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Estudio-vida de Mateo CONTENIDO

1. LOS ANTEPASADOS Y LA CONDICION DEL REY (1)

2. LOS ANTEPASADOS Y LA CONDICION DEL REY (2)

3. LOS ANTEPASADOS Y LA CONDICION DEL REY (3)

4. LOS ANTEPASADOS Y LA CONDICION DEL REY (4)

5. LOS ANTEPASADOS Y LA CONDICION DEL REY (5)

6. LOS ANTEPASADOS Y LA CONDICION DEL REY (6)

7. LOS ANTEPASADOS Y LA CONDICION DEL REY (7)

8. EL UNGIMIENTO DEL REY (1)

9. EL UNGIMIENTO DEL REY (2)

10. EL UNGIMIENTO DEL REY (3)

11. EL UNGIMIENTO DEL REY (4)

12. EL COMIENZO DEL MINISTERIO DEL REY

13. LA PROMULGACION DE LA CONSTITUC ION DEL REINO (1)

14. LA PROMULGACION DE LA CONSTITUCION DEL REINO (2)

15. LA PROMULGACION DE LA CONSTITUCION DEL REINO (3)

16. LA PROMULGACION DE LA CONSTITUCION DEL REINO (4)

17. LA PROMULGACION DE LA CONSTITUCION DEL REINO (5)

18. LA PROMULGACION DE LA CONSTITUCION DEL REINO (6)

19. LA PROMULGACION DE LA CONSTITUCION DEL REINO (7)

20. LA PROMULGACION DE LA CONSTITUCION DEL REINO (8)

21. LA PROMULGACION DE LA CONSTITUCION DEL REINO (9)

22. LA PROMULGACION DE LA CONSTITUCION DEL REINO (10)

23. LA PROMULGACION DE LA CONSTITUCION DEL REINO (11)

24. LA PROMULGACION DE LA CONSTITUCION DEL REINO (12)

25. LA CONTINUACION DEL MINISTERIO DEL REY (1)

26. LA CONTINUACION DEL MINISTERIO DEL REY (2)

27. LA CONTINUACION DEL MINISTERIO DEL REY (3)

28. LA CONTINUACION DEL MINISTERIO DEL REY (4)

29. LA CONTINUACION DEL MINISTERIO DEL REY (5) EL AGRANDAMIENTO DEL MINISTERIO DEL REY (1)

30. EL AGRANDAMIENTO DEL MINISTERIO DEL REY (2)

31. EL RESULTADO DEL MINISTERIO DEL REY

32. SE INICIA EL RECHAZO AL REY (1)

33. SE INICIA EL RECHAZO AL REY (2)

34. SE INICIA EL RECHAZO AL REY (3)

35. SE REVELAN LOS MISTERIOS DEL REINO (1)

36. SE REVELAN LOS MISTERIOS DEL REINO (2)

37. SE REVELAN LOS MISTERIOS DEL REINO (3)

38. SE REVELAN LOS MISTERIOS DEL REINO (4)

39. SE REVELAN LOS MISTERIOS DEL REINO (5)

40. SE REVELAN LOS MISTERIOS DEL REINO (6)

41. EL TESORO Y LA PERLA

42. LA SENDA QUE CONDUCE A LA GLORIA (1)

44.

LA SENDA QUE CONDUCE A LA GLORIA (3)

45. LA SENDA QUE CONDUCE A LA GLORIA (4)

46. LA SENDA QUE CONDUCE A LA GLORIA (5)

47. LA SENDA QUE CONDUCE A LA GLORIA (6)

48. LA SENDA QUE CONDUCE A LA GLORIA (7)

49. LA MINIATURA DE LA MANIFESTACION DEL REINO

50. LA APLICACION DE LA REVELACION Y LA VISION RELACIONADAS CON CRISTO

51. LAS RELACIONES ENTRE LOS CIUDADANOS DEL REINO (1)

52. LAS RELACIONES ENTRE LOS CIUDADANOS DEL REINO(2)

53. LOS REQUISITOS DEL REINO

54. LA RECOMPENSA DEL REINO Y LA PARABOLA EN CUANTO A ELLA

55. EL TRONO DEL REINO Y LA COPA DE LA CRUZ

56. UNA CALUROSA BIENVENIDA PARA EL REY CELESTIAL, LA PURIFICACION DEL TEMPLO Y LA MALDICION DE LA HIGUERA

57. EL REY CELESTIAL ES PROBADO Y EXAMINADO (1)

58. EL REY CELESTIAL ES PROBADO Y EXAMINADO (2)

59. EL REY CELESTIAL ES PROBADO Y EXAMINADO (3)

60. EL SEÑOR REPRENDE A LOS JUDIOS RELIGIOSOS Y ABANDONA JERUSALEN Y SU TEMPLO

61. LA PROFECIA ACERCA DEL REINO (1)

62. LA PROFECIA ACERCA DEL REINO (2)

63. LA PROFECIA ACERCA DEL REINO (3)

64. LA PROFECIA ACERCA DEL REINO (4)

65. LA PROFECIA ACERCA DEL REINO (5)

66. LA PROFECIA ACERCA DEL REINO (6)

67. LA PROFECIA ACERCA DEL REINO (7)

68. UNA PRUEBA PARA EL PUEBLO Y EL ESTABLECIMIENTO DE LA MESA

69. SUFRE GRAN PRESION EN GETSEMANI, ES ARRESTADO POR LOS JUDIOS, JUZGADO POR EL SANEDRIN Y NEGADO POR PEDRO

70. JUZGADO, CRUCIFICADO Y SEPULTADO

71. LA INJUSTICIA DEL HOMBRE Y LA JUSTICIA DE DIOS

72. LA VICTORIA DEL REY

PREFACIO

Hace casi veinte siglos que la iglesia ha estado en la tierra. Durante este largo período, muchos santos han redactado estudios sobre varios libros del Nuevo Testamento, y se han publicado muchos comentarios y exposiciones. No obstante, la mayoría de ellos trata sólo el lado objetivo y doctrinal de la revelación divina y no hace hincapié en el aspecto de la vida. Por eso, el hermano Witness Lee recibió la comisión de parte del Señor de preparar este estudio-vida del Nuevo Testamento. De 1974 a 1986 él dio veinticinco entrenamientos y muchas conferencias adicionales, en donde realizó un estudio detallado de todo el Nuevo Testamento desde la perspectiva de la vida. Los mensajes dados durante estos entrenamientos y conferencias constituyen el contenido de un juego de diecisiete tomos.

En el recobro del Señor, durante estos quinientos años, la iglesia ha avanza do continuamente en su conocimiento del Señor y de Su verdad. Esta obra monumental y

clásica, realizada por nuestro hermano, está edificada sobre todo lo que el Señor le ha revelado a Su iglesia en los siglos pasados, y al mismo tiempo, es un desarrollo ad icional de ello. Su obra está repleta de la revelación con respecto al Dios Triuno procesado, al Cristo viviente, al Espíritu vivificante, a la experiencia de vida y a la definición y práctica de la iglesia.

En estos tomos el hermano Lee guardó tres principios fundamentales, que deben controlar y gobernar la interpretación, el desarrollo y la exposición de las verdades contenidas en las Escrituras. El primer principio es que el Dios Triuno se imparte en Su pueblo escogido y redimido; el segundo, es que debe mos interpretar, desarrollar y exponer las verdades contenidas en la Biblia con Cristo y con miras a la iglesia; y el tercer principio es Cristo, el Espíritu, la vida y la iglesia. Ningún otro estudio o exposición del Nuevo Testamento trasmite el alimento vital ni introduce al lector en la revelación divina de la Palabra santa de Dios según Su economía neotestamentaria como éste.

El propósito del estudio - vida según lo expresa el hermano Lee es presentar las verdades

contenidas en el Nuevo Testamento,

problemas comunes y difíciles que se hallan en el Nuevo Testamento, y abrir cada libro del Nuevo Testamento al dar una interpretación cabal del mismo. Creemos que estos tomos, los cuales contienen la misma esencia del ministerio neotestamentario, cuyo propósito es llevar a cabo la economía divina, servirán como iniciación del entendimiento profundo y vasto de las verdades divinas y también proveerán un gran suministro de vida y alimento a la iglesia de Dios de hoy y en las generaciones venideras. Que el Señor use el ministerio de Su palabra en estos tomos para santificar la iglesia hasta que esté completamente preparada para ser Su novia, Su complemento, y así satisfacer Su corazón (Ef. 5:26-27).

los

ministrar la provisión de

vida, resolver

Abril

de

1986

Benson

Phillips

Irving, Texas

ESTUDIO-VIDA DE MATEO

MENSAJE UNO

LOS ANTEPASADOS Y LA CONDICION DEL REY

(1)

INTRODUCCION

La Biblia es el hablar de Dios y consta de dos secciones. En la primera sección, el Antiguo Testamento, Dios habló por los profetas, y en la segunda, el Nuevo Testamento, habló en el Hijo (en la Persona del Hijo, He. 1:1 - 2). Esta sección se compone de los cuatro Evangelios, el libro de los Hechos, las Epístolas y el libro de

Apocalipsis. Lo que el Hijo habló mientras estuvo en la carne se halla en los cuatro Evangelios. Después de Su resurrección, siguió hablando como Espíritu por medio de los apóstoles (véase Jn. 16:12-14). Por tanto, el Nuevo Testamento es simplemente el Hijo que nos habla, o sea, es el Hijo impartido a nosotros como vida y como el todo para que seamos Su Cuerpo, Su expresión, la iglesia.

La Biblia es un libro de vida, y esta vida es la Persona viviente de Cristo. En el Antiguo Testamento Cristo es descrito como Aquel que había de venir. En el Nuevo Testamento llegó Aquel cuya venida se había predicho. Así que, el Nuevo Testamento es el cumplimiento del Antiguo. San Agustín dijo que el Nuevo Testamento está contenido en el Antiguo, y el Antiguo se expresa en el Nuevo. Estos dos testamentos son en realidad uno solo, el cual revela a la Persona quien es nuestra vida.

PROLOGO AL NUEVO TESTAMENTO

A casi todos los cristianos les molesta la primera página del Nuevo Testamento, pues tiene muchos nombres, que son difíciles de pronunciar. No obstante, ésta es la primera parte del Nuevo Testamento. En cualquier tipo de escritura, lo que se presenta en la introducción así como lo que se dice en la conclusión es importante. Cuando muchos cristianos abren el Nuevo Testamento, saltan la primera parte del capítulo uno de Mateo y comienzan su lectura en el versículo 18. En el Nuevo Testamento de sus Biblias, parece que no existe el párrafo que abarca los versículos del 1 al 17 de Mateo 1. ¡Pero gracias a Dios por esta rica porción de la Palabra! La genealogía de Cristo hallada aquí es un síntesis de todo el Antiguo Testamento y lo incluye todo, con excepción de los primeros diez capítulos y medio de Génesis. Si queremos conocer el significado de esta genealogía, debemos conocer todo el Antiguo Testamento.

UN CUADRO VIVO DE CRISTO

En cuanto al Nuevo Testamento, nosotros tenemos que decir algo. El Nuevo Testamento es simplemente un cuadro vivo de una Persona, la cual es completamente maravillosa. El es Dios y también es hombre. El es la mezcla de Dios y el hombre, porque en El las naturalezas humana y divina se mezclan. El es el Rey, y es el esclavo también. ¡Qué maravilloso es El!

No existe ser humano que haya hablado alguna vez palabras tales como habló El, palabras profundas y al mismo tiempo sencillas. Por ejemplo, Jesús dijo: ―Yo soy el pan de vida‖ (Jn. 6:35) y ―Yo soy la luz del mundo‖ (Jn. 8:12). Platón y Confucio eran filósofos grandes, y la gente estimaba mucho lo que decían, pero ni Platón ni Confucio podían decir: ―Yo soy la luz del mundo‖. No había nadie que pudiera decir: ―Yo soy la vida‖ o: ―Yo soy el camino‖, o: ―Yo soy la realidad‖ (Jn. 14:6). Estas son palabras sencillas y frases breves — ―Yo soy‖, ―Yo soy el que soy‖— pero a la vez son grandes y profundas. ¿Acaso alguno de nosotros puede declarar que él es la luz del mundo o que es la vida? Si lo dijera, sin lugar a dudas lo llevarían a un manicomio. Sin embargo, Jesús pudo decirlo. ¡Qué grande es El!

CUATRO BIOGRAFIAS DE LA MISMA PERSONA

Jesús es todo- inclusivo. El tiene muchos aspectos. Nadie puede agotar las palabras para decir quién es El. Aparte de Jesús, ¿quién tiene cuatro biografías escritas de Su vida? Aunque el Nuevo Testamento es un libro breve, empieza con cuatro biografías de una sola Persona, cuatro libros que nos narran la vida de Cristo.

Cada uno de nosotros tiene cuatro lados: el frente y la espalda, el lado derecho y el lado izquierdo. Si usted me ve de frente, puede ver siete orificios en mi cara. Pero si le doy la espalda, todos estos orificios desaparecen. Por el lado derecho se puede ver un pequeño orificio, y por el lado izquierdo, otro. Si quiere usted una copia exacta de mi imagen, necesita tomar una fotografía de cada lado. Así es lo que se ha hecho en el Nuevo Testamento.

¿Por qué tenemos cuatro Evangelios? Porque Cristo tiene por lo menos cuatro aspectos principales. ¡Cristo es maravilloso! Debido a que El es todo- inclusivo e

inescrutablemente rico, requiere varias biografías. Mateo, Marcos, Lucas y Juan presentan diferentes aspectos de Cristo, porque cada escritor era una persona distinta. Por ejemplo, Mateo era recaudador de impuestos. Entre el pueblo judío de los tiempos antiguos, el recaudador de impuestos era una persona muy despreciada. No obstante, Mateo escribió la primera biografía de Cristo. Marcos era un hombre común y corriente,

y Lucas era un médico y un gentil. Al principio, Juan era un pescador, pero con el

tiempo llegó a ser un apóstol de edad avanzada y con bastante experiencia. Cada uno escribió una biografía diferente acerca del mismo Cristo. Esta Persona viviente requiere

muchas biografías.

LA EXPANSION DE CRISTO

El libro de los Hechos es la expansión de esta Persona maravillosa. Es la extensión del Cristo todo- inclusivo. Este Cristo se ha extendido; era una sola Persona y ahora es miles

y miles de personas. Era el Cristo individual, pero en Hechos llegó a ser el Cristo

corporativo. Después de Hechos, tenemos todas las Epístolas, las cuales nos dan una definición completa de este gran Hombre maravilloso y universal. Cristo es la Cabeza, y la iglesia es el Cuerpo; éste es el Hombre universal: Cristo y la iglesia. Finalmente, tenemos el libro de Apocalipsis como consumación del Nuevo Testamento. Este libro nos da un cuadro completo del Cuerpo de Cristo, el Cristo individual incorporado a todos Sus miembros para llegar a ser la Nueva Jerusalén.

LA SECUENCIA DE LOS CUATRO EVANGELIOS

Vamos a regresar a los cuatro Evangelios. Si yo pusiera en secuencia los cuatro Evangelios, pondría al principio el Evangelio de Juan. Al leer la Biblia, muchos cristianos comienzan con el Evangelio de Juan y luego pros iguen con Lucas, Marcos y Mateo. El concepto humano es justamente el opuesto al divino, que comienza con el Evangelio de Mateo y luego pasa al de Juan; el pensamiento humano empieza con Juan

y de allí regresa a Mateo. A muchos de nosotros nos gusta leer el Nuevo Testamento

empezando por el Evangelio de Juan, puesto que éste es maravilloso. Es un libro de vida. Después de Juan, nos gusta leer el Evangelio de Lucas, porque es un libro acerca del Salvador y nos cuenta los muchos casos de la salvación. Luego, p or supuesto, nos gusta leer Marcos, porque es breve y sencillo. Leemos Mateo al final porque es muy difícil y misterioso. No sólo es difícil de entender el capítulo uno, sino que también las

parábolas presentadas en el capítulo trece y las profecías de los capítulos veinticuatro y veinticinco son difíciles. Los capítulos cinco, seis y siete, donde se encuentra el Sermón en el Monte, son especialmente difíciles. ¡Nadie puede practicarlo! Usted me golpea en la mejilla derecha y le doy la izquierda. Me obliga usted a andar una milla, y yo ando dos. Me quita el vestido, y le doy mi túnica. ¡Ya basta! ¡Sólo Jesús puede hacerlo! Por consiguiente, muchos ponen al final el Evangelio de Mateo. Juan es muy precioso. En Juan, Jesús lo es todo, y nosotros no tenemos que hacer nada. Por eso, nos gusta el Evangelio de Juan, pero no nos agrada el de Mateo. Tal vez no lo digamos claramente, pero dentro de nuestro corazón así lo sentimos. No obstante, la secuencia divina es lo mejor. Dios puso al frente el Evangelio de Mateo.

EL BOSQUEJO GENERAL

Al estudiar la Biblia necesitamos un bosquejo general de cada libro. El bosquejo general de Mateo es:

Cristo es Jehová Dios encarnado para ser el Salvador-Rey, quien vino para establecer el reino de los cielos (el gobierno celestial) a l salvar a Su pueblo del pecado (de la rebelión) por medio de Su muerte y Su resurrección.

EL PENSAMIENTO CENTRAL

Al estudiar la Biblia también necesitamos hallar el pensamiento central; el de Mateo es:

Cristo, como Jesús (Jehová el Salvador) y Emanuel (Dios con nosotros), es el Rey, el Bautizador, la luz, el Maestro, el que sana, el que perdona, el Novio, el Pastor, el Amigo, la sabiduría, el reposo, el templo mayor, el verdadero David, el Señor del sábado, el que era más que Jonás y más que Salomón, el Sembrador, la semilla, el que alimenta, el pan, las migajas que están debajo de la mesa, el Cristo, el Hijo del Dios viviente, la roca de la iglesia, el que edifica a la iglesia, el que funda el reino, el Moisés actual, el Elías presente, la Cabeza del ángulo, el Señor, el que resucitó, el que tiene toda potestad, y el que siempre está con Su pueblo en resurrección.

¡Cuán rico es Cristo en el libro de Mateo, más aún que en el libro de Juan! Como Jesús y Emanuel El es para nosotros treinta y tres cosas más que en el libro de Juan. Debemos disfrutarle y participar de El. Necesitamos experimentarle en todos estos aspectos en resurrección, y no en la condición natural. El es Aquel que siempre está con nosotros. Mateo empieza con ―Dios con nosotros‖ y termina con ―He aquí, Yo estoy con vosotros todos los días, hasta la consumación del siglo‖. ¡Cuán maravilloso es esto!

LOS ANTEPASADOS Y LA CONDICION DEL REY I. SU GENEALOGIA

Entre los cuatro Evangelios sólo dos, Mateo y Lucas, tienen genealogías. Mateo nos dice que Jesús es el verdadero descendiente de la familia real, que El es el heredero legal del trono real. Una persona tal como ésta necesita una genealogía que cuente Su

origen y Su linaje. Lucas presenta a Jesús como un hombre hecho y derecho. Para presentar a Je sús de esta manera también se requiere una genealogía. En Marcos, se ve a Jesús como a un esclavo, uno que ha sido vendido como esclavo. No es necesario

incluir la genealogía de un esclavo; por eso, no se encuentra en el libro de Marcos. Juan

y el Verbo era Dios‖. Con

nos dice que Jesús es Dios. ―En el principio era el Verbo

El no hay principio, ni linaje. El es eterno, sin principio de días ni fin de vida (He. 7:3).

¡En el principio era Dios! Sería ridículo si Juan hablara de la genealogía de Jesús.

Con respecto a todos los demás, sin considerar quién es o cuántas biografías han sido escritas de él, la genealogía es exactamente lo mismo. Pero Jesús tiene dos. Más adelante vamos a ver cómo estas genealogías llegan a ser una sola. Una vez más vemos cuán admirable es El. En todos los aspectos, El es maravilloso.

A. La genealogía de Cristo

Ahora llegamos a la genealogía de Jesús según lo presentado en el Evangelio de Mateo. Necesitamos saber quién es Jesús. ¿Quién es? Podemos decir que El es el Hijo de Dios, pero esta genealogía no tiene semejante expresión. Más bien, lo llama el hijo de David y el hijo de Abraham. Puesto que Jesús es maravilloso, es difícil decir quién es.

Jesús es la mezcla de Dios y el hombre, de lo divino y lo humano. Esta es la genealogía de Jesús. Esta expresión significa que El es la mezcla maravillosa. En esta genealogía tenemos la mezcla del Ser divino y los muchos seres humanos de toda índole. Ya no debemos pensar que Mateo 1:1-17 es simplemente una lista de nombres.

La genealogía de Cristo consiste de:

1. Los padres

Estos

generaciones (1:2-6a).

son

los

antepasados,

2. Los reyes

personas

importantes.

Juntos

conforman

catorce

Estos son los reyes, la familia real, quienes también conforman catorce generac iones

(1:6b-10).

3. Los civiles (los cautivos y los recobrados)

La genealogía de Cristo no sólo incluye a los de condición noble, sino también a los civiles, a los que no tienen mucha importancia, tales como María y José. Los pobres, la gente común, tambié n están incluidos en la genealogía de Cristo. Cristo figuró no sólo con los patriarcas y los reyes, sino también con los civiles. No solamente pertenecía a los grandes, a los de la realeza, sino también a los pequeños. La genealogía de Cristo nos muestra q ue incluye a toda clase de personas.

La genealogía de Cristo incluye a los llamados, como Abraham, y a los que fueron llevados cautivos. En esta breve crónica tenemos la expresión ―la deportación‖ (v. 17). Abraham fue llamado a salir de Babel, que es el or igen de Babilonia. La genealogía de Cristo incluye no sólo a los llamados, sino también a los descarriados. Tal vez hace

cinco años usted fue un llamado, pero hoy está descarriado. No se desanime; la genealogía de Cristo lo incluye a usted también. Esta ge nealogía incluye a Jeconías, el rey que fue destronado y llevado cautivo a Babilonia. ¿Ha sido usted alguna vez destronado? No piense que no. En su vida cristiana a veces usted ha sido destronado. Una vez usted fue rey, pero perdió su reinado y se convirtió en un descarriado. Nuestro antepasado Abraham vino de Babilonia; pero usted regresó allí y no de buena gana, sino que fue llevado cautivo. ¡Alabado sea el Señor porque la genealogía de Cristo incluye a los que han caído!

Después del cautiverio hubo un recobro. Por eso, hay otro nombre: Zorobabel, el nombre de recobro. Muchos cautivos regresaron con Zorobabel. La genealogía de Cristo incluye a toda clase de gentes: los buenos, los malos, los llamados, los caídos, y los recobrados. Si le preguntara a usted cuál tipo de persona es usted, podría decir que primero fue un llamado, luego un caído, y finalmente un recobrado. Usted era un Abraham, se convirtió en un Jeconías, pero hoy es un Zorobabel. Todos somos Zorobabeles. Somos los llamados, los caídos y los recobrados.

4. Las cuatro mujeres que habían vuelto a casarse

Conforme a la costumbre judía, el que escribe acerca de una genealogía nunca incluiría el nombre de una mujer; incluiría sólo los nombres de los varones. Sin embargo, en esta breve genealogía se mencionan cinco mujeres. Ellas son como los dedos de mi mano:

cuatro componen un grupo y el otro queda solo. Cuatro de las cinco mujeres se casaron dos veces, y una de ellas era una ramera. Parece que la crónica divina aquí no quería mencionar a las mujeres ejemplares, tales como a Sara o a Rebeca, sino sólo a las mujeres malas. Leamos la crónica divina: ―David engendró a Salomón de la que había sido mujer de Urías‖ (1:6). En la narración de este evento no se menciona el nombre de ella; solamente da su historia para poder recordarnos qué tipo de persona fue.

¿Conoce usted la historia de Tamar? Ella era la nuera de Judá, el cual engendró gemelos con ella (Gn. 38:24-30). ¡Qué horror! La segunda mujer se llamaba Rahab, la ramera de Jericó, y la tercera era Rut, una moabita. A los moabitas no les permitían entrar a la congregación de Jehová, ni hasta la décima generación (Dt. 23:3). Los moabitas son descendientes de Moab, quien nació de Lot y su hija. La cuarta mujer fue Betsabé, mujer de un cananeo llamado Urías, a quien David mató. David la tomó por esposa, y con ella engendró a Salomón.

¿Por qué mencionaría una crónica tan breve a todas estas mujeres? Porque ellas representan lo que somos nosotros. No piense que usted es muy puro, o que usted es más puro que estas mujeres. Remóntese a sus propias fuentes. Si lo hace, encontrará de qué manera y de quién nació su abuelo, su padre y aun usted. Somos peores. ¡Pero los peores estamos incluidos en la genealogía de Cristo! ¡Alabado sea el Señor! De verdad El es el Salvador de los pecadores.

El número cuatro indica todas las criaturas, incluyendo a todo el linaje humano. La humanidad es sucia; nadie es limpio. Pero, damos gracias al Señor porque nosotros estamos asociados con Cristo. Somos parte de la genealogía de Cristo .

Si nosotros escribiésemos una biografía de Cristo, no habiendo otras en la Biblia, no nos atreveríamos a escribir de este modo. Esconderíamos a todas las abuelas impuras y mencionaríamos sólo los nombres de las abuelas buenas, como Sara y Rebeca. Pero el Espíritu Santo no mencionó a Sara, a Rebeca, ni a ninguna otra mujer buena; al contrario, a propósito incluyó estas mujeres impuras. Si esta crónica divina hubiera mencionado los nombres de las mujeres buenas sin los de las impuras, yo tendría dudas acerca de la situación actual de la iglesia. Diría: ―Miren la situación actual de la iglesia. Muy pocos son puros‖. No piense que usted es puro o limpio. No somos puros. No obstante, la genealogía de Cristo incluye a los buenos así como a los malos. De hecho, incluye a más personas malas que buenas.

5. La virgen

Además de las cuatro mujeres que habían vuelto a casarse, hay otra, una virgen, que sobresale: María, la madre de Jesús. María era buena, pura y limpia, lo cual indica que todos los que son mencionados en este libro de genealogía son pecadores, menos Jesús. Con la excepción de Jesús, todos eran inmundos.

B. El hijo de David

Cristo es el hijo de David (Mt. 22:42, 45; Ap. 22:16). Salomón, el hijo de David, tipificaba a Cristo en tres aspectos principales. Primero, tipificaba a Cristo en el sentido de que heredó el reino (2 S. 7:12b, 13; Jer. 23:5; Lc. 1:32-33). En segundo lugar, Salomón tenía sabiduría y hablaba palabras de sabiduría. En Mateo 12 vemos que Cristo también tenía sabiduría y hablaba palabras de sabiduría. En este capítulo Cristo dijo que El era más que Salomón (v. 42). El que era más que Salomón estaba allí hablando palabras de sabiduría. No hay palabras humanas que son tan sabias como las de Cristo. En tercer lugar, Salomón edificó el templo de Dios (2 S. 7:13). Como hijo de David, Cristo edifica el templo de Dios, la iglesia.

C. El hijo de Abraham

Cristo también es el hijo de Abraham. Este libro de genealogía dice solamente que Cristo es el hijo de David y el hijo de Abraham; no es el hijo de n inguna otra persona. En el Antiguo Testamento había una profecía clara de que Cristo sería hijo de Abraham. Isaac tipifica a Cristo en tres aspectos principales. Primero, Isaac llevó la bendición a todas las naciones, tanto a los judíos como a los gentiles (Gn. 22:18a; Gá. 3:16, 14). Segundo, Isaac fue ofrecido a Dios para que muriese y luego resucitó (Gn. 22:1-12; He. 11:17, 19). Tercero, recibió a la novia (Gn. 24:67). En estos aspectos Isaac tipifica a Cristo como aquel que fue prometido y que llevó la b endición a todas las naciones, y también como aquel que fue ofrecido en holocausto, resucitó, y que, después de Su resurrección, recibirá a Su Novia (Jn. 3:29; Ap. 19:7). Un día el Espíritu Santo, tipificado por el siervo de Abraham, llevará a la Rebeca ce lestial, divina y espiritual a su Isaac celestial.

El hijo de Abraham recibió a la novia, y el hijo de David edificó el templo. En el caso de Cristo, la novia es el templo, y el templo es la novia. Es por esto que se dice que Cristo es el hijo de Abraham y el hijo de David. El se ofreció para morir y luego resucitó; ahora está edificando el templo de Dios, y en el futuro recibirá a la novia.

Cristo también habló sabiduría y llevó la bendición de Dios a las naciones. Es El quien cumple todas las cosas. En lo s cuatro Evangelios podemos hallar cada uno de estos seis aspectos. Los Evangelios revelan que Cristo vino para heredar el reino, se ofreció para morir y luego resucitó, habló palabras de sabiduría, llevó bendiciones a todos, está edificando la casa de Dio s, y regresará para recibir a la novia. Cristo es, sin lugar a dudas, el verdadero Isaac y el verdadero Salomón.

Como hijo de David, Jesús fue una gran bendición para todos los judíos. Pero como hijo de Abraham, El lleva bendiciones a todos los gentiles. Como hijo de David, El es para los judíos; como hijo de Abraham, es para todos nosotros. Si Jesús fuera solamente el hijo de David, no tendría nada que ver conmigo. ¡Alabado sea el Señor que El también es el hijo de Abraham! Todas las naciones fueron bendec idas en la simiente de Abraham, la cual es Cristo. Esta bendición es participar del Dios Triuno. La bendición que Dios prometió a Abraham fue el Espíritu (Gá. 3:14), y el Espíritu es la realidad consumada del Dios Triuno. Por medio de Cristo como hijo de Abraham, tenemos al Espíritu y participamos del Dios Triuno. ¡Aleluya!

ESTUDIO-VIDA DE MATEO

MENSAJE DOS

LOS ANTEPASADOS Y LA CONDICION DEL REY

(2)

D. Abraham

La genealogía presentada en el Evangelio de Mateo comienza con Abraham, pero la genealogía dada en el Evangelio de Lucas se remonta a Adán. Mateo no abarca a Adán ni a sus descendientes, pero Lucas sí lo hace. ¿Qué significado podría tener esta diferencia? Lucas es un libro sobre la obra salvadora de Dios, mientras que Mateo es un libro sobre el reino. La salvación es para el linaje creado y caído, al cual representa Adán, pero el reino de los cielos es únicamente para el pueblo escogido de Dios, el linaje llamado representado por Abraham. Por lo tanto, Mateo empieza c on Abraham, pero la genealogía presentada en Lucas se remonta a Adán.

1. Llamado

En los primeros diez capítulos y medio de Génesis vemos que Dios trató de obrar con el linaje creado, pero no pudo. El linaje creado le falló. El hombre cayó tanto que la humanidad se rebeló contra Dios hasta lo máximo y edificó la torre y la ciudad de Babel para expresar su rebelión (Gn. 11:1-9). Entonces Dios renunció al linaje creado y caído y llamó a un hombre, a Abraham, y lo sacó de ese linaje para que fuese el padre de o tro. De un lugar lleno de rebelión e idolatría, donde todos eran uno con Satanás, Dios llamó a un hombre, Abraham (Gn. 12:1-2; He. 11:8). Desde el momento en que Dios llamó a Abraham y lo sacó de Babel (la cual vino a ser Babilonia) para que morase en Canaán,

Dios renunció al linaje adánico e invirtió todos Sus intereses en el linaje nuevo, el cual tenía a Abraham por cabeza. Este es el linaje llamado, el linaje transformado. No es un linaje según lo natural, sino un linaje según la fe.

El reino de Dios está destinado para este linaje. Nunca podría ser para el linaje caído. Por consiguiente, Mateo, al referirse al reino de los cielos, comienza con Abraham. Debido a que el libro de Lucas trata de la obra salvadora de Dios (e indudablemente la salvación es para el linaje caído), la genealogía que presenta se remonta a Adán. En el libro de Lucas, después de ser salvos, somos espontáneamente traslados del linaje caído al linaje llamado. Anteriormente, éramos descendientes de Adán; ahora somos descendientes de Abraham. Gálatas 3:7 y 29 nos dicen que los que creen en Jesucristo son hijos de Abraham. ¿De quién es usted hijo? ¿Es usted hijo de Adán o hijo de Abraham? Somos los judíos genuinos (Ro. 2:29). Nuestro abuelo es Abraham. Estamos en la misma categoría que él. Si no fuésemos descendientes de Abraham, no tendríamos parte en el libro de Mateo, ni aun en el breve libro de Gálatas, porque éste fue escrito para los descendientes de Abraham. Sólo si somos descendientes de Abraham, tendremos parte en Gálatas. ¡Alabado sea el Señor porque somos los hijos de Abraham! ―Si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa‖ (Gá. 3:29).

Abraham fue llamado por Dios. La palabra griega traducida iglesia es ekklesía, la cual significa ―lo s llamados a salir‖. Por lo tanto, nosotros los que estamos en la iglesia también somos llamados. Abraham fue llamado a salir de Babel, lugar de rebelión e idolatría y a entrar en la buena tierra, la cual tipifica a Cristo. Nosotros también estábamos en Babel. Eramos caídos, rebeldes, y adorábamos ídolos. En la actualidad todo el linaje humano está en Babel. Nosotros estábamos allí, pero un día Dios nos sacó al llamarnos de allí y nos puso en Cristo, la tierra elevada. Fuimos llamados por Dios a

―la comunión (la participación) de Su Hijo, Jesucristo nuestro Señor‖ (1 Co. 1:9). ―Para

los llamados

Cristo [es] poder de Dios y sabiduría de Dios‖ (1 Co. 1:24).

2. Justificado por la fe

Abraham, habiendo sido llamado, fue justificado por la fe (Gn. 15:6; Ro. 4: 2- 3). Los que han caído dependen de su propia obra, pero los llamados creen en la obra de Dios, y no en la suya. Ninguna persona caída puede ser justificada ante Dios por sus propias obras (Ro. 3:20). Por lo tanto, los llamados, habiendo sido llamados por Dios y sacados de su linaje caído, no confían ya en sus propios esfuerzos, sino en la obra de gracia que Dios efectúa. Abraham y todos los demás creyentes son así. ―Los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham‖ (Gá. 3:9). La bendición de la promesa de Dios, ―la promesa del Espíritu‖ (Gá. 3:14), es para los que creen. Por la fe recibimos al Espíritu, quien es la realidad de Cristo así como Cristo mismo hecho real para nosotros (Gá. 3:2). Así que, tanto Abraham como nosotros somos asociados con Cristo y unidos a El por la fe. Por la fe en la obra de gracia efectuada por Dios, los llamados de Dios son justificados por El y participan de Cristo, su porción eterna.

3. Vivió por la fe

Hebreos 11:8 dice que Abraham fue llamado, y que respondió por la fe al l lamamiento. Luego, en el versículo 9 se dice que él también vivió en la buena tierra por la fe. Abraham, habiendo sido llamado por Dios, no sólo fue justificado por la fe, sino que

también vivió por la fe. Puesto que había sido llamado por Dios, no debía v ivir y andar por su propia cuenta, sino por la fe. Para poder vivir por la fe, Abraham tenía que rechazarse a sí mismo y olvidarse de sí mismo, o sea, tenía que hacerse a un lado y vivir por otra Persona. Todo lo que era por naturaleza él tenía que echar a un lado.

Si comparamos Génesis 11:31 y 12:1 con Hechos 7:2-3, vemos que cuando Dios llamó a Abraham en Ur de los caldeos, éste era muy débil. Abraham no tomó la iniciativa para salir de Babel, sino que su padre Taré fue quien lo hizo. Esto obligó a Dios a quitarle el padre a Abraham. En Génesis 12:1 Dios volvió a llamarlo, diciéndole que saliera no sólo de su país y su parentela, sino también de la casa de su padre, lo cual significaba que no podía traer a nadie consigo. Pero de nuevo, Abraham al igual que nosotros, era débil y llevó consigo a Lot, su sobrino (Gn. 12:5).

¿Qué es lo que constituye un Abraham? Un Abraham es alguien que ha sido llamado a salir de donde está, alguien que no vive ni anda por su propia cuenta. También es alguien que abandona y olvida todo lo que tiene por naturaleza. Esto constituye precisamente el mensaje del libro de Gálatas. El capítulo 3 de Gálatas dice que somos los hijos de Abraham y que debemos vivir por la fe, y no por las obras. Gálatas 2:20 dice que vivir por la fe significa que ―ya no vivo yo, mas vive Cristo‖. Yo, o sea, el yo natural que provino del linaje caído, ha sido crucificado y sepultado. Así que, ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí. Así es un Abraham. Si somos judíos auténticos, los verdaderos descendientes de Abraham, debemos dejarlo todo y vivir por la fe. Debemos olvidarnos de todo lo que podemos hacer y rechazar todo lo que somos y tenemos por naturaleza. Esto no es fácil.

Los cristianos tienen en alto a Abraham; pero en realidad, no debemos apreciarlo exce sivamente. El no fue sobresaliente. Fue llamado, pero no se atrevió a salir de Babel; fue su padre quien lo sacó. Esto le obligó a Dios a quitarle su padre. Luego Abraham contaba con su sobrino, Lot. Después, confió en su criado, Eliezer (Gn. 15:2-4). Parece que Dios le decía: ―Abraham, no me gusta ver que tu padre esté contigo. No me agrada que tu sobrino esté contigo, tampoco me complace que Eliezer esté contigo. Quiero que no tengas a nadie de quien puedas depender. Tienes que contar conmigo. No dependas de ninguna otra cosa ni de lo que tengas por naturaleza‖. Esto es creer en Dios, andar en El y vivir por El. Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí.

Si somos judíos auténticos, entonces somos los verdaderos Abrahanes. Debemos creer en el Señor para ser Abrahanes. Creer en el Señor equivale a asociarse con El. Abraham fue llamado a dejar el linaje caído y a asociarse con el Señor. Todos los hijos de Abraham, de igual manera, deben asociarse con Cristo. ―Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois‖. En otras palabras, si somos linaje de Abraham, pertenecemos a Cristo y somos asociados con El. Si queremos asociarnos con Cristo, es necesario que nos rechacemos y tomemos a Cristo como nuestro todo. Esto es creer en Cristo, y esta fe es justicia ante los ojos de Dios. No intente hacer nada. Simplemente crea en Cristo.

Al linaje caído siempre le gusta hacer algo, obrar y esforzarse en algo. Pero Dios dice:

―Salid de eso. Sois el linaje caído. ¡No intentéis, no hagáis y no obréis más! Olvidaos de vuestra vida pasada. Olvidaos de quienes sois, lo que podéis hacer y lo que tenéis. Olvidadlo todo y poned toda vuestra confianza en Mí. Yo soy vuestra buena tierra. Vivid en Mí y por Mí‖. Así son los verdaderos Abrahanes, los verdaderos gálatas.

Como hijos de Dios, ellos confían en El y se olvidan de sí mismos. Estos son los que constituyen la genealogía de Cristo. Todos debemos ser así, como Abraham; es decir, debemos olvidarnos de nuestra vida pasada, abandonar todo lo que somos y tenemos y poner nuestra confianza en Cristo, nuestra buena tierra. Hoy nuestro andar y vivir debe realizarse por la fe en Cristo. Si es así, entonces, como herederos de la promesa de Dios, es decir, como los que heredamos la promesa del Espíritu, participaremos de Cristo, quien es la bendición de Dios.

En cierto momento el Señor le pidió a Abraham que ofreciera en holocausto a Isaac, quien Dios le había dado según Su promesa (Gn. 22:1 - 2). El Señor se lo había dado a Abraham, y ahora Abraham tenía que devolvérselo. El Señor le hab ía mandado echar a Ismael (Gn. 21:10, 12); ahora le mandó matar a su hijo Isaac.

¿Puede usted hacer esto? ¡Qué difícil es esta lección! No obstante, esta es la manera de experimentar a Cristo. Tal vez el mes pasado o la semana pasada usted haya experimentado a Cristo de una forma particular, pero hoy el Señor dice: ―Dedica esa experiencia. De verdad experimentaste a Cristo, pero no debes guardar la experiencia‖. De nuevo, la lección consiste en esto: nunca confiarnos en lo que tenemos, ni en lo que Dios nos ha dado. Si Dios le ha dado a usted algo, debe devolverlo a El. Esto es andar diariamente por la fe. Andar en la presencia del Señor por la fe significa que no retenemos nada, ni siquiera las cosas que Dios nos da. Los mejores dones, los que el Señor nos ha dado, deben devolvérsele a El. No retenga nada en que pueda confiar; siempre dependa solamente del Señor. Abraham lo hizo. Finalmente vivió y anduvo en la presencia de Dios exclusivamente por la fe.

E. Isaac

Mateo 1:2 dice: ―Abraham engendró a Isaac‖. ¿Cuál es el punto que más se destaca con respecto a Isaac? Pues Isaac nació por medio de la promesa (Gá. 4:22 - 26, 28- 31; Ro. 9:7- 9). Nació como el único heredero (Gn. 21:10, 12; 22:2a, 12b, 16 - 18), y heredó la promesa de Cristo (Gn. 26:3-4).

Dios le había p rometido a Abraham un hijo. Sara, deseando ayudar a Dios con el cumplimiento de la promesa, le propuso algo a Abraham. Parece que Sara dijo:

―Escucha, Abraham, Dios te prometió una simiente, un heredero de esta buena tierra. Pero, ¿no te ves?, ¡tienes casi noventa años! ¿Y no me has visto? ¡Soy demasiado vieja! Me es imposible dar a luz a un niño. Debemos hacer algo para ayudar a Dios a cumplir Su propósito. Tengo una sierva llamada Agar. Es buena gente. Sin lugar a dudas podrías tener un hijo de ella‖ (Gn. 16:1-2). Esto muestra el concepto natural, el cual es muy tentador. Muchas veces, tenemos en nuestro concepto natural algunas sugerencias que nos sacan del espíritu. A veces según nuestro concepto natural decimos: ―Esta fuente es buena. Hagámoslo de esta manera‖. ¡Pero tal propuesta ciertamente nos alejará de la promesa de Dios!

Abraham aceptó lo que Sara propuso (Gn. 16:2 - 4) y el resultado fue Ismael (Gn. 16:15). ¡El terrible Ismael está todavía con nosotros! Llevar a cabo lo que Sara propuso no sirvió de ayuda para Dios; al contrario, le estorbó a Abraham impidiendo que cumpliese el propósito de Dios. Este no es un asunto insignificante.

Aprendemos de lo anterior que, como linaje llamado, todo lo que hacemos por nuestra propia cuenta resulta en Ismael. To do lo que hagamos por nuestra propia cuenta en la vida de iglesia, incluso en la predicación del evangelio, sólo producirá a Ismael. ¡No produzcamos un Ismael! ¡Tenemos que llegar a nuestro fin! ¿No cruzó usted ese gran río, el Eúfrates? Cuando fue llamado de Babel, cruzó ese gran río y allí fue sepultado. Allí llegó a su fin. No viva por su propia cuenta ni haga nada por sí mismo. Más bien, debe decir: ―Señor, no soy nada. Sin Ti, nada puedo hacer. Señor, si Tú no haces algo, yo tampoco haré nada. Si tú de scansas, también yo descansaré. Señor, en Ti pongo toda mi confianza‖. Decirlo es fácil, pero en nuestra vida diaria es difícil practicarlo.

Recordemos qué es un Abraham: es alguien que ha sido llamado y que no hace nada por su propia cuenta. Dios tuvo que esperar hasta que Abraham y Sara terminaran (Gn. 17:17; véase Ro. 4:19). El esperó hasta que la energía natural de ellos se agotara, hasta que llegaron a comprender que les era imposible engendrar un hijo.

Abraham quería que Ismael se quedara con él; deseaba depender de él. Sin embargo, Dios rechazó a Ismael (Gn. 17:18-19). Nosotros también queremos guardar nuestra propia obra y depender de ella, pero Dios no la acepta. Finalmente, Dios le pidió a Abraham que echara a Ismael y a su madre (Gn. 21:10-12). Para Abraham era algo difícil de hacer, pero tenía que aprender que no debía seguir viviendo por su propio esfuerzo, sino que debía dejar de esforzarse y no hacer nada por su propia cuenta. El tenía un hijo, pero debía renunciar a él. Esta es la lección que vemos en Abraham y también en el libro de Gálatas.

Participar de Cristo requiere que nunca contemos con nuestros esfuerzos ni con lo que podemos hacer. Así como Ismael impedía que Isaac heredara la promesa de Dios, así también nuestros propios esfuerzos u obra siempre impedirán que participemos de Cristo. Es necesario que renunciemos a todo lo que somos y a todo lo que tenemos y que confiemos en la promesa de Dios. Tenemos que renunciar a todo lo relacionado con nuestra vida natural; de otro modo, no podremos disfrutar a Cristo. Después de que nuestras fuerzas naturales se hayan agotado, la promesa de Dios vendrá. Después de haber sido echado Ismael, Isaac tuvo el pleno derecho a participar de la bendición de la promesa de Dios. El abandono a nuestros esfuer zos naturales, la renuncia a lo que podemos hacer o a lo que hemos hecho, es ―Isaac‖, o sea, la herencia de la bendición prometida por Dios, la cual es Cristo. Hemos sido bautizados en Cristo (Gá. 3:27). Habiendo sido terminados en Cristo, ahora somos Suyos, y El es nuestra porción. Por consiguiente, somos descendientes de Abraham, el linaje llamado de Dios, y herederos según Su promesa (Gá. 3:29).

¿Qué constituye a un Isaac? Isaac es el producto de vivir y andar por la fe. Esto es Cristo. Isaac tipifica plenamente a Cristo en el sentido de heredar todas las riquezas del Padre. Todos debemos experimentar a Cristo de tal manera; es decir, no por el hacer, ni por nuestros esfuerzos ni por el afán, sino simplemente confiando en El. Nuestra confianza en El producirá a Isaac. Sólo Isaac es el verdadero elemento de la genealogía de Cristo. No los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino que los que son hijos de la promesa son contados como descendientes (Ro. 9:7 - 8). Por lo tanto, Dios consideraba a Isaac como el único hijo de Abraham (Gn. 21:10, 12; 22:2a, 12b, 16-18), el único que heredaría la promesa con respecto a Cristo (Gn. 26:3 - 4).

