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Construyendo las acciones

colectivas

Dr. Gonzalo Sozzo.

COMENTARIO

I| Las categorías teóricas que prepararon el terreno


para la aparición de las acciones colectivas
1.- Algunas construcciones teóricas como la de (1) teoría de
los intereses metaindividuales y transindividuales, (2) la del
daño moral colectivo, así como (3) una reinterpretación de la
regla del artículo 42 de la CN, fueron tempranamente
preparando el terreno para el surgimiento de las acciones de
clase.-

2.- La matriz individualista del derecho de daños moderno


constituye una limitación realmente fuerte que posee este
sistema regulatorio para dar respuestas adecuadas a las
necesidades y problemas que platean contemporáneamente
los daños a colectivos. En particular resulta imprescindible
acompañar el desarrollo del derecho de daños a
consumidores, al medio ambiente –entre otros-, con la
construcción de un derecho de Daños Colectivo.

3.- ¿Hay un derecho privado colectivo? Existe una idea


directriz que une diferentes manifestaciones de lo colectivo
en el derecho privado? ¿Puede construirse un derecho privado
colectivo? Estas preguntas pueden perfectamente traspolarse
al sistema del derecho de daños y es lo que aquí propongo
hacer.- Esta línea de trabajo fue desarrollada por Ricardo
Lorenzetti (“Las normas fundamentales de derecho privado,
Ed.: Rubinzal Culzoni, Santa Fe, 1994, cap. ...;
“Responsabilidad colectiva, grupos y bienes colectivos”, L.L.
1996-D-1058; “Daños masivos, acciones de clase y
pretenciones de operatividad”, Rev. Direito do consumidor,
Brasil, Nº 34, 2000, p. 207 y sgtes.)

4.- En Argentina algunos profesores se ocuparon


pioneramente del problema del “daño colectivo”,1 otros del
problema del “daño moral colectivo”2.-
Como adelanté, estas categorías pueden ser consideradas
como teorízaciones antecedentes del problema que aquí nos
ocupa.-

5.- En el mundo, paralelamente, se fue desarrollando la idea


de que determinados daños originados en riesgo sociales
afectaban a grupos de individuos y que el Derecho de daños
debía dar una respuesta acorde.-
Así en los EEUU se desarrolló la idea de la mass litigation
fundamentalmente a partir de la idea de las acciones de
clase.-

6.- El problema de los daños sufridos por grupos por lo


pronto produce una revolución (que viene impulsada desde el
derecho procesal) en el ámbito de la legitimación activa.-
Habiéndose originado en el campo del Derecho Procesal, la
construcción de los intereses meta individuales y
transindividuales ha sido reconocida por la jurisprudencia.
La idea es que además de los derechos individuales existen
también intereses meta individuales, es decir que su ubican
1
Se pregunta R. Lorenzetti ( 1996) en relación a esta figura del daño colectivo: “¿si hay daño
colectivo, hay bienes colectivos?, marcando el rumbo de las teorízaciones que son necesarias
para sostener la teoría.-
2
En sentido similar al señalado en la nota anterior, pero esta vez en función de la idea de daño
moral colectivo R. Lorenzetti ( 1996) se interroga: “¿hay un estado espiritual colectivo que pueda
dar lugar al daño moral?.
por sobre el individuo; este género reconoce tres especies: a)
intereses individuales homogéneos; b) intereses
transindividuales colectivos; c) intereses transindividuales
difusos.- La primer especie- los intereses individuales
homogéneos, de los cuales se ocupa particularmente la
sentencia “Halabi” en los considerándos 12 y 13- y la
sentencia “Mendoza” – considerándos 6 y 17- se
caracterizan por recaer sobre un bien que es susceptible de
(1) una “ lectura” individual o (2) una “lectura” común.-
La Corte en el caso “Halabi” diferencia entre “derechos de
incidencia colectiva que tienen por objeto bienes colectivos”
(Considerando 11) y derechos de incidencia colectiva
referentes a “intereses individuales homogéneos”
(Considerandos 12 y 13).-
Los primeros requieren para su calificación dos elementos: a)
la existencia de un bien colectivo.- b) la “la pretensión debe
ser focalizada en la incidencia colectiva del derecho”.-

La Corte deja claro que “cuando se ejercita en forma


individual una pretensión procesal para la prevención o
reparación del perjuicio causado a un bien colectivo, se
obtiene una decisión cuyos efectos repercuten sobre el objeto
de la causa petendi, pero no hay beneficio directo para el
individuo que ostenta la legitimación”, de modo que no puede
accionarse teniendo por objeto un daño individual; por ello
mismo aquí cobran relevancia aspecto vinculados al destino
final de las indemnizaciones y la constitución de fondos
comúnes y la discusión acerca de la viabilidad de categorías
teóricas como la de daño moral colectivo.-

Finalmente existe para la CSJN una diferencia a nivel de la


legitimación activa entre ambas especies: “Puede afirmarse,
pues, que la tutela de los derechos de incidencia colectiva
sobre bienes colectivos corresponde al Defensor del Pueblo, a
las asociaciones y a los afectados,…” es decir, que si se trata
de intereses que versan sobre bienes colectivos los
legitimados son los que indica el artículo 43.- Y agrega a
renglón seguido que “… y que ella debe ser diferenciada de la
protección de los bienes individuales, sean patrimoniales o no,
para los cuales hay una esfera de disponibilidad en cabeza de
su titular.”

En el campo de los intereses de incidencia colectiva


individuales homogéneos, la Corte Suprema de Justicia de la
Nación sostiene que para que proceda la acción colectiva es
necesario que (1) se plantee el aspecto colectivo o común
ocasionado por la lesión –segundo elemento-; (2) sin
embargo este aspecto no significa que no se consideren las
las repercusiones individuales luego; la existencia de estas
repercusiones diferenciadas en cada individuo es
reconocida por la Corte en los considerándos 12 y 13.- Así
mismo en el caso “Mendoza” precisa que la pretensión de
reparación de daños y perjuicios personales derivada de la
contaminación ambiental (3) requiere –para su calificación
como interés individual homogéneo- de una unicidad
causal; en efecto se sostiene al respecto que “pretensión que,
si bien, eventualmente, podrían ser calificados como intereses
individuales homogéneos, en razón de que podría haber un
solo hecho ilícito que cause lesiones diferenciadas a los
sujetos peticionantes, ello no surge de la demanda, en la
medida en que, por el contrario, menciona diferentes
supuestos de causación.
Por otra parte, la demanda no contiene una descripción
precisa que permita relacionar el nexo causal que existiría
entre el daño sufrido por cada uno de los actores y cada una
de las empresas demandadas y tampoco existe una adecuada
descripción de los grados de incapacidad de cada uno de los
demandantes, así como de la entidad de las lesiones sufridas
en sus patrimonios como en sus personas; todo ello obsta a
su acumulación en un solo proceso.”

