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DE ROGERS A GENDLIN

La psicoterapia experiencial nace en el contexto de la “Psicoterapia centrada en el cliente” y es considerada por autores como Hart (1970) y Gondra (1981) la tercera o última fase de la teoría de esta terapia. Eugene Gendlin comenzó a trabajar con Rogers cuando se encontraba terminando su doctorado en filosofía. Carls Rogers lo admitió en su “Pracicum” en la universidad de Chicago pensando que un filósofo podía aportar

algo distinto, como efectivamente resultó. Gendlin, a su vez, observó que Rogers estaba

y además que los rogerianos, contrariamente a los psicoanalistas, no

buscando…

imponían interpretaciones, por ello aceptó ser formado en esta línea empezando, de este modo, a reformular la teoría rogeriana y concretar cada vez más su propio método.

Su formación en el pensamiento existencialista y metodología fenomenológica, las investigaciones realizadas tanto con pacientes esquizofrénicos como con pacientes exitosos, así como los esfuerzos por superar las dificultades prácticas y teóricas de los postulados de Rogers, fueron a la vez la inspiración y el motor que dio origen a su teoría, formulada por primera vez en 1955, junto con Zimring en el artículo “The qualities of experiencing and their change” 1

Para una mejor comprensión de las bases y planteamientos de las ideas de Gendlin, y dado que esta teoría se gesta en el contexto de la evolución y superación de los problemas tanto técnicos como teóricos de la línea de terapia iniciada por Rogers, parece de interés revisar las etapas que se fueron dando, ya que éstas reflejan tanto las dificultades con que se enfrentaron, como las reformulaciones que se fueron dando en la superación de las mismas.

Autores como Hart y Tomlinson (1970) sitúan el comienzo de la Psicoterapia centrada en el cliente en el año 1940. Es en este año cuando Carls Rogers asumió una cátedra de psicología clínica en la universidad de Ohio, después de 12 años de trabajo como director de una clínica psicopedagógica en Rochester, lejano de las influencias terapéuticas en boga como el psicoanálisis, y en donde fue generando una forma de hacer terapia que claramente difería de los principios de otras corrientes de tratamiento. Esta primera etapa abarca hasta el año 1950 y fue conocida con el nombre de psicoterapia no directiva.

Según José María Gondra (1984), el punto de partida de las ideas de Rogers se gesta en el trabajo que realiza en el Instituto de Orientación Infantil (1927-1939), en donde se pone en contacto con los postulados de la Terapia de la Relación de Otto Rank cuyas ideas básicas 2 despiertan claramente sus simpatías y, que según sus palabras, “no acepté totalmente hasta que abandone Rochester” (Rogers, 1969, pag. 517). Si bien sus

1 Las cualidades del experiencing y sus cambios 2 Las características de la terapia d e la relación son: 1) su carácter voluntario y libre; 2) su insistencia en la influencia curativa de loa relación interpersonal; 3) la vinculación emocional controlada entre paciente y terapeuta; 4) la tarea del terapeuta es por tanto la creación de una atmósfera de libertad; 5) los efectos consisten en la clarificación de los propios sentimientos y pensamientos y en la aceptación plena de sí mismo; 6) confianza en el cliente; 7) es una terapia pasiva en el sentido que considera que la situación terapéutica de por si constituye un aprendizaje enseñando a vivir en relación; 9) su objetivo es la integración o ajuste psicológico que le permita resolver sus problemas.

intuiciones concordaban fuertemente con los planteamientos de Rank, las dificultades derivaron principalmente del anti-cientifismo de la terapia de la relación que chocaba claramente con la formación científica y empiricista del Teachers College donde estudio su carrera de psicología, así como de su formación experimentalista desarrollada desde temprana edad a partir de su interés por la biología y la agronomía. Como consecuencia, la reacción de Rogers contra “el Misticismo” de la terapia Rankiana va a consistir en el intento de analizar científicamente el proceso de terapia y en la creación de unas técnicas que permitieran acomodar la acción terapéutica a las ideas Rankianas (Gondra,

