal 10 de Septiembre de 2010 Distinguido vicerrector Dr. Miguel Ángel Navarro, distinguido Mtro. Pablo Arredondo rector del CUCSH, distinguida Dra. Dulce María Zúñiga, coordinadora académica de la Cátedra Julio Cortázar, damas y caballeros:

Es un honor tener la oportunidad de dirigirme a un público tan distinguido con individuos con conocimientos literarios tan notables, y es también un honor poder dictar una conferencia sobre Jorge Luis Borges en el marco de la Cátedra Julio Cortázar, por la honda admiración que Borges siempre le testimonió a Cortázar. Cortázar, es uno de los grandes cuentistas del siglo XX y su primera obra maestra en éste género “La casa tomada” apareció por primera vez en 1946 en Los anales de Buenos Aires, una revista que Borges editaba por ese entonces. Borges le pidió a su hermana Nora Borges que leyera el relato e hiciera una ilustración especial que acompañara la publicación del relato en esta revista. Sintió gran orgullo Borges de haber tenido algo que ver con el inició de la carrera de Cortázar y lo admiró por el resto de su vida. Para Borges, Cortázar y Juan Rulfo, eran valores indiscutibles de la literatura universal y latinoamericana. Antes de comenzar quiero expresar mi gratitud a Don Gabriel Gómez por su generosísima presentación y por una síntesis que resume con precisión y que sin duda supera lo que traté de hacer con el curso. En estos días he tenido el privilegio de dictar este curso, en el marco de la Cátedra Julio Cortázar y no tengo más que agradecimiento y admiración por los asistentes, de quienes he aprendido muchas cosas importantes. Ha sido un privilegio tener la oportunidad de dialogar con tan magníficos conocedores de Borges. En el curso, trabajamos las traducciones de Borges que nos ofrecen una serie de pistas privilegiadas para comprender el proceso de creación de Borges. Borges consideraba que todas las obras literarias impresas, incluyendo las suyas, no son más que borradores que se deben seguir puliendo. En el curso, vimos cómo Borges modificaba las obras que traducía y cómo esas modificaciones le daban ideas para elaborar su propia obra de creación. Hoy me propongo una tarea más difícil, hoy dejo de lado la cocina de la escritura de Borges, para tratar de explicarles porqué me interesa la literatura de Borges más allá de su innegable maestría del lenguaje y de su maestría de esos tejes y manejes que son la base de la creación literaria. Deseo también explicarles, porqué los últimos relatos de Borges son particularmente importantes, sobre todo los últimos cuatro relatos que logró terminar antes de que falleciera en 1986 y que se han recogido en un breve libro con el título de uno de ellos La

memoria de Shakespeare. Pero también deseo hablarles de El libro de arena de 1975, un verdadero libro en el cual el conjunto es sin duda mayor que sus partes. Para empezar, querría decir un par de cosas sobre la recepción de ese libro, por parte de la crítica literaria, pero también por parte del propio Borges. Con frecuencia Borges decía que prefería El libro de arena a todos sus otros libros de relatos, en parte como una protesta a todos los críticos literarios que consideraban los trece relatos de esa colección como ejercicios de un escritor cansado, como ecos de obras superiores que un anciano, en las postrimerías de su carrera literaria, no estaba en condición de superar. Para estos críticos, aún los mejores relatos de esta colección, palidecían en comparación a cualquiera de sus relatos magistrales de las colecciones que había publicado en los años cuarenta: Ficciones y El Aleph. Borges en cambio insistía en lo contrario, desde que se enteró de opinión de sus críticos. En una entrevista, concedida meses después de la publicación del libro y en parte seguramente para responder a las críticas que le habían hecho dijo: “Sería mejor olvidar todos mis otros libros, que no son más que borradores de El libro de arena. Poco antes de su muerte Borges repitió la misma idea, en una entrevista que ha sido publicada apenas hace tres meses, al decir que todos sus libros de cuentos “son borradores que convendría olvidar”. Borges tenía una idea muy clara de sus logros, pero también de sus limitaciones como escritor, y ni lo uno ni lo otro, correspondía con la opinión negativa de los críticos para los cuales su obra tardía comprobaba su decadencia literaria, en vez de reconocer la grandeza de los relatos que lo hicieron famoso. Borges insistía en sus limitaciones y explicaba, que hizo verdaderos esfuerzos para rectificar esas deficiencias en sus ficciones más recientes. En público, Borges hablaba de su fama como una sorpresa agradable y no dejaba de dar a entender que la recepción crítica de su obra, basada fundamentalmente en los relatos de los años cuarenta, le parecía una curiosidad simpática. Para mostrar su discrepancia entre lo que él consideraba que eran sus logros y la recepción de su obra, le gustaba decir que Jorge Luis Borges no era nada más que una generosa invención de sus lectores y que su obra consistía en borradores que sus traductores tenían la responsabilidad de mejorar. El humor y la ironía de estas observaciones, desaparecieron en uno de sus últimos relatos, en el cual un personaje autobiográfico llamado Jorge Luis Borges hace la siguiente observación sobre el libro que él consideraba su obra maestra:

