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RESUMEN DEL ARTÍCULO “MOVIMIENTO HARDCORE PUNK,

IDEOLOGÍA Y ACCIÓN DIRECTA, EL CASO DE MONTERREY”.

Este artículo forma parte de una investigaciòn acerca del movimiento hardcore-
punk de Monterrey. Dicho trabajo se inscribe dentro del área que ha sido denominada
estudios culturales; por lo tanto, su realización se basa en métodos de la historia social
(historia oral, reseña y análisis hemerográfico), la antropología cultural (descripción
etnográfica, comparación transcultural), y la sociología urbana.
En este avance se aborda la fragmentada ideología y “acción directa” de uno
de los movimientos juveniles regiomontanos que llegaron para quedarse: el hardcore
punk. Describimos e intentamos dar respuesta a dos interrogantes 1. ¿Cuáles son sus
referentes e influencias ideológicas y/o políticas?, 2. ¿Cómo se vincula su
“politización” y militancia, con algunas luchas o causas concretas?
Nuestro interés sobre este fenómeno de la cultura juvenil regiomontana -como
objeto de estudio- parte del auge inédito, en los noventas, de lo juvenil como un
hecho cultural cada vez más interrelacionado con el resto de la cultura popular
urbana; dicho auge está marcado por una multiculturalidad que da a nuestra ciudad un
nuevo rostro.

MOVIMIENTO HARDCORE PUNK, IDEOLOGÍA Y ACCIÓN DIRECTA, EL


CASO DE MONTERREY. *
*
Una versión de este artículo se presentó en el Primer Congreso de Historia Social y Cultural del Noreste de
México y Sur de Estados Unidos, Zuazua, N. L., 26-IX-1998. Es parte del proyecto Subculturas juveniles
en Monterrey, el caso del movimiento hardcore-punk, investigación que recibió un apoyo del programa
Financiarte (Consejo para la Cultura de Nuevo León), en su décima edición.
César Valdez, Cristóbal López.

1. Características e influencias ideológicas del movimiento hardcore-punk.

El hardcore es un movimiento político musical derivado del punk que tiene


una fuerte carga ideológica explícita, autoasumida, ostentada; a diferencia de otros
movimientos juveniles cuyo sustrato ideológico queda velado debido a su carácter
“neutro”, o “comercial”. Dicho de otro modo, en la columna vertebral del movimiento
hardcore punk (en adelante HC-P) está lo ideológico-polìtico, a diferencia de otras
expresiones juveniles que tienen como ejes: el goce o el desmadre, el consumo en
forma de modas, y las actitudes individualistas, superficiales.
En Monterrey, como en otras partes del mundo, la ideología HC-P converge
con la defensa de los derechos humanos, el anarquismo, la defensa de la ecología, el
nativismo, el antimilitarismo, la solidaridad internacional, etc., y tuvo por lo menos
tres fuentes fundamentales.

Primero está la influencia directa de los grupos musicales californianos que


lidereraron el movimiento punk en Estados Unidos durante la década de los 80s,
hablamos de bandas como Circle Jerks, Suicidal Tendencies, Dead Kennedys, Cryptic
Slaughter, grupos ahora etiquetados por los chavos como de la “old school”, quienes
eran herederos de una tradición que a lo mejor está bien llamar de la izquierda gringa,
más o menos troskista, medio fresa, universitaria y simpatizante del panfleto y los
ímpetus juveniles callejeros. En la líricas directas y repetitivas de estas bandas, se
puede rastrear una parte de los pocos postulados ideológicos del movimiento, no sólo
aquí, sino en cualquier otra parte del mundo:

I’m not anti-society, society’s anti-me


I’m not anti-religion, religion is anti-me
i’m not anti-anything, I just wanna be free

Fascists state, no freedom


Unless you control yourself
Use self-expression, lose yor freedom
Your´re undesirable, you go straight to jail.1

Después está la influencia de bandas punks y hardcore del Distrito Federal y


del País Vasco Español (Euzkadi); entre las primeras tenemos a Rebeld Punk,
Atoxxxico, Secta Suicida del Siglo XX, Síndrome punk, Anarchus, Masacre 68;
mientras que de Euzkadi, las ya tradicionales: La Polla Records, Eskorbuto,
Monstruación, Kortatu, RIP, Barricada, Cicatriz:

Demócrata y cristiano
podrido de dinero
inflado como un cerdo
1
Mike Muir, Mayorga, “Two sided politics”, en Suicidal Tendencies, Suicidal Tendencies, New York, BMG,
1983, Frontier 4604-4-L.
¡como hueles!
hiciste nuestra casas
al lado de tus fábricas
y nos vendes
lo que nosotros
mismos producimos...

