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Lc 24, 13-35 VER AL RESUCITADO

La losa corrida, el sepulcro vacío (cf. Lc 24,2-3), el testimonio de la Ley y los profetas (cf. Lc 24,4-6a), los mismos anuncios de Jesús (cf. Lc 24,6b-8), el testimonio de las mujeres (cf. Lc 24,9-11) y la misma experiencia directa (cf. Lc 24,12) no han sido suficientes para que los discípulos lleguen a creer que Jesús está vivo después de que murió en la cruz. Manifiestan así ellos cuán profundamente los domina la ideología según la cual la muerte es insuperable y que Jesús es otra víctima de ella. La certeza de la resurrección no se debe, pues, a una disposición favorable de su parte ni mucho menosa una elaboración ideológica para la cual estaban culturalmente preparados. Si los discípulos llegaron a admitir la resurrección de Jesús fue porque se les impuso por la fuerza de la evidencia, venciendo las resistencias que ellos espontáneamente oponían. El auténtico testimonio del resucitado parte del reconocimiento del amor universal de Dios. Pedro así lo hace, aunque su primera predicación restringe sólo a Israel el mensaje que Jesús le confió para todos los pueblos (cf. Lc 24,47; Hch 1,8) y lo limite a predicar a Jesús como juez universal, siguiendo mas bien las líneas de Juan Bautista (cf. Lc 3,16s), sin mencionar el don del Espíritu (I Lectura: Hch 10,34a.37-43). El cristiano, por haberse adherido a Je- sús, ha roto radicalmente con todo lo rastrero y se orienta hacia lo elevado, de donde viene la vida, es decir, hacia el Mesías que le da vida definitiva (II Lectura: Col 3,1-4).

13 Kai\ i)dou\ du/o e)c au)tw=n e)n au)tv= tv= h(me/r# h)=san poreuo/menoi ei)j kw/mhn a)pe/xousan stadi/ouj e(ch/konta a)po\ )Ierousalh/m, v(= o)/noma )Emmaou=j,

Aquél mismo día, dos de ellos iban camino de una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén,

La determinación temporal fecha este acontecimiento en el día de Pascua, al atardecer, como se verá más adelante (cf. Lc 24,29). En Lc 24,9, además de los Once, se menciona otro grupo de discípulos, todos los demás. A este último grupo pertenecen los dos discípulos aquí mencio- nados. Todos quedan englobados en la apreciación de Lc 24,11: ellos tomaron sus palabras por delirio y se negaban a creerles. Se dirigen a Emaús 1 , una aldea algo distante de Jerusalén, pero no mucho (unas dos leguas: aproximadamente 11 Km.). Se trata, pues, de una comunidad de discípulos que, aunque guarda cierta distancia respecto de la institución judía ( )Ierousalh/m, en sentido sacral) no ha roto definitivamente con ella.

14 kai\ au)toi\ w(mi/loun pro\j a)llh/louj peri\ pa/ntwn tw=n sumbebhko/twn tou/twn.

y conversaban de todo lo que había sucedido.

Los sucesos recientes constituyen el tema de su conversación. Se refieren a todo lo que había sucedido, lo cual insinúa no sólo la abundancia del tema sino, también, la complejidad de su tratamiento. Es evidente la actualidad del tema para ellos, como también será evidente su perple- jidad. No era tarea fácil tener una visión coherente de todo lo que había sucedido, sobre todo partiendo de sus presupuestos para valorar tales acontecimientos. Por eso no hay que extrañarse de que no logren un acuerdo. Su apreciación los divide. No logran ponerse de acuerdo.

1 En el Antiguo Testamento aparece Ammaouj, o Emmaouj, en 1Mac 3,40.57; 4,3; 9,50, variación que se comprende porque la primera parte del nombre (Am-/Em-) corresponde a la trascripción griega o del hebreo {a( (am) o del arameo { "( (em) que, en cualquier caso, significa “pueblo”. Emaús aparece en un contexto fuertemente nacionalista y como una de las siete fortificaciones militares para la defensa de Jerusalén (1Mac 9,50).