“Me tomaron por un torpe imitador de Jorge Luis Borges y de haber repetido lo exterior del modelo. El libro de arena es la colección más cuidadosamente elaborada y organizada de todos sus libros de cuentos. En este libro, Borges explora nuevos temas, pero también ofrece nuevas realizaciones de temas y procedimientos que ofrecen una luz retrospectiva a los relatos más famosos. Borges llega a grandezas aún mayores con La memoria de Shakespeare, libro póstumo publicado en 1989 por su viuda María Kodama, una colección de cuatro relatos concebidos en el

crepúsculo de su vida cuando Borges ya sabía que su salud se estaba deteriorando. Borges trabajó en estos relatos, con el mismo cuidado y esmero con el que componía y pulía poemas en su mente y que luego dictaba a sus amigos o a María Kodama para que los transcribiera al papel. Desde hacía ya más de veinte años Borges había perdido la vista del todo, por razón de una enfermedad congénita que había heredado de su padre y cuando había perdido la vista, solamente podía ver un color amarillo que alguna vez llamó el oro de los tigres. A Borges le tomó dos años para completar el relato de Shakespeare. Cuando un relato cuyo origen es una frase portentosa que le vino en un sueño: Te vendo la memoria de Shakespeare”. Los últimos cuatro cuentos de Borges superan el patetismo y la intensidad emotiva de cualquiera de sus obras anteriores, pero esta última colección ha recibido aún menos atención que El libro de arena. Se trata, sin embargo, de uno de los puntos más altos de su carrera literaria y su canto de cisne como escritor de ficciones. Las dos últimas colecciones, tienen mucho más en común la una con la otra que Ficciones de 1944 o El Aleph de 1949, hoy admiradas universalmente y con razón por sus complejidades deslumbrantes, su aura filosófico y la creación de un mundo de ficciones donde abundan los objetos imposibles, personajes con atributos sobrenaturales y extrañísimas circunstancias. Una de las grandezas de Borges y la razón por la cual se refería sus relatos fantásticos como ficciones es porque sus relatos fantásticos presentan situaciones, personajes y objetos que solamente podrían existir en el mundo de la imaginación, en un mundo ficticio, porque siempre hay por lo menos una situación, un personaje, o algún objeto que no podría existir en el mundo de nuestra cotidianidad. En estos relatos no se puede dar la ilusión de un mundo real, y sin embargo, Borges logra convencernos de que se trata de un mundo que nuestra imaginación podría aceptar como necesario. En las dos últimas colecciones de Borges el autor regresa al género fantástico después de haber escrito un par de cuentos realistas, pero lo hace de una manera más directa y menos rebuscada que en los relatos de Ficciones y de El Aleph. Borges no está simplificando su manera de presentar imposibilidades, en sus últimos relatos fantásticos, quiere presentar sus imposibilidades sin pretextos y sin subterfugios. Quiere ahora que sus invenciones hablen por sí mismas, que se presenten y se lean de manera más directa. Muchos lectores de los relatos más famosos de los años cuarenta estaban dispuestos a aceptar sus extravagancias narrativas, por las peripecias y estratagemas de un narrador que podía superar las expectativas de sus lectores con una serie de trucos como pueden ser los falsos comienzos, los narradores no dignos de confianza, los que tienen una comprensión limitada, tergiversada o perversa de situaciones inexplicables. Borges sabía dar a los objetos más absurdos con plausibilidad, los presentaba en historias con tal cantidad vertiginosa de referencias eruditas o apócrifas, con elementos fascinantes con los cuales la situación de vida o muerte en la que se

encontraban sus personajes, seducían a sus lectores hasta tal punto que lo persuadían de que lo imposible se tenía que aceptar. En relatos tan complejos y tan bien concebidos como “El jardín de senderos que se bifurcan” o “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” abundan las ambigüedades estudiadas y abundan también las lagunas lógicas y las contradicciones, por ello, estos relatos se prestan a una multiplicidad, apasionante, de incompatibles proyecciones filosóficas que suelen revelar más sobre los compromisos teóricos de los críticos de Borges, que sobre los relatos mismos. Los últimos relatos de Borges, no permiten esas proyecciones, con la misma facilidad, en ellos el lector puede apreciar las imposibilidades de Borges sin los subterfugios de los relatos anteriores y lo que el lector pierde es solamente el sentimiento de que la inteligencia de Borges lo ha derrotado. Lo que gana es la posibilidad de considerar las consecuencias de una serie de situaciones que solamente pueden suceder en el ámbito de la ficción. En “Utopía de un hombre que está cansado” por ejemplo, la imposibilidad de un viaje en el tiempo se presenta como un hecho para que el lector pueda considerar las implicaciones del encuentro entre un hombre de nuestro tiempo, con un hombre del futuro. Los últimos relatos tienen otras novedades, algunos de ellos se refieren directamente a la vida de Borges como escritor y a la recepción de su obra literaria, en algunos de ellos Borges transforma los prejuicios y las especulaciones sobre sus convicciones políticas y sobre sus insuficiencias sexuales en parodias dirigidas a su propia persona llenas de humor e ironía. En sus últimas dos colecciones la preocupación de Borges por el sueño, como una de las fuentes centrales de la imaginación literaria está muy presente. No es una coincidencia que después de que publicara El libro de Arena, publicara también El libro de sueños, una bella antología en la que examina la gran influencia que los sueños han tenido en la literatura universal. Se comprende que Borges incluyera “Ulrica” de El libro de arena en El libro de sueños porque varios de los relatos tienen una dimensión hondamente onírica. Después de la publicación de El libro de arena, y en parte por la decepción que les mencionaba que Borges sintió cuándo muchos de sus críticos y admiradores le insistieron que preferían los relatos anteriores. Borges se empeñó en explicar las deficiencias de sus relatos más famosos; explicó por ejemplo que había armado un tinglado tan complejo con el inmortal, que hacía falta un lector con la erudición de su querido amigo Alfonso Reyes y con los amplios conocimientos que Reyes tenía de las literaturas clásicas para darse cuenta de que el relato no es, como la mayoría de los lectores suponían, sobre un romano que encuentra a Homero después de haber bebido de las aguas de la inmortalidad, sino que el relato trata de Homero que olvida que compuso la Ilíada y la Odisea y que confunde su propia vida con la de un inculto soldado romano, que Borges habría despreciado, porque este soldado participó en la quema de la Biblioteca de Alejandría. También pensaba Borges que “La