6.- Por último, la hermenéutica del artículo 43 de la


constitución nacional, entendida como un reconocimiento de
la existencia de intereses colectivos que merecen tutela, sea
a través del amparo o de la acción que sea necesaria –pues
los derechos fundamentales no pueden quedar
desamparados- constituye una construcción que permite la
existencia de estas acciones.-
En este sentido se ha manifestado el tribunal en el caso
“Edesur”, al sostener que pese a que la acción de amparo no
es apropiada para resolver una cuestión de maños masivos,
los derechos fundamentales de los consumidores
consagrados en el artículo 42 de la CN no pueden quedar
desprotegidos (Considerando 19).- También en este sentido
la CSJN en el considerando 19 del precedente “Halabi”
estableció que : 19) Que en lo referente al derecho argentino,
esta Corte ha advertido en otras ocasiones que el propio
texto constitucional autoriza el ejercicio de las acciones
apropiadas para la defensa de intereses colectivos con
prescindencia de las figuras expresamente diseñadas en él o
en las normas procesales vigentes. Es oportuno recordar, en
ese sentido que, al interpretar el ya tantas veces mencionado
art. 43, CN., el tribunal admitió que la protección judicial
efectiva no se reduce únicamente al amparo strictu sensu sino
que es susceptible de extenderse a otro tipo de remedios
procesales de carácter general como -en esa ocasión- el
hábeas corpus colectivo, pues es lógico suponer que si se
reconoce la tutela colectiva de los derechos citados en el párr.
2º, con igual o mayor razón la Constitución otorga las mismas
herramientas a un bien jurídico de valor prioritario y del que
se ocupa en especial, no precisamente para reducir o acotar
su tutela sino para privilegiarla (Fallos 328:1146, consids. 15
y 16). Por lo tanto, frente a una situación como la planteada
en el sub examine, dada la naturaleza de los derechos en
juego, la calidad de los sujetos integrantes del colectivo y
conforme a lo sostenido reiteradamente por esta Corte en
materia de interpretación jurídica, en el sentido de que,
además de la letra de la norma, debe tenerse en cuenta la
finalidad perseguida y la dinámica de la realidad, es
perfectamente aceptable dentro del esquema de nuestro
ordenamiento que un afectado, el Defensor del Pueblo o
determinadas asociaciones deduzcan, en los términos del ya
citado art. 43, párr. 2º, una acción colectiva con análogas
características y efectos a la existente en el derecho
norteamericano (conf. fallo referido, consid. 17 y sus citas).

II| LA REGULACIÓN LEGAL DE LAS ACCIONES


COLECTIVAS EN LA ARGENTINA
1.- Quizás el primer intento de construcción de una
regulación de las acciones colectivas en la Argentina se dio
en el campo del Derecho del Consumidor.-
En argentina, la ley 24.240 traía antes del veto presidencial,
el instituto de la expansión de la cosa juzgada, con el cual
extienden los efectos de la cosa juzgada, homologándose la
sentencia a quienes acrediten encontrarse en igual situación
fáctica que quien obtuvo la sentencia.- En efecto, la ley de
defensa del consumidor traía una institución (la expansión de
la cosa juzgada) en su art. 54 que posibilitaba afirmar que
este tipo de acciones estaban permitidas.- Sin embargo dicha
norma fue vetada por el Presidente de la Nación.
Recientemente (en abril de 2008) la ley 26361 modificatoria
de la ley 24.240, reparó en el plano legislativo la pérdida que
para la ley de defensa del consumidor N° 24.240 significó el
veto Presidencial al artículo 54 que traía el instituto de la
“expansión de la cosa juzgada”.-

2.- En el campo del Derecho ambiental, la ley general del


Ambiente (25.675) regula las acciones por “daño ambiental
colectivo” según la propia expresión de la ley.- Se prevé –
entre otros aspectos-: la legitimación activa para demandar el
“daño ambiental colectivo” (Art. 30 1° párr.); la prevención
del daño ambiental colectivo a través de la acción de amparo
(art. 30 tercer párrafo); la legitimación pasiva y el tipo de
vinculo obligacional que une a los sujetos legitimados pasivos
(art. 31); el efecto expansivo de la cosa juzgada (art. 33
segundo párrafo: “La sentencia hará cosa juzgada y tendrá
efecto erga omnes, a excepción de que la acción sea
rechazada, aunque sea parcialmente, por cuestiones
probatorias”) .

Sin embargo la regulación no es lo suficientemente completa


dejando blancos sobre aspectos procedimentales
importantes.-

3.- Estos antecedentes son recordados en el precedente


“Halabi” la CSJN recuerda que “Tal estándar jurídico, como se
ha expresado, reconoce su fuente primaria en el propio texto
constitucional y, lejos de ser una construcción novedosa,
aparece como una institución ya arraigada en el ordenamiento
normativo vigente. En efecto, las regulaciones especiales que
instauran instrumentos de carácter colectivo para obtener
reivindicaciones en materia de defensa a los usuarios y
consumidores y en lo atinente a daño ambiental, prevén
expresamente soluciones de la índole referida. Así el art. 54,
párr. 2º, ley 24240, establece que "la sentencia que haga
lugar a la pretensión hará cosa juzgada para el demandado y
para todos los consumidores o usuarios que se encuentren en
similares condiciones, excepto de aquellos que manifiesten su
voluntad en contrario previo a la sentencia en los términos y
condiciones que el magistrado disponga". De un modo
semejante, el art. 33, in fine, ley 25675 dispone que "la
sentencia hará cosa juzgada y tendrá efecto erga omnes, a
excepción de que la acción sea rechazada, aunque sea
parcialmente, por cuestiones probatorias".”( Considerando,
21).-

III| LA CONSTRUCCIÓN JURISPRUDENCIAL DE LAS


ACCIONES DE CLASE EN ARGENTINA
1.- Sin embargo, pese a la ausencia de regulaciones
acabadas la jurisprudencia en materia de daños al
consumidor comenzó a admitir verdaderas class actions
como muestra el Caso “Edesur”.- En efecto, en la dimensión
de los daños colectivos la jurisprudencia argentina ya venía
reconociendo el problema acerca de la posibilidad de que
reparen daños a partir de intereses individuales homogéneos
en un precedente que se conoce como el caso “Edesur”.

