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REINFLAMANDO LA LLAMA

REINFLAMANDO LA LLAMA:
¿Qué relación existe entre
el bautismo en el Espíritu Santo
y la iniciación cristiana?

The Heart of the Church Consultation

Kilian McDonnell
George T. Montague
Editores
Salvador Carillo Alday Traductor

A MICHAEL GLAZIER BOOK

THE LITURGICAL PRESS Collegeville,


Minnesota
Diseño de cubierta por David Manahan, O.S.B.
Copyright ® 1991 by The Order of St. Benedict, Inc., Collegeville, Minnesota. Todos los derechos reservados.
Impreso en los Estados Unidos de América. ISBN 0-8146-5911-X.
Contenido

Cartas de Recomendación
Obispo Sam G. Jacobs

Obispo Joseph C. McKinney

Reinflamando la llama:

¿Qué relación existe entre el bautismo en el Espíritu Santo y la iniciación cristiana?


Cartas de recomendación

DIÓCESIS DE ALEXANDRIA
4400 ColiMum Blvd.
P.O. Box 7417
ALEJANDRÍA, LOUISIANA 71306 Oficina del Obispo
(318) 445-2401

7 de diciembre de 1990
Queridos hermanos en Cristo:

El 18 de febrero de 1967, un grupo de alumnos de la Universidad Duquesne de Pittsburg, Pensilvania, asistieron


a un Retiro donde experimentaron el cumplimiento de la promesa de Dios de manera grandiosa. Dios, por su gran
amor, en un momento nuevo de gracia derramó su Espíritu. El los llevó a ambas experiencias: la conciencia y el
poder del bautismo en el Espíritu Santo. Lo que habían experimentado en los sacramentos del bautismo y
confirmación se tornó vida y realidad en ellos.

Este documento y otros muchos estudios han clarificado que la gracia de Pentecostés, conocida como bautismo en
el Espíritu Santo, no pertenece a ningún movimiento en particular sino a toda la Iglesia. De hecho, esto no es nada
nuevo, ha sido siempre parte del designio de Dios para su pueblo desde el primer Pentecostés en Jerusalén y a través
de la historia de la Iglesia.

Efectivamente, esta gracia de Pentecostés, según los escritos de los Padres de la Iglesia, ha sido reconocida en la
vida y en la experiencia de la Iglesia, como normativa para la vida cristiana y como parte integrante de la plenitud
de la Iniciación Cristiana.

Al dar a conocer este documento el Comité Nacional de Servicio de la Renovación Carismática espera promover
ulteriores reflexiones teológicas sobre el tema de la gracia de Pentecostés: llevar a la gente a una conciencia más
profunda del plan de Dios para su pueblo y promover, a través de sabios líderes pastorales de la Iglesia, modelos
para la implementación de la premisa fundamental de este documento, a saber, que ser plenamente bautizado en
el Espíritu Santo es parte de la vida pública y litúrgica de la Iglesia.

¡Quiera Dios, quien empezó este trabajo, llevarlo a término de acuerdo a sus designios y a su tiempo. Paz!

Sinceramente suyo en el Señor,

Mons. Sam G. Jacobs


Obispo de Alejandría
4865 Eleven Mile, Rd.

Rockford, Michigan 49341

(616)866-0931

AS ONE WHO SERVES

7 de diciembre de 1990
Queridos Amigos,

"Reinflamando la llama" ha estado sujeto a un largo proceso de deliberaciones. Nuestro Comité de la Renovación
Carismática Ad Hoc revisó el documento en dos ocasiones durante su desarrollo. A petición nuestra, miembros de
otros comités también revisaron los documentos. Nuestras inquietudes fueron consideradas e incorporadas en el
documento final. De todo corazón, animamos a nuestros hermanos obispos a considerar seriamente este
documento y a distribuirlo entre sus líderes pastorales. Creemos que este documento tiene el potencial para
impulsar la evangelización y el crecimiento del R.I.C.A. También trata positivamente de la poderosa influencia de
las Iglesias evangélicas de nuestro tiempo.

Agradezco la atención que sirvan dar a la presente.

En el Señor Jesús,

Joseph C. McKinney
Reinflamando la Llama:
¿Qué relación existe entre el Bautismo
en el Espíritu Santo y la Iniciación Cristiana?

De nadie cautivo
"¿Habéis recibido el Espíritu Santo al abrazar la fe?" (Hch 19,2). A esta pregunta de san
Pablo, nosotros cristianos católicos, respondemos con el corazón henchido "Sí", porque a
través de los sacramentos de la iniciación cristiana verdaderamente hemos recibido el Espíritu
Santo. Así como Timoteo era alentado para que "reinflamara la llama" del primer don
recibido (2Tim 1,6), así también a nosotros se nos presenta el reto de despertar las gracias
bautismales a través de una constante y profunda conversión a Jesucristo. Nosotros, los
suscritos, estamos escribiendo a los obispos y a los líderes pastorales de la Iglesia Católica de
los Estados Unidos para compartirles nuestra convicción de que, lo que algunos de los
primeros autores cristianos llamaron el "bautismo en el Espíritu Santo", es la clave para poder
vivir una vida cristiana en plenitud. En este documento, el "bautismo en el Espíritu Santo" se
refiere a la Iniciación cristiana y a un redespertar de la experiencia cristiana. La Iglesia de los
primeros años impartía el bautismo en el Espíritu Santo a los que deseaban iniciarse en la fe
cristiana. Hoy día esta frase se usa para significar un despertar posterior de la gracia
sacramental original recibida en el bautismo, pero de ninguna manera significa un segundo
bautismo.1 No estamos sugiriendo que el "bautismo en el Espíritu Santo" se realice sólo en la
Renovación Carismática; nuestra experiencia personal y nuestra reflexión teológica nos ha
llevado a creer que la gracia del "bautismo en el Espíritu Santo" ha sido destinada para toda la
Iglesia.

El bautismo en el Espíritu Santo no es cautivo de ningún campo, ni liberal ni conservador. No


se identifica con ningún movimiento, ni con ningún estilo de oración, de celebración o de
comunidad. Al contrario, creemos que el don del bautismo en el Espíritu Santo pertenece
como herencia cristiana a todos los que han recibido en la Iglesia los sacramentos de la
iniciación cristiana.

Nos hemos reunido por invitación del Comité Pastoral Nacional de la Renovación Cristiana de
los Estados Unidos, con la confianza y el apoyo de los obispos por su Comité ad hoc de la
Renovación Carismática Católica. Les estamos ofreciendo esta exposición para que sea
reflexionada en oración y discernimiento.
Una comunidad debilitada necesita conversión
El trabajo que inició el Concilio Vaticano II ha sido para la Iglesia entera una fuente de
esperanza y alegría. Ha producido un resurgimiento espiritual que ha inspirado y alentado a
los fieles. Sin embargó, existen aún muchas áreas que necesitan crecimiento, donde
tristemente se nota que falta el poder del Espíritu.