muerte y la brújula” se podría reescribir para que sus lectores capten lo que para él era lo más importante y que él pensaba se había perdido en la lectura de la mayoría de sus lectores; que el relato es de un suicidio, el suicidio de un detective que sabe que la culminación de una investigación que requiere todos sus esfuerzos intelectuales será su propia muerte. Cuándo Borges criticaba sus relatos de la década de los años cuarenta, decía que su mayor defecto había sido su propia vanidad. Había querido ser brillante, había temido que sus lectores no aceptaran sus imposibilidades, que las tomaran como absurdas o como ridículas. Los fuegos artificiales de su prodigiosa imaginación protegerían a sus personajes inmortales, a sus personajes con memorias perfectas, a sus libros que podían transformar el universo y a tantas otras de sus invenciones extravagantes. Podía proteger a todas ellas de quienes pensaban que se trataba de invenciones ridículas por mucho que a él le parecieran ideas respetables. Hacía el final de su vida, ya no quería ser brillante, prefería experimentar con nuevas imposibilidades aún más complejas que las anteriores, pero quizás más dignas de la imaginación de todos sus lectores, como Borges le explicó a Antonio Carrizo en un bello libro de entrevistas Borges el memoriosos, publicado en México por el FCE: “Si la imaginación lo acepta, qué importa lo que la mera lógica diga”. En sus últimos relatos Borges sigue siendo uno de los más grandes maestros del género fantástico, pero su erudición y sus preocupaciones filosóficas han dejado de ser ocultamientos, como lo dijo Borges con mayor modestia: “En estos ejercicios de un ciego, quería ser fiel al ejemplo de H. G. Wells, quería reunir un estilo sin deslumbramientos con un lenguaje casi hablado y con argumentos o con objetos imposibles”. Cada uno de los relatos de El libro de arena es autocontenido, pero también están deliberadamente interconectados; algunos son variantes del mismo tema, “El espejo y la máscara”, “Undur”, “El Libro de arena” por ejemplo, exploran la especulación de Borges que un libro una oración o una palabra, pueden evocar un universo entero. Otro de los relatos comparte exactamente los mismos procedimientos literarios pero con temas radicalmente distintos; “El otro” y “Ulrica” por ejemplo, exploran la unión transitoria y la separación inevitable de dos personajes improbables que se encuentran en un sueño y los dos relatos son meditaciones oblicuas sobre la vida del propio Borges. “El otro” es una meditación de Borges sobre las vicisitudes de su identidad personal y “Ulrica” es una meditación sobre el amor no correspondido. Casi todos los relatos de este libro incluyen observaciones que tienen su razón de ser en el relato en que se encuentran, pero que enriquece algún otro relato de la misma colección. En su conjunto, los relatos de El libro de arena ofrecen una serena visión literaria de una vida consagrada a la literatura, a la historia y cultura popular del Rio de la plata, al interés de Borges por la filosofía, religión y mitología como fuentes inagotables para la imaginación literaria y a su fascinación por los sueños y por los estados oníricos. También crea nuevas parábolas

metafísicas inspiradas por una de sus influencias literarias más importantes, La piedra lunar de Wilkie Collins. En La piedra lunar la posesión de un objeto, que proviene de un lugar exótico y que tiene poderes sobrenaturales, se convierte en una maldición. Collins transformó el mito de Midas, en una fábula contemporánea y Borges celebró este acontecimiento para la literatura. La idea genial de Collins y pesadillesca, de un objeto mágico que lleva a quien lo posee a la perdición, fue perfeccionada por el escritor escocés Robert Louis Stevenson, otro de sus autores predilectos. El relato de Stevenson, El diablillo en la botella, fue una de las lecturas más importantes para comprender este procedimiento en Borges, en este relato, quien posea la botella con el diablillo, se le conceden todos sus deseos, pero esta botella mágica, tiene dos inconvenientes, el más serio de todos, es que su último poseedor, irá al infierno, y el segundo inconveniente, es que la única manera de renunciar a la posesión de éste objeto, es por su venta a un precio reducido. Borges tenía muy presente la idea de Collins y la variante de R. L. Stevenson, en una cantidad enorme de sus relatos en los cuales sus personajes pasan de la felicidad a la desdicha, cuando logran poseer algún objeto mágico que añoran, o cuando adquieren algún atributo imposible, como puede ser la inmortalidad, o la memoria perfecta, o cuando adquieren poderes que les permiten imponer su voluntad en el mundo natural o determinar el flujo del tiempo, o la capacidad de borrar el pasado. El libro de arenaes un título oportuno para una historia sobre un objeto imposible que trae una dicha inicial, pero luego una desdicha para sus poseedores. El libro de arena de Borges tiene un número infinito de páginas, pero no tiene una primera ni una última página. La numeración de las páginas del libro es irregular, una página impar puede llevar el número 40,514 y la siguiente 999, una vez que el lector cierra una página, jamás la podrá ver nunca más. El narrador del relato, un argentino, coleccionista de libros antiguos, compra el libro de un escocés (saludo a Stevenson), que lo había adquirido de un hombre analfabeto de la India (saludo a Wilkie Collins). El dueño analfabeto del libro le había dicho al escocés que, el libro se llamaba Libro de arena “porque ni el libro ni la arena tienen ni principio ni fin”. El narrador llega a entender que el libro infinito, sin comienzo ni fin, es así, porque siempre se interponían varias hojas entre las portadas y las manos como si brotaran del libro, un libro que no permite, una lectura continua, ni una lectura con cierre, Éste libro es un objeto pesadillesco, es un monstruo que corrompe la realidad. Hay lectores del relato, que lo consideran una repetición menos lograda de “La biblioteca de babel” un relato maravilloso y famosísimo de Borges que muchos de ustedes, estoy seguro, habrán leído. Pero estos lectores se equivocan. En “La biblioteca de Babel” hay un número apabullante de libros, porque es una biblioteca que contiene todas las combinaciones posibles del alfabeto en volúmenes de un número determinado de páginas. No hay un número infinito de libros porque el número de combinaciones posibles del alfabeto, en un número determinado de páginas puede ser

