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HISTORIA

ANTROPOLOGIA

29

AÑO

2003

Y FUENTES ORALES

HISTORIA ANTROPOLOGIA 29 AÑO 2003 Y FUENTES ORALES Cinismo y Política 3ª ÉPOCA

Cinismo y Política

HISTORIA ANTROPOLOGIA 29 AÑO 2003 Y FUENTES ORALES Cinismo y Política 3ª ÉPOCA
HISTORIA, ANTROPOLOGÍA Y FUENTES ORALES Revista Semestral del Seminario de Historia Oral del Departamento de

HISTORIA, ANTROPOLOGÍA Y FUENTES ORALES Revista Semestral del Seminario de Historia Oral del Departamento de Historia Contemporánea de la Universidad de Barcelona, Arxiu Històric de la Ciutat y Centro de Investigaciones Etnológicas «Ángel Ganivet». Su objetivo es ser un medio científi- co, abierto y crítico a las aproximaciones de distintas disciplinas y a la diversidad de métodos de análisis social, dirigida principalmente a historiadores, antropólogos y a investigadores que trabajen con fuentes orales.

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HISTORIA

ANTROPOLOGIA

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HISTORIA ANTROPOLOGIA Y FUENTES ORALES

29 Cinismo y Política

Cinismo y Política La reacción en cadena. Jean François Billeter

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El mercado de las ONG. Joan Picas Contreras

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La reunificación de Alemania: Polémicas e interpretaciones.

 

Alexander von Plato

 

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Poder y resistencia en el sindicalismo rural de Brasil.

 

Antonio Torres Montenegro

 

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Nacionalcatolicismo y religiosidad popular (1939-1953). Un análisis de

 

documentación fotográfica. Emilio Luis Lara López

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Utopía en acción Utopía y recursos expresivos en La civilización más allá de la escritura, de Mihai Nadin. Frederic Chordá

 

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El activismo por los derechos civiles como construcción de la identidad de una mujer blanca en Georgia. Kathryn L. Nasstrom

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Divergencias entre testimonios e historiadores

 

Anciens résistants e historiadores. Pascale Baboulet-Flourens

 

143

Problemas éticos y testimonios históricos. Almut Leh

 

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«Imágenes que hablan». La fotografía en la investigación de campo.

 

Joana Bahia

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Agenda

XIII Conferencia Internacional de Historia Oral: Memoria y Globalización

 

(Roma, Italia, 23 a 26 de junio de 2004)

 

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Resúmenes-Palabras Clave / Abstracts-Keywords

 

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Cinismo y política

La reacción en cadena*

Jean François Billeter

Jean François Billeter fue profesor de Estudios Chinos en la Universidad de Ginebra. Después de dejar la enseñanza, intentó hacer balance de la situación de la China, cuya agitada evolución había venido observando a lo largo de cuaren- ta años. Publicó sus puntos de vista en una breve obra titulada Chine trois fois muette. Essai sur l’histoire contemporaine et la Chine, suivi de: Bref essai sur l’his- toire chinoise, d’après Spinoza [China tres veces muda. Ensayo sobre la historia con- temporánea y la China, seguido de: Breve ensayo sobre la historia china, a imitación de Spinoza] (París, Allia, 2000, 146 ps.). En esta obra, a fin de situar las transformaciones recientes bajo una perspectiva que las haga inteligibles, Billeter aborda un análisis más amplio de la historia con- temporánea (Introducción y Capítulo 1). Dicha parte general, que a nuestro pare- cer reviste un gran interés en sí misma, es la que ahora presentamos a nuestros lec- tores, seguida de algunas de las conclusiones del autor, que completan su análisis y tienen asimismo un alcance general. El autor considera que para poder incidir sobre

el

curso actual de los acontecimientos, es preciso conocer el pasado y distanciarse de

él

por medio de la crítica; que esta es la única manera de poder llegar a conocerlo de

verdad; que la acumulación de conocimientos y críticas parciales no puede sustituir

al tipo de reflexión que él propone, referida a la totalidad del fenómeno. J.F. Billeter ha mantenido el texto en su forma original (1999) e invita al lector

a que a su vez aplique el instrumento de análisis que aquí ofrece a los aconteci-

mientos más recientes –y tan espectaculares– de la «reacción en cadena». Por otra parte, considera que su presentación de la situación china actual (que no se inclu- ye aquí) necesitará una clarificación y profundización en determinados aspectos.

Introducción China está cada vez más presente en el mundo y, al mismo tiempo, como quien dice, ausente. No escuchamos su voz. Nos hace pensar en una persona encerrada en su silencio o que sólo pronuncia comentarios convencionales, y nos

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*. El texto de Jean François Billeter que publicamos es una reelaboración realizada por el autor, bási- camente de la introducción y conclusiones de su obra titulada Chine trois fois muette. Essai sur l’his-

toire contemporaine et la Chine, suivi de: Bref essai sur l’histoire chinoise, d’après Spinoza, París, Allia,

2000.

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Jean François Billeter

priva con ello de los medios para saber quién es. A esto me refiero cuando hablo del mutismo de China. El sentimiento de incomprensión resultante se atribuye a menudo a una

Los sinólogos se

sitúan en esta línea cuando nos explican que China es otro mundo. Los pro- pios chinos se expresan con frecuencia de manera parecida, tanto en la con-

versación cotidiana como en el discurso académico o en la propaganda oficial. Sin embargo, nada de todo ello resulta realmente convincente. El malestar subsiste.

En mi opinión, dicho malestar se debe a que no se dicen algunas cosas y no se

psicología distinta, al distanciamiento cultural, a la historia

dicen porque no se conciben, ni en China ni en otros lugares. Por consiguiente, voy a intentar concebirlas y decirlas, lo mejor que pueda y con los medios a mi alcance.

En mi empeño me guiaré por los siguientes principios: en primer lugar, con-

sidero que no se puede entender lo que está ocurriendo actualmente en China sin haber entendido antes lo que está ocurriendo actualmente en el mundo. En segundo lugar, considero que la única manera posible de hacerse una idea del pre- sente en el mundo es entenderlo como un momento de la historia. En tercer

lugar, considero que, en este caso particular, es preciso tomar en consideración alrededor de seis siglos de historia; esta escala está asociada a la naturaleza de los hechos que se trata de aprehender. Voy a interpretar este periodo histórico, ya que no es posible hacer historia sin interpretar. El valor de mi interpretación deberá ser juzgado por el número de hechos que permitan reunir y el grado de inteligi- bilidad que cree. 1

Mi idea rectora es que en el Renacimiento se puso en marcha una reacción en

cadena no controlada. Dicha reacción en cadena primero fue local, luego se exten- dió a Europa y después, al resto del mundo. Al principio tuvo efectos positivos, que fueron haciéndose problemáticos y acabaron siendo catastróficos. Esta reac- ción continúa desarrollándose en la actualidad ante nuestros ojos. Para com- prender este fenómeno sin precedentes, es preciso captar la lógica de su evolución

1. A decir verdad, más que la idea de la interpretación, me ha guiado la del retroceso. Pensaba en Pascal: «Si se considera la propia obra inmediatamente después de haberla realizado, aún estamos lle- nos de prevención; si ha transcurrido demasiado tiempo, ya no entramos en ella. Lo mismo sucede con los cuadros cuando se ven desde demasiado lejos o desde demasiado cerca; y sólo existe un punto indivisible que es el lugar verdadero» (Pensamientos). Buscaba ese punto desde el cual resulta visible un conjunto. El punto que se me impuso es más distante que aquel en el que se sitúan habitualmente los sinólogos. Ofrece un espacio más amplio y un tiempo más largo a la vista. También es más dis-

6 tante en el sentido de que se sitúa de este lado de las diferentes disciplinas que actualmente se prac- tican de manera separada. Una vez encontrado este punto, la dificultad fue más bien del orden de la composición. Espero haber encontrado el modo de comunicar mi visión al lector. Tampoco es evidente que se pueda captar el presente entero como un momento de la historia. En este aspecto, me he dejado guiar por una idea concebida por Hegel y que Marx retomó e hizo suya:

la de la totalidad. Ésta invita a aprehender el mundo como un todo que no cesa de transformarse, que es inteligible a partir de la transformación que opera en él y sólo resulta verdaderamente inteli- gible así: como un todo y como transformación. No se puede comprender ni por analogía con momentos superados, ni a través de hechos o series de hechos aislados, por numerosos y diversos que éstos sean.

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La reacción en cadena

y

percibir al mismo tiempo la forma particular de inconsciencia que ha generado

y

ha mantenido. Se trata de una reacción en cadena no controlada porque sus pro-

tagonistas no tuvieron conciencia, y actualmente tienen menos conciencia que nunca, de la forma en que funciona. Esta reacción en cadena sólo se podrá dete- ner cuando su mecanismo de funcionamiento se reconozca de forma generali- zada. Es un mecanismo difícil de captar porque tiene como base una relación. La dificultad es doble. Una relación no es una realidad tangible, sólo es accesible a través del pensamiento. Y en este caso particular, se trata de una relación tan común que no se nos ocurre examinarla de forma crítica. Es la relación que se establece entre dos personas cuando una de ellas cede una mercancía a la otra a cambio de un pago. Nada más corriente que esta acción –o, más bien, «transacción»–, nada más familiar que esta relación entre dos personas. Pero que practiquemos de manera cotidiana la venta o la compra de mercancías no significa que captemos todas las implicaciones que ello conlleva. En general, tenemos una visión ingenua de esta práctica, que viene a ser la siguiente: las mer- cancías son objetos que tienen un precio y que podemos adquirir mediante el abono de dicho precio. La realidad es mucho más compleja: la mercancía no es

un simple objeto; es un objeto destinado a la venta y que, en consecuencia, tiene dos valores: un valor mer- cantil (cuantitativo) para el que la vende y un valor de uso (cualitativo) para el que va a usarlo. Tiene un pre- cio que aparenta ser un dato simple, una cifra, pero que es la resultante de mecanismos vinculados a la organización social en su conjunto. Este precio se

abona en dinero, materia vinculada asimismo de forma indisoluble a la organización de nuestra sociedad. La mercancía, que se nos presenta bajo la especie de un objeto, es en realidad una relación. 2 Esta relación fue la que originó la reacción en cadena. Y lo que me propongo analizar es el desarrollo de esta reacción en cadena. Para ello, voy a diferenciar sus

En el Renacimiento se puso en marcha una reacción en cadena no controlada

2. Resumo con ello el análisis que propone Karl Marx al principio de El capital, bajo el título «El carácter de fetiche de la mercancía y su secreto» (reeditado por separado por Allia, París, 1995). Este análisis constituye un ejemplo de auténtico pensamiento crítico, que disuelve las falsas evidencias del sentido común explicando cómo y por qué se imponen en la práctica, como efectos de unas relacio- nes sociales históricamente determinadas. La falsa consciencia se debe a que los miembros de dicha sociedad, cualquiera que sea su posición, no reconocen en el «movimiento de las cosas» el efecto de su propia actividad y, por consiguiente, el movimiento de las cosas «les dirige» (p. 19). La continua- ción de mi exposición sólo tendrá sentido para el lector que mantenga presente en su espíritu esta duda radical sobre las evidencias corrientes. Según los principales pensadores griegos, la vocación del filósofo era percibir en lo innumerable los números, es decir, las proporciones, o las relaciones constantes. El análisis que hizo Marx de la mer- cancía es de este orden, aun cuando, como sucesor de Hegel, deduzca de él una verdad histórica- mente determinada, en vez de una verdad intemporal. El siguiente paso adelante de Marx fue con- cebir esa verdad históricamente determinada como el principio de una acción práctica. El análisis del «espectáculo», publicado por Guy Debord en La Societé du spectacle (1967; reeditado por Gallimard, París, a partir de 1992), es un ejemplo más reciente de verdadero pensamiento crítico. Se sitúa en la prolongación del análisis de la «mercancía» que hizo Marx y retomaron luego algunos de sus suce- sores (G. Lukács, K. Korsch).

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Jean François Billeter

momentos principales. 3 Ello me permitirá dotarme de un medio para caracteri- zar el momento presente de la historia y el lugar que, a mi parecer, ocupa China en la misma.

La reacción en cadena El primer momento se produjo en el Renacimiento. Lo voy a designar como el momento de la emancipación de la relación mercantil. Elijo este término por- que dicha relación, que existía previamente, que había existido bajo diferentes formas mucho antes de aquella época, aparece a partir de aquel momento como portadora de una racionalidad autónoma y superior –una racionalidad más racio- nal en cierto modo–, susceptible de convertirse en principio de progreso en el marco del conocimiento del mundo y de la organización de la sociedad. Los comerciantes comienzan a considerar la sociedad y el mundo desde el punto de

vista de su relación particular con las cosas, esto es, de la relación abstracta, cuan- tificada, calculada y al mismo tiempo experimental que mantienen con sus mer- cancías. Esta nueva forma de razón, positiva y

emprendedora, se consolida primero en Italia y luego en otros lugares de Europa. Avanza a la par con el des- arrollo del comercio, la generalización de la moneda, el enriquecimiento de los comerciantes. La vemos extenderse progresivamente al campo de la técnica, la ciencia y las artes. Nadie comprende en aquel momento que esa razón aparentemente autónoma es una razón mercantil por su origen y en su esencia. Nadie percibe su carácter reductor. Nadie sospecha aún el peligro que entraña su manera de reducir el intercambio de bienes entre los miembros de una comunidad a una operación puramente cuantitativa. 4

En un primer momento –el de la emancipación de la relación mercantil– nadie sospecha el peligro de reducir el intercambio de bienes a una operación puramente cuantitativa

3. Con objeto de responder de entrada a una dificultad que corre el riesgo de aparecer ahora o más

adelante, quiero precisar que adoptar la idea de reacción en cadena no supone negar la libertad de los actores. Sólo se plantea que a partir de un cierto momento, una vez admitidas y luego interiori- zadas determinadas reglas del juego, la libertad de los actores se ejerce en el marco así definido y de ello resulta, mientras no se cuestionen dichas reglas del juego, un encadenamiento de causas y efectos. La libertad de los actores no queda anulada, sino restringida de un modo del cual no tienen con- ciencia. La ejercen tomando decisiones cuando el juego les brinda la oportunidad, coordinando sus movimientos, formando alianzas, siguiendo estrategias, etc. Desarrollan una vida moral, política e intelectual que, aun siendo la expresión de su libertad, no deja de estar sometida en última instan- cia a las reglas del juego subyacente y a su propia lógica.
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Sobre la lenta gestación de la razón mercantil, véase la notable síntesis de Alfred W. Crosby, The

Measure of Reality. Quantification and Western Society, 1250-1600 (Cambridge University Press, 1997). El autor escribe: «[Los comerciantes] comenzaron a enseñar a la humanidad la manera de ser eficientes (business-like)… Ser eficiente significaba ser meticuloso y coherente. En la práctica, era una cuestión de cifras. Fue una de las vías que condujeron a la ciencia y la tecnología, puesto que quie- nes siguieron sus recomendaciones se vieron conducidos a concebir en términos cuantitativos todo aquello que, según su experiencia, era susceptible de ser cuantificado, En su caso, las cantidades eran monetarias: florines, ducados, libras, etc. Como observa Paul Bohannan, ‘la moneda es una de las ideas simplificadoras más extraordinarias de todos los tiempos y, como toda idea nueva y seductora,

4.

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La reacción en cadena

El segundo momento, que ocupa los siglos XVI, XVII y XVIII, es el del des- arrollo autónomo de dicha razón. Al desarrollarse, la actividad de los comercian- tes se transforma. Ya no se conforman con comprar y luego vender los produc- tos. Progresivamente, gracias a los poderes que les confieren su capital, su movilidad, su información, comienzan a dedicarse a organizar el trabajo de otros, a hacerles producir mercancías conforme a nuevos métodos de división del tra-

bajo, de cooperación a distancia, de inversiones y de control financiero, de pre- visión del mercado, de canalización de las materias primas y de los productos manufacturados. El desarrollo cuantitativo del comercio va acompañado de una lenta transformación cualitativa de la actividad y, por lo tanto, del espíritu. Asistimos a la expansión de las ciencias modernas, experimentales y cuantifica- das, que irán socavando poco a poco todas las interpretaciones cándidas del mundo. Los sabios, sin embargo, no son conscientes de que la razón abstracta que manejan con tanto éxito es el resultado de la aplicación al mundo físico de una forma de abstracción que tiene su origen en la relación mercantil y que man- tiene una vinculación indisoluble con ésta. El tercer momento tiene lugar a principios del

siglo XIX. Hasta entonces, la razón mercantil gober- naba determinados ámbitos circunscritos, como el comercio y las finanzas o, en su forma más abstracta, las técnicas, las ciencias de la naturaleza y algunas otras parcelas del saber. Ahora se propone someter a su dominio al conjunto de la realidad social. Sucedió así: a partir de un determinado momento la razón mercantil exige, para continuar progresando

según su propia lógica, que en adelante no se puedan comprar y vender sólo las materias primas y los pro- ductos manufacturados, sino también todos los elementos del proceso de pro- ducción. Decide considerar el trabajo mismo como una mercancía que se com- pra y se vende. El resultado es una inversión sin precedentes históricos de los términos y que, a partir de ese momento, determinará todo el curso de la his- toria. Hasta aquel momento, en todas las sociedades, las prácticas económicas habí- an permanecido integradas dentro de un conjunto más amplio de prácticas socia- les, religiosas, y políticas. Lo económico estaba subordinado a lo social. A partir de ese momento, lo económico someterá a lo social y le impondrá su ley. En efec- to, decir que el trabajo se debe vender y comprar conforme a las fluctuaciones del mercado y la exigencia de rentabilización de los capitales significa, en lenguaje menos abstracto, que a partir de entonces se empleará, se despedirá, se desplaza- rá, se reenviará al paro a las personas conforme a las necesidades de un sistema

La razón mercantil considera el trabajo como una mercancía que se compra y se vende. Esta inversión determinará el curso de la historia

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genera su propia revolución’» (p. 200). Piero della Francesca, pintor genial y también autor de un Trattato d’abaco, un compendio de geometría comercial, representa perfectamente ese momento de la historia (véase, por ejemplo, Michael Baxandall, L’Oeil du Quattrocento, Gallimard, París, 1972). Para captar el carácter reductor de la nueva razón, es preciso situarse de nuevo en el plano de la crí- tica filosófica.

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sobre el cual carecen de influencia. Lo cual significa que se irán destruyendo una

a una todas las formas tradicionales de vida comunitaria susceptibles de prote-

gerles contra esta nueva forma de explotación, con objeto de que el mercado dis- ponga de trabajadores «libres», o sea, forzados a venderse y a asegurar su subsis- tencia mediante el salario que reciban a cambio. Para referirse a ello, a menudo se habla de «revolución industrial». Este término, en la medida en que evoca exclusivamente el aspecto técnico del fenómeno, oculta su verdadera naturaleza, que es la de haber sido en primer lugar una revolución social, una revolución impuesta por medio de la violencia, en Inglaterra primero, en otros países euro- peos poco después y en muchas otras sociedades a continuación. 5

Éste fue el principio de la conmoción de la que fue presa el mundo desde aquel momento y que continúa manifestando sus efectos en la actualidad. Digo que «manifiesta sus efectos» porque se trata de una reacción en cadena no controla-

da. Ninguno de los esfuerzos realizados hasta ahora para controlarla ha tenido el resultado deseado, ya que ninguno ha actuado sobre la raíz del fenómeno, sobre

la inversión misma. Y si no se ha atacado esta causa primera, ha sido porque ésta

no se ha percibido con suficiente claridad. No se ha sabido hacerlo porque ésta es, por naturaleza, difícil de captar. La inversión de los términos a la que me refie- ro, a la vez que una violencia social, también ha constituido, de forma más encu- bierta, una violencia intelectual. Ésta ha consistido en someter la infinita varie- dad y profundidad de lo social a las abstracciones de la razón mercantil. Esto se ha hecho con particular seguridad puesto que se consideraba dicha razón mer- cantil como la razón misma. Sin duda, dicha inversión de los términos se captó hasta cierto punto en sus

inicios, dado que la violencia con que se imponía era visible para todos. Luego dejó de serlo ya que la razón mercantil, convertida en razón económica, se impu- so como el pensamiento dominante de nuestro tiempo y esta «razón económica» es congénitamente ciega en dos aspectos esenciales: 1/ No puede ver por sí sola

que ella impone, de hecho, a la vida social las abstracciones a las que mentalmente

la reduce y, por lo tanto, la violenta; 2/ Puesto que ignora su origen histórico, es

5. Este análisis corresponde al de Marx, pero corregido en un aspecto esencial. Marx siguió siendo prisionero de las ideas de su tiempo, en la medida en que consideraba la economía como una reali- dad autónoma, como el substrato objetivo de todas las sociedades humanas, que en las sociedades tradicionales había permanecido oculto y que la burguesía había dejado al descubierto por primera vez. No comprendió que la teoría económica de su tiempo era la traducción, en el plano de las ideas, de la arbitrariedad ejercida por la burguesía al someter a la sociedad al mecanismo del mercado. A Karl Polanyi le corresponde el mérito de haberle corregido en este aspecto. Lo hizo en The Great

10 Transformation. The Political and Economic Origins of our Time, publicado en 1944 en Nueva York. Sobre la inversión de los términos, véanse los capítulos 5 y, sobre todo, el 6, «El mercado autorre- gulado y las mercancías ficticias: trabajo, tierra y dinero». «La sociedad –escribe Polanyi– se convir- tió en un apéndice del sistema económico en toda la línea». Y más adelante: «El gran recurso de la Revolución Industrial no fue la invención técnica, sino la invención social». Sobre la «ciencia» eco- nómica: «La creación de un mercado de trabajo fue un acto de vivisección practicado sobre el cuer- po de la sociedad por personas armadas de certidumbres que sólo puede otorgar la ciencia». Véase La Grande Transformation (Gallimard, París, 1983). Soy consciente del carácter en parte simplificador de las primeras líneas de esta nota. Su única fina- lidad es indicar a qué aspecto del pensamiento de Marx remite la crítica de Polanyi.

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La reacción en cadena

incapaz de concebir su propia inscripción en la historia y, por consiguiente, su posible superación futura. No concibe la inversión de los términos de lo social y lo económico a la que debe su triunfo y, por ello, hace que resulte inconcebible su fin. De este modo, el pensamiento dominante de nuestro tiempo nos priva del medio intelectual para dominar la reacción en cadena, que no cesa de ejercer efectos cada vez más devastadores sobre nuestro mundo. Este tercer momento de la reacción en cadena es decisivo. Después del momento de la emancipación, seguido del momento del desarrollo autónomo, éste es el de la dominación de la razón mercantil o, a partir de ese punto, de la razón económica. Sitúo el cuarto momento entre mediados del siglo XIX y el final de la guerra de 1914-18. En él se observa la acción de dos movimientos opuestos: por un lado, el del avance de la razón económica, el del sometimiento cada vez más

extendido de la sociedad a la lógica mercantil, el de algunos progresos materiales que de ello resultan, sin duda, pero sobre todo el de efectos destructores sobre la vida social; por el otro, el

de las reacciones contra los sufrimientos y el envileci- miento impuestos a los ejecutores, el de las medidas de protección filantrópicas, sindicales y pronto tam- bién políticas, que desembocan en la denuncia del nuevo sistema mismo. Cuando el movimiento obrero se vuelve amenazador, los poseedores más decididos recurren a maniobras de distracción: al antisemitismo organizado primero (la policía zarista falsifica los Protocolos de los Sabios de Sión hacia 1902) y luego a la guerra. Desde la perspectiva que he adoptado aquí, en 1914-18, el comportamiento de los dirigentes de

las principales naciones europeas parece haber res- pondido a las tres exigencias siguientes: 1/ arbitrar las ambiciones económicas de unos y otros; 2/ poner sus industrias al servicio de la guerra con el fin de asegurarles nuevos mercados; 3/ movilizar simultáneamente a las clases obreras unas contra otras, en nombre de sus respectivas naciones, con objeto de que no volvieran a soñar con oponerse al sistema de explotación al que estaban sometidas. Esta maniobra, que causó terribles masacres y costó ocho millones de muertos, fue un éxito. El cuarto momento fue, finalmente, el de una reacción victoriosa. 6 Pero la historia no se detuvo en ese punto. Al cuarto momento le siguió un quinto, que yo sitúo desde el final de la Primera Guerra Mundial hasta el final de la segunda. El absurdo de la primera hizo renacer la oposición, nacieron revolu- ciones en Alemania, Italia y Rusia. Las de Alemania e Italia fueron derrotadas

Desde la mitad del siglo XIX al final de la Primera Guerra Mundial, se observan dos movimientos opuestos: el del avance de la razón económica, y el de las reacciones contrarias que suscita

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6. No ignoro el número de trabajos acumulados por los historiadores sobre este periodo, ni su pru- dencia en cuanto a la interpretación de los hechos, ni sus divergencias, ni las zonas de sombra que todavía desean iluminar. Sus escrúpulos son necesarios. Sin embargo, hay momentos en los que no se trata de seguir aumentando los conocimientos que ya se poseen, sino de ejercer el propio juicio. La concisión sirve entonces para separar aquello que se considera esencial.