Desde nuestra experiencia, el área que más debe preocuparnos es la necesidad por una
comunidad más plenamente evangelizada y evangelizadora.2 Hoy día, esta verdad urge
nuestra experiencia con un sentimiento siempre creciente. La desintegración familiar, la
disminución de vocaciones sacerdotales y religiosas, el consumismo inútil, el gran olvido de los
pobres, éstos y otros muchos factores son síntomas del debilitamiento de la comunidad
católica. La comunidad ha sido víctima de las presiones del mundo secular donde los medios
de comunicación constantemente se burlan del Evangelio y desprecian el gran valor central
que constituye para la persona el ser hijo de Dios. Un número creciente de católicos
encuentra dificultad para vivir de acuerdo a nuestra tradición y a las enseñanzas de nuestra
Iglesia. Las palabras de san Pablo advirtiéndonos que nuestra lucha es "contra los
principados, contra las fuerzas dominadoras de este mundo tenebroso" (Ef 6,12), tienen un
significado muy profundo para nuestro mundo de hoy.
La necesidad de conversión es evidente. Una comunidad debilitada no podrá ofrecer
fácilmente a las familias el ambiente necesario para que comuniquen la fe a la siguiente
generación, ni fomentar las vocaciones necesarias para que sirvan a la Iglesia. Una comunidad
debilitada no podrá reclamar las grandes pérdidas que sufren diferentes grupos étnicos
atraídos por otros grupos de iglesia. Una comunidad debilitada no podrá producir una fe viva
en nuestros ritos litúrgicos renovados, ni sostener una parroquia que comunique vida en el
Espíritu. Tal comunidad no puede realizar una evangelización efectiva, no puede pasar su fe a
sus propios hijos, no puede rescatar a aquellos que se han ido, ni cumplir con la verdadera
misión e identidad de la Iglesia.
La implementación del RICA (Rito de iniciación cristiana para adultos) muestra una marcada
convergencia de preocupación en estas áreas. Son precisamente los nuevos iniciados quienes
necesitan el apoyo de una comunidad que pueda nutrir la conversión personal y eclesial
celebrada en los ritos de iniciación. No es suficiente cambiar simplemente estructuras o
implementar programas, "La Iglesia . . .es consciente de que aun las mejores estructuras y los
sistemas más idealizados pronto se convierten en inhumanos si ... quienes viven en esas
estructuras o las rigen, no experimentan una conversión de corazón y de mente."3

Necesitamos una vida en el Espíritu más profunda


Creemos que la solución a estos problemas radica en una profunda conversión personal a
Cristo, en la santificación y en una vida en el Espíritu Santo más plena. El mensaje de Jesús
"Arrepiéntanse y crean en la Buena Nueva" (Mc 1,14; Mt 4,17) está en el centro del
Evangelio. El arrepentimiento comienza en el corazón, confrontando aquellas actitudes,
sentimientos y hábitos que nos separan del Señor. El arrepentimiento libera el corazón para
que puedan responder a la divina belleza personalmente encarnada en Jesús y compartida por
la gente que vive asemejándose a El. Una conversión inicial a Cristo nos consagra a una vida
de discipulado (Lc 9,23-27). Es más, conforme avanza el proceso de conversión, las
esperanzas naturales y pecadoras se van transformando en esperanza cristiana; las
percepciones meramente humanas de la realidad, en fe teológica; el amor natural humano, en
caridad, y la búsqueda humana de la justicia, en la construcción del Reino de Dios en la tierra (I
Cor 13,13). La vida dentro de un discipulado cristiano convertido tiene exigencias más
rigurosas. Pide confiar en la providencia personal de Dios sobre nosotros que nos reclama
totalmente y nos libera para poder compartir nuestras posesiones con los pobres y necesitados
(Mc 18,17-31; Mt 20,16-22; Lc 12,13-34; 16,19-31; 18,18-30). Nos compromete a una opción
preferencial con los pobres.4 Nos exige el perdón mutuo como prueba auténtica de la oración
cristiana (Mt 6,12; Lc 11,4). Nos consagra a la vida de las bienaventuranzas (Mt 5,3-12).

La auténtica conversión personal a Cristo no es ni aislamiento ni subjetivismo. Trasciende la


piedad sentimental.

La conversión auténtica a Cristo se realiza en una comunidad de fe que nos alimenta y nos
vincula a la tarea eclesial de edificar el justo Reino de Dios en la tierra.

La vida plena en el Espíritu Santo, la unción carismática del Espíritu, enriquece la Iglesia con
amplia clase de dones.5 Los dones de adoración, de alabanza y de oración hacen profundizar la
dimensión contemplativa de la fe cristiana. Los dones de servicio animan la vida cristiana de
santidad comprometiéndola con la justicia. Todos los carismas llevan a una nueva docilidad al
Espíritu, a una fe expectante en la intervención salvífica de Dios en los problemas humanos, a
un creciente celo por el Evangelio y a un respeto por la autoridad en la Iglesia.6

A través de la experiencia actual del bautismo en el Espíritu Santo, millones de católicos se


han convertido a Cristo y se han comprometido a servir en la Iglesia. Estas son las
manifestaciones de una apropiación personal de las gracias de la iniciación sacramental.7
Como diremos más adelante, el bautismo en el Espíritu Santo incluye tanto la santificación
que da el Espíritu como los dones carismáticos. El bautismo en el Espíritu Santo envuelve la
celebración eucarística en alabanza y adoración. Da nuevo significado a los ritos de la
Iniciación cristiana. Da crecimiento a la práctica devota de la reconciliación y renueva en la
Iglesia tanto el ministerio sacramental de sanación como el carismático. Transforma las
familias en comunidades de gracia, alimentando y guiando a los niños a una plena madurez
en Cristo.8 Llena de poder el ministerio sacerdotal. Alienta el ecumenismo auténtico.

El bautismo en el Espíritu Santo introduce a quienes lo han recibido, en una experiencia de


comunidad cristiana que trasciende todo lo que hayan anteriormente conocido.9 Es más, las
comunidades enriquecidas con carismas han dado a la Iglesia en este país y en todo el mundo
una multitud de evangelizadores comprometidos y eficaces, que han llevado el Evangelio a
personas y lugares que de otra manera no hubieran tenido la esperanza de escuchar la Buena
Noticia. Un número significativo de estas personas transformadas por la vida en el Espíritu
han elegido servir a la Iglesia como religiosos, sacerdotes y diáconos. Verdaderamente el
poder transformador del bautismo en el Espíritu Santo ha tocado a personas de todas edades y
situaciones: a laicos, sacerdotes y obispos.

Reconocemos que la renovación carismática, como el resto de la Iglesia, ha experimentado


problemas y dificultades pastorales. Como en el resto de la Iglesia, hemos tenido que luchar
contra brotes de fundamentalismo, autoritarismo, discernimiento defectuoso, gente que deja la
Iglesia, y un ecumenismo mal guiado.10 Estas aberraciones brotan de las limitaciones humanas
y del pecado y no de la genuina acción del Espíritu. A pesar de todo, estos problemas
pastorales, presentes en la Renovación, no han sido obstáculo para que católicos de este país y
de todas partes del mundo experimenten un auténtico bautismo en el Espíritu Santo. Por
tanto, cuando sugerimos que la solución a los problemas arriba descritos debe buscarse
primero que nada mediante una profunda conversión personal a Cristo, que se manifiesta en
una vida más plena en el Espíritu Santo, nos estamos refiriendo a la auténtica apropiación de
las gracias de la iniciación cristiana a través del bautismo en el Espíritu.

