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Lauren Barnholdt Dark guardians

the thing about

the truth

LAUREN BARNHOLDT

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Sinopsis

De camino al amor… y a los problemas.

Kelsey no va a dejar que un error arruine su vida. Claro que fue expulsada de la escuela preparatoria y todos sus viejos amigos la están dejando fuera. Pero Kelsey está centrada en su futuro, y está decidida a volver al camino en la Preparatoria Concordia. Isaac ha sido expulsado de más escuelas de lo que puede contar. Desde que su padre ha sido senador de estado, la vida de Isaac está bajo constante escrutinio; pero la Preparatoria Concordia es su última parada antes de un internado, por lo que Isaac espera estar bajo el radar y para variar, trata de quedarse. Cuando Kelsey e Isaac se conocen, no es otra cosa que amor a primera vista. Ella piensa que él es un mocoso malcriado, y él piensa que ella es una esnob engreída. Así que los sorprende a los dos cuando empiezan a enamorarse. Kelsey está feliz por

primera vez en meses, e Isaac nunca se sintió así por nadie

Pero algo nunca es

completamente perfecto. Todo el mundo tiene secretos, e Isaac y Kelsey no son la excepción. Estos dos pueden haberse enamorado fuertemente, pero hay una cosa que puede arruinarlo todo: la verdad.

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Para la verdadera Kelsey, que siempre lee la última página primero.

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Capítulo uno

Las Consecuencias

Traducido por Flor_18

Kelsey

Oficina del Superintendente, 11:26 am.

Estoy metida en tantos problemas. Tantos, tantos, tantos problemas. En serio, ni siquiera puedo empezar a imaginarme el tipo de problemas en el que estoy metida. Es el tipo de problemas en el que esperas nunca estar, el tipo de problema del que escuchas hablar y dices: “Wow, qué idiota. Estoy feliz de que nunca vaya a estar metida en ese problema”. Probablemente me vayan a echar de la escuela. Mi segunda escuela en tres meses. ¿Qué me pasará entonces? ¿A dónde iré? La última escuela de la que me echaron fue la Preparatoria Concordia, una escuela privada, así que por supuesto que me fui a una pública. ¿Pero a dónde vas cuando te echan de una escuela pública? ¿A un reformatorio o algo así? Dios, eso sería horrible. Nunca podría durar en un reformatorio. Tengo una cartera Kate Spade rosa, por Dios Santo. La conseguí de rebaja, pero aun así… Un reformatorio me comería viva. Sería como una de esas chicas en esos programas de Spike TV, donde toman a adolescentes problemáticos y los ponen en la cárcel por un día para mostrarles hacia donde van, y todos se desploman y empiezan a llorar y pierden la cabeza. Me muevo en la silla y miro el reloj: 11:27. La reunión con el superintendente, el Dr. Ostrander, debe empezar en tres minutos, e Isaac todavía no llega. No que me sorprenda: Isaac nunca llega a tiempo para nada. La manecilla del reloj se mueve a 11:28, y empiezo a pensar que tal vez no va a venir, que tal vez su papá lo convenció de no hacerlo, y que voy a tener que lidiar sola con este desastre. Pero entonces la puerta de la oficina se abre, e Isaac entra. Sus ojos oscuros repasan la habitación, registrando a la secretaria, después a las puertas cerradas que conducen

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a la oficina del Dr. Ostrander y finalmente a mí. Sin siquiera hablar con la secretaria o decirle a alguien que está aquí, camina y se deja caer en el asiento dos sillas más allá de mí. No dice nada, mantiene la vista fija mirando hacia delante. Me atrevo a mirarlo por el rabillo del ojo. Lleva pantalones caqui apretados, una camisa abotonada celeste, y una corbata azul y roja. Sus zapatos negros están perfectamente lustrados, y tiene el cabello peinado con gel aplicado recientemente. Se ve tranquilo, controlado, y, como siempre, completamente hermoso. Hay un gesto ligeramente amenazador en su rostro, pero solo sirve para hacerlo ver más a cargo de la situación, como si no pudiera creer la pérdida total de tiempo que era todo esto. Se da la vuelta para mirarme, y cuando lo hace, me atrapa mirándolo, y mi corazón se detiene. ―Hola ―digo. No estoy segura de si estamos hablando, pero la palabra sale de mi boca antes de que pueda detenerla. ―Hola. ―Su tono es cortado. Todavía está enojado conmigo por lo que pasó, todavía está dolido, todavía contrariado. Todavía, probablemente, no me quiera dar otra oportunidad. ―Estaba empezando a pensar que no ibas a venir ―digo. Es algo bastante vago, pero estoy desesperada por que la conversación continúe. ―¿Por qué no habría de venir? ―Pareciera que pensara que estoy loca por dudar de que él fuera a venir. ―No lo sé. Pensé que tal vez tu papá Pone los ojos en blanco y mira a otro lado. ―De todas formas, estoy feliz de que estés aquí. Él no contesta, solo saca su celular de su bolsillo. Sus dedos se mueven sobre la pantalla, revisando sus mensajes, leyendo algo, escribiendo una respuesta. Me pregunto a quién está escribiendo. ¿Marina? Lo dudo, pero honestamente, en este punto, nada me sorprendería. ¿Sr. Brandano, srta. Romano? ―llama la secretaria―. El Dr. Ostrander los atenderá ahora. Respiro profundamente y me pongo de pie. Aliso mi falda, una sencilla falda de tubo escogida en un intento de hacerme parecer más madura y confiable. ―Aquí vamos ―le digo a Isaac, y le dedico una sonrisa. Es un intento de mostrar que estamos juntos en esto, que los dos nos dirigimos a la guarida del león, pero que tal vez podemos estar bien si dependemos el uno del otro. Pero Isaac no dice nada, solo gira sobre los talones de sus zapatos súper caros y brillantes y camina hacia la

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oficina del Dr. Ostrander. Me paro allí por un momento, pestañeando por las lágrimas que amenazan con derramarse por mis mejillas. Me siento mal porque Isaac no va a hablarme, pero principalmente me siento mal porque sé que todo esto es mi culpa. La razón por la que tal vez nos echen de la escuela; la razón por la que todo esta tan completamente arruinado; y sobre todo, la razón por la que rompimos. La razón por la que probablemente lo he perdido para siempre. He pasado tantas horas pensando en esto, repasándolo una y otra vez en mi mente. Si empiezo a hacerlo ahora, me volveré loca, haría que mis pensamientos se vuelvan un enredo y necesito mantener la mente clara para esta reunión. Así que me seco los ojos con el dorso de la mano y me obligo a entrar en la oficina del Dr. Ostrander.

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Capítulo dos

Antes

Traducido por Flor_18

Kelsey

Resulta que mi primer día en la escuela pública Concordia definitivamente no está destinado a ser un buen comienzo. Primero, derramé jugo de naranja sobre la falda que llevaba. Lo que fue una mierda, ya que (a) por lo general no tomo el desayuno, y (b) ni siquiera me gusta el jugo de naranja. Pero esta mañana cuando bajé las escaleras, mi papá insistió en que “tuviera algo en el estómago” para tener las energías en mi primer día en mi nueva escuela. Así que engullí una tostada seca y un vaso de jugo de naranja, en gran parte solo para complacerlo (esa es toda una historia diferente, la parte de hacerlo solo para complacerlo), y luego lo derramé en mi falda y no tenía tiempo de cambiarme antes de que llegara el autobús. Lo que era otra cosa. El autobús. Viajar en autobús, en caso de que no lo sepan, realmente apesta. Pero no tengo licencia aún (tengo diecisiete, pero he fallado el examen de conducir dos veces. ¡Dedos cruzados para mi próximo intento!), y no había forma de que mis padres fueran a llevarme a la escuela. Estaban tratando de enseñarme una lección, creo. Lo que no tiene sentido. ¿Cómo el no llevarme a la escuela va a enseñarme una lección? Ya aprendí mi lección cuando me echaron de mi vieja escuela. Con un poco de suerte, podré hacer nuevos amigos rápido. Nuevos amigos a los que no les importará recogerme por las mañanas. Pero hasta ahora, las perspectivas en la Preparatoria Pública Concordia no son muy prometedoras. Estoy sentada en la oficina de dirección, esperando tener una reunión con el consejero escolar para obtener mi horario y mi combinación de casillero, y nadie aquí luce ni remotamente como material de un potencial amigo nuevo. Quiero decir, la chica sentada a mi lado tiene el cabello rosa y cinco piercings en cada oreja. Lo que está bien. Tal vez sea creída, pero no soy discriminadora ni nada.

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Puedo ser amiga de gente que tenga piercings. No que alguna vez los tuviera, pero no tengo nada en contra de ello. Amo los aros. Incluso tengo dos en cada oreja. Pero es la cartera de la chica el verdadero problema: es de camuflaje. Lo que de nuevo, como sea. No mi estilo, pero está bien. Pero lo que no está bien es el aplique que está cosido

al frente. Dice MUERTE A TODOS LOS CREÍDOS.

Tal vez yo no tenga prejuicios, pero ella definitivamente sí los tiene. Rápidamente muevo mis zapatos Prada (prestados de mi amiga Rielle) más debajo de la silla. La ironía de todo el asunto es que me siento un poco como ella. Los creídos sí apestan. Pero en mi vieja escuela, La Preparatoria Concordia, todos eran creídos. (Jaja, creídos en una escuela privada, gran sorpresa, ¿verdad?) De todas formas, era una estudiante becada, así que siempre estaba asegurándome de encajar. Y eso significaba tener carteras Kate Spade y zapatos Prada. Incluso aunque no pudiera costearlos, yo… La puerta de la oficina se abre y entra un chico. Cabello rubio oscuro. Zapatillas blancas y brillantes. Perfectos jeans desgastados. Camina con un andar altanero, del tipo que se logra tras años de ser confiado. No puedes enseñar un andar como ese. Créeme, he tratado de cultivar uno: es imposible. Hago una nota mental de mantenerme alejada de él. Probablemente sea el chico más popular de la escuela, del tipo que es malo con todos, el tipo que, por alguna inexplicable razón, tiene a todas las chicas deseándolo. De todas formas ¿por qué son así las chicas? Siempre se enamoran de los idiotas, lo que es ridículo. No es que no tenga experiencia en cuanto a este asunto se refiera. Quiero decir, no estaría aquí si no me hubiera enamorado de un idiota. Un idiota es la razón por la que me echaron de mi vieja escuela. Pero aprendí mi lección. Miro a la chica a mi lado, y ella está prácticamente cayéndose de su silla, así de mal desea a este chico. Pobrecita, no sabe en lo que se mete y además, pensé que ella odiaba a todos los creídos. Supongo que no se aplica a atractivos hombres creídos con cabello perfecto y perfecto… El Sr. Popular está hablando. ―Hola ―le dice a la secretaria, inclinándose sobre el escritorio―. Soy Isaac Brandano. Es mi primer día, y me dijeron que viniera a la oficina a recoger mi horario. Casi me ahogo con el café con leche y menta que estoy bebiendo. ¿Es el primer día de este tipo? ¿Y camina así?

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―Sí, sr. Brandano ―dice la secretaria, toda amigable y le dedica una sonrisa. Cuando yo llegué, ella me frunció el ceño y actuó como si estuviera convirtiendo su día en un gran desastre―. Aquí tiene. Le entrega el horario. ¿Qué? ¿Él no tiene que sentarse y tener una reunión con su consejero escolar como todos los demás? OhDiosMío. Probablemente solo los rechazados que fueron expulsados de sus escuelas necesitan tener reuniones con sus consejeros. Qué humillante. El Sr. Popular le agradece y se da vuelta hacia la puerta, con los ojos repasando su horario. Frunce un poco el ceño, probablemente porque no puede creer que se hayan atrevido a ponerlo en clase de matemáticas o algo. Levanta la vista y sus ojos se encuentran con los míos. Los suyos son oscuros y ligeramente meditabundos, del color del chocolate, y siento que mi corazón se salta un latido. Quiero decir, solo soy humana. ―Hey ―dice. ―Hola ―dice la chica a mi lado, entrometiéndose totalmente. ¿Alguna sabe dónde queda el salón 107? Sonríe, mostrando dientes blancos

perfectos. Realmente blancos, no del tipo de blanco que consigues al usar esas bandas blanqueadoras o al gastar cientos de dólares en el dentista. Rielle tiene ese tipo de dientes, juntos con toneladas de otras chicas en la Escuela Concordia. ―No ―digo firmemente. He conseguido dominar mis hormonas, así que tomo otro trago de mi café y vuelvo al libro que estoy leyendo. ―¿No? ―Suena un poco incrédulo. Supongo que está sorprendido de que no quiera ayudarlo. Obviamente no sabe que soy nueva y cree que solo estoy siendo una perra. Lo que medio me gusta. Que él piense que estoy siendo una perra, digo. Es divertido. ―No ―repito. ―Yo sí ―ofrece la chica del pelo rosa―. Sé dónde está. Pero Isaac Brandano no le está prestando atención. Todavía me está mirando. La única razón por la que siquiera recuerdo su nombre es porque tiene el mismo apellido que nuestro senador estatal, John Bran… Oh. Dios. Mío. Imposible. ¡Isaac Brandano es

el hijo de nuestro senador estatal! Hubo toda una charla en las noticias anoche sobre como John Brandano iba a enviar

a su hijo a una escuela pública para probar que una educación pública es tan buena

como una privada. Por supuesto, dudo que eso sea verdad. Es decir, la escuela pública es… ¿No sabes dónde está el salón 107? me está preguntando Isaac Brandano―. ¿No tienes ni idea? Ahora su incredulidad tiene aún más sentido. Digo, no solo es

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guapísimo, sino que también es el hijo de un senador. Lo que significa que está acostumbrado a que la gente haga lo que sea que él quiera y se atropellen entre ellos para ayudarlo. Ahora estoy doblemente feliz de que crea que le estoy tomando el pelo. ―No ―digo simplemente―. Lo siento, no lo sé. Pero supongo que esperas que lo averigüe por ti. ―No ―niega con la cabeza―. No espero eso, es solo… ―Parece sorprendido de que alguien sea malo con él, y por un segundo me siento mal. Digo, estoy siendo una perra y si se tratara de alguien más, le diría que soy nueva y por eso no puedo mostrarle el camino. Y enfrentémoslo, hoy estoy un poquito con los nervios de punta, lo que definitivamente está afectando mi humor. No puedo sentirme tan mal porque, ¿honestamente?, es probable que nadie haya sido malo con él en toda su vida. Probablemente esté acostumbrado a solo sonreírle a la gente y que ellos se enamoren de él y hagan lo que él quiera, como acaba de hacer

con la secretaria.

Conozco a los de su tipo. He tratado con los de su tipo. Estoy en esta estúpida

escuela por culpa de los de su tipo. ―Lo siento ―dice Isaac. Todavía me está mirando, y niega con la cabeza de nuevo como si no supiera lo que acaba de pasar, como si quisiera empezar de nuevo―. Yo solo… Yo puedo mostrarte donde está el salón dice la chica a mí lado. Se levanta y empieza a recoger sus cosas. ―Ahí tienes ―digo―. ¿Lo ves? Todo se resolvió. Regreso a leer mi libro. Honestamente, ahora solo quiero que los dos se vayan. Necesito concentrarme en

mi reunión y en causar una buena impresión a mi consejero. Ahora que he sido

expulsada de una de las mejores escuelas privadas en el país, mis recomendaciones para la universidad serán doblemente importantes. Isaac sigue a la chica de cabello rosa hacia el pasillo. Que bien me libré. ―¿Srta. Romano? ―pregunta la secretaria. Ahora que Isaac y sus buenas pintas han desaparecido por la puerta, ella vuelve a ser toda fría―. El Sr. Lawler la verá ahora. ―Gracias. Guardo el libro en mi cartera y entonces entro en la oficina de mi consejero, lista para causar una buena impresión y dar el primer paso en regresar mi futuro al camino correcto.

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Capítulo tres

Antes

Traducido por DarkVishous

Isaac

Esta escuela es completamente jodida. En serio, ¿qué demonios está pasando? ¿Así es como va a ser una escuela pública? ¿La gente solo será cruel contigo por ninguna razón? Esa chica en la oficina de orientación fue solo… no lo sé. Supongo que esperaba que la gente fuera un poco ruda por lo que es papá. En mi vieja escuela no tenía que preocuparme por eso, ya que realmente a nadie le importaba una mierda. Todos los padres eran importantes. De hecho, había algunos chicos que tenían padres famosos. Pero un montón de personas estaban siendo raras sobre eso. Había personas, como la secretaria de allí atrás, que caen por todas partes tratando de ser amables contigo. Y luego, hay gente que se sale de su camino para demostrarte que no van a darte ningún tratamiento especial. Sabía que la escuela pública sería diferente, pero no me esperaba encontrarlo en mi primer minuto aquí. Sabía que hoy no debería haber usado mis zapatillas nuevas; demasiado llamativas. Entonces, eres, como un, ¿transferido? La chica que me enseñará el salón de clases parlotea sin cesar, pero no la he estado escuchando porque estoy distraído pensando en esa chica de la oficina. ―Sí ―le digo, mirando a alrededor del pasillo. Soy un transferido. Obviamente, ella no ha oído hablar de mí, lo cual era de esperar. Toda esta cosa de empezar la escuela pública era un poco brusca. Mi papá está tirando de hilos para que parezca como si estuviera enviándome a una escuela pública para hacer una declaración sobre las escuelas o alguna mierda, pero la verdad era que me echaron de mi última escuela, y estoy en una especie de al final de la línea cuando se trata de escuelas privadas. Era o aquí o algún internado en el extranjero. Y cuando esa posibilidad se acercó, me lancé al ataque.

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Los números de los salones bajan a medida que caminamos: 119, 117, 115… joder, si hubiera sabido que iba a ser tan fácil encontrar mi salón de clases, nunca hubiera pedido ayuda. ―¿De dónde fuiste transferido? pregunta la chica. ―Hotchmann ―digo. Ella me mira sin comprender, por lo que agrego―: Es un internado en Nueva York. Agranda los ojos. ―Wow ―dice. ¿Y cómo acabaste aquí? Mi padre pensó que sería una buena idea. Ella asiente. Todavía no tiene idea de quién soy, aunque eso probablemente vaya a cambiar pronto. Estamos frente al salón ahora. ―Bueno, aquí estamos ―dice, dándome una brillante sonrisa. Me asomo al interior. Las mesas están llenas de chicos sentados, charlando con amigos, buscando sus mochilas, enviando mensajes de sus celulares. Sin embargo, no hay ningún profesor allí, lo que es bueno. Lo último que necesito es entrar y tener algún profesor haciendo una gran producción de las cosas. Odio las grandes producciones. Mi vida ha sido una interminable cadena de grandes producciones, y estoy superado. Me dirijo de nuevo a la chica de pelo rosado. ―Gracias por caminar conmigo ―le digo. ¿Cuál es tu nombre? Melissa. ―Bueno, gracias Melissa. ―Le doy una sonrisa y luego me vuelvo hacia el salón de clases. Nadie me mira, y obviamente no tengo ningún amigo con quien sentarme, así que elijo un asiento en el centro del salón, decidiendo que no sentarme demasiado cerca del fondo ni demasiado cerca del frente es buena idea. Tan pronto me siento en mi silla, el chico frente a mí se da la vuelta y me mira. Jesucristo. La gente realmente no es demasiado amable por aquí. Tengo que hacer esto público, iniciar algún tipo de blog o alguna mierda. Decirles a todos que las escuelas públicas son realmente mediocres, que la gente aquí es peligrosa. En serio, la primera vez que vea un cuchillo, voy a escribir una exposición. ―Ese asiento está tomado ―dice el tipo frente a mí. ―Oh, ¿en serio? ―pregunto―, porque no me parece ver a nadie sentado aquí. Estoy pensando que este lugar es alguna especie de prisión. Tienes que asegurarte de enfrentarte solo al golpe; de lo contrario estos idiotas te pasarán por encima. Pongo

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mi cuaderno sobre la mesa, sin ser capaz de creer realmente que esté cercando mi territorio en un salón de una escuela pública de un suburbio. Me mira con los ojos estrechados. ―¿Quién eres? ―exige saber. ―Isaac ―le contesto, decidiendo que lo mejor es omitir mi apellido. ¿Eres nuevo? Sí. Él asiente como si pudiera aceptar eso. ¿Qué es lo que juegas? ¿Qué es lo que juego? Sí. ¿Deportes o mujeres? Él lo considera. Cualquiera. Lacrosse y baloncesto. Asiente otra vez, como si fuera aceptable también. ¿Y las chicas? ―Juego con ellas. ―Es cierto, sí juego con ellas, no de una manera completamente imbécil; me gusta divertirme y algo me dice que este tipo lo apreciaría. ―Soy Marshall. ―No estoy seguro de si es su nombre o su apellido, pero extiendo la mano y estrecho la que él oferta. Deberías quedarte conmigo dice. Te lo mostraré todo. Pienso en ello. Parece del tipo deportista idiota, pero probablemente no sea del peor grupo con el que podría caer, por no hablar de que es la primera persona que ha sido realmente agradable conmigo. No realmente, eso no es cierto. Melissa, o cual fuere su nombre, fue amable conmigo. Lo que significa que esa chica en la oficina era la excepción a la regla. Aun así… Los mendigos no pueden elegir. ―Genial ―le digo a Marshall. Y apenas con eso, podría tener a mi primer amigo.

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Capítulo cuatro

Antes

Traducido por BarbyA1

Kelsey

Bueno, resulta que la reunión con el Sr. Lawler no salió exactamente tan bien. Te expulsan de la escuela y las personas creen que eres algún tipo de criminal o algo. Que te expulsen de una escuela no es un crimen. No me han enviado a prisión ni nada. Quiero decir, trabajas toda tu vida para algo, y luego solo así, se ha ido. Tu registro anterior no significa nada. ¿Acaso siquiera le importa al Sr. Lawler que haya sido una estudiante de honor durante toda mi vida? ¿O qué haya estado involucrada en toneladas de actividades extracurriculares? No. Solamente le importa una sola cosa: que me expulsaron de la Preparatoria Concordia. Lo que realmente no debería ni siquiera ser de su incumbencia, cuando piensas en ello. Esto es una escuela pública, lo que significa que está abierta al público. Cualquier persona al azar puede solo inscribirse aquí sin que le hagan ninguna pregunta. Así que, ¿por qué deberían saber todo acerca de mi historia pasada? Si fuera por mí, no les habría contado que me expulsaron de mi antigua escuela. ¿Por qué no solo hacer de cuenta que me transferí? Pero mis padres solo hablaban de decirles la verdad, lo que es ridículo; no es asunto de nadie más que mío. De todos modos, el Sr. Lawler pasó todo este tiempo diciéndome que tenía que estar realmente segura de mantenerme enfocada aquí, y que era el fin de la línea para mí y bla, bla, bla. A decir verdad, creo que estaba librándose de ser algún tipo de disciplinario. En realidad, fue un poco preocupante. Traté de decirle que estaba predicando a coro. Nadie quiere hacerlo mejor en esta escuela que yo. Necesito hacerlo bien. Incluso mejor que antes. De lo contrario, no hay manera de que vaya a conseguir una beca para estudiar en una buena universidad. Y si no consigo una beca, no voy a poder ir a la universidad, dado que mis padres no pueden permitirse el lujo de enviarme.

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Desearía ser buena en deportes. Las chicas que son buenas en deportes son tan afortunadas. Y realmente ni siquiera tienen que preocuparse por sus notas. Los estándares académicos para los atletas son totalmente ridículos, tienes que tener, digamos, un promedio de C o algo así. Pero soy horrible en los deportes. Siempre preferí los libros al béisbol, o al

básquetbol. O, de hecho, a cualquier tipo de pelota, por lo que realmente apesta que tenga gimnasia en el primer período. ¿Qué clase de persona satánica decide que alguien debería tener un primer período de gimnasia? De hecho, ¿quién decidió poner gimnasia en las escuelas? Entiendo todo el asunto sobre la actividad física, pero, en serio, ¿alguien hace ejercicio durante la clase de gimnasia? Suspiro. Usualmente, no soy una persona negativa, lo juro. Es solo que estoy de muy mal humor esta mañana. La buena noticia es que como es el primer día no tengo que cambiarme ni nada. Solo vamos a trompicones al gimnasio y nos sentamos en las gradas, mientras la profesora de gimnasia, una joven rubia a la que llaman Sra. Fitzpatrick, anuncia que

nos van a medir y a pesar.

Me sorprende notar que hay chicos sentados en las gradas. ―Disculpa ―le digo a la chica sentada a mi lado―. ¿Esto es gimnasia mixta?