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pero la agitación subsistió, sobre todo en Alemania, abrumada por la deuda de guerra, el paro y la miseria. Para desactivar la amenaza que representaba esta agi- tación para ella, la clase gestora alemana respaldó con su poder financiero e industrial a un agitador entre tantos, Hitler. Le encargó que pusiera la desespe- ración de la población al servicio del restablecimiento del poderío alemán, a la vez que la hacía actuar a favor de la recomposición y el perfeccionamiento del sis- tema de explotación precedente. Lo hizo con el acuerdo y la complicidad de los gestores de las demás naciones más poderosas de la época, que veían diversas ven- tajas en esta nueva maniobra. Ésta les brindó la oportunidad de observar la pues- ta a punto de métodos cada vez más extremos de sometimiento de lo social, y luego de lo humano, a la racionalidad económica. La maniobra suscita un nuevo riesgo de conflicto entre naciones europeas, lo cual les permite poner nuevamen-

te a las clases obreras al servicio de las naciones y apartarlas, así, de la crítica al sistema. Alemania, secundada por Italia, se encarga asimismo de aplastar la revo- lución allí donde está renaciendo: en España, en 1936. El esfuerzo de guerra beneficia, finalmente, a sus industrias. Esta maniobra tuvo como resultado la Segunda Guerra Mundial, sus cincuenta millones de

muertos y el horror indecible de la destrucción indus- trial de vidas humanas cuando dejaban de ser útiles para el sistema. Desde el punto de vista de su objeti- vo no confesado –el mantenimiento del sistema–, la operación fue nuevamente un éxito. 7 Al contrario que las revoluciones italiana y alema- na, la revolución rusa triunfó. Sin embargo, muy pronto quedó sometida a una razón económica que era idéntica, en su principio, a la de las demás nacio-

nes industriales: todas las relaciones sociales, toda la existencia humana debían quedar sometidas a las exigencias de la producción. Que ésta se proclamase revolucionaria, no modificaba para nada el fondo del asunto. Como el anterior, este quinto momento fue, por lo tanto, incluso en Rusia, el de una reacción victoriosa.

El objetivo no confesado de la Segunda Guerra Mundial –el mantenimiento del sistema– fue un nuevo éxito de la razón económica

7. La nota anterior también es aplicable en este contexto, pero cuando se trata de este periodo de la historia, es preciso superar, además, potentes resistencias para poder ejercer el propio juicio. Desde hace medio siglo, todo se alía para negar una verdad que debería saltar a la vista y que es la siguien- te: la falta de los nazis y de muchos alemanes no fue cometer unos crímenes tan monstruosos como inexplicables, sino haber dado un último paso en el sometimiento del hombre a la lógica de la revo- lución industrial, es decir, a la razón económica. Cometieron la falta de revelar adónde conduce esta

12 razón cuando se la deja obrar por sí sola. Se les ha demonizado con objeto de que permanezca ocul- ta esta continuidad entre sus fechorías y la organización económica impuesta a las sociedades euro- peas en los siglos XIX y XX. En efecto, o lo uno o lo otro: o bien actuaron de manera totalmente irracional y ese sistema económico está libre de culpa, o bien fueron coherentes en medio de su locu- ra y la fuente del mal es el sistema. Después de la guerra, los señores de la economía, los gobiernos, los principales pensadores y la opinión del «mundo libre», incluida la izquierda, se adhirieron espon- táneamente a la primera de las dos visiones. Ésta se ha mantenido a pesar de los testimonios de los supervivientes, de los trabajos de los historiadores, de los debates suscitados por dichos trabajos, de la aportación de los filósofos y escritores, de algunos grandes procesos. No podía ser de otro modo mientras no se tomara en consideración la segunda interpretación. Pocas personas fueron lo sufi-

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La reacción en cadena

El sexto momento es el de la victoria de los aliados y, posteriormente, el de la guerra fría. El esfuerzo de guerra ya había decuplicado la potencia industrial de los Estados Unidos. El papel que desempeñó en la derrota de Alemania, Italia y Japón, y luego en la reconstrucción de Europa occidental y de Japón convirtió a esta potencia en el centro de un nuevo sistema económico. El fin de las colonias japonesas y europeas le brindó la oportunidad de desarrollar una estrategia mun- dial de las materias primas y de control de los mercados, o sea, de dominación indirecta de las sociedades. Lo extraordinario es que Estados Unidos pudiese pro- ceder de este modo mientras se presentaba como el liberador del género huma- no, como el heraldo de un capitalismo joven e inocente, purgado de sus estigmas por su victoria sobre las fuerzas del mal. Este maniqueísmo fue la mistificación dominante de la segunda mitad del siglo. Permitió a las clases gestoras del mundo «libre» negar toda responsabilidad respecto a lo ocurrido y ocultar, hasta donde era posible, su profunda connivencia con las citadas fuerzas del mal. Es preciso añadir que la potencia norteamericana topó con la potencia soviética después de la guerra. Ambos sistemas se encontraron compitiendo, tanto por la

cientemente lúcidas y valerosas como para admitirlo, y éstas permanecieron incomprendidas o aisla- das. Primo Levi fue una de ellas. La continuidad entre el sistema económico y los campos de con- centración era evidente para él: es preciso observar, en sentido inverso, los comportamientos y las relaciones sociales que se desarrollaron en los campos «si, únicamente, queremos enterarnos de lo que ocurre en un gran establecimiento industrial», escribió (Los hundidos y los salvados, Muchnik, Barcelona, 1989, p. 35). Hay que observarlos primero «si queremos conocer a la especie humana», escribe de hecho. El rechazo de la segunda interpretación responde a causas intelectuales, pero también morales. Entre estas últimas está la que acabo de evocar: es necesario que los nazis y sus cómplices sean culpables, de manera abstracta y absoluta, para que el sistema al que servimos y del que nos beneficiamos en diversos grados sea inocente y, por lo tanto, también lo seamos nosotros. Se me objetará que son absolutamente culpables puesto que emprender la destrucción de los judíos fue un crimen absoluto. Pero al aplicar semejante hipóstasis a ese crimen, lo sitúa por encima de toda explicación histórica. Sin embargo, éste no está en absoluto fuera del alcance de una explicación de este orden. En el cri- men que también cometieron contra los judíos, los nazis no hicieron más que franquear un paso que no se debía franquear. Llevaron hasta su última consecuencia un antisemitismo político que no inventaron ellos. Necesitaban víctimas que fuesen la encarnación del mal para que ellos y sus cóm- plices pudieran creerse inocentes y, por consiguiente, libres de llevar delante de manera sistemática su empresa de dominación. Drumont y la Ojrana inventaron el antisemitismo político-policial antes que ellos, pero no inventaron el antisemitismo. El cristianismo naciente fue el que recurrió a este medio cuando empezó a constituirse como una potencia organizada. El antisemitismo (o el antiju- daísmo, si se prefiere) forma parte del núcleo central de la identidad cristiana desde sus inicios. Sobre la forma en que éste se incorporó al texto de los Evangelios, sobre todo al de Juan, y las razones por las que esto se hizo, véase Gérard Mordillat y Jérôme Prieur, Jésus contre Jésus, síntesis reciente de los trabajos eruditos sobre la génesis del Nuevo Testamento (Éditions du Seuil, París, 1999). Otra dificultad se debe a la abyección de los crímenes nazis. No nos atrevemos a imaginarlos. Algo dentro de nosotros se resiste a esta prueba. Pero también esta resistencia es de naturaleza moral, pues- to que la abyección asusta mientras no se la reconoce en uno mismo, aunque sólo sea bajo la forma benigna de las pequeñas negaciones e inconsecuencias que cometemos a diario. Asusta mientras no nos reconocemos falibles, no por el gusto de la falta, sino por la sobriedad del juicio. Primo Levi es notable porque posee esta sobriedad. Sobre la mentira organizada que fue el antisemitismo del siglo XX, léase, a modo de introducción, L’État retors de Michel Bounan (Allia, París, 1992). Sobre la impostura de los Protocolos de los sabios de Sión, véase Henri Rollin, L’Apocalypse de notre temps (1939, reeditado por Allia en 1991).

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conquista de las materias primas y de los mercados, como por el modo de gestión

de la economía y, por lo tanto, de la sociedad. Lo extraordinario y lo nuevo, y que también determinó de manera profunda el momento de la historia al que me refie- ro, es que ambos sistemas se beneficiaron enormemente de la amenaza que pro- yectaban el uno sobre el otro. Lo consiguieron dosificando sabiamente el conflicto

y la complicidad. Su conflicto les permitía movilizar a las sociedades que domina-

ban, uno a favor de la defensa del «mundo libre», el otro a favor del «socialismo». Que los descontentos de cada campo no pudiesen soñar en otra cosa que no fuese el campo contrario les permitió dominar todavía mejor los espíritus. En ambos bandos, la amenaza de una conflagración alimentaba, de manera idéntica, un tri- ple movimiento de creciente sometimiento de la sociedad a la lógica económica, de concentración sin precedentes del poder económico y de su utilización, en una escala asimismo sin precedentes en la historia, para fines de destrucción o, más exactamente, de creación de una amenaza funesta para la propia sociedad humana. A este estadio de perversión condujo en la historia reciente el desarrollo ciego de la razón económica. Obsérvese que en cada etapa sucesiva, esta reacción en cadena desemboca en una situación cada vez más peligrosa y un sistema de embus- tes cada vez más impenetrable. Durante la guerra fría,

desde 1949 hasta 1989, resultaba casi imposible com- prender cómo se articulaban la amenaza de destruc- ción generalizada por obra de la conflagración nucle- ar, la guerra aparentemente sin piedad que libraban los Estados Unidos y la Unión Soviética y su conni- vencia de hecho en el mantenimiento de un orden social y un orden del mundo basados en una misma lógica económica. Esta situación constituía un desafío para la razón. Y sólo intimidando a la razón misma se podía mantener una situación tan contraria a aquélla. El séptimo momento de esta historia es el que esta-

mos viviendo. Comienza con la caída del muro de Berlín en 1989. Dos años des- pués, se produjo un acontecimiento imprevisible, puesto que carecía absolutamen- te de precedente en la historia de los estados y de los imperios: la Unión Soviética abandonó la lucha y decretó su propia disolución. El presidente de los Estados Unidos saludó el advenimiento de un nuevo orden mundial, pero la ilusión duró sólo el tiempo de pronunciar algunos discursos, pues la lógica que ha operado a lo largo de toda esta historia continúa manifestando sus efectos. Para comprender de qué modo lo hace, tendremos que remontarnos por un instante al origen de toda

la cadena, al desplazamiento que se produjo a principios del siglo XIX. Dicho des-

14 plazamiento se tradujo en una forma de dominación que ya no se ejerce directa- mente sobre las personas, cara a cara por decirlo así, sino indirectamente, a través del control y la explotación de las relaciones mercantiles que impone. Esta domina- ción resulta más difícil de captar que otras formas más antiguas a causa del carác-

En cada etapa sucesiva, esta reacción en cadena desemboca en una situación cada vez más peligrosa y un sistema de embustes cada vez más impenetrable

ter infaliblemente racional, en apariencia, de la ciencia que invoca para justificarse:

la ciencia económica. Resulta particularmente difícil de criticar por el hecho de que

quienes la ejercen ya no se responsabilizan de ella a título personal. Ellos mismos son lacayos de un sistema que les supera, a la vez que sus defensores.

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La reacción en cadena

No obstante, la lógica a la que obedece su evolución me parece clara. En una primera etapa, obligó a la mayor parte de los miembros de la sociedad a vender su trabajo, a convertirse en asalariados, a depender de su salario para subsistir y a subsistir comprando las mercancías que producían. Una vez conseguidos todos los beneficios posibles en ese momento, se inició un proceso de suscitar nuevas necesidades. Antes de la guerra, el nacionalsocialismo realizó una innovación en este aspecto con la creación de la empresa Volkswagen y de las autopistas. Las demás naciones industriales también se pusieron manos a la obra, en particular los Estados Unidos de Henry Ford. Esta evolución se reanudó con mayor fuerza después de la guerra y engendró la sociedad de consumo, cuyos encantos tanto contribuyeron a la victoria del sistema occidental sobre el sistema soviético. La operación consistió en inculcar, no ya sólo las necesidades básicas de sub- sistencia, sino prácticamente todas las necesidades y todos los deseos: de goce, de salud, de confort, de seguridad, de evasión, de movilidad, de embrutecimiento, etc. Fue necesario que el cine, la televisión, la publicidad suscitasen anhelos que se intentan satisfacer por medio de la compra, que las mercancías adquiridas cre- asen la necesidad de otras mercancías y que una frustración que ha llegado a ser permanente se convirtiese en motor de un consumo sin fin. Materialmente, esto se traduce en un despilfarro demencial, fenómenos de contaminación cada vez más peligrosos para el futuro inmediato y que hipotecan cada vez más seriamen- te el futuro. El proceso no cesa de radicalizarse bajo nuestros ojos. Ya no sólo se trata de la sustitución de las relaciones sociales por relaciones mercantiles, sino que es la naturaleza, léase la vida misma, la que se disgrega y luego se vuelve a recombinar con el fin de someterla a la lógica del mercado. 8 Desde hace una decena de años, esta economía ha entrado en una nueva fase de su historia. Ya no puede pretender que aporta ningún progreso, al contrario, sus efectos devastadores son los que resultan cada vez más perceptibles en nues-

8. Engels y Marx indicaban al principio del Manifiesto del Partido Comunista, en 1848: «Los tras- tornos continuos de la producción, la conmoción ininterrumpida de todas las categorías sociales, la inseguridad y el movimiento permanente distinguen a la época burguesa de todas las precedentes». Todas las antiguas relaciones, todas las representaciones que las acompañaban han quedado disuel- tas y, añadían ellos, «las que las sustituyen quedan caducas antes de que hayan podido adquirir con- sistencia. Todo lo que estaba establecido y asegurado se hace humo, todo lo sagrado resulta profana- do…». No imaginaban las secuelas actuales del trastorno cuyos inicios describen. Una comparación entre La societé du spectacle, de 1967, y Commentaires sur la societé du spectacle (Gallimard, París, 1992), donde Guy Debord analiza el giro que ha dado entre tanto el gran desbarajuste, permite medir la aceleración del proceso. Para comprender lo que está ocurriendo, es preciso recordar que la ciencia contemporánea y la razón económica tienen un mismo origen. No han dejado de desarrollarse de manera concertada y han lle- gado a ser igualmente peligrosas en la actualidad, puesto que combinan de igual manera el poder y la inconsciencia de sus propios supuestos. Se ha vuelto muy difícil comprender que la objetividad que reivindican tanto el discurso económico como el discurso científico resulta en ambos casos de una abstracción impuesta a la realidad. En el caso de las ciencias llamadas exactas, esta abstracción es un medio de exploración muy eficaz pero que se convierte en un medio de manipulación arbitraria pasa- do un cierto punto. La ideología dominante, que convierte en dogma la autonomía de la razón cien- tífica, ha llegado a ser desastrosa. Justifica la irresponsabilidad del personal científico y obstaculiza el progreso del conocimiento, que en adelante sólo puede pasar por la inteligencia crítica del proceso histórico completo.

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tras vidas, en nuestras sociedades, en el mundo entero. Después de haber impues- to por completo su ley, la necesidad que la habita la obliga a imponerla cada vez con mayor dureza. La competencia se vuelve despiadada, exige una reducción de los costes que conduce a la concentración industrial y a la uniformización de los productos. La automatización reduce el número de ejecutores necesarios, con la precarización del empleo y la exclusión consiguientes. Los propietarios de capi-

tales practican la huida hacia adelante, la especulación con los beneficios futuros.

Y lo que se denomina cultura no parece tener ya más finalidad que la de mante-

ner un espíritu de sumisión a este absurdo generalizado. Este nuevo episodio de

la reacción en cadena es tan aberrante que sólo puede seguir su curso si los seño-

res de la economía fomentan por doquier el embrutecimiento, la inconsecuencia

y lo irracional bajo todas sus formas. Esto les resulta fácil. Les basta con subven-

cionar la majadería en lugar de otra cosa. Observen la extraordinaria coinciden-

cia de los publicistas del mundo entero en la financiación de la inconsciencia y

la vulgaridad en las cadenas de televisión.

Desde que desapareció la Unión Soviética, los Estados Unidos ocupan una posición dominante. Disponen de un poder como jamás había tenido a su dis- posición ninguna otra nación en el pasado. Este

poder es obra de un Estado, más aún y ante todo es obra del mayor poder económico que jamás ha lle- gado a constituirse. La sociedad estadounidense domina porque ella misma está más dominada por la razón económica que ninguna otra en ningún momento. En su seno vemos aparecer sin solución de continuidad las formas nuevas de la organización económica y observamos de manera óptima sus con-

secuencias sobre la vida social. Por un lado, asisti- mos a una concentración sin precedentes del poder económico y financiero y, por el otro lado, a una disolución avanzada del vínculo social, que se manifies-

ta a través del repliegue comunitario, la segregación, la precariedad, la violen-

cia, pero también el recurso generalizado a los tribunales y a la solución finan- ciera de los litigios, por ejemplo. Vemos extenderse este proceso por todo el mundo y cómo provoca la uniformización universal de la vida cotidiana. Las modas, los comportamientos, el lenguaje se americanizan en todas partes. 9

La sociedad estadounidense domina porque ella misma está más dominada por la razón económica que ninguna otra en ningún momento

9. La americanización del lenguaje cotidiano es el fenómeno más pérfido. En sí mismo, no es malo que una lengua reciba influencia de otra o incluso siga sus enseñanzas. Pero en el presente caso, se 16 trata de un empobrecimiento y un empobrecimiento que apunta uniformemente en el sentido de la sumisión a la lógica de la mercancía. El contagio avanza merced al atractivo del mínimo esfuerzo. La simplificación del vocabulario exime de la necesidad de escoger las palabras y, por lo tanto, de pen- sar. Además, los recursos antiguos van quedando gradualmente obliterados como quien dice. Cuando quedemos encerrados en este nuevo lenguaje, nos veremos privados del medio para formu- lar «la más mínima objeción contra el discurso mercantil» (Debord, Commentaires…) En 1984, los promotores de la «nueva lengua» vaticinan que, por fin, harán «literalmente imposible el delito de pensamiento porque ya no habrá ninguna palabra para expresarlo». Actualmente estamos avanzan- do por simple inercia y con gran rapidez hacia esa forma consumada de sumisión al orden estable- cido.

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La reacción en cadena

Pero, más que de una americanización, se trata de una sumisión cada vez más completa a la razón económica. 10 Así es el momento presente. Volveré a considerar luego las posibilidades que éste ofrece.

El caso particular de China Después de habernos hecho una idea de lo que está ocurriendo actualmente en el mundo, preguntémonos ahora qué está pasando en China. En el siglo XIX y sobre todo en el XX, la reacción en cadena se extendió al mundo entero. Se apropió de todas las sociedades, siguiendo en cada lugar un ritmo propio y adoptando unas formas determinados por la historia anterior, el grado de colonización previo y la relación que se estableció en cada caso entre el progreso general de la reacción en cadena y su progresión local. Cada una de las sociedades reaccionó según las circunstancias particulares del encuentro y según su carácter particular, su constitución, los males particulares que ya la afectaban, pero el fenómeno que las afectó fue en todas partes el mismo. 11 En China, como en otras partes, el progreso ha de pasar necesariamente a par- tir de ahora por el dominio de la reacción en cadena. Esta operación, si llega a realizarse algún día, topará, como en otras partes, con obstáculos particulares resultantes de la historia y la constitución social propias de cada país. En China o aquí, el primer paso es concebir la tarea y, en primer lugar, concebir que es posi- ble desprenderse, mentalmente, y a la vez del momento histórico presente y de la historia más antigua. Este primer paso es ínfimo y capital a la vez. Es preciso haberlo dado para poder buscar la manera de contribuir, aunque sea de forma distante, a la prepa- ración de un nuevo capítulo de la historia. Sólo conocemos esta transformación por las exigencias generales a las que deberá responder, pero no por la forma con- creta que adoptará. Éste es el reto que hay que afrontar: trabajar, conforme a nuestra inteligencia, en algo que todavía no podemos imaginar, si bien sabemos

Creo que ha llegado el momento de retomar las reflexiones de Orwell sobre el lenguaje político (al

respecto, véase Orwell, anarchiste tory de Jean-Claude Michéa, Éd. Climats, Castelnau-le-Lez, 1995)

y mostrar que la lengua estereotipada de nuestro tiempo es la jerga económica. Este fenómeno mere-

cería un estudio comparable al que dedicó Victor Klemperer a la corrupción del alemán por la pro- paganda nacionalsocialista, LTI, la lengua del Tercer Reich (Barcelona, Minúscula, 2001).

10. A primera vista, los Estados Unidos representan un enigma para un europeo como yo. No obs-

tante, cuando se reflexiona, este enigma parece soluble. Ningún legado histórico ha frenado o com-

plicado allí el desarrollo de la razón económica. Por el contrario, el puritanismo de los fundadores la favoreció al trasmutarse en una religión del contrato, de la ley y de la sanción. La lógica económica quedó así moralmente santificada. Por esto, a los estadounidenses les resulta tan difícil convertirse a

la segunda de las visiones que he distinguido antes, en la nota 7: no conciben que el sistema hacia el

que mantienen una adhesión tan completa –y que les parece el único posible, porque su horizonte his- tórico no se extiende más allá de él– pueda ser en sí mismo la causa de la tragedia contemporánea. Esto les obliga a situar fuera de aquél el origen de los males de la época presente. Necesitan el Mal para demostrar a contrario la inocencia de su sistema y, por lo tanto, la suya propia. Este sueño es uno de los principales agentes conservantes (como dicen los químicos alimentarios) del mundo actual.

11. Entre las numerosas obras que permiten meditar sobre este encuentro, una de las más hermosas

es Tristes tropiques de Claude Lévi-Strauss (1955).

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que la realidad nueva surgirá de nuestra imaginación. No de nuestra facultad de sustraernos a lo real, sino de la capacidad que tenemos de darle forma. Toda sociedad humana es un sistema instituido imaginariamente para hacer frente a unas condiciones nuevas y adaptado luego, bien o mal, a su posterior evolución. Cuando las circunstancias son propicias, el hombre puede volver a hacer un uso audaz de esta libertad de instituir, que es esencial en él. La razón económica es un sistema que, para perpetuarse, niega su carácter ima- ginario y, por lo tanto, revocable. Somos libres de sustituirlo por otro llegado el momento, de preferir otra configuración de nuestra actividad –a la escala del mundo a partir de ahora–, puesto que la razón económica se ha impuesto de manera universal. Y podemos concebir la ambición de que este otro sistema ya no sea un sistema de dominación, sino de deliberación y autodeterminación per- manente de lo social y de sí. Sería algo nuevo, ciertamente. Pero la historia jamás habría existido si producir lo nuevo no fuese propio del hombre; del hombre que «se enseñó a sí mismo el lenguaje y el alado pensamiento, así como las civilizadas maneras de comportarse» (Sófocles, en Antígona). 12

La reacción en cadena despliega sus efectos porque sus autores no son conscientes de su mecanismo

Conclusiones He propuesto una interpretación de la historia de estos últimos siglos. He intentado poner de relieve lo que ha sido determinante en última instancia en el encadenamiento de causas y efectos de este periodo. La idea de reacción en cadena no controlada me aportó el principio para esta interpretación. Si ésta es

acertada, si revela un mecanismo real, de ella se des- prende una tarea: la de acabar con esta cadena que ha tenido tantos efectos noci- vos y los tendrá peores si dejamos que siga su curso; para ello, es preciso acabar con la forma específica de inconsciencia de la que se alimenta y liberarnos así de la fatalidad particular que ha dominado la historia reciente. Semejante idea puede parecer del todo quimérica. Aun así, en vez de conside- rarla irrealizable de entrada, examinemos por qué nos lo parece. Intentemos acla- rar en la medida de lo posible las dificultades a las que nos enfrenta. Es lo que me propongo hacer para terminar. Voy a formular algunas observaciones que se desprenden de mi análisis histórico. Éstas serán por fuerza especulativas. El lec- tor deberá tomárselas, por lo tanto, cum grano salis. Ante la idea de tamaña ambición, nuestra primera reacción es evocar el mundo existente, su apabullante inercia, los obstáculos aparentemente insuperables que opone a un verdadero cambio, etc. Luego, a partir de ahí, intentamos imaginar cómo

18 debería ser. Empecemos por resistirnos a este doble movimiento, renunciemos a ima- ginar lo que sea y procedamos metódicamente, siguiendo el orden de las razones.