Hijo de Dios
con Rolls y con querida...

Eres democrata y cristiano


¡Eres un gusano!
¡Cristo Cristo, que discípulos!
¡Cristo Cristo, ay que listos! 2

El cóctel ideológico se completa si a lo anterior le sumamos ciertas lecturas


elementales, o pláticas de lecturas, acerca del 68, los Flores Magón, y Rius para
principiantes, así como la circulación por correo de los primeros fanzines
(publicaciones caseras) con información externa sobre bandas hardcore y actividades
de algunos colectivos político-culturales.

Las influencias referidas generarían una serie de posturas y actitudes que se


cristalizarían en forma de unos cuantos lemas, frases panfletarias, e interpretaciones
obligatorias para toda ocasión; manifestaciones que a su vez serían recicladas a través
del eficiente sistema de comunicación interno del propio movimiento local: la
convivencia directa, los carteles, las composiciones de los grupos locales, las tocadas,
y uno que otro fanzin local como el legendario Mexicore.
Debido a la naturaleza adolescente del movimiento, el bagaje ideológico del
mismo no podía ser sino directo, extremadamente simple en sus expresiones; pero a la
vez, y tal vez por lo mismo, sumamente eficaz, auténtico. El HC-P representa para los
individuos que lo conforman una forma de vida que se ejerce cotidianamente, que
asume y enfrenta la marginalidad con un discurso político y una práctica cotidiana
coherentes, tanto en la búsqueda de lo “polìticamente correcto”, como en el desmadre
anarquizante llevado hasta sus últimas consecuencias vitales. Esto, desde luego, le
permite generar formas alternativas de organización y lucha.
En fin, el HC-P es, desde mediados de los 80s, un movimiento que permite
cierta conciencia ideológica y ejercicio político a un sector juvenil de Monterrey;
llena, por lo tanto, una parte del vacío que dejó la desaparición de la militancia
socialista o comunista (“izquierda institucional”), u otros canales tradicionales de
participación política como la protesta estudiantil y el movimiento urbano popular.

Ahora bien, aunque representa una novedad relativa en el espectro político y


cultural local, converge con una tradición subversiva de izquierda, por lo que se
puede vanagloriar de ciertos “momentos históricos”, personajes y símbolos. Algunos
de estos momentos se reseñan a continuación tratando de explicar sus rasgos más
sobresalientes.
2
E. Páramos, M. Garin, A Murua, F. Murua, M. García, “Démocrata y cristiano”, en: La Polla Records,
Revolución, Oihuka, Irunea-Pamplona, 1993, 0-139 (el vinil original es de 1986 o 1987).
2. La USUA.

El movimiento de lo que se llama la “escena local” (en adelante la escena)


toma forma, principalmente, en esos miniconciertos conocidos por todos como “las
tocadas”, actividades que requieren de una dosis mínima de auto-organización e
inevitablemente de un espacio físico, cosas no muy fáciles de lograr en los primeros
tiempos.

En un momento de crecimiento de la escena (alrededor de 1988), las tocadas


llamaron la atención de la comunidad por su capacidad de convocatoria, empezaron a
ser referidas en los periódicos y a ser discutidas en ámbitos externos al movimiento
mismo; de hecho, la programación informal de éstas no le pareció al sindicato de
músicos de la CTM, corporación del Estado que, al parecer, no tenía objetivos más
importantes que defender en ese tiempo y resintió el peso de “tremendo” desafío
organizativo.
Los cetemistas intentaron reglamentar las tocadas para poder controlarlas y
cobrar una cuota, pero como los jóvenes HC-P desconocieron su autoridad enviaron a
un grupo de porros para bloquear la entrada de una tocada con Disolución Social,
actividad en la que figuró de manera ignominiosa el maestro del Colegio de Historia
de la Facultad de Filosofía y Letras Guadalupe Contreras (hay foto). El grupo de
choque oficial intentó provocar el enfrentamiento con los chavos y logró finalmente
que el toquín no se hiciera. La cosa fue bastante grave, ya que los espacios eran de
por sí difíciles de conseguir y ahora se contaba con un órgano insitucional que lo
estaba impidiendo físicamente. Esto llevó a gente como Raúl González, líder de la
banda Disolución Social, a convocar una organización cuyas siglas “USUA” querían
decir Unión Subterránea, Unica Alternativa.
No era para menos, la situación lo ameritaba, y aunque esta organización no
logró establecerse como Raúl quería: con una cara “legal”, en forma de asociación
civil; si logró agrupar, tal vez por primera vez, a un grupo de miembros de la escena
en una lucha común que por otros cauces permanece.
3. La edad Penal.

