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Prólogo

ué es la belleza interna? ¡Yo te diré qué es la belleza interna! Es una cosa que la gente fea ha inventado para sentirse más atractiva de una u otra manera, y para hacer que las personas bellas se sientan menos. La belleza interna, sinceramente, no

nos sirve de mucho. Seguramente creerás que estoy totalmente equivocada, pero cuando pases siendo toda tu vida un adefesio te darás cuenta… ¡Y entonces podrás juzgar mi manera de pensar! La gente dice una y otra vez que la belleza interna es la más valiosa, pero ¿a quién tratan de engañar? Todo el mundo sabe que la belleza física es la que realmente vende en el mercado pues es la que se puede mostrar a primera vista y es lo que las demás mujeres pueden

presumir; una no va por ahí diciendo “Soy una buena persona” o “Tengo un buen corazón”. Un

buen corazón ni ser la persona más buena del mundo van a conseguirte un empleo que te de comer día a día, ni te dará la aceptación de la gente que te rodea, y ¡Ni hablar de un buen marido! Sí, porque digan lo que digan, ellos sólo se fijan en qué tan hermosas son las chicas… La belleza vende, las chicas con algo en la cabeza, regularmente se quedan solas. Como lo haré yo.

¿Q

Las personas feas se juntan con personas feas, y yo tendré suerte si logro engatusar a un pobre hombre ciego que llegue amarme… o al menos, tolerarme. Créanme o no, incluso en la fealdad hay escalas, están los más o menos feos, los raros, los intelectuales… y en la cúspide, estoy yo ¡La reina de los marginados sociales! Los marginados sociales somos aquellas personas tan feas, pero tan feas, que hasta los de nuestra misma especie nos desprecian. No, no creas que exagero con esto. Tengo la gracia y el encanto mismo que una pared desnuda; para comenzar, soy olímpicamente alta, con mi uno ochenta y cinco sobrepaso a casi todos los chicos del instituto, seguramente podrás pensar que es guay, pero créeme, no lo es. Tal vez sería una perfecta modelo si tuviera una larga cabellera rubia y unos hermosos ojos verdes o azules flaqueados de largas y abundantes pestañas obscuras ¡Y lo que sería si tuviera curvas peligrosas en mi anatomía! Pero en su lugar, la naturaleza decidió hacerme fea, con toda la extensión de la palabra. Mi cabello es aburridamente extra lacio, larguísimo, sí pero de un trillado color caoba, muy común en el lugar donde vivo. Mis ojos son un par de cuencas hundidas en mi rostro, tengo pocas pestañas y son muy finitas, son del mismo color que mi cabello y están bordeados por oscuras ojeras, producto de horas interminables de estudio ¡Ah! Y cómo olvidarme de mis lentes de empollona, sí, para rematar soy una rata de biblioteca miope. A que soy un estuche monerías, ¿cierto?

¡Y no te he contado de mis escasas, por no decir inexistentes, curvas! Sí, sí, sí, a que piensas ¿puede ser peor? Pues la terrible respuesta es: Sí. Mis hombros son tan anchos como los de un chico, cuadrados y toscos; mi complexión no es ni gorda ni delgada, es más un punto medio, pero

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como dije antes, sin una sola curva. Y no me preguntes por mi busto y mi trasero… lo cuales tengo suerte de encontrar. A mis diecisiete años sigo siendo talla 32A de sostén y mi trasero inexistente se funde con mi espalda sin una sola curva de diferencia.

¡Hey, mi apodo de adefesio Swan no es por nada!

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Capítulo I

“Los adefesios también podemos brillar

C amino por los aburridos y simétricos pasillos del instituto camino a mi próxima clase, cuando me encuentro con una pequeña sorpresa en mi casillero. Frunzo el ceño, tratando de averiguar qué rayos está colgado de la manigueta de mi casilla, pero no es hasta que estoy frente a él, que me doy cuenta que se trata de una máscara de

Halloween.

A mí alrededor se escuchan las risitas nerviosas del alumnado que está expectante a mi reacción. Siento ganas de llorar ¿por qué pensé que ese año sería distinto a los demás? Observo la máscara, sin atreverme a tocarla todavía. Se trata de una máscara de bruja, con nariz encorvada y un lunar grande y peludo en la mejilla; al lado de la máscara hay un pequeño post-it en donde han garabateado en letra cursiva un mensaje para mí.

“No nos obligues a ver tu horrible rostro por los pasillos. Ponte esto y haznos un favor.”

Alzo la mano para coger la máscara, pero en ese preciso momento una mano bronceada me arrebata la máscara y la estruja entre sus dedos largos y fuertes. No necesito darme la vuelta para saber de quién se trata, pues podría reconocer esa piel color canela y esas manos en cualquier parte del mundo.

¿Acaso no tienen clase? ¡Largo de aquí que no hay ninguna función que mirar! espetó mi eterno salvador, Jacob Black.

Jacob Black ha sido mi amigo desde que tengo memoria, siempre ha estado ahí para defenderme y para cuidar de mí. Jamás ha parecido molestarle mi fealdad, y se ha arrastrado a sí mismo a la categoría de los marginados sociales cuando él posee un físico de encanto. Es la persona más hermosa que ha estado a mi lado hasta ahora. Jacob usualmente se la pasa por mi guardaespaldas ya que me defiende de los chicos que tratan de pasarse de listos conmigo e intentan burlarse de mí, se lo agradezco porque en un momento, cuando yo era una pequeña niña ingenua, llegué a caer en las manos de más de uno de esos chicos crueles que creían que era divertido jugar con los sentimientos de adefesio Swan.

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Debido a que es un chico, y a que tiene fuertes principios sobre no meterse con chicas, las únicas que se mantienen fuera de su radar de protección son las chicas, con las cuales tengo que lidiar yo misma.

Suelto otro suspiro y abro mi casilla, cambio mi libro de algebra por mi cuadernillo de música y lo meto a duras penas en mi bolso. No le presto mucha atención a los presentes, ya que tanto ellos como yo sabemos que esta es una broma por parte de Jessica Stanley y su séquito de descerebradas.

Hey, ¿estás bien? pregunta, tratando de coger mi mochila.

Le doy un empujón para quitármelo de encima, no necesito que nadie cargue con mis cosas.

No necesitaba de tu ayuda le gruño, encaminándome al salón de música. Vamos, nena, no te molestes bromea él.

Hago un gesto, desde siempre me ha llamado “nena”, pero aún sigo esperando que lo diga con algún rastro de sarcasmo, aunque sé muy bien que Jacob nunca sería capaz de lastimarme.

¿Tienes música? pregunto, al ver su cuadernillo de notas. Síp responde, regalándome una de sus sonrisas de ensueño.

No me puedo resistir, le respondo con mi mejor sonrisa. Al menos mis dientes son derechos y lindos, pienso.

Llegamos al salón de música y la profesora Greene nos recibe con una extensa sonrisa con perfectos dientes blancos. Ella es una profesora nueva que viene de una prestigiosa escuela de Seattle, nadie sabe porque decidió renunciar a ese magnífico trabajo y exiliarse a este pueblito. Sinceramente, es la primera vez que voy a tomar música como asignatura optativa, pero ya que Jessica y su séquito acaparaban artes y que el profesor Masen impartía Biología este periodo, no me había quedado más que elegir Música.

No me mal interpreten, no es que no me guste la materia, simplemente es que padezco un poco de pánico escénico, y el hecho de pensar en que tengo que cantar frente a toda la clase para que la profesora pueda calificarme, hace que me tiemblen las rodillas y mi pulso se acelere.

No tienes de qué preocuparte, nena dice Jake, al ver que vacilo frente a la puerta del aula. Vas a dejar a todo el mundo sin habla tan pronto comiencen a vibrar las notas en tu voz, ya lo verás.

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Negué con la cabeza. Jacob me había escuchado cantar antes, mi madre era músico compositor y en ocasiones yo interpretaba sus letras.

No estoy nerviosa de eso, Jake digo, con un hilo de voz. Tengo miedo de lo que la gente pueda pensar ¡Mírame! Soy adefesio Swan, yo no brillo ni poseo cosas bonitas porque la naturaleza decidió que sería fea por el resto de mi vida.

La mirada de Jake se endurece y sus labios carnosos forman una fría y dura línea, su ceño se frunce y niega una vez con la cabeza.

Has estado escuchando tanto a Jessica y su séquito que ya hasta te crees sus mentiras me riñe. Mueve tu trasero ahí dentro y muéstrales a todos lo que adefesio Swan puede hacer.

Su voz es dura y sé que no puedo objetar nada. Vuelvo mi vista a la puerta cerrada y, tras un sonoro y prolongado suspiro, la empujo para abrirme paso dentro del aula. La profesora Greene está sentada sobre su escritorio, llevando pantalones vaqueros y una camiseta floreada holgada, su cabello rubio platinado está recogido en un elegante moño.

Adelante chicos sonríe al vernos a Jake y a mí en la puerta. Siéntense donde les plazca, tenemos mucho lugar este semestre se ríe, como si disfrutara de una broma privada.

Ruedo los ojos y arrastro una silla al final de la clase y me siento sin prestarle atención a las miradas de mis compañeros; Jake se sienta a mi lado, pero ni si quiera su presencia puede disminuir mi repentino mal genio.

Estaba diciéndoles a los chicos que este año la solista del coro estudiantil ya no se encuentra en la escuela porque ha finalizado sus estudios en el Instituto y ahora vive en Canadá nos informa la profesora, como si eso nos importara. Y que he decidido hacer una convocatoria para escuchar todas las hermosas voces del alumnado, ¿les gusta la idea?

Desvío la mirada hacia la ventana, donde la lluvia se estampa silenciosamente con el cristal. No quiero contestarle y no quiero cantar para la clase, sólo quiero que ese tormentoso semestre de música termine pronto.

Creo que es una buena idea responde Jacob y puedo apostar que ha empleado una de sus sonrisas de encanto. Sobre todo teniendo talento como el de Bella en el instituto.

Alarmada, lo volteo a ver. Mis ojos se abren como platos ¿cómo pudo ser capaz de hacerme eso? ¡Sabe mejor que nadie que odio cantar en público!

Oh, ¿en serio? la mirada inquisitiva de la profesora se ha fijado en mí.

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Por supuesto que no murmura una chica de la clase, su nombre es Lauren, y es una de las descerebradas del séquito de Jessica, ¿cree realmente que eso puede cantar? se ríe¡Si muy apenas puede hablar!

Una ola fresca y profunda de risas se levanta en el aula. Deseo ser fuerte, deseo mostrarles que yo también puedo brillar y que adefesio Swan puede hacer más que ir por ahí asustando a la gente con su feo rostro.

Entonces hago algo que nunca antes he hecho: Me levanto de mi lugar y miro amenazantemente a Lauren.

Acto seguido, las risas cesan. Todos se preguntan qué es lo que haré, escucho murmullos diciendo que tal vez golpee a Lauren y otros más apuestan que saldré llorando como lo he hecho siempre. Pero no hago ni una cosa ni otra.

Observo a Jake, quien sigue sentado a mi lado. Me dedica una sonrisa y un leve asentimiento de cabeza, infundiéndome ánimos.

Tú puedes, nena susurra, suficientemente bajo para que sólo yo pueda escucharlo.

Sonrío y miro directamente hacia la profesora, quien está expectante a ver mi reacción. Nadie espera que adefesio Swan comience a cantar, pero eso es precisamente lo que hago.

Abro mi boca, cantando una de las primeras letras que canté para mamá. Dejo que mi brillo interior me abrace y me caliente las mejillas mientras vocalizo cuidadosamente la dulce melodía que habla sobre encontrar los tesoros que hay detrás de una puerta negra y pesada, donde lo que está detrás de ésta le es desconocido al intérprete. Siento que mi pecho sube y baja mientras trato de respirar pausadamente para lograr encontrar las notas más altas. Mi diafragma se contrae cuando me encuentro cerca del final del primer estribillo. Mis manos se cierran en puños, mientras siento la miel que emana de mi voz.

Termino el primer estribillo de mi canción con una perfecta nota alta y me doy cuenta de que el silencio que me rodea es pesado. Mis ojos están fuertemente apretados y, temerosa, los abro y observo a mi clase. Mis compañeros se han quedado petrificados en sus lugares, en el rostro de Jake hay una sonrisa triunfal y sé que lo he hecho estupendamente bien, la profesora me mira con ojos desorbitados.

Wow susurra la profesora, saliendo primero de su estupor—. Eso fue… increíble. Isabella, posees una voz hermosísima.

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Asiento y le dedico una tímida sonrisa a la profesora, deseosa de que la clase termine pronto y que mis compañeros puedan dejar de mirarme como si me hubiese crecido una segunda cabeza más fea que la primera.

Lo has hecho genial murmura Jake, apenas me siento. Me has dejado con la piel chinita.

Me rio por lo bajo.

Isabella, ¿tomas clases de canto? pregunta la profesora. Yo niego con la cabeza. Tu afinación es casi perfecta me sonríe. Te felicito.

Sonrío una vez más y bajo la mirada a mi libreta de apuntes. La profesora no hace ni un solo comentario más y llama la atención de mis compañeros, quienes poco a poco dejan de mirarme con esa extrañeza.

Resulta que la clase de música me es bastante tranquilizante y me siento feliz mientras la profesora experimenta con nuestras voces, haciendo que cantemos de todo un poquito. Finalmente la clase termina y estoy feliz de poder irme a casa, pero la profesora Greene me pide

un momento.

Aún me encuentro fuera de mí comienza, cuando el aula se ha quedado vacía y sólo estamos nosotras dos. Tu voz es tan delgada como alcanzar las notas más difíciles y tan gruesa para interpretar el resto de las notas sin problema, y eso, mi querida Isabella, es un don. Gracias susurro, apenada. Quiero que te unas al coro suelta de repente. Contigo, sin duda le ganaremos al coro de Seattle. Yo no canto en público respondo, cortante. ¡Pero lo has hecho hoy! Es diferente. He visto los concursos de coro escolar y hay miles de personas y yo no podría cantar frente a tantas personas. Piénsalo, aunque sea un poquitín, ¿sí?

Deseo decirle que no, pero su mirada suplicante puede más.

De acuerdo acepto. Lo pensaré, pero no le prometo un sí.

Ella aplaude, emocionada.

Con que lo consideres con la cabeza fría es más que suficiente responde.

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Capítulo II

“Ellas están locas”

P aso todo el día sopesando los pros y los contras de unirme al coro de la escuela, y finalmente decido que no me uniré. El coro de la escuela necesita una solista hermosa, con una larga cabellera sedosa y una sonrisa deslumbrante que logre transmitir el sentimiento

del que van cargadas sus notas con su hermosura externa.

Mamá llega cerca de las nueve, ha tenido que ir una reunión con un tipo que está interesado en

sus letras y las quiere para que cantantes famosos las interpreten. Ella está chillando de alegría

mientras me cuenta lo estupenda que estuvo la reunión y que al final terminaron firmando un contrato en el que decía que mamá tenía que entregarles tres canciones nuevas para incluirlas en el

disco de un nuevo cantante que sería lanzado dentro de dos semanas.

Tengo tanto que trabajar, tanto en qué pensar y necesito toda mi imaginación y creatividad canturrea mientras se mueve por la cocina, preparando la cena. Serán unas dos semanas muy duras pero sé muy bien que en cuento alcance mi nivel óptimo de inspiración, todo se volverá un borrón y en menos de un santiamén tendré las tres letras escritas y puede que hasta más.

Mamá está realmente feliz y es imposible no contagiarse. Ella era una mujer hermosa y con una imaginación sorprendente, cuando piensas que no puede hacer algo mejor ¡zaz! Te sorprende de

una y mil maneras distintas.

Vaya, mamá, estoy muy orgullosa de ti la felicito, sirviendo cuatro tacos en mi plato. Será complicado, pero tengo fe absoluta en que lograrás sacarlo adelante, como siempre.

Mi madre me dedica una sonrisa confiada y nos trasladamos a la mesa para comer nuestra cena.

Y, ¿cómo estuvo tu día? pregunta, observándome ansiosamente. Pues Jessica Stanley y su séquito colgaron una máscara de Halloween en mi casillero con una nota que decía que les hiciera un favor y me pusiera eso para que no tuvieran que ver mi horrendo rostro por los pasillos.

El ceño de mi madre se frunció y su rostro pareció compungido.

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Afortunadamente Jake estaba cerca y me ahorró la pena de tener que coger la máscara yo misma agrego, antes de tomar un sorbo de mi coca cola.

—Hm… ¿no has hablado con nadie al respecto? No me gusta que esa chica te esté molestando todo el tiempo.

Me encojo de hombros.

Ya estoy acostumbrada a ellas y la verdad es que me viene en gana lo que hagan para molestarme, creo que finalmente estoy aprendiendo a ser inmune a sus bromas crueles respondo, lo más serena posible.

Mi madre sonríe, orgullosa.

¿Alguna otra cosa digna de mención? pregunta, tras un momento. No respondo, tratando de sonreír.

¿Y la clase de música? presiona, sonriendo maliciosamente.

¡Lo

sabía! Ella lo sabía y sólo me estaba probando.

Suelto un suspiro y la miro largo y tendido antes de responderle.

¿Con quién hablaste? pregunto. La señorita Greene me llamó responde. Está muy interesada en ti, Bella. Le dije que no canto en público gruño, escudándome en mi cena. Fue lo mismo que le dije yo, pero ella insistió y fue entonces que le dije que tenías pánico escénico y ella me aseguró que pueden trabajar en ello continua, sin darse cuenta que todo ese royo de ser la solista del coro estudiantil me pone de malas. Creo que sería una gran oportunidad, podría escribir letras especiales para ti y te lucirías con tu magnífica voz.

La miro de reojo y me doy cuenta de que vuelve a estar iluminada por la brillantez de la ilusión

que le provoca ver a su pequeño monstruito superar sus miedos.

Niego con la cabeza, frenando así su dialogo eterno.

No voy a cantar, ya lo he decidido respondo, secamente.

¿Por qué? pregunta, desilusionada.

¡Mírame! grito, poniéndome de pie totalmente enfadada. Estoy molesta conmigo misma,

con ella, con la señorita Greene y con Jacob por haberme metido en eso desde un principioNo

tengo materia para ser una solista, tal vez tenga la voz pero no la apariencia. Siempre he

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escuchado que para ser algo, una debe parecerlo primero ¡Y yo no me parezco en nada a una solista!

Salgo del comedor pisando fuerte, deseando con todas mis fuerzas tener un cuerpo más estilizado

y una cara menos fea; creo que nunca lo he deseado tan fuerte como en este momento. Amo

cantar, es lo único que me mantiene a flote en este asqueroso barco que es mi vida. Cantar me brinda paz y tranquilidad, me hace sentir linda de una u otra manera y cuando abro mis labios e inflo mi diafragma para sacar las notas más altas, siento como si una luz me señalase, diciendo a

todo el mundo “Mírenla, ella realmente es hermosa”.

Mamá toca a mi puerta, y pese a que le grito que deseo estar sola, ella penetra en mi coraza y se sienta junto a mí en la cama. Yo estoy moqueando sobre la almohada y sollozando silenciosamente. Ella levanta una mano y acaricia mi cabello de manera maternal, eso me hace sentir extrañamente más tranquila y pronto soy capaz de erguirme y dejar de moquear.

Cariño, no tienes que parecer una Barbie para ser una cantante susurra, aun acariciando mi cabello. Tu voz es hermosa y te hace lucir hermosa de una manera mística y única. Cuando cantas, tu voz vibra con potencia y te envuelve en una burbuja de perfección; no necesitas una cara bonita que vaya de acuerdo con tu voz, porque tu cara va perfectamente con ella. ¿Estás diciendo que mi voz es fea? gimo. No se ríe, claro que no, cariño. Lo que estoy diciendo es que si tuvieras una cara bonita y una voz como la que tienes ahora, no serías más que una cantante más del montón vuelve a acariciar mi cabello y estaba vez baja su mano para acariciar mi mejilla. Con tu carita y tu hermosísima voz, te conviertes en un diamante en bruto que brilla por su rareza y su valor.

Sus palabras son confusas pero me hacen sentir mucho mejor y me encuentro sonriéndole. Mi madre siempre encuentra la manera de hacerme sentir mejor, y si no lo logra con palabras, me invita a su salón de música y tocamos por un largo rato.