12. Véase el comentario que hace Cornelius Castoriadis sobre esta frase en «Anthropogonie chez Eschyle et autocréation de l’homme chez Sophocle», en Figures du pensable: Les carrefours du laberyn- the VI (Seuil, París, 1999). El lector habrá reconocido en estas consideraciones finales la tesis de Castoriadis sobre el papel del imaginario en la vida de las sociedades y en su historia. En efecto, la hago mía. La cita proviene de SÓFOCLES, Antígona, Gredos, Madrid, 1981, p. 262.

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La reacción en cadena

La reacción en cadena despliega sus efectos porque sus actores no son cons- cientes de su mecanismo, de su manera encubierta de imponer su ley. No apre- henden las relaciones que crean dicho determinismo porque son siervos de las evidencias de la razón económica. Por lo tanto, sólo pueden obedecerla. Sin embargo, a través de la crítica, con la condición de que ésta sea radical, podemos sustraernos al dominio de esas evidencias corrientes y percibir el determinismo. Éste es el primer paso. A continuación se trata de volver inoperante este determinismo en la práctica. Lógicamente, esta operación sólo puede consistir en remontarse a su causa prime-

ra, esto es, a la inversión de los términos de lo económico y lo social que tuvo lugar

a principios del siglo XIX, y volver a someter las prácticas llamadas «económicas»

a un conjunto de prácticas sociales o de prácticas humanas, para decirlo en un len- guaje más noble. En el plano del pensamiento, la operación sólo puede consistir en liberarse de la «razón económica» para recuperar el uso de la razón, sin más. Pero ¿cómo se puede pasar a la acción? ¿En qué puntos se debe aplicar dicho principio en la práctica? Nuevamente, intentemos comprender la naturaleza de las dificultades ante las que nos encontramos.

La primera es de orden intelectual. No concebimos la posibilidad de semejante reconfiguración porque la forma de razón que domina nuestra época la hace inimaginable. El comunismo y el socialismo fracasa- ron porque no pudieron liberarse de esa razón domi- nante. A fin de cuentas, fueron sólo variantes de ésta. Continuaron siendo prisioneros de la inconsciencia específica de nuestro tiempo. La paradoja está en que,

al no ser cuestionada de ningún modo, dicha incons- ciencia domina más que nunca a los espíritus y, al mismo tiempo, a partir de ahora se manifiesta abiertamente como una racionalidad sin razón. Ya no nos queda más opción que someternos a esta sinrazón y a todas sus consecuencias o cuestionarla a partir de sus principios. En esta situación vertiginosa, sólo podemos regirnos por un pequeño número de certezas lógicas. Una de ellas es la necesidad de salir de la relación salarial. No habrá ruptura en el encadenamiento actual de causas y efectos mientras quienes están obligados a vender su trabajo para vivir y, por lo tanto, a venderse no aca- ben con esta dependencia, y se conviertan por fin, por obra de dicha decisión, en ciudadanos libres de su destino, y no decidan concertadamente, conforme a la razón, qué van o qué no van a producir, y por qué procedimientos. Esto será el fin de lo que ahora denominamos «la economía», puesto que los ciudadanos determinarán conscientemente el «movimiento de las cosas». 13 No hace falta decir que sus deliberaciones se extenderán a muchos otros ámbitos.

Hay que volver a someter las prácticas llamadas “económicas” a un conjuntao de prácticas sociales o de prácticas humanas

19

13. Véase la nota 2. Los medios para producir los bienes necesarios para todos han alcanzado un grado tal de desarrollo que el salario se podría sustituir, en lo esencial, por una asignación universal básica que garantizase la independencia material de cada persona. Sobre los problemas que esto plan- tea, las posibles soluciones y las estrategias previsibles, véase por ejemplo André Gorz, Misères du pré- sent, richesse du possible (Éd. Galilée, París, 1997).

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Jean François Billeter

Tal razonamiento nada puede lograr por sí mismo. Sólo se vuelve operativo cuando encuentra el acontecimiento, el momento imprevisto en el que algo nuevo se vuelve posible de improviso. Entonces aporta los criterios que permiten distinguir la novedad auténtica de la falsa. Ofrece el medio para orientar una acción, aunque sea limitada o indirecta, en la dirección del verdadero cambio. Permite querer el todo independientemente de cuáles sean las circunstancias. El cambio, cuando se produce, demuestra retrospectivamente lo acertado del razo- namiento, y simplifica lo que parecía infinitamente complicado. Una tercera dificultad procede de la amplitud del cambio necesario. Si se pro- duce, éste inaugurará un nuevo capítulo de la historia. Constituirá una novedad al menos tan grande como lo fueron en su tiempo la revolución industrial y el triunfo concomitante de la razón económica o, más antiguamente, el Renacimiento y la aparición de la razón mercantil. Es necesario haber calibrado el alcance de esta tarea para poder concederse una oportunidad de cumplirla. Esta visión histórica también es importante porque, al dirigir nuestra atención hacia la aparición de lo nuevo en el pasado, nos predispone a favor de su apari- ción en el futuro.

Esto me conduce a una cuarta observación. En ciertos aspectos, lo nuevo debería ser en esta ocasión un retorno a lo antiguo. En efecto, la deliberación de los ciudadanos sobre la producción de bienes no ten- drá lugar sin una reflexión común y continua sobre los fines, sobre nuestra existencia y sus límites, en resumen, sobre nuestra humanidad misma: sobre

todas estas cuestiones fundamentales de las que la razón económica nos ha desvinculado de manera tan funesta y que se plantearon

de una forma tan viva y profunda en tiempos más antiguos.

La historia jamás habría existido si producir lo nuevo no fuese propio del hombre

Traducción de Mireia Bofill

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El mercado de las ONG

Joan Picas Contreras

Si alguien desea alcanzar algo en esta área ha de llegar a ser un hombre de

negocios y tener un sentido para la publicidad y el marketing

ta que la ley del mercado también sostiene verdades para la industria de la caridad, no conseguirás nada.

Si no se acep-

B. Kouchner 1

En pocos decenios las ONG han pasado del status de asociaciones con una fuerte dosis de amateurismo a ser entidades cada vez más profesionalizadas, con un indiscutible arraigo y prestigio social, que manejan considerables sumas de dinero. En la medida en que las ONG tratan de llevar a cabo proyectos y actuacio-

nes desprovistas, por naturaleza, de rentabilidad económica, su propia existen- cia depende de su capacidad para atraer ingresos

procedentes del exterior convenciendo a donantes individuales o institucionales, que acceden a entre- gar sus aportaciones en función de las cualidades y de la confianza que les merece el producto que se les «vende». Aunque tal vez sea demasiado osado afirmar que la solidaridad –en cuanto sentimiento– se haya conver-

tido en una mercancía, al menos los recursos que moviliza entran de pleno en la esfera del mercado. En tal sentido, sería factible considerar que la cooperación para el desarrollo, la ayuda entre los pueblos, ha caído en el ámbito de un específico ‘mercado de la caridad’ (o ‘mercado del dolor’). En este artículo nos detendremos a analizar las circunstancias de la donación y de la recaudación desde una vertiente antropológica. Negando la «gratuidad» y descubriendo su «verdad económica», resituaremos tales prácticas en los paráme- tros que rigen este «mercado».

La ayuda entre los pueblos ha caído en el ámbito de un específico ‘mercado de la caridad’ (o ‘mercado del dolor’)

21

1. Cfr. Sogge y Zadek (1996: 74). B. Kouchner fue fundador en Francia de Médecins Sans Frontières y Médecins du Monde.

Historia, Antropología y Fuentes Orales, 1, 29, 2003

Joan Picas Contreras

La donación

El «don», sistematizado por Mauss (1923-1924), ha sido tratado ampliamen-

te desde la antropología, y ha sido objeto de célebres análisis etnográficos. 2 Pese

a que Polanyi (1944) y otros pensadores hayan cuestionado que éste sea una

forma arcaica de intercambio o un vestigio de épocas premodernas, lo cierto es que a menudo se contraponen las tres obligaciones, la de dar, la de recibir y la de

devolver que definen el don, a la lógica del mercado y a la ‘racionalidad’ del inter- cambio comercial y, por consiguiente, se rechaza su contemporaneidad. El concepto de don, debido a las múltiples formas que adopta en la práctica,

es lo bastante vago como para prestarse a todo tipo de teorías e interpretaciones.

Además, el grado de confusión aumenta en la medida en que su significado ha quedado seriamente contaminado por una tradición cristiana que lo equipara a la «ofrenda» y cuyas prescripciones imperativas, según Nicolas (1996: 14), se con- tradicen con la generosidad y gratuidad espontáneas que caracterizarían la prác- tica del «don ritual». 3 Sahlins (1974), profundizando en la teoría del don, utiliza el término «reci- procidad generalizada» (de contenido social) para referirse al fenómeno anali- zado por Mauss, que opone a la ‘reciprocidad equilibrada’ (asocial), que iden- tifica con el intercambio de mercancías, y a la «reciprocidad negativa» (antisocial), que se correspondería con la apropiación indebida de algo sin entregar nada a cambio. Aunque para Sahlins todo orden social se basa en la circulación de bienes materiales, sin embargo, en cada uno de los estadios que propone, lo social y lo económico guardarían una relación inversamente propor- cional. Así, pese a que el intercambio y el cálculo no dejan de situarse en el cen- tro de la «reciprocidad generalizada», su definición –usando la terminología de Mauss– como «hecho social total» la remite a un momento de la historia en el que aún no se ha producido la separación entre la esfera económica y la pro- piamente social. Aun a pesar de la ambigüedad del significado de «don» –igualmente extensi- ble a conceptos como «interés» o «intercambio»– 4 , Caillé (1994: 37) aventura la siguiente definición: «toda prestación efectuada sin garantía de retorno para sos- tener el bien social, en la que los bienes no valen por su utilidad (valor de uso) o por su precio (valor de intercambio), sino porque crean o alimentan la relación

22

2. Cabe destacar, por su relevancia, los estudios –referidos a fenómenos de muy distinta naturaleza–

del potlatch kwakiutl, de Boas (Codere, ed. [1966]), o del kula en las islas Trobliand, de Malinowski

(1922).

3. Nicolas (1996: 17) observa que nuestra sociedad tiende a ignorar el «don ritual» precisamente por

su carácter ritual, es decir, por su pertenencia a un dominio de prácticas que el hombre occidental se niega a reconocer como no sea circunscrito al ámbito de lo religioso o como patología individual (ritos obsesivos).

4. Derrida (1991), que reivindica el empleo del término «don» en una acepción marcadamente dis-

tinta a la de los sociólogos y antropólogos (sostiene que la referida obra de Mauss no trataría del don,

, ellos que tienden a anular el don), plantea la aporía de que éste no sólo es imposible, sino que sería lo imposible.

elementos todos

sino de economía, de las formas de intercambio, de los contratos, del sacrificio

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interpersonal (valor de lugar)».

El mercado de las ONG

A grandes rasgos, los elementos que caracterizarían al don serían los

siguientes:

– Los sujetos que participan en la relación –y a diferencia de lo que suce- de con el intercambio de mercancías– son dependientes. El propósito de la

donación es la creación y recreación de los vínculos entre sujetos, que se extienden en el tiempo.

– Los objetos que se donan devienen inalienables; la personalidad del

donante está contenida en ellos (no existe una clara separación entre «objeto» y «sujeto»). 5

– Las contraprestaciones son inciertas y no son inmediatas.

– La transacción se presenta como pura, sea cual sea su valor económico (lo que no excluye que dicho valor tambien pueda interesar).

Tanto en la obra de Mauss (1923-1924) como en la de Sahlins (1974) el inter- cambio de dones tiene efectos esencialmente políticos: crea jerarquías y, por ende, un orden político. 6 Cuando el don se establece entre agentes potencialmente desiguales instituye, tal como se observa en el potlatch, unas relaciones de dominación duraderas (el

acto de dar más allá de las posibilidades de devolver asigna, a quien recibe, la con- dición de dominado, generándole un sentimiento de deuda –y, a quien da, pró- digo en generosidad, la de dominador). Como indica Bourdieu (1994: 168-72), para que el «acto simbólico de reconocimiento de la igualdad en humanidad» que se produce a través del don pueda tener efectos es preciso que ambas partes –el donante y el receptor– compartan las categorías de percepción –lo que equivale a decir las mismas estructuras sociales y mentales– que les permitan valorar el obsequio en lo que es y por lo que constituye. De no ser así, produce violencia.

En lo que atañe a la ayuda al desarrollo (supone dar sin contrapartida), no se

produce el referido «reconocimiento de la igualdad en humanidad» porque

donante y donatario se sitúan en un plano relacional asimétrico –casi clientelar– y sus fuerzas no son proporcionales: sus universos culturales no sólo son distintos, sino que confluyen en manifiesta posición de desigualdad.

El hecho de que la donación, además, sea consustancialmente indirecta (como

advierte Edelman [1996: 73], pasa por un intermediario, en nuestro caso una ONG que, para el donante, representa la «causa» para la que da), contradice los fundamentos del don: éste, aun cuando concierna al conjunto de los miembros del grupo y tenga repercusión sobre la totalidad de la sociedad y sobre sus equi- librios, es, por definición, un acto relacional, que no contempla interposiciones,

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5. En algunas sociedades africanas no existe distinción entre los verbos «ser» y «tener».

6. Como observa Malinowski (1922), en el kula el intercambio comercial sólo puede realizarse tras

el intercambio ceremonial (vaygu’a) que crea un orden previo.

7. Para Nicolas (1996: 121), si el «don ritual» implica simultáneamente al donante y al donatario,

tejiendo una relación social duradera y solidaria entre ambos, en cambio el «acto caritativo simple», asimétrico, sólo buscaría satisfacer las necesidades inmediatas de los beneficiarios sin considerar su puesto social ni otro tipo de aspiraciones (se trata, de hecho, de un «gesto dominador», ya que no

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Joan Picas Contreras

que vincula a individuos (no es, por tanto, mancomunado ni egocéntrico). 7 Por último, y puesto que las contribuciones monetarias que la ciudadanía aporta para financiar proyectos de desarrollo, lejos de constituir lo que Mauss denomina «fenómenos sociales totales», se inscriben en un orden económico que sustrae al acto de dar su pureza y su naturaleza ‘ritual’ y, por añadidura, al obse- quio el espíritu del donante, no es posible que, en un estricto sentido antropoló- gico, podamos hablar de ‘don’ al referirnos a ellas. 8 Por los motivos apuntados tampoco merecería esta consideración la labor supuestamente altruista que des- empeñan algunas ONG. Tal vez sólo pudiera merecerla, con algunas salvedades, el trabajo generoso –esto es, no remunerado– que llevarían a cabo unos pocos voluntarios que prestan sus servicios en el Tercer Mundo. A pesar de que Mauss, como advierte Temple (1986: 39), también llegue a des- cubrir en nuestras sociedades industriales la existencia de una suerte de don, que identifica como una vaga fuerza moral, que resultaría de un cierto sentimiento revolucionario que poseerían las masas sociales, y que tendría su expresión en determinadas actitudes solidarias, sin embargo –concluye Nicolas (1996: 17)– no se reconoce en la «caridad humanitaria» de hoy en día.

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La donación interesada Aunque la arbitrariedad es, de algún modo, la esencia misma de la donación (no hay más que pensar en su discrecionalidad: el mero hecho de donar a alguien

supone, debido a las limitaciones que están implícitas en el acto, renunciar a dar a otro, que queda sacrificado en favor de éste único),

ello no significa que no esté motivada. Bourdieu (1994: 140) postula, desde la sociolo- gía, que los agentes sociales siempre tienen una razón que dirige, guía u orienta sus acciones y que transforma en coherentes las conductas que aparen-

temente pudieran parecer arbitrarias. Así, para este autor (op. cit.: 152-5) no existen comportamientos «desintere- sados» ni actos «gratuitos»: a su entender, toda acción se plantea, de uno u otro modo, alcanzar algún tipo de beneficio, sea económico o simbólico. 9 El hecho de que existan universos sociales en los que está desaconsejado, por normas explícitas o imperativos tácitos, el lucro económico, no excluye que los indivi- duos puedan movilizarse en busca de beneficios de carácter simbólico. Incluso las conductas más abnegadas –tal es el caso del sacrificio o de la penitencia–

Según Bourdieu, toda acción se planea alcanzar algún tipo de beneficio económico o simbólico

permite que el receptor ofrezca su contradon), y la «donación ética», intencional, sería esencialmen- te egocéntrica al remitir en realidad a un partenaire que es la propia conciencia (o, a lo sumo, la divi- nidad).

8. Debido a ello, en lo sucesivo emplearemos el término «donación», en lugar de la voz «don», para

referirnos al acto de liberalidad por el cual una persona, el donante, dispone de una cosa –en este caso, recursos económicos–, en favor de otras, los donatarios.

9. Caillé (1994: 55-172) rechaza parcialmente los argumentos de Bourdieu al entender que niega

que puedan existir sociedades que estén regidas por algún principio ajeno al del «beneficio».

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El mercado de las ONG

pudieran ser interpretadas como un intercambio –con la divinidad– que bus- caría algún tipo de recompensa, v. gr., el beneficio del perdón divino o de la santidad. 10 Desde esta perspectiva, Lacombe (1996: 40) reconoce que presuponer la exis- tencia del «don puro» (que no espera recompensa y se justificaría en sí mismo) implicaría necesariamente rechazar la idea de que el principio de «utilidad» guía la conducta de los seres humanos. Dufourcq (1996a: ix-xii), a su vez, desacredi- ta, al modo de Derrida (1991), la supuesta «gratuidad» del don argumentando que el «don puro» escapa a la conciencia y, por tanto, no es situable, 11 y que en las figuras del «gasto improductivo» (exceso de prodigalidad) y de la «ofrenda evangélica» (caridad que espera una recompensa divina) el donante cree estar en disposición de calcular el valor de su donación y, por tanto, su contrapartida. Por otra parte, el propio Bourdieu (1994: 165), siguiendo esta línea argumen- tal, opina que en nuestra sociedad, aún en aquellas circunstancias en que se pro- duce un rechazo del beneficio económico y de la lógica del precio, éste último pervive como expresión de la donación –aun cuando sea de forma simbólica, debiendo en tal caso enunciarse por medio de eufemismos. Las ONG, como también la Iglesia o cualquier otra institución que se mueve en la economía de la ofrenda (o de la caridad) y del volun-

tariado (o del sacrificio), no pueden sustraerse a la lógi- ca del mercado. Así, las donaciones no dejan de ser transacciones que se contabilizan en términos moneta- rios. A su vez, un voluntario –como un militante o como un sacerdote– es completamente consciente del valor económico del trabajo gratuito que realiza.

Hoy las donaciones privadas sustituyen, desde una ética de mínimos, a los compromisos políticos

La donación, caritativa o filantrópica, a consecuencia de lo apuntado, no esca- pa a la controversia. Históricamente, la caridad religiosa, que resignificaba la pobreza proclamando que los pobres son dignos de conmiseración –y que pudo desarrollarse favorecida por una monetarización de los intercambios, que incidía negativamente en su socialización–, ampliaba el poder de la Iglesia; 12 a su vez, la beneficiencia laica escenificaba y reproducía la estratificación social. 13 La fosa

10. Para Mauss y Hubert (1899: 133), «si el sacrificante [

]

dona es, en parte, para recibir. El sacri-

ficio se presenta bajo un doble aspecto. Es un acto útil y es una obligación. El desinterés se mezcla con el interés». Mauss y Hubert sólo advierten la ausencia de cálculo egoísta en el sacrificio del dios, «ya que el dios que se sacrifica se da sin devolución».

11. El olvido se constituiría en condición necesaria para la realización de la «donación pura».

12. El término «caridad» procede del latín «caritas», de «carus», que significa «amado». En teología, la

caridad es una virtud que consiste en amar a Dios y, por extensión al prójimo (Dios ama a los hom- bres). Aunque durante la Edad Media la caridad tenía el sentido de amor y compasión cristiana, más adelante adoptó un significado menos abstracto para referirse a la limosna y la asistencia a los pobres. Este nuevo significado queda reflejado en la expresión «obras de caridad» (Castellanos, 1998: 94-5).

13. Dufourcq (1996b: 9-10) comenta que la donación se convirtió en un acto de distinción social.

Así, en Amsterdam, ya en el siglo XVII, las paredes de los orfelinatos se cubrían con los retratos de los grandes donantes. Y en Francia, en el siglo XIX, se organizaban recepciones y bailes caritativos en los hospitales y se realizaban suscripciones públicas.

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abierta no han podido ni siquiera cerrarla las actuales formas de solidaridad, apo- yadas en técnicas de recaudación basadas en el anonimato, en las que las dona- ciones privadas sustituyen, desde una ética de mínimos, a los compromisos públicos. El altruismo va acompañado permanentemente por la negación de sus funda- mentos. En nuestra sociedad, que Lipovetsky (1992) califica del «postdeber», las obligaciones morales se atenúan y toda especulación alrededor del dilema puedo/no puedo (si puedo, entonces debo ayudar) se plantea en términos de deseo. Cada cual puede participar sin esfuerzo en lo que Bruckner (1995: 261) califica como la «gran fiesta del corazón». El propio acto de consumo transforma al ciudadano en mecenas (basta tomar una taza de «café solidario», pagar con una tarjeta de crédito de una entidad financiera que destine un porcentaje del valor de la compra a subvencionar una ONG o asistir a un concierto de rock contra el hambre en el mundo). La generosidad despierta dudas acerca de las auténticas intenciones de los donantes. Se refuta implícitamente la posibilidad de la donación desinteresada: se desea saber por qué alguien da y qué recompensas espera obtener a cambio. Dufourcq (1996b: 5) constata, desde el pensamiento filosófico, que coexisten dos tipos de valoraciones: a) la de quienes, aun aceptando que toda donación es interesada, asumen que la conciencia es inescrutable y no entran a juzgar los com- portamientos y que, en cualquier caso, desdramatizarían la incompatibilidad entre «interés» y «gratuidad»; y b) la de quienes pretenden superar cualquier obje-

ción ética «naturalizando» la conducta interesada del donante (puesto que el «interés» sería una característica natural del ser humano, factible de ser sustraída del ámbito de la moral). De todos modos, Martínez Sánchez (1998: 193-4), citando el trabajo de Bayley (1988), enumera tres razones concretas por las que se dona:

– por la sensación personal de estar actuando correctamente con uno mismo o con los demás

– por el reconocimiento público

– por el sentido de pertenencia a una organización

Sea como sea, quizás lo que verdaderamente importa no es ya conocer cuáles son las intenciones del donante, sino descubrir los efectos que tiene la donación en la relación que éste establece con el receptor. Esta idea la comparte el propio Mauss, para quien, más relevante que hallar el significado del acto, es averiguar cómo se inserta en una red de relaciones con el prójimo, con sus asociados y con sus competidores. En este sentido, Dufourcq (1996a: ix-xii) sostiene que si se insiste tanto en la

26 cuestión de la gratuidad de la donación es simplemente porque de ella depende la arquitectura de las relaciones entre las ONG y sus donantes.

La recaudación La recaudación de fondos incurre en las contradicciones propias de todo siste- ma de mediación: una institución –en este caso una ONG– se interpone entre «yo» y el «otro» al que desea ayudar, impidiendo que aquél pueda ver cumplido su deseo de absorción inmediata del segundo sin necesidad de terceros.

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El mercado de las ONG

Ciertamente, en la formación de la intención del donante, la figura del media- dor/recaudador –advierte Dufourcq (1996c: 81-4)– está, en apariencia, ausente, cuando no es percibida negativamente, siendo imaginado como un impostor o un parásito. Ello explica, igualmente, que el propio recaudador trate de perma- necer invisible o, a lo sumo, de disimular su presencia ante el donante, invitán- dole siempre a donar a una causa, no a una organización. Sin embargo –y he aquí la paradoja– el sufrimiento ajeno, cuyo deseo de erra- dicar justifica la donación, no es susceptible de ser mostrado y percibido más que a través de la mediación, como representación. En efecto, el donante, desde la lejanía, no está facultado para percibir el sufri- miento tal cual es en el momento en que se produce. Pero, por añadidura, tampo-

co éste, sin haber sido filtrado, es decir, sin que haya perdido su pureza y haya deve- nido una imagen, una representación, sería comprensible y, por consiguiente, válido como reclamo para donar (provocaría estupefacción, rechazo, tal vez indig- nación, pero probablemente no llegaría a persuadir). La mayor parte de las organi- zaciones humanitarias buscan construir una imagen que les proporcione suficiente autoridad para poder hablar con legitimidad del dolor

ajeno. Unas, como Intermón-Oxfam, invocan para ello a su dilatada experiencia («40 años trabajando por un mundo más justo» –reza un eslogan). Otras, como Médicos Sin Fronteras, utilizan su propia denomina- ción para identificarse como profesionales de la medi- cina y, de este modo, convencer al público de que están capacitadas para combatir («curar») el «mal».