La lucha contra la disminución de la edad penal es un capítulo emblemático


para la consolidación del HC-P en la ciudad.

A principio de la década de los noventas, el Congreso del Estado lanzó una


iniciativa de ley para reducir la edad penal de 18 a 16 años de edad, se argumentó
para tal efecto un “aumento escandaloso” -pero nunca demostrado con estudios
fidedignos- de la delincuencia juvenil encarnada por el “flagelo del pandillerismo”. La
propuesta legal incluía, o más bien justificaba, la compra de más y mejor equipo
policiaco, la construcción de casetas de seguridad, así como la legalización de los
convoyes y redadas en zonas marginadas.

Varios sectores locales se opusieron. Entre un grupo de estudiantes


universitarios se generó una corriente de opinión contraria a tal iniciativa, postura que
desembocó en una serie de actos que terminaron por vincularlos con el movimiento
HC-P.

Primero se intentó organizar una tocada en la plaza de Colegio Civil en la cual


participarían algunos de los primeros grupos de HC-P ya existentes por entonces.
Esto llevó a que se diera un primer contacto entre estudiantes universitarios y los
jóvenes de la USUA que tenían como lugar de reunión ya constituído esa plaza
(después de haber sido corridos de un lugar frente al teatro de la ciudad).

El siguiente paso del anterior encuentro fue la organización de un


levantamiento de firmas con una carta en que se mostraba el repudio a la iniciativa,
con argumentos bastante civilizados pero firmes, la cual fue enviada y publicada en
varios periódicos locales. Con esta medida se pudo generar una cierta uniformidad de
criterios ante el problema y se logró la convergencia de los participantes en la vieja y
conocida cultura del “abajo firmante”, que por esa época aún no había rebasado
mucho los límites de los movimientos de izquierda. Especialmente, se logró reunir una
cantidad enorme de firmas, lo que inyecto ánimos a la raza.

El acto más importante fue la realización del foro “Disminución de la edad


penal y delincuencia juvenil”, en la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL (22-
VIII-89), acto organizado por el Consejo Social de la Frontera Norte (COSOFO,
A.C.) en el que se logró convocar a estudiantes, representantes de organizaciones
independientes como el Colectivo Al Tiro, jóvenes de partidos políticos, la USUA, y
maestros universitarios. Los medios de comunicación dieron una amplia cobertura al
evento que finalizó con una tocada de Disolución Social.

Esta experiencia organizativa fue importante porque la iniciativa finalmente fue


deshechada por el congreso, lo que dejó en los participantes una sensación de “batalla
ganada” y mostró las posibilidades -aunque fueran infundadas- de la organización y la
lucha más allá de grupos dispersos, como eran antes de esto los chavos del HC-P en
su marginalidad, o los universitarios locales en su tradicional aislamiento.
Incluso, podemos decir que en este momento fue cuando algunos
universitarios encontraron en el HC-P un eje para sus aspiraciones de ejercicio
político; pero, sobre todo, un espacio para sus ensoñaciones radicales.

4. Ciénega de González.

Otro capítulo de lucha, en el que la ideología hardcore punk se vincula a la


realidad concreta es el caso de la llamada “Ciénega de González”. Ciénega de
González es una comunidad serrana de Villa de Santiago, ubicada a una hora de
Monterrey. Hace tres años y medio, la prensa local informó que los mejores terrenos
de esa zona fueron adquiridos por una hermana de Benjamín Clariond (entonces
gobernador interino del estado), quien tenía la intención de construir una especie de
parque recreativo, o centro de descanso.

La adquisición, inscrita dentro de esos turbios procesos de compraventa de


tierras desatados por la modificación del artículo 27 constitucional, fue impugnada
por los habitantes del lugar, y generó una situación conflictiva. Cuatro comuneros
desconocieron los límites de la propiedad, supuestamente adquirida por la señora
Clariond, por lo que fueron desalojados y luego puestos tras las rejas, en Monterrey.

