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AlAl lectorlector

El amor, únicamente el gran amor que profesamos a esta Villa, cuna y sepulcro de nuestros mayores, donde hace exactamente veintiocho años cons- tituimos una nueva familia caudetana y en cuyo partido o paraje de Borbón quedaron enterrados, de 1936 a 1939, nuestras más caras esperanzas e ilusio-

nes, nos ha llevado, en alas de un verdadero espíritu de servicio y sacrificio,

a efectuar este trabajo de modestas proporciones ciertamente, pero que no

ha estado exento de dificultades, esfuerzos y pacientes investigaciones por

la insuficiencia de medios de que hemos dispuesto y por el hecho de ser la

primera de esta clase de obras que se escribe sobre Caudete. Y nos hemos decidido a ello porque nos dolía en el alma que nuestra

Villa, de relativa importancia dentro de la provincia de Albacete, de ilustre abolengo y con honrosos títulos, que testimonian un glorioso pasado, care- ciese de historia escrita, que es casi como no tenerla, pues no puede consi- derarse completa la nobleza sin expresión de su ejecutoria, siendo así que otros pueblos inferiores al nuestro por todos conceptos, se ufanaban mos- trando la suya a propios y extraños. No pretendemos, en modo alguno, haber realizado nada definitivo. Este librito puede considerarse como un primer paso para una Historia completa

y bien documentada, que esperamos realicen, en lo futuro, otros hijos de

esta noble tierra que cuenten con más medios, tiempo y competencia que nosotros. Ha sido una satisfacción comprobar el entusiasmo que nuestro propósito

ha despertado y la colaboración que espontáneamente se nos ha prestado por los buenos caudetanos a quienes nos hemos dirigido. Vaya, en primer

lugar, a este respecto, nuestro agradecimiento por el aliciente, directrices

y crítica constructiva a nuestros compañeros de la Junta pro-Historia de

Caudete,

constituida

en

octubre

de

1955,

a

saber,

el

señor

Cura

Párroco-Ar-

cipreste,

don

Vicente

Dimas

Soler;

el

hijo

predilecto

de

la

localidad,

Excmo.

señor

don

Cristóbal

Gracia

Martínez,

Consejero

nacional

de

F.

E.

T.

y de

ilustre

las

J.

O.

caudetano

N.

P.

S.

por

Elías

esta

provincia

Bañón,

0.

y

C.;

Gobernador

el

señor

civil

de

La

Coruña;

Alcalde-Presidente

el

del

M.

I.

Ayuntamiento,

don

José

Puche

Soriano,

gran

entusiasta

de

este

pueblo

de

su

adopción;

el

señor

Juez

comarcal,

don

Luis

Martínez

Requena,

de

an-

tigua

y

distinguida

familia

caudetana;

el

farmacéutico

don

José

Esteve

Martínez,

Presidente

de

la

M.

I.

Mayordomía

de

la

Virgen

de

Gracia;

y

el

joven

directivo

de

la

Acción

Católica

local,

don

José

Conejero

Gracia.

Recor-

damos,

así

mismo,

con

complacencia

y

agradecimiento

a

los

convecinos

que

nos

han

prestado

libros

costosos

que

no

poseíamos

y

descritos

de

la

mayor

importancia

para

nuestro

cometido,

así

como

a

quienes

nos

han

facilitado

datos

y

restos

prehistóricos

 

e

históricos,

cuya

lista

no

publicamos

por

temor

a

incurrir

en

lamentables

e

involuntarias

omisiones.

Y

sobre

todo,

¿cómo

no

expresar

nuestro

sincero

 

reconocimiento

 

a

nuestro

eximio

paisano,

el

Ilmo.

señor

Decano

del

Colegio

Notarial

de

Burgos,

don

Pedro

Sánchez

Requena,

que

valora

esta

humilde

obra

con

la

rica

aportación

de

su

Prólogo,

singular ejemplo de belleza literaria y acendrado caudetanismo?

 
 

Queda

bien

de

manifiesto

nuestro

propósito

al

sacar

a

la

luz

pública

este

libro:

servir

a

la

patria

chica,

contribuyendo

a

su

esplendor

y

estimu-

lando

a

nuestros

paisanos

 

a

una

constante

superación

para

hacerse

dignos 1

del

pasado

y

contribuir

al

bien

propio

y

al

de

esta

¡tierra

cuyo

suelo

pisamos

y

con

cuyos

paisajes,

cargados

de

historia

y

pictóricos

de

patriotismo

y

de

religiosidad,

nos

deleitamos.

También

pretendemos

excitar

 

en

los

de

fuera,

principalmente

entre

los

comprovincianos,

un

respetuoso

interés

por

este

rincón

de

Albacete,

empotrado

en

la

provincia

de

Alicante,

que

sólo

gran-

dezas

quiere

aportar

a

la

jurisdicción

administrativa

de

la

que

forma

parte

desde

hace

ya

casi

125

años,

y

que

a

todos

invita

vengan,

cuando

menos,

por

cias que a manos llenas derrama desde su trono caudetano.

las

fiestas

septembrinas,

a

solicitar,

de

nuestra

excelsa

Patrona

Caudete, 15 de agosto de 1956

JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ

las

gra-

PPRRÓÓLLOOGGOO

Al paso de las Invasiones, a través de los siglos, sufrió nuestro viejo solar, fueron surgiendo pueblos, a todo lo largo y ancho de nuestra penín- sula; se fue haciendo la historia de otros, y, sobre los sedimentos de las distintas culturas que atravesaron nuestro suelo, se levantaron villas y ciu- dades, que son hoy legítimo orgullo de nuestra Patria. De la mayor parte de nuestros núcleos urbanos, podría en justicia decir- se, que tienen historia y que hicieron Historia, porque todos tuvieron un momento estelar, o fueron encrucijada de un quehacer en la común y grande Historia de nuestra España. Este es el caso de nuestro querido Caudete; su enclave en la confluencia de los límites de antiguos reinos, le hizo tomar parte en memorables avata- res del medioevo y actor destacado de luchas y sucesos, que en tiempos mo- dernos ensangrentaron nuestro suelo; por eso Caudete tiene historia y, lo que es más importante, hizo Historia. Es deber esencial de los buenos caudetanos, que ese hacer Historia, no tenga solución de continuidad, porque otra cosa sería convertir a Caudete en el pueblo que sólo vive de su pasado, para agonizar lentamente, hasta convertirse en un recuerdo histórico. Esa continuidad en el quehacer histórico, que debe constituir nuestra más entrañable aspiración, no puede seguir, en los tiempos que corremos, las mismas rutas de antaño, ha de orientarse por otros derroteros, encami- nados a enaltecer y cultivar los valores del espíritu y a conseguir el engran- decimiento de nuestro pueblo, con el trabajo, las Iniciativas y la actividad de cada uno. La revalorización del patrimonio espiritual que nos legaron nuestros antepasados, tiene un punto de partida, una premisa, de la que no se puede

prescindir, si queremos actuar con el rigor que exige la tarea de mantener a Caudete, en la línea de los pueblos que sienten la actual hora de España y se han identificado con este renacer de sus valores eternos. Ese punto de arranque, es el conocimiento y divulgación de nuestro pasado; es recoger y ordenar el tesoro documental que atestigua lo que fuimos y evitar que se pierda, como se perdieron gloriosas piedras y otros elementos históricos, que serían hoy el mejor ornato de nuestra villa. La aspiración de llevar a la letra impresa, la historia de nuestro pueblo,

es ya antigua entre los caudetanos; los mejores de los nuestros, sintieron su primera inquietud, cuando, al empezar a deletrear, veían el nombre del

Presbítero Luis Golf, rotulando la principal de nuestras calles, y de pregunta en pregunta, empezaron a sospechar que Caudete tenia un ayer glorioso, que esperaba el hombre de voluntad que desempolvara de los archivos, per- gaminos, legajos y pleitos, que dan fe de los blasones de nuestro escudo y son testimonio fehaciente de la vitalidad, la fe y. las virtudes, de nuestros antepasados. Felizmente, aquella aspiración de recopilar nuestra historia, es ya una realidad, gracias a la iniciativa de una Corporación Municipal, entusiasta

de nuestros valores, y a la labor, llena de abnegación, de nuestro paisano don

Jesús Sánchez Díaz, que con una dedicación fervorosa, ha compilado en las

páginas que siguen, lo más destacado de nuestro pasado.

Hacer una critica razonada y constructiva de su trabajo, exigiría dispo- ner de un punto de referencia, del que carecemos; el libro es un mensaje

a todos los caudetanos, para decirles que tenemos un ayer pletórico de

grandeza, que fuimos alguien en ciertos momentos de la Historia, que nues- tros precedesores supieron, en todo instante, estar a la altura de lo que exigía el acontecer histórico, que tenemos una misión que cumplir, en el tiempo en que nos ha correspondido vivir, y es la de seguir haciendo His ria, aportando lo mejor de nuestro ser, para conseguir el engrandecimiento espiritual y material de nuestro Caudete. Jesús Sánchez Díaz, ha replanteado con su trabajo, el esquema de

nuestra Historia, y éste es el más acabado elogio de su labor, para que otros estudiosos y entusiastas de nuestros valores, completen su tarea, para llegar

a la

compilación

histórica

que

Caudete

merece.

Soria y junio de 1956.

PEDRO S. REQUENA

P R E L I M I N A R E S

El territorio

Versa esta breve Historia sobre los hechos principales de la vida de Cau- dete, pueblo o pueblecitos que han tenido un territorio de unos doscientos kilómetros cuadrados, situado en el sureste de la Península Ibérica, cuyo centro se halla a los 38° y 42' de latitud norte y 2 o 40' longitud este del me- ridiano de Madrid o a 1° y 44" oeste del de Greenwich (1). Esta porción de terreno es de formación geológica dominante diluvial con emergencias cretáceas (2). Dantín Cereceda, en su "Nueva Geografía Universal" viene a clasificarlo en eocénico y diluvial infracretáceo. Los terrenos diluviales están constituidos principalmente por materia- les de sedimentación arrastrados por las aguas, y en ellos abunda el sílex o piedra pedernal, habiendo masas de arcilla que se utilizan para la fabri- cación de los diversos productos de la cerámica o alfarería. El periodo geológico conocido con el nombre de cretáceo se llama así por aparecer en él la creta formando grandes masas, aunque en algunos terrenos se halla sustituida por areniscas y calizas arcillosas o silíceas. Entre la creta se encuentran con frecuencia incluidos nódulos de pedernal. En la formación cretácea suelen abundar las rocas calizas y margas, de gran uti- lidad para la fabricación de cales y cementos.

Aspecto físico

Al pie de la sierra Oliva o de Santa Bárbara, de 1.150 metros de eleva- ción sobre el nivel del mar y de la del Rocín, ambas como el resto montañoso del término, pertenecientes a los sistemas béticos, se extiende una extensa vega, accidentada en su centro por las colinas de Santa Ana y de los Cadal-

(1)

El meridiano de Madrid tiene una diferencia de 3°, 41' y 16" con el del observatorio astro-

nómico de Greenwich (Londres).

(2)

Tomado de la descripción catastral de este término remitida por la Jefatura del Catastro

de Rústica de Albacete a la Dirección General.

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ

sos, que mide unos veinte kilómetros de larga y de diversa anchura, a la que afluyen las ramblas principales que dan origen al río Vinalopó, dos de ellas

a la que afluyen las ramblas principales que dan origen al río Vinalopó, dos de ellas

Gráfico del término municipal.

HISTORIA DE CAUDETE

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formadas a ambos lados de la citada sierra Oliva, otra entre las sierras Lácera y Lengua y otra en la vertiente meridional de la sierra del Rocín. En el sitio de confluencia de todas ellas se formó una laguna pantanosa (el actual paraje de los "Prados"), por efecto de cerrar el paso al curso de las aguas unas alturas situadas cerca del extremo sureste de la expresada am-

plia vega. A través de ese lecho de antigua laguna corre el límite entre los términos de Caudete y Villena. El terreno caudetano es en general fértil, sobre todo en la parte sur

y la cañada del noreste, y dentro de ellas los lechos de antiguos embalses

naturales como el de las "Suertes" y el expresado de los "Prados". El agua es muy abundante y a escasa profundidad, por lo que resulta fácil y eco- nómico el riego. La altura media del terreno caudetano es de 557 metros, bastante menos que el resto del territorio de la provincia de Albacete y de los pueblos limí- trofes con excepción del de Villena (1).

Clima y producciones

Caudete disfruta un clima de transición entre el mediterráneo y el de la meseta castellana. El termómetro oscila entre -3 y +35, pero hay años

en que la temperatura desciende bastante por debajo de esa mínima, helán- dose algunos frutos, netamente levantinos, adelantados en los días tibios

y primaverales que muchas veces se presentan en los meses del centro del

invierno. Hay años en que nieva bastante, habiendo alcanzado más de sesenta centímetros en 1926, el "año de las nieves". El cielo es de hermoso azul; la atmósfera, por lo general, clara y diáfana, y las estrellas brillan con intensidad en la inmensa mayoría de las noches del año. Los vientos mas frecuentes son el Norte, Poniente, Leveche (ESE), Levante y Morisco. Los más lluviosos, el Leveche y Levante.

Las plantas silvestre más comunes, además de las coníferas, que cu- brían grandes extensiones en pasados siglos, son el romero, enebro, aliagas, lentisco, espliego, tomillo, sarjolia, té de monte, manzanilla, esparto y otras. En los terrenos de regadío se cultivan con profusión patatas, hortalizas de consumo en fresco, maíz, etc., y se obtienen frutas muy diversas (prin- cipalmente manzanas), uva de mesa, aceitunas y almendras. La profusión de olivos, vides y almendros en los terrenos de cultivo más elevados, dan al término un marcado aspecto levantino.

(1) El nivel caudetano citado es el que tiene el portal de la iglesia parroquial de Sta. Catalina, V. y M. Almansa se halla a 712,80 m. de elevación media; Yecla a 600 m., Villena a 504 y Fuente la Higuera a 571, Estos últimos datos los debemos a los señores Secretarios de las poblaciones citadas.

CAPITULO I

Caudete en la Prehistoria

Pocos datos poseemos para trazar un cuadro exacto de la vida humana en nuestro término municipal durante la Prehistoria, aunque sí sabemos con toda certidumbre que hubo aquí una población de cultura bastante adelanta- da, basándonos en los restos y vestigios hallados de aquellos remotos y oscuros tiempos. Los historiadores, como es notorio, dividen la Prehistoria en Edad de Piedra y Edad de los Metales, subdividiendo, a su vez, la primera, en los períodos Paleolítico, Mesolítico y Neolítico; y la segunda, en los del Bronce y del Hierro. El Paleolítico se desarrolló durante la Era Cuaternaria o período pre- glacial; el Mesolítico corresponde a la etapa epiglacial, y el Neolítico se sucede a lo largo de la actualidad geológica. En la Era Cuaternaria, el clima de Caudete, como el de todo el sureste de la Península, fue benigno en comparación de lo riguroso que se presentó en la Meseta, sirviendo esta parte suroriental de refugio a las faunas calien- tes en las épocas de mayor frío. Hubo por entonces aquí hipopótamos, caba- llos, toros, bisontes, ciervos, jabalíes, cabras montesas, rebecos, etc., así como osos, tigres, lobos y otros animales carnívoros.

La vida humana en el Paleolítico

(De 30.000 a 15.ooo años a. C.)

Los hombres del Paleolítico inferior vivían al aire libre o utilizaban refugios naturales, como cavernas y abrigos rocosos. Se agrupaban en pe- queñas hordas para poder vencer mejor el medio ambiente en que vivían, y andaban errantes en busca de su sustento. Eran cazadores y recolectores nómadas. Se alimentaban de la caza y de la pesca, y sobre todo de produc- tos vegetales, frutas, raíces, tallos, algunas hojas, hierbas, etc.

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ

Nuestro término les ofrecía magníficas condiciones para subvenir a tales necesidades, pues a los productos y caza de sus bosques y riachuelos, se añadían las numerosas y suculentas aves acuáticas, principalmente patos silvestres, que pululaban por los terrenos pantanosos de los actuales "Pra- dos", y por lo mismo, dada, además, su privilegiada situación geográfica, es más que probable que sirviera de eventual residencia a los nómadas del Paleolítico. Aunque los utensilios más antiguos usados por el hombres fueron de madera y de hueso, las primeras industrias, cuyos restos conocemos, son las de la talla de la piedra, en las cuales cabe distinguir dos técnicas: la de hachas y la de lascas o fragmentos de piedra disgregados por percusión. De ambas técnicas se han hallado numerosos ejemplares en este término, y nosotros poseemos algunos. El hombre del Paleolítico Superior habitó preferentemente en cavernas y abrigos naturales, y también se han hallado restos de campamentos, lo que demuestra que el hombre vivió al aire libre, a pesar de la inclemencia extra- ordinaria del tiempo que hubo por entonces. La Cueva Santa y los numerosos abrigos rocosos que ofrecen la sierra Santa Bárbara y demás montañas circundantes, juntamente con los vestigios

demás montañas circundantes, juntamente con los vestigios Vista panorámica del Arrabal.- Al fondo la sierra del

Vista panorámica del Arrabal.- Al fondo la sierra del Rocín.

HISTORIA DE CAUDETE

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encontrados, en la sierra Lacera, dan pie para sostener con toda certeza que Caudete estuvo también poblado en el Paleolítico Superior.

El Neolítico y el comienzo de la Edad de los Metales en Caudete

A pastores, rocheros, cazadores y cuantos frecuentan la sierra Santa Bárbara, el cerro del "Cinchao" y el cabezo del Rosario, les había venido extrañando la abundancia de tiestos y piedras raras observadas por esa parte oriental de nuestro murallón montañoso. En una pequeña excavación practicada en el "Cerrico Moro", junto al del "Cinchao", hemos recogido restos de unas vasijas de cerámica negruzca pulida y de formas sencillas, así como diversos objetos de piedra y hueso prehistóricos. En el expresado "Cerrico" hay dos explanadas separadas por un reguero, de unos cien metros de anchura cada una, con una elevación en el centro. Ambas están bien resguardadas de los vientos, y su parte meri- dional, muy soleada, termina al borde de un terreno muy escarpado. Por el contrario, a Poniente, tienen las explanadas fácil acceso, y aquí es donde precisamente ofrecen restos de fortificación y las señales inequívocas de un foso primitivo de defensa. La clase de cerámica hallada, los otros objetos encontrados y la disposición del terreno, nos dicen claramente que se trata de una estación de la Cultura llamada de Almería, que desarrolló en el sureste de nuestra Patria, unos 2.500 años a. C, es decir, hace unos 4.500 años, el pueblo iberosahariano procedente de la región del Sáhara (entonces ha- bitable). Esta cultura se denomina también de los poblados, porque quienes la practicaron vivían en poblados sitos en lugares prominentes o cabezos com- pletamente fortificados. Otros elementos típicos de esta cultura son las puntas de flecha con pedúnculo y aletas laterales, cuchillos finos y hachas pulimen- tadas, objetos de adorno (cuentas de collar, brazaletes, etc.), y los enterra- mientos en pequeñas cistas, además de la cerámica negruzca citada. Algu- nos de estos objetos han sido hallados tanto en el cerrico del Moro como en el montículo que hay cerca de la Toconera, lugares que en unión de otros del término, como la "Atalaya de la Perdiz"' y la viña de los herederos de Juan Antonio Medina Requena en el paraje de Bogarra, deberían ser metódica- mente excavados y estudiados por los arqueólogos oficiales. Así, pues, sabemos con toda certeza que Caudete contaba con uno o dos poblados, cuando menos, de la Cultura Almeriense dos mil quinientos años antes de Jesucristo. Por otra parte, don Joaquín Roa y Erostabe, en la página 175 del tomo segundo de su "Crónica de la provincia de Albacete (edición 1896)" señala que "allá por el año 1879 se descubrieron en las tie-

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ

rras

de

la

labor

llamada

Alcoraya

(próxima

al

poblado

neolítico

de

que

hemos

hecho

mención),

unos

sepulcros

de

piedra

labrada,

de

grandes

di-

mensiones,

conteniendo

en

su

interior

dos

momias

humanas

que

debieron

pertenecer

 

a

personas

de

grande

estatura,

casi

gigantescas,

y

dos

ánforas

antiquísimas".

Caudete en la Edad de Hierro

El hierro lo introdujeron en España los pueblos colonizadores fenicio, griego y cartaginés, dándolo a conocer por el sur y levante unos 650 años antes de Jesucristo. Como nuestro pueblo está dentro del sureste histórico y tiene fácil co- municación con el litoral mediterráneo, se benefició directamente del con- tacto con los pueblos expresados, de superior civilización, que aportaron notables influencias culturales de todo orden. Caudete figuró desde un prin- cipio en la vanguardia hispánica del progreso. El canónigo don Juan Lozano, en la Disertación 111, párrafo 1, de su obra "Bastitania y Contestania del Reino de Murcia", atribuye a Caudete sólo una antigüedad de 200 años a. C, pero debió referirse a la villa o actual casco y a nuestra Bogarra, pues si hubiese tenido noticia del poblado neolí- tico de que hemos hablado, le habría atribuido la misma longevidad que nosotros. De la Edad de Hierro es, sin duda alguna, el pueblecito ya histórico OLIVA, que existía cuando vinieron a España los romanos, siendo uno de los que atrajeron el trazado de una vía imperial por sus inmediaciones, como se dice,en el capítulo III de esta obra.

CAPITULO II

Caudete Prerromano

Hacia mediados del siglo VIII

a. C. España fue invadida por los celtas,

arios procedentes dé Centroeuropa; pero aunque las gentes de estirpe celta llegaron a predominar política y culturalmente en la Píenínsula, en el sur y levante fueron los indígenas precélticos o iberos quienes absorbieron a

los invasores europeos y continuaron siendo el elemento racial prepon- derante.

El reino de Tartessos

El

nombre

CAUDETE

parece

derivarse

de

CAPDETUM,

contracción

que

CAUDETE parece derivarse de CAPDETUM, contracción que El barrio de Sta. Ana visto desde l a

El barrio de Sta. Ana visto desde l a

torrecil la.

En ul timo término, estribaciones de la Sierra Ol iva o Sta. Bárbara

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ

debieron hacer los romanos de Caput Deitanorum o Cabeza de los Deitanos, tribu ibérica del sureste español, y no por ser la principal población deitana, sino por estar a .mayor altura (1). La mayoría de los historiadores sitúan

a nuestro pueblo dentro del territorio de los Contestanos, limítrofe del de los Deitanos. Ello pudo haber sido algún tiempo, pues realmente, Caudete

estaba entre ambos, como luego entre los reinos de Valencia y Murcia, pero debía pertenecer a los Deitanos al advenimiento de las legiones romanas, pues de otra forma no se explica satisfactoriamente su nombre casi seguro

de CAPDETUM que le dieron los nuevos invasores. Todo ayuda a creer que el término caudetano quedó englobado en la

Situación geográfica de los principales pueblos ibéricos

Situación geográfica de los principales pueblos ibéricos federación estatal que a través de los romanos conocemos

federación estatal que a través de los romanos conocemos con el nombre de "Reino de Tartessos", que existía ya con anterioridad al año 1000 a. C. y que llegó a abarcar toda Andalucía hasta Sierra Morena y el Cabo de la Nao, incluyendo en sus dominios todo el territorio de los "Deitanos". Dicho reino constituyó la única gran creación política de los primitivos habitantes de la España antigua. Este imperio, muy floreciente por cierto, tanto por su minería como por la metalurgia y el comercio marítimo, fue conquistado por los fenicios, que convirtieron a la España meridional en un

(1) El Caudete de las Fuentes (Valencia) puede prevenir de "Caput Edetanorum" Cabeza de los Edetanos por la misma razón apuntada para el nuestro.

HISTORIA DE CAUDETE

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dominio

suyo

y

tuvieron

bajo

su influencia

a

todos

el

resto

del

poderoso

reino.

El

geógrafo

greco-romano

Estrabón

dice

que

los tartesios eran los

hispanos más cultos, y que conservaban anales escritos y poemas y leyes en verso. Hoy sabemos que tenían, efectivamente, un sistema de escritura de raíces muy remotas, y del cual deriva la escritura ibérica de los pueblos de la zona mediterránea oriental.