Aunque los ciudadanos ignoren o tiendan a negar que no darían si previamente no se les hubiera pedido, parece indudable que la propensión a donar requiere ser estimulada (se trata de un potencial que debe ser activado). Llamamos «marketing asociativo» 14 al conjunto de instrumentos que facultan a las ONG para entrar en contacto con la población, presentarle sus cau- sas y hacerlas comprensibles, con la finalidad de incitarla a adoptar un compro- miso financiero. Cuanto más seductora sea la causa perseguida, es decir, cuanto más atractivos sean los productos que se venden y la forma de exhibirlos, más rentable será. Las cuestaciones de urgencia, especialmente cuando involucran a víctimas profusa- mente mediatizadas, reportan mayores ingresos que otras causas más desatendi- das. El drama de Ruanda de 1994 probablemente no contenga más sufrimiento que el de las guerras de Angola o Sudán. Pero como consecuencia del distinto trato mediático que han recibido estos conflictos, en el primer caso la recauda-

Cuanto más atractivos sean los productos que se venden y la forma de exhibirlos, más rentable será la causa

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14. Utilizamos la expresión «marketing asociativo» para distinguirlo de otras formas de marketing supuestamente filantrópico que, como se ha adelantado, practican algunas empresas que, aprove- chándose de que la ética y la solidaridad venden, ofrecen en el mercado sus productos destinando, en el marco de convenios de colaboración con ONG, un porcentaje de los beneficios de las ventas a éstas a cambio de obtener un plus de aceptación y legitimidad. Según esta formulación, que con- densa el ideal postmoderno de una solidaridad que excluye la idea de abnegación, no cabría hablar de «donante», sino simplemente de «cliente solidario».

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ción de fondos excedió con creces a la obtenida en los otros (Vaccaro, 1996: 124-

5). Cabe señalar, a título de ejemplo, que las ONG españolas, tras la crisis de los Grandes Lagos, ingresaron en pocos meses más de 17 millones de euros. El marketing se apoya, principalmente, en técnicas publicitarias y comunicati- vas (edición de carteles y folletos, elaboración de reportajes, envíos por correo, testimonios personales, etc.). Aunque, en general, hasta la fecha nuestras ONG no hayan sabido explotar suficientemente estas herramientas, algunas de ellas (Anesvad, Ayuda en Acción, Cáritas, Cruz Roja, Intermón-Oxfam, Manos

Unidas, Médicos Sin Fronteras

de comunicación. Puesto que, según lo anunciado, en la inclinación o el rechazo a dar es más substancial la capacidad de persuasión del recaudador que la generosidad o ego- ísmo del donante, cabe preguntarse si aquélla debe tener límites. ¿Qué técnicas son aceptables para promover la donación? ¿Hasta qué punto es permisible la simulación y la manipulación? Creemos que son suficientemente reveladoras del dilema al que se enfrentan las ONG las siguientes reflexiones de la directora de Ayuda en Acción, que reproduce Martínez Sánchez (1998: 182-3):

tienen cada vez mayor presencia en los medios

)

«[H]ay grandes batallas en esta casa porque todos los de Ayuda en Acción queremos hacer otra publicidad, pero al final, te encuentras con la dis- yuntiva. Hemos hecho anuncios contando qué es Ayuda en Acción. Damos una

imagen buenísima, pero no conseguimos recursos [

La imagen de

Ayuda en Acción es sensiblera, emotiva; no nos gusta que esto sea así. Pero sí tenemos una contradicción y sí tenemos un problema. ¡Ojo!, hay organizaciones que no tienen nada que ver con la infancia y utilizan la imagen de la infancia porque al final no les queda otra, porque al públi- co no le mueves con otra cosa. Tenemos una imagen que no tiene nada que ver con lo que hacemos, y no hemos sabido resolverlo aún. Este problema lo tenemos casi todos. Llega un momento en que nos vemos arrastrados a dar una imagen que no es la que queremos dar. Pero, ¿qué precio pagas por la imagen que quieres dar?: tener menos proyectos y que la comunidad se quede esperando a que la sociedad del Norte reac- cione ante una serie de mensajes».

El público que

tenemos es el que tenemos y no el que queremos tener. [

].

]

Por su parte, el director de Médicos Sin Fronteras, en una entrevista en la que se le plantea si es lícito difundir imágenes terribles para agitar las conciencias,

28 matiza lo siguiente: «Si atendemos al derecho a la información y tras él surge la movilización, sí. Pero si el objetivo es sólo ganar cuota de audiencia, no» (El País Semanal, 16-4-2000). ¿Es posible trazar una frontera?

Conclusiones Como se desprende de Bourdieu (1994: 188), las ONG se amparan en una doble verdad: por un lado, una «verdad económica», que las induce a posicionarse en el mercado (hemos convenido en llamarlo «mercado de la caridad») y adqui-

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El mercado de las ONG

rir en él los recursos indispensables que les permitan existir; y, por otro, una «ver- dad humanitaria», 15 que les impulsa a enfrentarse a la pobreza y a los infortunios, que supuestamente refuta a la primera. Pese a que el discurso humanitario encubre y eufemiza las relaciones econó- micas –tal es la función del discurso religioso en las instituciones estudiadas por Bourdieu (op. cit.: 191)–, que quedan transfiguradas, por medio de la lógica del voluntariado y de la gratuidad, en una suerte de vínculos de parentesco espiritual («todos somos hermanos»), no deja de estar enteramente integrado en la econo- mía de las prácticas que lo acompañan. De hecho, sería plausible describir muchas de estas prácticas disponiendo de dos palabras o expresiones, de distinta categoría, que se solapan: donantes/financiadores, población beneficiaria/clien- tes, campañas humanitarias/marketing, etc. Siguiendo los argumentos del propio Bourdieu (op. cit.: 189), la «empresa humanitaria» no sólo se mueve plenamente en el ámbito de lo económico, sino que además, en términos competitivos, actúa con ventaja: paradójicamente, ésta se la proporciona su capacidad de mantener y reproducir aquellas condiciones (el trabajo gratuito y la ofrenda) que niegan su dimen-

sión económica. En efecto, aprovechándose, en su funcionamiento, del voluntariado y de la donación, puede reducir los costes de producción y obtener capital sin interés. A ello cabría añadir el beneficio que deriva del efecto marca: el adjetivo «humanita- rio» tiene el valor de una garantía moral. De todos modos, cabe reconocer que las ONG –como la propia Iglesia– no sólo viven de donaciones (limosnas) de los particulares ni del trabajo no remu- nerado (servicio). En efecto, adaptándose a las circuns- tancias del presente, han podido efectuar una transi-

ción en sus fundamentos económicos. La transacción, de marcado contenido simbólico, que han mantenido con sus donantes y con sus voluntarios, va quedando relegada en favor de una transacción de nuevo cuño con el Estado, encargado de financiarlas a cambio de que éstas garanticen determinados servicios que aquél no desea o no puede ofrecer.

La transacción que las ONG han manenido con donantes y voluntarios, va quedando relegada en favor del Estado, encargado de financiarlas a cambio de determinados servicios

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15. Puesto que Bourdieu centra sus razonamientos en la Iglesia, se refiere, en concreto, a una «ver- dad religiosa».

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Joan Picas Contreras

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La reunificación de Alemania:

Polémicas e interpretaciones 1

Alexander von Plato

En este artículo me propongo comparar determinadas entrevistas 2 llevadas a cabo con los protagonistas de la política de la reunificación y cotejar, asismismo, documentos pertenecientes a la Alemania Federal y a la Alemania Democrática, así como expedientes soviéticos.

La unificación y la integración en la OTAN. ¿Quién dio la señal de sali- da para la política de la unificación? Para la unificación de Alemania se dieron determinadas condiciones: el movi- miento de independencia en Polonia, los países bálticos y toda la Europa del Este, la bancarrota del «socialismo real», la «perestroika» que surgió bajo Gorbachev, el movimiento civil en la República Democrática de Alemania (RDA), los ríos de refugiados de la RDA y por último, aunque no por ello menos importante, la política de las cancillerías y de los ministerios de Asuntos Exteriores de los países afectados. Empezaré por esta última. Al canciller Helmut Kohl se le considera el principal político impulsor de la unificación. Esta afirmación es cierta en lo que concierne al final de la etapa de reunificación. No obstante, los expedientes de la cancillería federal y el diálogo con los protagonistas indican claramente que fue George Bush el hombre en la sombra y –sobre todo en los primeros seis meses de 1989– el iniciador del pro-

1. Este artículo es continuación de la ponencia que presenté hace dos años en el Congreso Internacional de Historia Oral de Estambul, 15-19 de junio de 2000.

2. Más de sesenta políticos internacionales y alemanes, así como activistas del movimiento civil, han sido entrevistados para la Televisión Alemana (ZDF), que en 1999 encomendó al Instituto de Historia y Biografía de la Fernuniversität de Hagen la preparación de una película (investigación, tra- tamiento y determinadas entrevistas). La mayoría fueron entrevistados por el director de la película, Hans-Cristoph Blumenberg; a algunos de los protagonistas internacionales los entrevisté yo. Desde 1999 he entrevistado a otras muchas personas que participaron en el movimiento civil y a algunos políticos (como Hans-Dietrich Genscher, antiguo ministro de Asuntos Exteriores alemán, Horst Teltschik, asesor del canciller Kohl, Lothar de Maizère, el último presidente de la Alemania del Este, Nikolai Portugalev y Anatoli Chernaiev, que trabajaron a las órdenes de Gorbachev en tareas inter- nacionales. Algunos de ellos participaron en conversaciones en nuestro instituto. Tuve acceso a los archivos germanorientales de los últimos gobiernos de la RDA y se me autorizó a examinar las actas de las reuniones de Gorbachev con políticos occidentales y algunas actas del Politburó del Partido Comunista Soviético.

Historia, Antropología y Fuentes Orales, 1, 29, 2003

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Alexander von Plato

ceso. Él personalmente tuvo que –citando a su asesora Condoleezza Rice 3 – con- vencer a sus asesores de la necesidad de una política que diese lugar a una nueva Europa unida, con una Alemania unificada en el centro. Algunos textos autobiográficos y los expedientes de la unificación, 4 así como las entrevistas que llevé a cabo, sugieren que desde marzo de 1989 fue en Washington y no en Bonn, París o Londres, donde se gestó una nueva política relativa a Europa y Alemania, centrada en la unificación de Alemania. Por orden del presidente Bush, Robert D. Blackwill, 5 Philip Zelikow 6 y Brent Scowcroft 7 elaboraron un proyecto. Criticando un documento titulado «NSR-5», presenta- do por el comité que coordinaba la política norteamericana en Europa, afirma- ban que el comité no había comprendido la necesidad de la unificación de Alemania como verdadera tarea política. 8 El lema de Scowcroft en este debate era que la visión de una nueva Europa tenía que incluir la unificación de Alemania: «No es posible imaginar siquiera la imagen de una nueva Europa que no contenga alguna declaración sobre la unificación de Alemania» (Zelikow/Rice 1997, 58, en una publicación alemana). Uno de los elementos de este concepto, necesario para la visita de Bush a

Europa a causa del 40 aniversario de la OTAN, era un fuerte sentimiento de desconfianza hacia la Unión Soviética. Esta desconfianza podía ser resulta- do del temor a que Gorbachev triunfase en toda Europa, la oriental y la occidental, con su confuso concepto de una «Casa Europea», concepto que podría haber podido arrinconar la influencia nortea- mericana en Europa. Parte de la nueva política norteamericana consistía

en una nueva definición de la Alemania Federal: el gobierno alemán debía convertirse en «socio que compartiera el liderazgo», posición que anteriormente había correspondido a los británicos. Pero como Londres habría rechazado el esbozo de esta manera de pen-

Desde marzo de 1989 fue en Washington y no en Bonn, París o Londres, donde se gestó una nueva política relativa a Europa y alemania, centrada en la unificación de Alemania

3. Entrevista Rice-Plato, 17/09/99. Criticó a Bush tan sólo en un punto: vendió su actuación y sus

éxitos a bajo precio y no supo utilizar los medios de comunicación a su favor.

4. Dokumente zur Deutschlandpolitik. Deutsche Einheit. Sonderedition aus den Akten des Bundeskanzleramtes 1989/90, editado por el Ministerio del Interior alemán con la colaboración de los Archivos Federales, elaborado por Hans Jürgen Küsters y Daniel Hofman. Dirección científica:

Klaus Hildebrand, Hans-Peter Schwarz, Archivo Federal: Friedrich P. Kahlenberg, Múnich (Oldenbourg) 1998. En esta conferencia, citada como Akten des Bundeskanzleramtes 1989/90, 32 Küsters por lo visto conocía más expedientes de los que publicó en esta edición. Eso se deduce de ciertos comentarios sobre la política norteamericana en su introducción, que menciono más ade- lante.

5. Desde 1989 Director de Asuntos Europeos y Soviéticos del Consejo Nacional de Seguridad de los

Estados Unidos.

6. Politólogo, colaborador en el Consejo de Seguridad Nacional.

7. El general Scowcroft ya fue consejero de seguridad con el presidente Ford y de 1989 a 1983 con-

sejero de seguridad nacional con George Bush.

8. Véase Akten des Bunderkanzlersamtes, Hans Jürgen Küsters’ Einführung, p. 35

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La reunificación de Alemania: polémicas e interpretaciones

sar radicalmente nueva, es fácil de comprender que Washington se mostrase notablemente cauteloso en este asunto. 9 Zelikow y Rice afirman que ya en la primavera de 1989 el Partido Demócrata Cristiano (CDU) había pretendido eliminar de su programa la unificación como auténtica tarea política, oponiéndose a la nueva política de George Bush. Incluso Horst Teltschik, asesor del canciller alemán, rechazó esta postura y tuvo que admitir que en el seno de la CDU existía un pequeño grupo que deseaba aplazar esta tarea, pero en su crítica de Zelikow y Rice añadió que dicho grupo no tenía la menor posibilidad de éxito durante el gobierno de Kohl. 10 Resulta interesante destacar que Zelikow y Rice citaban expresamente al cargo principal de la canci- llería, Schäuble, y al propio Teltschik. Pero tal vez la postura de Schäuble y Teltschik era poco comprensible desde una perspectiva norteamericana. En sus informes, citados por Zelikow y Rice, no querían limitar la política de la reuni- ficacaión a una mera cuestión territorial y fronteriza; Schaüble temía también

que hubiera que considerar 11 la disparidad de las circunstancias respectivas de la Alemania del Este y de la Federal, sobre todo en las cuestiones culturales o en las relativas a los derechos humanos. En contraste con esta postura, Bush pidió en Alemania, a finales de mayo de 1989, en un discurso pronunciado en la Rheingold Halle de Maguncia justo des- pués de la cumbre de la OTAN, que se superase la

división de Europa y de Alemania. «El objetivo de Occidente debe ser (“ahora”, añadieron Zelikow y Rice) una Europa unificada y libre».

«La Guerra Fría comenzó con la división de Europa. Sólo podrá detenerse si concluye la división de Europa»

«Para los creadores de la Alianza esta esperan- za era un sueño lejano. Pero ahora esta espe-

ranza es la nueva tarea de la OTAN. [

Guerra Fría comenzó con la división de Europa. Sólo podrá detenerse si concluye la división de Europa. [

existirá una Casa Europea (como propugna Gorbachev) si sus ocupantes

] No

]

La

no pueden circular de habitación en habitación. [

cho de autodeterminación para toda Alemania y para todos los países de

la Europa del Este. [

]

Queremos el dere-

]

Berlín debe ser el próximo punto». 12

9. Véase las Memorias de Margaret Thatcher: Downing Street No. 10, 1092 y sig. Küsters (35) tam- bién cita a Geoffrey Howe: Conflict in Loyalty, Londres-Basingstoke 1994, 560.

10. Entrevista del autor con Horst Teltschik, 27 de septiembre de 2000 (notas en el Institut für

Geschichte und Biographie der Fernuniversität de Hagen, como en todas las siguientes entrevistas citadas).

11. Zelikow/Rice, 67. Se refiere al discurso de Schäuble ante la Academia Evangélica en Bad Boll, el

25 de febrero de 1989, en: Texte zur Deutschlandpolitik, 1989, 47, y al discurso de Dorothee Wilms ante el Fórum de Política Alemana de la Friedrich-Ebert-Stiftung en Bonn, el 24 de enero de 1989, en: ibídem, 28. Y también se refiere a una entrevista con Horst Teltschik en el Bonner Generalanzeiger del 6 de julio de 1989, 13. Horst Teltschik, asesor de la Cancillería, reconoció luego –según los dos norteamericanos– que los Estados Unidos se habían anticipado mucho al Gobierno alemán en rela- ción con este tema (en una entrevista realizada por ellos mismos, Gütersloh, junio de 1992).

12. Para el discurso de Bush en el Rheingold Halle, véase Zelikow y Rice, 62. (publicación alemana).

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33

Alexander von Plato

Asombrosamente este discurso no figura impreso en los archivos de la

Cancillería federal. Allí solamente se encuentra el protocolo de la reunión de Bush

y Kohl dentro de un círculo más amplio, del 30 de mayo, en el que no aparecen

palabras tan nítidas. Las razones de que falte este discurso no están claras. Zelikow

y Rice incluso informaron de que Scowcroft había eliminado del discurso de Bush

formulaciones más radicales «porque temía que Bush fuese más lejos incluso que

el canciller Kohl (!) en sus declaraciones relativas a la cuestión de Alemania».

Oficialmente la nueva política debía integrar a la Unión Soviética en esta polí- tica germanoeuropea, pero se trataba, naturalmente, de una política de conten- ción destinada a fortalecer la influencia norteamericana en Europa.

Scowcroft: «Creo que básicamente era Gorbachev quien hablaba diciendo cosas maravillosas. Pero en aquellas fechas, a principios del 89, las palabras no iban acompañadas de acciones y las estructuras de la Guerra Fría en la Eu- ropa Central y del Este seguían intactas. De manera que lo que queríamos ver eran acciones que empezasen a desmantelar aquellas estructuras. Y desde luego, lo más importante de todo era Berlín y la reunificación de Alemania. Aquello sería una señal clarísima de que la Guerra Fría había terminado». 13

Zelikow y Rice resumen: El gobierno alemán no «estaba dispuesto a interpre- tar literalmente las palabras de Bush y solicitar apoyo norteamericano para la reunificación, que sólo había sido cautelosamente ofrecida por el presidente en mayo de 1989». 14 Todos los políticos alemanes de esa época rechazan esta estimación. Hans- Dietrich Genscher, antiguo ministro alemán de Asuntos Exteriores, critica explí- citamente la afirmación de Zelikow y Rice:

Genscher: «Creo que este informe (de Zelikow y Rice) es una descripción

] Debe

saber que la Sra. Rice y el Sr. Zelikow no estuvieron presentes en ningu- na de las negociaciones importantes y que hubo una dura competición entre los asesores de seguridad de la Casa Blanca y el Secretario de Estado, y esta tensión tan sólo se superó gracias a la excelente relación personal que tenían Bush y Baker. Si lee la lista de los participantes de las delega- ciones no encontrará los nombres ni de Rice ni de Zelikow». 15

retrospectiva. O en cualquier caso se mantuvo muy en secreto. [

Horst Teltschik, el asesor del canciller alemán, sostiene una opinión similar:

34

Teltschik: «No estoy seguro de que (Zelikow y Rice) tengan razón. Creo que sólo lo parece así después, que sólo puede ser descrito así hoy, pero

13. Entrevista del autor con Scowcroft, 14 de septiembre de 1999.

14. Ibid.

15. Conversación Genscher/v. Plato, 25 de abril de 2001. A mi juicio, Genscher no tiene razón en

este punto, porque Rice participó en varias conversaciones y negociaciones, por ejemplo, entre Gorbachev y Bush, el 2 de diciembre de 1989 en Malta.

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La reunificación de Alemania: polémicas e interpretaciones

en aquella época no notamos nada de esa nueva política. Brent Scowcroft simplemente confirmó que los alemanes fueron más lejos que los nortea- mericanos y que estaban más animados».

Sólo en un punto está de acuerdo Teltschik con Zelikow y Rice (y conmigo, que repetí el punto de vista de estos últimos):

Teltschik: «Tiene Ud. razón y entonces lamentamos no haberlo utilizado con más fuerza: eran las palabras “socio que compartiera el liderazgo”. Era una expresión muy fuerte que tuvo consecuencias ante la enérgica perso- nalidad de estos personajes y de socios tales como Mitterrand y Margaret Thatcher». 16

Sólo estos pocos ejemplos ya dan idea de la importancia de la cuestión, que fue la

primera en dar la señal de salida a la política de la unificación, lo fue en aquella época

y

lo ha sido desde entonces. Hoy la cuestión relativa a qué persona o qué partido fue

el

iniciador parece todavía esencial para la imagen de los protagonistas, así como para

las «comunidades tradicionales» de los diferentes estados que compartían y se sentían unidos por el deseo de demostrarse a ellos mismos y a la posteridad que eran representantes honorables de los intereses nacionales. La integración en la OTAN: en una entrevista rea- lizada en 1999 Condoleezza Rice declaró que el for- talecimiento de la OTAN siempre había sido uno de los objetivos de la política de los Estados Unidos; por

tanto, situaba la conexión entre la reunificación y la ampliación de la OTAN en una etapa muy temprana y quería decir –cosa suma- mente interesante– que dicha conexión nunca fue un problema para ningún político norteamericano, porque los Estados Unidos, en cualquier caso, nunca renunciarían a la «única áncora [que tenían] en Europa».

«Los Estados Unidos tenían una única preocupación: que la reunificación de Alemania no destruyera la OTAN»

Rice: «Es cierto que los Estados Unidos tenían una única preocupación:

la de que la reunificación de Alemania no destruyera la OTAN. Como la OTAN era la fuerza de paz en Alemania, era el áncora de Norteamérica en Europa. Y por eso la única preocupación era que la unificación de Alemania no destruyera la OTAN. Pero no existía la menor preocupación de que el hecho de permitir que Alemania se unificase –y los norteameri- canos, por cierto, insistían en que se unificase sin nuevas restricciones para su poder– significase de algún modo algo malo para Europa, eso sim- plemente no entraba en la mentalidad norteamericana». 17

35

16. Horst Teltschik en una conversación conmigo el 27 de septiembre de 2000. Hans-Dietrich

Genscher ratifica la opinión de Teltschik sobre esta cuestión y critica la descripción de Rice y Zelikow como una justificación a posteriori (entrevista conmigo, 25 de abril de 2001).

17. Condoleezza Rice en una conversación conmigo el 17 de septiembre de 1999 en la Universidad

de Stanford.

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Alexander von Plato

Por consiguiente, quedaba al margen de los intereses norteamericanos imagi- nar siquiera la unificación de Alemania sin la ampliación de la OTAN. Desde esta perspectiva, las sumamente abstractas declaraciones de Bush en el Rheingold-Halle de Maguncia («ahora esta esperanza es la nueva tarea de la OTAN») adquirían un sentido concreto y mostraban la continuidad de la políti- ca norteamericana de la OTAN en Europa. En cualquier caso la política de Bush de la ampliación de la OTAN a través de la unificación daba apoyo a Kohl frente a las críticas de la Europa occidental. ¿Cómo podía Margaret Thatcher, por ejemplo, echar a pique la unificación de Alemania si a cambio obtenía la ampliación de la OTAN?

