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DESAGÜES Y RESIDUOS INDUSTRIALES DETERIORAN EL ECOSISTEMA MARINO

El informe del domingo UN MAR DE CONTAMINACIÓN Solo en Lima se arroja al mar un volumen de desagües equivalente a dos estadios nacionales cada día y el Gobierno ignora la cantidad de vertimientos en todo el litoral

Por Nelly Luna Amancio

Aquella mañana pronosticaron un mar tranquilo, pero esas olas eran las de un mar revuelto. El bote sodiac tambaleó durante todo el recorrido ante una marea desafiante. Habíamos partido del muelle artesanal de Chorrillos, junto a Stefan Austermuhle, director de la ONG Mundo Azul, para buscar a los delfines de la costa central. Stefan, un apasionado biólogo, acababa de regresar de Ica con una preocupación: está convencido de que los niveles de contaminantes vertidos al mar están afectando el ecosistema marino.

Luego de un seguimiento hecho a un grupo de estos mamíferos de la Bahía de Paracas, Stefan y su equipo determinaron que entre el 10% y 15% presenta enfermedades a la piel. “Identificamos manchas blancas que no son normales en esta especie”, explica el biólogo alemán. Según la Dirección General de Salud Ambiental (Digesa), esta bahía, considerada Reserva Nacional, es una de las zonas más contaminadas del país.

Por eso, aquella mañana de equivocadas predicciones estábamos junto a Stefan recorriendo la zona que recibe el 70% de los desagües de todo el país: el mar limeño. De Chorrillos a Pachacámac, atravesamos La Chira, donde un colector descarga cinco mil litros de residuos líquidos domésticos cada segundo. En este sector las aguas abandonan el verde marino por el marrón fecal. La espesa baba que cubre la superficie de esta playa se forma en la orilla y es absorbida por la corriente mar adentro.

En medio de esa masa, cerca de las playas de Villa El Salvador, Stefan identificó a un grupo de delfines:

“deben ser más de 40”, calculó. Sacó su cámara y comenzó a hacer las fotos que lo ayudarán luego a identificar, con aguda paciencia, si alguno presenta manchas sobre la piel parecidas a las encontradas en Paracas. Al final del viaje, dijo haber identificado a simple vista entre cuatro y cinco delfines con estas características. Con los días, después de analizar sus tomas, podrá conocer el número exacto de delfines enfermos.

Además de Mundo Azul, otras organizaciones también están convencidas de que la presencia de estas anomalías en la fauna marina tienen un vínculo estrecho con los desagües arrojados al mar y el inadecuado tratamiento previo que estos reciben. Uno de esos últimos estudios, elaborado por la Organización Científica para la Conservación de Animales Mamíferos Marinos (ORCA), muestra resultados preocupantes.

Entre el 2001 y el 2004 el porcentaje de lobos de mar y delfines varados en la playa se multiplicó por diez. ORCA analizó los restos de seis de estos mamíferos marinos que vararon en las playas de Paracas, Pachacámac y Lima durante los últimos doce meses. La conclusión: cinco lobos de mar y un delfín presentaron cuadros neoplásicos (cáncer). “Tenían cáncer a los huesos, pulmón y vaso. El cáncer debilita su organismo de estas especies que en búsqueda de alimentos se acercan a la costa y, agotadas, ya no pueden regresar o caen en las redes de los pescadores”, precisa Carlos Yaipén, médico veterinario de ORCA. La bibliografía internacional establece una causa efecto entre contaminación y cáncer en mamíferos marinos, pues su aparición coincide con los niveles de toxicidad en el mar. “Ellos son los más afectados, porque almacenan estos tóxicos en la grasa corporal utilizando estas reservas contaminadas durante ayunos prolongados, preñez o lactancia”, explica Yaipén.

Sobre la presencia de manchas blancas en la piel de los delfines, identificadas por Mundo Azul, Yaipén sostiene que podría tratarse de hongos. “Estas enfermedades se presentan por inmunosupresión (disminución o caída de la inmunidad), en el animal puede activarse por la presencia de contaminantes en su cuerpo”, acotó.

SUMA DE CONTAMINANTES

El Perú concentra entre el 60% y el 70% de las especies de todo el planeta. Paradójicamente es también uno de los que menos trata las aguas residuales e industriales que son vertidas al mar: apenas el 10%. Solo en Lima el total de desagües domésticos evacuados al mar supera los 700.000 millones de metros cúbicos por año, es decir casi dos millones de metros cúbicos al día.