Ella me mira como si fuera la pregunta más tonta de todas, asiente con la cabeza, y se vuelve hacia su amiga. Eh, nunca antes había tenido gimnasia mixta. En mi antigua escuela teníamos gimnasia de chicas y gimnasia de chicos. Bonito y separado. Al menos no anuncian nuestro peso al resto de la clase. Nos llaman uno por uno y anotan nuestro peso y altura en un formulario. No es que me sienta avergonzada de

mi peso. Desde que me expulsaron de la Preparatoria Concordia, difícilmente he

podido comer debido al estrés. Abro mi bolsa muy chic Michael Kors 1 , que conseguí en esta tienda de consignación calle abajo; casi no la compro porque me costó dos semanas enteras de mesada, pero ahora me alegro de haberlo hecho, ya que mis padres me quitaron mi mesada junto con todo lo demás, así que fue bueno haberla gastado cuando tuve la oportunidad. Saco el libro que estaba leyendo, sobre un romance apasionante de Jennifer Cruise 2 . Solía avergonzarme leer novelas románticas, especialmente cuando todos en mi antigua escuela leían literatura clásica y ficción literaria y luego se ejercitaban sobre el

1 Michael Kors: Considerado como uno de los diseñadores más importantes de Estados Unidos por su vestimenta denominada de ‘sport-lujo’ Es un juez en el reality show Project Runway. 2 Jennifer Cruise: Seudónimo de Jennifer Smith, autora de novelas románticas contemporáneas, siendo una especial característica, el sentido del humor con el que están escritas.

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verdadero significado de Libertad de Jonathan Franzen y si contaba como un verdadero trabajo literario cuando sus cifras de ventas solo gritaban comercial. Pero en el momento en el que me expulsaron de la preparatoria Concordia, decidí dejar de preocuparme por cosas como esa. Me di cuenta de que no importaba lo que pensaran las personas a mi alrededor. La única cosa que importaba era lo que las comisiones de autorización pensaran. Estoy entrado a una parte realmente buena de la historia (y sí, con “una parte realmente buena” me refiero a la parte de sexo. En realidad me hace sentir algo avergonzada. No es que me avergüence el sexo, pero es algo raro estar leyendo una escena de sexo como esa con un montón de gente a tu alrededor) cuando alguien se sienta a mi lado. Justo a mi lado. Así como muy-cerca-para-mi-comodidad. La pierna de la persona está tocando la mía. Me deslizo un poco por las gradas, mis ojos nunca dejan la página. ¿Qué estás leyendo? ―pregunta la persona. Levanto la mirada, y mis ojos se encuentran con los del chico de esta mañana, Isaac Brandano. De cerca, es aun más lindo que de lejos, lo que uno pensaría que es imposible. Su espeso cabello rubio cae sobre su frente luciendo deliberadamente desordenado. La línea de su mandíbula es perfectamente delineada y fuerte, y sin embargo, tiene un poco de barba, como si no se hubiese afeitado esta mañana. Lleva una camisa con botones, pero el botón de arriba está desabrochado, y puedo ver un poco de su pecho. Se ve fuerte, y bronceado. Hay una pequeña cicatriz que va a través de su ceja, salvándolo del lucir como un chico totalmente guapo. Es tan ardiente que medio me quita el aliento. Claro que probablemente he estado leyendo demasiadas novelas románticas. Sin mencionar que estoy segura de que él es una mierda total y los chicos que son mierdas totales no resultan ser nada más que mierdas totales. Al menos, no fuera de las páginas de los libros. ―No es asunto tuyo ―contesto, luego de deslizarme más abajo en las gradas. Se escabulle detrás de mí. ―Escucha ―dice―, creo que hemos empezado con el pie equivocado. Soy Isaac ―Extiende la mano y la ignoro―. ¿Y tú eres? ―Alguien que no está interesada. ¿No estás interesada en qué? ―En salir contigo. ―No estoy…no estaba… no estoy invitándote a salir.

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Entonces ¿por qué me estás hablando? ―Cierro el libro, marco el lugar con un dedo, y lo miro―. Déjame adivinar, porque no puedes soportar pensar que puede haber alguien en tu nueva escuela, o en el mundo, a quien no le agrades. ¿Por qué no te agrado? ―pregunta, pero no parece estar molesto por eso. De hecho, casi parece curioso. Y está sonriendo. Y entonces empiezo a sentirme un poco mal, porque incluso si es un idiota, estoy siendo bastante cruel con él. Además, sé que esto no tiene nada que ver con él. Esto se trata de Rex, y lo que pasó entre nosotros, y como me dejé envolver tanto en él que me expulsaron de la escuela. Así que estoy por decirle a Isaac que lo siento, que ha sido una mañana extraña, y que no tengo nada en contra de él, pero antes de que pueda hacerlo, él dice:

Déjame adivinar. ¿Te recuerdo a algún chico que te hirió? Estoy tan sorprendida que me toma un momento responder. ¿Disculpa? ―pregunto finalmente. ―Algún chico que te hirió repite. Te recuerdo a él ¿cierto? Quizá saliste con él, o quizá solo lo admiraste desde lejos, sin ser nunca capaz de juntar el coraje para pedirle salir. Y ahora estoy aquí, y entonces has decidido que voy a ser el saco de boxeo para lo que hizo ese tipo. Trago fuerte y luego siento que las lágrimas llenan mis ojos. Aparto la mirada para que no vea, pero no debo haber sido lo suficientemente rápida. ―Oye ―dice―, lo siento, solo estaba bromeando. No quise molestarte. ―No me molestas ―le contesto―, pero en el futuro, realmente apreciaría si solo. Me. Dejaras. Sola. Y entonces me levanto y me muevo un par de filas hacia abajo en las gradas. ¡Qué descaro! ¿Quién se cree que es, hablándome de esa manera? Me alegro de no haberme disculpado con él. Hago de cuenta que sigo leyendo, pero las palabras se están volviendo borrosas porque mis ojos siguen un poco llorosos. No importa, ya no estoy de humor para seguir leyendo.

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Capítulo cinco

Antes

Traducido por BarbyA1

Isaac

No debería haber hecho eso. Es sólo que… esa chica me molesta por alguna razón. La forma en que parece toda arrogante y demasiado buena para la gente, y sin embargo, allí estaba ella, leyendo una maldita novela de romance. ¡Una novela romántica! ¡En clase de gimnasia! ¿Quién hace eso? Solo las personas que están tratando de demostrar que son muy geniales, como que están haciendo algún tipo de declaración de que no les importa lo que piense la gente. Quiero decir, solo la portada tiene una imagen de zapatos, con cerezas o corazones o alguna mierda salpicada por todas partes. Me estoy debatiendo entre si me importa o no lo suficiente como para seguirla en las gradas y tratar de disculparme, o si estoy enfermo de su actitud, cuando la voz de una chica grita:

―¡Hey! Me doy vuelta. Es otra chica. Una de cabello largo y oscuro y un ajustado suéter azul. Teníamos un código de vestimenta en todas mis antiguas escuelas. Uniformes escolares, con corbatas para los chicos y faldas largas para las chicas. Toda la cosa. Las chicas hacían trampa y se subían las faldas tan alto como podían, pero había tanto que uno podía hacer. La mayoría de las veces teníamos que esperar hasta los fines de semana para poder realmente ver algo de piel. Pero esta chica, la de las gradas que está diciendo mi nombre, está suplicando que la vean. Su suéter es tan ajustado y escotado que sus pechos están prácticamente fuera de su sujetador con push-up. Eres nuevo, ¿verdad? Está sentada en la parte superior de las gradas; se levanta, deja a su grupo de amigos, y luego camina hacia mí. Veo que la chica de la novela de romance mira hacia nosotros con una mirada de asco en el rostro. Probablemente odia a esta chica solo porque está en contacto con su

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sexualidad. Las chicas estiradas y con aires de superioridad odian a las nenas que están en contacto con su sexualidad. Creen que es antifeminista o algo. ―Sí ―le contesto―, soy nuevo. Isaac Brandano. ―Tomo su mano y la ayudo a descender los últimos escalones―. ¿Y tú quién eres? Se ríe y se sienta a mi lado. La parte inferior de su suéter se alza un poco cuando ella se inclina hacia mí, y puedo ver una pequeña franja de espalda. Está bronceada, y no esa mierda naranja de bronceado falso que las chicas piensan que es sexy y hace que parezcan aspirantes para Jersey Shore. Este es bronceado real. Repentinamente, estoy enamorado de esta escuela; y de esta chica. ―Soy Marina ―contesta ella. ―¿Marina? ―Me concibieron en un barco. ―¿En serio? ―Sí. ―Se inclina aún más cerca, y recibo una bocanada de su perfume―. Me encanta el agua. Todo lo que dice es sexy. Ya estoy pensando en ella en bikini, tendida en la proa de mi… bueno, el barco de mi padre, tomando sol. Echo un vistazo por el rabillo del ojo, hacia donde la chica sigue leyendo su estúpida novela de romance y haciendo de cuenta que no está escuchando mi conversación. Es tan transparente. Está escuchando todo, y seguro quiere saber que está pasando. Bueno, si quiere un show, voy a darle un show. A mí también ―digo―. Me encanta el esquí acuático. ¿Alguna vez has hecho esquí acuático? ―Sí ―dice Marina―. Tengo la mejor anécdota de esquí acuático. Quiero decir, la mejor de todas. En serio. ―Se detiene. No dice nada más. ―¿Cuál es? ―trato. ―La parte superior de mi bikini se soltó ―me cuenta―. Y todo el mundo vio mis pechos. ―Sonríe, orgullosa de sí misma. Pff. Creerías que sería una historia ardiente sobre pechos de buen aspecto de chicas, que por lo general lo son, pero de alguna manera, ésta se quedó corta. Creo que se debe a la manera en la que ella lo soltó. ¿Dónde están la introducción, la trama y los detalles atractivos? ―Es una buena historia ―miento. Y luego agrego―, desearía haber estado allí. ―Esa parte es verdad. Mis amigos y yo vamos a ir a la playa este fin de semana ―dice―. Algo así como un último hurra antes de que el clima se vuelva frío. Deberías venir. ―Se envuelve un mechón de pelo alrededor de un dedo y me da una mirada coqueta.

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¿No están todas las playas de por aquí ya cerradas? ―pregunto. Ella pone los ojos en blanco como si ni siquiera pudiera creer cuán ingenuo soy. ―Sí, pero hay formas de sortear eso. Me agrada esta chica. Claro, se supone que debo quedarme afuera de los problemas. Si mi padre descubre que tengo algún tipo de plan para colarme en una playa cerrada, él realmente lo odiaría. De hecho, probablemente empiece a amenazarme con el internado de nuevo. Un internado en el extranjero. Lo que es una mierda. No hay manera de que vaya a un colegio internado en el extranjero. Estoy interesado en el francés y el alemán (los acentos en las nenas son tan calientes), pero no quiero vivir en Europa. De ninguna. Maldita. Manera. ―Genial. ―Alcanzo su bolso, donde puedo ver la parte superior de su celular asomándose. Los saco y tecleo mi número. ―Mándame un mensaje. ―Lo haré. ―Aparta el pelo de su cara, y parece que está por decir algo más, pero antes de que pueda, la profesora de gimnasia le grita:

―¡Marina Ruiz! Pone los ojos en blando, me quita el celular, y lo pone nuevamente en su bolso. ―Dios ―dice―. Como si necesitara medir mi peso. ¿Acaso ella no sabe que he pesado 52 kilos desde el primer año? ¡Qué pérdida de tiempo! Y a menos que ellos realmente se vayan a asegurar de que las personas pierdan peso, ¿por qué siquiera les interesa? Tienen que decidirse entre pesarnos una vez por semana como en Weight Watchers, o en ningún momento, ¿sabes? Desde un par de filas por delante de nosotros, esa chica lectora de novelas románticas resopla. Marina vuelve su mirada hacia ella y le da una sonrisa amistosa. ―Lo siento ―dice su tono es algo tirante―, pero, ¿quién eres? ―Soy Kelsey ―contesta la chica. Pone una gran sonrisa en su cara y se voltea hacia nosotros―. Lamento haber estado escuchando, es solo que esa historia sobre tus senos cayéndose fue muuuuuuy interesante. ―Gracias ―dice Marina, sin captar el sarcasmo―. Pudo haber sonado interesante, pero en verdad fue totalmente humillante. Los amigos de mi papá estaban allí, y ellos eran, como, viejos. Ella se estremece, probablemente imaginando tipos viejos poniéndola en sus bancos de recuerdos pornográficos. ―¡Marina Ruiz! ―grita la profesora de gimnasia otra vez―. ¡Estoy esperando!”

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―¡Voy! ―grita Marina en respuesta, pero rueda los ojos y no hace ningún ademán de levantarse―. Eres nueva también, ¿verdad? ―le pregunta a Kelsey. ―Síp ―contesta Kelsey―. Es mi primer día. ―¿En serio? pregunto, sorprendido. Así que ella estaba diciendo la verdad cuando dijo que no sabía dónde estaba mi clase. Definitivamente deberías venir a la playa con nosotros, ―dice Marina―. Como, de verdad. ¿Qué? ¿Está loca? ¿Por qué invitaría a Kelsey a la playa con nosotros? Kelsey obviamente no es del tipo descanso-en-la-playa. Marina ondea a su teléfono celular en el aire. ―¿Cuál es tu número? Veo la mirada de pánico que cruza la cara de Kelsey. No quiere ir a la playa. No quiere ser amiga de esta chica. De hecho, ni siquiera quiere estar hablando con ella. Comienza a sacudir la cabeza, pero luego nota mi mirada. Le doy una sonrisita de:

“Eso es lo que te pasa por tratar de espiar en mi conversación. Ahora mejor encuentra una manera de salir de esto.” Pero en lugar de inventar una excusa, Kelsey estrecha sus ojos hacia mí y luego le dice a Marina:

Gracias, es muy dulce de tu parte invitarme. Mi número es 555-0332. Y la playa suena asombroso. ―¡Marina Ruiz! La profesora de gimnasia grita como si estuviera a punto de tener un infarto. ―Ya. Voy. Marina pone los ojos en blanco―. ¡Los veo luego chicos! ―Y hace su camino hacia abajo de las gradas. Me vuelvo hacia Kelsey. Su cara está roja brillante, y tiene los ojos en su libro. ―¿La playa suena asombroso? ―le pregunto. ―Sí ―dice, y se encoge de hombros―. Me encanta la playa. ―¿En serio? Eso es genial. A mí también. Me levanto y comienzo a recorrer las gradas―. Entonces, supongo que te veré allí. ―Síp ―dice, cerrando su libro y devolviéndolo a su bolso―. Nos vemos allí.

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Capítulo seis

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Traducido por Estefy KR.

Kelsey

Vaya. ¿Cuán completamente obvio fue eso? Quiero decir, Isaac completamente quería que lo viera coqueteando con esa chica Marina. ¡Como si me importara! ¿Estaba intentando probar que algunas personas lo consideran un regalo de Dios? ¿Estaba intentando insinuar que hay algo malo en mí por no caer bajo su hechizo? ¡Ridículo! Por supuesto, ahora tengo que ir a la playa con él y Marina. Lo que es un plan horrible. Odio la playa. Siempre termino con arena en los zapatos y una quemadura en la nariz; sumándole que hace demasiado frío para ir a la playa. Recién estamos en

septiembre, pero la temperatura ha estado por debajo de los 15 grados toda la semana. Oh, bien. Simplemente tendré que inventar algún tipo de excusa. ¿Cuán difícil puede ser? Simplemente que tengo algo más planeado. Tal vez pueda inventaré un novio falso en mi antigua escuela. Mataría dos pájaros de un tiro, de esa forma Isaac no pensará que me ganó en esta partida, ya que aparentemente ha decidido que soy una especie de maniática con el corazón roto. Lo que no soy. Por lo menos, ya no. El resto del día, gracias a Dios, pasa sin más drama. No más vistazos de Isaac. No más chicas locas invitándome a salir. Por supuesto, hubiera sido agradable por lo menos conocer a una persona interesante. Quiero decir, no hablo con nadie. Mayormente porque nadie habla conmigo. Supongo que está bien, porque solo quiero pasar desapercibida, pero pasar desapercibida con un amigo o dos no sería el fin del mundo. Cuando llego a casa, mi mamá y papá están sentados a la mesa, hojeando un catálogo. Mi mamá es maestra, y mi papá es un programador de sistemas que trabaja desde casa, así que ambos están siempre por las tardes. Lo que estaba bien cuando todavía asistía a la Preparatoria Concordia. Yo llegaba a casa, y salíamos a cenar temprano todos juntos, o mirar lo que sea que hubiéramos grabado de la TV la noche

tensas entre

anterior. Pero desde que me expulsaron de la escuela, las cosas han sido mis padres y yo.

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Especialmente entre mi padre y yo. ―Hola, muchachos ―saludo, dibujando una sonrisa en mi cara mientras entro a la cocina―. ¿Cómo estuvo su día? Dejo caer la mochila en el mostrador y me dirijo hacia el refrigerador para preparar un bocadillo después del día de clases. No he comido en todo el día. Durante el almuerzo me quedé en la biblioteca para no tener que lidiar con todo el dilema de "¿Dónde voy a sentarme?". Al principio fue un poco depresivo, no había nadie más en la biblioteca salvo por un estudiante de primer año de aspecto raro que estaba comiendo un emparedado de salami extremadamente oloroso. Pero en realidad, el momento terminó siendo muy productivo, porque hice una lista de las cosas que puedo hacer para poner mi carrera académica de vuelta en camino para que de esa forma el que me hayan expulsado de la Preparatoria Concordia no arruine todas mis aplicaciones para la universidad. Por supuesto, las tres cosas principales de la lista son bastante obvias: sacar notas increíbles, averiguar el rango de la clase (aparentemente en la escuela pública de Concordia califican los promedios un poco diferente, por lo que voy a tener que decidir dónde me ubicaré, ser la que de el discurso de despedida o el de bienvenida sería grandioso), y comenzar algún tipo de club o grupo que se vuelva muy popular, pero que también sea muy importante en su capacidad social o ambiental (no estoy muy segura de qué podría ser, pero voy a intentar tener una reunión con el director para descifrarlo). ―Mi día estuvo bien ―contesta mi mamá. Pasa la página del catálogo que están mirando. Mis padres van a remodelar la cocina. Por lo menos, eso es lo que afirman. Han estado diciendo que van a remodelar la cocina por años, pero lo más cercano que han llegado a hacerlo, es mudar la mayor parte de la comida y los platos a la despensa en la sala de estar. Eso fue hace un año. Sin embargo, aparentemente han llegado al punto en el que ciertamente están eligiendo cosas, como gabinetes y encimeras. Supuestamente, va a venir un hombre en breve para tomar medidas y los contratistas empiezan la semana que viene. Lo creeré cuando lo vea. Todo acerca de mis padres es muy metódico. Eran estudiantes avanzados de matemáticas que se conocieron en el primer año de universidad. Salieron juntos por dos años, y luego, mutuamente (bueno, fue mutuo de acuerdo a ellos, pero en mi experiencia limitada, nada en una relación es realmente mutuo) decidieron que quizás deberían verse con otra gente después de la graduación. Habían leído algunas estadísticas por ahí de que la gente que se casaba con su amor de la universidad, sin

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tomarse el tiempo de salir con otras personas, tenían una mayor cifra de divorcios, así que pensaron que sería una buena idea. Sin embargo, siguieron en contacto, y luego de un año volvieron a estar juntos. Si les preguntas a ellos, le dan todo el crédito del éxito de su matrimonio a ese año que permanecieron separados para conocer a otra gente. Si me preguntas a mí, todo el asunto suena ridículamente no romántico. Pero de nuevo, ¿qué puedo saber yo? Mis relaciones románticas son un completo desastre. Bueno, mi única relación romántica. ―¿Eligieron algunos gabinetes? ―pregunto a mi mamá de forma educada. Abro un paquete de galletitas y pongo algunas sobre un plato. ―Sí. ―Mantiene el catalogo en alto―. ¿Te gusta el color cereza? ―Se ven realmente lindos. ―En realidad, no es que pueda notar la diferencia. Un gabinete es un gabinete. Mi papá no dice nada, solo mantiene la cabeza gacha, mientras pasa las páginas de un volante. Así es como son las cosas con mis padres ahora. Conversación formal. Caminando en puntas de pie siempre que estamos uno cerca del otro, sin que nadie mencione el elefante en la habitación. Excepto cuando mi papá está en uno de sus días y se rehúsa a hablarme. Y aparentemente justo ahora está en uno de esos momentos. Luego, solo hay largos silencios. Y excepto cuando los dos deciden sentarme y tener grandes conversaciones sobre mi futuro y como estoy arruinando todo. Luego solo hay gritos. Saco un vaso del gabinete y me sirvo un poco de jugo. ―Me voy a arriba a estudiar. ―Ésa es una buena idea ―comenta mi mamá, sus ojos vuelven en las páginas de gabinetes. Suspiro, agarro las galletitas, y luego me dirijo hacia arriba, donde permanezco el resto de la noche estudiando e intentando no pensar en el hecho de que mis padres me consideran una completa decepción.

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Capítulo siete

Isaac

Antes

Traducido por Estefy KR.

Muy bien, así que esa chica de ayer a la mañana, ¿Marina? ¿La de toda esa historia sobre sus pechos saliéndose? Creo que podría estar acosándome.

Y cuando digo que lo creo, quiero decir que estoy jodidamente seguro. Sin

embargo, no diría que estoy totalmente en lo cierto, porque si soy completamente

honesto, soy algo susceptible sobre el tema. No quiero sonar como un idiota presumido, pero me han acosado chicas antes. Y no es nada agradable. No estoy hablando del tipo de acoso donde tienes que pedir una orden de

restricción o llamar a la policía o cosas del estilo sicótico. Solo estoy hablando de chicas que son demasiado entusiastas y se comportan de forma extraña. Te llaman todo el tiempo; dejan montones de mensajes en tu muro de Facebook; de alguna manera consiguen el teléfono de tu casa cuando deliberadamente le has dado solo el de tu móvil. Esa clase de porquería que es en última instancia inofensiva, pero igualmente muy molesto. Por ejemplo:

Desde que le di mi número a Marina en la clase de gimnasia ayer, me ha mandado ocho mensajes de texto. En menos de veinticuatro horas. Si le sacas ocho horas para dormir, eso es como un mensaje cada dos horas.

La primera vez dijo: “Hola, sexy".

Lo que en realidad estaba bien. Porque ¿a quién no le gusta que le digan sexy, especialmente una chica ardiente, incluso si ella tiene la misteriosa habilidad de hacer

que una historia sobre pechos que se salen sea aburrida? Sin embargo, no le respondí, porque estaba en medio de la clase de laboratorio de biología.

La segunda vez, que llegó un par de horas más tarde, dijo: “¿Porqué no respondes? :("

Ahí fue cuando empecé a tener una sensación extraña. Así que no le respondí, esperando que quizás entendiera la indirecta y se calmara. Si lo hacía, le respondería.

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Pero no se tranquilizó. Siguió mandando mensajes de texto. Y anoche, cerca de las once, escribió: "Eso es todo, te encontraré mañana antes de clases." La parte de "Eso es todo" definitivamente no era muy prometedora. Sonaba como si estuviera a un segundo de distancia de venir detrás de mí con un cuchillo de carnicero. Así que esta mañana estoy intentando escabullirme dentro de la escuela sin que ella me vea. Por supuesto, no funciona. En cuanto pongo un pie sobre el pavimento del estacionamiento escolar y sobre la acera, la veo. Está de pie frente a la escuela esperando por mí. Está vistiendo unos pantalones negros ajustados y una camisa negra. Luce extremadamente ardiente. Por un segundo pienso que quizás esto podría funcionar después de todo. Quiero decir, para ser justos, no me mandó un solo mensaje de texto esta mañana, así que tal vez se está calmando un poco. Quizás se dio cuenta que estaba avanzando muy deprisa. Quizás quiere compensarme, si entienden a qué me refiero. Definitivamente, me vendría bien liberar un poco de tensión. ―Hola, sexy ―saluda. De nuevo con lo de sexy. Muy original esta chica. Pero la perdono porque es ardiente. De hecho, como que olvide cuán ardiente era cuando me mandaba los mensajes de texto ayer. Hubiera sido mejor si me hubiera mandado una foto. Si lo hubiera hecho, probablemente hubiera superado la realidad de que parece un tanto acosadora. ―Hey ―le digo. Ella envuelve sus brazos en torno a mi cintura y me abraza. ―¿Me extrañaste? ―pregunta. ¿En las últimas nueve horas cuando no me estuviste mandando mensaje tras mensaje? ―Por supuesto ―le digo, porque soy lo suficientemente astuto para saber que esta es una de esas preguntas engañosas que las chicas siempre hacen. Desde luego que no las extrañas en realidad. Usualmente son una molestia al querer hablar todo el tiempo. Pero no puedes decirles eso; de lo contrario se vuelven súper molestas. Es más fácil solo mentir. No es que sea partidario de las mentiras. Es solo que en ciertas situaciones, es mucho más sencillo. ―Yo también te extrañé. ―Da pequeños saltitos de un lado al otro―. ¡Yupi! ―¡Yupi! ―le respondo, mayormente porque no sé qué más decir. Está dando saltitos tan rápido que creo que quizás sus pechos van a salirse de su camisa. Así que ¿qué deberíamos hacer hoy después de clases? ―quiere saber. Se estira y pasa un dedo de arriba para abajo en el frente de mi camisa―. Quizás deberíamos ir

diferente sentido de la

de compras. Sé que tal vez en tu antigua escuela tenían un moda.

