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AMOR Y VIOLENCIA

La dimensión afectiva del maltrato

Pepa Horno Goicoechea AMOR Y VIOLENCIA La dimensión afectiva del maltrato 2ª edición Desclée De

Pepa Horno Goicoechea

AMOR Y VIOLENCIA

La dimensión afectiva del maltrato

2ª edición

Pepa Horno Goicoechea AMOR Y VIOLENCIA La dimensión afectiva del maltrato 2ª edición Desclée De Brouwer

Desclée De Brouwer

1ª edición: febrero 2009 2ª edición: marzo 2009

© Pepa Horno Goicoechea, 2009

© EDITORIAL DESCLÉE DE BROUWER, S.A., 2009 Henao, 6 - 48009 BILBAO

www.edesclee.com

info@edesclee.com

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública y transformación de esta obra sólo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos –www.cedro.org–), si nece- sita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.

Impreso en España - Printed in Spain ISBN: 978-84-330-2300-1 Depósito Legal:

Impresión: Publidisa, S.A. - Sevilla

A ti, mi amor, que cuando cierro este libro estás a punto de llegar.

A Mario, Julia, David, Lisi, Ignacio, Inés y Jacobo, Fran, Álvaro, Catalina y Patricia, María e Isabel, Iara y Pablo, Irene, Leo y Veva, Esteban, Irene y Marina, Alex y Rodrigo, Laura, Irene, Sofía, Inés y Anita, Lala, Pedrito y Simón, Oriol e Iván, Ana, Pablo, Alfonso y Gonzalo, Carlota, Javier… que nacieron del amor.

Al comité de lectura crítica de este libro, y a todas las personas que he conocido estos años dispuestas a ser “optimistas patológicos” en el sueño por un mundo sin violencia, gracias por sostenerme.

Índice

Introducción

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1. ¿Qué significa ser violento con

 

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1. Defendiendo la violencia

 

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Agresividad

1.1. .

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1.2. Violencia

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1.3. Violencia interpersonal: agresión y

 

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2. Cuándo empieza la violencia

 

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3. Factores que hacen posible la violencia

 

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4. La violencia en las diferentes culturas

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2. La relación entre el amor y la

 

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1. El

poder y

la

violencia

 

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2. La autoridad como una forma de poder

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3. El amor como una forma de poder

 

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4. Los componentes afectivos de un conflicto

 

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5. Afecto

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3. El afecto y el desarrollo

 

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1. El afecto en el desarrollo del psiquismo

 

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2. Los vínculos afectivos, creadores de relato

 

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3. La construcción de los vínculos afectivos

 

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Amor y violencia

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4. Las consecuencias de la violencia en el desarrollo afectivo

de

la

persona.

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1.

Las consecuencias de la violencia en el desarrollo

 

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2.

Algunas consecuencias más probables del maltrato en el

 

desarrollo de

la

víctima

 

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3.

La importancia de la reacción del

 

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5. Intervenir sobre la violencia

 

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1. Promoviendo la resiliencia

 

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1.1. ¿Qué es la resiliencia?

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1.2. ¿Cuáles son las guías de resiliencia?

 

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2. El papel de los profesionales ante el

 

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2.1. ¿Ha de vincularse afectivamente un profesional?

 

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2.2. Pautas generales en la intervención

 

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Introducción

Vincular en una sola frase amor y violencia parece una incoherencia, una realidad imposible. Necesitamos creer que el amor nos mantiene a salvo de la violencia, que alguien que ama de verdad no puede dañar a quien ama, pero no siempre es así.

Cuando pensamos en la violencia, siempre pensamos en algo destruc- tivo, lo consideramos la antítesis del afecto, de la vinculación afectiva. Del mismo modo, cuando pensamos en la palabra afecto siempre pensamos en algo positivo, constructivo, pleno, algo que hace crecer. Pero hemos de entender que es un concepto idealizado y falso del afecto. En el afecto también puede haber manipulación, engaño y daño. Hay afectos que dañan, afectos que destruyen sin dejar de ser afectos.

La mayoría de los casos de violencia tanto hacia los adultos, como ha-

cia los niños y niñas o hacia las personas de la tercera edad, se dan por par- te de personas del entorno cercano a la víctima, a menudo personas de su

personas ante las cuales la víctima creía sentirse

propia familia, su pareja

a salvo y protegida. Este es el primer dato que ha de hacernos sospechar que la violencia no es algo ajeno a las relaciones afectivas, sino que se da mayoritariamente en el marco de éstas. Hemos de preguntarnos por qué.

Muchas víctimas de la violencia, además, a pesar de ser conscientes de estar siendo agredidas, no son capaces de romper los vínculos que las unen a su agresor. Éste es un fenómeno que tampoco se entiende desde fuera de este círculo de amor-violencia que en ocasiones se establece en las relaciones personales.

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Amor y violencia

Amor

y

violencia

Estos no son sino indicios de algo que se nos hace difícil de aceptar:

que la violencia no es ajena al mundo de los afectos, que forma parte de las relaciones afectivas. A menudo los seres humanos necesitamos creer que determinadas realidades les suceden a otros, que permanecen lejanas

a nosotros y a aquellos a quienes queremos, pero no es así. A menudo,

aunque haya violencia en una familia, eso no significa que no haya afecto, los límites no son tan claros ni tan cerrados como nosotros querríamos creer. El proceso por el que una persona llega a maltratar a otra en un en- torno familiar o cercano no es algo que suceda de la noche a la mañana, sino que llega como consecuencia de una serie de vivencias y factores en- cadenados de los que en principio nadie permanece al margen.

La violencia dentro de las relaciones es un continuo que va desde las formas más sutiles (en muchos casos socialmente aceptadas y a las que estamos tan acostumbrados que vivimos como parte lógica de la vida y ni siquiera percibimos a veces como violencia), hasta las formas más extre- mas de maltrato. El maltrato es uno de los extremos del continuo de for- mas de violencia. Las personas que maltratan no son “monstruos”, aun- que puedan actuar como tales, no son diferentes, sino que tienen menos recursos personales, una historia destructiva detrás, una falta de empatía, en algunos casos psicopatologías asociadas y una serie de factores que les hacen llegar a ese extremo.

En la violencia intrafamiliar o en el entorno cercano, cualquier inter- vención terapéutica con las víctimas de violencia y con sus agresores, sean quienes sean, requiere un trabajo a largo plazo sobre sus modelos afecti- vos, sobre su forma de relacionarse afectivamente con los demás. No se trata en ningún momento de justificar o eximir de la responsabilidad de

la agresión, sino de posibilitar elementos que contribuyan a mejorar nues-

tra intervención.

No hemos de pertenecer a un mundo determinado, con un nivel so- cioeconómico o educativo concreto, para estar “a salvo”. El maltrato se da en todos los ámbitos y niveles, porque es un fenómeno que tiene que ver con la violencia dentro de las relaciones humanas, y ahí cabemos todos.

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Los relatos

Los

relatos

En la mayoría de los casos de maltrato intrafamiliar o en el entorno cerca- no, para la persona que es violenta, sea adulto o menor de edad, y para la víctima hay una relación afectiva, y nos equivocamos si entendemos co- mo cinismo la afirmación de ese cariño. En el ámbito de la violencia una división de “buenos” y “malos”, de “enfermos” y “sanos” no responde a la realidad que nos vemos obligados a afrontar.

Hay personas que maltratan con componentes psicopáticos y que no establecen relación ninguna con sus víctimas, o lo hacen desde la manipu-

lación y el engaño como un modo de acercamiento y de sometimiento de la víctima. Son casos de violencia extrafamiliar, por parte de desconocidos

o en contextos de explotación, entre otros. Pero la mayoría de los casos de

maltrato se dan en el contexto familiar o cercano en donde la vinculación afectiva ya existe y donde se centra este libro.

El objetivo de este libro quiere ser, por tanto, proporcionar a los pro- fesionales elementos para facilitar tanto la comprensión de la dimensión

afectiva y relacional de la violencia en el ámbito intrafamiliar o en el entor- no cercano, como el diseño de programas de intervención sobre la misma. El público destinario de estas páginas son todos aquellos que de un modo

u otro trabajan con víctimas y/o agresores, aquellos que desde los diferen-

tes ámbitos: social, educativo, sanitario, policial o judicial, buscan promo- ver en las personas con las que trabajan los elementos de resiliencia que les permitan sanar las heridas que la violencia ha dejado en su psiquismo.

El enfoque de los diferentes capítulos está conscientemente centrado en la dimensión afectiva del desarrollo de la víctima y en el modo en que esta dimensión está incorporada a los programas de intervención. Es una opción consciente y elegida que busca visibilizar un componente a menu- do olvidado en los programas de intervención sobre violencia que, sin embargo, a mi entender es imprescindible para comprender las dinámicas que subyacen a la misma.

No me centraré en otros aspectos de la intervención que considero ampliamente desarrollados en trabajos de otros autores. Así mismo, tam-

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Amor y violencia

Amor

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violencia

poco pretendo realizar un desarrollo técnico exhaustivo de cada idea planteada porque no sería posible en un solo libro, pero sí proporcionar elementos para el análisis y la reflexión sobre la dimensión afectiva, desde los que el lector pueda ampliar aquello que considere necesario.

Dada mi trayectoria profesional, a la hora de exponer la violencia in- trafamiliar o en el entorno cercano, la ejemplificaré mayoritariamente en la violencia ejercida contra los niños y niñas, no entrando tanto en otras formas de violencia intrafamiliar como la violencia contra los mayores o la violencia de género. Es una limitación del contenido que espero los lec- tores sepan disculpar.

Creo que si no incorporamos la dimensión afectiva a nuestro trabajo como profesionales en el ámbito de la violencia, sea en los programas de prevención en el ámbito educativo, el trabajo con los padres y madres, o al trabajo con víctimas y/o agresores, no vamos a poder modificar los mo- delos de relación afectiva destructiva que conlleva y perpetúa la experien- cia de la violencia. Ése es el reto al que este libro pretende aportar algunos elementos de análisis.

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¿Qué significa ser violento con alguien?

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1. DEFINIENDO LA VIOLENCIA

Analizar y comprender un fenómeno es un requisito imprescindible para desarrollar cualquier estrategia de intervención sobre él. La pri- mera estrategia para prevenir o erradicar la violencia es que los profe- sionales conozcan y comprendan la violencia en su dimensión real y desde una perspectiva no sólo profesional sino personal, que puedan reconocer la violencia que han vivido y viven en sus propias vidas para poder reconocer la violencia que sufren y viven las personas con las que trabajan.

La violencia se define, según la OMS 1 , como “el uso deliberado de la fuer- za física o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daño psicológico, trastornos del desarrollo o privaciones y atenta contra el derecho a la salud y la vida de la población”.

En este sentido, se ha de establecer la diferencia entre los siguientes conceptos básicos: agresividad y violencia, y dentro de ésta, agresión y maltrato.

1. OMS (2002) “Informe mundial sobre violencia y salud”.

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Amor y violencia

Amor

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violencia

1.1. Agresividad

Agresividad, según su etimología, significa “ir hacia”. La agresividad es un componente fisiológico del ser humano, positivo para su desarrollo y supervivencia. Traemos toda una serie de capacidades que son positivas para garantizar nuestra supervivencia animal, defendiéndonos de los ata- ques o activando al máximo nuestros recursos en situaciones de peligro. La agresividad conlleva, además del experiencial y el cognitivo, toda una serie de componentes neurofisiológicos y bioquímicos, que son los que pone en marcha una mujer al parir, casi todas las personas ante un fuego, accidente o demás y cualquier persona cuando recibe una agresión de otra persona.

Es un componente además que tiene una duración limitada en el tiem- po, puesto que no se puede vivir esa activación de forma prolongada, sobre todo dada la escalada de dicha activación durante ese periodo. Es decir, que cuando la agresividad se dispara, es difícil controlarla para la persona, aunque uno de los aspectos que distingue al ser humano como especie ani- mal es que puede controlar su conducta, incluida la agresividad. Tiene la capacidad de raciocinio para poder manejarla, pero es importante saber que cuanto más tarde se intente parar, más difícil va a resultar.