1984)

Es desde estas ideas que en el año 1940 escribe un artículo sobre “Los procesos de la psicoterapia” en el que aporta un modelo teórico para entender estos procesos, basado en el paradigma del “si- entonces”. El modelo plantea que se ponen ciertas condiciones previas y concretas, a partir de las cuales se desarrollará un proceso de eventos universal, mensurable, descriptible y capaz de verificación empírica. Junto a este empeño teórico, Rogers muestra una gran preocupación por las técnicas de la terapia como una forma de afirmar su carácter científico. Esta atención a la técnica estudiada a través de la escucha de grabaciones magnetofónicas de terapia le permitió dar expresión científica al principio de no interferencia Rankiano. De este modo, su terapia nace de estos tres elementos: un punto de vista nuevo tomado de la terapia de la relación, un empeño por hacer el análisis científico de la terapia y una polarización en el campo de las técnicas. De ahí que la terapia “no directiva” consistió fundamentalmente en un punto de vista de abstención y no interferencia y unas técnicas que sirven para instrumentalizarlo.

El objetivo general de esta terapia se concreta en 4 características: 1) el impulso al crecimiento; 2) el énfasis en lo afectivo más que en lo intelectual; 3) importancia del presente; 4) la relación terapéutica como experiencia de crecimiento

Esta primera etapa que abarca hasta el año 1950 fue conocida con el nombre de psicoterapia no directiva. La diferencia básica con las corrientes de la época radicaba en una postura nueva acerca de quién debía llevar la responsabilidad de la terapia. En efecto, las corrientes dominantes de esta época (psicoanálisis y conductismo) la hacían recaer en el terapeuta mientras que para Rogers y los suyos era el cliente quien debía dirigir su propia terapia. Fue así, que las diferencias se centraron en torno a: 1) la dirección en la elección de objetivos, que asumían debía recaer en el cliente; 2) en la defensa del derecho del individuo a su integridad e independencia psicológica, frente a la insistencia del valor de la conformidad social y el derecho a que el más capaz dirigiera al menos capaz; 3) y en que la atención pasa del síntoma a la persona.

De este modo, Rogers mantenía que la relación terapéutica debía tener las siguientes características:

1) Propiciar una relación emocional entre cliente y terapeuta, lo que requería de actitudes que propiciaran una relación profunda si bien con límites controlados por el terapeuta. En este punto hay que notar que Rogers está aún bastante influenciado por la imagen del terapeuta pantalla del psicoanálisis. 2) Debía de ser permisiva en lo que respecta a la expresión de sentimientos, es decir aceptadora y no crítica 3) Es estructurada y con límites. Con respecto al cliente se limitan las conductas destructivas y los deseos de prolongar las sesiones más tiempo del pactado, y

con respecto al terapeuta se limita no sólo sus afectos sino su actividad, de hecho la acción del terapeuta de esta etapa esta más centrada en que no se puede hacer que en como si intervenir 4) Debe ser libre de todo tipo de presión o de coacción. Es decir, el terapeuta debe abstenerse de sus deseos, de modo que el consejo, la sugestión o cualquier presión hacia un curso de acción está fuera de lugar.

Como fases de la terapia se señalan, un objetivo inicial de desahogo emocional o catarsis, un segundo momento de desarrollo del insight que propicie una nueva percepción de sí mismo, y un tercer momento de acciones positivas consecuencia del insight. Rogers cree que el proceso terapéutico debe tener implicaciones prácticas inmediatas. Se esperan acciones autoiniciadas orientadas al crecimiento y a la independencia, y en esto se va a reflejar la autenticidad del insight logrado.

