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LA TRANSICIÓN EN ESPAÑA. EVOLUCIÓN HISTÓRICA Y MARCO

ECONÓMICO PARA EL PROCESO DE CAMBIO HACIA LA DEMOCRACIA

PARLAMENTARIA Y POSTERIOR INTEGRACIÓN EN LA COMUNIDAD

ECONÓMICA EUROPEA (U.E.)

Emma Juaneda Ayensa Universidad de La Rioja Dpto. de Economía y Empresa

Abstract: De un sistema dictatorial a una monarquía parlamentaria, de la autarquía a la economía de mercado, de una identidad única a la pluralidad de regiones y del aislamiento internacional a la integración en la Unión Europea, estos y otros han sido los cambios acaecidos en apenas un cuarto de siglo de nuestra historia. Intentar desglosar la evolución y analizar las causas que han generado esta situación es lo que nos permiten descubrir lo fallos del pasado y comprender nuestra situación actual.

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INTRODUCCIÓN

A pesar de que el pasado condiciona en gran medida nuestro presente, y que el devenir de las circunstancias no es ajeno al comportamiento de las variables del macroentorno internacional, la situación actual española se explica a través de las decisiones políticas tomadas en un periodo bastante reciente, denominado Transición, en el que se produjo una transformación vertiginosa del sistema político, económico y social. Los acontecimientos acabaron configurando una democracia y un sistema de libertades, una estabilidad política que contrasta con el punto de partida: una guerra y un régimen autoritario. El análisis del cambio que pretendemos no puede realizarse, obviamente, desvinculando la política de la economía, más aún teniendo en cuenta la situación económica general de los años setenta, pero tampoco sin reflexionar sobre otras realidades en la propia Europa. Por eso, nuestro análisis está condicionado a la comparación con la transición polaca 1 , en algunos aspectos paralela a la española, en otros, muy diferente, las dos afortunadamente coincidentes: su destino, la Unión Europea.

ACONTECIMIENTOS PREVIOS A LA TRANSICIÓN Década de los Años 50: Primeros Planteamientos y Tímidos Intentos de Apertura

La Guerra Civil (1936-1939) había dejado arruinada a la mayor parte de la población española, a lo que se sumó la respuesta del régimen de Franco -el aislamiento internacional- que vino a empeorar aún más las pobres economías familiares. El intervencionismo del Estado se plasmó en el control de la agricultura (que pasa a representar el 50% de la renta nacional con la regresión que ello supone frente a otros países que propiciaron la industrialización económica), la creación del Instituto Nacional de Industria (INI) en 1941 y el control del comercio exterior que supuso la

1 Vease para el caso polaco el trabajo realizado por Jacek Golebiowsky

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regresión de la economía favoreciendo el mercado negro (Estraperlo) y la corrupción generalizada (licencias importación y exportación, suministros al Estado )

Ante el empeoramiento de la situación interna del país a causa de los efectos de

la autarquía se procede a reorientar la política exterior buscando alianzas, hasta ahora

implanteables debido al apoyo del régimen al Eje en la Segunda Guerra Mundial 2 y a su condena por la ONU en 1946. Alberto Martín-Artajo Álvarez, el nuevo ministro de Asuntos Exteriores (Abril 1945 – Febrero de 1957), intentaba dar una imagen de

moderación hacia el exterior, que terminaría con la aceptación plena del Régimen

“confesional” por el Vaticano (Concordato de 1953) 3 . A la vez, se había ido marginando

a la Falange de las decisiones políticas, incluso prohibiendo el saludo fascista por

decreto (11 de septiembre de 1945), y aumentaban las señales de normalización: las elecciones municipales, la ley de referéndum, la amnistía para delitos de guerra, y sobre todo, la ley de sucesión de 1947 que permitiría al príncipe Juan Carlos venir a España y

educarse bajo la tutela de Franco.

El estallido de la "guerra fría" propició un replanteamiento de la postura inicial frente al régimen de Franco por parte de las democracias occidentales, especialmente Inglaterra y Estados Unidos, decididas a frenar el comunismo –creación de la República Federal de Alemania (1948) y de la OTAN (1949)-, lo que supo aprovechar Franco, que aparecía ahora como un posible aliado, pues la División Azul enviada a luchar al lado de Hitler podía interpretarse cono una muestra de su temprana colaboración contra

el comunismo de Stalin, al que el Régimen había vencido ya en el propio suelo español.

La situación española, alejada de las mínimas garantías de democratización exigidas por los aliados, se comienza a considerar, sin embargo, como un problema aislado, con efectos sólo a nivel interno 4 (informe Kennan, 1947), y que podría solventarse con la paulatina aceptación de un régimen que empezaba a dar pruebas de docilidad hacia los

2 A pesar de la retirada de la División Azul en 1943, momento en que comienza a hacerse evidente la situación favorable de los países aliados.

3 Véase TUSELL, J. (1984), Franco y los católicos: la política interior española entre 1945 y 1957, Madrid.

4 La falta de libertades era total y se continuaba con la represión de los vencidos. La ley marcial imperó hasta 1948, criminalizando la disidencia política, ejecutándose penas de muerte contra presuntos anarquistas y comunistas.

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Estados Unidos. En pocos años, España empezaba a recibir préstamos de Estados Unidos a cambio de lo que, unos años después, se haría realidad: la cesión de la plena soberanía americana de las bases militares que se plasmó en los acuerdos suscritos en 1953, conocidos como Pacto de Madrid 5 .

Un régimen dictatorial, anteriormente condenado por sus apoyos a Hitler y Musolini, iba a ser aceptado en el seno de las naciones del “mundo libre” sin que hubiera ni siquiera promesas de adoptar una sola medida democratizadora 6 .

El pacto de Madrid allanó el camino hacia la aceptación de España en la UNESCO (1953), en la ONU (1955) y en el Fondo Monetario Internacional (1958), sin embargo, la economía no resultó tan favorecida a corto plazo como pensaron los hombres del Régimen.

La postguerra española se caracteriza por el aislamiento del exterior. La autarquía, prácticamente total hasta 1949, produjo un empobrecimiento general que obligó al racionamiento del consumo y de algunos productos estratégicos como la gasolina, la electricidad, materias primas y productos industriales básicos, etc., mientras se detenían las exportaciones de los productos tradicionales, naranjas, vino, aceite, conservas 7 . Desde 1949 había cesado la ayuda de Perón, que dejó de enviar carne a causa de los impagos, mientras la población empezaba a dar las primeras muestras de descontento (huelgas en Barcelona y Vizcaya, 1951) y se reconocía la existencia del paro obrero. La renta per cápita de los españoles se mantuvo por debajo de la que se había alcanzado en 1935 hasta 1953, mientras una porcentaje de la mano de obra joven seguía alistada en el ejército a la espera de una posible intervención de las democracias occidentales,

5 En realidad, ni durante la Guerra Civil se interrumpió el apoyo de los Estados Unidos, que permitió a la compañía Texaco vender gasolina a Franco desde Portugal. Véase especialmente VIÑAS, A. (1981), Los pactos secretos de Franco con Estados Unidos. Bases, ayuda económica, recortes de soberanía, Barcelona. Para la historia política, véase PAYNE, Stanley G. (1987), La España Contemporánea. Desde el '98 hasta Juan Carlos I, Madrid, Playor. TUSELL, J. (1995), Franco, España y la II Guerra Mundial. Entre el Eje y la neutralidad, Madrid.

