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Programa

1. Conclusiones, ideas y problemas en torno al concepto de Padre en psicoanálisis

2. Presentación de la "Horda primitiva" de S. Freud

Teoría de la historia

Represión

El Uno

3. Crítica interna de la "Horda primitiva"

"Nombre-del-Padre"

El Indoeuropeo

Patter, atta

Fratter, adelphos

Fratria y apellido (nombre propio)

5. El significante de la ley

thémis, dike

A y código

6. "Madre" y "Padre" en psicoanálisis

Autoridad y dicho primero

Identificación primaria

Una concepción operacional del complejo de Edipo

7. Mito

Noción de mito

Mitema

Inconsciente y ruinas del saber mítico

Mito individual del neurótico

Temas a elaborar durante el segundo año del curso:

Dios monoteísta y creencia

Creación y existencia

Orden simbólico

Uno en la Biblia y en Plotino

El Dios omnipotente y el autolimitado; el Dios uno y el Dios dos.

El Padre real

Bibliografía

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Clase Nº 1 (22-05-1999)

Voy a proponerles organizar esta actividad que comenzamos hoy de un modo distinto al de un seminario, es decir, no va a ser un seminario y tampoco un ciclo de conferencias. No se trata —al menos desde mi posición— de una enseñanza que podríamos definir como ex cathedra, de profesor o de maestro. Primero, porque no me coloco en esa posición —no me considero maestro de nadie. Y, por otra parte, me da la impresión de que para la formación del analista — supongo que la gran mayoría de los presentes debe estar interesada en la formación del analista— creo que el hecho de que la enseñanza sea regularmente impartida de forma ex cathedra puede ser de muy buenas facturas en la enseñanza, pero puede sin embargo no contribuir a la formación del analista en cuanto tal, porque tiende a engrosar el sujeto-supuesto-saber. Si nosotros, como sujetos, seguimos engordando al sujeto-supuesto-saber de X o de Y, podremos quizás manejar o ver cómo otro maneja con cierta soltura la articulación de cierto concepto; pero muy difícilmente podamos progresar en la posición de analista, y, más aún, hasta quizá se produzca algo así como que nunca lleguemos a lograr hacerlo.

En ese sentido, cuando les digo que no es un “seminario”, es porque creo que llegó la hora de revisar un poco, con tranquilidad y humildemente, qué tipo de posición enunciativa tenía Lacan en su seminario; no en cuanto al contenido de su argumentación, sino más que nada en el tipo de vínculo que se establecía con quien lo escuchaba y quien lo leía. Me parece que hay que revisarlo porque hay bordes de esa actividad que neurotizan enormemente. Y esto de que neurotiza enormemente se verifica no porque Lacan sabía tanto y uno tan poco, sino por la paralización que produce en tantos de nosotros la forma en que esa enseñanza se nos presentó — sentimos que no entendemos nada o que no somos capaces de articular nada, o muchas veces nos pasa algo mucho mas complejo. Yo no sé si a Ustedes les ha ocurrido, pero a mí

Y no creo que sea por la dificultad, porque uno ha

leído autores tanto o más difíciles que Lacan, sino que me da la impresión de que es por esa

cuestión del “maestro”, tan personalista, que no le deja a uno otro lugar a ser ocupado que el de

directamente me pasó sentirme un tonto

Me parece que no hay que contribuir a que los analistas se sientan tontos. “Ignorantes” podría ser, pero “tontos” me parece que no.

un tonto

En realidad, lo que intentaré hacer junto a Ustedes en esta actividad es plantearles mis preguntas obviamente en torno a la noción de «Padre» en psicoanálisis, y tratar de presentarles los recorridos que he ido probando y las soluciones provisionales que he ido encontrando a esas preguntas.

Hay además otro problema que yo quisiera plantearles desde el comienzo (y si resulta exitoso, va a durar bastante en el tiempo), a saber, cómo pienso plantearles mis preguntas, que

son verdaderamente las mías. Creo que eso puede plantearse si uno acepta que el psicoanálisis nunca puede llegar a ser algo de la índole de una doxa, de una opinión común. El psicoanálisis nunca va a poder llegar a ser para ninguno de nosotros algo establecido que pueda saberse,

conocerse y, como tal, enseñarse. Propongo pues que si uno no va a encarar las preguntas que plantea y no va a intentar humildemente, cada uno en la medida de sus posibilidades, investigar

las vías que se abren a partir de esas preguntas, estará en una mala posición. Porque el

psicoanálisis no puede ser una doxa, no se puede constituir en un conjunto de nociones estables.

Y esto en virtud del siguiente problema: el orden simbólico se caracteriza por estar

permanentemente en cambio ya que, como está constituido por elementos que fundamentalmente cobran identidad tan sólo en la diferencia con los otros, cada vez que entra en operación un término nuevo, los demás necesariamente cambian; pero cambian de tal manera

que ya no alojan del mismo modo al nuevo término que se introdujo.

Les presento clínicamente el problema. En determinado momento, en nuestra cultura, se introdujo el significante “psicoanálisis” —que es un neologismo freudiano—, produciendo

notables efectos clínicos. Era la época gloriosa en la que Freud curaba en un año, a razón de una sesión diaria. Eran análisis de uno o dos años de duración, y no como los nuestros que llevan

veinte o veintidós años

curaban en un año. Freud empezó a preguntarse qué pasaba y acuño así, por ejemplo, la «reacción terapéutica negativa». Bien, pero sólo puede haber reacción terapéutica negativa si hay terapéutica

de esa índole. Es decir que «reacción terapéutica negativa» no podría estar planteada como

concepto antes de que adviniese el concepto «psicoanálisis», en el sentido de que el psicoanálisis entre a la sociedad. Una vez que el psicoanálisis hubo entrado en la sociedad, esa sociedad

cambió: tuvo ya al psicoanálisis dentro. Y como tiene al psicoanálisis dentro, surge por ejemplo la «reacción terapéutica negativa». Y si el psicoanálisis se hace cargo de la «reacción terapéutica negativa», ya cambió en sí mismo. Con lo cual, cada vez que uno pesca un concepto nuevo, o que

un autor de importancia introduce un concepto nuevo en el psicoanálisis, todo cambia; todo el

conjunto de las nociones cambia, tanto como la práctica clínica —si es que efectivamente esa

Entonces, al poco tiempo, los pacientes de Freud se marchaban, se

noción incide en la clínica. Y esto ocurre porque estamos operando dentro de un orden simbólico.

Pero no sucede lo mismo, por ejemplo, en la relación del orden simbólico con lo real. Si los físicos designan una partícula real de cualquier manera, el hecho de que exista esa designación hace cambiar la posibilidad de operar de los seres humanos sobre esa partícula. O sea, si nosotros tenemos «neutrinos», vamos a poder operar sobre los neutrinos; pero que nosotros podamos

operar sobre los neutrinos no cambia la naturaleza del neutrino. Quiero decir que la sustancia, en

su estructura atómica, no cambia por el hecho de que uno la descubra, pero sí lo hace necesariamente en sus dimensiones simbólicas.

De modo que presentaré necesariamente la noción de «Padre» en psicoanálisis, desde esta perspectiva. No solamente intentaré llegar a un concepto operativo en la clínica, sino que también

trataré de ir explorando cómo fue que se produjo esta ida y vuelta de los desarrollos teóricos y sus retornos desde la clínica.

Entonces, en esta primera reunión yo quería conversar y discutir con Ustedes los problemas que la noción de «Padre» implica. Para eso, querría discutir mínimamente qué significa la noción o el concepto de «Padre».

No voy a plantearles nada de la índole del universal, de la idea, de la intuición que el término “concepto” implica en filosofía. Voy a plantearlo más bien desde la perspectiva de la ciencia. En la ciencia moderna, “noción” o “concepto” implica una maniobra sobre un significante. ¿Qué maniobra? La de extraerlo de su lugar del seno de una lengua. Mediante esta extracción se intenta desprenderlo de sus significados asociados, procurando que el significado que ese término tenga sea solamente a consecuencia de su articulación con otros términos, nociones o conceptos de la teoría. Se trata pues de tomar una palabra de la lengua. Pero la conceptografía no es álgebra, no es trabajar con letras. Cuando uno trabaja con letras, ya no se tiene este problema porque uno sabe que la letra “X” no es ninguna palabra, ni siquiera es la letra “X”—en todo caso, será una “incógnita”. Pero hay una ganancia al no escribir “incógnita” y sí escribir “X”: la de evitar el arrastre del significado. Con el concepto sucede lo mismo.

El problema que tenemos con el concepto de «Padre» es que debe operar allí donde la palabra, el término, el significante “Padre” implica su significado, porque nuestra práctica clínica es sobre sujetos humanos hablantes. Entonces, como concepto, nosotros debemos definirlo tan sólo con relación a los otros conceptos. Y uno está ya advertido de que no tiene que ver con el papá de nadie. ¿Entienden por qué? No porque se me antoje que no tiene que ver con el papá de nadie, sino porque la palabra “Padre” —que habitualmente designa al papá de alguien— no funciona así como concepto psicoanalítico. En tanto que concepto psicoanalítico, «Padre» adquiere significado en virtud de sus relaciones con los otros conceptos de la teoría. Pero el problema que tenemos nosotros es que “Padre” también designa algo en la lengua. Es el mismo problema que tenemos cuando usamos como concepto un término de la lengua y no un neologismo. Se gana mucho si se utilizan neologismos.

“Psicoanálisis” es una palabra inventada por Freud. ¿Qué significa “psicoanálisis”? Sucede que “psicoanálisis” ya ha entrado dentro del conjunto de los términos de la lengua y entonces tenemos el retorno de lo que en la lengua significa “psicoanálisis”, que no es —insisto en ello— lo que significa teóricamente para nosotros. Pero sea como fuere, su entrada está marcada por la concepción de Freud. No pasa así con “inconsciente”, que es “Unbewusste”, un término que Freud sí toma del alemán. Y al haber sido tomado del alemán, uno debe pasarse toda la vida distinguiendo lo que ese término significa habitualmente en alemán, de lo que significa en la teoría.

Con «Padre» ese problema es nuclear porque nunca vamos a tener el concepto de «Padre» totalmente aislado del término “Padre”. Y se lo propongo así, porque propongo trabajar con la idea de que en todos nosotros la palabra “Padre” no solo arrastra un significado personal e histórico, sino que por otra parte ese significado es pleno de valor —no es una palabra cualquiera para nosotros, es plena de valor. Con lo cual, hay un problema muy fuerte para articular lo que implica «Padre» como concepto teórico, porque es dificilísimo que no se nos mezcle todo el tiempo con el término “Padre”, como un término que nos constituye como sujetos hablantes.

Así pues, es dentro de este marco que voy a plantearles, o más aún, justamente con respecto al encuadre de este marco es que he organizado esta primera reunión para plantear los problemas que, tal como yo los entiendo, hoy se producen en la utilización del concepto «Padre».

Propondré empezar con los problemas, las contradicciones y hasta los prejuicios que a mi entender operan en torno a «Padre» en las formulaciones freudianas; o sea, intentaré mostrar cuáles son los problemas que hay en Freud con la noción de «Padre». Y, además, estudiaremos juntos qué problemas arrastra la noción de «Padre» en Lacan. Finalmente, pondremos sobre el tapete aquello que considero suelen ser nuestras preguntas acerca de este concepto. Justamente por no tenerlo aún suficientemente bien articulado, terminamos por confundirlo con el padre de carne y hueso

Como se trata de mis preguntas —me parece oportuno presentar también las vuestras—, les plantearé las que me son de mayor relevancia, aquellas que probablemente sean las que Ustedes compartan conmigo. Debo, sí, advertirles de que en nuestros planteos probablemente debamos poner en tela de juicio ciertas cosas dichas por Freud o por Lacan.

Ya saben que considero que «Padre» es un término que para todos nosotros posee mucho valor de significación. Si Ustedes preguntan a cualquier persona del ambiente no psicoanalítico quién es Freud, obtendrán como respuesta casi inmediata: “Sí, Freud, ¡el Padre del psicoanálisis!”. Con lo cual, traigo citas muy medulares de Freud —seguramente muy conocidas por Ustedes— porque como vamos a criticar al “Padre” —actividad ciertamente muy delicada—, no quería que la critica recayese en una pequeña cita a pie de página o en una palabrita encontrada sueltita por allí. No porque no las haya, sino porque me parece que, para nuestra comunicación, es más apto que entremos por los problemas más gruesos.

Para resolverlos, les propongo trabajar con bastantes citas, pero con la previa consideración de acordar cierta pauta: que no se trata de una lectura mía, sino que se podría suponer que el problema está ya en el texto. Aunque el exceso de citas puede resultar sumamente aburrido, por razones de seriedad y de cuidado, las creo convenientes.

§

El primer problema respecto de la elaboración del concepto de «Padre» en Freud es que la horda primitiva no existió. ¿Entienden lo que quiere decir que la horda primitiva no existió? Que jamás ningún arqueólogo encontró un deposito de huesos de humanoides hembras adultas en cantidad, humanoides hembras niñas en cantidad, machos niños en cantidad y un único esqueleto

Eso jamás se encontró. No sé por qué se ríen, porque me parece un

argumento indiscutible para demostrar que ese tipo de nucleamiento nunca, jamás, fue encontrado y verificado. Con lo cual, podríamos pensar que ese tipo de nucleamiento humano no sucedió. Y diré más, Freud mismo lo sabia. Les leo un pasaje de «MOISES Y LA RELIGION MONOTEISTA», del tomo XXIII de la edición de Amorrortu, en la página 127:

de un macho adulto

«Sigo sosteniendo esa construcción».

Se refiere a la teoría de la horda primitiva. Yo sé que muchos de Ustedes deben estar muy

impacientes por decir que es un mito

¡Serenidad! Ya vamos a meternos con la cuestión del mito.

«Repetidas veces tuve que oír violentos reproches por no haber modificado mis opiniones en posteriores ediciones del libro, no obstante que etnólogos más modernos han desestimado de manera unánime las tesis de Robertson Smith y postulado en parte otras teorías, por entero divergentes».

La teoría de la horda primitiva darwiniana, desarrollada por Smith, nunca existió. Seguir sosteniéndolo, para nosotros sería ridículo.

«Tengo para replicar que me son bien familiares estos presuntos progresos, pero no he quedado convencido en absoluto ni de la corrección de tales novedades ni de los errores de Robertson Smith. Una contradicción no es todavía una refutación, ni tampoco una novedad es necesariamente un progreso. Pero sobre todo, yo no soy etnólogo, sino psicoanalista. Tenia el derecho de espigar entre la bibliografía etnológica aquello que pudiera utilizar para el quehacer psicoanalítico. Los trabajos del genial Robertson Smith me han proporcionado valiosos contactos con el material psicológico del análisis, anudamientos para su valoración. Con sus oponentes nunca he coincidido».

¿Se entendió? A Freud le interesó Smith, no por sus intereses etnológicos —que no los tiene—, sino porque le explicaban muy bien lo que él veía en la clínica. Con lo cual, vean que se procede al revés. Está el fenómeno o el hecho clínico, luego la lectura de la horda primitiva, y entonces uno podría decir que los hechos le hicieron sostener a Freud la teoría de la horda primitiva. Pero, ¿por qué él no cambió? Porque sigue viendo los mismos hechos clínicos. Ciertamente, las nuevas teorías etnológicas no se los explican. Entonces, él dice que necesariamente, por los hechos clínicos, se tiene que quedar con eso. Por lo tanto, tendremos que pasar a discutir cuáles son esos hechos clínicos que hacen sostener la teoría de la horda primitiva.

El segundo problema estriba en que, según Freud y todos nosotros, la teoría de la horda

primitiva es un mito. A mí no me interesan los mitos, pero éste sí. Escuchen bien qué es lo que

Freud dice acerca de esta teoría de la horda primitiva, en este pasaje del Apéndice de «PSICOLOGIA DE LAS MASAS Y ANALISIS DEL YO», del tomo XVIII, en la página 128:

«Dijimos que sería posible indicar en el desarrollo anímico de la humanidad el punto en que se consumó, también para los individuos, el progreso de la psicología de masa a la psicología individual. Para ello debemos reconsiderar brevemente el mito científico del padre de la horda primordial».

¡Ah! ¡Es un “mito científico”! No es un mito como lo son los griegos. Y para aquellos que

ya visualizaron el problema de que Freud lo designa “mito científico”, ya saben que no es sólo

» , en que

dice que su teoría de la pulsión de muerte como destructiva y Eros como unificante, estaba ya planteada por Empédocles, a quien él había leído en su juventud. Freud confiesa que él leyó a Empédocles en su juventud y que tal vez se trate de un caso de criptoamnesia (vieron que, en el fantasma de Freud, es un drama quién fue el que primero inventó esto o aquello). El problema es que también en Empédocles está el mito de la horda primitiva. De mantea tal que tal vez no es “científico”, sino otro caso de criptoamnesia de Freud

aquí que Freud habla de ello. Conocen ese texto de Freud, creo que es el «MOISÉS

1

2 sobre los presocráticos, editado por

Gredos. En un apartado de Empédocles que se llama «El pecado original y la caída del hombre», en la página 489, Kirk y Raven dicen:

Se lo leo de un excelente libro de Kirk y Raven

«El segundo [

mito órfico, el pecado original lo cometieron los Titanes, que desplazaron y se comieron a Dionisio. En «Las Purificaciones» [el texto de Empédocles] el altar no ahumaba con sangre pura de toros con anterioridad a la caída del hombre, según la sugerencia de 468 y 469. Este primer pecado que evidentemente comporto la caída general del hombre consistió, al parecer, en un derramamiento de sangre y una comida de carne en general. La caída es colectiva y supone el final del dominio de Cipris, si bien no excluye la caída particular de cada alma individual».

]

de su poema religioso es el del pecado original y la caída consiguiente del hombre. En el

Les leo los mencionados fragmentos 468 y 469 de Empédocles:

«468: ¿No cesaréis con la horrible matanza? ¿Es que no veis que os estáis devorando recíprocamente en

vuestra insensata locura? [

cambiado de forma, lo degüella en actitud de oración. Están perplejos cuando sacrifican a su víctima implorante, y él, sordo a sus gritos, la degüella y prepara en su mansión un macabro festín. Del mismo modo, el hijo coge a su padre y las hijas a su madre y después de quitarles violentamente la vida se comen las carnes de sus seres queridos».

469: El padre, pobre necio, levantando en alto a su propio hijo querido que ha

]

O sea que, como verán, hay que desconfiar de que el asesinato primordial y el banquete

totémico sean un “mito científico”.

1 Se trata de «ANÁLISIS TERMINABLE E INTERMINABLE»: “Por ello mismo debía regocijarme el reencontrar nuestra teoría, no hace mucho tiempo, en uno de los grandes pensadores de la aurora griega. A esta corroboración sacrifico de buena gana el prestigio de la originalidad, tanto más cuanto que, dada la extensión de mis lecturas en años tempranos, nunca puedo estar seguro de que mi supuesta creación nueva no fuera una operación de la criptomnesia”. [N.d.C.]. 2 G.S. Kirk, J.E. Raven, «Los Filósofos Presocráticos» (Gredos, Madrid, 2003, ISBN: 8424912497).

Ustedes saben que Lacan señala que Freud era un profundo conocedor de los filósofos presocráticos. De hecho, Lacan dice que Freud construye su «Wo Es war, soll Ich werden» a partir de la ética presocrática. Conque es bastante fuerte la injerencia de lo presocrático. Lo que pasa es que Freud no lo cita tanto. De cualquier manera, podríamos suponer entonces que este mito que Freud propone como “mito científico”, en realidad es un “mito mítico” de la época mítica de la

cultura griega. Con lo cual, habría que desconfiar de su valor científico. Es algo fuerte, pero les estoy proponiendo que Freud era, como todos, un sujeto humano hablante (¡no sé si ya están

preparados para semejante shock en vuestras vidas

!

Freud mismo lo reconoció).

Ahora bien, tenemos otro problema que Ustedes deben conocer bastante y que deben haber estudiado: el de la «identificación primaria» en Freud. Les leeré cinco citas. La primera es de

en la página 180 del tomo VII de la edición de Amorrortu:

«TRES ENSAYOS

»,

«Una primera organización sexual pregenital es la oral, o si se prefiere canibálica».

Son distintas la oral y la canibálica. Oral está descrita por la zona erógena y la actividad,

Caníbales son los que comen personas,

canibálica es comerse a una persona —es ya un salto. seres humanos

«La actividad sexual no se ha separado todavía de la nutrición, ni se han diferenciado opuestos dentro de ella. El objeto de una actividad es también el de la otra; la meta sexual consiste en la incorporación del objeto, el paradigma de lo que más tarde, en calidad de identificación, desempeñará un papel psíquico tan importante. El chupeteo puede verse como un resto de esta fase hipotética que la patología nos forzó a

suponer;

»

.

De vuelta, ¿ven cómo procede Freud? Primero, lo oral es hipotético y es hipotético desde la patología de los adultos, y no con lo observable de lo que sucede con los niños.

« en ella la actividad sexual, desasida de la actividad de la alimentación, ha resignado el objeto ajeno a cambio de uno situado en el cuerpo propio».

O sea, una descripción, la primera, casi canónica, de lo que es la fase oral canibálica.

Pasemos ahora a «DUELO Y MELANCOLIA», texto tan importante, ¿lo recuerdan? Porque se plantea allí que “la sombra del objeto” cae al yo interiorizado. Es importante ver cómo puede ser que opere dentro de uno algo que debería estar vinculado a la reacción o a los afectos de uno con un objeto. En la página 247 del tomo XIV, Freud dice:

«En otro lugar hemos consignado que la identificación es la etapa previa de la elección de objeto y es el primer modo, ambivalente en su expresión, como el yo distingue a un objeto».

Quiere decir que, primero, es oral. Oral en la época en que venían juntas la satisfacción de la alimentación y la constitución de la fase oral por la incorporación del objeto. Con lo cual, uno necesariamente está pensando que esa lógica corresponde al niño desde el nacimiento hasta los seis meses de edad. Freud dice aquí que es previo a la elección de objeto. De manera tal que ha de ser muy temprano.

«Querría incorporárselo, en verdad, por la vía de la devoración, de acuerdo con la fase oral o canibálica del desarrollo libidinal».

La primera identificación funciona al modo oral-canibálico que es incorporación por devoración; porque Freud dice que se sostiene en esa modalidad de satisfacción que es propia de la oral.

La primera pregunta que quiero hacerles es: ¿qué significa que la identificación a un objeto,

En

desde el nacimiento hasta los seis meses, sea anterior a toda elección de objeto? Se complica la página 99 del tomo XVIII, en «PSICOLOGIA DE LAS MASAS Y ANALISIS DEL YO», Freud dice:

«El psicoanálisis conoce la identificación como la mas temprana exteriorización de una ligazón afectiva con otra persona».

Tenemos aquí un primer problema. Hemos dicho que hay identificación a una persona, durante los primeros seis meses de vida, con anterioridad a toda elección de objeto. Pero no se trata del objeto parcial como, por ejemplo, el pecho. Es imprescindible, en la lógica de Freud, que sea una identificación a una persona. Pero, sin embargo, una identificación a una persona previa a toda elección de objeto. ¿Cuál sería, para Ustedes, la persona típica de toda primera elección de objeto? La mamá, ¿no? Pero, entonces, quiere decir que se trata aquí de una identificación a una persona previa a la mamá como objeto de la primera elección de objeto. ¿Quién vendría a ser esa persona? Ya sé que es el padre, pero piensen en un niño de hasta seis meses de edad que se identifique a una persona antes de que haga la elección de objeto —cuya persona es convencionalmente la madre, aunque Ustedes saben bien que no necesariamente tiene que ser la madre.

«Desempeña un papel en la prehistoria del Complejo de Edipo».

Esto es, que si Ustedes no tienen esto, luego no podrán configurar el Edipo.

«El varoncito manifiesta un particular interés hacia su padre;

».

Es decir que, en el lapso de los primeros seis meses de vida, el varoncito se identifica al padre, aun antes de toda elección de objeto —a saber, antes de la madre. No es ridículo, ¡es increíble! Es increíble que el niño pueda distinguir entre padre y madre y que pueda decidir primero por uno que por la otra. Creo que hay verdaderos problemas internos a esta lógica.

Les propongo pensar si es ésta la mejor forma de explicarlo. No tiene que ser necesariamente la mejor ya que, de hecho, Freud mismo la modificó unas veinte veces. Más aún, de no haber muerto, tal vez hubiese pensado una tercera tópica.

«El varoncito manifiesta un particular interés hacia su padre; querría crecer y ser como él, hacer sus veces en todos los terrenos. Digamos, simplemente: toma al padre como su ideal. Esta conducta nada tiene que

ver con una actitud pasiva o femenina hacia el padre

».

Es un problema que no sea pasiva o femenina hacia el padre porque si no, ¿qué es “padre”?

? La

pregunta evidente es ésta: ¿qué es un padre si no se lo distingue por la diferencia sexual? Freud dice que no es un problema sexual, porque este amor primero al padre no produce posición pasiva homosexual —que es el problema del Edipo en los varones.

Si la diferencia entre padre y madre no es sexual, ¿cuál es la diferencia?, ¿acaso los bigotes

«Esta conducta nada tiene que ver con una actitud pasiva o femenina hacia el padre (y hacia el varón en general); al contrario, es masculina por excelencia. Se concilia muy bien con el complejo de Edipo, al que contribuye a preparar».

Freud dice que sin esto no hay complejo de Edipo. Pero ocurre que, cuando nosotros los

argumentamos, lo hacemos al revés. Para argumentar el complejo de Edipo, siempre empezamos

Es lo primero que decimos.

Reconozcamos que sólo podemos decirlo entre nosotros porque es en sí mismo increíblemente ridículo. Sostenemos que el niño quiere copular con su madre y, con eso dicho, nos parece inmediatamente evidente que previamente debió haberse identificado con lo masculino. Pero, al mismo tiempo, ¿no sostenemos también que lo masculino es la salida? ¿Acaso no nos regodeamos enseguida con la metáfora lacaniana del pene en el bolsillo? ¿Cómo puede ser, entonces, que lo masculino opere desde antes? El sexo solamente entra por el falo. Entonces, ¿cómo hacer operar el falo durante los primeros seis meses de vida, en plena etapa oral canibálica? La estructura de esta lógica parece no estar cerrando muy bien

echando mano al mito ridículo de que “el niño ama a su madre”

Pasemos al famoso párrafo que Lacan tomó de Freud, el de «PSICOLOGIA DE LAS MASAS», en la página 101:

«Dijimos que la identificación es la forma primera, y la más originaria, del lazo afectivo; bajo las constelaciones de la formación de síntoma, vale decir, de la represión y el predominio de los mecanismos del inconsciente, sucede a menudo que la elección de objeto vuelva a la identificación, o sea, que el yo tome sobre sí las propiedades del objeto. Es digno de notarse que en estas identificaciones el yo copia en un caso a la persona no amada, y en el otro a la persona amada».

Se acuerdan de cómo viene el párrafo: Freud está discutiendo los síntomas en las histéricas.

«Y tampoco puede dejar de llamarnos la atención que, en los dos, la identificación es parcial, limitada en grado sumo, pues toma prestado un único rasgo de la persona objeto».

Acá está el «rasgo unario». Freud dice —y no lo dice al pasar— que debe ser concentrado

y reducido a un único rasgo. La identificación primaria es a un rasgo. Pero, ¿por qué? ¿Por qué

no, a dos? Freud está diciendo que la identificación primaria al padre, que condiciona la posibilidad del Edipo, es a un único rasgo. ¿Por qué?. Y, más aún, ¿cuál es ese rasgo? Ese rasgo,

¿se caracteriza por ser uno específico? Si no es ninguno en particular, esto es, si Ustedes no quieren aceptar preguntar cuál es específicamente ese rasgo porque podría ser uno cualquiera, entonces, ¿por qué decir que es del padre? Pondré un ejemplo burdísimo: yo tengo muy delgados

lóbulos en mis orejas. Tanto es así que mis hijos me hacen objeto de burlas de toda clase. Ahora

bien, supongan que ellos se identificaron, como rasgo unario, a ese delgado lóbulo de oreja

¿No

podría acaso ser ése un rasgo de la mamá de los chicos? ¿Cómo me hace padre un rasgo único, si no es el falo? Si no es el falo, ¿cómo puede ser que un rasgo me tome por padre? Es contradictorio que el rasgo deba ser único y paterno, no pudiendo ser el falo porque es oral y

previo al Edipo —siendo el Edipo, a su vez, lo que condiciona la posibilidad del advenimiento de

la lógica fálica.

Les leeré ahora un pasaje de la página 33 del tercer capítulo de «EL YO Y EL ELLO»:

«Ahora bien, comoquiera que se plasme después la resistencia del carácter frente a los influjos de investiduras de objeto resignadas, los efectos de las primeras identificaciones, las producidas a la edad más temprana, serán universales y duraderos».

O sea que todo sujeto humano se identifica a un rasgo del padre —es universal, vale para

todos.

«Esto nos reconduce a la génesis del ideal del yo, pues tras este se esconde la identificación primera, y de mayor valencia, del individuo: la identificación con el padre de la prehistoria personal».

“Prehistoria personal”, en Freud, es desde antes del nacimiento hasta antes del Edipo; no

se trata de la historia de los abuelos en Europa

Edipo? ¿No es acaso el padre el interdictor de la relación madre-niño? ¿No hace falta, primero, la dupla madre-niño para que advenga allí un padre en posición tercera, que separe madre y niño?

No tenemos cómo definir a un padre anterior, en la prehistoria del Edipo, porque el padre cobra significación recién en el Edipo. Y nosotros, que somos muy avezados para estos problemas, podríamos preguntarnos enseguida: ¿y un huérfano de padre? Eso no importa, se trata de cualquier persona que funcione como interdictora en la relación incestuosa madre-niño. Ven que primeramente hace falta la madre en una relación incestuosa con el niño, para que el padre tenga algún atributo posible en psicoanálisis. ¿Cómo puede ser, entonces, que la identificación primera

¿Qué es en Freud el padre de la prehistoria del

sea al padre, si no es ni fálica ni interdictora del sujeto? Porque el padre, para Freud, adviene antes que la madre. Es un problema teórico importante.

Para Lacan, la función paterna se elabora mediante el concepto de Nombre-del-Padre. La maniobra de Lacan es muy fuerte e interesante. Pero no pierdan de vista que, al menos en un sentido, no es un neologismo —lo toma del rezo cristiano y católico. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo conforman la Trinidad. Lacan lo toma de allí. Pero el problema que tenemos de vuelta es que no es como el objeto a, que es álgebra. Hay que pensar qué quiere decir con eso. Pero, tomándolo del rezo católico, la pregunta que les planteo es ésta: para Lacan, el padre normal, ¿es Dios? A lo que voy es que para Freud sólo se justifica la existencia de Dios por el enaltecimiento del padre. En realidad, es consecuencia de la culpa de haber asesinado al padre de la horda lo que se empieza a elaborar, y termina produciendo un Dios único y enaltecido. Pero Lacan no nos propone que se entiende a Dios mediante el padre. Lacan lo propone al revés: se entiende la función que deben cumplir los padres mediante el Dios del catolicismo. Se podría decir que la religión nos ganó en un paso. Es muy rara la incorporación de un artículo de fe religiosa católica para dar cuenta del padre normal. Él está proponiendo que es la estructura normal de todo padre. Pero, ¿por qué lo levanta del rezo católico? ¿Es que el psicoanálisis se sostiene en la doctrina religiosa? Los psicoanalistas nos creemos en posición de dar cuenta, en cierta manera, de por qué hay religión. Pero en este caso se han invertido los términos: es la religión la que viene a explicarnos cómo funcionan las cosas. Piénsenlo respecto de la patología. Piensen en el dios de Schreber. El dios de Schreber, ¿creen Ustedes que es más bien el enaltecimiento de su madre o de su padre? Según Freud, del papá y un poco del hermano, por la tendencia homosexual. Para mí, es el padre.

Con lo cual, yo solamente veo funcionar —por ejemplo, en los historiales freudianos— al padre como Dios en un caso de psicosis. De suerte tal que lo que yo comprendo del Padre como

Nombre-del-Padre es la alteración total del padre normal. Me parece que no conviene plantearse ni un instante la pregunta de si Freud era más bien machista —después vino Klein, que era

feminista, y, más tarde, Lacan que, de vuelta, era ¡re-machista

conferencias de famosos lacanianos argentinos que lo que Lacan siempre criticó a Freud es la no elaboración de su condición judía, y que hay muchas cosas de la teoría psicoanalítica que en realidad son porque Freud era judío y nunca analizó bien estas cosas; y que es por ser judío que el psicoanálisis tiene ciertos conceptos. Yo les pregunto, ¿se trata de que Freud es judío, y Lacan, católico? Yo no tomaría esta vía. Me parece que es una vía estéril para la discusión científica entre

También leí y escuche en

!

nosotros —aunque sí me parece que no habría que olvidar que el hermano de Lacan es un cura jesuita.

