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Cuartogiros.

Dos apartados referentes a las articulaciones discursivas en los dispositivos ajustados al tratamiento de situaciones de violencia.

Jorge O. Tarela

de situaciones de violencia. Jorge O. Tarela ⊕ ⊕ ⊕ Psicólogo -Jotarela@fibertel.com.ar -

Psicólogo -Jotarela@fibertel.com.ar - (15-5220-5141)

1. Cuartogiro Discurso del amo – Discurso del universitario

Las problemáticas que se ajustan en mayor o menor medida a temáticas ligadas a efectos de violencia, suelen tener una presentación adecuada para el trabajo formalizado, según una articulación que denominaremos cuarto de giro que involucra tanto al discurso del amo como al discurso del universitario. Intentaremos sostener que el lugar en donde se apoya una práctica posible iniciada a consecuencia de aquellos efectos de violencias, es un lugar adecuado para la articulación entre estos discursos, o, si se

prefiere, revisaremos lo que esa práctica requiere para sostener un continuo desplazamiento de ubicaciones

y desubicaciones en las que participan elementos de ambos discursos, sin que ello implique una

dominancia específica de uno sobre el otro, aún para el caso en que se supone la hubiera. 1 Por problemáticas ligadas con efectos de violencias, entendemos un conjunto de situaciones cuyo detonante específico y explícito es una situación violenta, fehaciente o no, poco importa para el caso, puesto que en general determinan un inicio o un punto de arranque del que siempre se puede dudar sobre su existencia. Como ejemplo bastarían las llamadas situaciones de violencia familiar, abusos, violaciones, encuadradas

en un ámbito familiar, privado, íntimo. Pero también participan las que suceden en el ámbito público, sea

institucional o social, corruptelas, represiones, asesinatos, genocidios, etc. El armado de un dispositivo para el tratamiento de estas problemáticas no puede ser unívoco dado este amplio abanico de cuestiones, pero debemos rescatar un rasgo común. Todas estas problemáticas requieren primero un acercamiento y tras ello, en general y recurrentemente, aparece una respuesta efectista que lleva por nombre derivación. La derivación es esa respuesta que nombra de una forma particular la articulación de esos dos discursos intervinientes. No debe entendérsela en el sentido de "sacarse el problema de encima", -pues en ese caso más que derivación sería deriva. Al movimiento que se produce, al cuarto de giro que acontece entre los discursos del amo y del universitario, puede denominárselo con el nombre genérico de derivaciones implicadas. Intentaremos dar cuenta de las consecuencias de este cuarto de giro recíproco de un discurso al otro, para lo cual tomaremos como base el texto de Foucault El cuerpo de los condenados 2 que pertenece al apartado denominado Suplicio del texto Vigilar y castigar, y en función de algunas hipótesis que allí se

formulan, tendientes a ubicar los cambios que se introducen durante un período extenso de tiempo respecto de la economía del castigo, de las técnicas punitivas, de las prácticas penales, del poder de juzgar y sentenciar, de realizar un acto jurídico, entre otros. Comencemos por una observación que se pronuncia

en ese texto:

Tenemos un hecho: en unas cuantas décadas [cuyo punto medio es el acontecimiento denominado Revolución Francesa], ha desaparecido el cuerpo supliciado, descuartizado, amputado, marcado simbólicamente en el rostro o

en el hombro, expuesto vivo o muerto, ofrecido en espectáculo. Ha desaparecido el cuerpo como blanco mayor de la represión penal. [2,2]

Situemos, siguiendo el desarrollo del texto una escena como punto de arranque temporal: El teatro del castigo tiene como personaje central el cuerpo del condenado, el suplicio recae casi exclusivamente sobre ese cuerpo tomado como objeto de castigo. Estamos frente a una práctica cuyo sostén es un discurso que permite asir en el lugar del producto de ese discurso a un objeto, y qué objeto podría ser supuesto como más preciado para el condenado que su cuerpo propio, o bien una parte no cualquiera de ese cuerpo, tal como su sangre. Ahora bien, según se constata en el texto, después de unas décadas algo se modificó, ya

no es el cuerpo el elemento que ocupará ese lugar del producto.

las prácticas punitivas se habían vuelto púdicas. No ya tocar el cuerpo, o lo menos posible en todo caso, y eso

para herir en él algo que no es el cuerpo mismo

en los suplicios. El cuerpo se encuentra aquí en situación de instrumento o intermediario. El cuerpo según esta

la relación castigo-cuerpo ya no es en ellas idéntica a lo que era

1 -Foucault se detiene en este punto: "Poder y saber se implican directamente el uno al otro" (4,5) Ver nota siguiente sobre las referencias al texto de base de Foucault

2 -El texto de Foucault más de una versión. Tomamos como referencia la publicada por Siglo XXI editores, México, 1976. Pero para su mejor localización dividimos el capítulo en cuatro secciones:

1. El relato del suplicio de Damiens y del reglamento para la casa de los jóvenes

2. La historia de la modificación (11 párrafos)

3. Consecuencias destacables y métodos (13 párrafos)

4. Antecedentes a la investigación (9 párrafos)

A los fines de la localización de cada cita escribimos primero la sección y luego el párrafo. Por ejemplo el párrafo "

tiene esta referencia entre paréntesis 2,11. Pertenece a la segunda

que comienza "En cuanto a la acción del cuerpo

sección del capítulo en su párrafo undécimo.

penalidad, queda prendido en un sistema de coacción y de privación, de obligaciones y de prohibiciones. El

Utopía del pudor

judicial: quitar la existencia evitando sentir el daño, privar de todos los derechos sin hacer sufrir, imponer penas

liberadas del dolor

sufrimiento físico, el dolor del cuerpo mismo, no son ya los elementos constitutivos de la pena

[2,5]

Si ya no es el cuerpo el objeto de la penalidad en sus formas más severas, ¿sobre qué se establece su presa?