Somos el linaje de Abraham hoy, pero ¿andamos en el camino de Ismael o vivimos como Isaac? Andar por el camino de Ismael es cumplir el propósito de Dios por nuestros propios esfuerzos y obras. En el camino de Isaac nos introducimos en Dios, confiando en El para que El haga todo por nosotros a fin de cumplir Su propósito. ¡Qué diferencia tan grande entre estos dos caminos! Ismael no tiene nada que ver con Cristo. Todo lo que nosotros hagamos, todo lo que intentemos realizar por nuestra propia cuenta, no tiene nada que ver con Cristo. Necesitamos a Isaac. Si queremos conseguir a Isaac, tenemos que echar a Ismael, detener nuestra obra y entregarnos a la operación de Dios. Si permitimos que El cumpla Su promesa para nosotros, entonces tendremos a Isaac.

F. Jacob

Mateo 1:2 también dice: ―Isaac engendró a Jacob‖. Isaac e Ismael eran hermanos engendrados por el mismo padre, pe ro de madres distintas. Jacob y Esaú eran más íntimos; eran gemelos. Jacob significa el que suplanta. El suplanta a los demás, poniéndolos por debajo de él y subiendo por encima de ellos. Cuando él y su hermano mayor Esaú iban a nacer, Jacob agarró el taló n de Esaú. Parece que Jacob decía: ―Esaú, ¡no te vayas! ¡Espérame! ¡Déjame ir primero! Jacob era uno que verdaderamente agarraba el talón. El significado del nombre de Jacob es el que agarra al talón, el que suplanta. Abatir a otros y ponerlos debajo de sus pies engañándoles era la manera de ser de Jacob.

Debido a que Dios ya había escogido a Jacob, todos los esfuerzos de éste fueron en vano. Jacob necesitaba de una visión. No le era necesario suplantar a otros, porque Dios ya le había escogido para ser el primero. Incluso antes de nacer los gemelos, Dios había dicho a la madre que el menor sería el primero, y el mayor sería el segundo. Está escrito: ―A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí‖ (Mal. 1:2-3; Ro. 9:13).

Desgraciadamente, Jacob no se enteró de esto. Si se hubiera enterado, nunca habría tratado de hacer nada. Al contrario, le habría dicho a Esaú: ―Si quieres nacer primero, adelante. Por mucho que intentes ser el primero, yo lo seré. Nunca podrás suplantarme porque Dios me ha elegido‖. No obstante, Jacob no sabía esto. Aun cuando ya había crecido, todavía no lo entendía. Por lo tanto, siempre suplantaba a los demás. Adondequiera que iba, suplantaba a otros. Suplantó a su hermano (Gn. 25:29-33; 27:18- 38), y suplantó a su tío (Gn. 30:3731:1). Con respecto a su tío Labán, siempre tramaba algo para engañarle y finalmente le robó. Pero todo lo que hizo fue en vano. Dios podría haberle dicho: ―Jacob, eres tonto. No necesitas hacer eso. Te daré más que lo que has adquirido‖. Pero Jacob seguía esforzándose. Aunque e ra descendiente de Abraham, por su esfuerzo y por su naturaleza, era del todo descendiente del diablo. ¿Ve usted esto? En cuanto a su posición, Jacob era descendiente de Abraham, pero en cuanto a su carácter, era hijo del diablo.

¿Qué necesitaba Jacob? Necesitaba que Dios obrara en él. Por esto, Dios usó a su hermano Esaú y luego a su tío Labán. Incluso Dios usó a cuatro esposas, doce criados y una criada. Jacob pasó por muchos sufrimientos en su vida, pero éstos fueron producto de su propio esfuerzo, y no de la elección de Dios. Cuanto más se esforzaba Jacob, más sufría. Tal vez nos riamos de él, pero nosotros somos exactamente iguales a él. Cuanto más tratamos de hacer algo, más problemas tenemos.

En Cristo, primero necesitamos la vida de Abraham. Es menes ter que nos olvidemos de quienes somos, que vivamos por Cristo y que confiemos en El. En segundo lugar, en Cristo no necesitamos de Ismael, o sea, de lo que podamos hacer nosotros; al contrario, necesitamos a Isaac, es decir, lo que Dios hace. En tercer lu gar, no necesitamos a Jacob sino a Israel, es decir, no al Jacob natural, sino al Israel transformado, el príncipe de Dios.

¿Comprende que nada depende de usted? Al oír esto, tal vez usted diga: ―Si no depende de mí, sino completamente de Dios, entonces no voy a buscar más‖. Bueno, si puede usted dejar de buscar, le animo a hacerlo. Diga a todo el universo que ha oído que todo depende de El, y que usted se ha detenido. Si puede dejar de buscar, debe hacerlo. Le aseguro que cuanto más se detenga usted, mejor. Cuanto más usted se detenga, más El se levantará. Hágalo. Dígale al Señor: ―Señor, ¡dejo de buscar!‖ El Señor dirá:

―¡Maravilloso! El hecho de que tú te hayas detenido me abre la puerta para que yo haga algo. Te quemaré. Es posible que te detengas, ¡pero te voy a quemar!‖.

Todos hemos sido elegidos. En cierto sentido, hemos sido cautivados. ¿Qué podemos hacer? Nunca podremos irnos, y esto se debe completamente a la misericordia del Señor. No escogimos este camino. Ciertamente no lo escogí yo, pero aquí es toy. ¿Qué puedo hacer? ¿Qué puedo decir? Puesto que Dios nos ha escogido, nunca podremos irnos.

Si leemos Romanos 9, descubriremos que todo depende de El, y no de nosotros. El era y sigue siendo la fuente. ¡Alabado sea El porque Su misericordia llegó a nosotros! Nadie puede rechazar Su misericordia. Quizás rechacemos lo que El hace, pero nunca podremos rechazar Su misericordia (Ex. 33:19; Ro. 9:15). ¡Qué misericordia haber sido elegidos para asociarnos con Cristo y participar de El, quien es la bendición eterna de Dios! En un sentido somos Abraham, en otro sentido somos Isaac, y todavía en otro, somos Jacob. Luego, en otro sentido seremos Israel. Así que, tenemos a Abraham, a Isaac y a Jacob.

La genealogía de Cristo tiene que ver con la primogenitura, y ésta principalmente tiene que ver con asociarse con Cristo y participar de El. El hecho de que Jacob suplantara no tenía justificación, pero Dios reconoció el hecho de que procuraba obtener la primogenitura. Esaú menospreció la primogenitura y la vendió a bajo precio (Gn. 25:29 - 34). Así que, la perdió y no pudo recobrarla, aun cuando se arrepintió y la procuró con lágrimas (Gn. 27:34 - 38; He. 12:16 - 17). Había perdido la bendición de participar de Cristo. Esto debe ser una advertencia para nosotros. Jacob respetó y procuró la primogenitura y la adquirió. Heredó la bendición prometida por Dios, la bendición de Cristo (Gn. 28:4, 14).

G. Judá

Mateo 1:2 también dice: ―Jacob engendró a Judá y a sus hermanos‖. Rubén fue el primer hijo de Jacob. El debería haber recibido la porción del primogénito, la cual era la primogenitura. Esta incluye tres elementos: la porción doble de la tierra, el sacerdocio y el reinado. Aunque Rubén era el primer hijo, perdió la primogenitura por su contaminación (Gn. 49:3 - 4; 1 Cr. 5:1- 2). Como resultado, la porción doble de la tierra le fue dada a José, probablemente por causa de su pureza (Gn. 39:7-20). De los hijos de Jacob, José era el más íntimo con él y aquel que era conforme a su corazón (Gn. 37:2-3,

12-17). Cada uno de los dos hijos de José, Manasés y Efraín, recibieron una porción de la tierra (Josué 16 y 17). Así que, por medio de sus dos hijos José heredó dos porciones de la buena tierra.

La porción del sacerdocio de la primogenitura le fue dada a Leví (Dt. 33:8 - 10). Leví era, en gran manera, un varón conforme al corazón de Dios. Con el fin de cumplir el deseo de Dios, Leví olvidó a sus padres, a sus hermanos y a sus hijos y sólo se ocupaba del deseo de Dios. Así que, recibió la porción sacerdotal de la primogenitura.

El reinado, otra p orción de la primogenitura, le fue dado a Judá (Gn 49:10; 1 Cr. 5:2). Al leer Génesis, vemos la razón de esto. Cuando José pasó por los sufrimientos causados por la conspiración de sus hermanos, Judá lo cuidó (Gn. 37:26). También cuidó a Benjamín mientras éste sufría (Gn. 43:8-9; 44:14-34). Creo que debido a esto el reinado pasó a Judá.

En la actualidad somos ―la iglesia del primogénito‖ (He. 12:23). Nuestra primogenitura también se compone de estos tres elementos: la porción doble de Cristo, el sacerdocio y el reinado. Nosotros estamos en Cristo y podemos disfrutarle al doble. También somos sacerdotes y reyes de Dios. Sin embargo, muchos cristianos han perdido su primogenitura. Son salvos y nunca van a perecer, pero han perdido su porción extra de Cristo. S i queremos disfrutar la porción extra de Cristo, tenemos que guardar nuestra primogenitura.

Todos los cristianos han nacido de nuevo como sacerdotes (Ap. 1:6). Pero hoy en día muchos han perdido su sacerdocio. Debido a que han perdido su posición como sacerdotes que oran, les es muy difícil orar. Si queremos guardar nuestro sacerdocio, debemos ser como los levitas y olvidarnos de nuestros padres, de nuestros hermanos y de nuestros hijos, y ocuparnos únicamente de los intereses de Dios. El deseo de Dios debe ser primero, y no los deseos de nuestras familias. Si el deseo de Dios ocupa el primer lugar en nuestros corazones, entonces tendremos intimidad con El y guardaremos nuestro sacerdocio.

Todos los cristianos también nacieron de nuevo como reyes (Ap. 5:10), pero muchos han perdido el reinado. Cuando el Señor Jesús regrese, los vencedores estarán con El y serán los sacerdotes de Dios y los que reinan juntamente con Cristo (Ap. 20:4-6). Al mismo tiempo, disfrutarán de la heredad de esta tierra (Ap. 2:26).

Hebreos 12:16- 17 nos advierte que no debemos perder la primogenitura como lo hizo Esaú. ―A cambio de una sola comida‖ Esaú ―entregó su primogenitura‖. Después se arrepintió de haberla vendido a un precio tan bajo, pero no pudo recobrarla. Todos necesitamos estar alerta. Tenemos la debida posición para poseer la primogenitura e incluso ya la tenemos, pero el guardarla depende de si nos mantenemos apartados de lo profano y no nos contaminamos. Hemos visto que Esaú perdió su primogenitura porque era profano y Rubén perdió su primogenitura por causa de su contaminación. Pero José heredó la porción doble de la tierra por su pureza; Leví obtuvo el sacerdocio por haberse separado absolutamente de todo lo demás y por haberse apartado para con el Señor; y Judá recibió el reinado por haber cuidado a sus hermanos afligidos. Necesitamos mantenernos puros para poder disfrutar de la porción extra de Cristo; es menester que nos separemos absolutamente de todo lo demás y que nos apartemos para el Señor con un corazón que se ocupe del deseo del Señor más que de cualquier otra cosa; es preciso

que cuidemos con amor a nuestros hermanos afligidos. Si somos así, sin lugar a dudas

el

sacerdocio y el reinado, serán nuestros. Incluso hoy en día podemos disfrutar a Cristo en

medida doble. Podemos orar, gobernar y reinar. Luego, cuando el Señor Jesús regrese, estaremos con El disfrutando de la heredad de esta tierra. Seremos sacerdotes que tienen contacto con Dios todo el tiempo y reyes que rigen al pueblo.

guardaremos

nuestra

primogenitura.

La

porción extra

del disfrute

de

Cristo,

Debido a que Judá obtuvo la porción de la primogenitura que está relacionada con el reinado, él produjo al Cristo real (Gn. 49:10), a Cristo el Victorioso (Ap. 5:5; Gn. 49:8- 9). ―Porque evidente es que nuestro Señor surgió de la tribu de Judá‖ (He. 7:14).

Abraham, Isaac, Jacob y Judá están asociados con Cristo. Si tenemos la vida de estas generaciones, es decir, la fe de Abraham, la heredad de Isaac, las experiencias bajo la mano de Dios por parte de Jacob y el cuidado amoroso de Judá, entonces nosotros estamos asociados con Cristo en Su genealogía.

H. Sus hermanos

Cuando esta genealogía menciona a Isaac y a Jacob, no dice ―y su hermano‖; sólo al mencionar a Judá dice ―y sus hermanos‖. El hermano de Isaac, Ismael, así como el de Jacob, Esaú, fueron rechazados por Dios. Pero los once hermanos de Judá fueron escogidos; ninguno de ellos fue rechazado por Dios. Judá y sus once hermanos llegaron

a ser los padres de las doce tribus, las cuales formaron la nación de Israel, el pueblo escogido por Dios para Cristo. Por consiguiente, todos los hermanos de Judá estaban ligados a Cristo. Por esta razón, también son incluidos en la genealogía de Cristo.

ESTUDIO-VIDA DE MATEO

MENSAJE TRES

LOS ANTEPASADOS Y LA CONDICION DEL REY

(3)

Todo lo que consta en el Antiguo Testamento está relacionado con Cristo. Todo el Antiguo Testamento habla de Cristo, directa o indirectamente. Si queremos entender la genealogía de Cristo, debemos volver al Antiguo Testamento y leerlo cuidadosamente. Si lo hacemos, veremos que el Antiguo Testamento es una crónica de Cristo, lo cual demuestra que toda la Biblia es una revelación de Cristo.

Hemos visto que en la genealogía de Cristo está incluido todo tipo de personas:

menospreciados, nobles, buenos y malos, padres, reyes, plebeyos, cautivos, recobrados

y aun mujeres de mala fama. Sin embargo, debemos entender que hay ciertos principios

que rigen aquí. Al estudiar las vidas de todas estas personas, podemos descubrir ciertos principios que gobiernan la manera en que nos asociamos con Cristo. La genealogía de Cristo incluye todo tipo de personas, pero no de una manera ligera. No importa quiénes

somos o de dónde vinimos, podemos ser incluidos en la genealogía de Cristo si cumplimos con los principios. Aunque ya hemos visto este punto, no lo hemos visto de manera adecuada, pues todavía nos quedan muchas más personas que estudiar.

I. Tamar

Tamar es la primera persona que consideraremos. Ella concibió al cometer incesto con su suegro (Gn. 38:6 - 27). En términos morale s, esto fue deplorable, y en cuanto a la ética, horrible. Nadie la justificaría. Aunque he estudiado Génesis por muchos años, todavía me duele el corazón cuando leo el capítulo treinta y ocho. En cierto sentido, lo que hizo Tamar fue completamente perverso. No obstante, ella era justa. No fue culpa

suya, sino la de su suegro, Judá, quien admitió que ella era más justa que él (Gn. 38:26). Podríamos decir que nada disculpa lo que hizo Tamar y que el incesto siempre involucra

a las dos partes. Aunque hasta cierto punto Tamar era responsable, ella también era justa, pues tenía en alto la primogenitura.

Entendemos muy poco en cuanto a la primogenitura y lo que significaba para las personas de esa época, porque nuestra cultura es diferente. Por eso, necesito dar u na breve explicación. En los tiempos de Tamar, la primogenitura tenía gran significado (Gn. 38:6- 8). Como hice notar en el mensaje anterior, la primogenitura incluía una porción doble de la tierra, el sacerdocio, y también el reinado. La porción doble de la tierra se refiere al disfrute doble que tenemos de Cristo. La tierra es Cristo, y la porción doble de la tierra no es el disfrute común y corriente que tenemos de El, sino algo especial, algo extraordinario que se disfruta de Cristo. Además, el sacerdocio y el reinado están relacionados con Cristo. Para los descendientes de Abraham, la primogenitura estaba estrechamente ligada con heredar a Cristo. Efesios 2:12 nos dice que cuando éramos incrédulos, no teníamos a Cristo. Sin embargo, al creer en el Señor Jesús, entramos en la primogenitura, fuimos puestos en Cristo, y Cristo llegó a ser nuestra porción y aun será nuestra porción doble. Por medio de El, en El y con El tenemos el sacerdocio y el reinado. Cristo mismo es nuestra buena tierra, nuestro sacerdoc io y nuestro reinado.

Ahora podemos entender la razón por la cual Tamar estaba ansiosa por la primogenitura. Sabía que si era eliminada, no tendría ninguna esperanza de obtener la promesa de Dios, la cual consistía en que El mismo sería la porción de Sus escogidos en Cristo. Tamar no quería perder esa bendición.

Tamar era la mujer del primer hijo de Judá. Este hijo debería haber heredado la primogenitura. Pero el marido de Tamar fue malo ante los ojos del Señor, y el Señor le quitó la vida (Gn. 38:7). El Señor también mató al segundo hijo de Judá (Gn. 38:8 - 10). Según las ordenanzas antiguas, Judá debía haber dispuesto que el siguiente hijo se casara con Tamar para que un hijo fuese producido, el cual pudiera heredar la primogenitura. Sin embargo, Judá no cumplió con su responsabilidad. En cierto sentido, Judá engañó a Tamar (Gn. 38:11- 14). Pero Tamar no se dio por vencida; al contrario, por un medio indebido obtuvo la primogenitura. Más allá de si el medio usado era indebido o no, Tamar hizo lo posible por obtener aquella primogenitura.

Obtener la primogenitura es simplemente obtener a Cristo. Para obtenerlo, debemos estar dispuestos a andar por un camino que tal vez no parezca el mejor. Le voy a contar

a usted un relato que uso como ejemplo, pero a la vez trate de entenderme bien; no me

interprete mal. Anteriormente, en China algunos jóvenes, inspirados por lo que yo predicaba, creyeron en el Señor Jesús y desearon bautizarse. No obstante, sus padres, quienes eran budistas, se les oponían mucho. Cuando se enteraron de que sus hijos pensaban bautizarse, no los dejaban ni salir de la casa. Los jóvenes oraron al respecto. Finalmente, dijeron a sus padres que tenían que asistir a la escuela por medio día. Sin lugar a dudas, aquello era una mentira, pues no fueron a la escuela, sino a la iglesia para bautizarse. Aunque mintieron, lo hicieron puramente. El motivo de la mentira agradó mucho a Dios. Si usted quiere ganar más de Cristo, no debe preocuparse por los medios. No sea religioso; no guarde las reglas ni los reglamentos. ¡Gane más de Cristo! Usted necesita ganar más de El. Obtenga la primogenitura por cualquier medio.

Tamar obtuvo la primogenitura de manera indebida. Pero en la crónica divina de la Biblia, su nombre no es malo. Rut 4:12 indica que Tamar es un nombre sagrado. En este versículo los ancianos dijeron: ―Y sea tu casa como la casa de Fares, el que Tamar dio a luz a Judá‖. Tamar es un nombre sagrado porque a ella no le interesaba lo pecaminoso, sino sólo la primogenitura. P ara nosotros en la actualidad esto significa que si queremos a Cristo y lo buscamos, cualquier método que usemos para verdaderamente asirnos de Cristo, es el correcto.

J. Fares y Zara

De Tamar pasamos a su hijo, Fares (Mt. 1:3). Tamar concibió a gemelos (G n. 38:27- 30). Cuando daba a luz, un niño, Zara, trató de salir primero pero no tuvo éxito. Sacó la mano, y la partera la marcó con hilo de grana, lo cual indicaba que sería el primogénito. Sin embargo, Fares salió primero y llegó a ser el primogénito. Así que, el primero se convirtió en el último, y el último en el primero. La partera se asombró. Esto es un buen ejemplo de cómo ganar la primogenitura. Fares heredó la primogenitura. El hombre no lo escogió, pero Dios lo mandó, lo cual comprueba que no depend e de lo mucho que pueda hacer un hombre; depende sólo de la elección de Dios. La historia de la madre nos cuenta un aspecto, el cual consiste en que debemos afanarnos por la primogenitura, haciendo todo lo posible por obtenerla; la historia del hijo nos cuenta el otro aspecto, es decir, por mucho que nos esforcemos para ganar la primogenitura, en realidad depende totalmente de la elección de Dios, y no de nuestros esfuerzos (véase Ro. 9:11).

Recuerdo un relato de la vida de D. L. Moody. Un día un estudiante del instituto bíblico de Moody le dijo: ―Señor Moody, leyendo el Nuevo Testamento aprendí que todos los salvos son los escogidos, predestinados por Dios desde antes de la fundación del mundo. Ahora tengo un problema. Si predico el evangelio y convenzo a a lgunos para que crean, es posible que me equivoque persuadiendo a alguien a quien Dios no ha escogido. ¿Qué debo hacer?‖ Moody le contestó: ―Hijo mío, simplemente haz todo lo posible. Al pasar por la puerta, las personas van a ver escrito afuera: ‗Quienqui era que desee, venga‘. Pero después de entrar, echarán una mirada para atrás y verán escrito adentro: ‗Escogidos antes de la fundación del mundo‘‖. La historia de Tamar significa:

―Aquel que desee, venga‖. Tamar deseó y Tamar llegó. Pero la historia de su hijo significa: ―Escogido antes de la fundación del mundo‖. Tal vez usted sea el Tamar de hoy, uno que se esfuerza y labora para obtener la primogenitura. Pero cuando la obtenga, echará una mirada para atrás y verá que usted fue escogido antes de la fundac ión del mundo. La primogenitura no depende de nosotros; depende solamente de Su elección.

K. Rahab

Ahora consideraremos a Rahab (Mt. 1:5). Rahab era una ramera que vivía en Jericó (Jos. 2:1), un lugar que Dios había maldecido por los siglos de los siglos. Aunque ella era una ramera y vivía en tal lugar, llegó a ser una abuela de Cristo. ¿Cómo pudo ser? Necesitamos hallar algunos principios fundamentales al respecto para responder a esta pregunta. Toda la población de Jericó fue destruida menos Rahab, su familia y sus bienes. Ella fue salvada porque se había vuelto a Dios y a Su pueblo (Jos. 6:22-23, 25; He. 11:31). Después de haberse vuelto a Dios y a Su pueblo, se casó con Salmón, un líder del ejército de la tribu principal de Judá y uno de los hombres que Josué había enviado para que reconociesen a Jericó. En aquel tiempo, Salmón conoció a Rahab y, en cierto sentido, la salvó. Finalmente, Rahab se casó con él, y ellos produjeron un hombre piadoso de nombre Booz.

Ahora debemos prestar toda nuestra atención a los principios que gobiernan la relación que tenemos con Cristo. El primer principio es éste: sin considerar nuestro pasado, debemos volvernos a Dios y a Su pueblo. El segundo: debemos casarnos con la persona apropiada, no en el sentido físico, sino espir itual. Después de habernos vuelto a Dios y a Su pueblo, tenemos que unirnos a las personas apropiadas, ser edificados con ellos y mantener una relación estrecha con ellas. El tercero: debemos producir el fruto adecuado. Entonces experimentaremos en plenitud la porción de la primogenitura de Cristo.

Parece que muchos cristianos hoy han perdido su primogenitura. No tienen a Salmón ni a Booz. Si quiere usted tener a un Salmón y a un Booz, tiene que relacionarse con los creyentes apropiados y con los líderes adecuados de las tribus principales. Luego necesita producir el fruto adecuado, Booz, quien era antepasado de David. Debemos volvernos al Señor y a Su pueblo. También debemos ocuparnos de cómo relacionarnos con otros. Si nos relacionamos con las personas apropiadas, ciertamente produciremos el fruto adecuado y esto nos mantendrá en el pleno disfrute de la primogenitura de Cristo.

L. Booz

Si queremos conocer la historia de Booz, debemos leer el libro de Rut. Es una buena historia. Booz tipifica a Cristo, y Rut tipifica a la iglesia. El libro de Rut nos dice que Booz redimió a Rut; también redimió la primogenitura para ella. Esto significa que Cristo, como nuestro Booz verdadero, nos ha redimido y también ha redimido la primogenitura.

Booz redimió la herencia de su pariente y se casó con la viuda de él (Rut 4:1 - 17); por esto, llegó a ser un antepasado notable de Cristo, un gran socio de Cristo. Como hermano y como un Booz, usted debe ocuparse de la primogenitura de los demás, y no sólo de la primogenitura suya. E n otras palabras, no sólo debe ocuparse del disfrute que usted tiene de Cristo, sino también del disfrute que otros tienen de El.

Rut era la nuera de Noemí. Al leer esta historia, vemos que Rut y Noemí habían perdido el disfrute, la primogenitura, pero con forme a lo ordenado por Dios, había una manera de restaurarla, de redimirla, aunque otra persona tenía que hacerlo. El principio es igual

en la vida de iglesia hoy en día. Si yo pierdo la primogenitura, los hermanos tienen la manera de redimirla para mí. Frecuentemente, algunos queridos santos pierden el disfrute de Cristo. En un sentido, se convierten en Noemí o en Rut. Si éste es el caso, usted necesita ser Booz, uno capaz de redimir la primogenitura perdida y casarse con la redimida.

Supongamos que así como Rut, he perdido mi marido. Perder el marido significa perder el disfrute de la primogenitura. Tengo la primogenitura, pero he perdido el disfrute de ella. Por consiguiente, necesito que usted, quien es mi hermano, redima mi primogenitura. Pero es necesario que usted tenga más riquezas de Cristo que yo. Necesita las riquezas con las cuales redimir mi primogenitura. Luego puede pagar el precio para recobrar mi primogenitura y también se casa conmigo. Esto significa que se relaciona conmigo. Esta relación espiritual producirá a Obed, el abuelo de David. Booz llegó a ser uno de los grandes antepasados de Cristo. En un sentido espiritual, disfrutaba la porción más grande y más rica de Cristo. Si un hermano llega a ser un Booz para mí, será aquel que disfrute más de Cristo. Debido a que ha redimido mi primogenitura y se ha relacionado conmigo, nuestra relación en el Señor finalmente producirá el pleno disfrute de Cristo.

En la vida de iglesia hoy necesitamos a varias personas que puedan ser como Booz. El libro de Rut nos dice que hubo otro pariente más cercano que Booz. Pero aquel hombre era egoísta; sólo se ocupaba de su propia primogenitura. Tenía miedo de ocuparse de la primogenitura de otro, no sea que dañara la suya. Esta es exactamente la situación actual. Algunos hermanos deben ocuparse de mí, la pobre Rut, pero son egoístas en el disfrute espiritual que tienen de Cristo. Aun es posible ser egoísta en el disfrute espiritual de Cristo. Sin embargo, alguno como Booz será generoso y pagará el precio para redimir mi primogenitura. Todo esto indica que debemos ocuparnos no sólo de nuestra propia primogenitura, sino también de la de los demás. Día a día debemos ocuparnos de que otros disfruten a Cristo. Cuanto más, mejor.

M. Rut

Ahora consideraremos a Rut (Mt. 1:5). Podemos decir que Rut era, sin lugar a dudas, una mujer virtuosa, pero tenía una gran carencia. Aunque ella misma no participó en el incesto, tal fue su origen. Rut pertenecía a la tribu de Moab (Rut 1:4). Moab era hijo de Lot, el fruto de la unión incestuosa que Lot tuvo con su hija (Gn. 19:30-38). Según Deuteronomio 23:3, los moabitas no podían entrar en la congregación de Jehová, ni hasta la décima generación. Por esto, Rut era una persona excluida. Sin embargo, el Señor la aceptó, y además ella llegó a ser una persona maravillosa que participaba en el disfrute de Cristo.

Aunque a Rut, como moabita, no se le permitía entrar en la congregación de Jehová, buscaba a Dios y a Su pueblo (Rut 1:15-17; 2:11-12). Esto revela un principio muy prevaleciente: no importa quienes somos o de donde venimos, si buscamos a Dios con todo nuestro corazón y a Su pueblo, estamos en condiciones de ser aceptados en la primogenitura de Cristo. Rut se casó con Booz, un hombre piadoso entre el pueblo de Dios, y de ellos nació Obed, el abuelo del rey David.

La madre de Booz era Rahab, una cananea, y su esposa era Rut, una moabita. Las dos eran gentiles. No obstante, fueron asociadas con Cristo. Esto comprueba que Cristo está

unido no sólo a los judíos, sino también a los gentiles, incluso a los gentiles menospreciados y viles.

Es posible que usted tenga un origen muy humilde y un pasado vergonzoso, pero no permita que le moleste o le frustre. ¡Olvídelo! Nada puede ser peor que ser una persona nacida de Moab. Mientras tenga usted e l deseo de buscar a Dios y a Su pueblo y se relacione con la persona apropiada, como Booz, entrará en la porción doble del disfrute de Cristo.

N. Isaí

Continuemos con Isaí (Mt. 1:5 - 6). Aunque la Biblia no dice mucho con respecto a Isaí, es importante lo po co que relata sobre él. El capítulo once del libro de Isaías habla dos veces con respecto a Isaí. Isaías 11:1 dice que Cristo sería el retoño (―vara‖ debe ser ―retoño‖ según el hebreo) que saldría del tronco de Isaí y un vástago de sus raíces. Cristo salió de él. Isaías 11:10 dice que Cristo es la raíz de Isaí, lo cual indica que Isaí salió de Cristo. Isaí era un hombre cuyo único origen era Cristo; también es alguien que produce a Cristo. Cristo sale de él, y él sale de Cristo. Cristo era su vástago y tamb ién su raíz. Necesitamos recibir luz del Señor para entender estas cosas.

¿Qué constituye un Isaí? Es una persona que produce a Cristo, y extiende a Cristo al ser arraigado en El. Cuando usted extiende a Cristo, no se olvide de que Cristo no sólo es su vástago, sino también su raíz. Cristo se extiende a partir de usted, y usted sale de Cristo. Cristo es nuestro origen, y Cristo también es nuestro producto, lo cual significa que somos uno con Cristo y estamos estrechamente relacionados con El. Estamos en El, y El está en nosotros. El sale de nosotros, y somos arraigados en El. Así es la persona que disfruta la primogenitura de Cristo.

Todos debemos ser como Booz, como Rut, como Isaí y como Tamar. Necesitamos ser personas como éstas. Finalmente, diremos: ―¡Alabado sea el Señor por cada uno! La condición de todos los demás es igual a la mía. La condición de Tamar también es la mía. Las buenas condiciones y las malas son iguales a las mías. Soy Tamar, soy Fares, soy Rahab, soy Booz, soy Rut y soy Isaí. ¡Aleluya!‖ Después de Isaí, finalmente somos como David.

O. David

David era el octavo hijo de su padre, y el menor. Esto es muy significativo. En la Biblia el número ocho significa la resurrección, un nuevo comienzo. El octavo día es el primer día de la segunda sema na; por esto, significa algo nuevo, algo en resurrección. Cuando Samuel fue a ungir al rey del pueblo de Dios, Isaí le presentó siete de sus hijos. Samuel los miró y dijo: ―Jehová no ha elegido a éstos‖. Cuando Samuel se enteró de que había otro, el octavo, David, envió por él y le ungió (1 S. 16:10-13). Esto significa que nosotros los escogidos y salvos no pertenecemos a la primera semana; somos del primer día de la segunda semana. Somos el octavo niño.

David fue el último de las generaciones de los patriarcas, es decir, catorce generaciones. David fue la conclusión de la sección de los patriarcas en la genealogía de Cristo.

David también fue el primero de entre las generaciones de los reyes. En esta genealogía, sólo David se llama ―el rey‖, porque el reino y el reinado fueron traídos por medio de él. El fue la conclusión de una sección y el comienzo de la segunda. En él se halla la marca divisoria de dos edades. El era el fin de una y el comie nzo de la otra, porque él experimentaba mucho el disfrute de Cristo. Si queremos disfrutar a Cristo en abundancia, será necesario que a menudo seamos el fin de una situación y el comienzo de otra. Sin embargo, muchos de los queridos santos no pueden ser ni el fin ni el comienzo. Resulta que no son nada. En la vida de iglesia necesitamos a unos que puedan ser como David, algunos que son fuertes y que pueden terminar algunas situaciones y dar comienzo a otras. Necesitamos a alguien que pueda concluir la generación de los patriarcas e iniciar la generación de los reyes. Debemos ser fuertes; debemos ser el octavo hijo, o sea, un David.

David era un varón conforme al corazón de Dios (1 S. 13:14). Dios mismo dijo a Saúl que iba a reemplazarlo por otro, pues había encontrado a un varón conforme a Su corazón. David, en toda su vida, no hizo nada malo, excepto una cosa muy grave:

asesinó a un hombre y tomó a su mujer. En un solo acto David cometió dos pecados graves: asesinato y adulterio. Dios mismo condenó esto. La Biblia dice que David hizo lo recto ante los ojos de Jehová todos los días de su vida, salvo en este asunto (1 R.

15:5).

P. La mujer de Urías (Betsabé)

David asesinó a Urías y tomó a su mujer, Betsabé. Ella era la esposa de un heteo, un pagano (2 S. 11:3). Ella se volvió a casar como resultado del adulterio (2 S. 11:26-27).

Q. Salomón

Después de que David había cometido los pecados de asesinato y adulterio, el profeta Natán, enviado por Dios para censurarle, le reprendió (2 S. 12:1 - 12). Después, David se arrepintió. El salmo 51, escrito por David, es su salmo de arrepentimiento. David se arrepintió, y Dios le perdonó (2 S. 12:13). Hubo arrepentimiento y luego, perdón. Aquí tenemos en conjunto tres asuntos: la transgresión, el arrepentimiento y el perdón. Poniéndolos juntos tenemos un resultado: Salomón. Primero hubo transgresión, luego arrepentimiento y después el perdón. Entonces nació Salomón (2 S. 12:24), el que edificó el templo de Dios. Salomón no es el producto de la transgresión y el arrepentimiento solamente, sino de éstos más el perdón de Dios. Aquí vemos dos matrimonios. El primero tuvo lugar entre David y Betsabé, y el segundo fue un matrimonio espiritual, el de la transgresión y el arrepentimiento de David con el perdón de Dios. El perdón de Dios se casó con la transgresión de David y su arrepentimiento. Este matrimonio produjo el hombre llamado Salomón, quien construyó el templo de Dios. La iglesia siempre es edificada por esta clase de persona, por Salomón, quien es el producto de la transgresión y arrepentimiento del hombre más el perdón de Dios.

Después de que David recibió el perdón de Dios y el gozo de su salvación fue

restaurado, oró por Sión, por

fortalecimiento de su reino (Sal. 51:18). Finalmente, como resultado de que Dios perdonara a David, le dio un hijo que había de construir el templo de Dios para que la

presencia de Dios fuera el centro de la ciudad de Jerusalén.

Jerusalén, por el

la edificación de

los

muros de

Espero que el Señor le muestre a usted lo que las palabras humanas no puede n. Si usted siempre ha sido y sigue siendo una persona buena, común y corriente, quien nunca ha asesinado a otros, nunca ha cometido una transgresión y nunca ha tenido que arrepentirse, entonces no es necesario que Dios le perdone. Si éste es el caso, ento nces nunca existirá un Salomón, y el templo de Dios nunca será construido. Pues, como hemos visto, la edificación del templo de Dios es el producto de la transgresión y arrepentimiento del hombre más el perdón de Dios.

Un día le dije al Señor: ―Señor, mi transgresión y mi arrepentimiento necesitan Tu perdón. Pero, Señor, Tú sabes mejor que yo que Tu perdón también requiere que cometa yo una transgresión. Mi transgresión necesita Tu perdón, y Tu perdón necesita mi transgresión. Si no tengo transgresiones, entonces Tú no puedes hacer nada con Tu perdón‖. Cuando hablé así con el Señor, parecía que me dijera: ―Sí. Debido a tu transgresión y arrepentimiento, tengo la oportunidad para ejercitar Mi perdón. Estoy contento con esto‖. Pero nunca debemos decir: ―Hagamos males para que vengan bienes‖. Usted debe hacer todo lo posible para hacer lo recto ante los ojos del Señor. Pero por mucho que intente hacerlo, tarde o temprano algo sucederá. De repente, cometerá asesinato y se apoderará de otros, es decir, cometerá transgresión. Sin embargo, después de cometer la transgresión, podrá arrepentirse. Si se arrepiente, Dios está listo para perdonarlo. Entonces engendrará un hijo y le dará el nombre de Salomón, el cual significa ―pacífico‖ (2 S. 12:24; 1 Cr. 22:9). Pero Salo món tiene otro nombre, ―Jedidías‖ (2 S. 12:25), el cual significa ―amado de Jehová‖. Para usted, Salomón significa ―pacífico‖, pero para el Señor, significa ―amado de Jehová‖. Este hijo será el que construirá el templo de Dios, la iglesia de hoy.

Es necesario que usted haga lo recto ante los ojos de Dios todo el tiempo. Pero le aseguro de que hacer lo recto no sirve para la edificación de la iglesia. No obstante, no debe decir: ―¡Entonces puedo hacer lo malo!‖ Le digo, aun si usted trata de hacer lo malo, descubrirá que no podrá. No sé que tipo de providencia es ésta. Pero un día usted hará algo horrible. Todos los hermanos menearán la cabeza por no ser capaces de creer que usted podría haber hecho tal cosa. Sin embargo, ¡usted lo ha hecho! En ese momento debería leer el salmo 51, haciéndolo suyo, y acudir al Señor diciendo: ―Señor, me arrepiento. Contra Ti y contra Ti solo he hecho esta maldad. Perdóname‖. Después de arrepentirse así, habrá otro casamiento, el de su transgresión y arrepentimiento con el perdón de Dios. Esto producirá un Salomón, el que para usted es pacífico y para el Señor, amado. Esta persona edificará la iglesia, el templo de Dios. Para entonces, usted será muy útil en la edificación de la iglesia.

Tal vez usted diga: ―¿Y qué diremos del d ía de hoy? ¿Qué debemos hacer? ¿esperar que venga esa clase de persona?‖ No, no espere; eso no es beneficioso. Debemos simplemente andar ante la presencia del Señor y dejar que el Señor lo haga. Como dijo Charles Wesley en uno de sus himnos: ―¡Todo es misericordia!‖ Sí, es totalmente una cuestión de la misericordia de Dios. Usted debe olvidarse de su pasado, de sus circunstancias y de lo que va a ocurrir en lo porvenir. Simplemente necesita confiar en la misericordia soberana del Señor. Si le busca a El y a Su pueblo de todo corazón, El llevará a cabo todo. El concederá que usted disfrute en toda su plenitud la primogenitura de Cristo.

Estos versículos, sacados de la genealogía de Cristo, son muy difíciles. No son leche ni carne, sino huesos. Si pasamos una hora o dos orando sobre ellos y sobre los puntos

abarcados en este mensaje, veremos algo más. Veremos que necesitamos un corazón que verdaderamente busque al Señor y a Su pueblo. Entonces seremos en esta época Booz, Rut, Obed, Isaí, David y finalmente Salo món, los que edifican la casa de Dios.

ESTUDIO-VIDA DE MATEO

MENSAJE CUATRO

LOS ANTEPASADOS Y LA CONDICION DEL REY

(4)

Ahora llegamos a la última parte de la genealogía de Cristo según Mateo. En el mensaje anterior dije que esta parte de la Palabra no es leche ni carne, sino hueso. Todos los puntos de este mensaje nos ayudarán a penetrar en el hueso para ver lo que contiene.

R. El rey David engendra a Salomón

Mateo 1:6 dice: ―David engendró a Salomón‖. Comparemos esta declaración con lo narrado en Lucas: ―N atán, hijo de David‖ (Lc. 3:31). También Natán era hijo de David. La genealogía de Mateo dice que el hijo de David era Salomón, y la genealogía presentada en Lucas dice que el hijo de David era Natán. Al leer 1 Crónicas 3:1 y 5, vemos que éstas son dos per sonas diferentes. Lo narrado en Lucas es la genealogía de Natán, hijo de David y antepasado de María, mientras que lo relatado en Mateo es la genealogía de Salomón, hijo de David y el antepasado de José. Una genealogía es del linaje de María, el de la espo sa; la otra es del linaje de José, la del marido. María y José eran descendientes de David, pero de dos familias distintas que procedieron del mismo abuelo. Una familia es la de Salomón; la otra es la de Natán. Bajo la soberanía de Dios, María y José, descendientes de las dos familias, se casaron y produjeron a Cristo. Se puede considerar a Cristo como descendiente de David mediante Salomón así como Natán. Esta es la razón por la cual El tiene dos genealogías.

El parentesco que Salomón tiene con Cristo no e s directo. Hablando con propiedad, Salomón no era un antepasado directo de Cristo. Fue emparentado con Cristo indirectamente mediante el matrimonio de José, su descendiente, y María, los cuales juntos produjeron a Cristo (Mt. 1:16).

El Antiguo Testamento no dijo que Cristo sería el descendiente de Salomón, pero de hecho profetizó repetidas veces que Cristo sería el descendiente de David (2 S. 7:13-14, 16; Jer. 23:5). Aunque Cristo no es un descendiente directo de Salomón, fueron cumplidas las profecías del Antiguo Testamento que hablaron de El.

S. Rehoboam

Ahora continuamos con Rehoboam, hijo de Salomón (Mt. 1:7). En Rehoboam, el reino de David fue dividido (1 R. 11:9-12; 12:1-17). De las doce tribus, una fue preservada por amor a David (1 R. 11:13), es decir, por Cristo. El reino que pertenecía a la casa de David lo necesitaba Cristo porque El tenía que nacer como heredero del trono de David. Si todo el reino se hubiera disuelto, nada habría quedado para que Cristo naciese como heredero real de David. Por lo tanto, Dios preservó a una de las tribus por amor a David. Aparentemente era preservada para David; en realidad era guardada para Cristo.

Dos partes surgieron de la división del reino de David: la parte al norte, llamada el reino de Israel, y la parte al sur, llamada el reino de Judá. La parte al norte fue llamada el reino de Israel, el cual es un nombre universal, porque se componía de las diez tribus de Israel; la parte al sur fue llamada el reino de Judá, un nombre local, porque se componía de dos tribus, la de Judá y la de Benjamín. En cuanto a usted se refiere, ¿cuál título conlleva el mejor significado? ¿el reino de Israel o el reino de Judá? Sin lugar a dudas yo sería partidario del reino de Israel, pues es algo universal, algo para la mayoría. Nunca preferiría a Judá, porque es muy local, muy estrecho. Sin embargo, aunque el reino de Israel era más universal que el de Judá, no está incluido ni siquiera un nombre de los reyes de Israel en la genealogía de Cristo. Eran universales, pero quedaron excluidos de la genealogía de Cristo. Fueron excluidos porque no estaban relacionados con Cristo.

Este cuadro, tal como todos los otros puntos que vemos en el Antiguo Testamento, fue presentado para que aprendiéramos, y tipifica lo que ocurre en la edad neotesta mentaria. En la actualidad vemos lo mismo. Según el principio, al comienzo la iglesia era una. Pero después de cierto tiempo, la iglesia se dividió, no en dos partes, sino tal vez en más de dos mil partes. Es posible que algunos digan: ―¿No eran los del re ino de Israel considerados el pueblo de Dios?‖ Indudablemente. Eran parte del pueblo de Dios pero quedaron fuera del linaje de Cristo. ¿Qué quiere decir esto? Estar fuera del linaje de Cristo significa que, aunque usted pertenece al pueblo de Dios, no está dedicado por completo a Cristo. Tiene interés en algo aparte de Cristo. Consideremos la situación actual. Todos somos verdaderos cristianos, el pueblo de Dios. Sin embargo, ¿todo nuestro ser está dedicado a Cristo de manera exclusiva, pura y plena? ¿o tenemos intereses adicionales? Si usted tiene otro interés aparte de Cristo, entonces está fuera del linaje de Cristo. Por esto, ninguno de los reyes del reino del norte, el reino más grande y universal, está incluido en la genealogía de Cristo.

T. Joram engendra a Uzías

Mateo 1:8 dice: ―Joram engendró a Uzías‖. Comparemos este relato con 1 Crónicas

quien fue hijo Joram, cuyo hijo fue Ocozías, hijo del cual

fue Joás, del cual fue hijo Amasías cuyo hijo fue Azarías‖ (quien es Uzías; véase 2 R. 15:1, 13). Mateo omitió tres generaciones mencionadas en 1 Crónicas: Ocozías, Joás y Amasías.

3:11 y 12, donde dice: ―

de

Esto debe de ser el resultado de que Joram se hubiera casado con la hija de Acab y Jezabel, un matrimonio maligno que corrompió a sus descendientes (2 Cr. 21:5-6; 22:1- 4). Acab era el rey del reino del norte, y su esposa, Jezabel, era una mala mujer que estaba estrechamente relacionada con los ídolos. Ella era uno con el diablo; como consecuencia, corrompió a su marido. Ellos engendraron una hija, y Joram, uno de los reyes de Judá, se casó con ella. Esta mujer enseñó a Joram a adorar a los ídolos y a

entrar en unión con ellos. De este modo su familia se corrompió. Según Exodo 20:5, tres generaciones de los descendientes de Joram fueron cortadas del linaje de Cristo. Exodo 20:5 dice que todo el que abandone a Dios y se incline a los ídolos se corrompe y sufrirá la maldición de Dios hasta la tercera y cuarta generación. Por lo tanto, tres generaciones del rey Joram fueron cortadas de la genealogía de Crist o. De esto debemos aprender. Si queremos asociarnos con Cristo, nunca debemos involucrarnos en lo relacionado con los ídolos. Dios es celoso y nunca tolerará la idolatría.

U. Josías engendra a Jeconías

Mateo 1:11 dice: ―Josías engendró a Jeconías‖. Comparemos este relato con ―los hijos

de Josías

Joacimfue omitida en la genealogía de Cristo. Esto indudablemente se debía a que Joacim fuese hecho rey por el faraón de Egipto, para que recaudara impuestos para él (2 R. 23:34- 35). Por estar íntimamente relacionado con Egipto, fue excluido de la genealogía de Cristo. Egipto representa el mundo. Con estos dos relatos podemos ver que todo el que se relacione con los ídolos o se asocie con el mundo será excluido de la genealogía de Cristo.

