Sei sulla pagina 1di 41
PRODUCCIÓN ESPECIAL :"Día del Veterano y de los Caídos en la guerra de Malvinas". Colonia

PRODUCCIÓN ESPECIAL:"Día del Veterano y de los Caídos

en la guerra de Malvinas".

Colonia

y de los Caídos en la guerra de Malvinas". Colonia Desde el siglo XVI, se sucedieron

Desde el siglo XVI, se sucedieron expediciones navales españolas, francesas, inglesas y holandesas por el Atlántico sur. Sus diarios de viaje dieron cuenta del avistaje de unas islas que, tal vez, pudieron ser las Malvinas. Seguramente, porque los elementos de navegación eran precarios, no era posible una determinación absoluta de la posición de las islas. Lo cierto es que en la cartografía española, un grupo de islas, frente a la costa patagónica –que no pueden ser otras que las islas Malvinas-, aparecen dibujadas mucho antes que en las cartas inglesas.

aparecen dibujadas mucho antes que en las cartas inglesas. En los mapas de Pedro Reinel (1522-

En los mapas de Pedro Reinel (1522- 1523) y de Diego Rivero (1526-1527 y 1529), es donde se las puede encontrar por primera vez, lo que lleva a sostener que las islas Malvinas fueron avistadas por tripulantes de la expedición de Fernando de Magallanes en 1520, cuando buscaban un paso interoceánico. Esteban Gómez desertó de esa expedición al mando de la nave San Antón, y les dio a las islas el nombre de la nave, por eso en el mapa de Rivero aparecen con el nombre de Islas de Sansón.

Durante la segunda expedición inglesa de Cavendish por el Atlántico sur, uno de los tripulantes, John Davis, divisó las islas en 1592, pero no hubo desembarco y la localización era imprecisa. En 1594, el corsario inglés Richard Hawkins mencionó unas islas, pero la cartografía inglesa siguió sin dar cuenta de ellas hasta el siglo XVIII; se supone que Hawkins y otros confundieron Malvinas con las llamadas islas Pepys.

Las Bulas Inter Caetera (1593) y Dudum si quidem le adjudicaban a España su dominio sobre el Nuevo Mundo. La Bula Inter Caetera del papa Alejandro VI decía:

“[

]

os donamos concedemos y asignamos perpetuamente, a vosotros y a vuestros herederos y sucesores en los

reinos de Castilla y León, todas y cada una de las islas y tierras predichas y desconocidas que hasta el momento han sido halladas por vuestros enviados y las que se encontrasen en el futuro y que en la actualidad no se encuentren bajo el dominio de ningún otro señor cristiano, junto con todos sus dominios, ciudades, fortalezas, lugares

Sebaldinas o Sebaldas.

y villas, con todos sus derechos, jurisdicciones

correspondientes y con todas sus pertenencias; y a vosotros

y a vuestros herederos y sucesores os investimos con ellas y os hacemos, constituimos y deputamos señores de las mismas con plena, libre y omnímoda potestad, autoridad y

jurisdicción. [

]”.

Las islas Malvinas se hallaban en el espacio mencionado por las Bulas y ningún reino impugnó, por entonces, esta decisión; de modo que quedaba en firme la soberanía de España sobre esos territorios.

Hacia 1600, el marino holandés Sebald de Weert se topó con tres islas pequeñas a las que dio el nombre de

El inglés John Strong, al mando de la nave Welfare, navegó en 1690 por un estrecho que llamó "Falkland Sound" en homenaje a quien había solventado su viaje. Ese estrecho era el de San Carlos. Luego, los ingleses llamaron Falkland a todo el archipiélago.

El marino francés, Luis Antonio de Bougainville, llegó a Malvinas en 1764 y fundó en la isla Soledad un pequeño asentamiento que llamó Puerto San Luis. Una exploración inglesa, a cargo del comodoro John Byron, exploró las islas y fundó en 1766 y en nombre de Jorge III, el puerto Egmont, en la Gran Malvina.

Por Real Cédula de octubre de 1766, España declaró a las Islas Malvinas como dependencias de la Capitanía General de Buenos Aires –dependiente del Virreinato del Perú- y nombró a Felipe Ruiz Puente como gobernador. Al año siguiente, las islas fueron devueltas a manos españolas por el gobierno de Francia.

Los ingleses tardaron más tiempo en desalojar Puerto Egmont. Después de reclamos diplomáticos y por medio de expediciones armadas, su majestad británica ordenó abandonar las islas y no rechazó la reserva de soberanía que España hizo sobre las Islas Malvinas. Cuando se produjeron las invasiones al Río de la Plata (1806-1807), los ingleses tampoco reclamaron derechos sobre el archipiélago.

Cuando en 1776, la monarquía borbónica ordenó la creación del virreinato del Río de la Plata, las islas quedaron bajo la órbita de la gobernación de Buenos Aires. Debido a los peligros y las amenazas de incursiones extranjeras, el rey de España determinó poner a las islas a cargo de un comandante que cumplió funciones de policía y pudiera dar seguridad y defender el territorio. El comandante quedaba sujeto a la autoridad del virrey del Río de la Plata.

Los primeros comandantes se disponen a reconstruir las pequeñas y endebles baterías que estaban muy deterioradas y también a la construcción de un cuartel, el presidio de los desterrados, el puerto, el muelle y la capilla. También se fundaron algunas estancias productoras de ganado.

Otra de las tareas fue el cuidado del abandonado Puerto Egmont y las adyacencias de las islas por donde merodeaban naves norteamericanas, inglesas, francesas matando y faenando lobos marinos. Así, la comandancia de Malvinas sólo debió ocuparse de la defensa del territorio económica y estratégicamente valioso.

A

continuación, presentamos el documento por el cual M. Bougainville restituyó las islas Malvinas a

la

corona española.

Documento de M. Bougainville

a la corona española. Documento de M. Bougainville DIPLOMACIA Siglo XIX Desde el 3 de enero

DIPLOMACIA Siglo XIX

española. Documento de M. Bougainville DIPLOMACIA Siglo XIX Desde el 3 de enero de 1833, Puerto

Desde el 3 de enero de 1833, Puerto Luis fue rebautizado por los británicos como Puerto Stanley.

A partir de ese momento, el gobierno de la provincia de Buenos Aires y luego el de la Republica

Argentina iniciaron reclamos por la pérdida territorial de las islas.

En 1833, el gobierno de Buenos Aires realizó alrededor de cinco reclamos oficiales a Gran Bretaña. Manuel Moreno, representante ante el gobierno inglés, presentó un documento que se conoce como la “Protesta” en el que se expresaban los fundamentos vertidos en el decreto del 10 de junio de 1829 cuando se nombraba a Luis Vernet como Comandante de las islas. Allí, se expresaba que las Provincias Unidas del Río de la Plata habían heredado de España los derechos territoriales sobre las islas y que Gran Bretaña no tenía ningún derecho a reclamar.

Los británicos respondieron a través del ministro Palmerston en enero de 1834 y afirmaron que los derechos de Su Majestad Británica nunca se habían extinguido porque, a pesar de haber abandonado Port Egmont, la Corona británica había dejado señales de pertenencia.

El gobierno de Buenos Aires se encargó de anunciar a los gobiernos del mundo el atropello recibido y solicitaba su solidaridad; sólo Bolivia respondió favorablemente. Algunos estudiosos criticaron a los Estados Unidos por haberse mantenido al margen de los acontecimientos y no haber puesto en marcha la Doctrina Monroe frente a la invasión británica de las islas.

Otras protestas formales se presentaron en 1838, 1841 y 1849. Incluso los gobernadores Viamonte y Rosas, en sus mensajes de apertura del período ordinario de sesiones de la legislatura bonaerense, reivindicaron los derechos de las Provincias Unidas sobre las islas.

Manuel Moreno designado por segunda vez embajador en Londres, propuso en 1838 -a instancias

de Juan Manuel de Rosas- cancelar la deuda del empréstito con la Baring Brothers tomado durante

la gobernación de Martín Rodríguez, reconociendo la ocupación británica de las islas Malvinas.

Algunos estudiosos evalúan esta actitud como una claudicación a la soberanía del país sobre esos territorios. Otros, como el historiador británico John Lynch, sostienen que se trató de una maniobra de Rosas poniendo a prueba al gobierno británico, ya que de aceptar el canje estarían reconociendo que las islas Malvinas formaban parte del territorio de las Provincias Unidas.

La respuesta del gobierno británico fue negativa, ya que consideraba que las islas que ya poseía les pertenecían. Por otra parte, la deuda a la Baring Brothers era privada y no del gobierno británico.

A pesar de la continuidad del reclamo por la vía diplomática, los problemas internos de las Provincias Unidas -que incluyeron entre 1852 y 1862 la separación de Buenos Aires del resto de la Confederación- la ocupación inglesa de las Malvinas no fue un tema que se mantuvo vigente en las discusiones públicas.

José Hernández en 1869, desde el periódico “El Río de La Plata” publicó algunas cartas enviadas por el Jefe de la Marina Nacional, Comandante Augusto Laserre y críticas propias al olvido de los gobiernos rioplatenses sobre las islas Malvinas. Hernández expresaba:

“[

]

En los tiempos contemporáneos tenemos ejemplos elocuentes de esa verdad. Austria devolviendo el Véneto a la

Italia, después de haber experimentado el fusil de aguja; Francia desprendiéndose de México ante la actitud de los Estados Unidos; España abandonando las islas del Perú , ante la explosión del sentimiento americano, son hechos recientes que confirman la saludable revolución de las ideas de moral y de justicia, que se opera en el mundo.

Gobiernos ningunos en los últimos tiempos han llevado más adelante ese respeto por la opinión universal, que los gobiernos de Estados Unidos y de Inglaterra, y son los gobiernos más fuertes del mundo. La época lejana de ilusorias conquistas pasó y los americanos y los ingleses son hoy los primeros en condenar los atentados que se consumaron en otro tiempo a la sombra de sus banderas.¿Cómo no esperar entonces que los Estados Unidos y la Inglaterra se apresuren a dar testimonio de su respeto al derecho de la Nación Argentina, reparando los perjuicios inferidos, devolviendo a su legítimo soberano el territorio usurpado?.

Entendemos que la administración del General Mitre se preocupó de esta cuestión y envió instrucciones al ministro argentino en Washington, que lo era el señor Sarmiento, para iniciar una justa reclamación por la destrucción de la colonia y el abandono a que esto dio lugar.Parece que el señor Sarmiento no reputó bastante explícitas las instrucciones, aunque apoyó resueltamente el derecho de entablar aquella reclamación. Entre tanto, deber es muy sagrado de la Nación Argentina, velar por la honra de su nombre, por la integridad de su territorio y por los intereses de los argentinos. Esos derechos no se prescriben jamás.

Y pues que la ocasión se presenta, preocupada justamente la opinión pública con la oportuna publicación de la interesante carta del señor Lasserre, llenamos el deber de iniciar las graves cuestiones que surgen de los hechos referidos. Llamamos la atención de toda la prensa argentina sobre asuntos de tan alta importancia política y económica, de los cuales volveremos a ocuparnos oportunamente”.

El Río de la Plata, noviembre de 1869, en Hernández, José, Las Islas Malvinas.Buenos Aires, Joaquín Gil Editor,

1952.

En 1889-90, se llevó a cabo en Washington la Primera Conferencia Internacional Americana, convocada por el secretario de Estado norteamericano, James Blaine. La idea que trataron de imponer los representantes estadounidenses era la de conformar una unión aduanera para las Américas, para la que proclamaban los principios de igualdad y reciprocidad entre las naciones. Las acciones intervensionistas de Estados Unidos –sobre todo en Centroamérica- ponían en el tapete que esos eran principios declamados, pero no aplicados en la práctica. En esa ocasión, los representantes argentinos, Roque Sáenz Peña y Manuel Quintana se opusieron a estas propuestas, destacando el carácter geopolítico más que económico de la conferencia ya que los estadounidenses estaban tratando de expandirse territorialmente. Al hacer uso de la palabra, Sáenz Peña citó a un senador estadounidense que afirmaba que "los estados hispanoamericanos comenzarán entregándonos las llaves de su comercio, para terminar entregando las de su política". Finalizó su intervención diciendo que al lema de la doctrina Monroe "América para los americanos" podía contraponérsele el de "América para la humanidad". De algún modo, se trataba de poner a salvo la soberanía de las repúblicas latinoamericanas.

Esa cumbre internacional finalizó con la fundación de la Unión Internacional de las Repúblicas Americanas y su secretaría permanente, la Oficina Comercial de las Repúblicas Americanas, antecesora de la Organización de los Estados Americanos y del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR). Era claro que los Estados Unidos iban avanzando para concretar su objetivo “América para los norteamericanos” y que daban a conocer su posición a otras potencias -europeas- que tenían dominios en América Latina. Pusieron en acto esta solidaridad americana cuando fue beneficiosa a sus intereses.

Durante el siglo XIX, Argentina llevó adelante una serie de reclamos ante el gobierno británico. Veamos qué planteaba Manuel Moreno durante su estadía en Londres, en 1838.

Durante los últimos veinte años del siglo XX, no se presentaron reclamos sobre las Malvinas,
Durante los últimos veinte años del siglo XX, no se presentaron reclamos sobre las Malvinas,

Durante los últimos veinte años del siglo XX, no se presentaron reclamos sobre las Malvinas, pero las islas continuaron apareciendo en los mapas oficiales incluidas al territorio argentino.

En 1908 –en Argentina gobernaba José Figueroa Alcorta- Su Majestad Británica emitió una carta patente real a través de la cual establecía que eran dominio de la Corona las islas Georgias del Sur, las Orcadas del Sur, las Shetland del Sur, las Sandwich, el territorio de la Tierra de Graham (San Martín) y la Colonia de las Islas Falkland. La carta patente fue publicada en el periódico oficial de las Malvinas que se editaba en Puerto Stanley. Cuando el gobierno argentino tomó conocimiento de ese anuncio, no presentó ninguna protesta formal.

Durante el Centenario, reinaba en la Argentina un sentimiento de optimismo y prosperidad nacional, contexto apropiado para expresar públicamente los derechos argentinos sobre las islas.

Paul Groussac, director de la Biblioteca Nacional, sostuvo que los reclamos argentinos no eran tenidos en cuenta debido a que las argumentaciones expuestas estaban carentes de solidez, que les faltaba fundamentación histórica. Por eso, se encargó de recopilar y sistematizar manuscritos y publicaciones que se hallaban guardados en la Biblioteca y publicó hacia 1910 el libro “Les Iles Malouines(Las Islas Malvinas), investigación que servirá de base a futuros reclamos.

A partir de la década del ’20, la controversia de Malvinas pasó por la cuestión de comunicaciones. Durante la presidencia de Marcelo Torcuato de Alvear, el gobierno argentino rechazó correspondencia y también obstruyó comunicaciones telefónicas y telegráficas que iban o llegaban desde las Islas Malvinas. El gobierno de las islas respondió estableciendo un servicio regular de vapores con Montevideo.

Cuando Agustín P. Justo fue presidente, la Dirección de Correos confeccionó sellos postales en los que se veían las islas Malvinas integradas al territorio nacional. El gobierno británico no protestó formalmente. Representantes de los dos Estados se entrevistaron e intercambiaron pareceres y el delegado argentino afirmó que el país no abandonaría sus reclamos.