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15 kai\ e)ge/neto e)n t%= o(milei=n au)tou\j kai\ suzhtei=n kai\ au)to\j suneporeu/eto au)toi=j,

Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos,

)Ihsou=j e)ggi/saj

No es, pues, extraño que la conversación derive en discusión. No hay acuerdo: la impresión que tienen de Jesús, la idea que se han formado de él, es irreconciliable con lo que le pasó. Para unos, su vida no debía de haber desembocado en esa muerte; es decir, siendo un hombre justo, debía de haber muerto como un justo; esa muerte no es la que corresponde a su vida; es decir, no debía de haber muerto como un bandido, puesto que era justo. Mucho menos como un maldito de Dios, porque era su hijo amado 2 . Para otros, precisamente esa forma de morir cuestiona doloro- samente su justicia. Esa clase de muerte, a manos de los tenidos por representantes de Dios, arro- ja una duda sobre la filiación divina de Jesús. Ése es el obstáculo que les impide reconocerlo.

16 oi( de\ o)fqalmoi\ au)tw=n e)kratou=nto tou= mh\ e)pignw=nai au)to/n.

pero

algo en sus ojos les impedía reconocerlo.

Su visión sobre los acontecimientos está distorsionada por la suposición de que quienes le dieron muerte a Jesús eran autoridades legítimas (en el caso de los romanos) o estaban autoriza- dos y respaldados por Dios (en el caso de los dirigentes judíos). El obstáculo para reconocer a Jesús como viviente, resucitado y, por lo mismo, reivindicado por Dios, está dentro de ellos; no en él. Es su idea de Mesías lo que constituye el insalvable obstáculo. Esa mentalidad les impide reconocer a Jesús como enviado (Mesías) de Dios: porque, además de que padeció y fracasó, no fue avalado por los dirigentes del pueblo sino, al contrario, rechazado por ellos. No recuerdan las advertencias de Jesús en ese sentido (cf. Lc 20,17).

17 ei)=pen de\ pro\j au)tou/j, Ti/nej oi( lo/goi ou(=toi ou(\j a)ntiba/llete pro\j a)llh/louj peripatou=ntej; kai\ e)sta/qhsan skuqrwpoi/.

Él les preguntó: ¿Qué conversación es esa que traen por el camino? Se detuvieron cariaconteci- dos,

Por esa razón, Jesús pretende, con su pregunta, llevarlos al fondo de la cuestión. Aclarar la

ayudará a determinar su relevancia, es

decir, si tiene sentido y valor tal como está planteada. Literalmente, la pregunta se puede traducir

así: “¿qué palabras son esas con las que se contradicen unos a otros mientras caminan?” Hay una crisis en el grupo: caminan, pero no avanzan porque están enfrentados. La pregunta de Jesús los obligaría a volver a plantear la discusión desde sus presupuestos fundamentales. Cuando un pro- blema parece no tener solución, hay que revisar su planteamiento. En el rostro de los discípulos se refleja una enorme desolación. El adjetivo skuqrwpo/j/ apa- rece sólo dos veces en el NT (Mt 6,16; Lc 24,17) y tres en al AT (Gn 40,7; Si 25,23; Dn 1,10). En el AT se refiere a una tribulación muy grande, sea causada por la incertidumbre (cf. Gn 40,7), sea por la maldad de la pareja (cf. Si 25,23), o por temor al poderoso (cf. Dn 1,10). En el NT aparece sin razón de ser: o es fingida (cf. Mt 6,16) o carece de sentido, como aquí.

naturaleza de la discusión (¿qué discusión es esa

?)

2 Morir “colgado de un madero” (cf. Hch 5,30; 10,39) tiene doble implicación: para la sociedad romana, el ejecutado es un antisocial; para la sociedad judía, es un maldito de Dios (cf. Dt 21,23; Ga 3,13).

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18 a)pokriqei\j de\ ei(=j o)no/mati Kleopa=j ei)=pen pro\j au)to/n, Su\ mo/noj paroikei=j )Ierousalh\m kai\ ou)k e)/gnwj ta\ geno/mena e)n au)tv= e)n tai=j h(me/raij tau/taij;

y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó: ¿Eres tú el único de paso por Jerusalén que no se ha enterado de lo ocurrido allí estos días?

