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INDIANA JONES Y LA COPA DEL VAMPIRO

ANDREW HELPER

Título original:

INDIANA JONES AND THE CUP OF THE VAMPIRE

Copyright © 1984 by Lucasfilm Ltd. (LFL). TM* «Find Your Fate» es una marca comercial de Random House, Inc. «Indiana Jones» es una marca comercial de Lucasfilm Ltd. Usadas por autorización. Esta traducción se publica por acuerdo con Ballantine Books, una División de Random House, Inc.

© Ediciones Toray, S.A., 1989.

de Random House, Inc. © Ediciones Toray, S.A., 1989. ANDREW HELPER Ilustrado por DAVID B. MATTINGLY

ANDREW HELPER

Ilustrado por DAVID B. MATTINGLY

EDICIONES TORAY, S.A. BARCELONA MADRID BUENOS AIRES

Indiana Jones T M y tú buscáis ansiosamente… LA COPA DEL VAMPIRO Se trata de

Indiana Jones TM y buscáis ansiosamente…

LA COPA DEL VAMPIRO

Se trata de la copa de Djemsheed, un singular tesoro de los tiempos medievales. Cuenta la leyenda que quien beba de esa copa tiene garantizada la vida eterna. Mihail Tepes, arqueólogo rumano, cree que la copa está enterrada en la sepultura del tristemente célebre Vlat Drácula, príncipe del siglo XV que inspiró los relatos del vampiro Drácula. ¡Si Drácula bebió en esa copa es muy posible que todavía esté deambulando por aquella tierra! Durante la búsqueda os vais a encontrar con otros muchos individuos, algunos de ellos desalmados delincuentes que no se detendrán ante nada para conseguir apoderarse de la copa. Desde el principio, so bre ti recae una gran responsabilidad. Según las decisiones que tomes, os encontraréis vagando por inmensas catacumbas, os enfrentaréis a hombreslobo o lucharéis a vida o muerte con sangrientos bandidos. Cada peligroso y escalofriante paso dado a lo largo de esta aventura lo habrás elegido libremente.

ESCOGE TU PROPIA AVENTURA™

¡DRÁCULA!

Su mismo nombre es como una conjura de visiones demoníacas, de rareza, de misterio. Ahora Indiana Jones y os encontráis enzarzados en una atrayente aventura para buscar la inestimable copa enterrada con los restos del legendario príncipe. Vuestra aventura es de vital importancia, pues se dice que quienquiera que beba de esa copa será dueño de una vida eterna. Vosotros no queréis que una pieza con semejante poder caiga en manos malvadas. A lo largo del viaje tendrás que tomar muchas decisiones. Serás quien decida tu propio destino siguiendo las orientaciones del pie de cada página. Toma las decisiones idóneas y serás un héroe. Haz los movimientos erróneos y podrá sucederte cualquier cosa. ¡Buena suerte! y mucho cuidado

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1 Washington, D.C, 1935 —¡Drácula, con esta estaca te destruiré para siempre! Tu corazón sufre una

Washington, D.C, 1935 —¡Drácula, con esta estaca te destruiré para siempre! Tu corazón sufre una sacudida cuando el doctor Van Helsint hunde una cuña de madera en el corazón de Drácula, el rey de las tinieblas. Te estremeces cuando el vampiro prorrumpe en chillidos de horror y su cuerpo empieza a consumirse. Muy pronto todo lo que queda en el ataúd es un montón de polvo. Luego las luces del cine se encienden. —¡Uf!—comentas con el hombre que tienes a tu lado—. ¡Qué película!

Pero Indiana Jones no te contesta. Está consultando su reloj y se frota la barbilla con nerviosismo. —¿Dónde estará Mihail? —dice—. Él nunca llega tarde. Has conocido a Indy hace unas cuantas semanas, durante unos trabajos de verano en el Museo Nacional, pero puedes ya darte cuenta que Indy está preocupado por su amigo Mihail Tepes, el famoso arqueólogo europeo. De repente las puertas posteriores del local se abren y un hombre alto y delgado avanza a trompicones pasillo abajo en dirección a ti y tu amigo. —Jones —murmura el hombre con un fuerte acento de europeo oriental—, vienen tras mí. ¡Tienes que detenerlos! —¡Mihail! —exclama Indy poniéndose de pie. En ese preciso momento las puertas del cine vuelven a abrirse y 4 hombres fornidos, con abrigo negro, irrumpen en el local. ¡Atónito, te das cuenta que se dirigen hacia vosotros! Pasa a la página 2.