Jeconías su hijo‖ (1 Cr. 3:15-16). Una generación

el segundo Joacim

V. Los cautivos llevados a Babilonia

Los que fueron llevados a Babilonia bajo cautiverio (Mt. 1:11-12) tenían una relación indirecta con Cristo por el matrimonio de su descendiente, José, con María. Es por ese motivo que aun estos cautivos están incluidos en el sagrado relato de la genealogía de Cristo.

W. Jeconías

Jeconías no fue contado como rey en esta genealogía, porque nació durante el cautiverio y fue un cautivo (2 Cr. 36:9 - 10, Joaquín es Jeconías). Según la profecía de Jeremías 22:28-30, ninguno de los descendientes de Jeconías heredaría el trono de David. Todos sus descendientes fueron excluidos del trono de David. Si Cristo hubiera sido un descendiente directo de Jeconías, no habría tenido derecho al trono de David. Aunque Jeremías 22:28-30 dice que todos los descendientes de Jeconías están excluidos del trono de David, en el capítulo siguiente, el versículo 5, dice que Dios levantaría a David un Renuevo, un Rey que reinaría y prosperaría. El Renuevo es Cristo. Esta profecía confirma que Cristo sería descendiente de David, aunque no era descendiente directo de Jeconías, y que heredaría el trono de David.

X. Jeconías engendra a Salatiel,

y Salatiel engendra a Zorobabel

Mateo 1:12 dice: ―Jeconías engendró a Salatiel; y Salatiel engendró a Zorobabel‖.

Salatiel

lo cual muestra que Zorobabel fue hijo

de Pedaías, hermano de Salatiel. Zorobabel no era hijo de Salatiel, sino sobrino; no obstante, llegó a ser su heredero. Tal vez éste fue un caso conforme al principio de Deuteronomio 25:5- 6, donde dice que si un hombre moría y no tenía hijo por heredero,

Comparemos este relato con el de 1Crónicas 3:17-19: ―Los hijos de Jeconías

Pedaías

Los hijos de Pedaías: Zorobabel

‖,

su hermano debía casarse con su esposa para producir dicho heredero. Aun esa porción de Deuteronomio está relacionada con la genealogía de Cristo.

Y. Zorobabel

Esdras 5:1 y 2 dicen que Zorobabel era uno de los líderes que regresaron del cautiverio de Babilonia a Jerusalén. El ocupaba posición de líder en el recobro del Señor. Esto es muy importante. Además, era líder en la reedificación del templo de Dios (Zac. 4:7-10).

Si el pueblo de Dios no hubiera regresado del cautiverio, no h abría sido posible que Cristo naciera en Belén. El Antiguo Testamento claramente predijo que Cristo, como descendiente de David, nacería en Belén (Mt. 2:4-6; Mi. 5:2). Supongamos que ninguno de entre el pueblo de Israel hubiera regresado a Judá, y llegara el tiempo en que Cristo iba a nacer en Belén. Nadie habría estado allí. Ahora podemos entender la razón por la que Dios mandó que los cautivos regresaran. Su mandato no sólo tenía como fin la reedificación del templo, sino también hacer los preparativos para que Cristo naciese en Belén.

Sucede lo mismo ahora. Algunos preguntarían: ―¿Cuál es la diferencia entre quedarse en Babilonia y regresar a Jerusalén? ¿No viene a ser lo mismo, con tal que adoremos a Dios y andemos en el espíritu?‖ Tal vez le dé igual a usted, pero no a Cristo. Cristo necesita que algunos le lleven a Belén. Quizá usted adore a Dios y ande en el espíritu en Babilonia, pero le aseguro que Cristo nunca podrá nacer en la humanidad a través de usted. Esto exige un lugar específico. Es menester salir de Babilonia y regresar a Judá. Cuando el Señor Jesús iba a nacer, algunos israelitas, descendientes de los cautivos que habían regresado, esperaban en Judá. En aquel tiempo José y María no estaban en Babilonia, sino en Judá. Para la primera venida de Cristo a la tierra, era necesario que algunos de entre Su pueblo cautivo regresaran a Judá. Para Su segunda venida, Cristo nuevamente necesita que algunos de entre Su pueblo cautivo regresen del cautiverio para estar en la vida de iglesia.

Z. Jacob engendra a José

La genealogía presentada en Mateo dice: ―Jacob engendró a José‖ (v. 16), pero Lucas 3:23 dice: ―José, hijo de Elí‖. ¿De quien era hijo José? El libro de Lucas dice ―como se suponía‖. Una traducción literal es ―según la ley‖, lo cual indica que José no era en realidad hijo de Elí, sino que fue contado como hijo según la ley. José era el yerno de Elí, quien era padre de María. Tal vez lo indicado aquí sea un ejemplo del caso mencionado en Números 27:1-8 y 36:1-12, donde encontramos una ordenanza dada por Dios, la cual dice que si algunos padres tenían sólo hijas por herederas, su herencia debía pasar a las hijas. Luego éstas tenían que casarse con un hombre de su tribu para guardar la herencia dentro de aquella tribu. Si no tuviéramos el capítulo u no de Mateo, tal vez nos preguntaríamos por qué tal caso se relata en Números. Ahora vemos que no simplemente nos cuenta de cierta regla, sino que está relacionado con Cristo, porque una hija, la virgen, dio a luz a Cristo, y por ella fue narrado el caso e n Números. Creemos que los padres de María no tenían hijos y que, por tanto, ella recibió la herencia de sus padres y se casó con José, un varón de su tribu, la tribu de Judá. Hasta la regla mencionada en Números 27 y 36 está ligada a la genealogía de Cris to. Toda la Biblia, directa o indirectamente, cuenta la historia de Cristo.

AA. José, marido de María, de la cual nació Jesús

Ahora, la genealogía no dice ―José engendró a Jesús‖ como se refiere a las personas anteriores, sino: ―José, marido de María, de la cual nació Jesús‖ (v. 16). Jesús nació de María, no de José, porque fue profetizado que de la mujer Cristo sería simiente y que de una virgen nacería (Gn. 3:15; Is. 7:14). Cristo no sería de José, porque éste era varón y descendiente de Jeconías, a cuyos descendientes no se les permitió que heredasen el trono (Jer. 22:28-30). Si Cristo hubiera sido engendrado por José, habría sido excluido del trono de David. No obstante, María, siendo virgen (Lc. 1:27) y descendiente de David (Lc. 1:31-32), era la persona de quien Cristo debía nacer. El matrimonio de José

y María, relacionó a José con Cristo y unió en un solo linaje las dos líneas genealógicas de Cristo, produciendo así a Cristo.

Ahora deberíamos examinar el diagrama (p. 52), el cual muestra que la genealogía de Cristo comienza con Dios y continúa hasta llegar a Jesús. El primer nombre es Dios, y el último es Jesús. Va de Dios a Adán, de Adán a Abraham, de Abraham pasa por Isaac

y Jacob, y llega a David. Después de David, se divide en dos líneas, la primera de las

cuales va de Natán a María, y la segunda, de Salomón a José. Finalmente, bajo la soberanía de Dios estas dos líneas se unen con el matrimonio de María y José para producir a Cristo. Si nos demoramos un poco para examinar este diagrama, nos daremos

cuenta de cuán maravillosa es la soberanía de Dios.

Todos los matrimonios están bajo la soberanía de Dios, especialmente los matrimonios relacionados con Cristo. La genealogía seguía una línea de Dios a David, y de éste a

Jesús eran dos; no obstante, las dos líneas fueron unidas mediante el matrimonio de José

y María. Aquel Jesús producido por medio de María cumple las profecías: la que trata

de la simiente de la mujer (Gn. 3:15); la de la virgen que produciría un hijo (Is. 7:14); la

de la simiente de Abra ham que traería bendición a todas las naciones (Gn. 22:18); la que trata de Isaac y Jacob, la cual es la misma profecía dicha a Abraham (Gn. 26:4; 28:14); la que fue proclamada a Judá con respecto a que la tribu real procedería de él (Gn. 49:10); y la profecía declarada a David (2 S. 7:12 - 13). Aunque el nacimiento de Jesús cumplió muchas profecías halladas en el Antiguo Testamento, El no era descendiente de Jeconías. Aparentemente, los descendientes de Jeconías permanecían en el linaje real. Pero bajo la soberanía de Dios, María, la madre de Jesús, se casó con José, descendiente de Jeconías, quien parecía estar en la línea de la familia real. Parecía que Jesús era descendiente de Jeconías; en realidad, no era. El era descendiente de David. Sólo Dios puede disponer las cosas así. ¡Alabémosle!

Si usted considera su historia de salvación, verá que el principio es igual. No piense que el matrimonio de José y María sucedió por casualidad. No fue así; más bien Dios lo planeó bajo Su mano soberana. Del mismo modo, la asociación que usted tiene con Cristo, o sea, su salvación, no sucedió por casualidad; también fue planeada bajo la mano divina. A veces he dicho al Señor con mucho agradecimiento: ―Estoy muy contento de que Tú no me pusieras en la tierra en el año 20 a. de C., sino en el siglo veinte. Me colocaste en la tierra en un lugar adonde vinieron los misioneros llevando consigo la Biblia. Un día nací de una madre cristiana. Más tarde, tuve la oportunidad de escuchar el evangelio y fui salvo. ¡Aleluya!‖ No sucedió por casualidad. Ni tampoco la asociación que usted tiene con Cristo llegó a ser por casualidad. Dios lo planeó todo con

esmero. Dios lo ha dispuesto todo para nosotros los seres humanos. No es un asunto insignificante. Cuando entremos en la eternidad, es posible que nos asombremos y proclamemos en voz alta: ―¡Alabado sea el Señor!‖

BB. María

Ahora llegamos a María, la virgen (1:16). Por ser virgen, ella era diferente de las otras mujeres mencionadas en esta genealogía. María era pura y única en su género. Concibió por el Espíritu Santo, no por el hombre, para producir a Cristo (Lc. 1:34 - 35; Mt. 1:18b, 20b). El relato de las cuatro mujeres que volvieron a casarse y la virgen comprueba que todas las personas mencionadas en esta genealogía nacieron en pecado, salvo Cristo, quien nació en santidad.

CC. Aquel que es llamado Cristo

Mateo incluye las palabras: ―quien es llamado el Cristo‖ (v. 16) En la genealogía de Lucas, el título ―Cristo‖ no se menciona. Lucas usa el nombre ―Jesús‖ porque en el libro de Lucas se demuestra que el Señor vino a ser hombre, no a ser el Ungido, el Rey, el Mesías. Mateo, por otro lado, demuestra que Jesús es el Rey, el Mesías profetizado en el Antiguo Testamento. Por eso, Mateo añadió las palabras: ―quien es llamado el Cristo‖.

DD. Abraham, David y María

Abraham, David y María son nombres placenteros en la Biblia, nombres agradables a los oídos de Dios (vs. 2, 6, 16). Abraham representa una vida por fe, David representa una vida sometida a la operación de la cruz, y María representa una vida absolutamente entregada al Señor. Por medio de estas tres clases de vidas Cristo fue introducido en la humanidad.

El principio sigue igual ahora. Consideremos la predicación del evangelio. El propósito de predicar el evangelio es introducir a Cristo en la humanidad. Esto requiere que uno tenga mucha fe, que viva bajo la operación de la cruz, y que se entregue por completo al Señor. Si vivimos así, indudablemente introduciremos a Cristo en la humanidad.

EE. Para David y de David

David es el fin de las generaciones de los antepasados y el comienzo de las generaciones de los reyes (v. 17). Era la única persona que Dios utilizó como una marca divisoria para concluir la sección de los antepasados y empezar la sección de los reyes.

FF. Hasta la deportación y desde ella

En los tiempos de la degradación, no hubo ninguna persona que sirviera de marca divisoria para las generaciones tal como lo fueron Abraham y David. Así que, la deportación vino a ser una marca, pero una marca de vergüenza. En aquel tiempo, la marca divisoria no era una persona, sino un evento: la deportación a Babilonia. La Biblia nos muestra claramente que ninguna persona sobresalió como marca divisoria de aquella generación. Eso fue una vergüenza.

GG. Tres grupos de catorce generaciones

El versículo 17 menciona tres grupos de catorce generaciones. El número catorce se compone de diez más cuatro. El número cuatro representa las criaturas. En Apocalipsis 4:6 tenemos los cuatro seres vivientes, y en Apocalipsis 7:1 tenemos ―los cuatro ángulos de la tierra‖ y ―los cuatro vientos‖. El número diez significa plenitud. A menudo hablamos de un décimo, el cual significa la décima parte de la plenitud (Gn. 14:20). Por lo tanto, en Mateo 25:1 tenemos diez vírgenes. Mire usted las manos y los pies; ust ed tiene diez dedos en las manos y diez dedos en los pies. Por ende, el número diez denota plenitud, y el número catorce significa los seres vivientes en plenitud.

Tres por catorce generaciones indica que el Dios Triuno se mezcla con los seres vivientes en plenitud. Esto tiene mucho significado. Las personas del Dios Triuno son el Padre, el Hijo y el Espíritu. Esta genealogía contiene tres secciones: la sección de los patriarcas, la sección de los reyes y la sección de los civiles, la cual incluye a los cautivos y a los recobrados. Dios el Padre corresponde a la sección de los patriarcas; Dios el Hijo, a la sección de los reyes; y Dios el Espíritu, a la sección de los civiles. ¡Esto es maravilloso! Por lo tanto, tres por catorce significa que el Dios Triuno se mezcla con Sus criaturas. La presentación de la genealogía de Cristo indica esta mezcla.

El Dios Triuno pasó por Abraham e Isaac, Jacob y Judá, Booz y Obed, Isaí y David y luego pasó por muchas generaciones hasta llegar a María y José. Finalmente, Jesús vino. ¿Quién es Jesús? Es el Dios Triuno pasando por todas las generaciones y llegando como la mezcla de lo divino con lo humano.

Tres por catorce es cuarenta y dos. Cuarenta es el número de pruebas, tentaciones y sufrimientos (He. 3:9; Mt. 4:2; 1 R. 19:8 ). Cristo es la cuadragésima segunda generación. Cuarenta y dos significa reposo y satisfacción después de la prueba. Números 33:5-48 muestra que los hijos de Israel pasaron cuarenta y dos estaciones antes de entrar en Canaán. Según lo narrado en el Antiguo Testamento, los israelitas sufrieron al pasarlas. Fueron probados, tentados, y no tenían reposo. Sin embargo, después de pasar las cuarenta y dos estaciones, entraron en el reposo. Esto no sólo ocurrió en el pasado, sino que volverá a suceder en lo porve nir. En Apocalipsis 13, vemos que habrá cuarenta y dos meses, tres años y medio. Estos meses constituirán la parte concluyente de los últimos siete años, la última semana mencionada en Daniel 9:24-27. Hay setenta semanas: las primeras setenta semanas, luego sesenta y dos semanas, y entonces la última; cada cual representa siete años. La segunda mitad de los últimas siete años, un período de cuarenta y dos meses, será la gran tribulación, la cual será horrible. Habrá muchas pruebas, tentaciones y sufrimiento s. Pero cuando se terminen los cuarenta y dos meses, el reino vendrá y habrá reposo. En el período de Abraham a María había muchos sufrimientos, muchas pruebas y tentaciones. Después de todas las generaciones de pruebas, tentaciones y sufrimientos, Cristo vino como la cuadragésima segunda generación para ser nuestro reposo completo y nuestra plena satisfacción.

Al leer la historia dada en el libro de Crónicas, descubrimos que hubo en realidad cuarenta y cinco generaciones de Abraham a Cristo. ¿Por qué, ento nces, Mateo sólo cuenta cuarenta y dos? Restando de éstas las tres generaciones malditas y una generación impropia, y luego añadiendo una, haciendo de David dos generaciones (una,

la de los antepasados y la otra, la de los reyes), las generaciones suman cuarenta y dos, y

están divididas en tres eras de catorce generaciones cada una.

Debemos recordar que el estudio que hacemos del libro de Mateo no es solamente un estudio centrado en la vida, sino también un estudio bíblico. Por eso, necesitamos conocimiento . Debemos ver que lo que consta en Mateo no tiene como fin dar una crónica histórica, sino doctrinal. Lo narrado en el libro de Juan, por otro lado, concuerda con la historia, porque Juan escribió su evangelio según los acontecimientos históricos. Conforme a la historia, hubo cuarenta y cinco generaciones, pero conforme al propósito de Mateo, el de relatar la doctrina, hubo cuarenta y dos generaciones. Debía de haber sido algo relacionado con la doctrina que obligó a Mateo a decir que hubo catorce generacio nes de Abraham a David, de éste a la deportación, catorce generaciones, y de la deportación a Cristo, otras catorce generaciones. Al decirlo así, Mateo no se equivocó. Tres generaciones fueron omitidas porque no tenían los requisitos necesarios,

y la cuarta generación fue incapacitada y cortada. Pero el rey David, quien era una

persona maravillosa, tenía el doble de los requisitos. El llegó a abarcar dos generaciones, concluyendo una sección y dando comienzo a otra. El introdujo el reino, pues por él fue establecido el mismo. Así que, al ser contado David como dos generaciones, la genealogía de Cristo presentada en Mateo puede consistir de cuarenta y dos generaciones en tres secciones de catorce generaciones cada una.

HH. “Hasta el Cristo”

Ahora consideremos las palabras ―hasta el Cristo‖ (v. 17). Lo narrado en el libro de Lucas comienza con Jesús y se remonta a Dios, una totalidad de setenta y siete generaciones. Lo relatado en el libro de Mateo va de Abraham a Cristo. Lucas regresa y asciende a Dios; Mateo marcha adelante y desciende a Cristo. Todas las generaciones estaban dirigidas hacia Cristo y lo trajeron. Sin Cristo, hay solamente cuarenta y una generaciones; no hay meta, ni consumación ni conclusión. Cuarenta y uno no es un número bueno; necesitamos la cuadragésima segunda. Cristo es la meta, la consumación, la conclusión, el completamiento y la perfección de todas las generaciones; como tal, El cumple las profecías, resuelve los problemas y satisface las necesidades de estas generaciones. Cristo vino a cumplir todas las profecías, las que se refieren a Abraham, a Isaac, a Jacob, a Judá y a David. Si Cristo no hubiera venido, todas estas profecías habrían sido en vano. Cuando Cristo viene, trae consigo la luz, la vida, la salvación, la satisfacción, la sanidad, la libertad, el reposo, el consuelo, la paz,

el gozo. De ahí en adelante, todo el Nuevo Testamento es una exposición completa de

este Cristo maravilloso. Los veintisiete libros del Nuevo Testamento los Evangelios, los Hechos, las Epístolas y Apocalipsisnos enseñan cómo este Cristo cumple todas las profecías, resuelve todos nuestros problemas, y satisface todas nuestras necesidades. Además nos cuenta cómo El es el todo para nosotros. ¡Aleluya, Cristo ha venido!

ESTUDIO-VIDA DE MATEO

MENSAJE CINCO

LOS ANTEPASADOS Y LA CONDICION DEL REY

(5)

II. SU NACIMIENTO

En este mensaje llegamos al nacimiento de Cristo. Su nacimiento es un misterio total; por eso, es difícil hablar de ello. Primero, debemos considerar algunos asuntos relacionados con los preparativos que fueron hechos para el nacimiento de Cristo.

A. Por la soberanía de Dios

El nacimiento de Cristo fue preparado y llevado a cabo por la soberanía de Dios (1:18; Lc. 1:26-27). Por Su soberanía, Dios unió a José y María en matrimonio para que Cristo naciese como heredero legítimo del trono de David. El matrimonio es un misterio. No es fácil unir a dos personas, y especialmente cuando tiene que ver con el nacimiento de Cristo. No era fácil unir a José con María. Miremos la historia. Según la genealogía de Cristo presentada en Mateo, José era descendiente de Zorobabel, uno que regresó del cautiverio. Zorobabel, líder de la tribu de Judá y descendiente de la familia real, sacó a los cautivos de Babilonia y los llevó a Jerusalén (Esd. 2:2). También tomó la iniciativa en la reedificación del templo (Esd. 3:8; 5:2). José era su descendiente. Si el regreso de los cautivos no hubiera suced ido, ¿dónde habría nacido José? Habría nacido en Babilonia. Habría sido igual en el caso de María, quien era descendiente de los cautivos que regresaron a Jerusalén. Si los antepasados de José y María hubieran permanecido en Babilonia y por consiguiente María y José hubieran nacido allí, ¿cómo podría Jesús haber nacido en Belén? Gracias a Dios por Su soberanía en hacer regresar a los antepasados de José y de María.

Dios, en Su soberanía, colocó a José y a María en la misma ciudad, Nazaret (Lc. 1:26; 2:4). Si ellos hubieran vivido muy lejos el uno del otro, les habría sido difícil casarse. José y María no solamente eran descendientes de los que regresaron del cautiverio, sino que también vivían en el mismo pueblo, lo cual les proporcionó la oportunidad de casarse.

Además, cuando examinamos las genealogías dadas en Mateo y Lucas, descubrimos que José procedió del linaje real, el de Salomón (vs. 6-7), y María procedió de un linaje no real, el de Natán (Lc. 3:31). Aunque José y María se casaron, Jesús nació de Ma ría, y no de José. Aparentemente, fue engendrado por José, pero en realidad, nació de María (Mt. 1:16). Todo esto tenía que ver con la soberanía de Dios.

Como vimos en el mensaje anterior, la maldición hallada en el libro de Jeremías excluyó a todos los descendientes de Jeconías, o sea, no podían heredar el trono de David (Jer. 22:28-30). Si Jesús, de hecho, hubiera sido engendrado por José, habría sido excluido del trono de David. José, por proceder del linaje real, era descendiente real a los ojos de los hombres. Aparentemente, Jesús fue ligado a este linaje por el matrimonio

de su madre María con José. De nuevo, vemos la soberanía de Dios. Dios había hallado una joven, también descendiente de David, quien podría dar a luz a Cristo. Jesús nació de ella y, en realidad, era simiente de David. Jesús tenía los requisitos para heredar el trono de David.

Por este arreglo soberano, Jesús era tanto una persona del pueblo así como heredero del trono real. Esta es la razón por la cual El tiene dos genealogías: una se presenta en Lucas y nos cuenta Su condición de plebeyo; la otra se halla en Mateo y nos cuenta Su rango real. Heredó Su condición plebeya de María y Su rango real de José. Así que Jesús nació bajo la mano soberana de Dios. Ninguno de nosotros nació así. N inguno de nosotros nació bajo esta soberanía. Sólo Jesús tenía los requisitos para disfrutar de ese arreglo soberano.

B. Por medio de la entrega de María

Según Lucas 1:26 - 28, el nacimiento de Cristo fue llevado a cabo por medio de la entrega de María. Aquí yo quisiera decirles algo a los jóvenes. No era fácil que una joven, una virgen como María, aceptara el encargo de concebir a un hijo. Si yo hubiera sido ella, habría dicho: ―Señor, si me pidieras cualquier otra cosa, lo haría. ¡Pero me pides que conciba a un hijo! Esto no es posible en términos humanos; no es virtuoso ni ético. ¡No lo puedo hacer!‖ Nos es fácil leer esta narración. No obstante, supongamos que una hermana joven de entre nosotros recibiera semejante encargo esta noche. ¿Podría aceptarlo? No es asunto insignificante. Es posible que María dijera: ―Gabriel, ¿no sabes que ya estoy comprometida? ¿Cómo podría concebir a un hijo?‖ ¿Quien de entre nosotros aceptaría un encargo tal como éste? Si un ángel hablara así con usted, ¿podría usted aceptarlo?

Después de escuchar las palabras del ángel, María dijo: ―He aquí la esclava del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra‖ (Lc. 1:38). Tal vez parezca algo sencillo, pero el precio es excesivamente alto. Para dar a luz a Cristo, María pagó un precio muy alto:

pagó con todo su ser. No es fácil producir a Cristo; cuesta mucho. Si queremos introducir a Cristo, tenemos que pagar un precio. María lo hizo.

José reaccionó inmediatamente, pensando despedirla secretamente (v. 19). Así que, María estaba en apuros. Le aseguro a usted que cuando acepte el encargo de sacar a luz a Cristo, se encontrará usted en apuros. Todos los ángeles lo entenderán, pero ningún ser humano lo entenderá. No espere que haya alguien como el ángel Gabriel. Todos le van a entender mal a usted. De hecho, es posible que la persona más cercana a usted sea la que menos lo entienda. No obstante, el nacimiento de Cristo fue realizado en gran parte por la entrega de María.

C. Del poder del Espíritu Santo

Con todo eso, la entrega de María no esta ba ligada directamente a la concepción de Jesús. Su concepción fue ligada directamente al Espíritu Santo (vs. 18, 20; Lc. 1:35). Sin el Espíritu Santo, no tendría valor la entrega de María. Podríamos rendirnos totalmente, pero esto no significa nada sin el poder del Espíritu Santo. No debemos apreciar en exceso el hecho de que nos hayamos rendido por completo, pues vale poco.

Nuestra entrega simplemente da lugar al poder del Espíritu Santo, para que entre en nosotros y realice algo.

D. Junto con la obediencia

y la coordinación de parte de José

Aunque se presentaba la soberanía de Dios, la entrega de María y el poder del Espíritu Santo, era necesario que José obedeciera y cooperase (Mt. 1:19-21, 24-25). ¿Qué habría sucedido si José hubiera insistido en divorciarse de María? El estuvo planeando esto; sin embargo, él fue la persona elegida por Dios para el nacimiento de Cristo. Por lo tanto, no era tosco ni impetuoso; más bien, era atento y serio. José era un hombre joven; por eso, yo quisiera aprovechar e l momento para decir algo a los jóvenes. No tomen las decisiones con rapidez ni actúen a la ligera. Deben proceder lentamente y dejar que intervenga el Señor. Por lo menos, dejen el asunto para otro día. Durante la noche, tal vez el ángel se le acerque a u sted para decirle algo. Esto es lo que le pasó a José. Mientras consideraba estas cosas, el ángel del Señor se le apareció en sueños (v. 20) y José obedeció el mandato del ángel.

Supongamos que usted se hubiera comprometido a una joven y descubriese que el la estaba encinta. ¿Aún la tomaría por esposa? Tomar por esposa a tal mujer indudablemente sería una vergüenza. Por lo tanto, no sólo María pagó un precio, sino también José. Le costó mucho introducir a Cristo, pues hizo que sufriera vergüenza.

Los puntos que hemos tratado hasta aquí son menores. Ahora llegamos a los puntos principales.

E. Cumplió las profecías

El nacimiento de Cristo cumplió por completo las profecías del Antiguo Testamento. La primera profecía antiguotestamentaria se halla en Génesis 3:15. Los capítulos uno y dos no contienen profecías, pero en el capítulo tres vemos que después de que el hombre había caído y la serpiente se había metido en el hombre a través de la mujer, Dios hizo una promesa. Parece que Dios decía al hacer la promesa: ―S erpiente, tú te entrometiste por medio de la mujer. Ahora voy a darte fin por medio de la simiente de la mujer‖. De este modo la promesa referente a la simiente de la mujer vino a ser la primera profecía de la Biblia.

En Mateo 1:22 y 23 una virgen concibe un niño y así se cumple la profecía. Este niño fue la simiente de la mujer. En Gálatas 4:4 Pablo dice que Cristo nació bajo la ley y también nació de una mujer. Cristo vino no sólo para cumplir la ley, sino también para cumplir la promesa de la simiente de la mujer que había de herir la cabeza de la serpiente.

De Génesis pasamos a Isaías 7:14, donde hay otra profecía referente a Cristo. ―He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo‖. El cumplimiento de esta profecía introdujo a Dios en el hombre. ¡Aleluya, Dios se hizo hombre!

F. Dios se hizo carne

No obstante, es difícil encontrar un versículo donde diga que Dios se hizo hombre, pero

la Biblia sí dice que

―Hombre‖ es un término bueno, pero ―carne‖ no lo es. Si digo que usted es hombre, usted estará contento. Pero, si digo que usted es carne, no estará contento porque la palabra ―carne‖ no es positiva. En 1 Timoteo 3:16 Pablo dice: ―Grande es el misterio El fue manifestado en la carne‖. Aunque ―carne‖ no es un término bueno, la Biblia sí

dice que Dios fue manifestado en la carne.

―el Verbo era Dios

y el Verbo se hizo carne‖ (Jn. 1:1, 14).

No es fácil entender el significado de la palabra ―carne‖ según el uso bíblico. En la Biblia ―carne‖ tiene al menos tres significados. Primero, en un sentido positivo, significa la carne de nuestro cuerpo (Jn. 6:55). Nuestro cuerpo consiste de carne y hueso, sangre y piel, lo cual se refiere a lo físico. En segundo lugar, ―carne‖ significa nuestro cuerpo caído. Dios no creó la carne caída, sino un cuerpo. Cuando el hombre cayó, el veneno de Satanás se inyectó en su cuerpo, y como resultado el cuerpo se corrompió y se convirtió en carne. Por lo tanto, Romanos 7:18 dice: ―Pues yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien‖. Esto indica que el cuerpo caíd o, el cuerpo de pecado (Ro. 6:6), es llamado la carne. Todas las concupiscencias humanas proceden de la carne. Por esto, el Nuevo Testamento contiene la expresión ―las concupiscencias de nuestra carne‖ (Ef. 2:3). En tercer lugar, la carne, sobre todo según el uso neotestamentario, significa el hombre caído. Romanos 3:20 dice: ―Por las obras de la ley ninguna carne será justificada delante de El‖. En este versículo ―carne‖ equivale al hombre caído.

No obstante, Juan 1:14 dice: ―El Verbo [el cual era Dios] se hizo carne‖. Como hemos visto, ―carne‖ significa el hombre caído. Entonces, ¿cómo debemos interpretar Juan 1:14? El Verbo era Dios, y el Verbo se hizo carne. Grande es el misterio: Dios fue manifestado en la carne. La Biblia dice que Dios se hizo carne y que la carne no es el hombre creado sino el hombre caído. ¿Podemos decir que Dios se hizo un hombre caído? Indudablemente, esto es problemático.

Con todo y eso, hay dos versículos que nos pueden ayudar. El primero es Romanos 8:3, donde dice que Dios envió a ―Su Hijo en semejanza de carne de pecado‖. No dice sólo ―carne de pecado‖, sino ―semejanza de carne de pecado‖. El otro versículo es Juan 3:14:

―Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado‖. La serpiente levantada en el asta en el desierto no era en realidad una serpiente venenosa, sino una serpiente de bronce forjada en la semejanza de una serpiente verdadera (Nm. 21:9). Juan 3:14 es lo que el Señor Jesús dijo a Nicodemo. El Señor le dijo que c omo Moisés levantó la serpiente en el desierto, era necesario que El también fuese levantado en la cruz. Cuando Jesús estuvo en la cruz, a los ojos de Dios El tenía la forma, la semejanza, de una serpiente. Pero, como fue el caso con la serpiente de bronce levantada en el desierto, El no tenía veneno en Sí porque no nació del hombre caído, sino de una virgen.

Ahora debemos diferenciar claramente dos puntos: Cristo fue concebido por el Espíritu Santo y nació de una virgen. Su origen era el Espíritu Santo, y Su elemento era divino. Por medio de la virgen María, El se vistió de carne y sangre, de la naturaleza humana, tomando ―la semejanza de carne‖, ―haciéndose semejante a los hombres‖ (Fil. 2:7). Sin embargo, no tenía la naturaleza pecaminosa de la carne caíd a. El no conoció pecado (2 Co. 5:21) y no tenía pecado (He. 4:15). Tenía la carne, pero ésta tenía sólo ―semejanza de carne de pecado‖. En Su apariencia fue hecho en forma de un hombre caído, pero en

realidad, no tenía por dentro la naturaleza caída. La ma nera en que llegó a nacer siguió el mismo principio: aparentemente, El era hijo de José, pero en realidad, era hijo de María.

¿Por qué Jesús, a los ojos de Dios, tenía la forma de una serpiente cuando estaba en la cruz? Porque desde el día en que el hombre cayó (Gn. 3:1), la serpiente ha estado en el hombre y ha hecho de cada hombre una serpiente. Según Mateo 3:7 y 23:33, tanto Juan el Bautista como el Señor Jesús llamaban a las personas ―cría de víboras‖, es decir, serpientes, lo cual indica que todos los hombres caídos son descendientes de la serpiente. Todos nosotros somos serpientes diminutas. No se crea bueno. Antes de ser salvo, usted era una serpiente. Es por esto que el Señor Jesús murió en la cruz para sufrir la condenación de Dios. Cuando Jesús estaba en la cruz, no sólo era hombre, sino que también tenía la forma de una serpiente. A los ojos de Dios, El tomó la forma de la serpiente y murió en la cruz por nosotros las personas serpentinas. Tal vez usted nunca haya oído que Jesús tomó en Sí la forma de una serpiente, la semejanza de carne de pecado. Ha oído que Jesús es Dios y que tomó la forma de un hombre, pero no ha oído que también tomó la forma de una serpiente. ¡Cuán maravilloso es El!"

Somos la carne caída, y Jesús entró en esta carne para int roducir a Dios en la humanidad. En El, la Persona divina de Dios fue mezclada con la humanidad. El nacimiento de Cristo no tenía como fin simplemente producir al Salvador, sino también introducir a Dios en el hombre. La humanidad es caída, pero Dios no se vistió de ninguna parte de la naturaleza caída. Dios sólo tomó en Sí la semejanza de la carne caída, y por medio de esto se mezcló con la humanidad. No debemos tener el mismo concepto con respecto a Jesús que el de muchos otros. Debemos comprender que Jesús es Dios mismo, mezclado con la humanidad caída, tomando en Sí la forma de la humanidad, pero no la naturaleza pecaminosa del hombre. Esto fue el nacimiento de Cristo.

G. Jehová sería Jesús

La Persona admirable que nació de manera tan maravillosa es Jehová. Y no sólo es Jehová; El es Jehová más algo adicional. El nombre Jesús significa ―Jehová el Salvador‖ o ―la salvación de Jehová‖ (Mt. 1:21). Esta Persona admirable es la mismísima salvación que Jehová otorga a la gente. El mismo es la salvación. Debido a que Jehová es salvación, El es el Salvador.

No debemos pensar que cuando clamamos a Jesús invocamos el nombre de un simple hombre. Jesús no es solamente un hombre; El es Jehová nuestra salvación, Jehová nuestro Salvador. Esto es sencillo, pero profundo a la vez. Cuando usted clama a Jesús, todo el universo sabe que usted invoca a Jehová como su Salvador, a Jehová, su salvación.

Los judíos creen en Jehová, pero no creen en Jesús. En cierto sentido, tienen a Jehová, pero no tienen salvación ni al Salvador. N osotros tenemos más que los judíos, pues tenemos a Jehová el Salvador, a Jehová nuestra salvación. Esta es la razón por la cual sentimos algo maravilloso al invocar a Jesús. Aun si usted dijera que odia a Jesús, seguiría sintiendo algo en su interior. Si dijera: ―Odio a Abraham Lincoln‖, no tendría ninguna sensación. Pero si dice: ―Odio a Jesús‖, siente algo por dentro. Abraham Lincoln no tiene nada que ver con usted, pero Jesús sí. Muchos han dicho: ―Odio a

Jesús‖, y más tarde fueron cautivados por Jesús. Todo aquel que invoque el nombre de Jesús será salvo. Si usted toca el nombre de Jesús, El le tocará a usted. Cuando predicamos el evangelio, es bueno conducir a la gente a invocar a Jesús. Si invocamos a Jesús, algo sucederá.

Jesús es un nombre maravilloso porque Jesús es Jehová. En Génesis 1 no encontramos el nombre ―Jehová‖. ―Dios‖ es el único nombre que hallamos: ―En el principio creó ‖

Dios

no se usa sino hasta el capítulo 2 de Génesis, es utilizado especialmente en las ocasiones en que Dios se relaciona con el hombre. El nombre ―Jesús‖ es algo adicional añadido al

Elohim —Dios— es el nombre del Dios Creador. El nombre ―Jehová‖, el cual

nombre ―Jehová‖, es decir, Jehová nuestra salvación o Jehová nuestro Salvador.

Jesús es el verdadero Josué. Josué es el equivalente en el hebreo del nombre Jesús, y Jesús es la traducción griega del nombre Josué. Moisés sacó de Egipto al pueblo de Dios, pero Josué los hizo entrar en el reposo. Jesús, como el verdadero Josué, nos hace entrar en el reposo. Mateo 11:28 y 29 dicen que Jesús es el reposo y que El nos introduce en Sí mismo, el verdadero reposo. Hebreos 4:8, 9 y 11 también hablan de que Jesús es nuestro verdadero Josué. El Josué del texto antiguotestamentario viene a ser Jesús en el texto griego del libro de Hebreos. El Jesús mencionado en Hebreos 4 es nuestro Josué.

Es difícil distinguir entre Jesús y Josué porque Jesús es Josué, y Josué es Jesús. Hoy en día, Jesús es nuestro verdadero Josué, quien nos lleva al reposo, es decir, al reposo de la buena tierra. El no solamente es nuestro Salvador que nos salva del pecado, sino también nuestro Josué que nos hace entrar en el reposo, o sea, la buena tierra. Cuando invocamos Su nombre, El nos salva del pecado y nos hace entrar en el reposo, el cual es el disfrute de Sí mismo. Una línea de uno de los himnos habla de proclamar el nombre de Jesús mil veces al día. Cuanto más usted dice: ―Jesús‖, mejor. Tenemos que aprender a expresar el nombre de Jesús todo el tiempo. Jesús es nuestra salvación. También es nuestro reposo. Todo aquel que invoque el nombre del Señor Jesús será salvo y entrará en el reposo.

H. Dios sería Emanuel

En Mateo 1:23 tenemos otro nombre maravilloso: Emanuel. Jesús era el nombre dado por Dios, y Emanuel lo llamaron los hombres. Emanuel significa ―Dios con nosotros‖. Jesús el Salvador es Dios con nosotros. Sin El no podemos presentarnos a Dios, pues El es Dios, y Dios es El. Sin El no podemos encontrar a Dios, pues El es Dios mismo encarnado para morar entre nosotros (Jn. 1:14).

Jesús no es solamente Dios; El es Dios con nosotros. El ―nosotros‖ se refiere a los salvos, o sea, a nosotros. Día a día, nosotros tenemos a Emanuel. En Mateo 18:20 Jesús dijo que cuando dos o tres se reunieran en Su nombre, El estaría con ellos. Así es Emanuel. Cuando nosotros los cristianos nos congregamos, El está en medio nuestro. En Mateo 28:20, el último versículo de este Evangelio, Jesús dijo a Sus discípulos: ―He aquí, Yo estoy con vosotros todos los días, hasta la consumación del siglo‖. Jesús como Emanuel está aquí hoy. Según Mateo, Jesús vino y nunca se marchó. Fue sepultado en la tumba tres días, pero vino en resurrección y nunca partió. El está con nosotros como Emanuel.

Cuando invocamos a Jesús, sentimos que Dios está con nosotros. Invocamos a Jesús, pero tenemos a Dios. A veces, los cristianos somos bastante tontos. Invocamos a Jesús y encontramos a Dios; pero nos preguntamos si Jesús es Dios o no. ¡Jesús es Dios! No sólo es Dios, sino que es Dios con nosotros. Cuando invocamos a Jesús, tenemos a Jehová, al Salvador, la salvación, y también tenemos a Dios con nosotros. Tenemos a Dios justamente donde estamos nosotros.

I. Jehová Dios nació en la carne para ser rey

Este Jesús, quien es Jehová Dios, nació en la carne para ser Rey y heredar el trono de David (Mt. 1:20; Lc. 1:27, 32-33). Mateo es un libro sobre el reino, donde Cristo es el Rey, el Mesías. Cuando invocamos a Jesús, tenemos a Jehová, al Salvador, la salvación,

a Dios, y finalmente, al Rey. El Rey rige. Cuando invocamos a Jesús, inmediatamente

sentimos que alguien está reinando sobre nosotros. Si usted tiene cuadros indecorosos

en la pared o fotografías no muy buenas e ―¡Deséchalo todo!‖

invoca a Jesús, El será su Rey y dirá:

Jesús, el Rey, piensa establecer Su reino dentro de usted y colocar el trono de David e n su corazón. Cuanto más invoca usted a Jesús, más el poder reinante estará presente. Si no me cree, le pido que lo ponga a prueba. Invoque el nombre de Jesús por diez minutos

y observe lo que pase. El Rey le regirá y le molestará. La primera noche es posible que

le diga

especialmente para con su cónyuge, y que necesita estar bajo el poder reinante. Invoque

Su nombre, y El reinará sobre usted.

a

usted

que la actitud que

guarda para con otros nunca ha sido buena,

Jesús es una Persona maravillosa. El es Jehová, Dios, el Salvador y el Rey. El Rey nació

y está presente hoy. Todos los días, por la mañana y por la noche, apreciamos el hecho de que Cristo es nuestro Salvador, nuestro Rey y el Rey de reyes.

Cuando nadie puede reinar sobre usted, este Rey de reyes podrá. Cuando nadie puede controlarle ni sus padres, su cónyuge, o sus hijosel Rey de reyes hará algo. Simplemente invoque el nombre de Jesús. Si lo hace, disfrutará a Jehová, al Salvador, la salvación, la presencia de Dios, y también el reinado de Jesús. El Rey Jesús nacerá en usted y establecerá Su reino en su interior. Con esto vemos al Jesucristo hallado en Mateo.

El Cristo presentado en Mateo es el Salvador-Rey y también el Rey-Salvador quien establece el reino de los cielos dentro de nosotros y sobre nosotros. Mateo 1 no sólo nos da el origen de este Rey; también nos da la presencia del Rey. El nombre del Rey es

Jesús. Cuando invocamos Su nombre, sentimos que El reina en nosotros salvándonos. El está estableciendo el reino de los cielos en nuestro interior. ¡Aleluya, así es nuestro

Cristo!

ESTUDIO-VIDA DE MATEO

MENSAJE SEIS

LOS ANTEPASADOS Y LA CONDICION DEL REY

(6)

El capítulo 1 del Evangelio de Mateo está lleno de nombres. Hemos pasado bastante tiempo considerando los nombres de Abraham, Isaac, Jacob, y también Tamar y de Rahab. No obstante, los últimos dos nombres Jesús y Emanuelson más que maravillosos. Aunque la última parte de Mateo 1 parece tratar del nacimiento de Cristo, en realidad tiene que ver con los nombres ―Jesús‖ y ―Emanuel‖. En este mensaje, me veo obligado a dar un indicio de cómo considerar estos nombres.

J. Jesús, el nombre dado por Dios

Jesús es el nombre dado por Dios, mientras que los hombres le llamaron ―Emanuel‖. El ángel Gabriel le dijo a María que el niño que iba a concebir lo habría de llamar Jesús (Lc. 1:31). Más tarde, el ángel del Señor se le apareció a José y le dijo también que debería llamar al niño ―Jesús‖ (Mt. 1:21, 25). Por ende, Jesús era un nombre dado por Dios.

I. Tres elementos están en el nombre de Jesús

a. Jehová: “Yo soy el que soy”

El nombre Jesús incluye el nombre Jehová. En el hebreo, Dios significa el Poderoso, Dios el Poderoso; y el nombre Jehová significa: ―Yo soy‖, es decir, ―Yo soy el que soy‖ (Ex. 3:14). El verbo ―ser‖ en el hebreo no sólo se refiere al presente, sino que también incluye el pasado y el futuro. Así que el significado correcto de Jehová es ―Yo soy el que soy, Aquel que ahora está en el presente, que antes estaba en el pasado, y quien estará en el futuro y en la eternidad para siempre‖. Este es el nombre de Jehová. Sólo Dios es el Eterno. Desde la eternidad pasada hasta la eternidad futura, El es ―Yo soy‖. Por lo tanto, el Señor Jesús podía decir en referencia a Sí mismo: ―Antes que Abraham fuese, Yo soy‖ (Jn. 8:58). También dijo a los judíos: ―Si no creéis que Yo soy, en vuestros pecados moriréis‖ (Jn. 8:24, 28). Es preciso entender que Jesús es el gran Yo soy y creer en El como tal.

El nombre del Señor es Yo soy; por eso, podemos decir: ―Señor, me dijiste que Tu nombre es Yo soy. Entonces, ¿quién eres Tú‖ Su respuesta será: ―Yo soy todo lo que necesites‖. El Señor es lo que necesitamos. Si necesitamos salvación, El mismo será salvación para nosotros. Tenemos un cheque firmado y la cantidad del mismo está en blanco; podemos escribir la cantidad que necesitamos. Si nos hace falta un dólar, podemos escribir un dólar. Pero si necesitamos un millón de dólares, podemos poner esa cantidad. Si nos parece que necesitamos un billón, simplemente lo escribimos. El cheque suple todo lo que necesitamos. Jesús es la respuesta para todo lo que usted necesita. ¿Necesita la luz, la vida, el poder, la sabiduría, la santidad o la justicia? Jesús es luz, vida, poder, sabiduría, santidad y justicia. Todo lo que necesitamos se halla en el nombre de Jesús. ¡Cuán sublime y cuán rico es este nombre maravilloso!

b. Salvador

El primer elemento incluido en el nombre de Jesús es Jehová. El segundo es el Salvador. Jesús es Jehová-Salvador, Aquel que nos salva de todo lo negativo : de nuestros pecados, del infierno, del juicio de Dios, y de la condenación eterna. El es el Salvador. El nos salva de todo lo condenado por Dios y de todo lo que odiamos. Si aborrecemos nuestro mal genio, El nos salvará de ello. El nos salva del maligno poder de Satanás, de todos los pecados que nos enredan en nuestra vida diaria, y de todo cautiverio y de todo vicio. ¡Aleluya, El es el Salvador!

c. La salvación

Jesús no sólo es el Salvador, sino que también es nuestra salvación. No pida que El le dé salvación. Más bien, debe decir: ―Señor Jesús, ven a mí y sé mi salvación‖. Jesús nunca le dará a usted salvación; El vendrá a usted como salvación. Nosotros los creyentes no nos damos cuenta de cuánto necesitamos ser salvos. Cada día, cada hora, e incluso cada momento tenemos algo por dentro que requiere salvación.