Salta fuera de mi cama y me tiende una mano en cuanto la sonrisa se posa en mis labios y sé que

es nuestro momento de inspiración. Me dejo guiar fuera de la habitación, hacia nuestro lugar feliz

donde podemos pasar horas y horas perdidas entre notas musicales y letras angelicales, marcando

el compás con nuestras voces de soprano bien afinadas.

Esa noche me voy a la cama creyendo fervientemente las palabras de mamá “eres un diamante en bruto que brilla por su rareza y su valor”. Cuando cierro los ojos, sus palabras pasan flotando tras mis parpados cerrados y me arrullan hasta caer rendida en brazos de Morfeo.

Al día siguiente mamá me levanta con un beso en la mejilla y canturrea que hoy será un gran día. Ella está emocionada por comenzar a escribir, y no la culpo, yo he escrito algunas canciones

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aunque lo mío en realidad es interpretarlas y agregarles la música, aun así se lo emocionante y divertido que resulta todo cuando tienes inspiración.

Mamá prepara un desayuno de huevos con tocinos y zumo de naranja fresco mientras canturrea por toda la cocina, y yo, eventualmente, me contagio de su buen humor. Al llegar al Instituto, Jake me espera recargado en su auto y sonríe abiertamente al verme acercarme a él.

Hola, nena saluda. ¿Lista para brillar? Listísima le sonreí.

Él suelta una carcajada y me tira uno de sus enormes brazos a través de los hombros y nos encaminamos juntos a la primera clase. Estamos a mediados de agosto y el calor finalmente nos esta dando tregua; a principios de septiembre tenemos el gran baile de aniversario en el que se celebra la fecha que un par de profesores fundaron el Instituto hace poco más de ochenta años. Nuestros abuelos asistían a clases en medio de un bosque y cuando nuestros padres llegaron, el instituto apenas era un conjunto de aulas móviles con tablas chirriantes y sucios baños móviles.

¿Este año si vendrás al baile de aniversario? pregunta, cuando pasamos un colorido cartel

que anuncia que este año el baile de aniversario será temático y debemos vestirnos con ropa que usaban nuestros padres en los ochentas.

¿Por qué vendría? respondo.

¿Eres tonta? ¡Te estoy invitando a venir, nena! exclama, soltando mis hombros y obligándome a detenernos.

¿Por qué?

¿Por qué le das tanta vuelta al asunto? se lamenta, negando con la cabeza mientras sonríe¿Quieres venir conmigo al baile de aniversario?

Lo observo, deseosa de encontrar algo que me dé indicios de que está bromeando pero no encuentro absolutamente nada ¿Está hablando en serio?, ¿por qué quiere invitarme? Nunca lo ha hecho, pese a que somos los mejores amigos y salimos de vez en cuando a comer hamburguesas o piza pero nunca me ha invitado a un baile o una fiesta ¡Y a él sí que lo invitan a esas cosas!

Puedes ir con cualquier otra chica guapa, ¿qué tal la chica del año pasado? Su nombre era Carrie, ¿cierto? Sí, su nombre era Carrie pero no quiero ir con ella, quiero ir contigo, nena insiste.

Su insistencia en que vaya con él al baile me hace sentir incómoda, le doy un empujón con mi hombro y me apresuro a llegar al salón de clases, dando por zanjada nuestra conversación.

Entramos a literatura, con mi profesor favorito, y me dejo envolver por las suaves palabras pronunciadas de la exquisita boca de mi profesor. Me olvido de todo y me dispongo a

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simplemente observar y escuchar embelesada mientras nuestro maestro recita con voz tersa y romántica a Romeo.

Paso la mayor parte del día manteniéndome lejos de Jake para que no pueda seguir tomándome el pelo con eso de que vayamos juntos al baile de aniversario, ¿por qué quiere ir conmigo cuando ambos sabemos que hay una fila de chicas que están a la espera de que él les dirija al menos una sonrisa o una mirada de refilón? ¡Porqué yo! La cuestión no me deja concentrarme en el resto de mis clases, por más que deseo sacar el tema de mi cabeza, es imposible. Estoy hecha un lío y me he provocado jaqueca por andar dándole tantas vueltas al asunto.

Llego a música de mal humor y con cara de pocos amigos, uno que otro se gira para mirarme y escucho sus cuchicheos como siempre que paso frente a ellos, seguramente están criticando mi fealdad y organizando alguna revolución para sacarme finalmente del Instituto… no sería la primera vez.

La profesora Greene pasa a cada uno de mis compañeros al frente para escucharles cantar y así se va la mayor parte de la clase. Yo me hundo en mi pupitre y me aíslo de todos, Jake no se ve por ningún lado y estoy agradecida de ello porque no quiero tener que lidiar con él también. Cuando la campana nos avisa que somos totalmente libres, espero a que todos salgan del salón para quedarme a solas con la profesora Greene.

Mi corazón golpetea fuertemente en mi pecho y siento que me falta el aire, segundos antes estaba totalmente convencida de que unirme al coro sería una buena idea porque había estado manteniendo las palabras de mamá en mi cabeza pero ahora que estaba a punto de dar mi respuesta final, flaquee en mi respuesta. ¿Realmente quería estar frente a millones cantando una canción hermosa cuando yo era un monstruo?

¿Bella? Pregunta la profesora Greene al verme indecisa frente a su escritorio.

Levanto la vista hacia ella y sus ojos cafés me dan animos para al fin abrir la boca.

—Yo… hm… quería darle mi respuesta sobre unirme al coro —respondo, jugueteando con el cierre de mi bolso. Oh se pone seria de repenteY ¿qué pensaste?

Clavo mis ojos fijos en los de ella, los míos lucen vidriosos, lo sé porque siento que unas lágrimas injustificadas están picando sin contemplación mis pupilas. Dentro de los ojos de ella veo el deseo ardiente de que acepte su propuesta, pero mi miedo es tan grande… no estoy segura de que pueda hacer eso.

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—Creo que… yo… —mi voz dueña chillante, casi al borde de la histeria. Ahora estoy temblando y repentinamente comienzo a sentir muchísimo calor.

¿Quieres acompañarme a tomar una taza de té? pregunta, dándose cuenta de la situación en la que me encuentro.

Asiento, sin parpadear.

La profesora Greene me da una sonrisa extendida y toma sus libros para encaminarse a la puerta y abrirla para mí. Yo estoy congelada en mi lugar, incapaz de moverme. De momento he olvidado cómo hacer que mi pierna se levante y de un paso para luego mover la otra y comenzar así a caminar. Tardo un largo y eterno minuto en poder encaminarme a la puerta y salir del salón, la profesora Greene no parece molesta ni mucho menos, la sonrisa en sus labios es verdadera y me tranquiliza.

Me lleva en su auto a una pequeña cafetería en el centro de la ciudad donde ordenamos una taza de té tibio y nos sentamos en una pequeña y apartada mesa cercana a la ventana donde puedo ver pasar a chicos cogidos de la mano y a chicas guapas en sus autos de último modelo.

¿Cómo te va en tus clases, Bella? pregunta, mientras esperamos nuestros tés.

Bien, tengo un examen de literatura mañana pero no preocupo mucho respondo,

encogiéndome de hombros. Es mi asignatura preferida.

Ella sonríe.

También era mi asignatura favorita cuando iba en el Instituto murmura ella.

La miro largo y tendido antes de responder.

¿Y por qué eligió música al final?

Ella sonríe tristemente y siento que me estoy metiendo en cosas personales, intento meter el freno de mano y decirle que no es necesario que me lo diga, que no era mi intención que recordara algo que le traía demasiados recuerdos.

La vida, mi querida Bella, está llena de recuerdos y es imposible huir de ellos responde, porque viven dentro de nuestras cabezas y nuestro subconsciente reproduce precisamente aquellos momentos que deseamos olvidar con todas nuestras fuerzas. Somos humanos, y el dolor de los recuerdos siempre será una constante en nuestras vidas sin importar que tan largas sean estas. Tiene razón murmuro, impresionada por lo que me acaba de decir.

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La verdad es que lo leí por ahí dice ella, entre risas. Pero el contexto es el mismo, ¿no? se vuelve a reír. Te diré Bella que elegí música porque no pude dedicarme a ser escritora, escribir y cantar mis propias letras era a lo más que podía aspirar, así que lo tomé gustosa.

¿Usted escribe las canciones para el coro? pregunto.

Ella asiente.

Sí, nuestro coro es conocido por ello desde que tomé el mando de él y estoy muy feliz con eso, en Seattle nunca tuve la maravillosa oportunidad de brillar como lo hago aquí.

¡Así que por eso se había mudado aquí!

Pero, tengo entendido que el coro de Seattle es el mejor de todos. Sí, pero no es lo que yo necesitaba dice con simpleza. Como una escritora de alma te digo que el bullicio de la ciudad no era muy mi estilo, justo como aquellos escritores de época deseo aislarme del mundo y zambullirme en mi propia burbuja. Me gusta Forks porque es pequeño y no llama la atención, justo como yo. Pero usted sí que llama la atención le corrijo. Es muy guapa.

Ella se ríe, nerviosa. Y aparta un mechón de su sedoso cabello.

Tal vez sea guapa, pero eso no siempre trae consigo la felicidad su rostro está sonriente, pero sus ojos lucen tristes y apagados, como si se hubiera sumido en un pasado doloroso. Si fuera como yo, pensaría totalmente diferente.

¿Por qué dices eso? pregunta, regresando a la realidad y frunciéndome el ceño.

A usted seguramente no la molestaron en el colegio ni en el instituto, usted probablemente tenía una cola de chicos anhelando que se dignara a volver el rostro en sus direcciones dije, sintiendo que una pequeña chispa de ira se detonaba en mí. A usted no la señalaban con el dedo y apuesto a que los niños pequeños acudían a usted como abejas a la miel.

La señorita Greene me mira sin decir ni una sola palabra y siento que mis mejillas están ardiendo por mi arrebato. Ella me da una sonrisa y se aclara la garganta.

Bella, si crees que eres fea le darás el poder a las personas para decir que lo eres y hacerte daño.

La miro mal.

Usted no sabe nada siseo¡Usted no sabe nada! Tienes razón responde ella, serena, yo no sé nada pero si me lo permites, me gustaría saber. Desconcertada, le frunzo el ceño.

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¿Qué quiere decir con eso? murmuro.

Permíteme ser tu amiga, Bella. Yo no tengo amigas. La gente no me quiere. Jacob es tu amigo. Jacob es un idiota más miope que yo espeto, furiosa. Por favor, Bella, déjame ser tu amiga insiste.

¡¿Por qué?! chillo, sintiendo como las lágrimas pican cada vez más mis ojos. Porque eres hermosa, y deseo rodearme de gente hermosa como tú responde.

¡Ese es el colmo! Me pongo de pie, y la observo desde lo alto.

¡No quiera burlarse de mí! le gritoUsted solamente quiere reírse de mí como lo hacen lo

demás, ¿verdad? ¿Cómo puede decir que soy hermosa cuando el resto del mundo me recuerda día a día que soy un adefesio? Entonces el resto del mundo está ciego responde, sin alterarse.

Aprieto los dientes y mis manos se cierran en puños.

¡Basta! chillo.

O tal vez la ciega soy yo reflexiona en voz alta. Tal vez sea yo la ciega, pero sabes una cosa, me gusta estar ciega.

¿De qué diablos está hablando?

Te lo diré, pero siéntate, por favor implora.

Suelto un suspiro y miro a mi alrededor, nuestra mesa es la más apartada y me doy cuenta de que afortunadamente nadie está prestando atención a nuestra pequeña disputa.

Me siento en mi silla y la observo, con un dejo de enojo en los ojos.

Yo no creo que seas fea, Isabella. Sólo que el mundo es demasiado superficial, y ser superficial es el peor de los defectos comienza. Si tú dices que el mundo no está ciego, entonces la ciega soy yo y créeme que soy feliz siéndolo porque así puedo ver el mundo como a mí me plazca ¡Y eso es divertidísimo! Usted está loca espeto, enfurruñada. O tal vez todo el mundo está loco y las únicas cuerdas somos nosotras dos responde, sonriente. Definitivamente está loca, no hay duda respondo.

Ella me dedica una sonrisa enorme.

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Únete a nosotros en el coro suelta. Será divertido.

Me quedo en silencio, recordando mi plática con mamá la noche previa.

No tengo lo que se necesita murmuro al fin. Usted necesita una solista hermosa que también diga con su rostro cuan hermosa es la canción.

La profesora resopla.

¿No tienes una excusa mejor? pregunta.

No es una excusa, es la verdad debato. Pues tu verdad es falacia. Una cantante interpreta con el alma, canta desde el corazón y no necesita la compañía de una cara bonita para transmitir sus sentimientos al público que la escucha

responde.

Me quedo en silencio una vez más, saboreando las palabras de la señorita Greene. Tal vez tenga razón, tal vez si me doy la oportunidad pueda mostrarle a todo el mundo que no se necesita ser guapa para poder subirse a un escenario y cantar con el corazón en la mano. La idea me excita tanto que me sorprendo sonriéndole a mis pensamientos.

Está bien digo al fin.

¿Serás nuestra solista? pregunta, esperezada. Sí.

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Capítulo III

“El Coro Estudiantil de Seattle”

R egresamos al instituto puesto que he dejado mi auto ahí y me despido con un gesto de la señorita Greene. La verdad es que me la he pasado muy bien con ella, está un poco chiflada pero su manera de plantear las cosas es inigualable.

Al llegar a casa me tumbo en la cama con una sonrisa pintada en el rostro, me quedo dormida imaginándome a mí misma sobre un escenario cantando una canción que la profesora Greene escribió especialmente para mí y derramando mi brillo interior hacia todos los presentes.

Despierto cuando mamá llega y me veo obligada a bajar a recibirla, ha estado en un lugar apartado todo el día para tratar de incitar su imaginación pero me asegura que su cabeza está más seca que un desierto y que ninguna idea surgió. Se tira derrotada en uno de los sofás y gime contra los cojines mientras yo le aseguro que eso es perfectamente normal y le recuerdo que ya ha trabajado bajo presión antes y que siempre sale victoriosa.

¡Siempre hay una primera vez para fracasar! gime más fuerte. Pero no para René Swan le regaño.

Ella se incorpora y me mira largo y tendido, luego hace un puchero y ambas soltamos una risotada. Amo a mi madre y a su manera tan infantil de ser, ella dice que soy yo quien debería ser la madre porque me comporto más como un adulto que ella misma, y a decir verdad, está en lo cierto.

¿Quieres escuchar una buena noticia? trato de animarla.

¡Claro!

Bueno, pues acepté ser la solista del coro estudiantil respondo, sonriente. ¿De verdad? ¡Por un momento creí que no aceptarías! Te veías tan consternada por la proposición y parecías molesta. Lo sé, lo sé, pero tuve una larga charla con la señorita Greene y ella terminó convenciéndome con una sarta de ideas chifladas.

¿Ideas chifladas?

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¡Sí! Mi profesora de música es una loca, ¿puedes creerlo? Creí que era una persona cuerda y bastante sensata ¡Pero menuda sorpresa que me he llevado al darme cuenta de la verdad! Esta loca

y ella no lo niega como lo haría una persona normal. Es extraña, pero me cae bien me rio y

miro a mamá. Creo que puedo hacer esto, y realmente quiero hacerlo. Necesito mostrarles a todos lo que puedo hacer.

Mamá alza una mano y acaricia mi cabello como lo hizo la noche anterior y me sonríe amorosamente.

No hagas las cosas para demostrarle algo a los demás, hazlo porque tú quieres hacerlo susurra. Así tus logros sabrán mejor.

Le regreso la sonrisa, y me sorprende atrayéndome hacia su pequeño y menudo cuerpecito. Nos

quedamos un buen rato conversando sobre la loquera de mi profesora de Música antes de decidirnos a ir cenar. Me voy a la cama a las once, después de haber terminado todos mis deberes. Mamá se queda en el saloncito de música porque, según ella, en medio de la oscuridad las ideas surgen mejor.

Envuelta en las sábanas y en la oscuridad de mi habitación, dejo que mis pensamientos vaguen sin rumbo alguno mientras espero caer en un profundo y reconfortante sueño. Mi subconsciente trae

a mi memoria la charla con la señorita Greene, mi pequeñísima disputa con Jacob y de pronto

recuerdo que no le vi después de Literatura. Hago una nota mental para buscarle mañana y decirle

cuán alagada me siento por su invitación pero que no tengo la más mínima intención del ir al baile de aniversario.

Al

día siguiente no encuentro a Jacob en recargado contra su auto, esperándome, y eso hace que

mi

corazón se sienta pesado y pequeño ¿Le ha afectado tanto mi sutil rechazo a su invitación? El

conoce perfectamente bien y sabe que no se bailar y que odio los bailes porque las personas se vuelven más superficiales de lo que ya son.

me

El

pupitre a mi lado en clase de literatura se la pasa vacío toda la hora y no puedo concentrarme

en

la sedosa voz de mi profesor porque estoy demasiado ocupada preguntándome dónde podría

estar metido Jacob. Tampoco le veo en el almuerzo, por lo que tengo que sentarme sola en nuestra mesa del rincón y meter mi nariz en un libro mientras espero que el fastidioso timbre

suene y me diga que puedo ir por fin a mi próxima clase.

Más tarde, en música, lo encuentro sentado al fondo de la case. Me acerco a él con paso firme y

mi ceño fruncido; me planto frente a él y cruzo mis brazos sobre mi pecho.

¿Dónde estabas? pregunto, con una voz para nada amistosa.

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Mi

mejor amigo levanta la cabeza lentamente y me dedica una sonrisa que me deja entre ver que

no

ha estado haciendo nada precisamente bueno.

Fui a Port Angeles dice, con un encogimiento de hombros.

¿A qué? pregunto, con cuidado.

A comprar mi traje para el baile de aniversario contesta. No quiero que te avergüences

porque tu compañero vaya todo zarrapastroso.

Mi ceño fruncido se asienta y dibujo una fina línea con mis labios apretados.

Yo no te dije que iría contigo al baile de aniversario digo lentamente para que le entre en esa cabezota hueca. Pero irás conmigo, ¿cierto? Sé que me dirás que sí responde, confiando.

¿Y cómo lo sabes?

Si aceptaste ser la solista del coro estudiantil del Instituto, creo que también puedes aceptar ser

mi

cita en el baile de aniversario.

Lo

miro perpleja e incapaz de emitir palabra alguna, mis ojos parpadean rápidamente y siento

unas tremendas ganas de tirarme del cabello y comenzar a gritar con todas mis fuerzas ¿Por qué

no puede comprender que no quiero ir al baile de aniversario?

Así que es verdad continúa, cruzándose de brazos. Admitiré que tenía mis dudas de que el rumor fuera verdad pero tu reacción me lo deja claro.

¿Quién te lo dijo? chillo.

A esta hora todo el mundo lo sabe contesta. La profesora Greene les dijo a las chicas del coro estudiantil que tú serías la nueva solista y ellas difundieron la noticia.

Aparto mi silla y me dejo caer encima, abanicándome el rostro colorado con la mano y sintiendo el calor en mi cuerpo. ¡Dios, no quiero ni pensar en lo que Jessica y su séquito harán cuando la noticia llegue a sus oídos!

No te pongas así murmura, colocando una mano en mi hombro, la vida puede comenzar a sonreírte de ahora en adelante.

Le dedico una mirada fulminante y me irgo en mi asiento.

¡Todo esto no estaría pasando si no hubieses abierto tu enorme bocota! Siseo¡No quiero ni imaginar en lo que me harán Jessica y su séquito! No te harán nada suelta, ceñudo. Eso es lo que dices respondo, enfadada.

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Jake abre la boca para decir algo, pero en ese momento entra la profesora Greene con una pila de libros sobre la historia de la música, los cuales deja sobre su escritorio y después se vuelve frente a la clase con su sonrisa brillante y armoniosa. Nos manda a formar parejas y va poniendo libros en nuestras mesas, uno por mesa, cuando llega a mi mesa me sonríe y luego mira a Jake.

Jacob, ¿podrías ir a hacer pareja con Cathy? pregunta, señalando a una chica de bucles doradosAlice, ven a sentarte con Bella, por favor.

Miro espantada hacia Jake, quien ha comenzado a ponerse de pie. Me mira de soslayo y me dedica una sonrisa esquinada.