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—¡Indy! —murmuras mientras los hombres corren pasillo abajo—. ¿Qué hacemos? Indy está ocupado sosteniendo a su exhausto amigo. —¡Parece que es algo de lo que tienes que ocuparte tú, chico! — dice. Te acuerdas entonces del paquete de caramelos ácidos que llevas en el bolsillo. Coges un puñado de las redondas golosinas y las arrojas al pasillo. ¡El resultado es asombroso! Mientras se acer can, los hombres pisan las bolitas, resbalan y caen al suelo.

—¡Buen trabajo, chico!—masculla Indy, haciendo pasar el brazo de Mihail por encima de su hombro—. ¡Pero salgamos ya de aquí! Los caramelos no les entretendrán demasiado. Sigues a Indy y a Mihail que se dirigen tambaleándose a una puerta de salida próxima. A los pocos segundos os encontráis en las calles de Washington, D.C. Pasa a la página 3.

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—Por ahí —dice Mihail indicando un pequeño restaurante rumano al final de la calle—. Allí estaremos a salvo. A los pocos momentos ya os encontráis sentados, bajo la luz mortecina del restaurante. —Bueno, Mihail —dice Indy—. ¿Qué es todo esto? ¿Quiénes eran esos tipos? Y sobre todo, ¿para qué me habías citado? —Es una larga historia —responde Mihail—. Se refiere a mis antepasados de Rumania y a la Copa de Djemsheed. —¡La Copa! —murmura Indy—. De oro macizo con incrustaciones de pedrería. Fue robada de una mezquita, en Persia, en el siglo 16, y se perdió para siempre. Recuerdo cierta leyenda sobre eso aquélla que dice que —¡Que cuando se llena con sangre humana da a aquél que la bebe, una vida eterna!—concluye Mihail—. Yo seguí la pista de esa copa hasta mi hogar en Rum ania, Indy, y acabé haciendo un escalofriante descubrimiento. ¡Yo soy un Drácula! Pasa a la página 4.

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—Indy, no entiendo a este hombre —murmuras—. Salgamos de aquí. —Espera un momento —contesta Indy—. Esto parece interesante. —Gracias, Indy —dice Mihail—. Yo no deseo alarmaros ni a ti ni a tu amigo, pero lo que he dicho es verdad. Soy el último miembro vivo de los Drácula, la familia real rumana. Tal vez no lo sepáis, pero Drácula fue un nombre respetado hasta el siglo dieciséis. Entonces mi antepasado el príncipe Vlad Drácula empezó a ser conocido por toda la tierra como un tirano sanguinario. Después que murió, los campesinos insistieron en que había salido de la tumba. Dijeron que se había convertido en un muerto viviente, un vampiro que deambularía por la tierra eternamente, ¡bebiendo la sangre de los vivos! —No creo semejante cosa —murmura Indy sacudiendo la cabeza. —¡Pues es verdad!—protesta Mihail—. Sospecho que mi antepasado descubrió la Copa de Djemsheed y la utilizó para permanecer vivo a lo largo de los siglos. Incluso ahora me temo que se alimenta con la sangre de los inocentes rumanos y Mihail quedó súbitamente en silencio mirando a la lejanía. ¡Tu te vuelves a tiempo de ver que los cuatro hombres del cinematógrafo acaban de entrar en el restaurante! Si crees que ha llegado el momento de enfrentarse a esos hombres, pasa a la página 24. Si piensas que es preferible intentar huir, pasa a la página 41.

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Sin prestar atención que los 3 habéis quedado sin habla a causa de su observación, el viejo coloca una botella de coñac sobre la mesa. Luego pone 3 copas de cristal y una copa de oro con in crustaciones de pedrería. —Sólo la uso para ocasiones extraespeciales —dice, levantando la dorada copa ante vuestros ojos. Ninguno de vosotros 3 puede creer lo que está viendo. ¡Es la Copa de Djemsheed! Pasa a la página 54.

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El gitano hace caer a Indy al suelo. Luego se aleja, pero para volver al poco con 2 armas para el duelo. Indy queda agradablemente sorprendido al ver que el gitano ha traído un par de látigos. —No, gracias —dice Indy cuando el gitano le da a elegir entre los 2 látigos—. Ya tengo el mío. Indy busca en su chaqueta y saca su látigo. En pocos segundos lo hace restallar expertamente en el aire. Mihail, los gitanos y tú os colocáis en los laterales, mientras Indy y su oponente toman posiciones. Estáis esperando una larga y penosa lucha, pero lo cierto es que acaba en un instante. Con un solo latigazo, Indy arranca el arma de la mano al gitano. Luego, dirige su látigo a los tirantes del gitano. Los pantalones del hombretón resbalan piernas abajo y mientras el gitano empieza a barbotar, iracundo, los espectadores estallan en carcajadas. Derrotado y humillado, el gitano se muestra furioso. —Me tomaré la revancha —le oyes jurar furioso—, aunque sea la última cosa que haga. Pasa a la página 22.