6 BARCIELA, C.; LÓPEZ, I.; MELGAREJO, J. y MIRANDA, J. A. (2001): La España de Franco. Economía, Madrid, Síntesis

7 BARCIELA, C. (ed.) (2003): Autarquía y mercado negro, Barcelona, Crítica

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pretendiendo derribar el régimen de Franco (recordemos que había sido condenado por la ONU en 1946). La agricultura, fuertemente intervenida desde el brazo sindical (Servicio Nacional del Trigo, Sindicato de la Vid y el Vino, Hermandades de Labradores), conoció un enorme retraso técnico a lo que debemos añadir los efectos de las inclemencias meteorológicas 8 , factores que supusieron unos bajos rendimientos en el sector. Toda la década de los cincuenta es un tira y afloja entre los partidarios de la liberalización económica y los que se aferran al viejo dirigismo, una lucha política en el seno del Régimen que se salda con el giro de 1959, que dio lugar al plan de estabilización.

Década 60´s: Desarrollo Económico y Proceso de apertura internacional

El fuerte ritmo de crecimiento de la economía española durante los sesenta, similar al de Italia por ejemplo, conlleva una entrada de optimismo en el país y supone unas profundas transformaciones en la sociedad. La legislación laboral represiva y los elevados márgenes de beneficios convirtieron a España en un lugar extremadamente interesante para los inversores extranjeros. La entrada de capitales supuso un crecimiento económico que disminuiría la intensidad del conflicto fundamental de la España de los años treinta y cuarenta entre la oligarquía terrateniente y lo que era un verdadero ejército de jornaleros desesperados.

La relativa prosperidad traída por el neo-capitalismo había alterado la naturaleza de la amenaza de la clase obrera sobre la oligarquía (precisamente, también, porque la propia oligarquía había cambiado). La relación entre unos trabajadores que habían mejorado su capacidad de consumo mediante la utilización de créditos y el sector financiero e industrial que dependían de una elevada y continuada productividad, era claramente diferente de la existente entre braceros y latifundistas en los años treinta. Las exigencias de una economía más compleja habían creado un nuevo proletariado con un nivel relativamente alto de especialización y de ingresos.

8 Esta segunda se constituiría como la principal causa atribuida por la propaganda. GARRABOU, R., BARCIELA, C. y JIMENEZ, I. (eds.) (1986): Historia agraria de la España contemporánea. Vol. 3: El fin de la agricultura tradicional (1900-1960),Barcelona, Crítica

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En resumen, a fines de los sesenta las clases terratenientes habían quedado desplazadas del poder mientras el Régimen creaba una nueva clase con base en la banca y la industria, ocasionando el desmoronamiento del marco agrario en las regiones menos favorecidas. El fenómeno provocaría la despoblación de grandes espacios rurales, de donde salieron contingentes de mano de obra hacia las ciudades y hacia los países europeos 9 , y un fenómeno de urbanización que provocaría nuevos problemas sociales y agudizaría las tensiones y la conciencia política.

El conflicto interno que comenzaba a hacerse patente no se gestaba ya al otro lado de los Pirineos sino en el interior del país. A los disturbios universitarios, que el Régimen venía padeciendo de forma intermitente desde 1956 y que siempre consideró como cosa de “niños bien”, propias de la edad, se unía ahora un ambiente de malestar difuso que el gobierno no acertaba a definir. La propia Iglesia, primera aliada del Régimen, daba muestras de deslealtad en su base: un sector más joven de la estructura eclesiástica criticaba la dictadura en su esencia y colaboraban abiertamente con los “enemigos”, incluso con los comunistas. Los vascos, el pueblo estandarte del milagro industrial español y exaltado por el propio Franco, se rebelaban contra el franquismo (primer crimen de ETA, 1968). Los obreros mostraban una sorprendente capacidad de organización en las Comisiones Obreras, el movimiento que había nacido tímidamente en La Camocha 10 y que, en 1968, se había extendido a toda España, en el mismo Madrid, se había creado, en 1964, la primera Comisión Obrera del Metal (primero llamada Comisión de Enlaces y Jurados del Metal). También, en ese año, nacía la de Barcelona, en una reunión de más de 300 delegados. Los obreros organizados aprovecharon, dos años después, las propias elecciones sindicales convocadas por el Régimen para “entrar” como enlaces en las empresas, lo que les sirvió para extender el movimiento.

El Régimen sólo podía responder con la represión, que se generalizó tras la declaración de ilegalidad de CC.OO. por el Tribunal de Orden Público en 1967. El

9 MALUQUER, J.; GERMÁN, L.; LLOPIS, E. ZAPATA, S (2001), Historia Económica Regional de España, siglos XIX y XX, Editorial Crítica, Barcelona.

10 Comisión surgida a raíz de la huelga en la mina con el mismo nombre en Asturias (1957). Qué son las CC.OO., Unión Regional de Comisiones Obreras de Asturias, Valladolid 1995, pp. 30-38.

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intento de los aperturistas dentro del movimiento se vio frustrada aunque en un primer momento, en 1968, habían sido capaces de introducir en el Estatuto del Movimiento un artículo que permitía la formación de asociaciones dentro del mismo Movimiento, artículo que facilitaría la formulación y el contraste de opiniones legítimas. El intento será frustrado con la aprobación, por parte del Consejo Nacional del Movimiento, del Estatuto de Asociaciones, el llamado Estatuto Solís, en julio de 1969. Las Asociaciones se convertirían en canales de opinión restringidos 11 sin significado alguno, que no tendrían función electoral alguna, y su legalización quedaba el arbitrio del Consejo Nacional. Las asociaciones, totalmente rechazadas por la oposición democrática, estaban limitadas a las fracciones franquistas: Fuerza Nueva, de Blas Piñar; Acción Política, de Pío Cabanillas o Reforma Social Española, de Cantarero del Castillo. Frente a ello, los movimientos insurgentes se desplegaban en distintos ámbitos sociales dando como resultado que, en los últimos años de la década, miles de obreros, estudiantes, abogados e intelectuales, fueran detenidos y encarcelados, lo que derivó en el célebre Consejo de Burgos (1970), proceso que sirvió a la oposición al Régimen para darse a conocer en el mundo.