Tranquila, nena, sé que no puedes estar sin mí pero no es bueno privar a las demás de mi presencia. No seas tan egoísta bromea, cogiendo su mochila y poniéndola sobre su hombro.

Le respondo la sonrisa, sé que él tampoco quiere irse pero no podemos hacer nada. Dejo caer el

peso de mi mirada sobre la señorita Greene y me encuentro con una mirada tierna y agradable, ella me sonríe y deja un libro sobre mi mesa.

Van a hacer un resumen de la historia de la música, pero mucho cuidado con lo que escriben

en sus libretas porque les mandaré a exponer sus resúmenes y más vale que los dominen a la perfección señala la profesora.

Una chica menudita con corto cabello negro y peinado en diferentes direcciones viene a sentarse a

mi lado, deja su enorme bolso de prada original sobre la mesa y me gira para sonreírme.

Hola, Bella canturrea con una voz suave y aterciopelada.

Asiento cortantemente con la cabeza y abro el libro que la profesora ha dejado en mi mesa. Alice extiende la mano y me cierra el libro, luego lo coge y lo pone debajo de su asiento.

¿Qué haces? pregunto, irritada. No tenemos que hacer esa tarea absurda contesta, aun sigue sonriendo.

La miro boquiabierta y pierdo la habilidad de hablar, ¿cómo puede decir eso?

Ella lo entenderá, de hecho le ha pedido a Jacob que ocupe mi lugar porque quiere que tú y yo hablemos dice. ¿Por qué ella querría que hablemos? digo hostilmente.

Odio a las personas, las he odiado desde que era pequeña porque siempre me señalaban y se reían

de mi por ser la niña más fea del mundo; esa es una de las razones por las que no tengo amigos,

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salvo Jake, quien fue bastante testarudo como para penetrar en mi coraza y volverse mi amigo pese a que yo sólo quería que se largase de mi vida en un principio.

Quiere que seamos amigas, y yo estoy encantada con ello responde, feliz. Yo no quiero tener amigas mi nivel de hostilidad debe de estar llegando al máximo. Pues tendrás que aceptarme así como aceptaste a Jacob sentencia. No creo que logres igualar lo testarudo que es él como para volverte mí amiga, así que ahorrémoslo todo y devuélveme el libro. Si tú no quieres trabajar, no importa, te daré el crédito y yo haré la exposición, sólo dame el libro.

Ella hizo un puchero y después torció el gesto.

¿De verdad serías capaz de hacer el trabajo tu sola y dame crédito? pregunta, acariciándose la barbilla. No será la primera vez.

¡Pobre de ti! Responde, riendoNo quiero que hagas eso, haremos el trabajo ¿vale? Pero si tú aceptas ir conmigo a Seattle este fin de semana.

La miro perpleja, ¿qué acaba de pedirme? Parpadeo varias veces y trago audiblemente.

— ¿Por… por qué? —logro decir a duras penas.

Ella se encoge de hombros y sonríe.

Quiero que seamos amigas responde con simpleza.

Suelto un suspiro y algo en su tono me dice que ella no lo dejará correr.

Me convertiré en un dolor en el trasero si no quieres ir conmigo amenaza.

Me lo pienso un rato y mientras reflexiono me doy cuenta de que no podré quitarme ese diminuto demonio de encima, miro a la señorita Greene, ella está leyendo uno de los libros que nos entregó y se ve absorta en su lectura. Entonces, como si fuese capaz de sentir el peso de mi mirada, levanta los ojos y su mirada y la mía se encuentran, ella me sonríe y luego ve a Alice, a quien también le dedica una sonrisa, nos guiña un ojo y luego vuelve la atención a su libro abierto.

Está bien acepto, dándome cuenta que he estado aceptando muchas cosas últimamente.

Mi compañera comienza a dar saltitos en su lugar y a aplaudir, luego coge el libro de debajo de su asiento y lo coloca en el medio de la mesa. Nos sumimos en la larga y poco interesante historia

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de la música y garabateamos pequeños puntos clave en nuestras libretas, cada quien escribe lo que entendió para poder enriquecer nuestra presentación con diferentes puntos de vista. La primera hora termina y la profesora Greene nos manda uno a uno a exponer nuestros temas.

Alice me sorprende con su habilidad innata de hablar en público, moviéndose de un lado a otro y de haciendo del frente de la clase, su lugar de confort. Yo en cambio me quedo plantada en mi lugar, y explico nuestros puntos mientras Alice gesticula y hace pequeños comentarios, en ocasiones son sarcásticos y otros diseñados especialmente para hacernos reír un poco.

Jake, por otro lado, tuvo serios problemas con su compañera de equipo, quien parecía más hueca que una habitación vacía.

No tienes ni idea de lo que fue lidiar con ella gime, al terminar la clase.

Me rio de él.

Pero lo hiciste muy bien, te llevaste todo el crédito le animo. —Bueno, nena, entonces…

¡Bella! grita Alice a nuestras espaldas.

Me giro lentamente haciendo un gesto de desagrado, Jake se da cuenta y se ríe de mí.

Hola, Alice murmuro, tratando de ser menos hostil. Quiero saber a qué horas paso por ti mañana chilla, botando de arriba abajo.

¿Acaso se la pasa botando todo el tiempo?

¿Ustedes dos van a salir? ¿Juntas? pregunta Jake, viéndome asombrado. No preguntes le gruño en advertencia.

Él suelta una risotada y cruza los brazos sobre el pecho mientras se recarga en la pared y nos mira con aire burlón. ¡Dios, en ocasiones lo detesto tanto!

¿Adónde van a ir? pregunta.

Alice lo mira, sonriente.

Iremos a Seattle para comprar vestidos chilla, emocionada.

¡¿Vestidos?! decimos Jake y yo al mismo tiempo ¡Yo no uso vestidos! me quejo.

Oye, duende comienza Jake—. Si consigues un lindo vestido para ella te lo agradeceré… de preferencia algo sexy.

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¡Jake! grito, airada.

Mis mejillas se tiñen irremediablemente de un rojo escarlata.

Confía en mi sentido de la moda, chucho se venga Alice, contraatacando a su apodo de

“duende”.

Jake se ríe de su nuevo apodo.

Sexy, con mucha piel expuesta ordena, y yo deseo más que nunca que la Tierra me trague enterita en este preciso momento. Pensaba en algo azul, un escote pronunciado y un par de perlas. Le irán bien comenta Alice, mirándome de arriba abajo.

¡Yo no uso vestidos! repito, alzando la voz.

Eso ya lo escuché. También escuché que no cantas en público y sin embargo te uniste como la solista del coro así que creo que puedes meterte dentro de un lindo y sensual vestido. Me gusta eso de sensual sonríe Jake. Lo sensual no va conmigo gruño, pasando de la vergüenza a la ira¡Y dejen de hablar de

mí como si no estuviera aquí! Tranquila, Bella, yo me encargaré de sacar tu lado sensual me anima Alice.

La aniquilo con una mirada pesada y asesina, imaginándome a mí misma tomándola del cuello y apretando fuerte hasta cortar su suministro de oxígeno.

No hay lado sensual en mí ¿que no puedes verlo? No soy bonita, ni si quiera agraciada ¿Cómo planeas sacar una parte bella y sensual de un adefesio como yo? Mi voz comienza a parecerse a un chillido histérico¡Dejen de jugar conmigo! No soy nada guapa, dejen de actuar como si lo fuese.

Me aparto de Jake y Alice a grandes zancadas y me dirijo a la puerta con las lágrimas picando en mis ojos ¿Cómo pueden jugar así conmigo? He pasado dieciséis años siendo “el adefesio Swan” y pasaré el resto de mi vida siéndolo ¿Por qué no podían aceptarlo de una vez? En mí no había ni una pizca de sensualidad y la belleza no era lo mío, lo único bonito que había en mí era mi voz tan suave y aterciopelada que cuando canto se siente como miel para mis oídos.

Llego a casa enfurruñada, mamá está encerrada en el cuartito de música y no me escucha llegar. No quiero ir a verla porque se dará cuenta de mi estado de humor y me sacará todo para después darme un sermón sobre la belleza interna, un sermón que ya me sé al derecho y al revés. Me encierro en mi habitación hasta que se me pasa el enojo y bajo solamente para cenar, mamá trata de hacerme hablar pero me muestro renuente y por imposible que parezca, su buen humor no se

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me contagia. Vuelvo a mi habitación y me tumbo en la cama para dormir, y no despierto hasta el día siguiente.

Es sábado temprano cuando un pequeño torbellino de uno cincuenta entra en mi habitación y me saca de mi pacifico sueño donde soy una cantante famosa y hermosa, con millones de personas gritando mi rostro y alabándome.

¡El sol ya salió y es hora de levantarse! grita Alice, mientras y tira de mis sábanasEs un hermoso día para ir de compras ¡Sal de la cama, perezosa!

Gimo contra la almohada y lloriqueo cuando Alice me saca las sábanas. No quiero levantarme, no quiero ir de compras con Alice y tampoco quiero ir a probarme vestidos.

—No quiero… —gimo y me remuevo en mi cama.

Alice va a la ventana de mi habitación y abre las cortinas, dejando que los rayos de sol se estampen contra mi rostro soñoliento. Gimo de nuevo, y luego algo hace clic en mi cabeza y me incorporo de un salto ¡Esta soleado! ¡En Forks!

Dúchate y baja a desayunar ordena. Tu madre preparó panqueques y tocino chilla, botando de arriba abajo.

¿Te la pasas botando todo el tiempo? pregunto, tallándome los ojos con el dorso de la

mano. responde, saltando hacia la puerta¡Date prisa! canturrea, antes de cerrar la puerta

detrás de ella.

Acaricio mi cabello y corro hacia la ventana. Los cálidos rayos del sol iluminan mi rostro soñoliento y le sonrío al cristal de mi ventana ¡Amo los días soleados! Amo el calor abrazador, la brisa caliente rosando mis mejillas, los rayos quemando mi pálida piel y sobre todo, adoro cuando llega el momento en que el sol se oculte detrás de las montañas, ya que es un espectáculo es excelso.

Me aparto de la ventana y voy a darme una ducha, al salir me deslizo en un par de pantalones vaqueros y una blusa verde sin mangas, mis converse negros, me dejo el cabello suelto ya que aun está mojado y bajo a desayunar. Encuentro a Alice sentada en el comedor y pellizcando un panqueque con sus finísimos dedos. Me dedica una sonrisa cuando me ve en el marco de la puerta y mi madre se apresura a servirme mi desayuno mientras sigue inmersa en una plática sobre música. Resulta que Alice es segunda voz en el coro estudiantil, y es ahí que comprendo la razón por la que la señorita Greene quiere que Alice y yo seamos amigas.

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Salimos de casa a las diez de la mañana en el porsche amarillo del duende, me contó que pasaríamos por unas más chicas más del coro y que iríamos a Port Angeles a comprar los vestidos para el baile de aniversario y tomar algunas ideas para el vestuario del coro estudiantil. Las chicas que nos acompañaron fueron Angela Weber, la hija del pastor de la iglesia y quien cantaba en el coro de la iglesia, y Rosalie Hale, la hermosa hija del banquero.

Conocía muy poco a nuestras acompañantes, y debo admitir que me sentí cohibida con la exuberante belleza de Rosalie; quien parece ser una chica superficial y presumida, definitivamente la clase de persona con la que adefesio Swan no se lleva bien ¡Y vaya sorpresa que me lleve! ¡La mismísima Rosalie Hale se acercó a mí y depositó un dulce beso en mi mejilla para saludarme! Su acción me dejó en una sola pieza, pero aun así pude sonreírle parecer cómoda con la situación.

¡Jamás, ni en un millón de años y ni si quiera por todo el oro del mundo, hubiese aceptado ir de compras con Alice Brando de haber sabido lo desquiciada que estaba! Tan pronto como pusimos un pie dentro de la boutique de los mejores vestidos en Seattle, la chica se volvió loca, asaltando los estantes y los percheros y chillando cada vez que encontraba su enésimo vestido perfecto.

¡Oh, mi Dios! chilla Alice, sacando un hermoso vestido de seda azul¡Es perfecto, es perfecto!

Comienza a dar brinquitos de rana mientras se acerca a donde estamos Ángela y yo, Ang me mira con aire divertido me sonríe en complicidad.

¿Es el quinto? pregunta.

Creo que es el séptimo le corrijo.

¡Sí! Alice Brandon ha encontrado siete vestidos perfectos.

Que graciosas murmura, mostrándonos el delicado vestido, pero no es perfecto para mí, sino para ti Bella.

La miro con ojos agrandados y luego observo detenidamente el vestido. Es demasiado lindo para alguien como yo.

No niego con la cabeza.

¡Oh, es hermoso! chilla Rosalie, acercándose a Alice¡Tienes que probártelo, Bella! Apuesto a que te quedará estupendamente bien.

El rostro iluminado de Rose al ver el hermoso vestido es lo que me hace decidirme. Si ella, la reina de la belleza, cree que el vestido me quedará bien, entonces tengo que darle un poco de crédito, ¿no?

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Cojo el vestido de las manos extendidas de Alice y me arrastro a probadores con Ang, Rose y Al pisándome los talones. Agradezco en el alma que no me sigan dentro del cubículo, aunque parecen dispuestas a hacerlo.

Me deshago de mi ropa y me pruebo el suavísimo vestido de seda azul ¡Es precioso! Siento como la tela se amolda a mi cuerpo y lo abraza con suavidad; los tejidos del vestido ajustan mi abdomen plano y doy vueltas mientras me veo en el espejo de cuerpo entero que hay dentro del cubículo. El vestido tiene un escote en V por lo que no puedo llevar sujetador y el escote luce sugerente e incitante, una gruesa tira negra cruza justo debajo de mi pecho y la falda cae en hondas hasta la mitad de mis muslos, dejando muy buena parte de mis largas y esbeltas piernas al descubierto. Mi cabello cae sobre mis hombros, se ha secado y cuelga en un liso esponjado y natural.

Queremos verte, Bella protesta Ang.

Pero yo no puedo abrir la puerta, estoy embelesada viendo el aura resplandeciente que me rodea. No parezco ser yo, me veo distinta… no me veo guapa, pero al menos parezco un poco más agraciada. Le sonrío a mi reflejo y alzo una mano para tentar el rostro de la chica del espejo y verla a ella hacer lo mismo conmigo… todo parece tan extraño.

Y de pronto un miedo desconocido me envuelve, mi cuerpo entero comienza a temblar y mi pecho se encoge. Un miedo irracional se apodera de mí por completo y me deja totalmente inmóvil, incapaz de articular palabra alguna. Estoy mirando mi reflejo en el espejo, el cual ahora refleja mi verdadero ser, una patética chica que lucha con todas sus fuerzas para ser un poco más mona.

“Eres un monstruo y siempre lo serás”

Escucho la maliciosa e irritante voz de Jessica Stanley y veo su rostro dibujarse detrás de mí reflejo. Ella me observa con desdén y con una sonrisa burlona, ella sabe tan bien como yo que no soy nada, que mi autoconfianza se reducirá a cenizas tan pronto como ella me ataque con su lengua venenosa.

Suelto un débil sollozo y aparto la mirada del espejo, he recuperado mis habilidades motoras y entonces comienzo a sacarme ese hermoso vestido, el cual tiene que ponerse una chica hermosa y no un monstruo como yo. Vuelvo a meterme dentro de mis vaqueros y mi camiseta y abro la puerta del cubículo; Al y Rose me miran ceñudas, Ang no está.

¿Qué pasó? pregunta Rosalie. Es demasiado para mí anuncio, lanzándole el vestido a Alice. No me queda bien y tampoco me gusta.

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No espero a que me contesten, salgo de los probadores pisando fuerte y levantando una vez más una barrera entre el mundo y yo, temerosa de ser lastimada por las personas, me aíslo a mí misma y dejo que el mundo gire mientras yo me quedo en mi burbuja protectora.

Alice intenta hacerme recapacitar, pero si ella quiere ser obstinada, yo puedo serlo más, y finalmente se da por vencida. Yo no compro ningún vestido, les digo una y otra vez que no quiero ir al baile y cuando lo repito por veinteava vez, ellas parecen entender y se limitan solamente a pedirme opiniones. El vestido de Rosalie es un sensual vestido rojo con pequeños diamantes de imitación en el escote, es largo y con cola de sirena y un corte en el pecho en forma de corazón, dejando un acceso a su pecho voluptuoso. Alice, por otro lado, elige un vestido color uva que le llega a la rodilla, es sencillo pero va muy bien con su pequeño cuerpo de duende. Angela se decide finalmente por un hermosísimo vestido con vuelo en color rosa palo. Mientras posan para mí, yo las veo a todas ellas como las princesas de un cuento encantado. Lucen hermosas y delicadas, perfectas y refinadas.

Nuestra tarde de chicas termina en un pequeño establecimiento de comida italiana mientras vemos televisión local. Yo meto un ravioli en mi boca y lo saboreo con gusto cuando en la pantalla el animador presenta al Coro Estudiantil de Seattle.

Tienes que ver esto, Bella afirma Rosalie.

Yo no sé qué es lo que quiere decir hasta que un coro mixto hace su gran aparición en un grandísimo escenario iluminado con montones de velas encendidas. La cámara hace una acercamiento a un chico de cabello castaño con destellos rojos, su piel es pálida, tienes ojos verde esmeralda y luce en extremo ojeroso, y por un momento temo que no pueda alcanzar la intensidad necesaria para cantar, pero cuando abre la boca, quedo sorprendida. Su voz es suave y profunda a la vez, suena jodidamente bien y yo me quedo encantada mientras la miel de sus palabras llena mis oídos. Están cantando sobre encontrar el amor en el lugar menos esperado, y el chico de cabello castaño y reflejos toma la mano de una chica rubia y hermosa y la guía hacia el frente junto a él y comienzan a cantar un perfecto dueto con notas altas complicadísimas.

Cuando la canción termina todos en el público aplauden y gritan su nombre, se llama Edward Cullen, por lo que escucho entre el vitoreo de la gente. Lo veo apretar la mano de la chica y ella se acerca y roza sus labios con los suyos, él le sonríe y acaricia su mejilla con tal ternura que me hace apartar la mirada.

Y ese chico guapo es nuestra competencia se queja Angela. Es una pena que este año tengamos que hacerle perder.

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La miro sin expresión alguna en mi rostro. Sé muy bien a qué se refiere. Ellos cantan hermosamente, pero tanto Ángela como Alice, Rose y la señorita Greene, piensan que mi voz puede destronarlos del trono.

Y de pronto, siento la llama de la emoción brillar en mí.

Yo también lo siento.

Sé que podemos ganar.

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Capítulo IV

“El baile de aniversario”

L as cosas en la escuela van bien, Jessica simplemente me ha ignorado y yo agradezco silenciosamente al cielo por ello, espero que se haya cansado finalmente de mí. Mi mejor amigo ya no pasa tanto tiempo conmigo debido a que ahora tengo tres amigas que

acaparan casi todo mi tiempo, aun así reservo la hora del almuerzo para él y la disfruto al

máximo, escuchando su voz masculina y juguetona.

Aun no sé si debo sentirme celoso de tus nuevas amigas, nena dice una día.

Yo me río y me meto un bocado de puré de patatas en la boca y mastico lentamente para luego darle un largo trago a mi limonada.

No sé por qué te quejas, tú mismo me decías que tenía que aprender a ser un poquito más sociable le recuerdo. Lo sé, pero no pensaba que ser sociable hiciese que te olvidaras de mí. ¡Yo no me olvido de ti! EspetéReservo este tiempo especialmente para ti porque quiero pasar el rato con mi mejor amigocomo antes.

No puedo ignorar la fuerte oleada de culpabilidad que me golpea, sé que tiene razón puesto que últimamente me la he pasado ensayando con las chicas del coro estudiantil y en el poco tiempo libre que me queda, lo he empleado en ayudarle a mamá con sus canciones ya que está pasando por un fuerte periodo de sequía creativa.

Jake se encoge de hombros.

Me has tenido muy abandonado se queja. Tal vez debas conseguirte una novia digo.

¡Y es verdad! Jake, no ha tenido ni una sola novia en toda su vida pese a ser uno de los chicos más atractivos del instituto. Sus tiernos y lindos labios aún eran vírgenes.