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¿Teníamos planes para hoy después de clases? ―pregunto, confundido. Además, ¿acaso acaba de insultar mi ropa? ¿Qué demonios tiene de malo lo que estoy vistiendo? Es una camisa con botones y unos pantalones kakis. Miro a mí alrededor. Hmm. Supongo que todos están usando jeans. Bueno, lo que sea. No es mi culpa que todos quieran lucir como patanes.

Esta es una camisa de Burberry, y mis pantalones son de Ralph Lauren. Dejé mis nuevas zapatillas en casa, pero es lo más lejos que estoy dispuesto a llegar. ―Bueno, no planes específicos ―dice―, pero estaba pensando que podríamos juntarnos y pasar el rato. No tenemos que ir de compras. Podríamos buscar algo para comer o pasar el rato en la casa de mi amiga Raya. ―Me encantaría ―miento―, pero tengo planes. ―No sé porque lo digo, solo sé que realmente no quiero estar con ella. A decir verdad, de repente quiero estar lo más lejos posible de ella. Mi radar para chicas locas no está funcionando, para nada. ¿Ir de compras juntos? Todo el mundo sabe que eso es lo primero que te piden los acosadores. ―¿Planes? ―Frunce el ceño como si no pudiera imaginar que haga algo que no la involucre―. ¿Con quién? Registro mi cerebro tratando de recordar el nombre del chico que conocí ayer en clase. Era una especie apellido por primer nombre. ¿Mitchell? ¿Monroe? Miro a mi alrededor, intentando ver, si quizás por algún milagro, llego a verlo entre la multitud. Pero, por supuesto, no tengo la suerte. Lo que sea. No debería tener miedo de decirle a esta chica que no quiero estar con ella. Solo tengo planes digo firmemente, decidiendo que es mejor no dar detalles.

asustado. ¿Qué

si es realmente peligrosa? ¿No pasan siempre este tipo de idioteces en las escuelas públicas? Esta chica podría estar totalmente loca. ¿Qué si realmente comienza a acosarme, siguiéndome no solo en la escuela, sino que también en otros lugares? Mi papá no va a estar contento si tengo que pedir una orden de restricción. Definitivamente no es algo bueno justo antes de un año electoral.

Y entonces diviso a esa chica de ayer, Kelsey. Está

bajándose de un autobús grande y amarillo (¿quién demonios viaja aún en autobús?) y empieza a caminar sobre la acera hacia la escuela.

―¡Kelsey! ―grito como si fuera una especie de lunático, moviendo las manos en el aire―. ¡Hey, Kelsey!

―¿Con. Quién? ―Entrecierra los ojos, y de repente estoy un poco

Bueno, en realidad no es

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Ella mira a su alrededor, con una media sonrisa en su rostro, tratando de descifrar quien la está llamando. Cuando se da cuenta de que soy yo, la sonrisa desaparece. Jesús. ¿Qué demonios pasa con este lugar? Ya estoy tendiendo problemas con dos chicas. Y ni siquiera he salido con ellas. La saludo con la mano. Ella mira hacia la escuela como si tuviera la esperanza de que de alguna forma pudiera fingir que no me ve. Pero debe de darse cuenta que no es posible, porque finalmente se dirige hacia nosotros. ―¿Qué? ―pregunta. ―¿Qué? ―repito de forma amistosa, decidiendo fingir que está bromeando―. Eso no es muy amigable. Jaja. Justo Isaac me estaba diciendo que tú y él tienen planes para después de clases dice Marina―. ¿Es verdad? Su tono es desafiante, y cruza los brazos sobre el pecho. Kelsey luce confundida. ―Eh ―dice, voy a quedarme después de clases para poder trabajar en la búsqueda de una actividad extracurricular. ―Síp, ―digo, asintiendo enfáticamente―. Yo también. Kelsey levanta las cejas de asombro. ¿Tú? ¿Te vas a quedar después de clases para buscar actividades extracurriculares?" ―Sí ―asiento―. Necesito buscar información sobre lacrosse." Esto es perfecto. Y ni siquiera es una mentira. Realmente necesito inscribirme en lacrosse. ―Eso no es a lo que me refería ―dice Kelsey, luego mira hacia la escuela como si la estuviéramos reteniendo de hacer algo súper importante, no solo las clases. No me voy a inscribir en un equipo deportivo. Ella dice ‘equipo deportivo’ como si fuera lo mismo que unirse a una pandilla o algo similar―. Voy a tener una reunión con el director sobre qué tipo de grupo puedo dirigir. ―Bueno, sí ―digo, poniendo los ojos en blanco―. Eso es lo que quería decir. También voy a hacer eso. Después de lo de lacrosse. ―¿De verdad? ―Sí ―digo―, soy muy diplomático. Ya sabes, gracias a mi familia. Me encanta estar a cargo de grupos. Kelsey no se lo está creyendo. Pero afortunadamente, Marina sí.

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―Ustedes chicos son tan buenos ―dice, sonriendo, creo que está aliviada de que no tengo una cita―. Yo no. No estoy para nada metida en cosas así. ―Arruga la nariz―. Está bien, te veré más tarde Isaac. Te mandaré un mensaje de texto, y será mejor que me respondas esta vez. Se gira y empieza a caminar hacia la escuela. Dejo escapar el aliento que no me había dado cuenta que estaba reteniendo. Por lo menos lo dejó pasar bastante rápido. Eso es lo bueno de las chicas que están locas. Tienen cambios de humor, y a veces tienes la suerte suficiente de estar en el lado correcto de ellos. ―Gracias ―le digo a Kelsey, y luego empiezo a caminar hacia la escuela. Voy despacio así no vuelvo a cruzarme con Marina. ¿Gracias? pregunta Kelsey incrédulamente, poniéndose a la par mía. ―Sí ―digo―. Gracias. Ya sabes, ¿es lo que la gente dice cuando está agradecida? No fue mi comentario más ingenioso, pero lo suficiente para que ella captara el mensaje. ―Eres increíble ―dice Kelsey―. Completamente increíble, ¿lo sabes? ―¿Por qué? ―¡Porque sí! ¿Qué estabas haciendo recién? ―¿A qué te refieres? Quiero decir que era obvio que estabas planeando algo. Obviamente, tienes

alguna clase de complot en marcha, alguna clase de

conspiración. ¡Algo que tiene

que ver con meterte con esa pobre chica! No, no lo tengo. Y confía en mí, no es una pobre chica. Ella me mira, con la duda en el rostro. Sabe que estaba haciendo algo, planeando algo, preparando un complot para algo. Lo que es cierto. Pero no voy a darle la satisfacción de saber qué era. ¿Así que entonces te vas a quedar después de clases para reunirte con el director? ―pregunta. ―Sí. ―¿Tú? ¡Sí! Ella suspira. ¿Y a qué hora es tu reunión? ¿A qué hora es la tuya? ―No es de tu incumbencia. ―Lo dice de forma malévola, pero también luce un poco nerviosa. Y entonces lo entiendo. Tiene miedo de que vaya a, no sé, robar su club o algo así.

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¿Tienes miedo de que vaya a llegar antes que tú y que te robe la idea o algo así? Porque confía en mí, un club de libros de novela romántica es lo último en lo que estoy interesado. Estoy totalmente bromeando, de alguna forma, pero ella no luce como si pensara que es muy gracioso. ―Ugh ―dice, sacudiendo la cabeza como si sintiera repulsión hacia mí―. Tiene sentido de que alguien como tu diga algo así. ―¿Alguien como yo? Ella da un paso al costado y empieza a caminar hacia la escuela, supongo que despidiéndome, pero comienzo a seguirla. Su cabello se sacude de un lado al otro detrás suyo, y por alguna extraña razón, siento la inexplicable urgencia de estirarme y deslizar mis dedos por él―. ¿Alguien como yo? digo nuevamente, porque me está ignorando. ―Sí. ―Sigue caminando. ―¿Qué es alguien como yo? Espera, eso no tiene ningún sentido. Vuelvo a intentarlo―. Quiero decir, ¿cómo es alguien como yo? ¿Qué quieres decir con eso? Ahora estamos ante la puerta principal, y me estiro para abrirla para ella. ―Gracias ―dice, y se desliza al interior. Nos vemos asaltados por el sonido de chicos hablando y casilleros cerrándose, y por un segundo pienso que la he perdido entre la multitud. Pero entonces la diviso nuevamente, por su cabello moviéndose, y me abro camino a través de un grupo de chicas para llegar a ella. Así que, ¿me vas a decir qué quisiste decir con eso? ―pregunto―. ¿O es un hábito tuyo insultar a la gente y entonces alejarte caminando? ―No te insulté ―dice. Los pasillos están un poco más despejados ahora, y podemos caminar uno al lado del otro. ―Dijiste “Alguien como tú”. ―Sí. ―Así que eso suena como algo que dirías a alguien que piensas que está equivocado. ―Mira. ―Se da la vuelta y me mira―. Todo lo que quise decir es que eres la clase de chico que piensa que está bien hacer sentir mal a los demás. Piensas que eres mejor que todos los demás. Estoy sorprendido. En serio. ¡Yo no hago sentir mal a los demás! ¡Justo ayer me hice amigo de un chico que probablemente tiene un problema de esteroides solo porque quise ser amable! ―Espero que no me pregunte cuál es su nombre, porque aún no puedo recordarlo.

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―Qué noble de tu parte. ―Pone los ojos en blanco. ―Lo que sea. ―Me giro y empiezo a alejarme, porque no tengo que soportar esto.

Ni siquiera conozco a esta chica. Solo la conocí ayer, y ¿ahora va a hacer toda clase de

juicios sobre mí y hacerme sentir miserable? No, gracias. Pero entonces siento su mano

sujetando mi camisa.

―Espera ―dice. Me giro, porque si soy completamente sincero, no puedo soportar la idea de que a alguien no le agrade. Es uno de los defectos de mi carácter. Ella se muerde el labio. ―Lo siento. ―Realmente parece apenada―. Es solo que me estoy esforzando mucho para que me vaya bien en esta escuela, y cuando alguien se comporta como Levanto las cejas, y ella suspira y vuelve a empezar―. Cuando me cruzo con alguien que parece como el tipo de persona a la que se le ha entregado todo en mano, como que me saca de mis casillas. Yo asiento, eso tiene sentido. Quiero decir, no soy estúpido, sé que soy afortunado.

Mi papá es senador del estado, por Dios santo. Y sí me han entregado muchas cosas

con facilidad. Mi auto, mi fondo fiduciario. Bueno, no mi fondo fiduciario todavía.

Pero lo tendré cuando cumpla los veintiún años. ―Puedo entender eso ―le digo―. Pero ¿por qué es tan importante que te vaya bien aquí? ―¿Qué quieres decir? ―pregunta. ―Bueno, es solo la escuela pública. Realmente no cuenta, ¿sabes? Entrecierra los ojos, y su rostro se torna enojado. ―Y eso ―dicesolo prueba mi punto sobre el tipo de persona que eres. Y entonces se da la vuelta y se va con paso fuerte por el pasillo, dejándome ahí de pie, observándola.

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Capítulo ocho

Antes

Traducido por verittooo

Kelsey

Okay, sé que estoy poniendo un montón de mi mierda en ese chico Isaac. Quiero decir, obviamente tengo problemas propios que necesito solucionar acerca de privilegios, nepotismo y la jerarquía de la sociedad. En realidad, ni siquiera me doy cuenta de que tengo ese tipo de problemas hasta que me desquité con él en el pasillo. No es que lo que haya hecho sea tan malo. Quiero decir, no le tiré un libro o algo así. Pero fui bastante malvada. Es sólo que tipos como él, me enfurecen de verdad. Parecía tan desconcertado por mis nociones preconcebidas sobre él, y un segundo después, parecía como si estuviera de acuerdo conmigo. Que, en realidad, hizo que las cosas fueran un poco peor, porque alguien que está de acuerdo en que tiene todo servido y en realidad no le importa o lo aprecia, apesta de cierto modo. ¡Y después ese comentario de que era sólo una escuela pública! Lo siento, señor, pero algunas personas se interesan de verdad sobre cómo les va en una escuela pública. A algunas personas les importa de verdad tener buenas notas, porque no tienen padres ex alumnos, o dinero, o llaves secretas heredadas, o lo que sea que se necesite tener para ingresar en una escuela Ivy League. Aun así. Incluso aunque se lo merezca, yo sí me siento un poco mal. Sólo porque él sea rudo y titulado, no quiere decir que tenga que rebajarme a su nivel. No que a un tipo como él le interese que yo me sienta mal. Está tan acostumbrado a que se le tiren las chicas que estoy segura que ni siquiera registra cuando alguien no lo hace. Justo esta mañana, esa chica Marina estaba afuera, tratando de conseguir que él pasara el rato con ella. y enfrentémoslo, esa chica es sexy. El cabello perfecto, los dientes perfectos y un cuerpo que aprieta en ajustados pantalones y camisas. Ella es como sexo caminando, gritando.

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Pero la cosa más extraña sobre toda mi interacción con Isaac es que cuando me di la vuelta para mirar por el pasillo, él estaba parado allí, mirándome, y tenía esta expresión como de herido, como si en realidad hubiera herido sus sentimientos. No puedo dejar de pensar en esa expresión. Lo que es loco. Ya que lo odio. Y debería estar contenta de que herí sus sentimientos. Porque él hirió mis sentimientos con sus comentarios sobre un club literario de romance. En serio, ¿quién dice cosas como esas? ¿No sabe que hay un montón de artículos en los últimos años sobre novelas románticas necesitando ser tomadas en serio? ¿Y cómo es algo muy feminista leerlas, porque el feminismo es sobre hacer lo que quieres, y si eso es leer novelas románticas, entonces que así sea? Y todavía más. ¿Señorita Romano? Levanto la mirada. Oh. Cierto. Estoy en la clase de matemáticas. Y juzgando la mirada en el rostro de la señorita Lee, me acaban de llamar. ―Eh, ¿podría repetir la pregunta? ―le pido. ―El número cinco en la tarea. Escaneo mi hoja. X es igual a diecisiete. Por suerte, es la respuesta correcta. ¡Dios! ¡Maldito Isaac Brandano! Ya está metiéndose en mi día en la escuela. Me siento derecha y presto atención.

* * *

Cuando suena la campana final, me detengo en el baño para retocar mi labial y asegurarme de que luzco entera antes de dirigirme a la oficina del director para mi reunión con el señor Colangelo. Necesito asegurarme de que me veo responsable, como el tipo de chica que puede manejar estar a cargo de un club de después de clases. Repaso la lista de actividades que estoy pensando en proponer. (Pasé el periodo del almuerzo en la librería otra vez, aunque esta vez el Chico del Sándwich de Mortadela no está. No estaba segura de cómo sentirme sobre eso—bien porque no hubiera olor a carne, mal porque el encontrara amigos antes que yo) En fin, ésta es mi lista hasta ahora:

1. Periódico. Aparentemente, la escuela no tiene uno. Lo sé, ¿no es loco?

Quiero decir, sé que la palabra impresa está de salida, pero igual. Por lo que yo puedo decir, lo sacaron cuando hubo una ronda de recortes de presupuesto hace unos años. Después recuperaron su presupuesto y no pudieron encontrar a nadie que lo dirija. Así que, voy a necesitar un asesor, que puede ser un poco

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difícil ya que no conozco a ningún profesor todavía. Pero, ¿qué mejor forma de conocerlos?

2. Club de Debate. Un poco mejor que el periódico, pero no por mucho. Es

un poco aburrido, y no es lo suficientemente especial. Aun así, el debate tiene

un caché seguro con los Ivies 3 . Demuestra que tienes opiniones, y que puedes pensar estando de pie.

3. Club Literario de Literatura Ficticia. ¡Muuuuy diferente del club literario

de novelas románticas! No es que hubiera algo malo con el club literario de

novelas románticas, pero quiero ser accesible a los estudiantes masculinos

también. Bueno, no yo personalmente. Sólo el club. Aunque tal vez hay una tendencia feminista en la cosa de la novela romántica que se podría explorar. Hmmm…

4. Línea Telefónica de Asesoramiento ente Pares. Ésta es bastante increíble

porque es tan… no lo sé, útil. Además, enfrentémoslo—es interesante. Me

encanta escuchar sobre los problemas personales de las personas.

5. Club de Comunicación de Padre/Estudiante. En realidad no sé qué

podría implicar. Excepto por, como, mejor comunicación entre padres y estudiantes. Un poco patético, pero de nuevo, sólo el tipo de cosas que amarán los Ivies. Estoy volviendo a poner el cuaderno es mi bolso y estoy a punto de dirigirme al pasillo cuando lo escucho. Llanto. Viendo de uno de los cubículos. Dudo, no estoy segura de qué hacer. Por un lado, por lo menos debería preguntarle a quien sea si necesita ayuda. Quiero decir, ¿qué pasa sucede algo malo? Por otro lado, no quiero llegar tarde a mi reunión. No es la mejor forma de causarle una buena impresión al director, y conseguir que el señor Colangelo piense que soy capaz y madura es una parte integral de mi plan. Me paro allí por unos segundos, debatiendo. Estoy a punto de salir por la puerta, pero entonces pienso sobre mi karma. Si no me detengo y ayudo, mi reunión probablemente no vaya tan bien. Además, estaré pensando sobre esto durante todo el tiempo y preguntándome si dejé a alguien desangrándose sólo para poder empezar un periódico escolar. Así que suspiro, después camino hacia la puerta del cubículo de donde viene el llanto. En ella, alguien grabó las palabras VETE A LA MIERDA en la pintura azul claro.

3 Los Ivis: Se refiere a los integrantes de las universides de las ‘Ivy’ Universidad Brown, Universidad de Columbia, Universidad Cornell, Dartmouth College, Universidad Harvard, Universidad de Pensilvania, Universidad de Princeton, Universidad Yale.

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Encantador. Ese tipo de mierda nunca pasaría en La preparatoria Concordia. Cada año, la escuela completa era repintada. No que sea necesario. Nadie escribiría ese tipo de cosas en las paredes. Nadie allí estaba enojado. Y si lo estaban, sabían cómo lidiar con eso al robarles a sus madres la prescripción de Klonopin 4 y/o robando bolsos Prada en los shoppings sólo por diversión. Golpeo. No hay respuesta de quien sea que está sollozando en el cubículo, así que vuelvo a tocar. Se sorben a nariz, y entonces el llanto se detiene. ―¿Hola? ―intento. Silencio. Escucha, sé que estás allí. Sólo quería asegurarme de que estás bien, de que no estás herida. Silencio. ¿Lo estás? Herida, quiero decir. Silencio. Cielos. Esta persona está siendo bastante maleducada. Aquí estoy, sacando tiempo de una reunión importante para asegurarme de que están bien, y ellos sólo me ignoran. ―Mira ―digo, ¿puedes decirme, por favor, que no te han golpeado o que no estás sangrando por los ojos o algo similar? Tengo una enorme reunión con el director, y si llego tarde, podría estropear seriamente las cosas para mí. Sueno un poco dura, que probablemente es por lo que consigo una respuesta. No me golpearon ni me sangran los ojos ―dice una vocecita. ―¿Estás segura? Sí. De acuerdo. Bueno, eh, espero que lo que sea que te esté molestando, se mejore pronto. ―Obviamente, no quiere mi ayuda, así que mi trabajo aquí está terminado. Estoy empezando a caminar hacia la salida del baño cuando se abre la puerta del cubículo y una pequeña rubia aparece. Está usando jeans ajustados dentro de suaves botas marrones, y un suéter de cachemira que cae sobre su hombro, mostrando una tirita de sostén color rojo manzana. Su pelo es enrulado y cuelga hasta su cintura. ―¡No mejorará pronto! dice, y marcha hacia el lavabo. ¡Van tres años de no mejorar pronto! Abre la canilla con mucha fuerza, después aprieta el botón del dispensador de jabón, dispersando un poco de jabón en sus manos. Ella comienza a frotarlas debajo del agua.

4 Klonopin: tipo de sedante

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―Oh ―digo. Bueno. Esto parece algo que va a tomar un tiempo en arreglar. Quiero decir, tres años de nunca mejorar. Eso es serio. Definitivamente va a tomar un largo tiempo descifrarlo. Un largo tiempo que yo no tengo. Probablemente una especie de gran problema psicológico. Chicas así de hermosas siempre tienen un completo tornillo suelo. Más razones para comenzar una línea telefónica de asesoramiento en esta escuela, eso seguro. Estoy harta de eso yo misma, incluso. Estoy, como, aburrida de mí misma. Ella se está mirando en el espejo ahora, busca en su bolso y saca una polvera. Comienza a aplicarse base furiosamente en el rostro. ―Vaya ―digo. Bueno, me alegro de que no estés herida o algo por el estilo. Y lo estoy. Encantada de que no esté sangrando, o golpeada o incapacitada de otra forma. Me estoy moviendo lentamente, hacia la puerta. Tengo suficiente de mi propio drama sin involucrarme en el de alguien más, muchas gracias. ¿No estoy herida? dice la chica. ¿No estoy herida? ¿Ésta parece la clase de cara que tendrías si no estuvieras herida? Apunta su rostro. Que, mientras sigue siendo hermoso, está veteados con lágrimas y manchado con maquillaje de ojos. Bueno, no. Pero, ah, sólo me refería a que no está físicamente herida. Ella se voltea del espejo y me mira fijo. ¿Cuál es tu nombre? Trago, no estoy segura de querer decírselo. Soy Kelsey. Bueno, Kelsey, ¿sabes que el dolor de un corazón roto causa la misma actividad en el cerebro que el dolor físico? ―No ―digo honestamente. No sabía eso. Bueno, es así. Hay un estudio científico de eso y todo. Lo dice como si todos los estudios científicos fueran totalmente ciertos, cuando todos saben que los estudios científicos son dependientes del interés especial de los grupos que los forman. Sin mencionar que la ciencia cambia en, como, una base diaria. Así que cualquier estudio que haya salido ayer incluso, es irrelevante casi instantáneamente. ―He estado allí ―digo, con la cosa del corazón roto. Así que, hm, lamento de verdad que tengas que pasar por eso. Estoy comenzando a mover mis pies hacia atrás, hacia la puerta, porque como dije, no quiero involucrarme en su drama. Estoy revisando mi cerebro, intentando encontrar algo que decirle, algo que sea tanto profundo como útil pero que también le ponga a fin a nuestra conversación, cuando desliza su bolso sobre su hombro y pasa a mi lado.

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―Sí ―dice. Yo también. ¡De nada por preocuparme por ti! grito detrás de ella. Pero ella se ha ido.

* * * Cuando llego a la oficina, la secretaria me hace esperar, como, quince minutos antes de dejarme entrar y ver al señor Colangelo, lo que me molesta un poco, porque me aseguré de llegar justo a tiempo.

Y cuando ella finalmente me hace entrar a su oficina, el señor Colangelo está al

teléfono. Me señala para que me siente en una de las sillas frente a su escritorio mientras termina su llamada telefónica. Después de un montón de “mmm-hmmms” finalmente dice adiós a quien sea y corta. Que es bastante decepcionante. Quiero decir, la primera oportunidad que tengo de escuchar una conversación que está teniendo el director, y ni siquiera es sobre algo bueno. ―Hola ―dice, dándome una fácil sonrisa. Mira mi expediente, que está abierto en

su escritorio. Entonces, señorita Romano, ¿qué puedo hacer por usted hoy? Me pregunto si tiene que ver mi expediente para recordar mi nombre. Si es así, es un poco maleducado. Especialmente ya que él no quería tomar esta reunión en primer lugar. Tuve que tener una gran conversación con la secretaria esta mañana, donde rogué y supliqué y prácticamente le prometí mi primer hijo. Para cuando terminé,

definitivamente me odiaba. No entiendo qué pasa conmigo y las secretarias. ¿Por qué me odian todas? Tal vez sea porque estoy enfocada y soy un poco insistente. Pero no es mi culpa saber lo que quiero. ―Bueno. Saco la lista de mi carpeta, la aliso y miro al señor Colangelo al otro lado del escritorio, asegurándome de hacer un contacto visual enfocado y significativo. Me gustaría comenzar un club extracurricular aquí en Concordia Pública.