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Estáis descendiendo por los resbaladizos peldaños, cuando oís voces coléricas que llegan desde lo alto de la escalera. —¡La Liga Rumana Antivampiros! —murmura apremiante Mihail—. Nos persigue otra vez. Tenemos que escondernos, pero ¿dónde? —¡Aquí! —dice Indy señalando una puerta abierta. Cuando los 3 penetráis en la estancia oscura, Indy tropieza con

algo. Oís el repiqueteo de metal mientras Indy va a parar al suelo de fría piedra.

—¿Qué e

?—susurra

Indy—. Mihail, ilumina un poco esto.

Pero con precaución ¡Si esos rumanos nos encuentran, estamos acabados! Mientras las voces indignadas aumentan, Mihail hace uso de su linterna para iluminar la pequeña estancia. A la súbita claridad podéis ver un esqueleto enjoyado que yace en el suelo. ¡En su mano aparece la Copa de Djemsheed! Pasa a la página 30.

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—Está bien, hijo —dice Indy—. ¡Voy a intentar hacer que esto tome tierra! Deséame suerte. Indy mueve hacia delante el timón y la avioneta se lanza hacia tierra, rozando las copas de los árboles, antes de detenerse con un chirrido en campo abierto. —¡Uff!—haces cuando vuelves a sentirte en tierra firme—. ¡Qué suerte hemos tenido de sobrevivir a esto! —La suerte no tiene nada que ver con esto —responde Indy—. Esto ha sido habilidad. —Luego Indy se vuelve a Mihail para preguntar—: ¿Tien es alguna idea de dónde estamos? —Parece que la suerte sigue con nosotros —replica Mihail, señalando un gran castillo de piedra, a poca distancia de ellos—. ¡Porque eso, amigo mío, es el castillo de Drácula! —¡Qué bien! Vayamos —dice Indy. Entonces os dais cuenta que el único camino para llegar al castillo es uno que atraviesa el viejo cementerio. Mihail abre la marcha cruzando las puertas del cementerio, y

vosotros le seguís. De repente, Mihail se

mausoleo de piedra con el nombre DRÁCULA esculpido en él. ¡Mientras os acercáis, veis que la portezuela está abierta! Si decides echar un vistazo al interior, pasa a la página 117. Si decides continuar hasta el castillo, pasa a la página 18.

detiene de lante de un

10 Siguiendo las instrucciones de Indy, eludes los disparos zigzagueando, para ir a buscar cobijo

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Siguiendo las instrucciones de Indy, eludes los disparos zigzagueando, para ir a buscar cobijo tras los grandes peñascos diseminados por la falda de la montaña. Pronto el fragor de los disparos se desvanece. ¡Pero la tormenta es todavía peor! La nieve que cae es tan espesa que apenas si te permite ver tu propia mano delante de tu cara. —¡Indy! —gritas errando a ciegas—. ¡Indyyyy! Y mientras te tambaleas bajo la nieve pidie ndo ayuda, oyes otra voz. —¿Indy? —llamas. —¿Indy? —responde la voz. —¿Dónde estás? —gritas. —¿Dónde estás? —responde la voz. Corres hacia la voz, pero cuando notas que la tierra, bajo tus pies, ha dado paso al inconsistente aire, comprendes que la voz

que contestaba no era más que el eco, y que has caído de la montaña al vacío, buscando tu propia voz. Tu viaje ha llegado a un brusco FIN

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—¡Aquellos cazadores! —murmura el viejo mientras le seguís a través de los bosques—. Siempre están poniendo trampas para los pobres lobos. Piensan que los lobos son una amenaza. ¡Pero yo que no es verdad! Ellos son mis amigos ¡Mis peludos amiguitos! Mientras el viejo continúa balbuciendo, vosotros oís de nuevo el aullido de los lobos. estás empezando a pensar que haber seguido al hombre hasta esa casita no ha sido precisamente una buena ide a. —Este tipo es un chiflado —te murmura Indy al oído—. Pero

hay que disimular. No creo que pueda encontrar la salida de estos bosques yo solo. ¡Además, parece que hay lobos hambrientos alrededor de nosotros! Pronto llegáis a la casita construida en un pe queño calvero. El anciano se dispone a abrir la puerta cuando una manada de lobos surge de los bosques. Mostrando sus afilados colmillos, rodean a Indy, Mihail y el anciano. Instintivamente, buscas la pisto la que llevas al cinto. ¿Disparas a los lobos hambrientos? Pasa a la página 15. ¿Prefieres esperar a ver que sucede después? Pasa a la página