El ceño de Jake se frunce y me mira mal, irritado. Aparta la vista de mí y suspira, se prepara para ponerse de pie.

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¿Qué pasa, J? pregunto, alarmada.

Nada responde, tomando su bandeja.

Lo veo ponerse de pie con su bandeja en mano y caminar al bote de basura donde la vacía sin haber comido siquiera la mitad de lo que había ahí, luego sale de la cafetería dejándome confundida y preguntándome por qué le molestó mi comentario de que debería conseguirse una novia. Jake es mi mejor amigo y no quiero que se la pase exiliado a mi lado todo el tiempo, él es guapo y tiene bastante carisma por lo que sé que puede conquistar a una hermosa alumna de primer año.

Abrumada y confundida me quedo sentada en mi lugar viendo fijamente la puerta, intento comer pero no le encuentro sabor a la comida ahora que mi almuerzo se ha arruinado sin Jake. Voy a vaciar mi bandeja para después salir con rumbo al salón de música donde las chicas y yo practicaremos por enésima vez una canción que a estas alturas puedo cantar al derecho y al revés.

Cuando entro al salón encuentro a la señorita Greene con un vestido de satén rojo, ceñido y hermoso; es un vestido recatado y que definitivamente realza puntos estratégicos de su esbelto y bien formado cuerpo lleno de curvas peligrosas.

¡Bella! Chilla al verme, en su rostro se dibuja una sonrisa enormeJusto te estábamos esperando.

Le sonrío, pero no puedo evitar fruncir el ceño al ver el atuendo de las demás chicas. Ellas llevan vestidos color perla, sencillos y hasta la rodilla, con finos tirantes y un tocado con el cabello recogido de lado.

— ¿Qué… qué está pasando aquí? —Pregunto, indecisa y temerosa de seguir avanzando dentro

del salón. Estamos preparándonos para la grabación del clip que enviaremos para concursar anuncia

Alice, sonriéndome.

Inmediatamente entro en pánico.

¡Nadie me dijo que iban a grabarnos! mi voz se llena del pánico que acelera mi corazón. Sólo debes imaginar que es un ensayo más me anima la señorita Greene.

Ella se acerca a mí con una sonrisa que he aprendido a interpretar, detrás de esa sonrisa amistosa hay una loca empedernida que está planeando algo… algo que definitivamente no me gustará. La señorita Greene pasa un brazo por mis hombros, lo cual me sorprende ya que soy casi medio metro más alta que ella, y me lleva hacia la boca del lobo.

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¿Qué van a hacer conmigo? pegunto.

Alice salta frente a mí, meneando una bolsa de boutique de Port Angeles justo frente a mis ojos.

¡Vamos a cambiarte un poquitito! dice, botando de arriba abajo, como es normal en ella.

Mis ojos se abren desmesuradamente, cuando veo a Ángela, Rosalie, Alice y al resto de las chicas, avanzar hacia mí con aire depredador. Inmediatamente trato de alejarme dando un paso hacia atrás pero la señorita Greene me sujeta con fuerza y me mantiene en mi lugar.

Sé que estoy perdida y que forcejear no servirá de nada, así que les hago más fácil el trabajo y

coopero con ellas. Rosalie recoge mi cabello en un hermoso tocado como el que ellas llevan, rizan

mi cabello y veo los hermosos bucles caer sobre mi hombro, sujetados con horquillas y con una

hermosa flor azul como decoración. El vestido es lo que realmente me deja sin aliento. Se trata

del hermoso vestido de seda color azul que me probé cuando fuimos a Port Angeles.

—Alice… —susurro apenas si veo el vestido entre mis dedos. Lo sé, lo sé contesta, negando con la cabeza y sonriendo, pero tenía que comprarlo para ti porque mi sexto sentido me dice que te queda perfecto.

La seda se siente suave entre mis dedos y me encuentro sonriéndole como boba al vestido en mis

manos. Es hermoso, es elegante… y ¡es mío! Me siento como una verdadera princesa cuando me

lo pongo. Pero las cosas no han terminado ahí, es el turno de Ángela y Alice, quienes se encargan

de mi maquillaje. Siento como embadurnan mi rostro con cosas que nunca he usado en toda mi

vida y muero de ganas por mirarme al espejo pero mis amigas son tan malvadas que apartan los espejos de mí y me mandan directo al medio del salón para que las demás puedan verme y valorarme.

La reacción de mis compañeras simplemente no me la espero, ellas están boquiabiertas al verme

con mi vestido hermoso y coqueto y mi tocado elegante. Alice me presta un collar de oro blanco

en forma de rosa y una pulsera a juego, y después la señorita Greene me pone en posición.

¡Quiero verme al espejo! demando por enésima vez.

No puedes, es una sorpresa me regaña Alice. Sólo concéntrate en cantar como nunca lo

has hecho.

Imagina que estamos en un ensayo me anima Rose. Cierra tus ojos si es necesario, te ayudará, sin duda añade Ang.

Les sonrío a mis amigas y les doy mi mejor sonrisa mientras asiento. Mis feos anteojos me son raptados ya que Alice alega que arruinan su bello trabajo, no hago lío porque la canción la sé de memoria y no necesitaré mis anteojos. Las chicas vuelven a su lugar detrás de mí y observo como

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la señorita Greene se pone frente a todas nosotras y le sonríe a la cámara que ha montado al frente del salón.

Estas son las chicas del coro estudiantil del Instituto de Forks, Washington. Ellas han trabajo duramente para ganarse un lugar en el concurso de Coros Estudiantiles y esperamos que lo que hemos preparado, realmente nos abra un lugar allí la voz de la señorita Greene es alta, firme y a la vez suena dulce.

Le sonríe una última vez a la cámara y luego hace una reverencia hacia mí; doy un par de pasos más al frente y le sonrío mientras ella sale de la toma. En un segundo la suave música de nuestra pieza comienza a sonar y mi boca se abre para emitir las delicadas notas de canción.

En medio de la oscuridad te encuentras… Tu rostro oculto de los demás está, Tu voz es baja… queda… Las nubes grisáceas te cubren, ocultando tu brillo…

La música sube de tonalidad mientras las chicas y yo cantamos suave pero claro:

¡Levántate cisne precioso y muéstrale al mundo lo que eres! ¡Levántate, cisne que duerme entre las penumbras! Es hora de brillar, es hora de mostrar tu verdadero yo.

El coro hace segunda voz a mis palabras y unas de ellas hacen un eco lejano mientras las notas a piano siguen inundando el aula de música. Mi pecho se hincha con la llegada de mí solo. Cierro los ojos y una sonrisa involuntaria aparece.

Envuelto en penumbras estas Tu rostro oculto de los demás Es difícil ver tu brillantez cuanto estas ahí Por eso te canto, mi bello cisne Emerge, cariño, y muéstrale al mundo lo que en realidad eres

Nuevamente las chicas cantan “Levántate cisne precioso y muéstrale al mundo lo que eres”. Mi

cabeza se mueve ligeramente y siento una brisa estamparse contra mi rostro pero logro ignorarla. Ya no me encuentro más en el salón de clases con una cámara grabado todos y cada uno de mis movimientos; estoy en mi mundo imaginario donde soy feliz, donde los acordes, las notas y las melodías vuelan libremente en el aire cargado de dulzura, donde lo único que se necesita es la misma voz para armonizarlo todo.

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Mis brazos se levantan a mis costados como un Cristo y con los ojos cerrados me dejo llevar por lo que mi corazón está sintiendo en ese momento.

¡Levántate cisne precioso y muéstrale al mundo lo que eres! ¡Levántate, cisne que duerme entre las penumbras! Es hora de brillar, es hora de mostrar tu verdadero yo.

No temas de ser quien eres… No temas más que ya has temido mucho antes, Traslada todo tu miedo al final de la lista

Mi cisne, eres tan bello ¿Por qué no lo ves? Deja de pensar en los demás, piensa en ti por un momento Date cuenta de cuan valiosa eres ¿Por qué no puedes verlo? ¿Por qué no puedes verte?

Puedo volar, mis brazos se alzan sobre mi cabeza y doy una vuelta, mis ojos están cerrados y siento la seda acariciar mis piernas desnudas. No hay mal aquí, estoy en mi burbuja, soy presa sin escapatoria de mi propia felicidad.

Eres tú lo más hermoso que he visto Son tus plumas blancas y radiantes las que atraen las miradas Date cuenta, ¡todos te miran! Lo has logrado. El cisne ha emergido… El cisne ha emergido. No hay fenómeno más hermoso que este El cisne canta por fin y es capaz de ver El brillo que le rodea y le cambia Ya no hay más rareza en él,

El final se acerca y el coro canta para mí, endulzando mis oídos y amenizando mi voz. Doy una vuelta más sobre mi propio eje y después como si algo pesado hubiese caído sobre mí, caigo al suelo y mis ojos se abren de golpe. Siento las lágrimas en mis ojos, pero no se tratan de lágrimas de dolor o tristeza, son lágrimas de felicidad y triunfo. Miro directamente a la cámara mientras estoy tendida en el suelo sobre mis rodillas, con mi hermoso vestido cubriendo mis piernas largas y formando una cúpula bajo mi cintura. Lágrimas frescas y silenciosas se deslizan por mis mejillas encendidas, mis labios se despegan apenas mientras canto con voz aguda pero baja la parte final de mi canción.

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El cisne es bello… El cisne siempre fue bello Sólo que él nunca se miró a sí mismo.

Por un momento todo se queda en silencio. Nadie es capaz de emitir palabra alguna y poco a poco me voy dando cuenta de mi espectáculo. La luz roja que indica que se está grabando se apaga y la señorita Greene corre hacia mí y me abraza con fuerza, ni tardas ni perezosas, las chicas del coro se acercan y me dan un abrazo grupal. Me encuentro entre brazos, suspiros y palabras de felicitaciones… y el tiempo se detiene una vez más para mí.

La verdad es que he hecho la mejor interpretación que se haya visto antes y la señorita Greene jura y perjura que con una interpretación y una voz como la mía, tendremos asegurado nuestro lugar en la tabla de posiciones para el concurso. Con más abrazos y felicitaciones por parte de mis compañeras, soy finalmente puesta en libertad; no tengo oportunidad de mirarme al espejo antes de que me quiten todas las pesadas capas de maquillaje pero la verdad es que me encuentro tan ensimismada y emocionada que no me interesa.

Los días pasan rápidamente después de eso. Mamá termina sus letras justo a tiempo y ambas vamos a festejar con una hamburguesa con queso y papas grandes y tenemos una noche de chicas única. Mamá es mucho más que mi madre, ella es mi amiga y confidente, es la única persona que me comprende totalmente y sé que pase lo que pase será la única persona que estará para mí sin importar cuantas veces le falle a ella o a mí misma.

Jake y yo volvemos a hablarnos normalmente, sigo reservando mis horas del almuerzo para él y no me riñe más por haberlo cambiado. Sigue siendo el tonto que me hace reír cuando Jessica y su séquito me ponen de mal humor y sigo siendo su nena. Conforme pasan los días, el baile de aniversario se acerca y Jake no me da tregua con la absurda idea de que vaya con él, así que finalmente termino aceptando ir con él.

El gran día Alice llega muy temprano a mi casa y deja el hermoso vestido azul en mi cama junto con la joyería que usé para la grabación del vídeo. Mi pequeña nueva mejor amiga juega a ser una estilista profesional conmigo y peina, riza y retuerce mi cabello durante casi dos horas. Luego se encarga de mi maquillaje y, nuevamente, los espejos están fuera de mi alcance así que mi apariencia es un total enigma para mí, le pregunto a Alice el porqué y ella solo responde sonriente.

Porque es divertido verte enojar cuando no puedes mirarte al espejo. Así que me usas para tu diversión refunfuño. contesta sin el más mínimo atisbo de vergüenza.

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Pasa otra media hora en lo que ella sigue “embelleciéndome” y dándome los toques finales. Entonces, justo a las seis en punto, estoy lista para el baile de aniversario… aunque sigo sin poder mirarme al espejo. Alice se despide apresuradamente diciendo que ella también tiene una cita y que debe darse prisa, la veo partir en su porsche amarillo y tan pronto como desaparece calle abajo, corro al cuarto de baño para mirar mi reflejo.

Pero ¡Oh, sorpresa! La arpía ha convencido a mi madre de descolgar el espejo del baño. Subo como un bólido hacia mi habitación y me meto en mi pequeño cuarto de baño y mis espejos tampoco están ahí.

¡Mamá! Grito, saliendo de mi habitaciónEsto no es divertido, quiero mirarme en un espejo.

Ella aparece al final del pasillo con una pequeña cajita entre los dedos.

¿Para qué? cuestiona, sonriente.

Y con eso sé que Alice Brandon la ha vuelto en mi contra y que conseguir un espejo de su parte

será prácticamente imposible.

Quiero verme ¿Por qué no quieren que me va? CuestionoComienzo a sentirme como un payaso, ¿sabes?

Mi madre suelta una risotada y niega con la cabeza, se acerca a mí y me observa de cerca. Veo

como sus ojos se llenan de silenciosas lágrimas y de pronto un miedo terrible llena mi corazón ¿Tan mal me veo?

Mamá, por favor, déjame mirarme en un espejo imploro. No me dejes salir si me veo tan

mal como para hacerte llorar.

Siento las lágrimas acumularse en mis ojos ¿Por qué tenía que confiar en Alice Brandon? ¡Seguramente ella estaba del lado de Jessica Stanley y todo había sido un plan para hacerme quedarme mal en el baile de aniversario! ¿Ángela y Rosalie serían parte de todo también? ¿La señorita Greene? ¿El resto del coro? ¿Querían recordarme que yo era un adefesio y que seguiría siéndolo sin importar que tan bonito sea capaz de cantar? ¡Una buena lección para el adefesio! Detrás de mis parpados veo el rostro burlesco de Jessica y junto al suyo el de Alice, ambas burlándose de mí y señalándome con el dedo mientras los demás se ríen a mis espaldas.

Poco a poco la entrada de aire en mí se ve reducida y me cuesta mucho contener las lágrimas. Deseo más que nunca mirarme a un maldito espejo y ver de una vez por todas qué fue lo que hizo Alice en mí.

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Mamá levanta una mano y acuna mi mejilla, luego sonríe y me da una mirada cargada de amor y ternura. Limpia una lágrima furtiva y me atrae a su cuerpo, abrazándome con fuerza maternal.

Mi capullito susurra. Y yo me encojo en mi lugar y me siento como cuando tenía cuatro años y mamá solía decir que yo era su capullito, que algún día emergería y sería una hermosa mariposa. Mi capullito finalmente se ha abierto.

Su voz suave y tersa suena en mi oído, tranquilizándome.

No llores me pide, separándose de mí y observando de lleno mi rostro. No llores, mi capullito.

Asiento, incapaz de frenar las lágrimas que ahora salen como una presa abierta por mi rostro.

¿Tan mal me veo, mami? pregunto.

Ella ríe ¡Ríe de verdad! Y me atrae de vuelta a su cuerpo.

Te vez hermosísima canturrea en mi oído. Eres lo más hermoso que he visto jamás. No juegues conmigo imploro. No es juego, mi capullito responde, y mi pecho se hincha y mi corazón late emocionado.

Te ves exquisitamente hermosa, no logro encontrar algo lo suficientemente hermoso con lo cual

compararte.

Mi reacción habitual habría sido apartarme de ella de golpe, dejar que el enojo y la frustración me

llenasen y gritarle que no me mintiese; pero por alguna razón desconocida, me emociono en proporciones inimaginables y termino creyendo todas las palabras de mi madre.

Ella rompe nuestro abrazo y limpia mis lágrimas una vez más, entonces me saca los lentes y los dobla. Mi visión se vuelve borrosa y me cuesta enfocar el entorno que hay detrás de mamá.

No puedo ver nada más allá de mi nariz bromeo. No puedes llevar esto al baile, arruina tu imagen de princesa.

Comienzas a sonar como Alice le digo entre risitas. Parpadeo repetidas veces para humectar

mis ojos ya que estoy haciendo un gran esfuerzo para enfocar bien mi vista.

Mamá abre la pequeña cajita de plástico que llevaba y descubre un par de lentillas de contacto. Le frunzo el ceño cuando ella me mira, he intentado usar lentillas antes pero mis ojos se resecan en exceso y me lastiman los ojos.

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Sabes que no puedo usar esos le recuerdo, por si acaso ha llegado a olvidarlo. Estos son especiales, los compré hace unos días en una óptica en Seattle mamá salió a Seattle durante dos días cuando finalmente terminó sus canciones. Creo que son una nueva tecnología europea y ayudan mucho a las personas con tu problema de resequedad.

Le pido a mi madre que me permita colocarlos yo misma pero se niega ya que debe entregarme un

espejo para ello y le ha prometido a Alice que no me dará ningún espejo. Ella misma me coloca

las lentillas del mismo color que mis ojos. Parpadeo repetidamente mientras me acostumbro a la

sensación de tener algo metido en mis ojos, es como ver a través de mis grandes anteojos de empollona, sólo que estoy segura que luzco mucho mejor.

¿Y bien? pregunta. —Se… sienten bien —murmuro, sonriente.

Mi mamá chilla de emoción y yo la secundo, entonces el timbre de la puerta principal suena y sé

que se trata de Jake que viene por mí para llevarme al gran baile de aniversario. Extrañamente comienzo a sentirme nerviosa, ¿qué pensará Jake de mi cambio de look?

Espera aquí me ordena, apretando mi mejilla entre sus dedos a manera maternal. Debes hacerlo esperar al menos unos minutos.

Sonrío y dejo que mamá baje a abrir la puerta. Escucho la gruesa y varonil voz de Jacob y mi

corazón da un extraño vuelco en mi interior, sonrío estúpidamente y mi mano vuela a la altura de

mi corazón, este ha comenzado una carrera acelerada y la sonrisa parece tatuada en mi rostro.

Cojo mi delgado suéter negro y comienzo a bajar las escaleras lentamente después de haber contado hasta cien en mi mente. Con cada escalón que bajo mi corazón amenaza con salirse más pronto de mi pecho. Late tan fuerte y tan rápido que duele. Finalmente llego al final de la escalera, y he mantenido la cabeza baja todo el tiempo, la alzo y busco la mirada de mi mejor amigo. Jacob me mira perplejo y parpadea varias veces, poco falta para que su mandíbula caiga abierta en sorpresa. Sonrío para mis adentros. La mirada de Jake se vuelve amistosa, tierna, amable, cariñosa.

Bella susurra cuando recupera el sentido del habla—, tú… tú te ves… ¡Wow! Te ves…

¡increíble!

Sonrío, realmente he estado sonriendo demasiado. Deseo nuevamente tener un espejo pero freno

mi deseo y me obligo a convencerme de que me veo guapa.

Jacob toma mi mano y se la lleva a los labios. Sus labios suaves, cálidos y vírgenes besan el dorso

de mi mano con cariño. Siento mis mejillas arder y observo de lleno a mi mejor amigo. Lleva un

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elegante traje negro con una corbata azul del mismo tono que mi bellísimo vestido, sus músculos son visibles bajo la tela del traje y me encuentro admirando sus anchos y fuertes brazos. Me imagino a mí misma rodeada por esos fornidos brazos, envuelta en su calor corporal; me imagino pasando mis manos por sus tríceps.

El viejo auto de Jake ha desaparecido y en su lugar hay un elegante auto deportivo descapotable en color negro. A diferencia de Jake al verme, yo no puedo evitar dejar que mi mandíbula caiga abierta por la sorpresa.

Lo renté para esta noche me informa, abriendo la puerta para mí. Es precioso le digo, entrando al auto. Lo mejor para ti, nena contesta, cerrando la puerta.

Llegamos al instituto, el lugar done sería el baile. El fotógrafo nos capta a Jake y a mí en la entrada del gimnasio; al principio me pide sentarme ya que incluso soy un poco más alta que Jacob, a pesar de que no llevo tacos, pero Jake le dice que no me quiere sentada y le manda a hacer bien su trabajo. El fotógrafo, obviamente, luce ofendido y maniobra con su cámara para sacarnos a mí y a mi uno ochenta y cinco en una foto de cuerpo completo.