Él baja la mirada hacia mi expediente, cosa que me pone nerviosa. ¿Por qué sigue

haciendo eso? ¿Y por qué tiene que tener mi expediente aquí, de todos modos? Más importante, ¿qué dice exactamente? Me pregunto si puedo conseguir una copia si quiero. Debe haber algún tipo de ley, como la Ley de Libertad de Información o algo. ―Hmm ―dice el señor Colangelo. Toma un trago de su, aparentemente asquerosa, taza de café que probablemente ha estado allí todo el día y está totalmente viciada. No veo nada en tu expediente que te imposibilite de hacer eso. ¡Yupi! Bueno, esas son noticias maravillosas digo.

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Él está cerrando mi expediente ahora, y sus ojos se desvían al reloj en la pared. ¿Eso significa que terminamos? ¿Es tan fácil? ¿Me va a dejar ir, básicamente dejándome empezar con cualquier tipo de club que quiera? Entonces, estaba pensando en un periódico, tal vez ―le digo. Siempre he estado interesada en el periodismo. ―Ya no tenemos periódico ―dice el señor Colangelo. ―Sí, por eso es que estaba esperando poder comenzar uno. ¿Comenzar uno? Suena sorprendido. No creo que necesites la clase de estrés que viene con empezar un club escolar cuando recién te acabas de anotar aquí. ―Pero, recién dijo… ―Espera un minuto. ¿El señor Colangelo cree que dije que quería unirme a un club existente? ¿Y entonces me estaba dando permiso para hacerlo? Qué forma de escuchar. No es que haya algo malo con unirse a una actividad extracurricular, pero enfrentémoslo: cuando no tienes a un ex alumno como padre, o algún tiempo de pariente famoso, no puedes simplemente unirte a algunos clubes para tus aplicaciones universitarias. Tienes que hacer algo grande y significativo. Especialmente si te han echado de tu última escuela. Hay un golpe en la puerta del señor Colangelo, y la secretaria mete la cabeza. ―Siento interrumpir ―dice―, pero Isaac Brandano está aquí. ¿Él dice que se suponía que tenía que unirse a usted y la señorita Romano? ¿Es verdad eso, Kelsey? ―pregunta el señor Colangelo. ―Hm, bueno… Antes de que pueda decirle que no, Isaac aparece en el umbral de la puerta de la oficina. Ahora está usando jeans y una camiseta blanca, con una campera sobre ésta. ¿Por qué se cambió de ropa? ¿Y por qué está aquí? ¿No debería haber programado su propia reunión? ―Hey ―dice cuando me ve, como si fuéramos viejos amigos y no dos personas a penas se conocen entre sí y se metieron en una pelea en el pasillo esta mañana. ―Hola ―digo tensamente―. Encantada de verte, Isaac, pero el señor Colangelo y yo no hemos terminado nuestra reunión. En cuando lo hagamos, puedes hablar con él sobre cómo quieres correr una extracurricular también. ―¡Oh! ―dice Isaac―. Pensé que habíamos hablado sobre hacerla juntos. ―¿Ustedes dos? ―dice el señor Colangelo. Se ve interesado, probablemente porque todo lo que haga Isaac va a conseguir que se anoten muchas personas. Sin mencionar algunas donaciones de su papá. Diablos, tal vez van a aprobar algún tipo de proyecto de ley, como “la Ley de Isaac” o algo parecido, y su club va a conseguir una gran beca del estado que nunca serán capaces de quitar.

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―Sí ―dice Isaac. Él está entrando en la habitación ahora, supongo porque piensa que está invitado a entrar, incluso cuando, obviamente, no lo está. Deja caer su mochila a mis pies y después se desliza en la silla que está a mi lado. ―Ow ―digo, fingiendo que dejó caer su mochila en mi pie. Alejo mi pie de él. Estábamos hablando de esto esta mañana antes de clases, ¿recuerdas? pregunta Isaac, ignorando mi falsa herida. Me da una gran sonrisa, como si estuviera desafiándome a decir que no es así. ―Bueno ―digo, preguntándome cómo voy a salir de ésta―, estábamos hablando sobre eso, es verdad, pero… Bueno, Kelsey, ¿por qué no lo dijiste? brama el señor Colangelo―. Mientras tengas a otro estudiante ayudándote, creo que comenzar un club es una gran idea. ¿Alguno de los dos tiene alguna idea sobre qué podría ser? ―Yo sí ―dice Isaac. No puedo creer esto. Isaac no sólo está pretendiendo que tenemos algún tipo de plan para hacer esto juntos, sino que ahora el señor Colangelo me está dando permiso sólo porque Isaac está involucrado. ¡Y ahora Isaac está afirmando que tiene algunas ideas acerca sobre qué tipo de grupo podemos comenzar! ―Yo también ―digo, no queriendo quedar atrás. Tal vez cuando Isaac empiece a dar sus ideas medio pensadas de cualquier cosa estúpida que se le haya ocurrido, yo puedo saltar con la mía. Y entonces, tal vez el señor Colangelo vea que yo puedo hacer esto por mi cuenta en realidad, y no necesito el nombre Isaac Brandano o su influencia que me ayude. ―Eso es genial ―dice Isaac―. ¿Quieres presentar tus ideas primero? Él me está dando esta sonrisa zalamera, una sonrisa que me hace pensar que sólo quieres que yo dé mis ideas primero porque él no tiene ninguna propia en realidad. Así que daré las mías, y después nos decidiremos por una de ellas, y eso lo salvará de la vergüenza de tener que admitir que no tiene idea de lo que está haciendo. ―No, está bien digo dulcemente―. ¿Por qué no empiezas tú? ―¿Estás segura? ―Segura. Isaac se encoge de hombros, después busca en su mochila y saca un cuaderno de cuero negro. En el frente, hay un pedazo de hoja de computadora con la palabra “Enfrentarlo” impresa en la parte delantera. Lo abre en la primera página. ―Bien ―comienza―, esto es sólo un resumen, por supuesto. Estaba esperando que pudiéramos entrar en los detalles específicos después, si decidimos avanzar con el proyecto.

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―Por supuesto ―dice el señor Colangelo, como si esto tuviera mucho sentido. Asiente y se acomoda en su silla giratoria negra. Mi boca cae abierta. Isaac devuelve su atención al cuaderno. Estaba pensado que lo que todos necesitamos es algo de entendimiento. Suelto un bufido porque, honestamente, ¿qué sabe él de entendimiento? Quiero decir, eso suena tan político. Está actuando como un político, alguien que quiere llevarse bien con todo el mundo, alguien que quiere ser uno de la minoría o lo que sea, mientras que estoy segura que se rodea de personas que son justo como él. Sin mencionar que “lo que todos necesitamos es algo de entendimiento” es la letra de una canción. Por lo menos, estoy bastante segura que es así. ―¿Algo gracioso? ―pregunta Isaac. ―No ―miento. ―Entonces, lo que estoy proponiendo dice Isaac, dándome una mirada de amonestación desde la esquina de su ojo, como si fuera una niña que interrumpió al maestro durante una importante lección―, es que armemos un grupo de estudiantes que estén interesados en promover la idea de entendimiento y aceptación para todos. Podemos trabajar en extender estas cosas por la comunidad. Por ejemplo, estaba pensando que nuestro primer proyecto podría ser organizar el Día de hacerle frente, donde los estudiantes de la Preparatoria Concordia y Concordia Pública se unan y hablen sobre cómo, aunque tengamos diferentes antecedentes y familias, básicamente somos todos iguales, enfrentando los mismos desafíos e inseguridades. Estoy sin palabras. La idea es tan simple, y tan brillante, que estoy enojada de que no se me hubiera ocurrido a mí. El señor Colangelo está comiendo de la mano de Isaac. Está inclinado sobre su escritorio, sus ojos en los de Isaac. Lo que me enoja todavía más. Quiero decir, no es suficiente que Isaac tenga este tipo de efecto en las chicas, ahora lo tiene con los chicos también, ¿incluyendo al director? Eso suena absolutamente increíble dice el señor Colangelo, sonando como una colegiala enamorada. Hace una pausa, dejando la pregunta tácita colgando en el aire. Resisto la urgencia de rodar los ojos. Y estoy seguro de que mi papá estará feliz de involucrarse dice Isaac, notando lo que estaba esperando el señor Colangelo. Que significa que él es mucho más inteligente de lo que pensaba al principio―. Ya sabe, con dinero o lo que sea. ―Fabuloso ―dice el señor Colangelo. En serio, él está como a tres segundos de aplaudir de la felicidad―. Así que ustedes pueden juntarse y trabajar en el club, y

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después reportar conmigo cómo les está yendo. Lo querrán funcionando lo más rápido posible, ¿supongo? ¿Ni siquiera quiere oír mis ideas? pregunto. Obviamente, no voy a dar la idea de un club literario ahora, ya que la idea de Isaac fue muy buena, pero uno pensaría que el señor Colangelo por lo menos pretendería querer saber mis ideas. Bueno, nos estamos quedando sin tiempo responde el señor Colangelo. Está mirando al reloj de nuevo y levantando su teléfono. Ugh, ugh, ugh. Suena genial ―dice Isaac―. Kels y yo nos pondremos a trabajar en esto ya mismo. ¿Kels? ―Sí ―hago eco débilmente―. Suena genial.

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Capítulo nueve

Kelsey

Las Consecuencias

Traducido por Musher

La oficina del director es realmente muy agradable, con una gran mesa de roble, las ventanas enormes que llegaban del piso al techo dejaban entrar en franjas la luz solar que caía contra la suave alfombra de color crema. Era probablemente con la intención de fomentar un sentido de seguridad. Algo así como las oficinas de los dentistas de moda, donde se esconden todos los equipos por lo que estás felizmente ignorante de la cantidad de tortura que vas a estar sometido. ―Bien ―dice el Dr. Ostrander, una vez que estamos sentados. Está detrás de su escritorio, con las manos cruzadas delante de él―. ¿Cuál de ustedes quiere empezar primero? Miro a Isaac. Él se deja caer en la silla, las mangas de su camisa azul marino desabrochadas y enrolladas. Él está mirando el suelo, con el ceño fruncido en su rostro. Bueno. Si él cree que yo voy a ser la que empiece a hablar en primer lugar, que voy a ser la primera en tirarme debajo del autobús, entonces está equivocado. Él puede hablar si es tan inteligente. Tal vez pueda ayudarles si les doy un resumen de lo que sucedió en día de hacerle frente ―dice el Dr. Ostrander. Saca un pedazo de papel legal amarillo hacia fuera y hacia abajo se pone delante de él―. Isaac se metió en una pelea con un estudiante de la Preparatoria Concordia. Llamaron a la policía. Tuvieron que llevar a un chico en ambulancia. El equipo de NBC grabó todo, y Marina Ruiz ha presentado una orden de restricción en contra de Kelsey. Él se saca los anteojos y los coloca sobre la mesa―. ¿Quiere alguno de los dos decirme cómo ocurrió todo esto? Isaac aún no muestra señales de movimiento, por lo que me aclaro la garganta. ―Dr. Ostrander ―le digo. Primero voy a empezar por pedir disculpas en mi nombre y el de Isaac por las cosas que pasaron la semana pasada. Realmente no tenía

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idea de que el día de hacerle frente a su vez, en tal, ah… ―¿Lío? ¿Desastre?―…situación, y si lo hicimos, desde luego, no lo habría celebrado.

A mi lado, Isaac resopla.

¿Tiene algo que decir, señor Brandano? ―pregunta el Dr. Ostrander. Isaac empieza a sacudir la cabeza, pero luego me llama la atención. Se sienta con la espalda recta. ―Sí ―dice. En realidad, tengo algo que decir. Kelsey está mintiendo. Yo Jadeo. ―¿Ah? ―dice el Dr. Ostrander. ¿Le importaría explicarnos eso? Ella sabe mucho acerca del día de hacerle frente que mantiene en secreto. Isaac se encoge de hombros―. De hecho, guarda un montón de secretos de mucha gente. Trago, porque él tiene razón. Guardo un montón de secretos de un montón de gente. ¿Es eso cierto, señorita Romano? pregunta Dr. Ostrander. Y no lo pregunta como si fuese curioso. Él estaba diciendo esto como “Si eso es cierto, entonces tal vez tú

eres la culpable de este lío”. Pienso en la mentira, pero, sinceramente, a estas alturas he mentido bastante. Se acabó. Probablemente van a echarme de la preparatoria pública Concordia, también, y entonces realmente nunca entrare a la universidad. Olvida la Ivy League, voy a tener suerte de entrar en una escuela del estado. ―Sí ―le digo, mirando hacia abajo a mis manos. Es cierto.

El Dr. Ostrander suspira y se recuesta en su silla. Él mira hacia el techo y se frota los

ojos como si no pudiera creer que tiene que tratar con esto. Yo como que no lo culpo. Quiero decir que el hombre tiene un doctorado en educación, lo que probablemente significa un montón de horribles clases aburridas y horas y horas de estudio, y ¿donde lo ha llevado? Aquí, frente a nuestro drama adolescente. ―Está bien ―dice finalmente, mirándonos. Empiece por el principio. Y dígame cómo sucedió esto.

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Capítulo diez

Isaac

Antes

Traducido por DarkVishous

Entonces, ¿la expresión en el rostro de Kelsey cuando saqué el cuaderno? Sí, eso no tuvo precio. No sé ni cómo vine con esa mierda. Solo lo hice. Es como una especie de talento subestimado. Tampoco sé por qué es importante para mí demostrarle que hay más en mí de lo que ella piensa. Pero así es.

¿Y si no había nada realmente en ese cuaderno? Ella no necesitaba saber eso. La parte importante es que vine con esa idea yo mismo. Para el Día de hacerle frente. Yo hice el diseño e imprimí el papel que decía ‘Enfréntalo’ en la impresora de la biblioteca

y

lo pegué en mi cuaderno. Tardó siglos en conseguir el tamaño de la fuente correcto.

Y

luego tomó aún más tiempo encintarlo porque estaba tratando de conseguir que las

esquinas fueran perfectas. Tenía la sensación de que sería algo de lo que Kelsey se daría cuenta—esquinas perfectamente grabadas. Para ser justos, no vine con la idea completamente por mi cuenta. Estaba googleando, y resulta que una gran cantidad de escuelas tienen clubes similares. Me pareció perfecto, ya que siempre hubo una rara competencia entra la preparatoria Concordia y la preparatoria pública de Concordia. Por supuesto, no tengo ni idea de cómo poner en práctica cualquiera de las cosas que estaba diciendo el Sr. Colangelo sobre la facilitación de información y entendimiento, y toda esa basura. Pero apuesto a que Kelsey sí. No es lo que parecía en estos momentos. En este momento está pisando fuerte en el pasillo frente a mí. La escuela está bastante vacía porque la mayoría de las personas se han ido a casa por el día, y los chicos quienes no están más que en el otro lado de la escuela cerca del gimnasio. Ella echa un vistazo sobre su hombro y me mira. ―¿Qué sucede? ―pregunto. Me ignora. Pero entonces su deseo de gritarme debió hacerse cargo porque se da la vuelta y dice:

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¿Qué sucede? ¿Qué sucede? ¿Vienes a mi reunión y la arruinas, haciéndote completamente a cargo, y me preguntas qué sucede? ―Echa los brazos al aire con desesperación, y su rostro empieza a sonrojarse. De hecho, se ve muy adorable. ¿Haciéndome cargo? No, no lo estoy digo, a pesar de que es una clase de lo que soy. ¿Pero todavía no capta que quiero que trabajes conmigo?

Entonces ¿cómo lo llamarías? ―¿Ayudar? ―intento. Me lanza otra mirada, y luego se da la vuelta y empieza a pisar fuerte en el pasillo otra vez. Está usando unos zapatos muy altos, de aspecto incómodo. No entiendo por qué las chicas llevan esas cosas. Entiendo que tienen que lucir bien, pero no lo suficiente como para arriesgarse a romperse el tobillo o desarrollar algún problema en la cadera. Mientras se va su talón se tuerce y casi cae. Empiezo a sentirme mal. Obviamente, esto significa mucho para ella, y yo vine y lo empeoré sólo porque quería probar un punto. No quería que se pusiera tan molesta que terminara dando tumbos por todo el lugar. ―Hey ―digo, corriendo para alcanzarla. Camina más rápido ahora, mirando hacia

el frente. Espera un segundo. Doy un paso delante de ella, y ella intenta

empujarme. ―Muévete ―dice, cruzando los brazos sobre su pecho. Sus ojos se cruzan con los míos, retándome. No debería haber arruinado tu reunión le digo honestamente. Lo siento. Ella reacciona tardíamente, como si no pudiera creer que realmente le estuviera pidiendo disculpas. No es la única. No suelo pedir disculpas. A nadie. Nunca. ¿En serio? Sí. No debería haber secuestrado tu reunión. Entonces, ¿por qué lo hiciste? Me pregunto si puedo poner una buena excusa, algo que pudiera decirle que no la hiciera pensar que soy un perdedor. Pero luego pienso, ah, a la mierda con eso, y decido ir con la verdad. Y la verdad es, que no todo es por Kelsey. Bueno ―le digo, suspirando―, en parte es que no me gusta que pienses que soy esa

clase de persona que solo consigue todo lo que quiere. Y la otra parte tiene que ver con

mi papá.

Su rostro se ablanda. Por primera vez me doy cuenta de lo bonita que es. No me malinterpreten. Siempre supe que era atractiva, y se veía muy linda cuando gritaba.

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Pero Kelsey es, como, muy, muy bonita. Piel perfecta. Pelo castaño claro. Ojos azules. Con unas pocas pecas que ella no intenta cubrir con toneladas de maquillaje. ¿Qué hay con él? ―Bueno ―le digo, él siempre está… Una ráfaga de ruidos vienen de lejos por el pasillo, y un par de chicos vestidos con camisetas de fútbol vienen empujando su camino hacia nosotros, empujándose uno a otro a medida que avanzaban. Dejo de hablar. Y luego, por alguna razón, antes de saber qué es lo que estoy haciendo, me inclino cerca de Kelsey. Puedo oler su perfume, algo con olor a frutas y dulces, y su cabello también huele increíble. ¿Quieres salir de aquí? ¿Contigo? ―Parece sorprendida. ―Sí. ―Sonrío. Voy a comprar algo para comer. Tú comes, ¿verdad? Ella rueda sus ojos. Por supuesto que como. Entonces vamos. Te invito. Y luego puedo explicarme. Ella duda. Doy un paso atrás y me inclino un poco, mirándola a los ojos. ¿Por favor? Se muerde el labio, pensando en ello. Y luego, finalmente, asiente.

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Capítulo once

Kelsey

Antes

Traducido por sol_tb

Isaac me lleva al boliche. ¡Al boliche! El me invito a cenar, y luego me lleva a un boliche. Es culpa mía, de verdad. ¿Por qué estuve de acuerdo en salir con él? El arruinó mi reunión, y es obviamente un completo idiota. Pero me llegó por un segundo con toda esa cosa de su padre. Soy un corazón sangrante cuando se trata de relaciones disfuncionales con padres. ¿El boliche? ―pregunto a medida que estacionamos. Veo los carteles de Juegos y Carriles dudosos. La pintura blanca está sucia, y las calcomanías de letras se está empezando a pelar. ―Sí ―dice, y apaga el coche. Al verlo aquí de alguna manera no me cuadra. Él está tan perfectamente arreglado y, bueno… ardiente. Por no decir que su coche es un reluciente BMW negro. Toda su vibra parece fuera de lugar aquí. Pensé que habías dicho que íbamos a comprar algo de comer le digo. Miro por el parabrisas y veo como dos chicos con enormes barrigas cerveceras y camisetas sucias desaparecen a través de las puertas delanteras. ―Lo vamos a hacer ―afirma―. Tienen las mejores patatas fritas de la ciudad. ―Él me mira―. No me digas que eres una esnob con la comida. No soy una esnob con la comida ―le digo con arrogancia―. Tú eres el que… ―Estoy a punto de decirle que él es el que es un esnob, pero está fuera del coche. Me siento allí por un minuto, debatiendo si debería decirle que me lleve a casa o no. Yo no sé ni porque estoy aquí. Pero entonces él está en mi lado del coche, y está abriendo la puerta para mí. Lo que, seamos sinceros, es algo lindo. Además, ya estoy aquí. Y si le digo que me lleve a casa, quién sabe qué tipo de truco va a tratar de tirar con eso del día de hacerle frente. Tengo que estar de su lado, ahora que vamos a estar trabajando juntos. Así que salgo del coche y me dirijo hacia el boliche.

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***

El restaurante en el boliche se llama Chuza y en realidad es sorprendentemente

acogedor, con mesas de roble grandes y cómodas, y sillas marrones extra grandes. Un televisor de pantalla plana montada en la pared, está en sintonía con ESPN, donde están mostrando un juego de los Red Sox.

―Siempre me siento aquí ―dice Isaac, que me lleva a una mesa en la esquina con vista a la calle. Los dos chicos que vi entrar un par de minutos antes están cargando sus nombres en una consola en la cancha once, y sus nombres parpadean en el marcador. Uno se llama Butch. El otro se llama Harry. Es muy apropiado. Unos segundos después nos sentamos, la camarera se acerca para tomar nuestra orden. Ella es mayor, probablemente de unos cincuenta años, con el cabello rubio ceniza muy corto y lápiz labial de color rosa brillante. ―Isaac ―dice ella, agarrándolo por la cara y besándolo en ambas mejillas. Ella deja una marca de lápiz labial, que Isaac, sorprendentemente, no parece notar. Hey, Irene dice Isaac, sonriendo mientras Irene limpia el lápiz labial de la cara con el pulgar―. ¿Cómo te va? ―No me pregunte cómo me va, señor ―dice ella mientras menea una uña con acrílico―. No te he visto por aquí desde hace siglos. ―Sí. Isaac se desplaza en su asiento y parece algo incomodo―. He estado muy ocupado. Eso he oído dice ella, chasqueando la lengua―. Tuviste que empezar en una nueva escuela, ¿verdad? ―Sí. Ellos intercambian una mirada, y me pregunto por qué a ella le importa que Isaac empiece en una nueva escuela. Todo el mundo sabe que es porque su padre quería probar algún punto importante acerca de cómo las escuelas públicas son tan buenas como el privadas, ¿no?

A menos que haya algo más en juego. Algo más escandaloso. ¿Tiene Isaac un

secreto? Un secreto potencial y / o un pasado nefasto sin duda lo hace un poco más interesante. Pero no mucho. Ser un idiota pomposo totalmente triunfa sobre cualquier escándalo oculto. ―¿Quién es ella? ―pregunta Irene. Ella me mira con recelo, sus ojos viajando arriba y abajo por todo mi cuerpo. Me siento como si estuviera bajo un microscopio, y me aliso el cabello con timidez. ―Ella es Kelsey ―dice Isaac―. Mi amiga de la escuela. ¿Tu amiga de la escuela? ¿De la escuela pública de Concordia? Ella me mira con escepticismo, y pone énfasis en la palabra “amiga”, como si no creyera que alguien

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pudiera ser solo amiga de Isaac. Lo que hace que me pregunte cuántas otras chicas ha traído aquí. Probablemente muchas. Probablemente todas se parecen a Marina. Aunque la idea de Marina en un boliche es bastante hilarante. ―Encantada de conocerte ―le digo, sonriéndole a Irene. ―Mmm-hmm. Ella desaparece sin decir nada y sin tomar nuestra orden. ―No tomó nuestra orden ―le digo. ¿Hasta el momento? No hay nada sorprendente en este lugar. Sí, es muy acogedor. Pero el servicio deja mucho que desear, sin duda. Habla de mala educación. No tiene que tomar nuestra orden dice Isaac. Alcanza el tazón de palomitas de maíz que Irene puso en nuestra mesa antes de desaparecer y se mete un puñado en la boca. Miro a mí alrededor, fingiendo disfrutar los alrededores. ¿No es este un restaurante? ―Sí ―dice Isaac―, pero ya sabe lo que queremos. ―Él mira la televisión. ―Hmm, ―dice―. Me pregunto si van a cambiar al juego de lacrosse. ―¿Ordenaste para nosotros? ―pregunto. ―No ―contesta Isaac―. Irene sabe lo que queremos. Ya lo verás. Confía en mí. ―¿Confiar en ti? ¡Ja! Me río de lo absurdo que suena. Y, sin embargo, por alguna razón, estoy aquí, sentada en el boliche, comiendo palomitas de maíz y viendo como un tipo llamado Butch anota una chuza y luego sacude su culo en el medio del carril. ¿No crees que sea digno de confianza? ¿De verdad estas preguntándome eso? ―No ―dice sonriendo―. Fue retórico. No soy digno de confianza, en lo absoluto. Eso es bueno le digo, asintiendo con fingida seriedad―, que seas capaz de admitir tu problema. Es el primer paso en el camino hacia recuperación. ¿Quién dice que quiero recuperarme? pregunta―. Y además, ¿no me hace más digno de confianza al menos ser capaz de admitirlo? ―No ―digo―, porque solo lo estás haciendo para hacerme creer que eres digno de confianza. Es manipulación. Él me sonríe y sacude la cabeza como si fuera demasiado. Algo sobre la forma en que me mira me hace sentir un poco incómoda. Casi como si lo divirtiera, pero también… No sé, como que le gusto. No como que le gusto, le gusto, pero sólo que es… yo no lo sé, como si disfrutara de estar aquí conmigo. Me hace sentir rara, bromear con él de esta manera, y no en un mal sentido.