Como se indicó en esta etapa Rogers puso un énfasis en las técnicas si bien su esfuerzo no estuvo en la conceptualización de las mismas sino en entregar una serie de normas prácticas, a la vez que señala las principales actividades que debía realizar el terapeuta. Las actividades señaladas son: 1) seleccionar a los clientes sin recurrir a los diagnósticos ni a las historias clínicas habituales; 2) propiciar una relación acorde a las características antes señaladas; 3) proporcionar las condiciones de insight que deben tener la condición de ser espontáneos. Para ello señala que deben suprimirse las preguntas directas que pueden elevar las defensas, asimismo deben suprimirse las evaluaciones o juicios sean estos positivos o negativos ya que considera que ambos bloquean. Tan poco hay cabida para los consejos o sugerencias que van en contra de los principios de esta terapia y coartan. Por último la interpretación ha de ser evitada en especial si es precipitada.

Las técnicas aprobadas y sugeridas son la reiteración, o repetición de ciertos aspectos verbalizados por el cliente, y la clarificación que es una especie de interpretación lógica y fundada exclusivamente en material aportado por el cliente. La clarificación consiste en aclarar, esclarecer o elucidar el sentido de las expresiones del cliente, para ello el terapeuta expone con brevedad y claridad las actitudes que subyacen detrás de lo expresado por el cliente. En 1944 está técnica empieza a declinar al ir introduciéndose el reflejo de sentimiento que caracterizará como forma de intervención de la siguiente etapa.

Esta forma de trabajo topó con problemas como la imposibilidad de la no dirección. En efecto, si se analizan las actividades y técnicas que se proponen se puede apreciar que

En este sentido, se dirige la entrevista hacia el

núcleo conflictivo sentimental descentrándose de los contenidos de los problemas del cliente para llevarlo hacia los sentimientos (Gondra, 1987), al respecto Rogers reconocerá que las técnicas propuestas dirigían sutilmente al cliente. Por otra parte, la gran cantidad de prohibiciones que implicaba el actuar de los terapeutas les significaba una contradicción interna ya que no sabían como no ser directivos (Reyes, 1987). Es así, que Gondra (1987, pag. 87) opina que “la insistencia en el control técnico tiene como consecuencia una minusvaloración de los aspectos más personales y afectivos de la relación terapéutica”, más adelante añade “la reducción de la terapia al manejo de unas técnicas concretas lleva consigo el peligro de esconder la persona del terapeuta detrás de la fachada de un rol o función social”. Asimismo, comienza una crítica al empleo de la clarificación por su excesivo intelectualismo y por generar dependencia no

siguen una dirección determinada

ayudando al crecimiento Por último, es obvio que esta psicoterapia no era apta para clientes con dificultades para hablar de sí mismos, lo que no parece una razón para excluirlos. Todas estas dificultades junto con el avance de las experiencias clínicas y de la investigación dieron lugar a la segunda etapa.

Hart (1970) sitúa la etapa centrada en el cliente entre los años 1950 y 1957, si bien Gondra (1987) señala que ya entre los años 1944 y 1946 empiezan a producirse transformaciones importantes que se aprecian en su artículo “Aspectos fundamentales de la psicoterapia centrada en el cliente” (1946), en donde pasa a poner el peso del proceso en la capacidad del cliente y no en las técnicas, asimismo concibe la acción del terapeuta como una reacción esencialmente empática. Se depuran las técnicas para evitar que estas sutilmente dirijan la terapia y se enfatiza el uso del reflejo de sentimiento que se amolda muy bien a la teoría y práctica de la terapia. Además se insiste cada vez más en las actitudes profundas por sobre las técnicas, de este modo empieza a insinuarse una concepción más humanista centrada el diálogo empático. De este modo cuando en 1950 Rogers (1950, 2, pag. 449) trata de enumerar los cambios más notables de su psicoterapia , afirma que una de las tendencias nuevas es ”acentuar la orientación actitudinal del terapeuta en lugar de la técnica”. Es así, que la terapia centrada en el cliente acentúa mucho más que la no directiva el aspecto personal de la interacción humana entre cliente y terapeuta, de modo que este último tenía que comunicar a su cliente sus propias actitudes de respeto y confianza, lo que supone un tipo de relación mucho más profundo que el técnico.

