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DE

LA

INFORMACION

A

LA

SABIDURIA

Charla dada a los médicos del Hospital Naval de Viña del Mar.

El poeta inglés Thomas Stearns Eliot se lamentaba de "tanta información que no llegaba a ser conocimiento" y de "tanto conocimiento que no llegaba a ser sabiduría".

Estamos sumergidos en un mar, en un océano de información. El sueño de un acceso universal, inmediato y gratuito -o casi gratuito- a todo lo que ocurre y a todo lo que se sabe está a punto de ser una realidad con INTERNET. Pero ya en los mas humildes hogares, la pantalla nos hace ver gran parte de lo que está pasando ahora, en éste instante y nos informa, aunque sea superficialmente, de todo nuevo producto que sale al mercado o de toda nueva idea, de toda nueva obra de arte que haya producido la mente humana. Es tarea, entre otras, de la Universidad, el convertir la información en conocimiento, o sea en hacerla aprovechable, asimilable, útil para mí y para los demás. Sin educación, la información excesiva confunde y dispersa; queda en el ojo o en el oído o en la piel; y en la medida en que pasa para adentro, sin un proceso previo de digestión que permita su asimilación, impide toda vida interior, toda posibilidad de reflexión, de diálogo, de integración. En vez de enriquecernos, empobrece. La aceleración y la superabundancia de estímulos exteriores bloquean nuestra vida interior.

No es, sin embargo, en ese nivel que yo quiero detenerme. Información, comunicación y educación constituyen un desafío para todos. Incluso afectan el buen ejercicio de la medicina y constituyen un problema para la formación del médico. Pero yo quiero pasar ahora a la etapa siguiente. La Universidad, sus investigadores y sus docentes y los cuerpos profesionales logran sistematizar la información, logran organizarla, jerarquizarla y convertirla en conocimiento científico, utilizable y transferible. Vamos a partir de ese

nivel. Y vamos a preocuparnos del paso "del conocimiento a la sabiduría". Y vamos a empezar con ejemplos.

Conversaba hace pocos días con un físico, Arturo Scroggie, hijo del gran pediatra del mismo nombre. Scroggie es físico. Ha vivido toda su vida en Estados Unidos: allí se ha formado y ha ejercido su profesión. Y me decía con cierto humor: "no crea, padre, que estemos tan lejos, porque hoy día la física es mas teología que física; todos hablan de temas filosóficos o místicos". Y recordábamos, entre otros, a un físico vienés que enseñaba física de partículas en Stanford y que, constatando que la filosofía de Descartes o de Kant ya no presta ayuda a la física moderna, ha buscado y encontrado según él, en el pensamiento y en la experiencia mística de Lao-Tseu en el Libro del Tao, hermético para la mayoría de nosotros, una línea espiritual y cognoscitiva mucho mas cercana a las realidades -o a las ecuaciones- que los físicos manejan.

Ustedes dirán tal vez que Fritzjorf Capra, el físico, es un personaje esotérico, un original, al margen de la corriente central de la ciencia actual; tal vez pero su libro llevaba ya, hace años, 250.000 ejemplares vendidos y ha sido traducido a varios idiomas.

Algunos grandes físicos estiman que ya no saben lo que están haciendo. No saben la relación que exista entre la ciencia y la realidad. Llegan a pensar que la realidad es incognoscible, incluso inimaginable y que la ciencia es una construcción de la mente humana, una construcción fascinante y útil, pero un poco como el andamiaje que los arquitectos levantan en torno a un edificio que se quiere restaurar, que sigue mas o menos de cerca el perfil del edificio, pero que no es ni pretende ser el edificio mismo. Estamos a mil leguas de la ciencia de Newton o de la de Laplace que nos hablaban de un universo inteligible, sometido a leyes naturales infalibles, sin comienzo ni fin, del que la física de su tiempo nos daba una fiel imagen. Hoy día el determinismo que era el principio básico de la ciencia: "todo efecto tiene una causa, y puesta la causa

