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Conectividad del Área Natural Protegida Sierra de Guadalupe con las áreas verdes establecidas en la Microcuenca Baja

I.

Introducción

El Área Natural Protegida (ANP) Sierra de Guadalupe se encuentra en el centro de la

Cuenca de México y constituye el último reducto de extensión considerable de recursos

naturales y áreas cubiertas de vegetación al norte del Distrito Federal y en los municipios

conurbados de Ecatepec, Coacalco, Tultitlan y Tlalnepantla. Debido a sus características

morfológicas, geológicas y ecológicas esta ANP es una de las reservas bióticas más

importantes del Valle de México. Sin embargo, se estima que en los últimos 15 años más

del 10% del ANP se ha deteriorado de forma acelerada debido al crecimiento de la mancha

urbana y a la falta de recursos humanos y económicos que cumplan a cabalidad el

Programa de Manejo de dicha reserva (Cedillo et al., 2007; Estado de México, Programa de

Manejo del Parque Estatal Sierra de Guadalupe, 2000).

El crecimiento de la mancha urbana se expresa por el surgimiento desordenado de los

asentamientos humanos en las partes limítrofes, e incluso, en el interior del área; lo que

propicia un aumento súbito de la demanda de servicios urbanos difíciles de satisfacer por

las autoridades, como consecuencia se tiene una presión sobre los recursos naturales, como

por ejemplo la disponibilidad de agua para consumo humano (Cedillo et al., 2007)

La presencia en el ANP de los habitantes aledaños, así como de paseantes de otras

comunidades más lejanas, es fuente de origen de incendios, actividades agropecuarias,

saqueo de flora (Fuentes-Mayo, 2012), de fauna, de extracción intensiva de leña, de tierra,

de material pétreo, e incluso de larvas de hormigas y cladodios de nopales como fuente de

alimento para el humano. Estos aspectos afectan de forma negativa la dinámica natural de

las poblaciones y comunidades de las especies nativas que ahí habitan. Por otra parte, la

ocurrencia de estos aspectos se encuentra relacionada con el incremento de las velocidades

de escorrentía, provocando erosión hídrica y por consecuencia obstrucción en el drenaje

urbano (situación que se agrava año tras año en las colonias ubicadas en la microcuenca

baja). La problemática sobre la conservación de los recursos naturales de la ANP, lejos de

disminuir va en aumento, debido a que su ubicación estratégica la hace vulnerable a una

rápida pérdida del suelo de conservación y de los hábitats disponibles para la biodiversidad que ahí ocurren (CONSERVA-DF, 2004). A pesar de los grandes esfuerzos que ha realizado la Coordinación General de Conservación Ecológica del Estado de México, mediante campañas constantes de reforestación, educación ambiental, control de cárcavas, así como la infraestructura básica para el combate de incendios y vigilancia, la construcción de bardas y mallas para contrarrestar a los invasores de la ANP; la pérdida de suelo de conservación y por ende de la biodiversidad, son señales claras de que es necesario y crucial un cambio en el paradigma sobre el manejo de esté importantísimo enclave natural.

Lo anteriormente descrito se ha observado en prácticamente todas las Áreas Naturales Protegidas de México (Toledo y Ordoñez, 1993), debido a que la visión predominante de la conservación de la biodiversidad que plantea como objetivo central y único la creación de reservas, parques y otras áreas naturales protegidas, conforma una visión limitada, estrecha y, en el largo plazo, inoperante. Ello se debe a que este enfoque -con fundamentación en el “Paradigma Proteccionista”, (Wilshusen, et al., 2002)- reduce la problemática de la preservación de la variedad de la vida al mero aislamiento de porciones de naturaleza (e incluso de solamente conjuntos de especies) supuestamente prístina, sin considerar los condicionantes sociales, económicos, culturales y políticos que se relacionan con esos fragmentos aislados, y sin tomar en cuenta las diferentes escalas en que tal diversidad se expresa en el espacio.