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Es como si cada 24 horas se arrojara al mar un volumen equivalente a dos estadios nacionales. Estas aguas servidas tienen el doble del caudal que alcanza el río Rímac fuera de épocas de lluvia. Sin embargo, los cálculos sobre la cantidad total de desagües que llegan al mar en los 617.500 kilómetros de costa peruana no existen, porque la autoridad sanitaria no conoce el número exacto de vertimientos. “No contamos con ese catastro, pero estamos evaluando hacer uno”, explicó Fausto Roncal, director de ecología de Digesa, luego de aclarar que ninguno de los seis colectores de desagüe que descargan en la ciudad y en otros departamentos del país cuentan con la autorización de esta institución. “Por obvias razones sanitarias no las podemos clausurar”, dijo.

Pero no solo es falta de información sobre los vertimientos que terminan en el mar. El ingeniero Roncal sostiene que también hace falta actualizar el marco legal. Recuerda que el reglamento de desagües industriales data de 1960.

“Este documento tiene que ser actualizado, porque solo establece cinco parámetros de control (temperatura, carga orgánica, sólidos totales, PH y aceites y grasas) y eso no es suficiente, se necesita conocer más”, precisa. Según el especialista, el reglamento en cuestión se hizo para proteger la calidad de las redes de alcantarillado y no la calidad de las aguas del mar.

Una de estas obras, en manos de Sedapal, busca descontaminar las playas de la Costa Verde hasta el Callao, con la construcción de un emisor submarino de 19 kilómetros que concentrará las descargas de ocho colectores ubicados entre el Callao y San Miguel. “Este caudal—explicaron en la empresa del aguaserá derivado por una tubería a la altura del fundo Oquendo (Callao) para que, luego de ser tratado, recién sea arrojado al mar. El Plan Maestro de Agua y Alcantarillado señala que este emisor debería haber comenzado a funcionar en mayo de este año, pero no fue así.

El proyecto en cuestión incluye la instalación de las tuberías (obra culminada en la que se invirtió 160 millones de soles), la construcción de una planta de tratamiento (Taboada) y la instalación del emisor submarino. La implementación de todo el proyecto depende directamente de estas dos últimas obras. Sin embargo, hasta el momento, de la planta y el emisor, solo se sabe que Pro Inversión convocará la licitación para promover la ejecución de esta segunda etapa del proyecto. Y para ello aún no hay fecha. En estas condiciones, sin planta de tratamiento ni emisor submarino, el interceptor construido continuará siendo un elefante blanco.

La situación es crítica, pues los colectores que iban a ser derivados al interceptor norte están desgastados y han sobrepasado su capacidad de diseño. El ex presidente de Sedapal Carlos Silvestre reiteró en su oportunidad que “con el dinero invertido se hubiera ampliado la red de agua potable. Ahora tenemos una obra que se irá deteriorando hasta que alguien quiera invertir en el proyecto final”, dijo.

Sofía Hidalgo, integrante de la ONG Alternativa (organización que estuvo siguiendo de cerca el tema), sostiene que esta paralización demuestra que el proyecto nunca contó con un estudio de factibilidad que asegure su culminación de la obra. La misma Contraloría General de la República intervino en el caso y aseguró que el proyecto nunca obtuvo la declaración de viabilidad respectiva. Tampoco contó con un estudio de impacto ambiental (EIA) sobre la influencia que estas descargas podrían ocasionar en esta zona del litoral. “No se tomó en cuenta que el emisor desembocaría cerca de las islas de Ancón, que tienen un ecosistema sensible”, apuntó la especialista de Alternativa.

El interceptor norte no es el único proyecto para descontaminar el mar que está en sala de espera. Al sur se encuentra el Mesías, una obra que tiene proyectado desviar las aguas residuales de los distritos del sur hacia una planta de tratamiento en San Bartolo, con el fin de paliar la contaminación de La Chira. Sin embargo, las disputas entre los propietarios de estas tierras, ocasionaron que la obraque comenzó a levantarse en 1994-- aún no esté lista. Representantes de Sedapal explicaron que los ingenieros se encuentran realizando una última inspección, pero que aún no tienen plazos fijos para que entre en funcionamiento.

