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Universidad Nacional de Colombia

Facultad de Derecho, Ciencias políticas y sociales - Departamento de Ciencia Política TEORÍAS DE LA CULTURA POLÍTICA Presentado por: Silvia Daniela Ramírez Agudelo. Cod.: 622335

Jorge Alberto Jiménez Castro.

Cod.: 622339

Laura constanza Cruz Díaz.

Cod.: 622308

PROTOCOLO EXPOSICIÓN INTRODUCCIÓN ELEMENTAL A LA OBRA DE PIERRE BOURDIEU

Ref.: BOURDIEU, Pierre, Capítulos III, V-VIII, Capital y Campos Cultural y Política, Habitus en:

Introducción elemental, MORENO DURÁN Álvaro et. al, Editorial Panamericana, Bogotá, 2003 PP. 13 - 69, 71-89.

Breve Referencia bibliográfica de los autores:

Álvaro Moreno Durán, Sociólogo colombiano egresado de la Universidad Nacional de Colombia, Magíster en Modos de vida y políticas sociales, Magíster en Políticas y prácticas comparadas del desarrollo del Instituto de Estudios del Desarrollo Económico y Social de la Universidad de Paris, (Panthéon Sorbonne), Doctorado en Sociología de la Universidad de ParÍs VIII, posee una especialización en Estudios latinoamericanos de la Universidad sorbonne Nouvelle (Paris III).

José Ernesto Ramírez, Sociólogo de origen colombiano egresado de la Universidad Nacional de Colombia tiene un Magíster en Sociología de la industria y el trabajo otorgado por la Universidad Nacional de Colombia (Facultad de Ciencias Humanas) y un Magíster en Análisis de Problemas Políticos, Económicos y de Relaciones Internacionales Contemporáneos del Instituto de Altos Estudios para el Desarrollo del Ministerio de Relaciones Exteriores.

En cuanto a Pierre Bourdieu (Denguin, 1930 París, 2002), fue un filósofo francés cuyos mayores aportes y desenvolvimiento dentro de la vida académica se concentra en el área de la sociología. Fue parte de prestigiosos centros educativos como la Universidad de París (docente) y el Colegio de Altos Estudios en Ciencias Sociales. Fundó el Centro para la Sociología Europea. Su producción teórica bebe de las corrientes del estructuralismo, el constructivismo y la teoría crítica.

Tesis principales del texto:

La construcción teórica de Pierre Bourdieu tiene como base fundamental los conceptos de espacio social, campos, capital, habitus, legitimidad, estrategias, complementados por las nociones de homología, clases social, trayectoria social y violencia simbólica.

La perspectiva de la sociología de Pierre Bourdieu brinda herramientas pertinentes para el análisis de la realidad colombiana, en tanto Colombia se desenvuelve como sociedad compleja.

Argumentación:

1. Álvaro Moreno y José Ramírez para el abordaje de los planteamientos de Bourdieu desarrollan los conceptos que consideran fundamentales en su obra.

Así pues, inician con el concepto de espacio social, entendido como un sistema de posiciones sociales

que se definen unas en relación con las otras, poniendo de manifiesto la imposibilidad de posiciones aisladas y evitando caer en los errores nominalistas que creen que una función existe por sí misma independiente de otras. Entonces, este espacio social que es también sistema de diferencias se define dentro y en la oposición misma, expresándose en las prácticas individuales o sociales orientadas por valores establecidos en parejas de oposición que dan significado positivo o negativo a las cosas y prácticas (distinguido-vulgar, raro-común, etc.). Finalmente, los autores subrayan que tales sistemas de posiciones sociales se imponen a los agentes a través de códigos o leyes interiorizados por la costumbre, las creencias, etc. En este sentido, sostienen que “la «codificación» institucional es la más fuerte, puesto que de ella depende lo que se podrá denominar «orden social» que no es otra cosa, según Bourdieu, que un sistema global de «espacios sociales» constituido por el sistema de distancias que las separan.” 1

Sobre la misma línea argumental retoman el concepto de campo, sosteniendo que consiste en un sistema particular de relaciones objetivas de alianza o conflicto entre diferentes posiciones definidas socialmente. Este campo es específico y no puede confundirse con otros campos, pues tiene características concretas propias. En su actividad se distinguen recursos -sus características principales- que constituyen fuentes de poder para quienes los poseen en relación con quienes no. Estos recursos son de naturaleza económica, donde aparece el dinero; cultural en los que sobresalen títulos, diplomas, etc; finalmente social, ligados a la pertenencia a un grupo donde hay relaciones con agentes que detentan poderes específicos, como familia, nación, iglesia, etc.

