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LOS ORÍGENES DE LA CIVILIZACIÓN MAYA

Richard //. WAdanis

326 PROCESOS Y MODELOS

ese predominio estaba desplazándose constantemente. A esta altura quizá sea útil echar un vistazo al valle de México en la época Clásica. El valle es aproximadamente del mismo tamaño que nues- tro núcleo del nordeste de El Peten. Durante el Periodo Clásico, el área presenció el surgimiento de Teotihuacán, ciudad cuya

población máxima

fue quizá de 125 000 personas: cuatro veces la

de Tikal. Pero la comparación más importante no es ésa, sino la referente a la diferencia de tamaño entre Teotihuacán y la si- guiente comunidad más grande del valle: los datos indican que

la ciudad era 10 veces mayor que la siguiente comunidad impor- tante. En cambio, si bien carecemos de estudios de la población, una comparación del tamaño de los edificios públicos en otros centros del nordeste de El Peten indica que centros como Naran- jo, Nakum, Yaxhá y Naachtún no eran mucho menores que Tikal, ciertamente no menos de la mitad de su tamaño. La situación del valle de México no era excepcional durante el Periodo Clásico;

a lo largo de toda la historia del área hubo casos recurrentes de

centralización política de índole comparable. La población de Te- nochtitlán, por ejemplo, era por lo menos cinco veces y quizá 10 veces mayor que la de Texcoco, el siguiente centro grande, y la

población de Tula era por lo menos cinco y quizá 10 veces mayor que la del otro sitio importante, Mazapán. Estas diferencias probablemente están relacionadas con la mu-

cho mayor disparidad en la distribución interna de la población y

la productividad agrícola en el interior de ambas áreas. En el caso

maya, la productividad en las áreas clave —y éstas eran bastante grandes y continuas— era relativamente uniforme, lo que inhibía la centralización política estable por encima del nivel del pequeño Estado, lo que a su vez inhibiría el logro del predominio políti- co por parte de uno de los centros de El Peten sobre áreas perifé- ricas menos pobladas. En realidad, si nuestro cálculo de la capa- cidad de sostén de las tierras bajas mayas es razonable, la ventaja demográfica de las áreas nucleares sobre la periferia en las tierras bajas mayas no puede compararse, por ejemplo, con la del cultivo hidráulico sobre el cultivo de temporal en el centro de México.

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'

XII. SUBSISTENCIA MAYA: MITOLOGÍAS, ANALOGÍAS, POSIBILIDADES

ROBERT

McC.

NETTINO

University

of

Arizona

Es INTERESANTE especular acerca de si el investigador de antropo- logía puede adoptar en el curso del tiempo algunas de las carac- terísticas de sus sujetos de estudio; si hay una especie de parecido simpatizante que se deriva de la absorción de un estudioso en de- terminada sociedad o región. Si es efectivamente así, podemos es- perar que los mayistas constituyan una élite brillante, aunque un tanto aislada, entre los arqueólogos, interesados en lo que parecen ser irregularidades culturales y en el desarrollo de una civilización que parece ser anómala antes que típica. No hay plantas ni ani- males nativos que inviten a hacer comparaciones con otras cunas de domesticación, no hay ricas llanuras aluviales que sugieran el crecimiento de una política hidráulica, no hay habitantes actuales de las tierras bajas que presenten un claro vínculo vivo con las glorias del pasado. Más bien nos encontramos frente a un pueblo cuyo mayor misterio es su salida repentina del escenario de la his- toria mundial, caída que a menudo se ve como reflejo de algo in- trínsecamente frágil o fundamentalmente inviable en la estructura de la sociedad maya. Aun cuando cierta atracción intelectual hacia lo excepcional quizá sea comprensible entre los estudiosos de los mayas, es posi- ble que haya estimulado cierta renuencia a demostrar cualquier re- gla general a partir de los factores aparentemente únicos del caso. La cuestión del mantenimiento de la vida en los trópicos, y de manera más específica de la agricultura de selva/alta perennifolia, ha resultado en particular intratable. Leyendo en forma directa las preferencias y prácticas actuales en El Peten, los mayistas con- vinieron en que el cultivo itinerante del maíz fue fundamental para la subsistencia maya en todas las épocas. Aunque los prime- ros informes y experimentos demostraron que esa técnica era su- mamente productiva y ofrecía a sus partidarios mucho tiempo li-

bre para la construcción de templos y la contemplación de las

estrellas, subsistió una duda incómoda. Los frecuentes descansos

327

328 PROCESOS Y MODELOS

necesarios debido al rápido agotamiento del suelo y el crecimiento de hierbas dañinas ¿permitirían el mantenimiento de una pobla- ción lo bastante densa y estable para sostener un sistema religioso elaborado, la arquitectura monumental, los artesanos especializados y los literatos? O bien, debía la selva ser un ambiente más benéfico de lo que sospechan los agricultores de la zona templada, o los mayas se suicidaron en forma espectacular por medio de la agri- cultura de roza, en un ejemplo clásico de matanza ecológica des- medida. En los últimos años, el mito de la milpa ha venido siendo

objeto de ataques cada

gos convencidos de que el hombre no necesariamente vive sólo de tortillas y de que las multitudes de montículos de casa de las ex- tensas áreas de apoyo de los suburbios mayas estuvieron ocupadas más o menos continuamente por buen número de cuerpos palpi-

tantes.1

vez más vigorosos por parte de arqueólo-

Quizá haya llegado el momento de sugerir algunos otros mo- delos menos familiares de agricultura tropical intensiva, que no dependan ni del arroz irrigado (que los mayas no poseían) ni de sistemas de riego complejos (que no necesitaban). Estoy pensan- do en un sistema de cultivo de huerto y parcela, con huertos de solar permanentes que producían tubérculos y frutas en una pauta de poblamiento disperso. Esa adaptación se encuentra entre po- blaciones indígenas ibo del oriente de Nigeria, donde el medio natural, las plantas cultivadas, la disposición de la población y quizá la integración comunitaria presentan posibles paralelismos con los antiguos mayas. Para demostrar que operaban procesos si- milares, tengo que recurrir al muy sospechoso y criticado uso de la analogía etnográfica. Me alienta el hecho de que hasta arqueó- logos respetados han buscado comparaciones incluso en Camboya (M. D. Coe, 1957a), y que como etnógrafo de las variedades hor- tícolas que nunca ha puesto el pie en Mesoamérica no puede es- perarse de mí nada más sustancial.2 No pretendo iluminar autori- zadamente las tinieblas que hay en el centro de los ecosistemas tropicales, sino más bien ofrecer algunas alternativas en tono de "podría haber sido" a las historias de la milpa maya que se cuentan en tono de "había una vez".

MEDIO

NATURAL

Una comparación del área maya de las tierras bajas, por lo cual

te-

entiendo la península de Yucatán,

Belice y El

Peten,

con el

SUBSISTENCIA MAYA

329

rritorio de los pueblos hablantes de ibo al este del Níger en el sur de Nigeria, no exige demasiado la imaginación geográfica. El cua- dro xii. 1, que muestra los rasgos aproximados de precipitación, temperaturas, suelos, flora y zonas climáticas generales, indica va- rias semejanzas. Las variaciones dentro de cada región, de más precipitación y selva tropical más densa en el Sur a un ambiente más seco de tipo sabana en el Norte son aproximadamente para- lelas. Diferencias pronunciadas —como la sustitución por los ibo de mucha selva de las tierras bajas por palmeras y, más al Norte, por sabana derivada— pueden representar los efectos de la presión demográfica actual, en contraste con la situación en El Peten, cuya selva alta en la actualidad muestra las huellas de la intervención humana sobre todo en el predominio de las especies salvajes eco- nómicamente útiles (Lundell, 1938: 38). Una distinción impor- tante entre ambas áreas se refiere a la composición de los suelos, con las rendzinas y térra rosas de Yucatán derivadas de una base caliza (Perdón, 1959; Stevens, 1964), mientras que las tierras ro- jas de Ibolandia son resultado del trabajo del tiempo sobre are- niscas sedimentarias. Ambas favorecen la filtración rápida, excepto en áreas aluviales, pero los suelos calcimórficos pueden conservar su fertilidad más tiempo que sus homólogos africanos, que se em- pobrecen rápido. Los mismos tipos de plantas son apropiados para el cultivo en ambas regiones y entre ambas ha tenido lugar cierta cantidad de intercambio fructífero, lo que sugiere por lo menos que no estamos comparando manzanas con naranjas sino algo más afín, quizá dos variedades de frutas cítricas.

Los IBO

Intensificación

agrícola

Superficialmente, la producción de alimentos entre los mayas de las tierras bajas en la actualidad se parece muy poco a la que se da entre los ibo. El cuadro convencional de la agricultura maya es de cultivo temporalero de maíz, quizá junto con algo de frijoles, calabazas y chile. La observación de la rápida declinación del ren- dimiento y el testimonio de los propios agricultores refuerza la im-

en las tierras

bajas mayas

un sistema de roza rotatorio que permita que la

presión de que "el único tipo de cultivo posible

selva se regenere en los intervalos" (M. D. Coe, 1967: 25). Por lo general, cada parcela se cultiva por dos años y después se deja

CUADRO XII.l. Comparaciones ambientales entre las tierras bajas

mayas y la región ibo de Nigeria

Precipitación

anual

(en mm)

Temperaturas

(en grados

centígrados)

Tierras

bajas

mayas

/. Peten, faja en la base de la península de Yucatán. Tikal y Belice en la línea de 2000 mm. El Usuma-

el centro del

cinta

drena

• área.

2. La mayor parte de Yucatán Quintana Roo Campeche

3. Noroeste de Yucatán Progreso Mérida

2 000-3 000

1 000-2 000

1 200-1 500

900-1 700

500-1 000

470

913

Variabilidad: 10-40° Media mensual: 25-26° con variaciones desde 22.7-28.5°

Nunca por debajo de 18° en las tierras bajas tropicales

/. Sección meridional (abundantes lluvias que producen erosión)

2. Sección norte

1 800-2 000

1 000-1 800

Promedio mensual:

mínimo 2-6°

máximo 35°,

Suelos

1. Suelos hidromórficos desde Tabasco hasta

El Peten.