PREGUNTA: [inaudible].

A.E.: No, lo que yo digo es que sí veo funcionar al padre como dios en la psicosis. Lo que digo es que si vamos a articular el padre normal con Dios, vamos a tener que pensar de qué manera, porque en la clínica psicoanalítica se verifica que cuando un paciente dice que

su padre es un dios que quiere violarlo a cada rato, o que no lo deja descansar ni un minuto, más bien pensamos que es psicótico. Con lo cual, hay un problema en la designación de su concepción de «Padre» por parte de Lacan, casi a contrario absoluto de la teoría psicoanalítica. El Padre, para Lacan, es el significante de la ley; y la psicosis, su ausencia radical —nosotros la llamamos su «forclusión».

Si lo aceptan, va a haber problemas. Primero, les pregunto: ¿ha verificado alguno de Ustedes, en su clínica, que los psicóticos tengan algún problema en especial con la ley? Les advierto de que la respuesta más común es que no. Veamos la cosa en términos estadísticos: si a los psicóticos les faltara verdaderamente la ley, deberían, por ejemplo, pasarse violando niñas todo el tiempo. Y me da la impresión de que no es eso lo que se verifica. Creo incluso que los psicóticos suelen ser ‘más papistas que el Papa’: te pagan religiosamente los honorarios (ahora que lo pienso, aquellos que no me pagan quizás sean los que verdaderamente carecen de ley ¿Hay acaso más psicóticos ladrones que ladrones no psicóticos? ¿Qué quiere decir, entonces, que los psicóticos carecen del significante de la ley?

Ahora bien, si Ustedes me dijeran que “No, el cumplimiento de la ley en el psicótico es

justamente el testimonio de la ausencia de la ley”, si me lo argumentaran así, es decir que, sea blanco o negro, el psicoanalista siempre tiene razón, yo se lo aceptaría, pero advertiría perfectamente que de ese modo no procederíamos científicamente en lo más mínimo. Tal vez tengan ganas de decirme que el padre es el representante del significante de la ley de la interdicción del incesto. Muy bien, muy bien. Pero, en ese caso, las niñas violadas por sus padres deberían ser, todas ellas, prepsicóticas —y eso tampoco se verifica. Sabrán que hay muchos casos de padres que violan regularmente a sus hijas durante muchísimos años. Y si fueran Ustedes las psicólogas de ese servicio de nenas violadas regularmente por sus padres o padrastros, ¿temerían encontrar un alto porcentaje de psicosis? Ni lo pensarían siquiera. En cambio, sí pensarían en el “trauma” —no sé que quiere decir eso— que eso dejaría en esa niña. Pero tampoco se verifica tanto ese pretendido trauma. Si uno atiende mujeres adultas violadas por su padre, no necesariamente verifica ese trauma que todos suponemos que va a quedarle. Es bien extraño el tema.

Les propongo pensar en que, si el padre es el representante de la interdicción del incesto, ¿cómo puede ser que un caso de incesto, como modalidad normal de satisfacción del padre, no produzca una psicosis? Con lo cual, la psicosis parece ser independiente de la ley en general, y de la interdicción del incesto en particular. El problema es difícil y no se puede resolver intuitivamente y, en especial, por el problema de que todos tenemos padres. Algunos de nosotros somos padres y cualquier problema teórico de esa índole se nos empasta enseguida por nuestra vinculación afectiva a la función paterna de nuestro padre, a la nuestra, etc. El problema, tal como lo manejamos, no hace más que producir contradicciones por doquier.

§

Les propuse inicialmente problemas específicamente freudianos. Les presentaré ahora problemas que considero “lacanianos” —pero no de Lacan— que suelen suscitarse a partir del hecho de que Lacan conciba al Padre como Nombre-del-Padre. Hay por cierto muchos otros problemas relativos a estas cuestiones que, por el momento, dejaré de lado.

Suele afirmarse que un tío, una abuela, o un padrastro pueden funcionar como «Padre», esto es, que no necesariamente el padre funciona como «Padre». La pregunta que me cabe es, si el padre puede ser el tío o la abuela, ¿para qué lo llamamos “Padre”? Cualquier lacaniano puede escribir que “el padre legaliza a la madre”. Pero quisiera preguntarles: ¿las madres son siempre enloquecedoras? Si dicen que a veces sí, entonces me es evidente que también, a veces no. Con lo cual, eso de que “Padre legaliza a la madre” no se aplica como categoría universal.

¿Son los padres los normalizadores? He escuchado una y mil veces casos de padres muy agresivos y violentos que caían presos recurrentemente, que golpeaban gravemente a sus hijos, a sus esposas y a sus madres; padres muy trasgresores, que consumen y venden drogas, y que hasta violan regularmente a más de uno de sus hijos. Escuché decenas de veces sobre esta clase de casos, en diversos servicios de hospitales. Lo curioso es que otras tantas veces he escuchado la opinión que sobre estos casos se forman las psicólogas de estos servicios: “A mí, este hombre, me hace recordar al padre de la horda primitiva”. ¿Leyeron alguna vez que Freud haya puesto a trabajar la teoría del padre de la horda primitiva para explicar casos de padres violentos? ¡Para nada! Jamás. Porque para Freud esa teoría no sirve para explicar la psicología del padre violento. Lo único que explica el padre de la horda es el Superyó híper-severo.

Freud se pregunta de dónde sale un Superyó siempre concebido por el papá, porque el Superyó es más severo que todo papá. Si aquí alguno de Ustedes es papá, intente tranquilizar a un chico que tiene autorrecriminaciones superyoicas, y verá que no lo logrará. Con lo cual, es mucho más severo el Superyó que el propio padre. Y Freud utiliza la teoría de la horda primitiva para explicar este Superyó de cada uno de nosotros, pero jamás para explicar la psicología del padre violento. Eso se nos corrió de ese modo porque no terminamos de poder articular finamente, en la teoría, todas estas contradicciones. Y ese corrimiento produjo un desplazamiento de toda la clínica: ahora nos recuerda a tipos así, que los hay, y que en la clínica de los post-freudianos se denominan “psicópatas”. Y no sé porque no seguir llamándolos “psicópatas”. Lacan rechaza esa designación porque psico-pathos no quiere decir nada, es una palabra hueca. Pero creo que está bien llamarlos de ese modo, siempre y cuando no se los confunda con perversos. Éste fue el problema de la clínica de los post-freudianos: confundían los psicópatas con los perversos. Y un tipo como el que yo describí no tiene nada de perverso, en el sentido estricto de la teoría psicoanalítica.

Y bien, para estar a punto de concluir, quisiera plantearles —quizá ya lo hayan olvidado— que hay mucha gente joven presente que probablemente esté formulándose la siguiente pregunta:

¿cómo es que una madre psicótica puede tener un hijo normal? Todos sabemos que una cosa no tiene nada que ver con la otra, pero no entendemos bien por qué es así. Y es más, podría

formularles esta otra pregunta: ¿cómo puede ser que una madre normal tenga un hijo psicótico?

Éste es un problema que se presenta en todas las residencias y concurrencias de todos los hospitales, porque al principio la gente lo piensa pero luego van haciéndose psicoanalistas y dejan

Podemos incluso preguntarnos cómo es que una madre normal o psicótica —ya es

todo lo mismo— pueda tener un hijo psicótico y otro normal. Se dice que se verifica que en familias con antecedentes psicóticos hay más psicóticos que en otras familias. Y me parece que algo de eso se da. Lo que en la clínica post-freudiana se llamó “familia patógena” está muy bien. Pero si se tiene más de un hijo, la pregunta se nos hace más grave cuando consideramos casos de hijos psicóticos y normales en una misma familia. ¿Cómo se explica que uno de ellos pueda no salir psicótico? Suele explicárselo diciendo que la historia de cada cual es particular y distinta. Yo también lo he pensado. Pero si la historia es distinta, ¿qué significa que no esté el significante del

Nombre-del-Padre en el Otro del sujeto, si el Otro del sujeto es representado por la madre? Ése

es el problema.

de pensar

O sea, nosotros no somos no-psicóticos porque el lenguaje, el castellano, está bien armado

—tiene que producirse una maniobra en cada historia particular. Pero, siguiendo con esta línea de pensamiento, ¿cómo puede ser que quien no lo tiene, sí pueda transmitirlo a un hijo y no a otro?

Y la misma pregunta vale para aquel que sí lo tiene.

Pero esas preguntas son más comunes que estas dos que voy a proponerles ahora. Mi impresión es la de que éstas tienen tanta validez como aquéllas, pero son mucho menos comunes:

¿cómo puede ser que un padre psicótico tenga un hijo normal? Si el Padre es el representante de

la ley, y él está psicótico, entonces él no tiene la ley; y mal podría un psicótico introducir la ley

para un hijo. Estoy desafiando esa ley universal que dice que todo psicótico tendrá un hijo psicótico. No la afirmo en ningún modo. No se constata que los psicóticos tengan hijos psicóticos. Eso no se verifica para nada, ni siquiera se lo comprueba en un alto porcentaje estadístico. ¿Cómo puede ser?

Ahora bien, todos estos problemas se me presentaron al comienzo mismo de mi estudio del Edipo en Freud, o sea, muy tempranamente en mi vida. Seguramente —no lo digo en broma— a consecuencia de los problemas que había en la estructuración de mi propio Edipo y de mi necesidad de analizarme personalmente. Seguramente haya sido así. De cualquier manera, durante mucho tiempo no logré encontrar una cabal explicación y ordenación para estos problemas. Finalmente, conseguí ordenarlos. Por eso quería proponerlo a vuestra reflexión. Quisiera ver si en el transcurso de nuestros encuentros puedo aportar cierta lógica para pensar estos problemas, cierta vía que encontré y que luego seguí investigando.

Se me planteó la solución cuando pude armar conjuntamente todo este sistema de preguntas. No es que las preguntas se me plantearon así, una tras otra —tengo, al igual que Ustedes, muchas otras preguntas. El psicoanálisis se plantea preguntas por todos lados, pero

ocurre que habitualmente no hacemos esta contrastación de partes. Avanzamos por jirones que nos parecen coherentes. Pero el psicoanálisis no hace un sistema ni lo hará nunca, porque el orden simbólico —es de lo que les hablaba al comienzo— no podrá hacerlo jamás, ya que está cambiando permanentemente.

Pero otra cosa muy distinta es sostener afirmaciones absolutamente contradictorias en el centro mismo de la teoría. Digo, estos problemas se me ordenaron a partir de un párrafo de la clase 18 del SEMINARIO 11 de Lacan. Es un párrafo crucial que me aportó una clave para ordenar este conjunto de problemas y lanzarme a una investigación que lleva ya varios años. Verán que es un párrafo que no ha sido prácticamente comentado, siquiera por los más prestigiosos psicoanalistas lacanianos. Está en la página 246 de la edición castellana:

«Por ejemplo, la dimensión psicótica se introduce en la educación del débil mental en la medida en

que el niño, el niño débil mental, ocupa el lugar en la pizarra, abajo y a la derecha, de ese S, respecto a ese algo a que lo reduce la madre — el mero soporte de su deseo en un término oscuro. Nuestra colega Maud Mannoni, en un libro que acaba de salir y cuya lectura les recomiendo, trata precisamente de designar esto

a quienes, en una u otra forma, pueda tocarles recoger el guante. En la psicosis, con toda seguridad, se trata de algo del mismo orden. Esta solidez, esta captación

masiva de la cadena significante primitiva impide la apertura dialéctica que se manifiesta en el fenómeno de

la creencia. En el fondo de la propia paranoia tan animada, en apariencia, por la creencia, reina este fenómeno

de Unglauben».

Éste es el término: «Unglauben». «Un» es en alemán el prefijo privativo, y «Glauben» es “creencia”. Habrán visto que en psicoanálisis siempre nos resulta mucho más asequible a nuestra reflexión y a la aplicación de nuestros conceptos, el polo paranoico de la psicosis que el polo esquizofrénico —es más apta. Entonces, Lacan dice que en el centro de la paranoia se trata de la Unglauben, a pesar de estar totalmente animada de creencia. ¿Que es lo que está totalmente animado de creencia? ¿Lo entienden? Podemos decir que el paranoico se cree perseguido. Si Ustedes intentan convencerlo de que no está siendo perseguido, se darán cuenta de que no sirve para nada, porque está animado de una profunda creencia. Podríamos decir que se trata de una creencia delirante. Sin embargo, lo increíble es que Lacan diga que en el núcleo de la paranoia hay una, por así decirlo, “increencia”.

«No el no creer, sin la ausencia de uno de los términos de la creencia, el término donde se designa la división del sujeto. En efecto, si no hay creencia que sea plena y entera es porque no hay creencia que no suponga en su raíz que la dimensión última que tiene que revelar es estrictamente correlativa al momento en que su sentido va a desvanecerse».

No voy a comentar este párrafo, sino proponerles que, para Lacan, en el núcleo de la patología psicótica mejor estudiada —la paranoia—, se trata de la “increencia” a pesar de que hay un retorno fenoménico sistemático de una certeza en la creencia que es muy difícil de conmover. Está la polémica con Kraepelin: no es verdaderamente “inconmovible”. Se trata de que no puede

cambiarlo conversando con alguien, esto es, está cerrado a la composición dialéctica —y eso no quiere decir que no cambie la creencia, que la creencia sea “inconmovible”. Es pues una creencia cerrada a la composición dialéctica.

Lo que Lacan propone —no creo que a Ustedes se les escape— es que, en este párrafo, está intentando armar esa serie de casos tan raros, los de la debilidad mental, la psicosomática y la psicosis, por la vía de la noción de «holofrase». Y va a introducir con relación a esta problemática —entiendo que específicamente para la paranoia— el problema de la “increencia”.

Les he propuesto para este año una discusión profunda y minuciosa de los desarrollos en Freud de la noción de «Padre» porque, de lo que se trata —es éste el horizonte de mi propuesta— es que, primero que nada, no hay un Dios omnipotente. Ése es un error nuestro. Dios, el Dios del monoteísmo, no es omnipotente. ¿Alguna vez discutieron los primeros párrafos del Génesis con algún niño? Porque ellos piensan, y siempre preguntan por las contradicciones del argumento del texto bíblico. Nos parece muy evidente que el Dios Uno, que nosotros creemos que está en la base de la argumentación religiosa del Antiguo Testamento, es omnipotente. Ése es un error garrafal. Hay por cierto muchas modalidades del Dios Uno. Hay que pensarlo.

No hay un único Dios. No hay una única modalidad del Dios Uno, sino varias. Y no necesariamente el Dios Uno es omnipotente. Con la cual, la pregunta por el Dios en la psicosis no nos tiene que traer muchos problemas respecto del Nombre-del-Padre. Yo hoy los estaba engatusando, porque suponía que no tenían despejado este problema de que no todo Dios Uno es omnipotente. Más aún, voy a tratar de demostrarles que el Dios Uno de la Biblia es profundamente autolimitado. De modo que no tiene nada ver con los fenómenos de infinitización típicos de la psicosis.

Por otra parte, el problema de la «Unglauben» se plantea por la cuestión de la creencia. Y, ¿por qué se plantea el problema de la creencia? Justamente porque la condición subjetiva que debe instaurar la metáfora paterna es el advenimiento de aquello en lo que puede creerse. Y aquello en lo que puede creerse, por ejemplo, es el inconsciente. Se puede creer en eso, o quizá no se pueda creer en eso. Es la base de otra famosa y enigmática frase del SEMINARIO 11: «Dios es inconsciente». Es precisamente la otra frase terrible de este seminario, que implica justamente ese problema. Es decir que lo que establece e instaura legalmente el Nombre-del-Padre, por la vía de la metáfora paterna, es la existencia de aquello en lo que se puede creer; por ejemplo, en la existencia de Dios.

Lean Schreber y verán que antes del desencadenamiento él testimonia que no creía en Dios. En realidad, con Lacan, lo que tenemos es que Schreber no podía creer en Dios, salvo en ese Dios que quería violarlo. Vieron que a Schreber Dios le hacia ocupar el baño cada vez que él quería ir. ¿Se acuerdan de ese tormento? Claro que si vos vas al baño y está siempre ocupado, ¿cómo no creer? Ahí es muy fácil creer porque es un testimonio de lo real. No se trata allí de la creencia, sino de un testimonio de lo real. En la psicosis, justamente por la ausencia del funcionamiento paterno, lo que no adviene son las existencias. Y el vínculo subjetivo con relación a las existencias es precisamente el de la creencia.

Para concluir, un hecho clínico. ¿Vieron la regularidad de la muerte del sujeto posteriormente al desencadenamiento de la psicosis? Agucen el oído y van a ver que el psicótico testimonia que él ya murió, del mismo modo que en el momento en que Schreber dice haber leído, en las necrológicas, la noticia de su propia muerte. Les propongo que la muerte del sujeto —es una idea fuerte— es regular. No me animo a decir que es universal, pero es regular como manifestación clínica posterior al desencadenamiento. Esto puede sernos de utilidad clínica. Muchas veces nos preguntamos si ya se desencadenó o no.

La psicosis avanza por brotes, pero el desencadenamiento es uno. ¿Están seguros de que el primer brote es siempre el desencadenamiento? Lacan no lo afirmó nunca. Lacan dijo que el desencadenamiento es la rotura del cristal y que después de eso todo es distinto. Pero el problema que tenemos es que la psicosis regularmente cursa por brotes. La clínica tiene que estar muy atenta al problema del brote para saber cómo operar si está por venir otro brote. Pero si el brote es en plural, ¿cómo saber cuál de ellos fue el desencadenamiento, que en sí mismo es uno? Si Lacan dice que todo cambia después, se trata entonces de la rotura del cristal. ¿Cómo saber, entonces, cuando se trata del desencadenamiento o de un brote? Para saberlo, les propongo lo siguiente: vayan a buscar la muerte del sujeto. Porque una consecuencia clínica directa del desencadenamiento de la psicosis es la muerte del sujeto. Por supuesto, eso no quiere decir que no haya sujeto en la psicosis. Si hay un sujeto humano hablante, hay sujeto. Más aún, el sujeto humano hablante es la entrada del psicoanalista en la psicosis. Hay sujeto humano hablante, no se trata sólo de neuronas. Si es sujeto humano hablante, hay Otro. Pero habiendo sujeto y Otro, lo que el sujeto psicótico testimonia es de la muerte del sujeto. Y entramos así en la paradoja de que el sujeto testimonia que el sujeto ha muerto. Porque la subjetividad es una existencia y, en cuanto tal, dados el desencadenamiento de la psicosis y la manifestación del problema de la «Unglauben», entonces todas las existencias tienden a desaparecer. Si es del lado del sujeto, la desaparición de las existencias se manifiesta como muerte del sujeto; si es del lado del Otro, se manifiesta como fantasía de fin del mundo que encontramos regularmente —el que ha muerto es aquí el mundo. Y, como sabrán, no alcanza con que Ustedes le digan que el mundo no ha muerto, que se dé cuenta de que los autos siguen andando fuera del consultorio.

Entonces, la clave que les propongo para resolver el problema es la designación por parte de Lacan del Padre como Nombre-del-Padre, porque, así designado, directamente nos remite al

problema —primeramente trabajado por la religión— de la «creencia». Y la creencia remite al estatuto de las existencias.

Observen que cuando el niño pregunta al padre o a la madre si cree en Dios, está ya operando un nuevo creyente. Pero, ¿la pregunta sólo puede aparecer bajo esa sola forma? ¿Cuál es la forma más típica de preguntarse por Dios? «¿Dios existe?». Es decir que el problema es la existencia de Dios. Y no se olviden de que el tema, el nuestro, el de la tradición monoteísta judeocristiana, es el de la existencia de Dios.

Pueden buscar en un diccionario de filosofía las pruebas que se han dado acerca de la existencia de Dios, como por ejemplo la de San Anselmo. El cristianismo se caracterizó por tratar, por primera vez, de dar argumentos racionales para la existencia de Dios. Y el problema es qué quiere decir Dios como existencia —remite al problema de las existencias.

Hoy, justamente, con unos colegas de Apertura estuvimos discutiendo un caso de psicosis en que no quedaba claro si para el psicótico el Otro existía, porque siempre tomaba a cualquier persona que representaba al Otro, como el Otro en sí mismo. Pero no se manifestaba netamente para ese sujeto psicótico la existencia del Otro. Digo, para hacerlo más claro, yo puedo estar representando a Burundi; pero la pregunta que Ustedes pueden formularse es la de si yo efectivamente lo represento: me pedirán, así, las credenciales de esa representación. Pero otra cosa muy distinta es si Burundi existe como tal —la existencia de lo Otro que uno representa.

La función paterna se caracteriza por no introducir la interdicción del incesto. Ésa es una forma etnológica y antropológica de pensarlo, esto es, no tiene mucha relación con el hecho de copular entre padres e hijos, sino que la función paterna radica fundamentalmente en distinguir la Madre —cuya definición precisa estudiaremos en la próxima reunión— del Otro. Pero, para poder hacer esta distinción, hace falta sostener que el Otro existe, porque el Otro no coincide con nadie. No se le puede decir al niño “Mamá no es el Otro, porque el Otro es la tía” Mamá no es el Otro porque el Otro existe. Con lo cual, mamá no puede ser más que un representante del Otro. Y en la psicosis eso no está. Los problemas del todo, de la infinitización, de la totalización, advienen en la psicosis justamente porque no ha funcionado la metáfora paterna, cuya función no es la de introducir la interdicción del incesto, sino la de distinguir la madre de carne y hueso, que representa una función, del Otro. Pero eso solamente se logra si se da la posibilidad de la existencia, y, para verificar que hay existencia, tiene que haber creencia —porque el vínculo entre el sujeto y las existencias es la creencia.

¿Ven por qué se nos mezcla con lo religioso? Porque Dios es una existencia y justamente todo el problema de toda dimensión religiosa es la creencia, que podría estar expresada mediante

la fe. Fe que también es el producto de la tradición judeocristiana —la fe del Antiguo Testamento es inexistente, como tal, en Grecia. En realidad, hace falta que el Dios sea Uno: ¿cómo tener fe en un dios, si puede también haber otro?

Con lo cual, la fe adviene en esta tradición. Y es porque la fe y la creencia advienen en esta tradición, que nosotros designamos, con un término de esta misma tradición, a la función que sostiene las existencias y a la creencia. Tomamos del catolicismo el término mediante el cual la designamos.

Y en la India, en donde no son católicos, ¿puede haber psicóticos? Sí, puede haberlos. Es decir que también puede haber no psicóticos. Pero, para ellos, ¿opera el Nombre-del-Padre? No, no sabemos cómo es para ellos, no sabemos cómo esto se arma, porque debe ser introducido en cada caso. La maniobra que hace que uno no sea psicótico es de cada caso, porque si fuese por el orden simbólico, todos seríamos normales ya que no se trata de que el castellano haya fallado para alguien, o que una lengua cualquiera no haya funcionado para alguien. En nuestro caso, en nuestra tradición cultural, debe ser mediante algo que sea concebible como Nombre-del-Padre porque, en nuestra tradición —a la que se aplica el psicoanálisis—, las creencias se sostienen mediante articulaciones dentro de esa tradición. En otras tradiciones culturales, esto puede operar de otro modo. Es el problema de Malinowski cuando fue a Samoha y dijo que Freud se equivocaba porque el Edipo no era verificable allí, ya que allí las chicas podían perfectamente estar con sus padres. Es de hecho más frecuente el avunculado que el padre, como prohibición del incesto. ¿Y por qué lo designamos sólo en nuestra tradición? Porque el psicoanálisis se aplica sólo en esta tradición. En nuestra tradición, la creencia está sostenida por Dios.

Pero observen que Dios es inconsciente. Uno puede escribirlo así:

DIOS = INCONSCIENTE

Y si yo digo que A es B, ¿no puedo escribirlo «A = B»? ¿Entienden el problema lógico de «A =B»? Si es «A = A», entonces no se puede predicar nada de eso. Otra cosa es por la vía tautológica, que no es verdaderamente un límite a la acreditación. Uno está autorizado a decir que «A es B». Con lo cual, esta formula de «Dios es inconsciente» es verdaderamente el problema

[Cambio de cinta]

por qué? Porque existen las existencias. No importa si se llama

«Dios» o «inconsciente». ¿Acaso no conocen Ustedes a muchos psicoanalistas pseudo-ateos que creen en el inconsciente? Digo, ¿les resulta inconcebible? Ven que se puede creer en el inconsciente. Pero lo que no se puede hacer es dar pruebas categóricas del inconsciente, en el sentido tridimensionales real, así como no se puede dar pruebas de Dios. Yo no puedo decirles:

“Observen, ésta es una partícula de Dios”. ¿Qué prueba material puedo dar yo de la existencia de Dios? No tengo pruebas materiales de la existencia de Dios. Por eso la Iglesia misma desconfía

tanto de los estigmas, porque sería una prueba tridimensional real. La Iglesia es muy cuidadosa con eso.

¿Entienden

Si Dios existe, el inconsciente existe. Pero si Dios es una existencia, cuidado, porque tengo que argumentar muy bien para decir que Dios no es una omnipotencia; porque si no, el inconsciente sería equivalente a psicosis. Y justamente verificamos lo contrario: que las formaciones del inconsciente no operan en la psicosis.

En nuestra próxima clase vamos a trabajar con el mito de la horda primitiva, o sea,

«TÓTEM Y TABÚ», «PSICOLOGÍA DE LAS MASAS Y ANÁLISIS DEL YO», «MOISÉS Y LA RELIGIÓN

MONOTEÍSTA», y «MAS ALLÁ DEL PRINCIPIO DEL PLACER»; cuatro textos en los que aparece bien desarrollado el mito, para ver qué concepción le da Freud y para qué.

Establecimiento del texto: Lic. Luciano Echagüe

Clase Nº 2 (19-06-1999)

Antes de realizar una critica a la teoría de la horda primitiva de Freud, quería plantearles el objetivo de esa crítica o el análisis de lo sostenido por Freud. Me parece que venimos con cierta demora con respecto a analizar y criticar ciertas argumentaciones freudianas o lacanianas que implican que sostengamos simultáneamente teorías que se contradicen entre sí; pero que, por la demora o la falta de crítica, al no darnos cuenta, justamente caemos en contradicciones porque estamos aplicando teorías que son contradictorias. Más aun, mi impresión es la de que mantenemos simultáneamente teorías que fueron concebidas para rectificar a las otras. Así, por

ejemplo, les propongo que «metáfora paterna» es un invento de Lacan para rectificar la teoría de Freud sobre el Padre.

Toda la enseñanza de Lacan, a partir del SEMINARIO 1, está atravesada —entre otros problemas— por la cuestión del «Padre». Y Lacan nunca aceptó la teoría freudiana del Padre. Sin embargo, nosotros seguimos sosteniendo ambas teorías como si fuesen una sola. A veces, sostenemos parte de una teoría y parte de otra, pero esto no ocurre sin que se susciten fortísimas paradojas, porque sostenemos dos teorías, una de las cuales ha sido creada para corregir la otra. Con lo cual, caemos en contradicciones flagrantes

Por otra parte, la crítica que hoy haré de la horda primitiva debería articularse a otra cuestión que es, además, la de cómo concebimos al Padre, a saber, que la horda primitiva en Freud —al menos, hasta donde mi lectura llega— jamás fue utilizada por Freud para dar cuenta

de ningún padre real. Revisen todos los historiales o todas las viñetas clínicas de Freud, y no van

a verificar jamás que Freud emplee la teoría de la horda primitiva para dar cuenta de ninguna posición subjetiva de ningún padre real.

Hoy en día, especialmente en ámbitos lacanianos, es imposible sostener la teoría de la horda primitiva porque la teoría de Lacan la contradice completamente. Sin embargo y, para colmo, se la sigue sosteniendo, sin siquiera respetar las limitaciones freudianas, para explicar las conductas de ciertos padres reales actuales. Es común escuchar, entre analistas, cuando se está

frente a un caso de un padre demasiado salvaje: “Me hace acordar al padre de la horda primitiva”

Es una aplicación que, como tal, en Freud no existe. Lo que en realidad intentamos hacer con la teoría de la horda primitiva es dar cuenta de cómo puede ser que el Superyó sea más salvaje, más feroz que los padres más problemáticos con los que solemos encontrarnos en cierta dimensión de

la clínica.

§

Les propongo entonces hacer un análisis de la teoría de la horda primitiva. Los textos de

referencia son «TÓTEM Y TABÚ» de 1913, «PSICOLOGÍA DE LAS MASAS Y ANÁLISIS DEL YO» de 1921, «EL MALESTAR EN LA CULTURA» de 1929, y «MOISÉS Y LA RELIGIÓN MONOTEÍSTA» de

1934 y publicado en 1938. Desde 1913 hasta 1934, es decir, casi veintidós años de elaboración freudiana de este tema.

Para inscribir cómo es la investigación y la elaboración freudiana de la teoría de la horda primitiva, más que revisar los referentes de los cuales Freud toma algunos argumentos, les propongo revisar la teoría de la historia que opera en Freud —Freud tiene una teoría de la

», en el tomo XXIII. La primera es de la

historia. Y, para eso, dos pequeñas citas del «MOISÉS página 81, y la segunda, de la página 90.

El primer pasaje que les traigo dice:

«Si se toma nuestra exposición del acontecer histórico primordial como creíble en su conjunto, se discierne en las doctrinas y ritos religiosos dos ordenes de elementos: por un lado, fijaciones a la antigua historia familiar y supervivencia de ella; por el otro, restauraciones del pasado, retornos de lo olvidado tras largos intervalos».

No hay que forzar la letra para que se den cuenta de que hay casi un uso de «represión» y de «retorno de lo reprimido». Están los sucesos originales olvidados, y sus retornos en el presente.

«Este último componente ha sido el omitido hasta hoy, y por eso no se lo comprendió; aquí, al menos, se lo demostrará con un impresionante ejemplo».

O sea que Freud está proponiendo rectificar la forma de pensar la historia en general.

Freud propone no olvidarse nunca del retorno de lo reprimido en épocas anteriores. Si empiezan a considerarlo, verán que para Freud la historia no es una evolución en forma de flecha del tiempo, sino en forma de permanentes bucles, en donde se producen represiones y retornos de lo reprimido. Para el caso de la horda primitiva y el Superyó, se darán cuenta de que el retorno de lo reprimido allí es de varios miles de años. Vean pues que él propone una estructura de la historia que no es lineal.

En la página 90, tiene el mismo sentido. Dice Freud:

«Más difícil todavía se nos torna apreciar las cosas si nos volvemos al caso análogo del tiempo primordial. Por cierto que al cabo de los milenios se habrá olvidado por completo la existencia de un padre primordial con las peculiaridades consabidas y el destino que sufrió; y tampoco cabe suponer, acerca de él, una tradición oral como en el caso de Moisés. ¿En qué sentido, pues, cuenta una tradición como tal? ¿En qué forma ha estado presente?

Para facilitar las cosas a lectores que no quieran profundizar en complejas razones psicológicas, o que no estén preparados para ello, anticiparé el resultado de la indagación que sigue. Opino que la coincidencia entre el individuo y la masa es en este punto casi perfecta: también en las masas se conserva la impresión del pasado en unas huellas mnémicas inconscientes».

Con lo cual, vean que efectivamente Freud propone que para la masa opera igual: huellas mnémicas inconscientes que se articulan conjuntamente con los sucesos del presente. (Si les interesa el tema, hay un historiador muy importante, Eric Robertson Dodds, que sostiene una teoría de la historia en su libro «LOS GRIEGOS Y LO IRRACIONAL» 3 , muy articulable a la de Freud. Les recomiendo especialmente el capítulo 6, que se llama «Racionalismo y Reacción en la Época Clásica»).

Es muy importante que en psicoanálisis se discuta la teoría de la historia, ya sea como evolución, o como bucle. De hecho, prácticamente todas las paradojas de la clínica con niños se resuelven si uno puede tener una teoría de la historia que no sea evolutiva. Y en este sentido, mucho más tajante que Freud, para Lacan, la estructura de la historia no es evolutiva. En todo caso, si para Ustedes lo fuese, hay ciertos problemas de la cultura occidental — especialmente de este siglo— que se nos presentan de una manera muy paradójica y que yo no quisiera dejar de presentar a vuestra reflexión. No sé si saben que, para Lacan, Einstein no se merecía el premio

Nobel (la única persona que pudo haberlo sostenido fue Lacan

sino que quien verdaderamente

lo merecía era Poincaré, un genial físico francés de la misma época de Einstein. Lacan sostiene que a Einstein le dieron el premio sólo porque era judío, y como la cosa con los judíos no venía nada bien, para compensar un poco y para que no se los tildara de antisemitas, decidieron dárselo a Einstein.