En referencia a la política económica en esta década, el profesor García Delgado explica con suma claridad los resultados de las decisiones de 1959 con la implantación de Estabilización : “la economía española va a mostrar, tras las medidas del verano de 1959 y de los meses posteriores, una extraordinaria capacidad de asimilación de las favorables condiciones del mercado internacional, con ganancia de importantísimos márgenes de productividad antes desaprovechados. Y el proceso de acumulación y crecimiento se va a ajustar, hasta el comienzo de los años setenta, al esquema dominante en la escena de los países de la OCDE, cien veces repetido: energía barata en términos absolutos y crecientemente barata en términos relativos; favorables precios relativos también de las materias primas y de los alimentos; ampliadas posibilidades de financiación exterior; adquisición en un mercado internacional expansivo de la tecnología y de los productos necesarios para asimilar los cambios que el propio

11 Se exigía que las asociaciones tuvieran por lo menos 25.000 miembros, repartidos en un mínimo de 15 provincias, excluyéndose las asociaciones de tipo regional. Además, ya que su legalización quedaba en manos del Consejo Nacional, estaban obligadas obviamente a aceptar la legitimidad del régimen existente.

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crecimiento impone en los patrones dominantes de la demanda, y abundantes disponibilidades de una mano de obra (las dos grandes reservas son la población agraria y la población femenina potencialmente activa), con la válvula de seguridad adicional de la fácil exportación de la mayor parte de la fuerza de trabajo excedente” 12 .

A los felices años 60 de desarrollo y prosperidad económica mundial se aproxima nuestro país pasando de un 58.3 % del PIB en 1959 hasta ganar aproximadamente 17.7 puntos porcentuales situándose en 79,2%.

Cuadro 2. Factores para el Desarrollo de los 60´s

en 79,2%. Cuadro 2. Factores para el Desarrollo de los 60´s Fuente: Elaboración propia Pero el

Fuente: Elaboración propia

Pero el punto de inflexión de nuestra economía se debe a un proceso que comenzaría con el Plan de Estabilización económica. Un conjunto de actuaciones relacionadas entre si que serán aplicadas en España por sugerencia de los organismos internacionales con el fin de solucionar los principales problemas del país, resultantes del modelo anterior de desarrollo económico. 13

12 GARCÍA DELGADO, J.L., passim.

13 Situación caracterizada por la limitación interna por el pobre mercado interior que no permitía hacer uso de la especialización ni de las economías de escala que aumentasen la productividad, déficit de la balanza de pagos por la imposibilidad de generar exportaciones para cubrir las importaciones básicas de la demanda nacional, carácter crónico inflacionista debido a la estructura de costes del sistema productivo.

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Para ello se elaboran propuestas que favoreciesen la liberalización Exterior, el aseguramiento de la estabilización de precios y la definición de una economía mixta. La adopción del plan produjo un shock sobre la economía y los agentes sociales que paraliza la actividad económica durante año y medio, pero a partir de 1961 se inicia un proceso de intenso desarrollo de naturaleza bien distinta del que había dominado hasta el momento, que se vio favorecido por el deseo social de prosperidad y al atraso relativo acumulado junto a una coyuntura económica internacional favorable.

El saldo de la balanza se vio mejorado con el incremento de entrada de divisas no solamente generados mediante la política económica sino por factores externos circunstanciales, principalmente las remesas enviadas por los trabajadores emigrantes y la activación del turismo –“Spain is diferent”-. Evidentemente que la entrada de las inversiones extranjeras es otro factor a reseñar, las que permitieron a los ministros tecnócratas impulsar la industrialización mediante el desarrollo de las infraestructuras y de una amplia política de subvenciones, créditos, beneficios fiscales, etc. que quedó plasmada en el I Plan de Desarrollo (1963-64).

Tras la etapa de bonanza se regresa de nuevo a la introducción de medidas proteccionistas que limitan el proceso iniciado de apertura al exterior, los Planes de Desarrollo que se pondrían en marcha a los largo de la década motivados por factores Económicos (un afán protector del capitalismo corporativo) y Políticos (miedo a la pérdida de poder del régimen).

Una vez en marcha el impulso económico debido a la apertura de España al comercio mundial, la planificación a largo plazo tendió hacia una política de vaivén que aspiraba únicamente al control de la inflamación y de los déficit de la balanza de pagos. Así, cuando el boom de los sesenta comenzó a ralentizarse, los tecnócratas sólo pudieron responder con medidas de austeridad, dirigida contra el crédito y los salarios, por lo que fue inevitable que la presión social sobre el régimen se intensificara.

La década de los sesenta fue, en efecto, muy favorable en términos macroeconómicos, sin embargo, permitía ya detectar las grandes deficiencias de un Régimen que festejaba los XXV Años de Paz exhibiendo los grandes logros –pantanos,

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carreteras, industria naval, urbanización- y ocultando los graves problemas que acuciaban a la economía española y al mundo laboral, así como a la propia organización interna del Régimen, que terminaría la década enfrentada a problemas de corrupción (caso Matesa, 1969), de desmoronamiento de la unidad interna (monárquicos, reformistas, liberales, franquistas) y de franca rebeldía (estado de excepción de tres meses, 1969).

Década 70´s: Crisis política y crisis económica. En los primeros años de la década de los setenta la sucesión al Régimen se convierte en el problema fundamental, sobre todo tras los signos de empeoramiento de la salud de Franco. El Caudillo había decidido nombrar un sucesor plenamente comprometido con la perpetuación de su régimen. Como ya hemos señalado anteriormente, el príncipe Juan Carlos había sido preparado para su futuro cargo y su presentación e introducción en la vida oficial había comenzado ya en los años sesenta. El 22 de julio de 1969 Franco le proclamó sucesor oficial y, al día siguiente, el príncipe prestó juramento de lealtad a Franco, a los principios del Movimiento y a las leyes fundamentales del Estado.

El nombramiento de Juan Carlos fue recibido con diversidad de opiniones en los círculos franquistas. Los falangistas se sintieron decepcionados, aunque se consolaron pensando que la supervivencia del franquismo sin Franco facilitaría su propia supervivencia pues desde el bunker no se iba a permitir que el rey fuera manejado por los “tibios” o por los “chaqueteros”. Los monárquicos liberales, que apoyaban a don Juan y propugnaban una política de evolución desde dentro, se sintieron decepcionados al ver desvanecerse sus esperanzas y algunos de ellos comenzaron a aproximarse a la oposición democrática. En el otro extremo, hubo soñadores que, ante la desconfianza que despertaba el entorno del príncipe Juan Carlos, iniciaron una maniobra desesperada al lado de Alfonso de Borbón, sobrino de don Juan, casado con la nieta de Franco. En definitiva, la fractura social y política que sufría la sociedad española llegaba al seno del propio Régimen, en el que los más avispados empezaron a proclamar una frase que hizo historia: “después de Franco, las instituciones”.