Bush: «No quiero exagerar, pero teníamos que pasar por encima de

Inglaterra o Francia. No era tan ofensiva una división [

creo que teníamos, lo dejamos muy claro que queríamos que Alemania –y Kohl lo dejó muy claro– que querían que Alemania permaneciese en la

OTAN. [

mente cuanto antes mejor. Siempre que Alemania estuviese, ya sabe, dis- puesta a reconocer la línea Oder-Neisse y las fronteras, siempre que

Alemania no saliese de la OTAN. De modo que recibimos garantías en esos puntos y así pudimos mostrar mucho entusiasmo a causa de la reu- nificación de Alemania». 18

] Como le dije,

]

El general Scowcroft, Jim Baker y yo pensamos que real-

Diez años después, George Bush y su Secretario de Estado, James A. Baker, recalcaron que nunca tuvieron la menor duda de que el canciller Kohl se decidi- ría –si se le presentaba la alternativa de tener que elegir entre la conexión con Occidente y la reunificación– por la conexión con Occidente. Por este motivo apoyaron «agresivamente» (Baker) a Kohl y a su unificación a condición de que se aceptara la frontera Oder-Neisse. 19 No obstante, el especialista soviético en asuntos alemanes y miembro del Departamento Internacional del Comité Central, Nikolai Portugalev, dejó claro que la principal equivocación de Gorbachev fue que nunca «apretó» decisiva- mente a Kohl con esta alternativa: o unificación o conexión con Occidente. En conjunto la Unión Soviética falló estrepitosamente: no obtuvo una zona neutral en Centroeuropa ni siquiera la forma francesa de integración limitada en la OTAN. En 1989/1990 la posición de los Estados Unidos no cambió. Fortaleció el «áncora» política de los Estados Unidos en Europa (la OTAN) y además prote-

36 gió la política de Kohl en Europa frente a quienes le criticaban. Respecto de la

18. En una conversación conmigo el 25 de septiembre de 1999 en Washington. La actitud indecisa

de Kohl con respecto a una nueva declaración de reconocimiento de la frontera Oder/Neisse fue la única diferencia seria con los norteamericanos, que la describieron como un «desastre mediano de relaciones públicas».

19. No obstante, en el caso de la frontera Oder/Neisse no podían entender la vacilante actitud de

Kohl («un desastre mediano de relaciones públicas» [Bush]).

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La reunificación de Alemania: polémicas e interpretaciones

integración de la Alemania unificada en la OTAN, la administración Bush per- maneció inflexible: por algo la OTAN era el último instrumento político en Europa y era un instrumento de control sobre Alemania, en particular para impe- dir que Alemania emprendiese cualquier «Sonderweg» (camino especial). Los dos políticos norteamericanos, Bush y Baker, declararon 20 que convencieron a Gorbachev y Shevardnadze con el argumento de que Alemania sería más peli- grosa como estado neutral que bajo el control de la OTAN, incluso para la Unión Soviética. Los expedientes soviéticos, que tuve oportunidad de leer, confirman que durante su visita a Moscú el 9 de febrero de 1990 fue especialmente Baker quien convenció a los soviéticos con este argumento.

AvP: «¿Cómo convenció a Gorbachev en tan poco tiempo?». Baker: «Bien, nuestro argumento en contra de una Alemania neutral era que una Alemania neutral crearía mayor inestabilidad en el corazón de Europa que si Alemania quedaba anclada a Occidente a través de su inte- gración en la Organización del Tratado del Atlántico Norte». 21

Anatoli Sergeievich Chernaiev, el principal asesor de Gorbachev en estos asun- tos, dijo irónicamente que los alemanes (Kohl, Genscher y el asesor del canciller, Teltschik) se comportaron como si tuvieran «la llave de la unificación», sabiendo claramente que Baker había dejado bien claro este punto. En la entrevista que mantuve con él, el principal oponente de Gorbachev en el seno del Politburó, Iegor Ligachev, recalcó otro aspecto importantísimo: Baker había «asegurado en nombre de los Estados Unidos (9 de febrero) que no habría ninguna ampliación más de la OTAN hacia el este». Este argumento de Ligachev no lo mencionan ni Bush ni Baker, ni tampoco aparece en las memorias de Baker. No obstante, la investigación que estoy lle- vando a cabo demuestra que desde fecha muy temprana, es decir durante la visi- ta de Baker del 9 de febrero de 1990, no dio ninguna seguridad, sino tan sólo hizo una declaración no demasiado clara sobre la ampliación de la OTAN. 22 Según Chernaiev Baker dijo: «¿Por qué habría de ser necesario ampliar la OTAN después de la unificación de Alemania?» (Entrevista con Anatoli Chernaiev el 6 de diciembre de 2001). Así pues, Chernaiev ahora confirmaba este punto des- pués de haberlo rechazado en una entrevista anterior. Resulta sumamente intere- sante que estos astutos políticos soviéticos creyeran al norteamericano

Thatcher y Mitterrand Al igual que Margaret Thatcher, el presidente francés François Mitterrand también se oponía a la unificación, al menos a esta velocidad. Adoptó una pos- tura prácticamente hostil, en cualquier caso más hostil que en su actitud públi- ca, que en sus discursos y en sus publicaciones o en su posterior libro Sobre

37

20. Entrevista del autor con Bush y Baker, 14 y 15 de septiembre, 1999.

21. Entrevista del autor con James Baker, 26 de septiembre, 1999, Houston.

22. Gorbachev-Stiftung, Opis 1, 9 feb. 90.

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Alexander von Plato

Alemania. Esto es lo que su asesor Jacques Attali manifestó, apoyado por los ase- sores norteamericanos Rice y Zelikow. Attali incluso comunicó que Mitterrand temía que estallase una guerra nuclear en Europa si esta política de unificación tenía que forzarse. Cuando estuvo en Kiev advirtió a Gorbachev del peligro ale- mán. Ambos políticos, Thatcher y Mitterrand, temían una gran venganza de Alemania a causa de la Segunda Guerra Mundial. En cierta ocasión en que se encontraron en Estrasburgo (8 de diciembre de 1989), Thatcher sacó de su bolso dos mapas de Europa, uno anterior y otro posterior a 1945. Thatcher señaló en el mapa Prusia Oriental, Pomerania y Checoslovaquia y gritó: «Todo esto volve- rán a cogerlo: Prusia, Pomerania y hasta Checoslovaquia». Mitterrand apoyaba la postura de la Primera Ministra de Inglaterra. Y ambos declararon que no quisie- ran hallarse en la situación de Múnich 1938, en la que el Primer Ministro britá- nico, Chamberlain, «vendió» Checoslovaquia confiando en impedir la guerra. A pesar de ello la guerra estalló. «Yo no tengo talante apaciguador», dijo Margaret Thatcher. Ello significa que la experiencia generacional con los alemanes de Hitler era más fuerte que la experiencia con los alemanes (federales) después de la guerra. El secretario particular de Thatcher, Sir Charles Powell, que tomó parte en la mencionada conferencia, confirmó esta situación pero no su intensidad. Dijo que Reagan y Thatcher eran los verdaderos

padres del fin de la Guerra Fría. Nikolai Portugalev 23 calificó de miserable la política de Thatcher y Mitterrand y Powell reconoció que la política británi- ca de aquella época relativa a Europa y a la unifica- ción fue un fracaso.

El protocolo ruso del encuentro que protagoniza- ron Gorbachev y Mitterrand el 25 de mayo de 1990 muestra que al final Mitterrand forzó a Gorbachev a aceptar la integración de la Alemania unificada en la OTAN.

Thatcher y Mitterrand temían una gran venganza de Alemania a causa de la Segunda Guerra Mundial

Gorbachev, sus enemigos y la unificación alemana La política de Gorbachev tuvo, sin lugar a dudas, mucha importancia para la unificación, especialmente debido a su rechazo a cualquier tipo de intervención militar y a su estilo político: la «perestroika» y la «glasnost», si bien carecían de programas definidos, se convirtieron en modelo para la mayoría de los activistas de los derechos civiles. De todos modos, Gorbachev no era «el consumado estra- tega», definición que después se le atribuiría e imagen que parecía encajar bien con la que él tenía de sí mismo. Su trayectoria se caracteriza más bien por cam- bios de rumbo, rodeos más que confrontaciones, falta de determinación, deci-

38 siones tomadas a posteriori, después de que los estados occidentales le presenta- sen hechos consumados, vacilaciones e incertidumbre en sus fines. Sin embargo, durante la reunión que el 1 de noviembre de 1989 celebraron Gorbachev y Egon Krenz, el sucesor de Erich Honecker, Krenz preguntó:

23. Entrevisté a Nikolai Portugalev varias veces en Luedenscheid, 1 de noviembre de 1999. Portugalev era miembro del Departamento Internacional del Comité Central de la URSS, especia- lista en Alemania.

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La reunificación de Alemania: polémicas e interpretaciones

Krenz: «Damos por supuesto que la República Democrática de Alemania es hija de la Unión Soviética. Y las personas decentes toman partido en favor de sus hijos; en cualquier caso permiten que se llamen con el nombre del padre». (Con viveza). En la entrevista Krenz dijo: «Oímos que Gorbachev hablaba en murmullos con su intérprete». El secretario del SED y su intérprete creyeron oír un refrán ruso: «Y aunque el hilo parezca interminable, llega un momento en que tiene que acabarse». Los alemanes se quedaron atónitos. En la versión rusa este episodio suena de manera algo distinta:

Gorbachev (no contestó directamente, lo cual es sumamente interesan-

te) 24 : «Ayer Jakovlev se reunió con Z. Brezinski, quien dijo: Si la unifica-

ción se hiciera realidad, sería una catástrofe

políticos serios, como Thatcher, Mitterrand, Andreotti y Jaruzelski están en contra de la unificación de Alemania; incluso los norteamericanos, aunque haya muchos matices en su postura, no todos quieren la unifica- ción. Por consiguiente creo que debemos asumir que la Historia ya ha decidido: Hay dos estados alemanes». 25

Deben saber que todos los

La economía de la RDA podría ser una gravísima responsabilidad para la Unión Soviética si la RDA sufría una mayor desestabilización

En esta reunión Gorbachev le dijo a Krenz que los líderes occidentales tan sólo pretendían apoyar la política de la unificación. Gorbachev: «Creo que sólo lo hacen por Bonn, porque temen que Bonn y la Unión Soviética puedan aproximarse». Sin embargo, este protocolo ruso-soviético es no sólo interesante debido a esto, que –al final– resultó ser un error de juicio, sino también porque demues-

tra la sorpresa de Gorbachev ante la verdadera situa- ción económica de la República Democrática de Alemania. Gorbachev y Krenz discutieron intensamente las relaciones económicas de ambos países. Entre otros puntos, Krenz pidió mejores condiciones respecto de los precios del petróleo y del gas natural. Gorbachev se enteró durante su conversación con Krenz de que la economía de la RDA era muy distinta de lo que Honecker había dicho tres

semanas antes, en el cuadragésimo aniversario de la RDA. Al final preguntó:

«¿Tan mala es la situación?» y Krenz tuvo que decir que sí. De esta larga e intensa conversación con Krenz tan sólo hay una única frase en un protocolo de la reunión del Politburó que se celebró dos días después, frase escrita probablemente por Chernaiev o Medvedev: «El coste de la vida de la RDA supera en dos tercios lo que permiten sus posibilidades. (Die DDR lebt zu zwei Dritteln über ihre Verhältnisse)». 26

39

24. A diferencia de la entrevista con Krenz.

25. Según la recopilación de los Protocolos soviéticos: Fundación Gorbachev, Opis 1, 1 de noviem-

bre de 1989.

26. Cita del acta de la reunión del Politburó, 3 de noviembre de 1989, ps. 589 y ss.

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Alexander von Plato

Desde esta reunión, el líder soviético sabía que la economía de la RDA podría

ser una gravísima responsabilidad para la Unión Soviética si la RDA sufría una

mayor desestabilización. En la misma reunión del Politburó Shevardnadze dijo: «Sería mejor que los

alemanes destruyesen el muro ellos mismos». Todo ello simplemente demuestra

mi tesis de que ya en esa época las principales figuras políticas cambiaron de acti-

tud con respecto a la prolongación de la existencia de la RDA. Incluso durante la reunión que Gorbachev celebró a finales de enero de 1990 con sus ministros y asesores, en la que se decidió aceptar la unificación si los ale- manes lograban llevarla a cabo, los líderes soviéticos todavía confiaban en que Occidente no desease la unificación. El protocolo de esta reunión, escrito por Chernaiev, tan sólo se ha citado fragmentariamente hasta ahora. 27 Revela este

hecho de manera muy vívida: Gorbachev jugó con Kohl a un juego de planifica- ción e intentó presionarle mediante los verdaderos deseos de los líderes occiden-

tales, los cuales estaban todos –a sus espaldas– en contra de la unificación. Sólo dos semanas después Gorbachev tuvo la posibilidad de tornar real aquel juego. Sin embargo no lo hizo. Entretanto se había reunido con Modrow el 30 de enero

y con Baker el 9 de enero y les había garantizado que la reunificación de

Alemania era un asunto que concernía exclusivamente a los propios alemanes. Modrow se mostró negativamente sorprendido: Tuvo que comprender que el antiguo «Knackpunkt» 28 (Modrow), esto es la neutralidad de una Alemania unida, había sido abandonado por Gorbachev sin ninguna explicación. Modrow

ni siquiera sabía que los asesores se habían reunido a finales de enero. Baker y

Kohl se mostraron positivamente sorprendidos y pudieron anunciar: Tenemos en nuestras manos la llave de la unificación, sin ninguna condición previa funda- mental excepto la importantísima del desarme. No obstante, se esperaba que el vacilante e indeciso Gorbachev rechazase con firmeza, a principios de mayo de 1990, 29 la integración de una Alemania unifi- cada, pero tres semanas más tarde accedió en Washington a que los dos gobier-

nos alemanes decidiesen por sí mismos la cuestión de la integración en la alianza. Los cabecillas del levantamiento de agosto de 1991, el jefe de la KGB Kriuchkev y el mariscal Achromeiev, participaron en estas conversaciones, inclu-

so

durante las importantes sesiones del 25 de enero de 1990 en Moscú o duran-

te

las reuniones con Bush en Washington, los días 30 y 31 de mayo de 1990. Si

los

protocolos de las reuniones de Gorbachev y de las sesiones del Politburó, que

he

consultado hasta el momento, son correctos, no votaron en contra de la reu-

nificación de Alemania. Por el contrario, Kriuchkev, así como los oponentes de

40

27. La fecha de la reunión del consejo parece no ser el 26 de enero, tal y como escriben Rice y

Zelikow («se lo dije yo», dijo Anatoli Chernaiev), ni tampoco el 27, como escribió el propio Chernaiev, sino el martes 25 de enero de 1990. Es la fecha que Anatoli Chernaiev, la traductora e historiadora Elke Scherstianoi y yo mismo pudimos reconstruir el 6 de diciembre de 2001 a partir del diario de Chernaiev.

28. Punto fundamental.

29. Anatoli Chernaiev, Die letzten Jahre einer Weltmacht. Der Kreml von innen, Stuttgart 1993, p.

297.

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La reunificación de Alemania: polémicas e interpretaciones

Gorbachev en el seno del Politburó, en particular Ligachev (el mariscal Achromeiev se suicidó tras el fracaso del putsch) declararon que no estaban en absoluto en contra de la unificación en general, pero que hubieran reclamado mejores condiciones para la Unión Soviética y también una velocidad menor. 30 Suponían, al igual que Gorbachev y Kohl en aquellos meses, que la unificación se produciría tras un proceso de unos cinco años o más. Eso significa que Gorbachev y sus adversarios no discrepaban en este punto tanto como suponían Kohl y, en ocasiones, el propio Gorbachev (quien espera- ba así obtener mejores condiciones de Occidente). Creo que Kriuchkev y Achromeiev en particular fueron «hombres de Gorbachev» hasta la primavera de 1990. Sólo se convirtieron en enemigos irreconciliables cuando la Unión Soviética se desmoronó. No obstante, hoy acusan a Gorbachev de ir demasiado rápido, de ceder con demasiada facilidad y de mostrarse demasiado débil en la

cuestión de la unificación cuando se enfrentó a Occidente, sobre todo en lo rela- tivo a la integración en la OTAN de la Alemania unificada. Ciertamente mis actuales investigaciones en los expedientes de la Alemania del Este, abiertos a los estudiosos, y también en los archi- vos rusosoviéticos muestran que Gorbachev no exi-

gió, como condición previa a la unificación, un siste- ma de seguridad europeo que incluyese a la Unión Soviética. Sus integrantes supusieron con casi inge- nua esperanza que este sistema de seguridad se pro- duciría simplemente concediendo antes a Occidente la unificación, porque –como acaba de confirmar Chernaiev– Occidente había garantizado a los sovié- ticos este sistema de seguridad en formulaciones de

tipo general. En mi opinión, este es el punto crucial del fracaso de la política soviética. Cuando los soviéticos cayeron en la cuenta de su propia ingenuidad era dema- siado tarde, los problemas internos habían crecido enormemente, la economía estaba en grave crisis, la decadencia de la URSS empezaba a manifestarse, los movimientos de independencia en la Europa central y del Este aumentaban y todas las ingenuas esperanzas se atomizaron. Occidente no tenía motivo alguno para recordar los anteriores acuerdos, bastante vagos por cierto. A Chernaiev no le resultó fácil admitirlo, pero no explicó esta ingenuidad y añadió: «Sin embar- go, Occidente y especialmente Kohl mantuvieron su palabra respecto de todos los acuerdos establecidos». 31

Gorbachev no exigió, como condición previa a la unificación, un sistema de seguridad europeo que incluyese a la Unión Soviética

Digresión: Golpe de Estado A veces se han oído voces, en particular las de algunos líderes germanos, que afirman que en 1989 y en la primera mitad de 1990 Gorbachev se vio amenaza- do por los militares soviéticos.

41

30. Los dos cuando hablaron conmigo el 5 de noviembre de 1999.

31. Entrevistas con Anatoli Chernaiev, el 5, el 6 y el 11 de diciembre de 2001.

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Alexander von Plato

Si seguimos su propia valoración, 32 los enemigos de Gorbachev y posterio-

res golpistas (el mariscal Achromeiev, el jefe de la KGB Kriuchkev y con dife- rencia Ligachev) fueron en esa época más débiles de lo que debió parecerles por ejemplo a Kohl, Margaret Thatcher, Mitterrand y a sus respectivos servi- cios secretos. Y tal vez en aquella época estuvieron más conectados con la polí- tica de Gorbachev de lo que hoy quisieran confesar. El propio Gorbachev, que en 1990 declaró que un mariscal soviético ocuparía su asiento el día después de que su firma apareciese en un tratado de unificación de Alemania, dijo en 1999 que en aquella época no se había sentido amenazado por los militares soviéticos. 33 En cambio, Horst Teltschik, asesor del canciller alemán, afirmó en el año 2000 que Shevardnadze, después de perder su ministerio, le había dicho que existió el riesgo de que en enero de 1990 se podujera un golpe de Estado, cuyo cabecilla no era –sorprendentemente– Achromeiev o un general del «grupo occidental» del Ejército Rojo, sino Falin, jefe del Departamento de Internacional del Comité Central. En mi opinión esto me parece altamente improbable, dados la posición y el poder de Falin dentro del partido, así como las declaraciones de los enemi- gos de Gorbachev y de los líderes del levantamiento de agosto de 1991. Y no he hallado ninguna otra referencia. No obstante, mis actuales investigaciones revelan otros planes para un golpe de Estado, no en contra sino en apoyo de Gorbachev. Alexander Jakovlev había recomendado fuertemente a Gorbachev (Chernaiev: «suplicado») que diese un golpe de Estado con objeto de liberarse del Partido Comunista de la Unión Soviética y restringir así el poder del partido.

El 28 de enero Jakovlev dijo: «Hemos de actuar, Mijail Sergeievich. La princi- pal barrera para la “perestroika” y toda la política que Ud. quiere llevar a cabo es ahora el Pleno del Comité Central y el Politburó». Jakovlev apoyaba el que Gorbachev tuviese que ser elegido para el cargo de presidente de la Unión por los diputados del Congreso del Pueblo, dividiese la organización del partido, cerrase la comisión de planificación estatal que repre- sentaba al complejo militar e industrial, destituyese a Richkov del cargo de jefe del Gobierno e instaurase un sistema multipartidista. Si no lo hacía así, todo «se derrumbaría». 34

42

Y continuó diciendo:

«Debe actuar de inmediato y de forma decisiva; no lo aplace hasta mayo ni hasta el otoño, concentre en sus manos todo el poder del Estado; arre- bate el poder al Politburó y hasta al charlatán Soviet Supremo según el

principio: “¡Tierra para los campesinos! ¡Fábricas para los obreros! ¡No Unión Soviética, sí una confederación de Estados!».

32. Según dos de ellos, Kriuchkev y Ligachev.

33. Programa televisivo con Kohl, Gorbachev y Bush, celebrado en Berlín el 9 de noviembre de 1999

y moderado por Timothy Ash.

34. Diario de Anatoly Chernaiev, 29 de enero de 1990.

HAFO, 1, 29, 2003

La reunificación de Alemania: polémicas e interpretaciones

En su opinión Gorbachev tenía que actuar antes del Pleno de Comité Central, programado para el 5 y el 6 de febrero, y tenía que hablar directamente al pueblo. Gorbachev no lo hizo, como es de todos sabido, y durante el año 1990 sufrió terribles presiones, principalmente a causa de asuntos internos: la crisis econó- mica y los movimientos de independencia, en particular en las repúblicas bálti- cas. Éstas fueron las verdaderas razones de la formación de los adversarios de Gorbachev. Resumiendo: Con relación a la unificación de Alemania, Gorbachev y Shevardnadze empezaron a ceder a partir de diciembre de 1989 hasta finales de enero de 1990, y respecto de la integración en la OTAN, desde febrero de 1990 hasta junio de ese mismo año. Los enemigos políticos de Gorbachev, por ejem- plo Valentin Falin (jefe del Departamento Internacional), Vladimir Kriuchkev (KGB) y Iegor Ligachev (miembro del Politburó), fueron demasiado débiles o demasiado próximos a Gorbachev para organizar un golpe de Estado en 1989/1990. Diez años después declararon que ambos, tanto Shevardnadze como después el vacilante Gorbachev, tomaban las decisiones a solas, sin informar siquiera al Politburó, 35 lo cual fue contradicho por

Anatoli Chernaiev en 1999, 36 pero más o menos con- firmado en 2001 tras clasificar sus protocolos priva- dos y los de Medvedev y Schachnasarov, asesores de Gorbachev. Portugalev dijo que no se presionó en absoluto a Gorbachev y Shevardnadze para que sólo admitieran la unificación de Alemania en la neutrali- dad. Cuando Falin pidió a Gorbachev que negociase algunas condiciones en el verano de 1990, Gorbachev le respondió: «Se ha escapado el tren». Y Chernaiev dijo ya a fines de enero de 1990: «Ya no nos quedaba

nada con que presionar». Shevardnadze daba por supuesto a finales de 1989 que la Guerra Fría se había vuelto demasiado cara. Era

una de las razones principales para que hubiese de concluir. Tal vez todos ellos estuviesen demasiado ocupados con el derrumbamiento de la Unión Soviética, asunto de mayor importancia que la cuestión alemana. Tras consultar todas las fuentes que conocemos, especialmente los archivos del Politburó, las entrevistas, las memorias y el diario de Chernaiev, parece que Gorbachev y el Politburó trataron problemas internos en más del 75% de las oca- siones, mientras que a la cuestión alemana tan sólo se le dedicó un 10%.

La crisis económica y los movimientos de independencias, en particular en las repúblicas bálticas, fueron las verdaderas razones de los adversarios de Gorbachev

El movimiento civil y las cancillerías (versión abreviada) Durante el proceso de negociaciones, en 1989/1990, las cancillerías y su admi- nistración determinaron la dirección de los acontecimientos, lo cual desembocó ocasionalmente en contradicciones con los ministerios de Asuntos Exteriores (excepción: Bush/Baker), con otras administraciones y con los embajadores de las

43

35. Entrevistas con Vladimir Kriuchkev y Ligachev, 5 de noviembre de 1999.

36. Entrevista con Anatoli Chernaiev, 5 de noviembre de 1999.

HAFO, 1, 29, 2003

Alexander von Plato

potencias occidentales (Serge Boidevaix, Christopher Mallaby y Vernon Walters). Los movimientos populares en la República Democrática de Alemania y en la Europa del Este fueron ciertamente importantes, incluso para la percepción de los líderes soviéticos. Gorbachev, en particular, quedó impresionado por las manifestaciones en contra de Honecker y a favor de él (Gorbachev). Tan profunda fue esta impresión que la dirección de la diversificación hacia una Alemania reunificada en el seno de la OTAN se decidió en los centros de poder y no se correspondió con los objetivos, las esperanzas y la factibilidad de los portavoces del movimiento germanoriental y ni siquiera de los miembros del gobierno de De Maizère, el último Primer Ministro de la República Democrática de Alemania. En 1989/1990 casi todos los activistas del movimiento civil de la RDA apoyaban una RDA reformada, no la unificación, y trataron de convencer a los líderes de Occidente de que apoyasen esta postura, principalmente median- te el argumento de que no había que sobrecargar a los soviéticos. La misma situa- ción se dio en el seno del gobierno de De Maizère. A fin de cuentas fue «tan sólo» el catastrófico presupuesto de la RDA lo que exigió que De Maizère pidiera el camino de «Canossa» a Kohl en el verano de 1990, cuando declaró que la unifi- cación debía producirse antes.