La

sociedad

estaba

dividida

en

privilegiados

(príncipes,

nobles

y

sacer-

dotes),

hombres

libres

(Agricultores,

mineros,

artesanos,

traficantes,

etc.)

y esclavos.

Como

vestigio

religioso

de

este

imperio

ibérico

puede

señalarse

el que

indica don Gaspar Escolano en el libro IX, página 1285, de su Historia, que dice así: "Cavando el año 1608 algunos curiosos de Caudete en un punto cercano a la Villa, hallaron en una grande cavidad un oso de piedra muy disforme, que estaba asentado en una losa en forma de altar, y al contorno de aquella cámara o cóncavo, muchos vasos con cenizas y huesos humanos, indicio claro de que los gentiles de aquel lugar veneraban aquel ídolo, y que, según costumbre gentílica, quemaban los cuerpos de los muertos, y echadas las cenizas en vasos, las enterraban alrededor de aquel altar, como los cristianos en las iglesias. Tras esto, en otra caverna han sido hallados por los mismos muchas armas inusitadas y de tiempos antiguos, con algunas joyas de oro".

Entre los reyes tartessos han pasado a la Historia Gargoris, Habis, Gerón y Arganthonios, quien, según Herodoto, reinó ochenta años, desde el 630 al 550 a. C.

Contacto con los pueblos colonizadores

Por pertenecer al reino de los Tartessos, dominado por los fenicios, Caudete hubo de relacionarse con éstos forzosamente, y de ellos aprenderían nuestros aborígenes el cultivo del olivo y de la vid, así como la elaboración del aceite y del vino. Desde fines del siglo VII a. C. empezó a declinar el poderío fenicio de Tiro, y la colonización del Mediterráneo Occidental pasó a manos de los griegos focenses o de Focea, ciudad jonia del Asia Menor próxima a la actual Esmirna. Cerca de donde está Denia, no muy lejos por tanto de Caudete, estos griegos fundaron la ciudad de Hemeroskopeion, y bastante más tarde, la de Molibdana, en la comarca de Cartagena, y Ello, entre Montealegre y Yecla, notable ciudad, emporio de cultura y de riqueza, que ejerció una influencia extraordinaria en toda la región. Pero este poderío griego duró poco, unos 50 años tan sólo, hasta me-

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ

diados del siglo VI a. C, en que fueron derrotados por dos cartagineses y sus aliados los etruscos en el combate naval de Alalia (Córcega) (535 a. C), y a partir de entonces el predominio fue de Cartago, la poderosa ciudad-estado fenicia del Norte de África, que terminó por enseñorearse de Córcega y de las factorías fenicias de España. Sin embargo, los griegos, que sólo habían conservado en nuestra Península Hemeroscopeion, Ampurias y Rosas, bajo la protección de la gran ciudad griega de Marsella, resurgieron en los siglos V y IV a. C. y los masaliotas (marselleses) fundaron en la costa alicantina Alonis (tal vez Be- nidorm) y Akra-Leuke (Alicante), que perduraron hasta la segunda guerra púnica (finales del siglo 111 a. C.) en que pasaron a poder de Roma.

Dominación cartaginesa

Derrotados los griegos en Atalia, dueños los cartagineses del Mediodía de España, del Sur de Italia y de Cerdeña, trataron de enseñorearse también por completo de la grande y fértil isla de Sicilia, pero se lo impidieron los romanos y la rivalidad entre Roma y Cartago originó las célebres Guerras Púnicas entre el 264 y el 146 a. C. Al perder Cartago Sicilia, puso los ojos en la Península Ibérica para convertirla en base de aprovisionamiento y continuar con mayor ímpetu la guerra contra Roma. La conquista de España la realizaron los cartagineses acaudillados por los generales de la familia de los Bárquidas, Amílcar Barca, Asdrúbal y el gran Aníbal. Amílcar Barca derrotó a los tartesios de Andalucía y a otras tribus aliadas, y después de dominar el Sur de la Península, vino al Sudeste, pero perdió la vida al levantar el sitio que había puesto a la ciudad de Hélice (se- guramente Elche de la Sierra, al sur de Albacete, según M. a Comas), en cuyo socorro acudió el rey de los orisios u oretanos, Orisón (228 a. C). Muerto Amílcar, le sucedió en el mando su yerno Asdrúbal, jefe de la

flota.

Para vengar la derrota sufrida por su suegro, Asdrúbal atacó con fuerte ejército a los oretanos, apoderándose de doce de sus ciudades. Mas, temien- do la reacción de los indígenas, procuró atraérselos, se casó con una prin- cesa hispana y logró establecerse sólidamente en el Sureste, donde fundó Cartagena, que fue una magnífica base de operaciones para el ejército re- clutado en la Península, que contaba con 50.000 soldados, 6.000 caballos y 200 elefantes. Viendo Roma los progresos cartagineses, firmó con éstos el año 226 a. C. el Tratado del Ebro, por el cual se fijaba este río como límite de las respec- tivas zonas de influencia en España.

HISTORIA DE CAUDETE

21

Cuándo murió Asdrúbal, los cartagineses dominaban el Mediodía, y Sureste de la Península hasta el golfo de Valencia y los territorios de las actuales provincias de Albacete y Ciudad Real. Caudete quedó, por tanto, muy al interior de la zona dominada por los cartagineses, y debió dar a éstos importantes contingentes de guerreros

y abastecimientos, siendo, además, escenario de sucesos trascendentales

para el estallido de la segunda guerra púnica en la que tan activa parte

tomó nuestra Patria.

Ni los romanos ni los cartagineses tuvieron firme propósito de cumplir

el pacto del Ebro. Los cartagineses pensaban, ciertamente, en proseguir su

expansión más allá del gran río en cuanto estuviesen en condiciones de ha- cerlo, pero fueron los romanos quienes se adelantaron en dicha violación, toda vez,que Roma se alió con Sagunto, ciudad hispana situada en lugar inaccesible y que era excelente atalaya para vigilar la costa levantina, noti- ficando a Cartago que sus tropas no deberían atacar a Sagunto ni cruzar el Ebro.

Pero el nuevo jefe cartaginés en España, el gran Aníbal, hijo de Amílcar Barca, que había logrado la formación de un extenso Imperio hispano-car- taginés, que llegaba hasta Salamanca y Toro, contando con el beneplácito del Senado cartaginés, que había rechazado el ultimátum romano, estuvo luchando contra Sagunto por espacio de ocho meses, hasta que en el otoño del año 219 a. C. logró quebrantar la desesperada resistencia opuesta por los saguntinos, que en vano habían esperado la ayuda ofrecida por sus aliados, y se apoderó de la ciudad reducida a un montón de ruinas.

La lucha entre cartagineses y saguntinos no quedó reducida a los muros

de la ciudad levantina.

Comprendiendo los hispanos que si los cartagineses rebasaban la zona montuosa que separa el Sureste de la llanura levantina, se hallarían en grave riesgo de ser cercados y destruidos, presentaron primeramente batalla a sus contrarios en la amplia vega existente al sur de Caudete, esto es, en el lugar denominado desde entonces "Campo saguntino".

Los nombres geográficos obedecen a algo. La "Historia de la Virgen de Gracia", como se verá más adelante, nos dice el por qué de dicho nombre, y no hay motivo alguno para refutar la aseveración de que en el llano del monasterio de San Martín de Sahagún, llamado posteriormente Partido de los Santos, se librara una gran batalla entre cartagineses y saguntinos.

Los romanos en España

Como quiera que Aníbal, después de tomada Sagunto, llevó su ejército

22

JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ

a Italia, los romanos decidieron atacar la principal base dé los cartagineses, es decir, España. Tras algunos éxitos iniciales y fracasos posteriores, los romanos logra- ron al fin llegar por la costa hasta Cádiz (206 a. C), adueñándose de todo el Sureste y Mediodía de la Península que antes tenían los cartagineses. Cau- dete empezó, desde entonces, a estar dominado por los romanos.

CAPITULO III

Caudete romano ( 206 a. C. 413 d. C.)

Aunque la conquista de España por los romanos duró unos doscientos años (del 206 al 19 a. C), la zona en donde está enclavado Caudete, que había sido muy amigo de los griegos focenses, no ofreció resistencia a los nuevos dominadores y desde un .principio empezó a romanizarse, adoptando la lengua, costumbres y religión de los itálicos, aunque sin perder entera- mente su peculiar manera de ser.

y religión de los itálicos, aunque sin perder entera- mente su peculiar manera de ser. Vías

Vías Augusta y Pretoria

24

JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ

Capdetum

En las diferentes divisiones territoriales que hicieron los romanos de España, Caudete fue sucesivamente de la Hispania Citerior, provincia tarra- conense, convento jurídico de Cartagonova dependiente de la prefectura de las Galias. En todas ellas figuró el término con el nombre de Capdetum, contrac- ción, como se ha dicho, de Caput Deitanorum. Varios eran los núcleos de población que entonces había en el término caudetano. Del actual Caudete sólo había viviendas en las faldas meridiona- les de Santa Ana o Cerro de San Cristóbal. Luego estaban Oliva, Almizra (no sabemos el nombre que podría tener un poblado existente junto a la Toco- nera) y Bogarra } en cuyos antiguos emplazamientos tantos restos se han encontrado. Los romanos construyeron muchas calzadas o vías militares a través de todo su vasto Imperio, mediante las cuales les fue posible atender a la go- bernación de la inmensidad territorial dominada por Roma. Las de España quedan bien definidas e indicadas en el Itinerario de Antonino Pío Caraca- llia, hecho el año 216. Al hablar de la Vía Augusta o Heráclea, que era la más importante de la Península y que unía a Cádiz con Roma, señala las siguien- tes estaciones entre Chinchilla y Játiva: Saltigi (Chinchilla), Ello, Aras (Altos de Madariaga), Turres ('Fuente la Higuera) y Saetabis. Ello era la mayor ciudad de estos contornos, y a su diócesis perteneció Caudete, juntamente con Aspis (Las Pesas), Monóvar, Jumilla, Yecla, Mon- tealegre y Almansa (1). Estaba situada entre Montealegre y Yecla, y desde ella partía la vía para Cartagena, que pasaba por Aspis e Illice (Elche), como puede verse en el mapa del tomo ESPAÑA de Espasa Calpe, entre las páginas 888 y 889. Fausto Soriano Torregrosa, en su "Historia de. Yecla", siguiendo a A. Fernández Guerra en su obra "Deitania y su cátedra episcopal de Begas- tri", dice que las estaciones de dicha Vía Augusta desde Ello a Fuente la Higuera eran:

ELLO-MONTE ARABI-VENTA DE LOS HITOS-LOS HITOS-encrucijada- MARI ESPARZA-TOBARRILAS-LOMAS DE TOBARRILAS-OLIVA-ALTO DE MADARIAGA-TURRES SAETABITANAE (Fuente la Higuera).

No cabe duda alguna que la citada gran vía romana cruzaba nuestro

término de este

Pasaría

extremos

Bárbara u Oliva, a cuyos

a

oeste al

píe

el

poblado

de

la

sierra Santa

y

las

estaban

de Oliva

Lomas

de

Tobarrillas.

seguramente al pie del Cabezo del Rosario, cerca, del emplazamiento de la

(1)

Rodrigo Amador de los Ríos, "España: Murcia y Albacete" 1869.

HISTORIA DE CAUDETE

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estación neolítica de que hemos hecho mención, por terrenos de la Casa del Rincón, seguiría por delante del antiguo convento de Capuchinos y Palacio Episcopal e iría por los Molinos de la Herrada a buscar lo que ahora es la carretera de Montealegre del Castillo.

Por eso no deben extrañar los restos, ruinas, sepulcros y demás vesti- gios romanos que han ido hallándose en las proximidades de dicha vía a través del tiempo.

Las vías romanas hicieron populosas, ricas, florecientes y progresivas las ciudades y comarcas por donde pasaban. Capdetum, es decir, los pobla- dos de nuestro término, estarían muy habitados (España tenía entonces más de cuarenta millones de habitantes), vendería a buen precio los productos de su tierra, poseería las mercaderías de uso más preciadas, contaría con casas suntuosas y tendría un alto nivel técnico, cultural y económico.

El Cristianismo en España

Reinando Tiberio fue injustamente acusado y crucificado Nuestro Señor Jesucristo cuando contaba treinta y tres años. Pero sus enseñanzas religio- sas, la mayor revolución que conocen los siglos, pues a la pluralidad de dioses opuso el monoteísmo, frente a la desigualdad social y la esclavitud declaró la igualdad de todos los hombres ante Dios, y al concepto pagano que consideraba el trabajo como obligación de los pobres, impuso a todos el deber de trabajar, no murieron y perduran cada vez con mayor fuerza a través de su Santa Iglesia.

El Cristianismo llegó muy pronto a España, en donde lo predicaron los apóstoles Santiago el Mayor y San Pablo, así como los Siete Varones Apostó- licos, difundiéndose rápidamente por todas las regiones de nuestra Patria, principalmente por la Bética, Cartaginense y Tarraconense.

la

diócesis eclesiástica de Ello, probablemente desde antes del siglo IV.

De la forma en que prendió la nueva religión en los pechos caudetanos, dan fe los numerosos mártires que dieron por ella su vida en el lugar que por dicho motivo, se conoce con el nombre de "Partido de los Santos", du- rante el reinado de los emperadores Diocleciano y Maximiano, no siendo de extrañar que no hayan llegado hasta nosotros los nombres y proezas de aquellos paladines de la fe porque los perseguidores tuvieron buen cuidado de destruir cuantos documentos pudiesen hacer referencia a los valerosos mártires cristianos.

Caudete

fue

de

la

provincia

eclesiástica

de

Toledo,

y

perteneció

a

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ

Libertad para la Iglesia

A pesar de las persecuciones, y debido a ellas, pues sabido es que siempre fue la sangre de los mártires semilla de nuevos cristianos, la Iglesia de Dios se propagó con rapidez inusitada por todo el Imperio romano. En las postrimerías de éste, seis jefes nada menos se disputaban el trono im- perial de Roma. Los dos contrarios que contaban con mayores fuerzas eran Constantino y Majencio, a quienes apoyaban los cristianos y paganos, res- pectivamente. Un día, cuando Constantino caminaba con su ejército hacia Roma, vio aparecer en el cielo una cruz brillante rodeada de esta leyenda:

IN HOC SIGNO VINCES

(Con este signo vencerás)

Habiéndose aparecido el mismo Jesucristo al Emperador, mandándole pintar la cruz en una bandera, la cual debería, preceder a todo el ejército, Constantino obedeció y ordenó hacer el estandarte, denominado "Lábaro", con la cruz y las iniciales del nombre de Cristo en griego, XP, emblema que usa ahora la juventud católica. Después de una lucha favorable en el puente «Milvio, Constantino entró triunfalmente en Roma en octubre del año 312, y en enero del 313 publicó el célebre edicto de Milán por el que se concedía .libertad para practicar públi- camente la religión cristiana. Los fieles pudieron desde entonces salir de las catacumbas, levantar iglesias, enseñar la doctrina de Jesucristo y ponderar las excelencias de su religión. En Capdetum, donde tantos habían testimoniado heroicamente la verdad de su fe, el regocijo que el Edicto de Milán, causara, sería enorme, desapa- recerían los altares de los ídolos y se alzarían, algunos templos, aunque de modestas proporciones, donde dar el culto debido al único y verdadero Dios.

Invasión de los Bárbaros

Tan romanizada había estado España, que llegó a dar cinco emperado- res: Galba (68-69), elegido por las legiones de España y de las Galias, suble- vadas contra Nerón; Trajano (98-117), Adriano (117-138), Máximo (387-388), que reinó juntamente con Graciano, y Teodosio (379-395). Este último dividió el Imperio entre sus hijos Arcadio y Honorio, dán- doles, respectivamente, el Oriente y Occidente. En el transcurso del siglo V se derrumba el Imperio romano de Occi-

HISTORIA DE CAUDETE

27

dente ante el empuje cada vez más violento de los pueblos jóvenes y belico- sos llamados bárbaros, que vivían más allá del Rhin y del Danubio, mientras que el Imperio de Oriente o bizantino, resistió las acometidas y conservó el poderío imperial y la cultura clásica greco-romana hasta el año 1453. El Imperio romano occidental había cumplido su misión, y, como todo lo que aparece en este mundo, por grande y fuerte que sea, tuvo su fin, habiendo servido su magnífica red de comunicaciones, su lengua y organi- zación, para unificar a los pueblos del Occidente y facilitar la expansión del cristianismo a lo largo y ancho de su extenso territorio. Con la desintegración del Imperio romano termina la Edad Antigua y se abre la Medieval, durante la cual se forman las naciones europeas, que luego lucharon por conseguir la supremacía a lo largo de los siglos de la Edad Moderna.

CAPITULO IV

Dominación visigoda ( 414- 713)

Los vándalos, suevos y alanos franquearon el año 405 la frontera del Rhin, devastaron la Galia y llegaron a España en el 409. Al atravesar los Pirineos, los invasores recorrieron como tromba terro- rífica el país, destruyéndolo todo a su paso, después de lo cual acabaron por estabilizarse: los suevos en Galicia, los vándalos en la Bética y los alanos en la Cartaginense. La provincia Tarraconense siguió perteneciendo a los romanos. Así, pues, el territorio de Capdetum, como incluido en la Cartaginense, correspondió a los alanos; pero éstos se mantuvieron poco tiempo en ella,

los alanos; pero éstos se mantuvieron poco tiempo en ella, Vista de la parte central de

Vista de la parte central de Caudete Al fondo las al turas en donde se asentaba Ol iva

30

JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ

porque los vándalos se corrieron de la Bética hacia el Sureste y desalojaron de aquí a los alanos. Más tarde se extendieron hasta estas tierras los suevos y entonces pasaron al África (429) los vándalos y los restos de alanos que habían quedado anteriormente. Con todo este trasiego, los poblados de nuestro término, tan florecientes en la época romana, fueron lastimosamente saqueados, incendiados y par- cialmente destruidos. Muchos de los habitantes se refugiarían, llevando consigo algunos animales domésticos y los enseres que pudieran salvar, en las cuevas y refugios de las montañas circundantes que habían ocupado los trogloditas muchos años. atrás. La provincia cartaginense estuvo sometida al rey suevo Rékhila, al que sucedió Rekhiario, que se convirtió al catolicismo. Por el año 414 los visigodos, que se habían establecido en el sur de Francia, entraron también en España, y un rey visigodo, Teodoredo o Teo- dorico 1 (418-451), venció a los suevos del Sureste y Capdetum pasó a formar parte del reino visigodo, que se sostuvo hasta el año 711, si bien nuestro término fue regido por visigodos hasta el año 779. En la dominación visi- goda hay que distinguir dos etapas, la arriana, hasta Leovigildo, y la cató- lica, hasta la invasión árabe.

El monacato y su difusión por Occidente

Muchos cristianos que buscaban la perfección se apartaron del mundo en los primeros siglos del Cristianismo para entregarse enteramente a Dios. Esta vida religiosa presenta tres fases: ascetas, solitarios y cenobitas o monjes, que establecieron el monacato. El hecho de mayor importancia para el desarrollo del monacato en Occidente fue la fundación de la Orden benedictina por San Benito de Nursia.

La regla dada por este santo a sus monjes de Monte Casino y de los otros once conventos que fundó, se caracteriza por la disciplina moral y el valor atribuido al trabajo de los religiosos. La máxima que presidía su vida era: Ora et labora (Reza y trabaja), y dividían el tiempo entre los siete oficios divinos y el trabajo corporal. Los monasterios debían bastarse a sí mismos, y de hecho se convirtieron en importantes granjas y factorías, en centros de oración y de saber. La acción benéfica de la orden benedictina se difundió mucho por todo el occidente europeo, y el pequeño Caudete puede enorgullecerse de haber contado en su término, desde el año 521 con uno de esos centros de oración, trabajo y saber, viviendo aun el santo Fundador que, nacido el año 480, falleció en el 543.

HISTORIA DE CAUDETE

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Surge la pregunta de cómo pudo fundarse un monasterio benedictino en España antes de la conversión de Recaredo al catolicismo, hecho que ocu- rrió en el 589.

A esto debe responderse que existía una gran tolerancia con los cató- licos por parte de los arrianos, como lo prueba plenamente el que San Leandro, huido de la provincia Cartaginense con el resto de su familia a Sevilla, hacia el año 556, ante la ocupación bizantina de la región costera comprendida entre la desembocadura del río Júcar y la del Guadalquivir, destinó sus riquezas a la fundación, en .pleno territorio arriano, de dos mo- nasterios, uno para hombres, en el que se educó su hermano menor, San Isidoro, la gran lumbrera de la Edad Media, y otro para mujeres, en donde ingresó su hermana Florentina. Luego, a partir del reinado de Atanagildo (554-568) ya no pudo haber dificultad alguna para el desenvolvimiento de las actividades católicas en Caudete porque nuestro pueblo quedó incluido en la faja litoral cedida por

el nuevo monarca godo a los bizantinos como compensación a la ayuda pres-

tada por éstos para obtener el poder en contra de Agila, y sobre cuya zona no ejercieron los visigodos autoridad efectiva alguna hasta el primer tercio del siglo VII.

De la existencia de este monasterio benedictino no cabe la menor duda

y el hecho real de su existencia se impone con fuerza irresistible. De ese

monasterio, en efecto, habla San Gregorio Turonense o de Tours en su obra "De gloria Confessorum", Libro V, capítulo 38, según cita que hace Saavedra Fajardo en su "Corona Gótica", así como el Padre Juan de Maria-

na en "De Rebus Hisp.", libro I.°- ; cap. 12. Refiere San Gregorio Turonense que en la guerra entre Leovigildo y su hijo Hermenegildo, las tropas del primero, conducidas para guerra de Re- ligión, hicieron graves daños en las tierras de los católicos, y entre otros lugares sagrados, saquearon un monasterio de San Martín, entre Sagunto y Cartagena, en donde habiendo huido los religiosos, quedó sólo el Abad, que por su mucha vejez, no se había podido retirar; y que habiendo un soldado levantado el brazo para matarle, sin respetar lo venerable de su persona, cayó muerto a sus pies, lo cual sabido por el Rey, mandó restituir al monas- terio cuanto le habían robado. (El texto aparece en latín y castellano en la página 228 del libro de don Diego Saavedra Faxardo, titulado "Corona Gótica"). Abundando sobre este mismo asunto, dice un manuscrito del siglo XVIII, citado por don Joaquín Roa y Erostarbe en las páginas 185-187 de su citada obra:

"Fin de la conclusión y prueba que antecede, ser cierto que huvo tal Monasterio del orden de San Benedicto Abad en el término de esta Villa de Caudete: síguese de la autoridad de San Gregorio Turonense; primeramen-

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ

te, que el Monasterio de San Benedicto Abad, construido inter Saguntum et Carthaginem Spartariam, dedicado a San Martín Obispo, en donde sucedió el caso de que hace relación San Gregorio, del saqueo y muerte de aquel soldado, cuyas ruinas se dexan ver y reconocer en la circunferencia de la Santa Casa de Nuestra Señora de Gracia, sita en este término, extramuros de la misma villa de Caudete, en el Campo Saguntino de ella, a cuyo campo dicen Xativa algunos, otros de los antiguos entendieron Xávea, y como la mitad de la distancia que hay desde Sagunto, que es Murviedro, hasta Car- tagena Espartaria, es este Campo Saguntino de Caudete: por ser cosa mani- fiesta que desde Caudete a Murviedro se cuentan veinte y una leguas en

esta forma: de Caudete a Xativa, ocho leguas; de Xátiva a Valencia, nueve;

y de Valencia a Murviedro, que es Saguntho, quatro leguas, que todas su-

man veinte y una leguas. Y assimismo, caminando desde Caudete a Orihuela son doce leguas, y desde Orihuela para dicha Carthagena, nueve leguas.