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El almirante Luis Carrero Blanco 14 , figura representativa de la sección más inmovilista, había sido nombrado presidente del gobierno por Franco (4 de julio de 1973), en medio de la división entre sus más directos colaboradores, pero sería asesinado por ETA el 20 de diciembre del mismo año, cortando de un tajo todas las previsiones de continuidad en la línea inmovilista del Movimiento. Inducido por los más íntimos, Franco nombró a Carlos Arias Navarro, un “duro” que conservó a ocho ministros de Carrero Blanco e introdujo o reintrodujo a cierto número de burócratas falangistas de la línea dura. Prácticamente, la única concesión a la “apertura”, y que en su día no se percibió como significativa, fue la confirmación en el cargo de ministro de Hacienda de Antonio Barrera de Irimo, tiempo atrás ex presidente de la Compañía Telefónica Nacional de España.

En el discurso de investidura del cargo, Arias realizó la declaración más liberal 15 nunca efectuada por un ministro de Franco. Al principio, tuvo su traducción en la actitud menos represiva hacia la prensa y los editores, adoptada por Pío Cabanillas, ministro de Información. Ello, unido a un aumento de la tolerancia con los sectores más moderados de la oposición, dio lugar a cierto optimismo. Con la salud de franco ya en crisis y sin que pudiera ocultar una cierta sensación de pánico, Arias era consciente de que la liberalización era algo necesario, pero, presionado por la oposición en la calle y por el aumento del terrorismo, adoptó medidas aun más duras. Paradójicamente, el gobierno de Arias osciló entre las promesas de liberalización y la más severa represión.

Durante la enfermedad de Franco, declarada el 9 de julio de 1974, el príncipe Juan Carlos hubo de asumir la jefatura del Estado, que el dictador retomó de inmediato al recuperarse, dejando al futuro rey en una situación que provocó el asombro general. El que sería rey y había sido Jefe del Estado “interino” volvía a su condición de “meritorio”, a merced de las intrigas y de las críticas que se hacían cada vez más duras sobre su condición de títere en manos de la camarilla. El propio don Juan, desde Estoril, se desesperaba al contemplar la situación de descrédito de la Corona. Juan Carlos era

14 TUSELL, J., Carrero: la eminencia gris del régimen de Franco (Madrid 1994)

15 Un plan limitado preveía la elección, frente al nombramiento gubernamental, de los alcaldes y altos funcionarios locales. El número de diputados electos en las Cortes sería incrementado de un 17 a un 35 por 100. Los sindicatos verticales serían dotados de un mayor poder de concertación. Se prometió la creación de asociaciones políticas, pero no de partidos políticos.

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llamado “El Breve”, tanto en los sectores más franquistas como en el seno del Partido Comunista.

En 1975, España se encuentra en una situación de disenso social e incertidumbre que alcanza su momento álgido cuando Franco, a pesar de su precaria salud, firma cinco sentencias de muerte, como medida disciplinar y ejemplarizante a las actuaciones violentas llevadas a cabo por los grupos de oposición más radicales. Penas de muerte ejecutadas el 27 de septiembre de 1975 16 , y que generarían una oleada de protestas en todo el mundo. A la movilización internacional le seguiría la respuesta de “un millón” de españoles en Madrid, que vitorearon al Caudillo en la plaza de Oriente. Algunas pancartas en las que se recurría a la España eterna y a la descalificación de las democracias occidentales provocaban en los observadores internacionales los más negros augurios sobre la evolución española tras la muerte inminente del Caudillo.

Franco murió al fin el 20 de noviembre de 1975, y una vez pasado el luto, Juan Carlos juraba en las Cortes. Todavía dio los vivas rituales –principios del Movimiento, lealtad a la obra del Caudillo, etc.-, pero también declaraba que iba a ser “el rey de todos los españoles”.

En lo referente a la situación económica del país, durante estos años se gestaba una crisis que se intentaría no mostrar a la población con el fin de no agudizar las tensiones. Tras la época de expansión vivida en los años sesenta, los antecedentes que ocasionarían el freno de la economía mundial los encontramos en las dificultadas que la guerra de Vietnam estaba provocando en la economía norteamericana y el descenso del dólar; llevando al presidente Nixon a desligar el oro del patrón-oro 17 , ocasionando el desorden del sistema monetario internacional. La Guerra de Yom-Kippur y el apoyo a Israel desde los EEUU, propició que la OPEP, donde los estados árabes tenían un peso

16 El 26 de septiembre, Franco presidió en Consejo de Ministros para discutir la posible suspensión de las ejecuciones de las once personas condenadas (tres activistas vascos y 8 miembros del FRAP), dos de las cuales eran mujeres embarazadas. Finalmente, las mujeres y cuatro de los hombres fueron perdonados, pero los otros cinco vieron confirmadas sus sentencias.

17 El sistema acuñado en Bretton Woods en 1944 que había garantizado la estabilidad monetaria. En 1971 se produciría la no convertibilidad del Dólar en oro. Con el fin del sistema las principales monedas del mundo occidental flotaron en un contexto de gran inestabilidad.

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decisivo, decidiera una brusca subida del precio del petróleo desencadenando una espiral inflacionista que llevaría a una gran crisis económico-energética.

Mientras tanto en España se promoverían una seríe de políticas de carácter compensatorio (Barrera de Irimo 1973/5) intentando no agudizar los problemas político-

sociales del momento. Estas políticas se traducen en el mantenimiento del precio interno de ciertos productos, la sustitución de demanda externa (debida a la crisis económica mundial) por interna y en el sobreindiciamiento de los salarios. Las consecuencias de dichas medidas fueron el aumento del déficit público y la vuelta a un desequilibrio en la Balanza de Pagos aunque se logra el propósito de retrasar temporalmente la crisis sobre

la población civil. Cuando se hicieron recaer los aumentos del costo de la energía en el

consumidor, se produjo un descenso significativo de la capacidad adquisitiva de las

clases trabajadoras, con el consiguiente aumento de las protestas, cada vez más cercanas

a la participación política (aumento de militancia política y sindical). En el primer

trimestre de 1974 los precios de la electricidad subieron un 15 por 100, los del petróleo un 70 por 100, los del gas butano un 60 por 100 y los transportes un 33 por 100.

Siendo conscientes de que la situación requería medidas drásticas que solventasen los problemas de raíz, no parches circunstanciales, se promovieron una serie de políticas (Abril-Dic. 1975) centradas en una política Monetaria y Fiscal restrictivas, aunque la ausencia de una política de rentas provoca que se continúen sin solventar los problemas ocasionados por el sistema de revisión salarial. Los efectos son un mayor control de la inflación pero no se logra el control del déficit público movido por el aumento del gasto público, en gran medida generado por la necesidad de contrarrestar las consecuencias de la disminución de los beneficios empresariales que suponen el consiguiente descenso de los niveles de inversión y de creación de empleo.

