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FORMULAN DENUNCIA – INSTAN INSTRUCCIÓN

Sr. Fiscal:

María del Carmen Verdú y Daniel Truccolo, integrantes de

la Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional

(CORREPI), con domicilio real en Agustín Caffarena 84, Ciudad de

Buenos Aires; Gonzalo Pérez Álvarez e Hilda Fredes, integrantes

de la Coordinadora Contra la Represión de Trelew, con domicilio

real en Gales 643; Ezequiel Agüero, integrante del Movimiento

Independiente de Jubilados y Desocupados (MIJD), con domicilio

real en Juan de la Piedra, Manzana B, Lote 8 y Raquel Caprano,

integrante de la Asociación de Trabajadores de la Educación de

Chubut (ATECH), con domicilio real en Pasaje Garzón 10, Rawson,

todos constituyendo domicilio a los efectos procesales en Comedor

Universitario de la sede Trelew de la UNPSJB, al Sr. Fiscal nos

presentamos y decimos:

1.- Que habiendo tomado conocimiento de la comisión, en la

ciudad de Trelew, con fecha 28 de agosto de 2009, de delitos de

acción pública de extrema gravedad, todos ellos cometidos por

funcionarios públicos municipales, provinciales y nacionales, en

perjuicio de un gran número de personas, la mayoría vecinos del

barrio Dignidad, sin que hasta el presente se instruyera de oficio

investigación alguna al respecto, venimos a formular formal

denuncia y a instar la instrucción del pertinente sumario, sin

perjuicio de la posterior y oportuna presentación de los

damnificados directos como querellantes.

Concretamente, denunciamos a la totalidad del personal

interviniente, perteneciente al Departamento Ejecutivo del gobierno


municipal de la ciudad de Trelew; a la policía provincial; a la

gendarmería; al Sr. Juez de Faltas, Dr. Marcelo D. Gelvez; al Sr.

Intendente Municipal, Sr. César Gustavo Mac Karthy; al Jefe de la

Policía Provincial, Comisario General Juan Alé; al Sr. Ministro de

Gobierno y Justicia de la provincia de Chubut, Sr. Máximo Pérez

Catán y al Sr. Ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos,

Sr. Aníbal Fernández, en orden a las conductas criminales que infra

describiremos, y que consideramos constitutivas de los delitos

descriptos en los arts. 142 bis inc. 5º; 144 bis inc. 1º; 144 ter 1º

párrafo; 144 quater inc. 1º; 248 y 269 del CP (privación ilegal de la

libertad calificada; aplicación de tormentos; facilitación de la

tortura; incumplimiento de los deberes de funcionario público y

prevaricato).

2.- Tal como ha sido profusamente informado por los medios

de comunicación, en las primeras horas del día 28 de agosto de

2009, se desplegó sobre el asentamiento popular Dignidad, ubicado

en la ciudad de Trelew, un operativo conjunto de empleados

municipales, policías provinciales y efectivos de gendarmería

nacional, con el objetivo expreso de proceder a la violenta expulsión

de casi dos centenares de familias allí radicadas desde mediados de

junio de este año.

Cuando aún no había amanecido, comenzó el operativo

represivo que incluyó más de un centenar de funcionarios

municipales, equipados con topadoras, y todo el aparato policial,

con participación de la Policía Montada y de Infantería, bomberos,

otros grupos especiales, brigadas de motos, perros, cuatriciclos y

efectivos de distintas jurisdicciones, mientras, sobre la Avenida


Juan Domingo Perón, numerarios de gendarmería controlaban el

tránsito y aseguraban el perímetro.

Como es público y notorio, la intervención municipal/policial

culminó con docenas de apaleados, sin discriminar entre hombres,

mujeres y niños, tanto habitantes del asentamiento como de vecinos

que concurrieron a solidarizarse y socorrerlos, y una decena de

detenidos, posteriormente torturados en las dos comisarías (2ª y 3ª)

a las que fueron conducidos, hechos que, en algunos casos, ya han

sido debidamente denunciados.

Tanto en el momento de los hechos, como en días posteriores,

vecinos e integrantes de organizaciones que manifestaron su

solidaridad con los represaliados y que repudiaron el accionar

represivo fueron explícitamente amenazados por personal policial.

3.- Según surge de información oficial reproducida por los

medios de comunicación, formalmente se ha invocado, como fuente

legal de la orden de represión, la ordenanza 8634/2003, que

prohíbe “toda modalidad de asentamiento u ocupación ilegal de

terrenos baldíos de dominio público y privados en el ejido de la

ciudad de Trelew”, y habilita a la autoridad municipal, a través del

juez de faltas, a proceder al “lanzamiento inmediato, y de ser

necesario, con auxilio de la fuerza pública”. De tal suerte, la

cobertura legal del accionar represivo que arrasó casillas, incendió

otras, atropelló y apaleó personas, etc., es una norma que colisiona

violentamente con normas provinciales, nacionales e

internacionales de aplicación obligatoria por las autoridades, y viola

sin sutilezas los más elementales principios y garantías de las

personas.
Es más que evidente que una disposición municipal, bajo la

forma de una simple ordenanza, no puede prevalecer sobre el

derecho al debido proceso y la defensa en juicio, ni, mucho menos,

sobre derechos inalienables del ser humano, como su integridad

física y su libertad.

De nada sirve que quienes aquí son denunciados –

funcionarios municipales y provinciales- pretendan ampararse en

tal norma, absolutamente nula y contra legem.