gigantesco, pero es finito. Eso dicho, una vez que esta biblioteca existe, no tiene sentido que se escriba ningún libro, porque todo libro posible ya ha sido escrito. Se acaba la labor del escritor. Es cierto que la mayoría de los libros de esta biblioteca imaginada contienen muchos textos sin sentido, pero, todos los textos con sentido, también se encuentran en ella. De modo que están todas las obras maestras de la literatura, está todo Cervantes, todo Cortázar, todo Shakespeare, todo Borges. El libro de arena”, no es una repetición de “La biblioteca de Babel, es un objeto mucho más pequeño, pero mucho más terrible. En “La biblioteca de Babelel lector tiene el derecho a la lectura continua, el lector tiene también la posibilidad de encontrar textos coherentes, y en esta biblioteca está toda la obra que el autor hubiese querido leer o escribir. “El libro de arena” no permite, ni la continuidad, ni la coherencia, no hay ninguna lectura posible de éste libro que sea satisfactoria, aún para quien pueda descifrar sus extraños caracteres en su pobre y gastada tipografía, la pesadilla del libro de arena, es mucho más intensa que la de La biblioteca de Babel” aunque Borges haya decidido presentar ese objeto sin los subterfugios ni los fuegos artificiales con los que presento “La biblioteca de Babel”. En el relato el dueño del libro considera la posibilidad de quemarlo, pero teme que el número infinito de sus páginas pueda sumergir al mundo entero bajo una asfixiante nube de humo. Decide dejar el libro en algún anaquel recóndito de la biblioteca nacional de Buenos Aires como quien deja una aguja en un pajar. Este relato recuerda las especulaciones de Borges entre la desproporción frustrante que siente todo lector apasionado entre lo que querría leer y lo que en realidad va a poder leer. Según Peter Sloterdijk, el filósofo alemán quizás más importante de nuestro momento, El libro de arena” es una penetrante imagen filosófica que nos hace recordar “que comenzar y comenzar desde el comienzo, son cosas sumamente distintas”. Sloterdijk nos recuerda que salvo en la ficción, como en el Tristan Shandy de Laurence Sterne, como en El tambor de hojalata de Gunter Grass, como en el Cristóbal nonato de Carlos Fuentes la memoria más aguda de un ser humano, no puede dar razón de ser de sus propios comienzos porque al igual que en “El libro de arena” de Borges no tenemos un acceso personal a nuestros propios inicios. Las observaciones filosóficas de Sloterdijk, inspiradas en el relato de Borges resuenan como una conversación en una confitería porteña al inicio del cuento La noche de los dones” en la que uno de los comensales insiste: “Nadie recuerda la primera vez que vio el amarillo o el negro, o la primera vez que le tomó el gusto a una fruta acaso porque era muy chico y no podía saber que inauguraba una serie muy larga”. “La noche de los dones” es también una exploración de los comienzos por el prisma de una serie de motivos degradados y decadentes que provienen de la literatura y de la cultura popular del Rio de la plata. Como el protagonista de Don Segundo Sombra de Ricardo Güiraldes, la novela más importante sobre el gaucho argentino, el

protagonista del cuento de Borges, es un adolescente que se inicia a la adultez con la ayuda de un hombre rural de las pampas. Borges transforma al sabio gaucho de Güiraldes en un insalubre labriego que lleva al joven a un burdel acostumbrado a las cruentas trifulcas de sus clientes. En el prostíbulo, el muchacho se encuentra con una serie de individuos que en realidad son los arquetipos de las tradiciones populares de Argentina, los que se convirtieron en la materia prima de su literatura nacional. Se encuentra con el primer personaje de la literatura argentina: con la cautiva, una mujer que ha regresado a la civilización después de un periodo de cautiverio con los indígenas de las pampas. Un personaje, en el relato de Borges, inspirado en La cautiva, el primer poema argentino, publicado por Esteban Echeverría en 1832 y en la cautiva de Martín Fierro de José Hernández, una obra maestra des siglo XIX hispanoamericano. Esa misma noche, el muchacho conoce a Juan Moreira, el legendario forajido de la cultura popular argentina. Poco después de la visita al burdel, el joven estaba seguro de que esa noche se había iniciado en la sexualidad con la cautiva y había sido testigo de la muerte de Juan Moreira abatido a tiros por un policía corrupto. Décadas más tarde el personaje no está seguro si sus primeros encuentros con la sexualidad y con la muerte, es decir con el comienzo y el final de la vida, fueron experiencias que tuvo realmente o que imaginó, pero puesto que la cautiva y Juan Moreira son arquetipos de la literatura argentina y ello transforma la historia de un individuo cuyas experiencias son arquetípicas, en una recreación entre angustiada y onírica de los comienzos nacionales de Argentina. Ven ustedes el cuidado con el que Borges ha hilvanado los cuentos de su Libro de arena. La imagen de El libro de arena es una alegoría de la situación del protagonista de La noche de los dones, que no puede recordar sus primeros encuentros con el comienzo y con el final de la vida, la sexualidad y la muerte, arquetipos de todas las mitologías, que se plasman en una historia que a primera vista es una evocación del mundo rural del Rio de la plata. El desencuentro entre la memoria del joven que cree haber experimentado la sexualidad y la muerte en un mismo día y el adulto que cree que estos recuerdos han sido mentiras en las que creyó de joven también apuntan a otro de los temas centrales de El libro de arena que veremos más adelante: el tema del otro cuando el otro es uno mismo. Otro de los relatos rioplatenses de El libro de arena es “Abelino Arredondo”, inspirado en un hecho histórico: el asesinato del presidente uruguayo Juan Idiarte Borda el 25 de agosto de 1897 por un miembro de su propio partido político. El narrador insiste en que la historia que está contando no es sobre los hechos tal y como sucedieron sino como él pudo haberlos soñado. Se trata también de una historia familiar porque el abogado que defendió a Abelino Arredondo en su juicio fue un ancestro del propio Borges. La historia es un acto de terrorismo perpetrado por un individuo aislado y es una versión iluminante también, una reescritura de “Emma Zunz”, otro

