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Trabajo monográfico

DELGADO ONTIVERO, Lionel Sebastián

Problemas fundamentales de la filosofía contemporánea II

junio 2013

J.F. Lyotard: de la caída de los metarrelatos a la crisis de la sociedad democrática

.

Resumen: En el presente trabajo se expondrán las tesis de la obra principal de Lyotard alrededor de la noción de metarrelato y cómo, con la caída de estos se entra en una dinámica de deslegitimación de los discursos que, de la mano con una defensa de la pluralidad acrítica de relatos locales, hacen peligrar la propia viabilidad de la sociedad democrática.

0- Introducción

El momento más difícil de un trabajo es el comienzo. ¿Desde qué punto introducirnos en la obra de un autor? ¿Cuál es el hueco del nudo por el que es mejor meternos? Por suerte, el autor en el que nos centramos, J.F. Lyotard, no ha escrito obras muy extensas y sus reflexiones sobre la posmodernidad son las primeras pinceladas de un proyecto mucho más largo (y que muchos otros seguirán) y, al ser “primeras” pinceladas, resultan más sencillas, aunque no por ello menos importantes. ¿Cuáles son las primeras pinceladas desde las que empezar a hablar de Lyotard? Si nos vamos a la “Introducción” de La condición posmoderna, nos topamos con una constatación: la posmodernidad hace referencia al estado de la cultura después de los cambios científicos, literarios y artísticos de finales del siglo XIX, estado que se traduce en una crisis de los

metarrelatos.

Hace falta entender dos cuestiones en relación con esta constatación, y nos ocuparemos, en primer lugar, del concepto de cultura. Como trata Eagleton en La idea de cultura, esta palabra de difícil definición, de significado esquivo, puede referirse a muchas cosas. En el caso de Lyotard, como en el caso de casi todos los posmodernos, en palabras de Eagleton,

1

La cultura ocupa un nivel básico de la vida social (…), no se trata tanto de un «nivel» como de un médium ubicuo dentro del cual tienen lugar otros tipos de actividad [como la política, la sexualidad y la producción económica] (…). En el mundo posmoderno, la cultura y la vida social también están estrechamente unidas, pero ahora a través de la estética de los productos de mercado, la política como espectáculo, el estilo de vida consumista, la influencia de la imagen y la integración definitiva de la cultura en la producción global del mercado. 1

Es decir, cuando Lyotard se refiere a que el estado de la cultura es conflictivo, se refiere a una situación de efervescencia generalizada, que atraviesa tanto la estética como la ciencia, la filosofía, la política y la ética. Decir esto complica el asunto, ya que cualquier intento de definir qué es aquello de la posmodernidad debería enfrentarse a la multiplicidad de dimensiones en las que el término se aplica. Nuestro trabajo debe enfrentarse a esa dificultad, y ha optado por la de centrarse, desde la obra de Lyotard, en la dimensión social y política, cómo esta termina rearticulando todo el campo socio-político y cómo Lyotard opta por una reelaboración de la base comunitaria, no sin problemas, como veremos. El segundo aspecto en el que debemos centrarnos cuando Lyotard define la posmodernidad es el de la crisis de los metarrelatos. Será en este punto desde el que nos introduciremos en la obra y propuesta del autor.

1- Planteando el problema: la filosofía de Lyotard.

1.1 Metarrelatos

Hablar de metarrelato en Lyotard implica muchas cosas, el concepto es una terminal nerviosa de su obra desde la que se proyectan varias líneas. Asimismo, para entender el concepto de relato hay que entender de dónde bebe Lyotard. Hemos, pues de proceder con cuidado y limitar bien nuestro discurso. El metarrelato podría entenderse como una estructura discursiva que tiene como finalidad legitimar un saber y conseguir así una cohesión y una unidad en la pluralidad de relatos (que podrían considerarse saberes no articulados entre sí). Posee un conjunto de reglas que forman un juego concreto que legitima toda una serie de elementos/enunciados que entran dentro de su campo. Seamos precavidos, hemos dicho juego. Debemos dar cuenta, pues, de la influencia wittgensteiniana, la cual es fundamental para entender cómo enfoca Lyotard este concepto. Nuestro filósofo francés se muestra deudor de los juegos del lenguaje de Wittgenstein pero,