Puesto que ya no es el cuerpo, es el alma

[3,2] El aparato de la justicia punitiva debe morder ahora en esta realidad sin

cuerpo

jueces poco a poco, pero por un proceso que se remonta a mucho tiempo, se han puesto pues a juzgar otra cosa distinta de los delitos: el "alma" de los delincuentes. [3,5]

la voluntad, las disposiciones

un castigo que actúe en profundidad sobre el corazón, el pensamiento,

[3,3]

Desde los 150 o 200 años que hace que Europa ha establecido sus nuevos sistemas de penalidad, los

Si en el lugar del producto ya no está más el cuerpo sino el alma, y de esta transformación Foucault extrae las consecuencias, ¿se debe leer esto como un simple cambio de objetos, del objeto-cuerpo al objeto-alma?. Si lo que cambia en el lugar del producto es una cualidad del elemento que en ese lugar se aloja, esto sólo puede ser definido con relación a un cambio intrínseco del objeto en cuestión. Pero si, en cambio, se introduce el cambio en función de una pluralidad de pequeñas modificaciones de distintos elementos que se ubican en lugares diferenciados de los discursos intervinientes, la lectura no sólo deberá realizarse en función de aquel primer cambio intrínseco, sino como efecto disipado en el conjunto. Así leemos el avance del texto de Foucault, como un despliegue de señalamientos referidos a pequeños cambios, visibles o contemplables sólo a lo largo de un período extenso de tiempo, invisibles o indetectables en períodos abreviados o en el tiempo presente de la muestra. Inevitablemente se debe ir consignando de a uno los elementos modificables a sabiendas que son varios y, al tiempo que se los infiere luego poder consignarlos en vecindad. Nosotros tomamos del texto foucaultiano los elementos, -también uno por uno-, contando con la amplitud de su texto, y le agregamos nuestra hipótesis referida al lugar en donde se ubican esos elementos, según el cuartogirar de los discursos que, sostenemos, están implicados en la lectura que el mismo Foucault realiza. De esta forma no creemos que se trate tanto de un cambio de objeto como antes dejamos entrever, sino de un cuarto de giro entre dos discursos, en la medida en que aquello que va al lugar del producto en cada uno de estos dos discursos, aunque sea el mismo elemento - para el caso no lo es- deja de tener el valor relacional que antes tenía. El elemento que está en el lugar del producto en el discurso del amo, se escribe según el álgebra: a. Puede decirse de a que es el elemento heterogéneo entre los cuatro elementos que se utilizan, puesto que los restantes tres elementos son significantes. Cuando nombramos al cuerpo como a y lo ubicamos en el lugar del producto del discurso del amo, intentamos cernir una opacidad heterogénea en la medida es producida por ese discurso. En cambio el elemento que está en el lugar del producto en el discurso del universitario, se escribe S/ (S tachado). Por ser significante ya no refiere a ninguna opacidad, y no es asible. Cuando nombramos al alma como S/ y lo ubicamos en el lugar del producto del discurso del universitario, intentamos captar esa evanescencia como resto de una operación. Entonces: del producir una opacidad (el cuerpo del condenado en su suplicio) a captar una evanescencia (el alma del imputado en su encierro); está allí vectorizado ese cuarto de giro del discurso del amo al universitario, de a a S/ en lo referente al lugar del producto de cada uno de esos dos discursos articulados. Que Foucault detecte este cuarto de giro a lo largo de una sucesión temporal, no debe confundirnos en lo que atañe a la lógica de su articulación que es puesta en consideración constantemente dada la existencia de esos dos discursos como uno de los fundamentos del lazo social.

dos discursos como uno de los fundamentos del lazo social. Este cuartogiro no puede producir una

Este cuartogiro no puede producir una incidencia solamente en uno de los lugares, tal como acabamos de despejarlo en el lugar del producto. Debemos, pues, revisar los cambios que se introducen en los otros lugares. El vaivén permanente de temas en el texto de referencia son formas de considerar estos cambios,

la ida y vuelta permanente, tal péndulo temporizante, no sólo le da riqueza a la conceptualización sino que es de por sí un modo de consideración dado la temática misma.

Respecto al acto de juzgar, en el recorrido por el texto de Foucault se observa un énfasis en el "alma" del delincuente dejando de lado, lo que más le concierne, -al menos prioritariamente-, el delito en sí.

" los jueces, poco a poco, pero por un proceso que se remonta a mucho tiempo, se han puesto, pues, a juzgar otra cosa distinta de los delitos: el "alma" de los delincuentes". (3.5)

Este pasaje implica despejar varias situaciones. En primer lugar el sitio que le corresponde al imputado en el proceso mismo del juicio. El punto de arranque Foucault lo sitúa de la siguiente forma:

era establecer la verdad de un delito, era determinar su autor, era aplicarle una sanción legal.