Otro aspecto que marcó la transición derivó de los esfuerzos por describir el proceso de terapia. Como se señaló el insight 3 era una de las fases del proceso terapéutico, siendo esencial en la formulación de su incipiente teoría de la terapia. Esta concepción del proceso fundado sobre el insight verbal, va a dejar el paso a otra teoría de proceso fundada en el concepto del “sí mismo” que marca una clara mirada fenomenológica. Con respecto a este cambio, conviene recordar que la terapia no directiva nació en la práctica terapéutica con muy poco aprecio por las ideologías o teorías no afincadas solidamente en la realidad. De este modo la atención se centraba en torno al cambio perceptual que el concepto de insight ponía de relieve, a la vez que tenía muchas reticencias con conceptos como el sí mismo al que consideraba “un término vago, científicamente carente de sentido que, con la desaparición del introspeccionismo había sido suprimido del vocabulario psicológico” (Rogers,1959 -1 pag. 200). Sin embargo, las frecuentes alusiones de los clientes a este “sí mismo”y sus deseos de ser su verdadero sí mismo, hacen que Rogers (1952) en su libro Consejo y Psicoterapia se encuentre ya preocupado por este conjunto de percepciones.

Surge así la necesidad de investigar sobre este punto y Raimy (1943) dedica su tesis doctoral al concepto de “sí mismo”, logrando mejorar la operacionalización del mismo, ya intentada por Rogers. Además confirma observaciones clínicas en torno a los cambios en la percepción del sí mismo que los clientes reportan como parte del proceso de terapia, así como la conexión entre este concepto y la conducta. “Cuando se dan cambios en la percepción de sí mismo y en la percepción de la realidad, se dan cambios

3 Nuevo modo de percibir que incluye. a) aceptación de los impulsos y actitudes propias, incluidas las reprimidas; b) comprensión de la propia conducta, y percepción de nuevas relaciones; c) nueva percepción de la realidad fundada en esta nueva aceptación y comprensión de uno mismo; d) planificación de adaptaciones a la realidad más satisfactorias.

en la conducta” (Rogers, 1947 pag. 359). La frecuencia y universalidad de este fenómeno hace que Rogers (1947 pag.361) proponga la hipótesis de que “dadas ciertas condiciones psicológicas, el individuo tiene capacidad para reorganizar su campo perceptual, incluido el modo de percibirse a sí mismo, y que, como concomitante o resultado de esta reorganización perceptu al, se da el cambio adecuado de la conducta”.

Como resultado de todos estos esfuerzos de teorización, se consolidan tanto la teoría de terapia, como la de la personalidad. Con respecto a la teoría de la terapia, cabe mencionar por su importancia dos publicaciones, la primera en 1957 cuando enuncia las condiciones necesarias y suficiente para el cambio terapéutico y la segunda en 1959 en el capítulo acerca de la teoría de la terapia publicada por Koch en su libro Psychology, a Study of a Science.g 4 Mientras que la teoría de la personalidad se presenta por primera vez en el último capítulo del libro Psicoterapia centrada en el cliente (Rogers, 1951), existiendo una segunda versión más sintética en el mencionado libro de Koch.