Por la época, el senador Alfredo Palacios, retomó el trabajo de Paul Groussac y dio un alegato en el Congreso argentino, sosteniendo el derecho de la Argentina a la soberanía de las Islas Malvinas. Presidió a partir de 1939 la Junta de Recuperación de Malvinas compuesta por hombres políticos y de la cultura. Por la acción de esta Junta se confeccionaron mapas de las islas con la toponimia argentina, se editó la Marcha de las Malvinas, se impuso el nombre de las islas a muchas escuelas, calles, bibliotecas; es decir, se llevó a cabo un trabajo de instalación social de la temática.

En 1948, en el ámbito del Ministerio de Relaciones Exteriores, se creó un departamento encargado de realizar un seguimiento de los reclamos argentinos sobre las islas Malvinas.

En el contexto del proceso de descolonización iniciado por la Organización de Naciones Unidas, Gran Bretaña inscribió a las islas Falkland como territorio no autogobernado.

Hacia fines de 1950, el Congreso de la Nación Argentina declaró formalmente que las Malvinas eran una posesión argentina.

En la décima Conferencia Interamericana reunida en Caracas en 1954, los asistentes resolvieron declarar la voluntad de los pueblos de América para que sea eliminado el coloniaje en el continente.

En mayo de 1955, el gobierno Británico inició ante la Corte Internacional de Justicia un reclamo contra Argentina relativo a los derechos de soberanía sobre las dependencias de las Islas Malvinas, en especial las Georgias del Sur, Sandwich del Sur y lo que ellos denominan Territorio Antártico Británico. Solicitaba también que se instara al gobierno argentino para que cesara en sus reclamos sobre las islas.

A partir de 1964, la cuestión “Malvinas” se incluyó en el debate del Comité de

Descolonización de las Naciones Unidas. Transcurría la presidencia de Arturo Illia que se había comprometido a actualizar los reclamos de soberanía sobre las islas.

La Cancillería argentina invitó al Gobierno británico en septiembre de 1965, a iniciar negociaciones bilaterales para resolver el conflicto. El Reino Unido aceptó la propuesta, pero

se negaba a tratar el tema de la soberanía de los territorios.

En diciembre de 1965, se aprobó la Resolución N° 2065 de las Naciones Unidas a través de la cual se instó al Reino Unido de Gran Bretaña y a la República Argentina para que inicien negociaciones y den una solución a la controversia por la soberanía de las islas.

En base a esa resolución y a partir de la continuación de las negociaciones entre las partes, ambos países llegaron a un acuerdo en 1971 – la Declaración de Buenos Aires- por el cual se facilitaba la integración física de las Islas Malvinas y el territorio continental argentino para facilitar las comunicaciones, transportes, comercio, educación.

El tratamiento del tema Malvinas continuó en el ámbito de Naciones Unidas que dicto la Resolución N° 3160 en 1973, por la que se reconocían los esfuerzos realizados y se proponía a los Estados afectados la continuidad de las negociaciones.

Entre 1975 y 1976 se produjeron algunos incidentes que modificaron estas amistosas relaciones entre ambos países. Uno de los hechos conflictivos fue la decisión del gobierno británico de realizar prospecciones en las aguas de Malvinas para determinar si había petróleo. La Cancillería argentina expresó que no reconocía a los británicos ni a otro gobierno extranjero, derechos de exploración o explotación de recursos naturales. El embajador del Reino Unido en la Argentina informó al gobierno argentino que, ante cualquier ataque a las islas, el gobierno británico respondería con la fuerza militar. Estos intercambios tensaron las relaciones.

El gobierno de facto instalado en Argentina a partir del 24 de marzo de 1976, decidió continuar las negociaciones con los británicos, situación que fue correspondida por el gobierno laborista británico.

Ese año, el gobierno argentino propuso al gobierno británico un progresivo traspaso de soberanía de las islas, existiendo primero una administración conjunta que durara ocho años, para llegar luego al traspaso definitivo a manos de la República Argentina de la conducción de las Islas Malvinas. Los británicos aportaron ideas de cooperación entre el continente y la zona insular del Atlántico sur, a efectos de lograr una mejor explotación de los recursos ictícolas y de los hidrocarburos.

Entre 1977 y 1981, británicos y argentinos continuaron negociaciones sobre las islas. Los primeros poniendo el acento en la cooperación económica y, los segundos, enfatizando el tema de la soberanía. Llegado 1982, las tratativas se estancaban debido a la intransigencia de ambas partes.

Después de la Guerra

Finalizada la guerra, la actividad diplomática decreció debido a la situación interna que vivenciaban ambos países: elecciones en Gran Bretaña y también en Argentina. En este último caso, se trataba además de la restauración de la democracia luego de ocho años de dictadura cívico-militar. Entre las pocas decisiones tomadas por entonces, se encontraba el levantamiento de la sanciones financieras; la restauración del comercio con la Comunidad Económica Europea (CEE); la creación en Gran Bretaña de un departamento llamado el Falkland Island Department, que trataría exclusivamente el tema de las islas. A fines de 1982, la Asamblea General de Naciones Unidas, a través de la Resolución 37/9 instó a las partes a reanudar conversaciones.

Durante el discurso de asunción del presidente constitucional Raúl Alfonsín ante el Congreso de Nación Argentina, expresó que era un objetivo indeclinable la recuperación de las islas y la afirmación del derecho de la nación a su integridad territorial soberana incorporando los territorios insulares en manos británicas. El gobierno radical trató de colocar la cuestión de Malvinas en la discusión de diferentes foros internacionales como la Organización de Estados Americanos, el Movimiento de Países No Alineados y la Asamblea General de las Naciones Unidas. Este último

organismo alentó el acercamiento entre las partes a través de diversas resoluciones –39/6, de 1984; 40/21, de 1985; 41/40, de 1986; 42/19, de 1987; 43/25, de 1988-.

En 1986, el Reino Unido estableció en un radio de 150 millas alrededor del estrecho de San Carlos, la llamada Zona de Conservación y Administración Pesquera. Serían los malvineros quienes ejercerían el control de la pesca y extendieran licencias para la realización de esta actividad. Esta medida generó las protestas del gobierno argentino que fueron una vez desatendidas. Paralelamente, representantes de instituciones académicas y empresarios británicos y argentinos dialogaban informalmente tratando de abrir camino a la negociaciones entre ambos Estados.

Con la asunción de Carlos Menem a la presidencia argentina en 1989, se produjo un cambio en la política exterior. Se privilegiaron las vinculaciones con Estados Unidos, la Comunidad Europea y Gran Bretaña, ya que el presidente las consideraba una clave para la reinserción exitosa de Argentina en el mundo. Se llegó así a la declaración conjunta de Madrid en febrero de 1990, iniciándose un período de distensión de las relaciones entre ambos países. Se establecía que “nada que se haga o se negocie irá en contra de las posturas y derechos que cada país tenía en el momento de su establecimiento”.

Los intereses del gobierno británico en torno de las islas pasaban por la extracción de petróleo. En consecuencia, habilitaron a los kelpers a extender licencias de exploración petrolera. Argentina rechazó esta actitud y logró la conformación de un grupo de Alto Nivel para discutir la cuestión petrolera.

El Congreso Nacional sancionó la Ley 23.968 por la cual se estableció el Mar Territorial (MT), la Zona Económica Exclusiva (ZEE) y la Plataforma Continental (PC), conforme a la Convención Internacional de los Derechos del Mar. Quedaban dentro de la jurisdicción argentina las islas Sándwich del Sur, Malvinas, Georgias del Sur y sus jurisdicciones marítimas.

El grupo de Alto Nivel para la cooperación sobre petróleo continuó en conversaciones. Los isleños llamaron a licitación a mediados de 1992, para la realización de estudios sísmicos y petroleros.

En noviembre de 1993, los kelpers presentaron ante el gobierno británico una propuesta de independencia considerando las posibilidades de autosustentación que les brindaba la pesca y el petróleo. Planteaban que se incorporarían al Reino Unido como territorio asociado. El canciller argentino Di Tella, desarrolló una política de seducción de los kelpers que consistió en considerar a éstos como parte de las gestiones diplomáticas por sobre la soberanía de las islas.

Los kelpers sostenían que el petróleo era de las Falkland. Por eso, cuando en 1994 el gobierno argentino avanzó en un proyecto de exploración petrolera conjunta entre Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) y la British Gas, los isleños se opusieron y llamaron unilateralmente a licitación para la realización de esas tareas, amenazando buscar acuerdos con otros países de la zona. Argentina denunció este atropello ante las Naciones Unidas y los cancilleres de dos países continuaron conversaciones y llegaron a la firma de una declaración conjunta el 27 de septiembre de 1995. Se estableció que:

- se reafirmaba el paraguas de la soberanía,

- el acuerdo no se aplicaba a las islas Georgias y Sándwich del Sur,

- se cooperaría en la prospección y eventual explotación conjunta de hidrocarburos,

- se creaba una Comisión Conjunta de hidrocarburos para resolver la cuestión petrolera.

Por primera vez, luego de la guerra de Malvinas, un presidente argentino visitó oficialmente el Reino Unido. La visita, apuró la firma de un nuevo acuerdo. La Declaración Conjunta del 14 de julio de 1999, mantuvo la fórmula del "paraguas" diplomático sobre la soberanía de las Malvinas y se logró además, la reanudación de servicios aéreos civiles regulares directos entre Chile y las Islas Malvinas operados por Lan Chile u otra aerolínea que acordaron las partes –estos servicios incluían escalas en el territorio continental argentino-; los ciudadanos argentinos podrían visitar las Islas Malvinas y se construiría un cementerio argentino y un monumento en memoria de los argentinos caídos en la guerra.

Durante el gobierno de Fernando de la Rúa se impulsó la reanudación de las negociaciones

Durante el gobierno de Fernando de la Rúa se impulsó la reanudación de las negociaciones sobre la soberanía de las islas, en el ámbito de las Naciones Unidas donde no se trataba la cuestión desde 1989; se alejó de la política de “seducción a los kelpers”, iniciada por el canciller Di Tella, durante la presidencia de Menem. Fundaba esta decisión en los pocos o nulos resultados obtenidos a partir de esa estrategia y en considerar a las Naciones Unidas como el único foro que puede servir como instrumento de presión frente a Gran Bretaña.

En 2002, el presidente Duhalde expresó que defendería la legítima e imprescriptible soberanía argentina sobre las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y que la recuperación de las islas, llegaría de la mano del derecho internacional. En medio de la delicada crisis económica por la que atravesaba el país, la cuestión de las Malvinas no fue una de las prioridades del gobierno.

En tiempos de Néstor Kirchner, el presidente planteó que la recuperación de las islas era un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino que debía concretarse respetando los derechos de los habitantes de las islas y en el marco del derecho internacional.

La Cancillería argentina pidió la implementación inmediata de las resoluciones de Naciones Unidas y la Organización de Estados Americanos, que instan a reiniciar las negociaciones bilaterales para encontrar una solución pacífica, justa y duradera en la controversia sobre el domino de esos territorios.

El presidente argentino y el primer ministro británico, Tony Blair, se reunieron en Londres el 13 de julio de 2003 y conversaron acerca de la soberanía de las islas Malvinas o Falklands. Kirchner aprovechó la ocasión para comentar su preocupación por los permisos de pesca que el Reino Unido otorgó en las islas del Atlántico Sur.

que el Reino Unido otorgó en las islas del Atlántico Sur. En 2003, el canciller argentino

En 2003, el canciller argentino Bielsa, en su discurso ante la ONU, incorporó el tema Malvinas y descartó la posibilidad de que los habitantes de las islas tomaran parte en las negociaciones. Aclaró que el gobierno de Néstor Kirchner no se oponía a cooperar con el Reino Unido, pero siempre teniendo como eje de las conversaciones el tema de la soberanía.

Cristina Fernández de Kirchner, se pronunció a favor de recuperar, por medios pacíficos, la soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y el espacio marítimo circundante.

Se reiteraron ante los organismos internacionales, el pedido de las múltiples resoluciones que instan al Reino Unido a reanudar las negociaciones de soberanía.

Al mismo tiempo, el Gobierno argentino reafirma el respeto por el modo de vida de los isleños garantizado en la Constitución Nacional y el compromiso argentino con la consideración de sus intereses, de conformidad con las resoluciones de las Naciones Unidas. Se ha protestado por los actos unilaterales británicos en el área disputada. En tal sentido y debido a la demora de puesta en marcha de los acuerdos sobre exploración y explotación de hidrocarburos en la zona, llevó al canciller Taiana a dar por terminado los acuerdos de cooperación. El canciller expresó que esta decisión puso fin a un instrumento con el cual el Reino Unido pretendió justificar su ilegítimo y reiterado accionar unilateral explorando áreas de la plataforma continental argentina con el propósito de explotar recursos que pertenecen a los argentinos.

También se expresó ante Londres una protesta formal al conocerse la aprobación de una nueva Constitución para las islas Falklands o Malvinas, firmada el miércoles 5 de noviembre de 2008, por la reina Isabel II. La Constitución formalizó un sistema de autogobierno en el archipiélago del Atlántico Sur, dejándole a Londres la última palabra en asuntos de política externa, seguridad y administración de justicia. El canciller Taiana planteó que esta situación no hace más que perpetuar una anacrónica situación colonial y que la Argentina no reconoce a ningún supuesto gobierno de las Islas Malvinas, ni a sus representantes, ni a sus símbolos ni emblemas.

La cuestión de la soberanía sobre las islas, tema central de la disputa, no ha podido ser tratado aún -desde el restablecimiento de las relaciones diplomáticas- producto de la renuencia del Reino Unido a incluirlo en las negociaciones, a pesar de los múltiples llamamientos de la comunidad internacional en favor de una solución pacífica y definitiva de la disputa.

Motivos

El comienzo del litigio sobre la soberanía de las Islas Malvinas y territorios adyacentes, se remontaba hacia 1833. Durante gran parte de esos años, Gran Bretaña se mostró reticente a negociar acerca de la cuestión de fondo y se limitó a mantener su dominio sobre las islas y a profundizar la explotación de recursos en la zona. Pese a ello, el gobierno británico tenía en cuenta que era difícil y costoso mantener la supervivencia y seguridad de la población de las Falkland estando a miles de kilómetros de distancia.

Consideraban factible negociar con el gobierno argentino la posibilidad de llegar a un acuerdo de leese back, es decir, la cesión a la Argentina de la posesión de las tierras y adyacencias de Malvinas sin reconocer la soberanía sobre las mismas; obligándola al cumplimiento de una contraprestación -generalmente el pago de una suma de dinero-, por un plazo determinado. Se trataba de una situación similar a la que Gran Bretaña mantenía con China por el territorio de Hong Kong (este territorio volvió a estar bajo el control de China a partir del 1 de julio de 1997).

Las posibilidades de negociación se veían dificultadas debido a la intransigencia de los kelpers a cambiar el dominio británico por el argentino, a pesar de que desde el parlamento inglés se dieron señales favorables en ese sentido. Por ejemplo, la ley de nacionalidad británica de 1981, negaba a los habitantes de las dependencias los derechos de ciudadanía, los malvinenses se hallaban comprendidos por esta regla. De todos modos, para el gobierno británico éste era un problema que podía esperar a ser resuelto.