Conocimiento de la infracción, conocimiento del responsable, conocimiento de la ley, tres condiciones que

permitían fundar en verdad un juicio"

" juzgar

Si quien juzga entonces se ubica en el sitio desde donde puede recabar ese saber, es precisamente porque otro, en este caso el (o los) imputados, están en condiciones de hacérselo saber. Es desde otro -el imputado- de donde se obtiene el saber necesario para establecer la verdad de ese delito. El cuerpo supliciado es el producto de un trabajo cuyo saber está en manos del imputado mismo -en el seno de un dispositivo que responde a este discurso que llamamos del amo. Es el imputado quien confiesa o silencia su saber, su imputación.

imputado quien confiesa o silencia su saber, su imputación. Cuando el giro se introduce, si bien

Cuando el giro se introduce, si bien no subrepticiamente, hay etapas a considerar. Cierta genealogía se impone:

un conjunto de juicios apreciativos, diagnósticos, pronósticos, normativas, referentes al individuo

delincuente han venido a alojarse en el armazón del juicio penal. Otra verdad ha penetrado a la que requería el

mecanismo judicial: una verdad que trabada con la primera, hace de la afirmación de la culpabilidad un extraño complejo científico-jurídico" (3.6)

" Todo

El concepto que le hace corresponder Foucault a estas prácticas auxiliares, justicias menores y jueces paralelos, expertos psiquiatras o psicólogos, magistrados de la aplicación de las penas, educadores, funcionarios de la administración penitenciaria, etc. es el de anejo: algo o alguien unido o agregado. Lo que destacamos es que a todas estas prácticas anejas le corresponde un saber que las comanda, por ello son prácticas científicas o mejor aún, universitarias. Ya no buscan esas prácticas que sean el o los imputados aquellos que den cuanta de un saber, sino que, al contrario, se les aplicará en ellos las directrices de ese saber en cuestión. Así, denuncia Foucault, se normativiza al imputado, se lo ajusta según ese otro saber a una adecuación de su implicancia y desempeño en los actos por los que se le acusa. La denuncia de Foucault hace lugar a una imposibilidad, puesto que entre ese saber y su objeto no hay relación de complementación posible. Retomaremos más adelante esta consideración. El saber comanda pero no puede saber todo sobre el objeto al que se refiere. Precisamente ese resto o residuo de esa operación, ese no-todo, ese producto llamado "alma", ¿qué relación tiene con el objeto de ese saber?. Es importante anotar entonces cómo lo anejo (jurídico-científico-universitario) se las arregla con esta relación de imposibilidad. Allí articula Foucault su denuncia, desarrollada no sólo en el texto de marras, sino, tal vez, a todo lo largo de su extensa obra. La normativización que se desprende es una objetivización sobre ese producto: la pregunta crucial es, ¿cómo se normativiza un alma?. Entonces, la articulación consignada anteriormente cuartogira:

Pero ¿acaso debemos entender que lo que sigue quedando en el lugar del trabajo es

Pero ¿acaso debemos entender que lo que sigue quedando en el lugar del trabajo es el cuerpo del supliciado (a) reemplazando al imputado mismo (S2)?. Eso no tiene coherencia. Ya no se trata del imputado, Foucault lo viene diciendo, ya no se trata de juzgar, se trata más bien de una suerte de aplicación de algún tratamiento: aquí hay que preguntarse entonces, por el papel de aquellos que ejercen las profesiones anejas.

"¿El papel del psiquiatra? No experto en responsabilidad, sino consejero en castigo; a él le toca decir una prescripción sobre lo que podría llamarse su "tratamiento médico-judicial"

sugerir

En esta frase hay que leer una sutilidad: consejero en castigo, ¿no es el consejero aquel que realiza el trabajo de aconsejar?. Pero habíamos señalado que el trabajo era realizado por el imputado, de ahí se extraía un saber, pero con el cuartogiro ese trabajo recae en el consejero, quien aplica su metié, su ciencia, sobre el imputado. En el discurso del universitario el saber es aplicado por aquel que realiza el trabajo sobre el imputado, es decir es aplicado por y no en él. El producto de este trabajo, lo dijimos, es un "alma" y allí es en donde recaerá el castigo. Pero el anejo medico o consejero especialista, ubicado en el lugar del trabajo, ¿tiene o no, un alma, o bien ésta sólo se produce como producto del trabajo? Está claro que el anejo entonces debe apelar a un semblante distintivo: a cargo de él queda ahora aquella objetividad que antes se requería del imputado: deberá realizar en él mismo, -en su ser profesional- un semblante de objetividad. El anejo entonces semblantea la normativización misma. Se transforma él mismo en la institución de saber que representa al ejercer. Entonces

la institución de saber que representa al ejercer. Entonces Creemos que este punto es de suma

Creemos que este punto es de suma importancia puesto que relaciona de una manera muy vigorosa una vieja objetividad (que Foucualt llama "realidad sin cuerpo") con otra más moderna que llamaríamos de buen grado "alma sin realidad". Es el producto llamado aquí alma lo que se ajusta a ese semblante de objetividad que el consejero encarna. Nuevamente, como en el discurso anterior sigue habiendo un cuerpo del que se trata, pero ya no el cuerpo del supliciado, sino, ahora, el cuerpo del consejero. En ambos ejemplos, discurso del amo o del universitario dijimos, es la llamada subjetividad la que se deja de lado, la que se rechaza, pero de dos maneras bien diferentes. En el del amo se la rechaza como sostén del mismo discurso, dado que en la medida no intervenga cuota de subjetividad alguna, ese discurso puede proseguir, pero en el de universitario el rechazo es a expensas de no tomar decisión alguna, dejando el lastre de esta decisión para más luego, o en palabras de Foucault, "dejando el acto de juzgar" 3 . Más adelante

3 -Se puede introducir aquí el desliz de la palabra fallar, tal como se considera a la acción del magistrado. Un fallo judicial, por ejemplo, decide sobre algo con una objetividad aneja, prestada. No hay pues, fallo objetivo.

retomaremos nuevamente estas consideraciones, porque no son fáciles de manejar sin el conjunto de todas las articulaciones establecidas. A Foucault e interesa remarcar todas las consecuencias posibles de los cambios que se van introduciendo y, al mismo tiempo, unificarlas en función de criterios aceptables.