Inunda-

ciones

intermitentes. Alto

contenido or-

gánico

donde el drenaje

es restringido.

2. Rendzina calcinomorfa derivada de la base caliza. Centro y este de Yucatán, buena parte de El Peten.

3. Tierra rosa laterizada en clima de dos estaciones (seca-lluvia), alto contenido de calcio. Noroeste de Yucatán desde el sur de Campeche hasta el extremo nordes- te de la península.

Flora 1. Selva alta (50 m) con algunos árboles deciduos. Verdadera selva tropical sólo en algunos lugares. La selva muestra in- terferencia humana: nivel medio de Bro- simun, Achras, Talisia; subnivel de pal- mas, aguacates, mamey, copal.

duro y

2. Manchas

de

sabanas

con

pasto

árboles raquíticos en El Peten y el sur de Campeche.

Derivados de rocas sedimentarias, tie- rras rojas o arena acida; pobre en nu- trientes minerales; la textura gruesa favorece el filtrado rápido. Más arriba de la escarpa de Udi, derivados de are- nisca roja blanda, fácil de trabajar pero pobre; fértil al limpiarse, pero al ser cultivado se agota rápidamente.

1. Selva tropical (40 m) con tres ni- veles; selva tropical húmeda a lo largo de las corrientes, reemplazada por arbustos de palma.

2. Sabana derivada con restos de selva al norte de la isoyeta de 2 030 mm; las aldeas forman islas de foresta- ción en los pastizales pobres de las alturas.

Zonas climá-

ticas

Tierras

bajas

mayas

1. Afw—Selva tropical: más de 60 mm de lluvia por mes. Rodea el Usumacinta; se ensancha hasta incluir la costa deHon- duras.

2. Amw—Monzón tropical: Breve periodo seco en invierno, un mes al menos de — de 60 mm

Chetumal

3 meses 30 mm

o menos

Cozumel

3 meses 57 mm

o menos

3. Aw—Tropical húmedo y seco, estación seca, noviembre-mayo. Seca del pasto, caída estacional de hojas. Tierras bajas de Veracruz, noroeste de Yucatán.

Campeche

7

meses

Marida

6

meses

Región ibo

/. Amw—Monzón tropical (Guinea) :

2000-2600 mm de lluvia; estación seca de menos de tres meses (Orlu, Owerri, Abak).

2. Aw—Tropical húmeda y seca (sub- guineana) : 1 400-2 000 mm dellu- via, estación seca de 3-5 meses(no - viembre-marzo) con menos de 60 mm. Lluvias de verano con pico doble; la precipitación es temporal y espacialmente irregular.

FUENTES:

Vivó Escoto,

1949, 1964;

FUENTES: Buchanan y Pugh, 1955; Mor-

Stevens, 1964.

gan,

1959; A. T. Grave,1951.

en barbecho de cuatro a siete años en El Peten, o de 15 a 20 anos en Yucatán. Con la investigación de la agricultura «™™ er ^

zada en el Asia sudoriental (Freeman, 1955; Conkhn

1961, Harns,

1954, Geerte,

1963-

Spencer,

1966) y Sudaménca

(Carneiro,

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334 PROCESOS Y MODELOS

ría de las zonas de selva del África pccidental confía en el cultivo de ñames y mandioca (yuca) en barbecho corto, con maíz, arroz y frijoles como cultivos subsidiarios. Tras desbrozar y quemar, luego de las primeras lluvias de marzo se siembra el ñame y el maíz, más varios tipos de cucurbitáceas y melones. Después de la pri- mera cosecha de maíz, en junio, se siembran frijoles, yuca, quin- gombó (okra). En septiembre u octubre se saca la mandioca, y la segunda cosecha de maíz tiene lugar de octubre a noviembre. Es posible que el agricultor regrese uno o dos años después en busca de camote y yuca de maduración más lenta. El periodo de barbecho preferido, que permite una adecuada restauración de la fertilidad, es de entre ocho y 15 años (Buchanan y Pugh, 1955:

105). Donde es preciso reducirlo debido a la escasez de tierra, se introduce gradualmente una primitiva agricultura sedentaria, ba- sada en la rotación de cultivos, la selección más cuidadosa de las semillas y la siembra escalonada. En un ejemplo de rotación de Nnewi, en la provincia de Onitsha (cuadro xn.2), las legumbres como frijoles y chícharos se utilizan deliberadamente para mejo- rar el suelo, y la crotolaria silvestre se emplea al final de cada ci- clo para cubrir el suelo, afirmándolo y protegiéndolo de los ele- mentos climáticos (Floyd, 1969). Cuando las plantas maderables ya no se regeneran espontáneamente, pueden plantarse los arbus- tos Acioa barteri y Macrolobium macrophyllum para ayudar a res- taurar la fertilidad durante el periodo de barbecho (A. T. Grove, 1951; Morgan, 1959). Una sucesión de cultivos no sólo protege la tierra y extiende la cosecha sino que garantiza que por lo menos alguno de los cultivos se logrará en condiciones climáticas varia- bles (Morgan, 1955). La estrecha correlación entre el tamaño cada vez menor de las parcelas y los periodos de barbecho más cortos y el aumento de la densidad de población es visible en el cuadro

CUADRO XII.2. Rotación

Primer año

Segundo año

de cultivos en Nnewi, Nigeria

Tercer año

Camotes

Maíz o cocoyam

Yuca

tardía

Frijoles

Frijoles

Chícharos

o calabazas

Verduras

Verduras Yuca temprana

Crotolaria de barbecho

FUENTE: Floyd, 1969: 179.

SUBSISTENCIA MAYA

335

CUADRO XII.3. Densidad de población y agricultura entre los ibo de Nigeria

 

Largo del

Propiedad

Densidad

de

barbecho

promedio

Arta

población

(años)

(en hectáreas)

Aba

más de 1000

3

1.2

Nvosi

436

5

1.6

Ndoki

148

7

4 o más

FUENTE: Morgan,

1955.

xn.3. También vale la pena observar que las áreas más densamen- te pobladas de los ibo incluyen cuatro o cinco cultivos de gran importancia (ñame, mandioca, chícharos, maíz, haba), mientras que sus vecinos con tierras más abundantes confían en dos o tres cultivos o incluso un monocultivo imperfecto (Floyd, 1969: 187). Aunque el cultivo alimenticio más deseable sigue siendo el ñame, su producción está declinando en favor de la mandioca. Como ésta no requiere un suelo rico, da rendimientos más elevados con barbechos más cortos, Además, tarda menos en crecer que el ñame, se puede cosechar cuando no hay otra cosa y se puede procesar convirtiéndola en una harina llamada gari, fácil de almacenar y de transportar (Morgan, 1955). Junto con el uso más continuo de tierras de cultivo alejadas, el uso intensivo ha alterado la composición de la vegetación silvestre que queda. La selva alta prácticamente ha sido eliminada en bue- na parte del sur de Ibolandia, reemplazada por densos palmares autorreproducidos de coco de aceite. Esta palma crece mejor que nunca en terrenos húmedos pero con buen desagüe y es capaz de prosperar en arenas de valor nutritivo relativamente escaso. En las zonas altas de los ibo, aunque el agua se filtra pronto, el suelo per- manece húmedo hasta profundidades de cerca de un metro y me- dio aun en la estación seca. Este factor explica en parte el éxito del cultivo de árboles frutales (A. T. Grove, 1951). La palma proporciona un aceite comestible rico en vitaminas que se obtiene tanto de la capa carnosa exterior de la fruta como de la médula. Su savia, ligeramente fermentada como vino de palma, es parte importante de la dieta ordinaria. Las varas centrales de las hojas se emplean en la construcción, las hojas para hacer techos y las

336 PROCESOS Y MODELOS

fibras para hacer ropa (Buchanan y Pugh, 1955: 132). Como el aceite de palma se vende en el mercado internacional, el árbol es un pilar básico de la economía de los ibo, tanto monetaria como doméstica. Al proteger los árboles jóvenes eliminando la vegeta- ción competidora, sangrar los árboles y recoger periódicamente sus frutos, los ibo han intensificado sus actividades recolectoras, ade- más de las más propiamente agrícolas. Además, se transfieren ma- teriales orgánicos de la selva a las parcelas cultivadas cubriéndo- las de hojas, actividad intensiva en mano de obra que consiste en recoger los desechos que cubren el suelo de la selva y extenderlos sobre los campos. Esto además reduce la pérdida de agua del suelo por evaporación (Floyd, 1969: 180). El mismo efecto puede ob- tenerse mediante la cubierta en seco, arando la superficie a in- tervalos durante la estación seca. Aunque las prácticas de fertilización con estiércol y sustancias orgánicas en descomposición se extienden hacia las parcelas ex- teriores, donde están más desarrolladas es en las pequeñas parcelas adyacentes a los recintos residenciales. Indudablemente algunas verduras y condimentos, así como los árboles frutales, siempre se han cultivado junto a las viviendas o en pequeños espacios dentro del recinto cercado. La escasez de tierra y la disminución del ren- dimiento de las parcelas han llevado al cultivo de alimentos bási- cos feculentos como el ñame y con métodos de agricultura perma- nente en los huertos de los recintos cercados. La horticultura de solar de este tipo se encuentra actualmente en casi todos los pueblos rurales de los ibo, y se ha extendido a las parcelas de la perife- ria de los poblados en las áreas de mayor densidad de población, de Onitsha a Uyo (Fig. xii.l) y en la meseta de Udi (Floyd, 1969:

181). En el pueblo de Oko, en la escarpa de Awka, una familia promedio de cinco personas puede mantenerse con cerca de una hectárea de tierra cercada más un cuarto de hectárea adicional de roza cultivada después de entre cuatro y seis años de barbecho (A. T. Grove, 1951). Los huertos de solar también pueden estar dispersos en pequeñas parcelas de cuatro u ocho áreas cada una.