Cuando tenemos nuestra foto entramos al gimnasio el cual está hermosamente decorado. Elegimos nuestra mesa pero tan pronto como llegamos comienza a sonar una linda balada y Jake me arrastra a la pista de baile. Mi fantasía de verme envuelta en sus brazos fuertes y cálidos es cumplida, y pese a que me digo una y otra vez que no debo mal interpretar mi relación de amistad con Jake, esa sensación de sentirme segura y protegida me sobrecoge durante toda la noche mientras bailamos muy juntos el uno del otro.

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Capítulo V

“Edward Cullen”

M ás tarde esa misma noche, cuando me apresuro al baño de chicas, el espejo que deja congelada. La chica que me veía con ojos castaños agrandados parecía irreal, sacada de alguna pasarela de París o algo parecido. Sus cejas perfectamente depiladas se

levantaban y fruncían en su frente. Sus pómulos resaltados con lindo tono durazno y largas y abundantes pestañas en sus ojos sin anteojos de empollona. El vestido se amoldaba al cuerpo de la desconocida que me miraba en el reflejo del espejo; mi cuerpo, escaso de curvas y cualquier atributo femenino, parecía el cuerpo de una verdadera Diosa. El vestido se ceñía a mi cuerpo, resaltando las curvas de mis caderas y mi pequeña cintura, mis pechos pequeños resaltaban con el lindo y recatado escote.

A dos días después del gran baile de aniversario, las personas siguen mirándome escépticos,

asombrados que al fin la fea uruga haya emergido en una linda mariposa. Jake no parece muy contento con mi cambio de aspecto, dice que es difícil acostumbrarse pero sigue alardeando sobre que su nena es la más sexy del instituto. Sus comentarios me hacen sentir incómoda, pero

conozco muy bien a Jake y sé que sólo lo hace para molestarme.

También han pasado cinco días desde que nuestro vídeo fue enviado para que nos consideraran para el Concurso Internacional de Coros Estudiantiles. Las chicas y yo estamos emocionadas porque de quedar seleccionadas tendremos que viajar a Nueva York para concursar junto con otros treinta y dos coros estudiantiles anteriormente seleccionados. Solos los mejores.

Las chicas y la señorita Greene se han reunido en mi casa para ver la selección de videos que han sido aprobados por los jueces para participar finalmente en concurso en New York. Mamá se une a nosotras trayendo un tazón enorme de palomitas con extra mantequilla. Todas reímos cuando

Rosalie le frunce el ceño al tazón de palomitas, la señorita perfección no puede permitirse romper

su rigorosa dieta.

Como era de esperarse el primer vídeo en aparecer en la pantalla del televisor fue el que mandaron los chicos del coro de Seattle. Recordé aquella vez que Al, Rose, Ang y yo los vimos en televisión cuando estábamos en Port Angeles. El chico de cabello cobrizo apareció en la primera toma, seguía luciendo ojeroso y cansado, pero yo conocía muy bien el trabajo que conllevaba entregarse

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de lleno al coro puesto que yo misma me había desvelado varias veces practicando nuestras canciones y ensayando mis notas altas. En esta ocasión el chico de cabellos cobrizos no toma la mano de la chica rubia que se encuentra del otro lado del salón, cantando junto a los demás. Aún así logra mantenerme absorta en su canción y me descubro sonriendo embobada cuando termina

su vídeo.

Más coros le siguen ese, algunos son sólo chicas, otros son mixtos y unos pocos son únicamente de chicos. Mientras van pasando los vídeos las chicas y yo nos vamos desalentando poco a poco

ya

que nosotras no aparecemos. Dejé de comer palomitas cuando nos encontrábamos en la cuenta

de

cinco lugares más, me sentía asqueada y una vocecita cantó en mi cabeza “¿Qué esperabas?”

“Debo admitir que este último vídeo nos ha sorprendido bastante” dice la presentadora. “Sí, es una de esas cosas nunca antes vistas. La voz de esta chica es realmente sorprendente”

añade su compañero.

Alice busca mi mano en el sofá. Aprieto fuertemente su mano, mamá acaricia mi hombro y todas clavamos la vista en la pantalla, elevando silenciosas plegarias al cielo para ver aparecer nuestro vídeo en televisión.

Y es entonces cuando vemos a la señorita Greene presentándonos ante la cámara.

Todas retenemos el aliento. Incrédulas pero orgullosas.

Veo a una extraña eclipsar la cámara, lleva un lindo vestido azul con un lazo negro bajo el escote

de su pecho, los rizos de su cabello largo y castaño caen sobre su hombro. La miro concentrada y encuentro rasgos que la hacen parecerse a mí, y poco a poco me veo reflejada en esa extraña que es verdaderamente hermosa. Ella canta sobre un cisne que está oculto pero que tiene un brillo que le rodea y que le hace especial y hermoso, al final de la canción el cisne despierta y se da a conocer, y todo el mundo es capaz de verle y apreciar cuan bello es él. Detrás de la extraña conocida está el coro alzando la voz y creando un ambiente angelical. Me veo a mí mismo dando vueltas mientras

el

coro canta para mí, mi vestido se infla conforme voy dando vueltas y vueltas, hay una sonrisa

en

mi rostro con ojos cerrados y esa sonrisa me hace recordar lo feliz que me sentí mientras daba

esas vueltas frente a la cámara. Junto con el final, me veo a mí misma caer al suelo. Mamá retiene

el aliento, preocupada. Pero toda preocupación extingue cuando la cámara hace un acercamiento a

mí rostro y canto tan hermosamente la parte final de mi canción.

Estamos todas aturdidas cuando el vídeo termina. Los presentadores idolatran a la niña que da vueltas frente a la cámara y la que es la dueña de una de las voces más hermosas que han escuchado antes, según ellos. El programa termina y yo sigo inmóvil en mi lugar. Siento que mamá aprieta mi hombro pero mi vista sigue fija en la pantalla de televisión, la cual se ha vuelto negra.

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—Entonces… ¿estamos dentro? —pregunta Ángela.

Silencio.

Nadie responde. Sinceramente no creo que ninguna sea capaz de responder todavía.

El teléfono suena en la cocina y siento a mamá ponerse de pie de inmediato. Se trata de Jake que llama para felicitarme pero mamá le dice que lo llamaré luego porque continuo en estado de shock.

Las chicas chillan, saliendo de su estado de estupor. Alice me aprieta entre sus brazos, la señorita Greene me sonríe y cuando Al me deja libre, me estrecha con fuerza. Yo no puedo dejar de sonreír y me siento increíblemente feliz.

Esa noche, cuando subo a mi habitación y enciendo mi portátil, encuentro un correo electrónico de un remitente desconocido. Picada por la curiosidad, abro el correo.

Querida Isabella Swan.

Acabo de terminar de ver la selección de los coros estudiantiles para el concurso Internacional este año y debo decirte que estoy increíblemente impresionado con tu actuación. Será una verdadera fortuna compartir el escenario con una voz como la tuya.

Estoy ansiando que llegue el momento del concurso, y no solamente por escuchar esa hermosa voz tuya, sino también por conocerte finalmente en persona.

Edward Cullen.

Miro fijamente el nombre del remitente hasta que las letras comienzan a bailar frente a mis ojos y parpadeo repetidas veces. Releo el nombre al final del correo y viene a mi mente el chico de cabellos cobrizos.

Me pregunto cómo es que consiguió mi dirección de correo electrónico, así que decido escribirle y preguntárselo.

Querido Edward Cullen

Escribo, igualando su encabezado.

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Para nosotras será un verdadero placer coincidir con ustedes. Estamos sumamente emocionadas por ir al concurso, pero déjame advertirte que no iremos solamente a jugar. Puede que sea la primera vez que vamos al Concurso pero tenemos toda la intensión del mundo de traernos el oro a casa.

Una cosa más, ¿cómo has conseguido mi dirección de correo electrónico?

Isabella Swan.

Pulso enviar y me vuelvo a mi cómoda para sacar la ropa de dormir. Ha sido un largo día por lo que decido darme un baño mientras espero la respuesta de Edward. Me relajo en la ducha y salgo veinte minutos después secando mi cabello con la toalla de baño.

Edward respondió cinco minutos después de haberle contestado.

No tienes idea la emoción que me invadió al leer “Querido Edward Cullen” ¡Sigo sonriendo! Eres una chica hermosa, Isabella y anhelo conocerte pronto. Con respecto a tu dirección… sólo diré que tengo mis contactos.

Edward Cullen.

¡Estúpido! ¿Cómo se atreve? ¡Está coqueteando conmigo por e-mail! Dice que soy hermosa, pero él no me ha visto aún. Se retractará de sus palabras tan pronto como vea a adefesio Swan.

¿Qué quieres?

Le escribo furiosa, y a los dos minutos obtengo mi contestación.

Isabella…

¿Debo entender que estar enojada? Si he sonado demasiado atrevido, lo lamento. Soy una persona que se distigue por decir lo que piensa, así que no acostumbro guardar mis pensamientos para mí.

Este es un asunto oficial de coros, Isabella.

Le respondo a la brevedad.

Edward Cullen:

Edward Cullen.

Que guardes tus pensamientos para ti mismo en ocasiones es necesario.

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Si se trata de un asunto oficial de coros, entonces comunícate con la señorita Greene. Yo no puedo ayudarte.

Isabella Swan.

Quiero terminar la conversación. Solo quiero ser capaz de apagar la portátil e irme a dormir. Dentro de dos días partimos a New York y tengo que empacar y ensayar como nunca.

Isabella Swan.

Creo que estoy molestándote ¿es así? Si lo es, te ruego que me disculpes. Lo que sucede es que tienes una voz tan exquisitamente hermosa que ha picado mi curiosidad y ahora espero ansiosamente conocer a la dueña de esa grandiosa voz.

Edward Cullen.

Por alguna razón sus correos me hacen enojar y terminan dejando un trago amargo en mi garganta, acabando así con mi arranque de felicidad por haber quedado entre los seleccionados. Decido simplemente apagar la portátil y luego me voy a la cama y me dispongo a dormir.

Los dos días siguientes están llenos de tensión. Todas estamos felices pero tenemos mucho que practicar. Al y Rose se han encargado de nuestros vestuarios, pero no hemos podido verlos ya que son sorpresa.

Es martes en la mañana cuando todas nos reunimos en el aeropuerto. Con el concurso no vienen los gastos de traslado así que la señorita Greene ha tenido que moverse y conseguirnos un paquete de viaje en un tiempo record. En el aeropuerto me despido de mamá. Jake no está, y no le he visto desde el baile de aniversario, me siento mal por no poder despedirme de él pero cuando vuelva podremos pasar todo el tiempo que queramos juntos.

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Capítulo VI

“Promesa”

L legamos a Nueva York a medio día y todas estamos muy, muy cansadas. Hay un autobús

esperándonos y subimos a él de inmediato. En Nueva York hace frío, mucho frío. Nuestros escasos abrigos apenas si nos cubren y vamos titirando desde el aeropuerto

hasta el autobús.

Bella, ¿ese no es Edward Cullen? pregunta Ang, tomándome del brazo.

Ya les he contado sobre mi disputa con EC por e-mail.

No lo sé, Ang respondo, pero aún así miro en la dirección que ella está mirando. No tengo la intención de reunirme con él.

¿Con quién te vas a reunir? pregunta Alice, que viene detrás de nosotras.

Con Edward Cullen responde Ángela. Creo que esta por allá.

¿De verdad? se para de puntillas y mira en la dirección que Ang apunta¡Vamos!

No podemos señalo hacia el resto de las chicas que ahora van por delante de nosotras.

No demoraremos me asegura, tomando mi brazo y arrastrándome hacia donde Angela vio a Edward Cullen.

Rose también viene con nosotras. Trato de protestar pero ellas hacen oídos sordos a mis protestas y me arrastran a una tienda de discos donde Ang asegura que Edward entró junto con otros tres jóvenes. Y no está equivocada, por la ventana veo el cabello cobrizo de Edward.

¡Vamos, vamos! chilla Alice, botando de arriba abajo y aplaudiendo.

Hacemos nuestra entrada a la tienda de CD’S. Veo a Edward con dos discos de música clásica en las manos, en ese momento en el que lo estoy observando y yo me encuentro cerca de la puerta, la campanilla que avisa que hay un nuevo cliente, Edward levanta la cabeza y me mira.

Es ahí cuando siento que todo se detiene por un momento, para reanudarse de nuevo a toda marcha. Como en cámara rápida.

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Edward deja los discos en el estante frente a él y me sonríe. Yo no soy capaz de sonreírle porque estoy abrumada con su aspecto. Es un chico guapo, muy muy guapo. Trago pesadamente y empujo mis lentes de empollona sobre el puente de mi nariz, pero me doy cuenta de que hoy llevo las lentillas que mamá compró para el baile de aniversario.

Hola dice, acercándose a nosotras.

O a mí.

Ignora a mis amigas, las ignora en sobre manera y se planta frente a mí con una sonrisa torcida y satisfecha.

Él me reconoce, claro que lo hace. Y no es precisamente porque luzca igual de despampanante

que en el vídeo, sino porque en mi playera de polo blanca está bordado el nombre de nuestro coro estudiantil.

Isabella. Isabella. Isabella murmura, y mi nombre entre sus labios me hace recordar al chocolate derretido. Extiende su mano hacia mí. Soy Edward Cullen.

Me quedo mirando su mano extendida por un rato, entonces la pequeña mano de Alice estrecha

la de él y estoy agradecida de que haya sido ella y no yo.

Soy Alice Brandon se presenta, sonriente. Y ellas son Angela Weber y Rosalie Hale. Un placer, chicas responde Edward. Luego se gira sobre su hombro y llama a sus compañeros¡Hey, chicos! Vean, son las chicas del coro de Forks.

Un chico rubio y con un tatuaje en el brazo derecho se acerca a nosotros, parece mayor y el cabello le llega hasta la barbilla. Un tipo aún más grandote que el primero se acerca también, parece un profesor de deportes con sus grandes brazos.

Estos son Jasper y Emmett presenta a los recién llegados. Y aquel de allá es Eric señala a un chico delgaducho que revisa una guitarra acústica. Así que ustedes son las chicas de Forks dice Emmett, sonriendo de oreja a oreja. Tiene un aspecto aniñado que contrasta bastante con su apariencia de levantador de pesas. Somos nosotras ríe Rose.

Estoy plenamente consciente de que Edward está mirándome pero lo ignoro dejando que mi vista estudie el lugar. Encuentro un lindo órgano, es grande y negro y me imagino a mí misma detrás

de él, acariciando las teclas y tocando una linda melodía.

¿Tocas el piano? pregunta Edward.

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Las miradas se vuelven a mí. Siento mis mejillas enrojecerse y aparto la mirada del órgano.

Bella toca cualquier instrumento que te puedas imaginar alardea Alice. ¿Cualquiera? Jasper enarca una ceja y me mira divertido. Alice exagera, como siempre me río. Sé tocar algunos instrumentos. Mamá es músico así que pueden imaginárselo. Definitivamente sí se ríe Edward. Mi padre da clases de música en una universidad aquí en New York. Eso es asombroso por alguna razón me encuentro sonriéndole a Edward. Mamá siempre quiso dar clases pero ella no es… hmm… muy paciente que digamos.

Edward suelta una risotada y yo le sigo. Por un momento me olvido de mis amigas y de los suyos. Estamos solo nosotros dos conversando acerca de nuestros padres. Él me está contando una anécdota divertidísima sobre cómo aprendió a tocar el piano y yo no puedo dejar de sonreír. En eso, me llega un texto.

¿Dónde están? No podemos retrasar más el autobús.

Maldigo por lo bajo y le dedico una mirada apenada a Edward.

Lo siento le digo a Edward, guardando mi móvil. ¡Hey, no lo sientas! bromea, levantando las palmas. Tienes que irte, lo entiendo. Bien suspiro y voltea a ver a mis amigas. Alice está tocando los tríceps de Emmett y Rosalie escudriña el intrincado tatuaje del brazo de Jasper, Angela, por otro lado, tiene una mano en la cintura y escucha atenta a Eric, quien sostiene la guitarra acústica que estaba mirando cuando llegamos. Lamento arruinarles el momento pero no podemos hacer esperar más a las otras. Alzo la voz y las llamo¡Chicas! La señorita Greene me mandó un texto; dice que no pueden retrasar más el bus.

Rosalie se incorpora y Alice hace un pucherito hermoso, pero ambas entrelazan sus brazos y se acercan a Ángela para traerla con nosotras.

Pero antes de que te vayas dice Edward, sonriendo de oreja a oreja. Tienes que prometerme algo.

Lo miro ceñuda, sin saber qué decir.

No suelo hacerle promesas a extraños contesto, encaminándome a la puerta. Técnicamente murmura, no soy un extraño. Me conoces desde hace poco más de diez minutos.

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Me río.

Creo que tienes razón acuerdo, ¿qué quieres? Canta conmigo suspira, luego sonríe y añade: no ahora, pero en este viaje canta conmigo.

Le dedico una sonrisa enorme.

Seguro murmuro encogiéndome de hombros.

Él hace una reverencia, toma mi mano y besa el dorso de mi mano.

Será un honor cantar junto a ti.

Siento mis mejillas arder pero no digo nada. Él suelta mi mano, liberándome, y voy junto con mis amigas. Mientras nos encaminamos al bus, Alice y Rosalie se la pasan alardeando de Jasper y Emmett, al parecer el rubio le ha gustado a Rose, le parece peligroso y atractivo, y Emmett quien parece un gran oso con alma de niño, le ha encantado a la duendecilla.

La señorita Greene nos riñe por habernos perdido pero no le prestamos mucha atención y subimos al bus. Llegamos al hotel en quince minutos; no se trata de un hotel de cinco estrellas pero es grande y cómodo, se encuentra en el centro de la ciudad por lo que el lugar donde será el concurso nos queda sumamente cerca.

Edward parece realmente interesado en ti murmura Alice cuando bajamos del bus.

Me río nerviosamente.

¿Eso parece?

¡Por supuesto! suelta Rose.

Me quedo en silencio mientras intento averiguar el por qué. Rosalie es sumamente escultural, es rubia, hermosa, con el cuerpo de una modelo profesional. Alice es como un duendecillo con facciones finas, se mueve elegantemente y es preciosa. ¿Por qué fijarse en la chica súper alta, torpe y nada guapa? Es cierto que he dejado de lado mis lentes y ahora solo uso lentillas, eso me ha ayudado un poco a mejorar mi apariencia; también he aprendido a maquillarme como Al me ha enseñado y ahora sé corregir un poco más las facciones de mi rostro. De igual manera he aprendido que mi cuerpo tiene curvas, escondidas, pero al menos las tiene; eso me hace sentir un poquitito más segura. Pero aun así sigo siendo fea… la fealdad es algo que ni todo el maquillaje ni los accesorios y ni si quiera la mejor ropa podrán quitarme.

No tengo idea de por qué murmuro, sintiendo mis mejillas calentarse.

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¿Cuántas veces no me he sonrojado ya?

¡Pero si que estas ciega! dice dramáticamente Angela.

¿No te das cuenta que has cambiado? pregunta Rose. Yo niego con la cabezaSin duda que estás ciega. Eres bastante guapa murmura Al.

Yo las ignoro, sé que solo lo dicen porque son mis amigas, del mismo modo que Jake me ha

invitado al baile solo porque somos amigos. El cariño que ellas sienten por mí, mi amistad con Jacob y el amor incondicional de mi madre, son las cosas que les hace creer que soy guapa cuando

en realidad no lo soy.

Les hago creer que confío en sus palabras y nos adentramos al hotel. La señorita Greene nos avisa que tendremos que compartir y nos manda a formar parejas; Alice y yo estamos en una habitación mientras que Ángela y Rose están en la contigua. Nos son otorgadas dos horas para ducharnos y descansar un poco, después debemos bajar a comer y luego de eso ensayaremos un par de horas antes de poder salir a conocer la ciudad.

Yo estoy emocionada de estar en Nueva York por lo que no puedo siquiera pegar un ojo cuando salgo de la ducha. Estoy embelezada mirando por la ventana la gran ciudad que nunca duerme. Escucho las bocinas de los coches; veo a las personas ir y venir; niños que regresan a casa del colegio y caminan por la acera; parejas paseando cogidas de la mano. Me emociona en sobremanera encontrarme fuera de casa, he salido muy poco con mamá y esta nueva aventura de estar lejos, me excita demasiado.