Resumamos: desde que funciona el nuevo régimen penal -el definido por los grandes códigos de los siglos XVIII y XIX-, un proceso global ha conducido a los jueces a juzgar otra cosa que los delitos; han sido conducidos en sus sentencias a hacer otra cosa que juzgar: y el poder de juzgar ha sido transferido, por una parte a otras instancias que los jueces de la infracción

"Juzgar otra cosa" es un elemento que ya hemos considerado anteriormente, el acento ahora recae sobre esa transferencia que se produce. (3,8)

operación penal entera se ha cargado de elementos y de personajes extrajurídicos. Se dirá que no hay en

ello nada extraordinario, que es propio del destino del derecho absorber poco a poco los elementos que le son

ajenos. Pero hay algo singular en la justicia penal moderna: que si carga tanto de elementos extrajurídicos, no es para poderlos calificar jurídicamente e integrarlos poco a poco al estricto poder de castigar; es, por lo contrario,

para poder hacerlos funcionar en el interior de la operación penal como elementos no jurídicos

La

(3,8)

Esta distinción nos permite aclarar entonces que en el movimiento que se introduce hay, por decirlo de algún modo, una suerte de envoltura en donde la operación jurídica considera y da lugar a una operación no jurídica, ajena. Pero decimos envoltura y no absorción o incorporación. Lo que se envuelve es de un orden distinto y, por ende, produce un giro o un movimiento, un pliegue. Que luego se pretenda volver al punto de inicio, desconociendo la función de envoltura, eso tendrá sus consecuencias seguramente, pero lo que nos interesa es subrayar ese giro que se ha producido aunque se lo desconozca. Foucault lo pone a la cuenta de una disculpa, nosotros la llamaremos imposibilidad y posiblemente esta imposibilidad esté en el fundamento mismo del viraje a la modernidad. ¿Acaso no es nuestro sistema jurídico actual -el occidental distintivo del oriental- el que nos anoticia de que todavía somos modernos?

para evitar que ésta operación sea pura y simplemente un castigo legal; es para disculpar al juez de ser pura

y simplemente el que castiga

algo distinto de sí misma, por esta incesante reinscripción en sistemas no jurídicos y ha de tender a esta recalificación por el saber. (3,8)

la justicia criminal no funciona hoy ni se justifica sino por esa perpetua referencia a

es

"Recalificación por el saber" es el sintagma que queremos subrayar para escribirlo de esta manera

que queremos subrayar para escribirlo de esta manera Esta imposibilidad de la modernidad, es decir, el

Esta imposibilidad de la modernidad, es decir, el hecho de que es imposible que un significante se relacione con el conjunto de los significante que conforman el saber que le concierne, a veces se soluciona, -en general se emparcha-, de diferentes maneras. Foucault la describe en esos términos, nosotros la describimos tal vez remarcando una veta imaginaria como envoltura:

En el lugar de la causa de ese discurso, del lado del agente , antes

En el lugar de la causa de ese discurso, del lado del agente, antes ocupado soberanamente por aquel que juzga, el movimiento cede ese lugar al saber que encarnan los expertos. La consecuencia inmediata, que habrá que solucionar, es que si el que comanda el discurso es el saber, es decir no es alguien aunque alguno quiera usurpárselo, ¿quién podría tomar una decisión en función de este saber que lo comanda?. Aquí es necesario que ese movimiento tienda a retraerse, pero el retorno, el cuartogirar en el sentido contrario, no puede desconocer el movimiento mismo que ya ha sido efectuado. En qué lugar quedó ubicado ese elemento que antes ocupaba el lugar del agente y que ahora quedo ocupado por el saber. Precisamente en el lugar que se denomina de la verdad.

Anotemos primero que tanto el lugar de la causa como el lugar de la verdad están del lado del agente:

causa como el lugar de la verdad están del lado del agente: Sencillamente esto implica que

Sencillamente esto implica que en este cuartogirar entre estos dos discursos hay un elemento (S1) que siempre se ubica del mismo lado, del lado del agente, así como antes verificamos que hay un elemento que queda en ambos discursos del lado del Otro, el a. Son estas continuidades las que dan soporte al texto de Foucault en la medida describe el movimiento y, en el mismo intento nos procuran un entendimiento respecto a las prácticas o dispositivos que entrecruzan lo jurídico-científico. Que implica que el S1 "caiga" al ser desplazado por el S2 al lugar de la verdad: implica que aquello que comandaba ahora sea precisamente aquello que se rechaza. Allí el señalamiento de Foucault que hace hablar a este S1 afectado por el movimiento:

"Naturalmente, damos un veredicto: pero, aunque haya sido éste provocado por un delito, ya están ustedes viendo que para nosotros funciona como una manera de tratar a un criminal; castigamos, pero es como si dijéramos que queremos obtener una curación."(3,8)

Dar un veredicto, propiciar una sentencia, eso sigue ocurriendo, aunque cada vez menos en la medida es necesaria la puesta en juego de una decisión. La pregunta entonces es, quién puede tomar esa decisión, si quien pudiese tomarla ocuparía el lugar de la verdad, es decir, estaría ubicado allí en donde ese nuevo discurso -que se transformó en inevitable por función de una imposibilidad anterior-, lo rechaza 4 . Ocupar