Pero la agresividad es un componente positivo del ser humano que se emplea en situaciones de peligro y supervivencia, para sobrevivir o de- fenderse, no para hacer daño al otro. En el momento que se utilizan esas capacidades para dañar a otra persona, es cuando se es violento, y ésa es una posibilidad que se aprende de los modelos relacionales, sociales y culturales en donde se desarrolla la persona.

1.2. Violencia

La violencia no es un fenómeno simple, ni único. Existen distintas for- mas de violencia que abarcan fenómenos y realidades muy distintos entre sí. Es un fenómeno que se produce en escalada, que se autoalimenta, que crea un continuo de formas de violencia que van desde las más leves agre-

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¿Qué

significa

ser

violento

con

alguien?

¿Qué significa ser violento con alguien? siones hasta las más severas formas de maltrato y es

siones hasta las más severas formas de maltrato y es fundamental estable- cer dónde comienza la violencia, cuándo un comportamiento es violento, cuándo se cruza la línea que marca la violencia y el daño que ésta produ- ce en el desarrollo de quien la recibe.

Uno de los problemas más importantes para lograr esa percepción del fenómeno de la violencia es que ésta se evalúa desde el modo en que se ejerce, no desde su raíz, y dentro de los modos posibles en que un agresor puede ser violento con otra persona, percibimos y nos limitamos casi siempre a los más obvios, a los más visibles.

Dentro de la violencia interpersonal, más adelante se establece la dife- rencia entre agresión y violencia, pero es importante darse cuenta de que cuando se piensa en la violencia, se tiende a reducirla sólo a su imagen más evidente: la paliza física o el abuso sexual, pero se puede pensar en otras formas de violencia, como por ejemplo la violencia psicológica o la negligencia que se dan en conductas que a menudo ni siquiera son con- templadas como violentas.

Ejemplos de violencia psicológica serían:

El decirle a un niño “no vales para nada” o “me avergüenzo de ti, de ser tu padre” o “ojalá no te hubiese tenido”.

El ignorar sistemáticamente a una persona dentro de un grupo, ha- ciéndole el “vacío”.

Chantajear afectivamente a la pareja, amenazándole con abando- narle reiteradamente.

Hacer sentir culpable a un anciano de no poderse valer por sí mis- mo y necesitar ayuda.

Ejemplos de negligencia serían:

No visitar nunca a un familiar anciano a la residencia.

Conducir bebido con sus hijos en el coche.

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Amor y violencia

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violencia

La negligencia, o la violencia psíquica son dos de las formas de violen- cia menos conocidas y menos penalizadas, y sin embargo, según las esta- dísticas, las más abundantes. El modo, lo visible, lo aparente, una vez más, impide ver lo importante. En estas tipologías de maltrato no existe una violencia visible o palpable y eso las hace menos conocidas y peor va- loradas.

Existen también otras formas de violencia no interpersonal, formas de violencia que van dirigidas hacia un grupo o comunidad, o que son for- mas de violencia ejercidas por las instituciones. Algunos ejemplos serían los conflictos armados, la violencia en los medios de comunicación o la desigualdad económica y social, entre otros.

El primer criterio que subyace a todas estas conductas o fenómenos y que se ha de entender para definir una acción, situación o hecho como violento, es el daño (o el riesgo del mismo) que produce en el desarrollo de quienes lo viven, independientemente de la intención con la que fueron ejercidas.

Muchas de las acciones violentas pueden no ser ejercidas intencional- mente, es decir, que no siempre el agresor o agresora tiene la intención de ser violento o dañar al otro, pero cuando esto ocurre, la violencia se ha dado. Dos ejemplos muy distintos entre sí: las guerras son violencia cuyas víctimas son todas las personas que lo viven, sean o no asesinados, heri- dos o demás, sólo por el hecho de vivir en un conflicto bélico ya están vi- viendo una situación de violencia o cuando en un accidente de coche no premeditado se mata o hiere a una persona, se está infligiendo violencia de forma no intencional. Otro ejemplo de una realidad completamente di- ferente, son las formas de disciplina violentas, el castigo físico y/o psico- lógico, los padres y madres que las emplean no lo hacen por dañar a sus hijos sino al revés, en la creencia de que les están educando y por su bien. El problema es que utilizar esas pautas de castigo violento daña el desa- rrollo de los niños y niñas, fuera cual fuera la intención de las figuras pa- rentales al usarlas.

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¿Qué

significa

ser

violento

con

alguien?

¿Qué significa ser violento con alguien? Así mismo, respecto al concepto del daño, esencial en esta

Así mismo, respecto al concepto del daño, esencial en esta compren- sión de la violencia, hay algunos aspectos importantes a analizar:

La persona puede sufrir daños en su desarrollo que no sean causa- dos por violencia. Existen sufrimientos en la vida que no vienen producidos por un abuso de poder de otra persona, o institución, por lo que no pueden ser considerados violencia independiente- mente de que puedan producir un daño a la persona o no.

Violencia no es sólo el daño, sino el poner a la persona en riesgo de sufrirlo. Los derechos humanos son el marco de referencia acorda- do y asumido socialmente que delimita las condiciones para el de- sarrollo óptimo de la persona, y su vulneración constituye una si- tuación de riesgo para quienes se ven implicados. La violencia es una de las más flagrantes vulneraciones de los derechos humanos porque supone una situación de riesgo de daño y la vulneración de la norma que delimita la protección de la persona de ese riesgo. Dos ejemplos claros de la diferencia entre producir daño y poner a la persona en riesgo de sufrir ese daño (ambos criterios definito- rios de la violencia) son: cuando una persona intenta pegar a otra

y ésta esquiva el golpe, puede que no reciba el daño físico, pero

desde luego se ha ejercido la violencia contra esa persona, o cuan- do una persona intenta mediante la crítica o la humillación dañar

a otra persona, pero ésta no se da por aludida, el daño psicológico

no se produce, pero sí se ha puesto a la persona en riesgo de vivir- lo. Por eso la violencia se debe evaluar tanto desde la intención de quien la ejerce (el abuso que hace de su situación de poder) como desde el daño (o riesgo del mismo) que produce en la víctima.

Se ha de diferenciar entre el daño y la percepción de ese daño por quien lo vive. Por ejemplo, cuando un niño o niña es abusado sexualmente de muy bebé, no tiene consciencia en ese momento del daño que se le está haciendo, pero el daño es evidente, o cuan- do voy a adoptar un niño, si en vez de hacerlo por los cauces lega-

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Amor y violencia

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violencia

les de protección establecidos, lo “compramos” a las redes de trata de menores, el bebé puede no ser consciente del daño, pero el da- ño está entre otras cosas, tanto por la objetivación del bebé en la compra venta como por las condiciones de desprotección en las que esta compra se realiza.

Además, es importante entender que el daño que produce la vio- lencia puede no limitarse a la persona contra quien va dirigida. Por ejemplo, cuando una persona roba a otra, puede que el daño que le hace afecte a toda su familia, que se quede sin ingresos para subsistir o en otro nivel, cuando el gobierno de un país no cumple los compromisos de respeto al medio ambiente y reducción de emisión de gases contaminantes, no sólo es violento contra sus ciu- dadanos, sino contra los del mundo entero al contribuir a una des- trucción del ecosistema que acabará afectando a todos.

Como segundo criterio para definir la violencia está el abuso de poder. Lo más grave de la violencia no es sólo qué tipo de violencia se ejerce, si- no quién la ejerce, porque para poder ser violento con otra persona yo ten- go que tener o ganar una situación de poder respecto a ella. Este concepto se desarrolla más ampliamente en el segundo capítulo, pero algunos ejemplos de esto pueden ser: el jefe que abusa de su posición de autoridad para obligar a un empleado a hacer tareas que no corresponden a su pues- to, el abusador sexual que busca y crea una relación afectiva con un niño

a través de Internet antes de proponerle tener relaciones sexuales, citarse

o grabarle por la webcam, para garantizarse su obediencia y su silencio, un adulto que hace a un anciano dependiente de él anulando su autono- mía antes de empezar a explotarle económicamente, etc. Todos ellos ga- nan una posición de poder respecto a la víctima antes de agredirla.

Por eso en la mayoría de los casos, los agresores son personas cercanas

a la víctima, importantes para él o ella, que hacen uso del poder que ese

cariño o vinculación afectiva de la víctima hacia ellos comporta para da- ñarlos. La violencia conlleva daño en el desarrollo de la persona no sólo

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¿Qué significa ser violento con alguien? por lo que se le hace sino por quién

¿Qué

significa

ser

violento

con

alguien?

por lo que se le hace sino por quién se lo hace. No es sólo que se les dañe, es también quién les daña. La clave del maltrato además de la acción que se lleva a cabo, es el abuso de poder desde el que se realiza.

¿Cuál es el problema entonces de cara a la intervención de los profe- sionales? Una vez más, que el poder parece un término difícil de medir, véase si no los casos de acoso sexual en el trabajo, o la violencia contra las mujeres. Parece que probar que alguien se ha aprovechado de su si- tuación de autoridad sobre otra persona para obligarla a hacer cosas o soportar situaciones que no deseaba es muy complicado, y sin embargo, está ahí, a la orden del día, las cifras de violencia en el mundo laboral o las muertes de mujeres a manos de sus parejas en nuestro país hablan por sí solas. En el próximo capítulo analizaremos más detalladamente estas relaciones de poder.

Por todo ello, es importante al afrontar un caso de violencia, bien co- mo profesionales o como parte implicada, analizarlo en este orden, como:

un daño en el desarrollo de la persona, a su integridad o dignidad, o el riesgo severo de sufrirlo,

un abuso de poder sobre la persona,

realizado de un modo determinado: físicamente, psíquicamente o sexualmente.

Si se pierde de vista este orden en el análisis, se puede incurrir en erro- res importantes. Una de las problemáticas más importantes en el tema de violencia, de hecho, es que la legislación viene definida desde el último cri- terio: el modo en que esa violencia se ha ejercido, estableciendo sólo como criterios para medir el “poder” la diferencia de edad o condiciones de sa- lud (la discapacidad de la víctima) para establecer el abuso o la relación familiar con la víctima como agravante del maltrato o algunas otras cir- cunstancias específicas. La invisibilidad de muchas formas de violencia en el ámbito judicial es una realidad preocupante, puesto que hace falta for-

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Amor y violencia

Amor

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violencia

mación específica de la que los agentes judiciales a menudo carecen para ser capaces de evaluar la violencia que sucede más allá de lo evidente.

Un ejemplo, legalmente en España se establece una diferencia entre abuso sexual y agresión sexual, en esta segunda categoría a las relaciones sexuales forzadas se le añade el agravante del empleo de violencia física, por lo que se considera más grave y recibe mayores penas. Sin embargo, cuando se trabaja en abuso sexual infantil, se sabe que en la mayoría de los casos, el agresor no recurre a la violencia física porque necesita que el niño mantenga el secreto sobre lo que está pasando, por eso recurrirá más al chantaje, la manipulación o el engaño.

Así nos encontramos en muchos casos, abusos sexuales que han sido cometidos durante años, probablemente por alguien del entorno cercano al niño, que pueden dejar secuelas mucho más graves en el niño que una agresión sexual con violencia física. Entre otras cosas, además, porque an- te ésta, los niños y niñas pueden reaccionar en muchos casos, darse cuen- ta de que eso no está bien, no es normal, en cambio si no hay violencia fí- sica sino una relación manipuladora, los niños y niñas, cuando son muy pequeños, llegan a pensar que lo que les ocurre es lo normal, que es algo habitual en el resto de las familias. Esto hace que, entre otras cosas, tarden muchos casos años en revelarlo.

Este es uno de los ejemplos más claros que hay de cómo el modo en que la violencia tiene lugar puede llevar a error en la valoración del daño evolutivo que esta violencia produce en la persona.