1 Eagleton, T., La idea de cultura, Paidós, Barcelona, 2001, p. 51

como él, no los definirá ni clara ni unívocamente. Ambos aceptan la multiplicidad de juegos

(dar órdenes, describir, relatar, formas hipótesis, inventar historias, traducir, etc.) y el hecho

de que cada juego se encuentra regido por sus propias reglas. Esto hace que no pueda legitimarse cualquier narración desde un metarrelato concreto sino que sólo caben en él los relatos que juegan con sus reglas, reglas no siempre claras, no siempre explícitas, no siempre compartidas por todos. Los meta-relatos son una instancia organizativamente superior a los relatos, los ordena y les da un sentido unitario: ejemplos son «la emancipación progresiva de la razón y de la libertad [propia de la Ilustración], la emancipación progresiva o catastrófica del trabajo [que defiende el marxismo], enriquecimiento de toda la Humanidad a través del progreso de la tecnociencia capitalista [del liberalismo económico]» 2 , etc. Así, pues, la legitimidad 3 atraviesa los relatos desde la figura del metarrelato, el cual los justifica, explica y aúna haciéndolos conmensurables. Entendemos, desde lo dicho, que si la posmodernidad se define por la crisis de estos metarrelatos, es porque la homogeneidad de los elementos se destruye, las reglas estallan y los discursos unitarios se reemplazan por la diferencia heterogénea. Expliquemos esto mejor. Históricamente, los metarrelatos pertenecen, según Lyotard, a la tradición moderna, enmarcado dicha tradición. La modernidad filosófica se caracteriza, según el filósofo francés, por construir la legitimidad sobre la base de una Idea (con mayúscula) a realizar, una idea universal que orienta todas las esferas de la vida humana. Su función es la de «legitimar las instituciones y las prácticas sociales y políticas, las legislaciones, las éticas, las maneras de pensar» 4 . Esta sumisión de la pluralidad bajo la marca de la Idea se da en diversos ámbitos. Siendo sumamente breves, en la Historia moderna se organizan los acontecimientos debajo de una Idea de una Historia Universal de la Humanidad. En estética, la sensibilidad se organiza a través de la noción de lo sublime que «tiene lugar cuando (…) la imaginación fracasa y no consigue presentar un objeto que, aunque no se dé en principio, venga a establecerse de acuerdo con un concepto. Tenemos la Idea del mundo (la totalidad de lo que es) pero no tenemos la capacidad de mostrar un ejemplo de ella» 5 . En política estaríamos hablando tanto

2 Lyotard, J.F., La posmodernidad (explicada a los niños), Gedisa, Barcelona, 1987, p. 29

3 Lyotard define la legitimidad como «el proceso por el cual un legislador se encuentra autorizado a promulgar una ley como una norma», Lyotard, J.F., La condición posmoderna, Catedra, Madrid, 1986, p. 27. En el capítulo cuarto de La posmodernidad…, “Memorándum sobre la legitimidad”, habla de la instancia de legitimación como una frase normativa que da fuerza de ley a una frase prescriptiva.

4 Lyotard, J.F., La posmodernidad…, óp. cit. p. 29

5 Ibíd. p. 21

del relato de emancipación como del relato mítico. El primero sería aquel que encuentra su legitimidad en un futuro/Idea a realizar con una voluntad orientada hacia un fin que no puede verificarse empíricamente, sino que debe «mantenerse suspendida de un Ideal de la razón práctica» 6 . El segundo consiste en transmitir un determinado relato a la vez que la propia acción de transmitirlo da autoridad: mediante un ejercicio de dar nombres y, por lo tanto, presencia, a un determinado conjunto de personas (el pueblo “ario”, por ejemplo) se da la posibilidad de identificarse con un Ideal (los “héroes germánicos”) 7 . De este último nacen los totalitarismos pero por ahora nos basta con saber que consiste en «un poder [que] se autoriza a sí mismo dándose un nombre nacional o étnico que está, a su vez, inscrito en un corpus de historias más o menos fabulosas» 8 .

