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Un decálogo personal para hacer una crónica Por Pablo de Llano, periodista de EL PAÍS
Un decálogo personal para hacer una crónica Por Pablo de Llano, periodista de EL PAÍS
Un decálogo personal para hacer una crónica Por Pablo de Llano, periodista de EL PAÍS

Un decálogo personal para hacer una crónica

Por Pablo de Llano, periodista de EL PAÍS (Madrid)

1. El tema me tiene que importar

Yo estudié Filosofía y recuerdo que un profesor muy serio que teníamos nos decía que lo

importante, según su etimología latin a, era

portare. A lo mejor no lo estoy recordando bien y lo que digo es una estupidez desde el punto de vista etimológico. En cualquier caso lo que quiero plantear es que es preferible que el cronista escoja temas que le importen: que le gusten, que quiera conocer porque tengan algo que ver con

llevaba consigo, lo que te im- portaba, de im-

lo que te

uno mismo o que quiera conocer simplemente porque sí, por pura curiosidad. Si el tema nos importa, nos lleva con él y tendremos que hacer menos esfuerzos que si no nos importa un bledo.

2. Tenacidad

Reunir la información necesaria para una crónica puede llevar mucho tiempo, entre otras cosas porque los periodistas a menudo nos interesamos por cosas de las que no tenemos ni idea y por lo tanto durante buena parte de la investigación nos dedicamos a dar palos de ciego. Para llegar a comprender algo, primero hay que hacer el esfuerzo de llegar a la conclusión de que no entiendes nada. Eso significa invertir horas en investigar tu propia ignorancia. Para hacerlo hay que ser algo tenaz y algo obcecado, como un burro tirando de un carro. Y lo mismo se podría decir del proceso de redacción de la crónica, en el que otra vez te encuentras con que desconoces muchas cosas y con que aún encima hay otras que sí conoces pero qu e no sabes cómo escribirlas. Por lo tanto en la parte de escritura también se debe continuar con la actitud del burro. En el discurso de apertura del foro de Nuevos Cronistas la periodista Elena Poniatowska dijo ‘insistir, siempre insistir’.

3. No hay crónica perfecta

Al mismo tiempo que creo que es bueno ser tozudo como un asno, creo que es útil ser consciente de que por mucho empeño que se le ponga ningún artículo saldrá perfecto. Las crónicas son imperfectas y por eso el cronista debe de aprender a saber cuándo su trabajo ha llegado a un nivel de imperfección tolerable y ya debe dejar de rebuscar información y de reescribir su texto.

4. Hay información prescindible

Cuando recogemos información para una crónica tendemos a pensar que cada dato o cada detalle que conseguimos es un tesoro. Eso nos puede conducir a un síndrome de Diógenes periodístico consistente en escribir por acumulación de datos y de detalles. Por eso creo que es importante saber seleccionar la información. Y para hacerlo creo que hay dos pautas recomendables: no descartar nunca la información primaria y, de la secundaria, escoger cosas según un criterio de coherencia, es decir, de manera que los datos o los detalles menores que elijas se combinen con sentido y ayuden a entender mejor las cuestiones clave. Un ejemplo: en un perfil sobre Bill Gates creo que sería un detalle descriptivo imprescindible el hecho de que lleva gafas y estoy casi seguro de que no sería relevante el color de sus calcetines, aunque no por ello se debería renunci ar a apuntar cuál es el color de sus calcetines, por si acaso descubrimos al final que todos los días lleva

al menos una prenda de ese mismo color, hecho que nos aportaría un contraste interesante:
al menos una prenda de ese mismo color, hecho que nos aportaría un contraste interesante:
al menos una prenda de ese mismo color, hecho que nos aportaría un contraste interesante:

al menos una prenda de ese mismo color, hecho que nos aportaría un contraste interesante: que un genio de algo tan racional como la informática se p reocupe cada día en una melonada tal como llevar al menos una prenda de color rojo, azul, blanco o del que sea. Otro ejemplo: en su discurso de apertura Elena Poniatowska contó que cuando hizo el reportaje de la matanza de Tlatelolco un entrevistado le escribió unas 2.000 páginas sobre su experiencia personal y al final ella se quedó con tres líneas de todo eso. Al parecer el entrevistado se cabreó.