En los mensajes dados sobre el primer capítulo de Génesis, hablé de la necesidad de crecer en vida. ¿Pero qué quiere decir crecer en vida? En términos positivos, crecer en vida es entrar en las riquezas de lo que Cristo es. En términos negativos, es ser liberado de ciertos asuntos, o sea, deshacernos de ellos. Aunque somos hombres pequeños, hemos acumulado muchas cosas negativas. Es muy probable que usted no se dé cuenta de la gran cantidad de cosas negativas que haya acumulado. Dondequiera que vayamos, recogemos cosas. Adquirimos muchas cosas negativas y muchos hábitos de los cuales necesitamos ser salvos. Al leer esto, quizás a usted no le parezca que necesita ser salvo de algo. Pero supongamos que de repente fuese arrebatado a los cielos. Si usted fuese llevado a los cielos ahora mismo, inmediatamente sentiría que necesita ser salvo de muchas cosas. Crecer en vida es simplemente ser salvo de lo innecesario, de todo lo que no se necesita para vivir. Si usted tiene la luz, o sea, el brillo de los luceros del cuarto día de la creación, dirá: ―Señor, ¡sálvame!‖ En tales ocasiones nos damos cuenta de que Jesús de verdad es Jehová nuestro Salvador y nuestra salvación.

2. El nombre de Jesús es sobre todo nombre

El nombre de Jesús está por encima de todo nombre (Fil. 2:9-10). No hay nombre que sea más elevado y exaltado que el nombre de Jesús. Si uno odia a Jesús o lo ama, si uno está por Cristo o en contra de El, entiende que el nombre de Jesús es especial. La historia nos enseña que durante los últimos dos mil años, todos han reconocido que el nombre de Jesús es el nombre más elevado; es un nombre extraordinario. En este mensaje me veo obligado a señalar a usted que el nombre exaltado de Jesús se nos da para que hagamos muchas cosas.

a. Creer en este nombre

Primero, el nombre de Jesús se nos da para que creamos en él (Jn. 1:12). Todos debemos creer en el nombre de Jesús. No es un asunto insignificante. No sólo debemos declarar que creemos en Jesús, sino también proclamar que creemos en Su nombre. Cuando predicamos el evangelio, debemos ayudar a la gente, conduciéndolos no solamente a orar, sino a proclamar a todo el universo que creen en el nombre de Jesús.

Cuando un pecador llega a creer en el Señor Jesús, debe declarar: ―¡Ahora creo en el nombre de Jesús!‖ Esto es muy eficaz.

b. Ser bautizado en este nombre

El nombre de Jesús se nos da para que seamos bautizados en él (Hch. 8:16; 19:5). Entre algunos cristianos existe una controversia con respecto al nombre e n el cual bautizan a la gente. Algunos arguyen fervorosamente que debemos bautizar a la gente solamente en el nombre de Jesús. Otros insisten en que usemos el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Estos dos grupos discuten, debaten y pelean. En realidad, el asunto no tiene nada que ver con el nombre en sí, sino con la persona. Bautizamos a la gente haciendo que entren en el nombre de Jesús. El nombre requiere la persona y el nombre es la persona. Sin la persona, no significa nada el nombre. Ser b autizado en el nombre de Jesús significa ser bautizado en Su Persona. Supongamos que cierto joven acaba de creer en el nombre de Jesús. ¿Qué debemos hacer? Tenemos que bautizarlo en el nombre de Jesús, es decir, ponerlo en Jesús. Esto no es un rito ni una ceremonia en la cual aceptamos a un miembro religioso. Es un acto de fe en el cual aceptamos a quien cree en el nombre de Jesús y luego lo ponemos en este nombre, bautizándolo en la Persona de Jesús. Romanos 6:3 dice que fuimos bautizados en Cristo Jesús, y Gálatas

Así es la realidad

3:27 dice: ―Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo de ser bautizado en el nombre de Jesús.

c. Ser salvo en este nombre

El nombre de Jesús también se nos da para que seamos salvos. Hechos 4:12 dice: ―No hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos‖. El nombre de Jesús se nos dio a propósito para que fuésemos salvos. El nombre de Jesús es un nombre que salva.

d. Ser sanado en este nombre

Pedro dijo al cojo hallado en la puerta del templo: ―No poseo plata ni oro, pero lo que

tengo, esto te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret

Inmediatamente el hombre fue sanado. Luego Pedro dijo a la gente: ―En el nombre de

Jesucristo el nazareno

es un testimonio de que el nombre de Jesús también es un nombre que sana. Podemos invocar el nombre de Jesús para ser sanados de cualquier enfermedad.

está en vuestra presencia sano este hombre‖ (Hch. 4:10). Esto

anda‖ (Hch. 3:6).

e. Ser lavado, santificado y justificado

El nombre de Jesús se nos ha dado para que seamos lavados, santificados y justificados en el nombre de Jesús y por el Espíritu de Dios. Leí 1 Corintios una y otra vez por muchos años sin ver el punto crucial: en el nombre y por el Espíritu. El nombre está estrechamente relacionado con la Persona y con el Espíritu. Si el nombre de Jesús fuera un nombre vacío, ¿cómo podría lavarnos? ¿Cómo podría santificar y justificarnos? Sería imposible. No obstante, este nombre está ligado al Espíritu. El Espíritu es la Persona del nombre y la realidad del mismo. Por lo tanto, el nombre puede lavarnos, santificarnos y justificarnos. El Espíritu es uno con el nombre. Jesús es el nombre del Señor, y el Espíritu es Su Persona. Cuando invocamos el nombre de alguien que realmente existe, éste viene a nosotros. El nombre de Jesús está ligado con la Persona que nos lava,

santifica y justifica. Esto no es doctrina ni teoría sino realidad. Cuando creemos en el nombre de Jesús y somos puestos en este nombre, somos introducidos en una Persona viviente, es decir, en el Espíritu Santo, quien nos lava, santifica y justifica.

f. Invocar

El nombre de Jesús se nos da para que lo invoquemos (Ro. 10:13; 1 Co. 1:2). Yo era cristiano por lo menos treinta y cinco años antes de descubrir el secreto : necesitaba invocar el nombre de Jesús. Pensaba que invocar el nombre de Jesús era igual a orar. Con el tiempo, descubrí en la Biblia que orar es una cosa e invocar es otra. Hace quince años pasaba mucho tiempo en oración, especialmente arrodillado. No sabía el secreto, o sea, no sabía invocar el nombre de Jesús, ni sabía que invocar es diferente a orar.

Muchos de nosotros hemos experimentado la oración, pero con poca inspiración. Pero cuando invocamos a Jesús por cinco minutos, somos inspirados. ¡Pruébelo ! Muchos de nosotros podemos dar testimonio de que cuando oramos de la vieja manera, a veces nos dormimos. Pero invocar el nombre del Señor nunca nos causa sueño. Por el contrario, nos despierta.

Hechos 9:14 dice que Pablo, cuando era Saulo de Tarso, trató de hacer daño a todos los santos. Pensaba partir de Jerusalén rumbo a Damasco para prender a todos los que invocaban el nombre de Jesús. Este versículo no dice que iba a prender a los que oraban a Jesús, sino a los que invocaban a Jesús. Por este versículo podemos ver que los cristianos de los tiempos primitivos invocaban a Jesús. Cuando oraban, invocaban el nombre de Jesús, lo cual vino a ser una señal que los hacía reconocibles.

La Biblia no dice que será salvo el que ore. Más bien, será salvo el que inv oque el nombre del Señor (Ro. 10:13). Supongamos que soy pecador y creo en el Señor Jesús. Usted me conduce a orar y yo digo: ―Señor Jesús, soy pecador. Tú eres mi Salvador. Me amas. Moriste por mí en la cruz. Gracias‖. Es bueno orar así, pero le hace difícil al Espíritu entrar en nosotros. Pero si me lleva a invocar: ―Oh Señor Jesús‖, cada vez en voz más alta, me afectaría mucho. Cuando predicamos el evangelio, no debemos esforzarnos en persuadir a la gente. Más bien, debemos hacer que sea más fácil para ellos abrir su ser su corazón y su espíritudesde su interior y usar sus bocas para invocar el nombre de Jesús. Si llevamos a los creyentes nuevos a invocar el nombre de Jesús, la puerta se abrirá para que el Espíritu entre. No es necesario orar palabras vanas. Después de invocar diez veces el nombre de Jesús, estarán en los cielos. Sus pecados serán perdonados, su carga aliviada y tendrán vida eterna. Lo tendrán todo.

Incluso para los que hayan sido creyentes por muchos años, la mejor manera de tocar al Señor Jesús no es decir mucho, sino acudir a El y clamar: ―¡Jesús! ¡Jesús! ¡Señor Jesús!‖ Invoque usted el nombre de Jesús y probará algo. ―El mismo Señor es Señor de todos y es rico para con todos los que le invocan‖ (Ro. 10:12). Muchas veces, nuestras palabras son vanas. Es mejor simplemente clamar: ―Jesús‖. Si usted invoca Su nombre, lo probará y lo disfrutará. El nombre de Jesús es maravilloso. Todos necesitamos invocarlo.

g. Orar

Además podemos orar en el nombre de Jesús (Jn. 14:13 - 14; 15:16; 16:24). Esto no significa que hacemos una oración larga y concluimos con las palabras: ―en el nombre de Jesús‖. Esto es muy formal. Sin embargo, no me opongo, pues lo he hecho muchas veces. Más bien, diría yo que cuando oramos es bueno invocar el nombre de Jesús y decir: ―¡Oh Jesús! ¡Jesús! ¡Yo acudo a Ti a orar!‖ En el nombre de Jesús, usted tendrá un profundo deseo de orar, y fácilmente tendrá la seguridad de que su oración haya sido oída y contestada. Si invocamos el nombre de Jesús, tendremos la seguridad de que recibiremos lo que pedimos.

Después de que el Señor Jesús nos dijo que debemos orar en Su nombre, añadió que el Espíritu vendrá para morar en nosotros (Jn. 14:13 - 17), lo cual indica que el Espíritu que mora en nosotros tiene mucho que ver con la oración que hacemos en el nombre del Señor Jesús. Necesitamos al Espíritu para orar en el nombre de Jesús. Cuando estamos en el Espíritu, estamos en la realidad del nombre en el cual oramos, es decir, el nombre de Jesús.

h. Ser congregado en este nombre

El nombre de Jesús también se nos da para que seamos congregados en él (18:20, gr., hacia adentro de). Cuando nos reunimos, debemos ser congregados en el nombre de Jesús. Aunque nos reunamos para conducir un estudio - vida, no estamos congregados en el estudio- vida, sino en el nombre de Jesús. Cuando usted va a una reunión cristiana, debe comprender que de nuevo está siendo congregado en el nombre de Jesús. Fuimos puestos en el nombre de Jesús, pero no estamos profundamente en El. Por esto, necesitamos volver una y otra vez para ser congregados en Su nombre. Podemos dar testimonio de que en cada reunión hemos experimentado en lo recóndito de nuestro ser que hemos entrado más profundamente en el Señor. Las congregaciones cristianas nos llevarán a apreciar más el nombre de Jesús.

i. Echar fuera a los demonios

El nombre de Jesús también sirve para echar fuera a los demonios (Hch. 16:18). Si quiere usted conocer el poder del nombre de Jesús, úselo para echar fuera a los demonios. Estos conocen el poder del nombre de Jesús mejo r que nosotros. Los demonios son insidiosos. Por haber experimentado los numerosos casos de posesión demoníaca, aprendimos que cuando echamos fuera a los demonios, es necesario decirles que este Jesús no es el Jesús común y corriente, sino que El es el Jes ús designado. Debemos decir: ―Demonio, vengo en el nombre de Jesús, el Hijo de Dios, quien se encarnó para ser hombre, nació de una virgen en Belén, se crió en Nazaret, murió en la cruz por mis pecados y por los pecados del pobre que posees, el Jesús que resucitó de entre los muertos y ascendió a los cielos. Vengo en el nombre de este Jesús, ¡y te mando que salgas!‖ Inmediatamente el demonio se marchará. Pero si dice: ―Te echo fuera en el nombre de Jesús‖, el demonio no le escuchará a usted. Los demonios co nocen el poder del nombre de Jesús. Cuando usted eche fuera a un demonio, no es necesario orar mucho. Simplemente diga: ―¡Vengo en el nombre del Jesús designado y tú tienes que marcharte!‖ Cuando venga Jesús, los demonios tienen que salir.

j. Predicar

El nombre de Jesús es lo que debemos predicar (Hch. 9:27). Cuando prediquemos, debemos hacerlo en el nombre de Jesús. Se debe predicar el nombre de Jesús en el Espíritu, porque el Espíritu es la Persona del Señor y la realidad de Su nombre. Cuando prediquemos en el nombre de Jesús, necesitamos que el Espíritu lo haga real.

Al ver todas las cosas que se pueden hacer en el nombre de Jesús, descubriremos que cualquier cosa que hagamos y quienquiera que seamos, todo debe ser en el nombre de Jesús. Nunca olvidemos el nombre de Jesús. Su nombre es dulce, rico, poderoso, salvador, sanador y consolador, y además está disponible. Este es el nombre que es exaltado, honrado y respetado. Y es el nombre que el enemigo teme.

3. El odio que Satanás tiene para con el nombre de Jesús

a. Ataca este nombre

Satanás odia el nombre de Jesús. En 1935 la iglesia que estaba en mi pueblo natal se avivó, y todos nos vimos obligados a predicar el evangelio. Todas las noches salíamos a las calles para predicar. Una noche, mientras predicábam os en la esquina, un hombre que tenía alrededor de treinta años se atrevió a burlarse del nombre de Jesús. Un hermano se le acercó de manera muy simpática pidiendo permiso para hablar con él. Cuando lo consintió, el hermano preguntó: ―¿Ha conocido alguna v ez a Jesús?‖ El dijo que no. Luego el hermano preguntó: ―¿Ha oído alguna vez de Jesús?‖ Otra vez dijo que no. Después, el hermano dijo: ―¿Acaso le ha hecho algo malo Jesús?‖ Dijo el hombre:

―Nunca‖. Luego, el hermano hizo otra pregunta: ―Usted nunca ha conocido a Jesús, y El nunca le ha hecho algo malo. Entonces, ¿por qué le odia usted?‖ El respondió: ―Aunque nunca le he conocido y a pesar de que nunca me ha hecho daño, le odio‖. Entonces el hermano preguntó: ―Y por qué no me odia a mí?‖ El hombre dijo: ―No le odio a usted, sino a Jesús‖. El hermano hizo otra pregunta: ―Señor, ¿me permite contarle un hecho?‖ El hombre lo consintió y el hermano dijo: ―Permítame decirle a usted que no odia a Jesús. Es otra persona quien lo odia. ¿Por qué? Porque usted nunca ha conocido a Jesús. Entonces, no es usted quien lo odia‖. Cuando el hombre preguntó al hermano quien era aquel que odiaba a Jesús, el hermano respondió: ―El diablo que está en usted es el que odia a Jesús‖. Con todo esto podemos ver que Satanás utiliza a lo s hombres para atacar el nombre de Jesús (Hch. 26:9).

Como creyente, probablemente usted ha tenido la siguiente experiencia. Cuando iba a hablar con otros acerca de Platón o de Abraham Lincoln, no se sentía avergonzado; pero al hablar de Jesús, una sensación extraña le invadió. Cuando los chinos hablan acerca de Confucio, se sienten espléndidamente. También nosotros debemos sentirnos espléndidamente cuando hablemos con otros acerca de Jesús, pero a menudo no nos sentimos así. Al contrario, nos sentimos bastante extraños. ¡Esto es demoníaco! Hay un elemento demoníaco en este universo y en esta tierra, el cual está en contra de Jesús. Uno no tiene ningún problema mientras habla de la situación mundial, la economía, la ciencia, y tantas otras cosas; pero cuando proclama el nombre de Jesús, se siente muy extraño. Esto proviene del diablo. Puesto que Satanás y todos sus demonios odian el nombre de Jesús, debemos proclamarlo aún más. Debemos proclamar este nombre con denuedo, diciendo: ―Satanás, ¡Jesús es mi Señor! ¡Apártate, Satanás!‖ Tenemos que clamar en voz alta el nombre de Jesús.

b. Impiden que hablemos en este nombre

Al leer el libro de Hechos, usted verá que en los primeros días los religiosos atacaban el nombre de Jesús, prohibiendo que los creyentes predicaran o enseñaran en aquel nombre (Hch. 4:17- 18; 5:40). Los fariseos advirtieron a Pedro y a Juan para que no predicaran en el nombre de Jesús. Tenían permiso de predicar la Biblia, pero no de predicar en el nombre de Jesús. Satanás odia el nombre de Jesús porque sabe que la salvación de Dios se encuentra en este nombre. Cuanto más prediquemos en el nombre de Jesús y cuanto más oremos a Jesús, más personas serán salvas. Por esta razón Satanás odia este nombre.

c. Tenemos que sufrir por causa de este nombre

Cuando los apóstoles eran perseguidos, se regocijaban porque habían sido tenidos por dignos de ser ultrajados por causa de este nombre (5:41) ¿No es esto maravilloso? Aun arriesgaron sus vidas por causa de este nombre (Hch. 15:26). Satanás ataca el nombre de Jesús con todo el maligno poder que tiene; por eso, es menester que aprendamos a sufrir por este nombre.

d. No debemos negar este nombre

En Apocalipsis 3:8 el Señor Jesús alabó a la iglesia que estaba en Filadelfia por no haber negado Su nombre. Nunca debemos negar el nombre de Jesús. Debemos negar todo otro nombre y guardar el nombre de Jesús. Tenemos que testificar que no pertenecemos a ninguna persona ni a ninguna secta, sino sólo a Jesús. El nombre de Jesús es el único nombre que poseemos.

K. Emanuel, el nombre usado por el pueblo

1. Jesús como Emanuel experimentado por nosotros

Ahora llegamos al segundo nombre, Emanuel (1:23). Los ángeles no mencionaron este nombre a José ni a María. Más bien, Emanuel es el nombre usado por los que tienen cierta experiencia. Cuando usted experimente a Jesús, podrá decir que El es Dios con usted. Jesús es simplemente Dios con nosotros. Esto es nuestra experiencia. Dios nos dijo que Su nombre es Jesús. Pero al recibirle y exper imentarle, nosotros declaramos que Jesús es Dios con nosotros. Esto es maravilloso.

A veces, cuando nos ocupamos de la mente, preguntamos: ―¿Acaso es Dios este Jesús?‖ Tal vez tengamos la seguridad de que es el Hijo de Dios, pero no de que El realmente es Dios mismo. Cuando yo era joven, me enseñaron los cristianos fundamentalistas que debía evitar decir directamente que Jesús era Dios. Me enseñaron que el Hijo de Dios difiere de Dios mismo. Por lo tanto, dijeron que no debía decir directamente que Jesús era Dios. Me dijeron que debía orar a Dios mediante Jesús. Recibí una enseñanza que cabía con el concepto humano. No obstante, después de mucha práctica, cuanto más oraba, más me daba cuenta de que este Jesús era simplemente Dios conmigo. Discutir teóricamente es una cosa, mas experimentar el hecho es otra. Muchas veces, los cristianos no están de acuerdo con su experiencia; al contrario, concuerdan con sus conceptos.

Creo que todos los cristianos tienen esta experiencia. ¿No le parece a usted, en lo profundo de su ser y en conformidad con su experiencia, que Jesús es Dios? Sí le parece, pero no se atreve a declararlo como doctrina. Sin embargo, no debe considerar a Jesús como alguien aparte de Dios. Jesús es simplemente Dios mismo. No sólo es el Hijo de Dios, sino también Dios mismo. Algunos buenos escritores han dicho que sin Jesús nunca podríamos encontrar a Dios. Dios está con Jesús y es Jesús. En el principio era el Verbo, y el Verbo no sólo estaba con Dios, sino también era Dios (Jn. 1:1). Este Verbo se hizo carne, y fue llamado Jesús.

Cuando experimentamos a Jesús, El es Emanuel, Dios con nosotros. Hemos oído que Jesús es nuestra consolación, nuestro reposo, nuestra paz y nuestra vida. Jesús es mucho para nosotros. Si queremos experimentarle, diríamos inmediatamente: ―¡Este es Dios! Este no es Dios lejos de mí, ni Dios que está en los cielos, sino Dios conmigo‖! Cuando experimentamos a Jesús, nos damos cuenta de que Jesús es Dios con nosotros. Jesús es nuestra salvación. Después de experimentar esta salvac ión, decimos: ―Este es Dios con nosotros para ser nuestra salvación‖. Jesús es nuestra paciencia. Pero cuando le experimentamos como nuestra paciencia, decimos: ―Esta paciencia es Dios conmigo‖. Jesús es el camino y la verdad, pero cuando le experimentamos como el camino y como la verdad, decimos: ―¡Este camino y esta verdad es simplemente Dios conmigo!‖ ¡Aleluya! ¡Jesús es Dios con nosotros! En nuestra experiencia El es Emanuel.

2. Está con nosotros en nuestras reuniones

Cuando nos congregamos en el nombre de Jesús, El está con nosotros (18:20). Una vez más, éste es Emanuel, Dios con nosotros. La presencia de Jesús en nuestras reuniones es en realidad Dios con nosotros.

3. Está con nosotros todos los días

Jesús está con nosotros todos los días, hasta la consumación del siglo (28:20). ―Todos los días‖ incluye hoy. No se olvide de hoy. Muchos cristianos creen que Jesús está presente todos los días, menos hoy. ¡Pero Jesús está con nosotros ahora, en este momento!

4. Está con nosotros en nuestro espíritu

Jesús no sólo está con nosotros, sino que también está en nuestro espíritu. En 2 Timoteo 4:22 dice: ―El Señor esté con tu espíritu‖. Este Jesús, el que está en nuestro espíritu, es Emanuel, Dios con nosotros.

5. Su presencia es el Espíritu

Nunca podemos separar e l Espíritu y la presencia de Jesús. El Espíritu es simplemente la realidad de la presencia de Jesús (Jn. 14:16-20). Esta presencia es Emanuel. Dios con nosotros.

6. Recibimos al Espíritu

al invocar el nombre de Jesús

Cuando invocamos el nombre de Jesús, re cibimos al Espíritu, quien es la Persona, la realidad de Jesús, o sea, Jesús hecho real en nosotros. En 1 Corintios 12:3 dice: ―Nadie puede decir: ¡Jesús es el Señor!, sino en el Espíritu Santo‖. Cuando decimos: ―Señor Jesús‖, estamos en el Espíritu y recibimos al Espíritu. La tradición ha influido en todos nosotros, dándonos a entender que debemos ayunar y orar para recibir al Espíritu. Pero es muy sencillo recibir al Espíritu: simplemente invocar el nombre de Jesús.

7. El enemigo trata de apoderarse

de la tierra de Emanuel

Según Isaías 8:7 - 8, el enemigo posiblemente intentará apoderarse de la tierra de Emanuel. No crea usted que esta palabra está destinada sólo a los hijos de Israel. Hoy en día nuestro espíritu es la tierra de Emanuel. Así que, nosotros so mos la tierra de Emanuel. El enemigo, Satanás, con todo su ejército hará todo lo posible para apoderarse de esta tierra, es decir, de nuestro espíritu y de nuestro ser.

8. El enemigo no puede apoderarse de nosotros

Isaías 8:10 nos dice que Dios está con no sotros y por eso el enemigo no puede apoderarse de la tierra de Emanuel. Aunque Satanás ha hecho todo lo posible por apoderarse de usted, todavía usted está aquí. Quizás durante la semana pasada Satanás trató de apoderarse de usted veintiún veces, pero cad a vez no logró hacerlo. Usted todavía está aquí por causa de Emanuel, porque Dios está con nosotros. Este Emanuel es Jesús. Hoy podemos disfrutar a Jesús y experimentarle de manera genuina como nuestro Emanuel.

ESTUDIO-VIDA DE MATEO

MENSAJE SIETE

LOS ANTEPASADOS Y LA CONDICION DEL REY

(7)

Ahora llegamos al capítulo dos de Mateo. En los mensajes anteriores hemos tratado la genealogía de Cristo y el nacimiento de Cristo. En este mensaje consideraremos la juventud de Cristo.

III. SU JUVENTUD

A. La crónica acerca de la juventud de Cristo en Mateo y en Lucas

Si prestamos atención a los cuatro Evangelios, veremos que en Juan y en Marcos no se relata la juventud de Cristo. Juan nos dice que Cristo es Dios, y Dios no tiene juventud ni vejez. Dios es antiguo, pero nunca cambia. Por lo tanto, no hay cuestión de juventud con respecto a Dios. En Marcos, Cristo se revela como esclavo. Nadie se ocupa de la juventud de un esclavo. En cambio, Lucas y Mateo narran la juventud de Cristo. Sin embargo, igual que con las genealog ías, existe una diferencia entre los dos relatos de la juventud de Cristo.

1. Lo relatado en Lucas

demuestra la humanidad de Cristo

El Evangelio de Lucas demuestra que Cristo era un hombre perfecto. Por lo tanto, el relato de Lucas da testimonio de la huma nidad de Jesús y la demuestra (Lc. 2:21 - 52). Los hechos de la juventud de Cristo narrados por Lucas muestran que Jesús era un hombre normal y recto. Jesús fue circuncidado el octavo día según la ley judía (Lc. 2:21). Además, según la costumbre judía, le pu sieron por nombre Jesús en el octavo día, y no en el primer día. Fue ofrecido a Dios con sacrificio de un par de tórtolas, o dos palominos (Lc. 2:22-24). El hecho de que María y José sólo podían ofrecer un sacrificio pequeño indica que eran pobres. No obstante, cumplieron el requisito de la ley. Además, Jesús fue llevado a Jerusalén cada año durante la fiesta de la Pascua (Lc. 2:41). Esto también estaba en conformidad con la ley que requiere que todos los varones israelitas tenían que asistir a las fiestas tres veces al año. Lucas específicamente hace notar que Jesús fue llevado a la fiesta cuando tenía doce años (Lc. 2:42). También deja constancia que Jesús creció físicamente, que se fortalecía en Su espíritu, y que halló favor para con Dios y para con los hombres (Lc. 2:40, 52). Todos estos puntos que constan en Lucas demuestran que Jesús era un hombre típico.

2. Lo relatado en Mateo

demuestra el reinado de Cristo

Lo narrado por Mateo demuestra que el joven Jesús era el Rey del pueblo de Dios (Mt. 2:1- 23). Lucas no incluye este punto, pero Mateo, pasando por alto todos los puntos tratados en el Evangelio de Lucas, ocupa mucho tiempo en éste. Con esto vemos que la Biblia tiene un propósito: en Lucas tiene como fin demostrar que Jesús era hombre, mientras que en Mateo tiene como fin mostrar que Jesús era un niño real. Ahora examinaremos el relato de Mateo para ver cómo Jesús era un niño real.

No debemos tratar de entender la Biblia sólo por lo escrito. Tenemos que profundizar en ella y hallar algo de vida en ella. Mateo 1 nos dice que el Antiguo Testamento contiene profecías acerca de Cristo y que el pueblo de Dios esperaba Su venida. En Mateo 1 Jesús vino. Cristo fue introducido en la humanidad; apareció en la tierra. El capítulo do s continúa y trata la manera de encontrar a Cristo. Su venida fue profetizada, El ha venido y está aquí. Sin embargo, existe un problema: dónde encontrarlo.

a. Hallado en Belén por los paganos

Mateo 1 revela que Jesús, el Mesías, ha venido. Si usted hubiera sido israelita en aquellos días, habría dicho: ―Usted me dice que Jesús ha venido, pero ¿dónde puedo encontrarlo?‖ Gracias al Señor porque el hecho de encontrar a Jesús fue iniciado por Dios y no por nosotros.

Consideremos la historia. En los días del nacimiento de Jesús, había una religión de nombre judaísmo. Esta era fundamental, sana, espiritual y fue formada, organizada y constituida conforme a los treinta y nueve libros del Antiguo Testamento. Por lo que vemos en Mateo 2, sabemos que el judaísmo se a ferraba a la Biblia. Sin embargo, casi nadie de esa religión se había enterado de que Cristo había venido. No podemos encontrar nada en el Nuevo Testamento que nos diga que algunos de aquellos religiosos fueron a buscar a Cristo. Por lo contrario, consta q ue algunos paganos, los magos, fueron a encontrarlo (2:1- 12). Por supuesto, esto fue iniciado por Dios y no por ellos.

(1) Guiados por la estrella, la visión celestial

Dios dio a los magos una estrella resplandeciente como guía (2:2). Aquella estrella no apareció en la Tierra Santa. Apareció a los hombres que moraban a gran distancia de la Tierra Santa; muy lejos de la ciudad santa, muy lejos del templo santo y de la religión santa, muy lejos de la Biblia Sagrada, la gente santa y los sacerdotes santos. A g ran distancia de todo lo santo la estrella resplandeciente apareció a algunos paganos en una tierra pagana. El brillo de esa estrella incitó a aquellos paganos sabios a buscar al Rey de los judíos. No sé cómo los paganos sabios fueron despertados a buscar al Rey de los judíos y no quiero adivinar. Ya basta con todas las imaginaciones acerca de aquellos sabios. De todos modos, vinieron del oriente, y se dieron cuenta de que la estrella mostraba el camino al Rey de los judíos.

Los sabios tenían la visión viva , la estrella celestial, y los religiosos judíos tenían la Biblia. ¿Cuál prefiere usted? ¿la Biblia o la estrella? Es mejor tener las dos. Prefiero tener en mano la Biblia y ver la estrella en los cielos. Es mejor ser pagano y judío a la vez. En cuanto a la Biblia, soy judío; con respecto a la estrella, soy un pagano sabio.

(2) Distraídos por el concepto humano

Después de que los magos experimentaron la visión de la estrella celestial, causaron problemas. Los problemas provinieron de su concepto natural. Au nque tengamos la Biblia y la estrella, debemos reconocer que podemos causar problemas con nuestro concepto natural. Los magos tuvieron la visión y, dándose cuenta de que mostraba donde estaba el Rey de los judíos, asumieron que debían ir a Jerusalén, la ca pital de la nación judía, donde el Rey de los judíos estaría (vs. 1 - 2). La decisión de ir a Jerusalén no fue motivada por el brillo de la estrella. Fueron a Jerusalén porque se habían distraído y desviado del camino por su concepto natural. Jerusalén no er a el lugar. Era la capital y la ciudad donde estaba el templo, pero no era el lugar donde nació Jesús. El hecho de que los magos se hubieran desviado causó un gran problema, y por poco el niño Jesús fue muerto. Sin la soberanía de Dios, el joven Jesús habr ía sido muerto como resultado del error de los magos. Ese error costó las vidas de muchos pequeños (vs. 16- 18). Tenga cuidado: aunque tenga la Biblia y la estrella, no debe seguir su concepto natural.

(3) Corregidos por las Escrituras

Muchas veces tenemos la visión, pero cuando la consideramos, somos distraídos y desviados por el concepto natural. El concepto humano nos distrae sacándonos del camino. Cuando somos distraídos así, necesitamos la Biblia. Después de llegar al lugar equivocado, necesitamos el libro correcto. Después de que los magos habían ido a Jerusalén, el lugar equivocado, recibieron corrección por medio de las Escrituras. Al

leerlas aprendieron que Belén era el lugar, y no Jerusalén (vs. 4 - 6). Si no hubieran sido desviados por su concepto na tural, indudablemente la estrella les habría dirigido al lugar donde estaba Jesús en Belén. Pero fueron distraídos y se desviaron. Así que, necesitamos ser corregidos por el conocimiento de la Biblia. Cuando los magos habían sido corregidos por las Escrituras, cuando habían partido de Jerusalén y regresado al camino correcto, la estrella se les apareció de nuevo (v. 9). La visión viva siempre concuerda con las Escrituras.

Sin embargo, ninguno de los religiosos de Jerusalén fue con los magos a Belén. Esto es muy extraño. Si usted hubiera sido sacerdote entre los demás, ¿habría ido con los magos para ver si Jesús de verdad había nacido en Belén? Si yo hubiera estado allí, sin lugar a dudas habría ido para ver personalmente si Cristo había nacido de verdad o no . Pero ninguno de ellos fue. Tenían el conocimiento y podían decirles a otros que el Mesías iba a nacer en Belén; sin embargo, ninguno de ellos fue. Aunque les gusta tener el conocimiento de la Biblia, no les gusta ver la Persona viviente del Mesías.

¿Y qué diríamos de la situación de hoy? Muchos son muy bíblicos, pero sólo se ocupan de las Escrituras y no del Cristo viviente. Si los religiosos judíos se hubieran ocupado de Cristo, habrían ido a Belén, la cual no estaba muy lejos de Jerusalén, aun para los antiguos medios de transporte. Aunque Belén no estaba lejos, ninguno de los escribas, ancianos o sacerdotes se tomaron la molestia de ir a ver. Esto comprueba que uno puede poseer el conocimiento de la Biblia sin querer buscar al Cristo viviente. Tener la visión es una cosa, conocer la Biblia es otra, y buscar al Cristo viviente es todavía otra cosa. Todos necesitamos orar: ―Señor, dame un corazón que te busque. Quiero ver la visión y quiero conocer la Biblia. Pero aún más, quiero un corazón que te busque‖.

(4) Guiados de nuevo por la estrella para buscar y adorar a Cristo

Después de que los magos volvieron a ver la estrella, ésta los guió al lugar donde estaba Cristo (Mt. 2: 9 - 10). La estrella los guió no sólo a la ciudad de Belén, sino al mismo lugar donde estaba Jesús.

Los cristianos dicen con frecuencia que para conocer al Señor es suficiente tener solamente la Biblia. En cierto sentido, estoy de acuerdo. Pero en otro sentido, y lo digo cuidadosamente, no estoy completamente de acuerdo. Aunque tengamos la Biblia, todavía necesitamos una visión viva. La Biblia dice que Cristo nacería en Belén, pero no dice dónde, en qué calle, o en cuál casa. La estrella viva guió a los magos a la ciudad de Belén, y también al mismo lugar y casa donde estaba el niño. En aquel lugar, se detuvo la estrella (v. 9). Los magos no necesitaron tocar las puertas; sabían exactamente dónde estaba Jesús. Esto comprueba que todos necesitamos una visión clara y actual que nos guíe directamente al lugar donde está Jesús.

Los magos no sólo encontraron a Cristo, sino que también lo adoraron (v. 11). Entre los israelitas, no era permitido recibir adoración de otros. Era considerado un insulto para Dios, una blasfemia en contra de El. Según ellos, sólo Dios era digno de la adoración de hombres. Pero los magos adoraron a un niño, y ese niño era Dios. Isaías 9:6 dice:

y se llamará su nombre Dios fuerte‖. El niño que los

―Porque un niño nos es nacido

magos hallaron fue llamado Dios fuerte. Los magos lo adoraron y le ofrecieron oro, olíbano y mirra (v. 11).

Debemos saber el significado del oro, del olíbano y de la mirra. En la tipología de la Biblia, el oro significa la naturaleza divina, lo cual indica que el niño Jesús tenía la naturaleza divina. El era divino. El olíbano significa la fragancia de la resurrección. Según nuestra mentalidad religiosa y natural, la resurrección de Jesús tuvo lugar después de Su muerte. No obstante, antes de morir Jesús les dijo a María y a Marta que El era la resurrección y la vida (Jn. 11:25). Por lo tanto, aun a ntes de morir El era la resurrección. La vida que Cristo llevó en la tierra era una vida en resurrección. Lucas 2:52 dice que incluso en Su niñez halló favor para con Dios y para con los hombres. Eso no era algo natural; era la vida de resurrección. Lo que consta en Lucas 2 revela que el niño era extraordinario. Era un niño único porque estaba en resurrección. En toda Su vida humana y en todo Su vivir había una fragancia, la dulzura de la resurrección. La muerte no pudo retenerlo ni tocarlo. No sólo era la vida, sino también la resurrección.

La mirra significa la muerte y también la fragancia de ella. Entre la humanidad, la muerte no tiene fragancia; no obstante, con Jesús había fragancia de muerte.

Cuando los magos presentaron oro, olíbano y mirra, no creo que supieran el significado de sus regalos. Es cierto que ofrecieron los regalos bajo la inspiración del Espíritu Santo. Presentaron oro, olíbano y mirra, los cuales indicaban que la vida de Jesús sería una vida de resurrección, llena de la fragancia del o líbano, y que Su vida estaría llena de la fragancia de la muerte.

Cuando Jesús tenía doce años, fue a Jerusalén con Sus padres (Lc. 2:42). Lo que la gente hacía en la casa del Padre, el templo, le interesaba mucho a Jesús; por eso, se quedó en Jerusalén de spués de la fiesta (Lc. 2:43). María y José no lo entendieron. Le buscaban y por fin lo encontraron en el templo (vs. 44 - 48). En cierto sentido, María lo reprendió. Si yo hubiera sido Jesús, le habría reprendido a ella. Habría respondido:

―¿No sabes lo que estoy haciendo aquí? Por qué vienes a molestarme?‖ Al leer el relato hecho por Lucas, vemos que Jesús sí les dijo algo. Respondió diciendo: ―¿No sabíais que en los asuntos de Mi Padre me es necesario estar? (v. 49). Después de decir esto, les acompañó y regresó con ellos a Nazaret. Eso en realidad era un tipo de aniquilación para El. Lo que El quería hacer fue anulado, y en eso podemos oler la mirra. No fue la fragancia del olíbano, sino el dulce aroma de la mirra.

Al leer los cuatro Evangelios, las biogra fías de Jesús, vemos que en la vida de Jesús el oro, el olíbano y la mirra eran prevalecientes. El siempre vivía en la vida de resurrección, y continuamente experimentaba la aniquilación de la cruz. No esperó hasta cumplir treinta y tres años para pasar po r la cruz y ser crucificado. En toda Su vida continuamente era crucificado. Por consiguiente, no sólo tenía la fragancia de la resurrección, sino también la mirra de la cruz.

Los magos hallaron al niño real, Jesús, en Belén, del cual se dice en Miqueas 5:2 es ―pequeña para estar entre los miles de Judá‖ (heb.). Nació en un pueblo humilde en circunstancias pobres. Pero, debido a la visión traída por la estrella, los magos le honraron al niño real, sin considerar el lugar. Por lo tanto, le ofrecieron las tres cosas preciosas. Cada una de estas cosas significa algún elemento precioso de la naturaleza y vida del Señor Jesús. En casi todas las páginas de los cuatro Evangelios, vemos lo preciosa que era la humanidad del Señor, la fragancia de Su vida de resurrección, y el dulce aroma de la muerte que El sufrió en sacrificio. Aun en los primeros días, poco después del nacimiento del Señor, los magos hicieron algo muy apropiado, que

correspondió exactamente a la naturaleza y vida del Señor. Su ofrenda fue presentada, sin lugar a dudas, bajo la inspiración del Espíritu Santo.

Puede ser que estos tesoros valiosos ofrecidos por los magos les proporcionaron medios para el viaje de Judea a Egipto y de Egipto a Nazaret.

(5) Advertidos por Dios a regresar por otro camino

Después de que los magos encontraron a Cristo, lo adoraron y le ofrecieron estos valiosos tesoros, Dios les advirtió que regresaran por otro camino (Mt. 2:12). El otro camino, y no el original, era el camino correcto. Cuando encontramos a Cristo y le conocemos, siempre nos dicen que no debemos regresar por el camino original. Encontrar a Cristo y conocerle siempre nos pone en otro camino.

La situación actual es exactamente igual. Tenemos la Biblia, y Cristo viene, pero ¿cómo lo vamos a encontrar? El principio fundamental no se encuentra en la Biblia. Aunque la Biblia nos ayuda, el principio fundamental se halla en la estrella viva, la visión celestial.

Ahora debemos ver cómo podemos obtener esta estrella, o sea, esta visión celestial. La Biblia nos dice que la estrella viva es Cristo. Fue profetizado que Cristo sería la estrella (Nm. 24:17). El vino como la estrella (Mt. 2) y así permanece (Ap. 22:16). El está resplandeciendo. ¿Cómo podemos experimentar a Cristo como la estrella? Según 2 Pedro 1:19, la estrella está relacionada con la Biblia. Pedro dice que debemos ―estar atentos a la palabra profética más segura‖. Si estamos atentos a esta palabra segura, algo dentro de nosotros amanecerá y la estrella de la mañana nac erá en nuestros corazones. Estar más atentos a la palabra segura es prestar atención a la Palabra viva. No es simplemente leer la Palabra; es profundizar la Palabra hasta que algo nazca en nosotros. Podemos llamarlo el alba o la estrella de la mañana. La palabra griega es fosfóros, una substancia luminosa. Un pedazo de fósforo brilla en la oscuridad. Cristo es el fósforo verdadero que resplandece en la presente oscuridad. Pero la Palabra no puede resplandecer sobre alguien, si éste no está atento a ella. Es necesario estar atento hasta que algo empiece a resplandecer en nuestro interior. Ese resplandor llegará a ser el fósforo en nuestro corazón. Entonces nosotros tendremos la estrella de la mañana. Seremos como los magos, los sabios, y algo de los cielos resplandecerá sobre nosotros.

Cristo es la estrella. La Biblia dice que los seguidores de Cristo son estrellas también. Apocalipsis 1:20 nos dice que todos los que están en la delantera en la vida de iglesia son estrellas, y eso porque son los que resplandecen. Daniel 12:3 dice que los justos resplandecerán como estrellas. Los que guían a muchos a la justicia, o sea, del camino equivocado al camino correcto, resplandecerán como estrellas.

En la actualidad sólo hay dos maneras en que la estrella puede respland ecer sobre usted. Según la primera, usted debe acudir a la Palabra segura y abrir todo su ser a ella su boca, sus ojos, su mente, su espíritu, y su corazónhasta que algo nazca en usted y resplandezca sobre usted. Eso es Cristo. La segunda manera es acud ir a los santos resplandecientes, los que siguen en pos de Cristo. Si acude a ellos, recibirá luz. También recibirá dirección, pues le van a conducir al lugar donde está Cristo.

Las dos maneras de conseguir la estrella están relacionadas con el Espíritu y la iglesia. Inmediatamente después de Apocalipsis 22:16, donde dice que el Señor Jesús es la

estrella de la mañana, el siguiente versículo dice: ―Y el Espíritu y la novia dicen

Esto comprueba que, como estrella de la mañana, el Señor Jesús está ligado con el Espíritu y con la iglesia, la cual es la novia. Apocalipsis 3:1 dice que el Señor Jesús tiene siete Espíritus y siete estrellas, y Apocalipsis 1:20 dice que las siete estrellas son los ángeles de las iglesias. Estos versículos muestran que las estrellas están relacionadas no sólo con el Espíritu, sino también con las iglesias. Si queremos conseguir la estrella

viva o las estrellas vivas, necesitamos al Espíritu y la iglesia. Por el Espíritu y mediante la iglesia, nos será fácil conseguir la visión c elestial para que encontremos a Cristo y le demos nuestro aprecio.

b. Huye de Egipto

Hallaron a Cristo en Belén. Este descubrimiento provocó un disturbio. Dios usó el disturbio para sacar al niño de Belén y llevarlo a Egipto (Mt. 2:13-18). Oseas 11:1 profetizó que Jesús sería llamado de Egipto. Sin el disturbio provocado después de que Jesús fue hallado en Belén, no se habría encontrado motivo para que El huyera a Egipto.

Esto tiene gran significado. Los magos cometieron un gr an error, pero éste le dio a Dios la oportunidad para cumplir Su profecía. Pero no debemos cometer errores a propósito. Eso no servirá. Haga usted todo lo posible por hacer las cosas de modo correcto. No obstante, por mucho que intente hacer lo recto, fina lmente cometerá un gran error como lo hicieron los magos. Nunca diga: ―Hagamos males para que vengan bienes‖. Si hace mal, lo bueno no vendrá. No obstante, si trata de hacer lo recto y aún así comete un error, éste dará a Dios una oportunidad para cumplir Su propósito.

José huyó con María y Jesús a Egipto; por eso, el niño Jesús se escapó del primer martirio, el cual fue provocado por el error de los magos. Satanás siempre está ocupado, esperando una oportunidad para provocar un martirio. Pero Dios es soberano sobre todos, incluyendo a Satanás, y por Su soberanía preserva a Sus amados guardándolos de las maquinaciones del enemigo. Jesús fue preservado por la mano soberana de Dios.

c. Criado en Nazaret

Ahora presentaré un poco de historia. Aunque usted la conoce, es posible que necesite más luz. María concibió a un niño en Nazaret (Lc. 1:26 - 27, 31). Pero según lo profetizado en Miqueas 5:2, Cristo tenía que nacer en Belén. Bajo el arreglo soberano de Dios, César Augusto ordenó el primer censo del Imperio Romano (Lc. 2:1-7). Esto obligó a que todos los que moraban allí regresaran a sus pueblos natales. María y José tenían que regresar a Belén, su pueblo natal. Inmediatamente después de llegar a Belén, el niño Jesús nació. El error de los magos incitó la ira y lo s celos del rey Herodes, pues estaba enojado porque un niño real nació. Luego José fue instruido en un sueño a llevar al niño a Egipto (Mt. 2:13 - 15). Esto le dio a Dios la oportunidad para cumplir la profecía hallada en Oseas 11:1. Después de que murió Herodes, José recibió instrucción en un sueño a regresar a la Tierra Santa (vs. 19 - 20). Cuando José había regresado y aprendido que Arqueas, hijo de Herodes, tenía poder, tenía miedo de quedarse en el territorio que rodeaba a Belén. Por lo tanto, fue a Nazare t, donde criaron a Jesús (vs. 21 - 23). Es por esta razón que Jesús se llamaba Jesús de Nazaret.