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En medio de una granizada de balas, Indy, Mihail y retrocedéis arrastrándoos hacia el túnel que visteis antes. Cuando los tres os agazapáis dentro, notas que estáis resbalando, lentamente, por las deslizantes y húmedas paredes del túnel. Indy busca desesperadamente algo en que sujetarse, pero las paredes del túnel son lisas. Los tres continuáis resbalando, cada vez con más rapidez, hasta alcanzar una velocidad aterradora. —No es el resbalar lo que me preocupa —razona Indy—, sino lo doloroso que pueda ser el aterrizaje. Abajo podéis oír el murmullo del agua corriente y segundos más tarde llegáis al final del túnel para ser catapultados al embravecido río de una caverna. —¿Dónde estamos? —preguntas jadeando mientras los tres sois arrastrados corriente abajo. —¿Qué importa dónde estemos? —responde Indy, señalando las aguas que forman un violento torbellino frente a vosotros. ¡Ahí es adónde vamos a ir si no pensamos algo rápidamente! Pasa a la página 29.

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No puedes saber cuánto tiempo has estado inconsciente, pero cuando despiertas todavía sigues dentro del polvoriento ataúd. Empujas la tapa, pero sin resultado alguno. —¡Indy! —gritas dominado por el pánico—. ¿Estás ahí? —Como de costumbre me encuentro en las zonas altas —grita Indy desde arriba—. Parece que los amigos de Drácula han apilado nuestros ataúdes uno encima del otro. Creo que estás en medio y a Mihail lo pusieron en la parte de abajo. —Correcto —contesta Mihail desde abajo. —¿Tienes idea de adónde vamos, Indy! —preguntas. —No estoy seguro —responde tu amigo—, pero en las últimas doce horas parece que hemos ido en un avión, un camión y en el vagón de equipajes de un tren. O mucho me equivoco o a estas horas debemos de estar en Rumania. De repente el tren se detiene con un chirrido. Por un momento reina el silencio. Luego oís una voz de hombre:

—¡Deprisa! Abran esta caja fuerte. No tenemos todo el día. Si gritas, sabes que llamarás la atención del hombre. Pero ¿estás seguro que es eso lo que conviene? Se diría que ese hombre está robando en el tren. ¿Sabe alguien lo que podrá haceros? Si intentas atraer su atención, pasa a la página 43. Si guardas silencio, pasa a la página 59.

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El más anciano de Lupan, aldea de hombreslobos, elige a un joven aldeano para que os conduzca por la montaña y pronto encontráis el camino. Después de muchas horas de viaje, la nieve va desapareciendo gradualmente bajo vuestros pies. Una hierba exuberante cubre el suelo. Cuando ya se pone el sol veis en la distancia un grupo de caballos junto a un campamento abandonado. —¡Parece que volvem os a la civilización! —exclama Indy, feliz. Con un movimiento de sombrero saluda al joven lupano, que responde con una sonrisa antes de emprender el trote montaña arriba hacia su hogar. —Buen tipo este hombre lobo, ¿eh, chico? —pregunta Indy. Estás a punto de contestar afirmativamente, cuando un par de brazos te cogen desde detrás. Inmovilizado, contemplas con desesperación cómo una banda de gitanos surge de la arboleda para atacar y reducir a Indy y a Mihail. —Os hemos visto hablar con el infernal hombrelobo —dice el jefe de los gitanos, al tiempo que desenfunda una afilada daga—. Debéis ser demonios también ¡Los demonios no deben vivir! Pasa a la página 80.

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Disparas al lobo más grande y se desploma instantáneamente. Por un momento todo queda silencioso. El anciano corre hasta el lobo moribundo. —¡Natasha!—llora con desesperación—. ¿Qué te han hecho? Se deja caer sobre el cuerpo del hombre lobo y solloza incontrolable. Cuando los otros hombreslobos prorrumpen en gemidos y aullidos, te das cuenta que has cometido un terrible error. De pronto, el hombre levanta la vista con el odio pintado en su faz inundada en lágrimas. —Vosotros 3 habéis hecho esto —masculla entre dientes colérico—. No sois mejores que los cazadores. ¡Y vais a pagar el haber hecho daño a mi Natasha! Y el hombre mueve el brazo indicando a los otros hombreslobos que ataquen. Cuando los ves saltar hacia ti, sabes que no puedes disparar contra todos ellos. Más pronto o más tarde te quedarás sin balas y eso será el