La referencia, como fuente legal, a tal ordenanza, lejos de

legitimar el obrar de los autores materiales de los hechos

denunciados, revela que no fueron los únicos en cometer los

delitos imputados.

De más está decir que la Municipalidad de Trelew, ni su

departamento ejecutivo ni su consejo deliberante, carecen de

facultades legislativas para modificar o derogar leyes nacionales, ni

crear normas que las sustituyan. Aplicando un criterio

estrictamente jurídico, esta ordenanza, a la que nos resistimos a

llamar "norma", es nula de nulidad absoluta y manifiesta, contra

legem e inconstitucional, sin que exista argumentación alguna que

le pueda dar una pizca de legitimidad.

No puede ser calificada de otra manera, cuando habilita la

aplicación de una sanción de carácter penal, como es el

lanzamiento, sin el debido proceso penal, y por mano del aparato

policial provincial, habilitando a éste a ejercer violencia directa

sobre las personas.

IV. Párrafo aparte merece la resolución dictada por el juez de

faltas, Marcelo Gelvez, con aparente fundamento en la

inconstitucional ordenanza. Tal como surge del expte. 6380/09, el


magistrado municipal, invocando “razones de sanidad de la

población” y “protección del medio ambiente”, ordenó a los

funcionarios municipales y a la policía provincial que carguen,

como lo hicieron, sobre dos centenares de familias humildes, que

fueron atacadas en el marco de un operativo militarmente

concebido.

Carece de facultades suficientes un juez municipal, sin

perjuicio de la ilegal ordenanza invocada, para mandar a cuerpos

especiales de despliegue rápido, brigadas de perros, policía

montada, topadoras, etc., a literalmente arrasar con un barrio y

represaliar a sus habitantes.

Más allá de la supremacía del derecho a la vivienda por sobre

los estólidos argumentos basados en la “salubridad y el medio

ambiente”, el último punto de la resolución que denunciamos como

acto jurisdiccional nulo, y por ende carente de toda virtualidad para

habilitar el operativo criminal que se descargó sobre los vecinos,

muestra a las claras la intención represiva y el desprecio por los

derechos de las personas del funcionario. Con absoluta franqueza,

después de ordenar el puntual “desalojo”, sumando a los anteriores

inservibles argumentos el de la “paz social” (¿?), el funcionario

judicial “autoriza al DEM a proceder de la manera descripta en

situaciones análogas a la presente”. Semejante orden promiscua de

represión futura para cualquier caso en que el ejecutivo municipal

necesite reprimir ciudadanos no puede ser vista como otra cosa que

una grosera violación a los principios rectores del estado de derecho

y una concreta amenaza a la integridad física de la clase

trabajadora.
V.- La directa participación en el hecho de numerarios de la

policía provincial y de gendarmería nacional, unos participando

activamente de la comisión de delitos contra las personas, y otros

asegurando el perímetro y prestando así un auxilio esencial para la

consecución del ilícito accionar, hace directamente responsables, no

sólo a quienes efectivamente intervinieron en los hechos, sino a sus

superiores jerárquicos, jefes de las fuerzas y ministros provincial y

nacional del área, que no podían ignorar que estaban aportando a

sus subordinados para cumplir una orden ilegal, basada en una

pseudo norma carente de toda legitimidad.

Tal como los medios de comunicación locales han destacado,

no puede obviarse la evidente coincidencia del principal hecho

denunciado con el lanzamiento de la precandidatura presidencial

del gobernador Mario Das Neves, dato que permite afirmar, sin

duda alguna, que, más allá de la responsabilidad que imputamos al

gobierno municipal y la estructura policial, existió una clara

decisión política del gobierno provincial y el gobierno nacional,

basada en sus necesidades proselitistas, avalando lo actuado.

VI.- No puede soslayarse la simultaneidad del hecho motivo

de esta denuncia con otros tantos episodios represivos de similar

factura en distintos lugares del país, lo que acredita la existencia de

una creciente necesidad de los gobiernos nacional y provinciales de

profundizar el control y el disciplinamiento social sobre las grandes

mayorías pauperizadas, que día a día ven empeorar sus condiciones

laborales y materiales de vida de la mano del avance sostenido de la

crisis económica que se descarga exclusivamente sobre las espaldas

del pueblo trabajador.


Episodios como los ocurridos recientemente en Caleta Olivia

(Ruta 3) en perjuicio de trabajadores desocupados; fusilamientos de

gatillo fácil; la aplicación sistemática de torturas a personas

detenidas; la persecución y represión política a organizaciones de

trabajadores, etc., muestran a las claras que los acontecimientos

del pasado 28 de agosto en la ciudad de Trelew, lejos de constituir

un hecho aislado, no son ni más, ni menos, que parte de una

política de estado que se implementa nacional y localmente para

seguir garantizando los privilegios de un puñado a costa de la

sumisión de las grandes mayorías.

Es destacable, sin embargo, en la especie, la impunidad garantizada

por una disposición que aparenta ser una norma, que ni por origen

ni por contenido puede considerarse legítima, de la mano de una

resolución judicial no menos espuria. Pero esos “detalles” no hacen

sino dar el color local a una política que se despliega a lo largo y

ancho del territorio nacional, sea cual fuere el color del partido de

gobierno, pues su base es la defensa de los intereses de los

poderosos a cualquier precio –siempre que ese precio lo paguen los

trabajadores y el pueblo.

VII.- Por todo lo expuesto, solicitamos se tenga por formulada

esta denuncia y se instruya el pertinente sumario.

Proveer Conforme,

SERÁ JUSTICIA.-