4 -Un ejemplo interesante de cuartogiro entre estos dos discursos entrecruzados por el tema de una toma de decisión, es el que se expone en el artículo de Cárdenas "El abuso de la denuncia de abuso" (Publicado en Sobre Excesos y Exabruptos Nº 14 en www.clinex.com.ar). En ese artículo se expone una crítica a lo que allí se denomina versión canónica del tratamiento a las denuncias de abuso a menores. Según este autor, esa versión propuso ante la inacción judicial, una propuesta de tratamiento y abordaje cuyo eje era el rechazo del Pater, único posible victimario ante los hechos denunciados. Este avance del discurso del universitario encuentra su sostén en la producción de un

el lugar de la verdad en un discurso es sostener la causa misma de ese discurso, hacerle de apoyo si se quiere, dado un estatuto de rechazo. El saber (la curación en el texto de Foucault) comanda al discurso en la medida no se tengan que tomar decisiones al respecto. Cuando el saber se trastoca en tecnología, que es la aplicación de ese saber y no el saber mismo, alguien tiene que tomar la decisión de manejarla, aplicarla, etc. pero eso es una consecuencia. Lo que queremos subrayar es que mientras ese saber comanda, en esos precisos momentos, la decisión se posterga, no hay S1 o amo en consideración:

decisión se posterga, no hay S1 o amo en consideración: Desde esta pregunta podemos preguntarnos, volviendo

Desde esta pregunta podemos preguntarnos, volviendo al movimiento contrario, ¿que es lo que sostiene al discurso cuando lo que comanda es un Amo (S1) y no un saber (S2)?. Foucault llama al movimiento que se produce en este punto "nuevo régimen de la verdad", es decir en nuestros términos, que en el lugar de la verdad hay otro elemento:

Otra verdad ha penetrado, la que requería el mecanismo judicial: una verdad que, trabada con la primera, hace de la afirmación de culpabilidad un extraño complejo científico-jurídico (3,6)

¿Cuál era entonces la verdad primera, la que ahora le permite decir a Foucault que hay otra? La verdad del delito. En el lugar de la verdad hay pues ubicado un rechazo a toda subjetividad posible: el delito era ante todo, algo objetivo, y por ende a tal delito siempre le corresponde su autor. De aquí que, dado ciertos estados de locura -Foucault lo subraya- lo que desaparecía fuese el delito mismo: decir que no hay culpabilidad y locura al unísono, sólo es sostenible en un discurso en donde la objetividad domina, en donde el autor nunca jamás es un sujeto tomado por su acto, sino, al contrario, una acción realizada objetivamente (concientemente) por alguien al que no se lo puede considerar barrado o dividido. La decisión que se consigue como efectiva, la decisión que surge del juzgar la verdad de un delito, es a expensas de rechazar el sujeto que de dicho acto puede surgir, es rechazar (en el lugar de la verdad) a ese sujeto dividido.

Ahora podemos iniciar el recorrido nuevamente desde el comienzo de nuestro artículo, allí donde el giro hacía surgir a ese sujeto antes rechazado como producto. Ninguna verdad se anudaba a ese sujeto antes de advenir como producto en el discurso del universitario, pero recordemos que para advenir al lugar del producto, lo que se rechaza es aquella decisión que en el discurso del amo se sostenía precisamente en un rechazo de la subjetividad en cuestión. Por ende, a esa alma como producto, en el sistema jurídico hay que

sujeto encarnado en la figura del niño, alma inocente, pura verdad. A tal punto se sobrellevó este avance que Cárdenas se ve en la obligación de mostrar las contradicciones que éste produce en el interior del discurso jurídico. Pero sabido es que en el discurso jurídico es muy difícil tomar y dar crédito, es decir encausar, a estas denuncias en la medida en que, generalmente, este tipo de abuso no deja huellas objetivas, ni hay lugar para la escucha del menor - es decir de aquél que no tiene cuerpo propio o apropiado para ofrecer-, y existe un rechazo para todo lo sexual polimorfo. Entre estas dos posturas, ninguna aceptada como tal en su totalidad, se mueve el artículo de Cárdenas, entre aquello que no se puede dar lugar (el rechazo del sujeto en el discurso del amo en el lugar de la verdad) y entre la no toma de decisión que implica una condena sin sentencia (el rechazo del amo en el discurso del universitario en el lugar de la verdad) Si consideramos que lo que rechaza el discurso es eso mismo de dónde se sostiene, la figura del Pater y la del niño, son imaginarizaciones posibles de ese rechazo, la primera para el del universitario, la segunda para el del amo. De allí que Cárdenas tenga que poner tanto el acento en el abuso de la denuncia (de abuso) puesto que es promovido por ninguna de esas dos figuras citadas, sino por otra tercera, que deberíamos leer ubicada en otro discurso, el de la histérica, en la figura de la ex-esposa, pero debemos dejar esto para una consideración posterior, una vez que establezcamos las coordenadas de ese discurso.

reservarle una cuota de castigo que Foucault denuncia como el "castigo de la vigilancia". Pero allí surge ya no una imposibilidad, sino una impotencia:

surge ya no una imposibilidad , sino una impotencia : El castigo tenderá, pues, a convertirse