Probablemente, los jóvenes HC-P no se hubieran vinculado con el anterior


problema, pero sucedió que uno de los detenidos era viejo conocido del movimiento:
Don Eugenio.

Don Eugenio es el dueño de una preparatoria regiomontana sui generis: el


ETEC, “la preparatoria de los carros tubulares”. Esta institución lo mismo organiza
expediciones a campo traviesa, que presta y acondiciona sus instalaciones para causas
juveniles, especialmente tocadas de hardcore, y recientemente de música colombiana.
El festival “Dos días de colectividad”, evento anual por excelencia, del HC-P
regiomontano, ha sido realizado en sus instalaciones dos veces.

La noticia de Don Eugenio encarcelado injustamente, y la protesta de su gente


contra una de las familias burguesas por excelencia de la ciudad, pronto pasó de la
nota periodística al comentario de boca en boca. La posición de algunos jóvenes
hardcoreros fue tan clara como simple “hay que hacer algo”.

Entonces articularon algo que saben realizar más o menos bien: una pequeña
campaña de apoyo a los comuneros, y una tocada de solidaridad con los encarcelados.
La primera incluyó el primer día de campo de protesta del que tenemos noticia en la
región: los jóvenes HC-P participaron en la organización de volanteos, una visita
dominguera a la comunidad montañesa para demostrar su apoyo y hacer ruido a favor
de los pequeños propietarios.

La capacidad de organización de los comuneros, el apoyo de una organización


ecologista, y la militancia recreativa de los jóvenes hizo el ruido suficiente para que
Ciénega de González fuera considerado en una manta (y la prensa nacional) “territorio
zapatista”. Razón por la cual, el ejérctito hizo acto de presencia con dos
observadores, y no se diga la policía rural; por cierto, los participantes en la protesta
aseguran que no sabían si los rurales iban a resguardar una posible alteración del
orden, o a solidarizarse con la causa, ya que algunos de sus integrantes eran
conocidos de los comuneros y platicaban en excelentes términos con ellos.

Después de esa pequeña aventura de “turismo revolucionario”, los jóvenes


planearon un miniconcierto en la macroplaza, el cual fue abortado cuando las
autoridades desconectaron el equipo de sonido. Ante esta última acción, los ánimos se
encendieron y los jóvenes se dispersaron bloqueando la calle Zaragoza, mientras otros
golpeaban cabinas telefónicas y autos. La jornada terminaría con una gloriosa
“audición artesanal”, en la que los integrantes del grupo Cabrito Vudú tocaron y
cantaron frente al palacio de gobierno: coreados y bailados por decenas de fans, que a
su vez eran rodeados por policías.

5. Zapatismo Kid y Urielismo Ponx.


Directa o indirectamente, la vinculación solidaria con la Ciénega de González fue
también un ejemplo de convergencia, entre una causa concreta asumida por los
hardcoreros y lo que llamamos -creemos que atinadamente- zapatismo kid. Al
zapatismo hardcore-kid lo podemos caracterizar como una de las manifestaciones
solidarias más visible y ruidosas de Nuevo León con el EZLN.

La vinculación y solidaridad del HC-P regiomontano, con las banderas del


EZLN, tiene sus raíces en la defensa asumida por el movimiento, a nivel mundial, de
causas nativistas y de las minorías en general. En América y Europa, la mayor parte de
los colectivos, fanzines, y grupos del género afinaron su puntería en la celebración del
quinto centenario del “Descubrimiento de América”, en 1992.
En Monterrey, como en otras grandes ciudades, fue lógico que la causa
indígena y la ideología “redskin” (ya manifiesta de por sí, en aspectos muy
particulares como el corte de pelo a la Mohawk, o la reivindicación anarquista de las
comunidades y federaciones indias del norte) prendiera con el levantamiento del
EZLN.