En Argentina, los integrantes del gobierno de facto consideraban –sobre todo a partir de comienzos de 1982- la resolución del conflicto por la vía bélica, esta acción fue el resultado de un acuerdo entre la Armada al mando de Jorge Anaya y el ejército conducido por Leopoldo Galtieri. Esta decisión estaba unida intrínsecamente a las características estructurales de este tipo de régimen, a saber:

estructuración de las fuerzas armadas y de la élite oligárquica –basada en la alianza con representantes de empresas multinacionales, empresarios locales, miembros de la intelectualidad, fracciones de los sectores medios- como partido político único.

autolegitimación por la propia fuerza, a partir de la utilización de la represión.

reestructuración del Estado basado en el autoritarismo represivo como forma de “defender a la sociedad contra enemigos internos –subversivos- y externos -amenaza comunista internacional-” y garantizar el orden como antesala para el crecimiento y bienestar de la patria”.

reinstauración del modelo agro-exportador, eliminando todo rastro de industrialización nacional; lo que conllevaba un violento reajuste político-ideológico y social.

eliminación de toda forma de participación política y social y de cualquier forma de disenso.

utilización de mecanismos de control social, medios de información y comunicación de masas tendientes a generar el miedo y a través de él la sumisión, apatía, conformismo, evasión de la realidad, fragmentación social, imposibilidad de cambio.

intenciones de alcanzar la hegemonía en el contexto regional, para ello, se desarrolló una tarea de seducción hacia los Estados Unidos –favoreciendo las vinculaciones económicas con sus empresas, tomando créditos externos, aportando en la lucha contra enemigos comunes- y, al mismo tiempo, tratando de distanciarse y alcanzar cierta autonomía respecto de sus recomendaciones y exigencias.

Además, la dirigencia del país era conciente del desgaste del régimen. Luego de siete largos años de represión, de devastación económica, aumento de la pobreza, anulación de la participación política, de opresión cultural y la aparición de fisuras en la cúpula de las fuerzas armadas, consideraba necesario el fortalecimiento de la figura presidencial como garantía de continuidad del sistema y de las políticas instauradas por él. La recuperación de las islas fue parte de una estrategia del presidente de facto Leopoldo Galtieri y su equipo para mantener la continuidad en el poder. Malvinas activaba un elemento emocional unificador de la opinión pública y de los sentimientos de patriotismo.

Las evaluaciones que había efectuado la Comisión de Trabajo Conjunta –armada y ejército- era que ante la llegada de embarcaciones argentinas que realizaran una ocupación no violenta de las islas, el Reino Unido no respondería utilizando la fuerza. Consideraban además, que el gobierno de Estados Unidos se mantendría al margen y que si venía presionando para que el canal de Beagle fuera entregado a los chilenos, la recuperación de las Malvinas vendría a compensar esa pérdida. Por ende, la situación sería controlable y se presionaría a Gran Bretaña a negociar el tema de la soberanía.

La cúpula dirigente evaluaba que luego del triunfo de Malvinas, el general Galtieri se consagraría como un héroe de la patria y garantizaría su continuidad a partir de un plebiscito que lo habilitaría como presidente constitucional. Así, la recuperación de Malvinas sería de utilidad para desviar y canalizar el malestar social, restaurar el prestigio de las fuerzas armadas y dotar al régimen de una legitimidad que nunca tuvo, de un consenso que fue perdiendo y recomponer los lazos de unidad social a partir de los cuales se lograría el crecimiento y la grandeza del país.

¿Qué había de cierto en estas especulaciones de los hombres del gobierno de facto? Tal vez, algunas respuestas se puedan encontrar en la reacción que tuvieron diferentes sectores de la sociedad ante el desembarco argentino en Malvinas.

El mismo 2 de abril de 1982, una multitud se reunió en Plaza de Mayo para dar muestras de apoyo ante la recuperación de las islas Malvinas y vitorear al dictador Galtieri, quien usó el balcón de la Casa Rosada –salida con sabor a victoria electoral- para saludar a los concurrentes con los brazos en alto y con los pulgares hacia arriba. Habló ante la multitud expresando:

“Aceptaremos el dialogo después de esta acción de fuerza, pero con el convencimiento de que la dignidad y el orgullo nacional han de ser mantenidos a toda costa y a cualquier precio […]. En estos momentos, miles de ciudadanos hombres y mujeres, en todo el país, en todos los pueblos, en las pequeñas granjas, en las ciudades y en esta Plaza de Mayo histórica, que ha marcado rumbos a través de la historia nacional, ustedes, los argentinos están expresando públicamente el sentimiento y la emoción retenida durante 150 años a través de un despojo que hoy hemos lavado […] estoy seguro que cada uno de ustedes hombre, mujeres, la gran juventud argentina y la niñez, están sintiendo como yo […] alegría y tremenda emoción por este acto argentino”.

En Diario Clarín, 03/04/1982.

Entre los manifestantes hubo algunos que tuvieron la posibilidad de considerar que acordar con un reclamo por la soberanía argentina de las islas no implicaba desconocer el accionar terrorista del gobierno de facto. Estos pequeños grupos mostraban carteles que decían: “Las Malvinas son Argentinas, los desaparecidos también”; “Malvinas, son de los trabajadores y no de los torturadores”. Lo cierto es que los hechos del 2 abril abrieron la puerta a una oleada nacionalista.

Gran parte de los partidos políticos, sectores de la iglesia, el empresariado, incluso dirigentes de la Confederación General del Trabajo –Ubaldini y Triaca-; las 62 Organizaciones lideradas por Lorenzo Miguel, apoyaron la recuperación de las islas. El 3 de abril, los representantes de la Multipartidaria expresaban que:

"Ante la recuperación de las islas Malvinas por las Fuerzas Armadas de la Nación, esta Multipartidaria Nacional expresa su total apoyo y solidaridad con la acción llevada a cabo, y reitera su decisión de respaldar todas las medidas conducentes a la consolidación de la soberanía argentina. Este pronunciamiento no implica la declinación de las conocidas posiciones por este nucleamiento frente a la política del gobierno en los distintos campos de la vida nacional".

En Diario Crónica, 03/04/1982.

Para Athos Fava, miembro del Comité Central del Partido Comunista se trataba de “una recuperación de magnitudes históricas que arraigaba en las más hondas aspiraciones nacionales y antiimperialistas del pueblo argentino”. Jorge Abelardo Ramos, dirigente del Frente de Izquierda Popular, escribió en su periódico Patria Grande, que se trataba de “uno de los grandes momentos de la emancipación americana”. Carlos Contín, presidente de la Unión Cívica Radical, expresó: “hay que demostrarle al mundo que esto no es una acción unitateral de las Fuerzas Armadas, sino que es del pueblo todo”. Otro dirigente radical, Antonio Tróccoli dijo que “la cuestión de las Malvinas está por sobre el gobierno y las Fuerzas Armadas, ya que es un interés de la Nación”. Deolindo Bittel, presidente del Partido Justicialista, declaró que “cuando en el mundo se den cuenta que esta medida no es la decisión de un gobierno sino de todo un pueblo, entonces estoy seguro que otros pueblos reverán las decisiones que algunos gobiernos adoptaron ahora”. Algunos partidos vieron la posibilidad de ser considerados para participar de un gobierno de coalición nacional, que abriera paso a lademocratización institucional.

En los discursos de representantes del gobierno de facto y de los sectores de la oposición, se ponía en acento en:

y de los sectores de la oposición, se ponía en acento en: - la unidad nacional

- la unidad nacional: todos, partidos políticos, sindicatos, iglesia, sociedad debían

reconocer la importante decisión del gobierno, dejar a un lado las discrepancias y desarrollar lazos de unión por encima de los intereses sectoriales. Se propiciaba la unidad cuando el discurso oficial hablaba de guerra y enemigo interno y había utilizado todos los medios a su alcance para aniquilarlo, esto es la instauración del terrorismo de Estado en Argentina.

- la decisión de todo el pueblo: se hacía hincapié en quela recuperación de Malvinas representaba la voluntad de todos los argentinos, cuando era en realidad la decisión de un grupo de personas que habían arrebatado el gobierno por la fuerza, desconocían la Constitución Nacional –a pesar de que se amparaban en ella- y por ende, no representaba la voluntad del pueblo.

- la defensa de la soberanía: era considerada como un acto valedero, que pretendía hacer

justicia y dar respuesta legítima al largo conflicto mantenido con los británicos. La defensa de la soberanía era evaluada por algunos sectores como una actitud antiimperialista que daba por tierra con el coloniaje y la dependencia. Seducía a otros, con un fuerte sentimiento nacionalista.

Con la atención de la sociedad centrada en Malvinas y la defensa de los valores de la nacionalidad, el gobierno de facto pudo manipular y contener el descontento social. Por poco tiempo más.

Le proponemos la lectura de un artículo periodístico que da cuenta de las negociaciones para que Gran Bretaña reconociera la soberanía argentina en las islas.

Malvinas 1982-2008: cuando la soberanía fue posible

Colimba

Malvinas 1982-2008: cuando la soberanía fue posible Colimba Durante las últimas décadas del siglo XIX, etapa

Durante las últimas décadas del siglo XIX, etapa en la que se consolidó la organización nacional luego de una las arduas guerras civiles, las elites gobernantes construyeron las bases institucionales, jurídicas y administrativas del país

y definieron las matrices sociales, políticas y culturales que configuraron las identidades, los roles y los valores para los ciudadanos.

A comienzos del siglo XX, el auge inmigratorio era muy importante y se hacía necesario lograr la integración cultural

y formar al ciudadano llevando a cabo, para ello, una educación basada en la inculcación de valores, el desarrollo de

hábitos y actitudes y la imposición de roles. En ello, no sólo la escuela desempeñaría un papel fundamental sino que también se pensó en la instauración del Servicio Militar Obligatorio (SMO).

instrucción a un año o año y medio. Durante el curso del año 1901, se

instrucción a un año o año y medio.

Durante el curso del año 1901, se debatió y aprobó en el Congreso la ley orgánica del Ejército, propuesta por el poder ejecutivo y preparada por el ministro de guerra Pablo Richieri. Los fundamentos básicos del SMO eran que:

“[

]

las fuerzas de la nación la constituyen el pueblo mismo, obligado a armarse

en defensa de la patria, es decir, sus milicias, más un pequeño núcleo de fuerzas

permanentes organizadas y mantenidas [

Pellegrini durante el debate parlamentario.

]”

Palabras del senador Carlos

La Ley 4301 establecía que debían cumplir servicio los ciudadanos argentinos o naturalizados que cuenten con 20 años de edad. Recibirían instrucción por un período de entre 18 y 24 meses. A partir de la década de 1940, una nueva ley orgánica del Ejército, bajó la edad de los reclutas a 18 años y redujo el período de

En el imaginario social se instaló la idea de que luego de cumplir con el SMO, el joven saldría “hecho un hombre”. Así, el SMO era considerado por los integrantes de la sociedad como una suerte de rito de iniciación, durante el cual el conscripto entraría en contacto con las reglas de la institución armada, recibiría instrucción militar, educación en valores y pasaría por ciertas pruebas que lo convertirían en un hombre que podría integrarse a la vida social. El considerar que sólo los cuarteles eran capaces de “hacer hombres” a los jóvenes soldados implicaba una subestimación del rol educador de otras instituciones sociales como la familia y la escuela y también un menosprecio al trabajo como conformador del carácter y de la cosmovisión del individuo.

Una vez que el joven ingresaba a los cuarteles para cumplir con el SMO, se lo aislaba por un buen tiempo de la sociedad civil con la finalidad de lograr su despersonalización y transformarlo prontamente en un ser disciplinado, que ejecutara órdenes sin pensar en la justicia o la conveniencia de las acciones que se le ordenaban. Estas actitudes estaban de la mano con las ideas de jerarquía –las fuerzas armadas tenían una organización eminentemente verticalista- y respeto por la disciplina al interior de la fuerza.

A los conscriptos se les exigía involucrarse con los valores militares: subordinación, valor, disciplina, lealtad; vestimenta impecable; respeto a la autoridad de los superiores porque la jerarquía era el instrumento de legitimación de las órdenes, por más irracionales que éstas fueran; importancia del grupo como cohesionador ante situaciones extremas, sobre todo para enfrentar a los enemigos internos o externos; castigo ante los casos de indisciplina.

Como forma de insertarlos en la vida militar, sus superiores se referían a la sociedad civil y a las actividades desarrolladas en ella en forma despreciativa. De alguna manera, ese desprecio se trasladaba a los conscriptos porque sólo lucirían temporalmente el uniforme militar. Además, consideraban que en las cuestiones castrenses los civiles no tenían espacio, es por ello que dentro de la fuerza, la vida se desenvolvía a partir de las reglas impuestas por ellos mismos, tal como si fueran una sociedad dentro de otra sociedad, es decir, con alto nivel de autonomía. Un ejemplo de ello, era la posibilidad de contar con su propio Código de Justicia que establecía la pena de muerte; juicios en los que el acusador era juez y parte y donde los acusados no podían tener un abogado sino ser defendidos por un oficial en actividad. El Código era una instrumento más de poder de los superiores hacia los subalternos. El 28 de febrero de 2009, entró en vigor la Ley 26.394 por la cual se derogó el Código de Justicia Militar, esto implica que, a partir de ese momento, todos los delitos militares pueden ser juzgados por la Justicia Federal y los hombres de armas quedan en iguales condiciones que el resto de los ciudadanos argentinos.

La sociedad percibía a los militares como un factor de dominación y disciplinamiento social debido, en gran parte, a su desempeño autónomo respecto de los demás resortes del Estado. Era común que el método pedagógico más utilizado en estas instituciones fuera la aplicación del castigo físico. Eso ocurrió con el conscripto Omar Carrasco, de quien sus superiores se mofaban porque era tímido. Lo denunciaron como desertor, pero lo habían matado en una feroz golpiza y habían escondido su cuerpo. Este caso provocó conmoción en la opinión pública en el marco del programa de reducción de gastos de las fuerzas armadas llevado adelante durante el gobierno de Carlos Menem. Rápidamente, mediante un decreto del Poder Ejecutivo, el 31 de agosto de 1994 se derogó el SMO y se implementó un sistema de voluntariado rentado (Ley 24.429/95).

Lo que sucede en los cuarteles no está al margen de la sociedad civil y tiene importantes consecuencias en el desarrollo de la vida democrática. Es por eso que las enseñanzas, métodos y prácticas que se lleven adelante en esas

instituciones deben estar en consonancia con los postulados de la Constitución Nacional y con lo que establecen los tratados internacionales a los que la Argentina adhiere.

Conscriptos que pasaron por este tipo de formación y que tuvieron una escasa instrucción militar fueron a luchar contra los ingleses en Malvinas. Algunos de esos soldados denunciaron ante la Justicia haber sido torturados y maltratados por sus superiores durante el curso de la guerra. La jueza Eva Parcio de Selemme, a cargo del Juzgado Federal de Primera Instancia de Comodoro Rivadavia, calificó el 19 de febrero de 2009 como crímenes de lesa humanidad y crimen de guerra uno de esos casos que está investigando.

