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Comprensión y Redacción de textos

(borrador en proceso de preparación para un libro; no citar)

Alfredo Romero S.

De un texto podemos afirmar lo que dice Umberto Eco de los textos en general: "es un mecanismo perezoso (o económico) que vive de la plusvalía de sentido que el destinatario introduce en él". También dice que "un texto quiere que alguien lo ayude a funcionar". Cuando lo que introduce el destinatario es una modificación que simplifica y altera el sentido, llegando incluso a convertirlo en lo opuesto, y ni siquiera es consciente de ello, ese texto no puede funcionar, y contribuye muy débilmente a la formación de nuestra audiencia.

Debemos lograr que los lectores tomen conciencia de los recursos, de las estrategias estructurales y retóricas de los autores, y vayan ampliando de esta manera sus esquemas previos de conocimientos sobre los textos y sobre el mundo socio-cultural.

La intervención como mecanismo de edición y revisión La escritura es un conjunto de procesos de pensamiento, organizados durante el acto de composición en pos de un objetivo. De acuerdo con este planteo, comenzamos por definir la situación de comunicación de un texto en cuatro categorías: cantidad, cualidad, relación y modalidad, absolutamente válidas para los textos académicos, porque tienen en cuenta al "lector modelo", a la situación de comunicación, entre un emisor generador de nuevo conocimiento, y un receptor, ávido del mismo.

La categoría de cantidad tiene que ver con la cantidad de información que debe proveerse, y la máxima correspondiente tiene dos partes:

"que la contribución proporcione tanta información como sea requerida" y "que la contribución no proporcione más información que la requerida".

La de cualidad se refiere a la veracidad: "que la contribución sea verdadera:

no digas lo que creas que es falso ni aquello de lo que no tengas evidencia adecuada".

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Para la categoría de relación, la máxima es muy simple: "sé pertinente".

La de modalidad ya no tiene que ver con lo que se dice sino con cómo se lo dice: "sé claro" ("evita la oscuridad de expresión", "evita la ambigüedad", "sé breve" y "sé organizado"). El descubrimiento de que el texto cumple estas máximas (elegimos un texto adecuado) les proporciona un modelo expositivo inicial, y permite enfatizar la diferencia con los textos orales: los textos escritos se planifican, tanto en su globalidad como en cada una de las oraciones.

Panificación del escrito Para que el texto resulte organizado, la escritura permite elaborar un plan previo, lo cual en la oralidad no siempre es factible. Sin planificación previa, la mayoría de las veces, el texto resultante no tiene nada que ver con el propósito. La mayor parte de ellos descubre que su texto es desorganizado, que no tiene un desarrollo lineal coherente, y así toman conciencia de lo que significa planificar.

Un método posible para que los autores aprendan a planificar antes de escribir, es elaborar el plan, explicitarlo, y luego desarrollarlo en su texto.

Una estrategia para lograr plasmar el plan, sería que los autores escriban un pequeño ensayo con los aspectos que logren identificar en una “lluvia de ideas” previa.

Luego, analizan el resultado del planseguido en esta primera aproximación.

En la mayor parte de los casos, permite al autor elaborar con más precisión y detalle el material que se quiere plasmar en el artículo.

El desarrollo El desarrollo ordenado de un texto de acuerdo con un plan, se pone en evidencia en los elementos de cohesión. Reconocerlos en un texto bien escrito es una manera de aprender a usarlos.

La sustitución, por ejemplo, es un recurso para especificar o ampliar la información dada, y no solo para evitar la repetición, ya que excluye una parte del significado del término sustituido. En el caso particular

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de sustitución por pronombres (ya sean relativos, personales

o demostrativos), el ejercicio de reemplazarlos por su referente permite decodificar el texto con una aproximación mayor a la acostumbrada

y constatar la coherencia.

Por ejemplo, una manera muy llamativa es el uso indiscriminado de la forma que, como relativo, como subordinante e incluso sin ninguna función, como mero enlace. En la lectura, también les resulta difícil identificar la función de los que. Al reemplazarlos por el antecedente, cuando consideran que es relativo, les permite descubrir la verdadera función, pues, si no lo es, no pueden reemplazarlo, y deben cuestionar su presencia ahí. Cuando es efectivamente un relativo, deben identificar el antecedente, y así logran comprender con mayor claridad el texto.

Cadenas semánticas En las cadenas semánticas aparecen términos que expresan oposición,

y pasamos entonces a descubrir las relaciones entre las ideas del texto:

relaciones de causalidad, de oposición, de comparación, de problema- solución. Es el momento de focalizar la función de los conectores, cuyo uso

apareció muy confuso en el corpus mencionado.