El castigo tenderá, pues, a convertirse en la parte más oculta del proceso penal. Lo cual lleva consigo varias

consecuencias: la de que abandona el dominio de la percepción casi cotidiana, para entrar en el de la conciencia abstracta; se pide su eficacia a su fatalidad, no a su intensidad visible; es la certidumbre de ser castigado, y no ya el

teatro abominable, lo que debe apartar del crimen

(2,4)

La certidumbre -afectada por esa moderna objetividad científica-reemplaza a la certeza -apogeo si lo hay de lo objetivo. Tenemos pues el siguiente movimiento pendular en este moderno sistema judicial y, reiteremos que no es pendular sólo en el sentido temporal histórico, sino en su aplicación misma, pendularmente quiere decir cuartogirar en una dirección y en su contrario. La paradoja resultante es que la imposibilidad en un discurso se intenta resolver a costa de una impotencia en otro. Es que de esa forma no se hace presente como cuestión, por ejemplo, ni la relación de imposibilidad que se establece en el discurso del universitario ni la impotencia en el del amo. Y no es que no existan, pues cada discurso las establece así como establece dos lados, el del agente y el del Otro, un sostén rechazado y un producto como resto. Pero estos señalamientos últimos sobre cada discurso en particular se escapan del contexto de referencia foucaultiano que nos sirvió de ejemplo. Los dejamos pues para posteriores articulaciones, cuartogiros, entre los otros discursos, en distintos dispositivos.

2. Cuartogiro Discurso del universitario – Discurso del analista

Podemos seguir el hilo del primer apartado subrayando el valor de cosificación que tiene el sujeto que se forja, que se produce en el discurso del universitario. En el cuartogiro que se despliega desde el discurso del amo, podemos anotar un avance de resolución al problema de la imposibilidad entre lo que un significante no significa por sí mismo y el conjunto de los significantes del Otro en el lugar del trabajo. En ese avance decíamos que, lo que se produce no es un objeto sino un significante. Pero ese significante, llamado sujeto en el lugar del producto, es un resto de una operación discursiva en donde el trabajo que se realiza se sostiene de forma objetiva. Es el caso del consejero o especialista, un lugar por siempre semblanteado dado el discurso del universitario que le da existencia. En ese significante, -repetimos:

sujeto en el lugar del producto-, se conserva aún cierta impregnación objetiva, la cosificación le pesa sobre sus hombros.

objetiva, la cosificación le pesa sobre sus hombros. En este artículo tomaremos el cuartogiro que va

En este artículo tomaremos el cuartogiro que va desde este discurso del universitario hacia otro discurso, inaugurado por Freud, el discurso del analista, para poder restar esa cosificación y atender así a un resultado más subjetivo.

El sueño.

Tomamos como ejemplo el sueño paradigmático de Freud, titulado el sueño de la inyección de Irma, al que el creador del psicoanálisis dedica un capítulo íntegro de su "Interpretación de los sueños", y algunas referencias más en esa obra. Jacques Lacan propuso en su Seminario 5 una modalidad de lectura de la obra freudiana y hace referencia a este sueño. Cada analizante en tanto enseñante deberá pasar por ahí, por la lectura de ese material, que en ese sentido es paradigmático. Ese sueño tiene un referente: el analizante -y su analista- en cuanto tal ya está ahí, en el sueño que se nos da a leer. Pero reconocemos en la lectura de Lacan algunas puntuaciones que tomaremos y a las que no volveremos, mientras que retomaremos otras que a esa altura de su enseñanza no quedaron establecidas, aunque sí puntuadas. Una de esas observaciones es la división del sueño en dos partes. La primera hasta la imagen terrorífica de los cornetes en el interior de la garganta de Irma. La segunda desde ahí. (Lacan toma de Erikson ésta indicación de partición, aunque no acepta el desarrollo psicológico que éste hace). Adelantamos nuestra hipótesis de trabajo: leemos la primera parte del sueño en tanto apoyada en el cuartogiro que va del discurso del amo al discurso del universitario. En el impedimento por cuartogirar en sentido contrario, retornando a las condiciones del discurso del amo, allí donde en general el soñante despierta para rearmar ese apoyo discursivo, Freud sigue soñando, lo que despliega por vez primera el cuartogiro que va del discurso del universitario al del analista que allí se inaugura, sostenido en el deseo de Freud como analizante. El sueño refiere en primer lugar al intento de hacerle abrir la boca a la paciente, debido a que hay allí una resistencia o un obstáculo, al menos una reticencia. Que abra la boca es un imperativo, una orden, bordea ese límite obsceno de la demanda. Además, toda esa escenificación del sueño sucede sobre el

5 - Lacan J. El seminario Vol. 2. Capítulos sobre el sueño de la inyección de Irma. Ed. Paidos. Bs.As, 1980.