Y es assí que la ciudad de Xátiva (oy San Phelipe) ni la villa de Xávea,

no tienen Campo capaz para formar en ellos los exércitos para darse bata- llas, como la dieron los Romanos a los Carthaginenses en este de Caudete; partiendo por convenio de los Generales el camino que media entre los Alcázares de los Romanos de Sagunto y los Carthaginenses de la Gran Carthago de África, existentes en el Alcázar de Carthagena Espartaria de nuestra España; por lo que es visto que el Monasterio de San Martín entre Saguntho y Carthagena, que refiere San Gregorio Turonense, en el caso de Leovigildo, es el mismo idéntico, cuyas ruinas todavía se demuestran al presente, y el mismo en que fue venerada la milagrosa Imagen de Nuestra Señora de Gracia, desde la debastación del Monasterio de Monte Casino en Italia perpetrada por los Longobardos".

El problema religioso visigodo

El rey visigodo más importante del período arriano fue Leovigildo (528-586), quien puede considerarse como el verdadero fundador de la mo- narquía visigoda. Se apoderó del territorio que dominaban en el noroeste los suevos, venció a los vascos rebeldes y redujo bastante la zona bizantina. Pero si resolvió en gran parte el problema territorial, no consiguió lo mismo en el religioso. Su hijo Hermenegildo, nombrado por él gobernador de Hispalis (Sevi- lla), se hizo católico a ruegos de su esposa y por influencia de San Leandro. Los católicos de la Bética levantaron bandera a su favor, le proclamaron jefe y se sublevaron contra Leovigildo, desencadenándose una guerra civil (580-585) que alcanzó el territorio caudetano, según aparece del episodio contado por San Gregorio Turonense y del que acabamos de dar amplia

HISTORIA DE CAUDETE

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referencia por ser prueba fehaciente de la importancia que ya tenía nuestro pueblo en el siglo VII. Pero el martirio de San Hermenegildo, los padecimientos de los cató-

de San Hermenegildo, los padecimientos de los cató- La Cruz del camino de la Virgen lugar

La Cruz del camino de la Virgen lugar de confluencia de los antiguos caminos de Biar, Villena, el Salero y Pinoso en el centro del "Campo Saguntino"

licos y las destrucciones que se produjeron en la contienda civil, no fueron estériles, y en el reinado siguiente, pocos años después de concluida la guerra civil, reinó la paz en los espíritus al producirse la unidad religiosa de nuestra Nación, que fue un bien inmenso para la Patria y el vínculo más fuerte que ha permitido la perpetuidad del robusto catolicismo español a través del tiempo y en contra de todos los avatares y luchas que ha tenido que soportar.

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ

Venida de la sagrada imagen de María Santísima de Gracia al término de Caudete (año 607 de nuestra Era)

Cuenta una antigua tradición caudetana, de la cual habla con amplitud el célebre historiador italiano Flavio Blondo Forliviense, muerto en Palma de «Mallorca el año 1463, autor de la "Historia de mil años", asi como el P. Juan de Villafañe, S. J., en su "Compendio histórico de las milagrosas

y devotas imágenes de la Reina de cielos y tierra, María Santísima, que se

venera en los más célebres santuarios de España", referenciado por el P. Roque Fací, en un libro impreso en el siglo XV111, lo siguiente:

Previendo el santo patriarca San Benito de Nursia con espíritu profé- tico la destrucción y ruina de su monasterio de Monte Casino, que había

de suceder por la persecución de los Duques de Benevento (cuya desolación ocurrió a los cuarenta años después de la muerte de dicho santo Patriarca), dejó mandado que una imagen de María Santísima, con el título de Gracia, que reverenciaba en su oratorio, se enviase y trasladase después de su feliz tránsito a los reinos de España, para evitar así los ultrajes que pudieran ejecutar en aquel venerable simulacro de María los bárbaros que cometerían semejantes desmanes. Concluyó su gloriosa carrera el gran Benito el año 543, y le sucedió en el gobierno del santo monasterio el Abad Gerundo (la Crónica de San Benito le llama Constantino), el cual, después de algunos años de reposo pacífico, conociendo que se aproximaban los días de amargura, de horror

y llanto anunciados con tantas lágrimas por su santo Patriarca, trató de

llevar a efecto con puntualidad lo que le dejó tan expresamente mandado antes de su feliz y dichosa muerte. El allanamiento impío con que los Lombardos o Longobardos hollaban las cosas más sagradas no intimidaba ya al abad Gerundo: su corazón era apremiado del más inminente riesgo y su imaginación sólo se ocupó en los medios de dar salvoconducto al santo simulacro de María, que había sido el más dulce embeleso de su Patriarca. Pero el desprenderse de prenda tan amable le era tan sumamente sensible, que sólo de pensarlo se le hacían dos fuentes de lágrimas los ojos. Mas, obediente al expreso mandato del Fundador se prestó a su cumplimiento, y, adorando humildemente los de- signios de Dios, dispuso una caja decente donde, como en brusca concha, colocó la más preciosa Perla.

Ya todo preparado, el Abad y los monjes se postran ante la Santísima Imagen, la veneran con el más profundo respeto, se encomiendan en tan

triste situación a su maternal cariño, y, llenando los aires de ternura y la- mentos, entre sollozos y suspiros, acomodan en la caja con pulcritud y aseo

el dulce encanto de sus corazones, Nuestra Madre y Señora de Gracia.

HISTORIA DE CAUDETE

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No es para explicar el sentimiento de aquella santa comunidad en el acto de desprenderse de tan buena Madre y hacer entrega de ella en manos del monje diácono Ciprián Español. La orden del Patriarca acercare la trasla- ción de Nuestra Señora a España y de su colocación en el monasterio de Sahagún, se intimó al dichoso diácono con más lágrimas que palabras, pre- sentando los monjes en lo triste del semblante la aflicción grande de sus espíritus. Entre tan deshecha y horrible borrasca, entre tan furiosas olas de tri- bulación como provocaron los longobardos en Italia, Cipriano salva la sagra- da imagen de María Santísima de Gracia del horroroso incendio de Monte Casino (el cual quedó convertido en inculto bosque y fue poblándose de fie- ras), y descansó sin duda en la Santa Casa de Letrán hasta llegar el tiempo señalado por la Divina Providencia para que tomase velas hacia España y siguiese el destino que le había dado el gran Benito. Llegó el día deseado, y María, la Estrella resplandeciente del mar, puesta ya sobre sus aguas, corre el Mediterráneo con la más próspera nave- gación y aporta felizmente en Alona (Benidorm-Alicante) en el año 607. El muy devoto diácono, rico con la gran Joya del Cielo, a la que hace de Ángel Custodio, desde este punto extiende alegre la vista de su conside- ración hacia la comarca del río Cea que, bajando de las montañas de Astu- rias, va a juntarse con el río Carrión, sobre cuyas riberas se deja ver la villa de este mismo nombre, la que cree ser el término feliz de su larga peregrinación y la dichosa concha que ha de encerrar en su seno la más preciosa Perla, por existir en su término el monasterio de Sahagún (1), consagrado a Dios en honra de San Facundo y San Primitivo mártires. Pero, ¡cuan distintos son los designios de Dios sobre el santo simulacro de María Santísima de Gracia! Otra, otra es la casa dichosa que ha de ser honrada y bendecida con ¡la morada dulce de su augusta Madre. En efecto, sale el Diácono de Alicante con dirección al Norte y a las diez u once leguas de camino, ve frustarse todas sus ideas. El Cielo, con voz muda, pero clara y convincente, le hace palpable su determinación bonda- dosa. Ya había andado más de una hora por término de la actual villa de Caudete, cuando al salir del camino que hoy se denomina de Villena, y ha- llándose a igual distancia de un cuarto de hora entre lo que hoy es el casco de la población y un magnífico santuario situado en su partido de los San- tos, queda totalmente inmoble el mulo que conducía y sustentaba carga tan preciosa. Admirado el Diácono de tan repentina novedad, no dejó medio que tocar para inclinarle y moverle hacia la izquierda, para el emplazamiento que

(1)

La tradición caudetana, como se ve, difiere de lo consignado por la Historia y da por

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ

hoy tiene la villa de Caudete: industrias las más vivas, halagos los más atractivos, rigores los más imponentes, todo cuanto pudo alcanzar su viva imaginación hizo al intento hasta apurar todos los recursos. jPero en vano!

Viendo tan constante resistencia, levantando enternecido sus ojos al Cielo, exclama ¿Qué es esto, Señor? ¿Es por ventura este suelo aquella tierra bendita que elige para sí vuestra augusta Madre, para hacerlo feliz con la plenitud de sus gracias?

Repite, pues, sus esfuerzos con el mayor conato y nada adelanta. In- clina el mulo hacia la derecha, para el Santuario, y, de improviso, tomó la caballería aquella dirección muy de su agrado y sin la menor resistencia.

Llegó el monje Ciprián al dicho Santuario, y halló que era monasterio de San Benito, y que se llamaba también de Sahagún.

Denominóse este sitio de los Santos por los muchos cristianos que en él padecieron martirio en la cruel persecución de Diocleciano y Maximiano, emperadores tiranos que reinaron desde el año 285 al 305. El Prefecto o Presidente Daciano, a la manera que vertió la sangre de Santa Engracia en Zaragoza y la de San Vicente en Valencia, así también hizo correr la de muchos fieles en Caudete. También se llamó a este Campo glorioso de Saha- gún o Saguntino, por las batallas que en él tuvieron los saguntinos y carta- gineses, que se convinieron en señalar para la lid el punto medio entre Sagunto y Cartagena, como se ha dicho, que es, exactamente, la villa de Caudete. A este sitio dirigió la Divina Providencia al monje Ciprián, para dar fin honroso a su gloriosísima comisión.

Conoció, pues, con luz superior el Custodio de tan sagrado depósito, ser voluntad de Dios que en dicho santuario tomase asiento y morada la santa Imagen y adorando la disposición Divina, con tiernas expresiones y amoro- sas palabras a nuestra Reina y Señora Santísima de Gracia, y con voces de alegría y congratulación a sus hermanos los monjes, hizo formal entrega del Simulacro de María Santísima al Abad de Sahagún de Caudete, Fray Rodulfo. Dióle cuenta exacta de su honrosa comisión, haciéndole saber que había sido expreso mandato del gran Patriarca San Benito, cuando vivía, que aquella sacratísima Imagen se trasladase a España y fuese venerada con esmero en este su monasterio, lo cual habíase puesto en ejecución después de la muerte feliz de San Benito, por el Abad que entonces era del monas- terio de Monte Casino, cumpliendo así la voluntad del santo Fundador. A fin de que tan feliz entrega tuviese la ostentación y solemnidad posi- bles, se realizó a presencia de los monjes y de los hijos de Caudete, y el Abad y todos la admitieron con universal gozo de sus corazones. Erigié- ronle capilla con la posible grandeza y adorno, donde recibió tan dulce Madre los más tiernos obsequios de sus nuevos hijos, que sólo cifraban ya

HISTORIA DE CAUDETE

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su dicha y felicidad en la posesión de la santísima imagen de María de Gracia. Rindiéronle los más cordiales afectos avivados con la multitud de gra- cias que continuamente recibían de tan amorosa Madre en los ciento siete años que gozaron de su amabilísima presencia hasta la general devastación de España por los moros de África en el año 714.

de España por los moros de África en el año 714. Acabamos de referir lo que

Acabamos de referir lo que oímos desde muy pequeñitos a nuestros pa- dres sobre el origen de la venerada imagen de Nuestra Señora la Virgen de Gracia, y cuya historia siempre consideramos poco menos que artículo de fe, habiéndonos servido para el relato, en líneas generales, del texto transcrito en la "Historia de la Santa y Milagrosa Imagen María Santísima de Gracia", impresa en 1922, bajo el cuidado y dirección del sacerdote caudetano don Francisco Díaz Alcover, que la amplió con la reseña de los centenarios de 1907 y 1914. Nada atañe a nuestra devoción mariana lo que a este respecto pueda decir la crítica. Sin embargo, bueno será que nuestros lectores conozcan el, criterio actual de los arqueólogos sobre las imágenes antiguas, que hemos visto consignado en un libro hace poco aparecido (1) y que, inopinada- mente, ha llegado a nuestras manos,:

"Mas esta representación de la Virgen en imágenes comenzó por la iglesia de Constantinopla (La Virgen sentada y con el Niño sobre Ella entre sus dos rodillas, como "fruto bendito de su vientre"). Según los estudios más recientes, hasta el siglo X no se comienza en España a imitar las imá- genes bizantinas, y en los siglos XI y XII ya existe profusión de imágenes marianas. Las del X y XI están sentadas en un trono con el Niño Dios sentado de frente en ambas rodillas y la mano derecha en actitud de bendecir, mientras que en el siglo XII ya se ven bastantes con el Niño sentado en la rodilla izquierda. Las del siglo XIII y XIV son de un tipo que puede llamarse de transición del románico al gótico. Las del siglo XV son ya de tipo humano, con la Virgen de pie y el Niño en el brazo izquierdo".

Etapa católica visigoda y caída del poder godo

Convertida al catolicismo la monarquía visigótica con la abjuración que hizo del arrianismo Recadero I en el III concilio de Toledo, el año 789, expulsados los bizantinos de la Península y albergando en su término el

(1)

P. Manuel Ibáñez, O. Carm. "Historia de la Virgen del Henar y su Santuario" Segovia, 1955

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ

inapreciable tesoro de la Virgen de Gracia, Caudete conoció más de cien años de paz paradisíaca que no enturbió nube alguna. "La antigua región mastiana pasó a formar parte del estado visigodo con el nombre de provincia Aurarióla, a cargo de su correspondiente duque, como autoridad suprema, dividido el territorio en siete gobiernos depen- dientes o condados establecidos en Aurariola (Orihuela), Valentila (Guadix), Lukant (Alicante), Mola (Villaricos), Bukéjaro (Bujéjar), Eio (Ello, Monte Arabí) y Lorka (Lorca). Esta provincia de Aurariola dió origen al condado o reino de Todmir" (1) en el que quedó incluido Caudete hasta el 779. Durante el reinado del último rey godo, don Rodrigo, debido a la traición del conde don Julián, que se ha querido explicar como una ven- ganza del conde contra el Rey D. Rodrigo, que cuando la gestión del conde don Julián en 709 aún no había ceñido la corona, fuerzas árabes del Norte de África, dirigidas por Tarik, lugarteniente del gobernador musulmán Muza, desembarcaron en la costa española del Estrecho (Gibraltar), y si- guiendo la calzada romana que bordea el litoral, acamparon entre la laguna de la Janda y la costa atlántica. El Rey Rodrigo les salió al encuentro con un ejército de 100.000 hom- bres, en el que habían muchos vitizanos, enemigos del monarca, y a con- secuencia de haberse pasado éstos al campo contrario, el 27 de julio del 711, fue desbordado el ejército real en dicha batalla, que fue llamada de Guada- lete, aunque tal vez con alguna impropiedad. El resultado fue que en siete años, a partir de entonces, casi toda la Península estaba en poder de los musulmanes, quienes aun pasaron los Pirineos y se apoderaron del Sur de Francia hasta Poitiers.

CAPITULO V

Dominación musulmana ( 7 1 3 - 1 2 4 0 )

Durante 527 años nominales y 461 efectivos, permaneció Caudete bajo el dominio musulmán, en cuyo tiempo se perfiló su personalidad urbana, tomó el nombre de Capdete, que conservó durante muchísimo tiempo, y se hizo un pueblo agricultor de primer orden.

Reino de Todmir

Desde el 713, por espacio de sesenta y siete años, Caudete pudo conser- var íntegramente su catolicismo y «manera de ser anterior sin que nadie le molestase, como parte integrante que era del Reino de Todmir, en el que, como hemos dicho, quedó convertido el antiguo condado de Aurariola, gracias a la estratagema empleada por su conde Todmir o Teodomiro, quien puso en las «murallas de Orihuela un gran número de guerreros, dis- frazando de tales a las mujeres, cuando estuvieron a la vista las huestes mahometanas. Por lo sugestivo, copiamos el texto de la honrosa capitulación de dicho reino, tomándolo de la obra citada de Soriano Torregrosa:

"En el nombre de Allah, el Clemente, el Misericordioso. Escritura de Abdul-Aziz-ben Muza-ben Nossair para Todmir_ben Gobbos, por la cual conviene en la paz. La bendición de Allah sea sobre él. Salud.—No hará violencia (Abdul-Aziz) contra él (Teodomiro), ni contra ninguno de los suyos, ni contra los que le sucedan; no será (Teodomiro) despojado de su reino; no serán muertos ni cautivados; no serán separados de sus hijos ni de sus mujeres; no serán violentados en su religión; no serán destruidas por el fuego sus iglesias; no serán despojados de sus bienes por no convertirse. (al Islam) y permanecer íntegros.—Ofrece aquel con quien estipulamos cumplir religiosamente esté pacto y que será cumplido en las siete ciudades

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ

de Auriola (Orihuela), Valentila (Guadix), Alicante, Mula, Buquésaro (Bu- jéjar), Eio (Ello) y Lorca; que no dará acogida a nuestros enemigos; no moverá guerra a nosotros; no ocultará noticia del enemigo de que tenga conocimiento; que él (Teodomiro) y cada uno de los suyos pagarán un dinar cada año, cuatro almudes de trigo, cuatro de cebada y cuatro cántaros de

vino añejo, cuatro de vinagre, una de miel y una de aceite. El siervo pagará

la mitad de esto. Atestiguan de la verdad de "esta estipulación: Ostmán-ben-

Abí-Abdah al Coreix, Habib-ben Abí-Obaidah, etc. fue escrito este convenio

en la luna de Récheb, cuatro y noventa de la Hégira (abril a mayo de 713)". Caudete respiró, y, aunque con cierta tensión, siguió su vida habitual, no notando la presencia de los musulmanes, dueños de la casi totalidad de la Península y del (Mediodía de Francia, sino por la contribución impuesta por Abdelaziz en el tratado con Teodomiro, contribución, por otra parte, insignificante para este término tan fértil y magnífico productor precisa- mente de las especies exigidas por el musulmán.

Ocultación

o

entierro

de

las

santas

imágenes

de

Nuestra

Reina

y

Señora

María

Santísima

de Gracia y del santo obispo y mártir San Blas

Según lo da a entender la Historia de la Virgen de Gracia, citada ante- riormente, a pesar de la tranquilidad que se disfrutaba en el reino de Teo- domiro, verdadera isla de paz en medio del turbulento y agitado mar de la España de entonces, los monjes del monasterio caudetano no se confiaron,

y, enterados de la suerte que en otras partes habían corrido las cosas y per-

sonas sagradas, decidieron dejar la santa Casa de San Martín y trasladarse

al reino de Asturias, no sin antes guardar en lugar seguro las sagradas imá-

genes de la Virgen y San Blas. Estos hechos, si hemos de dar crédito al autor anónimo de la expresada "Historia de la Virgen de Gracia", ocurrieron el año 714.

No creemos que pueda darse con exactitud la fecha del enterramiento

u ocultación de las santas imágenes, que aparecieron milagrosamente el año

1414. El Padre carmelita Fr. Manuel M. a lbáñez, refiere en su obra cita-

da (1) la ocultación de la Virgen del Henar con motivo de la invasión árabe

de España y dice sobre el particular:

"Y cuanto al fondo de verdad de la tradición sobre el ocultamiento de la imagen a la llegada de los moros, tiene fácil compaginación, si se tiene presente que la invasión del 711 fue bastante tolerante, hasta el punto de

HISTORIA DE CAUDETE

41

poder seguir los cristianos con su culto aún en las poblaciones sometidas al yugo sarraceno (mozárabes). Hay otra invasión más terrible para España

y posterior: la de los almohades en 1144, en que entraron cometiendo más

crimines y derramando más sangre que los árabes en el 711. Colocar el tiempo de la ocultación de la Virgen del Henar en el año de la invasión de los almohades es lo más probable y lo que mejor armoniza con la arqueo-

logía, único documento cierto que poseemos de la imagen nuestra, como de tantas otras imágenes envueltas en otras tantas leyendas". Sea como y cuando fuere, año más o año menos, seguiremos con nues- tra tradición caudetana. Y ahora pasemos a oír los pormenores de la despe- dida de los monjes benedictinos del monasterio del partido de los Santos

y del entierro de las veneradas imágenes de la Virgen y San Blas, según

nos los cuenta el anónimo autor de la "Historia de la Santa y Milagrosa Imagen María Santísima de Gracia":

"¡Oh trance verdaderamente triste! El Monasterio de Caudete se halla ya en las mismas críticas circunstancias en que se encontraba el de Monte

Casino cuando desamparó su suelo la Santísima Virgen y Madre María Santísima de Gracia. En Italia Agilulfo (rey longobardo) llenó las casas de luto, de horror y de sangre; en España hace lo mismo Muza, asociado del vil Conde don Julián. En aquélla, lloraban los fieles los incendios y asola- ciones de las iglesias y santuarios, las profanaciones sacrilegas e irreveren- cias hechas a Jesús, a María Santísima y a los Santos; en ésta, vierten a ríos las lágrimas a la vista de desastres y desencantos semejantes a aqué- llos. En fin, el horroroso espectáculo digno de toda lástima, que presentaba Italia a la faz del Universo, por los furores de Agilulfo, era nada en com- paración del triste y lastimoso cuadro de España invadida y asolada por los mahometanos. Sólo puede gloriarse justamente el Monasterio de Caudete, entre tantos desastres, de poseer los cariños de María Santísima de Gracia, que lo eleva al más alto punto de distinción y honor. "¡El Abad Fray -Ruperto, sin sosiego ya por la bárbara mortandad que hacían los sarracenos, determina guarecerse en Asturias en compañía de sus monjes, pero antes había que tomar una pronta y eficaz decisión sobre la joya más rica que guardaba el Monasterio, María Santísima de Gracia. Aquí son las ansiedades de su alma toda puesta en los castos amores de tan dulce Madre. Pensar en la separación de tan Santo Simulacro es una aguda

y penetrante espada que le parte el corazón; llevárselo consigo fuera todo

su consuelo; pero ve y conoce que su traslación del Monasterio de Monte Casino a la casa de San Benito de Caudete y su detención y morada en esta villa había sido por disposición del Cieio; y esta justa consideración pone en estado de inacción sus más fervorosos deseos. Sólo acudir a Dios e ins- tarle con tiernas lágrimas le explique su santísima voluntad, es su última resolución.

42

JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ

"Póstrase, pues, ante el trono de la dulce María: le dice de sus ansias amorosas; pero conforme en un todo con los altos designios de Dios, que adora humilde, y cuyas luces implora para obrar en el caso con agrado del Señor; y el Padre celestial condesciende bondadoso a sus súplicas. "La dulcísima Reina del Cielo, al tiempo mismo que le anima en su

gran tribulación, le hace manifiesta su voluntad de quedarse con sus hijos

de Caudete, permaneciendo oculta bajo tierra en el mismo Santuario. "¡Oh villa dichosísima!—exclama el devoto Abad—. ¡Oh Caudete, entre

las mismas desgracias feliz! La Gracia es contigo". María, como cariñosa

y tierna Madre, aparta sus ojos para no ver, digámoslo así, las desgracias

inevitables que llenarán a sus hijos de amargura y de dolores; pero no los deja: aquí se queda cerca de ellos, como hijos de su amor, para explicarles algún día su más alta protección y misericordia. "Para llevar a efecto las órdenes de María Santísima, manda el Abad con la más diligente cautela hacer una excavación profunda dentro del recinto del Monasterio, en cuyo seno queda depositado el más rico tesoro del Cielo. Constrúyense, para su mejor resguardo, dos pequeños arcos de yeso para colocar en el cóncavo del uno la santísima imagen de María de Gracia, y en el otro, la de San Blas, Obispo y Mártir. Acomodadas allí ambas en dos tabernáculos de madera en forma de doseles, fueron cubiertas de tablas por todas partes para su mayor conservación. Puso también en el mismo sitio una Cruz, una caja de reliquias, una imagen de San Martín, pintada en una tabla de cinco palmos de altura, una campana y una lámina de plomo en que grabó la causa motivo de la ocultación de estas santas imágenes y el origen del Simulacro de la Reina de los cielos y tierra, María Santísima de Gracia.

"Habiendo, pues, ejecutado cuanto su devoción y dolor le dictaba, acompañado el Abad de sus monjes, desamparando el monasterio, enderezó

su camino para Asturias. "El gran sigilo que se observó en la ocultación de la sagrada Imagen, dio margen a la villa de Caudete para persuadirse que había sido transporta- da también entre las demás alhajas del Monasterio la más rica de todas, la amable Virgen de Gracia, cuya desaparición lloraba con amargura, hallán- dose en circunstancias de tanta penuria y dificultad sin la tierna y dulce Madre, que era para ella el Iris hermoso que le anunciaba, en las más terri- bles tempestades, la deseada bonanza y seguridad".