),

La polémica es mucho más profunda que esta anécdota del Nobel. Yo podría haber empezado al revés, planteándoles la siguiente pregunta: ¿Ustedes creen que Einstein es uno de los nombres de lo máximo que el pensamiento científico moderno y occidental pudo producir? Me imagino que la mayoría habría pensado que sí. Y sin embargo, Einstein representa en la ciencia moderna, en la física, una de las tendencias religiosas más fuertes. Él es, entre los científicos modernos, el más fuerte reaccionario a las consecuencias teóricas y prácticas de su teoría de la relatividad. La consecuencia de la teoría de la relatividad es, en física, la teoría de los quantum de Heisemberg y su principio de indeterminación, que es una consecuencia directa de la aplicación de la teoría de Einstein. Einstein dedicó los últimos veinte o treinta años de su vida a desmentir la veracidad de los efectos de su descubrimiento. Muy increíblemente, la polémica entre Einstein y los partidarios de la indeterminación es famosísima. Toda la vida de Einstein, luego, estuvo destinada a ir en contra de las consecuencias de su propio descubrimiento. Ése es un detalle que quizá no les interese demasiado.

3 E.R. Dodds, «Los Griegos y lo Irracional» (Alianza Editorial, Madrid, 2001, ISBN: 842066734).

Pero sí me parece que hay al menos dos que vale la pena pensar, que están también muy articulados por Lacan. Se los presento de un modo muy sencillo. Lacan generó su enseñanza un poco antes de la Segunda Guerra Mundial, y gran parte de ella en los años posteriores. Ustedes saben que la historia de la Segunda Guerra, en Francia, tiene unos asquerosísimos capítulos negros: la mitad del pueblo francés estaba a favor de los nazis, y se generó un gobierno francés pro-nazi. Los nazis tenían campos de concentración a los que derivaron un porcentaje muy alto de la población judía francesa. Hay un artículo de Lacan que se llama «LA RESISTENCIA DE LOS RESISTENTES» que tiene que ver un poco con este problema de la posición política francesa. Igualmente, les advierto de que es bastante polémica la posición política de Lacan en la época de la resistencia, porque parece que no participó en casi ninguna de las actividades en contra de los nazis. Por lo menos, la Roudinesco dice que se dedicaba a conseguir cigarrillos importados

Sea como fuere, está el nazismo como fenómeno característico del siglo XX. En Internet se está haciendo una encuesta sobre quién fue el personaje del siglo, y los votos ponen a Hitler a la cabeza. A mí no me pone la piel de gallina ni me sorprende. Es de hecho un gran candidato para ser el personaje del siglo XX. Me parece que, para la ignominia del siglo XX, no está mal que pongamos como representante de este siglo repugnante, a un tipo igualmente repugnante como

Me parece bien que sea Hitler, así, por lo menos,

ése. ¿A quién si no?, ¿a una bailarina clásica algunos no nos olvidamos de él.

?

Es muy difícil lo que voy a plantearles. La mayoría de Ustedes, que son aún muy jóvenes, ni siquiera va a saber de qué les hablo, porque hoy el mundo es yanqui y el idioma internacional es el inglés. Nadie va a poner a su hijo, sin remordimientos, a estudiar italiano o francés; ¿para qué, si cuando quiera conseguir un trabajo, le van a pedir inglés? Esto es así ahora, pero antes, el lenguaje de la Naciones Unidas era el francés, no el inglés. Los carteles en el edificio de las Naciones Unidas, en New York, están en francés y recién luego en inglés. El idioma de la cultura, en los primeros treinta años de este siglo, era el alemán. El psicoanálisis se desarrolló en alemán. La filosofía completa se desarrolló en alemán. La matemática y la física se desarrollaron en alemán. Y por apenas muy poco no se perdió la guerra con Alemania, porque tres o cuatro físicos alemanes traicionaron a su país y les hicieron la bomba atómica a los yanquis (si Alemania hubiese tenido la bomba atómica, dos o tres años antes de Hiroshima, yo hoy no estaría dando esta conferencia y Ustedes estarían mandando a sus hijos al Instituto Goethe

¿Cómo puede ser que haya existido el Tercer Reich? Es una linda pregunta. Lacan dice —él siempre tiene esa cosa genial de mirar el costado de las cosas— que pensemos en qué hizo Alemania. Alemania quemó seis o siete millones de personas. Y Lacan dice que, desde su punto de vista, lo que caracteriza al Tercer Reich es que se dedicaron a quemar gente al fuego. Lacan dice que no se trata de otra cosa que de un retorno del sacrificio a los dioses paganos de la antigüedad, que retornó en el cenit de la cultura occidental —porque Alemania era el cenit de la cultura occidental. O sea, Lacan también plantea que la estructura fundamental de la historia es la del retorno.

Ustedes conocen la posición de Alemania respecto de la religión. ¿Cómo se llevaba el Tercer Reich con la religión? Muy poco y muy lejanamente. Si Ustedes quieren, podemos decir que eran bien occidentales, muy poco religiosos. Igualmente, tampoco hay mucha polémica, porque como toda la Iglesia era antisemita, tampoco había ahí tanto problema. Sea como fuere, el Tercer Reich no era un sistema religioso. En nuestras dictaduras latinoamericanas, son todos ultra ‘chupa cirios’, pero en Alemania no: todo era bien científico, bien planificado, bien organizado.

Para Lacan, no es más que el retorno de la vieja práctica de quemar seres humanos en el altar, que volvió como una propiedad de exceso de desarrollo en Occidente. Como teoría de la historia, Lacan va mucho más allá, porque, para Lacan, el inconsciente de cada uno de nosotros son las ruinas del saber mítico del origen de la humanidad. Desde el punto de vista de Lacan, cuando se reprimieron las religiones míticas, a partir del movimiento de conquista que hizo el cristianismo, a partir de ese momento, el inconsciente empezó a ser las ruinas del saber mítico. Con lo cual, observen que parece lo más moderno de todo. El inconsciente es algo así como el retorno de lo reprimido de la forma de operar el saber, por lo menos, antes de Sócrates. Ya hay en Sócrates testimonios de que el saber mítico ya no se sostenía y que la filosofía griega antigua empieza a sustituir, con su lógica y demás, el saber mítico. Para Lacan, entonces, el inconsciente es la ruina del saber mítico. Observen ahí —él no lo dice así— que también la estructura de la historia que se está pensando es no evolutiva y constituida por anticipaciones y retornos notables.

¿Cuál es la lógica con que se opera en la construcción del mito de la horda primitiva? Habitualmente se afirma que Freud conoció la existencia de la horda primitiva darwiniana y que,

a partir de allí, armó la teoría de la horda primitiva. Para nada. No fue ése en absoluto el

procedimiento freudiano —eso no tiene ninguna lógica. Para Freud, hay un hecho clínico que es

el Superyó. «TÓTEM Y TABÚ» es de 1913; «INTRODUCCIÓN AL NARCISISMO» es de 1914; y vieron

que en «INTRODUCCIÓN AL NARCISISMO» el Superyó ya está. Observen pues que Freud ya tiene una elaboración, aunque no todavía terminada, de la segunda tópica. Con lo cual, el problema clínico es el Superyó.

Y la historia, para Freud, al menos la del monoteísmo, se caracteriza por dos muertes. Una es la muerte de Moisés. Para Freud son mucho más importantes los trabajos de los historiadores que conjeturaron que Moisés fue asesinado. Saben que Moisés es el que liberó al Pueblo Judío de Egipto, conduciéndolo durante treinta años por el desierto. La lógica de estos treinta años era que muriera la generación esclava para que no entrase en la Tierra Prometida, para que no entrara gente en posición de esclavos. Dios calculó que convenía que un ejército conquistador no fuese hecho por esclavos. De ahí el derrotero de los treinta años por el desierto. No sé si conocen que a Moisés Dios le impuso que viese la Tierra Prometida, pero que no ingresase en ella, sino que se quedase de este lado, en las montañas que separaban de la Tierra Prometida, lugar en donde de hecho murió.

El trabajo histórico referencial para Freud es el de un autor, Ernest Sellin, que sostiene que

Moisés fue asesinado: el líder libertario fue asesinado por el pueblo liberado.

Y el segundo mojón determinante de la historia es, para Freud, Jesús ajusticiado. Para

Freud, Jesús ajusticiado marca un jalón en la historia que él propone asociar a Moisés asesinado.

Para Freud, Jesús ajusticiado es asesinado legalmente. ¿Saben cómo se lo llama a Moisés? Es el “padre” del Pueblo Judío. Un padre asesinado y, luego, el segundo gran mojón que él establece es un “hijo” ajusticiado, asesinado legalmente, pero asesinado al fin.

Para Lacan, hay una insuficiencia notable en el análisis de Freud, expresada en

cuando dice que las tumbas de Moisés para Freud, y de Jesús para

Hegel, siguen aún vacías; o sea, ninguno resolvió la muerte, cada uno en su sistema. Es muy importante para Lacan el hecho de que las tumbas estén vacías. No se puede ir a visitar la tumba de Moisés; no porque esté vacía, sino porque no la hay —no se sabe cuál es la tumba de Moisés. En los tours que se hacen en Israel, te llevan a visitar la tumba de tal y cual personaje, pero si uno le pregunta al guía si efectivamente son ésas las tumbas en que están enterrados esos personajes, al tipo no le queda más remedio que responder que no lo sabe. El caso de la tumba de Jesús es aun más raro. Se acuerdan de que los soldados romanos se habían encargado de poner una piedra muy grande delante de donde fue depositado, y a la mañana siguiente la tumba estaba vacía. Con lo cual, aunque de dos maneras distintas, las tumbas están igualmente vacías. Y, para Lacan, ésa es la clave para resolver el problema del «Padre», esto es, una forma distinta a la que concibió Freud para resolver esta cuestión.

«SUBVERSIÓN DEL SUJETO

»,

Tenemos una estructura de la historia que viene por retornos de lo reprimido. El retorno de lo reprimido no viene tal cual. En una formación de compromiso, lo reprimido retorna transformado a partir de aquello que es lo que lo contradice. Yo les propongo una estructura de la siguiente índole: como si en cada movimiento de los establecidos por Freud tuviésemos una cinta de papel que tuviese una inversión, una torsión. Si fuese una cinta azul de un lado y roja del otro, y tuviésemos esta torsión, aquí tendríamos, por ejemplo, el lado azul. En realidad, es la torsión de la banda de Möbius, con la propiedad de que hacia aquí o hacia allá se unan estos dos extremos sin ninguna otra torsión.

La inversión, ¿es evidente para Ustedes? O sea, si yo desdoblo esto, me va a

La inversión, ¿es evidente para Ustedes? O sea, si yo desdoblo esto, me va a quedar hacia arriba, que es lo que coincide con el lado superior de la cinta original.

Entonces, Freud hace una elaboración de la historia en su totalidad —desde el origen de la humanidad hasta él. Revísenlo, tiene todas las escansiones: la agricultura, la escritura, la familia patriarcal, toda la historia completa hasta él. Así, para él, cada momento se caracteriza por una inversión de éstas. Y en estas inversiones, lo que él coloca es un asesinato. Pueden ver la inversión porque, en el caso del asesinato de Moisés, se trata del asesinato de un padre; pero en el caso de Jesús, es ya el asesinato de un hijo. ¿Se dan cuenta de la inversión? Por eso es que Freud dice que los historiadores no se han dado cuenta de por qué no trabajaban con la idea del retorno de lo reprimido. Si uno incorpora el retorno de lo reprimido, se pueden poner en serie fenómenos de apariencia muy distinta.

Uno podría preguntarse qué puede tener que ver el asesinato de un padre con el asesinato de un hijo. Bien, Freud dice que da la segunda torsión de un proceso. Freud trabaja con datos históricos precisos. Vieron que en las citas que les leí, Freud distinguía la historia oral de Moisés, de la anterior; porque, justamente, Freud va a empezar desde la historia de la que tenemos datos —la de Moisés— y va a poner antecedentes antropológicos anteriores. ¿Cuáles son los hechos antropológicos de los pueblos primitivos que a Freud más le llaman la atención? El totemismo, que es un hecho muy destacado en la época de Freud, pero al que luego no se prestó la menor importancia. Para Freud, el totemismo era un momento necesario de la historia de la evolución de todos los pueblos, es decir que todos los pueblos pasan por el totemismo. Luego, el otro hecho antropológico observable que Freud considera es la liga de varones, todavía observable en pueblos primitivos. Y de la historia de la humanidad, arranca con Moisés, el egipcio. Se arranca de Moisés, el egipcio. Hay varios jalones y, luego, Cristo.

Con Cristo, la historia empieza a concluir porque el cristianismo sigue vigente en la actualidad. Para Freud, la estructura del Superyó en la actualidad se corresponde con el cristianismo, porque desde su punto de vista el asesinato de Cristo se justifica. ¿Por qué se justifica? Supongan que se trata del retorno de lo reprimido del asesinato de Moisés, y que el asesinato de Jesús fuera el S 2 del asesinato de Moisés en cuanto S 1 . Entonces, la historia se corta allí, no hay más allá. Para Freud, se entiende S 2 por S 1 . Freud sostiene que dado que se ha matado

a un padre, ¿quién era el que, por tanto, tendría que morir? Un hijo. Por eso es que se insiste tanto con que es “hijo”.

Él no eligió un magnicidio. Si Freud hubiese encontrado el asesinato de un rey, no le habría servido para su teoría, porque no inscribe la inversión. Freud plantea que se acentúa tanto el asesinato de un hijo porque, ¿quién, si no un hijo, debe pagar por el asesinato de un padre? Entonces, al parricidio corresponde la muerte de un hijo. Y a partir del asesinato de un hijo, Freud dice que ya se instauró definitivamente la dimensión superyoica —los hijos ya somos culpables.

El psicoanálisis viene del mismo movimiento histórico inaugurado por el cristianismo y todavía no ha surgido otro. Quizás, el psicoanálisis podría ser el nuevo corte. Da la impresión de que no, de que efectivamente el psicoanálisis no es lo que va a cortar la tradición religiosa del cristianismo.

Tenemos pues el Superyó actual, o sea, “todos somos culpables”. Y no se olviden de que el cristianismo es la religión del pecado original —eso ya fue establecido por Hegel. La diferencia entre judíos y cristianos, según Hegel, es el progreso. Para Hegel, judíos es desgracia y griegos es felicidad. Es desgracia por la separación que hay entre los judíos y los griegos. Para Hegel, los cristianos toman conciencia de la desgracia, en el movimiento dialéctico hegeliano; toman conciencia elevando a determinante el pecado original.

El pecado original es un relato del Antiguo Testamento. Y les advierto de que pueden revisar cualquier tradición religiosa judía antigua, y verán que el pecado original no explicaba nada. Piensen, por ejemplo, en Job. Con Job nada se explica. Que las martirizantes desgracias que padece Job tengan algo que ver con lo que pasó con Adán y Eva es una modalidad explicativa típica del cristianismo. Para Hegel es un progreso porque, de la desgracia, se pasa a la conciencia de la desgracia —se sabe por qué hay desgracia.

Para Freud, el cristianismo y el pecado original como principio explicativo ya implican el Superyó: el hijo debe morir por el padre. Los que tengan práctica analítica saben que en la mitad de los casos de pacientes neuróticos se trata de eso, que el hijo se deja matar por el padre; no es otra cosa que lo que sostiene Lacan, cuando dice que el neurótico prefiere cargar sobre sí la barra que cae sobre el Otro. Y parece que es con el cristianismo que se inaugura esta posición.

Freud tiene, entonces, el Superyó, al hijo que paga su culpa, a Moisés—líder padre liberador del pueblo, que es asesinado—, la liga de varones, el totemismo, y más allá del totemismo, puntos suspensivos y la teoría de la horda primitiva.

Horda

Primitiva

Totemismo

Liga de

Varones

Moisés

Cristo

Ésos son todos los hechos históricos con los que Freud cuenta. Con eso va a armar la historia de la humanidad completa.

Vuelvo entonces a la página 128 de «PSICOLOGÍA DE LAS MASAS

»,

que cité la vez pasada:

«Para ello debemos reconsiderar brevemente el mito científico del padre de la horda primordial».

O sea que podemos someter a crítica a Freud, porque lo que él propone hacer es un “mito científico”. Si él dijese que esto no es más que un cuentito, nosotros no tenemos que aceptar el mito de Freud tal como él lo produjo, porque él lo produjo en el seno de una sociedad científica y su función es que sea un “mito científico”. Así, no se podría solucionar el problema de que los mitos respondan a la cuestión de lo imposible de decir sobre el origen y, entonces, no se los puede criticar. Pero sí se puede —y se debe— criticarlos, porque hay que ver si es la mejor forma de dar cuenta de lo que sucede hoy, en función de cómo se concibe el origen.

Pasemos ahora a las dos citas de «MOISÉS Y LA RELIGIÓN MONOTEÍSTA» sobre Jesús y Moisés. La de Jesús está en la página 83:

«Un Hijo de Dios se había hecho matar siendo inocente, y así tomaba sobre sí la culpa de todos. Tenía que ser un Hijo, pues había sido un asesinato perpetrado en el Padre».

»

hasta el final de su vida porque tenía miedo de que la Iglesia Católica se enojase con los judíos ya que un judío publicaba esta teoría sobre Cristo; y como la Iglesia católica hacia ‘zafar’ a ciertos judíos de la muerte en manos de los nazis, Freud tenía miedo de hacer enojar a la Iglesia Católica con el texto de un judío. Pero justamente lo que Freud temía decirle a la Iglesia Católica es eso:

Ven la lógica con la que Freud interpreta la muerte de Cristo. No publicó el «MOISÉS

un hijo inocente es asesinado porque se trata de un parricidio. La Iglesia cristiana existe porque todos hemos matado al Padre; lo cual, verán, es algo que la Iglesia Católica jamás podría llegar a aceptar.

La solución del cristianismo fue mucho más sencilla que la que Freud supuso: en vez de

matar judíos, no le hizo el más mínimo caso —nadie hizo caso alguno del «MOISÉS

La cita de «MOISÉS

»

es de la página 86:

».

«Si Moisés fue este primer Mesías, Cristo es su sustituto y su sucesor, y entonces Pablo podía apostrofar a los pueblos con cierta justificación histórico-vivencial: “¡Ved! El Mesías ha vuelto realmente, ha sido muerto ante vuestros ojos”. Y, por tanto, también en la resurrección de Cristo hay cierta verdad histórico-vivencial, pues era [Moisés resurrecto, y, tras él] el padre primordial retornado, de la horda primitiva; glorificado y situado, como hijo, en el lugar del padre».

¿Ven la formación de compromiso? Al elevar a Cristo como Dios al lado del Padre, lo que

Freud dice que retorna es no sólo Moisés asesinado, sino el padre de la horda primitiva elevado a

la categoría de Dios; y, para Freud, esto no pude tener mucho futuro porque el hijo se sienta al

lado del Padre. Se acuerdan de que la horda primitiva es la puja padre-hijos. Entonces, una vez que el hijo se ha sentado en el trono al lado del Padre, para ello, los dos tuvieron que morir; tuvo que morir el padre asesinado y luego tuvo que morir el hijo representante de los hijos asesinados.

A partir de ahí, podríamos decirlo en forma hegeliana, esto es, la dialéctica se frena, no se

vislumbra el surgimiento de una nueva religión.

Por otra parte, si leen todo lo que ha dicho Lacan al respecto, efectivamente la religión es el cristianismo, y los cálculos que él siempre hizo es que el cristianismo iba a seguir, no se sabía por cuánto tiempo, pero seguro que muchísimo más allá que el psicoanálisis. Cuando el psicoanálisis

se agote, el cristianismo seguirá aún muchos siglos más. Aquí tenemos en Freud la misma idea

porque el cristianismo implica una solución: que el hijo se sienta en el mismo trono del padre.

Entonces, tenemos el totemismo a la izquierda y la liga de varones. ¿Conocen lo que es la liga de varones? Es lo que pasan habitualmente en Discovery Channel sobre los pueblos primitivos. Vieron que está la casa de varones, en donde solamente entran los hombres y en la cual se produce el ritual de la adolescencia, el pasaje a hombre de los jóvenes. Eso es la liga de varones. Esa forma de funcionamiento de la tribu es liga de varones. Con lo cual, es un observable.

Tenemos, pues, el totemismo y la liga de varones; Egipto y el asesinato de Moisés. Ahí, para Freud, aparece la causa del monoteísmo porque, como Egipto era un imperio de ambición

universal —y no estuvieron tan lejos de lograrlo—, es coherente que un imperio universal, o sea, una estructura de nación que tiende al Uno —a que no haya otras naciones—, necesariamente en su orden simbólico va a tender al Uno; y, entonces, el Dios tiene que ser Uno. Para Freud, la estructura del imperio universal necesariamente se articula como lógica al surgimiento del monoteísmo. Y, de hecho, es para mí la única explicación que tengo del surgimiento del monoteísmo. El monoteísmo es una tendencia religiosa universal. Todos los pueblos politeístas tendieron al monoteísmo —no existe ninguna religión monoteísta que haya tendido al politeísmo. Con lo cual, es una tendencia universal que el politeísmo apunte hacia el monoteísmo. Es una forma de estudiar al sujeto humano.

Entonces, tenemos el totemismo, la liga de varones, Egipto y el imperio universal, produciendo al monoteísmo. La semi-torsión viene allí con el asesinato de Moisés, Israel y el Pueblo Elegido. Luego surge otra semi-torsión, que es el asesinato de Jesús. Ven que, a cada desarrollo histórico, Freud le imprime una semi-torsión mediante un asesinato. Finalmente, adviene el cristianismo como religión universal. ¿Ven, en términos de Freud, cuál es el retorno de lo reprimido? El cristianismo es el retorno de lo reprimido de Egipto. A imperio universal en Egipto, religión universal en el cristianismo. Para Freud se recupera aquello que ha sido reprimido.

Ahora bien, para Freud, el cristianismo, como solución, implica además el retorno de lo reprimido, o sea, como el cristianismo invierte al judaísmo —no es judaísmo puro—, levanta en sí las torsiones anteriores. Entonces, para Freud, el cristianismo es la religión universal, pero no es pura y estrictamente monoteísta. Según Freud, en sentido estricto, el único pueblo monoteísta es el judaísmo, porque es el primero y es el del corte. Pero luego, en las otras semi-torsiones, empiezan a advenir problemas anteriores —el politeísmo anterior.

Les daré los argumentos freudianos para demostrar que el cristianismo no es monoteísta. Primeramente, el abandono de la circuncisión, que es un rechazo de la condición de Pueblo Elegido. No queda muy claro por qué se abandonó esa práctica. Jesús mismo estaba circuncidado. Freud dice que no se siguió porque es un abandono de las banderas propias al Pueblo de Israel. ¿Ven a Israel como torsión de Egipto? Egipto es el imperio universal. Israel es el Pueblo Elegido. Y la actitud de Israel nunca fue la de conquistar. Me refiero a la religión. Los hebreos antiguos no procuraban llevar e imponer su religión a otros pueblos. Así pues, Egipto es el imperio universal, el mundo en su totalidad. Pero Israel viene a invertirlo y se concentra en un punto. Pero, para concentrarse en un punto, debe ser un Pueblo Elegido. Habrán visto los casos del hijo preferido de mamá. El hijo preferido no tiene que hacer nada en especial; más aún, habitualmente es el que menos hace. El elegido no tiene que hacer nada en particular, no tiene que ir a conquistar nada. Y la torsión que ve Freud es la de que el cristianismo recupera la torsión de Egipto, porque se postula como religión universal, pero a expensas de abandonar la bandera de Pueblo Elegido. Es así que abandona la práctica de la circuncisión. El que sea una religión universal, a Freud se le manifiesta en el sentido del imperio, por la lógica de la persecución y

exterminio del hereje —cosa que Israel tampoco practicó. ¿En qué se parece a Egipto? En la persecución y exterminio del hereje.

Freud nos advierte de dos hechos significativos para él: primero, que el cristianismo no es un monoteísmo puro, no es absolutamente monoteísta. Para Freud, lo más importante es María, que es para él una divinidad materna. Yo, que tiendo a pensar más en el sentido de los problemas planteados por Lacan, hubiese atacado la vía de que no es un monoteísmo puro por la Santísima Trinidad, por la estructura trinitaria, que no es el Uno. Vieron cómo se la define: es uno pero es tres, es tres pero es uno. Eso es un Misterio.

En Freud, el problema es María, o sea, la participación en el trono de una divinidad materna. Con lo cual, para Freud no es monoteísmo puro. Pero, además, para Freud hay un hecho retrógrado del cristianismo, entendido como retorno de lo reprimido, a saber, la comunión. Para Freud, la comunión es la forma simbólica del banquete totémico —la sangre y la carne de Cristo que todos comemos. Esto es un retorno mucho más atrás de Moisés, porque es el banquete totémico.

Estando las cosas así planteadas, les leeré uno de los muchos pasajes en donde Freud explica el mito de la horda primitiva. Elegí uno cualquiera. Éste es de «TÓTEM Y TABÚ», tomo XIII, página 143.

«Desde luego, la horda primordial darwiniana no deja espacio alguno para los comienzos del totemismo. Hay ahí un padre violento, celoso, que se reserva todas las hembras para sí y expulsa a los hijos varones cuando crecen; y nada más».

Eso es la horda primitiva de Darwin. No se puede hacer surgir el totemismo de la horda. ¿Qué es la horda primitiva? No es lo que los psicoanalistas dicen; se confunden lo que Darwin propuso como horda primitiva con el mito freudiano del asesinato del padre de la horda primitiva. La horda primitiva es esto: un padre violento, celoso, que se reserva todas las hembras para sí y expulsa a los hijos varones cuando crecen, y nada más que eso.

La vez pasada les comentaba que no existió, o sea que como hecho histórico antropológico es falso —en eso, Darwin se equivocó. La horda primitiva no existió. Jamás encontraron vestigios de la horda primitiva. Con lo cual, creo que el hecho antropológico es interesante al revés, esto es, ¿cómo puede ser que no haya habido horda primitiva? Creo que deberíamos explicarlo. Entre todas las tradiciones de pueblos tan distintos como los africanos, los europeos, los americanos, ¿cómo es que nunca hubo una horda primitiva que, a nosotros, freudianos de pura cepa, nos encanta? Es que es imposible; lleva una contradicción de la cual no puede surgir humanidad.

«Ese estado primordial de la sociedad no ha sido observado en ninguna parte. Lo que hallamos como la organización más primitiva, lo que todavía hoy está en vigor en ciertas tribus, son las ligas de varones compuestas por miembros de iguales derechos y sometidos a las restricciones del sistema totemista, que heredan por línea materna».

¿Saben lo que es la restricción de un sistema totemista? No es el versito freudiano de

comerse al padre una vez por año

» como

fratrías y subfratrías. Son nombres de familias que comúnmente pueden ser designadas con nombres de animales. De manera que la restricción del sistema totemista es la exogamia que, por

ejemplo, podría expresarse así: una mujer Jirafa no debe acostarse con un hombre Jirafa, y tampoco con un hombre Leopardo; solamente puede hacerlo con hombres de la fratría Tigre y León. De eso se trata.

Pueden encontrarlo en «PSICOLOGÍA DE LAS MASAS

Entonces, Freud dice que lo que se observa hoy es la liga de varones, sujetos con iguales derechos; o sea, ya hay derecho y sistema legal social; hay restricciones del sistema totemista, es decir, la exogamia que sigue una línea de herencia por línea materna. Esto es un lío para nosotros, porque el sistema legal se hereda por línea materna. Con lo cual, ¿cómo entender aquí la función del Nombre-del-Padre? Entiendan que aquí, por el contrario, se trataría de Nombre-de-la-Madre. Se es miembro de la fratría a la que pertenece la madre, es decir que si tu padre es Tigre y tu madre es Jirafa, tú serás Jirafa. Pero, entonces, ¿en dónde está el Nombre-del-Padre ahí?

«¿Acaso lo uno pudo surgir de lo otro? ¿Y por qué camino fue posible?».

Ahí viene el mito de Freud. Todo esto no es mítico.

«Si nos remitimos a la celebración del banquete totémico podremos dar una respuesta:

».

¿Qué es el banquete totémico? Que este animal, cuya caza y comida están prohibidas durante todo el año, es justamente el nombre de la fratría y que puede ser cazado y comido en una fiesta, sólo una vez al año. Freud dice que podemos encontrar de dónde proviene esta estructura. Dice

«Un día

».

¡La estructura de cuentito !

«Un día, los hermanos expulsados se aliaron, mataron y devoraron al padre, y así pusieron fin a la horda paterna. Unidos osaron hacer y llevaron a cabo lo que individualmente les habría sido imposible. (Quizás un progreso cultural, el manejo de un arma nueva, les había dado el sentimiento de su superioridad)».

¿Vieron 2001, Odisea del espacio? Hay ahí un mono al que se le ocurre usar un hueso para romperle la cabeza al de al lado. Bien, de eso está hablándonos Freud. Quizá, al grupo de los pichones se le ocurrió matar al macho adulto porque descubrieron un arma nueva

«Que devoraran al muerto era cosa natural para unos salvajes caníbales. El violento padre primordial era por cierto el arquetipo envidiado y temido de cada uno de los miembros de la banda de hermanos».

Ésta es la estructura del mito.

Lacan nunca aceptó el mito de la horda primitiva, y tampoco nunca aceptó el Complejo de Edipo en sentido estricto. Al comienzo mismo de su enseñanza, propuso el desarrollo de la «metáfora paterna», que es una estructura absolutamente diversa, y que no es un mito. Lo único que rescató de la horda primitiva lo van a encontrar en esa única clase de ese seminario tempranamente interrumpido por Lacan, acerca de los Nombres-del-padre; en la cual toma la horda primitiva y dice que el único valor que tiene es que comienza por el goce, que se comienza por el goce y hay un corte con el goce. Ése es el único valor que tiene para él.

§

Lo que yo les propongo es que, de los cuatro textos freudianos de referencia, establezcamos una crítica sobre la estructura lógica interna del mito, porque les advierto de que es contradictorio en todos sus términos. Van a ver que nos lleva a profundos callejones sin salida.

Vamos, pues, a empezar por el primero de los textos. Lo primero que les propongo revisar es de dónde viene el amor de la ambivalencia. Así entonces, dos citas de «TÓTEM Y TABÚ».

la banda de los hermanos amotinados estaba gobernada, respecto del padre, por los mismos

contradictorios sentimientos que podemos pesquisar como contenido de la ambivalencia [

padre que tan gran obstáculo significaba para su necesidad de poder y sus exigencias sexuales, pero también lo amaban y admiraban».

]Odiaban a ese

«[

]

Yo les pregunto: ¿por qué lo amaban? Otra cita.

«Tras eliminarlo, tras satisfacer su odio e imponer su deseo de identificarse con él, forzosamente se abrieron paso las mociones tiernas».

¿De dónde vienen esas mociones tiernas? Yo no las doy por supuestas. Ustedes me dirán

Un

que quizás se trate de un impedimento mío a partir de mi rivalidad obsesiva con mi padre

kleiniano seguramente me diría: “Alfredo, es la rivalidad obsesiva con tu padre lo que no te deja

Me da la impresión de que

estamos aplicando el Edipo moderno, al entender el surgimiento de lo moderno en la horda primitiva. Yo les pregunto: ¿de dónde pudo surgir el amor a este personaje que designamos “padre de la horda primitiva”?

reconocer lo más grueso del Edipo en el varón, que es el amor al padre”

Les leeré unas diez citas para que vean el problema. En la página 5 de «TÓTEM Y TABÚ», Freud lo define como “Padre violento y celoso”. En la página 116 de «PSICOLOGÍA DE LAS MASAS Y ANÁLISIS DEL YO», Freud dice que “El padre de la horda primitiva no ama a nadie fuera de sí mismo”. Se entiende que el niño no es amado, y, por lo tanto, no puede haber retorno de amor del niño al padre, porque este padre, en su lógica, no ama a nadie.

En la página 126 de «MOISÉS Y LA RELIGIÓN MONOTEÍSTA» Freud habla de “un macho imperando violentamente sobre la horda primitiva que se apropiaba de las hembras y castigaba a los varones jóvenes, incluidos sus hijos”. Así que si Ustedes pensaban la salida por el lado de los hijos, no. Los hijos eran tratados por igual. No veo, entonces, de dónde pueda provenir la ambivalencia.

