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1. LA PROPOS ICIÓN CATEGÓRICA

Las ideas que considera la lógica clásica son los conceptos generales o abstractos. o conceptos de clases, de los que cada uno representa una

clase de objetos o individuos que tienen en común un conju nto de cuali- dades. caracteres o propiedades di stintivas. El conjunto de esos carac te- res consti tu ye la «com prens ión»; el conjumo de objetos o indi viduos que

poseen esos caracteres conslituye la «extensión» del conceplo. Se admite

como caso particular

(caso límite) e l concepto de

un indi viduo.

Un «jui cio» ca te gó rico es la afirmación de

una re lación en tre do s

conceptos mediante la cópul a «es»: A es B . Es ta relac ión pued e se r co n-

cebida de dos maneras: desde el punto de vista de la compre ns ión, es te juicio significa que el concepto A (s ujeto) posee el «arribu to » o «predi ca· do» S , esto es, 'que S forma parte de la «extensión» de A; desde el punto de vista de la extensión, e l juicio significa que el conjunto de los objetos llamados A (la clase A) forma pane del co njunto de objetos llamados B (de la clase B), lo cual quiere decir que la «extensión: del concepto A es· tá con tenida en la «exte nsión» del concepto B. Es evidente que las con·

de los dos conceptos son de

notacio nes de ex tens ión y de co mpre nsión

alguna manera inversas la una con la otra. Se puede decir que desde e l punto de vista de la extensión el sujeto está contenido en el predicado. mientras que desde el de la comprensión el sujeto contiene al predi cado .

Dicho en otras paJabras. el predicado es a la vez más general y más abs- tracto que el sujeto.

2. LOS CUATRO TIPOS DE PROPOSICIÓN CATEGÓRICA

Los j uicios se ordenan en cuatro clases, que se distingu en tanto po r la

«c ualidad» como

afirmativos o negativos; seg ún la «cantidad»,

res. Un

tensión (todo A, todos los A); un juicio particular es aque l cuyo sujeto está tomado sólo en una parte de su ex tens ión (algunos A) . Se distinguen también los juicios «singulares», esto es, aquellos cuyo sujeto es un ind io vid uo; pe ro desde el punto de vista de la cantidad se los puede asimilar a

por la «can tidad» . Según la «c ualidad», los j uicios son

son un iversales o pan icula ·

está tomado en toda su ex·

juicio universal es aq uel cuyo sujeto

194

EL ARTE DE LA LÓGICA

los juicios universale s, puesto que e l sujeto está tom ado siempre en toda

su extensión (reducido en estos casos a un solo individuo). De la combinación de estas dos d ico tomías resulla la d isti nci ón entre c uatro clases de juicios, a los que se designa por las cuatro primeras YO- cales, según los siguientes versos mnemotécnicos:

Asserit

A, n eg ar E . venun gene raliter ambo ;

A sserit

/ , negar O, sed particulariter ambo.

Afirma

A, niega E. pero ambas de modo ge neral ;

Afirma I. niega 0 , pero ambas particulannente.

y estos son los tipos de esas cuatro especies de juicios (donde el suje-

to

está representado por S y el predicado por P);

 
 

1. 11 Ju icio ~universal afinnativo~ (A):

Todo S es P.

 

2. 11 Jui cio

« unive rs al negativ o~ ( E ) :

N in gún S es

P.

3. 11 Juici o

«particular

afmnativo » (1):

Algún

S es P.

S

4. 11 Juicio

«partic ul ar

negativo» (O ):

Algún

no es P.

