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ANÁLISIS CRÍTICO SOBRE LA COLUMNA

“EL LENGUAJE EN LA CULTURA DE PUERTO RICO”,

DE MARÍA TERESA BABÍN

La columna de María Teresa Babín 1 intenta sostener que la lengua española forma

parte importantísima de la cultura de Puerto Rico, más allá de las controversias

político-partidistas o ideológicas. Babín comienza su columna considerando que éste

“ha sido el tema de nuestro tiempo por excelencia durante todos los años del siglo

XX” (Babín 11). Si no ha sido el tema por excelencia durante todos los años del siglo

XX, sí lo fue en gran parte de dicho siglo, como lo comprueba la numerosa literatura

al respecto. 2 Tan es así la importancia del español en nuestro país que tal profesora

entiende constituye un

tema vital para el devenir de nuestra cultura, ya que en la lengua española se concentran los valores de más alcurnia, y en ella se albergan las esencias del ser puertorriqueño. Tema vital, además, pues nos va la vida en este asunto la vida verdadera

Creo que Babín exagera un poco con estas últimas palabras. Desde luego, debemos

amar y proteger nuestra lengua, pero pensar que se “nos va la vida” como pueblo,

1 María Teresa Babín, “El lenguaje en la cultura de Puerto Rico”, El Nuevo Día [Suplemento Domingo] (11 enero 1987): 11 (en lo sucesivo citada como Babín, “Lenguaje”).

2 Consúltense, p. ej., de la propia María Teresa Babín, “Alrededor del lenguaje de Puerto Rico”, Asomante 2 (1946): 82-90; Luis Muñiz Souffront, El Problema del Idioma en Puerto Rico (San Juan:

Biblioteca de Autores Puertorriqueños, 1950); Esteban Tollinchi, “La falacia del bilingüismo”, Revista de Ciencias Sociales 11. 2 (Junio 1967): 183-203; José Padín, “El Problema de las Lenguas en Puerto Rico”, Educación 35 (Diciembre 1971): 95-102; Pedro Salinas, Aprecio y defensa del lenguaje (Río Piedras: Editorial de la Universidad de Puerto Rico [EDUPR], 1974; María M. López Laguerre, El bilingüismo en Puerto Rico: Actitudes sociolingüísticas del maestro (Río Piedras: Estación de la Universidad de Puerto Rico, 1989); Aida Negrón de Montilla, La americanización en Puerto Rico y el sistema de instrucción pública: 1900-1930 (Río Piedras: EDUPR, 1990); Salvador Tió, “Teoría del Spanglish”, Homenaje a Don Salvador Tió Montes de Oca: Humanista y Patriota, ed. Eugenio Fernández Méndez (San Juan: Academia Puertorriqueña de la Lengua Española, 1991), pp. 17-23; María Vaquero, “Política y lengua: El español en Puerto Rico”, Boletín de la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española: Segunda Época 11 (1993): 345-72.

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pienso como Carlos Pabón (Nación Postmortem, p. 91) y Francisco S. Vivoni Gallart

(Vivoni, “Postmodernidad”, p. 87) en cuanto al rechazo del carácter reduccionista o

excluyente del discurso paternalista y neonacionalista de muchos intelectuales

puertorriqueños (p. ej., Fonfrías, pp. 17-50; Beauchamp, pp. 73-76; Coss, p. 24;

Méndez, “La nación”, p. 93; hasta cierto punto, Tollinchi, p. 190) de lo que el propio

Pabón (p. 89) llama “monolingüismo hispánico”. Dicho monolingüismo, basado en

un concepto étnico, va contra el pensamiento postestructural y postmoderno en su

forma más postcolonial (p. ej. Bhabha, El lugar de la cultura, p. 176; ibidem,

“Introduction: Narrating the Nation”, p. 1) que concibe conceptos como “nación”,

“nacionalidad” y “patria” como metáforas o símbolos.

Volviendo a Babín, ella decía en su columna periodística su preocupación “por la

educación en todos los niveles escolares”, lo que llevó a su amigo y maestro José A.

Balseiro a dedicarle un ensayo titulado “Puerto Rico y la lengua española” en su libro

Expansión de Hispanoamérica. 3 Además, esa preocupación llevó a la misma Babín a

tratar de explicar serenamente la importancia del español en nuestra cultura, aunque

reconocería -en sus propias palabras- que, “a veces he escrito artículos y breves

ensayos con apasionada exhuberancia”. Sin embargo, Babín expresaba que estaba

“lejos [

]

de ser purista e idólatra” sobre el idioma materno del país; sólo que sentía

“íntimamente la necesidad de salvaguardar este preciado tesoro” y -nuevamente en

sus propias palabras- “me estremece pensar que podamos perderlo por desidia,

ignorancia o desamor”.

3 Véase José A. Balseiro, “Puerto Rico y la lengua española”. Expansión de Hispanoamérica:

Segunda serie (San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP), 1963, pp. 63-82.