Una vez identificados, se propone el reemplazo de cada una de las construcciones en donde aparecen, por otra con un sentido equivalente. En el caso de la relación causal, se debe señalar cuál es la causa y cuál el

efecto; en el caso de la comparación, indicar si es alternativa, adversativa

o de analogía, es decir, si dos objetos diferentes tienen el mismo valor, si uno tiene más valor que el otro, o si son análogos; en los casos de problema-solución, reconocer cada una de las dos categorías.

El tema y el énfasis En una oración, además de observar la posición del énfasis, también se debe

cuidar la posición del tema central. El significado de una oración se construye

a partir de la estructura de sujeto, verbo y predicado. Si se subjetiviza el tema

central, (primero lo primero) el lector crea una perspectiva alrededor del mismo y analizará e interpretará la oración como un todo en función del sujeto-tema. Pero si el tema lo hace acción, utilizando un verbo, el lector

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puede asumir el sujeto de la oración como el tema central, aunque esa no era la intención del autor. Por ejemplo:

“Las abejas cumplen la función polinizadora mediante sus movimientos sobre la misma flor y al moverse hacia otras flores”. “El polen es dispersado por las abejas en la misma flor y en otras flores cuando se mueve hacia éstas”. “Las abejas polinizan varias flores en su continuo movimiento entre flores cercanas”.

El énfasis debe darse a las palabras que representan conceptos y procesos relevantes, antes que a las adjetivaciones y descripciones sucedáneas, especialmente en unidades con elaboraciones y digresiones amplias, ya que de otra manera, se desorienta al lector al ofrecer en la posición de énfasis lo que no es relevante ni importante, obligándolo a buscar dónde está la información esperada en el resto de la construcción, reduciendo de nuevo, su posibilidad de cabal interpretación. Peor aún, el lector puede asignarle el énfasis a la palabra o grupo de palabras equivocadas, con lo que se trastoca todo el proceso progresivo de interpretación en la mente del lector.

El énfasis puede cambiar de amplitud de oración a oración: unas veces es una sola palabra, otras veces pueden ser muchas. Lo importante es que el énfasis coincida con el momento de cierre sintáctico. El comienzo del énfasis de posición se alcanza al momento en que el lector deduce que no hay nada más adelante que la oración que está leyendo. Un segundo énfasis puede añadirse con la ayuda de comas o puntos y coma.

Tipología de textos El paso siguiente es el de considerar los distintos tipos de textos, y sus estructuras oracionales básicas.

Partimos del concepto de géneros discursivos y su relación con la praxis humana, y de la clasificación en géneros primarios (simples) propios de la comunicación discursiva inmediata, y secundarios (complejos), no vinculados directamente con la realidad referencial. Entre estos últimos

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se ubican los escritos científicos. En un texto académico, pueden aparecer oraciones correspondientes a distintos tipos de textos, en secuencias coordinadas. Uno de ellos será el dominante.

La clasificación textual más adecuada a nuestros objetivos es la que entiende por textos todas las expresiones lingüísticas que se caracterizan por su coherencia y totalidad. Los textos se clasifican en cinco tipos básicos:

descriptivos, narrativos, expositivos, argumentativos y directivos, así como por sus relaciones con las actividades cognitivas.

El tipo descriptivo se relaciona con la percepción en el espacio, y se caracteriza por la presencia de secuencias espaciales, con verbos (como estar) que no expresan cambio, en presente o imperfecto, y un complemento de lugar. Son oraciones "registradoras de fenómenos".

El tipo narrativo se asocia con la percepción en el tiempo; los verbos, en pretérito imperfecto o indefinido, expresan cambios, y están modificados por complementos de tiempo y lugar. Son oraciones "denotadoras de cambios y acciones". El tipo expositivo está asociado con el análisis y la síntesis de representaciones conceptuales. La estructura básica de la exposición sintética consiste en el verbo ser más un predicado nominal. Son oraciones "identificadoras de fenómenos", porque tienen que ver con la definición. La estructura básica de la exposición analítica se caracteriza por el verbo tener o consistir en, contener, etc. en presente más un complemento nominal. Son oraciones "enlazadoras de fenómenos".

El tipo argumentativo se centra en la actividad de juzgar. Presenta abundancia de conectores lógicos. Son oraciones "atributivas de cualidad".

El tipo directivo o instructivo se asocia con la previsión del comportamiento futuro. Pueden ser oraciones en modo imperativo o con verbos modales como deber, tener que. Son oraciones "exigentes de acción".

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