Somos llamadas a comer en el comedor del hotel. La comida no es la gran cosa, abusan un poco

de

la pimienta y las especias pero al menos es comestible. Nos la pasamos planeando un tour por

la

ciudad, deseosas de poder salir a conocer un poco el mundo que se explaya allá afuera.

A

la hora del ensayo sonamos como nunca, todas estamos inspiradas por la gran ciudad y el

cambio en el aire nos daba ánimos para cantar más alto y mejor que nunca. Mi solo es espectacular y estoy orgullosa de él cuando el ensayo ha terminado; me siento fuerte y poderosa, completamente capaz de ganar ese concurso.

Al terminar el ensayo mis amigas y yo salimos a dar una vuelta por la ciudad, no nos alejamos

mucha ya que no queremos perdernos y además tenemos que regresar al hotel a las diez porque mañana tendremos la apertura del concurso. Paseamos un rato por las abarrotadas calles de la gran ciudad y entramos a un restaurante de comida china para cenar. Conversamos en el lugar por

un

buen rato, luego salimos al lindo parque que se extiende frente a nuestro hotel y paseamos por

un

rato. Volvemos al hotel cerca de las nueve cincuenta y cada quien va a su habitación.

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Me ducho antes de meterme a la cama y texteo a mamá y a Jake. Alice juega un rato con su portátil y apaga la luz cerca de las once de la noche, entonces se tumba sobre su espalda en la cama y ríe.

¿Te imaginaste estar aquí? pregunta. Nop murmuro, adormilada.

Ella se queda en silencio y comienzo a sentir el peso del sueño sobre mí.

¿Te gusta Edward Cullen?

No me ve, pero le sonrío a mi almohada con la simple mención de su nombre. No sé qué responder así que me quedo en silencio y me hago la dormida. Alice me mira pero en medio de la oscuridad, se convence de que he caído en brazos de Morfeo y me deja en paz.

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Capítulo VI

Las reglas del concurso

L a apertura del concurso de este año es al aire libre, y eso es algo que me encanta. Amo la naturaleza y me siento más inspirada cuando estoy en contacto con ella.

Llegamos al lugar designado para apertura del concurso, y nos encontramos con treinta grupos corales esparcidos por todo el perímetro, charlando entre ellos y luciendo sus uniformes. Nosotras llevamos nuestras playeras blancas con bordado azul y localizamos nuestro lugar en la audiencia, es fácil localizarlo ya que nuestro nombre está escrito en las primeras filas.

Minutos más tarde un organizador del evento nos llama para que ocupemos nuestros lugares. Yo me encuentro en la quinta fila, en la derecha. Miro a mi derredor, buscando a no sé quién… entonces Alice, quien está sentada a mi lado, resopla y me mira.

Ellos no están aquí abajo murmura Alice, sonriente.

Es obvio que se refiere al grupo de Edward, ¿por qué piensa que lo busco a él?

Me refiero a Edward y el grupo de Seattle. Ellos abrirán el concurso en el escenario me informa.

¿Por qué eso no me sorprende que ella lo sepa?

Levanto la vista al escenario y es ahí cuando veo al grupo coral de Seattle aparecer. Los chicos van vestidos elegantemente con trajes oscuros y las chicas llevan vestidos satinados rojos con los cabellos sueltos, moviéndose con la brisa. Edward entra de último y no demora en localizarme. Me sonríe. Siento la mirada de Alice sobre mí y me sonrojo de inmediato. Le regreso la sonrisa a Edward.

Con ustedes, el Coro Estudiantil de Seattle dice alegremente el animador.

Edward camina hacia delante de su coro, y luego una suave melodía a piano comienza a sonar. Entonces el show comienza. La voz de Edward está controlada, suena baja y me cautiva. Me siento volar entre las suaves y aterciopeladas mientras escucho la dulce y armoniosa voz de ese chico al que apenas conozco. Su voz suena segura, me encuentro sonriendo ante cada nota alta y

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difícil que él interpreta y cuando llega al final de la canción mi corazón se encuentra en una carrera con caballos desbocados. Estoy sudando y mi rostro se siente caliente.

Él fija su mirada en mí mientras me encuentro desconcertada. Me dedica una sonrisa torcida,

burlesca, como diciendo la próxima vez estarás tú aquí conmigo.

Al terminar la apertura, la señorita Greene nos permite salir a pasear por la ciudad siempre y cuando lleguemos al hotel antes de las seis de la tarde. Nosotras estamos encantadas de poder ir a explorar esa enorme y desconocido lugar, por lo que casi vamos dando saltitos mientras nos encaminamos a coger un taxi.

¿Necesitan guía turística, chicas? pregunta Emmett, acercándose a nosotras.

Rosalie le mira de reojo para luego poner los ojos en blanco y entrelaza su brazo con el mío mientras Alice va dando saltitos hasta él y le saluda con un beso en la mejilla.

Tenemos permiso de salir hasta las seis le informa, sin dejar de sonreír. Entonces podríamos ir a comer se nos une Edward.

Su mirada se engancha con la mía y yo me quedo colgando de ella. Sus ojos verde esmeralda son tan exquisitos que me roban el aliento; no puedo sostenerle la mirada, así que la aparto, sintiendo mis mejillas arder como un par de tomates recién cortados. Me repito una vez más que Edward Cullen es el típico chico que seduce a niñas ingenuas, las enamora y luego las bota, como lo hacían los chicos del instituto conmigo. Él parece del tipo Mike Newton, aunque es muchísimo más guapo.

¡Me parece una idea estupenda! chilla Alice.

Cinco minutos después nos encontramos en un restaurante al aire libre de comida italiana. Realmente a las chicas y a mí nos gusta la comida italiana y los chicos lo han descubierto. Edward se las ingenia para mover a Alice de mi lado y ahora el está a mi diestra. Es molesto tenerlo tan cerca, haciendo uno que otro comentario y tratando de tener una conversación agradable conmigo. La verdad es que yo estoy tan asustada de él que la chica que conoció en la tienda de música está escondida bajo cientos de sábanas gruesas, temblando y tratando de mantenerse a salvo.

Sé muy bien que temerle a una persona como Edward es algo irracional. Pero mi miedo hacia las personas como él es totalmente comprensible; han jugado conmigo en el pasado, aprovechándose

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de adefesio Swan, tal vez ya no sea tan fea como en ese entonces pero tampoco significa que soy la reina de la belleza como Rosalie.

¿Te sientes bien? pregunta EdwardPareces incómoda.

Sus atenciones me matan. No puedo tenerle miedo y apartarme de él si es tan caballeroso y atento. Pero tampoco puedo permitirme confiar en él… él es precisamente el tipo de persona que nunca se fijaría en alguien como yo y que seguramente sólo está buscando un acostón o algo parecido. Tal vez la chica rubia de la televisión del otro día no le dio lo que buscaba y la boto. Simple, sencillo…

Me pongo de pie, invadida por la ira y deseando tener esa chica cerca de mí para protegerla del mounstro que seguramente es Edward Cullen.

No, no estoy bien respondo. Siento las miradas de mis amigas y de los amigos de Edward pero las ignoro—, si me disculpan…

Pongo mi servilleta en la mesa y salgo del lugar, frente está el parque central así que cruzo la avenida y trato de empaparme del aroma a viento fresco. Quiero regresar ahí y gritarle a ese tipo que jugar con las mujeres no es nada divertido, que lo he vivido en carne propia y que compadezco a la chica rubia pero que lo compadezco más a él por no tener corazón ni sensibilidad. Pero no, no puedo hacer eso porque todo está en mi cabeza y ni si quiera sé si eso es verdad.

Me siento en la banca más cercana y apoyo mis codos en mis rodillas mientras cubro mi rostro. Sólo quiero que eso termine pronto. Quiero llevarme el oro a casa y no tener que ver a Edward nunca más. Él y yo somos de mundos distintos… nunca congeniaremos.

Estando así siento que alguien se sienta a mi lado.

Alice, pienso. E ignoro su presencia, me limito a soltar un gemido y un suspiro profundo después. Entonces quien ha llegado habla.

¿Te molesta tenerme cerca? cuestiona.

Doy un salto fuera de mi asiento, sorprendida de que se trate de él. Le observo, calculadora, distante. Me obligo a mí misma a no mirarle a los ojos porque sé el efecto que tienen estos en mí.

— ¿Por… por qué me seguiste? —pregunto.

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Él me sonríe. Es otra vez esa sonrisa torcida y picara que me dedico en el evento de apertura del concurso. Aparto la vista de él lo más pronto posible y cruzo los brazos sobre mi pecho cuando

una corriente de viento invernal se estampa de lleno contra mi cuerpo.

Te dejaste el abrigo en el restaurante murmura.

Yo sigo sin mirarlo pero de reojo puedo ver que se pone de pie y segundos después siento la

calidez de mi abrigo abrazarme por encima de los hombros. Me relajo en el acto y soy capaz de emitir una sonrisa. Él me pesca sonriendo y con la mayor naturalidad del mundo, coge mi barbilla entre sus dedos y tira de mi cabeza hacia atrás.

No dejes de sonreír murmura, cuando la sonrisa abandona mi rostro. Se forman un par de hoyuelos en tus mejillas y luces adorable con los pómulos enrojecidos.

Tiro de mi barbilla fuera de sus dedos y lo fulmino con la mirada.

No te he dado la confianza suficiente para tocarme de ese modo le riño.

El me mira. Largo y tendido. Luego sonríe ligeramente.

Tienes razón. Discúlpame responde.

¿Acostumbras hacer eso muy a menudo?

¿Hacer el qué? parece confundido.

Pedir disculpas aclaro. Lo mismo hiciste por e-mail y ni si quiera me conocías.

La sonrisa en su rostro se hizo más grande.

Cuando te vi dando vueltas frente a la cámara y cantando tan hermosamente, sentí como si te hubiera conocido de toda la vida responde, cogiendo una de mis manos y besando el torso de la misma.

Mi corazón se encoge en mi pecho. Quiero golpearlo. Decirle que pare, que va a arrepentirse de

lo que está diciendo… pero en su lugar, mi miedo habla por mí.

No hagas eso, por favor imploro.

Siento la sonrisa de sus labios contra la piel de mi mano.

¿Por qué? pregunta, besando nuevamente mi mano.

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Yo

exhalo, cansada y temerosa. Lo estudio una vez más. Todo en él grita que no debo confiarle

mi

corazón ni mi mente… pero soy irracional. Me rindo ante él y me sorprendo de lo fácil que

me

resulta hacer eso.

—Por favor… —susurro, cerrando mis ojos y tirando levemente de mi mano. Él me libera y mi mano cae inerte a mi costado.

Me mantengo con los ojos cerrados. Me llega su aroma, huele a canela, tierra húmeda, loción masculina y sudor. Mi boca se hace agua, y no entiendo por qué. No sé cómo reaccionar, así que hago lo mejor que puedo hacer: enfadarme.

No intentes jugar conmigo murmuro, abriendo los ojos y mirando fríamente.

Él parece sorprendido por mi cambio y me mira con el ceño fruncido.

¿Por qué jugaría contigo? pregunta.

Porque eso es lo que los chicos como tú hacen. Se burlan de las chicas y yo no pienso ser la burla de nadie ¡Nunca más! ahora lo estoy mirando con verdadera furia. Quiero creer mis palabras. Él nunca podrá burlarse de mí. Yo no confiaré en él jamás y estaré segura una vez que el maldito concurso termine. Él es como Mike Newton; superficial. Así son todos, vale más la apariencia. Y seamos honestos, pude haber cambiado un poco exteriormente pero sigo siendo adefesio Swan… y siempre lo seré.

Ahora me mira desilusionado. Me mira fríamente, como si hubiese herido su ego. ¡Sí, su ego de

conquistador! Da media vuelta y estoy segura que esta por irse. Me relajo y exhalo cansadamente,

me alegra que me deje sola al fin. Entonces, sin que siquiera me lo espere, da media vuelta y me

coge en voladas para después estampar sus labios con los míos. Sus fuertes y suaves manos atrapan mi rostro; y sus labios cálidos dejan un delicado, exquisito y sutil beso sobre los míos. Nunca he besado a nadie, por lo que encuentro esta caricia tan íntima, incomparable.

Me quedo estática cuando se aparta tan solo unos centímetros para leer mi reacción. Yo le miro a

los ojos pero estos son tan intensos que me obligo a cerrar los míos y a tratar de despejar la

mente. He caído en sus redes, y me golpeo mentalmente contra una pared imaginaria.

¿Qué pasa contigo, Isabella? susurra. Siento su aliento acariciar mi rostro enrojecido, y lo aspiro gustosa. Huele tan bien. —No hagas esto… no, por favor —susurro, temerosa. Negando con la cabeza aún atrapada entre

sus manos. No juegues conmigo, por favor gimo, dolida. A mi memoria vienen todos esos

chicos que jugaron conmigo en el pasado y las lágrimas comienzan a picar en mis ojos cerrados.

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Siento como roza sus labios con los míos nuevamente. Lento, con ternura… y hasta me atrevo a decir que con cariño.

No jugaré contigo, Isabella. Lo prometo me dice, con tanta convicción que me trago sus palabras. Eres lo más hermoso que he visto jamás, y no lo digo por tu exterior. Sino que, cuando te vi en televisión, fui capaz de ver tu alma… y me enamoré de ella en ese instante. Me enamoré de ti, Isabella, sin siquiera conocerte.

Suspiro, derrotada. Él acaricia mi mejilla con delicadeza y luego me estrecha entre sus brazos. Todo parece tan irreal, jamás pensé que un chico me diría esas palabras… y mucho menos un chico como Edward Cullen.

Cuando él me suelta finalmente, nos sentamos en la banca en la que estuve sentada antes de que él llegara. Ahora su brazo esta sobre mis hombros y me proporciona un poco de su calor corporal. Me siento cómoda en esa posición, es como si estuviese destinada a estar ahí. Como si ese fuera mi lugar. Edward acaricia mi brazo por encima del abrigo pero aun así siento como su toque me quema y eriza mi piel. No quiero salir lastimada, pero tampoco soy capaz de apartarme de este ser tan irreal que dice quererme. Me siento como un pájaro, un tonto y estúpido pájaro que vuela en dirección al sol, que trata de alcanzarlo sin ser quemado por su calor abrasador. Yo soy el pájaro… y Edward el sol. Tan distante, tan peligroso… pero a la vez tan hermoso, enigmático y encantador. Al igual que el sol y su luz, Edward me hace sentir caliente, tranquila y a salvo. Me hace sentir bien. Mucho más que bien, si me lo preguntan.

Pasamos el rato conversando sobre nosotros. A él le gusta la música clásica, como a mí, y es buenísimo tocando el piano. Me siento embelezada mientras escucho su voz y sonrío con cada cosa que sale de sus labios. Me besa de vez en cuando y tengo que admitir que es una sensación inigualable, tan única y estupenda. Para mí son mis primeros besos, pero sé que no lo son para él y ese pensamiento me hace sentir un tanto celosa, pero aparto el pensamiento tan rápido como ha llegado. No quiero arruinar el momento.

Después de un rato comenzamos a sentir nuestras extremidades entumidas así que decidimos caminar un poco por el parque antes de tener que regresar a nuestros hoteles. Él coge mi mano mientras atravesamos el parque nevado y me siento la chica más afortunada del mundo por tenerlo a mi lado.

Una parte de mi cabeza me grita que las cosas no deberían ser así, que si comenzamos una relación de esta manera las cosas podrían no salirnos bien, pero ahogo esa parte de mi cabeza y me quedo con la parte de ella que desea disfrutar todo eso mientras dure. Quiero ser irracional, no deseo hacer lo correcto, quiero dejarme llevar y que mis oídos se endulcen son su voz diciendo que me quiere. Quiero al menos engañarme un poco diciéndome que alguien, algún día, podrá quererme de verdad. Lo que surja entre Edward y yo será solamente pasajero. Al final del

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concurso cada uno de nosotros regresará a su hogar y todo quedará olvidado. Yo, al menos, deseo tener algo lindo que recordar para cuando esté vieja y sola, y la muerte esté a la vuelta de la esquina. Un hermoso recuerdoque vivirá por siempre en mi memoria.

Son las seis en punto cuando regreso al hotel, lista para ensayar por ultima vez antes de nuestra gran presentación. Seremos de los primeros coros en participar, por lo que estamos sumamente nerviosas porque no sabemos que tal lo harán los demás.

La señorita Greene entra en la pequeña habitación que el hotel nos ha prestado para nuestros

ensayos. Me dedica una mirada larga, no hay una sonrisa para mí en su rostro esta vez. Su ceño está fruncido y parece molesta. ¿Es que he hecho algo malo?

Ella no me dice nada, nos ordena colocarnos en nuestros lugares y comenzamos a ensayar. Repito

mi

canción por enésima vez, ya no necesito la hoja con la letra puesto que me la sé a la perfección.

Mi

voz sigue sonando alta, clara y tan hermosa como siempre. Estoy orgullosa de mí misma.

Bella, ¿tienes un momento? pregunta, cuando hemos sido liberadas de nuestro ensayo para ir a cenar. Claro no puedo decirle que no, eso sería muy descortes.

El

saloncito se queda completamente vacío y la señorita Greene comienza a recoger la grabadora y

las

partituras.

¿Te interesa este concurso, Bella?

Su

pregunta me toma por sorpresa. Le frunzo el ceño, confundida.

¿Por qué preguntas eso? pregunto a cambio. Veo que ella hace una mueca así que agrego:

¡Claro que me importa!

Ella exhala, entonces se vuelve de lleno para encararme. No parece feliz.

Edward Cullen es del grupo coral de Seattle me dice, como si no lo supiera ya. Y tú compites contra él, no junto a él.

Sigo mirándola sin entender muy bien hacia donde quiere llegar. Ella resopla, se acerca a mí y me coge de los hombros.

No puedes salir con él. Además de que eso está prohibido entre los concursantes, no me parece buena idea sus ojos me taladran, como tratando de convencerme de creer en sus palabras.

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No puedes estar con él, lo consideraría con cualquiera de otro grupo coral, pero no con Edward Cullen.

Me quedo aturdida, congelada por su mirada abrasadora. Ella luce preocupada, y la manera en que me mira parece casi maniática.

¿Qué pasa con Edward Cullen? pregunta.

La señorita Greene se aparta abruptamente de mí. Me doy cuenta de que sus manos están temblando y ella parece tan vulnerable en esos momentos.

—No pasa nada con él… es que… pueden sacarnos del concurso si se dan cuenta que ustedes dos están teniendo algo que ver. Está en las reglas, Bella responde.

No quedo convencida con su respuesta. Algo malo pasa… algo que ella no me está contando.

Tienes que apartarte de Edward, Bella vuelve a taladrarme con esa mirada de loca suya. Definitivamente está comenzando a asustarme. —Lo… lo haré —respondo.

La señorita Greene intenta sonreír pero su sonrisa se convierte en una extraña mueca. Suelta todo el aire que ha estado conteniendo y frota continuamente sus manos, intentando fallidamente, calmar el temblor de las mismas. Su semblante se relaja con mi respuesta. Parece más tranquila.

Bien responde. Es por el bien del coro. Por el bien del coro acuerdo. Puedes retirarte a cenar vuelve a ser la misma señorita Greene que conozco. Ahora sí es capaz de dedicarme una sonrisa ancha y alegre.

Me voy sin decir nada y con mi cabeza vuelta un completo revoltijo. No sé qué pensar de la señorita Greene o de Edward o del concurso y sus estúpidas reglas. Lo único que sé es que mantenerme alejada de Edward, cuando una parte muy importante de mí quiere estar con él, será muy, muy complicado.

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Capítulo VI

¡Al diablo las reglas!

A primera hora del día siguiente nos encontramos en un auditorio que alberga casi a dos mil personas. El lugar está lleno, y todos están ahí para escucharnos cantar a todos los coros estudiantiles. Me siento repentinamente intimidada pero logro controlarme gracias

a Angela, quien irradia serenidad hasta por los poros.

¡Bella! entra chillando Alice.

Yo me encuentro sentada frente a un espejo, terminando de poner mi labial.

¿Qué sucede? pregunto, despreocupada.

Te buscan allá afuera contesta. En su rostro se dibuja una sonrisa juguetona.

Sé quien es, no me hace falta ser una adivina para saberlo. Me pongo de pie de inmediato y prácticamente corro hacia la puerta para encontrarme con él.