En este marco, donde la actividad del campo supone la movilización de recursos, aparece el concepto de capital, explicado en una dinámica donde “todo campo es un mercado donde se produce y negocia un capital específico” , en correspondencia a las tres categorías de recursos señaladas: económica, cultural y social. En esta dinámica los capitales mantienen relaciones estrechas que los transforman y en las que se dan conversiones de un capital a otro –por ejemplo la compra de libros o el acceso a una universidad privada, donde se transita del capital económico al cultural-, las cuales pueden resultar ventajosas dependiendo de las tasas de cambio que varían según las condiciones del campo actuando como mercado, en el que se asignan precios a los capitales de acuerdo a la evolución de la oferta y la demanda al respecto. La acumulación en cualquier campo específico (social, cultural, económico) es inequitativa y se distribuye en los agentes según la posición ocupada, obedeciendo a la historia del campo y a la evolución de las luchas por la apropiación del capital. Finalmente, frente a esta desigualdad por la acumulación, concluyen que “las relaciones de dominación que se instauran necesariamente dentro de un campo del hecho de la desigualdad de distribución del capital, descansan en última instancia en las relaciones de fuerza que subyacen en las relaciones sociales.” . De este planteamiento surge la pregunta sobre ¿por qué los agentes se inclinan frente a la fuerza sin sentirse forzados? y desde la cual abordará el concepto de habitus.

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El concepto de Habitus se establece como una espontaneidad para adaptarse a las relaciones sociales que es adquirida de un saber que implanta el campo sobre los agentes, por esto el trabajo educativo tiene gran parte en la reproducción de las estructuras sociales. La adquisición de tales aptitudes y disposiciones a obrar, se da por la repetición de prácticas dentro de condiciones objetivas generadas, que permite su interiorización y reproducción. Esta inculcación sistemática crea rasgos de la

1 BOURDIEU, Pierre,Capítulos III, V­VIII, Capital y Campos Cultural y Política, Habitus en: Introducción elemental,MORENODURÁNÁlvaroet.al,EditorialPanamericana,Bogotá, 2003PP.14.

2 IbÍd.p.17

3 IbÍd.p.18

personalidad en los agentes, a lo que Bourdieu clasifica como disposiciones constitutivas, pues se incorporan a la propia persona. Estas disposiciones adquiridas para obrar, sentir, pensar, etc., constituyen el habitus: “se puede decir que el habitus es un haber que se transforma e ser, a tal punto que tenemos la impresión de haber nacido con estas disposiciones, con este tipo de sensibilidad, con esta manera de orar y reaccionar, con «maneras» y estilos que nos caracterizan. Por lo tanto estas disposiciones no son innatas ya que nadie viene al mundo con predisposiciones de carácter genético, de la avaricia o de la prodigalidad, de la generosidad, de la confianza o la maldad etc.4

El habitus, entonces, tiene dos niveles: en el primario se encuentran las disposiciones más antiguas que se creen innatas y dan rasgos a la personalidad del agente, quien lee sus nuevas experiencias en función de su hábitus primario, condicionandolas; en el secundario están las disposiciones adquiridas posteriormente, formada por la adquisición de capitales, como el escolar. En suma, el habitus es una estructura interna que se encuentra siempre abierta a la reestructuración.

Ahora es necesario señalar la concordancia entre la definición del habitus de Bourdieu y el concepto de esquemas de Piaget puesto que para ambos casos se concibe a estos dos elementos como producto de la experiencia que determina el quehacer y actuar de los sujetos dentro de cada campo en específico. No obstante la diferencia entre estos dos postulados radica en un sentido epistemológico, así, para el caso de los esquemas son concebidos como mecanismos biológicos innatos que producen los esquemas iniciales, y que aseguran luego su traspaso al plano del pensamiento consciente; para Bourdieu, en cambio son las modalidades de un funcionamiento social las que dan la forma al habitus, el cual también tiene la capacidad de ampliar su poder estructurante de las entidades representativas y conscientes” 5

En ese mismo interés por indagar en la razón del consentimiento de los dominados frente a la dominación que se les ejerce, pasan a tratar el concepto de legitimidad, como un proceso en el que el dominante reconoce su propia dominación y los diversos capitales que poseen los agentes dominantes, así como las contribuciones de los dominados en tales relaciones. Esta legitimación se da gracias a representaciones relativas a la realidad compartidas por cada agente en la relación de dominación, desde las cuales se asumen las posiciones en el campo. La importancia de este punto deriva en el papel del poder simbólico para toda dominación que no requiera caer a merced del ejercicio permanente de la violencia, donde las representaciones compartidas permitan justificar la dominación y hacerla aceptable y deseable. En sociedades evolucionadas los intelectuales cumplen este papel de fabricar y difundir representaciones ideológicas que justifiquen y den sentido al orden establecido, aludiendo a la fuerza del razonamiento sobre los agentes, aunque también se converge con justificaciones de orden religioso que aluden a la fe y la emoción, propias de sociedades tradicionales. En la construcción de la legitimidad también se enfrentan fuerzas sociales disputando el saber y los símbolos que puedan gozar de legitimidad. Así, la justificación del orden establecido descansa en una definición concebida como universal y eterna, constituyendo el capital simbólico que refuerza el reconocimiento social de los capitales ostentados por los dominantes. Desde este punto se transita al concepto de violencia simbólica elaborado por Bourdieu que asocia la imposición de una visión de la realidad que se legitima y se hace valer como universal y verdadera a pesar de ser producto de una realidad concreta e histórica que, como tal, vuelve completamente arbitraria esa lectura de la realidad. Así mismo, este dispositivo de poder se vale de la técnica del ocultamiento

4 Ibíd.p.20

5 Ibíd.p.29

que hace imperceptible la violencia que se se ejerce en la sociedad, y que conduce a la afirmación de una estrategia que se ejerce sobre todo en la esfera cognitiva de los individuos .