Emirato independiente, Califato

y Reinos de Taifas ( 779- 1240)

A

mediados

del

siglo

VIII

los

Omeyas—que

durante

un

siglo

habían

HISTORIA DE CAUDETE

43

dominado en Damasco—fueron depuestos por los Abbasíes; pero un príncipe omeya, Abd-al-Rahman, logró escapar de la matanza realizada en su fami-

lia y vino a España el año 756, proclamándose Emir independiente. Este emir quiso imponer su autoridad en la Península, y el año 779 rom-

pió el pacto que había firmado Abdelaziz con Teodomiro, y este territorio cristiano quedó convertido en una provincia o cora de la España musulmana.

A partir de ese momento, el término de Caudete fue de régimen común

islámico. El cambio de jurisdicción, a pesar de los tonos sombríos que hemos visto expresarse a la tradición en el punto anterior, no presentó ningún carácter terrorífico ni caótico, pues los musulmanes, que no eran ningún pueblo en marcha, como lo habían sido los germanos, sino guerreros de un país culto, casaron en su mayoría con mujeres españolas, y así se hizo muy rápidamente la fusión de razas.

Además, casi todos los siervos abrazaron el Islam, porque de esa forma

se convertían en hombres libres (maulas). La mayor parte de la gente pobre

hizo lo mismo para no tener que pagar tributos, y hasta muchos nobles se pasaron al mahometismo para conservar sus riquezas. A estas gentes se les llamó renegados ó muladies. Los que siguieron fieles al Cristianismo se lla- maron mozárabes.

A no dudar, durante la dominación musulmana, en Caudete se formó

el actual barrio denominado la "Villa" o núcleo principal de la población.

Dan base a creerlo, el ser el castillo construcción árabe, según dicta- men de cuantos entendidos han visto lo que queda del mismo. De traza y antigüedad árabe era también la casa próxima a la fortaleza, la que había entre los actuales números 8 y 9 de la plaza de la Iglesia, según podía verse

a

principios del siglo actual. Así, pues, el Capdete árabe estaba constituido: a) por la villa, edificada

al

pie del castillo, del que salían las murallas que la circundaban a lo largo

de

la calle del Muro (hoy de la Virgen de Gracia), calle Ancha y calle Nueva,

con tres puertas, una en la "Lonja", otra en el extremo de la calle Ancha (La puerta de la villa) y la tercera en la Canal. En este barrio vivirían los principales musulmanes y caudetanos distin- guidos. Fuera del recinto amurallado seguían los barrios próximos del Cerro de San Cristóbal y San Sebastián, habitados por los maulas y mozárabes, que serían los artesanos y cultivadores de la huerta; y más lejos, a una hora de camino, los poblados de Oliva, Bugarra (más importantes que el propio Caudete en tiempo de los romanos) y el de Almízra, asentado al pie de la sierra Lacera, a Levante de la misma, del que anteriormente no hubo noti- cia y que dio el nombre al célebre tratado firmado en el castillo de Campo de Mirra o Almizrán, por Jaime I y su yerno el Príncipe Alfonso de Castilla,

44

JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ

44 JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ Una de las calles altas de la población En último término la

Una de las calles altas de la población En último término la ermita de Santa Ana

que ha de ocuparnos en el capitulo siguiente, y en donde residirían labra- dores y aparceros, pastores, colmeneros y leñadores. Muy cerca del castillo, a Levante de la fortaleza, estaba la mezquita, bien en lo que hoy es la capilla de la Comunión y archivo y sala de San Antonio, o quizá en la actual nave central de la iglesia parroquial, hasta el crucero, toda vez que técnicos en la materia han asegurado ser ésta de construcción árabe, aunque no falta quien diga que esa parte más antigua del templo era de estilo gótico decayente y porterior al 1240. La iglesia de Santa Ana puede ser reconstrucción de la ermita de San Cristóbal, y ésta tal vez fuera uno de los dos mil y más templos edificados por Jaime I el Con- quistador en las tierras arrebatadas a la morisma por sus victoriosas hues- tes, o antiguo santuario o mezquita musulmana para los vecinos de los ci- tados barrios altos, convertida luego en iglesia cristiana por los conquis- tadores. Nuestro Capdete o los Capdetes, incluyendo los diversos poblados de su término, prosperó muchísimo durante la dominación musulmana. De una casi expresión geográfica que era en el 713, con varias aldehuelas disemi- nadas, hicieron los moros un bien ordenado núcleo urbano amurallado, con arrabales inmediatos llamados los Tres Puntos, es decir, los que hoy consti- tuyen Santa Ana y las Cuevas de la Rambla, Moto y don Tadeo, o quizás las inmediaciones de las ermitas de San Antón, San Cristóbal y San Sebastián, más numerosas alquerías y los mencionados pueblecitos de Oliva, Bugarra y Almizra. No podemos saber el número de habitantes que podía tener nues- tro término, pero tal vez no bajasen de siete mil. Bajo los árabes Caudete contó con una huerta feracísima, regada regu-

HISTORIA DE CAUDETE

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lar y metódicamente, cosa que antes nunca había conocido. Los moros, tan amantes del agua y de la agricultura, convirtieron los alrededores del pueblo en un vergel delicioso y paradisíaco. Sacaron, a no dudarlo, el agua de Arriba, así como las de las Suertes y Bogarra, además de numerosas norias para huertos y huertas particulares. Hicieron la alberca conocida con el nombre de "Balsa del Moto" y formaron los magníficos bancales fertiliza- dos por ella, venciendo enormes y difíciles desniveles, cercándolos de pa- redes, muchas de las cuales aún subsisten, y asignándoles su correspon- diente dotación de calderas, unidad de caudal de agua que aún perdura en el heredamiento del agua de Arriba. Entre la balsa y el castillo, detrás de las casas de la calle Nueva (hoy Deán Martínez) y más allá de la del Muro, las huertas, favorecidas por el clima tan benigno que se disfruta en el paraje, siempre han presentado esbeltas palmeras datileras, cargadas de precioso fruto, y hasta naranjos, limoneros y nispereros, además de los consabidos granados, higueras, alba- ricoqueros y otros frutales tan del gusto de los árabes, y que no podían faltar en un sitio donde tan bien aclimatadas están las chumberas y piteras que aún hoy en día forman el seto de algunas heredades. El resto del término tenía también terrenos de huerta, como acabamos de decir anteriormente y en los buenos terrenos de secano se cultivaban satisfactoriamente los cereales, olivos y viñedo. Lo no cultivado aparecía cubierto de espeso bosque, sobre todo por el Norte, que era una mancha boscosa sin solución de continuidad hasta las tierras de labrantío de Al- mansa, y por el Oeste, en donde se hallaba primeramente el gran pinar Doncel, que se continuaba ininterrumpidamente hasta los linderos de Yecla y Montealegre. También aparecieron por entonces las industrias derivadas de la agri- cultura, muy rudimentarias anteriormente, recibiendo gran impulso sobre todo, las almazaras, molinos harineros y bodegas vinícolas, aprovechando para los molinos el caudal del Agua de Arriba que, precipitándose por los arcaduces, movía sin esfuerzo humano, lo mismo que hoy, los pesados arte- factos y muelas de que estaban dotados. Mecido por las auras de sus bosques y pinares, el murmullo de sus ma- nantiales y el rumor de las ingeniosas máquinas industriales; alimentado por los frutos de sus ubérrimas huertas y feraces campos, que se almacena- ban en los trojes o graneros y en las orzas y tinajas de los sótanos de sus casas, llamados aquí bodegas; apacentando y aprovechando los productos de sus numerosos rebaños; ocupado en el trabajo placentero del campo, en el ejercicio de la caza., en los rezos y prácticas de prescripción coránica, Capdete vio transcurrir los largos años en que al Emirato independiente sucedió el esplendor del Califato de Córdoba, y a éste los tumultuosos reinos de Taifas, que fueron causa del establecimiento y desaparición de los im-

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ

perios almorávide y almohade. En medio de precauciones y recelos presen- ciaría el paso por su término del victorioso jefe almorávid Yusuf ben Tasufín, camino de Valencia, ciudad que arrebató a doña Jimena, viuda del valeroso Cid Campeador, en 1102. Luego habría de sufrir el yugo del emperador almohade Abu Yacub Yusuf I, que acabó sometiendo el reino murciano de, Muhammad ben Mardanis, el célebre Rey Lobo. Seguiría con interés la ba- talla de Alarcos (en la Mancha, al W de Ciudad Real), contraria al rey Alfonso VIII de Castilla, y después la resonante y decisiva de las Navas de Tolosa (16 de julio de 1212) en que, coaligados los monarcas cristianos de Castilla, Navarra y Aragón, infligieron una terrible derrota al soberbio Abd Alfah Muhammad, el Miramamolín de las crónicas cristianas. Al deshacerse el poder almohade, Caudete pasó a formar parte del reino taifa de Murcia, el más importante y extenso, que llegó a ejercer dominio sobre casi toda la España musulmana, pero su fundador, Muhammad ben Hud al-Mutawakkil, pronto buscó la protección de Castilla, para hacer frente a las dificultades interiores, haciéndose vasallo del rey Fernando III el Santo. Antes de producirse hecho tan trascendental, ocurrido el año 1241, aparecieron en los confines caudetanos las victoriosas huestes del monarca aragonés don Jaime I el Conquistador, que en 1238 había ocupado la ciudad de Valencia, y a su fuerte empuje se desmoronó la resistencia musulmana de toda esta comarca, con excepción de Biar, conociendo seguidamente nuestro pueblo, a partir del año 1240, la mayor transformación racial, lingüística, política y religiosa que registra su historia, como veremos en el capítulo que sigue. El canónigo don Juan Lozano, en su obra sobre la Batistania y Contes- tania del Reino de Murcia presume que los moros fundaron el pueblo de Caudete sobre las ruinas de la antigua Bigerra, posteriormente Bugarra (aldea de 80 a 100 vecinos en 1488, y hoy despoblado, a media legua de Caudete). Este autor, que no vacila en conceder a nuestro pueblo una anti- güedad de 2100 años, aproximadamente, es de parecer, según lo acredita en la Disertación 111, párrafo 1 de su citada obra, que el Santo rey don Fernando se posesionó de Caudete a la vez que de Bugarra, Villena y Sax, y que después don Jaime I el Conquistador rindió de nuevo a estos pueblos, cuya morisma se había sublevado en 1240. En el siguiente año, 1241, los dio en posesión a los caballeros de Calatrava, y en 1243 fueron restituidos a Castilla.

CAPITULO VI

Reconquista cristiana y ajuste de fronteras ( 1 2 4 0 - 1 3 0 5 )

De 1240 a 1305 tienen lugar en nuestro territorio los acontecimientos más trascendentales en la Historia de la villa, que por unos años acaparó la atención, no sólo de toda España, sino de la Cristiandad entera. Poco después de efectuarse el paso de Caudete a manos cristianas, muy cerca de nuestros límites se celebró el pacto peninsular de mayores resul- tados prácticos, debido sin duda a la actitud de los nuevos pobladores cris- tianos de este término, fieles hasta el heroísmo a su rey y señor. Por ser Caudete una villa fronteriza entre los reinos de Valencia y Murcia, es decir, de las Coronas de Aragón y de Castilla, hubo inestabilidad fronteriza durante algún tiempo; pero aunque no enteramente definitivo, señalamos el año 1305 como limite de tal inestabilidad, porque a partir de esa fecha, si bien es cierto que hubo ciertos cambios, ya fueron teniendo Caudete un indiscutible sello Aragonés.

La reconquista

“El Rey don Jaime primero,

llamado el Conquistador, terror de las huestes moras

y del cristiano, caudillo,

se acerca; vuestro castillo en término de dos horas

a sus armas sea entregado;

pues que de otra manera hoy, por su hueste guerrera,

será a lanzadas tomado”.

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ

Estas son las palabras que ponen los "Episodios Caudetanos" (1), esce- na IV del acto 2.ª, en labios de don Gi me no cuando viene a parlamentar, en nombre del ejército aragonés, con el alcaide moro de la fortaleza caudetana para intimarle a la rendición sin condiciones. Bien se echa a ver, por la contestación del moro Celauro, tan conocida de todos los caudetanos, así como por las manifestaciones de Abenzoar, que la defensa musulmana de los pueblos de los reinos de Valencia y Murcia no se desmoronó ni se debilitó por la caída de la ciudad del Turia en septiembre de 1238. Don Jaime I, en efecto, hubo de emplearse a fondo en una nueva cam- paña para llegar hasta Caudete y Almizrán (2) después de tomar Alcira y otras plazas valencianas, aunque no Játiva. Por fin, en una radiante mañana de la primavera de 1240, el castillo de los Capdetes cedió ante el empuje Aragonés, y. hubo de rendirse sin lucha al comendador de Alcañiz, que capitaneaba las fuerzas almogávares, entre las que figuraban muchos nobles caballeros que luego se asentaron en la villa, como los apellidados Ortín u Hortín, Martí, Conexero, Sánchez, Díaz, Agulló, Golf, Gimeno, Beltrán, Tallada, Benito, García, Medina, Urgellés y tantos otros, verificándose el cambio de dominio y poder de los mahome- tanos a los cristianos, al cabo de más de cuatro siglos y medio que había imperado en nuestro pueblo la Media Luna. Empezó entonces para Caudete un nuevo y glorioso ciclo de más de 450 años en que esta laboriosa y antigua villa fue una joya preciada de la Corona de Aragón, como comprendida en el número de las 29 villas reales que tuvo desde un principio el Reino cristiano de Valencia, de conformidad con lo acordado en las Cortes de Monzón del año 1236 (3).

El tratado de Almizra

Los Reyes de Castilla y Aragón habían celebrado diversos tratados para

(1) Drama en

7, 8 y 9 de septiembre.

tres actos que se representa en la plaza de la Iglesia todos

los

años

en los

días

(2) En un volumen que tenemos a la vista, suscrito por el Dr. don Francisco Escolano, de

fecha 2 de octubre de 1696, referente al pleito movido por Caudete contra Villena sobre la posesión

y disfrute de los Alhorines dé la Contención, se denomina el Almizrán al lugar o villa en que se firmó

el tratado de Almizra (la actual villa de Campo de Mirra), distinguiéndosele así de nuestra Almizra que, según fuerte tradición caudetana, avalada por las ruinas y restos encontrados, era un pequeño poblado sito al pie de la Sierra Lacera o Alácera, según se ha dicho, pero que, si pudo ser punto de partida de la comitiva del Príncipe Alfonso para entrevistarse con el monarca aragonés, no fue en modo alguno el lugar en que se alojaba la familia real aragonesa al tiempo del famoso tratado, por cuanto al Rey, su esposa e hija, ambas del mismo nombre, se hospedaban, según los autores y testi- gos presenciales, en el castillo que coronaba la Villa de Almizra (el Almizrán del citado documento caudetano), siendo así que ni por tradición, ni por vestigios, es tan siquiera presumible que en nues- tra Almizra del pie de la sierra Lacera haya existido castillo ni población digna de merecer el nom- bre de VILLA. Queda, pues, deshecho el equívoco que tanto ha circulado entre nosotros sobre Al- mizra y el lugar en que se firmó el convenio de su nombre, al que daba pie la afirmación que aparece en la página 35 de la Historia de la Stma, Virgen de Gracia ya citada. (3) Lorenzo Matheu y Sanz - "Tractatus de regimini regni Valentise (Lugduni, 1704).

HISTORIA DE CAUDETE

49

repartirse el territorio dominado por los moros, conforme lo fueran con- quistando. A Caudete le interesan los pactos o convenios de Tudilén (Túdela, según Modesto Lafuente), Cazola o Carzorla y Almizra. E1 primero lo firma- ron en 1150 Alfonso VII de Castilla y Ramón Berenguer IV, príncipe de Aragón, y por él cedíanse al aragonés todas las tierras de Valencia y Mur- cia. Luego, Alfonso VIII de Castilla y su homónimo, el segundo de Aragón, se reunieron en Cazorla el año 1179 y acordaron un nuevo reparto de los referidos territorios, adjudicándose a la Corona de Aragón todo el reino de Valencia, con Játiva, Biar y Denia; y a la de Castilla, el de Murcia. El tratado se revisó más tarde por el mismo Alfonso VIII y Pedro II de Aragón, por no satisfacer a éste el reparto anterior, y de esta revisión salió mejo- rado don Pedro. Por no estar muy claros los límites en esta región fronteriza entre los reinos de Valencia y Murcia, don Jaime el Conquistador no dudó en apode- rarse de los Capdetes, así como de Bugarra, Villena y Sax. De esta forma, además, respondía a unas actividades poco claras de su yerno, el hijo de Fernando III. Pero dejemos que nos exprese este asunto la acreditada pluma de Gaspar Escolano (1):

"La ocasión y oportunidad que tuvo el Rey para declarar este amojo- namiento del Reino, se la dió el infante don Alfonso de Castilla, su yerno; que con celos de verle tan adelante en la conquista de Játiva, favorecía de secreto a los moros porque no se le rindiesen; y aun había enviado un caba- llero llamado don Pedro Núñez de Guzmán, que de antemano se apoderase en su nombre de las villas de Onteniente y Enguera, que eran de la gober- nación de Játiva, y recaían en la parte del rey de Aragón. El Rey don Jaime I que vió el ánimo de su yerno, procuró de pagarle con la misma moneda; y arrebatóle de la mano de sus alcaides a Villena y Sax; de los moros mesmos, por concierto, los Capdetes y Bugarra, que pertenecían a la conquista de Murcia, que era de su yerno. A esta ocasión, escribe en su Crónica, que se vieron los dos entre Mizra (que dicen es Almansa) y los Capdetes, por com- poner sus discordias". Bien se echa de ver que el Dr. Escolano alude al tratado de Almizra, pero no sitúa bien la localidad de este nombre. Es cierto que hubo entrevista entre Caudete y Almizra, pero, no fue la definitiva entre las altas partes contratantes, sino entre representantes del Rey de Aragón y del Infante de Castilla, como detalladamente nos lo dice Zurita. Al año siguiente de haberse apoderado Jaime I de los Capdetes, bien fuera por conquista o por concierto con los moros, el monarca moro mur- ciano, para no perderlo todo, se declaró vasallo del de Castilla conforme a

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ

las capitulaciones de Alcaraz, y el Infante don Alfonso, luego Alfonso X el Sabio, que era el prometido de doña Violante, hija de don Jaime I de Aragón, y de su esposa doña Violante de Hungría, tomó posesión de la ciudad de Murcia en 1241 y en 1243 ocupó la ciudad (entonces villa) de Yecla, situada, como es sabido, en el extremo NE. del reino murciano.

Mucho enojo causó al hijo de don Fernando III el Santo saber que los aragoneses se habían apoderado de los Capdetes, Bugarra, Villena y Sax,

que eran de su jurisdicción en virtud de los tratados de Tudilén y de Cazóla, y desde Yecla se traladó a las proximidades de Caudete con un nutrido ejército dispuesto a tomarlo por la fuerza. Era la primavera de 1244.

la

fortaleza caudetana, en el sitio denominado desde entonces "El Real", e in- vitó a sus defensores a que le entregaran el castillo y villa, que le pertene-

Sentó el castellano sus reales

al

pie

de

la

sierra

Lacera y frente

a

castellano sus reales al pie de la sierra Lacera y frente a Sitio denominado "El Real"

Sitio denominado "El Real"

De aquí partió el infante don Alfonso para entrevistarse con su suegro el rey don Jaime I en el castillo de Almizra, cuyo emplazamiento se hallaba en las montañas que se divisan al fon- do. En el llano intermedio estaba el pueblo de Bogarra.

cían, pues de lo contrario, se vería obligado a tomarlos por la viva fuerza. "Nosotros estamos por el Rey de Aragón", fue la respuesta dada unáni- memente por aquellos caudetanos de nobleza baturra y firmeza catalana, dispuestos a morir, como los numantinos, antes que faltar a la fidelidad jurada a su monarca.

Y

ciertamente

hubiese

procedido

el

Infante

al

asalto

del

fuerte

a

no

haber

sido

por

la

rápida

y

enérgica,

aunque

respetuosa

intervención

del

HISTORIA DE CAUDETE

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Maestre de Calatrava y otros Ricóshombres que le acompañaban, aconse- jando prudencia al hijo de Fernando III y una previa entrevista con el mo- narca aragonés que se hallaba acampado a solamente tres leguas de distan- cia, antes que romper las hostilidades. Accediendo a tan sabio consejo, el Infante castellano envió una emba jada a don Jaime I, que a la sazón se encontraba en el castillo de Almizrán (Campo de Mirra), que se divisaba desde el Real caudetano, dirigiendo las operaciones contra Biar, último baluarte moro del reino de Valencia, que no se rindió hasta el año 1245. informado don Jaime del curso de los acontecimientos y de la conmina- ción hecha por el Infante a sus leales caudetanos, montó en cólera, y ya se disponía a acudir en defensa de la villa amenazada y de tan fieles vasallos, cuando se le notificó el arribo de la embajada que su yerno le enviaba. De mal talante accedió el Rey a que unos caballeros aragoneses se viesen con otros castellanos a mitad distancia entre el Real de don Alonso y el castillo de Almizrán. Así se hizo, sin embargo, según lo manifiesta Zurita en el tomo 1, folio 161, de los Anales de la Corona de Aragón, y los caballe- ros comisionados acordaron que, en evitación de romper las hostilidades ambos ejércitos cristianos, cosa que sólo a los moros podía beneficiar, con- venia que conferenciasen el Rey y el Infante para acordar lo que procediese. Este fue por tanto, el motivo inmediato de una reunión histórica que había de terminar con la redacción del celebérrimo tratado de Almizra, de tan beneficiosas consecuencias para la causa cristiana. Sin Caudete, sin la resuelta y enérgica actitud de los caudetanos, no se habría llegado al tras- cendental acuerdo, el más importante, sin duda alguna, de toda la Recon- quista cristiana. Reuniéronse, pues, don Jaime y don Alfonso, cada cual con sus ricos- hombres, a presencia de la reina de Aragón, doña Violante, y la esposa del Infante, doña Violante también (1). Acompañaron al Conquistador en esta entrevista sus caballeros Guillém de Montcada, el Maestre del Hospital, Ximén Perec d'Arenós, En Carroc, y otros. Estaban con don Alfonso los maestres del Temple y Santiago, don Diego López de Haro, don Pedro Pérez Correa, don Diego de Vizcaya y el señor de Uclés. Pretendía el Infante que su suegro le cediese la plaza de Játiva*, por habérselo ofrecido así cuando le dió en matrimonio a la princesa. Negábalo el aragonés, alegando además que, no habiendo recibido él nada cuando casó con doña Leonor de Castilla, tía del infante, a nada tampoco estaba obligado ahora. Los castellanos, en un momento de ofuscación y soberbia, dijeron al

(1) Don Francisco Figueras Pacheco, en su obra "Alicante bajo l«s Reyes de Castilla", a quien seguimos en este punto, no dice que asistiera la hija del Rey y esposa del Infante, pero bien claro lo hace notar el Lic. Gaspar Escolano en el cap. XXI de la 1ª de sus Décadas del Reino de Valencia.

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ

Conquistador que de todos modos, Játiva seria de ellos, pues si él no la daba,

el alcaide la entregaría. Don Jaime, herido en sus más vivos sentimientos,

se apresuró a responder: "Ni se atreverá a entregarla el alcaide ni nadie será osado a tomarla; y tened entendido que por encima de Nos habrá de pasar cualquiera que intente penetrar en Játiva" (l).