Edward viste un bonito y elegante traje azul marino. Su cabello está revuelto, lo que me parece que es su forma habitual. Fija sus penetrantes y hermosos ojos de esmeralda en mí y me siento morir. Yo ya llevo puesto mi vestido azul con el lazo negro.

Hola murmura, dándome una sonrisa torcida. Bonito vestido.

Le sonrío de vuelta a la par que mis mejillas se encienden.

Bonito traje contesto.

A diferencia de mí, él suele ir directo al grano. Me toma por la cintura, sorprendiéndome una vez

más, y cogida entre sus brazos, me besa largamente. Sus labios se mueven sobre los míos y no tardo ni un segundo en responderle. Yo también estoy hambrienta de él y sus carnosos labios.

Cuando nos separamos por falta de aire, junta su frente con la mía y me sonríe entre jadeos

entrecortados. Mi corazón bombea sangre a un ritmo acelerado y estoy totalmente segura de que

él es capaz de escucharlo también.

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De pronto, arruinando el momento, la plática que tuve con la señorita Greene invade mi mente y hace que mi sonrisa se desaparezca, dejando un sabor amargo en mi boca. Siento que algo dentro de mí es pateado con fuerza y hago una mueca de dolor.

¿Qué es? pregunta.

Trato de negar con la cabeza pero Edward se aleja y me mira preocupado. Quiero pedirle que no se aleje pero sé que no es lo correcto. Si alguien llega a vernos…

¿Qué sucede? insiste.

Dudo un momento, pero sé que tengo que decírselo. Finalmente suelto un suspiro y cierro los ojos, le doy la espalda y me abrazo a mí misma para no sentirme tan desolada y expuesta.

Son las reglas, Edward. La señorita Greene me contó sobre la regla que no permite que los integrantes de los coros se involucren entre sí murmuro.

Edward no dice nada y cuando giro a verlo, él no parece sorprendido por ello.

¿Lo sabías? pregunto.

—Bella, yo…

¡Lo sabias! le acuso. Él no lo niega¡Lo sabías y no me lo dijiste! ¿Acaso quieres que nos

descalifiquen? ¿Ese es tu plan?

Me mira horrorizado como si acabara crecerme una segunda cabeza.

¡Ese fue tu plan desde el principio! continuo, mucho más enojadaTú solo querías

distraerme para que perdiera y así ustedes pudieran llevarse el oro una vez más.

¡Las cosas no son así, Bella! responde, alzando la voz ya que he comenzado a gritar.

¿Entonces como son? Pregunto a voz de grito¡Vamos a enamorar a la solista del coro de

Forks para que no pueda concentrarse! ¡Enamorémosla y mantengamos su mente ocupada para que no pueda cantar bien y así pierdan! ¿Quién lo planeó? ¿Tú… o acaso fueron los demás? ¡O quizá todos juntos! Escúchame, por favor.

¡No! He tenido suficiente con mentirosos como tú en casa le digo con desprecio. Mantente alejado de mí.

Me doy la vuelta, lista para entrar de nuevo al cuarto donde las chicas deben de haberlo escuchado todo. Él se mantiene en su lugar sin decir una palabra, y eso confirma todas mis sospechas. Él sólo quería usarme. Giro la manilla de la puerta y volteo a mirarlo sobre mi hombro.

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Quería ganar para llevar el oro a casa y mostrarle a los demás que soy capaz de ello murmuro. Las lágrimas han comenzado a picar mis ojos pero me rehúso a llorar frente a ese mentiroso, pero ahora quiero ganar solamente por una cosa: para quitarles el oro a ustedes. Haré mi mejor esfuerzo, Edward Cullen, y no permitiré que se salgan con la suya. Ese trofeo de primer lugar tiene como destino Forks, Washington.

Tras decir esto, tiro de la puerta y me adentro a los camerinos dejándolo atrás. No me permito llorar, no todavía. Las chicas lo han escuchado todo pero cada quien se mete en sus asuntos y no dicen nada. Regreso a mi lugar y vuelvo a poner brillo labial sobre mis labios, arreglo mi peinado y le sonrío a mi reflejo. Alice y Rosalie me mira fijamente sin decir ni pío.

Somos llamadas al escenario y me conduzco hacia él con un aire determinante rodeándome. Estoy molesta, muy molesta, y eso me hace sentir valiente.

Las chicas vienen detrás de mí murmurando entre ellas, sé que hablan de mí pero no le tomo importancia, sólo quiero terminar con todo eso lo más pronto posible. Salimos al escenario y tomamos nuestros lugares. Las chicas están en media luna conmigo al centro. Ellas llevan vestidos negros con un lazo azul bajo el escote del pecho, son sencillos pero no por ello menos hermosos.

La señorita Greene se aproxima al piano y comienza a tocar la melodía de nuestra canción. Las chicas detrás de mí empiezan a cantar subiendo el tono de su voz progresivamente, yo me mantengo en mi lugar con la cabeza baja, esperando por mi turno para cantar.

El momento llega y levanto la cabeza, pero nada sale de mi boca. Edward está justo frente a mí, mirándome desde los asientos de la audiencia. Sus ojos me congelan. No puedo hablar, no puedo cantar. Intento comenzar con mi canción pero de entre mis labios solo sale un fino silbido. Las chicas detrás de mí comienzan a cantar más y más fuerte, invitándome a unirme a ellas… pero no puedo, es imposible que salgan las palabras de mí. Se quedan atoradas en mi garganta, secuestradas por un par de ojos esmeralda que me miran con una inmensa pena y un dolor lacerante. Siento ganas de llorar, el sentimiento me golpea una y otra vez, sacando el aire de mis pulmones.

La señorita Greene repite las notas de mí solo por segunda vez. Yo cierro los ojos y bajo la cabeza. Suspiro por lo bajo.

Puedes hacerlo, me recuerdo.

Envuelto en penumbras estas

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Comienzo a cantar. Mi voz suena alta y decidida. No la reconozco. Es tan estupenda que me eriza la piel. No hay más duda entonces, levanto la cabeza y mirando fijamente a Edward, le doy una estocada al estilo adefesio Swan.

Tu rostro oculto de los demás Es difícil ver tu brillantez cuanto estas ahí Por eso te canto, mi bello cisne Emerge, cariño, y muéstrale al mundo lo que en realidad eres.

Me estremezco con cada palabra que sale de mi boca. Mi tono está perfectamente afinado, y sueno tan clara que siento que en cualquier momento puedo fallar… afortunadamente no lo hago y termino mi solo limpio y sin problemas.

Me siento fuerte, poderosa… así que continúo mostrándole a Edward que no podrá salirse con la suya, porque Isabella Swan ha llegado para quitarle su preciado trofeo de primer lugar.

¡Levántate cisne precioso y muéstrale al mundo lo que eres! ¡Levántate, cisne que duerme entre las penumbras! Es hora de brillar, es hora de mostrar tu verdadero yo.

Entono fuerte junto con el coro haciéndome eco. Sonamos grandiosas, lo puedo saber en el rostro de la audiencia. Subo la intensidad de mi voz y sonrío a la nada.

No temas de ser quien eres… No temas más que ya has temido mucho antes, Traslada todo tu miedo al final de la lista

Las chicas continúan cantando para mí, llenando el ambiente con voces entonadas que parecen el canto de los mismos ángeles. Sigo sonriendo. Estoy satisfecha. Miro a la señorita Greene y ella tiene lágrimas en los ojos mientras se concentra en cada nota; está tocando con el corazón, con toda la pasión de su alma. Todo se combina a la perfección. Nuestras voces, la música, nuestra pasión con cada nota y cada letra cantada. Estamos arrazando con todo.

Mi cisne, eres tan bello ¿Por qué no lo ves? Deja de pensar en los demás, piensa en ti por un momento Date cuenta de cuan valiosa eres ¿Por qué no puedes verlo? ¿Por qué no puedes verte?

Eres tú lo más hermoso que he visto

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Son tus plumas blancas y radiantes las que atraen las miradas Date cuenta, ¡todos te miran! Lo has logrado. El cisne ha emergido… El cisne ha emergido.

El final se acerca. La señorita Greene busca mi mirada. La intensidad de las chicas disminuye, me dejan a mí dar la estocada final. Convencer al público y a los jueces de que merecemos ese trofeo.

No hay fenómeno más hermoso que este El cisne canta por fin y es capaz de ver El brillo que le rodea y le cambia Ya no hay más rareza en él,

Mi voz se va volviendo más y más delgada, parece un silbido celestial. Un susurro del viento.

Añado la cereza a la decoración del pastel. Cojo el micrófono y doy un paso más al frente,

entonces me dejo caer frente a Edward de rodillas. Nuestras miradas se conectan mientras susurro

con una voz finísima y encantadora.

El cisne es bello… El cisne siempre fue bello Sólo que él nunca se miró a sí mismo.

La gente aplaude extasiada. Pero yo me quedo ahí sobre mis rodillas, mirándolo sin darle tregua. Él no aparta la mirada y puedo ver cuanto dolor hay dentro de él. Esas esmeraldas me hipnotizan

por

minutos enteros, mientras le gente silva y aplaude con todas sus fuerzas. Finalmente Edward

me

sonríe, guiña un ojo y levanta las manos para aplaudirme.

Entonces soy liberada de la prisión que sus ojos ejercen sobre mí. Quedo en libertad para levantarme y reunirme con mis compañeras. Todas están felices, totalmente orgullosas de como sonamos. No hay duda de que ese trofeo será nuestro.

Nos sentamos a escuchar al resto de los grupos corales. Nos han ubicado muy lejos de donde está sentado todo el coro de Seattle y me pregunto si la señorita Greene tiene algo que ver con eso.

Muero de sed le digo a las chicas. Iré a buscar algo que beber. Detrás del escenario está el equipo de staff dice Ángela.

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Asiento. Me pongo de pie y trato de apartarme sin llamar la atención. Voy detrás del escenario pero lo que encuentro detrás de éste no es precisamente el equipo de staff con botellas de agua, sino a Edward Cullen reclinado contra la parte trasera del escenario.

Si el escenario se cae, tú serás el único culpable digo, pasando a la hielera para coger una botella de agua. Fingiré que las treinta personas ahí arriba tienen la culpa responde, sin remordimiento. Tal vez alguno tiene sobrepeso y… —No es bueno burlarse de la gente que tiene sobrepeso le digo, frunciendo el ceño.

Le doy la espalda, dispuesta a irme pero él me coge el brazo y me mira profundamente a los ojos. Yo queda encarcelada una vez más. He perdido la posibilidad de hilar mis pensamientos una vez más.

Tienes razón, no es bueno murmura.

Su aliento se estampa contra mi rostro. Es tan dulce, tan delicioso… que se me hace agua la boca. Quiero besarlo. Ahí. Sin importar que haya intentado usarme, sólo quiero besarle por última vez y llevarme el sabor de sus labios tatuado en los míos. Quiero un último recuerdo… lo necesito.

¿Puedes escucharme ahora o sigues estando muy molesta para dejarme hablar? susurra.

Sabe lo que está haciendo. Sabe que cuando habla así mis piernas se vuelven gelatina y me derrito entre sus manos… sabe que quiero besarlo, puede leerlo en mis ojos. Y le divierte, sé que dentro de él está muriéndose de risa por ver a una chica más caer ante él.

Has tenido mucho tiempo para pensar en una escucha creíble digo, arqueando una ceja.

Él sonríe.

Tal vez. ¡Eres un desgraciado! le riño, frunciendo el ceño y tirando de mi brazo para liberarme. Obviamente no lo logro. Tal parece que no me dejará escapar tan fácilmente. —Tal vez tengas razón en eso… pero no en lo que me dijiste antes. Yo no jugaba contigo ni trataba de confundirte.

Le dedico una sonrisa sarcástica y una mirada fría e hiriente.

No te creo siseo.

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Él se acerca a mí, tan cerca que me hace temblar como una hoja de papel… sé lo que está por hacer. Me tiro lejos de él pero me tiene prisionera.

—Las reglas dicen…

¡Al diablo las reglas! susurra. Y me besa.

Sus labios acarician los míos tan suave y tiernamente que me derrito entre sus brazos y caigo rendida ante él. No puedo resistirme… él lo es todo. Sus labios tiran juguetonamente de mi labio inferior antes de besarme de lleno. Cada fibra de mi ser tiembla ante esta caricia y gimo en su boca, llena de éxtasis.

Se separa de mí, vacilante, y engancha su mirada con la mía.

Yo jamás jugaría contigo, Bella murmura, muy bajito.

No sé si son sus besos, sus manos dibujando patrones circulares en mi espalda baja, sus ojos cautivadores y de ensueño, lo que me hace creer en él y sus palabras.

La señorita Greene piensa que Edward y yo no hemos tenido nada que ver después de que me dijera sobre las reglas, pero la verdad es que no hemos podido separarnos ni un solo minuto después de ese beso detrás del escenario.

¿Qué haremos cuando esto termine? pregunta él. Nos hemos escapado de los demás para estar a solas en los pocos días que nos quedan juntos.

Yo me incorporo y le miro el semblante ensombrecido. Él me mira de vuelta pero en sus ojos no está ese brillo que siempre hay cuando me mira.

¿A qué te refieres? respondo.

Él suspira y aparta la vista hacia el frente. Estamos en Atlantic City, observando como las olas rompen contra la orilla creando espuma de mar, y contemplando el cielo oscurecido de un invernal Nueva York.

¿Qué pasará con nosotros cuando cada uno deba ir a casa?

Me tenso entre sus brazos. Sinceramente he pensado en eso muchas veces, pero siempre termino diciéndome que en el momento en que nos separemos, no volveremos a estar juntos y que él vivirá en mi memoria como un grato recuerdo.

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No lo sé respondo, en lugar de decirle lo que en realidad pienso. Seattle está como a tres horas de distancia de Forks murmura, más para sí mismo que para mí, pero no tengo un auto todavía.

¿Qué? pregunto.

Él

vuelve a mirarme. Sonríe.

Podríamos vernos los fines de semana me dice, alanzando una mano para acariciar mis

mejillas sonrosadas por el frío.

¿Estás hablando en serio? pregunto.

¿Por qué no lo estaría? me frunce el ceño.

Me incorporo a medias y lo miro. Por un momento me doy el privilegio de pensar en un futuro junto a él. Me veo rodeada por sus brazos en el pórtico de mi casa, envueltos en una manta y compartiendo una gran taza de chocolate caliente mientras observamos la enigmática manera en que la nieve se desliza hasta el suelo.

No puedo evitar sonreír.

Por nada respondo, acomodando mi cabeza en su hombro como lo había estado antes. Su brazo me estrecha con cariño. Soy capaz de escuchar el latir tranquilo de su corazón que parece estar funcionando en la misma frecuencia que el mío. Su mano frota mi brazo y se inclina un poco para besarme en lo alto de la cabeza.

Encontraremos la manera, cariño promete.

Y yo creo en sus palabras.

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Capítulo VII

El cisne emerge

E s la clausura del concurso, en un par de minutos se darán a conocer los ganadores. Nosotras estamos entre los finalistas y los nervios nos están matando a todas y cada una de nosotras.

Estoy llevando un vestido nuevo para esta ocasión. Mi vestido es de raso de seda blanco, apretado en el pecho hasta las costillas, tiene un rombo con diamantes de imitación en el centro, uniendo la caída del escote de mi vestido; y con una caída libre con retazos de gasa blanco. Me siento realmente guapa mientras camino a mi lugar en la audiencia, y en mi rostro hay una sonrisa que nada ni nadie podrá borrar sin importar si ganemos o no, por la simple y sencilla razón de que he pasado la mejor semana de toda mi vida al lado del hombre más extraordinario que jamás pensé.

¡Bienvenidos sean todos! Saluda el animadorEsta noche sabremos cuales fueron los tres grupos corales que cautivaron no solo a los jueces, sino también al público.

La gente aplaude emocionada. Ellos se encuentran en la parte de atrás de la audiencia mientras que los grupos corales estamos al pie del escenario para facilitarnos el acceso al escenario cuando subamos a recoger nuestro trofeo.

Primero que nada haremos un recuento de los mejores grupos que tuvimos este año. Presten atención a la pantalla que está a mis espaldas, por favor.

Detrás del animador hay una enorme pantalla que ha sido puesta estratégicamente para que las personas que se encuentran hasta el final de la audiencia puedan ver lo que sucede en el frente del evento.

En la pantalla comienzan a pasar una secuela de imágenes donde podemos vernos a nosotras en nuestro vídeo para la selección. Me veo a mi misma dando vueltas frente a la cámara y a mi vestido creando una burbuja azul a mi alrededor, mi cabello volando por los aires con el movimiento de mis vueltas y una sonrisa en mi rostro mientras canto con los ojos cerrados. Mi voz suena alta y preciosa mientras que las chicas hacen eco de mis palabras en perfecta fusión.

Aparece otra escena donde estamos las chicas y yo en la presentación, justo después de que hubiese peleado con Edward por primera vez. Llevo el mismo vestido azul pero cuando se supone

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que debo comenzar a cantar se puede ver la duda en mis ojos. Me veo congelada y una toma se mete en ese momento y enfocan el rostro preocupado de Edward, obviamente se han dado cuenta que nuestras miradas estuvieron unidas cuando perdí mi voz al principio de la canción. Entonces cierro los ojos y bajo la cabeza y un minuto después comienzo a cantar… mi voz suena baja y va subiendo de intensidad progresivamente; al terminar nuestra canción me veo determinante, triunfal y satisfecha.

Nuestra última escena aparece. Es la segunda aparición y en esa ocasión llevo el vestido rojo que Rosalie usó en el baile de aniversario del instituto. Yo soy toda piel expuesta, sonrisas y cabellos al aire. Parezco una llama encendida. Luzco enigmática, hipnotizante y muy, muy guapa.

El resto de las imágenes son de otros grupos corales que tuvieron un desempeño destacable, pero no tanto como el nuestro. El último grupo coral en mostrarse es el de Seattle y puedo ver el rostro de Edward ampliado. Esos ojos expresivos, cautivadores y hermosos. Ese cabello revuelto de un extraño color cobrizo. Esa sonrisa roba suspiros… Y esa voz ¡Dios, esa voz! Mi corazón está latiendo a mil por hora mientras mis ojos se embelesan mirándolo a él. Es tan perfecto… y es solo mío.

Bien, pues esos han sido los mejores coros que hemos tenido este año la voz del animador sale desde no sé dónde. Ahora conoceremos finalmente a los primeros tres lugares.

El animador reaparece en el escenario y trae consigo tres sobres; uno es blanco y representa el primer tercer lugar, otro es café y representa el segundo lugar, y el último es dorado y representa el primerísimo lugar.

Él abre el primer sobre y todos retenemos el aliento. Alice me toma una mano y Rosalie la otra, están nerviosas como yo y sé que están rezando por que nuestro nombre no aparezca escrito en ese sobre. El animador lee el nombre para sí mismo y suelta un silbido, alza una ceja y mira a la audiencia.

—Y el tercer lugar es para… —hace una pausa dramática que hace que mis nervios exploten. Quiero llorar pero me muerdo el labio tembloroso para no hacerlo, el grupo coral de Phoenix.

Las chicas y yo soltamos un suspiro a la vez. Sonreímos y aplaudimos a la vez que la solista del grupo coral sube sonriente al escenario para recibir su trofeo de tercer lugar. Ellos se ven felices, seguramente no se lo esperaban.

Debo mencionar que para los jueces ha sido una decisión muy difícil definir qué coro estará en el segundo lugar y cual se quedará con el tan ansiado primer lugar dice el animador tan pronto la chica del coro de Phoenix ha bajado del escenario. La competencia este año ha estado bastante reñida pero finalmente los jueces han tomado una decisión y el segundo lugar es para…

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Estoy muerta de miedo. Las ansias me están comiendo viva y las ganas de echarme a llorar son más fuertes. En medio de toda esa conmoción, mis ojos se topan con los de Edward. Él me sonríe, tratando de infundirme confianza y yo trato de respirar tranquilamente pero la verdad es que mi pecho sube y baja con mucha irregularidad, sin mencionar que estoy apretando tan fuerte las manos de Alice y Rose que seguramente estoy cortándoles la circulación… aunque ellas no parecen quejarse.

El grupo coral de Seattle.