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Empero, en este punto es necesario profundizar en el que entender por símbolo según Bourdieu. Así para este autor los símbolos son instrumentos integradores de la sociedad que cumplen una función de comunicación y conocimiento para dar sentido a un orden social y por los cuales se establecen consensos y legitimidad a dicho orden social. De esta manera es posible lograr la cohesión de un colectivo ya no solamente a través de la administración de la violencia física sino por lo que el autor llama violencia simbólica elemento por el cual se instaura una serie de elementos denominados instrumentos simbólicos y que pueden ser entendidos como estructuras estructurantes es decir instrumentos de construcción de conocimiento y de la realidad, como también son concebidos como estructuras estructuradas es decir que son estructuras simbólicas son construidas con el fin de crear sentido y relación a los objetos.

En ese sentido se establece que los sistemas de símbolos son instrumentos en función de la dominación. Dentro de esta perspectiva las ideologías que se presentan en función de intereses universales y son legítimas responden en la realidad a interés de particulares de la clase dominante, es por tanto la lucha de clases o la lucha entre fracciones de clases una lucha simbólica en la cual se busca cada parte intenta imponer su visión del mundo y sus intereses sobre la otra, en otros términos “el campo de producción simbólica es un microcosmos de lucha entre clases y sirve a sus propios intereses en la pugna interna en el campo de la producción” 7

Finalmente, los autores abordan la noción de estrategias, que consisten en el cálculo racional de medios respecto a fines en la actividad de un campo para acrecentar su capital. Este cálculo se hace inconsciente gracias al habitus que opera como un potencial de prácticas adaptadas previamente, permitiendo que los agentes se orienten dentro del espacio social sin necesidad de hacer un ejercicio reflexivo. En este ámbito, el habitus se puede definir como sistema de competencias, tanto en el saber-hacer como en el derecho reconocido socialmente para ejercer tal saber-hacer; estas competencias constituyen una aptitud para emprender estrategias de acuerdo a la lógica del campo.

El dominio simbólico de la práctica consiste en la capacidad de generar prácticas no espontáneas, desarrollando en su lugar reflexiones, reglas y razonamientos formales explícitos que las sustenten; esto se da en la transición de habitus primario –capital original heredado-hacia habitus secundario donde obtiene un capital específico gracias a una nueva estrategia consciente que orientó su acción por voluntad, como resultado del encuentro con nuevos paradigmas. Así pues, cada agente por conveniencia debe adoptar la estrategia compatible con su posición, aceptada o no, dentro del campo. En este proceso de elección voluntaria, el agente inconscientemente interioriza sus necesidades -económicas- y las ve como elecciones, gustos: “La distancia de la necesidad, y luego el grado de libertad dentro de la escogencia, son evidentemente más grandes para los agentes provistos de capitales importantes que para los que están desprovistos de ellos.” . Entonces, la acumulación de diferentes capitales transforma las condiciones objetivas de existencia al modificar las relaciones de las fuerzas sociales.

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Las estrategias de los actores dominantes –gran burguesía- se caracterizan por la mesura, así estén en

6 Ibíd.p 51

7 Ibíd p.38

8 Ibid.p.25

posesión de medios de fuerza, puesto que el monopolio del capital simbólico y la legitimidad que le acompaña mantienen tal estatus social. Por otra parte la clase media –pequeña burguesía- actúa de forma ambivalente en una relación de defensa de la clase superior -también desde la dicotomía fascinación agresión hacia ella-, y de subordinación a las clases inferiores. Finalmente, los autores recogen la paradoja que plantea el enfoque del habitus, donde las prácticas son estratégicas al ser logradas, pero no tienen un objetivo con intenciones expresas, como ocurre con el gusto, puesto que la naturaleza misma del habitus hace que las prácticas sean razonables y no razonadas, al ser pura interiorización de estructuras objetivadas externas para la constitución de la subjetividad.

Otro concepto que se rastrea en Bourdieu es la homología, que refiere a la relación de “correspondencia entre dos posiciones equivalentes, más no idénticas, dentro de campos diferentes” 9 En tanto que espacios sociales definidos y específicos, los campos presentan un alto grado de diferenciación entre ellos en la medida en que cada uno desarrolla una dinámica que le es propia y que se ha construido históricamente. No obstante, un rasgo que atraviesa de manera transversal todos los campos sociales, es que en ellos se identifican dos polos de posiciones sociales, a saber, uno dominante y uno dominado.