La impresión que se tiene es muchos niveles tróficos, donde drados de suelo se mantienen ingeniosa técnica de cultivos treras como las cucurbitáceas Maje de los tubérculos, que a árboles "económicos" menores

de un sistema de agricultura en en los mismos pocos metros cua- varios niveles de cultivos: una mixtos y sucesivos. Plantas ras- disfrutan de la sombra del fo- su vez crecen a la sombra de como plátanos (de varios tipos),

SUBSISTENCIA MAYA

337

naranjos, mangos, fruta de pan, pera nativa, cajú, nueces de ricino y cola; las ubicuas palmas de coco de aceite crecen por encima de todo, a alturas que varían entre 10 y 20 metros, sólo eclipsadas por especímenes dispersos de gigantes de la selva alta original, especialmente álamos. En suma, hasta una docena de plantas alimenticias y beneficiosas pueden estar luchando por sobrevivir y dar fruto en estrecha proximidad. (Floyd, 1969:

181).

Lejos de ser una alternativa primitiva e ineficaz a la moderna agricultura especializada y el monocultivo, el cultivo mixto podría ser sumamente beneficioso en condiciones tropicales. La variedad de vegetación es mejor para el mantenimiento de la fertilidad del suelo, requiere menos fertilizantes y plaguicidas químicos, está me- nos expuesta a invasiones de plagas y enfermedades y evita la dis- minución del valor nutritivo de los cereales y vegetales (Igbozuri- ke, 1971). Los suelos ricos de los huertos domésticos, mantenidos por la descomposición de restos domésticos, cenizas, hojas muertas, ras- trojos y cascaras vegetales, más el estiércol de cabras y aves, per- mite el cultivo de especies exigentes como tabaco, caña de azúcar, plátanos, varias verduras y plantas de hoja, pimientos, pina y papaya. La tierra negra es recogida sistemáticamente en áreas de severa escasez de tierra como Ezza en Abakaliki (Wallace, 1941). Por su mayor contenido orgánico el suelo de los huertos conserva la humedad por más tiempo, además de recibir agua adicional de los techos y el desagüe de los patios, y está protegido de la acción directa del sol y la lluvia por árboles de sombra (Morgan, 1969a). La tierra puede estar dispuesta en camellones, con material orgá- nico en descomposición enterrado en los surcos de la estación an- terior y depresiones entre los camellones que retienen el agua de lluvia. En el momento de sembrar se vuelve a colocar materia or- gánica en el fondo y en la cima (Floyd, 1969: 182). En partes montañosas se construyen terrazas con muros de contención de pie- dra seca (Floyd, 1965). Un sistema de uso múltiple de la tierra que combina huertos do- mésticos permanentes con cultivos itinerantes más alejados propor- ciona no sólo variedad alimenticia y garantías contra un mal cul- tivo sino también una distribución más eficiente del trabajo. El huerto necesita poco trabajo en la estación seca, pero exige un

desyerbe considerable durante las lluvias

acre) y también abonado (10 días-hombre por acre para cavar,

(4-10 días-hombre por

Alto s

i—i—'—i

a Makurd, Jos y Kaduna

, Escarpas -i, con quebradas

II I

i

i

i i Millas

|

Escarpas sin quebradas

| > 156 habitantes po r km 2

FIGURA XII. 1. Mapa

de Nigeria oriental

AMERUN

///////////

OCCIDENTAL

SUBSISTENCIA MAYA

339

transportar y extender tres toneladas

composición) (Morgan, 1969a). Las técnicas de cultivo de rastri-

llo son más elaboradas, más cuidadosas y consumen más tiempo

que las necesarias para la agricultura de roza. La residencia en la vecindad inmediata de la parcela permite la cosecha selectiva de productos y frutas, la protección contra plagas y la prevención de robos. El tiempo de desplazamiento desde el campo se reduce

al mínimo. Las tareas de horticultura pueden ser llevadas a cabo

fácilmente por mujeres y niños, ampliando así la fuerza de trabajo disponible. Para los terrenos de barbecho mediano más alejados la máxima demanda de trabajo ocurre en la estación seca, para de-

rribar y quemar. Las técnicas de labranza son más burdas que en los huertos, y se desyerba menos. Las plantas que se cultivan por

el método de roza tienen que ser bastante tolerantes ante las in-

vasiones 'de hierbas y tener cierta resistencia a las plagas y las en- fermedades. Es probable que el insumo total de trabajo aumente con la intensidad de la agricultura, y que parte del esfuerzo que

antes absorbían la recolección y la caza sea reorientado hacia la agricultura, a medida que se reducen las áreas de selva accesibles. No estoy argumentando que la agricultura ibo sea una pauta de subsistencia antigua y estable ni que constituya una adapta- ción óptima a un medio tropical. El desplazamiento hacia el sur de las poblaciones hablantes de ibo hacia una zona densamente cubierta de selva bien puede haber llegado a ser importante sólo desde el siglo xvn (Morgan, 1959). Plantas americanas domestica- das como el maíz, la mandioca, el cacahuate, el camote, el tabaco

y varios cítricos fueron probablemente introducidos por los por-

tugueses a través de Benin en el siglo xvi. Machetes de acero lle- gados por el comercio con Europa permitieron desmontar con más rapidez y facilidad, aunque las tierras boscosas del Norte, más se- cas, podían limpiarse eficazmente descortezando los árboles y que- mándolos. El aceite de palma sólo adquirió importancia comercial después de declinar el tráfico de esclavos europeo en el siglo xrx. Lo importante no es la antigüedad de la agricultura intensiva en- tre los ibo sino la rapidez misma de su desarrollo y elaboración en condiciones de escasez de tierra y aumento de densidad de po- blación. La diversificación y rotación de los cultivos, el uso de plantas que regeneran el suelo durante los periodos de barbecho, la aplicación de materias fertilizantes, la disposición de la tierra en camellones, los huertos domésticos y las aplicaciones mayores y más continuas de trabajo, todo contribuyó a la intensificación.

de materia orgánica en des-

340 PROCESOS Y MODELOS

Está claro, sin embargo, que en muchas zonas, la selva alta fue

eliminada, las sabanas de pasto se extendieron y hubo un marcado deterioro del suelo. La eliminación de los árboles maderables de algunas cuencas aceleró algunos ejemplos espectaculares de forna- ción de cárcavas por erosión (A. T. Grove, 1967). Donde la dca-

sidad de la población rural supera los 386 la más intensiva agricultura local es capaz

habitantes por km2, ni de mantener a toda la

población, y las importaciones de alimentos (principalmente pes- cado y carne de res) hay que pagarlas con el producto del comer- cio y el trabajo asalariado migratorio (Udo, 1964). Donde pre- domina el cultivo de huertos de solar, hasta 60 o 70% de los hombres adultos puede estar ausente en determinado momento.La intensificación agrícola aparece, pues, como un medio posible y práctico de enfrentar la escasez de tierra en el trópico, aunque no como solución final o suficiente para todos los problemas de dese-

quilibrio del ecosistema.

Patrón de poblamiento y tenencia de la tierra

Si la intensidad del uso de la tierra en realidad varía en propor- ción directa a la presión demográfica, podría esperarse que fac- tores sociales como la ubicación de las residencias y el derecho a los medios de producción mostraran cambios correlativos. Un sis- tema relativamente puro de agricultura itinerante en presencia de abundante selva virgen o plenamente regenerada con densidades de población de 10 a 12 personas por km2 podría llevarse a cabo desde una aldea cuya ubicación cambiara ocasionalmente por moti- vos de conveniencia. A medida que ya no es tan fácil disponer de tierra y el cultivo de parcelas en barbecho mediano (3-7 años) adopta una secuencia más regular, el pueblo nucleado en un sitio permanente ofrece ciertas ventajas. Desde ese punto central, las tierras que rodean el poblado están relativamente equidistantes, y se podría administrar un plan para cultivar por turno cada sector de la tierra al tiempo que se protegen contra incursiones los cam- pos en barbecho. Se podría organizar en cooperativa el mante- nimiento de senderos que irradiaran a partir del pueblo y las ope- raciones iniciales de limpieza. Un asentamiento nucleado más grande podría defender mejor su territorio, y antes del final del tráfico de esclavos y de las guerras tribales, a menudo se construían recin- tos cercados dentro de un círculo de selva espesa o de terraplenes (Udo, 1965). Un núcleo de población con racimos de caseríos de-