Estas cuatro especies de juicios (supuesto que tengan el mismo sujeto

y

el mismo predicado) mantienen entre sí las relaciones definidas por la

fi

gura:

 

Contrariedad

A

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~

o

I

V

C"

0

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o: ,

,

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Subcontrariedad

E

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o:

,

O

COMPENDIO DE SlLOGlsnCA

3. LA INFERENCIA INMEDIATA

195

Estas relaciones de «oposición» dan lugar a inferencias o «deducciones inmediatas», es decir, que, dada la verdad o la falsedad de una de las cuatro proposiciones, se puede deducir «inmediatamente » (sin intennediarios) la verdad o la falsedad de alguna de las otras, en virtud de las reglas sig uientes :

l.' Regla de las contradictorias (A y O ; E e 1): Si un a es verdadera, la otra es falsa; s i una es fal sa, la otra es verdadera. En otras palabras: dos contradicwrias no pueden ser ni verdaderas ni falsas a la vez. 2.' Regla de las subaltem as (1 es s ubalte rna de A , y O es s ubalterna de

E ): Si la uni versal es verdadera, la particu lar es verdadera; si la particular

es fal sa, la universal es falsa (no hay infe rencia posible en los otros casos ). 3.' Regla de las contrarias (A y E, las dos un iversales): Dos proposi- ciones contrarias no pueden ser verdaderas a la vez, pero sí pueden ser falsas a un mismo tiempo.

de las con-

tradicto rias); por tanto, E es falsa (por

Efectivamente, si A es verdadera , O es fal sa (¡x>r la reg la

la regla de las s uba lte rn as). Pero,

si

A es falsa, O es verd adera, y de aquf no se puede concluir nada respec-

to

a E; es decir, que E puede ser verdadera o falsa.

4. 1 Regla de las subcontrarias (1 y O, las dos particulares): Dos proposi- ciones subcontrari as pueden ser verdaderas a la vez. pero no falsas a la vez. Porque, si 1 es verdadera, E es falsa, y de aquí no puede concluirse

nada respecto de O; pero, si 1es falsa, E es verdadera y, en consecuencia,

O es verdadera

4. CONVERSIÓN DE PROPOSI CIONES

Hay todavfa un segundo método de deducción inmediata: la «conver-

sión ». Convertir una proposic ión e s deducir otra proposición equivalente

a eUa (es decir, igualmente verdadera o igualmente falsa) que tenga por predicado el sujeto y por sujelo el pred icado de la primera. Las reglas de la conversión no pueden ser justificadas más que desde

el punto de vista de la eX lensión de l pred icado. Se ha seña lado que la

«cantidad» de un a proposición oorresponde

a la ex tensión del sujelo; de

manera análoga, la extensión del predicado corresponde a la «cualidad» de la proposic ión, en virtud de la reg la siguienlc:

En una p ropos ic ión « negativa», e l predicado es «uni versa l »; e n un a proposición «afirmativa» es «particular». En e fecto, en una proposic ión negativa se excluye al suj eto (tomado

196

EL ARTE DE LA LÓG ICA

e n su exten sión tOla l o parcial ) de doda» la extensión de l predicado;

mi entras que en la proposición afirmativa se enuncia que la extensión (total o parcial) del sujeto «forma pane~ de la extensión del predicado, es

deci r, es idénti ca a una parte de esa ex tensión. No se considera. por tanto. más que una parte (indeterminada) de la extensión del predicado. y es so- lamente por esta parte por lo que figura en el juicio. Di cho en pocas palabras: toda con vers ión supone la _cuantificación del predicado»; lo c ua l es coherente. puesto que ese pred icado debe ser

transformado en un s uje to dotado de una

«cantidad» de terminada .

1, 11 Co n versión si

mp l e. E e 1 se co n v i e rten simpleme nt e , es dec ir . po r

si mple intercambi o del suje to y el predi cado:

 

Ningún S es P

eq

uivale a:

 

Ningún P es S;

y

 

Alg ún S es

P

equivale a:

 

Algún Pes S.

