Sei sulla pagina 1di 9

Índice

Juan Campos

Introducción

2

Objetivos del trabajo

2

Fundamentación del tema elegido

3

Marco teórico

4

Desarrollo:

5

Introducción

5

Principio de realidad y cultura

5

Los calmantes de la desdicha:

El fantaseo como satisfacción sustitutiva

6

Conclusiones

8

Referencias bibliográficas

9

Introducción

Juan Campos

cada fantasía singular es un

cumplimiento de deseo, una rectificación de la insatisfactoria realidad.”

Freud, S. (1908)

y “

¿Qué es una fantasía? ¿Cómo se genera? ¿Qué clase de sucesos llevan a que se

origine este fenómeno en nuestro psiquismo? ¿Qué función cumple y con qué efectividad lo

hace? Probablemente la mayoría de nosotros, solo por medio del saber popular o nuestro

razonamiento, tengamos las nociones necesarias al menos para poder pensar acerca de

estos cuestionamientos. En la frase que encabeza esta sección, Freud nos habla de un

cumplimiento de deseo y de una “insatisfactoria realidad” que no nos permite realizar dicho

anhelo, entonces a partir de nuestras primeras preguntas terminan brotando más

interrogaciones: ¿Qué podemos considerar realidad y en qué marco nace lo que percibimos

como real? ¿Es la realidad en sí misma la primera causa, la “madre” de la fantasía?

Este trabajo no propone en sí, encontrar respuestas definitivas ni verdades absolutas,

no obstante, la problematización, el cuestionamiento y, por ende, las preguntas pensadas

anteriormente y muchas otras, serán las líneas directrices de la producción de esta

indagación.

Objetivos del trabajo

»Desarrollar una base teórica, desde una perspectiva psicoanalítica, sobre el concepto

de fantaseo, realidad, cultura y principio de realidad (junto a sus principales diferencias con

el principio de placer) con el fin de proporcionar al lector la contextualización necesaria para

introducirse en el trabajo.

»Analizar, cuestionar y problematizar acerca de la utilidad y función del fantaseo como un

“instrumento” del psiquismo a la hora de cumplir virtualmente con deseos no compatibles con

las pautas marcadas por la realidad ya establecida en una determinada cultura.

»Establecer conclusiones o reflexiones acerca de la indagación, análisis y articulación previa.

Juan Campos

Fundamentación del tema elegido

El uso del análisis para la terapia de las neurosis es sólo una de sus aplicaciones; quizás el futuro muestre que no es la más

lo reconozco, lo admito, sólo

quiero prevenir que la terapia mate a la ciencia .”

Freud, S. (1926)

importante. [

]Yo

La frase seleccionada como encabezado abre un amplio abanico de reflexiones y

pensamientos. Claramente alude al anhelo del “Padre del psicoanálisis” de que su teoría no

quedara simplemente encuadrada bajo una mera disciplina clínica, sino que además pudiera

llegar a tener una influencia social, y una visión desde lo científico, permitiendo así un amplio

espectro de posibilidades de investigación y desarrollo. A la hora de realizar una indagación

o investigación desde una perspectiva psicoanalítica, creo primordial resaltar este elemento

histórico que se remonta hacia los albores del psicoanálisis que hoy conocemos. Para la

fortuna de Freud, el interés científico del psicoanálisis creció exponencialmente, y quizá ese

sea el punto de surgimiento de la consigna de este trabajo.

Como se expresa en los objetivos del trabajo, se propone avanzar en base a un análisis

y

articulación de conceptos. En el momento de emprender un trabajo de profundización, es

lo

que, de cierta manera sería mas enriquecedor, al menos si lo contrastamos con un mero

recorrido bibliográfico o desarrollo de un tema en particular, que no tiene más que aportar

que una masa de información que si bien puede tener gran valor y estructura, no es

comparable con la riqueza de poder analizar, problematizar y relacionar, encontrar nuevas

conexiones entre temas “viejos” o pasados por alto. En síntesis, aporta una calidad valiosa

de recursos tanto al estudiante como a cualquier lector que se introduzca en el trabajo en

cuestión.

Los elementos que el trabajo apunta a desarrollar, son temáticas muy interesantes y

que no se ven frecuentemente en publicaciones actuales, ni se trabajan lo suficiente,

especialmente en el caso del fantaseo. Asimismo, tampoco hay registros que indiquen

investigaciones específicas o relevantes respecto a la relación entre estos conceptos, por lo

que en más de un aspecto la consigna propuesta se muestra prometedora y potencialmente

fructífera.