Convencidos de haber captado objetivamente el meollo de los acontecimientos, ni siquiera cuestionan las bases en las que se fundamenta su percepción de los mismos. Uno de los dos, el que se llamaba Cleofás, partiendo de la premisa que Jesús quería cuestionar, considera falto de información al recién llegado. Pero, además, piensa que debe ser el único. Los hechos, según él, son tan del dominio público, que cualquiera otro, incluso un no residente, cualquiera que haya estado de paso en peregrinación ( )Ierousalh\m, sentido sacral), debería estar suficientemente enterado de lo ocurrido allí estos días.

19 kai\ ei)=pen au)toi=j, Poi=a; oi( de\ ei)=pan au)t%=, Ta\ peri\ )Ihsou= tou= Nazarhnou=, o(\j e)ge/neto a)nh\r profh/thj dunato\j e)n e)/rg% kai\ lo/g% e)nanti/on tou= qeou= kai\ panto\j tou= laou=,

Él les preguntó: ¿De qué? Contestaron: De lo de Jesús Nazareno, que fue un varón profeta pode- roso en obras y palabras ante Dios y ante todo el pueblo;

Nuevamente, y ahora de manera directa, Jesús insiste en que planteen el fondo de la discu- sión. El asunto empieza a perfilarse: Se refieren a Jesús como Nazareno, gentilicio que connota patriotismo nacionalista y rebelde. Al designarlo como varón(a)nh\r) recalcan su condición de israelita comprometido según esocon la causa de su pueblo. La descripción de Jesús como profeta poderoso en obras y palabras ante Dios y ante todo el puebloevoca a Moisés como

caudillo que sacó a Israel de Egipto y alude a la promesa de Moisés: Un profeta de los tuyos, de

(Dt 18,15). A pesar de haber convivido con Jesús, no han logrado su-

tus hermanos, como yo

perar la mentalidad del pueblo, que lo consideraba simplemente como un profeta(cf. Lc 7,16; 9,8.19). Suponen que estaban equivocados esperando más de su parte.

20 o(/pwj te pare/dwkan au)to\n oi( a)rxierei=j kai\ oi( a)/rxontej h(mw=n ei)j kri/ma qana/tou kai\ e)stau/rwsan au)to/n.

cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo

crucificaron,

Después de declarar su idea de Jesús, emerge otro de sus presupuestos: la legitimidad de los dirigentes que ejecutaron a Jesús o, mejor, de la institución en cuyo nombre actuaron los dirigen- tes, a quienes reconocen como sus jefes (los sumos sacerdotes y nuestros jefes). El hecho de haber sido entregado por parte de los dirigentes a las autoridades romanas reco- noce la doble autoría de la ejecución. La intención para la cual fue entregado, para que lo con- denaran a muertey muerte de cruz (es decir, suplicio pagano), hace pensar que, por haber sido rechazado por los dirigentes del pueblo, Jesús era ilegítimo, no actuaba en nombre de Dios, y que, por medio de los dirigentes, Dios también lo descalificó. Por otro lado, la pena de muerte infligida entraña un descrédito universal: si ante la sociedad pagana Jesús murió como un malhe- chor, ante la sociedad judía murió como un falso profeta, un rechazado de Dios.

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21 h(mei=j de\ h)lpi/zomen o(/ti au)to/j e)stin o( me/llwn lutrou=sqai to\n )Israh/l: a)lla/ ge kai\ su\n pa=sin tou/toij tri/thn tau/thn h(me/ran a)/gei a)f' ou(= tau=ta e)ge/neto.

cuando

nosotros esperábamos que él fuese el liberador de Israel. Pero, además de todo eso, con

hoy son ya tres días que ocurrió.

Entonces declaran la razón de ser de su desolación: han llegado a la triste conclusión de que se habían equivocado esperando de Jesús más de lo que segúnellos él pudo ofrecer. Sin em- bargo, no caen en cuenta que sus aspiraciones, en el fondo mezquinas, son las que han entrado en crisis. No han logrado llegar al fondo de la cuestión ni replantearse sus expectativas, que es lo que Jesús pretende con sus reiterados interrogantes. Ellos esperaban que él fuese el liberador de Israel(cf. Lc 1,68; 2,38), no de la humanidad entera (cf. Lc 2, 30-32). Su nacionalismo se ha visto frustrado. Comparten totalmente la doctrina de sus dirigentes. Y, a pesar de las reiteradas advertencias de Jesús anunciándoles su muerte y asegurándoles su resurrección al tercer día (cf. Lc 9,22.44s; 18,32-34), ellos, aunque toman nota de que se ha cum- plido el plazo, ya no esperan (esperábamos). Según ellos, la muerte acabó con sus esperanzas. Se suponía que al cuarto día el cadáver se corrompía y quedaba perdida toda esperanza de vida.