FIN

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Indy se ajusta el paracaídas a la espalda. —Yo os estaré sosteniendo a los 2 — explica—, de modo que tan pronto como estemos en caída libre, tiras del cordón de apertura. ¿Lo comprendes, chico? Antes que puedas responder, Indy abre la portezuela de escape, os toma a Mihail y a ti por la cintura y salta de la avioneta. Mientras cruzáis el cielo helado en dirección a las montañas nevadas de abajo, tiras del cordón. El paracaídas se abre y lo s 3 flotáis suavemente hacia la tierra. Minutos más tarde aterrizáis en la nieve blanda de los Alpes de Transilvanía. Grandes montañas se elevan alrededor de vosotros, ofreciendo una protección natural contra los fuertes vientos. —Buena elección, chico —dice Indy—. Si ahora supiéramos dónde estamos Pasa a la página 76.

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Continuáis paseando por el camposanto, pero cuando oís a poca distancia el aullido de los lobos hambrientos apretáis el paso. Los 3 corréis hacia la verja de salida, camino del castillo, cuando oís a un hombre gimiendo de dolor. Siguiendo la dirección de su voz, acabáis encontrando a un anciano delgado y barbudo, tendido en el suelo. —Por favor —gime el hombre—. ¡Ayúdenme! En seguida os fijáis en una especie de quijada metálica, cerrada en torno a su tobillo. —Espere un segun do —dice Indy cogiendo la pieza de acero. Tira con todas sus fuerzas y pronto el anciano queda libre. —Muchas gracias —jadea el desconocido—. De no ser por usted me habría muerto aquí. Vivo en una casita cercana —añade levantándose algo vacilante—. Permitan que les ofrezca una sabrosa comida. Es lo menos que puedo hacer para compensarles. —¿Por qué no? —contesta Indy. Y los 3 seguís al anciano a su casa. Pasa a la página 11.

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Indy está cogiendo la copa de manos del esqueleto, cuando escuchas rumor de pasos apresurados. A los pocos segundos un grupo de los ya familiares rumanos entra en la estancia. Van armados con sólidas estacas de madera. Entre ellos está la azafata. ¡Ajá! —exclama ella—. Todos los vampiros acuden aquí, más pronto o más tarde. ¡Les esperábamos y ahora vamos a destruirles! ¡La Liga Antivampiros ha vuelto a triunfar! La azafata deja escapar un alarido sanguinario, al tiempo que sus compañeros y ella corren hacia vosotros con las estacas apuntando directamente a vuestro pecho. sientes pánico e intentas defenderte apoderándote del primer objeto que tienes al alcance. Tu mano alcanza la estaca situada en el ataúd de Drácula. —¡No! ¡No lo hagas! —oyes a Mihail gritar con terror. Pero es demasiado tarde. Pasa a la página 69.

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Aparece una mano enguantada que barre el arácnido de tu nariz. —¡Atchiis! —estornudas. —¡Salud! —contesta una voz extraña. —Grac —empiezas a decir. Pero tus palabras quedan a medio pronunciar, cuando te fijas bien en el desconocido que tienes ante ti. Su piel es de un blanco pálido que contrasta con el negro de su abundante cabellera. Bajo su bigote de guías puedes ver unos labios gruesos e intensamente rojos. Y cuando sonríe muestra unos dientes blancos y afilados. La larga capa negra del extranjero parece que flota en torno a su cuerpo cuando se vuelve a Mihail. —Esta gente no debería tratarte así —dice con tristeza—. A ti, el último miembro vivo de la familia Drácula Mientras el desconocido habla, Indy lo observa atentamente. —¿No nos conocemos de algo? —pregunta finalmente.

Pasa a la página 31. 22 Mientras el gitano derrotado se adentra en los bosques,

Pasa a la página 31.

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Mientras el gitano derrotado se adentra en los bosques, los otros gitanos rodean a Indy. Tienen lágrimas de alegría en los ojos. —Nuestro jefe era un hombre cruel y sin honor —explica uno de los gitanos a Indy—. ¡Tú lo has vencido y eso te convierte en nuestro nuevo jefe! ¿Cómo podemos servirte, Indiana Jones? —Bien A nosotros nos gustaría llegar al castillo de Drácula —contesta Indy un poco indeciso, como si temiera pedir demasiado a los supersticiosos gitanos.