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Ahora entiendo por qué todas esas mujeres se volvían tan locas por Bill Clinton. Tiene que ser algo político. No es que Isaac sea un político. Pero su padre lo es, y es probable que esté en sus genes. Ellos tienen esta forma de ganar algo de ti. ¿Cómo si no, se explica que Bill pudiera engañar a su esposa con Mónica Lewinsky y aun así salir como uno de los presidentes más queridos? Antes de que pueda analizar esto, Irene vuelve a la mesa y pone dos platos humeantes. En cada un hay un montículo de patatas fritas de aspecto crujientes y un sándwich de queso a la parrilla con tocino y tomate que se asoma desde debajo de las doradas costras. Luego trae dos batidos de vainilla y desaparece de nuevo antes de que podamos decir gracias. De repente, estoy muerta de hambre. Usualmente trato de mantenerme alejada de la comida con alto contenido de grasa cosas como el queso y la carne, pero esta comida se ve deliciosa. No hay nada que desee más que ese sándwich. ―Esto se ve muy bien ―admito, cogiendo el bocadillo y tomando un bocado. Es perfecto. Mantecoso, con tocino crujiente, tomates jugosos, y la cantidad exacta de queso fundido. ―¿Ves? ―dice Isaac―. Te dije que te dan lo que quieres. Él está mirándome directamente a los ojos cuando lo dice, me da esa sonrisa muy sexy, y siento un escalofrío que recorre por mi columna vertebral. Porque a pesar de que está hablando acerca de la comida, no puedo dejar de pensar en que él también está hablando de otra cosa.

*** Charlamos un poco mientras comemos, sobre todo acerca de nuestra nueva escuela. Me cuenta una historia divertida sobre un tipo llamado Marshall con el que se está haciendo amigo, fueron compañeros en la clase de biología de hoy, hasta que Marshall dejó caer un microscopio y se rompió, y entonces se asustó y trató de volver a ponerlo en el estante porque pensaba que iba a tener que pagarlo. Y después me cuenta un poco acerca de cómo piensa que Marina lo está acechando. ―Parece inofensiva ―le digo. Levanta las cejas y se termina el resto de su batido de leche. Confía en mí ―dice―, no lo es. ―Oh, por favor ―digo, haciendo estallar el último bocado de mi sándwich en la boca―. Ella es un poco demasiado entusiasta. ¿A los tipos como tú no les gusta eso? ¿Los tipos como yo? ¿Estamos haciendo esto otra vez?

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Pongo los ojos en blanco. ―Cálmate ―le digo―. No estoy usando estereotipos. Estoy hablando de chicos en general. Entonces, ¿por qué dijiste "tipos como tú”? ―No lo sé. ―Tomo una patata frita y la arrastro a través de un poco de kétchup―. Es la costumbre. Sonríe. Bueno, no estoy interesado en ella. ―¿No es suficiente desafío? Se encoge de hombros. " A veces uno sabe cuándo te gusta alguien. Él me está mirando de nuevo, y el mismo escalofrío de emoción corre por todo mi cuerpo. Cuando terminamos de comer, jugamos a los bolos. Soy algo así como una jugadora pésima. Y cuando digo "algo", quiero decir, ya saben, completamente. Isaac es muy bueno, y hace todo lo posible para darme algunos consejos, pero yo soy una causa perdida. En un momento él está tratando de enseñarme como pararme. ―Así ―dice, poniendo las manos en mis caderas y moviéndolas lentamente en la posición correcta. Siento una oleada de calor por todo mi cuerpo, y cuando vuelvo la cabeza hacia él, él está tan cerca que puedo ver la cicatriz de la ceja, la curva de su boca, y el pequeño rasguño que tiene en el costado del cuello. Al momento de irnos, me doy cuenta de que nunca hemos hablado de las cosas con su padre. Y también estoy pensando que podría estar empezando a gustarme.

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Capítulo doce

Antes

Traducido por anadegante

Isaac

―Fue divertido, ¿cierto? ―le pregunto a Kelsey mientras abro la puerta de mi auto

y la espero para subir. No sé porque, pero de repente quiero que diga que fue divertido, que paso un muy buen rato, el mejor, así ella quiere hacerlo de nuevo.

Quizás es porque me gusta o quizás es porque me divertí tanto como no lo había hecho en mucho tiempo.

Lo sé, no tiene sentido. Que ella me guste, quiero decir. Es totalmente controladora.

Y constantemente me está dando mierda. Pero también es bonita, lista y divertida. No

como que siempre está haciendo bromas divertidas (aunque sus bromas son

hilarantes) pero solo divertida por sus reacciones a ciertas cosas que me hacen reír. Como cuando se puso toda nerviosa cuando se dio cuenta de que la estaba llevando a un boliche. O como cuando enloqueció cuando Irene no tomo nuestra orden. Es como

si no pudiera dejarlo ir por un segundo, o perder el control por cualquier cosa. Quiero

ser el que la haga bajar la guardia. ―Estuvo bien ―dice, encogiendo los hombros, tratando de ser totalmente fría. Ruedo los ojos, caminando hacia el otro lado del auto. ―Vamos ―digo mientras subo al coche y abrocho mi cinturón de seguridad―. Te divertiste, solo admítelo. ¿Por qué? ―¿Por qué, qué? ¿Por qué es tan importante para ti que lo admita? pregunta, girando un poco en su asiento para mirarme directamente. ¿Por qué es tan importante para ti no hacerlo? De todas formas, ―dice, obviamente lista para cambiar de tema porque no le gusta el hecho de que la tenga en las cuerdas. Probablemente deberíamos hablar un poco acerca de esta cosa del día de hacerle frente. Quiero decir, si vamos a trabajar juntos en eso.

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Ah cierto, el día de hacerle frente. Me había olvidado de eso. Esa es la cosa sobre mí, nunca pienso a futuro cuando me enredo a mi mismo en estos locos proyectos. Hoy temprano cuando traje ese cuaderno a la oficina del Sr. Colangelo, era sobre todo mostrarle a Kelsey que yo podía. Nunca me detuve a pensar sobre el hecho de que ahora voy a tener que hacer alguna clase de trabajo en esta cosa. Ah, bueno. Mantendrá a mi papá feliz, al menos. Y obtendré una salida con Kelsey. ―Seguro ―digo―. Bueno, me encantaría escuchar tus ideas. ―Es un truco por supuesto. Es algo que mi papá hace cuando quiere tomar ideas de otras personas. Ah, no ―dice Kelsey y sacude la cabeza, obviamente muy lista para eso―. A ti se te ocurrió la idea. ¿Por qué no me dejas saber tus ideas? ―Claro, lo haré. ―Tan pronto tenga alguna―. ¿Quieres venir a mi casa para trabajar en ello?· No sé porque le pregunto eso. Las palabras solo salen de mi boca. En parte pienso que es porque estoy tratando de ganar tiempo; y en parte porque no quiero dejar de estar con ella. ―¿Ahora? ―pregunta ella. ―Seguro. Puedo mostrarte mis ideas, y podemos ir viendo como vamos a publicitarlo. Arranco hacia la autopista y comienzo a dirigirme hacia mi casa, aunque ella no ha aceptado aún. ¿Publicitarlo? ―Sí, tú sabes. ¿Cómo vamos a hacer que la gente se nos una? Por supuesto, una vez que ellos se den cuenta de que estoy involucrado, debería ser fácil. Pero no queremos correr ningún riesgo. ―Le sonrío. ―¿Crees que necesitamos hacer publicidad para nuestro club? Claro. ¿Qué somos, Coca-Cola? Obviamente nunca has hecho esto antes. ―¿Tú lo has hecho? ―Claro. ―Alisa su falda, y echo un vistazo a sus piernas. Tiene piernas grandiosas; largas y bronceadas. Pienso acerca de cómo se sentía el tener mis manos sobre sus caderas cuando estaba detrás de ella en el boliche. Me pregunto qué se siente al pasar mis manos sobre sus piernas. Me atrapa mirando y levanta las cejas hacia mí, y miro hacia otra parte rápidamente. ―¿Cuándo? ―le pregunto, tratando de mantener la atención en el camino y resistir el impulso de mirarla. ¿Cuándo, qué? ¿Cuándo has hecho esto antes? ¿Aun estamos hablando acerca de iniciar un club escolar?

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La miro, sorprendido. ¿Está flirteando conmigo? ¿Está tratando de hacerme sentir como un pervertido por cómo estaba mirando sus piernas? ¡Soy un adolescente estadounidense de sangre roja! Por supuesto que voy a mirarle las piernas, especialmente cuando esta alrededor usando faldas como esa. Claro que aún estamos hablando de iniciar un club escolar ―digo, fingiendo confusión―. ¿O no? ―Sí ―dice ella―, aún estamos hablando acerca de iniciar un club. Estoy un poco decepcionado. Parte de mi estaba esperanzado de que ella estaría como “Estamos hablando acerca de como estas mirando mis piernas” y luego se desliza a través del asiento y me besa. Lo cual es ridículo, porque ella no me gusta de esa manera. De hecho, ella piensa que somos enemigos. Y tú, ¿has hecho publicidad? ―le pregunto. ―No ―dice ella―, eso es lo que estoy tratando de decirte. ¿Estás poniéndome atención siquiera? Empieza a hurgar en su bolso y después saca un brillo labial. Delinea sus labios, haciéndolos brillantes y besables―. No anuncies. ¿Sabes qué clase de locos aparecerán si haces eso? No. Sacude su cabeza y suelta su brillo labial de vuelta a su bolsa. ―Solo preguntaremos a un par de personas que conocemos para que se unan. No necesitaremos muchas. Tal vez, algo como ¿uno de cada uno? ¿Conoces a un par de personas en nuestra escuela siquiera? ―Mmm… ―Piensa acerca de eso―. Conozco a una chica. Alguien a quien conocí en el baño. ¿Alguien que conociste en el baño? ―Sí, pero definitivamente podría estar loca, así que no estoy segura de si deba invitarla. ―Le doy una mirada. ―¿Qué? ―pregunta, sonando a la defensiva―. ¿Qué hay de malo de haberla conocida en el baño? Las chicas hablan en el baño. Además, ¿a quién vas a invitar? Invitaré a Marshall. ¿Marshall quien podría estar tomando esteroides y dejó caer un microscopio y luego trató de ocultarlo? ―Sí. Ella cierra los ojos y apoya la cabeza hacia atrás en el reposacabezas. ―Bien ―digo¿No te gusta Marshall? Entonces haremos publicidad. Haré algunos carteles muy lindos con… ―No, no ―dicemejor diablo conocido que por conocer, ¿cierto? Y además, eso funcionó muy bien en mi escuela anterior.

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Cuando menciona su antigua escuela, se pone derecha, mira por la ventana y su tono de voz cambia. ―¿Te gustaba tu antigua escuela? ―pregunto, tratando de mantener mi tono de voz ligero. Encoge los hombros, y sigue sin mirarme. Estaba bien. Era solo una escuela, ya sabes. Pero algo acerca de cómo lo dice me hace pensar que ella realmente la extraña. Lo cual es extraño para mí. Si, puedo entender que tal vez extrañes a tus amigos o cualquier cosa, pero ¿una escuela? Todas son lo mismo. La escuela apesta, no importa donde este o lo que sucede allí. ―¿Por qué te trasfirieron? No dice nada por un momento, y después finalmente dice:

Mis padres ya no pudieron pagar la matrícula. ―Se voltea de la ventana. Está sonriendo, pero algo acerca de ello parece forzado―. ¿Qué hay de ti? ―pregunta ella―. ¿Por qué dejaste tu antigua escuela? ―Me expulsaron ―digo felizmente. Su boca cae abierta. ¿Te expulsaron? ¿Por qué? ―Un montón de mierda ―digo―. El asunto por el que finalmente me expulsaron fue que dejé caer una broma sobre el director de la escuela y robe su peluquín durante una asamblea. Pero eso fue solo la última gota. Había estado metiéndome en problemas por meses. ―¿Estabas molesto? ―¿Por qué me expulsaron? No realmente. Me encogí de hombros―. Estoy acostumbrado a ello. Pero tuviste que dejar a tus amigos. La mayoría de mis verdaderos amigos están por todas partes le digo―. Los han expulsado de un montón de escuelas también, así que no es tan importante. ―Debe ser agradable ―murmura. ―¿Qué? ―Que te expulsen de la escuela y no realmente no te preocupes sobre si ven tu expediente o no. Entrarás a la universidad por quien es tu papá. Pienso acerca de ello y descubro que tiene razón. Pero la cosa es, que no estoy seguro de si quiero ir a la universidad o no. La universidad para mí es como un completo desperdicio de tiempo. Si estás hablando de la universidad como la mayoría de las personas piensan que es la universidad, parece divertido. Una escuela estatal, tal vez, con un montón de fiestas de fraternidades y chicos yendo a clases en pijamas.

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Pero, ¿la clase de universidad a la que espero ir? ¿Una de la Ivy League, donde tendré que tomar algunas materias especializadas y escribir alguna clase de tesis en políticas ambientales o cualquier otro nuevo asunto del momento? Eso suena horrible. Estamos girando hacia el camino de la entrada, y detengo el motor. El auto de papá está en la entrada, lo cual es una sorpresa. Mi papá pasa mucho tiempo en el capitolio, obviamente, y no se suponía que estuviera en casa hoy. La última cosa que quiero es que conozca a Kelsey porque a) él podría asustarla; y b) porque él va a juzgarla. No en su cara, por supuesto. Ah no, es muy listo para eso. Pero más tarde me llamará a su estudio y comenzará a preguntarme toda clase de

cosas acerca de quién es ella, quien es su familia, que hace, etc. Mi papá es realmente

un

pesado. No es que no tenga razones para cuestionar mis elecciones en chicas en casi todas

las

escuelas a las que he ido, he elegido a una o dos chicas calientes que están allí solo

para irse de fiesta. Y en realidad estarías sorprendido por quienes son. De hecho, usualmente son las estudiantes que tienen padres de los más altos perfiles. Pero no son

definitivamente la clase de chicas con las que te casarías. O incluso traer a casa. ―¿Hola? ―pregunta Kelsey―. ¿Vamos a entrar o…? Pero antes de que pueda responder, la puerta del frente de mi casa se abre, y mi papá viene bajando por los escalones de guijarro a través del camino de la entrada. Puedo decir por su cara que está molesto. Suspiro y salgo del auto. Hola, papá ―digo con alegría―. ¿Qué pasa? ―¿Dónde has estado? ―me pregunta. Se acerca a mí y me mira profundamente a

los ojos. Está revisando si tengo los ojos rojos. Mi papá siempre está preocupado acerca de si estoy tomando drogas. Lo que es loco. A pesar de todos los problemas en

los

que me he metido, he fumado marihuana tal vez tres veces en mi vida. Las drogas

no

me interesan realmente. Solo estaba paseando con mi nueva amiga Kelsey. Giro hacia el auto donde

Kelsey aun está sentada en el asiento del pasajero. Está mirando por la ventana hacia

mi papá, y está con los ojos abiertos como estrellados, lo cual es como todo el mundo

se pone cuando ven a mi papá. Incluso las personas que no les gusta o no están de

acuerdo con sus políticas. Algo acerca de él es solo… podría decir falso, pero es

no lo sé, brillante. Como si hubiera dado un paso fuera de las

páginas de una revista o algo. Es como si mi padre se hubiera retocado en la vida real. El pensamiento me hace reír, y muerdo mi labio para no dejarlo salir en voz alta.

realmente algo más

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Mi padre mira hacia Kelsey, y su expresión instantáneamente se suaviza, de regreso

a ser el Sr. Político. Agita el brazo. ―¡Hola! ―dice en voz alta, como si estuviera muy lejos. ―¡Hola! ―Kelsey grita de vuelta, actuando como es. ―Regreso enseguida ―le grito―. Voy a tomar algunas cosas que necesitamos y después vamos a algún sitio a trabajar, ¿está bien? Inclina la cabeza. Si está sorprendida de que no vayamos a trabajar en mi casa, no lo demuestra. Pero de ninguna manera la podría traer dentro. No con mi papá alrededor. Comienzo a caminar hacia la puerta del frente. Mi papá me sigue. Kelsey y yo estamos trabajando en un proyecto escolar juntos le digo. No espero por una respuesta, solo empujo la puerta y comienzo a cruzar el salón hacia mi cuarto. Todo en nuestra casa está totalmente inmaculado, y eso incluye mi recámara. Mi cama está perfectamente tendida con un cobertor azul marino y gris. Hay un escritorio de roble en la esquina con un puñado de mis libros escolares en uno

de los estantes (todos totalmente a la vista, desde aquellos libros que utilizaba en mi antigua escuela, los cuales ya no necesito, jaja) junto a una impresora inalámbrica y mi laptop.

La verdad es que soy un haragán. Y de hecho, por lo que son mis padres. La

pulcritud es todo para el espectáculo porque nunca sabes cuando alguien va a detenerse por la casa. Reporteros, seguro, pero también personas al azar. Un equipo deportivo que lo ha hecho bien y ha sido invitado a nuestra casa para cenar. Una mamá soltera que ganó un concurso y tendrá una reunión con mi padre para hablar de las políticas sociales. Otros miembros del senado que les encantaría encontrar algo fuera de lugar así podrían usarlo contra mi padre después. Así si cualquiera terminara vagando en mi habitación, definitivamente no querrías que ellos encuentren un montón de DVD porno. O incluso la envoltura de un caramelo; Dios no. Lo cual es la razón por la que tenemos un ama de llaves que se encarga de todo. Voy hacia mi escritorio y comienzo a rebuscar alrededor, tratando de imaginar que puedo tomar que haga pensar a Kelsey que tengo alguna idea de que demonios estoy haciendo. Finalmente solo tomo la maleta y empujo dentro la laptop. Tal vez pueda buscar en Google algunas cosas cuando lleguemos a donde sea que vayamos a ir (¿una cafetería quizá?) Soy bueno en dar con las cosas sobre la marcha de hecho, trabajo mejor bajo presión.

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¿En qué clase de proyecto estas trabajando? pregunta mi papá. Me ha seguido hasta mi cuarto y ahora está parado en la puerta, descansando contra el marco de la misma. Mi padre no tiene respeto por la privacidad de nadie más. Pienso que es porque nadie jamás ha tenido respeto por la de él. Cada cosa en su vida es un juego limpio para la prensa o sus oponentes. Y es actitud lo hace pensar que nadie más lo merece. Estamos comenzando un club escolar ―informo vagamente, principalmente porque esto es la única clase de poder que tengo sobre mi padre. Puedo jugar con él todo lo que quiera cuando se trata de la escuela porque esta aterrorizado de que la gente encontrara lo jodido que estoy. ―¿Qué clase de club? ―Su voz es uniforme, pero tiene un ligero filo en ella, y sé que está preocupado. Un club de actividades extracurriculares. Estoy enrollando el cable del cargador ahora, girándolo alrededor de mi mano. Lo meto dentro de mi mochila. ¿Qué clase de club extracurricular? Se está imaginando lo peor ahora. Una especia de pandilla de juegos de azar, tal vez. O algún club activista que está tratando de legalizar la marihuana. ―No te preocupes ―digo, comenzando a empujar para pasarlo―. Solo se hará si la suficiente gente quiere unirse. Extiende un brazo, bloqueándome la salida del cuarto. Se llama Hacerle Frente digo finalmente, después de esperar un golpe solo por ser un imbécil―. Va a ayudar a fomentar un sentido de comunidad entre nuestra escuela y la Preparatoria Concordia y otras cosas de mierda como esa. Se relaja un poco pero no mueve el brazo. Parece sorprendido y un poco desconfiado. ―¿Y tú lo estás organizando? ―No ―digo―. Mentí. De hecho, solo voy a tener sexo con la chica que está organizándolo. Ya sabes, dormir a mi manera. Tal vez incluso llegue a embarazarla. Eso sí que debería darnos algo de notoriedad. Intentar algo así como lo que hizo Bristol Palin 5 . Le doy una palmadita en el hombro. Suspira como si incluso no pudiera tratar conmigo. No seas un listillo, por favor Isaac dice. No me trates con condescendencia, papá.

5 Hija de Sarah Palin, Gobernadora del Estado de Alaska en Estados Unidos. Quedó embarazada a la edad de 18 años contradiciendo los valores de la madre, política estadounidense que era candidata a la Vicepresidencia del país.

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―No te estoy tratando así dice―. Teniendo en cuenta tu historial, no puedes culparme si estoy un poco desconfiado de cualquier cosa que suene tan bueno para ser verdad. ―No te preocupes papá ―digo, rodando los ojos―. Esto no va a empañar tu prístina reputación. Empujo por entre su brazo, y me deja pasar. Ni siquiera se tornará agresivo conmigo. Ahí es donde dibuja la línea. No estoy seguro si es por algún acuerdo que tiene consigo mismo, que ni siquiera él sabe qué sería ir demasiado lejos, o si es porque el golpearme me dejaría marcas, evidencia real de algo que ha hecho. Me dirijo afuera hacia el auto, y de repente no estoy de humor para lidiar con la clase de cosas que requiere un club. ¿Hacerle Frente? Qué jodidamente ridículo. No quiero hacer las paces con ninguna pequeña escuela preparatoria esnob o llegar a conocer a mis nuevos compañeros de la escuela pública. ―Cambio de planes ―digo cuando entro al auto. Golpeo la puerta con enojo, y el sonido retumba a través del auto. ―¿Qué? ―pregunta Kelsey. Se ve nerviosa, como si estuviera preocupada por mí. Ni siquiera pienso que eso tenga que ver con que le guste a ella, aunque definitivamente tengo la sensación de que ha llegado a ser mas cariñosa conmigo durante el tiempo que hemos pasado juntos. Es más como una sensación de empatía, como si pudiera ser cualquier persona y que ha estaría preocupada por mi bienestar. Es algo muy bueno, que parezca preocupada, algo muy dulce, que casi por un segundo siento que puedo empujar hacia atrás la ira hacia mi padre. Que solo puedo conducir hacia una cafetería, que solo puedo sentarme y hablar con ella, planear con ella, beber un batido de fruta o cualquier mierda y olvidar todo lo demás. Pero entonces, en un flash, eso regresa. La ira al rojo vivo pulsa a través de mis venas. ¿Por qué demonios debería trabajar en una clase de club que hará feliz a mi papá? Es la última jodida cosa que quiero hacer. Te llevaré a casa digo.