Lo invitamos a interiorizarse en la propuesta del Servicio Militar Voluntario que está actualmente en vigencia.

Servicio Militar Voluntario – Ley 24.429

en vigencia. Servicio Militar Voluntario – Ley 24.429 Filmografía Título : La deuda interna Año :
en vigencia. Servicio Militar Voluntario – Ley 24.429 Filmografía Título : La deuda interna Año :
en vigencia. Servicio Militar Voluntario – Ley 24.429 Filmografía Título : La deuda interna Año :

Filmografía

Título: La deuda interna

Año: 1988

Género: Drama

Título : La deuda interna Año : 1988 Género : Drama Realizador : Miguel Pereira Guión:

Realizador: Miguel Pereira

Guión: Miguel Pereira, Eduardo Leiva Müller, basado en relatos de Fortunato Ramos.

Duración original: 97 min.

Intérpretes: Juan José Camero, Gonzalo Morales, René Olaguivel, Guillermo Delgado, Leopoldo Abán, Ana María Gonzáles, Fortunato Ramos, Juana Daniela Cáceres, Titina Gaspar, Raúl Calles.

Resumen argumental: Un muchacho indígena llamado Verónico Cruz que vive en Chorcán (Jujuy) conoce a un maestro rural proveniente de la capital. El maestro consigue acercarse a la población y logra convencer a algunos de los chicos para que asistan a la escuela. Entre Verónico y el maestro se genera una profunda amistad. Verónico nació en 1964 y le toca el servicio militar en 1982, fue testigo de la guerra del Malvinas y murió en el hundimiento del Crucero General Belgrano.

Título: Los chicos de la guerra

Año: 1984

Género: Drama testimonial

Realizador: Bebe Kamin

: 1984 Género : Drama testimonial Realizador : Bebe Kamin Guión: Daniel Kon y Bebe Kamin,

Guión: Daniel Kon y Bebe Kamin, con la colaboración de María Teresa Ferrari, basado en el libro Homónimo del primero.

Duración original: 101 min.

Intérpretes: Héctor Alterio, Carlos Carella, Ulises Dumont, Marta Gonzáles, Tina Serrano, Miguel Angel Solá, Alfonso De Grazia, Juan Leyrado, Boy Olmi, Eduardo Pavlovsky, Elvira Vicario, Lizardo Laphitz, Gabriela Giardino, Luis Agustoni, Emilio Bardi, Emilia Mazer, Ricardo Maneti, Juan Carlos Baglietto, Gabriel Rovito, Leandro Regúnaga.

Resumen argumental: Narra la historia de tres chicos de condición social distinta, desde su infancia hasta el regreso después de la guerra de Malvinas y de qué manera esa guerra impactó en cada uno de ellos.

Título: Malvinas: historia de traiciones

Año: 1983

Género: Documental

Realizador: Jorge Denti

Guión: Poema de Perdro Orgambide

Realizador : Jorge Denti Guión: Poema de Perdro Orgambide Duración original: 85 min. Intérpretes : Adolfo

Duración original: 85 min.

Intérpretes: Adolfo Peréz Esquivel, Anthony Buck, Gregorio Selser, Lord Sheckleton, Anthony Barnett, E. P. Thompson, Margaret Thatcher, Almirante Hill Norton, Gral. Alexander Haig, Vicente Saadi, Saúl Ubaldini, Madres de Plaza de Mayo, Ex combatientes y obreros de Argentina y Gran Bretaña.

Resumen argumental: A través de testimonios e imágenes documentales se pretende desentrañar los motivos del conflicto bélico entre Argentina y Gran Bretaña.

Título: Iluminados por el fuego

Año: 2005

Género: Drama

Realizador: Tristan Bauer

Guión: Miguel Bonasso, Tristán Bauer, Edgardo Esteban, Gustavo Romero Borri

Duración original: 100 min.

Intérpretes: Gastón Pauls, Virgina Innocenti, Pablo Ribba, César Albarracín, Arturo Bonín, Juan Leyrado.

Resumen argumental: El protagonista realizaba el servicio militar obligatorio cuando se inició el conflicto con los ingleses en 1982, participó de los combates en las islas. Al regreso y luego de muchos años, uno de sus ex compañeros intenta suicidarse. Esta situación lo lleva a recordar lo que vivieron en la guerra. A veinte años de la guerra, el ex combatiente decide regresar a las islas para reencontrarse con su pasado.

Fuente: DGCyE.- Portal Educativo abc.gov.ar

Jefatura Regional de Región 11.

Zárate, 30 de marzo de 2010.-

Veterano de Malvinas (Doménico Bova)

Tu rostro sigue marcado a través de tantos años tu tristeza no se borra tu valentía no se olvida. Muchacho joven aún de niño fuiste soldado y supiste de la guerra sin haberla deseado. Las vivencias te dejaron aquellos gritos ahogados. Tu patriotismo no se mella aunque fuiste derrotado. Tu grito de libertad en las islas usurpadas se agiganta y da un abrazo a todos como a un hermano. Soldado que las quisiste defender, tus camaradas allí quedaron, desde el cielo hoy los cubre un manto celeste y blanco. Con emoción te agradecemos soldado de las Malvinas siempre en ti y en nosotros viven nuestras islas argentinas.

Las Malvinas

(José Pedroni)

Tiene las alas salpicadas de islotes, es nuestra bella del mar. La Patria la contempla desde la costa madre con un dolor que no se va. Tiene las alas llenas de lunares, lobo roquero es su guardián. La patria la contempla. Es un ángel sin sueño la patria junto al mar. Tiene el pecho de ave sobre la honda helada. Ave caída es su igual. El agua se levanta entre sus alas. Quiere y no puede volar. El pingüino la vela. La gaviota le trae cartas de libertad. Ella tiene sus ojos en sus canales fríos. Ella está triste de esperar. Como a mujer robada le quitaron el nombre:

lo arrojaron al mar. Le dieron otro para que olvidara que ella no sabe pronunciar.

El viento es suyo; el horizonte es suyo. Sola, no quiere más, sabe que un día volverá su hombre con la bandera y el cantar. Cautiva está y callada. Ella es la prisionera que no pide ni da. Su correo de amor es el ave que emigra. La nieve que cae es su reloj de sal. Hasta que el barco patrio no ancle entre sus alas, ella se llama Soledad.

Milonga del muerto (del libro Los Conjurados, 1985) (Jorge Luís Borges)

Lo he soñado en esta casa entre paredes y puertas. Dios les permite a los hombres soñar cosas que son ciertas.

Lo he soñado mar afuera en unas islas glaciales. Que nos digan lo demás la tumba y los hospitales.

Una de tantas provincias del interior fue su tierra. (No conviene que se sepa que muere gente en la guerra).

Lo sacaron del cuartel, le pusieron en las manos las armas y lo mandaron a morir con sus hermanos. Se obró con suma prudencia, se habló de un modo prolijo. Les entregaron a un tiempo el rifle y el crucifijo.

Oyó las vanas arengas de los vanos generales. Vio lo que nunca había visto, la sangre en los arenales.

Oyó vivas y oyó mueras, oyó el clamor de la gente. Él sólo quería saber si era o si no era valiente.

Lo supo en aquel momento en que le entraba la herida. Se dijo "No tuve miedo"

cuando lo dejó la vida.

Su muerte fue una secreta victoria. Nadie se asombre de que me dé envidia y pena el destino de aquel hombre.

Una banda de sonido para Malvinas

Las Malvinas, formula el escritor Carlos Gamerro, le recuerdan al test de Rochard, esas manchas simétricas en las cuales el paciente puede reconocer las formas del delirio o del deseo, y el médico estudiar las de su locura. A lo largo de la historia los argentinos han “leído” las islas, como quien lee esas manchas, de forma múltiple y contradictoria. Julio Cortázar en un cuento le hace decir a un personaje que son unas “islas de mierda, llenas de pingüinos”. Gamerro se atreve, en cambio, a afirmar que las Malvinas “son, junto con las manos de Perón, el rodete de Evita, la sonrisa de Gardel, y la melena de Maradona uno de los íconos nacionales”. 1 La izquierda, la derecha, los nacionalistas, los liberales, los militares, los civiles, los intelectuales, el hijo del vecino y los ex combatientes han dicho sus palabras sobre Malvinas como un modo de pronunciarse sobre la nación y la vida en común de los argentinos. La música popular a través de cantidad de canciones también se sumó a la batalla por el sentido de aquel territorio irredento. De Atahualpa Yupanqui a Charly García y el heavy metal; del anticolonialismo a la ironía, el progresismo y el nacionalismo desencajado. Malvinas y Argentina son dos palabras hechas para la rima infantil, puestas una junto a otra tienen una musicalidad inmediata. En este artículo se revisarán algunas canciones que hablaron sobre esa yunta y se aventuraron a desafinar. Caetano Veloso escribe que la música popular es aquella que no subestima la sensibilidad del complejo mundo de los desamparados: “No se trata del populismo, que sustituye la aventura estética por la adulación de los desvalidos y bastardea las lenguas, sino del coraje de enfrentarse a la complejidad de la danza de las formas en la historia de la sociedad”. 2 Hablar de cultura popular acarrea una serie de problemas que no van a ser desarrollados aquí. Sin embargo puede señalarse que las miradas que se posan sobre esa forma de cultura fluctúan entre dos posiciones: el esencialismo que tiende a homogeneizar lo popular preestableciendo dónde empieza y dónde termina; y la mirada de aquellos que acentúan el carácter relacional de la cultura popular aceptando que está atravesada por otras lógicas –la massmediática, por ejemplo- y que debe ser estudiada en tanto práctica que se transforma. A pesar de este debate no saldado puede decirse que las canciones de la música popular permiten acceder a la contradictoria visión del mundo de los sectores oprimidos. Sus melodías y sus palabras son, como decía Antonio Gramsci, “documentos mutilados y contaminados” sobre la memoria de los pueblos, sus territorios, sus luchas, sus derrotas, sus claudicaciones. La cantante Liliana Herrero, conocedora de las músicas argentinas, atrapó en un aforismo iluminador los diferentes modos en que el rock y el folklore se vinculan con la complejidad de lo

1 Gamerro, Carlos, “14 de junio, 1982, tras un manto de neblina”, en el diario Página/12, 16 de junio 2002.

popular. Escribió: “El rock es ingenuo pero fuerte; el folklore es astuto pero débil”. 3 El rock como

cultura que se pretende siempre joven -“iconoclasta” lo llama Eric Hobsbawm- es ingenuo en

relación a la historia porque pretende presentarse como novedad más allá de la tradición. En ese

impulso encuentra su poder transformador. El folklore, en cambio, conoce la historia, dialoga con la

tradición, pero es débil a la hora de modificarla. Su tendencia es a tratarla como una obligación que

debe ser perpetuada.

Para pensar la banda de sonido de Malvinas, nos detendremos en tres momentos de la

música popular, recortados arbitrariamente y elegidos en función de su potencia para tratar con los

modos de la astucia y la ingenuidad. Le pondremos el oído a algunos temas de la tradición

folklórica y rockera que musicalizaron la disputa por aquel “ícono nacional” y se pronunciaron

sobre la soberanía, la guerra, la dictadura, el abandono, la justicia.

1. Una causa nacional y popular

La astucia del folklore, puesta de relieve por Liliana Herrero, aparece con nitidez en La hermanita perdida, una letra compuesta por Atahualpa Yupanqui en 1971 y musicalizada por Ariel

Ramírez en 1980. La escribió durante una gira, en una estadía en París: “Vino a verme un empresario inglés y me preguntó cuanto cobraba por dar cuatro 1 recitales en Inglaterra. Yo le

respondí: ‘Las islas Malvinas’. Han pasado ya tres años y el hombre no ha contestado aún

muchacho ya me preocupaba el asunto de las Malvinas pero lo tomaba como noticia de la historia de Grosso; de grande fue distinto cuando comprendí lo que es el despojo: que Inglaterra, con toda su cultura, sus Ordenes y sus Caballeros, es verdaderamente un ave rapaz. Puede estar seguro que yo no cantaré en ese país, mientras no nos devuelvan nuestras islas”. 4 A lo largo de su obra Yupanqui ha pensado con sutileza la complejidad que encierra la pertenencia a una “cultura nacional”. Su propio nombre es una reflexión al respecto. Fue bautizado como Héctor por el personaje griego de la Ilíada, pero lo dejó de lado -al igual que a su apellido paterno, Chavero- para rebautizarse con los nombres de los dos últimos caciques indígenas: Atahualpa, que quiere decir en quechua “venir de tierras lejanas” y Yupanqui que significa “para decir, para contar”. Su obra está tensionada por estos cruces: Nietzsche y el silencio de los hombres de campo, Edith Piaff y el plebeyismo criollo, la civilización y la barbarie.

De

En la letra que nos ocupa, el autor relega parte de esas tensiones. La búsqueda poética cede en pos de la postura militante. El aire de milonga aportado por Ramírez años después la vuelve aún más tradicionalista. Malvinas se construye sin más como una causa nacional y popular. La letra está marcada por un discurso antiimperialista dicho con cierta candidez de poética escolar. Inglaterra aparece nombrada como “rubio tiempo pirata”. Según Norberto Galasso, autor de una biografía sobre el músico, su antibritanismo tiene sus orígenes en sus simpatías yrigoyenistas y terminó de forjarse con su paso por el Partido Comunista.

3

Herrero, Liliana, revista La Grieta Nº 6. 4 Galasso, Norberto, El canto de la patria profunda, Ediciones del Pensamiento Nacional, Buenos Aires, 1996, p. 157.

1

Para el autor de El arriero el hombre “es tierra que anda”. Solía decir que así como los

franceses eran analfabetos del mundo y eruditos de Francia, los argentinos eran eruditos del mundo

y analfabetos de las cosas del país. En La hermanita perdida vuelve sobre este punto. Para

Atahualpa el hombre debe traducir la tierra porque ésta encierra el alma de las cosas. De ahí que la canción personifique al territorio: las islas son hermanitas, la Patagonia las suspira y La Pampa las llama.

La canción dialoga con sustratos antiguos de la tradición argentina, difíciles de ser pensados en el presente después de la dictadura, la experiencia de la guerra y el proceso de desmalvinización.

Entre ellos, se ha señalado, el espíritu antibritánico y la ilusión de traducir el espíritu de la tierra para fundar una cultura nacional. En su notable libro ¿Por qué Malvinas? De la causa nacional a la guerra absurda, Rosana Guber se pregunta cómo se construyó el símbolo Malvinas entre 1833, cuando las islas fueron ocupadas por Gran Bretaña, y el momento de la guerra ¿Qué discursos acompañaron las demandas por la soberanía que los sucesivos gobiernos argentinos hicieron frente

a sus pares ingleses y ante los organismos internacionales? El recorrido que realiza la autora deja en

claro que, a diferencia de lo que suele creerse, no fueron solamente la escuela y el nacionalismo doctrinario de derecha los responsables de convertir a Malvinas en una causa “nacional y popular”. La hermanita perdida forma parte de esa construcción cimentada en nombres tales como el Gaucho Rivero, Paul Groussac, los historiadores revisionistas Irazusta, el socialista Alfredo Palacios y los jóvenes peronistas del Operativo Cóndor, entre otros.