Los castellanos, olvidando la ponderación que exigía el momento, habían provocado la indignación y la ira del Conquistador. Demasiado

hombre para rendirse a su desplante, don Jaime I acabó diciendo que hiciera cada cual lo que pudiese. "Nos seguiremos nuestro camino, haced vosotros

lo que podáis". Implicaba la frase, no ya el fracaso de la reunión, sino el

peligro inminente de una guerra, que, dada la que había entre moros y cristianos, habría sido desastrosa para la Reconquista. La reina doña Violante, que presenciaba la escena, midió aterrada sus consecuencias probables. Como esposa del aragonés y madre de la del Infante, sintió doblemente angustiado su corazón. Era, pues, preciso,

evitar a todo trance la ruptura. Sus ruegos y sus lágrimas consiguieron al fin lo que no lograban los propios interesados y sus ricoshombres: llegar

a un acuerdo satisfactorio para todos. Jerónimo Zurita, en un capítulo de expresivo título (2), se ocupa deta-

lladamente de estas vistas y de los pactos que en ella se acordaron, respecto

a devolución de poblaciones y definitiva división del territorio. Los autores datan el convenio en el 7 de las kalendas de abril de 1244 (23 de marzo), con arreglo a la copia contemporánea hallada en el Archivo de Aragón. El acuerdo concertado aquel célebre 23 de marzo de 1244 lo explica así

en su "Crónica" el Conquistador:

"Tornaren els missatiers a vore L,Infant i convingueren llavors no insistiría aquest en reclamar Xátiva, sino mes be dividiriem les terres entre els dos, segons de fet ja es trobaven dividits els regnes de Murcia

i Valencia. Nos li donariem Villena, Sax, Capdets i Bugarra; i ell en donaría

a camvi Enguera i Muixent. Tenint en compte el repartiment de terres fet,

a l´Infant varem tornar_li Almansa, Saracull i el riu Cabrio!, i Nos corres-

pongueren Castalla, Biar, Xixona, Alarc, Finestrat, Torres, Polop, la Muría, prop d'Aines, Altea, Tormos i tot el que hi havia dintre del seus termes.

Seguidament varen redactar-se les correspondents escriptures entre Nos

i l,infant Alfons, possant en elles el nostres sagells. I ens varem separar

bons amics, tornat-nos, mutuament, lo que cadascún teniem de l'altre. Finalitzat aquest assupte, varem tornar al setge que haviem possat amb les

(1) Véase Cáscales, Discurso I, Cap. XII; Ortega, tomo I, página 239, e Historia de Don Jaime (CCXXVII). (2) Del cerco que el Rey puso sobre el castillo de Játiva y de las vistas que tuvieran él y el In- fante don Alfonso, su yerno, en Almizra, y cómo se concordaron en la limitación de la conquista de los reinos de Valencia y Murcia. Anales, libro 3.*, capítulo XLIV.

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nostres hots front a Xátiva, on varem romandre mes d'onze mesos, sense qué els de la població tractaren de capitular".

He

aquí

de Almizra:

ahora

el

texto

castellano

del

famoso

y

trascendental

Tratado

"Sobre la partición de la conquista de España, que ha sido hecha entre

los ilustres Jaime, Rey de Aragón, Mallorca y Valencia, conde de Barcelona

y de Urgel, y señor de Montpeller y el Infante don Alfonso, primogénito

del ilustre Fernando, rey de Castilla y Toledo, León, Galicia, Córdoba y

Murcia, hecha amigablemente entre ellos del siguiente modo: Que el ya dicho rey Jaime, por sí y sus sucesores, concede y determina para el citado Infante don Alfonso y sucesores, perpetuamente, el castillo y villa de Ali- cante con todos sus términos, y Aguas y Busot, con todos sus términos también, según por tierra se camina y sale al puerto de Biar, y el castillo

y villa de Villena con todos sus términos, y todos los otros que están más

allá del término de Biar, así como van al puerto de Biar entre los términos de Biar y Villena y hacia la parte de Murcia y Castilla, salvo íntegramente estos términos y todos los otros, así como se camina entre el término de Almizra y el de Bugarra, salvo estos dos términos íntegramente, y así como

se camina hacia el principio de la sierra de la Rúa, que está sobre Ayora,

según que las aguas vierten de dicha sierra de la Rúa a la parte de Castilla,

y así como dicha sierra de la Rúa está donde muere el Gabriel en el Júcar.

De un modo semejante, el Infante don Alfonso, primogénito de don Fernan- do, Rey de Castilla, concede y determina por sí y todos sus sucesores, al ya

dicho Jaime, Rey de Aragón y sus sucesores, perpetuamente, el Castillo de

Castalla con todos sus términos, y los de Biar y Almizra con todos los suyos,

y todos los que son de los dichos castillos de Alicante, de Aguas y de Busot,

salvo íntegramente estos castillos y sus términos", como se dice más arriba,

y todos los que están debajo del puerto de Biar hacia Játiva, Denia y la

otra tierra del reino de Valencia, y todos los otros, así como se camina entre

los términos arriba asignados conforme las aguas vierten a la parte de

Valencia. También esta división procede hasta donde el Gabriel entra en

el Júcar y desde el Júcar hasta Biar, según antes dicho. Como cada uno,

pues, esté contento plenamente de la parte y porción a sí asignada, prome- ten de buena fe, recíprocamente y sin fraude ni engaño alguno, que no per- mitirán que ninguno de los dos haga, perciba o consienta ninguna dificul- tad en la ya dicha parte a cada uno asignada, antes bien, para que la ya dicha división tenga perpetua firmeza y sea siempre firme, el dicho Rey

e Infante le dieron fuerza con sus sellos.

marzo

del año 1244. Era 1252. Son testigos (siguen los nombres). Signo, Guiller-

Dado

en

Almizra

cuando

allí

tuvieron

coloquio.

A

veintiséis

de

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ

mo, Secretario que escribió lo antes dicho por mandato de los ya citados Rey e infante don Alfonso en el lugar, día, año y era fijados".

Entregas mutuas

En virtud del tratado que acabamos de transcribir, y de acuerdo con lo expuesto por el Conquistador en el pasaje de su "Crónica" que hemos copiado anteriormente, el Rey cumplió su palabra y entregó a su yerno, sin género de dudas, las poblaciones de Villena, Sax, Bugarra y los Capdets. Así, pues,

nuestro pueblo pasó a formar parte del reino de Murcia, lo que explica que esta Parroquia perteneciese a la diócesis de Cartagena-Murcia, y en dicho reino permaneció unos sesenta años, es decir, hasta el 8 de agosto de 1304 en que, para resolver las diferencias existentes en las conquistas realizadas por ambos monarcas, se reunieron los jueces compromisarios nombrados por Jaime II de Aragón y Fernando IV de Castilla, a saber, el rey don Dionís de Portugal, el Infante don Juan, hijo del rey don Alonso, y don Ximeno, Obispo de Zaragoza, quienes dieron su sentencia arbitral en la que aparecen estas palabras: "Y assi como ataja el agua de Segura entra

al Reyno de Valencia entró al más soberano cabo del término de Villena,

que finquen y sean del Rey de Aragón, a su propiedad y de los suyos para siempre, assi como cosa suya propria, con plenario derecho y señorío: y que la jurisdicción de Villena y demás castillos, sean del Rey de Aragón, salvo que la propiedad de Villena sea de don Juan Manuel". También sostienen que Caudete pasó a formar parte del reino murciano

raíz del tratado de Almizra Espinalt y García en su Atlante Español, y don Amador de los Ríos, quien en su estudio histórico-descriptivo de Murcia

a

y

Albacete, parte de "España.—Sus monumentos y artes,—Su naturaleza

e

historia" (Barcelona, 1889), asegura que Caudete estuvo anexionado al

reino de Murcia y corona de Castilla desde 1240 en que el rey don Jaime llevó

a cabo su conquista hasta el año 1329 que, mediante pacto entre don Fer-

nando IV de Castilla y don Jaime II de Aragón, se desmembró del dicho reino y corona y quedó agregado al de Valencia y corona de Aragón. Notará el lector un pequeño error en esto, pues si Caudete fue entregado,

a Castilla en virtud del tratado de Almizra, firmado en 1244, es que hasta entonces lo tenía Aragón. Tampoco estamos de acuerdo en la fecha de su reincorporación al reino valenciano en 1329, creyendo que en esta fecha únicamente se reconocería lo estatuido por la sentencia arbitral de 1304. Comoquiera que de la mencionada sentencia arbitral nacieron también

ciertas dificultades, por comisión particular de los Reyes declararon en 26

de

febrero de 1305 el canciller de la corona de Castilla, don Diego de Toledo,

y

el consejero de Aragón don Gonzalo García: "Que del soberano lugar del

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término de Villena do parte término con Almansa (en aquella fecha todavía era Bugarra de Villena), y del soberano término de Caudete, que parte término con Almansa, etc., y todos los lugares que son dentro de los mojo- nes hasta las partes del Rey de Aragón, sean en su jurisdicción´´. Si Caudete no hubiese sido del reino de (Murcia, tampoco hubiera perte- necido nuestra Parroquia a la diócesis de Cartagena, según hemos insi- nuado. Esto es evidente. Sin embargo, habíamos vacilado en admitir que este pueblo hubiese pertenecido ni un solo día a Murcia antes y después del tratado de Almizra, porque un autor tan documentado como Lorenzo Ma- theu, dice en el número 5, capítulo XIII de su "Tratado de la celebración de Cortes Generales del Reino de Valencia", que en el número de las veintinueve

villas reales a las cuales concedió el Rey don Jaime de Aragón Voto en Cortes, se comprendió la de Caudete", "la que, como tal, asistió a las primeras Cortes del reino de Valencia celebradas doce años después de la Conquista (de la ciudad del Turia) en el año 1250, y en todas las demás que hubo en aquel Reino, como consta de la Recopilación de ellas en el Cuerpo de Derecho Foral, que corre impreso y ha sido la única regla de su gobierno, hasta la nueva introducción de las Reales Leyes de Castilla", añade por su cuenta

el doctor don Juan de Riambau en un escrito elevado a S M. en 1736, en

nombre de Caudete, con motivo del pleito sostenido contra Villena pidiendo

la exención jurisdiccional de dicha ciudad y que se le restituyesen los hono-

res y privilegios de villa. También en el folio 4 del recurso interpuesto por la villa en contra de

la misma ciudad de Villena contra el auto de 13 de mayo de 1622 que con-

cedía a los vecinos de ella derechos análogos a los de Caudete, provisional-

mente, sobre los Alhorines de la Contención, se dice textualmente: "De todos los quales autos evidentemente se colige que desde que dicho Rey don Jayme primero de Aragón conquistó de los Moros dicha Villa de Caudete, Bogarra

y Oliba, y sus términos con dichas confrontaciones, siempre fue dicho tér-

mino y su jurisdicción del Reyno de Valencia". El licenciado Gaspar Escolano, por su parte, en los capítulos XXI y XXII de la primera de sus "Décadas del Reyno de Valencia", trata con todo de- talle y amplitud de los límites de dichos reinos, así como del tratado de Almizra y de las entregas mutuas que se hicieron el Rey don Jaime I de Ara- gón y su yerno el Infante don Alfonso de Castilla, y da pie para pensar, después de oírle reseñar los actos oficiales, entrevistas y sentencias arbi- trales, que Caudete no había dejado de pertenecer al reino de Valencia y corona de Aragón, ya que dice: "A estos términos llegaron los del Reyno de Valencia por la parte del de Murcia. Pero no les aprovecha a los pueblos estar fundados en tierra firme para tener firmeza; que como si fueran olas del mar, ya caen a una mano, ya a otra. Así les acaeció a los deste amojo- namiento, que Cartagena y Villena se volvieron al Reyno de Murcia sin

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ

saberse el cómo, quedando sólo el de Caudete en el nuestro. Por lo cual, en las Cortes que los Reyes de España nos tienen a los vecinos del, todavía se insiste en pedirles que nos restituyan la ciudad de Villena, y se concluye con pretextos, remitiéndose para otras". Escolano (Tomo V, página 93 de su citada obra) no se explica cómo habiendo correspondido tanto la ciudad de Cartagena como la de Villena al reino de Valencia, en virtud de; la sentencia arbitral de don Dionís y demás personajes que aparecen firmados en aquel documento, pasasen después al dominio de Castilla "sin saber cómo ni cuándo" las dichas poblaciones. Pero podemos explicarlo:

Cartagena fue regalada por don Jaime II al Rey de Castilla para que diese éste al Infante don Juan Manuel la villa de Alarcón, como lo dice Zurita en sus Anales (Libro V, cap. 67). Y Villena se dió en dote a la Infanta doña Constanza, hija de don Jaime, en su matrimonio con dicho don Juan Manuel, teniendo presente que la propiedad de esta villa, con su término y señoríos, pertenecían de antiguo al Infante de Castilla, si bien la jurisdic- ción quedó reservada al Rey de Aragón. Mas como el Infante no era vasallo de don Jaime sino de Castilla, sus herederos recibieron la propiedad y la jurisdicción como legado del Infante y de la Infanta, y así pasó Villena a Castilla por costumbre o por negligencia, y no por derecho. Como quiera que tanto Villena como Yecla y Almansa se concedieron a don Juan Manuel, todo el término de Caudete quedó como empotrado en el Marquesado de Villena, siendo ello causa de las mayores penalidades sufri- das por nuestra villa debido a la sed insaciable, despotismo y desenfreno de los marqueses de la vecina ciudad, ante cuyas exigencias siempre res- pondieron los caudetanos con su recio grito de: "Nosotros estamos por el Rey de Aragón", siendo verdaderamente milagroso que este rincón valen- ciano no fuera absorbido por el feudo que, además de las tres ciudades men- cionadas, comprendía Sax, Alarcón, San Clemente, Villar de los Caballeros, La Poveda, Martimuto, Villar de Cantos, El Robredillo, El Pedernoso, Pero- na, Tres Juncos, Villarejo de Fuentes, Villalgordo, Almonacid, Conches, La Señuela, Fuente del Cobo, Utiel, Chinchilla, Hellín, Tobarra, Iniesta, Villa- nueva de la Jara, Albacete, Villarrobledo, La Roda, Munera, Lezuza, Bonillo y Villanueva de la Fuente. Grande debió ser la fidelidad de los antiguos caudetanos para no entre- garse a la voracidad de un señor feudal del que hubo de decir el rey don Enrique IV: "Quisiera ser dueño de todo el mundo para ver si saciaba la avaricia de Juan Pacheco". Sin embargo, como veremos más adelante, no pudo Caudete impedir que los ambiciosos marqueses le quitaran una faja o manga que la unía al resto del reino valenciano, dejándola reducida a una isla de la Corona de Aragón dentro del mar que era dicho marquesado, resistiendo todos los

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ataques y provocaciones hasta que por la causa mayor de la Guerra de Sucesión pudo al fin Villena vengarse del noble empeño caudetano de per- manecer dentro de los límites del reino de Valencia, y borró nuestra villa del mapa, convirtiéndola en aldea o lugar suyo, como lo es ahora La Encina.

Expulsión de los moriscos

No se cumplió, desde luego, la amenaza expresada por don Gimen al moro Mauro, en la escena IV del día 2.º de los "Episodios Caudetanos", de empedrar las calles de la villa con cabezas de africanos, al tener que tomar por la fuerza el castillo, ya que los moros vencidos pudieron quedarse en el término, aunque teniendo que desalojar las casas de la villa amurallada y vivir en los barrios próximos, así como en los poblados de Oliva y Almizra, dedicándose al trabajo del campo y de artesanía, sin ser molestados por conservar su lengua y religión. Las casas, huertas y tierras de laboreo, pasaron a poder de los ricoshombres, caballeros y pobladores venidos con las huestes del Rey don Jaime I por haberlo prometido así el monarca en las Cortes de Monzón el año 1236, antes de emprender la conquista del reino de Valencia: "Y conforme lo conquistaba cumplía lo prometido con reli- giosa exactitud" (1). No supieron, sin embargo, estarse quietos y sumisos los moros que quedaron en el término de nuestra villa, pues nunca se resignaron sincera- mente con el dominio cristiano. Lo sufrían porque a ello les obligaban las circunstancias, pero siempre estaban dispuestos a probar fortuna apenas se presentase ocasión de sacudir el yugo. Y la ocasión se presentó. El Rey Alhamar de Granada, amigo y aliado del Rey Sabio, se puso de acuerdo con los moros murcianos para sublevarse y la rebelión se produjo inmedia- tamente. "No fue menester más que la invitación del granadino—dice don Modesto la Fuente—para que se alzaran simultáneamente al grito de gue- rra, y al nombre de Mohamed Ben Alhamar," los sarracenos de Murcia, de Lorca, de Mula, de Arcos, de Lebrija, de todas las poblaciones, desde Murcia hasta Jerez" (1). Después de un sangriento combate en Alcalá la Real contra las tropas de don Alfonso (1262), en el que quedaron los moros dueños de la situación, los sarracenos de Murcia se hicieron dueños de la mayoría de los castillos de la región. Los moros caudetanos se fueron en su mayoría a Villena, que quedó fuertemente en poder de los sarracenos. Viéndose apurado el Rey castellano don Alfonso X, requirió la ayuda de su suegro don Jaime de Aragón. El Conquistador accedió al ruego de su

(1) Mariana, de Reb' Hispaniae, lib. 12, cap. 19. (2) Historia de España, tomo 6 o , pág. 36.

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ

yerno, y vino a Caudete, desde cuyo Real organizó el asalto a Villena, aunque no fue menester efectuarlo porque los moros de la vecina ciudad se rindieron mediante pacto benévolo firmado con ellos. Don Jaime conquistó el reino murciano, entrando triunfante en la ciudad del Segura en febrero del 1265, pero fiel a lo acordado en Almizra, lo entregó a su yerno y él se retiró a sus estados. Debido a la participación de los musulmanes caudetanos en el levanta- miento de Villena y a otras actividades subversivas, a pesar del grave que- branto que la medida suponía para la agricultura y la economía en general, pidieron y obtuvieron del Rey nuestros antepasados que decretara su expul- sión llevándose ésta a cabo en una fecha que no podemos determinar con exactitud. Los "Episodios Caudetanos" recogen el histórico acontecimiento en la escena III del día tercero, y se desprende que los moros fueron escoltados por un destacamento del ejército regular y caballeros de la villa, a fin de que no se les molestara en el triste éxodo. De esta forma hubo en el término unidad de lengua, costumbres y reli- gión, compensando esto con creces la indiscutible pérdida que supuso la ausencia de tan buenos artífices y cultivadores como eran aquellos mu- sulmanes. No sabemos si por entonces se destruirían en todo o parcialmente los poblados de la Alácera y Oliva, de los que tan pocas noticias medievales se nos han transmitido.

CAPITULO VII

Villa Real del reino de Valencia y Corona de Aragón

(1305-1707)

Solucionado el asunto de la jurisdicción territorial, según hemos visto en el capítulo precedente, y expulsados los moriscos de su término, Caudete

empezó una vida de relativa tranquilidad y sosiego, como una de las 29 villas reales del reino de Valencia, con derecho a voto en las Cortes y asiento

en las mismas. Las poblaciones que tenían voto en las Cortes valencianas eran (1):

Ciudades: Valencia, Xátiva, Orihuela y Alicante. Villas: Morella, Alcira, Castellón de la Plana, Villa Real, Ontiniente, Alcoy, Onda, Carcaxente, Callosa del Segura, Xixona, Xérica, Penáguila,

Liria, Cullera, Burriana, Alpuente, Peñíscola, Bocairente, Biar, Ademuz, Castellfabí, Capdete, Corbera, Villanueva de Castellón, La Yesa, La Ollería, Beniganim y Algemesi Nuestro pueblo permaneció siendo valenciano, salvó un corto intervalo, hasta que, a pretexto de la Guerra de Sucesión española, logró Villena, según se ha dicho en el capítulo anterior, anular por completo a Caudete, alcanzando así una mal disimulada aspiración de siglos, como se verá en el lugar correspondiente. El largo período en que esta villa fue del reino de Valencia y corona de Aragón se caracteriza por su importancia política, económica y militar, añadiéndose a todo ello el gran acontecimiento religioso que constituyó

la aparición de la sagrada imagen de la Virgen de Gracia, su excelsa Pa-

trona, que ha venido siendo desde entonces el eje de toda la vida caudetana

y el elemento de mayor unión de identidad entre los caudetanos de las sucesivas generaciones sin distinción de clases e ideas.

(1) Mariano Madramony y Calatayud: "Tratado de la Nobleza de la Corona de Aragón (Valen-, cia 1788, capítulo XXV).

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ

Adquisición de Bogarra

La Bigerra romana era una población de cierta Importancia al produ- cirse la reconquista cristiana, pues ya hemos visto cómo se la nombra en

el Tratado de Almizra. Su término era extenso: lindaba con el de Almansa,

Fuente la Higuera, Onteniente y Biar, además de hacerlo con los de Villena (en cuya jurisdicción se hallaba) y Caudete. Esta villa nuestra necesitaba gran parte de dicho término para no estar aislada del resto del territorio valenciano, y por lo mismo, como quiera que

del territorio valenciano, y por lo mismo, como quiera que Término de Caudete después de la

Término de Caudete después de la adquisición de Bugarra

Caudete debía tener una economía floreciente por aquel entonces, y una no menos honrada administración pública, su Concejo tuvo tratos con la ciudad de Villena y, llegados a común acuerdo, nuestros representantes compraron

el año 1355 la villa y términos de Bogarra. Los cronistas de esta provincia, señores don Joaquín Roa y don Narciso

Blanch e Illa hacen referencia a hecho tan importante y trascendental para Caudete, y el segundo de ellos en la página 11 del capítulo 11 de su "Crónica de Albacete", asegura que Bogarra estuvo ya fundada 300 años antes de J. C.

y que Caudete compró la vega de dicha villa, el año que hemos indicado,

a doña Berenguela García y a N. López, añadiendo dicho autor que la villa

estuvo unida a Caudete a juzgar por la multitud de cimientos y argamasas,

HISTORIA DE CAUDETE

61

hormigones y gruesas paredes que se han descubierto desde una población

a otra (distantes media legua), formando a consecuencia una gran ciudad.

Con tal adquisición, el término de Caudete entró en posesión de los célebres Alhorines de la Contención (1), por donde lindaba con Onteniente

y Fuente la Higuera, así como con Biar, es decir, que la línea de contacto

de Caudete con el resto del reino de Valencia fue ya muy amplia. De esta

forma tuvo nuestra villa la mayor extensión territorial que ha conocido, y que debería tener aún en la actualidad si hubiese imperado la justicia y el derecho,

y no la fuerza y arbitrariedad.

El hecho de la compra de Bogarra lo expresa también claramente García Jofre, señor de la villa de Caudete, quien en su último testamento hecho a 13 de julio de 1376 dice textualmente que "el Concejo de Caudete compró con sus dineros a Bogarra" (2).

Nuevos cambios de dominio

En la Edad Media, con el régimen feudal entonces imperante, las villas

y ciudades se compraban y vendían como hoy se adquieren y enajenan

fincas cualesquiera, sin contar para nada con el parecer de sus moradores. Las transacciones se hacían entre pueblos y entre éstos y señores. Uno de estos ricos señores, García Jofre, compraría a Caudete y él mismo o un sucesor suyo, García Jofre Lisón, la vendió a la Corte de la

Gobernación de Játiva. Por ser tan grandes los términos de nuestra villa

y tan estratégica su situación, la quiso adquirir el Rey don Alfonso V el

Magnánimo, de Aragón, y al efecto, encargó a Juan Mercader, bayle gene- ral de la ciudad y reino de Valencia, que la comprara en su nombre : como

así sucedió, extendiéndose la escritura de compra-venta en 24 de noviembre de 1422, entrando el Rey en posesión de lo adquirido en 27 de dicho mes

y año.

Por la Crónica del Reyno de Valencia, de Escolano y Viciano (3), sabe- mos que el año 1429 rompía guerra el Rey don Juan .II de Castilla con don Alfonso V de Aragón, y que, habiendo sitiado y combatido a Caudete, le tuvo en su corona hasta el año 1436 en que hicieron las paces y se restitu- yeron un rey a otro cuanto se habían quitado en dicha guerra. La entrega de Caudete a don Alfonso, con su castillo, término y juris- dicción anteriores, se efectuó el 5 de noviembre de 1436, según consta en el folio 3vuelto del citado escrito redactado por el doctor don Francisco Escolano.

(1) El término "Alhorín" significa tierra de mucho pan llevar. (2) Escrito citado del Dr. Francisco Escolano, folio 2. (3) Libro 9.º, n.° 2, folio penúltimo.