La teoría de la terapia Rogeriana está construida desde el modelo “si – entonces” y tiene tres apartados: las condiciones previas, el proceso, y los cambios operados. Con respecto a las condiciones plantea: 1) que dos personas estén en contacto; 2) que el cliente se halle en estado de incongruencia, vulnerable o con angustia; 3) que el terapeuta sea congruente en la relación; 4) que el terapeuta experimente una aceptación positiva e incondicional hacia el cliente; 5) que el terapeuta experimente una comprensión empática y trate de comunicarla; 6) que la comunicación de éstas 2 últimas condiciones sea lograda al menos en un grado mínimo. Asimismo, Rogers (1957) define la congruencia como la accesibilidad a la conciencia de todos los sentimientos del terapeuta. La aceptación implica una ausencia total de evaluación, carencia de condiciones de aceptación, así como un interés positivo hacia el cliente. Por último la comprensión empática es la disposición y capacidad de percibir el marco de referencia interno del cliente, tal como éste lo percibe. Además exige del terapeuta comunicarle tal comprensión. (Rogers, 1959)

Con respecto al proceso se centra en explicar como el sí mismo se desorganiza al descubrir inconsistencias y como con la terapia se reorganiza de una forma más realista al incluir experiencias antes negadas. Se avanza desde la rigidez a la flexibilidad. Por último, los cambios se dan en los materiales verbales, en las actitudes hacia uno mismo, en las percepciones, en la conciencia de las experiencias, en el proceso de evaluación, en la estructura y organización de la personalidad y en la conducta. Con respecto a este punto, es de destacar su intento de confección de una escala de proceso para tener un instrumento que evaluara el cambio y que su hipótesis del proceso de terapia no sólo fuera teórica sino también práctica y pa ra ello propone, junto con Rablen, (Rogers y Rablen, 1959) una escala de proceso provisional

La teoría de personalidad, por su parte, sobresale por su simplicidad y la apoya en la empiria y en la observación del fenómeno. Descansa sobre dos grandes líneas teóricas la femenología y la teorías organicistas de la personalidad. Como conceptos fenomenológicos destacan: el sí mismo, el marco de referencia interno, el campo perceptual, y el inconsciente. Por su parte los conceptos organísmicos que utiliza son:

organismo humano como totalidad organizada, la tendencia actualizante, el sistema regulador o valoración organísmica.

4 Psicología un estudio de una ciencia

El concepto de sí mismo lo definió como “el conjunto de percepciones o imágenes relativas a nosotros mismos” (Rogers 1950, pag, 379). Como características principales están el ser consciente, el ser una gestalt o configuración organizada y el contener principalmente las percepciones de uno mismo, así como los valores e ideales. El marco de referencia alude a la percepción que cada persona tiene de su propia experiencia, es decir, a nuestro mundo fenoménico individual. Con respecto al campo fenoménico Rogers (1951) afirma que todo individuo vive en un mundo continuamente cambiante de experiencias, de las cuales es el centro. De forma que el campo fenoménico es un campo de interacciones dinámicas que se compone de todo lo experimentado por el organismo, ya sea que estas experiencias sean percibidas conscientemente o no. (Rogers 1951). Los elementos constitutivos de este campo son las experiencias procedentes de los órganos de los sentidos o de las vísceras internas y es accesible potencialmente a la conciencia. De esta forma lo no simbolizado es lo inconsciente apartándose claramente del modo de concebirlo de Freud.

En forma muy sintética esta teoría señala que el ser humano cuenta con un organismo que reacciona como totalidad organizada ante su campo fenoménico. Además cuenta con un sistema impulsor que es la tendencia actualizante la cual tiene una tendencia básica y un impulso a actualizar, mantener y desarrollar el organismo, es decir, dos son los aspectos fundamentales: la tendencia a conservar la organización y la tendencia al crecimiento y la expansión. Esta tendencia se expresa también en aquella porción de la experiencia simbolizada en el sí mismo. Para el buen funcionamiento de esta tendencia se cuenta con un proceso de evaluación organísmica que valora la experiencia conforme al criterio de la tendencia actualizante.