Lo que se desprende de esta afirmación es que a pesar de que si bien Bourdieu transforma el abordaje de la relación de dominación en tanto la descentra, con esta acción no la elimina como categoría válida de análisis social, porque lo que hace ahora es trasladarla al ámbito de los campos, al interior de los cuales se manifiesta de manera jerárquica pero curiosamente no unidireccional.

Ligada al concepto de clase social se encuentra la categoría de trayectoria social que se utiliza para explicar cómo la posición de un individuo dentro de una estructura social definida por la existencia de estos grupos no es fija sino que por el contrario depende de su trayectoria individual y de la trayectoria colectiva del grupo a que pertenece. En estos términos, la posición del individuo en relación a su posibilidad de movilidad está determinada por “las fuerzas que confieren estructura al espacio” pero también por las propiedades tanto incorporadas (disposiciones) como objetivadas (bienes) que oponen los individuos a esas fuerzas como parte de su trayectoria individual 10

Lo que de esta afirmación se desprende es la “indeterminación” del individuo que aunque ciertamente sujeto a unas condiciones particulares, de igual manera reconoce un espacio flexible que hace posible la trayectoria individual.

Así mismo, el rescate de la dimensión colectiva para comprender la posición del individuo es una manera de complejizarlo pero también de enriquecerlo en la medida en que esa individualidad no se asume aislada sino que por el contrario no puede ser entendida sino es a partir de una colectividad que también la enmarca: Esta perspectiva permite un punto de encuentro entre apuestas analíticas disímiles que suelen por un lado reivindicar al individuo sin reconocer la colectividad o viceversa, de manera que se cae en determinismos que no necesariamente brindan un marco adecuado para el estudio de una realidad social que se muestra compleja.

Como tercer elemento, la trayectoria social que se abre a la comprensión de una posición del sujeto no estática en la estructura social hace posible entrar en el terreno de las luchas de los individuos y los mismos grupos sociales que giran entorno al origen de las distribuciones en el orden social (con

9 Ibíd.p.49

10 Ibíd.p.46

un trasfondo de relaciones de fuerza), la apropiación de los bienes escasos y la imposición de una visión que hace percibir legítimo ese orden de distribuciones . Cuando lo que se pone en debate es la misma clasificación de la posición social, ligada al orden de clase, se pasa no sólo sobre el terreno de la lucha de clases sino que se llega a las luchas de enclasamiento que apuntan precisamente a los procesos que cuestionan la relación desprendida de las dinámicas de trayectorias colectivas e individuales 12

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Llegados a este punto podemos observar que los conceptos de Pierre Bourdieu se entrelazan entre sí para estructurar una concepción de sociedad que retoma elementos teórico-conceptuales de diferentes enfoques pero que se armonizan en un entramado dinámico que se transforma conforme a las relaciones que establecen los agentes sociales (individuos) entre sí.

con lo anterior podemos afirmar la existencia de una relación entre Marx y Bourdieu en la medida en que ambos autores se piensan la dominación como elemento estructurante y constitutivo del orden social, lo anterior debido principalmente a dos razones: la primera refiere a la “imposibilidad a la imposibilidad de acceder a un entendimiento del espacio social, sin la evidencia de un antagonismo de clase” y la segunda ambos autores refieren a la desigualdad entre clases.

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Así, para Marx dentro de la sociedad capitalista la burguesía detenta la propiedad de los medios de producción y el proletario se ve obligado a vender su fuerza de trabajo, esto genera la explotación de la clase proletaria por parte de la burguesía lo que permite a su vez la producción de la plusvalía, así de acuerdo a esta estructura la burguesía no sólo ejerce una dominación económica sobre el proletariado sino que está también se traduce en dominación política, cultural social e ideológica; esta última es considerada parte fundamental de la superestructura y es reflejo de las relaciones económicas de acuerdo con los intereses de clase. De este modo para Marx “alimentando una falsa conciencia el proletariado participa de su propia explotación cuando acepta las representaciones erróneas del mundo que le propone la burguesía” ; es así como solo cuando el proletariado toma conciencia de su situación de explotación puede gestar la revolución, es decir pasa de ser una “clase en sí” a ser una “clase para sí”.

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No obstante es necesario señalar las rupturas que Bourdieu aleja de esta apreciación a partir del desarrollo de conceptos como de espacio social, medios de dominación y clase social. A esto se suma la ruptura con el economicismo marxista puesto que esta tendencia significa una reducción del campo social meramente al plano económico y a las relaciones de producción que determinan el orden social, otro elemento importante es la superación del intelectualismo ya que desde perspectiva se tiende a ignorar las luchas simbólicas “cuyos diferentes campos son el lugar que tiene por tarea de la representación misma del mundo social y específicamente la jerarquía en cada uno de los campos y, entre los diferentes campos. Las insuficiencias de la teoría de clases consiste en la incapacidad de dar cuenta del conjunto de diferencias objetivamente comprobadas, resultados del hecho, cuando se reduce el mundo social al solo económico, puesto que esta solamente se interesa en definir la posición dentro de las relaciones de producción económica, puesta que esta solamente se interesa en definir la posición social por la sola referencia de la posición de las relaciones de