Evaluando un episodio de violencia en el sentido propuesto, se valo- raría antes de nada la conducta del agresor hacia la víctima desde la pers- pectiva del desarrollo evolutivo de la víctima, no sólo desde la intención del agresor o agresora, valorando sus necesidades y el daño que la con- ducta violenta ha podido hacer a su desarrollo y luego las estrategias de las que se ha valido para situarse en una posición de poder respecto a la víctima.

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¿Qué significa ser violento con alguien? La violencia supone la vulneración de los derechos de

¿Qué

significa

ser

violento

con

alguien?

La violencia supone la vulneración de los derechos de la persona y el daño en su desarrollo, su integridad o su dignidad, o el riesgo de sufrirlo, fruto del abuso del poder que se tiene sobre esa persona. Puede que los conceptos psicológicos reflejen una complejidad difícil de medir a veces, pero son los que están detrás de esta realidad, y si no se incluyen en el análisis, no se llega a comprender por qué alguien puede (y de hecho lo hace) ser violento con otra persona.

1.3. Violencia interpersonal: agresión y maltrato

La aceptación social de la violencia como un modo adecuado de cas- tigar conductas censuradas o no deseables forma parte de nuestra socie- dad. La pena capital, el concepto de “guerra justa” o las bofetadas como herramienta educativa son tan solo tres ejemplos muy distintos de esta aceptación social. La dinámica social y el marco en el que se desenvuelven las relaciones incluyen como un elemento constitutivo la violencia. Siempre es el poderoso el que decide sobre el débil. Es la violencia como abuso de poder.

Hablando de las relaciones interpersonales, se cruza el límite de la violencia cuando se utiliza el poder que se tiene sobre otro para obtener un beneficio propio, dañando su desarrollo. Ese beneficio no siempre es consciente y voluntario en la acción (puede ser desahogarse, o justificar- se, entre muchos otros beneficios) y sigue siendo violencia. Una vez cru- zado el límite, comienza un continuo de formas de violencia que van de la agresión puntual al maltrato. Es como en una pelea con alguien, o la rabieta de un niño pequeño, que al principio sabe por qué llora, pero lle- ga un momento que llora y casi ni sabe por qué. En las peleas existe un proceso de escalada en el que las cosas que se dicen son cada vez peores, las heridas causadas más profundas, hasta que los implicados paran, pe- ro esa parada puede llegar en momentos de violencia muy diferentes, se- gún los mecanismos de autocontrol y de manejo del estrés de los que ca- da uno disponga.

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Amor y violencia

Amor

y

violencia

El esquema explicativo de este continuo de formas de violencia sería el siguiente: Agresión Maltrato
El esquema explicativo de este continuo de formas de violencia sería
el siguiente:
Agresión
Maltrato
(Castigo
físico y
psicológico)
VIOLENCIA

Una vez que se cruza la línea, se entra en un continuo que empieza con el grito o el silencio indiferente, las palabras, las amenazas, la humi- llación pública, la bofetada u otras formas de violencia sutiles y aceptadas socialmente y puede acabar en las formas más extremas de abuso sobre la persona, como pueden ser las formas más severas de maltrato físico, psi- cológico o sexual.

Cuando se quiere prevenir la violencia hay que actuar antes de cruzar la línea donde empieza la violencia, promoviendo pautas de relación en- tre las personas que no incluyan la violencia como posibilidad. En el mo- mento que se cruza esa línea, aunque sea de forma liviana, cualquier in- tervención es terapéutica, curativa, destinada a paliar el daño ya hecho. Las estrategias de prevención de violencia son diferentes de la interven- ción una vez que la violencia y el daño que conlleva han tenido ya lugar.

Por todo ello, dentro de la violencia interpersonal, es necesario distin- guir entre agresión y maltrato. En la agresión la violencia es puntual, en el maltrato la violencia es lo que define la relación interpersonal, es algo

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¿Qué significa ser violento con alguien? mantenido en el tiempo. Tanto la agresión como el

¿Qué

significa

ser

violento

con

alguien?

mantenido en el tiempo. Tanto la agresión como el maltrato dañan el de- sarrollo de la víctima, por eso son violencia, pero son fenómenos diferen- tes. Pegar una bofetada o insultar a un adulto o a un niño es una agresión, y como tal, una forma de violencia; hacerlo reiteradamente todos los días vejándole y humillándole, además de agrediéndole físicamente es una forma de maltrato. Para que se dé el maltrato, tiene que ser una pauta con una intensidad, duración e intención determinadas, pero tanto la agresión como el maltrato son formas de violencia injustificables.

Dentro del concepto “maltrato” a su vez se establecen distintas tipolo- gías o formas de violencia en función de diferentes variables, que es bueno conocer porque a veces se usan los términos erróneamente 2 . Al analizar los factores causales y consecuencias de la violencia, se harán algunas especi- ficaciones, diferenciando la violencia contra los niños y niñas de la violen- cia de género o la violencia contra las personas mayores, pero a la hora de explicar las tipologías, se hará por el modo en que se produce el maltrato, no por su víctima u otros criterios posibles.

Las tipologías de maltrato son:

1. Maltrato físico es cualquier acción no accidental por parte de una

persona hacia la víctima que provoque daño físico o enfermedad en la víc- tima o le coloque en grave riesgo de padecerlo.

2. Negligencia y abandono físico es toda situación en la que las nece-

sidades básicas de la persona, por ejemplo, alimentación, vestido, higiene, protección y vigilancia en las situaciones potencialmente peligrosas, edu- cación y/o cuidados de salud, no son atendidas temporal o permanente- mente por ningún miembro del grupo que convive con la víctima.

2. SAVE THE CHILDREN “Abuso sexual infantil: manual de prevención del abuso sexual

infantil” Coordinado por Pepa Horno Goicoechea, Ana Santos Náñez y Carmen del Molino

Alonso (2001).

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Amor y violencia

Amor

y

violencia

3. Maltrato y abandono emocional es la hostilidad verbal crónica en

forma de insulto, desprecio, crítica o amenaza de abandono, y constante bloqueo de las iniciativas de interacción (desde la evitación hasta el encie- rro o el confinamiento) por parte del agresor a la víctima, así como la falta de respuesta a las señales comunicativas de la víctima y expresiones emo- cionales.

El abandono emocional se define en el caso de los niños y niñas como la falta persistente de respuesta a las señales (llanto, sonrisa), expresiones emocionales y conductas procuradoras de proximidad e interacción ini- ciadas por el niño y la falta de iniciativa de interacción y contacto por par- te de una figura adulta estable.

4. Abuso Sexual. En el caso del abuso sexual entre adultos, hablamos

de cualquier contacto o interacción sexual realizado sin consentimiento por parte de la víctima. En el caso de los niños y niñas, en España se en- tiende que este consentimiento nunca puede existir si son menores de 13 años o que puede estar viciado entre los 13 y los 18. Se define como “… Contactos e interacciones entre un niño o niña y un adulto cuando el adulto (agresor) usa al niño o niña para estimularse sexualmente él mis- mo, al niño o niña o a otra persona”.

Dentro de esta tipología de abuso sexual, destacamos además las siguientes categorías:

Abuso sexual. Cualquier forma de interacción física con o sin acce- so carnal, realizado sin violencia o intimidación y sin consenti- miento. Puede incluir: penetración vaginal, oral y anal, penetración digital, caricias o proposiciones verbales explícitas. Puede haber abuso sexual con contacto físico, unos tocamientos, por ejemplo, y sin contacto físico, por ejemplo, obligar a un niño a ver una pelícu- la pornográfica.

Agresión sexual. Cualquier forma de contacto físico con o sin ac- ceso carnal con violencia o intimidación y sin consentimiento de la

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¿Qué significa ser violento con alguien? víctima. El ejemplo más claro de agresión sexual es

¿Qué

significa

ser

violento

con

alguien?

víctima. El ejemplo más claro de agresión sexual es la violación. Abuso y agresión sexual se diferencian únicamente por el uso de la violencia o intimidación.

Exhibicionismo. Se establece como categoría diferenciada por su gran incidencia, pero en realidad es un tipo de abuso sexual sin contacto físico.

Explotación sexual. Una categoría de abuso sexual 3 en la que el abusador persigue un beneficio económico.

Dentro de explotación sexual, existen diferentes modalidades a tener en cuenta, puesto que presentan distintas características e incidencia:

Trata con fines de explotación sexual: cuando se traslada a la vícti- ma de un país a otro para ser sometida a alguna forma de explota- ción sexual. Existen otras formas de trata que no son para fines sexuales, hay trata de personas para la explotación laboral, tráfico de órganos, la adopción ilegal o el secuestro parental.

Turismo sexual: cuando es el agresor/cliente el que se traslada a otra zona de su mismo país o a otro país para abusar sexualmente de sus víctimas.

Prostitución: Cuando la víctima, sea niño o adulto, es forzada a es- tablecer relaciones y!o conductas sexuales a cambio de dinero, ali- mentos u otros bienes básicos.

Pornografía o imágenes de abuso sexual grabadas: Cuando la víc- tima, sea niño o adulto, es forzada a dejarse grabar desnuda, o manteniendo relaciones sexuales de algún tipo para luego comer- ciar con esas imágenes, bien sea en papel, en video o en internet.

3. Lo central de la explotación sexual es que hay una persona, sea niño o adulto, sometida

a abuso, forzada a tener relaciones sexuales sin su consentimiento o con el consentimiento

forzado o mediante engaño, no se habla de los casos en que estas relaciones se establezcan libre y voluntariamente aunque haya un intercambio económico a cambio.

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Amor y violencia

Amor

y

violencia

La trata y el turismo sexual son en realidad modos de acceder a las víctimas para someterlas a prostitución o grabar las imágenes del abuso sexual y distribuirlas por varios medios. Tanto en la prostitución como en la pornografía se entiende que las víctimas menores de edad nunca pueden dar su consentimiento a la explotación, sólo puede acceder for-

zado, por lo que siempre existe un abuso sexual detrás de la prostitución

y pornografía infantiles. En caso de ser un adulto hay que probar esta fal-

ta de consentimiento para ser considerada una forma de explotación, por ejemplo, en un fenómeno como la pornografía, se entiende que un niño

o niña nunca pueden dar su consentimiento a ser grabados para que sus

imágenes sean difundidas y comercializadas y un adulto en algunos ca- sos sí.

5. Otras formas de maltrato relevantes:

Existen otras formas de maltrato relevantes a los niños y niñas, como el maltrato perinatal 4 o el síndrome de Munchausen por poderes 5 , pero además es importante contemplar otras formas de violencia que son ins- titucionales.

El maltrato institucional sería cualquier legislación, programa, servi- cio, actuación o procedimiento, ya sea por acción o por omisión, proce- dente de los poderes públicos o privados y de sus actuaciones, que vulne- re los derechos básicos de la víctima, con o sin contacto directo con ella. Se incluye la no adopción de medidas de protección o la falta de agilidad en la adopción de las mismas o la escasez de recursos suficientes para adoptar esas medidas, entre otros.

4. Definido como aquellas circunstancias de la vida de la madre, siempre que haya volun-

tariedad y/o negligencia, que perjudican el embarazo y al feto.

5. Es un cuadro patológico en el que el padre o la madre (mayoritariamente son las

madres) generan voluntariamente lesiones al niño, para hacerle pasar constantemente por enfermo. Puede llegar hasta el extremo de producirle la muerte.

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¿Qué significa ser violento con alguien? Y es que, vinculado al maltrato institucional, conviene recordar

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significa

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violento

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alguien?

Y es que, vinculado al maltrato institucional, conviene recordar que también existe una violencia no interpersonal, sino colectiva (social, económica, o política según la OMS 6 ). No son acciones directas de una persona contra otra sino circunstancias del entorno que resultan dañi- nas para el desarrollo de la persona, por ejemplo los conflictos armados, circunstancias económicas y sociales en las que no se garantizan sus de- rechos necesarios para un desarrollo óptimo. En muchas ocasiones ade- más las personas son víctimas en ese contexto de diferentes formas de maltrato.