Marco teórico

Juan Campos

Los cuestionamientos sobre el fantaseo son explicados por Freud (1908) en una de sus obras. La fuente del descubrimiento de dicho fenómeno surge a partir de la experiencia clínica, el mismo autor nos habla del neurótico como ser atormentado que en su condición, no tiene más remedio que confesar sus fantasías, siendo esto el punto de partida en el estudio del fantaseo, ya que en su estado original la fantasía es un elemento íntimo y privado, cuidado con gran recelo por quien las elabora ya que, de ser reveladas, por la naturaleza de sus contenidos desatarían gran pena y vergüenza en quien las crea. Luego se

enfermos no nos comunican sino lo que también

podríamos averiguar en las personas sanas.” (Freud, 1908) . Algo fundamental a plantear sobre las fantasías es que su motor pulsional son los ”

deseos insatisfechos, por ende: “

(Freud, 1908), entonces “ el dichoso nunca fantasea; sólo lo hace el insatisfecho.” (Freud, 1908). Por último, se puede definir a la fantasía como la oposición de lo que el mismo autor llama “realidad efectiva”. Tomando esto como punto de partida para explicar qué sería la realidad en sí misma:

El principio de realidad designa la adaptación al tiempo y a las necesidades de la vida en sociedad; y así la realidad se convierte en el correlato de la conciencia, y luego del yo. Mientras que lo inconsciente –el ello- ignora el tiempo y la contradicción y no obedece sino al principio del placer, la conciencia –el yo- tiene una organización temporal y tiene en cuenta lo posible y lo razonable.” (Ricoeur, 1973) La cita dispuesta anteriormente posee la riqueza teórica suficiente como para explicar

de forma básica cómo obra el inter-juego “principio de realidad-principio de placer”, cómo se instaura la realidad en nosotros, y cuales son, implícitamente los beneficios e inconvenientes de este elemento en el psiquismo humano. Para finalizar este breve cuerpo teórico, deberíamos referirnos a la cultura, ya que no sería prudente hablar de algo tan subjetivo como es la realidad y cómo la percibimos, sin antes tomarnos la molestia de cuestionarnos en primer instancia, qué es algo cultural, siendo la misma la base o infraestructura de nuestra vida en sociedad. Freud (1930) nos explica que lo cultural sería “la suma de operaciones y normas que distancian nuestra vida de la de nuestros antepasados animales, y que sirven a dos fines: la protección del ser humano frente a la naturaleza y la regulación de los vínculos recíprocos entre los hombres”.

llega a la conjetura de que “

nuestros

cada

fantasía singular es un cumplimiento de deseo

Introducción

Desarrollo

Juan Campos

En un primer momento, como afirma Freud (1930), el lactante no separa aún su yo

del mundo exterior. El proceso de disociación entre estos dos grandes bloques se da

gradualmente, en base a la interacción entre dos procesos: El primero opera según la

continuidad de los estímulos, ya que ciertos estímulos o excitaciones, que luego adjudicará a

ciertas zonas o partes de su cuerpo, pueden hacerse presentes en todo momento.

Asimismo, lo que luego se considerará como un objeto externo, no está disponible en todo

momento para brindar estímulos o satisfacción. El primer y mas claro ejemplo es el pecho

materno. El segundo proceso se puede definir como una tendencia a expulsar del yo todo

elemento que sea un potencial generador de displacer o malestar. La interacción de las dos

operaciones mencionadas anteriormente daría como resultado ideal una fuerte

consolidación de un yo-placer puro, y una clara delimitación del “afuera” en contraste del yo,

se menciona el término “resultado ideal” porque a medida que avanzan de estos procesos

nombrados, surge una conflictiva encrucijada: Nos aparecen elementos que, por brindarnos

placer, no queremos disociar de nuestro yo, no obstante, tienen naturaleza de objeto externo

(no forman parte de lo que somos), y así también encontraremos ciertas fuentes de malestar

o displacer que no podemos segregar porque forman parte de nosotros. Este proceso es el

primer paso hacia la instauración del principio de realidad.

Principio de realidad y cultura.