2.- Se trató de una acción de amparo que el tribunal


transformó en una verdadera class action a partir de la idea
de que el juez no puede dejar sin resolver el asunto y la
sentencia es un verdadero manual de las acciones de clase.
En el caso “Edesur” la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de
Buenos Aires inició un acción contra la empresa eléctrica
Edesur a los fines de que esta ultima procediera a reparar los
daños sufridos por 155.000 vecinos de la ciudad provocados
por un corte de energía eléctrica que se inició el 15 de
febrero de 1999. En la sentencia la Cámara federal Civil y
Comercial se abocó a resolver la legitimación activa de la
defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires para
interponer este tipo de reclamos. La sentencia admitió que la
defensoría tenía legitimación activa para reclamar por
intereses individuales y no solamente para interponer
acciones por intereses colectivos, establece luego la
responsabilidad de la empresa y señala en lo que a
nosotros interesa que los consumidores que acrediten haber
sufrido los daños “podrán ocurrir ante pos tribunales
correspondientes y por la vía que estimen pertinente, o que
en cada caso se fije de acuerdo con las particularidades que
cada uno pudiera presentar”. Estos “eventuales juicios que se
inicien para probar y determinan los daños y perjuicios de
los usuarios afectados por el corte de energía en cuestión, la
demandada podrá plantear, en lo que hace a los daños –
aspectos propios de cada caso particular, que no hayan sido
materia de este pleito”.-
La sentencia es importante pues: 1.- reconoce que existen
intereses individuales homogéneos; 2.- Que las Defensorías
del Pueblo tienen legitimación activa para demandar estos
daños; 3.- Que existe un procedimiento específico para
reclamar este tipo de daños masivos: se sigue un
procedimiento sumarísimo (art. 53 L. 24.240) para
establecer la responsabilidad del dañador, luego se cita
públicamente a los consumidores para que estos se
presenten a probar la cuantía del daño sufrido mediante un
proceso de ejecución de sentencia; 4) es un daño masivo
(Lorenzetti, Ricardo, “Daños masivos, acciones de clase y
pretensiones de operatividad”, J.A.-II-2000:235 y sgtes.)

3.- Esta construcción ha sido continuada por la CSJN en el


caso “Halabi”.-
Allí se realizan diferentes tareas: a) se procura establecer
las condiciones sustanciales de procedencia de la acción.- b)
se establecen las condiciones formales requeridas para las
acciones de clase.-

4.- Este panorama muestra que Argentina está cerrando


una primera etapa en relación con las acciones de clase, en
la cual (a) pese a su enunciación normativa, (b) no existe
aún en el plano legal una regulación detallada de los
aspectos sustanciales y procedimentales específicos y (c) si
se cuenta ya con una importantísima experiencia
jurisprudencial que va señalando los perfiles y cuyas
lecciones deben aprehenderse.

5.- La matriz individualista del derecho de daños moderno


constituye una limitación realmente fuerte que posee este
sistema regulatorio para dar respuestas adecuadas a las
necesidades y problemas que platean los daños masivos.
Pienso que la introducción de la regulación de las acciones de
clase por la ley 26361 marca el fin de una primera etapa de
las acciones de clase en la Argentina. Probablemente en los
próximos años asistamos a la tapa del desarrollo de las
acciones de clase en Argentina, aunque las barreras
culturales para ello no sean pocas ni tampoco las dificultades
técnicas.-

IV| LA AGENDA DE REFORMAS INTERNAS DEL DERECHO


DE DAÑOS PARA LA CONSTRUCCIÓN DE LA
DIMENSIÓN COLECTIVA

La agenda de ajustes y reformas del Derecho de Daños de


cara a este problema de los daños masivos es nutrida: (1)
pensar y teorizar los bienes colectivos, lo que incluye una
revisión de los rubros del daño resarcible; (2) exponer una
teoría adecuada de los intereses y de la legitimación activa;
(3) reformular el sistema para la gestión final de las
indemizaciones.-

En realidad estas tareas ya se vienen desarrollando en el


campo del Derecho Ambiental y del Derecho del Consumidor
y pienso que son perfectamente trasladables al campo de la
tutela de los bienes culturales otros campos similares en los
cuales existan bienes colectivos.- Otras tareas que ya se han
venido desarrollando en el sector del daño ambiental en
cambio no se requieren aquí, por ejemplo, la reconstrucción
de la idea de causalidad.

La jurisprudencia argentina ha tenido ocasión de ensayar


esta tarea.-Veamos lo que ocurre en cada uno de estos
aspectos.-
IV|1.- Revisitar las categorías teóricas: en búsqueda
de la especificidad

1.- La construcción de un derecho de daños que capte la


dimensión colectiva requiere una serie de adaptaciones
técnicas del derecho de daños que incluyen: repensar la
causalidad y las categorías del daño resarcible.-

2.- El punto de partida es que el derecho de daños visibilice la


existencia de un conjunto de bienes que pueden calificarse
como colectivos.- En otras palabras a los bienes individuales
considerados por el derecho de daños moderno -el patrimonio
y secundariamente la persona- deben sumarse otros como el
medio ambiente; el patrimonio cultural; la competencia; la
información; los derechos del consumidor; la igualdad; la
libertad; la salud pública; la educación.-

6.- La CSJN al referirse a los derechos de incidencia colectiva


sobre bienes colectivos, explica en la sentencia “Halabi” que
“lo que ocurre cuando éste pertenece a toda la comunidad,
siendo indivisible y no admitiendo exclusión alguna. Por esta
razón sólo se concede una legitimación extraordinaria para
reforzar su protección, pero en ningún caso existe un derecho
de apropiación individual sobre el bien ya que no se hallan en
juego derechos subjetivos. No se trata solamente de la
existencia de pluralidad de sujetos, sino de un bien que, como
el ambiente, es de naturaleza colectiva. Es necesario precisar
que estos bienes no tienen por titulares a una pluralidad
indeterminada de personas, ya que ello implicaría que si se
determinara el sujeto en el proceso éste seria el titular, lo cual
no es admisible. Tampoco hay una comunidad en sentido
técnico, ya que ello importaría la posibilidad de peticionar la
extinción del régimen de cotitularidad. Estos bienes no
pertenecen a la esfera individual sino social y no son divisibles
en modo alguno.”

7.- Desde mi perspectiva lo que los califica en última


instancia – como puede entreverse en el período de la
sentencia transcripto- es que se trata de bienes comunes, no
colectivos.-

8.- El primer problema, incluye también –como una


consecuencia necesaria de la existencia de bienes colectivos-
la necesidad de repensar los daños, sus rubros.-

9.- La doctrina y jurisprudencia viene debatiendo sobre la


posibilidad de formular la idea de un daño moral colectivo.-
Un excelente ejemplo de lo que digo es el precedente judicial
conocido como “Las Nereidas” resuelto por la Cámara Civ. y
Com. Azul, sala 2ª, 22/10/1996.3 Se trató el problema de la
tutela de los bienes culturales frente al perjuicio a ellos
ocasionado.- Los hechos fueron que un vehículo dedicado al
transporte público de pasajeros chocó un complejo escultórico
denominado “Las nereidas” ubicado “la intersección de dicha
calle con Pujol, 14 de Junio y Diagonal del Parque” de la
ciudad de Tandil, Provincia de Buenos Aires, ante lo cual la
Municipalidad de la ciudad interpuso una acción de daños y
perjuicios para obtener el resarcimiento los daños materiales
necesarios para la reparación de las esculturas y el “daño a
los intereses difusos o derechos públicos subjetivos" de toda
la comunidad tandilense” "conceptuado como privación del
goce estético que justifica el cuidado y ornato urbanos",
considerando el sitio especial de ubicación -en el inicio al
ascenso a un paseo tradicional de la ciudad- y a los
3
JA 1997-III-224.-
numerosos acontecimientos religiosos, culturales, sociales y
deportivos -incluso internacionales- que se desarrollan en el
lugar.- En el fallo de primera instancia se hizo lugar al rubro
"privación del goce estético".- La sentencia fue apelada por
los vencidos.- Allí el Tribunal con un recordado primer voto
del Dr. Jorge Galdós, se dijo: “Se discute la legitimación activa
de la Municipalidad de Tandil para ser titular exclusiva del
daño proveniente del goce estético -así se lo califica en el fallo
de origen- del que se ve privada esa comunidad por la
destrucción de una obra escultórica.”