Porque en E el predicado es universal. como e l sujeto; en I es particu- lar, como el suje to . Se pued e decir que E excl uye «todo S» d e «todo P»; por tanto, inversamente, «todo de «Iodo S»: y que 1 iden tifi ca «algún S» con «algún P», por lanto, inversamente, «algún con «algún S». 2. 11 Conversi ón parcial (por accidente o por l imitac ión). A, por te ner su sujelo un iversa l y s u predicado particu lar, no puede co nve rtirse más que «parcialmente)!>, por limitación de la extensión del predicado: A iden- tifi ca «Iodo S» con «algún P»; por tanto , no se pued e ded uci r de ella más qu e la particu la r afi nn at iva (1) :

Algún P es S.

Puede observarse q ue la conversión parcial de A equivale a la subal - temac ió n seguida de una convers ión simple: e n efec to, de A se ded uce la subalterna 1:

A lgún S es P,

y de ella se deduce, por convers ió n s impl e:

Algún P es S.

COMPENDIO DE SILOGlsTTCA

197

De eSte modo

podremos conve rt ir A. E e 1:

menos de manera regular).

O no se dej a convert ir (a l

5. LA IN FERENCIA MEDIATA

Pasemos a la deducción mediata, esto es, a la que deduce una propo- sición llamada «conclusión» a pa rti r de dos o más proposiciones dadas

(supuestas verdaderas) ll amadas " premi sas». E l caso más s im ple es aquel

en el que no hay más que dos premisas: e l razonamiento ces un «s il ogismo ».

se ll ama e nto n -

El silogis mo consiste en

de mostrar una concl usión (ge nera lme nt e pre·

vista o propuesta) median te dos premisas que po nen respecti vamente los

dos ténn inos de la conclusión en relación con un tercer término auxiliar.

Al sujeto de la conclusión se te llama «té nn i- « Ié nnino mayoTlf . De acuerdo con es to se ll a-

ma «premisa menor» a la que contiene el sujeto de la conclusión, y

«premisa mayor» a la que contiene el predicado. Es evidente que el tér-

llamad o « té rmino medio». no menor», y al pred icado

min o medio debe aparecer e n eada una de las prem isas y, por

el contra-

rio, no pue de fi gu rar en la co ncl usión. E stas definic io nes resumidas en las dos primeros reglas del silogismo:

aparecen

6. LAS REGLAS DEL SILOGISMO

1.

Termin ll S esto tripl ex: medius majorqu e min o rq ll e. Hay tres términos: medio, mayor y menor.

11.

Nequaquam medillm capiat conclusio fasl esto

Es necesario que e l med io no aparezca en la conclusió n. La tercera regla se en unc ia:

LalillJ hos quam praemissae co nclu sio non I'ult .

liI.

La conclusió n no pu ede se r más amp li a qu e las premisas.

La conclusión no puede admiti r que sus d os términos te ngan una ex ten· sión superior a la q ue tienen e n las premisas: la concl usión es váli da sólo

en la

medid a

e n que lo son las premisas. y, s i un lénnino es particul ar en

e llas,

no puede ser universal en la conclus ió n sin q ue

ésta sobrepase a las

premisas, con lo que dejaña de se r una consec uencia de e llas (dic ho muy brevemente: no se puede concluir «Todos » a partir de «Algunos»).

IV. Aur

seme l aut iterul"r/ medius generaliter es t O.

El término medio tiene que ser general en uno o e n ambos casos. Si el ténn ino medio estuv iera as umido parti cu larme nte las dos veces,

198

EL ARTE DE LA LÓGICA

es decir, si figurara e n las dos premisas

de su ex tensión, nada pennitiría afirmar que esas dos partes (indelenni-

por tan to, la

identidad del término medio quedaría incierta; pero esta identidad es la cond ición indispensable de la validez del silogismo. Un silogismo que v i o lar a es ta regla sería un silogismo con ~c uatro» térm in os. y por t a nto no conclusivo, porque de dos premisas que no tienen ningún término en común es evidente que no se puede concluir nada. «Corolario»: Debe haber siempre en las premisas al menos un térmi- no universal de más que en la conclusión. Porq ue, si el suje to o el predicado de la conclusión es universal. debe serlo también en la premisa correspondiente (en virtud de la regla nI ); y. como el término medio debe ser tomado una vez universalmente (de acuerdo con la reg la rv ), tenemos un término universal de más que no contiene la conclusión. Para la aplicación de esta regla conviene observar que:

tomado solamente en una parte

nad as) so n las mi s mas (incluso aunq ue sea parcialme nt e)

y.