cortinado de una discusión que no contradice en nada la idea de cierta resistencia femenina siempre esperable, que en esa época se ligaba fuertemente a la moral victoriana. Desde el lugar del amo, donde se aloja dicha demanda, esa boca está imposibilitada de abrirse, y, más bien, tiende a cerrarse: ésta es la forma en que la histérica cuestiona a su amo, encallando su síntoma. Pero Freud en su sueño no avanza colocándose en ese lugar de amo, sabe que hay cierta trenza, cierto armado dependiente de relaciones familiares que él aceptó en su momento y que le configura un problema para situarse allí como amo; sea como sea, tal vez por otra razón de la que Freud aún no es consciente, en el sueño no se ubica en ese lugar. Hay dos asociaciones que él escribe en sus glosas al sueño, que le permiten diferenciar esos lugares, su propia esposa y otra paciente, más dócil, ambas poseen el atractivo de no demandar su auxilio. Freud fuerza las cosas hacia esta segunda opción, la de no ubicarse en ese lugar. Caso omiso -esto no está anulado absolutamente- triunfaría el cinismo del "es culpa tuya", "usted no hace lo que le indico, según mi demanda". Freud conoce a esta altura este tipo de resistencia que se convierte en un obstáculo insuperable. Freud apuesta, entonces, a la segunda opción, a la de un sujeto a producirse, más que a un paciente a convertirse. Comienza entonces a examinar a su paciente: hay un saber que comanda este examen y en este procedimiento es importante rescatar la ubicación de Freud como instrumento de ese saber en procura de un sujeto a producirse. Decimos Freud como instrumento en la medida en que todo científico es un instrumento al servicio de su ciencia. Claro está que en la ciencia llamada médica, este instrumento no acontece según el dispositivo clásico de la ciencia, el de la experiencia científica no subordinada al experimento demostrativo. Desde esa posición de instrumento, adviene en el sueño eso que se ve en el interior de la garganta, que se abre para que se aprecie la revelación misma del ser. Dirá Lacan, el "tú eres eso, lo más lejano de ti, lo más informe". Pero ese ser no es el ser del sujeto, sino el ser que se produce inmerso en la coseidad. Es la muerte misma como sujeto producido por un saber que objetiva al operador, instrumentalizándolo. El objeto de la medicina no se condice con las evidencias, aunque a veces se lo pretenda colocar como objeto producido, no es tan sencillo hacer caso omiso al ojo que cree ver lo que no mira 6 . En este pasaje de un discurso a otro, llevado al límite del segundo en su producción, en ese cuartogiro que produce un sujeto en el lugar del producto, que hace advenir un sujeto impotente de toda decisión, sin conexión a origen alguno, sujeto propiciado en el rechazo absoluto a cualquier S1, a cualquier Amo que le solicite incrédulamente que abra la boca. En ese punto el soñante debería despertar pues las riendas se le soltaron demasiado. Entonces será el discurso del amo quien volverá a tomarlas, en clara señal de rechazo a ese sujeto que advino en aquellas condiciones, rechazo en el sentido de no querer saber nada de ese sujeto, remitiendo al sujeto a un refugio ante la castración, dada la impotencia de ese discurso. Repetimos, que la articulación se produce ante el hecho -ahora posible- de tener que tomar una decisión en el punto en donde no hay quien pueda tomarla. Impotencia de articular ese sujeto producido en el rechazo de toda decisión.

Pero Freud allí no despierta, tiene "amígdalas" o "cornetes" según la traducción y da ese paso necesario para seguir, aunque a partir de ese momento él mismo ya no cuente. En su lugar aparece el trío de clowns, claro sostén de ese discurso del universitario, trío de médicos que responden al saber, saber en donde Freud en esta nueva etapa de su sueño ya no se ubica, este es el primer efecto del cuartogirar. Pues de ubicarse allí participaría de ese verdadero diálogo de sordos, saber en pugna. El próximo cuartogirar entonces se está haciendo inminente, es lo que ese sueño le da a significar a Freud: Hay en la palabra -y en ningún otro lugar- una función decisiva y judicativa tanto con la ley como con la muerte y el sexo, tópicos que preocupaban al Freud deseante. Hay un punto en donde el saber que intenta seguir comandando - discurso del universitario- se trastoca en convicción delirante (el caso Fliess) pero al mismo tiempo, genera una escritura que socava esa convicción: la fórmula de la trimetilamina. N3(3CH) Si el sueño apela al congreso de todos los que saben, para dejar caer allí ese saber, si el sueño apela al saber en la medida que éste comanda el discurso en cuestión y es con ese saber que deberá encontrarse una solución válida al sufrimiento de la paciente, lo que el sueño revela es que no hay solución a la palabra que la misma palabra, que no hay otro referente que no sea ella misma. Entonces ese cuartogiro imprime una diferencia entre una objetivización causada por el saber (que es la del propio experimentador tomado como instrumento) a una objetivación que lo causa, incluso que es la causa misma, objetivización que pertenece y no, al sujeto en cuestión, ya que lo divide como causado y en su propia causa, distinguiéndolo del sujeto del discurso del universitario ya que, en tanto sujeto ubicado en el lugar del producto no se plantea las consecuencias de su división. En ese disloque del cuartogirar algo se produce: un escrito que se ve en gruesos caracteres. Las asociaciones apuntan a Fliess y a lo que Freud nombra como metástasis del

6 - Tarela, Jorge "La obra de Foucault y el tema de la medicina "en Sobre excesos y exabruptos Año 1, #4.

sueño. Las posiciones de Fliess y Otto, la del científico delirante y la del médico moralista, son las posiciones en donde -siguiendo la vía diseñada por el discurso del universitario- se produce una renuncia a seguirlo rigurosamente, sea en el punto en donde el saber está imposibilitado de asir un objeto y se objetiviza el saber mismo (el tan mentado fracaso del paranoico que Freud postula haber trascendido) sea, como dijimos, el punto de impotencia entre el sujeto producido y su origen rechazado (la moral, cualquiera ésta sea, recubre este punto con una decisión extemporánea al discurso que la promueve).