“Convergen aquí temáticas complejas (…) la inusual


pretensión de incluir en la tutela reparatoria íntegra el daño
moral por la afectación de derechos comunitarios.”

El tribunal comienza la argumentación señalando que (1) se


trata de un bien de dominio público del estado municipal; (2)
que estos bienes son de uso y goce de los particulares; se
citan las normas constitucionales provinciales y nacionales
que tutelan el patrimonio cultural; (3) que el bien afectado
integra el patrimonio cultural de la comunidad de Tandil; (4)
que se trata de un bien colectivo; (5) luego caracteriza a los
bienes colectivos; (6) se argumenta con citas de diversas
sentencias judiciales y comentarios de doctrina que se
encuentra reconocida la legitimación activa a los particulares
para accionar por la defensa de intereses difusos; (7) se
caracteriza a los intereses difusos; (8) se sostiene que
“Dentro de la categoría de difusos se ha incluido en la
jurisprudencia lo atinente a la protección del patrimonio
histórico y cultural”; (10) “Vinculada con esta cuestión surge
la noción de daño sufrido colectivamente”; (11) “En estos
casos aflora el rol del "Estado como demandante" y en el
derecho municipal local incumbe al intendente -como en la
Provincia al fiscal de Estado- ejercer la defensa de los
derechos públicos subjetivos”.4

10.- Sobre esta cuestión de la indemnizabilidad del daños


moral colectivo se ha vuelto en el caso de la “Casa Millán”5.-

Por mi parte, pienso que si bien la cuestión acerca de qué


rubros son indemnizables es importante, la tarea es mas
basta; la idea misma del daño requiere ajustes para atender a
la protección de los bienes comunes.-

Para el Derecho de Daños, el daño, obviamente es un


presupuesto central.-Sin dudas bajo este concepto puede
incluirse la destrucción de una cosa y también su
disminución.-

En el campo de los bienes culturales esta idea debe ser


especificada. Sin dudas cuando un bien cultural es destruido –
o disminuído-, puede dispararse – a condición de la
existencia de los demás presupuestos, el deber de responder.

Sin embargo, también la idea de pérdida o falta de acceso al


bien colectivo cultural constituyen, desde la perspectiva
colectiva un daño en el sentido que requiere la tutela del
patrimonio cultural.

Este alargamiento de la idea de daño no es tan necesario

4
Ver Vallefín, Carlos, "La legitimación procesal y las situaciones jurídicas subjetivas - Un perfil
olvidado, el Estado como demandante", en JA 1987-III-643.
5
Cam. Cont. Adm. Y Trib. Ciudad de Bs. As., sala 2, 14 de agosto de 2008, defensoría
del pueblo de la Ciudad de Buenos Aires y otros” (Lexis Nexis N 70048944).-
desde el punto de vista teórico en los casos de reparación,
como en los de prevención judicial del daño.-
En efecto, cuando se trata de prevenir el daño resulta vital,
pues allí muchas veces no está en juego la destrucción del
bien cultural, sino el acceso al mismo – como por ejemplo, en
el ya recordado caso “Uriarte Piñeiro”- o su subsistencia
presente para permitir el acceso en el futuro.-

Me parece que la piedra de toque es comprender que el bien


protegido no es un bien cultural o ambiental determinado en
sí mismo, ni la cultura o el medio ambiente en general,
como algo abstracto, sino el acceso y disfrute por los
ciudadanos o la humanidad misma a ese bien. Es decir la
relación hombre/bienes culturales-naturales.-

IV|2.- Por más transparencia, para un mejor


funcionamiento

1.- En lo tocante al segundo aspecto mencionado, es preciso


contar con (a) una teoría adecuada de los intereses que van
más allá de la esfera individual y (b) que permita estructurar
adecuadamente el otorgamiento de las iniciativas a los
sujetos que mejor puedan desarollar la tarea social de
promover la tutela de los bienes colectivos –lo que se conoce
como “legitimación activa”-, la tarea creo que pasa más por
el esclarecimiento de la estructura teórica que por la
innovación.-

2.- En este sentido pienso que la sentencia “Halabi”


constituye una contribución sumamente relevante de la cual
surgen diferentes lecciones aprendidas de las que cabe tomar
nota.-
3.- La discusión de este tópico no se encuentra exenta de
efectos prácticos, pues la definición del tipo de interés en
juego se vincula directamente con la discusión –presente en
algunas de las sentencias que resuelven casos sobre bienes
culturales como el de la “Casa Millán”- acerca de la
legitimación activa de tal o cual actor social, particularmente
del Defensor del Pueblo.-

4.- En el fallo de la “ Casa Millán” se dijo en el segundo y


tercer voto al analizar la legitimación de la Defensoría del
Pueblo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires para
demandar el daño moral colectivo –lo cual terminó
resolviéndose en forma favorable-, que:

“… considero que la actora se encontraba legitimada para


interponer la presente acción.

Ya se ha dicho a nivel jurisprudencial que respecto del "daño


moral colectivo" convergen aquí temáticas complejas
provenientes de la constitucionalización y "publicización" de
derechos tradicionalmente privados con cuestiones de
raigambre procesal constitucional y sobre los intereses difusos
y los derechos colectivos, todo lo que produce el corrimiento
de las fronteras de la legitimación activa y pasiva. ...
Igualmente inciden cuestiones ecológicas y ambientales y en
toda la temática está presente la doble noción, sustancial y
procesal, de interés. Desde la primera perspectiva, la lesión al
interés -lícito, con repercusiones patrimonial o
extrapatrimonial- es el objeto del daño injusto; desde la
óptica procesal se lo vincula con la legitimación, concebida
como un requisito relativo a la situación jurídica, en estado
dinámico, del sujeto que hace valer un interés que requiere
respuesta jurisdiccional (Gozaini, Osvaldo A., "Teoría procesal
de la legitimación", LL 1989-B-977; aut. cit., "Derecho
Procesal Civil", t. I, Vol. I, ps. 392 y ss.; Bidart Campos,
Germán, ED 145-477, "Egoísmos inconstitucionales por
denegación de la legitimación procesal activa"; Bidart
Campos, G., "Los derechos humanos y la legitimación
procesal", ED 152-784 y "El control judicial de
constitucionalidad y la legitimación procesal", ED 152-790).
("Municipalidad de Tandil v. Transportes Automotores La
Estrella S.A y otro ", C. Civ. y Com. Azul, sala 2ª,
22/10/1996, JA 1997-III-224).