Guber menciona sólo al pasar el tema de Yupanqui pero se ocupa de señalar el parentesco entre “la hermanita perdida” y el modo en que el diputado Palacios se había referido a las islas en 1934 cuando apoyó un proyecto de ley que pedía la traducción al castellano del texto Les Iles Malouines, escrito por Paul Groussac, para distribuirlo en colegios, bibliotecas populares e instituciones extranjeras. Palacios recordaba siempre que los ingleses se habían referido a las Malvinas como “islas miserables” porque no ofrecían beneficios económicos y costaban a Inglaterra miles de libras. El desprecio inglés era transformado por Palacios en bandera: las islas, argumentaba, eran tan miserables como el pueblo argentino. Solía compararlas con el desamparo de los niños y las madres solteras. Difundir los derechos argentinos en las islas era un modo de defender los del pueblo y la Nación que en clave de Palacios se definía a través del honor y la dignidad.

Hermanitas perdidas, islas miserables: modos de nombrar el territorio de un país cuya historia se escribió en clave de pérdida más que de conquista. Escribe Guber: “¿Por qué las islas Malvinas pudieron convertirse en símbolo de la continuidad de la Nación? Precisamente porque su poder metafórico no sólo residió en haber sido ocupadas por el ‘gigante’ imperial; además, y fundamentalmente, al pertenecer sólo idealmente al dominio argentino, las islas no participaron de los tramos más amargos de su fragmentada historia, preservaron entonces su capacidad de encarnar

la ‘plena argentinidad’ mucho más que cualquier otro símbolo que, dentro del continente, hubiera caído en el fuego cruzado de los enemigos”. 5

RECUADRO

La hermanita perdida. Atahualpa Yupanqui, 1971.

De la mañana a la noche

de la noche a la mañana

en grandes olas azules

y encajes de espumas blancas

te va llegando el saludo

permanente de la Patria.

Ay, hermanita perdida

hermanita: vuelve a casa

Amarillentos papeles

te pintan con otra laya

pero son veinte millones

que te llamamos: hermana

Sobre las aguas australes

planean gaviotas blancas

dura piedra enternecida

por la sagrada esperanza

¡Ay, hermanita perdida!

Hermanita: vuelve a casa

Malvinas tierra cautiva

de un rubio tiempo pirata.

Patagonia te suspira.

Toda la pampa te llama.

Seguirán las mil banderas

del mar, azules y blancas.

Pero queremos ver otra sobre tu piedra clavada.

Para llenarte de criollos.

Para cubrirte la cara.

Hasta que logres el gesto

tradicional de la Patria.

¡Ay, hermanita perdida!

Hermanita: ¡vuelve a casa!

2. “Las cosas ya no son como las ves”

Hasta 1982, aunque no sin problemas, podía defenderse la idea de que Malvinas era una causa nacional y popular. Si, tal como hemos visto, existía un entramado cultural que se había pronunciado sobre Malvinas como un modo de hacerlo sobre la patria, la guerra ocurrida durante un período de terrorismo de Estado, caracterizado por la represión sistemática, la desaparición de personas y el desastre económico, dinamitó la idea de lo nacional y mostró que de ella sólo quedaban despojos.

Charly García capturó ese clima de época y lo usó para nombrar un disco. Si Yupanqui pedía que las islas usurpadas volvieran a formar parte de la patria, a la que llamaba “casa”, García

advierte que ese refugio, después de la experiencia de la dictadura, había sido dinamitado. Y lo que quedaba eran espacios privados en los que sólo se podía ir “de la cama al living”.

A principios de 1982, el rockero había empezado a grabar la música para la película Pubis Angelical. Cuando se enteró del desembarco argentino en Malvinas, compuso de un tirón Yendo de la cama al living y editó los dos materiales juntos.

La mayoría de las canciones se refieren al conflicto desde un registro irónico y desencantado. El viraje también es musical. García se entusiasma con la batería electrónica –novedad técnica que afecta los modos de composición dentro del rock- y simplifica la forma de la canción, “fue por mi hijo Miguel que insistía que en mis canciones cambiaba demasiado de ritmo y él se perdía”. 6

En su debut solista, el rockero sospecha que, junto con los ideales setentistas, se acabó definitivamente la posibilidad de cualquier discurso pedagógico. Tampoco le alcanza el camino que él mismo había transitado en Serú Girán, donde mandaba mensajes críticos cifrados, por ejemplo en Canción de Alicia en el país. Su apuesta en este nuevo disco, el reverso de sólo le pido a Dios de León Gieco, sobresale en No bombardeen Buenos Aires, donde dice: “no bombardeen Buenos Aires, no nos podemos defender, los pibes de mi barrio se escondieron en los caños, espían al cielo, usan cascos, curten mambos escuchando a Clash, escuchando a Clash -¡Sandinista!”. 7

En otro tema, Peluca telefónica, donde zapa con Pedro Aznar y Luis Alberto Spinetta, elige parodiar la letra de “La Balsa” –tema fundador del rock argentino- para anunciar que el sueño terminó: “Estoy viviendo aquí en este mundo abandonado, ¿te alcanza la renta? No, ¿a quién?”. En Canción de 2 por 3 insiste con la misma idea: “yo no quiero vivir así, repitiendo las agonías del pasado con los hermanos de mi niñez. Es muy duro sobrevivir y aunque el tiempo ya nos ha vuelto desconfiados tenemos algo para decir: no es la misma canción de 2 por 3, las cosas ya no son como las ves”.

La mirada que García tiene sobre la guerra de Malvinas está en sintonía con la que Néstor Perlongher desarrolló a la par del conflicto en el artículo “Todo el poder a Lady Di”: “En medio de tanta insensatez, la salida más elegante es el humor: si Borges recomendó ceder las islas a Bolivia y dotarla así de una salida al mar, podría también proclamarse: todo el poder a Lady Di o El Vaticano a las Malvinas para que la ridiculez del poder que un coro de suicidas legitima, quede al descubierto. Como propuso alguien con sensatez, antes que defender la ocupación de las Malvinas,

6 Grinberg, Miguel, Cómo vino la mano, Distal, Buenos Aires, 1993.

habría que postular la desocupación de la Argentina por parte del autodenominado Ejército Argentino”. 8

La ironía de García –señalada por algunos como complacencia cínica postsetenta 6 - tiene sus matices, el disco tiene algún atisbo esperanzador (“mama la libertad, siempre la llevarás dentro del corazón”), ansias de fiesta (“la alegría no es solo brasilera”) y mucho de oscuridad: Yendo de la cama al living es la obra de un tipo encerrado en una ciudad sitiada que descree de los motivos de la guerra y que ve enemigos por todos lados. El pensamiento de García es paranoico (en varias entrevistas insistirá en que “a los paranoicos también nos persiguen”). En este punto, sus letras advierten algo acerca de la subjetividad contemporánea que todo lo teme porque desconoce cuál es el origen de las balas. Si bien está hablando de una guerra librada en el sentido clásico, una de las últimas batallas del siglo XX, anticipa la angustia del hombre posmoderno: “Estoy temiendo a un rubio ahora/ No sé a quién temeré después/ Terror y desconfianza por los juegos/ por las transas, por las canas, por las panzas, por las ansias por las rancias cunas de poder, cunas de poder/ ¡Margarita!”.

En tanto anticipo de lo que vendrá –tal el nombre de una película de Gustavo Mosquera en la que actuó García- el disco conecta con Los Pichiciegos. Visiones de una batalla subterránea, la novela que Rodolfo Fogwill escribió de un tirón entre el 11 y el 17 de junio de 1982, a la par de la rendición argentina. El autor imagina una comunidad de desertores que prefiere negociar su supervivencia con los ingleses a ponerse en manos de los militares argentinos. Los pichiciegos, así se llaman los desertores, viven bajo tierra, escondidos y libran “otra” guerra, la del “sálvese quien pueda”. Tienen pocos recursos y deben sobrevivir: negocian entre ellos, pichulean, intercambian cigarrillos por azúcar, especulan sobre quién va a aguantar y quién no, calculan quién sobra en función de las provisiones. Sus vidas están desprovistas de todo heroísmo, tienen apenas más sentido que la de los animalitos santiagüeños que les dieron el nombre. 9

El disco de García, al igual que Los Pichiciegos, puede leerse como una bisagra entre la dictadura y las lógicas de mercados neoliberales. Entonces, si Yupanqui componía sobre Malvinas como una excusa para pronunciarse sobre la patria, García presiente que de lo común sólo quedan ruinas. Si Yupanqui dispara contra el colonialismo, García intuye que los enemigos están por todos

8 Perlongher, Néstor, revista feminista Persona Nº 12, 1982, citado en Prosa Plebeya. Ensayos 1980-1992, Puñaladas,

ensayos de punta, Colihue, Buenos Aires, 1997.

6 En la revista Plan B, Gustavo Alvarez Nuñez escribió una nota titulada “¿Por qué no hay desaparecidos en el rock?” en la

que pone en cuestión la idea de que el rock fue un espacio de resistencia durante la última dictadura militar. En el centro de su cuestionamiento está la figura de Charly García y sus intentos de ejercer la crítica a través de mensajes cifrados. Escribe: “De vuelta a la frase de García: ‘En vez de pelearnos entre nosotros y haberle chupado las medias a la dictadura teníamos que habernos juntado cuando lo que pasaba era una cosa pesada como la dictadura’. Si los rockeros se juntaron fue para el festival solidario por los chicos

de Malvinas. Pero conociendo el prontuario posterior de muchos de los involucrados no es difícil intuir cuánto de oportunismo y sed de gloría esculpía los trazos del rockero medio”.

lados. Si Yupanqui advierte sobre los peligros de ser analfabeto en los asuntos de la propia tierra, García considera que a fines del siglo XX “quien no sabe las canciones de los Beatles es un analfabeto”.

Dicho esto puede parecer que La hermanita perdida es un verso escolar comparada con el desparpajo de No bombardeen Buenos Aires. Sin embargo, retomando el aforismo de Herrero, podemos en este punto señalar una paradoja. Yupanqui compone con ingenuidad pero es astuto en relación a la historia: entiende que Malvinas dialoga con legados muy antiguos de la cultura nacional y se reconoce parte de ellos. García compone con astucia pero es ingenuo en relación a la historia, cree que puede sacársela de encima con su mera voluntad y parece olvidar que también a él puede asaltarlo en el futuro.

RECUADRONo bombardeen Buenos Aires. Charly García, 1982.

No bombardeen Buenos Aires,

no nos podemos defender,

los pibes de mi barrio

se escondieron en los caños,

espían al cielo, usan cascos,

curten mambos escuchando a Clash,

escuchando a Clash -¡Sandinista!

Estoy temiendo a un rubio ahora,

no sé a quién temeré después,

terror y desconfianza por los juegos,

por las transas, por las canas,

por las panzas, por las ansias

por las rancias cunas de poder,

cunas de poder -¡Margarita!

Si querés escucharé a la BBC,

aunque quieras que lo hagamos de noche,

y si querés darme un beso alguna vez

es posible que me suba a tu coche

¡Pero no bombardeen Buenos Aires!

(Ay, tengo miedo y estoy en casa

y no quiero salir porque me van

a tirar una bomba)

No quiero el mundo de Cinzano

no tengo que perder la fe

quiero treparte pero no pasaba nada

ni siquiera puedo comerme un bife

y sentirme bien, sentirme bien,

¡tengo hambre, tengo miedo!

Los ghurkas siguen avanzando

los viejos siguen en TV,

los jefes de los chicos

toman whisky con los ricos

mientras los obreros

hacen masa en la plaza

como aquella vez.

Si querés escucharé a la BBC,

aunque quieras que lo hagamos de noche,

y si querés darme un beso alguna vez

es posible que me suba a tu coche

¡Pero no bombardeen Barrio Norte!

3. Aguante la patria

El tercer momento seleccionado para repasar las representaciones musicales sobre Malvinas está ligado a cómo fueron tematizadas la posguerra y la desmalvinización. La canción elegida, El Visitante, del grupo Almafuerte fue compuesta en 1999 para la película que lleva el mismo nombre dirigida por Javier Olivera. 8 Al igual que otras del género metálico apuesta a darle voz a los ex combatientes y se pregunta sobre las otras guerras que empezaron una vez finalizada la del ‘82. Sostiene en la letra del tema: “fui elegido para cantarte/ por quienes quieren olvido restarte/ grave, pesada más no inconciente/ yo te lo mando ex combatiente”.

Si durante los ochenta se había cantado sobre Malvinas desde la ironía –Charly García y Virus- y el progresismo –León Gieco, Alejandro Lerner, Raúl Porchetto- durante los noventa, la presencia de Malvinas en la música juvenil está atada al heavy metal y al llamado “rock chabón” 9 . Es decir: ya no son las clases medias las que le cantan sino las clases populares de la Argentina de la exclusión. No estamos frente al sujeto popular que imaginaba Yupanqui, ese hombre de tierra adentro al que llama escuchado que “tiene muchos silencios y que se maneja con 200 ideas y 20 palabras”; sino frente a lo que el Indio Solari llamó “los desangelados”, personas que viven a la intemperie, sin el amparo de las viejas instituciones modernas –Estado, trabajo, escuela, familia-, ancladas en barrios que se vieron transformados por la miseria, la desocupación, la delincuencia, el tráfico y el consumo de drogas.

“Me interesa hacer lo mismo que los yankees hicieron con Vietnam. Allá los cagaron a tiros pero ellos te filman películas onda Rambo y se sienten orgullosos de sus héroes. Por otro lado, a veces pienso que los pobres correntinos que viajaron a Malvinas a puro huevo se cargaron unos

cuantos. Me los imagino tirando y festejando como si hubieran metido un gol” 1 0 , dice Gustavo

8 La película El Visitante se filmó durante 1998 y se estrenó en 1999. La historia se centra en la vida de Pedro, un ex

combatiente quien, además de perder una de sus manos durante la guerra, sufrió la muerte de uno de sus grandes amigos. El protagonista, interpretado por Julio Chávez, tiene 36 años, trabaja de taxista y vive acosado por los fantasmas del pasado. Raúl, su compañero muerto en combate, es el “visitante”, quien anuncia su aparición a través de un objeto que lo identifica –un cortaplumas- para después aparecer él mismo, vestido de soldado y eternamente joven. Viene a formularle a Pedro un extraño pedido: su cuerpo. ¿Para qué? Para tener una experiencia sexual debido a que en las islas murió virgen.

9 Trazar las diferencias entre el heavy metal y el llamado “rock chabón” merecería un artículo aparte. Para lo que nos ocupa

nos sirve, en cambio, pensar lo que tienen en común: son estilos musicales que organizan las prácticas culturales de una clase social,

los jóvenes de los sectores populares. Ambos apelan a un discurso nacionalista y ponderan eso que llaman el “aguante”, aunque el rock chabón lo vincule al fútbol y el heavy a la condición misma de ser metalero. El heavy disputa los gustos musicales suburbanos desde los ochenta mientras que el “rock chabón” surge con la fractura económica y cultural de los noventa. El heavy es más extremo, tanto en lo musical como en sus postulados ideológicos. No admite convivencia con géneros como la cumbia, es más cerrado y su estética es bien dura, no salen del color negro. Su fuerza, justamente, radica en este fundamentalismo. Como gustan decir sus seguidores: “no es una música que les guste a las tías”. A diferencia de lo que ocurre con ciertos temas del rock chabón que se convierten en hits radiales, los temas metálicos sólo pueden ser escuchados por quienes gusten de esa música, los otros los considerarán “un batifondo”.