En la actualidad casi todos los seguidores del movimiento civil germanoriental –algunos de los cuales fueron durante breve tiempo ministros sin car- tera del gobierno de De Maizère– han perdido su posición política; solamente algunos trabajaron en el partido demócrata cristiano, como el ex ministro de Defensa (¡de vicario!) o Markus Meckel, durante breve tiempo ministro de Asuntos Exteriores de la

RDA y que actualmente figura entre los cuadros medios del partido socialdemócrata. Sin embargo, la mayoría de los activistas germanorientales dedicaron sus esfuerzos a trabajar por el partido «Bündnis 90/Die Grünen» («Alianza 1990/Los Verdes») y han perdido hoy su base políti- ca: en ninguno de los parlamentos de los estados de la Alemania del Este está representado hoy este partido. La mayoría de los antiguos activistas no desempe- ñan en la actualidad ninguna tarea política, se dedican a tareas intelectuales o han perdido su puesto de trabajo. Pero la mayoría de los que entrevisté no parecen amargados. Pese a esta privación política personal, sienten de forma muy inten- sa que son los vencedores de la Historia. Y –aspecto principal que me gustaría señalar– nunca tuvieron una relación positiva con el Estado o el partido que esta- ba en el poder. Esos poderes les resultaron toda la vida sospechosos y esta actitud

44 perdura inalterable tras la llamada «Wende», el gran cambio posterior a 1989. Por lo tanto, algunos declararon explícitamente que, en cierto sentido, se sentían ali- viados de no hallarse en un puesto político de responsabilidad y algunos casi se alegraban de no verse obligados a hacer carrera política o de otro tipo. Y nunca tuvieron una opinión idealista de las masas. Por consiguiente, no les extraña que la población de la antigua RDA votase mayoritariamente a favor de pertenecer a Occidente, en abierta contradicción con los líderes del movimiento civil, y ahora vote a los partidos que en el pasado y en la actualidad están en el poder.

En 1989/1990 casi todos los activistas del movimiento civil de la RDA apoyaban una RDA reformada, no la unificación

HAFO, 1, 29, 2003

La reunificación de Alemania: polémicas e interpretaciones

Conclusión Un análisis detallado muestra que el mito nacional mencionado al principio tiene, efectivamente, una pequeña base, pero en conjunto nos enfrentamos a una distor- sión de largo alcance de la verdadera historia de la reunificación. El debate relativo a la interpretación de la Historia ha sido –como era de esperar– sumamente con- trovertido en los distintos países, reflejando así los intereses de los estados o del pro- pio partido, según los deseos en los que se apoya la autodescripción de los protago- nistas. La comparación de la distinta formación de mitos relativiza el punto de vista personal o permite comentarios críticos referentes al carácter adulador o a los inte- reses que subyacen a las afirmaciones no sólo del propio gobierno sino también a los de otros. Éste es uno de los principales significados de estas representaciones con- tradictorias. Puede que haya quedado claro que se han tornado particularmente virulentas en la Rusia de hoy. En ese país, las comunidades de los mitos se han segre- gado estrictamente una de otra, su lucha por la imagen de la decadencia de la Unión Soviética no ha terminado y probablemente durará todavía algún tiempo. El moti- vo de esta situación es que no existe ningún mito nacional que otorgue a todas las facciones su correspondiente derecho y su respectiva dignidad. La decadencia del imperio soviético y el hundimiento del nivel de vida de amplios sectores de la pobla- ción han sido paralelos al auge de las instituciones

democráticas, circunstancia no demasiado buena para lo segundo ni para los representantes de los responsa- bles de ese auge. Seguramente la lucha por la Historia sólo tomará una dirección distinta cuando la democracia y el nivel

de vida, las instituciones democráticas y la decaden- cia nacional ya no se perciban de forma tan controvertida como hoy. En la República Federal de Alemania la situación es completamente diferente. Aquí casi todos los partidos poseen o intentan afirmar su lugar, su derecho y su dignidad en unas imágenes distorsionadas que me atrevo a definir como el mito de la unificación. La CDU puede afirmar y afirma haber desempeñado el papel principal, e incluso las heridas que Kohl ha recibido desde entonces no cambia- rán las cosas, como ocurrió con Bismarck –una de las alusiones pronunciadas con mayor frecuencia–, sin que deseemos extremar la comparación entre ambos per- sonajes. Tal vez el público sepa que, en 1989, Kohl, junto con los húngaros, uti- lizó la posterior apertura de las fronteras con objeto de asegurarse su propia supervivencia política, disponiendo que el decreto de apertura coincidiese con la reunión del partido en Bremen, cuando Geissler, Biedenkopf y Späth ya estaban preparados para el regicidio. No obstante, hasta estas verdades no harán sino aña- dir aspectos nuevos a la imagen del estratega y del astuto político. Los movi- mientos civiles y con ellos el «Bündnis 90/Die Grünnen», que afirman ser los legítimos sucesores, pueden también hallar su lugar en este mito nacional de la unificación. 37

La población de la antigua RDA votó mayoritariamente a favor de pertenecer a Occidente

45

37. Y ello pese a que los Verdes habían mostrado durante mucho tiempo gran escepticismo hacia la reunificación. Véase, por ejemplo, la publicación de Los Verdes Kooperation statt Anschluß, que con- tiene un comentario al 10-Punkte-Plan de Kohl que dice así: «La política de Kohl, que pretende

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Alexander von Plato

Incluso el SPD, que al margen de algunas personalidades como Willi Brandt tan sólo desempeñó un papel menor en este proceso, puede no sólo señalar a Brandt sino también a los políticos socialdemócratas del movimiento de los dere- chos civiles, que fundaron el SPD y después participaron en el gobierno de Modrow y de De Maizère. Los norteamericanos pueden incluso prescindir de reclamar para sí el papel

principal, porque sus intereses se han visto satisfechos de manera tan extraordi- naria que no es preciso subrayarlo en público ni elevar la categoría personal de Bush ni su habilidad estratégica. Pero incluso este poder parece ser ambivalente

si se quiere dar respuesta a la pregunta de por qué el papel del gobierno nortea-

mericano se atenuó o incluso se mantuvo secreto. La siguiente respuesta sería obvia: porque lo contrario hubiera reducido el mérito de los alemanes y de los políticos de otros estados. No obstante, probablemente hay más respuestas posi- bles: desde una perspectiva alemana o europea no hubiera resultado beneficioso

para la política norteamericana el que la reunificación apareciese como un refor- zamiento del «áncora norteamericana» en Europa, como producto de una estra- tegia que al menos parcialmente quedó determinada

por intereses norteamericanos. Y extremando más este argumento: Europa está en camino de hallar la independencia, independencia también de los Estados Unidos. ¿Qué opinión merecería el que esta nueva Europa unificada pareciese resultado de una estrategia norteamericana dirigida por unos intereses norteamericanos? 38 Y la estrategia norteamericana todavía complace menos al mito nacional de la reunificación en Alemania, como mínimo menos que un movimiento

de derechos civiles gritando «¡Somos un solo pueblo!»

o menos que un canciller capaz de pasar el Escila británico con la misma elegan-

cia que el Caribdis soviético, y no sólo porque tuvo que soportar el canto de las sirenas, que alababan la unificación alemana en contra de la integración de las necesidades occidentales o soviéticas en contra de la unificación dominada por la Alemania Federal. De todos modos no podemos todavía prever adónde nos llevará la Historia sin una gran Europa política (y militar), pero sin la CEI 39

¿Qué opinión merecería el que esta nueva Europa unificada pareciese resultado de una estrategia norteamericana dirigida por unos intereses norteamericanos?

Traducción de Montse Conill

tragarse a la RDA y convertirla en un estado capitalista, es un peligro para Europa». (Die Grünnen- Bundesgeschäftsstelle: Kooperation statt Anschluß, Bonn, 1990).

38. Tras la presentación de la ponencia, una de las reacciones del público fue: «Antiamericanismo». Pero esto es tan sólo una descripción del pensamiento estratégico en la política norteamericana, raro en Europa y particularmente en las universidades europeas.

39. CEI: Comunidad de Estados Independientes, creada en diciembre de 1991, con la que se dero- gaba el Tratado de 1922 de formación de la URSS.

HAFO, 1, 29, 2003

Poder y resistencia en el sindicalismo rural de Brasil

Antonio Torres Montenegro*

Una plantación en Mamulenga En noviembre de 1987 entrevisté en el barrio popular de Casa Amarela, en la ciudad de Recife, a João Lopes da Silva, conocido por Bubu. En aquella ocasión

Bubu, con sus bien vividos sesenta y seis años, estaba recién casado. Había sido invitado para contar la historia de su vida al Departamento de Memória da Federação das Associações de Moradores, Centros

Comunitários e Conselhos de Moradores de Casa Amarela (Feaca) porque además de habitante del barrio era también Caboclo de Lanza de Maracatu. 1 Al contar la historia de su vida se nos revela como un gran narrador, por el modo en que selecciona los acontecimientos que reconstruirán su memoria oral y, por extensión, la identidad que desea presentar en

público. En muchos momentos, describe los hechos, acciones, sueños y reflexiones y los proyecta como si volviera a revivir el pasado. Reconstruye las señales de otros tiempos con una emoción renovada, como si en cada momento viviera un combate final, a pesar del desgaste del presente al atra- vesar los peldaños marcados por el pasado. Escogemos a Bubu, que desmenuzando su memoria en las idas y venidas de sus tortuosos recuerdos nos ayudará a proyectar, por medio de ciertos retazos de experiencias vividas, una descripción de las relaciones entre patronos y trabaja- dores en la década de 1940 en el nordeste del país. Bubu es hijo de un trabajador del campo. Su padre plantaba caña para el señor

de la plantación y tenía derecho a cultivar una parcela para su propia subsisten-

João Lopes reconstruye las señales de otros tiempos con una emoción renovada, como si en cada momento viviera un combate final

47

*. Este artículo es, en gran parte, el resultado de la investigación que hemos estado realizando acerca de la actuación de religiosos y religiosas en el medio rural del nordeste durante las décadas de 1950/1960, con ayuda del CNPq.

1. Maracatu es una manifestación de cultura popular de tradición africana. Está formado por un séquito real: rey, reina, príncipes, damas de honor y embajadores. Al frente va uno dirigiendo y abriendo el cortejo. Alrededor del séquito las bahianas, y detrás la orquesta de zambombas, bombos y bongos. Desfilan el día de Reyes y en carnaval. Véase Ascenso Ferreira. O maracatu, presépios e pas- toris e o bumba-meu-boi, ps. 16-24.

Historia, Antropología y Fuentes Orales, 1, 29, 2003

Antonio Torres Montenegro

cia: maíz, judías, macaxeira (mandioca), y podía llevar alguna vez un poco de excedente para vender en la feria durante el fin de semana. Pero esa práctica se vio alterada por la abolición del derecho de parcela para los trabajadores de la caña. En sus recuerdos ese momento es reconstruido por diversas vivencias que se intercalan simultáneamente.

«[

el señor de la plantación, todo señor de la plantación calcula. Que tiene allí

su Federación, la sede, y decía que no va a dar más parcela al hijo del labra- dor. Ellos ahora quieren todo sólo para que se trabaje en la caña sin parar.

fue cuando me casé; bueno, después, cuando después de mucho tiempo,

]

Cuando la gente iba a pedir una parcela trabajar sin interrupción». 2

ellos decían no, no os doy, hay que

Este pequeño fragmento nos revela cómo fue entendida la prohibición del cul- tivo de parcelas para el narrador: una decisión de los amos de la plantación a tra- vés de su organización de clase, que aparece en el relato como Federación, y que se convierte en una medida de ámbito colectivo. Podríamos pensar que con la abolición del derecho a las parcelas, los propios señores habían contribuido a la ruptura de uno de los eslabones de la cadena, que la secular relación paternalista entre amos y trabajadores había construido y cimentado. Entretanto para Bubu iba a presentarse otro acontecimiento, que contribuiría, de forma más radical si cabe, a la ruptura de los lazos con la costumbre paternalista que lo ligaban a la plantación de Mamulenga. Se acuerda de una enfermedad que tuvo después del carnaval, y que, a pesar de estar ya casado, fue a casa de sus padres para que lo ayudasen con medicamentos e incluso con rezos. Estuvo tres meses de convale- cencia. En esta época no pidió ayuda al señor de la plantación. Pero a continua- ción fue su mujer quien enfermó y entonces sí se decidió a pedirle ayuda:

«[

yo quiero que el señor me preste 10.000 reales para comprar un frasco de

medicina para mi mujer”. Don Julio contestó: “

]

cuando mi mujer se enfermó, entonces me fui allí y le dije: “Don Julio,

bien, João Lopes, te ayu-

daré”

,

yo ganaba en aquel entonces, 2.500 reales en aquella época. Él me

dijo: “

sí, te aumentaré a 3.000 reales, no puedo prestar dinero, no!”. Yo le

digo, bueno, y me fui para casa. Papá me dijo: “João, ven a casa a buscar el

dinero”, y allí me fui, papa me prestó 10.000 reales, fui a la aldea de San Sebastián y compré un frasco de agua inglesa para mi mujer, que ella tomó y se curó». 3

48 Este acontecimiento fue un hecho simbólico y práctico a un tiempo, radical para la mentalidad de João. El pacto paternalista para él había sido roto de forma definitiva con la negativa de prestar ayuda a su mujer enferma. También porque

2. João Lopes da Silva (Bubu) Apud Federação das Asociações, Centros Comunitarios e Conselhos

de Moradores de Casa Amarela, Casa Amarela, memórias, lutas, sonhos, ps. 12-13.

3. Ibídem, ps. 116-117.

HAFO, 1, 29, 2003

Poder y resistencia en el sindicalismo rural de Brasil

ya había pensado en marcharse a trabajar a otro lugar e incluso instalarse en Recife. Pero, antes de entregarle la azada y la casa al patrón, quiso demostrar que un trabajador como él merece otro tratamiento. Y no olvida explicar la promesa que se hizo a sí mismo en aquella ocasión:

«Yo le enseñaré a Don Julio lo que es un trabajador

cuando llegaba a tra-

bajar, levantaba la azada. La gente estaba cavando en la plantación de caña en el mes de San Juan (mes de junio). Yo me ponía al frente y animaba a todos así, yo gritaba “trabaja las orillas y las esquinas, deja el centro para el día

santo, corre las orillas y las esquinas, deja el centro para el lunes”, zas, zas,

los otros hombres limpiando, casi cien hombres cavando, zas, zas

cuando llegó el mes de agosto, me encontré con el compadre Roseno

en el rancho, y el me dijo: “Compadre, su paga en la fábrica está preparada.

Volví a

Mamulenga, trabajé cuatro días más, y cuando llegó el jueves, ese día traba-

jé no sé lo qué. Cuando llegué a la oficina del servicio dije: “¡Sabéis! ¡Solo me

quedaré en Mamulenga hasta hoy! Desde hoy, ya nunca más” personal me decía: “Has bebido agua de

Mamulenga y ya nunca saldrás de aquí”. Yo digo: “Bueno”. Voy y me marcho, después de liquidar cinco horas, cogí la azada, me acerqué así y le digo: “Don Julio aquí está su azada. Yo

sólo dependo del señor hasta hoy, de hoy en ade-

lante ya no”. Se quedó parado

“¿Y por qué

todo esto señor João?”. Y yo le digo: “

señor, Don Julio, porque yo quiero a un patrón, que me ayude para cuando

yo tengo necesidad de él y que cuando me es tan necesario, él no me ayude, eso

a mi no me va”». 4

zas

plas,

plas, plas

Va a hablar el lunes”

yo fui, llegué allí y recogí mi paga

Entonces el

El pacto paternalista para él había sido roto con la negativa de prestar ayuda a su mujer enferma

:

pues sí

João crea una estrategia para romper con los lazos de dependencia que con- forman la relación capital/trabajo. Revela una manera de pensar, revestida de una actuación que demuestra una experiencia. Actúa al estilo «trampolín»,

«palabra que en un juego de palabras se asocia a la acrobacia del saltim- banqui y a su arte de saltar en el trampolín, como buen trapecista, que astuto y experto se sirve o regatea los términos de los contratos sociales. Mil maneras de jugar y de deshacer el juego del contrario, o sea, el espa- cio instituido por los otros caracteriza la actividad, sutil, tenaz, resistente de grupos que, por no contar con un espacio propio, tienen que desem- barazarse de la red de fuerzas y de representaciones establecidas. Tienen que “hacer como si”. En esas estrategias de luchadores existe un arte en los golpes y lances, un placer en saltarse las reglas del espacio opresor. Destreza táctica y alegría de tenacidad» (Certau, 1994, p.79).

4. Ibid., ps. 117-118.

HAFO, 1, 29, 2003

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Antonio Torres Montenegro

João Lopes rompe con el espacio opresor, pero antes trabaja hasta los límites de sus fuerzas, como para demostrarse a sí mismo que su valor va más allá de lo que es reconocido por el patrón. Es un trabajador ejemplar, de quien probable- mente nadie imagina que esté preparando el golpe o el lance definitivo. Al final es el propio líder de los 100 hombres que cavan la tierra para plantar caña, esti- mulando con su voz el ritmo de la azada. Pero antes aseguró la paga en la fábri- ca. Su tenacidad se define también por el placer de romper con las reglas que rigen la relación patrón/empleado que, según él, no le atribuyen el valor del que él se considera merecedor. Por otra parte, al anunciar a sus compañeros que está pensando en marcharse, éstos le recuerdan el efecto mágico de las aguas del embalse, que convierte a todos en prisioneros de su propio destino, el de morir trabajando en Mamulenga. João mientras tanto no se deja intimidar, «desafía» a los compañeros, a su agua servil y al patrón, que no puede creer lo que está escu- chando del trabajador que tiene delante. Con la convicción de que, quien rom- pió el pacto fue el señor, expone las razones de su despedida al decir: «un patrón que cuando yo tengo necesidad de él, no me ayuda, eso a mí no me va». 5 ¿Le dijo João realmente al patrón, que él no había

atendido su necesidad y que por eso se quería mar- char de allí?, ¿O aquella fue sólo una representación silenciosa que había imaginado y que había guardado para sí mismo, revelándola sólo ahora al reconstruir su memoria oral? Claro que esa respuesta nunca la sabremos. Sólo sabemos que se presenta en aquel momento de remembranza y reconstrucción del acto de despedida de Mamulenga. El fragmento de memoria de la historia de vida de João Lopes nos facilita la comprensión de algunas

relaciones de dominación en el medio rural del nor- deste, a mediados del siglo XX, que se estaban transformando. El patrón que ya no concede la parcela al trabajador para su cultivo de subsistencia. La posibilidad de emigración a Recife o a otro lugar de trabajo en base a la ruptura del contra- to patriarcal, ya que a los amos parece que les interesa cada vez menos la antigua representación de cubrir las necesidades del trabajador.

La historia de vida de João Lopes facilita la comprensión de algunas relaciones de dominación en el medio rural del nordeste, a mediados del siglo XX

Llegada a Galiléia Galiléia es el nombre de una plantación de fogo-morto (fuego-muerto) 6 , situada en la ciudad de Vitória de Santo Antão, a 50 kms. de Recife. A mediados de la década de los cincuenta sus tierras estaban ocupadas por 140 familias de trabaja-

50 dores del campo, que vivían de la agricultura de subsistencia. Por utilizar la tierra tenían que pagar un alquiler o foro, que en los últimos años, dependiendo de los habitantes, aumentó más que su capacidad de saldarlo (Santiago, 2001, p. 30).

5. Ibid., ps. 118.

6. La expresión engenho do fogo morto, inmortalizada en la novela de José Lins do Rego, Fogo Morto,

se refiere a una plantación que no produce azúcar y planta caña para quemar en alguna fábrica.

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Poder y resistencia en el sindicalismo rural de Brasil

Ante la dificultad de muchos agricultores para saldar la deuda con el propie- tario, o por la extrema pobreza de otros, que necesitaban incluso de apelar a la ayuda de la prefectura para poder enterrar a sus muertos, se crea la Sociedade Agrícola e Pecuária dos Plantadores de Pernambuco (SAPPP). Según su estatuto el objetivo de la asociación es de tipo asistencial. Fue la fórmula de los agriculto- res de la plantación para crear un fondo de ayuda mutua. De esta forma podrán resarcirse de la humillación de tener que ser enterrados en los cajones que el ayuntamiento pone a su disposición, tal como nos relata uno de los líderes de la SAPPP, en el film Cabra marcado para morrer –documental dirigido por Eduardo Couthinho, cuando aborda el asesinato de João Pedro, presidente de las Ligas Camponesas (Ligas de Campesinos) de Sape, en Paraíba en 1962. 7 La preocupación por la muerte y más concretamente por la forma de ser ente- rrado es algo muy presente en la población del medio rural. Antonio Callado comenta que al entrevistar a los habitantes de Galiléia en 1959, éstos para ilus- trarle la extrema miseria en la que vivían, le dijeron que: «La gente ya enterraba a los difuntos con mortaja de papel» (Callado, 1969, p. 34). Pero la preocupación por la muerte pronto se transforma en negocio y en Vitória de Santo Antão, ciu- dad próxima a Galiléia, surgieron ya varios servicios de pompas fúnebres. 8 Con una contribución mensual de 10 cruceiros a la asociación, el trabajador tiene garantizada caja y sepultura para él y sus familiares próximos (Callado, 1969, p.

41).

No fue muy distinta la situación con la que se enfrentó el padre Jaime Le Boyer en la zona interior de Bahía. Relata en sus memorias una experiencia que le había impresionado mucho acerca de las personas que vagan por los caminos en esa parte del país, de ahí que se les llamaran «en medio del camino». Una de esas personas –una mujer– se hospedó durante algunos días en la casa parroquial y le contó al padre Jaime que, en el cordón de San Francisco que rodeaba su cin- tura, guardaba el dinero necesario para su entierro. Aunque vivía vagando por los caminos, no deseaba una muerte de indigente. 9 La estrategia para enfrentarse de manera colectiva a los problemas que afligen de forma directa a la comunidad de Galiléia está también marcada por la pre- sencia de algunos ex-militantes comunistas, como Zé dos Prazeres, que durante los años 1946-1947, fue uno de los dirigentes de la Liga Camponesa da Boa Ideia, que reunía plantadores de hortalizas del barrio de Iputinga en Recife. Más tarde, Zé dos Prazeres volvió al medio rural y se convirtió en uno de los líderes que ayudaron a fundar la SAPPP. Otra señal de la influencia comunista es la pre-

7. La filmación se inició en febrero de 1963, en la planatación Galiléia, en Pernambuco, interrum-

pida con el golpe de Estado de 1964. Los actores de la película son la viuda de João Pedro, algunos de sus hijos y muchos habitantes de Galiléia. En 1982 cuando el director regresó a Galiléia, proyec- tó las imágenes que se habían salvado y entrevistó a los actores/trabajadores.

8. «Sociedade mortúaria» era el nombre de las funerarias de la época. Las más importantes en Vitória

de Santo Antão eran: Amor y Bien, Obreros de bien y Sociedad Mortuoria. Cf. Antronio Callado. Os industriais da seca e os “Galileus” de Pernambuco, ps. 34-41.

9. Entrevista con el Padre Jaime Le Boyer, ago./sep. 1997. Antonio T. Montenegro, «Padres e arte-

sãos: narradores itinerantes», História oral, 4 (2001), ps. 48-49.

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Antonio Torres Montenegro

sencia de Paulo Travassos, militante del PCB que se fue a vivir de Espírituo Santo

a Pernambuco, donde pasó a actuar políticamente. Posteriormente Paulo

Travassos fue substituido en su cargo de presidente por Zezé da Galiléia (Aze- vedo, 1982, ps. 55-56). La creación de una entidad de carácter social en vez de un sindicato rural que

interviniese a favor del trabajador en la relación capital/trabajo en el campo, indi-

ca el nivel de control político de las oligarquías rurales. Los propietarios, por

medio de la Confederação Rural Brasileira, presionaban al Ministerio de Trabajo,

en el sentido de impedir cualquier iniciativa que posibilitira trasladar los derechos

laborales ya logrados de los centros urbanos al medio rural. La sindicalización

rural, prevista ya por la Consolidação das Leis (Leyes) Trabalhistas y compatible con los términos de la Constitución de 1946, es anunciada como meta de los diversos gobiernos y frenada por la presión del bloque agrario (Lessa, 1985, p. 52). El carácter asistencial y de ayuda mutua de la SAPPP de Galiléia y la táctica de conciliación de los trabajadores desemboca en la invitación para ocupar el cargo de presidente honorario al propietario de la plantación –Oscar Beltrão–. En la fiesta de la fundación el 1 de enero de 1955 el

propietario autoriza, entre discursos, fuegos y danzas, la recogida de madera de mata de la plantación para la construcción de una capilla. Los trabajadores, al fundar una sociedad benéfica, procuraron institucio- nalizar una cooperación para en la práctica poder enfrentarse mejor a los problemas creados por las enfermedades, la muerte y al mismo tiempo saldar las deudas con el propietario. La invitación revela un golpe, un lance táctico de los habitantes, en su inten-

to de dar visibilidad y de mostrar al propietario su interés en buscar una fórmula –con sus propios medios y la ayuda mutua– para contrarrestar los graves problemas que les afligen, evitando no crear una carga extra al propietario. La fundación de la SAPPP nos remite a la problemática de origen, en la que Focault en sus reflexiones inspiradas en Nieztsche puede cons- tituir un ejemplo que establece otros desafíos:

La creación de una entidad de carácter social en vez de un sindicato rural, indica el nivel de control político de las oligarquías rurales

«Lo que encontramos en el principio histórico de las cosas no es la iden- tidad todavía conservada de sus orígenes –es la discordia entre las cosas, es el disparate. La historia nos enseña también a reírnos de la solemnidad de los orígenes. Los elevados orígenes son la “exageración metafísica que reaparece en el concepto de que en el principio de todas las cosas se

encuentra lo que hay de más valioso y esencial”; nos gusta creer que las cosas en su comienzo se hallan en estado de perfección; que salieron bri- llantes de las manos del creador, o en la luz sin sombra de la primera mañana» (Focault,1979, p. 18).