(…)

a) Respecto de la primera cuestión, la legitimación de la


Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires, considero
que ésta ha sido correctamente fundamentada por el juez de
grado al hacer referencia a la normativa que la sustenta: la
Constitución Nacional (arts. 41 y 43 ), los Pactos
Internacionales sobre Derechos Humanos y la normativa de la
Carta Local (arts. 14 , 26 y 27 ).

Asimismo, y a mayor abundamiento, de la Const. Ciudad Bs.


As., art. 137 , que establece su creación y de la ley 3 de la
Ciudad, publicada en el BO Ciudad Bs. As. del 27/2/1998 que
regula su funcionamiento, surge que desde su creación en
nuestro país, la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos
Aires es un organismo autónomo e independiente, que tiene
facultades para proteger y defender los derechos humanos,
individuales y sociales de los vecinos de la ciudad, supervisar
y garantizar que las instituciones y los funcionarios del
Gobierno de la Ciudad cumplan con sus deberes y respeten la
Constitución y las leyes vigentes; controlar que las empresas
de servicios públicos brinden los servicios de manera
adecuada a toda la comunidad y atiende las inquietudes de
las personas que se sientan afectadas por abusos,
negligencias e irregularidades. Como organismo de control, no
recibe instrucciones de ninguna autoridad, puede proponer
leyes ante la Legislatura, presentarse en los tribunales en
representación de los ciudadanos y tiene capacidad para
iniciar investigaciones.

Es decir, la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos


Aires puede iniciar y proseguir, de oficio o a pedido del
interesado (cualquier persona física o jurídica que se
considere afectada por los actos, hechos u omisiones que se
describen a continuación), cualquier investigación para
esclarecer o rectificar actos, hechos u omisiones de la
Administración, de prestadores de servicios públicos o de las
fuerzas que tengan funciones de policía de seguridad local
que impliquen el ejercicio ilegítimo, defectuoso, irregular,
abusivo, arbitrario, discriminatorio o negligente de sus
funciones y que afecten los derechos y garantías e intereses
individuales, difusos o colectivos.

(…)

Ahora bien, la mención explícita de este tipo de legitimación


en relación al amparo que efectúa el art. 43 , CN., tal como se
destaca en comentario al art. 6 , CCAyT Bs. As., en Balbín,
Carlos F. -dir.-, "Código Contencioso Administrativo y
Tributario de la Ciudad de Buenos Aires, Comentado y
Concordado", Ed. LexisNexis, 2003, Buenos Aires, p. 98,
"Realizando el análisis con fundamento en los tratados
supranacionales, el derecho al acceso a la justicia, la
protección de los derechos de incidencia colectiva ahora
expresamente consagrados, la letra y el espíritu ampliamente
garantista de la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires ",
debe interpretarse como ampliada al menos al afectado, el
defensor del pueblo y las asociaciones a que se refiere el art.
43 , CN. "sin importar la herramienta procesal que se
intente".

(…)

c) Ahora bien, alega el GCBA que en el presente caso y según


el análisis de Lorenzetti, no ha existido bien colectivo a
proteger por carecer del correspondiente reconocimiento
normativo a la época en que se sucedieron los hechos.

Sin embargo, dicha afirmación no es correcta. En efecto, de


las probanzas colectadas en la causa se desprende que
cuando se produjo la demolición, Casa Millán se encontraba
protegida legislativamente por estar ya vigente el Código de
Planeamiento Urbano (ley 449 ) ley de orden público, el cual
según su art. 123 comenzó a regir a partir del 8/11/2000,
precisamente el mismo día en que el GCBA había autorizado
su demolición.” (del voto del Dr. Esteban Centanaro)

“Creo conveniente hacer notar que ninguno de los recurrentes


discute si la Defensoría, atento sus atribuciones
constitucionales y legales, puede ser sujeto procesal activo de
un reclamo pecuniario por daño moral colectivo.

Los agravios de los recurrentes se centran -por parte de la


empresa Ciada- en el débil argumento de que la Defensoría
actuó judicialmente en razón de la denuncia de un vecino, y
que éste no representa los intereses del pueblo; más
insustancial aún resulta ser el del Gobierno, quien se limita a
manifestar que "...se agravia por cuanto el sentenciante en su
pretensión de legitimar a la Defensoría del Pueblo de la
Ciudad de Buenos Aires como actora en estas actuaciones,
incluye dentro de sus obligaciones la de preservar el
patrimonio natural y cultural de la Ciudad fundamentándolo
en el art. 41, CN. reformada en el año 1994" (ver fs. 756,
párr. 3º).

Si bien los argumentos de los apelantes -según creo- son


rebatidos en los fundamentos que desarrolla el Dr. Esteban
Centanaro en el consid. VIII, apart. c.- de su voto, entiendo
atinado -en mérito a la relevancia del caso- efectuar ciertas
apreciaciones.

(…)

19.- Con relación a los derechos de incidencia colectiva,


debemos señalar que se los ha identificado como aquellos que
no pertenecen a ningún sujeto determinado, sino que
corresponden a un sector de personas que conviven en un
ambiente o situación común (C. Nac. Civ. y Com. Fed., sala
1ª, in re "Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires
v. Edesur", sent. del 16/3/2000, voto de los Dres. Francisco
de las Carreras y Martín Farrell).
En el caso, lo que se discute -como sabemos- es una cuestión
relativa al patrimonio histórico de la Ciudad que, incluso
acudiendo al criterio de distinción que formula Ricardo
Lorenzetti, entre intereses individuales, intereses individuales
homogéneos, intereses difusos o intereses colectivos e
intereses públicos, es evidente que se trata de un supuesto
que afecta a un colectivo de sujetos y no es susceptible de
individualización, por lo tanto estamos ante un derecho
colectivo (Lorenzetti, Ricardo L., "Daño moral colectivo. Su
reconocimiento jurisprudencial", JA 1997-III-237 ; como juez
de la Corte Sup. ver su voto -entre otros- registrado en Fallos
329:4593).

(…)

20.- Con relación al derecho en litigio (patrimonio histórico)


cabe hacer notar, en primer término, que el art. 41 , CN. en
tanto dispone la obligación de las autoridades de proteger el
"patrimonio natural y cultural", deviene -en razón de lo
previsto en el art. 10 , Const. Ciudad Bs. As.- como una
obligación de las autoridades locales y un consiguiente
derecho colectivo de los habitantes de la Ciudad.

A ello cuadra agregar que aun cuando es deber primario del


Estado la tutela del bien colectivo en disputa, ello
-obviamente- impone límites y obligaciones a los particulares,
toda vez que todo comportamiento de éstos que genere su
lesión antijurídica, conlleva -por regla- a su responsabilidad.

Específicamente a nivel local, el art. 27, inc. 2 , Const.


Ciudad Bs. As. dispone, en el capítulo relativo al medio
ambiente, que "la Ciudad desarrolla en forma indelegable una
política de planeamiento y gestión del ambiente urbano
integrada a las políticas de desarrollo económico, social y
cultural, que contemple su inserción en el área metropolitana.
Instrumenta un proceso de ordenamiento territorial y
ambiental participativo y permanente que promueve... La
preservación y restauración del patrimonio natural,
urbanístico, arquitectónico y de la calidad visual y sonora."