11 Ibid.p.47

12 Ibid.p.47

13 BOURDIEU, Pierre, Capítulos II, Aproximaciones a las principales fuentes teóricas de su obra, en:

Introducción elemental, MORENO DURÁN Álvaro et. al, Editorial Panamericana, Bogotá, 2003 PP. 6

14 Ibid.p.5­6.

producción económica ignorando las posiciones ocupadas dentro de los campos y los sub-campos particularmente dentro de las relaciones de producción cultural, de tal manera que (excluye) todas las oposiciones que estructuran el campo social, y que son reductibles a la oposición entre propietarios y no propietarios de los medios de producción” 15

Empero la ruptura más evidente entre ambos autores refiere a la concepción de los bienes simbólicos así, para Marx la dominación simbólica se encuentra dentro de las relaciones de clase determinadas por el ámbito socio-económico mientras que la visión bourdiana tiene en cuenta las relaciones y la dominación simbólica por lo cual la lucha de clases es entendida por Bourdieu “de forma ampliada en las luchas simbólicas, bajo la forma de luchas de enclasamiento” 16

Ahora, en relación con Max Weber, Bourdieu retoma los conceptos de representación y legitimidad. En cuanto al elemento de la representación Bourdieu se alimenta de esta concepción Weberiana al entender que “el conocimiento de la acción social pasa por el sentido que el individuo le confiere” , lo cual deja de lado la existencia natural y objetiva de ciertos principios y valores constitutivos de la sociedad.

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En cuanto al concepto de legitimidad Bourdieu lo recoge ante la su afán de encontrar una explicación al mantenimiento de la autoridad política sin la necesidad del uso de la fuerza física. De este modo Bourdieu intenta encontrar el porqué del reconocimiento y la aceptación de la autoridad por parte de un colectivo sin la necesidad de recurrir a la coerción. Así se preocupa por explicar cómo los agentes construyen legitimidad con el objeto de “hacer reconocer su competencia, su status y el poder que poseen. Bourdieu identifico en su obra un mecanismo central a ese propósito consistente en la reproducción, por medio del cual se evidencian leyes de conservación de las leyes de distribución de capitales, apelando a la creencia de que el orden establecido es natural.” 18

Por último Bourdieu retoma a Durkheim en cuanto a su pretensión de tratar la sociológica como una ciencia. Puesto que Durkheim considera la sociología con el estudio de los hechos sociales que en su caso serán tratados como estructuras sociales entre los cuales se encuentran las reglas, normas, principios y valores que definen externamente el comportamiento de los individuos por medio del uso de la coerción aunque no necesariamente esta deba ser física.

En ese sentido los hechos sociales para Durkheim deben ser examinados como objetos, lo implica una diferenciación entre el sujeto que observa y el objeto el cual es observado al mismo tiempo que exige al observador dejar de lado las preconcepciones, valores, premoniciones o intuiciones que tengan sobre el objeto al cual estudia. Al mismo tiempo Durkheim afirma la necesidad de explicar los hechos sociales por los mismos hechos sociales, es decir, que los hechos sociales que se presentan son producto de otros hechos sociales que lo preceden. “En otros términos, para explicar un comportamiento es necesario buscar las condiciones exteriores que pesan sobre los individuos, y no hacer caso a las determinaciones biológicas” , por lo tanto las leyes objetivas rigen la realidad social, su orden y comportamiento. ahora, a partir de la teoría bourdiana hablar de la configuración de un orden social que implica todo

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15 Ibid.p.7.

16 Ibid.p.8.

17 Ibid.p.8

18 Ibid.p.9

19 Ibid.p.10­11

tipo de relación que sostienen los individuos entre ellos mismos y con su entorno, nos abre las puertas a preguntarnos por la cultura política y la lectura que de ella se puede hacer a partir de este autor. Asumiendo esta inquietud, afirmamos que la obra de Bourdieu es pertinente para un abordaje de la cultura política a partir del tema de la violencia simbólica, el habitus y los capitales.

En primer lugar, anotamos que en Bourdieu es explícita la idea de dominación que atraviesa la

manera como se estructura la sociedad, si bien los campos que la constituyen se organizan a partir de

la tenencia desigual de capitales cuya apropiación determina la posición de cada sujeto en referencia

a los demás. Por otra parte, el ordenamiento derivado es en parte resultado del ejercicio de una

violencia simbólica que busca la legitimidad de dicho orden, manifiesto en actitudes tendientes a la validación de comportamientos sociales en contextos específicos.