La iniciación cristiana es el bautismo en el Espíritu


Los pentecostales clásicos (pentecostales protestantes) no inventaron el bautismo en el Espíritu
Santo. Este, más bien, forma parte integrante de la iniciación cristiana como es atestiguado
tanto por el Nuevo Testamento, como por los antiguos maestros post-bíblicos de la Iglesia. San
Pedro describe los elementos esenciales de la iniciación cristiana con estas palabras:
"Arrepentios y bautizaos en el nombre de Jesucristo para el perdón a vuestros pecados y
recibiréis el don del Espíritu Santo" (Hch 2,38). La vida cristiana se inicia con la conversión a la
persona de Jesús, pero también conlleva esencialmente el don del Espíritu Santo. Los cuatro
evangelios presentan a Jesús como él que "bautiza con el Espíritu Santo" (Mc 1,8; Mt 3,11;
Lc 3,16; Jn 1,33). El propio bautismo de Jesús en el Jordán está marcado por el
descendimiento sensible del Espíritu Santo (Lc 3,22 par.) y su bautismo es el prototipo de
toda iniciación cristiana. El don del Espíritu Santo es el efecto esencial de esta iniciación:
"Todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo cuerpo... y todos hemos
bebido de un solo Espíritu": (I Cor 12,13).
Los frutos de esta recepción del Espíritu son muy variados: santificación (I Cor 6,11-19); una
relación nueva y experiencial con Dios por la cual podemos clamar "Abba, Padre." (Gal 4,6;
Rm 8,15), y con Jesús a quien proclamamos como el Señor (I Cor 12,3); una unión con los
demás por los lazos del amor, caminando en el Espíritu con el poder del Espíritu (Gal 5,25);
amor, gozo, paz y los otros frutos del Espíritu (Gal 5,22); una nueva luz para penetrar los mis-
terios de Dios (I Cor 2,9-15); un gusto por la palabra de Dios (Hb 6,4-5); la valiente osadía
para dar testimonio aún hasta la muerte (Hch 1,8 y passim); el discernimiento sobre la ver-
dadera doctrina (l jn 2,24-27); y dones de alabanza, sabiduría, profecía, sanación, así como
carismas de servicio para la edificación del Cuerpo de Cristo, "a cada uno le ha sido dada la
gracia en la medida del don de Cristo" (I Cor 12,7-11; Ef 4,7-16). Estos dones, deseados (ICor
14,1) y discernidos (I Tes 5,19-21), llenan de poder a los miembros del Cuerpo para que
puedan crear la comunión a la que la Iglesia está llamada, y puedan proclamar su mensaje de
amor, justicia y paz en el mundo. La vida en el Espíritu Santo no es por consiguiente, una
espiritualidad entre otras en la Iglesia; sino que es la espiritualidad de la Iglesia.

El don del Espíritu, que es el infinito amor de Dios (Rm 5,5), nunca lo podremos poseer
totalmente, y por esta razón, se necesita pedirlo repetidamente a través de la oración (Hch 4,23-
31); y ciertamente en diversas ocasiones es necesario reavivarlo y reinflamarlo (2 Tim 1,6-7).
Especialmente aquellos que fueron bautizados de niños, necesitan una oración en vista de una
liberación total del Espíritu Santo (es la interpretación más reciente y popular del "bautismo
en el Espíritu Santo"); ésta es la manera natural de apropiarse las gracias de la Iniciación
cristiana. Este es el modelo que presenta el Nuevo Testamento y es su mandamiento para la
vida y el crecimiento de la Iglesia.

El bautismo en el Espíritu Santo es liturgia pública y normativa


¿Cómo hizo suyas las enseñanzas bíblicas la Iglesia primitiva post-bíblica? Para Justino Mártir,11
Orígenes,12 Dídimo el Ciego,13 y Cirilo de Jerusalém,14 el Bautismo en el Espíritu Santo era
sinónimo de la iniciación cristiana. Tertuliano, Hilario de Poitiers, Cirilo de Jerusalén, Juan
Crisóstomo, Juan de Apamea, Filoxeno de Mabbug, Severo de Antioquía, y José Hazzaya
claramente contemplaron la recepción de los carismas como parte integrante de la iniciación
cristiana. Hilario, Cirilo y Crisóstomo han recibido el título de Doctores de la Iglesia y son
reconocidos como testigos autorizados de la fe de la Iglesia. Su testimonio demuestra que el
bautismo en el Espíritu Santo no es asunto de piedad privada, sino de la liturgia oficial y de la
vida pública de la Iglesia. Históricamente el bautismo en el Espíritu Santo es integrante de
aquellos sacramentos de iniciación que son constitutivos de la Iglesia, a saber: el bautismo, la
confirmación, y la eucaristía. En este sentido, el bautismo en el Espíritu Santo es normativo.

Durante su período católico, Tertuliano (c. 160 - c. 225) escribió su obra "Sobre el bautismo",
de la cual un erudito de la talla de Johannes Quasten dice "está libre de toda huella de
montañismo."15 Explicando cómo la Iglesia del Norte de África ha celebrado por largo tiempo
los ritos de iniciación (baño de agua, unciones, imposición de manos, celebración
eucarística), Tertuliano describe la función de imposición de manos como "invitación y
bienvenida al Espíritu Santo."16 Tertuliano dirige luego estas palabras a los nuevos
bautizados, que están para entrar al área donde todos celebrarán la eucaristía: "Por lo tanto,
ustedes benditos, a quienes la gracia de Dios está esperando, cuando ustedes salgan del
sacratísimo baño del nuevo nacimiento, cuando ustedes extiendan sus manos por primera vez
en la casa de su madre (la Iglesia) con sus hermanos, pidan a su Padre, pidan a su Señor, el
don especial de su herencia, la distribución de carismas, que forman una adicional y
fundamental característica (del bautismo), 'Pidan' dice 'y recibirán'. De hecho, ustedes han
buscado y les ha sido dado."17

Mientras Tertuliano se preocupa por la liturgia de la iniciación cristiana, Hilario de Poitiers (c.
315-367) describe la experiencia misma: "Nosotros, que hemos renacido por el sacramento
del bautismo experimentamos una inmensa alegría (máximum gaudium) cuando sentimos
dentro de nosotros el primer movimiento del Espíritu Santo."18 Este llamado a la experiencia
no es insólito para Hilario. En otro lugar escribe: "Entre nosotros no hay nadie que, de vez en
cuando, no sienta el regalo de la gracia del Espíritu."19 Continuando su descripción sobre la
iniciación cristiana, Hilario escribe sobre la experiencia de los carismas: "Nosotros em-
pezamos a penetrar los misterios de la fe, podemos profetizar y hablar con sabiduría;
permanecemos constantes en la esperanza y recibimos los dones de sanación . . ." 20 Hilario
escribe esto en los últimos años de su vida. El recuerdo de la experiencia de su iniciación
cristiana, que había recibido como adulto hacía algunos años, aún lo conmovía.