Paradójicamente, lejos de ofrecer soluciones adecuadas y completas a la creciente pérdida de organismos y hábitats, esta visión estrecha del conservacionismo dificulta y aún impide la implementación de acciones y prácticas que garanticen la preservación del “mundo vivo” (genes, especies, comunidades y ecosistemas). Desde la visión proteccionista nada justifica el evitar las acciones de conservación de la biodiversidad, de tal suerte que las áreas naturales protegidas deben ser mantenidas por encima de los intereses de las poblaciones locales y sin que medie necesariamente una conexión con las políticas de desarrollo local y regional. Esta visión niega también toda posibilidad de balance entre conservación y producción. En su versión más extrema esta corriente reclama políticas de conservación coercitivas que deben ser ejecutadas por los gobiernos (por supuesto, puntualmente

asesorados por las organizaciones conservacionistas) en una especie de biotecnocracia (véase una crítica detallada a estas posturas en Wilshusen et al. (2002).

Existe además otro conjunto de falacias derivadas del enfoque mismo. Al circunscribir su preocupación y objeto de análisis a solamente el mundo vivo (genes, especies y comunidades de organismos) este enfoque biologisista ha vuelto a la conservación una cuestión (a) monodisciplinaria, (b) monocriterial y (c) monoescalar. En efecto, al enfocar solamente los procesos biológicos, ecológicos y evolutivos (naturales), esta corriente dominante de la conservación soslaya o ignora el resto de los componentes y procesos de todo “hábitat natural “(geológicos, físicos, químicos, climáticos) tales como las dinámicas geográficas que rebasan los procesos meramente biológicos (como el balance entre la pedogénesis y la morfogénesis estudiado por la ecogeografía), o los fenómenos geofísicos y geoquímicos que se ubican más allá pero en permanente retroalimentación con los componentes vivos de la biósfera y, en general, todos aquellos procesos que tienen lugar al nivel de paisajes (Tricart y Killian, 1982).

Esta visión monocriterial, tiende además a visualizar las acciones de conservación en una sola escala del espacio, no tanto porque soslaye las otras escalas sino porque de entrada asume ciegamente un enfoque aespacial. Ello es la consecuencia de asumir como modelo único de la naturaleza el concepto de ecosistema, el cual a diferencia del concepto paralelo de geo-sistema o de paisaje desarrollado por la eco-geografía (Tricart y Killian, 1982) y la ecología del paisaje (Zonneveld, 1995), no tiene una representación en el espacio. Se trata de la expresión práctica de una limitante teórica, intrínseca, de la biología.

Se busca entonces la conservación de conjuntos de especies sin considerar los elementos no vivos que integran los sistemas ecológicos o paisajísticos y, en consecuencia, se genera una desarticulación de procesos en el espacio que termina ignorando las diferentes escalas en las que deben inscribirse las acciones de conservación, cada una de las cuales corresponde a una dimensión particular y concreta. Esta limitante termina por soslayar el hecho de que la biodiversidad (los conjuntos de organismos) por más que se les aísle y circunscriba no existen más como “naturaleza prístina”, pues la expansión de la especie humana ha

terminado por articular como nunca antes en la historia, los procesos del mundo natural con los del social. Dicho de otra manera, en el mundo globalizado contemporáneo, la conservación de la biodiversidad es imposible sin tomar en cuenta el conjunto de factores sociales que la condicionan (Rodrigues et al., 2004).

Para superar la situación analizada el presente documento propone una nueva estrategia de conservación bajo el enfoque biorregional de conectividad con la microcuenca baja mediante corredores biológicos, que logre remontar la visión reduccionista que hoy domina esta área del conocimiento y de la acción. Esta propuesta alternativa se basa en una visión multidisciplinaria, en la que se involucra a la sociedad civil en la planeación, toma de decisiones y ejecución de obras para este fin.