El público grita emocionado, yo sigo viendo a Edward pero él tiene que desviar la mirada para ponerse de pie y subir al escenario para recibir su trofeo. Mi corazón parece haber explotado porque no logro sentir su martilleo en mi pecho.

Edward sube con su andar elegante al escenario y le sonríe al animador quien le pasa su trofeo y le pide que diga unas palabras para el público.

Bueno pues esto es una verdadera sorpresa comienza Edward, cuando alguien pasa los últimos dos años recibiendo el primer lugar no espera que otro grupo coral llegue y lo destrone.

Se escuchan las risas del público. Edward no parece molesto con su segundo lugar, sino que se ve sonriente y relajado. Me mira.

Lo único que me da paz es que sé que el grupo coral que gane el primer lugar es porque realmente se lo merece besa la parte superior del trofeo y lo levanta como si se tratase de la copa del mundial de futbol.

Después de eso baja del escenario y se une a sus compañeros que lo reciben con abrazos y rostros sonrientes. Yo también quiero abrazarlo y felicitarle por el segundo lugar pero no puedo moverme de mi asiento.

Y por último el animador nos obliga a volver la vista hacia éltenemos el primer lugar.

Alice a mi lado suelta un pequeño sollozo y se lleva la mano libre a la base del cuello. Está nerviosa, al igual que todas nosotras. En sus pequeños ojitos hay lágrimas, y me doy cuenta que también las hay en los míos. Si nuestro nombre no está ahí será nuestro fin.

El grupo coral de Forks grita el animador. Esa pequeña oración tiene el mismo efecto en mí que una patada en el estómago. Estoy aturdida mientras las chicas me ayudan a ponerme de pie para ir al escenario y recoger nuestro gran trofeo de primer lugar. Mi piernas tiemblan y me siento insegura mientras lágrimas caen por mis ojos y

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me obligo a tambalearme hasta el escenario donde el equipo de staff al ver mi aturdimiento me ayuda a subir.

¡Muchas felicidades! me dice el animador, entregándome el trofeo.

Yo no puedo creerlo todavía, me quedo mirando el trofeo por un largo rato antes de ser capaz de tomarlo. Siento que todo se trata de un sueño… pero no, es real ¡Realmente ganamos el concurso! Cuando me doy cuenta de esto me doy la vuelta y encaro a la audiencia y levando el trofeo sobre mi cabeza con una enorme sonrisa posada en mi rostro.

La gente grita emocionada y yo quedo extasiada. Nada puede ser mejor que eso.

Entonces todas las luces se apagan y nos quedamos en medio de la oscuridad. De pronto comienza a sonar un piano cercano y se le une el sonido de una guitarra acústica. Yo no entiendo nada y bajo el trofeo para girarme a ver al animador que me doy cuenta que ha desaparecido dejándome a mitad del escenario. Entro en pánico y comienzo a moverme hasta las escaleras pero apenas he dado un paso cuando las luces se encienden y me enfocan.

Escucho las voces del coro de Seattle y segundos después los veo subir al escenario por los dos extremos en una fila perfectamente ordenada. Sus voces suenan bajas y cantan una canción que yo conozco muy bien puesto que la he cantado desde que todo comenzó.

Lo veo aparecer por la dirección que yo estaba dispuesta a tomar, lleva un par de micros en la mano. Me sonríe de la misma manera que lo hizo en el concierto de apertura y entonces entiendo qué es lo que pasa… él quiere que cante con él para el concierto de clausura.

Se acerca a mí, me quita el trofeo de las manos y se lo pasa los del staff para poder entrelazar nuestros dedos. Me pasa un micrófono y susurra en mi oído.

Canta conmigo, Bella.

Su voz es tan suave que soy incapaz de negarme.

Me guía al frente del escenario y mientras camino siento como la tela de mi hermoso vestido acaricia mis piernas desnudas. Los retazos de gasa blanco vuelan a mí alrededor como si se tratasen de un par de alas que están listas para elevarme en cualquier momento y me siento tan ligera como una pluma.

Luces realmente hermosa vuelve a susurrarme.

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No me da tiempo para responderle. Comienza a cantar mi canción, la canción del cisne que se vuelve hermoso ante los ojos del mundo. Y mientras cantamos mi canción a dueto con sus dedos entrelazados con los míos, yo me convierto en ese cisne.

No temas de ser quien eres… No temas más que ya has temido mucho antes, Traslada todo tu miedo al final de la lista

Él canta para mí. Su voz dulce y melodiosa me acaricia. Lo único en lo que puedo pensar es que no quiero esto termine nunca, quiero cantar con él por siempre y estar entre sus brazos por el resto de mi vida. Me siento sumamente cómoda estando con él y nuestras voces suenan increíblemente hermosas fundidas juntas.

Eres tú lo más hermoso que he visto

Canto para él, sonriéndole de oreja a oreja y apretando su mano. Él me devuelve la sonrisa y aprieta mi mano cariñosamente.

Son tus plumas blancas y radiantes las que atraen las miradas Date cuenta, ¡todos te miran!

Hago caso a lo que canta y vuelvo la vista a la audiencia. Ellos nos miran con ojos agrandados y rostros felices. Todos parecen encantados escuchando como la voz de Edward y la mía se fusionan en una misma con matices diferentes y angelicales. Nuestra actuación es tan perfecta, parecemos ser uno mismo que me cuesta creer que realmente sea yo la que canta junto a este ser tan perfecto.

Lo has logrado. El cisne ha emergido… El cisne ha emergido.

Sigue cantando para mí. Entonces suelta mi mano y da un par de pasos hacia atrás, yo lo miro apartarse pero él continua mirándome con esa sonrisa en los ojos y sé que todo estará bien.

El cisne ha emergido. No hay fenómeno más hermoso que este El cisne canta por fin y es capaz de ver El brillo que le rodea y le cambia Ya no hay más rareza en él,

Canto yo y mi voz se va volviendo más y más delgada para el tan amado final…

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El cisne es bello… El cisne siempre fue bello Sólo que él nunca se miró a sí mismo.

Cuando termino de cantar me doy cuenta de lo que realmente significa la canción. No se trata de mí siendo transformada físicamente por un hada madrina sino de mí encontrando mi propia belleza interna y aprendiendo a proyectarla hacia los demás. Siempre supe que se trataba de mí… pero aún me faltaba identificar en qué escenario.

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Capítulo VIII

Por siempre y para siempre

N o puedo despedirme de Edward como me gustaría porque la señorita Greene está tan emocionada que nos lleva a celebrar nuestra victoria. Después del concierto de clausura ella prácticamente nos arrastra hasta un restaurante donde celebramos con sidra de

manzana nuestro primerísimo lugar.

Al día siguiente es hora de irnos y yo no he podido ver a Edward después de que cantamos juntos en el concierto de clausura.

Date prisa, Bella, o el avión nos dejará dice Alice, cerrando su maleta.

Yo me encuentro frente a la ventana, esperando tontamente que él aparezca de la nada y me reciba entre sus brazos.

Mi maleta ya está lista, Ali respondo con voz monótona.

La escucho suspirar. Ella sabe muy bien lo que significa Edward para mí y sabe cómo me siento. Estar enamorada no es algo que se le pueda ocultar a la pequeña duendecilla de cabello rebelde.

Bella, sé que te cuesta trabajo irte de aquí toca mi hombro y vuelve a suspirar, pero estoy segura de que encontraran la manera de estar juntos muy pronto. Lo sé, Alice, lo sé susurró. Exhalo con pesar y mi aliento nubla el vidrio de ventana. Paso la manga de mi sudadera para limpiarla y es entonces cuando lo veo.

Él está ahí, de pie bajo mi ventana y viendo directamente donde yo estoy. Una sonrisa se dibuja en nuestros rostros al mismo tiempo y siento como mi corazón se acelera, deseoso de encontrarse con el suyo. Salto fuera del alfeizar de la ventana e ignorando a Alice, corro hacia la puerta principal para encontrarme con él.

Estoy nerviosa y emocionada cuando llego a la puerta y lo veo ahí bajo la fina pelusa de nieve que ha comenzado a caer. Su rostro luce más pálido pero se lo atribuyo al clima y me lanzo contra su cuerpo. Cuando me encuentro rodeando su cuello con mis brazos es como si se tratase de un antídoto para el acelere de mi corazón. Él ríe en mi oído y en ese momento decido que es mi sonido favorito sobre toda la faz de la Tierra.

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¿Pensabas que te dejaría ir sin despedirnos? pregunta.

Me río mientras lo aparto para mirarlo a los ojos.

No, claro que no respondo, sonriente. Cuando estoy con él no sonreír es prácticamente imposible.

Su mano se alza para atrapar un mechón rebelde que se ha salido de mi coleta; enrolla mi pelo en

su dedo luego suspira mientras lo deja detrás de mi oreja. Me apego a él aspirando su escencia.

Deseo grabarla en mi memoria para siempre, llevarla conmigo si nunca más lo vuelvo a ver. Quiero recordarlo todo de él, absolutamente todo. Su voz, su pelo, sus ojos, sus labios, su escencia, el sonido de su voz diciendo que me quiere, la dulce melodía que produce cuando canta conmigo…

Te amo murmura en mi oído.

Y no puedo más, lágrimas traisioneras escapan de mis ojos y terminan mojando su chamarra de

cuero. Te amo. Te amo. Te amo, pienso para mí.

Te amo muchísimo, Isabella Swan repite. Y me estrecha con más fuerza entre sus brazos.

Suelto un sollozo desde el fondo de mi garganta y él alza una mano para acariciar mi cabeza. Me siento pequeña bajo sus manos, siento que le necesito para sentirme protegida… lo siento como

si fuera una parte muy, muy importante de mí.

También te amo, Edward Cullen respondo entre hipidos.

Sus manos cogen mi rostro y guía mis labios hasta los suyos. Yo me derrito en su boca, saboreando cada movimiento, su boca sabe a nieve y me recuerda al bosque húmedo que se expande detrás de mi casa. Él me recuerda a casa… porque él es mi casa.

Escucho mi nombre a la distancia y sé que tengo que irme pero no puedo deslindar mis brazos de entorno a él. No quiero separarme nunca. Deseo que pueda ir conmigo, deseo no tener que despedirme, deseo poder quedarme con él por siempre sintiendo sus brazos estrecharme contra su cuerpo con más y más fuerza. Lo deseo a él a mi lado… por siempre y para siempre.

Ya es hora murmura con pesar.

Asiento pero no lo libero y él tampoco parece tener intenciones de liberarme.

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Estaremos juntos muy pronto promete. Trabajaré y reuniré el dinero suficiente para comprarme un auto y entonces podremos vernos todos los días si lo deseas.

Sus palabras se quiebran como si él no creyese sus propias promesas. Me alarmo pero no lo demuestro.

Pronto murmuro.

Él asiente y acaricia mis labios con los suyos por última vez antes de soltarme. Yo sigo rodeando su cuerpo, no quiero dejarle pese a que sé que tengo que hacerlo. Edward toma mis manos y se libera a sí mismo, besa mi frente arrugada con pena y asiente en dirección a donde esperan todas las demás.

Te llamaré cuando llegue a casa. Haremos que esto funcione, lo prometo.

Más lágrimas salen por mis ojos, quiero decir tanto pero todo está atorado en mi garganta y hablar me resulta imposible. Me doy media vuelta sin decir nada y corro hacia el autobús que ahora solo espera por mí, subo a él sin voltear atrás y me dejo caer en el primer asiento libre. La señorita Greene entra después de mí y la puerta del autobús se cierra. Me pego a la ventana mientras el autobús se pone en marcha; lo veo a él aun de pie en la puerta del hotel, levanta una mano para decir adiós y veo lágrimas en su rostro… eso hace que sienta como si mi corazón fuese pateado desde dentro y con lágrimas corriendo por mi rostro, alzo mi mano y le digo adiós al único hombre que amaré en mi vida.

El viaje de regreso a casa es largo y cuando finalmente llegamos a Forks estoy tan cansada que camino con los ojos cerrados. Mamá me abraza con fuerza y me felicita por nuestra victoria pero yo no puedo responder a su entusiasmo ya que me encuentro tan cansada que casi comienzo a roncar en su hombro mientras me abraza.

Nunca estuve tan agradecida de poder tumbarme en mi cama como hasta ahora. Me dejo caer en las colchas sin sacarme los zapatos y caigo en un sueño profundo tan pronto mi mejilla entra en contacto con la almohada. Tengo un sueño hermoso donde Edward y yo nos encontramos en un hermoso y basto prado lleno de flores silvestres color lavanda, él me abraza y contemplamos un cielo estrellado con una hermosa luna llena. Él acaricia mis brazos con movimientos circulares y yo me siento segura estando con él.

Despierto al día siguiente gracias al despertador que está en mi cómoda y sé que el tiempo de soñar ha terminado. Debo volver a la realidad con el colegio, los exámenes finales y con la molesta y engreída Jessica Stanley.

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Me arrastro hasta el cuarto de baño y hago la rutina de belleza que Alice me enseñó y después me

meto en un par de jeans y una sudadera marrón, trenzo mi cabello por un lado y me cuelgo la

mochila al hombro. En el piso de abajo mamá ha preparado hot cackes para el desayuno y zumo

de naranja. Me recibe con una sonrisa enorme y un beso en ambas mejillas. Está emocionada,

igual que yo, y sé que en cuanto llegue del instituto ella querrá saber hasta el último detalle de mi

viaje.

Mi plaza habitual esta desocupada y a cinco lugares más está el auto de Jake; él está esperándome

recargado sobre el capo, leyendo no sé qué cosa. Justo como antes de que me fuera. Bajo del auto

de un brinco y con la mochila bien aferrada a mi espalda corro hacia mi mejor amigo y le tacleo.

Hey, nena se ríe Jake cuando me atrapa. Yo estoy sobre de él y él está prácticamente acostado sobre el capo de su auto. Me incorporo y le tiendo una mano para ayudarle a levantarse. Él la toma y luego ríe. Apuesto a que me extrañaste le digo, sonriente.

Se la piensa antes de contestar.

—La verdad es que…

Le hago un puchero, ¿realmente no extrañó a su mejor amiga?

¡Es una broma, nena! ¡Claro que te extrañé! se mofa.

Le tiro un juguetón puñetazo en el hombro. Él se acaricia como si realmente le hubiese dolido y

entonces ambos estallamos en risotadas.

Yo también te extrañé, Jake la verdad es que sólo lo extrañé como por dos segundos. Después de conocer a Edward, él monopolizó mi mente dejando sólo espacio para la competencia.

Escuché que ganaron dice, como quien no quiere la cosa. Sé que vio el programa, y él sabe

que yo lo sé.

Escuchaste bien respondo.

Me alegro mucho alza una de sus enormes manos y me despeina. Yo huyo de su mano pero

me sigo riendo como tonta. Se lo merecían.

Lo sé. Fue realmente estupendo cuando escuché nuestro nombre le digo, emocionada. Creí que me daría un ataque o algo así, mi corazón latía como el de un colibrí. Jake ríe conmigo pero de pronto se pone serio y me mira directamente a los ojos. Los suyos son

oscuros, y están flaqueados por espesas y largas pestañas oscuras.

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Nunca, ni en un millón de años hubiera anticipado el siguiente movimiento de Jake, y es que se supone que somos amigos. Él se inclina hacia mí y coge mi rostro entre sus manos para después besarme con una fuerza y determinación que jamás había sentido.

Mentiría si dijera que no sentí nada porque tan pronto como me besó sentí un remolino en mi interior que destruía todo a su paso. Sentí mi rostro enrojecerse y mi estómago dar un retortijón. Las cosas no se suponían que fueran así. Jake era mi amigo, mi mejor amigo… y los mejores amigos no andan por ahí besándose entre sí.

Me aparto de él pero aún tiene mi rostro cogido entre sus manos. Intento tirar mi cabeza lejos de él pero mal interpreta mi movimiento y vuelve a besarme, esta vez con más ternura y dulzura. Quiero sepárame de él. Una parte de mi cabeza me grita que tengo que detenerle, me dice que mis labios le pertenecen a Edward y a nadie más… pero entonces está la otra parte de mi cabeza que me grita que me redima ante Jake y que acepte el amor que me está ofreciendo porque lo que sucedió con Edward no será más que un grato recuerdo.

Así es como debió de ser siempre murmura cuando deja de besarme. Un beso entre labios que nunca han besado a nadie antes.

Un nudo se crea en mi garganta. Jake, mi mejor amigo, el que nunca ha tenido una novia y quien siempre ha estado ahí para defenderme de esos estúpidos que intentaban jugar conmigo, cree que

ha sido el beso perfecto porque nuestros labios nunca han dado un beso antes. Pero él no conoce

acerca de Edward y nuestros ratos abrazados con largas sesiones de besos.

La campana suena detrás de mí y es cuando aprovecho la oportunidad y salgo pitando de ahí,

dejando a Jake en el estacionamiento con la estúpida línea de te veo en el almuerzo.

El

día pasa y yo no puedo pensar en otra cosa que no sea en Jake besándome. Me resulta extraño

ya

que he pasado casi toda mi vida junto a su lado pero nunca he sido capaz de verle con otros

ojos que no sean los de un mejor amigo.

Tal parece que él si ha sido capaz de verte con otros ojos. Murmura una voz burlona dentro de

mi cabeza.

Intento sacar el recuerdo de esta mañana de mi cabeza pero es imposible. Jake acapara todos mis pensamientos y ni si quiera las felicitaciones de mi profesor de literatura pueden ayudarme a sacarlo de mi mente. Comienzo a imaginar un futuro junto a él, me veo caminando al altar cogida de su mano, besándole frente a todos los demás, bailando el primer vals juntos… entonces Edward viene a mi mente y me imagino el mismo escenario con él. Me encuentro frente a un sendero que se divide en dos caminos totalmente diferentes. Jake es mi derecha y Edward mi izquierda ¿Adónde debo ir? Jake es real y Edward me parece tan irreal y distante…

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La campana del almuerzo sueno y mis piernas parecen gelatinas mientras entro en la cafetería. Mi estómago está tan inseguro que opto por comprar solo una soda y me traslado hasta nuestra mesa, donde Jake ya me está esperando. En su rostro hay una sonrisa enorme cuando ocupo mi lugar frente a él.

Hola le digo deslizándome en mi asiento y dejando mi lata de refresco en la mesa junto a mi móvil. ¿Cómo estuvieron las clases, nena? me estremezco ante la última palabra. Siempre pensé que lo decía por cariño o cortesía… ahora sé porqué lo dice.

El nudo a mi garganta regresa cuando recuerdo sus palabras de esta mañana Un beso entre labios

que nunca han besado a nadie antes.

Jake, tengo que decirte algo murmuro, viendo a la mesa. Sólo hazlo, nena.

Cada vez que dice esa palabra siento como si alguien pateara mi trasero. En esos momentos prefiero lidiar con Jessica que lidiar con él.

Hay alguien, Jake comienzo, y me atrevo a mirarle a los ojos. Su nombre es Edward y lo conocí en el concurso… él y yo tuvimos algo que ver y… bueno, él y yo… —Estuvieron juntos me ofrece. No de la manera que tú piensas le aclaro.

Él se relaja y vuelve a sonreírme.

Nos besamos unas veces le digo—. Y bueno yo… —No importa, nena me dice, tomando mi mano sobre la mesa. Eso ya pasó.

Se encoge de hombros. Él piensa que Edward fue algo pasajero pero mi corazón grita que no es así y estoy a punto de decírselo cuando mi móvil comienza a sonar.

Los ojos de Jake vuelan a ver la pantalla pero yo no necesito hacerlo para saber quién es. Es su tono.

No hagas eso murmura, cuando comienzo a soltar mi mano de la suya. Yo estoy aquí, contigo. Lo siento, Jake susurro. Yo soy real, Bella insiste. Él no lo es.

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Tiro mi mano lejos de la suya y cojo mi móvil, en la pantalla puedo ver Edward y un corazón. Infantil, lo sé, pero él mismo ingresó su número en mi teléfono.

Lo es para mí, Jake y con eso, me pongo de pie y salgo de la cafetería con mi móvil apretado fuertemente entre mis manos.

Él cuelga antes de que llegue a la puerta pero vuelve a marcar de inmediato.

Siempre tan perseverante, Edward Cullen. Digo para mis adentros antes de tomar su llamada.

Hola respondo.

“¿Podría comunicarme con la dueña de mi corazón, por favor?” escucho su voz desde el otro