Para Hilario los carismas no son ornamentos. Cuando son usados adecuadamente, producen
abundante fruto. "Estos dones entran en nosotros como lluvia suave. Poco a poco producen
abundante fruto."21 Hilario está convencido de que los carismas producen una diferencia; son
eficaces. "Hagamos uso de estos dones generosos."22

Cirilo de Jerusalén (c. 315-387) ha dejado un conjunto de 23 disertaciones sobre el bautismo.


El piensa que la Iglesia de Jerusalén, como todas las demás, se funda en una sucesión
carismática, una historia del Espíritu que comienza con Moisés. El Espíritu es "una nueva clase
de agua."23 Lo que el Espíritu toca, el Espíritu lo transforma. El Espíritu santifica al cristiano,
transformando al bautizado en imagen de Cristo.

El Espíritu también confiere carismas. "Grande, omnipotente y admirable es el Espíritu Santo


en los carismas."24 Cirilo no restringe los carismas a las órdenes clericales. Ermitaños, vírgenes
y "todos los laicos" tienen carismas.25 Cirilo apela a la experiencia de la Iglesia de Jerusalén,
de "todo el imperio romano" y de "el mundo entero."26 Al describir la experiencia de los
Apóstoles en Pentecostés, Cirilo dice: "Ellos fueron plenamente bautizados,"27 "bautizados
sin faltarles nada,"28 "bautizados en plenitud total."29

Cirilo no tiene un concepto restringido acerca de los carismas sino amplio, e incluye los
carismas proféticos. Dos veces Cirilo habla sobre la profecía, que es la luz de Dios en el
presente. "Dejemos que cada quien se prepare para recibir el don divino [de profecía]," 30 y
que "Dios te conceda ser digno del carisma de profecía." 31 En la última instrucción, antes de
empezar el rito de iniciación, Cirilo exhorta a los candidatos: "Mis últimas palabras, amados,
en esta instrucción son palabras de exhortación, invitando a todos ustedes a que preparen sus
almas para la recepción de los carismas celestiales."32

Ambos, Basilio de Cesárea (c. 330-379) y Gregorio Nacianceno (329-389) obispo de


Constantinopla, sitúan los carismas proféticos dentro de la Iniciación cristiana, sin embargo ellos
son más reservados en sus puntos de vista que san Pablo.33 Juan Crisóstomo (c. 347-407)
representa la Liturgia Siria de Antioquía, aun cuando él, como Cirilo, hablaba griego. Según el
modelo de la Iglesia apostólica incluía la recepción de los carismas dentro de la liturgia de
iniciación: "Quienquiera que hubiese sido bautizado, en seguida hablaba en lenguas, y no
sólo en lenguas, sino que muchos profetizaban y algunos obraban otras muchas obras maravil-
losas."34 Entre los demás carismas recibidos en la iniciación cristiana en la era apostólica
estuvieron el don de sabiduría y el don de sanación.35 "Cada Iglesia tenía muchos cristianos que
profetizaban."36 Crisóstomo, sin embargo, se lamentaba: "Los carismas hace mucho que se han
retirado."37 "La Iglesia de hoy se parece a una mujer que ha dejado atrás sus días prósperos.
En muchos aspectos ella sólo conserva los signos de su antigua prosperidad."38

No sólo escritores de lengua latina o griega escribieron sobre la recepción de carismas dentro
del rito de iniciación, sino también los sirios. Philoxeno de Mabbug (c. 440-523) tiene una
visión muy reducida de la vida cristiana, y como muchos de sus contemporáneos, minimiza la
posibilidad de perfección dentro del estado matrimonial. El y otros sirios vinculan demasiado
su teología con la vida monástica. Sin embargo, todavía logran conservar una antigua
teología apostólica, que sólo más tarde se irá circunscribiendo a los ideales monásticos.
Philoxeno habla de los bautismos, uno recibido en la infancia, y el segundo, años después.39
Esto es engañoso porque Philoxeno de hecho cree que el "segundo bautismo" es sólo una
actualización tardía del primero. Sobre el primer bautismo él dice: "Nuestro bautismo es el
Espíritu Santo."40 Por haber vivido el Evangelio y por habernos vaciado de nosotros mismos, "la
sensación" de la vida divina que otorga el primer bautismo, pero que no es percibida
entonces, florece en "la verdadera experiencia del conocimiento del Espíritu" en el segundo.41
La experiencia se actualiza sensibilizándose. Philoxeno se contradice cuando escribe sobre el
segundo bautismo: "Sólo conocerán que experimentan alegría, pero lo que es ese gozo, no
estarán en posibilidad de expresarlo."42 El es reticente para nombrar los carismas. Menciona el
de sanación,43 pero da a entender que existen más.44
Otros escritores que pertenecen a la tradición siria, o escriben sobre ella, hablan de carismas
respecto a la iniciación cristiana. Juan de Apamea (primera mitad del siglo V), como Philoxeno,
escribe sobre dos bautismos, siendo el segundo también como una actualización tardía del
primero. En el segundo bautismo uno toma posesión perfecta "del poder del santo
bautismo."45 En relación al segundo, menciona la profecía, la sanación y los milagros.46
Teodoreto de Cyrrhus (c. 393 - c. 466) testifica acerca de la abundante efusión de carismas en
el rito de iniciación y menciona el de sanación en particular.47 Severo de Antioquía (c. 465 -
583), como Juan Crisóstomo, reconoce que "numerosos carismas fueron conferidos a los
creyentes en ese tiempo (apostólico), y los que fueron bautizados por los Apóstoles también
recibieron varias gracias."48 Finalmente José Hazzaya (nacido c. 710 - 713), uno de los
grandes místicos sirios, escribió sobre "el signo a través del cual ustedes sentirán que el
Espíritu recibido en el bautismo está trabajando en ustedes." Menciona "un flujo de palabras
espirituales" (lenguas) y "un conocimiento de ambos mundos (palabra de conocimiento y de
sabiduría), '' unido a "alegría, júbilo, exultación, glorificación, alabanza, cantos, himnos, odas
. . ."49