1.2 - La ruptura del Metarrelato

Sin embargo, Lyotard defiende que este proyecto moderno de realización del universal comienza a derrumbarse a partir de una serie de sucesos que minan para siempre la credibilidad de aquél. Estos sucesos son de sobra conocidos, eventos traumáticos como Auschwitz o el triunfo de la tecnociencia capitalista han imposibilitado (o dificultado de manera extraordinaria) la labor de pensar en los términos en que pensaba la modernidad:

¿Cómo seguir manteniendo la fe en la emancipación de la Humanidad a través de la razón cuando esa misma razón (expresada como razón de medios y fines) se vuelca al cálculo de la manera más eficiente de matar a millones de personas? ¿Cómo creer en el enriquecimiento de la Humanidad a través de la ciencia y la técnica capitalista cuando esa misma ciencia y técnica ha sumido a ingentes capas de población a la miseria? ¿Cómo tener fe en el Pueblo cuando se han dado guerras civiles por poseer el estatuto de “Pueblo”? El panorama es desolador y, desgraciadamente, lo conocemos de sobra. Con la crisis de los metarrelatos, Lyotard nos habla de la muerte de la función legitimadora del relato. Ya no hay Relato, sino relatos, pequeños o no tan pequeños, que siguen tejiendo lo cotidiano pero sin pretensiones de validez. Esta defensa de la pluralidad, que podríamos inscribirla en el pensamiento de la diferencia 9 que será una brecha temática muy potente en el

6 Ibíd. p. 61

7 Véase Lyotard, óp. cit. pp. 54-58

8 Ibíd. p. 62

9 Entendemos por “pensamiento de la diferencia” todo un filón teórico ocupado por varias obras de varios autores, sobre todo, de la segunda mitad del siglo XX, que se han preocupado de pensar cómo se conjuga las diferencias de los particulares con o sin instancias de universalidad válidas, con todos los problemas filosóficos, éticos, políticos y estéticos que esa presencia abren. Entre otros,

pensamiento posmoderno 10 , pero lo que nos interesa en este trabajo es remarcar la dificultad de encontrar en Lyotard una alternativa política viable desde el reconocimiento de esta ruptura del Metarrelato. Pero veamos primero las consecuencias políticas y sociales que esta ruptura posmoderna trae consigo.

1.3- Consecuencias de la ruptura

Con la caída de los grandes relatos totalizantes propios de una filosofía de pretensiones universales, Lyotard comienza a entrever, en La condición posmoderna, la cada vez mayor presencia de las narraciones locales, de los juegos del lenguaje inconmensurables no dominados por discursos legitimadores universalizantes sino mantenidos en su pura inmanencia, compitiendo sin resolverse dialécticamente. Esto plantea un panorama en el que, al no haber metarrelatos legitimadores, los enunciados son determinados por reglas plurales, diversas, que especifican sus propiedades y el uso que de ellas se puede hacer. Dichas reglas se enredan para organizar distintos juegos de leguaje los cuales también son diversos al no haber metarrelatos. Estos juegos de lenguaje se caracterizan por el hecho de que sus reglas no vienen en sí, sino que «forman parte de un contrato explícito o no entre jugadores (lo que no quiere decir que éstos las inventen)» 11 , porque «a falta de reglas no hay juego (…), [porque] una modificación incluso mínima modifica la naturaleza del juego, y [porque] una “jugada” o un enunciado que no satisfaga las reglas no pertenece al juego definido por éstas» 12 . Como vemos, Lyotard retoma la teoría de los actos del habla, sobre todo en su aspecto pragmático, para desarrollar una visión “agonística” del lenguaje, en la que «todo enunciado debe ser considerado como una “jugada” hecha en un juego» y en la que, a fin de cuentas, «hablar es combatir» 13 . Así, la apropiación que hace Lyotard de la teoría de los actos de habla de Austin se centra especialmente en la agonística de dichos actos. Asimismo, también recupera cierta idea de la Teoría de los juegos del lenguaje de Wittgenstein. Para entenderlo, citamos a Paul Fairfield, profesor de la Queen’s University en

podemos identificar a varios autores del pensamiento francés (Derrida, Deleuze, Blanchot, el propio Lyotard, etc.), quienes elaboran el grueso teórico de esta línea.