22 a)lla\ kai\ gunai=ke/j tinej e)c h(mw=n e)ce/sthsan h(ma=j: geno/menai o)rqrinai\ e)pi\ to\ mnhmei=on

Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han dado un susto: fueron muy de mañana al sepulcro

Como esperaban sólo un triunfo terreno y militar, la perspectiva de otra salida diferente a la presupuesta por ellos no es digna de ser tenida en cuenta. Su residencia en Emaús, población cali- ficada de aldea(kw/mh, v.28), lugar en donde los dirigentes espirituales del pueblo ejercen su dominio sobre las masas, es indicio claro de que ellos participan de la ideología nacionalista y están poseídos por la misma en plena sumisión a sus dirigentes. Por eso les resulta impensable que la muerte pueda ser revocada, sobre todo la muerte debida a la pena capital, ejecutada según la Ley. Por lo mismo, la noticia de lo acontecido a las mujeres ha sido, para ellos, un sustopa- sajero, pero “susto”, porque sacudió los cimientos de sus convicciones.

23 kai\ mh\ eu(rou=sai to\ sw=ma au)tou= h)=lqon le/gousai kai\ o)ptasi/an a)gge/lwn e(wrake/nai, oi(\ le/gousin au)to\n zh=n.

y,

no encontrando su cuerpo, volvieron contando que incluso habían tenido una aparición de

ángeles, que decían que está vivo.

Lo normal, según ellos, es que el cadáver esté en el sepulcro. No resulta creíble una historia en la que se combinan la anormalidad de un cadáver que no se halla en su sepulcro con la visión de ángeles que decían que él está vivo(cf. Lc 24,3-6). Tan apegados están a la ideología de sus dirigentes (incluida la creencia en el carácter definitivo de la muerte) que consideran impensable la posibilidad de que Dios intervenga para dar vida a un muerto (cf. Lc 24,11), aunque lo asegu- ren unos ángeles, es decir, mensajeros acreditados por el mismo Dios. También aquí la ideolo- gía farisea juega un papel decisivo, pues ellos entendían los ángeles como entidades celestes algo independientes, que revelan cosas discutibles (cf. Hch 23,8s).

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24 kai\ a)ph=lqo/n tinej tw=n su\n h(mi=n e)pi\ to\ mnhmei=on, kai\ eu(=ron ou(/twj kaqw\j kai\ ai( gunai=kej ei)=pon, au)to\n de\ ou)k ei)=don.

Pero algunos de nuestros compañeros fueron también al sepulcro y lo encontraron tal y como habían dicho las mujeres, mas a él no lo vieron.

Además, para mantener su postura escéptica, apelan a un testimonio que ellos consideran ob- jetivo e imparcial: algunos de sus compañeros fueron al sepulcro a verificar la historia referida por las mujeres (cf. Lc 24,12) y, sí, encontraron el sepulcro vacío, pero a él no lo vieron. No se dan cuenta de que buscan en la tumba las señales de la vida. Su expectativa de un triunfo terreno y espectacular los incapacita para abrirse a la nueva realidad. La realidad debe acomodarse a su ideología. No perciben que se trata de algo nuevo que exige una nueva «visión». Están definiti- vamente ciegos.

25 kai\ au)to\j ei)=pen pro\j au)tou/j, )=W a)no/htoi kai\ bradei=j tv= kardi/# tou= pisteu/ein e)pi\ pa=sin oi(=j e)la/lhsan oi( profh=tai:

Entonces él les replicó: ¡Qué torpes y lentos son ustedes para creer en todo lo que dijeron los pro- fetas!