¿Qué significa todo esto? Significa que cuando Jesús nació en la humanidad, apareció de una manera muy oculta; en cierto sentido no apareció de manera manifiesta ni

evidente. A veces he oído usar la palabra ―furtivo‖ para describirlo. Todo el mundo le llamaba Jesús de Nazaret, porque era nazareno. Pero la Biblia dijo que Cristo nacería en Belén. Lo oculto del nacimiento de Cristo molestó a todos los religiosos. Cuando Felipe conoció a Jesús, se dio cuenta de que Jesús era el Mesías. Luego Felipe fue a Natanael para decirle que había conocido al Mesías y que éste era hijo de José, un hombre de Nazaret. Inmediatamente, Natanael dijo: ―¿De Nazaret puede salir algo de bueno?‖ (Jn.

1:45-46). ¿Acaso Felipe dio a Natanael información incorrecta? Es difícil decir. Felipe sólo sabía que Jesús era el hijo de José y que era nazareno. Aunque Jesús era de Nazaret

y era nazareno, había nacido no en Nazaret sino en Belén. Natanael estaba perturbado. Sin embargo, Felipe no discutió con él; simplemente dijo: ―Ven y ve‖ (Jn. 1:46).

En otra ocasión Nicodemo, quien había llegado a conocer a Jesús, trató de discutir con los fariseos acerca de Jesús. Los fariseos le preguntaron: ―¿Eres tú también galileo?‖ (Jn. 7:52). Galilea era una región de los gentiles, y la Biblia la llama: ―Galilea de las naciones‖ (Mt. 4:15). Parece que los fariseos decían a Nicodemo: ―¿Eres tú de Galilea? Sabemos que Jesús vino de Galilea. Pero no viene profeta de Galilea‖. Aparentemente, Jesús era de Galilea, de Nazaret; en realidad, nació en Belén. De esta manera oculta y secreta El apareció a la gente.

El principio es el mismo hoy en día. Le remito usted a la tipología del tabernáculo. Este fue cubierto de la pie l tosca y cruda de tejones; afuera, no era muy atractivo. No obstante, adentro había lino fino, oro y piedras preciosas. El principio espiritual de la iglesia es el mismo. No mire usted la iglesia desde afuera. Necesita entrar en la iglesia. Estoy seguro de que si el apóstol Pablo lo visitara a usted, usted se sorprendería y preguntaría: ―¿Eres tú el hermano Pablo? Creía que el apóstol Pablo sería como un ángel resplandeciente. Pero, ¿cómo eres tú? Eres un simple hombre pequeño sin ningún atractivo‖.

No debemos exhibirnos; ni debemos conocer a otros según la apariencia. Debemos conocerlos según el espíritu interior. En apariencia, Jesús era nazareno, pero dentro de El había oro, olíbano y mirra. Dentro de El estaba la gloria de Dios. En 2 Corintios 5:16 dice que no debemos conocer a Cristo ni a ningún hombre según la apariencia. Más bien, debemos discernir la realidad interior de Cristo.

Debemos guardar este principio hoy en día. Para poder encontrar a Cristo, necesitamos la estrella resplandeciente. No debemos actuar según la apariencia, sino según lo que está en el interior. Si usted quiere conocer a la iglesia o a los santos, no debe ocuparse de la apariencia. No estime lo externo, tal como las catedrales inmensas, los edificios eclesiásticos grandes y los órganos de pipas. Olvide todo eso. Jesús no tenía nada externo que sobresalía. El era un nazareno pequeño, uno que creció en una provincia llamada ―Galilea de las naciones‖ y que fue criado en una ciudad menospreciada por la gente: ―¿De Nazaret puede salir algo de bueno?‖ Pero si usted ―viene y ve‖ y entra en El, le apreciará y será capturado por El. Del mismo modo, necesitará entrar en la iglesia

y quedarse por un rato. Si lo hace, hallará algo valioso. Es lo mismo con respecto a los

santos que buscan al Señor. Cuanto más buscan al Señor, más esconden sus experiencias de las cosas espirituales. Usted necesita acudir a ellos y permanecer con

ellos. Verá el olíbano, la mirra y muchos otros tesoros preciosos. Entonces será atraído

y cautivado. Esta es la manera de hallar a Cristo y apreciar todo lo que es y todo Sus cosas valiosas: el oro, el olíbano y la mirra.

Mateo 2:23 dice que Jesús sería llamado nazareno. Algunos adivinaron que la palabra ―nazareno‖ se refiere a la palabra ―nazareo‖ mencionado en Números 6:2. Otros adivinaron que se refiere a la palabra hebrea netzer traducida rama en Isaías 11:1. Nosotros no creemos que debemos adivinar mucho. Sabemos que en apariencia Jesús era nazareno, según lo hablado por los profetas.

ESTUDIO-VIDA DE MATEO

MENSAJE OCHO

EL UNGIMIENTO DEL REY

(1)

Mateo 3:14:11 trata del ungimiento del Rey. Esta sección del Evangelio de Mateo tiene tres partes: el Rey recomendado (3:1-12), el Rey ungido (3:13-17), y el Rey puesto a prueba (4:1-11). En este mensaje y en el siguiente, consideraremos la recomendación del Rey.

I. RECOMENDADO A. El que recomendaba

El capítulo tres de Mateo abarca la recomendación del Rey y Su ungimiento. En este capítulo, primero se recomienda a Juan el Bautista, el que recomendó al Rey. Mateo 3:1 dice: ―En aquellos días Juan el Bautista apareció‖.

1. Nació para sacerdote

Juan el Bautista nació para sacerdote (Lc. 1:5, 13). En el estudio-vida de Génesis vimos que la primogenitura incluyó tres cosas: la porción doble de la tierra, el sacerdocio y el reinado. Rubén, el primogénito de Jacob, debiera haber recibido las tres cosas de la primogenitura. Sin embargo, debido a su contaminación, perdió la primogenitura. Como resultado, la porción doble de la tierra pasó a José, el sacerdocio a Leví, y el reinado a Judá. La función principal del sacerdocio es llevar a los hombres a Dios, y la función principal del reinado es llevar a Dios a los hombres. Conforme a la Biblia, los sacerdotes llevaban a los hombres a Dios para que éstos obtuvieran Su bendición. Esto es el servicio sacerdotal. Los reyes representaban a Dios y llevaban a Dios a los hombres. Así que, el reinado es el ministerio que lleva a Dios a otros para que éstos ganen más de El. Por medio de este tráfico de ir y regresar, el hombre y Dios, Dios y el hombre, disfrutan una verdadera comunión, la comunión genuina. Con el tiempo, el hombre y Dios llegan a ser uno. Este es el ministerio de los sacerdotes y de los reyes.

El primer ministerio del Antiguo Testamento fue el sacerdocio. Luego vino el reinado. Todos los libros antes de 1 Samuel tratan del sacerdocio. La segunda sección del Antiguo Testamento, la cual trata del reinado, empieza con 1 Samuel. En este libro, Samuel representa el sacerdocio y David representa el reinado. Samuel, el sacerdote,

hizo entrar al rey David. El sacerdocio trae el reinado. Es lo mismo en la vida de iglesia hoy en día. Si somos sacerdotes genuinos, llegaremos a ser reyes también, porque el sacerdocio siempre trae el reinado. Primero somos sacerdotes, los que llevan a otros a la presencia de Dios. Luego llegamos a ser reyes, los que llevan a Dios a otros.

Todos los evangelistas verdaderos son reyes. Si usted no es rey, no tiene los requisitos para predicar el evangelio. En 28:18 y 19 de Mateo el Señor Jesús, el Rey del reino, dijo: ―Toda potestad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones‖. Aquí el Señor dijo a los discípulos que fuesen con Su autoridad. Los que van con la autoridad del Señor son reyes en el reino del cielo. Indudablemente El comparte esta potestad con nosotros. Por eso, debemos ir y hacer discípulos a las naciones, es decir, predicar el evangelio para subyugar a los rebeldes. Cuando vamos a predicar el evangelio, debemos ir como reyes.

Muchos cristianos no conocen e l secreto que Dios guarda en cuanto a Su economía. Cuando usted sienta por dentro que debe predicar el evangelio, primero tiene que llevar

a cabo la función del sacerdocio. Para poder predicar el evangelio, primero debe acudir

a Dios como sacerdote y lleva r a los hombres a El. Usted recibirá la autoridad y será

ungido, y luego procederá de la presencia de Dios como rey. La verdadera predicación del evangelio es la promulgación de un edicto regio. Es la proclamación del mandato de un rey. Consideremos la predicación hecha por Pedro el día de Pentecostés. Aunque era un pescador joven de Galilea, era en realidad un rey. Cada evangelista debe ser un rey.

Hemos visto que el sacerdote hace entrar al rey, lo cual ocurrió por primera vez cuando Samuel presentó al rey David. En el capítulo tres de Mateo vemos a otro Samuel, es decir, a Juan el Bautista, quien era sacerdote de la tribu de Leví. Mateo 3 testifica de la coherencia de la Biblia, porque aquí vemos a Juan, descendiente de la tribu sacerdotal, es decir, de la tribu de Leví, recomendando al que procedió de la tribu real, la tribu de Judá. En Mateo 3 Juan era como Samuel, y Jesús era como David. Allí en el desierto Juan llevaba la gente a Dios. Por ende, era un sacerdote auténtico. Mientras Juan llevaba

a otros a Dios, el Rey vino, y Juan lo recomendó. El Rey llevó a Dios al hombre. Juan llevó al hombre a Dios, y Jesús llevó a Dios al hombre.

Nosotros somos pecadores, y como tales llegamos a Dios por medio del ministerio de Juan. Al arrepentirnos entramos en la presencia de Dios. Eso fue el ministerio del sacerdocio, el ministerio de Juan el Bautista. Todos entramos en la presencia de Dios por medio de Juan. Juan era el que nos hizo volver a Dios. Luego el nuevo rey David, Jesucristo, trajo a Dios a nosotros. Mediante el ministerio de Juan, el cual nos llevó a arrepentirnos, y a través del ministerio de Jesús, el cual nos impartió la vida, todos nosotros fuimos hechos sacerdotes y reyes. En la actualidad somos la continuació n, no sólo del sacerdote Juan el Bautista, sino del Rey, Jesucristo. Si usted es un cristiano adecuado, usted es en primer lugar el Juan de hoy, y en segundo lugar el Jesús de hoy. Ustedes los jóvenes, al salir a los campos universitarios, deben ir como sacerdotes auténticos. Deben decir: ―Señor, tenga misericordia de estas personas. Oh Señor, recuerda a todos estos jóvenes. Te los llevo‖. Esto es el sacerdocio, el ministerio de Juan el Bautista. Después de llevar a otros a Dios, inmediatamente, en cierto sentido, ustedes llegarán a ser el Cristo que trae a Dios a ellos para que obtengan a Dios. Esto es el sacerdocio de hoy y el reinado actual.

2. Abandonó la posición oficial de sacerdote

Aunque Juan el Bautista nació como sacerdote, abandonó la posición de sacerdote. Era por nacimiento un sacerdote según las figuras y las sombras, pero no era en realidad un sacerdote verdadero. En 3:1 Juan apareció predicando en el desierto como verdadero sacerdote. La predicación de Juan el Bautista era la iniciación de la economía neotestamentaria de Dios. No predicaba en el santo templo ni en la ciudad santa, donde la gente religiosa y culta adoraba a Dios según sus ordenanzas bíblicas, sino en el desierto y de manera ―salvaje‖, o sea, sin observar los viejos reglamentos. Esto indica que la vieja manera de adorar a Dios según el Antiguo Testamento fue renunciada y que una manera nueva estaba a punto de manifestarse. Aquí el desierto indica que la manera nueva de la economía neotestamentaria de Dios está opuesta a la religió n y a la cultura. También indica que nada de lo viejo había permanecido y que algo nuevo estaba por ser edificado.

La dispensación de la ley fue terminada con la llegada de Juan el Bautista (11:13; Lc. 16:16). Después del bautismo realizado por Juan, la predicación del evangelio de paz se comenzó (Hch. 10:36-37). La predicación de Juan fue el comienzo del evangelio (Mr. 1:1-5). Así que, la dispensación de gracia empezó con Juan.

Juan, el sacerdote nuevo, así como Jesús, el Rey nuevo, no estaba en conformida d con la vieja manera. Según ella, los sacerdotes se quedaban en el santo templo en la ciudad santa, llevaban vestiduras sacerdotales, comían el alimento sacerdotal y observaban los ritos de los sacerdotes. Pero todo esto fue terminado al llegar Juan el Ba utista, pues aquello no era la realidad sino una sombra. La realidad vino con la llegada de Juan el Bautista, el verdadero sacerdote. Juan, como el sacerdote verdadero, vino para devolver a la gente a Dios. Eso fue su ministerio.

3. Vivió de manera opuesta a la religión y a la cultura

Juan cumplió su ministerio al vivir de una manera completamente opuesta a la religión

y a la cultura y fuera de ellas. Mateo 3:4 dice: ―Este mismo Juan tenía un vestido de

pelo de camello, y un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y su comida era langostas

y miel silvestre‖. Según la ley, Juan, quien era sacerdote, debía haber llevado la

vestidura sacerdotal, la cual era hecha del lino fino (Ex. 28:4, 40 - 41; Lv. 6:10; Ez. 44:17-18), y debía haber comido el alimento sacerdotal, el cual se componía principalmente de la harina fina y la carne de los sacrificios que el pueblo de Dios le ofrecía a El (Lv. 2:1-3, 6:6-18, 25-26; 7:31-34). No obstante, Juan hizo todo al revés. Tenía un vestido de pelo de camello, y un cinto de cuero a lrededor de sus lomos, y comía langostas y miel silvestre. Todas estas cosas son incivilizadas e incultas; no están en conformidad con las reglas religiosas. El hecho de que un sacerdote llevara pelo de camello fue un gran choque para la mente religiosa, porque el camello era considerado

inmundo según los preceptos levíticos (Lv. 11:4). Además, Juan no vivía en un lugar civilizado, sino en el desierto (Lc. 3:2). Todo esto indica que había abandonado por completo la dispensación antiguotestamentaria, la cual se había convertido en cierto tipo de religión mezclada con la cultura humana. Su intención era llevar la economía neotestamentaria de Dios a los hombres, la cual está constituida sólo de Cristo y del Espíritu de vida.

Hemos visto que durante los tiempos de Juan ser sacerdote tenía que ver con guardar una religión, llevar las vestiduras sacerdotales, comer el alimento sacerdotal y vivir en

una morada sacerdotal. Cuando alguien actuaba como sacerdote, todo el mundo le consideraba una persona religiosa, o se a, alguien que participaba en la religión. Pero en el capítulo 3 de Mateo vemos a un sacerdote verdadero. En vez de permanecer en la morada sacerdotal, salió al desierto, a un lugar silvestre donde no existía la religión ni la cultura. Allí en el desierto vivía de manera ―salvaje‖, comiendo langostas y miel silvestre. La miel que comía no era la miel cultivada y procesada, la cual se vende en las tiendas hoy en día, sino una miel silvestre. Juan era un sacerdote verdadero que vivía de manera tan ―salvaje‖. No obstante, si uno intentara imitarlo, sería falso.

Verdaderamente Juan vivía fuera de la religión y de la cultura. Además de comer lo silvestre, se vestía de pelo de camello. Fíjese en que la Biblia no dice que se vestía de piel de camello, la cual hubie ra sido algo refinado, sino de pelo de camello, el cual debía de haber sido algo tosco. Además, su cinto de cuero probablemente no era muy refinado. Juan, de verdad, era ―salvaje‖. No obstante, éste era el sacerdote verdadero que recomendó al Rey.

Desde los tiempos de Juan el Bautista hasta estos días, muchos han sido devueltos a Dios por medio de su ministerio. Cuando digamos a otros que se arrepientan, debemos recordar a Juan el Bautista.

El ministerio de Juan el Bautista estaba fuera de la religión y de la cultura. Cuando Juan nació, existían dos cosas principales en Jerusalén: la religión hebrea y la cultura grecorromana. Sin embargo, Juan no permaneció en Jerusalén donde, sin lugar a dudas, vivían sus padres. Salió de Jerusalén y fue al desierto donde no se encontraba la religión ni la cultura, sino la naturaleza. Juan ministró allí en el desierto llevando a los hombres a Dios y presentando al Rey, el que representaba a Dios, a ellos. Esto indica claramente que, durante los tiempos de Juan, la edad se ca mbió, de la vieja dispensación a la nueva, de las sombras y figuras a la realidad. Aquellos sacerdotes, los que llevaban las vestiduras sacerdotales, comían el alimento sacerdotal, y permanecían en la morada sacerdotal quemando el incienso y llevando a cabo las funciones sacerdotales, nunca llevaron a nadie a Dios. Pero Juan, el que era ―salvaje‖, irreligioso e inculto, llevó a centenares a El. También presentó al Rey a los hombres. Este Rey era aquel que llevó a Dios a las personas arrepentidas.

Cuando el Rey era presentado a los hombres y ellos eran verdaderamente devueltos a Dios, el reino se aparecía inmediatamente. El Rey y el pueblo constituyen el reino. El reino estaba allí porque tanto el Rey como el pueblo estaban allí. El Nuevo Testamento comienza con el sacerdocio genuino que trae el reinado genuino. El sacerdote verdadero presentó al Rey verdadero, lo cual hizo entrar el reino.

El mensaje de Juan fue: ―Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado‖ (v. 2). Tenían que arrepentirse porque el reino venía y el Rey ya estaba. Nosotros también necesitamos arrepentirnos para que el Rey nos gane como pueblo Suyo. Después de arrepentirnos, el Rey nos obtiene y nosotros le obtenemos a El, proceso por el cual nosotros y el Rey llegamos a ser el re ino. El reino viene inmediatamente después del Rey. Si recibimos al Rey y si El nos acepta como Su pueblo, el reino está presente de inmediato. ¿Por qué el reino no ha venido todavía? Porque usted no ha recibido al Rey, y El no le ha obtenido a usted. Por estar usted muy lejos de El todavía, El no ha logrado obtenerle. Por esto, el reino no ha llegado, sino que está esperando a que usted se

arrepienta. Si usted se arrepiente, el Rey le obtendrá a usted, usted obtendrá al Rey, y el reino estará presente.

Muc hos cristianos que predican el evangelio hoy en día, no conocen los principios divinos de la economía de Dios. Si queremos ser evangelistas auténticos, los verdaderos predicadores del evangelio, debemos primero ser Juan el Bautista. Esto significa que debe mos ser sacerdotes; no los sacerdotes oficiales, los sacerdotes en sombra, sino sacerdotes genuinos, en realidad. Después de llegar a ser sacerdotes de esta índole, debemos también ser Jesucristo. Esto significa que debemos ser el Rey que lleva a Dios a otros. Cuando acudimos a Dios orando por otros, cumplimos la función sacerdotal de llevar a otros a Dios. Pero cuando salimos de la presencia de Dios y vamos al pueblo, somos los reyes y llevamos a Dios a ellos. Si hacemos esto, ellos se arrepentirán al Rey, el Rey los obtendrá y el reino estará presente.

En la actualidad la vida adecuada de iglesia es el reino. Todos nosotros nos hemos

arrepentido, el Rey nos ha obtenido y nosotros lo hemos recibido. Ahora somos uno con el Rey, y el reino está aquí con nosotros. ¡Aleluya, el reino está aquí ahora mismo! Todo

esto depende de aquel que recomienda.

Mi carga en este mensaje es hacer hincapié en lo relacionado con el que recomienda.

¿Es usted el recomendador de Cristo hoy en día? Si usted lo es, debe estar seguro de que

no está en la religión ni en la cultura. Todos debemos estar en el desierto, en un

ambiente ―salvaje‖ y no en lo religioso ni lo culto. El ambiente adecuado es lo que está fuera de la religión y de la cultura y lleno de la presencia de Dios.

Cuando Juan estaba allí en el desierto, era un gran imán que atraía grandes multitudes a sí mismo. Es por esta razón que el versículo 5 dice: ―En ese entonces salía a él Jerusalén, y toda Judea, y toda la región de alrededor del Jordán‖. Debido a su poder atrayente, muchos salieron a Juan el Bautista. Espero que los jóvenes que van a los campos universitarios estarán allí como imanes. Si son imanes, otros acudirán a ustedes en tropel. Primero ustedes serán los sacerdotes designados por Dios para introducir a

otros en Su presencia. Luego podrán presentar al Rey celestial a ellos. En aquel tiempo, no sólo presentarán al Rey a otros, sino que, en realidad, ustedes serán reyes. Así, darán

un mandato a otros, y muchos se volverán a Cristo. De este modo Cristo obtendrá las

personas, y ellas lo obtendrán a El. Inmediatamente, el reino aparecerá en los campos

universitarios. Esta es la manera apropiada de predicar el evangelio.

B. El lugar de la recomendación

Hemos visto que el sitio donde se hizo la recomendación no se enc ontraba en la ciudad santa ni en el templo santo, sino en el desierto. El versículo 1 dice que Juan el Bautista apareció predicando en el desierto, y el versículo 3 dice: ―Pues éste es aquel de quien se habló por medio del profeta Isaías, cuando se dijo: Voz de uno que clama en el desierto‖. Fue según profecía que Juan el Bautista empezara su ministerio en el desierto. Esto indica que Juan el Bautista no introdujo la economía neotestamentaria de Dios por casualidad, sino según el plan de Dios, el cual fue p redicho mediante el profeta Isaías. Esto implica que Dios quería que Su economía neotestamentaria empezara de manera completamente nueva.

Si consideramos la historia de los siglos recientes, veremos que cada avivamiento prevaleciente tuvo lugar en un ―lugar silvestre‖. Cuando John Wesley y George Whitefield fueron levantados como evangelistas hace dos siglos, predicaron mayormente en las esquinas. George Whitefield, según su biografía, predicó muchas veces en las estribaciones de una región no civilizada. P ero al mismo tiempo, la Iglesia de Inglaterra prohibía que la Santa Palabra fuese enseñada fuera del ―santuario‖. Todos los que predicaban o enseñaban la Biblia tenían que hacerlo en el ―santuario‖. No obstante, Dios levantó a George Whitefield y a John Wesley para que llevaran a cabo su predicación fuera del ―santuario‖. El principio es el mismo hoy. Sin embargo, esto no significa que debemos imitar a Juan el Bautista de manera superficial. No debemos valernos de la manera religiosa ni de la culta, sino de la manera que trae la plena presencia de Dios. No debemos permanecer en la ciudad santa ni en el templo santo, sino en un lugar fuera de religión y de cultura, en donde se manifieste la presencia de Dios. Espero que los jóvenes vayan al Señor con este asunto, orando: ―Señor, haznos Juan el Bautista en estos días. Señor, llévanos al desierto y muéstranos cómo ser sacerdotes verdaderos que traen a otros a Ti y enséñanos cómo presentarte a otros como

su Rey

El Evangelio de Mateo es completamente diferente al Evangelio de Juan. Este es un libro que trata de la vida, mientras que aquél es un libro acerca del reino. En el

Evangelio de Juan Jesús es la vida, pero en Mateo El es el Rey. Según el libro de Mateo,

el Jesús a quien debemos recibir es el Rey. Al conside rar el Evangelio de Mateo,

debemos quedarnos impresionados completa y cabalmente de que nosotros estamos ahora en el reino. Todo lo escrito en el libro de Mateo se relaciona con el reino. Por lo tanto, debemos profundizar este libro estudiándolo con la perspectiva del reino y viendo cada capítulo y cada versículo así.

El arrepentimiento exigido en el capítulo tres es para el reino. Uno tiene que arrepentirse por no estar en el reino, porque no está bajo la autoridad de Dios. Debe

arrepentirse por no haberse sometido a la autoridad de Cristo ni a Su reino. Aunque usted no se sienta pecador, mientras no esté en el reino, es rebelde. Mientras no tenga nada que ver con el reinado de Cristo, es un rebelde y debe arrepentirse. ¡Arrepiéntase

de no estar en el reino ! Los cristianos genuinos de hoy son salvos, pero muchos de ellos

todavía no están en el reino. Por eso, incluso éstos deben arrepentirse. Mientras uno no está bajo el reinado de Cristo, debe arrepentirse. Si usted no está en el reino de los cielos de manera práctica, si no está bajo el gobierno celestial, debe arrepentirse. No importa cuán espiritual, santo o bueno sea usted. Todo depende de que usted esté bajo el

gobierno celestial o no. Si no, no está en el reino y debe arrepentirse. Si usted no está en

el

reino, está en rebelión. Siendo éste el caso, usted se cree un cristiano fundamentalista

y

santo, uno que se basa en la Biblia, pero en realidad es un rebelde. Aun la

espiritualidad que usted posee es una forma de rebelión contra el reinado de Cristo. Se ocupa de su espiritualidad y no del reinado de Cristo. Esto indica que usted está en rebelión y no en el reino. ¡Arrepiéntase de su rebelión! ¡Arrepiéntase de no estar en el reino y de no estar sometido al reinado de Cristo ni a Su autoridad! Este es el

pensamiento básico del Evangelio de Mateo.

No debemos considerar que el libro de Mateo es para los incrédulos, los de afuera, los gentiles. Muchos de nosotros nunca oímos el evangelio presentado en Mateo. No sé qué tipo de evangelio usted haya oído, pero es cierto que necesita escuchar el evangelio presentado en Mateo, el evangelio del reino, el cual exige que usted se arrepienta de no

estar bajo el reinado de Cristo. Todos debemos arrepentirnos ante el Señor y decir:

―Señor, perdóname. Incluso hoy sigo en la rebelión. No estoy bajo Tu señorío, Tu autoridad, ni Tu gobierno celestial. Confieso que he sido gobernado sólo por mí mismo. Señor, concédeme un verdadero arrepentimiento por mi rebelión, por no estar bajo Tu autoridad‖. Todos necesitamos arrepentirnos. ¡Alabado sea el Señor porque Juan el Bautista y el ministerio del sacerdocio están con nosotros todavía! Por una parte, este sacerdocio nos lleva a Dios; por otra, recomienda al Rey celestial, quien trae a Dios a nosotros. Cuando recibimos este Rey, El nos obtiene, y el reino está presente. Este es el Evangelio de Mateo.

ESTUDIO-VIDA DE MATEO

MENSAJE NUEVE

EL UNGIMIENTO DEL REY

(2)

En el Antiguo Testamento y en el Nuevo hay dos ministerios fundamentales, los cuales constituyen el reino de Dios: el sacerdo cio y el reinado. La Biblia habla también de la tercera clase de ministerio: el de profeta. Sin embargo, el ministerio profético no es fundamental, sino que sirve como suplemento al sacerdocio y al reinado. Cuando uno u otro está débil, los profetas surgen para fortalecerlo. Según el Antiguo Testamento, el sacerdocio pertenecía a la tribu de Leví. Finalmente, el sacerdocio antiguotestamentario llegó a su consumación en Juan el Bautista, descendiente de dicha tribu. Del mismo modo, Jesús era la consumación d el reinado antiguotestamentario, el cual pertenecía a la tribu de Judá. Jesús, descendiente de Judá, vino para ser la consumación del reinado. Por una parte, Juan el Bautista y Jesucristo pusieron fin al sacerdocio y al reinado antiguotestamentarios; por otra, hicieron germinar el sacerdocio y el reinado neotestamentarios. En otras palabras, terminaron con la dispensación del Antiguo Testamento y empezaron la dispensación del Nuevo Testamento.

Cuando el sacerdocio lleva a la gente a Dios y el reinado trae a Dios a la gente, tenemos el reinado o gobierno celestial. El reinado celestial es el reino, el cual en estos días es la vida adecuada de iglesia. La iglesia de hoy es el reino con el sacerdoc io y el reinado. Esta continuará hasta el milenio. En el reino milenario todavía existirán el sacerdocio y el reinado. Por un lado, nosotros los vencedores seremos sacerdotes, y por otro lado seremos reyes. Así que, en el reino milenario el sacerdocio y el reinado serán aún más fuertes de lo que son ahora. Mantendrán el reino de Dios en la tierra para que el Rey obtenga los hombres, y ellos lo obtengan a El. Después del milenio, el sacerdocio no será necesario. En la eternidad solamente existirá el reinado, porque en el cielo nuevo y la tierra nueva con la Nueva Jerusalén todos estarán en la presencia de Dios. En aquel tiempo Dios estará con el hombre. Por consiguiente, no será necesario que el sacerdocio lleve a la gente a Dios. En la eternidad la presencia de Dios eliminará el sacerdocio, pero el reinado permanecerá de modo que quienes estén en la Nueva Jerusalén reinarán sobre las naciones que rodearán la ciudad. Esto es un resumen de la Biblia a la luz del sacerdocio y del reinado.

En el mensaje anterior examinamos a Juan el Bautista, el que recomendó al Rey. Ahora estudiaremos el mensaje de recomendación dado por Juan.

C. El mensaje de recomendación

1. Arrepentirse para el reino de los cielos

El mensaje que Juan dio como recomendación es breve, pero es cr ucial y todo- inclusivo. Mateo 3:2 dice: ―Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado‖. La primera palabra importante en este versículo es ―arrepentíos‖. Juan empezó su ministerio con esta palabra. Arrepentirse es experimentar un cambio en la manera de pensar que lo lleva a uno a sentir remordimiento, es cambiar de propósito. En el griego, la palabra traducida ―arrepentirse‖ significa cambiar de idea. Arrepentirse es experimentar un cambio en la manera de pensar, en la filosofía, en la lógica. La vida del hombre caído concuerda totalmente con su manera de pensar. Cuando usted era un hombre caído, su mente le dirigía a usted. Su mentalidad, su lógica y su filosofía controlaban su manera de vivir. Antes de ser salvos, todos nosotros andábamos según nuestra mentalidad caída. Estábamos muy lejos de Dios, y nuestra vida estaba directamente en contra de Su voluntad. Bajo la influencia de nuestra mentalidad caída, nos extraviábamos cada vez más lejos de Dios. Pero un día oímos la predicación del evangelio, la cual nos decía que nos arrepintiéramos, o sea que tuviéramos un cambio en nuestro modo de pensar, en nuestra filosofía y en nuestra lógica.

Esta fue mi experiencia cuando fui salvo. Era como un caballo joven, iba desbocado. En realidad, no iba en mi propio sentido, sino en el del diablo, porque éste me dirigía mediante mi mentalidad caída, conduciéndome cada vez más lejos de Dios. Pero un día oí el llamado de arrepentirme, de experimentar un cambio en mi filosofía, en mi lógica y en mi manera de pensar. ¡Alabado sea el Señor! ¡Experimenté ese cambio! Iba en cierto sentido, pero cuando oí la llamada a arrepentirme, di media vuelta. Creo que todos hemos dado esta vuelta, la cual es llamada la conversión. Cuando nos convertimos, dimos la espalda a nuestr o vivir pasado y volvimos la cara hacia Dios. Esto constituye el arrepentimiento, o sea, la experiencia de un cambio en la manera de pensar.

Cada ―ismo‖ es una filosofía que dirige la vida de uno. Casi todos los partidos políticos tienen un ―ismo‖, el cual es prácticamente un dios. Pero nosotros no tenemos un ―ismo‖; tenemos al Señor. Tenemos a Dios. Anteriormente, estábamos bajo la dirección de cierto ―ismo‖, pero ahora Dios nos dirige. Nuestro modo de pensar ha experimentado un cambio radical. Ibamos en una dirección, pero ahora vamos en otra. Hemos experimentado un cambio en nuestra manera de pensar, es decir, en nuestro concepto.

La segunda palabra crucial hallada en el versículo 2 es el reino. En la predicación de Juan el Bautista, arrepentirse, como co mienzo de la economía neotestamentaria de Dios, indica tener un cambio de dirección hacia el reino de los cielos. Esto indica que la economía neotestamentaria de Dios está centrada en Su reino. Con este fin, debemos arrepentirnos, cambiar de actitud y de p ropósito. Antes buscábamos otras cosas, pero ahora nuestra única meta debe ser Dios y Su reino, el cual en Mateo es llamado específica e intencionalmente el reino de los cielos (cfr. Mr. 1-15). El reino de los cielos, según el contexto general del Evangelio de Mateo, es diferente del reino mesiánico. Este será el reino de David restaurado (el tabernáculo reedificado de David,

Hch. 15:16), compuesto de los hijos de Israel y será terrenal y físico en naturaleza; mientras que el reino de los cielos está constituido de los creyentes regenerados y es celestial y espiritual.

Juan el Bautista dijo a los hombres que se arrepintieran para el reino. No dijo que debemos arrepentirnos para que vayamos al cielo o para que obtuviéramos la salvación. Dijo que debemos arrepentirnos para el reino. El reino denota cierto gobierno. Antes de ser salvos, no estábamos bajo ninguna ley. Si la policía, el gobierno o las cortes de ley no nos decían qué hacer, podíamos haber hecho cualquier cosa que nos gustara. Pero cuando oímos la predicación del evangelio, dimos la espalda a la vieja condición de no estar bajo ninguna ley y empezamos a someternos por completo al reino. Así que estamos en el reino. Antes de ser salvos, no teníamos un rey. Pero después de volvernos al Señor, El llegó a ser nuestro Rey. Ahora todos estamos bajo el gobierno de este Rey. El tiene el reinado, y éste es para el reino. Hoy estamos en el reino de este Rey.

La tercera expresión crucial hallada en el versículo 2 es los cielos. Juan dijo que nos arrepintiéramos para el reino de los cielos. La expresión ―los cielos‖, la cual es un modismo hebreo, no se refiere a nada que sea plural, sino al cielo más elevado, el cual según la Biblia es el tercer cielo, es decir, el cielo que está por encima del cielo. El tercer cielo se llama ―los cielos‖. El reino de los cielos no denota un reino en el aire, sino un reino que está por encima del aire; éste es el reino que se encuentra en el cielo que está por encima de los demás, donde está el trono de Dios. En este reino tenemos el gobierno, el reinado, de Dios. Por lo tanto, el reino de los cielos es el reino de Dios que está en el tercer cielo donde El ejercita Su autoridad sobre todo lo que El creó. Este reino tiene que descender a la tierra. El reinado celestial ha de descende r a la tierra para ser la autoridad que rige la tierra.

Según lo dicho por Juan el Bautista en el versículo 2: ―El reino de los cielos se ha acercado‖. Esto indica claramente que antes de la venida de Juan el Bautista, el reino de los cielos no estuvo allí. Aun después de que él llegó, y durante su predicación, el reino de los cielos todavía no estaba; sólo se había acercado. Cuando el Señor empezó Su ministerio y aun cuando El mandó a Sus discípulos a predicar, el reino de los cielos no había venido (4:17; 10:7). Por consiguiente, en la primera parábola, presentada en el capítulo trece (vs. 3 - 9), la de la semilla, la cual indica la predicación del Señor, El no

parábola, la de la cizaña (v. 24), lo cual indica el establecimiento de la iglesia en el día

dijo: ―El reino de los cielos es semejante a

Lo dijo sólo cuando habló la segunda

de Pentecostés. El hecho de que Mateo 16:18 y 19 usen las expresiones ―la iglesia‖ y ―el reino de los cielos‖ de manera intercambiable comprueba que el reino de los cielos vino cuando la iglesia fue establecida.

Cuando Juan el Bautista vino, el reino de los cielos sólo se había acercado. Estaba en camino, pero todavía no había llegado. Esto demuestra que en el Antiguo Testamento no existía el reino de los cielos. Aun en los tie mpos de Moisés y de David, el reino de los cielos no estuvo. Juan dijo que el reino de los cielos estaba en camino; no dijo que había llegado. Cuando el Señor Jesús empezó Su ministerio, también dijo: ―Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado‖ (4:17). Esto indica que aun cuando el Señor Jesús empezó Su ministerio, el reino de los cielos todavía no había llegado. Juan el Bautista le dijo a los hombres que debían arrepentirse para el reino de los cielos, el cual en aquel entonces estaba en camino. El reino de los cielos llegó a Jerusalén el día de Pentecostés, lo cual significa que llegó cuando la iglesia nació. Hoy en día cualquier

persona que tenga un cambio en su filosofía y se vuelva a Dios, estará inmediatamente en el reino de los cielos. ¡Aleluya! ¡Estamos en el reino de los cielos! Todos tenemos al Rey y estamos bajo Su reinar.

Muchas veces, debido a que el Rey está gobernándonos interiormente, no nos hace falta

el gobierno ejercido por la policía y las cortes de ley. En este caso el Rey que vive en

nuestro interior hace innecesarios a los abogados. Sin embargo, los que no se han vuelto

a Dios arrepentidos no están sometidos al Rey. Por el contrario, quebrantan la ley

continuamente. Por esta razón, muchísimos de ellos son llamados a las cortes. Pero nosotros, los del reino, estamos sometidos al Rey del reino de los cielos. El mora en nuestro espíritu. Cuando nos habla, principalmente dice una sola palabra: ―no‖. Conforme a mi experiencia, Su palabra favorita es ―no‖. Tenemos en nuestro interior un ―no‖ que rige. Damos gracias al Señor por esta palabra pequeña, porque nos salva y nos guarda de muchos problemas. Cuando oímos el ―no‖ interior, esto es el gobierno del Señor dentro de nosotros. Tal vez hoy usted ha oído el ―no‖ del Señor varias veces. Si los del reino no se ocupan del ―no‖, llegarán a ser reincidentes. El reino nos gobierna usando principalmente la palabra ―no‖, porque nosotros somos las personas del reino.

Ahora consideraremos cómo Juan el Bautista pudo introducir a otros en el reino. El ministerio de Juan era llevar a otros a Dios (Lc. 1:16-17). Juan el Bautista, un sacerdote verdadero, fue ―lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre‖ (Lc. 1:15). Sin duda, al crecer de la infancia a la madurez, a la edad de trein ta años, fue

completamente sumergido en el Espíritu Santo. Por ser inundado por el Espíritu Santo y saturado de El, logró ser muy valiente. Es un asunto serio resistir la corriente de la edad. Para hacerlo se requiere mucha valentía. ¿Cómo pudo Juan el Bautista ser tan valiente hasta el punto de lograr resistir la religión judía y la cultura grecorromana? Tuvo suficiente denuedo para hacerlo porque fue sumergido en el Espíritu Santo por treinta años. Por lo tanto, cuando salió a ministrar, lo hizo en el Esp íritu y con poder. Sí, se vistió de pelo de camellos como señal de que había repudiado la vieja dispensación. Pero ésa era una señal externa. También tenía una realidad en su interior, y aquélla era

el Espíritu y el poder. La realidad que se podía ver en J uan el Bautista, no era sólo la

presencia de Dios, sino también el Espíritu de Dios.

Juan fue sumergido en el Espíritu Santo y saturado y empapado con El. Espontáneamente, esto lo hizo un gran imán. Era imán porque él mismo había sido plenamente ―cargado‘‘. Año tras año y día tras día él fue ―cargado‘‘ del Espíritu. Por lo tanto, en su ministerio era un imán poderoso. Juan tenía al Espíritu y el poder que atrae. Por consiguiente, como dice Lucas 1:16, él hizo que muchos de los hijos de Israel se volvieran al Señor Dios de ellos. (Aquí el Señor equivale a Jehová). El hecho de que Juan hizo que muchos de los israelitas se volvieran al Señor indica que la nación de Israel le había dado la espalda a Dios. De otro modo, habría sido innecesario que Juan el Bautista los hiciera volverse. Aun los sacerdotes que servían a Dios en el templo al alumbrar las lámparas y quemar el incienso habían dado la espalda a Dios y estaban muy lejos de El. En otra porción del Nuevo Testamento se nos dice que muchos sacerdotes se volv ieron a Dios (Hch. 6:7). Por lo tanto, aun los sacerdotes, los que servían a Dios, necesitaban volverse a Dios. Así que, Dios usó a Juan el Bautista para hacer regresar a muchos al Señor.

2. Nuestra naturaleza necesita un cambio

Lo dicho por Juan a los far iseos y a los saduceos quienes fueron a él revela que necesitamos un cambio en nuestra naturaleza. El versículo 7 dice: ―Al ver él que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo, les decía: ‗¡Cría de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera?‘‖ Los fariseos eran la secta religiosa más estricta de los judíos (Hch. 26:5). Esta secta se formó por el año 200 a. de C. Ellos estaban orgullosos de su vida religiosa superior, su devoción a Dios y su conocimiento de las Escrituras. En realidad, se habían degradado hasta ser pretenciosos e hipócritas (Mt. 23:2-33). Los saduceos eran otra secta del judaísmo (Hch. 5:17). Ellos no creían en la resurrección, ni en los ángeles, ni en los espíritus (Mt. 22:23; Hch. 23:8). Tanto Juan el Bautista como el Señor Jesús condenaron a los fariseos y a los saduceos, calificándolos de cría de víboras (Mt. 3:7; 12:34; 23:33). Los fariseos eran considerados ortodoxos, mientras que los saduceos eran los modernistas antiguos.

En los versículos 8 y 9 Juan dijo: ―Haced pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no

penséis decir dentro de vosotros mismos: Tenemos por padre a Abraham; porque yo os digo que Dios puede, de estas piedras, levantar hijos a Abraham‖. Debido a la impenitencia de los judíos, tanto esta palabra como la del v. 10 se han cumplido. Dios excluyó a los judíos y levantó a los creyentes gentiles, para que fueran descendientes de Abraham en la fe (Ro. 11:15a, 19 - 20, 22; Gá. 3:7, 28- 29). Lo dicho por Juan en este versículo indica claramente que el re ino de los cielos predicado por él no está

constituido de los que son hijos de Abraham por nacimiento, sino de los que lo son por la fe; por tanto, es el reino celestial, y no el reino terrenal del Mesías.

Los fariseos y los saduceos eran los líderes de lo s hijos de Israel. Cuando fueron a Juan

el Bautista, éste los llamó con mucha reprensión cría de víboras. Las víboras son serpientes venenosas. Juan dijo esto a los judíos, al linaje escogido. Los hijos de Israel no eran cerdos paganos. Ellos consideraban a los gentiles como cerdos y se consideraban a sí mismos como un pueblo santo. Pero cuando los líderes de este pueblo santo fueron a Juan, éste no les dijo: ―Bienvenidos. ¡Qué bueno es que ustedes vengan a

mi ministerio. Es realmente un honor que ustedes, los líderes de los hijos de Israel, me

visiten‖. Juan no habló como los pastores del cristianismo de hoy. No les dio gracias a

los fariseos ni a los saduceos por haberle visitado ni se dirigió a ellos como líderes; más

bien los llamó cría de víboras. ¿Puede usted creer que los hijos de Israel, descendientes de Abraham el llamado, hubieron podido hacerse tan malignos?

Juan también les dijo que ni pensaran decir que tenían por padre a Abraham, porque Dios podía, de las piedras, levantar hijos a Abraham. Parece que Juan decía: ―No piensen decir nada. No piensen decir que ustedes son los hijos de Israel y que Abraham es su padre. Dios puede, de estas piedras, levantar hijos‖. Lo dicho por Juan indica claramente este hecho y también sirvió como profecía que de la era había cambiado. Por eso, ya no era cuestión del nacimiento natural, sino del segundo nacimiento, el espiritual. Aunque usted sea una piedra sin vida por nacimiento, Dios puede hacerle Su hijo viviente. ¡Aleluya! ¡Esto es exactamente lo que El ha hecho con nosotros! Debemos recordar las condiciones en las cuales nos encontrábamos antes de ser salvos. Por lo que a la vida se refiere, éramos como piedras sin vida. Pero con referencia al pecado, estábamos llenos del mismo y muy activos en él. ¡Alabado sea el Señor! En el día de nuestro arrepentimiento creímos en el Señor Jesús, y Dios nos hizo Sus hijos vivientes.

Mediante las palabras de Juan vemos que Dios estaba preparado para abandonar la cría de víboras, Su pueblo escogido de antaño, y procurar conseguir a otro. Estaba listo para abandonar a los hijos de Israel y volverse a las piedras, quienes en la mayor parte eran gentiles. Aunque los gentiles eran piedras sin vida, estaban destinados a llegar a ser los hijos vivientes de Dios. Esto demuestra que Dios verdaderamente puede hacer de cada piedra sin vida un hijo de Dios.

En el versículo 10 Juan dijo a los fariseos y a los saduceos: ―Y ya está puesta el hacha a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego‖. Parece que Juan decía: ―Cría de víboras, el hacha que corta está puesta a la raíz. Si son árboles buenos que producen buen fruto, estarán bien. Si no, serán cortados y echados al fuego‖. Veremos dentro de poco que el fuego mencionado en este versículo es el fuego encontrado en el lago de fuego.

3. Cristo el que bautiza

El versículo 11 dice: ―Yo os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, a quien yo no soy digno de llevarle las sandalias, es más fuerte que yo. El os bautizará en el Espíritu Santo y fuego‖. Parece que Juan decía en este versículo: ―He venido para bautizarles con agua, para darles fin y sepultarles. Pero aquel que viene tras mí es más fuerte que yo. El les bautizará a ustedes con el Espíritu y con fuego. Ya sea que El les bautice con el Espíritu o con el fuego depende de que ustedes se arrepientan. Si se arrepienten, El les pondrá en el Espíritu. Pero si continúan como cría de víboras, ciertamente El les bautizará en el lago de fuego. Esto significa que El les pondrá en el fuego del infierno‖.