¡Pero ellos se avienen a conduciros al castillo! Viajáis toda la noche y al amanecer divisáis a lo lejos las antiguas ruinas sobre una escarpada colina. —Ahí tenéis lo que buscabais —dice uno de los gitanos. Pero mientras él habla, el cielo se oscurece súbitamente. ¡Está lleno de miles de enfurecidos cuervos! Los gitanos prorrumpen en gritos de terror, cuando los negros pajarracos descienden sobre ellos. —¡El diablo está sobre nosotros! —exclaman los gitanos, dispersándose despavoridos. Los cuervos los siguen dando graznidos estridentes y muy pronto, Indy, Mihail y os encontráis solos. —Por lo menos hemos encontrado el castillo —dice Indy—. ¡Vamos, chico! Tenemos un poco de escalada por delante. Pasa a la página 35.

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—¡AAAYYYY! —gritas con toda la potencia de tus pulmones. ¡Nunca en tu vida te has sentido tan asustado! Mientras sales arrastrándote de debajo de la pila de esqueletos centenarios, oyes que Indy te cuchichea apremiante:

—¡Calla, chico! Gritas tanto que eres capaz de despertar a los muertos. Y ya puedes imaginarte lo abarrotado que quedaría este sitio, si todos éstos echasen a andar. —Indy se vuelve a Mihail para preguntar—: ¿Qué puede ser esto? —Parece la cripta de la familia Drácula —responde Mihail—. El mismo Vlad Drácula debe estar enterrado po r aquí, en alguna parte. Vámonos, vayamos al castillo. Quizás allí encontremos al Príncipe. Dejáis la estancia funeraria y estáis retrocediendo por el estrecho túnel, cuando oís chillidos a vuestra espalda. Mirando de reojo puedes ver cosas negras que pasan veloces por el suelo. ¡Son ratas! ¡Miles de ratas que van directamente hacia vosotros! Pasa a la página 58.

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—Voy a hablarles —cuchicheas a Indy—. No intentarán hacer nada extraño aquí. —Y les preguntas a bocajarro—: ¿Qué es lo que quieren? El hombre más alto busca en su chaqueta y saca un revólver. Os apunta con él. —No prisioneros —murmura con voz iracunda. Quedas petrificado. Oyes el clic que se produce cuando el hombre levanta el gatillo. Luego ¡Crac! Por detrás de ti, por encima de tus hombros, surge el látigo de Indy que arranca el arma de la mano del hombre. —¡Cógelo, chico! —te grita Indy señalando el revólver que rebota en el suelo. Alcanzas el revólver en el momento exacto en que uno de los hombres cae sobre ti. Te arranca el arma de las manos y la aprieta contra tu cabeza. Pasa a la página 47.

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Los 3 viajáis a lomos de caballo durante muchas horas y cuando ya empieza a caer la noche, veis surgir en la distancia las ruinas de un enorme y viejo castillo. Una sola torre hay aún en pie en medio de las ruinas. —Ahí está nuestro destino —exclama Mihail—. El castillo de Drácula. Estás mirando con cierto espanto la gran estructura de piedra, cuando te parece ver una extraña forma escalando la torre. Parpadeas con incredulidad. ¿Es la luz del crepúsculo que proyecta sombras extrañas o realmente un hombre acaba de llegar a lo alto de la torre y se ha metido por su única ventana? Se lo comentas a Indy, pero él se echa a reír. —Son imaginaciones tuyas, chico. Frustrado, corres hacia el castillo. Está rodeado por un foso, pero cuando miras el agua clara, ves que no tiene más de treinta centímetros de profundidad. Estás ansioso por cruzar el poco profundo foso y observar más de cerca el castillo. ¿Qué hacer? Si decides cruzar el foso inmediatamente, pasa a la página 50. Si decides esperar a Indy y a Mihail antes de hacer nada, pasa a la página 65.

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Indy y os volvéis al hombre que yace en el suelo, respirando entrecortadamente. Indy le sacude por los hombros. —¿Qué, amigo? —le dice—. ¿Qué nos cuentas? ¿Por qué nos persigues? Dilo o El hombre no presta atención a Indy. Con los ojos fijos en Mihail, levanta la mano para mostrar un extraño anillo ¡Un anillo en forma de ataúd! Antes que podáis impedirlo, el hombre abre un departamento secreto del anillo y se traga la píldora que ocultaba dentro. —¡Nunca me convertirás en un muerto viviente! Luego, con los ojos fijos en Mihail, jadea y se estremece. ¡Está muerto! Pasa a la página 82.