Pronto, el movimiento HC-P local, asumió lemas y símbolos del zapatismo


como propios; desde un primer momento, el hardcore regiomontano asumió
públicamente su solidaridad con la lucha guerrillera de los indios del sur: se volanteó,
se fotocopiaron comunicados, se pegaron pequeños carteles de manufactura casera, se
apoyaron campañas internacionales de contrainformación, se hizo grafitti, y ¡claro!, se
organizaron tocadas de solidaridad. Incluso se difundió material escrito y en audio,
alusivo a las luchas guerrilleras mexicanas y latinoamericanas. Moneros como el
Chava hasta pintaron mantas alusivas para la gira pro-zapatista del grupo de Chicago
Los Crudos.
Quizá, los momentos más visibles de esta solidaridad sean un par de marchas
realizadas desde la Alameda al palacio de gobierno, bastante concurridas por jóvenes
HC-P, y con un amplio despliegue de parafernalia contestataria: mantas, consignas,
canciones, pasamontañas, quema de efigies de soldados y tanques, “corridas”,
alteración y bloqueo del tráfico. Todo, ante la azorada mirada de la gente y el total
desconcierto de los cuerpos de seguridad que vigilaron el evento.

Un episodio significativo del zapatismo kid es el de tres jóvenes que fueron


arrestados dentro de una alcantarilla, en Escobedo. La policía los detuvo por
alteración del orden público (estaban ingiriendo bebidas alcohólicas y dizque haciendo
escándalo), pero al revisarles sus mochilas encontraron “propaganda zapatista”, razón
por la cual pidieron “refuerzos” y los llevaron a la cárcel donde los jóvenes fueron
interrogados y presionados por policías judiciales y agentes de gobernación.

En la prensa escrita salieron dos notas que sintetizan al zaptismo hardcore kid, una
de ellas decía en su encabezado “Los confunden con guerrilleros”, mientras la otra
señalaba “Vivían como cucarachas”. En esas dos notas se sintetiza el doble carácter
del movimiento: su marginalidad y militancia; si en Nuevo León hay jóvenes que
hayan podido ser carcaterizados de guerrilleros zapatistas sólo pudieron ser estos. La
cita:
Policías preventivos de Escobedo detuvieron ayer a 4 jóvenes dentro de una
alcantarilla (propiamente, el underground) que se presumía eran integrantes de un
grupo guerrillero, pero se trataba de ebrios que estaban escandalizando.
Los uniformados solicitaron la presencia de los agentes judiciales cuando
encontraron a los sospechosos propaganda subversiva en los maletines de su
propiedad.3

El zapatismo kid es genuino, aún con todos los defectos organizativos, vicios e
ingenuidad que acarrean algunos de sus miembros; aunque, desde nuestra óptica,
pierde efectividad por las inercias que le imprime el “urielismo ponx”. De esta manera
denominamos -haciendo honor a su líder visible “El Uriel”- a una corriente que
amalgama a individuos HC-P locales con los últimos sobrevivientes de la vieja
izquierda perretista, quienes encontraron en este movimiento político-musical su
tajada de sociedad civil que se organiza.

El protagonismo y sectarismo que el urielismo ponx acarrea al zapatismo kid


fue claramente visible en una marcha organizada por asociaciones civiles
regiomontanas, el Barzón, y un colectivo hardcore punk local (1997).
Desde la planificación de la ruta, hasta el acto final de la marcha, pasando por
los símbolos y consignas de la misma, el urielismo ponx deseó imponer línea, pero fue
contenido en sus aspiraciones por las otras organizaciones participantes. Lo anterior
motivó que los estalinistas-guevaristas del urielismo ponx decidieran no sumar fuerzas
con las “señoras burguesas” de las otras asociaciones (no se les fuera a pegar algo), lo
que finalmente los orilló a organizar su propia marcha, separados del resto del
contingente, que era barzonista.
A su vez, las respetables señoras del barzón no tenían mucho interés en que se
les relacionara con esos jóvenes de mal aspecto que anticipaban a los ultras que ahora
tiene en jaque a la UNAM.

3
Jesús Valencia, “Policías los confunden; creían eran del EZLN”, en El Diario de Monterrey, sección Policía,
7-VII-1998, p. 2-F.
AUTORES/RIDICULUM.
Juan Cristóbal López Carrera, General Terán, 1969. Historiador, UANL, Investigador
de historia social y cultura popular, promotor cultural; maestro de la UDEM y de la
UMNE; ha publicado sus trabajos en revistas, libros, periódicos.
César Valdez, Los Mochis, Sin., 1967. Sociólogo, UANL, Coordinador de proyectos de
investigación y trabajo comunitario con bandas juveniles; fotógrafo; publicaciones y
exposiciones individuales a nivel regional.