se sigue el efecto", ha dado lugar al "principio de indeterminación" de Heisenberg. Hoy día se pone fecha al comienzo del universo, por medio de una explosión de leptones a altísimas temperaturas, sin causa conocida y se ve el universo en un proceso de expansión, con estrellas que nacen, viven y mueren, con agujeros negros misteriosos. Hoy día se sabe que el microcosmos no es un macrocosmos en miniatura sino una realidad diferente, en que rigen otras leyes o ninguna ley; en que materia y energía, espacio y tiempo se confunden, en que la luz, en cuanto fotón es materia y esa misma luz, en cuanto onda, es energía; hoy día, se ha descubierto con asombro el poder increíble de resolución de unas estructuras sub-microscópicas, de unas moléculas químicas relativamente sencillas, capaces de almacenar y transmitir la información necesaria para que una célula casi invisible llegue a ser un hombre, un Pasteur, un Einstein o un Francisco de Asís.

Conversaba, hace algunos años, en Harvard con un grupo de estudiantes de economía entre los cuales estaba un sobrino mío. Me hablaban con admiración de sus profesores, varios de ellos Premios Nobel. Y yo les pregunté a éstos jóvenes brillantes que venían de diversos países si estaban contentos de la enseñanza recibida en una de las mejores universidades y una de las mejores escuelas de economía del mundo. Se produjo un silencio. Y luego cada uno de ellos expresó sus dudas. "Nuestros profesores saben mucho, me decían, pero tenemos la impresión de que, en el fondo, están perdidos, no saben a dónde van, no saben a dónde va la economía". Y uno de ellos agregó: "Si vuelve en algunos años mas, tal vez nos va a encontrar estudiando filosofía". Y otro agregó, tal vez como una atención a mi persona: "Y quizás si, después, sigamos con teología!". De nuevo, la palabra empleada por el físico Scroggie.

Un médico amigo mío me decía: "Yo no soy abortista, pero si encuentro una chica liceana embarazada que está desesperada porque no tiene a quien acudir con su problema

y presiento que va a terminar en alguna clínica clandestina en que le van a practicar un aborto con grave riesgo para su salud y para su vida, yo la llevo a mi pabellón y la opero en debida forma. Y lo hago simplemente porque soy buena persona. Y si puedo evitar un mal, lo evito". Yo le pregunte si, en el momento de hacer el aborto, él no sentía la responsabilidad moral de destruir una vida humana, de matar un ser humano, por pequeño que fuese; me dijo: "Yo soy cirujano, no soy filósofo". Pero hay muchos que piensan que para obrar bien, no basta con ser buena persona y buen cirujano: hay que tener una filosofía, una ética, hay que haber reflexionado sobre la vida y el destino humano antes de entrar al pabellón.

Podría multiplicar los ejemplos. Estando un día en Puerto Montt, miraba con asombro esas montañas de astillas que esperaban el embarque en buques mercantes japoneses. Un hombre humilde, cercano a mí, miraba eso mismo, con infinita tristeza, con indignación también: "No hay derecho, me dijo, nuestros bosques milenarios, reducidos a astillas!" Había en sus palabras una emoción casi religiosa; eso era una profanación, un sacrilegio. Me acordé de éste episodio cuando, hace pocos meses, me pidieron um prólogo para la traducción al castellano de una obra teológica acerca de la naturaleza. "Dios, dice el autor, está tan presente en la naturaleza como en el hombre. La naturaleza también tiene dignidad. El hombre debe acercarse a ella con respeto y con humildad". No es la botánica que aprendimos en el liceo ni es el enfoque del empresario maderero; es un enfoque nuevo y sabemos que la ecología, la angustia ecológica, se extiende por todo el mundo y especialmente en la juventud.

Volvamos ahora al paso del conocimiento a la sabiduría. Vivimos en la época de las especialidades. En medicina y en todo. Va entrando poco a poco el criterio interdisciplinario. El especialista siente la necesidad de consultar otro especialista. El biólogo no va muy lejos sin la química; el químico, sin la física; el físico, sin la matemática y el matemático sin la lógica, que es una parte o una introducción a la

filosofía. El gastroenterólogo consulta al siquiatra y el radiólogo acude al ingeniero. Pero creo que vamos entrando a una nueva era: lo "supradisciplinario", la era de la integración de todos los conocimientos, la era del conocimiento "holístico", de la integración del conocimiento racional y de otras maneras de conocer que son la intuición, la imaginación, la afectividad y la pasión, la poesía, el arte y la mística. "El corazón tiene razones que la razón no conoce", decía Pascal. Y los pediatras saben muy bien que la mamá -sin ser pediatra- suele ayudar bastante al diagnóstico y a la recuperación del niño. El instinto y el cariño de una madre complementan los tratados de pediatría que ella no lee ni necesita leer. Hoy día se tiende dejar a las mamás y los papás acompañar a sus chicos en el hospital, aunque estorban un poco el servicio. Es un paso hacia la sabiduría.