II. Objetivos generales

a) Analizar y actualizar el Programa de Manejo del Parque Estatal Sierra de Guadalupe

b) Identificar las zonas prioritarias de conservación dentro del ANP. Las acciones de reforestación deberán considerar primordialmente las especies nativas, excluyéndose las especies exóticas

c) Conocer el impacto ecológico del muro construido en la perimetral de la ANP

d) Ubicar y conocer las dimensiones y atributos bióticos y abióticos de las áreas verdes de donación y áreas verdes potenciales en los cuatro municipios conurbados a la ANP Sierra de Guadalupe

e) Diseñar los corredores biológicos que conectarán las áreas verdes de donación y las áreas verdes potenciales con la ANP Sierra de Guadalupe

f) Enlistar las especies de flora y fauna nativas de la ANP Sierra de Guadalupe que son preservadas y promovidas en áreas verdes de los cuatro municipios colindantes

III. Implementación de la conectividad con la Microcuenca Baja

Para abordar los objetivos a), b), c), d) y e) se proponen mesas de trabajo formales, en las que se incluyan equipos multidisciplinarios en materia de manejo de recursos naturales. Por parte de las asociaciones firmantes de la propuesta, intervendrían biólogos con especialidad

en materia forestal, manejo de cuencas, gestión y conservación de especies vegetales y animales, entre otros.

Se propone que para la identificación de los atributos bióticos y abióticos de las áreas verdes de donación y áreas verdes potenciales que formarían parte de los corredores biológicos (conectividad entre parches) en los cuatro municipios conurbados con la ANP Sierra de Guadalupe, se trabaje en colaboración con las dependencias municipales.

Para cumplir con el objetivo f), es necesario comprender que el movimiento de germoplasma y de especies animales, es frecuente entre “parches” o mosaicos adyacentes a la ANP Sierra de Guadalupe. Se han observado procesos de polinización, dispersión, translocación y migración de individuos que habilitan la ocupación de nichos potenciales y en los que se involucran a los parchesfuente como los responsables de “enviar” semillas o propágulos (para el caso de plantas) o individuos juveniles y adultos (para el caso de animales) a repoblar zonas en la ANP en las que, por actividades antropógenas o disturbios naturales, estás dejaron de existir en su nicho fundamental (Daily et al., 2003). A continuación se enlistan especies de flora y fauna que se han establecido en espacios resguardados y con un sistema de manejo, que en el corto plazo (5 años o menos) podrían funcionar en la dinámica de metapoblaciones como parches fuente; mediante programas de reintroducción (Fuentes-Mayo, 2003).

Cuadro 1. Lista de especies vegetales que están bajo programas de propagación y conservación en áreas verdes municipales

Nombre científico

Estatus de propagación

Estatus NOM-059

Amelanchier denticulata

Plantas adultas y recolección de semilla

 

Bouvardia longiflora

Plantas adultas y recolección de semilla

 

Silene laciniata

Plantas adultas y recolección de semilla

 

Sprekelia formosissima

Plantas adultas y recolección de semilla

 

Calliandra houstoniana

Plantas adultas y recolección de semilla

 

Hymenocallis spp.

Plantas adultas y recolección de semilla

 

Mammillaria compressa *

Plantas adultas, plántulas y semillas

 

Stenocactus anfractuosus *

Plantas adultas, plántulas y semillas

 

Coryphantha cornifera *

Plantas adultas, plántulas y semillas

Amenazada

Coryphantha

Plantas adultas, plántulas y semillas

Peligro de extinción

elephantidens*

*Especies identificadas con las claves taxonómicas de Rzedowski C. y Rzedowski J. (2001).

Cuadro 2. Lista de especies animales que son considerados residentes o temporales en áreas verdes municipales arboladas y de las cuales, algunas presentan constante movilidad de la ANP Sierra de Guadalupe hacia la microcuenca baja.