Con relación a la cultura política, asumir la puesta en marcha de una violencia simbólica se traduce en un determinante para la definición de la relación entre los sujetos con su realidad política. Si por un lado se puede plantear que la cultura política se entiende de manera unidireccional, el aporte de Bourdieu no sólo amplía esta dimensión al establecer más de un punto de enunciación sino que condiciona la interrelación enmarcada en un contexto histórico social dado. Lo anterior pone en situación una relación como la cultura política en tanto desde aquí es posible plantear la dificultad de asumir una posición reflexiva y autónoma cuando se plantea la posibilidad de que esa postura sea resultado de una configuración hegemónica impuesta y que interfiere en un ejercicio crítico. En otras palabras, no se trata de pensar solamente la relación de los sujetos de un grupo social con el sistema político sino de ver los elementos que intervienen en la constitución de dicha relación, cuáles la explican y cuáles la justifican.

Por otra parte, cuando se retoma el asunto de la distribución y apropiación desigual de capitales implícita en la dominación, esto nos conduce a la problemática del consumo que se vuelve transversal al ordenamiento social. En el fondo, pensarse la realidad a partir de la noción del consumo no es más sino volver sobre el punto de una configuración social que se desentiende del carácter social de la producción apropiada (que se consume) privadamente. En estos términos, la relación con el otro y con el entorno se vacía porque se limita al producto objetivo (que no material) de la relación sin demandar por los procesos de su generación, desconociendo así también causas a las cuáles apelar. De esta manera ignoramos cuan partícipes somos en la producción de lo que nos rodea, lo cual marca claramente la relación con esos productos. Esta afirmación, ligada a la noción de violencia simbólica puede complejizar los niveles de participación de una comunidad política en tanto lo que se pone sobre el debate es una exigencia en términos de lucha por el consumo de un producto que se apropia pero que no se asume producido. Si este tipo de situaciones se juega en un escenario donde la violencia simbólica es ‘efectiva’ porque legitima un orden de inequidad, la (no) demanda de transformaciones ubica finalmente a quien no se encuentra en el rol de dominación en un papel de pasividad.

No obstante cuando se pone de presente que esos capitales circulan y que parte de la configuración

de un campo está dada por la lucha entorno a su apropiación, es claro que la relación de dominación que de ellos es producto, se transforma: Aunque no de manera revolucionaria porque no se plantea

la disolución de este tipo de relación, es claro que se puede jugar con la posición que cada quien

asume precisamente porque los capitales se encuentran en circulación y disputa, tanto dentro de los campos como entre ellos mismos, lo cual diluye a la vez la concepción binaria, estática y unidimensional -economicista- de dominantes (encarnados en la burguesía) y dominados (proletarios). A partir de aquí, la lucha dentro del espacio social se vuelve pluridimensional e

identifica diferentes fuentes de poder definidas por características propias que son disputadas y contestadas por quienes se encuentran en una posición de dominación (subalternos). En medio de esta actividad, ellos a su vez transforman de manera consciente, por medio de estrategias, e inconsciente, sus prácticas de ser y hacer, lo cual se traduce en la constitución del habitus que se vuelve clave para explicar la cultura política de un determinado lugar, más aún sus adaptaciones y transformaciones por razones tanto endógenas como exógenas.

2. Los autores del texto establecen los aportes del sociólogo francés a través del abordaje de

elementos teóricos particulares que permiten un acercamiento a la que llaman compleja realidad colombiana. A la luz de estas categorías se abordan los casos del campo político y cultural, el concepto de consumo cultural, y el proceso de la formación y la estructura social colombiana.

En cuanto al campo político, resulta pertinente para los autores el análisis que realiza Pierre Bourdieu en tanto reconocen en primer lugar que los análisis políticos que se han llevado a cabo hasta el momento en Colombia presentan una serie de inconsistencias y equivocación (dadas las complejidades del terreno político del país) puesto que por una parte los estudios académicos han sido realizados por una élite de politólogos que no poseen los medios masivos de difusión de su trabajo, y por el otro vemos pues que bajo estas circunstancias la tarea del análisis de la política ha sido asumida por los medios de comunicación es decir programas de televisión, prensa o radio las

cuales se caracterizan por “la suspicacia y la ironía de lo caricaturesco y lo anecdótico como criterio de

análisis”

y el cual es el más difundido gracias a los medios de comunicación que según el autor muestran ante la opinión pública las opciones de acuerdo con sus intereses.

20 . En ese sentido vemos entonces que el análisis de la política que se ha hecho en Colombia

Ahora en cuanto al capital cultural el autor evidencia un conflicto en el proceso de inserción y apropiación de la modernidad en el país después de la época de la independencia. Así, a pesar de los esfuerzos realizados a finales del siglo XIX y principios del XX para la introducción y difusión de elementos modernizadores (educación, ocio, medios de comunicación, arte) “estos movimientos no logran lo que sí alcanzó a hacer la modernidad europea. No formaron mercados autónomos para campo artístico, ni consiguieron una profesionalización extensa de artistas y escritores, menos aún el desarrollo económico capaz de sustentar estos esfuerzos de renovación experimental y democratización cultural” , en ese sentido los esfuerzos hechos sólo alcanzaron a cobijar a una minoría de la población, una élite política que también posee el capital financiero y a la cual beneficia este conflicto entre modernidad y modernización con lo cual justifica suposición, preserva de su hegemonía y la imposición de ciertos criterios que a su ojos representan la modernidad en detrimento de otras concepciones culturales . A partir de aquí se da una diferenciación simbólica y se da una separación por un lado entre “el procedimiento tradicional administrado por el Estado (archivos nacionales, patrimonio nacional, museos), y por otra parte el moderno, que es auspiciado por las empresas privadas; en otro lado la división entre lo culto moderno o experimental para las elites y para las masas va quedando en manos de la iniciativa privada” 22