relato famoso de Borges. Al igual que Emma, Arredondo está determinado a matar a un hombre poderoso porque el asesino está convencido de que su víctima ha cometido graves injusticias. Al igual que Emma, su proyecto asesino es un secreto hasta que lo ejecuta. Al igual que Emma, el asesino no comprenderá sus verdaderas motivaciones porque está rayando en la locura y ellas tampoco serán comprendidas por quienes recuerden el hecho. Arredondo es un personaje lleno de contradicciones; es huraño pero anhela la compañía humana, es un librepensador pero es supersticioso, sus ojos son entre soñolientos y energéticos, es uno de los últimos protagonistas descendientes de una familia aristocrática venida a menos, y eso es un saludo indirecto a los protagonistas de Casa tomadade Julio Cortázar en un relato de Borges, es un individuo que deja como ellos el mundo rural de sus parientes, que se ha trasladado a la capital de su país y luego quiere ejecutar éste proyecto. Frecuenta una confitería cuyos clientes son pobres decentes y se enamora de una joven de una clase modesta. Decide aislarse para proteger a su novia y a sus conocidos de las repercusiones del crimen que está empeñado en cometer. Arredondo asesina al presidente y hace la siguiente declaración: “he dado muerte al presidente que traicionaba y mancillaba nuestro partido, rompí con los amigos y con la novia para no complicarlos, no miré los diarios para que nadie pueda decir que me han incitado. Éste acto de justicia me pertenece. Ahora que me juzguen.” Borges da a entender que hay un desencuentro entre el moralismo de su personaje y la humillación de una oligarquía caída, que es la fuente secreta de la locura de su personaje. El protagonista de Borges que añora el amor pero que no sabe amar, que busca la amistad, pero que no sabe comportarse como amigo es una figura patética, es también la imagen más interesante en la literatura de Borges, del fanático político. El desdoblamiento de un ser contradictorio es otro de los temas recurrentes de El libro de arena. Cobra un cariz autobiográfico en “El otro”, un texto que depende de la insistencia por parte del narrador en que no se trata de una ficción sino de una confesión autobiográfica. El narrador, llamado Jorge Luis Borges, recuerda una experiencia de 1969 durante una visita a Cambridge Massachusetts en la que encuentra a su doble, a su propia persona cuando tenía diecinueve años y era un estudiante de secundaria en Ginebra. El narrador dice que había querido olvidar éste encuentro para no perder la cordura, pero que no lo pudo hacer, y por ello, espera que su confesión pueda convertirse en una ficción para sus lectores y quizás también para sí mismo. El narrador no tiene ninguna ilusión de que esta experiencia que le ha aterrorizado vaya a conmover a sus lectores, que seguramente la van a considerar como un mero relato fantástico de Borges y no como uno de los buenos. En realidad el relato supuestamente autobiográfico de Borges, como la Dra. Dulce María de Zúñiga lo ha señalado, es una versión de un relato fantástico de Giovanni Papini intitulado “Dos reflexiones en un estanque”, donde

inexplicablemente un hombre se encuentra con su propio ser, como había sido hace siete años. Al comienzo está fascinado con el encuentro, pro cuando entablan una conversación, el personaje mayor se da cuenta de que no tolera la presencia del joven y llega a la conclusión: “Este joven ridículo, ignorante, alguna vez fui yo”. En el desenlace sorprendente del relato, el personaje mayor asesina a su doble. Borges reconoce su deuda a éste relato de manera directa. En su versión del relato de Papini, en su versión autobiográfica del relato, Borges mejora el cuento de Papini, elimina el asesinato y crea un relato que evoca el río de Heráclito, que siempre cambia siendo el mismo y oscila entre un registro autobiográfico y un registro onírico. La versión de Borges de su encuentro con su doble joven, puede ser leída como un sueño aterrador que el narrador ha confundido con sus despertares. Justo antes del encuentro, el narrador recuerda las grises aguas de un río que acarreaba largos bloques de hielo. El color gris en todos los cuentos de Borges, es siempre el color de los personajes que nacen de los sueños, como en “Las ruinas circulares” y también es el color al que Borges recurre para darles un tono de impersonalidad y de anonimidad a sus personajes más misteriosos. El joven reconoce que la cara del mayor tiene un parecido muy cercano con la suya, pero le parece muy extraña la cabeza gris de éste hombre mayor. Para probarle el hombre al joven que no está mintiendo el mayor le dice al joven algunas cosas que solamente el joven pudo haber sabido, como algunos de sus secretos más íntimos, entre ellos un libro de prácticas eróticas de los pueblos balcanos, que mantenía escondido en un estante de libros detrás de su ejemplar de Las mil y una noches. Dicho sea de paso, el protagonista de “El libro de arena” también escondió el libro terrible detrás de la sección consagrada a Las mil y una noches en la Biblioteca nacional de Buenos Aires y ésta pista por supuesto, es una invitación para ver otros vínculos entre estos dos cuentos de la colección. En el relato “El otro” Borges inventa versiones exageradas de su persona a partir de su propia autobiografía. El viejo Borges es aún más reaccionario y racista, que las peores acusaciones que se le hicieron a Borges de ser reaccionario y racista. El joven Borges es más de izquierda de lo que fue en su juventud. El joven Borges del relato, es un leninista que cree en la revolución armada y en el magisterio del comité central. Cree también que los poetas no deben ni pueden dar la espalda a la historia. El viejo Borges, se da cuenta de que el joven tiene entre sus manos una novela de Dostoievski y luego hace una alusión a El doble, del propio Dostoievski, una obra maestra sobre la locura de un personaje que se siente asediado por su doble. El viejo cascarrabias hace una observación despectiva de la novela, como un género literario inferior. Los dos, viejo y joven, son poetas, pero sus proyectos literarios no podrían estar más apartados; el joven está buscando nuevas metáforas explosivas mientras que el viejo busca la identificación de metáforas satisfactorias que la imaginación ya ha aceptado de antemano. Los dos son entusiastas de Walt Whitman, pero por