Conocer los términos es importante no sólo para poder entender de qué se habla, sino para contemplar la variedad de formas que puede to- mar una vivencia de violencia. Todas ellas son violencia porque dañan el desarrollo evolutivo de quien lo sufre, y porque se basan en un abuso de poder por parte de quien los realiza. El maltrato es una forma más des- tructiva y violenta de relación.

2. CUÁNDO EMPIEZA LA VIOLENCIA

En la comprensión de la violencia, como se ha visto, es importante establecer sus límites. En este sentido, es fundamental entender la dife- rencia entre disciplina y violencia. Para establecer la diferencia entre de- jar a un niño sin salir con sus amigos y darle una bofetada, entre poner- le tarea extra en el colegio y humillarlo públicamente delante de sus compañeros por no haber sabido resolver la tarea o no traerla hecha de casa.

El proceso educativo implica una guía, un delimitar el camino que posibilite un desarrollo sano y para ello hay que marcar unos límites en el comportamiento y unas normas de actuación. Para establecer esas

6. OMS (2002) “Informe mundial sobre violencia y salud”.

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Amor y violencia

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violencia

normas y esos límites, los padres y madres han de conservar la autori- dad sobre sus hijos e hijas, no igualarse a ellos como “amigos”, esa au- toridad es la base de una disciplina positiva hacia los niños y niñas. Estos elementos de disciplina en el proceso educativo no son negocia- bles, pero dejan de ser válidos si se recurre a la violencia para aplicarlos. Establecer esta diferencia entre disciplina y violencia cuando se trata de adultos resulta muy fácil, pero ¿por qué no sucede lo mismo cuando se trata de niños y niñas? Erradicar el castigo físico y/o psicológico no es erradicar la autoridad de las madres y padres sino desvincularla de cualquier forma de violencia, porque la violencia engendra y justifica la violencia.

Las normas y límites no son un derecho de los padres sino un derecho

y una necesidad de los hijos e hijas para su correcto desarrollo, pero para

imponerlos no es necesario recurrir a la violencia. Imponer normas y lími- tes es educar, es tener autoridad sobre los niños y niñas y guiarlos en el camino para garantizar su protección y desarrollo. Los niños y niñas ne- cesitan en su desarrollo la orientación de los límites a su desarrollo físico,

psicológico y social. Son los límites que permiten que un niño de dos años no se caiga de un árbol, que un adolescente aprenda a manejar la frustra- ción del fracaso, o que los niños y niñas no conciban la violencia como una forma de resolver los conflictos. Hay límites que no se deben cruzar

si no se tienen las capacidades evolutivas para afrontar las consecuencias.

No sólo es importante lo que un niño o niña haga, sino que lo haga en el momento adecuado. Por ello, las normas son creaciones sociales que ga- rantizan esos límites protectores y la autoridad necesaria para garantizar un óptimo desarrollo del niño.

Ser violentos con ellos es utilizar el poder que se tiene sobre ellos y ha- cer con ellos cosas que los propios adultos nunca admitirían que les hicie- ran a ellos o ellas y que tampoco hacen en otros contextos. Por ejemplo, ¿cuántas veces apetece gritar a un compañero de trabajo, o criticar el últi- mo informe presentado por el jefe y no se hace? Esas mismas estrategias

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¿Qué significa ser violento con alguien? de control y contención que se utilizan en otros

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significa

ser

violento

con

alguien?

de control y contención que se utilizan en otros contextos de relación, se deberían emplear en la relación con los niños y niñas, tanto más cuando dependen afectivamente de sus padres y madres.

Unas normas claras, coherentes con la conducta de los padres y ma- dres, consistentes entre la pareja y en el tiempo, y dialogadas, conoci- das y razonadas con el niño o niña, así como unos límites y unas con- secuencias conocidas para el niño o niña de la vulneración de la norma son estrategias educativas esenciales que ha de cumplir el grupo fa- miliar.

Porque una de las funciones clave del entorno familiar, junto con la generación de vínculos afectivos y la socialización, es la función norma- tiva. Para lograr la educación y protección de los hijos e hijas, hace falta tener autoridad sobre ellos. Las personas necesitan unos límites para la construcción de su desarrollo físico, psicológico y social:

protección física en el crecimien- to (higiene, protección física, alimentación, ejercicio, etc.).

Límites para generar su autonomía afectiva (seguridad, permitir la separación, permitir los errores y el daño).

Límites para su integración social (respeto a los derechos huma- nos, reglas de convivencia, resolución no violenta de conflictos).

Las normas son creaciones sociales que garantizan esos límites protec- tores. Por lo tanto, la autoridad es un componente no negociable del pro- ceso educativo y la ausencia de un entorno familiar que cubra estas tres funciones: vincular, socializadora y normativa con los niños y niñas es una forma de violencia para ellos y ellas.

A continuación se exponen los criterios diferenciales entre la discipli- na positiva y las formas de castigo violento habituales.

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Amor y violencia

Amor

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violencia

 

Castigo violento (físico y psicológico)

Disciplina positiva

Es una forma de violencia física y/o psicológica.

Nunca incluye ninguna forma de vio- lencia ni física ni psicológica.

Cuestiona la dignidad de la persona, no su conducta.

Cuestiona la conducta, nunca la digni- dad de la persona.

No ofrece el aprendizaje de una con- ducta alternativa.

Ofrece siempre el aprendizaje de una conducta alternativa.

No es proporcional ni relacionado con la conducta equivocada que se preten- de corregir, y produce miedo y sumi- sión, no aprendizaje.

Siempre es una sanción proporcional y relacionada con la conducta a corregir, produciendo un aprendizaje en el niño.

Está basado en un abuso de poder.

Se impone desde la autoridad.

Es más rápido y más fácil, no requiere tiempo para planificarlo.

Requiere tiempo para planificarlo e imponerlo.

Nunca contempla la participación in- fantil en la sanción.

El niño o niña participan tanto como

es posible, se puede acordar la sanción

Enseña al niño que las personas que han de quererle y protegerle le hieren (unión entre el amor y la violencia) y que las personas que tienen autoridad pueden abusar de ella (unión entre la autoridad y la violencia).

y

si no es posible, al menos se les infor-

ma de las normas y de las consecuen- cias que vulnerarlas conllevará previa- mente.

Enseña al niño o niña que las acciones equivocadas conllevan consecuencias, que debe hacerse responsable de ellas

 

pero a la vez que puede hacer las cosas de un modo mejor y diferente y que por muy errónea que sea su conducta, el amor de quienes le cuidan y prote- gen nunca va a ser cuestionado ni ma- nipulado ni su dignidad atacada. Se les enseña a respetar al otro respetándolos

a

ellos.

Puede incluir alguna forma de castigo no violenta.

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¿Qué significa ser violento con alguien? Para acabar con esta diferencia entre disciplina y castigo,

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significa

ser

violento

con

alguien?

Para acabar con esta diferencia entre disciplina y castigo, es importan- te delimitar que los efectos de estas formas diarias de violencia varían mucho en función de la interpretación que la persona le da, sus experien- cias previas, etc. Pero el problema de las formas violentas de castigo no es sólo el daño que se produce al niño o niña en su desarrollo, es que este daño se produce a través de los mensajes educativos que se legitiman con el castigo físico y psicológico y que forman parte de nuestra sociedad. Ése es el daño más claro y real de la violencia como parte de la educación, los mensajes educativos que legitima, en los que los niños y niñas crecen y asumen como naturales, posibilitando su perpetuación, legitimación so- cial y su repetición.

Es necesario reflexionar sobre el tipo de educación que se quiere dar, plantearse si es en estos mensajes en los que se quiere educar a los niños y niñas. Porque la violencia enseña, pero no enseña lo que se quiere o pre- tende enseñar, enseña violencia y miedo. Como dijo una niña de 11 años “si me pegan, aprendo a pegar” 7 .

Las formas violentas de castigo trasmiten los siguientes mensajes:

Unen el amor y la violencia. Son justo las personas que quieren al niño o niña, las que le protegen y acompañan, las que son violen- tas con él o con ella. El mensaje es claro: el amor legitima la violen- cia. Se justifica en el amor el hecho de la agresión, y desde ahí se vincula en el psiquismo humano que aquellos que nos aman tie- nen derecho a agredirnos.

– Este mensaje se plasma en frases como: “Le pego porque soy su padre y le quiero”, “quien bien te quiere te hará llorar”, “pegarte me duele más a mí que a ti”.

7. SAVE THE CHILDREN “Informe sobre castigo físico en España” (2005).

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Amor y violencia

Amor

y

violencia

Unen la autoridad y la violencia. Son las figuras de autoridad las que están legitimadas socialmente para ser violentas. Los padres y madres, el gobierno, o el jefe son figuras que por estar en una po- sición de autoridad pueden (cuando no se considera que deben) agredir para enseñar, encauzar y proteger. El mensaje perverso que se trasmite es que se agrede por el bien del otro.

– Este mensaje se plasma en frases como: “le pego para hacerle un hombre de bien”, “le pego para que aprenda”.

Legitiman la violencia como un modo de resolver conflictos. En las situaciones de conflicto que se generan a diario, emplear el castigo físico y psicológico implica legitimar estrategias violentas de resolu- ción de conflictos. Se educa en lo que se hace mucho más que en lo que se dice. Si ante un conflicto se recurre a la violencia, se enseña violencia, no paz, tolerancia, igualdad o respeto, sólo violencia.

– Algunos ejemplos en los que transmitimos este mensaje pueden ser: Pego a mis hijos por haber pegado a otros niños, por hacer cosas que yo como adulto hago, porque me llevan a situaciones límite que no sé resolver de otro modo.

El deber de educar y proteger a un niño o niña obliga más aún a no justificar ningún tipo de violencia con ellos y aplicar valores como la tole- rancia y la paz, pero también la firmeza y la ternura.

¿Cómo podemos educar a los niños y niñas sin cruzar la línea de la violencia?:

ASTIGO NO VIOLENTO:

– Estableciendo las sanciones siempre en referencia a la conducta del niño no a su persona. Hay dos cosas que son incuestionables en el proceso educativo: la dignidad de la persona y el afecto de la relación con él o ella, son dos cosas que nunca se ponen en te- la de juicio ni se juega con ellas. No es lo mismo decirle a un niño

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¿Qué significa ser violento con alguien? “en esta casa todos tenemos que ordenar nuestras habitaciones

¿Qué

significa

ser

violento

con

alguien?

“en esta casa todos tenemos que ordenar nuestras habitaciones y la tuya no lo está y eso no me parece bien” a “me avergüenzo de ti por cómo tienes la habitación”. En el primer caso estamos cen- surando una conducta, conducta que el niño puede cambiar, se le da una alternativa de solución aun a pesar de manifestar el desagrado y con él, nuestra sanción social a su conducta. En el segundo se le censura a él como persona, sin darle alternativa de solución alguna ante el desagrado.

– Recordando que siempre hay una alternativa a la bofetada, la cuestión es poder mantener el control y la tranquilidad suficien- te para encontrarla. Una bofetada nunca llega a tiempo, siempre llega demasiado tarde, cuando la situación se ha ido de las ma- nos, cuando los padres y madres ya no pueden más. La primera clave para imponer sanciones educativas es partir de que la vio- lencia no es una opción, simplemente no entra como posibilidad, de ese modo, se busca la alternativa.

IÁLOGO: Estableciendo las sanciones en un marco de comunicación con los hijos, en los que las normas sean conocidas y explícitas para el niño, y hayan sido en la medida de lo posible consensuadas con él o ella. Los niños y niñas deben participar de la construcción de las normas colectivas de la familia de forma creciente con la edad. En la medida que un niño o niña conozca una norma y haya parti- cipado en su creación, le será más fácil asumirla como propia que

si

le ha venido impuesta o la ignoraba. Es importante que los niños

y

niñas aprendan a anticipar las consecuencias de sus acciones y si

los castigos llegan sobre la marcha sin que pudieran anticiparlos, tampoco servirán para modificar su conducta en el futuro. Las nor- mas deben ser conocidas por los niños y niñas, consensuadas con ellos en la medida de lo posible, pero, eso sí, la última palabra del proceso educativo la deben marcar los padres y madres, eso es par- te de la autoridad, asumir la decisión última sobre las normas.