SUBSISTENCIA MAYA

341

pendientes podía tener entre 1 000 y 5 000 habitantes y ocupar has-

ta 38.850 km2 (Floyd, 1969: 56). La adjudicación de los derechos de

usufructo de tierras del poblado o de un clan podría hacerse anual- mente, según las necesidades de cada casa. Una red de poblados

coloniales madres e hijos se extendió por las tierras altas de los ibo, cuyos suelos ligeros con buen desagüe eran más fáciles de lim- piar, más aptos para los' tubérculos y también para la palma de coco de aceite. La comunicación se mantenía por medio de sen- deros ubicados a lo largo de los camellones que separan vertientes, evitando los pantanos estacionales y la densa maleza de las áreas bajas (Floyd, 1969: 48). El principal problema de ubicación po- dría haber sido la distancia hasta fuentes de agua confiables du- rante la estación seca, cuando el agua superficial'desaparece en el suelo poroso. El crecimiento continuado de la población sin la posibilidad de

migración

al mismo tiempo condujo a la desintegración de los asentamien-

tos nucleados. "Es

sugerir que en condiciones que

requieren un uso más intensivo de la tierra, un poblamiento dis- perso pone a la población en contacto más estrecho con la tierra que un patrón de poblamiento nucleado" (Prothero, 1972). Mor-

gan (1955) calculó que una rotación que requiera una hectárea

y media bajo cultivo para una familia de siete personas con un

periodo mínimo de barbecho de tres años podría mantener apro- ximadamente 145 individuos por km2 de tierra cultivada. Cuando

se alcanza una densidad crítica de entre 382 y 490, la agricultura de

roza deja de ser adecuada y es preciso introducir varias medidas de intensificación. En tales circunstancias, los recintos cercados se dispersan, quedando cada casa en el centro de su propio huerto-

jardín. El poblamiento disperso —a diferencia de los poblados nu- cleados, las aldeas de calle y los caseríos compactos— muestra una fuerte correlación con áreas ibo que tienen una densidad superior

a los 155 habitantes por km2 donde la densidad llega a 1 000, los

recintos dispersos son prácticamente continuos (Figs. xii.2, xii.3). En los altos situados entre Awka, Enugu y Nsukka, han aparecido "ciudades" que contienen entre 10 000 y 60 000 personas cada una, en recintos dispersos (Morgan, 1965). A medida que los recintos llenan el territorio de un poblado, tierras que antes estaban bajo agricultura itinerante pasan a ser cultivadas en forma permanente como huertos cercados. Las tierras de cultivo abiertas y la selva pueden desaparecer prácticamente del área en menos de 30 años

estimuló la creciente dependencia de la horticultura y

AIRONES DE POBLAMIENTO EN NIGERIA ORIENTAL

J Aldeas de calle con casas dispersas

-j Aldeas de calle con casas nucleadas

Villeros y aldeas nucleadas

Vínonos compactos y aldeas del interior

Caseríos dispersos

Caseríos sumamente dispersos Caseríos dispersos y casi continuos Villorbs compactos y aldeas del delta y la costa de Biafra

Villorios y aldeas aislados en la selva Millas

10

20

30

40

50

60

70

REGIÓN SEPTENTRIONAL

., 0 o/ f

/

NIGERIA

l REGIÓN^"

OMENTAL

10°

9

Millas

'j

FIGURA XII.2. Patrones de poblamiento en Nigeria oriental (según Udo, 1965: Fig. 1)

DENSIDAD DE POBLACIÓN RURAL EN NIGERIA ORIENTAL,

O

1952-1953

HABITANTES POR KM2

2 0

*

Kilómetro*

6 0

«'O

10 0 12 0

Ss --Se

FIGURA XII.3. Densidad

GOLFOt°D E

GUINE A

de población rural en Nigeria oriental, 1952-1953 (según

CAMERÚN

Udo, 1965: Fig.

2).

ALDEAS OZUBULU, 1930

FIGURA XII.4. Aldeas ozubulu, Nigeria oriental, 1930

(según

Udo, 1965: Fig. 6).

(Figs. xii.4, xii.5). Es claro que la ubicación de los recintos cer- cados queda determinada por la conveniencia de la tierra para la agricultura antes que por la ubicación del agua; hay casas si- tuadas hasta a 12 kilómetros de fuentes de agua permanentes, y las cisternas recubiertas de arcilla del recinto cercado generalmen- te no dan agua para beber (Morgan, 1955). Cuando ya los ancianos no pudieron asignar a todas las casas la cantidad adecuada de tierras comunales, surgieron demandas de tenencia individual. La tierra privada u okpulu, generalmente la ocupada por las casas y sus huertos adyacentes, siempre ha sido considerada por los ibo como propiedad de un individuo o familia en forma semejante a nuestra propiedad privada, salvo que no puede ser enajenada (Morgan, 1955). La conversión de tierras comunitarias al uso residencial o de horticultura trajo consigo el predominio de la propiedad individual sin cambiar radicalmente reglas culturales ni la asociación tradicional entre el uso de la tierra y su tenencia. Sólo en la propiedad personal de la tierra puede un ,

ALDEAS OZUBULU 1958

,,,:^ ^

FIGURA XII.5. Aldeas ozubulu, Nigeria oriental, 1958

(según

Udo, 1965: Fig. 7).

hombre encontrar seguridad, y pronto se hicieron arreglos para empeñar, arrendar y vender propiedades (Chubb, 1961; Jones, 1949). Cuando la creciente demanda de tierras cultivables causó

disputas, los herederos respaldaron sus pretensiones erigiendo cons- trucciones (Udo, 1965) y plantando árboles económicos y alma-

cigos permanentes para indicar posesión continua

También es posible que los miembros del linaje se dispersen hacia los límites de su territorio para defenderlo mejor contra las incur- siones de grupos de parentesco rivales. La fragmentación de las tie- rras comunales y las ventajas de residir en el huerto o cerca de él también han contribuido a la división de grandes unidades familia- res en casas separadas (Udo, 1965; Netting, 1969). Con la sustitu- ción de la propiedad comunal del poblado y la residencia coope- rativa de familia extensa por la propiedad individual y las casas de familia nuclear, es evidente que las diferencias económicas se ha- cen más pronunciadas y que tienen que aparecer grandes variacio- nes en el acceso a los recursos productivos. Junto con la tendencia a la propiedad individual en condiciones de gran densidad de po-

(Morgan, 1969a).

346 PROCESOS Y MODELOS

blación, un observador ha señalado la aparición de formas de par- cela más rectilíneas en lo que podría ser el tamaño mínimo útil (Morgan, 1955). Los campos, a los que se llega por senderos pa- ralelos distribuidos regularmente, tienen estrechos frentes de alre- dedor de nueve metros, acercándose a un tamaño uniforme de poco menos de 10 áreas, útil para las mediciones, la división de heren- cias, el intercambio y la venta.

Comercio e integración político-religiosa

El reverso de la intensificación agrícola es lo que podría llamarse extensificación económica. Las mismas presiones que amenazan la autosuficiencia local de subsistencia aumentan también la ventaja selectiva de la especialización por oficios y las redes de intercambio. Una mayor concentración demográfica de agricultores necesita ali- mentos, fibras, implementos para cortar y cavar, materiales de pro- cesamiento para moler, cocinar y otros que no es fácil obtener a mano de las selvas, canteras y arroyos. También es posible que au- mente y se estabilice la demanda de bienes suntuarios importados para exhibición social o propósitos rituales. En las áreas de las tie- rras altas donde hay escaseces de alimento crónicas a pesar del hin-

se dedi-

can desde hace mucho al telar, el procesamiento de productos de la palma, la herrería y otras especialidades; cambiaban herramien- tas de hierro, telas de algodón, aceite de palma, ganado y también, antiguamente, esclavos, por sal, ñame y pescado ahumado de la re- gión del río Níger (Henderson, 1972: 36). Desde el siglo xvn, los ibo de las tierras bajas despachaban madera roja de Baphia nítida y esclavos río abajo, a cambio de brazaletes de cobre y objetos ma- nufacturados europeos, y además enviaban hacia el Norte marfil y potasa, hacia la confluencia del Benue. El gran intermediario en ese comercio era Onitsha, situada más arriba de las zonas de cre- cientes del Níger y con acceso directo a las tierras altas, densamente pobladas. Onitsha es casi el único de los centros ibo con categoría de ciudad, con una organización estatal que tiene en el centro un? monarquía sagrada.

El número y tamaño de los mercados domésticos en los altos re- fleja la dependencia de esos poblados de los alimentos de las tierras bajas (A. T. Grove, 1951). La mayoría de los pueblos tienen mer- cado cada cuatro u ocho días, a los que asisten hasta 4 000 personas en un radio de 16 kilómetros. Los pueblos pueden alcanzar cierta

capié hecho en la horticultura intensiva de trabajo, los ibo

SUBSISTENCIA MAYA

347

reputación por alguna artesanía particular, como en el caso de la herrería en Awka, o la cerámica de Inyi, que se comercia en un radio de alrededor de 50 kilómetros. También de los distritos con- gestionados de huertos continuos es donde la migración es más evi- dente. Los hombres van a plantar ñame en las tierras bajas (Udo, 1964) o se convierten en jornaleros, en pequeños comerciantes o en empleados en los pueblos modernos. La educación es más popu- lar en las áreas donde las oportunidades agrícolas son más limita- das. Estas observaciones, apoyadas por material comparativo de las zonas campesinas de China, Rusia e Inglaterra (Netting, 1974) su- gieren que la especialización de oficios y la expansión del comercio son resultado no tanto de la opulencia y el tiempo libre como de una situación de estrechez agrícola en que es preciso suplementar recursos de tierra insuficientes con ocupaciones parciales de otro tipo. Aun cuando el comercio pueda a la postre conducir a la ri- queza, parece ser ante todo un último recurso para el agricultor pobre, cuya preferencia por la seguridad y la independencia de la agricultura autosuficiente es indudable. La relativa conveniencia y ligereza de la mayoría de las tareas relacionadas con la horticultura y la arboricultura significa también que no se necesita la presencia continua de hombres adultos. Aun cuando convencionalmente se considera la organización po- lítica de los ibo fragmentada y en pequeña escala, con la autoridad ejercida por una variedad de consejos de clanes, jefes de pueblo y sociedades de títulos, va resultando evidente que han existido es- tructuras más exclusivas de ritual común y hegemonía simbólica. El mito del origen del rey Nri cuenta que vino del Norte, que cultivó el primer ñame y el primer camote de las cabezas de sus hijo e hija sacrificados y produjo una medicina sagrada que volvió comestibles los ñames (Henderson, 1972: 60). Él y sus parientes fundaron una cadena de comunidades en lo que es hoy el área más densamente poblada de las tierras altas de los ibo, al este de Onitsha. Cobraban un tributo anual a cambio del uso de su medicina para los ñames. Los descendientes del rey Nri tradicionalmente establecían el calen- dario ritual anual de esas comunidades así como el orden de los mercados semanales. Los hombres del poblado real que habían al- canzado la purificación ritual representada por el título de ozo es- taban en libertad de viajar seguros por el territorio ibo, llevando sus bastones sagrados y las medicinas que les permitían limpiar de abominaciones sociales otras comunidades. Podían conferir a otros el título de ozo y dispensar la medicina sagrada para los ñames. "Esa