razones incompatibles. Encuentran una afinidad en su aprecio por un verso de Víctor Hugo que les gusta a ambos antes de interpretarlo y otra afinidad que es más profunda; saben que pueden tener diferencias pero se conocen como quien se conoce a sí mismo y por ello saben que no pueden engañarse, después de narrar su historia, el narrador llega a la conclusión de que el encuentro fue real pero que el joven Borges le habló desde un sueño que hace mucho tiempo había olvidado. La conclusión del narrador ciego, rayando como el personaje de Abelino Arredondo en la locura, es desmentida por la precisión imposible de su memoria visual del encuentro, porque era ciego y por otras contradicciones. “Ulrica”, como “El otro” es la historia de un encuentro lleno de tensiones. Aquí Borges explora los sentimientos de amor por un ser que es incapaz de expresarlos en la narración de un sueño durante el cual un encuentro sexual es el subterfugio de las insuficiencias emocionales del personaje. En éste cuento, que sucede en el condado de Yorkshire en el norte de Inglaterra, un reservado y célebre catedrático colombiano, que se especializa en la mitología nórdica se enamora perdidamente de una bella noruega que toma un interés por él. El catedrático, que es también el narrador en primera persona del cuento, promete ser tan fiel como puede ser a la realidad que ha vivido, pero esa promesa no tiene mayor peso, porque cree que la fidelidad a la realidad y a la memoria son la misma cosa. La pareja hace un paseo por un lugar que se llama Thorgate, es decir “La puerta de Thor” el dios del fuego de las mitologías germánicas, el catedrático, está seguro de que ha escuchado los alaridos de un lobo que prefigura el crepúsculo de los dioses de esa mitología. Ulrica le da a entender al timidísimo colombiano que está a su disposición para una relación íntima, pero también le dice que pronto morirá. Su vergonzosa indiferencia, la del catedrático, ante la revelación de la enfermedad de la muchacha, revela el narcisismo del hombre tímido, pero también la vitalidad de la joven. Antes de retirarse, la pareja juega un juego en que asumen los nombres de Sigur y Brunhilde, los amantes de “La canción de los nibelungos”. Puesto que el catedrático no tiene el coraje para declarar su amor, que siente por la muchacha, ni para tratar de comprender los sentimientos de la joven, su encuentro sexual es un fracaso emotivo. El epígrafe islandés, del islandés antiguo, del relato: “Tomó Agram su espada y la puso desnuda entre los dos” que se refiere a la espada que separa al caballero casto de la dama con la que está enamorado, es también la inscripción que Borges pidió que se inscribiera en su propia tumba. Un comentario que ilumina el cuento “Ulrica” está en “El otro”, en el cual un personaje insiste, que un episodio erótico en las “Hojas de hierba de W. Whitman en el que la voz poética dice haber tenido un sentimiento de dicha y de satisfacción, es una compensación imaginaria, de algún fracaso secreto: “el poema gana, si adivinamos que es la manifestación de un anhelo, no la historia de un hecho.”

En el epílogo de El libro de arena Borges dice que su cuento “La utopía del hombre cansado” es

el

más honesto y melancólico del libro, es una variante del tema borgiano de un suicidio deseado

o

del alivio que algunos de sus personajes sienten cuando esperan la muerte, como la de su

Minotauro en La casa de Asterión. En Utopía de un hombre cansado”, un hombre del presente, tiene un encuentro con un hombre del futuro, en un mundo que ha erradicado las enfermedades, las diferencias y la diversidad. El hombre del futuro no puede ser un alma afín a la de Borges, en toda su vida no ha leído más de seis libros y el futuro que habita no le puede ser

grato a Borges porque carece de bibliotecas. El hombre vive en una casa inocua que construyó él mismo y que es idéntica a todas las demás de su vecindario. Nada le sorprende, ni siquiera la aparición fantástica de un hombre del pasado. Nada le interesa, nada le nutre, nada le da placer, ni siquiera sus inquietudes artísticas. Es un pintor o había sido un pintor que experimentó con muchos estilos y que ahora no le satisface ninguno. Esta visión del futuro, carece de muchos aspectos del mundo contemporáneo que Borges encontraba desagradables. La publicidad, la política, la voluntad del lucro del capitalismo. Pero es también un mundo en el cual el amor y la amistad son consideradas como debilidades humanas. Los habitantes de éste mundo, que podrían vivir indefinidamente, han llegado al acuerdo, de que no hay razón para perpetuar la raza humana

y que valdría la pena considerar el suicidio gradual o colectivo de todos los seres humanos del

planeta. Si Borges dice que ese es su relato más honesto y melancólico, es quizás porque capta un ambiente que evoca el pesimismo de su admirado Schopenhauer. El hombre del futuro le ofrece

a su visitante del pasado un cuadro que parece perturbarlo, antes de llevar todos sus otros

cuadros al crematorio, donde ha elegido destrozar sus posesiones y terminar con su vida. En éste

mundo insípido y desagradable Hitler es recordado como el filántropo que inventó la cámara de

la muerte. El cuento de Borges retrata una utopía insalubre que genera fuertes añoranzas por las