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Capítulo trece

Antes

Traducido por anadegante

Kelsey

Caray. Quiero decir, hablando acerca de los cambios de humor. Un minuto solo estábamos sentados ahí, divirtiéndonos, jugando a los bolos y comiendo queso a la

parrilla, y al siguiente todo se torna oscuro y pesado. Odio eso de los chicos. Al menos

las chicas tienen la decencia de fingir y pretender que todo está bien cuando todo se

vuelve raro. Cuando los chicos se molestan se ponen todos molestos y dan miedo. Era tan obvio que algo pasó con su papá, demasiado. Podías sentir la tensión irradiando de ambos en cuanto su papá salió. Probablemente se estaban gritando el uno al otro ahí dentro. Algo estúpido, también. Como algo que no era incluso importante en el momento, pero algo que trajo a flote algún problema que han tenido por años. Se todo acerca de la tensión con los padres, y créanme, definitivamente había

algo ocurriendo ahí. En fin, estoy dispuesta a darle algo de holgura a Isaac con la cosa de su papá. Pero aun así. No tiene que dejarse caer y ser todo debilucho. Quiero decir, ni siquiera quería ir a los estúpidos bolos con él. Y cuando terminamos ahí, yo quería ir a casa. Él es el que quería que continuáramos con el paseo. Así que porque me siento como que lo estoy molestando, como que soy una especie de parásito, ¿como esa chica Marina quien él está convencido que lo está acosando? ―Gracias por el buen rato ―digo sarcásticamente mientras el gira en la entrada de

mi casa. No hemos estado hablando, ni siquiera un poco, excepto por mi dándole las

indicaciones para llegar a mi casa. Solo ha estado mirando al frente, con la mandíbula

apretada, y su mirada nunca alejándose del camino. Salgo del auto y cierro de golpe la puerta. No estoy segura si es mi imaginación o no, pero creo que lo escucho llamarme por mi nombre. Pero no me importa, no volteo. Solo sigo caminando. Cuando entro a la casa, puedo escuchar voces que vienen de la cocina. Mi mamá, papá y otro tipo. Me detengo al pie de las escaleras, escuchando, tratando de ver si puedo adivinar quien es. Gritando en voz alta. Un molesto acento de Boston. Suena al

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tipo como vendedor de autos. Jim Marsh, el jefe de mi papá. Genial, me estoy preguntando si alguien me escucho entrar, si hay alguna manera de subir a hurtadillas las escaleras y alejarme de ahí, cuando mi mamá dice:

¿Kelsey? ¿Eres tú? Mierda, mierda, mierda. Viene animada por el pasillo. ¡Cariño! ¡Jim esta aquí! Y trajo a Rielle. Suspiro y bajo el pie del primer escalón. Tan cerca―. Ella está afuera ―dice mi mamá―. ¿Tal vez podrías ir y ver qué está haciendo? Sé que está haciendo ―refunfuño―. Está hablando por su celular. Rielle siempre está hablando por su celular, y no solo enviando mensajes como una persona normal, sino hablando también. Cuando estábamos en octavo grado, se gastó un poco más de dos mil dólares en cuentas de teléfono celular, en un mes. Eso fue antes de que aparecieran aquellos planes de minutos ilimitados y mensajes de texto. Sus padres tuvieron un ajuste de mierda. Había estado al teléfono por un poco más de cuatro mil minutos ese mes. La mayoría de ellos conmigo. ―Kelsey ―dice mi mamá―, solo porque ustedes dos no van más a la misma escuela no significa que tu y Rielle no puedan ser amigas. Resisto la urgencia de rodar los ojos. Rielle y yo casi no hablamos desde que deje la Preparatoria Concordia, y cuando hablamos, ha sido falso y tenso. Los padres no lo entienden. No comprenden la fragilidad de las amistades adolescentes. No entienden que tan fácil las cosas se rompen, como alguien que piensas que estaría a tu lado para siempre puede solo desaparecer, o separarse de ti, o decide que a ella le gusta alguien más de lo que le gustas tú. Los padres siempre hablan acerca de las relaciones románticas siendo tan efímeras y fugaces en la secundaria. Lo que no captan es que las amistades pueden ser de la misma manera. No es tan sencillo mamá ―lo intento. ―Bueno, ella está en el patio trasero dice mi mamá, como si el hecho de que Rielle esté allí afuera una situación con la que lidiar. Empiezo a sacudir la cabeza, pero entonces ella dice:

Por favor. Significaría mucho para tu padre. ―Como si me importara ―digo antes de que pueda detenerme. Mi papá siempre está tratando de quedar bien con Jim y siempre pensó que el hecho de que Rielle y yo fuéramos tan cercanas le daría un punto extra con su jefe. Creo que es otra de las razones que mi papá odia que me echaran de la Preparatoria Concordia. ―Kelsey ―comienza mi mamá.

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Pero no quiero escucharlo. Hablar con Rielle es mejor que tomar una lección. Solo un poco, pero aun así. Así que me alejo de mamá y caminó por la casa hasta el porche trasero. Puedo ver a Rielle a través de los vidrios de las ventanas. Está de pie cerca de los rosales de mamá y como sospeché, está al teléfono. Veo como parlotea a la distancia, después distraídamente aplasta un insecto con su mano libre. Esta vistiendo unos pantaloncillos color caqui de poca altura y un suéter amarillo mantequilla, y su cabello castaño claro está recogido en una trenza baja. Mi corazón se contrae al mirarla porque la extraño tanto que duele. He estado haciendo lo mejor para no pensar en todas las cosas que ha habido entre nosotras, pero ahora ella está aquí, de pie en mi patio trasero, y al enfrentarme a su imagen, es difícil no hacerlo. Cuando ve que la estoy observando, me manda un saludo con la mano. Parece feliz de verme. Es una actuación, por supuesto. No está realmente feliz de verme, y si lo esta es solo para aliviar su culpa por no llamarme o hablarme después de que fui expulsada de la escuela. Rielle aleja su teléfono de su oído y finaliza la llamada. Camino hacia ella, y me envuelve en un abrazo. Mi boca se mantiene presionada contra su cabello, y puedo oler su champo. Un aroma completamente familiar, ahora se siente casi extraño, como si no fuera cercana a ella lo suficiente para tener esta clase de momentos con ella. Te ves genial le digo honestamente. ―Gracias, tú también. Se mueve de un tirón la trenza por encima de su hombro y apunta hacia las sillas del patio―. ¿Nos sentamos? Claro. La sigo a las sillas, y una vez que estamos sentadas, ella busca dentro de su bolsa y saca dos botellas de limonada Snapple. ―Te traje una bebida ―dice, dándomela con una sonrisa. La limonada es nuestra tradición. Incluso desde la secundaria, siempre hemos bebido Snapple, incluso en invierno, mientras pasamos incontables horas chismeando acerca de nuestros amores, viendo televisión y hojeando revistas. El hecho que me trajo una es un gesto de disculpa. Al menos un poco. Así que, ¿cómo está la escuela pública? pregunta, de la misma manera como me preguntaría acerca del clima o algo así. Abre su botella de Snapple y gira la tapa, leyendo el dato interesante que está impreso en el lado inferior. ―Bien ―digo, preguntándome si realmente vamos a hacer esto, si realmente solo vamos a sentarnos aquí y tener una pequeña charla. No que eso estuviera mal. Es mejor que meternos en una gran pelea de gritos.

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―¿Cómo son los chicos? ―Toma un trago de la limonada y después me mira, sus ojos llenos de pánico―. Hay Dios mío dice―. No debería haberte preguntado eso. Es decir, sé que probablemente no estés lista para una cita o algo así, y totalmente no debía haberlo mencionado… ―No chicos ―digo firmemente―. Y no porque no esté lista para una cita. La verdad es que no estoy lista para una cita, pero Rielle no necesita saber eso. Tengo la sensación de que ella piensa que estoy un poquito dañada y loca, razón por la cual ha estado tan distante. Y no quiero hacer o decir nada que reforcé esa opinión. “Quiero decir, son chicos de escuela pública” ruedo los ojos. Había un tiempo en que Rielle y yo haríamos bromas de los chicos de escuela públicas, hablar acerca de que no había cabida en el infierno que tuviéramos una cita con ellos. Claro, eso era cuando pensábamos que no había cabida en el infierno que de hecho pudiéramos llegar a ir a una escuela pública de todos modos, así que tu sabes, los tiempos han cambiado. Por un segundo considero mencionar a Isaac, así ella pensaría que me estoy sobreponiendo a Rex y todo lo que pasó con él. Pero después de la manera en que fue conmigo en el camino a casa, he decidido no pensar en él nunca más, mucho menos mencionar su nombre. Bueno, escucha dice Rielle. Deja su Snapple sobre la mesa del patio y se gira hacia mí―. Siento muchísimo que no te he llamado. Es solo que las cosas en la escuela se han puesto locas. Pone los ojos hacia arriba a sus perfectas cejas depiladas―. La clase para el examen del SAT por sí sola, es como tres horas de tarea cada noche. ―Lo he escuchado ―digo―. La escuela también es una completa una locura para mí. Si cuentas con el hecho de que una chica tuvo una crisis en el baño y mi reunión con el director fue arruinada por el hijo de John Brandano. Rielle luce conmocionada. ¿De veras? ―Sí ―digo―. ¿Por qué? No lo sé” dice ella―. Supongo que solo pensé que la escuela pública no sería tan demandante. Ya sabes, académicamente. No me siento ni siquiera ofendida, porque yo siempre pensé eso. Y la verdad es que la escuela pública es más sencilla que la escuela privada. Pero no hay manera de que vaya a admitir esto con Rielle. ―Lo es ―digo―. Muchísimo trabajo. Como extra estoy comenzando este club, Hacerle Frente. Estoy trabajando con el hijo del senador Brandano en ello, Isaac. Epa, tanto por no decir su nombre.

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Esto incluso hace que la ceja de Rielle suba más, y puedo decir que está impresionada, lo cual me hace feliz. Sé que es tonto, especialmente porque ella es (¿o era?) mi mejor amiga, pero esto es como siempre ha sido con nosotras. Rielle tiene dinero. Tiene un padre poderoso. Tiene todo lo más actual: ropa, bolsos, maquillaje, autos. Siempre ha sido duro para mí el mantenerme a su altura. Dime entonces, ¿por qué no me has llamado? ―le pregunto ahora. Luce incómoda. ―Te lo dije ―dice, enroscando el final de su trenza en el dedo―. Cosas de la escuela. Tonterías. Ella me mira y abre la boca, probablemente para mentir de nuevo. Pero después cambia de opinión. ―No sabía que decirte. ―Su voz se contrae, así que sé que está diciendo la verdad―. Y además, tú tampoco me llamaste. ―¡Porque tú no me llamaste! ―¿Qué no sabe que la persona que fue expulsada de la escuela, o sea yo, no tiene que llamar a la que no lo fue, o sea ella? Ella debería haber llamado para saber cómo estaba, para ver qué estaba haciendo. Ella debe venir con limonadas y helado, haciéndome compañía, ayudándome a sanar mi corazón roto. Eso es lo que hacen las mejores amigas. Es tan común que es cliché. ―Es solo tan extraño no verte cada día―dice ―. Te extraño muchísimo. He tenido que salir con Michelle y Anna, y es solo… no lo sé, es diferente. ¿Crees que alguna vez…? La puerta del porche se abre y cierra, y nuestros padres vienen caminando hacia afuera. Mi papá se está riendo fuerte por algo que el papá de Rielle está diciendo. Así es como siempre es con ellos dos. Mi papá, un paso atrás, riéndose y tratando de impresionar al Sr. Marsh. Es una clase de broma como su relación con el papá de Rielle es un espejo de la que tengo con Rielle. Me pregunto que pensaría papá si alguna vez conoce al papá de Isaac. Probablemente enloquecería. ―Rielle ―la llama su papá, y Rielle aprieta mi mano y después se levanta y cruza el césped. La sigo. Jim justamente me estaba diciendo que vas a ir a la Escuela Connor Mitchelle le dice mi padre a Rielle―. Eso es maravilloso. Rielle se sonroja. ―¿Irás? ―pregunto―. ¿Por qué no me lo dijiste? Apenas lo supe hoy.

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Ella me dirige la mirada, con sus ojos pidiendo perdón por no habérmelo dicho

antes. Y si ella apenas se enteró el día de hoy, realmente no debería ser un gran problema. Pero lo es. Porque hubo tiempo cuando ella me hablo de inmediato, o pudiera haberme mandado un mensaje de texto en cuanto se enteró. Pero ya sea que

no pensó en eso, o peor, que no quería jactarse de ello. La Escuela Connor Mitchelle

acepta a cualquier menor matriculado en una escuela preparatoria acreditada que

tiene un promedio general de noventa por ciento o superior. Si todavía estuviera en la Preparatoria Concordia, podría haber estado en la Escuela Connor Mitchelle también.

De hecho, hubiéramos celebrado juntas. Conozco el promedio de notas de Rielle, así

que no es que sea una sorpresa o algo así. Pero aun así deseo que me lo hubiera dicho. ―Es realmente grandioso ―digo, jalándola hacia mí para un abrazo, que se siente tan incómodo como el último. Odio esta nueva dinámica que tenemos. Y la peor parte es, que no tengo a nadie a quien culpar de ello más que a mí misma.

*** Llego temprano a la escuela a la mañana siguiente porque necesito seguir adelante con todo esto del Día de Hacerle Frente, y no hay manera de que vaya a contar con Isaac Brandano para poner a rodar la bola. Obviamente es completa y totalmente poco fiable. Es decir, honestamente, el chico es tan caliente y frio que podría ser un termómetro.

La cafetería esta casi desierta, así que acaparo una mesa cerca de la ventana y saco

mi notebook. Apenas voy a comenzar a abrirla para comenzar con la lluvia de ideas y

hacer una lista de plazos cuando alguien se sienta a mi lado. ―Hola ―dice alguien. Levanto la mirada. Isaac. ―Hola. ―Mantengo la voz deliberadamente baja, esperando que entienda el significado. El significado de tu sabes, aléjate. ¿Por qué siempre se aparece donde estoy yo? El otro día en el gimnasio. Ayer en la oficina del director. En serio, olvidando lo de Marina siendo una acosadora. Isaac es el verdadero acosador. De hecho, probablemente está tratando de dirigir las sospechas hacia ella, cuando él es el que es peligroso. ¿Estás trabajando en nuestro club? Se sienta a mi lado. Su cabello luce desgreñado, como que tal vez olvidó cepillarlo después de bañarse. Esta vistiendo un par de jeans oscuros, un suéter negro y una gorra de beisbol hacia atrás. Se ve sexi. Pero desde que estoy fuera para los chicos, y especialmente fuera para él, trato de no notarlo.

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―Ah, ¿ahora es nuestro club? ―Acerco mi notebook hacia mi así no puede robar mis ideas. No es que haya escrito alguna aún. Pero él no lo sabe. ¿No lo ha sido siempre? ―No ―digo―, primero era mío. Hasta que te entrometiste en mi reunión. Y después fue nuestro. Hasta que te pusiste en una especie de gran mierda el día de ayer y me dejaste. Ahora es mío de nuevo. No te deje dice―. Algo ocurrió. ―¿Y no podrías habérmelo dicho? ―pregunto―. Eso habría sido algo cortés. De hecho, no importa la amabilidad, eso habría sido lo normal. Soy una especie de lunática ahora. Más por mí misma, por creer incluso por un segundo que él podría ser lindo o que podríamos ser amigos, o cuando él hizo que mi estómago se pusiera tembloroso, lo cual no podría significar otra cosa que obviamente mis hormonas están totalmente fuera de control. ―Bueno… ―comienza. Pero en ese momento alguien más llega y golpea sus libros sobre la mesa. Fuerte. Tan fuerte que toda la mesa tiembla. ―Caray ―dice Isaac. “Fíjate.” Levanta su café y lo lleva hacia su pecho en forma protectora. Volteo, y es una chica. Ella me resulta familiar, pero no puedo decirlo exactamente. Ah cierto, la chica de ayer, la que estaba en el baño. La que estaba llorando. La que dije que se iba a unir a nuestro club. ―Tú ―dice, apuntando. Huy. Debe haber estado llorando por Isaac. Caray, quiero decir, él solo ha estado aquí por cuanto, un día, y él ya tiene a una chica, Marina, acosándolo, y ésta otra chica llorando por él. Y ahora la chica rizos rubios debe estar aquí para confrontarlo, para darle una charla, para gritarle porque la lastimó. Bien por ella. Me recuesto en mi asiento y cruzo los brazos sobre mi pecho. Va a ser algo lindo de ver. Solo deseo que estuvieran más personas aquí como testigos. Isaac mira a la chica de rizos rubios como si no supiera quien es. Lo cual no es muy lindo. O bien él va a actuar como si ella estuviera loca, o probablemente estaba tan ebrio cuando ellos se engancharon que él… ―No te pongas tan presumida ―dice la chica. Lo cual es raro, porque Isaac realmente no luce presumido. Solo confuso. Pero él es un presumido bastardo, así que la apoyo por llamarlo presumido. Espero a que él la contradiga, pero en lugar de eso, se voltea a mirarme. De hecho, ambos me están mirando. ¿Por qué ellos están…?

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¿Estás hablando conmigo? pregunto. Casi me giro para voltear a ver detrás de mí como hacen en las películas cuando no pueden creer que la persona en cuestión esté hablando con ellos. Pero me doy cuenta de que sería ir demasiado lejos, ya que todo lo que está detrás de nosotros es un muro. ―Sí ―dice ella. Se deja caer en la silla frente a nosotros. He estado buscándote. ¿Sí? ―Caray ―dice Isaac―, y yo que pensé que las experimentaciones del lesbianismo se suponía pasan más en las escuelas privadas para chicas. Él se pone a buscar dentro de su mochila y saca un paquete de galletas de animalitos, después se lanza una a la boca. Le lanzo una mirada molesta, pero la chica rizos rubios solo lo ignora. Eso hace que ella me guste un poco. Cualquier que pueda tratar a Isaac como si fuera una molestia está bien para mi registro. ―Ayer en el baño ―dice― me dijiste que tienes experiencia con corazones rotos. ¿Sí? pregunta Isaac. Suena interesado―. ¿Quién te rompió el corazón? ―No dije eso ―intento. ―Sí, lo hiciste ―dice la chica. Y después recuerdo. Cuando ella salió del compartimento del sanitario y me dijo que tenía el corazón roto, le dije que había tenido experiencia con esa clase de cosas. Aunque realmente no debía estarme preguntando por mi opinión. Quiero decir, mi corazón roto hizo que me expulsaran de la escuela, hizo que mis padres pensaran que soy una clase de jodida desesperada y arruino mi amistad con mi mejor amiga. ―Ah ―digo―. Bueno, eh… ―¿Quién te rompió el corazón? ―me pregunta Isaac de nuevo. Me está mirando como si de hecho le preocupara. ―Nadie ―contesto. ―Entonces, ¿mentiste? ―pregunta rizos rubios. Estrecha los ojos hacia mí, y de repente estoy nerviosa. Si está un poco loca como lo estuve cuando me rompieron el corazón, quien sabe que va a hacer. Saqué mi rabia fuera con Rex, pero esta chica puede decidir convertirse en alguien que ella no conoce. Alguien como yo. Alguien quien ha sido marcada como la persona a la que podría compadecer y quien después se lo llevo todo. Es como aquellos locos sicóticos que regresan y matan al jefe que los despidió seis años atrás, porque los culpan de ser los que pusieron su vida en un mal curso. ―No mentí ―digo. ―Entonces, ¿quién te rompió el corazón? me pregunta Isaac por tercera vez.

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―Sí. ―La chica rubia jala una silla y se sienta―. ¿Quién te rompió el corazón? Alcanza la bolsa de galletas de animalitos de Isaac y saca una. La pone en su boca y comienza a masticar. A Isaac no parece importarle. Él empuja la bolsa más cerca de ella en caso de quiera otra, después toma una para sí mismo. Ambos están sentados ahí, comiendo galletas de animalitos y mirándome como si estuvieran esperándome para darles el entretenimiento de la mañana. ―Nadie ―digo―. Quiero decir, sí, he tenido el corazón roto, fue este chico de mi antigua escuela. ―¿Qué pasó? ―pregunta la chica rubia. ¿No debería al menos saber tu nombre primero? le pregunto. ¿Viendo cómo estés interesada en los detalles íntimos de mi vida?” Ella se pasa el resto de la galleta de animalito. ―Lo siento ―dice―. Soy Chloe Schwimmer. ―Parece una Chloe Schwimmer 6 , con su cabello rubio largo y rizado y sus facciones pequeñas―. ¿Y tú eres? Kelsey Romano. Y yo soy Isaac Brandano. ―Ah cierto ―dice Chloe. El hijo del senador. Por lo lejos. ¿Todavía hay alguien que dice ‘por lo lejos’? No tengo tiempo de pensar sobre ello porque la atención de Chloe regresa a mí. ―Así que, ¿qué pasó entre tú y este chico? ¿Cuál era su nombre? ―Rex. ―Mi boca se seca cuando lo digo. De repente, estoy de regreso en el laboratorio, el día que me enteré. El día que me volví loca. Inhalo el aroma de lo químicos, la pintura y los envases de cristal. Empujo la imagen fuera de mi mente―. Y no hubo nada escandaloso con eso miento―. Así que, chicos, pueden parar de mirarme así. Realmente solo me gustaba él y después rompió conmigo. ―¿Por qué? ―Isaac quería saber. ―¿Por qué realmente me gustaba? ―No ―rueda lo ojos―. ¿Por qué rompió contigo? ―Porque ya no quería estar en eso por más tiempo digo. Él quería conocer a otras personas. No es exactamente la verdad. Él sí quería conocer otras personas, pero comenzó haciéndolo antes de que rompiera conmigo. De ahí mi crisis. ―Entonces, ¿cómo lo superas? ―pregunta Chloe. ―Con cosas normales. ―Me encojo de hombros―. Tiempo, helado, melosas películas románticas. Mentira, mentira, mentira.

6 Schwimmer: significa ‘nadador’ en alemán

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Chole luce decepcionada. Yo lo estaría si fuera ella. Obviamente, la única razón por la que me buscó y me preguntó todas esas cosas es porque ella estaba esperanzada de que yo pudiera tener una clase de secreto, un milagro para la cura de un corazón roto. Debía haberse dado cuenta de que si la tenía, desde luego no estaría sentada en esta escuela. Estaría fuera escribiendo un libro acerca de ello y volviéndome rica. Entonces suena la campana, señalando el comienzo de las clases. Doy un respiro de alivio, contenta de que mi tiempo en el banquillo interrogatorio ha terminado. Comienzo a recoger mis cosas. Entonces, ¿quieres tener nuestra primera reunión el próximo miércoles? ―pregunta Isaac―. Podría hacer los carteles. Es decir, ¿si te has replanteado toda esa cosa de la publicidad? ―sonríe. ―¿Miércoles? ―Sí. ―Y ¿vas a hacer carteles? ―Sí. Pienso acerca de eso. Estoy harta de él, pero también aun necesito su ayuda. Si él puede de alguna manera que su padre se involucre, o incluso si podemos tener alguna clase de medios de atención por su participación, podría ser genial para mí. Justo la clase de cosa que una buena universidad pensaría que equilibraría el hecho de que fui expulsada de mi antigua secundaria y de que no voy a ir a una grandiosa escuela preparatoria nunca más. Él puede ayudar a que las cosas funcionen, solo por el nombre. Será un socio silencioso. Es decir, enfrentémoslo, una vez que las cosas hayan arrancado, una vez que realmente tengamos algo que hacer, va a desaparecer. Y después incluso no tendré que estar a su alrededor tanto. ¿Ustedes chicos están iniciando un club? ―pregunta Chloe. ―Sí ―contesto―. Se llama Hacerle Frente. Deberías venir. Asiente con la cabeza, pero todavía se ve defraudada, como si vino conmigo por ayuda con los chicos y todo lo que obtuvo fue una invitación para una actividad de después de la escuela. Me giro hacia Isaac―. El miércoles suena bien. Y te encargas de los carteles. *** Podría ser un poco loco, pero me paso toda la noche trabajando en carteles por mí misma. Sé que puse a Isaac a cargo, pero de ninguna manera voy a someterme a esperar mucho de él. Así que hago veinte carteles, lo cual no es tan sencillo de hacer cuando estás trabajando con los marcadores más baratos que tenían en la farmacia.

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Pero cuando entro por el vestíbulo frontal de la escuela la mañana siguiente, luchando por mantener enrollados los carteles que se salen de mi bolsa, ya hay unos carteles. Montones de ellos, flanqueando por todos los pasillos. De aspecto profesional. Con blanco y azul, nítidos y limpios. Hablando acerca de Hacerle Frente, usando palabras como “comunidad” y “todos juntos en esto”, y haciéndolo parecer como la clase de club al que te gustaría unirte. ―Impresionantes, ¿no es así? ―pregunta Isaac cuando me atrapa mirando uno entre el segundo y tercer periodo―. Fui a una tienda de impresión y pasé mucho tiempo repasando exactamente lo que queríamos. ―Eso es genial ―digo. Ah, ¿cuánto costó? Debería pagar la mitad… ―No te preocupes por eso. ―Me señala ondeándome la mano―. Lo puse en la cuenta de papá. Estaba emocionado. Aprieta mi hombro antes de darse la vuelta y dirigirse por el pasillo. Siento mi estómago lleno de mariposas y mi corazón empieza a correr por su toque. Alto, me digo a mí misma, no te va a empezar a gustar Isaac Brandano. Y, ¿qué si hizo unos magníficos carteles? Eso no borra el hecho de que está completamente centrado en sí mismo. Y además, vamos a ver si alguien siquiera va a venir. Sintiendo determinación, me dirijo a mi casillero, forzando a Isaac a salir de mi mente. El miércoles, veinte chicos se presentan a la reunión. Incluyendo a Chloe.