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LA TRANSICIÓN POLÍTICA: 1975-15/6/1977

Los primeros momentos del reinado de Juan Carlos I: el gobierno Arias Navarro (noviembre 1975-julio 1976)

No cabe duda de que con la muerte de Franco y tras el discurso de Juan Carlos I se dibujaba un panorama incierto para la mayoría de los españoles, amenazante para los que habían formado parte de la estructura que había sustentado al régimen y esperanzador para aquellos que se habían enfrentado a él. Pero también existía la sospecha de que el cambio en la jefatura del estado sería una transformación aparente, mientras la inestabilidad política debida al enfrentamiento de “las dos españas” acabaría provocando de nuevo enfrentamiento bélico.

En estas circunstancias tomo posesión del cargo el nuevo jefe del estado, Juan Carlos I, en medio de la crispación social y política, de la incertidumbre, y frente al reto de levantar la situación económica. El rey, que no tiene instrumento democrático alguno que le respalde, ha de gobernar desde la autocracia del Régimen que hereda, por lo que debe empezar por nombrar presidente del Gobierno, del Consejo del Reino, de las Cortes, etc. Decide finalmente mantener a Carlos Arias como “Primer Ministro”, siguiendo los consejos de la familia Franco, de los consejeros del Reino y del Cardenal Tarancón, mientras empieza a rodearse de un gabinete de asesores entre los que destaca Torcuato Fernández de Miranda, que sería nombrado presidente de las Cortes. Su capacidad para la intriga política, su conocimiento de las leyes constitucionales franquistas y su relativa familiaridad con toda la élite política franquista hacían de él un perfecto guía para el laberinto en el que Juan Carlos estaba atrapado. Este equipo sería el encargado de diseñar e implantar la reforma que condujera a un sistema democrático desde las propias leyes franquistas

Carlos Arias remodela su gabinete el 12 de diciembre de 1975, dando entrada a ministros "reformistas" como Manuel Fraga, y aunque oficialmente el programa es la reforma (la llamada reforma Arias/Fraga), la cosa no funciona: no se cuenta con el apoyo de las fuerzas de la oposición democrática simplemente porque el Gobierno no cuenta con ellas para formular sus decisiones. El Rey intenta convencer a Arias de la

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conveniencia de acelerar el proceso, pero se encuentra con que el presidente se siente maniatado por las presiones del búnker.

Ante esta situación, el monarca está cada vez menos satisfecho con Arias por su incapacidad para reaccionar contra el fortalecimiento de la izquierda y las protestas sociales 18 de otra manera que no fuese con la represión y la violencia. El 9 de Junio las Cortes aprobaron una nueva ley de asociaciones políticas, pero se negaron a modificar el código penal, lo que habría permitido legalizar a los partidos políticos, tal como preveía la nueva ley. Incapaz de negociar con el búnker, e incapaz de negociar con la oposición, el 1 de julio, tras la reunión privada mantenida con el rey, Arias presentará su dimisión allí mismo.

El Gobierno Suárez y la Ley de Reforma Política La sustitución de Arias por un joven que había sido el último ministro secretario del Movimiento, Adolfo Suárez 19 , será considerada como la primera decisión atribuible al joven monarca. Sobre Adolfo Suárez recayeron desde el primer día todas las culpas de los males de la España sin Franco, que la crisis económica y política no hacían más que agigantar. ETA y el GRAPO multiplicaron los atentados terroristas, el PSOE se presentó en Madrid con el respaldo de personalidades de los países democráticos, Santiago Carrillo, líder del todavía ilegal PCE, se “dejó coger” en Madrid para forzar la situación desde la cárcel (“Carrillo, libertad”). Sin embargo, Suárez resistió. En efecto, con un gobierno formado por elementos ligados a los sectores más progresistas del capitalismo español, Suárez decidió rápidamente establecer planes para una democratización más profunda. Una prensa dinámica y polémica se convirtió enseguida en el escenario para los debates sobre la reforma política, aunque la situación a la que se enfrentaba era sumamente complicada: por un lado, estaban el búnker y el ejército; por el otro, una oposición que

18 Durante el año 1976 se produce un incremento de las protestas sociales: una oleada de huelgas en enero de 1976, 3 de marzo de 1976 Incidentes de Vitoria (5 trabajadores muertos por la policía) y agrupación de la oposición en la Coordinación Democrática, el 9 de mayo Incidentes de Montejurra (2 muertos).

19 A sabiendas de que entramos en un periodo muy expuesto a la tergiversación, conviene ir directamente a los documentos en algunos temas. Véase para ello SÁNCHEZ NAVARRO, A. (1998), La transición española en sus documentos, Madrid.

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concebía la ruptura pactada en términos de negociaciones con el Gobierno, con el fin de llegar a un acuerdo para formar un gobierno provisional tipo Pacto de San Sebastián 20 , que preparase elecciones libres para formar unas Cortes constituyentes.

El general Manuel Gutiérrez Mellado, un prestigioso militar dispuesto a afrontar

la democratización, fue nombrado ministro del Ejército. Suárez quiso a un hombre leal

y capaz de evitar el golpismo cuartelero que los sectores franquistas más inmovilistas

estaban promoviendo. El 8 de octubre de 1976, en un atmósfera algo tensa, su proyecto de reforma política fue aprobado, con alguna enmienda sin importancia, por el Consejo

Nacional por ochenta votos contra trece y seis abstenciones. Y el 18 de noviembre ocurriría el milagro: más de los dos tercios necesarios de las Cortes franquistas votaban

a favor del proyecto de ley, tras su discusión previa, dando sus frutos las maniobras

realizadas entre bastidores por Suárez y Fernández Miranda, pues la reforma fue aprobada por 425 votos, contra 59 y 13 abstenciones. Era el suicidio colectivo de las instituciones franquistas. El siguiente paso sería la aceptación por el pueblo de las reformas. Aunque la oposición preconizó la abstención en el referéndum que debía ratificar la ley, celebrado el 15 de diciembre de 1976, el 94% de los votantes votó al proyecto de reforma política

Por estas fechas el PSOE estaba ya dispuesto a aceptar que Suárez sería capaz de enterrar definitivamente el franquismo. Tanto Felipe González como Santiago Carrillo confiaron en un hombre que la historia va elevando día a día a cuotas de prestigio y respeto que no tuvo en su tiempo. Aunque no es extraño, Suárez se convirtió en la “bestia negra” de los franquistas, sobre todo después de legalizar al Partido Comunista el “Sábado Santo Rojo” de 1977, incumpliendo una presunta promesa realizada a los altos mandos militares. Antes, Suárez había superado uno de los más dramáticos acontecimientos de la Transición: la matanza de Atocha 21 , en enero. Tras el drama de Atocha, la oposición salió reforzada, consiguiendo la amnistía (17 de marzo), la

20 Acuerdo realizado entre republicanos y socialistas en 1930 para derribar la monarquía de Alfonso XIII e instaurar la república.