Zabala, guitarrista de Tren Loco, banda de heavy metal oriunda de San Miguel con varios temas dedicados a Malvinas.

El nacionalismo pregonado por Zabala es una novedad en el rock argentino que en sus orígenes aspiraba a ser la banda de sonido de los jóvenes del mundo y repudiaba las fronteras y las naciones, al tiempo que cuestionaba los mecanismos de disciplinamiento burgués pero no en nombre de los trabajadores sino de una bohemia ciudadana. Los géneros duros nunca simpatizaron con ese imaginario por considerarlo “blando” y “careta”. En 1983 en el tema Brigadas metálicas el grupo V8, banda pionera del heavy local, disparaba contra ese ideario: “Los que están podridos de aguantar/ el llanto de los que quieren la paz/ los que están hartos de ver/ las caras que marcan el ayer/ vengan todos/ aquí hay un lugar/ junto a las brigadas del metal/ basta ya de signos de la paz/ basta de cargar con el morral”.

La incorrección política de estas formas de pensar la patria se exacerban en la figura de Ricardo Iorio, suerte de prócer heavy, ex integrante de V8 y actual líder de Almafuerte. Le gusta definirse como “un hombre que va a extremos” y suele decir que el rockero se va de boca porque “primero habla y después piensa”. Interrogado sobre sus preferencias nacionales elige a José Larralde como su influencia más grande “porque habla de la nación –aún sin decirlo directamente-

de una forma muy poderosa. Sus letras son grandiosas porque están hechas para gente que no sabe leer ni escribir. Por ejemplo: si nosotros vamos por la ruta y vemos carteles publicitarios de Paladini

o Resero Blanco, no podemos dejar de leerlos, ahora, si vas en la ruta con un tipo analfabeto y le

preguntás qué dice ahí, te responde: fiambre, vino. Una gran diferencia con el que lee las marcas. Las letras de Larralde son fundamentales para los que no saben leer porque les describen la realidad

y les ofrecen una comprensión de esa realidad misma” 1 1 .

Hay cantidad de anécdotas sobre los excesos de este payador metálico. Una de las más difíciles de digerir es la que cuenta que en sus conciertos antes de tocar el tema El Visitante dice:

“Loco, voy a cantar un tema sobre Malvinas, nadie le da bola a los pibes de Malvinas. En este país para que te den bola, tenés que ser hijo de desaparecidos”.

La frase, incómoda por donde se la mire, está equivocada en su forma de tener razón. Federico Lorenz, con modos más razonables, parece explicar el origen del resentimiento de Iorio en su libro Las guerras por Malvinas: “En relación con otros campos de estudio de la historia reciente, las reflexiones sobre la guerra de 1982 siguen ancladas en el contexto de los ochenta, pero ni el discurso radical, ni el victimizador, ni el patriótico son suficientes para entenderla. Si los desaparecidos están recobrando el rostro humano y político que tuvieron, no podemos decir lo

mismo de quienes combatieron en las islas por una causa que consideraron legítima, al igual que

miles de compatriotas. La guerra y sus protagonistas oscilan entre dos extremos inaccesibles a la

discusión: el limbo de las víctimas, o el Panteón atemporal de los héroes y mártires de la Patria. En

la década del ochenta, las agrupaciones de ex combatientes buscaron salir de la trampa de la ‘causa

legítima en manos espurias’ inscribiendo su experiencia de guerra en la lucha por un país mejor, en

el encuentro fraternal con otros explotados, marginados y perseguidos. En ese sentido, Malvinas

fue, en una situación concreta y que no tuvo que ver con la guerra sino con sus consecuencias, una

oportunidad para pensar un proyecto de país. Acaso ése sea su principal potencial simbólico:

constituir, por lo que significa y no por su materialidad, un espacio de vinculación”. 1 2

de Almafuerte y la película se preguntan qué pasa cuando ese espacio de vinculación no existe. El

Visitante es una película de fantasmas, de personas que no pueden establecer lazos entre ellas. Sus

protagonistas no están ni vivos ni muertos, actúan como zombis. Uno de ellos, Pedro, el ex

combatiente devenido en taxista, está vivo pero se comporta como un “alma en pena” y Raúl, el

otro, el soldado que cayó en combate, está muerto pero vuelve de visita para saldar deudas

pendientes. Así lo retrata la canción: “Apocalipsis del sustento interior/ andar sin encontrarle

alivio al tormento/ desesperante, mórbida aflicción/ del visitante y su castigo”.

La canción

Así como en las canciones de los géneros duros se critica lo existente en nombre de los

trabajadores excluidos y no de la bohemia antisistema, para hablar de Malvinas no se recurre ni a

una retórica victimista ni a un discurso antibélico ni a la paranoia sino

a los resabios del discurso nacionalista. La patria para estas canciones metálicas no es, cómo decían

los anarquistas, el último refugio de los bandidos sino el último refugio de los desangelados frente a

las lógicas del mercado.

Recuadro

El visitante, Almafuerte, 1999.

Olvidar yo sé bien que no podés como la sociedad olvida que fuiste obligado a marchar, en su defensa.

Recordando el mal momento atrincherado en tu habitación; soledad, humo y penumbras despertares de ultratumba.

Apocalipsis del sustento interior andar sin encontrarle alivio al tormento desesperante, mórbida aflicción del visitante y su castigo.

Fui elegido, para cantarte por quienes quieren olvido restarte grave pesado más no inconsciente yo te lo mando ex combatiente.

Grave pesado más no inconsciente yo te lo mando ex combatiente. Para vos.

Apocalipsis del sustento interior andar sin encontrarle alivio al tormento desesperante, mórbida aflicción del visitante y su castigo.

Fui elegido, para cantarte por quienes quieren olvido restarte grave pesado más no inconsciente yo te lo mando ex combatiente.

Grave pesado más no inconsciente yo te lo mando ex combatiente. Para vos.

Yupanqui llama con un lamento a la hermanita perdida soñando con una patria nacional y

popular; García, ante la disolución de lo común, empuña la ironía como última posibilidad de seguir

hablando (en los noventa, además de proclamarse intendente del Alto Palermo, proponía con tono

burlón “alambrar su barrio”); y Almafuerte, desde las fronteras del barrio, apela a un discurso

nacional que se parece más al grito de guerra de una tribu que a la posibilidad de refundar la patria.

Malvinas y Argentina ya no tienen la musicalidad de la rima perfecta. Tal vez las nuevas

canciones dedicadas a las islas tendrán que tener tanto astucia como fuerza. Astucia para

reactualizar los viejos legados culturales y políticos y fuerza para no ceder a la reivindicación

apresurada y aceptar la complejidad que encierra el enunciado “las Malvinas son argentinas”.

Cecilia Flachsland

RECUADRO (esto es aparte de mi nota, forma parte de las páginas generales del dossier)

El festival de la solidaridad latinoamericana: ¿complicidad o ingenuidad?

Si es posible construir un debate imaginario sobre Malvinas a partir de algunas canciones compuestas dentro de la música popular, hay un hecho puntual donde ese debate se exaspera: el Festival de la Solidaridad Latinoamericana realizado el 16 de mayo de 1982 en el estadio de Obras Sanitarias con los objetivos de exigir la paz en las islas Malvinas, recaudar víveres y ropas para los combatientes y agradecer la solidaridad de los países latinoamericanos. Alrededor de sesenta mil personas, la mayoría jóvenes, concurrieron al recital que fue transmitido por televisión, algo insólito para una música que no sonaba habitualmente en los medios masivos y que, a partir de la guerra y de la prohibición de pasar música en inglés, se transformó en la banda de sonido de la guerra.

Fue organizado por los productores Pity Yñurigarro, Alberto Ohanian y Daniel Grinbank, Convocó a buena parte de la escena musical rockera: Charly García, Luis Alberto Spinetta, León Gieco, Litto Nebbia, Nito Mestre, David Lebón, Rubén Rada, Raúl Porchetto, Pappo, Antonio Tarrago Ros, Miguel Cantilo, Tantor, Edelmiro Molinari, Ricardo Soulé, Javier Martinez, Dulces 16 y Beto Satragni, entre otros.

Con el paso del tiempo, los músicos que participaron del festival y otros que se negaron a hacerlo por considerarlo cómplice del accionar de la Junta Militar polemizaron acerca de las implicancias de aquel evento. Aquí se reproducen algunas de esas opiniones.

- León Gieco

“Lo del Festival de la Solidaridad fue un invento de los managers del rock para hacer algo con el tema. Todo el mundo estaba participando pero el rock no quería formar parte del circo que fue lo de la guerra. Hasta que en un momento se decidió que había que aportar, pero no desde el triunfalismo sino desde la paz. Al menos esa era mi posición. Me llamaron para cantar Sólo le pido a Dios, un tema que los colimbas cantaban en las Malvinas, y solamente por eso fui. Pero me sentí muy mal, es el único recuerdo que tengo. No me acuerdo de los detalles ni de los otros músicos ni de la gente que fue. Solamente me acuerdo de una sensación horrible y de los pibes de 18 años. Por lo demás, siempre me importó un carajo el tema del nacionalismo planteado en estos términos o la preocupación por dos islitas de mierda perdidas en el mar. Lo único en lo que pensaba mientras cantaba Sólo le pido a Dios era en los pibes que estaban pasando hambre y frío sin posibilidades de hacer nada. Cuando terminó la guerra y supe que la comida no les llegaba, que los torturaron por robar un poco de comida o que los chocolates que la gente donaba en Buenos Aires aparecían en kioscos de Rosario confirmé todo lo que sospeché en ese momento. Me di cuenta que los militares argentinos no sirven para nada, ni siquiera para la guerra. Y que la única vez que consiguieron un

triunfo, por así decirlo, fue cuando torturaron y mataron a los indefensos, a los que no tenían más armas que la palabra o las ideas: los desaparecidos”.

(Finkelstein, Oscar, León Gieco Crónica de un sueño de Oscar Finkelstein, AC Editora, Buenos Aires, 1994).

- Julio Moura (Virus)

“Creo que fue una propuesta a todos los grupos en general, que nosotros sentimos como muy

desagradable. No tenía nada que ver con nada, de repente éramos enemigos de los Beatles. Se trató de hacernos creer que era para ayudar a la recuperación de las Malvinas, pero terminó siendo un fraude. Nosotros queríamos que se terminara la guerra, que no tenía sentido más allá de que creyéramos que las islas son argentinas. Mandar a los chicos allá y subirte a un escenario para

especular, era horroroso

decías algo te daban un palazo en la cabeza. Era todo muy confuso: uno también pensaba que a lo mejor los chicos podían zafar y sacarlos a la mierda a los ingleses, y tampoco éramos tan consciente como ahora de lo que pasaba. Lo mejor que pudo pasar es que se terminara la guerra. Pero entiendo que a más de uno le vino bien aquel festival porque no tocaba ni en la cocina de su casa, y cuando les ofrecieron tocar se transformaron en los ‘héroes de Malvinas’”.

Lamentablemente, el momento no dio para decir todo esto porque si

(Sánchez Fernando y Riera Daniel, Virus un generación de Fernando Sánchez y Daniel Riera, Sudamericana, Buenos Aires, 1994)

- Daniel Grinbank, uno de los organizadores, productor y empresario de rock.

“El de Malvinas, contrario a lo que se supone fue un festival pacifista. Ningún músico habló de soberanía ni de imperialismo. Yo sabía que querían utilizarlo, y sabía lo que podía ganar y lo que podía perder. Pero acceder a la Cadena Nacional diciendo `Algo de paz´ en plena euforia belicista me pareció muy valioso”.

(Sánchez Fernando y Riera Daniel, Virus un generación de Fernando Sánchez y Daniel Riera, Sudamericana, Buenos Aires, 1994)

- Alfredo Rosso, periodista

“Es erróneo adjudicarle al rock una situación de pre-claridad que en realidad no tiene o que puede tener alguno, pero no todos. Federico Moura manejaba un criterio político y tenía una actitud personal bastante más clara que el resto. La sola idea de subirse a ese escenario le pareció en contra

de sus ideales. Yo estuve en el escenario la mayor parte del tiempo y no vi a un solo grupo hablando en pro de la guerra o que tratase de alguna manera de dar un discurso ambiguo. Todos los que subieron a tocar abogaban porque se terminara la guerra cuanto antes. Hubo una manipulación en la

transmisión que pretendió colocar a los artistas en el lado de la colaboración. Todo el mundo estaba desconcertado. Acá todavía no se sabía con certeza la enormidad del genocidio que recién se conoció con la publicación del libro Nunca Más en el 84. Se sabía que había pasado algo pero se ignoraba la magnitud. Y, por otro lado, no se tenía todavía conocimiento de lo que realmente estaba pasando con nuestros soldados en Malvinas. El concierto organizado por Daniel Grinbank, Pity Iñurigarro y Alberto Ohanian no repartió cachets y a nadie específicamente, le pidieron que colabore con algún fin aparte de mostrar a los grupos tratando de hacer algo en pro de la paz y ninguno especuló con sacar algún tipo de ventajas para sus carreras. Y tampoco existió algún llamado de la superioridad diciendo que el que no actuaba estaba listo o algo parecido. Fue una de las pocas veces que hubo algo unánime, porque si quisiéramos juntar a todos esos artistas para

Este concierto ocurrió cuando todos estos músicos no tenían la

alguna otra cosa sería imposible (

menor oportunidad de llegar a la gente en forma masiva. El rock no actuó como un cuerpo colegiado; la única coincidencia que flotaba en el aire era que la situación era un bajón”.

)

(Cavanna, Esteban, El punk en Argentina y la historia de Los Violadores, Interpress Ediciones, Buenos Aires, 2001)

- Piltrafa, cantante de Los Violadores

- “Si el rock es rebelde ahí nadie se rebeló: levantaron la alfombra y metieron la basura abajo. Salvo Spinetta, que se sintió usado, ninguno fue capaz de una autocrítica. Ese festival de tan fraternal se volvió fraticida (…) Con respecto a Malvinas creo que primero tenemos que tener un territorio que se digno para nosotros. No sabemos bien qué pasó en la historia porque cada uno cuenta su campana. No creo que debamos anexar territorio, aunque sean propios, si todavía no sabemos manejar los nuestros. El día que seamos un país mejor las Malvinas –dos islotes- van a poner unos remos y se van a acercar al continente”.

(Cavanna, Esteban, El punk en Argentina y la historia de Los Violadores, Interpress Ediciones, Buenos Aires, 2001)

Mutilaciones

Los combatientes de Malvinas en la memoria nacional ¨ 2

Federico Guillermo Lorenz

En El Ojo Mocho, Nª 20, invierno/ primavera 2006, pp. 45-50.