El desajuste de la personalidad se produce debido a que la valoración organísmica va cediendo a favor de una valoración condicionada al amor y valor de “los otros significativos”. En este proceso, se va desarrollando un sí mismo ideal que puede estar más o menos lejano al sí mismo real. En la medida que la distancia es mayor, mayor es el desajuste. Existiría una reacción orgánica que recibe el nombre de subcepción por la cual el organismo advierte de un posible peligro para el sí mismo ideal, cuando esto sucede, la percepción se rigidiza y se niega o distorsiona la información amenazante. El derrumbe psicológico llega o bien por una suerte de cronificación de la subcepción, o frente a eventos invasivos que no permiten a las defensas actuar adecuadamente.

Más allá de los dos grandes aportes que las teorías de la personalidad y la terapia representan, esta etapa ha sido también fuertemente conocida por el uso del reflejo de sentimiento como técnica central, destacando la empatía de entre las condiciones planteadas. Se produjo un desplazamiento del énfasis en las técnicas hacia una mirada mucho más fenomenológica existencial, considerando la terapia un encuentro interpersonal en el que el terapeuta tiene mucha más libertad personal que en la etapa anterior.

A su vez, en esta etapa hubo un fuerte incremento de la investigación que permitió perfilar y poner a prueba las condiciones y la eficacia de esta terapia. Ahora bien, también es en esta etapa que se coloca en una posición antitética al conductismo y a toda concepción de la ciencia positivista y empirista, oponiéndose a la psicología experimental únicamente de laboratorio. Para Rogers (1961) la ciencia comienza en la observación de la naturaleza, considerando que hacer ciencia es mirar sin prejuicio los

hechos, el fenómeno, y tratar de descubrir el orden subyacente al mismo. Es decir, destaca la descripción por sobre la explicación causal, enfatizando la comprensión del fenómeno en estudio sin violentarlo para adaptarlo a las necesidades clínicas, dogmas o principios derivados de otros campos de la ciencia. Según Gondra (1984) en el fondo este modo de proceder no es otro que el de la fenomenología, acercándose su concepción de ciencia mucho más a la tradición fenomenológica europea y alejándose de la tendencia más experimentalista norteamericana.

En esta etapa Gendlin ya trabajaba como parte del equipo de Rogers, es así que participó muy comprometidamente en dos grandes investigaciones que resultaron decisorias en el giro que fue tomando la terapia y en la consolidación de su pensamiento acerca de la terapia y la posibilidad de cambio de la personalidad.

La primera de estas investigaciones se llevó a cabo con esquizofrénicos y presentó sus resultados en el año 1967. Estas investigaciones representaban un fuerte desafío para la terapia por la especial idiosincrasia de estos pacientes. Estos resultados no difirieron mucho del grupo control, entre las razones para ello destaca la falta de motivación para la terapia y los contrasta con los obtenidos con pacientes no psicóticos no motivados (Rogers, 1962-2). Lo principal de esta experiencia fue que puso de relieve el valor terapéutico de la autenticidad al punto que Rogers (1962-1, pag 58) dice que “creo que el elemento más importante es la autenticidad del terapeuta en la relación. Cuando el terapeuta es natural y espontaneo es cuando se es más eficaz”. Asimismo se produce una radicalización de la postura existencial y va a permitir a Gendlin comprender que la psicosis es la perdida de contacto con el rico flujo de la experiencia personal. La psicosis supondría un estrechamiento radical de este flujo.

Asimismo Gendlin investigó junto al grupo de Rogers, los procesos de terapia de pacientes normales y exitosos. Después de escuchar cientos de horas de terapia se dieron cuenta que ya en la primera sesión lograban predecir con un nivel de certeza altísimo quienes iban a tener éxito. Además comprobaron que no tenía que ver con el tipo de terapia, tampoco con el terapeuta, sino más bien con cierta forma de hablar del cliente cuando éste se refería a sí mismo y a su problemas. Captaron que los clientes a quienes predecían éxito al hablar de sus problemas con especificidad y comunicando la implicación personal que éste tenía, expresaban sus sentimientos no sólo pasados sino también los que se iban produciendo al hablar con el terapeuta. Era un discurso lento, íntimo, parecía que iban descubriendo detalles nuevos y tendían a relacionarlos con otros aspectos de su vida. En el polo opuesto el contenido se trataba de modo impersonal, abstracto, general y superficial. Es un discurso más rápido y que parece bastante conocido, incluso repetitivo. La profundización de estas diferencias les hace comprender que responde al modo en que la persona se acerca a sí mismo. A partir de esto su gran esfuerzo consistió en comprender a qué fuente interior recurrían estos clientes exitosos para así poder facilitar a los otros pacientes menos hábiles este tipo de contacto. Estos hallazgos fueron también claves en el establecimiento de su teoría del “experiencing”.