21 Los fascistas habían acribillado a balazos a nueve personas (cinco muertos) en un despacho de abogados vinculados al PCE y CC.OO. El entierro, en perfecto orden, demostró que la oposición política estaba preparada incluso para gobernar, lo que avisó a Adolfo Suárez de que el futuro era de la democracia: no había vuelta atrás.

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supresión del Movimiento (9 de abril) y la legalización de los sindicatos (28 de abril). Por si faltara algún símbolo, el día 13 de mayo llegaba, procedente de Moscú, Dolores Ibarrruri, “La Pasionaria”, presidenta del PCE.

PRIMEROS GOBIERNOS DEMOCRÁTICOS Primeros comicios, los Pactos de la Moncloa y la elaboración de la Carta Magna Mientras, Adolfo Suárez había fundado un partido para concurrir a las elecciones democráticas que tendrían lugar el 15 de junio. La Unión de Centro Democrático fue organizada desde arriba a toda velocidad, dando entrada a lo más heterogéneo de la sociedad española: en la UCD cabían desde franquistas reconocidos –sobre todo en provincias, donde el partido del gobierno, garantía de orden, atrajo a las “fuerzas vivas”- hasta socialdemócratas que luego pasarían al PSOE y profesionales arribistas que apostaron a caballo ganador. A los extremos de la UCD quedaban, por la izquierda, los partidos de la izquierda tradicional (PSOE, PCE); por la derecha, casi en solitario, una formación de derechistas liderados por Fraga que había sido capaz de aglutinar al franquismo residual (el origen del Partido Popular); y en un ámbito difuso otras fuerzas que tendrían distinta suerte (la Democracia Cristiana y los partidos nacionalistas, PNV y CiU). En realidad, Suárez acabó entendiéndose con las fuerzas de izquierda, acosado tanto por la minoría reaccionaria de Fraga, como por los partidos nacionalistas, inusitadamente poderosos tras la avalancha de reivindicaciones que propició la universalización de las autonomías.

Ni Suárez, ni mucho menos la oposición, habían contado con ese factor que desde fines de los setenta desnaturalizó el debate político, llevándolo a veces al esperpento: si Cataluña era una nación, Murcia no quería ser menos; si Euzkadi tenía bandera y estatuto, Andalucía, Extremadura o La Rioja querían lo mismo. El ministro adjunto para las regiones Clavero Arévalo, debe estar todavía lamentando haberse encontrado en el centro de un debate en el que “los pueblos del estado español” iban por delante de las decisiones políticas, mientras el partido de Fraga, se proclamaba garante de la unidad de España, oponiéndose al artículo Octavo –la autonomía de las regiones- con lo que consiguió crispar a los autonomistas regionales.

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Las elecciones de 1977 dibujaron un panorama sorprendente. Ganó la UCD, pero no como se pensaba, pues entre PCE y PSOE sumaban más votos. España era “roja”. Sin embargo, en el seno del PCE las críticas se hicieron muy acidas, derivándolas hacia el PSOE: los españoles de izquierda habían sido muy ingratos al no conceder más votos al que fue el partido más organizado de la resistencia antifranquista, el PCE, y dárselos al PSOE, un partido prácticamente sin cuadros y sin una tradición reciente de lucha.

Cuadro 3. Resultados electorales del 15 de Junio de 1977

UCD; Resto 31,1% 22% AP; 8,5% PCE; PSOE; 9,4% 28,6%
UCD;
Resto
31,1%
22%
AP;
8,5%
PCE;
PSOE;
9,4%
28,6%

Fte: elaboración propia basado en datos de www.congreso.es

El 22 de julio el Rey inauguraría la primera legislatura democrática en las Cortes, sin debate sobre el Estado de la Nación por expreso deseo del presidente electo. Así se completó el ciclo de la democratización española: elecciones de 1977 (en realidad, constituyentes) y aprobación de la Constitución de 1978. España era ya una democracia homologada a sus vecinas, dispuesta a entrar en la Comunidad Económica Europea y en la OTAN, objetivos que marcarían tanto su política económica como su política exterior.

Pero antes, había que arreglar la situación de la economía española, para todos los observadores, explosiva. Durante los primeros años tras la muerte de Franco se habían priorizado los problemas de estabilidad política frente a la situación económica, caracterizándose las actuaciones por una postura relajada: persistencia de la sobreindiciación de los salarios, política monetaria y fiscal permisiva y devaluación del tipo de cambio. Consecuencias de las etapas anteriores, España, entre 1973 y 1977,

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había acumulado una deuda de 14.000 millones de dólares, lo que representaba un importe superior al triple de las reservas de oro y divisas del Banco de España. La inflación se situaba a niveles catastróficos: del 20% de 1976 se pasó a mediados de 1977 al 44%, frente al 10% de promedio de los países de la OCDE. Las empresas, fuertemente endeudadas, debían suscribir créditos a interés muy elevados, mientras el paro se disparaba alcanzando la cifra de casi un millón, de los que sólo percibían subsidio unos 300.000.

Así, cuando el día 25 de octubre de 1977 se firmaron los Pactos de La Moncloa (en adelante P. d M.) por todas las fuerzas democráticas el objetivo principal era el restablecimiento, en un período de dos años, de los equilibrios fundamentales de la economía española. Se plantearon dos cauces de actuación, el primero centrado en medidas de saneamiento -destinadas a frenar la inflación y a equilibrar el saldo de la Balanza de Pagos- y el segundo, en medidas de reforma -cuyo objetivo era reparto equitativo de los costes de la crisis, la restructuración productiva y la instauración de un sistema de economía de mercado-. El despliegue de las actuaciones pasaba necesariamente por la modificación del marco fiscal, el sistema financiero, la legislación laboral y el marco de actuaciones de la empresa pública. Los ámbitos en los que se materializan dichas medidas son en una política monetaria restrictiva, en la disminución del Gasto Público, en la sustitución del consumo por inversiones en capital, la fijación de un tipo de cambio realista, y finalmente, en la intervención sobre la política de rentas.

A los efectos económicos (disminución de la inflación, la mejora de la balanza de pagos y aumentos de los excedentes empresariales) debemos reseñar la creación de un clima de colaboración alcanzado con tras el consenso político que facilitaría la elaboración de la Constitución.