Sebastian Brock, erudito de Oxford, sostiene que "los Padres sirios no tuvieron dificultad
para identificar el bautismo cristiano con el 'bautismo en el Espíritu Santo y en fuego'. ... el
bautismo también es un acontecimiento carismático."50 Los Padres sirios "son perfectamente
conscientes de que los efectos pentecostales del bautismo no necesariamente se manifiestan
en el momento del bautismo, sino que pueden ser diferidos para un momento posterior; sin
embargo, 'la prenda del Espíritu', la fuerza, está ya presente como resultado del bautismo. ... Lo
que Philoxeno está expresando aquí es algo de gran valor. Está considerando la relación que
existe entre la experiencia personal de Pentecostés, en la venida del Espíritu Santo sobre un
individuo, y el propio rito del bautismo, en un contexto donde, debido a la práctica del
bautismo de infantes, los dos eventos pueden ser separados por muchos años. El punto de
vista de Philoxeno es que el propio rito del bautismo por sí solo contiene el don del Espíritu;
pero, puesto que el dar también incluye el recibir, se requiere de parte de quien recibe un acto
consciente de la voluntad, para poder experimentar debidamente los beneficios que resultan
de ese don. Esta aceptación lleva consigo el despojo de sí mismo que Cristo padeció (Fil 2,7):
sólo una vez que uno se ha despojado del propio yo, puede experimentarse plenamente el don
del Espíritu. Los 'dos bautismos' no son, pues, sino dos aspectos de un mismo sacramento, el
primero es considerado desde el punto de vista del Dador, el segundo desde el punto de vista
de quien lo recibe."51 Brock en efecto, ha identificado el punto donde la teología siria de la
iniciación converge con la nuestra. La Iglesia siria, como la nuestra, practicó el bautismo de
infantes con el consecuente desafío de encontrar un camino para activar la gracia de
iniciación en la vida adulta. El bautismo para los sirios, no es un acontecimiento que se realiza
en un solo momento. Más bien, "el bautismo es visto como el principio que abre la puerta a
toda clase de nuevas posibilidades, con tal que la persona bautizada responda con apertura a
la presencia del Espíritu que habita en ella."52
Así pues, de Cartago en el norte de África, Poitiers en Galia, Jerusalén en Palestina; de
Cesárea en Capadocia, de Constantinopla, y de Antioquía, Apamea, Mabbug y Cyrrhus en
Siria, tenemos testigos de la recepción de los carismas dentro del rito de iniciación. Estos son
representantes de las tradiciones litúrgicas latinas, griegas y sirias. De Antioquía, Apamea,
Mabbug y Cyrrhus en Siria, tenemos testimonios de que, cuando el bautismo se recibe en la
infancia, la apropiación de las gracias que éste confiere se experimenta años después.
La donación de carismas dentro de la iniciación cristiana constituye un patrón. Sin embargo,
el Espíritu es libre para conferir las gracias y carismas como El quiere. El enfocarse
demasiado sobre los carismas en estos textos podría distorsionar el testimonio de los autores.
La vida en Cristo es mucho más que los carismas de profecía. De hecho, el amor que el
Espíritu derrama en nuestros corazones es de orden muy superior a los carismas. "Si yo
hablara la lengua de los hombres y de los ángeles, pero no tengo caridad, soy como bronce
que suena o címbalo que retiñe": (I Cor 13,1). El agua de vida nueva del Espíritu conforma al
creyente en Cristo, produciendo santidad, hambre de Dios, búsqueda de Dios.

La apertura a los carismas y a la experiencia en el bautismo en el Espíritu de ninguna manera


sugiere que la gracia sea necesariamente perceptible por los sentidos. Tampoco propone que
el crecimiento en Cristo sea un progreso de experiencia en experiencia: de una experiencia
como de cumbre de montaña a otra experiencia de cumbre de montaña. Al contrario, la vida
cristiana se vive casi siempre en los valles, y muchas veces en el desierto. La apertura a la
experiencia es una cosa; el ansia por elevaciones espirituales es otra. La búsqueda de
experiencias religiosas es el camino más corto para caer en la ilusión. Las emociones y los
sentimientos necesitan siempre un cuidadoso discernimiento.

Una vez más afirmamos que aceptar el bautismo en el Espíritu no significa pertenecer a un
movimiento, a cualquier movimiento. Es más bien abrazar la plenitud de la iniciación cristiana,
la cual pertenece a toda la Iglesia.
Entonces ¿qué debemos hacer?
A la luz de las reflexiones precedentes y de nuestra propia experiencia sobre el bautismo en el
Espíritu y de los carismas desde Vaticano II, pensamos que la reapropiación que haga la
Iglesia del bautismo en el Espíritu Santo promete revitalizar la evangelización, la predicación,
el culto sacramental, el RICA, el ministerio de jóvenes, la preparación para la confirmación, y
las formas de vida comunitaria en el contexto de la parroquia local. Hacemos estas sugerencias
específicas sabiendo que no agotan todas las preocupaciones pastorales de la Iglesia.

La conversión brota de la misión evangelizadora de la Iglesia Es su "ministerio esencial", su


"más profunda identidad" y la razón de su existencia.53 La evangelización, como la conversión,
son un proceso continuo. No es acontecimiento de solo un instante en la vida del cristiano. La
conversión nos lleva simultáneamente a la "comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo"
(1 Jn 1,3), "la comunión con el Espíritu Santo" (2Cor 13,14). A través de lo que es común al
Padre y al Hijo, desean que nosotros estemos en comunión entre nosotros mismos y con
Ellos, y a través de este regalo (la eucaristía) hacernos uno, de modo que lo que es de ambos
sea de cada uno.54 Desde la profundidad de la comunión en Dios y en la comunión que es la
Iglesia, el Espíritu nos prepara y nos guía para participar en la misión de la Iglesia.
Una vida que ha sido bautizada en el Espíritu está marcada por ambas experiencias: la
experiencia de una unión dinámica con Dios y la experiencia de los carismas dados por el
Espíritu. Estas nos capacitan para servir a Dios en alabanza y adoración para servirnos unos a
otros en el amor a través del don de poder, de sanación y de otros dones, y para llenar de
fuerza nuestra participación en el servicio que la Iglesia ejerce en la sociedad. Estos carismas
pertenecen a la Iglesia hoy. De acuerdo con Karl Rahner la profecía es "un permanente
enriquecimiento de la Iglesia y una prueba de su misión sobrenatural."55 K. Rahner y H.
Vorgrimler dicen que los carismas, "como el oficio y los sacramentos, pertenecen a la
naturaleza de la Iglesia . . .; las formas tomadas como carismas . . . no se pueden prever,
precisamente porque pertenecen, por su propia naturaleza, a la historia salvífica de la Iglesia;
y por lo tanto deben ser constantemente redescubiertos y aceptados."56
El redescubrimiento del bautismo en el Espíritu y de los carismas es necesario en todas las
instituciones de la Iglesia. Las órdenes religiosas, las universidades católicas, las asociaciones de
fieles, los movimientos especializados, todos necesitan el toque del Espíritu Santo hoy. En
efecto, a través del bautismo en el Espíritu Santo y de los carismas, muchos laicos, y también
sacerdotes y obispos, han llegado a experimentar esta vida en el Espíritu más plena. Sin
embargo, queremos poner nuestra mirada en la parroquia, porque es ahí donde se puede
atender a las necesidades de la abrumadora mayoría de los católicos.
A nuestro modo de ver, una parroquia renovada es una comunidad que da culto a Dios a
través de liturgias llenas de vida, que ha sido congregada por el Espíritu Santo, donde se sirven
los unos a los otros, que está comprometida en una continua conversión y crecimiento; que
sale a buscar a los cristianos inactivos, a los que no se sienten parte de la Iglesia y a los
pobres. Tales parroquias nos confrontan con el Evangelio y evangelizan nuestra cultura. En
estas comunidades, como en los Hechos de los Apóstoles y en la Iglesia primitiva, los
carismas del Espíritu Santo son identificados y bienvenidos.
La introducción del bautismo en el Espíritu Santo y de los carismas en la vida ordinaria de una
parroquia requerirá grande cuidado, sensibilidad, paciencia y discernimiento. Será necesario
una cuidadosa catequesis y un tiempo adecuado. Es recomendable consultar a un pastor
experimentado. Todo esto no debe, sin embargo, descorazonar o impedir los esfuerzos para
que el bautismo en el Espíritu Santo y los carismas sean aceptados en la vida de la parroquia.
Un elemento indispensable en la parroquia renovada es la continua conversión de vida en el
pastor y en el equipo parroquial. Los líderes pastorales no deben ocuparse sólo de una
parroquia espiritualmente renovada, sino también de su experiencia personal, la cual los
capacitará para dar testimonio y para atender la vida del bautismo en el Espíritu en los demás
cristianos. Esto también importa mucho para la formación de los seminaristas, así como para
la constante formación espiritual del clero y del equipo parroquial en relación al bautismo en
el Espíritu.
Otro elemento es la predicación evangelizadora. Esta es algo más que una reflexión sobre los
textos inspirados, porque engloba el testimonio personal del predicador con la acción del
Espíritu Santo. Esa clase de predicación está animada con dones del Espíritu Santo y exige
una respuesta.
El RICA representa la realidad de la iniciación cristiana de una manera cercana a su integridad
original. Este es el camino más apto para evangelizar tanto a los catecúmenos como a toda la
parroquia, llevándolos a una vida en el Espíritu más plena. Una clave para llevar acabo esto
es promover la fe expectante que prepara al individuo para abrazar con confianza estos
elementos de la vida en el Espíritu. Entre Pascua y Pentecostés, tanto los nuevos bautizados
como todos los otros miembros de la parroquia pueden ser guiados para que saboreen la vida
en el Espíritu, a través de cursos sobre la oración, y sobre la recepción y el uso de los
carismas. Los carismas de profecía, sanación, discernimiento de espíritus, oración en lenguas
y otros, entran en la corriente normal de la vida parroquial y encuentran su lugar en la
actividad diaria de la parroquia (I Cor 14). Estos dones espirituales, unidos íntimamente a las
gracias del Espíritu propias de la iniciación cristiana, vigorizarán los variados caminos de
servicio a través de los cuales los miembros de la parroquia construirán la comunión, que es la
Iglesia.