Según el contexto, el fuego aquí no es el fuego de Hechos 2:3, el cual está relacionado con el Espíritu Santo, sino que es el mismo fuego mencionado en los versículos 10 y 12, el fuego que se encuentra en el lago de fuego (Ap. 20:15) donde los incrédulos sufrirán la perdición eterna. Lo que Juan dijo a los fariseos y a los saduceos significa que sólo si ellos se arrepintieran verdaderamente al Señor y creyeran en El, el Señor les bautizaría en el Espíritu Santo para que tuvieran la vida eterna; si no, el Señor les bautizaría en fuego, poniéndolos en el lago de fuego para que sufran el castigo eterno. El bautismo de Juan tenía como fin el arrepentimiento, para hacer que la gente crea en el Señor. El bautismo del Señor es o para vida eterna en el Espíritu Santo o para perdición eterna en el fuego. El bautismo del Señor en el Espíritu Santo comenzó el reino de los cielos, llevando a Sus creyentes al reino de los cielos. Mientras que Su bautismo en el fuego dará fin al reino de los cielos, poniendo a los incrédulos en el lago de fuego. Por esto, el bautismo en el Espíritu Santo, realizado por el Señor, se basa en Su redención y es el comienzo del reino de los cielos, mientras que Su bautismo en el fuego, el cual se basa en Su juicio, es el fin del reino de los cielos. Así que, en este versículo hay tres clases de bautismos: el bautismo en el agua, el bautismo en el Espíritu Santo y el bautismo en el fuego. El bautismo en el agua, realizado por Juan, introdujo a las personas en el reino de los cielos. El bautismo en el Espíritu Santo, realizado por el Señor Jesús, empezó y estableció el reino de los cielos en el día de Pentecostés y lo llevará hasta su consumación al final de esta edad. El bautismo en el fuego, realizado por el Señor, concuerda con el juicio que tendrá lugar en el gran trono blanco (Ap. 20:11-15) y dará fin al reino de los cielos.

Algunos cristianos, creyendo que el fuego mencionado en el versículo 11 se refiere a las lenguas de fuego que descendieron el día de Pentecostés, dicen que el Señor bautizará a los creyentes con el Espíritu Santo y con fuego. Pero debemos tener en mente el contexto del versículo 11. Fíjese que la palabra ―fuego‖ se encuentra en los versículos 10, 11 y 12. En el versículo 10 los árboles que no dan fruto son cortados y echados al fuego. Ciertamente este fuego es el lago de fuego. El fuego del versículo 11 también debe denotar el lago de fuego, porque es una explicación adicional del fuego mencionado en el versículo anterior. Según el versículo 12, el Señor quemará la paja con fuego inextinguible. El trigo recogido en el granero del Señor consiste en los que fueron puestos en el Espíritu. No obstante, la paja es quemada con fuego. Ciertamente este fuego también es el lago de fuego. Por lo tanto, el fue go mencionado en los versículos del 10 al 12 se refiere en cada caso al mismo fuego, el del lago de fuego. Parece que Juan les decía a los líderes judíos: ―Fariseos y saduceos, es posible que me puedan engañar, pero no pueden engañarle a El. Si están verda deramente arrepentidos, El les pondrá en el Espíritu. Pero si permanecen en lo maligno, El les pondrá en el fuego‖. Este es el entendimiento correcto de estos versículos.

El versículo 12 dice: ―Su aventador está en Su mano, y limpiará completamente Su era; y recogerá Su trigo en el granero, pero quemará la paja con fuego inextinguible‖. Los que son tipificados por el trigo tienen vida por dentro. El Señor los bautizará en el Espíritu Santo y por medio del arrebatamiento los recogerá en Su granero que está en los cielos. Los que son tipificados por la paja, así como la cizaña mencionada en 13:24 - 30, no tienen vida. El Señor los bautizará en el fuego, poniéndolos en el lago de fuego. Aquí la paja se refiere a los judíos no arrepentidos, mientras que la cizaña del capítulo trece se refiere a los cristianos por nombre solamente. El destino eterno de los dos será el mismo: perdición en el lago de fuego (13:40-42).

El Rey Jesús ejecuta dos tipos de bautismo: el bautismo en el Espíritu y el bautismo en el fuego. El bautismo en el Espíritu empezó el reino de los cielos, y el bautismo en el fuego dará fin a él. El comienzo del reino de los cielos tuvo lugar el día de Pentecostés. En aquel día el Rey Jesús bautizó a los creyentes poniéndolos en el Espíritu Santo. Por ese bautismo, el reino de los cielos empezó. El reino de los cielos concluirá con el juicio pronunciado en el gran trono blanco. En aquel momento los incrédulos serán juzgados y echados en el lago de fuego. Eso será el bautismo en el fuego. Este bautismo dará fin al reino de los cielos.

El bautismo en el agua, realizado por Juan, era anterior al reino de los cielos, una preparación para la venida del reino de los cielos. Muchos cristianos nominales han sido bautizados en el agua. Pero si participan en el bautismo en el Espíritu o si sufren el bautismo en el fuego es cuestión de su arrepentimiento. Si se arrepienten de verdad, el Señor Jesús los pondrá en el Espíritu. Si no, el Señor Jesús, como Juez sentado en el gran trono blanco, los echará en el lago de fue go. Por lo tanto, en la Biblia hay tres clases de bautismos: el bautismo en el agua, el bautismo en el Espíritu y el bautismo en el fuego. El bautismo en el agua, realizado por Juan, tenía como fin prepararlos para la venida del reino de los cielos. El bautismo en el Espíritu fue el comienzo del reino de los cielos, y el bautismo en el fuego será la terminación del reino de los cielos. No debemos seguir siendo cría de víboras. Ni debemos ser la paja del capítulo tres ni la cizaña del capítulo trece. Más bie n, debemos ser el trigo, los hijos vivientes de Dios. Para ser hechos hijos vivientes de Dios, debemos ser bautizados por medio del agua y en el Espíritu. Juan 3:5 dice que debemos nacer del agua y del Espíritu. Primero, somos

bautizados por el agua; luego somos bautizados en el Espíritu. De esta manera somos regenerados. Por lo tanto, tenemos las dos clases de bautismos positivos: el bautismo en el agua y el bautismo en el Espíritu. No queremos tener nada que ver con el bautismo en el fuego.

D. La manera en que se hizo la recomendación

Habiendo hablado del que recomendó al Rey y el contenido de la recomendación, vamos a considerar la manera de recomendar.

1. Bautizar a la gente en el agua

Juan, al hacer su recomendación, primero bautizó a la gente en el agua. Los versículos 5 y 6 revelan que muchos eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados. Bautizar a las personas es sumergirlas, sepultarlas en agua, la cual representa la muerte. Juan el Bautista lo hizo para indicar que q uien se arrepiente solamente sirve para ser sepultado. Esto significa también que a la vieja persona se le ha dado fin, para que haya un nuevo comienzo en resurrección, producido por Cristo como el dador de vida. Por lo tanto, después del ministerio de Jua n, vino Cristo. El bautismo de Juan no solamente dio fin a los que se habían arrepentido, sino que también los llevó a Cristo para que tuvieran vida. En la Biblia el bautismo implica muerte y resurrección. Ser bautizado en agua equivale a ser puesto en la muerte y sepultado allí. Ser levantado del agua significa resucitar de la muerte.

El río Jordán fue el agua en donde las doce piedras que representaban a las doce tribus de Israel fueron sepultadas, y de donde fueron resucitadas y sacadas otras doce piedras, las cuales también representaban a las doce tribus de Israel (Jos. 4:1-18). Por lo tanto, bautizar a los hombres en el río Jordán representaba la sepultura del viejo ser y la resurrección del nuevo ser de ellos. Así como los hijos de Israel entraron en la buena tierra al cruzar el río Jordán, así también, al ser bautizados los creyentes, son introducidos en Cristo, la realidad de la buena tierra.

Cuando alguien se arrepentía en la presencia de Juan el Bautista, éste le ponía en el agua. Según el Nuevo Testamento, sumergir a alguien en agua significa primero sepultarlo, y en segundo lugar, significa resucitarlo. Así que, en términos negativos, el bautismo representa la muerte y la sepultura; en términos positivos, significa la resurrección. En el mensaje con el cual Juan recomendó a Jesús, indicó que Dios iba a levantar de las piedras hijos a Abraham. Juan, al bautizar a los arrepentidos, indicaba que ellos y todo su vivir pasado tuvieron que llegar a su fin y ser sepultados. Sin embargo, la sepultura no era el final, porque ella siempre trae la resurrección. Entonces, por un lado, la sepultura es el fin, la terminación, pero por otro, también incluye la germinación. Las personas a quienes Juan dio fin en el bautismo habían de ser resucitados, no en Juan, sino en Aquel que iba a venir después de Juan. El bautismo de Juan señalaba a Aquel que iba a resucitar a los muertos.

El bautismo significa que nuestro ser natural y todo nuestro vivir pasado tienen que llegar a su fin. Nuestro ser y nuestro vivir pasado só lo sirven para ser sepultados. Por lo tanto, mientras Juan, el sacerdote auténtico, llevaba a los hombres a Dios y presentaba al Rey a ellos, también daba fin a todos los que venían a él arrepentidos y los sepultaba, dando a entender así que a todos los que él sepultaba, Aquel que resucitó los levantaría.

Así es el proceso de la recomendación, la verdadera manera de llevar a los arrepentidos al Rey, quien los levantaría.

En el Nuevo Testamento hay dos ministerios: el ministerio de Juan y el ministerio del Señor Jesús. El ministerio de Juan sirve para llevar a otros a Dios dándoles fin y sepultándolos. Estos necesitan la resurrección que sólo Cristo puede otorgar. Por lo tanto, Cristo vino después de Juan para ministrar vida a los sepultados. Es por esto que necesitamos volver a nacer, es decir, ser bautizado en agua y en el Espíritu. Ser bautizado en agua significa poner fin a nuestra vida natural y a nuestro vivir pasado. Ser bautizado en el Espíritu es tener un nuevo comienzo al germinar con la vida divina. Esta germinación es posible sólo por medio de Cristo como Espíritu vivificante.

Todos los que son llevados a Dios deben llegar a su fin ante El. En cierto sentido, es maravilloso ser llevado a la presencia de Dios. Pero, en otro sentido, significa que uno tiene que llegar a su fin. Si no llega a su fin, será aniquilado. Por esto, ser llevado a la presencia de Dios es maravilloso y al mismo tiempo es muy serio, pues significa que llegamos a nuestro fin o somos aniquilados. Los dos hijos de Aarón, Nadab y Ab ihu, entraron en la presencia de Dios, pero el fuego los mató (Lv. 10:1 - 2). Si estamos dispuestos a morir a nuestro yo natural en la presencia de Dios, esto significa que estamos dispuestos a germinar, a ser resucitados, es decir, estamos dispuestos a tener un nuevo comienzo. La terminación es la manera auténtica de hacer la recomendación. Es la preparación que nos lleva a la presencia del Rey para que El venga a nosotros para darnos un nuevo comienzo en resurrección. En el capítulo tres de Mateo tenemos una terminación definida y una germinación prevaleciente. Por medio de ellas, el Rey obtiene un pueblo, y el pueblo recibe al Rey.

2. Preparar a las personas para que reciban a Cristo

El versículo 3 dice: ―Pues éste es aquel de quien se habló por medio del profeta Isaías, cuando se dijo: ‗Voz de uno que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor; enderezad Sus sendas‘‖. Este versículo revela que Juan el Bautista era uno que preparaba el camino del Señor y que enderezaba Sus sendas. Preparar el camino del Señor y enderezar Sus sendas, es cambiar la perspectiva de la gente, es hacer volver sus pensamientos al Señor y enderezar sus corazones; es hacer que cada senda y avenida de sus corazones sean enderezadas por el Señor por medio del arrepentimiento a causa del reino de los cielos (Lc. 1:16-17). Juan el Bautista preparó el camino y enderezó las sendas, lo cual indica que el camino era áspero, con muchos montes y valles. En algunos lugares era muy bajo y, en otros, muy alto. Pero Juan vino y preparó el ca mino, allanando los montes, llenando los huecos y haciéndolo todo muy liso y llano. Juan también enderezó las sendas, las cuales eran muy torcidas. El hecho de que Juan preparara el camino y enderezara las sendas significa que Su ministerio tocaba la mente y el corazón.

Considere usted su vivir pasado, antes de ser salvo. ¿No tenía sendas ásperas en su interior? Ciertamente, el camino de su mente tenía muchos montes y valles. Antes de que yo fuese salvo, experimentaba muchos altibajos en mi mentalidad. Nada era liso. Además, en los carriles de nuestros pensamientos, emociones, voluntad y los deseos de la misma, había muchas curvas. Un día decíamos que nuestra esposa era un ángel; al día

siguiente decíamos que era el diablo. Esto indica que nuestras emociones son torcidas. Antes de arrepentirnos, todas las sendas en nuestro interior eran torcidas; nada era liso.

Cuando Juan el Bautista vino, mandó a las personas que se arrepintieran. El arrepentimiento genuino prepara el camino y endereza las sendas. Antes de arrepentirme, mi mentalidad era ―áspera‖. Pero, por la misericordia del Señor, el día en que me arrepentí todo mi ser interior se volvió ―liso‖. Desde aquel tiempo, cada avenida, cada carril y cada senda de mi ser ha sido enderezada. Esto nos prepara para recibir al Señor. Esto es preparar el camino del Señor y enderezar Sus sendas. La manera de preparar a otros para que reciban al Señor es llevarlos al arrepentimiento. Parece que Juan el Bautista decía: ―Hijos de Israel, vosotros estáis muy lejos del Señor. Vuestra mente es un camino áspero, y vuestras emociones, vuestra voluntad y vuestro deseo son sendas torcidas. Necesitáis arrepentiros y enderezar cada senda en vuestro interior para que el Señor entre‖. Cuando muchos oyeron las palabras de Juan, se arrepintieron, y sus caminos fueron preparados y sus sendas enderezadas. Como resultado, el Rey logró entrar. Esto es el arrepentimiento verdadero, el cual prepara el camino para que el Señor, el Rey, entre. Puedo dar testimonio de que en este camino preparado y en estas sendas enderezadas constantemente disfruto al Señor. Mi camino está preparado, el Señor está andando en mí, y en las sendas enderezadas el Señor Jesús siempre está conmigo. Esta es la manera de prepararnos para recibir a Cristo el Rey.

ESTUDIO-VIDA DE MATEO

MENSAJE DIEZ

EL UNGIMIENTO DEL REY

(3)

En este mensaje llegamos al ungimiento del Rey (3:13-17).

II. UNGIDO

A. Por medio del bautismo

El versículo 13 dice: ―Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él‖. Galilea y Jordán son las palabras cruciales de este versículo. Aquí no dice que Jesús vino de Belén a Jerusalén para ser santificado, sino que vino de Galilea al Jordán para ser bautizado. Debemos considerar el significado de la expresión ―de Galilea al Jordán‖. N o es fácil ver por qué Jesús no vino de Belén sino de Galilea, y no fue a Jerusalén sino al Jordán. También debemos averiguar la razón por la cual fue a ver a Juan, una persona ―salvaje‖, y no a uno de los principales sacerdotes, los cuales eran personas c ultas y religiosas. Además, debemos descubrir la razón por la cual fue con el propósito de ser bautizado y no de ser santificado.

1. Vino de Galilea

En el Nuevo Testamento, Galilea, una región menospreciada, representa el rechazo.

vino de Belén, porque en aquel tiempo Belén era un lugar de honor y

acogimiento. Si uno procedía de Belén, todo el mundo

calurosamente. Pero si uno venía de Galilea, todo el mundo le menospreciaba y rechazaba. Jesús vino de tal lugar menospreciado y rechazado. Sin embargo, no era un lugar rechazado por Dios, sino por la religión y la cultura. Todos los que vienen al recobro del Señor no proceden de Belén; más bien, vienen de Galilea. No debemos presumir venir de un lugar de honor y de acogimiento, sino de un lugar menospreciado y rechazado por la religión y la cultura. Aun si el presidente de la nación tomara el camino de la iglesia, él también tendría que venir de Galilea al Jordán. Durante todos estos años he mirado y observado. He visto que los de alto rango que están en el camino de la iglesia, han sido menospreciados y rechazados por la religión y la cultura de estos tiempos. Estoy seguro de que si usted todavía recibe honor de la religión y la cultura de hoy, y si ellas todavía le reciben a uste d, usted no está en el camino que va desde Galilea hasta el Jordán. El camino de Galilea al Jordán es el camino correcto para la iglesia. Hoy en día el camino de la vida de iglesia va de Galilea al Jordán y no de Belén a Jerusalén.

le recibía

Jesús no

le

honraba

y

El camino de la iglesia es estrecho. Aun si las organizaciones cristianas no se opusieran al recobro del Señor, sino que lo apreciaran mucho, el número de los que están en el camino de la iglesia sería casi igual al de hoy en día, simplemente porque el camino es estrecho. Cuando algunos consideran la iglesia, tal vez digan: ―Este es el reino de los cielos. Ciertamente este camino debe de ser muy alto‖. Aunque es alto, no lo es según el concepto humano. Al contrario, es el camino de Galilea al Jordán.

2. Fue al Jordán

Como hemos dicho anteriormente, Jordán era un lugar de sepultura y resurrección. Por eso, el Jordán representa la terminación y la germinación. Los hijos de Israel viajaron por el desierto durante cuarenta años; finalmente fueron sepultados en el río Jordán. El Jordán los terminó, o sea, puso fin a su historia de vagar en el desierto y puso fin a la época de vagabundeos. Pero el Jordán también les dio un nuevo comienzo, pues los hizo germinar y entrar en una edad nueva. El Jordán sacó a los hijos de Israel del desierto y los hizo entrar en la buena tierra, la cual es Cristo. Este es el significado del Jordán.

Ahora en la vida de iglesia andamos en el camino de Galilea al Jordán, el camino que va desde el rechazo hasta la muerte y la resurrección. Todos debemos decir a lo s que nos menosprecian y rechazan: ―Adiós. No voy a procurar lograr su aprobación. Voy al lugar donde llegaré a mi fin y germinaré‖. En la vida de iglesia no se debe buscar el honor, sino la muerte. Día a día experimentamos la muerte del yo. En la iglesia ésta es una experiencia mutua: nos ponemos fin el uno al otro todos los días y cada hora. La terminación es buena, pues no es el fin sino el comienzo, porque nos lleva a la germinación. Por lo tanto, puedo testificar que cada vez que llegamos a nuestro fin , experimentamos más de la germinación.

Algunas veces las hermanas dicen: ―Hermano Lee, la vida de iglesia es maravillosa, pero muchas veces es difícil para nosotras. Sabemos que como hermanas debemos ser sumisas para con los hermanos como a la Cabeza. Los hermanos son buenos, pero son muy fuertes. No podemos soportarlo. Muchas veces casi nos han aniquilado‖. Cuando

oigo esto, digo: ―¡Qué bueno es llegar a nuestro fin! ¿Acaso no es bueno que los hermanos pongan fin a las hermanas?

Hace algunos años me invitaron a visitar cierta iglesia. Los hermanos me dijeron que las hermanas eran muy emocionales y tercas, y por eso les era difícil tener comunión con ellas. Ellos simplemente no sabían cómo tratar con el problema. Unos días después algunas de aquellas hermanas me invitaron a almorzar. Su intención era tener una oportunidad para expresar su opinión. Me dijeron que su paciencia había sido agotada porque los hermanos eran muy duros. Querían que yo les diera una manera de tratar el problema. Hacía unos pocos días los hermanos habían ejercido presión sobre mí, pero ahora las hermanas lo hacían. Vi cuán seria y terrible era aquella experiencia para los hermanos así como para las hermanas. Los hermanos y las hermanas experimentaban la muerte del hombre natural. Pero esta experiencia mutua es muy positiva. ¿No ama usted llegar a su fin? Si nunca ha llegado a su fin en la vida de iglesia, prepárese. Puedo asegurarle que en la vida de iglesia todos vamos a morir al yo, porque todos estamos en el camino de Galilea al Jordán.

Cuando los nuevos creyentes entran en la vida de iglesia, tal vez digan: ―¡Aleluya! ¡He visto la vida de iglesia! ¡Cuán maravilloso!‖ Cuando oigo esto, digo para mí mismo:

―Sí, es maravilloso, pero espere un momento. Tarde o temprano, la maravillosa vida de iglesia dará fin a todo su ser‖. En la vida de iglesia he tenido esta experiencia miles de veces. He experimentado por lo menos diez grandes muertes. Me dieron fin en Chifú, Shanghai, Taipei, Manila, Los Angeles y Anaheim. La maravillosa vida de iglesia, sin lugar a dudas, nos da fin a todos nosotros, poniendo fin a todo nuestro ser. Prepárese. Probablemente, los que han estado en la vida de iglesia por muy poco tiempo siguen disfrutando de la ―luna de miel‖ que experimentan con la iglesia. La luna de miel está bien. Pero de acuerdo con la experiencia de los casados, la luna de miel con el tiempo se convierte en la muerte del yo. Casi todos los maridos ponen fin a sus esposas, y todas las esposas dan muerte a sus maridos. Pero esto es positivo porque siempre conduce a la germinación. ¡Aleluya, el fin del yo trae la resurrección!

La vida de iglesia es verdaderamente maravillosa, pero no según nuestro concepto. La admirable vida de iglesia tarde o temprano acabará con todos nosotros. Nos dará fin así como nos hará germinar. Le aseguro a usted que todo lo que usted sea y todo lo que tenga y haga llegará a su fin. Tal vez una larga historia de diez años en la vida de iglesia será necesaria para que se cumpla. Lo s que han estado en la iglesia diez años pueden dar testimonio de que ésta ha dado fin a cada parte de su ser. Cuanto más tiempo estemos en la iglesia, más de nuestra persona llegará a su fin. Al principio, esta experiencia nos parece agria. Pero después se vuelve dulce. Ahora para mí es dulce experimentar el fin del yo. Después de varios años de pasar por la muerte en la vida de iglesia, usted estará contento con el proceso. Al principio de la vida de iglesia, uno siente vergüenza al llegar a su fin. No obstante, poco a poco llega a ser algo muy dulce para usted. Estamos en el camino de Galilea al Jordán, del lugar del rechazo al lugar de la terminación.

En el lugar de la muerte nos encontramos con el Rey. Aquí, en la vida de iglesia lo encontramos. Desde e l momento en que vine a la iglesia, he sido traído al Señor una y otra vez. Día tras día, la vida de iglesia me trae a Cristo, y me lleva a mí a Cristo, el Rey. Con el tiempo, hallamos que el reino está aquí. Es por esto que la vida de iglesia equivale al reino.

Cuando estaba con la Asamblea de los Hermanos me enseñaron que el reino había sido postergado hasta un tiempo futuro. También me dijeron que la vida de iglesia de hoy no es el reino. No obstante, en mi propia experiencia poco a poco pude ver que cad a vez que experimenté la muerte fui llevado al Rey, y el Rey me fue traído. Por experiencia aprendí que esto era la realidad del reino y que la vida de iglesia es el reino. Llegué a comprender que las enseñanzas de los Hermanos acerca del reino no eran exa ctas. Según mi experiencia, comprendí que yo estaba en el reino. Cada vez que experimenté el fin del yo, conocí más a mi Rey, y el reino estuvo presente. Esto no tiene que ver con la doctrina, sino con la experiencia. Más tarde, al estudiar más el Nuevo Te stamento, recibí la luz referente al reino, la cual confirmó mi experiencia. Ahora puedo decir con toda confianza que según el Nuevo Testamento el reino está aquí hoy en día. Algunos maestros cristianos, por no haber muerto al yo, dicen que el reino ha sid o postergado hasta un tiempo futuro. No han sido llevados al Rey, y el Rey no ha sido presentado a ellos. Por consiguiente, en su experiencia, día tras día, no tienen el reino. No obstante, después de que uno llegue a su fin en el camino de Galilea al Jordán, tanto el Rey como el reino estarán presentes.

3. Bautizado por Juan

El Señor Jesús vino de Galilea al Jordán para ser bautizado por Juan. Como hombre, el Señor Jesús vino a Juan el Bautista para ser bautizado conforme a la manera neotestamentaria de Dios. De los cuatro Evangelios, sólo el de Juan no da constancia del bautismo del Señor, porque Juan testifica que el Señor es Dios. El versículo 13 no dice que Jesús fue a Juan para ser santificado, sino para ser bautizado. Aunque todos los cristianos quieren ser santificados, nadie quiere ser bautizado en el sentido de llegar a su fin y ser sepultado. Ser bautizado significa morir al yo. Si yo le dijera a usted que la iglesia no le santificará sino que le dará fin, usted le daría la espalda a la iglesia y d iría:

―No quiero quedarme aquí. Deseo ser santificado. Quiero que la iglesia me haga más santo‖. Pero la iglesia no le hará más santo primero; le dará fin una y otra vez. La iglesia no es primeramente una iglesia santificadora, sino bautizadora. Considerem os al Señor Jesús. El era el verdadero Pastor. Un pastor siempre va delante. Como Rey- Pastor, el Señor Jesús fue el primero en caminar de Galilea al Jordán para ser bautizado. No fue al Jordán para recibir Su trono, sino para morir y ser sepultado.

4. Cumplió toda justicia

Los versículos 14 y 15 dicen: ―Mas Juan procuraba impedírselo, diciendo: Yo soy quien necesito ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí? Pero Jesús respondió y dijo: Permítelo por ahora, pues conviene que cumplamos así toda justicia, Enton ces se lo permitió‖. Juan no lo entendió muy bien; se preguntaba cómo podía ser que Jesús fuera bautizado por él, y pensaba que él debería ser bautizado por Jesús. Esto indica que Juan todavía actuaba un poco en su vida natural. Aunque había sido empapado del Espíritu Santo por más de treinta años, todavía la quedaba algún elemento natural. Expresó lo dicho en el versículo 14 conforme al concepto natural. Así que, el Señor parece decir al responderle: ―Debes permitir que yo sea bautizado. No me estorbes con tu concepto natural. No creas que no necesito que me bautices por ser mayor que tú. Permíteme ser bautizado para que cumplamos toda justicia‖.

Tener justicia consiste en ser recto al vivir, andar y obrar como Dios lo ordena. En el Antiguo Testamento, ser justo significa guardar la ley que Dios había dado. Ahora Dios

envió a Juan el Bautista a instituir el bautismo. Ser bautizado también significa cumplir toda justicia ante Dios, es decir, satisfacer los requisitos de Dios. El Señor Jesús vino a Juan, no en calidad de Dios, sino como un hombre normal, un verdadero israelita. Por esto, tenía que ser bautizado para guardar la práctica que Dios había establecido según aquella dispensación; de lo contrario, no habría sido recto delante de Dios.

Tener justicia tiene que ver con estar bien con Dios. Supongamos que Dios abra una puerta en el techo de un cuarto y diga que ésta es la manera correcta de entrar en el cuarto. Todos los que no entran al cuarto por aquella puerta no están bien con Dios. Tal vez usted dijera: ―No estoy conforme en entrar al cuarto por aquella puerta. No creo que

esa puerta sea la correcta. La puerta principal o la puerta lateral es la correcta‖. Tal vez

lo que usted prefiere le parece correcto, pero no a Dios. La justicia no tiene que ver co n

nuestra opinión, sino con la ordenación de Dios.

Durante los tiempos de Juan el Bautista, Dios había ordenado el bautismo. Todos los que querían entrar en el reino de los cielos tenían que pasar por la puerta del bautismo hecho por Juan. Ni siquiera se permitía que Jesús fuera una excepción. Incluso El tenía que pasar por esta puerta. De otra manera, le habría hecho falta la justicia que se obtuviera al pasar por esta puerta. Después de que el Señor le había respondido de esta manera, Juan entendió y lo b autizó.

Ser bautizado significa ser justo ante los ojos de Dios. La justicia delante de Dios significa que nuestro ser ha llegado a su fin y ha sido germinado. Uno que ha pasado por el bautismo, la muerte y la germinación, es recto delante de Dios. La meta de la economía de Dios es acabar con nuestro hombre natural y hacernos germinar con la vida nueva. Si queremos estar bien con Dios, debemos dejar que nuestra vida natural sea terminada y germinada con la vida divina de Dios. La muerte junto con la germina ción es la justicia superior. El Señor Jesús, como Rey del reino celestial, fue el primero en morir. De esta manera El cumplió toda justicia delante de Dios. Por eso, El era la persona apropiada para establecer el reino de los cielos.

El Señor fue bautizad o no sólo para cumplir toda justicia conforme a lo ordenado por Dios, sino también para dejarse llevar a la muerte y a la resurrección a fin de poder

ministrar, no según lo natural, sino por la resurrección. Al ser bautizado El pudo vivir y ministrar en resurrección aun antes de que ocurriera Su muerte y resurrección tres años

y medio después. Según nuestro entendimiento, el Señor Jesús murió en la cruz y

resucitó al tercer día. Pero a los ojos de Dios y según la experiencia y la percepción del Señor, murió tres años y medio antes de Su crucifixión. Antes de empezar a ministrar, ya había muerto y resucitado. Así que, no ministró de modo natural. Su ministerio lo llevó a cabo absolutamente en Su vida de resurrección. Así que, entró por la puerta de la justicia y caminó por la senda de la justicia. Todo lo que hizo en la senda fue justo.

Cuando el Señor Jesús regrese, muchos le dirán: ―Señor, Señor, ¿no profetizamos en Tu nombre, y en Tu nombre echamos fuera demonios, y en Tu nombre hicimos muchas obras poderosas?‖ (7:22). El Señor les dirá: ―Nunca os conocí; apartaos de Mí, hacedores de iniquidad‖ (7:23). Parece que el Señor diría: ―Vosotros sois personas que vivís sin ley. Nunca os aprobé ni estuve conforme en lo que hicisteis, porque no actuasteis en resurrec ción. Todo lo bueno que cumplisteis lo hicisteis de modo natural y en vuestra vida natural. No sois justos; sois inicuos‖. Por medio del bautismo el Señor

Jesús entró por la puerta de la justicia y luego caminó continuamente por la senda de la justicia. Por consiguiente, El era el Justo (Hch. 3:14; 7:52; 22:14).

B. Con el Espíritu Santo

El versículo 16 dice: ―Y Jesús, después que fue bautizado, en seguida subió del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios descender como palom a y venir sobre El‖. Jesús no sólo fue ungido por el bautismo, sino que también fue ungido con el Espíritu Santo.

1. Subió del agua

El Señor subió del agua cuando fue bautizado. Esto significa que después de Su muerte y sepultura, fue resucitado de entre los muertos.

2. Los cielos le fueron abiertos

Cuando el Señor fue bautizado para cumplir la justicia de Dios y ser puesto en la muerte y la resurrección, se puso a Su disposición lo siguiente: los cielos abiertos, el descenso del Espíritu de Dios, y la declaración del Padre. Debe ser lo mismo con nosotros hoy en día.

Puesto que el Señor Jesús fue bautizado, cumpliendo así la justicia de Dios, los cielos le fueron abiertos, el Espíritu Santo descendió sobre El, y el Padre declaró algo acerca de El. Le agradó a Dios que el Señor Jesús fuese bautizado para así cumplir la justicia de Dios. Así que, Su bautismo abrió los cielos, trajo el Espíritu Santo, y abrió la boca del Padre. Cuando nosotros somos terminados, los cielos nos serán abiertos, el Espíritu Santo descenderá y el Padre hablará. Muchos de nosotros podemos testificar que cuando experimentamos la terminación, los cielos nos son abiertos. Por el contrario, cuando nos reciben y nos honran, los cielos se cierran. Cuando llegamos a nuestro fin en la vida de iglesia, los cielos son abiertos. Más aún, cada vez que tenemos esta experiencia, el Espíritu Santo desciende, y la boca de nuestro Padre celestial se abre. En aquel momento el Padre dirá: ―Mi amado‖. Puedo testificar que los tiempos más dulces que he expe rimentado escuchando a Dios han sido los tiempos cuando morí al yo. A veces la experiencia me hizo llorar, pero al mismo tiempo abrió la boca del Padre, quien me dijo algo dulce. Solamente dijo: ―Mi hijo amado‖. Esta expresión tan sencilla es suficiente. Está llena de misericordia y gracia. ¡Qué consuelo es y cómo me fortalece que El me diga: ―Mi hijo amado‖. En la vida de iglesia tenemos muchas experiencias tal como ésta. Sin embargo, fuera de la iglesia muy pocas veces se experimentan tales cosas. En la vida de iglesia, cuando morimos al yo, los cielos son abiertos, el Espíritu viene y el Padre habla. Tenemos un cielo abierto, al Espíritu ungidor y el hablar del Padre.

3. El Espíritu de Dios desciende sobre El

El versículo 16 dice: ―Vio al Espíritu de Dios descender como paloma y venir sobre El‖. Antes de que el Espíritu de Dios descendiera y viniera sobre el Señor Jesús, El había nacido del Espíritu (Lc. 1:35), lo cual comprueba que ya tenía al Espíritu de Dios en Su interior, un hecho esencial necesario para Su nacimiento. Ahora, para que llevara a cabo Su ministerio, el Espíritu de Dios descendió sobre El. Esto fue el cumplimiento de

Isaías 61:1, 42:1, y Salmos 45:7 y se realizó para ungir al nuevo Rey y presentarlo a Su pueblo.

Una paloma es dócil, y sus ojos sólo pueden ver una cosa a la vez. Por lo tanto, representa docilidad y pureza en visión y propósito. Por haber descendido el Espíritu de Dios como paloma sobre el Señor Jesús, El pudo ministrar con docilidad y con un solo propósito, centrándose únic amente en la voluntad de Dios.

El

Señor Jesús fue concebido por el Espíritu Santo (1:18, 20). Nació del Espíritu Santo

y

fue constituido con El. El Espíritu Santo fue el elemento que lo constituía. No

obstante, todavía necesitaba el bautismo del Espíritu Santo, el derramamiento del Espíritu Santo. Cuando estuvo en el vientre de la virgen María, fue constituido con el Espíritu Santo. Esto significa que Su constitución era el Espíritu Santo. Esto tiene que ver con lo interior. Exteriormente, todavía necesitab a que el Espíritu Santo descendiera

y viniera sobre El.

Puesto que antes del bautismo de Jesús el Espíritu estaba en El, ¿por qué descendió sobre El? ¿Hay dos Espíritus? ¿Acaso no estaba el Espíritu de Dios en Jesús? Ciertamente sí estaba. Entonces, ¿por q ué descendió el Espíritu sobre El? ¿Acaso el Espíritu que estaba en El era diferente al Espíritu que descendió sobre El? Además del Espíritu que ya estaba en El, ¿es el Espíritu que descendió sobre El otro Espíritu? Si uno dijera que estos dos eran un solo Espíritu, yo le preguntaría cómo estos dos podrían ser uno. El mismo Espíritu que ya moraba en el Señor Jesús descendió sobre El. ¿Tenía Jesús al Espíritu o no? Sí, lo tenía. Entonces, ¿por qué descendió el Espíritu sobre El? Aquí estoy con todos ustedes. Puesto que estoy aquí, ¿cómo podría venir a ustedes? Aunque no puedo estar con ustedes y al mismo tiempo venir a ustedes, no es imposible para la Persona divina. El Señor es maravilloso. El puede estar y al mismo tiempo puede estar por venir. ¿Está Cristo en usted o está en los cielos? El está en nosotros y también está en los cielos. Así que, el Señor está aquí así como está por venir.

4. El Padre le habla

El versículo 17 dice: ―Y he aquí, hubo una voz de los cielos, que decía: Este es Mi Hijo,

el Amado, en quien tengo complacencia‖. El descenso del Espíritu era el ungimiento de

Cristo, mientras que el hablar del Padre atestiguaba que Cristo es el Hijo amado. Este es

un cuadro de la Trinidad Divina: el Hijo subió del agua; el Espíritu descendió sobre el Hijo; y el Padre habló del Hijo. Esto demuestra que el Padre, el Hijo y el Espíritu existen simultáneamente, lo cual tiene como fin la realización de la economía de Dios.

ESTUDIO-VIDA DE MATEO

MENSAJE ONCE

EL UNGIMIENTO DEL REY

(4)

III. PUESTO A PRUEBA

En este mensaje llegamos al pasaje donde vemos al Rey recién nombrado puesto a prueba (4:1 - 11). Después de ser ungido, el Señor tenía que pasar por una prueba. En la administración de Dios la secuencia siempre es elección, ungimiento y prueba. Se puede ver esto en la vida conyugal. Antes de que usted se casara, ciertamente tuvo que elegir a un cónyuge particular entre los muchos con quien podría haberse casado. Después de elegir, usted ―hizo el nombramiento‖, y luego vino la prueba. Casi ninguna pareja casada ha pasado la prueba de la vida matrimonial. Aunque tuvimos éxito en cuanto al nombramiento, no tuvimos éxito en cuanto a la prueba matrimonial.

Después de que el Rey celestial fue ungido y designado, fue conducido por el Espíritu Santo al desierto para pasar por una prueba. El no fue al desierto por Su propia cuenta; fue conducido allí por el Espíritu Santo, quien había descendido sobre El. En la vida conyugal, Dios también nos pondrá a prueba. Varios hermanos y hermanas jóvenes se han quejado ante Dios, diciendo: ―Señor, antes de casarme oré mucho. Finalmente me dijiste que querías que yo me casara con éste, quien Tú me habías preparado. Señor, Tú sabes que al principio no tenía interés, pero en Tu soberanía dispusiste que nos casáramos. Pero, mira la situación de hoy. Mira a quien me diste. ¿Esto es Tu error o el mío?‖ Ni el Señor ni usted cometió un error; al contrario, ésta es la prueba del Señor.

Creo que todos los matrimonios están bajo el cuidado soberano del Señor, incluso los que parecen haber sido una equivocación. Nada sucede a los hijos de Dios sin Su voluntad soberana. Sabemos que todas las cosas cooperan para el bien (Ro. 8:28), incluyendo también a los matrimonios que parecen una equivocación. ¿Quién sabe cuál será un buen matrimonio? Llevo muchos años casado. Hace cuarenta y cinco años, les decía a otros de manera definitiva y con énfasis lo que constituye un buen matrimonio. Pero si me hicieran la misma pregunta ahora, yo diría: ―No sabré la respuesta sino hasta que entremos en la eternidad. Después de muchos años de experiencia como casado, verdaderamente no sé lo que constituye un buen matrimonio‖. No obstante, he aprendido que cada matrimonio es bueno cuando está bajo el cuidado soberano de Dios. Por lo tanto, todos ustedes tienen un buen matrimonio. Hermanos, sus esposas son buenas para cada uno de ustedes. Hermanas, sus maridos son buenos para cada una de ustedes. Si creen esto o no, todavía no pueden escaparse de las circunstancias. Después de que los jóvenes y los de edad media hayan sido casados por varios años, posiblemente concluirán que han cometido una equivocación y si lo pudieran hacer de nuevo, lo harían de manera diferente. Puedo asegurarles de que si pudieran hacerlo muchas veces, llegarían a sentir que habrían cometido un erro r. Casi todos los que están a punto de casarse piensan que han escogido bien, pero después de algunos años es posible que haya ocasiones en las cuales sienten que cometieron un error. Esto se debe a que Dios nos pone a prueba en la vida conyugal.

El Señor nos pone a prueba no sólo en la vida conyugal, sino también en la vida de iglesia. Al principio, cuando entramos en la vida de iglesia, experimentamos la ―luna de miel‖ de la vida de iglesia. Disfrutamos la vida de iglesia gloriosa, y todo es maravilloso. Sin embargo, tarde o temprano tendremos que pasar por una prueba. Cada hermano que funciona como anciano tiene que pasar por la prueba, y son los demás ancianos quienes lo ponen a prueba. Quizás, al principio de la vida de iglesia en su localidad usted era el único anciano. Buscaba a otros que pudieran ayudarle a usted, y más tarde dos personas más empezaron a funcionar como ancianos. Después de varios meses, ustedes tres fueron puestos a prueba, el uno contra el otro. El Señor lo permite. En la economía de Dios, después de ser nombrados para alguna función, siempre

tendremos que pasar por alguna prueba. Si el Señor Jesús necesitó pasar por una prueba, ¿pues qué diremos acerca de nosotros?

Durante muchos años no podía entender de manera completa esta porción de la Palabra. Aunque había oído muchos mensajes acerca de esta porción, ninguno de ellos tocó el meollo de ella. Para poder entenderla bien, necesitamos ver que en la economía de Dios siempre tendremos que pasar por una prueba después de ser ungidos y no mbrados para hacer algo. Ni siquiera el Señor Jesús fue la excepción. Veremos que, según el principio, todas las pruebas son iguales.

A. Conducido por el Espíritu

El versículo 1 dice: ―Entonces Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo‖. Después de ser bautizado en el agua y ungido con el Espíritu de Dios, Jesús, como hombre, actuaba conforme a la dirección del Espíritu. Esto indica que Su ministerio real en Su humanidad estaba en conformidad con el Espíritu.

Primero, el Rey ungido fue conducido por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Esta tentación fue una prueba para demostrar que El estaba capacitado para ser el Rey del reino de los cielos. La palabra griega traducida ―diablo‖ es diabólos, la cual significa acusador, calumniador (Ap. 12:9-10). El diablo, Satanás, nos acusa delante de Dios y nos calumnia delante de los hombres.

B. Ayunó cuarenta días y cuarenta noches

El versículo 2 dice que el Señor ayunó cuarenta días y cuarenta noches. Esto era un tiempo de prueba y sufrimiento (Dt. 9:9, 18; 1 R. 19:8). El Rey recién ungido fue conducido por el Espíritu a ayunar por este período de tiempo para poder entrar en Su ministerio como Rey.

C. Las tentaciones del tentador

1. Convertir las piedras en panes

La primera pr ueba tenía que ver con el vivir humano, o sea, con lo que se refiere a ganarse la vida. Nuestros parientes y nuestra familia política, especialmente los de edad avanzada, siempre se ocupan de cómo vamos a ganarnos la vida. Tal vez digan: ―Está bien que usted ame al Señor, pero no debe amarlo como un necio. Es menester que tenga en cuenta la necesidad de ganarse la vida‖. En 1933, cuando recibí la carga del Señor y El me dirigió a renunciar a mi empleo, mis parientes políticos me dijeron:

―Usted tiene un buen empleo. Hace suficiente dinero para cuidar de su familia y para ayudar a los demás. Usted puede predicar los domingos y celebrar reuniones en la noche durante la semana. ¿Por qué debe usted renunciar al empleo? Muchos ahora buscan con ansiedad semejante empleo, pero no tienen la oportunidad de conseguirlo. Pero usted lo deja. Nos preguntamos cómo usted logrará ganarse la vida. No sabemos cómo va a cuidar de su esposa y de sus hijos‖. Sin embargo, no escuché sus consejos, y no lograron desviarme de mi plan de renunciar a mi empleo para poder servir al Señor a tiempo completo. Muchas veces enviaron su hijita a entrar a hurtadillas en nuestra cocina para ver si teníamos algo que comer. Se preocupaban de que muriésemos de

hambre. Lo relacionado con nuestro sus tento lo sentimos profundamente, y aun el Señor Jesús tuvo que pasar esta prueba.

El Señor fue conducido a ayunar durante cuarenta días y cuarenta noches. Después de este período, tenía hambre física, y el tentador vino a El y dijo: ―Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes‖ (v. 3). Pero el Señor respondió: ―No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios‖ (v. 4). Muchos cristianos creen que el Señor no comía nada durante este período de ayuno. Sin embargo, lo dicho en el versículo 4 revela que mientras el Señor Jesús ayunaba, también comía. En cuanto a lo físico, ayunaba, pero en cuanto a lo espiritual, estaba comiendo.

Aquí vemos un principio importante. En el ministerio y la economía del Señor, si no sabemos cómo reducir los requisitos físicos y ocuparnos de los espirituales, no estamos calificados para el ministerio. Tenemos que pasar por las pruebas a fin de ser calificados para el ministerio del Señor. Es menester que renunciemos a nuestros requ isitos físicos. Vivir bien y tener buena comida, buena ropa, y un buen domicilio son secundarios. Lo primordial consiste en que comamos el alimento espiritual. Inmediatamente después de ser bautizado, el Señor Jesús fue conducido a entrar en algunas circunstancias en las cuales pudo proclamar a todo el universo que El no se ocupaba de sus necesidades físicas, sino de las necesidades espirituales. Durante cuarenta días y cuarenta noches abandonó toda comida física, olvidándose de los requisitos físicos. No obstante, se ocupó de las necesidades espirituales. Aunque no comió para alimentar Su cuerpo físico, comió bastante para alimentar Su espíritu. Satanás se equivocó por completo al pensar que el Señor Jesús no estaba alimentándose durante aquellos días en el desierto. Mientras ayunaba con respecto a la comida física, participaba de la comida espiritual. Esto es una prueba en cuanto a lo relacionado con nuestro sustento.

Muchas esposas no han pasado esta prueba. Todas las esposas se preocupan por su seguridad. Desean lo bueno en cuanto a la comida, la ropa y el domicilio. En otras palabras, desean vivir bien. Esto plantea un problema para muchos hermanos. Aunque los hermanos querían tomar el camino de la iglesia, sus esposas no estaban dispuestas a seguirlos porque no existía una garantía de que vivirían bien. Muchos de nosotros podemos testificar de que, cuando empezamos a tomar el camino de la iglesia, nuestras esposas dijeron: ―¿Qué harás acerca de nuestro futuro, nuestro vivir, nuestra comida, ropa y domicil io?‖ Esto es una prueba por la cual debemos pasar si queremos tomar el camino de la iglesia y de la economía de Dios.

La primera prueba por la cual debemos pasar tiene que ver con nuestro sustento. Debemos ocuparnos más del alimento espiritual que de la co mida física. Si vivimos o morimos no es primordial. Sólo nos ocupamos de que nuestro espíritu sea alimentado, que coma de la Palabra de Dios, es decir, de Dios mismo.

Algunos pastores, misioneros, y maestros de la Biblia vieron el camino de la iglesia y tuvieron una conversación detallada conmigo al respecto. Pero, al darse cuenta de que este camino es estrecho, tuvieron preocupaciones en cuanto a su sustento y cómo sería afectado éste si tomaran este camino. Las esposas de estos queridos hermanos simplemente no estaban conformes con que sus maridos tomaran el camino estrecho. Sabían que la norma de su vida sería rebajada si sus maridos tomaban el camino de la iglesia.