ALTERACIÓN AL ECOSISTEMA

El monto para concretar los proyectos de la ciudad que intentan tratar los desagües domésticos antes de que estos sean evacuados al mar se estima en US$500 millones. Pero, mientras las autoridades discuten las formas de financiamiento de estas obras, el impacto sobre el ecosistema marino se hace cada vez más evidente. La liza, por ejemplo, es un pez que se alimenta de compuestos orgánicos. Así lo hace cuando se encuentra varias millas mar adentro, pero en la costa ha aprendido a conformarse con los desechos orgánicos arrastrados por los de-sagües de la ciudad.

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Con frecuencia, estas alteraciones en el ecosistema no merecen la atención de las autoridades ni de la sociedad civil. A diferencia de otros sectores, como el minero, en el mar la presencia de ONG o agrupaciones sociales es reducida, lo que dificulta una eficiente vigilancia ciudadana en el tratamiento de otras descargas que derivan en el mar. Ese es el caso de los efluentes pesqueros, que colaboran con el 30% de la contaminación marina, de acuerdo con un estudio del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma).

Al respecto, Patricia Majluf, directora de la Unidad de Biología de la Unidad de Conservación Marina de la Universidad Cayetano Heredia, señala que la industria pesquera está sobredimensionada, que no es sostenible y que existe poca vigilancia en su desempeño ambiental.

De manera similar a otros sectores, el control de efluentes de la industria pesquera es fiscalizada por el sector encargado de promover su inversión: el Ministerio de la Producción. Aquí también la dispersión de funciones dificulta una vigilancia eficiente: Digesa se encarga de los vertimientos, Imarpe de la biomasa de captura, la Marina de que las embarcaciones cuenten con contenedores para hidrocarburos y Pesquería, con sus 35 inspectores en todo el país, de que se pesquen las tallas y especies autorizadas.

Según el viceministro de Pesquería, Alfonso Miranda, las 324 plantas procesadoras de productos hidrobiológicos instaladas en el país cumplen con sus programas de adecuación y manejo ambiental (PAMA). Sin embargo, este documento solo establece los procedimientos para tratar el agua de bombeo (líquidos con alto contenido de grasa y carga orgánica). “El PAMA no dice nada sobre los otros efluentes que son arrojados, ni el control de las embarcaciones, ni sobre los puntos donde se cargan los combustibles”, señala Majluf.

Uno de los casos más evidentes de los costos sociales generados por estas malas prácticas ambientales es la Bahía de Ferrol, en Chimbote. Los desagües de las fábricas harineras desembocan en la playa, frente a la zona urbana, con altas temperaturas y cargadas de restos orgánicos. Las olas rompen rojizas con olor a pescado. Muchas, no tienen autorización para hacerlo. Hasta la fecha, en todo el litoral, Digesa tiene 80 procesos sancionadores, pero estas continúan expulsando sus desechos.

Además de los desagües, el mar tiene otro asunto pendiente: la pesca sostenible. Y es que, aunque la Sociedad Nacional de Pesquería (SNP) lo niegue, el Ministerio de la Producción, también y el Imarpe, calle, biólogos y pescadores artesanales aseguran que cada vez hay menos especies de peces cerca de la costa y con tallas más reducidas.

La presión sobre el mar es tal que “las poblaciones de peces de mayor valor comercial se han reducido y están cada vez más caras”, insiste Patricia Majluf. Y recuerda: el fenómeno de El Niño de 1997 y la depredación del mar hicieron que desapareciera el 80% de las dos especies de lobos marinos. A la fecha esta cifra no alcanza los 100 mil lobos chuscos ni 40 mil lobos finos. “Estamos acostumbrados a hacer una extracción casi minera de nuestro mar”, insiste Patricia Majluf. La especie más vulnerable en esta cadena extractiva es la anchoveta. Las vedas para su pesca son cada vez más largas y severas. “Si antes se pescaba 300 días del año y se descansaba 60, ahora ocurre lo contrario. Se pesca anchoveta para una industria fácil”, alerta.

Los especialistas consultados coinciden en señalar que la política del Gobierno en torno al mar se concentra solo en especies productivas-extractivas, como la anchovetas, jurel o caballa. “Los mamíferos marinos no son considerados especies productivas, cuando países como Argentina han desarrollado un mercado turístico importante basado en la visita a zonas de reserva natural”, concluyen.

¿Quién debe analizar la sostenibilidad del mar y los cambios en el ecosistema producto de la contaminación? El Imarpe. El Comercio solicitó durante tres semanas una entrevista con el director de esta institución, pero no hubo respuesta.