El reproche de Jesús los califica de torpes3 y de tardos4 porque, a causa de la forma como han sido enseñados a interpretar las Escrituras, le ofrecen una resistencia acrítica pero deliberada y habitual a su persona y a su mensaje, pues ambos (su persona y su mensaje) no satisfacen sus ideales nacionalistas de dominio. Esa es la razón de su ceguera(cf. Lc 24,16): ven a Jesús co- mo el Nazareno5 (cf. Lc 24,29), futuro liberador de Israel(cf. Lc 24,21). No dan fe a las (tres veces) repetidas palabras de Jesús anunciando la pasión (cf. Lc 9,22.44s; 18,32-34), ni al testimonio de Moisés y Elías como representantes de la Ley y los profetas (cf. Lc 9,30-31) ni al mensaje de las mujeres y de los ángeles(Moisés y Elías como mensajeros: cf. Lc 24,22-23). No avizoran esperanza: Pero, además de todo eso, con hoy van ya tres días que suce- dió(cf. Lc 24,21). Jesús les reprocha, además de su «estupidez y dureza de mollera» 6 el hecho de no darle crédi- to a “todo lo que dijeron los profetas”. Más adelante aclarará a qué se refiere.

3 Sólo esta vez usa Lc la palabra a)no/htoj (sin inteligencia), pero, en 6,11, para describir la reacción airada de los letrados y fariseos contra su enseñanza y las consecuencias liberadoras (curar) que ella genera, usa a)/noia (locura | furia), de la misma raíz, con el evidente sentido de rechazo porque Jesús cuestiona su enseñanza y la praxis opresora que de ella se deriva. En el fondo, los discípulos comparten ingenuamente el mismo criterio de grandeza de los diri- gentes del pueblo (cf. Lc 9,46ss; 22,24ss).

4 También bradu/j (tardo | lento) aparece una sola vez en Lc. Si bien él usa en Hch 27,7 el verbo braduploe/w (na- vegar lentamente), que tiene la misma raíz, se advierte una diferencia: el adjetivo bradu/j, por la determinación que tiene (tv= kardi/#: de corazón), connota una actitud voluntaria y habitual, por eso Jesús la reprocha, porque es una resistencia consciente. Cf. St 1,19, donde bradu/j tiene la misma connotación de voluntariedad.

5 Lc distingue entre Nazarhno/j y Nazwrai/oj para el gentilicio de Nazaret (En español tiene también dos formas:

“nazareno” y “nazaretano”). Nazarhno/j aparece en boca del endemoniado fanático (cf. Lc 4,34) y tiene un cariz nacionalista; Nazwrai/oj es neutro y aparece en boca del narrador (cf. Lc 18,37) o de los apóstoles, pero sin matiz nacionalista (cf. Hch 2,22; 3,6; 4,10) y, sobre todo, en boca del mismo Jesús resucitado (cf. Hch 22,8).

6 Cf. Maggi, Alberto, Nuestra Señora de los herejes. María y Nazaret 2 . Ediciones El Almendro, Córdoba. Sin fecha. Página 156.

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26 ou)xi\ tau=ta e)/dei paqei=n to\n Xristo\n kai\ ei)selqei=n ei)j th\n do/can au)tou=;

¿No tenía el Mesías que padecer todo eso para entrar en su gloria?

El verdadero Mesías (to\n Xristo\n) tenía que ser rechazado por la sociedad injusta, fuera romana o judía, precisamente porque era injusta. De haber sido aceptado por los dirigentes, no habría ofrecido alternativa alguna; él sería como uno de ellos. A cambio de la gloriapropia de los reinos del mundo, que, además de ajena es satánica, porque atropella al ser humano en su dig- nidad y viola sus derechos (cf. Lc 4,6) 7 , él debía de heredar la verdadera gloria, la de la vida que no está sujeta a la muerte, que se obtiene por la entrega de sí mismo y que se manifiesta dan- do vida (cf. Lc 21,27).

27 kai\ a)rca/menoj a)po\ Mwu+se/wj kai\ a)po\ pa/ntwn tw=n profhtw=n diermh/neusen au)toi=j e)n pa/saij tai=j grafai=j ta\ peri\ e(autou=.

Y tomando pie de Moisés y los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura.