Estas investigaciones y los problemas o debilidades que se fueron advirtiendo en relación a los esfuerzos teóricos realizados fueron dando paso a la tercera etapa conocida como etapa experiencial y cuyo comienzo Hart (1970) lo sitúa en el año 1957. Los cambios apuntan al hecho que el terapeuta ya cuenta con un amplio rango de

conductas para expresar sus actitudes y que el centro de atención es el experienciar del cliente. Este concepto experienciar fue utilizado por primera vez en 1955 por Gendlin y Zimring, aludiendo a un proceso subjetivo de referencia interna que va a ser el concepto central de su teoría.

De este modo el concepto de experiencing afecta a la teoría de la terapia Rogeriana y su importancia es recogida explícitamente por Rogers (1980)en su artículo Significant Trends in the client-centered orientation. Más específicamente reconoce su valor para reconceptualizar el concepto de congruencia el cual presentaba hasta ahora problemas teóricos importantes dado que no podía concebirse sin salir de la fenomenología una congruencia entre el sí mismo y la experiencia que por definición no era consciente y por tanto inaccesible a la fenomenología. En este sentido en el mencionado artículo señala que Gendlin ha usado este constructo para dar una definición más profunda de la congruencia y añade que la congruencia no es una conciencia de todas las experiencia como un ciempiés que se hace autoconsciente de todas sus patas, sino que se trata de la conciencia de su propio experiencing que contiene implícitamente todas las experiencias del individuo y por tanto es un guía digno de confianza.

Rogers también se apoya en concepto experiencig para precisar la separación entre conciencia e inconsciencia, considerando que esta teoría altera la línea de demarcación entre ambas y de este modo señala que el experiencing es un proceso de sentimientos en la conciencia, pero a esta conciencia frecuentemente le falta simbolización. Ahora bien en opinión de Gondra (1984) esta reformulación de la inconsciencia no parece haberla llevado hasta sus últimas consecuencias ya que no toma en cuenta las críticas hechas por Gendlin al concepto de subcepción 5 . En términos generales este autor considera que Rogers parece no haber calado en lo profundo el pensamiento existencial de Gendlin y a pesar de que usa el término experiencing profusamente, no hace reformulaciones sustanciales a su teoría de la personalidad. Sin embargo su pensamiento se hace más dinámico y menos objetivo que en la etapa precedente, de este modo el concepto de sí mismo se formula de un modo más existencial pasando de ser entendido como objeto del campo perceptual de la persona, a ser la conciencia subjetiva y refleja del experiencing. Es decir, Rogers pasa de hablar sobre el como algo percibido a “algo sentido confiadamente como en proceso” (Rogers, 1958 pag. 89)

Estas modificaciones teóricas de corte existencial, le sirven para explicar su última reformulación del proceso terapéutico el cual es concebido como un proceso de experienciarse plenamente a sí mismo y como un progresivo acercamiento a la experiencia límite de uno mismo, así como para entender de un modo existencial la relación terapéutica. Sin embargo en opinión de Gondra (1984)no cuestiona a fondo toda la teoría anterior, manteniendo su independencia aceptando sólo aquellas proposiciones teóricas que coinciden con sus propias ideas. Por otra parte sus intereses en esta última época empiezan a marchar por otros derroteros adentrándose más en otros campos como el de la filosofía, y así abandona Winsconsin en 1963, y el grupo de terapeitas cemtrados en el cliente queda prácticamente disuelto e integrado en la psicoterapia existencial. En síntesis, la llegada de Gendlin al equipo de Rogers, supuso una reflexión existencial a los planteamientos de la terapia y de la personalidad criticando fuertemente algunos