Lo que más tarde se denominará Ligas Camponesas, que adquiere con el paso de los años notoriedad y se convierte en motivo de admiración para muchos, tanto a nivel nacional como internacional, es una entidad creada para atender de

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Poder y resistencia en el sindicalismo rural de Brasil

forma puntual a los problemas urgentes de aquella comunidad. La presencia del amo de la plantación como presidente honorario muestra todavía la marca de un tiempo en el que los trabajadores creían que para tomar cualquier decisión de carácter público, o incluso privado, necesitaban de la aprobación de los propie- tarios. Pero, por otra parte, hay que reconocer que existe un movimiento de resis- tencia de esos trabajadores en que

«La táctica es movimiento “dentro del campo de visión del enemigo”, como decía von Büllow, y dentro del espacio por éste controlado. Esa tác- tica no tiene por lo tanto la posibilidad de otorgarse a sí misma un pro- yecto global ni de totalizar al adversario en un espacio distinto, visible y objetivo. Opera golpe a golpe, lance a lance. Aprovecha las “ocasiones” y de ellas depende, sin una base para acumular beneficios, aumentar la pro- piedad y prever salidas» (Certau, 1994, p. 100).

Los trabajadores de Galiléia buscan una forma de romper con el círculo de miseria que los atormenta y que los condena a una

muerte de indigente. En esa lucha, la creación de una entidad se convierte en algo más que un golpe, en más que un movimiento, sin la certeza y sin la garan- tía de que se alcanzará algún objetivo. Pero incluso así, esa organización de los habitantes, aparentemen- te sin grandes consecuencias, realizada con toda transparencia y con el consentimiento del señor de la plantación, proyecta algo nuevo, una postura colecti- va que causa sorpresa y reacción entre los propieta- rios.

En breve partirá del propio amo de la plantación la ruptura con la SAPPP. Renuncia al cargo de presidente honorario y exige a todos los habitantes la anu- lación de ésta. Las razones de ese cambio de actitud se atribuyen a varios facto- res. Para algunos autores se trata de la influencia de otros propietarios, que ven un enorme peligro en lo que ya se denomina la época de «pax agraria», amén de la sospecha de que la asociación es obra de comunistas (Azevedo, 1982, p. 56). Para otros el motivo fundamental es el hecho de que el hijo del propietario está planeando la transformación de Galiléia en una hacienda para la cría de ganado. La existencia de la asociación, aunque sólo sea con carácter asistencial, podría acarrear mayores problemas en el momento que se decida expulsar a las familias de trabajadores (Santiago, 2001, p. 31). En un corto periodo la asociación que había sido creada como ente de auxilio para paliar las dificultades de los habitantes y la extrema pobreza en la que viven, les ocasiona nuevos problemas. El presidente honorario dimite y exige la disolu- ción de ésta, además empiezan a sentirse amenazados por la expulsión, ya que el hijo del propietario demanda el desalojo de la plantación para crear una explota- ción ganadera. Se intenta poner en marcha la posibilidad de pedir auxilio a las autoridades y una comisión formada por la directiva de la SAPPP presenta un pleito al general

Lo que más tarde se denominará Ligas Camponesas, es una entidad creada para atender los problemas urgentes de la comunidad campesina

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Cordeiro de Farias, gobernador de Pernambuco por aquel entonces. Pero no con- siguen sensibilizarlo con el problema de aquellas familias que luchan por el dere- cho de tener una tierra para mantener el sustento de los suyos (Santiago, 2001, p. 31). Vuelven a buscar parlamentarios y abogados que se interesen por defen- derlos, pero sin éxito.

Calle Cruz Macedo, 99 En 1963, Joseph Page, estudiante de derecho en Harvard, cuando hizo un viaje de turismo a Recife, se sintió atraído por la problemática del nordeste y decidió darse un paseo por la ciudad, inicialmente de tres días. Aprovechando las circunstancias entrevistó a algunos políticos de renombre por aquel entonces. Entre los entrevistados le atrae especialmente Francisco Julião, de quien se gran- jea la confianza hasta el punto de que lo acompañó en diversos viajes. En su libro, fruto de la recopilación de las entrevistas, describe minuciosa- mente el encuentro de la comisión de trabajadores del campo de la plantación de Galiléia con el diputado antes mencionado. A pesar de que el autor asegure que hay diferentes versiones publicadas, al describir aquel encuentro y no otro, se está aproximando a la versión de Antonio Callado. En la detallada reconstrucción que nos presenta es muy significativa la casua- lidad de aquel encuentro. Al final, la comisión fue en busca de otros apoyos. Visitó al gobernador y luego a varios abogados, que les hubieran cobrado un pre- cio alto por defenderlos. Contactó también con la Asamblea Legislativa pero siempre sin éxito. Casualmente alguien le facilitó la dirección del diputado Francisco Julião. Naturalmente hubiera sido posible que una vez llegado a la casa del diputado, éste hubiera estado de viaje, reunido o incluso no hubiera querido recibirlo aquel domingo. Hubiera podido repetirse simplemente lo mismo que ya había ocurrido en tentativas anteriores (Page, 1972, ps. 51-52). 10 En un caso así, considerando lo imprevisible de la historia, recordamos a Foucault cuando afir- ma: «Las fuerzas que están en juego en la historia no obedecen ni a un destino ni a una mecánica, sino más bien a una lucha» (Foucault, 1979, p. 28). Los trabajadores llegaron al barrio de Várzea en una carreta tirada por caballos en busca de la calle Cruz Macedo. En otra época aquella parte de la ciudad había pertenecido a la plantación de Várzea y con la urbanización realizada en la déca- da de los cincuenta, quien la buscase yendo del centro de la ciudad hacia el suburbio, la encontraría al final de la Avenida Caxangá. Este barrio, en pleno siglo XXI, conserva aún algunos caserones coloniales alrededor de su plaza prin- cipal y también en las calles paralelas, manteniendo así una cierta atmósfera de típica ciudad del interior del nordeste.

54 Una vez localizada la calle, el grupo formado por Zezé de Galiléia, Manuel Severino, Amaro do Capim y José dos Prazeres no tuvo ninguna dificultad en encontrar la casa del diputado Julião. Una gran casa de estilo colonial rodeada de árboles frutales. Son recibidos por Julião a quien explican la situación en la que

10. El autor relata que la fuente de donde sacó tan detallada descripción fue una entrevista con el líder de las Ligas, Jonas de Sousa, que también corresponde a lo que Antonio Callado escribió en una serie de artículos para un periódico de Río de Janeiro, Correio da Manhá.

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se hallan, amenazados de expulsión de las tierras y forzados a cerrar las activida- des de la SAPPP. Al finalizar esa primera conversación, Julião les dice: «Yo os defenderé: soy un diputado. El estado me paga. No tendréis que abonarme nada» (Page, 1972, p. 54). Se fija un nuevo encuentro para principios de enero de 1955, esa vez en Galiléia y será entonces cuando el diputado conocerá a todos los com- ponentes de la asociación. Julião es abogado y diputado, elegido por el PSB en 1954, después de sufrir dos derrotas electorales en 1945 y 1947. En 1955 en las elecciones legislativas complementarias recibe el apoyo del PCB que lanza la consigna: «Asegurar la vic- toria de Francisco Julião». 11 En 1958 es reelegido diputado. Al aceptar la defen- sa de los trabajadores de Galiléia, Julião toma la previsión de registrar la asocia- ción oficialmente. A principios de 1955 visita Galiléia para conocer a toda la comunidad (Page, 1972, p. 59).

La invención de las palabras La Sociedad Agrícola y Pecuaria de los Plantadores de Pernambuco (SAPPP) de la plantación de Galiléia se convierte en el tema prioritario de la Asamblea Legislativa, donde el diputado Francisco Julião ocupará la tribuna para defender a sus clientes, amenazados de expulsión por el propietario. Al hacer referencia a tra- bajadores del campo mediante la utilización del término camponés, es recriminado por una colega diputada que le sugiere la utilización de un término menos fuerte. La palabra sugerida para substituir a camponés sería rurícula. Para la diputada el término utilizado por Julião contiene una carga política e ideológica demasiado grande. Posteriormente en una conversación privada le advierte: «Estoy viendo que en cualquier momento le van a dar un tiro aquí dentro» (Santiago, 2001, ps. 59-60). La movilización en torno al problema agrario en el nordeste adquiere mayor notoriedad a partir de dos congresos realizados en el año 1955. El primero es el Congresso de Salvação (Salvación) do Nordeste; una iniciativa de la sección local de la Liga de Emancipación Nacional, que reunió a 1.600 delegados, entre par- lamentarios, intelectuales, profesionales de tipo liberal y líderes sindicales. Durante los debates adquirió relevancia otra comprensión política y técnica de la problemática del nordeste que no es sólo la cuestión geográfica de tierra seca y disociada. Al final el conjunto de mociones sirvió de base para la redacción de la Carta de Salvação do Nordeste. Entre las comisiones de trabajo una de las más concurridas fue la dedicada al tema de la tierra, presidida por el Padre Leopoldo Brentano, de Ação Católica Operária, con la participación de aproximadamente doscientos delegados. Entre las mociones destacó la de la reforma agraria como una de las soluciones para el problema del campo (Azevedo, 1982, ps. 59-61). Después de este significativo cónclave se realizó el 1er. Congreso de Camponeses de Pernambuco, organizado por la SAPPP, que contó con el apoyo del profesor Josué de Castro, en aquel entonces director de la FAO. 12 Participa-

11. Periódico Folha do Povo, (Hoja del Pueblo), 9 de enero de 1955.

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12. Este autor además de haber publicado varios libros y artículos sobre el problema del hambre en

el nordeste del Brasil, fue también parlamentario por el Partido Socialista y se exilió después del

golpe de 1964.

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ron aproximadamente tres mil trabajadores del campo y gracias a la cobertura realizada por la prensa se conseguió una mayor difusión y conocimiento de los problemas sociales del medio rural. La prensa pasa a denominar a la Sociedade Agrícola e Pecuária dos Plantadores de Pernambuco de «Ligas Camponesas», subrayando con ellas un nítido caracter comunista. Esa asociación de expresiones entre Sociedade Agrícola y Ligas Camponesas no es fortuita. El PCB en el perio- do de redemocratización, de 1945 a 1947, instituyó un movimiento de movili-

zación y organización de los trabajadores del campo en diversos estados del Brasil que en aquella época se llamó Ligas Camponesas (Lessa, 1985). El congreso ayudó de forma decisiva a la reestructuración de la SAPPP de Galiléia, que pasó a ser conocida a partir de entonces como Ligas Camponesas. La movilización de los trabajadores del campo hasta entonces reducida al muni- cipio de Vitória de Santo Antão, donde se encuentra la plantación Galiléia, esta- bleció una nueva red de contactos en otras ciudades, entre ellas Recife. La arti- culación de las Ligas se vio incrementada con

intelectuales y parlamentarios y con el movimiento urbano organizado. De esa forma se creó un soporte jurídico, político y parlamentario que rompió el ais- lamiento de los conflictos en el medio rural (Azevedo, 1982, p. 64). La expresión Ligas Camponesas rescatada por la prensa en su intento de colocar la opinión pública en contra de la SAPPP, ya que la está tratando como organización comunista, es apropiada de nuevo por parte de los camponeses y con esa expresión serán registradas las siguientes asociaciones agrícolas. La discusión sobre las palabras no se puede separar

de una nueva práctica instituida. El recelo de la dipu- tada por el uso de la expresión camponés no es infundado. Después del congreso, «Recife presenciará una manifestación campesina que desfilará por las calles cen- trales de la ciudad» (Azevedo, 1982, p. 64). El lenguaje expresa también una práctica (Foucault, 1979). Pero la discusión lingüística no ha finalizado. Representa una preocupación constante en las ligas, que se entrelaza con los otros niveles de las actuaciones sociales y está relacionada con ellas. Producir efectos verdaderos, estableciendo una ruptura con el discurso oligárquico o patriarcal que justifica las relaciones de explotación, requiere diversas maniobras tácticas. El discurso en defensa del sta- tus quo establece una reacción contra cualquier régimen de cambio, que se pro-

56 yecta como una gran amenaza comunista, no sólo en el mundo rural sino en toda la sociedad. La estructura de la organización de los trabajadores del campo que entonces se define, establece la creación de una sede regional de las Ligas Camponesas en Recife para coordinar las acciones en el interior. La sede local de las ligas en cada municipio llevará el nombre de delegación. La selección del término acentúa la táctica adoptada para fortalecer al trabajador en su enfrentamiento con el patrón. El camponés conoce la delegación de policía, donde muchas veces se ve

El discurso en defensa del status quo establece una reacción contra cualquier régimen de cambio, que se proyecta como gran amenaza comunista en el mundo rural y en toda la sociedad

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obligado a comparecer para resolver disputas laborales o incluso el desalojo imprevisto de algunas tierras en las que habita y trabaja con su familia. El cam- ponés tendrá así una delegación que defenderá sus derechos y que no le presio- nará ni le encerrará. El patrón se ve obligado a hacer algo a lo que no está acos- tumbrado, es decir, a negociar con el trabajador. El término delegación, con un significado distinto, se asocia a otra práctica social. En este sentido, Julião ten- drá un grupo de abogados que lo apoyará en los diferentes litigios que surgen entre propietarios y trabajadores que requieren la ayuda de las Delegacias das Ligas (Page, 1972, ps. 63-64).

El Nordeste en movimiento El periodo que va dede la creación de las Ligas Camponesas hasta el golpe mili- tar de 1964 transformó el nordeste y las luchas sociales en el medio rural fueron motivo de innumerables reportajes en la prensa nacional y también en la inter- nacional. Seleccionamos dos reportajes sobre el nordeste a partir de las visitas de dos periodistas a la región, oportunidad que aprovecharon para realizar contac- tos y entrevistas con camponeses y políticos. La primera serie de artículos fue la del periodista Antonio Callado para el periódico de Río de Janeiro, Diário da Manhá, publicados entre el 10 y el 23 de septiembre de 1959. Posteriormente una nueva visita le facilitó la publicación de otros temas entre el 29 de noviem- bre y el 2 de diciembre de 1959. El otro reportaje fue realizado por el periodista americano Tad Szluc para el diario de la ciudad de Nueva York, The New York Times, publicado el 31 de octubre y el 1 de noviembre de 1960. Antonio Callado viajó al nordeste invitado por el Conselho de Desenvolvi- mento Econômico do Nordeste (LODENO) y visitó los estados de Cesará, Paraíba y Pernambuco. En ese momento se estaba discutiendo en la Câmara Federal una ley sobre el riego que encontró oposición por parte de los parlamen- tarios de Ceará y de Paraíba, donde el problema de la sequía era uno de los más graves. En la serie de reportajes que realizó Callado denunciaba lo que él llama «industria de la sequía» o sea los mecanismos a través de los cuales los latifundis- tas convierten los problemas de la sequía en un gran negocio. Denuncia también cómo las canalizaciones de agua construidas con medios públicos para ayudar a toda una población rural acaban beneficiando a unos pocos latifundistas. Después de visitar Pernambuco cuenta la lucha de los habitantes de Galiléia. Hace una breve reseña histórica de la SAPPP y de cómo los habitantes se han movilizado en vistas del desenlace de la demanda de expropiación de la planta- ción, presentada al gobierno del estado y que se estaba tramitando desde hacía dos años en la Asamblea Legislativa (Callado, 1969, ps. 5-31). Toda esa serie de reportajes de Callado es el resultado de una estrategia dentro del gobierno de Juscelino Kubitschek que intentaba obtener el apoyo del periódico a los proyec- tos que presentaba como respuesta a la grave crisis que dominaba el nordeste, acrecentada por el problema de la enorme sequía de 1958. Se consideraba el apoyo de la opinión pública de gran importancia, para poder vencer la oposición de muchos parlamentarios del Congreso al proyecto Operação Nordeste de Celso Furtado, producto de la fundación de la Sudene –Superintendência do Desenvolvimento do Nordeste– (Furtado, 1989, p. 46).

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Los reportajes que aparecieron en la prensa presentaban una versión del nor- deste en la que muchos se reconocen y otros no. Por extensión crean un campo de batalla, ya que a cada versión se asocian conceptos, imágenes, principios polí- ticos, análisis del presente y perspectivas de acción y de cambio que se oponen a otras versiones. Al tiempo que diferentes acontecimientos que tienen lugar simul- táneamente facilitan crear relaciones que amplían la posibiliad de compresión del pasado. Las fuerzas en contienda en ese momento apuntan hacia:

«una lucha “por la verdad” o al menos “en torno a la verdad” entendién- dose en más de una ocasión bajo el concepto de verdad, no “el conjunto de cosas verdaderas por descubrir o por hacer aceptar”, sino “el conjunto de reglas según las cuales se distingue lo verdadero de lo falso y se atribu- ye a lo verdadero efectos específicos de poder”; entendiéndose también que no se trata de una lucha “a favor” de la verdad, sino en torno al esta- tuto de la verdad y del papel económico y político que éste desempeña» (Foucault, 1979, p. 13).

La movilización de los camponeses de Galiléia se convirtió en los últimos años de la década de los cin- cuenta, en un símbolo de oposición para una parte de la sociedad, mientras que para otros representa el avance del comunismo y de la ruptura con la «pax agraria». Después de la creación de la SAPPP en 1954

y de su regulación en 1955 el movimiento de traba-

El movimiento de trabajadores del campo padeció, en la prensa y en los medios políticos, una constante campaña de amenazas y acusaciones de subversión del orden establecido y desprecio al sagrado principio de la propiedad

jadores del campo padeció en la prensa y en los

medios políticos una constante campaña de amenazas

y acusaciones de subversión del orden establecido y

desprecio al sagrado principio de la propiedad. Para el gobierno del estado no existe ningún canal de nego- ciación. A pesar de toda esa campaña las delegaciones

de las ligas se extienden por el estado y en 1959 ya son veinticinco. 13 Las movilizaciones públicas de camponeses son una constante. El primero de mayo de 1956, Julião moviliza a seiscientos camponeses para parti- cipar en las conmemoraciones de Recife. En 1958 llegan tres mil al primer Congresso de Lavradores, Trabalhadores Agrícolas e Pescadores, que se dirigen a la Asamblea Legislativa que dedica una sesión al tema de la Reforma Agraria (Callado, 1969, p. 49). Un incidente con la policía a finales de 1956, nos facilita la reconstrucción de

58 una muestra de la resistencia a cualquier cambio en el medio rural por un lado y, por otro, muestra claramente el apoyo oficial a prácticas que violan el estado de

13. Hay delegaciones de las Ligas Camponesas en Pernambuco en las siguientes ciudades: Goiana, Igarassu, Paulista, Olinda, São Lourenço da Mata, Pau d´Alho, Limoeiro, Bom Jardim, Orobó, João Alfredo, Surubim, Jabotão, Moreno, Vitória de Santo Antão, Gravatá, Bezerros, Caruaru, Belo Jardim, Pesqueira, Buique, São Bento do Una, Bonito, Cortês, Escada e Cabo. Cf. Antonio Callado, op. cit., ps. 5-31.

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derecho. Cuando, un sábado por la tarde, Julião convoca otra reunión con los habitantes de Galiléia, el capitán de la policía militar estatal lo detiene y corta la línea telefónica entre Vitória de Santo Antão y Recife, para impedir que los cam- poneses comuniquen el hecho a algún miembro del Conselho Regional das Ligas en Recife. A pesar de ser diputado del estado y por lo tanto contar con la inmu- nidad contra procesos legales, es apresado, llevado a Recife y entregado al coro- nel del ejército que lo recibe en calidad de ayudante del gobernador, que en ese momento es Cordeiro de Farias. El coronel se muestra indignado por la actitud del capitán y pone en libertad a Julião inmediatamente. En la sesión de la Asamblea, Julião explica a la tribuna lo ocurrido y obtiene automáticamente el apoyo de sus colegas. La semana siguiente regresa a Galiléia en compañía de dos diputados más, pero incluso después de lo ya ocurrido, son rodeados por pisto- leros contratados por el amo de la plantación. Después de una difícil negociación se solventa la situación, pero se evidencia la extrema tensión que hay en la zona (Page, 1972, p. 64). Aparte de estas dificultades cotidianas hay que tener en cuenta las discusiones políticas de tipo más general que se están llevando a cabo en el estado. En 1958, durante las elecciones en Pernambuco se creó un frente de resistencia que se conocerá como Frente de Recife. Los partidos legalmente constituidos PSB, PTB, PST y UDN formalizaron un programa y lanzaron la candidatura de un trabajador de una fábrica, Cid Sampaio, después de superar las diversas oposi- ciones entre las izquierdas, especialmente del Partido Comunista, que contaba con una gran fuerza política, aunque no aparezca legalmente. La elección del tra- bajador de la fábrica para el gobierno del estado a finales de 1958 señaló una rup- tura con la hegemonía del PSD desde 1930, además de significar un avance de los sectores comprometidos con las luchas sociales y populares (Soares, 1982). Así es que los reportajes de Antonio Callado, en ese escenario político, adqui- rieron una fuerte repercusión nacional. Los reportajes se transcribieron a los Anales de la Cámara Federal y a los Anales de la Asamblea Legislativa de Pernambuco, tanto si estaban relacionados con discursos favorables como desfa- vorables. Los artículos publicados en la prensa alternaban también elogios o ata- ques a los temas publicados por Callado. La «industria de la sequía», la creación de la Sudene o la lucha de las Ligas Camponesas de Galiléia se convirtieron en temas centrales del debate nacional (Callado, 1969, p. 25). En noviembre, al regresar a Pernambuco, Callado es testigo de un nuevo ataque contra los habitantes de la plantación Galiléia. Éstos decidieron hacer el 15 de noviembre una manifestación de solidaridad a favor del prefecto de la ciudad de Vitória de Santo Antão, Sr. José Ferrer, a quien habían apoyado en su elección. Pero para sorpresa general se vieron impedidos a punta de fusil –tal como cuenta el periodista encargado del tema del Diario da Manhá–. Días después del incidente el juez de Vitória de Santo Antão, que paralizó en sus manos el proceso de desalojo solicitado por el propietario, decidió a favor del desalojo de las tierras de Galiéia por parte de aquellos trabajadores que tenían deudas con el amo. Explicaba el perio- dista que la alternativa que existía para evitar un conflicto de consecuencias impre- visibles era poner en marcha el proyecto de expropiación que se encontraba frena- do en la Asamblea Legislativa y aprobarlo (Callado, 1969, ps. 132-134).

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Los dos artículos publicados por el periodista en el Diario da Manhá en los días 20 de noviembre y 2 de diciembre de 1959, que daban cuenta de estos hechos, produjeron una reacción en el propietario. Éste, a través de su abogado, denunció al periodista Antonio Callado y al diputado Francisco Julião como infractores de la Ley de Seguridad Nacional. La denuncia se basaba en que esta- ban incitando a los trabajadores de la plantación a no cumplir el mandato de des- alojo, decretado por la justicia de Vitória de Santo Antão (Callado, 1969, p. 145). La prensa, al divulgar ampliamente el hecho, provocó indignación en una parte significativa de la Câmara Federal y en más de cien parlamentarios federa- les que firmaron una moción de apoyo a Callado (op. cit., p. 156). La acción con-

tra el periodista y el diputado dejó de ser un tema estatal y se convirtió en nacio- nal. En definitiva se puso a debate la reforma agraria y la necesidad de institucionalización de otras relaciones sociales en el medio rural.