Hace cuarenta y cinco años en China, este camino era verdaderamente estrecho, y diariamente nosotros teníamos que pasar por la prueba con respecto a nuestro sustento. Una y otra vez algunos de nosotros tuvimos el dólar justo para alimentarnos. Tenemos que vivir por la fe en Dios para poder andar por el camino estrecho. Aunque nos era muy difícil, vivimos por la fe durante muchos años. Puedo dar testimonio de que comíamos ricamente de Dios y de Su Palabra durante aquellos días de prueba cuando el nivel de vida nos fue rebajado. Teníamos la misma experiencia que el Señor Jesús tuvo en el desierto. El no tomó la decisión de salir al desierto ni tampoco fue allí por Su propia preferencia. El Espíritu Santo lo condujo allí. Del mismo modo, Dios nos condujo al desierto de la vida de iglesia. Hace cincuenta años la iglesia estaba realmente en el desierto. Casi todos los días teníamos que pasar por la prueba con respecto a lo que íbamos a comer aquella noche. Sin embargo, fue el tiempo en que más disfrutamos la rica comida hallada en la Palabra de Dios. Por un lado, no teníamos mucho alimento físico que comer, pero por otro, comíamos de la rica Palabra como si estuviéramos en un banquete.

El principio es el mismo ahora en la vida de iglesia. Al seguir el camino de la iglesia, la primera prueba que vamos a encontrar es bajar nuestro nivel de vida. Esta es la prueba relacionada con nuestro sustento físico. Todos los que siguen el camino de la iglesia tendrán que pasar por la prueba tocante a su vivir diario. Pasamos por esta prueba para mostrar a todo el universo que lo que más nos importa es el alimento espiritual y no el alimento físico. Durante aquellos días en el desierto, Jesús no se ocupaba del alimento físico, sino del alimento espiritual. Estaba ayunando físicamente, pero estaba comiendo la Palabra de Dios. En el desierto no sólo vivía del pan, sino de la Palabra de Dios.

a. Tentado a renunciar a la posición de hombre al tomar la posición de Hijo de Dios

Ahora llegamos al punto principal de la primera prueba. Cuando Cristo fue bautizado, el Padre abrió los cielos y declaró: ―Este es Mi Hijo, el Amado‖ (3:17). Una voz de los cielos declaró que un pequeño hombre de Nazaret era el Hijo amado de Dios el Padre. Inmediatamente después de esta declaración, el Espíritu Santo condujo a este hombre al desierto para ponerlo a prueba y ver si iba a ocuparse de Su vida física o de Su vida espiritual. Luego el tentador, basándose en la declaración de Dios el Padre, vino a este hombre para tentarle, diciendo: ―Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes‖ (v. 3). Parece que Satanás decía: ―Hemos oíd o lo que dijo Dios el Padre hace cuarenta días acerca de que Tú fueses el Hijo amado. Ahora, si en realidad eres el Hijo de Dios, haz algo para demostrarlo. Sólo di: ‗Piedras, quiero que se conviertan en panes‘. Si Tú eres el Hijo de Dios, debes comprobarlo a Ti mismo, a mí y a todo el universo haciendo algo que ninguna otra persona podría hacer‖.

El Rey recién ungido ayunó en Su humanidad, manteniendo Su posición como hombre. No obstante, también era el Hijo de Dios, tal como Dios el Padre lo había declara do en el momento de Su bautismo. A fin de cumplir Su ministerio para el reino de los cielos, El tenía que vencer al enemigo de Dios, al diablo, y tenía que hacerlo como hombre. Por lo tanto, mantuvo la posición de hombre para enfrentarse con el enemigo de Dios. El diablo, sabiendo esto, trató de inducirlo a dejar la posición de hombre y tomar la posición de Hijo de Dios. Cuarenta días antes, Dios el Padre había declarado desde los cielos que el Rey era el Hijo amado del Padre. El sutil tentador tomó la declaración de

Dios el Padre como base para tentarlo. Si delante del enemigo El hubiera asumido Su posición de Hijo de Dios, habría perdido la posición en la cual podía vencerlo.

Hacer que las piedras se convirtieran en panes ciertamente habría sido un milagro. Esto fue propuesto por el diablo como una tentación. Muchas veces, el deseo de ver que se efectúe un milagro en ciertas situaciones es una tentación del diablo. El diablo tentó al primer hombre, Adán, con la comida (Gn. 3:1-6) Aquí tentó al segundo hombre, Cristo, con lo mismo. El asunto de comer es una trampa que el enemigo siempre usa para capturar al hombre.

b. Derrota al tentador al mantener la posición de hombre

El versículo 4 dice: ―Mas El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el

hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios‖. El diablo tentó al nuevo Rey induciéndole a ocupar Su posición de Hijo de Dios. Pero El respondió con las palabras

lo cual indica que ma ntenía la posición de

hombre para hacer frente al enemigo. Los demonios le llamaron a Jesús ―Hijo de Dios‖ (8:29). Sin embargo, los espíritus malignos no confesaron que Jesús había venido en carne (1 Jn. 4:3), porque al confesar que Jesús es hombre, son derrotados. Aunque los demonios confiesan que Jesús es el Hijo de Dios, el diablo no quiere que la gente crea

que El es el Hijo de Dios, porque así las personas son salvas (Jn. 20:31).

de las Escrituras diciendo: ―El hombre

‖,

La palabra ―hombre‖, la cual el Señor Jesús usó cuando respondió al tenta dor, llevó consigo la muerte. Parece que el Señor decía: ―Satanás, no trates de inducirme a asumir Mi posición como Hijo de Dios. Estoy aquí como hombre. Si fuera solamente el Hijo de Dios, nunca podría estar aquí, y nunca tú podrías tratar de tentarme. Pero, debido a que soy hombre, me estás tentando. Satanás, yo sé que no temes al Hijo de Dios, sino al hombre. El primer hombre, el que Dios creó para derrotarte y cumplir Su propósito, lo derrotaste. Por eso, Dios me mandó para ser el segundo hombre a fin d e derrotarte. Ahora tratas de inducirme a dejar Mi posición como hombre y asumir Mi posición como Hijo de Dios. Pero te digo, Satanás, estoy firme aquí como hombre‖.

Aunque los demonios gritaron: ―Hijo de Dios‖, los espíritus malignos no confiesan que Jesús vino como hombre. Reconocen que El es el Hijo de Dios, pero rehúsan reconocerlo como hombre. Los espíritus malignos no quieren que nadie crea que Cristo es el Hijo de Dios, porque los que creen en El son salvos. Al mismo tiempo, no se atreven a reconocer que Jesús es hombre, porque si lo hicieran, serían derrotados. Jesús, al enfrentarse con los demonios, es el Hijo de hombre; al salvar a los pecadores, El es el Hijo de Dios. Cuando creemos en El como Hijo de Dios, somos salvos. Pero si los demonios lo reconocen como Hijo de hombre, serán derrotados. Por lo tanto, el Señor Jesús mantuvo inconmovible Su posición como hombre para derrotar a Satanás. En esta prueba, la primera, Satanás fue derrotado porque Jesús mantuvo Su posición como hombre.

El Rey recién ungido no hizo frente a la tentación del enemigo con Sus propias palabras, sino por medio de las Escrituras al citar Deuteronomio 8:3. Esto indica que el Señor Jesús tomó la palabra de Dios en las Escrituras como pan y vivió de ella. La palabra griega trad ucida ―palabra‖ en el versículo 4 es réma. Esta, la palabra para el momento, difiere de lógos, la palabra constante. En esta tentación, todas las palabras que el Señor

citó de Deuteronomio, eran lógos, la palabra constante de las Escrituras. Pero cuando El las citó, se convirtieron en réma, la palabra aplicada a Su situación.

Toda Escritura es dada por el aliento de Dios (2 Ti. 3:16). Por eso, las palabras de las Escrituras son las que proceden de la boca de Dios.

2. Arrojarse del pináculo del templo

a. Tentado a demostrar que Dios lo protegería

Mateo 4:5 dice: ―Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso en pie sobre el pináculo del templo‖. La primera vez que el diablo tentó al nuevo Rey, usó el vivir humano. Derrotado en esto, tentó la segund a vez al Rey usando la religión, induciéndole a arrojarse del pináculo del templo para demostrar que El era el Hijo de Dios. En el versículo 6 el diablo le dice: ―Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A Sus ángeles les encargará acerca de Ti, y en sus manos te sostendrán, no sea que tropiece Tu pie contra una piedra‖. No había necesidad de que el Señor Jesús hiciera esto. Sencillamente era una tentación para incitarle a mostrar que como Hijo de Dios podía obrar milagrosamente. En la relig ión cualquier pensamiento de hacer milagros es una tentación del diablo.

La segunda prueba tiene que ver con la religión. En la religión los milagros son lo que más emocionan a la gente. Según el concepto humano, la religión que no tiene milagros no tiene poder; la religión más poderosa es la que tiene milagros. Por consiguiente, Satanás llevó al nuevo Rey al pináculo del templo y trató de inducirle a arrojarse de allí diciéndole que los ángeles le protegerían. Usted no debe creer que nunca ha pensado en hacer cosa semejante. En los primeros días de mi vida cristiana a menudo pensaba en hacer algunas cosas que demostrarían a la gente que yo era persona sobrenatural y que tenía poderes semejantes. ¿No tenía usted esta clase de pensamientos en su vida cristiana? A veces somos puestos a prueba en una situación que requiere que hagamos algo, y otras veces somos puestos a prueba cuando no se necesita. En este caso, no era necesario que Jesús se echara del pináculo del templo.

De vez en cuando parece que hace falta un milagro. Una vez mi cuñado más joven se puso gravemente enfermo. En aquel momento fui tentado a hacer una exhibición de mí mismo al orar para que fuese sanado. Pensé: ―Ahora es el momento en el cual puedo demostrar a mi familia política y a mis parientes que soy una persona maravillosa. Haré una sola oración, y mi cuñado será sanado. ¿No dice la Biblia que Jesús sana, que El es el mismo ayer, hoy y para siempre, y que debemos orar por otros? Si hago este milagro con respecto a mi cuñado, mi suegra será convencida de que yo soy persona sobrenatural. A los ojos de ella soy demasiado religioso, pues hablo diariamente de Dios, de Cristo y de la fe. Imagínese lo que sucedería si yo fuera a mi cuñado y dijera:

‗Señor Jesús, sánalo‘. ¡E inmediatamente él se levantara! No sólo sería sanado, sino que también yo sería manifiesto. ¡Qué persona tan maravillosa sería yo ante los ojos de mi suegra!‖ ¿Acaso aquello fue el ungimiento del Señor? ¿fue Su dirección y Su guía o fue tentación? Sin lugar a dudas fue tentación. ¿Ha tenido usted semejante tentación en el pasado?

Muchos cristianos jóvenes tienen conceptos peculiares en cuanto a obrar milagros. Algunos dirán: ―Puesto que sigo al Señor y estoy en la presencia del Señor, quien es mi

Emanuel, debo hacer algo para mostrar a otros que Dios está conmigo‖. Yo conozco a un amado hermano que pensó así. Convencido de que el Señor estaba con él, pidió que El le diera doscientos mil dólares dentro de algunos días determinados. Dijo: ―Señor, debemos mostrar a la gente que Tú ere s uno conmigo. Debes mostrarles que todo lo que pido en Tu nombre, me lo das. Señor, te pido doscientos mil dólares. Dentro de algunos días determinados, debes dármelos‖. Este hermano cesó de comer y dormir y empezó a orar pidiendo esta cantidad de dinero. ¿Qué clase de oración fue ésta? Fue comparable con echarse del pináculo del templo para exhibirse. En principio todos hemos hecho esto muchas veces. Todos los cristianos hemos sido tentados de esta manera.

Si el diablo no nos tienta en lo que a nuestro sustento se refiere, nos tentará en lo religioso. Tal vez usted tenga el deseo de ser una persona importante en la religión, es decir, que lo reconozcan a usted como una persona poderosa. Todos los demás tienen que bajar del pináculo del templo andando, pero usted, una persona sobrenatural que es más poderoso que todos los demás, puede echarse abajo. Al hacerlo, usted se volverá grande en el cristianismo. Todos los personajes importantes de la religión han cedido a la tentación. Si uno llega a ser famoso en e l cristianismo, si ya le reconocen como persona sobrenatural, ése ya ha sido derrotado por el enemigo. Sin embargo, si uno desea derrotar al enemigo en esta prueba, no debe echarse del templo. Al contrario, debe descender de pie lo más lento que sea posible. Dejemos que otros consideren que somos débiles e inútiles. Pero debemos decirnos: ―No ando en el poder, sino en la vida. No me interesa el poder, sino la vida‖. Es fácil proclamarlo, pero es difícil hacerlo. Cuando la oportunidad se presenta, tal vez no nos echemos del templo, pero sí descendemos corriendo para mostrar que por lo menos corremos bien, aun más rápido que todos los demás. No obstante, si queremos derrotar al enemigo, debemos ser nada. Nunca actuemos con el fin de demostrar que somos alguien importante. Dejemos que otros piensen que somos nada. En realidad, soy nada, y mi Cristo lo es todo. Si mantenemos la posición de ser nadie, aniquilaremos al enemigo. Derrotaremos al tentador.

b. Derrota al tentador al no tentar a Dios

Cuando el diablo trató de inducir a Jesús a arrojarse del pináculo del templo, Jesús le dijo: ―Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios‖ (v. 7). Debido a que el Señor Jesús había derrotado al tentador la primera vez citando las Escrituras, éste, al tratar de tentarle la segunda vez, también citó las Escrituras, aunque de manera sutil. Citar las Escrituras acerca de cierto tema requiere que tengamos en cuenta todos los aspectos del mismo, a fin de ser salvaguardados del engaño del tentador. Esto fue lo que el nuevo Rey hizo aquí para contrarrestar la segunda tentación del tentador. Muchas veces necesitamos decirle al tentador: ―Escrito está también‖.

El Señor Jesús derrotó a Satanás en la primera tentación al citar las Escrituras. Así que, cuando el tentador trató de tentarle la segunda vez, las citó también. Parece que decía:

―Jesús, Tú citaste la Biblia. Yo también conozco la Biblia. Voy a citar un versículo para Ti‖. Pero el Señor Jesús dijo: ―Escrito está también‖. La palabra [griega traducida] ―también‖ es muy enfática. No crea que usted pueda citar la Biblia y el enemigo no puede. Satanás conoce más de la Biblia que usted. Por lo tanto, la mejor manera de salvaguardarse es tener otra palabra que puede servir como equilibrio o confirmación. Entonces, cuando usted es tentado la segunda vez, el enemigo será derrotado otra vez.

El Señor Jesús dijo a Satanás: ―No tentarás al Señor tu Dios‖ (v. 7). No tiente a Dios. No vaya al pináculo del templo a arrojarse. Si usted se halla allí por casualidad, debe buscar por donde descender andando. Nunca debe ir a propósito. Si se encuentra allí por equivocación suya, pida al Señor que le perdone y le conduzca a descender paso a paso. Pero no debe arrojarse para presumirse. Usted no es nadie. El Señor Jesús venció al tentador al no aceptar su propuesta de tentar a Dios.

3. Adorar al diablo

a. Tentado a ganar los reinos del mundo y su gloria

Leemos en los versículos 8 y 9: ―Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrándote me adoras‖. El diablo, vencido en su intento de tentar al nuevo Rey en la esfera religiosa, le presentó la tercera tentación, y esta vez en la esfera de la gloria de este mundo. Le mostró todos los reinos del mundo y su gloria. Las tentaciones del tentador sutil siempre aparecen de esta forma: primero, en lo tocante al vivir humano; segundo, en lo relacionado con la religión; y tercero, en lo concerniente a la gloria mundana. En cualquier tentación, todos éstos esta rán presentes. La tercera tentación tiene que ver con la gloria mundana: el ascenso, la ambición, la posición y el futuro prometedor. Todo esto constituye la gloria del mundo.

Lucas 4:6 dice que los reinos del mundo y la gloria de ellos fueron entregados a l diablo; por esto, él la da a quien quiera. El arcángel Satanás, antes de su caída, había sido designado por Dios para ser príncipe del mundo (Ez. 28:13 - 14). Esta es la razón por la cual es llamado el príncipe del mundo (Jn. 12:31) y tiene en su mano todos los reinos de este mundo y la gloria de ellos. Satanás le presentó como tentación todo esto al Rey recién ungido para lograr la adoración. El Rey celestial venció esta tentación, pero el anticristo venidero no la vencerá (Ap. 13:2, 4).

Esta tentación inc luye la ambición y el ascenso. Incluso entre los santos, se halla el deseo de ser líder. Este es el deseo por la gloria mundana. Su anhelo de ser líderes es su ambición. Esta es la gloria del mundo. Cuando usted se encuentre tentado de esta manera, debe da rse cuenta de que el tentador está detrás de esto buscando que usted le rinda culto. Satanás le dijo al Señor Jesús que si El le adoraba, le daría todos los reinos del mundo y la gloria de ellos. Detrás de toda ambición yace un ídolo escondido. Si usted tiene ambición de conseguir cierta posición, ascenso o fama, esto quiere decir que hay un ídolo detrás de aquella ambición. Si usted no rinde culto a ningún ídolo, nunca satisfará su ambición. Para obtener cualquier parte de la gloria del mundo, usted tiene que rendir culto a un ídolo. Sin adorar a los ídolos es imposible conseguir una posición. Cuando busca cierta posición, en lo profundo de su ser reconoce que está adorando a un ídolo. Es por esto que el apóstol dijo que la codicia es idolatría (Col. 3:5).

Supongamos que algunos hermanos, habiendo entrado en la vida de iglesia cuatro años después que usted, lleguen a ser líderes y usted sienta que lo han pasado por alto. Si usted se queja al respecto, pidiendo la razón por la cual fueron hechos líderes y usted no, se muestra como alguien que busca la gloria mundana. Quizás entre diez hermanas hay tres que son nombradas para tomar la iniciativa en cierto servicio. Si las otras siete no se molestan al respecto, ganan la victoria. Pero si se preguntan acerca de la razón por la cual las tres fueron designadas, esto indica que buscan la vanagloria, la gloria de esta

época. En este asunto, todos somos débiles. Si el deseo de ambición y de posición se introduce en la vida de iglesia, ¡cuánto debemos estar en guardia acerca de otras cosas!

b. Derrota al tentador adorando a Dios y sirviendo sólo a El

En el versículo 10 el Señor Jesús dijo: ―¡Vete, Satanás! Porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a El solo servirás‖. El nombre ―Satanás‖, que viene del hebreo, significa ―adversario‖. El no solamente es el enemigo de Dios que está fuera del reino de Dios, sino también el adversario dentro del reino de Dios, donde se rebela contra Dios. El nuevo Rey reprendió al diablo por su sugerencia y lo derrotó manteniéndose en

la posición de hombre, en la cual se adora y se sirve solamente a Dios. Adorar o servir a

algo que no sea Dios con miras a obtener ganancia, siempre es la tentación que el diablo emplea para conseguir adoración. Parece que el Señor le decía: ―Satanás, Y o Jesús,

como hombre, adoro a Dios y sólo a El le sirvo. Tú eres el enemigo de Dios; nunca te adoraré. A Mí no me importa la gloria del mundo ni los reinos del mundo. Satanás, ¡vete!‖

Si consideramos nuestra experiencia, veremos que todas las tentaciones están incluidas

en estos tres aspectos: la tentación con respecto a nuestro vivir, a los milagros religiosos

y a la gloria mundana. Durante todo el día experimentamos la tentación en los aspectos

de nuestro vivir, la religión y los logros del mundo. No obst ante, el Señor Jesús venció todos los aspectos de la tentación del enemigo. El tenía la capacidad para decir: ―Mi vivir no es lo principal. No me importa el poder religioso; y la gloria mundana no tiene

nada que ver conmigo. Lo único que conozco es la pala bra de Dios y Dios mismo. Sólo deseo servir a Dios‖. Por lo tanto, como Aquel que aprobó el examen, el Señor Jesús tiene todos los requisitos para ser Rey del reino de los cielos.

D. El resultado

El versículo 11 dice: ―El diablo entonces le dejó; y he aquí se le acercaron ángeles y le ministraban‖. El diablo tentó al primer hombre, Adán, con éxito, pero fracasó totalmente cuando tentó al segundo hombre, Cristo. Esto indica que el diablo no tendrá ningún lugar en el reino de los cielos del nuevo Rey. Después de que el Señor Jesús venció a Satanás, los ángeles se acercaron y ministraron al Rey que había sido tentado, quien aquí era un hombre en sufrimiento (cfr. Lc. 22:43).

No sólo el Rey sino también todos los ciudadanos del reino deben vencer los asuntos relacionados con nuestro vivir diario, el poder religioso y la gloria mundana. Si no podemos vencer estas tres tentaciones, estamos fuera del reino. Si queremos ser el pueblo del reino, estas cosas deben estar bajo nuestros pies. Si ponemos fin a estas tres tentaciones, diciendo: ―No me importa mi vivir, el poder religioso, ni cierta posición en el mundo‖, Satanás no nos afectará.

No debemos preocuparnos por nuestro vivir diario. Consideremos el ejemplo dado por el apóstol Pablo. El dijo: ―Sé estar humillado, y sé tener abundancia; en todas las cosas

y en todo he aprendido el secreto, así a estar saciado como a tener hambre, así a tener abundancia como a padecer necesidad‖ (Fil. 4:12). Parece que Pablo decía: ―No me importa si soy pobre o rico. Puedo vivir en la escasez así como en la abundancia. Lo relacionado con mi vivir diario no me preocupa‖.

Además, en vez de ocuparnos del poder religioso, debemos ser débiles, así como era Jesucristo cuando fue arrestado, juzgado y crucificado. Si no hubiera sido débil, ¿quien lo podría haber arrestado y puesto en la cruz? Al ser arrestado, juzgado y crucificado El no exhibió Su poder. No quiso exhibir ningún poder religioso. Al contrario, era débil por completo. Pablo dijo que Cristo ―Fue crucificado en debilidad‖; también dijo:

―Somos débiles en El‖ (2 Co. 13:4). Muchas personas diabólicas hicieron frente a Pablo, diciendo: ―Si tú eres el verdadero apóstol de Cristo, debes tener una prueba de ello‖. Pero cuando Pablo estuvo en la cárcel, el Señor no hizo nada milagroso para él.

Las circunstancias que rodearon a Pablo también rodeaban a Juan el Bautista, quien estaba encarcelado. Después de cierto período de encarcelamiento, Juan envió a sus discípulos para que preguntaran al Señor: ―Eres Tú el que había de venir, o hemos de esperar a otro?‖ (Mt. 11:3). Parece que Juan decía: ―Si Tú eres el que había de venir, ¿por qué no haces nada por mí? ¿Acaso no sabes que yo, Tu precursor y aquel que te recomienda, estoy en la cárcel? ¿Acaso no eres poderoso? ¿No eres el Cristo todopoderoso? Si éste es el caso, por favor, haz algo por mí‖. El Señor, al responder, dijo: ―Bienaventurado es el que no tropieza a causa de Mí‖ (11:6). Parece que el Señor decía: ―Sí, puedo hacerlo todo, pero no quiero hacer nada para ti. Aunque tú eres aquel que me recomendó a la gente, Mi precursor, no tengo ganas de hacer nada para ti, más bien, quisiera que seas decapitado. Juan, ¿tropezarás a causa de Mí?‖ La experiencia del hermano Nee es un ejemplo reciente de esto. El estuvo en la prisión del año 1952 al año 1972 cuando murió. Durante aquellos veinte años, el Señor no hizo nada milagroso para él.

¡Cuánto necesitamos vencer estas tres clases de tentaciones! Ellas son: la tentación con respecto a nuestro vivir, la tentación de ganar e l llamado poder religioso, y la tentación de buscar la vanagloria. Si vencemos todas estas cosas, verdaderamente somos el pueblo del reino y seguimos nuestro Rey celestial. ¡Aleluya! ¡Nuestro Rey celestial venció al tentador y lo derrotó con respecto a estas tres tentaciones!

ESTUDIO-VIDA DE MATEO

MENSAJE DOCE

EL COMIENZO DEL MINISTERIO DEL REY

Ahora llegamos a una sección muy importante del Evangelio de Mateo, la del ministerio del Rey (4:1211:30). En este mensaje consideraremos el comienzo del ministerio (4:12-25). Después de que el Señor fue ungido, pasó por una prueba para demostrar que estaba plenamente capacitado, y luego empezó a ministrar.

I. EL COMIENZO DEL MINISTERIO

A. Después de que Juan el Bautista fue encarcelado

Mateo 4:12 dice: ―Cuando Jesús oyó que Juan había sido entregado, se retiró a Galilea‖. Aunque Juan el Bautista ministraba en el desierto, y no en el templo santo de la ciudad santa, estaba en Judea, no muy lejos de las cosas ―santas‖. Puesto que el pueblo había rechazado a Juan, el Señor Jesús se retiró a Galilea para comenzar Su ministerio, muy lejos del templo santo y de la ciudad santa. Esto ocurrió bajo la soberanía de Dios para que se cumpliera la profecía de Isaías 9:1 y 2.

Conforme al concepto humano, Jesús debería haber empezado a ministrar desde el templo santo en la ciudad santa, Jerusalén. Pero le llegaron las noticias de que Su precursor, Juan el Bautista, había sido encarcelado. Esto le sirvió como indicio al nuevo Rey de que Jerusalén se había convertido en un lugar de rec hazo; por lo tanto, no podía empezar Su ministerio real allí.

Dios, en Su economía, tenía la intención de que hubiese un cambio completo, de la vieja economía a la nueva. La vieja economía había resultado en una religión, un templo, una ciudad y un sistema de adoración externa. Todo lo que estaba en la vieja economía fue sistematizado de manera externa. En Su nueva economía, Dios lo renunció todo y empezó de nuevo. Bajo Su soberanía el ambiente correspondió a este cambio en Su economía. El Señor Jesús sabía que no podía comenzar a ministrar en Jerusalén, debido

a que ésta rechazó a aquel que había recomendado al nuevo Rey, pues no le darían la bienvenida en Jerusalén.

Aunque el nuevo Rey era el Hijo de Dios y había sido ungido con el Espíritu de Dios, no se menciona en este pasaje que oró con respecto a dónde debería ir a ministrar. Tampoco leemos que El tuvo un sentir profundo en su ser, el cual le conducía al norte, lejos de Jerusalén. Al contrario, el Señor examinó el ambiente y de él recibió un indicio claro de la dirección en que debía ir. No debemos creer que podemos ser tan espirituales que no necesitamos prestar atención a lo que nuestro ambiente nos indica. Incluso el Rey del reino celestial, el Hijo de Dios ungido con el Espíritu Santo, actuó conforme a lo indicado por el ambiente. El concepto del Señor no era natural ni religioso. Además, no se basaba en la historia. Según ella, como Rey ungido debía haber ido a la capital, a Jerusalén, porque éste es el lugar apropiado para el Rey. No obstante, fue a Galilea porque Su precursor, es decir, aquel que lo había recomendado, había sido encarcelado. Según lo esperado, era ridículo que el Rey recién ungido saliera de la capital y fuera a una región menospreciada para empezar Su ministerio real. Además, no f ue al sur a, donde David fue entronizado, ni a Betsabé, donde Abraham vivió, sino a Galilea.

Teniendo en mente cómo actuó el Señor después de que Juan el Bautista fue encarcelado, debemos aprender a no intentar ser sobrenaturalmente espirituales. Jesús no era espiritual de ese modo. También debemos aprender a no actuar conforme a la historia ni conforme al entendimiento humano, según los cuales el rey de los judíos

debía haber estado en Jerusalén sentado en el trono. Sin embargo, Jesús no actuó en conformidad con la dirección espiritual, ni según la historia ni el concepto natural. Por el contrario, El actuó en conformidad con lo indicado por el ambiente que correspondía

a la economía de Dios. Al actuar así, espontáneamente cumplió la profecía de Isaías 9:1

y 2. Aunque el Señor aparentemente actuó conforme al medio ambiente en vez de seguir al Espíritu, lo que hizo cumplió la profecía de las Escrituras.

Al obrar con el Señor debemos evitar dos extremos. El primer extremo es el sobrenatural. Algunos afirman que no hay necesidad de considerar el medio ambiente

porque tienen al Espíritu. El otro extremo presta demasiado atención a la historia y a la inclinación y entendimiento naturales. Pero en Mateo 4 el nuevo Rey no procedió conforme a la llamada dirección esp iritual ni conforme a la historia ni a la inclinación natural. Más bien, El actuó junto con la economía de Dios conforme a lo indicado por el ambiente. Fue a Galilea, a la región de Zabulón y Neftalí, para brillar como una gran luz sobre los asentados en tinieblas y en región y sombra de muerte (4:15-16).

Nada sucedió a Juan el Bautista ni al Señor Jesús por casualidad. Cuando Juan comenzó

a ministrar a la edad de treinta, lo hizo con denuedo. Muy poco después fue

encarcelado. Tal vez le es difícil a usted creer que Juan el Bautista fuese encarcelado.

Parece que no había razón. De nuevo, su encarcelamiento fue resultado del ambiente. Juan fue encarcelado por el rey Herodes y no por los líderes judíos. Sin embargo, tanto

el poder religioso como el poder polít ico, o sea la religión judía y el gobierno romano

colaboraron, lo cual resultó en el cumplimiento del propósito de Dios. Juan el Bautista

fue encarcelado durante este tiempo bajo la soberanía de Dios conforme a Su economía.

Para todo ministerio de recomendación llega el momento en el cual debe cesar. Si Juan el Bautista no hubiera sido encarcelado, le habría sido difícil cesar de ministrar. Juan era

el que recomendaba; por eso, su ministerio no debía haber continuado. En el capítulo

tres del Evangelio de Juan vemos que los discípulos de Juan el Bautista competían con

el ministerio del nuevo Rey (v. 26). El ministerio del que recomendaba competía con el

del Rey. Por lo tanto, el ministerio del que recomendaba tenía que ser detenido; la mejor manera de detenerlo fue encarcelar a Juan y aun permitir que fuese decapitado.

Tal vez usted diga que Dios no podía ser tan cruel como para permitir esto. Pero a veces Dios permite cosas como ésta. Sin lugar a dudas, Dios lo levanta a usted, lo prepara, lo constituye, lo c apacita y lo usa mucho. Pero después de usarlo, es posible que El diga:

―Vete a la cárcel y espera allí tu ejecución‖. ¿Puede usted aceptarlo? Quizás usted diga:

―Esto es completamente injusto. Dios no debe permitirlo!‖ Pero anteriormente Dios lo ha permit ido muchas veces, y creo que volverá a hacerlo. Si El permite que esto le suceda a usted, usted simplemente debe decir: ―Amén‖. No envíe a algunos de sus discípulos para hacer frente a Cristo preguntando: ―¿Eres Tú el Cristo, el Señor todopoderoso a quien sirvo? Si éste es el caso, ¿por qué no haces algo para rescatarme de la cárcel?‖ El Rey diría: ―No voy a salvarte de esto. Debes morir. Debes llegar a tu fin. Que el nuevo Rey esté en el trono‖. Juan el Bautista y su ministerio llegaron a su fin por la lle gada del nuevo Rey. Cuando el nuevo Rey está presente, nadie ni nada debe competir con El.

B. Comienza desde Galilea

El nuevo Rey comenzó Su ministerio en Galilea, incluso en el mar de Galilea, no en la

ciudad santa ni en el templo santo. Su precursor ministró a la orilla de un río, en el desierto, pero El comenzó Su ministerio a la orilla del mar de Galilea, donde había una población mixta de judíos y gentiles. Por eso, era llamada ―Galilea de los gentiles‖ y era menospreciada por los judíos ortodoxos (Jn. 7:41, 52). El Rey recién nombrado comenzó Su ministerio real para el reino de los cielos en ese lugar menospreciado, lejos de la capital del país, la majestuosa Jerusalén, con su templo sagrado, centro de la religión ortodoxa. Esto indica que el ministerio del Rey recién ungido traería el reino celestial, el cual era diferente del reino terrenal de David (el reino mesiánico). Juan el Bautista ministraba a la orilla de un río porque estaba dispuesto a sepultar a todos los que venían a él arrepentidos. El nuevo Rey ministraba junto al mar de Galilea. En la

Biblia el río Jordán representa la sepultura y la resurrección, es decir, el fin de algo viejo

y la germinación de algo nuevo. Pero el mar de Galilea representa el mundo que Satanás

corrompió. Por lo tanto, el Jordán era un lugar de sepultura, y el mar de Galilea, el

mundo corrupto.

En esta porción de la Palabra hay cuatro discípulos llamados por Jesús: Pedro, Andrés, Jacobo y Juan. ¿Sabe usted dónde y cuándo éstos cuatro fueron salvos? Se encuentra la respuesta en el capítulo uno del libro de Juan. Mientras Juan el Bautista ministraba, Andrés fue conducido al Señor Jesús (Jn. 1:35-37, 40). Luego Andrés halló a Pedro, su hermano, y le condujo al Señor (Jn. 1:40 - 42). Cuando el Señor conoció a Pedro, le cambió el nombre, de Simón a Cefas, que significa piedra (Jn. 1:42). Por consiguiente, en el capítulo uno de Juan, tanto Pedro como Andrés conocieron al Señor Jesús. Creo que fueron salvos a la orilla del río Jordán. Lo mismo sucedió a Jacobo y a Juan. Uno de los dos discípulos de Juan el Bautista mencionados en Juan 1:35 era el apóstol Juan. Este también condujo a su hermano Jacobo al Señor. Así que, los cuatro discípulos mencionados en Mateo 4 habían llegado a su fin, germinaron y fueron salvos a la orilla del r ío Jordán en el capítulo uno del libro de Juan. Sin embargo, probablemente no entendieron claramente lo que les había sucedido.

Creo que todo esto tuvo lugar antes de que el Señor fuese tentado, mientras Juan todavía ministraba junto al Jordán. Después, [los cuatro discípulos] regresaron a Galilea para continuar con su ocupación de pescar. Probablemente se olvidaron de lo que les había

sucedido junto al río. Simplemente regresaron a su vieja ocupación junto al mar. Pero el Señor Jesús no se olvidó de ellos. Después de ser tentado, comenzó Su ministerio y fue

a ellos. Ocurrió lo mismo con muchos de nosotros. La primera vez que conocimos al

Señor, El nos hizo muchas cosas, pero no nos dimos cuenta de su significado. Tal vez la

orilla del río para usted esté en Canadá o en China. Después de conocer al Señor a la orilla del río, usted fue al mar de Galilea para ganarse la vida, para continuar con su ocupación de pescar, olvidándose de lo que el Señor le había hecho a usted a la orilla del río. Muchos de nosotros simplemente nos olvidamos de lo que el Señor nos hizo anteriormente a la orilla del Jordán e hicimos todo lo posible para ganarnos la vida trabajando alrededor del mar de Galilea, en el mundo maligno y demoníaco que Satanás corrompió. Pero un día, con gran asombro nuestro, Aquel que nos salvó a la orilla del río vino como el Rey recién nombrado a nuestro mar de Galilea con el fin de hallarnos.

C. Una gran luz que resplandece en las tinieblas

Cuando el Señor vino a nosotros junto a nuestro mar de Galilea, se veía algo diferente con respecto a El. En el capítulo uno del libro de Juan, el que recomendaba a Cristo declaró: ―¡He aquí el Cordero de Dios!‖ Cuando Juan declaró que Cristo era el Cordero de Dios, dos de sus discípulos, Andrés y el apóstol Juan, siguieron al Señor Jesús. Con el tiempo, según lo que hemos visto, el hermano de Andrés, Pedro, y el hermano de Juan, Jacobo, también fueron conducidos al Señor y fueron salvos. Aunque fue maravilloso ser salvo, más tarde se olvidaron de su experiencia. Muchos de nosotros hicimos lo mismo. Es posible que usted haya dicho: ―¿Qué pasó allí a la orilla del río Jordán? ¡Fue necedad! Nos pusieron en el agua y conocimos a un nazareno llamado el Cordero de Dios. Pero ahora necesitamos ganarnos la vida. Regresemos a nues tros trabajos. Quedan muchos peces que pescar y muchas redes que remendar‖. No obstante,

el Rey tiene Su meta y lo necesita a usted, así como necesitaba a Pedro, a Andrés, a Jacobo y Juan. Es por esta razón que de repente el Cordero de Dios apareció en el mismo lugar donde los cuatro hombres trabajaban para ganarse la vida. Esta vez no vino como el Cordero, sino como una gran luz.

El versículo 16 del capítulo cuatro dice: ―El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; y a los asentados en región y sombra de muerte, luz les amaneció‖. Juan el Bautista era una lámpara ardiente y resplandeciente (Jn. 5:35). Pero el nuevo Rey era la luz. De hecho, no sólo era la luz, sino también una gran luz. Pedro, Andrés, Jacobo y Juan no se dieron cuenta de que estaban en tinieblas mientras trabajaban para ganarse la vida junto al mar de Galilea. Estaban en sombra de muerte. Esto es un cuadro de la situación actual. Muchos cristianos conocieron al Señor Jesús junto a la orilla del río y fueron salvos. Pero más tarde no les importó aquella experiencia, sino el ganarse la vida. Por lo tanto, fueron al mar de Galilea con este fin. Sin saberlo, al ir al mar de Galilea para ganarse la vida, entraron en tinieblas y en sombra de muerte. Todos los que se esfuerzan por ganarse la vida en las ciudades grandes como por ejemplo Los Angeles, Nueva York y Chicago están en tinieblas y en región y sombra de muerte. ¡Alabado sea el Señor! ¡El nuevo Rey no permaneció en Jerusalén! Fue al mar de Galilea, y sigue yendo al mar de Galilea hoy en día, andando alrededor de la playa con miras a pescarnos. Esta vez viene no como un corderillo, sino como gran luz. Pedro y Andrés echaban las redes en el mar cuando esta gran luz resplandeció sobre ellos. El Señor, al estar allí resplandeciendo sobre ellos, tal vez dijo: ―Pedro y Andrés, ¿qué estáis haciendo aquí? No recordáis que os conocí a la orilla del río Jordán? Pedro, ¿no recuerdas cómo te puse otro nombre?‖ Aquel día una gran luz resplandeció sobre ellos junto al mar de Galilea.

Nuestra experiencia es igual que la de ellos. Fuimos salvos a la orilla del río Jordán. Pero nos olvidamos de lo que nos había pasado y fuimos al mar de Galilea para ganarnos la vida. Al trabajar allí con dicho propósito, el Cordero de Dios, a quien conocimos a la orilla del río Jordán, vino como una gran luz para resplandecer sobre nosotros. Al resplandecer, El preguntó: ―¿Qué estás haciendo aquí?‖ Puedo testificar que un día esto me sucedió. Mientras yo trabajaba junto al mar de Galilea ganándome bien la vida, de repente resplandeció sobre mí una luz, y el Señor me preguntó: ―¿Qué estás haciendo aquí? ¿No recuerdas lo que te pasó a la orilla del río? Tal vez tú no recuerdas, pero Yo sí‖. Luego me hizo el llamado: ―Sígueme‖, y lo seguí. Creo que, en principio, muchos de nosotros hemos tenido la misma experiencia. Fuimos salvos por el Cordero de Dios a la orilla del río, pero fuimos llamados por el brillo de una gran luz junto al mar de Galilea. Aunque tal vez nos sea fácil olvidarnos de lo que nos pasó a la orilla del río, no pod emos olvidarnos del momento en que la gran luz resplandeció sobre nosotros junto al mar de Galilea.

Aunque lo narrado aquí es muy sencillo, la verdadera historia no lo es. No fue un asunto sencillo que el Señor le llamara a usted. Primero, tuvo que conocer le a usted a la orilla de un río. Más tarde, fue necesario que viniera a usted junto a algún mar. Un día mientras usted estaba trabajando, el cuarto donde estaba sentado se llenó de luz, una gran luz resplandeció sobre usted, y el Señor le preguntó: ―¿Qué haces aquí día tras día?‖ Al suceder esto, algunos hermanos inmediatamente hicieron a un lado su bolígrafo y declararon: ―Qué estoy haciendo aquí?‖ Luego el Señor preguntó: ―¿No recuerdas lo que te hice a la orilla del río? Ahora debes seguirme‖. No leamos lo narrado en el capítulo 4 de Mateo como si fuera simplemente objetivo para nosotros. Debemos leer este capítulo e incluso toda la Biblia de manera subjetiva, aplicándolo a nosotros.

¡Alabado sea el Señor que muchos de nosotros hemos pasado por la experiencia de los dos lugares: a la orilla del río y junto al mar!

El ministerio del nuevo Rey, el fin del cual es el reino de los cielos, no comenzó con el poder terrenal, sino con la luz celestial, la cual es el Rey como luz de vida que resplandece en sombra de muerte. Cuando el Señor empezó a ministrar como luz, no exhibió poder ni autoridad. Anduvo por la playa como si fuera cualquier ser humano. Pero al acercarse a los cuatro discípulos que estaban junto al mar de Galilea, resplandeció sobre ellos como una gran luz, reluciendo en tinieblas y en región de sombra de muerte. En ese momento Pedro, Andrés, Jacobo y Juan fueron iluminados y atraídos. Hemos hecho notar que Juan el Bautista era un gran imán. Pero el Señor Jesús es el imán más grande. Mientras resplandecía sobre los cuatro discípulos, los atrajo y capturó. Inmediatamente abandonaron sus ocupaciones y siguieron a ese pequeño nazareno.

En Mateo 4 no se deja constancia, como en Lucas 5, de ningún milagro hecho por el Señor cuando llamó a Pedro. No obstante, en Mateo 4 la gran luz atrajo a los primeros cuatro discípulos. Fueron atraídos no por lo que hizo el Señor Jesús, sino por lo que era. Era una gran luz, un gran imán, y tenía el poder para atraer a los hombres y capturarlos. De este modo El atrajo y capturó a los primeros cuatro discípulos. Los que siguen al Señor por causa de lo que El hace nunca serán fidedignos ni fieles. Los fidedignos son los que han sido capturados por el Señor por causa de lo que El es. Pedro, Andrés, Jacobo y Juan fueron atraídos y capturados a la orilla del mar, no por haber visto lo que el Señor hizo, sino por haberse dado cuenta de lo que El era. Debido a que fueron atraídos y capturados, llegaron a ser seguidores fieles del Señor Jesús hasta el final. Finalmente, fueron hechos mártires porque siguieron al Rey del reino celestial.

Además, cuando el Señor Jesús llamó a los cuatro discípulos, no dio inicio a un movimiento ni a una revolución. Más bien, El atrajo a los discípulos llamándolos a Sí mismo para que se estableciera el reino de los cielos.

D. Predica el arrepentimiento

para el reino de los cielos

El versículo 17 dice: ―Desde entonces comenzó Jesús a proclamar, y a decir:

Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado‖. El nuevo Rey continuó la predicación de Su precursor, Juan el Bautista, es decir, la predicación de arrepentimiento por causa del reino de los cielos. Esta predicación era anterior al evangelio del reino.

E. Llama a los cuatro discípulos

1. Pedro y Andrés

El versículo 18 dice: ―Y caminando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, echando la red en el mar, porque eran pescadores‖. El ministerio del nuevo Rey no fue llevado a cabo en la capital, sino junto al mar. El ministerio de Su precursor comenzó a la orilla de un río y consistía en sepultar a los religiosos y en poner fin a la religión de ellos. El ministerio del nuevo Rey

comenzó junto al mar y consistía en pescar hombres que no eran muy religiosos, quie nes vivían cerca del mar y no en el lugar santo, y en hacerlos pescadores de hombres con miras a que se estableciera el reino de los cielos.

Los versículos 19 y 20 dicen: ―Y les dijo: Venid en pos de Mí, y os haré pescadores de hombres. Y ellos, dejando al instante las redes, le siguieron‖. Cuando leí esta porción de la Palabra siendo joven, no podía entender la razón por la cual los pescadores inmediatamente siguieron a un nazareno que dijo: ―Venid en pos de Mí‖. Pensé que debían de haber estado fuera de s í mismos. Pero, después de estudiar la Palabra varios años y después de considerar mi propia experiencia, empecé a comprender. Andrés, uno de los discípulos de Juan el Bautista, anteriormente había llevado a Pedro al Señor, en el lugar donde Juan predicaba (Jn. 1:35-36, 40-42). Aquella ocasión fue la primera vez que conocieron al Señor. En esta porción el Señor los encuentra por segunda vez, junto al mar de Galilea. Fueron atraídos por el Señor, quien era la gran luz que resplandecía en tinieblas de muerte, y lo siguieron para que se estableciera el reino de los cielos en la luz de vida.

Cuando Pedro y Andrés fueron llamados por el Señor, echaban una red en el mar. El Señor les llamó para que vinieran en pos de El y les prometió hacer de ellos pescadores de hombres. Dejaron la red y siguieron al Rey del reino de los cielos para ser dichos pescadores. Con el tiempo, Pedro, en el día de Pentecostés, llegó a ser el primer gran pescador para el establecimiento del reino de los cielos (Hch. 2:37-42; 4:4).

2. Jacobo y Juan

Lo mismo sucedió a Jacobo y a Juan (Mt. 4:21-22). Cuando el Señor los llamó, ellos estaban remendando las redes en la barca. Cuando el Señor los llamó, dejaron la barca y a su padre y le siguieron. Juan y su hermano, así como Pedro y Andrés, fuero n atraídos por el Señor y le siguieron. Con el tiempo, Juan llegó a ser uno que realmente sabía como ―remendar‖; él ―remendaba‖, por su ministerio de vida, las roturas que ocurrieron en la vida de iglesia. (Véanse las tres epístolas escritas por Juan y cap ítulos dos y tres de Apocalipsis.)

El ministerio real del Rey recién ungido empezó con el llamamiento de los cuatro discípulos. Fue el cimiento puesto para que se estableciera el reino de los cielos. Estos discípulos llegaron a ser los primeros cuatro apóstoles de entre los doce. Pedro y Andrés eran el primer juego, y Jacobo y Juan eran el segundo. Así que, los primeros cuatro discípulos capturados por el Señor Jesús llegaron a ser las primeras cuatro piedras de cimiento para el reino de Dios, las cuales so n cuatro cimientos de los doce puestos en la Nueva Jerusalén (Ap. 21:14).

F. Atrae a las grandes multitudes

1. Al recorrer toda Galilea

El versículo 23 dice: ―Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y proclamando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo‖. Jesús extendió Su ministerio viajando por toda la región de Galilea.