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ

Alfonso V, que había pasado la mayor parte de su vida en Italia, siendo un verdadero Principe del Renacimiento italiano, más atento a los asuntos de Nápoles que a los de nuestra Península, se trasladó definitivamente a la bella ciudad partenopea en 1442, y allí permaneció hasta el fin de su vida, encargando la gobernación de los dominios de esta parte, a la reina doña María y a su hermano Juan, que estaba casado con doña Blanca de Navarra. Este monarca, en nombre de don Alfonso, vendió la villa caudetana, sus términos y jurisdicción, a la villa de Onteniente en el primero de julio de 1446 por tres mil florines, y en el mismo año dicho Rey don Alfonso otorgó poder a Jaime de Malferit, en 17 de agosto, para dar la posesión a On- teniente. Gaspar Escolano trata con todo detalle este extremo en el capitulo

XXXVII del libro IX de sus citadas "Décadas", y dice así:

"La villa y castillo de Capdete con el lugar de Bugarra le fueron vendi- dos (a Onteniente) de voluntad y consentimiento de los tres estamentos,

celebrando cortes en Valencia, por el Rey don Alfonso el quinto, su hermano el Rey don Juan de Navarra, lugarteniente y capitán general en este reino; como lo reza la escritura de venta, que se le hizo a primero de julio de 1446, de la qué fueron testigos "don Luis Despuig, Cavallero de Montesa y Guillén de Vich, cavallero y Maestre racional de Valencia, y referenda del Secretario Juan de Saburgada". El motivo que se tomó para esta vendición, nació de una queja que en las cortes representaron los estamentos de que el dicho rey don Alfonso hubiese vendido a mosén Jaime Ferrer, camarero del rey don Juan (bisagüelo de don Jaime, que es hoy Gobernador de Va- lencia), la villa de Caudete y lugar de Bugarra, siendo prohibido por

fueros, enajenarlas de la Corona; y que caso que la necesidad de dinero, en

que se hallaba el rey, fuera tanta que le apremiara a ello, le suplicaban se entregase a una villa poderosa como Onteniente, por ser real y bastante

a guardar aquellas plazas, que están en frontera de Castilla, de los aconte-

cimientos de su rey, y socorrerlas en las ordinarias correrías que hacían los castellanos (de Villena). Pareció justa la demanda, y así, con universal aprobación, tomó Onteniente los dichos pueblos por tres mil florines (que era el precio concertado y pagado por el Ferrer) reservándoles el rey carta de gracia a sus vecinos y el derecho de poderse rescatar por los tres mil florines, y de reunirse en la Corona real". Así sucedió, efectivamente,

al poco tiempo con magnánima disposición de Onteniente.

Títulos, Privilegios y Escudo de Caudete

De lo que Caudete representaba en el antiguo reino de Valencia dan idea

los títulos y privilegios con que la honraron los monarcas aragoneses y de

la Casa de Austria, quienes a lo largo de su historia la llamaron Muy Noble,

HISTORIA DE CAUDETE

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Muy Leal y Fidelísima Villa, dándole por escudo un castillo de tres cuerpos superpuestos, por encima del cual aparecen las cuatro barras de Aragón y sobre ellas una corona real; en él centro hay dos llaves atravesadas por detrás del rombo que contiene las barras; a los lados del castillo se ven dos alas de paloma, y debajo de ellas, las letras C y D. Todo ello tiene un fondo azul, y sobre él hay cuatro estrellas de ocho puntas, y alrededor del escudo, ocho estrellas más.

de ocho puntas, y alrededor del escudo, ocho estrellas más. Escudo de Caudete La significación de

Escudo de Caudete

La significación de estos signos heráldicos es la siguiente: la corona, barras y llaves cruzadas, indican haber pertenecido la villa a la Corona de Aragón y ser su limite por donde cerraba dicha corona o reino; el castillo, haber sido la misma villa defendida por él; las alas, la presteza con que los caudetanos acudían a la defensa de sus reyes y de la Patria; las estrellas, los hechos brillantes o luminosos con que siempre se distinguió este pueblo; y las letras C y D, son las iniciales de su nombre de origen: Caput Deitano-

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ

rum o Capdetum y Capdet, hoy Caudete. El color azul que sirve de fondo expresa celo, justicia con caridad, hermosura y lealtad al Príncipe.

En el Real y General Archivo de la Corona de Aragón que existe en la

ciudad de Barcelona, entre los registros de tiempos del rey don Alfonso IV, existe uno, cubierto de pergamino, de fecha 6 de julio de 1329, por el que confiere a Caudete los fueros, costumbres, libertades, privilegios y buenos usos que había venido disfrutando. El rey don Pedro IV el Ceremonioso, confirmó los antedichos privilegios

y concedió a nuestra villa el de franqueza de derechos reales. El mismo

monarca otorgó a Caudete, en 1362, privilegio de feria por quince días,

a partir del día de San Miguel, conforme aparece referenciado en un decreto

dado en San Lorenzo de El Escorial por el rey don Felipe II en 14 de octubre de 1584, copiado por nosotros en el Archivo del reino de Valencia, sección del Real, Diversorum, núm. 362, folio 154 vuelto. Más tarde el rey don Martín confirmó todos los privilegios anteriores en 15 y 17 de noviembre de 1402, según aparece al folio 177 de un registro con cubierta de pergamino del Archivo de la Corona de Aragón de la ciudad condal, titulado: Regís Martini Gratiarum Octavum de annis millesimo qua- drigentessimum secundo. Y de este mismo rey se halla otro registro, también con cubierta de pergamino, intitulado: Regis Martini Gratiarum Octavum de annis milíesimo quadringentessimo usque ad millesimum quadringen- tessimum secundum, el cual contiene una Real confirmación en el folio 176.

El año 1427, el mismo rey don Alfonso V el Magnánimo, concedió a Caudete el privilegio llamado de Demanio, por el que unió la villa a la Corona de Aragón, con perpetua prohibición de enajenarla, no como quiera,

sino en remuneración de sus servicios. Y esta concesión se confirmó en las Cortes del año 1470 por el rey don Juan segundo, según aparece reseñado en

el núm;. 61, folio 9 vuelto, del escrito redactado por el doctor don Juan de

Riambau, pidiendo en nombre de la Villa se le eximiera de la jurisdicción

de Villena el año 1736.

El rey don Felipe III de Aragón y Castilla, en 18 de febrero de 1604 confirmó los privilegios concedidos a esta Villa por sus antecesores, otor- gándole nuevamente privilegio de franqueza de todos los derechos reales, según estaba concedido a las villas de Onteniente, Biar y otras del reino de Valencia, confirmación del privilegio de feria (1), de sacar cierta porción

(1) Esta confirmación del privilegio de feria otorgado por Felipe III no es sino la resolución de

la instancia formulada por Caudete al rey don Felipe II, y a la que se refiere el documento copiado

por nosotros como hemos dicho, en el archivo del Reino de Valencia, y que es del siguiente tenor literal: "VILLAE CAUDET == El Rey == Egregio Conde, pariente mío, lugarteniente y capitán ge-

neral, magníficos y amados consejeros. Por parte de la villa de Caudete desse mío Reyno nos ha sido hecha relación del Serenísimo Rey'don Pedro de Aragón, mío predecessor de gloriosa memoria, en

el

año de mil treszientss sessenta y dos concedió a la dicha villa privilegio de feria por quinze días

y

que se comencasse el día de sanct Miguel, y ha hecho presentación de un traslado auténtico del

dicho privilegio, suplicándonos le hagamos mérito de confirmarle el dicho privilegio, cuyo traslado se os embía con esta señal del Lugarteniente de Protonotario, dezimos, encargamos y mandamos que

HISTORIA DE CAUDETE

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de aguas para riego de tierras, y de hacer un molino; privilegio de que sesenta personas, cabezas de familia, elegidas por la Villa para consejeros, hagan consejo general, y sus determinaciones y acuerdos sean de tanta fuerza y valor como si fuera determinación de toda la villa, vecinos y habi- tadores de toda ella; y en atención a ser villa real, con entrada y voto en Cortes, le señaló lugar en ellas. El rey don Felipe IV de Castilla y Aragón confirmó todos los privilegios concedidos a dicha villa, y especialmente los de franqueza, y la facultad de que los vecinos y habitadores de Caudete puedan sacar aljez o yeso en las mojoneras de Villena y Yecla, y que lo saquen francamente y sin im- pedimento. El rey don Carlos II escribió carta a esta Villa dándose por muy satis- fecho de los servicios que le había prestado, expresándole que era conse- cuente a la fidelidad que siempre había manifestado y a la confianza que de ella y de sus vecinos tenía, y que los procuraría atender y hacer mercedes

en general y en particular.

La población en la alta Edad Media

No disponemos de documentos que nos ilustren detalladamente y por entero sobre las características y extensión del poblado caudetano en las postrimerías del siglo XV y en el XVI, pero podemos idearlas basándonos

en algunos datos de aquellos tiempos llegados a nuestro poder. Evidentemente el mayor núcleo continuó siendo la "villa", es decir, el barrio de dicho nombre, edificado por los moros y circundado por estas murallas. Ello nos consta porque si en 1586 se trasladaron los PP. Carme- litas al actual convento "sito en el arrabal de la Villa", según consta de do- cumento fehaciente, poco habría aumentado el caserío por esa parte. El barrio de San Cristóbal, luego de Santa Ana, en cambio, debió crecer

bastante hasta unirse no sólo con el de la Rambla, sino también con el de la "villa", siendo el accidente que los separaba la rambla que baja de las cuevas para seguir por la calle del Muro. Del caserío o poblado de Almizra, no nos dicen nada las crónicas y do- cumentos de dicho período que hemos consultado, lo que indica que, o bien quedaría destruido con motivo de las guerras sostenidas con los moros

o durante las luchas entre castellanos y aragoneses por estos límites fron-

os informéis de lo que se refiere por parte de la dicha Villa, y si de conceder lo que suplica, puede resultar prejuicio de tercero y avisárnoslo éis con vuestro parescer, puede effectuarlo con brevedad seremos servido.= Dado en San Lorenco el Real, a 16 octubre MDLXXXIV = Yo el Rey = Vidit fri- gola vicecancellarius — Vidit comes generalis thesaurarius — Vidit Don Hieronhimus Corella - Vi- dit Terca regens — Vidit Sapena regens — Vidit Campi regens — Vidit Marzil'a regens == En el cen- tro: "Franquessa - loqumtenentis - protonotarii = Al Virrey y Audiencia de Valencia que se infor- men sobre la confirmación del privilegio de feria que suplica la villa de Caudete".

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ

terizos, debiendo haberse trasladado sus vecinos y habitadores a Bogarra y a los barrios próximos a Caudete. Tanto Oliva como Bogarra debían ser todavía florecientes, pues en el mencionado escrito del doctor Francisco Escolano, recurriendo contra el Auto de 23 de mayo de 1622 sobre los Alhorines, se citan con abrumadora frecuencia los términos y linderos de ambos poblados. Hay más: Don Nar- ciso Blanch e Illa, en su "Crónica de Albacete" dice que nuestra Bogarra era en 1483 una población de ochenta a cien vecinos, y tenía mojones pro- pios que la delimitaban con Almansa, Villena, Biar, Fuente la Higuera y Caudete (aun falta con Onteniente). Para el sagrado culto se contaba con la pequeña iglesia parroquial de la

"villa", más las ermitas, aun existentes, de Santa Ana o San Cristóbal y San Antón, así como las desaparecidas del Rosario y San Sebastián, según se desprende de un "curioso manuscrito, en forma de códice, compuesto en el último pasado siglo (el XVIII)", dado por el profesor de instrucción pública

de la villa de Caudete, don Raimundo Zalve, a don Joaquín Roa, autor de la

"Crónica de la Provincia de Albacete" que ya hemos referenciado, y de do- cumentos que se conservaban a principios del actual siglo XX. Como quiera que las ermitas se edificaban, salvo raras excepciones, en donde había núcleos de población, al objeto de servirles religiosamente, no cabe duda que los actuales barrios de Santa Ana, así como las calles altas de, San Agustín, San Pedro, San Pablo, San Bartolomé, Rambla, Moto y barrio de

este nombre, existían entonces con un censo que no sería inferior al actual, pues por esa parte no ha crecido el pueblo, antes al contrario ha ido dismi- nuyendo gradualmente. Después, como sucedió en toda España con motivo del descubrimiento

y colonización de América, disminuyó sensiblemente el número de habi-

tantes, para emprender más tarde una ininterrumpida curva ascendente, que aun continúa.

La justicia medieval en el Reino de Valencia

De un artículo firmado por Adolfo Villalba del Campo, aparecido en el

suplemento "Valencia", del diario "Levante", de 2-XII-1955, entresacamos las líneas que siguen que no dudamos ilustrarán a nuestros lectores sobre

la administración de justicia en todo el reino valenciano, y por ende en

nuestra Villa, durante los tres primeros siglos que estuvo incorporada a él. El baile era juez en causas contra judíos y moros en lugares de realen- go. El justicia tenía competencia en asuntos de penalización y atendía todas las causas civiles y criminales. Manteníase en su cargo este funcionario durante un año, siendo su elección de carácter popular. Con el tiempo, el

HISTORIA DE CAUDETE

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cargo de justicia evolucionó y se desglosó en tres personas que entendían en los asuntos civiles, criminales y de menor cuantía, respectivamente. Entre las penas que se aplicaban a los reos figuraban: el descuartiza- miento; la decapitación; la cremación en vivo, en cadáver o en estatua; la horca; la mutilación de orejas y manos; la flagelación Cuando se condenaba a un delincuente a ser azotado, se le paseaba por las calles de la población desnudo de medio cuerpo, aplicándole golpes de disciplina en sus espaldas. Otros habían de ir "tots nus correguen per els carrers ab acots, quels serán donats, co es, l'hom en bragues e la fembra ab un drap entorn la cinta por cubrir lurs vergoyes". A los blasfemos se les condenaba "sots pena de metre un clau en la lengua". El cargo de morro de vaques lo desempeñaba un funcionario que tenía en su haber todos los actos de verdugo y su función no estaba tasada con un salario habitual, sino que percibía los pagos exclusivamente cuando ejercía su ingrato cometido y en tales casos obraba con una norma económica preestablecida: "Per squarterar, cobraba 33 solidos; per posar los quarters per los camins, 11 s.; per cremar , 22 s.; per cremar en estatua, 11 s.; per penjar, 11 s.; per portar lo penjat a carraxet, 11 s.; per despenjar lo penjat, 11 s.; per acotar y per la bestia, 6 s. y 5 diners; per levar orelles, 11 s.; per levar lo puny, 5 s. y 6 d.; per turmentar, per cascun turment, 5 s. y 6 d.".

CAPITULO VIII

Aparición Gloriosa de Nuestra Reina y Señora María Santísima de Gracia (1)

La villa de Caudete, tanto en los años del dominio sarraceno como en los que transcurrieron después, de agitada historia, miraba con él mayor afecto y ternura al partido de los Santos, donde había tenido su trono de clemencia la Soberana Reina María. Las mismas ruinas que en dicho tér- mino y sitio veía, le recordaban lo suntuoso y magnífico de la antigua casa de su dulcísima Madre, y le renovaban al mismo tiempo el más vivo dolor de tan incalculable pérdida. Pero corriendo ya el año 1414, la Reina de los Angeles quiso satisfacer piadosa a sus tiernas ansias y deseos. En ese año se dignó María Santísima aparecer a cierto pastorcillo llamado Juan López, hijo de Pedro y María de la Paz, vecinos y naturales de la villa de Paracuellos de la Vega } del Obispa- do de Cuenca. Estaba éste apacentando sus ovejas en la sierra de la Zafra (Alhorines) (2), dos horas distante de la villa de Caudete, y al mismo tiempo tenía embebido su espíritu, dulcemente ocupado en las alabanzas de la Emperatriz de cielos y tierra, María, cuando esta gran Señora se le deja ver en el aire, circundada de resplandores celestes y una multitud de hermosos Angeles, que le hacían la corte; le habla amorosa, y le dice el gran tesoro que encerraba en sus senos la tierra del partido de los Santos, término de la referida villa de Caudete; y le manda luego partir hacia ésta y anunciar de su parte a su justicia y jurados, que en su campo saguntino y territorio de los Santos, en el sitio que ocupaba la más lozana retama que registrarían sus ojos, hallaría una prodigiosa Imagen suya, la que reconocerían protec- tora en todas sus necesidades y proclamarían por tutelar Patrona.

(1) En este capítulo seguimos la "Historia de la Virgen" ya citada. (2) La Stma Virgen de Gracia, patrona de Caudete, se apareció al pastor Juan López en terre- no caudetano. No parece sino que la Virgen de Gracia quiso significar que los Alhorines no debie- ran dejar de ser del término de Caudete.

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ

70 JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ Retablo del santuario de Nuestra Señora de Gracia, en el que se

Retablo del santuario de Nuestra Señora de Gracia, en el que se representan los hechos principales de l a historia de la Virgen

Retenido el pastorcillo, ya por natural encogimiento, ya por el temor

de que fuese engañosa esta visión, que parecía celeste, dejó de poner en obra lo que se le había mandado con tanto aparato y gloria. Llegó el mes de marzo de 1414, en que finaba el tiempo acostumbrado de dar pasto a su ganado en las cercanías de Caudete (que lo era desde noviembre a marzo),

y regresó a Paracuellos.

la Hoz, término de

Ya se hallaba en

la partida de

HISTORIA DE CAUDETE

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H ISTORIA DE C AUDETE 71 Detalle de la aparición de la Stma. Virgen al pastor

Detalle de la aparición de la Stma. Virgen al pastor Juan López

su patria, donde, fatigado del camino, trató de reposar algún tanto junto a la fuente que hoy se llama fuente de la Virgen. Gozoso con los alivios que sentía en su cansado cuerpo, y mucho, más con los que percibía en su candorosa alma, dulcemente embebida en la con- templación de las excelencias grandes de la Madre de Jesús, María Santísi- ma, su espíritu se ve inundado de un júbilo celestial; y Nuestra Señora, con tanta o más gloria y magnificencia que en la sierra de la Zafra, se le aparece y con aspecto serio le reprende la resistencia que había hecho a su soberano mandato. El pastorcillo Juan, postrado ante la Virgen, confuso como otro Moisés a la vista de la misteriosa zarza, se humilla, se anonada y se reconoce indig- no de tan celestial embajada: parecele que por su ninguna representación

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ

no se ha de dar crédito a sus palabras. Pero la Emperatriz de cielos y tierra

le anima y le da credenciales a las que no pueda resistir la más audaz incre-

dulidad. Era Juan López manco de nacimiento, y María Santísima le da milagrosamente brazo en un todo expedito para todas sus funciones, el cual acredite su alegre embajada y sirva a todos del más auténtico y pú- blico testimonio.

Animoso ya Juan con tan manifiesta maravilla del cielo, pasa al punto

a

Paracuellos; sus patricios se asombran a la vista de tan patente milagro

y

todos cobran afecto a la Virgen de Gracia, que, aparecida en la fuente,

obró tan irrecusable prodigio. La continuación de gracias que se experimenta por medio de las aguas de esta fuente, ha hecho que se mire con tanta piedad y devoción, que no han parado los agradecidos hijos de Paracuellos hasta levantar una obra famosa de piedra sillería en adorno de la fuente y honra de la ermita en que, desde entonces, se venera a María Santísima bajo la dulce invocación de Gracia.

Puesto, pues, el pastorcillo dicho en su patria, tomó de ambos cabildos

el testimonio fehaciente de su naturaleza y procedencia, de ser él manco de

nacimiento, y de haber curado repentinamente por el milagro de la Virgen;

y con la garantía que exhibían tales credenciales, dejó gozoso su patrio

suelo para encaminarse al lugar de su embajada. Apenas llega a Caudete manifiesta a la justicia y jurados (1) no sólo los documentos que traía en abono de su persona, si que también la dignación prodigiosa que con él había usado María Santísima de Gracia; e inmediata- mente les comunica la orden que le intimó tan gran señora. Dirigiéronse con placer al determinado sitio y término de los Santos

ambos cabildos y un gran concurso de vecinos de la villa acompañados del pastorcillo Juan, a quien dieron crédito sin dificultad por llevar en su can- dida sinceridad el carácter de verídico, además del milagro que presentaba

en su mano, para que de todos pudiera ser visto. Comenzaron a cavar la tierra que cubría la raíz de la retama señalada por el pastorcillo, cuando con admiración de todos y un júbilo inexplicable, oyen repetidos tañidos de una campana bajo de ella. Animados con tan no- table suceso, a breves diligencias que siguieron, hallaron dos capillitas de yeso, como ya se dijo: en la una estaba colocada la Sagrada Imagen de Nuestra Señora de Gracia dentro de un tabernáculo o nicho de madera; y en la otra se halló la del glorioso San Blas, Obispo y Mártir, puesta también en otro tabernáculo o nicho de la misma materia, entrambos a modo de doseles (los que permanecieron intactos hasta el año 1741, expuestos a la

(1) Cuando Juan López vino a presentarse a las autoridades caudetanas, el concejo de la Villa funcionaba, según tradición, en las casas de la calle de Mates señaladas actualmente con los números 5 y 7.

HISTORIA DE CAUDETE

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H ISTORIA DE C AUDETE 73 Primitiva imagen de Nuestra Señora de Gracia vista y atención

Primitiva imagen de Nuestra Señora de Gracia

vista y atención de los curiosos o devotos peregrinos) y también cuatro tablas que circuían la Sagrada Imagen de María Santísima por que no le llegase la tierra. En éstas se registraban, de pinturas antiquísimas, los Misterios de la Encarnación, Nacimiento del Señor, Epifanía y Huida a Egipto. En dicho año y siguientes, la indiscreta devoción halló medio para hacer disminución, así de los tabernáculos como de las tablas, tomando para reliquias con ocasión de dar principio a la nueva y suntuosa basílica de Nuestra Señora de Gracia. Halláronse también unas tablas de cinco palmos de largo, que impe- dían llegase la tierra a la imagen de San Blas en su capillita. En estas tablas se ve de pintura la imagen de San Martín, Obispo Turonense, expresando el suceso de que, montado en su caballo, partió la capa con el pobre que le pedía limosna, dividiéndola con su espada, y un lema de letras góticas,

74

JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ

que dice: Martinus, adhuc cathecumenus, hac me veste contexit. Créese que era San Martín Obispo el titular del monasterio que allí florecía antes, el que, según las ruinas que en el día se dejan ver en el mismo sitio y circun- ferencia de la capilla, era muy capaz y suntuoso. Hallaron también una Cruz de madera de algo más de un palmo de ancha y poco más de larga; toda esta obra es de mosaico, según las hechu- ras de los tabernáculos, arquitecturas de medio relieve y demás molduras que al presente permanecen. Tiene muchas imágenes de medio relieve uni- das a ella por la parte exterior en los cuatro lados y cubierta; y por dentro de dicha cubierta se halla el misterio del fallecimiento de María Santísima,

asistida de los doce apóstoles; a su lado derecho está Santa Catalina, Virgen

y Mártir; y al izquierdo la Virgen y Mártir Santa Bárbara, ambas con las

insignias de su glorioso martirio. Por de fuera, a los cuatro ángulos de la citada cubierta, están los cuatro Evangelistas con efigies de Hombre, Buey, León y Águila; en medio de los cuatro Evangelistas había una imagen en un pentágono, que ahora falta y se ve descubierta la madera. Tiene también la mencionada cubierta una orla de letra gótica, que dice: Ave, María, gratia plena, Dominus tecum, benedicta tu in nwlieribus, et benedictas fructus ventris tui. En sus cuatro lados exteriores tiene dicha cajuela demarcados ocho misterios de nuestra santa fe católica, y son: Encarnación del Divino Verbo, Visitación de la Madre de Dios a su prima Santa Isabel, Nacimiento del Se- ñor en el portal de Belén, aviso que dió el Ángel la noche del nacimiento de Jesús a los pastores, Adoración de los tres Magos a Cristo Nuestro Señor recién nacido, Purificación de María Santísima y Presentación de su Divino Hijo en el Templo, Degollación de los niños inocentes y la Huida de Jesús, María y José a Egipto (1).