10 Para ver más sobre el pensamiento de la Diferencia y su relación con la posmodernidad filosófica, véase, Rodríguez, J.L., Crítica de la razón posmoderna, Biblioteca Nueva, Madrid, 2006,

11 Lyotard, J.F., La condición posmoderna, óp. cit., p. 27

12 Ibid.

13 Ibid.

Kinsgston, que entiende como «all utterances in such a debate are seen not as arguments but as “moves” and “countermoves” within a context and within a particular genre of discourse; they represent not deductions from principles but tactical moves within a language game» 14 . La apropiación que hace la teoría de Wittgenstein tampoco es inocente: se centra en su aspecto lúdico: plantea, primero, la necesidad de las reglas para todo juego, segundo, que dichas reglas no poseen legitimación en sí mismas, sino que son admitidas mediante un contrato existente entre jugadores y, tercero, que todo enunciado debe ser entendido como una jugada que forma parte de un juego que la contiene; así, hablar es jugar y los actos del lenguaje se derivan de una agonística general. La deuda de Lyotard con la teoría de los juegos del lenguaje de Wittgenstein y la Teoría de los actos de habla de Austin es, como vemos, considerable, aunque sea una apropiación particular.

1.3.1 - Consecuencias sociales

Esta pluralidad de juegos se traslada al ámbito social en la medida en que el propio lazo social es lingüístico: «[el lazo social] es un cañamazo donde se entrecruzan al menos dos tipos, en realidad un número indeterminado, de juegos de lenguajes que obedecen a reglas diferentes» 15 , pero se convierte en un obstáculo al ser demasiados los lenguajes (cada vez más según se progresa técnica, tecnológica, científica y culturalmente) y no haber un “metalenguaje universal”: gobierna la parcelación del conocimiento, las tareas de investigación divididas, corre peligro la propia comunicación y la socialidad: la pluralidad de juegos y la inconmensurabilidad de estos puede plantear retos importantes a la estabilidad social, sobre todo cuando lo que se defiende es una legitimidad política que aparece como un «perpetual sophistic debate» 16 . Lo que nos interesa es preguntarnos si es posible salir de este nudo: ¿cómo salvar la comunicación sin volver a legitimidades que se mostraron insuficientes? ¿Cómo salvar la sociedad y asegurar la convivencia?

2.1- la democracia de la paralogía

2- Posibles soluciones

14 P. Fairfield: “Habermas, Lyotard and Political Discourse” en Reason Papers, vol. 19, Fall 1994, p.

59

15 Lyotard, La condición…, óp. cit., p. 77

16 J.-F. Lyotard y J.-L. Thébaud: Just Gaming, University of Minnesota Press, Minneapolis, 1985, p. 28; citado en P. Fairfield, op. cit., p. 59)