Un gran servicio que la parroquia puede hoy brindar a los jóvenes es prepararlos para el
sacramento de la confirmación. En la línea de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia, 71,
del RICA y de su adaptación para los niños de edad catequística, sugerimos subrayar la íntima
conexión que existe entre la confirmación y la iniciación cristiana. Para quienes ya han
recibido el sacramento del bautismo, la preparación a la confirmación debe enfocarse hacia la
renovación de la vida en el Espíritu, enfatizando la conversión personal a Cristo y la apertura a
la Persona y a los dones del Espíritu Santo. Entonces, la confirmación, como se practica
actualmente, podrá facilitar una renovación de la iniciación cristiana. Sería ideal que la
preparación para la confirmación pudiera incorporarse en la parroquia a la preparación de la
Pascua de Resurrección junto con el RICA.57

Todos los sacramentos proporcionan oportunidades para la evangelización y la catequesis,


principalmente la eucaristía, que es la fuente y la cumbre de nuestra vida espiritual.58 La
eucaristía es la ocasión donde normalmente se continúa derramando el Espíritu Santo y sus
dones, tales como la alabanza, la profecía, y la sanación. La oración eucarística invoca la
venida del Espíritu no sólo sobre los dones del pan y del vino, sino también sobre nosotros, de
tal manera que los "que somos alimentados por su cuerpo y por su sangre, seamos llenados
con su Santo Espíritu". Como dice San Efrén: "Espíritu en tu pan, Fuego en tu vino, sublime
maravilla que nuestros labios reciben."59

La recuperación del bautismo en el Espíritu Santo significa una nueva y más profunda relación
personal con Jesús como el Señor Omnipotente y Salvador enviado por el Padre en el poder
del Espíritu. "No se puede negar", escribe Karl Rahner, "que una relación personal con
Jesucristo, en una intimidad personal de amor, es parte esencial de la existencia cristiana ....
Debemos tener muy presente en nuestra mente que la salvación no es ni una cosa, ni un
conjunto de negocios, sino una realidad ontológica y personal."60

La vida en el Espíritu, siendo profundamente personal, no es individualista, sino una


participación en el Cuerpo de Cristo. Los pastores y los equipos pastorales pueden propiciar
una gran variedad de expresiones comunitarias dentro de la parroquia, pero la ley suprema de
estas comunidades será siempre el sacrificio de sí mismo y el amor mutuo entre los hermanos y
hermanas en Cristo.
Desde esta experiencia de comunión, los miembros de la parroquia son guiados por el
Espíritu para dar en sus ambientes sociales testimonio cristiano acompañado de carismas.
Esta evangelización incluye el testimonio de la palabra, el ejemplo de la vida y las obras de
misericordia y de justicia.
Como expresó el Sínodo de Obispos en 1971: "La acción en favor de la justicia y la
participación en la transformación del mundo se nos manifiestan plenamente como una
dimensión constitutiva de la predicación del Evangelio, o, en otras palabras, de la misión de
la Iglesia en favor de la raza humana y su liberación de toda situación opresiva."61 Cada una
de estas actividades es una participación en la misión evangelizadora de la Iglesia, a la que
exhorta Pablo VI en "Evangelii Nuntiandi."62
Para comprender por qué otros grupos cristianos proselitizan a los católicos con tanto éxito,
tenemos que reconocer que hay un hambre que lleva a la gente a responder cuando se les
ofrece una relación más personal con Jesús, una experiencia del poder del Espíritu, un culto
lleno de vida, y la aceptación en una comunidad caracterizada por un cuidado personal lleno
de amor. El mejor antídoto contra la proselitización de los católicos es el desarrollo de nuestra
evangelización vigorosa y eficaz: la conversión a Cristo y una vida más plena en el Espíritu.
Para aquellos que han abandonado la Iglesia o se han vuelto inactivos, para los sin Iglesia, y
para los millones que llenos de fe vienen al encuentro con Dios en una parroquia renovada, la
reapropiación de la iniciación cristiana con los carismas, o sea el bautismo en el Espíritu
Santo, les ofrece una significativa oportunidad para llevar una vida en Cristo.
"Si el Espíritu es nuestra vida, dejémonos guiar por el Espíritu." (Gal 5,25)
En conclusión, todos estamos llamados a reinflamar la llama del don del Espíritu Santo que
recibimos en los sacramentos de iniciación. Dios libremente otorga esta gracia, pero se
requiere una respuesta personal de conversión constante al Señorío de Jesucristo y una
apertura a la presencia transformante y al poder del Espíritu Santo. Sólo en el Espíritu Santo
la Iglesia podrá responder a sus necesidades pastorales y a las del mundo. El desafío está ante
nuestros ojos y las consecuencias son claras:
Sin el Espíritu Santo, Dios está lejano,
Cristo permanece en el pasado,
El Evangelio es letra muerta,
La Iglesia es sólo una organización,
La autoridad es cuestión de dominio,
La misión materia de propaganda,
La liturgia sólo una evocación,
La vida cristiana una moralidad esclavizante.
Pero en el Espíritu Santo:
El cosmos ha resucitado y lanza gemidos con
dolores de parto del Reino;
Cristo Resucitado está ahí,
El evangelio es la fuerza de la vida,
La Iglesia manifiesta la vida de la Trinidad,
La autoridad es un servicio liberador,
La misión es un Pentecostés,
La liturgia es memorial y anticipación,
La acción humana es deificada.63