21

Respecto al concepto de consumo cultural que ha sido explotado en estudios latinoamericanos, éste se construye a partir de una realidad contemporánea que pone precisamente sobre el debate las configuraciones y transformaciones sociales que han tenido lugar a partir del desarrollo de procesos

20 Óp.cit.p.71

21 Ibíd.p.76

22 Ibíd.p.77

de consumo (interacciones materiales) en el actual momento del sistema capitalista, esto es, la etapa neoliberal.

Siendo que a través del consumo masivo y global de mercancías se llega a la cultura del consumo, donde la sociabilidad se reduce a esta actividad, la comprensión de la misma ha sido de interés para diferentes teóricos. No obstante, en este campo resalta la postura del antropólogo argentino Néstor García Canclini quien, acudiendo a la producción transdisciplinar del sociólogo francés como referencia obligada para abordar esta problemática, logra establecer que el consumo cultural instaura una diferenciación social en la medida en que los diferentes grados de participación en este proceso están fuertemente ligados a la posesión de medios para adquirir y consumir bienes:

“Basándose en Bourdieu, [García Canclini] plantea que el consumo puede verse como lugar de diferenciación social y distinción simbólica entre los grupos; y en las sociedades que se pretenden democráticas es el área fundamental para construir y comunicar las diferencias sociales” 23

Hablando de diferenciación social, de aquí se infiere que la cultura de consumo no solamente normaliza lazos de sociabilidad a través de la experiencia del intercambio y el consumo sino que también normaliza, o en otras palabras legitima una organización social que se caracteriza precisamente por la diferenciación mencionada líneas arriba: En reconocimiento de una sociedad que es ampliamente desigual por la acumulación de riqueza y la propiedad de los medios de producción por un pequeño grupo de personas, la capacidad de consumo que recae en gran medida en ese grupo se extiende como modo de vida y socialización que excluye a los demás individuos del cuerpo social. Por otra parte, añade García Canclini para la comprensión de la sociedad actual inmersa en una lógica de ‘neoliberalismo hegemónico’ que, este tipo de desarrollo trae como consecuencia una polarización aún mayor al interior de la sociedad de manera que el consumo para unos sectores, que se amplían cada vez más, se limita al grado de necesidad (consumo de bienes básicos) mientras que para otros el consumo es sinónimo de acceso a bienes estratégicos como la información y el espacio virtual, que hoy son sinónimo de poder y dominación .

24

A un nivel local, se registran otros trabajos como los de Sonia Muñoz que también adopta los

conceptos de Bourdieu en los estudios de consumo cultural para analizar grupos sociales en ciudad de Cali (Colombia), que posteriormente la llevan a interesarse en ver cómo las pautas de consumo que son a su vez sinónimo de posesión de algún tipo de capital se relacionan con la noción bourdiana de habitus.

Finalmente, tanto ella como García Canclini, en un aporte innovador a las teorías del consumo, trazan

la posibilidad de una lectura de las dinámicas del consumo cultural tomando en cuenta a los actores

marginados quienes se insertan en esa lógica no de manera pasiva sino que también producen y reinterpretan significados a partir de prácticas propias. En esta medida, el consumo cultural también puede jugar como estrategia de reinvención para estos grupos, no sin perder de vista las limitaciones que como ya se ha visto representa para estos actores.

En cuanto a la formación y la estructura social colombiana, los autores señalan que los aportes teórico conceptuales de Pierre Bourdieu permiten atender la realidad colombiana que no se explica a partir de la perspectiva del ‘dualismo estructural’ que por un lado sugiere una formación biclasista que opone burguesía y proletariado, y que en segundo momento marca una diferencia tajante en el

23 Ibíd.p.81

24 Ibíd.p.82

tránsito de lo tradicional a lo moderno. En efecto, en la medida en que el país no experimentó un proceso de “maduración del proyecto de sociedad industrial [esto ha significado] una sociedad estructurada discontinuamente, inacabada en su proceso de destradicionalización y con una fragmentación particular nítidamente distinguible” 25

A raíz de ello, un análisis de la sociedad colombiana se sirve mejor de los conceptos bourdianos

trabajados líneas arriba par entender su dinámica a partir del no desconocimiento de fenómenos internos como los cambios que ha presentado la estructura social, lo mismo que la guerra, el narcotráfico, marginalidad, entre otros.