En la página 99 de «EL MALESTAR EN LA CULTURA», Freud dice que “La convivencia de la horda primitiva tuvo un doble fundamento”. ¿Entienden? ¿Por qué se mantenían juntos? Para Freud, la cohesión de la horda primitiva tiene un doble fundamento: primero, “la compulsión al trabajo por el apremio exterior”. La necesidad de la vida, esto es, trabajando juntos obtienen el producto más fácilmente que cada uno de modo independiente; y, segundo, “por el poder del amor”. Freud dice que hay amor en la horda primitiva. Pero observen cómo es ese amor: por un lado, “el varón no quería estar privado de las mujeres” y, por el otro, “ella no quería separarse del hijo”. Si es que en la horda hay amor como cohesión, no se trata de un amor cortés, sino de un amor en el sentido que Freud dice que al hombre le gusta tener una mujer al lado. La explicación que Freud da del matrimonio es que no hay que estar buscando una mujer cada vez. Y esta misma lógica está aplicando acá —la cohesión de la horda reside en que el hombre quiere tener una mujer al lado. Y, por su parte, del lado de la mujer es el amor a los hijos. En ningún lado Freud dice que la mujer amaba al hombre. En todo caso, la mujer se quedaba al lado del macho por amor a los niños, porque el macho les proveía protección y alimento. El amor es pues del hombre a la mujer y de la mujer al niño; y el niño solo podía amar a la madre, pero no al padre.

En la página 126 del «MOISÉS

»:

«La ambivalente postura de sentimientos de los hijos varones hacia el padre se mantuvo en vigencia a lo largo de todo el desarrollo ulterior».

Pero no nos explica de dónde proviene. Sin embargo, ya pone la ambivalencia en la horda.

En la página 119 de «PSICOLOGÍA DE LAS MASAS

», nos dice:

«[

manera».

]

todos los hijos se sabían perseguidos de igual modo por el padre primordial y lo temían de idéntica

Con lo cual, me da la impresión de que los aspectos que podemos ver surgir de este vínculo, no pueden ser en absoluto los motivados en el amor.

En la página 97 de «EL MALESTAR

», se lee:

«[

hembras, que no querían separarse de sus desvalidos vástagos, se vieron obligadas a permanecer junto al macho, más fuerte, justamente en interés de aquellos».

dio al macho un motivo para retener junto a sí a la mujer o, más en general, a los objetos sexuales; las

]

¿Ven los vínculos “de amor” ?

Y, finalmente, la última cita de «EL MALESTAR»:

«Mas no olvidemos que en la familia primordial sólo el jefe gozaba de esa libertad pulsional; los otros vivían oprimidos como esclavos ».

No sé en qué

dialéctica van a encontrar un amor del esclavo por el amo que lo sojuzga. En la hegeliana, lo único que hay por parte del esclavo es el anhelo de asesinar al amo del futuro. Ésa es la función del esclavo.

Salvo que Ustedes pongan a trabajar el amor del amo por el esclavo

Les propongo, entonces, que una falla lógica en la teorización de la horda primitiva es que Freud da por original la ambivalencia hacia el padre cuando, en realidad, la ambivalencia hacia el padre no es sino una proyección del propio Freud. Es decir que una característica del hombre moderno es proyectada al origen. Pero en el origen es inconcebible

[Cambio de cinta]

hacerles una pregunta: ¿creen Ustedes que el vínculo del sujeto al

Nombre-del-Padre es el amor? Vamos a empezar, primero, con un paso lógico previo. Dejemos de lado a las chicas que aman indiscutiblemente a sus padres, y pensémoslo en el caso de los muchachos. Los muchachos, ¿queremos a nuestros papás? Se verifica que sí. Especialmente, los pacientes que vienen a análisis odiando al padre: luego de un período de trabajo exitoso, se verifica también un gran amor por ese padre. Pero yo les pregunto, ¿han leído alguna vez, en

Lacan, “amor al Nombre-del-Padre”? Si tuviesen que incluir en la metáfora paterna algo de la índole del amor, ¿no lo pensarían en el vínculo recíproco madre-niño? Aun en la metáfora paterna se nos complica concebir un tal amor al padre.

Quisiera

Les propongo al padre tal como lo concibe Freud en «INTRODUCCIÓN AL NARCISISMO», es decir, como “hombre protector”. Ahí, el padre es amable. ¿Acaso no está ahí equiparado con la posición de la madre? En la elección de objeto por apuntalamiento, ¿no están acaso equiparados? ¿No creen que una mejor lógica, para entender este amor al padre, es la que se desprende de un

padre protector, de un padre que ama? Es inconcebible el amor a un padre de las características del de la horda primitiva.

Yo les propongo que se trata de una proyección de Freud. Él no se dio cuenta de ello. No nos alarmemos, Freud también era un sujeto humano con mecanismos inconscientes. Perfectamente podía, él también, proyectar. Estoy queriendo mostrarles que la ambivalencia es inconcebible en el origen.

Por otra parte, otro tema desarrollado en la teoría de la horda primitiva es el del poder paterno y el derecho materno. Se lo digo de nuevo, porque no sé si se dieron cuenta de que es exactamente al revés. Si Ustedes quieren, lo planteo en los términos del típico estribillo que nos domina la cabeza, a saber, la omnipotencia del padre y la ley de la madre. Es decir que están los términos exacta y plenamente al revés que en la metáfora paterna.

Insistiré con unas cuantas citas para que lo escuchen en Freud.

En la página 98 de «EL MALESTAR

»:

«En esta familia primitiva aún echamos de menos un rasgo esencial de la cultura: la arbitrariedad y albedrío del jefe y padre era ilimitada».

Vean la omnipotencia ubicada del lado del padre.

En la página 129 de «TÓTEM Y TABÚ”, Freud habla de este padre como un “amo celoso”; en la página 144, se refiere a él llamándolo “tirano paterno”; en la 147, lo llama “híper poderoso”; y en la 150, dice que “La percepción del poder del padre llegaba hasta la omnipotencia”. Con lo cual, en este origen de la subjetividad, se topan con el problema de la omnipotencia paterna.

En ese mismo texto, Freud dice:

«[

discernidas por Bachofen [1861], hasta que fue relevado por el régimen de la familia patriarcal».

]

quizá fue esta situación la que constituyó el germen de las instituciones del derecho materno,

O sea que, en Freud, el derecho adviene como derecho materno y, más aún, el origen del

derecho es en sociedades matriarcales, antes que las patriarcales. Así, se ha quebrado toda lógica

posible

adviene el derecho materno que, posteriormente, termina dando lugar a la familia patriarcal. De modo que, siguiendo esta línea de pensamiento, el Nombre-del-Padre sería un heredero del derecho materno que es, precisamente, el límite a la omnipotencia del padre. ¡¿Qué clase de lógica es ésta?!

Tenemos un hombre, macho, padre omnipotente; luego, en la historia de la cultura,

En la página 143 de «TÓTEM Y TABÚ»:

«Lo que hallamos como la organización más primitiva, lo que todavía hoy está en vigor en ciertas tribus, son las ligas de varones compuestas por miembros de iguales derechos y sometidos a las restricciones del sistema totemista, que heredan por línea materna».

Con lo cual, para Freud el derecho adviene como derecho materno. De igual modo, desde el punto de vista de Freud, la herencia del nombre es primeramente característica de sociedades matrilineales. Freud postula entonces que la cultura se origina con el derecho materno y apellido materno, derivados, además, de la horda primitiva. Vean pues que todo el sistema es absolutamente contradictorio con la lógica de la metáfora paterna que aplicamos en la clínica, esto es, la omnipotencia asignada ilusoriamente a la madre, y el padre como representante de la ley ya que es el que nomina, el que da nombre. Pero, para Freud, el derecho y la vía de herencia son por linaje materno. Así, todos los principios legales que advienen de la horda primitiva son absolutamente contradictorios con la lógica del Nombre-del-Padre y de la metáfora paterna.

Y hay aún otro grave problema lógico en la teoría de la horda primitiva: para Freud, en ella

se hace el pacto. Y les advierto de que es una imposibilidad lógica. Es imposible pactar el primer

¡Es

pacto. No se puede decir “Bueno, ahora, pasemos a pactar que haya pacto entre nosotros”

imposible!

Voy a darles algunos ejemplos. Primero, página 98 de «EL MALESTAR»:

«La cultura totemista descansa en las limitaciones a que debieron someterse

».

Lo que yo les propongo es que es imposible que uno se autosometa a las primeras indicaciones. Suelen estar operando antes que uno se someta, es imposible el movimiento lógico de autosometerse a la primera ley.

En «TÓTEM Y TABÚ»:

«Lo que antes él había impedido con su existencia, ellos mismos se lo prohibieron ahora en la situación psíquica de la obediencia de efecto retardado {nachträglich}».

Esto está totalmente mal pensado. Uno no se puede prohibir prohibir. Uno no se puede imponer la ley a sí mismo, no tal ley. Que exista un régimen legal no me lo puedo imponer yo a mí mismo, ni siquiera lo puedo pactar contigo, porque para pactarlo contigo ya tengo que tener el pacto.

En la página 146 del mismo texto:

Freud sostiene todo el tiempo que tuvieron que pactar el pacto —que es lo primero— porque antes de ellos la vida era una vida animal

«Revocaron su hazaña declarando no permitida la muerte del sustituto paterno, el tótem, y renunciaron a

sus frutos denegándoselas mujeres liberadas. Así, [ totemismo».

ellos crearon los dos tabúes fundamentales del

]

No se pueden crear los tabúes fundamentales. En el momento de nacer, uno está en condiciones o no de acatarlos, pero nadie puede crear los tabúes fundamentales que fundan la humanidad. Es una contradicción lógica.

En la página 126 de «MOISÉS

»:

la horda paterna dejó sitio al clan fraterno totemista. A fin de poder convivir en paz, los hermanos

triunfantes renunciaron a las mujeres por cuya causa, sin embargo, habían dado muerte al padre, y se sometieron a la exogamia».

« [

]

Lo que digo es que ataquemos todos esos verbos reflexivos de la ley primera —“se sometieron”, “se exigieron”, “se legalizaron”, etc.— porque no pueden ser. No sólo que no pueden ser, sino que implican todo un posicionamiento muy fuerte de Lacan respecto del surgimiento de la ley que, por ejemplo, lo hace criticar la dialéctica hegeliana.

La dialéctica hegeliana surge por la separación del ser natural en la lucha a muerte por puro prestigio, de la cual surgen el amo y el esclavo. Lacan utiliza muchísimo la dialéctica hegeliana en su enseñanza. ¿Qué implica la dialéctica hegeliana de la lucha a muerte por puro prestigio? El surgimiento del hombre. Por eso se llama una dimensión antropogénetica, es decir, de la que se genera lo humano. ¿Cómo se genera lo humano? Para Hegel, necesariamente negando el ser dado animal. Y esto se hace luchando muerte, o sea, matando el cuerpo como ser dado; pero, a su vez, como los animales también luchan y mueren, con la mera lucha a muerte no alcanza. Hegel dice

que la clave es luchar a muerte por nada. Tiene que ser por nada. Si es por comida, no sirve. Si es por una hembra, no sirve. Si es por territorio, no sirve. Si es por cuidar a las crías, tampoco sirve. Porque eso —que ocurre entre los animales— no es antropogénetico, no te hace hombre. Con lo cual, hay que luchar “por puro prestigio”. Podríamos traducirlo a términos de hoy en día: “por puro prestigio” sería, por ejemplo, por un último modelo de Alfa Romeo, negro metalizado y con

tapizado de cuero

Cualquiera puede darse cuenta de que eso no es estrictamente necesario, que

no se trata de una necesidad vital. Y, justamente, se trata de eso: lo que da prestigio es lo que uno no necesita.

A mí, cuando era niño, mi abuela siempre me regalaba calzoncillos, pañuelos y zoquetes. Me venían ciertamente muy bien porque no teníamos mucho dinero, pero me producía odio que me regalasen algo que yo necesitaba —quería que me regalasen una escopetita con el corchito adelante que, precisamente, no necesitaba. Pero la lógica de lo que humaniza es movernos por cosas que no necesitamos. En la dialéctica hegeliana, eso que no hay en la naturaleza, y que humaniza, es el reconocimiento del otro. Entonces, la lucha a muerte por puro prestigio es en realidad una lucha a muerte sostenida por el deseo de reconocimiento, es decir, que el otro te reconozca como ser humano es aquello por lo que se lucha a morir. Pero no hay pacto posible. No es que yo te reconozco a ti y tú me reconoces a mí, sino que se trata de que yo debo

imponerte a ti que me reconozcas, aun arriesgando mi vida; y tú debes hacer lo mismo, porque no me serviría si me reconociese un animal —debe reconocerme un ser humano. Porque, para Hegel, uno solamente se hace humano si es reconocido por otro ser humano —son las condiciones sociales mínimas. Y un ser humano, en la dialéctica hegeliana, sólo es alguien que busca a muerte ser reconocido. Entonces, comienza así la lucha a muerte. Si mueren los dos, la dialéctica se anula porque no te queda nadie, y Hegel dice que no puede haber conciencia en un cadáver. Si muere uno, la dialéctica también concluye mal porque no te puede reconocer un cadáver. Con lo cual, ambos tienen que quedar vivos.

Pero, ¿cómo lo resuelve Hegel? Definitivamente uno renuncia a ser reconocido por miedo

a morir —que en esta dialéctica pasa a ser designado como «esclavo». Y aquel que estuvo dispuesto a morir con tal de no ceder en su deseo de reconocimiento será el «amo».

Así es como Lacan habla de «amo». Nosotros confundimos “amo” con “poderoso”. Luciano Benneton, que es dueño de la mitad de la Patagonia, no es necesariamente un amo. A mi entender, Menem es mucho más amo que Benneton, no porque suponga que tiene más dinero,

sino porque está dispuesto a que todo se pudra con tal de no dejar de ser él. Por ejemplo, no tuvo ningún problema en luchar, en la campaña, contra el peronismo, precisamente él que es el presidente del Partido Peronista —prefiere que el peronismo pierda porque no lo eligen a él como presidente. Está dispuesto a quebrar la Constitución y que caiga el sistema democrático, con tal de ser elegido por tercera vez. Eso es un «amo». Alfonsín fue también un amo, cuando se

le ocurrió hacer una Capital nueva en Viedma. Lo que quiso hacer es ser, él mismo, el creador de

algo, y no importaba si era el momento adecuado para ello, o si era lo que la gente quería.

Lacan dice que toda la dialéctica hegeliana está fallida porque no puede ser que en una lucha a muerte —tal como la plantea Hegel— uno de los dos contendientes renuncie a ser reconocido. ¿Cómo tendrían que hacerlo? Supongan que están en el patio del colegio jugando a la mancha, y que les vienen ganas de orinar y tienen que ir al baño; pero si van al baño, te agarra el que es mancha y pasás vos a ser la mancha. ¿Cómo lo resolvíamos? Diciendo “¡Pido, pido gancho!” e iban al baño tranquilos. Lo que Lacan dice es que, si alguien renuncia, tiene que estar previamente establecido este “Pido gancho”. Y, por lo mismo, nadie puede rendirse haciendo flamear una bandera blanca, si no se cuenta previamente con la convención de que uno expresa su voluntad de rendición mediante una bandera blanca.

En Hegel, el defecto es el mismo que el de Freud: pactan el pacto, es decir, Está bien, si no

querés morir, trabajarás para mí y yo seré tu amo”. Este pacto es inconcebible en el momento

original. Con lo cual, el problema con el que nos encontramos es el de cómo explicamos el surgimiento del pacto. No se puede explicar el surgimiento del pacto. Pero cualquier condición humana supone un pacto previo. El orden simbólico es antecedente lógico necesario de todo sujeto humano, aun del primero. Es una contradicción lógica —no se puede hablar del primer sujeto humano.

Entonces, el mito de la antropogénesis de Hegel falla en el mismo punto donde falla el mito frediano de la antropogénesis. ¿En dónde? Allí donde suponen que el pacto es pactado a posteriori, cuando el pacto necesariamente tiene que estar desde antes. Y, ¿cómo lo resuelve Lacan? Colocando el origen en la condición particular, no en lo humano. Lacan habla de cómo empieza cada uno, y no de cómo empezó el primero de todos nosotros. Y lo explica mediante la «alienación» y la «separación».

Entonces, lo que Lacan trabaja es el momento original del advenimiento de una subjetividad. Para que advenga una subjetividad con «alienación» —SEMINARIO 11 y «POSICIÓN DEL INCONSCIENTE»—, tiene que haber antes al menos dos significantes y otros sujetos humanos hablantes. Y sí se puede dar cuenta del surgimiento de la primera subjetividad, teóricamente hablando, sin contradicción lógica, porque el pacto está supuesto. El problema con Freud es que comete el mismo error hegeliano: supone que se pacta el pacto.

Pero hay también otro problema con el que se encuentra Freud: el de las divinidades maternas. En la página 150 de «TÓTEM Y TABÚ», Freud dice:

«Yo no sé indicar dónde se sitúan en este desarrollo las grandes divinidades maternas que quizá precedieron universalmente a los dioses paternos».

Esto no está antropológicamente demostrado, pero hay bastantes argumentos en pos de que esto sea verdad. Freud jamás pudo responderse esta pregunta. Parece que esto efectivamente es así. Pueden leer, para este problema, «LA DIOSA BLANCA» de Robert Graves 4 , tomado por Lacan en los últimos seminarios. ¿Qué es la diosa blanca? Parecería que fuese la diosa original de un montón de religiones de las más antiguas que se conocen, cosa que a nosotros nos viene como anillo al dedo. En el comienzo, la omnipotencia materna; luego, la operatoria paterna, es decir, tal como está planteado en esa versión evolutiva del Edipo, en el SEMINARIO 5.

Freud no se lo puede explicar. ¿Cómo puede ser que haya divinidades maternas anteriores a los dioses paternos, como parece que universalmente sucedió? Para Freud, Dios es el enaltecimiento del padre. Pero Dios es el enaltecimiento del padre sólo en la medida en que el padre tenía la omnipotencia al comienzo. Y en las vueltas de torsión, lo que Freud dice es que lo que hizo el judaísmo es recuperar la omnipotencia del padre, pero ya no como un padre de convivencia, sino como un Dios extramundano. ¿Entienden la maniobra? Se recupera la omnipotencia del origen. Y, ¿por qué el padre de la horda era omnipotente? Porque no había otro con quien repartir su poder. Pero el problema es que la teoría de la horda primitiva es contradictoria, no con la metáfora paterna, sino con la evolución real de la cultura humana, ya que las primeras divinidades eran femeninas.

El problema está en que, cuando hablamos de diosas femeninas o de divinidades maternas, se trata del momento en que los dioses se hicieron antropomórficos. No estoy hablando de que

4 R. Graves, «La Diosa Blanca» (Alianza Editorial, Madrid, 1983, ISBN: 8420698067).

las diosas femeninas sean antes del dios trueno, sino que el dios trueno no es ni masculino ni femenino. Pero nuestro Dios es antropomórfico. Como les decía la vez pasada, Dios se dio un día de descanso. Y si descansó, se comporta como una persona. Si se enojó con Caín, es porque es como una persona. La cuestión está en que cuando se personifican los dioses, primero parece que lo hacen como mujeres. Del dios del rayo, del dios del trueno, del dios de la lluvia, se pasó a diosas femeninas, y luego a dioses masculinos. Pero si Dios es el enaltecimiento del padre de la horda, y la mujer era esclava del padre de la horda, ¿de dónde vienen las divinidades maternas?

Para una existencia de las divinidades maternas, la metáfora paterna de Lacan es mucho más coherente. Primero, omnipotencia de la mujer que materniza, y luego la función paterna que viene a introducir un límite. En Freud, no le dan las cuentas para justificarlo, y entonces lo deja. Y ahí mismo nos deja incrustada la pregunta.

Dos últimas cuestiones para cerrar lo que yo tenía preparado para decirles. Primero, el asesinato del padre de la horda primitiva no deriva en exogamia. Voy al siguiente problema:

cuando los hermanos hacen la liga de varones y asesinan al padre, pactan la exogamia. Pero yo les pregunto, ¿cómo sabían a qué mujeres podían acceder y a cuáles no? ¿Cómo pactan la exogamia a partir del asesinato del padre? No pueden pactarla porque, para pactar la exogamia, hay que tener apellidos; y sin nombre, no se puede pactar la exogamia. La exogamia, en realidad, es repartición de las mujeres. Pero repartición de las mujeres no es exogamia. La exogamia es no acceder a algunas mujeres por su nombre. Con “nombre” me refiero a su patronímico. Pero ocurre que con el asesinato del padre no tenemos exogamia —lean a Lévi-Strauss— porque exogamia es la ley generalizada de distribución de las mujeres. Y con el asesinato del padre no obtenemos para nada la ley generalizada de distribución de las mujeres, ya que éstas no tienen nombre.

Supongan que en aquella época pretérita gustaban las gorditas. En la horda, las había gorditas y flaquitas. Entonces pasa que en la liga de varones se pelean por la gordita. Pero Freud

dice que no, que ellos pactan: “Está bien

¡Eso no es exogamia! La gordita puede perfectamente ser mi hermana.

Vos quedate con la gordita. Yo me llevo esas dos flacas”

Entonces, la falla principal de la horda primitiva es que ni siquiera nos explica el surgimiento de la cultura en sentido moderno, porque ni siquiera da la ley generalizada del intercambio de las mujeres. No se olviden de que es la ley generalizada del intercambio de las mujeres. E “intercambio” quiere decir que yo te doy las mías y tú me das las tuyas. Eso es exogamia. Este sistema freudiano —aunque Freud diga lo contrario— no puede fundar la exogamia, porque es un error lógico. Y en ese sentido, Freud se olvida de sus propios desarrollos en torno de las fratrías y subfratrías que, como clan, sí dan la posibilidad de la exogamia. No puede haber exogamia hasta que no haya fratrías, en plural. Está muy poco elaborada la teoría de Freud respecto a la horda primitiva, y, consecuentemente, de dónde surge el padre.

Lo que estamos pensando es de dónde surge el Superyó. El Superyó es la internalización de cierta cuestión paterna. ¿No es la ley interior, la conciencia moral internalizada? La conciencia

moral, ¿no adviene acaso con la ley paterna? Entonces, el Superyó, de alguna manera, sería paterno. ¿Ustedes no hablan así? ¿Acaso no hablan de “Superyó materno” queriendo hablar de algunos psicóticos con un Superyó deschavetado? No hay que personificar al Superyó. Digo,

Dios, ¿tiene sexo? Los dioses griegos tenían sexo y sí que lo

¿Nuestro Dios es masculino? Hay que tener cuidado con las representaciones

renacentistas y la forma que eso adquirió. A partir del Antiguo Testamento, nos quedamos con “Él” en lugar de un “Ella”. Cuando se habla del “Superyó materno”, ¿no se está hablando acaso de una anomalía superyoica? Y se lo entiende así porque se conecta directamente el Superyó con la función paterna. Pero si el Superyó es una función paterna, esto es así porque se ha internalizado. Pero para que se pueda internalizar, hace falta que el derecho como tal exista previamente. Y lo que funda la sociedad es la ley generalizada del intercambio.

nuestro Dios, ¿usa o no taparrabos

usaban

?

A todo lo largo del año, trabajaremos con una teoría de cómo surge el Padre. Lo vamos a proponer, con Lacan, como efecto del lenguaje: el «Padre» es una función del lenguaje. Y vamos a estudiar por qué hay que introducirla caso por caso. Si es una función del lenguaje, no tendría que haber psicóticos. La metáfora paterna es caso por caso. Y el Nombre-del-Padre es con lo que opera la metáfora paterna. Pero nadie dijo que la metáfora paterna produce el Nombre-del-Padre. El Nombre-del-Padre es un producto del lenguaje. Y la operatoria, en el origen de cada subjetividad, es si ha venido a sustituirse o no al lugar del Deseo de la Madre.

El advenimiento de toda sociedad es a partir del advenimiento de la ley generalizada del

intercambio de las mujeres, que implica proscripciones y prescripciones. La gran dificultad de los casamientos que hay en la modernidad radica en que se ha perdido el sistema de prescripciones. Hoy día, no está prácticamente prescripto con quién debe uno casarse. Por eso no se casan. El orden simbólico ya no lo indica. Con lo cual, es uno el que tiene que elegirlo. Es ciertamente mucho más difícil. Si el orden simbólico me lo indica, es mucho más sencillo. En general, en los sistemas religiosos muy estrictos, el casamiento es facilísimo porque está imponiendo las prescripciones. Hoy, en Occidente, ¿qué nos dicen las histéricas? Que el amor muere con el

matrimonio

Son solteronas a rabiar. Piénsenlo, es un hecho clínico.

El último de mis argumentos críticos de la teoría de la horda primitiva tal vez les resulte el más flaco. Pero es el más fuerte que hace Lacan, a saber: en las inversiones dialécticas con las que trabaja Freud, él pone aquí a trabajar la típica inhibición moderna diagnosticada por él como un atributo de la modernidad —lo recordarán en la articulación que Freud hace entre Hamlet y Edipo. Edipo se topa con unos muchachos que no lo dejan pasar en un cruce de camino; entonces pasa que Edipo desenvaina la espada y los mata a los dos (si eso mismo ocurriese hoy

en día, saldría en los titulares del diario y todos hablaríamos de “el loco del cruce”

). Y Hamlet,

que sabe que su tío mató a su padre, lo agarra rezando de espaldas, sin poder decidirse si conviene matarlo en ese momento, o no. Con lo cual, para Freud hay una caída del acto entre el hombre antiguo y el hombre moderno. Es una forma que Freud tiene de interpretar la tragedia, el héroe trágico —siempre en el acto. Dice que Hamlet es un típico héroe moderno porque está

inhibido. En esta historia de la humanidad que hace Freud, coloca la inhibición del acto en la modernidad como una inversión dialéctica, una torsión moebiana de la siguiente lógica: en el comienzo hubo un acto, el asesinato; todo comenzó con un asesinato; y como comenzó con un acto, la gran torsión de toda la historia es que ahora no nos animamos ni a pisar una cucaracha

Lo cual es a todas luces absolutamente incorrecto. Nunca hubo tantas masacres y asesinatos como en este siglo. Freud, con el nazismo, se equivocó de la peor manera cuando dijo que la humanidad había progresado notablemente ya que ahora queman sus libros, mientras que antes lo hubieran quemado a él. No pasaron más de seis meses y el nazismo redujo a cenizas a millones de personas. Esa frase de Freud fue completamente fatídica.

Se acuerdan de que él no quería salir de Viena. Decía que no había peligro. Afortunadamente, la princesa Marie Bonaparte logró que disuadirlo porque si no, Freud hubiese

Fíjense en su equivocación de diagnóstico. Les

propongo que éste es el defecto más grave de toda esta concepción, porque a nosotros nos es necesario trabajar con que al comienzo fue el Verbo, y no el acto. Es imposible concebir el origen

del ser humano por un acto. Tal como se dice en el Evangelio según San Juan, nos es necesario sostener que es el Verbo. Obviamente, no estoy proponiéndolo en el sentido del Evangelio de San Juan. Lacan lo toma bastante a la ligera porque ese Evangelio no dice que es la Palabra. “Verbo” no es “palabra”. Y es el Espíritu Divino es mucho más que la Palabra.

terminado con el trasero en algún horno

En el relato bíblico, todo comienza con un “Dios dijo”. ¿Para qué hacía falta que lo dijese? Ven que es un comienzo muy fuerte de palabra, siendo que, en Freud, el comienzo es por un asesinato. Él dice que todos los quiebres de la historia del padre se hacen lógicos vía un asesinato, porque todo comenzó con un asesinato. Primero, el asesinato del padre de la horda primitiva y, luego, lo que los hombres modernos hacemos hoy es pagar culpas superyoicas por aquel acto primordial, estando absolutamente inhibidos del acto para así no volver a reproducir ese asesinato.

La crítica que nos es imprescindible hacer a toda esta dialéctica es que es imposible que se comience por el acto, porque no hay acto humano si no está precedido por el Verbo. Se lo digo desde la perspectiva de cómo se define «acto» en el SEMINARIO XIV. Para definirlo, Lacan establece primero la existencia de S 1 y S 2 por que si no, es imposible que haya acto.

«Acto» es introducir una novedad respecto de S 1 y S 2 . Digo, ¿qué diferencia hay entre comerse un animal y el acto de asesinato? Para que haya un asesinato hace falta, primero, el verbo. Ciertamente, muchos animales se matan entre sí, y en muchas especies el macho cabrío es

expulsado por el más joven; y aun en muchos casos esa expulsión cuesta la muerte. Pero, ¿es eso un verdadero asesinato? ¿Es eso un acto? Es imposible concebirlo como un acto.

Necesitamos una dialéctica que comience lógicamente por el verbo y que, a partir del verbo, establezca el surgimiento de la subjetividad. El surgimiento de la subjetividad en una lógica que tome al verbo en el origen.

Así pues, propongo no desentendernos de esto. Quedémonos con el problema del origen, pero veamos qué respuesta podemos darle; en lo posible, una que sea internamente menos contradictoria. Precisamente, la teoría del Nombre-del-Padre es eso: una teoría que responde al origen del Padre sin apelar al recurso de la horda primitiva.

Vamos a ver cómo el Nombre-del-Padre es una función dependiente del verbo y que, por cierto, no resuelve todas las paradojas que yo les presenté la vez pasada.

Voy a proponerles, entonces, que la función paterna es derivada del lenguaje, que proviene del verbo; y que el Superyó no es una función paterna. Vamos a trabajarlo en su lógica, como voz del Otro. Y voy a proponerles también que a la existencia del Padre se articula íntima y esencialmente la existencia de Dios.

En la próxima, vamos a trabajar con el libro «VOCABULARIO DE LAS INSTITUCIONES INDOEUROPEAS» de Émile Benveniste 5 . Le dedicaremos los próximos tres meses.

5 E. Benveniste, «Vocabulario de las Instituciones Indoeuropeas» (Taurus Ediciones, Madrid, 1983, ISBN:

8430612009).

Establecimiento del texto: Lic. Luciano Echagüe

Clase Nº 3 (17-07-1999)

Voy modificar un poco la propuesta de trabajo para hoy. Yo les había anticipado que hoy trabajaríamos con el texto de Émile Benveniste, para estudiar allí algunas coordenadas que la lingüística pueda aportarnos como solución a los problemas que se nos plantearon. Sin embargo, les propongo posponer ese trabajo para nuestra próxima reunión. Entonces, recién en la próxima clase revisaremos juntos el texto de Benveniste, publicado por Taurus en 1983, que se llama

«VOCABULARIO DE LAS INSTITUCIONES INDOEUROPEAS», especialmente en torno a la noción de

«autoridad».

Hoy voy a proponerles extender o profundizar el trabajo en torno a lo hecho en nuestras primeras dos clases, en las que sometimos a una crítica racional el mito freudiano de la horda primitiva. Asimismo, quería ampliar la bibliografía con la cual al menos yo estudio estos temas. En primer lugar, un libro de Erik Porge que me recomendó Gerardo Herreros, «LOS NOMBRES DEL PADRE EN JACQUES LACAN» 6 , publicado por Nueva Visión. Hay también otros dos libros circulando sobre el Nombre-del-Padre: «EL NOMBRE DEL PADRE» de Norberto Rabinovich, de Homo Sapiens 7 , y «EL PADRE Y SU FUNCIÓN EN PSICOANÁLISIS» de Joël Dor —también publicado por Nueva Visión 8 — que está plagado de errores y prejuicios.

Quiero además recomendarles «FREUD Y DESPUÉS LACAN» de Jean Allouch, de la editorial Epel. Y, por último, les propongo también incorporar dos libros de un autor francés que se llama

Jean-Pierre Vernant: «MITO Y RELIGIÓN EN LA GRECIA ANTIGUA» 9 y «MITO Y PENSAMIENTO EN LA GRECIA ANTIGUA» 10

.

Voy a utilizar hoy toda esta bibliografía que propongo incorporar.

6 E. Porge, «Los Nombres del Padre en Jacques Lacan» (Nueva Visión, Buenos Aires, 1998, ISBN:

9506023727).

7 N. Rabinovich, «El Nombre del Padre» (Homo Sapiens, Rosario, 1998, ISBN: 9508082062).

8 J. Dor, «El Padre y su Función en Psicoanálisis» (Nueva Visión, Buenos Aires, 1995, ISBN: 9506022399).

9 J.-P. Vernant, «Mito y Religión en la Grecia Antigua» (Ariel, Barcelona, 1991, ISBN: 8434410966). 10 J.-P. Vernant, «Mito y Pensamiento en la Grecia Antigua» (Ariel, Barcelona, 1993, ISBN: 843448702).