Encontróse también una campana, que es la que se oyó tocar antes del descubrimiento de las Santas Imágenes; su metal pesa tres arrobas. En ella

se dejan ver letras góticas mayúsculas que dicen: Ave María: vox Dei sonat. Esta campana se colocó en el campanario de la primitiva ermita que se consagró a Nuestra Señora de Gracia, y después se trasladó al de la nueva, levantada el año 1758, donde permaneció hasta el año 1815, en que la pie- dad, devoción y buen celo del doctor don Carlos Amorós y Herrero, capellán de la referida ermita, natural de la villa de Caudete, teniendo algún que- branto en tan gran reliquia, expuesta a la inclemencia de los tiempos, indujo a que se trasladara, para su mayor conservación, al camarín de Nuestra Señora de Gracia, y se colocase sobre el arco interior, de modo que

(1) La Ilustre Mayordomía de la Virgen de Gracia vendió dicha caja en agosto de 1913 a don Juan Lafora, de Madrid, después de estudiado su valor histórico y apreciativo, y de haber recibido de Roma rescripto pontificio del 7 de diciembre de 1912, cuyo original está archivado en Orihuela, autorizando dicha venta, por precio de doce mil pesetas, cantidad que se invirtió en la pavimentación,

HISTORIA DE CAUDETE

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se dejase ver desde la nave de la iglesia, sin perjudicar la agradable y her- mosa vista de la Soberana Reina. Para llevar a efecto tan devotos deseos, se fundió una nueva campana de metal de más de veintisiete arrobas de peso, que se colocó en el lugar que ocupaba la primera. Últimamente, se halló una lámina de plomo en forma ochavada, de un dedo de gruesa, en que, con letra gótica, se daba razón del título de Nuestra Señora de Gracia, con la noticia del cómo y cuándo fue ésta trasladada del Monasterio de Monte Casino al de la villa de Caudete, y la causa de su ocul- tación en los senos de la tierra. De esta lámina dieron señales ciertos ancianos que vivian por los años de 1730; y don Juan Martínez Roca, Rector y Vicario foráneo de esta villa, quien confesó haber conocido dicha lámina, que estaba envuelta en un lienzo, en la capilla de las Rocas, donde se representaban los Autos o Historia de la Virgen, con el beneplácito del ilustrísimo señor don Andrés Balaguer, Obispo de Orihuela, cuyo decreto original se puede ver en el libro 1 de Ad- ministración de Nuestra Señora de Gracia, folio 7 y siguientes, el cual se conserva en el archivo de la iglesia parroquial de Caudete. También confesó el mismo don Juan Martínez, que en el circuito de la citada lámina servía de orla a la imagen que estaba en medio de medio relieve una inscripción de letra gótica semejante a la de la cajuela de reliquias, aunque algo más pequeña, y que él mismo vió sacar en los autos esta misma lámina y caja de reliquias. En el año 1772 no sólo el sobredicho Vicario Foráneo, si que también los RR. Presbíteros don Bernardo Rey, don Jacinto Gallud, don Francisco Albertos, don Alonso Ángel, mayordomo de la santa casa, y don Antonio Conejero Ruiz, declararon ante don Alejandro Pascual y Ochoa, Canónigo de la santa iglesia de Orihuela y Visitador general de la Diócesis, que en los Autos o representación de la Historia de la Virgen usaban los antiguos de los mismos originales simulacros de María Santísima y de San Blas, caja de reliquias, lámina de plomo, campana y demás que se halló custodia- do tantos siglos bajo la retama. Trasladóse la sobredicha lámina para su mayor custodia a a sala capi- tular de la villa, y tan celosa determinación fue la causa de haber desapare- cido; porque en las guerras que por los años de 1706 ocurrieron en estos reinos, padeció saqueo varias veces Caudete, y los émulos (bien conocidos, archivo municipal) de sus glorias, allanaron la casa de su Corte, y rasgaron maliciosamente los documentos originales que autentizaban sus privilegios reales y servicios de valor y lealtad a los soberanos de la Corona de Aragón (1), antigüedades y títulos gloriosos del milagroso hallazgo de las santas imágenes. De haber existido en la sala de Ayuntamiento tan apreciables documen-

(1) Algunos de ellos obran en archivos nacionales.

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ

tos y reliquias dieron oportunamente fe personas calificadas que habían gobernado en el tiempo próximo antecedente, y fueron oficiales de la villa

como justicia civil y criminal, jurados, almotacén y síndicos generales, que, por sus oficios, entendieron y leyeron dichas escrituras que obraron antes de las guerras en el archivo de dicha sala. Constan sus testimonios en un acta escrita de puño y letra por don Juan Francisco de Medina, Notario

y Escribano de la villa de Caudete y de su sala, que falleció en 1698 y que

poseyó el doctor don Bernardino Amorós y Samateu, muerto en el año 1728, siendo los declarantes don Valentín Madina y Tormo, jurado segundo en 1702; don Onofre y don Juan Conejero, hermanos, hijos de don Pascual Co- nejero Golf; jurados don Manuel Benito y Estevan, don Bartolomé Ruiz Bañón y don Bartolomé Ruiz Quilez. Don Francisco Rey Muñoz, escribano de la sala del Ayuntamiento y otros de la primera clase de consejeros del cabildo particular certificaron que correspondía a los citados testimonios el traslado que obraba en 1876 en poder de don Bartolomé Amorós, sobrino heredero de don Bernardino Amorós Samateu. La prodigiosa Imagen de la Madre de Dios, Nuestra Señora de Gracia, era de madera, sin que en ella hubiera introducido la carcoma corrupción alguna, apareciendo solamente señales de ella en el globo, expresión del mundo, que sostenía en la mano derecha. Con la izquierda mantenía al

Niño Jesús, su santísimo Hijo. El semblante de la Santa Imagen era muy agradable, su color tiraba a moreno y arrebolado; su estatura algo más de tres palmos, toda de talla, sentada en una silla de respaldo de ia misma materia, toda ella sobredorada; su calzado puntiagudo; la espalda, llana

y

lisa, sin sobredorado, con matiz blanco; en ella se veía una tabla ajustada

y

fija con clavos, que ocultaba un vacío o hueco de la Imagen, donde se

suponía había reservado algún secreto para tiempos venideros. Algunos ilustrísimos señores Obispos de Orihuela entraron en ganas de abrir este secreto; pero no llegaron jamás a efectuarlo. Más animoso el ilustrísimo señor obispo de dicha ciudad, don José Vergé, en el año 1670 determinó, en tiempo de su visita, llegar personalmente al santuario de Nuestra Señora de Gracia con la resolución de abrir el referido secreto. En efecto, presentóse en el templo, y llevando consigo ya artífice prevenido, que arrancase la tabla que cierra el secreto, hizo que unos sacerdotes baja- sen la santa imagen de su trono, y la acomodasen sobre un puesto prepara- do al intento; pero haciendo antes oración el ilustrísimo Prelado, para im- plorar el acierto en su resolución, a breve espacio de tiempo se levantó de ella, y volviéndose a los circunstantes les dijo: "Desistamos del intento co- menzado, pues conozco no ser tiempo ahora de averiguar el secreto. Cuando Dios fuere servido, manifestará, para ejecutarla, su santísima voluntad". Fueron testigos de este caso los señores doctores don Diego Agudo y don Alejandro Pascual Ochoa, canónigos de la santa iglesia de Orihuela y fami-

HISTORIA DE CAUDETE

77

liares

de Caudete.

de dicho

señor Ilustrísimo y otros presbíteros

y seglares

de

la

villa

La imagen del glorioso obispo y mártir San Blas, era de la misma ma- teria que la de Nuestra Señora de Gracia. Su altura, de tres palmos y medio; no presentaba carcoma alguna, y estaba sentado en silla de respaldo, vesti- do de pontifical, con anillo, alba, manípulo, estola, casulla sobredorada, mitra y guantes en las manos; con la izquierda llevaba el báculo pastoral, y con la derecha daba la bendición; su calzado era puntiagudo; el color de su rostro, no tan arrebolado como el de Nuestra Señora, pero tirando también a moreno.

Halladas tan felizmente las sagradas imágenes, se formó la procesión más alegre y lucida de ambos cabildos y demás vecinos de Caudete, condu- ciéndolas regocijados, pero con toda veneración y respeto, a la iglesia pa- rroquial de Santa Catalina Virgen y Mártir. Mas al día siguiente, adelan- tándose a la aurora del día las gentes para saludar a la Aurora de la Gracia, se hallaron frustados sus deseos: por más que buscaron los devotos vecinos, no encontraron en la iglesia parroquial ni la imagen de la Virgen ni la del santo obispo San Blas. Mas pronto pasó la consternación, que era consi- guiente, porque, corriendo después de las más vivas diligencias hacia la retama que por tantos siglos les había proporcionado el más seguro alber- gue, notaron con júbilo que los mismos sagrados simulacros se habían vuelto, milagrosamente al sitio donde fueron hallados la víspera. Esto fue causa para que, unánimemente, acordaran todos los vecinos levantar luego una capilla en el mismo sitio que ocupaba la mencionada retama, donde, colocadas las prodigiosas imágenes, se ofreciesen continuos cultos, oraciones y alabanzas al Altísimo, en honor de María Santísima de Gracia y del glorioso obispo y mártir San Blas. Colocada ya la dulcísima Reina en su trono, desde él, abriendo los ricos tesoros de su misericordia, los derrama con toda abundancia sobre dos agra- ciados hijos y devotos que van a su santa casa, la que es el consuelo de los afligidos, la alegría de los tristes y el remedio universal en todas sus ne- cesidades. En justa correspondencia a tantas gracias, determinó la villa de Cau- dete festejar a su dulcísima Madre, dedicándole indefectiblemente todos los años los días cinco y seis de agosto; y para eternizar su agradecimiento, la justicia y jurados hicieron a Dios Nuestro Señor, y a la siempre Virgen María VOTO PERPETUO, firmado con juramento, de celebrar a sus costas las funciones festivas de dichos días,, no habiendo limosna de que satisfa- cerse, y de observar el último de los dos días como de fiesta entera. Después, con autoridad y decreto judicial del Ilmo. Sr. don Fr. Andrés Balaguer, Obispo de Orihuela, por los motivos que se le hicieron presen- tes y estimó justos y dignos de su alta consideración, se trasladó la fiesta

78

JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ

de guardar al día nueve de septiembre, y el referido voto con juramento, a los días ocho y nueve del mismo, quedando asignados para siempre los días siete, ocho y nueve de dicho mes para las fiestas de la Virgen. Este cita- do decreto se halla en pública forma original en el libro 1 de Administra- ción de la santa Casa de María Santísima de Gracia, desde el folio 37 hasta el 41, el cual se guarda en el archivo de la iglesia parroquial de Caudete.

Práctica del Voto

El día 7 de septiembre salen de la población el M. 1. Ayuntamiento, Autoridades,. Jerarquías, Reverendo Clero Parroquial, Comunidades religio- sas, Ilustre Mayordomía, Comparsas históricas y gran concurso de sus veci- nos, que se dirigen al santuario de la Virgen, donde se organiza la solemne procesión de Traslado de la augusta Patrona, así como de las imágenes de San Blas y de San Roque. En el paraje de la Cruz las Comparsas de Moros y Cristianos simulan una batalla, finalizando con el tradicional ruedo de banderas y saludo de las Comparsas ante la Imagen de la Virgen (1). En la calle llamada antes Ancha, y hoy de la Virgen de Gracia, se colo- can los santos simulacros bajo arcos revestidos de diversas flores y fronda,

bajo arcos revestidos de diversas flores y fronda, Un moro rodando la bandera (1) El rodaje

Un moro rodando la bandera

(1) El rodaje de banderas que hacen las comparsas de la Antigua, Guerreros y Moros ante la Virgen de Gracia es algo que llama poderosamente la atención de propios y extraños.

Colocados los abanderados en el centro de un corro marcado por los arcabuceros de las res- pectivas comparsas, y a los acordes de la Marcha Real tocada por cuatro bandas de música, empieza el fantástico alarde de dar ciento ochenta vueltas a las pesadas banderas, sin que se enrollen, a saber, cinco turnos de a dieciocho vueltas con ambas manos y a una sola, alternando la derecha con la izquierda, por encima de la cabeza y por la cintura, estando de pie, y otras tantas de rodillas, cam- biando de dirección en la marcha de la bandera cada tres vueltas, alzando la insignia de graciosa y gallarda manera. Una descarga cerrada de todos los arcabuceros, previamente preparados, acoge el final del emocionante acto.

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que agracian aquel sitio: un coro de voces escogidas canta el Himno de Bienvenida a toda orquesta, concluido el cual, entre tiernos y amorosos vítores y aclamaciones a la Virgen, y a San Blas, mueve otra vez la proce- sión, a la que preceden las comparsas, que no cesan de disparar atronado- ramente sus arcabuces. Al entrar en el templo parroquial, su altar, ya de por sí magnífico, se presenta aun más agradable y vistoso con la multitud de luces acertadamen- te dispuestas. Colocadas en su hermoso y grande camarín las sagradas imágenes, se canta solemnemente Tercia, y, terminada ésta, comienza la Misa solemne cantada por el coro a varias voces con acompañamiento de orquesta. El orador de este día reduce su asunto al origen y venida de Nuestra Señora de Gracia desde el Monasterio de Monte Casino al de esta villa en el año 607. Por la tarde, después de cantarse solemnemente Vísperas y Comple- tas, se representa en la plaza Mayor o de la Iglesia (hoy del Caudillo) el primer acto de los "Episodios Caudetanos" (1).

el primer acto de los "Episodios Caudetanos" (1). Los señores D. Manuel Martí y D. Manuel

Los señores D. Manuel Martí y D. Manuel Bañón, autores de los “Episodios Caudetanos” en su forma actual.

El día 8 se predica del Nacimiento

de la Virgen

y Madre de Dios, pero

(1) Cuando en 1814 se celebró con extraordinaria solemnidad el IV centenario de la Aparición de la Santísima Virgen a Juan López, fue entonces la vez primera que se celebraron los AUTOS en la plaza Mayor o de la Iglesia, en un escenario que desde entonces se colocó, según tradición, delante de los arcos de la Lonja de las Casas Consistoriales Bien entrado el siglo XIX y después de varias alternativas a causa de las frecuentes revoluciones y guerras civiles, se modificó el orden de las fies- tas, y se comenzaron a celebrar los «Episodios» en forma debida en gran parte a don Juan Vespa, y se construyó el castillo de madera, se reorganizaron las comparsas, y vinieron a cristalizar las fiestas de Septiembre en la forma actual, sin que pueda atribuirse su fundación y ordenación a época de- terminada.

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ

con especialidad del Entierro de la sagrada Imagen de María Santísima de Gracia. El orador de este día pone su mayor esmero y cuidado en enlazar con sutileza el Nacimiento de María, Madre de Dios, con el Entierro de su sa- grada Imagen, tocando ad libitum las demás circunstancias de dicho En- tierro. Por la tarde se representa el segundo acto de los "Episodios Caude- tanos", y luego se organiza la procesión general de las sagradas imágenes, con previo desfile de las comparsas, sus capitanes y abanderados, sin cesar de disparar los estruendosos arcabuces. Llegando la Virgen a la calle Ancha, y sitio donde se forman los arcos para la Bienvenida del día 7, colocada la sagrada Imagen en ellos bajo rico palio, que le sirve de dosel, hace parada la procesión y se canta un villancico. Lo mismo se hace en la plaza del Carmen, añadiéndose el rodaje de banderas y el disparo de un castillo de fuegos artificiales. También se prende a otro castillo de fuegos de artificio cuando llega la sagrada Imagen al sitio conocido por las Cuatro Esquinas o lugar donde se unen a las calles de la Abadía y del Maestro Serrano las de Santa Ana y del Castillo. El último villancico y rodaje de banderas se efectúa en la plaza de la Iglesia, y ape- nas termina, empieza un nutridísimo tiroteo, que no termina hasta que la carroza de la Virgen entra en el templo parroquial a los acordes de la Mar- cha Real, a la que siguen los "Gozos de la Santísima Virgen" cantados fer- vorosamente por un inmenso coro de miles de gargantas. El asunto predicable del día 9 es el Hallazgo milagroso de la santa Imagen de la Madre de Dios de Gracia en el término de Caudete, partido de los Santos, bajo las raíces de una frondosa retama, acompañada de la del bienaventurado San Blas, Obispo y Mártir, quedando al beneplácito del ora- dor enlazar las más notables circunstancias que se relatan en la tradición. Por la tarde se representa el tercero y último acto de los "Episodios Caudetanos", que terminan con la renovación del tradicional VOTO de ce- lebrar anualmente las Fiestas de la Patrona.

El día 10, a las 4 de la tarde, se ordena la procesión para volver a María

Santísima de Gracia y al santo Obispo San Blas a su augusta casa. El re- greso se efectúa análogamente a la venida y cántase hermosa despedida en la mencionada calle Ancha.

En la plaza o explanada que hay ante el Santuario, ruedan las Compar-

sas sus respectivas banderas, con disparo de las acostumbradas nutridas salvas de los arcabuceros. Una vez colocadas las sagradas imágenes en sus tronos, se cantan la Salve y los tradicionales Gozos.

A las doce de la noche se dispara una gran traca en colores por todo

el recorrido de la procesión del día 8, y con este acto final, se dan por

terminadas las Fiestas oficiales.

CAPITULO IX

Caudete en la época del apogeo español

Sabido es que desde principios del siglo XVI a mediados del XVII, nuestra Nación fue la hegemónica del mundo, y en ese tiempo, nuestros santos, ascetas y místicos, nuestros teólogos y literatos, los militares, marinos, colonizadores, diplomáticos y políticos de nuestra estirpe, eran los primeros del universo. Sin embargo, la época verdaderamente próspera, brillante y forjadora de la grandeza patria, fue la del reinado de los Reyes Católicos; y el es- plendor que se manifestó durante el imperio de Carlos V y el reinado de Felipe II, no se debió a la creación o alumbramiento de nuevas fuentes de riqueza y de prosperidad, sino consecuencia natural de la acertada política llevada a cabo por Isabel y Fernando. Los reyes de la Casa de Austria consumieron en sus empresas espec- taculares las reservas de energías nacionales acumuladas anteriormente por los católicos soberanos de Castilla y Aragón, pero no acertaron a reponerlas adecuadamente, y así, después de Felipe II, se produjo un descenso rapi- dísimo en el poderío español, llegando la Nación en el reinado de Carlos II a un estado de postración jamás imaginado, sin que fueran bastantes a remediarlo los ingentes tesoros que venían de América, toda vez que, abandonadas las fuentes nacionales de riqueza, el oro de las Indias pasaba por España como la corriente del agua por una acequia revestida de ce- mento, para ir a parar a manos de holandeses, ingleses, franceses, alema- nes e italianos, que nos proveían de mercaderías, de barcos y hasta de soldados. Durante este período Caudete fue, en su economía, reflejo fiel del resto de España: alcanzó gran prosperidad en tiempo de los Reyes Católicos y conoció después un rápido declive, empezando luego una gradual recu- peración.

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ

La sociedad caudetana en este periodo

En su "Crónica del Reino de Valencia" nos dice Martín Viciana que Caudete tenía en el año 1564 sólo 280 casas, es decir, unos 1.120 habitantes, dedicados a la agricultura y ganadería en su mayor parte, pero con comer- cio próspero también, por lo que este pueblo, que había decaído muchísimo de su antigua grandeza, iba creciendo con bastante rapidez. Copiaremos sus palabras, según las hemos visto en la tercera parte de la citada obra, "Antiguamente esta tierra fue muy grande, según las apariencias de los edi- ficios, porque en Bugarra havía castillo, y en Oliva havía otro castillo, que ambos están arruinados; y Capdet estava fundado donde está el hermitorio de Sant Christoval; y fue del todo assolado por las guerras, y después mudado donde agora está, y assí por la grandeza que tenía esta tierra en el tiempo de prosperidad se llamava los Capdetes. Y después ha venido en la dessola- ción que tratamos, y agora por la gracia del Señor, vuelve sobre sí, y está de cadal día de mucho augmento". Según manifiesta Gaspar Escolano en sus "Décadas", contaba Caudete en 1610 con cuatrocientas casas, es decir, con más de 1.600 habitantes, confirmando este notable aumento experimentado, la afirmación de Viciana sobre la recuperación que se observaba en nuestro pueblo. En dicho año habían desaparecido los pueblecitos de Bogarra y Oliva, de vida floreciente en tiempo de los romanos y árabes, según manifiesta el mismo Escolano, "que agora dichas aldeas y sus castillos están por el suelo". La clase privilegiada de esta comunidad la constituían los hidalgos descendientes de los conquistadores, principalmente los titulares de los mayorazgos, o sea, la perpetuación de las propiedades de la familia, que no se podían vender, en uno solo de los hijos, el primogénito, por lo común. Muchos hidalgos y caballeros veíanse movidos a las carreras militar y ecle- siástica o a la vida monacal, para subsistir con el debido decoro. La clase media era poco numerosa y la formaban los funcionarios mu- nicipales, judiciales y reales, así como algunos de los comerciantes de los numerosos establecidos en esta plaza por ser fronteriza con el territo- rio de Castilla. Por lo general, todos huían del trabajo. Los hidalgos y caballeros ha- cendados se dedicaban a la caza y a frecuentes fiestas en que había dema- siado lujo. "El trabajo manual, según Rafael Altamira (1), despreciado hasta por los mismos plebeyos, estaba en manos de esclavos adquiridos en las guerras contra los turcos y los moros o por compra cuando se les vendía públicamente como cosas en escritura ante notario".

HISTORIA DE CAUDETE

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Con la expulsión de los moriscos y las continuas guerras sostenidas con el extranjero, disminuyó mucho la población española y, por tanto, tam- bién la caudetana. Desamparados, además, los campos, y desatendida la industria, apenas había producción, por lo que se encareció la vida y hubo hasta hambre, siendo entonces los conventos los que más necesidades reme- diaban repartiendo gratuitamente muchas comidas diarias, lo que se dió en llamar la "sopa boba".

La vida religiosa

Desde su conquista perteneció Caudete al obispado de Cartagena, pero tan pronto se erigió en sede episcopal Orihuela en 1565, agregóse a la misma con el carácter de Vicaría Foránea, como se comprueba por las. siguientes líneas de Gaspara Escolano en el capítulo V de las Décadas (2. a parte):

a

Orihuela con título de Colegial en 13 de abril del año 19 de su pontificado,

de

1513, la elevó a Catedral, si bien no tuvo efecto hasta el día 14 de julio de

1565, como lo dice su primer Obispo, don Gregorio Gallo, en el Sínodo celebrado en 1569. Los pueblos que se dieron a esta nueva silla fueron los mismos que en lo temporal le reconocían por su cabeza, a saber: Callosa, Catral, Almoradí, la Daya, Rojales, Benijufer, Guardamar, Rodova, la Granja, Albatera, Elche, Crevillente, Pueblo Nuevo, Alicante, Muchamiel, San Juan, Rafalete, Benimagrell, Cotella, Agost, Busot, Monforte, Elda, Novelda, las Casas de Costa, Aspe, Monóvar, Petrel, la Muela, Salinas, Caudete y la villa de Ayora.

y más adelante,

"E1

Papa

don

Pedro

de

Luna,

que

se

llamó

Benedicto

Roma

a

XIII,

honró

el Papa Julio III, con

Bula dada en

14 de mayo

Nuestro pueblo tuvo en el Siglo de Oro mucha cultura religiosa, tal vez por las exigencias de saber defender la fe ante los moriscos y judaizantes con los que hubo de convivir mucho tiempo, y porque la vida giraba en torno de la Iglesia, interviniendo activamente en la liturgia y siguiendo con atención las frecuentes predicaciones realizadas por los ministros del Señor.