A

contie ne

1

ténnin o

universal (S)

E

contiene

2

ténninos universales (S y P),

1

contiene

O

ténninos universales,

O

contiene

ténn ino universal (P).

s ilogis-

mo. Las cuatro que siguen son relativas a las «proposic iones» que for-

man el silogismo.

Las cuatro reglas precedentes se refiere n a los «fénninos» del

V. Ambae affirmantes nequeunt generare negantem.

Dos afinnativas no pueden generar una negativa. Efec ti vamente, del hecho de que los dos ténninos elttremos estén uni- dos, es decir, parcialmente identificados. con e lténnioo medio, 00 se pue-

de concluir que estén separados o que se eltcluyan (totaJ o parcialmente).

VI. Utraque si praemissa neget, ni{ inde sequitur.

Si las dos premisas son negativ as , nada se sigue de

ellas.

Del hecho de que los dos ténninos extremos estén separados o excluidos

del ténnmo medio. 00 puede concluirse nada relati vo a la relación de Jos elt- tremos: estos extremos pueden indiferentemente estar unidos o separados.

VII. Pejorem sequitur semper conclusio partem .

La conc lusión s igue

sie mpre la parte peor.

Siendo considerada la negativa como inferior a la afínnativa, y la panicu- lar a la universal, la conclusión tiene siempre la cualidad y la cantidad infe- rior que posean las dos premisas. La demOSlr'dción de esta regla es doble. puesto que la regla se refiere tanto a la cualidad como ~ la cantidad.

COMPENDIO DE Srux;lsnCA

199

1.V Desde e l punto de vis ta de la cualidad, si hay una premisa nega tiv a (y, según la regla VI , no puede haber más que una), el ténnino medio está unido a uno de los extremos y separado del otro; no puede, por tanto, unirlos, sino separarlos. 2. v Desde el lado de la cantidad, s i hay una premisa particu lar, la con-

cl usión no puede ser universa l. Supongamos

universal afirmativa: las dos pre misas tendrían que ser a finn ativas (en virtud de la primera parte de esta regla) y además contener dos términos

uni versales, puesto qu e la

sas deberían ser las dos universales (cuyos predicados serían particula-

res). Supongamos ahora que la conclusión es un iversa l negati va: las dos premisas deberían contener tres términos universales; o una, y una sola, será negativa (tendrá su predicado universal); por tanto, los dos sujetos deberán ser universales, o sea, q ue las dos premisas serán universa les. Así. una conclus ión universal no puede provenir jamás de una premi sa particular, y mucho menos de dos.

q ue esa conclus ión fuera

concl usión contiene uno; po r lanto, esas premi-

vrn.

Nif sequitur geminis

Nada se sig ue jamás de un par de particulares.

e particularibus IInquam .

Es ev ide nte que un silog i s mo no pu ede ten e r nun ca dos premi sas par-

ticu lares. En e fecto, si las dos premisas fueran afinnativas, todos s us tér- minos serían particulares, 10 que es contrario a la reg la V I. Si un a de ellas fuera negati va, la conclusión debería serlo tambié n (e n virtud de la regla VII) y, por tanto, deberla haber dos términos universales en las pre mi sas. Pero enlonces es universal uno solo de los predicados. puesto que no

p uede haber más de una premisa negati va; en este caso uno d e los sujetos tiene que ser también negativo, y ello implica que una de las premi sas es

uni versal. Podrá observarse que las ocho reglas han podido ser demostradas con rigor matemático gracias a la consideración de la elttensión y concreta- mente a la c uantificación implícita del predicado que de e lla res ul ta.