Pero a medida que se iba consiguiendo la democratización, se empezaba a hablar del “desencanto”. Los P.d M. moderaron los salarios al basar la subida anual no en la inflación real sino en la prevista, lo que suponía que “se ajustaran el cinturón” los de siempre. Por otra parte, se flexibilizó el despido –en tiempo de Franco, era

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prácticamente imposible- y se dio paso a la contratación temporal. En La Moncloa se habían firmado asuntos cruciales sin que la ciudadanía comprendiese del todo la necesidad del sacrificio previo para llegar a una estabilidad económica en beneficio general y acusando a los sindicatos de traición por trasladar la responsabilidad de asunción del ajuste a la población sin ser consultada, y desligarse de una trayectoria previamente acordada.

En definitiva, los P.d M. resultaron eficaces en el terreno económico y, a la vez, demostraron que la práctica del “consenso” era el buen camino, aunque recibiera críticas, sobre todo porque separaba a los que ya se empezó a llamar “los políticos” de la realidad del país, a las cúpulas de los partidos de sus bases. Con ellos, con la aprobación de la Constitución en 1978 y con el triunfo de la izquierda en las elecciones municipales de 1979 –un epílogo que demostraba en la práctica que había habido una “ruptura” pactada al tomar posesión de las alcaldías socialistas y comunistas- puede decirse que terminaba la Transición, por más que algunos todavía necesiten el triunfo del PSOE en 1982 y otros hablen todavía de segundas transiciones a raíz del “cambio” de 1995, en que ganó el PP. En realidad, la Transición entre un régimen autoritario y otro de libertades es un hecho perfectamente acotable en el tiempo, que termina con la puesta en práctica de la Constitución. Cuadro 4. Disenso Político: 1979-1982

con la puesta en práctica de la Constitución. Cuadro 4. Disenso Político: 1979-1982 Fte: Elaboración propia

Fte: Elaboración propia

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La normalización democrática. Elecciones postcostitucionales

A pesar del triunfo de UCD en los segundos comicios del 1 de marzo de 1979 por un escaso margen, la relajación por los resultados favorables y las discrepancias con la oposición provocan una perdida de credibilidad frente a los ciudadanos que se hace evidente tras la victoria de las candidaturas de PCE y PSOE en las municipales (3 de abril de 1979). La oposición socialista endureció su enfrentamiento con Suárez, mientras ETA elevaba el acoso a la joven democracia española incrementando el número de asesinatos, ahora dirigidos al sector más “delicado”: el militar. ETA pretendía desestabilizar la democracia, crispando al ejército para obligarle a dar un golpe de estado y justificar así su argumento principal: que nada había cambiado. Los funerales de militares asesinados eran un calvario para Suárez y Gutiérrez Mellado, con frecuencia insultados por compañeros y familiares de las víctimas. La tensión en los cuarteles era evidente: todo el mundo temía el golpe de estado. Algunas intentonas fueron desbaratadas en los preparativos 22 , pero al fin, el 23 de febrero de 1981, el golpe se hizo realidad.

Cuadro 5. Resultados electorales del 1 de marzo de 1979

ERC 1% PCE UCD PSOE 11% 34% 30,54% CiU 3% Otros UN 8% PSA-PA CD
ERC
1%
PCE
UCD
PSOE
11%
34%
30,54%
CiU
3%
Otros
UN
8%
PSA-PA
CD
2%
2%
6%
HB
PNV
1%
2%

Fte: elaboración propia basado en datos de www.congreso.es

22 Por ejemplo, la operación Galaxia, 16 de noviembre, 1980 por la que quedan detenidos el teniente coronel Tejero y el capitán Sáenz de Ynestrillas

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Suárez había dimitido en enero 23 , pretendiendo con su retirada evitar lo que tanto temía –y sabía-, dejando paso a Leopoldo Calvo Sotelo. Cuando se votaba su investidura (votación definitiva el 25 de febrero), el coronel Tejero entró, pistola en mano en el hemiciclo, anunciando una “autoridad, por supuesto militar” que llegaría al Congreso para hacerse cargo del gobierno. El golpe no sólo fue un fracaso, sino que produjo dos consecuencias de extraordinaria importancia: primera, el reforzamiento de la figura de Juan Carlos tras su discurso en televisión anunciando que se mantenía en la fidelidad a la Constitución, y segundo, el comienzo de una verdadera democratización del ejército en el que pronto serían elevados a las jefaturas los militares que habían destacado por su fidelidad a la democracia y que facilitarían las reformas llevadas a cabo luego por los socialistas.

Como señala Leopoldo Calvo Sotelo “Recibí de Suárez una España traumatizada por el golpe militar, que dudaba de sus instituciones democráticas y hasta de la Corona, entregué a los vencedores de 1982 una España que volvía a confiar en la libertad y que estaba más unida que nunca a su Rey” (Calvo Sotelo, pp. 54). La UCD, el partido que había liderado la transición en minoría parlamentaria, conseguía antes de desaparecer dos grandes triunfos: la monarquía estaba asegurada por el respaldo popular y el ejército aceptaba al fin el papel que todas las democracias encomiendan a sus fuerzas armadas. Sin embargo, Calvo Sotelo reconocía que la situación económica era todavía grave y que no había remedios mágicos. A pesar de la falta de apoyos en un mandato presidencial que todo el mundo vio como de puro trámite, de antesala a lo que se preveía –la victoria del PSOE-, Calvo Sotelo firmó la entrada de España en la OTAN, el último eslabón de la cadena de normalización institucional, que culminaría con la aplastante victoria del PSOE en las elecciones de octubre de 1982. Al fin se producía lo que constituye la esencia de una democracia, la alternancia en el poder, lo que en España cobraba más significado, pues la izquierda volvía al poder tras la guerra, le exilio y la persecución.

23 La carta de renuncia presentada al Jefe del Estado, S.M. Juan Carlos está fechada el 19 de Enero de 1981 y la difusión pública se hizo el 20 de enero.

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Cuadro 6. Resultados electorales 28 de Octubre de 1982

40,82%

3,28%

26,46%

PNV 3,69% 1,89% 6,47% PSC HB OTROS CDS 1,89% UCD 7,52% 1,01% 5,99% 2,87% 6,47%
PNV
3,69%
1,89%
6,47%
PSC
HB
OTROS
CDS
1,89%
UCD
7,52%
1,01%
5,99%
2,87%
6,47%
7,52%
1,01%
CIU
3,69%
5,99%
PSOE
40,82%
AP
PCE
26,46%
3,28%

Fte: elaboración propia basado en datos de www.congreso.es

El socialismo español y la entrada en la C.E.E. Del viejo partido republicano fundado por Pablo Iglesias apenas quedaba nada cuando Felipe González y Alfonso Guerra llegaron al poder. González había hecho que el partido renunciara al marxismo y aceptara la economía de mercado con plena naturalidad, igual que la monarquía. En realidad, el joven abogado laboralista se demostró pronto como el hombre pragmático y realista poco dispuesto a aventuras y menos aún a tolerar las temibles disputas ideológicas y los revanchismos que, en España, son muy virulentas. En un libro publicado recientemente por Juan Luis Cebrían en que ambos dialogan, González admite que no hizo nada por reavivar la memoria de los vencidos en la Guerra Civil con el fin de dignificarles, a ellos y a la República, y que tampoco tocó a fondo los aspectos que más crispaban a los conservadores españoles (aborto, laicismo, etc.). Sí entró de lleno en lo que resultó ser doloroso, sobre todo para los suyos: la reconversión industrial que había quedado planteada aunque pendiente en los P.d M., la permanencia de España en la OTAN, que supuso el más alto grado de descontento de militantes y simpatizantes, traicionados por el giro de lo que ya se empezó a llamar despectivamente “el felipismo”, y la incorporación en la C.E.E., reencuentro con el sentimiento continental, frente a la exaltación del nacional.