Desde el origen mismo del individuo, el principio de placer marca una línea directriz,

el objetivo más puro y el camino esperado a recorrer: obtener la satisfacción prolongada e

intensamente, y evitar todo displacer o sensación de dolor. En el proceso de disociación

entre nuestro yo y el mundo externo, nos ponemos en contraste con un contexto

amenazante y peligroso que nos rodea. Freud (1930) enuncia “tres grandes lados” por

donde el ser humano siente la amenaza del sufrimiento: “Desde el cuerpo propio, que,

destinado a la ruina y la disolución, no puede prescindir del dolor y la angustia como señales

de alarma; desde el mundo exterior, que puede abatir sus furias sobre nosotros[ por fin,

desde los vínculos con otros seres humanos.” Bajo la tensión que genera un entorno con

éstas características, la porción del principio de placer más en contacto con este mundo

externo lleno de amenazas y peligro, comienza a gestar el ya mencionado principio de

];

Juan Campos realidad, con un rol fundamental en la supervivencia del sujeto: El individuo tenderá a

disminuir sus expectativas de satisfacción, a bajar el nivel de sus exigencias de placer,

destronando parcialmente al principio de placer como monarca absoluto del programa de

vida del sujeto. De tal manera, se resignan ciertas posibilidades de satisfacción a cambio de

encontrar una fuente de protección, se da un intercambio en vías de una búsqueda de

supervivencia y seguridad. Otro camino válido es el desplazamiento gradual de la meta de

placer o moción pulsional, de modo que evite el displacer o sufrimiento, lo que se conoce

como “sublimación”.

En este marco de peligro y exposición, surge una “solución” que garantiza la

supervivencia del ser humano, pero que termina desplegándose como un arma de doble filo:

la vivencia en comunidad, la civilización, la cultura. A modo cooperativo las fuerzas

colectivas del ser humano masificado brindan progreso y desarrollo, despliegan

herramientas a través de la ciencia que de a poco van defendiendo a su especie de las

fuerzas de la naturaleza, así como brindan una mayor satisfacción y comodidad, y una

longevidad mayor con los avances en lo que posteriormente se llamaría la rama de la

Medicina. Si comparamos los fines de la cultura con los tres grandes lados generadores de

sufrimiento vistos anteriormente, podemos deducir que tendría como objetivo primario el de

“librar al hombre de todos sus malestares”. Surge un tercer elemento, quizá el mas

conflictivo tanto en daño o sufrimiento como en control y dominación: la regulación de los

vínculos sociales. Es el pasaje definitivo del poder del individuo al “poder de la comunidad”,

consiste en que los miembros de la comunidad se limitan en sus posibilidades de

satisfacción, en tanto que el individuo no conocía tal limitación.” (Freud, 1930)

Con el control y las normativas del relacionamiento, el individuo debe ir desplazando o

resignar una gama de metas placenteras que ya no caben dentro del marco en el que se

desarrolla (Un claro ejemplo sería todo el proceso de “El Edipo” en la infancia).

Los calmantes de la desdicha: El fantaseo como satisfacción sustitutiva.

“La vida, como nos es impuesta, resulta gravosa:

nos trae hartos dolores, desengaños, tareas insolubles. Para soportarla, no podemos prescindir de calmantes.” Freud, S. (1930)

Ante los grandes malestares no solo de la convivencia en comunidad, sino de la vida

en sí misma, el autor sugiere la existencia de elementos que ayudan a tolerar dicho

sufrimiento, encasillando los mismos en tres tipos, las distracciones (como por ejemplo, las

Juan Campos actividades científicas), las satisfacciones sustitutivas, que de alguna manera reducen

parcialmente el nivel de pesar, y por último, las sustancias embriagadoras, que simplemente

nos brindan la oportunidad de ser insensibles ante tal sufrimiento.

La fantasía se presta a ser considerado una satisfacción sustitutiva, en tanto “quedó

destinada al cumplimiento de deseos de difícil realización”. (Freud, 1930) Este fragmento

nos indica ya en primera instancia la utilidad del fantaseo a la hora de cumplir -al menos de

forma parcial o virtual- determinados deseos.

Acerca del funcionamiento y los tipos de fantasías: El proceso del fantaseo gira

entorno a tres dimensiones temporales: un escenario o suceso en el presente que sirve

como disparador y lleva a la persona a recordar una vivencia anterior (pasado),

generalmente infantil, en la que el deseo en cuestión si se cumplía, en base a estos dos

ejes, surge el tercero, una situación ficticia ubicada en un futuro “virtual” en el cual se da el

cumplimiento del deseo en cuestión, se da la creación de la fantasía.

Las fantasías se enmarcan bajo dos grandes categorías, una son los deseos eróticos,

y la otra los deseos ambiciosos, generados en función de exaltar una determinada cualidad

de la personalidad o el yo.