Y quien ante este diálogo diga que el pueblo está perdido no sabe lo que pasa, es ya tiempo de decir que el pueblo vive lejos, no le llegan noticias, o no las entiende, sólo él sabe lo que le cuesta mantenerse vivo. José Saramago, Levantado del suelo.

La historia aparecía recurrentemente en mis entrevistas con veteranos de la guerra de Malvinas, a mediados de los noventa. Emerge hoy, al volver a escucharlas, y también en numerosas conversaciones sobre la guerra en Buenos Aires, en Río Gallegos, en Catamarca: Al finalizar la guerra, un soldado que había quedado mutilado llamó desde el cuartel a su casa. Sin dar a conocer su estado, le pidió permiso a la mamá para llevar a un supuesto compañero en ese mismo estado a su casa, pero la madre le dijo que no. Las versiones aquí cambian; algunos cuentan que el soldado sólo cortó. Otras, que dijo “Es que en realidad soy yo, mamá. Chau”. Los relatos vuelven a coincidir en el desenlace: el joven veterano se suicidó. Esta imagen desgarradora es, como señalé, recurrente. Me lo contaron veteranos de Chubut, de Chaco, de Buenos Aires. Y fue publicado, en el primer aniversario de la guerra, por el diario Clarín, como un cable de ANSA consignando crónicas de Gabriel García Márquez. 3 Aquí está la pista, y la pregunta: ¿Por qué para tantos participantes en el conflicto esta historia lacerante y terrible funcionó como metáfora de su regreso? ¿Por qué tantos veteranos dieron crédito a esa historia? ¿Por qué para tantos esto es lo mejor que podían decir sobre sus sensaciones al volver de las islas?

Malvinas tiene una larguísima presencia en el imaginario argentino, pero sin duda la guerra de 1982 es un antes y un después. Hijo de mi época, desde esa marca es desde donde me propongo hacer algunas reflexiones sobre Malvinas y nuestras memorias.

Hay algunas claves centrales para pensar la guerra de Malvinas dentro de los años de la transición democrática. En las islas pelearon muchos de los que se consideraban “vencedores en la guerra contra la subversión”. No sólo estuvo Astiz, paradigma público de la deshonra y la cobardía, sino muchos otros, también asesinos y secuestradores, que tuvieron una conducta mucho más honorable y valerosa en la guerra “convencional”. Al mismo tiempo, muchas de sus víctimas, en las cárceles, pero también publicando solicitadas desde el exterior, se ofrecieron como voluntarias para combatir “al verdadero enemigo”. En el exilio, gente que se había tenido que ir del país con riesgo de su vida volvió a sentirse argentina. Hubo pocas y solitarias voces que señalaron una contradicción: ¿Era posible apoyar Malvinas y no apoyar a la dictadura?

Para muchos miles, los conscriptos, ir a Malvinas no fue una opción, y es cierto: estaban bajo bandera. Pero también lo es que las colas de jóvenes y no tanto que se anotaban como voluntarios para combatir son una realidad de la época.

Las clases ‘62 y ‘63, que mayoritariamente fueron a Malvinas, estaban compuestas, en los casos más afortunados, por jóvenes que habían comenzado su secundario con el gobierno militar. En

2 Publicado en El Ojo Mocho, Buenos Aires, invierno/ primavera de 2006. 3 Clarín, 4-4-1983.

consecuencia, quienes actuaron en las islas lo hicieron amparados y formados por una forma de concebir a la Argentina y a las relaciones con sus ciudadanos que se hizo trizas bajo las balas inglesas, pero también bajo los golpes de la propia ineficacia, en muchos casos, y de la frustración. Una tradición militar –y nacional- que gustaba pintarse a sí misma como invicta, tuvo que asimilar la palabra “derrota”. Pero: ¿Derrota? ¿De qué? ¿En la guerra? ¿De la idea de Nación? ¿De la dictadura? ¿Del pueblo?

¿O sólo de los hombres jóvenes en quienes encarnamos la tragedia?

Malvinas permite reflexionar acerca del modo en el que nuestra sociedad se relaciona con sus jóvenes, de las formas en las que da cuenta de la violencia cuando las armas callan. En noviembre de 1982, el gobierno británico tuvo que dirigir una carta al argentino, explicándole que en los recientes campos de batalla aún quedaban cuerpos argentinos insepultos, preguntándoles qué quería hacer con ellos. 4 Cinco meses después de la derrota, los muertos seguían allí, esperando una actitud, una respuesta. Como esta no llegó, muchos de los muertos argentinos no están enterrados con nombre conocido. Son, también, NN de la dictadura militar, Known unto God, como dicen las cruces, conocidos por Dios.

Es posible pensar Malvinas como una metáfora más de la Argentina. “La política se funda en acuerdos más o menos amplios sobre qué olvidar” -sostiene Héctor Schmucler- “La historia de la Argentina en estos veinte años se ha sostenido sobre dos intenciones de olvido, sobre dos silencios:

los desaparecidos durante la dictadura de la década de 1970 y la derrota en la guerra de las Malvinas. Desaparecidos y derrota: dos exclusiones, dos olvidos”. 5

La nota periodística mencionada antes consignaba el espectáculo dantesco de los cadáveres argentinos semienterrados: fantasmas corruptos asomando entre la turba malvinera, en reclamo de una respuesta, tanto como los fantasmas que nunca serán ni siquiera un resto, arrojados al río.

Los sobrevivientes de la guerra de Malvinas molestan, tanto como los sobrevivientes a los campos clandestinos que desmienten tanto el negacionismo de quienes reivindican las atrocidades de la dictadura como el relato heroico de las organizaciones armadas, para las que la mesa de tortura y los cuerpos fueron también un campo de batalla. Los sobrevivientes muestran en sus cuerpos, nombran con sus voces y su supervivencia aquello que no se quiere ver. Los veteranos de guerra también son los desaparecidos vivos, los que agitan las aguas de la pacificación intentada desde la transición. Traen la violencia en la que participaron como un hecho fundacional de sus vidas, reivindican en muchos casos su acción, echan en cara a sus compatriotas el apoyo a lo que sus jóvenes vidas protagonizaron del modo que mejor pudieron, agitan aún banderas que muchos prefieren no ver, como un hecho culposo de su propia existencia.

4 Clarín, 1-12-1982.

Hay muchas guerras de Malvinas, que no encajan en las grandes lecturas macro políticas que la

reducen a un orgasmo nacionalista de las multitudes producido por el impulso etílico de u general

degradado. Esas lecturas tranquilizadoras no funcionan en las vidas individuales, en las

comunidades pequeñas, en diferentes regiones del país donde la guerra fue una urgencia, una

amenaza y sí, una esperanza. En general son homenajes que se deben a iniciativas particulares,

como tantos otros en este país.

Los ex combatientes y la derrota se diluyeron en grandes ciudades como Buenos Aires, pero son un

hito en otros lugares del país: En el pueblo de Hernando, en la provincia de Córdoba, el 28 de mayo,

el día que mataron a Fabricio Carrascul cerca de Puerto Darwin, es el día en memoria de los héroes

de Malvinas, y el pueblo detiene sus actividades por una hora. La ruta que entra a Río Grande desde

el Norte, en Tierra del Fuego, está ensanchada desde el ’82: para los aterrizajes de emergencia de

los aviones de regreso de sus misiones de combate. Probablemente cada habitante de Madryn

guarda de recuerdo birretes, cascos, platos, dejados por los soldados recién devueltos por el

Canberra en agradecimiento por el alojamiento, la comida, el primer baño caliente en setenta,

ochenta días. Tampoco por esto es posible hablar de una guerra: el diálogo se espesa, lo que es un

manotazo de ahogado en la capital donde (creemos que) decidimos todo es la clave identitaria de

ciudades que se aferran como arbustos al suelo castigado y amado que pisan.

En todo caso, un elemento común a las diferentes visiones sobre la guerra es la muerte, pero las diferencias surgen cuando comenzamos a ver qué decimos sobre ellas. Una forma es prestar atención a los monumentos. En Necochea está el más grande, es una Patria que sostiene a un soldado muerto de proporciones estalinistas. Impresiona más por las asociaciones que genera que por lo que representa explícitamente: la destrucción de una autoimagen de nación. La vana y gigantesca República para todos. No era eso lo que se quiso representar, pero es lo que uno siente al verlo por primera vez. Los veteranos de Madryn cuentan lo que les costó erigir el suyo. Fui a verlo un día de sol. Frente al mar, sobre la Gran Malvina, un soldado agachado sostiene una bandera flameante. Sobre la isla Soledad, otro lleva en brazos un compañero exánime. La cabeza del muerto cuelga inerte, mientras el que lo carga alza la suya y abre la boca en un grito: está reclamando. Miran hacia el muelle por el que regresaron miles en junio del ’82. Ese monumento me gustó más, es el compañero el que nos reclama. Es el compañero el que habla por el que ya no puede hacerlo. Es que los muertos, como escribía Italo Calvino en Palomar, no sacarán partido de ninguna de las discusiones acerca de la guerra. 6 Discutir el pasado que los truncó es, sencillamente, argumentar acerca del futuro. Combatiendo sobre los sentidos que otorgamos a sus muertes estamos narrando un país que imaginamos. Probablemente uno de los episodios más emblemáticos de la guerra sea el hundimiento, el 2 de mayo de 1982, del Crucero A.R.A. General Belgrano por el submarino británico Conqueror, fuera de la zona de exclusión. La nave escorada, con sus cañones apuntando inútilmente al cielo, es uno de los íconos de la guerra. Con el hundimiento del crucero la Armada sufrió el mayor desastre en vidas humanas de la guerra, ya que fallecieron 323 de sus tripulantes. El Belgrano se transformó en símbolo del precio de sangre pagado por la Marina, pero también en el

6 “Naturalmente, los que siguen viviendo pueden, a partir de los cambios vividos por ellos, introducir cambios también en la vida de los muertos, dando forma a lo que no la tenía o que parecía tener una forma diferente: reconociendo por ejemplo un justo rebelde en quien había sido vituperado por sus actos contra la ley, celebrando a un poeta o un profeta en quien se había visto condenado a la neurosis o al delirio. Pero son cambios que cuentan sobre todo para los vivos. Ellos, los muertos, es difícil que saquen partido”.

eje de una disputa que se arrastra hasta nuestros días, en torno a las características del

torpedeamiento. La fuerza lo presenta como un “hecho de guerra”, en tanto le permite reivindicar un papel activo en el conflicto de 1982: “Hablar de inmolación, holocausto, traición, víctimas,

y a sus tripulantes puede haber sido un recurso

psicológico de oportunidad pero de ninguna manera puede ser el léxico apropiado para expresar

conceptos sobre este episodio de la guerra [

discutir la soberanía en las Malvinas no debe recurrirse al mal que pudieran haber hecho otros, sino

a lo bueno que hicimos y haremos nosotros”. 7 Pero esta posición, que buscó enfrentar un sentido

común generalizado durante la guerra, acerca de que “la marina se quedó en el puerto”, choca con la misma propaganda argentina durante la guerra y, en fechas más recientes, confronta con las acciones legales internacionales que presentaron asociaciones de veteranos y familiares de caídos contra Margaret Thatcher. 8

para

engaño, mártires para referirnos al crucero [

]

]

ya no debe mantenerse el papel de víctimas [

]

La derrota de Malvinas abrió las puertas a la transición a la democracia. Así fue percibido en la época, en los cánticos en las marchas, que demandaban tanto por los desaparecidos como por los muertos en las islas. A fines de los ochenta, en la cancha de River, en el concierto de Amnesty International Human Rights Now, León Gieco, por ejemplo, presentaba de este modo Sólo le pido a

Dios: “Vamos a cantar todos esta canción. Vamos a cantar por los chicos desaparecidos restituidos

que hoy están aquí presentes

lucha es nuestra lucha

Y vamos a cantar también está canción por todos

los chicos que jamás regresaron de Malvinas”. ¿Qué pasó luego? ¿Cuándo se partieron las aguas? ¿Cuándo es que la discusión sobre el pasado dictatorial dejó de preocuparse por algunos de sus actores centrales, los jóvenes ex combatientes? Los soldados desmovilizados encarnaron relatos acerca de la ineficacia militar, del desprecio sobre las vidas de los propios compatriotas, pero, también, una posibilidad para concentrar explicaciones para la derrota en sus características mayoritarias: jóvenes, sin instrucción, sometidos a las

decisiones de una junta militar que había dispuesto durante años del destino de los argentinos. Los soldados en Malvinas fueron también víctimas, para la época, de uno de los demonios en construcción para alivio de las responsabilidades colectivas. De allí que los primeros relatos sobre

la guerra se concentraran fundamentalmente en el maltrato sufrido a manos de sus propios oficiales.

El epítome de esto son tanto el libro Los chicos de la guerra, de Daniel Kon (1982), como la película homónima (1984), que dando publicidad a las voces de algunos de los sobrevivientes a la guerra sirvieron para sumar las malísimas condiciones en las islas al catálogo más amplio de las aberraciones de la dictadura que comenzaban a conocerse masivamente. 9 Pero el énfasis en su condición de víctimas, fue resentido aún por los mismos ex combatientes, que buscaban hablar de su experiencia en la guerra. Desde el regreso a escondidas, de madrugada,

separados en muchos casos de sus pueblos y comunidades que los aguardaban entusiastas aun en la derrota, vieron también cerrados los espacios para hablar de lo que habían visto y vivido. Imágenes

países perseguidos por los gobiernos militares

a cantar por las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo cuya

Vamos a cantar por los millones de latinos que tienen que emigrar a otros

Vamos

y

experiencias que, básicamente, nacían de la guerra que habían protagonizado, mal, bien, con la

7

Héctor Bonzo. 1093 tripulantes del Crucero ARA General Belgrano. Testimonio y homenaje de

su comandante. Buenos Aires: Sudamericana, 1992, pp. 402-403.

8 Federación de Veteranos de Guerra de la República Argentina (FVGRA). Razones por las

cuales el hundimiento del Crucero A.R.A. “Gral. Belgrano” es un crimen de guerra (mayo de

1997).

9 Nos falta aún un estudio que analice conjuntamente el peso simbólico de dos películas: La

noche de los lápices (Hector Olivera, 1986) y Los chicos de la guerra (Bebe Kamin, 1984). En otros trabajos me he ocupado de la primera de ellas y su impacto en las escuelas medias. La impronta que dejaron en el imaginario colectivo en su doble papel de constructoras de sentido y explicaciones históricas sobre la dictadura y a la vez de la imagen de los jóvenes en relación con la sociedad y el poder dictatorial está bien vigente aún hoy.

fortuna de estar vivos, pero como actores. Vivos, sólo para transformarse en muertos civiles, en imágenes sin voz a la hora de pelear por el pasado.

A la par de intolerables situaciones de humillaciones y abuso, como toda guerra Malvinas también

generó otras de increíble heroísmo y entrega. Permitió que se forjaran lealtades y pertenencias nuevas en una matriz que la derrota y el desprestigio militar transformaban en anacrónicas. Palabras

viejas, asociadas a lo militar, al nacionalismo, a cosas que molestan porque herederos de un trauma colectivo automáticamente pensamos en otras. ¿Se puede ser anacrónico con 18 o 20 años de edad, y con una guerra de por medio? Los veteranos de guerra actúan con sus vidas, del mejor modo que pueden, respuestas a esta pregunta. A veces, con sus muertes, materializadas en alrededor de trescientos suicidados desde que la guerra terminó:

la mitad de los muertos fallecidos durante la guerra, suponiendo que esta termina cuando enmudecen las armas.