7. :AGURAS

» y «MODOS» DEL SILOGISMO

Para detenninar los «modos» concluyentes del silogismo, es preciso tener en cuenta la posic ión que ocupa el término medio en las dos premi- sas; es es ta posición la que pennite di sti ng uir enlre las di stintas «figu - ras». Hay tantas fig uras co mo di sp osiciones diferentes del término medio, es decir, «cuatro». Estas disp:>siciones están resumidas en los siguientes versos mnemónicos:

200

EL ARTE DE LA LóGICA

Sub prae, tum prae pral!, lum sub sub, den ique pral! sub.

Sub pral!; después pral! pral!; desp ués sub sub; y finalm ente pral! sub.

Sub pral! significa que, en la 1. 1 figura, el ténnino medio es sujeto

(subjecfum) en la mayor y predicado (praedicat um) en la menor; prae prae significa que, en la 2. 1 figura, el ténnino medio es predicado en las dos premisas; sub sub significa que, en la 3.' figura, el ténnino medio es sujeto en las dos premisas; y prae sub significa que, en la 4. 1 figura. el ténnino medio es predicado en la mayor y sujeto en la menor (el caso in- verso de lo qu e ocurre en la l.' figura).

por un

esquema de tres líneas, donde la primera representará la premisa mayor,

la segunda la menor, y la tercera la conclusión; el sujeto de cada una de

ellas estará colocado a la izqui erda y el predicado a la derecha. El térmi-

Representaremos cada figura (siguiendo el ejemp lo de Kant)

no

menor será S. e l medio M, y e l mayor P.

 

Conviene

observar que las ocho reglas de l s il ogismo son

indepen-

die

ntes. tanto por su enunciado como por s u demostración. del lugar que

ocupe el término medio, y que. por tanto, son comune s a todas las figu- ras. Vamos a establecer las reglas especiale s de cada figura, teniendo en cuenla el lugar del término medio.

1.- figura.

M

P

S

M

S

P

l . La menor es afumativa. Si fuera negativa. la conclusión debería ser negativa, y la mayor afir-

mativa. Luego el término mayor sería universal en la conclusión y particu-

lar

en la mayor. lo que es contrario a la regla DI. 2. La mayor es universal.

Porque, como la menor es afirmativa. su predicado M es particular,

M

debe, por tanto, ser un iversal en la ma yor, y, como en e ll a hace de su-

jeto, la premisa tiene que ser universal. Para obtener los modos concluyentes de la 1. 1 figura, basta por tanto con combinar las mayores universales (A, E) con las menores afirmativas (A, 1) y determinar la conclusión que comporta cada combinación de pre- misas, en virtud de las reglas generales.

Mayor

A,

menor

A, conclu s ión A.

May or

A, menor l. conclusión 1.

Mayor E. menor A. conclusión E.

Mayor E. menor 1, conclusión O.

COMPENDIO DE SILOGíSTICA

20 1

Obteniendo así los cuatro modos designados par las palabras artificia- les (donde las vocales represe ntan las tres proposiciones de un mi s mo modo);

Barbara , Darii, Celare nt. Ferio.

Observación. Las premisas A y A comportan también la conclusión l.

y las premisas E y A, la conclus ión O; lo cua l es ev ide nte, puesto que es-

tas conclusiones

E. Esa es la razón de q ue no se las considere como generadoras de modos distintos.

son las subalternas de las conclu siones uni versa les A y

2.· Figura.

p

S M

S P

M

1. Una de las prem isas e s negativa . El término medio, qu e es dos veces predicado, debe ser tom ado una vez uni versalmente. lo cual sólo puede hacerse cuando una de las premi- sas sea negativa. De lo cual se sigue que la conclusión será tamb ié n ne- gativa. 2. La mayor es universal.