Moisés y los profetas dan testimonio a favor de él (cf. Lc 9,30; 24,4). Esa es la verdadera promesa contenida en el AT. La ideología propuesta por los dirigentes como teología oficial, que enseñaba el triunfo nacionalista, era falsa. En el fondo, esos dirigentes se habían convertido en los dueñosde las Escrituras y ellos eran quienes decidían qué textos contenían las promesas de Dios para el pueblo. Las otras, las que presentaban otra visión del Mesías, las mantenían atadas (cf. Lc 19,30ss). Lo que Jesús hace ahora es lo que les mandó hacer antes de entrar en Jerusalén:

desatar las profecías que expresaban las auténticas promesas de Dios. Esto implica una interpre- tación de las Escrituras con otra clave hermenéutica: no la del nacionalismo de revancha sino la del amor a toda la humanidad, clave hermenéutica que Jesús encarna personalmente (les explicó

lo que se refería a él en toda la Escritura). Él es la auténtica y única clave hermenéutica. Sólo era

Palabra de Dios “lo que se refería a él en toda la Escritura”, es decir, en el AT.

28 Kai\ h)/ggisan

porrw/teron poreu/esqai.

Cerca ya de la aldea a donde iban, hizo ademán de seguir adelante,

ei)j

th\n kw/mhn ou(= e)poreu/onto, kai\ au)to\j prosepoih/sato

El versículo empieza con una construcción semejante a la de Lc 19,29s: “Al acercarse a Bet- fagé y Betania…”, donde se hace también mención de la “aldea”, que simboliza al pueblo some- tido a “la ciudad”, que es Jerusalén (cf. 19,41; 24,49). La aldea a donde iban ellosno es el des- tino de Jesús sino el punto de partida de su éxodo (cf. Lc 9,31). Su marcha debe continuar, por eso él hizo ademán de seguir adelante, como Dios cuando pasaba junto a la tienda de Abraham (cf. Gn 18,3) en su camino hacia la sociedad impía que iba a juzgar. Se detuvo, no obstante, a ruegos de Abraham y, tras aceptar el banquete que éste le ofreció, le hizo la promesa de darle un hijo, cosa que a Sara le pareció imposible. Luego Dios lo hizo partícipe de su decisión y le dio la oportunidad de interceder por los habitantes de Sodoma. Los discípulos sienten haber llegado a casa, a su destino final; allí, en Emaús, continuarán esperando al Mesías según sus ideales.

7 Por “gloria” debe entenderse aquí el prestigio de las naciones paganas, derivado de sus riquezas, fruto del despojo hecho a otros pueblos, y de su poderío militar, que oprime y genera desigualdad tanto dentro como fuera. En cambio, la “gloria” del Mesías irradia vida, libertad y alegría. Ésta se realiza por el don de sí, no por la dominación del otro.

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La expresión también él(kai\ au)to\j) establece un paralelo entre la visita de Dios a Abraham y la de Jesús a los discípulos de Emaús. Él, sin embargo, no va a juzgar sino a anunciar la buena noticia. Y en el banquete que le ofrecerán los discípulos él cumplirá la promesa de vida hecha en otro tiempo a Abraham.

29 kai\ parebia/santo au)to\n le/gontej, Mei=non meq' h(mw=n, o(/ti pro\j e(spe/ran e)sti\n kai\ ke/kliken h)/dh h( h(me/ra. kai\ ei)sh=lqen tou= mei=nai su\n au)toi=j.

pero

ellos lo apremiaron diciendo: Quédate con nosotros, que está atardeciendo y el día va de

caída. Él entró para quedarse con ellos.

Al llegar a la aldea, Jesús ha dado a entender que su camino continúa, pero los discípulos lo forzaron a quedarse. El verbo parabia/zomai (obligar/forzar) usado también en Hch 16,15 con el mismo matiz, se deriva de la raíz bi/a (violencia: cf. Hch 5,26; 31,35; 24,7; 27,41). Jesús no se detiene por voluntad propia sino por amor a ellos, en atención a su ruego, en consideración a su situación de desolación y desconcierto. Emaús no es su destino, ciertamente, pero la razón que le dan los discípulos es cierta: sin Jesús, ellos quedan a oscuras/en tinieblas. Por eso, el entró para quedarse con ellos, aunque de un modo diferente a como ellos lo proponen.

30 kai\ e)ge/neto e)n t%= katakliqh=nai au)to\n met' au)tw=n labw\n to\n a)/rton eu)lo/ghsen kai\ kla/saj e)pedi/dou au)toi=j:

Estando recostado con ellos a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo ofreció.