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Amor y violencia

Amor

y

violencia

TIEMPO: Tomando el tiempo necesario para decidir las normas y los castigos. La violencia es la salida fácil y rápida, es más fácil dar una bofetada que pararse a pensar y a planificar una sanción para

el niño y perseverar después en su cumplimiento. Hace falta tiem-

po para definir las sanciones. Es mejor no tomar nunca las deci- siones respecto a las sanciones en caliente, sino tomarse su tiem-

po, porque una vez que esa sanción se ha impuesto, hay que ser coherente con ella y consistente en el tiempo hasta su cumpli- miento.

ONSISTENCIA: Vinculado al aspecto anterior, hay que ser consistente

a lo largo del tiempo en el mantenimiento de las normas. Lo que

se dice, lo que se acuerda no puede romperse luego. Por ejemplo, cuando un padre le dice “te quedas sin salir un mes” y luego a los tres días, ante la insistencia y el galanteo de su hijo, que sabe cómo ganarse de nuevo a sus padres, se olvida de la sanción y esto a lar- go plazo le hace perder autoridad sobre su hijo. Las sanciones son más viables si son breves en el tiempo, tanto para su eficacia en el aprendizaje como para poder mantenerlas.

CONSENSO: Las sanciones han de ser consensuadas con la pareja en caso de haberla o con otras figuras familiares que puedan com- partir la crianza del niño o niña. En muchas familias, uno de los miembros de la pareja delega en el otro la educación de los hijos o cuestiona sus decisiones, restando credibilidad a la otra figura pa- rental ante los niños y niñas a la hora de cumplir con las sanciones impuestas.

COHERENCIA:

– Las sanciones han de ser coherentes con nuestra conducta. No se educa tanto en lo que se dice como en lo que se hace y no se pue- de educar en aquello que no se cumple en la vida personal. No se puede pegar a los niños y niñas por hacer lo mismo que los

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¿Qué significa ser violento con alguien? adultos: por haber pegado, por cruzar un semáforo en

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significa

ser

violento

con

alguien?

adultos: por haber pegado, por cruzar un semáforo en rojo, por quererse comprar cosas que no necesitan, por no querer dormir, por no obedecer cuando se les dice. Todas ellas son acciones que los adultos hacen a diario.

– Parándose a pensar qué sentimientos generaría en uno mismo el recibir un castigo así. En principio el dicho de “no hagas a los de- más lo que no te gustaría que te hicieran a ti” es un dicho popu- lar muy sabio y refleja la capacidad de empatía que se debe tener hacia los sentimientos de los demás, incluidos los propios hijos e hijas. Se trata de educarlos, no de hacerles sufrir.

PERDÓN: Saber reconocer nuestros errores ante los niños y niñas es parte de la disciplina positiva. Y además es un modo de legitimar la autoridad. En la medida que el adulto reconoce sus errores gana legitimidad en sus aciertos y sus palabras. El tema del perdón se verá de nuevo en el segundo capítulo.

3. FACTORES QUE HACEN POSIBLE LA VIOLENCIA

Al nacer, el ser humano pasa de un útero físico a un útero socio afec- tivo de relaciones familiares que se interrelacionan a su vez con otros agentes sociales. Ese útero es tan imprescindible como lo fue el útero físi- co para garantizar su supervivencia, puesto que las personas que lo com- ponen son los encargados de garantizar los cuidados físicos, el bienestar emocional y de proporcionar los recursos y herramientas para integrar al niño niña en el ecosistema social al que ha llegado.

Por ello, incluso antes de nacer, la conducta y modelos relacionales es- tán influidos y generados por la interelación de una serie de elementos y agentes sociales. Para comprender el comportamiento humano debemos analizar estas interelaciones en distintos contextos.

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Amor y violencia

Amor

y

violencia

El marco socio ecológico 8 nos proporciona un instrumento de análisis social, que nos proporciona criterios de análisis para cualquier problema o dinámica social en la que queramos intervenir.

Una persona se desarrolla en una serie de entornos que se engloban los unos a los otros. En cada nivel entran en juego una multiplicidad de factores que se interrelacionan entre sí. El primer nivel es la persona en sí misma, con sus características de personalidad, temperamentales, su his- toria personal y otros factores. El segundo nivel o microsistema engloba las relaciones interpersonales que la persona establece, con su familia, sus

los entornos en los que la persona desarro-

lla relaciones personales. El tercer nivel o mesosistema hace referencia al entorno en donde estas relaciones tienen lugar: el barrio, la comunidad, las instituciones que trabajan en esa comunidad, etc. hablamos de todo el entorno social. Y el cuarto y último círculo llamado en el modelo exosis- tema engloba los factores de la cultura en la que se enmarca este entorno social, factores como los valores culturales, la religión o los medios de co- municación.

amigos, con la escuela

todos

De este modo para analizar la conducta de una persona, se han de considerar todos los niveles del esquema, y el grado en que cada factor recogido en estos niveles influye en la persona si no se quiere perder in- formación significativa cara al análisis. Igualmente, al plantear un progra- ma de intervención, se habrá de desarrollar estrategias de actuación para cada uno de estos niveles de análisis.

8. BRONFENBRENNER, U. (1979). The ecology of human development. Cambridge: Harvard

University Press (existe edición en castellano: La ecología del desarrollo humano, Barcelona:

Paidós, 1987).

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¿Qué significa ser violento con alguien? 4 3 2 1 1. Persona, nivel individual 2.

¿Qué

significa

ser

violento

con

alguien?

4 3 2 1
4
3
2
1

1. Persona, nivel individual

2. Microsistema, Nivel de re-

laciones interpersonales:

familia, escuela, amigos

3. Exosistema, Nivel social:

sociedad, barrio

4. Macrosistema, Nivel cul- tural: cultura, medios de comunicación, religión

Cada uno de los factores incluidos en los distintos niveles de este aná- lisis son factores que influyen en la conducta de la persona pero no son causa única de la misma. En el marco explicativo de la violencia se estable- cen para cada ámbito los factores de protección (los que hacen más difícil que se dé la violencia y favorecen el desarrollo óptimo de la persona) y los factores de riesgo (aquellos factores que tienen una influencia perjudicial, que posibilitan la violencia), porque no hay un solo factor incluido en el análisis que se pueda decir causa de la conducta por sí mismo. Es impor- tante que los agentes sociales relacionados en cada nivel asuman su res- ponsabilidad y emprendan las acciones necesarias por un lado, para mo- dificar los factores de riesgo, y por otro, para promover, en cambio, los fac- tores de protección. Así mismo no se deben excusar en otros aspectos para negar su responsabilidad o delegarla en otro agente. Cada agente contem- plado en el análisis tiene su propia responsabilidad sobre el fenómeno y si no es consecuente con ella, habremos de desarrollar estrategias paliativas de esa ausencia o negligencia. Este esquema impide, entre otras cosas, cualquier explicación reduccionista de los fenómenos sociales.

Por ejemplo, la violencia en los medios de comunicación es un factor de riesgo, pero no es la única causa de la violencia interpersonal. Los me- dios de comunicación son uno de los agentes con los que se ha de trabajar y que no ha de obviar su responsabilidad en el fenómeno, pero no son los

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Amor y violencia

Amor

y

violencia

culpables, no se les puede demonizar como causantes del fenómeno de violencia, que es un fenómeno que requiere un análisis mucho más com- plejo. Del mismo modo, la escuela y las familias deben ser los agentes so- cializadores y educativos primarios de un niño o niña, pero la escuela no puede asumir las funciones de las familias ni éstas sustituir el aprendiza- je de la escuela. No se trata de “echar la culpa” a nadie del problema de la violencia, sino de asumir de una forma activa y consciente nuestra res- ponsabilidad sobre él.

Dentro de este análisis, hay dos aspectos significativos que conviene puntualizar. Por un lado, el primer nivel de este análisis es la persona en sí misma. El individuo no es un receptor pasivo de las influencias de otros agentes sociales, sino un participante activo en su desarrollo. Algunas de sus capacidades, actitudes y limitaciones son factores de riesgo y otras en cambio son factores de protección ante la violencia y como tales han de ser analizadas e incorporadas a la intervención.

Por otro lado, es importante comprender que el contexto de relaciones personales juega un papel esencial puesto que se constituye en filtro de los mensajes que llegan de otros niveles de análisis (de ahí el esquema de círculos concéntricos) y en lo que toca al tema de violencia, de la violencia en el ambiente. Los agentes englobados en este segundo nivel suelen ha- cer una criba, seleccionando los valores y los contenidos que van a tras- mitir a la persona. De este modo, los agentes sociales del nivel de relacio- nes interpersonales se constituyen en mediadores de significado entre la persona y la sociedad y la cultura a la que pertenecen.

De este modo, y siguiendo el marco socio ecológico planteado se enu- meran a continuación los factores de riesgo y de protección fundamenta- les en el tema de la violencia contra la infancia desde la perspectiva de la víctima: 9

9. SORIANO FAURA, F.J. (2001) “Prevención y detección del maltrato infantil” Previnfad.

Grupo de trabajo de la sociedad española de medicina de familia y comunitaria.

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¿Qué

significa

ser

violento

con

alguien?

¿Qué significa ser violento con alguien?
   

Factores de riesgo

Factores de protección

Niveles

Predisponentes

Precipitantes

Predisponentes

Precipitantes

ecológicos

Desarrollo del

conducta lesiones del niño el periodo perinatal

la experiencia de maltrato en la infancia habilidades de autodefensa

individuo

interpersonales de

física/ psíquica

comunicación y

resolución de

maltrato

problemas

 

de comunicación

 

y

resolución de

normalizado

problemas

sexual adecuada

y

sumisión

paterno

sobre la sexualidad

congénitos

prematuro

de autodefensa

Microsistema

lesiones de algún

sin exposición a

desarrollo del niño - flictos familiares fortalecimiento de vínculos afectivos del agresor intrafamiliar vitales estresantes terapéuticas familiares

psíquicos (ansiedad

y

depresión

miembro de la familia conyugales impulsos proximidad en el nacimiento de los hijos

violencia cuidados del niño familiar personal de los miembros de la familia sexual adecuada en la familia parental al hijo

incluidas) de algún

miembro de la

familia

de algún miembro de la familia

monoparental

maltrato

 

en la infancia de los

 

padres

vínculos afectivos o vínculos inseguros

familiar

 

MAIOR

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Amor y violencia

Amor

y

violencia

Exosistema

 

a) Sociolaboral

acceso a recursos sociales y económicos laboral

a recursos sociales

laboral

conflicto laboral

sociales y

económicos

recursos sociales

b) Vecindario

grupos de iguales asociaciones y actividades vecinales una problemática

de domicilio

psicosocial amplia

Macrosistema

Aplicación adecua- da de las penas a los agresores penal protector de la víctima

uesta en marcha de:

a)

Sociales

servicios sociales desempleo a la hora de la denuncia pornografía infantil discriminatorias afectiva entre los hombres y los niños durante la crianza. penal exclusivamente protector de los derechos del agresor.

geográfica. víctimas. penas mínimas a los agresores. prenatal y perinatal.