§

Luego de esta introducción, les propongo retomar primero el problema de la función del mito en psicoanálisis. Lo primero que quiero plantearles es la elaboración que hace Lacan en torno al mito. Hay un hecho histórico más allá de Lacan —que cualquier estudioso de los mitos plantea—, esto es, que en la Grecia antigua, a partir de la época de Sócrates, o sea cuando ya está bien desarrollada esa corriente filosófico-científica en el pensamiento griego, el saber mítico, como una modalidad de operar con el saber, es sustituido por el saber racional.

Evidentemente, en la época de la Grecia antigua no se trata aún de ciencia en sentido moderno, pero sí hay una exigencia de racionalidad que no se plantea a los mitos antiguos. No solamente es sustituido por el advenimiento del saber racional en la Grecia antigua, sino que hay otro movimiento que podemos llamar de “represión de la mitología” o del saber mítico, que es cuando la religión cristiana se hace religión oficial en el siglo IV de nuestra era —queda reprimido en tanto que religión pagana. Con lo cual, lo que quedaba de práctica vinculada a las religiones sostenidas en mitos es definitivamente reprimido, porque empieza a ser considerado como religión pagana.

Lacan propone una interesantísima maniobra en torno a esta doble represión de los mitos, a saber, que el retorno de esa represión es en el inconsciente, o sea, en los mitos sociales: Lacan dice que, al ser reprimidos tanto como elaboración de saber como de religión, se han individualizado y se han incorporado en el sujeto. El inconsciente es, así, la ruina del saber mítico. Idea sumamente interesante y compleja. Y de lo que se trata, para Lacan, es del vínculo que el psicoanalista tiene con los mitos. Por eso debe conocerlos, como decía Freud en «¿PUEDEN LOS LEGOS EJERCER EL PSICOANÁLISIS?» —el Universitas Literarum. El psicoanalista tiene que conocer tanto la historia de la religión, como la estructura de los mitos, porque en el inconsciente se encuentran mitos. Y es claro que se trata de mitos ya internalizados e individualizados; o sea que en nuestra clínica advienen como «mito individual del neurótico». En vez de encontrarnos con los mitos a nivel social, nos encontramos con el «mito individual del neurótico», cosa que deja al psicoanalista como el último de aquellos sujetos que tiene que practicar con los mitos, porque es en el último lugar donde han quedado circunscriptos —en el inconsciente de cada sujeto.

Ahora bien, otra cosa es qué lugar tienen los mitos en la teoría psicoanalítica, o sea, qué lugar tienen para nuestra elucubración de saber, siendo que nosotros somos herederos del saber ya con forma racional y científica; y tanto más aún si consideramos que nuestro sujeto es el sujeto de la ciencia.

Siempre me llamó la atención que Lacan designara al mito del asesinato del padre de la horda primitiva como “el último mito moderno”. Me resultó extraño que lo designase así porque yo no comprobaba que fuese un mito para nadie. Me parecía que era una construcción freudiana —al estilo de las construcciones en análisis— sobre la historia de la humanidad que, ”

efectivamente, tiene un formato mítico del tipo del “Había una vez

—tal como efectivamente

fueron los mitos en su origen, es decir, relatos. En griego, “mitos” quiere decir “relatos orales”, porque son justamente todas las tradiciones de saber y de religión antes del libro, en el sentido de

la Biblia. El libro plantea una diferencia notable porque, una vez que hay “el” libro, ya no hay “los” mitos. Por ejemplo, de Edipo, Ustedes tendrán varias versiones según el autor. Justamente, los mitos se presentan en versiones diversas según quién los cuente. Y no hay sobre eso límite alguno a imponerle a quien lo cuente, porque es tradición oral.

Cuando adviene “el” libro, el libro se convierte en lo sagrado, y esa versión —la del libro— pasa a ser canónica con respecto a la cual cualquier distorsión es “apócrifa”. Pero no hay versiones apócrifas de un mito. Y no entendí por qué Lacan decía que el mito de la horda primitiva era el último mito moderno, hasta el momento en que la horda primitiva dejó de ser para mí verosímil, es decir, hasta que dejé de creer en eso. Y comprendí por qué Lacan lo llamaba “el último mito moderno” a partir de darme cuenta de que para mí no tenía consistencia lógica ni aplicabilidad clínica en la práctica. Empecé a discutirlo con colegas y encontré que mis colegas sí creían en eso. Fue entonces que me di cuenta de que lo que Lacan estaba diciendo con el “último mito moderno” era un diagnóstico de la posición de sus colegas, de los psicoanalistas: hay un grupo de psicoanalistas que cree en mitos como los propuestos por Freud, que cree en el mito del Edipo y en el mito de la horda primitiva.

La pregunta que les propongo es la de si esos mitos son válidos, si es válido aplicarlos a un sujeto que hoy quiera emprender un análisis; si es válido el mito de la horda primitiva para explicar el Superyó, y si válido el mito del Edipo para explicar el vínculo del sujeto con sus padres y hermanos.

Hay en definitiva otro problema que se nos plantea: ¿qué lugar deben tener los mitos en la teoría psicoanalítica? ¿Nuestra teoría debe estar compuesta por mitos?, ¿debe conservar un mito? ¿Debe haber mitos? Entiendan que, si hay un mito, hay un punto de creencia porque en los mitos se cree, ya que no soportan la discusión racional. Es una elaboración de saber previa a cuando se le imponga al saber una argumentación racional. La práctica analítica, en su ética, se sostiene en un “¿Por qué dices lo que dices?”; y a un mito no se le puede preguntar eso. Si por la noche les

cuentan cuentos a sus hijos, van a verificar que nunca el niño va a someter a un argumento

racional las estupideces trifásicas que Ustedes digan, siempre y cuando se cuiden bien de no

modificar lo más mínimo la misma pavada que le contaron la noche anterior

que tienen es si se dice igual, si se repite el texto, pero nunca va a ser sometido un cuento de ésos a un argumento racional.

El único problema

Otra cosa es enseñar Biblia en el colegio. Allí, cuando se empieza a enseñar bajo la forma docente-alumno occidental, las contradicciones aparecen: ¿con quién Caín mantuvo relaciones sexuales?, ¿de dónde sale el resto de la gente, si no es de Adán y Eva?, etc. (No sé si conocen a un antropólogo muy simpático que se llama Stephen Jay Gould. Les recomiendo un libro suyo que se llama «LA FLECHA DEL TIEMPO» 11 , en que trata la teoría física de la estructura del tiempo y argumenta con un caso de psicosis al final. Tiene ahora un libro que se llama «MILENIO» 12 , que escribió para demostrar que el siglo y el milenio no terminan en este diciembre próximo, sino en el subsiguiente).

De lo que se trata verdaderamente es de si tenemos necesidad o no de un mito en la teoría psicoanalítica. En el libro de Porge que les recomendé, «LOS NOMBRES DEL PADRE EN JACQUES LACAN» —y no “en la teoría de Lacan”, porque él lo trabaja en la teoría de Lacan y en la vida personal de Lacan—, articula sucesos de su vida con su elaboración teórica de la noción de «Padre», cosa que me parece un argumento irreprochable si uno es analista —es decir, pensar que alguien concibe el «Padre» según las relaciones que ha ido teniendo con esa función. Es claro que no sustentaremos la validez de una teoría, pero que sí será muy interesante correlacionar los movimientos de una teoría con los avatares de la vida del sujeto que la produce (a fin de cuentas, la teoría no es sobre los campos magnéticos, sino sobre el «Padre»). Ya retomaremos a Porge dentro de un ratito. Pero les advierto de que, para él, el mito del Edipo es un mito constituido desde el fantasma histérico, porque es la idealización erótica del padre; y, aunque parezca mentira, vieron que el mito del Edipo no explica a la niña. Sin embargo, Porge —creo que tiene razón— propone que Freud terminó de desarrollarlo a partir del análisis de las histéricas, o sea, de donde pudo quitarse de la cabeza la idea de que eran violadas, pero no pudo dejar de sostener que la estructura de los vínculos a la madre y al padre era tal como lo testimoniaban las histéricas — idealización erótica del padre, digamos, incesto-violación. Mientras que el mito de la horda primitiva, elaborado en «TÓTEM Y TABÚ» para Porge, es el mito constituido desde el fantasma obsesivo —asesinato del padre. Y me parece que tiene bastante de eso. Más aún, si encontramos que ambos mitos se sostienen contradictoriamente en la teoría, ¿por qué los sostenemos?

Ustedes quizás me respondan “Y, porque con la virtud obsesiva y con la virtud histérica, cada uno responde a esas lógicas”.

Quizás haya alguno entre Ustedes que me diga que en la teoría psicoanalítica sí hacen falta mitos, puesto que el propio Lacan tiene uno. Por eso, voy a darles una versión del mito de Lacan,

11 S. J. Gould, «La Flecha del Tiempo» (Alianza Editorial, Madrid, 1992, ISBN: 8420627364). 12 S. J. Gould, «Milenio» (Crítica, Barcelona, 1998, ISBN: 8474238943).

del mito de la “laminilla”, que aparece en el SEMINARIO 11. (Si a alguno no le parece correcta, le pido que intervenga). Para mí, entonces, el mito de la laminilla es así: cuando se rompe el huevo para hacer la “hombreleta” —«hommelette» dice Lacan—, cuando se rompe un huevo para hacer un hombre —vieron que se emplea “huevo” o “cigoto” para referirse a la gestación humana—, se escapa la laminilla. Cuando uno golpea y rompe el huevo, se escapa la laminilla que es la vida misma y que retorna ominosamente —esa vida misma que se ha perdido en el acto de romper el huevo para hacer una “hombreleta”— como un ser bidimensional que, como consecuencia, se vuelve mortífero e imbatible. Lacan dice que sería como una lámina bidimensional —por eso la llama la «lamelle», “laminilla”. Entienden que una lámina bidimensional pasaría por debajo de toda puerta, por más que le pongan burlete, porque el burlete sirve para atrapar la tercera dimensión.

Si la laminilla es bidimensional, ésta es una dimensión y ésta, otra.

es bidimensional, ésta es una dimensión y ésta, otra. La tercera dimensión sería el espesor. Pero

La tercera dimensión sería el espesor. Pero si es bidimensional no hay forma de evitar que la laminilla pase. Por eso dice que se convierte en ominosa, porque es indestructible. Ése es el mito de Lacan. ¿Alguno tiene una versión más elaborada? Éste es el mito de Lacan. ¿Alguno de Ustedes cree en esto? Esto es ridículamente increíble. ¿Cómo creer en este argumento? Es como si yo les dijese que existe la laminilla. ¿Acaso Ustedes conviven con seres bidimensionales? Lo

pregunto más directamente: ¿conocen algún objeto bidimensional? Un objeto bidimensional es el plano cartesiano, el de abscisas y ordenadas. Pero en ningún modo es el pizarrón, ni la hoja en la que escriben. Con lo cual, efectivamente, Lacan propone un mito. Y mi impresión es la de que se

trata de un chiste. Pero parece que a nadie le causó gracia

caballeros y damas de «INSTANCIA DE LA LETRA

Lo mismo con el chiste del baño de

A veces

pasa eso. (Y no hablemos de los chistes de Freud porque, ¡tenés que estar drogado con crack para reírte

», que es un chiste del que nadie se ríe

Sea como fuere, sí es un mito y es increíble. Con lo cual, para mí, lo que Lacan está atacando es la función de la creencia en psicoanálisis. Nosotros no trabajamos con creencias, esto es, nosotros no creemos en el inconsciente. Nosotros suponemos el inconsciente. Y es totalmente distinta la suposición de saber —no es la creencia en saber.

Creo que si bien es cierto que hay un mito en Lacan, Lacan no avala ni intenta desarrollar la función de la creencia. Esto es bastante paradójico, porque yo no conozco psicoanalista que crea

tanto en una teoría como nosotros, los lacanianos, respecto de la teoría de Lacan. Parece que los efectos contradictorios en esto son inevitables, porque la creencia que tenemos los lacanianos en

Con lo cual, hay ahí un punto a discutir. Pero sea como

fuere, mi impresión es que Lacan, al menos con lo producido por su pluma y por su palabra, no produce mitos para alentar la creencia de los psicoanalistas. Sin embargo, nosotros creemos en el

Complejo de Edipo y creemos en el asesinato del padre de la horda primitiva; lo creemos mientras no hagamos el trabajo para dejar de creer. También creemos en Freud. De hecho, creo que el verdadero problema es que creemos en Freud.

los textos de Lacan es casi religiosa

Algunos argumentos. No voy a entrar en Adler y Jung, expulsados por Freud del campo virtual del psicoanálisis por no coincidir con algunos principios freudianos. Yo estoy de acuerdo con no considerarlos psicoanalistas, pero sí como muy interesantes pensadores de la condición

humana. No obstante, no por eso creo que estén dentro del campo del psicoanálisis. Quería hablar de otro caso: el de la expulsión de Lacan y de la casi expulsión de Klein y de Winnicott del movimiento psicoanalítico. En las cartas de Winnicott, él cuenta todos los avatares de la expulsión en torno a él. Conocen todos, seguramente, los intentos de expulsión de Klein del movimiento psicoanalítico. Ella publicó «OBSERVANDO LAS CONDUCTAS DE BEBÉS» precisamente para que no la echaran. En ese congreso se había decidido echarla, porque decían que estaba loca

y que era un delirio total lo que ella decía; y, para justificar ese delirio, tenía que poner datos observables. Ella cedió a las presiones, al igual que todos los demás. Winnicott cedió a las presiones y Lacan también cedió a las presiones. A Lacan lo echaron a pesar de él. Él siempre quiso quedarse, hasta el último minuto. No crean que él alentó la expulsión. Klein fue la única que lo resolvió mediante una producción teórica, que es este trabajo que recomiendo leer. Ella intenta articular lo que observó en la clínica de niños —que no es más que el campo del Otro— mediante fenómenos observables, siendo que los psicoanalistas creían en la horda primitiva y hasta en el Edipo.

Pero yo les pregunto, ¿a qué fenómenos observables nos referimos cuando hablamos y sostenemos la teoría de la horda primitiva y el complejo de Edipo? Se cambió la forma de pensar

y se la expulsó, no por la racionalidad de lo que teníamos antes de Klein, sino por la posición de

creencia. Por este movimiento histórico es que Lacan designa a su formal expulsión del movimiento psicoanalítico como una “excomunión”, porque considera que se comporta como un movimiento religioso en torno a la figura de un Cristo, que sería Freud, y de un texto que se convertiría en un texto sagrado —que son las elaboraciones freudianas.

Hay interesantes argumentos de otros autores con respecto a este tema. Por ejemplo, el libro de Jean Allouch, «FREUD Y DESPUÉS LACAN» 13 , en donde se pregunta por qué nunca se publicó «IMAGINARIO, SIMBÓLICO Y REAL», de Lacan, del año ‘53. Es rarísimo. La enseñanza de Lacan adviene en el SEMINARIO 3, que Lacan fecha como su primer seminario, aunque es el tercero —los dos primeros fueron dedicados a historiales freudianos. Designa como primero al tercero de sus seminarios. Y eso porque ese año dictó la conferencia «IMAGINARIO, SIMBÓLICO Y REAL», que es su trío —no es Inconsciente, Preconciente y Conciente, o Ello, Yo y Superyó, que son los tríos de Freud. La interesantísima pregunta de Allouch es por qué Lacan nunca publico esa conferencia. Y, más aún, por qué no fue incluido en sus «ESCRITOS».

14 para quien no la

tenga. Y aún más, Allouch se pregunta por qué no se publicó «EL ESTADIO DEL ESPEJO», el texto del ’36. El escrito sobre el estadio del espejo que está en los «ESCRITOS» es, en realidad, del año

1945; no es la conferencia original del ‘36, en la que Lacan propone no ya su descubrimiento o invención de «imaginario, simbólico y «real», sino su invención del «Estadio del Espejo». En ese congreso internacional de psicoanalistas, su mesa estaba coordinada por Ernest Jones quien, a los diez minutos de exposición de Lacan, lo interrumpe diciéndole que su tiempo había terminado. A pesar de ello, Lacan continuó su exposición, pero Jones le quitó el micrófono y lo pasó a otro. Lacan dice que por enojo, a raíz de esa conducta de Jones, él no entregó a las actas del congreso el original de ese escrito, «EL ESTADIO DEL ESPEJO» del año ‘36. Pero Allouch se pregunta por qué nunca lo publicó. Le preguntó a Jacques-Alain Miller, quien respondió que la razón era la de

que se trataba de un escrito muy extenso

Allouch volvió entonces a su casa y revisó la cantidad

de palabras que tenía, y verificó que no era un escrito más extenso que otros muchos de los escritos incluidos en los «ESCRITOS». De cualquier manera, era un argumento bastante superficial

(que, ¡hasta parece fálico

Voy a dejarles una copia de esa conferencia en la biblioteca de Apertura

Sin embargo, la pregunta es por qué Lacan no publicó sus dos grandes primeros

» ni

«LA INTERPRETACIÓN DE LOS SUEÑOS». La conjetura de Allouch es que esos escritos eran muy críticos de Freud, y que los psicoanalistas no soportaban criticar a Freud. Por su parte, Erik

dice que la teoría lacaniana del «Padre» se articula con el

público al cual Lacan la dictaba; y que, así, lo que Lacan decía dependía de cómo era el público a quien se dirigía (es, por cierto, lo mismo que yo hago: yo calculo quiénes son Ustedes para decir lo que digo). Entonces, Porge aplica esta lógica: que Lacan fue diciendo lo que tenía para decir sobre el «Padre», según las características del público al que se dirigía. Así es que sólo se animó a

criticar directa y francamente a Freud, a decir que «TÓTEM Y TABÚ» y el Complejo de Edipo son ridículos, inconsistentes y contradictorios con la práctica psicoanalítica, que no eran más que fantasías personales de Freud, recién en el SEMINARIO 17, «El Reverso del Psicoanálisis». Lacan

descubrimientos. Es algo comprable a que Freud no haya querido publicar su «PROYECTO

Porge, en «LOS NOMBRES DEL PADRE

»,

13 J. Allouch, «Freud y después Lacan» (Edelp, Buenos Aires, 1994, ISBN: 9879956729). 14 Apertura, Sociedad Psicoanalítica de La Plata (www.apertura.org.ar)

dicta ese seminario, en el Mayo Francés, a estudiantes universitarios —ya no frente a psicoanalistas. Y Porge dice que, como no había psicoanalistas en su público, Lacan pudo decir lo que opinaba sobre la teoría de Freud, pero que mientras hubo psicoanalistas en su seminario, jamás se animó a ello. Son argumentos fuertes.

Y propongo que son especialmente más fuertes para nosotros, argentinos, porque me parece que los argentinos somos menos críticos que nadie de Freud, de Lacan y de los que vengan. En Argentina, hay pocos trabajos criticando a Freud y a Lacan. Me refiero a trabajos de los propios lacanianos, y no trabajos de los anti-lacanianos. Pero, ¿cómo puede ser?, ¿es que la teoría no progresa? ¿No es que el sujeto cambia? ¿Acaso no somos capaces de decir, cada vez, más y mejor? ¿Todo lo que han dicho está bien?

Dos argumentos. El primero es del SEMINARIO 11. En realidad, el SEMINARIO 11 es el duodécimo seminario ya que, del verdadero SEMINARIO 11 —el de «Los Nombres del Padre»—, Lacan sólo dictó una única clase. La noche anterior a esa clase, Lacan es anoticiado de que había sido expulsado, como didacta, de la IPA: aquellos que se analizasen con él o que tomasen sus cursos, dejarían de ser reconocidos como analistas. Así, dicta la primera clase de este seminario e inmediatamente lo da por interrumpido, diciendo que ya jamás volvería a dictar su seminario. Y en la primera clase del seminario siguiente —el que se publicó como el undécimo de sus seminarios—, estando ya formalmente expulsado de la IPA, habla por primera vez de “el Inconsciente freudiano y el nuestro”; o sea, dice que la teoría del inconsciente de Freud no es la suya. Lacan estaba trabajando con cartas veladas, porque operaba en una relación intersubjetiva con su público, y suponía que a los psicoanalistas no se les podía decir que su teoría del inconsciente no era la de Freud. Es más, no podía decírselo para no perder la confianza de su público, o para evitar que dejasen de asistir a su seminario.

Y una cosa bastante complicada para pensar cómo se está elaborando la teoría

psicoanalítica —el segundo argumento— para la cual yo no tengo respuesta, a saber, ¿por qué Lacan llamó “Campo freudiano” al Campo freudiano y no, por ejemplo, “Campo Psicoanalítico”. Es verdaderamente un gran problema. Lo que les estoy proponiendo como problema es qué quiere decir “retorno a Freud” en boca de Lacan, porque si uno presta atención a qué cosas Lacan retornó, verifica que se trató de un retorno a la crítica de todos y cada uno de los

conceptos freudianos, transformándolos de manera radical

Y aunque les haya dejado el nombre

que les puso Freud —«inconsciente», «pulsión», etc.—, los elabora de un modo totalmente distinto.

Mi impresión es que el «retorno a Freud» es un guiño que Lacan necesitó para, junto con su

público de psicoanalistas, poder analizar y criticar racionalmente a Freud, porque si no es bajo la

tutela de Freud, los psicoanalistas no somos capaces de discutir la validez de los argumentos

Creo que mucho de esto se resuelve en el

freudianos. Y con eso, hagan lo que mejor puedan

propio análisis porque si uno le cree a su analista, hasta que uno no resuelve la transferencia, es imposible que puedas asumir una posición crítica. Hay muchos que critican a Freud del modo en que Lacan lo criticaba, pero porque están identificados a Lacan. Sin embargo, no critican a Lacan

§

Confieso que todo esto ha sido una maniobra defensiva mía para que Ustedes no se enojaran conmigo, porque quería proponerles hoy, con tanta introducción, que si la vez pasada criticamos el mito de la horda primitiva, hoy criticaremos el mito del Edipo. Así, para criticar a un “Padre”, me apoyo en el otro —así, siempre tenemos un pie seguro.

En esto voy a seguir a Lacan —no con citas— proponiéndoles que el Complejo de Edipo es una fantasía de Freud. O sea que el Complejo de Edipo no es universal, no se lo aplica a todo el mundo, ya que es la fantasía de un tal Sr. Sigmund Freud. Y les doy los argumentos por los cuales creo que hay alguna pista posible de verdad hacia esta afirmación. Primero, no sé si tienen el libro editado por Amorrortu de la correspondencia entre Freud y Fliess. Cómprenlo y

anímense a leer esas cartas. Verán que, entre otras cosas, el vínculo de amor homosexual de Freud con Fliess es increíble. Se leen allí cosas del estilo de “Mi cuerpo no soporta más no tener contacto con el tuyo, luego de estas cuatro semanas en que no pienso en otra cosa que caminar junto a ti por la playa” Esto lo dice en casi todas las cartas. Así que hay que tomarse una buena copita de ginebra antes

de leerlas, porque una cosa es no creer en papá y otra muy distinta es que sea gay

después me cuentan si no tienen la misma impresión, esto es, un amor de transferencia que justifica que Lacan diga que Freud tenía amor de transferencia con Fliess. Por eso Lacan llegar a decir que estaba en análisis con Fliess. Lacan critica el autoanálisis de Freud. Y creo que, en efecto, ha llegado la hora de criticarlo porque si no, estamos fundando la idea de que existe al menos uno que pueda autoanalizarse. ¿Es éste el «al menos uno» que nosotros necesitamos? Por otra parte, si fuese éste el «al menos uno», Freud caería del lado de la excepción, que es femenina. Así que, si lo perdonamos por un lado, se nos hace gay por el otro

Léanlas y

No iba a ese punto. Hay una carta en la que Freud testimonia, en el “análisis” con Fliess, del impacto personal que le produjo la lectura del mito de Edipo. ¿Se acuerdan del análisis del sueño de Freud de la monografía botánica? El sueño es: “Veo ante mí una monografía de ciclámenes”, y

se pregunta de dónde viene el material del sueño. Restos diurnos: “había visto en el escaparate de una librería una monografía botánica”. ¿Él dice que soñó con la monografía botánica porque había visto el día anterior una monografía botánica? No, sino porque había un deseo pendiente de ser expresado que aprovecha ese material. ¿Se acuerdan de los dos socios, el empresario y el capitalista? Entonces, ¿el deseo es el capitalista o el empresario?, ¿el que aporta la energía, o el que le da forma? El que aporta la energía. El deseo inconsciente es el capitalista; el empresario es el que tiene las máquinas y le da forma. De modo que el resto diurno es el empresario que presta material, pero el deseo estaba esperando manifestarse. Así, lo que yo les propongo es que lo mismo le pasó con el Edipo: si tanto lo capturó el Edipo, es porque había un deseo dispuesto a manifestarse.

Segunda cuestión: la historia de Freud. El Edipo es querer acostarse con la madre y matar al padre, sólo que uno no lo sabe. Freud es el hijo de la segunda mujer del padre, que había quedado viudo. En la religión judía está muy fuertemente prescrito el casamiento del viudo. Según la Biblia, debe desposar, por ejemplo, a la hermana de la mujer muerta. En la religión hebrea antigua, el divorcio está visto con buenos. A Cristo se le ocurrió que lo que Dios ha juntado, el hombre no puede separarlo. No sé bien por qué —tal vez, algún problema con su mamá y su papá

El padre de Freud se vuelve a casar con una mujer más joven que sus hijos. Tal es la diferencia de edad de la nueva mujer que, cuando nace Freud, ya habían nacido sobrinos de Freud, que eran entonces más grandes que el propio tío. Con lo cual, cuando Freud fantasea con acostarse con la madre, no es distinto para la historia particular de él, que fantasear con acostarse con la hermana más joven. Lo raro de la familia de él es que la mamá estaba en posición posible de la hermana más joven. El problema que tenemos es que la madre de Freud entra en la serie de los hermanastros de Freud. Primer argumento.

El segundo argumento: todo el autoanálisis de Freud se desarrolla en la época en que Freud elabora el duelo por la muerte del padre. El amor incestuoso de Freud ya está justificado por su historia. Si supusiésemos una cierta proclividad de Freud a la obsesión (cosa bastante posible por su vínculo a las mujeres, que haya tenido dos mujeres —la hermana de la mujer, su cuñada solterona, siempre vivió con ellos en la casa) y por su queja con Martha, podríamos suponer la idea de la dama idealizada. ¿Saben que él tuvo por novia a una homónima del Hombre de las Ratas? La novia anterior se llamaba Gisela F. (Freud lo escribe en sus apuntes de sesiones con el Hombre de las Ratas). Entonces, volviendo a la suposición de que Freud tuviese cierta proclividad a la obsesión, pregunto: ¿qué elaboraría un obsesivo, en un autoanálisis, respecto de la muerte de su padre? Obvio, la culpa por sus deseos agresivos —eso es un estándar de la neurosis obsesiva. Les propongo que son muy propios del fantasear inconsciente de Freud los deseos incestuosos por su madre-hermana y el advenimiento, muy central en la época del autoanálisis, de tendencias agresivas hacia el padre, que es la forma típica del duelo del obsesivo —el obsesivo siempre odia al difunto.

El mito del Edipo debe ser discutido por su función de mito en la teoría psicoanalítica. Y, por otra parte, debería revisarse si no habría sido, en la fantasía de Freud, un contenido predominante. Y hay que ver si debe serlo para todo sujeto humano hablante sometido a la ley de interdicción del incesto. Yo no veo motivo para suponer que todo varón debe tener

necesariamente deseo sexuales orientados a su madre y odio a su padre. La forma en que se lo sostuvo es que si no lo hay es porque está reprimido. Pero esto es una petición de principio que justifica decir cualquier sandez. Es, por cierto, la típica vía kleiniana de justificación: si encontraban que se había muerto el padre de la persona y que no había duelo, hablaban

Y Lacan nos propuso que solamente se hace duelo por

aquel para quien uno ha sido objeto de su deseo. Con lo cual, si uno no fue objeto de deseo para

ese hombre, así haya sido el padre, se justifica que no haya duelo.

inmediatamente de “duelo reprimido”

Entonces, les pregunto: ¿existen manifestaciones clínicas del Edipo? Si el Edipo es inconsciente amor a la madre y odio al padre, les advierto de que en la clínica freudiana se demuestra como incorrecto. Esto es para el varón. Freud siempre dijo que al varón podía entenderlo bien, pero, a la mujer, no tanto. Pero, ¿cómo no entenderlo bien, si se trataba de él mismo? Cuando él quiso aplicar la teoría del Edipo en su clínica, se vio forzado a corregirla mediante la noción de «Edipo negativo», que es amor al padre. ¿Qué es lo más significativo de la posición masculina de un hombre? Su amor al padre. Entonces, ¿para qué sostener el Edipo? Cuando Freud empezó a usarlo, tuvo que corregirlo, porque se dio cuenta de que el verdadero problema con que se enfrentaba no era el odio masculino al padre, sino el amor masculino al padre.

Desde el comienzo de la teoría de Lacan —como ya sabemos, sin criticarlo explícitamente—, el argumento lacaniano es totalmente contrario: rectifica los argumentos freudianos y, a mi entender, lo articula mucho mejor con la clínica cotidiana. El verdadero problema de los muchachos es el amor al padre. A mí no me cierra muy bien la argumentación freudiana, que lo explica diciendo que eso ocurre porque uno se vuelve homosexual

Eso se aplica al varón. Freud tuvo que modificar su opinión y decir que para el hombre el Edipo no era como él lo había pensado inicialmente, sino que tenía igual importancia su aspecto negativo, que de hecho era aun más importante. Lo que efectivamente se verifica en la clínica es que los varones aman a su padre.

Hace muy poco, un joven adolescente que está en análisis conmigo me dio una definición de «Padre» que me dejó sorprendido. Todavía no lo pude digerir del todo —ocurrió esta semana. Se trata de un joven nacido del encuentro de una mujer con el asesino de su ex mujer. Un hombre sale de una internación policial psiquiátrica por asesinar a su esposa, y azarosamente se

encuentra con una mujer que iba caminando por la calle. Más tarde, esta mujer decide ponerse en pareja con ese hombre, y queda embarazada a los tres días. Nace un niño que es, a la sazón, mi analizante. Pocos meses más tarde, el padre comienza a beber y a cometer delitos, y por último abandona a su mujer y a su hijo. A los dos o tres años, esta mujer se vuelve a casar con un hombre de quien termina separándose cuando mi analizante tendría ya alrededor de diez años de edad. Pero durante los siete años que conviven, tienen tres hijos más. Así, cuando mi analizante viene a las primeras entrevistas, designa como “padre” al segundo. Y yo le dije: “Bueno, veamos. Te

propongo llamarlos por el nombre, es decir, «Juan» al segundo, y «Carlos» al primero”. Luego de dos

años de análisis, le dije que yo coincidía en designar “padre” al segundo, que no era su padre biológico. La madre sanciona a mi analizante por sus desaguisados (por ejemplo, si este

muchacho cursa once materias, termina reprobando doce

Y además ya estuvo preso por

drogas), diciéndole que “Lo que pasa es que vos sos igual a Carlos”. En lo que últimamente estamos trabajando es en la siguiente pregunta de mi analizante: ¿Cómo puede ser que yo sea igual a Carlos, si nunca viví con él? ¿Es genético?”. Le dije que no podía ser genético. El padre nunca lo visitó ni lo llamó. Me convenció de que no era el padre —el tipo se borró. La madre le dice que él es igual al padre y, como mi analizante le creyó, se comportó como él. Es obvio que siguió esa demanda. Una vez que se estableció la pregunta de cómo podía ser igual a Carlos sin haber nunca vivido

con él, empezó a elaborar en análisis la cuestión del “padre”; no quién es su padre, sino qué es un padre —punto especialmente importante porque él ya tiene actividad sexual. Con lo cual, lo empieza a tomar a él potencialmente. Entonces, como les decía, me dio una definición que me

impactó:“«Padre» es el hombre más importante en la vida de una persona”.

Pensé que era espectacular, y que era hasta una brújula. Es una forma de empezar a pensar el problema, que es donde terminó Freud con el Edipo negativo. Porque si es el hombre más importante, ¿cuál es mi posición con respecto a él? Amor al padre. Así, el vínculo que tenemos es el del Edipo negativo —el único que se verifica en la clínica del caso del que acabo de presentarles esta pequeña viñeta. Entonces, ¿para qué sostener el positivo? ¿De dónde lo sacamos?