¿Dónde se partieron las aguas, dónde se construyó el silencio dentro del silencio? ¿Cómo? ¿Por qué? Acaso por las controversias que despierta levantar el tema. En una de sus primeras marchas (que, bueno es decirlo, convocaban a numerosas columnas de las juventudes políticas), los representantes de las agrupaciones de ex combatientes expresaban claramente la ambigüedad del

tema Malvinas: “La idea de realizar una movilización al Cabildo surgió de la necesidad de acercar

la causa de Malvinas a las causas que, por la Liberación Nacional, embanderan cotidianamente a

nuestro pueblo. Cuando la reacción y la oligarquía quieren hablar, golpean las puertas de los cuarteles; cuando es el pueblo el que quiere expresarse, golpea las puertas de la historia. En muchas oportunidades nos critican por levantar consignas que algunos ‘demócratas’ tildan de políticas. Bien saben que nuestra organización lucha por los problemas que, desde la culminación de la guerra de las Malvinas, padecemos los ex combatientes. Pero se olvidan –y lo anunciamos sin soberbia- que nuestra generación ha derramado sangre por la recuperación de nuestras islas y que eso nos otorga

un derecho moral [

generación de argentinos que, después de la guerra, conoció las atrocidades que había cometido la dictadura. Nosotros no usamos el uniforme para reivindicar ese flagelo que sólo es posible realizar cuando no se tiene dignidad. Nosotros usamos el uniforme porque somos testimonio vivo de una generación que se lo puso para defender la patria y no para torturar, reprimir y asesinar”. 10

La superposición simbólica de la guerra de Malvinas con el terrorismo de Estado es evidente en este reclamo, en este reproche hecho a la sociedad desde un colectivo juvenil que había construido su identidad en base a la guerra. “No somos asesinos, no nos pongan en la misma bolsa”. Pero en el sentido común de muchos los pozos de zorro en los cerros de Malvinas y los sótanos de la ESMA eran prácticamente la misma cosa. Y hacia aquí apuntan muchos de los discursos pro militares, cuando intentan lavar con Malvinas la sangre de las mesas de tortura.

El jefe del Batallón de Infantería 5 (una de las unidades con mejor desempeño en la guerra) Carlos

Robacio, habla así de uno de los responsables de la masacre política perpetrada por los marinos:

“Antonio Pernías [es] un héroe de la guerra antisubversiva y en Malvinas, el mismo siempre fue lealmente de frente y cumpliendo igual que nuestros oponentes británicos, las órdenes que su país le requería, cualesquiera fueran el lugar y las circunstancias que lo rodean. Lamentablemente, hace poco tiempo fue sentado en el banquillo de los acusados, aunque no le correspondía ya que, como en Malvinas, Pernías solamente se limitó a cumplir acabadamente bien lo que la Patria le impuso. Hoy, después de 20 años de su derrota, los que siguen viviendo y explotando el odio, han logrado interrumpir la carrera de un valiente y honesto profesional. Hombres como Pernías, Soldados con mayúscula, son de gran valor, como ejemplo de dignidad y honestidad para las generaciones del futuro”. 11

No nos olvidemos que durante la guerra de Malvinas se expresó una nueva

]

10 Centro de Ex Soldados Combatientes de Malvinas. Documentos de Post Guerra. Nº 1. Serie

de Cuadernos para la Malvinización. Buenos Aires, 1986, p. 23.

11 Carlos Robacio (jefe del BIM 5 durante la guerra), Desde el frente. Batallón de Infantería de

Marina N° 5, Buenos Aires, Solaris, 1996, pp. 420-421.

¿Cómo incorporar Malvinas a la transición? ¿Cómo quitarles ese símbolo a las Fuerzas Armadas? Un discurso poco conocido de Raúl Alfonsín representa algunos de esos esfuerzos. En Luján, en el primer aniversario en democracia de la guerra, intentó reinstalar a los muertos y sobrevivientes de Malvinas como santos laicos dentro de la religión patriótica republicana: “Hoy 2 de abril vengo aquí a evocar con ustedes, delante de este monumento, a nuestros caídos en batalla, a esos valientes argentinos que ofrendaron su vida o que generosamente la expusieron en esa porción austral de la patria. Si bien es cierto que el gobierno que usó la fuerza no reflexionó sobre las tremendas y trágicas consecuencias de su acción, no es menos cierto que el ideal que alentó a nuestros soldados

fue, es y será el ideal de todas las generaciones de argentinos: la recuperación definitiva de las islas

Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur [

deseado dejar sus cuerpos sin vida entre las piedras, la turba y la nieve, después de haber peleado

Cuántos ciudadanos de uniforme habrán

]

con esfuerzo y osadía. Pero Dios vio a los virtuosos y de entre ellos los valientes y los animados, de entre los dolidos y los apesadumbrados eligió a sus héroes. Eligió a estos que hoy memoramos. Ungidos por el infortunio, sin los laureles de la victoria, estos muertos que hoy honramos son una

lección viva de sacrificio en la senda del cumplimiento del deber [

refuerzan aún más la convicción que tenemos sobre la justicia de nuestros derechos”. 12

Pero no es posible. Tres años después, para explicar su claudicación frente a Rico y sus carapintadas, el mismo presidente era el que apelaba, de un modo similar al del entusiasta defensor de Pernías, a la ambigüedad que presenta Malvinas, al invocar su condición de héroes de esa guerra como un atenuante para su conducta antidemocrática y golpista. Ante el recuerdo del entusiasmo compartido por el desembarco del 2 de abril de 1982, para muchos es mejor callar.

Esas trágicas muertes

]

Pero para las vidas de los veteranos, en Villa Ángela, en Comodoro Rivadavia, en Lanús, para los padres de Fabricio Carrascul y tantos otros, estas discusiones pasan a un segundo plano frente a las marcas en la propia historia. Si un mérito tiene la reciente película sobre los familiares de los caídos en Malvinas, Locos de la bandera (2005) es mostrar la posguerra como un largo esfuerzo por lograr un espacio de visibilidad en la política argentina, construido, como tantos otros en nuestra historia, desde el dolor y la pérdida. Sólo que esa legitimidad y pertenencia se asientan en viejas banderas, malversadas hasta el cansancio por fuerzas armadas y de seguridad que tozudamente se dedicaron a masacrar compatriotas durante toda su historia, pero con especial fruición desde mediados del siglo XX. El título del film es ya una provocación, pero lo es más el mensaje central: muchos nos acompañaron, pero sólo nosotros quedamos con este dolor. Las historias de los soldados quedaron subsumidas en las críticas generalizadas a la dictadura militar. El equilibrio entre un reconocimiento a los jóvenes soldados y que este fuera leído como una reivindicación de las Fuerzas Armadas y la dictadura siempre fue difícil, y prefirió evitarse, porque de este modo también se evitaban pronunciamientos sobre las propias responsabilidades sociales y políticas. No obstante, el mecanismo social tanto de victimizar como de culpabilizar a los jóvenes parece de una vigencia por lo menos inquietante. Hoy, hombres que han hecho sus vidas del modo que pudieron y que eran jóvenes soldados en el ’82 deben, además de encarnar la derrota, deben responder sobre cuestiones que poco tienen que ver con su experiencia y responsabilidad, como no sea por el hecho trascendental de haberlos colocados en la situación límite de matar o morir. Así, muchas de las críticas a Iluminados por el fuego (Bauer, 2005) exceden lo que la película pretende mostrar: la guerra desde la mirada de uno de sus sobrevivientes. Los veteranos de Malvinas, de acuerdo a algunas críticas, deberían explicarnos las causas de la guerra: “No hay en el centro del relato una posición clara respecto de esa guerra, de sus causas y de sus consecuencias, de su pertinencia, de su persistencia como metáfora nacional. Apenas una historia que insiste en lo

emocional y lo desgarrador, un punto de partida que recubre al filme de un halo de importancia que

lo hace intocable, inmune a las posibles críticas”. 13

“¿Fue el de las Malvinas un conflicto necesario, justo, evitable, honorable, justificable? ¿Fue la muerte de los jóvenes soldados una coda a la política de la desaparición y la muerte imperante en esos años? ¿Qué entendemos por soberanía y nacionalismo? ¿Cuán argentinas son las Malvinas?”. 14

Preguntas centrales, pero para una discusión que la película, como las voces de los veteranos,

debería iniciar, y no cerrar, para obligarnos a responder. “La gran pregunta que el film no se hace –

y debería- es: ¿la guerra valió la pena?” 15 Elusión de la propia posición, y lo que es peor, descarga de demandas y responsabilidades sobre actores sociales bien identificados. Igual que en el ’82, los sobrevivientes de la guerra, además de cargar con sus pesadillas y con sus muertos, deben cargar con frustraciones y vergüenzas ajenas. Esta forma de leer la guerra, como otros episodios de la historia nacional, abreva en una tradición más amplia de culpabilización/ victimización disfrazada de compromiso y respeto. En el vigésimo aniversario de la guerra, José Pablo Feinmann escribió: “Hay una dolorosa paradoja que los ex combatientes de Malvinas deben sobrellevar: sufrieron y murieron (no por la soberanía y la gloria de la patria, como quisieron hacerlo y como reconfortaría creer que lo hicieron) sino como parte de un proyecto antidemocrático, bélico – político, que buscó limpiar con una “guerra limpia” los

horrores de la “guerra sucia” (

Quienes lucharon en España por la República podrán contar hasta

el último de sus días la gesta que los incluyó, igual los militantes antinazis, los resistentes italianos

o franceses, los combatientes de la Cuba Revolucionaria o los que estuvieron junto a Salvador Allende. No tenemos esa suerte. Nuestros sueños fueron embarrados por símbolos infames como

Galimberti en Punta del Este (

balcón de la Rosada (

o nacieron embarrados por la verborragia etílica de Galtieri en el

Los espera otra gloria: la de aprender a vivir sin gloria. La de saber que la

gloria –cuando se la espera de la guerra- no suele venir, ya que aquello que la guerra entrega es el

horror y la muerte. La gloria de saber que los queremos no porque hayan peleado una “guerra justa” sino porque fueron víctimas”. 16

)

)

)

Muchos de los que combatieron en Malvinas, pese a lecturas como esta, consideran que combatieron “por la soberanía y la gloria de la patria”. Puede que Feinmann no crea esto y no se sienta reconfortado, pero bien distinta es la situación de los actores: lo que da sentido a sus vidas es creer que así fue, sobre todo porque así lo vivieron, en una situación que en la mayoría de los casos no buscaron, pero que debieron resolver. Paul Ricoeur, en un texto en el que reflexiona sobre las posibilidades políticas de la no violencia, describe esta frontera insalvable: "Pero esta comprensión de una dialéctica de la no- violencia profética y de la violencia progresista, dentro misma de la eficacia, no puede ser más que una visión del historiador. Para el que vive, para el que actúa no hay compromiso ni síntesis; no hay más que una opción". 17

Los temas hegemónicos desde los años ochenta dejaron poco espacio para “historias de soldados”, de uniforme, de unidades, de pertenencias regimentales o locales construidas, nuevamente, en base

al imaginario de los actores. Y el de muchos de estos, en su escalón de responsabilidad más bajo,

era el de la Nación que habían aprendido en la escuela, en las prácticas políticas, en sus casas. Los muertos en Malvinas, y sus sobrevivientes, orientaron sus acciones durante la guerra y la posguerra en base a esas formas de pensarse dentro de una comunidad.

En 1917, el poeta británico Siegfried Sassoon escribió sobre sus soldados en las trincheras de la Primera Guerra Mundial:

13 Diego Brodersen, “No hay una posición clara”, Ñ, 10 de septiembre de 2005.

14 Gustavo NG, “Las heridas secretas de la guerra”, Ñ, 10 de septiembre de 2005.

15 Leonardo D’Espósito, “La turba del consenso”. Perfil, 11/09/2005.

16 José Pablo Feinmann, “La guerra y la gloria”, Radar, 31/03/2002.

17 Paul Ricoeur, “El hombre no violento y su presencia en la historia”, en Historia y verdad,

Madrid, Encuentro, 1990, p. 216.

Los soldados son ciudadanos de la tierra gris de la Muerte, Sin obtener ganancias a cuenta del futuro. En la gran hora del Destino ellos se detienen, Cada uno con sus rencores, sus celos y sus penas. Los soldados se han juramentado para la acción, deben ganar Algún deslumbrante y fatal clímax al precio de sus vidas:

Los soldados son soñadores, cuando comienza el cañoneo Ellos piensan en casas con tibios hogares, camas limpias y esposas.

Yo los veo dentro de pozos pestilentes, roídos por las ratas, Y en las trincheras ruinosas, azotados por la lluvia, Soñando con cosas que hacían con pelotas y paletas, Sufriendo la burla de un deseo sin esperanzas de recuperar Sus feriados bancarios, y sus exposiciones, y sus polainas E ir a la oficina en tren. 18

¿Qué responsabilidad sobre qué decisiones tenemos derecho a reclamar desde el papel a quienes transitan estas condiciones? ¿Cómo no buscar, más bien, la forma de dar lugar a que voces poco audibles, enterradas en el país profundo, circulen, molesten, construyan? “Ni los organismos de derechos humanos reconocen a los veteranos como víctimas de la dictadura”, dice Edgardo Esteban, el veterano cuyo libro inspiró la película. 19 Toda una definición y un reclamo: aún desde el dolor más legítimo se puede excluir, se pueden diseñar muertos y sobrevivientes de primera y de segunda. Víctimas y actores, mancha bélica en la transición que pintó a los jóvenes sólo como pasivos objetos en manos de sus verdugos. Jóvenes con armas en las manos, fotografías de la Argentina reciente relegadas frente a imágenes más complacientes que permiten identificar responsables y lavar culpas. Silencios vivos, ausencias encarnadas en cuerpos que son padres, que son hijos, y que conviven con la demanda de que respondan a preguntas que los demás no nos atrevemos a hacernos a nosotros mismos, pero sí a responder por ellos. Acaso no se trate de que los sobrevivientes de Malvinas deban aprender a vivir sin gloria, sino más bien, a no resignarse a que otros les asignen la gloria que les toca, soportar que le pongan nombre y forma, que la ubiquen en la jerarquía de dolores y pérdidas que también hemos construido durante más de dos décadas. Aunque el resultado de estas construcciones no se parezca en nada a la turba en la que se enterraron para esquivar las bombas británicas, para resistir la ausencia de sus hogares, el deseo por el cuerpo amado lejano en miles de kilómetros, aunque sólo ellos conozcan los rostros que ya no volverán, demasiado parecidos a los de ellos mismos, congelados en el tiempo como los de los desaparecidos, siempre jóvenes, siempre a mano para cerrar las puertas a la discusión sobre nuestras responsabilidades intelectuales, políticas, humanas.

18 Siegfried Sassoon, "Dreamers ". En The War Poems, London, Faber and Faber, 1999.