El Espíritu nos llama a cada uno de nosotros y a la Iglesia como un todo, según el modelo de
María y de los Apóstoles en el Cenáculo, a aceptar y abrazar el bautismo en el Espíritu Santo,
como la fuerza para una transformación personal y comunitaria con todas las gracias y
carismas necesarios para la edificación de la Iglesia y para nuestra misión en el mundo. Esta
misión tiene su origen en el Padre, por el Hijo, en el Espíritu, para tocar y transformar la
Iglesia y el mundo a fin de guiarlos en el Espíritu, por Cristo, al Padre.
El origen de este documento está en “The Heart of the Church Consultation”, reunida en
Techny, Illinois, mayo 6-11 de 1990, así como en la discusión que los suscritos tuvieron
sobre el manuscrito de Kilian McDonnell y George Montague, Iniciación Cristiana y
bautismo en el Espíritu Santo (Collegeville: The Liturgical Press, A Michael Glazier Book,
1991). En ese libro se puede encontrar una más completa documentación bíblica e histórica.
Copias del presente documento se pueden adquirir también en la misma editorial.

Chris Aridas George Montague, S.M.


Robert Bedard Timothy Nolan
Michael Eivers Donna Orsuto
Donald Gelpi, S.J. Dorothy Ranaghan
Boniface Luykx Kevin Ranaghan
Walter Matthews Thomas Scheuring
Kilian McDonnell, O.S.B.

1
El amplio uso que los pentecostales clásicos y los evangélicos hacen de la expresión “bautismo en el Espíritu Santo” ha llevado a
algunos católicos a sospechar que esa frase está imbuida de fundamentalismo. Sin embargo, dado que se encuentra mencionada en las
Escrituras y en escritores de los primeros siglos, y es usada casi universalmente en las Iglesias, tanto protestantes como católica, donde
se acepta la renovación carismática, hemos decidido conservar aquí esta frase.
2
Evangelii Nuntiandi (sobre la evangelización en el mundo moderno) 13. En adelante citado como EN: Acta Apostólica Sedis 68
(1976). En adelante citado como AAS.
3
EN 36; AAS 29.
4
Gaudium et Spes (La Iglesia en el mundo moderno) 39; Economic Justice for All: Pastoral Letter on Catholic Social Teaching and U.S.
Economy: Pastoral Letters of the United States Catholic Bishops (Washington: National Conference of Catholic Bishops, 1989) 170; 5:
430.
5
Lumen Gentium (Constitución dogmática sobre la Iglesia), 12.
6
“A Pastoral Statement on the Catholic Charismatic Renewal”, (Washington, D.C.: United States Catholic Conference, 1984) 7, 9:5-7.
7
Ibid., 4-7;4-6.
8
Ibid.,10;7.
9
Ibid., 11-13;7-9.
10
Ibid., 20-35;13-18.
11
Diálogo con Trifón 29:1; Patrología graeca 6:537. En adelante citada como PG.
12
Sobre Jeremías 2:3; Sources Chrétiennes 232:244. En adelante citadas como SC.
13
Sobre la Trinidad 2:12; PG 39:668, 673.
14
Catequesis 16:6; Cyrilli hierosolymarum archiepiscopi opera quae supersunt omnia (2 Vols., Eds. W. K. Reischl, J. Rupp; Munich: Stahl,
1846-1860) 2:213. En adelante citadas como CAO.
15
Johannes Quasten, Patrology (4 vols., New York: Herder and Herder, 1960; Westminster: Christian Classics, 1986) 2:280.
16
Sobre el bautismo 8; SC 35:76.
17
Ibid., 20; SC 35:96.
18
"Tratado sobre los Salmos 64:14; Corpus scriptorum ecclesiasticorum latinorum 22:246. En adelante citado como CSEL.
19
Tratado sobre el Salmo 118 12:4; SC 347:76.
20
Tratado sobre los Salmos 64:15; CSEL 22:246.
21
Ibid.
22
Sobre la Trinidad 2:35; Corpus christianorum 62:70, 71.
23
Catequesis 16:11; CAO 2:216.
24
Ibid., 16:22; CAO 2:232.
25
Ibid., 16:22; CAO 2:234.
26
Ibid.
27
Ibid., 17:14; CAO 2:268.
28
Ibid., 17:15; CAO 2:269, 270.
29
Ibid., 17:18; CAO 2:272.
30
Ibid., 17:19; CAO 2:274.
31
Ibid., 17:37; CAO 2:296.
32
Ibid., 18:32; CAO 2:334.
33
Basilio, Sobre el Espíritu Santo, 26:61: SC 17 bis: 468; Basilio, Sobre el bautismo 1:2, 20; SC 357:169. Gregorio Nacianceno,
Discurso Teológico Quinto, 28, 29; SC 250:332, 334, 336.
34
Sobre 1 Corintios 29; PG 61:239.
35
Sobre Romanos 14: PG 60:533.
36
Sobre 1 Corintios 32: PG 61:265.
37
Sobre 2 Tesalonicenses 4; PG 62:485.
38
Sobre 1 Corintios 36; PG 61:312-313.
39
Discursos 9:276; Los Discursos de Philoxeno (2 vols.; E.A.W. Budge, London: Asher, 1894) 2:265. En adelante citados como
DB.
40
On the Indwelling of the Holy Spirit; Sebastian Brock, Syriac Holy Fathers on Prayer and the Spiritual Life (Kalamazoo:
Cistercian Publications, 1987) 112.
41
Ibid., 9:263; DB 2:254.
42
Ibid., 9:289; DB 2:277.
43
Ibid., 2:27; DB 2:24.
44
Cartade of Sebastian Brock, Instituto Oriental, Oxford, 27 de mayo de 1990, to Kilian McDonnell. Brock también piensa que
Joseph Hazzaya (Abdisho) implica los carismas.
45
Juan de Apamea, Diálogos y Tratados, 10:117; SC 311:149.
46
Diálogo sobre el Alma y las Pasiones 9,10; Juan el Solitario, Diálogo sobre el Alma y las Pasiones de los Hombres (ed. I. Hausherr;
Rome: Oriental Institute, 1939) 34, 35.
47
Historía de los monjes en Siria Prólogo, 8 y 10; SC 234:138-140.
48
Sobre la Oración 25: Patrologia orientalis 38:447.
49
A. Mingana, Early Christian Mystics (Cambridge: Heffner, 1934) 165-167.
50
The Holy Spirit in the Syrian Baptismal Tradition (The Syrian Church Series, 9) (Kottayam, India: no se da el editor, 1979) 134.
51
Ibid., 137-139.
52
Brock, Spirituality in the Syriac Tradition (Kerala: St. Ephrem Ecumenical Research Institute, 1989) 74, 77.
53
EN 14; AAS 68:13.
54
Agustín, Sermón 71:12, 18; Patrología Latina 38:454.
55
Visions and Prophecies (New York: Herder and Herder, 1963) 102.
56
Theological Dictionary (New York: Herder and Herder, 1965) 72.
57
Somos conscientes de que en la Iglesia hoy el tiempo de la confirmación es un tema candente de debate. Nos parece que, aun
cuando se explote plenamente el momento de la confirmación para estimular la apropiación del don del Espíritu, sin embargo no es
posible programar claramente el momento de la gracia subjetiva del despertar. Los cristianos siempre deben ser estimulados para que
den un lugar preferencial en sus vidas al Espíritu Santo y a los carismas.
58
Constitución sobre la Iglesia, 10.
59
Himnos de fe 10:7; 154:34.
60
Fundamentos de la fe cristiana (New York: Seabury, 1978) 308, 309.
61
De la justicia en el mundo, Documenta Synodi Episcoporum, AAS 63 (1971)92.4.
62
20-21, 30; AAS 68 (1976) 18-20, 25, 26.
63
Metropolitan Ignatios of Latakia, "Main Theme Address", The Uppsala Report 1968 (Geneva: WCC, 1969) 298.
Para La Lectura Ulterior:
Reinflamando la llama: ¿Qué relación existe entre el bautismo en el Espíritu Santo y la iniciación cristiana? es el resultado de la
consulta "Heart of tne Church", una reunión de diez teólogos y tres pastores del 6 al 11 de mayo de 1990 en Techny, Illinois,
E. U. de América. Basándose en el estudio académico, no técnico de Kilian B McDonnell y George Montague titulado
Christian Initiation and Baptism in the Holy Spirit (Collegeville: The Liturgical Press, A Michael Glazier Book, 1991), la
consulta indicó el significado de estas investigaciones para la vida de la iglesia. Lo que sigue es un resumen de la obra más
amplia y académica en que se basa el presente documento pastoral.