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Capítulo catorce

Isaac

Las Consecuencias

Traducido por Yuki_252

Parece que todo estaba dispuesto para un gran comienzo está diciendo el Dr. Ostrander, él está recostado en su silla, mirando como si realmente está interesado en la historia. Yo no lo culpo, Kelsey es una gran contadora de historias, esa es una de las cosas que siempre me ha gustado de ella, la mayoría de las chicas no pueden contar una buena historia, o bien empiezan a parlotear, añadiendo todo tipo de detalles que uno no necesita; o cuentan una historia que a nadie le importa una mierda, por lo general envolviendo a otra chica robando su trueno. Marina es un perfecto ejemplo de esto, así como mi mamá. Yo amo a mi mamá, pero sus historias son muy largas, muy implicadas, y muy aburridas, creo que podría ser la razón por la que ella y mi papá no tiene la mejor relación, no puede soportar escucharla, siempre me he prometido que la chica junto a la que termine, tendría que ser capaz de contar una gran historia. Y Kelsey puede. Pero ahora estoy pensando que el deseo de estar con una gran contadora de historias podría haber sido una mala idea, debido a que las chicas que pueden contar grandes historias también son grandes mentirosas. ―Fue un comienzo muy bueno ―digo. Hasta este punto había estado en silencio, para decidir que iba a hacer el melancólico, e infeliz esperando demostrar que no me importaba una mierda Kelsey o este encuentro ridículo. Pero ella lo está haciendo tan bien que tengo miedo de que ella vaya a salirse con la suya de todo esto―. El problema es que todo se construyó sobre una mentira. ―¿Una mentira? ―El Dr. Ostrander parece confundido y Kelsey llena de pánico. ―Sí ―le digo―. Una mentira sobre Rex Gray. El Dr. Ostrander mira hacia abajo al informe de la policía frente a él. ―Rex Gray ―dice―. ¿Él era el estudiante de la preparatoria Concordia? ¿Al que llevaron en una ambulancia?

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Ruedo los ojos. No se lo llevaron en una ambulancia le aclaro. Aquí dice que lo revisó un equipo médico y se lo llevaron en una ambulancia. ―Lo examinaron los paramédicos y dijeron que estaba bien le informo―, pero insistió en que se lo llevaran al hospital, ellos ni siquiera pusieron las sirenas. Rex quería causar alguna gran escena; quería ser capaz de decirle a la prensa que se lo llevana una ambulancia, y todo por culpa de Isaac Brandano. Bueno, boo hoo. En serio, pequeña perra. ―De todos modos ―dice, el Dr. Ostrander―. Parece que las cosas iban bien con el club. Entonces, ¿cómo es que todo se fue de lado? ―Debido a Kelsey ―digo simplemente. Ella mira sus manos, y por un segundo siento que mi corazón se rompe, detesto verla mal, pero entonces recuerdo que ella me mintió y la ira corre por mis venas. Tanta rabia que casi no lo puede soportar, es tan duro y tan fuerte que se acerca a controlar todo mi cuerpo. ―¿Debido a Kelsey? ―pregunta el Dr. Ostrander. ―Sí ―le digo―, debido a sus mentiras.

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Capítulo quince

Antes

Traducido por Susu

Isaac

Oigan, ¿pueden guardar silencio? pregunto. Estoy de pie en la parte delantera de la sala con una veintena de niños sentados en frente de mí, tratando de captar la atención de todos. Ellos lo hacen. Todos ellos se calman en, digamos, cinco segundos, lo cual es bastante sorprendente. Pensé que tendría que estar aquí por lo menos uno o dos minutos tratando de conseguir que todos se callaran. Pero todo el mundo está tranquilo. Y ahora que lo están, ni siquiera sé lo que se supone que debería estar diciendo. Ni siquiera sé por qué estoy aquí, de verdad. Ese día, cuando dejé a Kelsey, lo podría haber dejado. Podría haberme salido del día de hacerle frente. Pero esa noche, en un esfuerzo para refrescarme después de lo que pasó con mi padre, me encontré dándome vueltas. Y no podía dejar de pensar en ella. No sólo esa noche. El día siguiente, también. Y antes de darme cuenta, yo estaba en esa ridícula imprenta, recibiendo un montón de carteles impresos para el día de hacerle frente. Y estaba tan emocionado por verla la mañana siguiente. El problema es que estoy más emocionado con hacer feliz a Kelsey que con el proyecto en general. Así que, cuando todo el mundo se calma, yo realmente no sé qué decir. Gracias a todos comienzo. Todos me están mirando, y estoy a punto de pasarle la palabra a Kelsey, cuando veo a Marina sentada en la multitud. Ella me da un saludo, y me hace perder el hilo del pensamiento. Esa chica está definitivamente fuera de sí. Es de esperar, de verdad, porque ella es tan caliente. Todas las chicas calientes están locas. Es casi como si hubieran sido capaces de eliminar el hecho que están locas porque son muy guapas. Nadie se preocupa de que están completamente locas, porque es agradable verlas.

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Hola dice Kelsey al grupo. Lleva un suéter muy ajustado. No he sido capaz de sacar la mirada de sus pechos todo el día. Ese tipo de mi salón de clases y de la clase de ciencias, Marshall Durbin, también está aquí, y también está mirando los pechos de Kelsey. Idiota. La única razón por la que está acá es Marina. Estoy bastante seguro de que quiere meterse en sus pantalones. También en la reunión está Chloe, la chica de la cafetería del otro día. El resto son un grupo de chicos que no conozco, pero se parecen a los tipos que se espera a que aparezcan en una reunión como ésta. Los que siempre hacen el bien. Soy Kelsey Romano dicey estamos aquí para hablar del Día de hacerle frente, un día donde nos podemos reunir con la preparatoria Concordia y tratar de trabajar en nuestras diferencias. Oh, hombre, odio la preparatoria Concordia dice Marshall―. Son todos una banda de idiotas engreídos. Extiende el puño al chico a su lado y espera por el golpe. Yo solía ir allí dice Kelsey. Oh dice Marshall―. No quise decir tú. Le está hablando a sus pechos―. Aunque su equipo de fútbol de verdad un montón de mierda. Está bien dice Kelsey―, pero ése es el punto. Quiero decir, no se puede saber con sólo mirar a alguien a qué escuela van o si debe o no ser amigo de ellos. Me gusta la forma en que lo dice. No es cursi, como podría ser. Veo que muchos de los chicos asienten con la cabeza, y entonces todos empiezan a decir ideas para una carta que se puede enviar al presidente del consejo estudiantil de la preparatoria Concordia, de modo que podemos invitar a un grupo de ellos a nuestra escuela y ver qué pasa.

*** A la salida de la reunión, le digo a Kelsey que lo hizo muy bien. Realmente fue así. Totalmente en control, nunca dejó que las cosas se pongan cursis, y no aguantó la tontería de nadie mientras al mismo tiempo no era una controladora total. Gracias ―contesta. Se ve feliz y emocionada, las mejillas encendidas por su éxito, pone su bolso en el hombro. Entonces ¿nos vemos mañana? digo―, te veo mañana. Siento que tenemos que salir y conseguir algo de comida, una hamburguesa, algo, porque creo que hemos logrado mucho hoy. Incluso si lo único que hice fue dar mi nombre y hacer algunos carteles. Pero el momento de invitarla ha pasado, y ya está caminando. Y entonces me doy cuenta de que ella está caminando hacia la fila de los autobuses retrasados.

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Oye le digo, alcanzándola―. ¿Necesitas que te lleven a casa? ―Estoy tratando de sonar indiferente, a pesar de que realmente quiero que diga que sí. No, gracias dice―. Ya tengo transporte. ¿El autobús? Sí, el autobús. ¿Qué pasa con el autobús? Entonces asiente con la cabeza. Oh, lo entiendo dice ―. Eres un esnob del autobús. ¿Un esnob del autobús? Sí, una de esas personas que ha tenido un coche desde siempre, por lo que no puede imaginar que tomar el autobús. O cualquier otro tipo de transporte público. No es cierto digo―. No soy un esnob de los buses. Me encantan los autobuses. Sobre todo los autobuses retrasados. Nunca me he montado en el último autobús, y estoy bastante seguro de que no sería un fan, pero lo que sea. ¿En serio? ―Estamos frente al autobús y ahora se da la vuelta y me mira―. ¿Qué edad tenías cuando tuviste tu primer coche? Considero mentir, pero no es estúpida. Lo obtuve en mi decimosexto cumpleaños reconozco. Bueno, técnicamente, lo tuve la noche anterior. Hubo una pequeña confusión en el lote, por lo que el chico lo dejó a las ocho de la noche en lugar de las ocho de la mañana. Mi mamá no estaba contenta, tenía planeada esta sorpresa con huevos Benedict y… ―Dejo de hablar porque ella me estaba mirando con las cejas alzadas de incredulidad. Adiós, Isaac ―dice y comienza a subir al autobús. Espera. ―La tomo del brazo. Si no me dejas llevarte a tu casa, entonces voy a tomar el autobús contigo. ¿Qué? ¿Por qué? Porque no puedo dejarte ir si piensas que soy una especie de esnob con el transporte. No es bueno para nuestra amistad. ¿Así que somos amigos ahora? ¿Los amigos se besan? ¿No lo somos? Ella piensa en ello. Realmente piensa en ello. Se ve muy linda cuando se concentra. Supongo que sí ―contesta―. Excepto por el hecho de que fuiste un poco grosero conmigo el otro día. ―Déjame compensarte ―le pido. ¿Cómo? Acompañándote a casa en el autobús.

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Realmente no quieres hacer eso. No. No quiero pero lo haré, como penitencia. ―Empiezo a subir por las escaleras. Hola le digo al conductor. Se está molestando porque quiere seguir su camino y no puede porque estamos parados aquí. Suben o bajan gruñe, está de muy mal humor también. Lo cual tiene mucho sentido, ya que es un conductor de autobús. Siempre están en un estado perpetuo de mal humor. El tipo probablemente necesite acostarse con alguien. ¿Subimos o bajamos? le pregunto a Kelsey, sosteniendo mi mano hacia ella. ―Bajamos ―dice con énfasis, y se me cae el corazón―; porque me llevarás a mi casa. Sonrío.

*** ¿Quieres conducir? le pregunto mientras nos dirigimos hacia el estacionamiento de estudiantes.

¿Me dejarías conducir tu coche? Claro le digo. ¿Por qué no? Normalmente, yo no dejaría que nadie toque

mi coche. Es un BMW negro, y me encanta. Yo solía llamarlo "Bebé" cuando me lo

dieron, pero eso es bastante cursi. Así que me detuve. Además, las chicas se molestaban porque nunca las llamaba "bebé". Y luego estarían todas: "¿Por qué te gusta el coche más que yo?" Y bla, bla, bla. Porque te encanta este coche dice Kelsey. ¿Cómo sabes que me encanta? Es obvio dice ella―. Siempre lo estás mirando con adoración. ¿Sí? ―Eh―. Bueno, lo que sea. ¿Quieres conducir o no? Claro ella estira la mano en busca de las llaves, y tan pronto como están en la

palma de su mano, estoy lamentándolo; pero aparto mi temor y me dijo hacia el lado

del pasajero. Es extraño, abrir la puerta del lado del pasajero de mi propio coche.

¿Realmente vas a dejarme conducir? pregunta ella, mirándome por encima de la parte superior del coche. Sí. ¿Qué, ya no quieres? Estoy un poco aliviado. De hecho, si ella dice que no, ni siquiera voy a tratar de convencerla de que lo haga. Solo voy a tomar las llaves. No, sí quiero dice ella―. Es solo que… no puedo. ¿Por qué no? Ya dije que podías. Mucho para tratar de no convencerla. Es solo que parece tan triste, como si realmente quiere conducir y realmente fuera a estar molesta si no puede.

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Lo sé dice. Camina hacia el lado del pasajero del coche, así que está de pie justo en frente de mí. Toma todas mis fuerzas el no extender la mano y tirar de ella cerca de mí. Así de linda se ve. Lo que es un sentimiento muy nuevo para mí. Por lo general, cuando tengo el impulso de acercar a las chicas es porque quiero tener sexo con ellas. Quiero acercarlas y desnudarlas. No acercarlas como para tenerlas

cerca, la forma en la que quiero a Kelsey

cabeza. Ella sostiene las llaves en alto y casi no me fío de mí mismo para tomarlas. Pero finalmente lo que hago. Sus dedos rozan contra mi palma, y es como si una explosión de llamas se precipitara a través de mis manos y mis brazos. No tengo licencia dice. ¿No tienes licencia? No puedo comprender esto. Todo el mundo tiene licencia. Es, digamos, una regla obtener licencia cuando se cumplen dieciséis años. Todo el mundo tiene licencia le digo. Yo no. He reprobado mi prueba dos veces. ¿No sabes cómo conducir? ―Ella niega con la cabeza―. ¿Por qué no? No lo sé ―Se encoge de hombros―. Creo que nunca tuve a nadie que me enseñara. ¿Tus padres? Ella niega con la cabeza otra vez y luego se queda mirando el pavimento, lo cual me hace pensar que ahondar en eso podría no ser la mejor idea. De todos modos, los problemas con los padres es la última cosa de la que quiero hablar. ―Bueno, tenemos que arreglar eso ―le digo. Las palabras salen de mi boca antes de que me dé cuenta de lo que estoy diciendo, y quiero retirarlas, pero no lo hago. Le entrego las llaves. Te voy a enseñar. ¿Me vas a enseñar a manejar? ―Sí. Abro la puerta del pasajero, y caigo en el asiento. Definitivamente me debo poner el cinturón de seguridad. Las chicas son terribles conductoras. Sé que probablemente suena sexista, pero es verdad. He estado en dos accidentes, ambos en los estacionamientos de mis antiguas escuelas, ambos con chicas que no estaban prestando atención y/o simplemente no entienden nada de las relaciones espaciales. Kelsey se inclina de modo que me está mirando por la ventana abierta. Su cabello roza contra la parte inferior del marco de la ventana, y está tan cerca que sería fácil jalarla hacia mí y besarla. ―¡No puedo conducir! ―dice, y me abre la puerta. ―Sí, puedes hacerlo. ―La cierro.

Dios, realmente debo estar perdiendo la

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¿Qué pasa si estrello tu auto? No lo harás. Pero ¿qué si lo hago? Este coche parece súper caro. En realidad no es tan caro como piensas miento. Aun así. Se ve dudosa. ¿Qué pasa si lo choco? No puedo pagar por ello. Para eso está el seguro. Pero no estoy en el seguro. No ―digo―, pero yo sí. Y si lo chocas, voy a decir que yo lo hice. Ahora, ¿vas a entrar o no? Ella empieza a sacudir la cabeza, pero luego me mira. Y yo quiero que lo haga, quiero que conduzca mi coche y no solo porque quiero pasar más tiempo con ella. Quiero decir, sí, sí quiero pasar más tiempo con ella, y tengo que admitir que de repente algo sobre la idea de ella al volante de mi coche es muy sexy. Pero es más que eso, solo tengo esta extraña sensación de que sería bueno para ella, que si ella puede conducir y ser buena en ello, podría regresar un poco de su confianza. No sé cómo sé que su confianza es mínima, o cómo sé que sería bueno para ella recuperarla, pero lo sé. Está bien dice finalmente, asintiendo con la cabeza. Y la siguiente cosa que sé, es que ella está en el asiento del conductor a mi lado.

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Capítulo dieciséis

Antes

Traducido por Susu

Kelsey

Esto no es bueno. Es un desastre esperando ocurrir. ¡No puedo manejar su coche! Casi nunca he conducido. Es decir, nunca en mi vida. No tengo permiso, pero eso es solo porque todo lo que tienes que hacer para obtenerlo es estudiar un pequeño folleto luego ir al Departamento de Vehículos Motorizados y tomar una prueba escrita. Un examen de opción múltiple por escrito, en el que, básicamente, te preguntan cosas como qué color de luz significa precaución. En serio, tienes que ser realmente un idiota para fallar. Pero ¿estar detrás del volante de un coche de verdad? Solo lo he hecho unas veces cuando mi papá me llevó a tratar de enseñarme cómo conducir. Lo que definitivamente no fue el mejor momento que haya pasado, en gran parte porque soy realmente una mala conductora. Mi papá fue bueno con eso (esto fue antes que me expulsaran del colegio y que pensara que yo era un fracaso total), pero igual terminaba frustrada. Luego llegaba a casa y lloraba. Igual tomé la prueba de carretera principalmente porque para el momento que me di cuenta que era una horrible conductora, ya estaba programado. Lo reprobé. Así que lo tomé de nuevo, y volví a reprobar. Sin embargo, siempre he querido ser capaz de conducir. Quiero decir, ¿quién no? Conducir es igual a libertad. Por supuesto, incluso si hubiera tenido mi licencia, no es como si tuviera el dinero para un carro. Pero si yo todavía tuviera mi trabajo después de la escuela, ¿quién sabe si pudiera haber ahorrado lo suficiente para conseguir uno? Al menos uno como usado. Hubiera sido increíble. Aunque estoy súper nerviosa, tengo que admitir que conducir el coche de Isaac es emocionante. Al principio, sólo dimos vueltas al estacionamiento de la escuela. Un par de veces se acercó y agarró el volante mientras estaba conduciendo, lo que uno pensaría que sería molesto, como si estuviera tratando de hacerse cargo, pero no lo es.

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Es más como si me estuviera ayudando y cuidando. Además, cada vez que sus dedos rozan los míos, mi estómago se explota con mariposas. Vamos alrededor del círculo de tráfico en frente de la escuela cuando sucede. Yo como que, bueno, me estrello contra la acera. Hay un sonido de un arañazo y piso fuerte el freno. ―Oh Dios mí ―digo, sintiendo que la sangre se va de mi cara―. Oh, Dios mío, oh Dios mío, oh Dios mío. ―Está bien ―dice Isaac, pero se ve nervioso, y aunque él dice que está bien, suena asustado. Salgo del coche y corro a la otra parte para poder comprobar los daños. Isaac está afuera, allí de pie y mirando hacia abajo. ―¿Es malo? ―pregunto, no esperando a que me responda antes de mirar por mí misma. Hay un pequeño rasguño en la parte inferior de su coche, en el lado del pasajero cerca de la llanta. No es pequeña, pero no es grande tampoco, y es sólo un rasguño. Sin abolladuras. Ningún metal aplastado. Exhalo un suspiro de alivio. ―¿Ves? ―dice―. No es gran cosa. No sé por qué, pero estoy conteniendo la respiración otra vez, y estoy tan, tan feliz de que no sea nada, que no haya nada de malo con el coche, que me pongo a llorar. Lo sé, penoso. Ni siquiera sé por qué lo estoy haciendo. Tal vez sea porque estoy tan agradecida que no tendré que encontrar la manera de pagar por algo súper caro además de todo lo demás con lo que estoy lidiando. Tal vez sea porque Isaac está siendo muy bueno conmigo, y yo no quería hacer nada para arruinarlo. Tal vez sea porque mi padre ha sido tan duro conmigo últimamente que creo que en cualquier momento podría estar en problemas, es un gran alivio cuando no lo estoy. O tal vez es sólo porque durante la última hora, mientras he estado dando vueltas con Isaac, yo no he pensado en haber sido expulsada de la escuela, o lo que sucedió con Rex, o Rielle y yo, o cualquier otra cosa. Me he estado divirtiendo. ―Oye ―dice Isaac―. ¿Estás llorando? ―No. ―Me limpio los ojos con el dorso de la mano―. Solo estoy aliviada. ―Ven aquí. ―Me acerca a él, y presiona mi mejilla contra su pecho. Puedo sentir lo duros que son sus músculos. Maldita sea. Los muchachos en la preparatoria Concordia nunca han tenido pechos como éste. Por lo menos, no lo creo. Me pregunto si Isaac se ejercita mucho. Debe hacerlo, nadie es tan musculoso de forma natural. Apuesto a que se ve increíble sin la camisa. El pensamiento de Isaac sin camisa me corta la respiración y hace que mi corazón lata más rápido, y antes de saber lo que está pasando, estoy mirándolo.

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―Lo siento ―le digo―. Por lo general no soy tan loca. ―No creo que estés loca ―dice. ―¿No? ―No. ―Saca un mechón de pelo de mi cara. Bueno, lo soy. No te das mucho crédito dice. Y ahora, sus labios están ahí, algo así como cinco centímetros de distancia de los míos y Dios, quiero besarlo. El momento es perfecto, con nosotros apoyados contra su coche, y el sol de la tarde filtrándose a través de los árboles alrededor del estacionamiento. Hay una ligera brisa que alborotaba su pelo y huele a verano a pesar de que es otoño. Me estremezco de nuevo, y me acerca más, y ahora sus labios están realmente allí, y estoy a punto de volverme loca por querer que me bese, cuando finalmente lo hace. Roza sus labios contra los míos, manteniéndolos allí por un latido largo y luego se aleja. Me mira a los ojos, preguntándome, sin decir nada, si está bien, y yo mantengo mi mirada en la suya, haciéndole saber, hasta que me besa de nuevo. Esta vez el beso es más largo, pero sigue siendo dulce. Sus labios son perfectos. Sabe a chicle de menta y fresas, y me pierdo en el momento. Cuando por fin se aleja, apoya su frente contra la mía. Creo que debería conducir a casa dice, y sonríe―. Ya sabes, por si acaso. ―Está bien ―le digo―, pero yo soy la copiloto.

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Capítulo diecisiete

Antes

Traducido por maricel_redbird

Isaac

Después de dejar a Kelsey en su casa, no puedo dejar de pensar en ella. No quería dejarla, quería pasar más tiempo con ella, pero se supone que debo estar en casa esta noche para alguna cena de mierda que mi padre ha planeado. Mi papá siempre programa cenas de mierda y en su mayoría son en el peor momento posible, como cuando acabo de besar a una chica que realmente me gusta. Tiene algún tipo de capacidad de saber exactamente cuando me estoy divirtiendo. De todos modos, estas cenas son por lo general con personas que son grandes contribuyentes de campañas, o personas que están a cargo de alguna gran causa que

mi

padre está a punto de joder, por lo que tiene que hacerles creer que está tomando

en

cuenta todo lo que dicen, solo para que después voten a favor de alguna medida

que va a cortar su financiación. Técnicamente, realmente no tengo la obligación de estar en estas cenas, ya que no tienen nada que ver conmigo. Pero a mi papá le gusta que yo esté presente porque lo hace parecer como si fuéramos una gran familia feliz. ―Isaac ―dice, todo sonriente cuando paso por la puerta. Nuestro invitado ya está ahí. Algún tipo que llevaba un traje y corbata. Ambos están sosteniendo vasos de whisky, mi padre piensa que es realmente

impresionante. En serio, al tío le encanta sacar su whisky caro y ser todo, “¿Quieres

un poco de este whisky caro para hacerte creer que soy culto y refinado?” Me gustaría que conozcas a George Donahue dice mi papá.

Extiendo la mano para estrecharla con la de George Donahue, le doy una sonrisa.

No es su culpa que mi padre sea una mierda.

Encantado de conocerlo, señor. Encantado de conocerte, también dice―. ¿Puede que conozcas a mi hijo, Kevin Donahue? Él está en Taft. Sí, conozco a Kevin ―le digo―. Es un buen tipo.

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Mi padre me da una mirada aguda, supongo que porque he utilizado la palabra

"tipo." Pero honestamente, si este tipo es el papá de Kevin Donahue, no le va a importar. Kevin Donahue y yo nunca fuimos cercanos mientras yo estaba en Taft (me echaron después de un par de semanas debido a una gran pelea tienen una política de tolerancia cero de enfrentamientos lo cual es ridículo, especialmente cuando la

mayoría de esos chicos son unos idiotas que se merecen una buena golpiza), pero siempre fue muy amable y me pareció un tipo relajado y tranquilo. Tu padre me dice que acabas de comenzar en la escuela pública de Concordia dice George―. Bien por ti. Siempre me he preguntado si Kevin

estaría mejor en la escuela pública. ―Sacude la cabeza―. Pero su madre insistió.