348 PROCESOS Y MODELOS

licencia simbólica y los derechos que determinaba definían una de- pendencia de esos grupos ibos hacia Nri en cuanto asu subsisten- cia, ley y obtención de prestigio" (Henderson, 1972: 61). No se afirma que el rey Nri ejerciera un control político directo sobre los grupos locales de ibos, que eran en buena medida autónomos, sino más bien que encarnaba ideas religiosas comunes y empleaba medios rituales para promover comunicaciones, resolver conflictos y legitimar el poder de los gobernantes de aldeas. Que ese papel comportaba un prestigio superior y una riqueza considerable puede verse por la riqueza y calidad artística de los artículos funerarios hallados en el entierro real de Agu-uku (Shaw, 1970). Un modelo más reciente, pero que todavía funciona de modo similar, de integración político-religiosa puede verse en la red de colonias de Aro Chuku, cuyos agentes residentes guiaban a los su- plicantes ibos al santuario de un poderoso oráculo (Ottenberg, 1958). Ya he sugerido (Netting, 1972) que los conflictos derivados de la competencia intensificada por la tierra cultivable podían mitigarse o resolverse por medio de tales adjudicaciones de san- ción sobrenatural, y que rutas y comerciantes provistos de pro- tección mágica podían aumentar mucho la actividad comercial en ausencia de un gobierno centralizado fuerte. El establecimiento de la supremacía espiritual visible en el ritual agrícola fundamen- tal, la determinación de las ocasiones públicas, la administración y protección del comercio y la mediación en conflictos serios puede haber sido un precursor frecuente de instituciones estatales más formales y con más autoridad. Cuando los problemas a que un grupo se enfrenta surgen de la dinámica interna de su ecosistema, antes que de una amenaza militar externa, es posible que una organización voluntarista y sancionada religiosamente como la de los ibos aventaje a la imposición directa de mecanismos de coer- ción o de explotación.

Los

MAYAS

Reconstrucción de la agricultura maya

El objeto de nuestra larga excursión por las prácticas agrícolas y la sociedad de los ibos de África occidental era proporcionar un modelo detallado único que indicara la posibilidad de intensifi- cación agrícola en los trópicos húmedos y la asociación evolutiva de ese proceso con el aumento de la población, el aumento de la especialización de oficios y el comercio y la aparición de nuevos

SUBSISTENCIA MAYA

349

tipos de integración político-religiosa. Propondré que acaso haya semejanzas funcionales entre los ibos y los mayas del Preclásico, aunque no debemos esperar semejanzas estrechas en la forma ni en los detalles de ambos sistemas. Una ojeada a una parte de la información que poseemos sobre la agricultura en las tierras bajas mayas, unida a las deducciones que podemos hacer con base en otros casos etnográficos mesoamericanos, debería mostrarnos si es cierto que ese paralelismo existe. La prueba más sólida de la existencia de técnicas agrícolas in- tensivas entre los mayas son los restos de campos drenados o ele- vados a lo largo de los ríos Candelaria y Usumacinta (Puleston

y Puleston, 1971; Siemens y Puleston, 1972). Campos elevados si-

milares a lo largo del río Hondo han sido asignados provisoria- mente al periodo comprendido entre el Preclásico Tardío y el fin del Clásico (Hammond, 1976: 11). Aunque las técnicas de dre- naje son menos espectaculares que las obras de riego y las chinam- pas que se ven en otras partes de América aborigen, su presencia posiblemente indica una población superior a la capacidad de sus- tentación de tierras más fáciles de cultivar (Denevan, 1970). Es evidente que la construcción de camellones de 25 o 30 metros de largo, cinco metros de ancho y un metro de altura requirió canti- dades de trabajo considerables. Esto sugiere un uso permanente o repetido y por lo menos una dependencia parcial de técnicas dis- tintas de la de la milpa itinerante. Si bien es posible que la tierra

misma no estuviera limitada, las tierras aluviales ricas y próximas

a fuentes de proteína animal acuática, no inundadas ni resecas en

forma periódica y accesibles en canoa obviamente eran escasas. El proceso anual de limpiar los canales, aunque laborioso, hubiera asegurado el drenaje a la vez que fertilizaba con el limo la parte superior de los camellones, permitiendo así producir sin periodos de descanso. Es posible que la parte superior de los camellones estuviera ocupada por árboles frutales y tubérculos de tiempo de maduración largo, como la mandioca, mientras que durante la estación seca se cultivaba en los canales xanthosoma, que ama el agua, y una cosecha adicional de maíz. Si es cierto, como sugiere Cari Ó. Sauer (1958), que un ambiente ribereño o litoral ofrece las mejores posibilidades para cazadores-recolectores que son cul- tivadores incipientes en los trópicos, las rutas fluviales hacia la península de Yucatán podrían haber sido escenario de presiones demográficas y experimentación agrícola tempranas.

En los bajos y las depresiones de la sabana, las técnicas de dre-

350 PROCESOS Y MODELOS

naje se complementaban con laconstrucción extensiva de terrazas en el este de Guatemala, Belice (Wilken, 1971) y los altos de Río Bec. "Decenas de miles de terrazas en ruinas atraviesan en todos sentidos las laderas del sur de Campeche y Quintana Roo, cu- briendo un área de más de 10000 kilómetros cuadrados" (Tur- ner, 1974). El sistema de diques de piedra que contiene el suelo erosionado de campos inclinados, más senderos elevados que con- trolan el deslave y permiten trasladarse con facilidad durante la larga temporada de lluvias no concuerda con ninguna concepción de la agricultura de barbecho largo. Turner atribuye el gradual surgimiento de tales técnicas intensivas al crecimiento de la po- blación durante el Clásico Tardío. Aquí no se afirma ningún mé- todo único de producción de alimentos (Wilken, 1971) y en rea- lidad la clave de la agricultura permanente eficaz es la utilización de una gama de técnicas especialmente adaptada a las diferencias locales de terreno, humedad y suelo. El sistema de subsistencia, además, debería registrar con sensibilidad los cambios del am- biente físico debido al paso del tiempo o a la demanda de la po- blación humana. Otro tipo de intensificación es el que promueven áreas excep- cionalmente fértiles, a menudo volcánicas o aluviales, donde las lluvias bastan para producir dos o tres cosechas anuales. La "mil- pa de alto rendimiento" es habitual en los altos de Guatemala (Wilken, 1971); la cosecha doble de maíz con un breve ciclo de barbecho es posible en el área pionera al norte y al sur de Poptún, sobre la cual informan Culbert, Magers y Spencer (1974). Si las técnicas de rotación por sí solas fueran capaces de producir ren- dimientos sostenidos, un área como ésa podría ser, por lo menos transitoriamente, una especie de Edén agrícola. Sin embargo, el rápido crecimiento de la población que parece acompañar siem- pre esa condición fronteriza llevaría casi inevitablemente a la con- tracción de la base de tierra por habitante y a esfuerzos por elevar o siquiera mantener elevada artificialmente la producción. Además, los emigrantes de una región favorecida podrían verse alentados a duplicar ese cultivo en sitios donde deficiencias de suelo o de cli- ma lo dificultaran. El modelo ibo me sugiere que una combinación localmente ajus- tada de 7) milpa con múltiples cosechas donde fuera posible; 2) campos drenados en áreas aluviales o pantanosas; 3) terrazas en las laderas, y 4) jardines-huertos domésticos en parcelas fijas, po- dría haber constituido la base de la subsistencia maya a densidades

SUBSISTENCIA MAYA

351

hasta de entre 116 y 193 por km2.3 La importancia relativa del

maíz, los tubérculos, las verduras, los frutales y la selva variaría según el ambiente local y la presión de la población, pero la in- tensificación podría avanzar en forma rápida y eficaz sin necesi- dad de una tecnología radicalmente modificada, de nuevos cultivos

o de dominación externa.

Altos y bajos productos agrícolas mayas: frutas y tubérculos

Los primeros desaños triunfantes al dogma prevaleciente sobre la milpa obligatoria de los mayas fueron lanzados por Bennet Bronson (1966) y Dennis Puleston (1968), quienes recalcaron respecti- vamente la potencial importancia de los tubérculos y frutales. Concentrando la atención en el camote, la jicama, la yuca o man- dioca y la xanthosoma o malanga, Bronson sostiene que esas plan-

tas tenían una larga historia de cultivo en las tierras bajas, que producen mucho más calorías por unidad de área que el grano, que sus demandas de fertilidad del suelo y de trabajo son mucho menores que las del maíz y que son más resistentes a la sequía.* La diversidad de tipos de camotes, jicamas y malangas sugiere que la región maya podría haber sido el centro de la variación botánica,

y el papel ritual del camote da fe de su antigua importancia eco-

nómica. Reconociendo el riesgo de acabar en un debate circular, podría señalarse también que varios estudiosos han postulado una antigua agricultura de las tierras bajas basada en la yuca y otras plantas de reproducción vegetativa (O. F. Cook, 1935; Kidder, 1940; Sauer y Armillas cit. en Kelly y Palerm, 1952). Muchos de los tubérculos aparecen naturalmente en zonas marginales de transi-

ción o ecotonos como el situado entre los altos y las tierras bajas, en habitáis del borde de la selva donde la cubierta de árboles deja

el lugar a un terreno más abierto, o donde los bosques lindan con

pantanos, ríos o costa (Harris, 1972a). La productividad biológi- ca de tales zonas de contacto tiende a ser elevada, y ofrecen bue- nas oportunidades para la combinación de la recolección de plan- tas silvestres con la caza y la pesca. En la medida en que los mayas realmente ocuparan áreas de clima de monzón o tropical seco-y- húmedo, hallarían un ambiente óptimo para el crecimiento de los

tubérculos.