Retomando la caracterización de la formación dicotómica de la estructura social colombiana, los autores se refieren a una estructura montada a partir de sectores hegemónico y marginal, ambos heterogéneos que dan cabida a diferentes grupos (salidos si se quiere de los múltiples campos sociales) que también se hallan atravesados por la lógica del consumo cultural mencionada anteriormente, pero que como elemento nuevo nos muestra esta lógica articulada a centros de poder que desbordan el espacio nacional: Desde aquí se identifican los elementos de dinámicas internacionales que intervienen en el plano local y que se involucran en la definición de apuestas en los patrones de consumo tanto de grupos hegemónicos como marginados. Para los primeros se refiere a un consumo y apropiación de estilos de vida lo mismo que el acceso a bienes tecnológicos, científicos y de conocimiento. Para los segundos es el rezago por la dificultad de acceso a bienes.

Conclusiones y críticas:

Señalamos que la propuesta de llevar sobre el terreno práctico el bagaje conceptual de Pierre Bourdieu, se traduce de alguna manera en una estrategia metodológica muy útil para aproximarse críticamente a realidades, como bien han sido llamadas, complejas. En esta medida, su apuesta teórica nos permite comprender la constitución de lo que llamamos orden social, y la concurrencia de conflicto o cooperación en este proceso de diversos espacios, campos, agentes, capitales, etc., movilizando así las prácticas cotidianas de producción y reproducción de símbolos y saberes, significaciones universales legitimadas y compartidas, que se disputan y monopolizan por agentes,

clases, y especialmente instituciones propias del saber, construyendo así la cultura política concreta de una sociedad, que se encontrará atravesada por las estrategias de los agentes para movilizar capitales simbólicos que además puedan ser convertibles en otros capitales, para la dinamización de

la relación de dominación por medio de violencia simbólica y no física en una sociedad concreta a

través de estas fuentes de poder que la hacen aceptable.

Para comprender el papel de los agentes en un orden social concreto es fundamental el aporte que los autores señalan de Bourdieu sobre la «naturalización» que los agentes suelen hacer de las prácticas, posiciones y funciones dentro del mismo, al acuñar el término habitus como esa espontaneidad inconsciente que orienta al agente en la dinámica social y que termina por constituir su subjetividad desde las objetivaciones externas adquiridas por costumbre, creencia, etc., siendo razonables pero no razonadas. Entonces, con el enfoque puesto en las comunidades subalternas, desde esta perspectiva se hace necesaria la concreción de estrategias reflexivas por parte de estos, de forma que las prácticas adquiridas choquen con nuevos paradigmas y se abran a la transformación, en vías de acceso a nuevos capitales diversos, especialmente a saberes y representaciones, que así mismo transformen sus condiciones objetivas de existencia que los posicionan dentro del espacio

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social, teniendo en cuenta que el grado de libertad dentro de la escogencia, es mucho más amplio para los agentes provistos de capitales importantes que para los que están desprovistos de ellos, pero aún más, que estos capitales y campos donde circulan, están siempre abiertos a la disputa.

Así mismo, siguiendo la línea de lectura desde las clases y grupos subalternos, resulta muy interesante observar que la propuesta de Pierre Bourdieu en efecto da cabida a la comprensión de una realidad social que aunque estructurada sobre desigualdades no se estabiliza sobre dos polos opuestos homogéneos donde uno ejerce dominación sobre el otro, sino que por el contrario abre los ojos a una realidad más bien heterogénea que permite a estos grupos subalternos una posibilidad disruptora que se afirma en la deslocalización del poder y en la capacidad de producción simbólica que los afirma como actores o como sujetos.

En cuanto al concepto de consumo cultural, es pertinente integrarlo a la comprensión de la cultura política en tanto no puede desconocerse, como ha mencionado Canclini, el papel que juega en la organización de una sociedad que tiene ‘al consumo’ como parte de su código de comunicación, y por lo tanto como función o elemento integrador de la misma. En efecto, la estructuración de pautas de consumo cultural que reflejan una organización social donde el acceso a bienes (capitales) es desigual y restringido, y que al mismo tiempo tienen incidencia en los procesos de configuración de los habitus, es clave para comprender la formulación de elementos como valores (preguntándonos en primer lugar por el tipo de valores) para hacer un salto desde aquí a la relación que sostienen los grupos con su entorno, el cual incluye al sistema político. Algunas de las preguntas que necesariamente surgen son cómo se configuran o cómo se relacionan las pautas de consumo en términos de demandas de la población y respuestas del Estado; cómo la relación o respuesta que se espera por parte de las clases subalternas no obedece únicamente a un consumo pasivo sino a procesos de resignificación que parten de ellas mismas ligadas a la noción de habitus; entre otras.

Bibliografía:

BOURDIEU, Pierre, Capítulos III, V-VIII, Capital y Campos Cultural y Política, Habitus en:

Introducción elemental, MORENO DURÁN Álvaro et. al, Editorial Panamericana, Bogotá, 2003 PP. 13 - 69, 71-89.

OLLION,

Etienne. Pierre Bourdieu. Oxford bibliographies. [Consultado en:

http://www.oxfordbibliographies.com/view/document/obo-9780199756384/obo-9780199756

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