– Programas de prevención

 

– Programas de tratamiento de víctimas y agresores

 

– Programas de mejora, de redes de apoyo e integración social de familias con mayor riesgo

 

– Programas sanitarios

Programas de investigación sobre el tema de casos redes de trabajo interdisciplinar

42

MAIOR

¿Qué significa ser violento con alguien? b) Culturales físico y psicológico como propiedad de los

¿Qué

significa

ser

violento

con

alguien?

b) Culturales

físico y psicológico como propiedad de los padres un ámbito de privacidad aislado niño como proyecto de persona, no como persona todas las formas de maltrato infantil sexualidad infantil feliz de la idea de poder y discriminación patriarcal

programas de s ensibilización social en los medios de comunicación

hacia la infancia, la mujer y la paternidad niño como persona independiente y con derechos un ámbito social integrado niño como miembro de la familia, no como propiedad de los padres

programas de

sensibilización

social

protección eficaz de

 

la

infancia por parte

de la sociedad

la

Convención

sobre los Derechos del Niño de Naciones Unidas

de crianza y familiares

 

protectora hacia los niños de los medios de comunicación

y

En cuanto a la violencia de género, los factores de riesgo serían los si- guientes:

Factores que favorecen la supervivencia de la violencia doméstica

Culturales

Definición cultural de los roles sexuales apropiados

Expectativas asignadas a los diferentes roles dentro de las relaciones

Socialización

por separado según el sexo

Creencia

en la superioridad innata de los varones

Sistemas

de valores que atribuyen a los varones el derecho de propie-

dad sobre mujeres y niñas Concepción de la familia como esfera privada bajo el control del va-

rón Tradiciones matrimoniales (precio de la novia, dote) Aceptación de la violencia como medio para resolver conflictos

MAIOR

43

Amor y violencia

Amor

y

violencia

Económicos

Dependencia

económica de la mujer respecto al varón en el acceso al dinero contante y al crédito

Leyes discriminatorias en materia de herencia, derecho de propiedad, uso del terreno público, y pago de pensiones alimenticias a divorcia- das y viudas Restricciones en el acceso al empleo en los sectores formales e informales Restricciones en el acceso de las mujeres a la educación y a la capacita- ción

Restricciones

Legales

Inferioridad jurídica de la mujer, ya sea según la ley escrita o según el derecho consuetudinario y su aplicación práctica Leyes en materia de divorcio, cuidado de los hijos e hijas, pensiones alimenticias y herencia

Bajo nivel de alfabetización jurídica entre las mujeres Falta de tacto en el tratamiento de mujeres y niñas por parte de la po- licía y del personal judicial

Políticos

Definiciones

jurídicas de la violación y los abusos domésticos

Representación insuficiente de la mujer en las esferas del poder, la polí- tica, los medios de comunicación y en las profesiones médica y jurídica

Trato

poco serio de la violencia doméstica

Concepción

de la vida familiar como un asunto privado y fuera del al-

cance del control del Estado

Riesgo

de desafiar el status quo o las doctrinas religiosas

Restricciones

en la organización de las mujeres como fuerza política

Restricciones

en la participación de las mujeres en el sistema político

organizado

Fuente: Heise. 1994 citado por Innocenti Digest –La violencia doméstica contra mujeres y niñas 2000.

10. SORIANO FAURA, F.J. (2001) “Prevención y detección del maltrato infantil”, PrevInfad.

Grupo de trabajo de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria.

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MAIOR

¿Qué significa ser violento con alguien? En cuanto a la violencia contra las personas de

¿Qué

significa

ser

violento

con

alguien?

En cuanto a la violencia contra las personas de la tercera edad, convie- ne añadir los siguientes factores de riesgo específicos:

Mayor dependencia del anciano/a de sus hijos y/o cuidadores

Género: las mujeres de la tercera edad están en situación de mayor vulnerabilidad al maltrato

Conflicto previo con hijos o hijas y/o cuidadores

Comportamientos difíciles del anciano que provocan stress en su cuidador, por ejemplo, la incontinencia, insomnio, beligerancia o incapacidad de control de impulsos

Hacinamiento en el hogar

Aislamiento social del anciano y/o sus cuidadores

Deseo de internamiento del anciano o anciana por parte de la fa- milia

Falta de colaboración familiar con el cuidador

Falta de autonomía económica o de ingresos

4. LA VIOLENCIA EN LAS DIFERENTES CULTURAS

En el trabajo sobre violencia, una de las falsas creencias más extendidas es que ésta sólo se da en determinados contextos socio económicos así co- mo que hay culturas más violentas que otras. La realidad es que la violen- cia se da en todas las culturas y en todos los contextos socio económicos dentro de cada sociedad. Siguiendo con el modelo de análisis propuesto en el apartado anterior, hay elementos culturales que se constituyen en fac- tores de riesgo que facilitan la violencia y otros elementos de las mismas culturas que son factores protectores de la violencia. Los factores de pro- tección como la educación, la red de apoyo psicosocial o los factores socio económicos deben ser fortalecidos en todas las culturas como parte de los programas de prevención. Al mismo tiempo, aunque hay culturas en don- de los factores de riesgo son más frecuentes que en otras, no podemos co-

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45

Amor y violencia

Amor

y

violencia

meter el error de vincular la violencia a una cultura y/o sociedad determi- nada, porque es un fenómeno común a la diversidad cultural y social.

Los componentes culturales son esenciales para diseñar los programas de intervención en este tema, pero la defensa del derecho humano y uni- versal a no sufrir ningún tipo de violencia en ningún momento del desa- rrollo de la persona debe quedar legitimado más allá de las culturas.

La violencia es una pauta universal de las relaciones humanas. La violencia no es violencia en función de la cultura donde se vive, sino que tiene que ver con la forma en que se entiende y maneja el poder dentro de las relaciones personales y éste es un componente universal. La vio- lencia se aprende, puesto que nuestras sociedades promueven, legitiman

y trasmiten códigos violentos de manejo de ese poder que las personas

interiorizan en sus modelos relacionales.

En este punto, conviene retomar algunas de las conclusiones del tra- bajo recogido en “Amor, poder y violencia” en el 2005 11 . El estudio consis-

te en la comparación de los resultados obtenidos en los talleres sobre vio-

lencia contra la infancia y el castigo físico y psicológico a los niños y niñas que se impartieron en catorce países de Centroamérica, Sudamérica, Sur

y Sudeste Asiáticos además de España. En el transcurso de este taller, se

realizaba un ejercicio sobre las experiencias de castigo vividas por los par- ticipantes en su infancia por parte de sus padres y madres que servía co- mo base para explicar la diferencia entre la disciplina y las formas violen- tas de castigo, el castigo físico y psicológico. En este ejercicio, se encontra- ron similitudes significativas entre las más de 3.200 personas participan- tes en los talleres en cuanto a:

La incidencia del fenómeno de castigo físico y psicológico en todos los países donde se trabajó.

La valoración del castigo físico y psicológico como una vivencia dañina y que les causó sufrimiento.

11. SAVE THE CHILDREN, Amor, poder y violencia, 2005.

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¿Qué significa ser violento con alguien? Un listado similar de formas de castigo físico y

¿Qué

significa

ser

violento

con

alguien?

Un listado similar de formas de castigo físico y psicológico en to- das las regiones en las que se trabajó (23 de las 35 formas de casti- go violento identificadas se daban en todos los países, las restantes tenían que ver con instrumentos específicos empleados en un país determinado).

Los mismos criterios diferenciadores de la violencia: lo físico, la in- tensidad, el daño, la impulsividad, la falta de criterio educativo.

Las mismas dificultades para hacer conscientes las experiencias violentas y las relaciones de poder en su propia vida, tanto las que se habían ejercido sobre ellos como las que ellos mismos ejercían sobre otras personas.

Los mismos componentes para definir la violencia: daño y abuso de poder.

La identificación común de las relaciones de poder en la vida dia- ria de los participantes de todas las regiones.

Por mencionar sólo las pautas de castigo físico y psicológico que se encontraron en todos los países donde se realizó el estudio: bofetada, nal- gada, azote, golpes en la cabeza, sacudir, insulto, gritos, amenaza, tirón de pelo y orejas, pellizco, golpear con regla y cinturón, comparaciones, hu- millar públicamente, ridiculizar, motes, indiferencia, culpabilizar, discri- minar (por sexo u otra razón), determinados tipos de miradas y silencios, encerrar a oscuras o poner cara a la pared.

En los talleres quedó patente que los profesionales de distintos países, regiones, áreas de trabajo vivieron, tanto en la familia como en la escuela, alguna de las pautas de castigo físico y psicológico. Esto da una idea de la incidencia de este fenómeno a nivel mundial. La fluidez con la que recor- daban las formas violentas de castigo contrastaba también con la dificul- tad para recordar las alternativas no violentas de educación vividas en sus familias.

Además, a los participantes les resultaba más fácil recordar los ejem- plos de castigo físico y psicológico impuestos por los profesores, que

MAIOR

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Amor y violencia

Amor

y

violencia

por los padres y madres. Y evaluaron claramente la vivencia del castigo físico y psicológico como algo doloroso. Sentimientos como rabia, impo- tencia, dolor, indefensión resonaban en los adultos aún al recordar estas vivencias.

La variabilidad socioeconómica y cultural de los contextos en los que se realizó ese trabajo es inmensa, por eso es importante poner de mani- fiesto la similitud de los patrones de relación encontrados, dada la diver- sidad contextual.

Igualmente los castigos que surgen como alternativas no violentas pa- ra sancionar una conducta errónea son los mismos: se basan en la retirada de un privilegio (por ejemplo, salir con amigos, la televisión), en obligar- les a hacer algo que no le gusta, o en hacer escribir, pensar o reflexionar sobre lo sucedido. La diferencia no viene tanto por el tipo de alternativas que se plantean, sino por el número de ellas, hubo talleres en los que tan sólo se mencionaron una o dos formas de castigo no violentas, mientras que en otros el número era casi parejo entre las sanciones no violentas y los castigos físicos y/o psicológicos, aunque en todos los talleres fue su- perior el número de formas de castigo violento citadas.

En todos los países donde se trabajó los participantes estaban conven- cidos de que la violencia era algo propio de su cultura, cuando en realidad es algo común a todas las culturas donde se ha trabajado. Como conclu- sión, es importante incidir en la comprensión del componente transcultu- ral de la violencia basado en el manejo del poder en las relaciones inter- personales para desarrollar programas de intervención adecuados sobre esta problemática.

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MAIOR

La relación entre el amor y la violencia

2

1. EL PODER Y LA VIOLENCIA

En la comprensión de la violencia se ve que el concepto de “poder” es clave. Junto con el de “daño” el abuso de poder es el elemento definitorio, como se ha visto, para identificar la violencia. Por ello es conveniente de- sarrollar con atención el concepto de poder.

El poder es, en principio, un concepto neutro. Se define como tener la potencia de hacer algo, tener la facilidad, el tiempo o lugar de hacer algo, o ser posible que suceda algo. Poder es la capacidad para influir en la vida del otro. Desde ahí, en todas las relaciones hay un componente de po- der, en el momento que la persona crea una relación con otra, adquiere la capacidad para influir en la vida de la otra persona y para dejarse in- fluir por ella. Esa capacidad, que se emplea siempre, porque se influye, se comparte siempre, se puede emplear positivamente o negativamen- te. Cuando se hace negativamente, buscando el daño en el otro o ante- poniendo el beneficio propio al riesgo de ese daño, entonces se es vio- lento.

Es importante entonces saber cómo se adquiere ese poder sobre otra persona, y ser consciente de él, para poder decidir tanto el uso que se le da como a quién se otorga ese poder. Es parte del proceso de madurez y autonomía.

MAIOR

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Amor y violencia

Amor

y

violencia

Existen varias formas de adquirir poder sobre otra persona:

Amor: El vínculo afectivo conlleva poder sobre la persona que se vincula, el amor es una forma de poder que es esencial compren- der como tal. El mismo afecto que una persona siente hacia otra y que puede hacerle crecer y sentir bien, acompañada y comprendi- da, puede utilizarse para destruirla, aislarla o anularla. Todas las personas tienen poder sobre las personas que les aman, igual que aquellos a quienes aman tienen poder sobre ellas. Ocurre con to- das las personas con las que se establece un vínculo afectivo, no sólo la pareja: padres, parejas, hijos, amigos

Autoridad: Las personas que están en una posición de autoridad (moral, legal, organizativa…) adquieren un poder sobre las perso- nas que están a su cargo. La policía o el gobierno lo adquieren sobre la población, el jefe sobre sus trabadores, los profesores sobre sus alumnos o los padres y madres sobre sus hijos, entre otros.

Fuerza: La forma de poder más básica es la fuerza física. En princi- pio, toda persona que sea mas fuerte físicamente que otra o que po- ne a otra persona en una situación de debilidad física (por ejemplo, utilizando un arma) obtiene una situación de poder sobre ella.