352 PROCESOS Y MODELOS

Las raíces tropicales, con sus órganos subterráneos especializa- dos en el almacenamiento de féculas, están adaptadas para sobrevivir a la estaciones secas y crecer rápidamente cuando vuelven las lluvias. Se puede suponer que sus antepasadas sil- vestres eran originarias de áreas con estaciones de seca pro- nunciadas, y que la primera selección humana de formas de

raíz superficial con grandes

tubérculos, nodulos o rizomas tuvo

lugar en áreas de ese tipo, antes que en selvas tropicales hú- medas (Harris, 1972b).

Se ha propuesto un amplio "no-centro" sud y mesoamericano para esa domesticación (Harían, 1971). El posterior desplazamiento parcial de los tubérculos por plantas de semilla como los ce- reales es conocido de África y el sudeste asiático además de Me- soamérica (Harris, 1972a). La "predilección por la propagación por yemas antes que por semillas" se ha señalado entre los toto-

nacas, y se extiende a su fácil adopción de la caña de azúcar y el plátano, que concuerdan con la pauta aborigen (Kelly y Palerm,

1952:

148).

Los tubérculos disponibles en Mesoamérica también encajan en una variedad de microambientes presentes en el área de las tierras bajas. Por razones de claridad he reunido los nombres de las raíces cultivadas mesoamericanas en cuatro lenguas en el cuadro xii.4. La mandioca prospera desde el nivel del mar hasta algo más de 1 000 metros de altura en los trópicos y produce de 2 a 6 tonela- das por hectárea, aproximadamente (Oyenuga, 1959). La malanga, por otra parte, prefiere una época de lluvias larga con suelos alu- viales ricos. Requiere un manto freático alto y con frecuencia se planta a la sombra de árboles en los huertos domésticos de los ibos. En Nigeria se han registrado rendimientos de aproximada- mente 4000 a 8000 kilos por hectárea (Oyenuga, 1959: 173). Se

CUADRO XII.4. Nombres de los tubérculos

Español *

Maya

Malanga

Cucutmacal

Yuca

Tsin

Camote

Iz

Jicama

Chicara

*De la zona.

Inglés

Latín

Yautia

Xanthosoma spp.

Manioc

Manihot

esculenta

Sweet potatoe

Ipomoea

batatas

Jicama

Pachyrhizus erosus

SUBSISTENCIA MAYA

353

cultivaba en gran cantidad a lo largo de las márgenes de arroyos en Veracruz y Yucatán, y los españoles, para quienes no era sino un alimento de urgencia, observaron que a los indios parecía gus- tarles mucho (McBryde, 1947: 140). El camote, amante del sol, prospera en suelos con buen desagüe, pero un terreno demasiado rico en materiales orgánicos exagerará su producción de tallos y hojas. La región central de El Peten ha sido considerada general- mente pobre para el cultivo de tubérculos, en especial la yuca, de- bido a sus suelos poco profundos y con drenaje inadecuado, que desde luego no sostiene más que los pastos de la sabana (Cowgill, 1971). Condiciones de suelo similares no impiden la producción de tubérculos en el África occidental, y las típicas técnicas de mon- tículo podrían elevar efectivamente las raíces por encima de capas de suelo impermeables. Es posible que los camellones y campos elevados ya descritos tuvieran el propósito de proteger suelos arci- llosos contra el deslave ocasionado por una inundación de cuatro o cinco meses y prepararlos para el cultivo de tubérculos (Tur- ner, 1974).

es posible que los cultivos de

raíz hayan sido injustamente criticados. La comparación de la pro- teína cruda digerible como porcentaje de materia seca, presentada

en el cuadro xii.5, muestra que la malanga tiene alrededor de 60% de las proteínas que tiene el maíz," y además es buena fuente de aceite y grasas, mientras que en el camote, entre 4 y 7% del al- midón aparece como azúcar. El camote contiene muchos amino- ácidos esenciales y es rico en caroteno, que es una buena fuente

Juzgando

por su valor nutritivo,

CUADRO XII.5. Porcentaje de proteína en cinco vegetales alimenticios

Vegetal

Raíz de yuca (pelada) Rizoma de la malanga (pelado) Camote (pelado) Maíz Frijol lima

* Oyenuga, 1959: 15.

+ FAO, 1970.

Proteína

(Porcentaje

seca)

materia

de

Oyenuga *

FAO +

1.37

1.6

5.04

2.2

4.76

1.3

7.82

9.5

22.30

19.7

354 PROCESOS Y MODELOS

de vitamina A (Oyenuga, 1959: 27-29). Más sorprendente es qui- zá el contenido proteinico de las hojas de la malanga (14.23%) y de las hojas del camote (9.61%), que se pueden cocinar, como sabrosas verduras similares a la espinaca. Igualmente nutritivas y sa- brosas son las hojas de la. yuca (B. Bronson, comunicación perso- nal); Y hay otros productos vegetales sumamente nutritivos. Las semillas o pepitas de la calabaza (llamadas top'sikil en maya) que se emplean en tantos platos regionales, han resultado tener 36.90% de proteínas (J. M. Andrews, comunicación personal). Cuando se reúna más información nutricional acerca de las plantas alimenti- cias, y también por medio de la simulación de varias mezclas po- sibles de tubérculos, verduras, maíz y frutas, tendremos mejor conocimiento del equilibrio dietético maya (Olga Puleston, comu- nicación personal). Además, la preparación de los tubérculos para comer es sencilla. La jicama se consume cruda, y la variedad de yuca o mandioca dulce que se cultiva con más frecuencia se cocina hirviéndola con azúcar o miel. Bolas de almidón de mandioca que se preparan en las tierras bajas de Guatemala se llevan en grandes cantidades a los mercados de los altos (McBryde, 1947: 139). Los mayas yucatecos contemporáneos conocen variedades silvestres de yuca, camote y jicama (J. M. Andrews, comunicación personal). La yuca, que en El Peten se utiliza como almidón, bebida y ali- mento infantil, puede secarse al sol y guardarse durante meses (Reina, 1967). Olga Puleston ha registrado recientemente 43 es- pecies de plantas comestibles cultivadas en los huertos domésticos de Dolores, y otras 40 que crecen como arvenses o son trasplan- tadas de la selva a las milpas (Olga Puleston, comunicación per- sonal). Es demasiado improbable que los mayas ignoraran los tubérculos como alimento antiguo, muy difundido, productivo, nu- tritivo y fácil de cultivar. Igualmente indiscutible me parece el hecho de que en el régi- men alimentario de las comunidades mayas de poblamiento s denso, tanto de milpa como de posible huerto, figuraba una va- riedad de árboles económicos. Además de la fruta, fibra, nueces y savia que produce, un huerto permanente puede ofrecer sombra parcial y conservar la humedad en el suelo, fertilizar el terreno con sus hojas y extraer su alimento de niveles del suelo más bajos y por lo demás no explotados. En Mesoamérica los árboles pasan con facilidad de silvestres a domésticos y viceversa. Los árboles de fruta nativos de Guatemala son en general de crecimiento fortuito, aunque es posible" que un indio siembre una semilla o trasplante

SUBSISTENCIA MAYA

355

un arbolillo más cerca de su casa (McBryde, 1947: 147). Los to- tonacas de Tajín plantan casualmente árboles frutales en el claro de la casa, donde es menos probable que los pájaros ataquen las frutas y donde es más fácil protegerlos de los ataques de la hor- miga arriera (Kelly y Palerm, 1952: 141). Da qué pensar la afir- mación de que la vegetación selvática original de las partes medias de Yucatán ha sido modificada y hasta cierto punto sustituida por árboles dispersos con ayuda del hombre (Lundell, 1938; Wagner, 1964: 232). La asociación estadística directa del Brosimum (el ramón) con los montículos de casa en Tikal ofrece una fascinante

confirmación de ese proceso

(Puleston,

1968)

Los siguientes árboles nativos suministran frutas

económicamen-

te importantes:

Aguacate (Persea americana) Guayaba (Psidium guajava) Anona (Annona reticulata) Matasano (Casimiroa edulis) Mamey (Calocarpum mammosum) Papaya (Carica papaya) Zapote (Achras sapota) Injerto (Lucarna multiflora) Jocote (Spondias mombin) Cacao (Theobroma cacao) Caimito (Chrysophyllum caimito) Nance (Byrsonima crassifolia) Cajú (Anacardium accidéntale) Jurgay (Talisia olivaeformis) Jobo (Spondias purpurea)

Algunas proporcionan varios productos; por ejemplo, de las semi- llas del mamey se hace una bebida y jabón (McBryde, 1947: 147), y del jocote se comen brotes y yemas, además de los frutos. La integración a ese conjunto de árboles importados es tan significa- tiva que los varios tipos de plátanos y mangos son los principales medios de subsistencia de los chortí cuando se agota su reserva de maíz (Wisdom, 1940: 63). También se han introducido los cí- tricos; aun cuando ignoro si sus requerimientos son similares a los de los árboles nativos, es interesante observar que los suelos de El Peten, según el mapa de la Asociación de Alimentos y Agri- cultura —Fomento y Desarrollo de El Peten, son en conjunto mucho más aptos para cítricos que para milpa. Arboles frutales

356 PROCESOS Y MODELOS

como los de aguacates y chirimoyas son especialidades de pueblos particulares de las tierras bajas tarascas, y se ha sugerido que eran objeto de comercio prehistórico con la sierra, donde se consumían especialmente en fiestas religiosas (West, 1948: 46). Los chortí tienen también huertos cuadrados cercados, a menudo regados por manantiales (Wisdom, 1940: 58). En los estudios de la arboricultura mesoamericana se ha des- cuidado quizá la palma, que constituye una parte sustancial de la selva de El Peten (Wagner, 1964: 231): es posible que el valioso árbol de palma de los ibos tenga un equivalente en el hemisferio occidental. La palma cohune (Orbignya cohune) proporciona ho- jas para hacer techos, fabricar sopladores, fabricar impermeables

y escobas, y también proporciona alimento: se come la carne de

su fruto y además las semillas dan un aceite que los indígenas

de Belice utilizan para cocinar y alumbrarse. La madera del tronco

es lo bastante fuerte para emplearla en la construcción (McBryde,

1947: 145). De la médula del corozo (Scheelea spp.) seextrae un excelente aceite (Bomhard, 1945: 77). El coyol (Acracomia mexi- cana), cuyo nombre —junto con los del camote, la yuca, el maíz,

la calabaza amarilla, el chile, el aguacate y el cacao— aparece en

todas las ramas importantes del tronco lingüístico maya (Bronson, 1966), tiene una savia que fermentada da cierto vino de palma cuyo consumo era al parecer una práctica prehispánica (McBryde, 1947: 145). Si el vino de palma mesoamericano era comparable a la variedad del África occidental, un litro podría contener 3 mg de hierro, 2 g de proteína, 5 g de alcohol, y cantidades aprecia- bles de tiamina, riboflavina y ácido nicotínico (Oyenuga, 1967:

85). La palma real o pacaya produce brotes comestibles que co- múnmente se hierven o se asan durante la época de seca. Los chortí a menudo trasladan esas palmas a sus huertos ("Wisdom, 1940: 64). Es posible que los mayas buscaran y protegieran tam- bién el Protium copal y la Bursera simaruba, productores de in- cienso, además de utilizar la madera del cedro tropical (Cedrella mexicana) y la caoba (Swietenia macrophylla) (Wagner, 1964).