En efec lo, al ser la co nclus ión ne gativa. el té rmino mayor eSlá toma-

do uni versalmente

y debe, por tanlO, ser universal en la mayor, pero, co-

mo en ella hace de sujelO, esa premisa debe ser uni versal. Para obt~ner los modos concluyentes de la 2. 1 figura. basta con com- binar la mayor A con las menores «negativas » E y O, y la mayor E con las menores «afirmativas» A e 1:

Mayo r A, menor E, conclusión E. Mayor A, menor O, conclusión O. Mayor E, menor A, conclusión E. Mayor E, menor l . conclusión O.

para obtener los cuatro modos denominados:

Camestres, Baroco, Cesare. Feslino.

3.' figura. M

p

M

S

S

P

l. La menor es afumariva. La misma de mostración qu e para la regla I de la 1. 1 figura. 2. La conclusión es particular.

202

EL ARTE DE LA LÓGICA

Puesto que la menor es afirmativa, su predicado S está tomado parti- cularmente: no puede. por tanto, ser .más que particular en la conclusión, lo cual significa que esta conclusión ha de ser particular. Para obtener los modos concluyentes de la 3,' fi gura. basta con tomar

0, Y de comb inar cada mayor con las

por mayor sucesivamente A, E. 1,

menores afirmativas en la medida en que sean compatibles. en virtud de

las reglas generales. La conclusión no podrá ser más que 1 u O.

Mayor A, menor A, conclus ión I.

Mayor A, menor J, conclusión 1. Mayor E, menor A, conclusión Q.

Mayor E. menor 1, conclusión Q.

Mayor I. menor A, conclusión 1.

Mayor

0, menor A, co nclusión O.

Dando así los modos siguientes:

Darapti, Datisi, Felapton, Ferison, Disamis, Bocarda

4. 1 Figura.

P

M

M

S

S

P

1. Si la mayor es afinnativa, la menor es universal.

Porque el término medio, siendo por hipótesis particular en la mayor, deberá ser universal en la menor, lo cual obliga a que esta última proposi-

ción sea universal.

2. Si la menor es afirmativa. la conclusión es particular.

Pues, al ser e l término menor predicado de la menor, es particular; por

tanto. debe ser también partic ular e n la conclusión. lo que hace de ella una proposición particular.

3. Si la conclusión es negativa. la mayor es universal.

Porque siendo el término mayor el predicado de la conclusión, es uni- versal; luego es universal en la mayor, y como all í hace de sujeto , la pro-

posición es universal .

Para obte ner todos los modos concl uyentes de la 4.' figura, basta con combinar s ucesivamente las mayores A. E, 1, O con las menores que sean compatibles con e ll as en virtud de las reglas gene rale s y especiales. Si la mayor es A, la menor no puede ser más que A o E (regla 1). Si la menor es A, la conclusión sólo puede se r 1: AAl. Si la menor es E, se puede obtener la conclusión E ( la conclusión O, subalterna de e ll a, no o ri ginarla un modo distinto): ABE.

COMPENDIO DE SILOOfSTICA

203

Si la mayor es E, la menor debe se r afirmativa. esto es. A o 1, y la conc lusión particular (por tanto, O). De aquí los dos modos: EAO y EIO. Si la mayor es 1, la menor debe ser uni versal. Si ésta es A, la conclu - sión es necesariamente I (tAl). Si es E, la conclu sión se rá negativa, y su predicado P será universal. Pero este predicado es el sujeto de la mayor y, por tanto, es particular. Este modo (rEO) no es concluyente. Y, fmalmente, la mayor no puede ser O. porque entonces la conclu- sión seria negativ a , en cuyo caso la mayor debería ser universal. No hay. por tanto, más que ci nco modos concluyentes en la 4.' figura, que son:

Bramantip, Camenes. Fesapo, Fresison, Dimaris.

Resumiendo, hemos encontrado diecinueve modos, que enumeramos en el siguiente orden tradicional:

1.

Barbara. Celarent. Darii , Ferio ;

D.