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Pero, con suma habilidad, González presentó como un único paquete la permanencia en la OTAN y la entrada en la Comunidad Europea, lograda en 1986, lo que provocó en el seno del partido divertidos malabarismos, y más de una reprimenda en el exterior contra el joven líder socialista, que desequilibraba el panorama en tiempos de desarme y de descrédito del atlantismo en el seno de la Internacional Socialista. El referéndum de la OTAN provocó reproches en el partido que ya no se olvidarían.

El primer gobierno socialista se enfrentó con una economía que acusaba los efectos de la segunda crisis energética, presentando unos bajos índices de crecimiento (con un aumento del PIB del 1,2% en 1982), unos altos niveles de inflación, claramente por encima de los de los otros países europeos, un déficit en la balanza de pagos de 4.000 dólares, un elevado déficit público de casi el 6% del PIB y un alto y creciente desempleo. Sin embargo, a pesar de las contradicciones –que habían llevado incluso a UGT a la huelga general-, los gobiernos socialistas produjeron en los primeros años una sensación de cambio y modernización que hizo de España un país deslumbrante. Cuadro 6. PIB per capita español/PIB per capita comunitario (%)

6. PIB per capita español/P IB per capita comunitario (%) Para corregir esta situación, se siguió

Para corregir esta situación, se siguió una política de ajuste gradual a medio plazo similar a las medidas tomadas en los P.d. M., con varias medidas propuestas por las organizaciones europeas, con el objetivo de reducir los desequilibrios básicos:

inflación, deuda externa, deuda pública y desempleo. Al mismo tiempo, estas medidas iban destinadas a corregir las desigualdades macroeconómicas; se acometió un

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necesario y retardado ajuste industrial que se desarrolló gradualmente con el fin de mitigar los inevitables costes sociales. De esta manera, las autoridades se esforzaron por establecer las bases de un crecimiento sostenido y preparar la economía española para su futura entrada en la C.E.E. Después de un período de ajuste de tres años, la economía entró en una fase de expansión, coincidiendo con un clima internacional favorable (la caída del precio del petróleo en 1985 -de 27 a 15 dólares por barril-, caída de los tipos de interés, estimulándose así la inversión y la lenta depreciación del dólar disminuyendo las presiones inflacionistas) y el 12 de Junio de 1985 se firman los Tratados de Adhesión de España y Portugal haciéndose realidad la adhesión el 1 de Enero de 1986.

CONCLUSIONES España, como Polonia, fue convertida en una dictadura totalitaria al acabar la II Guerra Mundial, una contienda de la que la Guerra Civil española fue su prólogo. Los vencedores, Franco y Stalin, impusieron un régimen dictatorial cuya característica principal en el terreno económico fue la férrea centralización de la economía mediante la nacionalización de los sectores productivos estratégicos y la planificación estatal. Sin embargo, los acontecimientos políticos que iban a provocar la “Guerra Fría” tuvieron una incidencia muy diferente en ambos países. Franco aprovechó de forma oportunista su condición de “Centinela de Occidente” –España había sido el único país en vencer al comunismo, decía la propaganda franquista- y fue entrando en el “mundo libre” –pacto con los Estados Unidos (1953)- y abriéndose con timidez a la economía de mercado, mientras Polonia, amarrada al Pacto de Varsovia por Stalin, continuó durante décadas a merced de la dirección económica y política soviética, al otro lado del “Telón de acero” 24 .

La transición española fue extraordinariamente rápida, pues en apenas tres años después de la muerte de Franco no sólo se habían desmantelado las instituciones más

24 Entre las obras generales consultadas, destacamos CARRERAS, A. y TAFUNELL, X. (2004): Historia económica de la España contemporánea, Barcelona, Crítica. G. TORTELLA (1994), El desarrollo económico de la España Contemporánea. Historia económica de los siglos XIX y XX. Madrid, Alianza. COMÍN, F., LLOPIS, E. y HERNANDEZ, M. (2002), Historia económica de España, Barcelona, Crítica. GARCÍA DELGADO, J.L. y JIMÉNEZ, J.C. (1999), Un siglo de España. La economía. Madrid, Marcial Pons. De gran interés, A. CARRERAS (1989, Estadísticas históricas de España, Madrid, Banco Exterior.

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importantes del régimen franquista, sino que se había redactado y aprobado la Constitución y se habían establecido las principales instituciones democráticas. Los problemas y dificultades no disminuyeron, especialmente el tema autonómico y las acciones del terrorismo, pero el cambio del escenario político fue abrupto y fuerte 25 .

En definitiva, la transición española queda muy lejana. Es para muchos españoles sólo una página de la historia, para otros un recuerdo nostálgico de cuando eran jóvenes y vivieron con ilusión la transformación de la sociedad. Lo mismo seguramente ocurrirá en Polonia al respecto de la creación del sindicato Solidaridad, las grandes reformas aprovechando la Perestroika, y finalmente la caída del muro: un proceso que, tanto en Polonia como en España, ha conducido a ambas a la Unión Europea y a la democracia. El futuro, sea el que sea, pasa por la amistad y el entendimiento entre los pueblos, con la cultura como nexo fundamental, algo a lo que con humildad estamos contribuyendo desde estos Encuentros Hispano-polacos de Historia Comparada.

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García Delgado, J.L. ; Jiménez, J.C. (1999), Un siglo de España. La economía. Madrid, Marcial Pons. De gran interés, A. CARRERAS (1989, Estadísticas históricas de España, Madrid, Banco Exterior.

25 Huneeus, C. (1995). “ El Liderazgo de Adolfo Suárez y la crisis de U.C.D.” en Historia de la Transición y Consolidación Democrática en España. UNED-UAM, Madrid., pp. 101-103.

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Garrabou, R., Barciela, C.; Jimenez, I. (eds.) (1986): Historia agraria de la España contemporánea. Vol. 3: El fin de la agricultura tradicional (1900- 1960),Barcelona, Crítica.

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