La fe profunda que levantó las hermosas catedrales esparcidas por el ámbito nacional y en lo que fue grandioso imperio hispano de ultramar, no se conformó en Caudete con la relativamente reducida iglesia parroquial de Santa Catalina Virgen y Mártir, sino que la agrandó y embelleció. Aparte de la iglesia parroquial, que estaba dotada con el tercio de los diezmos, lo que suponía un ingreso anual de más de 101 ducados, nos dice Viciana, en su citada 3a parte de la Crónica de Valencia, que "Caudete tenía esparcidos por el término varios hermitoríos (ermitas), como son los

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de nuestra señora de Gracia; de nuestra señora del Rosario; de sancta Lucía; de sant Antón; de san Sebastián; y de sant Christoval". Como verá el lector, en ninguna relación antigua de ermitas e iglesias sale la de Santa Ana. Tal vez estuviese ésta dedicada a San Cristóbal. Según un manuscrito del siglo XVII, en 1584 convino el Consejo General de la Villa en que se necesitaba en ella un convento para facilitar la frecuen- cia de Sacramentos y cultivar mejor la vida espiritual de los vecinos. Ha- biéndose ofrecido a este efecto a los PP. Carmelitas las ermitas de San Antón, San Cristóbal o la de Nuestra Señora de Gracia, mediando las licen- cias in inscríptis del Rmo. P. General, del P. Provincial y del Ilustrísimo señor Obispo don Cristóbal Robuster, tomaron la de Nuestra Señora en dicho año 1584. Sin embargo, la dejaron en 1586 con licencia de dicho Ilustrísi- mo señor Obispo, y de sus superiores, y trasladaron la fundación al arrabal de la Villa, en casa de un tal Graciá, de oficio herrero, que es donde ahora está el altar mayor de la iglesia y su nave. Junto a la iglesia, espaciosa y bien ornamentada, edificaron los PP. Carmelitas un espacioso y suntuoso edificio, el mayor de toda la villa, que en la actualidad está dedicado a Noviciado de la Orden. En la sobredicha licencia mandó el ordinario de Orihuela que los Padres de dicho convento y nueva fundación tuviesen la obligación de entregar ante escribano y testigos, previo inventario, todos los bienes, raíces y mue- bles de la Santa Casa de Nuestra Señora de Gracia, a Adrián Benito, vecino de dicha villa y Mayordomo de la expresada Santa Casa, nombrado a tal fin por Su Ilustrísima. El año 1634 contó Caudete con otro convento. fue éste el de los Menores Capuchinos, a extramuros de la población, cerca de la ermita del Rosario, en el paraje que desde entonces se ha venido llamando de "Capuchinos", a poca distancia del nacimiento del agua de Bogarra. Este convento, llamado de la Concepción, fue muy floreciente y contaba en 1778, según Espinalt, con treinta religiosos. No fue, sin embargo, muy larga la vida de esta casa, pues al cabo de doscientos años de su fundación, es decir, en 1835, tuvieron que desalojarla los frailes capuchinos por la ley de Desamortización dictada por Mendizábal, y a principios del siglo actual, no quedaban del convento más que unas paredes y un arco de la iglesia. ¡Tanto pueden, confabuladas, la incuria del tiempo y la rapacidad de los hombres! Los frailes debieron salir con gran precipitación y sin llevarse más que lo puesto encima. Las turbas entrarían pronto a saco en la religiosa mansión, pues no hace cin- cuenta años, aun se veían por las casas de Caudete cuadros, puertas y ense- res del convento capuchino. Del jardín conventual procede, asimismo, como se dirá en su lugar correspondiente, la artística fuente de mármol blanco que hay en la plaza del Carmen. Así, pues, antes del 1700, contó Caudete con la iglesia parroquial, la

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de los PP. Carmelitas, la gran ermita de la Virgen de Gracia y la de Santa Ana o San Cristóbal, además de las también mencionadas del Rosario, San Antón y San Sebastián y la iglesia del convento de la Concepción. La de Santa Bárbara es de fundación más reciente, debiéndose su origen a la pro- mesa hecha por el pueblo de edificarla en honor de la Santa en lo más alto de la sierra Oliva, con motivo de una horrorosa tempestad que se movió en día de romería a la ermita del ¡Rosario. Desaparecido instantánea- mente el peligro, por manifiesta intersección de Santa Bárbara, se le erigió la sobredicha ermita a 1.150 metros de altitud, para que sirviera como de pararrayos y deshiciese las nubes malignas. Y a raíz de la edificación de la ermita dicese que se sucedieron siete años sin conocerse el pedrisco en todo el término de Caudete.

Construcciones civiles

Pocos edificios de carácter civil tenemos del tiempo de los Austrias. El más notable es el que actualmente alberga al Juzgado Comarcal, o sea, la llamada "Sala de la Villa", bella construcción del siglo XVII, antigua casa consistorial con tres grandes balcones a la plaza de la Iglesia (fachada prin T cipal, al mediodía) y dos a la calle Abadía (norte), en cuyo primer piso se celebraban las sesiones de la Corporación Municipal, presidida por el Bayle, Alcaldes, Regidores y "Jurados", asistidos por el escribano o secretario. Se trata, como puede apreciarse por la información gráfica que acom- paña a estas páginas, de un edificio de tres plantas. En la inferior está la Lonja, con sus bancos de piedra y grandes arcadas, que servía, como su

con sus bancos de piedra y grandes arcadas, que servía, como su Juzgado Comarcal , antigua

Juzgado Comarcal , antigua "Sal a de l a Vi l la"

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nombre lo indica, para las contrataciones comerciales bajo la vigilancia de las autoridades, subastas, etc. El piso más elevado se destinaba a cárcel. Más tarde, ya en el siglo XIX, se desglosó la justicia del gobierno mu- nicipal, y el Juzgado y las cárceles se trasladaron a las llamadas "Casas del Ayuntamiento", en la calle Mayor,, donde funcionaban diversos y variados servicios. Como se ve, en nuestro tiempo tienen invertidos los antiguos destinos estas dos edificaciones, pues ahora se destina, a Casa Consistorial lo que era Juzgado y a Juzgado lo que era la Sala de la Villa. Otro edificio muy antiguo, seguramente de esta misma época, es el "hospicio", es decir, la casa número 22 de la calle Nueva o del Deán Martí- nez, que utilizaban como hospedaje los frailes capuchinos durante su per- manencia accidental en la población. También data de últimos del siglo XVII el "'Palacio", o sea, la casa construida en el paraje de "Capuchinos" para veraneo de los señores obis- pos de Orihuela y su séquito. Es un sólido, amplio y elegante edificio, muy a propósito para el fin a que se le destinaba. El caserón en que funcionan las clases de la graduada de niños nú- mero 1, fue hospital de pobres transeúntes hasta el período de 1888 a 1907, en que se habilitó para hospital general, utilizándose no sólo la planta baja, sino además el piso superior, que había venido destinándose a teatro. La parte antigua data de últimos del siglo XVII. De entonces son también otros edificios de menor importancia dedicados a los múltiples servicios que desde antiguo estaban a cargo del Municipio, como se verá en el capítulo XII.

CAPITULO X

Aislamiento territorial de Caudete

El gibraltar caudetano

Habiéndose dado la propiedad de Villena a don Juan Manuel en la Sen- tencia arbitral de 8 de agosto de 1304, de que se hizo mención en el capítulo VI, reafirmada luego en 26 de febrero de 1305, el término de Caudete sólo se relacionó con el resto del reino de Valencia por Fuente la Higuera, a través de un angosto pasillo perteneciente a Bogarra, entre los términos de Villena y Almansa, ambos del marquesado de don Juan Manuel. Por desear terrenos de expansión o bien por aumentar la línea de con- tacto con el territorio del reino valenciano, a que pertenecía, Caudete com- pró Bogarra y su término a Villena en el año 1355 (véase cap. VII), y desde entonces la jurisdicción caudetana lindó con Biar y Onteniente, además de hacerlo con Fuente la Higuera, las tres del reino de Valencia. Sin embargo, a pesar de pertenecer Caudete y Villena a distintos reinos, siempre tuvieron expedito el camino los del Marquesado para pasar de Almansa a Villena, y viceversa, a través del territorio caudetano, no exigiéndoles más que el derecho de peaje en alguna época. Vinieron, sin embargo, los turbulentos y azarosos reinados de Juan II de Aragón y de Enrique IV de Castilla, con las guerras civiles entre los agramontcses y beamonteses navarros, entre los catalanes y el monarca aragonés, así como la anarquía castellana cuando la nobleza aspiraba a desheredar a la Beltraneja para dar el trono al infante don Alfonso, herma- no del rey, originándose las luchas entre la realeza, villas y ciudades, de una parte, y los nobles de otra, contienda que se prolongó con la guerra posterior entre los partidarios de doña Juana, apoyada también por el rey de Portugal, y los de doña Isabel, a quien ayudaba, como era lógico, su esposo, el monarca aragonés don Fernando, triste período que terminó con los resonantes triunfos isabelinos de Toro y Albuera, que dieron paso al esplendoroso reinado de los Reyes Católicos.

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ

88 JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ Regía por entonces los destinos del marquesado de Villena Juan Pache- co,

Regía por entonces los destinos del marquesado de Villena Juan Pache- co, un hombre ambicioso y oportunista por demás, "la hechura de don Al- varo—como dice Lafuente en el libro III de la 2. a parte de su Historia de España—, su sucesor y como discípulo en la privanza, que le igualó en la ambición, no le imitó en la lealtad y aventajó a su maestro en egoísmo y en maña para urdir intrigas y sortear las situaciones, para quedar siempre en pie y no acabar en un patíbulo, como el Condestable", añadiendo el mismo autor en el libro IV que "si el marqués de Villena pudiese sacar el demonio del infierno para juntarse con él contra su rey por asegurar su persona y casa, lo haría".

Viendo este inquieto noble una oportunidad magnífica para pescar en el río revuelto nacional y unir Villena y Almansa sin solución de continuidad, ocupó por la fuerza los Alhorines, es decir, la parte de territorio caudetano que se interponía entre ambas, convirtiendo de hecho a nuestra villa y su término en una isla del reino valenciano.

Lo extraño y asombroso, lo sorprendente de verdad, es que no se hicie- se el poderoso señor feudal con la villa y territorio de Caudete, incorporán- dolos a sus extensos estados. Tal hecho habla mucho en favor de la fortaleza, lealtad, gallardía y valor de aquellos antepasados nuestros que resistieron

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tan tesoneramente a la absorción por parte de un vecino de tal naturaleza. Caudete protestó, desde luego, de semejante expoliación y hecho de fuerza, pero como quiera que el monarca de Aragón era consorte de la reina de Castilla, y en el ámbito nacional se ventilaban asuntos verdadera- mente graves y de enorme trascendencia, no se produjo ningún casus belli y la usurpación villenense continuó sin que los poderes públicos obliga- sen a restituir lo quitado.

Un célebre pleito inacabado

Viendo Caudete que se prolongaba demasiado la intolerable injusticia, denunció el hecho ante los tribunales de justicia, extendiéndose la oportuna demanda contra Villena el 26 de febrero de 1482, dándose así comienzo a un pleito, que todavía no ha terminado, siendo ello causa de que perdure a través de los siglos, la existencia de una tierra irredenta, de un gibraltar caudetano de cincuenta a sesenta kilómetros cuadrados, que nuestro pueblo no ha cesado de reclamar, como puede apreciarse en páginas sucesivas de este libro, debiéndose achacar semejante estado de cosas e indebida deten- tación de dicho territorio por parte de Villena, a la mayor influencia de que ha gozado en todo tiempo la vecina Ciudad en las altas esferas de la Nación, y a la indiferencia de los reyes de la Casa de Austria en un asunto que no les privaba de nada, puesto que tanto la villa expoliada, como la ciudad expoliadora, les pertenecían por estar unificadas en la misma persona las antiguas coronas de Castilla y Aragón. En ese hecho de fuerza consumado hará salir de su extrañeza a quienes yendo por ferrocarril de Almansa a Villena, no se explican que la Encina pertenezca a la provincia de Alicante y término de Villena, y Cau- dete, situado siete kilómetros aguas abajo, sea de provincia distinta, de Albacete. Queda asimismo aclarado por qué, siguiendo la carretera que une a Fuente la Higuera con Yecla, en un trayecto de treinta y un kilómetros, haya cuatro de la provincia de Valencia (término de Fuente la Higuera), 6 de Alicante (término del entredicho, que figura por las mojoneras ser de Villena), 14 de Albacete (término de Caudete) y 7 de Murcia (término de Yecla). Gracias al cuaderno impreso en 1696, que contiene el recurso inter- puesto por Caudete contra el Auto dictado por la Corte Suprema de Justicia el 13 de mayo de 1622 (1), que concedía a los de Villena y Caudete continuar en la posesión de lo que en aquella fecha tuviesen ocupado en el término de los "Alhorines", denominado por nosotros partido del Entredicho, y que

(1) Este cuaderno nos ha sido facilitado por el sacerdote don Juan Carpena Esteve, muy aman- te de las glorias de su patria chica.

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fuese común el aprovechamiento de leñas, esparto, pastos y grana a los vecinos de una y otra población, podemos dar a nuestros lectores algunos

detalles del celebérrimo pleito, todavía pendiente de sentencia definitiva. Antes de proceder a los particulares contenidos en el escrito de refe- rencia, que figura suscrito por el doctor don Francisco Escolano, por el que se demuestra con meridiana claridad el derecho que asiste a Caudete para que se le adjudique la plena y absoluta posesión del territorio en litigio, usurpado por la fuerza, en contra de toda justicia, no podemos silenciar lo que a este propósito dice un autor de tanto peso como Martín de Viciana en

la tercera parte de su "Crónica de Valencia", publicada el 14 de abril de 1564:

"Capdet dista de Valencia 17 leguas y su término es contornado de Biar, Fuente la Higuera, Fontinent y Castilla, aunque Villena le tiene usur- pada una manga de término y pone a Capdet y su término dentro en Cas- tilla: lo que no se ha de creer que el reyno de Valencia tenga una villa aisla- da dentro en Castilla. Y esto que pretende Villena, procede de cuando Capdet fue arruynado por las guerras, y no havía quien sus derechos defendiesse, Villena se enseñoreó y apropió para sí de toda aquella manga de tierra.

Y pues los de Capdet fueron pocos, con poco campo de labranza se susten-

tavan. En este medio los de Villena entravan harando por los campos de Bugarra, cogiendo los panes y aplicándose los campos; y en esto passaron muchos años hasta que los de Capdet crescieron en número y poder: y qui- sieron cobrar todo su término y echar a los de Villena. Entonces, los de Villena, por su pretendida possessión firmaron de derecho, por lo qual anda el pleyto y dura hasta agora".

Empieza el referido escrito del Dr. Escolano con una instancia que le antecede, manuscrita, en castellano, seguida de otra similar en valenciano, que suscriben "Los llets dels tres Estaments del Regne de Valencia", en nom- bre de la villa de Capdet, fechada en la ciudad del Turia a 2 de octubre de 1696, y dirigida al Excmo. Sr. Duque de Montalbo, del Consejo de Estado de Su Majestad y Presidente del Supremo de Aragón, rogándole medie para que se consiga la pronta terminación, en favor de la villa, de una causa pendiente desde hacía más de doscientos diez años, entre Capdet, villa de Valencia y la ciudad de Villena, del reino de Castilla. En el escrito de referencia se indican cuáles son y deben ser los límites del término de Caudete y para ello se aducen los testimonios contenidos en las escrituras presentadas por la villa el año 1482, con motivo de ser incoado el pleito. Dichas escrituras y documentos fueron:

don Jaime I de Aragón, conforme a los Anales,

libro I, año 1248, folio 113.

dicho monarca hizo donación a la villa

de Onteniente de los Alhorines y la Alquería de los Alamos (distintos de los

1)

2)

Crónica

Real

del

rey

Privilegio

por

el

que

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de la Contención), en donde se dice: "Qui locus confrontatur cum terminis de Moxent, de Bogarra, de Villena, de Almizrán, de Benexama, etc.". 3) Sentencia arbitral de don Díonís de Portugal y demás Compromisa- rios, de 8 de agosto de 1304. 4) Declaración de don Diego García de Toledo, Canciller de Castilla

y don Gonzalo García, Consejero de Aragón, en 26 de febrero de 1305, en

que se dice: "Que del soberano lugar del término de Villena do parte término

con Almansa, y del soberano término de Caudete, que parte término con Almansa, etc. Y todos los lugares que son dentro de los mojones hasta las partes de la tierra de Aragón, sean en su jurisdicción, etc.". Y en este

tiempo Bogarra y su término eran del término de Villena, y así lo confiesa

el Fiscal de Castilla en su petición, puesta a 8 de mayo de 1576.

5) Ultimo testamento de García Jofre, Señor de la villa de Caudete "fecho a 13 de julio de 1376" donde dice que el Concejo de Caudete compró con sus dineros a Bogarra. 6) Carta de Dote de don Pedro Lisana, a 8 de abril de 1308, con la cual dió a su hija en dote las villas de Mogente y Fuente la Higuera, que dice confrontan con términos de Almansa y Caudete. 7) Declaración de los apoderados de don Ramón Berenguer, hijo del rey don Jaime, señor de las villas de Biar y Onteniente, y de don Juan, hijo del infante don Manuel, señor de la entonces villa de Villena, sobre la partición y amojonamiento de los términos de dichas villas, y estando to- dos en el mojón del Barranco del Puerco, el síndico de Onteniente, en pre- sencia de la parte de Villena y demás procuradores, señaló y declaró que los términos de Onteniente llegaban y se extendían al dicho mojón del Barranco del Puerco y al primer ruvial que está en las vertientes "de esta parte de la montaña de Albaraniz, hacia Bogarra"

8) Escritura de la compra-venta de la villa de Caudete y sus términos

a favor del rey don Alfonso de Aragón en 24 de noviembre de 1422, siendo

vendedora la Gobernación de Játiva, como bienes de García Jofre Lisón. En ella se dice: Cum tota iurisdictione alta et báxa, mero et mixto imperio, prout confrontantur cum termino et terris de Onteniente, et cum terminis et terris villae Biar, etc. 9) Real carta de don Juan II de Castilla de fecha 22 de noviembre de 1436, por la que el rey castellano mandaba que se restituyera a don Alfon- so V de Aragón la villa y castillo de Caudete y sus términos y jurisdicción con sus pertenencias, según y como los tenía antes de la guerra, y la había comprado catorce años antes, con las confrontaciones de Almansa, Yecla y Villena, de Castilla; y,Biar, Onteniente y Fuente la Higuera, de Valencia. 10) Compromiso firmado entre Villena y Caudete en el mes de agosto de 1437, con sentencia dada por García Fernández de San Martín, secreta- rio del rey de Navarra, quien hacía constar que "los hombres de Villena que

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ

han entrado en el término de Caudete a hazer lavores, paguen el derecho de terrage por lo pasado de diez cahizes uno, y por lo que cojan en el año venidero, de diez cahizes, uno y medio; y que dende en adelante para siempre jamás, no pueden los de Villena barbechar ni sembrar en dicho término de Caudete sin licencia del rey de Aragón, o otro señor que fuere de dicha villa, o sin licencia del dicho Concejo y oficiales ayuntados en su Concejo". Y esas diferencias eran por las tierras de los Alhorines de la Conten- ción, porque en las demás nunca hubo dificultad sobre que fuesen del térmi- no de Caudete. Según dichos documentos, los límites de Caudete son como se dice

a continuación:

Partiendo de la primera mojonera, que divide los términos de Valen- cia y Castilla, situada al Norte, en la sierra llamada Alcaycón, que es la terminación de la sierra del Rocín, dicha Albaraniz, que divide los térmi- nos de Caudete y Bogarra con Fuente la Higuera y Almansa, se va al mojón Blanco, que divide a Caudete y Bogarra de Almansa; y de allí se va por la loma y otros diferentes mojones entre Caudete y Almansa hasta llegar a la vereda de los Lobos y a la Atalaya de la Perdiz, que divide a Caudete y Oliva de Almansa y Yecla, y de allí a otros mojones que dividen a Caudete con Yecla, hasta llegar al Cabeza del Calderón del Algarrobo, que separa los términos de Caudete y Bogarra con Yecla y Villena; y de allí a otros mojones que dividen a Caudete y Bogarra con Villena hasta el mojón del Llano del Cerro de la Escoba, en cuyos mojones concuerdan las dos partes. De dicho mojón se va por la divisoria del cabezo de la Escoba, y de él al mojón de la montaña del Calderón Verde, que separa a Caudete y Bogarra de Villena, continuándose luego hasta el mojón que está en la loma del Barranco de la Fuente del Puerco, que vulgarmente se llama el "Mojón de las Cuatro Villas", porque siempre ha dividido a Caudete y Bogarra de los Alamos y Alhorines de Onteniente, villa de Biar y ciudad de Villena. Y de allí no pasa adelante su mojonera Villena por los Alhorines de la Con-

tención, sino que revuelve con ellos por el Almizrán de la villa de Biar, del reino de Valencia, con diferentes mojones que separan los términos de Biar

y Villena. Desde dicha loma del Barranco del Puerco se va a los mojones del

primero y segundo ruviales que señalan los límites entre Caudete y Bogarra con los Alhorines y Alamos de Onteniente, y desde dicho segundo ruvial, va la divisoria a la mojonera nombrada al principio, que divide los términos de Caudete, Fuente la Higuera y Almansa.

Todo eso lo acreditaron también innumerables testigos en los interro- gatorios que se efectuaron los años 1462, 1574 y 1577. El 26 de febrero de dicho año 1482 declararon diecisiete testigos ma- yores de edad, y, sin excepción, que el término de Villena no pasaba del

HISTORIA DE CAUDETE

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mojón de la Loma del Barranco del Puerco o de las "Cuatro Villas", siguien- do, como se ha indicado, la divisoria hasta el mojón de la sierra de Alcaicón o del Rocín y el Blanco, que separa los términos de Caudete y Bogarra con las villas de Fuente la Higuera y Almansa, y que Villena nunca había con- frontado con estos últimos mojones; pero que de algunos años a esta parte, con fuerza y poder del Marqués de Villena, los vecinos de ella habían en- trado a labrar tierras de los dichos Alhorines. Y tres testigos presentados por Villena, Juan Monzón, bayle, Guillamón Gramage y Pedro Gramage, vecinos de Fuente la Higuera, testimoniaron

lo mismo, añadiendo que Villena nunca había llegado al mojón Blanco ni

tenía su mojonera por donde ella pretendía.

Sobre los puntos 5, 6, 7 y 8 del escrito de Caudete declararon el mismo

año 1482 diecisiete testigos, todos ellos viejos y mayores sin excepción,

a saber: don Jaime de Sanmateu, Pedro Ferré, presbítero, Guillen Bodi,

Sancho Martínez, Jaime Reverte, Juan de Armillas, Domingo Herrero, Bar- tolomé Benito, Juan Quílez, Nadal Pérez, Benito de Algarra, Alonso Rever- te, Mateo Febrer, Juan de Albuxech, Arman Costa, Domingo Corbí y Juan

Ferré, los cuales dijeron que manifestaban lo que sabían por haberlo visto,

es decir, que Bogarra y su término, hasta la alquería de los Alamos de On-

teniente, la habían poseído los de Caudete, labrando las tierras, cortando

leña, cogiendo la grana, llevando sus ganados, sin pagar derechos a los de

Villena. Y algunos de ellos añadieron que el Colector o receptor del derecho

de peaje y otros del de la sal, de Játiva, hacían pagar dichos derechos a los

de Villena, y que éstos huían por no pagarlos; y que los de Villena que la-

braban dichas tierras, habían pagado terrazgo y diezmo a Caudete; y que

así lo habían oído decir a otros.

Los expresados Sancho Martínez, Jaime Reverte y Benito de Algarra atestiguaron que el Justicia de dicha villa había entrado con vara de tal Justicia en los dichos Alhorines, ejerciendo jurisdicción. Jaime Reverte añadió que hallándose muchos de Villena en los expresados Alhorines, qui- taron la vara al Justicia de Caudete y lo llevaron donde estaba el alcalde con la demás gente de Villena, al cual se quejó con gran sentimiento el justicia caudetano, mandando en seguida el alcalde de Villena que se le desatara y volviese la vara, signo de su autoridad. Con esto se comprueba que, aunque los de Villena se habían querido aprovechar de dicho término mediante la fuerza y la violencia, los de Caudete siempre lo defendieron como cosa propia y de su exclusiva pertenencia legítima.

En el mencionado cuaderno siguen largas listas de testigos que prue- ban con sus manifestaciones, hasta la saciedad, que los Alhorines de la Contención estaban dentro de los límites de Caudete y a esta Villa per- tenecían. A pesar de la razón que asistía a nuestro pueblo, el 13 de mayo de 1622,