imperfecciones del mundo imperfecto que nos ha tocado vivir. En “Utopía de un hombre cansado” un personaje dice que la Summa teológica de Santo Tomás de Aquino es una obra de literatura fantástica. Ésta observación es apta para el ingeniero de un cuento con el título en inglés “There are more things”. Éste personaje está interesado en las posibilidades literarias de la filosofía y de la teología. El ingeniero vendió su casa a Max Preetorius, un hombre misterioso que cierra la casa al mundo después de contratar a algunos arquitectos para rehacer su interior antes de abandonar Buenos Aires para siempre. Preetorius es una reencarnación de un personaje malvado que Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Cazares habían concebido para un relato detectivesco que nunca escribieron. Bioy Cazares recuerda la gestación de éste personaje en éste libro de diarios sobre Borges que salió recientemente. Los arquitectos creen que Preetorius está completamente loco, pero transforman la casa según sus indicaciones,

que consideran absurdas. El narrador entra en la casa y se da cuenta que la casa ha sido diseñada para un monstruo con el que se encuentra al final del relato. El narrador no necesita describir al monstruo para que lector sienta su presencia aterradora. Un pastor alemán es decapitado y mutilado cerca de la casa y el narrador asocia la palabra “Amphisbaena, el monstruo de dos caras que nació de la sangre de Medusa, con éste monstruo de Borges. El elemento más misterioso del cuento, un homenaje a los relatos de H. P. Lovecraft para quien lo fantástico requiere un elemento de terror, no es la naturaleza del monstruo, porque cualquier descripción disminuiría el terror que siente el lector que lo desconoce sino la relación que existe entre el monstruo y Max Preetorius, el hombre siniestro que había preparado la morada para la creatura en primera instancia. Mientras que El libro de arena es un conjunto de relatos autónomos, pero que se enriquecen enormemente cuando se leen pensando en el conjunto de sus temas, procedimientos y preocupaciones, La memoria de Shakespeare, no es un libro que Borges haya armado, se trata simplemente de los últimos cuatro relatos que logró terminar, pero Borges quería seguir escribiendo y murió con varios cuentos en ciernes. En éste libro, que salió hace un par de meses, Jean-Pierre Bernès editor francés de Borges que estuvo con él hasta su muerte, recuerda que Borges desesperadamente le quiso regalar los temas de cuatro cuentos que deseaba escribir pero que sabía que su cáncer no le permitiría terminar. De modo que los últimos cuatro relatos de Borges son textos autónomos y creo yo, que pueden representar una cumbre mayor de su producción literaria. En ellos desaparece el tono de ironía y de parodia dirigida a sí mismo en El libro de arena, son relatos de una honestidad brutal y de un apego sin concesiones al tipo de literatura fantástica que siempre quiso escribir. Son cuentos que ganan con su franqueza. Como el cuento 25 de agosto de 1983, su exploración aún más intensa del tema del doble autobiográfico. El relato sucede un día después del cumpleaños de Borges cuando el narrador, un Borges que ha cumplido 61 años, encuentra a su propio ser a los 84 años. El encuentro tiene lugar en un sueño. El menor se dirige a la habitación de un motel en Adrogué, que había sido frecuentado durante su infancia, pero que ya no existe, y en ese mismo hotel se encuentra con su doble. El Borges de 84 años acaba de tomar una dosis mortal de pastillas. Los dos hombres están en el mismo lugar, pero el Borges anciano está en su habitación de Buenos Aires, le parece gracioso que aunque está a punto de morir, sigue soñando con el tema del doble. Al Borges más joven no le sorprende el encuentro, porque había redactado un cuento con el tema de un suicidio parecido. El anciano Borges, le dice a su doble que él todavía no ha escrito su mejor poema y que pronto como sabe su futuro, se dará cuenta de que su supuesta obra no es otra cosa que una serie de borradores misceláneos y pronto cederás a la vana superstición y tentación de escribir un gran libro”. El

joven toma por sentado que nunca escribirá ese gran libro, pero el anciano lo desmiente. Le dice que lo escribirá pero que su gloria, será una gloria invisible; los reseñadores y críticos dirían que no es la obra del verdadero Borges, sino “la de un torpe imitador de Borges”. El Borges más joven es lo suficientemente lúcido como para saber que no le puede mentir a su doble, y es brutalmente honesto cuando le dice: aborrezco tu cara, que es mi caricatura, aborrezco tu voz, que es mi remedo, aborrezco tu sintaxis, que es la mía. El anciano le dice que eso también es lo que siente y que por ello tomó la decisión de darle fin a su propia vida. En una frase espectacular, que establece un juego complejísimo de múltiple regresos al infinito que Borges crea en este relato, el anciano, enfermo de amor, le dice al más joven, preocupado por su destino literario, que algún día va a escribir la historia que estamos leyendo y que creerá que se trata de un cuento fantástico. “Tigres azules” ofrece una vuelta sorprendente a uno de los temas más recurrentes de la narrativa y de la vida de Borges; la exploración de objetos terribles como subterfugios para experiencias que son demasiado reales. En el relato, un catedrático escocés (nuevamente un saludo a Stevenson), catedrático de lógica de las culturas occidentales y no occidentales que ha estado obsesionado por los tigres durante toda su vida, recibe la noticia de que en un pueblo más allá del Ganges existe un tigre azul, sueña con el tigre y cuándo llega al pueblo, los habitantes le engañan haciéndole creer que efectivamente existen tigres azules por esos lugares. En su búsqueda por el animal, el catedrático encuentra algunas piedras que inexplicablemente son exactamente del color azul de sus sueños. Inexplicablemente las piedras aumentan y disminuyen de número. En sus esfuerzos de comprender la lógica de estos cambios solamente logra con un patrón constante, que una piedra aislada no se puede multiplicar, pero tampoco puede desaparecer. Reza a Dios que le alivie de estos objetos imposibles que vencen su capacidad de comprensión. Se aparece entonces un mendigo que le pide todas las piedras, con leve irresolución le da todas las piedras y no se queda con una sola de recuerdo. El mendigo desaparece como en un sueño y el escocés siente que la pesadilla de las piedras azules está llegando a su fin, pero que esa pesadilla había sido un subterfugio para las verdaderas pesadillas de su vida, para sus verdaderas insuficiencias. No hay comentario más penetrante ni profundo a todos los relatos de Borges en los que aparecen objetos imposibles que el que aparece en el final de éste cuento. “La rosa de Paracelso” es una parábola de Borges como la de un fabulista mal comprendido porque su reputación ha ofuscado la naturaleza de su arte. En una entrevista que Borges concedió aquí, en México, hizo un comentario que resume una de las ideas más recurrentes de su literatura. “La realidad es inalcanzable por el arte, aunque el arte crea otras realidades” En éste relato el arte alcanza a la realidad pero por supuesto que lo hace en el marco de la ficción. Aquí Paracelso el