También el art. 32 de nuestra Constitución garantiza la


preservación, recuperación y difusión del patrimonio cultural,
cualquiera sea su régimen jurídico y titularidad, la memoria y
la historia de la Ciudad y sus barrios.

Lo expuesto me lleva a concluir que existe un derecho de la


sociedad y una obligación del Estado con relación a su tutela
y, paralelamente, un deber de los particulares de no dañar.
Resta determinar, en el estricto marco de los agravios que
introdujeron los recurrentes, la legitimación de la actora.

Corresponde recordar que -en un novedoso precedente- se


condenó, por daño moral colectivo, a una empresa por la
destrucción de un monumento histórico, me refiero al caso
"Municipalidad de Tandil v. Transporte Automotores la Estrella
S.A y otro" (C. Civ. y Com. Azul, sala 2ª, de fecha
22/10/1996). No obstante, en esa causa -con una notable
diferencia de actitud de las administraciones públicas- la
acción la inició la Municipalidad en representación de la
comunidad, en cambio aquí el problema se plantea porque el
daño a un bien colectivo lo produce la propia administración
-bien sea con un proceder negligente o deshonesto de sus
agentes-, en concurrencia con un particular.

En este supuesto, parece evidente que la acción del Estado


que resulta contraria a sus fines específicos, ha sido
-justamente- la situación patológica que los constituyentes
tuvieron en miras revertir al momento de crear mecanismos
de participación ciudadana e instituciones independientes para
que controlaran la corruptela administrativa.

Parece claro entonces que cuando los organismos primarios


fallan, toda vez que el Estado fue coautor del daño al interés
colectivo, deben responder los otros mecanismos
constitucionalmente previstos para prevenirlo. Pero si esto
último no fuera posible, forma parte de sus cometidos
procurar se dé un remedio al perjuicio originado a la
comunidad.

(…)

De lo contrario, casos como el recordado "delfines o toninas"


("Kattán, Alberto y otro v. Estado Nacional -Poder
Ejecutivo-"), en el que el permiso de captura había sido
otorgado por el propio Estado, quedarían impunes.

En ese contexto, el art. 137, Const. Ciudad Bs. As. erige a la


Defensoría del Pueblo de la Ciudad como un órgano
constitucional independiente y fija su misión, en lo que nos
interesa, en "... la defensa, protección y promoción de los
derechos humanos y demás derechos e intereses individuales,
colectivos y difusos tutelados en la Constitución Nacional, las
leyes y esta Constitución, frente a los actos, hechos u
omisiones de la administración o de los prestadores de
servicios públicos."

Tales consideraciones dejan huérfano de todo sustento el


agravio del Gobierno sobre la legitimación de la defensora del
pueblo para la protección (o reparación) del patrimonio
histórico de la Ciudad.

Igual suerte debe correr la crítica de Ciada Construcciones.


Corresponde recordar, a los fines de delimitar cuál es el marco
de intervención de este tribunal, que aquélla se agravia,
sustancialmente, por cuanto "... el juez previniente considera
que la Constitución Nacional reformada en la Convención
Constituyente... en su art. 41 ... impuso a las autoridades
que proveyeran la preservación del patrimonio natural y
cultural, citando para fundamentar luego sus dichos varios
antecedentes legislativos de orden nacional, pero ninguno de
la Ciudad Autónoma de Buenos Aires" (ver fs. 742, párr. 3º).
Agregó que "... yerra el juez de grado al entender que la
'nueva categoría de derecho' debe ser velada por el defensor
del pueblo, ya que éste no ha instado la acción por decisión
propia, sino por la única intervención de un vecino del barrio
porteño de Flores quien, a su entender, la propiedad en
tratamiento debía ser preservada" (ver fs. 742, párr. 6º).

Cabe remarcar -una vez más- que no discute la apelante si la


Defensoría del Pueblo tiene, entre sus atribuciones
constitucionales, legitimación para demandar a su parte
(persona jurídica de derecho privado) y, además, si puede
incoar una pretensión que culmine en una condena
pecuniaria, fundada en un daño moral colectivo.
Por tanto, si ceñimos la actuación de esta alzada a los puntos
propuestos advierto la improcedencia de los agravios. En
primer término, porque como se apuntó anteriormente, el
derecho que se sostiene conculcado (patrimonio histórico de
la Ciudad) es del tipo de incidencia colectiva y, desde un
punto de vista material, su protección está atribuida a la
Defensoría del Pueblo. Así las cosas, toda vez que el
recurrente discute el aspecto que identificaría como material
de competencias de la defensoría (qué tipo de derechos e
intereses puede proteger) y no el subjetivo (a quién puede
demandar) su planteo deviene improcedente.

Por otro lado, resulta poco fundado cuestionar la legitimación


de la defensoría a raíz de la intervención de un vecino del
barrio de Flores, en tanto que dicho órgano constitucional
puede hacerlo de oficio o a instancia de parte (art. 23, ley 3).
Además no se presentó aquí en representación del vecino que
efectuó la denuncia, sino por el derecho constitucional que le
asiste. Es decir, la Dra. Alicia Oliveira actuó como defensora
del pueblo de la Ciudad y en ningún momento invocó hacerlo
por quien se presentara ante ella, ni tampoco que éste se
haya arrogado la defensa de los intereses generales de la
sociedad. Cosa que también hubiera resultado factible por
cuanto debe puntualizarse que ante afectaciones a derechos
colectivos la Constitución de la Ciudad optó por una
legitimación amplia, habilitando, por ejemplo en materia de
amparo, a interponer la acción a cualquier habitante.” (Voto
dra. Nélida M. daniele)

5.- Aquí la dogmática y la jurisprudencia ha efectuado una


valiente y creativa tarea en línea con lo que ocurre en el
Derecho Comparado que quizá solo deba continuar siendo
esclarecida para mejorar su funcionamiento práctico.-

6.- A estos fines y a riesgo de ser reiterativo diré que además


de los intereses individuales (derecho subjetivos, interés
legitimo e interés simple) existen intereses supraindividuales
o metaindividuales.-
En este segundo grupo, se encuentran los a) Intereses
transindividuales colectivos, que se caracterizan por: la
existencia de un grupo preexistente al evento dañoso, que
tiene origen en una relación jurídica de base (vgr. una ong);
posee por tanto una organización y existe un vinculo jurídico
entre los miembros de la clase que gira en torno a un fin
común; el bien no es divisible, ni apropiable; el disfrute no es
inmediato sino mediato; el titular del interés es un grupo
determinado; el objeto de la acción es o la prevención o el
resarcimiento del daño.- b) intereses transindividuales
difusos: surgen contemporáneamente al evento dañoso; el
origen es factual (vgr., ser consumidores de tal o cual
producto; vivir frente a un monumento histórico; disfrutar el
mismo paisaje), no hay ningún vinculo jurídico entre las
personas; son titulares de este tipo de interés las personas
indeterminadas ligadas por circunstancias de hecho; no hay
un grupo preconstituído que detente el interés; el bien no es
divisible, ni apropiable; no hay una relación inmediata y
directa con el bien.- En general el objeto de las acciones
fundadas en este tipo de interés es la tutela inhibitoria.-