De que el cultivo de árboles podía llegar a ser actividad espe- cializada, intensiva y comercialmente significativa da fe el cono- cido papel del cacao. Como requiere un suelo rico y lluvia abun- dante, no crece en cualquier lugar, pero se encuentran plantas silvestres tanto en áreas de El Peten como en partes de Veracruz y la costa de Honduras. Es probable que el tipo centroamericano haya estado sometido a la selección humana durante 3 000 años

SUBSISTENCIA MAYA

357

o más, pero sigue siendo una planta extremadamente delicada, que necesita constante cuidado y protección del viento, del frío, del sol, drenaje y desyerbe durante la época de lluvias y riego durante una larga sequía (MacLeod, 1973: 68, 72). Donde se ha obser- vado su cultivo para el mercado a lo largo de la costa del Pacífico en época histórica, el cacao era replantado constantemente debi- do a infecciones de plagas y parásitos, había que hacerlo brotar de semilla en almacigos especiales y no daba nada durante los pri- meros cinco años. La producción de las semillas, estimadas como fuente de una bebida estimulante (¿y nutritiva?) y como forma de moneda, dependía de técnicas intensivas, mano de obra espe- cializada, e inversiones que en algunas áreas llevaban a una eco- nomía mercantil de monocultivo (McBryde, 1947: 33). Los ma- yas, que producían y consumían cacao, además de celebrarlo en sus mitos originarios (quichés y cakchiqueles), eran, puede supo- nerse, arboricultores competentes. Sabemos que el cacao fue un cultivo importante en el área de Chetumal, en regiones de la cos- ta de Guatemala sobre el Caribe y en la costa norte de Honduras (Millón, 1955). Había considerable comercio en cacao a lo largo del río Dulce y los tributarios del Motagua en las inmediaciones de Quiriguá y Copan, y Millón (1955) menciona también un im- portante comercio por agua, en que los mayas chontales de Ta- basco y Honduras intercambiaban cacao por sal, telas, miel y esclavos del centro y el norte de Yucatán. Es intrigante la sugeren- cia de Hammond de que el cacao, con su necesidad de humedad, era un cultivo muy conveniente para los huertos en los campos elevados a lo largo de las márgenes pantanosas del río Hondo, en Belice. Ese cultivo comercial —combinado con peces atrapados en los canales entre los campos; tubérculos, maíz y verduras de las milpas de camellón en tierra caliza y ramón de los huertos de los alrededores de los asentamientos— hubiera proporcionado una economía eficiente y diversificada (Hammond, 1974a: 186-187).

Horticultura

en parcelas

fijas

Hay muchas razones para minimizar el campo interior, o huerto, como posible fuente de subsistencia maya. La suprema preferencia dada al cultivo de cereales tanto por los indígenas como por los españoles, el potencial de almacenamiento y transporte del maíz como artículo comercial, y la supuesta insignificancia de las ver- duras y frutas, producidas en gran parte por mujeres y consumidas

358 PROCESOS

Y MODELOS

domésticamente, todo contribuye a dar esa impresión. El factor principal, sin embargo, es que los mayas de las tierras bajas con- temporáneos no muestran casi ejemplos de esa adaptación, debido tal vez, como lo señalan Culbert, Magers y Spencer (1974), a que las subpobladas tierras bajas mayas todavía contienen áreas casi ilimitadas de alta selva virgen y no hay razones demográficas para la adopción de sistemas de agricultura intensivos en mano de obra. Donde la subsistencia proporcionada por la milpa solamente re- sulta inadecuada, la recolección de chicle o el trabajo asalariado representan opciones más atractivas porque producen dinero, antes que alimento (Reina, 1967). Lundell (1938), sin embargp, men- ciona específicamente como hortalizas mayas que se cultivaban en la parcela anexa a la casa la calabaza, la calabacita, el chayóte (del cual se comen los frutos, los brotes tiernos, las flores y las raíces tuberosas), la chaza (Jatropha aconitifolia) y el izote (Yuc- ca elephantipes]. Donde todavía existe el huerto pegado a la casa, en regiones adyacentes, tienen la clase de composición en varios niveles y altamente diversificada que se puede esperar en los trópi- cos. Además de muchos de los tubérculos y árboles mencionados, los totonacas siembran frijol de varios tipos, arrurruz, chile, tabaco, algodón, cuatro condimentos y seis plantas medicinales, además de recoger tomates y chiles que crecen como arvenses en los campos de maíz (Kelly y Palerm, 1952). Los huertos domésticos de los tarascos, cultivados por mujeres con bastón plantador (coa) y aza- dones de metal, contienen maíz para tostar, frijoles dulces locales, chayóles, tomates, chiles, col europea, plantas medicinales como tabaco, estramonio, euforbio y ricino, además de flores (West, 1948:

45). Los pequeños huertos de los chortí incluyen camotes, papa, seis variedades de chile, yuca o mandioca, jaltomate y varias plan- tas de hojas, juntos o por separado. Los condimentos y el tabaco se plantan en grandes ollas o cajones de madera por encima del suelo (Wisdom, 1940: 54-57). En los altos de Guatemala, la milpa puede ser casi continua con surcos de contorno, fertilización con desechos y estiércol y complejas rotaciones de maíz y frijol. La güisquilea perenne o enredaderas de fruta proporcionan frutas, ho- jas y raíces comestibles. A lo largo del lago Atitlán, un plantío de yuca de 15 m2 estaba bordeado por siete naranjos, cinco árboles de lima, 12 jocotes y seis mangos, además de matasanos y plátanos

(McBryde,

1947:

26).

Quizá el ejemplo mejor descrito de huerto doméstico proviene de Nicoya, península situada en la costa del Pacífico de Costa Rica

SUBSISTENCIA MAYA

359

de clima seco-lluvioso con precipitaciones anuales de más de 1 750

mm pero menos de 20 mm en enero, febrero y marzo (Wagner,

1958). En pueblos cercanos a la costa sudoriental, donde la vege- tación natural es una selva densa de tres niveles tróficos, los pe- queños huertos son atendidos por mujeres, especialmente viudas y solteras. En un pequeño espacio cerca de la casa, cultivos resis-

tentes a la sequía, árboles y una variedad de cultivos estacionales pueden "alimentar bastante bien a una familia durante todo el año" (Wagner, 1958: 215). Cinco niveles tróficos de plantas flo- recen juntos: árboles frutales grandes; árboles frutales menores como anona y cajú; árboles pequeños como plátanos; plantas her- báceas y matas, especialmente de raíz comestible, y plantas trepa- doras corno los ñames y algunas cucurbitáceas. La malanga y los ñames crecen en la sombra, y los camotes compiten con las hierbas

con tanto éxito que son capaces de producir en campos no del

todo limpios. La mayor parte del alimento vegetal procede de cu- curbitáceas como el ayote (Cucúrbita moschata), el pipián, la cohombra (Sicania odorífera) y el chayóte (Sechium edule). Se mencionan por su nombre cinco tipos de palmas y otros 11 ár- boles nativos, siendo predominantes en los asentamientos el ma- rañón (cajú), el jícaro y el cacao. Los diagramas (Fig. xn.6) de huertos individuales muestran la frecuencia y la importancia re- lativa de las diversas plantas, así corno su espaciamiento en el

suelo.

CORRELATOS

SOCIALES

DE LA AGRICULTURA INTENSIVA

Las comunidades sedentarias con poblaciones densas que explotan

en forma permanente recursos escasos mediante técnicas intensivas muestran ciertas diferencias regulares en su organización social con respecto a los agricultores de roza asentados dispersamente. Cuanto

menor es la parcela, más probable es que el trabajo sea proporcio- nado por un individuo o un grupo pequeño, como una familia nuclear. El predominio estadístico de la familia nuclear entre los agricultores de su propia heredad entre los kofyar, y el paso a la familia extensa cuando nuevas tierras permitieron el cultivo itine-

rante en gran escala se ha explicado de esa manera (Netting, 1965).

Los grupos de trabajo incluyen generalmente hijos y hermanos sólo

en las milpas de más de dos hectáreas entre los mayas contem- poráneos (Reina, 1967). El cuidado continuo de una variedad de cultivos de huerto y frutales exige la aplicación constante de es-

fuerzo por parte de pequeñas unidades residenciales. Si es cierto

360 PROCESOS Y MODELOS

que la horticultura maya siguió ese modelo, los montículos fami- liares a menudo sólo podrían mantener a una parejí, cuyos hijos adultos se mudarían a huertos vacantes cuando estallecieran nue- vas casas. Si bien es posible mantener grupos de descendencia uni- lineal en tales circunstancias, dejan de ser corresideates y ya no poseen y redistribuyen la tierra como grupo corporativo. La dis- persión residencial y la fuerza declinante del linaje caracterizan el caso de los ibos, esbozado ya antes. Una comparación cuantita- tiva de varias comunidades mayas de los altos de Chiapas muestra una correlación muy similar entre la atenuación del grupo de des- cendencia y la escasez de tierra.