En La condición posmoderna Lyotard intenta apuntar a posibles soluciones, sin embargo, por el momento su tratamiento del tema le lleva siempre a cuestiones lingüísticas. Incluso los problemas sociales se derivan de los problemas lingüísticos: Para Lyotard se trata de evitar la posibilidad de que una forma de discurso consiga privilegios sobre los demás y, por ende, «to maximize as much as posible the multiplication of small narratives» 17 . El “progreso político” reside en la invención de nuevos juegos y en la ampliación de los viejos más que en producir deducciones válidas o en generar consenso. Como vemos, se hace hincapié en la capacidad de iniciar “nuevos juegos del lenguaje” sin que se hable de poner en práctica libertad de acción, capacidad de ejecución de proyectos, etc. Fácilmente se podría pensar en que lo que busca Lyotard se podría satisfacer en las democracias capitalistas del siglo XXI donde se han desarrollado mecanismos por los cuales pueden aparecer todo tipo de discursos (incluso subversivos), sin que por ello haga peligrar la estabilidad político-económica de estas sociedades. Sin embargo, no habría que subestimar el planteamiento de Lyotard. En la obra del setentainueve acepta que los juegos del lenguaje son «el mínimo de relación exigido para que haya sociedad» 18 pero, a la vez rechaza el consenso como forma de aniquilación de la diversidad. Y, en el panorama del capitalismo occidental del siglo XXI, aunque se haya permitido (y rentabilizado) la multiplicidad de juegos de lenguaje, éstos han sido neutralizados, subsumidos por un consenso alrededor del funcionamiento económico. ¿Por qué la crítica de Lyotard hacia el consenso? El consenso mata la discusión a favor del encuentro de ideas, un encuentro que nunca es verdadero, sino que se realiza silenciando la diferencia. El porqué de esto lo plasma bien el profesor Manfred Frank en su ¿Qué es el

neoestructuralismo? 19 :

Lyotard dice que una estructura pensada como uniforme (ya sea como sistema, como consenso universal o como sociedad sin clases) renunciaría por completo a la idea de innovación: una vez que se hubiera alcanzado el estado de equilibrio de fuerzas, nada más podría modificarse; sobre todo sería muy difícil explicar lo que una estructura saturada debería modificar de sí misma, y cómo quisiera hacerlo, si todos sus elementos solamente son partes de su totalidad. 20

La propuesta de Lyotard choca de pleno con la lógica capitalista cuando defiende que la libertad sólo queda garantizada por la paralogía liberada del “sistema”, de la “totalidad”. La “paralogía”, para Lyotard, es toda nueva jugada que entra en conflicto con las reglas del juego

17 J.-F. Lyotard: Just Gaming, óp. cit. p. 59; citado en P. Fairfield, op. cit. p. 60

18 Lyotard, J.F., La condición…, op. cit., 37

19 M. Frank: ¿Qué es el neoestructuralismo?, F.C.E., México, 2011

20 Ibíd. p.100

en el que se inscribe, lo que fuerza al juego a desplazar sus límites o desaparecer. La paralogía de Lyotard intenta darle importancia a «una jugada de una importancia a menudo no apreciada sobre el terreno, hecha en la pragmática de los saberes», que no se identificaría con la innovación ya que ésta «es controlada, o en todo caso utilizada, por el sistema para mejorar su eficiencia» 21 . Sería algo parecido a una actividad diferenciadora, o de imaginación, innovadora, revolucionaria, siempre haciendo progresar el conocimiento. En tal sentido, se desvincula con la libertad de expresión descafeinada del capitalismo occidental. No obstante, la propuesta de Lyotard en estas páginas tampoco nos resuelve todo problema. Con la crítica del consenso y la defensa del disenso, nos estamos moviendo en la necesidad de estar revolucionando los vínculos sociales en cada momento, sin posibilidad de estabilidad y profundización en el entendimiento mutuo. Esto trae evidentes problemas para cualquier teoría social que utilice este suelo teórico, como veremos más adelante. La idea que subyace es la de que un sistema abierto, inestable, «le concede al disenso oportunidades mucho mayores que a la coincidencia» 22 . Toda propuesta social tendría que pasar por «reconocerles su especificidad y su autonomía a los múltiples e intraducibles juegos de lenguaje enredados entre sí, no reducirlos unos a otros; por formularlo como regla, que a pesar de todo sería una regla general, “juega…y déjanos jugar en paz”» 23 . No encontramos en La condición posmoderna mucho más que nos dé una idea de cómo soluciona Lyotard este problema.