Nombre científico

Observaciones

Estatus NOM-059

Hyla eximia

Solo se han registrado en las zonas de pie de monte de la ANP

 

H. arenicolor

Solo se han registrado en las zonas de pie de monte de la ANP

 

Tomodactylus grandis

Solo se han registrado en las zonas de pie de monte de la ANP

 

Spea hammondi

Solo se han registrado en las zonas de pie de monte de la ANP

 

Rana tlaloci

Solo se han registrado en las zonas de pie de monte de la ANP

Peligro de extinción

Phrynosoma orbiculare

Se han observado en áreas verdes de Coacalco y Ecatepec

 

Scelopuros torcuatus

Se han observado en áreas verdes de Coacalco y Ecatepec

 

S. grammicus

Se han observado en áreas verdes de Coacalco y Ecatepec

 

Thamnophis scalaris

   

Salvadora bairdi

   

Pithuophis deppei deppei

Se han observado en los municipios de Ecatepec, Coacalco y Tultitlan

 

Crotalus triseriatus aquilus

   

Crotalus molossus nigrescens

 

Protección especial

Sistrurus ravus

 

Protección especial

Didelphis virginiana

Se han observado en los municipios de Ecatepec, Coacalco y Tultitlan

 

Sylvilagus floridanus

   

Scirurus aureogaster

   

Pappogeoinys tylorhiinus

Se han observado en los municipios de Ecatepec,

 
 

Coacalco, Tultitlan y Tlalnepantla

Liomys irratus alleni

Se han observado en los municipios de Ecatepec, Coacalco, Tultitlan y Tlalnepantla

Cyrtonyx montezumae

Se han observado en los municipios de Ecatepec, Coacalco, Tultitlan y Tlalnepantla

Buteo jamaicensis

Se han observado en los municipios de Ecatepec, Coacalco, Tultitlan y Tlalnepantla

Parabuteo uncinctus

Se han observado en los municipios de Ecatepec, Coacalco, Tultitlan y Tlalnepantla

Geococcyyx californianus

Se han observado en los municipios de Ecatepec, Coacalco, Tultitlan y Tlalnepantla

Falco sparverius

Se han observado en los municipios de Ecatepec, Coacalco, Tultitlan y Tlalnepantla

Zenaida macroura

Se han observado en los municipios de Ecatepec, Coacalco, Tultitlan y Tlalnepantla

Otus asio

Se han observado en los municipios de Ecatepec, Coacalco, Tultitlan y Tlalnepantla

Tyto alba

Se han observado en los municipios de Ecatepec, Coacalco, Tultitlan y Tlalnepantla

Cynanthus latirostris

Se han observado en los municipios de Ecatepec, Coacalco, Tultitlan y Tlalnepantla

Thyromanes bewickii

Se han observado en los municipios de Ecatepec, Coacalco, Tultitlan y Tlalnepantla

Spizella atrogularia

Se han observado en los municipios de Ecatepec, Coacalco, Tultitlan y Tlalnepantla

IV.

Conclusiones

En esta nueva perspectiva la conservación de la biodiversidad no se limita a las áreas aisladas o separadas de la acción humana (como se pretende funcione la ANP Sierra de Guadalupe) y de sus procesos productivos, sino que también se ocupa de su preservación en el resto de los paisajes tales como: parques, jardines vecinales, camellones con vegetación, áreas agrícolas (permanentes o temporales), pecuarias, de pastoreo, de recolección, de

manejo forestal y agroforestal, y en fragmentos, franjas, corredores o islas de vegetación, o

en zonas de “barbecho” con hábitats en diferentes estados de regeneración ecológica.

Se trata de una suerte de “ecología de la reconciliación” (Rosenzweig, 2003) donde el uso

adecuado de los recursos naturales supone el mantenimiento y la salvaguarda de la

biodiversidad en sus cuatro dimensiones (como variedad de paisajes, hábitats, especies y

genes), conectando de paso la conservación con la restauración ecológica. Lo anterior

implica en consecuencia la búsqueda de sinergias entre los diversos paisajes de una

determinada región que permitan alcanzar equilibrios y dinámicas territoriales, es decir que

mantengan un metabolismo perdurable entre los procesos naturales y los sociales

(ordenamiento del territorio).