mago, el alquimista que supo transformar, según su reputación, el plomo en oro se encuentra con Johannes Griesbach, un joven que desea ser su discípulo. El sabio le trata de explicar al joven que en la búsqueda de la sabiduría, la búsqueda importa mucho más que los resultados. Pero el joven no quiere emprender la búsqueda hasta que el sabio le dé una muestra tangible, fehaciente del resultado. El joven había escuchado que el sabio podía llevar a cabo la resurrección de las cenizas de una rosa quemada en una rosa esplendorosa. Con insolencia, el joven arroja una rosa al horno, pero sus sentimientos de insolencia se transforman en piedad y en vergüenza porque cree que ha humillado a un viejo inofensivo, a un charlatán que vivía de una reputación exagerada. El joven se disculpa y se va. En su ausencia, el maestro articula una palabra mágica y de repente una rosa esplendorosa resurge de las cenizas de su horno. El miráculo de la historia solo puede suceder en una obra de ficción pero el hecho imposible, es quizás la imagen más conmovedora de Borges de los logros pero también de las limitaciones de la ficción como una compensación por la vida que nos ha tocado vivir. Y ahora empiezo a concluir. La memoria de Shakespeare es una meditación sobre el papel limitado de la memoria, el entendimiento o la voluntad en el proceso de creación artística. En el cuento Herman Soergel, un pedante estudioso de Shakespeare recibe un ofrecimiento imposible, alguien le ofrece la memoria de Shakespeare. Antes de ese encuentro, el estudioso había escrito trivialidades eruditas sobre Shakespeare, cuando adquiere la memoria de Shakespeare su comprensión de las piezas teatrales y de los poemas permanece tan convencional como la que antes tenía pero se le abre una ventana a un mundo, a un mundo estimulante, a un mundo que al principio lo fascina pero que poco a poco se convierte en una pesadilla, como con todos los otros dones imposibles en el mundo ficticio de Borges. Soergel se da cuenta de que la memoria que ha heredado tiene cavernas oscuras, llenas de asuntos que Shakespeare había querido olvidar. La obra de Shakespeare cambia para Soergel no porque pueda decir nada nuevo o interesante sobre ella, pero porque se empieza a dar cuenta de lo irrelevante que había sido su acercamiento al poeta cuando buscaba entenderlo con la mera erudición. Soergel se da cuenta por ejemplo que algunos textos de Shakespeare que le habían parecido descuidados eran efectos deliberados por parte de Shakespeare para darle espontaneidad a sus personajes. Soergel se da cuenta que Shakespeare, en el fondo, tuvo acceso a exactamente las mismas cosas que estaban al alcance de cualquiera de sus contemporáneos, pero “Él supo transmutarlas en fábulas, en personajes mucho más vividos que el hombre gris que los soñó”. Con una observación que compite con la concepción de plus de la memoria involuntaria el narrador de Borges dice “La memoria del hombre no es una suma, es un desorden de posibilidades indefinidas” Lo que está más allá de éste pedante crítico literario, es su inhabilidad, su incapacidad de transformar el desorden de las

posibilidades indefinidas en una realización persuasiva, o incluso en su habilidad de comprender cómo Shakespeare transformó esas posibilidades en su propia obra. La dicha inicial que Soergel sintió cuando heredó la memoria de Shakespeare se convirtió en un sentimiento de opresión y de terror de que podía perder su sanidad en la medida que su propia memoria se empezaba a confundir con la memoria del otro. El aprecio de la obre de Shakespeare no disminuye después de haber heredado la memoria, pero, y aquí está la grandeza de ese relato, se da cuenta de que él prefiere las cargas y los pesares de su propia memoria a tener que luchar con el peso de la memoria de otra persona y por ello decide renunciar a éste regalo imposible y regala la memoria de Shakespeare a otro individuo que tenía interés en ella. De las muchas maravillas de la obra de Shakespeare están esas obras teatrales en las que Shakespeare plantea una situación humana en un aquí que parece ser el aquí de la realidad, pero luego transporta estos personajes a otro lugar, a un lugar mágico lleno de fantasía como puede ser el bosque mágico del Sueño de una noche de verano, o la isla mágica de Prospero Miranda, Calibán y Ariel, en éstos lugares mágicos la imaginación contribuye a que los problemas demasiado humanos se comprendan de otra manera y quizás se resuelvan parcialmente. Cuando los personajes de Shakespeare regresan a sus mundos reales cuando la magia ha desaparecido, reanudan sus vidas llenas de conflictos y problemas, pero con el sentimiento de que el viaje a la fantasía les ha ofrecido algo que no tenían antes de haberlo emprendido. Creo que éste es un aspecto de Shakespeare que nos ayuda a comprender la importancia que la ficción tenía para Borges, sobre todo aquella que nos permite imaginar las implicaciones emotivas de lo imposible. Por ello, y con esto termino, creo que los últimos cuatro relatos que Borges logró terminar, son también los más importantes de su carrera como escritor, son su declaración más madura y más sabia sobre las compensaciones, pero también sobre los subterfugios de la imaginación literaria. Muchas gracias.