Le doy una sonrisa de simpatía, y por un tiempo, los tres nos quedamos allí

parados teniendo una pequeña charla hasta que mi mamá asoma su cabeza en la habitación familiar. La cena está lista dice. Lleva un vestido negro y su cabello está recogido en un moño―. Hola, Isaac ―me saluda―, me alegro que estés en casa. ―La comida huele de maravilla ―dice George, que lleva su whisky con él mientras camina hacia el comedor. ―Pollo a Cordon Bleu ―dice mi mamá. Todos comenzamos a andar después de George, y en el camino oigo a mi padre furioso mientras le susurra a mi madre. ―Pensé que ibas a preparar filete mignon. ―Y así era ―dice ella―, pero para el momento en el que dejé el trabajo, no hubo tiempo suficiente para detenerme en la carnicería. Tuve una reunión con un gran cliente y… ―¿No podrías haber enviado a Mía? Es por esta razón que mi papá es un idiota. Él siempre quiere que parezca que somos esta completamente autosuficiente familia con los pies en la tierra y que hace cosas por sí mismos. Luego se enoja con mi mamá por no enviar al ama de llaves para obtener el filete mignon que él quería que ella cocinara. Estoy empezando a sentir rabia, y eso no augura nada bueno para la cena. ―Déjalo ―le digo, un poco más fuerte de lo que pensaba. ―¿Todo bien? ―nos pregunta George Donahue, mirándonos sobre el hombro con preocupación. Todo está muy bien dice mi papá alegremente.

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Pongo los ojos en blanco cuando el da vuelta la espalda. Nos sentamos en la mesa. Está ambientada con un centro de flores, y ya hay una ensalada de peras y nuez en cada lugar. Esto luce increíble, mamá ―le digo honestamente. ―Sí, Elena ―dice George Donahue―, se ve deliciosa. Logramos llevar a cabo la cena sin contratiempos. Hablamos y nos reímos, y creo que mi papá y George están un poco borrachos por el whisky escocés. Lo que probablemente ayuda a establecer las bases de la escena que ocurre a continuación. Cuando la cena terminó, mi padre acompaña a George a la puerta mientras mi mamá comienza a trabajar en los platos. Bueno, creo que eso salió bastante bien dice mi papá mientras regresa a la cocina―. ¿Crees que George pasó un buen momento? ―Papá ―le digo, mientras me dirijo al fregadero y agarro una esponja para que poder empezar a ayudar a mi mamá―, fue una gran noche, todos se divirtieron. Con suerte, él será capaz de pasar por alto los chistes subidos de tono y el pollo cocido ―dice mi papá. ―¿Qué chistes subidos de tono? le pregunta mamá. ―Para ―le digo. ―¿Perdón? ―me pregunta papá. Se recuesta contra el mostrador y cruza los brazos sobre su suéter de color arándano. ―Ya basta ―le digo―. Te comportas como un imbécil. Mamá hizo una cena increíble para nosotros, nadie dijo ninguna broma subida de tono, y estás haciéndolo sonar como si toda la noche hubiese sido un desastre. ―Isaac ―dice mi mamá ―, está bien, No… ―No está bien ―digo―. Papá actúa como un cretino. No me hables de esa manera, Isaac ―me advierte, y da un paso hacia mí―. Me debes mostrar respeto en esta casa. ―Respeta para que te respeten ―murmuro en voz baja. Pero papá tuvo que haberme oído, porque lo siguiente que se, es que se encuentra ahí a mi lado, respirándome whisky en la cara. ―¿Qué dijiste? ―gruñe. ―Ya me has oído. ―Vete a tu cuarto. ―Por favor. ―Tiro la esponja en el fregadero. No tengo doce años. Salgo de la casa sin mirar atrás.

***

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Termino en la Sala de Sportstar, sobre todo porque hay jaulas de bateo. El béisbol nunca ha sido lo mío, pero tenía la necesidad de desahogarme, y manejar el bate será bueno para mí. Introduje uno de veinte en la máquina de cambio, recogí mi cambio y luego los metí en la máquina de bateo. SportStar es más como un complejo deportivo que una sala, con no sólo los juegos, sino también con un laser tag 7 , un patio de comidas, e incluso algunos paseos. Por lo general está lleno, pero las jaulas de bateo están muertas esta noche. Me puse un casco y entre en la jaula del medio. Intente batir una bola, sin importarme realmente si hacia el swing y fallaba, ni siquiera me importaba darle al objetivo, solo trataba de golpear duro. Después de media hora de trabajar el sudor, ya estaba empezando a sentirme un poco mejor. También estoy empezando a pensar que tal vez la escuela de intercambio en el extranjero no sonaba tan mal. Por lo menos me llevaría lejos de mi papá. Estoy a punto de poner en marcha una nueva ronda cuando oigo a alguien aplaudiendo detrás de mí. Me doy la vuelta. Marina. ―Oye ―dice ella, y me da una sonrisa―. Te dejaste embrujar por el swing. No respondo, solo hago una especie de guiño. ¿Qué estás haciendo aquí? ―trata de hacerme hablar. ―¿Qué te parece que estoy haciendo? ―pregunto. Sueno como un gilipollas, porque a pesar de que me siento mejor, todavía estoy en un horrible estado de ánimo de mierda. Y que se me pregunte lo que estoy haciendo, obviamente, cuando estoy utilizando las jaulas de bateo no es exactamente iluminar mi noche. Simplemente me molesta. Parece que estas a la caza de algunas pelotas dice, riendo. Camina a la derecha en la jaula de bateo, a pesar de que no debes estar aquí sin casco―. Así que, o estás realmente frustrado, o estás enojado. ―Se pone muy cerca de mí entonces, y puedo sentir sus tetas cuando las empuja contra mi pecho―. O tal vez ambas cosas. ―Probablemente las dos cosas. ―Doy un paso atrás. Ella es sexy, no lo voy a negar, pero me estaba besando con Kelsey hace algunas horas y me gusta Kelsey. Muchísimo. Es genial, divertida e inteligente, y me hace sentir como que yo fuera genial, divertido, e inteligente. Y Marina está loca. Dejó de enviarme mensajes de texto cuando se hizo obvio que no iba a responder, y dejó de molestarme en la escuela cuando se hizo evidente que la estaba evitando. Pero todavía me pone nervioso.

7 Es un juego deportivo que simula un combate entre dos equipos, similar al laser shots.

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Así que, ¿qué haces después de esto? ―pregunta. ―Estoy ocupado. ―Pongo dinero en la máquina, y regresa a la vida. Eso es muy malo ―dice Marina. Está saliendo de la jaula de bateo, y echa un vistazo sobre su hombro―. Todos vamos a bajar a la playa. Se supone que vienes, ¿recuerdas? ―¿Es esta noche? Ella asiente. No pudimos ir la semana pasada. Llovía. ―Me hace pucheros―. Va a haber cerveza. La pelota sale volando del cañón, y tiro el palo hacia atrás para golpear la bola. Sale volando hasta que da contra el alambrado. La cerveza suena bien. Muy bien. Pienso en cómo no tengo nada que hacer después de esto, excepto ir a casa. Cómo mi padre, estará levantado probablemente esperando por mí, con la esperanza de algún tipo de confrontación. ―Está bien ―le digo, golpeando la pelota tan duro como puedo. Me doy vuelta para mirar a Marina―. Pero ¿puedo invitar a Kelsey? Su sonrisa se tambalea por un segundo, pero luego se recupera. ―Por supuesto. Espera mientras termino mi ronda de bolas y me lleva a la cafetería, donde un par de otras chicas están sentadas en la barra comiendo nachos y bebiendo refrescos de la fuente. ―Ellas son Raya y Nicole. ―Hola ―dicen. Giran en torno a tu banqueta y me observan de arriba a abajo. No estoy de humor para conocer gente nueva. ―Hola. ―Les doy un saludo. ―Es del tipo fuerte y silencioso dice Marina, riéndose. Se inclina hacia mí, y creo que puedo oler el alcohol en ella. Tiene que haber estado bebiendo ya. ¿Quién carajo bebe y luego viene al arcade? Como sea ―le digo―. ¿Vamos a ir? ―Caray, un poco impaciente, ¿no? ―pregunta Marina. Sus amigas se ríen. ¿Quieres dejar el coche aquí? Raya es la conductora designada. ―Está bien. ―No me gusta la idea de dejar mi coche, pero estoy demasiado amplificado como para conducir. Así que las sigo hacia el estacionamiento, sacando mi teléfono para que poder llamar a Kelsey en el camino

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Capítulo dieciocho

Las Consecuencias

Traducido por dulcevaz

Kelsey

―Bueno, parece que las cosas estaban en el camino correcto ―dice el Dr. Ostrander―. Tuvieron una reunión y estaban listos para mandar una carta a la preparatoria Concordia. Sí ―asiento. ―Lo hicimos, y estuvimos… A un lado mío, Isaac sonríe. ¿Hay algo que le gustaría añadir a la discusión, Sr. Brandano? No dice Isaac, encogiéndose de hombros. Si quiere saber la verdad, realmente me importa una mierda todo esto. El Dr. Ostrander ha sido muy bueno todo este tiempo, teniendo en cuenta la pesadilla de relaciones públicas que la escuela está teniendo, pero la observación de Isaac parece hacerlo enojar. Con razón. Quiero decir, Isaac, como de costumbre, está actuando como un imbécil. Sr. Brandano, ese tipo de lenguaje no será tolerado aquí. Miro mis manos y siento que mis ojos comienzan a llenarse de lágrimas. Isaac está actuando de una manera que definitivamente no va a ayudar a mi causa. Me guste o no, estamos juntos en esto. Lo que hace me afecta y viceversa. La peor parte es que conozco algo de la razón por la cual está actuando así, es porque quiere verme en problemas. No es que se le puede culpar, pero aun así es una mierda. ―Lo siento ―musita Isaac. Sin embargo, ha vuelto a encorvarse en su silla, y no parece que quiera decirlo. ―Voy a salir por un minuto ―dice el Dr. Ostrander― y cuando vuelva, confío en que ambos estarán dispuestos a discutir esto como adultos. ―Mantiene los ojos en nosotros por un momento, mirando de un lado a otro entre nosotros como si estuviera tratando de transmitir lo serio que es esto. Luego se levanta y sale de la habitación, dejándonos solos a Isaac y a mí. Isaac… ―empiezo.

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―Ahórratelo ―dice mirando lejos de mi y hacia abajo en el suelo―. Solo ahórratelo. ―Sé que estás enojado ―le digo en voz baja― y no te culpo, pero… ―¿Sabes que estoy enojado? ―escupe. Se endereza en su silla y se vuelve hacia mí―. ¿Estás bromeando Kelsey? Te dije que estaba enamorado de ti. ¿Sabes a cuántas

chicas se lo he dicho? ―No digo nada, porque hay un gran bulto en mi garganta que está haciendo que me sea imposible hablar. A ninguna ―dice―. Tú eres la única. La primera a la que alguna vez se lo dije. Así que cuando me enteré que me habías mentido acerca de Rex, ¿sabes cómo me hizo sentir eso? ―Terrible ―le susurro. Pienso en ello. Como me miró Isaac a la cara en el día de hacerle frente, cómo se veía cuando Rex le dijo la verdad acerca de todo. No puedo soportar su decepción así que lo dejé de esa manera, que le dolía mucho. Terrible es quedarse corto ―dice con amargura―. Así que, lo siento si no estoy mentalizado para sentarme aquí y tratar de convencer al Director de que no nos deben castigar. ―Isaac ―le digo―, lo siento mucho. Yo… estoy avergonzada y humillada, y si

Estoy llorando ahora, y grandes lágrimas descuidadas están haciendo que sea

solo

difícil hablar. Me las enjugo con el dorso de la mano. Isaac está mirándome y por un instante su rostro se suaviza. Por un momento

maravilloso y perfecto creo que tal vez él va a perdonarme, que tal vez me va a tomar en sus brazos y me dirá que todo está bien, que me perdona, que vamos a estar juntos, que va a solucionarlo. Pero luego su rostro se endurece de nuevo, y sacude la cabeza y mira hacia otro lado.

Y entonces el Dr. Ostrander está de vuelta, con una taza de café en la mano, una

mirada seria en su rostro.

―Entonces ―dice, "ahora que hemos tenido un descanso, voy a asumir que ambos han tenido tiempo suficiente para tener su ira bajo control.

Y luego, de repente, es como un interruptor da vuelta dentro de mí. Me molesta que

la actuación del Dr. Ostrander con Isaac, porque enloqueció y lo insultó, eso significa que soy la que tiene que tener mi enojo bajo control. Y es entonces cuando siento que vuelve mi fuego y me siento con la espalda recta. Si Isaac está decidido a llevarme hacia abajo, entonces voy a tener que luchar como el demonio para probar que esta cosa no es culpa mía, que era sólo un montón de malas circunstancias y coincidencias que llevaron a que todo saliera mal.

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―Sí ―le digo―, estamos listos. La cabeza de Isaac se eleva, y me mira. Supongo que porque mi tono es completamente diferente de lo que era hace un segundo. Me seco los ojos cuidadosamente con un pañuelo de mi bolsa, asegurándose de no ensuciarlo con mi máscara de pestañas. Ahora, ¿dónde estábamos? ―pregunta el Dr. Ostrander. Y contesto:

―Estábamos a punto de hablar de que Isaac besó a Marina Ruiz.

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Capítulo diecinueve

Kelsey

Antes

Traducido por fran :)

―Entonces, ¿lo besaste? ―me pregunta Rielle. Estamos en su habitación esta noche, bebiendo limonada, compartiendo un tazón de palomitas de maíz mezclada con M&M’s, escuchando música, y probándonos la ropa de su hermana. La hermana de Rielle, Nadia, está en Harvard, por lo que regularmente hacemos incursiones en su armario. A Nadia no le importa, siempre y cuando dejemos lavadas las cosas y devolverlas cuando hayamos terminado. No es que he estado aquí mucho últimamente, atacando armarios o haciendo cualquier otra cosa. Como dije, Rielle y yo difícilmente hemos hablado. Así que cuando ella me llamó hace un rato y me invitó, me sorprendió. Tuve una sensación de que tal vez ella tenía otros planes que le cancelaron y me llamo porque estaba aburrida, pero decidí darle el beneficio de la duda, porque (a) La extraño mucho, y (b) me moría de ganas de decirle a alguien acerca de lo que me pasó con Isaac. ―Bueno, él me besó ―le contesto, sacando un top ruffly de un diseño Paisley realmente adorable de un solo hombro. Todavía tenía puesta la etiqueta del precio―. ¿Crees que tu hermana le importaría si me llevo esto? le pregunto―. Es totalmente nuevo. Rielle agita su mano. Probablemente ni siquiera sabrá que se ha ido. ―Deja caer en un montón el vestido ceñido azul que sostiene―. Entonces, ¿cómo fue el beso? ―pregunta. ―Perfecto ―le digo―. Increíble. ―Me quito mi camiseta y me pruebo el top ruffly. ―Entonces, ¿qué? ―¿Qué quieres decir con “entonces, qué”? Tiro el top de arriba hacia abajo. Voy a necesitar un sujetador sin tirantes con éste, sin duda. No soy el tipo de chica que puede salirse con la suya al no llevar sostén. Mis senos son un poco demasiado grandes. Además, siempre he estado paranoica sobre que voy a tener algún tipo de falla en vestuario y todo el mundo va a mirar mis pezones sin que ni siquiera sepa.

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―¿Qué pasó después de que lo besaste? ―Me llevó a casa. ―¿Te llevó a casa? Rielle frunce el ceño, y siento que un poquito de pánico comienza a aumentar en mí. Hasta ahora he dejado de pensar en mí y pienso mucho acerca del beso. Sí, me moría de ganas de decirle a Rielle al respecto, pero aparte de eso, he estado trabajando muy duro para no ponerme demasiado nerviosa. Quiero decir, lo último que necesito es un novio. O incluso un flechazo. ―Sí ―le digo. Me encojo de hombros y tiro la camiseta en la creciente pila de cosas que estoy pidiendo prestado―. No es como si fuera la gran cosa, ni nada. ―Está bien ―dice Rielle, no parecía muy convencida―. ¿Estás segura? ―Sí ―le digo―, estoy totalmente segura. De repente quiero cambiar de tema, dejar de hablar de Isaac―. Oye ―le digo―, ¿quieres ir a la pedicura? Hay un nuevo lugar en el centro comercial que he estado muriendo por probar. Rielle me mira como si quisiera decir algo más. Pero luego se encoge de hombros. ―Sí, seguro.

*** Una hora más tarde estamos en el lugar de la pedicura, nuestros pies en los pequeños papeles flip-flops y secándose bajo la secadora. Así que… ¿estás molesta? pregunta Rielle. Da vuelta la página de la revista que está leyendo, una vieja Us Weekly con los mejores y los peores cuerpos de bikinis en el frente. ―No ―contesto, mirando hacia mis dedos de los pies de color carmesí―. Me encanta este color. La única cosa que apesta es que no estoy segura si va a hacer calor suficiente como para llevar sandalias y mostrarlas. ―Realmente deberían averiguar una forma de solucionar esto; quiero decir, gastas todo este dinero para hacer que tus pies se vean lindos, y luego después del verano no hay manera de que realmente vayas a lucirlas. ―No ― dice―. Quiero decir, ¿estás molesta porque este chico, Isaac, no te ha llamado? ―No. ―Me encojo de hombros―. ¿Por qué estaría molesta por eso? ―Hm, ¿porque se besaron? Cuando pienso acerca de haberlo besarlo, mi corazón comienza a latir rápido. Pero entonces veo la forma en que Rielle me está mirando. Con una mezcla de interés y preocupación. Sé porque ella piensa eso, si me involucrará con otro chico me volvería loca otra vez, como lo hice con Rex. Y estoy a punto de abrir la boca para decirle que

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estoy bien, pero luego la cierro. Porque la verdad es que no estoy segura de si estoy bien. Quiero decir, ¿cómo voy a saber a ciencia cierta que si me acerco a otro hombre, no voy a volverme loca de nuevo? No lo sabía. Y así me deje a mi misma que comenzara a pensar que incluso que en cualquier cosa podría pasar entre yo e Isaac es probablemente una mala idea. Y además, incluso si estaba dispuesta a involucrarme con alguien, la última persona que sería es Isaac Brandano. Quiero decir, el hombre es como una gran bandera roja. Una bandera roja con los brazos y las piernas y los abdominales asesinos. De hecho, deberían llamarle Red Flag Guy. 8 No me molesta en absoluto le digo a Rielle―. Él es como Red Flag Guy. Es divertido besarlo, pero ahora que lo he logrado, estoy totalmente segura que permaneceré lejos de él. Ella sonríe ampliamente, mostrando su blanqueamiento profesional. Dios, Kels, estoy tan contenta que hayas dicho eso. Sinceramente, después de lo ocurrido con Rex, estaba muy preocupado por ti. ¿Por qué? ¿Tenías miedo de que me volviera loca otra vez? ―No ―dice ella―, solo que, no lo sé, puede dejarte marcada de por vida o algo así. ―Tiene la mano en frente de su cara y frunce el ceño hacia sus uñas―. Sabía que debería haber recibido una manicura, también. ―¿Marcados de por vida? ―Sí. ―Saca los pies de la secadora y los menea. Rielle tiene los pies muy lindos. Una perfecta talla seis, significa que no podemos compartir zapatos. Soy ocho y medio, nueve, si soy completamente honesta―. ¿Sabes que siempre se oyen cosas como esa? ¿Como esa gente que tenía una mala relación en la escuela secundaria, y ahora todas sus relaciones son un gran desastre? ―¿Quién? ―le pregunto, con el ceño fruncido―. ¿A quién has oído de que eso le está sucediendo? ―No lo sé. ―Se encoge de hombros―. Todas esas personas en esos programas sobre treintañeros, como Sex and The City o lo que sea. Todos están, como, dañados. Creo que eso es porque todos tienen problemas con sus padres le digo―, no porque les hayan roto el corazón en la escuela secundaria. Bueno, tu también tienes problemas con tus padres dice ella, sonriendo ampliamente―. Todos los tenemos.

8 Seria como para advertir de tan guapo que esta. El chico de la bandera roja.

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No es la verdad. Sin embargo. No estoy segura de que me compra con su teoría. Parece una locura que una relación de la escuela secundaria podría estropearte de por vida. Pero había algo en la conversación que hizo eco en mí, porque cuando mi teléfono suena unos pocos minutos más tarde y es Isaac, no sé si debo contestar o no. ―Es él ―le digo, con la mirada fija en el identificador de llamadas―. Me está llamando. Mi corazón está rebotando alegremente en mi pecho. Casi no parece real, su nombre parpadeando en la pantalla. Me siento como si tuviera que mirar de cerca, mirar cada letra, para asegurarme de que es realmente él. Raro, ¿verdad? Más raro aún es que incluso después de la semi lectura de Rielle, realmente, realmente quiero hablar con él. ―¿Le vas a contestar? ―pregunta Rielle. Y tal vez sea la forma en Rielle me está mirando. O tal vez es solo porque quiero demostrarme a mí misma que no necesito a Isaac Brandano. Pero antes de darme cuenta, mi mano está sobre el botón de rechazar. Y entonces rechazo la llamada y la envío al correo de voz.

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Capítulo veinte

Isaac

Antes

Traducido por fran :)

Estoy borracho. Al menos, eso creo. Es difícil de decir. Probablemente porque estoy tan borracho. Lo único que sé es que ésta era la elección correcta. Sin duda una buena idea era venir aquí y divertirme en la playa. ¡Me encanta la playa! ¡Hay agua! ¡Y arena! Todo el mundo piensa que es frío, pero en realidad no es. Tenemos una fogata. Todos mis compañeros de clase están alrededor del fuego. Amo el fuego. Lo única cosa que no amo es a Kelsey. No contestó cuando la llamé antes, y aunque estoy borracho, borracho, borracho, me está molestando. Quiero llamarla de nuevo, pero Marina no me deja solo ningún jodido momento. Al principio me gustó. Fue muy divertido. Incluso bailé con ella después beber mi tercera cerveza; pero ahora es solo una molestia, no se queda lejos de mí. Creo que tal vez mi buen tiempo borracho está empezando a desvanecerse. Cuando me emborracho, siempre hay dos fases. El Feliz Isaac Borracho es lo primero. Esto es cuando soy el alma de la fiesta, bailo y me divierto. Los amo a todos. Luego, llega el Malo Isaac Borracho. En realidad, no lo llamaría Malo, exactamente. Más bien como Intratable e Isaac Ligeramente Irritable. ―¿No quieres bailar un poco más? ―pregunta Marina. Puede que esté aun más borracha que yo, pero todavía está del modo feliz. Está sentada a mi lado en la arena, y se inclina más cerca, arrastrando las palabras contra mi cuello. ―No. ―Todo lo que quiero hacer es llamar a Kelsey―. Ya vuelvo. Tengo que hacer una llamada. Camino un poco por la playa y saco mi teléfono. No puedo creer que vaya a llamar a una chica por segunda vez en una noche. Nunca, nunca hago eso. Por lo general, tengo una lista de chicas a las que llamo, y si no responden, simplemente paso a la siguiente. Bueno, eso suena horrible. No es una lista, literalmente. Me gusta tener opciones.

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Marco el número de Kelsey. Me lleva dos intentos. Sigo estropeándolo, marcó a Ken

en mi lista de contactos en su lugar. Ni siquiera conozco a ningún Ken, jajaja.

¡Oh! ¡Está sonando!

¡Esta vez, ella responde!

¿Hola? ―Suena vacilante. ―Bueno, hey, hola ―le digo, tratando de sonar suave. ―¿Estás borracho? ―me pregunta de inmediato. ―¿Por qué lo preguntas? ―Dios, ¿Qué pasa con esta chica? Cada vez que hablo con ella, siempre está pensando lo peor de mí. Decido que es hora de encender el encanto. Porque son las once de la noche y estás llamándome y diciendo cosas como “Hey, Hola". ―Traté de llamar antes ―señalo―, pero no contestaste. ―Me hundo en la arena y casi me caigo. En el otro lado de la línea, Kelsey está en silencio―. ¿Has dicho algo? ―le pregunto―. Si es así, me lo perdí. Desde abajo de la playa, alrededor del fuego, oigo el sonido de risas. ―¿Dónde estás? ―pregunta Kelsey. ―En la playa ―le digo. Entonces me acuerdo de algo.