[Cambio de cinta]

Fíjense en lo que pasó con Alfonsín. Ahora decimos: Che, ¡pobre, el

viejo! Pensar que antes de que se incrustara con la camioneta, lo queríamos matar por lo de los

supermercados y todo ese lío”

Tenemos una vocación de amor al padre que es —según yo lo

veo— lo más fuerte del Edipo, mucho más que el amor a la madre. Y las chicas aquí presentes pueden dar testimonio de ello.

PREGUNTA: Me quedé pensando en esto del Edipo negativo. Estaba suponiendo que podría surgir de aquello que Freud nos enseña con el tema de las «formaciones reactivas». Digamos que ahí podemos tener un dato.

A.E: Es claro que sí. Pero lo que yo te propongo es pensar esto: si nosotros siempre vemos la formación reactiva, ¿no deberíamos poner en tela de juicio la positiva? Digo, si lo más sobresaliente en la clínica es la formación reactiva, ¿no deberíamos poner en tela de juicio la positiva? Si lo más prominente en la clínica es la formación reactiva, ¿no deberíamos poner en tela de juicio la primera afirmación invertida? ¿No estaremos acaso pensándolo al revés? Digo, tal vez todos los sujetos lo dicen en forma directa, pero el verdadero Edipo es el amor al padre. Yo quería agregar este argumento. Pero, obviamente, tu argumento es el otro argumento de igual validez. Generalmente, los argumentos por vía negativa suelen no satisfacerme. Yo siempre tiendo a argumentar con argumentos positivos.

Tengo la intención de mantener con Ustedes un diálogo distendido acerca de estos temas. Y digo que, desde la perspectiva de lo que ocurre en la mujer, nunca se explica. Tenemos el problema de que el Edipo en el varón es más preponderante, reconociendo que Freud debió hacerle una corrección —el Edipo negativo, que es lo más relevante— y que en la mujer nunca lo explica. Observen pues que, como materia explicativa, es bastante fallida.

De la clínica con adultos ya hablamos bastante; pero especialmente en la clínica con niños tampoco se trabaja con el Edipo. Si es que hay algún imaginario que típicamente reina en la práctica con niños —díganme si es así o no—, ése es el kleiniano: el interior del cuerpo materno lleno de objetos, el ataque al otro, la retaliación, etc. Cuando los analistas empezaron a analizar niños, ¿se encontraron con el Edipo freudiano, o el imaginario que tuvieron que desarrollar a partir de lo que encontraban era totalmente otra cosa? Lo dejo planteado como pregunta. No tiendo a decir que todo lo que Klein desarrolló estaba mal, sino que es una versión de la cosa. Freud es una versión de la cosa, y, en efecto, la primera. Por eso, nos sacamos el sombrero. Pero no deja de ser una versión de la cosa. No descarto, por lo tanto, que haya otra versión. Y pienso especialmente en por qué hubo necesidad de otra versión. Quizás porque Klein, la primera que trabajó así con niños, se encontró con que lo imaginario de los niños no era querer acostarse con la madre y matar al padre. Tal vez, Klein se encontró con otro imaginario.

El último punto es el término «No sabía». Edipo no sabía.

Sobre eso quisiera hacer una salvedad —no un argumento— que a mí me sirve clínicamente; a saber, el siguiente señalamiento de Lacan: que el Otro no sepa es mucho más que uno no sepa. ¿Se acuerdan del sueño que analiza Freud, el del padre que estaba muerto y no lo sabía? El texto es así: “Mi padre estaba muerto y él no lo sabía”. Para Lacan, ese “él no lo sabía” es más determinante de la posición subjetiva del inconsciente que el propio no saber. Si el inconsciente es el discurso del Otro, ¿cómo debemos tomar ese “del”? En los dos sentidos del genitivo, objetivo y subjetivo: tanto lo que el Otro me dice, como lo que yo digo de él. Por eso les digo que éste no es un argumento. Solamente quería que escuchasen este problema: Lacan dice que si el inconsciente es el discurso del Otro, es mucho más importante que él no sepa, que el hecho de que yo no sepa. En ese sentido, no pierdan de vista que la represión en la obsesión no es por amnesia. La represión en la histeria es por amnesia. ¿Qué dice Freud de la represión en la obsesión? Que se trata de que siempre lo supo. Quiere decir que la represión del inconsciente, en la obsesión, no funciona como un no-saber. La laguna amnésica es típica de la histeria. Con lo cual, no piensen que Freud —cuando tiene ya mucha clínica y logra diferenciar histeria de obsesión— sostiene que el inconsciente es por amnesia, mediante un no saberlo. “Doctor, no me acuerdo de cuándo me violaron puede decirles una histérica. Porque la histérica tampoco está segura de que la hayan violado. La histeria es eso, una posición. Pero la histeria no es el inconsciente. Y si uno pregunta a un obsesivo cuándo empezaron sus síntomas, responde que fue tal día específico luego de la muerte de su padre. Así, el inconsciente no es necesariamente lo que uno no sabe.

Para Lacan, el inconsciente es fundamentalmente lo que el Otro no sabe. De manera que el Edipo tampoco responde bien por esto. De lo que se trata es que Edipo no sabe. Es cierto que Layo tampoco sabe. Layo no sabe que quien lo está matando es su propio hijo. ¿Yocasta no sabe que se está acostando con su hijo? Recuerdan cuando Edipo le dice que irá a hablar con Tiresias. Yocasta le dice: “No, ¿para qué vas a ir a averiguar?”. En la versión que tenemos, siempre aparece que ella sí sabe. Según mi mamá, es imposible que una madre no reconozca a su propio hijo, porque es “carne de mi carne”. Si uno lee bien la versión de Sófocles, verá que Yocasta sabe. Layo quizás no sabía. Edipo quizás no sabía. Yocasta sí, le advierte de que no averigüe porque va a traer líos. Yocasta sabe muy claramente que no debe ir a averiguar. Edipo quería averiguar quién había matado al anterior rey, consecuencia de lo cual fueron las pestes que abatían Tebas. En esta versión del mito, el Otro sabe. Pero el que no sabe es Edipo. Y eso no es el inconsciente.

Vieron que nuestros analizantes no temen equivocarse, sino que temen que nosotros nos equivoquemos. El analizante no teme equivocarse, sino que su temor radica siempre en estar generando en nosotros, con lo que dice, una versión equivocada. Es decir, teme que nosotros nos equivoquemos. El problema es que el Otro no sepa, y no que uno no sepa.

Para concluir este primer recorrido. Hay quienes creen que existe el freudo-lacanismo, que existe una tendencia tal. Cuando a mí me preguntan cuál es la diferencia entre freudianos y lacanianos, nunca sé bien qué decir. Supongo que para un freudiano debe ser más fácil

responderlo: “Y, bueno, nosotros trabajamos con el Edipo, y ellos trabajan con la metáfora paterna; nosotros trabajamos con el inconsciente, y ellos trabajan con el Otro”. Para ellos quizá sea fácil decirlo.

Pero a mí se me complica por el «retorno a Freud». Yo siempre creí que Lacan hablaba del espíritu de lo que Freud había querido decir en el conjunto de su investigación. Así que no sé cual es la diferencia. Tal vez debería responder que somos distintos pero que, en el fondo, somos lo mismo

Sin embargo, las diferencias conceptuales entre Freud y Lacan son, con respecto al problema edípico, enormes. La versión freudiana del «Padre» se elabora a partir del mito de «TÓTEM Y TABÚ» y del Complejo de Edipo. La «metáfora paterna» de Lacan —que muchos lacanianos ponen en directa relación con el Edipo— es desde mi punto de vista la crítica más sistemática y radical que ningún psicoanalista haya hecho jamás al Complejo de Edipo. Yo encuentro el siguiente sistema de diferencias: en Freud, el deseo entra como deseo incestuoso; en Lacan, el problema es el deseo de la Madre. En Freud, el desear del niño, que llamamos «deseo incestuoso», es desear a la madre como objeto. En Lacan, el deseo por parte del sujeto, a partir de la entrada en escena del deseo de la Madre en la metáfora paterna, es desear ser el objeto del deseo de la Madre. Con lo cual, también el objeto está totalmente desplazado.

Me parece que tal vez Freud tenía como objeto a su madre. Y yo les confieso abiertamente que yo nunca deseé a mi mamá. Quizás se trate de una parte del análisis que me falta —siempre es un argumento posible, ¿no?—, pero les aseguro que no es el estilo de mujer que me gusta Quizás, a Freud sí le gustaba su mamá. Pero, sea como fuere, en Freud, se trata de desear a la madre como objeto, de especificar el deseo del sujeto en ciernes. Por su parte, en Lacan, el deseo es desear ser el objeto del deseo de la Madre. Y proponer el álgebra completo de esto le cuesta a Lacan un esfuerzo teórico enorme —recién lo logra en el SEMINARIO 11 con «alienación» y «separación». Le llevó ocho años de elaboración: desde el SEMINARIO 3 hasta el 11. En Freud, se trata de rivalidad con el padre por la posesión de la madre, esto es, la entrada del padre es en tanto que rival. En Lacan, el Padre entra como todo lo contrario, es decir, como pacificador. El Padre, como elemento tercero vinculado a la ley, es pacificador por excelencia. Aunque no debemos perder de vista que, al principio, Lacan creía que era totalmente pacificador y recién más tarde descubrió que era muy parcialmente pacificador; porque Lacan, hasta el SEMINARIO 2, creía que el significante aportaba reconocimiento simbólico y pacificación en la rivalidad imaginaria. Pero luego Lacan empieza a estudiar los límites del reconocimiento simbólico, o sea, los límites de la pacificación que el Nombre-del-Padre, como símbolo, puede aportar. Observen que es todo lo contrario de Freud. Freud dice que el padre es el elemento de rivalidad por excelencia, y, en Lacan, si algo hay algo que tipifique al Padre es la pacificación posible de la rivalidad.

Les pregunto: ¿acaso Caín no mató a Abel por el Padre? No hablo de Adán que, como

padre, era bastante complicado

de Freud, ¿el padre de Juanito llegó a ser más padre, o no? Me parece que fue totalmente contrario a la dirección de la cura: fue aun menos padre, porque el Dr. Freud ya lo sabía todo

(Y a propósito, con la entrada

¡Se parece al padre de Juanito

!

Fue patética la dirección de la cura en ese caso). ¿Se acuerdan de por qué Caín mató a Abel, que

es la primera entrada en el mito monoteísta de la rivalidad fraterna? Porque Dios vio con mejores ojos el sacrificio de un animal hecho por Abel, que el sacrificio de trigo y cosecha hecho por Caín. Abel era ganadero y Caín, agricultor. Cada uno dio lo mejor del producto como sacrificio a

Dios. Reconozcamos que era bien complicado este Dios

Dios motiva la muerte de Abel. Dios introdujo el problema, porque cuando los hermanitos se

matan dentro de una familia, uno sospecha de la posición de los padres.

Fue él quien motivó esa rivalidad.

Entonces, en Lacan, el Padre es el elemento pacificador por excelencia. Mientras que en el mito freudiano el padre es un elemento de rivalidad. Y no sólo en el Edipo —que es pura rivalidad—, sino tanto peor en la horda primitiva, en la que la rivalidad lleva a la muerte.

Para concluir este primer sistema de oposiciones, sin lugar a dudas, para Freud, y especialmente por el vínculo padre-Superyó, el padre es el polo angustiante por excelencia. No caben dudas de ello en el Edipo. Pero aún más en la horda primitiva, el padre es el polo angustiante par excellence. En Lacan, el polo angustiante es la Madre, jamás el Padre. Y si el Padre lo es, funciona como una mala madre, como en el caso del padre de Schreber, que funciona como una madre mal posicionada frente al psicótico. En Freud, la falta se elabora como castración. En Lacan no es necesariamente así. Para Lacan, la castración, en todo caso, es una modalidad de la falta, y no la falta en sí misma. Pero en Freud, la falta se elabora como castración. La pregunta es por qué, por qué la falta se manifiesta como miedo de perder una parte del cuerpo —angustia de castración y envidia del pene. Freud no lo explicó. Pero para Freud, increíblemente, el polo angustiante por excelencia es el padre, o, en todo caso, el amor homosexual por el padre que hay que reprimir, que es lo que angustió a Schreber —el flujo del amor homosexual despertado por Flechsig, vinculado al hermano y al padre de Schreber.

En Lacan, el polo angustiante por antonomasia es la Madre, especialmente en tanto demanda de la Madre, deseo de la Madre y goce de la Madre. Más aún, para Lacan, la angustia tiende a manifestarse estructuralmente como angustia de castración, justamente por el vínculo del niño a la madre; porque la Madre se comporta como un cocodrilo que, de no estar bien limitado por el elemento simbólico «Padre», funciona como una reintegración del producto, esto es, comerse al niño, comerse una parte de su cuerpo. Por eso la metáfora del polo angustiante, en Lacan, es la boca del cocodrilo. ¿Con qué se cierra en la metáfora de Lacan? Se cierra con un palo, con el falo paterno. «Falo» porque es pene erecto —si está detumescente, como bien decía Klein, la madre se lo comía. Ven que para Lacan es todo lo contrario: el Padre es lo que frena que la falta en el Otro se manifieste como tanta angustia de castración, porque la angustia de castración sólo se justifica por el hecho de que como es “carne de mi carne” —es el vínculo madre-niño—, la interdicción del incesto hacia el niño es un “no te acostarás con tu madre, ni con tu hermana ni con tu hija” (si no dan las tres generaciones, no sirve la interdicción del incesto para fundar la cultura).

Lo que les propongo es que la angustia, como representante o manifestación de la falta, es de castración, porque el deseo, si no está bien articulado con la función paterna, se manifiesta imaginariamente como devorante para el niño. Ésta es la teoría de Lacan. Digo, la angustia es manifestación de la falta. Y, ¿por qué es de castración? Porque si el deseo de la Madre no está bien pacificado y articulado al elemento simbólico «Padre», se manifiesta como devorante de la integridad imaginaria del niño. Pero esto es justo lo contrario de lo que decía Freud, que planteaba como polo angustiante al padre. Si aceptamos al Padre como polo angustiante, nada de la estructura de la metáfora paterna ni de las elaboraciones de Lacan en torno del Nombre-del- Padre podrá ser elaborado.

Así, cuando decimos “freudo-lacanismo” hay que advertir que son teorías que en su texto se contraponen enormemente. Hace falta poner en tensión los argumentos, al menos entre Freud y Lacan, porque son absolutamente contrarios.

§

de la página 813 de

la edición francesa, que fue lo que me habilitó a la investigación que me llevó a obtener una

solución de todos estos problemas; especialmente, los que planteé la primera vez, todas las contradicciones entre «Padre» y «Nombre-del-Padre», entre Ley y psicosis, como ausencia o forclusión del significante de la ley.

Para concluir, quiero leerles un párrafo de «SUBVERSIÓN DEL SUJETO

»

«Que de esta autoridad de la Ley, el Padre puede ser tenido por el representante original, es lo que exige especificar bajo qué modo privilegiado de presencia él se sostiene más allá del sujeto que es llevado a ocupar realmente el lugar del Otro, a saber la Madre; la cuestión entonces debe ser llevada un paso más atrás» 15 .

No sé si entendieron algo. No importa, de cualquier forma lo han escuchado. Al escucharlo, ¿no les dio la sensación de que hay aquí una definición de «Padre» y de «Madre»? Ciertamente, la hay. Aquí está —que yo sepa— la única definición que Lacan da de lo que es un Padre y de lo que es una Madre. Les propongo así la siguiente definición: el «Padre» es el representante original de la autoridad, y no de la ley.

Me puse a estudiar el tema de la autoridad, y el libro de Benveniste me dio la respuesta. Si

notarán que Lacan dice “autoridad” unas

veinte veces; y aparece como diez veces en «DE UNA CUESTIÓN PRELIMINAR

¿con qué presencia se sostiene el representante original de la autoridad de la ley? Lacan dice que

». La pregunta es:

Ustedes revisan estas páginas de «SUBVERSIÓN »,

15 Es ésta una traducción personal del expositor. La edición castellana presenta ligeras diferencias: «Que el Padre pueda ser considerado como el representante original de esa autoridad de la ley, es algo que exige especificar bajo qué modo privilegiado de presencia se sostiene más allá del sujeto que se ve arrastrado a ocupar realmente el lugar del Otro, a saber de la Madre. Se hace pues retroceder la cuestión» [N.d.C.].

este modo de la “presencia” debe ser planteado como más allá del sujeto. Lacan no dice que el representante es un sujeto, sino que dice “representante original”, que bien puede ser un nombre, una institución, varios sujetos, etc. Pero Lacan no habló de un sujeto. Lo que hay que preguntarse es qué presencia tuvo ese representante original de la autoridad de la ley, más allá del sujeto que es llevado a ocupar realmente el lugar del Otro, a saber, la «Madre».

Y la definición de «Madre» es la siguiente: el sujeto que, sin importar su sexo, ocupa

realmente —“realmente” es en lo tridimensional— el lugar del Otro para alguien. «Padre» es pues el representante original de la autoridad de la ley. Y la clave está en preguntarse cómo es que el representante original de la autoridad de la ley se localiza en la escena, más allá de ese sujeto que ocupa realmente el lugar del Otro. Precisamente, la metáfora paterna responde por este problema: el Nombre-del-Padre debe sustituir. Pero la clave es el cómo, para cada caso particular, para neurosis y psicosis. Para cada caso, se trata de cómo se posicionó más allá —tiene que ser mas allá, porque más acá no sirve— del sujeto que realmente ocupó el lugar del Otro, es decir, la Madre.

Hay que ver, para el destino de la cuestión neurosis–psicosis, si el representante original se localizó o no más allá de este representante real del Otro para un sujeto.

Si hay preguntas, dejo ahora abierto el espacio para ello. En la próxima clase voy a trabajar

con la noción de «autoridad» en el indoeuropeo. Pero antes voy a leerles algunos párrafos de Lacan, en donde él utiliza «autoridad». Así que les pido que lean este párrafo que cité, y los cinco párrafos anteriores.

PREGUNTA: ¿Hay alguna relación entre el amor al padre y el goce sacrificial?

A. E: No sé qué responder a semejante pregunta

Lacan, y algo de Freud. Para Freud, lo sacrificial es un retorno por la culpa del asesinato del padre. Y mi impresión es que no es muy válido porque es un mito freudiano. En Lacan, dos cosas al respecto: primero, para Lacan —como para todos los historiadores—, el sacrificio de animales vino como una evolución en la sociedad del sacrificio de seres humanos. Entonces, tomando en cuenta esta evolución de lo religioso, para Lacan, la época moderna, este siglo, se caracteriza fundamentalmente por el retorno del sacrificio de víctimas humanas, propio del politeísmo reprimido por las religiones monoteístas. Y la única que lo reprimió verdaderamente es el cristianismo —ya hemos trabajado ese tema. Les propongo que para Lacan el sacrificio, tan común en nuestra época —considérense los seis millones de personas que los nazis sacrificaron en hornos—, es un retorno del politeísmo y la vuelta a las prácticas de sacrificio de víctimas humanas que habían dejado de hacerse. Cuando apareció la Biblia ya se dejó de practicar, porque Isaac sería más bien un vaivén, una vacilación cultural acerca del sacrificio. En los griegos, tenemos a Ifigenia, sacrificar a la hija de Agamenón para que levanten los vientos y puedan salir las naves. Ahí está todavía totalmente en funcionamiento el sacrificio de víctimas humanas. Más o menos en la misma época, parece que entre los hebreos ya se estaba vacilando al respecto. El relato bíblico del sacrifico de Isaac muestra esa vacilación.

Si me autorizás, te contesto con algo que leí de

Entonces, en la época moderna, para Lacan, se trata de un retorno al politeísmo, a las prácticas más antiguas de sacrificio de vidas humanas. Y no solamente tenemos como caso concreto de ello al genocidio de la Segunda Guerra, sino también el sacrificio de un millón de armenios a comienzo de siglo a manos de los turcos, llevado horriblemente a cabo con tanto goce y satisfacción. ¿Alguna vez vieron las fotos de los sacrificios que los armenios se acuerdan de exponer cada año en las calles? Son cientos de estanterías con cientos de cabezas de armenios. Parece que nuestra modernidad se caracteriza por un notable retorno a la práctica de sacrificar vidas humanas. Piensen, además, en los casos de asesinos seriales tan típicamente modernos. Lacan lo considera un retorno muy complicado a la presencia de la ciencia, que es un retorno a una práctica abandonada hace tres mil quinientos años.

Y, por otra parte, en la clínica psicoanalítica, lo más común que observamos es el alto sacrificio del neurótico en manos de su Superyó. Y me da la impresión de que es muy importante trabajar la noción de «Padre», porque para Lacan es la salida y para Freud es la explicación de por qué es eso. La única chance de resolver la neurosis de transferencia es el vínculo al «Padre», trabajando el sacrificio bajo su modalidad internalizada, es decir, como autosacrificio. Ahí, el actor o generador del sacrificio es el Superyó. Y Freud lo explicó bien claro cuando le puso al Yo como partícula: soy Yo quien se inmola por el Otro.

Espero haber respondido siquiera parcialmente a tu pregunta.

¿Quiere alguien aportar algo a la discusión? Bien, entonces nos detendremos aquí.

Gracias.

Establecimiento del texto: Lic. Luciano Echagüe

Clase Nº 4 (14-08-1999)

Trabajaremos con el texto de Émile Benveniste en nuestro próximo encuentro. Les sugiero leer todo el texto porque es de muy amena lectura. En castellano fue publicado en un único

volumen. El original francés está editado en dos tomos 16 . A cada tomo se lo llamó “parte” que, a su vez, está subdividida en “libros” y “capítulos”. Así que les recomiendo los capítulos que conforman el “Libro 2” de la “Segunda Parte” —en el segundo tomo de la edición francesa. Todos esos capítulos están abocados al tema del Derecho.

Quizás se pregunten para qué esta propuesta de trabajo sobre el indoeuropeo. No sé si todos conocen lo que se designa como “indoeuropeo” —que antiguamente se llamaba “indogermánico”. El descubrimiento del indoeuropeo es el nacimiento de la lingüística moderna; consistió en verificar que en lenguas de una disparidad notable —por ejemplo, varias lenguas que se hablan en la India y el alemán— había muchas designaciones idénticas para muchos de los términos. Con lo cual, se estableció la idea de que había necesariamente una conexión, porque no podía ser de casualidad que hubiese tantos términos designando lo mismo con el mismo término en lenguas tan dispares, de culturas tan diversas y de religiones tan separadas como las de la India y las de Alemania. Luego, con el progreso del estudio, se verificó que las coincidencias no se circunscribían solamente al alemán —fueron estudiosos alemanes los primeros en establecer el parangón—, sino que las similitudes lingüísticas se encontraban en lenguas tan diversas y lejanas como las que van desde ciertas regiones de Asia central, pasando por toda la península de la India, hasta la península ibérica e islas del Atlántico europeo. Es decir que comprende toda Europa: todas las lenguas de esta amplia superficie tienen una enorme cantidad de términos iguales para designar cosas iguales.

Y a partir de la Conquista, esto es también válido para muchas lenguas americanas. Desde luego, en el “indoeuropeo” no podemos incluir las lenguas autóctonas de los aborígenes de América, pero todas las lenguas que hoy son oficiales por la colonización sí provienen de él. Esto quiere decir que los márgenes del indoeuropeo se extienden, hoy en día, hasta las costas del Pacífico. Todas las lenguas antiguas como el hitita, el indo-iranio, el griego, el itálico, el celta, el germánico, el báltico y el eslavo; y las lenguas modernas romances, escandinavas, eslovacas, etc., provienen del indoeuropeo. ¿Qué es pues el indoeuropeo? Es una lengua desconocida, de la que no hay vestigio alguno, pero que se supone necesaria porque si no, no se puede explicar cómo lenguas tan dispares comparten los mismos términos para designar los mismos significados.

§

16 É. Benveniste, «Le Vocabulaire des Institutions Indo-européennes (Editions de Minuits, Paris, 1969, ISBN:

2707300667 et 2707300500).

Les propongo hacer ese trabajo para poder, en primer lugar, sustituir el mito de la horda primitiva, porque es otra forma de enfrentar el problema del origen. Tenemos de esta manera

otro acceso al origen. O sea, hace cuatro mil años o más, se hablaba esta lengua indoeuropea. Considerémosla el origen, ya que está científicamente verificada. Y dejemos caer la teoría de la horda primitiva como principio explicativo del origen —que está absolutamente contradicha por

la ciencia y que, como tal, nos trae más problemas que soluciones.

En segundo lugar, me da la impresión de que, desde la perspectiva de Lacan, es muy útil la sustitución del mito de la horda primitiva por el indoeuropeo. Si aceptamos con Lacan que el inconsciente está estructurado como un lenguaje, nos conviene mucho más un origen a partir del lenguaje, que uno de tipo antropológico.

En tercer lugar, lo que intentaré demostrar en la próxima reunión es que, a pesar de que este texto es posterior a las últimas elaboraciones de Lacan, se articula perfectamente con sus enunciados. Si Ustedes leen los capítulos del “Libro 2” de la “Primera Parte” —primer tomo de

la edición francesa—, en especial el capítulo que trata el tema de la «paternidad», verán que

comienza planteando que “padre” no refiere en absoluto a una persona de carne y hueso, sino que es un nombre al que de hecho convendría llamar “nombre del padre”. Y no se trata de algo que Benveniste suponga, sino que está demostrado por el análisis del indoeuropeo que yo les propongo discutir.

Y otra de las razones que justifican el hecho de que nos aboquemos especialmente al estudio de un texto sobre lingüística —a más de que es preciso conocer sobre lingüística para leer

a Lacan— radica en que el indoeuropeo se caracteriza por la llamativa estabilidad de las

designaciones de los vínculos de parentesco en el inmenso conjunto de lenguas que comprende.

Por supuesto, hay muchas otras lenguas, como el hebreo y el árabe, que no se incluyen en el indoeuropeo. Obviamente, no estoy diciendo que los indios Sioux no tengan valor de cultura o de lenguaje por no pertenecer al indoeuropeo, sino que su lengua —como muchas otras— no

inciden directamente sobre nuestra cultura. Y un ejemplo de lo que sí nos compete con relación

al indoeuropeo es la designación “atta” para referirse al «padre», tan ampliamente extendida en el

espacio y en el tiempo. En indoeuropeo, «padre» se decía “atta”. Verán Ustedes que en una

sorprendente cantidad de culturas, muy dispares entre sí, se lo designa de este modo. Y lo mismo

se aplica para el caso de “anna”, designación indoeuropea de «madre».

Así pues, les propongo que la solución al problema del «Padre» —al menos para resolver las contradicciones que me encargué de plantearles— se obtiene investigando una pista aportada por Lacan en la perspectiva lingüística. Es precisamente lo que voy a tratar de demostrar hoy: cuál es la pista de Lacan que hace falta tomar en cuenta para verificar la gran comunión de sus

afirmaciones y aportes con estos descubrimientos bastante recientes —del año 1969— sobre el indoeuropeo. No se ha desarrollado mucho más sobre el indoeuropeo. Y vale aclarar que Benveniste es además un profundo conocedor de la lengua del psicoanálisis, tanto la de Freud, como la de Lacan. Y Benveniste orienta su trabajo sobre el indoeuropeo, analizando el valor que tienen los términos en las lenguas que él puede analizar, ya que el indoeuropeo como tal no existe, sino que es una suposición de origen. El análisis de Benveniste se hace no con relación al vínculo entre los términos y su referente, sino mediante el estudio del vínculo entre los términos y sus significados —que es lo que a nosotros nos interesa. No nos interesa qué objeto se designaba mediante tal término, sino qué significado tenía tal término dentro de la batería de significantes.

Si hasta ahora —y me parece que han demostrado bastante tolerancia conmigo—, nos dedicamos a desarticular los mitos fundamentales aportados por Freud al psicoanálisis, esto es, el mito del Edipo y el mito de la horda primitiva; y si también nos animamos a poner en tela de juicio más de un prejuicio —dado que creo que son prejuicios— sobre el Padre en cuanto a su más directa aplicación en la clínica; lo que convendría hacer ahora es volver a articularlos —no me dedico a desarticular teorías y desparramarlas en pedazos, por el solo placer de hacerlo—, sometiéndolos a la pregunta de por qué —creo que tiene que ver con el trabajo del psicoanalista el someter los textos a la pregunta de “¿por qué dices lo que dices?”. Y me da también la impresión de que nos hacen falta teorías. Entonces, les voy a proponer ahora lo que en mi historia personal fue un encuentro. Les propongo que pasemos a articular explicaciones o teorías viendo si están más o mejor articuladas con la clínica que la horda primitiva y el Edipo, más coherentes internamente; o sea, si los elementos guardan cierta coherencia discursiva entre sí, y si están más y mejor articuladas con el resto de las preguntas del psicoanálisis.

Para ello, vuelvo a lo que primero que les propuse como tema a discutir: la identificación primaria. Vuelvo a leer los dos parrafitos de la página 99 del capítulo 7 —tomo XVIII de la edición de Amorrortu—, que se llama «La identificación».

«El psicoanálisis conoce la identificación como la más temprana exteriorización de una ligazón afectiva con otra persona. Desempeña un papel en la prehistoria del complejo de Edipo».

¿Ven el problema? Si desempeña un papel en la prehistoria, ¿cómo saberlo? De lo único que se puede saber es de la historia. Lo que está antes de la historia, o sea, lo que no deja documentos escritos, ¿cómo puede uno saber que existe? Así que el problema aquí es cómo sabemos de esta identificación primaria.

«El varoncito manifiesta un particular interés hacia su padre; querría crecer y ser como él, hacer sus veces en todos los terrenos. Digamos, simplemente: toma al padre como su ideal. Esta conducta nada tiene que ver con una actitud pasiva o femenina hacia el padre (y hacia el varón en

general); al contrario, es masculina por excelencia. Se concilia muy bien con el complejo de Edipo, al que contribuye a preparar».

Primera pregunta que les hice en su momento y que vuelvo a hacer ahora: ¿qué es un padre para alguien, antes del Edipo? Porque diciendo “antes del Edipo”, se privan del hecho de que sea el interdictor del vínculo incestuoso con la madre —eso es precisamente el Edipo. Antes del

Edipo, ¿qué es un padre? Ustedes quizás me digan que se trata del tipo peludo que vive en la casa

Muy bien, puedo aceptarlo porque efectivamente suele haber por lo menos alguna

persona peluda conviviendo con el niño, y me parece importante estudiarlo. Pero si es antes del

con el chico

Edipo y si no vale por el sexo, ¿qué diferencia hay con la madre? ¿Por qué la identificación primaria es al padre? No puedo explicármelo sino del siguiente modo: aparentemente, los varoncitos tendríamos alguna especial preferencia constitucional por los pelos, o sea, por un

Si no, esa identificación primaria previa a toda elección y relación de

objeto debería producirse con relación a cualquier progenitor. Entonces, ¿por qué con el padre?

carácter sexual secundario

El segundo párrafo es aun más complicado:

«La identificación remplaza a la elección de objeto; la elección de objeto ha regresado hasta la identificación. Dijimos que la identificación es la forma primera, y la más originaria, del lazo afectivo; bajo las constelaciones de la formación de síntoma, vale decir, de la represión y el predominio de los mecanismos del inconsciente, sucede a menudo que la elección de objeto vuelva a la identificación, o sea, que el yo tome sobre sí las propiedades del objeto. Es digno de notarse que en estas identificaciones el yo copia en un caso a la persona no amada, y en el otro a la persona amada. Y tampoco puede dejar de llamarnos la atención que, en los dos, la identificación es parcial, limitada en grado sumo, pues toma prestado un único rasgo de la persona objeto».

Éste es el famoso «Identifizierung» que Lacan dice que fue su hallazgo, que estaba ahí en Freud pero que nadie, antes de él, lo había tomado. Identificación al rasgo que debe ser limitada en grado sumo, y que debe ser algo de la índole del Uno. Pero yo les pregunto: si es antes de la diferencia sexual, ¿cuál es ese rasgo Uno que tipifica al padre? ¿Entienden la contradicción? Por eso digo que tal vez sean los pelos; porque el falo no puede ser, ya que es pre-edípico, y no puede haber lógica fálica pre-edípica —si no, tenemos que repreguntarnos todo de nuevo. Si Ustedes me planteasen que el falo opera desde el comienzo, entonces yo les preguntaría qué es para Ustedes lo oral y lo anal. Si lo fálico está desde el inicio, entonces no tenemos cómo seguir en esa lógica.

Yo les propongo responderlo afirmando que efectivamente Lacan tiene razón al sostener esta enseñanza de Freud: en efecto, la identificación primaria es a un rasgo único paterno.

Intentaré demostrarlo con argumentos de Lacan y, en la próxima reunión, con argumentos lingüísticos.