Diferencia: Hay diferencias (social, económica, de género, raza…) que, fruto de situaciones establecidas socialmente, generan una si- tuación de inferioridad en unas personas o colectivos y de superio- ridad y poder en otros. Por ejemplo, aquellos que se sitúan en una situación de superioridad social por el género, posibilitando la violencia de género, de raza, posibilitando el racismo, o porque tie- nen más dinero, o más formación o información. También aquellos que posicionan a las personas con unas determinadas característi- cas como, por ejemplo, las personas con alguna discapacidad, en una situación de inferioridad, en vez de analizarla como la dife- rencia enriquecedora que es y de la que la sociedad ha de saber aprender.

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MAIOR

La relación entre el amor y la violencia Dentro de toda relación humana se puede

La

relación

entre

el

amor

y

la

violencia

Dentro de toda relación humana se puede manejar el poder de dos formas:

Positivamente, posibilitando el crecimiento individual a través de las relaciones, para lograr un beneficio para el que lo vive, o un be- neficio grupal o una labor de protección. En ese caso es un poder legitimado socialmente. La fortaleza física empleada en positivo sirve para garantizar la protección, el amor para el crecimiento, la autoridad para la educación y la regulación del bien grupal, y la diferencia social para el enriquecimiento y la apertura mental de los individuos.

Negativamente, generando violencia, produciendo un daño en quien lo recibe: la fuerza física genera lesiones físicas; el amor, de- pendencia y manipulación; la autoridad se vuelve autoritarismo y

la

diferencia crea desigualdad. Todos ellas son formas de violencia

y

dañan el desarrollo de quien las recibe.

Hay factores que pueden hacer que los efectos de la violencia se agudi- cen o se reduzcan. Por ejemplo, la atribución causal externa de la violencia modera los efectos sobre la víctima, pudiendo disminuir su daño, pero no lo elimina y en muchos casos puede producir los efectos perversos de la jus- tificación del daño. Por ejemplo, cuando un niño dice “mi padre me pega pero sólo cuando está borracho”, esa atribución externa permite al niño sal- var parte de su relación con su padre en positivo y desde ahí, los efectos, aunque sean indudables, a veces son menores que la misma violencia en ni- ños y niñas que no tienen siquiera esa oportunidad de justificarla.

Pero estos factores mediadores se pueden dar igualmente incrementan- do el daño. Por ejemplo, la diferencia, que es algo positivo, puede convertir- se fácilmente en situaciones de desigualdad social, falta de oportunidades y vulnerabilidad. Es el caso de las personas con discapacidad y otras pobla- ciones de riesgo, que, al no crearse socialmente suficientes recursos adapta- dos a sus necesidades se les posiciona a menudo en una situación de des- igualdad social, que implica en sí misma una situación de vulnerabilidad.

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Amor y violencia

Amor

y

violencia

2. LA AUTORIDAD COMO UNA FORMA DE PODER

La autoridad es una forma de poder y una vez comprendido el signi- ficado de este último, es importante trabajar la relación entre autoridad y violenica:

La autoridad es “la entidad de donde emana las ordenes o disposiciones que obligan a los ciudadanos y donde reside el poder de obligar o castigar”, la capacidad para guiar la conducta de otra persona bien por una respon- sabilidad de protección y cuidado de la persona o por un bien grupal. La autoridad es una forma de poder, que usado en positivo, legitimado y acordado socialmente, aceptado por quien la recibe y puede variar según las sociedades, culturas y personas. Sirve para garantizar la protección y el pleno desarrollo de las personas, además de una cierta organización social. La autoridad que se utiliza vulnerando las normas en las que vie- ne enmarcada y que han sido acordadas para obtener un beneficio pro- pio o por otros motivos, entonces es autoritarismo, una forma de violen- cia. El poder es una dimensión universal de las relaciones humanas que está detrás de ambas cosas, autoridad y violencia. Hacer conscientes las dinámicas de poder subyacentes a las relaciones ayuda a reconocer las propias conductas violentas, a reconocer cuando se cruza el límite de la violencia.

Esta diferencia conceptual es especialmente relevante en la educación de los niños y niñas, donde es necesario diferenciar específicamente auto- ridad, poder y violencia, como se vio en el primer capítulo. La autoridad es necesaria para la educación de los niños y niñas, para evitar que crucen un semáforo en rojo, o que se suban a un árbol del que pueden caerse. La responsabilidad de educación y protección, así como la necesidad bioló- gica de cuidados y crianza, hace que socialmente se les haya otorgado a los padres la autoridad sobre sus hijos, pero esa autoridad implica en sí misma un poder del que pueden abusar cuando ejercitan la autoridad de forma violenta.

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La relación entre el amor y la violencia Existen otros ejemplos sociales de la diferencia

La

relación

entre

el

amor

y

la

violencia

Existen otros ejemplos sociales de la diferencia entre la autoridad y el abuso de poder o violencia: la diferencia entre un gobierno democrático, ga- nado desde la autoridad, y un gobierno dictatorial, impuesto de forma vio- lenta; la diferencia entre la policía democrática, un agente social al que se ha otorgado una autoridad para que proteja y conserve el orden social y una policía dictatorial que abusa del poder de las armas recibidas como parte de la autoridad que se le concedió para defender y ayudar al ciudadano.

No se debe confundir el poder que se tiene con la autoridad que se ga- na: la autoridad es esencial para garantizar el desarrollo óptimo de las personas y el orden social pero hay que diferenciarla de la violencia y pro- mover la firmeza en las estrategias de autoridad no violentas. La autori- dad es tan necesaria como educativa, el educador ha de saber ganarla y el educado reconocerla. El poder, en cambio, viene dado y se ha de aprender a manejarlo. En situaciones de crisis, estrés o nervios se abusa de ese po- der que se siente o se tiene, se puede cruzar el límite, y hacerlo incluso bajo el argumento del bienestar ajeno.

3. EL AMOR COMO UNA FORMA DE PODER

La relación afectiva detrás de la violencia intrafamiliar o en el entorno cercano

El amor, como forma de poder, es un elemento clave para la compren- sión de la violencia interpersonal. Cuando una persona tiene establecido un vínculo afectivo con otra, adquiere la capacidad de influir en su vida (poder), y esa capacidad/oportunidad la puede usar en positivo para fa- vorecer el crecimiento y el bienestar de la persona a la que quiere, o puede usarla para hacerle daño.

Crear un vínculo afectivo conlleva es siempre un riesgo. Cuando se crea intimidad entre dos personas que comparten sus debilidades, sus se-

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Amor y violencia

Amor

y

violencia

cretos y sus miedos, además, ambas personas pasan a ser un referente vi- tal para el otro y lo que hace, dice o piensa tiene importancia para él o ella y condiciona su desarrollo y bienestar.

En la mayoría de los casos esta influencia es enriquecedora y hace que la apuesta de asumir el riesgo de amar merezca la pena. El amor que se siente por otras personas (familia, pareja, hijos, amigos…) enriquece la vi- da de la persona, la lleva al aprendizaje, al cambio y la evolución perso- nal, a la paz interior al sentirse aceptado incondicionalmente y a su creci- miento y autonomía.

Sin embargo, esa misma capacidad puede ser empleada para hacer daño. En ese momento el conocimiento que ambas personas tienen del otro, que ha sido proporcionado en momentos de intimidad puede ser utilizado para hacer daño y la presencia de esa otra persona conlleva su- frimiento.

Una relación profunda y duradera suele conllevar ambas caras de la misma moneda, a veces hace felices y hace sentir bien, a veces se recibe y se hace daño, pero en este continuo, lo que suele presidir la relación es el cuidado y la protección, es la cara positiva de la moneda. Cuando lo que prima en la relación es el daño (de nuevo, la violencia definida desde el daño en el desarrollo de quien la vive, a su integridad y dignidad) se sue- le romper esa relación.

El problema viene cuando hay personas que por diversos factores no son capaces de romper esa relación, y permanecen anclados en vínculos afectivos destructivos, con la misma fuerza y capacidad de influencia en su vida y en su desarrollo que la que tienen los vínculos afectivos po- sitivos.

El amor es una forma de poder, y el poder es una moneda de dos ca- ras. Depende de una conjunción de factores en cada relación (los vínculos son una construcción de dos, única e irrepetible) la cara que prime en ella. Hay relaciones afectivas, como adultos, que no son relaciones maltratan-

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MAIOR

La relación entre el amor y la violencia tes porque no es la violencia lo

La

relación

entre

el

amor

y

la

violencia

tes porque no es la violencia lo que preside la relación pero que sí son vio- lentas en el sentido de dañinas para su desarrollo. Toda relación maltra- tante es violenta pero puede haber relaciones en las que se dé formas de violencia pero que no sean relaciones maltratantes.

Un buen ejemplo de esto son esos enamoramientos que más parecen obsesiones, esos que llevan a las personas a dejar de lado su vida y cos- tumbres para pasar todo el tiempo junto a la otra persona, dejan casi de comer, de dormir, pendientes del teléfono, renuncian a sus amigos o a sus familias. Una relación afectiva puede aislar a la persona de su entorno, puede frenar su desarrollo personal y/o profesional y, sin embargo, cues-

ta verla como violencia, se justifica porque “lo hacemos por amor”. Se es-

tá enamorado, pero eso daña a la persona. Se supone que el enamora-

miento es algo temporal, y la gente lo mira con una mezcla de compasión

y de complacencia. Se dice aquello de “es que están tan enamorados

Se presupone también que cuando esa relación madure, cuando pase de ser enamoramiento a amor, va a abrirse de nuevo al mundo, a priorizar de nuevo el desarrollo de los individuos que han creado esa relación afec- tiva. Pero ¿y si eso no pasa?

Cuando ese aislamiento y dependencia se llevan al extremo, en el que es el daño a la persona lo que preside la relación, estamos en mal- trato, haya o no además violencia física, pero no es una relación diferen- te, no es que cambie de la noche a la mañana y deje de ser una relación afectiva cuando llegue la primera paliza. En esa relación afectiva hubo violencia desde el primer momento, en el sentido de que se empleó el poder que se tenía sobre la otra persona en vez de para hacerla crecer como persona, para anularla y hacerla dependiente del otro miembro de la pareja.

Muchas víctimas de violencia argumentan que el agresor o agresora les quiere y como profesionales se tiende a no creer en la realidad de ese vínculo. Se entiende que el amor y la violencia son incompatibles, pero se está partiendo de la concepción deseable del “amor” como un vínculo po-

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Amor y violencia

Amor

y

violencia

sitivo y protector, que no responde siempre a la realidad. Debajo de mu- chos casos de maltrato existe realmente un vínculo afectivo, un vínculo destructivo, pero vínculo al fin y al cabo, y como tal debe ser abordado en la intervención.

Las estadísticas, por un lado, y la comprensión del manejo del poder, por otro, permiten cambiar la perspectiva de análisis desde lo que debería o nos gustaría que fuera hacia lo que es. Las estadísticas se mantienen es- tables en todas las formas de violencia en un dato: en torno al 80% de los casos de violencia se dan en el entorno cercano a la persona, no sólo fami- liar, pero sí personas que tienen un vínculo afectivo con ella, personas a las que respetan y probablemente quieren.

Por otro lado, está el manejo del poder en la violencia. Desde la pers- pectiva de los agresores o agresoras, para poder ejercer la violencia sobre otra persona tiene que tener poder sobre esa persona, y la manera más fá- cil de tenerlo es:

por un lado, estar cercano a la víctima, tener una posición de auto- ridad y a ser posible que me quiera, de este modo tengo una posi- ción de poder sobre ella,

por otro, elegir la víctima más vulnerable posible o anularla hasta hacerla incapaz de autonomía, de esta forma, la posibilidad de ejercer la violencia es mayor.

De este modo, cuando una persona, adulto o niño nos dice que su agresor o agresora le quiere no está mintiendo sino que está sumergido en un vínculo afectivo destructivo. Desde fuera se califica a esa relación de manipulación, engaño y muchas otras cosas, pero desde dentro se ha construido una relación vincular y si se pretende intervenir sobre ella, se ha de abordar como tal, no negarla. Y tampoco, como se verá en el último capítulo, se puede pedir a la persona que la destruya si no se le dan los elementos suficientes para sostenerse, para recuperar su autonomía.