2.2- La renuncia al nosotros: democracia de la diferencia

Sin embargo, en La posmodernidad (explicada a los niños), texto más tardío (1986), sí que intenta una aproximación de la pluralidad y la diferencia desde el ámbito social. El problema central con el que debemos enfrentarnos es con el de que, con la caída de los grandes relatos, la noción de un nosotros cae también. El nosotros, dirá Lyotard, pertenece a la tradición moderna en tanto se basa en la estructura yo/tú/él y la emancipación dentro de este discurso vendría por la erradicación de la tercera persona: «el tercero que, en principio, es exterior a nosotros, en tanto formamos parte de la vanguardia emancipadora, acabará por incorporarse a la comunidad de hablantes actuales (primera persona) o potenciales (segunda

21 Lyotard, J.F., La condición…, op. cit., p.110

22 Frank, M., op. cit., p.102

23 J.-F. Lyotard citado en Wellmer, A.: Sobre la dialéctica de modernidad y postmodernidad, Visor,

Madrid, 1993, p. 58

persona)» 24 . La emancipación conlleva proscribir la tercera persona. Lyotard plantea que en este sentido, la pregunta por el nosotros actualiza la tensión entre el modelo que acepta la

particularidad, el azar y la opacidad de su presente, frente al modelo que defiende la universalidad, la autodeterminación y la transparencia del futuro. Sin embargo, no se puede

renunciar a la pregunta por el nosotros a riesgo de condenarnos a permanecer en un “usted (quizás) y yo” que, lógicamente, deja fuera a muchísimos otros. La resolución de este conflicto pasa en las sociedades capitalistas avanzadas por un intento perverso: supera el duelo aceptando la imposibilidad del nosotros, invistiendo al Yo incompleto como el nosotros imposible y, así, ejercer un terror desde un (falso) universal moderno. Y esto, «se llama tiranía: la ley que “nosotros” dictamos no está dirigida a vosotros, conciudadanos o incluso súbditos, les es aplicada a los terceros, a los de afuera, sin que importe legitimarla ante sus ojos» 25 . La solución de Lyotard no se termina de desarrollar, sólo afirma que se debe elaborar (en el sentido freudiano) la pérdida del nosotros moderno, sin caer, por un lado en una melancolía incurable ni, por otro, en su repetición cínica (la tiranía). Esto puede ocurrir solo abandonando «la estructura lingüística comunicacional (yo/tú/él) que, conscientemente o no, los modernos acreditaron como modelo ontológico y político» 26 . Lyotard no nos dice mucho más, salvo que no hay que caer en una actitud mitologizante que reconstruya una narración sobre la herida del fin de siglo y la cicatrice. Sin embargo, fuera de esto, las respuestas serán variadas, y no dirá mucho sobre ellas.

3- Conclusión

¿Cómo entender el fin del nosotros? ¿Cómo renunciar a los discursos universales sin perder la comunidad? La crítica de Lyotard parece dirigirse hacia una serie de dispositivos que aseguran, mediante la estipulación de cuáles son las frases, géneros y discursos admitidos, la dominación del tiempo, «o sea, de la vida y de la muerte» 27 . Ni siquiera el relato emancipatorio occidental se salva de esta pretensión de dominio: con su carácter cosmopolita, intenta superar la identidad cultural particular, pero con estos relatos universalistas, en última instancia se ha intentado «despojar al pueblo de su propia legitimidad narrativa (…) y hacerle adoptar como única legitimidad la Idea de la libre ciudadanía que está situada, por