Cesare, Camestres. Festino, Baroco;

llI.

Darapti. Disamis, Datisi, Felapton, Bocarda. Ferison;

IV.

Bramantip, Camenes, Dimaris, Fesapo, Fresison.

8. REDUCCIÓN DE SILOGISMOS

El propio método por el que han sido obtenidos esos diecinueve mo- dos prueba que no puede haber otros modos válidos. Resta por probar que todos ellos 10 son. Para es to, la lógica clás ica empleaba el método de

«red ucción» de todos los modos a los de la l. ~figura ; en efecto, Aristóte- les cons ideraba a la 1. 1 como la única figura «perfecta», porque en ella el término medio es ve rdaderamente «medio». esto es, intermediario entre

el menor y el mayor. Consi derados

ésta, los modos de las otras figuras quedarán justificados si se los puede reducir a alguno de la l. ' mediante transfonnaciones legítim as. Y esas transformaciones vienen precisamente indicadas por la composición de las palabras artific iales que designan cada uno de los modos. En primer

lugar. cada m odo «imperfec loll

como evidentes los cuatro modos de

se relaciona con e l modo «perfec to» que

tenga l a misma inicial (B, e, D o F). A co ntinua c i ón, las consonanles in - teriores del nombre de cada modo indican la manera de efectuar esta re- ducción: la letra «s» significa que se debe convertir «simplemente» la

proposición designada por la vocal que la preced a ( <<e» o «i»); la letra

«p», que se la debe co nvertir «parcialmente» (la vocal es «a»); la letra «m» significa que se deben permutar (mutare) las dos premisas. El lector podrá ejercitarse red uciendo. según es tas reglas. «Cesare ,

204

EL ARTE DE LA LóGICA

Camestres, Camenes:+ a «Celarent»; «Darapti , Disamis. Dansi, Dimarislt a fo:Darij »; y «Festino, Felaplon, Ferison, Fesapo, Fresison» a «FeriOlf,

9. REDUCCIÓN INDlRECfA (O «REDUCCIÓN AL ABSURDO »)

Quedan «Baroco» (de la 2,' figura) y «Bocarda» (de la 3. 1 ) , que no se

dejan reducir por es le mélOdo a un modo de la l .' Los dos se relac ionan

con «Barbara» mediante la «reducci ó n al absurdo», que consiste en to- mar como premisas a la premisa A y a la contradictoria de [a conclusión,

y deducir de ellas la con tradi ctori a de la otra premisa. En efecto, s i un modo es concluyente, esto es, si la verdad de dos premisas entraña nece-

sariamente la verdad de la conclusión. la falsedad de la conclusión entra-

ña necesariamente la fal sedad de una de las premisas, de suerte que si se admite una de ellas como ve rdadera, se debe poder deducir la falsedad de la otra. Efectuemos la reducción de «Baraca»:

«Baroco»

TodoPes M Algún S no es M

 

Al gún

S no es

P

Mayor:

Todo P es M

Negación de

la conclusión:

Todo S es P

Negación de la

menor:

Tocio S es M

y obtenemos un silogi smo en «Barbara» (donde P es e l término medio). Puesto que este silogismo es concluyente, el modo {(Baroco» también lo es. Redu zcamos igualmente «Bocarda»:

«Bocardo»

Algún M no es P TodoMesS A lg ún S no es P.

Negación

de

la

conc lu sió n:

Todo

S es P

 

Menor:

Todo M es S

Negac ión

de

la

ma yor:

Todo M es P.

Es tambi én un silogismo e n «~arbara» (donde S es ellé rm ino media), lo que prueba que el modo «Bocarda» es concluyente. Leibniz ha tenido la idea de erigir este procedimiento de reducción al absurdo en método general de deducci ón de los modos concluyentes y de ap licarlo a todos los modos de las tres últimas fi g uras.