Finalmente toma cuerpo en el espacio concreto, una concepción cualitativamente superior

de la conservación basada en la creación y mantenimiento ya no de ANPs sino de bio-

regiones donde la protección de la biodiversidad se logra mediante la promoción y manejo

de mosaicos de paisajes que incluye toda una gama de zonas de diferentes tamaños, formas

y con distintos grados de intensidad de manejo y, por lo mismo, inmersos en diversas

dinámicas ecosistémicas y/o paisajísticas; todo ello mediante la conectividad de estos

mosaicos o parches.

V. Literatura citada

Cedillo A., Rivas S., y Rodríguez C. (2007). El Área Natural Protegida sujeta a Conservación Ecológica “Sierra de Guadalupe”. Revista Sistemas Ambientales. 1(1):1-14.

CONSERVA-DF. (2004) Propiedades edáficas y calidad de sitio de áreas reforestadas en la Sierra de Guadalupe. Distrito Federal-Universidad Autónoma de México Xochimilco. México 94 pp.

Daily, G., C., G. Ceballos, J. Pacheco, G. Suzán & A. Sánchez-Azofeifa, (2003). Countryside biogeography of Neotropical mammals: conservation opportunities in agricultural landscapes of Costa Rica. Conservation Biology 17 (6):1814-1826.

Estado de México, Programa de Manejo del Parque Estatal Sierra de Guadalupe, (2000). Resumen Ejecutivo. 88 pp.

Fuentes-Mayo V. (2003). Reintroducción de Coryphantha elephantidens (Lem.) Lem. a partir de plántulas propagadas in vitro. Tesis de maestría. Colegio de Postgraduados. Montecillo, México. 56 pp.

Fuentes-Mayo V. (2012) Atributos demográficos y biología reproductiva de Coryphantha cornifera y Stenocactus anfractuosus con fines de conservación. Tesis Doctoral. Colegio de Postgraduados, Campus Montecillo. Texcoco. Edo. de Méx. 61 pp

Rodrigues, A. S. L., H. Resit Akcakaya, S. J. Andelman, M. I. Bakarr, L. Boitani, T. M. Brooks, J. S. Chanson, L. D. C. Fishpool, G. A. B. da Fonseca, K. J. Gaston, M. Hoffman, P. H. Marquet, J. D. Pilgrim, R. L. Pressey, J. Schipper, W. Sechrest, S. N. Stuart, L. G. Underhill, R. W. Waller, M. E. J. Watts & X. Yan, (2004). Global gap analysis: priority regions forn expanding the global protected-area network. BioScience 54(12):1092-1100.

Rosenzweig, M.L. (2003). Reconciliation ecology and the future of species diversity. Oryx 37: 194-205.

Rzedowski C. y Rzedowski J. (2001). Flora Fanerogámica del Valle de México. 2da. ed., Instituto de Ecología, A. C. y Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad. Michoacán. Méx. 1406 pp.

SEMARNAT (2002) Norma Oficial Mexicana NOM-059-ECOL-2001. Diario Oficial de la Federación. 2ª sección. 06 marzo 2002.

Toledo V. y M. J. Ordóñez. (1993) The biodiversity scenario of Mexico. A review of terrestrial habitats. In, Biological diversity of Mexico: origins and distribution. Oxford University Press, New York. 77-757 pp.

Tricart J. y J. Kilian. (1982). La Eco-Geografía y la Ordenación del Medio Natural. Editorial Anagrama, Barcelona.

Wilshusen, P. R., S. R. Brechin, C. L. Fortwangler & P. C. West. (2002). Reinventing a square wheel: critique of a resurgent “protection paradigm” in international biodiversity conservation. Society and Natural Resources 15:17-40.

Zonneveld, I.S. (1995). Land Ecology: an introduction to landscape ecology as bases for land management and conservation. SPB, Academic Publishing, Amsterdam