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Después, Babín refiere a sus lectores a unos comentarios publicados en la revista

Asomante en 1946 4 , y que consistían en unas reflexiones sobre el futuro del idioma

español en Puerto Rico. 5 Según Babín, para la época de esos comentarios y para la

época de la columna mencionada arriba, los problemas contra nuestro vernáculo se

han multiplicado, sobre todo -implícitamente- los relacionados con la sintaxis, p. ej.,

las frases '“estamos supuestos y enfatizamos”' (Babín, “Lenguaje”, p. 11). 6

4 Dichos comentarios aparecen en el artículo de María Teresa Babín, “Alrededor del lenguaje de Puerto Rico”, Asomante 2 (1946): 82-90.

5 Según Babín (“Lenguaje”, p. 88), el estado de pobreza y de abandono en que se halla nuestro lenguaje tiene, a mi modo de ver, tres causas importantes:

1. La enseñanza mal dirigida, mediante una lengua extranjera, con libros de textos

escritos totalmente en inglés o editados en casas norteamericanas con notas y

vocabulario en inglés. […]

2. La ausencia de verdadero interés en la enseñanza del español como disciplina en sí; y

la falta de interés, tanto entre las personas educadas como en el pueblo inculto, por el

empleo correcto y propio del español como medio de expresión oral y escrita en la conversación diaria, en la prensa y en la radio.

3. La falacia de que el inglés es la lengua que necesitan saber bien aquellos

puertorriqueños que salen a hacer estudios superiores en Estados Unidos y los que se dediquen al comercio. [ ]

6 La Real Academia Española, en su Diccionario de la Lengua Española (Real Academia Española. “Diccionario de la Lengua Española- Vigésima segunda edición”. 2011 [última actualización]. http://buscon.rae.es/ draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=. 16 sept. 2011) no ha aceptado la forma verbal “estar supuestos”, pero sí el verbo”enfatizar”y da las siguientes dos acepciones: “1. tr. Poner énfasis en la expresión de algo. 2. intr. Expresarse con énfasis”. [Negritas en el original] En cuanto al peligro de la entrada numerosa de anglicismos sintácticos en el español de Puerto Rico, mientras algunos lingüistas del pasado como Rubén del Rosario (La lengua de Puerto Rico: Ensayos, 13a. ed. [Río Piedras: Editorial Cultural, 1985], p. 38) decía que “la anglofilia se limita hasta ahora a unos cuantos centenares de palabras; no afecta nada al sistema fonético ni a la estructura morfosintáctica”, otros lo han destacado. Véanse, p. ej., a Manuel Álvarez Nazario, Historia de la lengua española en Puerto Rico: Su pasado y su presente en el marco de la realidad social (Santo Domingo: Asociación Puertorriqueña de la Lengua Española, 1991), pp. 634-36. Finalmente, un tercer grupo de investigadores ponen cautela al respecto como la propia Babín (“Lenguaje”, p. 11); Amparo Morales, “El concepto de interferencia y su interpretación en el español de Puerto Rico”, El idioma y su interpretación: Inicio de un debate. , vol. 2 de Cuadernos del idioma (Río Piedras: Universidad de Puerto Rico-Escuela Graduada de Planificación, 1988), pp. 1-13, esp. p. 10; María Vaquero de Ramírez, El español de Puerto Rico: Historia y presente, vol. 5 de Cuadernos de Cultura ([San Juan:] ICP, 2001), pp. 35-37.

Gerena 4

A pesar de que concurro con Babín en cuestionar la forma de bilingüismo que se ha

implantado en Puerto Rico, muchas veces en detrimento del español, igualmente

concurro con lo que Roamé Torres González propone al decir que “hace mucho

sentido oficializar en Puerto Rico un bilingüismo español-inglés en la educación

pública y en el ámbito gubernamental que reconozca la primacía del español y el uso

del inglés como segundo idioma” (Torres, Idioma 390). Torres (p. 391) coincide con

Jaime Vélez en términos de que “uno de los beneficios de esta oficialización

diferencial del español al inglés, es que los puertorriqueños se sientan más seguros

de que el español no sea desplazado por el inglés”. Para esto, debe eliminarse la

politización en la discusión sobre el idioma en nuestro país.

Finalmente, Babín señala -en su columna- que, desde la implantación del español

como idioma de enseñanza en las escuelas públicas bajo Mariano Villaronga, pero

que ahora se necesita “la enseñanza del vernáculo con decoro, conciencia y espíritu

humanístico”; más aún, con la llegada de numerosos vocablos en inglés en

traducciones de textos escolares al español, de programas de radio y televisión, al

igual que la abundancia de rótulos escritos en la lengua de Shakespeare. Aunque el

énfasis de la columna de Babín se da mayormente hacia los gobiernos de turno en la

responsabilidad de una mejor enseñanza del español, no descarta la responsabilidad

de cada habitante de nuestro país. Dicho de esta manera, Babín concurriría con

estudiosos como Tomás Navarro Tomás -citado por Samuel Gili Gaya- quien

reconocía que “el futuro del español en Puerto Rico será en definitiva lo que los

puertorriqueños quieran que sea” (Gili 11; véanse además Salinas 77; Tollinchi 196).