7.- Una categoría que no puede decirse que constituya un


interés que esté más allá de los de los individuos, es la del
interés individual homogéneo.- Aquí hay un grupo de titulares,
que puede o no estar preconstituído, cada uno de cuyos
miembros detenta un derecho subjetivo pero que tiene la
característica que recae sobre le mismo objeto que el de los
otros titulares; dicho en otras palabras, cada derecho
subjetivo incluso puede tener un mismo origen en una
misma causa fuente o en una causa fuente idéntica que se
repite, dando lugar a un conjunto de relaciones jurídicas
homologas; aquí el bien es divisible; los titulares son
perfectamente individualizables; existe una relación directa e
inmediata de cada titular con el bien.-

8.- Las sentencias que anoto profundizan notablemente en


la tarea de delinear la idea de interés individual homogéneo.-
En el caso “Halabi”, la CSJN señala que lo relevante para que
proceda la acción colectiva sobre la base de este tipo de
intereses individuales homogéneos es que:

“13) Que la procedencia de este tipo de acciones requiere la


verificación de una causa fáctica común, una pretensión
procesal enfocada en el aspecto colectivo de los efectos de
ese hecho y la constatación de que el ejercicio individual no
aparece plenamente justificado. Sin perjuicio de lo cual,
también procederá cuando, pese a tratarse de derechos
individuales, exista un fuerte interés estatal en su protección,
sea por su trascendencia social o en virtud de las particulares
características de los sectores afectados.

Además del primer elemento es necesario un “segundo


elemento” que “consiste en que la pretensión debe estar
concentrada en los efectos comunes y no en lo que cada
individuo puede peticionar, como ocurre en los casos en que
hay hechos que dañan a dos o más personas y que pueden
motivar acciones de la primera categoría. De tal manera, la
existencia de causa o controversia, en estos supuestos, no se
relaciona con el daño diferenciado que cada sujeto sufra en su
esfera, sino con los elementos homogéneos que tiene esa
pluralidad de sujetos al estar afectados por un mismo hecho.”

Para la Corte no podría accionarse pretendiendo obtener aquí


las indemnizaciones individuales que demanda cada sujeto.-

Dicho de otra forma: la acción de clase no es una acción en la


que se acumulan daños y perjuicios sufridos por un grupo a
raíz de un evento dañoso.-

La diferencia entre intereses colectivos y difusos – derechos


de incidencia colectiva referidos a bienes colectivos- e
intereses individuales homogéneos es que los primeros
versan sobre un bien colectivo, en cambio en la última
especie no hay un bien colectivo pero sí un perfil colectivo o
común; vgr, en el caso “Halabi” este aspecto colectivo es el
derecho de la ciudadanía a mantener comunicaciones
telefónicas privadas – “el derecho a la privacidad en el ámbito
de las telecomunicaciones”disidencia parcial Dres. Fayt y
Argibay-, más allá de la o las afectaciones personales que la
normativa en cuestión produce.-

9.- En el caso de los intereses individuales homogéneos y


transindividuales, en los países que los admiten pueden
ejercerse las denominadas acciones de clase en las cuales un
representante del grupo inicia la acción a nombre del mismo y
la decisión judicial obliga al grupo aunque formalmente no
hayan sido parte del juicio.- Entre sus posibles objetos está el
de obtener la indemnización de los daños y perjuicios.-

Mediante un procedimiento que se denomina certification un


miembro de una clase acredita tal circunstancia ante un juez
y realiza un petición a nombre de la categoría. Este sujeto es
un representante de la clase. Durante el curso del proceso el
juez controla permanentemente al representante de la clase.6

En el caso “Halabi” la Corte hace referencia a este aspecto en


los últimos párrafos del considerando 14 al afirmar que “…esta
Corte estima que, dado que es la primera oportunidad en la
que se delinean los caracteres de la acción colectiva que tiene
por objeto la protección de derechos individuales homogéneos
y que no existe una reglamentación al respecto, cabe ser
menos riguroso a la hora de evaluar el resto de los recaudos
que habrá que exigir en lo sucesivo en los procesos de esta
naturaleza. En estas condiciones, se considera que ha existido
una adecuada representación de todas las personas, usuarios
de los servicios de telecomunicaciones -dentro de los que se
encuentran los abogados- a las que se extenderán los efectos
de la sentencia.”

10.- Desde mi perspectiva esta cuestión junto con la de la


notificación pública de la existencia de la acción son
sumamente relevantes.-

En relación a este último aspecto la Corte explicó “6) Que


debe mencionarse que el Colegio Público de Abogados de la
Capital Federal y la Federación Argentina de Colegios de
Abogados se presentaron en autos adhiriendo a los planteos
del actor (fs. 176/178 y 235/237, respectivamente). A su
turno, con arreglo a lo establecido en la acordada 30/2007, el
tribunal llamó a una audiencia pública de carácter informativo,
la que tuvo lugar el 2/7/2008 y en la cual las

6
Ecio Perin Junior, “Aspectos relevantes de la tutela p colectiva do consumidor no directo
italiano en face do directo comunitario europeu: Class actions norteamericanas e a experiencia
brasileira”, en Revista directo do consumidor, N° 38, Brasil, p. 50.
representaciones letradas de cada una de las partes han sido
interrogadas sobre diversos aspectos de la controversia,
conforme da cuenta el acta y el instrumento incorporados a
este expediente.”

Y en el último párrafo del considerando 14 que “Para arribar a


esta conclusión se tiene en cuenta la publicidad que se le dio
a la audiencia celebrada ante esta Corte, como también la
circunstancia de que la declaración de inconstitucionalidad de
la ley 25873 se encuentra firme y que el decreto
reglamentario 1563/2004 ha sido suspendido en su vigencia.
Asimismo, se consideran las presentaciones que, en apoyo de
la pretensión del demandante, han realizado como Amigos del
Tribunal, la Federación Argentina de Colegios de Abogados y
el Colegio Público de Abogados de la Capital Federal que
comparecían para evitar "las nefastas consecuencias que para
todos los habitantes de nuestro país y en particular para los
abogados matriculados en nuestro colegio traería aparejada la
subsistencia formal de las normas cuestionadas" (fs. 215/216
y 235/237). Similares consideraciones fueron realizadas en la
audiencia celebrada ante el tribunal por los oradores de esas
dos instituciones (fs. 347/357).”