El versículo 23 dice que Jesús enseñó en las sinagogas de Galilea. Una sinagoga es un lugar donde los judíos leen y aprenden las Escrituras (Lc. 4:16-17; Hch. 13:14-15). El Rey celestial tomó la oportunidad de enseñar allí.

3. Al proclamar el evangelio del reino

El Rey celestial, desde el comienzo de Su ministerio, proclamó el evangelio del reino. En este libro el evangelio se llama el evangelio del reino. Incluye no sólo el perdón de pecados (cfr. Lc. 24:47) y la impartición de vida (cfr. Jn. 20:31), sino también el reino de los cielos (Mt. 24:14) con el poder de la era venidera (He. 6:5), o se a el poder de echar fuera demonios y sanar enfermedades (Is. 35:5-6; Mt. 10:1). Tanto el perdón de pecados como la impartición de vida tienen como fin el reino.

4. Al sanar toda enfermedad y a todos los endemoniados

Mientras el Señor recorría toda Galilea, sanaba toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. El Señor Jesús extendió Su ministerio al hacer lo siguiente: viajar, enseñar, proclamar y sanar. En la obra evangélica hoy en día, nosotros también tenemos que viajar, enseñar, proclamar y sanar. Necesitamos cumplir cada una de las cuatro acciones; no debemos omitir la sanidad, ni menospreciarla. No debemos imitar la práctica del cristianismo fundamental, el cual tiene muy poca sanidad, ni la del cristianismo pentecostal, el cual pone demasiado énfasis e n ella, incluso se encuentra allí la sanidad falsa que sirve como espectáculo. En vez de seguir estos dos extremos, debemos andar en las huellas del Señor Jesús, quien viajó, enseñó, proclamó y sanó. No debemos pensar que no creemos en milagros. Ciertamente creemos. Andamos en pos del Señor para viajar, proclamar y sanar.

Al brillar como una gran luz, el Señor capturó cuatro pescadores jóvenes para que fuesen Sus discípulos. Estos cuatro viajaron con el Rey por toda Galilea mientras El enseñaba, predicaba y sanaba. Este fue el resultado: ―le siguieron grandes multitudes‖ (v. 25) con miras al reino de los cielos. Esto fue el comienzo del establecimiento del reino de los cielos. Fue absolutamente diferente de los caminos del mundo. El Señor no inició un movimiento político ni formó un partido político. No llevó a cabo ninguna clase de movimiento. En cuanto al evangelismo, no debemos seguir el camino de la política ni el de la religión. Debemos conducirnos como lo hizo el Señor Jesús y resplandecer sobre otros para atraerlos por lo que somos. Luego tenemos que viajar, enseñar, proclamar y sanar. Esto atraerá una multitud.

ESTUDIO-VIDA DE MATEO

MENSAJE TRECE

LA PROMULGACION DE LA CONSTITUCION DEL REINO

(1)

En este mensaje llegamos a la promulgación de la constitución del reino, la cual consta en los capítulos cinco, seis y siete. A lo largo de los años, muchos cristianos han entendido mal o han usado mal estos tres capítulos. En los mensajes que vamos a dar sobre estos capítulos esperamos que todos veamos el verdadero significado de esta sección de la Palabra.

El reino de los cielos es uno de los asuntos más difíciles de entender para los creyentes. El reino de los cielos no corresponde a ningún concepto natural ni religioso. Veremos que se refiere a algo muy específico. Para entender el reino de los cielos, todos debemos desprendernos de los conceptos tradicionales que recibimos cuando estábamos en el cristianismo. Ninguna de estas enseñanzas anteriores que trataban del reino de los cielos concuerda con la Palabra pura. Hemos estudiado este asunto una y otra vez durante más de cincuenta años. El primer libro que publiqué sobre este tema salió en 1936. Durante todos los años subsecuentes hemos estudiado este te ma. Por lo tanto, tenemos toda la seguridad de que es correcto lo que vemos en la Biblia con respecto al reino de los cielos. No obstante, es un poco diferente de los conceptos tradicionales con respecto al reino, y por eso, es necesario demorarnos bastante en estos capítulos para ver este asunto claramente.

Los capítulos cinco, seis y siete del Evangelio de Mateo podrían ser llamados la constitución del reino de los cielos. Cada nación tiene una constitución. Indudablemente el Evangelio de Mateo, el libro sobre el reino de los cielos, también debe tener una constitución. En los tres capítulos ya mencionados, que consisten de las palabras que el nuevo Rey habló como constitución del reino de los cielos, vemos una revelación del vivir espiritual y los principios celestiales del reino de los cielos. Hay una sola naturaleza, pero los principios son muchos. La constitución del reino de los cielos se compone de siete secciones: la naturaleza del pueblo del reino (5:1 - 12); la influencia que el pueblo del reino de los cielos ejerce sobre el mundo (5:13 - 16); la ley del pueblo del reino (5:17-48); las obras justas del pueblo del reino (6:1-18); la actitud que el pueblo del reino tiene para con las riquezas (6:19-34); los principios del pueblo del reino en su manera de tratar a otros (7:1 - 12); y la base de la vida y obra del pueblo del reino (7:13 - 29). La primera sección, 5:3 - 12, describe la naturaleza del reino de los cielos bajo nueve bendiciones. Revela la clase de personas que viven en el reino de los cielos. El pueb lo del reino también debe afectar al mundo. La naturaleza del pueblo del reino, siendo la misma naturaleza del reino, ejerce cierta influencia sobre el mundo. El pueblo del reino también tiene una ley. Esta ley no es la vieja ley de Moisés, es decir, los diez mandamientos, sino la nueva ley del reino de los cielos. El pueblo del reino son aquellos que hacen obras justas y que mantienen una actitud apropiada con respecto a las riquezas materiales. Debido a que las personas del reino todavía están en la tierra y son parte de la sociedad humana, la constitución del reino de los cielos revela principios según los cuales tratan a otros. Finalmente, en la última sección de esta constitución vemos la base sobre la cual el pueblo del reino vive y obra diariamente. T odos estos

aspectos referentes al pueblo del reino son tratados en las siete secciones de constitución del reino de los cielos.

I. EL LUGAR Y EL AUDITORIO A. En el monte

la

Mateo 5:1 dice: ―Viendo las multitudes, subió al monte; y cuando se hubo sentado, se le acercaron Sus discípulos‖. El nuevo Rey llamó a Sus seguidores junto al mar, pero El subió al monte para darles la constitución del reino de los cielos. Esto indica que necesitamos subir con El para poder comprender el reino de los cielos.

Es muy significativo que la constitución del reino de los cielos fue promulgada en un monte. El mar representa el mundo corrompido por Satanás. Cuando el Señor nos cautivó, estábamos en el mundo corrompido por Satanás esforzándonos en ganarnos la vida. Pero después de que el Señor nos cautivó, nos condujo a un monte elevado, el cual representa el reino de los cielos. Esto indica que el reino de los cielos no se estableció junto al mar, sino en el monte. En la Biblia un monte a veces representa el reino. Por ejemplo, según Daniel 2:34 - 35, la piedra cortada sin manos despedazó la imagen y llegó a ser un gran monte que llenó toda la tierra. Este monte representa el reino milenario. Por esto, en la Biblia un monte representa el reino, especialmente el reino de los cielos.

Además, ser llevado al monte significa que si estamos dispuestos a escuchar la promulgación de la constitución del reino de los cielos, no debemos quedarnos en una llanura baja, sino subir a un monte elevado. Debemos estar en un nivel muy alto para escuchar la constitución. En la orilla del mar, el Señor simplemente dijo: ―Venid en pos de Mí‖. Pero cuando iba a promulgar la constitución del reino de los cielos, los llevó a la cumbre de un monte. Tal vez sea fácil seguir al Señor, pero escucha r la constitución con miras al establecimiento del reino de los cielos requiere que subamos a la cumbre de un monte elevado.

B. Para Sus discípulos

El versículo 1 dice: ―Y cuando se hubo sentado, se le acercaron Sus discípulos‖. Cuando el nuevo Rey se había sentado en el monte, Sus discípulos, y no las multitudes, se le acercaron para ser Su auditorio. Con el tiempo, no sólo los judíos creyentes llegaron a ser Sus discípulos, sino también las naciones que habían sido hechas discípulos (los gentiles, 28:19). Más tarde, empezaron a llamar a los discípulos ―cristianos‖ (Hch. 11:26). Por consiguiente, las palabras del nuevo Rey, halladas en los capítulos cinco, seis y siete, las cuales El habló en el monte con respecto a la constitución del reino de los cielos, fueron dirigidas a los creyentes del Nuevo Testamento y no a los judíos del Antiguo Testamento.

En los versículos 1 y 2 vemos que el Señor enseñó a los discípulos y no a las multitudes. Los que le rodeaban no pertenecían al grupo interior, sino sólo Sus discípulos. Aunque uno esté en el monte, también debe estar en el grupo interior, pues la constitución no se dirige a los de afuera, sino a los que pertenecen al grupo interior.

Durante toda la historia, ha habido una gran controversia en cuanto a las person as a quienes fue dirigida la constitución: a los judíos, a los gentiles o a los creyentes. Por nuestros estudios hemos llegado a ver que no fue dada ni a los judíos ni a los gentiles, sino a los creyentes neotestamentarios. No queda duda que los discípulos eran los creyentes judíos cuando la constitución fue promulgada. Sin embargo, cuando estuvieron en el monte escuchando la promulgación de la constitución del reino, no representaban al pueblo judío, sino a los creyentes neotestamentarios. En 28:19 el Señor dijo a Sus discípulos que fuesen e hicieran discípulos a las naciones, es decir, a los gentiles. Esto significa que las naciones iban a convertirse en discípulos. Por

consiguiente, los creyentes gentiles eran discípulos, así como los creyentes judíos. El auditorio que estaba en el monte, compuesto principalmente de judíos, representaba a todos los discípulos.

II. CON RESPECTO A LA NATURALEZA

DEL PUEBLO DEL REINO

Ahora llegamos a la primera sección de la constitución, la que trata de la naturaleza del pueb lo del reino. Probablemente muy pocos cristianos han visto que 5:1 - 12 revela la naturaleza del pueblo del reino. Todos los cristianos deben ser personas del reino. Sin embargo, la situación actual no es normal. Muchos creyentes no están al nivel elevado de l pueblo del reino. Las personas del reino son los vencedores. En la economía de Dios, cada creyente debe ser un vencedor, lo cual no equivale a ser alguien especial, sino normal. Por consiguiente, todos los creyentes deben pertenecer al pueblo del reino.

Estos versículos describen nueve aspectos de la naturaleza del pueblo del reino: son pobres en espíritu, lloran por la situación actual, son mansos al sufrir oposición, tienen hambre y sed de justicia, son misericordiosos para con otros, tienen un corazón puro, procuran la paz con todos los hombres, padecen persecución por causa de la justicia, y sufren el vituperio y la calumnia. Cada aspecto empieza con la palabra ―bienaventurados‖. Por ejemplo, el versículo 3 dice: ―Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos‖. La palabra griega conlleva los significados de ser benditos y también dichosos. Varias traducciones usan la palabra ―dichosos‖ en vez de ―bienaventurados‖. No obstante, no debemos usar la palabra ―dichoso‖ ligeramente. Aquí lo bendito y lo dichoso no es asunto ligero: es algo que tiene peso. Cuando oímos las palabras: ―Dichosos son los pobres en espíritu‖ no debemos gritar ni saltar. Ser dichoso en estos versículos significa algo profundo.

A. Pobres en espíritu

para recibir el reino de los cielos

En el versículo 3 el nuevo Rey dijo: ―Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos‖. Aunque muchos han hablado de las bendiciones en estos versículos, no he oído a nadie hablar del espíritu mencionado en el versículo 3. La traducción del versículo 3 en la versión china es muy pobre. Dice: ―Bienaventurados los que son humildes de corazón‖. Aunque los eruditos que laboraban en la versión china por lo general hicieron un buen trabajo, no vieron la diferencia entre el corazón y el espíritu. Otro versículo de este capítulo, el versículo 8, habla de tener un corazón puro. Por ende, la versión china habla de los humildes de corazón y los puros de corazón. Antes de que entráramos en la iglesia, muchos no habíamos visto la diferencia entre el corazón y el espíritu. El reino de los cielos se relaciona primeramente con nuestro espíritu.

El espíritu mencionado en el versículo 3 no se refiere al Espíritu de Dios, sino a nuestro espíritu humano, la parte más profunda de nuestro ser, o sea, el órgano con el cual tenemos contacto con Dios y comprendemos y experimentamos las cosas espirituales. Ser pobre en espíritu no significa tener un espíritu pobre. Nuestro espíritu nunca debe ser pobre. Sería una lástima tener un espíritu pobre. Pero si somos pobres en espíritu,

somos benditos. Ser pobre en espíritu no sólo significa que somos humildes, sino también que estamos vacíos en espíritu, o sea, en lo profundo de nuestro ser, y que no nos aferramos a las cosa s viejas de la antigua dispensación, sino que nos desprendemos para recibir las cosas nuevas, las cosas del reino de los cielos. Necesitamos ser pobres en espíritu, necesitamos despojarnos, desprendernos, en esta parte de nuestro ser, para poder experimentar y poseer el reino de los cielos. Esto da a entender que el reino de los cielos es un asunto espiritual, y no material.

Necesitamos vaciar nuestro espíritu, desprendiéndolo de todo lo viejo que contiene. Los musulmanes son aquellos cuyos espíritus son lo s más llenos de todos. En su espíritu no hay ningún espacio libre. Es por esto que es muy difícil hablar con ellos acerca del evangelio. El diablo ha llenado por completo el espíritu de ellos. Por estar su espíritu tan lleno, les es difícil a ellos creer en el Señor Jesús. Los judíos también están llenos en su espíritu. Su espíritu está lleno de lo relacionado con su religión. Los griegos están llenos en su espíritu, llenos de su filosofía. Yo trabajaba con un griego que se jactaba del idioma griego y de su filosofía. Aunque la mente y el espíritu de los griegos están llenos por completo, según lo que he experimentado con ellos, les es bastante fácil desprenderse. No son tan tercos como los musulmanes. Ahora un gran número de cristianos también están llenos en el espíritu. Si uno habla a los que están en las denominaciones, encontrará que su espíritu está lleno. En la actualidad, casi todos los cristianos están llenos en su espíritu con algo aparte de Dios.

Cuando el Señor Jesús vino para predicar: ―Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado‖ (4:17), muy pocos podían recibir Sus palabras porque el espíritu de ellos

estaba lleno de otras cosas. La mejor bebida era ofrecida, pero su vaso ya estaba lleno. Por eso, no tenían sed. Cuando nuestro espíritu está lleno, nuestro vaso no puede recibir

ni

siquiera la mejor bebida. Por consiguiente, cuando el Señor habló a los discípulos en

el

monte, las primeras palabras de Su promulgación consistían en que debemos ser

pobres en espíritu, es decir, que nuestro espíritu debe ser despojado de toda otra cosa.

Hace muchos años visité algunas asambleas de los Hermanos en este país. Al mirar a la gente, me dolía el corazón y mi espíritu fue agobiado. ¡La muerte prevalecía allí! Todos estaban secos. En el primer lugar al cual me habían invitado a visitar, di un mensaje acerca de que no se necesitaban las enseñanzas. Les dije que tenían bastantes

enseñanzas y que necesitaban la vida y el espíritu. Mis palabras les ofendieron. No oyeron lo que dije acerca de la vida y el espíritu; sólo oyeron las palabras referentes a las doctrinas. Inmediatamente después del mensaje, el líder se me acercó y, reprendiéndome en la cara dijo: ―Hermano Lee, ciertamente se equivoca usted en cuanto

a su enseñanza. Usted acaba de decirnos que

supuesto, necesitamos las doctrinas! ¿Acaso la Biblia no es un libro de doctrinas?‖ No dije nada, pero pensé: ―Pobres, si a ustedes les gustan las doctrinas, quédense entonces con ellas y allí morirán‖. Más tarde, me invitaron a hablar a otra asamblea de los Hermanos. La situación y la reacción eran iguales. Reaccionaron así porque los que estaban en aquellas asambleas no eran pobres en espíritu. Al contrario, su espíritu estaba lleno de todas las llamadas doctrinas de los Hermanos. Todas aquellas doctrinas eran como madera seca que sólo podía traerles muerte.

no necesitamos las doctrinas. ¡Por

Todos necesitamos atender las palabras del Señor cuando nos dice que debemos ser pobres en espíritu. Debemos decir: ―Señor, despréndeme. Vacía mi espíritu. No quiero

guardar nada en mi espíritu. Señor, quiero que toda la capacidad que tenga mi espíritu te esté disponible‖.

El versículo 3 dice que los que son pobres en espíritu son bienaventurados porque de ellos es el reino de los cielos. Muchos cristianos con ansia desean ir a los cielos, pero casi no tienen deseo de estar en el reino de los cielos. Es un error estar ansioso por ir a los cielos. El corazón de Dios no está en los cielos, sino en el reino de los cielos. Los que son pobres en espíritu son bienaventurados porque el reino de los cielos les pertenece a ellos.

El reino de los cielos es una expresión específica usada exclusivamente por Mateo, lo

cual indica que el reino de los cielos es diferente del reino de Dios, el cual es

expresión que se usa en los otros tres Evangelios. El reino de Dios es el reinado general de Dios, desde la eternidad pasada hasta la eternidad futura. Abarca la eternidad sin principio, anterior a la fundación del mundo, el paraíso de Adán, los patriarcas elegidos, la nación de Israel en el Antiguo Testamento, la iglesia en el Nuevo Testamento, el reino milenario venidero incluyendo su gobierno celestial (la manifestación del reino de los cielos), y el cielo nuevo y la tierra nueva con la Nueva Jerusalén por la eternidad. El reino de lo s cielos es una sección especial dentro del reino de Dios, compuesta sólo de la iglesia hoy y de la parte celestial del reino milenario venidero. Así que, el reino de los cielos, una sección del reino de Dios, también es llamado ―el reino de Dios‖ en el Nuevo Testamento, especialmente en los otros tres Evangelios. Mientras que, en el Antiguo Testamento, el reino de Dios ya estaba de modo general con la nación de Israel (21:43), el reino de los cielos todavía no había llegado de modo específico, sino que sólo se había acercado cuando vino Juan el Bautista (3:1-2; 11:11-12).

la

Según el Evangelio de Mateo, el reino de los cielos tiene tres aspectos: la realidad, la apariencia y la manifestación. La realidad del reino de los cielos es su contenido interior con respecto a su naturaleza celestial y espiritual, como fue revelado por el nuevo Rey en el monte, en los capítulos cinco, seis y siete. La apariencia del reino de los cielos es el estado exterior y nominal del reino de los cielos, como lo reveló el Rey junto a l mar en el capítulo trece. La manifestación del reino de los cielos es la venida práctica del reino de los cielos en poder, como lo reveló el Rey en el monte de los Olivos en los capítulos veinticuatro y veinticinco. Tanto la realidad como la apariencia d el reino de los cielos están hoy en la iglesia. La realidad del reino de los cielos es la vida apropiada de iglesia (Ro. 14:17), que existe dentro de la apariencia del reino de los cielos conocida como la cristiandad. La manifestación del reino de los cielos será la parte celestial del reino milenario venidero, la cual en 13:43 es llamada el reino del Padre. La parte terrenal del reino milenario será el reino del Mesías, el cual en 13:41 es llamado el reino del Hijo del Hombre y será el tabernáculo de David restaurado, el reino de David (Hch. 15:16). En la parte celestial del reino milenario, la cual es el reino de los cielos manifestado en poder, los creyentes vencedores reinarán con Cristo por mil años (Ap. 20:4, 6). En la parte terrenal del reino milenari o, la cual es el reino mesiánico en la tierra, el remanente de Israel que habrá sido salvo serán los sacerdotes, quienes enseñarán a las naciones a adorar a Dios (Zac. 8:20-23).

Si somos pobres en espíritu, el reino de los cielos es nuestro: hoy en la edad de la iglesia estamos en su realidad, y participaremos en su manifestación en la edad del reino.

Según lo enseñado en los cuatro Evangelios, hay una diferencia crítica entre el reino de los cielos y el reino de Dios. Si queremos entender Mateo, debemos distinguir entre el reino de los cielos y el reino de Dios. Este es simplemente el gobierno divino, de la eternidad pasada a la eternidad futura. Así que, el reino de Dios es el gobierno divino, el reinar de Dios. Entre la eternidad pasada y la eternidad fut ura tenemos el paraíso de Adán, los patriarcas, la nación de Israel, la iglesia y el milenio. Este se divide en la parte más alta y la parte más baja. La parte más alta es llamada el reino del Padre, y la parte más baja es llamada el reino del Hijo de Homb re y el reino del Mesías, el cual es el reino restaurado de David. Desde el paraíso de Adán a la Nueva Jerusalén, todo está incluido en el reino de Dios, el cual se extiende de eternidad a eternidad.

El reino de los cielos es una parte del reino de Dios, así como California es una parte de los Estados Unidos. Por ser parte del reino de Dios, a veces es llamado el reino de Dios. Por ejemplo, California es una parte de los Estados Unidos de América, y como tal a veces es llamado Estados Unidos. Cuando alguien del extranjero llega a California, quizás diga que ha llegado a Estados Unidos. Aunque California puede ser llamado Estados Unidos, no es posible que éste sea llamado California. Asimismo, el reino de los cielos puede ser llamado el reino de Dios, pero el reino de Dios no puede ser llamado el reino de los cielos.

Mateo 21:43 indica que el reino de Dios le sería quitado a Israel. El hecho de que el reino de Dios le fuese quitado a Israel indica que ya estaba con Israel. Si no hubiera

estado con Israel ¿cómo se le podría quitar? Aunque el reino de Dios ya estaba allí, Juan el Bautista dijo: ―Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado‖ (3:2). Por un lado, el reino de Dios estaba con ellos; por otro, el reino de los cielos todavía no se había acercado. Aun cuando el Señor habló a los judíos en el capítulo veintiuno acerca de que el reino de Dios le fuese quitado a Israel, el reino de los cielos todavía se había acercado. No fue sino hasta el día de Pentecostés que el reino de los cielos llegó. Por lo tanto, en la primera parábola hallada en el capítulo trece, la del sembrador, el Señor Jesús no dijo: ―El reino de los cielos es semejante a un sembrador‖, porque El ya era el sembrador antes del día de Pentecostés. El cumplimiento de la segunda parábo la, la de la cizaña, fue Pentecostés. Así que, al presentar esa parábola el Señor Jesús dijo: ―El ‖

ya estaba presente antes de que viniera el reino de los cielos.

reino de los cielos ha venido a ser semejante a

Con esto vemos que el reino de Dios

El reino de los cielos se compone de dos secciones. La primera sección es la iglesia, y la segunda sección es la parte superior, el milenio. Todos los cristianos auténticos están en la iglesia ahora. Pero sólo los cristianos vencedores estarán en la parte superior, la parte celestial, el milenio. Lo que tenemos en la iglesia hoy es la realidad del reino de los cielos, y no la manifestación. No será sino hasta el milenio que el reino será manifiesto. Veremos la manifestación del reino de los cielos en la parte sup erior del milenio.

Los que son pobres en espíritu son bienaventurados, porque el reino de los cielos les pertenece a ellos. (Se debe notar que el Señor no dijo: ―De ellos es el reino de Dios‖.) Cuando nos volvemos pobres en nuestro espíritu, estamos preparados para recibir al Rey celestial. Cuando El entra, trae consigo el reino de los cielos. Inmediatamente después de recibir al Rey celestial, estamos en la iglesia, donde se halla la realidad del reino de los cielos. Si somos vencedores, cuando el Señor re grese, nos introducirá en la manifestación del reino de los cielos. Tener el reino de los cielos primero significa participar en la vida apropiada y normal de la iglesia y, en segundo lugar, significa

heredar la manifestación del reino de los cielos en la parte superior del milenio. Este es el significado de las palabras: ―De ellos es el reino de los cielos‖. Los cristianos que retroceden perderán la realidad del reino de los cielos en esta era y la manifestación del reino de los cielos en la edad venidera. ¡Qué gran bendición ser pobre en espíritu! Si somos pobres en espíritu, el reino de los cielos es nuestro. ¡Aleluya por la primera bendición y por el reino de los cielos! ¡Cuán bueno es el ser pobres en nuestro espíritu!

ESTUDIO-VIDA DE MATEO

MENSAJE CATORCE

LA PROMULGACION DE LA CONSTITUCION DEL REINO

(2)

El reino de los cielos está estrechamente relacionado con nuestro espíritu. La primera bienaventuranza del capítulo cinco, es una bendición en nuestro espíritu:

―Bienaventurados los pobres en espíritu‖ (5:3). Por tanto, el primer aspecto del reino de los cielos abarcado en este capítulo tiene que ver con nuestro espíritu humano.

Hay algunas traducciones muy pobres del versículo 3, tales como ―Dichosos son los de mente humilde‖ y ―Benditos son los humildes de corazón‖. La mayoría de los cristianos no entiende lo que el Señor Jesús quería decir cuando habló de ser pobre en espíritu. Además, no saben que el reino de los cielos es un asunto completamente de nuestro espíritu. Si no conocemos nuestro espíritu, no podemos participar del reino de los cielos, porque éste está relacionado con nuestro espíritu.

Mientras el Señor Jesús hablaba ahí en el monte, El sabía la verdadera condición de Su auditorio, la cual se componía de galileos. Los galileos estaban llenos de conceptos tradicionales de la religión. Aun la mujer samaritana inmoral del capítulo cuatro de Juan tenía varios conceptos religiosos. La conversación que ella tuvo con el Señor Jesús expuso este hecho. Si una mujer de clase baja estaba llena de concep tos religiosos, ciertamente los pescadores galileos estaban llenos de éstos también. Tres veces al año subían a Jerusalén para participar de las fiestas y quedarse allí por lo menos una semana. Este hecho nos muestra que los pescadores galileos no eran vas os vacíos. Durante el tiempo en que el Señor Jesús vivió en la tierra, toda la gente, fueran judíos, griegos o romanos, estaban llenos. Los judíos estaban llenos de sus conceptos religiosos tradicionales, de su conocimiento de las Escrituras, y de las ense ñanzas de la ley. Lo sabían todo acerca de la ciudad santa, el templo santo y el sistema sagrado de servicio sacerdotal. Sabían del altar, de los sacrificios, de los festivales, de las ordenanzas y los reglamentos; todo esto era considerado bendiciones externas. No se necesita mencionar a los griegos y a los romanos, pues aun los judíos que estaban delante del Señor Jesús tenían sus numerosos conceptos tradicionales.

El Señor Jesús vino como el nuevo Rey para comenzar una nueva dispensación. Con la venida del nuevo Rey, Dios empezó una economía nueva. La dispensación nueva de

Dios tiene que ver con una Persona maravillosa. En lenguaje figurativo, la economía nueva es simplemente esta Persona. No consideremos el reino de los cielos como algo aparte de Cristo. No, es Cristo mismo. Sin el Rey, no tendríamos el reino. No existe el reino de los cielos sin Cristo. Cuando los fariseos preguntaron al Señor Jesús acerca de cuándo vendría el reino de Dios, El respondió: ―He aquí el reino de Dios está entre vosotros‖. Lo que el Señor dijo a los fariseos indica que El mismo era el reino. Donde está Jesús, allí está el reino también, el cual es simplemente la Persona del Rey. Por consiguiente, cuando tenemos al Rey, tenemos también al reino.

Cuando Pedro, Andrés, Jacobo y Juan subieron a Jerusalén para asistir a las fiestas, Juan el Bautista estaba ministrando en el desierto fuera de Jerusalén. Sin lugar a dudas, los cuatro hombres eran atraídos a Juan. Finalmente, conocieron al Señor Jesús y fueron salvos junto al río Jordán. El Señor Jesús fue bautizado en el Jordán, así como estos cuatro discípulos, y también fue ungido allí. Después de que el Señor fue ungido, hubo un período de cuarenta días durante el cual El fue probado. Los cuarenta días también sirvieron como prueba para los cuatro discípulos recién salvos. El Señor Jesús pasó la prueba, pero los discípulos no. Se olvidaron de su experiencia de salvación junto al río Jordán y regresaron al mar de Galilea para ganarse la vida. Dos de ellos regresaron a pescar y los otros dos a remendar las redes. El hecho de que regresaran al mar de Galilea para pescar y remendar las redes demuestra que habían sido derrotados. Fueron salvos, pero regresaron a su vieja condición. Por lo tanto, se convirtieron en un fracaso.

El nuevo Rey fue conducido al desierto donde El ganó la victoria sobre el enemigo. Después de ganar en la batalla contra Satanás, fue al mar de Galilea, lo cual fue un gran asombro para Pedro, Andrés, Jacobo y Juan. Allí, junto al mar de Galilea, el Señor Jesús tuvo contacto con ellos por segunda vez. Vimos en el mensaje doce que cuando los cuatro discípulos fueron conducidos al Señor por primera vez, lo vieron como el Cordero de Dios. Luego, la segunda vez, el Señor los visitó en Su gracia como la gran luz. La Biblia es muy económica en su manera de describir el llamamiento de los cuatro discípulos. Pedro y Andrés estaban pescando, y Jacobo y Juan estaban remendando sus redes. De repente, Aquel que los había conocido hacía cuarenta días se les apareció como una gran luz. Se habían dado cuenta de que El era el Cordero de Dios y habían sido atraídos a El, pero esta vez el Cordero de Dios resplandecía como una gran luz sobre ellos. Después de resplandecer sobre ellos, el nuevo Rey dijo: ―Venid en pos de Mí‖, y los cuatro d iscípulos lo siguieron. Finalmente, los cuatro influyeron en otros para que éstos le siguieran a El, y las multitudes fueron atraídas a El.

Cuando el Señor Jesús subió a la cumbre del monte, Sus discípulos se le acercaron y llegaron a ser el grupo íntimo q ue sirvió como la primera audiencia que escuchó los edictos del nuevo Rey. Lo primero que El dijo fue: ―Bienaventurados los pobres en espíritu‖. Esto fue la continuación de Su predicación en 4:17, donde dijo: ―Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado‖. El Señor, en Su predicación, habló de la mente, de los pensamientos. Es como si estuviera diciendo: ―Vosotros tenéis que arrepentiros. Debéis experimentar un cambio en vuestro modo de pensar, en vuestra mentalidad. Vuestra mente necesita un cambio‖. Indudablemente, Pedro, Andrés, Jacobo y Juan habían experimentado un cambio genuino en su entendimiento. Cuando por fin eran parte del grupo íntimo, los que oyeron la promulgación dada por el nuevo Rey, no tenían problemas referentes a su mente. Su modo de pensar ya había cambiado.

Tener un cambio en nuestra mente nos provee la puerta por la cual entramos en el reino y éste en nosotros. La mente no es el receptor ni la cámara interior, sino la puerta. Nuestro espíritu es el receptor, o sea la cámara interior. Así que, nuestra mente es la puerta, y nuestro espíritu la cámara interior. Es necesario poner juntos lo que el Señor dijo en 4:17: ―Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado‖, y en 5:3:

―Bienaventurados los pobres en espíritu‖. La mente que se ha vuelto es la puerta por la cual el reino de los cielos entra en nosotros. Cuando el reino entra, es implantado en nuestro espíritu. Entra por la puerta de nuestra mente y llega a nuestro espíritu. Nuestro espíritu, y no la mente, recibe el reino y lo retiene. Por lo tanto, nuestro espíritu es el receptor y el envase del reino de los cielos.

Cuando predican los que conocen el secreto del evangelio, primero tocan la mentalidad de la persona. Luego siguen adelante y tocan su espíritu. La pre dicación del evangelio tiene que tocar la mente de las personas, tiene que tocar su modo de pensar. Así, son conducidos a arrepentirse, a experimentar un cambio en su modo de pensar y de vivir. Inmediatamente después de que alguien se arrepienta, el que sabe bien cómo predicar el evangelio pedirá que ore e invoque el nombre del Señor. Con esto no se toca la mente sino el espíritu. Después de que la persona ejercite su espíritu para orar e invocar el nombre del Señor, inmediatamente el Señor entrará en su espíritu, pasando primero por la puerta de su mente hasta llegar a su espíritu.

El Señor Jesús, quien ha entrado en nuestro espíritu pasando por nuestra mente, es el Rey. El reino está con El. Cuando el Rey entra en el espíritu de alguien, esto quiere decir que el reino también entra en su espíritu. De allí en adelante, tanto el Rey como el reino permanecen en su espíritu. Muy pocos de los que enseñan en el cristianismo degradado de hoy, hacen notar que el Cristo que entra en nuestro espíritu es el Rey que trae el reino. Cuando El entra en nuestro espíritu, el reino llega con El. Ahora en nuestro espíritu no sólo tenemos al Salvador, sino que también tenemos al Rey que trae el reino.

Durante los años pasados, hemos recalcado la importancia de 2 Timoteo 4:22: ― El Señor esté con tu espíritu‖. Siempre lo hemos aplicado con relación a la vida divina. Sin embargo, ahora debemos ver también que cuando decimos que el Señor Jesús está con nuestro espíritu, estamos hablando del reino que está con nuestro espíritu. El Se ñor Jesús no sólo es el Salvador y la vida, sino también el Rey que trae el reino. Ahora podemos declarar: ―¡En mi espíritu tengo al Salvador, la vida, al Rey y el reino!‖ Cuando nos arrepentimos y creímos en el Señor Jesús como Salvador, vida, Rey y reino, El entró en nuestro espíritu y fue implantado allí. Por consiguiente, ahora en nuestro espíritu tenemos al Salvador, la vida, al Rey y el reino. Recibimos esta Persona maravillosa cuando nos arrepentimos en nuestra mente y por ser pobres en nuestro espíritu.

Cuando yo andaba en mi condición caída, lejos de Dios, estaba lleno de filosofía y de religión. No sólo andaba en la dirección equivocada, sino que también estaba lleno de conceptos y pensamientos inútiles. Cuando oí la predicación del evangelio, expe rimenté un cambio en mi mente. Sin embargo, todavía estaba lleno de muchos conceptos filosóficos y religiosos. Debido a eso, no sólo necesitaba un cambio en mi mente, sino que también necesitaba ser pobre en mi espíritu. Ser pobre en nuestro espíritu signi fica vaciar nuestro espíritu. Significa que nos abrimos en lo profundo de nuestro ser y nos desprendemos de cualquier otra cosa para que el Señor Jesús pueda entrar en nuestro espíritu. Cuando El entró en mí, vino como el Rey con el reino. Si somos pobres en

espíritu, de nosotros es el reino de los cielos. Es posible que usted haya cambiado mucho en la vida y esté de pie delante del Señor, ¿pero qué diría usted de su espíritu? ¿Está su espíritu abierto a El? ¿o está lleno de otras cosas? ¿Todavía está usted lleno de conceptos filosóficos y religiosos? Los griegos estaban llenos de la filosofía de Platón; los chinos, de la enseñanza de Confucio; y los judíos, de las enseñanzas de Moisés. Sólo al ser usted pobre en espíritu, puede el Rey, junto con el reino, e ntrar en usted. Esto requiere que usted abra su ser en lo más profundo y arranque todos los conceptos, opiniones y pensamientos que lo han llenado. Cuando ha vaciado su espíritu, el Rey y el reino entrarán en usted. En aquel momento, es de usted el reino de los cielos.

Por favor, ponga mucha atención al tiempo del verbo en el versículo 3. No es el tiempo futuro, sino el presente. Este versículo no dice: ―De ellos será el reino de los cielos‖, sino ―De ellos es el reino de los cielos‖. Cuando usted se abra e n lo más profundo de su ser, es decir, en su espíritu, y se desprenda y vacíe su espíritu, el Rey como Espíritu vivificante entrará por la puerta de su mente arrepentida y llegará a su espíritu para ser

su Rey con el reino. De allí en adelante, el reino estará en usted, y el reino de los cielos

le pertenece. Esta es la salvación del Nuevo Testamento.

No obstante, el cristianismo degradado de hoy no ha visto esto. Cuando usted recibió al Señor Jesús, ¿se dio cuenta de que cierto tipo de gobierno entró en ust ed? Este es el reinado. No sólo tenemos al Salvador y la vida, sino también al Rey. Este Rey ejerce Su autoridad desde nuestro espíritu. Aun si usted fuera salvo hoy, tendría ya este reino dentro de usted. Aunque fui salvo hace más de cincuenta años, no te ngo más que alguien que fue salvo hoy. Aquel que está en nosotros es nuestro Salvador, nuestra vida

y nuestro Rey con el reino. ¡Cuán rico y cuán superior es El! Lo recibimos en nuestro

espíritu y, por eso, el reino de los cielos es nuestro. El reino es nuestro y está en nuestro

espíritu.

Ahora debemos entender el significado del versículo 3: ―Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos‖. Debemos cambiar el pronombre y decir: ―Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de nosotros es el reino de los cielos‖. Al entender el significado de este versículo, vemos qué gran error es enseñar que el reino ha sido postergado hasta el milenio. La palabra ―es‖ en el versículo 3 comprueba que el reino de los cielos es nuestro ahora mismo. ¡Cuán benditos somos! ¡Qué bendición es ser pobre en espíritu! Si somos pobres en espíritu, el reino de los cielos es nuestro. Si usted toma consigo esta palabra, nunca será el mismo. Este versículo es mejor que cien mensajes. ¡Aleluya, el reino de los cielos es nuestro! De verdad somos benditos y dichosos. Benditos y dichosos somos los pobres en espíritu, porque de nosotros es el reino de los cielos.

B. Los que lloran serán consolados

Aunque debemos estar muy contentos al oír que estamos en el reino de los cielos hoy mismo, en el versículo siguiente el Señor Jesús dijo que llorásemos. El versículo 4 dice:

―Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados‖. No parece lógico decir que los que lloran son benditos y dichosos. No obstante, si oramos por cierto tiempo, usando nuestro espíritu que está lleno del Rey y del reino, empezaremos a llorar por la situación negativa actual. La situación por todo el mundo es negativa con relación a la economía de Dios. Satanás, el pecado, el yo, las tinieblas y la mundanalidad predominan entre todos los hombres de la tierra. La gloria de Dios ha sido ofendida,

Cristo ha sido rechazado, el Espíritu Santo ha sido estorbado, la iglesia está desolada, el yo está corrupto y el mundo entero es maligno. Por lo tanto, Dios quiere que nosotros nos lamentemos por esta situación. Debido a que el reino está en nosotros, hemos sido subyugados por el Rey que mora en nosotros, y El nos controla y nos rige. Bajo este reinado, cuando miramos el medio ambiente y la cond ición del mundo de hoy, gemimos y lloramos.

Sin embargo, este lamento es una bendición, porque el Señor dijo que los que lloran ―serán consolados‖. Si lloramos conforme a Dios y a Su economía, seremos consolados con el galardón del reino de los cielos. Veremos el gobierno celestial de Dios rigiendo toda la situación negativa. Muchas veces lloré y luego recibí la consolación. No nos desanimemos. Debemos llorar, pero estamos llenos de esperanza. El Rey viene, el enemigo será derrotado y Cristo volverá a posee r la tierra. Tarde o temprano, seremos consolados. ¿No nos consuela ver tantas personas en el recobro del Señor buscándole a El y a Su reino? ¡Qué gran consuelo es para mí! Si usted nunca ha llorado en su espíritu, no puede conocer cuán dulce y con solador es ver tantas personas que se ocupan solamente del reino del Señor. Es por esto que amamos a todos los queridos santos del recobro del Señor. Todas las iglesias y todos los santos buscadores sirven como verdadera consolación a cada espíritu afligido.

C. Los mansos heredarán la tierra

La secuencia de estos versículos es muy significativa. Primero, somos pobres en espíritu y así recibimos al Rey con el reino y El llega a ser nuestro contenido. Luego lloramos por la situación lamentable y somos consolados. Ahora tenemos una palabra acerca de los mansos. El versículo 5 dice: ―Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad‖. La palabra ―tierra‖ significa el mundo venidero que será subyugado. Hoy la tierra es un reino mundano regido por Satanás. Pero el día viene cuando el Señor, el Rey, volverá a poseer este mundo. Apocalipsis 11:15 dice: ―El reinado sobre el mundo ha pasado a nuestro Señor y a Su Cristo; y El reinará por los siglos de los siglos‖. El mundo mencionado en este versículo d e Apocalipsis es la tierra de Mateo

5:5.

En el versículo 5 el Señor dice que los mansos recibirán la tierra por heredad. Los que son pobres en espíritu, del versículo 3, y que lloran, del versículo 4, ahora son los mansos del versículo 5. Muchos cristianos no entienden lo que significa ser manso. No significa simplemente ser tierno, humilde y sumiso. Ser manso consiste en no resistir la oposición del mundo, sino estar dispuesto a sufrirla. Ser manso significa no pelear ni resistir. Si somos mansos y estamos dispuestos a sufrir la oposición del mundo en esta edad, recibiremos la tierra por heredad en la era venidera, como se revela en Hebreos 2:5-8 y Lucas 19:17 y 19.

En la actualidad, los que pelean ganan la tierra. Si uno no pelea, no recibirá territorio. Esta es la razón por la cual hay tantas guerras. Las naciones hacen guerra las unas con las otras para obtener más territorio para sí. La manera de los seres humanos es obtener la tierra peleando por ella, pero los que están en el reino de los cielos obtienen la tierra al ser mansos. La pelea es innecesaria, pero el ser manso es indispensable. Algunos de los jóvenes han gritado lemas acerca de ganar la tierra. La manera de hacerlo no es con lemas, gritos o peleas, sino con mansedumbre. Bienaventurados son los mansos, porque recibirán la tierra por heredad. ¿Es usted uno que pelea o es usted manso? Si quiere

heredar la tierra, usted tiene que ser manso. Cuando el Señor Jesús regrese, volverá a poseer la tierra. Sin embargo, El fue manso cuando fue arrestado, j uzgado y crucificado en el Gólgota. Cuando lo clavaron en la cruz, El no los resistió. En todos los aspectos fue manso hasta el final. Finalmente, la tierra será poseída no por los que pelean, sino por los mansos. Hace varias semanas un opositor dijo a uno de los hermanos: ―¡Vamos a detenerlos a ustedes!‖ El tiempo dirá quién será detenido. Los peleadores cesarán, pero los mansos no. Al contrario, éstos recibirán la tierra por heredad. Satanás siempre pelea, pero el Señor Jesús nunca pelea, siempre es manso . Con esto vemos que la economía de Dios está opuesta a la economía del hombre. Si usted quiere obtener la tierra, debe ser manso. Si usted no ha recibido algún territorio, puede ser indicio de que usted no es suficientemente manso. Ustedes los jóvenes deb en ser mansos en los campos universitarios. Reconozco que éste es un lenguaje celestial. Sin embargo, el Señor Jesús no dijo: ―Bienaventurados los peleadores, porque heredarán la tierra. ¡Los peleadores se apoderarán de la tierra!‖ No digamos: ―Vamos a apo derarnos de la tierra luchando‖. No. Al contrario debemos decir: ―Vamos a obtener la tierra al ser mansos‖. Tal vez usted crea que la mansedumbre está relacionada con las cosas materiales. Pero si usted considera el asunto cuidadosamente, verá que la manse dumbre no está relacionada con las cosas externas y materiales, sino con algo interior, con lo que somos en nuestro ser.

D. Los que tienen hambre y sed de justicia serán saciados

El Señor Jesús dijo en el versículo 6: ―Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados‖. Aquí la justicia se refiere al hecho de ser justos en nuestra conducta. Dicha justicia tiene que ver con lo que somos en nuestro ser interior. Sabemos esto porque en este versículo nos dice que debemos tener hambre y sed de justicia para poder ser saciados.

Para entender el versículo 6, necesitamos considerar el versículo 20, donde dice:

―Porque os digo que si vuestra justicia no supera a la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos‖. En los versículos 3 y 20 vemos dos aspectos del reino de los cielos. El verbo del versículo 3 está en el tiempo presente, y el que se presenta en el versículo 20 está en el tiempo futuro. Por un lado, el reino de los cielos nos pertenece a nosotros; por otro, entraremos en él. Si somos pobres en nuestro espíritu, la realidad del reino de los cielos es nuestra hoy en día. Pero todavía necesitamos entrar en la manifestación del reino de los cielos. Recordemos los dos aspectos del reino de los cielos: la rea lidad que se encuentra en la iglesia hoy y la manifestación que ha de ser en la parte superior del milenio en el futuro. Si verdaderamente somos pobres en nuestro espíritu, buscando a Cristo, la realidad del reino de los cielos es nuestra. Luego, en el milenio entraremos en la manifestación del reino de los cielos. Sin embargo, para poder entrar en la manifestación necesitamos la justicia insuperable, la justicia que supera a la de los escribas y fariseos. Debemos tener hambre y sed de esta justicia, o sea, buscarla, para poder entrar en el reino de los cielos (vs. 6, 10, 20). Si tenemos hambre y sed de justicia, Dios nos concederá el ser saciados con la misma justicia que buscamos. Si buscamos esta justicia insuperable, se nos dará.

La justicia es ser recto no sólo para con Dios, sino también para con el hombre. La justicia de los escribas y fariseos es bastante baja porque era la justicia según la ley.

Nuestra justicia no se debe conformar a la vieja ley, sino a la nueva ley. Veremos que la nueva ley es muc ho más alta que la vieja: La vieja ley dice: ―No matarás‖, pero la nueva dice: ―Todo el que se enoje con su hermano será reo de juicio‖ (v. 22). Con este único ejemplo vemos que nuestra justicia debe estar en un nivel más elevado que la de los fariseos. No sólo no debemos asesinar a nuestro hermano, ni siquiera debemos enojarnos con él. Esta justicia está en el nivel más elevado.

Nuestra vida natural no tiene la capacidad para alcanzar esta justicia. La justicia interior y subjetiva tiene que ser Cristo. Só lo Cristo puede satisfacer los requisitos de la nueva ley. Cuando yo era joven, leí Mateo 5. Me desanimé mucho y dije: ―De ningún modo puedo hacerlo. Simplemente tengo