5. Las aporías son para la Grecia clásica

En la facultad de Filosofía también me enseñaron la palabra aporí a, que es una de esas palabras que te hacen sentir bien cuando las dices: ‘Esto es una aporía’, dices, y te quedas muy contento. Incluso puedes adornarte todavía más y decir que algo te parece ‘aporético’. En fin. Aporía en griego según los que saben grie goquiere decir problema sin solución. Y en las discusiones sobre la crónica siempre surge una falsa aporía: si es más importante que un reportaje esté bien escrito

o que aporte una información relevante. Pues como se pueden hacer ambas cosas a la vez no hay

aquí un problema sin solución y por lo tanto no hay ninguna aporía y por lo tanto se discute demasiado sobre si hay que escribir bonito o destapar informaciones que derriben gobiernos tiránicos. Cualquiera entiende que el ideal es derribar un gobierno tiránico con un artículo legible. Un ejemplo que es un pregunta: ¿Es imposible escribir un artículo sobre una compañía eléctrica que estafa a sus clientes sin que los propios clientes estafados abandonen el artículo por fatiga o por incomprensión antes de la quinta línea?

6. Humor

Todo tema, hasta los más dramáticos, tiene vetas de humor, y creo que si un cronista logra que un lector sonría al menos una vez leyendo un texto su artículo ya habrá valido para algo.

7. Contra el lenguaje burocrático

El periodista tiene que devanarse los sesos todo lo que pueda para limpiar el texto de nombres y categorías institucionales que nunca se acaban. Un ejemplo propio: hace unos días me encontré con el problema de que debía enunciar lo siguiente: “Samuel González, extitular de la Unidad Especializada en Delincuencia Organizada de la Procuraduría General de la República de México”. Son 19 palabras para definir el cargo de una persona. Entorpecía demasiado el texto, así que reduje Procuraduría General de la República de México a fiscalía mexicana. La realidad está llena de siglas y nombres administrativos que debemos intentar ahorrarle al lector.

8. Las descripciones deben ser concretas pero no excesivas

Hay detalles muy básicos que enriquecen las escena que describi mos, las completan con discreción. Aunque el exceso descriptivo también puede atascar el texto y hasta puede parecer ridículo. Un ejemplo. Podemos decir 1) “El candidato Henrique Capriles está sentado en un restaurante comiendo”, 2) “El candidato Henrique Capriles está sentado en un restaurante comiendo un plato de macarrones con queso” o 3) “El candidato Henrique Capriles está sentado en un restaurante comiendo un plato de macarrones con queso, apoyándose con un trozo de pan

y bebiendo de vez en cuando tragos de una lata de coca-cola fría”. La primera opción es pobre, la

segunda es completa y la tercera se pierde en detalles innecesarios: lo que le da carácter a la frase son los macarrones con queso.

9. Empatía y distancia La relación con los entrevistado s debe ser cercana y distante.

9. Empatía y distancia

9. Empatía y distancia La relación con los entrevistado s debe ser cercana y distante. El
9. Empatía y distancia La relación con los entrevistado s debe ser cercana y distante. El

La relación con los entrevistado s debe ser cercana y distante. El otro debe sentir de algún modo que nos importa lo que nos dice, que no solo queremos sacarle cuatro palabras para ponerlas entre comillas sino que estamos haciendo un esfuerzo genuino por comprenderlo. Y eso solo es posible cuando en efecto nos importa la gente. Creo que esa empatía entre el reportero y el entrevistado es algo similar a la famosa química entre las parejas. Ahora bien: el entrevistado también debe notar que ese nexo es provisional y limitado a la conversación periodística. Debe sentir la distancia del periodista en la misma medida en que siente su cercanía.

10. Hacer preguntas que no sean importantes

En cierto modo la gente no se define tanto por sus rasgos sustanciales (su oficio, sus principios, su aspecto) como por sus pequeñas individualidades (hábitos, manías, gustos, aficiones). Si queremos saber cómo es un banquero es probable que resulte más revelador conocer en qué pierde su tiempo libre cuando está en casa una tarde sin hacer nada que conocer con q ué empresarios se reúne por la mañana, a qué comida de negocios acude a mediodía y a qué cita social acude con su esposa por la noche. Cualquier pregunta inocente o tangencial puede provocar una respuesta reveladora o con una carga expresiva fuerte.