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A pesar de tus gritos y puntapiés, los rumanos de negras vestimentas te arrastran hasta una estancia enrejada de los sótanos del castillo. De las paredes penden cadenas de hierro. Tus secuestradores te empujan contra la pared y te ponen grilletes en las muñecas. Pronto Indy y Mihail te hacen compañía. Mientras los tres colgáis impotentes de la pared, Indy masculla:

—Vamos a necesitar un gran milagro para escapar de esto, chico. Creo que estamos listos. —No puedo creerlo —gimes tú—. A medianoche vamos a convertirnos en un ingrediente del cocktail sangriento de algún vampiro. —Miras tu reloj y añades—: Nos quedan menos de cuatro horas de vida. —¡Eh, chico! Puede que no sean tantas —te advierte Indy—. Mira a tus pies. Bajas la vista y ves una enorme y peluda tarántula que sube por tu pierna. Si intentas librarte de ella sacudiendo la pierna sabes que te picará. Así que permaneces inmóvil mientras la tarántula asciende por tu pecho hasta tu cuello antes de situarse en tu nariz. El pelo del arácnido cosquillea tus fosas nasales y, de pronto, sientes la imperiosa necesidad de estornudar. —¡Attt attt! Pasa a la página 20.

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Mientras la corriente te barre literalmente a lo largo de la cueva hacia el remolino, te das cuenta de una puerta existente en una de las paredes ante la que pasas. Nadas frenéticamente contra co rriente intentando abrirte camino hacia allí. —¡No lo conseguirás de ese modo! —te grita Indy haciéndose oír por encima del fragor de las aguas. Yo tengo una idea mejor. Con la vista fija en el pomo metálico de la puerta, envía su látigo y consigue engancharlo allí. —¡Lo tengo! —exclama Indy—. Ahora nadad hacia e intentaré que salgamos de aquí. Una vez que Mihail y conseguís llegar junto a Indy, él, con ayuda de su látigo consigue llevaros a zona más segura. Los tres os encontráis ya en una estrecha repisa de piedra, delante de la puerta. Cansados y chorreando, os apoyáis contra la puerta. Ésta cede entonces y os deja ver unas escaleras cubiertas de musgo que llevan a lo alto del castillo. Pasa a la página 7.

30 —Drácula —articula Mihail con espanto, cuando, a vuestra espalda, se abre la puerta violentamente.

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—Drácula —articula Mihail con espanto, cuando, a vuestra espalda, se abre la puerta violentamente. —¡Amigos del demonio —dice la azafata—, vuestra suerte infernal se ha agotado! Los otros rumanos os apuntan con sus armas, esperando la orden de hacer fuego. —¡Espera! —pide Mihail—. El demonio que realmente buscáis está muerto. ¡Aquí están sus restos para demostrarlo! La azafata se muestra escéptica al principio, pero cuando Mihail le muestra la corona con joyas incrustadas queda convencida. —El último de los Drácula está dicie ndo la verdad —declara—. El diabólico Vlad Drácula está muerto ¡y la maldición del

vampiro se ha roto! Y ahora acercaos, hermanos. Tenemos algo más. Mihail, Indy y presenciáis cómo los rumanos colocan el esqueleto en un saco, dejando en el suelo la Copa de Djemsheed. —Perdón, señora —dice Indy con toda cortesía—, pero ¿no van a llevarse también la copa? —Naturalmente que no —responde la azafata—. Sólo deseamos quemar los huesos de Vlad Drácula. —Entonces, ¿le importa que que nos la llevemos nosotros? — pregunta Indy—. Como recuerdo, ¿sabe? —Cójanla —responde ella—. Y vengan con nosotros. Les llevaremos en un momento al aeropuerto. Indy te hace un guiño cuando salís del castillo llevándoos la legendaria Copa de Djemsheed.

FIN

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El desconocido no dice nada. Por el contrario, saca de su bolsillo una llave maestra. A los pocos segundos os ha dejado libres a los tres y os señala una escalera próxima. —Ahora debéis marcharos, antes que sea demasiado tarde —os dice—. Los amigos de Drácula serán castigados severamente por lo que querían hacer con vosotros. Vamos, marchaos o seguiréis la misma suerte que ellos. —No tendrás que decírnoslo 2 veces — contesta Indy que ya corre hacia las escaleras. Sube los peldaños de dos en dos, contigo y Mihail pisándole los talones. Las puertas principales del castillo se encuentran en el otro extremo del amplio vestíbulo, al final de las escaleras. Mientras corres hacia dicha puerta, un viejo cuadro con marco de oro macizo llama tu atención. ¡Es un retrato del desconocido que os rescató! Y en la parte inferior del marco, una capa metálica con el nombre de esa persona: ¡PRÍNCIPE VLAD DRÁCULA! Pasa a la página 97.