La organización familiar en unidades profundamente exten-

didas en la línea masculina, reflejada en el agrupamiento resi- dencial local o de otro modo, y las actitudes interpersonales de autoridad, respeto, dominio y obediencia entre parientes patri- localmente emparentados, están limitadas a comunidades con tierras cultivables sustanciales, mientras que las dos comunida- des que casi no hacen hincapié patrilineal son las que casi no tienen tierras. Esto conduce a la hipótesis de que en el área de la cultura maya el hincapié patrilineal en la organización

es fuerte donde se atribuye a la tierra un gran valor

social

como recurso y donde está disponible en cantidades suficientes para que pueda servir como mecanismo, a través de la heren- cia, para ligar los asuntos de un hombre con los de sus here- deros. (Collier, 1975: 76.)

Si bien la composición de la casa maya antigua y la estructura del grupo de parentesco deben seguir siendo materia de conjetura hay, por lo menos, razón para cuestionar el postulado predominio de las familias extensas y los grupos de descendencia fuertes (San- ders, 1973; Eaton, 1976). Esto no significa negar la presencia de una marcada ideología de linaje, de gran profundidad genealógica y de hincapié en las alianzas favorables con otros clanes entre fa- milias ricas, de alta jerarquía o de nivel real. En realidad, una población estratificada puede glorificar la descendencia ubicada en la cima y al mismo tiempo socavar su importancia como prin- cipio social principal entre los agricultores y artesanos más pobres que forman la mayor parte de la sociedad. Cuando números importantes de personas viven en estrecha pro- ximidad a lo largo del tiempo y cuando por fuerza hay alguna competencia por recursos escasos, los derechos sobre esos medios de producción se definen e individualizan en forma mqs rígida. La

SUBSISTENCIA MAYA

361

ubicación fija de los árboles, sumada a la constancia y el valor nutritivo de su producción que cubre cierto número de años, es- timula el desarrollo del concepto de propiedad privada. Aun cuan- do los milperos modernos de El Peten rechazan la propiedad in- dividual de la milpa debido a las demandas de la agricultura de roza, los árboles frutales que plantan sí pueden ser considerados como propiedad privada (Reina, 1967). Fuentes etnohistóricas do- cumentan prácticas similares, en que hijos mayas heredan de sus padres mejoras consistentes en casas y árboles (Millón, 1955). El establecimiento y el cuidado de huertos también podrían crear propiedades valiosas para generaciones sucesivas e impulsar la di- ferenciación económica entre la población. El acceso restringido a las parcelas domésticas y los productos comercializables de los ár- boles que las rodean bien puede haber estado asociado con la au- toridad doméstica y un mínimo de estratificación social entre los mayas.

ALTERNATIVAS E IMPLICACIONES

Un viaje a la agricultura maya prehistórica pasando por el este de Nigeria es algo así como navegar hasta Yucatán en la Kon Tiki: demostrar que es posible hacerlo no prueba que se haya

de la excursión fueron las manifiestas dificultades

para explicar la subsistencia aparentemente estable y segura de poblaciones densas a lo largo de por lo menos 600 años en un am- biente tropical. La confianza total en el cultivo de milpas con barbecho largo parece improbable; pasa por alto tanto las pruebas de intensificación por medio de la agricultura en campos drenados en áreas aluviales como los presuntos cambios en la vegetación selvática natural que indica la actual presencia de árboles eco- nómicamente útiles en áreas antes pobladas. Da por descontada la flexibilidad del cultivo de huertos y parcelas para adaptarse a la escasez de tierra resultante de la presión demográfica acor- tando los periodos de descanso, reduciendo el tamaño de los sem- bradíos y aumentando el insumo de trabajo. Al limitar la inten- sificación a ejemplos de riego o la introducción del arado, los estudiosos de la agricultura mesoamericana no han observado las ventajas de los complejos de cultivos diversificados y estratifica- dos que incluyen productos de árboles y raíces, mantenidos en aso- ciación permanente por medio de la rotación, la fertilización, la protección y otras técnicas hortícolas. Los mayas disponían de un conjunto de cultivos complementarios capaz de suministrar una

hecho. El motivo

FIGURA XII.6. Huerto

doméstico,

(según

Wagner, 1958).

Costa Rica

(5) Achiote (Bixa)

Qy

Ahuacate (Persea)

•^ ^ Algodón (Gossypiutn)

ft?^)

Añono (Annona)

JÍl'ijf

Arroz (Oryza)

WIJ

Ayote (Cucúrbita)

4HB

"TJf

Banano & Plátano (Musa)

¿Jk

Cabuy a (Furcraea )

í§ /

Cacao (Theobroma)

O

Café (Coffea)

T

Caña (Saccharum)

SUS-

Cardón (Pedilanthus)

^ O

Chile (Capsicum)

tA

Cohombro (Sicania)

G?«8?

Coyol (Acrocomja)

<&

Daguillo (Yucca)

Frijol (Phaseolus)

í Gandul (Cajanus)

CLAVE DE LOS PLANOS DEL JARDlN

Guácimo (Guazuma)

(fj

Papaturro (Coccoloba)

Guayabo (Psidium)

(jj) Papaya (Carica)

Higuerilla (Ricinus)

tff

Paste (Luffa)

Jenjibre (Zingiber)

J

Pina (Ananas)

Jícaro (Crescentia)

Piñuela (Bromelia)

Jocote (Spondias)

"^ Quelite (Jatropha)

Madero negro (Gliricidium)

¡JJ5

Maís(Zea)

Maís pujagua(Zea)

y

Marañón (Anacardium)

fc

!/

Nancite (Byrsonima)

í)

Naranjo, etc. (Citrus)

5*

Níspero (Achras)

Ñame(Dioscorea)

A

Ñampí (Colocasia)

Ñanjú (Hibiscus)

Palma de Coco (Cocos)

Palma real (¿Scheelea? )

í^y Sacuanjoche (Plumería)

O Seso vegetal (Blighia)

£ Sontol (Andropogon)

^ Tiquisque (Xanthosoma)

v*> Tomate (Lycopersicon)

® • » f Yuca (Manihot)

\rv Zapote (Calocarpum)

^ ^ Zapotillo (¿Calocarpum? )

^2» Arbustos ornamentales

A

*p

"/1"<

"•"" y medicinales

Hierbas ornamentales

^^ " Alambre

"••

Otros símbolos representan especies no cultivadas

364 PROCESOS Y MODELOS

nutrición sustancial y confiable, que. hoy es cultivado con tecno- logía tradicional en rincones densamente poblados de las tierras bajas mesoamericanas, según testimonios etnográficos. Además, la pauta de residencias dispersas continuas en las áreas de sustento de centros religiosos mayas es precisamente lo que se podría espe- rar si es que en realidad se estaban explotando huertos domésticos fijos para obtener una parte considerable de la subsistencia fami- liar. De que un rápido crecimiento numérico, correlacionado con la intensificación de la agricultura local y del intercambio eco- nómico regional, impuso el desarrollo igualmente impresionante de la integración sociopolítica, dan fe las ruinas mayas, monumen- tos no tanto a enigmáticos logros civilizatorios como a los procesos cotidianos del cambio cultural y el florecimiento razonables en los trópicos.

NOTAS

1 Hay revisiones

recientes de esta

controversia, con documentación de

las fuentes de la idea fija de la milpa y la gradual acumulación de prue- bas en contrario, en Bronson (1966), Sanders (1973), Turner (1974) y Culbert, Magers y Spencer (1974). Observadores experimentados anteriores

han

sugerido que los antiguos mayas bien pudieron haber tenido técnicas

más intensivas, y han vinculado la ubicuidad de la milpa contemporánea

12; Lundell,

con la abundancia

de tierra

(Ricketson y Ricketson, 1937:

1933:

77, cit. en Wilken, 1971).

2 Por haber intentado generosamente remediar algunas de las lagunas más notorias en mi conocimiento del ambiente mesoamericano y su inven- tario botánico, quiero dar las gracias a Bennet Bronson, Dennis y Olga Puleston, y Tony Andrews. Me ayudaron a estudiar los nombres y usos de las variedades nativas de palmas Ed Perdón, Ellen Basso y Fran Stier. Particularmente útiles fueron los comentarios y las sugerencias so- bre esbozos anteriores de este trabajo hechos por los participantes en el seminario Pat Culbert, Bill Sanders y Joe Ball.

3 Las estimaciones de la densidad de población que es posible mante- ner por medio del cultivo de roza incluyen 39-78 km2 en las inmediacio- nes del lago Peten Itzá, y 73-220 para el área de Río Bec (Turner, 1974).

Estas cifras representan

de sustentación máxima, pero la

mayoría de los cálculos de la densidad promedio de los mayas han caído

entre 10 y 76 personas (S. F. Cook, 1972). La agricultura intensiva po- dría haber mantenido bien entre 232 y 271 habitantes por km2 (Sanders, 1973; Turner, 1974), y la cuenta de montículos de casa para centros de tipo urbano alcanza a densidades de quizá 695 por km2 (Haviland, 1972).

alimento bá-

sico

5 Las cifras dadas para cultivos nigerianos (Oyenuga, 1959: 15) dan

una

capacidad

4 La jicama quizá debiera ser considerada bocadillo y no

(B. Bronson, comunicación personal).

SUBSISTENCIA MAYA

365

valores proteínicos más altos para los cultivos de raíz y valores algo más bajos para el maíz que las contenidas en la compilación de la FAO. Reco- nociendo que las muestras son pequeñas y que el contenido protónico puede cambiar con el suelo y otras condiciones del crecimiento, quizá sea prematuro hacer afirmaciones definitivas sobre el valor nutritivo de los tubérculos mesoamericanos.