La solución escindida

Consideremos ahora los dos ítem en donde se consagran las dos partes de este sueño: La imagen terrorífica y la fórmula impresa en gruesos caracteres. Freud apunta a cierto sentido que acontece en función de las asociaciones, contradiciendo su tesis del sueño como vía regia al deseo inconciente y formulando acotaciones sobre deseos en el mejor de los casos preconcientes, en rigor anhelos no considerados concientemente. Por ejemplo, cuando asocia la mención del propileno al amilo, tal como un desplazamiento, y deduce que de demorarse en propileno surgiría propileo, entonces Freud agrega: "Los propileos no se encuentran sólo en Atenas sino también en Munich". Pero el caso no pasa ni por Atenas -la cuna del amor por el saber- ni por Munich -la cuna del saber sin el amor-, sino por el sinsentido que produce la escritura en su función de mero resto significante de una operatoria producida. Lacan señala en dos ocasiones el ejemplo bíblico del sueño de Daniel 7 cuando comenta el sueño de Freud, la traducción del Seminario es incorrecta en estos puntos y desdibuja el señalamiento de Lacan. De todas formas son dos menciones que Lacan en ese contexto no despliega. Lo hará más tarde en el Seminario intitulado La lógica del fantasma, pero en ese momento ligado a una lectura de lo que se escribe de la repetición y la falta. En el contexto, en donde se trata del sueño de Freud las dos menciones de Lacan refieren a la imagen terrorífica y a la escritura de la fórmula. En la primera se trata del matiz de revelación que tiene la visión de los cornetes y la visión de la mano que escribe la sentencia incomprensible en la pared. En la segunda se trata del valor más allá del estrépito verbal, en la escritura misma de ambos ejemplos. Tal vez esta consideración de Lacan nos haya permitido hacer la mención de los cuartogiros, puesto que en ambos casos, más que de una imagen se trate de un valor significante, tal como entiende Lacan que el profeta Daniel interpreta la fórmula "Mene, mene, tekel, upharsin" que se escribe en el sueño del rey de Babilonia. No se trata de un sentido, sino de un valor significante. Lo que nosotros agregamos es que el valor significante de ambas imágenes se corresponden con el lugar que ocupan en dos discursos distintos. La primera imagen, lo dijimos, la leemos como significante ubicado en el lugar del producto del discurso universitario. Es decir, como significante-sujeto. En Freud se trataría del sentido de las cosas últimas, sexo-muerte-castración. Para nosotros es un significante que se produce dando lugar a su valor como sujeto de un saber. Un significante cosificado se lo pretende, en la medida retrotrae la articulación al discurso precedente, resolviendo infructuosamente la impotencia que se produce como relación entre el sujeto producido y el significante amo que se desconoce. En el primer artículo dedicado a este serie de cuartogiros nos detuvimos en esta cuestión.

a este serie de cuartogiros nos detuvimos en esta cuestión. La segunda imagen la leemos también

La segunda imagen la leemos también como un significante pero esta vez producido por un discurso que se inaugura en esa ocasión, en la ocasión del sueño, por ende paradigmático. En ese discurso ese significante se ubica en el lugar del producto en tanto significante-amo, es decir, en ese límite de las cosas primeras. En Freud se trataría del sentido del origen de la vida-eros. Para nosotros es un significante que se produce otorgando un valor de origen, dado que el significante no se significa a sí mismo, no hay

7 - Referencia a La Biblia, El libro de Daniel Cáp., 26 y 27.

significante que sea único, sino siempre en referencia a otros significantes, por ende es un significante absolutamente inconciente en su función, la naturaleza misma de lo simbólico dirá Lacan. La cosa del significante, si se nos permite la expresión, índice de una relación de impotencia entre ese significante y el saber en que ese significante pretendería apoyarse. Un origen significante en extimidad, extraña familiaridad.

Un origen significante en extimidad, extraña familiaridad. A contrapelo del sentido que busca infructuosamente Freud,

A contrapelo del sentido que busca infructuosamente Freud, tal vez a manera de resolución a la relación de impotencia antes indicada, aquí no hay sentido que valga aunque se imponga. De hecho este significante -Lacan dice que no importa cuál sea, N o AZ- no se relaciona con saber alguno. O mejor dicho, este significante ubicado en el lugar del producto del discurso del analista, ubica una relación de impotencia con el saber en cuanto éste último se ubica en el lugar de la verdad y en disyunción con ella. Es en el rechazo de todo saber -el saber que comanda el discurso del universitario- que Freud inventa un nuevo discurso, ni el de Atenas ni el de Berlín, a pesar suyo. Decimos a su pesar en la medida que se entienda que la placa de mármol recordatoria en la casa de Bellevue debería dar cuentas de esta operación, más que del secreto del sueño. Es a pesar del Yo de Freud y de su anhelo de héroe romántico. La relación de impotencia del discurso del universitario al cuartogirar tiende a resolverse entonces en una relación de imposibilidad en el nuevo discurso, lo que entonces se impone, más que un sentido, es una causa a ese sujeto que, como dijimos al comenzar este artículo, ya no pesa sobre sus hombros como en el discurso del universitario.

De esta forma volvemos a nuestro artículo anterior, al primer cuartogiro en la medida el discurso del analista produce -en el sueño de Freud es eso lo inconciente, un significante que se produce- aquello que el discurso del amo ubicaba en el lugar de la causa. Lo que era causa del lado del agente en el discurso del amo ahora, dos cuartogiros mediante, es producto del lado del Otro en el discurso del analista. Nuestra indicación remite pues, a manera de síntesis, que es necesario realizar esas dos operaciones discursivas, dos cuartogiros, para que el dispositivo se forje en esta orientación y no en otra, lo que lo lanzaría a otro cuartogirar, en sentido inverso, regrediente.