La actitud de Jesús a la mesa (recostado: cf. Lc 9,14.15) es la propia de los hombres libres. Jesús está evocando el episodio de los panes, cuando les enseñó la alternativa de la nueva socie- dad, en la que la vida no depende de la posesión de los bienes sino del amor y la generosidad con que éstos se comparten. No hay una relación directa entre esta cena y la institución de la eucaris- tía; la relación es más bien indirecta. Primero quiere Jesús recordarles el sentido profundo de su entrega, que es el que se conmemora en la eucaristía, por eso se refiere, directamente, al episodio de los panes (lo bendijo: Lc 9,15; no pronunció la acción de gracias: Lc 22,19). Los discípu- los han de comprender la lección que recibieron en aquella oportunidad. Los criterios propios de una sociedad egoísta e injusta no responden al anhelo de vida que experimenta la humanidad. Es preciso entregar la propia vida (compartir los bienes) para responder adecuadamente a ese anhelo.

31 au)tw=n de\ dihnoi/xqhsan oi( o)fqalmoi\ kai\ e)pe/gnwsan au)to/n: kai\ au)to\j a)/fantoj e)ge/neto a)p' au)tw=n.

Se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él desapareció de su vista.

Cuando él bendijo el pan y lo repartió, ellos lo reconocieron como Mesías (cf. Lc 9,20); ahora a ellos “se les abrieron los ojos” cuando él volvió a darles la misma señal y les recordó que la entrega y el don de sí mismo sacian el hambre de vida que la sociedad del dinero no puede saciar y, que así, prolongando el don de Dios, es como se salva la vida. De este modo se realiza la liber- tad que Jesús significaba con su postura (cf. Is 35,5: «abrir los ojos» es metáfora de liberación). El ideal del Mesías victorioso, con triunfo terreno y militar contra los paganos, les impedía ver la realidad de Jesús. Ahora la ven, pese a que, físicamente, él se hizo invisible para ellos. Su ac-

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tual modo de presencia no es como el de antes de la resurrección. Se queda con ellos en el hecho

de partir el pan.

32 kai\ ei)=pan pro\j a)llh/louj, Ou)xi\ h( kardi/a h(mw=n kaiome/nh h)=n e)n h(mi=n w(j e)la/lei h(mi=n e)n tv= o(d%=, w(j dih/noigen h(mi=n ta\j grafa/j;

Entonces se dijeron uno a otro: ¿No estábamos en ascuas mientras nos hablaba por el camino haciéndonos comprender la Escritura?

Ahora el grupo reconoce que la conversación con Jesús les había cuestionado profundamente sus ideales 8 y que la explicación que él les ha dado de las Escrituras era convincente, pero que, efectivamente, ellos se negaban a dejarse convencer. Ahora, después que la palabra ha sido re-

frendada por los hechos (y Jesús se los ha recordado al bendecir y partir el pan), no les cabe duda de que es verdad: la vida entregada se salva, no perece; y, además, que la correcta interpretación

de las Escrituras es la que Jesús les ha dado. Cesa la discusión; ya hay acuerdo entre ellos. Y este

acuerdo se ha logrado no por la vía dialéctica sino por la de la experiencia.

33 kai\ a)nasta/ntej au)tv= tv= w(/r# u(pe/streyan ei)j )Ierousalh/m, kai\ eu(=ron h)qroisme/nouj tou\j e(/ndeka kai\ tou\j su\n au)toi=j,

Y levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén; encontraron reunidos a los Once con sus

compañeros,

La acción de levantarse no se refiere a la postura a la mesa sino a su postura ante el Mesías. Estaban postrados por culpa de la ideología nacionalista que les impedía alegrarse con el triunfo de la vida; por eso andaban cariacontecidos y decepcionados, con las esperanzas frustradas. Reaccionan levantándose al momento(literalmente: en aquella misma hora) y regresan a la ciudad de la que habían salido decepcionados para reunirse con los Once y sus compañeros. El uso del verbo u(postre/fw (regresar/volver/abandonar) indica que algo decisivo ha ocurri- do en sus vidas, pero el uso de )Ierousalh/m (designación teológica de la ciudad) en vez de )Ieroso/luma (designación neutra, sin connotación teológica) indica que la institución continúa ejerciendo su influencia sobre el grupo de “los Once con sus compañeros”.