PREGUNTA: ¿Qué necesidad tiene Freud de sostener esta «identificación primaria»?

A.E: Yo no tengo respuesta para eso. Clínicamente, no tengo respuesta para ello. Yo no encuentro respuesta a esto. Pero ahora vas a ver que, si le damos una vuelta, todos los términos se articulan para darnos esa respuesta. Sin embargo, hasta ahora, en la clínica no se verifica. Aclaremos que Freud no se dedica a la clínica de niños y que no ha atendido niños bien pequeños. Hay otros analistas que han tenido que atenderlos y han tenido el problema de elaborar una teoría para responder a esa clínica. Pero no son los problemas clínicos de Freud.

Este párrafo está en la página en la que viene hablando del síntoma, que es un síntoma histérico, una neurosis histérica adulta. Con lo cual, ¿cuál es la necesidad? Más aún, ¿quién de Ustedes trabaja con el «rasgo unario» y la «identificación primaria» en la clínica? Ésa es la respuesta: si nadie trabaja con eso, es porque no se verifica qué vínculo tiene con la clínica. Lo que nos queda pendiente es entonces por qué Freud lo postula. Quizás Freud pescó algo que no pudo formular de la mejor manera, algo que podría formularse de otro modo. Me parece que, en general, los analistas —que en eso somos sabios— tendemos a descartar lo que no encaja. No obstante, no conviene descartar lo que no encaja, sino que lo conveniente es dejarlo ahí escrito y sostener la pregunta de por qué Freud dice lo que dice en ese capítulo de «PSICOLOGÍA DE LAS

MASAS

».

Yo no trabajo con el mito freudiano del Edipo, y menos aún con la lógica del padre de la horda primitiva. Jamás tuve un caso en que el padre de algún paciente me hiciera acordar al padre de la horda primitiva (salvo en la misma medida en que el padre de alguien me pudiera recordar al

De manera que lo que deberíamos

mago Merlín, es decir, en cierto sentido figurativo y poético

hacer es retomar la definición correcta del Edipo; de este Edipo que no tiene nada que ver con el mito griego, ni con ninguno de los tiempos del Edipo desarrollados por Lacan en el SEMINARIO 5

—porque, por cierto, yo tampoco trabajo con “los tiempos” del Edipo.

).

Les propongo, entonces, que piensen en el siguiente problema: ¿por qué será que, en el

mientras está dictando las clases sobre el Edipo en su

escrito «DE UNA CUESTIÓN PRELIMINAR

»,

SEMINARIO 5, hace caso omiso de “los tiempos del Edipo”? Es un problema.

Me parece que se trata de cómo Lacan tomaba a su público, esto es, que a los psicoanalistas

no había otra forma que explicarles las cosas, sino en términos de evolución. Pero, sea como fuere, hay Edipo. ¿En qué sentido lo hay? En el sentido de que la posición de todo sujeto está determinada fundamentalmente por la demanda y los deseos de los personajes fundamentales de su familia. En ese sentido hay Edipo. ¿Cómo designar a los personajes del Edipo, desde la perspectiva de la teoría de Lacan? Lacan define «Padre» y «Madre» en «SUBVERSIÓN DEL

Y en esto estriba mi encuentro personal del que les hablaba antes. Yo no me había

SUJETO

dado cuenta de que, en «SUBVERSIÓN DEL SUJETO

Lacan define «Padre» y «Madre» mucho

Con esas definiciones

pude resolver los problemas que yo venía teniendo con respecto al Nombre-

»,

mejor que en el SEMINARIO 3 y que en «DE UNA CUESTIÓN PRELIMINAR

» del-Padre. Se lo leo:

de «SUBVERSIÓN

».

«Que el Padre pueda ser considerado como el representante original de esa autoridad de la ley, es algo que exige especificar bajo qué modo privilegiado de presencia se sostiene más allá del sujeto que se ve arrastrado a ocupar realmente el lugar del Otro, a saber de la Madre. Se hace pues retroceder la cuestión».

Bueno, está dicho por Lacan. Hay que darle dos o tres vueltas para hacerlo comunicable. Ha definido «Padre» y «Madre». «Padre» es el representante original de la autoridad de la ley. Lacan introduce ahí el concepto clave que es el de «autoridad». Nosotros solemos trabajar con que «Padre» es el representante de la ley y, como nosotros trabajamos que el representante fundamental en el mundo humano es el significante, decimos que es “el significante de la ley”. Pero no es así: «Padre» no es ni el significante ni el representante de la ley, sino el representante de la «autoridad» de la ley.

PREGUNTA: Así está definido en el «VOCABULARIO DE LAS INSTITUCIONES INDOEUROPEAS»,

cuando habla de “pater”.

A.E: Así es. Y por eso les recomiendo esa lectura. En ese libro se verifica lo que Lacan afirma del indoeuropeo. Lacan tiene razón. Es científicamente inobjetable que, en nuestra cultura, pater es eso. Lo que pasa es que nuestra cultura tuvo dos o tres inversiones en su desarrollo, que nos impiden reconocer el origen de la designación de pater —ya no sabemos cuál es, si no lo estudiamos. Hubo inversiones culturales que hoy en día nos dificultan la deducción del valor de designación de estos términos en sus orígenes indoeuropeos. Especialmente, voy a proponerles que ya no hay mas fratrías. Si nosotros viviésemos en fratrías no tendríamos que dar un seminario sobre el «Padre», ya que todo el mundo lo sabría. Pero como las fratrías han sido sustituidas por las familias, pasa a la oscuridad total aquello que designa «Padre».

Entonces, «Padre» es el representante original de la autoridad de la ley. Ésta es una definición categórica. Lacan nos dice que hay que pensar y especificar bajo qué modo privilegiado de presencia este representante se sostiene más allá del sujeto que se ve arrastrado a ocupar realmente el lugar del Otro, es decir, la «Madre». Por lo tanto, podemos desprender la definición de «Madre», a saber, el sujeto que realmente ocupa el lugar del Otro.

Como verán, son dos designaciones absolutamente asexuadas. Aquí, lo fálico no cumple función alguna. «Padre» y «Madre» no se distinguen por el falo, o sea, no viene en absoluto al caso que se trate de hombre o mujer. «Madre» —con mayúscula en el escrito— es el sujeto que realmente ocupó el lugar del Otro. Fíjense en las historias de los analizantes quién ocupo

realmente, en cada caso, el lugar del Otro. Pudo haber sido la madre, la tía, y aun el padre. Yo

tengo en análisis a comer

de

un

hombre

que

hizo

de

madre:

él

los

vacunaba,

les

daba

[Cambio de cinta]

mujer cumplía la función de padre, y hasta le hizo un juicio por la

tenencia de los hijos; es decir que la madre procuró tener todo el marco legal que en la sociedad

está típicamente más vinculado al padre. Hubo pues una completa sustitución de roles. La mujer está totalmente loca y él analiza cómo puede ser que termine, él, haciendo una sesión sobre la

función paterna de “la loca”

tener hijos con “la loca”—, pero no son tan radicales como la de por qué y cómo es que pudo haber dejado la función paterna a cargo de “la loca”. Él hizo de «Madre» porque ocupó realmente el lugar del Otro.

Hay otras preguntas que se hace —cómo es que llegó a casarse y

la

Por otra parte, cabe aclarar que Lacan afirma que se ocupa realmente el lugar del Otro. Conque no es cierta lo afirmación —sostenida en muchos ambientes lacanianos— de que el Otro es siempre un lugar vacío. Si el Otro es un lugar vacío, eso resulta en marasmo y hospitalismo, tal como lo estudió Spitz. El Otro es un lugar vacío u ocupado, dependiendo de los casos y del momento del caso —el lugar del Otro es un lugar tanto vacío como también ocupado. Aquel que lo ocupe realmente —esto es, en carne y hueso— será designado «Madre», sin importar su sexo biológico. Por eso las adopciones no son fallidas. Y por eso mismo no es ninguna locura que en ciertos países de Europa haya parejas homosexuales que adoptan niños. En este sentido, parece que podrían funcionar bastante bien, ocupando realmente el lugar del Otro.

Para Lacan, la clave es cómo se posiciona el representante original de la autoridad de la ley más allá de aquel que ocupe realmente el lugar del Otro. Vuelvo a leerles el párrafo en que Lacan nos define «Padre», «Madre» y el vínculo entre ellos:

«Que el Padre pueda ser considerado como el representante original de esa autoridad de la ley, es algo que exige especificar bajo qué modo privilegiado de presencia se sostiene más allá del

sujeto que se ve arrastrado a ocupar realmente el lugar del Otro, a saber de la Madre. Se hace pues retroceder la cuestión».

También nos habla del vínculo. Hay que especificar bajo qué modo se colocó más allá del sujeto que realmente ocupó el lugar del Otro. Es decir, debemos preguntarnos cuál fue la manera en que el representante original de la autoridad de la ley —el Padre— pudo sostener su presencia más allá de aquel que ocupó el lugar del Otro —la Madre. No digo que con esto tengan ya la lógica de cómo se introduce en la clínica, pero sí cómo pensarlo.

PREGUNTA: Volviendo al ejemplo de tu paciente que ocupó el lugar de la Madre. Decías que su mujer, “la loca”, hace un reclamo de tenencia que, supongo, lleva ante un juez. Pero, ¿cómo sigue? Digo, ¿qué hace el juez? ¿Quién ocupa ahí el lugar del Padre? Y el juez, ¿a quién da la tenencia?

A.E: Mi paciente la autorizó. O sea, “la loca” —él la llama así— presentó un escrito en el juzgado, en que él daba su consentimiento a que ella conservase la tenencia de los chicos.

INTERVENCIÓN: Como “madre”.

A.E: No, como “persona”. Los jueces no asignan función materna o paterna. El juez dice que tal persona, con nombre, apellido y con tal Documento Nacional de Identidad, tendrá a su cargo la tenencia de los hijos. Puede, por ejemplo, ser una abuela. Pero eso no designa a la Madre. El juez corrobora el pacto que había entre ellos. Si él no hubiese hecho ciertas cosas, el juez habría intervenido. La madre de “la loca” quiso en una ocasión internarla, pero él evitó esa internación. Si él no hubiese evitado esa internación, ¿creés que el juez habría decidido dar la tenencia a “una psicótica”? Pero él evitó la internación e hizo una internación domiciliaria. Así, el brote psicótico quedó en secreto. Y ahora tiene el problema de que, para recuperar la tenencia, no puede argumentar la psicosis de “la loca”, porque él mismo la ocultó.

PREGUNTA: Ahora bien, siguiendo este ejemplo en que tu paciente ocupa el lugar de Madre, ¿quién ocupa ahí el lugar del Padre, el de representante original de la autoridad de la ley?

A.E: No lo sé. No es el problema por el que yo me pregunto —los niños no están en tratamiento conmigo. Pero hay que establecerlo; hay que preguntarse quién sostuvo su presencia más allá de aquel que ocupó el lugar de la Madre. Pero todavía no lo sé. El mayor de los hijos ya fue tres veces preso, es adicto y vende droga. No sé en qué va a terminar toda esta historia. La tercera hija

tiene un atraso escolar al punto de la debilidad mental. Y, precisamente, este hombre se hace la pregunta a partir de la catástrofe de la vida de sus hijos. Observen cuán dormido estaba. Pero tal vez la respuesta sea: nadie. Él se posicionó como Madre, y se justifica mucho con eso: “Alguien tenía que darles de comer, y hacer las compras” —es la forma en que vela que no cumplió la función que quedó vacante. Hay una catástrofe en esta familia.

PREGUNTA: Quedó vacante por los efectos que se produjeron, no porque haya hecho las compras o porque los haya vacunado.

A.E: Obvio, él no termina de dar ese paso. Él no termina de comprender que él mismo se

distrajo con el carrito en el supermercado, para no ocupar su responsabilidad ocupada por la sociedad de ser el “padre” de sus chicos. Por ejemplo: ¿cómo vas a dejar que se críen con una

“loca”? ¡“Loca de atar” como diagnóstico estructural

es que ahí hay que sancionar, no comprar comida; hacer un juicio, quitarle la tenencia, y

Como madre es un desastre. Lo que pasa

!

llevárselos consigo.

PREGUNTA: [inaudible].

A.E: No entiendo a dónde vas con eso.

INTERVENCIÓN: Lo que pasa es que la locura de esta mujer le servía a este hombre para encubrir su falta y poder posicionarse en la función paterna.

A.E: Claro, es así. Él decía que llegaba a la noche y no había nada para comer en la heladera, y que los chicos estaban hacía un día sin bañarse y sin comer. Él los bañaba y les traía comida. Con ese argumento, él velaba que de lo que se trataba era de un acto simbólico, y no de calentar el puchero; había que plantear un juicio, quitarle la tenencia y llevarlos a una casa. Pero él vela una con otra.

PREGUNTA: Que haya sólo un progenitor no quiere decir que pase esto, porque puede ser que no exista el padre.

A.E: Es que aquí no importan los cuerpos. Hace falta al menos uno para que ocupe realmente el lugar del Otro. Y Spitz demostró que si no hay ningún cuerpo humano que ocupe realmente el lugar del Otro —aunque no tengamos muy claro el porqué—, un bebé de cuarenta días rechaza el

alimento y se muere —nadie lo tomó en su condición particular como “carne de mi carne”. Todavía no escuché ninguna explicación coherente de este misterioso fenómeno.

PREGUNTA: Me hace acordar al imprinting.

A.E: ¡Ah, no! No se trata de eso. No eran chicos tirados en la Puna, sino las mejores instituciones en donde había nurses y psicólogos (seguramente no faltaría ningún Lorenz caminando como un pato…). No es que no hacían representar la teta. No es eso —lean esos estudios—, sino que nadie lo tomaba como “carne de mi carne”; sólo era “el bebé de la cunita 8”, y nunca “mi hijo”. Se imaginan el problema de que una enfermera tome al bebé de la cunita 8 como su hijo. Ése es el problema, ésa es la extraña captura. Tiene que ser “carne de mi carne”. Ese abrochamiento inicial parece ser una condición de vida —no de neuropatología o de psicopatología—, porque parece que se mueren si no se los toma así. Y eso es la función materna, eso es «Madre» — ubicarse realmente como el Otro. Parece que, como mínimo, hace falta un cuerpo.

PREGUNTA: Si no, nos quedamos solamente con la función lógica. ¿Sería ése el vacío que designan algunos lacanianos de la función del Otro? Es decir, aportar lenguaje, aportar cuidados pero no encarnar esa función.

A.E.: No puedo seguirte bien.

PREGUNTA: Preguntaba si esto era ese “lugar vacío” que algunos lacanianos definían como el lugar del Otro, es decir, cumplir con la función de aportar lenguaje, cuidados en el sentido de la enfermera, pero no encarnar ese lugar.

A.E.: Claro. Y, si Ustedes quieren, rectificar relaciones del sujeto al lugar del Otro. Como analistas, también van a tener que encarnarlo aunque sea bajo la forma de una ficción. Con aportar significantes, cortes y silencios no hacemos nada. Hay que figurar la encarnadura de ese lugar, y hay que saber dejarlo alternativamente como vacío. Y también hay que saber ocuparlo realmente.

PREGUNTA: La queja de algunos pacientes que se atendieron con lacanianos también es ésa, es decir, la de que sus analistas lacanianos ni siquiera los miraban, ni les hablaban —como si siguieran real y literalmente esa lógica del lugar vacío.

A.E: Hay un montón de metáforas de Lacan muy complicadas al respecto. «Hacer el muerto», en

caso de no darse bien el contexto para ello, es sumamente complicado. Hay que conocer muy bien de qué se trata para poder hacerlo. Mi impresión es que la equivocación fundamental se produce porque nosotros tendemos a pensar y decir que “no hay Otro”. Pero lo que Lacan se dedicó a enseñar durante años es que «no hay Otro del Otro», y no que no haya Otro. Sin

embargo, nosotros tendemos a figurarnos que “no hay Otro”. Pero si es así, ¡arreglátelas solo

! Y

si el analizante se las arregla solo, entonces, primero, no le cobren; y, segundo, ¿para qué ir a análisis, si se las tiene que arreglar solo? Si uno va a someterlo al silencio, me parece que hay ahí algunas rectificaciones sobre la práctica analítica que nos convendría hacer

No porque aparezca una vez en Lacan un término, uno puede determinar que hay ahí una solución definitiva a un problema. Mi impresión es que puede ser, pero hay que verificar si esto efectivamente se articula clínicamente.

porque para mí no

podía ser que el «Padre», en tanto que función de autoridad, no estuviera así definido. Y

finalmente lo encontré. Dice:

A partir de estos encuentros, revisé «DE UNA CUESTIÓN PRELIMINAR

»

«Pero sobre lo que queremos insistir es sobre el hecho de que no es sólo de la manera en que la madre se aviene a la persona del padre de lo que convendría ocuparse, sino del caso que hace de su palabra,

He escuchado esto una enorme cantidad de veces en trabajos de psicoanalistas lacanianos que piensan que en la psicosis no se trata de cómo la madre se posiciona respecto de la persona del padre, sino de su palabra. Y van a ver que la cita sigue, y me parece que lo crucial es lo que viene a continuación:

« digamos el término de su autoridad, dicho de otra manera del lugar que ella reserva al Nombre-del-Padre en la promoción de la ley».

Con lo cual, el término clave es «autoridad». O sea que no se trata del caso que la madre haga de la persona del padre, ni siquiera tanto directamente de su palabra, sino de la autoridad que esa palabra tiene. Para Lacan, se trata, digámoslo así, del término de su «autoridad». Dicho de otra manera, del lugar que ella reserva al Nombre-del-Padre en la promoción de la ley. La autoridad es eso, la relación entre el Nombre-del-Padre y la ley.

Otro párrafo más para tener de esto una mejor comprensión:

«Cómo no habría de reconocerla Freud, en efecto, cuando la necesidad de su reflexión le ha llevado a ligar la aparición del significante del Padre, en cuanto autor de la Ley, con la muerte, incluso con el asesinato del Padre -mostrando así que si ese asesinato es el momento fecundo de la deuda con la que el sujeto se liga para toda la vida con la Ley, el Padre simbólico en cuanto que significa esa Ley es por cierto el Padre muerto ».

Ustedes conocen este párrafo. Les pido que escuchen bien este “autor de la ley” que es, ciertamente, un grave problema; porque habrán visto la cantidad notable de casos de psicosis de hijos de “legisladores” —no me refiero, por supuesto, a los verdaderos legisladores—, de tipos

que se posicionan en la vida como legisladores: “Porque acá, en esta casa, ¡las cosas se hacen como

yo digo!”. En la clínica, uno encuentra muchos padres de ésos. Pero habitualmente, ante un caso

de un muchacho totalmente esquizofrénico, se dice “Claro, es evidente: forclusión del padre de la

ley”

Y si se te aparece uno de esos salvajes, se dice típicamente “¡Uy! ¡Éste es re horda primitiva!”

PREGUNTA: [inaudible].

A.E: No, en ese caso no se trata de “autor de la ley” —no has pescado bien la noción de «autor»—, sino que se hace “legislador”, que es otra cosa. No te precipites, vamos a llegar igual.

efectivamente, para

terminar de argumentar en torno a la relación entre el Edipo y la psicosis, para Lacan la clave es la función de «autoridad». Y la pregunta con la que yo comencé esta reunión era la de cómo

entender la identificación primaria como rasgo único vinculado al padre, antes de toda relación de objeto. Les propongo, entonces, lo que para mí es la solución lógica del problema.

Entonces, como verán, en «DE UNA CUESTIÓN PRELIMINAR

»,

Primero, tenemos que investigar la noción de «autoridad». A ello nos abocaremos en la próxima reunión, estudiándolo desde una perspectiva lingüística con el texto de Émile Benveniste. Encontrarán en su libro un montón de perlas para el psicoanálisis (les recomiendo, en especial, todos los capítulos sobre el comercio).

En segundo lugar, para darles lo que para mí es la solución lógica del problema, les

propongo considerar «SUBVERSIÓN DEL SUJETO

».

En ese escrito, para Lacan, se trata de que:

«Lo dicho primero decreta, legisla, "aforiza", es oráculo, confiere al Otro real su oscura autoridad».

Ahí es donde entra la «autoridad». O sea, la autoridad proviene del dicho, y no de ninguna

función realizada por ninguna persona. Y solemos equivocarnos con este “aforiza”, porque en la edición castellana está entre comillas, mientras que en el original francés, no 17 . No sé porque se puso así en la traducción castellana de los «ESCRITOS» 18 . Nosotros a veces nos confundimos por “metaforizar”. Pero acá está dado en el sentido de “dar fuero”, o sea totalmente vinculado a la problemática de la ley. Lo que Lacan propone es que la autoridad que recibe el Otro real proviene del dicho. Lo dicho primero decreta, legisla, da fueros. ¿Entienden lo que es “fueros”? La posición relativa en el código legal diferente entre un ciudadano común, un juez, el presidente, un ministro y un legislador. Vieron que tienen fueros, o sea que se posicionan distinto respecto de la ley, en función de la ley. Por eso, muchos funcionarios se desesperan por conseguir un cargo que mantenga fueros después del cargo que tuvieron, porque saben que irán presos si pierden los

No es que salen del sistema legal, sino que el sistema legal otorga distintas posiciones

dentro de ese sistema.

fueros

Entonces, el dicho primero “aforiza”, confiere al Otro real su oscura autoridad —el Otro real recibe la autoridad de lo dicho. Con lo cual, si la función de autoridad opera en la familia, en el núcleo que genera la posición de un sujeto, de un niño, es porque proviene del dicho. Y este dicho que provee autoridad desplaza esa autoridad sobre aquel que encarna el lugar del Otro — ilusión primera para todo sujeto.

Vamos a pensarlo así: supongan que está el niño berreando en la habitación, y la madre grita desde la cocina “¡Ahí voy!”. ¿Qué es lo que él tiene ahí? Un dicho. Ahora bien, supongan que sucede una cosa increíble para los ojos del niño, esto es, que en efecto la madre venga a él. Entonces, lo que había afirmado el dicho, efectivamente se cumple. Para un niño ha de ser asombroso que su madre diga “¡Ya voy! Ya te llevo la mamadera” y que, poco después, su madre se haga presente con la mamadera en mano. Con lo cual, ven que ese dicho tiene un poder verdadero. ¿Qué poder? El de presagiar el futuro, el de que efectivamente la realidad se comporte en función del presagio del dicho. Ésta es la primera ilusión: el poder de presagio que tiene el dicho recae sobre la persona que realmente ocupa el lugar del Otro. Y por eso es que hay omnipotencia del Otro —no por otro motivo. ¿Por qué hay omnipotencia? Porque hay un desplazamiento del poder de la palabra hacia aquel que encarna el lugar de la palabra. De ahí que sea tan común que se imaginarice que la madre contiene los términos en su panza. No hay más que reemplazar por significantes las heces, los penes, los hijos y pechos que Melanie Klein incluía dentro del cuerpo materno, para darse cuenta de que es exactamente lo que se ve siempre. Melanie Klein tenía razón, pero no tenía el concepto de «significante». Para Lacan, son significantes lo que los chicos encuentran dentro del cuerpo de la madre. Se confunde el cuerpo del Otro con el cuerpo de la madre. Es una imaginarización bastante entendible porque uno ve

17 «Le dit premier décrète, légifère, aphorise, est oracle, il confère à l’autre réel son obscure autorité». 18 El verbo “aforizar” no existe como tal en el acervo de la lengua española (ni « aphoriser », en la francesa). Es probable que, por esta razón, el traductor haya decidido encerrarlo entre comillas [N.d.C.].

salir las palabras desde dentro del cuerpo del otro; y no solamente se supone que están todas allí dentro, sino que con la potencia de producirlo todo.

Y vieron que, para Klein, en ese interior primordial no se distingue el sexo, hay falos de la misma manera en que hay pechos —ese interior no está sexuado. Con Lacan, diríamos que están todos los significantes. Klein no llegó a teorizarlo de esa manera pero, en su clínica, lo observó. Y eso se le asigna a la Madre: no hace falta que sea una mujer, ni que haya parido, sino que quien encarne ese lugar tome al niño en su particularidad en tanto que “carne de mi carne”.

Entonces, para Lacan es el dicho primero aquel que introduce la función de «autoridad», y esa autoridad es desplazable. Y, ¿cuál es pues la condición de forclusión del Nombre-del-Padre? Cuando el padre o la madre hacen caso omiso de la autoridad de lo dicho, arrogándose esa autoridad a sí mismos, es decir, como si esa autoridad les fuese propia.

PREGUNTA: [inaudible].

A.E: Dicen lo que se hace, y lo que ellos dicen que debe hacerse, debe hacerse pura y simplemente por el hecho de que así ellos lo determinan, y no por el valor de lo dicho en sí mismo. Entiendan este problema: yo prometo a mi hijo que el sábado a la tarde voy a llevarlo a la Cuidad de los Niños; pero cuando llego de la reunión, luego de haberme pasado toda la mañana del sábado afuera, almuerzo y me voy a dormir mi siesta. Ahí adviene el problema de que eso ya había sido dicho; y no importa si lo dije yo o no, sino cómo me posiciono con respecto al hecho de que eso fue dicho. Con lo cual, yo debo posicionarme frente a eso que fue dicho. En cambio, el “legislador” no da valor a lo que dice por la autoridad del dicho, sino porque lo dijo él: “Mirá, te

dije que te iba a llevar pero, ¡me importa un carajo! Ahora no te llevo porque lo digo yo”. En este caso,

no vale por lo dicho. Lo que enseñan a los padres los pedíatras modernos —que ya se dieron cuenta de que los chicos de Occidente no duermen— es a respetar la autoridad de lo dicho. El

pediatra dice “Usted le dijo que le daría de comer cada tres horas, entonces, no le dé de comer cuando a Usted mejor le parezca porque, así, va a volverlo loco y el chico se pasará llorando toda la noche”

Aquí la clave es que el valor de autoridad proviene del dicho. Pero nos quedará pendiente por qué la identificación primaria es, para Freud, relativa al padre. Para eso, leeremos el texto de Benveniste. Y no comprendemos por qué la referimos al Nombre-del-Padre porque todos nosotros nos criamos en familias; nos criamos con “tatas” y “mamas”; y, con “tatas” y “mamas” no se puede saber qué es un «pater». Se trata de cómo se posiciona esa autoridad y la forclusión del Padre radica en hacer caso omiso de la autoridad de lo dicho. El Padre es el representante de la autoridad, o sea cualquier representante de un “No, pero fue dicho. Si le dijimos que lo íbamos a

mandar a tal colegio, al menos tenemos que explicarle que ahora me quedé sin trabajo y no va a ir a ese

colegio con todos los amiguitos”. Ese “al menos tenemos que explicarle” hace salir de la órbita de la ilusión de la autoridad propia, del peligro de creerse que uno tiene el poder, del peligro de un “Yo

te mando adonde yo quiera. Si ‘se me canta’, te saco de tal colegio y te mando a tal otro”. Éste es un tipo

de posición, pero muy distinta es la de que “Eso fue dicho”. Y la función paterna se adscribe a la autoridad del dicho —es el «dicho primero».

Les propongo que la identificación primaria en Freud se coherentiza con esa frasecita que

para que uno la leyera con atención, porque ésta es la explicación

de la identificación primaria, a saber, que es de la autoridad de lo dicho previa a la diferenciación sexual; en la entrada misma al mundo humano, es el primer rasgo de identificación. ¿Entienden por qué es uno? Porque es a la autoridad de lo dicho, o sea, el dicho tiene un valor per se; es el primer elemento y, una vez que eso está fundado, no hace falta fundarlo para cada frase. ¿Ven por qué es un rasgo único, reducido a uno? Porque lo es a la autoridad de lo dicho.

Lacan dejó en «SUBVERSIÓN

»

Y nos queda pendiente trabajar por qué designamos «Padre» al representante original. Lo designamos de ese modo porque es así en nuestra cultura. Quiero trabajarlo con Ustedes palmo a palmo, para que les pase como a mí y se sorprendan de esta verificación notable que hace Benveniste. En su libro, desarrolla que desde el origen de nuestra cultura, «pater» es el “nombre del padre”; y su función, en sí misma, no es la ley. Observen cómo hemos llegado a desprendernos de la ley. Ya no nos hace falta hablar de la ley. Lo cual nos viene como anillo al dedo porque un juez puede perfectamente ser psicótico, o bien, sin serlo, puede perfectamente ser un padre psicotizante. No importa el vínculo de la ley social, sino el vínculo con la autoridad de lo dicho. Y así, será psicotizante cualquiera que se posicione haciendo caso omiso a que es lo dicho quien decreta, legisla, aforiza y confiere al Otro real su oscura autoridad. Cualquiera que se posicione como propietario de esa autoridad, como “legislador”, necesariamente es psicotizante. Es una lógica bastante cerrada.

PREGUNTA: Lo entiendo mejor en la película Shine, en la que el padre ocupó cierto lugar. Me dijeron que el diagnóstico es una psicosis maníaco depresiva. Y vos hablaste de los lugares del padre y de la madre, ¿podrías relacionarlo con este caso?

A.E: Tomemos esa ficción como si fuese una historia clínica, esto es, no nos preocupemos hoy en precisar el diagnóstico; partamos de la suposición de que es una psicosis y, en caso de serlo, lo que yo les propongo es que fue el muchacho quien tuvo que posicionarse más allá de aquel que se vio arrastrado a ocupar realmente el lugar del Otro, es decir, la Madre. Y esa madre es un verdadero fracaso porque el que encarnó realmente el lugar del Otro, para ese muchacho, fue el padre. Y el que falló en posicionarse más allá como siendo el representante de la autoridad original del dicho, fue la madre. Él iba a competir en un concurso y se le había dicho que sí. Me refiero al valor que eso tuvo. Quien falló allí fue la madre, porque el padre arrasaba sobre toda consideración. Y la consideración fundamental es la autoridad del dicho —recuerden cómo creó Dios al mundo: «Y Dios dijo:

PREGUNTA: El Verbo.

A.E: Claro, pero el problema es que el verbo no es la palabra. Ahí hay que distinguir entre el Génesis y el Evangelio según San Juan, porque “verbo” y “palabra” no son lo mismo.

Quedémonos con el Génesis, en donde Dios crea vía la palabra. En ese “Y Dios dijo:

dicho el que dice lo que va a pasar.

” es el

Lo que Lacan propone es que la identificación primaria al rasgo unario sólo puede ser entendida como la identificación en el sentido de internalizar la autoridad del dicho. Una vez que se ha logrado internalizar la autoridad del dicho, no habrá psicosis en el futuro. Es original, no hace falta recurrir al falo ni al Edipo —se trata del comienzo. Perfectamente se puede establecer que, en el comienzo de la introducción del lenguaje, o sea, de la condición humana, para alguien se hace lugar —o no se hace lugar— a la autoridad del dicho. Si no se hace lugar a la autoridad del dicho, puede decirse que ha sido forcluido el significante del Nombre-del-Padre, porque es mediante el Nombre-del-Padre que se designa la autoridad original del dicho. Y eso porque en el origen de nuestra cultura se concibió al Nombre-del-Padre como siendo el representante de la autoridad. Pero, en realidad, el Nombre-del-Padre es una metáfora para nuestra cultura, porque la cultura de la que hablamos es la de parte de Asia, Europa y la América post-colombina. Es decir que quedan muchas otras culturas por afuera. Pero de cualquier manera, Occidente se encuadra dentro del marco del indoeuropeo —no hay posibilidad de hablar de Occidente, sino dentro de los límites del indoeuropeo.

En la próxima reunión, intentaré demostrarles que en el indoeuropeo jamás nadie confundiría el Nombre-del-Padre con “tata” o “atta”, porque el Nombre-del-Padre era lo que daba la comunidad fraterna, la fratría; y aquello que daba la fratría estaba por encima del tonto ese que era tu papá —que habitualmente no pincha ni corta en las fratrías. Es más importante el vínculo que se tiene con los fráteres. Y lo que determina la posición que se tiene, o no se tiene, con respecto a los fráteres, es precisamente el Nombre-del-Padre de la fratría, y no el papá.

Para nosotros, hoy en día, eso ya no es así porque la estructura fundamental es la familia conyugal. No tenemos más fráteres, no hay más fraternidades como estructura fundamental en Occidente. Todavía quedan ciertas fratrías en algunas pocas comunidades, pero ocurre que las fratrías no pueden operar por debajo de cierto número, ya que dada la interdicción del intercambio de las mujeres, tiene que haber un mínimo de ochenta o noventa miembros para que hagan subfratrías, para que pueda haber una permutación. Cuando los grupos se reducen mucho, por exterminio o enfermedades, como en la selva amazónica, la estructura social se desintegra.