5 Gendlin (1962) critica este mecanismo porque supone la existencia de unas funciones cognitivas previas a la conciencia, las cuales serían como un duplicado de la misma, Suscita el problema del conocimiento inconsciente que antecede y duplica al consciente,

puntos de ambas teorías. No obstante, como se señaló, la crítica más fuerte la hace con respecto a la teoría de la personalidad, su concepto de congruencia, al mecanismo de la subcepción, así como al énfasis que desarrolla en entender como las personas no cambian y no tanto en cómo se produce el cambio. Adjudica este problema, a lo que llama paradigma de la represión y paradigma del contenido 6 , es decir a supuestos que no se ponen en cuestionamiento. Con respecto a la teoría de la terapia cuestiona la suficiencia y necesidad de las condiciones básicas rogerianas, dando sin embargo más importancia al diálogo terapéutico. Específicamente, no acepta la hipótesis de que la mera percepción de las actitudes terapéuticas es condición necesaria y suficiente para la terapia, considerando que lo que origina el cambio no son estas percepciones sino el tipo de proceso que está ocurriendo (Gendlin 1970) .

Ahora bien, rescata y enfatiza la Terapia centrada en el cliente como la línea base “sine qua non” ya que la base del trabajo experiencial va a ser “estar en contacto con el cliente, dónde está en cada momento”. Se requiere que el terapeuta este en contacto con lo que está pasando dentro del cliente. (Gendlin, 1980). Destaca asimismo la importancia del reflejo de sentimiento, comentando que incluso los terapeutas centrados en la persona no han logrado captar su importancia (Gendlin, 1974)

Desde estas reformulaciones y con el apoyo de su fuerte formación fenomenológica existencial, Gendlin va a desarrollar una nueva teoría con independencia de la escuela Rogeriana en la que se formó como terapeuta, iniciándose así la psicoterapia experiencial (o existencial) propiamente tal.

.

6 Por contenido entiende una entidad definida, sean experiencias, factores, necesidades, impulsos, valores, rasgos, fijaciones…., o como quiera llamárseles (Gendlin 1964)

Referencias

Rogers, C. (1947) Some observations on the organization of personality. American Psychologist, 2 pags. 358-368

Rogers, C. (1950) Significance of the self-regarding attitudes and perceptions en M. J. Reymert (ed) Feelings and Emotions ,Mc Graw-Hill. New York

Rogers, C.(1951) Client-Centered Therapy: its current practice, implications and theory, Houghton Mifflin. Boston Rogerts, C. (1952) A personal formulation of client-centered therapy Marriage and family living 14, pags. 341-361

Rogers, C. (1957) The necessary and sufficient conditions of therapeutic personality change. J. Consult. Psychol, 21, pag. 95 - 103

Rogers, C. (1959 ) A theory of therapy, personality and interpersonal relationships as developed in the client-centered fragmenwork, en S. Koch (ed) Psychology, a Study of a Science, vol 3, Mc Graw Hill, NewYork.

Rogers, C. (1961) Two divergent trends, en R. May (Ed) Existential Psychology. Randon Hoese. New York

Rogers, C. (1962-1) A study of psychotherapeutic change in schizophrenics and normals: the desing and instrumentacion. Psychiatric Research Reports, Amer. Psychiatric Assn, 15, pag.51-60

Rogers, C. (1962-2) Some learnings from a study of psychoterapy with schizopphrenics, Pensylvania Psychiatric Quaterly, 2 (3)pag. 3 - 15