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MAIOR

La relación entre el amor y la violencia La sociedad necesita creer que los entornos

La

relación

entre

el

amor

y

la

violencia

La sociedad necesita creer que los entornos afectivos (familia, pareja, amistad) son entornos positivos y protectores. La realidad de la violencia prueba que en muchos casos lo son, pero también son los ámbitos donde más violencia y más sistemáticamente se vive la violencia. Es fundamen- tal diseñar las intervenciones asumiendo la posibilidad de la violencia en las relaciones afectivas y no educar a los niños y niñas haciéndoles pensar que cuando alguien les quiere están a salvo, sino cuando alguien les “quiere bien”, están protegidos y amparados. La realidad de la violencia exige una educación desde los matices y las penumbras, no una educa- ción en blancos y negros, de buenos y malos, sino una educación abierta, que contemple las realidades que gustan más y las que gustan menos, pe- ro que los niños y niñas van a afrontar en su desarrollo. Si no se les habla de la parte negativa no sólo se les daña, porque les hace más difícil iden- tificar las situaciones de riesgo, sino que se les está dando una visión de la vida equivocada y limitando el desarrollo de sus capacidades de adap- tación a la vida real.

Y al analizar las relaciones afectivas que subyacen al maltrato, es im- portante reflexionar sobre por qué las víctimas de maltrato prefieren una relación maltratante a no tener la relación. Hay dos factores importantes que están incidiendo:

El ciclo de la violencia 12 , con sus tres fases: aumento de tensión, incidente de agresión y amabilidad y arrepentimiento, que dificul- tan la conciencia de la víctima sobre la violencia y activan sus me- canismos de disonancia cognitiva para justificar las agresiones re- cibidas. Las agresiones no suelen ser graves al principio de la vio- lencia, el agresor o agresora esperan hasta estar seguros de su po- sición de poder y de la dificultad o la imposibilidad de la víctima para reaccionar.

12. WALKER, L. (1979) The Battered Women (Las mujeres agredidas), Nueva York: Harper and

Row Publishers.

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Amor y violencia

Amor

y

violencia

La base afectiva del desarrollo. Las víctimas prefieren tener una “mala relación” de la que se sienten parte, de la que adquieren par- te de su identidad personal y social, a no tenerla, porque entonces sienten que no son “nada” porque no existen para nadie. La diná- mica de violencia en la relación les ha convencido de la exclusivi- dad de la relación, anulando otras, les ha hecho creer que no po- drán ser queridos de nuevo con la misma intensidad y profundi- dad, que no son merecedores de otra cosa. Si no se les da una al- ternativa de relación vincular y una posibilidad de reconstrucción de su identidad personal no se puede esperar que rompan la rela- ción vincular violenta.

Una de las cuestiones más difíciles del trabajo sobre violencia es com- prender adecuadamente su funcionamiento, para incorporar los elemen- tos de análisis adecuados a la planificación de nuestra intervención. La dimensión afectiva que subyace a la violencia en el ámbito familiar o cer- cano ha de ser un componente esencial de los programas de prevención y/o tratamiento.

4. LOS COMPONENTES AFECTIVOS DE UN CONFLICTO

Trabajando en violencia, uno de los elementos más importantes es di- ferenciar entre los conflictos y la violencia que puede darse en el marco de los mismos. El conflicto es una oportunidad de cambio y de crecimiento, es una “crisis” en el sentido más estructural de la palabra, y como tal po- sibilita el fortalecimiento de las relaciones, el crecimiento de los implica- dos y el aprendizaje grupal cuando se afronta de un modo adecuado.

La clave para la resolución de los conflictos no es el conflicto en sí, sino la capacidad para afrontarlos. Si las personas implicadas son capaces de afrontar un conflicto de modo positivo, aunque no lleguen a resolverlo, eso les permitirá integrarlo de una forma positiva en su desarrollo. Si, por el

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La relación entre el amor y la violencia contrario, lo evitan, lo niegan, o lo

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relación

entre

el

amor

y

la

violencia

contrario, lo evitan, lo niegan, o lo afrontan violentamente, esto producirá un daño en el desarrollo de los implicados en el conflicto probablemente.

En ese sentido, para garantizar un afrontamiento positivo de un con- flicto es necesario entender que todo conflicto tiene una base afectiva que se debe hacer consciente e incorporar a las estrategias de afrontamiento. Esa base afectiva puede ser:

Vincular, en la que el motivo del conflicto no es el hecho, sino una problemática con la otra persona, o en la relación. El indicador de falta de vínculo no es el conflicto, sino la indiferencia. Los conflic- tos se tienen casi siempre con las personas queridas. Por ejemplo, cuando una pareja vuelve de una cena donde uno de ellos se ha sentido agredido por el otro y no lo ha dicho, y acaba recriminán- dole no haber cerrado la tapa de la pasta de dientes.

Propia, cuando el motivo del conflicto no es el hecho, ni tampoco es la relación, sino algo de la propia persona que no reconoce en ella misma y pone fuera (en el otro, en el acontecimiento…). Por ejemplo, el atasco de tráfico de todas las mañanas al ir a trabajar es afrontado de forma diferente en función de los problemas que está viviendo la persona cuando se lo encuentra.

Es importante, entonces, analizar los componentes de la base afectiva de un conflicto para poder trabajarla adecuadamente y desarrollar estra- tegias de afrontamiento positivas y específicas que la aborden. Los ele- mentos de esta base afectiva que habría que tener en cuenta en la resolu- ción de los conflictos son:

El mismo proceso psicológico del conflicto: todos los conflictos, ocurran por el motivo que ocurran, siguen un proceso afectivo co- mún dividido en cuatro fases: conflicto latente, escalada, estanca- miento y desescalada 13 . En cada fase las estrategias de afronta-

13. HORNO, P. (2005), Educando el afecto, Graó.

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Amor y violencia

Amor

y

violencia

miento deben ser diferentes. Esta perspectiva “afectiva” del desa- rrollo de los conflictos sirve para entender el porqué de determi- nadas reacciones y situarse en el proceso cuando se pretende inter- venir en él.

El manejo del tiempo: Es importante respetar los procesos y los tiempos de los afectos. Cada persona tiene sus tiempos y a veces, para resolver un conflicto, no importa tanto lo que se dice como el momento en el que se dice.

La utilización que se hace del afecto de los implicados: Existe una

regla básica en el afrontamiento de los conflictos y es que el afecto

y la relación nunca deben ser cuestionados ni utilizados. Podemos

cuestionar la conducta del otro, pero nunca su persona ni los sen- timientos que nos unen a ella. Formas como el chantaje emocional

o la amenaza de abandono son formas de violencia porque cues- tionan la relación vincular.

El manejo de la agresividad dentro de un continuo entre indife- rencia, agresividad y violencia: Existe un continuo ya expuesto anteriormente entre indiferencia, agresividad y violencia. Aquello que no importa, no afecta a la persona, la deja indiferente. La agre- sividad es el componente que permite a la persona “ir hacia”, mo- vilizar la energía hacia implicarse en el conflicto y su resolución. Si algo genera agresividad, es porque importa, porque el motivo del conflicto conlleva una carga afectiva para la persona y como tal se ha de contemplar. Una vez implicada, la persona tendrá que deci- dir el manejo que hace de esa agresividad, utilizándola para resol- ver el conflicto o para atacar al otro, en cuyo caso estará siendo violenta. La violencia, a diferencia de la agresividad, se genera y se decide.

La enseñanza afectiva que dejan los conflictos: la referenciación afectiva 14 es el mecanismo por el que aquellas personas con quie-

14. SAVE THE CHILDREN (2005), Amor, poder y violencia.

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La relación entre el amor y la violencia nes se han establecido vínculos afectivos proporcionan

La

relación

entre

el

amor

y

la

violencia

nes se han establecido vínculos afectivos proporcionan informa- ción y modelos cognitivos de conducta sobre los estímulos exter- nos, la vida, las situaciones y las otras personas. Por ello, el modo en que se afrontan los conflictos no sólo genera unas pautas de re- lación determinadas con las personas implicadas en el conflicto si- no que es un modelo de conducta educativo para aquellas perso- nas que conviven con los implicados y/o están vinculadas a ellos. Esto es especialmente importante al pensar en los niños y niñas. A través de los mensajes que los adultos emiten hacia los niños y ni- ñas en las situaciones de conflicto con ellos, se les proporciona mensajes sobre sí mismos, sobre lo que pueden o no pueden espe- rar de los demás, también sobre los actos y estrategias que están permitidos como mecanismos de resolución de conflictos, dónde está el límite en una situación de conflicto.

Los beneficios secundarios: Es importante y doloroso darse cuen- ta de que cuando se permanece en una situación de conflicto es, en parte, porque se obtiene un beneficio afectivo de la situación. Aquellos conflictos cuyo coste es excesivo para los implicados son los primeros que se resuelven, y normalmente cuando el conflicto se prolonga mucho en el tiempo, se llega siempre a esa situación, una en la que a todos los implicados les supone más daño y dolor permanecer en el conflicto que afrontarlo. Si esto no se da, se debe valorar que las personas implicadas sacan un beneficio de ello.

La posible generación de una “identidad en negativo”: el extre- mo en el caso de los beneficios secundarios es que la persona construya la llamada “identidad en negativo”, en la que la identi- dad se constituye no en positivo, sino desde la oposición al otro, desde la defensa. En ese sentido, el conflicto es un modo de cons- truir una identidad, la persona construye su identidad desde la oposición, el negativismo y el conflicto, no es lo que quiere ser si- no se trata de ser justo lo que los otros no quieren que sea. No hay beneficio real alguno en dejar de vivir el conflicto, porque cuando

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Amor y violencia

Amor

y

violencia

no se tiene “contra lo que pelear” llega la situación de indefinición en la que la persona no sabe muy bien quién es.

El miedo: por último es esencial entender que el miedo es una mo- tivación afectiva básica del ser humano. El miedo genera muchas conductas humanas, la percepción del riesgo real o imaginado condiciona las decisiones y las acciones de las personas en un con- flicto. Una estrategia básica de afrontamiento de los conflictos es hacer consciente el miedo, verbalizarlo, ponerlo encima de la me- sa, para hacerlo controlable. Por muy negativa que sea la realidad, siempre es más fácil de manejar que los fantasmas, porque es tan- gible y permite generar estrategias de afrontamiento reales. Por eso la evitación es un mecanismo destructivo, porque todo el es- fuerzo que se emplea en evitar conflictos es un esfuerzo que hace poderosos a los fantasmas de cada persona, a quienes si no temie- ra, podría mirar “cara a cara”.

5. EL AFECTO Y EL PERDÓN

En el manejo afectivo de los conflictos, además, es importante reflexio- nar sobre el papel del perdón. En la creación y desarrollo de un vínculo afectivo siempre van a surgir conflictos, y así ha de ser; son a menudo oportunidades de crecimiento de la relación e indicadores de la profundi- dad que ésta alcanza.

Los conflictos, tal y como se ha expuesto, en muchos casos tendrán una base vincular. La resolución de un conflicto vincular puede suponer la vi- vencia de un proceso de duelo en los implicados y el perdón es uno de los posibles finales de este proceso. Suele llegar, salvo en casos de duelo pato- lógico, de forma natural con el tiempo, una vez la persona ha superado to- das las etapas de este proceso de duelo: negación, rabia, depresión y acep- tación. De este modo, el perdón puede suponer la sanación de los afectos que se ponen en juego en la base vincular del conflicto.

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La relación entre el amor y la violencia Pero perdonar y pedir perdón no son

La

relación

entre

el

amor

y

la

violencia

Pero perdonar y pedir perdón no son actos, sino un proceso afectivo en el que las personas ponen en juego los afectos que sienten por la otra perso- na, la credibilidad que le dan y la profundidad de relación que les une a ellos. El proceso del perdón tiene dos niveles: integración y reconstrucción.

En el primer nivel, la