Marylin Ferguson, la expositora más lúcida del "new-age", dice en su libro intitulado "La conspiración del acuario" -nuevamente: un millón de ejemplares vendidos- que los problemas de las especialidades no se resuelven a nivel de la especialidad sino

a nivel de la generalidad. Y que debemos insistir menos en el "o" y más en el "y". No es

"inteligencia" o "sensibilidad"; "ciencia" o "arte"; "razón" o "fe": es lo

uno y lo otro. Como en el cálculo, después de "diferenciar" hay que "integrar".

"lógica" o "mística";

Termino con una parábola. Ustedes conocen el "efecto mariposa". "Una mariposa que aletea en la Bahía de San Francisco, dicen los meteorólogos, puede desatar un aguacero en la Bahía de Yokohama". Al menos cuando el Pacífico Norte está agitado por altas y bajas de presión, por vientos y mareas. El mundo nos dice Ervin Laszlo, es "un sistema complejo en estado de desequilibrio", como los que estudian los físicos -Prigogine, por ejemplo. El aleteo de una mariposa o sea un acontecimiento aparentemente desproporcionado, puede desatar un cataclismo. Un disparo en Zarajevo gatilló la 1ª guerra mundial. La sangre fría de Luciano Bonaparte el 18 brumario abrió la puerta a la carrera meteórica de Napoleón. Urge que se constituya en el mundo, dice Laszlo, una instancia de sabiduría

en que todos los problemas humanos, de cualquier naturaleza que sean, sean asumidos al mas alto nivel necesario y posible, para que, desde allí, pueda la humanidad tomar las medidas que trasformen el caos amenazante en el cosmos anhelado.

Un jurista constataba hace poco que se han dictado en el mundo, en todos los parlamentos de la tierra, 35 millones de leyes! Y "todo, agregaba, ¡para hacer cumplir los 10 mandamientos!". ¡Del caos de las leyes humanas, al cosmos de la ley divina!. Desde la multiplicidad y la complejidad del derecho humano, y de la ciencia humana, y del pensamiento humano, llegar a la unidad y a la simplicidad de la sabiduría divina por el camino de la sabiduría humana que es su reflejo. Me gusta imaginarme el mundo del saber como esas cajas chinas que se incluyen unas en otras. Pero cambiando las cajas por conos. El especialista es un pequeño cono desde cuyo vértice se domina su base. Pero éste cono, y varios mas, pueden ser recubiertos por un cono mas grande, desde cuyo vértice se abarca una base mucho mas extensa que la del cono anterior. Y así sucesivamente. Hasta llegar al último cono, desde cuyo vértice se domina toda la base y todos los conos incluidos. Tengo para mí que, cuando lleguemos al vértice de ese último cono, veremos el mundo como Dios lo ve y podremos hacer lo necesario para que el mundo sea como Dios lo quiere. Y que entonces volverán al mundo la luz y la paz. Nº 195/96

Santiago, Agosto 30 de 1996.

Señor Director, Hospital "Naval Almirante Nef", Las Salinas, VIÑA DEL MAR

Estimado señor Director:

Cuando visité su Hospital la semana pasada para dar una charla, alguno de los presentes me pidió que le enviara el texto escrito de esa charla. Tengo el agrado de enviársela por ésta carta.

Conservo un recuerdo muy grato de mi visita al Hospital Naval. Quedé impresionado por la alta calidad profesional que se observa en el y por la gentileza y dedicación de su personal a todos los niveles.

BPC/amu

Lo saluda muy atentamente en el Señor

+ Bernardino Piñera C.,

Arzobispo Emérito de La Serena