Sobre el fantaseo, mencionamos anteriormente que la naturaleza de los contenidos

obliga generalmente al individuo creador a mantenerlas al margen, lejos del conocimiento de

otros. Podemos deducir que, al ser estos deseos o metas de placer improbables de ser

cumplidas o saciadas en la “realidad efectiva”, el contacto con la misma y por ende, con la

comunidad, sería incompatible y brindaría más malestar al sujeto que el placer potencial que

podría llegar a generar. En base a todo lo mencionado anteriormente respecto a la

incomodidad y desdicha de la vida en sí misma y de la convivencia en comunidad, invito a

re-pensar algo dicho anteriormente: “ el dichoso nunca fantasea; sólo lo hace el

insatisfecho.” (Freud, 1908) ¿Podríamos realmente conjeturar que existen personas

“dichosas”, plenamente satisfechas, libres completamente de malestar o necesidades?

Ciertamente no debemos caer en la generalización ni mucho menos cerrarnos a otro

horizontes de conocimiento, pero a la hora de pensar sobre este cuestionamiento, sería

certero afirmar que casi todo sujeto ha pasado al menos una vez en su vida por una

situación de disconformidad, desdicha, malestar o insatisfacción, y que por ende,

prácticamente todos hemos utilizado el fantaseo en al menos algún momento de nuestra

vida. Es cierto también que dependiendo de la edad o el estadio evolutivo en el que uno se

encuentre, las necesidades de un individuo son diferentes y con ellas los pesares y

malestares también, por ende tampoco estaríamos errados en sostener que dependiendo

del momento de la vida en que una persona se encuentre, la función que le de al fantaseo, y

Juan Campos especialmente el contenido de sus fantasías, será diferente y variable. Pero no nos

quedemos solo ahí, existe otra variable muy importante: el contexto cultural. En la actualidad

la convivencia en comunidad y sus normativas no se mantiene en un único eje hegemónico,

sino que existe una amplia cantidad de diferentes culturas y sub-culturas, y con cada marco

diferente, serán también diferentes no solo las condiciones de vida y beneficios, sino

también las disconformidades e insatisfacciones, y por ende también, el formato de las

fantasías creadas por los sujetos inmersos en esa cultura. No perdamos la oportunidad de

hablar algo que se da dentro de los marcos culturales, como son los roles y las perspectivas

la mujer bien educada

de género, pues, a modo de ejemplo, como plantea Freud (1908): “

sólo se le admite un mínimo de apetencia erótica, y el hombre joven debe aprender a

sofocar la desmesura en su sentimiento de sí, en que lo malcriaron en su niñez, a fin de

insertarse en una sociedad donde sobreabundan los individuos con parecidas pretensiones.

Esta cita explica a la perfección como no solo varía lo que se espera de cada individuo

según su cultura, sino también según su género, entre muchas otras variables.

a

Conclusiones

» El trabajo desplegó el nivel de profundidad esperado de información sobre las temáticas

en cuestión, permitiéndole tanto al autor como al lector familiarizarse y ahondar en los

conceptos que luego fueron articulados. Los conocimientos teóricos trabajados dieron lugar

a interesantes y amplias líneas de análisis y reflexión, que cumplieron con los objetivos

pautados.

» Se pudo observar a partir del desarrollo cuál es la funcionalidad del fantaseo, cómo opera

en el psiquismo, y fundamentalmente su relación con la cultura y el principio de realidad en

tanto su existencia genera las condiciones para que se de la creación de las fantasías.

» En base a la influencia de la cultura y los efectos que ésta ocasiona en los individuos,

además del devenir propio de la existencia humana y las diferentes crisis que atraviesa un

sujeto en su desarrollo, pudimos llegar a establecer que teóricamente todo sujeto pasa al

menos una vez por un estado de malestar, incomodidad o sufrimiento que lo podría llevar a

generar fantasías de alguna índole, por lo que podríamos afirmar que toda persona en al

menos una etapa de su vida, se valió del fantaseo para el cumplimiento de cierto deseo

inválido en su realidad o cultura correspondiente.

Juan Campos

Referencias bibliográficas.

Freud, S. (1908) El creador lírico y el fantaseo. En Freud, S. (1908) Obras completas. Tomo IX. Buenos Aires: Ed. Amorrortu

Freud, S. (1926) ¿Pueden los legos ejercer el análisis? Diálogos con un juez imparcial. En Freud, S. (1926) Obras completas. Tomo XX. Buenos Aires: Ed. Amorrortu

Freud, S. (1930) El malestar en la cultura. En Freud, S. (1930) Obras completas. Tomo XXI. Buenos Aires: Ed. Amorrortu.

Laing, R. (1974) El yo y los otros. México: Fondo de cultura económica.

Ricoeur, P. (1973) Freud: Una interpretación de la cultura. México: Siglo veintiuno editores sa.