24 Lyotard, J.F., La posmodernidad…, óp. cit., p.37

25 Ibíd. p.38

26 Ibíd. p.39

27 Lyotard, J.F., La posmodernidad…, óp. cit., p.44

oposición a aquella, en la desembocadura de este curso». Para este propósito trabaja tanto la Declaración de los derechos 28 como el movimiento obrero 29 . Sin embargo, el panorama que se desarrolla a partir de la Segunda Guerra Mundial, marcado por la multiplicidad de las luchas de independencia y el reconocimiento de nuevas identidades nacionales rompe el marco de un horizonte de emancipación universal para poner el punto de énfasis en los aspectos locales. Parece que la nueva comunidad que surge tras la caída de los metarrelatos emancipatorios es una comunidad no humanista, no universal sino marcada por el carácter profundamente local de su lucha. La legitimidad pasa a ser cuestión de cada localidad al disiparse un horizonte común de emancipación. «Estos repliegues hacia la legitimidad local son reacciones de resistencia a los efectos devastadores del imperialismo y de su crisis sobre las culturas particulares» 30 . Sin embargo, nos encontramos con los mismos obstáculos con que nos encontrábamos en La condición posmoderna. Aunque Lyotard haya podido dar un paso adelante permitiendo hablar, no sólo de actos de habla individuales, sino de legitimidades locales, no aclara mucho cuáles son los límites de ese carácter local: ¿pequeñas comunidades? ¿Pueblos? ¿Villas? ¿Ciudades? ¿Provincias? ¿Países? ¿Dónde está el límite? Además, esté donde esté la diferencia, no soluciona el más que posible conflicto que surge entre legitimidades contrapuestas. ¿No es la legislación un metarrelato que engloba varios relatos individuales y los gestiona de manera violenta diciéndoles qué está permitido y qué no? Por otro lado, no resuelve el problema del nosotros. ¿Con qué nosotros nos quedamos? Lyotard adelanta la posible respuesta: el intelectual, pero rápidamente descarta la opción aludiendo que «esta figura estaba sostenida por la legitimidad reconocida de una Idea de emancipación» 31 . La pregunta por el nosotros no queda resuelta. Es difícil poder diseñar una comunidad viable y vivible desde las premisas que Lyotard nos ha dejado: ¿Cómo crear una comunidad desde la reivindicación radical de la diferencia, desde el rechazo del consenso, del encuentro racional, de la comunicación estable? Lyotard intenta advertirnos del problema de subsumir toda la multiplicidad a un solo discurso. Intenta recordar que detrás de todo consenso hay diferencias que se intentan ocultar, sin embargo parece que la puerta que ha abierto ha dejado entrar más de lo que quería. Aunque defienda que «el saber posmoderno no es solamente el instrumento de los

28 Ibíd. p.45

29 Ibíd. p.46

30 Ibíd. p.46

31 Ibíd. p.47

poderes, hace más útil nuestra sensibilidad ante las diferencias» 32 , su labor termina en posturas exageradas. La historia de la filosofía posmoderna podría entenderse desde este prisma: ¿Cómo coordinar el respeto a la diferencia y la pluralidad con la viabilidad de una sociedad vivible? Lyotard no encuentra una salida definitiva, desde entonces se ha intentado lograrlo, pero aparentemente no se ha tenido el éxito deseado. Este es el riesgo que deben correr aquellos iniciadores de una línea teórica. Lyotard es uno de los primeros autores que profundiza y traza los problemas del pensamiento filosófico posmoderno. Eso no implica que necesariamente vaya a encontrar salidas a dichos problemas, posiblemente implique lo contrario, que, antes de encontrarlas, errará en las respuestas y las dejará a generaciones siguientes. Efectivamente, medio siglo después de la irrupción en el ámbito de la filosofía de eso que llamamos posmodernidad, no se ha hallado solución a las heridas que abrió. El camino continúa, y las posibilidades son muchísimas.

Bibliografía

- Lyotard, J.F., La condición posmoderna, Catedra, Madrid, 1986

- Lyotard, J.F., La posmodernidad (explicada a los niños), Gedisa, Barcelona, 1987

- J.-F. Lyotard y J.-L. Thébaud: Just Gaming, University of Minnesota Press, Minneapolis, 1985

- Eagleton, T., La idea de cultura, Paidós, Barcelona, 2001

- P. Fairfield: “Habermas, Lyotard and Political Discourse” en Reason Papers, vol. 19, Fall 1994

- M. Frank: ¿Qué es el neoestructuralismo?, F.C.E., México, 2011

- Wellmer, A.: Sobre la dialéctica de modernidad y postmodernidad, Visor, Madrid,

1993

32 Lyotard, J.F., “Introducción” de La condición

, op. cit., p.11