34 le/gontaj o(/ti o)/ntwj h)ge/rqh o( ku/rioj kai\ w)/fqh Si/mwni.

que

decían: Realmente ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón.

Tras el acuerdo en la experiencia, viene la reunión de todos los discípulos en la confesión de

una misma fe: Realmente ha resucitado el Señor. Ha sido un largo trayecto, desde el testimonio

de los dos varones con vestiduras refulgentes (cf. Lc 24, 4: Moisés y Elías: la Ley y los Profetas),

pasando por el de las mujeres, (cf. Lc 24,9), inicialmente rechazado (cf. Lc 24,11) y por la aporía de la extrañeza de Pedro (cf. Lc 24,12), hasta este momento, en que “el Señor se ha aparecido a Simón. Obsérvese que se lo designa con el nombre de Simón, no con el de Pedro, el cual connota siempre su obstinación. Algo decisivo ha acontecido en sus vidas.

8 La experiencia «estar en ascuas» traduce la expresión “nuestro corazón ardía”, la cual indica una tensión interior que, finalmente, se resuelve al hablar. Cf. Sl 39/38,4: “Guardé silencio resignado, me contuve inútilmente, mi herida empeoró, el corazón me ardía por dentro: pensándolo me requemaba, hasta que solté la lengua”.

DOMINGO DE PASCUA. MISA VESPERTINA. CICLOS A, B y C

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Y ellos contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el

pan.

Nuevamente se recalca la noticia de que Jesús se manifiesta en el caminoy se reconoce en

el hecho de partir el pan. No se hace mención de la interpretación de las Escrituras.

Esto significa que la experiencia del resucitado es consecuencia de seguir el mismo camino que él recorrió de Galilea a Jerusalén anunciando el Reino de Dios con hechos y palabras, con la disposición de dar la vida para que ese Reino sea una realidad 9 . Se trata del «camino del Señor» (cf. Lc 1,76; 3,4), que es “un camino de paz” (Lc 1,79). Jesús emprendió ese camino a causa de la

resistencia de sus discípulos al mensaje, resistencia debida al influjo pernicioso que la institución ejercía sobre ellos; por eso él decidió enfrentarse con ésta (cf. Lc 9,51). Ante el fracaso de la mi- sión a cargo de los Doce, constituyó el grupo de los Setenta, quienes sí reportaron éxito, y por eso

él se alegró y declaró dichosos a los Doce por ser testigos de dicho éxito (cf. Lc 9,57 10,1-24).

Ahora están en condiciones de ratificar que el camino del Señor es exitoso (es decir, conduce al éxito/éxodo). Esto significa que no hay otra manera de entrar en contacto verdadero con el resucitado. Hay que aceptar su mensaje y renunciar a los falsos ideales mesiánicos (los propuestos por el diablo

en las tentaciones) 10 , renegar de sí mismo (renunciando a las ambiciones egoístas) 11 y cargar cada

día con la propia cruz (aceptar el rechazo de la sociedad injusta) para seguirlo a él. El texto con el cual se habla de la experiencia que reportan los discípulos no indica ni insinúa que lo hubieran reconocido en el momento o por el modo de partir el pan, sino por el hecho mis- mo de hacerlo. El gesto de partir el pan es símbolo de la propia voluntad de entrega, de la dispo- sición a darse, a dedicar la propia vida a darles vida a los demás. Este don de sí mismo está signi- ficado permanentemente en la eucaristía.

9 Cf. Lc 9,51 19,46. En esta sección, que abarca el viaje de Jesús a Jerusalén, de las 21 veces que Lc usa el término o(do/j (camino) sale 9 veces, así como aparece 9 veces desde el comienzo de la narración hasta Lc 9,51; después sólo aparece 3 veces más.

10 Recuérdese que el diablo manipula la religión para proponer su propia respuesta a los anhelos de vida, convivencia y supervivencia que tiene todo ser humano (cf. Lc 4,1-12).

11 Estas ambiciones aparecen en el Evangelio como ambición de poder, codicia de dinero y ansia de prestigio/rango.