Como muestra el razonamiento de la Corte en este punto,


existe una vinculación relevante entre este aspecto de la
publicidad de la existencia de la acción y las innovaciones
institucionales democratizadoras, como sin dudas lo es la
Acordada 30/2007.-

Las herramientas de democracia participativa sonde pos sí


necesarias y en este supuesto particular, al encontrarse con
la problemática de las acciones de clase, generan una
posibilidad funcional sumamente interesante que incluso
podría significar una creativa reforma de los procedimientos
de acción de clase.-

11.- Lo más característico de estas acciones quizá sea el


principio de que los efectos de la cosa juzgada alcanzan a
todos los miembros del grupo categoría.-
La sentencia establecerá en su caso una condena genérica;
no habla de personas concretas ni de montos.7
Luego en la fase de ejecución, una vez conocidas la victimas,
estas presenten sus liquidaciones para cobrar la parte del
daño que les corresponde.-
12.- Finalmente, en lo referente al tercer aspecto mencionado
-la gestión final de las indemnizaciones- el problema se
vincula con el hecho de que al igual que en el campo del
derecho ambiental, cuando se trata de tutelar el patrimonio
cultural, la finalidad prioritaria de la indemnización debe ser
la recomposición del bien cultural afectado.-
Por ello, la institución de fondos de reparación o
recomposición es importante.- Allí podrían destinarse las
indemnizaciones que se obtengan y también desde allí,
organizarse la gestión de la reparación o recomposición.-
En las acciones colectivas fundadas en intereses individuales
homogéneos, el Código redefensa del Consumidor de Brasil
dispone que “...el producto de la condenación, como regla,
va a parar al patrimonio de las victimas, en resarcimiento de
la lesión sufrida y solo excepcionalmente se volcará al Fondo
de Defensa de los Derechos Difusos, cuando sea insignificante
el número de víctimas al cabo de un año (art. 100 e párr. 1)”8
En la sentencia de primera instancia de en el caso de la
7
Joao Batista de Almeida, “La acción civil colectiva para la defensa de los intereses o derechos
individuales homogéneos”, en revista Directo do consumidor, N° 34, 2000, Brasil, pág. 88.
8
Joao Batista de Almeida, 93.
“Casa Millán” se dispuso hacer lugar a la demanda por daño
moral colectivo condenando a CIADA Construcciones S.A. al
pago de $ 1.000.000 a favor de la Defensoría del Pueblo de
la Ciudad "... a los fines de su afectación a la defensa del
patrimonio cultural de sus representados", asimismo, se
ordenó “la colocación de una placa conmemorativa en el lugar
donde se encontraba el inmueble demolido”.
“Hizo también lugar a la demanda incoada contra el GCBA
"...condenándolo a afectar, del rubro 'Ceremonial' del
Presupuesto asignado para la Jefatura de Gobierno, la suma
de $ 1.000.000 a la preservación, recuperación y difusión del
patrimonio cultural, por medio de un programa a llevar a cabo
por la Comisión de Patrimonio Histórico de la Ciudad ...".”9
Esta decisión en cuanto al destino de los fondos fue ratificada
por la sentencia de segunda instancia -aunque modificada en
los montos de las condenas los que fueron reducidos a $
550.000 contra el GCBA y $ 500.000 a cargo de CIADA
Construcciones S.A.-

V.- LA AGENDA DE LAS ACCIONES DE CLASE SEGÚN EL


PRECEDENTE “HALABI”

Puede leerse en el considerando 12 del precedente de la corte


acerca de la necesidad de que s reglamente en nuestro
derecho las acciones de clase, lo que es fundamental pues:

(1) “debe existir una ley que determine cuándo se da una


pluralidad relevante de individuos que permita ejercer dichas
acciones”,

9
Del fallo de segunda instancia.-
(2) “cómo se define la clase homogénea”,

(3) “si la legitimación corresponde exclusivamente a un


integrante de la clase o también a organismos públicos o
asociaciones,

4) “cómo tramitan estos procesos”,

5) “cuáles son los efectos expansivos de la sentencia a dictar


y cómo se hacen efectivos”.

Luego en el considerando 20 la Corte continúa afirmando


que

“20) Que no obstante ello, ante la ya advertida ausencia de


pautas adjetivas mínimas que regulen la materia, se torna
indispensable formular algunas precisiones, con el objeto de
que ante la utilización que en lo sucesivo se haga de la figura
de la "acción colectiva" que se ha delineado en el presente
fallo se resguarde el derecho de la defensa en juicio, de modo
de evitar que alguien pueda verse afectado por una sentencia
dictada en un proceso en el que no ha tenido la posibilidad
efectiva de participar. Es por ello que esta Corte entiende que
la admisión formal de toda acción colectiva requiere la
verificación de ciertos recaudos elementales que hacen a su
viabilidad tales como”

(1)“la precisa identificación del grupo o colectivo afectado”,

(2) “la idoneidad de quien pretenda asumir su representación”


(3)“ y la existencia de un planteo que involucre, por sobre los
aspectos individuales, cuestiones de hecho y de derecho que
sean comunes y homogéneas a todo el colectivo.”

(4) “Es esencial, asimismo, que se arbitre en cada caso un


procedimiento apto para garantizar la adecuada notificación
de todas aquellas personas que pudieran tener un interés en
el resultado del litigio, de manera de asegurarles tanto la
alternativa de optar por quedar fuera del pleito como la de
comparecer en él como parte o contraparte.

(5) “Es menester, por lo demás, que se implementen


adecuadas medidas de publicidad orientadas a evitar la
multiplicación o superposición de procesos colectivos con un
mismo objeto a fin de aventar el peligro de que se dicten
sentencias disímiles o contradictorias sobre idénticos puntos.”

A estos puntos de la agenda habría que adicionar los tópicos


que surgen como “telón de fondo” de las sentencias
comentadas, entendidas en el sentido de experiencias
jurídicas vividas, que arrojan lecciones que deben ser
consideradas:

a) existen bienes comunes jurídicamente protegidos.-

b) la protección de estos bienes no se realiza solo a través


de la acción de amparo sino a través de los medios que sean
necesarios para ello.-

c) los bienes colectivos pueden protegerse a través de


intereses colectivos en sentido estricto o difusos.-
c) los intereses individuales homogéneos deben diferenciarse
adecuadamente de los anteriores, e incluso, en la misma
categoría de los intereses individuales homogéneos debería
darse un tratamiento diferenciado a las acciones que
persigan la indemnización de daños y perjuicios, como ocurre
en los EEUU y en Brasil.-

d) los intereses individuales homogenéos presentan


elementos comunes y subjetivos, debiendo prevalecer los
primeros aspectos.-

e) la legitimación activa es diferente según que exista un


bien colectivo o un internes individual homogéneo en juego.-

f) las acciones colectivas pueden perseguir como objetivo


una indemnización de daños y perjuicios o no, considerando
(1) el tipo de interés detentado y esgrimido; (2) según el
campo sustancial en que se la intente; (3) según exista una
norma expresa que admita la class action for damages.-

g) los intereses individuales homogéneos habilitan el


funcionamiento de la acción de clase con el objetivo de
obtener (1) la tutela de bienes extrapatrimoniales como
ocurre en el caso “Halabi”; los intereses individuales
homogéneos también habilitan el funcionamiento de la acción
de clase con el objetivo de obtener (1) la tutela de bienes
patrimoniales (class actions for damages) en el sector de los
daños al consumidor –como ocurrió en el caso “Edesur” – a lo
que hoy se suma la existencia de una regla expresa (art. 54)
al respecto en la ley 24.240.-