COMPENDIO DE Sn

OGfST1CA

205

10. LA CUESTIÓN DE LA 4. 1 FIGURA

Muc hos l6g icos. sigu iend o el eje mplo de Aristóteles. no admi ten la

4. 1 figura (cuya in vención es

ran (con Teofrasto) que sus cinco modos no son más que otros modos ((jnd irectos » de la 1. 1 fi g ura . a los q ue llaman:

atribuida por Ave rroes a Galeno). y conside-

tantos

«Bara lipton, Celantes. Dabitis, Fapesmo. Frisesomorum»

Pero, una d e dos:

J.!ol O bien es t os modo s pr ese ntan la mi s ma disposic i ón d e t é rminos y de pre misas que los modos directos, y entonces " Baralipton" no es más que el subalterno de "Barbara"; "Celanles" y " Dabitis" so n idénticos a "Celarent" y " Darii"; y " Fapesmo" y "Frisesomorum" no son concluyen- tes (e l prim ero porque viola las reglas especia les de l a 1. 1 figura, el se-

undo porque viola las regla s ge ne rales de l s ilogismo y no puede concluyente en ninguna figura). 2. 11 O bien estos modos prese ntan una d isposición di stinta de térm inos

ser

g

y de premisas. y entonces ya no son modos de la 1. 1 figu ra. Pero. por otra

4.' , porque (sa lvo «Barali pton », c uyas

premisas son se mejantes) 'todos e llos tien e n s us prem isas tras tocadas:

parte, tampoco Son modo s de la

«

Ce l antes » es e n realidad «Ca me nes»; «Dabitis» es realm e nt e (( Dima -

ri

s» , « Fapesmo» e s «Fesapo». y « Frisesomorum » es (<Fresison». Pero pa-

ra transformar un modo de la 4. 1 figura e n uno de la l .' no bas ta con

imercambiar las premisas para que la men or aparezca del ante de la ma-

yor; eso no es más que un ardid que no cambia la verdadera «fi g ura» de

esos modos. Es preciso

término menor con el mayor, con lo que la prem isa mayor se tomará en

menor y viceversa), o bien las dos premisas. Pero los modos que no se

dejan relacionar con la 1. 1 fi g ura más q ue por una o dos perte necen a ella tanto como c ualquiera de los modos de la

que se re lac ionan c on la 1. 1 por el mi smo procedimiemo . Por tanto , los

modos e n c uest ió n pertenecen a una figura especi al tan legítima y lan in-

dependieme también como los otros modos.

la 4.' fi g ura , que no son « natu -

rales», que resu ltan chocantes y forz ados. Pe ro de hecho no son más «ba- rrocos» que «Bocarda» o ((Baroco», y me nos que la mayoría. En defini ti va, no hay más que do s tesi s aceptables: o bi e n hay que ad - m itir las c uatro fi g uras como ig ua lmente váli d as e independientes entre sr, o b ien hay que considerar a la 1. 1 figura como la única «natural» y «perfecta», y a las tres restantes como indirectas y derivadas. Ésta es la

conve rtir o bien la concl us ión (i ntercambiando el

con versiones 2,! o de la 3. 1

Se alega ade más.

co ntra los modos de

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EL ARTE DE LA LÓG ICA

tesis sostenida por Kan!. Sólo los modos de la 1,' figura serían simples y

puros , y co n c luyent es po r sr mismos . Lo s modos

mixtos o híbridos. porque no resullan conclu ye ntes m ás que mediante una conversión que los relaciona con la 1,' figura (y ésta era ya la opi· nión de Aristóteles). Pero esta tesis tropieza con el escollo de los modos «Baroco» y «Bocardo. , que no se resuelven por conversión en la l.' fi- gura, y que bastarían para probar la originalidad de la 2,' y de la 3,' figu- ras. En todo caso, no hay ninguna razón para admitir las tres primeras figuras como primitivas y autónoffi81 y rechazar la 4.', que es tan legíti- ma y concluyente como las demás.

de las otras t res serían