Hasta ahora las explicaciones del bautismo en el Espíritu Santo se basaron en los textos del Nuevo Testamento, cuya
interpretación se disputó. Ahora once textos pos-bíblicos han sido identificados, los cuales demuestran como los autores
cristianos primitivos entendieron el bautismo en el Espíritu Santo. La evidencia aclara que la comunicación de los carismas,
inclusos los carismas proféticos, perteneció a la celebración (bautismo, confirmación, Eucaristía) por la cual creyentes
nuevos se hicieron parte de la comunidad cristiana y de consiguiente cristianos.

La evidencia del Nuevo Testamento para el bautismo en el Espíritu Santo frecuentemente ha sido basada estrechamente en la
evidencia de los Hechos de los Apóstoles. George Montague examina toda la evidencia del Nuevo Testamento y concluye
que el don del Espíritu Santo, inclusos los carismas, fue integral a la iniciación cristiana. El bautismo en el Espíritu Santo no
es una pertenencia posterior ni un asunto de la piedad privada u opcional. Es dado para la edificación de la iglesia.

Kilian McDonnell examina los textos pos-bíblicos. Estos textos testimonian al período histórico, a la extensión geográfica y a
la distinción lingüística de teologías, liturgias y culturas, las cuales colocan los carismas dentro de o en referencia a, la
iniciación. Son Tertuliano (durante sus años católicos, con un tratado en lo cual Johannes Quasten dice que no hay rastro
alguno de su montañismo posterior) de Cartago en Nordafrica (c. 198), Hilario de Poitiers en Galia (c. 350), Cirilo de
Jerusalén en la Palestina (c. 364), Basilio de Cesárea en Capadocia (366 y 374-375)/ Gregorio Nacianceno en Constantinopla
(380), en la Siria Filoxeno en Mabbug (a fines del s. 5 y comienzos del s. 6), Juan el Solitario en Apamea (430-450),
Teodoreto en Cyrrhus (c. 444), y José Hazzaya (comienzos del s. 8) en Qardu (ahora en Irak). Juan Crisóstomo (c. 392-393)
y Severo de Antioquía (fines del s. 6 y comienzos del j s. 7) recuerdan que en el paradigma apostólico los carismas, inclusos
los proféticos, se comunicaron durante la iniciación cristiana. Casi toda la región mediterránea da testimonio a lo mismo,
representando las culturas latina, greca y siríaca.

Además de testimoniar a la comunicación de los carismas dentro de los ritos de iniciación, también dan testimonio a "un
gozo intenso", en las palabras de Hilario de Poitiers. Filoxeno escribe del gozo que nadie puede nombrar, y José Hazzaya
exclama, "O gozo, jubilación, exultación, alabanza, glorificación, himnos y odas." En breve, demuestran que la experiencia
del bautismo en el Espíritu Santo es integral a la iniciación cristiana. Por eso pertenece no a la piedad privada sino a la
liturgia pública. Si el bautismo en el Espíritu Santo es integral a aquellos sacramentos que, en un sentido real, hacen a la
iglesia, son constitutivas de la iglesia, entonces el bautismo en el Espíritu Santo es normativo.

Algunos de los testigos no son personajes menores. Tertuliano, fuera de su asociación posterior con el montañismo, quizás
sea el teólogo occidental más importante durante el primer milenio, a excepción de Agustín. Hilario, Cirilo, Basilio y
Gregorio, todos son Doctores de la Iglesia, un título dado a los que ejercen un papel mayor en la identificación de la fe y la
experiencia de la iglesia. Filoxeno es un personaje principal en la iglesia siríaca.

Christian Initiation and Baptism in the Holy Spirit concluye con una serie de reflexiones sobre el significado de esta
investigación importante para la iglesia contemporánea. Este libro se puede comprar en la Liturgical Press y otras librerías.
'THE HEART OF THE CHURCH CONSULTATION" de teólogos y líderes
pastorales se reunieron del 6 al 11 de mayo de 1990 en Techny, Illinois, para examinar
las implicaciones pastorales del testimonio de los escritores de los primeros siglos
post-bíblicos, quienes afirman que el bautismo en el Espíritu Santo es integrante de la
Iniciación Cristiana y es normativo.

Los once autores son: Tertuliano, Hilario de Poitiers, Cirilo de Jerusalén, Basilio,
Gregorio Nazianceno, Juan Crisóstomo, Philoxeno, Juan de Apamea, Teodoreto de
Cyrrhus, Severo de Antioquía, Joseph Hazzaya. Ellos representan las culturas latina,
griega y siria, casi toda la costa del Mediterráneo. También fue revisado el testimonio
bíblico del bautismo en el Espíritu Santo.

The Heart of the Church Consultation, formada por teólogos y líderes pastorales, fue
convocada por el Comité Nacional de Servicio de la Renovación Carismática Católica
con el apoyo de los obispos por su Comité ad hoc de la Renovación Carismática, para
que escribieran este documento.

ISBN 0-8146-5911-X