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32 ‐ 33 Indy, Mihail y tú seguís al hombre lobo a través de un cañón

Indy, Mihail y seguís al hombre lobo a través de un cañón nevado. Al otro lado veis el poblado de Lupan. Cinco sencillas casas de madera situadas en círculo. En el centro un grupo de hombreslobos que dialogan. Pero, cuando ven que os aproximáis, guardan silencio. —No estoy seguro de que me guste todo esto —murmura Indy, cuando el grupo de hombreslobos empieza a caminar hacia vosotros. —Debes olvidar tu natural supersticioso, Indy — aconseja Mihail mientras saluda con la mano y sonríe a los que se aproximan. Los lupanos no son hombreslobos. Tan sólo son víctimas de una peculiar enfermedad que hace que les crezca el pelo en la cara y en el cuerpo. En todos los demás aspectos son normales. Pero por su extraño aspecto son odiados y temidos po r los supersticiosos campesinos. Estos hombres huyeron de sus

pueblos y se establecieron aquí, buscando tan sólo paz. Cuando se aproximan, los hombreslobos sacan afiladas espadas de las fundas que llevan ocultas bajo la ropa. Os rodean a los 3 con las espadas en alto dispuestos a atacar. —Haya paz —masculla Indy.

a los 3 con las espadas en alto dispuestos a atacar. —Haya paz —masculla Indy. Pasa

Pasa a la página 84.

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—¡Nos rendimos! —gritáis levantando las manos al aire. Mientras descienden por la falda de la montaña, los tres hombres os apuntan con sus armas a Indy, a Mihail y a ti. —¡Así que éstos son los amigos de Drácula! — murmura Indy— . Pues no me parecen tan fieros. —¿Los amigos de Drácula? —repite uno de los hombres con una risilla burlona—. No, señor Jones. Está usted equivocado. Nosotros no somos amigos de Drácula, somos tres humildes mercenarios que procuran ganarse la vida. Pero trabajamos para los amigos de Drácula . Ellos nos han ofrecido una importante recompensa por capturar a Mihail Tepes. Por desgracia el que estaba con ustedes ha escapado. —El mercenario miró fríamente a Indy—. Pero no volverá a ocurrir eso. —Os empuja con la pistola—. Adelante. Vamos al castillo . Está en lo alto de la colina. Pasa a la página 86.

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Durante largas horas Indy, Mihail y os arrastráis sobre enormes rocas y entre resquebrajaduras, abriéndoos camino lentamente hacia la cima de la montaña. Durante el trayecto dejáis atrás una cueva oscura y pequeña. Vas a hablar de ella a Indy, cuando oyes unos disparos. —¡Agáchate, chico! —grita Indy—. Manténte pegado a las rocas ¡Eso hará que seamos un blanco menos fácil! —Pero ¿quién nos está disparando? —preguntas tú. —Míralo mismo —te dice Indy señalando a lo alto de la colina—. ¡Pero ten cuidado! Sacas un poco la cabeza por encima de las rocas y ves a la azafata y a otros 2 rumanos. Están de pie junto a las puertas del castillo con rifles en la mano. —¿Qué hacemos ahora? —preguntas lleno de pánico—. ¡No tenemos ninguna salida! —No es para tanto —responde Indy, señalando un gran peñasco que está a unos tres metros de vosotros—. Si consiguiéramos esquivar esas balas y llegar allí, estaríamos a salvo. Pero al ver la incertidumbre que refleja tu rostro, Indy frunce el ceño y rezonga:

—¿Es que tienes alguna idea mejor, chico? Si propones bajar corriendo hasta la cueva, pasa a la página 12. Si decides seguir la sugerencia de Indy, pasa a la página 90.

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Indy apura el vino. —Muy bueno —dice—. Toma un vaso, Mihail. Y tú también, chico. Mihail se toma el vino de golpe y tú tomas un pequeño sorbo del vaso que te tiende la azafata. El vino tiene un sabor amargo, pero te lo tomas para no ser descortés. Luego, mientras la azafata te observa, empiezas a sentir sopor. —¡Algo va mal! —murmuras a Indy. ¡Pero él ya está sumido en un profundo sueño! Luego, también te hundes en la negrura. Cuando despiertas, te hallas en una profunda hondonada, junto a los cuerpos de Indy y de Mihail. La azafata y el grupo de campesinos rumanos con ropajes negros os miran desde arriba, con palas en la mano. Tienen