Advirtiéndolo o no, nosotros tendemos a asociar muy íntimamente el Nombre-del-Padre al papá, porque no solamente recibimos el apellido por vía paterna, sino que además ya no vivimos en fratrías. Eso ha producido que hayamos perdido también las prescripciones matrimoniales, lo cual está produciendo en Occidente una modalidad de intercambio sexual muy notable, esto es, que la gente no se casa. No estoy diciendo que no puedan constituirse muy lindas parejas sin el matrimonio civil o religioso, sino que se verifica una notable tendencia a no casarse. Esto ocurre porque ha cambiado mucho la estructura del vínculo. Ya no hay fratrías ni sus equivalentes. ¿Qué

equivalentes? Muchas veces, las comunidades extranjeras funcionaban como fratrías. Así, por ejemplo, la fraternidad de los japoneses, o la de los judíos eran casi como fratrías que daban no tanto la proscripción sino la prescripción matrimonial. En nuestro mundo ha cambiado tanto esa estructura, que hoy en día nos resulta imposible distinguir entre “tata” y la función simbólica que vincula a los fráteres entre sí, a saber, el Nombre-del-Padre. La función del Nombre-del-Padre es la de armar el grupo en donde están las prescripciones y las proscripciones matrimoniales, y no la familia nuclear.

Como nosotros nos hemos criado en y con la familia nuclear, inexorablemente siempre confundimos «Padre» con “tata”, que son dos designaciones distintas. Designaciones que para nosotros incluso son equivalentes. Y para Lacan no hace falta una presencia real, más bien la función del Padre no tiene nada que ver con la muerte ni con el «Padre muerto», ni con la horda primitiva. No tiene nada que ver con eso. Pero si lo articulamos al «Padre muerto» freudiano, lo hacemos porque es más allá de la encarnadura real del Otro. En este caso sí puede hacerse una articulación con el «Padre muerto», pero no con relación a la muerte porque se trata de una función que no es de ninguna persona, sino de la de la autoridad de lo dicho. Así, lo que determina la operatividad del Nombre-del-Padre dependerá de cómo se posicionen los representantes del Otro para determinado sujeto, en relación con la autoridad de lo dicho.

Lo que nos queda pendiente para la próxima es por qué llamamos «Nombre-del-Padre» a la autoridad de lo dicho. Hoy les di sólo algunos ejemplos. Pero no pierdan de vista que se trata de la autoridad de lo dicho, y que el orden simbólico y la legalidad que están en juego es la de la autoridad de lo dicho —no se trata en absoluto del Código Penal o Civil de ninguna cuidad, ni de país alguno. Se trata de dos modalidades de la ley —que tomaré también del libro de Benveniste—, a saber, Thémis y Díkē. Aquello que se precluye en la forclusión del Nombre-del- Padre es la autoridad de lo dicho, pero no el código compartido. Quizás los padres de un psicótico no tuvieron respecto de la ley ningún problema. ¿Acaso han atendido Ustedes muchos pacientes psicóticos cuyos padres tuvieran muchos problemas con la ley comercial, penal o civil? No tiene que ver con eso. Pero, entonces, ¿a qué se refiere la forclusión de la ley en el ambiente donde se cría un psicótico? Se trata del rechazo de la autoridad de lo dicho. Pero, ¿en qué consiste? En que cuando quien encarna el lugar del Otro se posiciona como siendo el poseedor, el propietario de esa autoridad. Para esto no hace falta que haya dos personas: un niño puede ser criado por una sola persona y se puede cumplir perfectamente la metáfora paterna. ¿En qué caso? En el caso de que esa persona que lo crío —madre soltera, padre viudo o la abuela— se haya posicionado respetando la autoridad de lo dicho. Si respeta la autoridad de lo dicho, la metáfora paterna habrá operado. Y si no ha operado, advendrá un psicótico para quien el poder que proviene del Otro no fue inscripto originalmente como limitado, ya que el poder es verdaderamente el del dicho.

PREGUNTA: Y cuando el dicho es diferente entre padre y madre…

A.E: ¿Cómo definís “padre” y “madre”?

INTERVENCIÓN: A los de la familia nuclear de la que estamos hablando.

A.E: Ah, no como lo definí yo.

INTERVENCIÓN: No. A los de la familia: el papá, la mamá y el hijo. Hay un dicho para la madre y hay un dicho para el padre.

A.E: No, no. El dicho es independiente de padre y madre. El dicho es el dicho, no lo que dice la mamá o lo que dice el papá. No importa de dónde provenga. Y «Madre» por respeto a ese dicho serán atta y anna, es decir, mami y papi en indoeuropeo; y habrá que pensar, más allá de la posición de atta y anna, qué habrá sido para un sujeto determinado el representante original de la autoridad del dicho. No hay los dichos de mami y los dichos de papi.

INTERVENCIÓN: Pero en las familias ocurre eso, que está el dicho de papá y que…

A.E: Pero en las familias no hay «Madre» y «Padre», sino que hay papá y mamá, papi y mami, tata y mama, atta y anna.

INTERVENCIÓN: De acuerdo, dichos de “tata” y “mama”.

A.E: No, no dichos de tata y mama, porque ésos son decires. El dicho es algo que adviene per se.

INTERVENCIÓN: Pero son tata y mama, uno toma uno, y otro toma otro.

A.E: Pueden ser dos imbéciles que digan la misma sandez… Ahí se arman las historias. Pero esto es más allá del contenido del dicho. Tomemos ese caso reciente, el de ese sobrino de Perón que aspiraba a la candidatura de no recuerdo qué función pública. Ese tipo se llamaba “Perón” y se posicionó de un modo tal que creía que, con sólo portar ese apellido, tendría la candidatura, la elección y el futuro asegurados. Nacer con un apellido es ya un dicho en sí mismo, pero no es el

dicho de nadie, y a veces ni siquiera hace falta que sea expresado en palabras —más aún, puede haber sido ocultado durante mucho tiempo que alguien lleve en verdad tal otro apellido.

PREGUNTA: [inaudible].

A.E: Las palabras funcionan así. La autoridad proviene del dicho, y no de las personas —que son, en última instancia, vehículos de ese dicho.

Les propongo que, en la familia, tata y mama son los representantes reales del Otro y constituyen el escenario del Edipo; no porque alguien quiera acostarse con nadie, si no porque hay que estudiar sus demandas y sus deseos en análisis. Y lo que hay que estudiar para el tema del Nombre-del-Padre es cómo esos personajes se posicionan frente a la autoridad del dicho. De este modo, si el dicho tiene valor de autoridad en sí mismo y per se, la metáfora paterna ha operado y el Nombre-del-Padre está inscripto, independientemente del apellido y de todo eso. Y si en lugar de eso el representante del Otro se posiciona como siendo él el poseedor de la autoridad y del poder, no respetando lo que es equivalente en el dicho, entonces la metáfora paterna no ha operado.

Y observen Ustedes que así se puede decir muy claramente que no hay elección de psicosis, en el sentido de la elección de neurosis: eso no es responsabilidad del sujeto porque esto sucede en el campo del Otro —a diferencia de la histeria, la fobia y la obsesión, que son respuestas del sujeto. Es increíble que uno elija ser histérico u obsesivo. ¿Cómo voy a elegir, si ni siquiera sé qué soy? Es verdaderamente muy complicado el concepto de «elección de neurosis», pero yo lo sostengo. De hecho, de lo que uno se cura en un análisis, si hace una cura completa, es precisamente de esa elección.

INTERVENCIÓN: Elegís las dos.

A.E: No, hay otras opciones como, por ejemplo, la del analista. Analista es otra opción, es una opción que se puede elegir después de un análisis, y que no implica necesariamente practicar el análisis. Pero la psicosis, como forclusión del significante del Nombre-del-Padre, es una maniobra del Otro que radica en no respetar la autoridad del dicho. Si respeta la autoridad del dicho, quiere decir que ha operado el Nombre-del-Padre, pero no porque tata haya hecho nada, ni siquiera porque haya hecho algo en representación respecto de mama. Puede ser que uno de ellos —e incluso ambos— se posicione como dueño de la autoridad, como “legislador”, y, en ese caso, nos llamará la atención el hecho de que el otro partenaire no hizo obstáculo a ello. Y si no hizo obstáculo a eso, ya no podrá hacerlo nunca porque el vínculo del sujeto es a Otro. Por eso, esto es identificación primaria antes de toda relación de objeto. Es decir que el psicótico se vincula

desde el origen a un Otro que posee la autoridad del dicho. Prueben la autoridad del dicho con un psicótico, y verán que es muy limitada. Prueben con ellos intervenciones del tipo de “Usted no

va a tener más alucinaciones, o bien “Intente no hacer eso porque si no, le vendrán las alucinaciones”.

¿Por qué no le dicen que no quiera más a su mamá? Porque Ustedes saben bien que el poder que ella representa es ilimitado con respecto a Ustedes. Y, ¿por qué? Porque como para el sujeto no opera la autoridad de lo dicho, no puede haber desplazamientos en ese sentido; si no hay autoridad para el dicho, nadie puede venir y decir Yo también tomo un poco de esa autoridad y te digo tal cosa”. Eso que uno dice no valdrá nada en función del representante del Otro que absorbió toda la autoridad.

PREGUNTA: ¿Estás diciendo que no puede creer que pueda suceder? ¿Por qué lo decís?

A.E: Claro, todo lo que puede suceder es un atributo de la mamá, y no del dicho.

INTERVENCIÓN: Es decir que no le causa duda, tiene certeza de que eso no va a ser así.

A.E: Porque no hay límite que él pueda poner a operar a la autoridad del dicho del Otro —no hay límite al dicho del Otro. Conocen esos casos en que se les ordena matarse y, sin más, se

matan. Si las voces empiezan a decirle “¡Basura! ¡No servís para nada! ¡Sos peor que una cucaracha!”,

¿Ustedes no se preocupan? Lo digo por el pasaje al acto suicida tan común en la psicosis. Eso ocurre porque Ustedes no pueden quitarle autoridad a esas voces. A veces ocurre que se les puede quitar la autoridad, pero no dura más que el breve tiempo de la sesión o algo más allá —al día siguiente ya está de nuevo desesperado por las voces. Eso es lo agotador de la psicosis, hay que decirle todos los días lo mismo. ¿Por qué? Porque la autoridad está adscripta al Otro y es imposible de quitársela ya que eso es anterior a la constitución del Otro. El Otro ya se constituyó así, porque, para Freud —como para Lacan—, lo primero, lo original es si la autoridad queda pegada al dicho. Si la autoridad queda pegada al dicho, el Otro será ya no-todo.

PREGUNTA: ¿El dicho sería la fratría que prescribe y proscribe?

A.E: El dicho, en la fratría, es muy interesante. Piénsenlo por la vía del ritual. Habrán visto los rituales Sioux para la lluvia. A nosotros nos resultan ridículos y, sin embargo, si en Buenos Aires nos sorprendiera una grave sequía, el cura de la parroquia no dudaría un instante en sacar a pasear a la Virgen en procesión, tan paradita ella en su maderita… No me van a negar que es un símbolo fálico evidentísimo o, ¿acaso alguna vez vieron a una Virgen acostada…? Esos ritos fálicos son de

antiquísima data, y seguimos practicándolos porque sencillamente estamos convencidos de la potencia de la autoridad del dicho, manifestado muchas veces bajo la modalidad del ritual. Si por alguna razón en la fratría no se cumplía con alguno de esos rituales, se sucedían hechos nefastos. Así, por ejemplo, si alguien había pisado inintencionadamente un terreno prohibido cuyo acceso estaba penado con la muerte, muchas veces sucedía que al día siguiente aparecía muerto; y no porque alguien lo matara, sino por el poder de la autoridad del dicho. Eso es lo increíble de la «eficacia simbólica» de Lévi-Strauss. Pero la eficacia simbólica no es propiedad de tata o mama, sino que corre para todos por igual. Y si la eficacia del símbolo no está limitadamente adscripta a tata y mama, hay pues forclusión del Nombre-del-Padre y psicosis. En las fratrías, el dicho opera como un único corpus que da cuenta de la educación, de la tradición, de los cumplimientos de los deberes sociales, de la filiación, etc. Todo eso es el dicho y tiene valor per se. Es todo un sistema al que se le asigna valor. Y si el sistema no tiene valor, es porque quedó pegado al Otro. Si quedó pegado al Otro, es original y eso ya no podrá ser limitado más que muy parcialmente y de un modo muy circunscrito. Por eso los tratamientos con psicóticos tienen otra dinámica.

PREGUNTA: Yo quería preguntar cómo conciliar el respeto por la autoridad del dicho con la aseveración lacaniana de que «el analista no se autoriza sino de sí mismo».

A.E: La primera articulación posible es que me parece que el dicho ya te agarró a vos y te hizo víctima y empezaste así a encontrar —tal como a mí me pasó— otros lugares muy importantes en donde Lacan utiliza la noción de «autoridad». Efectivamente, Lacan piensa la posición del analista como autorizándose, esto es, sin reconocer para eso el poder de ningún Otro. Esto es muy interesante. Te propongo pensarlo en el mismo sentido: nadie puede decir que vos seas analista, ni nadie puede decir que vos no lo sos; dependiendo de cómo vos te posiciones frente a la demandas por sufrimiento que se te hagan, y de cómo vos respondas a ellas, serás o no «analista». Con lo cual, verán que todos los procedimientos de garantía que las sociedades producen no resuelven el problema.

Que el analista no se autorice sino de sí no quiere decir que se tenga rienda suelta para practicar el análisis sin haberse analizado, sin hacer supervisiones, y sin saber una pepa de nada, tal como muchos lacanianos parecen haberlo entendido. Eso no quita la responsabilidad que uno tiene por la práctica. Y si uno no acepta los dispositivos vigentes en la formación del analista, debe proponer cuáles cree entonces que son los dispositivos que corresponden para ello. Hay que distinguir muy bien «el analista se autoriza de sí mismo» de una posición del analista solitaria e independiente del resto. Lo que Lacan está diciendo es que ninguna persona tiene la autoridad o el poder de decidir que “Tú eres analista”, o no. No hay que olvidar que cuando Lacan dijo eso, en ese momento, en el psicoanálisis estaba ya planteada la polémica de que el analista solamente advenía como tal si era avalado por una sociedad. Pero Ustedes están ya en un mundo distinto. En la época en que yo me gradué, en la APA no aceptaban psicólogos para la formación de analistas: necesariamente uno debía ser médico. Y cuando a Lacan lo echaron como didacta, empieza a advenir toda otra posición en el psicoanálisis

[Cambio de cinta]

……………… Es cierto que en la posición de enunciar una interpretación, nadie dice si sos o no sos con el poder de decirlo. Mi impresión es la de que habría que distinguir entre quienes son analistas porque se designan analistas —y expreso mi respeto hacia ellos—, de quienes dicen que tal sociedad te reconoce como analista; lo que no quiere decir que los no reconocidos por esa sociedad no lo sean, sino que esa sociedad responde —“responsabilidad”— por al menos algunos caminos que esa persona atravesó. Pero el hecho de que yo quiera que Ustedes me avalaran como analista —porque uno puede ser analista sin ese aval— no significa que se deja de autorizar a sí mismo; porque lo que uno reconoce son analistas según las normas de esta sociedad, y no que los otros no sean analistas. Antes, con la IPA teníamos problemas. Hasta la ley que salió con Alfonsín, era ilegal la práctica del psicoanálisis por fuera de la gente que tuviese el título de médico. Con lo cual, cuando los psicólogos nos graduábamos teníamos el problema de que no sabíamos si correspondía o no que nos inscribiéramos con matrícula, porque no sabíamos si en el Código tener matrícula igualmente nos ponía entre la espada y la pared, porque los psicólogos no podíamos practicar. Hay muchas consideraciones, pero efectivamente nadie puede decir si que tú eres, o no, analista.

Bueno, hoy nos detendremos aquí.

Establecimiento del texto: Lic. Luciano Echagüe

Clase Nº 5 (11-09-1999)

El tema del próximo encuentro va a ser “el orden simbólico”, y la bibliografía que voy a utilizar incluirá el capítulo dedicado al Derecho, del libro de Benveniste «VOCABULARIO DE LAS

INSTITUCIONES INDOEUROPEAS»; el libro de Roger Callois «EL HOMBRE Y LO SAGRADO»,

editado por Fondo de Cultura Económica 19 ; el libro de Rudolf Otto, «LO SANTO», de Alianza

Editorial 20 ; y también «ANTÍGONA» 21

SEMINARIO 7 de Lacan. Quisiera que revisaran un poco lo que trabaja allí Lacan, acerca del momento en que se produce la oposición entre las leyes de la cuidad sostenidas por Creonte y lo que Antígona replica como un argumento de derecho en contra de las leyes que aquél sostiene como las leyes de la ciudad —que son las otras leyes, las leyes de los dioses, según nos lo dice Lacan. Y les pido revisen este problema porque efectivamente vamos a trabajar con la forma de concebir el orden simbólico, y van a ver que nos va a resultar imperioso distinguir entre dos tipos de leyes. Se nota que en ese momento Lacan no tiene el conocimiento que hoy tenemos del

de Sófocles y todo lo que sobre Antígona se trabaja en el

indoeuropeo, porque si no, inexorablemente hubiese trabajado con Benveniste. Ocurre que el SEMINARIO 7 es del 60’ y el libro de Benveniste se edita recién en el 69’.

Ésa es pues toda la bibliografía que usaremos para la próxima. El tema es “el orden simbólico” que estudiaremos desde la siguiente perspectiva: la de cómo varía la función, la operación del orden simbólico para el sujeto, si opera o no opera el «Padre». O sea que con el tema de nuestra próxima reunión intentaremos dar cuenta de cómo entender la alucinación, cómo puede ser que haya alucinaciones.

§

Nuestro tema de hoy es el «Nombre-del-Padre», que articularemos con los desarrollos del

libro

proponerles como primer punto de reflexión —y con ello me estoy justificando—, la cuestión de la articulación, en la enseñanza de Lacan, del psicoanálisis con otras ciencias. Si Ustedes hacen una comparación a muy grosso modo entre la estructura de la enseñanza de Lacan con, por ejemplo, la de Melanie Klein, notarán una enorme y radical diferencia, esto es, que Lacan permanentemente sostiene lo que él concibe que es lo específico del psicoanálisis, articulándolo con otras disciplinas. En Klein, esto no existe. Klein jamás hace articulaciones —he leído y trabajado mucho con la obra de Klein— con otras disciplinas; no van a encontrar argumentos kleinianos sostenidos en saberes de otra índole. Y aun en Freud —salvo algunas pocas referencias a la neurología y la mitología— también es muy poco lo que Ustedes puedan llegar a encontrar como base argumentativa de tal concepto psicoanalítico, de apoyos sobre otras ciencias. Así

Quiero

de

Benveniste,

«VOCABULARIO

DE

LAS

INSTITUCIONES

INDOEUROPEAS».

19 R. Callois, «El Hombre y lo Sagrado» (F.C.E., Buenos Aires, 1998, ISBN: 9681615239). 20 R. Otto, «Lo Santo: lo racional y lo irracional en la idea de Dios» (Alianza, Madrid, 2001, ISBN:

8420637254).

21 Sófocles, «Tragedias» (Alianza, Madrid, 1998, ISBN: 8420636606).

como en psicoanálisis lacaniano no se puede terminar de decir qué es el «significante de una falta en el Otro» si uno no concibe previamente lo que es la raíz cuadrada de -1. Esa forma de argumentar es propia de la enseñanza de Lacan, y si hacemos un paneo muy a vuelo de pájaro, ¿qué podríamos decir sobre el valor de las articulaciones en la enseñanza de Lacan con la antropología, que es de donde Lacan obtiene la noción de «estructura»? Porque Lacan siempre se consideró heredero en su uso de la noción de «estructura», y nunca del movimiento cultural concebido como culturalismo. Lacan nunca se creyó heredero del culturalismo, sino de la noción de «estructura» tal como se manifiesta en la antropología de Lévi-Strauss.

¿Y cómo pensar al psicoanálisis desde la perspectiva de Lacan, sin la profunda y esencial articulación con la lingüística? ¿Y de la topología? Hay argumentos que en Lacan, con respecto a la relación del sujeto y el Otro, terminan siendo completamente desarrollados a partir de superficies topológicas. Y aun la relación entre los registros, el último y más acabado argumento, el del nudo borromeo de cuatro círculos, es inconcebible por fuera de la argumentación topológica. Entonces, las matemáticas, la filosofía, la retórica, la noción de «saber» que Lacan toma de la epistemología, la teología, etc., ¿qué relación creen Ustedes que tienen con el psicoanálisis? Creo que podríamos polarizar las respuestas desde la perspectiva de “Bueno, es una

modalidad de Lacan, es la forma de argumentar de Lacan; pero hubo otros psicoanalistas que no la tomaron y, más aún, el psicoanálisis existe a partir de Freud sin esas articulaciones”. Pero hay por cierto

otra forma de responder por ello. Mi respuesta es la siguiente: que hace a la estructura misma del psicoanálisis la articulación con otros saberes. Es decir que estoy planteando la estructura del saber que designamos como «psicoanálisis» —y no su práctica—, en tanto que estructura de saber como saber intersticial de varios campos de saber. Obviamente estoy justificando por qué voy a proponer como la más fuerte base argumentativa para el «Nombre-del-Padre» un desarrollo lingüístico como es el estudio de lenguas comparadas, que es éste del indoeuropeo. Tengo la impresión de que no estoy haciendo una excursión a campos extrapsicoanalíticos, utilizados como forma metafórica para dar cuenta de un concepto, sino que lo que vamos a hacer hoy es de la más pura cepa psicoanalítica —al menos lacaniana—, o sea, vamos a hablar de lingüística. No vamos a hablar de casos, ni de conceptos psicoanalíticos. Vamos a hablar de lingüística que es, según lo creo, una modalidad propia y específica al psicoanálisis —al menos en su vertiente lacaniana.

Como verán, no me siento muy tranquilo, no estoy muy seguro de si el valor que esto tiene para mí, pueda llegar a ser el valor que Ustedes le den. Así que voy a seguir argumentando, como buen obsesivo, en el mismo sentido de qué valor puede llegar a tener una argumentación tomada de la lingüística para resolver todas las paradojas que hemos trabajado juntos acerca de muchos argumentos que tenemos en torno al «Padre» en psicoanálisis.

Entonces, dos argumentos fundamentales. El primero estriba en que si Ustedes no aceptan la argumentación lingüística, no sé entonces qué alcance puedan dar a la fórmula «el inconsciente está estructurado como un lenguaje». Si en cambio aceptan como premisa que el inconsciente está

estructurado como un lenguaje, es evidente que para saber del inconsciente se hace necesario ir a estudiar el lenguaje. Por otra parte, si de lo que se trata es del significante de Nombre-del-Padre, como solución a todas las paradojas que yo resumí para Ustedes en las dos primeras reuniones, estamos pues obligados a abocarnos directamente al estudio de la religión, y, en especial, del cristianismo; porque es de allí de donde Lacan toma el “Nombre del Padre”. El “Nombre del Padre” es una fórmula en la cual “Padre” participa de la Santísima Trinidad: “en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”. Creo muy pertinente el estudio de esta argumentación que considera la religión cristiana. Y —como Ustedes saben, de esto ‘toco de oído’ porque soy un judío hablando del cristianismo— no se les debe escapar el hecho de que la Santísima Trinidad es una trinidad que hace uno, y, al hacer uno, obviamente no sabemos bien qué quiere decir que este tres haga uno, porque es un “Misterio” para la religión cristiana. La religión cristiana es una religión de misterios, cosa muy olvidada en la actualidad, ya que el momento del florecimiento y desarrollo de toda la doctrina cristiana —la época de “los Padres” de la Iglesia — fue la época en que en Occidente estaban en auge como nunca lo estuvieron antes las religiones de misterios, los misterios órficos, los de Eleusis, etc. Ése fue el clima en que se constituye el cristianismo, ya no en su vertiente hebrea sino en la vertiente grecorromana. Y los Padres de la Iglesia articulan muchísimo la tradición hebrea al desarrollo cultural de esa época.

Nos va a exigir además el estudio profundo de las religiones, porque deberíamos siempre en psicoanálisis estar advertidos del problema de que para el hombre occidental moderno, creyente o ateo, se confunde mucho “religión” con “cristianismo”. Pero el cristianismo no es la única modalidad de lo religioso. Con lo cual, les propongo que el estudio del «Nombre-del-Padre» nos exige abocarnos a examinar religión, teología, e historia de las religiones, pero no exclusivamente circunscritas al cristianismo. Y también nos impele al estudio de la función del nombre, al «nombre propio» que, inexorablemente, nos obliga a su vez a trabajar con la lingüística, para así terminar de entender qué es un «nombre propio». Ustedes saben que hay una gran cantidad de clases de los seminarios de Lacan —especialmente en el SEMINARIO 9— dedicadas al estudio del «nombre propio». Y Lacan prolonga durante muchos años la respuesta a la pregunta de qué es el «nombre propio», pregunta que es de la misma factura que la de qué es un «nombre común»; porque, aunque parezca mentira, los nombres comunes, los sustantivos comunes, no dejan por ello de ser «nombres». La metáfora con la que trabaja Lacan esos problemas es la de Adán dando nombre como un padre a las cosas (recordarán que los animales desfilaban delante de él para que fuera poniéndoles nombres: es un acto de nominación tal cual como puede serlo el de un padre respecto de sus hijos, dándoles nombres en la medida en que van apareciendo delante de él).

Y acentuaré hoy que el Nombre-del-Padre también indica toda la problemática del linaje. De manera que si Ustedes van a trabajar el concepto de «Nombre-del-Padre», no sólo van a tener que trabajar con religión y lingüística, sino también con antropología, porque el Nombre-del- Padre es una modalidad de linaje. Estoy yendo un paso más allá de decir “patrilineal”. El Nombre-del-Padre es una especificación de los linajes patrilineales. Y, finalmente, hay un problema matemático que se asocia al de la Santísima Trinidad, habitualmente olvidado por los

comentaristas de Lacan. No olviden que «Nombre-del-Padre», desde determinado momento en la enseñanza de Lacan, se escribe con guiones. A pesar de ello, es muy frecuente encontrar en textos de comentaristas lacanianos de muy buen nivel, “Nombre del Padre” sin sus guiones; mientras que Lacan lo escribe con guiones: «Nombre-del-Padre». Lacan jamás nos dijo por qué lo escribió de ese modo, pero vean que aquí tenemos el mismo problema —yo creo que matemáticamente planteado— del tres y del uno, porque en efecto se trata de tres términos aunados mediante los guiones. Así que vean que el concepto del «Nombre-del-Padre» nos implica el problema de analizar también esta escritura que, según creo, tiene un sustrato aritmético muy importante.

§

La propuesta de hoy es trabajar con la noción de «nombre del padre» en el indoeuropeo, a partir de los desarrollos —que yo sepa no superados hasta hoy por ningún autor— que Benveniste hace en su «VOCABULARIO…». Y creo poder justificar el porqué de esta propuesta de trabajo de hoy sobre el indoeuropeo y el libro de Benveniste. Esta justificación no operó así para mí. Yo me encontré sumamente sorprendido cuando leí este libro. No sabía que iba a encontrar lo que encontré. Pero si para mí fue casi un encuentro casual en mi búsqueda de otras cosas, creo que se justifica.

En primer lugar, aunque quizás algunos de Ustedes no estén de acuerdo conmigo, aclaro que este sostén que daré a la noción del «Nombre-del-Padre» es completamente científico y no un mito de los orígenes. Es decir que voy a trabajar científicamente con los orígenes, con aquello que sucedía hace cinco mil años. No lo haremos en términos míticos. Y en psicoanálisis lacaniano es toda una polémica el modo en que argumentamos: si lo hacemos mediante mitos, o si de manera científica. Yo soy de aquellos que creen que se gana mucho si se hace el esfuerzo de ver si se puede, cada vez, argumentar con la ciencia. No lo digo como posición epistemológica, sino como posición práctica en la clínica; porque cada vez que argumentamos con la ciencia, nos aproximamos cada vez más a la estructura del sujeto que es el sujeto de la experiencia analítica —definido por Lacan como «sujeto de la ciencia». Y esto por la estructura misma de la clínica, dado que aquellos con quienes trabajamos son sujetos humanos hablantes fundamentalmente atravesados por la ciencia. Con lo cual, se dan cuenta de que con Lacan elevamos a la ciencia como categoría fundamental que tipifica al sujeto; categoría con la que, precisamente, opera el psicoanálisis. Y no se olviden de que, si el psicoanálisis existe, es porque las histéricas se dirigieron a profesionales de la salud, médicos occidentales que sostenían fuertemente su práctica

en la ciencia, tales como Breuer y Freud. Si observan los primeros trabajos de Freud, hay casi una desesperación por la ciencia, por la rigurosa argumentación científica. Es a esa gente a la que las histéricas llevaron su demanda, y esa misma gente convirtió esa demanda en el psicoanálisis.

En segundo lugar, el estudio del indoeuropeo nos es muy interesante porque es el surgimiento de la lingüística moderna. La lingüística moderna surge en el siglo pasado —entonces se la denominaba “lingüística comparada”— como ciencia aun antes de Ferdinand de Saussure. Y tratándose del siglo pasado, pueden imaginarse de qué país provenían estos primero pensadores de la lingüística: de Alemania. Todo surgió en Alemania. Y por eso el indoeuropeo fue primeramente conocido como “indogermánico”, porque fueron germanistas los que descubrieron esto de que más allá de las enormes diferencias entre las diversas lenguas —por ejemplo, entre el alemán y las lenguas de la India— se verificaban ciertos elementos notablemente estables. A partir de ahí surge el estudio de la lingüística comparada y se estableció que, por ejemplo, las lenguas que se hablan en la India, en Rusia, todas las romances, las escandinavas; lenguas ya desaparecidas como el hitita, el griego y el latín; el eslavo, el polaco, etc., todas ellas comparten un conjunto de términos iguales. Esto hizo que se concluyera que debió haber existido una lengua de la cual todas éstas son ramas derivadas: a esa lengua se la llama “indoeuropeo”. Pero no se la conoce, es una lengua desaparecida. Sin embargo, la lógica nos la indica como necesaria. Se supone que se la habló mucho antes de la aparición de la escritura, desde hace cinco mil hasta hace cuatro mil años.

A mí siempre me pareció que el psicoanálisis lacaniano, por su noción de «Otro», implica lo interhumano; mientras que el concepto de «inconsciente» de Freud siempre quedó muy fuertemente connotado como intrapsíquico. En cambio, el Otro jamás puede ser concebido como intrapsíquico, sino como necesariamente interpsíquico. La virtud que tiene la noción de «Otro» es que abre el campo de las nociones individuales del psicoanálisis hacia la cultura. Y es ahí donde habría que especificar muy bien «cultura». Si quieren revisarlo, está en las primeras páginas de «INSTANCIA DE LA LETRA…», donde Lacan critica al culturalismo como movimiento psicoanalítico, pero no porque lo rechace de plano, sino porque dice que los culturalistas olvidan que todo lo que es cultura se basa en el intercambio de significantes. No pierdan de vista que los desarrollos de Lacan están fuertemente abiertos hacia lo que podemos designar como “cultura”, sin olvidar que nuestra forma de concebir la cultura es por intercambio y permutación de significantes.

Eso significa una sustitución muy fuerte de la noción de «símbolo», es decir, la cultura se sostiene en el intercambio de significantes. ¿Cuáles son los significantes fundamentales que provee la cultura a la estructura de la subjetividad? Es muy fuerte lo que voy a decirles: los significantes fundamentales que la cultura provee a la estructura de la subjetividad son «Falo» y «Padre». ¿No son acaso elementos que, como significantes, son provistos por la cultura? ¿O creen Ustedes que salen del interior del individuo? Tal vez Ustedes crean que es del interior del individuo que salen cosas; quizá crean que la pulsión sale del interior del individuo. ¿De dónde

creen Ustedes que provienen el Falo y el Padre como significantes? Sin lugar a dudas, de la cultura. Si revisan la entrada de la noción de «Falo» en psicoanálisis, verán que es de allí de donde proviene. Freud dice que si el pene proviene de lo real del cuerpo, el Falo proviene inexorablemente de la cultura. Esto es, uno advierte el interés preponderante de los representantes del Otro por ciertas zonas especiales del cuerpo de uno; al nacer uno se da cuenta de que esa persona grandota y llena de autoridad se preocupa mucho por esta cosita que uno

tiene entre las piernas: “¡Qué lindo el chinchulín que tiene el bebé! ¡Y qué grande va a tenerlo cuando sea

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