A partir de la actuación del gobernador elejido por el Frente de Recife, las

Ligas Camponesas ampliaron su movilización afirmando que un gobierno cons- tituido por representantes de izquierda aceleraría el proceso de expropiación de las tierras. Según Santiago (2001, p. 72) «en 1958 en un periodo de tres meses, las Ligas organizaron 80 actos públicos en Recife». Entretanto será la publicación

del despacho del juez de Vitória do Santo Antão, que autorizaba el cumplimien- to del mandato de desalojo de las tierras de la plantación por parte de los habi- tantes con atrasos en el pago de los tributos, lo que avivó el enfrentamiento entre la SAPPP y el amo de la plantación.

Se volvió a presentar en la Asamblea el proyecto de expropiación y aumentó la

presión política como consecuencia de las numerosas concentraciones de trabajado- res delante de la Asamblea Legislativa y del Palacio del Gobierno. Editoriales y artí- culos de prensa criticaron, en su mayoría, la posible expropiación que consideraban

una amenaza sin precedentes a la propiedad privada y al orden social. El desenlace era imprevisible. Y Julião en una declaración al periódico Diário de Pernambuco del 30 de octubre de 1959 pronosticaba: «Las Ligas concentran todos sus efectivos para

el primer baño de sangre del gobierno del Sr. Cid Sampaiao, en el caso de que se rea- lice una nueva injusticia contra los habitantes de Galiléia» (Azevedo, 1982, p. 69).

El gobierno cedió a la presión de los trabajadores y firmó la expropiación. La

repercusión en la prensa de otros estados fue inmediata y prevaleció un tono de crítica y censura al acto del gobierno. El periódico O Estado de São Paulo en edi-

torial del 18 de febrero de 1960 afirmaba:

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«Al criticar, hace no muchos días, la absurda iniciativa del gobernador Cid Sampiao de expropiar las tierras de la plantación Galiléia, en un ilí-

cito y violento golpe contra el principio de la propiedad, con el fin de dis- tribuirlas entre los trabajadores de esa empresa, ya veíamos lo que de ello podría resultar. La violencia sería, tal como fue, considerada una con- quista de las Ligas Camponesas e impulsaría la ambición de los demás campesinos asalariados deseosos de favores idénticos».

El periódico presentó lo que puede ser considerado como una reacción a la

expropiación por parte de los sectores económicos dominantes. Para éstos era

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como si hubieran estado perdiendo la batalla contra los trabajadores del campo y los partidos de izquierda que los apoyaban. Con el agravante de que la medida había sido tomada por un gobernador de la UDN, si bien fue elegido por un fren- te en el que la izquierda había tenido un papel preponderante. En el vértice de esta abigarrada discusión el gobierno federal, después de una intensa negociación, y a pesar de la reacción de una parte significativa de parlamentarios del nordeste, con- siguió aprobar la creación de la Sudene. Su aprobación cuenta con movilizaciones populares en Recife y Fortaleza. La Sudene aparece como un esfuerzo más en la línea de industrializar el nordeste y prepararse para los cambios de las arcaicas rela- ciones sociales y políticas de la región (Furtado, 1989, p. 78). Hay que subrayar que había, tanto por parte del gobierno de Juscelino Kubieschek, como de una parte de la prensa, como de la opinión pública, así como de la Iglesia Católica, y de las asociaciones del campo y sindicatos urbanos una inclinación en dirección al cambio del status quo del nordeste. Pero en esos mismos sectores se manifestaba una fuerte resistencia articulada en una amplia red. Estaba en el escenario una discusión entre cambio y permanencia como nunca antes se había observado. Los reportajes de Callado han producido un efecto de verdad sobre un sector de la opinión pública, de los políticos, de la Iglesia Católica. Dom Hélder se puso en contacto con Celso Furtado, después de conocer la

Operação Nordeste, para garantizarle su apoyo, como también apoyó el proyecto de creación de la Sudene (Furtado, 1989, p. 47). El nordeste necesitaba una modernización, combatir la corrupción oligárquica que utiliza los recursos públicos para proyectos parti-

culares y facilitar la posibilidad de convertir al traba- jador del campo en ciudadano. Es alrededor de esa verdad que el gobierno fede- ral proyectó la Operação Nordeste y aprobó la Sudene. Pero para los muchos que están en contra de cualquier tipo de cambio, todas esas propuestas son iniciati- vas comunistas. El gobierno se encontraba entre dos fuegos. Por un lado los propietarios, here- deros de una vieja tradición de completo dominio sobre los trabajadores/habi- tantes de sus tierras. Reproducían costumbres patriarcales, en las que pequeños favores y loa apadrinamientos se mezclaban con relaciones de intento de especu- lación, que se ponían de manifiesto con el cambão, del impuesto, del pulo da vara, del barracão y que aparecían como naturales. El habitante –sometido al «régimen de condición», como se sabe– tiene obligación de prestar dos o tres días de trabajo por semana a la plantación o hacienda. Cuando el trabajador arrienda un trozo de tierra tiene que conceder de diez a veinte días de trabajo gratuito al año al propietario, aunque puede enviar una tercera persona para substituirlo, según el sistema conocido como cambão. El pulo (salto) da vara es un expresión muy común en la zona de la explotación de la caña; el administrador al medir con una vara la extensión de la tierra trabajada, por lo general salta uno o dos pasos en relación a la marca anterior. Así a un trabajador que hubiera cortado, plantado o preparado una tierra de ocho cuadras (esa es la medida) se le pagaba como si hubiera trabajado seis.

Estaba en el escenario una discusión entre cambio y permanencia como nunca antes se había observado

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La mayoría de las plantaciones de azúcar tienen también su barracão (tien- da/quiosco), donde se venden los productos de primera necesidad. Muchos tra- bajadores reciben su paga, toda o en parte, en vales para comprar en el barracón. También existen las cadernetas (cuadernillos) del barracão, donde se anotan las compras durante el mes. Como los trabajadores son analfabetos tienen pocas posibilidades de controlar esas anotaciones. Las Ligas Camponesas a su vez se revelan contra los propietarios del campo al denunciar públicamente, con manifestaciones y movilizaciones, toda esa situa- ción en la que vive la gran mayoría de los trabajadores del campo del nordeste. Esa movilización tiene su culminación en la aprobación de la expropiación de Galiléia y es muy fructífera entre los trabajadores del campo de Pernambuco y otros estados. Es difícil calcular el número de afiliados a las Ligas, afirma Azevedo (1982, p. 70) que en 1961 llegaron a tener diez mil asociados distribuidos entre las cuarenta delegaciones existentes. Es en ese marco de extremo enfrentamiento político, social y cultural que el periodista del The New York Times, Tad Szulc, viajó al nordeste. Aunque no exis- te información sobre la implicación del Departamento de Estado de los EEUU en ese viaje, es en cierto modo posible que el reportaje periodístico tuviera obje- tivos que iban más lejos del mero hecho de informar a la opinión pública de aquel país sobre las luchas sociales del campo en el nordeste del Brasil. Ese repor- taje nos hace pensar en la historia presente y tenemos que comparar el movi- miento de las Ligas con la lucha de los trabajadores de hoy, con el Movimento dos Sen Terra (MST). Se realizan movilizaciones y ocupaciones simultáneamen- te en diversas haciendas y en distintas regiones del Brasil y ni así se ve como una amenaza para la gobernabilidad del país y para la paz del continente, al contra- rio de como había presentado el movimiento rural en el campo en 1960 el repor- taje de Szulc. Entonces nos vemos obligados a preguntarnos ¿por qué aquel periodista presentó un nordeste incendiario en su informe? Dos factores interrelacionados –la Guerra Fría y la Revolución Cubana– con- fluyeron de alguna manera en la percepción, comprensión y representación de aquel momento del periodista Szulc y así informó al The New York Times. Era un periodista sin militancia de izquierdas que reproduce el anticomunismo domi- nante en los EEUU. El mundo que se construye después de 1947, dividido entre el bloque comunista y el capitalista, no deja alternativa a una vía autónoma, como la planteada por Juscelino y su proyecto «Operação Pan Americana», en la que Brasil podría asumir una posición de liderazgo en América Latina, mante- niendo al mismo tiempo la independencia respecto a los dos bloques (Rogers, 1967, p. 19). Jânio Quadros y João Goulart también intentan mantener una

62 política de no alineación automática a ninguno de los dos bloques (Bandeira, 2001, ps. 46-50). El gobierno de los EEUU tiene miedo de que el continente latinoamericano se incline por el comunismo y sea presa del control soviético. En ese aspecto el Brasil es el centro de las críticas del gobierno de los EEUU. Por otra parte la Revolución cubana ofrece una nueva representación histórica, o sea, en América Latina un grupo de guerrilleros armados con el apoyo de una población pobre y sublevada por las injusticias y las desigualdades sociales es capaz de hacer una

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revolución y tomar el poder. En otras palabras, la imprevisibilidad histórica obtiene una influencia significativa en las representaciones construidas, y propi- cia el sentimiento de un gran miedo ante la fuerza y el poder del comunismo. Es, pues, así, influido por ese ambiente y dominado por ese espíritu que el autor del reportaje presenta el nordeste y la acción de las Ligas Camponesas en el periódico americano. El título del reportaje publicado en primera página del The New York Times el 31 de octubre de 1960 sentencia: «Pobreza en el nordeste del Brasil provoca amenaza de revolución». Tal como presentaba el tema no dejaba lugar a dudas al lector americano de que una revolución inminente comunista está a punto de desencadenarse en Brasil. Para justificar su argumento intercala en sus conclusiones unas declaraciones de los líderes de las Ligas Camponesas. Transcribe algunos párrafos pronunciados en una asamblea de las Ligas, el inte- rior de Pernambuco, en los que el orador habría afirmado:

«Esta lucha no se frenará nunca. El ejemplo de Cuba está aquí presente. Queremos una solución a nuestros problemas y si no lo conseguimos, entonces vendremos y os convocaremos para tomar las armas y hacer la revolución. Los propietarios con el apoyo del imperialismo de los EEUU nos están chupan-

do la sangre». 14

La imprevisibilidad histórica influye en las representaciones construidas, y propicia el miedo ante la fuerza y el poder del comunismo

Al leer ese pequeño extracto del discurso de un líder de las Ligas, el lector posiblemente habría ima- ginado que la revolución armada estaba ya en marcha para atacar a los grandes propietarios del Brasil y a los intereses de los EEUU en la zona. El efecto verdad del título se construye al presentarlo no como interpreta-

ción o comentario periodístico sino como expresión directa de las palabras de un líder camponés. Para reforzar su argumento asocia declaraciones de políticos e intelectuales, que afirman que si no se hace algo por cambiar en el tema económico y la estructura social, será inevitable una revolu- ción de proporciones incontrolables y a corto plazo. Szulc informa además al lec- tor de que la fuerza del comunismo en la zona se debe especialmente a su alto nivel de pobreza, que la hace vulnerable a la propaganda revolucionaria. El peli- gro de que una revolución se propague desde el nordeste al resto del Brasil tiene

otras implicaciones para los EEUU, más allá de la cuestión de dominio hegemó- nico del continente. Pues ésta es también una región fundamental para estacio- nes de apoyo a los misiles intercontinentales y para el lanzamiento de cohetes de Cabo Cañaveral, por lo tanto también está presente una implicación estratégica de defensa militar (The New York Times, 31.10.1960). Todo ese discurso creado a partir de la representación de un nordeste revolu- cionario y comunista está articulado con los discursos y prácticas de diferentes sectores de la sociedad de los EEUU y de sectores dominantes de la sociedad del

14. The New York Times, Nueva York, lunes 31 de Octubre de 1960.

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Brasil, cuando revela como muchos políticos e intelectuales, entre otros, están preocupados, asustados y alarmados con la posible revolución inminente si no se toma alguna medida.

La Iglesia Católica entra en escena La problemática del avance del comunismo en el continente latinoamericano, desde una perspectiva internacional, no sólo es una preocupación de los EEUU. La Iglesia Católica y propiamente el Vaticano, su Papa Pío XII, publica en la década de 1950 la encíclica Fidei it Donun, que tiene como uno de sus principa- les objetivos el trabajo misionero de evangelización y el combate contra el comu- nismo, el espiritismo y el protestantismo en tierras africanas, inicialmente, y más tarde también en América Latina. A la muerte de Pío XII, Juan XXIII reafirma esa política. Las diócesis de diversos países de Europa son invitadas a colaborar en esa cruzada, mediante el envío de religiosos a los continentes en los que hay escasez de vocación sacerdotal. Es fácil pensar que el Brasil se viera limitado al hacer sus elecciones políticas, bien por la presión de los EEUU, bien por la de la Iglesia Católica. Además esas interferencias estaban apoyadas o incluso solicitadas por los sectores dominantes en la política, la economía, la intelectualidad y la Iglesia del Brasil. Considerando el nivel más específico de las luchas sociales en el campo, se observa que, desde la década de 1950, segmentos de la Iglesia Católica presentan recomendaciones al gobierno para que realice una política de reforma agraria que solucione las graves condiciones de vida y de trabajo a las que está relegado el tra- bajador del campo. En mayo de 1956 en Campinha Grande, en Paraíba, tras un encuentro de obispos del nordeste, organizado por la Conferência Nacional dos Bispos do Brasil y con apoyo del gobierno y de sectores de la sociedad civil, se publica un documento que manifiesta la posición de un sector de la Iglesia res- pecto a los graves problemas sociales de la zona. En él se critica el problema de la mala distribución de la tierra y la necesidad de una reforma agraria. El encuen- tro adquiere un significado político tan amplio que asisten el Presidente de la República y varios ministros (Alves, 1968, p. 551). Los constantes encuentros y documentos de la Iglesia que apuntan a la nece- sidad de atacar los grandes problemas sociales del medio rural, principalmente del nordeste, se deben en parte –según Márcio Moreira Alves– al recelo de la Iglesia a dejar de ser el referente espiritual de la población del campo. Pío XI dijo que el gran escándalo del sigo XIX había sido la pérdida del mundo obrero por parte de la Iglesia. Ante el peligro de ver aumentado este escándalo por la pérdida del mundo rural, atraído por fuerzas no religosas o antirreligiosas, la Iglesia se vuelca en

64 el campo (Alves, 1968, p. 68). A pesar de que no nos imaginamos que la historia esté construida en función de grandes proyectos teológicos, las fuerzas que actú- an en el medio rural, movilizando y organizando a los trabajadores, cuestionan de forma radical la tradición de la Iglesia de estar en gran medida aliada a los grandes propietarios y a las fuerzas políticas oligárquicas. Por una parte los comunistas en su tradición anticlerical, llaman a la religión opio del pueblo, ya que predica un discurso dirigido a mantener la explotación y la sumisión de los trabajadores del campo como algo natural. Por otra parte las

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Ligas Camponesas se transforman en la gran fuerza de organización y moviliza- ción del medio rural; éstas presentan un discurso de crítica a la actuación de los religiosos y se afirman defensoras de otro cristianismo, distinto del que apoya a los grandes propietarios y está siempre aliado al poder político. Un líder como Julião defiende en sus escritos que existe una estrecha relación entre la vida de Jesús y la lucha camponesa. De esa forma presenta a las Ligas como alternativa mesiánica al tiempo que critica la influencia católica tradicional. La Cartilha do Camponés, publicada por las Ligas Camponesas para orientar al trabajador sobre cómo votar en las elecciones presidenciales de 1960, se manifiesta fundamental- mente como un instrumento de crítica al discurso del propietario, que constan- temente se apropia de los referentes cristianos para garantizar y reforzar las rela- ciones sociales y el status quo. Utilizando como estrategia pedagógica unas supuestas palabras del propietario, la Cartilha dice:

«El latifundio dice así: “Dios castiga a aquel que se rebela contra él. Si uno es rico y el otro pobre, uno tiene tierras y el otro no, si uno debe trabajar con la azada para dar el cambão y el otro vive y se enriquece con el fruto de ese cambão, si uno vive en un palacio y el otro en una chabola es por- que Dios así lo quiere. Quien se rebela contra eso, se está rebelando con- tra Dios. Sufre los castigos del cielo: peste, guerra y hambre. Y cuando muere va al infierno. El pobre debe ser pobre para que el rico sea rico. El

mundo fue siempre así. Y será siempre así. Es Dios quien así quiere

habla el latifundista al camponés. EEUU el nombre de Dios para asustar- te. Porque tu crees en Dios. Pero el Dios del latifundista no es tu Dios. Tu Dios es manso como un cordero. Se llama Jesucristo. Nació en un establo. Vive entre los pobres. Se rodeó de pescadores, camponeses, opera- rios y mendigos. Quería la libertad para todos ellos. Decía que la tierra debía ser de quien la trabaja. El fruto era común. Son sus palabras las que siguen: “Es más fácil que un camello pase por el agujero de una aguja que un rico entre en el reino de los cielos”. Porque afirmaba esas cosas fue cru- cificado por las latifundistas de su época. Hoy sería fusilado. O lo mete- rían en una casa de locos. O sería encerrado por comunista. Escucha bien lo que te digo camponés. Si un cura o un pastor te habla en nombre de un Dios que amenaza al pueblo con la peste, guerra y hambre, rayos y true- nos y fuego del infierno, que sepas que ese cura o ese pastor es un siervo del latifundio y no un ministro de Dios”» (1960, ps. 55-56).

Así

El texto de la cartilha, leído probablemente en voz alta en las reuniones de camponeses, siguiendo la tradición oral de todo el nordeste, y también con un gran número de analfabetos, debió de causar un tremendo impacto entre muchos trabajadores del campo. Probablemente nunca había oído o leído una crítica tan directa al discurso y a las prácticas de los propietarios, los curas y los pastores. Proponiendo otra forma de entender la religión y la postura de los propietarios, los curas y los pastores, las Ligas se presentan con una propuesta de ruptura con los discursos y prácticas que perpetúan las relaciones sociales de explotación y dominación.

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El trabajo de las Ligas se realiza en muchos locales y está apoyado e incluso dirigido por militantes comunistas. Después de la victoria con la expropiación de Galiléia, las Ligas se extienden hacia le norte y el sur del Brasil. En Paraíba alcan- zaron un alto nivel de movilización y organización, y destacaron las delegaciones de Mari y de Sapé. Esta última tuvo como presidente a João Pedro, asesinado en 1962 que fue tema central de la película documental de Eduardo Coutinho, Cabra marcado para morrer. Pero las Ligas romperán oficialmente con el PCB, en noviembre de 1961, durante el 1er. Congresso Nacional de Lavradores e Trabalhadores Agrícolas en Belo Horizonte, convocado por la União de Fazendeiros e Trabalhadores Agrícolas do Brazil (ULTAB) y asociaciones y enti- dades controladas por los comunistas. En ese congreso la tesis de las Ligas de «Reforma Agrária Radical», guste o no, consiguió la mayoría y derrotó las pro- puestas elaboradas por el PCB (Azevedo, 1982, p. 92), a pesar de que están pre- sentes con sólo 215 delegados de un total de 1400, de los cuales la mayoría son representantes de ULTAB y sólo una pequeña parte está ligada al Movimento dos Agricultores Sem Terras (MASTER), que actúa en Rio Grande do Sul, bajo la orientación de líderes campesinos relacionados con Brizola. Esa ruptura con los comunistas hace que tres fuerzas –Iglesia, PCB y las

Ligas– se disputen el control del movimiento de los trabajadores del campo. Al no haber sindicatos de campesinos, las Ligas se han convertido en una vía alternativa de organización y movilización de masas de los trabajadores del campo. Por su estructura interna de funcionamiento, bajo la forma de asociación, las Ligas operaban fuera

del control del Estado. Las solicitudes de reconoci- miento de los sindicatos del campo padecían, desde décadas, la oposición políti- ca de los grandes propietarios, que impedían la aprobación de las innumerables peticiones dirigidas al Ministerio de Trabajo. A pesar de estar previsto por la Consolidação das Leis Trabalhistas de 1946 y de ser proclamado como objetivo en los sucesivos gobiernos, los sindicatos campesinos no se llegan a materializar, tal como marca el cumplimiento legal. Según Marcio Moreira Alves (1968, p. 69), «hasta 1960 el Ministerio de Trabajo tan sólo había reconocido a ocho sin- dicatos campesinos en Brasil: Barreiros, Rio Formoso e Srihaém, en Pernambuco, Belmonte, Ilhéus e Itabuna en Bahía, Campos en el estado de Rio y Tubarão en Santa Catarina». Varias solicitudes de reconocimiento, presentadas con el respal- do del Partido Comunista y también de la Iglesia, se estrellaron contra las difi- cultades burocráticas y políticas.

66 La Iglesia, cuando aparecieron las Ligas, creó un servicio para los campesinos de Rio Grande do Norte, conocida por SAR (Serviço de Assitência Rural), fun- dada por el arzobispo de Natal, Don Eugênio Sales. Esa actividad se basa en la alfabetización y en la educaicón y es a partir de ella que se creó el Movimento de Educação de Base (MEB). La experiencia de Rio Grande do Norte inspiró el tra- bajo que la Iglesia desarrolló en Pernambuco, especialmente como respuesta al avance de la izquierda en ese estado. Se creó así, el Serviço de Orientação Rural de Pernambuco (SORPE) cuyo objetivo fundamental era el de promover la sin-

Las Ligas se han convertido en una alternativa de organización y movilización de los trabajadores del campo

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dicalización de los campesinos, procurando entrelazar el movimiento rural y el trabajo parroquial. En 1962, cuando André Franco Montoro –considerado representante del Partido Demócrata Cristiano– estuvo en el Ministerio de Trabajo, un grupo de obispos del nordeste se dirigió a él para pedirle que acabara con las dificultades burocráticas que impedían la aprobación de varias solicitudes de reconocimiento de los sindicatos del campo apoyados por la Iglesia. 15 El primero de mayo de 1962, el ministro, atendiendo la petición de los obispos, anunció la aprobación

de varias cartas sindicales. Se inició entonces la disputa entre católicos, comunis- tas y Ligas por el control de los sindicatos de los campesinos. A finales de 1963, sólo en Pernambuco existían ya cuarenta y tres sindicatos, elegidos a partir del trabajo realizado por la Iglesia, en los que el SOPRE ejercía una influencia direc- ta (Lessa, 1985, ps. 36-44). El reconocimiento de los sindicatos de campesinos por el Ministério do Trabalho e Previdência Social (MTPS), a partir de 1962, rompió con la tradición de los terratenientes de impedir cualquier forma de regulación efectiva en las rela- ciones del medio rural. El sindicato, considerado

como una amenaza de la paz agraria por parte de los propietarios, pasó a ser visto por el gobierno y secto- res de la Iglesia como una forma de frenar el avance de las Ligas Camponesas. A pesar de que Julião afir- me que los sindicatos y las Ligas no son competido- res, la sindicalización en masa contribuyó a debilitar las Ligas. Los sindicatos de campesinos entonces fun- dados estarán bajo el control de los comunistas o de la Iglesia Católica. Otro factor que contribuye a debi-

litar las Ligas, según algunos autores, es el hecho de que éstas incorporen la idea de revolución armada (Anderson, 1997, ps. 608- 676), que materializan con la creación de los campos de entrenamiento guerri- llero de Dianópolis, Almas y Natividade, en Goias y que más tarde serán desar- ticuladas por las fuerzas armadas. Esa opción política generó una creciente crisis interna que influye también en la pérdida de la hegemonía en el movimiento rural. El gobierno, preocupado por presentar alternativas para combatir la gravedad de los conflictos del medio rural, enarbola la bandera de la Reforma Agraria y entre otras medidas crea la Superintendência da Reforma Agrária (SUPRA). En los primeros meses de 1964 aprueba el Estatuto do Trabalhador Rural (Azevedo, 1982, p. 79). El golpe de Estado de 1964 interrumpió esta experiencia histórica. Líderes sindicales, políticos y militantes de izquierda fueron hechos prisioneros, tortu- rados o asesinados. Los terratenientes tuvieron el apoyo de los militares para ata-

Durante décadas de resistencia, las luchas campesinas engendraron nuevas formas de organización y movilización de los trabajadores rurales

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15. Una de las personas que estaban presentes en el encuentro con Franco Montoro fue Don Francisco Austragésilo, obispo entre 1960 y 2001 de la ciudad de Afogados da Ingazeira, región inte- rior de Pernambuco, entrevistado por nosotros en abril y mayo de 2001 para el Projeto História da Resistência Católica con la ayuda del CNPq.

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jar cualquier intento de modernización de las relaciones laborales en el medio rural. Durante décadas de resistencia, las luchas campesinas se transformaron, y engendraron nuevas formas de organización y movilización de los trabajadores rurales.

Traducción de María Vázquez

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68 FOUCAULT, Michel. Microfisica do Poder